Author Topic: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back  (Read 556443 times)


Cho


Hello gals <3

Para cualquier duda y/o consulta las invito a postear en el foro de planeación.

Sin más preámbulos~

*top 4*

*conteo*

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Now, let's carry on with those big HiME dreams...


Mimi Tachikawa

Hoi hoi minna!!

Vengo con la ultima parte de la visita de Mayura a la tienda de antigüedades de Oujin, ya toca irme por las demás Himes xDD

--

La puerta terminó de abrirse por completo.

Un joven de cabello plateado con las puntas negras y ojos de un intenso color verde entró con absoluta tranquilidad, sosteniendo una pequeña bolsa de papel en una mano. Vestía un elegante atuendo tradicional japonés compuesto por varias capas: una camisa blanca bajo un haori azul con forro rojo y dorado, sobre el que descansaba un kimono de tonos blanco-grisáceos con puños negros y dos escudos circulares dorados a la altura del pecho. La parte inferior estaba formada por un hakama negro plisado y una falda con abertura decorada con un patrón de flechas negras y doradas, ajustada por un obi rojo y dorado. Calzaba botas negras de punta dividida que llegaban hasta las pantorrillas, mientras unos largos pendientes de borlas de colores se balanceaban suavemente con cada paso. Unos guantes negros cubrían parte de sus manos y un discreto maquillaje rojo oscuro en las comisuras de sus ojos acentuaba aún más su mirada serena.

-Hinata, olvidé comprar el té de jazmín... pero traje otra cosa...-

Su voz se fue apagando al notar el extraño silencio que dominaba la tienda.

Miró primero los papeles esparcidos por el suelo.

Después las vitrinas vibrando.

Finalmente observó a Mayura frente a Gilgamesh.

-Vaya…-

Mayura abrió ligeramente los ojos.

-Así que tú eres Oujin-san…

El joven inclinó apenas la cabeza.

-¿Me parece que estoy interrumpiendo algo? -

Gilgamesh no respondió de inmediato.

Por primera vez desde que había llegado, sus ojos rojos dejaron de mirar a Mayura para concentrarse completamente en el recién llegado.

Aquella sonrisa arrogante permanecía en su rostro.

Sin embargo,su mirada había cambiado.

Era la expresión de alguien que acababa de descubrir algo inesperado.

-Así que esta era tu tienda…-

Oujin dejó la bolsa sobre el mostrador con absoluta calma.

-Me parece que me estás confundiendo con otra persona…-

Gilgamesh sonrió interesado en el recién llegado

-Jamás olvidaría una presencia como la tuya…-

Mayura alternó la mirada entre ambos, muy confundida por todo lo que estaba pasando ya que para ella ambos eran hasta hace unos momentos personas desconocidas para ella, Gilgamesh, un Rebel de Rizembool, mientras que Oujin era el dueño de la tienda con un aura de misterio que lo rodeaba.

- ¿Se conocen? -

Ninguno respondió.

Durante unos segundos, el silencio volvió a apoderarse de la tienda.

Hinata suspiró con resignación y Mayura giró hacia él.

- ¿Hinata-kun sabes lo qué está pasando? -

Hinata sonrió con cierta incomodidad.

-Digamos que... Oujin-san suele atraer visitas bastante problemáticas…-

-Qué manera tan amable de describirlo...-

Oujin comenzó a caminar lentamente hasta colocarse junto a Mayura.

Su expresión seguía siendo tranquila, pero sus ojos ya no transmitían aquella despreocupación habitual.

Habían adquirido una serenidad completamente distinta, una que incluso hizo que el aire volviera a sentirse pesado, que no pasó desapercibido por Mayura que empezó a inquietarse.

Gilgamesh dejó escapar una carcajada.

-Interesante...así que ocultabas tu presencia de esa manera- empezó a caminar alrededor de la tienda- y yo que pensé que solo había venido a entretenerme con una Hime…-mientras seguía caminando para fijar su vista en Oujin y Mayura.
-Pero resulta que encontré algo mucho más curioso…-

Mayura frunció el ceño.

-No entiendo de que estas hablando…-giró a mirar a Oujin-

Oujin soltó un pequeño suspiro.

-De alguien que tiene demasiado tiempo libre y demasiado ego…-respondiendo a lo que había dicho el rubio-

-Qué grosero…- respondió Gilgamesh

Por un instante, incluso Mayura tuvo que contener las ganas de sonreír.

Era increíble que alguien pudiera responderle al rubio con tanta naturalidad, cuando apenas ella se había puesto a la defensiva.

Sin embargo, aquella ligera sensación de alivio desapareció enseguida.

Porque las puertas doradas detrás del Rebel que se creía el rey de los héroes comenzaron a multiplicarse.

Una…tres…cinco…diez- Toda la tienda quedó rodeada por aquellos portales resplandecientes-

El sonido metálico de decenas de armas preparándose para salir resonó al mismo tiempo.

Gilgamesh extendió lentamente un brazo.

-Bueno dejemos de hablar y veamos si esta visita ha valido la pena…-

Oujin levantó apenas la mirada.

Su expresión seguía siendo tan tranquila como siempre.

-Hinata...-

-¿Sí, Oujin-san? ...-

-¿ya terminaste el inventario de esta semana?

Mayura abrió mucho los ojos, como que no sentía que era momento para hacer esas preguntas
Hinata desvió la mirada con algo de vergüenza.

-Todavía me faltan dos estantes...-

-Ya veo...-

Oujin volvió a mirar a Gilgamesh y suspiró.

-Entonces será mejor terminar esto rápido…-

Aquellas simples palabras hicieron que, por primera vez desde que había entrado en la tienda...la sonrisa de Gilgamesh se volviera auténtica…mientras que Mayura estaba a la expectativa de descubrir quien era en realidad Oujin, dueño de la tienda de antigüedades "Shinzendou"

-Perfecto…eso era exactamente lo que quería escuchar.

La tensión que envolvía la tienda continuó creciendo nadie se movía. Las antiguas vitrinas seguían vibrando levemente por la presión espiritual que desprendía Gilgamesh, mientras las puertas doradas permanecían suspendidas detrás de él como si aguardaran una simple orden para liberar nuevamente las incontables armas que escondían en su interior.

Mayura no apartó la vista del rubio, aunque ahora tenía acceso únicamente a una parte de su poder, no pensaba dar un solo paso atrás, ya que tenía que proteger a Hinata, saber quien es Oujin, ver las habilidades de Gilgamesh que siendo un Rebel la responsabilidad de pelear sería de ella y no podía involucrar a terceras personas.

Es entonces que la campanilla volvió a sonar.

Pero esta vez no fue el sonido lento y pesado que había acompañado la llegada de Gilgamesh.

Fue un tintineo mucho más ligero.

Una pequeña figura cubierta de lana rosada atravesó la puerta tan rápido que apenas pudo distinguirse un destello blanco.

-¡Flaffy!...-

El Child corrió directamente hacia Mayura y se aferró a ella con fuerza, frotando la cabeza contra su cintura mientras dejaba escapar un suave balido.

-Flaa...-

Mayura dejó escapar un pequeño suspiro de alivio.

-Llegaste...-

Apenas sintió el contacto, el vínculo entre ambos volvió a unirse con la misma naturalidad de siempre.

Una cálida energía recorrió todo su cuerpo.El pequeño Child levantó inmediatamente la cabeza.

Las esferas de su cola comenzaron a iluminarse lentamente mientras pequeños destellos eléctricos recorrían la lana rosada de su cuerpo.

Dio un paso al frente, colocándose entre Mayura y el Rebel.

Su intención era evidente, tenía que proteger a su ama.

Gilgamesh observó la escena con curiosidad.

-Así que este es tu Child...-El rubio dejó escapar una leve sonrisa. -Interesante...-

Antes de que alguien pudiera decir algo más, unos pasos tranquilos resonaron desde el exterior.

-Qué problema…-una figura apareció cruzando la puerta con absoluta calma.

Un joven de cabello corto de color celeste claro con mechones largos en la cara, ojos rojos con grandes ojeras oscuras y mirada cansada. Sus colmillos parecían de un vampiro, llevaba puesta una chaqueta azul oscura con capucha y un dobladillo roto en flecos, pantalones blancos ajustados y botas negras largas.

Miro fijamente a Mayura sin mirar a las otras personas que estaban a punto de pelear, luego dejó escapar un largo suspiro.

-No puedo dejarte sola ni un rato...-

Mayura sonrió con alivio.

-Kuro...-El bakeneko caminó lentamente hasta situarse a su lado.

No parecía preocupado ni mucho menos tenía ganas de luchar, más bien daba la impresión de que todo aquello le resultaba una enorme molestia.

Gilgamesh arqueó ligeramente una ceja.

- ¿Ese es tu otro acompañante? -

Kuro dirigió apenas la mirada hacia él.

-Supongo…-Dijo encogiéndose de hombros-

Su respuesta fue tan simple que incluso Mayura tuvo que contener una pequeña sonrisa.

Así era Kuro, nunca hablaba más de lo necesario.Gilgamesh permaneció observándolo durante unos segundos.

A primera vista no desprendía una presión espiritual comparable a la de una Hime.

Sin embargo,había algo extraño en él.

Una energía mágica extremadamente estable permanecía oculta bajo aquella apariencia desganada.Como si no tuviera intención de utilizarla a menos que fuera absolutamente necesario.

Kuro volvió a mirar a Mayura.

-¿Estás herida? ...-

Ella negó con la cabeza.

-Por el momento estoy bien…-

-Qué bueno...-respondió con el mismo tono apagado de siempre,completamente desinteresado.

Pero Mayura conocía demasiado bien esa actitud,cuando Kuro preguntaba algo tan directamente era porque ya había tomado una decisión.

Gilgamesh también pareció comprenderlo.

-Curioso...no pareces alguien con ganas de pelear-

Kuro bostezó ligeramente.

-En verdad no las tengo…-

-¿Entonces por qué has venido? ...-

Kuro respondió sin cambiar su expresión.

-Porque Mayura está aquí…y parece que necesita mi ayuda…-

Flaffy mantenía la cabeza baja y los ojos completamente fijos sobre Gilgamesh.

Preparado para atacar en cualquier momento.

Gilgamesh primero miro al child y luego a Kuro,por último dirigió la vista hacia Oujin, que continuaba apoyado tranquilamente junto al mostrador como si toda aquella situación no fuera más que una conversación entre conocidos.

Finalmente volvió a mirar a Mayura.

Una sonrisa apareció lentamente en su rostro.

-Qué interesante...hace unos minutos estabas sola…ahora resulta que has reunido un pequeño grupo para protegerte…-
Mayura negó con una sonrisa.

-Ellos no vinieron porque yo se los pidiera…ellos vinieron porque les importo, bueno quizás Kuro porque tiene hambre y se le acabó el dinero…-rio suavemente-

Gilgamesh permaneció unos segundos en silencio.

Por primera vez desde que había entrado en la tienda parecía estar analizando algo más allá de la fuerza de su oponente.

Después soltó una pequeña carcajada.

-Ya veo...-Levantó lentamente una mano.

Las puertas doradas comenzaron a cerrarse una tras otra, mientras que las armas desaparecieron lentamente en el interior de los portales.

El resplandor dorado fue desvaneciéndose hasta que la presión espiritual que llenaba la tienda desapareció casi por completo.

Mayura frunció el ceño.

- ¿Qué haces, no ibas a pelear contra nosotros? ...-dijo algo extrañada por lo que estaba sucediendo

Gilgamesh sonrió con la misma arrogancia de siempre.

-Claro que quería…pero una batalla deja de ser divertida cuando aparecen demasiados invitados…-

Miró nuevamente a Kuro que seguía con las manos dentro de los bolsillos.

Sin embargo, alrededor de sus pies comenzaron a aparecer pequeños círculos mágicos casi imperceptibles.

Gilgamesh sonrió con satisfacción.

Después observó a Flaffy.

El pequeño Child continuaba delante de Mayura sin retroceder un solo centímetro.

Su electricidad seguía aumentando poco a poco.

Finalmente dirigió una breve mirada hacia Oujin.

-Tres contra uno...no sería una pelea demasiado elegante…-

Mayura cruzó los brazos.

- ¿Así que vas a retirarte? -dijo un poco mas aliviada

-Digamos que solo pasé a saludar…-

La rubia infló ligeramente las mejillas.

-Pues tu forma de saludar deja mucho que desear…-

Gilgamesh soltó una carcajada.

-Lo tendré presente para la próxima…quizás no haya una porque mi Hime es otra persona igual de interesante que ustedes…-

-Me preocupa la pobre Hime que tiene que pelear contra ti…aunque si ya la conoces quizás no debería de preocuparme mucho…-

-Eso nunca puede asegurarse…-Comenzó a caminar lentamente hacia la salida.

Al pasar junto a Mayura, volvió ligeramente el rostro.

-La próxima vez espero encontrarte en circunstancias más interesantes, Hime…-

Después dirigió una rápida mirada hacia Kuro.

-Y quizá tú decidas esforzarte un poco más…-

-Dependerá de las ganas que tenga ese día…- Kuro respondió con total indiferencia.

Gilgamesh rio una última vez.Aquella respuesta parecía haberle divertido más que cualquier desafío.

Abrió la puerta y, antes de marcharse, levantó una mano a modo de despedida.

-Hasta la próxima…-La puerta volvió a cerrarse.

Y con ella desapareció la última presión que permanecía dentro de la tienda.

Los antiguos relojes reanudaron su incesante tic tac como si nada hubiera ocurrido.

Mayura dejó escapar el aire que llevaba conteniendo desde el inicio del enfrentamiento.

Flaffy se apoyó nuevamente contra ella, asegurándose de que se encontraba sana y salva.

Kuro volvió a bostezar.

Oujin observó la puerta por donde Gilgamesh acababa de marcharse.Su expresión seguía siendo tranquila.

Aunque, por un breve instante, una leve sombra de preocupación cruzó su mirada.

Aquella visita no había sido casual, quizás la llegada de la joven no podría traerle buena fortuna a Hinata, pero al ver la mirada de Mayura no parecía mala persona, pero lo que atraía era el problema, quizás no estaba de más tratar de estar cerca de ella.

-Bueno como tenemos muchas visitas vamos a preparar algo de té y galletas para los invitados Hinata-

-De acuerdo…comenzaré a preparar…- se fue detrás del mostrador-

-Ahora dígame quien es usted realmente Oujin-san…-dijo la rubia mas tranquila y con curiosidad ya que parecía que no era un humano común y corriente hasta podría ser que fuera como Kuro…alguien con poderes desconocidos-

-Quizás te lo diga o quizás no…-dijo Ouji con su habitual calma- depende de que tan confiable eres para decirte quien soy…-

Mayura ahora estaba mas convencida en ganarse la confianza del dueño de la tienda de antigüedades quizás seria el misterio más misterioso que tendría en sus años de vida
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matta ne!!


Cho

Otro fic más de las olimpiadas, quisiera terminar con este pronto pero la vida sigue conspirando en mi contra (...) a ver cuánto me toma.

118.1.


Había sido un evento tranquilo que para variar le dio la oportunidad de explorar las universidades como cualquier joven común y corriente. Y pensar que por más que fuera un estudiante de Rizembool ni acudía a su propia ‘alma mater’ en físico con frecuencia…

En fin, las divagaciones tendrían que quedarse para otro momento, luego de haber recibido un mensaje el cual terminó con su paseo prematuramente.

“Pues… el nuevo se ha vuelto a portar mal, lamentablemente,” Shiyoon dio un suspiro. “Así que… nos toca ir a ver qué ocurre, Haku,” luego de terminar de narrar lo que seguía, le sonrió en lo que se encogía de hombros. “Vamos a ver el desastre, al menos esta vez no nos toca hacer nada en lo absoluto. Orochi-sama sólo quiere que sirvamos como ojos por hoy.”
“…” el orphan sostenía un último bocado de aburaage en su mano, cabizbajo.
“¿Haku? ¿Estás bien? Estás muy callado,” se confundió el otro. Era sin duda sorprendente que aquel reactivo y rebelde orphan no usara la oportunidad para intentar darle la contra o quejarse de los mil y un problemas que los humanos no dejaban de causar.
“…no puede ser que ya lo hayas olvidado…” musitó el orphan, con fastidio. Aquel bocado terminó por ser apretado en un puño. Y, aun así, el kitsune no estalló ni levantó su voz.
“Hm…” Shiyoon alzó una ceja, meditabundo.
“Tsk…” mientras Hakuzosu perdía la paciencia por dicha actitud indistinta del otro.
“¡Oh!” finalmente, el chico asintió y sonrió. “Haha, ¿te refieres a cómo ese muchacho amable te domesticó y te quitó todas tus neuronas hace un rato?”

Había sido atinado del prospecto a Rebel llevar al orphan a la azotea de un edificio luego de haber ‘ido a recogerlo’, ya que Hakuzosu finalmente soltó su ira en un zarpazo que hubiera podido lastimar severamente a una persona más lenta.

“¡Precisamente eso! ¡Sabía que te estabas burlando de mí fingiendo ignorancia!” exclamó en lo que el otro aterrizó luego de evadirlo con un salto. Le miró de soslayo.
“Eh, no, no, te juro que todo eso ya se había escapado de mi cabeza,” Shiyoon levantó sus palmas y las sacudió en señal de paz. “Tranquilo, lo hecho, hecho está. Ese chico claramente cuidó de ti para no hacerte más que neutralizarte en lo que yo llegué…”
“¡El hecho que digas que me haya neutralizado significa que definitivamente no me cuidó!” gritó indignado y colérico. “¡Era un enemigo! ¡Otro humano que se cree con más derecho que yo! ¡Que no me haya lastimado físicamente no quiere decir que no me haya hecho nada!”
“Haku, no es tan simple…”
“¡¿Por qué demonios no lo es?!”
“Escúchame un momento. Nos toca ir a ver lo que Yato anda haciendo, él que anda causando problemas a todos los demás,” observó Shiyoon.
“Tsk, ¿y por qué eso me importa?” entrecerró sus ojos.
“Porque Yato es parte de ‘nuestro lado’, de alguna manera, y aun así, no estamos yendo a ayudarle,” Shiyoon llevó sus manos detrás de su nuca con una sonrisa indistinta. “Vamos a ver cómo la gente encargada de ser los primeros en responder y controlar lo que se sabe de la guerra lo ponen en su lugar y se aseguran de detener su travesura. Él podrá ser un futuro Rebel como yo, pero igual, todos estamos de acuerdo que la gente que se sale de las reglas tiene que ser detenida. Eso se aplica a mí y a ti de la misma manera.”
“…” Hakuzosu frunció el ceño.
“A nadie le va a gustar que se metan con uno, pero si nos hemos portado mal, eso es lo que vamos a sacar. Es la consecuencia de nuestras acciones. Por lo que ocurrió el otro día, sé bien que ese chico te neutralizó porque estuviste a punto de atacar a un puñado de HiMEs en medio de una muchedumbre de gente normal, e imagino que algo similar estuvo por ocurrir hoy,” Shiyoon negó y sonrió apenado. “Siento decirlo, pero por nuestro entorno, vivimos en un ambiente donde ello se considera castigable, lo cual terminó por ocurrir. Alguien tenía que detenerte para mantener todo bajo control.”
“Pero… tsk…” chasqueó la lengua, desviando su mirada y cabizbajo. “…estas reglas tan caprichosas de los humanos… esas HiMEs me las van a pagar, no las perdonaré…”
“Lo siento, Haku, en serio,” le sonrió un poco.
“…” se mantuvo mirando al piso.
“Ahora que eso está claro, vamos en marcha. El jefe se molestará conmigo si fuera a perderme de algo importante.”
“Oye…”
“¿Hm?” ladeó su cabeza. “Sigues meditabundo.”
“…” comprimió sus puños, con fastidio. “¿Acaso no te vas a burlar de mí por… cómo actué? Estaba… actuando como un idiota.”
“Haha, realmente fuiste todo un niño adorable como por quince minutos, ¿por qué diría que actuaste como idiota?” sí, tuvo que evadir otro zarpazo con suma agilidad.
“¡Tch, no te burles de mí!”
“No, no lo hago. Creo que ando normalizado a que la gente actúe rara y un poco en contra de su voluntad todo el tiempo…” Shiyoon dio un suspiro, para volver a encogerse de hombros con una impecable sonrisa. “…considerando quién es nuestro jefe.”
“Eh…” ello probó dar ciertos nervios al orphan.
“Siento que te haya ocurrido, a nadie le gusta estar en esa situación, por más que no sea nuevo para uno. Ahora olvídalo,” asintió tranquilamente. “Somos un equipo, ¿no? Estamos en confianza.”
“…” le miró perplejo. En muy raras ocasiones, por más que iba contra sus instintos de orphan, Hakuzosu casi podía pensar que Shiyoon era de confiar.
“Ya habrá otra oportunidad para que piense en cómo tomarte el pelo al respecto,” concluyó amenamente.
“¡¿Q-qué has dicho?!” precisamente, por ello mismo nunca le duraba aquella impresión.
“No me tomes en serio, ahora sí vamos.”
“¡Oye!” Hakuzosu no llegó a intentar arremeter contra él, ya que, al verle invocar su espada, de inmediato se quedó quieto y al pendiente de lo que iba a hacer.
“Estamos lejos, así que tomaremos un atajo…”

…


Ni bien recibió el mensaje con respecto a la manifestación por la zona rural de Hanasaki, Suzuka se apresuró a correr para darle el alcance a aquellas jóvenes HiMEs. Entendía que no todas irían a responder con rapidez, ya que Reimu y Youmu continuaban participando en sus disciplinas deportivas. Si bien la última había considerado abandonar su competencia según lo puesto en el chat, todas terminaron por recibir un mensaje de texto de parte de Fran, quien ya estaba al tanto de los sucesos.

Según lo indicado por la asistente de Miranda, por más que dicha manifestación fuera producto de Rizembool, ella fue muy clara en indicarles que no era responsabilidad de ninguna de ellas.

“…” Suzuka volvió a mirar la pantalla de su celular en lo que avanzaba.

‘Habiendo tres de ustedes en la zona de peligro, les reitero que no se involucren ni tomen acciones para solucionar este altercado. El responsable no es Rebel de ninguna de ustedes y no se encuentra peleando contra una HiME. Por la naturaleza de las olimpiadas, Rizembool va a tomar responsabilidad y ellos han enviado a un grupo para encargarse de disciplinar a esa persona. La única tarea de ustedes como HiMEs es asegurarse de mantener a la gente común fuera del área, y en el peor de los casos, prevenir que el alcance del evento fuera a expandirse. Quédense en el perímetro hasta que vean que la situación está bajo control. Esperaremos el reporte de los eventos cuando ello termine.’

Sin duda se podía sentir cierto nivel de desconfianza venir de las palabras en su pantalla, lo cual Suzuka comenzaba a asimilar por más que no le gustara. Hasta el momento, todas eran las ‘HiMEs tachadas’ en los ojos de Miranda, y Suzuka sabía que aquello recaía sobre ella por encima de las demás. Pese a ello, parte de ella se preguntaba si era prudente dejar que la situación pudiera empeorar en lo que les tocaba simplemente ‘esperar’ a que los encargados fueran a llegar.

En medio de sus pensamientos, ella oyó una voz dentro de su mente, una que conocía muy bien.

