Author Topic: A Step to the Left: Bizarrisme  (Read 104 times)


Shura

A Step to the Left: Bizarrisme
« Topic Start: April 06, 2026, 03:41:07 PM »



 



>Por favor, por favor… no quiero morir… quiero salir de aquí…
Shhhh…


La realidad es un delicado velo… dormir, comer, trabajar, repetir; es lo que suele experimentar la mayoría.
Pero en ocasiones, ese velo se rasga…  a veces es algo minúsculo:  una sombra que no debería estar ahí y desaparece en lo que dura un parpadeo, una voz pronunciando tu nombre en una habitación que está vacía, una intuición que te salva de un destino fatal…
Todos los días, tenemos suerte de poder librarnos de las fauces del destino, pero el destino, solo necesita tener suerte una única vez para cambiar nuestras vidas: estar en el lugar y en el momento equivocados, ver algo que nunca debería haber existido y que continué ahí después de parpadear, que esa fatalidad, sepa que lo has visto; buscar un misterio que nos acaba encontrando primero a nosotros…

>¿Te has enterado?
¿De qué?
>Paloma. Se ha esfumado.
¿Ha echado a volar?
>No idiota, ha desaparecido mientras dormía… dicen que, en su casa, la puerta estaba cerrada con la llave por dentro, y que las persianas estaban bajadas… y que solo han encontrado una muñeca apuñalada en la bañera.
Que siniestro… en fin, buen vuelo Paloma, estés donde estés… por cierto, ¿viste el video de anoche de leyendas urbanas?
>¿El top que no es un top?


Aunque no nos demos cuenta, ese misterio nos rodea, tan acostumbrados que en ocasiones no reparamos en su misma existencia, fríos, impasibles, ignorantes, atrapados por un mal que come el mundo desde dentro como un gusano devorando una manzana. Ya se suele decir, que el mayor truco del diablo es hacer creer al mundo que no existe. Aunque sea el mismísimo diablo quien baile frente a nuestra cara.

>Dicen que hay un ritual que se ha vuelto viral: a las 3:03 de la madrugada, tienes que ponerte con una vela delante de la puerta de tu casa para invitar al demonio a pasar.
Yo pensaba que el demonio se encontraba en los cruces de camino a las doce de la madrugada.
>Mejor, así no trasnochamos. ¿Lo probamos?


Cuidado. Hay trucos que solo se pueden hacer una vez, y quizá, la curiosidad mato al gato… pero ya sabemos que la satisfacción de lo que encontró, lo resucito.
Así que, puedes correr, puedes esconderte, puedes luchar, llorar, suplicar… el misterio siempre te va a alcanzar, siempre vas a pagar las consecuencias de tus acciones, lo extraño te puede devorar… o puedes encontrar lo que siempre has buscado, la satisfacción, la recompensa. ¿Vale el riesgo?  ¿Romper la realidad? ¿Cruzar los límites? ¿Tocar lo intocable?
Entonces, estas por tu cuenta.
« Last Edit: April 07, 2026, 05:59:20 AM by Shura »


Airin

Re: A Step to the Left: Bizarrisme
« Reply #1: April 27, 2026, 04:34:25 PM »
Hola, vengo a flotar~

Quote from: Yo misma, todos los meses, en todos los temas
Iconos, no conozco esa palabra. Formato, aparentemente tampoco  :v





[ Brutalisme - Know your location ]



Desde fuera el edificio no parecía nada del otro mundo, el mismo tipo de cubo rectangular insípido de cemento blanquecino con añadidos de cristal que podría encontrarse en cualquier campus que presumiese de llamarse moderno.
Otro escupitajo copia y pega de diseñador iluminado queriendo llamarse brutalista, pensó Airin con desidia.
Pero era la dirección que ponía en el mail.

—Eso me pasa por hacer caso de correos phishing. —rezongó apagando el motor del coche, sacudiéndose las migas de la camisa y terminando de sorber su té con leche de la forma más ruidosa posible.

