Author Topic: Act 1: Overture  (Read 9017 times)


Cho

Act 1: Overture
« Topic Start: December 04, 2013, 11:33:55 PM »


Era otro día dentro de la famosa ciudad de Eastwood. Siempre reconocida como una zona de diversos talentos, la localidad estaba más ocupada que nunca. Era común ver estrellas surgiendo de entre la muchedumbre. Algunas ya conocidas eran emboscadas por la paparazzi, otras alcanzaban la ‘mejor temporada’ de sus carreras, mientras unas más anunciaban separaciones o pausas por varios motivos.

Visto desde muchas formas, Eastwood continuaba con su ecosistema, con su cadena alimenticia o con su ciclo de vida.

El ambiente repleto de interesados en llegar al estrellato también tenía presente a todo tipo de profesionales quienes, por más que no posaran sus pies sobre el escenario, tenían un rol protagónico detrás de cámaras, o dentro del mismo sistema del showbiz. Aquellos invisibles colaboraban dentro del complejo sistema de la famosa ciudad, y todos en conjunto seguían proveyendo admiración y entretenimiento a las masas…

…pero quienes aun son jóvenes, aun están en la fase de aspirar, o aun se enfrentan contra viento y marea sin llegar a sus metas, no rinden gran importancia al concepto de Eastwood. Desde un punto de vista más normal, ser exitoso y mundialmente reconocido es más difícil que ganarse la lotería, y envuelve más que marcar unos números y esperar a que todo salga a su favor. Las estrellas y multimillonarios dentro de un mundo tan vasto son menos que un puñado, y todos lo saben demasiado bien.

Sin embargo, existe siempre un comienzo en el rumbo de las personas, y muchas veces se da el caso que uno no sabe cuándo dicho inicio da lugar. Sea dentro de un día normal, en medio del trabajo, o en un momento aparentemente de ocio, quizás en medio de una oportunidad única, o a través de un contacto, entre otros.

-----------------------------

"Pero Sayaka-chan, sigo creyendo que es tu culpa por haber faltado. No estabas enferma ni nada..."
"¡Pero era trabajo!", alzó la voz exasperada y se jaló de los pelos. "O sea, al final no pasé la entrevista de esa telenovela, pero igual no podía dejar pasar la oportunidad...".
"Descuidando los estudios."
"Mira quien habla, Tatara", le dedicó una mirada asesina y el mayor le sonrió. "No debiste haber hecho grupo sin mí".
"Me hubiera gustado, en serio, pero la profesora no admitió que nos quedásemos sin grupo la primera semana. Allá tú y el tal... ¿Cómo se llamaba?".
"Ni siquiera sé cómo se llama". Suspiró. "Se apellida Nakamura, pero no sé su nombre".
 
Tercera semana de clases, primera práctica grupal a la vuelta de la esquina y la vida de Sayaka Miki se ha reducido al estrés continuo de no saber quién es su compañero para la clase de estadística. Si Sayaka se hubiera preocupado de sacar mejor promedio durante sus dos primeros ciclos, Sayaka habría escogido un mejor horario de clases, pero no, terminó escogiendo el peor curso de estadística (el que trabaja a grupos). Y aunque convenció a su mejor amigo de la universidad, Tatara Totsuka, de acompañarla en el sufrimiento, al final ni terminó agrupándose con él.
 
Pero a sus ojos, la oportunidad de trabajo no podía dejarse pasar. Hacía poco se había registrado en una agencia de actores secundarios y le llegó un correo sobre un trabajo que encajaba con su perfil; no era mucho, consistía en aparecer como camarera en el primer episodio del drama "Henshin Interviewer no Yuutsu", por lo que fue corriendo a la entrevista a pesar de perder la primera clase de estadística del año.
 
Resultado: Dolor en su máxima expresión. Bueno, no tanto. Si bien el tal Nakamura nunca se había presentado a alguna de las clases, al menos era lo suficientemente cordial para responder a los desesperados correos de Sayaka y enviar sus partes del trabajo. El chico siempre aludía a estar lleno con trabajo y Sayaka no podía evitar sentir cierta pena, ella también sabía lo que era estar lleno de trabajo y tener que faltar a clases para ello. Si bien la peliceleste tenía el apoyo de sus padres para la universidad, estaba sola en todo lo que respeta a mantenerse diariamente con vida, por lo que el trabajo era indispensable. Aquel chico Nakamura debía pasar por lo mismo, de seguro, por lo que Sayaka no dudó en aceptar cuando le pidió si no era mucha molestia que le compartiera sus apuntes.
 
El problema era que la profesora deseaba evaluar una práctica grupal en el aula. Y para eso sí Sayaka no estaba preparada, ya de por sí era mala en el curso y de ninguna manera podía hacer el trabajo de dos. El break-down en frente de Tatara había sido porque le había enviado el tercer correo electrónico a Nakamura sin respuesta aún y la práctica era en dos días.
 
¿Cuánto costarían las pistolas?
 
"Está vibrando", señaló Tatara con la vista y la peliceleste vio con emoción la señal de un nuevo mensaje.
"ES NAKAMURAAA", gritó emocionada, atrayendo algunas miradas de las demás personas en la cafetería. Tatara le jaló de la blusa para que se sentara de vuelta y Sayaka abrió el correo en su tablet.
 
 
"Estimada Miki-san,
Disculpe por la demora, últimamente he tenido demasiado trabajo. ¿No se puede presentar la práctica por internet? ¿Serías tan amable de preguntarle a la profesora? Estaré al tanto, gracias."

 
 
"PINCHE PENDEJO", gritó ofuscada y Tatara rió, dándole palmaditas en el hombro.
"Sweetheart, cabeza fría en estos momentos".
"Pero ese desgraciado me dice que no quiere venir ;_; TATARA ME VOY A MATAR, EN SERIO, AHORITA ME SUBO A UN BUS Y ME VOY AL GHETTO"
"Una cosa es suicidarte y otra esperar que te violen (!?) anyway, lo mejor es que le respondas mintiéndole con que es imposible. Además, no puede faltar todo el año y esperar que tú le cubras". Sayaka asintió. "Go baby, escríbele eso".
"U rite, ahorita mismo me va a conocer..."
 
 
"Hola!
Acabo de encontrarme con la profesora y se ha negado a presentar por internet, dice que tomará en cuenta la asistencia. No puedes pedir un día libre, por favor? Es también mi nota, espero comprendas. En todo caso también podríamos reunirnos a estudiar? Avísame! Bueno, cuídate!!"

 

"Miki-san,
Ya veo, discúlpame por incomodarte con todo esto, no fue mi intención. Reunirnos me parece una buena idea y como me siento en falta me ofrezco a llevar comida. ¿Dónde vives? ¿O prefieres estudiar en otro lado? Me envías la dirección, por favor. Yo estaré libre el día antes de la prueba desde las 5 de la tarde."

 
 
"..."
"..."
"AHORA ME SIENTO MAL PORQUE LE MENTÍ Y TRAERÁ COMIDA OMG, SOY INDIGNA"
"No, BE FIERCE. ¡Está pagando lo justo!, no tienes por qué sentirte mal."
"U so fucking rite. Okay...", Sayaka volvió a su tablet y comenzó a escribir su dirección en un nuevo mensaje y diciéndole que le gustaban los rollos de canela. Una vez hubo acabado, sonrió satisfecha. "Quien lo diría, finalmente conoceremos a Nakamura-san". Tatara sonrió y ella le mostró los dos dedos pulgares emocionada. El plan había resultado...
 
 
***
 
La peliceleste se había prometido que intentaría repasar algo antes de que llegara Nakamura, pero le resultó imposible. Al final se la pasó releyendo las dos líneas que tenía que interpretar para una escena de apenas un minuto de un drama de bajo presupuesto. Fue en medio de otro momento de "¿qué hago con mi vida?" cuando sonó el intercomunicador. Sayaka observó el reloj... Pero no, nadie era capaz de llegar tan temprano y a la hora exacta.
 
"Buenas, ¿se encuentra Miki Sayaka-san?", preguntó la voz y supo que se trataba de Nakamura, sin embargo, había algo que la dejó extrañada. Podía jurar que había escuchado su voz en otro lado.
"Uh... ¡Sí!", dijo recobrando rápidamente su tono normal. "¡Pasa!". Colgó el intercomunicador y se apresuró hacia la ventana para verlo, pero lo que vio fue una figura haciéndole una señal a una camioneta negra con lunas polarizadas, pero apenas la persona se volteó, su rostro fue tapado por un árbol que habían plantado los vecinos el verano pasado. Sin embargo, a pesar que la figura del chico ya estaba completamente fuera de vista, la camioneta negra se quedó un rato más. Sayaka sentía más de un par de ojos mirando hacia su ventana y se quizo morir.
 
"Okay Sayaka, te metiste con un integrante de la mafia. Respira, easy peasy", se repitió a sí misma. "Nota mental: Mañana mismo cortas el árbol".
 
No pudo seguir ensimismada en sus pensamientos porque en eso tocaron el timbre de su casa. Suspiró y se fue rápidamente a la puerta...
 
"H-Hola". Le dijo con una sonrisa amable. Sayaka le miró y al instante entendió por qué reconocía aquella voz. Sintió como su presión se iba al piso. "Traje los rollos de canela... No sabía si tenías alguna tienda favorita, así que los compré en la tienda en frente de mi trabajo...".
"... Nakamaru Yuichi".
"¿Sí?", preguntó extrañado, pero luego recordó que por lo general, esa expresión de pánico que tenía Miki-san era la expresión que siempre le daban en esas ocasiones. "P-Pues sí, soy yo...", respondió un poco hastiado por la atención que siempre recibía.
"... Nakamaru". Le cortó.
"¿... Ajá?", preguntó ahora sí extrañado.
"... Entonces tu apellido es Nakamaru. No Nakamura".
"¿... Nunca lo fue?"
"..."
"..."
"... Entonces, ¿me has estado enviando todos esos correos pensando que soy un tal 'Nakamura'?"
"..."
"..."
 
911, ayuda, me he estado mensajeando con un idol. Abortar misión.

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Llevaba sentada unas horas en el teclado cuando las primeras monedas golpearon la porcelana. Sin abandonar la melodía la joven alzó la mirada y sonrió.

Aún le quedaba una hora tocando aquella tarde. Era un negocio pequeño y recluido, frecuentado por una clientela moderna que esperaba una ambientación delicada mientras degustaban su comida. Y ahí entraba ella. La paga era buena para esas cuatro horas diarias, pero ello no justificaba que quisiera estrellarse contra el piano cada vez que volvía a tocar éxitos como Ballade pour Adeline.

Las reglas eran específicas: Toca y/o canta todas las canciones de la lista al menos una vez. Y si se acaban, vuelve a repetir. No hay lugar a improvisación u originalidad... a menos que un cliente te de una propina y te pida algo en particular.

"Gracias, ¿tiene algún pedido?" Los clientes usualmente se acercaban cuando venían en compañía de una pareja, pues era costumbre el pedirle alguna balada romántica para impresionar a su acompañante. Solía funcionar muy bien, sobretodo cuando habían otras parejas presentes quienes por no quedarse atrás empezaban a lloverle con pedidos similares.

Pero el hombre frente a ella parecía ser una excepción. Cargaba con una taza de café y un periódico enrollado bajo el brazo. No parecía tener prisa en reunirse con alguien o irse a trabajar.

"Ninguna en particular" respondió el hombre "Solo me gusta como tocas"
"Gracias" La joven sonrió. La propina siempre era bienvenida, pero los elogios lo eran aún más "Lo que interpreto aquí no es lo que suelo hacer, y si aún así te gusta... creo que me hiciste el día"
"Eres músico entonces ¿Eres del conservatorio?"
"Era. Ahora tengo una banda de rock" Eso hizo reír al muchacho. No debió imaginarse que, quien a estas alturas debía ser la hija perdida de Ray Conniff, estaba metida en el rock. La joven fingió ofenderse "Cómo, ¿mi ropa no lo delata? Amigo, yo soy puro sass"
"Si, debí darme cuenta, pero me cuesta imaginar tu voz junto a batería y guitarras. El piano te sienta mejor" La muchacha se encogió de hombros "Dime, ¿tienes alguna canción tuya... tuya? ¿Tú y el piano?"

Aquello la tomó por sorpresa.

"Sí, a veces compongo con el piano y..." le habían entrado los nervios de repente. Era la primera vez que alguien le preguntaba por su música en ese lugar, y le costó horrores hacer la pregunta "¿Te gustaría escuchar algo mío?"

No había antecedentes similares, pues nadie parecía pensar que una intérprete de covers tendría una voz propia.
¿Y si había sido una pregunta inocente sin afán de comprometer su dinero? Estuvo por disculparse por su atrevimiento cuando el joven sonrió, complacido ante la propuesta.

"Por supuesto. Será interesante escucharte tocar algo que disfrutes" le respondió "Me sentaré por allá, tócate un par, ¿si?"
"De acuerdo" el hombre se estaba por dar media vuelta cuando la muchacha agregó "Y gracias"

El cliente alzó su taza de café en respuesta y continuó buscando un sitio. Mientras tanto, la joven se acomodó en su banco y reposó ambas manos en su regazo, intentando mantener la compostura y desenredar rápidamente la maraña de preguntas que rodaba en su cabeza.

¿Que canción iría a tocar? Tenía varias por elegir... y en primer lugar: ¿Sus jefes no se disgustarían? Pero el cliente lo pidió personalmente, y de todas maneras estaba sentado ahí. ¿Y si el cliente lo odia y se va? Entonces podría retomar con alguna de Kenny G y no harm done. Right? A excepción que entonces nada la detendría en correr a la calle y lanzarse a su destino bajo las dieciséis llantas de algún trailer fugaz. Así, todo muy casual.

"Ya basta, va a estar bien... igual nadie te esta prestando atención" se recordó. Sintió una corazonada con una de sus canciones y decidió apostar por ella. Ya, ya que importa. Limpió su garganta y cuando sus dedos encontraron los acordes respiró profundamente.

De la nada parecía como si los últimos meses trabajando en ese local hubieran desaparecido. Era como si estuviera sentada por primera vez frente a ese teclado, y entonces sintió un vacío tan hondo como un abismo abrirse dentro suyo. Menos mal era un vacío que sabía como llenar.

Satisfacer al público siempre había sido la prioridad, y esta vez tenía la suerte que esa satisfacción fuera de la mano con la suya.

Aunque sea por unos minutos podía ser ella misma.

♫♪♫ REGINA SPEKTOR – EET

It’s like forgetting the words to your favorite song
You can’t believe it
You were always singing along
It was so easy, and the words so sweet
You can’t remember
You try to feel the beat


Alzó la mirada y busco a su nuevo cliente favorito. El encontrarlo sonriendo abrió una sonrisa en su rostro.
Una sonrisa tan grande que no la dejó por el resto de la tarde.

Eet, eet, eet, eet
Eet, eet, eet, eet…


-----------------------------

Las campanas de la universidad sonaron, anunciando el inicio de una nueva hora. Los pasillos del campus estaban repletos de estudiantes, quienes se dirigían a distintas clases, algunos andando rápidamente y otros hablando con sus compañeros y amigos. El ambiente era uno ameno y lleno de vida, digno de la edad de los presentes.

En medio de toda la muchedumbre, una joven peliceleste caminaba agarrando unos cuadernos de su última clase. Lo último que le quedaba hacer en el día era guardarlos en su casillero y de ahí podía retirarse a reanudar sus otras ocupaciones. Sus profesores en el conservatorio debían estar esperándole desde hace un rato…

Ella detuvo su andar al pasar al costado de un pequeño kiosco en su camino, donde varios estudiantes esperaban para hacer y recoger su pedido. Todos ellos estaban concentrados en sus conversaciones o alimentos, y las encargadas en atenderles lo antes posible. Y mientras, una canción en la radio del local estaba terminando, pasando desapercibida por todos los presentes. Todos menos ella.

In other words, please be true
In other words, I love you



“Acaban de escuchar una version moderna del clásico de Frank Sinatra: Fly me to the Moon, interpretada por una joven cantante local. Este es solo un grato recordatorio más de la variedad de talento presente en Eastwood…”


El DJ de la radio continuó haciendo una mención sobre el conservatorio, y de ahí cambió a otro tema. Al terminar de oír lo que le había interesado, ella pretendió continuar con su camino, pero sólo dio unos pocos pasos cuando una persona conocida le pasó la voz.

“Cho,” le llamó otra estudiante, caminando hacia ella. Era una chica un par de años mayor, de cabello marrón rojizo y ojos índigos.
“Kurisu…” Cho se giró y se le dirigió.
“No esperé verte por aquí, imaginé que estarías ocupada,” la pelimarrón sonrió levemente. “Me enteré, hoy iban a pasar una canción cantada por ti en la radio. Felicidades por ello.”
“No es la gran cosa…” Cho desvió la mirada, algo incómoda.
“No suena a poca cosa.”
“No es la gran cosa…” volvió a mencionar, con un poco más de tensión. “Fue un reto de parte de los profesores del conservatorio… dentro del área de canto… ellos escogerían a un ganador luego de las últimas evaluaciones para que llegara a la radio… y la canción sólo pasaría una vez y en una radio local sin gran presencia…”
“Suena a que tenías expectativas sobredimensionadas,” Kurisu negó. Era típico de Cho ver lo negativo y quitar importancia a sus asuntos. “Ciertamente no ibas a ser lanzada al estrellato por algo ya arreglado por los profesores.”
“Lo sé… por ello no es la gran cosa…”
“Pero sigue siendo algo. Esa canción a lo más podría llamar la atención de alguien importante, y a lo menos sería algo que podrías poner en tu Curriculum Vitae a futuro. Y por más pequeño que sea, no sabes cuántos aspirantes en Eastwood querrían tener una oportunidad como tal.”
“…” Cho miró al piso, pensativa. Pasó un corto silencio. “Hablando de eso, ¿cómo les va a ustedes? ¿Tu equipo ha hecho un progreso?”
“…” Kurisu rodó los ojos. “Hace un par de horas, se convocó el tercer hiatus de la semana porque todos se sienten sin inspiración. Seguramente también se debe a ese nuevo videojuego que ha salido. Ellos sólo pierden su tiempo.”
“Y… eh… hablando de eso…”
“Sé lo que quieres preguntar,” la pelimarrón se encogió de hombros, con indiferencia. “La idea de una banda fue de ellos, y como mi participación no interrumpe en mis estudios no es inoportuno seguirles el juego. Así que realmente no pierdo mi tiempo. Es más como una forma de pasar las tardes con mis amigos.”
“…” Cho asintió, comprendiendo.
“Deberías visitarnos, sé que les caerás bien. Con tu reciente logro, es probable que ellos te pregunten muchas cosas al respecto…” ni bien terminó de decirlo, Kurisu se detuvo a reconsiderar sus palabras. Ver a Cho desviar la mirada por enésima vez le hizo entender que sólo le había hecho sentirse observada, e incómoda. “Pero si se ponen molestos, sólo tienes que avisarme. Ya de por sí, tendría que darte advertencias sobre algunos de ellos…”
“E-está bien, tengo que irme,” Cho se apuró y dio una reverencia rápida. “Nos vemos mañana, estoy con prisa. Cuídate.”
“Sí…” Kurisu levantó una palma en señal de despedida y vio a su compañera caminar con más rapidez de la usual. Dio un suspiro. A ella le tocaba trabajar en su forma de ser si quería llegar a ser algo, sea por la carrera que estudiaba en la universidad, o por su talento de cantante en el conservatorio…

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Entre estos y muchos otros escenarios más, existe la oportunidad de dar un paso adelante. Este concepto tan simple depende de los eventos por suceder, los cuales varían grandemente en cada persona. Nunca hay un pronóstico para predecir el futuro. El tiempo, las acciones y las circunstancias serán quienes lo formarán.

En medio de estos eventos, la ciudad continuó con su imparable energía…
« Last Edit: December 04, 2013, 11:47:18 PM by Sayi »


Shura

Re: Act 1: Overture
« Reply #1: December 06, 2013, 02:56:41 PM »


Track .1 # Innuendo

El talento no es suficiente.
El esfuerzo, tampoco es suficiente.
¿Cuál es entonces la clave del éxito?

...

-Felicidades por tu puntuación en la audición.
-Muchas gracias. -Shura sonrió agradecida a su compañera en la banda, hace unos meses que se había unido, no es que aquella niña la admirase, pero le tenía respeto por ser primer violín.
-Estoy convencida de que pronto te convertirás en una excelente profesora.
-Sí… -La morena se quedó por un momento sin palabras, despidiéndose de manera automática de la chica. -Gracias.

Y es verdad… ya tenía veinticuatro años, aunque llevase desde los cinco años con un violín en las manos, y aunque hace años se la consideraba un genio, un prodigio… sin que tu afición y tu talento se exploten trabajando sobre un escenario, los genios y los prodigios dejan de serlo a los veinte años para pasar a considerarse meros expertos y aficionados, y ella ya llevaba cuatro años de más alargando lo inevitable, intentando resucitar en cada audición el interés por ella y por su música. Y lo lograba… tenía premios y logros… pero en lo referente a reconocimiento, nada. Aunque tuviera un primer puesto, nadie recordaba nunca su nombre, aunque su música resaltaba, las miradas nunca enfocaban hacia ella.

Al principio lo consideró como falta de esfuerzo, y trabajó, muchas horas, muchos días… hasta que al final, se dio cuenta de que precisamente todo el mundo esperaba eso de ella, y más que destacar, reafirmó la opinión que todos tenían de ella. Después lo considero una falta de suerte, y asistió a nuevas audiciones gastando dinero de su propio bolsillo en viajar, hizo la pelota a profesores y eminencias… para al final darse cuenta de que solo estaba como añadido en todas partes.
¿Qué era entonces lo que fallaba? ¿Qué más necesitaba?

“Podrías intentar convertirse en profesora de música.”
No llevaba veinte años tocando el violín sin descanso para terminar como profesora.
“Es normal que toques tan bien, los asiáticos llevais el talento en las venas.”
¡¡ARRGG!! ¿Solo por ser china tenía que dársele bien la música y las matemáticas? ¿Era eso? ¿No triunfaba por ser asiática? ¿Por qué se suponía que  era lo que venía de serie?

>¿Se supone que alguien por ser negro se le tiene que dar bien el baloncesto? ¡Es otro modo de racismo! ¿Y a vosotros lectores? ¿Os ha sucedido alguna vez algo parecido? Contadme vuestras experiencias.