“¿No estarás cansada de cargarme en un brazo?” preguntó su arma, en forma de la larga y ancha espada la cual solía usar más como arco que para ataques directos. “Te puedo ayudar corriendo, tengo dos piernas que todavía no han sido desahuciadas.”
“No te burles, Norimune. Esto suena a una emergencia y temo que si no te tengo en forma de arma nuevamente te desaparecerás por días sin darme señales de vida,” susurró la frustrada y decidida HiME. Ella frunció el ceño. “Aparte que pareces olvidar lo fuerte que realmente soy.”
“Fufu, nunca lo dudaría de mi estimada hija~ pero no estoy tan viejo como para que necesites soportar todo mi peso. Deja a un padre encargarse de sí mismo.”
“Tú deja de hablar tonterías, sabes que no soy tu hija…”
“No te canses con anticipación, nunca sabes cuál será la demanda que te espera, justamente por tratarse de una emergencia.”
“Eso tendré que decidirlo yo…” enfocó su vista hacia el frente. No iba tan rápido como hubiera querido, precisamente por su decisión de cargar su pesada arma, pero continuó convencida de hacerlo. “Ya parece que estamos cerca. Sólo espero que las tres estén todavía a salvo.”
“A pesar de su comportamiento temperamental, tu kouhai será cuerda para mantenerse al margen, sobre todo si te está esperando, Suzuka, y sus dos compañeras poseen un buen juicio. Ellas te oirán, todas te consideran una líder y la HiME con más experiencia. Así que, espero que sepas qué les dirás ni bien llegues.”
“…” Suzuka se quedó en blanco un momento. No lo había pensado con claridad, sólo se encontraba acudiendo al llamado. “Yo no sé siquiera qué es lo que iremos a ver, no puedo anticiparme a nada aún…” afiló sus ojos. “Pero tengo en claro que no dejaré que las otras corran un peligro innecesario. Esta vez actuaremos de manera más sensata. Yo seré la responsable en caso algo suceda…”

…



“Hm… te me haces irreconocible… Suzuka…”
“!!!” fue una voz profunda de ultratumba, la cual mencionó su nombre con un cambio de tono, uno que pareció dirigírsele despectivamente. La repentina sorpresa y la silueta mayormente negra de dicha persona a su costado le hizo blandear su espada, lo que hizo que este le esquivara.
“Tsk… pero no, definitivamente eres tú, la inepta HiME que casi causa que todas sus kouhai mueran hace unos días…” Matsui aterrizó a una prudente distancia de ella. Él ya usaba su capa tecnológica que escondía su rostro completamente.
“Tú fuiste quien las puso en tal peligro…” a pesar de sus palabras, Suzuka no estuvo en una posición de anticiparse a alguna agresión de su parte, incluso se mostró un tanto perpleja. De inmediato volvió a pensar en el mensaje de Fran. “Tú… ¿eres quien va a detener lo que ocurre?”
“Si tan sólo eso fuera cierto…” divagó con gran indiferencia.
“…” la HiME se impacientó.
“No soy lo suficientemente fuerte para enfrentar a quien les causará tantos problemas ahora… si es que tu propia memoria de cómo casi barrí con todas las demás HiMEs te deja saber con qué estamos lidiando ahora,” contestó con firmeza. “Fufu…” y su tono se contagió de leve burla. “…difiero en que fui yo quien las expuso a aquel riesgo. No puedes culpar a un monstruo como yo de actuar como tal, no es mi culpa que una HiME que sí nos conocía a waka-sama y a mí haya llevado a las demás frente a nosotros. Ninguna de ustedes debió pisar ese muelle esa noche.”
“Tch, no demos vueltas al asunto, si tú no vas a solucionar esto, ¿qué estás haciendo aquí?”
“Alargando la emergencia.”
“Eh…” se confundió.
“A diferencia de ustedes, yo puedo prolongar esta etapa de ‘incubación’ hasta que el verdadero encargado finalmente se ose a llegar. Puedo adentrarme a la niebla roja sin problemas.”
“Niebla roja… entonces, es la misma persona quien casi ocasiona un desastre durante la noche de inauguración…”
“No hay necesidad de decir lo obvio.”
“…” sintió tangibles nervios. “Esas orphans son imposibles de derrotar por completo. ¿Qué se supone que debamos hacer aquí?”
“Hmhm…” Matsui rió para sus adentros.
“Tsk…” detestaba lo mucho que ese incógnito Rebel al cual incluso desconocía su nombre parecía no importarle nada en lo absoluto, para atreverse a ser tan despectivo con las HiMEs.
“Aquel no es mi problema…” entonces, el Rebel miró de reojo a un costado. Por la pausa que se habían dado luego de la agresión de parte de Suzuka, los dos acababan de ser alcanzados por un grupo de tres.

“Eh…” Cho se notaba perdida y miraba anonadada a aquel desconocido Rebel. A su costado, Kashuu andaba al pendiente de ella.
“¿Te sientes bien, aruji?”
“S-sí, no te preocupes,” a pesar de sus palabras, la peliceleste llevó una mano a su sien.
“Ehm…” y detrás de Cho, una asustadiza y tímida Kosuzu observaba al encapuchado con curiosidad y ligera aprehensión. “¿Ese señor es el Rebel del cual me contaron?”
“Ustedes…” Suzuka se preocupó por ver a los tres. Por más que sabía que Cho tenía más experiencia que la mayoría, la simple memoria de aquellas orphans casi le hacía desear que Fran hubiera abogado por que huyeran de inmediato.
“Tsk…” por su parte, Matsui se impacientó. Definitivamente estaba perdiendo tiempo valioso, por lo cual regresó a correr camino al punto de interés.
“¡E-espera!” y Suzuka se apresuró para tratar de no quedarse atrás.
“¡O-oye, Suzuka!” Kashuu intentó pedirle que les esperara considerando que los tres llevaban apurados y por ende cansados desde que los mensajes empezaron a llegar, aunque les tocaría llegar un poco más tarde que ella.

Sabía que ese Rebel tenía mucha información que se negaba de darle, pero Suzuka tampoco podía ponerse a pensar en qué preguntarle. Si este se iba a negar a decirle cómo lidiar con las orphans, quizás era un caso perdido intentarlo, aunque aun así no podía darse por vencida.

Sin embargo, algo distinto pasó. Matsui desaceleró lo suficiente para permitir a Suzuka correr a su par y ni bien ella le dio el alcance, optó por cortar con su silencio.

“La persona responsable de este desacato está relacionada a los sucesos del muelle,” observó Matsui, inmutado.
“¿C-cómo así?” Suzuka no podía pensar en haber visto a alguien más… y pasó a sorprenderse. “Espera, ¿acaso es quien enloqueció a los civiles presentes?”
“Fufu, no, ya quisieras que fuera tan fácil. Si tan solo los verdaderos malos se pudieran controlar con tanta facilidad.”
“Tsk, no haces sentido,” se impacientó.
“Te digo algo que puede serte útil…” hizo una leve pausa.
“…” no podía verle, pero por más que se orientaba hacia el frente, Suzuka casi podía sentirse directamente observada por el otro debido a su intensidad.
“Aquella HiME que terminó lastimada en el muelle… no la acerquen a la niebla,” dijo con severidad. “Porque, si lo hacen… ella no será la única que resultará maldita…”
“Eh… ¿qué quieres decir…?”
“Toma mis palabras como decencia común. Evita darle a ese futuro Rebel una injusta ventaja…” y ni bien dijo esas palabras, volvió a acelerar su andar.
“…” Suzuka se impacientó y nuevamente volvió a esforzarse para no quedarse tan atrás.

“Lo siento… lo siento, sé que soy muy lenta…” se disculpaba Kosuzu repetidamente.
“Descuida, yo tampoco estoy del todo en forma…” Cho asintió mientras continuaba el avance.
“Se cansarán menos si no hablan en exceso, pero ya debemos estar cerca…” observó el arma, atentamente y a la expectativa de lo que estaban por ver.
“…” Cho fruncía el ceño. Estaban cerca… no, a su parecer, ya estaban en el recinto.
“Aruji…”
“Eh, s-sí…” ella se despertó al notar que Kashuu le miraba atentamente.
“Sé que realmente quieres apoyar a las demás HiMEs, pero todas van a entender si no estás en condiciones de hacerlo,” le recordó. “Por favor no te fuerces a participar en esto.”
“Tendré cuidado, Kashuu, gracias por preocuparte por mí,” Cho sonrió frustrada. Sabía que había tenido un roce muy cercano con la muerte aquella noche del puerto, pero incluso con ello en mente, no dejaba de impacientarse por el hecho que la debilidad que arrastraba continuaba sin aliviarse en lo más mínimo. Era como si no pudiera recobrar su usual estado de salud. Aunque en esos instantes no era lo más alarmante para ella… “Puedo ver la niebla roja de la inauguración.”
“¿Eh?” Kashuu se sorprendió.
“Senpai, ¿en serio?” Kosuzu se asustó un poco.
“Supongo ustedes no la pueden ver…”
“…si ese es el enemigo que nos espera, entonces con más razón no deberías exponerte a aquel peligro, aruji. Ya dependimos de este Rebel y su aliado la vez pasada. Nosotros no tenemos nada que hacer aquí,” observó el arma.
“Eso es lo que pienso. Lo único que quiero es asegurarme de prevenir que alguien salga lastimado o que inocentes se involucren,” Cho asintió. “Te prometo que seré prudente.”
“…” Kashuu bajó su mirada. Ahogó un deseo de chasquear la lengua para no desalentar a su ama, pero a su vez, sabía que ella podría descuidarse sin siquiera darse cuenta. “Que tú puedas ver la niebla tan claramente y que esta sea invisible para nosotros nos da la idea que lo mismo se repetirá que la vez anterior. Te hará mal, y cuando eso suceda, mereces que te traten como alguien quien ha sido lastimado y necesita evacuar. Que ese sea el caso.”
“Sí, entiendo…”
“…” no, quería, pero no podía confiar en sus palabras.

Finalmente, el camino de árboles les condujo a un área abierta donde los demás pudieron ver más que una simple niebla roja. A esas alturas, dicha materia rojiza se había formado semejante a un perímetro con paredes de dicho color que se veían macizas, pese a portar aquel extraño tono. Por encima del enclaustro, sin embargo, la niebla sí se esparcía vertical y difusamente, no dando indicación del fin de su alcance. Incluso daba la impresión de que se expandía con lentitud.

Cho no necesitó evidenciar el espacio para detectar un color rojo que llevaba alertándole desde el camino. No obstante, mirar a dichas paredes hechas de una supuesta densa niebla escarlata le hizo sentir un dolor en los ojos semejantes a los de mirar directamente al sol, sólo que no visualizaba luz intensa. No, más bien… a su parecer, el vívido color de la niebla se había oscurecido y esa ‘construcción’ más se asemejaba al de un color opaco propio de un órgano o entraña animal. Se preguntaba si los demás lo veían de la misma manera.

“¡…!” y nuevamente, oyó aquel grito desgarrador dentro de su cabeza que le hizo estremecerse. Era esa voz que la asechaba, ese indescriptible grito que no había sido parte de su propia experiencia de vida, y aun así, hacía aparición en su mente repetidamente.
“Aruji…” Kashuu le agarró de un hombro, una leve acción que probó ser necesaria puesto a que la peliceleste tambaleó en medio de su ensimismamiento.
“…” Kosuzu miró a Cho con preocupación, pero su atención de inmediato se pasó a sus compañeras de la secundaria, quienes apenas intercambiaban palabras con el Rebel.




“¿Dices que esta estructura está por expandirse?” le cuestionó Tenshi con desconfianza y alzando una ceja.
“No te creas que es un sólido lo que ves, por más que lo parezca. Ustedes no conocen al demonio que se esconde adentro,” explicó el encapuchado. Este caminó hacia dicha pared, lo cual hizo que más de una HiME tuviera el impulso, pese a no llevarlo a cabo, de advertirle que desistiera. De todos modos, él no hizo más que mirarlo de cerca un momento, hasta que dio un suspiro. “Y es claro para mí. Este umbral se expandirá proporcionalmente a la cantidad de gente que entre al mismo. Es mejor no perturbarlo.”
“Tsk, pero bien nos han dicho que estemos atentas a detener su avance. ¿Entonces qué hacemos?” volvió a quejarse la peliceleste, quien sin duda no tenía reservas ante dicho Rebel que fue tan peligroso hace algunos días.
“…se expandirá de todos modos. Es una locura adentrarse a incentivar su crecimiento, pero si los auxilios se tardan en llegar y la expansión amenaza con alcanzar a los transeúntes, todos nosotros debemos estar lo suficientemente locos para hacer el intento. Eso es lo que se espera de quienes se convierten en fichas de ajedrez…” Matsui rió levemente para sus adentros. Había ‘socializado’ demasiado para su gusto con las HiMEs, por lo cual se haría el favor de desaparecer de ese ambiente. “Pero ustedes hagan lo que quieran, no son mi responsabilidad. Yo iré a ralentizar la expansión por dentro. Si alguna de ustedes me iguala en locura, supongo nos veremos en el interior tarde o temprano.”
“¿Cómo se supone que ayudaríamos con eso?” preguntó Suzuka.
“Peleando contra esas orphans inmortales, por más peligroso e inútil que sea. Vale la pena mientras no sean derrotadas…” empezó a caminar para atravesar la pared. “Fufu… y pensar que alguna HiME será eventualmente asignada a este monstruo…”

Fue como dijo. La ‘pared’ se asemejó a un holograma en lo que el encapuchado Rebel la atravesó. Las HiMEs intercambiaron miradas y no tardaron en alarmarse cuando, en un movimiento violento y sutil como un parpadeo, la realidad cambió a tener dichas paredes delimitar un espacio más grande y más cerca de todas ellas.

“¡Ehh!” Kosuzu casi se cae para atrás.
“No debería esperar que una manifestación mágica respetara un movimiento tangible o que se ajuste a las leyes de la física, pero…” Saki llevó una mano a su mentón.
“Es preocupante, y si esa persona que anda adentro es quien conjuró las orphans de la vez pasada, estamos lidiando con alguien muy peligroso…” agregó Tsubasa, meditabunda.
“Suzuka, ¿qué deberíamos hacer?” preguntó Tenshi a su senpai, decidida. Ella apretó los puños. “Ya hemos aprendido, y sobre todo yo, que pelear contra ese enemigo es inútil, pero tampoco podemos quedarnos de brazos cruzados. ¿Qué piensas?”
“…” Suzuka asintió con solemnidad. Miró a los presentes un momento antes de observar en la dirección en la cual el Rebel se había sumergido al enclaustro. “Él tiene algo que nosotros carecemos, lo cual es experiencia con este suceso en particular. No podemos decir que haríamos una diferencia como él ya lo demostró el día de la inauguración, así que tendré que darle la razón al decir que nosotros sólo nos involucraremos si juzgamos que el riesgo vale la pena. Quedémonos al pendiente de que no se expanda demasiado, lo volveremos a evaluar después.”
“…” Kashuu asintió y dio un par de pasos hacia delante. “Me parece bien. Y ahora que sabemos con certeza lo que ocurre, espero que entiendan lo que estoy por decirles…”
“Kashuu…” Cho le miró con ligera aprehensión. Lo veía venir.
“Pido que aruji sea excusada de tener parte en este suceso por su propio bienestar, ya que continúa con rezagos de los eventos del muelle,” afirmó con certeza.
“…” Suzuka se impresionó ligeramente por la firmeza y autoridad con la cual el arma se había expresado. Notó que Saki y Tsubasa intercambiaron miradas, y fue Tenshi quien rompió el silencio.
“Sí, no te preocupes, en verdad que estoy de acuerdo,” Tenshi asintió. “Esperaba que ustedes no vinieran ahora, a decir verdad.”
“Eh, Tenshi..,” comenzó Cho.
“No es por desprestigiarte o menospreciarte de ninguna manera, Cho, pero todavía tengo presente lo que pasó esa noche. Por supuesto que te mereces descansar,” afirmó la peliazul. Desvió su mirada. “Yo también estaría más tranquila si sé que te darás una oportunidad de recuperarte como debido.”
“Entiendo cómo te sientes, Tenshi,” comenzó Suzuka, pensativa. “No pienso dejar que ninguna corra un riesgo extremo, y menos si no están en condiciones de funcionamiento normal.”
“Bueno, me alegra oír eso,” Tenshi sonrió aprobatoriamente. Sin embargo…
“Por eso tú también tienes terminantemente prohibido ingresar a la niebla, Tenshi,” concluyó la peliblanca.
“Eh, ¿qué dices?”
“Tú también saliste lastimada de esos sucesos y continúas recuperándote. Por ello mismo sé que tampoco podrás darlo todo de ti y estás en una gran desventaja,” se explicó. Sabía que su kouhai no le oiría si le contaba sobre la advertencia del Rebel al ser rebelde a su manera, por lo cual no iría a mencionarlo de momento. “Estoy segura de que cualquier señal de debilidad puede jugarnos una mala pasada y no amerita que cometamos alguna imprudencia. Tenemos los ojos encima en Hanasaki por haber hecho eso el otro día.”
“Eh, pero, o sea…” la peliazul estaba alarmada y miró de un lado al otro a manera de percatarse quiénes les rodeaban. “Si Cho y yo no podemos ayudarte, nos quedan Saki, Tsubasa y Kosuzu,” ni bien lo mencionó, ellas tres se vieron perplejas, con distintos niveles de nervios y quizás no muy a gusto con la idea de que alguien más las haya remotamente voluntariado. “Y pues, ellas no tienen tanta experiencia. Tú tendrías mucho por hacer, Suzuka.”
“Lo sé, pero no te preocupes por mí,” afiló sus ojos. “Soy fuerte, puedo pelear contra las orphans el tiempo suficiente para que lleguen los encargados.”
“¡Te apuesto a que no puedes garantizármelo! ¡No digas cosas por decir!” reclamó casi al punto de lanzar una rabieta. “¡Y mucho menos me sobreprotejas si ya soy HiME, estoy prácticamente bien al cien por ciento!”
“La idea es que no cometamos ninguna imprudencia, Suzuka, pero tus palabras lo suenan,” observó Cho, con leve inquietud.
“Aruji…” Kashuu se preocupó.
“¡Sí, precisamente eso! ¡Que seas la senpai de todas no te da inmunidad!” continuó Tenshi.
“No lo da, pero con tal de proteger a los demás de Rizembool, si se da ese momento ‘loco’ en que tenemos que darlo todo de nosotras, estoy cometida a hacerlo…” la peliblanca asintió con firmeza. “Y también soy mayormente responsable por lo ocurrido en el muelle aquel día, en particular por todas ustedes, y sobre todo por ti, Tenshi, porque me seguiste desde el inicio. Así que, esta vez seré adecuadamente responsable y velaré por el bienestar de ustedes por encima de las circunstancias.”
“¿Pero y qué es de ti?” insistió.
“Estoy de acuerdo con Hinanawi-san, no podemos descuidarla a usted,” se sumó Tsubasa. “Personalmente entiendo que mis habilidades no se prestan aún para ayudar contra enemigos tan fuertes, pero si usted va a ponerse en peligro, al menos alguna salvaguarda necesita estar puesta en pie para asegurarnos que puede huir si la situación se vuelve desfavorable.”
“Sí, eso suena justo, no sé si contamos con algo así, no obstante…” Saki desvió su mirada.
“Eh…” y curiosamente, la pequeña Kosuzu levantó su mano. “Pues… todavía lo estoy practicando, pero… tengo la habilidad de invocar a otros a mi costado. S-sí algo se vuelve peligroso, podría intentar hacerlo para apartarle de las orphans…”
“Hm, esa suena a una habilidad útil, pero, ¿eres capaz de controlarla?” preguntó Suzuka.
“Todavía lo estoy entendiendo del todo. El otro día medio que causé estragos, ¡a-aunque prometo que mi magia no va a causarles ningún percance como la vez pasada, en serio!”
“¿De qué percance hablas?” la peliblanca alzó una ceja.
“Es una larga historia…” Cho podía recordar lo que Roxas le había dicho al respecto.
“Si quieren cerciorarse de que ello va a servir, pueden aprovechar el tiempo para hacer un simulacro y ver cómo la magia funciona entre ustedes,” dijo Kashuu, quien ya estaba cruzado de brazos. “Ahora, si me disculpan, aruji y yo tenemos que retirarnos.”
“Eh, no aún, Kashuu, al menos tengo que estar informada con lo que sucede,” le pidió la peliceleste.
“Tenemos el visto bueno de ir. Sé que no lo dices, pero este espacio a nuestro costado te está causando debilidad nuevamente. No es seguro que te mantengas aquí por más tiempo.”
“Lo sé…” ‘pero…’ sentía que no podía desentenderse como la HiME senpai que supuestamente era para las otras.

Y entonces, Suzuka vio que su arma brilló y finalmente, Norimune hizo aparición.

“Ah, permíteme un momento, estimado bouzu,” comenzó el arma mayor.
“Tch, ¿qué haces apareciendo de la nada? Te me haces más útil cuando no tienes una boca con la que hablar,” se quejó Kashuu.
“Tanta osadía a tus mayores, kuso bouzu,” Norimune sonrió con perspicacia. “Sin embargo, no puedo dejar que un comentario tan ligero de tu parte pase desapercibido, o hasta aceptado.”
“¿A qué te refieres?” alzó una ceja. “Estoy abogando por mi aruji. Ella no tiene por qué adherirse a ningún estándar que perjudique su salud.”
“Oh, descuida, estoy completamente de acuerdo contigo al respecto. Hubiera apoyado que ustedes dos ni hayan respondido al llamado. Tienen todo el derecho de ausentarse, considerando al par de HiMEs que no vinieron por andar ocupadas en competencias civiles.”
“No es para recriminarles, Norimune, tienen todo el derecho de no involucrarse, Fran misma fue quien hizo hincapié en que no tenemos una mayor responsabilidad aquí,” le recordó Suzuka.
“Lo cual es muy cierto, y es algo que se aplica a todas, incluida tú,” el arma le miró fijamente, sin borrar su sonrisa, sin siquiera rendir su tono juguetón de voz, aunque sus ojos indicaban que no se encontraba bromeando. “Aplaudo la buena voluntad de tus kouhai de pedirte que te cuides a ti misma, pero me negaré a que una muy voluntariosa y aprendiz HiME practique su incierta magia en medio de lo que puede convertirse en una emergencia. Creo que podemos recordar el efecto que su entrenamiento con el buen Roxas desencadenó la vez anterior. Si la invocación resulta en que yo me desligue de ti al menos por un momento y sea incapaz de servirte como un arma, no sé qué podría ser de nosotros.”
“Eh…” ello le hizo recordar a Kosuzu que precisamente esa arma le había dado aquella advertencia de no usar sus poderes en él. Y justamente, se vio dirigida por el mismo. “Ehh…”
“Ya lo hablamos la vez anterior, ¿no es así?”
“S-sí, señor, lo siento, no quiero ir en contra de su voluntad…”
“Yo sé que no, no es nada más que un cordial recordatorio,” le aseguró con una sonrisa.
“Norimune…” Suzuka no sabía qué esperar de él. Para asemejarse a un supuesto ‘padre’ que se iba a comprar pan por años, en ocasiones se tornaba extrañamente intenso y estricto. “Entiendo tu punto, pero si llegamos a una emergencia que lo amerite, deberíamos hacer el intento. Es mejor que no tener ningún recurso.”
“Yo personalmente optaré por considerar dicha desesperación como un acto condenable en estos instantes. Si quieres mantenerte como el pilar que protege a las demás, entonces aprende a actuar como tal,” afiló sus ojos. “Porque hasta ahora más pareces la persona que las metió a todas en problemas.”
“Eh…” ella se impactó un poco y desvió su mirada. “Tsk… no sé qué esperas de mí, no hay opciones ahora.”
“Hay muchas opciones porque no estamos contra la pared. Tenemos tiempo, calma tu mente y analiza lo que hay que hacer. Y al igual que el bouzu que cuida de su propia HiME, si llegamos a la conclusión de no involucrarnos en este caso, no hay pena en descartar el comportamiento suicida del Rebel que se adentró por su cuenta. No somos él, como bien lo has dicho, Suzuka.”
“Sí, que se pudra ese pedante Rebel, no tenemos por qué hacerle caso,” resopló Tenshi, impaciente. “Pues, si tú decides que yo no tengo permiso de actuar, entonces yo tampoco te lo doy, Suzuka, no si sólo andas lanzándote a la boca del lobo. Así que piensa en qué más deberíamos hacer ahora.”
“…está bien…” tuvo que tragarse su orgullo, incluso si no se veía convencida. No estaba acostumbrada a trabajar con otras personas aún. “No tengo ninguna respuesta en mente, pero han sido claras, así que pensemos qué podemos hacer,” dio un suspiro. “Quisiera darles más certeza de mi posición como mayor a ustedes, pero reconozco que sólo hago lo que puedo.”
“Está bien, no hay nada de malo en ello, puedo entender por qué dijiste lo que dijiste,” Cho asintió y bajó su mirada. “Siento si no puedo dar de mi parte esta vez.”
“No, descuida, nos toca cuidarnos a nosotras también,” le aseguró, con una leve sonrisa.