Pero el caso es que al buscar el sitio le habían salido resultados que parecían auténticos, con trabajos de verdad y reseñas de personas reales. Y tampoco podía asegurar que ella no hubiera enviado nada antes; a veces los currículums los cargaba el diablo y los repartían los duendes. 
Ugh, iba a tener que borrar sus cuentas de las redes de contactos laborales si quería saber quién le echaba mano a sus datos, en los tiempos que corrían era menos arriesgado salir a buscar monstruos que cazar.

Le dio un toque con impulso a la flor de cardo que colgaba del retrovisor haciéndola girar sobre sí misma bajo el sol, cogió todo lo que necesitaba y salió del coche, comprobando que había cerrado con llave.



Las luces led blancas que marcaban los productos en la máquina de vending parpadeaban de forma arrítmica e insatisfactoria. Airin entrecerró los ojos mientras los observaba y arqueó la espalda discretamente en su asiento de plástico incómodo. Semejantes precios para cuatro botellas de edulcorante coloreado de rojo y un puñado de bolsas que eran los falsificados malos de snacks ya de por si cuestionables. ¿Qué iban a pedir después, su alma? Por eso había que ir a los sitios bebido y comido.

—Pase por aquí, señorita. —Un tipo con ojos de pez muerto y pinta de haber estado acumulando polvo en un rincón se asomó por el borde de la pared que delimitaba la sala de espera.

Veinte minutos que llevaba ahí aparcada. Si en aquella empresa tenían todos el mismo entusiasmo contagioso y alegría de vivir, mal iban a acabar las cosas.

Pero Airin asintió, recogió su mochila y se levantó sin mediar palabra, porque todavía no le pagaban por hablar del tiempo con trajes mustios, y siguió al hombre por el pasillo. Pasillo de esos grises que parecían infinitos, con puertas en las paredes a ambos lados y con luces fluorescentes que provocaban migraña. Cada cierta distancia se abría una esquina que daba a una nueva galería con más puertas grises.
Por el rabillo del ojo creyó atisbar varias figuras y se giró a fisgar, pero solo llegó a ver como se cerraba una de las puertas. Cuando se dio la vuelta de nuevo, su guía ya no estaba.

—Ave maría purísima, —murmuró entre dientes mientras las luces fluorescentes parecían oscilar,— un aparcamiento vacío tiene más salsa. ¿Y ahora?

Se movió varias veces adelante y atrás en un área aproximada de metro cuadrado, mirando de un lado a otro sin saber muy bien qué hacer. ¿Debería buscar a alguien o esperar a que volviesen por ella? Las sombras que se movían como almas en pena al fondo borroso de los corredores no debían tener ventanas suficientes para que les diera la luz del sol. No tenía claro si alcanzaba a oír susurros difusos de voces ambiguas, o era el ruido de la estática de sus oídos queriendo aparentar lo que no era. Definitivamente ese ambiente no era el más conductivo a la salud, hasta se estaba empezando a cansar de llevar tan poco peso a cuestas durante lo que no podían ser más de un par de minutos, por muy inacabables que resultasen.

—Con su permiso…

Una mano como salida de la nada se estiró hacia sus cosas, y por reflejo Airin se apartó pivotando sobre un pie y quedando a una saludable distancia de brazo.

—No gracias. —se colgó la mochila y sonrió una curvatura educada y profesional de grados exactos.— Muy amable por ofrecerse, pero no me resulta ninguna molestia.

—Oh, por supuesto. —el tipo nuevo pareció cernirse sobre ella, haciéndose sombra en la cara con el contraluz y su propio cabello alborotado al estilo de un videojuego como si estuviera ocultando una broma sólo para si mismo.— ¿Hay algo en que pueda ayudarle?

Airin parpadeó confundida, observando al hombre.

—Me habían llamado para una entrevista. —dijo mirando brevemente hacia el pasillo a su espalda por el que acababa de deambular.— Pero me han dejado aquí en mitad de ninguna parte.

Las puertas y las sombras de las paredes daban la sensación de mezclarse entre ellas en una escala de grises de mal gusto.

—¿Una entrevista? —El hombre arqueó una ceja pensativo.

