Author Topic: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back  (Read 457731 times)


Cho

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1080: November 29, 2025, 01:38:08 AM »
Uhh, sé que tengo dos días más para escribir, pero ando con muchas cosas así que mejor lo dejo y me desquito el mes que viene (como la segunda vez que lo digo, but I mean it this time! (...))

Regreso con icons cuando tenga oportunidad.

116.5.



Siendo un evento constante y con muchos horarios para las distintas competencias, era de esperarse que tanto los participantes como asistentes estaban en plan de llegar y marcharse a todas horas. En medio de un grupo de gente que acababa de adentrarse en Hanasaki U, un par de personas caminaba de manera continua, con un claro sentido de dirección al seguramente tratarse de un lugar que ambas conocían.

“Hay una clara presencia de estudiantes que dirigen a los recién llegados…” observó una chica peliblanca, de cabellos voluminosos, y unos ojos fríos celestes. Ella tenía un semblante serio y poco amigable. Sin embargo, sus palabras denotaban un aire de ambivalencia que servía para frenar un poco su cara de pocos amigos.
“Es un evento que concierne a la gente de afuera además de la propia reputación de Hanasaki,” comentó su acompañante, una peliverde con una indudable apariencia de ser mayor que su acompañante. Su caso no era distinto, esta peliverde también deslumbraba un aire huraño y desconfiado, y en particular, ella no se encontraba nada ambivalente. Más bien parecía estar presente contra su propia voluntad. Rodó los ojos. “Si Hanasaki alguna vez sirvió para algo es para mantener las apariencias.”
“Confío que sabes a dónde vamos si no te detienes a preguntar por direcciones,” concluyó la peliblanca, inmutada.
“Sé bien dónde están las pistas, es muy fácil de recordar,” resopló mientras caminaba. “Ya te había dicho que me encargaría de averiguar a dónde vamos.”
“Sin embargo, tu respuesta rebela que no has realizado ningún acto de averiguar. Más bien te basas en recuerdos y asunciones arraigadas de hace muchos años.”
“¿Acaso importa?” la otra se exasperó. “Sé a dónde hay que ir y me encargo de mi trabajo de dirigirte como lo pediste, Horizon.”
“E igual evades la lógica que esperaría de mi trabajadora estrella,” concluyó la peliblanca, con un mínimo dejo de impaciencia, a su vez de alzarse por encima de la otra.
“Tch, sólo somos Dash y yo, y obviamente soy mucho mejor que la atolondrada,” se quejó la peliverde a regañadientes.
“No obstante, es el trabajo de los mayores servir de ejemplo a sus subordinados,” Horizon dio un mínimo suspiro. “Rita…”
“¿Qué quieres ahora?” le miró de soslayo. Sí, seguramente continuaría fastidiándola sin sentido.
“¿Acaso quisieras que nuestra denominada mascota moral se entristezca si te oye expresarte así sobre ella? Dash salió en la mañana con la intención de subir los ánimos en nuestro entorno al ganar un premio en su competencia.”
“Suena a nada más que un sueño.”
“Es algo que posee utilidad moral, por algo es la mascota de mi empresa.”
“…lo dices como si no supieras la verdad sobre Hanasaki…” Rita entrecerró los ojos, se cruzó de brazos, y continuó caminando con la vista hacia el frente.
“Te refieres a la posibilidad que Dash sea contactada por las encargadas para convertirse en una HiME…”
“No es posibilidad considerando que ella recibió una invitación personal para ser partícipe de este evento, por más que su propio colegio no tiene a otros presentes en las actividades de hoy,” comentó con sequedad. “Es ya dado como un hecho irrefutable que ese ha sido el plan.”
“Es ilógico darlo por ello por más que las probabilidades estén a ese favor.”
“¿Y qué se supone que has hecho tú para prevenir que Dash asista a este evento? Lo has tratado como si fuera una actividad extracurricular sin ninguna urgencia,” espetó impaciente. “Como un ser tan lógico, ¿no deberías estar en contra de esta guerra sin sentido?”
“Rita, yo no soy alguien que celebrará la mediocridad de los humanos. Sin embargo, los partícipes de la guerra tampoco son personas a las cuales me negaría en afiliación,” dijo serenamente, manteniendo su serio semblante. “Hay muchos ‘inocentes’ fuera de la guerra que son personas podridas por dentro.”
“Eso no tiene nada que ver.”
“Y hay al menos una exHiME en la cual vi valor y a quien decidí contratar como mi trabajadora estrella, Rita,” dijo mirándole fijamente.
“Tch…” Rita se vio grandemente disgustada al ser recordada de su previa realidad.
“Si Dash decide unirse a esta guerra, no considero que seas capaz de juzgarla. También es algo que consideraría externo a su afiliación a mí, por lo cual lo dejaré en sus manos. Ella tiene la habilidad de decidir su destino.”
“No, ella es demasiado joven e ilusa para algo así, no sabría a lo que se mete.”
“Las HiMEs normalmente no lo saben.”
“Y eso sólo lo hace peor.”
“¿Entonces por qué no eres abierta con Dash y le dices sobre las HiMEs y el riesgo que es, ya que das este futuro desarrollo por sentado?” preguntó Horizon, con severidad en sus ojos. “Tu propia lógica te ha llevado a resistir ese desarrollo de nuestra mascota y a oponerte a esta posibilidad. No obstante, ¿qué es lo que has hecho hasta el momento?”
“Tsk, yo…”
“Intentaste estropear sus planes de ir a la inauguración el día anterior al lanzarle muchos quehaceres del hogar que ni le correspondían hacer en ese momento. Has recurrido a las más infantiles y obtusas artimañas para meterte en su camino, y luego de que Dash deslumbró su habilidad de limpiar con velocidad, te molestaste con ella y le apagaste sus buenos ánimos,” describió con ligera frustración. “Es contraproducente que hieras a la mascota cuyo rol en mi empresa es brindar de apoyo moral a otros. Podría castigar tu sueldo este mes.”
“No bromees, Horizon.”
“Yo no bromeo, Rita.”
“Cierto…” volvió a rodar sus ojos, algo ya muy habitual cuando hablaba con su jefa. “Para ser inteligencia artificial, tienes una personalidad innecesariamente fastidiosa.”
“Y ahora actúas como si fuera yo la insultante. Oh, mis diodos…” lamentó la peliblanca con un tono incluso más mordaz que antes. “Es mi inteligencia artificial la que me permite ver la estupidez humana tan claramente, Rita.”
“Por favor, no sigas…” le miró de reojo. “No quisiera tener que molestarme con mi propia jefa más de lo que ya estoy.”

