Author Topic: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back  (Read 567978 times)


Cho


Hello gals <3

Para cualquier duda y/o consulta las invito a postear en el foro de planeación.

Sin más preámbulos~

*top 4*

*conteo*

Sayi :: 0 palabras
Nite :: 0 palabras
Cho :: 1394 palabras
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Now, let's carry on with those big HiME dreams...


Cho

Es extremadamente tarde, espero no andar zombie mañana haha (...) pensaba escribir más, pero creo que es un buen punto donde dejarlo por ahora. I shall dread to write the next scenes now.

118.4.

…



“Yato no Kami, se hace llamar,” dijo Ortho.
“Se hace llamar, dices…” Kashuu alzó una ceja.
“El causante de este perímetro escarlata es un prospecto de Rebel, y a su vez, un espécimen de Rizembool,” el niño asintió, en lo que observaba la pared roja a poca distancia de ellos. Era muy probable que sus ojos se encontraban analizando y escaneando dicho espacio en lo que daba esas explicaciones. “No solamente ello, sino que Yato no Kami es un espécimen creado en Rizembool enteramente, y no posee ninguna conexión fuera de los laboratorios. Tengo entendido que hasta su nombre fue una invención que él mismo se concedió. Especímenes no suelen ser dados nombres de ese tipo.”
“…” el arma se puso a pensar. “Si él se supone que es un espécimen, ¿qué hace tomando tantas libertades?”
“Eh, pues, es un poco incorrecto pensar que los experimentos son los más contenidos o los que se comportan mejor,” comentó Shiyoon, sonriendo incómodo. “Lamentablemente tengo muchas experiencias con los que se salen de lo normal y sus orígenes casi no tienen nada que ver con lo problemático que son. Más bien, son los más raros lo que suelen causar más estragos.”
“Yato no Kami siempre ha sido considerado un experimento fallido en el departamento al que pertenezco,” confesó Ortho, cabizbajo y con gran pesar. “Él es un ser muy fuerte y un posible Rebel con un gran potencial. En cuestiones de batalla, él llevaría a cabo su trabajo de manera ideal. Sin embargo, una evaluación psicológica y la propia naturaleza de sus poderes sugirió que dejarlo en libertad acarrearía más complicaciones de las aceptables. Lamentablemente, una persona de poder en Rizembool estuvo interesado en liberarlo y no pudimos oponernos.”
“¿Por qué no?” preguntó Kashuu. “Tch, al menos con este desastre no hay manera de dejar que un loco como este siga suelto.”
“Lamentablemente estos sucesos, por más desastrosos que sean, no cambian nada,” dijo el niño.
“¿Ah? ¿Cómo así?”
“Es por la jerarquía de Rizembool,” agregó Shiyoon.

