Author Topic: Act 1: Overture  (Read 9071 times)


Cho

Re: Act 1: Overture
« Reply #30: December 27, 2014, 11:27:54 PM »
*repost, no cuenta para probaciones*

7

Habiéndose librado de un momento potencialmente vergonzoso para Sora, él junto con Ryo y Reimu subieron por las escaleras hacia el segundo piso, en búsqueda de una sala de estar donde comer sus pasteles. Doblaron entrando en un largo pasillo que terminaba en un balcón con vista al mar, un lugar ideal para el presente clima. Tocaba caminar, aunque en el pasillo había distintas puertas que eran las grandes habitaciones de los que vivían ahí, todas cerradas. Pasaron al costado de la puerta de Blanc, luego la de la madre quien debía estar paseándose al no haberse encontrado con ella y Sora pasó frente a una puerta más cerca al final…
Y recibió un portazo que le envió a caerse al piso de costado, estrellando su cabeza contra la pared opuesta a la puerta. Fue una sorpresa para los tres, pero pasado ese instante, dejó de ser tan sorpresivo. Un chico tres años menor que Sora pero bastante parecido a él salió de esa habitación luego de efectivamente atacarle con la puerta.
“Eres tan fácil de ownear, Sora,” le dijo el niño, sonriendo traviesamente, cuando entonces se giró a los invitados con una sonrisa más amigable. “Oh, ¿qué tal? ¿Cuidando de Sora?”
“H-hola Luso,” saludó Ryo, todavía un poco sorprendido.
“No deberías ser tan cruel con tu hermano todo el tiempo,” Reimu sonrió algo frustrada.
“Supongo, sólo se me ocurrió…”
“L-Luso…” Sora se levantó, sintiendo su cuello muy sensible y adolorido, ya que con el impacto de su cabeza contra la pared casi sintió que su cuello se quebraría. Miró a su hermanito con cólera. “¿Cómo te atreves?”
“No entiendo tu pregunta,” Luso frunció el ceño, confundido. “Es como si en verdad tuvieras algún tipo de presencia o que merezcas respeto especial para tener que ‘atreverme’ a hacerte algo.”
“¿Cómo podrías hasta quedarte pegado a tu puerta esperándome a que pase? ¡Pensé que tenías una vida como para molestarme tanto!”
“Nah, no te creas tan especial. Le dije a Blanc que me enviara un mensaje de texto cuando estés subiendo. Además, la casa tiene cámaras, obvio que sé que eres tú.”
“¡Aun así!” siempre se olvidaba de ese detalle de que había cámaras. Poniéndose a pensar, no tenía ni la más mínima idea de dónde estaban.
“Pero no hay por qué quedarse en el pasillo,” Luso abrió más su puerta. “Es agradable cuando tus amigos vienen a visitar, casi me hacen olvidar que no me caes. Pasen.”

Sora tuvo la intención de negarse y seguir con su camino pero sus amigos aceptaron gustosamente y entraron. Ellos sí se llevaban bien con sus hermanos, después de todo.
La habitación de Luso era enorme y al fondo tenía algo de vista al mar. Aparte de un pequeño desorden, todo estaba aceptable y tenía un poco de todo en estantes, además de un equipo completo de televisión y videojuegos y un friobar grande para bebidas. Algo bastante estándar en la gente que vivía ahí, sólo que Sora tenía prohibido el friobar al no mantener su habitación libre de migajas y restos. Luso tenía la computadora prendida y regresó a su escritorio, revisando un script que tenía que practicar.

Él era el niño protagonista de una serie de televisión conocida internacionalmente: ‘The Grimoire of the Rift’, que trataba de un joven normal internado en un mundo mágico, con la tarea de viajar y llenar un Grimoire con historias, el cual obtendría el poder del abismo y le permitiría regresar a casa, pero al ver todas las temporadas que tenía y aun más planeadas, la historia se concentraba simplemente en sus travesías y en gente que le rodeaba. Esa era la idea principal y obviamente él tenía un horario muy ocupado, siempre requiriendo de tutores para ponerse al día en el colegio, al cual de todos modos iba seguido, cada vez que podía. Se podría decir que de no ser por su madre y Blanc, hace tiempo que habría perdido disciplina en sus estudios.

“Siempre estás con un nuevo script,” observó Reimu. “¿No se te hace pesado?”
“Pues, no es que esté grabando nuevos capítulos todo el año,” él sonrió. “Ya se ha vuelto una rutina. Ah, se me olvidaba,” él abrió un cajón y sacó un par de bolsas de regalo. “Pasaba por el mall el otro día y compré cosas que pensé que les gustarían. Aquí tienen.”
“Oh, gracias, no debiste,” Ryo recibió su bolsa y vio un nuevo juego para la 3DS. En verdad era Luso quien siempre contribuía con su limitada colección. “Lo jugare cuando tenga tiempo libre.”
“Uhh, ¿qué es?” Reimu rebuscó entre el papel de relleno y se topó con un chal de tela suave. “Aww, cómo se ve que sabes de mis gustos,” y ella vio que Luso le extendió un recibo. “¿Qué es esto?”
“Por si prefieres regresarlo y recibir dinero a cambio,” se explicó, conociendo la personalidad muy levemente avara de la chica. “Tienes cinco días.”
“…” ella recibió el recibo y lo miró con la mano temblorosa, en una triste guerra interna, mostrando a los otros tres que quizás hubiera sido mejor no haberle dado la opción.
“N-no tienes que…” Luso dio un suspiro y miró a su hermano. “Ellos dos son buenos amigos hasta de alguien como tú, no te dolería dedicarles algo también. Te doy dinero de sobra cada quincena.”
“Acabamos de ir al mall y les compré accesorios de música y pasteles,” dijo Sora, molesto. Luso hizo una mueca de insignificancia, sonriendo sin interés.
“Sí, sí, obligando a este par de prodigios a tu proyecto frustrado de música y luego alimentando tu glotonería…”
“¡No es así! Esto es importante, sí me puedo tomar las cosas con seriedad. Es un proyecto en conjunto y definitivamente le daría importancia.”
“Me es difícil creerte. ¿Crees que no sé lo que haces con tu dinero?” Luso le miró fijamente y seleccionó su browser, abriendo eBay. “He estado viendo en las subastas en que participas y las cosas que compras. Recientemente sé que compraste un videojuego con un bonus exclusivo y pagaste mucho más de lo debido. Seguro que lo hiciste por ser una edición limitada pero he visto subastas de sólo el bonus y estas no pasaron de veinticinco dólares, ¿eres un tonto o qué?”
“P-pues…” debió haber pensado en ello y esperar a que apareciera una de esas subastas, pero tenía que admitir que el que todo el paquete estuviera incluido y sellado agregaba valor y gusto de comprarlo.
“Oh bueno, tengo que reconocer que es mi culpa y quizás también de Blanc por darte tanto dinero,” Luso cerró eBay y sonrió un poco. “Tendremos que tener una discusión seria sobre reducir tu mesada.”
“E-eh…” Sora se asustó un poco por esa posible amenaza.
“No deberías impresionarte tanto por eso, es malo para ti,” opinó Ryo, sonriendo incómodamente. El tema de reducir su solvencia económica había sido tocado varias veces en el pasado pero nunca parecía haber sido en serio. Parecía que los dos hermanos lo usaban para poner a Sora en su lugar cuando les convenía.
“Ya que están aquí…” Luso se dirigió a los invitados y revisó su calendario. “Creo que tengo un fin de semana libre a fin de mes. Podemos salir a pasear todos juntos. Si quieren, invito a Blanc y a las chicas, y a mis amigos.”
“Sería ideal,” Reimu asintió, sonriendo tranquilamente. “Una excursión siempre despeja y tranquiliza el alma.”
“¿Qué?” Sora se sintió sumamente confundido y miró a su hermanito. “¿Estás invitando a mis amigos de paseo?”
“Sí, ¿por qué no?” preguntó Luso, sin hacerse líos.
“Es tan raro, además que tú nunca me has invitado. Y para empezar, nunca los has invitado a ellos,” Sora vio a los tres intercambiar miradas en silencio. “No me digan…”
“Está bien, algún día te ibas a enterar,” Luso se encogió de hombros, restando importancia. “Sólo porque no me llevo bien contigo no quiere decir que no lo haría con tus amigos y los invito ocasionalmente. Me caen bien y es lo menos que puedo hacer por ellos por siempre vigilarte, cuidarte y permitirte pasar de año.”
“¿E-en serio?” era la primera vez que oía de ello. Miró a los dos y ellos le miraron, con sus sonrisas de siempre, como si no hubiera nada raro en ello. “¿Por qué no me dijeron?”
“No sabíamos cómo te lo ibas a tomar,” dijo Ryo.
“Pensamos que sería mejor que tus hermanos te lo dijeran,” respondió Reimu. “En verdad no es la gran cosa.”
“M-me siento dejado de lado…” Sora se sintió solo por averiguar la verdad…
“Uhh, supongo que es un mal momento para decirte una de nuestras salidas…” Luso sonrió cruelmente. “Sora, ¿recuerdas esa vez que hubo la inauguración de la montaña rusa más grande del parque de diversiones cercano?”
“O-obvio que lo recuerdo…” respondió él, no entendiendo a dónde iba con eso, pero tenía algo de miedo de imaginar. “Lo promocionaron un montón y hubo un grupo exclusivo anónimo que tuvo la oportunidad de subirse a la atracción y estrenarla. Ellos recibieron un montón de regalos y objetos de colección…” tembló. “No…”
“Blanc ganó el sorteo por Internet y ella y yo invitamos a todos, incluyendo a tus amigos,” contó Luso, sonriendo con gusto. “Fue muy divertido.”
“¡Imposible! ¡Yo quería estar ahí! ¡Me moría por esos regalos de estreno!” Sora se sintió torturado, como si la vida se burlara de él. “¡Pero el carro de la montaña rusa tiene un montón de espacio! ¿No hubo espacio para mí?”
“Con los amigos de Blanc, mis amigos…” sonrió traviesamente. “…tus amigos y los amigos de nuestros amigos yendo obviamente no iba a haber espacio para ti. Sólo hubo una regla para todos que tenían que cumplir con tal de ir.”
“No decirte nada,” recordó Reimu, sonriendo inocentemente.
“Exacto,” Luso asintió. “Ahh, pero esperar unos meses después del evento para finalmente decir la verdad ha probado ser tan priceless~”
“¡No puedo creer que me han hecho esto!” Sora se llevó sus manos a la cabeza, no creyendo que sus propios amigos se lo habían ocultado. “¡¿Qué he hecho para merecer esto?! ¡Demando una explicación!”
“Intenté convencerles a que te inviten, pero no sé qué problema hubo con Blanc en ese entonces que estaba muy molesta contigo,” dijo Ryo, algo incómodo. “No hubo forma de convencerles y decirte algo sólo lo hubiera hecho peor. Sabes que no es bueno discutir con Blanc cuando se molesta, sobre todo si eres tú.”
“…” buen punto. Blanc le habría comido vivo y sus amigos se hubieran visto envueltos. “A-al menos… hubieran podido darme uno de los regalos. Sé que cada persona recibió una canasta entera.”
“Esos son personales, cada uno se lo queda como memento o ve qué hacer con eso, como bien has dicho, es especial y único,” dijo Luso. “Yo tengo mi canasta guardada en algún punto escondido de esta casa que nunca encontrarás.”
“Eh, Luso también está guardando la mía,” dijo Ryo, sonriendo incómodamente.
“Yo vendí mi canasta en una subasta por Internet,” reportó Reimu, sin hacerse líos.
“¡¿Tú fuiste quien vendió la única canasta que apareció a la venta?!” preguntó Sora, en completo shock. “¡Participé en esa subasta pero se volvió demasiado cara!”
“Sí, y la persona que ganó ya debe estar disfrutándola en algún punto recóndito del medio oriente…” Reimu se puso a recordar el extremadamente caro envío que esa persona estuvo dispuesta a pagar. Sora debió haber sospechado sobre la identidad del vendedor de eBay al ver que se llamaba ‘shrinefunds’.
“Lo más importante del evento es que todos la pasamos bien y muy aparte de los regalos que recibimos, nos tomaron una foto para el recuerdo en la caída principal,” Luso estiró su mano y alcanzó un portarretratos que de no haber sido parte de la conversación, Sora seguramente nunca habría notado.

Ahí se pudo ver efectivamente al carro de la montaña rusa y un montón de personas, todos adolescentes o a lo mucho adultos jóvenes como en el caso de Vert. Sora vio a Luso, Blanc, Ryo, Reimu, las Hearts, y de ahí notó que hasta su primo y los amigos de su primo estaban metidos por ahí. De ahí… había muchas otras personas que quizás las había visto por su colegio o simplemente desconocidos. Daba cólera ver la gran cantidad de gente que llenó ese espacioso carro y que no lo hayan incluido a él en ese paseo especial.

