Author Topic: Act 1: Overture  (Read 174410 times)


Othinus

Re: Act 1: Overture
« Reply #90: May 31, 2019, 08:18:49 PM »
Otro fic super flash jajaja  :-[
Empiezo paginaa!

( 5 ; a )


Varias semanas pasaron desde que bebió con sus compañeros de juerga y un nuevo mañana llegó filtrado por las rendijas de la ventana americana en el pequeño departamento de Yoh, quien consiguió un pequeño sitio muy cerca del campus, lo malo es que comparte cuarto con un hombre tan extraño que a veces llegaba tarde del trabajo únicamente para evitar contacto con él: “Sister”. Apodo, obvio.

El susodicho se dedicaba a pasar cosplayado 27/7 de monja… un otaku…, seguro.  Nunca lo considero homosexual porque a poco y muestra interes por algo que no sea fumar y Badou fue quien se lo presento, un compañero de pitillos.

“Hey, si vienes te matare. Este sitio no es para que aparezcas a la hora que te plazca” dijo el otaku  mientras mantiene la vista en la cocina, le gusta preparar la comida del día a día. “¿Entiendes?” para enfatizar alzo el cuchillo de cocina al aire y giro hasta apuntarlo a Yoh con la punta afilada del arma blanca.
Yoh suspiró y asintió de mala gana, discutir con Sister no es su fuerte “está bien, mamá pero si vas a controlarme, al menos da el ejemplo de vida ejemplar”.
“La diferencia es que soy adulto, te duplico la edad, niño” aunque la edad no es más que un número, las fuerzas de discutir con el rarito se fueron por completo. “¿Y volvió la niña?”
“No, supongo que después de todo no era acosadora y aun tengo su revista BL allí tirada”
“Tipico de ti y tu sentido del deber” sonrió el hombre, volviendo a sus tareas domésticas.
“¿Eso crees?” preguntó apoyando los codos en la mesa para sostener la barbilla. ¿Tan aburrido es? Pensó.
“Bueno, te ganas el título de 100% japonés” volvió a reír, Sister por su parte emigró de algún lugar de Rusia; el rubio natural acompañado por unos raros ojos azules indican su origen y la cicatriz en la cara lo dejan como una persona de respeto.
“¿Qué es ese título?” preguntó curioso por lo que Sister piensa de él.
“No lo sé, los asiáticos son de otro planeta” prosiguió a dar vuelta la tortilla en el sartén y le hecho queso para hacer un omelette.
“¿Eso crees? Nosotros tenemos ciertas leyes y una educación estricta, supongo que por eso nos ven así”.
“Pero lo tuyo se pasa, Yoh. Ya ha pasado más de una semana y la sigues esperando” le dio un tono picaro a la voz, en realidad nunca vio a su compañero tan interesado en una fémina; quizá la rareza en ella lo atrajo.

Pronto el sonido de una campana indicando que el café esta listo inundo la habitación y el pelinegro se levantó para servirlo desde la cafetera, justo a tiempo para que Sister tuviera listo dos platos con las tortillas francesas.

Sister colocó los platos en la mesa y Yoh las tazas, ambo se sentaron y dedicaron el saludo respuestuoso: uno rezando en silencio y el otro con el “itadakimasu” y comenzaron a comer. El primero en terminar fue el otaku pero espero al asiático para levantar la mesa. Antes de ir a trabajar quería dejar todo limpio.


Kana

Re: Act 1: Overture
« Reply #91: June 14, 2019, 08:01:21 PM »
Algún día iconos.

“Sun Hee… Yo… Siempre te he amado. Has sido la única a la que realmente he amado. Lamento haberte fallado una y otra vez.” Apretó la delicada mano entre las suyas, reteniéndola, suplicándole. “¡No me abandones así! ¡Te lo imploro!”
“Dae-Hyun… te…te perdono.” Una fina lágrima se deslizó con debilidad por la pálida mejilla de la muchacha. Su sonrisa plasmaba todo el afecto auténtico que había sentido por aquel chico desde hace años. Amor que no había variado en intensidad con los años, desde sus tiernos inicios e incluso en momentos en que el joven no se había comportado muy bien con ella. “Siempre te acompañaré y cuidaré… Gracias por todo”
“¡Sun Hee! ¡Sun Hee!.” La agarró de los hombros. Sacudió su frágil cuerpo con desespero. “¡Sun Hee! ¡No me dejes! ¡No! ¡Te lo prohíbo!” la conmoción de emociones golpeándole en el pecho permitió que sus ojos se cristalizaran en un llanto controlado.
“Te amaré por siempre…Mi Dae-Hyun” suspiró cansada. Cerró los ojos y no los volvió a abrir más.

El joven, negándose a perderla, volvió a sacudirle de los hombros. Al no tener respuesta de la chica, la aferró a él y la abrazó duramente, en un frenético acto de mantenerla a su lado. Una solitaria lágrima rodó por su mejilla, apretando fuertemente sus ojos cerrados renegando la dura verdad que debía enfrentar: Sun Hee se había ido para siempre.
El pitido agudo de la máquina de signos vitales no indicaba otra cosa que no fuera el cese de los latidos cardiacos.

“¡No!” gritó cuando sintió una mano sobre su hombro. Era el doctor quien intentaba en vano persuadirlo para que saliera de la sala de operaciones. “¡Deben salvarla!”
“Señor Dae-Hyun, no hay nada más que hacer…”
“¡NO ES CIERTO!” Dae-Hyun soltó suavemente el cuerpo inerte de la que fue en vida su novia.

Aquella dulce y buena chica con quien había iniciado un inocente amorío de adolescentes y quien, tan puramente, le había perdonado todos los dolores al corazón que Dae-Hyun le provocó conforme iban creciendo y conforme éste iba adquiriendo fama con su grupo musical hasta convertirse en un Idol. Porque conforme fue ganando dinero y fama, el joven también comenzó a comportarse mal con ella pese a que Sun Hee le había apoyado en cada uno de sus pasos, desde que era un don nadie.
Eso era lo que más le dolía. ¿Cómo fue capaz de traicionar una y otra vez a una chica tan buena como ella? ¿Cómo ésta le perdonaba sus temperamentos, sus infidelidades, sus desprecios? No. Él jamás la había merecido. Y lamentablemente ahora, que ya no estaría nunca más presente, se daba cuenta de lo que perdió.
Después de tanta crisis y problemas, habían logrado nuevamente retomar la relación de un modo más sano. Pero, la vida era injusta y cruel y en vez de castigarlo a él por sus actos Sun Hee había recibido todo el daño.
Ella, tan noble y buena hasta el final, se lanzó para empujarlo cuando estuvo a punto de ser arrollado por un auto. En consecuencia: Sun Hee había recibido el impacto del golpe y ahora, en el hospital, dio sus últimos respiros de vida.

Toda esa mezcla de emociones lo colapsó. Salió de la sala y destruyó todo lo que encontró a su paso en el Hospital. Tuvo que ser sacado del recinto por guardias. Afuera, sus amigos lo esperaban para consolarlo, pero él no podía escuchar palabra alguna.

Salió corriendo de allí. Quería desaparecer. Lanzarse de cualquier edificio. Lanzarse a un lago y morir. ¡Jamás podría superar el dolor que le quemaba en el pecho!

Años después…
Se veía a un Dae-Hyun con un par de años más. La enseñanza de la vida le había dado la experiencia de volverse alguien más empático y altruista. Gran parte del dinero que ganaba lo donaba a los más necesitados y con el tiempo inauguró una organización de beneficencia a la que le dio el nombre de Sun Hee.
Sus compañeros de banda fueron un gran apoyo. Si no fuera por ellos habría terminado suicidándose, lo más seguro. Pero allí estaba, con el recuerdo de Sun Hee mientras observaba el océano hacia el horizonte.

“Tal vez en otra vida… Volveremos a estar juntos...Sun Hee”

-FIN- 

Unas horas después todo el elenco del Dorama se encontraba viendo la repetición del último capítulo de la telenovela. Tanto en Corea, como en China y Japón el Dorama había sido todo un éxito. El ranking era tan alto que destruyó literalmente toda competencia.

“Escuchen” dijo una de las directoras, leyendo los twitters  “Cito: La actuación de Dae-Hyun me ha dejado llorando por horas! Jamás esperé que Sun Hee muriera, ¡Que dolor! y si bien Dae-Hyun merecía sufrir… ¡No esperaba que fuera de ese modo!” siguió con otro “¡¿Por qué Sun Hee?! ¡Era tan buena! Dae-Hyun sólo era inmaduro, no merecería sufrir ese final. ¡Me duele el final de los dos!” otro “La actuación de ambos protagonistas ha sido magnífica. Lloré con última mirada de Sun Hee y lloré mil más con el sufrimiento de Dae-Hyun. ¡Me da tanta pena que él sufra así!”
“Creo que lo hicimos bien” comentó la actriz que llevó el papel de Sun Hee. Le daba satisfacción saber que el público quedó conmovido con su actuación. “Tan bien, que la gente sigue estando del lado de Dae-Hyun aunque haya sido un canalla en toda la telenovela.” Rio divertida, mirando a su compañero. “Te luciste”
“Gracias. Tú también.”
“Una fotografía de los dos protagonistas post último capítulo” la directora les sacó una fotografía a los dos jóvenes. Las personas shippeaban bastante a esos dos actores que, justamente, habían protagonizado otro Dorama haciendo de pareja. Muchos pensaban que eran novios en la vida real. “¿Qué escribo en la imagen?”
“Gracias por acompañarnos en todo este tiempo y ser tan fieles al Dorama. Sun Hee y yo estamos felices de haber llegado a sus corazones.” Dijo el actor de Dae-Hyun.
“Listo!” Al momento de publicar, vio inmediatamente un montón de likes. “Sorprendente…”

Después de celebrar el alto ranking televisivo donde estuvo todo el equipo presente brindando. Los protagonistas de esa telenovela se retiraron juntos.
Decidieron caminar hasta sus respectivos hogares.

“¿Qué harás ahora que ya terminamos este Dorama?” Preguntó la joven.
“Aún no tengo nada definido, ¿y tú?”
“Bueno…” se manifestó un poco avergonzada. “Acabo de recibir un mensaje de Yong Min… Me dice que está interesado en que protagonice un nuevo dorama.”
“Es una buena noticia.” Aunque ese director no le caía en gracia puesto que era del tipo de sujetos que le coqueteaba a las actrices. El joven elevó la vista para mirar el cielo estrellado.
“¿Qué harás tú?”
“Aún no tengo nada planificado… Hemos trabajado dos años contando el Dorama anterior. Pensaba que quizás debía tomarme unas vacaciones… Volver a Japón a ver a mis familiares, de paso.”
“Ya veo…” ella bajó la mirada, melancólica. El chico a su lado había llegado a Corea hace un par de años desde Japón y desde el primer momento que le vio le pareció alguien sumamente interesante y atractivo. Le causaba tristeza pensar en su partida… Eran muy íntimos después de compartir tanto tiempo juntos.
“Bueno, será mejor que vuelva a mi departamento. Estoy un poco cansado…” volvió a mirarla, le sonrió suavemente. “Gracias por ser mi compañera de trabajo tanto tiempo. Has sido una gran amiga y me has ayudado mucho en mi estadía en Corea.”
“Lo dices como si te fueras definitivamente.”
“Hm…” negó con la cabeza. “Sólo quería darte las gracias.”
“…” le vio hacerle un gesto de despedida. Antes de que se fuera, le llamó: “Akira-kun…” éste se volteó a mirarla y ella aprovechó para rodear su cuello con sus brazos y juntar sus labios con el del chico uniéndolo en un efímero beso.
“…” parpadeó sorprendido. No esperaba que su compañera terminase besándolo. Ella se apartó, al no ser correspondida.
“Disculpa.” Sonrió con desconsuelo. Dicho esto, un silencio fatigoso exigió que apretara sus puños y saliera corriendo de allí. “¡Éxito en todo!” gritó a lo lejos, invadida por una vergüenza y humillación.
“…”

A la mañana siguiente su manager había aparecido demasiado temprano en su departamento. Esta le agitaba una y otra revista en el rostro mostrándole la imagen de él besándose con su compañera de Dorama. Los tacones de la elegante mujer resonaban por todo el lugar.

“¡Ahora todo el mundo habla de esto!”
“…”
“¡Y ella hace poco se había comprometido con Tae-Min! ¡Y tú hace unos meses terminaste tu relación con Jun Sun, la protagonista del Dorama rival! ¡Van a pensar que eres igual de canalla que tu personaje de Dae-Hyun!” Nona se llevó las palmas de su mano al rostro, enojada.
“Yo… No tenía una relación con Jun Sun.”
“No. Sólo salían a cenar seguidito… ¡Uh! ¿Qué no lo ves? ¡La gente quiere verte con ¨Sun Hee¨ cómo novios! Pero tú y ella tienen sus parejas respectivas. Y…Y… Tae-Min es un maldito magnate y Oppa de Corea! ¿Sabes que tiene influencias que pueden destruirnos? ¡Literal D-E-S-T-R-U-I-R-N-O-S!”
“Yo soy soltero.” Dijo seriamente. “Y Tae-Min me tiene sin cuidados. Si quiere hacer uno de sus ridículos show me importa un bledo.” Alzó los hombros. Ese tipo lo amenazaba desde hace tiempo, de todos modos. Estaba celoso de que Suni, su prometida, dedicara tanto tiempo a él en el Dorama… Y Akira sabía que Suni lo amaba. Pero no podía corresponderla.
“¿Qué se supone que hagamos?”
“¿Qué se supone que hagamos?” le repitió, porque no sabía que responderle a su manager.
“¡Tienes que estar con Suni! La gente así lo quiere y te juro que nos ganaríamos unos cuantos millones con el material que puede salir de allí.”
“…” Akira curvó las cejas. No parecía estar de acuerdo con el plan de su manager.
“¿Acaso tienes algo mejor en mente?”
“¿No dices tú misma que Tae-Min nos buscará pleito si me ve cerca de Suni?”
“…Puedo usar mis influencias también…” Nora entrecerró los ojos, sospechando algo más. “¿O es que tienes otra cosa en mente desde antes, Akira?”
“Pues…” el chico miró por el ventanal hacia la ciudad. “Creo que ya pasé demasiado tiempo en Corea. Si bien dije que me tomaría unas vacaciones, la verdad es que necesito buscar nuevos aires… He pensado… Cómo será Eastwood”
“¿Estás loco? Aquí tienes una carrera en ascenso. Allá no te irá mal porque eres conocido mundialmente, pero ¡Aquí están obsesionados contigo! ¡Tienen unas jodidas tazas de té con tu cara y todo!”
“Eso mismo me enferma en estos momentos… Necesito irme lejos de estos fanáticos trastornados y enceguecidos. Todo lo que hago, aunque sea aberrante, lo toman como un ejemplo a seguir o lo justifican ciegamente… No puedo salir de mi casa porque se viven sacándome fotografías. No puedo salir con mis amigos porque una avalancha de tipos se me lanza sobre mí para pedirme autógrafos, besarme o sacarme algo como recuerdo… Registran mi basura para quedarse con cosas mías… Me tienen saturado.”
“No creo que irse sea una opción”
“Lo siento. Yo ya tomé mi decisión. Me iré dentro de poco.” Dijo decididamente “Y… No quiero que nadie de Corea lo sepa, Nona-san.”
“¡Ahhh! ¡Me vas a volver loca!”
“Bueno, ¿Acaso quieres que me quede para que Tae-Min me mande a ¨borrar¨? No creo que quieras arriesgar a tu ¨chico de oro¨ si puedes usar este mismo boleto en otro lugar y explotarme mejor... Lejos de tantos locos…”






« Last Edit: June 14, 2019, 08:10:39 PM by Kana »


Miyu

Re: Act 1: Overture
« Reply #92: August 31, 2019, 09:28:31 PM »
8 # Yoon Habin; Húngaro Ganessa.

Intentaron dormir un par de horas antes de dirigirse al centro cultural Húngaro Ganessa, ubicado en una zona céntrica de Eastwood, rodeado de otros espacios artíscos; una zona de estilo bohemio, de gran belleza y elegancia. Aunque, cuando se fundó dicho lugar, no era más que un sitio donde la juventud solía reunirse en bares de mala muerte y tarimas callejeras para cantar y bailar. Antes, un espacio para la cultura underground nocturna.

El teléfono vibraba contra el escritorio de metal en el cuarto de Cheng Xiaoshi y Lu Guang, esto hizo que el primero leyera el mensaje una segunda vez. Las palabras de Yoon Habin no dejaban espacio para la duda. “Vengan al Húngaro Ganessa. Ahora”.

Al final decidieron que debían de ir, sin desayunar ni bañarse antes, con el olor a cerveza de cangrejo y ramen picante encima, pues a esa mujer nadie la hace esperar y menos unos críos. Lo sabían de sobra.

Lu Guang ya se estaba poniendo la chaqueta sobre su camisa blanca y algo arrugada. No dijo nada mientras se cambiaba, no hacía falta. Qiao Ling se estaba aseando rápidamente en el baño compartido, también eligiendo ropa mentalmente y si usaría un maquillaje pesado o ligero. No quería estar frente a Yoon Habin luciendo de forma incorrecta.

—¿Subiste el demo con tu nombre real? —preguntó Lu Guang. La voz era sin emociones evidentes, pero se nostaba el hastío en sus palabras.

Xiaoshi sonrió. Una sonrisa que temblaba en las comisuras, delatando lo que sus labios seguían negando. Había sido atrapado.

—Era más rápido de lo que pensaba, Lu Guang.
—Idiota.
—Ya lo dijo. Nada cambiará porque CHENG XIAOSHI SIEMPRE SIEMPRE METE LA PATA —suspiró Qiao Ling, ya se había cambiado y estaba con crop top oscuro y unos pantalones de mezclilla sueltos.

El aire de la mañana en Chinatown golpeó sus caras con un frío húmedo, las luces de los letreros neón escribían mensajes ilegibles en rojo y azul sobre el asfalto debido a que el sol ya no dejaba distinguirlos. Xiaoshi caminaba unos pasos por delante, la energía nerviosa convertida en pasos rápidos. La ciudad aún dormitaba, pero el sonido de su respiración y los suspiros de Lu Guang estaban presentes. Recordó la presión del teléfono en su mano doce horas antes, la cuenta regresiva iniciándose sobre la mesa manchada de ramen y cerveza de cangrejo. Doce horas. Un límite impuesto por la obstinación de Lu Guang de no querer participar en el proyecto Shiguan Dailiren.

Su mejor amigo había dicho doce horas, ese es el límite de tiempo. Si no tenemos una canción en doce horas, este grupo muere antes de nacer.

La declaración se hizo como un desafío en toda regla y Xiaoshi lo había aceptado al instante, con esa parte de él que nunca calculaba las consecuencias y el solo querer encestar y ganar el partido. La otra parte, la que a veces despertaba en la oscuridad del cuarto de revelado, en sus pensamientos más ocultos, sentía que esto era algo para brillar, para dejar una marca en el tiempo, sobre la amistad de ellos, sobre el presente que se les escapa de las manos. Don’t ask about the past.

Caminaron lo más rápido que podían. Qiao Ling ajustaba el ritmo de sus pasos, Lu Guang mirando al frente, su perfil pálido siempre sereno.

