Mañana le pongo cosas cuquis que tengo al gato que no me deja estar en el ordenador, Dio supervisando siempre que me pongo en el ordenador
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Ir en un coche de policía en la parte delantera, da muchísimo prestigio: todos te miran con ojos brillantes, llenos de orgullo por tu labor a la sociedad.
Ir en la parte trasera, es tomar tu dignidad y darle una patada lo más lejos posible.
-Grace…
Quería hablar más alto, pero tenía la espalda doblada como una gamba intentando bajar la cabeza a la altura de las rodillas para que nadie me viera desde fuera.
-Shura… -La rubia conduce despacio, siempre respetando las señales e indicaciones de tráfico, y sin embargo, aunque aparentemente estaba concentrada en la conducción, siempre estaba pensando en otra cosa.
-¿No puedes conducir más rápido? -Protesto en un quejido agónico.
-Es una zona escolar, no se puede superar la velocidad-
-Son las doce, todos están en clase. -La interrumpí poniendo los ojos en blanco.
No, no estaba en la parte de atrás del coche de policía porque hubiera roto la ley, o me llevaran detenida… en realidad, no debería estar quejándome. No podía ir en la parte de delante porque Grace había derramado su café en el asiento del copiloto. La agente de policía me estaba haciendo el favor, habían reportado la presencia de un tipo extraño en uno de los edificios del centro, se había adueñado de uno de los ascensores y gritaba a cualquiera que quisiera subirse con él. Yo quería escribir un articulo para la página donde publicaba que tratase sobre la importancia de la salud mental, así que este sujeto me quedaba como anillo al dedo.
Así que aquí estábamos: mi amiga, agente de policía que me había avisado en el momento en que recibió el aviso, y yo, periodista que nunca decía no a un trabajo.
En realidad, nunca decía que no porque mi trabajo no me daba demasiado dinero. Empecé a estudiar periodismo en el momento en que no pude ser policía. Me quedé demasiado desorientada en la vida cuando, una y otra vez, era rechazada como policía por una de las malditas pruebas que había para obtener plaza… por suerte, la madre de Grace era periodista, fue ella la que me aliento a empezar esta profesión, aunque eso suponía que, de siete generaciones de policía, yo fuera la primera en cortar esta tradición que llevaba en la sangre.
Así que aquí estaba, sin un gran portafolio que enseñar, con Grace queriendo apoyarme igual que hizo su madre antes de morir y en la parte de atrás de un coche de policía para no mancharme el culo de café.
Grace aceleró, apiadándose de mí, aunque cuando nos bajamos del coche, aún tuve que aguantar que una señora contuviera un gritito de impresión al verme salir de la parte de atrás.
-Démonos prisa, dentro de poco terminará el horario laboral de oficinas y empezará a salir todo el mundo. -Grace se ajustó sus gafas mirando el imponente edificio. Quince plantas de oficinas, divididas entre coworking, abogados, compañías de alquiles, transporte y otras que no reconocía.
-¿Será un trabajador descontento?
Esperó a que Grace terminé de hablar con el conserje y venga conmigo.
-Dice que nunca ha visto a ese tipo, parece que las cámaras dejaron de funcionar cuando ese tipo estaba pulsando botones, pero el conserje dice que el ascensor está bloqueado en la planta diez.
-Dime que no tenemos que subir por las escaleras... -Suspiró cansada sabiendo la respuesta.
Grace sonríe para transmitir ánimo.
-El conserje va a bloquear el resto de ascensores para que podamos encontrar a ese hombre, si vamos por la escalera podremos dar con él, luego le llamaré para que ponga en funcionamiento los ascensores y podremos irnos. Ya ha avisado a los responsables de oficina para que cierren las puertas hasta nuevo aviso.
Paso mi mano por mi frente.
-Bien… pues hagámoslo ya.
No me importaba hacer ejercicio, no falle las pruebas a policía por la parte física, simplemente era algo monótono: llegar a una nueva planta, abrir la puerta de emergencia y asomarse a un pequeño rellano donde a cada lado había una puerta cerrada que daba a las diferentes oficinas. Y repetir con la siguiente planta.
