Author Topic: SeeDs in the Garden – revival  (Read 4932 times)


Kora

Re: SeeDs in the Garden – revival
« Reply #45: January 31, 2019, 05:38:54 PM »

Hacía horas que la noche se había cernido sobre el antiguo castillo de la Orden de los Sagrados Caballeros de Aetheria, y eran pocos los que atravesaban sus corredores sin un buen motivo.

Kliff Undersn, sin embargo, no encontraba la razón por la que vagaba por el pasillo principal, como todas las noches que pasaba en vela. Aunque estuviera ya retirado, su autoridad era vitalicia, y las dos personas que se lo habían cruzado ni se habían planteado cuestionarle, dedicándole tan sólo un breve y formal saludo.

Sus pasos, más cortos y lentos de lo que le hubiera gustado admitir, le habían llevado hasta la estatua de Aether en la entrada. Hecha de oro macizo, se elevaba hasta casi alcanzar la cúpula de la estancia, y desde los varios metros de altura, parecía vigilar a toda alma que entrara en la Orden con una mirada severa.

Pero hacía años desde la última vez que Kliff había sentido la más mínima pizca de temor ante el gigante de metal. Sus creencias se habían convertido en humo y cenizas, las cuales simplemente se le escurrían de entre los dedos cuando intentaba agarrarlas, y Aether no era más que una idea lejana en su mente, un personaje de ficción sobre el que se habían construido demasiadas mentiras.

Kliff dejó ir un largo suspiro. Por unos momentos contempló el volver a su dormitorio y tratar de conciliar el sueño allí mismo, pero el resultado iba a ser prácticamente igual, y al menos, no sentía la opresión de estar encerrado entre cuatro paredes.

La calma que sentía en aquellos momentos no duró mucho. Reconoció al instante aquellos pasos cortos y rítmicos que se acercaban, y los músculos en su cuerpo se tensaron. La presencia del subdirector Gavin nunca le había resultado ni lo más remotamente tranquilizadora.

- Buenas noches, Comandante Undersn. - Saludó educadamente, esbozando una sonrisa que no llegaba a tocar sus ojos.
- Buenas noches.

Apenas se giró a mirarle al responder, con la esperanza de que Gavin no decidiera continuar la conversación. Sus planes, sin embargo, fueron truncados, y éste se colocó a su lado, con las manos detrás de la espalda.

- Siempre me ha gustado esta estatua. - Comentó distraídamente, y ladeó la cabeza hacia él. - Aunque no se me ocurriría venir a mirarla a estas horas de la noche. ¿Algún motivo en especial?
- No realmente. Sólo estoy... dando un paseo.
- Empieza ya hacer buen tiempo. Yo tampoco puedo conciliar el sueño. -

Kliff permaneció en silencio. Gavin no parecía tener ninguna intención de dejarlo en paz.

- ¿Le apetece tomar un té en mi despacho, Comandante?
- No, gracias, no hace falta que te molestes.
- Bueno, en realidad, había un motivo oculto detrás de mi oferta.

Interiormente, Kliff resopló, conteniendo una risa sarcástica. ¿Cuándo no se había andado Gavin con segundas intenciones?

- Me gustaría comentarle ciertos asuntos internos de la Orden.
- Creo que te confundes, Gavin. - Kliff entrecerró los ojos. - Yo dejé de ser Comandante hace cuatro años. Tendrás que esperar a que Ky encuentre un rato libre.
- Por supuesto, pero es un asunto algo urgente. - Gavin calló por unos momentos, mirando distraídamente a la estatua. - Hemos recibido unas noticias inquietantes.

Aunque había tratado de fingir serenidad, aquel fue el empujón necesario para que Kliff se pusiera totalmente en guardia. El secretismo con el que Gavin estaba hablando unido al hecho de que parecía querer dejar a Ky a un lado no podía significar nada bueno.

- Está bien. Vamos a tu oficina.
- Perfecto.

