01.
Distrito Dos--
Maelle POV--Quince horas antes de La Cosecha.Había hecho aquello tantas veces que ya ni siquiera sudaba. Un tramo tenía una escalera de piedra tallada directamente de la montaña, otro tenía que asegurarse de encontrar saliente para los pies y manos, tan conocidos que escalarlos se sentía como el saludo de un viejo amigo. Ahí arriba no había nadie, por eso era el lugar ideal, ni agentes de paz, ni reclutas y por supuesto ningún trabajador.
Solo yo con mis pensamientos.
El aire ahí arriba me obligo a cerrar los ojos, a contener la respiración, poco a poco el aire amaina y puedo observar a lo lejos, el brillo dorado del Capitolio.
El distrito dos era el que más cerca se encontraba y aún así, tenías que subir a lo más alto y esperar a un día despejado como aquel para vislumbrar la luz del capitolio.
Podría parecer una vista magnifica, pero me revolvía el estómago.
Agarro una piedra y la arrojo con todas las fuerzas de las que dispongo, demasiado lejos para alcanzar aquel monolito a la opulencia y decadencia.
Mañana sería La Cosecha, y aunque solo debería haber cinco papeletas con mi nombre, todas obligadas por edad… había cumulado al menos cuarenta y cinco.
En estos años había solicitado al menos cuarenta Tesseras, no para dar comida a mi familia. Mis padres gozaban de una posición privilegiada… era sencillamente que no podía contra la desgracia de los demás, con las constantes injusticias. Y en secreto, había compartido comida durante dos años así, añadiendo su nombre demasiadas veces para el sorteo.
Sabía que estaba jugando con fuego, pero al mismo tiempo era un grito de rebelión, un golpe en la mesa por un sistema que los asfixiaba, para que no protestaran y se sintieran agradecidos por las migajas que daba el Capitolio. Aunque su familia gozará de ciertos lujos, no podía hacer como si nada cuando todo a su alrededor se desmoronaba amenazando con tragarles.
Casi deseaba salir elegida en la Cosecha, tener los focos para poder gritar por justicia, por transmitir el mensaje de que juntos eran más fuertes.
Casi…
--PresenteALICIA DESSENDRE
Casi…
La ridícula presentadora había dicho su nombre como si ser un Tributo fuera como ganar la lotería.
Las cámaras enfocaron mi cara y tengo que mirar a la pantalla porque todavía no puedo creer que sea mi cara la que sale en las pantallas. Ridícula, con la boca abierta como un pez. Pensando que nadie me llama así, que mi nombre está mal y que no soy yo, que solo me llama Alicia mi familia.
Me pitan los oídos, solo hay conmoción en parte del público donde están mi madre y mi padre siendo testigos de mi elección como Tributo para la Cosecha.
Una vez más.
Los agentes de paz se acercan a mí para escoltarme al escenario, menos mal, porque siento los pies como cemento. Uno de ellos alarga una mano hacía mí… y es detenido por una mano femenina, cerrándose tan fuerte alrededor de su muñeca que parece una garra. No tiembla, parece hecha de hierro, firme igual que su voz.
-¿No me has escuchado, idiota? Me ofrezco voluntaria.
Levantó la mirada desde aquella mano a la cara de su propietaria: pómulos marcados ojos como el hielo deslumbrante bajo el sol, no había ni una pizca de amabilidad en su mirada y parecía arder con un halo de su larga melena cobriza.
-Clea. -Susurro sin aire en los pulmones.
Clea POV--Once horas antes de La Cosecha.Escucho como la puerta se abre lentamente.
Como un ratoncito, distingo los silenciosos pasos de Alicia por el pasillo que me hacen poner los ojos en blanco y dejar mi escultura a medias. En el distrito dos teníamos buena cantera y había hecho algunas esculturas que se habían vendido a buen precio en el Capitolio gracias a los contactos de mis padres. Está nueva escultura era grande, la interpretación de algún dios poderoso de manos duras y firmes.
-Alicia.
Se detiene, me ha escuchado, me limpio las manos en el mandil.
-Ven, Alicia.
Sabe que es mejor no desafiarme, soy la hermana mayor, pero la edad la ha vuelto rebelde y tarda un poco más de lo que esperaba en entreabrir la puerta de mi taller.
-¿Qué quieres Clea?
Que descarada, fingiendo aquella inocencia. Es un juego que podemos jugar las dos.
-¿Has vuelto a quedar con tus amiguitos? -Finjo indiferencia, prestando atención a mi escultura.
-No, solo he ido a dar una vuelta.
-Que productivo. -Le hago señas para que entre, aunque lo hace, mantiene las distancias.
Apoyó el cincel dando toques con el martillo para marcar contornos en la piedra.
-No has olvidado quién es tu auténtica familia, ¿verdad, Alicia?
Da un respingo, sorprendida porque sé su pequeño secretito. Que niña tan estúpida y crédula.
-No sé a qué te refieres.
Claro, porque los rumores de la gente sobre que había regalado Tesseras eran invenciones y la gente riéndose por detrás cuando pasaba un Dessendre eran imaginaciones suyas.
No espero que Alicia me cuente nada. Ya eso no tiene importancia.
-La Cosecha se ha llevado mucho de esta familia-
-Ya lo sé.