—¿Qué crees que quiere? —preguntó Qiao Ling, por fin.
—Escuchó el demo —respondió Xiaoshi, encogiéndose de hombros—Eso es todo. Quizás nos pida que lo borremos o alguna cosa así, hasta puede que quiera comprarnos la letra. Es Yoon Habin…
—Nada es todo con Yoon Habin —susurró el más tranquilo del grupo. Lu Guang emitió un sonido breve, casi un suspiro—. Quiere algo. Siempre quiere algo y lo consigue con un chasquido.

El Húngaro Ganessa había nacido de la obstinación de esa mujer, un sitio dónde la juventud puede refugiarse y aprender; dónde si tienes algo que enseñar o que quieres mostrar, puedes hacerlo. Ella pondría el precio, que a veces era dinero u otras cosas, como ayudar o enseñar, pintar, estar presente en algo. Y, a su vez, esa terquedad le hizo abrir varias sub diviones… era un bar clandestino en un segundo piso, un estudio de grabación en el tercero y de danza, pintura en el cuatro y al fondo una pequeña galería.

Era todo lo que Habin había pedido, solo que en vez de un lugar socialite era un edificio entero que se tragaba media cuadra entera.

Desde la calle, el Húngaro Ganessa parecía una piedra negra plantada a la fuerza entre los demás edificios; tres pisos y medio de hormigón bruto, columnas anchas sosteniendo los niveles superiores y ventanales tan grandes que dejaban ver la vida adentro, expuesta, como si el edificio no conociera la privacidad. Más que una fachada cerrada, el frente funcionaba como un ágora urbana, un espacio abierto donde la gente se detenía, se sentaba en los escalones o simplemente miraba antes de decidir si entrar o no.

La entrada principal era un portón alto, aun costado, una escalera elegante que subía directo al segundo piso, al bar, donde casi siempre había alguien sentado en el último escalón, fumando y esperando que bajara el sol o el sitio preferido de Yoon Habin. No había un solo acceso ni un recorrido claro; cada entrada parecía llevar a algo distinto.

Los pisos de arriba no estaban completamente cerrados, los grandes ventanales de vidrio, hierro y pasillos abiertos dejaban escapar el ruido, el olor y las actividades que se llevan a cabo ahí antes que; desde la calle se alcanzaban a ver cuerpos en movimiento en las salas de danza, gente inclinada sobre consolas en el estudio de grabación, pinceles chocando contra el lienzo en los talleres. Todo ocurría a la vista, sin intentar disimularse porque la idea principal era atraer a más gente, todos sabían del Húngaro Ganessa asó.

Al fondo, casi fuera del campo visual, columnas llevaban a otra zona, donde sin cartel daba a la galería; un pasillo de luz blanca colgando cuadros que nadie parecía apurado por vender, porque siempre aparecían mejores al día siguiente. El Húngaro Ganessa no pasaba desapercibido.


 Subieron las escaleras, no era la primera vez que visitaban o trabajaban en el centro cultural, de hecho, habían organizado una exposición de fotos allí mismo hacía un par de meses atrás. La puerta a la que se dirigían se abrió antes de que Xiaoshi tocara.

Yoon Habin estaba sentada en el único escritorio, en el centro de la habitación, apenas iluminada por una lámpara de pie con pantalla clara. Delante de ella, tres vasos altos y una botella del mejor vino que encontró en su bodega y suave…  Recioto della Valpolicella. Su rostro lucía tranquilo, hermoso, infranqueable.

—Qué bueno que hayan venido, Estudio de fotografía… —musitó con una voz baja, casi un susurro que parecía atercipelarse. Señaló los sillones con un movimiento lento de la muñeca, en lugar de invitarlos, los estaba desafiando a sentarse—. Parece que llevan toda la noche despiertos… —sonrió, curvando ligeramente sus labios rush—. Me pregunto qué les habrá tenido tan ocupados.

Xiaoshi se dejó caer en la silla y cogió el vaso, para luego beber un trago. El alcohol ardió en su garganta pese a ser dulce, tuvo que toser de inmediato. Lu Guang probó el líquido con la punta de la lengua y dejó el vaso sobre la mesa sin hacer ruido, por otro lado Qiao Ling no lo tocó, fingió beber un poquito.

Yoon Habin llevaba un vestido negro, ajustado lo suficiente para marcar su silueta sin volverla vulgar, escotado y la espalda casi completamente descubierta, sostenida por tirantes finos.  Su cabello rojo, ondulado y suelto, contrastaba con el negro del vestido y caía sobre un hombro con suavidad, en ligar ondas; ese color hacía resaltar sus ojos del mismo tono, intensos, atentos, siempre evaluando a la gente que ponían delante de ella.

—La canción, Cheng Xiaoshi-ya —dijo Yoon Habin, cruzando las piernas con calma, dejando que el vestido se elevara unos centímetros—. Es un desastre —dejó que la frase fuera asimilada por los tres antes de continuar—. Te ahogas en el minuto dos con diecisiete. La batería entra tarde después del primer puente, como… como dudando de sí misma —alzó la mirada, lenta, midiéndolos uno por uno—. Y aun así… —se permitió una pausa más larga, deliberada—… Ahí está.
Una leve curva apareció en sus labios.
—Juvenil. Limpia. Sin necesidad de gritar para llamar la atención. Funciona porque es honesta y porque no necesita gritar para llamar la atención. Es un sonido constante, suave que muestra presencia. Me gusta.
—Lo grabamos en doce horas —habló orgulloso Xiaoshi y, a la vez, en un tono defensivo—. Es un demo, lo subí sin querer.
—Lo sé. Por eso estoy aquí. Si fuera un producto pulido, los habría ignorado. —Habin inclinó la cabeza, su cabellera rojiza se movió con ella—. Ustedes tres, Time Photo Stuidio, siempre me pareció un… un nombre curioso. Y ahora esto, ¿qué pretenden?
Xiaoshi abrió la boca para soltar la idea grandilocuente, la de los detectives del tiempo, la de inmortalizar la juventud, pero Lu Guang habló primero.
—Subir la canción. Ver qué pasa. Tenemos un concepto, la idea base y algunos fragmentos dispersos.
—¿Sin manager? ¿Sin sello? ¿Sin un plan más allá de publicarla en SoundCloud y rezar? —Habín dejó escapar un suspiro que sonó a decepción—. Eso no es un plan, es una idiotez.
—Tenemos nuestras reglas —murmuró Qiao Ling, su voz era más firme de lo que Xiaoshi esperaba.
—¿Reglas? —Habin arqueó una ceja—. Enséñenmelas.

Xiaoshi sacó de inmediato su teléfono y la libreta dónde anota los encargos del estudio; la foto que había tomado en el puesto de ramen… Lu Guang y Qiao Ling absortos, construyendo música con palillos… una evidencia de su ahora. Antes de que pudiera hablar, Lu Guang enumeró las reglas.

—Solo doce horas para tomar una decisión importante. Sigue mis órdenes durante el proceso. No alteres el pasado ni el futuro una vez que la elección está hecha. Y don’t ask about the past.

El silencio que siguió por parte de Yoon Habin fue eterno, los observó con incredulidad, la personalidad de Cheng Xiaoshi le parecía única… pero nunca imaginó que sus dos amigos —más recatados— fueran a unirse en una propuesta tan abrda. Su expresión no cambió, la sonrisa seguía curvada hacia arriba no sabía si mostrar interés genuino o correrlos de ahí.

—Reglas para una banda, já… si Joe los escuchara decir esto… —soltó al fin con una risa suave y elegante—. Son estúpidas y funcionales… inusualmente disciplinadas para lo que aparentan ser… un rock hecho a medio pelo —su mirada se clavó en Xiaoshi—, tú eres el impulsor. El que salta primero y se sumerge en el pasado —se dirigió a Lu Guang. —tú eres el frena, calcula el costo y determinas las acciones a tomar — al último miró a Qiao Ling —. Y tú eres la que une todo o ¿me equivoco, Qiao Ling dongsaeng?

Nadie respondió, intercambiaron miradas entre ellos tres.

—Bien —asintió Habin—. Aquí está mi oferta, única. Les presto el equipo de grabación de nivel profesional por doce horas. Estudio de sonido, ingeniero de mezclas, lo necesario para convertir ese desastre en algo escuchable. Ustedes graban la canción de nuevo, la versionan, le dan forma de single. Lo hacen bajo sus reglas. Doce horas de estudio, nada más.
—¿A cambio de qué? —preguntó Lu Guang, con total desconfianza.
—A cambio del cincuenta por ciento de los ingresos de esta primera canción, durante el primer año. Y el derecho de primera opción para producir su EP, si es que llegan a hacerlo. Si la canción no genera nada, no me deben dinero. Solo el tiempo del estudio y lo pagarán con otra galería de fotos, gratis.
—Cincuenta es mucho —protestó Qiao Ling al instante.
—Es justo —replicó la mujer—. Ustedes no tienen nada, ni siquiera tanta fama. Yo arriesgo mi recurso más valioso, el tiempo de mi ingeniero. Doce horas de su estudio cuestan más que su renta mensual, los tres juntos. Es un préstamo, chicos, un préstamo de tiempo y fe. ¿Aceptan?

Xiaoshi miró a Lu Guang, la cara de él era de pokerface, sin dejar ver sus emociones reales. Ya estaba analizando, calculando, sopesando el riesgo. Doce horas otra vez. Suspiró. Un límite que los había forzado a crear y ahora los forzaría a profesionalizar una canción de banda de garaje. Cheng Xiaoshi vio el leve parpadeo en los ojos azulados de Lu Guang, otra exhalada de aire y un asentimiento leve.

—¿Las reglas? —preguntó Xiaoshi, volviéndose hacia Habin.
—Se aplican, ya que es su lema. Doce horas en el estudio, durante ese tiempo, él —señaló a Lu Guang— manda en lo creativo y yo no interfiero. Mi ingeniero sigue sus instrucciones. No pueden alterar el pasado: la esencia de la canción, lo que capturaron ese sonido amateur y que no buscan destacar. Si aceptan en este momento, ya no podrán modificar nada.
—No toques el pasado, ni el futuro —susurró el albino, seguía con ese tono monótono y controlado.

Xiaoshi sintió una descarga de adrenalina, era una locura. Exactamente el tipo de locura que necesitaban para un proyecto ambicioso nacido de cervezas de cangrejo.

—¡Sí! ¡Tenemos un acuerdo! —dijo, antes de que la prudencia pudiera aparecer en su cabecita.
—No —espetó Lu Guang.

Xiaoshi se volvió hacia él, sorprendido y se topó con la sonrisa de suficiencia del albino.

—No sin una condición más —continuó Lu Guang, mirando fijamente a Habin—. Qiao Ling tiene voto en la mezcla final. Si algo no le parece, se cambia. Es nuestra canción, de los tres.

Habin esbozó por primera vez algo parecido a una sonrisa. Le gustaba esa actitud terca en Lu Guang.

—No lo sé… la batería, después de todo, no entró a tiempo aunque es de Qiao Ling dongsaeng —se levantó, era más baja que ellos, con una figura igualmente imponente y hermosa, seductora—. Está bien, por ser mi linda Qiao Ling dongsaeng. El estudio estará listo a las seis de la tarde, lleguen puntuales. Tienen desde las seis hasta las seis. Un segundo más, y la puerta se cierra. —extendió una tarjeta negra, con el nombre del mezclador y una dirección en Eastwood—. No lleguen tarde.

Salieron del Húngaro Ganessa hacia las calles de Eastwood que empezaban a tomar color y sonidos, despertando de su letargo noche, con el rumor lejano de los primeros camiones de reparto y las bocinas del delivery, Xiaoshi respiró hondo. El aire frío le llenó los pulmones.

—Cincuenta por ciento —murmuró Qiao Ling—. ¡Es un robo!
—Es una oportunidad —rectificó Xiaoshi, la euforia subiéndole como la corriente de un río—. Estudio profesional, Lu Guang. ¡Imagina el sonido! Tu voz sonará más robótica que nuncaaaa.

Lu Guang caminaba con las manos en los bolsillos de la chaqueta, suspirando exasperado por la voz de su mejor —a veces enemigo— amigo.

—Doce horas —repitió, como un mantra, el que vivirían a partir de ese momento—. Es menos tiempo del que tuvimos, habrá presión. El ingeniero no será un compañero, nos estará vigilando para que no rompamos las reglas que expresamos a Yoon Habin.
—Pero seguimos tus órdenes —recordó Xiaoshi, golpeándole su hombro con suavidad—. Tú controlas el tiempo.
—No. Es la falsa seguridad que nos quiere hacer creer Yoon Habin. Si ve que fracasamos, no dudará en romper el contrato, aparte solo es de palabra. No firmamos nada —Lu Guang enmudeció después de eso, analizando. Su mirada estaba perdida en la distancia, ya dentro del estudio, calculando los BPM, los niveles, los picos de la voz de Xiaoshi que se quebrarín bajo presión.
—Esto es como estar en los últimos segundos de un partido. El marcador está empatado y todos saben que el último tiro puede fallar. ¿Eso significa que no lo intentas? No. Tomas el balón, aunque te tiemblen las manos, porque alguien tiene que lanzar —imitó el gesto de tirar una pelota en un aro—. Lo anotas bajo presión.
—No es lo mismo, imbécil —susurró el albino, ya exasperado—. Mejor cállate.

Regresaron al estudio fotográfico. La habitación aún guardaba los recuerdos de su música, el olor a sudor y esa extraña satisfacción por haber creado algo único y un concepto innovador. El desorden era una prueba viviente hasta física de las horas pasadas. Sin hablar, cada uno fue a su tarea. Qiao Ling se sumergió en su laptop, buscando referencias de mezcla para baterías acústicas, Lu Guang conectó sus auriculares de estudio y comenzó a desglosar la grabación demo, anotando marcas de tiempo en un cuaderno nuevo. Minuto uno, cero tres segundos entrada de guitarra, subir agudos. Minuto dos y diecisiete segundos, vocal crack, ¿mantener o retocar?

Xiaoshi tomó su guitarra. La Gibson Les Paul, Heritage Cherry Sunburst y rasgueó los acordes básicos, pero ya no sonaban igual. Ahora estaba analizando, escuchando las imperfecciones, los armónicos no deseados, el leve buzz de la cuerda al aire. El demo había capturado algo, la de tres personas al borde de algo. La versión profesional tenía que capturar esa verdad, pulilar y catapultarla. No era una tarea sencilla.

A las cinco en punto, estaban frente al edificio de la dirección de la tarjeta que Habin les entregó, era en el cuarto piso del Húngaro Ganessa, tomaron el ascensor hasta el piso cuatro y camianron hasta la puerta del estudio que tenía el cartel de producción, con un panel de control junto al marco. Lu Guang pulsó el timbre a las cinco y cincuenta y nueve.

La puerta se abrió lentamente, un hombre delgado, con gafas y una sudadera negra, los recibió mientras bostezaba. Su cabello revuelto y las ojeras bajo sus ojos indicaban que no había dormido y estaban interrumpiendo su siesta.

—Soy el ingeniero Liu. Yoon Habin nim me comentó todo. Tienen de las seis a las seis —los dejó pasar—. No me despierten a menos que sea esencial. Todo está ahí, si lo rompen lo pagan.
—¿Nim? —preguntó curioso el pelinegro, entrando al estudio.
—Es como madam. Si Habin nim trabaja con ustedes, mejor llámenla así.

Los tres se quedaron boquiabiertos al ver el estudio, el estudio era un mundo aparte. Aislamiento acústico perfecto, consolas enormes y micrófonos que costaban más que sus ahorros combinados. Un reloj digital grande, con números rojos, dominaba una pared que ya manrcaba las dieciocho en punto.

Lu Guang no perdió ni un segundo y extendió sus notas ante el ingeniero Liu, antes que este pudiera retirarse al sofá que tenía una manta semi colgada.

—Primero la base rítmica. Batería y bajo al mismo tiempo, tú Qiao Ling, marcas el click track. Nosotros te seguimos.

Qiao Ling asintió y se situó detrás de la batería acústica que estaba en la habitación, un kit brillante y enorme; se colocó los auriculares, su rostro mostró concentración pura. No era la chica que se exasperaba con Xiaoshi en el estudio fotográfico, ahora tenía en mente las baquetas y el ritmo.

La grabación iba en contra del tiempo el primer take de la batería fue bueno, pero Lu Guang escuchó un ghost note en el redoble del primer puente.

—Otra vez —ordenó, a través del micrófono del control—. No sirve.
—Pero fue limpio —protestó el ingeniero Liu, por primera vez.
—Una vez más —repitió Lu Guang, sin alzar la voz.

Qiao Ling lo miró a través del cristal e hizo una seña de okei. Hicieron siete tomas de la batería hasta que Lu Guang dio el visto bueno con un gesto de la mano. Luego fue turno del bajo; Lu Guang grabó su línea en tres tomas limpias, su expresión nunca cambió ni cuando el sudor corría por su frente.
Llegó el turno de la guitarra y eso significaba Cheng Xiaoshi, que entró en la cabina, con una mirada confiada y los auriculares ya puestos. A través del cristal, vio a Lu Guang observándolo, los ojos reducidos a finas líneas de total concentración.

—Desde el intro —dijo la voz de Lu Guang en sus auriculares, clara y directa—. No apresures el cambio al F. Déjalo respirar.

Xiaoshi dio el visto bueno. Respiró y t ocó. La primera toma fue tensa y salió pésima.

—Suenas mal, no estas siendo tú, Cheng Xiaoshi —comentó Lu Guang—. No pienses en los dedos ni en equivocarte, piensa en el ramen, en los sonidos que hicimos como bosquejos con los palillos y tu voz, cantando que quieres hacerlo por nosotros.

Xiaoshi cerró los ojos y volvió a oler el caldo picante, a sentir la mesa pegajosa, a ver la marca circular y húmeda que la lata de Qiao Ling había dejado en su frente. Tocó de nuevo. Esta vez, la guitarra fluyó, no era perfecta, tenía el pequeño swing humano que Lu Guang buscaba.

—Bien —musitó Lu Guang después de la cuarta toma—. Ahora las voces. Primero tú, Xiaoshi. Has de guía.

Cantar ante un micrófono tan sensible era una experiencia nueva y debía tener en cuenta muchos factores, como la respiración, cada roce de la lengua contra los dientes, quedaba registrado. Xiaoshi canto la primera estrofa “I can't seem to see myself outside the mirror. I seem to count the steps to the darkroom every day. I seem to have walked far away. But I just circle back to the place where I started”. Su voz se quebró en el mismo lugar que en el demo. Se detuvo, frustrado y estuvo a punto de arrojar el micro con frustración.

—No —la voz de Lu Guang era con un mar calmo—. No lo fuerces. Ese quiebre es parte de la línea. Es cuando miras al espejo y la imagen se resquebraja. Hazlo otra vez, pero no lo evites, acepta la grieta.

Xiaoshi lo entendió. No buscaban la perfección, se trataba de ellos, divirtiéndose, expresándose como los jóvenes que son. Cantó de nuevo, y cuando la voz falló, dejó que el sonido áspero, vulnerable, se colara en el micrófono. Lu Guang no dijo “bien”, no obstante Xiaoshi vio el leve asentimiento detrás del cristal.