-Me recuerda a la academia.
-A las novatadas de la academia. -Sonrió de manera confidencial a Grace mientras cerraba la puerta de la planta cuatro dirigiéndonos a la quinta.
La sonrisa de Grace le ilumino la cara.
-¿Estabas cuando…?
Al abrir la puerta de la quinta planta, las dos nos quemados en silencio.
-Grace, ¿no decías que el conserje había bloqueado los ascensores?
La pantalla numérica indicaba que el ascensor estaba bajando.
-Eso me dijo, quizá se ha equivocado.
Pero las puertas del ascensor se abrieron mostrando a la equivocación: era un hombre joven de veintitantos veintisiete años, tenía el rostro anguloso y por su aspecto extravagante podría ser confundido con un modelo. En sus manos una cámara polaroid, de esas de aspecto retro que no podrías adivinar si funcionaban con tarjeta de memoria o con carrete.
Nos quedamos unos segundo mirándonos, el tipo claramente juzgándonos por estar ahí.
-¿Ese es nuestro hombre?
Seguro que sí, no salió del ascensor y no había nadie más jugando a recorrer todo el edificio.
Cuando el tipo presiona un nuevo botón y empiezan a cerrarse las puertas, me abalanzo a impedir que escapara, bloqueando las puertas con mi cuerpo.
-¡Un momento!
-¡Shura!
Las puertas del ascensor no cedían… y comenzó a moverse cuando tenía medio cuerpo enganchado.
Estaba demasiado conmocionada para asustarme o asumir que lo que estaba pasando era real, aunque el techo se acercará rápidamente a la mitad inferior de mi cuerpo.
Sentí un empujón por detrás y aquel tipo tiro de mi hacía él haciéndome caerle encima.
El ascensor reboto una vez más abriendo las puertas mostrando una horrorizada Grace que subió el desnivel ocasionado por la repentina apertura de la puerta.
-Oh, joder! Shura! Podrías… ¡eso fue una imprudencia! -Estiró la mano ayudándome a ponerme en pie.
-Estoy bien. -Había tenido suerte, así que no le daba demasiadas vueltas al riesgo mortal por el que acababa de pasar.
-Shura… -La voz de Grace sonaba exasperada.
Aquel tipo chasqueó la lengua, molesto.
-¿Qué demonios estáis haciendo? ¡Bajad ahora mismo del ascensor!
-Sí hombre, no me bajo ni de coña. -Miró es escalón que había quedado con la parada automática, no iba a tentar mi suerte por segunda vez.
-Soy de la policía, nos ha avisado el conserje porque está molestando a los trabajadores.
-No estoy haciendo nada ilegal. -Aprieta el labio como si el problema fuéramos nosotras.
-Señor, tiene que salir del edificio. -Insiste Grace demostrando una gran paciencia. -Salga por su propia voluntad ahora y no tendrá problemas, se lo garantizo.
Cansada de todo aquello, pulso el botón del bajo para comenzar a salir… todos nos quedamos paralizados cuando el ascensor comenzó a subir, las puertas no habían llegado a cerrar, así que veíamos pasar piso por piso.
-Grace, te juro que le he dado al piso de abajo. -Insisto a mi amiga, dudando incluso de mí misma, aunque el botón del bajo estaba iluminado, seguíamos ascendiendo.
-Alguien habrá llamado al ascensor. -Dice de manera razonable.
-Esta pasando. -Aquel tipo hablo de manera misteriosa. Se gira hacía nosotras. -¿Sois policías?
-Sí.
-Yo soy periodista… -Busco de manera distraída mi carnet de periodista… para darme cuenta de que no lo tenía, siempre lo tenía en el bolsillo, enganchado al lanyard rojo que me había regalado la madre de Grace. -¡He perdido mi carnet de periodista!
-¿Se te habrá caído antes?