…


“Dime, jefe, ¿todavía estás trabajando con el caso del muelle?” preguntó Taikei en lo que caminaba junto a Nukemaru por Rizembool. “Entiendo que eso sigue siendo un lío.”
“¿Hm? Pensé haberte dicho que esto no te correspondía,” comentó Nukemaru, indistinto, aunque mirando al otro con ojos inquisitorios.
“Eh, bueno, es que me preocupa mucho este caso,” el menor frunció el ceño e hizo un puchero. “Naoto ha andado investigando eso por su cuenta por estos días y quisiera hacer que deje de ocuparse tanto en eso…”
“Hmhm…” el pelirrojo rió por lo bajo y continuó con su mirada hacia delante. “Posees a una pariente muy admirable. Percibo una voluntad inquebrantable en ella, junto con un deseo sincero de ayudar. Le debemos mucho a esas personas con ganas y buenos principios.”
“Uhh… jefe…” Taikei se vio torturado. “No me gustó que casi pareció que la estabas alentando a que siga metiéndose en esto por más que no debería…”
“Fufu, ella verá qué hacer, no es tu tema,” Nukemaru observó una mariposa que pasó volando frente a los dos y siguió con su curso. Lo que sería el vuelo de un simple insecto para cualquiera le sirvió para observar una pequeña ‘muestra’ de los estragos en el bosque de Hanasaki U por el aleteo de dicha mariposa, algo que no necesitaba comentar ya que su más reciente recluta todavía no aprendía del todo a respetar los límites que poseía. “Si te sirve de consuelo, el ‘lío’ con respecto a los sucesos del muelle es la mayor limitación que me ha acompañado desde el primer día de mi trabajo como el líder de los Kamuro.”
“Hm…”
“Nosotros debemos poner a los que se salen de límites en su lugar. Sin embargo, por más que seamos un grupo regulatorio y disciplinario, igualmente debemos responder a la jerarquía que gobierna Rizembool,” se encogió de hombros, sonriendo rendido. “Lo que sería fácil de limitar o castigar en caso de tratarse de un grupo de Rebels revoltosos no puede ser tratado igual si los responsables son miembros reconocidos dentro de nuestra institución,” dio un suspiro antes de continuar. “Recuerdo bien al doctor Hojo quien fue un revolucionario y uno de los pioneros en mejorar y repotenciar la tecnología que hace que los Rebels existan. Él siempre poseyó un lugar en la cima de la jerarquía, por más que sus últimos años estuvieron repletos de líos e irregularidades que afectaron a más que nuestro departamento. Y, si bien el mundo nos ha hecho el favor de brindarnos el gusto de que aquel humano ya no esté con vida…”
“Ehm…” Taikei se incomodó por dicho honesto comentario.
“…” Nukemaru sonrió con ironía. Sin duda trataba con un buen chico que no podía ni desear a los verdaderos demonios lo que se merecían. “…si dicho científico fuera a salir de su tumba, sería extendido la carpeta roja y perdonado de todos sus garrafales errores para nuevamente ser impune a cualquier represalia. Pues, puede que el maestro ya no exista, pero sus aprendices han heredado su puesto en la jerarquía al igual que sus habilidades de ser científicos brillantes con más que cuestionables estándares.”
“Entonces, ¿quiere decir que uno de dichos aprendices es el responsable de todo ello?”
“Hmhm… no tengo por qué darte respuestas claras, Taikei. Estoy aquí enseñándote una lección con respecto a autoridad, y espero que la escuches,” observó el pelirrojo, entretenido. “Con lo referente al muelle, me encuentro en un estado en el cual sé cómo se dieron los estragos y a quién podría sancionar por una falta de sensatez y, sin embargo, esa persona está tan por encima en la jerarquía en comparación que si me atrevo a hacerle frente pondría a nuestro departamento en aprietos. En los ojos de Rizembool, mi labor de castigar y limitar a los faltantes en nuestro entorno se considera irrefutable para aquellos en la base de la jerarquía, y a lo mucho una formalidad para quienes habitan en la cima.”
“¿Eso quiere decir que estás viendo cómo tratar este caso por ser alguien con mucho poder?” preguntó el joven, con curiosidad.
“Podrías decirlo…” pese a aquella fastidiosa realidad, Nukemaru no inmutó su sonrisa. “He aquí que tienes que aprender que la falta de poder no nos limita completamente. Además de autoridad, tienes que aprender a cómo tomar el control de las cosas. Hay maneras de hacer que represalias lleguen por más que carezcan de la severidad o límites impuestos. Un prófugo de la justicia puede no ser encarcelado, pero la vida en la fuga viene con sus propias penurias. Igualmente, lo que a simple vista es inmunidad viene de la mano con un trabajo incansable de asegurarse de mantenerla a pie. Si preparo una manera de cuestionar la legitimidad en la autoridad de alguien, limpiar aquella tacha sirve de un castigo que puede ralentizar a aquel que pretende atropellar a los demás. Eso mismo es lo que busco hacer.”
“O sea, hacerles la vida imposible de otras maneras formales.”
“Lo has dicho muy bien, Taikei, aquel es el recurso que he escogido, y por ello mismo, continúo con las investigaciones para armar un caso que les sea un dolor de cabeza desbaratar.”
“Y con respecto a las HiMEs…”
“¿Hm?” Nukemaru borró su sonrisa y se notó extrañamente confundido. “Con respecto a ellas… ¿qué tienen que ver en esto?”
“O sea, no he dejado de escuchar que ellas fueron las revoltosas esa noche. Hasta Naoto anda muy decepcionada de lo que las HiMEs hicieron. Hubiera esperado que los Kamuro les darían una llamada de atención o algo…”
“Fufu…” Nukemaru no evitó reírse.
“Ehh, siento que he dicho algo tonto…” ladeó su cabeza.
“‘Llamada de atención’ es lo que la directora Miranda Lot les daría, y si bien tengo entendido, ella precisamente lo hizo. En mi punto de vista, como el líder, considero que los Kamuro no tienen nada que observar a esas HiMEs que fueron atrapadas en el caos de aquella noche, y que no dan indicios de ser malos elementos fuera de esos sucesos,” Nukemaru miró al menor de reojo, con una sonrisa un tanto desconcertante. “Las pocas veces que los Kamuro se decidieron a cruzar la barrera de las instituciones y perseguir a una HiME era con la intención de atraparla viva o muerta y someterla a un severo castigo. ¿Es que acaso quisiera que haga eso, Taikei?”
“¡N-no, eso suena aterrador! ¡Por favor no!”
“Parecías convencido a que se merecían un castigo.”
“Pues no, es sólo que… como no dejo de escuchar que ellas tuvieron parte de la culpa…”
“Es lo que ha corrido como rumores, lo sé bien. O sea, las HiMEs entraron a un lugar que no les correspondía, pelearon contra Rebels y civiles terminaron enloquecidos e internados en el hospital. La directora de Hanasaki les llamó la atención severamente… todo suena a que ellas son las culpables aquí, ¿no es así?”
“Pues…”
“Taikei, que esta sea otra lección con respecto al control,” Nukemaru sonrió con ironía. “Las HiMEs son principalmente el chivo expiatorio de lo sucedido esa noche. Obviamente actuaron fuera de los límites y fuera de lo esperado de su rol, pero no hicieron más que lo que un Rebel promedio haría en su día a día. Y, sin duda, ellas no son las que causaron que civiles enloquecieran en el recinto. Aquello fue producto de las acciones de otra persona.”
“Eh… entiendo eso…”
“Y esa otra persona está contenta de que las HiMEs se lleven la culpa, no porque es aceptado que ellas lo hayan hecho. Más bien, porque la presencia de ellas fue lo que llevó que dicha persona cometiera esa acción. Es la excusa perfecta, y en Rizembool, cualquiera lo aceptaría. Cualquiera se comería esa razón y de inmediato miraría a ese raro grupo de HiMEs como lo resaltante del caos, en vez de prestar atención a quién causó los sucesos en primer lugar.”
“Ya veo…” Taikei se notó algo desanimado por oír todo ello.
“Pareciera que las encargadas de Hanasaki fueron rápidas en enseñar disciplina a la HiMEs presentes aquella noche, mas no en dejarles ver toda la imagen,” Nukemaru se encogió de hombros, entretenido e indistinto. “Quizás ni ellas lo sepan con claridad. En fin, no que ello sea nuestro problema. Por más que esté en mi rol buscar poner límites a los responsables, a su vez nunca estaré del lado de HiMEs de Hanasaki que nos causaron problemas. Ello sólo serviría para desacreditarnos frente a los ojos de nuestro ecosistema.”
“Hm… no lo sé, jefe…” Taikei desvió su mirada. “Me sabe un poco mal. Yo pensando que ellas tuvieron un rol más grande de lo que realmente fue. Es injusto…”
“No te sientas mal por ellas, y en general, nunca te sientas mal por alguien quien aceptó participar en este loquerío de guerra,” observó Nukemaru, certeramente. “Porque les toca a ellos ser responsables de sus decisiones, y tu preocupación sólo te serviría para meterte en problemas.”
“Pero…”
“Hmhm…” no tenía por qué insistirle, ya lo iría aprendiendo poco a poco. “Pienso que me has acompañado lo suficiente por hoy. Date una vuelta y disfruta de este último día de las olimpiadas.”
“¿Eh? ¿En serio? Si apenas nos encontramos con tres personas…”
“Yo me encargaré del resto. Buen trabajo hoy, Taikei. Nos vemos mañana.”
“¡S-sí, muchas gracias!” hizo una reverencia. “¡Había un par de puestos que quería ver, espero que todavía estén abiertos!”
“Adelante…” le vio irse corriendo con sus usuales energías de siempre. Era todavía un niño en muchos aspectos, pero Nukemaru podía ver su potencial. Sólo necesitaba exponerlo a más con el tiempo para que comenzara a crecer como parte de su división.