Shura envío la nueva entrada de su blog, llevaba cinco años administrando un blog personal de forma anónima. Colgando fotos de sus viajes, críticas, opiniones, y otras cosas curiosas o diarias, nunca revelando su identidad por si algún día alcanzaba la ansiada fama alguno de sus aportes pudiera perjudicarla; y, modestia aparte, ya gozaba de trescientos seguidores y alrededor de siete comentarios por cada post, darse su pequeño baño de masas entre “te entiendo” o “que injusticia, no te lo mereces, eres la mejor”, le hinchaba el ego y hacía que no se enfrentará a los problemas diarios aunque fuera totalmente consciente de ellos… por eso, aquel mensaje le extrañó y le resultó como una bofetada.

>¿Eres Shura, verdad? No puedes ser otra… ¿cuánto tiempo más piensas seguir auto compadeciendote? ¿Aún no te has dado cuenta de lo que te hace falta para triunfar? Parece mentira… reúnete conmigo en el conservatorio, te daré la pista que necesitas para cumplir tu sueño y triunfar.

¿Cómo la había descubierto? ¿A qué se refería, era posible que alguien tuviera el “secreto” para la fama? Y lo más importante… ¿cómo iba a reunirse con alguien a quien ni conocía?
« Last Edit: February 06, 2014, 08:45:00 PM by Shura »


Puri

Re: Act 1: Overture
« Reply #2: December 06, 2013, 07:55:56 PM »
Aporte feo, pero sssh, vamos comenzando con algo
juro solemnemente que este 2014 aprendo a editar para hacer iconitos bonitos



Había tenido una buena vida. Si bien sus estrictos padres agricultores habían sido duros con ellos, más lo habían sido con sus dos hermanos y ella había sido más consentida, así que no lo había pasado tan mal. No había sacado malas notas en sus clases y aunque se había caracterizado por ser una chica promedio, sus padres creyeron que, a diferencia de su hermano y su hermana-caida-en-desgracia-dejó-el-conservatorio-por-el-rock-cómo-se-atreve-dios-nos-libre, ella sí valía para enviarla a la universidad; así que había hecho sus maletas y había dejado su tierna Ica para venirse a Eastwood.

No había sido fácil, al comienzo creyó en la armoniosa vida familiar, pero luego de que ya no pudiera vivir más con su prima Cho y que descubriera que sus hermanos deseaban tener una vida aparte, supo que ella no podía entrometerse. No había problema, igual ella quería su espacio y sus cosas y sabía que si se quedaba viviendo con alguno de ellos tarde o temprano habría caos, por lo que comenzó alquilando un departamento cerca del de su hermana en las afueras. En aquel entonces sus papás no entendían que a una menor de edad no podían contratarla para buenos empleos, "¡Pero hijita, si en la ciudad hay trabajo de sobra!", riiiite, vender caramelos no era una opción, papá, mamá.

Su primer trabajo como cajera no le rendía buenos frutos, además que siempre llegaba tarde a clases, lo cual lo hacía aún peor. En general, en aquellas épocas había vivido un pésimo estilo de vida, pero con los primeros meses de universidad llegó a conocer a Tatara Totsuka, su actual mejor amigo y con quien compartía un departamento mucho más cerca de la universidad. Además, Totsuka estuvo con ella cuando ocurrió todo el fiasco con... Bueno, ese fiasco. Pero ni en ese mal momento estuvo sola.

Luego conoció el teatro, su pasión escondida de sus padres. Había comenzado unas cuantas clases sin comentarle nada a sus hermanos, hasta que las clases se convirtieron en seminarios, talleres y su principal actividad luego y antes de clases. Así finalmente había logrado entrar a aquella pequeña agencia de actores extras... No era mucho, pero le permitía hacer algo que le gustaba y tener dinero por ello. Ya era demasiado tarde como para decirle a sus padres que no quería seguir estudiando en la universidad... A estas alturas del partido le daba miedo darles un paro cardíaco después de la experiencia que habían tenido con sus hermanos mayores y ahí sí no habría ni Señor de Luren ni Rosa de Guadalupe que les salvaran.

Básicamente... Sí, había sido una buena vida. Con sus pros, sus contras, pero había sido una vida medianamente estable y buena para ella...





... Hasta ese momento, claro, en que había cometido suicidio social en frente a uno de los hombres más deseados de todo Eastwood al leer mal su apellido.

Pasado el shock inicial en que Sayaka vio su vida pasar frente a sus ojos, comenzó a disculparse mil y una vez por haber confundido su apellido.

"No es nada", le dijo Yuichi dándole una sonrisa pequeña. "Sucede todo el tiempo...", afirmación que solo hizo que Sayaka se sintiera aún peor.
"PEOR AÚN ;_;", no pudo evitar gritar tapándose el rostro, el cual se encontraba rojo de la vergüenza. "¡EN SERIO, DISCÚLPAME!". Yuichi rió y le dio una palmadita en el hombro.
"Calma... Ya pasó. Después de todo, no puedo enojarme con mi compañera de estadística que ha sido tan gentil de aguantar a alguien como yo y enviarme sus apuntes".
"NO DIGAS ESOOOO", lo miró entre los dedos de sus manos y al verle reír, no supo si todo estaba bien o si todo estaba mal. No, nunca le habían dicho qué hacer en ese tipo de situaciones. NO, ESTE TIPO DE SITUACIONES DE HECHO NO DEBERÍAN OCURRIR, pensó.
"Es en serio, muchísimas gracias por todo. He estado muy ocupado filmando mi última telenovela...", miró de costado un poco avergonzado. "Estadística es uno de mis cursos obligatorios y pensé que podría llevarlo sin problema alguno, pero terminaron moviendo mi horario sin consultarme y todo se volvió un caos". Suspiró y Sayaka por un momento lo vio como un ser humano igual que ella, pero en eso...
"Espera..." y recordó algo que le hizo elevar un dedo acusatorio hacia su persona. "¡Tú estás filmando Henshin Interviewer no Yuutsu!".
"Pues sí". Afirmó Yuichi que frunció el ceño al ver que parecía acusarle de algo.
"¡ESA ES LA MALDITA TELENOVELA PARA LA QUE NO ME CONTRATARON JGHFGKFKJF!" Ante esto, el mayor no pudo hacer más que reír abiertamente. La peliceleste intentó recordar cuánto costaban las palas del Ace Home Center para empezar a cavar su propia tumba.
"¿En serio audicionaste para ello? Si hubiera sabido podría haberte metido...".
"Ya no importa...", dijo haciendo un puchero. "Igual vendrán telenovelas de mucha más alta calidad que esa". Ambos se miraron por unos segundos en silencio y finalmente se echaron a reír.

Después de ello, Sayaka le invitó finalmente a pasar y que se pusiera cómodo. Aquella tarde su roommate Tatara había salido a un recital para un informe de su clase de poesía, por lo que tenían el lugar para ellos. La peliceleste abrió la caja con rollos de canela y tras probar uno se sintió en el sétimo cielo. Yuichi le contó que solía ir a comer a esa pequeña cafetería del frente de la agencia, ya que como era el lugar más obvio al que iría un idol, las fans en verdad lo obviaban, prefiriendo buscar otros lugares en los que "de seguro" se iban a comer.

"Vaya", dijo asombrada. "¿Y cómo haces para salir sin que te vean?".
"Es fácil, de hecho". Se hundió de hombros. "Por lo general salimos en una camioneta de lunas polarizadas y usamos cosas como chalinas, o máscaras de polen... Sacos largos... Oh", dijo recordando algo divertido. "Uno de mis compañeros de banda usa pelucas".
"¡No waaaay! ¿Quién de ellos?", preguntó riéndose.
"Eso sí no te puedo decir", respondió sonriendo.
"Pero no entiendo... ¿Cómo así te metiste a la universidad, entonces? Porque hasta donde leí en Friday, estabas llevando los cursos por internet, ¿por qué entraste a una clase presencial?".
"En realidad no estoy llevando cursos online, la verdad es que voy a mis clases... Usando la peluca de cierto amigo", dijo riendo. "Mi manager me dijo que lo mejor sería decir que llevo los cursos a distancia para no alterar el orden en el campus y que hayan fans esperando por ahí a verme... Igual siempre mis trámites los hace mi manager, ya que así guardo las apariencias. Para todo lo demás voy disfrazado".
"¿Y cómo haces con el asunto del nombre?".
"Es fácil", dijo tomando la caja que Sayaka le ofrecía y sacando un rollo de canela para él. "Los profesores ya están alertados sobre mí y no pasan mi nombre por lista".
"Okay, eso sí es injusto, you priviledged... You".
"En realidad no", sonrió. "Siempre tengo que acercarme a ellos al final de las clases para pasar personalmente mi asistencia...".
"Quien lo diría, los idols son más humanos de lo que parecen (?)".
"Okay, eso dolió B(".
"Sigues teniendo miles de miles de dólares como para que algo te duela de verdad B(". Sayaka rió al ver su puchero. "Pero no entiendo... ¿Por qué entonces no te presentaste conmigo con una identidad falsa, o algo así?". Yuichi suspiró.
"Me metí al curso sin saber que la dinámica era de parejas... Y créeme que me parece completamente agotador tener que mentir sistemáticamente todo un semestre a alguien a quien tendré que ver por el resto del tiempo. Y nada, confío en que no venderás mi identidad ni dirás nada...".
"¿Y qué te hace confiar que no diré nada?"
"El que tengo miles de miles de dólares para mandar a hacerte callar (:"
"Oh (:"
"Descuida", Yuichi rió. "No pasa nada en verdad, pero agradecería que no lo comentaras. ¿Puedo comprarte con dulces lo que queda del semestre?", preguntó mirando los rollos de canela.
"Con eso también puedes comprar mi virginidad, pero creo que eso no viene al caso (??)". Yuichi se sonrojó por un segundo, pero luego rió con ella. "Vaya... Sigo sin creerme esto. Si no estuviera despierta diría que todo esto es el sueño de una loca obsesionada con ustedes y sin nada mejor que hacer. Pero dime, ¿cómo es la vida con KAT-TUN? ¿Lo de la pelea de su concierto debut fue verdad?".
"Uh... Sí, de hecho Tatsuya le dejó un moretón horrible a Kame en la cara... Pero en realidad fue por mi culpa". Suspiró. "Fui yo quien me equivoqué en el baile, pero Kame se enojó con Tatsuya porque él debió de haberme cubierto. Fue todo un caos...", Sayaka se dio cuenta que no le gustaba hablar de eso, así que decidió decir cualquier estupidez para disipar esa memoria.
"Oh, vaya y yo pensaba que la princesa Tatsuya no era capaz de esas cosas". Al parecer lo dicho surtió efecto, ya que Yuichi se echó a reír.
"No tienes idea de cómo OOOOODIA que las fans le llamen princesa. Pero en verdad las fans no se alejan de la realidad, se comporta como toda una princesa cuando se le da la gana y si no le haces caso, bueno, nunca ha golpeado como princesa (?) pero en fin".
"Vaya...", Sayaka le sonrió. "Es... No sé, ¿raro? ¿Mágico? Eres como un unicornio (?)".
"Okay, si es que esa fue una referencia a mi nariz..."
"¡N-NO! Nada de eso ;_; omg sí era cierto que era acomplejado. Es que... No, en serio ni sé qué decir... ... ... ¿Puedo tocarte? (?)"
"..."
"..."
"No".
"También es cierto que es aguafiestas okay ):". Yuichi rió y le dio una palmadita en la mano.
"Ahí tienes, un poco de estrellato, fama, fortuna y estrés universitario".
"Diría que nunca más me lavaría la mano, pero igual ni me las lavo (?)"
"..."
"..."
"..."
"Sabes, justo antes estaba pensando que me había suicidado socialmente, pero acabo de corroborarlo".
"Comencemos de nuevo. Mi nombre es Yuichi NakaMAru, mucho gusto".
"....... SABES, NO AYUDAS A HACERME SENTIR MEJOR", dijo volviéndose a tapar el rostro con ambas manos al ser recordada de su error. Yuichi se echó a reír fuertemente, lo cual sorprendió un poco a la peliceleste que no le había escuchado así. Al verse observado, el mayor fingió una tos para calmarse.
"Ya, ya... Creo que mejor comenzamos a estudiar, ¿no te parece?", le dijo mirando su reloj de mano. Sayaka, por miedo a volver a decir alguna estupidez, cerró la boca y asintió con una sonrisa, agarrando los libros que ya estaban en la mesa junto con su cuaderno de apuntes.


Tatara y Levy se encontraban animadamente hablando de todo lo que había sucedido en el concurso de poesía cuando divisaron un café a lo lejos y decidieron entrar a tomar algo. Levy era una chica que Sayaka y Tatara conocieron cuando llevaron la clase de nivelación en redacción al haber fallado el curso al ingresar (en el caso de Sayaka y Levy, ya que Tatara lo llevó por segunda vez tras haberlo jalado la vez pasada); era una chica alegre y siempre dispuesta a ayudar, además de muy inteligente, aunque no muy buena a la hora de escribir.

"Y, dime, ¿qué hacías ahí? No esperaba encontrarte en el mismo recital".
"Esperaba encontrar ideas", le sonrió para luego desviar su mirada a la carta. "¿Y tú?".
"Tengo que hacer un informe para mi clase de poesía". Levy le miró con el ceño fruncido. "¿Poesía? ¿Y eso qué tiene que ver con comunicación audiovisual?"
"Pues le dije lo mismo a Sayaka cuando me obligó a tomar estadística...", rió. "¡Me pareció divertido! Quien sabe, tal vez un gran poeta duerme dentro de mí".
"Tatara, si sigues basando tu vida en tus hobbies del momento jamás harás nada", rió y cerró la carta justo cuando se acercó la camarera. "Un chocolate caliente".
"Un café", le dijo Tatara con una sonrisa y esta se retiró del lugar para ir por sus órdenes. "¿Cómo te va en facultad? Las clases comenzaron hace ya un par de semanas y no sé nada de ti. ¿Cómo es llevar Literatura?".
"Terrible...", admitió rodando los ojos. "Me parece que está bien en cuanto a literatura en sí, pero en los aspectos de redacción los profesores no dejan nada de libertad. Intentan imponerte estilos y... Sé que no soy muy buena escribiendo material propio, pero tampoco es como para que me limiten de esa manera. Y lo peor de todo es que varios no dejan de decirme que tendría un buen futuro como crítica cuando yo preferiría ser escritora... A este paso no sé qué haré con mi vida". Suspiró.
"Vaya", Tatara no supo que decirle. "Tal vez... ¿Y si tomas un semestre sabático?".
"No todos tenemos padres tan benefactores para pagarnos eso, Tatara", rió Levy. "¿Cómo te va a ti?", el mayor sintió la necesidad de la peliceleste de cambiar de tema y decidió seguirle la corriente.
"Oh, no sé la verdad. Aún no termino los cursos requisito y para colmo entré a estadística para no dejar sola a Sayaka... ¡Pero, ya estoy llevando fotografía al menos!", comentó con una sonrisa y sacando de su bolso que llevaba cruzado la cámara que se había comprado. "Esta es mejor para grabar, pero también toma buenas fotos. Preferí comprarme este modelo porque en fin, mi vida se va a dedicar más a grabar cosas que a tomar fotos de todas maneras".
"¡Déjame ver!", Levy tomó la cámara de las manos del chico y la inspeccionó asombrada. "¡Anda! ¿Debo llamarte hipster ahora?".
"Nah, todavia me visto con ropa y no con harapos", ambos rieron.
"¿Y Sayaka? ¿Aún no pasa a facultad? ¿O planea seguir teatro?".
"La verdad no lo sé". Suspiró y justo en ese momento llegó la señorita con sus pedidos. Ambos sonrieron al ver que les habían dejado dos pequeñas galletas con cada una de sus bebidas y tomaron una. "Thing is, está asustada de sus papás y por eso no se cambia de carrera. Dice que está bien con tomar cursos y ya, pero sé que se muere por cambiarse. Además... Todos sabemos que derecho no es lo suyo".
"Nunca le he visto cara de abogada, srsly, tiene más cara de activista que meterán a la cárcel algún día".
"Algún día". Asintió y ambos tomaron de sus bebidas al mismo tiempo. "Pero yo creo que ambos ya hemos hablado demasiado, ya es problema de ella".
"Es cierto". Levy apoyó su rostro en una mano y se volteó a mirar la calle a través de la ventana que estaba a su derecha. Tatara hizo lo mismo, pero no vio nada fuera de lo normal. "¿Sabes algo de Misaki?". Ante esta pregunta tan repentina, el de cabellos castaños se quedó un poco sorprendido. Levy volteó a mirarle.
"La verdad no", admitió. Si bien Levy nunca había sido cercana a Misaki, sabía que la pregunta iba más que nada dirigida a cómo se encontraba Sayaka sobre el tema. "Desde que te conté esa vez que me llamó ya no he sabido nada. Tampoco nada de Saruhiko, aunque eso es normal, nunca fue muy sociable conmigo de todas maneras".
"Ya veo". Levy tomó un poco más de su chocolate. "Ya va a ser un año, ¿crees que la dejen en paz?".
"No creo que sea una cuestión de dejarla en paz... O sea, Misaki no ha estado detrás de ella desde hace tiempo y Horo-Horo es demasiado protector de Sayaka como para decirle algo o dejarle acercarse. Y bueno, Saruhiko debe seguir enojado con el resto de la humanidad como siempre. Pero como te digo, no es una cosa de dejar en paz a alguien, sino de aceptar y seguir adelante. Y madurar, supongo. Pero no creo que ese sea el caso". Levy puso una expresión de preocupación.
"¿Y cómo la ves a Sayaka?".
"Está haciendo lo mejor por olvidarlo todo al decir que ya no le importa... Solo espero que eso sea suficiente para ella, aunque nunca enfrentó la situación... No sé, no sé la verdad". Levy asintió y ambos se quedaron callados, dejando lugar a un inusual silencio incómodo entre los dos. A Tatara no le gustaba hablar de ese tema, aunque sabía que Levy lo hacía porque era amiga de la otra peliceleste y no quería verle mal. Aún así, tampoco quería darle más detalles y de cómo a veces veía aún a Sayaka con la mirada perdida en su habitación, enfocada en ciertos objetos que le hacían recordar a aquellos dos, aunque con la mente en otro lugar.

No, Sayaka aún no les había dejado ir por más que afirmara que sí. Aunque intentaba olvidar no dejaba de rascar la herida de vez en cuando. Los tres eran demasiado iguales, pero eso también era lo que los hacía más propensos a destruirse mutuamente, solía pensar Tatara.

En ese momento, sonó el celular de Levy y esta le pidió disculpas a Tatara para atender. Una vez que habló rápidamente, su rostro se encendió con emoción, asintió y dijo que iría en ese momento a un lugar.

"¡Perdona, Tatara! Me ha salido una entrevista".
"¿De trabajo?"
"¡Algo así!", rió. "Bueno, tengo que irme". Sacó de su monedero la cantidad exacta y la dejó sobre la mesa, Tatara aprovechó e hizo lo mismo para también irse. "En serio lamento no poder quedarme más, ¡pero hey! Dile a Sayaka para vernos uno de estos días. Los jueves son buenos para mí, ¿pueden ustedes?"
"Yo no tengo problema, pero le preguntaré a Sayaka de todas maneras", le sonrió. Ambos salieron de la tienda y se dieron un rápido abrazo. "¡Cuídate!".
"¡Tú también!".

Levy le dedicó una gran sonrisa y se fue corriendo a la parada de bus. Tatara se quedó mirándola extrañado, hacía muchísimo tiempo que no veía a Levy así de emocionada y feliz... Y dijo que no era una entrevista de trabajo exactamente. El mayor se hundió de hombros y metió sus manos en los bolsillos de su saco para dar la vuelta e irse en dirección contraria hacia el tren subterráneo, ya que así llegaría más rápido a su departamento compartido.

Fue en eso que pasó por una pequeña tienda y decidió comprar algunas cosas que faltaban, ya que Sayaka en un ataque de ansiedad por no saber quién era el tal Nakamura se había comido todo el cereal, el pan y la mantequilla... Pensando en eso, Tatara tomó una canastilla y se quedó ponderando en si habría llegado el tal Nakamura y si llegaría a verle antes de que se vaya... Después de todo se había vuelto una celebridad entre él y Sayaka por su ausencia en la vida de la última. Tal vez debía de comprar algo para la visita, entonces. Tatara se sonrió a sí mismo y decidió que no estaría de más comprar algunas galletas para compartir. Se dirigió entonces al pasillo de desayuno y llenó la canastilla con un bolso de pan integral, luego fue por su cereal favorito y cuando lo tomó, se puso a buscar las galletas...

"¿Tatara?", escuchó una voz detrás de él y cuando se volteó a ver quien era, casi se le cae la canastilla.
"¿S-Saruhiko?", preguntó sorprendido. El menor de cabellos negros le miró un poco sorprendido también, pero rápidamente recuperó su semblante serio que siempre le caracterizaba. Al ver que Tatara no decía nada más, no pudo evitar sonreír de lado y mirarle de mala manera.
"¿Cómo se encuentra Sayaka?".


"¡¡NO SABES LO QUE ME PASÓ HOY!!"
"¡¡NO SABES LO QUE ME PASÓ HOY!!"

Sayaka y Tatara se miraron, aunque se sorprendieron por el otro. Mientras Sayaka lo había dicho con emoción, Tatara había llegado algo pálido y corriendo a decírselo.

"Dude, ¿qué fue?", le preguntó riendo. "Parece como si hubieras visto un fantasma".

Tatara pensó que eso sonaba demasiado irónico.

Forget all the shooting stars and all the silver moons
We've been making shades of purple out of red and blue


Cho

Re: Act 1: Overture
« Reply #3: December 06, 2013, 11:43:00 PM »
Hola chicas, me sorprende la rapidez con la que andan escribiendo. Shura, es una grata sorpresa verte por aquí, ya quiero ver qué tienes planeado. Prometo que me pondré al día pronto con todas~ *terminando temporada de exámenes*

Este es uno de mis fics de la versión pasada de DD, más que nada lo reposteo con algunas revisiones porque pienso seguir la historia de estos personajes. Ahora tengo que ponerme a trabajar en mi bishoujo (...) y en esos malditos icons *sucks at life* (...)


1

Eastwood era clásicamente conocida como la ciudad del desarrollo artístico, que abría las puertas al estrellato a aquellos que probaban ser tanto ambiciosos como dotados. En esa ciudad había gente muy rica y famosa y era un punto de encuentro para el arte y la música a nivel mundial, por lo cual se espera una gran presencia de industrias y renombrados institutos y disqueras. Sin embargo, como en el resto del mundo, uno en general no nacía con la corona en la cabeza y aunque las posibilidades de escalar hasta la cima estaban disponibles, uno nunca escalaba solo y conforme todos se acercaban a la cumbre, ya no había espacio en la ladera, y cada aspirante tenía que empujar a los demás para sobrevivir, al tratarse de empujar o ser empujado. La vida para la gran mayoría dependía de muchos factores y mucha lucha y cualquiera en la cima con una carrera reconocida y estable era alguien a quien admirar. Ese era el caso de la gran mayoría que, en Eastwood, apuntaban alto y no dejaban de esmerarse.