Grabaron las armonías, los “na nanana” que ahora sonaban a relleno, sino como un coro, un murmullo del futuro que pretendían. Qiao Ling cantó su parte con una claridad y dulzura, un contrapunto a la turbiedad de Xiaoshi y la frialdad de Lu Guang.
El ingeniero Liu trabajaba como podían, moviendo faders, ajustando EQ, y siempre esperando la orden de Lu Guang. El poder había cambiado, ya no era un jefe dejando un trabajo fracasado a novatos, sino que se habían adueñado de él y del espacio prestado, caro, era su territorio por doce horas, y Lu Guang lo gobernaba sin vacilar ni por un instante porque cada instante costaba en la fragilidad de sus sueños.
Para la cuarta hora, tenían todas las pistas y empezó la mezcla. Aquí, Qiao Ling se adelantó y señaló un compás donde el bajo ahogaba un fill de la batería. Lu Guang lo ajustó y ella pidió más air en los vocales. Lu Guang discutió, pero cedió, era la regla. Se siguen sus ordenes.
El tiempo en el reloj de la pared corría implacable. Veintidós con diecisiete minutos y cuarenta y tres segundo; vientitres con cuarenta y cinco minutos y doce segundos... la fatiga los estaba envolviendo, el sueño en los párpados era visible, un sabor metálico en la boca. Bebieron agua, tomaron café, te verde, te rojo y continuaron.
A las cinco y treinta de la mañana ya tenían una mezcla, Lu Guang pulsó play en la consola maestra.
La canción que llenó el estudio era la suya. La esencia permanecía, la urgencia, la búsqueda, la tensión entre tres voluntades y cada elemento se hacia presente, incluso las palmas en el na nanana. La batería de Qiao Ling tenía un golpe seco y presente; el bajo de Lu Guang y la guitarra de Xiaoshi. Y sus voces, entrelazadas, contaban sobre el mañana, la esperanza, los sueños, lo que hay más allá de la oscuridad porque se tienen los unos a los otros y csantan para ellos.

El último “Our existence” se desvaneció en el silencio absoluto de la sala insonorizada. El ingeniero Liu retrocedió en su silla, por primera vez, su expresión no mostraba negativismo sino de satisfacción. Doce horas de trabajo arduo y sin descanso, continuo que había dado de resultado una canción hermosa, única y sencilla. Como la juventud.

—No está mal —dijo simplemente.

Lu Guang miró el reloj… cinco con cincuenta y ocho minutos y un segundo.

—Bórralo —ordenó de pronto, su voz ronca por el desgaste de la noche.
—¿Qué?  ¿Estás loco? —Xiaoshi dio un paso hacia el cristal, incrédulo.
—La última mezcla, la que acabamos de oír. Bórrala del sistema principal —ordenó Lu Guang al ingeniero.
—Pe… pero… —empezó a balbucear el ingeniero.
—Es la regla —cortó Lu Guang —. Doce horas. El tiempo se acaba y esta canción existe en nuestro tiempo prestado. No en el tuyo. Guarda los archivos crudos en este disco duro —sacó uno de su mochila—. Y luego borra todo rastro del servidor.

El ingeniero Liu miró el reloj cinco con cincuenta y nueve minutos y un segundo, se encogió los hombros. Era su trabajo después de todo y copió los archivos maestros al disco duro de Lu Guang y ejecutó un comando en la consola. Una barra de progreso avanzó, rápida. < Borrando sesión… >

El reloj pasó de cinco con cincuenta y nueve minutos y cincuenta y nueve segundos a seis de la mañana en punto.
Un timbre suave sonó en la sala.
Lu Guang tomó el disco duro y se lo guardó en el interior de la mochila. Dio las gracias al ingeniero Liu con una inclinación de cabeza cortes, luego los tres salieron del estudio. La puerta se cerró tras ellos, ya no había vuelta atrás, esa sala era el pasado y no se puede alterar el pasado.

En el ascensor los tres intercambiaban miradas, la tensión de las doce horas se deshacía, dejando un cansancio visible, un eco en los oídos que zobaban con las máquinas. Bajaron a la calle, el amanecer era idéntico al anterior, gris y frío, pero todo era distinto.

Frente al edificio, Yoon Habin los esperaba, apoyado contra un automóvil negro.

—¿Y? —preguntó.
—Ahí está. La evidencia —Lu Guang le entregó el disco duro.
 Habin lo tomó y no hizo preguntas por la sesión borrada, ya Liu le informó de todo y estaba de acuerdo. No preguntó por el pasado de esas doce horas.

—La publicaré en las plataformas a mediodía —comentó—. Con el arte que ustedes me manden. El cincuenta por ciento comienza a correr desde el primer stream —los miró, estaba tan radiante como ayer—. Completaron la misión, Agentes del Tiempo. Bien hecho.
—La llamaré desde ahora Habin nim, ¿puedo? —Qiao Ling avanzó entusiasmada y la mujer asintió.
—Somos socios, tengo fe en ustedes —se subió al automóvil y se fue.

Qiao Ling exhaló, largo y emocionada, Xiaoshi casi se deja caer al asfalto.

—Lo logramos —dijo, y su voz sonó extraña en sus propios oídos.

—Aún no —murmuró Lu Guang, mirando el disco duro que ya no tenían—. Solo empezamos.

Caminaron de regreso al amanecer, Eastwood seguía más vivo que nunca a esa hora, muchos Pubs recién cerraban y otros After recién abrían. No hablaron de la canción, ni del futuro, ni de las deudas, tampoco caminaron en silencio, los tres se conocían demasiado bien para bromear y pelear. El pasado de esas doce horas quedaba sellado en un disco duro que ya no les pertenecía; el futuro ya no se podía cambiar y dependían del streaming. Solo tenían esto, el cansancio en los huesos, el camino de vuelta a casa, y la certeza muda de que, por doce horas, habían sido exactamente lo que dijeron que eran... detectives que habían resuelto su primer caso: atrapar un momento de su propia juventud antes de que se escapara.
Lu Guang abrió la puerta del estudio fotográfico. Qiao Ling se abalanzó a la cafetera que ya tenía el producto hecho, el olor a granos de café inundaba el estudio.
Xiaoshi se quedó en el centro de la sala, donde horas antes habían escuchado el demo por primera vez. Estaba feliz, orgulloso… y no estaba solo.
—¿Valió la pena? —preguntó Xiaoshi, la duda asomando por fin, ahora que la adrenalina se desvanecía.
Lu Guang lo miró con sus ojos azules que parecían más claros a la luz tenue del amanecer.
—El tiempo lo dirá —respondio—. Siempre lo hace.
El estudio quedó en silencio cuando la cafetera terminó su ciclo. Qiao Ling se quedó apoyada en la encimera, con la taza entre las manos; Xiaoshi se dejó caer en el sofá del solario y suspiró profundamente, no se dio cuenta en qué momento el sueño había calado tan profundo.
Lu Guang se sentó al lado de Cheng Xiaoshi, desvió la mirada hacia los cristales del salario y las plantas que estaban siendo iluminadas tenuemente por el sol matutino. En ese momento, el pelinegro apoyó la cabeza sobre el hombro de su mejor amigo.
—Tengo sueño —espetó entre bostezos Xiaoshi al fin.
—Yo también —respondió Qiao Ling, con su taza en manos.
—Vayan a dormir —ordenó—. Mañana… bueno, hoy… será otro problema.
Xiaoshi sonrió, cansado, y asintió. Qiao Ling miró su taza aún humeante y sonrió ligeramente.
El tiempo seguia avanzando, como siempre y, por primera vez, no intentaron frenarlo con el click de una cámara.
« Last Edit: January 17, 2026, 11:26:02 AM by Miyu »

❛ 𝖳𝗁𝖾 𝗁𝗎𝗇𝗍𝖾𝗋 𝖻𝗋𝖾𝖺𝗍𝗁𝖾𝗌 𝖻𝖾𝗇𝖾𝖺𝗍𝗁 𝗍𝗁𝖾 𝖼𝗁𝖾𝗌𝗌𝖻𝗈𝖺𝗋𝖽, 𝗐𝖺𝗍𝖼𝗁𝗂𝗇𝗀 𝗍𝗁𝖾 𝗉𝗎𝗉𝗉𝖾𝗍𝗌 𝗋𝗎𝗇 𝖿𝗈𝗋 𝖿𝗎𝗇;
𝖾𝗌𝖼𝖺𝗉𝖾 𝗂𝗌 𝗃𝗎𝗌𝗍 𝖺 𝗌𝗎𝗀𝖺𝗋-𝖼𝗈𝖺𝗍𝖾𝖽 𝖼𝗎𝗋𝗌𝖾 𝖻𝖾𝖿𝗈𝗋𝖾 𝗍𝗁𝖾 𝗇𝖾𝗑𝗍 𝗋𝗈𝗎𝗇𝖽 𝗁𝖺𝗌 𝖻𝖾𝗀𝗎𝗇. ❜


Kora

Re: Act 1: Overture
« Reply #93: September 30, 2019, 02:34:13 PM »
Llevo tiempo queriendo escribir esto, así que introducción corta antes de poner todo lo demás. Este mes edito con los icons porque nada que he hecho me gusta *_*;;

Sólo la tenue luz del ordenador portátil alumbraba la oscuridad de la habitación, pero Ignis estaba acostumbrado a las sombras, y no le importaba la presión en su vista. Con una mano en la barbilla, su mirada estaba fija en el email que todavía no había empezado, desarrollando un guión en su mente antes de empezar a escribir - siempre había preferido pensar antes de actuar.

Noctis Lucis Caelum. Su nuevo objetivo era un joven escritor, actualmente postrado en cama la mayoría del tiempo, y previo interés romántico de un agente del servicio secreto que había desaparecido en el último par de años. Por qué Crystallium tenía interés en tal agente era algo que no se le había dicho a Ignis, y tampoco lo necesitaba saber, pues lo que realmente importaba era que debía estimar si Noctis sabía su paradero y cómo extraer la información del joven.

El uso de la fuerza no era aconsejable en situaciones como aquella, e Ignis consideraba que era mucho menos arriesgado para su identidad el mostrar su rostro a alguien que no fuera a asociarlo con violencia y miedo. Entrar en la vida de alguien para desaparecer poco después era un procesor simple y limpio, y la gente tendía a olvidarse del breve tiempo que habían compartido. O morir, si era ese el objetivo de su misión.

Ignis había considerado largo y tendido cómo acercarse a Noctis, considerando primero el infiltrarse en el personal médico del hospital, pero cambiar horarios para un empleado nuevo que desaparecería poco después podría levantar algunas sospechas, y la idea había quedado como un plan B. Entonces, se le había ocurrido su plan actual: posar como uno de los fans de la novela de Noctis, y ganarse su confianza hasta poder visitarlo en el hospital. El libro había sido una lectura interesante, en realidad, así que sus halagos podrían sonar aún más sinceros.

Lo cual le llevaba a su situación actual. Tras dejar ir un suspiro por la nariz, Ignis empezó a teclear.

Hola, Noctis

Llevo tiempo dudando si debería enviarte este correo o no, pero me gustaría mucho decirte cuánto me ha gustado tu libro - el cual terminé en dos días, y porque tenía que ir a trabajar entre medias… casi llegué a llamar diciendo que estaba enfermo.

Si algún día estás por Downtown District, me gustaría invitarte a una cerveza y charlar sobre el libro un rato. Hay partes que me llegaron al corazón, pero no me gustaría descargar sobre ti tanta información personal ahora mismo.

Saludos,

Ignis S. S.


Invitarle a tomar algo era cebo para hacerle sugerir que no podía salir, lo cual Ignis usaría después para ofrecerse a visitarlo. Así era como funcionaban las cosas: tocar la parte sentimental de alguien mostrando vulnerabilidad, y entonces aprovechar su reacción. Ignis se había inmunizado a la culpa que sentía al jugar con las emociones de otras personas: el mundo era injusto, y todos estaban en él haciendo lo posible por sobrevivir.

Y ahora, tocaba esperar.


Miyu

Re: Act 1: Overture
« Reply #94: September 30, 2019, 09:51:28 PM »
9.1 # Roxana Agriche.
Roxana atravesó los pasillos de la universidad con elegancia, el taconeo de sus zapatos marcaba un ritmo claro y aislado del murmullo de las voces y el arrastre de otras suelas. La brisa de la mañana movía su cabellera larga y peligrosa, pero no sentía el aire, sentía la presión de las miradas que se despegaban de ella al pasar, como imanes que cedían. No las veía, pero las registraba en el cambio de tono de las conversaciones, en el breve silencio que dejaba a su espalda.

Sus tacones Pigalle resonaban con cada paso, y la suela roja acentuaba su aire refinado y audaz; aquel lugar entero se había transformado en una pasarela improvisada para sus largas piernas. Le gustaba verse elegante y ostentosa, ya que había convertido su propio cuerpo en escaparate de su obra, con mariposas tatuadas que recorrían sus brazos y muslos, diseños nacidos de sus propios bocetos, bellos y perturbadores a la vez, marcados por un sutil toque macabro.

Se detuvo ante la puerta del baño de mujeres y buscó refugio en el espejo, como si necesitara recordarse a sí misma quién era: Roxana Agriche. Un Agriche, de las familias más prestigiosas y adineradas de Eastwood, quien nacía ahí, nacía con cuchara de plata.  El encaje negro del choker oprimía su cuello y contrastaba con la suavidad de su piel; sus ojos, de un rojo profundo, atrapaban la luz y le daban un aire casi irreal, combinando con el rouge en sus labios y el movimiento suelto de su cabello rubio miel terminaban de componer una imagen cálida y peligrosa, similar —pensaba ella— al pulso vivo que atraviesa sus cuadros.

Tras alisarse la ropa, caminó deprisa hacia el aula. Al entrar, una sensación de extrañeza la invadió… no reconocía a nadie. Los rostros parecían difusos, ajenos, y hasta los profesores le resultaban desconocidos después de tres meses lejos de las cátedras.

La puerta del aula de Arte Histórico estaba abierta, por lo que entró sin miramientos. El profesor hablaba frente a una proyección descolorida de un fresco romano y ella no levantó la vista; Roxana recorrió los escalones laterales del anfiteatro hacia la fila superior, vacía, fijándose cuidadosamente que nadie estuviera cerca de ella. Simplemente no quería charlar ni fingir que no le importaban las negativas de los “ancianos rancios” del Club de Arte. Sacó un cuaderno negro, liso, sin inscripciones. No anotaría nada, no lo necesitaba.
Dentro, el profesor Dormino estaba de pie junto al proyector interrumpió su monólogo al ver a Agriche Roxana. Sus anteojos redondos reflejaron por un segundo la luz de la pantalla que barrió la sala antes de posarse en Roxana. No dijo nada, el leve movimiento de sus labios, un apretón casi imperceptible de mandibula, fue la única señal. Roxana sintió esa mirada de desdén, del silencio súbito que hizo que varias cabezas se giraran.

Ella no desvió la mirada, se fijó en el profesor y lo reconoció como uno de esos “viejos rancios” que la habían negado como artista; recorrió el perímetro del anfiteatro, hasta volver sus penetrantes ojos carmín al cuaderno. Sus largas uñas esculpidas trazaron círculos, sin mucho interés.

Dormino carraspeó, para atraer las miradas a él una vez más.

—Como decía —continuó, recuperando un poco de su compostura habitual. Odiaba tener a esa mujer ahí y era uno de los que habían intentado expulsarla con más fuerza—, la exposición de fin de trimestre no es un ejercicio de libre asociación. No es un juego, es la declaración de nuestros principios como artistas. Si van a fantasear con seres antinaturales, por favor retírense.

Hizo una pausa premeditada, caminando frente a la primera fila donde dos de sus mejores alumnos estaban sentados y al último dirigió su cejo entrecruzado a Roxana.

—El vestíbulo principal no es un almacén de ocurrencias. Es el rostro público de esta facultad. Por lo tanto —y aquí golpeó suavemente la pantalla con el dedo índice, justo en el centro de una columna griega—, la coherencia estilística y temática no es una sugerencia. Es un requisito.

Un estudiante del centro, de pelo rizado, levantó la mano.

—Profesor, ¿eso limita la experimentación con nuevos formatos?

Dormino esbozó una sonrisa delgada, acomodando sus gafas en el puente de la nariz.

—Experimentar no significa abandonar los cimientos. El caos controlado de un Jackson Pollock tenía un marco teórico, la provocación de un Francis Bacon, una tradición pictórica detrás. Lo que no toleraremos —su mirada, sin buscar a Roxana, contem’plo a cada estudiante, su miarada una advertencia que debían mantenerse fieles a lo ya establecido— es la pedantería. La búsqueda de impacto fácil a través de… elementos ajenos al discurso artístico propiamente dicho.

Su alumno favorito asintió y su compañera del lado anotó rápidamente esas palabras.

—El jurado externo —prosiguió Dormino—, valora la maestría técnica. El dominio del oficio. No se dejen engañar por modas efímeras o por el deseo de sobresalir a cualquier costo. Sobresaldrán quienes comprendan que el arte es un lenguaje, con una gramática. Y la gramática, queridos alumnos, se aprende aquí, no en galerías de dudoso gusto que confunden el mercantilismo con la vanguardia.

La última palabra fue directo para Roxana y varios estudiantes lanzaron miradas furtivas hacia la parte trasera. La rubia mantenía los ojos fijos en su cuaderno negro, abierto en una página en blanco. Con la punta del lápiz, trazaba líneas muy suaves, el contorno de una mariposa con las alas quebradas.

—Las piezas serán evaluadas por un comité de selección —anunció Dormino, recuperando un tono neutro—. Un comité formado por miembros destacados del alumnado y miembros respetados del Club de Arte. Ellos garantizarán que lo que cuelgue en el vestíbulo dignifique el nombre de esta casa de estudios. Cualquier propuesta que considere… moralmente inaceptables, será desestimada. Sin apelación.

Hizo otra pausa al final, dejando que la advertencia se asentara para todos. Luego, encendió de nuevo el proyector, la luz iluminó su rostro de perfil, destacando la línea tensa de su mandíbula.

—Pasemos al análisis del claroscuro en Caravaggio. Una técnica que, les aseguro, no necesita añadidos espurios para transmitir dramatismo.

La clase murmuró sobre la exposición, después se oyó el sonido de hojas pasándose, de bolígrafos deslizándose, llenó el espacio. Roxana cerró el cuaderno, el lápiz había dejado un surco tenue en el papel, la sombra de un insecto que nunca llegaría a volar. Bajó la mirada hacia sus propias manos, quietas sobre la cubierta lisa. No necesitaba escuchar más. Todo estaba ya establecido: el muro vigilado, el lenguaje acotado. Para ella, aquellos viejos encarnaban la pedantería de quien pretende fijar límites a lo que, por naturaleza, no admite definición. Porque el arte, después de todo, funciona así.

Dormino no volvió a mirar hacia atrás. Su voz fluía ahora sobre las obras maestras del pasado, un río de certezas que discurría muy lejos de la última fila, en la penumbra alta del anfiteatro, donde una figura inmóvil respiraba en silencio, ajena al sermón, ya trazando en su mente los límites del cuadro que, gramática o no, colgaría en su muro.

Una cabeza rubia y rizada se giró dos filas más abajo. Era Audrey Hall —Miss Justice, como la llamaban en ciertos círculos—, la secretaria del Club de Arte. Sus ojos verdes se detuvieron en Roxana, recorriéndola de los tacones de marca al cuaderno vacío, antes de volver al profesor. Enderezó la espalda. No lograba comprender a Roxana: cómo podía ir contra las normas establecidas, ser ignorada y despreciada, y aun así conservar esa calma imperturbable.