Con el niño fuera de su cuidado, finalmente podía ir a revisar el desastre que ocurría en tiempo real. Nuevamente, aquel problemático aprendiz del infame doctor Hojo era responsable de que su más reciente ‘recluta’ causara tantos problemas. Si bien él no era quien respondería a la emergencia, Nukemaru iría a recolectar la mayor información posible. Crecer la cantidad de pruebas en su contra le permitiría preparar un caso aún más fuerte con el cual continuar desacreditando su tan fastidiosa autoridad. Al menos sus leales mariposas ya se encontraban grabando todos los sucesos desde diversos ángulos. Tenía que darles el alcance.

…



“…así que puedes entender que hasta los encargados de supervisar y controlar a los que se portan mal no pueden oponerse abiertamente a uno de los mandamases en Rizembool,” concluyó Shiyoon. Él y Ortho le habían dado una breve explicación a Kashuu sobre el porqué de la presente situación, y el motivo por el cual no pudo ser evitado pese a haber sido evidente que algo así iba a ocurrir. “Por eso está Ortho aquí monitoreando la situación, y hasta yo quien debe registrar lo que ocurre. Y bueno, Haku anda por aquí brindándome compañía.”
“Tch, no soy tu peluche o lo que sea, cállate,” el orphan estaba cruzado de brazos y desviando su mirada, intentando pretender que no se encontraba presente.
“…odio el sentido que tiene este desarreglo,” Kashuu apretó los dientes. “De por sí Rizembool se sale con las suyas demasiado, y veo que hasta es un problema interno. Y bien, ¿qué es lo que este espécimen quiere hacer aquí? Su terreno no deja de expandirse.”
“Creo que es evidente lo que quiere,” Ortho miraba a la pared roja. “Tienes razón en decir que su terreno se expande, pero esta pared no se ha movido en todo este rato.”
“Eh…” Kashuu se sorprendió un poco. Era cierto. Más bien…
“La pared se ha estado expandiendo en dirección a las HiMEs que todavía no ha podido atrapar, así que es obvio,” Ortho alzó su índice. “Yato no Kami está apuntando a las HiMEs.”
“Tch…” Kashuu apretó sus puños. “Aruji…”
“Sabes que no puedes ir tras ella, ¿recuerdas?” dijo Shiyoon, sonriendo.
“…lo sé bien, no me vas a dejar ir, ahora deja de sonreír así,” le miró de soslayo. “Ojalá mi aruji pueda encontrar un límite y escapar al exterior.”
“No… es imposible…” Ortho se apenó.
“¿Eh?” se angustió más. “¿Por qué lo dices, Ortho?”
“Esta pared es un poder que Yato no Kami posee. Él puede delimitar áreas y controlar ciertas reglas y propiedades dentro de las mismas,” dijo el pequeño. “Entre las cosas que puede hacer, sus paredes son selectivas. Él puede atrapar a quienes quiera, prevenir que ciertas personas ingresen, o simplemente dejar que uno entre y salga como se le plazca. Si él está apuntando a las HiMEs, entonces ellas deben ser el primer caso. Es decir, una HiME que entra a su perímetro no puede escapar sin importar lo que intente.”
“¿Hablas en serio?” se quedó en shock, y de inmediato recordó a Norimune instruirle que busque ayuda, específicamente para él mismo, luego de fallar repetidamente velar por Cho… nuevamente, ¿acaso él supo lo que sucedía desde el inicio? ¿Supo que su aruji estaba atrapada sin remedio? “Demonios… ¿por qué tenemos que esperar a que venga un especialista? ¡Esto es serio! ¡Deberíamos actuar más rápidamente!”
“Manten la calma, por favor, necesitamos a un especialista precisamente porque Yato no Kami no es tan fácil de detener,” observó Ortho, levantando sus dos palmas para señalizar a Kashuu que se tranquilizara. “Tú y tu HiME ya han peleado contra sus orphans y ellas no se pueden derrotar usando ataques físicos. Yato no Kami es exactamente igual.”
“Pero…”
“Tsk…” Hakuzosu se impacientó y dio un paso adelante. “No entiendo por qué los caprichosos humanos que se juran odio a muerte en la guerra de la nada son tan pacientes con un arma. Déjenle entrar a ese terreno maldito a que se desvanezca. Si su vida depende de su HiME, no importa lo que le suceda a él, él mismo decidió verlo así.”
“Eh, Haku…” Shiyoon sonrió incómodo.
“No importa lo que Kashuu sea o cuál sea su conexión con su HiME, él merece ser tratado con dignidad,” dijo Ortho, frunciendo el ceño. “Tú sabes que yo tampoco soy un humano.”
“Fuiste hecho para ser un humano y piensas igual que ellos, eso es lo que importa,” el kitsune apretó los dientes. “Ya tuve que pelear contra él y su HiME así que son mis enemigos. Si insisten en ser amables con él, ya entiendo que no soy aliado de ninguno de ustedes.”
“Eh…” Ortho se sorprendió y pensó en qué contestarle, aunque Kashuu tomó la palabra.
“Honestamente, estoy tan confundido como tú, orphan,” él negó y se encogió de hombros. “Yo estoy cometido a velar por mi aruji y ellos me detienen para protegerme, y hasta me explican todo esto. Sinceramente, no entiendo por qué. Lo aprecio, pero no tiene sentido.”