Estaba bien saber que no aparentaban tener problemas con el sentido estético de personal y que los estilos alternativos no enfrentaban discriminación, no había más que verlo; pero no estaba bien que se riesen de ella de esa forma por ser nueva. ¡Si ni siquiera había firmado un contrato todavía!
Y ahí mismo Airin decidió que no iba a firmar nada. Ya podían ofrecerle todas las estrellas del universo. Al enemigo ni agua.

—Si yo fuera usted, —comenzó el tipo haciendo rodar las palabras como si le estuviera contando un secreto,— no me creería nada de lo que le digan.

—Pues muy bien. —con la paciencia colmada y el vaso metafórico a dos pasos de ser usado como proyectil explosivo, Airin se dio la vuelta por donde había venido y llevando la cuenta del número de puertas y esquinas que había cruzado antes, fue deshaciendo el recorrido a pasos firmes.

—Permítame que le muestre el camino. —dijo el hombre con tono suave y cortés, carente ahora de burla a pesar del ritmo que se estaba viendo obligado a llevar.

El itinerario de vuelta se hizo infinitamente más largo que el de ida, y Airin solo sabía que no le habían puesto nada turbio en la bebida porque no había consumido nada allí dentro. En un momento determinado incluso notó un cambio de textura en el suelo que a punto estuvo de hacerle tropezar.

—Tenga cuidado. —Su guía la observó un momento con algo que podría haber sido preocupación, pero mantuvo la distancia.

Airin agradeció el gesto con una sonrisa menos tiesa pero más apurada que antes. Esas luces fluorescentes deberían de ser ilegales, había contado las puertas y el número cuadraba, pero la longitud del trayecto no.
Cuando por fin llegaron a la denostada sala de espera junto a la puerta, las máquinas de vending seguían en su sitio, con los números de led rojo parpadeando y los cuatro botellines cuestionables de líquido azul.

El hombre, que a la luz más bien pobre de un día oscuro de niebla no tenía un aspecto más saludable que en el interior de las oficinas, abrió la puerta acristalada y la dejó salir a ella primero.

—Ah, pero aún no me ha dado su nombre, señorita.

Airin abrió y cerró la boca tragando más humedad que aire, y sintió cómo un último aliento de indignación volvía a impulsar su osadía y desprecio general hacia el mundo corporativo.

—Si claro, ¿y yo entonces me quedo sin..? Que tenga un buen día, caballero. —y sacó las llaves del coche frente a ella como si fueran una reliquia sagrada, poniendo rumbo al aparcamiento.

El hombre simplemente le guiñó un ojo con una sonrisa sutil pero traviesa.

—El placer ha sido mío.



—Pues no veas la reseña que se van a comer cuando llegue a casa. —había murmurado Airin cuando salía de la rotonda de desvío con las luces de su coche siendo los únicos faros entre la niebla durante un largo rato.

Cuando por fin cerró la puerta del piso a su espalda y echó las llaves, decidió que lo primero era una ducha para lavarse la mala sangre, y lo segundo la cena para alimentar el alma. Ahora ya podía depender de la wifi estable y la red de datos confiable para usar el móvil.

Escribió en el buscador el nombre de la compañía, pero ninguno de los resultados le dio las respuestas que esperaba. Contrariada, introdujo también el código postal.

—No, no he querido decir… ¿qué demonios?

Las entradas referentes a la empresa no aparecían en su historial de búsqueda, y los correos tampoco se presentaban en su bandeja de entrada. Ni muestra en la carpeta de spam.

Las imágenes de satélite del buscador tan sólo mostraban el edificio igual de brutalmente feo, pero en claras condiciones de abandono.


~      H e g o a k    e b a k i    b a n i z k i o,    n e r i a    i z a n g o    z e n,    e z    z u e n    a l d e g i n g o.       ~
~      B a i n a n    h o n e l a,    e z    z e n    g e h i a g o    t x o r i a    i z a n g o,      ~
~      e t a    n i k    t x o r i a    n u e n    m a i t e.       ~