“Sí, siempre llevo esa foto conmigo a todos lados,” Reimu sacó su llavero, el cual era esa foto en miniatura micada en plástico duro. “Tiene las llaves de mi templo.”
“…” Sora bajó su mirada al piso, entre molesto, indignado, triste, insultado, y muchos otros sentimientos y colores. Era una lección, el no molestar a Blanc, quien si hubiera estado en buenos términos con él para ese evento, más que seguro le habría invitado.
“P-perdón…” Ryo se incomodó al verle así. Había imaginado que le afectaría, pero tal vez hubiera sido mejor que alguien distinto a Luso le haya dicho la verdad, viendo que este aprovechó para burlarse de él. “Prometo reponerte con algo.”
“¿Pero quiénes son todas estas personas en la foto?” Sora todavía no podía creerlo. No conocía ni a un tercio de todos ellos.
“Tengo la impresión que en tu frustrado camino a la fama terminarás por conocerlos a todos,” Luso sonrió con la idea. “Como en el show en que actúo, pero tu quest sí va a ocurrir en la vida real. ¿Quieres que te regale una copia pequeña de la foto para que comiences a llevar contabilidad de eso?”
“¡No te burles!” Sora ya había tenido suficiente. “¡Déjenme en paz!”
“Este tipo de cosas les ocurre a uno en la vida y se tiene que actuar con madurez,” explicó Reimu, nuevamente sonriendo de esa forma madura y tranquila que le salía excelentemente bien. “No dejes que una oportunidad perdida te derrote…”
“¡Tú sabías muy bien que quería ir, no actúes como si lo supieras lo que siento!” Sora comprimió sus puños, pero intentó tranquilizarse un poco. Sus amigos siempre habían sido muy pasivos y no iban a ir en contra de sus hermanos (bueno, en el caso de Reimu ella sólo era pasiva cuando le convenía, pero en fin…). Tomaría tiempo olvidarlo, o si no tendría que quedarse investigando todos los rincones de su mansión a ver si encontraba dicha canasta. “Como sea, me voy… tenemos que comer estos pasteles.”
“Pueden quedarse a comer aquí, tengo muchos tipos de bebidas,” sugirió Luso, contento al recibir una mirada iracunda de Sora, aparte de que era cierto que este no había conseguido bebidas para pasar el dulce. “Y viendo que se está oscureciendo ya no queda mucho tiempo antes que tengan que irse. Tengo todo listo aquí.”
“Si no hay problema con Sora, encantada,” respondió Reimu, y tanto ella como Ryo pasaron a mirar a Sora. Ninguna presión, pero las miradas simultáneas casi parecían ponérsela, así que él se rindió.
“Está bien, como quieran,” Sora estaba muy frustrado. Luso siempre sabía cómo amargarle el día mientras se pasaba llevándose muy bien con los demás. Con eso finalmente se terminó ese día, y tocaría regresar a la rutina.

Pasarían días y muchos eventos, cada uno más extraño que el otro, pero Sora eventualmente notaría que lo que Luso le dijo era cierto. En su camino e intentos de volverse un mejor músico y ganar algo de fama, se encontraría con cada una de esas personas, sean buenas o malas noticias, y aprendería que tendría que depender de otros mucho más de lo que hubiera querido. Le esperaban grandes desafíos.



Cho

Re: Act 1: Overture
« Reply #31: December 27, 2014, 11:28:28 PM »
8

Llegó la siguiente mañana y Cho se encontraba ocupando una mesa en la cafetería. Por la hora, no había mucha gente en los alrededores y se sentía lo suficientemente cómoda para relajarse y trabajar en su tarea. La primera clase no empezaba hasta en una hora, pero a fin de cuentas siempre se concentraba mejor estando dentro del campus.

Ya no le faltaba mucho para completar su trabajo. Al menos no debía entregarlo hasta después del almuerzo, por lo cual tenía su siguiente descanso para continuar si es que se volvía necesario. Aun necesitaba repasar un par de conceptos más para resolver todos los problemas asignados, así que mejor lo revisaba de inmediato.

Ella abrió su libro de matemática y fue al capítulo que le tocaba. En medio de su lectura, no evitó distraerse. Estaba siguiendo una carrera de ciencias y hacer todos esos problemas no era difícil ni pesado para ella, pero tampoco se sentía motivada a seguir con esos trabajos. En cambio, al cantar en un salón del conservatorio, la sensación era diferente. El canto le motivaba a seguir adelante y le despegaba del suelo. Le gustaba cerrar sus ojos e imaginar un futuro brillante, o al menos cómodo, en el cual pudiera desenvolverse como una reconocida cantante. Fama y riquezas, aunque preferidas, no eran necesarias. Sólo deseaba desarrollar su talento, que otros lo reconozcan y poder vivir a partir de este.

Pero al abrir sus ojos y mirar sus útiles y su presente situación, no evitaba estremecerse. ¿Acaso su deseo de cantante era bueno? ¿No estaba haciendo un error al perseguirlo si es que tenía buenas notas en la universidad? ¿Y qué tal si graduarse y buscar un empleo regular era el verdadero error para ella? El concepto de que una carrera en ciencias era ‘la elección segura’ nunca había significado mucho para ella, aunque sí lo suficiente para tener nervios sobre sus prácticas en el conservatorio. De todas formas, mientras todavía pudiera atender la universidad y el conservatorio paralelamente intentaría los dos. Vivía en Eastwood, el lugar en donde pese a la gran competencia, tenía mayores oportunidades de lograr sus metas.

Su divague costó cerca de cinco minutos, y Cho sacudió su cabeza para despejar sus nervios. A veces sentía que sus pensamientos estaban en su contra. Decidió esquivar su religiosa manía de autotortura y se forzó a leer su libro, no aceptando otro descanso.

Pero su concentración le duró poco porque Kurisu pasó caminando por la cafetería y se le acercó al reconocerla.

“Siempre que te veo estás ensimismada en algo,” observó la pelimarrón. La dirigida levantó su mirada.
“Oh, buenos días, Kurisu…” saludó Cho con cierta torpeza. Notó que la mayor traía consigo una bolsa de papel y un café. Esa debía ser la razón por la que estaba presente en la cafetería.
“¿Terminando una tarea?” Kurisu se asomó, pero notó la ligera incomodidad de Cho de mirar su trabajo. “Todo se ve bien. No tienes que mostrarte tan recelosa.”
“P-perdón… no me gusta que revisen mi trabajo en mi presencia. Es vergonzoso…”
“No soy tu profesora, Cho,” Kurisu se llevó las manos a las caderas. “¿Sabes? Recuerdo cuando pasaron tu canto por la radio y te mostraste inconforme por ese premio. Sé que temes que no puedas hacerte conocer por tu cuenta, pero lo menos que deberías hacer es temer o lamentarte por ese mismo temor…”
“…”
“Estuve pensando que tendrías que abrirte un poco más. La clave para hacerte conocer es dar ese paso adicional y no quedarte tan retraída. Varias veces te he invitado para que conozcas a mis amigos.”
“Ehh… es incómodo ser la nueva en un grupo…” Cho tensó sus hombros.
“Parece que prefieres dialogar con personas o en privado, o en alguna situación menos comprometedora…” Kurisu vio a la peliceleste asentir. “Si eso te haría sentir mejor, deberías hacerlo. Por eso mismo quería hablarte.”
“¿Eh?” Cho se confundió.
“Un amigo está a cargo de un evento voluntariado de limpieza este sábado. No es el evento más grande ni más concurrido de este tipo, por eso pensé que sería lo mejor para ti. Vas a tener que mantenerte al contacto con los demás pero será como un ambiente de trabajo. Asumo eso te vendría bien.”
“A decir verdad, un chico me dio un volante de ese evento ayer…”
“Oh, entonces ya has oído los detalles,” Kurisu sonrió. “¿Y qué piensas?”
“Pues…” Cho bajó su mirada. “Estaba pensando en no ir…”
“Ah…” la mayor dio un suspiro. No le sorprendía esa actitud y falta de interés. “Sé que eventos así pueden ser intimidantes y demandar mucho trabajo, pero he participado en un par y te puedo decir que no es tan malo. Creo que te haría muy bien. Haz el esfuerzo en ir. Es una buena causa, pero sobre todo hazlo por ti misma. Te haría muy bien.”
“Lo entiendo…” su amiga sí la conocía bastante bien para saber cuáles eran sus dudas al respecto. La noche anterior se había pasado debatiéndose si ir o si no ir, y como era típico en ella, los inciertos y posible incomodidades le habían quitado los ánimos, pero al volver a oír la propuesta de parte de Kurisu sintió que tenía más motivos para ir.
“Si no tienes nada que hacer el sábado en la mañana, me gustaría que hicieras el esfuerzo de ir. Lamentablemente yo tengo unas pruebas, pero si salgo temprano intentaré llegar al menos para el final, y me gustaría encontrarme contigo ahí. ¿Qué dices?”
“E-está bien…” Cho forzó una corta sonrisa. No se sentía segura y conociéndose no tomaría una solución sólida hasta la noche anterior, pero sí sabía que su asistencia era un poco más probable que antes.
“Me alegra,” Kurisu asintió. “Tengo que irme, me están esperando. Espero verte en el evento. Nos vemos luego.”
“Hasta luego,” Cho se despidió y le vio irse del lugar. Era hora de seguir con su tarea.

Kurisu salió de la cafetería y sacó su celular para revisar la hora. Ella vio en su pantalla que Almaz le había enviado un breve mensaje.

‘Mi jefa y unos colegas me van a hacer manejar al mall en la tarde para estar presente en un ‘evento controversial’. Tengo un mal presentimiento.’

Realmente se compadecía del pobre luego de haber escuchado rumores sobre su jefa. Por ello, deseaba que su evento el sábado fuera bien.
Con un poco de suerte, Cho asistiría también. Kurisu se olvidó de mencionarle que un par de sus amigos estarían presentes. O tal vez no lo olvidó, sólo que prefirió no darle aquella posible ‘información inquietante’. Esperaba que todo fuera para bien.


Kora

Re: Act 1: Overture
« Reply #32: December 28, 2014, 02:06:17 PM »
Ver los fics de Cho me ha inspirado para sacar este aporte adelante, que lo tenía atascado desde hace un par de meses... pronto esto se encaminará a lo musical, lo prometo.

04


Kora se levantó de la cama con pesadez, arrastrando su cuerpo lentamente sobre el colchón al estirar sus músculos perezosamente. El reloj marcaba la una de la tarde, y en su estómago empezaba a notarse la punzada del hambre, marcando la hora de salir de la habitación para buscar algo de comida en la cocina. Con lo dormida que estaba todavía, ni recordaba si tenía algo en la nevera. Al menos siempre le quedarían los cereales.

- Buenos días.

Al oír el saludo tras ella, el corazón le dio tal vuelco que casi derramó el cartón de leche entero en el bol. Todavía no se había acostumbrado al hecho de que su casa tenía cuatro inquilinos más, casi literalmente de la noche al día.

Se giró lentamente, apretando el cartón entre sus dedos, forzando una sonrisa que tenía que parecer totalmente incómoda. Al menos agradecía que la camisa fuera lo suficientemente larga como para que nadie pudiera saber seguro si llevaba sólo las braguitas debajo.

- Hola, Ezio. - Había tenido el detalle de aprenderse los nombres de todos.
- ¿Han llegado ya Wes y Jolyne? - Preguntó el chico con naturalidad, aunque a Kora no se le escapó la mirada disimulada que le echó al borde de su camisa de gatitos.
- Pues…

El ruido de las llaves en la cerradura la volvió a asustar por unas milésimas de segundos hasta que recordó otra vez su situación. Como invocados por Ezio, los dos nombrados se presentaron en la cocina, dejando un par de bolsas sobre la mesa. Un par de naranjas se escaparon en el impacto, y Kora recogió la que más cerca estaba de caer por el borde.

- Antes os nombro… - Ezio dio una palmada en el hombro de Wes como saludo, y dedicó a Jolyne un gesto con la cabeza.
- ¿De dónde es ésto?

Kora giró la naranja, mirando la pegatina que llevaba en el lado. Arrugó la nariz al reconocer la marca barata.

- ¿No le gusta a la señorita? - Le dijo Jolyne mientras abría la despensa. - No podemos permitirnos comida orgánica. ¿Alguna queja más?
- Bien que os comisteis mis manzanas… - Masculló Kora, dejando la fruta a un lado. - Y sí tengo más quejas: ¿podríais no hacer tanto ruido por la mañana?

Había faltado solo el sonido de un disco rallado: de repente sintió cómo tres miradas se posaron sobre ella, pero Kora se quedó en su sitio, cruzada de brazos. Si creían que iban a intimidarla en su propia casa, estaban muy equivocados.

- ¿Perdona? - Jolyne alzó una ceja.
- ¿Odiáis las puertas por algún motivo? - Continuó Kora. - Dais unos portazos de miedo. Me habéis despertado como cuatro veces esta mañana.
- Bueno, Kora, no creo que nadie-
- Estamos trabajando.

Interrumpiendo a Ezio, Jolyne puso especial énfasis en la última palabra, y aunque los tres estaban molestos con lo que acababa de decirle, a quien le sostenía Kora la mirada era a ella.

- ¿Sabes lo que es eso? - Continuó la chica. Kora apretó la mandíbula, empezando a picarse con el tono condescendiente que estaba usando Jolyne. - ¿Te suena?
- Ni idea, ¿por qué no me lo explicas? - Se giró para seguir preparándose el desayuno. - Me interesa muchísimo.
- Pues interésate, porque vas a tener que empezar pronto.

Dejó la caja de cereales en el banco antes de echarlos siquiera, girándose con una ceja alzada. Jolyne estaba con los brazos en jarras, y ni Ezio ni Wes parecían querer saber nada del asunto.

- ¿Perdona? - Kora se apartó el pelo con toda la dignidad que una persona en una camisa de pijama de gatitos podía acumular. - ¿Desde cuándo decides qué hago con mi vida?
- Desde que tienes que pagar una quinta parte del alquiler y las facturas de donde vives.

Decidida y desafiante, Jolyne dio un paso hacia adelante. Ezio hizo ademán de sujetarla por un segundo, aunque antes de alcanzarla dejó caer la mano mientras ponía cara de póker.

- Me lloraste para que te ayudara, así que presta aten-
- Creo que este tema se puede dejar para luego.

Tan silencioso como siempre, Wes había alcanzado a Jolyne, poniendo una mano sobre su hombro. Ésta cerró los ojos bajo el contacto, dejando ir un bufido. Jolyne se había relajado, o al menos eso parecía, pero Kora seguía aún en tensión. No era justo que Jolyne lo explicara como que “le había llorado”. Estaba tratando de hacer que pareciera una cría frente a sus amigos, y ofendida, se giró para seguir preparándose el bol de cereales.

- Wes tiene razón. Mejor hablamos después de comer. - Dijo Ezio a su espalda, con un tono que trataba exageradamente demostrar que no había nada de tensión en el ambiente. - O desayunar.