El despacho de Gavin se encontraba en el ala este de la Orden, y a diferencia del resto de oficinas directivas, se hallaba en el primer piso. Kliff no estaba seguro de a qué se había debido aquel cambio, del mismo modo que no estaba seguro de muchas cosas acerca de la llegada de Kristoph Gavin al Jardín.

No había, sin embargo, nada sospechoso en aquella oficina. Parcamente decorada, las paredes estaban recubiertas por paneles de madera, con el ocasional cuadro o estantería, y sobre el suelo había una gran alfombra indriya auténtica. Aparte del escritorio y una pequeña encimera detrás de éste, no había otro mueble en la estancia.

- Por favor, siéntese. - Le indicó Gavin, mientras colocaba dos pequeñas tazas de té en la mesa. - Muchas gracias por venir.
- No hay problema.

Gavin sirvió el té cuidadosamente, y deslizó una de las tazas hacia Kliff. Mientras se giraba para colocar la tetera en su sitio, Kliff examinó su taza. No se había considerado nunca un hombre paranoico, pero cualquier noción de tranquilidad se le disipaba al estar cerca del subdirector Gavin.

- ¿Y bien? - Preguntó una vez se hubo sentado. - ¿De qué asunto tan urgente querías hablarme?
- Verá, Comandante... lo diré sin rodeos. Durante meses hemos tenido un espía eiri en la Orden.

Kliff frunció el ceño, genuinamente sorprendido. Todos los Caballeros pertenecían a familias de renombre o al menos, tenían buenas recomendaciones, y cualquier trabajador de la Orden era rigurosamente investigado para evitar, precisamente, casos como aquel.

- ¿Cómo es eso posible?
- Eso no es lo importante. - Gavin levantó una mano. - Lo importante era lo que planeaba. Comandante, llevan meses preparando un golpe contra el Comandante Kiske.

Aquello le sentó como un mazazo en el pecho, quitándole de un golpe todo el aire en los pulmones. La idea de que alguien hubiera podido estar tan cerca de terminar con la vida de Ky era algo con lo que Kliff apenas podía lidiar.

- No se preocupe, Comandante, lo hemos cogido a tiempo. - Gavin trataba de sonar conciliador, como si no hubiera realmente un motivo por el que preocuparse. - Cálmese.

El subdirector alzó su taza de té, dando un sorbo. Respirando hondo, Kliff tomó la suya, llevándosela a los labios. El cálido humo que rezumaba el té le devolvió cierta noción de la realidad, y no permitió que el líquido siquiera le rozara. No podía fiarse de Gavin, y mucho menos correría ningún riesgo cuando la vida de Ky podía estar en peligro.

- No va a tranquilizarse, ¿verdad? - Gavin negó con la cabeza. - Creo que no le he hecho ningún favor al contárselo.
- No, te lo agradezco. - Respondió Kliff, dejando la taza en la mesa. - Mañana hablaré con Ky sobre esto.
- Precisamente... queríamos mantener al Comandante al margen. Añadir una preocupación más cuando tenemos todo bajo control... ¿no le parece innecesario?

Aunque lo odiara, Kliff tenía que darle la razón. Ky se dedicaba en cuerpo y alma a su trabajo, era más que probable que a aquellas horas de la noche aún estuviera revisando cualquier cosa. Si pudiera quitarle un peso de encima, uno tan grande como ser el objetivo de un asesinato, quizá fuera el primer favor que le hacía en mucho tiempo.

- Eso mismo pensaba yo. - Gavin se subió las gafas con el índice. - Todavía no hemos podido sacarle mucho, aunque parece ser un experto en nuestro joven Comandante. ¿Quizá quiera revisar las rutas y horarios que había establecido...?
- Sí. - Kliff asintió. Ya había decidido colocar una patrulla que mantuviera vigilado a Ky, y una información de ese tipo sería muy útil. - Buena idea.
- Perfecto. Sígame, por favor.