Nuevamente, Kashuu notaba que su aruji continuaba sin intenciones de retirarse, hasta hablando sobre su ausencia como una posibilidad en vez de certitud. Sabía que era parte de su temperamento, pero realmente debía irse en ese momento, y ella se negaba a oírle.

Tendría que insistirle hasta que le oyera, y si la realidad estaba dispuesta a cooperar, los encargados en llevar lo que ocurría a su fin no debían tardar mucho más, por más que no sabía nada sobre ello.

Sólo le tocaba esperar a que su aruji pudiera resistir el tiempo suficiente.

…


Kana

El laboratorio improvisado en el comedor de la mansión de Vincent en Lancannia era una auténtica atrocidad estética. Mesas de caoba desplazadas, cables gruesos como serpientes cruzando la alfombra persa y una estructura metálica que híbrida entre un colisionador de partículas y una jaula victoriana, ¡sí! habían usado una jaula victoriana para armar una parte. Kana se preguntó; ¿por qué Vincent tenía una jaula así en su mansión?

Cain ajustaba un par de tuercas con desdén, resintiendo de pronto la faja médica sobre su lesión recordándole que existía esa herida. La verdad, se había olvidado por completo. A su lado, Ratio Verita revisaba las lecturas en una pantalla portátil, acomodándose las gafas con la serenidad de quien realiza un experimento cotidiano.

—La frecuencia cuántica de la masa orgánica debería resonar con el campo magnético del estanque de energía —explicó Ratio, tecleando un comando sin mirar a nadie —Pero necesitamos un sujeto de prueba con densidad molecular similar a la masa humana.— miró a Cain.

—No voy a poner a un gato—sentenció Cain, lo miró con frialdad —Y mucho menos a uno de los sirvientes. Sería molesto limpiar el desastre y llenar los formularios de baja... Y buscar reemplazos.— entrecerró los ojos. —Tal vez deberíamos poner a Henry aquí, para hacer las pruebas.

—Sí, así te quedas con su título. Ah, pero espera...— Ratio lo miró con burla. —Ni siquiera eres un Lancaster en esta realidad. Tengo algo mejor que Henry— Ratio se fue y volvió cargando un monumental trozo de carne sobre el hombro. Dejo sobre una mesa un costillar de res congelado, el cual mantenía densidad, humedad y tejido proteico ideales y similares a los de un humano.

Kana, que estaba sentada en un rincón los observó con aprensión.

—¿Están seguros de esto?—preguntó Kana, poniéndose de pie —Eureka viene en camino. Dijo que usaría su energía de HiME para potenciar la máquina cuando llegue. ¿Ese trozo de carne está simulando el impacto del salto que ella tendrá que soportar? ¿No es peligroso para ella?

—Por ende, querida niña, es mejor que la res sufra el estrés molecular y no tu amiga—respondió Ratio con una apatía exasperante —Cain, coloca el sujeto de prueba en la cámara de contención.

Cain tomó el voluminoso costillar de vacuno no sin antes ponerse guantes y lo depositó sobre la plataforma central de la máquina. Cerró la "escotilla" echa de una hojalata, asegurando los tres cerrojos con clics metálicos.

—Iniciando secuencia de presurización cuántica en tres... dos... uno —anunció Ratio con voz monótona.

La máquina emitió un zumbido grave que hizo vibrar la vajilla de porcelana en los vitrales lejanos. Luces azules y violetas comenzaron a arremolinarse en el interior de la cámara. El costillar flotó por un segundo, envuelto en una neblina electromagnética.

—La estabilidad molecular está al noventa por ciento...—murmuró Cain, ajustando un dial en la consola —Aumentando potencia a doce kilovatios...

De pronto, un chisporroteo agudo cortó el zumbido. El sonido cambió de un tono grave a un alarido metálico insoportable que hizo que los tres se taparan los oídos. Las luces de la cámara pasaron de azul a un rojo encendido.

—Esperen... la masa no está absorbiendo la carga, ¡la está devolviendo! —advirtió Ratio, aunque su tono apenas alteró la línea recta de su voz.

—¡Apaguen esto ahora!—gritó Kana, corriendo hacia la consola.

—No toque los mandos....—ordenó Cain con frialdad, intentando reconfigurar la frecuencia incluso dándole mayor carga de kilovatios y los volteos —Es solo una sobrecarga de contención...

—...— Kana quedó paralizada, porque vio que ninguno de los otros dos parecía inmutarse. Sabe que es un trozo de carne de res lo que está adentro de la máquina, pero, ¡¿Y si fuera Eureka?! Estaba preocupada de dejar la seguridad de su amiga en mano de esos dos locos.

Un estruendo ensordecedor sacudió la mansión. La estructura de metal no soportó la presión atómica y saltó en mil pedazos. La escotilla de cristal salió disparada, los engranajes principales salieron proyectados como metralla y el anillo central de inducción estalló con una onda de choque electromagnética.

El costillar de vacuno, sometido a una aceleración cinético-molecular extrema, salió disparado a una velocidad cegadora directo hacia la pared principal del comedor. Si alguno de los tres hubiera estado en el camino del trozo de carne, hubieran quedado pulverizados por el impacto.

¡BOOM!

El impacto contra el tapiz victoriano y la mampostería de piedra fue brutal. El trozo de carne no solo reventó al colisionar, sino que se desintegró en una mancha roja, húmeda y grotesca que cubrió la pared, mientras que los componentes pesados de la máquina, dos cilindros de acero y el eje central, atravesaron el muro como si fuera de papel.

Un agujero gigantesco de más de dos metros de diámetro quedó abierto de par en par, dejando ver el jardín exterior inundado por la niebla nocturna de Lancannia típica de las afueras de Londres, con escombros de piedra y polvo flotando en el aire.

Hubo un silencio absoluto entre los presentes. Un zumbido molesto tenían en sus oídos debido a la explosión. Un humo denso salía de los restos humeantes del tablero de control.

Kana estaba tirada en el suelo, habiéndose cubierto la cabeza en el último segundo antes de terminar decapitada por un pedazo de metal volador. Al abrir los ojos y ver la mancha en la pared; lo que quedaba del costillar de res totalmente pulverizado, sintió que el corazón se le salía del pecho.

—E-Eureka... —balbuceó Kana, con los labios temblando y la respiración se le entrecortó —. Ese... ese trozo de carne... si hubiese sido Eureka... ella habría... Terminado así.

Se puso de pie de un salto, con los puños apretados e indignada. Miró a los dos responsables del desastre.

Cain estaba de pie frente a lo que quedaba de la consola, sacudiéndose una fina capa de polvo de la solapa de su camisa. Se acomodó los lentes de sol Versace con parsimonia sin verse en lo más mínimo afectado por lo sucedido.

—Claramente la aleación de magnesio no soporta la inducción... Te lo dije.—comentó Cain en voz baja, miró de reojo a Ratio y luego sacó una libreta pequeña del bolsillo para anotar algo —Tendremos que usar titanio reforzado para el marco exterior.

Cain, caminó con calma hacia el agujero gigante en la pared, esquivando los escombros. Inspeccionó el borde de piedra roto y luego miró la mancha de sangre en el tapiz.

—Interesante —dijo Cain, pasando un dedo por la superficie de la pared tocando la sangre para analizar los residuos —La energía cinética aumentó de forma exponencial en lugar de lineal.

—La carne no fue destruida por la electricidad, sino por la fuerza del impacto tras la expulsión espacial. Un fallo fascinante en la curva de transferencia.— Ratio le siguió, observando el mismo punto que Cain.

—¡¿INTERESANTE?! ¡¿UN FALLO FASCINANTE?! —estalló Kana, su voz retumbando en la sala destruida —¡¿Tienen idea de lo que acaba de pasar?! ¡Ese costillar representaba a mi amiga! ¡Iba a ser Eureka la que terminara pulverizada contra la pared y ustedes lo dicen con tanta normalidad!

Cain la miró de reojo sobre el marco de sus gafas, absolutamente inmutable.

—Cálmate... Para eso sirven las pruebas con materia inerte. El animal murió hace horas; dudo que le haya dolido esta segunda muerte.

—¡No hablo del vacuno, imbécil insensible! —chilló Kana, señalando el boquete en la pared por donde entraba el viento helado del jardín —¡Hablo de Eureka! ¡Hablo de Allen! ¡Están jugando con vidas humanas como si fueran piezas de ajedrez en su estúpido laboratorio de científicos locos!

—...— Cain intentó entender la sensibilidad de la joven, pero en su matemática forma de pensar lo le encontró sentido. —¿Tienes más amigas?

—¿Qué?— lo miró con ira. —¿Acaso insinúas que pueda reemplazarla si algo le pasa?

—¿Qué tanta valía social tiene tu amiga? ¿Padece de una enfermedad incurable?— Insistió Cain, sin fines de hacerla enojar sino que era el cuestionamiento que cualquier médico y científico se hace al momento de decidir conservar una vida, darle fin o hacer lo esperado a favor de la ciencia.

—¡Psicópata!

—Mocosa histérica —intervino Ratio, cansado de los reclamos de la HiME, volviéndose hacia ella con una mirada cargada de superioridad —Si no hiciéramos estas pruebas, tu amiga de verdad terminaría incrustada en esa piedra. Deberías agradecer que descubrimos la falla estructural antes de que esa HIME pusiera un pie en la plataforma. Ahora sabemos que debemos estabilizar los amortiguadores cinéticos.

—¡A ninguno de los dos le importa si salimos vivos de esto! —Kana apretó los dientes, sintiendo mucha rabia —Tú solo quieres recuperar tu estatus de rico consentido —señaló a Cain—, y tú solo quieres hacer un experimento raro para entretenerte —señaló a Ratio —¡Allen desapareció de la faz de la tierra y a ustedes solo les preocupa la física!

Justo en ese instante de máxima tensión, las dobles puertas del comedor se abrieron de par en par. Vincent Lancaster entró a toda prisa, ataviado con su bata de seda, completamente descompuesto por el estruendo de la explosión.

Se detuvo en seco al pisar los escombros. Se quedó con la boca entreabierta, los ojos abierto de par en par recorriendo la escena: el agujero gigante por el que se filtraba el viento helado de Lancannia, la máquina destrozada echando humo, y sobre todo, la espantosa mancha carmesí que cubría el tapiz victoriano.

—¡Dios salve a la Reina! —exclamó Vincent, llevándose las manos a la cabeza, totalmente preocupado —¡Pero qué ha pasado aquí!

Kana pensó que el profesor iba a colapsar de un infarto por haber arruinado la mansión ancestral de su familia. Pero, para sorpresa de la joven, Vincent ni siquiera miró el muro roto ni el costo de los daños materiales. Corrió directo hacia donde estaba Kana, tropezando torpemente con unos cables soltados, y le tomó los hombros con una mirada desbordante de angustia paternal.

—Kana, por Dios, ¿estás bien? ¿Estás herida? —preguntó Vincent con la voz entrecortada, inspeccionándole el rostro con absoluta preocupación —¿Y ustedes dos? ¿Están enteros?— como pudo, agarró a Cain y lo inspeccionó. Quizá era el jardinero, pero también podía ser su hijo ilegítimo (?) de acuerdo al parecido entre ambos, así que debí asegurar que estuviera a salvo. Le limpió la mejilla con un pañuelo.

—Estamos bien, profesor... —balbuceó Kana, bajando la guardia al ver su genuina empatía.

Vincent suspiró con alivio al ver a los presentes a salvo, pero de inmediato empalideció cuando sus ojos se fijaron en la macabra mancha roja de la pared.

—Díganme que eso... que eso en la pared no es una persona...—pidió Vincent con la tez pálida como la nieve

Vincent se giró hacia Ratio y Cain, con una indignación que no solía mostrar jamás.

—Sólo es un costillar de vacuno.— aclaró Ratio.

—Me dijeron que esto era un procedimiento controlado—reclamó Vincent con severidad —No me importa que destruyan toda la mansión tratando de hacer volver al joven Walker, pero ¡No puedo permitir que se pongan en riesgo y arriesguen también la vida de la joven Eureka! Tienen que garantizarme su absoluta seguridad antes de volver a encender esa monstruosidad.

Cain rodó los ojos con aburrimiento, acomodándose nuevamente sus gafas Versace, mientras Ratio se ajustaba el puente de los anteojos sin inmutarse por el sermón sentimental de su amigo.

—Tu empatía siempre distorsiona la lógica, Vincent —respondió Ratio serenamente —Por eso mismo hacemos las pruebas. Nadie va a morir... a menos que no arreglemos la curva de transferencia a tiempo.

—Tío Vincent... Bebe un poco de "té" y ve a dormir.

Kana miró a Vincent conmovida, sintiendo que al menos había un adulto cuerdo y bondadoso en esa habitación llena de lunáticos. Luego miró con enojo a los otros dos, molesta por el trato despótico hacia Vincent Lancaster.

—El profesor Lancaster tiene razón. Antes de poner a Eureka en esa cosa debemos asegurar de que funcione bien.


Eureka

Me atacó una migraña maldita todo el día y ni he podido trabajar bien asjdkasd u_u lo siento.







La velada improvisada llegó a su fin cuando Eureka empezó a dormirse en el hombro de Madara, luego de haber compartido el pastel de chocolate con sus amigos entre risas y charla sin sentido. Tal parecía que el agotamiento de un día intenso como ese le había impedido trasnocharse aun a pesar de haber sido capaz de hacerlo. Según Oikawa, la HiME había estado despierta desde temprano porque había ido a la peluquería para arreglarse el cabello después de su intento desesperado de decolorárselo en casa.

“Parece… que algo la ha afectado muchísimo en estos días,” comentó Oikawa, mientras la veía dormir. “O tal vez es una suma de todo lo que ha pasado hasta ahora. Debo suponer que lo de Britannia-chan solo ha empeorado su estado de ánimo…”
“Mm.” Madara le sonrió. “¿Qué tal si hablamos de esto camino al hotel?”
“¿Eh?”

Antes de que Oikawa pudiera preguntarle más al respecto, Madara se levantó y comenzó a ordenar las cosas encima de la manta: recogió la basura y la metió en la bolsa del postre, hizo a un lado las toallas de Neuvillette y le colocó los zapatos a Eureka.

“¿Me ayudarías con Neuvillette-san? Hay que darle las toallas, sus zapatos y su ropa. Al fin y al cabo, no podemos meter un dragón al hotel.” El castaño le sonrió.
“…Sí, es cierto.” Oikawa asintió y se levantó.

El castaño se puso las zapatillas fuera de la manta en cuestión de segundos y, ni bien se aseguró de que no le entraría arena a sus zapatos, corrió como un rayo hacia la orilla.

“¡Hakuryuu-chan!” Lo llamó, ondéandole los brazos. “¡Ya tenemos que irnos!”
“¡♪~!” Neuvillette le contestó con una melodía… y al cabo de unos instantes, se vio rodeado de una luz cegadora que lo regresó a su forma humana. El Child nadó hasta poder caminar hacia su ‘padre’.

Una vez fuera del agua, Oikawa le extendió las toallas para que se secara.

“¡Sécate, sécate!” Le urgió.

Neuvillette las tomó y asintió en silencio. Le costó secarse y cambiarse en la arena, pero usó su propio poder para eliminar los granos que se habían anclado a su piel… en especial, a sus pies.

Por su lado, Madara dejó todo listo para que Oikawa le diera una última mano con la manta y la basura. Mientras divisaba cómo el Child se alistaba a lo lejos, el cantante se dispuso a cargar a la HiME en su espalda.

“Njrrr…” Los ronquidos silenciosos de Eureka eran casi imperceptibles aún en el ambiente silencioso de la playa a esas horas de la noche. Sin embargo, Madara podía escucharlos al tenerla tan cerca de su oído… y no pudo evitar soltar una pequeña risita ante la ternura que lo invadió.

Se notaba que su amiga estaba muerta del cansancio. Madara ni podía imaginar qué cosas le habían ocurrido antes de la cena con Lelouch, pero suponía que el cúmulo de todas esas experiencias (y de los hechos del fin de semana) la habían noqueado al punto de sumergirla en un sueño tan profundo que nada ni nadie sería capaz de despertarla en ese momento.

Y es que ni los crujidos de la bolsa de basura o todo el movimiento a su alrededor habían podido perturbar su sueño. Era increíble… y tal vez un poco preocupante.

“Ya volvimos,” anunció Oikawa, mientras llegaba a la antigua zona del pícnic junto a Neuvillette.
“Ah, Tooru-san~ ¿podrías doblar la manta y agarrar la bolsa de basura?”
“Eh…”
“¿O quieres cargar a Eureka-saaan?” Madara le sonrió.
“Am… N-no, no es necesario. Hakuryuu-chan, tú agarra la bolsa.”
“Okay.”

Neuvillette se agachó y agarró la bolsa. Oikawa sacudió la manta y juntó sus extremos para poder doblarla de la misma forma que la habían encontrado en la maletera del carro del cantante.

Una vez listo, se giró hacia Madara.

“Y… ¿qué hacemos ahora?”
“Vamos al hotel. Podremos descansar unas horas en los cuartos que les reservé.”
“…¿Estás seguro de ello, Madara-chan?” Oikawa se veía un tanto dubitativo ante su propuesta.
“Lo siento, pero es muy tarde.” Madara le sonrió, un poquito apenado. “Estoy cansado y dudo que pueda manejar de regreso a Tokio. Además, no me gustaría pertubar el sueño de Eureka-san.”
“…Supongo que tienes razón.” Oikawa suspiró, resignado. “Y yo no sé manejar, así que no podríamos turnarnos o algo así.”
“¡Deberías aprender, Tooru-san~!” Madara lo golpeó en el hombro suavemente. “Uno nunca sabe cuándo será necesario.”
“…No puedo creer que te daré la razón de nuevo.”
“Jojo~”





Madara no había mentido al decir que el hotel se encontraba vacío a esas horas y lo comprobaron en vivo y en directo ni bien llegaron al lobby.

Bueno, si no había encontrado a nadie en el local a la 1 de la mañana, era imposible que la gente se manifestara a las tres y media. Sin embargo, la situación no dejaba de ser un poco rara.

Oikawa nunca habría imaginado que terminaría en ese lugar en la madrugada del jueves. Había tenido una semana tranquila desde su regreso del campamento… así que el cambio de rutina se le hacía un poco más extraño de lo normal.

Pero tampoco podía quejarse por el plan improvisado de viajar a la playa en la madrugada. No solo entendía que Madara lo había hecho para subirle los ánimos a su amiga, sino que también estaba al tanto de los deseos de Neuvillette. Habría sido un gesto muy lindo de su parte de no ser por la hora… Sin embargo, Oikawa estaba seguro de que su personalidad le impidó pensar en postergarlo para más adelante.

Además, existía la posibilidad de que Eureka le cancelara el plan con alguna que otra excusa. Tenía sentido que lo hubiera ejecutado de inmediato para evitar ciertos percances.

“Vamos a dejar a Eureka-san en su cuarto… y, si gustas, podemos hablar un rato en el mío antes de que nos vayamos todos a descansar,” anunció Madara.
“…E-está bien.” Oikawa asintió. No podía negarse… teniendo en cuenta que no habían hablado nada en el camino al hotel.

Y se notaba que Madara sabía más sobre el estádo de ánimo de Eureka… así que tenía que sacarle esa información a toda costa.

Neuvillette y Oikawa siguieron a Madara hasta el ascensor. El cantante les pidió que presionaran el piso tres y, entre risas, les contó que los cuartos de los cuatro estaban juntos. Tal parecía que esa época era temporada baja para la zona. O al menos… los viajeros y turistas preferían visitar otras ciudades y prefecturas de Japón a mediados de octubre.

Al llegar al piso designado, Madara los guió hasta la habitación que había reservado para Eureka.

“Ah, Tooru-san~ ¿Podrías sacar la tarjeta de mi bolsillo? Es la del 303.” Le pidió Madara. “Como verás, no tengo manos libres~”
“…Claro, no te preocupes.” Oikawa se apuró en hacerle caso.

Antes de que Madara le indicara, el key acercó la tarjeta al lector y luego de un “clac”, la puerta se abrió.

Neuvillette la empujó para permitirle el paso al cantante y a su “padre”. Luego de que ellos ingresaran a la estancia, el Child entró y cerró la puerta detrás de sí.

Oikawa se acercó a la cama y levantó las sábanas para permitir que Madara deposite a la HiME en ella. Y así fue: no tardaron en acostarla, quitarle los zapatos y arroparla.

En ningún momento Eureka hizo ademán de haberse despertado. Estaba completamente dormida.

“¡Okay! Ahora que ya está descansando tranquila, podemos ir a conversar a mi cuarto,” susurró Madara. “No deberíamos quedarnos aquí por más tiempo o la despertaremos.”

Neuvillette y Oikawa asintieron en el acto.
« Last Edit: September 28, 2026, 01:54:32 AM by Eureka »


Cho


Hello gals <3

Para cualquier duda y/o consulta las invito a postear en el foro de planeación.

Sin más preámbulos~

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Now, let's carry on with those big HiME dreams...


Kana

Con el grotesco agujero de la pared cubierto apenas por una mesa atravesada y una lona miserable que azotaba el viento helado de Lancannia, la nueva realidad comenzó a asentarse sobre ellos como un veneno azucarado conforme pasaban los días.

Kana caminaba por los jardines del castillo mientras el sol despuntaba con la tibieza melancólica propia de Europa con aquella clásica neblina de Inglaterra. Los primeros días, no se había despegado del laboratorio intentando aportar en cualquier cosa, pero conforme pasaba el tiempo, Henry le pedía que lo acompañara en sus eventos de sociedad y sus actividades. Ratio le aconsejó que acompañara al rubio para no levantar sospechas en los otros Lancaster al ver que Henry pasaba mucho tiempo en la mansión de Vincent en Lancannia.

Y no podía negar que estos días habían sido maravillosos, a pesar de la angustia que sentía por la ausencia de Allen y tener un posible fin del mundo sobre su cabeza gracias a la rajadura que hicieron en el espacio/masa/tiempo.

Si escuchaba el murmullo egoísta de su propia alma, esta línea temporal era muy grata. En este tejido reescrito de la historia, los traumas que la habían lastimado en el pasado estaban milagrosamente cicatrizadas. Los Nakiri, su familia materna, ya no la contemplaban con el desprecio reservado a los parias; incluso su tío Azami, aquel hombre de orgullo extremo e inflexibilidad tiránica, la reconocía ahora como una legítima heredera. Su linaje paterno, los Kise, había dejado de ser una carga abusiva y manipuladora: su padre vivía en un retiro ermitaño y contemplativo en las montañas, mientras que su hermano Ryota Kise sencillamente no existía o era parte de otra familia.

La vida se desplegaba ante ella con una ligereza que no dejaba de inquietarla. Le iba brillantemente en Hanasaki y la alta aristocracia era amable con ella gracias a Henry. Ah, Henry... ese joven dulce, hermoso y devoto, cuyos ojos calipsos la buscaban con un afecto que prometía traer el paraíso del cielo ante ella. Era fácil rendirse a la ilusión. ¿Acaso el destino no consiste, muchas veces, en aceptar la mentira que nos hace más llevadera la existencia?

“Podría quedarme aquí”, pensó, rozando con los dedos los pétalos de una rosa. “Podría ser feliz”

Pero la conciencia es un juez desollador y Kana siempre ha sido muy justo y culposa. La felicidad levantada sobre el borrado de otra alma, la vida de Allen, no es más que una tumba blanqueada. Allen Walker había sido erradicado del mundo. Kise no estaba. Quedarse en este paraíso falso significaba convertirse en cómplice del olvido a costa de dos personas a las que apreciaba. ¡No podía ser tan egoísta!

"¿De qué le sirve ganar el mundo entero si pierdo mi alma o condeno a otros a la nada?", se dijo con amargura. Sabía que debía destruir la fantasía y regresar a la línea original.

—¡Estoy de regreso!— Kana se presentó en el laboratoria improvisado, quitándose el ridículo sombrero de “damita” de sociedad. —¿Han avanzado en algo?— pero toda emoción se borró de su rostro al  ver que otro costillar estaba despedazado en la pared. —…—
—Cambié las ecuaciones, pero… aún falta un componente.— Ratio se frotó la sien.
—¿Dónde está Cain?
—Esa rata se tomó el día libre
—¿…Qué? Jamás ha tenido un día libre.
—Cain Lancaster, no. Pero el jardinero, se ausentaba mucho de sus labores… Creo que se está mimetizando con su yo del presente.