Pero ese no fue precisamente el destino de una de las pocas familias que casi se consideraría que tuvo una suerte única. Esa era la familia Clemens.

Vivían en los suburbios de la clase media, con una madre soltera que se encargaba de sus tres hijos y con las justas lograba mantener su hogar. Siempre tuvo grandes expectativas de sus pequeños y esperaba que se convirtieran en excelentes profesionales ni bien se graduaran de la universidad, pero la señora no veía cómo podría cubrir todos los gastos necesarios para sus hijos. Aun así, se mantenía optimista y les exigía que siempre estudiaran y se tomaran sus cometidos con seriedad. Esperaba que su hijo mayor fuera una persona reconocida y sacara adelante a sus hermanos menores, pese a que este no era la persona más disciplinada, pero nuevamente, se mantenía optimista.

La sorpresa llegó un día, con su hijo menor, quien en uno de sus impulsos pidió a su madre que le dejara participar en una audición, ya que una cadena famosa ubicada en esa ciudad estaba conduciendo audiciones para reunir a un cast de actores para una mini-serie, y él quería ver cómo le iría. La madre imaginó que no iría muy bien pero que sería una linda experiencia para su hijo, por lo cual le llevó pese a que el pequeño sólo tenía unos ocho años de edad en ese entonces. Él le sonrió y con el número 739 pegado en su camisa, asistió a la audición.

Poco después, sorprendentemente, el pequeño fue escogido de entre muchos para ser el niño protagonista de esa serie que empezó con una temporada de prueba, y que al ganar varias nominaciones y unos pocos premios, firmó contrato para dos temporadas más, así sucesivamente.

Todavía poco antes de terminar la grabación para la primera temporada, la hija del medio ya había encontrado fascinación en la música y la madre estuvo muy gustosa de conseguirle algún maestro, pero grande fue su sorpresa cuando su linda y delicada pequeña quiso tocar la batería. La madre intentó convencerle para cambiar de opinión, pero la pequeña no iba a ceder, y con el trabajo del menor sí pudo cumplirle ese capricho. Ella compró una batería y en la cochera de la casa la pequeña tocó incansablemente por mucho tiempo, cada vez escuchando más la música. Como una vez le preguntaron, ella se sentía como dicho instrumento, al pasar desapercibido por la mayoría y no tener una escala de tonos, pero ser fuerte, decisivo y muchas veces imprescindible, además de marcar fielmente el tempo de las canciones.

Cuando su hermano menor estuvo comenzando a filmar la segunda temporada, ella oyó unas noticias que le dieron un fuerte deja vu. Una banda que ella tenía entre sus favoritas se había separado hace no mucho tiempo, pero una integrante de dicha banda había hecho un contrato con una disquera importante para poder formar una nueva banda que tocaría con ella, y buscaba a miembros para esta.

Las audiciones se anunciaron y hubo una especificación que era vital; tenía que ser una chica en la adolescencia. Ella podría ser un poco pequeña en comparación con la mayoría de chicas que esperaron en largas filas a su alrededor, todas esperando una oportunidad, aparte de no considerarse ser tan ‘linda’ o ‘agradable’ como ellas, pero la seleccionaron una y otra vez, eliminatoria tras eliminatoria, y al final, fue aceptada como la baterista de la ahora banda de cuatro, incluyendo a la que había decidido formar el grupo en primer lugar.

Por ella y por el contrato con esa disquera tan reconocida, su grupo tuvo mucho alcance y buena propaganda, agarrando momentum con velocidad y volviéndose famoso en un abrir y cerrar de ojos. No sería el tipo de música que ella habría querido tocar, pero era un comienzo y admitía que el ambiente pese a ser algo agobiante a veces, también era cómodo.

Ese fue el concepto y los dos terminaron por llegar a la fama como si la fortuna les hubiera caído del cielo. La madre se maravilló con sus dos hijos y no tardaron en mudarse a una mansión en unas de las áreas más caras y prestigiosas de la ciudad.

En el presente, el menor todavía seguía con su programa, que tenía otras dos temporadas más decididas para el futuro y ya había planes para sacar una serie de películas por lo famosa que resultó ser la serie. Sin duda vivía un sueño y se llevaba muy bien con su elenco y co-actores, cada uno haciéndose un nombre, pero detalles sobre ellos era ya historia de otro día.

La hija estaba en la banda The Hearts y esta se había comercializado al punto de tener una marca de ropa y accesorios. También estaban presentes en algunas propagandas y sus canciones eran de las que se oían cada vez que uno prendía la radio. Muchas chicas adolescentes las admiraban como ídolos y gente de mayor edad las veían como plásticas y criticaba su música como demasiado comercial. Cada quien tenía su opinión, ambas muy contrariadas, como era de esperarse de una banda ‘boom’.

Y con eso se podría decir que todo estaba bien en esa próspera familia… y sí, en verdad que todo estaba bien hasta cierto punto, pero el hermano mayor se sentía dejado de lado. Él no tuvo esa suerte o visión como sus hermanos de levantarse y aprovechar una casi invisible oportunidad y aunque vivía de lo más cómodo por todo lo que ellos ganaban, no le sabía bien. Él también quería ser alguien importante y lograr algo con su vida. En ese aspecto, su madre ya no le exigía como antes. Por tener una situación tan fácil le dejó en claro que él era libre de seguir lo que quisiera con su vida y no tenía ataduras, así que si quería estudiar era libre de hacerlo, o y si quería apuntar a la fama también podía. Le gustaba esa libertad… pero oírlo de su familia le daba a entender que él no tenía propósito alguno ni expectativas. Eso llegaba a irritarle.



Esa es la simple historia de Sora Clemens, un chico con dos hermanos menores que lograron la fama a temprana edad, y que ahora también quería algo con su vida. A lo que apuntaba era tener su propia banda, una de rock, y no era como si no se estuviera preparando. Dentro del colegio privado (cortesía de sus hermanos) tenía a dos buenos amigos con quienes se hablaba y practicaba a veces en su casa. En pleno descanso de las clases, estaba con ellos bajo el árbol de siempre, para tomar el refrigerio.

“Hm, ya está,” una chica de cabellos marrones con un listón rojo atando sus cabellos sirvió el té para sus dos amigos. “El té está listo, disfrútenlo.”
“Muchas gracias, Reimu,” dijo el otro chico, un peliblanco, sonriendo amablemente. Él y Sora tomaron un sorbo y mientras el peliblanco sonrió, Sora casi escupe el té.
“¿De nuevo sin azúcar?” preguntó Sora, no comprendiendo. Ella le miró severamente.
“Deberías acostumbrarte. El azúcar opaca el sabor natural de la infusión,” dijo ella. Luego de explicarse, volvió a sonreír y miró hacia arriba, al sol colándose entre las hojas. “Ah, el día está agradable. Seguro que algo bueno ocurrirá hoy. ¿Qué piensas, Ryo?”
“No lo sé, pero espero que tengas razón,” contestó él, con simpleza.

Ellos dos eran amigos de Sora desde que fueron admitidos a ese colegio con becas, ya que ninguno de los dos podría pagar el costo de tener que hacerlo. Ryo era excelente en las materias y por sus notas sus maestros siempre consideraban que podría irle bien estudiando en el extranjero ni bien se graduara. Reimu también tenía notas por encima del promedio, pero su beca era por deportes, mostrándose excelente en la gran mayoría y pertenecía a varios clubs y equipos, teniendo su día muy ocupado, pero ella rara vez se mostraba saturada o cansada, enseñando la determinación y resistencia digna de una verdadera atleta. Los dos trabajaban muy duro pero con gusto personal y estaba asegurado que tendrían futuros brillantes si seguían así. Sora lo entendía bien, además que la ‘banda’ que tenía con ellos era incierta, porque ellos iban a participar en esta mientras esos tranquilos y libres días de colegio continuaran, y si la banda no llegaba a un nivel reconocedor para cuando la graduación llegara, era claro que ellos dos seguirían con sus metas, dejándole atrás. Sora no podía pedirles que dejaran sus caminos de lado. A diferencia de él, ellos no tenían la vida regalada.

“Tenemos que apurarnos, chicos,” Reimu levantó un dedo para hacer su punto, sonriendo simpáticamente. “Se viene un examen en la próxima hora. Hay que repasar un poco.”
“Ah, cierto,” Sora se frustró por recién acordarse, pero al menos contaba con esos dos. “Espero que ese profesor no me vaya a jalar.”
“No estás tan mal, no seas pesimista,” Ryo sonrió. “Puedes animarte recordando que después de clases vamos al centro comercial a buscar una nueva banda para tu guitarra.”
“P-pues sin duda,” Reimu sonrió incómoda. “Pero creo que es mejor recordarle algo así después de estudiar, si no no se concentrará.”
“Ten un poco de fe en mí, Reimu. No soy un random youkai que amenaza con traer caos al mundo o algo.”
“¿De dónde salió eso?”
“No es nada,” Sora sonrió. Al menos, ese par de amigos probaban animarle cada vez. “Sí, tendremos que esforzarnos mucho. No me quedaré atrás.”

Era una tarde normal, y tenía en mente pensar más en su banda, a ver si podía lograr algo con sus amigos con quienes con las justas practicaba en un estudio en su casa. No eran conocidos y no estaban desarrollando más canciones. Entonces, se iba a mover, y por tratarse de estar en Eastwood, saldría de su tranquila y aislada vida para conocer a gente del medio que le podría ayudar.

Y con esa decisión personal, se encaminó en un sendero donde todo tipo de personas le esperaban, y le iban a hacer entender que sin la ayuda de la fortuna, sería mucho más difícil de lo que podría haber imaginado.


Kana

Re: Act 1: Overture
« Reply #4: December 09, 2013, 12:00:09 AM »
Edit. Era horrible este fic y no sé como borrar post D:
« Last Edit: June 20, 2015, 12:17:39 PM by Kana »


Isumi

Re: Act 1: Overture
« Reply #5: December 09, 2013, 04:02:28 PM »
Igual que Cho, reposteo fics de la versión pasada xD -que solo eran dos- con un poco de revisión y pequeños cambios y esta vez con icons! yey me : D
Prometo que cuando tenga un poco de tiempo libre me pongo a leer y comentar sus ficcus ;w; me alegra que el proyecto no solo haya revivido si no que más gente se haya unido <3 yey DD



Track 00: [GAINAX] Prólogo.

Sentada en frente de una computadora, con la mano en el Mouse, auriculares, ojos cerrados y en el monitor reproduciendo un video de youtube, una chica que no aparentaba más de doce o trece años, no dejaba de producir un ritmo con sus uñas golpeando el Mouse. Cualquiera que la viera pensaría enseguida que estaba escuchando música y repitiendo el ritmo que escuchaba, pero para sus compañeros era siempre un misterio lo que se encontraba haciendo Tsubasa cada vez que se ponía encima los auriculares y cerraba los ojos mientras escuchaba música.

-¿Qué estás haciendo esta vez, Tsubasa?- Una chica que aparentaba una edad mayor de la anterior, con cabello largo y cobrizo y una expresión aburrida, se acercó a la ‘niña’ en frente de la computadora.
-Lo que tú deberías estar haciendo.- Respondió la mencionada, que a pesar de tener los auriculares en cada oreja, pudo escucharla perfectamente.
-Tsk.- Irritada la chica se alejó y se fue a sentar a un sofá donde otras dos personas la esperaban con una respuesta.
-De ti no logramos sacar nunca nada…- Dijo el chico del grupo suspirando. Él se encontraba prácticamente tirado en el sofá con los brazos estirados y mirando hacia el techo. –Mamimi, te toca.-
-Kamina está hoy muy vago.- Dijo la chica de cabello corto antes de levantarse y dirigirse a cumplir la misión que la anterior había fallado.
-Intento hacer un ritmo distinto respecto al de la canción que estoy escuchando de modo que mis oídos se acostumbren a escuchar y reproducir ritmos distintos a la vez.-
-Eso dijo.- Dijo Mamimi sonriendo con los ojos cerrados y mostrando todos sus dientes mientras sus dedos hacían la pose de la victoria. –Tsubasa quiere más a Mamimi, deberías aprender de mi.- Dijo dirigiéndose a la persona que había fallado en recolectar información mientras procedía a sentarse junto a ella.
-¿Sí? Pues ‘Asuka’ tiene más sentido de la música que tú.-
-Ya ya, no peleen.- El ‘vago’ se levantó del sofá y cruzó los brazos con la mirada bien fija en Tsubasa. –¡Nuestra niña prodigio perforará el mundo de la música con su batería!-
-No sé si recuerdas que tengo más años que Asuka.- Dijo Tsubasa finalmente mostrando su rostro. –Además, que sea prodigio no significa que sea la única que deba trabajar aquí. ¿Qué demonios es este cuarto oscuro? Ni que tuviéramos que pagar tanto de luz como para no permitirnos al menos poder vernos en la cara.-
-Pues de hecho…- Comenzó Kamina. –El mes pasado llegamos al límite de deudas, al pagarlas todas nos quedamos sin dinero, por eso estamos gastando lo menos posible.- Dijo con una sonrisa orgullosa como si hubiese algo de lo que estar orgulloso en lo que acababa de decir.
-Qué demonios… ¿y la comida?-
-No hay.- Se quejó Asuka.
-¿QUÉ?- Tsubasa procedió a apagar la computadora sin siquiera salvar lo que había estado haciendo.
-¡Oye no! ¡El sintetizador!- Dijo Mamimi pero era demasiado tarde.
-¿Y ustedes aquí perdiendo el tiempo viéndome a mi como gasto más electricidad? ¡Salgan a buscar trabajo!-
-¡Oye niña!- Saltó enseguida Kamina. –¡Tú no puedes mandar a un hom—!-
-¡FUERA!-

Y fue así como los tres integrantes del grupo Gainax comenzaron a buscar un trabajo part time para poder al menos comprar un pedazo de pan.
-Hmm.- Ya afuera de aquel pequeño departamento, Mamimi comenzó a pensar en algo. –Me olvidé el reloj ¿qué hora es?-
-¿Cómo puedes olivarte del reloj?- Preguntó Asuka. Obviamente que si es un reloj de pulso sería imposible olvidárselo a menos que no te lo hayas puesto en todo el día. Pero como ya era bastante tarde…
-Mamimi no tiene reloj.- Le respondió Kamina. –Qué hora es, discípula.-
-¿Eh? Par de irresponsables. Son las cinco y cuarto de la tarde y no soy tu discípula.-
-Entonces hago a tiempo para ir caminando. Mamimi se va a trabajar, ¡nos vemos!-
-¿Qué?- Preguntó Kamina al ver a la chica irse así sin más. -¿Mamimi tenía trabajo?-
-Sí, y yo también. De hecho ya estoy tarde pero como donde trabajo son una sarta de pervertidos, no creo que me hagan mucha historia. Adiós.-
-…-


Y fue así como Kamina fue dejado solo en medio de una multitud de personas que lo observaban por su particular atuendo que dejaba ver sus bien esculpidos músculos y abdominales.

-El mundo es injusto.- Dijo con una pose dramática y exagerada.
-A quién lo dices.-
Una chica de cabello celeste claro que pasaba por allí sosteniendo un violín en sus manos lo escuchó por pura casualidad y no pudo evitar responderle.
-¡TÚ!- Pero Kamina no la dejaría ir así como así. -¡No te muevas!-
Siguiendo sus órdenes la chica se detuvo. No porque estuviese asustada ni nada por el estilo, muy probablemente lo había hecho solo porque se dio cuenta que sus pensamientos fueron expresados por su boca involuntariamente.
-Dime tu nombre.- Dijo como siempre con su actitud de mandón.
-Ha—li..ne...i…ra.- Dijo con dificultad, obviamente intentando inventarse un nombre al momento.
-Ha, Lineira. Hmm, nombre extraño. Tan extraño como su dueña.-
-…- Prefirió no corregirlo, ya que después de todo no era un nombre verdadero.
-¡Lineira! ¡Ven conmigo!- Dijo aferrándole la mano.
-¡No!- La chica se soltó de un golpe. –No te conozco ¿quién demonios eres?-
-Tienes razón. Ya te presentaste así que es mi turno presentarme… mi nombre, muchos lo conocen, pero muy pocas personas me han visto jamás…-
-…-
-¡Yo soy el gran—!-
-¡KAMINA, VE A BUSCAR TRABAJO DE UNA VEZ!- Gritó Tsubasa desde la ventana arruinándole su momento de presentación.
-…-

Y fue así como…

-¡ESPERA!-
-¿A quién?-
-¿Eres una artista callejera, verdad?- Preguntó Kamina ignorando sea a Tsubasa que a mi narración.
-Ehm… ¿si?-
-¡Entonces perfecto! Ven conmigo.- Esta vez sin agarrarla de la mano, Kamina se fue hacia la dirección opuesta a la que la chica estaba yendo antes.
-… ¿Debería seguirlo?- En la mente de aquella chica había cierta confusión. No todos los días te encontrabas con un personaje tan excéntrico como Kamina. Son personas que bien pueden dar vuelta tu mundo sea para bien que para mal. Ella, estando en una situación que requiere cambios, probablemente se preguntó si aquella sería la oportunidad de su vida. Pero al ser también una persona bastante conservadora y concentrada en sus metas, le resultaba difícil seguir su instinto así como así, ya que siempre terminaba pensando las cosas más de dos veces.
El problema aquí era que Kamina ya se había alejado demasiado como para ver donde se encontraba, por lo tanto la decisión a tomar ahora se modificaba en: ¿quedarme aquí y seguir con mi vida o salir corriendo a seguir un perfecto extraño que no tengo idea de donde me podría llevar y que claramente está en búsqueda de trabajo pero como conoce a una niña tan pequeña que probablemente es alguna pariente o algo así es probable que sea una buena persona y no alguien con malas intenciones que podría traer solo más desesperación a mi pobre vida que nada bueno hasta ahora ha pasado en ella?
Y mientras yo describía sus pensamientos, la desconocida chica procedió a correr tras aquel joven de nombre Kamina, una persona que lograba que cualquier bicho lo siguiera.




そばにいると
知らず知らず笑顔になれるの



Isumi

Re: Act 1: Overture
« Reply #6: December 09, 2013, 04:06:18 PM »
Doble post para no ponerlos los dos juntos, tendría que haber hecho los icons del grupo S.O.S. pero no tengo tiempo/ganas/tengo sueño y aun no vi OUAT (?)



Track 01 [GAINAX]: Canta per me.

-ESPERA un segundo.- Después de haber corrido lo suficiente como para alcanzarlo, aquella chica de nombre aún desconocido pero que se hacía llamar Lineira Ha, se detuvo para tomar aire.
-¿Qué es esa poca energía? ¡Nunca llegarás a ser un músico profesional si no puedes correr por cinco cuadras seguidas!-
-Lo sorprendente es que te parezca poco…- Decía mientras respiraba con dificultad. –Oye ¿dónde me estás llevando?-
-A donde la música nos guíe.- Respondió mirando al horizonte, a pesar de que no hubiese mucho horizonte con el cual representar una escena dramática.
-¿Eh…?- Por supuesto, aquella chica se había quedado de madera como yo.
-En este mundo hay muchos tipos de músicos y de música. Pero a veces los músicos no tocan el tipo de música que deberían ¿y sabes por qué es eso?-
-… ¿por la música comercial?-
-…-
-…-
-Es por la música comercial.-
-Sí, lo acabo de deci—
-¿Sabes cuántos músicos no tocan la música que deberían?-
-No.-
-Yo tampoco.-
-…- Y entonces, Lineira se dio cuenta de que Kamina se había olvidado el punto de la conversación y esperó a que lo recordara sin decir nada.
Unos minutos después. –El punto es ¿tú qué música tocas? Con ese violín.-
-Lo que salga de adentro.- Y esta fue una respuesta que Kamina no habría esperado.
-¿Eso significa que inventas música? ¿Creas tus propias melodías?-
-Pero luego las olvido.- Decía ella mientras se preguntaba la razón por la cual debería contarle esas cosas a un extraño.
-¿Sabes leer partituras?- Seguía Kamina con su cuestionario.
-No, nunca me enseñaron.-
-¿Entonces las canciones que conoces las sacas a oído?-
-Oye ¿a qué viene toda esta interrogación?-
-Responde.- La seriedad del chico ya la había incomodado, más que nada porque hace un momento tenía una expresión mucho más alegre.
-Eh… sí.-
-¡Entonces, mujer, nos parecemos más de lo que tu crees!- Probablemente eso era a lo que ella no quería llegar.
La chica se quedó tan atontada que no supo ni qué decir. Además del cabello de un color similar, nunca habría pensado que tenía algo en común con un hombre como Kamina.
-¿Qué me dices de robarle el escenario a alguien?-
-… ¿QUÉ?- Y esa fue la primera vez que aquella chica alzó su voz.
-Oh, mira que si puedes hablar como se debe.- Decía haciendo referencia al hecho de que ella hablaba tan bajo que era difícil escucharla. -¿Ves hacia allí? En esa secundaria está en curso el festival cultural. Muy probablemente haya grupos tocando música comercial para atraer la atención del público. ¿No sería interesante un dúo de guitarra y violín?-
-Enserio no tengo idea de lo que estás hablando.-
-No hace falta ¡ven!- Y de nuevo se puso a correr, esta vez con una dirección precisa.
-Realmente se dirige hacia donde está la música.- Pensó la chica mientras comenzaba a seguirlo a paso de tortuga.

Unos minutos después, habían llegado a aquella escuela. Estaba repleta de gente, por todos lados había mini tiendas vendiendo comida en la entrada, mientras que por dentro, cada salón estaba decorado con una temática diferente. Cosas como casa embrujada, maid café, entre otros, eran los más populares. Pero Kamina no perdió el tiempo en cosas triviales ya vistas y fue directo al gimnasio, que es donde suelen hacer las representaciones teatrales o musicales.

-¿Alguna vez escuchaste la frase “No es suficiente triunfar, otros deben fracasar.”?-
-Me pregunto si aquel será su moto.- Pensó ella. -¿Y cómo se supone que quitándole el escenario a unos niños de secundaria sea un triunfo para nosotros y un fracaso para ellos? Nadie se vuelve famoso por este tipo de cosas.-
-En eso estás equivocada.-
-Me pregunto en qué estaré equivocada.- Siguió con su diálogo mental.
-Gracias a fuentes, me he enterado que justo en esta escuela, justo este día, entre el público se encontraría un buscador de talentos. Por supuesto lo que ellos buscan es típica música comercial y chicas bonitas, pero nosotros les daremos originalidad.- Decía con toda seguridad de que ella ya había aceptado.
-¿Me acaba de decir que no soy bonita…?-
En ese momento, un grupo compuesto de cuatro chicas había subido al escenario. Todas estaban vestidas de modo extravagante. La que se había sentado en el puesto de la batería, llevaba un vestido elegante, como si fuera una princesa. Una de las guitarristas tenía puesto un traje de bruja, y la bajista un traje que se podría considerar típico de una ‘chica mágica’. Pero la que más llamó la atención, fue la segunda guitarrista y cantante, quien llevaba un traje de conejita marrón que hacía notar bien su hermosa figura.
Aquella chica tomó el micrófono y comenzó a decir unas palabras.