Kora

Re: SeeDs in the Garden – revival
« Reply #46: February 28, 2019, 06:36:43 PM »
el mes que viene: going✈✈reancrow in galbadia



Sin mediar ninguna palabra, y dejando su taza de té a media, Gavin se dirigió a una puerta en la estancia. Kliff había pensado todo el tiempo que sería un pequeño baño, pero al ver cómo el subdirector la abría pulsando un pequeño panel disimulado por un cuadro, se dio cuenta de que no era nada de eso.

La estancia a la que daba la puerta estaba en penumbra, siendo imposible ver nada en su interior. Gavin le hizo un gesto con la mano para que se acercara, y ambos se adentraron por un pasillo tenuemente iluminado por unas luces azules en el techo, cerrándose la puerta detrás de ellos.

- ¿Qué... qué es esto?
- Oh, sólo es un almacén. Aquí es donde guardo todos mis secretos.

El sonido de sus pisadas le indicó que el suelo era metálico y hueco. La iluminación era insuficiente como para que pudiera asignarle una forma a las siluetas a los lados, pero pronto empezó a ver como otra fuente de luz se colaba por unas rendijas en el suelo. Habían llegado a una escalera, y Gavin se adelantó.

- Comandante, no se asuste por lo que va a ver.

Algo en su mente le instaba a que huyera de aquel lugar. Lo que había dicho Gavin bien podía ser verdad, y sin embargo, se había dado cuenta demasiado tarde de que simplemente había pinchado uno de sus puntos más débiles.

Y Gavin estaba sonriendo. Nunca le había gustado su sonrisa.

- No puede volver atrás.

Sin mediar palabra, el hombre se dio la vuelta, y descendió por las escaleras.

Kliff lo siguió, sintiendo como le hervía la sangre. Había caído de pleno en la trampa de Gavin, tan inocente como un niño. Cada escalón se le hizo eterno, preguntándose qué iba a sacar el subdirector de aquello.

Un fortísimo olor a antiséptico llenó sus fosas nasales cuando apenas iba por los últimos escalones. Debajo de la estructura metálica había una amplia estancia en la que sólo se encontraba, iluminada entre una densa penumbra, una figura rectangular blanca, conectada a un conjunto de aparatos tras ella. Máquinas que emitían un pitido leve pero constante, marcando en una pantalla unas líneas al mismo ritmo.

Gavin se interpuso en su visión, mirándole con una sonrisa amplia en los labios. Se subió las gafas antes de hablar:

- Comandante, hace cuatro años, debo admitir que estuvo a punto de adelantárseme un paso.

Kliff entrecerró los ojos. Cuatro años antes... cuando Ky fue elegido Comandante.

No. Casi pudo oír las piezas encajando en el puzzle.

Cuando Orpherus fue elegido Comandante.

Miró horrorizado el rectángulo blanco tras Kristoph. La luz azulada hacía brillar una cubierta de cristal. Un ataúd, y sabía perfectamente quien estaba dentro.

- ¿¡Cómo te atreves...!? - Empezó, sintiendo como si un fuego le recorriera el cuerpo.
- ¿Qué posibilidades había, Comandante? - Kristoph ladeó la cabeza, inquisitivo. - El Síndrome de Duplessis es congénito, y sin embargo, llevaba generaciones sin manifestarse en los Kiske.

¿Qué posibilidades había?, era la misma pregunta que Kliff llevaba formulándose tantas noches. Una broma cruel del destino, que había conseguido quitarle a un hijo cuando creía que había conseguido salvarlo... y ahora veía que no había nada de casual en ello. No, ni el azar ni la genética le habían arrebatado a Orpherus. Había sido el hombre que tenía frente a él, sonriendo ladinamente.

- Acertaste, Comandante. Aetheria necesitaba a Ky. Ky tenía que continuar la guerra contra los eiri, y terminarla de una vez por todas. Y necesitaba un gran motivo.