Con frecuencia, Rita no podía conectar bien con su jefa, aquella robot que realmente tenía más años que ella misma, a pesar de vivir en un cuerpo que fácil la haría ver de la edad de Dash. Siendo Horizon una máquina diseñada por Rizembool y con experiencia previa en la guerra antes de lograr su independencia civil, Rita estaba acostumbrada a ver lo mucho que su impredecible superior trataba a Hanasaki y Rizembool con tanta normalidad. Definitivamente no iría a ver las presentes complicaciones de su misma manera.

Y, aun así, lo que más le fastidiaba del asunto era que, en el fondo, Rita sabía que Horizon tenía mucha razón.

“¿…cómo se supone que tengo que ser sincera con Dash y decirle todas las complicaciones detrás del nombre de Hanasaki? Ella que está tan ilusionada de participar…” meditó mientras desviaba sus ojos con cierto cargo de consciencia.
“Existe un tabú detrás de hablar abiertamente sobre los secretos de la guerra a gente externa a la misma, entiendo que aquello no ha cambiado en el presente.”
“Pero es inútil pensar en eso considerando la tremenda equis que Hanasaki tiene sobre su rostro. Obviamente ella va a ser informada al respecto, por más que tú des espacio a duda.”
“Yo iba a decir que Dash tiene el derecho de saber al menos parte de la verdad, mas no por la posibilidad de ser HiME.”
“¿Hm?” alzó una ceja.
“Después de todo, Dash fue víctima de un altercado que sin lugar a dudas fue orquestado por un miembro incógnito de Rizembool. Lo sucedido aquel día continúa siendo un misterio para ella.”
“…me sorprende que siquiera lo pienses, viendo que pareces programada a dejar la guerra continuar con su curso,” observó Rita, con cierto escepticismo.
“No soy la única a mi parecer, Rita. Tú pareces más ajena a sincerarte. Deberías trabajar en eso.”
“Déjame en paz,” resopló.
“Considero que tienes el suficiente cuidado de no fastidiar a gente que podría encontrar problemas si te expresas sobre la guerra con una tercera,” concluyó Horizon, inmutada. “Por lo tanto, si tienes algo que decir a Dash, si continúas velando por nuestra mascota quien todavía tiene mucho por aprender, te aconsejo que no demores y te expreses antes de que lo lamentes.”
“Tú podrías hacerlo también, Horizon…” dijo con pesadez.
“He decidido que aquel será tu rol, Rita. Yo he optado por mantener una estancia neutral y meramente observadora.”
“Tch, eres pesada.”
“Pesado es aquel que no para de quejarse sobre cosas con las cuales nunca lidiará.”
“…” se mantuvo en silencio un momento. “Una vez terminemos de ver su competencia, veré si puedo decirle algo. Ella merece saber sobre las artimañas de Hanasaki.”
“Entendido,” Horizon asintió. “Aquel ha sido un paso grande para ti. Te felicitaré por tu decisión, ahora espero consistencia en tus futuras acciones.”
“…no me hagas sentir peor por estar metida en estas circunstancias, por favor,” pidió con un tic en la ceja.

No había duda en su cabeza, y por más que Horizon se adhería a la incertidumbre del caso, Rita sabía que no había espacio para variación. Dash había llamado la atención de Hanasaki por un posible potencial. El hecho que su protegida había recientemente sobrevivido a un misterioso atentado por algún agente de Rizembool sólo corroboraba que Dash era de interés. Aquello no era un misterio para Rita y, conociendo a la menor, era muy probable que fuera a saltar ante la oportunidad de ayudar a otras personas, sin pensarlo en lo absoluto.



A su vez, en medio de su imposibilidad de ser sincera con Dash… en medio de tanta incertidumbre ante una certeza… Rita maldecía el mero hecho de que su propia vida volvería a verse atada a ese conflicto que nunca llegaría a un satisfactorio desencadenante a su parecer.

No había escape, aquel mundo oculto continuaría llamándola de vuelta una y otra vez… hasta que, eventualmente, nada fuera a quedar de ella misma.