En una cabaña ubicada en el bosque en los lindes de Lancannia, Cain estaba en el porche de la cabaña, bebiendo whisky, completamente relajado mientras observaba el atardecer. Pasaba las hojas de la pila de periodicos que leía a diario, esta vez, ni siquiera se incomodaba de ver que los vi Britannia habían comprado otra empresa.
En su línea original, para Cain eso significaba trabajar el doble para escalar aún más: no se podía permitir que la familia vi Britannia tuviera más que la familia Lancaster.

Pero, por su parte, Cain experimentaba una conmoción espiritual aún más perversa: el alivio del despojo.

Ser el humilde jardinero de la mansión y no el pilar sobre el que se erigía el imperio de los Lancaster resultaba ser un bálsamo para su psique siempre sobre exigida. Por primera vez en la vida, conociendo el valor de la intrascendencia, disfrutaba de un "día libre". Si cometía una torpeza o caía en desgracia, no perdía nada, pues a ojos de la sociedad ya era un miserable don nadie. La pesada carga de resolver la vida de sus parientes, de controlar los hilos económicos y de ser el salvador de una familia podrida de avaricia había desaparecido de sus hombros.

Pensó en las obras de Fiodor Dostoievski y hoy en día le halló todo el sentido del mundo.

Incluso la tragedia de su hogar original había sido reescrita: sus padres no habían perecido en aquel trágico incendio provocado por la locura de su madre. Sus hermanos vivían sin la sombra de la perturbación mental de sus progenitores.

Pero su día perfecto tuvo que ser arruinado por ese ser que tanto aborrecía:

—Aquí estás…— el rubio le sonrió, amable. —Te estuve buscando todo el día.
—Fuera…— hizo como que prestaba atención a la lectura del periódico. —Es mi día libre, dejame en paz.
—¿Estás bebiendo whisky?
—Sí, ¿y qué? ¿Piensas que caeré desplomado bajo el efecto del alcohol o haré riña callejera como tu jardinero? Porque… Quizá no es mala opción.
—Eh…— Henry tuvo un poco de miedo de la actitud hostil de su “jardinero”, se sentó con mucho cuidado en la otra silla libre y contempló el atardecer.
—Es un sitio privado… No se aceptan personas.— le dijo sin mirarlo, con los lentes de sol que no se los quitaba por nada. 
—Pero… Soy el heredero de Lancannia. ¿Se supone que puedo estar aquí y donde quiera?
—No.— tomó un poco de whisky. —Esta pocilga es para los trabajadores…  Un sangre pura nunca debe poner un pie aquí con la servidumbre. Tu lugar ahora está en el gran castillo de Lancannia, en el escritorio principal resolviendo la economía siempre en fluyo, yendo a salones de té y fiestas de la elite. Henry… Eres el heredero, tienes mucho trabajo. No vengas a molestarme en mi día libre si no tienes ganas de hacer tu trabajo.
—Creo que cuando fuiste el hijo mayor manejabas mejor las cosas aquí que yo…— Henry suspiró. —Mi abuelo dice que no tengo mucho potencial.
—Él dice eso de todos. A mi también me lo decía todos los días y nunca me destruyó. Se va a morir pronto, aguántalo un poco más y ya no escucharás sus amarguras.
—…Eso suena muy cruel.
—No hay nada más real que lo que te acabo de decir. La muerte es lo único "cierto" en nuestras vidas.
—Bueno… Trataré de no escuchar tanto al abuelo.— volvió a mirar hacia el atardecer. —Cuando me siento afligido le pido consejos a Lelouch y me ayuda bastante. Confio mucho en él y me siento bien en su compañía.
—¿Dijiste… Que le pides consejos a Lelouch?— mantuvo la calma, quería pensar que escuchó mal.
—Sí.— asintió entusiasta. —Es mi primo favorito. Amo a toda mi familia y no debería tener favoritos, pero me gusta hablar con el primo Lelouch y pasar tiempo con él… Aunque casi no coincidimos en tiempos. Sus consejos me ayudan mucho a llevar las empresas de los Lancaster.
—…—
—¿Qué?
—¿El abuelo sabe de esto?
—No. Lo mantengo en secreto… Siento que se va a molestar si... ¡Ah!— recibió un golpe en la cabeza con el periódico y al mirar a Cain lo notó observándolo con desaprobación y juzgo —¿Qué pasa?
—¿Cómo se te ocurre pedirle consejos a Lelouch? Ése es nuestro rival financiero. Todo lo que diga lo hará para que SU familia esté por SOBRE la nuestra. Ah, pero tú vas y le confias todo…— bebió de nuevo whisky, frustrado. —Este mundo está en decadencia… Pero, bueno… al fin y al cabo, ¿qué me importa a mi las finanzas de los Lancaster? Ya no es mi responsabilidad.— sonrió con malicia. —Si esta familia se va a la mierda… El responsable no seré yo sino tú.
—…— Henry lo miró con preocupación.
—¿Te doy miedo?
—Sí… Porque piensas igual que mi abuelo y... que mi padre… Tienen un modo de pensar muy frío el cual no puedo alcanzar.
—Es el modo que tienen que pensar los Lancaster. En cualquier momento, “la mente se te abrirá y dejarás de ser tan tonto” supongo que todavía en Lancannia se cuentan las historias que en cierto punto de nuestras vidas nuestros “antepasados hagan posesión espiritual de nuestros cuerpos o simplemente nos volvamos locos”
—Eso no me da tranquilidad…— disimuladamente, le quitó el whisky. —¿Crees que podrías volver al laboratorio? Tenemos que volver a la línea original. Este mundo es perfecto pero corre un gran riesgo de colapsar por la energía que se desbordó. No podemos permitir que ocurra una tragedia.
—¿Sabes que si volvemos a la realidad yo volveré a ser el primogénito y arruinaré tu vida porque es mi deber controlarlos a todos?
—Lo sé.— le sonrió. —Pero estoy bien con eso. Creo que es mejor ser el segundo hermano que no tiene tantas obligaciones. Ser el primero es muy agotador.
—Tal vez yo quiera ser jardinero… y no tener nada que ver con los Lancaster.
—Quiero mostrarte algo.— le toma de la muñeca, jalándolo.
—No quiero que me toques… Y no quiero ir contigo, lunático. ¿Cómo sé que no me quieres decapitarme?— no olvidaba lo del "Rey Henry"
—¿Sabes manejar?— le tiró las llaves del automóvil. —Quiero que me lleves a un lugar.
—Típico de un Lancaster… Explotar a la gente hasta su muerte.
—Tú también eres un Lancaster.— se rió, divertido.
—Tengo más de Hargreaves que de Lancaster…
—Por eso, tienes que acompañarme.



Cain condujo el Mercedes-Benz por la carretera, saliendo del gran dominio de Lancannia. Según las indicaciones de Henry, debían ir hasta el bosque quedaba al otro extremo de la ciudad por lo que llevaban un par de horas de camino.

Y para colmo de la ironía, Henry le reveló un secreto guardado tan religiosamente que sólo él y su abuelo lo sabían: su madre, Frill Hargreaves, continuaba viva, habitando en un ostracismo distinguido en una mansión sumergida en el bosque.

Henry, en su papel de heredero magnánimo, condujo a Cain hasta allí. Mientras el automovil avanzaba, Cain meditaba con cínico desdén sobre la maquina del tiempo y la posible extinción del mundo. "Si el universo decide pulverizarse, que así sea", pensaba. "No soy responsable de esto"

Sin embargo, el destino no tolera la deserción de los soberbios.
Y es que la revelación que le dijo a Henry todavía lo dejaba muy confundido.

Al cruzar el umbral entraron en los dominios de los Hargreaves, bajaron del automóvil, Henry tenía la llave de la casa así que entraron los dos a la mansión que parecía de un cuento de hadas; tan aislada como encantada.

—Soy el único que la puedo visitar… Su mente es frágil a momentos y no permite extraños, le diré que te he traído para que arregles su jardín. Es lo que a ella más le importan, sus flores.— sonrió un poco melancólico.

Fueron hasta el jardín el cual parecía sacado del libro “El jardín secreto” allí, una mujer delgada, pálida, de cabello negro y ojos verdes claro tomaba té en una mesita clásica mientras se relajaba con las plantas y el sonido de las aves cantar.

—Madre.— Henry se sentó junto a ella y se sirvió un poco de té. La mujer lo miró de reojo y le arregló un mechón de su  cabello rubio.
—Increíble… Incluso en esta realidad sigue siendo el favorito de mi madre.— Cain lo miró con rencor, luego comenzó a trabajar en las hortensias. Nunca había sido jardinero, pero eso no significaba que no le gustaran las plantas. Amaba la herbología, sobre todo, por los venenos comunes.

La pareja hablaba más allá mientras bebían el té. Cain se limitaba en quitar la mala hierba y mirar de reojo hacia la mujer de quien siempre buscó afecto. En cierto punto, se distrajo tanto con algunas hierbas que no notó cuando Henry entró en la mansión y la mujer quedó sola.

Se acercó como un fantasma cerca de él, sin advertir de su presencia. Cuando se dio cuenta de que su madre estaba a su lado, fingió normalidad.

—Sólo quito la mala hierba, mi señora…
—Cain... mi pobre niño —susurró a su oido, tomándole con delicadeza del rostro. Lo estrechó contra su pecho como si abrazara a un fantasma —¿En qué abismo ha caído tu destino como castigo de Dios por su avaricia? Cuantas veces te advertí de que esto pasaría… Pero nunca quisiste cambiar. Sólo lo seguías a él, a tu oscuro padre.

Cain se petrificó. ¿Su madre sabía quién era él o es que acaso tenía una relación extraña con el jardinero? No. Era notorio que ella sabía quién era. Dudaba que esas palabras se las dijera a un simple jardinero.
Su mamá siempre tuvo una intuición que inquietaba. Los Hargreaves, a diferencia de los Lancaster, eran una familia inglesa extraña y ocultista, de la que se rumoreaba ciertos lazos con brujas o incluso sangre gitana. Pero sólo eran rumores mal intencionados… Aunque a Frill Hargreaves la apodaban “la bruja” porque siempre intuía cosas.

¿Cómo era que un Lancaster no siguió la endogamia y se casó con una hija rica de otra familia, sobre todo tan extraña como los Hargreaves? Porque los Hargreaves tenían mucho dinero y lazos con estrechos marítimos que todos codiciaban. Frill era amiga de Vincent, a los dos les gustaba el misticismo y las historias de terror gótico, pero el señor Lancaster decidió casar a su hijo Edward con la hija de los Hargreaves pues... Vincent era Vincent.

—Debes hacer que las cosas vuelvan a la normalidad.— le susurró con melancolía. —Tal como estaban antes.
—Madre... no entiendo tu pena—murmuró Cain, buscando en el abrazo de la mujer una justificación para sus palabras. —Este mundo es más piadoso. Mis hermanos no sufren. Tú estás viva. Yo... No soy nadie, como todos esperaron, pero soy libre del peso de la corona.
—¡Es un espejismo!—le confesó Frill Hargreaves en un susurro feveroso y aterrado —La paz de este mundo es una comedia macabra sostenida por la tiranía. ¡Todo este mundo perfecto es una ilusión! Tu padre vive en esta realidad, Cain... Él sigue vivo y es quien intentará manipular la mente de Henry desde las sombras, moviendo los hilos enfermando a tu hermano tal como han sido todos sus antepasados.

Cain entrecerró los ojos, sintiendo un escalofrío por su espalda.

—Él fue un Rebel de Rizembool sólo por diversión, pero su historia es otra. Rizembool no es más que una pequeña astilla en un gran árbol torcido.—continuó su madre con voz trémula. Su cabello largo, liso y negro como el ebano brillaba como una cascada iluminada. —Él y los Lancaster pertenece a esa élite oscura que opera bajo falsas máscaras, las fuerzas invisibles que rigen a los grandes ricos y deciden los destinos de las naciones. Si este mundo ilusorio continúa, usará a Henry como un títere trágico y devorará el alma de tus hermanos.

La revelación era espeluznante, pero su naturaleza era profunda y retorcida. Cain sufría de una devoción casi enfermiza por su madre quién en vida tenía una conducta doble vincular con él; a veces su madre era un sol con él, otras veces lo odiaba como al peor de sus enemigos.

Por un torcido instante, prefirió la perspectiva de un mundo condenado a durar poco con tal de permanecer al lado de su madre, antes que regresar a la línea original. ¿Qué le importaba el orden del universo si podía tener a su madre de vuelta?

—Henry podrá hacerle frente a mi padre y proteger al resto.

Pero Frill le tomó el rostro con autoridad maternal, mirándolo hasta el fondo del alma con esos ojos verdes tan intensos como los de su hijo.

—Escúchame, Cain. Tienes que tomar el control. Solo tú posees la mente implacable y la fuerza para alzarte sobre el barro. Henry tiene un corazón puro y es fácil de quebrarse… Sabes que es así. En cambio tú, resististe todo lo que pasaste en tu vida sin quebrarte. Vuelve a ponerte al mando de esta familia. Pon tu nombre y el de tus hermanos en alto. No lo hagas por salvar este podrido 'mundo'... hazlo por tus hermanos. Ellos merecen vivir tranquilos, no en este teatro marionetero que en cualquier momento se derrumbará.

Cain bajó la mirada, dudoso. Incluso en ese momento seguía prefiriendo un mundo en ruinas pero con su madre viva.

—Si todo vuelve a la normalidad, tú ya no estarás viva. 

Pero en vez de afecto, recibió una fuerte bofetada  que le hizo despertar.

—Haz lo que un hombre tiene que hacer. No eres un maldito crio llorón que necesita estar en los brazos de su madre. Eres el líder de tu familia. 

Aquellas palabras rompieron la apatía de Cain. El orgullo y el deber filial se retorcieron en su pecho como una pira y la mejilla le ardía por el golpe.

—Prométeme que lo harás.
—…Te lo prometo.— entrecerró los ojos, aceptando cumplir la voluntad de su madre en contra de la suya.

Si su madre quería que salvara a sus hermanos de su destino, lo haría aunque él no estuviera tan de acuerdo.

Y en el fondo de su ser —aunque la sola idea de verbalizarlo le producía una náusea insoportable—, necesitaba que Allen Walker regresara. Cain era incapaz de profesar emociones humanas de forma natural; su mente era un mecanismo frío de cálculo y sarcasmo, por eso a nadie le caía bien. Allen, con su calidez torpe, sus gritos y sus pasiones desbordadas, era su "yo auxiliar", la pieza que sentía por él en el teatro del mundo. Sin Allen, Cain no era más que un espectador inerte de su propia vida.



—El señor Ratio dice que…— por supuesto, Henry no podía repetir los improperios que Ratio Verita le dedicó a ambos “hermanos” —Que volvamos pronto al “laboratorio” está molesto y dice que la máquina sigue defectuosa.
—Seguirá emitiendo ondas atómicas hasta que consigamos un elemento clave para armar bien esa máquina.— Cain manejaba con la mirada hacia el frente, pensativo. —¿Los Hargreaves todavía tenemos las mismas empresas?
—Todas pasaron a ser de propiedad Lancaster cuando mis padres se casaron.
—Hm… ¿Y cómo es la seguridad de la Corporación Hargreaves?
—Bueno… Prácticamente sólo personal clasificado puede entrar allí, científicos, corporativos… ¿Quieres algo de los laboratorios?— Henry se acomodó el cabello desordenado que bailaba con el viento de la carretera. —Tal vez pueda pedir una invitación para entrar aunque… No sé que es exactamente lo que quieras que saque de allí.
—Aunque te lo explique no vas a saber que es y esa invitación se demorará meses en llegar. No tenemos tiempo.— Cain frenó de golpe, apoyó su frente en el volante y se quedó pensativo. —¿Crees que madre tenga vigente su ingreso con reconocimiento facial?
—Supongo que nadie debe haberse molestado en bloquear el acceso de una "fantasma", ¿por qué… preguntas eso?
—Tenemos que sacarla y llevarla a los laboratorios para que ponga su rostro en el reconocimiento facial…
—Lo siento, pero no puedo permitir eso. Su mente es frágil y puede colapsar si la expongo a tanto estrés. Ella no quiere saber nada de nadie.
—Demonios, Henry… la única otra opción que me dejas es…— apretó los dedos sobre el volante, indignado.
—Que te disfraces como ella…
—Y aún sería improbable que se abra la puerta.



De regreso en el comedor-laboratorio, la maquina imponía sus límites a niveles brutales. Ratio Verita necesitaba un componente de pureza electromagnética absoluta para evitar que la máquina volviera a convertir materia en…un montón de carne pulverizada en la pared de la mansión de Vincent.

Ratio, Vincent y Kana hacian todo lo posible para poder hacer funcionar la máquina pero sin aquel material de altísima tecnología que solo existía en las bóvedas de la corporación Hargreaves, no podrían garantizar la seguridad de Eureka.

No obstante, ante lo extremo del momento, Cain tomó una decisión de una teatralidad grotesca. Las puertas de la biblioteca se abrieron, Cain y Henry llegaron hasta donde estaba el resto. El pelinegro llevaba puesto un vestido negro y con detalles blancos de seda, una peluca de ondas oscuras negras y un maquillaje fino que acentuaba la palidez de sus pómulos y la sombra de sus largas pestañas. La imitación de Frill Hargreaves en su juventud era tan perfecta que parecía una locura. Encarnando la figura de su madre, había logrado burlar a la biotecnología, entrar y arrebatar el cristal energético.

El silencio que impregnó la sala fue una obra de arte de la comedia oscura de la vida en decadencia de los Lancaster.
Ratio fue el primero en romper la solemnidad, soltando una risotada seca y sarcástica, impropia de un profesor.

—¡Qué espectáculo tan pateticamente ridículo!—se burló Ratio, agarrando del rostro a Cain para inspeccionarlo, tentado de tomarle una fotografía para el recuerdo. —El gran aristócrata, el intocable, el príncipe oscuro, el terror de los empresarios, vestido con los trajes de una dama de la alta sociedad. Pero debo reconocer la efectividad del show barato: trajo el cristal. La máquina no explotará esta vez. Un aplauso para el conde, tiene sus méritos porq SI hacer algo a diferencia de los otros.— miró especialmente a Kana, la holgazana que pasean todo el día por el jardín. 

Kana contempló a Cain de arriba abajo, esbozando una sonrisa divertida que aliviaba la tensión del ambiente. Se veía “linda” siendo niña, quizá si hubiera sido así en la escuela de Hanasaki, ahora seguirían siendo buenas amigas. ¡Hasta hacían juego! Ella con su cabello plateado y vestida de blanco, Cain con su cabello largo oscuro y usando un vestido negro.

—¿Sabes qué, Cain? Honestamente, me caes mucho mejor vestido de mujer. Te suaviza lo insufrible.

Cain la fulminó con una mirada que habría congelado el infierno, acomodándose el listón blanco del cuello con una elegancia petulante.

Henry se había quedado petrificado y sin decir una palabra desde hace horas. Sus mejillas estaban encendidas de un rubor confuso y sus ojos no podían apartarse de Cain. Aquella figura andrógina y bella despertaba en él un desasosiego poético, pues veía en Cain el reflejo vivo de su madre, la mujer que siempre había venerado.

Pero el golpe más profundo lo recibió Vincent. El profesor Lancaster soltó la llave inglesa, que sonó ruidosa contra el suelo. Al ver a Cain así contempló la imagen de Frill, la chica quien fue su amiga de infancia y a la que había amado en secreto en su juventud, antes de que ella se convirtiera en la esposa de su hermano.

—¿Frill…?—susurró Vincent con una nostalgia melancólica y patética, antes de recordar que aquella "Frill" era en realidad su “sobrino” sosteniendo un componente atómico y observando a todos con extrañas intenciones de cometer un magnicidio.

—Ah… Dejen de mirarme como traumados…—siseó Cain, pasándole el cristal de alta pureza a Ratio —…Ni una palabra de esto.


Cho

A ver cuánto me toma again. Almost there~ not (...) at least I had fun this time.

118.2.

…


Había ciertas experiencias que Matsui encontraría diferente en comparación con el punto de vista de la gente común. En algún momento, él fue consciente de que era distinto a otros. Sin embargo, luego de tantos años de vivir como un declarado ‘monstruo’ de Rizembool, había pasado a divagar y preguntarse cómo era que la humanidad ajena a él vería las cosas que le rodeaban, ya prácticamente con un dejo humorístico, o quizás ni ello. Era simplemente ‘normal’ verlo así.

Estar inmerso en dicha densa niebla roja sería otra experiencia diferente en más de un sentido. Si bien el color no sería ajeno para nadie, la intensidad de la niebla era mucho mayor para él, casi no siendo capaz de ver nada fuera de ese perverso rojo que cegaba su visión. Al mismo tiempo, esa ‘niebla’ no era una manifestación climática. Las personas comunes se sentirían débiles y nauseabundas por estar rodeados de aquel ‘aire’ que se asemejaba a un depredador y gustaba alimentarse de las energías de lo que sea que alcanzara, muy lentamente.

Y nuevamente, aquella no era su experiencia. La niebla… le resultaba muy nostálgica. Casi le daba la bienvenida, estaba dispuesta a servirle de energías en vez de arrebatárselas. Era como si respirara un aire más benévolo que el aire normal…

…mientras un cosquilleo interno, un impulso latente en él, empezaba a ser alimentado. El Rebel podía detectar que esa niebla buscaba hacerle nuevamente enloquecer y volverse tan bélico como las enshyoujos que vivían en medio de aquel rojo carmesí.

“…” era extremadamente frustrante. Su no sensata decisión de advertir a las HiMEs y adentrarse en esa niebla para alargar un poco la espera podía jugar en contra de todos, y no lo hubiera hecho de no haber visto a tantas HiMEs principiantes estar tan peligrosamente cerca de ese peligro que desconocían. No tenía ningún sentido de obligación con nadie, apenas les extendía dicha ‘cortesía’, pero a su vez tampoco gustaba darle al orquestador de la niebla el gusto de, nuevamente, salirse con la suya.