Kristoph volvió a ajustarse las gafas sobre el puente de la nariz. El fuego dentro de su cuerpo empezaba a quemar, el corazón le latía tan fuerte que podía oírlo en las sienes como un tambor, y sin embargo, no podía llegar a moverse. Su cuerpo estaba paralizado.

- Ky ya había perdido a sus padres a manos de las revueltas. ¿Llegaría a detenerse antes de matar al último eiri en el reino, si éstos le quitaran a su hermano? - Negó con la cabeza. - Sin embargo, alejando a Orpherus de Aetheria, me complicaste las cosas. Los eiri no tendrían tantos recursos como para perseguirlo simplemente por dar un golpe emocional al Comandante.

Con un grito de ira, Kliff se lanzó hacia Kristoph, que lo esquivó grácilmente. El ataúd blanco detuvo su carrera, y con las palmas apoyadas en la cubierta de cristal, vio el rostro de Orpherus Kiske.

Las manos le temblaron al verlo y entender que seguía vivo. Podía oír su respiración a través del tubo conectado a un tanque de oxígeno, su pecho subía y bajaba lentamente, y aunque algo pálido, su cuerpo todavía conservaba color.

- Fue entonces cuando me di cuenta de que me sería más útil así.
- Orpherus... - Susurró Kliff con el último ápice de aire que le quedaba en los pulmones.
- No te molestes. - Kristoph hizo un gesto con la mano. - No puede oírte.

Kliff trató de hablar, responder cualquier cosa ante la terrible realidad que finalmente empezaba a entender. Pero lo único que salió de sus labios fue un borbotón de sangre, salpicando la tapa de cristal del ataúd, y cayó de rodillas al suelo, tosiendo sólo líquido rojo.

- Te preguntarás qué planeo hacer con él. Comandante... ¿qué no haría Ky Kiske por su hermano? Cuando le devolvamos a Orpherus, desvalido, amnésico, perfectamente manipulable... ¿Qué no hará por nosotros?

Nosotros. No habían sido más que meras piezas en un juego que ni siquiera hubiera podido comprender. Una fuerte sacudida recorrió su cuerpo, haciéndole toser un torrente de sangre. El líquido caliente resbalaba por sus labios, pegándose a su barba y manchando sus manos.

- Comandante, volvemos al plan original. Un ancla emocional con la que controlar al Comandante, y un motivo para la más cruel e implacable de las venganzas.

Gavin avanzó unos pasos hacia él, deteniéndose a unos centímetros del charco de sangre que se había formado. Su sombra se proyectaba sobre Kliff, amenazadora, imparable.

- Pero ahora se han invertido los papeles. Gracias por los servicios prestados, Comandante Undersn.

Las fuerzas abandonaron su cuerpo. Incapaz de sostenerse, cayó al suelo. Su visión se iba haciendo cada vez más borrosa, pero era incapaz de apartar la mirada del ataúd blanco. Apenas podía extender los dedos para tratar de alcanzarlo.

Antes de que todo se oscureciera, oyó la voz de Kristoph por última vez:

- Por cierto, me ha decepcionado mucho que rechazaras mi té. Lástima que el veneno se encontrara en la taza.
« Last Edit: February 28, 2019, 06:42:39 PM by Kora »


Kora

Re: SeeDs in the Garden – revival
« Reply #47: June 30, 2019, 09:23:20 PM »
Estaba ya en la cama cuando de repente me he acordado de que aún no había posteado shgdljAAAAAAA. El mes que viene abro el tema de gaidens/precuelas/whatever
Las campanas repicaban, anunciando la llegada del mediodía. Con aquel grave ritmo, los pasillos de la Orden de los Sagrados Caballeros de Aetheria se llenaban de sus jóvenes guerreros, que terminaban de formar una harmoniosa melodía con el acompañamiento del murmullo, suave pero constante, de sus voces. Aquellos días, sin embargo, el rumor era mucho más fuerte de lo normal, y además, más frecuente. No era de extrañar, ya que el Jardín estaba pasando una importante transición, y más que las horas, las campanas parecían anunciar la llegada de la nueva era.