-¡Nosotras somos las S.O.S.!- Con solo haber dicho esa frase, la mayoría del público se puso a gritar de la emoción. Al parecer eran populares en la escuela.

-Son lo que aquel hombre está buscando.- Dijo Kamina con una sonrisa marcada en su rostro mientras dirigía su mirada al buscador de talentos.
-Ya lo encontró…- Pensaba su compañera.

-A gran petición del público, ¡este año tocaremos dos canciones!-
-Una de las cuales será nuestra.-
-¿Planeas robarle el escenario a estas chicas?- Preguntó ella algo alterada.
-Justamente porque son estas chicas, debemos robarle el escenario.- Cada vez entendía menos el modo de pensar de aquel hombre.

Luego de que el mini discurso de la cantante principal terminara, comenzó la música.


Unos segundos después de que comenzaran, el comentario de Kamina no se hizo esperar.
-No son nada mal, eh.-
-Pensaba que irías a decir otra cosa.-
-Probablemente este sea el camino que deben de tomar ellas. Tienen estilo.-
-…Si tú lo dices. Y por cierto, ¿cómo planeas quitarles el escena…?
Sin poder terminar la frase, ‘Lineira’ vio a Kamina que se encontraba al lado de una palanca que aparentaba ser un interruptor de la electricidad.
-Pero sin electricidad, nadie va a poder vernos, no serviría de nada.-
-No hace falta que nos vean, si no que nos escuchen.- Y con esas palabras, terminada la primera y al parecer última canción que las S.O.S. irían a tocar aquella tarde, Kamina bajó la palanca y todas las luces desaparecieron.
Enseguida tomó a la chica de cabellos celestes de la muñeca y la llevó al escenario, ella aun, sin haberle confirmado si quería o no hacer lo que él se proponía.
A todo esto, ‘Lineira’ se dio cuenta de que Kamina no tenía una guitarra, por lo que intentó decírselo pero él no la escuchó por todo el ruido que estaba haciendo el público en pánico.
Entonces, mientras algunos fueron a abrir las puertas del gimnasio para que hubiera luz, Kamina se paró enfrente de la cantante de S.O.S. quien se quedó mirándolo algo atontada por la situación.
-Niña conejo ¿dónde hay una guitarra acústica por aquí?-
-¿Eh? ¿Quién eres tú?-
Pero entonces, la chica vestida de bruja, le dio a Kamina lo que estaba buscando, -Ten.- Le dijo sin esforzarse mucho en escoger las palabras.
-¡Genial!- Dijo Kamina emocionado, pero a diferencia de él, Lineira miró toda la escena con una expresión sorprendida y asustada a la vez.
-¿Acaso se conocen y él preparó todo de antemano? Pero él no podía saber que…
-Muchas gracias brujita. Tu traje no te traiciona ¿eh?-
-ESPERA un segundo.- Dijo Lineira por segunda vez en este capítulo, haciéndome preguntar por qué no lo dijo más veces. –Yo aún no…-
Pero sin dejarle terminar, Kamina pegó un tremendo grito que logró escucharse en todo el gimnasio haciendo que todos se callaran. Aunque probablemente lo que el público pensó, fue que alguien había sido asesinado, y no que unos segundos después empezaría a escucharse el sonido de una guitarra tocando una canción.

Apenas comenzó a escuchar ese ritmo, Lineira entendió enseguida de que canción se trataba, después de todo, era de su compositora preferida. Y a la vez, era su mayor sueño.

-Canta per me.-

Todo el mundo se quedó callado de nuevo. Pero no era el mismo silencio de antes, era un silencio más profundo. La gente estaba tan concentrada en escuchar aquel dúo que a muchos les costaba incluso respirar. La mayoría estaban probablemente confundidos por el grito anterior y la música que comenzaba a escucharse ahora, que, por decirlo simplemente, no tenían relación alguna para el público. El sonido no era el mejor después de todo, pero a medida que la guitarra de Kamina ‘subía’ el volumen, lo mismo intentaba hacer la violinista para que su violín no fuera a pasar a ser un sonido de fondo.
Canta per me. Era una canción de las preferidas de aquella chica. Muchas veces la prácticaba sola en su casa o en algún parque. Pero luego de un tiempo había dejado de hacerlo. La razón era simple: Canta per me –canta para mi- era sin duda una canción que debía de ser interpretada por más de una persona. Al no tener prácticamente amigos, o al menos el coraje de pedirle a alguien que tocara o cantara aquella canción con ella, Lineira había dejado de tocarla, rindiéndose al hecho de que estaría siempre sola. Y que nadie cantaría para ella esa canción.
Pero ahora se encontraba en un escenario, que quizás no sería el lugar más famoso del mundo, junto con un desconocido que por pura casualidad conocía la misma canción y por pura casualidad comenzó a tocarla sin haberle hecho ni una pregunta.

¿Cómo era posible? ¿Cómo pudo saberlo? Era como si Kamina hubiese leído, no en la mente, si no en el corazón de aquella chica. Y no solo leído, había ido a buscar en lo más profundo una canción que ella había enterrado hacía mucho tiempo. Una canción que, por primera vez, lograba tocar con felicidad y pasión.

Y quién se lo habría imaginado. Realmente eran dos personas muy parecidas.
Unidas por una sola canción, creando una relación gracias a una sola canción. Esas dos personas que hacía un momento no se conocían, estaban tocando juntos como si hubiesen ensayado por meses.

Se podría decir que Kamina logró hacer sonreír a aquella chica por primera vez después de mucho, muchísimo tiempo.


[…]


La canción había terminado. Por un momento no había más que silencio, pero unos segundos después, se escuchó la primera persona aplaudiendo.
Lo más sorprendente era que aquella persona no se encontraba en el público, si no en el escenario. La cantante de S.O.S. aplaudía con toda su fuerza a esos dos músicos que le habían robado el escenario.
Un poco después comenzaron a aplaudir todos poco a poco y las luces volvieron.
Junto al interruptor había alguien, ya desde hace un rato, que había entendido toda la situación.
-Gran modo de buscar trabajo, Kamina.- Decía Tsubasa para si misma mientras se iba luego de haber literalmente brindado la luz para que todos pudieran ver los autores de tal melodía.

-G-gracias.- Dijo la peliceleste luego de haber vuelto a su expresión habitual.
-No hay de qué.- Le respondió él levantándose y dejando la guitarra apoyada en una silla. –Te dije que sería espectacular.-
-¿Lo hizo?- No, no lo había hecho. –Por cierto, mi nombre es Hysa. Lamento haberte mentido.-
-…- Por primera vez, el rostro de Kamina pasó a ser uno más sorprendido. Probablemente preguntándose qué habría llevado a esa chica a inventarse un nombre.
A lo cual no le dio mucha importancia. Segundos después, solo se rió tomándola nuevamente de la muñeca y arrastrándola fuera del escenario.
-De no haber sido por Tsubasa, yo también te habría dado un nombre falso hahaha.- Decía riéndose mientras salían del gimnasio, olvidándose completamente del buscador de talentos.
Ya que, después de todo, ambos acababan de encontrar el talento en el otro.


そばにいると
知らず知らず笑顔になれるの



Puri

Re: Act 1: Overture
« Reply #7: December 10, 2013, 07:09:28 PM »
can't stop, won't stop

La única aclaración que creo que debo hacer es que como Ueda ha tenido demasiadas fases de cabello (...) usaré su look del 2006 solo en este fic :> para luego seguir con los looks de Ueda-hime y finalmente de Ueda-ouji-sama (!?) al menos en mi fic ya eso luego cobrará sentido quiero creer que sí






(En orden de aparición en el fic)

"¡Terminamos por hoy día!", anunció el coreógrafo comenzando una ronda de aplausos que siguieron el resto de los backdancers y empleados que se encontraban en el gimnasio, y finalmente los chicos presentes. "¡Gracias por el buen trabajo!"

"¡Gracias por el buen trabajo!", respondieron los seis, cansados y recuperando el aliento, ya que habían estado bailando por casi tres horas seguidas. Pronto estrenarían su próxima canción y por ello la fecha de la grabación del video musical se acercaba, teniéndolos a los seis encerrados casi todo el tiempo en el gimnasio de la agencia.

Un empleado se le acercó a Yuichi con una botella de agua helada y una toalla, agradeciéndole por el trabajo. Yuichi sonrió levemente e hizo una pequeña reverencia, aceptando lo que le ofrecían y abriendo rápidamente la botella, ya que su garganta estaba demasiado seca desde el descanso de hacía una hora. Tomó un largo trago, pero este se vio interrumpido cuando alguien se le puso en frente con el ceño fruncido. Yuichi lloró internamente, tener a un Kazuya Kamenashi molesto antes de comer nunca era un buen presagio.

"¿Por qué estuviste tan desconcentrado durante el ensayo?", posó sus manos en ambas caderas y siguió reprimiéndole. "Nos queda una semana y media para grabar el video, no puedes estar así". Yuichi se quedó pensando por unos instantes que Kame apenas tenía 21 años y podría exigirle respeto por ser mayor que él, pero decidió no hacerlo. A final de cuentas, el otro estaba en lo correcto.
"Perdona, he tenido la cabeza en cosas de la universidad". Que no era del todo una mentira... Pero en fin.
"Yucchi ha de haber estado pensando en todas las chicas con las que tiene oportunidad de gilear, pero que no puede", comentó Tatsuya en voz alta, con una sonrisa en los labios y acercándose donde ellos, posando su brazo en el hombro de Yuichi y sonriéndole a Kame, intentando romper la tensión. Yuichi no sabía si agradecerle o golpearle, ya que sentía sus mejillas acaloradas.
"Sabes que a la universidad se va a estudiar, ¿o no?".
"Así como al ensayo se viene a ensayar", replicó Kame, que no se había inmutado ante el comentario de Tatsuya. Este simplemente se encogió de hombros y sacó su brazo de esa posición, ya que su intención había fracasado.
"En verdad lo lamento, Kame", respondió Yuichi con un suspiro. Kame le caía muy bien y después de Tatsuya era con el que mejor se llevaba, pero eso no le quitaba lo workaholic que era. El menor simplemente suspiró con resignación y asintió, yéndose hacia el camerino, por donde los demás se habían ido. Eso dejó a Yuichi y a Tatsuya solos.
"Vaya, Kame está madurando. Finalmente te gritó a ti por tu error y no vino a buscarme pelea", comentó Tatsuya cruzándose de brazos y poniendo un gesto en la cara de falsa admiración por donde se había ido el integrante más joven de la banda.
"¿Llegará el día en que nos olvidemos de eso?", Yuichi rodó los ojos y Tatsuya rió levemente, ya que le encantaba fastidiarlo.
"Creo que él jamás olvidará el puñetazo que recibió por tu culpa". Yuichi le miró con ganas de asesinarlo y el otro supo que ya era tiempo de parar. "Ya, la paro". El mayor suspiró y se encaminó hacia el camerino por sus cosas, con Tatsuya siguiéndole por detrás. "Pero ya en serio, ¿qué pasó? ¿En serio son cosas de la universidad?".
"Uh... No exactamente. O sea, sí, pero tiene más que ver con alguien que con la universidad en sí".

Tatsuya se lo quedó mirando sorprendido, hasta donde él tenía entendido, Yuichi no tenía ningún conocido en la universidad. En eso, el beatboxer del grupo entró al camerino y cortaron la conversación, para que Kame no les escuchase. Tatsuya se dirigió rápidamente al rincón donde se encontraban sus cosas y rebuscó en su mochila hasta encontrar el manga que se había traído, sentándose en el sofá que estaba en ese mismo lugar y sacándose los zapatos con los pies, sumergiéndose en su mundo. Yuichi, por su lado, se fue a donde estaba su mochila, aunque se quedó pensando en lo rara que era su amistad con el otro en el sentido que no tenían que decirse nada para entender qué debían hacer... O sea, no había tenido que decirle a Tatsuya que se callara o algo, sino que este se fue por su propia cuenta y dejó de hablar para que no les descubrieran. En fin...

"Oye, Yucchi", se volteó a su izquierda al escuchar la voz de Jin, aunque en su tono y mirada pudo entrever que se encontraba con todas las ganas de fastidiarlo. Lamentablemente, Kame no se encontraba en buen modo para defenderlo, ya que era el único al que Jin le hacía caso; y lo peor de todo es que a Tatsuya le parecían hilarantes las bromas de Jin, así que no se metería. Decidió entonces no dejarse amilanar y seguirle el juego para que se quedara satisfecho. "Estás en mi sitio", le dijo cruzándose de brazos.
"Oh", respondió con falsa sorpresa. "Discúlpame", hizo una reverencia rápida y procedió a sentarse en el lugar que había señalado Jin con la mirada, sonriéndole. Jin intentó contener la risa.
"¿Por qué te disculpas si te vas a sentar en mi sitio?".
"Me disculpo por tener que lidiar con un idiota como tú", le respondió con la mayor neutralidad que pudo y se escuchó la fuerte risa de Tatsuya, seguida por la de Koki. Incluso pudo ver que Kame sonreía. Jin no pudo evitarlo y se rió, aunque mantuvo la postura. Yuichi sonrió, al parecer hoy día el cantante principal de la banda se encontraba en un ánimo generoso y no lo jodería como usual, sino se limitaría a un simple juego.
"Tienes razón, soy demasiado idiota como para no darme cuenta que el espejo de este lado tiene una hendidura especial para tu nariz", respondió sonriéndole de lado y Yuichi quizo asesinarle cuando escuchó a Tatsuya retorciéndose de la risa y a Junno uniéndosele, después de haberse sacado los audífonos de su MP3 al ver lo que pasaba.
"Sí, demasiado idiota como para no verlo", murmuró y fue ahí que Kame se volteó.
"¡Jin!", le llamó y el otro dejó de reírse para prestarle atención. "¡Creo que Yamapi te ha enviado un mensaje, tu celular está vibrando!", al escuchar el nombre de su mejor amigo, Jin se olvidó por completo de Yuichi y se fue a ver si era verdad. Kame le dedicó una sonrisa apologética y el mayor del grupo se alegró de que el otro se había apiadado de él tras ese comentario.

En serio, en qué momento creyó que sería buena idea no retirarse de esa unidad de backdancers cuando pudo, esa unidad de backdancers que ahora se llamaban KAT-TUN. Suspiró, en serio, ni siquiera debió de haber aplicado a la agencia, además que su nariz era enorme, Johnny estaba equivocado en la audición cuando le dijo que se veía mejor que el resto...

Su celular vibró y vio que era un mensaje de Tatsuya. Le miró por reojo en el espejo y vio que el otro ya se había sumergido de vuelta en su manga, sin prestarle la más mínima atención. Presionó entonces para leer:

"Yucchi, Yucchi, ¿vamos a almorzar? ( ゚▽゚)/
¡Han abierto un nuevo sitio de comida china a cuatro cuadras del Hardrock Café! ( ˘▽˘)っ♨
Ahí podremos hablar de la chica que te gusta, ¿qué dices? O(≧▽≦)O
Por cierto, mi carro sigue en reparaciones, ¿me llevas?" (*´・ω・)(・ω・`*)


Yuichi sabía que si empezaba a negar que Sayaka le gustaba, Tatsuya no haría más que joderlo. No era que la chica no fuera linda, pero apenas la conocía... Igual eso no sería excusa para el otro. Suspiró y tipeó rápidamente una respuesta afirmativa, aunque después de haberle enviado la confirmación, una duda asaltó su cabeza...

"¡Oye!", gritó volteándose hacia Tatsuya y todos le miraron. "¿Trajiste tu billetera?". El otro rió para sí y Yuichi quizo morir.
"¿Para qué? Si Yucchi ya confirmó que me llevará a comer comida china :>"

Yuichi Nakamaru, de 24 años, evalúa dejar la banda a la que pertenece, KAT-TUN, para dedicarse a asesinar a cada uno de sus integrantes.






Se metieron ambos en el carro, se abrocharon los cinturones de seguridad, Tatsuya se lo volvió a desabrochar para meterse atrás y sacar a la fuerza a Koki que se había metido para que lo llevaran de paso, Yuichi suspiró, Tatsuya volvió a ponerse el cinturón de seguridad, sonó el celular de Yuichi, ambos gruñeron, Yuichi se disculpó mil y una vez con su mánager por haber cancelado la entrevista con una revista de idols, Tatsuya rió, Yuichi gruñó y después de quince minutos salieron del estacionamiento de la agencia.

Mientras Yuichi conducía, Tatsuya se fijó rápidamente en las esquinas a ver si es que había alguna fan loca. El mes pasado un integrante de otro de los grupos de la agencia había tenido un problema enorme cuando una loca se había lanzado al auto para detenerlo y casi termina arrollándola. Por suerte, dos agentes de seguridad de la agencia se encontraban en la zona tomando su descanso y acudieron a socorrer a la chica, además de alejarla del lugar asegurándole que esa era la salida de los empleados y no de los cantantes, ya que si alguien se enteraba que esa era la verdadera salida de ellos, sus vidas no se arruinarían, pero serían un poco más amargas.

"No, ninguna fan enamorada", comentó sarcásticamente y Yuichi rió, acelerando. Aunque todos los idols contaban con lunas polarizadas, igual agradecía que Tatsuya se fijara en esas cosas.
"Ok, tú dirige el camino", le respondió una vez que llegó a la avenida principal y el de cabellos oscuros se quedó observando el lugar hasta ubicarse. Fue ahí que empezó a dirigir a Yuichi y después de unos minutos, finalmente aparcaron fuera del lugar.

"¿En serio vas a usar una peluca aquí? Es un lugar nuevo, no creo que haya nadie conocido aquí". Tatsuya le ignoró y siguió rebuscando en su bolso.
"Suficiente con tener que lidiar con las personas que tengo que lidiar, no me arriesgaré a que algún desconocido me hable".

Mientras Tatsuya veía que usar, Yuichi se quedó pensando en ello. A decir verdad, cuando se conocieron de jóvenes, mucho antes de que KAT-TUN siquiera fuese una idea, Tatsuya siempre había sido una persona reacia al trato con otros, incluso ahora lo era, aunque se olvidaba de ello por lo bien que se llevaban y por ser mejores amigos. Aún así, el menor seguía dispuesto a evadir la interacción social como sea posible, aunque irónicamente fuese un idol. De hecho, nunca entendió bien cómo es que había acabado como idol, cuando su personalidad no era una que se adaptase bien al tipo de atenciones que recibían como tales...

"¡Tierra a Yucchi!", le gritó con leve enojo. Yuichi parpadeó.
"Ah, disculpa, ¿qué?"
"¿Cuál he usado menos? ¿La marrón o la rubia?".
"La rubia, pero es fácil reconocerte con esa. ¿Acaso no recuerdas cuando te teñiste--?"
"ERA UNA FASE, OKAY", respondió ofuscado y con un leve sonrojo por la vergüenza. Odiaba que le recordaran su fase de Gackt. Con más fuerza de la necesaria metió la peluca rubia en el bolso y le dio al mayor la otra. "Sostén esta", buscó nuevamente en su bolso y sacó una liga de cabello, la cual usó para atarse los mechones decolorados que tenía en la parte inferior de su cabello e hizo lo mejor para amarrarlos en una especie de bolita. Una vez acabó, tomó la peluca de manos de Yuichi y se la puso.
"¿Ya?", dijo mientras se desabrochaba el cinturón de seguridad, pero el otro le ignoró y sacó una cajita que reconoció como la de los lentes de contacto. No pudo evitar sollozar. "POR QUÉÉÉÉÉÉ".
"Porque sí". Comenzó a sacarse sus lentes de contacto con cuidado y los guardó. Yuichi le observó con molestia y con demasiada hambre como para decir algo. Una vez que acabó, sacó sus lentes normales de su bolso y se los puso. "¡Listo!", dijo sonriendo. "¿Cómo me veo?", preguntó. El mayor estuvo tentado a decirle que tendría que operarse ahí mismo sus labios para que no le reconocieran, ya que siempre habían sido gruesos y se caracterizaba por ello, pero asumió que si lo decía se ganaría uno de esos golpes por los que Kame aún lloraba en las noches.

Y eso que en esa época Tatsuya aún no había comenzado con las clases de boxeo, pero esa era otra cosa.

"Bien, bien, ¿nos vamos ya?". El disfrazado le dedicó una mirada de molestia y salió de la camioneta, a lo que Yuichi hizo lo mismo.

Al entrar al lugar, Yuichi solo sintió que sus ganas de matar iban aumentando, ya que el aroma de la comida era delicioso y tanta hambre era demasiada para ser cierto. Ambos fueron conducidos a una mesa para dos cerca de las escaleras que llevaban al salón imperial del segundo piso y se sentaron, agarraron las cartas y se quedaron en silencio viendo que comerían. Finalmente, después de un par de minutos, se acercó un mesero y tomó la orden de ambos.