“Tú…” Hakuzosu le observó con tanta perplejidad como desconfianza.
“Veo que no confías en mí…” Kashuu dio un suspiro. “Somos enemigos, tú y yo. Ya parece ser muy tarde para que no lo seamos. A diferencia de ti, no puedo decir que te guardo el mismo rencor. No fue mi lado el que perdió aquella noche, tiene sentido.”
“Tsk…” el kitsune entrecerró sus ojos.
“Pero pues, aun siendo tu enemigo, lamento que las cosas se hayan dado de esa manera. No sé si le extendería simpatía a otros orphans, sin duda no lo hago con las orphans del maniaco que anda haciendo todo esto, pero veo que tú no eres esos monstruos sin sentimientos que carecen de una identidad fuera de atacar a los demás,” Kashuu le miró casi indistinto. “Sólo por eso, porque existes como tú, pienso que te mereces más que ser una ficha en el tablero.”
“…” estaba inconforme, era evidente que no podía confiar en esa arma, aunque tampoco sentía la inercia de contestarle.
“Bueno, es todo lo que puedo decirte. No espero nada de ti, asumo que tú tampoco tienes expectativas de mí. Pues…” el arma rodó los ojos. “Sé cómo son estas cosas. Puedes seguir odiándome, querer verme muerto. Estás en tu derecho, supongo…”
“Tsk… t-tienes mucha razón. ¡Verás que me vengaré de lo que tú y tu HiME me hicieron!” reclamó el kitsune, y luego de ello, curiosamente pareció satisfecho y desistió en protestar más.
“Hm…” Ortho ladeó su cabeza y se acercó a Shiyoon. “Es curioso, pero Kashuu me ha dado una presencia muy distinta.”
“Haha, pareciera que si no anda al pendiente de su aruji pierde todo deseo de ser desvivido y ‘Hanasaki-coded’,” Shiyoon sonrió intrigado. “Casi diría que parece más un miembro de Rizembool con ese nivel de desidia.”
“¿Qué se andan comentando ustedes?” preguntó el arma, alzando una ceja.
“¡Kashuu, sólo quiero recordarte que te ayudo y te explico todo porque somos amigos!” insistió Ortho, alegremente.
“Eres muy lindo por ello, Ortho, pero temo que andes diciendo demasiado sobre Yato a alguien de Hanasaki al punto en que puedas meterte en problemas,” comentó Shiyoon.
“Lo consideré, pero por los problemas que nos está causando, creo que esta cantidad de información compartida sobre Yato no Kami es un buen castigo para él,” admitió el pequeño.
“Haha, es una forma de verlo,” Shiyoon asintió y se dirigió al arma. “Entonces, si Ortho me permite participar en su ‘castigo’, para agregar a lo que él te estaba diciendo antes, Yato (por cierto, pienso que es adorable que Ortho continúe llamándole ‘no Kami’, sin duda este tipo disfrutaría el honor) se presenta como una persona tal y como cualquiera, pero al igual que sus orphans, no es que él sea muy ‘físico’ que digamos.”
“Eh… ¿cómo así?” se extrañó.
“Puedes mirar al perímetro que se ha expandido, a esta área enorme que ha encerrado a gran parte del bosque,” Ortho lo miró un momento antes de continuar. “Podrías pensar que Yato no Kami ha usado sus habilidades para conjurar estos límites, pero es más correcto decir que Yato no Kami se ha expandido para cubrir toda el área bajo su control.”
“La niebla roja e incluso sus orphans son más que sus poderes,” agregó Shiyoon, entretenido y encogiéndose de hombros. “Yato es ambas cosas. También es la pared frente a nosotros y está presente en cada unidad de área y volumen dentro del territorio que ha reclamado.”
“¿Él es la niebla roja? ¿También es sus orphans y las paredes a la vez?” preguntó Kashuu, desconcertado.
“Es un poco más técnico que eso, pero la respuesta más cercana es que sí, él es todo eso,” Ortho asintió. “Como te lo expliqué previamente, Yato no Kami fue creado dentro de Rizembool. Él es un espécimen particular que es incorpóreo por naturaleza, de un puñado de especímenes como él. A ellos se les conoce en nuestro círculo como ‘espectros’.”
“Espectros…” sonaba increíble. ¿Rizembool tenía a ese tipo de seres bajo su control? Las cosas no dejaban de sonar peor cada vez más.
“Ya parece que tu alma ha dejado tu cuerpo, siento por el shock, pero te viene bien saberlo,” observó Shiyoon. “Y por ello, tiene sentido que un ataque físico a una calcomanía humana que fuera a representarlo nunca derrotaría a un volumen muchas veces más grande. Los espectros son un dolor de cabeza y por más razones de las que te imaginas. Menos mal sólo tienes que lidiar con este, y quizás esta sea la única vez.”
“…” no quería ni preguntar los otros motivos que los hacía tan problemáticos.
“Y pensar que será asignado a alguna HiME a futuro, me apiado por quien fuera a ser…” dijo Ortho, apesadumbrado.
“Tsk…” Kashuu continuaba con los brazos atados. Definitivamente quería ir a buscar a su aruji por más peligroso que fuera, pero sabía que no le dejarían. Sólo le quedaba esperar lo mejor. Él le estaría informando de todo lo que estaba oyendo ni bien tuviera la oportunidad.