Una era que parecía no llegar y cuyo retraso no hacía más que alimentar la impaciencia de los Caballeros. Y aunque mantener la calma y el orden era prioridad para los más responsables, ni éstos mismos parecían librarse de aquella incertidumbre.

- ¿No os da la sensación de que están tardando demasiado en pronunciarse?

Mientras cruzaban el pasillo que unía el área de entrenamiento, la joven Caballero Beatrix miró interrogante a sus dos compañeras con el único ojo que le quedaba. El otro, que había perdido recientemente en combate, estaba cubierto por una vendaje que enmarcaba así su rostro junto a sus cabellos castaños.

- No esperaba que te quejaras de algo así.

Le había respondido su compañera, la también Caballero Juri. Apartó con su mano uno de los tirabuzones anaranjados sobre su rostro, cayendo el resto en suaves ondas sobre su espalda. Su expresión serena, casi altiva, se veía cruzada por la manera en que arqueaba su delgada ceja.

- No me quejo. - Respondió Beatrix, impávida. - Más bien me preocupa.
- Todos estamos preocupados. No estoy segura de qué debe hacerse durante la sucesión de un Comandante.
- Yo también pienso que es mucho tiempo. Más sabiendo que la decisión es entre dos.

La última de aquel trío en pronunciarse fue Celes, con sus palabras tan frías y secas como el elemento que manipulaba. Al caminar, escudada entre sus dos amigas y compañeras de equipo, su cabello rubio ondeaba a su alrededor como un halo dorado.

En respuesta a sus palabras, Juri levantó aún más las cejas.

- Quizá es por eso por lo que tardan tanto. Es más difícil elegir entre dos.
- Ambos son excelentes candidatos. - Beatrix apoyó las palabras de su compañera. - Y los pupilos del Comandante Undersn.
- Hay quien dice que es eso precisamente lo que les ha colocado en la línea de sucesión. - Juri enmascaró sus palabras con un tono serio, sin llegar a indicar si estaba de acuerdo o no con ellas.
- Favoritismo es una palabra que se usa muy ligeramente, aunque es cierto que el Comandante les considera como sus hijos.
- No me extraña. - Juri se cruzó de brazos. - Los puso bajo su tutela apenas llegaron.
- Me parece haber oído que el Comandante y el padre de los Kiske eran buenos amigos.

Un momento de silencio se hizo entre ellas, dudando de quien tendría que ser quien dijera lo que estaban pensando las tres. Finalmente Juri fue quien tomó la iniciativa.

- ¿De verdad piensas que es sólo por deber y respeto para con su fallecido compañero?
- No. - Beatrix negó con la cabeza. - Seguro que algo tuvo que ver lo que ocurrió con su familia. Su mujer estaba esperando un niño... qué horror...

La tragedia del Comandante Undersn era un secreto a voces en la Orden, algo que nunca se mencionaba en público por mucho que se supiera. Sin embargo, y nunca por fortuna, aquella desgracia había servido para hacer del hombre alguien más cercano a los Caballeros, muchos de los cuales habían sufrido pérdidas similares, uniéndoles en el dolor de la guerra.

- Pero eso fue mucho antes de que los Kiske llegaran aquí. - Continuó la joven. - Supongo que esas heridas nunca llegan a curarse.
- Cuando ellos llegaron, necesitaban del Comandante... pero quizá él también necesitaba de ellos.
- Es una manera muy poética de expresarlo.
- Gracias.

Las tres Caballeros continuaron andando, intentando apartar de su mente los recuerdos que traía el hablar de ese tema. En mayor o menor medida, ninguna de ellas era demasiado ajena a la pérdida de un ser querido.

- Pero eso sólo provoca más habladurías. - Dijo Juri. - Es imposible que no piensen que hay favoritismo.
- Hay mucha gente que aspira al puesto de Comandante... - Explicó Beatrix. - Muchos candidatos que no soportan verse fuera de la carrera.
- Como Almasy. - Apuntó Celes, entrecerrando los ojos. - No sé como puede soñar despierto con eso.