-Ay mierda… ¡cuesta un ojo de la cara renovarse el carnet! -Me lamento con Grace mientras aquel tipo suspira exasperado por ser testigo de aquella situación.
Suena el timbre del ascensor anunciando que hemos llegado a una nueva planta, la número diez. Las puertas se abren al tiempo que la luz del ascensor y pasillo titila, apagándose para encenderse las luces rojas de emergencia produciéndoles a todos un escalofrío.
Pero aquello, no era lo más extraño. Al contrario que el resto de plantas, cuando el ascensor se abrió, no mostro un pequeño rellano con puertas a los lados y la de enfrente como salida de emergencia y acceso a las escaleras, no, los pasillos se extendían, las luces rojas no dejaban claro cuánto, pero puerta tras puerta cerrada podían contarse al menos diez por la derecha y el mismo número a la izquierda.
Nadie menciono lo evidente: el edificio no era tan grande para albergar un espacio tan grande a lo largo.
-¿Es el ático? -Grace intento buscar una explicación lógica, pero su voz denotaba la duda que todos teníamos.
-El edificio tiene quince plantas. -Miró los botones del ascensor que se habían apagado igual que todo. Pulso la planta baja, pero el ascensor no reacciona.
Genial.
-Deja de tocar los botones. -Aquel tipo se cruzó de brazos con indignación, como si estuviéramos estropeando el momento. -No va a moverse tan fácilmente.
Vale, aquello ya era raro.
-¿Y cómo se va a mover? Yo no me bajo de aquí. -Insisto de manera tozuda, pero en el suelo de la planta quince, incluso con aquella escasa luz pude verlo: mi carnet de periodista, además de mi foto, tenía el irremplazable lanyard de la madre de Grace. -Ah, ahí está…
-Shura -Grace me tomo del brazo. Era extraño e inexplicable que el carnet se hubiera perdido en la planta cinco y ahora se encontrará en la planta diez.
-No lo toques. -Me advirtió aquel tipo agarrándome del otro brazo.
Es precisamente, que aquel tipo me tocase lo que me hace mirarlo, primero a la mano y luego a la cara.
-¿Por qué? ¿Qué esta pasando aquí? -Me sentía enfadada, estaba claro que había algo que se nos escapaba a Grace y a mí, podía sentirse que el ambiente estaba tenso, algo había cambiado, algo bajo la piel exigía buscar una salida a una situación que no llegaba a comprender.
El tipo no pareció vacilar al contestar.
-Somos parte de un ritual… los tres.
-Tendrás que ser más específico. -Chasqueo la lengua perdiendo la paciencia.
-Sería bueno comenzar desde el principio. -Intervino Grace demostrando profesionalidad y aplomo pese a que estaba visiblemente nerviosa. -Soy Grace Ashcroft, de la policía… -Grace me miró esperanzada de que tomara aquella rama de olivo y fuera cordial con el tipo que nos había metido en esta situación.
-Shura Redfield… -Señaló la acreditación en el suelo hacía mi acreditación. -Periodista.
-Rohan Kishibe.
-¿Modelo? -Pregunta sonriendo Grace ver que el hombre no dice nada más.
-Mangaka. -Corrige apoyando una mano en la cadera.
-Vale, ¿a qué te refieres con que estamos en un ritual? -Estaba claro que o empezábamos a sonsacarle información o estaríamos ahí todo el día.
Rohan señala los botones apagados del ascensor.
-Se toma el ascensor en la planta baja, se sube al cuarto piso, luego se baja al segundo, sexto, -su dedo recorre toda la secuencia. - Decimo, quinto… y se pulsa de nuevo planta baja.
Justo la quinta planta era donde nos habíamos subido al ascensor.
-Sí, yo pulse la planta baja… pero esto no es la planta baja.
-Es porque el ritual salió bien, estamos en la decima planta y a la vez no estamos. -Señaló fuera del ascensor. - Estamos en otra dimensión.
Grace y yo nos miramos… habíamos visto las suficientes películas para poder adaptarnos a una situación así, y al mismo tiempo el sentido común no nos permitía abrir la boca y confirmarlo.