Roxana abrió otro cuaderno, en la primera página, un boceto a carboncillo mostraba una mariposa con las alas hechas de costillas humanas finamente entrelazadas. Pasó la hoja.

El profesor apagó el proyector y con eso la clase concluyó, con el sonido sordo de carpetas cerrándose y sillas arrastrándose sobre el piso. Roxana fue la última en moverse, permaneció sentada hasta que el anfiteatro se vació, observando cómo los estudiantes formaban grupos ruidosos en el pasillo. El profesor Dormino recogía sus transparencias con pulcro, fingiendo no notar su presencia Ella se levantó despacio, impecable, plenamente consciente del efecto que su presencia provocaba, recogió su cuaderno negro y lo guardó en su bolso de cuero, y salió sin prisa.

El pasillo estaba más ruidoso, voces superpuestas, risas nerviosas, el murmullo constante de quienes comentaban la exposición sin saber todavía qué querían decir. Roxana avanzó entre ellos sin detenerse y nadie se interpuso en su camino, va nadie se atrevió a interponerse a ella; algunos cuerpos se apartaban con torpeza, otros fingían no verla. Agradeció ambas reacciones por igual.

Al doblar hacia el ala norte, sacó el teléfono del bolso, no revisó mensajes ni llamadas perdidas, abrió directamente una conversación fijada en la parte superior de WhatsApp.

Chiyo:
¿Fuiste a la U?

Roxana escribió mientras caminaba.

Roxana:
Sí. Siguen igual.

La respuesta llegó casi de inmediato.

Chiyo:
Entonces nada cambió. Eso es bueno, todavía temen el apellido Agriche. Ven a la galería esta tarde. Quiero mostrarte algo.

Roxana guardó el móvil sin contestar. No hacía falta. Asistiría, y Chiyo lo sabía desde el instante mismo en que había enviado el mensaje. Entre ellas no existían ya las formalidades de la confirmación; la certeza era parte del vínculo. Eran amigas desde hacía poco más de un año, un tiempo breve en apariencia, pero lo suficientemente denso como para haber sedimentado dicha amistad.

Se habían conocido por accidente, en una exposición dedicada a las obras de Richard Upton Pickman. Ninguna de las dos había ido buscando compañía. Roxana se detuvo demasiado tiempo frente a un lienzo que otros evitaban mirar, y Chiyo lo notó. Fue ese gesto —la voluntad de sostener la mirada ante lo intolerable— lo que las unió. Pickman no ofrecía consuelo ni belleza; sus figuras estaban despojadas de ideal social, expuestas en su crudeza más incómoda, como carne abierta bajo una luz implacable.

Ambas se sintieron atravesadas por esos horrores sin ornamento. No era fascinación morbosa, en aquellas imágenes deformes y violentas encontraron una verdad que el arte complaciente se empeñaba en ocultar. Desde entonces, compartían una misma idea, que el arte auténtico no tranquiliza, hiere. Y que quien no está dispuesto a sangrar un poco frente a él, jamás lo comprenderá.

El edificio de Arte quedaba atrás y con él el peso académico que nunca había logrado acomodarse a su espalda. Afuera, el campus se abría en senderos arbolados y fachadas de piedra clara; Eastwood se preciaba de esa armonía falsa para ella… orden, simetría, tradición. Todo muy limpio, todo muy correcto.

Roxana sonrió apenas.

No regresó a casa. Tomó un desvío hacia el estacionamiento privado, donde el guardia la reconoció sin pedir identificación, todos conocían a la menor de la familia Agriche y su temperamento. El coche arrancó con suavidad, el trayecto fue corto; la ciudad no era grande, pero sí densa en miradas y apellidos conocidos.

Durante el camino pensó en Dormino, en su tono despectivo hacia ella, en esa manera de pronunciar la palabra moral sin rubor. Pensó también en Audrey Hall, en la rectitud incómoda de su postura, en la curiosidad mal disimulada. No la consideraba una enemiga o al menos todavía no.

El semáforo cambió y Roxana apoyó la mano en el volante, observando la calle reflejada en el parabrisas. Eastwood tenía memoria larga y poca imaginación, al menos en el mundo de Arte que ella conocía.  La galería de Chiyo ocupaba un antiguo local reconvertido, lejos del circuito universitario. No había cartel ostentoso, solo una placa discreta junto a la puerta. Roxana estacionó y entró sin tocar el timbre; para acceder al espacio debía descender por una escalera de caracol, como si el arte exigiera una renuncia previa a la superficie.

Adentro, el espacio estaba en penumbra, las paredes blancas sostenían piezas exquisitas en lo tétrico. Instalaciones mixtas, grabados agresivos, cuerpos fragmentados que desafiaban cualquier lectura cómoda.

Chiyo Asanagi estaba de pie al fondo, revisando una lista en una tableta; vestía de blanco, sobria, y el cabello ébano hasta más allá de la cintura. Una mujer hermosa y femenina, que siempre sonreía, pero detrás de esa sonrisa ocultaba algo, el gusto por lo excéntrico y la curiosidad obscena por lo pagano. Al oír los pasos, alzó la vista.

—Roxy~ llegas temprano —canturreó feliz, sus ojos violáceos destellaban un brillo único.
—No tenía ganas de volver a casa y escuchar a mi padre —respondió Roxana, dejando el bolso sobre una mesa baja.
—Entonces estás en el lugar correcto.

Caminaron juntas por la sala principal. Chiyo no explicaba nada; sabía que Roxana prefería mirar esas obras y analizarlas en silencio. Se detuvieron frente a una vitrina cerrada, dentro, una serie de pequeñas piezas reposaban sobre terciopelo oscuro.

—Esto es lo que quería mostrarte —musitó al fin.

Roxana se inclinó apenas, eran insectos. No mariposas, no del todo… las alas estaban construidas con materiales orgánicos tratados, nervaduras demasiado definidas, cuerpos que no correspondían a ninguna especie catalogada.

—¿De dónde salió esto? —preguntó confundida… eran obra suya, las había vendido a un coleccionista privado, del que ella no sabía su nombre.
—Donación privada. El donador pidió anonimato, pero cuándo lo vi, pensé en ti.
—Es de mi autoría —confesó—. Lo vendí hace un par de años atrás, cuándo recién comenzaba.
Chiyo la observó de reojo y una pequeña risa salió de sus finos labios.
—Lo sospechaba. Eres la única capaz de hacer algo tan hermoso y horrendo, Roxy.
—El comité del Club de Arte no estaría de acuerdo.
—Nunca lo está —respondió Chiyo—. Por eso siguen siendo irrelevantes.
Se alejaron de la vitrina y Chiyo la llevó a una sala trasera, donde apoyó la tableta en el mostrador.
—Dormino va a intentar bloquearte otra vez.
—Que lo intente.
—Esta vez el jurado incluye gente externa. Algunos nombres son de alto rango en el exterior.
—También los Agriche —contestó Roxana sin arrogancia, solo como hecho.
Chiyo volvió a reír en voz baja.
—Beelzebub pasó por aquí ayer.
—¿Traía vino? — la rubia alzó una ceja.
—Por supuesto. Y un libro extraño sobre rituales precristianos. Me habló veinte minutos de deidades menores y sacrificios simbólicos.
—Siempre fue exagerado —se cruzó de brazos Roxana—. Al menos entiende cosas que otros prefieren ignorar.
—Ivan llamó también —continuó Chiyo—. Va a tener una presentación en la ciudad la próxima semana.
—No me sorprende. Le gusta el escenario tanto como a Sua.
—Ella está de gira —añadió Chiyo—. Ballet contemporáneo. Le iría bien a Eastwood ver algo así.
Roxana pensó en sus hermanos con una mezcla de afecto y distancia. Cada uno había encontrado una forma distinta de habitar el exceso.
—Voy a presentar una pieza —Roxana tomó asiento en una silla victoriana, en ese tapiz antiguo y respaldo incómoda, mostraba toda su distinción—. Aunque no la cuelguen.
—Eso ya lo sé. Eras la única capaz de plantarte frente a esos viejos —susurró la mujer de cabellos negros al tomar asiento frente a ella.

Chiyo no se movía en el mismo terreno. Si el Club de Arte de Eastwood decidía borrarla del mapa, no solo perdería su nombre, su prestigio, su galería tendría que cerrar y su cargo en el museo quedaría en pausa. Por eso, en ciertos círculos, operaba bajo un seudónimo: Shub Niggurath. Una divinidad primigenia, la cabra negra de los mil retoños.
—No va a gustarles —la sonrisa que se formó entre sus mejillas era una diferente, como si supiera que su pieza iba a rozar una costra delicada y del agún modo eso le gustaba. Rozaba la altanería.
—Eso también. Me han pedido que sea jueza y los he rechazado por lo mismo. Conozco las bases fundamentales y las quiero negar con toda mi alma. Te daría de ganadora a ti, sin miramientos.
Roxana esta vez si sonrió de manera sincera.
—Lo sé. Eres tan retorcida como yo, Chiyo.
Después de una hora de charlas y beber té de dientes de león, la mujer partió, no sin antes girarse y hablar con su amiga una última vez.

—Chiyo.
—¿Sí~?
—Gracias por no pedirme que cambie.
La curadora sostuvo su mirada.
—Nunca lo haría, sino, yo también debería cambiar.

Afuera, la tarde llegaba a su fin y Roxana respiró hondo. Tenía trabajo por delante, materiales que preparar y decisiones que otros llamarían extremas.

« Last Edit: January 17, 2026, 11:28:42 AM by Miyu »

❛ 𝖳𝗁𝖾 𝗁𝗎𝗇𝗍𝖾𝗋 𝖻𝗋𝖾𝖺𝗍𝗁𝖾𝗌 𝖻𝖾𝗇𝖾𝖺𝗍𝗁 𝗍𝗁𝖾 𝖼𝗁𝖾𝗌𝗌𝖻𝗈𝖺𝗋𝖽, 𝗐𝖺𝗍𝖼𝗁𝗂𝗇𝗀 𝗍𝗁𝖾 𝗉𝗎𝗉𝗉𝖾𝗍𝗌 𝗋𝗎𝗇 𝖿𝗈𝗋 𝖿𝗎𝗇;
𝖾𝗌𝖼𝖺𝗉𝖾 𝗂𝗌 𝗃𝗎𝗌𝗍 𝖺 𝗌𝗎𝗀𝖺𝗋-𝖼𝗈𝖺𝗍𝖾𝖽 𝖼𝗎𝗋𝗌𝖾 𝖻𝖾𝖿𝗈𝗋𝖾 𝗍𝗁𝖾 𝗇𝖾𝗑𝗍 𝗋𝗈𝗎𝗇𝖽 𝗁𝖺𝗌 𝖻𝖾𝗀𝗎𝗇. ❜


Miyu

Re: Act 1: Overture
« Reply #95: October 30, 2019, 09:57:52 PM »
9.2 # Soirée Masquée des Roses

Una semana había transcurrido desde la visita de Roxana a la galería oculta de Chiyo. El rechazo del profesor Dormino al lienzo que presentó era algo indiscutible y que se hizo de manera pública, en la crítica de mitad de semestre, desplegó su lienzo —un autorretrato abstracto donde los tonos carmesí y óxido se enredaban como vísceras— frente al auditorio repleto de personas con peso en el mundo del arte. Dormino, con una sonrisa de lástima arrogante, pronunció su veredicto: “Decoración mórbida para adolescentes, carece de rigor conceptual. Basura.” La palabra resonó en la silenciosa aula.

El jurado había sido casi unánime.

La citación llegó esa mañana, escueta y correcta; una reunión extraordinaria del comité del Club de Arte de Eastwood a la que Roxana asistió sin expectativas, vestida con la misma elegancia que reservaba para los enfrentamientos inevitables. Un vestido largo negro decorados en rojo, con cuello alto y encajes.

La sala del consejo estaba llena. Demasiada gente para una decisión que ya estaba tomada y, la mayoría de los presentes querían verla caer.

Dormino presidía la mesa y en ningún isnatnte ocultó su satisfacción; era el único que hablaba sin papeles delante. Los demás miembros del comité fingían revisar documentos que no necesitaban leer y Audrey Hall estaba sentada a un costado, con la espalda recta y los labios tensos.

—Señorita Agriche —comenzó Dormino—, hemos evaluado su propuesta con detenimiento.

Roxana cruzó las piernas con elegancia y su sonrisa se apoderó de esos labios rouge con burla.

—El comité considera que su obra no solo carece de coherencia con los valores estéticos de esta institución, sino que cruza límites que no estamos dispuestos a normalizar.
—¿Límites técnicos? —preguntó la rubia, sosteniendo la mirada—. ¿Conceptuales?
Dormino sonrió, apenas. Quería verla caer, como la mayoría en esa sala.
—Éticos.
Alguien carraspeó. Nadie lo contradijo.
—Su insistencia en materiales orgánicos —continuó—, su obsesión con lo grotesco y su afán por provocar rechazo no constituyen una aportación válida al discurso artístico de Eastwood.
—No busco aprobación —respondió ella—. Busco mostrar la obra.
—Y no lo hará —intervino otra voz del comité—. La exposición de fin de trimestre es un espacio público. No vamos a convertirlo en un espectáculo de mal gusto.
Dormino apoyó las manos sobre la mesa.
—Queda formalmente excluida y no habrá reconsideración, para usted señorita Agriche.
El silencio posterior fue incómodo, pero breve. Roxana se puso de pie.
—Entonces ya no tengo nada que discutir aquí.

Nadie la detuvo, nadie se atrevería nunca a hacer eso a un Agriche. Al estar cara a cara con Dormino, Roxana no inmutó su expresión. Recogió su obra, sus guantes de seda tocaron con delicadeza su lienzo y lo apretó contra su pecho. La humillación era un estímulo trivial, su frustración, sin embargo, la hizo tomar una decisión… el circulo académico era un callejón sin salida y necesitaba un territorio nuevo, un escenario donde la percepción se pudiera manipular y no fuera tan rígida.

En el pasillo, Audrey salió tras ella. Aceleró sus pasos para alcanzarla.

—Roxana —la llamó—. Yo no voté a favor.
—Lo sé —respondió sin detenerse, la miró por encima del hombro—. Pero tampoco votaste en contra.

Audrey apretó los labios, tenía razón, bejó la mirada apena de su seudónimo “Miss Justice” y la otra mujer reanudó su caminata.

Condujo directo a la residencia familiar, una estructura de piedra oscura que se alzaba al final de una avenida privada, flanqueada por cipreses y rejas de hierro trabajado. La casa Agriche era antigua, de estilo gótico con ventanales altos, arcos apuntados, gárgolas erosionadas por el tiempo observando desde los aleros. Todos excéntricos, incluyendo al padre.

El portón se abrió sin que tuviera que bajar del coche.

Dentro, el vestíbulo estaba en penumbra, el suelo de mármol reflejaba apenas la luz de los formidables candelabros de cristal colgados en el techo. Roxana dejó el lienzo apoyado contra una columna y se quitó los guantes con cuidado, guardándolos en el bolso, avanzando hacia la sala principal.

Beelzebub la esperaba allí. Su hermano mayor, cabeza de la familia e igual de excéntrico que todos… de cabellera negra y vestimenta que, estaba segura, usaría un vampiro del siglo diecinueve.

Sentado en uno de los sillones, con una copa de vino en la mano y la botella abierta sobre la mesa baja. Había cambiado la ropa formal por algo más relajado por esta vez… camisa oscura, sin corbata y mangas remangadas. Tenía un libro abierto sobre las piernas, aunque no lo estaba leyendo.

—Llegas tarde —dijo, sin levantar la vista.
—No tenía prisa —confesó, Despues, dejó el bolso sobre una silla y caminó hacia él.
Beelzebub sirvió vino en otra copa y se la ofreció a su hermana menor, quien la aceptó, meneándola entre sus manos. El líquido borbón se balanceaba con lentitud.

—Dormino —comentó él, cerrando el libro—. Me llegó el rumor antes de que salieras del edificio.
Roxana bebió un sorbo corto.
—Lo hizo público. Ese viejo no se contuvo, intento avergonzarme, como si no lo hubiera hecho antes y me tuviera que seguir afectando.
Por supuesto, ella sabía a lo que se enfrentaba a todo el dogma que estaba frente a sus tacones y decidió seguir adelante. Era su decisión y tenia presente que, en cuanto dejara de seguir al modelo establecido, estaría sola.
—Claro que no —Beelzebub apoyó la copa en la mesa—. Cuando alguien cree tener autoridad moral, suele volverse teatral.
Roxana se sentó frente a él, cruzando una pierna.
—Me llamó basura.
—Poco original —Beelzebub alzó una ceja.
—Fue eficaz —Roxana dejó la copa también—. El comité cerró filas y Hall intentó justificarse después.
—Siempre intenta —respondió él—. No es mala, solo cómoda. Si la empujas un poco, caerá, es Miss Justice.
Roxana no replicó. Beelzebub se inclinó hacia adelante y tomó la botella para rellenar ambas copas.
—¿Y ahora? ¿Qué sigue, hermana? —su mirada era fría, imperturbable, de hecho, no le importaba todo el circo montado por el Club de Arte o Roxana, pero lo encontraba atrayente ante el ocio.
—Ahora no vuelvo a pedir permiso.
—Eso suena más interesante.
Roxana apoyó el codo en el brazo del sillón.
—Chiyo está organizando algo fuera del circuito académico.
—Shub atrapa con sus ideas que rozan la línea de lo moral —replicó él—. Me gusta.
—Más que eso. Será una grata sorpresa para ti, Beel. Espero aceptes su invitación.
Beelzebub asintió, bebiendo un trago de su copa de vidrio.
—¿Qué es esta vez?
—Un evento —continuó la rubia—. Me ha constado poco de sus planes, asegurando que quiere sorprenderme a mí también.
—Todo evento bien diseñado termina por ser una extrañeza —replicó él—. Aunque nadie lo admita.
—Te quedaste en Eastwood más tiempo del habitual —Roxana lo observó unos segundos. Él era de viajar por Europa, guiándose por la cartografía antigua de Europa.
—Estoy investigando —respondió, dando un sorbo—. Hay textos antiguos en la biblioteca privada del museo. No están catalogados y me pidieron discreción. Estoy trabajando con Chiyo.
—¿Desde cuándo te piden algo así?
—Desde que empecé a tener razón con demasiada frecuencia.
—Necesito que estés presente —dejó escapar una pequeña risa.
—¿En la fiesta? —su hermano apoyó la copa, para rellenarla.
—Sí —con elegancia, acomodó un mechón de sus rizados cabellos detrás de su oreja—. Dormino va a ir —añadió.
—Por supuesto. No sabe resistirse a los escenarios donde cree que tiene ventaja.
—Esta vez no la va a tener.
—¿Tu obra?
Roxana apoyó la mano sobre la copa, que aún estaba a la mitad. El líquido rojo le recordó a sus obras.
—Eso depende de Chiyo.
Beelzebub no preguntó más, se puso de pie y caminó hacia la ventana. Corrió apenas la cortina y miró el jardín oscuro.
—Eastwood siempre confunde control con orden.
—Y yo voy a confundirlos a ellos.
—Ten cuidado —giró la cabeza.
—No —respondió Roxana—. Salir herida por mi trabajo, será un honor. Significa que a alguien le duele verme ahí, triunfando.
Beelzebub volvió a sonreír, esta vez con algo más de interés.
—Eso está bien.
Roxana terminó su copa y se levantó.
—Voy a trabajar.
—¿Necesitas algo?
—Silencio —ordenó—. Y tiempo.
Beelzebub alzó la copa en un gesto breve.
—Eso esta casa siempre lo tuvo de sobra.
Roxana salió de la sala sin mirar atrás, el lienzo seguía apoyado en el vestíbulo, intacto. Pasó junto a él sin tocarlo.