Seifer Almasy era uno de sus compañeros de curso, un joven que destacaba sobremanera en el campo de batalla... y fuera de él. Su ímpetu y ambición iban más allá de la lucha, y era precisamente por su fuerte carácter por lo que se había ganado el miedo o la antipatía de muchos. Para las tres jóvenes, que más de una vez habían tenido un encontronazo con él, era lo segundo.

- No es el único. - Beatrix asintió. - También hay muchas familias nobles que consideran que son demasiado jóvenes... ofreciendo a sus un poco más mayores hijos como candidatos.
- ¿Y eso no es más favoritismo? - Celes entornó los ojos. - Al menos los Kiske han demostrado que merecen el puesto.
- Sí. - Juri no pudo más que darle la razón. - Hemos participado en un par de campañas con Orpherus, así que lo conocemos de primera mano. Ky parece igual de formal que él.
- O más, incluso. Aún recuerdo cómo se sonrojaba la primera vez que nos habló.


Kora

Re: SeeDs in the Garden – revival
« Reply #48: July 31, 2019, 05:08:11 AM »

Ante el comentario de Beatrix, Celes y Juri esbozaron una sonrisa al recordar como un joven Ky había tratado de sonar firme al dirigirse a ellas por primera vez, sin demasiado éxito. Siendo el hermano menor de uno de sus compañeros, era difícil para ellas no pensar en él con cierta familiaridad a pesar de que pudiera estar a días de convertirse en Comandante.

- Sólo tenía doce años. - Comentó Juri. - Ahora es todo un hombre que puede ser el Comandante.
- Tiene dieciséis años. - Dijo Celes. - Quizá no lo elijan por eso.
- Eso no es decisión nuestra. - Suspiró Beatrix.


Segundos después de las palabras de Beatrix, una estudiante chocó contra ella. La chica trastabilló, y hubiera caído al suelo de no ser por que Celes llegó a alcanzarla rápidamente, sujetándola por la muñeca.

- ¡Mis disculpas, señoritas! - La chiquilla hizo una corta reverencia, frotándose donde la Caballero la había sujetado, probablemente por el frío contacto de la joven.
- Por favor, ten más cuidado. - Le indicó Juri.

Asintiendo, la estudiante se marchó con paso acelerado. Las tres la observaron alejarse por si acaso volvía a repetirse el incidente, pero cuando desapareció de su vista sin causar problemas, siguieron su camino y su conversación.


- Al menos, tengo la esperanza de que cualquiera de los dos podrán mantener un poco de orden aquí.

Dando por terminada la conversación, se marcharon hacia el comedor, con el sonido de fondo de las campanas repicando una vez más con el segundo aviso. Ninguna de las tres imaginaba que la decisión que tanto revuelo estaba montando en la Orden había sido tomada aquella misma mañana.

***

Orpherus había pasado casi una hora en su dormitorio, ocasionalmente recorriéndolo de arriba a abajo con airados pasos, sentado frente al escritorio donde permanecía, abierta y desdoblada, una carta oficial de la directiva de la Orden. Una carta llegada aquella misma mañana, entregada en mano por el secretario que había ido a buscarlo en persona, y que significaba el principio de una serie de sucesos que cambiarían su vida completamente. Mentiría si afirmase que se sorprendía totalmente por su contenido, aún si, cuando mantenía entre sus dedos el papel, le costaba creer las palabras que habían escritas en él.

Finalmente había llegado el día, ansiado y temido por el joven, y aún para entonces, no tenía ni idea de qué iba a hacer. Necesitaba pensar en frío, tener una mente despejada para llegar a tomar la decisión que fuera más beneficiosa para todos. Sentado en la cama, con la cabeza apoyada en las manos, trató de digerir la realidad. Tras días de incertidumbre y tensión, finalmente había llegado la resolución que tanto esperaban. El nombre del que había de suceder en el puesto del Comandante, elegido por la directiva y representantes de la cámara papal aetheriense, se encontraba escrito en aquella carta.