"Deberíamos volver aquí", comentó Tatsuya mirando el local. Las paredes estaban pintadas de naranja y habían varios adornos de colores rojo y dorado que le daban una sensación de calidez al lugar. Las lámparas eran todas de papel y habían varios cuadros de pinturas en el sitio... "No hay mucha gente".
"¿En serio? ¿Eso es en lo que te fijas?", preguntó alzando una ceja y Tatsuya rió levemente.
"¿Qué? Es lo mejor de este sitio". Llegaron sus bebidas y Yuichi se apresuró en tomar un poco de su Coca Cola. "Ya, escúpelo. ¿Quién te gusta?", le dijo sonriendo de oreja a oreja, pero Yuichi simplemente frunció el ceño.
"Cómo se nota que estudiaste en un colegio solo de chicos, alguien dice: "chica" y ya estás a punto de saltar encima".
"Yuichi, estoy a un segundo de lanzarte café hirviendo a la cara", le dijo riéndose, aunque el otro bien sabía que la risa era para encubrir su creciente enojo. Decidió que ya era demasiado para todo el día en general y le contó lo que pasó.
"Bueno, es una historia larga. No presté atención y terminé enlistándome en una clase que requiere trabajo de parejas... Se me pasó el plazo para enviar una aplicación de cambio de clases y como he estado ocupado con la filmación de la telenovela no he podido asistir... Y bueno, mi compañera de clases no dejaba de enviarme correos llorando...".
"¡La chica que te gusta!".
"Entonces mi compañera", siguió como si no le hubiera escuchado. "Me dijo que habían prácticas de parejas presenciales. Bueno, la cosa es que nos reunimos..."
"Espera, ¿ella sabe quién eres?".
"Sí. A diferencia de ti, yo solo me disfrazo cuando es estrictamente necesario y no planeo ocultar mi identidad a mi compañera de trabajo por todo el semestre". Suspiró. "Pero no, no hay ningún problema. Ya por sus correos intuía que al menos sería sensata en este tipo de cosas... Y si no..."
"Igual tenemos miles de dólares para hacerla callar (?)".
"Lo mismo le dije (??)". Ambos rieron. "Pero no es eso, mira, nos reunimos y todo bien. Pero al día siguiente que fue la práctica... No sé, ¿había algo raro en ella? Cuando llegó al salón me acerqué a ella, había venido con un chico que era su amigo, pero este no dejaba de enviarle miradas de preocupación... Y ella se fue a sentarse conmigo, pero estaba mucho más distraída... Creo que triste. La cosa es que no sé, pero siento que ella ha sido demasiado generosa al pasarme sus apuntes y todo y yo no he podido ni sabido animarla".
"Pero no es tu culpa", frunció el ceño. "Es decir, si no te ha dicho nada, ¿cómo quieres hacer algo?".
"Eso no hace que me sienta más calmado conmigo mismo".

En ese momento llegó el mesero con las órdenes de ambos y Yuichi recordó que se estaba muriendo de hambre. Ambos se pusieron a comer rápidamente y dejaron la conversación previa de lado, concentrándose en su almuezo y hablando de lo delicioso que estaba, probando del plato del otro y comentando qué otros platos podrían pedir la próxima vez y qué postre deberían ordenar ahora. Fue recién cuando estaban a la mitad que Tatsuya retomó la conversación.

"Por cierto, no creo que sea yo el mejor para dar consejos, pero si tan mal te sientes pregúntale".
"¿No sería muy tosco? Apenas la conozco".
"Pues entonces quédate como estás", se encogió de hombros. "Para mí no hay nada mejor que decir las cosas y ya".
"Sí, pero... No, tienes razón. No puedo hacer nada a menos que le pregunte", suspiró.
"Tienes que aprender a ser más simple y dejarte de complicar por esas cosas", dijo mientras le robaba otro pedazo de carne a Yuichi sin que este se diera cuenta por quedarse ponderando en sus palabras.
"Sí... Aunque bueno, como dices, quien eres tú para dar consejos de ese tipo, señor perfección". Tatsuya sonrió de lado. "Ya, ¿qué pedimos?", dijo mientras miraba a lo lejos la vitrina de postres.
"¡Oh, oh, esos postrecitos que son de limón!", dijo entusiasmado. "¡Los que son como una tarta!".
"¿Cómo se llaman...?".
"No sé, por eso los describí", Yuichi rodó los ojos y él rió. "¿Te vas a comer eso?".
"Sí, agujero negro", le golpeó la mano que intentaba tomar otro trozo de pollo y el menor le sacó la lengua.
"¡Por cierto!", le comentó como nuevo tema de conversación. "He pensado teñirme el cabello de nuevo, el negro con puntas descoloridas ya no me gusta, me veo demasiado My Chemical Romance, o algo así", rió. "Ahora lo quiero castaño claro, o rojizo, aún no me decido... Y corto, sí, corto. No quiero nada en el cuello que se pegostee cuando vaya al gimnasio y empiece a sudar. Y si tengo un corte nuevo, podré salir a la calle sin tener que cubrirme porque nadie me prestará demasiada atención, ¡podríamos ir al mall a comprar videojuegos!", le dijo con emoción, ya haciendo varios planes.
"¿Sabes? Cuando quieres, te comportas como toda una princesa".
"..."

Tatsuya Ueda, también de 24 años, causó muchas risas hacía un par de meses cuando en una entrevista confesó que de niño solía golpear las paredes y dejar agujeros cada vez que se enojaba, ya que a veces tenía problemas de manejo de ira.

Yuichi Nakamaru, mejor amigo, tuvo que excusarse ante el mesero que trajo el botiquín, diciéndole que había sido su culpa que el café cayera en todo su rostro...

Con la taza...

Y con el platito que iba debajo...

Tatsuya sonrió, complacido con su trabajo.
« Last Edit: December 10, 2013, 07:12:46 PM by Puri »

Forget all the shooting stars and all the silver moons
We've been making shades of purple out of red and blue


Sayi

Re: Act 1: Overture
« Reply #8: December 11, 2013, 12:34:09 AM »
HOLA PURI YO TE ACOMPANO </3
Ohh que genial ver a más gente participando TAT no estoy al día pero lo estaré muy pronto y les dejaré comments y todo peachy -3-

Finalmente el primer aporte como tal. Espero que los siguientes fluyan más gheimente estoy tan hypeada que sobreanalizo todo and ;_;



Medley 1: Fight of the Rising Sun

Cuando estuvo por doblar la esquina la peliceleste giró a darle un último vistazo a la transitada avenida atrás suyo.

Habían días donde el transporte se demoraba y mucho... pero aquella tarde había atenuado cualquier idea de embotellamiento que hubiese existido en Eastwood. Tres carros averiados, un choque múltiple y un sinfín de conductores sin modales habían terminado retrasando el tránsito por casi dos horas.

Y mientras ella esperaba que la interminable línea de automóviles llegara a su fin, su celular no había dejado de vibrar con un santiamén de mensajes urgentes.

>VEN AL BAR DE INMEDIATO

...fue el último mensaje que le llego. Y aunque a raíz de tanta alharaca intentó dejar la mensajería y darle una llamada, el que su móvil timbrara sin respuesta solo le añadía al misterio en todo ese asunto.

"Maldición Mine... ¿Qué puede ser tan urgente?" masculló para si misma. No le había devuelto ningún mensaje y no le respondía las llamadas, pero si continuaba mandando avisos sueltos de tres palabras o menos. Nada congruente. Y entonces Sayi decidió poner el teléfono en modo avión y disfrutar el resto del camino en silencio.

Debía estar jugando con ella. Apurándola con tonterías pues ya llevaba dos horas tarde y era la única práctica antes de la presentación. Habían tocado en el mismo lugar todos los sábados por poco más de un año, y aunque la clientela fuese siempre la misma ellos buscaban innovar con cada presentación. Total, ¿no era su objetivo, algún día, cambiar los bares por estadios?

Pero ya había pasado más de un año desde que abandonó la promesa del conservatorio por confiar en sus amigos… y si bien el gran sueño nunca moría, a veces empezaba a cuestionarse si valía la pena seguir durmiendo.

Empezaba a considerar pasarse a cenar por casa de su prima cuando las luces de una ambulancia al final de la calle llamaron su atención. No le tomó mucho reconocer dónde estaba estacionada, y conforme apresuraba el paso retomó su celular y finalmente se encontró con un mensaje coherente.

>Nos peleamos con Zack y Toby y no terminó bien...


Mine estaba en plena redacción de otro mensaje cuando en eso notó a la propia destinataria detener carrera a metros de él. Sayi se asomó en la ambulancia, donde dos paramédicos terminaban de acomodar a sus compañeros de banda. Eran Zack y Toby, nadie más. Y la pregunta vino por si misma.

"¿Dónde esta Kaien?" le preguntó "Pues veo que tu estás bien..."
"Esta dentro. En mejor estado que estos idiotas, al menos" le respondió el rubio. Ambos observaron cómo los paramédicos cerraban las puertas de la ambulancia y volvían a la cabina "Kaien no me dejo pelear, y se estaba llevando la peor parte... pero entonces Zack lanzó una silla y rompió la rockola..."

El rostro de la joven se deshizo en una mueca nerviosa. La ambulancia se encendió y comenzó a alejarse. Era evidente quien más debió estar presente en la escena del crimen. Y ese alguien debía ser la razón para que dos sujetos enormes, como Zack y Toby, terminarán prácticamente inválidos en la parte trasera de una ambulancia.

"Shizuo está en la comisaría. Pero como él no empezó la trifulca deberían dejarlo ir pronto" respondió Mine, casi leyendo sus pensamientos "Llamó a Spike a que cuidara el local hasta que pudiera regresar"

Cazatalentos famosos y representantes de peso habían estado en sus presentaciones, pero todos habían pasado de largo al punto que no les quedó de otra que contratar a Spike Spiegel: Un representante de medio pelo quien accedió a ayudarlos a un precio fácilmente accesible.
Y el precio accesible parecía justificar la mala actuación de su flamante agente. El pelinegro dormía la mayoría del día, o de lo contrario bebía, fumaba, o se cachuelaba con una tienda de empeño que heredo de sus abuelos. Como su representante lo veían con suerte una vez cada dos semanas, repitiendo el mismo cuento de ‘pronto les conseguiré trabajo como teloneros en el Hard Rock’, o a lo mucho: ‘logré que una disquera independiente se interesara en sus demos’, pero al final todo quedaba en nada.

Lo único que justificaba el seguir con Spike era la única bondad que les había traído: Presentaciones todos los sábados en el Stray Sheep. El pelinegro era muy amigo del dueño, Shizuo Heiwajima, y aunque el bar fuera pequeño la clientela fiel disfrutaba de su banda, así que era una situación a ganar para ellos.

Pero ahora, con dos de los músicos en el hospital y el dueño en la comisaría, era probable que hubieran perdido hasta aquel consuelo.
 

Cuando entraron al Stray Sheep no fue ninguna sorpresa encontrarse con Spike sentado en la barra, tomando un cognac y fumando como una chimenea. Lo que si sorprendió a Sayi fue ver a Kaien sentado en el escenario. El pelinegro tenía la mirada fija en el suelo y presionaba una bolsa de hielo contra su mejilla. La joven ignoró el desastre en el bar –botellas estrelladas. sillas rotas y mesas boca arriba- y caminó hasta sentarse junto a su amigo.

“Podemos ir al doctor si quieres” sugirió la peliceleste. El joven cambió el hielo de mejilla y sonrió “Estás algo abollado”
“Estaré bien” le respondió “Aunque me hubiera gustado tomar crédito por el merecido que se llevaron esos dos”

A un extremo del local Mine evaluaba el daño hecho a la dichosa rockola. Un silbido bastó para desestimar el futuro de la máquina.

“Una pena. Era una de las pocas que aún conservaba LPs vintage de Elvis” se lamentó Mine “Aunque bueno, la muerte de la rockola obligó a Shizuo a intervenir”
Desde el bar, Spike se dirigió a Kaien “Sin el hubieras terminado…” e hizo un visto bueno con el pulgar y lo volteó hacia abajo.
Sayi ignoró a su agente y se dirigió a sus amigos “¿Y cómo fue esta vez?”

La banda la habían empezado ellos tres. Sayi era vocales y piano, Kaien vocales y guitarra y Mine solo guitarra. Habían completado la batería y el bajo con algunos aspirantes pero con el tiempo todos terminaban marchándose. En un intento desesperado Sayi había retomado lo poco que sabía de guitarra para que Kaien probara el bajo y Mine aprendiera la batería, pero ninguno de los tres era lo suficientemente decente en sus instrumentos secundarios como para el escenario.

Los otros bajistas y bateristas o no congeniaban musicalmente con ellos, o eran unos vagos o simplemente no se llevaban bien… siendo el evento más reciente la más dramática de las resoluciones.

“Esta vez puede que hayamos perdido hasta este lugar” se lamentó Kaien “Eso es lo que más me jode”
“H-hey pero…” Mine intentaba espantar el pesimismo “Fue Shizuo quien perdió los cabales y trajo el infierno a la tierra…”
“Tu sabes lo mucho que le gustaba su dichosa rockola. Y esos imbéciles la rompieron cuando técnicamente eran parte de nuestro grupo” Kaien dejó reposar la bolsa de hielo en la madera “Puede decirse que fue nuestra culpa”
“¿Y ahora?” Sayi se levantó y puso ambas manos en su cintura “¿Tocamos en el subterráneo? ¿Animamos fiestas infantiles?”

Los tres se quedaron en silencio hasta que el resonar de cristal contra cristal y la voz de Spike se colaron en su incertidumbre.

“No se preocupen por Shizuo, yo me encargo” comentó el pelinegro sin despegar la mirada de su botella “Será impulsivo, pero no es tan… drástico para estas cosas como ustedes piensan”
Mine sonrió ilusionado “Spike, ¡si te haces esta te amaré por siempre!”
“Pero no es tan fácil. Recuerden que falta poco para el sábado y no pueden ausentarse” advirtió el agente “Ya cancelaron hace dos semanas y me será muy difícil convencerlo de que se queden si no hay música. Es más, será prácticamente imposible, pues el silencio solo le hará recordar que la rockola ya no funciona”

Sayi cruzó miradas con Kaien y Mine. El show debía continuar… y ahora iba en serio, o de lo contrario perderían su lugar en el Stray Sheep.

“Necesitamos hacer audiciones. De nuevo. Cuanto antes” Kaien negó con la cabeza y caminó hacia la oficina, rendido “Esperen que busco el cartel y lo cuelgo en la ventana…”
“Oigan… ¿y si hacemos algo solo los tres?” le planteó Mine a Sayi “Quizás podríamos rentar un mono”
Pero la peliceleste había optado por sentarse junto a Spike “Gee, me pregunto quién podría ayudarnos a encontrar un baterista y un bajista de aquí al sábado, ¿no?” canturreó, pero el representante del año se limitó a mecer el licor en su copa “¿NO?”
“Intentaré encontrar alguien para… ¿cuándo harán sus audiciones?” masculló el pelinegro “Van a tener que venir más a menudo…”

Aquella promesa sonaba tan buena como vacía, pero Sayi no tenía tiempo a molestarse. Hacia mucho que se había convencido que si alguien estaba a cargo de sus intereses era ella misma, y no podía culpar a Spike, ni a Shizuo, ni a Zack y Toby si su sacrificio salía en vano…

…y mucho menos pensaba regresar con sus padres con el rabo entre las piernas. Eso estaba fuera de discusión.

En algún lugar de Eastwood debía existir un bajista y un baterista sin oficio. Y esperaba que estuvieran tan desesperados como ella… lo suficiente como para querer sacar adelante a una moribunda banda llamada Young Guns.
« Last Edit: December 11, 2013, 12:41:22 AM by Sayi »

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Oh, dream maker, you heart breaker
Wherever you're goin', I'm goin' your way


Ekha

Re: Act 1: Overture
« Reply #9: January 22, 2014, 11:07:38 PM »
A mi me dijeron "únete, hay cosas shiny". Así que me uní XD

0001 - A cappella



He says “There’s gotta be more to this story.”
She says “No, this is our happy end.”
Once upon a melancholic time they find that
Love is a game of give and take.

 
Dos chicos se encontraban en la parte trasera de una camioneta, conducida por la madre de ambos, cantando una selección muy suya, por así decirlo, mientras se adentraban en una ciudad que era conocida para ellos aunque sólo por historias.
 
“Vaya, ustedes dos deberían hacer cover de canciones o un dueto”, comentó la mujer mientras se encontraban detenidos en un alto. Ambos, un chico y una chica, voltearon a verla de mala gana.
 
“Ni de chiste.”, dijeron al unísono.
 
La mujer rió mientras volvía a poner en marcha el vehículo. “¿Por qué no? Ambos tienen buenas voces, quizá les falte afinar un poco pero realmente creo que podría funcionar.”
 
“¿Trabajar con ella?”, reclamó el chico. Un muchacho castaño de ojos azules, iguales a los de su madre.
 
“¿Trabajar con él?”, dijo despectivamente la chica, una jovencita rubia que no rebasaría los 16 años.
 
“Ni de chiste.”, volvieron a decir los dos al  unísono para, acto seguido, voltear a verse como si se retaran con la mirada. Se recargaron en el asiento un momento después.
 
“Oh, vamos, serían una buena oferta en el mercado.”
 
Cian bajó el volumen del reproductor mientras se recargaba contra el asiento delantero. “Claro, hermano y hermana trabajando en la misma banda. ¿Sabes que pierdes el factor del chisme?”
 
“¿Factor del chisme?”, Neit jamás había escuchado esa frase en su vida.
 
“Me refiero a que no tendrían noticias amarillistas a diestra y siniestra respecto a  nuestra relación y cosas así. Obviamente siendo hermanos nos salvaríamos de cosas como esas pero no tendríamos  las mismas fuentes de atención que los demás grupos.”
 
“Uhm… pero si mencionamos algo sobre una supuesta relación incestuosa… tendría suficiente éxito considerando que son mellizos”, comentó la madre, pensativa.
 
“¡MAMÁ!”, un estridente reclamo se dejó escuchar por parte de ambos. Elahine Greenriver admitió, en ese momento, que sus hijos podrían ser buenos cantantes, no les faltaban pulmones.
 
“Ya entendí, ya entendí. Era una broma. Geez, heredaron el sentido del humor de su padre.”
 
He says ‘Where did I go wrong in this story?’”, cantó Neit por lo bajo para que solo su hermana le escuchara.
 
She says ‘Take a look around and you’d see’”,  respondió Cian. Era parte de la canción que venían escuchando antes de que los interrumpieran. Para complementar la parte de la canción, señaló hacia su madre y ambos comenzaron a reír en voz baja.
 
“Esa canción que estaban cantando… ¿Es del grupo que quieren ir a ver?”, por un momento Cian y Neit se sintieron delatados pero al darse cuenta que la pregunta no era respecto a la pequeña broma que acaban de hacer, se tranquilizaron un poco.
 
“Sí, es una de las canciones que interpretan. Es genial, ¿Verdad?”
“¡Lo es!”, confirmó su hermano a pesar de que la pregunta iba dirigida a su madre.
“Uhm,  si la interpretan como ustedes, posiblemente lo sea”, comentó antes de dar la vuelta  en una calle y llegar a una zona residencial.
“¿Qué? ¡Cantan muchísimo mejor que nosotros!”, reclamó el castaño un poco molesto.
“¡Exacto! Esa canción es mucho mejor, no, mil millones de veces mejor cuando ellos la interpretan.”
 
Elahine no pudo evitar sonreír ante lo que presenciaba. Sus hijos de acuerdo en algo no era un evento poco común pero que les gustara tanto la misma banda musical era un logro de la existencia humana. Normalmente sus gustos musicales eran parecidos pero cada uno tenía una perspectiva diferente (con diferencias casi abismales) sobre las bandas, grupos o cantantes.
 
“Oh, bien, hemos llegado.”, dijo estacionando el vehículo justo frente a un garaje.
“Hey, la gente que vive aquí te reclamará por hacer esto, ¿Sabes? No creo que en ninguna parte del país sea legal estacionarse en la salida de alguien más”, Cian se asomó por la ventanilla de la camioneta buscando el hotel donde se hospedarían pero, en vez de eso, se topó con casas en una zona residencial. “¿Y el hotel?”
 
“¿Olvidé mencionarles que tenemos una casa en esta ciudad?”
 
Los mellizos observaron a su madre con una incredulidad que ella jamás había visto en sus rostros. Claro, eso le alegró bastante el día a la mujer.
 
“¿SIEMPRE HEMOS TENIDO LA OPORTUNIDAD DE VENIR A TEMPORADAS DE CONCIERTOS Y NO NOS DIJISTE QUE TENÍAMOS UNA CASA AQUÍ?”
 
Definitivamente debió haberlos hecho pasar menos tiempo juntos cuando pequeños… A este paso le destrozarían los tímpanos.
 
----------------------------

 
La verdad, no les importó mucho que sus padres no les mencionaran la casa que tenían en la ciudad que más les importaba a ellos en el mundo (o al menos desde que descubrieron que les gustaba la música). Habían podido asistir a su tan anhelado concierto, además de haber comprado una cantidad considerable de recuerdos.
 
“¿Cómo conseguiste que nos dejaran entrar a los camerinos?”, preguntó más que emocionado Neit.  Estaban de vuelta en la casa que recién conocieron el mismo día pero se sentía como si toda la vida hubiesen vivido ahí. Claro, no importaba de momento.
“¡Fue la mejor experiencia de mi vida!”, Cian no podía contener la emoción todavía. “¡Me saludó!¡Estrechó su mano con la mía y dijo que mi nombre era muy lindo!”
“Toda madre tiene sus secretos.”, sonrió Elahine mientras les observaba desde el sillón justo frente al que se encontraban sus  hijos. “Supongo que algún día deberé contárselos”, rió.

Los mellizos la observaron un momento antes de ignorarla una vez más. Hablaron sobre el concierto por horas hasta entrada la noche. Una parte de ellos seguía sin creer que habían viajado en avión por horas para llegar al concierto de su banda favorita, mucho menos podía procesar todavía el hecho de que pudieron ir backstage y conocerles en persona.

----------------------------

“Arriba, par de flojos”

Cian Greenriver se movió y se acurrucó contra su hermano. No era raro que se hubiesen quedado dormidos en la misma habitación aun cuando tenían una para cada uno. Hablar, cantar y emocionarse toda la noche por el evento era una justificación pero siempre solían ser así.

“Déjame dormiir”, se quejó la adolescente mientras su hermano se hacía a un lado instintivamente, como si eso pudiera lograr que a él no le despertaran y a su hermana sí.
“No pueden quedarse dormidos. Tenemos que inscribirles al instituto.”
“Son vacaciones…”, murmuró el castaño. Intentó moverse un poco más pero se dio cuenta que estaba en la orilla de la cama. Era caer o levantarse.
“Oh, claro que no. Tanto en Eastwood como en casa hay clases. Que ustedes hayan suplicado por semanas para faltar un par de días a clases y venir no significa que están de vacaciones. Así que, a inscribirlos.”

Ninguno de los dos quiso moverse por un rato hasta que Cian, de la nada, se sentó en la cama y, aun medio adormilada, observó insquisitivamente a su madre.

“¡Momento! ¿Inscribirnos? Tú dijiste que hay clases en casa y aquí, ¿Cómo que inscribirnos?”

La mujer pelirroja le observó con sus pícaros ojos azules como si acabara de cometer la broma más terrible y perfecta del mundo.

“¿Qué no se los mencioné en el avión? Viviremos en Eastwood por una temporada. Su papá ha decidido que me encargue un tiempo del negocio que tenemos aquí.”

“¿Tenemos un negocio aquí?”, Cian cada vez se sentía más confundida. Quizá era por el sueño pero juraría que su madre acababa de decirles que, aprovechando el concierto, terminarían mudándose por un tiempo junto a ella.