Sólo esperaba realmente tenerla…

…


Eureka

Estoy zombie uwu




“Tooru-san se siente mal porque cree que debería haber sido tu acompañante en la cena de anoche.”

Eso sonaba como una mentira muy descarada.

Eureka les pasó una leve corriente eléctrica a través de las manos.

“Auch~”
“¡Ack! ¡Ya, está bien! ¡Es una mentira! Osea, siento que sí debería haber estado ahí para apoyarte…”
“…Habrías golpeado a Lelouch. Madara estuvo a punto de hacerlo.”
“Así eees~”
“Ahora que lo pienso, ese también fue parte del motivo por el cual saliste del salón privado con Neuvillette, ¿no?” Eureka observó al cantante con visible curiosidad en su mirada. “De seguro sentiste que, si seguías ahí, lo molerías a golpes.”
“¡Yo no lo diría con tanta cizaña y tirria, pero supongo que sí!” Madara le sonrió. “Su actitud dejó mucho que desear desde el inicio. No quiero decir nada fuera de lugar, pero suena como un individuo distante y deshonesto. ¡Y eso que yo lo estoy diciendo!”
“…Tú eres más honesto de lo que crees.” Eureka suspiró. “O al menos eso siento… me has contado más sobre ti en estos meses de lo que sé sobre Lelouch en… ¿qué? ¿Casi catorce años?”
“A veces me pregunto de qué hablaban cuando eran novios,” comentó Oikawa.
“Yo también.”

La risa seca que surgió de su garganta sonó más patética de lo que había imaginado.

Eureka la ignoró por el bien de su sanidad mental.

“…La bendición —o maldición— del conflicto HiME me ha permitido olvidar mucho del tiempo que pasé a su lado. Recuerdo más cosas de nuestra infancia y algunos momentos del primer conflicto HiME en la preparatoria. Pero esos tres años de paz que tuvimos aquí en Tokio… son una mancha borrosa en mi memoria. Sé cómo era nuestra dinámica. La tengo muy clara. Es solo que… ya no estoy segura de que haya sido sincero conmigo. No tengo ni idea si de verdad sentía lo que decía sentir. Porque por más que me haya contado que había planeado terminar nuestra relación a inicios de este nuevo conflicto, siento que nunca estuvo seguro de lo que quería. No sé si solo accedió a estar conmigo porque éramos mejores amigos y era mi key… y tal vez creía que era una forma de apoyarme.”
“…” Oikawa y Madara la observaron en silencio con miradas comprensivas.
“¡W-wah!” Eureka soltó las manos de ambos y ondeó las suyas, desesperada por restarle importancia a sus palabras. “¡Olviden lo que dije! ¡Alistémonos para regresar a Tokio!”

Pero Madara se acercó a abrazarla. Y Oikawa lo imitó… aunque también tuviera que abrazar al idol en el proceso.

Era extraño como estos completos desconocidos se habían vuelto muy importantes en su vida de la noche a la mañana. Rizembool y Hanasaki eran los únicos culpables de que hubiera conocido al capitán del equipo de vóley de la universidad rival y a uno de los idols más famosos del momento.

Ambos eran raritos, alocados, desesperantes e impulsivos… pero Eureka los quería pese a todo. Y el cariño era mutuo. Su amistad servía como un recordatorio de que siempre podría encontrar amigos en los lugares más inesperados. Hizumi y Kanone habían cumplido ese rol tres años atrás… y ahora Madara y Oikawa habían aparecido para demostrarle que la vigencia de ese postulado aún no caducaba.

Y eso sin contar a Seven, otro loco que había aparecido un día a solucionarle la vida y alegrarle los días; Maka, su amiga más cercana de la carrera y Soul, quien seguía siendo un amigo querido y aliado pese al paso de los años. Además, había reforzado sus vínculos con sus amigas HiMEs: Kana, Cho y Sheryl. Y los actuales huéspedes de la mansión Vi Britannia aún estaban dispuestos a recibirla en la residencia como si nunca se hubiera marchado de allí.

El mundo no se iba a acabar porque Lelouch ya no la quería. Al contrario… la vida seguía.

Neuvillette era una prueba de ello.

Y su dueña tenía que ponerse las pilas.