-Oh por dios… -Rohan puso los ojos en blanco. - ¡Solo mirar a vuestro alrededor!
-Vale, vale, es increíble, pero es lo único con sentido.
-No hubiera utilizado la palabra “sentido” para describir esto… -Murmuro Grace por lo bajo.
-¿Y qué hacemos aquí?
Rohan levantó su cámara.
-Documentarme para mi nuevo manga.
-¿Haces que llamen a la policía, vas a otra dimensión… para documentarte? -No puedo evitar un tic de sonrisa en la comisura de mi labio, culpa mía y de los nervios. - ¿Y cómo volvemos?
-Sí, por favor. -La rubia se froto los brazos mordiéndose el labio inferior, no podía culparla, la sensación a nuestro alrededor era opresiva, como si estuviéramos en el ojo del huracán.
-Debemos volver desde este mismo ascensor repitiendo la secuencia a la inversa.
Yo no me acordaba ni de lo que había comido ayer como para recordar dos números seguidos de los que Rohan había dicho.
-Vale… -Grace levanta los dedos a medida que va contando. -Bajo, cinco, diez, seis, dos, cuatro y bajo… pero este ascensor no funciona.
Rohan, aparentemente cansado de hablar, da un paso fuera del ascensor. Seguido por Grace que, en su aptitud de servir y proteger, se tomaba muy enserio la parte de proteger. Apoyó la mano de manera amable en el hombro de Rohan para instarle a parar.
-¿Es seguro salir del ascensor?
-¿Lo preguntas enserio?
-Oye, no cuesta nada ser amable. -El nerviosismo de Grace me envalentonaba para enfrentarme a Rohan, aquel tipo aparentemente parecía imperturbable con toda la situación. Aunque era solo aparente. -Han llamado a la policía por tu culpa, mi amiga solo quiere ayudarte, estamos todos en el mismo problema… y yo me llevo esto.
Salgo del ascensor para tomar mi carnet de periodista y guardármelo en el bolsillo.
Todos miramos al ascensor, por un momento pensando lo peor, que se cerraría y desaparecería sin nosotros.
Creo que todos suspiramos aliviados al comprobar que seguía ahí.
Rohan parecía reflexionar sobre mis palabras, frustrado, pero al menos las escuchó y pareció dispuesto a ser más cooperativo.
-No deberías tomar nada de otra dimensión. -Señala con la barbilla el bolsillo donde había guardado el carnet.
-Bueno, quizá. -Resaltó aquella última palabra. - Pero esto es mío y no me sobran doscientos pavos para renovarlo.
La maldición de la pobreza si que era algo real.
-¿Y qué tenemos que hacer para marcharnos de aquí? ¿Cómo podemos hacer que funcione el ascensor?
-¿Podemos ir por las escaleras de servicio? -Me acercó para tirar de la apertura de la pesada puerta, y me detengo a tiempo antes de empujar.
El tirador se sentía… caliente, no, no solo eso, era como si fuera terciopelo caliente, húmedo, vivo. Y tras la puerta, se escuchaba el sonido de algo masticando, dientes apretados, casi conteniendo la respiración, esperando a que algo entrase cruzando el umbral para ser… devorado.
Doy un paso atrás simplemente porque el instinto de conservación me hizo alejarme de aquella puerta en vez de intentar comprender que estaba pasando.
-¿Qué pasa? -La voz de Grace era nerviosa, hablando de manera entrecortada a causa del miedo.
-No se puede ir por ahí. -Digo de manera misteriosa, dándome cuenta que era la segunda vez en apenas unos minutos en los que había evitado un destino fatal gracias a la suerte. Demasiada suerte, una advertencia que exclamaba que un solo tropiezo podría llevarme a la muerte.
Me acercó a Rohan, no podría decir que estuviera tranquilo, pero al menos parecía saber algo que el resto no sabíamos.
-¿Qué significa estar en otra dimensión?
Ahora mismo, creería en lo que fuera para salir de ahí.