Neit se sentó a regañadientes en la orilla de la cama. Tanto blablabla de las mujeres de su familia evitaba que siguiera durmiendo. Mucho ruido en su… ahora que observaba, la habitación tenía la mayor parte de sus cosas, algunas cajas con objetos por aquí y por allá…

“Sí, tenemos un pequeño negocio aquí. Nada grande pero es lo que cubre sus colegiaturas.”

Neit seguía observando su habitación, cada vez más convencido que lo único que variaba era el tamaño. Todos sus objetos de valor estaban ahí.

Cian entrecerraba más los ojos. Su madre era la mujer más sospechosa y en la que menos podía confiar en este momento.

Neit se preguntaba cómo habían llegado sus cosas antes que ellos.

Cian no se atrevía a preguntar. Quizá lo del backstage tendría sentido pero sería la ironía más grande del mundo.

“Ok, ¿No hay más dudas? Cian, ve a buscar ropa a tu cuarto. Neit, vístete. En serio tenemos que inscribirles hoy o retrasaran mi itinerario y el suyo.”

“¿El nuestro?”, preguntó el chico sin entender aun
“Así es, seran asistentes auxiliares.”
“¿De qué?”,  preguntó la jovencita rubia, cortante. Sabía que esto no podía ser agradable.
“¿De qué más? De manager. No pueden andar por la vida sin conocer cosas sobre el negocio familiar. Claro que no les pagaré todavía, no es como si tuvieran el conocimiento suficiente--”
“¡Alto ahí! ¿Asistentes? ¿Asistentes de quién?”
“De Hajime, por supuesto.”
“¿Hajime?”, la pregunta al unísono por parte de los mellizos hizo eco en la habitación. Mientras Neit seguía preguntándose cómo es que la conversación ahora era más extraña y entendía menos. Cian se levantó de un salto.

“¡¿ HAJIME ICHINOSE?!”
“¿Eh? ¿Quién es esa…?”

Cian casi asesina su hermano con la mirada.

“La manager de eXillia.”
“¿Ah…?”
“¡Tonto! La manager de eXillia. e-Xi-llia.”
“¡¿De eXillia?!”, ahí fue donde Cian deseó por millonésima vez haber sido hija única.
“Sí, tonto.”, respondió casi entre dientes. Eso sólo significaba una cosa. No podía equivocarse accidentalmente. Su madre le había dado toda la información que necesitaba y aun así temía que pudiera cometer un error.
“¿Qué es el negocio familiar?”, eso ni siquiera tenía sentido.Su madre había dicho ‘un pequeño negocio que tenemos en esta ciudad que paga sus colegiaturas’. ¿Cómo podía decir que era un negocio familiar si sonaba a que sus padres tenían más de un negocio?

Elahine tomó un momento para observar los rostros de sus dos hijos adolescentes. Realmente estaba disfrutando mucho este momento.

“Thunderstom Records”

Si el rostro de desconfianza, duda y curiosidad de sus hijos había sido una victoria, el de sorpresa e incredulidad no tenía precio.
ʎɐpoʇ ǝƃɐd ʍǝu ɐ ƃuıuɹnʇ


Isumi

Re: Act 1: Overture
« Reply #10: January 28, 2014, 10:12:35 AM »


Track 02 [¿...?]: Prólogo 02.


Perseguir un sueño es algo que muchas personas se atreven a hacer. Personas con coraje, talento, fuerza de voluntad… y en mayor parte de los casos, dinero. Porque sí, es el dinero el que mueve el mundo, es el dinero el que te abre las puertas para demostrar tu talento. Frases como ‘quiero ser un actor’ están siempre acompañadas por familias con dinero que pagan escuelas de teatro, el viaje hasta dicha escuela y eventuales gastos que una persona pueda producir en su vida social. Porque solo en la fantasía sucede que un manager o algún director de películas se encuentre justo caminando por la misma calle que tú, te vea y diga “¡Oh Dios mío! ¡Tu cara es perfecta para el personaje que buscaba! ¡No importa que no hayas hecho ninguna escuela y no tengas dinero y no sepas ni memorizar tres frases cortas, tu cara es perfecta! ¿Sabes cantar? ¿No? ¡No importa! ¡Porque en el mundo de la fantasía, todo es posible!”

Esas eran las cosas en las que pensaba cada día Isumi Koizumi, aspirante mangaka que prefería no comer por un día con tal de tener los mejores materiales para dibujar.
Habiendo crecido en una familia que se podría considerar normal, una de sus mayores cualidades era la de saber aprovechar cada cosa al máximo. Nunca tiraría comida, nunca dejaría luces prendidas sin motivo, si era necesario bajar la calefacción en invierno para gastar menos, era capaz vestirse con ropa de más y pasar un poco más de frió.
El dinero nunca le fue regalado, y fue por eso que la decisión de seguir su sueño no fue para nada simple.
Dicha decisión la tomó el día que dejó de fantasear sobre ese tipo de cosas como una persona importante reclutándote para una película importante como Harry Potter en la cual podrías ganar fama y dinero sin haber realmente estudiado teatro.
Se dio cuenta que, no solo tenía que mudarse del lugar en el que vivía, si no que incluso haciendo eso, en las grandes ciudades se pueden encontrar más talentos y una persona como ella en medio de tanta gente talentosa no era nadie.
Eso hasta el día que su contador de followers en su blog de arte llegó a diez mil. El día que, cuando al inicio comenzó a postear sus dibujos y sus doujinshis, nunca pensó que llegaría. El día que se prometió que si llegaba, entonces se mudaría a la grande ciudad, lo más cerca de Shueisha posible, y presentaría sus manuscritos a la editorial.

Desgraciadamente sus planes no fueron como ella había pensado. Si bien era muy buena dibujando, y sus dibujos siempre habían recibido la mayor parte de los elogios en sus obras, muchas veces terminaba teniendo la misma conversación:

-   ¡Tus dibujos son muy buenos! pero tus historias… no sé como explicarlo.
-   ¿Son Malas?
-   No es eso… no es que sean malas… digamos que… ¿son muy particulares?
-   ¿Eh? ¿Qué quiere decir eso?
-   ¡Oh, ya sé! ¿Sabes esa nueva palabra que los jóvenes están usando recientemente? Esa palabra… cómo era…
-   “Ghei.”
-   ¡Eso, eso!
-   …

“Ghei”, una palabra la perseguía desde hacía ya mucho tiempo. La palabra perfecta que la describía. Cualquiera que conociera a Isumi no podría describirla de otro modo que no fuera ‘ghei’. En pocas palabras, fue ella quien inspiró a la invención de aquel adjetivo.

-   Y pensar que la única cosa que se volvió famosa gracias a mi es el modo de describirme… que ni siquiera inventé yo, si es por eso.


Vivía en un apartamento con solo lo mínimo indispensable. Cercano a la única, desolada, olvidada y sucia estación de tren de la zona, por la cual pasaba solo un tren con una sola destinación, el centro. Su mayor interés, ya que toda la ‘vida’ se encontraba en el centro. Y con ‘vida’ me refiero a Shueisha, la editorial donde se publica la revista para la cual Isumi dibujaba.
Vive sola, por supuesto, ya que aunque quisiera compartir la habitación con alguien, esa persona no soportaría sus ritmos de sueño; nuestra aspirante mangaka dormía mayormente de día y se desvelaba dibujando de noche.

Pero aquella era una noche normal. El día anterior había entregado el último capítulo de su cancelada serie ‘Triple Arts’, y ahora se encontraba sin trabajo que hacer.
Era su primer noche en una cama después de tanto tiempo, pero Isumi no podía dormir.
Momentáneamente no tenía trabajo, sí, pero su editor le había dicho que no pensara en nuevas historias hasta el día después, y que ese mismo día se quedara en casa ya que le esperaba una sorpresa.
Claro está que las ‘sorpresas’ de su editor nunca eran lindas sorpresas, y era por esa misma razón que no lograba pegar un ojo.

-   Así que voy a tener que pegar los dos… jejeje.

Se reía sola en la oscuridad mientras pensaba en como no pensar en historias.

-   ¿Cómo se supone que hago para no pensar en historias? Es lo único que hace mi cerebro cuando me acuesto en la cama.

Uno de sus más grandes… ¿defectos? Era no ser capaz de apagar el cerebro durante la noche. Era por ese motivo, de hecho, que se mantenía despierta durante esas horas. Había descubierto que durante el día el virus de la vagancia atacaba con mayor facilidad, mientras que de noche necesitaba tener los ojos bien abiertos en la oscuridad para poder dibujar bien.

-   ¿Y si dibujo un rato? No no, ya veo que después mañana estoy con sueño y no entiendo un pedo de lo que me dice Gin. Aunque a este punto tampoco me voy a dormir… y tampoco puedo seguir pensando boludeces que no me llevan a ningún lado. Hmm, ah… ¡ah!

Y fue así como le vino a la mente una idea para otra historia, hasta que eventualmente se quedó dormida.


-   Koi…
-   ¿Hm?
-   ZUMI
-   Asdfg
-   ¡KOIZUMI!

Y finalmente el último grito acompañado por unos cuantos fuertes golpes a la puerta de su casa la despertó. Porque no, no tenía timbre.

-   Ahhh ¡ahhh! ¡ya vaa! – Gritaba ella como si le estuviese hablando a su madre.

Salió de la cama y se apresuró a la puerta sin preocuparse de acomodarse el cabello o el pijama. Bueno, como solía recibir siempre a su editor cada vez.

Sorpresa fue la que se llevó cuando vio a Ginpachi acompañado por aquel que parecía ser su hijo.

Instintivamente, aunque no intencionalmente, Isumi procedió a cerrarle la puerta en la cara.

-   QUÉ MIERDA QUÉ MIERDA QUÉ MIERDA. – Pensaba nerviosa mientras se acomodaba, de alguna manera, el cabello.
Pero fue entonces que escuchó desde afuera…

-   ¿Qué? ¿Esa gigante despeinada es con quien tengo que trabajar?

No le importaba la segunda parte de la frase, ‘gigante despeinada’ había sido suficiente para que volviera a abrir la puerta de nuevo dirigiéndole una mirada asesina al acompañante de Gin.

-   ¿Y a vos qué te pasa pendejo? ¡Obvio que te parezco una gigante, que no debés medir más de 156 cm!
-   … – El ‘pendejo de 156 cm’ se quedó sin palabras sorprendido por el hecho de que hubiese acertado su medida exacta. Pero luego no se quedó callado. - ¡Al menos yo estoy bien vestido y peinado para las reuniones!
-   Uy si, ¿desde cuando los niños participan a reuniones? Y además ¿a quién querés impresionar con ese traje? Pareces un pendejo haciendo cosplay de su padre ¡hahaha!
-   ¡Y vos pareces una que nunca vio una peluquería en su vida! ¡Ja! ¡Seguro ni sabés lo que es una peluquería!
-   ¿EEEHHH? Por si no lo sabías, ¡estudié peluquería por cinco años antes de decidir cambiar de carrera!
-   Seguro cambiaste de carrera porque nadie quería a una gigante despeinada como imagen en su salón ¡hahahaha!
-   ¡Al menos no voy por la calle con un traje que me queda grande! – Fijó entonces su mirada a las mangas del traje dobladas para que no le quedasen largas. -¡Hahaha! ¡¿Cuántas veces doblaste eso?! ¡Hahaha!
-   Koizumi, él tiene tu edad. – Dijo entonces Gin interrumpiendo su carcajada.
-   …¿este enano? – Lo señaló.
-   Sí.
-   ¡No le respondas que sí! – Se quejó ‘el enano’ ya cansado de que su altura fuese más importante que su nombre.
-   Si si, ya ya, ¿no se dieron cuenta que se pusieron a hablar en su acento, no?

Ambos se quedaron callados un momento. Luego de unos segundos realizaron el hecho de que realmente habían estado hablando con aquel acento particular del pueblo de donde venían.

Y entonces, al unísono:

-   ¿Sos de…? ¿Vos también?

Gin se rió maliciosamente y dijo:

-   ¡Sabía que era la mejor idea hacerlos trabajar juntos!

Isumi lo miró con toda la confusión del mundo. Y entonces recordó lo que aquel chico había dicho después de ‘gigante despeinada’.

-   …¿qué?

---

Luego de hacerlos pasar a su casa, poner el agua para el té a calentar mientras se vestía y peinaba, Isumi se sentó en la mesa y sirvió el té en tres tazas bastante improvisadas.

-   ¿Qué es este set de tazas? – Enseguida se quejó el enano.
-   Si tienes problema con el hecho de que no esperaba visitas, puedes irte.
-   ¿Hm? ¿Y ese improviso cambio de acento?
-   Ngh…

Isumi solía esconder su acento la mayor parte del tiempo, ya que no le gustaba como sonaba, se le hacía demasiado cómico y la gente nunca la tomaba enserio. Pero al parecer con aquel chico no era necesario esconderlo.

-   Que no veo por qué debería tener más tazas si vivo sola.
-   De hecho mi taza me la compré yo y se la traje. – Agregó Gin.
-   … - El chico no podía creer a sus oídos. ¿Tan pobre era?
-   Pero bueno, pasemos a las cosas importantes. Koizumi, él es Otani Atsushi, aunque quizás lo conozcas por su pen name, Axl Lotus. Desde hoy en adelan…
-   ¡¿QUÉ?! – Isumi golpeó la mesa con ambas manos poniéndose de pie. - ¡¿ESE Axl Lotus?! ¡¿El escritor de Dulce de Leche & Clover?! – La mangaka vio al chico quien se enorgullecía por sus logros y luego dijo - ¿ese enano?
-   ¡HEY!
-   Wow… - Suspiró y tomó de nuevo asiento. – El mundo es realmente pequeño…
-   ¡¿Podés dejar de hacer referencias a mi estatura?!
-   ¿Eh? ¡Ahahaha! ¡Te insultás solo! Yo hice un comentario nomás.
-   ¡Si lo único que hacés es insultarme!
-   ¡Vos empezaste con lo de gigante despeinada!
-   ENTONCES. – Gritó Gin poniendo fin, de nuevo, a la pelea. – Como iba diciendo, hemos arreglado que ustedes trabajarán juntos para la próxima obra. Otani siempre quiso publicar un manga para Jump, pero al no saber dibujar se rindió a escribir Light novels. En cambio Koizumi ha publicado ya varios mangas que no han tenido éxito en Jump debido a las historias ¡entonces! – El editor los miró a ambos, quienes ya sabían realmente lo que iría a decir. – Buenas historias, - Señaló a Otani. – combinadas con buenos dibujos, - señaló a Isumi. – ¡crearán el mejor manga que Jump haya publicado jamás! ¡capaz de superar a One Park!
-   Vos solo querés superar a One Park, eh…- La emoción de Gin no fue para nada trasmitida a Isumi.
-   Es imposible superar a One Park. – Y para Otani era más de lo mismo.
-   Estos chicos de hoy en día sin entusiasmo… ¿no eras tú la que se presentó diciendo ‘¡Yo voy a ser la reina mangaka! ¡Y voy a superar One Park! –
-   Pff – Otani se rió. - ¿Enserio dijiste eso?
-   ¡N-no! O sea, si dije lo de superar a One Park, ¡pero nunca dije lo de reina mangaka! Y en todo caso, ya entendí que es imposible superar a One Park. Así que no tiene sentido que trabajemos juntos, si es ese tu objetivo, Gin.
-   Ciertamente, si mi objetivo fuera ese entonces nadie debería publicar mangas.
-   …
-   Koizumi, mi objetivo es que logres tu objetivo. ¿Cuántos mangas has publicado ya? ¿Y cuantos con más de treinta capítulos? Si sigues así te echarán de Jump, o serás contratada por otra revista. ¿No eras tú la que quería publicar solo y exclusivamente para Jump?
-   … - No podía negar nada de lo que estaba diciendo. Su situación no era para nada buena y la conversación sobre tener que trabajar con alguien más que hiciera las historias, ya había salido varias veces. – Yo sé que mis historias son gh—no son adaptas para Jump, pero uno de mis objetivos cuando decidí ser mangaka era inventar mis propias historias y darle vida a mis propios personajes, así que lo siento pero…
-   Koizumi, no estás en posición de negarte. No quería llegar a decirte esto, pero los altos mandos ya me han dicho que o colaboras con un escritor o dejas de publicar para Jump.
-   ¿Qué? – La noticia había sido más chocante de lo que habría imaginado.
-   Te dejaré tiempo para procesar la noticia y tomar una decisión. – Gin se levantó de la mesa. - ¿Otani?
-   Ah, sí. – El nombrado se levantó con él, pero no podía dejar de mirar a Isumi cuyos ojos estaban completamente perdidos. - ¿Está bien eso? – Le susurró a Gin.
-   En este momento es mejor dejarla sola. – Y dicho eso, ambos se dirigieron a la puerta de entrada y se fueron.

No pasó mucho tiempo antes de que la puerta volviera a abrirse. Isumi, quien seguía en estado vegetativo, giró la cabeza para ver quien acababa de entrar a su humilde habitación.

-   Imaginé que seguirías así. – Era Otani quien sin siquiera esperar a que ella le respondiera, se sentó en la mesa nuevamente.
-   ¿Qué querés? – Isumi se secó las lágrimas que le habían caído unos momentos antes que Otani volviera.
-   Hmm… eehh…
-   Decidite de una vez, ¿vas a hablar o no?
-   ¡Es difícil!
-   …
-   En todo caso…
-   Pero si no dijiste nada.
-   ¡Dejame hablar carajo!
-   Oook.
-   En todo caso… no es como si yo hago la historia y vos no contribuís para nada. Quiero decir, si tenemos que trabajar juntos, lo mejor es que una historia la armemos juntos y nos guste a ambos.
-   Ooh, el enano está diciendo cosas coherentes.
-   ¡Que estoy tratando de ser gentil acá! ¡Si no te interesa entonces me voy! – Otani se levantó enojado de la mesa solo para terminar nuevamente en el piso de un tirón. - ¡¿Qué hacés?!
-   Estaba jodiendo. – Sonrió. –Gracias, Otani. Sos un chico más bueno de lo que pensé.
-   Pff, por favor. Soy la gentileza encarnada yo.
-   Ohh, con razón sos tan enano, con la poca gentileza que hay en el mundo.
-   ¿Querés empezar de nuevo?
-   ¡Hahahaha!

Isumi comenzó a reírse y Otani no tardó en seguirle. Luego de un rato, la chica comenzó a comentarle sobre las ideas que había tenido durante la noche, y se sorprendió cuando Otani le dijo que no estaban para nada mal, y que de hecho le gustaban. Y así pasaron la tarde, entre ideas y comentarios sobre mangas y animes que ambos seguían.

Hasta que una melodía los interrumpió.

-   ¿Qué es eso? – Otani miraba hacia el techo, que era de donde provenía el sonido.
-   Ah, es mi vecina la pianista. Toca bien el piano pero lo hace siempre que estoy durmiendo. – Otani la miró con una expresión que no requería de preguntas. – Si, a esta hora estaría durmiendo yo.
-   Vas a tener que empezar a ajustar tu horario entonces porque yo duermo como los seres humanos.
Isumi lo ignoró. - ¿Verdad que toca genial? Su música es bien particular.
-   No me ignores…
-   La mayor parte de mis historias fueron inspiradas por su música ¿sabías?
-   ¿Eh? – Eso ya no podía ignorarlo.
-   Cuando toca a horarios en los que aun no me duermo, siempre me salen ideas escuchando su música. Aunque a veces estoy tan cansada que le pido gentilmente que deje de tocar. – Otani se preguntó de qué gentileza se trataría.
-   Pero sí, efectivamente es muy particular… es casi como…
-   ¿Si hubiese descubierto otro modo de tocar el piano, no?
Otani la miró fijamente, le había robado las palabras de la boca, pero al mismo tiempo una idea cruzó por su mente. – Creo que ya tengo la trama de nuestro manga.


そばにいると
知らず知らず笑顔になれるの



Sayi

Re: Act 1: Overture
« Reply #11: January 29, 2014, 12:27:46 AM »

Medley 2: The King’s Son

Era entrada la tarde, el día había sido caluroso y los rayos tornasolados traspasaban los árboles y le cegaban la vista. El joven chasqueó la lengua en disgusto: Tenía suficiente con tener que traer sus dos bajos a cuestas y cargar con un amplificador de treinta kilos como para tener el sol jugándole en contra.

A regañadientes, el joven liberó una mano y la posó sobre las cejas, improvisando una sombra que al menos le permitiera caminar bien. No era su mejor momento y lo sabía bien, pero si de algo estaba seguro era que no volvería a caer en esta situación de nuevo.

Hayato Gokudera era un prodigio en la música —específicamente hablando, en el bajo y la guitarra. O al menos así se consideraba él, y hasta el momento no había nadie que hubiera podido refutarlo. A los 22 años tenía aprendido todo lo que un músico titulado debería saber, y por su cuenta claro está, pues su situación económica no le había permitido costearse una carrera en el conservatorio.
Músico excepcional en su tiempo libre, empleado de una tienda de instrumentos el resto del día. Y si bien Hayato había confiado en que su virtuosidad no tardaría en traer consigo una mejor calidad de vida, el peliblanco no había considerado que su talón de Aquiles no sería la música sino, aparentemente, su actitud.

Era la tercera banda del que lo echaban por "diferencias irreconciliables", aunque para él las "diferencias" que tenían era más bien la falta de seriedad del resto, no de él.
Mientras el amplificador iba y venía con cada paso que daba, Hayato meditaba las últimas palabras que había intercambiado antes de recoger sus cosas y marcharse.

"No podemos terminar una canción sin que la corrijas" ¿Y cuál es el punto de continuar si hay errores? "Siempre estás criticándonos, nunca hacemos algo bien para tí" Les corrijo porque tienen potencial para hacerlo mejor. "Cinco prácticas a la semana me parece un abuso. Tenemos vidas, ¿sabías?" Pues tocar con la banda debería ser tu vida si quieres ser alguien, ¿no crees? "Tu no eres el líder" No, pero tengo un mejor criterio musical que todos ustedes juntos. "No sabes la visión que tenía el autor. Tu no compusiste la canción" ...¿Visión?

"¿Visión? ¿Visió—HAGANME EL PUTO FAVOR!" gritó el peliblanco en un exabrupto que por poco le hace soltar el amplificador. Se percató de su salida de tono algo tarde; los transeúntes a su alrededor tenían el espanto dibujado en sus rostros, y un niño pequeño amenazaba con echarse a llorar. Hayato se limitó a limpiarse la garganta y retomar el paso con más prisa.

Dobló la esquina y no demoro en llegar a un intricado cerco que resguardaba un edificio blanco de acabados barrocos. Mientras bordeaba el edificio, Hayato escaneo los alrededores, evaluando a los estudiantes que descansaban en los jardines y hasta aquellos que podía ver merodeando por las ventanas.