“…” Eureka se alegró al notar que el Child se unió al abrazo grupal en silencio.
“No estás sola, Eureka-san,” le dijo Madara. “No sé si sea el mejor soporte emocional… la verdad, lo dudo. ¡Pero al menos tienes a Tooru-san!”
“¿Algún día dejarás de denigrarte?” Pese a sus duras palabras, Eureka se rió en el pecho de su amigo. “Te conozco… no sé. ¿Cuánto tiempo te conozco?”
“Podríamos decir que dos meses.”
“Bueno. Son dos meses en los que te has tratado a ti mismo de lo peor. Y no es por imitarte… ¡pero y eso que yo lo estoy diciendo!”
“Sí, Madara-chan.” Oikawa lo observó mientras los cuatro se separaban poco a poco. “Me choca un poco que seas tan distinto fuera de los escenarios.”
“Eso es normal en el mundo de los idols, Oikawa,” le recordó Eureka.
“¡Bueno, mi referencia era Nejire-chan! Y su personalidad es igual a como se muestra en sus presentaciones. En cambio, Madara-chan es distinto. Nunca pensé que podría ser tan… irónico y deprimente en la vida real.”
“¡Me ofendes, Tooru-san!” Madara sonrió. “¡Yo soy un soool!”
“Mm.” Neuvillette asintió. “Pese a alguno que otro comentario, la actitud de Mikejima-dono es muy entusiasta. Mejor dicho, la fachada que ha fabricado para tratar a los demás es alegre, pero…”
“¡Yyy nos vamos de vuelta a Tokio!” Anunció el aludido, escapando de la escena con pasos acelerados.
“…Jiji.” Eureka soltó una risita burlesca ante ello.

Aunque se mostró confundido al inicio, Neuvillette fue el primero en seguir al cantante.

“¿No te olvidas de nada?” Le dijo Eureka a Oikawa, mientras comenzaban a caminar detrás del Child.
“Nah. No traje nada más que mi celular y mis llaves. Ah… y tengo la tarjeta del cuarto en mi bolsillo.”
“Yo me arrepiento de no haber sacado un bolso anoche… Me molesta tener todas mis cosas en las manos.”
“…Si gustas, tengo espacio de sobra en mis bolsillos.”
“¿En serio?”
“Sí.” Oikawa le sonrió. “Al menos déjame ayudarte con eso por el momento.”
“…Bueno.”

Eureka se le acercó y le entregó sus cosas sin pensarlo.





El paisaje de regreso a Tokio estaba lleno de panoramas rurales: campos verdosos, hileras de casas pequeñas esparcidas por doquier y alguno que otro lago. No había nada fuera de lo común o que llamara la atención del grupo… al menos no hasta que llegaran a Yokohama y aún faltaba cierto tiempo para ello.

Sin embargo, lo más importante era que el trayecto carecía de vista al mar.

Tal vez por eso Neuvillette cayó rendido en cuestión de segundos: no había nada interesante que mirar por la ventana.

Además, el Jeep de Madara estaba sumido en un silencio muy extraño.

Parecía que todos andaban preguntándose lo mismo en sus mentes, pero ninguno se atrevía a vociferar lo que pensaba. Al fin y al cabo, la persona a la que querían hacerle esa pregunta andaba revisando sus redes sociales sin prestarle atención a ninguno de los dos curiosos.