Sin mencionar nada más, Kora se llevó su desayuno a la mesa del comedor.

Para cuando se le unieron los otros tres, Kora todavía estaba hundiendo los cereales en la leche, esperando a que se reblandecieran. Ezio arrastró la silla a su lado, y Jolyne se sentaba frente a ella, con Wes a su derecha. Gracias a que tenía una cocina americana, los había observado en silencio mientras preparaban un almuerzo rápido.

Llevaban allí apenas tres días, en los que casi ni había visto a sus nuevos compañeros de piso. Ni siquiera a Jolyne. Pero sabía bien que aquellos eran los amigos de Jolyne, no los suyos, y en cualquier discusión que surgiera, tomarían el lado de su amiga.

Era incómodo sentirse una extraña en su propia casa.

- ¿Así que Fugo sigue en clase? - Preguntó Jolyne, pinchando de la ensalada de pasta en el centro de la mesa. - Ya son ganas.
- Eh, no parecía muy ilusionado cuando me ha avisado de que llegaría tarde. - Respondió Ezio, encogiéndose de hombros. - Además es con su profesor favorito.

Ezio hizo unas comillas ante la mención de favorito, y Jolyne rodó los ojos, murmurando “un día de éstos tendremos un disgusto”.

- Hablando de cosas favoritas, ¿has trabajado alguna vez, Kora? - El chico se giró hacia ella. Había hablado sin malicia, de forma casual. No como Jolyne, que se lo echaba todo en cara.
- A veces mi madre me colaba en la oficina cuando salía plaza para un becario. Un par de veces. - Añadió, encogiéndose de hombros.
- ¿Y allí hacías…?

Otra vez era Jolyne quien iba a por ella. Entrecerró los ojos, apretando la cuchara con fuerza al darse cuenta de que, encima, la tenía en un callejón sin salida, por mucho que odiara admitirlo.

- Fotocopias. Café. Pasar llamadas. - Trató de recordar más de aquellos días, aunque eran un borrón en su mente. - Poner buena cara.
- ¿Ves? Al menos tienes referencias.
- No me hablo con mis padres y era en negro.

Kora le borró la sonrisa a Ezio de un solo comentario, y levantó el bol para sorber la leche con chocolate que quedaba. Nunca le había dado mucha importancia al trabajo, sabiendo que una vez terminara de fingir que iba a la universidad y tuviera su título, entraría directamente a trabajar con su padre.

La mentira sólo tenía que haberse aguantado unos años más. ¿Cómo podía haber tenido tan mala suerte?

- Entonces tienes que empezar desde cero. - Dijo Ezio, recogiendo su plato para llevarlo a la cocina, y de paso, alargó la mano para llevarse el bol de cereales vacío de Kora.
- Qué guay. - Kora se hundió en el asiento. - No puedo esperar a ser camarera.
- No ibas a durar ni un día como camarera.

Le replicó Jolyne al otro lado de la mesa, rodando los ojos mientras bufaba. Maldiciendo a toda deidad internamente, Kora recordó que ésta trabajaba precisamente de camarera. Como si no llevara ya una mala puntuación con ella…

- Aunque no está la cosa para elegir, ¿qué es lo que te gusta? - Preguntó Ezio al volver. - A lo mejor hay algo que se te de bien y sea fácil para ti.

Kora se giró hacia el italiano, con una ceja alzada. Una cosa era no tener experiencia y otra que la trataran como si no supiera sumar dos más dos. Pero no iba a saltar en aquellos momentos, dejando sólo como muestra de desaprobación entrecerrar los ojos durante un segundo al mirarlo mientras respondía.

- Bueno, ya sabéis que me gusta cantar… pero aparte de eso, a ver… videojuegos… anime… - Hubo cierto silencio por parte de los tres, y notó cómo se le encendían las mejillas al sentirse totalmente juzgada. - ¿Animalitos monos?
- ¿Como cachorritos? - Ezio casi la interrumpió, con una expresión interesada.
- ¡Oh, sí, me encantan los perros!

Kora sonrió, recordando por unos momentos un vine de cachorritos de Samoyedo. Tan blanquitos y esponjosos… un amigo le había enviado el link el vine diciéndole que le recordaban a ella.

- Pues podrías cuidar de perros. Hay una red social, como las de citas, pero pare gente que se ofrece a pasear y encargarse de mascotas. - El chico sonrió ampliamente, satisfecho con haber encontrado la solución (aparentemente). - ¿Tienes experiencia?
- Claro. - Asintió. - He tenido tres perros y una tortuga.
- Mejor céntrate en los perros… las mascotas exóticas son otro tema…

--


- ¿Así?

Ajustó su posición para quedar recta, forzando una sonrisa leve. El pelo le caía a los lados de la cabeza, limpio y cepillado tras una ducha. Había optado, a sugerencia de Ezio, por un maquillaje simple para reforzar un “look inocente”.

- Sonríe un poco más.

Con concentración, Ezio apuntaba su móvil hacia ella, buscando un ángulo adecuado. A Kora se le hacía extraño no ser ella quien se sacara la foto. Lo suyo eran lo selfies o las capturas de webcam, donde era ella la que controlaba cómo salía. ¿Y si Ezio no terminaba de sacarla bien…?

Resignada, simplemente sonrió más, aunque su sonrisa se tornó tensa al ver quién entraba en el comedor. Jolyne se asomó por encima del hombro de Ezio, mirando al móvil que éste tenía en las manos.

- ¿Le estás haciendo una foto a las tetas?
- ¿¡Qué!? - Kora se llevó las manos al pecho, a pesar de que lo tenía ya cubierto por la ropa.
- ¿¡Qué dices!?

Poniéndose algo rojo, Ezio le dio un manotazo en el hombro a Jolyne, que se marchó como había venido riendo por lo bajo.

- No le hagas caso, te enseño las que he hecho si quieres. - El chico se pasó una mano por el pelo, algo azorado. - De verdad, soy un chico honesto.
- Me fío de ti…

Suspirando, Kora apartó las manos del pecho. Recuperar una posición relajada le costaría unos momentos, incluso tuvo que respirar hondo un par de veces. El ritmo cardíaco se le había disparado, y no por la idea de que el otro le estuviera tomando fotos sucias. Reconocía aquel sentido del humor en la otra, aquella manera de jugar y picar a alguien… había sido un momento muy propio de Jolyne. Un momento que había echado de menos, sin darse cuenta hasta entonces.

“¡Eso es porque le gustas a Kora, profe!”. Uno de los recuerdos más embarazosos de su vida había sido cuando estaban en primaria, el curso antes de que Kora se marchara. En su momento había querido que la tragara la tierra, aunque al fin y al cabo, ¿a quién no le gustaba el profesor nuevo de gimnasia? Pero Jolyne luego había compartido su bolsa de gominolas con ella, riéndose por la cara que había puesto, y la vergüenza del momento se había disipado en cuestión de segundos.

- ¡Perfecto! - La voz de Ezio la sacó de su ensimismamiento, acercándose hacia ella con el móvil en alto.
- A ver…

En la pantalla, salía sonriendo con la cabeza ligeramente ladeada. Era una sonrisa extraña en ella, diferente de las amplias que dedicaba a sus fans en el canal o de las seductoras de los selfies. Era… inocente. Con la mitad del pelo recogido hacia atrás y la camisa abotonada hasta el punto justo para ser decente al mismo tiempo que dejar un poco a la vista, admitía que tenía la apariencia ideal para que alguien le confiara el cuidado de un ser vivo.

- Ahora cuando la subamos al ordenador le ponemos un par de filtros, y empezamos a hacer el anuncio. - Ezio se sentó en el sofá, conectando el móvil al portátil con el cable USB. -
- Muy bien. - Asintió Kora, sentándose a su lado. - Espera, déjame a mí lo de la foto, que ya tengo práctica.

Kora se encargó de la edición de la foto, teniendo ya práctica. Resaltar los colores sin que quedara demasiado saturado, equilibrar las sombras… el resultado no era el de un fotógrafo profesional, pero al menos resaltaba sobre las otras fotos que había visto en la página de anuncios.

- Vale, ahora a poner un anuncio en Pawslist… Tendrás que registarte. - Ezio le dejó el portátil en su regazo, y Kora empezó a introducir su información.

Después de mirar varios anuncios como ejemplo, finalmente consiguieron el suyo.

Chica seria y responsable se ofrece para cuidar perros
Mi nombre es Kora y soy la cuidadora que estás buscando para tu mascota. Me encanta estar y jugar con los animales. Si por motivos personales no te es posible atender a tu mascota, no dudes en contar conmigo. Yo pasearé a tu mascota y le haré compañía por un módico precio. Desde cachorros a ancianos, me puedo encargar de sus cuidados por completos, incluyendo visitas al veterinario.
Aunque no tengo experiencia profesional, me he criado rodeada de perros desde que era una niña, y los he cuidado y atendido en todo momento ofreciéndoles unas buena calidad de vida. Me encantan los animales y estar con ellos, les presto atención, juego con ellos y se divierten conmigo.
¡Dame la oportunidad de demostrártelo dejando en buenas manos a tu mascota!


- No está mal. No tener faltas de ortografía ayudará. - Asintió Ezio. - Ahora, las tarifas… hmm… espera.

El chico se levantó, saliendo del comedor un par de minutos para volver con el cuarto compañero de piso. El tal Fugo, a quien sí que no había visto desde que se instalara en la casa. Al igual que la primera vez que lo había visto, llevaba unas gafas de pasta moradas.


- Ayúdanos a poner tarifas para una futura cuidadora de perros. - Le dijo Ezio.
- Estudio Matemáticas, no Economía. - Éste respondió arrugando la nariz.

¿Qué podía haberse roto dentro de alguien para estudiar voluntariamente Matemáticas? Kora se aguantó una risita.

- ¿Cuál es la diferencia? - Ezio se encogió de hombros sonriendo de lado, y le pasó el portátil.

Con un breve bufido perdonavidas, Fugo se sentó a una distancia razonable de Kora. Parecía bastante distante, aunque tampoco podía decir mucho de él. No lo conocía lo suficiente, además de que la primera impresión que había tenido de él era que era, de hecho, el más formal del grupo de Jolyne.

- Lo ideal sería sacar una media de los que estén cercanos, y rebajarlo hasta que esté hacia el más bajo. - Fugo clickeó unas cuantas veces, haciendo girar la ruedita del ratón. - Bien, tienes ventaja con el más bajo.
- ¿Qué quieres decir? - Kora alzó una ceja.

En respuesta, el chico le enseñó el anuncio, señalando a la foto.

- No sé qué foto vas a subir, pero las personas más atractivas llaman más la atención. En igualdad de condiciones, la gente tiende a elegir a los guapos… y ni siquiera es necesaria una igualdad de condiciones. - Explicó mientras seguía tecleando. - Así que es mucho más probable que te llamen a ti.
- ¿Eso es un cumplido? - Sonrió Kora.
- No realmente. Ya has visto la foto, el listón no está muy alto.
- Vaya manera de echar por suelo una posibilidad de quedar bien, Fugo… - Ezio negó con la cabeza, y luego se dirigió a Kora. - No te lo tomes de forma personal, así es y así hay que quererlo.

Concentrado en la pantalla, Fugo parecía ignorar la conversación completamente. Al terminar de teclear, le devolvió el portátil a Ezio y se subió las gafas por el puente de la nariz.

- Esas tarifas servirán. Es un poco por debajo de la media, pero compensa por la falta de experiencia formal. - Explicó.
- Gracias, Fugo. - Ezio le dio una palmada en el hombro, sonriéndole. - Ya te dejamos volver a estudiar.
- De nada.

Sin añadir nada más, Fugo se marchó del comedor mientras Kora murmuraba un “gracias”, aunque no sabía si le había oído o no. Se quedó con la mano en el aire, a mitad de un saludo. El detalle no pasó desapercibido a Ezio.

- No ha tenido un buen día en clase. Ya se le pasará. - Ezio se encogió de hombros, sentándose a su lado. - Vale, ¿un último repaso?
- Hmm-mm. - Asintió Kora, acercándose a él para poder mirar la pantalla.

Los segundos antes de clickear el botón de enviar se le hicieron eternos, como si estuviera a punto de tirarse por un tobogán bastante alto. Cuando el anuncio se subió, miró varias veces para asegurarse de que todo estaba en orden, a pesar de que lo habían revisado por lo menos tres veces antes de subirlo.

- Bienvenida al mundo laboral, Kora. - Ezio le dio un apretón suave en el hombro, riéndose cuando ésta dejó ir un suspiro. - ¿Cómo celebras tú las cosas? En plan cenar.
- Voy a un restaurante-buffet japonés y como sushi hasta reventar.
- Un día es un día. - Le dedicó una amplia sonrisa. - No será muy caro, ¿no?
- Pues… no mucho… - Kora se llevó el índice a los labios, pensativa. - Unos 40 dólares por persona.

Ezio se quedó unos segundos en silencio, con la sonrisa helándose.

- ¿...Y de qué decías que te gusta la pizza?


Puri

Re: Act 1: Overture
« Reply #33: December 29, 2014, 04:31:39 AM »
***

“Hace tiempo que no lo veo. No te le habrás acercado, ¿no?”
“No. Cómo obtuviste mi número?”
“Difícilmente podrás librarte de mí, dulzura.”


“¿Miki, Sayaka?”
“¡Aquí!”, respondió con una sonrisa y guardando su celular.
“Pasa, por favor.”

La oficina se encontraba cubierta con pósters de musicales y obras puestas en escena, además de varios carteles con el nombre de la compañía de teatro y lugares a los cuales habían sido invitados para llevar su elenco. Al ver que varios incluían ciudades fuera del país, Sayaka se sintió un poco intimidada… Este era sin lugar a dudas un lugar muy reconocido y ello se notaba también con varios diplomas, trofeos y medallas que decoraban el pasadizo en el cual había estado esperando antes de ser llamada. Tenía que ingresar a como dé lugar.