La invitación de Chiyo llegó al anochecer. Un sobre de papel pergamino, sellado con cera púrpura. En su interior, una tarjeta escrita en letras doradas anunciaba la Soirée Masquée des Roses: una fiesta privada en la galería oculta de Chiyo. El código de la velada era estricto: etiqueta gótica y máscara obligatoria, y una rosa prendida al atuendo cuya tonalidad definiría el rol del portador en el baile durante la velada.

Roxana estudió el código, encajaba como un guante en su estética y una sonrisa lenta curvó sus labios. Chiyo le asignó la rosa negra, una figura enigmática y que solo existirían una o dos en toda la fiesta.

En su estudio, bajo la luz tenue, trabajaba en su máscara. No sería un accesorio, sino otra de sus creaciones… cuero negro, ribetes de un rojo profundo. Incorporó diminutas púas de plata a lo largo de las sienes, imitando espinas. Su rosa, una Black Baccara de terciopelo oscuro, la teñiría personalmente, añadiendo algunos diminutos diamentes.

Chiyo, como anfitriona, llevaría el morado, el color de la ambición, de la realeza. Roxana eligió para sí la borgoña oscura, que se volvía negra. Era el color de la sangre vieja, seca, la que ya ha penetrado la tierra. Representaba todo lo que era ella, lo que sus lienzos gritaban al público.
El estudio de Roxana olía a trementina, aceite de linaza y a ese ozono metálico que dejaba el polvo de hematita que a veces empleaba. Sobre su mesa de trabajo yacía la máscara ya finalizada.
Se reclinó hacia atrás, exhalando aire por el cansancio y sus ojos ardían ligeramente al haber estado expuestos a tantas sustancias y entornar sus pupilas en objetos diminutos.
Su teléfono vibró en ese momento, interrumpiendo el descanso que tanto se había ganado… una notificación de Chiyo y al instante abrió el mensaje.

Roxana lo abrió. Una lista meticulosa, una taxonomía social definida por el color de una rosa.
Chiyo:
Les couleurs des roses
Anfitriona (Chiyo / Shub Niggurath): Púrpura real. Soberana absoluta, solo una en toda la sala.
Figura Enigmática (Roxana Agriche): Borgoña oscura (negro con reflejos granate). Máximo dos invitados.
Guardia Real / Escolta: Rojo brillante. Lealtad total, confianza máxima.
Embajador / Noble Aliado: Blanca con ribete dorado. Pureza en sus acciones, estatus dorado.
Cortejo / Damas de Compañía: Rosa palo o melocotón. Encanto ornamental. Gracia, encanto, cercanía al trono sin poder real.
Invitado Común: Blanca simple. La mayoría. Disponible para adquirir con un módico precio.

Roxana leyó y releyó el mensaje un par de veces, Chiyo había estructurado una jerarquía perfecta, cada individuo sería clasificado mediante su rol y el estatus expuestos en el ojal. El blanco igualaba a la masa; el color distinguía a los jugadores.

Otro mensaje llegó de Chiyo: "Dormino adquirió su blanca y pagó el precio completo, sin preguntar por descuentos".
Roxana soltó una risa breve. Era predecible, Dormino, convencido de ser un observador por encima del juego y del resto de las personas, se había condenado solo a lo común. No había leído el código. Llegaría y se perdería entre los blancos idénticos, mientras las rosas con título —púrpura, borgoña oscuro, rojo— circularían en otro nivel. La humillación del comité tendría su repercusión esa noche.

Centró su atención en su propia rosa, la Black Baccara que reposaba sobre un paño de terciopelo. Con un pincel fino comenzó a trabajar los pétalos, oscureció el color hasta casi borrarlo, dejando que solo la luz directa revelara un fondo granate. En el centro fijó pequeños cristales que apenas se verían con sus destellos.

Mientras las manos avanzaban, su atención ya no estaba en Eastwood, pensaba en la galería de Chiyo, el vestido que usaría, corsé y capa, negro por fuera, borgoña en el interior. El forro solo aparecería al moverse. La máscara, con sus espinas de plata…

Beelzebub entró en el estudio sin hacer ruido, se detuvo en el umbral, observando. En su mano traía un sobre idéntico al de ella, pero sin abrir.

—La mía llegó —musitó, alzando la carta.
—Ábrela —instó Roxana sin levantar la vista de su rosa.

Beelzebub rompió el sello púrpura. Dentro había una tarjeta y su posición, Guardia Real.
Una ceja de Beelzebub se arqueó, casi imperceptiblemente.
—Interesante. Chiyo me asigna un rol de protección. ¿A quién debo escoltar, supongo? ¿A ella?
—O a la figura que considere más valiosa —respondió Roxana, por fin alzando la vista—. O más vulnerable, la que represente el mayor peligro.

Chiyo envió un tercer mensaje con instrucciones logísticas. La galería oculta funcionaría bajo un protocolo estricto y los portadores de rosas blancas accederían al salón principal. Los de colores específicos tendrían pases a áreas reservadas, donde los guardias rojos controlarían los accesos. La rosa negra de espía, según la información de Chiyo, fue asignada a un coleccionista privado de Berlín. Un hombre conocido por su discreción y falta de escrúpulos.

Roxana terminó la máscara y probó su ajuste frente al espejo del estudio. El cuero se adaptaba a sus facciones, Beelzebub la miraba atentamente.
Beelzebub observó la máscara sobre el rostro de su hermana. Su expresión permaneció neutra, aunque se formó una ligera curvatura en sus labios.

—Las espinas son un elemento práctico —comentó.
—Son disuasivas —corrigió Roxana, quitándose la máscara y dejándola sobre la mesa—. No decorativas.
—Lo sé. Por eso son prácticas.

Beelzebub entró por completo en el estudio y cerró la puerta, se acercó a la mesa y examinó la rosa teñida.

—El negro es absoluto y el granate solo bajo luz directa… es como tú, hermana. Advertencia y peligrosidad.
—Es un filtro —musitó Roxana—. Separa la curiosidad ociosa de la atención genuina.
Beelzebub asintió. Tomó asiento en un taburete alto junto a la mesa de trabajo. Su postura era recta, pero no rígida.
—Hablaste de vulnerabilidad antes. De proteger a la figura más vulnerable —Roxana fijó su mirada en él—. ¿Ya sabes a quien protegerás?
—A Chiyo, técnicamente —respondió Beelzebub—. Es la anfitriona. El punto de convergencia. Cualquier incidente afectaría su reputación y la viabilidad futura de su galería.
—Técnicamente.
Beelzebub no respondió de inmediato, sus ojos, de un tono oscuro e impenetrable , recorrieron las paredes del estudio. Estaban llenas de bocetos, de formas distorsionadas y paletas de colores terrosos y sanguíneos. Él era consciente del trabajo de su hermana, de lo grotesco que era usar sangre fresca en oleos y, aun así, es parte de dejar algo de ella en cada trabajo le era hipnotizante. Se había hecho con algunos cuadros de Roxana tiempo atrás y los colgaba en su despacho.
—Tu exposición en el comité no fue la primera humillación pública —afirmó.
Roxana no se inmutó.
—No.
—Fue la más refinada y burocrática. Dormino aprendió a usar sistemas en lugar de gritos, pero sigue siendo el mismo idiota bajo esas capas de elegancia.
—Es predecible —replicó ella.
—La previsibilidad no anula la amenaza. Solo la hace manejable —Beelzebub cruzó los brazos—. Eastwood te rechaza porque tu arte no se puede digerir, no se puede categorizar y archivar.
—¿Estás analizando a Dormino o a mí?
—Al escenario. Tu estrategia es correcta, abandonar su campo de juego… pero el nuevo territorio tiene sus propias reglas. Chiyo no es una aliada por altruismo.
—Lo sé. Es una colaboradora. Su evento necesita mi presencia tanto como yo necesito su escenario.
—Exacto. Eres un componente narrativo, un personaje en su obra —afirmó Beelzebub—. Asegúrate de que el personaje no consuma a la persona.
Roxana sonrió como primera respuesta.
—La persona y el personaje son lo mismo aquí, Beel. No hay separación. El vestido, la máscara, la rosa… son una extensión del lienzo. El cuerpo como medio.
—Entonces la vulnerabilidad no está en el rechazo, está en la exposición total. En convertirte en tu propia obra frente a una audiencia que no puede distinguir la performance de la persona. Ellos verán una actuación y Dormino verá una provocación. Solo unos pocos entenderán.
—¿Y tú? —preguntó Roxana, su voz más baja—. ¿En qué categoría estás?
—En la del guardia —respondió él sin vacilar—. Observo, contengo. Actúo si la integridad de la obra, de tu obra, está comprometida. Mi rol es permitir que tu performance se ejecute sin interferencias físicas y cumpliré con mi rol a la perfección, Roxana.
—Chiyo te pidió discreción sobre tu investigación. Sobre los textos del museo —la mujer cerró sus ojos, analizando el objeto real de Beelzebub.
—Así es.
—¿Está conectado? ¿Este evento y tu trabajo?
—Indirectamente. Los textos tratan sobre simbolismo arcaico, sobre el uso del color y la forma en rituales de estatus y exclusión. Chiyo tiene… un interés académico en el tema.
—Y práctica.
—Y práctica —confirmó él—. La Soirée es un experimento de campo. Una puesta en práctica de teorías antiguas sobre poder y percepción. Tu rosa borgoña no es un capricho estético. Es, en un sistema simbólico muy antiguo, el color del iniciado que atraviesa un umbral. El que ha visto algo que los demás no.
—¿Por qué me lo dices ahora? —inquirió Roxana.
—Porque necesitas saber que el juego es más profundo de lo que parece. No se trata solo de humillar a un profesor mezquino. Chiyo está probando un lenguaje de poder y te ha colocado en una posición central dentro de ese lenguaje. No es un simple favor que te está haciendo por camaradería.
Roxana procesó la información.
—Entonces mi performance no será solo para Dormino o para el círculo de Eastwood.
—No. Será para un registro más amplio. Para los que entienden el simbolismo, coleccionistas como la otra persona que llevará la rosa negra. Gente que opera en capas por debajo del mercado artístico convencional.
—Já —rió sin entusiasmo—. Me convierto en un referente dentro de su experimento.
—Te conviertes en parte activa de su tesis.
La menor se levantó y caminó hacia la ventana, la noche estaba en pleno apogeo afuera.
—No importa —declaró, su voz clara en la penumbra—. Mi objetivo se mantiene. Exponer la obra fuera de sus estructuras. Si el marco de Chiyo le da más profundidad, lo acepto, si me uso a mí misma como medio dentro de su experimento, lo acepto también.
Beelzebub también se puso de pie.
—Es una postura peligrosa.
—Es la única postura posible —replicó ella, volviéndose a mirarlo—. La comodidad me llevó al rechazo del comité. Acepto el riesgo.
Beelzebub asintió, una vez.
—Entonces mi rol como guardia está definido, Proteger la integridad de la performance. Asegurar que el experimento de Chiyo no te consuma en el proceso.
—No me consumirá —afirmó Roxana—. Yo lo consumiré a él. A su escenario, a su simbolismo. Lo convertiré en una extensión de mi obra.
—Esa es la Roxana que conozco. Muy bien. Actuaré en consecuencia, Los guardias rojos recibirán instrucciones específicas sobre tu persona.
—¿Instrucciones de Chiyo o tuyas?
—Nuestras —aclaró él—. Es una colaboración, después de todo.
Su mano descansó sobre el pomo.
—Descansa. La performance requiere energía. Mañana te buscaré una hora antes de la apertura. Revisaremos los pormenores juntos.
—De acuerdo —estaba agradecida de tenerlo de aleado, de haber capturado su atención.

Beelzebub salió, cerrando la puerta tras de él. Roxana se quedó sola en el centro del estudio, su mirada recorrió los frascos de pigmento, los pinceles, la máscara terminada. Todo esto era ella y lo iba a mostrar en esa mascarada.
« Last Edit: January 17, 2026, 11:30:37 AM by Miyu »

❛ 𝖳𝗁𝖾 𝗁𝗎𝗇𝗍𝖾𝗋 𝖻𝗋𝖾𝖺𝗍𝗁𝖾𝗌 𝖻𝖾𝗇𝖾𝖺𝗍𝗁 𝗍𝗁𝖾 𝖼𝗁𝖾𝗌𝗌𝖻𝗈𝖺𝗋𝖽, 𝗐𝖺𝗍𝖼𝗁𝗂𝗇𝗀 𝗍𝗁𝖾 𝗉𝗎𝗉𝗉𝖾𝗍𝗌 𝗋𝗎𝗇 𝖿𝗈𝗋 𝖿𝗎𝗇;
𝖾𝗌𝖼𝖺𝗉𝖾 𝗂𝗌 𝗃𝗎𝗌𝗍 𝖺 𝗌𝗎𝗀𝖺𝗋-𝖼𝗈𝖺𝗍𝖾𝖽 𝖼𝗎𝗋𝗌𝖾 𝖻𝖾𝖿𝗈𝗋𝖾 𝗍𝗁𝖾 𝗇𝖾𝗑𝗍 𝗋𝗈𝗎𝗇𝖽 𝗁𝖺𝗌 𝖻𝖾𝗀𝗎𝗇. ❜


Nite

Re: Act 1: Overture
« Reply #96: October 31, 2019, 10:50:25 PM »
<Mensaje recibido a las 07:10 AM>
De: Yue.****@mosspaca.com
Para: Izaya.Oh!@mosspacs.com
ASUNTO: OFICINA

Estimado Orihara-san,
He pasado varias veces por la oficina y llamado durante la semana. Sin embargo, no he tenido respuesta suya cuando me acerco al edificio. Escucho sonidos dentro, incluso rosas y conversaciones; y me parece una falta de respeto-

- - - - -
Izaya azoto su laptop para cerrarla; frunciendo el ceño ante el mensaje si terminar de leerlo. ¿Lo estaba reprendiendo? ¿Cómo a un chiquillo?
Miro con cierto recelo su ordenador, aún con el sinsabor del tono del mensaje. Podía imaginar la figura alta de Yue repetir palabra por palabra, en su monótono tono, pero no estaba molesto por eso.

Estaba molesto porque más de una vez, durante esa semana (en la Yue había confirmado que había pasado por la oficina) había invitado -repetidas veces- a Shizuo a salir.
Había sido evidente, muy claro; muchas veces. Tanto que había estado seguro que había perdido la vergüenza (si no fueses por su dignidad ya).

Y era aquello lo que le molestaba.
Que no hiciera tiempo para él.
Aunque su relación no fuera nada más que de empleado y empleador.

————
<Mensaje recibido a las 07:10 AM>
De: Izaya.Oh!@mosspacs.com
Para: Yue.***@mosspacs.com
ASUNTO: RE: OFICINA

Ya voy a ver el asunto.
Estoy trabajando desde casa

< Enviado desde mi Iphone >

——-
La llamada entrrñante lo descoloco. La Foto de Yue lo ponía de mal humor; especialmente porque el urgente correo le había arruinado la paz que tan  poco le había costado conseguir.

“Yue~” fiii el tono, para sonar amable. En seguida enmudeció el microfono para que no lo escuchara y básicamente confirmó la fecha solo por si las dudas...

Reviso nuevamente la fecha en el calendario; incluso fue a la cocina, a revisar el de cortesía que le había regalado en el chifa para verificar. La señora que iba a limpiar semanalmente siempre lo tenía al día: efectivamente era 25 de Octubre.

Frunció el ceño y volvió a activar el sonido de su llamada, Yue seguía hablando y le respondió con un seco: “lo resolveré en seguida” y colgó de inmediato.

Lo estaban evitando.

Y no sólo se trataba de Shizuo, Shiemi también. Más de una vez.
Incluso le había mentido, en su cara.
¿Cómo se atreví a ponerse a trabajar cuando le había dado semanas de paga sin trabajar? ¿Que clase de persona hacia eso!?

La ira pudo más con él y tomó sus cosas. Refunfuñando y maldiciendo por lo bajo la buena productividad de su asistenta: “debería de sentirse agradecida porque le voy a pagar por hacer nada” gruño, encendiendo su auto. No quería perder más el tiempo, y sobretodas las cosas, quería alcanzar al rubio albañil.

Todavía se encontraban en la cocina. Reviso las cámaras desde la aplicación de  su celular. No estaba los dos solos; pero claro, tampoco iba o tenía porque sentirse celoso de Shiemi, en absoluto... era Shiemi...

“¿Estoy celoso?” Fue a la conclusión que llego al subirse al autor. Se fijo en su reflejo sobre la ventana y frunció el ceño “tal vez un poco” admitió. Más que celoso de ella, era celoso de la situación.
¿Peor a quien se le ocurría trabajar cuando no habían modelos que promocionar? 


Nite

Re: Act 1: Overture
« Reply #97: February 01, 2020, 12:59:34 AM »
Era un día tranquilo.
Había ido una temporada tranquila, demasiado ... (si lo admitía para sí mismo...) pero no fue hasta que se lo echaron en la cara que lo empezó a considerar.

“¿No tienes un trabajo? ¿O qué?”
El tono en el que Shizuo le habló fue seco y despectivo, destruyó la sonrisa que el peli negro mantenía pintada en sus labios. Frunció el ceño también; Izaya se sintió ofendido.
Pero su declaración tenía fundamentos: lo había llamado tres veces esa semana, consecutivas; igual que en las últimas dos semanas. Para que reparara algún daño menor en el departamento, un daño que obviamente él (Izaya) había hecho. Era más que evidente, y Shizuo se había dado cuenta a su tercera visita, porque el otro no se molestaba en ocultar su fechoría.

El día de hoy había sido algo más elaborado (y debía de darle crédito); había aflojado los tornillos del ventilado de su sala. Así que además de un extraño sonido, corría el peligro de decapitarlo. Izaya se veía como el tipo de persona que pasaba mucho tiempo en la sala (si no era todo el día). Habría dejado un charco de sangre inlavable de su alfombra blanca, y seguramente nadie lo habría encontrado en días... semanas probablemente.

E Izaya tenía la costumbre de quedarse en la misma habitación que él viéndolo trabajar; no porque desconfiase de él, sino porque simplemente le gustaba mirarlo. Era evidente, y estaba seguro que lo hacía a propósito... ni si quiera le hacía conversación. Tampoco contestaba los vanos intentos de conversación que hacía, y lo miraba de reojo cada vez que sonreía cuando este se quejaba o emitía gruñido alguno.

Shizuo no se quejaba. Cosas más extrañas le han pasado, y agradecía el dinero recibido. Aunque fuera solo por verle el cuerpo. “Pues deberías cobrarle más” recordó que le dijo su amigo, al comentarle sobre su peculiar cliente “Ya báilale, seguro y le alegras el día. Prefirió no responder eso y engullirse el resto de su cerveza con las orejas coloradas.