De verdad que me estoy conteniendo por no agarrar a esta niña de su estúpida coleta y arrastrarla hasta papá y mamá para que cuente la verdad. Si vuelve a interrumpirme quizá lo haga… ¿y para qué? Mis padres están ciegos de amor por su hijita pequeña.
Respiro… uno, dos.
-Papá y mamá te quieren mucho… no los destruyas por una causa que no te corresponde.
-¿Y tú? ¿Me quieres?
-Que pregunta tan estúpida. -Tomo un enorme cincel y doy un golpe seco a la muñeca de mi propia escultura, la mano de piedra cae pesadamente y Alicia da un gritito asustada. He arruinado la escultura, pero mejor golpear la piedra que a mi hermanita. Ya no somos niñas para tirarnos del pelo por una rabieta.
No respondo a la pregunta de Alicia. Las palabras siempre me han parecido falsas, burocráticas, lentas e inútiles.
Tomo la mano de piedra y la inspecciono, buena anatomía, pero era un trabajo distraído.
-Ve a bañarte y a dormir, mañana iremos con la cabeza alta a la Cosecha.
Aquel era el último año en el que tendría que participar en aquel circo, y no tendría que tener miedo por salir elegida. No había ninguna papeleta con el nombre de Clea Dessendre en la selección.
Alicia no lo sabía, papá no dejaría que ninguna fuéramos a los Juegos del Hambre. No se arriesgaría nunca más: dinero, favores, había maneras de inclinar las cosas a favor. Aunque alguien tenía que pagar, claro. Algo así a una niña tan inocente como Alicia, la destruiría.
El problema, es que Alicia metía más papeletas con su nombre de las que papá era capaz de sacar.
--PresenteCuando veo el nombre de mi hermana como tributo pongo los ojos en blanco.
Que niña tan tonta y crédula.
Veo a mi madre desmayarse, mi padre la sostiene, aunque parece que también va a caer en cualquier momento, no son capaces de hacer nada.
Inútiles, todo lo tengo que hacer yo.
-Me ofrezco voluntaria. -Levantó la mano calmadamente, como una obviedad, como si respondiera elocuente a una pregunta de la profesora en la escuela.
Ni caso.
Ya estoy harta. No se me da bien esto del control de la ira.
Doy un codazo en la nariz a una chica que sonreía aliviada y piso el pie de otra que se interponía en mi camino, tiro del pelo a otra hasta arrancarle mechones y ya parece que el resto empieza a abrirme camino.
Me sube la bilis cuando veo a aquel tipo alargar la mano hacía mi hermana y le clavo las uñas con tanta fuerza que estoy convencida de haberle hecho sangre.
-¿No me has escuchado, idiota? Me ofrezco voluntaria.
No escucho a mi hermana, no necesito hacerlo, las palabras nunca me han gustado.
Arrastro al agente de paz hacía el escenario para ponerme al lado de aquella ridícula mujer que seguía sonriendo porque estaba tan operada que no podía tener otra expresión. La presentadora del distrito dos seguía hablando de manera animada, aunque el ambiente era escalofriante.
-Uhu, pues ya tenemos a nuestro Tributo femenino. Una voluntaria ni más ni menos. Un aplauso para esta valiente.
Los aplausos son tan tibios que aquello parece un mal chiste.
-Y ahora nuestro Tributo masculino.
Nikto POV¿Cómo demonios me llamo?
Ivan.
Igor.
Dimitry.
Ninel. ¿Quién coño se llama Ninel? Joder, preferimos morir que llamarnos así.
La vista se me nubla por los bordes, como si llevará mucho tiempo dando vueltas en un carrusel.
-Hmmmm…
El idiota que estaba delante nuestra en aquella fila para el matadero llamado Cosecha gira la cara para mirarnos, da un paso al frente amargado. Se me escapa una risa seca y ronca. ¿Coincidiré con él en los juegos? Nos encantaría rajarle la garganta… ah, no, solo es un tributo masculino y femenino por Distrito.
Que pena.
-Sí… una pena.
Aquel tipo da otro paso alejándose al verme hablar solo.
Pero nunca estamos solos.
Las voces en mi cabeza siguen diciendo nombres al azar. Sentimos la piel correosa y pica, hacen falta más drogas porque solo pensamos en matar. ¿Por qué porqué esperar?
Joder como pica.
No podemos rascarnos la cara por la máscara, dejando solo mis ojos a la vista. Digamos que vamos tapados porque las cicatrices no nos hacen guapos.
No eres feo, solo difícil de mirar.
Creo que han dicho nuestro nombre.
NIKTO
Que es lo mismo que decir nadie. Pero todas las cosas tienen que tener un nombre. Y este nombre se nos daba bien escucharlo. Las voces paran, nos fundimos en una sola emoción de euforia, joder, siento como la sangre nos corre hacía la polla.
Somos el jodido tributo, el subidón me hace jadear mientras voy hacía el escenario mientras el gilipollas que tenía delante se quita de en medio como si fuéramos una apisonadora. No, lo siento, esta erección no es por ti, es por nosotros.
No nos interesan ni los hombres ni las mujeres. Solo hay una cosa que nos atraiga: las drogas experimentales que nos facilitan, que luego acaban para agentes de paz y otros soldados.
Y matar.