“Mi nombre es Piotr Rasputín y soy el encargado de los procesos de admisión. Debes de saber que los resultados son inapelables y en el caso de que no hayas logrado obtener una vacante eres bienvenida a tomar el examen nuevamente en seis meses.”
“Sí, no hay problema”, respondió apresuradamente por los nervios. Había decidido venir al mismo lugar a que le dieran el resultado que a verlo en su correo electrónico. Por alguna razón la peliceleste sentía que sería peor si se enteraba por internet, ya que si ese estúpido había logrado encontrar su teléfono debía de suponer que seguía hackeando sus cuentas y había hecho bien en suponerlo, ya que después de ese mensaje…
“¿Lista, entonces?”, preguntó el hombre, quien debería estar cerca de sus treinta años, mientras tomaba el sobre blanco con su nombre.
“Uh, sí.”

Había preferido no mencionarle nada a sus hermanos la última vez que se encontró con ellos ya que tenía muchísimo miedo de echarse mala suerte a sí misma al comentarlo; es más, ni siquiera Tatara, su compañero de toda la vida (a pesar de conocerse solo dos años, pero esa es otra historia), se había enterado de ello. Y ahora se encontraba frente a un hombre con sonrisa amable, de cabello negro y con un… Sí, un buen cuerpo por el que sería capaz de arañarle la cara a alguien. Como decía, un buen hombre que le leería los resultados.

Pues sí, había postulado a la Academia “Art [et] Eatro”, la más reconocida de todo Eastwood en cuanto a artes escénicas al punto de reservarse completamente el derecho de admisión. Para este se debían de pasar tres pruebas y no se podía reprobar ninguna, consistiendo entonces de un ensayo sobre la importancia del teatro para la sociedad, leer una pequeña obra y diseñar tres posibles vestuarios para el personaje principal y, finalmente, actuar un monólogo que se daba en el mismo momento frente a una videograbadora.

Después de haberle mentido a Yuichi sobre haberse enfermado de varicela (finalmente) y haberse tomado toda la semana libre en estadística (que la pobre peliceleste sospechaba que no tenía nota de práctica, ya que antes de colgarle el teléfono a su pobre amigo había escuchado algo de “ES IMPOSIBLE QUE FALTES, ES QUE VAMOS A GRABAR UN COMERC—”); Sayaka había dado todos los exámenes hacía dos semanas. Igual Yuichi ya había pactado con el demonio, es decir, con ella, para que conociera a Yuya Tegoshi y eso no lo iba a cambiar ningún curso jalado, quiera o no quiera Yuichi.

En cuanto a por qué postulaba… Pues, digamos que la habían “despedido” de la agencia de actores en la que se había registrado. No es que la hubiesen botado en sí, es decir, su ficha seguía en la base de datos y podía aplicar a cualquier trabajo de la agencia; sin embargo, sus supervisores habían comentado que debería de tener más experiencia y estudios en vez de postular y no obtener nada a cambio como había sucedido últimamente… Sayaka sabía que tenía talento, sabía que estaba ahí dentro y que era cuestión de trabajarlo y para eso mismo necesitaba oportunidades; pero al mencionarlo sus supervisores se rieron por lo bajo… Y ella, obviamente, se lo tomó a personal.

No, no volvería a pisar ese maldito lugar hasta demostrarles lo que valía.

“En tu nota de ensayo sacaste un sobresaliente”, comentó Piotr con cierta sorpresa y para emoción de la peliceleste. “La profesora Pryde escribió: Muy buena noción sobre la tarea del teatro en la sociedad. Tiene las cosas claras aunque alguna de sus ideas ya son muy idealistas, pero eso mismo denota su entusiasmo. Se explaya en aquello que le apasiona más, pero no descuida sus demás ideas.”. Leído esto, el pelinegro rió levemente. “Es muy raro obtener varias alabanzas de la profesora Pryde, así que hemos iniciado bien.”
“G-Gracias”, Sayaka tomó nota mental de buscar luego en el directorio el nombre completo de la profesora Pryde para encontrar su dirección e ir a abrazarla. No cabía en sí de emoción.
“En cuanto a la nota de diseño artístico no te fue tan bien, pero igual estás aprobada.” Sayaka sintió un peso más irse de sus hombros a pesar de que sus manos se aferraban con fuerza a su cartera. “La profesora Darkhölme comenta que dos de tus tres diseños de vestuario son muy genéricos y obvios. Sin embargo, le gustó mucho tu tercer diseño y cree que puedes desarrollar aún más tus habilidades en la academia, por lo que decidió aprobarte con el mínimo.”
“A decir verdad no me esperaba que uno de los exámenes fuera dibujar.”
“Oh, eso es porque el examen de la profesora Darkhölme varía todos los años. Lo que ella valora sobre todas las cosas es la capacidad de adaptación del estudiante a diversas situaciones. El actor no solo debe ser aquel que está en el escenario, sino aquel que está detrás de él. ‘El teatro no sólo es lo que se ve, es aquello que vemos y damos por sentado’. Eso suele decirle siempre a los alumnos jóvenes.” Sayaka sonrió. Si bien no le había ido tan bien, entendía la apreciación de la profesora y le agradaba que eso también fuera parte de su futura formación en el lugar.
“¿Y el monólogo?”
“Pues…”, Piotr sacó la hoja de anotaciones y frunció el ceño.

Oh-oh.

“La… La profesora Rasputina”, ¿sería su hermana o algún familiar? Se preguntó la peliceleste en ese instante de segundo. “No te aprobó en el monólogo.”

Hello darkness my old friend.mp3

“Sus comentarios son que te ves muy forzada y nerviosa, que no se pueden admitir personas con las que se deba trabajar desde cero, sino aquellas que tengan mayor experiencia. Sí, tu actuación fue mucho mejor en los momentos en que los comentarios eran amargos e irónicos, pero que en los puntos más dramáticos no se sentía que hicieras el mismo esfuerzo.” Sayaka se dio cuenta que el hombre leía rápidamente algo más, pero lo dejaba de lado para sonreírle apologéticamente… Al parecer era tan horrible que ni se atrevía a decírselo. “Lo siento mucho, señorita Miki.”
“No es problema”, dijo tras asentir con una leve sonrisa a pesar de que sentía que su garganta se cerraba. “Igual planeo volver a postular.”
“Espero volver a verte entonces”, le extendió la mano y Sayaka se la estrechó. No, no se pondría a llorar, al menos no hasta llegar a casa, comer todo lo que encontrase a su paso y llorar en los hombros de Tatara.
“Gracias por la consideración, de todas maneras”. Inclinó un poco su cabeza y salió del lugar.

Sayaka salió del local y lo primero que hizo para asumir su falla como la responsable y madura adulta que era, fue tomar su cartera y lanzarla con toda su fuerza hacia una máquina expendedora, la cual terminó botando unas papas de su sitio en la tuerca hacia abajo.

“Wow, ¿eso significa que no aprobaste?”, preguntó una mujer de ojos celestes y cabellos rubios a su izquierda. A juzgar por su ropa y por su edad aparente, la peliceleste asumió que debía de ser una de las privilegiadas alumnas del local. Dedicándole sólo una mirada rápida, se encogió de hombros y se encaminó a la máquina expendedora.
“La profesora Rasputina no quiere trabajar con novatas desde cero, porque aparte de ellas las otras dos consideraron que sí me merecía el puesto”. Sacó las papas y las abrió, metiéndose varias a la boca y ofreciéndole unas cuantas a la rubia, la cual la miraba divertida a la par que aceptaba la ofrenda de snacks gratis. “Dime, ¿qué mierda espere que le presente si me han dado el monólogo diez minutos antes?”
“Algo decente”, respondió con sorna.
“Por favor”, rodó los ojos. “Ni siquiera Goethe mismo podría recitar Fausto si le dan sólo diez minutos.”
“Es que ese es el examen filtro de la academia”, la rubia se encogió de hombros esta vez. “¿Qué te comentó Illyana?”, ah, de seguro así se llamaba la profesora Rasputín.
“Dijo que mis escenas dramáticas no se veían lo suficientemente reales. Dime, ¿quién DIABLOS actúa bien una escena dramática? ¡Nadie! Apenas toca la escena dramática se rompe la cuarta barrera del teatro y cualquiera se da cuenta que está en una puesta en escena. Las personas sobre actúan el drama porque creen que se verá más real, pero eso solo deja un trabajo mediocre.”
“¿Qué quieres justificar, entonces? ¿Acaso hiciste un trabajo mediocre a propósito?”
“No, eso tampoco”, suspiró y arrugó la bolsa de papas que ya había acabado y la botó en un tacho de metal. “Sino que su criterio de calificación debería basarse en otras cosas. Igual tiene razón porque sé que fallo en eso, pero su examen es muy exigente y no califica lo que debería.”
“Difícil”, la rubia chasqueó la lengua. “Illyana es la profesora más jodida de todo el staff, ama poner trabas para que no entre cualquiera y se obsesiona con las escenas de drama. Es toda una obsesiva compulsiva.” Se rió.
“¿Quiere Illyana drama?”, Sayaka resopló enojada. “Existe más drama en un estúpido problema matemático que en su maldito monólogo.”
“¿Tan mal escrito estaba?”, alzó una ceja.
“Pues si ella cree que un rapto al infierno es un suceso dramático, debería intentar aprobar estadística grupal. Eso sí es drama, al menos en el infierno no tienes padres que te obliguen a graduarte de la universidad.” La rubia rió levemente. “Ya, me tengo que ir”, le dedicó una sonrisa cansada a su compañera de desquite. “Gracias por escucharme, diviértete con Illyana.” Se volteó, pero en eso recordó algo. “¡Ah! Si ves a la profesora Pryde, dale un abrazo de mi parte.”
“¿Qué, cuánto te puso ella?”
“Un sobresaliente”, le dijo ahora sí con una sonrisa y alzando ambos dedos pulgares. Fue recién en ese momento en que la rubia se quedó perpleja, como si la observara por primera vez.
“Kitt— ¿Katherine te puso un sobresaliente?”
“Sí, al menos alguien ahí sabe apreciar el talento en bruto.” Comentó cerrando los ojos y saboreando su única victoria. “En fin, nos vemos dentro de 6 meses, gracias por soportarme, ¡y no te olvides de ese abrazo!”. Dicho esto Sayaka se fue rápidamente del lugar antes de darle oportunidad que contestara, ya que todavía tenía una deuda pendiente con toda la comida de la casa y llorar en los brazos de Tatara.

***

“¡Hey!”, Tatara dejó de lado su libro y le sonrió al verla llegar. “¿Cómo…? ¿Pasa algo?”, preguntó preocupado al ver la seriedad en su rostro y más aún cuando este se contrajo en una mueca de tristeza total y empezaban a asomarse lágrimas.
“T-Tatara… Yo, y-yo…”, pero en eso antes de que pudiera seguir, el celular de la peliceleste comenzó a sonar. Esta le hizo un gesto de espera a Tatara y volvió a salir del departamento para tomar la llamada de la Academia, que vaya a saber dios qué querían. A lo mejor se había olvidado algo. “¿Sí?”
“Buenas tardes, ¿con la señorita Miki?”
“Ella habla.”
“Señorita Miki, soy Piotr Rasputín, de la oficina de admisión. Llamaba para decirle que ha habido un cambio en su examen de monólogo.”
“¿Eh? ¿Qué?”
“Verá, la decisión de los exámenes es inapelable a menos que los mismos profesores deseen cambiar la nota que otorgaron en un primer lugar, pero para ello se les pide que comuniquen las decisiones tras su cambio para evitar así posibles malentendidos.”
“¿La profesora Rasputina cambió mi nota, entonces?”, preguntó sin entender aún qué era lo que sucedía.
“Sí, ella se acercó hace poco a la oficina para cambiar su nota a un aceptable, el mínimo que necesitaba para aprobar. En cuanto a las razones dice que habló con la profesora Pryde sobre su ensayo y ella resaltó lo mucho que le había gustado, pidiéndole que le diera una oportunidad.” Sayaka deseó con toda su alma que su nueva amiga rubia le diera un abrazo enorme a esta alma enviada por el señor. “Además de eso citó como razón que igual nadie sabe actuar drama, según ella, todos rompen la cuarta barrera al hacerlo. Y al volver a revisar su actuación dice que tiene una fuerza interna tan grande que hasta podría destruir máquinas expendedoras”.
“… ¿Ah?”
“Jaja, espero no haberla confundido mucho, pero así escribió ella en el papel para que le informara. En pocas palabras, es usted bienvenida a la Academia Art [et] Eatro y puede acercarse durante la semana para inscribirse.”
“Ah… Ok…”
“Mucho gusto, espero verla pronto.”
“…”
“¿Qué pasa?”, preguntó nuevamente Tatara, pero Sayaka simplemente entró a la casa y fue directo a la computadora del rubio, quien la había dejado sobre la mesa. “Preocupas, ¿sabes? ¿Qué te cuesta contar—?”
“HUSH”, con esto lo calló de nuevo y siguió buscando algo. Su amigo, molesto, decidió ver qué hacía y se encontró con que Sayaka buscaba a alguien por facebook.
“Illyana Rasputina…”, leyó mientras miraba la foto de perfil de una chica de cabello rubio largo, ojos celestes y con cara de asesinar gatitos como hobbie. “¿Y esa quién es?”
“Tatara”, murmuró la peliceleste mortificada, “Le dije al diablo que odiaba al diablo.”
“¿Quieres explicarte mejor?”
“Devil wears Prada meets Broadway.”
“Ah…”
“Ah, indeed.”

***

Forget all the shooting stars and all the silver moons
We've been making shades of purple out of red and blue


Sayi

Re: Act 1: Overture
« Reply #34: December 29, 2014, 02:32:15 PM »
Estaba por dejar el aporte de este proyecto para el próximo mes pero tras ver a tantas postear i had to join innn

Dramadramadramadrama.