... “¿y no trabajas? ¿O que?”...
Ese tono despectivo le sacó de quicio, e Izaya se tuvo que imaginar su cara, porque el rubio estaba de espaldas a él, en lo alto de la escalera, concentrado en que un tornillo no se le cayera de la boca.
“Claro que trabajo” dijo sumamente ofendido, y luego de casi dos semanas de solo verle, cruzó la sala hasta su habitación y sacó su laptop, bajo su brazo. Cargándola sin la mayor preocupación del mundo (como si pudiera conseguir otra con solo chasquear los dedos); y después de SEMANAS Izaya Orihra reviso su bandeja de entrada.

Se le aceleró el pulso, Shizuo podría jurar que hasta se puso más pálido “¿estas bien?”
Todos los mensajes sin leer eran de Hitagi Senjouhara, y el que coronaba su bandeja de correo de Yue.

Oficialmente estaba jodido.
   
   


Nite

Re: Act 1: Overture
« Reply #98: April 30, 2020, 09:43:27 PM »
" Pues fue bastante curioso, un día recibi un correo electrónico de parte de ella señorita Senjouhars, habías ido juntas a la uni, teníamos ciertas clases juntas, pero aún así creo que nos graduamos en promociones diferentes" la rubia alzó la mirada, tratando de hacer memoria, acompañado por un ligero chasqueo de lengua tratando de hacer recuentol "en fin, quería que le hiciera un favor, y me cito en un café bien bonito y elegante. No lo sabía, yo pensé que era un nombre y ya; desentonaba un montón. Y por cierto, el café no estaba tan bueno como lo promocionan, si me das a elegir prefiero mil veces el te de burbujas… resulta que no había te de burbujas, ni Hitagi. Ella nunca llegó, a cambio estaba el señor Orihara esperando"
Interrumpió su relato cuando vio que Tuve hacia una mueca al escuchar las palabras 'señor' y 'Orohara' seguidos; se notaba que trataba de reprimir una sonrisa y no podia. Era demasiado gracioso.

Manteniendo la calma y tratando de no atropellar con sus palabras, tomo aire y siguió: "me dijo que Hitagi lo había enviado por el favor y que básicamente me convertiria en su asistente … si hubiese sabido que ese día me iba adar un trabajo hubiese ido mejor vestida." Suspiro "se me hizo extraño, porque que yo recordara, no le debo nada a Hitagi Senjouhara como para que me pida algo de tal magnitud; ni yo deseo estar en deuda con ella por… cualqueir cosa…"io nego con la cabeza "aún así, Izaya puede ser bastante persistente" lo vio anotar algo en su cuaderno y prosiguió "y bueno… ioaquí estaba yo a cargo de una agencia de modas junto a él" se encogió en hombros "vaya sorpresa! Que curioso! Especialmente porque no soy… yo no…"io se señaló completa, a su sencillo pero cómodo atuendo "soy como Andy, de El Diablo Viste a la Moda" su pequeña referencia le hizo reírse entre dientes, no lo había pensado hasta ahora.

"Y así fue como recibimos una agencia en un segundo piso… y tú dirás ¿Por qué en un segundo piso? Pues… nunca obtuve explicación por parte de nadie" se encogió en hombros "pero tiene sus beneficios, es discreto y sinceramente estar arriba de una tienda de vestidos de novia es bastante conveniente. Cómo puedes ver tenemos un espacio bastante amplio. Además dices Kleyns y te ubican en seguida… una vez hechos los arreglos y que la oficina quedará habilitada el siguiente paso fue conseguir a los modelos. Obvio"

Tomo un buen y merecido descanso, bebeidno agua. Yue seguía frente de ella, sin decir una palabra, garabateando en su libreta.
Después de refrescarse, Shiemi siguió con su relato, con la misma energía, como no hubiese parado "fue difícil, obvio, pero también fue divetido. Gracias a Kleyns debajo también tuvimos nuestro primer contrato como pudiste ver" le tendió las fotos y los flyers que habían hecho para la activación en la tienda "y el desfile es como en… dos meses?" Trato de recordar y confirmo al ver la fecha escrita en dorado y con estrellas en su gran calendario de la pared.

"Como ves! Nos va de maravilla"
...

"y me estás contando todo esto porque..."

El tono en el que Yue le hablo le hizo palidecer, casi sentir que desaparecía en el vórtice que se había abierto en su estomago.
"¡Contexto!" se apresuro a decir Shiemi con algo se color en sus mejillas "contexto. Una buena historia se entiende mejor con contexto"

"¿Y que historia es esa?" No faltó la ceja acusatoria y su expresión en conjunto. Su tono de voz hizo que se le helada la sangre y volvió a sentirse como ratón sin salida.
Para empeorar (o mejorar) aún las cosas, la puerta se abrió, haciendo sonar el distintivo cascabel que Shiemi había puesto al principio del día como decoración (y también porque traía un amuleto de la buena suerte). Izaya entro en la sala con su laptop debajo del brazo, como quién llega tarde a clases y entra de rosas formas: sin una preocupación en la vida.
Hasta que junto miradas con Yue y el silencio se hizo aún más evidente...

"La historia de cómo Orihara y yo montamos la agencia de nuevo sin ayuda de ustedes, evidentemente" dijo confiada tras una gran bocanada de aire y una sonrisa de oreja a oreja. Recuperando la confianza que se había deenado de su cuerpo minutos atrás.



Nite

Re: Act 1: Overture
« Reply #99: January 31, 2021, 10:55:50 PM »
La escena no podía ser más catastrófica:
En un extremo se encontraba Yue Tsukishiro, tan pulcro y calmado como siempre. Apoyaba su mano en el mentón, mientras con una expresión sería esperaba una respuesta de parte del pelinegro. Cualquier tipo de respuesta en este punto habría sido hilarante. Es más, esperaba con ansias escuchar lo que saldría de la boca Izaya Orihara en estos momentos.


Izaya por su parte, desde el marco de la puerta, traía su cara pálida como nunca y estaba seguro que de abrir la boca,el corazón se le asomaria por esta.
El fuerte trago de saliva que dió únicamente lo hizo ponerse más nervioso.
"Yue..."

"Pues todo está bien desde la última vez que vine. No han habido mayor cambio" la voz de un tercero fue lo que corto la tensión, y asombrosamente el color regreso a la pálida cara de Izaya. Su expresión de sorpresa pudo más e incluso provocó que Yue arqueara una ceja, para regresar a ver a quien al otro intensamente miraba.
"Gracias por venir tan rápido"  le agradeció Shiemi "tenemos una inspección repentina y quería asegurarme que todo estuviera en su lugar" según ella, tan desentendida del asunto, esperaba que su comentario no se hubiera escuchado por la intensa conversación de ambos. Pero al pasar al estudio fue recibida por el contundente silencio que la hizo destacar como televisor en un aparador.

"Gracias a ti por la confianza" Shizuo se terminaba de guardar su caja de herramientas cua do se encontró con tan familiar cara en ese lugar "..." Por un momento se sintió desorientado... Acaso, ¿Acaso ese loco lo estaba siguiendo?  Si no hubiese sido por una foto que vio a penas en la pared que terminó por convencerle que aquel era su lugar de trabajo.
"Buenas tardes" se despidió de la rubia, y con un gesto bastante solemne hacia él peliblanco antes de cruzar la habitación y ver por el rabillo del ojo a Izaya en una cuasi expresión de disgusto.

Fue demasiado evidente que no había Sido de su agrado cuando el rubio salió por la puerta.


"Bueno" retomó Yue aclarandose la garganta  "Me parece que haz hecho un excelente trabajo aquí Srta. Moriyama, estoy segura que a la Srta. Senjouhara le encantará escucharlo en la cena de mañana"
"... La qué?"
"Y en cua ti a ti..." Su tono de voz y semblante cambiaron por completo cuando se refirió a Izaya, incluso aprovecho para casi arrinconarlo contra la puerta de una manera sutil... "Espero que tengas tu agenda libre... Me urge verte esta noche"

Aquello no había sido una declaración; más bien una amenaza. Una a las que Yue e Izaya estaban tan acostumbrados a intercambiar.

"Y no necesito equipos ni reportes" le aseveró antes de dejarle su tarjeta y salir del lugar "cambie de número" fue lo último que agregó antes de salir del lugar.


El pelinegro se quedó perplejo sosteniendo aún la tarjeta entre sus manos. Antes de arrugarla y murmurar un ácido "lo sé"

Con la partida de Yue la tensión se había disipado, dejando a ambos un poco agitados y alterados.
"... Nos fue mejor de lo que esperaba, ¿No es así Orihara?" Ofreció Shiemi con una sonrisa.


Nite

Re: Act 1: Overture
« Reply #100: March 31, 2021, 10:59:55 PM »
El pelinegro estaba demasiado distraído como para haber escuchado bien la primera vez; se podía escuchar chat al otro lado de la línea risas, sillas moverse y el sonido de un bar de fondo, que tuvo que ponerse de pie y salir para atender mejor la llamada.
"¿Aló? ¿Me escuchas?"
"Sí, sí. Perdón, ¿Quién es?"
"Kaito-san, le dieron el papel para el puesto que audicionó con nosotros" la voz al otro lado de la línea sonaba dulce, y la euforia y la ebriedad desaparecieron del cuerpo del pelinegro en un dos por tres.

Se enderezó y apretó tanto el celular entre sus manos que sintio que podría romperse entre sus dedos.
"¿Kaito-san? ¿Prefiere que lo llame en otro momen-"
"¡No! No! Aquí estoy, aquí estoy gracias! Gracias" no se contigo más que hasta salto de la emoción. Todos lo vieron. No le importó.
"Así que, lo esperamos mañana en la tarde para firmar los papeles y explicarle más sobre el programa. Le enviaré un correo con los detalles"
"¡Sí! ¡Sí! ¡Por supuesto! Claro, gracias. GRACIAS"
El tono de llamada fue su cue para volver a gritar de la emoción, casi sacudirse. Entro de vuelta al bar con la mirada expectante de su grupo de amigos, que en ningún momento dejaron se parlotear o gastarse bromas, pero verlo tan animado de un momento para otro les llamó demasiado la atención (su amigo se mostraba algo desanimado últimamente).

Exclamar que invitaba la siguiente ronda, acompañada por una gran sonrisa, fue más que evidencia para saber que algo bueno le había pasado.

Celebraron toda la noche y bebieron hasta que no pudieron más.
Uno de ellos le repitió más de una vez en toda la noche "Quizá deberías de irte, mañana es un día importante"
Pero Kaito renegaba; había pasado demasiado tiempo recibiendo malas noticias, y esto simplemente lo había renovado por completo.

"Déjalo ser, quien sabe cuando tenga otra oportunidad, ya sabes que las estrellas tienen un régimen muy estricto"

_____________

Asombrosamente, llegó temprano a su cita. Había jugado a su favor que la han importante reunión hubiera Sido agendada por la tarde, la mañana hubiese sido un total desastre. A pesar que terminaron al amanecer, la emoción y los nervios no lo habían dejado dormir.

La sonrisa no se le había borrado del rostro, prevalecía a pesar de su dolor de cabeza y la cruda que llevaba encima. Su aspecto era el total opuesto por como se sentía por dentro: No sé había despegado de su botella de agua desde el momento que salió de su depa. Y las gafas de sol le ayudaban a disimular mucho el cansancio... Le ayudaron a disimular aún más la sorpresa cuando leyó el título del capítulo piloto y el nombre del programa "..." Su sonrisa se transformó en una mu va y en seguida busco a la mujer a la que pertenecía aquella voz con la que estuvo hablando la noche anterior.

"¡Hola! Hola, perdón"
"Kaito-san! Buenos días"
"Tardes"
"Sí, buenas tardes, ¿En qué te puedo ayudar hoy?"
Dudo bastante antes de hacer la pregunta, tanto que hasta le temblaron los labios, pero era mejor pecar de tonto en ese momento "¿Para qué programa me dijiste que me seleccionaron?"

La chica lo miró un tanto sorprendida, con clara confusión en su rostro, señaló los papeles que el joven tenía arrugado en sus manos y repitió el nombre del programa:
"El rincón feliz de Kaito-san" (nombre sujeto a cambios) agregó con un tono jovial que no le sacó una sonrisa al muchacho.

"... ¿Un programa infantil...?"
"Pues sí, para eso aplicaste... ¿No?"
"¡No!"
"¿No?"
"¡No! Yo aplique para el show de música como presentador, y para un reality..." el pequeño "OhhhHH" casi desinflado que escucho por parte de la secretaria fue un tanto desalentador y tras un breve y cortó silencio agregó, casi pidiendo perdón: "las audiciones que no son aceptadas se las reparten entre algunos programas del estudio... Así que seguramente alguien tomo de ahí la tuya y pensó en castearte..."

"Para un programa infantil" repitió incrédulo.

"..." Se escuchó la puerta abrirse y cerrarse y la secretaria estiró el cuello para ver de quien se trataba "pues ... Ahí acaba de llegar la directora, por si quieres declinar el papel..."



Nite

Re: Act 1: Overture
« Reply #101: September 30, 2021, 09:58:35 PM »
(No puedo creer que A. no he escrito desde hace un millón de años Y SE NOTA y B. Que no posteo aquí desde Marzo orz)

La Cena: Lado A, pt1

Tal vez era una habilidad, complicar las cosas sencillas... o tal vez, verdaderamente se trataba de una situación extraña (más extraña de lo que debería de ser...)

>> ¿Alguna vez haz ido a Noso Bistro?
"Por supuesto que ha ido Shiemi, es famoso"
La rubia se volteo a ver a su compañero, con las orejas rojas de la verguenza, más que molesta porque el otro estuviera espiando sobre sus hombros leyendo sus mensajes.
"Argentine!"
"¿Qué? tienes la letra gigantesca, ¿Acaso no puedes leer?"
Ella volvió a voltearse, tratando de corregir ese pequeño detalle y un gritito de desesperación combinó con su cara.
"No es esó!" le reclamo frustrada bloqueando su celular, sin leer la notificación "no sé que hice y ahora no sé como quitarlo"

Este otro rió a carcajada limpia y solo la vio sonrojarse aún más. Podría jurar que la cara iba a explotarle.
>> No.
>> Pero papá ha ido varias veces.


Después de todo, ¿qué tipo de consejos podía darle un niño sobre lugares elegantes? Sabía que con Argentine estaba en buenas manos, aún así estaba muy nerviosa. Le costaba recibir ayuda de alguien que recién conocia; solo trabajaban en el mismo edificion, eran prácticamente desconocidos.

"¿No crees que eso es demasiado?"
"¿Perdón? ¿Acaso no fuiste tú la que vino pidiendome ayuda porque no sabía que ponerse para la cena de hoy?"
Y no podía negarlo, ella había pedido eso... pero de todas formas veía con desagrado el conjunto que el otro había elegido para ella.
"UGH, okay... elige lo que quieras y te digo si funciona o no"
Ella asintió más relajada y se perdió en la tienda, yendo y viniendo poco a poco con ropa que iba descartando antes de probarse.


El pedido sin duda había sido curioso, pero no iba a negarselo, Shiemi no había sido nada más que amable desde el primer momento en el que se conocieron. Eso y sumando a que el motivo lo había dejado intrigado:

"Mi amiga de la universidad que me contrato para que llevara a cargo su empresa familiar en el segundo piso, me invitó a una cena hoy de noche en este lugar super caro. y no sé que ponerme... o de qué hablar, ni siquiera ibamos en la misma promoción. ¿Qué hago? ¿Puedes ayudarme?"

En primer lugar, ni siquiera sabía que lo que había arriba de su tienda era una agencia de modelos. Siempre pensó que tenía algún negocio turbio o era... una especie de estudio fotográfico erótico por la cantidad de hombres atractivos que subían y bajana  las escaleras y distraían a sus clientas.

"¿Y solo vas a ir tú? ¿O también va a estar ese ser indeseable?"
"¿Qué ser indeseable?" preguntó al instante de meterse en el armario "Oh! Orihara-san!  No, él tiene su propia cena con Tsukishiro-san"
"¿En el mismo lugar? ¿En la misma mesa?... eso no es algo ¿incómodo? y extraño, sumamente extraño"
"No, a él lo citaron en otro lugar"
Argentine tuvo que hacerle un gesto tonto a la dependienta que los veía a lo lejos con una cantidad abismal de ropa, mientras Shiemi elegía que era lo que realmente quería probarse. Si las cosas seguían así tendrían el tiempo en su contra: "Le Bernardin"
".... ese lugar es más para una cita romántica que de trabajo" comentó en voz sumamente baja seguido por un "bastardo suertudo".


Apple

Re: Act 1: Overture
« Reply #102: May 31, 2023, 07:31:06 PM »
Necesito motivación para hacer mis topes :') ....

Chapter IV

–¿Sabes algo? Siempre me ha sorprendido cómo DeVils ha sobrevivido hasta ahora…

Tesuku, que estaba vistiéndose, se volvió hacia Sheryl que todavía estaba acurrucada en la cama, jugueteando con su vape.

–Digo– continuó Sheryl. –El rock dominó bastante hasta los 90’s… Pero ahora estamos en 2023 y todo el mundo quiere escuchar trap, hip hop y esas cosas.

–Puedes darle el crédito a tu hermano. Sakuya es un excelente músico.

–Todos los son. – Objetó la rubia. –Pueden sacar a DeVils adelante y cuando sea el momento puedes volverte solista, como siempre has querido.

–Heh, quizá algún día lo logré. Por el momento tendré que hacerlas del patriarca protector…

Exhausto Tasuku se dejó caer en la cama, su cabeza sobre el pecho de Sheryl, que lo envolvió en sus brazos y empezó a bañar su frente y mejillas con besos. Con los rubios mechones de Sheryl cubriéndolo, Tasuku sintió que estaba envuelto en una crisálida que lo protegía del mundo exterior.

–¿Qué tipo de música quieres hacer? – La voz de Tasuku sonaba sofocada por la cercanía de sus labios con el cuello de Sheryl.

–Solo quiero cantar. No tiene que ser nada político ni disque intelectual.

–Hm.

–Eso no significa que esté dispuesta a cantar basura, o hacerlo solo por hacerlo.

–Supongo que Sakuya podría ayudarte ahora que se volverá productor para otros.

Sheryl bostezó y pensó en el prospecto de llevar a cabo sus planes, cantar en serio y enfocar su carrera en la música. Definitivamente, no era algo imposible; no obstante, le intimidaba en prospecto de poner su carrera en manos de otros productores y el bobo de Gin ya que sería lo mismo de su actual carrera como actriz y terminaría insatisfecha y sintiéndose como un títere. Y claro, no podía negar que el hate que recibiría por ser otra de las nepo babies le molestaría más de lo que debería.

–Quiero la ayuda de Sakuya obviamente, pero no quiero dejar mi música en manos de otros. No me interesa ser controlada por completo por un agente o una disquera. Y mucho menos que se aproveche de mi un productor. – explicó Sheryl. 

Tasuku se apartó de sus brazos y la vio directamente a los ojos. Conocía a Sheryl desde que se incorporó a DeVils y aunque muchos la veían únicamente como una bimbo con cara bonita, él ya se había percatado que era bastante inteligente y observadora.

–Vaya, si que lo has pensado bastante. – comentó él antes de darle un breve beso en la punta de la nariz. –Aunque termines cantando en las calles por monedas, no dejes que ningún tipejo en traje te dé órdenes.

Sheryl asintió mientras daba una calada a su vape de cereza. Una sonrisa se dibujó en sus labios y un brillo travieso apareció en sus ojos.