Y hablando de él…

“No puedo medir el tiempo que ha transcurrido desde la vez que nos conocimos, niño…”
“Te decides a hablarme…” el Rebel estaba de pie, meditabundo, con los ojos cerrados. Era una voz que hacía eco en aquel espacio. El revoltoso podría bien no existir corpóreamente. Quizás parte de él era respirado y exhalado cada segundo. Él simplemente estaba por todas partes.
“Me doy cuenta que nunca pregunté tu nombre. Tal descortesía de mi parte, considerando que tu joven ser preguntó el mío…”
“Es Matsui…” dijo con quizás una ligera impaciencia. “No que importe.”
“La identidad de cada uno es vital para vivir en una sociedad, y la etiqueta de preguntarlo es un código de conducta. Siendo un ser noble, es mi intención rendir el respeto que cada uno merece al ser tratado por otros.”
“Tan caprichoso como siempre, nunca cambiarás…” Matsui sonrió levemente, con ironía, sin abrir los ojos. “No me importa que no me hayas llamado por mi nombre, por una simple razón.”
“¿Hm?”
“…aquella vez que posaste tus ojos sobre mí, me reconociste como si fuera otra enshyoujo más, parte de tus leales orphans a las cuales estimas especialmente, por más que ellas no hayan sido concedidas nombres, ni mucho menos sean vistas como seres equivalentes a humanos,” asintió ligeramente. “Comprendo que eso es lo que represento para ti, y no lo niego. Desde el día que nos conocimos…” su voz se volvió más grave y pausada. “…he sido un monstruo como tú.”
“Me entristece oír que cometí una falta de respeto hacia ti. Tú eres semejante a mis enshyoujo, y sin embargo, existes más allá que ellas. Tu rol de Rebel es la evidencia que lo confirma. Por lo tanto, ¿no crees que mereces ser más que un ser sin nombre ni rostro frente a los demás? No dejas de ocultar tu apariencia de todos, hasta de tus enemigas.”
“Mi semblante puede dar la idea incorrecta que un espécimen como yo es un humano normal como todos. Por ello, existir como una sombra me es útil, me quita el sentido de responsabilidad,” admitió tranquilamente. “Yo no soy un noble como tú, Yato. Pienso que congenio mejor con tus enshyoujo. Ellas son esas sombras que asechan únicamente a los irresponsables, que no atraen a nadie a sí mismas ni pretenden engañar a los incautos. También, ellas, a diferencia de la gente, no me tienen miedo.”
“Mis estimadas damas te ven como parte de ellas. Percibo que están más que felices de verte aquí y quisieran reconectar contigo. Es por eso que entraste a mi niebla, ¿no es verdad?”
“…”
“Te mantienes quieto, tienes los ojos cerrados, estás contagiando una inducida paz a la niebla escarlata para prevenir que mis enshyoujo se manifiesten y ataquen a las miembros de Hanasaki que apenas evidencian nuestra presencia. Tu pasividad busca enviar el mensaje a mis damas que no tienen por qué atacar a nadie a la redonda, a y su vez, estás ralentizando la expansión de la niebla, como lo había planeado…”
“…”
“Pero tú que eres semejante a mis damas, a su vez posees una naturaleza igual a la mía. Tú estás conformado por intelecto y un instinto latente de ira. Tú buscas tomar decisiones sensatas por temer lastimar a otros, y al mismo tiempo, eres más dichoso cuando te deshaces de tus límites y dejas que tus impulsos te conviertan en el depredador que verdaderamente eres. Ni te permites mirar la niebla, como si fuera un ritual de negar que aquel color te haga perder el balance más rápido. Tu paz, tu intelecto, es incapaz de contener toda la niebla que he invocado en este ambiente, sin importar qué hagas. No lo podrás aguantar por mucho más tiempo…”
“Heh…” era una sentencia, y por más que sabía que perder la cordura podría hacerle arremeter contra esas inútiles HiMEs, Matsui no evitaba encontrarlo gracioso. Era quizás de esperarse que un monstruo se comportara como tal, sin importar las intenciones de por medio. “No pretendo ser más fuerte que tú. Si mi mente empieza a nublarse, desistiré en detener esta niebla, y esas HiMEs serán responsables por sí mismas. Pero debo decir…”
“…”
“…que tienes a un superior muy gentil por proveerte de cuidados para que tengas tantas energías, por más que recién te han liberado de tu prisión.”
“Fufu, Yamata no Orochi-sama es el ejemplo de un caballero que sabe como manejar el tablero de la vida a su gusto en lo que moldea las reglas a su favor. Me siento gratamente humillado por contar con un superior del cual puedo aprender todo lo que resuena en mis principios.”
“Y, sin embargo, te encuentras causándole problemas. Tú careces de dicha habilidad y conocimiento para probar cuánto puedes salirte de las normas. Las consecuencias de tu presente osadía hoy pueden arruinar tu vida en un futuro cercano. Podrías regresar a tu prisión.”
“Comprendo que continúo siendo de interés para Yamata no Orochi-sama incluso si estoy causando problemas, y estoy cometido a aprender de mis posibles errores, todo con tal de cumplir con sus futuras expectativas.”
“…ciertamente eres extremadamente caprichoso…” comentó frustrado y casi enfadado.
“Y lo soy, un caballero opera con sus respectivos caprichos por debajo de su intachable comportamiento. Esos caprichos son los que determinan quiénes somos en realidad. Y cómo tú debes saberlo bien…”
“…”
“He decidido causar este incidente precisamente por lo caprichoso que soy, porque, para mí, mis queridas enshyoujo merecen ser dadas la atención que les concedo…”
“…” frunció el ceño. La niebla comenzó a agitarse. Un tumulto interno tomó posesión de él. Matsui podía detectar que Yato infestaba sus alrededores con un sentimiento bélico para despertar a las durmientes enshyoujo de su letargo. A esas alturas, ya no podía retrasar más las complicaciones del evento.
“…me aseguré de que las HiMEs fueran las que respondan… con tal de salvaguardar a aquella enshyoujo que está perdida sin mí…” la voz se cargó de una contenida algarabía y travesura  de alguien quien gustosamente probaba libertad luego de tanto tiempo de enclaustro… alguien quien, por su sutil intensidad y disimulado morbo, había más que merecido aquel trato. “¿Será posible que yo pueda quitarle la vida a una HiME ajena a mi persona sin perder ese futuro rol de Rebel que me espera, y a su vez, ganarme una enshyoujo más? Aquella es mi pregunta…”
“Tsk…”

…




Entonces, las paredes rojas en el exterior temblaron a una alta frecuencia, y al igual que antes, se expandieron nuevamente como un parpadeo. Sin embargo, no fue un único suceso.

“¡Eh!” Tsubasa tuvo que retroceder al notar una segunda expansión.
“Tch, ¡todas, apártense!” exclamó Suzuka. Las HiMEs tuvieron que ponerse a correr. El perímetro delimitado por la niebla roja se expandió tanto que empezó a apropiarse de todo el claro del bosque, próximo a alcanzar los frondosos árboles.

Fue como un salto a la vez, ni bien una expansión terminaba, otro temblor de las paredes informaba del constante crecimiento. Por el hecho que la parte superior del perímetro también crecía y se asemejaba a un domo rojo, era difícil creer que no sería visto por algún transeúnte. La idea de tener que hacer algo, por más demente que sonara, comenzó a surcar en la mente de las HiMEs. Si querían evitar que civiles se involucraran, quizás valía el riesgo…

“Aruji,” Kashuu jalaba a Cho de su muñeca, en lo que se abrieron camino entre árboles. El arma se notaba estresado. “No olvides que es nuestro trabajo prevenir que la gente inocente evidencie lo que sucede, y nada más.”
“Lo sé, Kashuu,” Cho asintió.
“Creo que no lo sabes, aruji.”
“¿Eh?” ella ladeó su cabeza.
“Quiero decir que, si este incidente crece en magnitud y es visto por alguien inocente, eso no quiere decir que vale la pena que te pongas en peligro. No estás en condiciones para hacer nada, no podrás hacerlo, por más que lo intentes,” dijo estresado y cabizbajo. “Entiéndelo, por favor.”
“Kashuu…” se sorprendió por la severidad, aunque su atención se desvió al oír a Tenshi.
“¡Ahh, ¿por qué se expandió más en esta dirección?!” se quejó la peliazul, quien tuvo que saltar para evitar un incremento del perímetro más violento, el cual casi la traga entera. Terminó a apenas un par de centímetros de la nueva pared, y efectivamente, está volvió a temblar.
“¡Tenshi!” Suzuka acudió para agarrarla y saltar segundos antes de que su kouhai fuera tragada por la niebla. Volvió a saltar un par de veces hasta que Tenshi se soltó.
“Gracias Suzuka, pero no tienes que cuidarme tanto, no puedo hacerte lenta ahora,” Tenshi asintió y miró fijamente a la pared frente a ambas la cual todavía no volvía a vibrar.

Hubo una leve quietud. Esa expansión que les llevó entre los árboles del bosque parecía finalmente haber desistido, y la incierta paz acababa de reanudarse. Luego de unos segundos de tensión, las HiMEs decidieron acercarse entre ellas.

“Ehh, ¿todas están bien?” preguntó Kosuzu, claramente asustada, en lo que caminaba.
“Así parece…” Saki asintió y dio un suspiro. “Quisiera al menos saber con qué lidiamos aparte de esas orphans que presumo nos esperan dentro.”
“Ninguna de nosotras tiene la habilidad de eliminarlas. Sólo podemos asumir que lo que el Rebel nos dijo sea cierto, que pelear inútilmente con ellas es nuestro único recurso si no tenemos opción…” Suzuka se puso a pensar.
“Sin embargo, no veo que sea todavía una emergencia de sumergirnos a este enclaustro,” observó Norimune, sonriendo cansadamente. “No será una situación ideal, el Rebel no pudo ralentizarlo por mucho, como podemos ver, pero continuamos en un ambiente lejos de otras personas. No es una emergencia que amerite correr riesgos.”
“Estoy de acuerdo,” Tsubasa asintió. “Aunque tampoco tenemos claro si hay gente lo suficientemente cerca para haber visto algo. Quizás alguna de nosotras deba hacer vigilia para saber si hay moros en la costa.”
“Sí, estoy de acuerdo,” dijo Tenshi.
“Puedes ir a hacer eso,” sugirió Suzuka.
“No, ya te lo he dejado claro, no tienes que sobreprotegerme,” la peliazul se impacientó considerablemente. “Está bien que digas que sigo recuperándome y que no quieras que ingrese a la niebla roja, pero de entre todas aquí, estoy entre las más atléticas. Creo que lo mejor es que alguien menos propenso a pelear sea quien lo haga.”
“Entonces…” Kashuu iba a sugerir a Cho, aunque no habló lo suficientemente rápido.
“Voto por Kosuzu, ella todavía no sabe usar sus poderes HiME, después de todo,” observó Saki.
“Eh, pues…” la pequeña se inquietó y bajó su mirada con cierto cargo de consciencia. “T-tiene sentido y haré lo que me digan, pero lo siento mucho por no poder aportar más ahora…”
“No digas eso. Justamente te estamos dando un trabajo importante. Asegúrate de redirigir o alejar a las personas que fueras a ver por el camino principal del bosque,” observó Cho, asintiendo con una leve sonrisa.
“S-sí,” la pequeña asintió de vuelta con decisión. “Haré todo lo que pueda.”
“Hanajima-san, no deberías ser tan tajante con nuestra compañera,” observó Tsubasa a su amiga. “Es ahora que tenemos que apoyarnos mutuamente.”
“No ha sido mi intención, sólo es bueno dejar las cosas en claro, precisamente por tratarse de una emergencia,” contestó Saki, alzando una ceja.
“De todos modos, le debes unas disculpas.”
“Hm…” ella se extrañó un poco y pasó a mirar a Kosuzu sin saber qué decir.
“¡E-ehh, e-está bien, no me debes disculpas, tienes razón en decir que todavía no poseo experiencia!” se apresuró a decir la menor, sonriendo incómoda. “Estoy bien, en serio.”
“Bueno…” Saki regresó a mirar a Tsubasa. “Ya la oíste.”
“Ahh, no es tan simple y lo sabes, por favor cambia tu actitud…” Tsubasa negó.
 
Repentinamente, la pared roja cerca de ellas volvió a temblar. La expansión regresó, con todos de inmediato volviendo a huir y apartarse. Sin embargo, luego de dos expansiones, Kosuzu se chocó contra el tronco de un árbol que le hizo caerse sentada al piso.

“¡Ahh!” ella aterrizó con pesar y entonces notó cómo un aura roja estuvo por manifestarse como parte del nuevo perímetro, a punto de tragarla…
“¡Kosuzu!” Cho no tuvo tiempo de ni pensarlo. Era la que estuvo más cerca y la que pudo hacer algo con el muy poco tiempo que la expansión les daba. Si alguien como Kosuzu terminaba frente a esas orphans no había ninguna garantía de su supervivencia, a diferencia de ella misma. Eso fue todo lo que atinó a considerar.

La peliceleste pudo agarrar y lanzar a Kosuzu apenas fuera del nuevo enclaustro, y Cho terminó por desaparecer detrás de la nueva pared roja.

“Tsk, ¡aruji!” Kashuu no lo pensó dos veces y pasó a través de dicha pared, tras su ama.
“Demonios…” Suzuka maldijo por lo bajo, y se sorprendió al ver a su propia arma correr hacia aquel perímetro. “¡Eh!”
“¡Continúen huyendo!” exclamó un inusualmente serio Norimune, quien al igual que Kashuu atravesó la pared sin reserva alguna.

Tal y como el Rebel les dijo, dicho perímetro iba a expandirse conforme más gente se adentrara al mismo. Y así fue. La expansión se volvió más violenta y veloz. Suzuka tuvo que cargar a la pequeña Kosuzu en lo que todas corrieron casi a la misma velocidad que la expansión resultante. La peliblanca oyó a la HiME primeriza disculparse repetidamente en sus brazos, sin poder consolarla, sólo asegurándose de agarrarla firmemente para ponerla a salvo.

…

A una prudente distancia, los gemelos Kagamine observaban los sucesos con gran angustia.

“Uhh, ¿tú crees que Matsui se encuentre bien?” preguntó Rin. “Era mucho para él desde un inicio, se está esforzando demasiado.”
“Si hubiera perdido el control, se habría unido a esta expansión, Rin,” le aseguró Len, sin despegar sus ojos de aquel perímetro rojo que perseguía a las HiMEs. “Debe estar velando por sí mismo ahora.”
“Eso espero…”
“Sí, tenemos que creer en él…”

…

“…”

No todo lo presente era perceptible. El área escarlata, a pesar de ser intangible, representaba un gran peligro para las HiMEs quienes no podían hacer más que huir. Era visible y, por lo tanto, se podía actuar ante la misma.

Por otro lado, las HiMEs corrieron y atravesaron un punto del bosque donde yacía un ser incorpóreo quien, en un sentido quizás incorrecto de decir, encaraba la propia expansión. Aquel sin cuerpo ni presencia, después de todo, podría no estar definido por conceptos como la dirección, el espacio o la anatomía que definía a la gente común, y aun así, dicha presencia se mantuvo inmutada mientras las HiMEs pasaron por su ubicación, para también sumergirse dentro de la marea escarlata.

Jinkougyou se mantuvo firme en lo que el rojo le hizo desaparecer…

…


“Tch…” Kashuu pudo sentir un gran bajón de energías. La niebla parecía nociva, le dificultaba respirar, le ardía los ojos. Prácticamente no podía ver nada…
“Bouzu…”
“¡Eh!” fue agarrado de un brazo y se sobresaltó, aunque por la cercanía pudo reconocer a Norimune. “Tú…”
“Mantente fuerte, tenemos que encontrar a tu aruji,” le recordó con firmeza. “No debe estar muy lejos de aquí.”
“…” asintió e hizo lo posible por mantenerse de pie y atento, por más que no dejaba de perder enfoque y energías. “…no pensé que vendrías a ayudarme. Te ves mucho más resiliente que yo.”
“Es la experiencia,” dijo con naturalidad, sin dejar de buscar a la HiME con la mirada. Apenas notaba las siluetas de los árboles en medio del panorama rojo. “No hay orphans aun, hay que apurarnos.”
“Sí…” Kashuu frunció el ceño. Era una tremenda frustración y sabía que Cho estaba en un estado mucho peor que el suyo. Y aun así… “Aruji no debería haber podido moverse, pero no la veo. ¿A dónde se fue?”
“Lo averiguaremos en su debido momento,” comenzó y empezaron a avanzar. Esa quietud gritaba en sus oídos. El rojo parecía haber desaparecido cualquier indicio de viento e incluso la fauna del bosque. Seguramente las aves fueron las primeras en huir como de costumbre.

Fue un reconocimiento de árbol tras árbol, perfiles oscuros en medio de lo rojo, los cuales no poseían definición por la propia niebla. Nada se movía, sólo aparecían más árboles a corta distancia, hasta que vieron un ‘árbol’ mucho más corto, el cual demostró movimiento.

El sobresalto producto de un tercer ser con vida duró muy poco. Era Cho, quien caminaba con lentitud y ambas manos frente a ella, las cuales parecían intentar palpar algo.

“¡Aruji!” Kashuu le agarró de ambos hombros. “¡¿Te encuentras bien?!”
“K-Kashuu…”
“…” fue desconcertante para el arma ver a su aruji con una expresión de terror absoluto y unos ojos ausentes. La tenía frente a él, pero, por algún motivo, no era capaz de ayudarle.
“No puedo verte, Kashuu… mis ojos están completamente inundados de rojo…”
“…” Kashuu asintió. “Descuida, te vamos a sacar de aquí, no te preocupes,” se giró al otro.
“…” Norimune les miraba, ensimismado.
“Tsk…” y, para sumar a la incertidumbre, nunca antes había visto al otro verse tan impotente. Kashuu optó por agarrar a su HiME de su muñeca para comenzar a correr.
“Espera un momento, bouzu,” dijo el mayor.
“¡Tenemos que huir ya!”
“Esa es la dirección donde huyeron las demás. Si el perímetro estaba enfocado en perseguirles, nos conviene huir a noventa grados de su camino,” asintió. “Síganme.”

Había hecho un buen punto. Por más que parecía que Norimune no quería compartir algo con él, Kashuu supo que tenía que seguirle, y así, los tres fueron en búsqueda del fin del enclaustro.

Aquel muerto bosque les acompañó en silencio y omnipresencia. Era una situación sin precedentes. Kashuu no dejaba de mirar por encima de su hombro para cerciorarse de la ausencia de orphans. No podía entender lo que sucedía, pero era lo de menos. Tenía que rescatar a su aruji.

Mientras tanto, Norimune seguía las mismas intenciones de su menor. Sin embargo, su percepción de la realidad era muy distinta. La quietud, la aparente ausencia del peligro, el hecho que los tres corrían en una dirección camino a la salida… todo ello era un capricho. Se encontraban jugando bajo las reglas de alguien quien los tenía bajo su merced.

Y la HiME… ya estaba atada a esas reglas.

“¡Por ahí!” Kashuu pudo notar que el frente se esclarecía. Debían estar cerca. Sólo un poco más.
“Eh…” Cho oyó hojas que crujían.
“Ya no estamos solos,” observó Norimune, afilando sus ojos.
“Tsk, sigamos corriendo,” afirmó el pelinegro. Apretó el agarre de su aruji al sentirla temblar.
“Bouzu…” comenzó el mayor en lo que mantenían el ritmo. “¿Recuerdas al niño que guiaste de regreso a Rizembool el otro día?”
“Eh… no ahora, kuso jiji,” se impacientó.
“…” Norimune le miró de reojo. “Cuando salgas de aquí, búscalo.”
“¿Qué dices?”
“Presumo que está camino a este lugar. Ni bien lo veas, pídele ayuda.”
“Eh…”
“…quizás esté dispuesto a darte una mano.”
“¿Qué… quieres decir?”

De repente, enshyoujos emergieron desde el suelo, con una agarrando a Cho de una pierna.

“¡K-Kashuu!” exclamó la peliceleste, petrificada.
“¡Aruji!” él no pudo hacer nada ya que otra enshyoujo lo embistió y le hizo soltarla. Kashuu entonces fue jalado por Norimune para prevenir que esa orphan lo ataque.
“No te rindas, estás cercano a la salida,” le recordó.
“¡Suéltame, aruji necesita ayuda!”
“…” Norimune no le hizo caso y, sorprendentemente, agarró a Kashuu y le forzó a correr hacia el límite, dejando a la HiME detrás. Más enshyoujos procedieron a agarrar a Cho para impedirle que huyera.
“¡Suéltame! ¡Maldición! ¡¿Qué demonios haces, miserable?!”
“…un miembro de Rizembool nunca ayudará a una HiME. Ni ese niño lo haría…” continuó Norimune, con una voz lúgubre. Alzó a Kashuu al aire.
“¡Déjame salvar a aruji!” forcejeó, aunque por el esfuerzo, comenzaba a sentir mareos. Esa niebla le había debilitado demasiado.
“Pero puede que te ayude a ti…” dio una carrera más y lanzó a Kashuu con todas sus fuerzas. Así, pudo lograr catapultarlo fuera del perímetro y de regreso al bosque normal.
“¡AAHHHH!”

Náuseas, mareos, imposibilidad de ver por el rojo que saturaba su visión, aunque podía sentir esas manos frías que la presionaban contra el suelo, que podrían hacerle hundirse bajo la tierra por la fuerza que usaban, que le rasgaban por las largas uñas que poseían…

Cho se sacudía en vano. No tenía fuerza para contrarrestar la prisión a la que la sometían las orphans. No entendía por qué dichos enemigos no la herían ni atacaban, sabiendo lo fuertes que habían demostrado ser durante la inauguración de las olimpiadas, aunque… extrañamente…

…no le sorprendía. Sentía que esa restricción tenía razón de ser, por algún instinto que era ajeno a ella misma.

Sentía que las orphans la apresaban, mas no la lastimaban.

Sentía que había algo a lo cual no podía derrotar, un sentido de que todo estaba ‘en su lugar’, y no podía revelarse ante esa noción.

Sin embargo, no estaba calmada. Nada de ello era una certeza alguna. Incluso si no detectaba que esas orphans quisieran lastimarle, estaba completamente bajo la merced de ellas. Continuó forcejeando por más vueltas que le diera la cabeza. Su respiración se agitó considerablemente.

Y entonces, ni pudo marcar su propio ritmo de respiración. De repente, le faltó el aire, por más rápido que tratara de respirar. Sus pulmones no oxigenaban. Estos temblaban semejantes a la pared que continuó expandiéndose.

Pasó a sentir, con pánico, que su respiración era insuficiente ya que ella no respiraba sólo para sí misma, que había algo más que se asfixiaba por dentro, y que ahora, la jalaba bajo las aguas con tal de llevarse todo el oxígeno.

…

“!!!”

Y con esa bocanada ajena de aire, su corazón se puso a latir a mil. Su sangre se puso a hervir, su temor le hizo sacudirse con más fuerza y unos deseos de librarse de apoderaron de su ser. Cho volvió a oír aquel desgarrador grito que le había plagado la cabeza desde aquella noche en el muelle. Al oírlo, ya no pudo contenerse más, y pese a temer las implicaciones, usó su elemento para quemar y apartar a todas las enshyoujos que la apresaban.

Un terror le nubló la cabeza. Cho se puso a gritar en lo que se puso a correr. El rojo la continuó cegando, pero su mente no conectó con la imposibilidad y su percepción visual se desentendió de su avance. Fue como si algo más en su ser supiera a dónde dirigirse, en lo que gritaba, en lo que el grito en su cabeza continuaba manifestándose…

…en lo que ambos gritos surgían de esa HiME que parecía perdida y mortalmente lastimada. Las enshyoujos corrieron detrás de ella.

…



“Tsk… ¿por qué…?” Kashuu cayó sobre el suelo del bosque. Sus energías le habían abandonado. Intentó ponerse de pie, pero apenas sentarse casi le hizo desplomarse.

No entendía por qué Norimune le había salvado. Si estaba preocupado por él, entonces Cho era quien debía ser protegida, puesto a que un atributo HiME era dependiente de su bienestar. Igualmente, tampoco entendía por qué este había decidido quedarse dentro de la niebla si tan dispuesto había estado de abandonar a su aruji.