Medley 7: Red Lights

La noche había sido un éxito. El público pedía por más, pero los Young Guns sabían que lo más inteligente era dejar el resto de su repertorio para el próximo fin de semana.

Lo importante era que habían cumplido su objetivo: Convencer a Shizuo de quedarse. Y esto lo sabían por el pulgar que levantó el bartender apenas la audiencia rompió en aplausos.

“¡Lo hicimos!” Celebró Mine, todavía con la guitarra colgándole del cuello “¡No nos van a echar I’M SO HAPPYYY!”
“¿Se puede saber dónde esta su dichoso manager?” Hayato, el nuevo bajista, no compartía el mismo entusiasmo que el rubio “Debería estar presente para este tipo de cosas, ¿cierto?”
“Ya le mandé un mensaje de texto” le respondió Sayi. Dijo que estaba en camino.

Kaien tensó el rostro al escuchar eso, pero solo la vocalista se percató de su exabrupto. No hubo tiempo a preguntas, sin embargo, pues Mine les recordó que les tocaba despedirse por esa noche.

“¡Muchas gracias Stray Sheep! ¡We are The Young Guns: Buenas noches y hasta el próximo sábado!” Mine tapó el micrófono con una mano y se dirigió a sus compañeros “¡Que alivio poder decir eso!”

Fue así que la fuerte luminaria del escenario se apago, y fue reemplazada por la clásica ambientación de luces tenues y baladas de rock.
Los músicos no demoraron en recoger sus instrumentos y marchar en fila india hacia los bastidores. En el camino hacia los camerinos más de uno se les acercó, y tras esta presentación la nueva favorita parecía ser nada menos que Kim.

“¿Estas segura que deberías estar aceptando tanto trago?” le preguntó Hayato, mientras veía cómo la nueva baterista a duras penas podía balancear las bebidas que le venían regalando “¿No eras menor de edad?”
La pelirroja fulminó al bajista con la mirada y murmuró entre dientes “Y yo que pensaba convidarles unos cuantos”
“¡Hayato cállate!” le recriminó Mine, empujando al joven a un lado “¿Quieres que te ayude a cargar con un par de estos~?”

El largo pasillo que separaba el bar de los bastidores los recibió. La poca luz de ese ambiente ya estaba condicionada para ellos como sinónimo de final de la presentación, por lo que una vez estuvieron fuera de vista, los cinco músicos se sintieron libres para al fin relajarse.


Solo había un pequeño detalle que molestaba a Sayi y era la actitud de Kaien. Mientras el resto había sido evidente en su felicidad por el éxito de la presentación, su amigo parecía encontrarse fuera de sí.

“¿Estás bien?” le preguntó. Los demás ya habían llegado al camerino y se encontraban bastante distraídos en dividir el alcohol.
“Si, estoy bien” No era cierto. Lo sabía, pero la joven optó por darle el beneficio de la duda “Me alegra que todo saliera bien hoy”
“¡Si! Shizuo se veía contento… o al menos ese pulgar parecía contento. Con ese sujeto y sus cambios de ánimo hay que tener cuidado” comentó Sayi “Peeero, al menos conseguimos quedarnos. Hubiera sido jodido terminar en la calle ahora”

Kaien sonrió para si mismo y se quedó en silencio. Al final del pasillo se escuchaban a Hayato y Mine discutiendo cuando en eso Sayi rió por una ocurrencia del rubio.

“Creo que mejor vamos a separarlos, ¿no te parece?”

Pero Kaien la detuvo en seco.

“A decir verdad hay algo que debo decirte”
“¿Qué paso?”

Pero su amigo se quedó en blanco. A Sayi le extraño que el joven tuviera tantos problemas para decirle algo. Kaien nunca había tenido problemas en ser honesto y decir las cosas de frente, por lo que debía tratarse de algo especialmente difícil.
Lo que más preocupaba a la peliceleste era que tan grave podía ser para no haberle dicho nada hasta ahora.

“¿Kaien?” Pero Kaien tenía los labios tensos. La peliceleste se acerco más. Quizás se sentía incómodo confiando algo cerca de los nuevos “Puedes decirme lo que sea y lo sabes”
“…Lamento mucho tener que hacer esto”
“¿Hacer qué?”


La puerta que dividía el bar de los camerinos se abrió de golpe y Spike se asomó. Parecía haber corrido, pues era evidente que le faltaba el aire… o el ejercicio.

Al ver a Kaien, el castaño sonrió ampliamente y caminó hacia ambos.

“¿Qué haces aquí?” le preguntó Spike “¿Osea que decidiste quedarte con ellos? Me sorprende que no tomaras la oferta pero…”

Sayi miró confundida a su manager y seguidamente a Kaien. Al ver la incomodidad en el rostro de su amigo, el por qué de su actitud finalmente comenzó a formar una razón.

“¿Quedarte?” preguntó la peliceleste, una vez más, dándole el beneficio de la duda.

Spike intercambio miradas con ambos músicos y se llevó una mano a la nuca, percatándose de lo que acababa de hacer.

“Eh, estaré esperando en la barra si me necesitan…”
“Espera Spike. Ya que estas aquí dime lo que sabes, por favor” le pidió Sayi “Viendo que Kaien no quiere decir nada”
“Sayi…”

Spike sacudió la cabeza fuertemente. Esto era precisamente lo que quería evitar; el drama, la confrontación, el llanto…
El manager no dijo nada más y salió a zancadas del pasillo, cerrando la puerta tras él.


“Escucha…” Su amiga estaba cruzada de brazos y Kaien trataba de tomar las palabras adecuadas. Tenía que ser muy cuidadoso para que nada empeorara la situación “Me ofrecieron un contrato... para formar parte del nuevo proyecto de una disquera extranjera”
“¿Un proyecto? ¿Algo de solista o…?”
“Una banda. Me quieren como guitarrista para un grupo” La vocalista asintió con la cabeza al escuchar la palabra banda. Sayi sonreía amargamente y a Kaien le dolió verla así “Lo siento mucho. Intenté convencerlos de que los audicionaran a ustedes, pero me dijeron que ya tenían las posiciones ocupadas”
“Gracias Kaien. Aprecio el gesto” atinó a decir la peliceleste
“Entiendo que te molestes, tu y el resto. La verdad es que me odio un poco por tener que irme así, pero espero entiendas… es una oportunidad única” Y terminó de decir “Jamás imagine que se me presentaría algo así”

Esta vez fue Sayi quien no dijo nada por largos segundos. Solo cuando empezó a llorar fue que se le escaparon un par de risas.

“Ay, dime que estoy soñando” dijo “No puedo creer esto ¿Me estás hablando en serio?”
Kaien estaba apenado, de pie frente a ella “Es en serio”
“Pues entonces vaya mierda Kaien” le espetó, agitada entre lágrimas, risa y coraje “Es que no entiendo como puedes decirme estas cosas. Es que no solo que te vas… sino que te es suficiente que te dijeran que nuestras posiciones estaban ‘ocupadas’. ¿En serio? ¿Somos tan fáciles de reemplazar?”
“¡No quise decir eso!” El pelinegro la tomó de los hombros pero su amiga se libró de él. Kaien cerró los ojos y respiró hondo antes de continuar “Escucha, yo…”
“¡¡No quiero escucharte más!! ¿¡Que no viste lo que Mine y yo hicimos por seguirte!? ¡Creíamos en nosotros! ¡Yo creía que teníamos oportunidad juntos, que seríamos grandes y ahora tienes la concha de decir que jamás…
“Sayi”
“…imaginaste…”
“Déjame hablar”
“…que se te ‘presentaría’ algo así?! ¿Qué mierda fuimos para ti entonces?”
“¡¿Pero qué está pasando?!”


Los gritos de Sayi se habían colado por encima de la conversación en el camerino. Mine les había dado el alcance, mientras que Hayato y Kim miraban la escena desde la puerta.
El rubio miró asustado a ambos, pero se preocupó más por el llanto inconsolable de su amiga.

“¿Qué paso? ¿Kaien?”
“Que él te diga” le respondió Sayi. La vocalista caminó hacia el camerino, y tanto Hayato como Kim le hicieron espacio para dejarla pasar.

Con bolso en mano, la peliceleste se detuvo frente a sus amigos solo para señalar a Kaien.

“Que te vaya bien. No quiero volver a verte” Y dicho esto se marchó.

El lugar se quedó en un silencio prolongado hasta que un Spike ligeramente más ebrio se volvió a asomar con margarita en mano.

“¿Ya paso el drama?”

Pero al no recibir respuesta volvió a desaparecer tras la puerta.


Tenía suerte que era sábado en la noche, y la mayoría de personas se encontraran distraídas en sus propios grupos y conversaciones como para percatarse de la loca que corría como descosida por la calle.

Esto era una pesadilla.

Odiaba llorar en público, y odiaba aún más no poder dejar de llorar por más que lo intentase. Pero la verdad era que no quería hacer otra cosa que no fuera gritar… y llorar. Llorar a todo pulmón hasta que ya no le importara nada.

Era la primera vez que se sentía así de menospreciada, y para colmo por una de las personas más importantes para ella. Esto había sido un golpe bajo… y es que su futuro giraba entorno a su grupo, junto con Kaien y Mine.

Las cosas se habían ido a la mierda de la peor manera posible.
¿Qué se suponía que debía hacer ahora? ¿Acaso Milch había estado en lo cierto todo este tiempo?

Quizás fue por la prisa, la falta de aire o la maraña de cosas en su cabeza, pero la joven no se fijó en el desnivel que marcaba el final de la cuadra. No se fijó en el semáforo, ni en el cambio de cemento a asfalto.

Se detuvo en seco cuando un claxon retumbó en sus oídos y las luces altas de un coche la cegaron. No pudo ver el momento en que el parachoques la golpeó, levantándola para estrellarla contra el parabrisas. El freno intempestivo hizo que rodara por el capó hasta caer a la pista.


“¡HIJA DE---!”

Activó las luces de emergencia y se quedó helado en su asiento. La música clásica en su estéreo no le ayudaron a apaciguar sus nervios, y le tomó unos cuantos segundos tomar el valor de abrir la puerta para fijarse en la muchacha que acababa de atropellar.

El semáforo estaba en verde pero aún así esa maniática había cruzado a toda carrera, deteniéndose solo cuando él tocó la bocina y dándole apenas unos segundos para pisar el freno a fondo. No la había golpeado muy fuerte pues el vidrio no presentaba daño alguno… pero uno nunca podía desestimar un accidente de tránsito.

Sea quien fuese, la chica tenía suerte que ese día no había estado acelerado como de costumbre.

Tae Kyung cerró la puerta del piloto y caminó con cautela para observar los daños. La chica parecía inconsciente, pero no había sangre en ningún lado y eso le hizo respirar un poco más tranquilo.

Tenía miedo de sacudirla o levantarla por temor a que estuviese lastimada, pero para su buena suerte la peliceleste volvió en si por su cuenta. Apenas se incorporó se llevó una manó a la cabeza, quejándose del dolor.

“S-si te duele algo deberías ir al hospital” le aconsejó el joven bastante nervioso “Puedo llevarte, pero no pienso correr con los gastos, te advierto. La luz estaba en rojo para ti”

Sayi se quedó en silencio. Le dolía todo el cuerpo, como si todas las resacas de su vida hubieran regresado para caerle a golpes. No obstante se puso de pie, y el joven frente a ella hizo lo mismo.

“Estoy bien” respondió “Pero deberías estar más atento a las personas”
“Lamento haberte golpeado, pero todo esto fue tu culpa” le recordó el pelinegro “¿No te enseñaron que no debes cruzar en luz roja?”
“No necesito esto ahora”
Al ver que se trataba de alguien poco razonable, Tae Kyung optó por terminar con ese encuentro cuanto antes “Al parecer no hubo daño alguno. También agradece que no hubo ningún daño a mi carro. Te podría haber salido bastante caro”

Sayi intentó aniquilarlo con la mirada, y por la luz del carro, el pelinegro se percató que la joven estaba llorando.

“¿Estás segura que estas bie—?“ pero se detuvo el momento en que la peliceleste levantó ambos puños y los golpeó con fuerza contra el capó de su Audi “¡¡¿POR QUÉ HICISTE ESO?!!”
“Listo, estamos a mano” le respondió, al mismo tiempo que recogía su bolso y retomaba carrera lejos del lugar.

Tae Kyung continuó insultándola de mil y una maneras pero no corrió tras ella. Cuando dedujo que no le cobrarían mucho por levantar la abolladura, el pelinegro la maldijo una última vez antes de retirar su teléfono y llamar al mecánico.

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Oh, dream maker, you heart breaker
Wherever you're goin', I'm goin' your way


Cho

Re: Act 1: Overture
« Reply #35: January 15, 2015, 12:21:44 AM »
*repost/no cuenta para probaciones*

9

Era la tarde después de clases y al no tener mucho en mente, Sora fue hacia el mall principal de la ciudad. Era muy conveniente que el colegio privado estuviera apenas cruzando una avenida principal, garantizando que se llenara de estudiantes en las tardes.
Sus dos amigos se excusaron al estar ocupados, así que Sora decidió darse la tarde libre, paseando por ahí y agarrando comida rápida en algún simple puesto de comida de su preferencia. El mall como siempre probaba ser muy popular y llenarse con rapidez de otras personas, por lo cual esperar por su almuerzo y encontrar un lugar para comer tomó algo más tiempo del esperado.

El tiempo que pasó solo y en silencio le hizo recordar la visita de sus amigos el día anterior. Sabía que por más tiempo que tuvieran y por más libres que se encontraran en el momento debido a ser todavía estudiantes de secundaria, tendría que tomarse sus sueños más seriamente. Tenía que dedicarse y aprovechar todo el tiempo que tenía. Viendo a sus hermanos menores, ellos tomaron todas las oportunidades que se les presentaron, lo cual les había hecho llegar a donde estaban en el presente, y aun con esa cómoda y realizada vida todavía daban lo mejor de sí mismos. Tenía que reconocer que eran talentosos y admirables… pero si Luso se enteraba algún día que ese pensamiento había surcado brevemente por su mente en algún momento de la existencia no podría vivir en paz nunca más.