–Por eso quiero que TÚ me ayudes. Desde ya te estoy nombrando productor. MI productor.

–¡Oye! No me digas que solo por eso te acostaste conmigo– bromeó Tasuku.

Para Sheryl, una broma de su parte significaba «sí».

–No seas bobo– dijo ella y le dió un golpecito en el brazo. –Tú eres la persona más capaz para el trabajo. Obviamente, le pediré ayuda a Sakuya porque es muy bueno en lo que hace, y de todos modos me acusarán de ser una nepo baby. Pero tú harás que el proyecto sea mejor. Necesito que aportes todo lo que tengas.

Tasuku asintió. De lo que Sheryl hablaba eran puros conceptos abstractos, de un «algo» meramente inconcreto, que hizo que Tasuku sintiera desde ya un enorme respeto por Sheryl como cantante.

De nuevo sus miradas se encontraron, y ambos sintieron un profundo entendimiento del otro.

—--------------------

Aika se quitó las zapatillas de ballet y se permitió sentir unos segundos de alivio antes de ver sus pies.

Eran feos, estaban heridos y llenos de cicatrices. Un grotesco testimonio de su devoción a la danza. Siempre dolían, siempre sangraban pero Aika llevaba sus heridas con orgullo.

El ballet era todo lo que tenía, lo único que valía la pena en su vida.

La chica tomó de su bolso el pequeño botiquín con vendas, curitas y todos los menjurjes para aliviar el dolor y garantizar que sus pies siguieran funcionando como debían hasta la siguiente clase o función.

Eastwood era un lugar de ensueño, donde los artistas podían aspirar a cumplir sus ilusiones de fama, poder y fortuna. Eastwood también era un lugar cruel y elitista, donde la competencia era dura; y nunca hacía falta quien quisiera apuñalarte por la espalda, aprovecharse de tí o simplemente destruirte porque tenían el poder para hacerlo.

A su lado, Aika escuchó a Frejya quejarse por el dolor. Sus pequeños gemidos iban acompañados de quejas. La mayoría de los bailarines de la compañía juvenil de ballet de Eastwood despreciaban y criticaban a Frejya por quejarse, por mostrar debilidad pero para Aika esas eran cualidades y no defectos. Le gustaba la honestidad y vulnerabilidad de Freyja; era la única que se mostraba tal cual en ese frío edificio. No pretendía ser la típica reina del hielo, la inalcanzable bailarina, imitando a un cisne o intentando encajar en los estereotipos.

Aika lo entendía; Freyja lloraba no porque fuera débil, sino porque se permitía sentir sus emociones, ser ella misma. Algo le era imposible a los demás miembros de la compañía, incluyendo a la misma Aika. Era por esto que Aika consideraba a Frejya como su única amiga, a la única en que confiaba.

 –La práctica de hoy fue muy dura… Necesito ir a Starbucks por algo muy dulce para recuperarme– dijo Frejya mientras se vendaba los pies.

Aika solo asintió. Trató de volverse hacia Frejya para asegurarse de que estuviera bien, pero la mirada al otro lado del salón desvió su atención.  Eran esos ojos castaños, casi ámbar, los que la miraban con una mezcla de admiración y asco. La juzgaban y la destruían. Y, aunque fuera solo por un breve momento, deseaban que desapareciera de la faz de la tierra.

Aika evitaba interactuar con Sumia dentro de lo posible. Eran las eternas rivales, una situación tan típica en las compañías de ballet que solo empeoró hacia un par de años cuando Aika ganó el papel del cisne blanco, Odette; y Sumia el del cisne negro, Odile. Muchos en la compañía criticaron la decisión porque ninguna de las dos encajaba en el papel. En teoría Sumia era la perfecta Odette, pura y resplandeciente. Y Aika era un ser oscuro y frío que encajaba con Odile.

Así era como su mundillo dentro de la compañía decidió caracterizarlas. Y no estaban tan equivocados del todo.

Irónicamente, Aika se había refugiado detrás del papel de la reina del hielo como mecanismo de protección y afrontamiento. Su debilidad la había llevado a convertirse en el tipo de personas a las que criticaba y despreciaba.

El instante con Sumia le perturbó un poco, pero Aika logró recomponerse y se volvió hacia Frejya.

–Termina con los vendajes y nos vamos a Starbucks.

La sonrisa de Frejya se iluminó, así como sus mejillas que recobraron el color rosa como el de los leotardos.

–¡Atención, todos! – Megumi Takani entró al salón, era la antigua primera bailarina del ballet de Eastwood y principal profesora de danza. –Sé que la práctica ya acabó, pero quiero hacerles un anuncio. Un nuevo alumno se ha transferido a nuestra academia desde Nueva York. Denle la bienvenida a Heero Yuy.

Todos los ojos cayeron en el chico que no se inmuto. Como nadie dijo nada Megumi continuó con la introducción.   

–Heero recién se mudo a Eastwood. En Nueva York era el bailarín principal de la compañía juvenil, así que no dudo que sea un excelente bailarín. Ya que se acercan las audiciones para el próximo recital de fin de año la competencia será más dura. Como siempre, espero que practiquen lo suficiente y den todo de sí.

El salón se llenó de murmullos y algunos estudiantes se acercaron a Heero para darle la mano y presentarse. El chico los saludo, y antes de salir paró en seco, como si hubiera olvidado algo dentro de la habitación. Se volteo por un breve instante, y Aika sintió cómo se sumergía en el océano de cobalto de los ojos de Heero.
« Last Edit: May 18, 2024, 07:38:20 PM by Apple »


Apple

Re: Act 1: Overture
« Reply #103: June 30, 2023, 06:52:36 PM »
Topes, algun dia. Supongo.

Chapter V

El breve, pero definitivamente perturbador, contacto visual entre Aika y Heero se interrumpió cuando Gintoki Sakata regresó del baño.

Al parecer ver a Heero lo impresionó tanto que dió un pequeño salto para atrás.

–Oh mierda, es Heero Yuy. Heero c’est toi ? –le preguntó el peliblanco rodeándolo, como examinando cada centímetro de la persona de Heero.

–Merde – dijo Heero entre dientes, mirando al peliblanco con obvio fastidio.

–Señor Sakata, le recuerdo las reglas de la clase y entre ellas es evitar las palabras soeces– interrumpió Megumi.

–Oh sí, lo siento mademoiselle Megumi.

–Bien, la práctica terminó. – continuó Megumi sin prestarle mucha atención a su alumno, el típico «chistosito». –Mañana el señor Yuy se incorporará a la práctica con nosotros. Tengan en mente que este es su último año en la compañía juvenil. Los estaremos preparando para el taller que determinará quiénes serán contratados en la compañía para continuar su carrera como bailarines.
Heero salió junto con Megumi, y los estudiantes se dirigieron a los lockers para cambiarse o ducharse. Aika y Freyja solo recogieron sus cosas, dispuestas de salir lo más rápido del lugar y refugiarse en el Starbucks de la esquina para comer y beber algo.

En el lobby de la academia se encontraron con Quatre Raberba Winner, el compañero de pas de deux de Aika del año pasado y quien había interpretado a Siegfried en el Lago de los cisnes. Era el mejor bailarín de la compañía juvenil, con más gracia y porte que muchas de sus compañeras.  No eran mejores amigos ni nada, pero Aika apreciaba su amabilidad hacía Frejya y la sinceridad de su buena disposición.

–Quatre ¿quieres ir a Starbucks con nosotras? – preguntó Frejya cuando lo vió.

–¿Eh? Oh, hola chicas.

Quatre estaba distraído y no le fue difícil a Aika saber cuál era la razón. Al otro lado del lobby, donde estaba la entrada de los salones de ensayo de la compañía principal, estaba Trowa Barton, su crush. Aunque era un año mayor que todos en la compañía juvenil ya que había ingresado al conservatorio de ballet un año tarde, era lo suficientemente bueno como para interpretar al Baron von Rothbart. El castaño hablaba con una de las bailarinas de la compañía, Clare. Parecía una charla casual, aunque era inusual que los bailarines se fijaran en los chicos del conservatorio juvenil.

Había una especie de regla no oficial, le había dicho su hermano a Aika, de que los bailarines no hablaban con los de la juvenil hasta que se graduaran e ingresaran a la compañía principal. El mundo del ballet de Eastwood era así de elitista.

–Oye Quatre ¿por qué no le hablas a Trowa? – le preguntó Aika al rubio.

–Bueno hoy le dije buenas tardes…

–No me refiero a eso bobo.

–Aika tiene razón Quatre, deberías de intentar um… ser su amigo. – dijo Frejya.

–Trowa es muy distante– explicó Quatre. –Por si no lo han notado no tienen ni un amigo en la clase.

–Tu podrías ser su primer amigo– dijo Frejya inocentemente.

–No funciona así…– empezó a decir Quatre cuando los murmullos de varios estudiantes llamaron su atención.

Clare y Trowa ya no estaban juntos. Dos personas se les habían unido; Milliardo, el hermano de Aika y bailarín principal de la compañía de ballet de Eastwood. Y Theresa, su compañera de pas de deux y primma bailarina de la compañía.

–Oh vean, Trowa está con Theresa y Milliardo– susurró alguien trás el grupo de Aika.

Varios de los más jóvenes se quedaron viendo la conversación, como que fuera el espectáculo más fascinante del mundo. Aika vió asombro en la cara de muchos y un ligero toque de envidia en la de otros. Y… ahí iba la disque regla no hablada de Milliardo.

Lo que más llamaba la atención era que la usualmente distante y desinteresada Theresa ponía toda su atención en Trowa, riendo de lo que él decía y centrando su atención en él. Aika sabía que a partir de ese momento Trowa sería el chico más popular de la compañía juvenil.

Por su parte, Quatre miraba la conversación mortificado, siento que sus imaginarias esperanzas e ilusiones con Trowa se iban por el desagüe. Ni siquiera era amigo de Trowa, mucho menos su novio, y no sabía qué pasaba con Theresa pero sentía que era una pelea que ya había perdido, una pelea que ni siquiera empezó porque nunca tuvo oportunidad. Era la horrible sensación de ver a tu crush con alguien más, alguien con quien nunca podrás competir.

-----------



Cuando Sheryl llegó a la casa de su madre, aún con el mismo vestido que había usado la tarde anterior para encontrarse con Tasuku, no le sorprendió encontrar a su progenitora al teléfono.

–Estoy considerando poner cinco acuarelas en el mercado, trabajos del rey Carlos cuando aún queda el príncipe de Gales– decía Ritsuko al teléfono. –Por tres millones.

Su interlocutor dijo algo, y Sheryl vio la cara de su madre arrugarse ligeramente en disgusto.

–¿Tres millones por todas? No cariño, quiero tres millones por cada una– Ritsuko explicó con poca paciencia. –Acabo de recibir la autorización de Buckingham para  hacer la venta. Claro, un porcentaje irá a la caridad.

Sheryl se recostó sobre el marco de la puerta del salón donde su madre hablaba al teléfono. Ritsuko aún no se había percatado de la presencia de su hija más pequeña. Era una mujer de negocios implacable. Al perecer el interlocutor de su madre había captado bien el mensaje.

–Bien, empieza a hacer una lista de clientes potenciales a los que invitaremos a la galería el día que inicie la venta. Piensa en coleccionistas que estén interesados en comprarlas todas, sería una pena separarlas.

Cuando por fin Ritsuko se percató de la presencia de Sheryl en la habitación una sonrisa se dibujó en sus labios y le dio un pequeño saludo con la mano.   

–Sí, sí, quiero cerrar el trato rápido. Todo tiene que estar listo antes de que la gira de mi hijo finalice. Mi asistente te enviará los detalles pronto, tengo que irme.

Y sin esperar respuesta de su interlocutor, Ritsuko colgó el teléfono y se acercó a Sheryl para abrazarla. Sheryl devolvió el abrazo de su madre, encontrándolo especialmente reconfortante.

–¿Cómo estás? ¿Por qué no viniste antes Sheryl?

–Mamá, estoy bien. La promoción de la película fue… más ocupada de lo que pensé.

Ritsuko asintió. Sus instintos de madre le decían que podría haber algo más ahí, pero decidió no presionar a su hija.

–¿Te estabas quedando donde tu hermano?

Sheryl sonrió. Le daba mucha ternura como su madre quería tanto a Sakuya, a pesar de que habia ningun vinculo de sangre y Sakuya se unió a la familia como un niño de 5 años, cuando Ritsuko apenas tenía 23 años y recien se habia casado con su padre en una ceremonia improvisada (y probablemente motivada por el alcohol y quien sabe que más).

–Sí mamá, no te preocupes. Pero ahora que la promoción terminó quisiera quedarme aquí un tiempo hasta mi próximo trabajo.

–Por supuesto cielo. Las cosas estarán un poco agitadas por el inicio de la gira de Sakuya y su boda después.

Sheryl sonrió. El prospecto de la boda de su hermano le emocionaba mucho y Relena, la prometida de Sakuya, ya le había pedido que fuera una de sus damas. A pesar de que todo el tema de DeViLS y la salida de Sakuya la ponían un poco nerviosa, Sheryl se imaginó el día de la boda con un hermoso vestido bailando con… Tasuku?

La rubia detuvo sus pensamientos por un momento y se regañó a sí misma por un momento ¿por qué se estaba imaginando junto a Tasuku?
« Last Edit: May 18, 2024, 07:47:44 PM by Apple »


Miyu

Re: Act 1: Overture
« Reply #104: July 31, 2023, 08:41:29 PM »
Esta es una fumada, probablemente lo borre luego xd

10 # Beelzebub Agriche

Un año antes.
Un grimorio es un manual o tratado de magia que reúne instrucciones para la ejecución de hechizos, rituales e invocaciones, así como procedimientos para la elaboración de objetos mágicos —amuletos, talismanes o sellos—. Suele incluir, además, fórmulas arcanas, descripciones de las propiedades atribuidas a hierbas, metales y cristales, y técnicas destinadas a la evocación de entidades espirituales, ya sean ángeles, demonios u otras inteligencias invisibles.
El término procede del francés antiguo gramaire, “gramática”, y aludía originalmente a un libro de conocimiento reservado o inaccesible para el común de los lectores. Aunque en la actualidad se asocia de forma casi exclusiva con la brujería o el ocultismo, durante la Edad Media algunos grimorios circularon en ámbitos monásticos y clericales, donde eran utilizados con fines de sanación espiritual, protección o bendición ritual.
Uno de los ejemplos más citados es el grimorio atribuido a Nicolás Flamel, el célebre alquimista parisino del siglo XIV. Según la tradición, en el año mil trescientos treinta y tres Flamel adquirió un antiguo manuscrito repleto de símbolos herméticos cuyo significado le resultaba incomprensible. Tardó veintiún años en descifrarlo, con ayuda externa, y el texto —conocido como Aesch Mezareph— habría contenido la clave para la transmutación de los metales y la obtención de la piedra filosofal. Su interpretación quedó recogida en el Libro de las figuras jeroglíficas, considerado uno de los grimorios alquímicos más influyentes de la tradición europea.
Otro caso relevante es el del filósofo y alquimista inglés Roger Bacon, a quien se atribuyen diversos tratados de carácter mágico, entre ellos un grimorio centrado en el estudio de la piedra filosofal, donde se combinaban observaciones proto-científicas con especulación esotérica.
Durante la Edad Media, numerosos alquimistas redactaron obras que, sin llevar explícitamente el título de grimorio, cumplían esa función: compilaban recetas para la fabricación del oro, métodos de invocación espiritual y esquemas para la confección de talismanes. Ejemplos posteriores son los manuscritos atribuidos a Albertus Magnus o los códices herméticos vinculados a Hermes Trismegisto, figura fundamental del pensamiento alquímico y del hermetismo occidental.
En la alquimia, Hermes —identificado con Mercurio en la tradición romana— ocupa una posición simbólica central. Bajo el nombre de Hermes Trismegisto, “el tres veces grande”, se le atribuye la transmisión primordial del saber alquímico, considerado el origen de toda la tradición esotérica posterior.

—Encontraron el Corpus de los cuarenta y dos libros de Thot.
Chiyo vaciló antes de responder. Conocía a su interlocutor únicamente bajo el seudónimo de “The Fool” y, aunque solía mostrarse afable, en esta ocasión adoptaba una seriedad inusual.
—Qué interesante —respondió Beelzebub de inmediato.

Se encontraban en el museo, donde Chiyo y Beelzebub clasificaban expedientes, libros y piezas de arte antiguo. Beelzebub dejó el expediente sobre la mesa y se ajustó los guantes de caucho.
—¿Dónde? —preguntó él, alzando por fin la mirada. Sus ojos, del color del carbón, se clavaron en Chiyo.
—En una cripta subyacente a la biblioteca ducal de Urbino. El proceso de extracción fue complejo, negociaciones con los descendientes de la familia propietaria y con delegados de la curia diocesana. El informe es estrictamente confidencial.
—¿Autenticidad?
—Los materiales, pergamino, aglutinantes, pigmentos, son coherentes con el siglo dos o tres. El contenido textual corresponde a fragmentos citados por alquimistas del Renacimiento. Es la versión más completa localizada hasta ahora. Posiblemente la fuente directa.

Beelzebub dejó el facsímil sobre la mesa y se incorporó, caminó hacia The Fool y Chiyo.

—No es un grimorio —declaró, su voz clara en el silencio—. Un grimorio es un manual operativo, un conjunto de instrucciones prácticas. Hechizos, rituales, invocaciones. Fórmulas para la fabricación de talismanes o la convocatoria de entidades. Su finalidad es la aplicación inmediata.
—Correcto —asintió Chiyo, juntando sus manos delante—. El Corpus Hermeticum es la base filosófica. Teoría arcana sobre la naturaleza del cosmos, la mente divina y el lugar del hombre en ese entramado. Los grimorios operativos, como el Aesch Mezareph que descifró Flamel o los tratados atribuidos a Roger Bacon, derivan de esta tradición. Son recetarios para la transmutación, a menudo mezclados con simbología y cláusulas de invocación.
—Flamel obtuvo su libro en mil novecientos treinta y tres —precisó Beelzebub, girando lentamente hacia un papiro en la mesa de trabajo—. Un grimorio alquímico lleno de símbolos herméticos. Interpretó sus claves durante veintiún años y volcó el resultado en el Libro de las figuras jeroglíficas. Eso ya es un manual práctico, un grimorio derivado.
—Exactamente. Muchos textos medievales de Albertus Magnus, o los códices herméticos que circulaban en scriptoriums clandestinos, funcionaban como grimorios, compilaban procedimientos para fabricar oro, invocar espíritus o crear talismanes, todo sustentado en la teoría hermética. Pero el Corpus es anterior. Es el fundamento.

Beelzebub observó a Chiyo, intrigado por su conocimiento. Creía que ella estaba versada en obras, su rol principal de una curadora de arte común.

—El Corpus de los cuarenta y dos libros no es solo un conjunto de textos —añadió The Fool tras una breve pausa—. Es un mapa o, mejor dicho, dos mapas superpuestos.

Chiyo alzó la vista al hombre misterioso.

