“Acabo de encargarle a Lucille con dos misivas: Una informándole a mi padre dónde me encuentro, y la segunda a mi primo, Albert, para que tanto él como mi tía no se preocupen al no haber llegado a Londres” explicó “Lo primero que debo preocuparme es encontrar una manera de regresar a Bloomington sin levantar más sospechas”
La peliazul caminaba de un lado a otro en la habitación, pensando con mesura los mejores próximos pasos a tomar. El capitán Ackerman la seguía con la mirada, sin moverse de su puesto.
“Si hay una ventaja que esto haya sucedido ahora, es el hecho que toda reputable sociedad se encuentra ocupada con las festividades navideñas. Y si tengo suerte y mis padres no han podido dar alerta de mi desaparición, existe una nimia probabilidad de que este evento no dañe la reputación de mi familia…” se detuvo por un momento, su mirada buscando el suelo. En un hilo de voz, terminó su pensamiento “…mis hermanas, y su futuro…”
Odiaba descubrirse pensando como su madre, preocupándose por algo que en el pasado habría considerado trivial: sus prospectos matrimoniales. Pero, por desgracia, si algo había aprendido en los últimos meses era que, para una mujer, tener la posibilidad de encontrar una pareja (una verdadera pareja, en quien confiar y apoyarse) era la única manera de sobrevivir y prosperar. Y poner en riesgo esa posibilidad, limitar sus opciones por culpa de las acciones irresponsables de su hermana… no podía imaginar una forma más cruel de hacerles daño.
Sus ojos empezaron a llenarse de lágrimas cuando notó una sombra frente a ella. El capitán Ackerman se le había acercado, deteniéndose a unos pies frente suyo. Sayi se disculpó por su exabrupto, pero la respuesta del capitán hizo que las lágrimas se detuvieran de la sorpresa.
“Me preguntaba por cuanto tiempo lograría mantener la compostura, considerando por lo que acaba de pasar, señorita Bennet” le dijo, con algo que Sayi solo pudo reconocer como la más diminuta sonrisa.
Era la primera vez que veía semejante expresión en su semblante.
“Dudo que sus padres no hayan alertado a las autoridades, considerando que no la ven hace un par de días. Sin embargo, siento mañana Nochebuena, es probable que las autoridades tengan problemas pidiendo refuerzos, y como dice usted, la noticia quizás no se haya difundido lo suficiente”
Sayi asintió con gravedad “Debo regresar cuanto antes” respondió tras un breve silencio “…pero mañana es Nochebuena, y me temo que no habrá transporte disponible hasta el veintiséis”
El capitán la ofreció un pañuelo para que pudiese secarse las lágrimas. La pelirrosa lo tomó entre sus manos.
“Podemos conseguir que regrese en una carroza militar” propuso “aunque no podrá partir sino hasta mañana por la noche”
Sayi abrió los ojos de la sorpresa. No se había imaginado una oferta tan amable de parte de caballero casi desconocido.
“Capitán… es usted demasiado generoso, pero se que los oficiales están ansiosos por celebrar Nochebuena mañana. No me atrevería de imponerme de tal modo, tan próxima a su partida hacia Bélgica”
Pero el hombre no le permitió desistir. Y cuando la pelirrosa cedió, el capitán dio por terminada la entrevista, pidiéndole que regresase a su habitación a descansar en preparación para su próximo viaje.