“Madara, ¿podríamos pasar por la estación central de Tokio? Ha salido una nueva colección de… ¿Mm?” Eureka se interrumpió a sí misma al sentir la mirada de su amigo. “¿No deberías estar viendo el camino?”
“Ah, es que…”
“¿Tienes algo que hacer? No hay problema. Como ya planeé que faltaré a mis clases en la mañana, puedo ir por mi cuen…”
“Madara-chan y yo queremos hacerte una pregunta,” le dijo Oikawa.
“…¿Okay?” La HiME arqueó una ceja. “Am… ¿adelante?”
“¿Qué harás con Neuvillette-san?”
“Ah…” Eureka suspiró y bloqueó su celular. “Le dije que ya sabía qué haría, pero la verdad es que no tengo ni idea de qué hacer. Él y Mona me preocupan mucho. Uno más que el otro…”
“¿No pensabas encargárselo a tu hermano y a Totsuka-san?”
“Eso pensé… el problema es que Anna es chiquita.”
“Tu sobrina, ¿no?” Le preguntó Madara.
“Ajá. No sé si entienda la situación… ¡y no pienso contarle nada sobre mi vida secreta! Podría mentirle y decirle que es un primo lejano, pero dudo que sus papás estén muy de acuerdo con ello. Y que Neuvillette ponga de su parte. Además, me preocuparía que una niña sea la guía en esta vida de mi Child. Es probable que Neuvillette pase mucho tiempo con ella… y no sé si podrían ser buenas influencias el uno en el otro.”
“Creo que subestimas a Hakuryuu-chan. ¡Es muy sabio! Estoy seguro de que él guiaría a Anna-chan.”
“Eso no quita que sus padres puedan oponerse a la idea,” Eureka se giró a mirarlo desde su posición en el asiento de copiloto. “Y me siento mal de atormentarlos con algo más… Tienen muchas responsabilidades. No quiero encargarles a mi hijo… Ellos nunca han hecho lo mismo con Anna.”
“Podríamos… meterlo a Ensemble Square, Eureka-san,” sugirió Madara. “Aún quedan cuartos disponibles en el dormitorio Starmony. Anzu-san podría ayudarnos con eso.”
“¿Anzu?” Eureka saltó en su sitio. “¿La mánager y producer de Subaru Akehoshi?”
“Sí. Es mi amiga… o algo así.” Madara sonrió. “Creo habértela mencionado antes. Le pedí que me ayude a cuidarte de los medios. Todo el mundo querrá entrevistarte cuando salga el videoclip.”
“…” Oikawa apretó el puño de la rabia como la rata (?) al recordar que la interacción tierna entre su amiga y Madara quedaría plasmada por siempre en el video de una de las canciones del idol.
“Bueno, dudo que me reconozcan ahora que me cambié de look.” Eureka suspiró aliviada. “Así que esa es una preocupación menos.”
“Pero tu nombre está en los créditos.”
“…”
“Madara-chan, tal vez sería mejor que volvamos al tema de Hakuryuu-chan…”
“¡¡¡AAAAH!!!” Eureka se jaló los pelos como loca. “¡¿Encima de todo… la prensa me va a acosar?! ¡¡¡MADARA!!! ¡¡¡TE VOY A MATAR!!!” Y se lanzó a intentar electrocutarlo.
“¡¡¡Pero yo no hice nada!!!” Se excusó el cantante. “¡Nejire-san fue quien te invitó a participar en el videoclip!”
“Ay, cierto…” La HiME se alejó de él y se llevó las manos a la cara. “En fin… Oikawa tiene razón. Volvamos al tema de Neuvillette.”
“Bueno, te decía que podíamos meterlo a Starmony. Yo tengo un cuarto que no uso y no lo comparto con nadie. Aunque… podrían asignarme un compañero en cualquier momento.”
“¿Y si le pedimos ayuda a Haku-chan?” Oikawa sonrió. “Él podría cerciorarse de que esté bien y también podría estar al tanto de él.”
“Ah, cierto. Tu sobrinito acaba de mudarse a Starmony…” comentó Eureka. “Mmm… no me gustaría molestarlo, la verdad. Va a tener que adaptarse a la vida en esos dormitorios… sin mencionar que está lidiando con su nueva profesión y sus deberes de la preparatoria.”
“Tienes razón…” Oikawa asintió.
“Además, Rinne-san es un líder muy alocado,” comentó Madara. “De seguro Kohaku-san tiene más responsabilidades de las que parece.”
“Lo dudo.” Oikawa bufó al recordar a su sobrinito. “Puede que se vea muy independiente, pero es engreído.”
“¡Eso es porque tú lo consientes!”
“¡Sí! ¡Y está bien consentir a tus sobrinos!”
“Mm…” Eureka encogió los hombros. “Supongo que sí. Tal vez debería consentir más a Anna.”
“¿Tú tienes sobrinos, Madara-chan?”
“…No.” Madara mantuvo la mirada fija en el camino.
“Tú única hermana es menor que tú, ¿cierto? Lo leí en un foro hace un tiempo,” lo comentó Eureka.
“¡Ack!” El cantante saltó en su sitio, estrujando el timón con más fuerza de lo normal. “¿En serio?”
“No te miento. Es un rumor… pero esa publicación me hizo creer que era cierto. Contaba detalles sobre su relación y lo mucho que te resiente por algo que le hiciste hace unos años.”
“…” Madara suspiró. “Es probable… que ella misma lo haya escrito.”
“…Lo supuse. Al fin y al cabo, los medios no saben nada sobre tu familia. Eres un misterio.”
“¡Y lo seré por siempre!”
“Estás dejando de serlo.”
“¡Hohoho!” Las risas de Madara retumbaron por el Jeep. “Entonces, ¿qué harás con Neuvillette?”
“…Lo dejaré en tus manos.” Eureka suspiró. “No me queda más opción que esa… al menos hasta que consiga mi propio apartamento. Voy a chantajear a mis padres de ser necesario.”
“¡Pero…!”
“Gracias, Oikawa.” Eureka lo interrumpió y se giró a sonreírle. “Pero tengo que encargarme de esto yo sola.”
“¡¡¡Acabas de pedirle ayuda a Madara-chan!!!”
“¡¡¡No me voy a mudar a vivir con él!!!”
“Podrías, si quieres~”
“¡¿Q-QUÉ?! ¡NO! ¡CHSST! ¡CÁLLATE Y MANEJA!”
“…Ah.” La voz silenciosa de Neuvillette llamó la atención de todos. En algún momento de la conversación, se había despertado sin alertar a ninguno de los presentes.

“Un lago,” dijo, señalando por la ventana.

Ninguno de los tres tuvo el valor de decirle que eso, probablemente, era solo un pequeño estanque.





Antes de que Oikawa se bajara en frente del frontis del complejo residencial donde vivía, le devolvió sus pertenencias a Eureka y acordó con ella que ambos se saltearían el entrenamiento de ese día. Ninguno tenía las energías necesarias para cumplir su deber… y aunque Oikawa detestaba tener que faltar a la práctica, reconocía que no iba a aportarle mucho a su equipo por culpa de su estado somnoliento y agotado.

Lo mismo le sucedía a la HiME. El cansancio la había llevado a quedarse dormida ni bien pasaron por Yokohama en el trayecto de regreso a Tokio. Eso bastó para que Oikawa entendiera que Eureka no sería capaz de apoyar al equipo en un par de horas.

Sin mencionar que de seguro aún estaba muy afectada por lo que había ocurrido durante la cena con su ex la noche anterior.

“Nos vemos mañana, entonces,” le dijo Eureka. “Te aviso cualquier cosa.”
“…” Oikawa parecía querer decirle algo más, pero solo asintió. “Mm. Cuídate, ¿sí?”
“¡Tú también!”

El castaño se apuró en rodearla con sus brazos.