—¿Dos?
—El camino luminoso y su reflejo roto —respondió—. El Árbol de la Vida y los Qliphoth.
Beelzebub esbozó una mueca leve, esta era su terreno.
—Las cáscaras —musitó—. Las emanaciones residuales.
—Exacto. Donde los Sephirot representan la estructura ideal del orden, los Qliphoth son sus fallos, sus restos. No son simplemente “malignos”, como se suele repetir. Son conocimiento mal integrado. Poder sin forma.
Chiyo tomó nota con rapidez.
—¿Y Thot encaja en eso?
—Thot es el escriba —respondió The Fool—. El que registra tanto el orden como el error. En la tradición hermética, Thot y Hermes no son opuestos; son el mismo principio traducido a lenguajes distintos. Hermes enseña el ascenso, Thot documenta lo que queda atrás cuando el ascenso fracasa.
Beelzebub se acercó a su mesa y cerró un libro encuadernado en cuero oscuro.
—Por eso muchos grimorios mezclan invocaciones elevadas con fórmulas abiertamente peligrosas —murmuró él—. No distinguen entre Sephirot y Qliphoth. Asumen que todo conocimiento es utilizable.

The Fool dio su consentimiento con un movimiento de cabeza.

—Hermes Trismegisto nunca habló solo de iluminación, también habló de descenso. De la necesidad de conocer lo que hay debajo del umbral.
—Como residuos del sistema —murmuró Chiyo.
—Como errores que persisten —corrigió The Fool—. Y algunos textos del Corpus no describen cómo evitarlos, sino cómo atravesarlos.
Beelzebub se giró lentamente hacia una vitrina sellada al fondo de la sala.
—Entonces esto no es solo un hallazgo académico.
—No —respondió The Fool— cuando Hermes y Thot aparecen en el mismo índice.
—¿Y qué hacemos si el Corpus incluye secciones qlipóticas completas?
The Fool tardó unos segundos en contestar.
—Esperar que quien lo haya encontrado primero no crea que la sabiduría siempre asciende.
La pausa se extendió entre los tres y el aire dentro de la sala de conservación, siempre estático y filtrado, debido a que debían mantener los artículos conservados, se agrió. Beelzebub no apartaba la vista de la vitrina sellada, dentro, reposaba un códice del siglo XV, una copia veneciana del Aesch Mezareph con anotaciones marginales que sugerían un intento fallido de síntesis con textos más antiguos, más ásperos.

—Esperar —repitió Beelzebub, probando el sabor de la palabra, no quería esperar.

The Fool, inmóvil junto a una mesa llena de fragmentos de cerámica etrusca, quedó enmudecido y eso era lo que necesitaba para responder y dejar que sus pensamientos corrieran libres. Chiyo era, ante los registros oficiales del museo, una curadora especializada en arte medieval tardío, su conocimiento de la tradición hermética era un aspecto que mantenía en secreto y, entre ella y Beelzebub, The Fool era un contacto, un nodo en una red informal de intercambio de información sobre artefactos de naturaleza ambigua. Y Agriche era… otra cosa, un consultor externo, traído para esta catalogación específica por razones que a Chiyo no se le habían comunicado del todo. Su experiencia en simbología alquímica y paleográfica era innegable.

—No se propone holganzaneria —aclaró The Fool al fin, su voz sin inflexión—. Se propone cautela. El Corpus fue hallado y su traslado a un entorno de estudio aún no se ha completado. El equipo en Urbino enfrenta dificultades logísticas. La cripta presenta complicaciones en su estructura.
—Complicaciones. —Beelzebub se volvió, abandonando la vitrina. Sus guantes de caucho crujieron levemente al entrelazar los dedos—. ¿De qué naturaleza?

The Fool intercambió una mirada con Chiyo, ella mantenía el canal abierto con el equipo italiano.

—Infiltraciones de agua, en principio —mencionó Chiyo, eligiendo las palabras con cuidado—. Pero los informes de los últimos días aluden desprendimientos menores, localizados. Nada que detenga el proceso, pero sí lo ralentiza. Y hay otro factor…
—Los descendientes de la familia propietaria —adivinó Beelzebub.
—No todos están de acuerdo con la cesión. Una rama menor, residente en Perugia, ha presentado una objeción formal ante las autoridades culturales. Alegan derechos de herencia no resueltos.
—Esto podría ser aprovechado por alguien más —murmuró Beelzebub—. Alguien menos inclinado a la cautela.
The Fool confirmó con un movimiento de cabeza.
—Exactamente. Por eso la pregunta no es solo qué hacemos nosotros. Es qué podría estar haciendo ya otro, el informe de autenticidad que mencionaste, Chiyo. ¿Fue realizado in situ o se extrajeron muestras?

—In situ. El análisis preliminar se hizo dentro de la cripta, se tomaron microfotografías y espectrografías. Las muestras físicas son mínimas, miligramos de pergamino y pigmento. El grueso del texto solo ha sido registrado digitalmente, con escáneres de baja intensidad lumínica.
—Eso es bueno —musitó Beelzebub aunque su tono no transmitía alivio—. Significa que el objeto íntegro aún no ha sido movido y también significa que las imágenes digitales existen. Y los datos pueden copiarse, transmitirse.
—El canal está encriptado. El servidor es seguro —precisó The Fool.
—Los canales siempre lo son, hasta que no lo son —dijo su compañero, pues sabía que hackers había de sobra e informantes anónimos… como The Fool—. The Fool. Estos dos mapas superpuestos que mencionas, el luminoso y el roto, en el contexto del Corpus, ¿cómo se manifiestan? ¿Son libros separados, capítulos, glosas?

The Fool se acercó lentamente a la mesa central, donde Chiyo tenía desplegados las copias del informe de Urbino. Señaló con un dedo, sin tocar el papel, un diagrama borroso de de una de las páginas.

—Aquí. Este esquema no es el Árbol de la Vida sephirótico standard. Observa las conexiones, algunos senderos están invertidos. Los nombres junto a las esferas… no son los hebreos tradicionales. Son transliteraciones a un griego tardío, pero la raíz es anterior. Aquí, donde debería estar ‘Gevurah’, la severidad, el texto dice “Sakhmet”. Y aquí, en “Hod”, la gloria, pone “Thoth” escrito con theta.
Chiyo se quedó sin aliento, no había percibido ese detalle en su primera inspección.
—Están superponiendo panteones —manifestó Beelzebub, inclinándose sobre la imagen—. Traduciendo conceptos hebreos a un marco egipcio, nunca una traducción limpia.
—Ambas cosas —afirmó The Fool—. El Corpus, en su versión antigua, precede a la Cábala medieval. Si este texto es genuino, podría mostrar un estrato previo de donde ambas tradiciones, la egipcio-hermética y la hebreo-cabalística, bebieron. Un tronco común fracturado. Y si muestra ese tronco, también muestra las raíces torcidas, las que crecieron hacia abajo, hacia los Qliphoth.

—Sak… Sakhmet —tartamudeó Chiyo—. No es solo una diosa leona, es la destructora, la que ejecuta la venganza de Ra. Su furia es tan grande que debe ser embriagada con cerveza teñida de rojo para que no extermine a la humanidad. Es carnicería divinizada.
—Y Thoth —continuó Beelzebub—, en su rol de escriba, registraba los pesajes del corazón en la Duat. No solo la virtud, anotaba cada fallo, cada desviación. Su gloria está ligada al conocimiento total, lo puro y lo impuro. Un ‘Hod’ que incluye el registro de la sombra.

El silencio se reanudó, la teoría se volvía tangible. No era un ejercicio de filología. Era el esquema de una cosmovisión donde lo abominable tenía un estatus ontológico, un lugar en el esquema de las cosas. Un conocimiento que, por el mero hecho de ser registrado y estructurado, podía dar cimientos a otros.

—Necesito ver más —murmuró Beelzebub, rectificando su postura—. No la imitación. Las imágenes sin procesar, todo lo que haya.
Chiyo miró a The Fool y esste hizo un gesto breve de aprobación.
—Puedo proporcionarte acceso temporal a un repositorio —habló ella—. Pero es monitorizado y cualquier descarga activará alertas.
—Necesito ver, no descargar, Shub.

Chiyo se dirigió a una terminal segura en un rincón e introdujo una serie de credenciales, asi abrió una sesión remota. La pantalla mostró una interfaz extraña, una lista de archivos numerados; y Beelzebub se colocó detrás de ella, observando, The Fool permaneció a una distancia prudencial.

Uno a uno, Chiyo abrió las imágenes en alta resolución, páginas de pergamino amarillento, la tinta marrón oscura, a veces casi sepia, la escritura era una mezcla de griego y caracteres egipcios intercalados, con diagramas geométricos en los márgenes. Beelzebub leía en voz baja, fragmentos:

“…y la mente que desciende no encuentra escalones de luz, sino hendiduras en la piedra viva, y en ellas se arrastra…”

“…los nombres que no deben articularse se escriben con sangre de sol, pero se leen con aliento de abismo…”

“…el séptimo camino, que conduce a la corona, está velado por el velo de lo aceptable. Mas el camino reflejo, el que conduce a la raíz podrida, está abierto para aquel que reconoce la falsedad de la corona…”

—Alto —ordenó Beelzebub—. Retrocede asa ilustración.

Chiyo volvió a una página anterior. En la parte inferior, medio borrada por la humedad, había un dibujo; una figura o, al menos, la sugerencia de una. Líneas que insinuaban una forma humanoide, pero con articulaciones invertidas, y una cabeza que no era cabeza, sino un conglomerado de formas geométricas. Alrededor, caracteres demóticos se apretujaban como si hubieran sido escritos con prosa.

—No es una invocación —murmuró Beelzebub—. Es una descripción… una taxonomía.
—¿De qué? —preguntó Chiyo, aunque una parte de ella no quería saber la respuesta.
—De los habitantes de los caminos rotos. De los Qliphoth. —Beelzebub se pasó una mano por el rostro, un gesto de cansancio poco común en él—. Este texto… no es solo teoría… es un bestiario (…) Un manual de identificación para lo que se encuentra al transitar por los errores de la creación.

The Fool  dio un paso más cerca de ellos, intrigado por la revelación del otro hombre.

—¿Reconoces la figura?
—No. Y eso es lo preocupante. Los grimorios comunes, el Lemegeton, la Llave Mayor de Salomón, catalogan entidades con nombres, sellos, jerarquías. Esto es diferente (…) —tragó saliva—. Describe… morfologías, condiciones de existencia. Como un naturalista estudiando criaturas de un ecosistema nocivo. No da un nombre para invocar, da las claves para reconocer la firma de una distorsión específica.
—¿Un… tratado de parapsicología qlipótica? —aventuró Chiyo, la absurdidad de la frase chocando con el escalofrío que le recorría la espalda.
—Algo así. Más peligroso que un grimorio. Un grimorio te dice “di estas palabras, dibuja este círculo, y esto aparecerá”  (…) este… te enseña a ver lo que ya está allí, latente en los intersticios de la realidad. Te da el léxico para percibir la corrupción y  en ciertas tradiciones, percibir algo con claridad es el primer paso para atraer su atención.

La terminal emitió un suave pitido. Una ventana de diálogo apareció en la esquina de la pantalla.
Nueva entrada en el registro de accesos.
Ubicación: Perugia, Italia.
Credenciales revocadas.

Chiyo se quedó rígida.
—¿Qué ha pasado?
—Alguien más ha intentado acceder —apresuró The Fool, su voz por primera vez tensa—. Con credenciales antiguas, ya canceladas. El intento ha sido bloqueado, pero…
—Pero significa que están intentando activamente entrar —terminó Beelzebub—. La rama colateral de la familia o alguien actuando a través de ellos. No están solo poniendo obstáculos legales, están buscando el material.
Chiyo cerró la sesión rápidamente.
—Tenemos que avisar al equipo en Urbino. Reforzar la seguridad.
—La seguridad física quizás sea lo de menos ahora —reflexionó Beelzebub, sus ojos de carbón fijos en la pantalla ahora en negro—. Si lo que buscan es la información, y ya tienen algún tipo de acceso parcial o han conseguido extraer algo antes de que se sellara la cripta… El objeto en sí podría ser secundario. Lo primario es la data, la transcripción.
—Tenemos que asumir que una copia ha podido filtrarse —ultimó The Fool.
—Y si esa copia contiene incluso un fragmento de este bestiario —continuó Beelzebub—, quien la posee no estará interesado en el estudio académico. Estará interesado en la aplicación, en poner a prueba las descripciones.

La tarde declinaba fuera y la luz entraba por las altas ventanas del museo. La sala de conservación, que antes estaba ordenada, ahora parecía el umbral de algo grande y sin interés. Los objetos a su alrededor —los facsímiles, el códice en la vitrina, los trozos de cerámica— estaban en silencio, como si ellos también esperasen el resultado de esta partida.

—¿Qué propones? —preguntó Chiyo, dirigiéndose a The Fool. Era él quien había trazado los límites de su colaboración, quien parecía tener una visión más amplia del tablero.
The Fool permaneció quieto un largo momento.
—Hay una persona —murmuró al fin, midiendo cada palabra—. En Praga. No es un académico. Es un… restaurador, trabaja con manuscritos dañados por incendios, inundaciones. Tiene un don para leer lo que se ha perdido, para reconstruir textos a partir de manchas. Si hay una copia filtrada, es posible que sea incompleta, dañada digitalmente. Esta persona podría, si conseguimos una muestra, determinar su origen, Incluso inferir qué partes buscan con más intensidad quienes la poseen.
—Un rastreador de textos fantasmas —vociferó Beelzebub.
—Algo así. Su lealtad es cara y su discreción es absoluta. Necesitaría una muestra física de la filtración. Un archivo impreso con las marcas de agua digitales intactas, o un dispositivo de almacenamiento que haya estado en contacto con los datos originales.
—Eso significa ir a Italia —indagó la única mujer del grupo, Chiyo—. Acercarse a la fuente.
—No a la cripta —precisó The Fool—. A Perugia a la sombra de la familia divergente. Donde es más probable que haya circulado la copia.

Beelzebub sonrió, una sonrisa fría y desapasionada.

—Finalmente, una acción que no sea esperar. Yo iré.
Chiyo lo miró, sorprendida. Su rol aquí era de consultor, no de agente de campo.
—Tu experiencia podría ser necesaria aquí, para interpretar más material si llega —argumentó ella.
—Mi experiencia será más útil allí, viendo el contexto, oliendo el miedo o la codicia en el aire. Tú quedas mejor aquí, manteniendo el canal oficial abierto, monitoreando los accesos. Y The Fool… —Beelzebub volvió su mirada hacia el hombre silencioso—. The Fool tiene otras conexiones que mover. ¿No es así?
The Fool no dijo que sí ni que no. Era su forma de dar el visto bueno.
—El vuelo más rápido a Perugia sale mañana al amanecer —presagió Chiyo, resignada a la lógica de la propuesta—. Puedo prepararte una cobertura como investigador asociado del museo e interesado en los aspectos paleográficos del hallazgo. Es creíble, útil.
—Bien —Beelzebub se quitó los guantes de caucho—. Mientras tanto, continúa con la catalogación de esto —indicó con la cabeza hacia los duplicados—. Busca más correspondencias, más de estas… morfologías. Si este texto es un mapa, necesitamos saber qué territorio señala, antes de que alguien empiece a recorrerlo.

Caminó hacia la puerta, pero se detuvo justo en el umbral. Sin girarse, preguntó:
—The Fool. Esta persona en Praga, ¿tiene nombre?
Una pausa.
—La llaman la Encuadernadora —respondió The Fool—. Te advierto que no debes preguntar por ella en las calles.
Beelzebub se marchó, y el sonido de sus pasos desapareció en el pasillo de mármol. Chiyo se dejó caer en una silla, agotada. La información, las consecuencias, daban vueltas en su cabeza.
—¿Confías en él? —inquirió a The Fool, sin poder evitarlo.
The Fool contempló la puerta vacía.
—Confío en su comprensión del peligro —reconoció últimamente—. Beelzebub Agriche no ve estos textos como curiosidades, los ve como sustancias reactivas. Sabe que un error en su manipulación tiene consecuencias, eso lo hace fiable, hasta cierto punto. Su motivación… esa es una página que aún no se ha abierto.
—¿Y la nuestra? —murmuró Chiyo.
—Evitar que un conocimiento negado deje de estarlo —explicó The Fool—. Algunas puertas no se abren por una razón. No por dogmatismo, sino por otros motivos. Algunos cosas, una vez percibidos, comienzan a percibirte a ti y este… —señaló la pantalla oscura de la terminal—, este es el manual para percibir lo más hostil imaginable.
Chiyo asintió, la responsabilidad cayó encima. No se trataba de proteger un secreto, ni de ganar una carrera académica. Se trataba de algo mucho más grande que ella y, aunque sería ser parte de todo eso, también le aterraba. ¿Quién no mostraría miedo ante semejante historia?

Más tarde, ya sola en la sala con la tenue luz de una lámpara de escritorio, Chiyo volvió a abrir las copias. Su mirada se posó en la figura borrosa, en la criatura de articulaciones invertidas y cabeza geométrica, trató de no verla como un dibujo, sino como una descripción objetiva de algo existente. Y por un instante, solo un instante, las sombras en los rincones de la sala de conservación parecieron espesarse, tomar una consistencia levemente angular, como si algo latente en el mundo, al ser descrito, hubiese dado un suspiro de reconocimiento.

Sacudió la cabeza, frotándose los ojos, la fatiga estaba pasando factura, sugestión. Nada más. Al cerrar la carpeta lo hizo rápido, las manos le temblaban un poco, apenas, pero suficiente para que lo notara ella misma y se dio cuenta de que tenía la mandíbula apretada y los hombros subidos. Respiró hondo, pero el aire le salió entrecortado y miró alrededor; los pasillos oscuros, las vitrinas que reflejaban apenas la luz de emergencia. Todo parecía quieto y, sin embargo, no podía sacarse de encima la sensación de que alguien la observaba desde algún rincón. Dio un paso hacia la salida y se detuvo.

Sacudió la cabeza y siguió caminando, más rápido de lo que pretendía. Cada paso resonaba demasiado y no se permitió mirar atrás. No quería ver si las sombras se movían. La noche ya se había metido en el museo. Los pasillos largos entre las vitrinas de piezas antiguas de pronto no se sentían tan vacíos.
« Last Edit: January 17, 2026, 11:32:53 AM by Miyu »

❛ 𝖳𝗁𝖾 𝗁𝗎𝗇𝗍𝖾𝗋 𝖻𝗋𝖾𝖺𝗍𝗁𝖾𝗌 𝖻𝖾𝗇𝖾𝖺𝗍𝗁 𝗍𝗁𝖾 𝖼𝗁𝖾𝗌𝗌𝖻𝗈𝖺𝗋𝖽, 𝗐𝖺𝗍𝖼𝗁𝗂𝗇𝗀 𝗍𝗁𝖾 𝗉𝗎𝗉𝗉𝖾𝗍𝗌 𝗋𝗎𝗇 𝖿𝗈𝗋 𝖿𝗎𝗇;
𝖾𝗌𝖼𝖺𝗉𝖾 𝗂𝗌 𝗃𝗎𝗌𝗍 𝖺 𝗌𝗎𝗀𝖺𝗋-𝖼𝗈𝖺𝗍𝖾𝖽 𝖼𝗎𝗋𝗌𝖾 𝖻𝖾𝖿𝗈𝗋𝖾 𝗍𝗁𝖾 𝗇𝖾𝗑𝗍 𝗋𝗈𝗎𝗇𝖽 𝗁𝖺𝗌 𝖻𝖾𝗀𝗎𝗇. ❜