El suyo.

Había llamado a la puerta del despacho del Comandante con el corazón latiéndole a un ritmo casi inhumano en el pecho. Tenía la impresión de que todo era un extraño sueño, un reflejo en su mente de sus deseos y miedos. Pero la madera contra la que chocaron sus nudillos era tan dura y fresca como siempre, y la voz que le dio permiso para entrar era la misma que tan bien conocía.
En el despacho, el Comandante Undersn lo esperaba detrás de su escritorio, con el barbudo rostro apoyado en las manos. La expresión seria que mostraba intranquilizó aún más a Orpherus, que entró en la sala con pasos cortos y lentos, apretando la carta entre sus dedos.

- ¿Lo esperabas? - Preguntó Kliff primero, viendo la duda e inseguridad en él.
- ...No lo sé.


Kora

Re: SeeDs in the Garden – revival
« Reply #49: August 30, 2019, 09:23:36 AM »
Miles de preguntas se agolpaban en su mente. ¿Por qué yo? ¿Por qué no Ky? ¿Por qué no otro? ¿Qué debo hacer? ¿Qué puedo hacer?... Pero entre todas había una que era primordial, mucho más importante que cualquier otra, y que el Comandante esperaba, dejándole el turno de la palabra.

- ¿Lo sabe Ky?
- No si tú no se lo has dicho. - Respondió con serenidad, dejando salir el aire por la nariz y cerrando los ojos. Parecía cansado. - Orpherus, hijo, siéntate.

Hizo lo que decía, ocupando la silla frente a él. Desdobló la carta al tiempo que la dejaba en la mesa. A excepción de las arrugas que había provocado con su nervioso manoseo, estaba completamente intacta.

- ¿Qué vas a hacer?

Orpherus dejó de mirar al Comandante, bajando la vista al suelo. Sentía un temblor en sus manos, como si se hubieran enfermado al tocar aquel papel. ¿Qué iba a hacer? Suspiró, cerró los ojos por un momento, y levantó la vista, pero sin mirar a los ojos del hombre todavía.

- Desde que llegué aquí... Desde que usted nos acogió, siempre he querido ser como usted. Mi hermano y yo le hemos admirado y respetado como a un padre. Usted nos ha hecho los hombres que somos hoy, y tanto como para Ky como para mí, sucederle es nuestra mayor aspiración.

Kliff permaneció en silencio, escuchándole atentamente. Orpherus no había respondido todavía a su pregunta, pero para ello, necesitaría una respuesta. Una respuesta que no tenía.

Sólo podía exponerle sus pensamientos y sentimientos, como había hecho tantas veces, con la esperanza de encontrar tanto consejo como desahogo. Ante cualquier otro habría dudado en mostrar un lado tan vulnerable suyo, pero si no podía contar con aquel que le había hecho crecer... ¿con quién podría?

- Comandante... yo... yo he aspirado al cargo, con la esperanza de ser digno de éste y poder mejorar la situación de Aetheria. Quiero mejorar y cambiar esta nación. Terminar la guerra con los... los eiri... mejorar las relaciones con los otros países, sé que como Comandante podría hacerlo.... Amo a Aetheria, pero hay tantas cosas que podrían cambiar... yo no sé si puedo o debo, pero...

Cerró los ojos, apretando los párpados con fuerza. Sentía un nudo en su estómago, una presión que amenazaba con dejarlo sin aire. Tenía ilusiones, un ideal que seguir, pero había algo que lo anclaba a la realidad. Algo que le impedía continuar con su sueño, más allá de su propia inseguridad como simple Caballero, más allá de lo insignificante que era como humano para querer cambiar una nación entera. El silencio que dejaba el Comandante, en espera de que finalmente expresara aquel último bache en el camino.

- Pero... Ky...
- Ky también quiere ser Comandante.