Luego de sacarse ese poco de meditación de su cabeza y de terminar su comida, fue a pasear por el mall repleto de gente, sin tener mucho en mente aparte de mirar lo que estaba en exhibición. Era un mall grande y si bien había tenido pensado disminuir sus gastos para darle la contra a Luso sobre el tema, con tanto que ver uno podría no resistir la tentación.

Fueron dos pasillos muy grandes que surcó, rodeado de personas, pero rápidamente identificó a una entre todos los grupos. Sora no pensó en ver a Reimu salir de una tienda cara de ropa, saliendo revisando un recibo pero sin bolsas de productos. Cargaba su maletín escolar el cual no debía tener espacio para una tienda con bolsas elegantes. ¿Qué hacía ella ahí luego de excusarse con algo ‘importante’ que hacer? Se le acercó antes que se fuera muy lejos.

“¡Reimu! ¡Reimu, espera!” Sora exclamó, caminando rápido para darle el alcance. De un momento a otro le vio sobresaltarse al notarle presente, y se giró con rapidez. Se le notó algo nerviosa y sorprendida, pero intentando sonreír.
“¡O-oh, Sora, qué sorpresa!” dijo ella, sonriendo incómoda. “¿Qué haces por aquí?”
“Vengo por aquí en la mayoría de mis días libres, lo sabes,” él le miró confundido. “Tú eres quien no viene aquí con frecuencia, siempre pensé que todo era muy caro para ti.”
“…” ella sintió un tic en la ceja, mirándole con molestia, pero decidió ignorarle. “Decidí ir por mi cuenta esta vez, tener un poco de espacio y pasearme por aquí, eso es todo.”
“Pero al menos me lo hubieras dicho. Hubiéramos comido juntos o hacer algo,” le miró sospechosamente. “¿Estás ocultando algo?”
“Hm,” sonrió con indiferencia. “No es de tu incumbencia.”
“De no ocultarme nada no habrías dicho esto, es obvio. ¡Entonces sí ocultas algo!”
“Está bien, oculto algo,” Reimu sonrió sin importarle y vio a Sora mirarle en silencio. “¿Por qué me miras con insistencia?”
“Admitiste que ocultas algo,” declaró él, seguido de un momento de silencio. “¿Qué es?”
“Sólo porque admití que oculto algo no quiere decir que lo diré. Respondí tu pregunta,” Reimu sonrió simpáticamente. “Te contesté, ¿me dejarás en paz?”
“¿Por qué te vas?”
“Hmm, estoy en una visita solitaria, creo que lo dije,” Reimu fingió pensar y volvió a sonreír con simpatía, una simpatía que siempre se podía cuestionar. “Tengo mejores cosas que hacer, de seguro hay algo que estudiar. Hasta mañana, nos vemos.”
“No te vayas,” Sora miró el recibo en su mano. “¿Qué es eso?”
“N-nada,” Reimu volvió a mostrar incomodidad, mirando a su recibo como quien se había olvidado de tenerlo en mano.
“Déjame verlo.”
“No, es personal.”
“Un recibo no es personal, y has salido de una tienda normal como otras. ¿Por qué insistes en ocultarlo?”
“¿Y por qué tú insistes en hacerme mostrar algo que no quiero mostrar?”
“Porque actúas raro y como amigos esperaría que no me ocultaras nada. ¿Por qué no vas a confiar en mí?”
“Cosas de chicas…”
“No me convence, tú no eres una chica normal.”
“¿Eh?” Reimu se sorprendió un poco. “¿E-ese comentario fue bueno o malo?”
“Sólo déjame ver tu recibo,” Sora se acercó, pero su intento de quitárselo no le sorprendió y Reimu reaccionó y movió su mano. “¡Dámelo!” volvió a moverlo a otro lado. “¡Deja de ocultarlo!” saltó, pero ni eso fue lo suficientemente rápido porque volvió a mover la mano con el recibo a otro lado, con una facilidad extrema.
“Deja de insistir,” reclamó ella, algo molesta. No esperaba que él le pusiera desafío en reflejos, sobre todo porque Reimu confiaba en sus capacidades como becada en el departamento de deportes.
“Tú deja de actuar así,” Sora volvió a extender su derecha para arrebatarle el recibo en vano, pero con un mismo movimiento, usó su izquierda para agarrar su otro brazo y jalarle hacia abajo, desestabilizándole y dejándole vulnerable. Debido a que ella tuvo que recobrar su balance, Sora llegó a aprovechar para quitarle el recibo.
“¡Eso es trampa!” la chica se ofendió. No estuvo preparada para eso.
“Veamos,” Sora de inmediato dio pasos rápidos hacia atrás, impidiendo que ella lo recuperara, y se puso a leer el recibo. Mencionaba un chal. “¿Eh? ¿Es una devolución?”
“Sí,” le arrancó el recibo y luego de guardarlo en su maletín, desvió su mirada, algo molesta e incómoda. “Hice una devolución, ¿entendido?”
“S-sí pero, ¿cuál es el problema?”
“Ah, te olvidaste. Mejor,” se encogió de hombros y se fue caminando.
“¡Oye, no actúes así!” le volvió a dar el alcance. “¿De qué devolución hablas? Dime.”
“…” ella dio un suspiro. “Supongo ya no tengo por qué ocultarlo. Devolví el chal que me regaló Luso… nada más…” se le notó apesadumbrada.
“¿En serio? Pero recién te lo regaló ayer,” pensando en que su chofer le había dejado en su casa en la noche y de ahí tocaban clases temprano en la mañana, Reimu claramente lo había devuelto en la primera oportunidad que tuvo.
“Sí, sí, lo sé. Y lamento mucho tener que devolverlo… p-pero no pude contenerme,” bajó su mirada, apenada, y también reteniendo leve molestia con Sora por ese mal rato.
“Pero en verdad no entiendo por qué tienes que hacer tanto lío,” Sora miró hacia arriba con confusión. “El mismo Luso te dio el recibo diciéndote que tenías cinco días para cambiarlo por dinero si lo preferías. Eres libre de hacer lo que quieras.”
“Pues sí, yo sé, pero tú eres su hermano y estuviste ahí…” desvió su mirada, con molestia. Volvió a dar un suspiro para tranquilizarse. “Es un poco vergonzoso… y también es una falta de respeto para tu familia y todo…”
“Me sorprende que menciones eso como una razón,” Sora negó, frustrado. “Ni que Luso y yo tuviéramos una discernible compatibilidad o estima entre nosotros para que me sienta ofendido. En verdad no me importa en lo más mínimo.”
“No deberías decir cosas así, Sora,” Reimu sonrió, encontrándolo gracioso.
“Has hecho lo que quisiste hacer así que no te preocupes más.”
“Sí… lástima, en verdad me gustaba ese chal, los colores y detalles eran bonitos.”
“Hm, supongo…” Sora alzó su mirada, sin saber qué decir. “Si en verdad te gusta, date un gusto. No deberías ahorrar dinero toda tu vida.”
“…” Reimu abrazó su maletín de escuela donde seguramente tenía el dinero, como si este se viera amenazado, y siguió caminando con decisión. Sora dejó caer su cabeza a un lado. Tenía sentido; de darse a escoger entre casi cualquier objeto del cual su amiga no dependiera vitalmente y el dinero, Reimu siempre iría por lo segundo.

Ellos siguieron caminando, y un corto silencio fue lo que bastó para dejar ese tema aparte y acabado. Los dos pasaron a hablar brevemente del colegio y también mencionar un poco sobre retomar la práctica de la banda, la cual habían dejado olvidada.

Y luego de comprarse galletas choco chips cortesía de Sora, los dos llegaron a otro amplio pasillo del mall, donde había muchas personas presentes, congregadas en un punto donde debería ser otro kiosco en medio de camino. Por la presencia de camarógrafos y la prensa, claramente ocurría algo importante, así que Sora y Reimu se asomaron a ver qué ocurría.

Llegaron a asomarse justo en el instante en que Vert cortó una cinta con unas tijeras sobredimensionadas, con la mejor de sus sonrisas, y varias personas empezaron a aplaudir por esa acción, al igual que sus compañeras Hearts. Era la inauguración de un pequeño kiosco con mercancía de la banda, un evento que claramente ellas iban a atender para darles a todos la bienvenida.

“No se olviden de aprovechar los descuentos de apertura y seguir nuestras recomendaciones por Facebook,” dijo Noire, sonriendo.
“¡Muchas gracias a todos por su continuo apoyo! ¡Son lo máximo!” exclamó Neptune efusivamente, saltando en su sitio y sonriendo con alegría.
“Pronto les tendremos noticias de competencias y sorteos como consumidores de nuestros productos, no les decepcionaremos,” Blanc dio una reverencia, su callada y modesta forma de agradecer la atención.
“Hasta pronto a todos, tengan una agradable tarde y nos estamos viendo~” Vert se despidió con una mano, manteniendo su sonrisa. Procedieron a retirarse, rodeadas de guardaespaldas, mientras varias fans adolescentes intentaban alcanzarles por autógrafos. Las cuatro se miraron entre ellas y decidieron hacer una corta pausa en su recorrido para atender algunos saludos y firmarles, como agradecimiento.
“¡Chicas!” Reimu llegó a abrirse, notando que Sora no fue tan rápido en saber evadir a toda la mancha de gente. “Muchas felicidades.”
“¡Reimu!” Neptune corrió a abrazarle. “¡Qué agradable coincidencia! ¿Vas a ser una consumidora frecuente en nuestra tienda? ¡¿Sí verdad?!”
“Veré, veré, haha.”
“No le presiones, Neptune. Reimu es muy tacaña,” explicó Blanc, viendo a Reimu frustrarse un poco por su observación. “No es intento de ofensa Reimu. Gracias por asistir, es bueno verte.”
“También me alegra verles en acción, son muy talentosas, y tienen mucho carisma,” Reimu asintió. “El rol de ídolos les queda bien.”
“Tengo que agradecer a nuestro equipo y ayudantes, no lo habríamos logrado solas,” dijo Noire, sonriendo con profesionalismo. “Pero también tenemos nuestra pizca de talento y las ganas dadas por los fans. Todos lo hacemos funcionar.”
“Son palabras muy sabias,” Vert asintió. “Lo que más me gusta es el equipo que las cuatro hacemos y nuestra convivencia es una alegría y bendición para mí todos los días.”
“¡R-Reimu! ¿Dónde estás?” Sora intentaba abrirse entre todos, y se vio un brazo salir de la multitud, tratando de llegar al frente.
“Deberíamos irnos,” Blanc se dio media vuelta. Las otras tres intercambiaron miradas, y luego de frustrarse levemente, tuvieron que acceder. Ellas continuaron caminando, siendo seguidas de la prensa y el grupo de personas. Reimu miró a Sora quedarse confundido.

“Justo iba a llegar, ¿por qué se fueron?” preguntó él.
“P-pues, quizás Blanc no estaba de un buen humor…” su amiga se encogió de hombros, sonriendo nerviosamente. Era claro que ella no quería tener que lidiar con su hermano, menos en momentos tan abiertos y frente al público. Quizás podría temer quedar mal frente a los demás.
“No tienes que decirme nada, puedo adivinarlo,” Sora sentía que no era la única vez que Blanc le ignoraba olímpicamente, sólo siendo abierta cuando estaban en casa. “¿Será que le avergüenzo o algo?”
“Hm… eso se puede arreglar.”
“¿Arreglar?” no lo negó, al menos le fue indirectamente honesta, si es que eso se podía considerar como honestidad.
“Sólo preséntate como un mejor hermano mayor para ella, tal vez estudiando más, trabajando más en la banda. O al menos no llegar a tantos desacuerdos con ella todo el tiempo. Te puedes imaginar que una discusión frente a tanta prensa se vería mal.”
“En eso tienes razón,” esa observación tenía sentido, le hacía sentirse un poco mejor, pero aun así, era verdad que ellos no se llevaban bien.
“Un paso a la vez,” Reimu sonrió. “¿Qué tal si te acompaño a tu casa? Podemos quedarnos estudiando y hacerte un mejor hermano.”
“N-no gracias, hoy ya tenía planes.”
“Planes de tener tiempo libre, sin duda,” le miró fijamente, notando que su amigo no pudo desmentirse. Sonrió restándole importancia. “Está bien, al menos podríamos ver algo de la banda, ahora que ya sabes por qué me excusé no tengo que escaparme.”
“Eso sería mejor,” en verdad no tenía planes, y mientras no tuviera que hacer nada pesado con ese día proclamado libre, no le incomodaba. Siempre daba la bienvenida a presencia de sus amigos, mientras Luso no le arruinara la tarde.

Luego de ponerse de acuerdo, procedieron a continuar con el corto paseo por el mall en lo que el chofer de Sora les daba el alcance. Con un poco de esfuerzo y dedicación, algo podría salir en medio de la tranquila rutina, al menos eso era lo que esperaban.


Cho

Re: Act 1: Overture
« Reply #36: January 15, 2015, 12:27:57 AM »
Este es otro repost aunque agregué como 300 palabras de diálogo por ahí, luego lo contaré debidamente. Ahora voy a esperar a que alguien más postee para no tener tres posts seguidos (...)

10

Por la presencia de personas, artistas, entre otros, en Eastwood, se podía decir que era una de esas ciudades que nunca dormían. Siempre había algo que ver, hacer, presenciar, y con qué ocuparse, hasta para aquellos con gustos refinados o algo distintos a los de los demás. Esa apreciación era adecuada de compararse con otras ciudades más tranquilas, pero la simple verdad era que ninguna ciudad dormía. Algo siempre ocurría, fuera donde fuera, y había personas que, pretendiendo ser parte del ambiente, tenían los ojos abiertos constantemente para registrarlo todo.