“…Oye. Voy a estar bien,” le dijo, enterrada en su pecho.
“…¿Segura?”
“Sí, hombre.” Eureka soltó una risita y se separó un poco para mirarlo a los ojos. “Tranquilo. No se va a acabar el mundo porque volví a hablar con Lelouch y medio que hice un pacto con el diablo. Ugh…” Suspiró. “En fin. Tenemos que concentrarnos en el campeonato y en la extraña calma que emana Kokichi. Debo suponer que está tramando algo…”
“…S-sí. ¡Sí!” Oikawa la tomó de los hombros para alejarla por completo de él. “De todos modos, sabes que… podríamos vivir juntos si te animas. D-digo, ¡podemos ser roomies!”
“Gracias por la oferta, pero ya dije que…”
“¡Piénsalo!” Oikawa salió corriendo en dirección a su complejo residencial. “¡Nos vemos, Madara-chan!”
“Hasta luego, Tooru-saaan~” se despidió Madara desde el asiento de piloto de su carro.

No cabía duda de que Oikawa estaba actuando muy raro.

Sin embargo, Eureka no tenía tiempo para enfocarse en eso. Tenía que regresar a la mansión, darse un duchazo, descansar, llorar (?), revisar los videos de Aventurine e ir a la estación de Tokio para comprarse un peluchito de la nueva colección de Chiikawa. Ese día era el lanzamiento de la colección de Halloween y, para su suerte, no había sistema de lotería para ingresar a comprar los productos.

Un tarjetazo de vez en cuando no le hacía daño a nadie. Además, dudaba que su madre se enojara por cargar 3000 yenes en la tarjeta de crédito de emergencias solo por un peluche de Hachiware…

“…También debería ir a las clases de la tarde,” musitó, pensativa. “Tengo Taller de Audio y Video y no debería faltar…”
“Qué extraño. ¿Por qué esa clase es especial?” Le consultó Madara, mientras arrancaba el motor para partir rumbo a la mansión HiME.
“Bueno, lo llevo con unos amigos muy queridos. No son de mi carrera, pero el ciclo pasado llevamos un electivo juntos, así que este también hicimos lo mismo. Y… han pasado cosas extrañas en estas semanas.”
“¿Ah, sí?”
“El jefe de práctica es muy raro… ¡E-en fin! Entonces, ¿puedo confiarte a Neuvillette?”
“Mm.” Madara asintió y sonrió mientras observaba el camino en frente de él. “Lo cuidaré.”
“Quedo en sus manos, Mikejima-dono,” dijo el Child, desde los asientos posteriores.
“¡Gracias por confiar en mí, Neuvillette-san! Aunque…” Madara aprovechó la luz roja para desviar la mirada hacia su amiga. “Tú también podrías quedarte a vivir unas semanas en mi departamento, Eureka-san.”
“¡¿QUÉ?!” Eureka se sonrojó al instante. “¡Ya te dije que no…!”
“Entonces, ¿qué tal si te alquilo un departamento en mi edificio?”
“¡PEOR!” La HiME saltó, indignada. “¡No quiero que gastes dinero en mí! ¡Además, ya habíamos acordado que Neuvillette se quedará contigo! ¡SOLO Neuvillette!”
“Bueno, ya sabes que mi hogar puede albergar a más personas. Tengo algunos cuartos de huéspedes disponibles. También podrías llevarte a Morgana-san.”
“…” Eso sonaba tentador. ¡Pero tenía que ser fuerte! ¡No podía dejarse llevar por las ideas alocadas de un idol! “¿Y qué hago con los paparazzi? ¡Ni bien se den cuenta de que vivo ahí, me acorralarán para preguntarme mil cosas!”
“Por eso, deberás ir con Neuvillette-san a todas partes. Se ven como primos… así que podemos inventarnos una excusa para justificar que vivan en ese edificio. Y si te incomoda mi presencia, podría pasar a vivir unas semanas en Starmony. Estoy seguro de que eso te haría sentir mejor.”
“No te quiero botar de tu casa.”
“¡No me botarías! No sé si recuerdas que hablamos de este tema cuando fuimos a conversar con Keito-san en ES, pero mencioné que a veces Sme quedo en los dormitorios porque es más sencillo que regresar a mi departamento. Tengo algunas cosas allí.”
“…” Eureka suspiró. “¿Estás… seguro?”

La luz volvió a cambiar de color y Madara no tardó en desviar la mirada hacia el camino mientras retomaba su ruta. Sin embargo, la sonrisa en su rostro se mantuvo imperturbable.

“¡Claro que sí! No hay problema, Eureka-san~ El único tema es que mi edificio no queda tan cerca de Hanasaki como la mansión HiME, pero confío en que podrás adaptarte a ese cambio.”
“Bueno, la mansión de Lelouch quedaba súper lejos… así que estoy acostumbrada a tener que lidiar con distancias largas. Al contrario… la mansión HiME me volvió a acostumbrar a llegar tarde a mis clases porque me confiaba que podía llegar a tiempo aun si salía con diez o quince minutos de anticipación…”
“Jeje~ Te diría que la puntualidad es importante, pero yo también a veces llego tarde a mis clases. ¡Pero solo a las clases! Siempre intento llegar media hora antes de los conciertos, reuniones de trabajo o entrevistas.”
“Y también has sido puntual con las clases del club de canto.”
“¡Ajá!”
“…” Eureka recordó el tema original y suspiró. “¿Me dejas… pensarlo hasta que lleguemos a la mansión HiME?”
“¿Eh?”
“Lo de vivir en tu departamento.”
“¡Ah! Claro, está bien.”
“…Gracias.”

Esperaba que aquellos 20 minutos bastaran para iluminarla antes de tomar una decisión tan delicada como esa.