Author Topic: neverland 0.0: you can (not) remember  (Read 115214 times)


Neko

Más aporte de verano :D




Night Fury y el evento de Sirenas en Mayo 4




El marcador de la misión les indicaba que ahora Orphe les esperaba a un extremo del muelle. Neko y Crane lo podían ver de lejos, arrancándole notas melancólicas a su lira, brillando bajo el sol de la tarde.

—¿Señor Orphe? —preguntó Crane una vez llegaron cerca del personaje no jugador.

Orphe terminó la pieza con unas pocas notas más y abrió los ojos para poner toda su atención en ellas.

—Tenemos tus huevos —informó Neko, orgullosamente señalando hacia la abultada bufanda en brazos de su compañera—. Eh, eso no ha sonado muy bien… Lo que quiero decir es q-

—¡Mis huevos! —exclamó Orphe dejando la lira sobre una funda dura abierta en el suelo y acercándose a Crane risueño de la emoción—. Mis queridos huevos.

Orphe suspiró mientras apartaba la bufanda, contando los huevos uno a uno. Sus ojos se abrieron aún más, sorprendido, y miró de una a otra de hito en hito.

—¡Habéis rescatado a toda nuestra nidada!

Crane arrugó la nariz y Neko ladeó la cabeza en confusión.

—Esa era la misión, ¿no? Rescatar los huevos. Uh, ¿me estoy perdiendo algo?

Orphe fue recogiendo los huevos de los brazos de Crane de uno en uno, con todo el cuidado del mundo, y los depositó en una concha abierta en los que cabían los ocho como guisantes en vaina. Apretadicos.

—¡No, no! No te pierdes nada… es que. Es que… sois el primer equipo en recuperar a todos nuestros hijos. Muchas, muchas gracias.

El sirénido se llevó las manos a los labios, frunciendo las cejas por la emoción. Parecía que fuera a llorar, pero sacudió la cabeza y sonrió de oreja a… no, de ¿aleta dorsal..? bueno, de aleta auricular de colorines a aleta auricular de colorines.
Orphe se sentó en el suelo y agarró su lira. Y mientras empezaba a tocarle una melodía calmada y etérea a sus huevos les volvió a dar las gracias.

—Y para conmemorar este evento, os bendigo. Que las aguas os reconozcan como suyas y os acojan en su seno. Que mi gente siempre oiga vuestra llamada. Y que nunca os falte la alegría.

Neko y Crane se apartaron a un lado, notando como el sol se ponía a sus espaldas, tiñendo el mar de naranja rosado.

Después de unos minutos escuchando la canción de Orphe, Neko señaló el mar.

—Casi parece champán.

Crane asintió con la cabeza, poniéndose mejor la bufanda. Neko dio una palmada bien sonora.

—Pues me ha dado ganas de beber. ¿Te hace acercarte a la barra de la playa a por unas mimosas?

Y Crane volvió a asentir siguiendo a Neko que había levantado el dedo en dirección al bar mientras gritaba “Yahoo, ¡noche de chicas!” a todo pulmón.





Tanto Neko como Crane se habían cambiado a ropa más adecuada para una noche en la playa. Crane llevaba un bikini y un pantalón corto. Se había cambiado la bufanda por un pañuelo largo de color rosa para contrastar con su bikini azul y sandalias rojas para completar el look. Mientras que Neko llevaba un bikini a rayas naranjas y turquesas debajo de un vestidito blanco y vaporoso que no dejaba mucho a la imaginación.

—¡Mojito! —exclamó, levantando los dos brazos por encima de su cabeza con las bebidas.

—¿Cómo lo haces? —preguntó Crane mientras Neko le daba su bebida en mano, la tercera de esa noche—. ¿Cómo encuentras el hueco?

Neko se encogió de hombros. Según ella era una habilidad natural (tetas) que también tenía allá afuera, en el mundo real.

—He estado mirando qué nos queda por hacer de las misiones del evento y por lo visto hay una opcional después de haber probado al menos una vez cada mini juego.

—Y la quieres hacer. —contestó Neko, moviendo los hielos con la pajita.

—Y la quiero hacer, sí.

Neko asintió y probó el mojito. Estaba tan bueno como recordaba que debía estar.

—Lo digo por si… por si quieres hacerla. Juntas. —dijo Crane, con los ojos fijos en el azúcar moreno que decoraba el borde de su vaso.

—¡Sí, claro! Aunque para eso tenemos que ir a probar los minijuegos primero. No sabía si te animarías a probarlos todos, todos —confesó Neko—. Aún no te conozco tan bien.

Neko le sonrió y Crane le devolvió la sonrisa y se pasaron los siguientes veinte minutos haciendo planes para continuar con el evento cuando estuvieran las dos conectadas y Neko no tuviera turno en el servicio de taxis de su Guild.

Dos mimosas, tres mojitos y cuatro sorbetes después, Neko estaba corriendo por la arena, como una llama blanca en la noche, haciendo piruetas de vez en cuando y gritando lo mucho que le gustaba el mar mientras Crane recogía sus sandalias y más tarde su vestido del suelo.

Neko se adentró al agua y le gritó a las olas y cuando Crane contó hasta cinco y no la vio resurgir se quitó su propio calzado y tiró todo lo que llevaba en las manos a la arena, acercándose a la orilla.

—¡Neko! Ay… si se muere no tengo ni idea de cuál es su punto de respawn. —Se llevó las manos a la boca y volvió a gritar entre la caverna de sus dedos— ¡Neko!

La chica apareció en un punto a su izquierda, dibujando una espiral de Arquímedes con su pelo al empujarse desde debajo del agua. Luego sacudió la cabeza y llamó a Crane.

—¡Vamos! ¡Vamos a celebrar que nos han regalado las skins para siempre!

Y se puso a flotar sobre la espalda, revelando la cola dorada. Crane rodó los ojos y miró la ropa a sus pies. Se mordió el labio inferior y acabó por encogerse de hombros, sumando su pantalón al montón y corriendo a unirse a su nueva amiga en el agua.

Aún tenían casi una hora de sesión de juego y jugar en el agua al amparo de las estrellas y la luna creciente no parecía un malgasto de ese tiempo. Nop.
De hecho parecía el final perfecto para la primera jornada de un evento de sirenas.