Kashuu no podía aceptar que había sido priorizado, y que había resultado completamente inútil. Su vida no valía por su cuenta si algo le pasaba a su aruji, y él estaba dispuesto a correr riesgos en su nombre. Incluso si fuera a tratarse de una completa imposibilidad, preferiría quedarse a su lado, al igual que aquella noche en el muelle…

Se agarró su cabeza a manera de tratar de estabilizar su temblante visión, cuando oyó unos pasos acercarse…

“Tsk, eres esa arma…” Hakuzosu apretó los dientes. Alistó sus garras. “¡Me las pagarás!”
“Eh…” Kashuu se sobresaltó. Afiló sus ojos, aunque no tuvo que moverse ya que aquel kitsune orphan fue agarrado del cuello de su camisa por alguien más.
“Oye, suficientes fechorías por un día, Haku,” le recordó Shiyoon, sonriente. “Recuerda que ahora sólo nos toca mirar, ¿de acuerdo?”
“¡No te metas! ¡Esta arma y su inmunda HiME me deben una revancha!” exclamó colérico. “¡¿Qué haces tú defendiendo a gente de Hanasaki?!”
“No, si lo hago por ti.”
“¡¿Qué cosa?!” se indignó.
“Porque pienso que si te andas vengando de un arma que es secundaria a lo que las HiMEs te hicieron, más aún si se ve tan herido, entonces sólo vas a perder por dentro, ¿no lo crees?” comentó el chico, indistinto. “Aprende a pensar en más que lastimar a otros, no es bueno para ti.”
“¡Debes estar bromeando!” Hakuzosu se sacudió para soltarse, aunque Kashuu ya había pasado a segundo plano y dirigió toda su cólera a su supuesto supervisor. “¡Deja esas ideas tontas para los humanos como tú! ¡Yo soy un orphan y la venganza es parte de mí! ¡Me merezco hacerles pagar por el otro día!”
“Entiendo, pero ya mucho anda ocurriendo aquí y sólo te meterás en problemas si lo haces peor,” Shiyoon se encogió de hombros. “Además, si matas a un arma este sólo va a resurgir al costado de su HiME o algo. Es inútil que lo hieras.”
“Eh…” Kashuu se quedó en blanco. Podía ser posible, hasta pensó por una fracción de segundo ‘pedirles el favor’, pero a su vez reaparecer podría causar incluso más estrés en su aruji por la cantidad de energía que requeriría.
“¿Tienes algo que decir?” al oír algo del arma, Hakuzosu le miró desde arriba con un dejo de superioridad. Le miró con desapruebo. “Ya no te ves tan seguro sin tu HiME cerca de ti. ¿Acaso siempre fuiste un debilucho?”
“…cállate, orphan…” Kashuu bajó su mirada, apretando los dientes.
“¡¿Qué dices?!” nuevamente, el kitsune fue detenido por Shiyoon.
“Presumo que tu HiME está en peligro, y en uno grande, por lo débil que te ves,” observó este.
“…”
“Hm…” el orphan frunció el ceño, y entonces recibió un suave zape de parte del otro. Como respuesta, le lanzó un zarpazo que el otro supo evadir como de costumbre. “¡¿Qué haces?!”
“Sólo te detenía antes que digas algo insensible. No hay punto de hacer la situación peor,” confesó el otro, tranquilamente.
“Tch, no me importa, y tu rostro sonso es una de las cosas más insensibles que existen, así que yo no soy el problema.”
“Vaya, no es la primera vez que escucho algo semejante, tal vez debería preocuparme,” comentó Shiyoon, sonriendo incómodo.
“Nuevamente, ¿no eres tú quien anda en más problemas por confraternizar con el enemigo?”
“No duele extender un poco de simpatía, sobre todo si no estamos contribuyendo a este desastre. Este atacante nos está haciendo ver a todos los de Rizembool como monstruos. No nos conviene darle la razón.”
“…como sea, si no me vas a dejar hacerle nada, vámonos de aquí,” Hakuzosu se dio media vuelta. “Prefiero no rodearme de más desagradables humanos…”
“Oh, espera un momento,” Shiyoon se sorprendió al ver a alguien acercarse.

Un sonido en el aire se incrementó en lo que una cuarta persona con jets como zapatos les dio el alcance. Era alguien ya conocido por los tres, sorprendentemente…

“¡¿Kashuu?!” Ortho se quedó en shock y de inmediato aterrizó frente a él.
“O-Ortho…” su sangre se heló. ¿Cómo demonios supo Norimune que estaba en camino? Kashuu se despertó y le agarró de ambos hombros.
“¡Eh!”
“¡Ayuda! ¡Mi aruji está dentro de esa área detrás de nosotros! ¡Intenté sacarle de ahí, pero hay muchos orphans y-!”
“¡Cálmate, por favor!” Ortho se apenó. “No te puedo ayudar con eso. Esa niebla es demasiado peligrosa para todos nosotros.”
“P-pero…” sí, supuso que no ayudaría a una HiME.
“Es más que un aire. Ese ambiente irradia un tipo de energía altamente nocivo. Incluso yo no duraría mucho tiempo apenas estando de pie ahí dentro.”
“Tsk, entonces…” a pesar de esa explicación, vio al menor sacar una especie de pistola semejante a un termómetro eléctrico.
“Pero puedo al menos disipar la energía que te ha lastimado tanto. Quédate quieto, por favor,” y así, se puso a irradiar al arma con dicho instrumento.
“Hm…” por su parte, Shiyoon alzó una ceja.
“¿Qué está pasando aquí?” una vez más, Hakuzosu volvía a perder las esperanzas de que los humanos fueran seres racionales. “Estás ayudando a un arma de Hanasaki, ¿acaso no eres parte de Rizembool como nosotros?”
“Kashuu me ayudó en una emergencia el otro día,” dijo Ortho sin reserva alguna. Pasó a sonreír. “Así que pienso en él como un amigo, por supuesto que le devolveré el favor.”
“Haha, ¿ves que ya no soy yo quien confraterniza con el enemigo?” Shiyoon rió un poco.
“Ni se te ocurra tomarme el pelo, imbécil,” el kitsune apretó los puños. “Los odio a todos ustedes, humanos caprichosos.”
“Kashuu, lo siento, quisiera poder ayudarte a salvar a tu HiME, pero estamos frente a un enemigo muy peligroso,” dijo Ortho. “Pero la ayuda está en camino. Es más, ya les he enviado las coordenadas. Tenemos que confiar en que tu HiME estará bien y esto terminará pronto.”
“…” tenía más preguntas que respuestas luego de esa información, aunque sus sentidos y balance ya se habían recuperado considerablemente. Asintió. “Gracias por ayudarme, sé que hasta eso puede considerarse un problema para alguien como tú.”
“No, está bien, en serio.”
“…” pudo ponerse de pie y encaró a la pared roja. “Ahora tengo que ir a sacarla de ahí.”
“¡N-no, definitivamente no estás curado y aún si lo estuvieras estarías bajo mucho peligro!” se escandalizó el pequeño. “¡Por favor no lo hagas!”
“Descuida, yo estaré bien mientras mi aruji lo esté,” afirmó, listo para aventurarse.
“¡Ehh! ¡P-por favor deténgalo!” suplicó Ortho, asustado.
“Okay~” Shiyoon agarró a Kashuu de un hombro. “Detente ahí.”
“¡¿Ah?! ¡No te metas!” el arma se impacientó y se giró para apartar al otro, aunque el chico fue más rápido y de un limpio movimiento lo derrotó de regreso al piso.
“¡Eh!” Ortho se asustó.
“Descuida, no le he lastimado, sólo es un recordatorio que su balance todavía pende de un hilo. Fue fácil hacerle perder el equilibrio,” dijo el aspirante a Rebel, amenamente. “Por cierto, arma, ¿de casualidad eres pariente de Haku o algo? Tienes sus mismos impulsos agresivos.”
“Tch, ¿qué dices…?” Kashuu le miró con fastidio.
“¿Y por qué me metes en este asunto? ¡Déjame en paz!” se sumó el orphan.
“Entiendo que quieres ayudar a tu HiME, pero este enemigo no te dará la oportunidad. Es más, podría hacer que las cosas empeoren si no tienes un plan,” observó Shiyoon. “Siento decírtelo, pero tienes que aceptar que eres impotente en esta situación.”
“Tch, no es tan simple…” Kashuu volvió a levantarse. “Mi vida no importa. Yo seguiré bien mientras mi aruji lo esté, puedo regresar una y otra vez. Por eso pienso usarlo para protegerla.”
“Kashuu…” Ortho se entristeció.
“…” Hakuzosu desvió su mirada, como quien estuviera escuchando a un loco.
“No lo sé…” Shiyoon dio un suspiro. “Es un poco desagradable que digas eso.”
“No me importa lo que pienses,” volvió a encarar la niebla. Esta vez, Shiyoon apropiadamente se puso en su camino.
“¿Y acaso no importa lo que tu aruji piense?”
“¿Qué dices?” se sorprendió.
“Porque si tú tienes vidas infinitas por ella y las usas sin preocuparte por tu bienestar, sólo la estás haciendo responsable. Creo que, en su lugar, detestaría que alguien haga eso por mí.”
“Tsk, ¡eso no importa ahora!” pretendió quitarlo del camino, y nuevamente, el otro le desestabilizó con muy poco esfuerzo. “¡AHH! ¿Por qué… te metes?”
“Porque Ortho es un buen niño, ¿no es verdad? No quiero verlo triste,” dio un suspiro. “Deja de insistir. No vas a cruzar esta pared mientras yo esté aquí.”
“Tsk…” Kashuu vio a ese joven extenderle una mano.
“No te ayudaré con tu HiME en estas circunstancias, pero si el peligro se desvanece y esta niebla se debilita, te prometo que te llevaré donde ella,” dijo sin rodeos. “¿De acuerdo? Estoy dispuesto a hacer eso por ti.”
“…” sabía que esa ‘tregua’ era lo único que podría sacar de su situación. Desvió su mirada, apretó los dientes, sintió una desesperanza asfixiante, y luego de comprimir sus ganas de arremeter contra aquel chico, tuvo que aceptar esos términos. Aceptó la mano para ponerse de pie, pero se soltó lo antes posible. “Si algo le pasa, te haré arrepentirte.”
“Seguro que también me sentiré mal por mi cuenta. No eres un mal tipo,” comentó el otro, sonriendo apenado. “Nos toca esperar a los refuerzos. Viendo que Ortho ya anda por aquí, no debe tomar mucho más.”
“¿Quién va a venir? Si todos ustedes temen siquiera exponerse a esta niebla, ¿qué clase de super soldado se va a encargar de esto?” preguntó Kashuu.
“Haha, ¿super soldado? No, no es nada como eso,” Shiyoon rió un poco.
“¡Deja de burlarte de este asunto si mi aruji está en tanto peligro! ¿Acaso siempre eres así?”
“Siempre…” Hakuzosu dijo a regañadientes. Era reconfortante oír quejas ajenas sobre él.
“La ofensiva no funcionaría eficazmente contra este revoltoso, es ahí donde entra la tecnología de Rizembool para ponerle en su lugar,” explicó Ortho. Asintió con decisión y certeza. “Nii-san se encargará de esto.”
“¿Tu hermano?” Kashuu se confundió.

…


Eureka

Quiero terminar este fic desde hace MESES pero no me alcanza el tiempo u_u
¡Edito con topes en estos días!






“Bueno… supongo que quieres saber por qué Eureka-san se siente tan abrumada.”

Madara lo observó desde el sofá pequeño del cuarto.

Oikawa asintió en silencio.

Luego de dejar a su amiga en una de las habitaciones que Madara había rentado, el resto del grupo se había retirado al cuarto que sería del cantante. La estancia contaba con los mismos muebles que tenía la de la HiME: una cama queen, un ropero, dos mesitas de noche, un escritorio con silla incluida, un sofá con una mesa pequeña y un baño completo con tina. Todo se veía de primera clase y bien cuidado. Se notaba que la gente podía pasar días gratos en un hotel como ese, ubicado tan solo a un paso del mar y con una vista increíble del balneario a través de la ventana.

En otra ocasión, Oikawa habría valorado el hospedaje que le habían dado de forma gratuita. Pero en esos momentos… su único interés era escuchar lo que Madara tenía que decirle.

Para conversar cómodamente, se habían distribuido en los asientos existentes en el cuarto. Madara había tomado el sofá; Neuvillette, la cama y Oikawa, la silla.

Luego de voltear los dos asientos para que pudieran encarar a sus interlocutores, Madara había dado inicio a la conversación.

“Sí… ¿Eh? ¡Un momento! ¡Suena a que tú sabes más que yo!” Le reclamó Oikawa, indignado.
“Hasta cierto punto. No pienso pecar de entrometido… y no quiero hablar más de la cuenta.” La expresión contemplativa de Madara se veía muy fuera de lugar en un rostro como el suyo, que solía desbordar alegría. “Pero supongo que mereces saber la verdad. Eureka-san me pidió que no te diga nada…”
“…” Neuvillette lo observó en silencio.
“Y pensaba hacerle caso.” Su mirada se giró hacia Neuvillette. Tal parecía que había percibido la manera sutil en la que lo estaba juzgando. “Lo siento, Neuvillette-san.”
“…No debería rendirme cuentas. Hágalo con Eureka-dono. Al fin y al cabo, está decepcionándola a ella.”
“Lo sé. Sin embargo, la cena desastrosa de anoche la ha puesto peor y no creo que sea capaz de ayudarla por mi cuenta. Ni sé si tú podrías, Neuvillette-san.”
“…” Neuvillette se resignó a asentir en silencio.
“Por eso le sugeriste que yo también venga con ustedes, ¿no?” Le preguntó Oikawa.
“¡Así es~!” Madara sonrió. “Pensé que tal vez le sería más fácil desahogarse contigo ya que te conoce por más tiempo… y aún no me tiene tanta confianza.”
“Bueno, solo me habló de la cena. No mencionó nada más.”
“Mm…” La expresión pensativa de Madara preocupó un poco a Oikawa. “Tiene sentido… es más fácil hablar de su ex.”
“¡¿Pero qué pasó?! ¡¿Cómo sabes que está estresada por otro motivo?! ¿Acaso te ha contado algo…?”
“El fin de semana… peleamos junto a un amigo contra un oponente formidable. Debo suponer que era un rebel, pero aún no conozco tanto de ese tema como para decirlo con suma certeza.”
“…¿Qué?” Oikawa se veía muy confundido. “¿Cómo que pelearon…? U-un mometo. Eso no tiene sentido. Ninguno de los dos tiene heridas visibles…”
“Eso se lo debemos a nuestro amigo que tiene poderes curativos. ¿Lo conoces, Tooru-san? Hablo de Rinne Amagi. Es el líder de Crazy:B.”
“Sí, el líder del grupo de mi sobrino…” Oikawa asintió… y luego se dio cuenta de todo. “¡¿QUÉ?! ¡¿ÉL TAMBIÉN ES REBEL?! ¡Pero son idols! ¡¡¡No deberían tener tiempo para ese tipo de cosas!!!”
“El mundo de los idols es más complejo de lo que crees, Tooru-san.” Madara le sonrió, enigmático. “Si gustas, otro día podríamos hablar de eso. En fin… la pelea fue muy intensa. Eureka-san no pudo convocar a Morgana-san y, si te soy sincero, ni Rinne-san ni yo fuimos de mucha ayuda para ella. Éramos dos novatos junto a una veterana. Eureka-san dirá que no es tan buena luchadora, pero vimos que se esforzó al máximo durante el combate. El tema es que… fue muy agotador. Y el enemigo nos lastimó a todos casi por igual. Al final, se escapó… y Eureka-san y Rinne-san perdieron el conocimiento.”
“¿Por qué?”
“En el caso de Eureka-san… fue por culpa de sus heridas y el cansancio que había acumulado. Y en el de Rinne-san, por la energía que usó para curarnos a los tres.”
“¿Y por qué pelearon contra un rebel? Si ustedes también son rebels… ¿Acaso atacó a Eureka-chan primero o algo así?”
“No, tuvimos que pelear contra él porque estaba persiguiendo a un par de civiles. Felizmente, ellos salieron completamente ilesos.”
“Mm…” Oikawa lo observó con una pregunta dibujada en el rostro. Sin embargo, se aguantó las ganas de interrogarlo. Su historia no sonaba del todo certera… pero sentía que si lo presionaba, Madara se cerraría por completo.

Y al menos le estaba contando mucho más que su propia amiga.

No le quedaba más opción que morderse la lengua y cerrar el pico.

“…Ya veo.”
“Pasamos casi todo el domingo en la clínica.”
“¿Les avisaste a sus familiares?”
“¿…?” Madara arqueó una ceja… y luego, sonrió. “No. Eureka-san no me ha hablado mucho de ellos, así que debo suponer que no quiere involucrarlos en estos temas. Creo que su hermano también vive en Tokio, ¿verdad?”
“Sí, junto a su pareja y su hija. Cuando fuiste a conseguir las toallas, Eureka-chan me comentó que piensa dejar a Hakuryuu-chan con su hermano.”
“¿…?” Neuvillette ladeó la cabeza. “Eureka-dono no me ha dicho nada al respecto.”
“Supongo que pensaba contártelo mañana.”
“¿Eh?” Madara se veía igual de confundido que el Child. “Pero… a mí me dijo otra cosa cuando estábamos yendo a recogerte.”
“…” Oikawa desvió la mirada hacia el suelo. “Cuando nos quedamos a solas en la playa, me contó que pensaba confiarle a Hakuryuu-chan a la familia de su hermano. Tienen un cuarto libre donde podría quedarse hasta que convenzan a su mamá de darle el dinero para rentar un apartamento de dos habitaciones en la ciudad.”
“Mm…” Madara se llevó la mano al mentón, pensativo. “Bueno, tiene sentido que no quiera causarnos problemas. Supongo que hablaremos de ese tema con ella en la mañana.”
“…” El reloj en la mesa marcaba las 3:30 de la madrugada. “Tienes razón. Será mejor que vayamos a dormir… al menos por un par de horas,” sugirió Oikawa.
“¡Ajá!” Madara sonrió y se levantó para entregarles las tarjetas de acceso restantes. “Aquí tienen. El check-out es a las diez, pero…”
“Partiremos a las seis, ¿verdad?” Preguntó Neuvillette.
“Así es.”
“Okay.” Oikawa asintió. “Nos vemos más tarde, entonces.”
“Buenas noches.”
“Buenas noches~ ¡Descansen!”

Madara les ondeó la mano antes de que salieran de su cuarto con una sonrisa tranquila en el rostro.

Una vez en el pasillo, Oikawa se dirigió a la habitación que le correspondía según la tarjeta en sus manos. Pero antes de ingresar, se volteó hacia el Child. El peliblanco también se encontraba en frente de la puerta del cuarto que le tocaba. A diferencia de Oikawa, se veía un poco confundido por el mecanismo de Ingreso, pero de seguro esperaba que funcionara tal como había visto hace un rato.

Tal vez Neuvillette sabía algo más sobre los hechos del sábado por su vínculo con la HiME. Al fin y al cabo, Eureka había mencionado que él preservaba los recuerdos de la mayoría de cosas que ella había vivido antes de que el Child naciera. Era probable que supiera más detalles sobre la batalla del fin de semana… así como los secretos que Madara no le había revelado.

Sin embargo, parecía que Neuvillette era un tipo muy reservado y respetuoso… tanto así que dudaba que tuviera la intención de contarle algo que no le competía escuchar.

En lugar de interrogarlo, Oikawa le sonrió y le ondeó la mano.

“Descansa, Hakuryuu-chan~”
“…Tooru-dono.”
“¿Eh?”
“…”

Pese a que Neuvillette no era un hombre muy expresivo, su mirada indecisa habló en su lugar. Parecía que se debatía entre decirle algo o no hacerlo… y el dilema interno estaba a punto de causarle una crisis.

Oikawa se le acercó y le colocó una mano en el hombro.

“Tranquilo.”
“¿…?”
“No sé qué pasa, pero te ves muy ansioso.” Oikawa sonrió. “Así que no te presiones. Imagino que estás preocupado por Eureka-chan… y también estás un poco aturdido porque acabas de nacer y ya te llenaste de problemas. No soy tan bueno dando apoyo a los demás… más aun cuando lo necesitan. Pero quiero que cuentes conmigo de todos modos. ¡Tenemos que apoyarnos! ¿Cierto?”
“…” La mirada de Neuvillette se suavizó y le sonrió levemente. “Gracias, Tooru-dono. Lo aprecio. Prometo que le contaré más sobre mis preocupaciones en un futuro.”
“¡Ajá!” Oikawa asintió. “Así se habla. Bueno, ahora sí, vamos a dormir. ¿Te ayudo con tu puerta?”
“…” Neuvillette intentó por su cuenta y el mecanismo de entrada se activó al detectar la tarjeta. “¡…!”
“Ah genial. Ve a descansar.”

Neuvillette agarró la manija y, antes de entrar a su habitación, le esbozó una pequeña sonrisa.

“Buenas noches.”

Oikawa le devolvió la sonrisa.

“¡Buenas noches!”





La cámara de su mamá enfocaba su rostro en todo momento.

Eureka recordaba que había sido así desde siempre. La señora Cross estaba obsesionada con capturar los momentos más importantes de su familia y de sus hijos… y eso implicaba restregarles en la cara el lente de la cámara digital Sony si era necesario.

Pero a la niña le preocupaba quedar mal en frente de los señores Vi Britannia, la familia que había invitado a la suya a pasar las fiestas en su isla privada en las Maldivas. Fue por ello que aprovechó una distracción por parte de su madre para escabullirse lejos de los adultos y de los hermanos de Lelouch.

Agradeció que Mikoto había tenido que quedarse en Japón por un problema con sus vuelos puesto que así evitaría la molestia de tener que escapar de su mirada juzgona y de sus tediosos sermones. Nunca habría imaginado que sería aún más gruñón a los 21 años, pero imaginaba que la vida estaba llena de más sorpresas… y esa había sido una de ellas.

Sin embargo, la calma prometedora de aquella tarde soleada en la playa se vio perturbada ante la llegada de un intruso.

“Sabía que estarías aquí.”

“¡WAH!” Eureka se cayó de espaldas en la arena ante el susto que le había dado aquella voz. Una voz que había llegado a conocer muy bien los últimos tres años.

Tal parecía que Lelouch la había seguido con sigilo y sin alertarla de su presencia.

Su amigo le extendió la mano para ayudarla a levantarse.

“…” Eureka la tomó, insegura.

Lelouch la jaló y la niña se paró de un salto.

“Pensé que aprovecharías las vacaciones para pasar tiempo con tu mamá,” le dijo, curiosa.

Todo el mundo estaba enterado del vínculo estrecho entre Lelouch y su mamá. No era un secreto que, entre los mellizos, él era el más unido a la señora… incluso más que el menor de todos los hermanos, Miharu. Pero la academia y las actividades extracurriculares del menor, así como los eventos sociales y las labores propias de aquella distinguida dama de la realeza, impedían que madre e hijo pudieran coincidir en su residencia. Ni Miharu gozaba de la dicha de verla a menudo.

“Ah, sí.” Lelouch asintió. “Pero te seguí porque me pareció raro que te escaparas de todos.”
“Es que… me da vergüenza que mi mamá me persiga con la cámara por todas partes. No sé… tu papá es muy serio. ¡De seguro pensará que somos tontos!”
“¿…?” Lelouch arqueó una ceja. “Mi papá piensa que tus papás son los mejores doctores del planeta.”
“¡Y son un par de payasos en su tiempo libre!”
“Bueno, dudo que tu papá tenga tiempo libre. Está en Londres porque debía ir a supervisar la clínica de tu familia, ¿no?”
“Ajá. Creo que uno de mis tíos podía ocuparse de ella, pero él se negó a viajar.” La expresión apenada de Eureka se transformó en vergüenza pura en un instante. “¡E-en fin! Tal vez mi papá no es tan payaso como mi mamá. ¡Pero no quiero que piensen mal de nosotros!”
“Bueno, los conocen desde hace años. No creo que ver a tu mamá corretéandote con la cámara los disuadirá de seguir siendo amigos de los doctores Cross o de contar con sus servicios.”
“No importa…” Eureka suspiró.
“¿Ese es el verdadero motivo?” Lelouch sonrió. “¿O pasó algo?”
“No, nada.”

No sabía cómo decirle que este era el primer viaje donde no contarían con la compañía de Suzaku, el mejor amigo de Lelouch y nueva amistad de Eureka, la voz de la razón de ambos y el mediador indispensable en su dinámica.

La familia Kururugi había decidido que pasaría las fiestas en Tokio para poder visitar a los abuelos paternos de su amigo. Suzaku no contaba con muchas oportunidades para estar cerca de su familia japonesa desde que se había mudado a Inglaterra hacía 8 años, así que debía aprovechar toda chance que se presentara en su camino.

Eureka no podía culparlo por ello. Al contrario, le alegraba que su amigo pudiera pasar tiempo con su familia.

Pero Lelouch… siempre había sido un problema. Pese a que ya llevaban tres años siendo amigos, Eureka aún no entendía por qué terminaban peleándose por todo. Suzaku decía que Lelouch actuaba de esa forma porque había entrado en confianza con ella muy rápido, pero ella seguía creyendo que tal vez la odiaba en secreto o algo así.

“¿Qué sientes por mí?”

Cuando se armó de valor y alzó la mirada para observarlo, Lelouch había crecido en un santiamén. Tenía 21 años, el terno de esa noche y una sonrisa comprensiva.

Al verse a sí misma, Eureka reconoció que también había adquirido su apariencia actual. Portaba el vestido de la cena y los tacos lindos pero incómodos que pensaba esconder en la parte más profunda de su armario cuando regresara a la mansión HiME.

“…” El silencio de Lelouch le dijo todo lo que necesitaba oír.

Y aunque quería mandarlo muy lejos, una fuerza ajena le impidió reaccionar de la forma más atinada para ese momento.