A ellos se les llamaban de distintos modos. Testigos, curiosos, chismosos, reporteros, etc. En Eastwood habitaban en gran cantidad, bajo un nombre un tanto más explicatorio: paparazzi.

Cada uno de ellos tendía a tener sus preferencias, alcance, área, y entre ellos mismos había una relación muy interesante. Todos tenían una pasión a la información enorme, y debían mantenerla durante toda su carrera y posterior trabajo para no quedarse atrás y ser derrotados por los demás con quienes convivían y competían. Era muy raro tener un pase libre a detalles o eventos muy exclusivos, y si dicho pase era de algún modo posible de conseguir, también habría competencia. Por ello, era de vital importancia sacarle provecho a cada evento, cada encuentro casual con celebridades, cada mínima e inoportuna ráfaga o mal tiempo que trajera un escándalo. Ellos eran como personas normales, y tenían el mismo alcance, pero con una costosa cámara y necesidad de reportar material todo el tiempo, debían encontrarlo todo y a veces hasta salirse del camino correcto esperando no meterse en problemas mayores. Todos los paparazzi se conocían, sabían detalles interesantes de cada uno, podían trabajar juntos y a veces andaban en lo que parecían manadas. Se llevaban bien, ocasionalmente había un leve recelo por la buena fortuna de alguno, se auxiliaban en ocasiones y en cada evento de importancia se les podía oír hablar para informarse de la situación, pero en el momento de los hechos, terminaban peleándose con empujones y codazos con tal de sacar la mejor foto.

Con todo lo que había en Eastwood, era el lugar ideal para que muchos excelentes fotógrafos se desarrollaran como paparazzi, y si bien la competencia era compleja, la cantidad de información que el mundo demandaba de artistas y los medios disponibles de comunicaciones prometían al menos una paga modesta si se sabía tomar buenas fotos.

Era un tema delicado. Esos dudosos reporteros muchas veces se ganaban mala fama y podían meter a gente importante en problemas, ganándose problemas ellos mismos. Había eventos donde también se prohibían su asistencia o famosos que contrataban guardias como si se echaran litros de repelente, con tal de alejarlos. En caso de haber algún famoso haciendo un gran boom y lanzarse al estrellato como un cohete, su vida diaria se vería envuelta de gente siguiéndole y esperando cualquier momento, cualquier mínima debilidad. Se vería al día siguiente más de tres periódicos populares publicar el insignificante percance en primera plana, cada compañía usando fotos de un paparazzi distinto, en distintos ángulos, distinto balance de blanco, pero el mismo instante. Las masas comían los escándalos, lo disparaban por todo el Internet, eran recordados en la televisión, las noticias, hasta en los descansos de sus clases o trabajos. Ello justificaba el trabajo incansable de aquellos reporteros, les daba impulso y presupuesto para seguir. Pero al mismo tiempo, de no ser por ellos trayendo cada detalle a la luz, ciudades como Eastwood podrían ser no tan despiertas, artistas podrían no llegar a ser tan conocidos, la industria no contaría con ellos ‘comerciales’ y llamadas de atención. Por ello, era también productivo para los famosos tener su lugar en las noticias y dejarse conocer. Lo más importante del caso era saber cómo crecer del chisme antes de ser atacado por ello, y sobrevivir con la fuerza ya ganada y con los fans que daban todo el apoyo. Algo difícil, algo que demandaba fuerza de la persona, y de pasar todos los males ratos.

Y entre los paparazzi presentes en Eastwood, todos conocían mucho sobre una bastante talentosa, quien no se perdía de ningún detalle. Era todavía joven, recién cerca de sus treinta, y con todo el espíritu vivo y aventurero como si cada noticia que llegaba a sus oídos significara una nueva odisea en su horario de trabajo, un horario que nunca acababa. Por ser una persona muy osada y atrevida, además de ágil e ingeniosa, había llegado a ganar una gran cantidad de contactos y recursos, resultando en excelentes ganancias al punto de haber formado un equipo que trabajaba para ella.

“Nosotros los paparazzi somos como aves de presa. Vivimos en el mismo espacio que los demás, pero tenemos unos sentidos que captan más allá de lo notorio para otros, y no tardamos en agarrarlo en el acto. Muchos lo pueden rechazar o tienen quejas que presentar, pero nos considero otro grupo más de la sociedad, y no se debe ver tan negativamente. Nuestro conocimiento e información es muy importante, ¿no les parece?”

Esas fueron las palabras que ella dio en una entrevista, hace ya algún tiempo, luego de que llamara la atención por tanto éxito que había tenido en su carrera. Por esas mismas palabras, la gente comenzó a referirse a ella y al grupo que trabajaba para ella como los ‘cuervos’ de Eastwood, un título que a ella no pareció molestarle en lo absoluto, hasta se rió y se llamó a sí misma Tengu, un detalle que sólo dio más de qué hablar. A fin de cuentas, el problema con ella no era lo que otros tenían que decir sobre ella, mas lo que ella tenía que decir o exponer de otros.

Como era de esperarse, se trataba de un personaje controversial. Tenía la mejor de las actitudes, paciencia, carisma, y siempre una sonrisa y trato cordial y gentil que a veces contrastaba drásticamente con su rol y acciones. También podía prender y apagar una presencia única de un modo que daba miedo, y todos sus blancos nunca sabían cuándo esperarle, a veces sorprendiéndose en salir en las noticias, con fotos infraganti. Sin lugar a duda, el nombre Aya Shameimaru generaba todo tipo de reacciones al sólo enunciarse.

Vivir en Eastwood y tenerlo como su centro principal de operaciones le llenaba de trabajo. Muchas veces tenía que mandar a sus ‘cuervos’ a cubrir historias, al estar ocupada todo el tiempo, pero ella misma se hacía del mayor tiempo posible, y no dejaba la acción. Ella no podía quedarse sentada por mucho, como en ese mismo día, al saber de la apertura del nuevo kiosco de productos de las Hearts, esa banda de chicas que había estado dando mucho de qué hablar, y quienes prometían noticias a futuro. Valía la pena darles seguimiento y una breve visita. Tan sólo esperaba no estar muy tarde…

“Ahí están,” dijo ella, en el copiloto de un pequeño carro, acompañada de tres de sus cuervos, con uno en el volante. Estaban por el amplio estacionamiento a las afueras del mall, y justo se veía al gran grupo de gente y las Hearts salir de dicho centro comercial. No había perdido su oportunidad. Se le vio muy contenta y colgó su cámara en su cuello, para dirigirse al chofer. “Aquí está bien, detente. Me acercaré a pie.”
“¿Está segura?” preguntó su ayudante, parando su marcha. Este era nada menos que Almaz, conduciendo el vehículo al haber sido dado ese trabajo. El joven todavía seguía siendo el más nuevo en la ‘parvada’ de paparazzi y no estaba muy cómodo con todas las acciones y planes de su jefa. “Puedo acercarles un poco más.”
“Es mejor no llamar atención al carro o lo asociarán conmigo,” Aya sonrió con energías, y le guiñó un ojo. De ahí, pasó a mirar a los otros dos cuervos por el espejo retrovisor. “Ya saben el plan. Mientras yo salga corriendo y llamando la atención de todos, ustedes van a salir y rodear el área, así no les verán llegar. Cuando les note presentes llevaremos nuestro excelente plan en marcha, ¿entendido?”
“Entendido, jefa,” contestó uno de los dos. Ambos estaban en plena acción de ponerse pasamontañas y agarrar lo que parecían ser ventiladores portátiles y recargables.
“Bien,” Aya asintió y agarró el hombro del piloto, haciéndole sobresaltarse un poco. “Y tú vete acercando muy lentamente al lugar de los hechos y espéranos a la altura de ese Range Rover celeste. Mantén el carro prendido y listo para partir.”
“Ehhh…” Almaz tuvo un muy mal presentimiento por las indicaciones. Ni sabía qué iban a hacer los otros tres en el carro.
“Volveremos con excelente información. Ponte en marcha ni bien todos salgamos.”

Con esas palabras, Aya abrió su puerta y salió apurada, acercándose a esa entrada del mall pasando entre los carros estacionados, para no llamar la atención. Mientras se acercaba, aprovechaba el tiempo ajustando la configuración de su cámara y preparando los detalles para empezar a tomar fotos, en caso de estar con prisa. Ya lista y con todo ordenado, sólo quedaba llegar a ese grupo que felizmente se había vuelto a estancar, para saludar a más de sus fans presentes.

“Uhh…” y Vert notó a esa escandalosa pelinegra cuando ya estaba a pocos metros de distancia. “Chicas, no quiero arruinar la fiesta, pero lo mejor es irnos cuanto antes.”
“Pero ya salimos del mall por presión de Blanc, al menos quiero saludar a la gente que nos ha seguido,” se quejó Neptune, un poco desanimada.
“No, Vert tiene razón, miren,” Noire notó a la paparazzi por la mención de la rubia. “Es la Tengu, lo mejor es no darle motivos para arruinarnos el día.”
“Ya hay paparazzi presente, esa Tengu no puede ser tan terrible,” Blanc había oído de ella, también visto anteriormente, pero todavía no entendía por qué todos hacían tanto lío al hablar de ella. “Estamos rodeados de guardias, no nos molestará.”
“¡Buenas tardes! ¡Un gusto verlas por aquí!” les saludó Aya, ya habiendo tomado una gran cantidad de fotos conforme se acercaba. Su disparador no conocía el descanso. La reportera se detuvo a distancia, tomando parte de los paparazzis que eran detenidos por los guardaespaldas. “¿Qué tienen que comentar de su día? ¿Algo interesante, único?”
“Sólo sigan caminando, chicas,” aconsejó Vert a sus compañeras, pacientemente. Las cuatro siguieron caminando, rodeadas de guardaespaldas que cumplían con su trabajo.
“No sean tímidas, chicas, son simples preguntas,” dijo Aya, intentando acercarse, con el leve empuje del guardia frente a ella haciéndole mantener distancia, algo que no afectó su buen humor o metas. “¿Cuáles son sus futuros planes con su negocio? ¿Cómo piensan desarrollarse?” con esa pregunta, volvió a acercarse, y volvió a ser levemente empujada. Iba a insistir, era evidente.
“Ya contestamos preguntas, llegaste tarde,” dijo Neptune, con una sonrisa, pero empezando a desconfiar de ella. Los rumores de la Tengu regresaban a su cabeza poco a poco, al verla presente.
“Sólo pido una pequeña y humilde consideración, como una fan de ustedes,” Aya sonrió educadamente, con sus intocables ánimos. Una mínima respuesta como esa siempre le inspiraba más a seguir. “Les viene muy bien compartir más conmigo, escribo excelentes artículos y puedo incrementar su fama mucho más. ¿Qué tal si les ayudo a promocionar sus productos preferidos?”
“No necesitamos ayuda, y estamos muy ocupadas, que tenga buen día,” rechazó Noire, con un porte fuerte y seguro, y un tono limpio.
“Yo también tengo cosas que hacer, pero haría espacio para chicas tan lindas,” sonrió, y de nuevo se acercó mucho, siendo nuevamente empujada hacia atrás. Alistó su cámara. “Déjenme tomarles una foto. Reconozco a los diseñadores de sus ropas.”
“Aléjate, sólo estás siendo una molestia,” reclamó Blanc, empezando a perder la paciencia con ella. “Ya terminamos aquí. No intentes ser tan familiar con nosotras como si te fuera a funcionar, no te oyes nada profesional.”
“Uhh, la pequeña y callada Blanc con sus honestas declaraciones, como se le conoce,” Aya se le vio por un corto instante apenada, regresando a sonreír, esta vez con inocencia.

Algo que los demás no notaron fue que los secuaces de Aya ya estaban muy cerca del grupo, y ocultos en medio de unos arbustos. Con ello, la Tengu sabía que el momento de actuar acababa de llegar.

“Como profesional, a la gente le gusta también entrevistas más familiares, da un sentimiento de estar más cercanos a sus ídolos. Una foto no dolería,” Aya intentó nuevamente acercarse, de nuevo siendo empujada con suavidad, pero al recibir el empuje, dio un giro rápido y hábil con su cuerpo, pasando al costado del guardia muy rápidamente, luego de haber estudiado cómo se movía. Atravesó su guardia y ello le llevó mucho más cerca de las Hearts de lo que ellas hubieran querido, sorprendiéndolas.
“Ahh…” Vert dio un suspiro, y se mostró algo severa. “Déjanos en paz.”
“¡Sí, acosadora!” exclamó Neptune, reclamándole.
“¡Pero qué lindas se ven de cerca!” comentó Aya, sonriendo brillantemente y esquivando al guardia, el cual no podía meterse mucho con ella porque los otros paparazzi también se avivaron e intentaban infiltrarse. “Unas fotos no lastiman a nadie.”
“¡Te dijimos que no!” respondió Noire con fuerza. Oír al disparador moverse repetidamente les dejó saber que ella les ignoraba, y estaba en pleno trabajo. Ello llenó de cólera a la más pequeña del grupo.
“¡Maldita arpía!” Blanc no se aguantó y la empujó, haciendo que Aya se cayera al piso boca arriba, todo con tal de proteger su cámara. La baterista del grupo miró a sus demás compañeras. “Vámonos, nuestros guardias nos han fallado, y ya me he hastiado.”
“Y este era un día tan agradable…” Noire apoyó un brazo en su cadera, con el otro moviendo una de sus colas laterales. “Qué desilusión.”
“Vamos a comer algo dulce y se nos irá el amargo,” sugirió Neptune.
“Sí, de una vez,” Vert asintió, y ella entonces recordó a esa repentinamente olvidada reportera, que yacía en el piso. La miró, y en ese momento, esa paparazzi envió una seña hacia uno de los arbustos cercanos…

El par de ‘cuervos’ usando pasamontañas saltaron y emplearon los ventiladores a máxima potencia. El fuerte viento impactó a las cuatro Hearts, cayendo en el plan de Aya. Las cuatro divas se encontraban descubiertas por las ráfagas, mientras que Aya yacía todavía en el piso, con su cámara apuntada hacia arriba…

“Shi-ma-pan~” canturreó la Tengu, con una sonrisa victoriosa en su rostro. Ella tomaba múltiples shots de las ropas interiores de las Hearts menores.
“¡AAAHHHHH!” gritaron Neptune, Noire y Blanc, rojas de vergüenza. Jalaron sus faldas y cerraron sus piernas. La extremadamente larga falda de Vert le había protegido de aquel cruel destino, quien de nuevo dio un suspiro de severa frustración. Le había dicho a sus compañeras que no le hicieran caso, de lo contrario quizás hubiera tenido la decencia de no sobrepasar sus límites. Las tres afectadas intentaron pisotear a la reportera, quien con un rápido giro pisó el piso y se levantó como resorte.
“¡Excelente elección de ropa interior!” Aya levantó un pulgar, tomando unas fotos más de sus reacciones. “No pienso hacerles quedar en ridículo esta vez, descuiden, pero el mundo debe saber que siguen la moda, y los shimapan le harán ganarse más fans masculinos, e inspirar a chicas a usarlos también. Deberían estar muy orgullosas. Son recientemente famosas, jóvenes y hermosas, pero todavía usan ropa interior. ¡Qué inspirador!”
“¡Desgraciada!” gritó Noire, comprimiendo sus puños a sus costados.
“Te… te odiaré por siempre…” Neptune hundió sus ojos llorosos en sombras, temblando de pies a cabeza, tanto de ira como de tortura interna y vergüenza.
“¡Te voy a despedazar!” Blanc no se contuvo y corrió hacia ella para atacarle. Aya aprovechó para tomar fotos consecutivas y registrar las expresiones de aquella volátil Heart junto con sus movimientos, para luego hacerse a un lado en el último segundo. Le vio girarse para volver a agarrarle, por lo cual Aya sacó un flash de su confiable canguro, y con ponerlo en su cámara, tomó una foto que cegó a su atacante, dándole la oportunidad para escapar entre todo el caos de los demás paparazzi causado por su descubrimiento.