Aquella construcción debía ser uno de los edificios más reconocidos de todo Eastwood. Después de todo, en un lugar famoso por la música el único conservatorio de la ciudad era sinónimo de un nido para nuevos talentos.
Hayato frunció el ceño y volvió la vista al frente.

¿Qué tan diferente hubiera sido si…?

Había rodeado el lugar mil veces pero jamás había puesto un pie dentro, y esa misma pregunta era la incógnita que siempre le saltaba cuando no seguía al resto de músicos camino dentro del edificio.

Pasó frente a la entrada una vez más y entonces sonrió.

“Qué más da” pensó, retirando un cigarrillo “Cuando tenga suficiente dinero para pagarme la carrera solo probaré que en realidad nunca la necesite”


♫♪♫ REGINA SPEKTOR – OEDIPUS

“I'm the king's thirty second son
Born to him in thirty second's time”


Grititos emocionados, papeles recién arrancados y la prisa por buscar algo con qué escribir inundaban uno de los pasillos de la escuela. Un grupo de estudiantes rodeaban a un sujeto alto y desgarbado, de cabello negro y peinado hacia atrás, el cual buscaba superar las atenciones y poder conversar con el hombre que tenía en frente.

“Profesor Stresemann, le traje un obsequio por su cumpleaños”

“Born to him the night still young
Born to him with two eyebrows on
And that's all I was wearing
When I woke up staring at the world”


El joven estiró una pequeña bolsa con un moño pomposo y los grititos a su alrededor alcanzaron el punto más alto desde su llegada.
El profesor –un hombre mayor pero con buen porte- no sabía si contagiarse con la algarabía de sus estudiantes, o dejarse consumir por una envidia insana ante la popularidad de su ex pupilo.

“My mom had been around the graves of queens
But not at all a sex machine
She liked to keep her body clean, clean
Thought the world to be quite obscene”


“Tsk… pensar que a tu edad era a mi a quien las fans no le dejaban respirar” se lamentó el profesor en un puchero. Acto seguido retiró un cofre de la bolsa y lo abrió. Era nada menos que un Rolex, tan ostentosamente sentado en su cajita de seda.

El profesor arqueó las cejas y silbó sorprendido, mientras las curiosas no tardaron en elogiar al joven por su buen gusto. Franz con Stresemann pensó que era un regalo algo excesivo de parte del pelinegro, pero como bien dice el dicho: A caballo regalado no se le mira el diente.

“And to see me made her awful sad
And to touch me made her awful sad…”


Una mirada rápida dentro de la bolsa y sonrió complacido al ver que se había olvidado de retirar el recibo.

¿Podría un Rolex Oyster Perpetual comprarse algo un poco más a su gusto… como la figura de edición limitada de MiuMiu Star Pink con luces rosadas y cabello plateado, vendida únicamente en el festival de nieve de Sapporo de 1986?

“I’m the king’s thiry second son…”

“Muchas gracias por el detalle, no tenías que haberte molestado” fingir modestia era una de sus especialidades. Los estudiantes que lograban triunfar en el competitivo mercado musical siempre se deshacían en regalos para él, y aquello era una relación sumamente beneficiosa “Me alegro que te este yendo bien, Tae Kyung”
El joven sonrió levemente y asintió con la cabeza “Me gustaría invitarlo a comer si no le molesta. Necesitaba pedirle consejo sobre algo”

“But a spoiled little prince I was not
Had a chamber maid and a chamber pot
And there's thirty one others just like me
There's thirty one others I can be”


“Ah, ahí está” pensó el profesor, viendo cómo las fans de su pupilo lo envidiaban a morir al ser un profesor viejo quien recibía regalos e invitaciones a cenas en lugar de ellas “Este chico no muerde sin asegurarse un bocado”

Hwang Tae Kyung era un conocido compositor intérprete; uno de sus pocos pupilos que poseían la trinidad de virtudes para sobresalir: Talento innato, empeño, buena apariencia... y como extra: dinero. En consecuencia, había sido firmado por una disquera apenas salió del conservatorio, y ahora andaba saboreando la fama que el 90% del conservatorio jamás probaría.

“Sometimes I'd stand by the royal wall
The sky'd be so big that it broke my soul…”


Pero fuera de sus dones como músico, Tae Kyung no era un amor de persona y ello Franz lo recordaba muy bien. Su carácter era recio; de poca paciencia, egocéntrico y malhumorado. Franz disfrutaba su relación actual –bañada en regalos y atenciones- pero no lo extrañaba como estudiante.

“And then one morning I woke up
And I thought Oedipus, Oedipus, Oedipus, Oedipus…”


Y mucho menos tenía interés en asistir a una cena donde sus “anhelados consejos” terminarían entrando por un oído y saliendo por el otro.

“Bueno, Tae Kyung lamento decirte esto…” la expresión del pelinegro se tornó fastidiada “pero había quedado en ayudar a un grupo de estudiantes con prácticas, y no puedo…”

“Thirty two's still a goddamn number
Thirty two's still counts
Gonna make it count
Gonna make it count
Gonna oh oh”


Una voz acompañada de un piano se había estado colando desde el piso de arriba, pero fue hasta ese instante que Franz von Stresemann reconoció algo característico en la técnica. El profesor alzó la mirada hacia el techo, como si pudiera ver a través del muro, y entonces se apuró en abrirse paso entre el grupo de estudiantes.

“Dejémoslo para otro día, ¿si?” le planteó apresurado “¡Invítame un mille-feuille y un milkshake de fresa!”
“Pero profesor…”
“¡Tae Kyung fírma mi libro de composición por favor!” “¡Una firma para mi hermana por favor!” “¿Me puedo tomar una foto contigo?”

“Long live the king
Long live the king…”


Irritado, el pelinegro tomó el primer lapicero y empezó a firmar cual papel le alcanzaran mientras hacía oídos sordos a los elogios de los estudiantes. Entonces se percató de la música y entendió porqué su profesor se marchó con tanta prisa.

“Long live the king
Long live the king
Long live the king…”


La voz era particular. Algo como lo que estaba buscando…

“Señor, acaba de llamar su representante: Los ingleses llegaron antes de lo planeado y lo están esperando” le informó un acompañante “Tenemos que regresar cuanto antes”

Había pensado en darle el alcance a su profesor y despejar sus dudas, pero era un asunto que no podía postergarse. Tae Kyung chasqueó la lengua y abandonó el conservatorio junto a sus acompañantes.


“And they scream
And they scream
Long live the king,
Long live the queen…”


El tumulto en el primer piso le había venido como una bendición: Pudo colarse en la entrada y subir al segundo piso sin levantar sospechas. Y la cereza del pastel: la sala de práctica estaba totalmente vacía y el piano libre para hacer lo que ella quisiera.

Y precisamente eso llevaba haciendo desde que llegó: Practicar. Practicar con un piano de cola. Con un piano decente, como no lo había hecho en meses.

El cliente que le pagó para tocar lo que ella quisiera debía ser algún tipo de angel. No sólo había disfrutado la canción, sino que le pidió que tocase otras dos… y antes de asimilar tanta satisfacción, otros clientes también se animaron a darle propina por tocar lo que ella quisiera.

Conclusión: Los jefes habían aceptado a dejar que tocase su música las últimas dos horas de cada turno. Y por eso necesitaba practicar, pues desde que dejó el conservatorio hace un año su repertorio se había oxidado un poco.

“No hay nada como el sonido de un buen piano…” pensó la peliceleste “Cuando tenga suficiente dinero, meteré uno a mi apartamento como sea"

And one morning I woke up
And I thought Oedipus, Oedipus, Oedipus, Oedipus
Then one morning I woke up and I thought Rex, Rex, Rex
Then one morning I woke up
And I thought Oedipus, Oedipus, Oedipus, Oedipus

Thirty two's still a goddamn number
Thirty two's still counts
Gonna make it count
Gonna make it count
Gonna oh oh

Thirty two's still a goddamn number
Thirty two's still a goddamn number...


Un golpeteo en la puerta le hicieron alzar la mirada y entonces el piano se detuvo abruptamente. Sayi sonrió al ver al profesor Stresemann de pie en la entrada del aula, pero el anciano no parecía compartir su entusiasmo.

“¡Milchi!” exclamó la peliceleste apartándose del instrumento “¡Te he extrañado tanto!”
“¿Lo suficiente como para venir a tocar el piano sin estar autorizada?”
Sayi sonrió complaciente y volvió a sentarse en la butaca. Retomó la canción, y haciéndose de oídos sordos preguntó “¿Te acuerdas de esta? La escribí en tu clase de composición”

Franz caminó hasta el piano y dejó la bolsa de regalo sobre la madera. Sayi le echó un vistazo al regalo y miró al profesor, pero este seguía con una mirada severa.

“¿Y el regalo?”
“¿Sabes que puedo llamar a la policía?”
La joven rió “Necesito practicar para un trabajo. Me están dejando tocar mi música en un café”
“Eso me suena más a un insulto. Una pupila de Franz von Stresemann, cantando en un café de segunda acompañada de un teclado marca Casio” suspiró el profesor, relajando su expresión. Debía recordarse no frustrarse tanto con esa chica si no quería hacerse daño “Si hubieras continuado tus estudios ahora estarías tocando piano, pero en Europa...”
Sayi sonrió conmovida “¿Tanto creía en mi profesor?”
“¿A quién dejaste plantado en la embajada de Suiza con todo el papeleo listo para tu visa?” La joven sonrió levemente “Y, ¿ya terminó de morir eso de la ‘banda de rock’?”

Sayi Miki llevaba tres años estudiando canto y piano en el conservatorio de Eastwood cuando decidió abandonar su carrera. Su lógica: Disfrutaba mucho más tocando en una banda con sus amigos, Kaien Shiba y Ryuutaro Mine, quienes también dejaron la escuela junto a ella.

Fue así que se ganó el resentimiento eterno de su profesor y mentor Franz von Stresemann, así como cayó en la desgracia ante los ojos de sus conservadores padres, con quienes no retomaba un hilo de conversación normal desde entonces.

Había pasado un año y no tenía de qué jactarse con su profesor. Pero aún así no pensaba dar su brazo a torcer. Las ganas de seguir con una banda no habían disminuido en lo absoluto.

“Vamos muy bien. Una disquera independiente esta evaluando nuestro demo”
Franz negó con la cabeza, rendido “¿Hasta cuándo las tonterías, Sayi?”
“¡No son tonterías! Kaien dijo que teníamos una muy buena oportunidad”
Al profesor le dieron escalofríos “¡Ni me lo menciones!” Sayi se encogió de hombros. Se había olvidado que Franz culpaba a Kaien de todo el asunto, pues había sido su idea el dejar el conservatorio “No puedo ni verlo en pintura”
"Ya, ya..."

Sayi rebuscó entre las partituras que había traído consigo hasta que encontró una que llamó su atención. Acababa de empezar a leerla cuando el profesor volvió a hablar.

“Hoy es mi cumpleaños”

La peliceleste abrió los ojos como platos y miró a su profesor, quien observaba por la ventana con un aire nostálgico. No podía creer que se había olvidado, y que justo hoy se le hubiese ocurrido entrar de infraganti al conservatorio. Sayi alcanzó su bolso y rebuscó en él hasta encontrar un chupetín de fresa.

“Cuando tenga dinero le comprare algo mejor” le prometió un poco apenada. Franz tomó el dulce, lo evaluó con parsimonia y lo dejó caer en la bolsa, junto al Rolex. Entonces tomó los obsequios y empezó a caminar hacia la puerta.

“Sigue practicando si quieres, no diré nada” canturreó el profesor “Sin embargo espero te des cuenta pronto que estás perdiendo el tiempo”
Por sobre el piano, la peliceleste le respondió: “No será el estilo de música que querías para mi… pero es música que me gusta, asi que estoy en el camino correcto”

En la puerta, Franz se dio media vuelta y observó a su pupila tocar el piano una última vez antes de marcharse.

“Puedes estar en el camino correcto. Pero si no avanzas te terminará arrollando el tren”
« Last Edit: January 29, 2014, 12:39:53 AM by Sayi »

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Oh, dream maker, you heart breaker
Wherever you're goin', I'm goin' your way


Cho

Re: Act 1: Overture
« Reply #12: January 29, 2014, 01:16:31 AM »

2

La tarde estaba corriendo, y los pasillos del conservatorio estaban bañados de la cálida luz del atardecer. Las primeras estrellas de la noche comenzaban a verse en el firmamento y el día se despedía lentamente de la ciudad.

El ángulo del sol fue un silencioso aviso para Cho de que su práctica había llegado a su fin. Había pasado su estancia dentro de un cubículo estrecho, aunque cómodo, practicando las escalas y haciendo ejercicios de voz. Casi no había sentido la tarde pasar, y tampoco había puesto mucha atención en su actividad, pero ya era hora de regresar a su casa antes que se hiciera muy tarde. Tenía tareas de la universidad que atender.

Pese a haber estado en la universidad, pudo oír al menos un poco de la canción cantada por ella en la radio. Ganar el privilegio de dejarse oír en la radio una vez fue muy agradable y el logro le dio bastante gusto… pero pensándolo en retrospectiva, fue mucho más emocionante ser mencionada como la ganadora de una actividad interna en el conservatorio que el premio en sí. Ese pensamiento estuvo rondando dentro de su cabeza durante todo el día.

Canciones como la que había cantado eran sin lugar a dudas clásicos, de ese tipo que uno reconocía en cualquier lado. Serían famosas y apreciadas, pero eran también comunes, y ella no era la única que había honorado su propia interpretación al clásico de Sinatra. Estaba convencida que tampoco era la mejor, o entre los mejores, de todos los cantantes e intérpretes que la habían cantado en algún momento. A lo mucho… casi sintió como si su pequeña aparición en la radio hubiera servido más como una propaganda para el conservatorio. Entendía que estaba siendo negativa, pero tampoco sentía que tenía muchos motivos por los cuales sentirse mejor.

Ella recogió sus pertenencias, dejó el pequeño cuarto de prácticas y caminó por los largos y elegantes pasillos del conservatorio. Su mirada estaba concentrada en el piso frente a ella, mientras pensaba en las próximas prácticas de canto que tenía programadas para el resto de la semana. Otra semana tranquila, sin mucho que hacer…

Pero su concentración se quebró cuando una persona se le acercó y le dio una palmadita en uno de sus hombros, levemente asustándole. Cho le reconoció de inmediato. Era aquel profesor extranjero con el cual todos los estudiantes intentaban congeniar.

“Aquí está la ganadora del concurso de canto, ¿escuchaste tu interpretación hoy?” preguntó Franz, con una sencilla sonrisa. Vio a la peliceleste mirarle casi en blanco, como si intentara formular una respuesta. “¿Qué pasó? ¿El gato se comió tu lengua?”
“Ehh… no, perdón…” Cho bajó su mirada. “Sí oí parte de la canción hoy…”
“Tan apagada como siempre. Una jovencita como tú tendría que estar saliendo y divirtiéndose más. ¿Qué tal si me acompañas una de estas tardes a tomar una bebida? Sólo seríamos tú, yo y seis de mis estudiantes brillantes y simpáticas~”
“N-no, no gracias…” la tendencia de ese profesor de ser muy ‘amigable’ con varias estudiantes, además de excéntrico, era algo que hacían que Cho se mantuviera alejado de él la mayoría del tiempo. Su forma de ser le intimidaba.
“Pero estás hasta más taciturna de lo normal. ¿No tendría que ser el momento en que te alegras más de todos tus logros y trayectoria dentro del conservatorio?”
“Lo sé… pero siento que ese no es el punto…” ella tomó una pausa y terminó por mirar al profesor. “Usted… ¿usted cree que me hace falta algo más para comenzar una buena carrera como cantante? Esta oportunidad en la radio me parece… muy poco…”
“Pero era el premio a una actividad. Es normal que sea lo que se dijo que iba a ser.”
“¿Perdón?”
“Llegaste a escuchar una canción cantada por ti en la radio. Si eso te lleva a los oídos de un cazatalentos convencido en contratarte, enhorabuena. De lo contrario, esta experiencia te servirá en el futuro para decirle a todos tus conocidos y por conocer que estuviste un par de minutos en la radio.”
“…” Cho se sorprendió por las palabras del profesor. Las pocas personas con las que había hablado hasta ese momento le dieron a entender que era un privilegio aparecer en la radio. Era cierto al haber sido un premio, pero ello no era nada que cambiaba su rutina. Oírlo del profesor le hacía sentirte comprendida, pese a que sus palabras no eran amables. “Y… ¿qué consideraría que debo hacer para mejorar… o llegar a algo más?”
“Pequeña, te he visto de lejos y eres muy disciplinada, pero si quieres llegar hasta la radio por tus propios medios, te falta crecer.”
“¿Crecer?”
“Crecer en general, en muchos aspectos. La razón por la cual tu voz se hizo oír en la radio hoy no fue por ti, mas por el conservatorio,” el profesor dio un par de pasos hacia delante, y miró a la ventana más cercana. “Eres todavía muy joven, y no estás haciendo nada para avanzar. Por más linda que se te pueda oír cantar, tu voz nunca saldrá de tu cubículo si no tomas la decisión de salir. ¿Por qué no tratas de variar tu sitio de práctica? Tenemos hermosos jardines y grandes anfiteatros vacíos la mayor parte del tiempo.”
“Estoy bien…” Cho desvió la mirada. “Soy sólo una persona como para ir a un lugar más grande… y los cubículos son cómodos.”
“Creo que ese es tu problema,” él se giró y miró a la estudiante fijamente. “No te pongas muy cómoda. Para ser un músico profesional, debes estar dispuesta a salir de la comodidad de tu espacio y tomar riesgos. Has estado bastante tiempo, pero no has hecho más que refinar tu voz y cantar unos covers clásicos. Tienes talento, pero sigues en un estado ‘inmaduro’ de tu camino. Te hace falta experiencia, del tipo que no puedes obtener si sólo atiendes clases y practicas. ¿No es hora que aproveches tu talento de canto para trabajar en algo más personal, como una canción, quizás?”
“…” Cho asintió, algo insegura. Ella ya había intentado trabajar en algunas letras, pero sola no sentía que podía completarlas. Sólo era una voz, y su dominio en el piano era todavía limitado como para hacerse acompañamiento.
“Piénsalo, y déjame recordarte que no eres la única aquí que quiere ser músico,” él sonrió entretenido y le guiñó un ojo juguetonamente, algo que pareció chocar un poco con la peliceleste. “Definitivamente no dentro de Eastwood. No duele mucho ponerse en contacto con otros, puedes aprender datos útiles sólo oyendo a alguien hablar.”

El profesor continuó caminando y dobló en una esquina. Cho se quedó un instante procesando la charla que acababa de tener, y luego continuó con su regreso a casa.

Tenía razón, pero realmente no sabía por dónde comenzar. Salir de su burbuja era algo que más de uno le había dicho en algún punto, pero nunca con respecto a su profesión. Aunque sí, a esas alturas de sus estudios, ya era hora.

Decidió que le daría más tiempo al tema ni bien llegara a casa. Tenía que empezar a moverse, por más incómodo que ello fuera. Sería un nuevo reto, y posiblemente, algo que realmente cambiaría su rutina a partir de ese momento.


Puri

Re: Act 1: Overture
« Reply #13: January 30, 2014, 04:54:11 AM »

"Tatara, vuelve a explicarme por qué no puedo demandarlo".
"Primero, porque es un idol y si le demandas, él es capaz de contratar un abogado que termine revelando que la licencia de funcionamiento de la avícola de tus papás ya expiró. Segundo, porque te tiene confianza para haberte contado su secreto y si no hubiera sido por él, habrías jalado la primera práctica grupal. Y por último, porque te alimentó y ya sabes que bros before hoes..."
"... Y cinnamon rolls before bros. Unless bros are paying for them", suspiró y el rubio asintió. "Pero este es el sétimo correo de la semana y el hijo de su santísima madre no contesta, ¿¡qué se supone que deba hacer!?", le preguntó desesperada.

Tatara no supo que responderle, ya que después de todo, las clases de estadística eran todo un caso. La profesora tenía un sistema de calificación inexplicable en el que miles de pequeñas actividades conformaban parte de una nota mayor que finalmente era la que valía como parte del porcentaje para la nota final. Estas actividades demandaban mucho tiempo y dedicación, por lo que Sayaka había estado reventando la bandeja de entrada de su compañero todos los días, llorando desesperadamente porque, a decir verdad, la peliceleste era pésima en el rubro. Sin embargo, después de la primera práctica grupal, Yuichi NakamAru, el idol que no se apellidaba NakamUra, le dijo a Sayaka que se ausentaría por una entrevista en un programa de televisión sobre el próximo single de su banda y luego por la grabación del video musical; pero después de una semana, el chico desapareció sin dejar rastro y ya se acababa la segunda semana y el viernes llegaba otra práctica... Y Tatara sabía que más le valía al pobre chico aparecer, ya que Sayaka iba lentamente hundiendo el barco en el que ambos se encontraban al ser mala en números.

Tatara pensó en decirle que siempre existía el semestre de verano (?), pero cuando abrió la boca para hablar, la profesora interrumpió a todo el mundo anunciando cómo sería la práctica grupal del viernes y qué ejercicios del libro debían de practicar. Después de anotarlo rápidamente, su compañera de clases se acercó y comenzó a hablarle, por lo que Sayaka le mencionó rápidamente con un tono decaído que le esperaría afuera. Sin embargo, pasaron unos segundos cuando escuchó un grito mezclado de emoción, alegría e intento de homicidio:

"¡YUI---! YULIANO. SÍ. YULIANO. ¡¡YULIANOOOOOOOO!!"

Tatara se volteó y vio cómo el pobre de Yuichi se apretaba la bufanda que llevaba alrededor del rostro para que nadie de los que les observaban le reconociera. Fue al ver su gesto que el rubio sonrió ante la escena, pero su compañera le reclamó atención y tuvo que perderse de lo que hablaban. Finalmente, después de quedar en verse durante la mañana del viernes y qué ejercicios desarrollaría cada uno, Tatara pudo acercarse a los otros dos.