“Sé que no te importa, pero te extraño. A veces me cuesta creer que, antes de ser mi novio, fuiste mi amigo más cercano… ¿Dónde quedó esa cercanía que teníamos?”
“Bueno, eso fue así hasta que ingresamos a Hanasaki.”
“¿Vas a echarle la culpa a Hanasaki?” Eureka frunció el ceño.
“Parece que tú quieres hacerlo.” Lelouch le sonrió. “Lo siento. No quería interrumpirte.”
“¡¿Por qué finges que eres un tipo correcto cuando en realidad eres un niño engreído?! ¡No sé en qué momento dejaste de ser sincero conmigo!”
“Pero la sinceridad te incomoda,” dijo una voz a su lado.

Al girarse, se topó con la mirada dolida de Oikawa, quien estaba parado a menos de un metro de ella. La suave brisa marina despeinaba sus cabellos castaños pintados con las tonalidades rojizas del sol.

Se veía tan apuesto que de seguro las chicas de su club de fans se habrían desmayado al verlo.

Pero a diferencia de ellas, Eureka solo podía sentirse culpable en su presencia.

“He sido sincero contigo desde el día en que te conocí. Es injusto que no sea mutuo.”
“¡…!” Eureka desvió la mirada. “Bueno… no quiero herirte.”
“¿Y crees que eso bastará para evitar que me entere de la verdad?”
“¡No pienso ocultártela por siempre! Primero… tengo que ver los videos de las cámaras de seguridad y averiguar más sobre lo que ocurrió ese fin de semana. ¡Pero te prometo que te contaré todo en su debido momento!”
“…” Oikawa suspiró. “No entiendo por qué no quieres dejar que nadie te apoye. ¿Acaso crees que todos somos como tu ex?”
“Oikawa tiene razón.”
“¡¿Por qué le das la razón?!” Eureka luchó contra las ganas de lanzarse a ahorcarlo.

¿A quién? No sabía. Tal vez a los dos.

“¡Y te equivocas! ¡Confié en tu criterio y acepté que Gojo-sensei se vuelva nuestro entrenador! ¡¿Esa no es una muestra de que he aceptado tu apoyo?! ¡Lo he hecho desde que te conocí!”
“¡Pero si en serio confiaras en mí, no me ocultarías nada!”
“¡El campeonato se acerca! Y ni siquiera piensas distraerte con las olimpiadas. ¡¿Cómo voy a permitir que mis problemas lo hagan?! ¡No quiero que pierdas la concentración por mi culpa!”
“¡Y ya hablamos de ese tema! Entiendo que quieras protegerme, pero…”

En un abrir y cerrar de ojos, Oikawa acortó la distancia entre ellos hasta quedar a un par de centímetros de su posición.

Cuando Eureka alzó la mirada, se topó con una expresión seria y poco característica en el rostro de su amigo.

Oikawa la tomó de las mejillas y se acercó a sus labios sin ninguna advertencia.






“¡¿QUÉÉÉÉÉ?!”

Eureka se levantó entre gritos y patadas al aire.

Su primer instinto fue sacudir la cabeza para descartar ese extraño sueño de su mente. ¡No cabía duda de que el cansancio y el estrés la estaban llevando a alucinar cosas sin sentido y carentes de razón!

Al observar sus alrededores con más atención, identificó que se encontraba en una habitación muy sofisticada. Era probable que perteneciera al hotel de las toallas que Madara había conseguido para Neuvillette.

La peliblanca se giró hasta quedar con las puntas de los pies en el suelo. Su mirada se desvió hacia la mesa de noche, donde yacían un reloj despertador, la tarjeta de su cuarto, su billetera y su celular.

El reloj en la mesa indicaba que eran las cinco y treinta de la mañana. Suponía que Madara había logrado convencer a Oikawa y a Neuvillette de pasar la noche en el hotel para regresar a Tokio a primera hora del día siguiente. Su opinión no había importado porque todo indicaba que se había quedado dormida durante el pícnic improvisado en la playa.

Y la verdad era que no se quejaba en absoluto. Había sido la decisión más pertinente. El viaje de regreso a Tokio en plena madrugada habría sido demasiado agotador para Madara y para el resto. Era cerca de una hora de trayecto, pero se les habría hecho eterna por el momento del día en que habrían viajado de vuelta a la capital.

Eso no significaba que estuviera feliz con regresar casi a las seis de la mañana. Sentía que su cara estaba llena de lagañas, grasa, rímel corrido y baba y habría dado todo a cambio de poder tomar una ducha antes de regresar a la ciudad. Pero al menos debía lavarse la cara y verse presentable antes de reunirse con el resto.

Eureka caminó hacia el baño cerca de la entrada del cuarto. Una vez en su interior, no le quedó más opción que usar el jabón de manos como un jabón de cara improvisado para sacarse los restos del maquillaje de ayer y refrescarse un poco. Luego, usó el cepillo de dientes y la pasta gratis que el hotel le regalaba a los huéspedes para lavarse la boca e, idealmente, terminar de despertarse gracias a ello.

Su reflejo en el espejo —o lo que alcanzaba a ver de este— no se veía tan desaliñado como esperaba, así que sonrió para sí misma cuando terminó de asearse.

Y en ese momento, alguien le tocó la puerta.

Eureka la abrió sin darle mucha importancia.
« Last Edit: September 24, 2026, 02:34:40 AM by Eureka »


Miyu

Me enseñaron a darles calidad a los gif ;;






El sonido de un chasquido la arranca de aquel estado de ensoñación.

Parpadea dos veces, dejando que sus ojos se acostumbren poco a poco a la luz de la habitación y, durante unos segundos permanece inmóvil, todavía atrapada entre sus pensamientos y la realidad que la rodea. Luego gira la cabeza hacia el origen del ruido.

Todavía no consigue acostumbrarse a lidiar con Li Tianchen. Cada vez que él se dirige a ella, debe recordar el permanecer en silencio o responder apenas con un gesto, una mirada o un leve movimiento de manos, procurando mostrar reacciones naturales para ser como la verdadera Li Tianxi. Sin embargo, incluso tras tanto tiempo, fingir continúa resultándole difícil.

Ella no es muda y ese es precisamente el problema.

Tiene que recordarlo a cada instante, medir sus palabras antes de siquiera pensarlas y contener sus respuestas a las acciones incorrectas de ese estúpido varón.

Su personalidad contrasta demasiado con la de Li Tianxi, son opuestas en múltiples aspectos, y quizá por eso asumir su lugar resulta todavía más complicado. Aun así, ella ha decidido ocupar ese espacio. Decidió fingir ser Tianxi para él, para Li Tianchen, y también para un mundo que parece empeñado en asfixiarlo a cada paso, mientras se va desmoronando lentamente bajo un peso casi imposible de soportar.

—Workner quiere verte hoy en su oficina —la mirada coralina se clava en ella, con una expresión mucho más suave hacia su hermanita en comparación con el resto—. Xiao Xi, ¿entiendes?

Espera dos segundos exactos antes de asentir y tallarse los ojos con sus manos.

No puede hablar. No puede dejar escapar ni una sola palabra.

—Levántate. El desayuno ya está hecho.



Ambos se sientan a desayunar tranquilamente, disfrutando de la comida preparada por Qian Jin mientras comienzan la mañana; todo se desarrolla de manera serena y sin contratiempos, sin ningún inconveniente que pueda delatar su identidad como impostora.

 Los tres permanecen sentados alrededor de la mesa del comedor, en un piso de Tokio, mientras la lluvia golpea suavemente los cristales y sirve como música de fondo. El ambiente resulta extrañamente apacible, pese a las circunstancias que los rodean.

—Ya tenemos preparado el papeleo de Tianxi para Rizembool —comenta el hombre mientras corta cuidadosamente el huevo frito con el cuchillo—. Deja de ponerte nerviosa.

Su voz pragmática siempre le arranca un escalofrío en la espalda. Sus malas intenciones son demasiado evidentes y, pese a todo, Li Tianchen no hace nada para alejarlo de ellos.

La pelirrosa se detiene en seco, sus pupilas escapan de la mirada de Qian Jin y el nerviosismo se hace evidente en cada uno de sus movimientos.

Tianxi permanece en silencio, como debe hacerlo siempre. Baja la vista hacia su plato y continúa moviendo distraídamente el tenedor, fingiendo concentrarse en el tocino. Sin embargo, deja ver en sus pequeños movimientos el miedo y la disconformidad.

—Es por tu bien, Xiao Xi —agrega su hermano mayor.
—Por supuesto. En Rizenbool tenemos instalaciones donde podríamos ayudar mejor a su condición —la sonrisa de Qian Jin es astuta.
Li Tianchen deja los cubiertos sobre el plato y sus ojos se mantienen fijos en el hombre frente a él, intentando descifrar qué hay realmente detrás de aquellas palabras tan cuidadosamente escogidas.
—¿Y cuánto tiempo tendría que quedarse allí? —pregunta finalmente.
—El necesario.
La respuesta es demasiado rápida, demasiado pragmática y ensayada. Qian Jin es un experto en la manipulación, en ser el abogado perfecto del diablo y los dos gemelos lo saben.

Tianxi aprieta los labios y baja todavía más la cabeza. ¿Es así como la verdadera Xixi reaccionaría? No lo sabe con certeza, pero ese hombre frente a ella es alguien de poco fiar. No necesita decir una sola palabra para dejar claro que no está de acuerdo.

Li Tianchen nota el gesto.

—No parece muy convencida.

Qian Jin deja escapar una pequeña risa, tomando un sorbo de té.

—Ella nunca está convencida de nada cuando se trata de médicos.

La pelirrosa levanta la mirada de golpe y sus ojos rojos se encuentran durante un instante con los de su hermano. Hoy no bajó con su peluche favorito y eso la hace más vulnerable de lo usual.

Tianchen suspira.

—Aun así, deberíamos preguntarle qué quiere.

El silencio cae una vez más sobre el departamento y el sujeto cruza sus dedos sobre la mesa.

—No siempre podemos permitirnos hacer lo que queremos, Tianchen. Ya hemos hablado de los planes para este año, permitir caer ante las súplicas de tu hermana es un error.

Tianxi se estremece ligeramente y, bajo la mesa, busca la mano de su hermano mayor, sus dedos se encuentran con los suyos y se cierran con fuerza.

—Hoy Workner quiere hablar con ella. Pediré su consejo —el hermano mayor exhala aire otra vez. No podían permitirse perder el auspicio de Qian Jin, pues no son sus hijos y él no los ve como hijos adoptivos si no piezas a las cuales usar cuando el momento oportuno llegue, y ese momento finalmente llegó.
—Bien. Más tarde ven a mi oficina en Rizenbool, quiero presentarte a mi actual cliente. Es un Liu.
—¿Liu? ¿Qué hace esa familia en Japón? —Tianchen suelta la mano a su hermana y se levanta de golpe—. Él no debería estar aquí… pero… es una suerte…

La chica de cabellos rosados lo mira un instante, no entiende bien el motivo por el cual Tianchen actúa así, entre sorpresa y fascinación. Recopilar información no es su fuerte, más al no saber japonés fluido.

Esa tarde.

—¿Y bien? —el hombre frente a ellos es un profesor joven de cabellos cenizos y gafas. Tranquilo y amable son las primeras palabras que evoca. Tianxi lo observa con cautela, no posee la misma presencia intimidante de Qian Jin, aunque eso no consigue hacerla bajar la guardia y Tianchen permanece a su lado, todavía procesando todo lo ocurrido durante la mañana.
« Last Edit: October 01, 2026, 02:28:27 PM by Miyu »

❛ 𝖳𝗁𝖾 𝗁𝗎𝗇𝗍𝖾𝗋 𝖻𝗋𝖾𝖺𝗍𝗁𝖾𝗌 𝖻𝖾𝗇𝖾𝖺𝗍𝗁 𝗍𝗁𝖾 𝖼𝗁𝖾𝗌𝗌𝖻𝗈𝖺𝗋𝖽, 𝗐𝖺𝗍𝖼𝗁𝗂𝗇𝗀 𝗍𝗁𝖾 𝗉𝗎𝗉𝗉𝖾𝗍𝗌 𝗋𝗎𝗇 𝖿𝗈𝗋 𝖿𝗎𝗇;
𝖾𝗌𝖼𝖺𝗉𝖾 𝗂𝗌 𝗃𝗎𝗌𝗍 𝖺 𝗌𝗎𝗀𝖺𝗋-𝖼𝗈𝖺𝗍𝖾𝖽 𝖼𝗎𝗋𝗌𝖾 𝖻𝖾𝖿𝗈𝗋𝖾 𝗍𝗁𝖾 𝗇𝖾𝗑𝗍 𝗋𝗈𝗎𝗇𝖽 𝗁𝖺𝗌 𝖻𝖾𝗀𝗎𝗇. ❜


Mimi Tachikawa

Hoi hoi minna!! vengo de dejar mi fic

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La última nota de la canción todavía parecía resonar dentro del recinto.

Tsubasa permaneció unos segundos sobre el escenario.

Las luces continuaban iluminando su figura.

El público había abandonado lentamente el lugar.

Sin embargo, ella seguía mirando hacia las butacas vacías.

Había sido un buen concierto, uno de los mejores que había realizado últimamente, no creía que se había adaptado con tanta facilidad a los escenarios nuevamente.Pero, por alguna razón, no podía dejar de pensar en aquel mensaje.

“Tsubasa-chan, ¿tienes tiempo para vernos?”

Tsubasa se sorprendió ante aquel mensaje que había recibido. Conocía aquella forma de escribir.

Tsubasa bajó lentamente la mirada hacia su teléfono.

-Ou-sama… o, es decir… Leo-san… -dijo, suspirando pesadamente-

Estaba volviendo a los escenarios después del exitoso concierto con Trigger. Se estaba tomando un tiempo de descanso de sus preocupaciones como Hime, pero ¿por qué justo cuando todo estaba yendo relativamente bien había recibido aquel mensaje de texto?

Era su exlíder en Knights… la persona que protegía desde niña… su ex-Key… y ahora… su Rebel.

Había pasado bastante tiempo desde la última vez que lo había visto.

Tsubasa guardó el teléfono.

Pronunciar su nombre en voz alta hizo que una sensación extraña recorriera su pecho.

No era tristeza, pero tampoco era alegría. Aún no sabía cuáles eran sus sentimientos hacia él, ya que, desde que eran pequeños, sus familias habían estado vinculadas.

Los Kazanari habían protegido durante generaciones a los Tsukinaga.

Para Tsubasa, Leo siempre había formado parte de su vida.

Tsubasa cerró los ojos.

-No sé qué debo hacer… -suspiró pesadamente mientras se acercaba al espejo del baño para mirarse el rostro- Pero tampoco puedo dejar que piense que estoy en un estado lamentable de confusión.

Mucho más tarde, Tsubasa salió del lugar del concierto. Iba a regresar con María, pero le escribió diciéndole que iría a casa caminando y que no se preocupara por ella, pues Riolu, su Child, estaba a su lado.

Todavía llevaba parte de su ropa de concierto.

El teléfono empezó a vibrar. Tsubasa se detuvo. Había llegado un nuevo mensaje.

“¡¡Ya me encuentro en la cafetería de siempre, así que, si no vienes, me comeré todos los pasteles que he pedido para nuestro reencuentro!!”

Sus ojos se abrieron ligeramente.

-Si deseas, puedes comerlos todos. No tengo mucha hambre… -La peliazul le respondió el mensaje-

Al instante, recibió la respuesta.

“¡Voy a tomar en serio tu respuesta mientras empiezo a escribir! ¡Me llegó la inspiración!”

Tsubasa continuó caminando, ahora sin tener muchas ganas de responder, porque seguramente el terco de Leo nuevamente le iba a contestar. Además, ya estaba casi cerca del café.

Cuando llegó al café, vio cómo el pelinaranja alzó los brazos para indicarle dónde estaba.

Tsubasa suspiró suavemente.

Su líder no había cambiado en nada durante estos meses en los que no se habían visto. Seguía sonriendo alegremente como siempre.

Como si no hubiera pasado el tiempo.

-Finalmente llegaste, Tsubasa-chan. Ya pensaba que me ibas a dejar abandonado mientras estaba escribiendo una nueva canción para el grupo… -rió alegremente-

Tsubasa no respondió inmediatamente.

-Ou-sama, ¿no recuerdas que por el momento no tenemos un grupo?…-

-Es cierto… pero ya tengo una canción lista para el futuro. Después de todo, algún día podemos volver a estar todos juntos, ¿verdad?-

-Si eso fuera tan fácil… -dijo la peliazul mientras se sentaba y se cruzaba de brazos-

-Sabes que estamos ahora en bandos opuestos, ¿verdad? Ya no somos aliados… sino enemigos… -dijo la peliazul sin dejar de mantener su expresión seria-

-¿Y eso qué tiene que ver? Igualmente seguimos siendo amigos, ¿verdad?… No porque vayamos a pelear más adelante significa que no pueda verte…-
-Somos amigos… pero, si tenemos que pelear para proteger a los demás, no dudaré en hacerlo, aunque tenga que pelear contra ti…-

-Y eso es lo que tienes que hacer, Tsubasa… ir con todo… sin preocuparte por nada —dijo mientras la observaba—. Te veo más ojerosa y más delgada. ¿No te estás alimentando bien? Sabes que Ritsu se molestará si te ve así…-

-He estado ocupada volviendo al mundo del espectáculo -dijo mientras tomaba un sorbo de té- Quiero hacer algo que distraiga un poco mi mente confundida-

-O quizás dirás que ya querías volver a cantar. Junto a Sena siempre han sido de los más entusiastas en que nuestras actuaciones sean perfectas… -Leo rio divertido mientras observaba que Tsubasa no lo miraba a los ojos- Yo soy un poco más perezoso, como Ritsu. Supongo que Naru y Tsukasa también son igual de apasionados que ustedes… Qué nostalgia… Quiero volver a cantar con todos de nuevo…-

-No es tan fácil… -La peliazul dejó de beber de su taza de té-

Estaba visiblemente enfadada de que su líder hablara como si fuera algo fácil estar juntos y volver a ser los de antes. Ya había peleado contra Izumi y también contra él. Por nada del mundo se sentiría cómoda estando nuevamente todos juntos.

-¿Tsubasa-chan?… ¿Ya te enojaste?…-

-Solo estoy un poco estresada, Ou-sama… -dijo suspirando pesadamente mientras observaba cómo el heredero de los Tsukinaga se encontraba escribiendo en una servilleta más párrafos para su nueva canción-

Tsubasa tenía tantas cosas que decirle, pero sus sentimientos hacia él no estaban del todo claros, y ella siempre pensaba antes de hablar.

-Ahora vamos al grano… -Tomó aire y empezó a hablar- ¿Para qué querías que nos reuniéramos el día de hoy?… No tengo mucho tiempo libre y quisiera irme a casa a descansar -le dijo con la mirada más indiferente que podía tener, sorprendiendo de sobremanera a Leo-

-¿Acaso tengo alguna razón para verte? Recuerda que somos amigos de la infancia, mi querida Tsubasa-chan… Solo quería ver tu lindo rostro para volver a inspirarme. En la nueva escuela me aburro; Sena está ocupado siendo profesor y Ritsu se la pasa con amigos que no conozco… Ya no son divertidos… Y el Koutei se la pasa en su jardín personal… Ya extrañaba ver una cara familiar...-

Leo sonrió con aquella expresión despreocupada que tanto lo caracterizaba, aunque notó que Tsubasa seguía sin estar de humor.

-Aunque ahora no estés de humor… también llamé a Naru y a Tsukasa, pero ambos están ocupados. ¡Qué malos! No quieren ver a su padre…-

-¿Será que, por las tonterías de nosotros, ellos también se han visto involucrados en peleas que no les pertenecen?… -preguntó Tsubasa, mirándolo con seriedad- Sabes que, si María-san se entera de que me reuní contigo, se va a enojar mucho… Te quiere cachetear, ¿lo sabías?…-

-Lo sé. Por eso no la invité… Sé lo que me espera… —rió divertido—. Así que solo tienes que estar un par de minutos conmigo y después te dejaré ir. ¿De acuerdo?-

-Está bien… -murmuró finalmente, desviando la mirada mientras apretaba ligeramente la taza entre sus manos- Solo porque hoy tuve un buen concierto y no quiero perder el buen humor que tengo-

Guardó silencio durante unos segundos.

En realidad, no estaba segura de que aquello fuera una buena idea.

Volver a verlo después de tanto tiempo, sentarse frente a él como si nada hubiera cambiado y escuchar nuevamente aquella voz tan familiar… era mucho más difícil de lo que había imaginado.

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matta ne!!


Cho

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1136: September 23, 2026, 11:40:05 PM »

Hello gals <3

Para cualquier duda y/o consulta las invito a postear en el foro de planeación.

Sin más preámbulos~

*top 4*

*conteo*

Sayi :: 0 palabras
Nite :: 0 palabras
Cho :: 5818 palabras
Kana :: 3866 palabras
Eureka :: 3183 palabras
Puri :: 0 palabras
Mimi Tachikawa :: 1185 palabras
Mery :: 0 palabras
Apple :: 0 palabras
Miyu :: 976 palabras


Now, let's carry on with those big HiME dreams...


Cho

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1137: September 30, 2026, 09:23:20 AM »
Este ha sido un mes interminable. Al menos pude escribir algo en una hora uhh (...) el próximo me desquito.

118.3.

…



Nuevamente, luego de aquella desesperada corrida, el frente rojo terminó por ceder y desistir en su avance, ahora abarcando un área aún más grande del bosque. Las HiMEs dejaron de correr, tanto por mantenerlo vigilado como por el cansancio que sentían.

Las chicas respiraron profundamente mientras se recobraban. Había un silencio sepulcral. Tres habían sido tragados con aquella niebla y la ausencia era palpa ble. La incertidumbre casi indicaba que ellas serían las siguientes. O, quizás, aquel no era el enfoque que debían darle.

“…” Tenshi comprimió sus puños. “¿Y ahora qué? ¿No toca seguir de vigilantes sabiendo que tres aliados están bajo grave peligro?”
“…yo tampoco estoy conforme con ello,” Suzuka desvió su mirada, impotente. “Sin embargo, ya hemos visto que este perímetro se extiende si alguien entra al mismo. No podemos tomar acciones sin tener algún plan en mente.”
“¿Pero qué se supone que estamos haciendo ahora? ¡Nada ha cambiado desde el inicio y sólo estamos corriendo sin decidir nada! ¡De no ser por la instrucción de la asistente de la directora sé que tú misma habrías hecho algo!” reclamó la peliazul.

La tensión entre las dos se cortó cuando oyeron a Kosuzu sollozar. La pequeña estaba sentada sobre el suelo del bosque mientras cubría sus ojos con sus manos y lloraba desconsoladamente. Las otras chicas no evitaron observarle con leve preocupación y pena.