"Esto es lo que haremos. Ya ordené que se borrara toda mi agenda para el viernes y aprovecharemos que el jueves tengo libre, así que ese día estudiaremos y...", al acercarse Tatara, Yuichi dejó de hablar y le miró con suspicacia, pero el rubio le sonrió con amabilidad.
"¡Hola! La clase pasada te fuiste corriendo antes de que pudiéramos hablar, pero soy Tatara Totsuka, el compañero de piso de Sayaka, mucho gusto".
"Ah... H-Hola, soy... Yuliano Nakamura (?)".
"Sí, ya Sayaka se lo contó a gritos a la clase (??)".
"Ay que bonis los dos amistándose nOn PERO YO VOY A JALAR ESTADÍSTICA Y SI NO LA APRUEBO NO ME ABREN ECONOMÍA, ASÍ QUE TATARA TE AMO, PERO ESPERA TU TURNO CTM". Yuichi no pudo evitar mirar a Tatara por el grito de la menor, pero este simplemente rió y se disculpó con la chica en voz baja. "En fin, Yuliano, dime cómo carajo vamos a aprobar este curso ;_; porque podemos tener buenas notas de prácticas, preo de desempeño diario...".
"Dude, debes hacer algo, Sayaka te está jalando al infierno a este paso".
"Shut up you white scum omg". Tatara rió con esto y Yuichi tosió para hacerse escuchar.
"La verdad es que he tenido ideas...", Yuichi sacó su iPhone del bolsillo y le mostró la aplicación de Skype. "Podríamos skypear en clases sin que la profesora se dé cuenta y donde quiera que esté llevaría mi libro y te ayudaría a resolver los problemas...".
"Oh, pero Sayaka no podría skypear", comentó Tatara observando el celular de Yuichi. Cuando el idol levantó una ceja y se dispuso a preguntar, vio que la otra sacaba un ladrillo de Nokia que no tenía ni linterna y se lo mostraba.
"Es que no tengo celular de gente rica ):".
"Ah... Entonces tampoco tienes laptop".
"No, aún se va a cabinas a sacar sus tareas de elrincóndelvagodotnet".
"Omg acaso eres de la revista Friday, qué haces esparciendo esos rumores you bitch".
"Pero no los niegaaaaas".

A pesar de que su cabeza le daba vueltas por la fiebre que aún no le había bajado del todo, Yuichi sonrió ante el raro display de afecto entre los amigos. Si bien todo se había ido al diablo por el colapso físico debido al estrés que había sufrido; sumado al hecho de que en esos momentos su vida se resumía al maldito PV que debía filmar y aparecer en mil shows promocionándolo; después de la pequeña conversación con Sayaka y Tatara, y de verlos a ambos, supo que debería de aparecerse más. No era solo el hecho de que Sayaka iba lentamente hundiendo su perfecto promedio de buenas notas, sino que se estaba perdiendo varias cosas de la vida universitaria con la única amiga que había hecho durante todo ese tiempo. Y estadística era su obligatorio también, pero mejor vámonos con las razones sentimentales para quedar mejor.

"Okay, escucha", dijo de vuelta y los otros dos dejaron de amenazarse entre ellos. "No te puedo prometer nada, pero planeo que una vez terminada la promoción del PV, empezaré a dedicarme al curso y haré todos los ejercicios y todo lo necesario".
"¿Pero mientras tanto?", preguntó Sayaka preocupada por el tiempo que estaría abandonada a su suerte con los problemas de estadística.

Yuichi se quedó pensando en ello, era cierto que después del PV tendría más tiempo para dedicarse, pero durante ello habrían varias clases y notas que perdería... Y era injusto también para Sayaka... Fue en eso que pensó en ofrecerle hacer los ejercicios del libro de antemano y enviarle las fórmulas, pero la peliceleste al parecer tuvo una mejor idea.

"¡Ya sé! ¡Hagamos un trato!". Yuichi le miró indicándole con la mirada que siguiera. "Yo prometo dedicarme con toda mi alma al curso si es que me haces un favor". En un momento pensó decirle "¿¿¿ACASO NO TE DEDICAS CON TODA TU ALMA A ESTE CURSO???", pero pensó que sería maleducado de su parte cuando él se encontraba en una falta mayor.
"¿Qué cosa?". Sayaka sonrió y Tatara le miró con pena (?) desde atrás.
"Quiero conocer a Tegoshi".

Yuichi recordó que Tatsuya había comentado que tenían millones para silenciarla.

Sí, eso sería más rápido y efectivo que implorarle un favor a Tegoshi.




Jin debía de admitir que le encantaba tener todas sus reuniones de trabajo en el Hard Rock Café. No solo era un lugar con buena música, comida y ambiente, sino que era muy famoso, podías encontrarte con las personas más importante del negocio del entretenimiento y tenían una atención espectacular. Además del detalle de... Bueno, siempre estar en lugares así de famosos reforzaban la imagen de uno sobre su propia fama. Y aunque siempre había una que otra fan loca por ahí o esperándole fuera, ya se había vuelto un conocido del local y sus guardaespaldas tampoco le dejaban solo.

"Disculpa por la demora". Alzó su vista y se encontró con una mujer alta y rubia de mirada seria y fría, la cual iba vestida en un apretado vestido azul que remarcaba muy bien todos sus atributos. Si bien en un comienzo Jin había intentado flirtear con ella, se dio por vencido al conocer su terrible personalidad y lo orientada que estaba simpre hacia el trabajo. En definitiva, no era su tipo, para nada.
"No, yo llegué muy temprano", le respondió con una sonrisa. En verdad, a Jin le encantaba llegar antes del tiempo pactado cuando se trataba de citas de trabajo, cosa que dejaba una mejor impresión en otros y así le era más fácil relajarse y no trabajar tensionado. "¿Ya almorzaste?", le preguntó mientras con su taza de café en mano señalaba el bisteck con papas que estaba comiendo.
"Sí, pero ordenaré un café". La mujer se volteó e hizo contacto visual con un mesero, el cual se acercó a tomar su orden y se fue rápido. Jin sonrió complacido, aquella mujer podía inflingir miedo en cualquier ser, vivo o muerto. Y por ello era que agradecía con toda el alma que, de entre todas las personas que trabajaban para la agencia, ella hubiera terminado siendo su mánager personal.
"Bueno, ¿de qué me querías hablar?".
"Oh, es sobre una nueva telenovela. Me enviaron el guión sobre una telenovela de abogados y tú tendrías un papel secundario como...".
"Espera, espera, espera", dijo con fastidio. "Ya te mencioné que no quiero papeles secundarios, Seri".
"Lo sé, pero leí el guión y me parece que podrías hacerlo. Además, la paga es buena y es un personaje del tipo que te gustan". Jin rodó los ojos.
"Sí, pero Kame obtuvo hace poco un guión para hacer una telenovela con Yamapi como co-protagonista. ¿Por qué yo no pude obtener algo así?".
"Si te esforzaras en salir más en telenovelas y no esperar que grandes papeles te caigan del cielo, tal vez más personas se interesarían en ti y te tomarían en cuenta, Jin. Kamenashi hace todo tipo de papeles y no solo gana experiencia como actor, sino que llama la atención. Sabes que pienso que deberías hacer eso y que deberías de haber comenzado desde hace mucho atrás".
"Sí, pero yo soy..." y alzó sus dedos para hacer signos de comillas", "'la cabeza' de KAT-TUN. Si no es un photoshoot, me llaman para un show de entrevistas. Si no es eso, la agencia me quiere para revisar algunos planos de las filmaciones. Si no es eso, estoy filmando un comercial. ¿En qué momento voy a poder dedicarme a papeles pequeños? No tengo tiempo para eso".
"Al igual que Kamenashi y aún así lo logra. Es más, tu compañero Nakamaru hace todo eso y encima, va a la universidad".
"Sí, pero Yuichi es un perdedor que no tiene vida social", dijo con una sonrisa, riéndose internamente del pobre hombre. Seri suspiró, negando la cabeza y guardó el guión de vuelta en su cartera, a lo que llegaba el mesero y le dejaba su café en la mesa. Jin decidió usar ese tiempo para meterse otro bocado de bisteck en la boca, pero fue justo cuando terminó de mascar que Seri volvió a hablar.
"Jin, dime, ¿qué tan importante es KAT-TUN para ti?".
"¿Por qué lo dices?", preguntó extrañado.
"Deseo saberlo". Se hundió de hombros y no dio lugar a que pudiera descifrar su semblante.
"Pues no estaría aquí de no ser por KAT-TUN", dijo simplemente.
"¿Solo eso?". Jin abrió los labios dispuesto a seguir, pero los cerró rápidamente al darse cuenta que no le venían las palabras. Además de la fama y la gran oportunidad de trabajo, Jin no estaba muy seguro de qué significaba la banda para él. Se dio cuenta que Seri le miraba fijamente y por alguna razón ello lo incomodó, así que bajó la mirada. Después de un breve silencio en que jugaba con su comida, volvió a escuchar su voz. "Disculpa, pero debo irme. Si no deseas leer el guión tampoco puedo obligarte".
"Disculpa por los inconvenientes", respondió dándole una sonrisa cordial.
"No hay por qué, es mi trabajo". Seri tomó su cartera, su café, le dio una sonrisa y se fue del lugar... Pero se volteó rápidamente y le miró fijamente. "Por favor, piensa en lo que hemos conversado". Jin le iba a preguntar a qué se refería, pero la rubia ya se había ido del lugar y él se sentía muy tonto en ese momento como para ir atrás de ella o enviarle siquiera un mensaje de texto.

Bajó la mirada al plato y sintió que se le habían ido todas las ganas de comer.
« Last Edit: January 30, 2014, 04:56:31 AM by Puri »

Forget all the shooting stars and all the silver moons
We've been making shades of purple out of red and blue


Shura

Re: Act 1: Overture
« Reply #14: February 06, 2014, 08:54:15 PM »
Gracias Kora por los icons =D


Track .2 # Sheer Heart Attack

-Buenos días. ¿Conseguiste terminar todos los deberes?
Tres veces por semana desde hace dos meses, Shura impartía clases de matemáticas para un niño que cursaba el último curso de secundaria, aquel día sería su última clase. Pero no era motivo para bajar la guardia, al contrario, tenía que esforzarse en que aquel adolescente comprendiera las tareas y aprobase, porque si habían resultados positivos, era el modo de asegurarse de que volvieran a llamarla.
La lástima es que el niño no ponía nada de su parte… la clase se alargó una hora más de la cuenta, al final la asiática únicamente le insistió al niño que aprendiera de memoria ciertos métodos y los aplicará. En resumen, que vomitara sobre el examen una información que no entendía y que olvidaría al llegar el fin de semana. Shura podía esforzarse, pero no podía hacer milagros.

-Muchas gracias por todo.
-Esperé, con respecto a mis honorarios -Shura hubiera deseado no insistir, pero por la absurda sonrisa interrogante de aquella mujer, estaba claro que no se daría por aludida si no se lo contaba directamente-, hoy tiene que pagarme el doble, hemos estado más tiempo con las clases.

Le daba igual que la mujer se pusiera de morros, era su trabajo y no podía ir regalandolo, además, con la hora extra no había tenido tiempo para ir a desayunar, y ahora le tocaba impartir otra clase: una vez por semana, daba clases de violín a una niña. Una actividad mucho más agradable, además que aquella niña era un encanto y mucho más predispuesta para aprender, aquella hora y media se le pasó volando.     
-Muchas gracias por tu trabajo, Shura -la madre de la niña dejó a su hija en el salón ensayando lo que había aprendido aquel día, yendo ambas mujeres a parte para que la profesora recibiera sus honorarios-. No hace falta que vengas la semana que viene… la niña tiene que concentrarse en sus estudios, y no va a tener tiempo para practicar. Muchas gracias por todo el tiempo que has invertido en ella.
-¡Esperé! -Shura estaba que no sabía que decir… la madre de la niña parecía incómoda con toda aquella situación, pero a la espera de cualquier respuesta por parte de la maestra, de todos modos, aquello era algo que podía pasar en cualquier momento, a Shura no le quedaba más que resignarse… pero al menos.
-¿Quieres despedirte de la niña?
-Aun me deben mis honorarios de la semana pasada, cuando no pudo pagarme por no tener dinero suelto.

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Y sí.
La noche anterior había estado lloriqueando en su blog sobre los tópicos con los asiáticos y sobre que no quería ser profesora de violín, pero lloriquear no hacía crecer el pan, y el dinero le venía muy bien.
No es que le fuera mal económicamente, todo lo contrario, estaba en una casa propiedad de uno de sus tíos, se la había cedido mientras la cuidase y pagará los gastos que ocasionaba. Tenía un buen pellizco ahorrado, pero tener una fuente de ingresos extra, le propiciaba tranquilidad y le hacía sentir menos culpable cuando se compraba vestidos, zapatos y bolsos; quien no quisiera verlo que no mirase, pero las primeras impresiones eran importantes, y una buena imagen, era la mejor carta de presentación para destacar en un mundo competitivo.
Y con respecto de que Shura le pidiera dinero a sus padres, estaba completamente descartado, su madre era una mujer chapada a la antigua que no había tenido reparo en buscarle pretendientes, porque a partir de los veinticinco años, “nadie quería una fruta pasada”; toda una telenovela que prefería no contar, porque resultaba difícil de encajar si no se compartían aquellas tradiciones.
Había escapado a las exigencias de su madre gracias a mentiras piadosas: como que le iba genial en el conservatorio, que era primer violín de una prestigiosa banda y que apenas tenía tiempo para nada con todas las giras.

Aunque se hubiera quedado sin poder dar clases, llevaba cinco años con este estilo de vida: ya había pasado por muchas otras casas dando clases de matemáticas, idiomas violín y piano, había tenido temporadas donde no había llegado dinero a casa, y otras en las que acababa el día agotada por el trabajo. Aquella vez, también saldría del paso, no era nada grave.

Almorzó y decidió comenzar a practicar violín antes de ir al conservatorio. Cuando llevaba dos horas, llamaron al timbre, era su vecina de al lado.
-Perdona, pero mi bebe tiene que echar la siesta, ¿te es un inconveniente pedirte que ensayes más tarde para que pueda dormir? -El tono condescendiente de aquella mujer le ponía de los nervios, y todas sus excusas eran siempre tan… que si un día tenía dolor de cabeza, que si otro día no había podido dormir por el trabajo y necesitaba silencio, que tocaba demasiadas horas, que si la música que tocaba era tan triste y emotiva que le hacía llorar y ya no podía escucharla más... le hacían sentir como si fuera un monstruo egoísta, como todo lo que tocara estuviera mal.
-Perdone, no tenía ni idea. Y claro que no es molestia, ya me iba al conservatorio.
-¿Qué tal va todo? -Una pregunta cortes que la pillo antes de poder cerrarle la puerta en la cara.
-Bien.
La vecina curvo una sonrisa mientras entrecerró los ojos, en su cara podía leerse “claro que no te va bien, ¿crees que estoy ciega? ¿O sorda? Toda la comunidad sabe que eres una buena para nada.”
-Me alegro, adiós bonita.

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x

“Me merezco una vida mejor que esto.”
¿Pero cuál era la clave del éxito?

-Claro, ya decía yo que algo se me olvidaba.
-¿Cómo dices? -Maria miró a su compañera de banda.
Maria Renard, no se le resistía un solo instrumento de viento, aunque era clarinete en la banda, todos estaban de acuerdo que se su especialidad era la flauta travesera. Ambas habían salido un momento para descansar del ensayo de hoy, sentándose en un banco del jardín.
Shura acababa de recordar el mensaje que le dejó aquel extraño en su blog, pero había estado todo el día ocupada en sus pensamientos, ya era tarde, si era verdad que aquel tipo la había estado esperando, probablemente se hubiera aburrido hace rato. Siempre que el mensaje hubiera sido verdad, claro.
-Nada, voy a ir a clase a recoger mis cosas, hoy ha sido un día muy largo y quiero irme a casa -Shura se golpeo en las rodillas como si fuera la señal que esperase para ponerse en pie.
-Oh, la chica nueva en la banda, la violinista, nos ha pedido si podíamos reunirnos un momento a la salida.
-¿Puedes adelantarte? Iré enseguida, pero tardaré un poco, diles que necesito fotocopias y que me esperen si les va bien.
Era más barato hacer fotocopias, que no comprar cuadernos de pentagramas. Las dos chicas se despidieron y Shura puso rumbo al aula.

Con el violín al hombro, y una carpeta llena de pentagramas en blanco, estaba lista para marcharse.
-Eres Shura, ¿verdad?
La luz del atardecer que se filtraba hasta el pasillo, no era suficiente para reconocer la figura que como si se tratase de una aparición, había surgido en el pasillo, Shura no podía reconocer quien era, agarró aún más fuerte el asa de la maleta donde transportaba su instrumento y recordó que la llave del aula de música estaba en su bolsillo… casi nunca atacaban a estudiantes, salvo para robar.
-Sí, soy yo -estaba demasiado nerviosa para salir corriendo, manteniendo un falso sentimiento de autocontrol sólo por haber contestado.
-No puedes ser otra, -le alargó la mano para estrecharla-. Mi nombre es Bruno.
-Eso esta bien -de manera automática le estrechó la mano. El hombre necesitó un segundo antes de reaccionar, intentando encajar la extraña respuesta. Sonrió, poniéndose en su situación y comprendiendo que podía estar nerviosa.
-Fui yo quien te dejo el mensaje en tu blog.


-Oh, claro, oh… un placer -era la primera vez que coincidía con un lector, además de todo el susto inicial,  le hacía sentirse descolocada por toda la situación, pero poco a poco volvía a recuperar la compostura-. Siento si no nos hemos podido reunir antes, no ví que me dejases un horario y he pasado toda la tarde tocando con la banda.
-Perdona, tenía que suponer que tenias una agenda apretada, te he escuchado tocar y quería decirte que tienes mucho talento.
-Pues… gracias -estaba acostumbrada a los cumplidos, pero empezaba a escamarle aquel tipo, Bruno le resultaba familiar, pero no lograba saber por qué.
-Si tienes un momento, podríamos hablar del mensaje: el talento en el mundo de la música no lo es todo, te faltan…
-Perdona, pero no tengo tiempo para hablar, tengo prisa -lo que sí que Shura no encajaba tan bien, eran las críticas, y más cuando venían de un desconocido que posiblemente no aprendiera a tocar la flauta en la primaria. Por más que el tono del hombre fuera amable y estoico, no era quien para darle lecciones.
Bruno no tomo a mal la interrupción, sonrió misterioso metiendo la mano por dentro de la chaqueta en un bolsillo oculto en la pechera, sacando una tarjeta de visita y ofreciendola a la chica, que cada vez estaba más confundida, no era habitual que la gente llevará tarjetas de visita por la calle.
-Entiendo que tengas una agenda apretada y no deseo distraerte, tienes que ir a despedir a la joven violinista. Cuando tengas un par de horas libres, me gustaría que quedásemos para tomar un café y charlar.
Shura miró la tarjeta, sólo había un teléfono y un nick “Brown Sugar”, ni siquiera era su nombre, se la guardó en el bolsillo del pantalón y tomando nota mental para tirarla a la basura en cuanto tuviera la ocasión.
-Ya veremos. Un placer Bruno, gracias por tu comentario.                                                                                                                   
Le escucho despedirse mientras se daba la vuelta para marcharse.

En todo el camino, comenzó a darle vueltas a lo que había sucedido, dejó la llave del aula en secretaria, reprimió las ganas de dar parte sobre Bruno, total, se trataba de un curioso, nada peligroso, en ocasiones pasaba. Cuando estaba intentando encajar lo que le había dicho al despedirse, Maria la localizo, corriendo hacía ella para agarrarla del brazo.
-¿Por qué has tardado tanto? -Estaba claramente agitada, pero una sonrisa y el brillo en sus ojos, delataba que se trataba de algo bueno-. No vas a creer lo que ha pasado.
-¿Es Lucy? ¿Se va de la banda?
-¿Cómo lo has adivinado?
¿Cómo lo había adivinado?
Maria sonrió radiante, tirando del brazo de Shura para que se diera prisa.
Se trataba de la niña recién incorporada a la banda, sólo tenía catorce años, todos estaban a su alrededor felicitándola, y ella estaba tan emocionada que no podía evitar las lágrimas. Cuando la niña vio a Shura, no pudo evitar sacudirse de sus compañeros, desbocada y emocionada, que se lanzó a abrazar a la asiática.
-¡Gracias sempai! Gracias por todo lo que me has enseñado, ¡me voy a Europa!
¿¡Sempai!? ¡No era japonesa! ¡Nadie le había llamado así nunca! ¡Joder! ¿Qué mierda era aquella?
La niña empezó a mencionar un montón de nombres, debut en la ópera de París, un montón de artistas, nombres de famosos directores… todo le daba vueltas a Shura, ¡no tenía que ser Lucy quien obtuviera aquel privilegio! ¡Era suyo! Los celos le revolvieron el estómago hasta el punto de que le dieron arcadas, tenía un frío mortal, no sabía si era la mano de Maria o la de otro miembro de la banda la que sintió sobre su hombro. 
Sin saber cómo, acabó dentro de uno de los baños del conservatorio, de un portazo se encerró en uno de los cubículos, acabando sentada sobre la tapa del sanitario, respirando entrecortadamente en pleno ataque de ansiedad.
-¡Shura! ¡Shura!
Se tapó la boca para que Maria no la escuchará, necesitaba estar sola, por suerte pasó de largo buscándola por el resto del conservatorio.

Pasaron los minutos mientras se tranquilizaba, aquel día le había desbordado y el triunfo de la niña había sido la gota que había colmado el vaso. No pudo evitar toser una vez más, poniendo los ojos en blanco, menudo ridículo que había hecho… además de estropearle el momento a Lucy, y con Maria preocupada buscándola, tenía el móvil el silencio por el ensayo, las llamadas perdidas y los mensajes se le acumulaban.
Le respondió que le perdonase, que se había marchado a casa y que luego la llamaría para hablar. Después los ojos se le empañaron en lágrimas y acabó tirando el móvil al suelo frustrada y llena de remordimientos.
¿Por qué no triunfaba? ¿Qué había pasado con su talento? ¿Por qué no podía hacer sencillamente lo que amaba, lo que la llenaba como persona?
¿Qué necesitaba para triunfar?

Entonces lo recordó… y quizás fuera una locura, pero, ¿y si ese tal Bruno tenía la respuesta?
Tomó la tarjeta, recogió el teléfono y marcó, era una locura, ¿pero tenía algo que perder?
-Hola Bruno… soy Shura.
>No esperaba que me llamaras tan pronto -enseguida se percató de que su tono de voz era débil y tomado-, ¿estás bien?
-No… ¿estas por el conservatorio? -No le importaba sincerarse con un completo desconocido, era mejor así, bastante ridículo había hecho con sus conocidos.
>No, lo siento, pero no me cuesta nada acercarme en un momento.
-No te molestes -se sintió agradecida por su preocupación-. Oye… con respecto a tu mensaje…
>Es mejor hablarlo en directo.
Suspiro triste por la respuesta.
>Tranquila. Escúchame, mañana irá a tu casa alguien que va a ayudarte… ¿te importa?
Se tomó un momento para pensarlo, ¿un desconocido en su casa? ¿Era necesario? ¿De qué se trataba todo aquello?
Reprimió un escalofrío de inseguridad y miedo.
-No hay problema, te doy mi dirección...   
« Last Edit: February 07, 2014, 08:45:50 AM by Shura »