“Lo siento… es por mí… que esto pasó…” dijo entre llantos mientras lágrimas se escapan de sus ojos. “D-de no ser por mí… Cho-san estaría aquí…”
“No digas eso, Kosuzu,” Suzuka negó y se agachó a su nivel para darle una palmadita en el hombro. “Entiendo cómo te sientes, pero esto no es tu culpa. Estás haciendo todo lo posible en estas circunstancias, al igual que nosotras.”
“P-pero yo…”
“Ahora necesito que seas fuerte y te mantengas firme. Habrá algo que hacer si mantienes la convicción de actuar,” le aseguró.
“…” Kosuzu le miró y asintió, con los ojos todavía llorosos.
“Ibas a ir a vigilar el camino más cercano del bosque por testigos,” observó Saki. “Sería bueno que vayas a hacerlo. A estas alturas estaremos demasiado cerca de exponernos.”
“El límite ha avanzado bastante,” Tsubasa miró hacia esa pared roja que nuevamente se mostraba quieta, y que sin duda no brindaba confianza a nadie.
“…” luego de haber resuelto dicho tema, Tenshi volvió a recordar la impotencia que se sentía. No quería tener que ser reincidente, pero tampoco podía quedarse quieta. Su consciencia le seguía carcomiendo. “Cho no está recuperada de lo que ocurrió en el muelle. No puedo esperar a que esté bien por su cuenta.”
“Tú tampoco estás recobrada, Tenshi,” recalcó Suzuka, volviendo a ponerse de pie.
“¡¿Yo?! ¡Fuera de una leve molestia estoy perfectamente normal!” Tenshi se impacientó. “¡No estaría en mayor riesgo contra esas orphans raras que si lo del muelle no hubiera ocurrido! ¡Por otro lado, no puedo decir lo mismo que Cho que ni ha podido entrenar estos últimos días! ¡¿Por qué intentas sobreprotegerme de la nada?! ¡Ya me he lastimado en entrenamientos previamente!”
“Debo admitir que sí es un poco raro,” Saki se puso a pensar.
“¿Perdón?” la peliblanca se extrañó al oírle sumarse a la conversación.
“Cuando te conocimos, al menos algunas de nosotras nos llevamos la impresión que eras alguien de armas tomar, y una situación como la presente no te dejaría paralizada,” observó. “Lo del muelle ocurrió precisamente por ello, y si bien todas estamos cometidas a ser más certeras con nuestras acciones, en ese instante tú fuiste a rescatar a alguien quien ni sabíamos si existía. Sin embargo, ahora que sabemos que una HiME necesita nuestra ayuda no haces más que mantenernos lo más lejos del asunto en lo posible.”
“¡Sí, exacto!” Tenshi asintió.
“…ustedes…” Suzuka negó. Sin duda se vio ofuscada. “No crean que esto es fácil para mí tampoco, y si estuviera por mi cuenta, ya habría visto qué hacer. Ahora soy una senpai y no puedo ponerlas a ustedes bajo un riesgo que ni puedo garantizar que solucionaré por mi cuenta. Es precisamente por lo sucedido en el muelle que no debo dejar que esto se repita.”
“Tú me prometiste que seríamos aliadas ni bien me convirtiera en una HiME” agregó Tenshi, firmemente. “He trabajado muy duro para asegurarme que puedas tomarme en serio. Creo que es obvio para todas aquí que estoy decidida a ser HiME y que tengo el deseo de ayudar, pero también quiero saber que ustedes confían en mí y cuentan conmigo. ¡Y eso nos debemos entre todas!”
“Aun así, está es una situación sin precedentes, y demasiado riesgosa…”
“Senpai…” Tsubasa le miró atentamente. “Creo en lo que nos has dicho, pero sospecho que hay algo además de todo ello, algo que te tiene sumergida en pensamientos y que no quieres compartir, ¿no es verdad?”
“…” Suzuka le miró de reojo. Con esa acción en silencio, las otras entendieron que la presidenta de la clase había acertado.
“Esta es una situación de emergencia, así que opino que todas merecemos saber lo que traes, porque claramente nos está involucrando, y porque puede ser relevante ahora,” continuó, pacientemente. “Por favor confía en nosotras.”
“Suzuka…” Tenshi sonó demandante y casi suplicante a la vez.
“…” terminó por dar un pesado suspiro. “Está bien…”

Lo había esperado evitar. Nunca podía decir cómo reaccionaría su kouhai, pero era cierto que era un tema relacionado con el presente, y tenía que haber una comunicación clara entre todas. Si tan sólo no estuviera en el rol de líder…

“Cuando estábamos por llegar, aquel Rebel que vino con Cho y conmigo me dio una advertencia en privado, dejándome saber lo peligroso que era esta situación,” explicó. “Me dijo que no podía exponer a quien había sido lastimada durante los eventos del muelle a la niebla, que le estaría dando al instigador una ventaja. Es por eso que no puedo dejar que ustedes siquiera se acerquen a la misma. Tal parece que estamos a la merced de ese enemigo y no debemos actuar sin medida.”

Al terminar de explicarse, hubo un silencio corto en lo que las chicas procesaban sus palabras. La impotencia se podía considerar un trago muy amargo. Sin duda, era como Suzuka se lo tomaba en el presente. No obstante, el punto de vista de las otras chicas iba a ser distinto.

“Sobre… alguien lastimado en el muelle…” comenzó Kosuzu, meditabunda.
“Ciertamente muchas de nosotras sufrimos daños ese día…” continuó Tsubasa.
“Sin embargo, ese Rebel apuntó a una persona en particular con sus palabras…” dijo Saki.
“Tsk… ¿acaso Cho no representa más esas palabras?” preguntó Tenshi, frustrada.
“Ella fue lastimada, pero tú tuviste que pelear hasta el final, Tenshi, y corriste un gran riesgo…”
“¡No! ¡Suzuka, ese Rebel no estaba velando por mí!” al decir esas palabras, Tenshi se dio un facepalm con ambas manos con tanta intensidad que casi parecía caerse para atrás. “¡Te haré recordar que ese insufrible incógnito encapuchado es mi Rebel y él fue el que me hizo pasar un gran peligro, no la maldita niebla! ¡¿Qué Rebel se pondría a velar por su HiME?! ¡Tú no estuviste ahí, pero Cho casi se muere de no ser porque, nuevamente, mi Rebel se apiadó de ella!”
“Creo que sí dijiste algo al respecto…” observó Saki.
“¡Y lo que sea que la atacó fue algo invisible e intangible, igual que este maldito enclaustro que nos persigue! ¡Y ella todavía sigue sufriendo los estragos!” agregó colérica.
“Es… cierto que su caso sigue siendo un misterio…” Suzuka comenzó a darse cuenta. “Incluso así, no es un riesgo que ustedes deben correr…”
“¡Al diablo con ello!” dicho esto, Tenshi invocó su espada.
“¡O-oye, no te atrevas!”
“¡Y lo peor de todo es que Cho resultó tan lastimada ese día por mi culpa! ¡Y tú me has hecho correr en el sentido contrario! ¡No me importa seguir las instrucciones de las mandamases que andan sentadas a salvo en oficinas!” Tenshi reclamó, y sus ojos parecían estar cerca a derramar lágrimas. “¡No hay punto de ser HiME si no podemos pelear por quienes queremos hacerlo!”

Y, finalmente, Tenshi ingresó al perímetro, perdiéndose entre lo rojo de inmediato.

“Tch… ¡por eso mismo no quería compartir!” Suzuka sabía que tenía que seguirle, y dejó un último mensaje antes de hacerlo. “¡Sigan corriendo, el borde está por avanzar!”

Y siguió a la peliazul. Y así fue. Las tres HiMEs restantes tuvieron que continuar con la huida.

…


Kana

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1138: September 30, 2026, 06:49:43 PM »
—¿Crees que sea una lagartija o un ave extraña?— preguntó Kana, haciendo una mueca de auténtico disgusto—Odiaría que de esto saliera un ave secretaria.

El cielo sobre sus cabezas se estaba desmoronando, un detalle menor, considerando el historial del grupo, pero ellos preferían discutir sobre la ornitología de un huevo.

La sola imagen mental de un pájaro elegante con pestañas de glam y piernas ridículamente largas le producía un escalofrío. Conociendo su suerte, su nuevo Child no sería una majestuosa entidad mística, sino una aberración zoológica con crisis de identidad.

—Prefiero una lagartija... —murmuró la HiME. Rozó el cascarón con la yema del dedo, apreciando el patrón de escamas que cambiaba de tono al sol, tornasol.

—Tranquila, presiento que es algo más grande. —Henry contemplaba el huevo, dispuesto sobre un cojín de terciopelo digno de la realeza británica —Un huevo de dragón, tal vez. En el folclore de las islas de Gran Bretaña lucen exactamente así.

—Tienes razón...

Como de costumbre, las palabras del rubio funcionaron como un sedante. Kana suspiró. Henry siempre tenía esa paciencia infinita, ese aura de esposo perfecto y padre ideal que cualquier chica desearía. Lástima que la cordura no fuera el fuerte de nadie en esa habitación.

A unos pasos, Cain los observó de reojo con el rostro completamente desprovisto de emoción humana. Mientras él y Ratio intentaban resolver ecuaciones para evitar el fin del mundo, Kana y Henry perdían el tiempo con ese huevo.

—¿Y crees que nazca pronto? —Kana arrugó la nariz.

La idea de criar a una criatura exótica en pleno apocalipsis no le entusiasmaba. Tenía un historial nefasto controlando sus poderes, un registro aún peor manejando a su anterior Child, y seamos sinceros: Kana no era capaz de mantener con vida ni a una suculenta, mucho menos a sí misma. La "maternidad" no era lo suyo.

—Tengo fe en que sí —dijo Henry con una sonrisa tranquilizadora —Llegará justo a tiempo en el momento preciso.

Ratio, que ya no aguantaba la sobrecarga de azúcar y cursilería, soltó un bufido mientras ajustaba sus cálculos.

—Más que especular sobre la zoología del asunto, Kana... ¿no te convendría calcular cuál de estos dos caballeros es el "progenitor"?

El comentario cayó como un balde de hielo. Sin tacto, sin amabilidad, 100% estilo Ratio.

—¿Q-Qué? —Kana se mordió la lengua, indignada.

—Piénsalo. Supuestamente Cain era tu antiguo Key, pero en esta línea temporal lo es Henry. Aunque, francamente, pasas una cantidad sospechosamente grande de tiempo con Cain... y con Henry.

—¡Eso no tiene ningún sentido!— Kana se puso en pie de un salto, con las mejillas ardiendo y el ceño fruncido—Cain tiene cero posibilidades de ser mi Key. No tiene absolutamente nada que ver conmigo.

—Vaya, no era para que te lo tomaras tan a pecho —siseó Ratio, disfrutando enormemente el berrinche.

—No entiendo por qué se indigna.. Si claramente el ofendido debería ser yo.— interrumpió Cain, hartándose de la comedia romántica. Se puso de pie ajustándose el chaleco.

—¿A dónde vas?

—A la biblioteca. A buscar un tratado de física cuántica...

Kana se dispuso a seguirlo para cantarle cuatro verdades, pero Cain no le dio tiempo. Cruzó el umbral de la biblioteca y se detuvo en seco.

La biblioteca de su tío Vincent había desaparecido. En su lugar, se encontraba en una oficina de estética oriental Meiji, donde el humo del incienso flotaba denso en el aire. Antes de que pudiera procesarlo, un par de brazos lo rodearon por la espalda y una nariz se hundió en su cuello, aspirando su perfume.

—Conque este es el famoso señorito Lancaster... Por fin tengo el placer.

Cain se congeló. Se desenganchó del sujeto con una lentitud prudente, manteniendo una distancia igual de prudente.

Frente a él había un tipo de cabello blanco, exageradamente presuntuoso, sonriendo como si acabara de comprarlo a él como un objeto de colección. No estaba solo. A su derecha, un albino de aspecto monumental lo miraba con ojos de asesino en serie; a su izquierda, un chico de cabello rosa con mascarilla jugaba perezosamente con el mango de una katana.

Ese último se le hacía extrañamente familiar.

—Ora, ora...—El pelirosa usó la empuñadura de la espada para alzar la barbilla de Cain, obligándolo a mirarlo—Cuánto tiempo.

—¿Te conozco?

—Tsk... Te haces el importante —el de la mascarilla rodó los ojos con fastidio—. Yo soy...

—¿Qué hacen en Lancannia? Es propiedad privada —interrumpió Cain, sin el más mínimo interés en sus nombres.

—Es tal como decían —comentó el peliblanco de cabello largo, manteniendo una sonrisa encantadora que no lograba ocultar lo mucho que le irritaba la indiferencia del inglés.

—El señorito Yosuke Mizoe —presentó el chico de la katana, señalando al líder. Luego apuntó al rubio alto —:Gaku. Y yo soy Sanzu.

—Ah, Sanzu... —Cain ató cabos. Sanzu era la sanguijuela personal de Manjiro Sano, Sano era la escoria delincuente que solía ser el Knight de Kana.

—Somos el Comité de Disciplina de Eventos Catastróficos de Rizembool— declaró Sanzu con orgullo.

—Y tenemos una larga charla pendiente... —añadió Yosuke, indicándole un asiento con un gesto teatral —Por favor, ponte cómodo. Mi oficina es un santuario. Adoro este incienso.

Cain observó el entorno: paneles de madera de la era Meiji, luz tenue y una colección de licores carísimos detrás de Yosuke.

—Supongo que alguno de ustedes tiene la habilidad de abrir portales.

—Así es— asintió Yosuke, apoyando los codos en el escritorio —Aunque no pienso decirte cuál de los tres lo hace.

—Es Sanzu.

Un silencio incómodo llenó la habitación. Yosuke parpadeó, frustrado porque el inglés le arruinaba la mística.

—¿Un poco de sake? —ofreció Yosuke, intentando recuperar el control de la escena.

—No, gracias.— Podría estar envenenado.

—¿Whisky?

—Estoy bien.

Cain notó cómo Gaku, el albino con cara de no haber sonreído jamás en su vida, se posicionaba justo detrás de su silla. Tanto él como Sanzu mantenían las manos peligrosamente cerca de sus armas.

—¿A qué se debe esta abducción?

—A que necesitamos hablar —Yosuke sirvió dos dedos de whisky de todos modos y hizo deslizar el vaso de cristal pesado por la mesa hasta Cain —He oído maravillas de ti. Ciertamente, en Rizembool no exageraban sobre tu intelecto. Me pregunto por qué rechazaste a la NASA cuando intentaron reclutarte.

—Queda muy lejos de Inglaterra.

—Japón también.

—En Japón estoy por extorsión, no por gusto— respondió Cain, soltando un leve suspiro para fingir que bajaba la guardia. Si esos dos lunáticos decidían decapitarlo, con la velocidad que aparentaban, ni siquiera lo sentiría —Colaboro contra mi voluntad con Rizembool únicamente porque prometieron dejar a mis hermanos fuera de esto.

—Lo comprendo perfectamente— dijo Yosuke, entrelazando los dedos con elegancia —Es el problema de trabajar con extranjeros: la lealtad siempre se queda en su tierra natal. Pero mi querido señorito Lancaster, Rizembool e Inglaterra comparten un historial muy antiguo. Tus antepasados ayudaron a cimentar esta institución. No entiendo por qué te muestras tan... arisco.

—Dudo que me hayan traído aquí para debatir mi árbol genealógico.

—Touché— rio Yosuke suavemente —Verás, Sanzu, Gaku y yo nos encargamos de corregir, o castigar, a los miembros que cometen imprudencias que alteran gravemente la línea temporal. Esos saltos en el tiempo y el desborde de energía crearon una grieta en el cielo. En términos sencillos: tenemos que disciplinar a los responsables de poner la realidad en jaque.

—Un momento— Cain se indignó —Yo no tengo nada que ver. Ni siquiera tengo poderes. ¿Cómo voy a ser responsable de un colapso cosmológico?

—Ciertamente la HiME y su acompañante apretaron el gatillo. Pero tú les diste la munición.

Cain no respondió.

—Eres parte de esto, Cain. Colaboraste en el caos al fabricar tecnología capaz de alterar el continuo.

—Soy genetista. No soy físico teórico ni ingeniero mecánico.

—Por favor... Eres la mente más brillante en biogenética, no por nada Liebheart te tiene mutando gente en sus laboratorios para insertarlos en los Rebels. Pero esa cabecita tuya da para mucho más. Le diseñaste a esa chica un neutralizador de energía para frenar a un Rebel, afectando la frecuencia temporal en una era donde ni siquiera existía la electricidad comercial... Colaborar con una HiME es grave.

—¿Qué pretendías que hiciera? ¿Que me quedara a vivir en el pasado?— espetó Cain —Lo hice para regresar a mi época. Esos dos me tienen sin cuidado.

—Sea como sea, ahora hay una grieta en el cielo que amenaza con tragarse el mundo.

Cain se acomodó en la silla, asimilando la situación.

—Como sea... ¿Cuál es la sanción?

—Además de una multa astronómica, seguirás "cooperando" en nuestros laboratorios hasta que aprendas a amar a Rizembool y lleves nuestro escudo con el mismo orgullo con el que llevas ese... —Yosuke señaló con la mirada el bordado en la ropa de Cain— ...emblema de Eton. Pero primero, tienes que arreglar el desastre del cielo.

—En eso estaba antes de ser interrumpido...

—Excelente. Sabía que entenderías. Eres un genio fascinante, Cain... Debería dejarte encerrado aquí conmigo para siempre.

—Eh...

Cain miró de reojo a Sanzu. Si en algún momento pensó que el pelirosa era el ser más desquiciado del planeta, definitivamente este Yosuke superaba su locura.

—¿Serían tan amables de regresarme a donde estaba?

—Por supuesto —Sanzu le sonrió de forma inquietantemente angelical por encima de la mascarilla —Tienes mucho trabajo por hacer...
« Last Edit: September 30, 2026, 08:45:51 PM by Kana »


Eureka

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1139: September 30, 2026, 08:21:43 PM »
“…Madara.” Eureka sonrió aliviada al cruzar miradas con el cantante. “¡Buenos días!”

Si el misterioso visitante hubiese sido otra persona… Eureka estaba segura de que habría corrido a la tina a esconderse. Sabía que tendría que saludar a Oikawa dentro de poco tiempo, pero le alegraba contar con más segundos de paz antes de la inminente crisis.

¿De dónde había salido ese sueño? ¿Qué sentido tenía reclamarle esas cosas a Lelouch? ¿Por qué había aparecido Oikawa de repente? Esas y más preguntas afloraron en su mente en cuestión de segundos.

Todo había sido muy vívido: desde el recuento de un momento bonito de su infancia en la playa de la isla privada de los vi Britannia en las Maldivas hasta la charla inesperada con su ex y su key al momento cumbre del atardecer en las arenas blancas de ese pequeño paraíso.

Increíble.

El estrés la estaba matando incluso hasta cuando estaba inconsciente.

“¿Oh? ¿Eureka-saaan? ¿Estás aquí o en otro planeta?”
“A-ah, lo siento. Me distraje un segundo.”
“Supongo que no has descansado todo lo que necesitabas. Siento que vas acumulando varias noches de sueño.”
“…” Eureka suspiró. “Quería refutártelo, pero es cierto. No puedo conciliar bien el sueño desde el domingo. Aunque de lunes para martes dormí cinco horas…”
“De seguro fue todo un logro.”
“La verdad, sí.” Eureka asintió. “Pero imagino que tú estás igual, ¿no? ¿Cómo te sientes?”
“Tranquila.” Madara le esbozó una sonrisa enternecida. “Voy a estar bien. ¡El trabajo me ayuda un montón! Y el club de canto ha sido un genial cambio de rutina. Ya estoy pensando en quién invitaré a la siguiente clase.”
“Ah… creo que dijiste que invitarías a otros idols para que te acompañen en algunas lecciones, ¿cierto?”
“¡Así es!”
“Me alegro.” Eureka le sonrió. “Bueno, terminaré de alistarme. Solo me falta ponerme los zapatos y listo. Me gustaría sacudirme un poco los pies porque aún siento granitos de arena en las suelas, pero no importa.”
“Ah. ¿Aún tienes arena en las plantas de los pies?”
“Sí, un poquito. Y am… bueno, no me gusta esa sensación. Además, no quiero manchar más la alfombra.”
“Está bien~ Te esperaremos en el lobby.”
“¿Qué? ¿El resto ya está listo?”
“Aún no. Estoy a punto de levantarlos.”
“¡Ah…! Si me das un momento, te ayudaré…” Eureka intentó regresar al cuarto para recoger sus zapatos, pero Madara la detuvo con una mano en el hombro.
“Tranquila.” Madara le dio un par de palmaditas en la cabeza. “Alístate a tu propio ritmo y nos vemos en un rato.”
“…” Eso le daba un poco más de tiempo para fingir demencia cuando encarara a Oikawa. “Okay. Gracias, Madara.”

El idol parecía tener la intención de decirle algo más, pero volvió a sonreír y, luego de una palmada más en la cabeza de la HiME, se retiró para continuar con su labor de despertarlos a todos.

Eureka cerró la puerta y se dirigió a la bañera para mojarse los pies. Levantó un poco el vestido que portaba y, con mucho cuidado, enjuagó sus plantas para remover las pocas partículas de arena que aún seguían ancladas a estas.

La HiME sintió que tal vez estaba exagerando un poco. Al fin y al cabo, no conocía a nadie que compartiera su tirria hacia la arena. Pero aquella sensación siempre le había parecido desagradable… y aunque agradecía que Oikawa y el resto le habían intentado limpiar un poco los pies antes de acostarla, no podía evitar renegar por el trabajo mal hecho de sus amigos y su Child.

Al menos la temperatura del agua era agradable.

Detestaba admitirlo, pero la idea de Madara de escaparse de la ciudad había funcionado al menos un poco. Era cierto que miles de preocupaciones aún surcaban por su mente y que habría preferido quedarse toda una semana echada en una tumbona sin hacer nada más que tomar vasos de shochu y té helado, pero esa noche de calma frente al mar le había permitido eliminar una pequeña parte del estrés que la había estado matando de a pocos desde el sábado pasado.

En ese momento, se sentía tranquila pese al sueño que había tenido y la ansiedad que la amenazaba con ahogarla .

No quería regresar a Tokio.

“…”

Eureka cerró la llave de la bañera y agarró una de las toallas colgadas en la ducha para secarse los pies. Corrió en busca de sus tacos y, luego de terminar de alistarse y chequear su reflejo en el espejo, recogió sus cosas y la tarjeta de la habitación para poder salir al fin del cuarto.

En el pasillo, se encontró con Neuvillette, quien yacía parado a un lado de la puerta del cuarto ubicado en frente del de su HiME.

“¿Neuvillette?”
“Buenos días, Eureka-dono.” El Child le sonrió. “¿Pudo dormir bien?”
“Un poco… Si te soy sincera, sigo cansada. Dudo que vaya a las clases de la mañana. Pienso dormir hasta la una y luego alistarme para la de la tarde.”
“¿Ya decidió qué hará conmigo?”
“…Creo que sí. Am…” Eureka se acercó a él, curiosa. “Ese es el cuarto de Oikawa, ¿cierto?” Y señaló la puerta abierta.
“Sí. Mikejima-dono y Tooru-dono están conversando. Parece que no tardarán en salir.”

Pero ella era impaciente y metiche, así que iba a entrar de todos modos.

“Gracias,” le dijo a su Child antes de pasar por su lado.

Al ingresar al cuarto, encontró a Madara y Oikawa conversando a un paso de la puerta.

Oikawa fue el primero en notar su presencia al estar frente a la entrada.

“A-ah, Eureka-chan. ¿Q-qué tal?” Su amigo se veía nervioso por algún motivo ajeno a su entendimiento. “¿T-todo bien?”

Madara se giró para evitar darle la espalda.

“Oh, Eureka-san~ ¡Eres muy rápida! ¡Mama está orgulloso de su hij…!”
“…Sí.” Eureka esquivó el abrazo del cantante y se acercó a los dos hasta quedar incluida en el grupo. “¿De qué estaban hablando? Sonaba privado y misterioso.”
“Am… ¿Nada?” Oikawa sonrió. “E-estábamos conversando sobre la posibilidad de repetir este viaje pronto… con más días y menos… apuro.”

La crisis que había albergado en su mente por culpa de aquel sueño raro se disipó de golpe al verlo en ese estado. No cabía duda de que el Oikawa de sus sueños había sido una versión idealizada del zopenco que tenía a un paso de ella.

Y pensar que lo había visto atractivo. La decisión en su mirada había hecho que su corazón latiera con fuerza… dentro del sueño, claro.

“Debo suponer que después del debut de tu single,” miró a Madara. “Y del campeonato universitario de volley,” y miró a Oikawa.
“¡Sí!” Oikawa puso los ojos en blanco. “¡Es obvio que tomaremos eso en cuenta! La semana que viene son las olimpiadas, así que también estará descartada.”
“…¿Ustedes creen que nací ayer?” Eureka los tomó de las manos.

Ambos se tensaron en el acto.

“¿Me van a decir qué pasó o quieren que los electrocu…?”
“Tooru-san está muy preocupado por ti,” confesó Madara. “Cree que debería haber sido la persona que te acompañara a la cena con Lelouch-san.”
“¡¿…?!” Oikawa solo atinó a sonrojarse e indignarse en el acto. “¡¿NO…?! Bueno, sí. ¡Pero no estábamos hablando de eso!”
“¿Entonces? ¿De qué?”
“…Am… ¿No sé? Estábamos planeando una visita a Chiikawa Park este…”
“¡¡¡No me mientan!!! Aunque eso suena divertido. Más Chiikawas y menos arena, huh… ¡E-en fin!” Y les pasó un par de corrientes por las manos.
“¡Lo que pasa es que…!”
“Yo te lo contaré, Eureka-san.” Madara sonrió.