La Tengu se perdió y se retiró con una simple y limpia sonrisa, corriendo para alejarse de la escandalizada multitud junto con sus dos ayudantes. En ese mismo instante, Vert se la pasó recordando a Noire de mantener su porte, consolando a una Neptune al borde de las lágrimas, y tranquilizando a una Blanc que bien podría desquitarse con el guardia responsable. Lidiaban con Aya, y luego de eso y también por la súbita fama del grupo era muy probable que la volvieran a ver muchas veces, así que tenían que estar lista para ella, y no darle vista a ninguna debilidad, tampoco el privilegio de verse vulnerables, molestas o con cualquier expresión negativa frente a ella. La reportera encontraría su modo de ser impecable, y era probable que ni pudieran ganar un caso de una orden de restricción. Y aun en el remoto caso de tenerla, siempre habría algo para la Tengu que explotar.

El amargo tendría que pasarse con más que dulces, aparte de que esa experiencia ya se había convertido en una lección de vida.

“¡Regrese!” se anunció Aya, entrando al copiloto de su vehículo junto con los otros dos. Por un ligero incremento en su entusiasmo, Almaz supo que ella fue victoriosa en conseguir algo que le satisfaga.
“¿Todo salió bien?”
“Sí,” ella asintió en el momento en que se ponía el cinturón, y sus ojos brillaron de seguridad y fortaleza. “Las tres Hearts menores usan Shimapan. Es nuestra historia.”
“Ehh…” el conductor se confundió. “J-jefa, temo preguntar lo que ha ocurrido…”
“No te preocupes, todo está muy bien. Haremos primera plana mañana, ya verás. Luego invitaré a todos a almorzar. ¡En marcha!”

El grupo partió, con el vehículo pasando desapercibido y las Hearts demasiado distraídas en retirarse en medio de paparazzi entorpeciéndoles el camino y fans que todavía demandaban autógrafos. La Tengu no sería la única paparazzi cubriendo el caos, con muchos con trabajo de antes y después de su intervención, pero sí se ganaría la atención principal como siempre lo hacía.

Las Hearts tendrían que lidiar con más visitas futuras, y no sólo ellas, sino todos con algún tipo de presencia o logro, tenían el lente de la farándula encima, listo para grabar cada detalle de interés.

Eastwood siguió con sus actividades y escándalos, gozando de su constante fama.


Miyu

Re: Act 1: Overture
« Reply #37: June 28, 2015, 12:23:55 AM »
Edito porque esta historia no la continúo. Inicio de cero.


Sorry but you are not allowed to view spoiler contents.
« Last Edit: February 28, 2017, 04:27:07 AM by Miyu »


Cho

Re: Act 1: Overture
« Reply #38: June 30, 2015, 03:53:33 PM »
Bienvenida al fic, Miyu, espero que te diviertas~ Y aprovecho a que posteaste para dejar mi siguiente fic.

11

Era la tarde después de clases y Yomi se encontraba en su habitación, terminando una tarea. Ella se había escapado de encontrarse con sus amigas ya que necesitaba un poco de tiempo a solas y sin tener que soportarlas hablar de la banda. Luego de que no hayan podido reservar cupo para un cuarto de práctica, Tomo había decidido que se quedarían toda la tarde hablando sobre canciones o el tan controversial nombre de la banda, pero Yomi decidió desaparecer lo antes posible ya que sólo iban a perder el tiempo.

Había tenido alrededor de dos horas tranquilas para terminar con sus tareas para el día siguiente y le alcanzaba el tiempo para estudiar y luego relajarse con un baño, mirar televisión e irse a dormir. Por tantos intentos de prácticas de su banda en formación ya casi olvidaba qué era tener tiempo para sí misma. Pese a las delusiones de Tomo de ser una futura estrella, Yomi sabía que debía seguir estudiando, y por más que le gustara pasar el tiempo con sus amigas no podía distraerse demasiado. Bueno, todavía tenía el resto del día para sí misma así que con eso tendría las baterías recargadas para lidiar con sus ocurrencias al día siguiente.

Terminó con el último ejercicio y cerró su cuaderno. Alistó sus útiles para el día siguiente y sacó su pesado libro de historia, al cual daría una leída para practicar más tarde. Ni bien se encontró sin nada más que hacer, Yomi no pudo evitar sentir que su habitación estaba muy callada. Sus padres aún no regresaban y se encontraba completamente sola. El silencio le hizo quedarse quieta y meditabunda. Casi extrañaba a sus amigas. No tenía nada urgente que atender, así que pensó en recostarse en su cama por un rato, cuando en eso, entre todo el silencio de su hogar, oyó un extraño sonido venir de la cocina.

Fue como si un intruso estuviera en su casa y hubiera movido algo en su camino. Yomi sintió nervios y antes de hacer nada más, agarró su celular. Ella se acercó a su puerta cerrada para escuchar, pero no pudo percibir nada más. Al abrir, oyó lo que parecían ser diminutas explosiones, y caminó con cautela por el pasillo. Se detuvo al costado de la puerta de la cocina cuando pudo identificar la clase de sonido que era. ¿Alguien estaba utilizando su microondas?

El beep del final de la cocción le sobresaltó y pudo oír a alguien abrir el aparato. Yomi miró con terror a la pantalla de su celular y pensó en marcar a un número de emergencia, pero justo entonces oyó a una voz alegre exclamar, la cual anuló toda su alarma…

“¡El pop corn está listo!” exclamó Osaka, feliz de la vida.
“¡Osaka!” Yomi entró y gritó a su amiga, quien agarraba la bolsa de las palomitas recién hecha. “¡¿Qué haces aquí?!”
“¡AAHHHH!” la intrusa se asustó y soltó su snack. Al reconocer a Yomi, la pequeña dio un profundo respiro y recogió las palomitas. “Aw, no deberías asustar a la gente así, Yomi-chan…”
“¡Tú eres quien no debería asustarme! ¡¿Qué haces infiltrándote en mi casa?!”
“Fue idea de Tomo-chan,” Osaka sonrió como si todo estuviera bien en el mundo. “Ella me dijo que teníamos que venir a salvarte de tu soledad. Creo que fue a buscarte en tu propia habitación.”
“¿Qué?” Yomi se sorprendió, y luego dio un suspiro lleno de frustración. Tener a Osaka ahí era nuevo, pero Tomo sí era una infiltradora común en esa casa. “Tomo no debería andar enseñándote malas costumbres…”

Yomi decidió ir de regreso a su habitación para buscar a la orquestadora de la invasión. Abrió a puerta de su cuarto, y si bien no encontró a su amiga a primera vista, no tardó en notar a un molestoso bulto debajo de las mantas de su cama.

“¡Oye, Tomo!” se enfadó al ver a su amiga pretender dormir en su propia cama. Yomi agarró sus mantas y las comenzó a jalar, notando resistencia de la otra. “¡Sal de ahí! ¡¿Qué haces enseñando a Osaka a entrar a mi casa por las ventanas?!”
“¡Déjame, tu cama es cómoda!” reclamó Tomo debajo de las mantas. “¡Tengo sueño!”
“¡Entonces ve a tu propia casa!”
“¡Mi mamá está limpiando hoy! ¡Si voy para allá me hará ayudarle!”
“¡Pues no es una mala idea que ayudes a tu madre! ¡Vete!”
“¡No!” Tomo siguió jalando con fuerza. Ella intentó quedarse debajo de las mantas, pero desistió al oír el timbre sonar. “¿Eh?”
“¿Alguien está en la puerta?” Yomi se extrañó. No esperaba a nadie.
“Tal vez sea eso…” Tomo ladeó su cabeza.
“¿Qué cosa?”
“Ve a atender la puerta,” Tomo sonrió.
“…” Yomi dio un suspiro más profundo, y agarró a su amiga de improviso al jalarle fuera de su cama. “¡Ya, pero tú sal de ahí!”
“¡Ya, ya, tranquila!”

Yomi fue camino a la puerta principal, notando que Osaka estaba sirviendo el pop corn en uno de sus bowls. Abrió la puerta de su casa y vio a un repartidor de pizza.

“Buenas tardes, traigo su pedido,” reportó el repartidor, de inmediato desempacando la orden que traía.
“¿Ehh?” Yomi se desconcertó. “¿P-perdón?”
“Son dos pizzas familiares, una Hawaiana y otra Meat Lovers’, una porción de palitos de queso y una Pepsi de tres litros,” él le extendió un recibo. “Este es el total.”
“¡¿Q-qué?! ¡P-pero yo no-!”
“Finalmente…” Mai apareció como un espectro a su costado y pagó la cantidad exacta del recibo, centavos y todo. Ella recibió la orden y miró a la dueña de casa inexpresivamente. “Pagué, y a ti te toca darle propina. Piensa en el pobre que ha venido hasta acá por nuestra comida.”
“Ehh… ¿eh?” Yomi vio a su amiga retirarse caminando hacia la cocina y luego miró al joven que esperaba impacientemente su tip. Ella rebuscó en sus bolsillos y encontró una cantidad decente de propina que darle, aunque sus monedas para el pasaje de bus habían disminuido considerablemente gracias a ello.

El muchacho se retiró en su motocicleta, y Yomi sacudió su cabeza. Ella cerró la entrada de su casa y corrió hacia la cocina para demandar una buena explicación. Ahí encontró a Mai agarrando las cajas de pizzas, Osaka cargando el bowl de palomitas y Tomo abrazando su almohada y hasta usando sus pantuflas. La inmutabilidad de Mai y sonrisas vacías de las otras dos le hicieron sentir muchos nervios.

“¿Q-qué hacen aquí?” Yomi les miró con una ligera aprehensión, desconociéndolas.
“¡Estamos aquí para salvarte de tu soledad!” exclamó Tomo, sonriendo como una improvisada heroína. “¡Te desapareciste de la nada, así que antes que tu lado emo y solitario te haga huir de tu verdadera felicidad y amistad con nosotras, venimos para hacerte compañía!”
“No olvides que las cuatro somos un equipo desde que comenzamos con nuestro proyecto de la banda,” Osaka sonrió. “Por eso tenemos que siempre estar juntas y reunir muchas experiencias todo el tiempo. Así que como parte del grupo no podemos dejarte ir.”
“One of us… one of us…” canturreó Mai, monótonamente.
“C-chicas…” Yomi comprimió sus puños, molesta. “No puedo quedarme todo el tiempo jugando con ustedes. Tengo tarea que hacer y ustedes también, ¿recuerdan?”
“Sí, pero eres tan abusiva estudiando que no te toma mucho tiempo. Te apuesto a que ya terminaste,” Tomo sonrió restándole importancia, y pudo ver cómo Yomi no podía refutar su declaración. “Y no estamos haciendo ninguna tarea importante últimamente. No pierdo nada copiándote mañana durante el descanso, ¡hahahaha-AHHH!” recibió un zape justiciero de su amiga.
“Osaka y yo no seremos copiadoras orgullosas como Tomo, pero nosotras también consideramos en relajarnos,” observó Mai. “Ahora que las cuatro somos una banda en formación es necesario pasar mucho tiempo juntas para familiarizarnos, conocernos mejor, y pilotear EVAs en perfecta sincronía en cuanto sea necesario.”
“Además Tomo-chan nos mencionó que tu casa es muy espaciosa, tiene muchos snacks y tus padres casi nunca están aquí. Es el sitio perfecto,” Osaka asintió. “Por eso vamos a rentar películas y las veremos con la pizza, palomitas y gaseosa.”
“…” Yomi negó repetidamente. Debió haberlo imaginado, no podía huir de ellas. “¿Y cómo vamos a rentar películas? El último Blockbuster que recuerdo quebró hace como siete años.”
“Aw, es un decir, señorita anticuada,” Tomo sonrió burlonamente. “Tienes DirectTV, así que miraremos unas cuantas PayPerView. ¿Ya averiguaste la contraseña de tus padres para ver cosas de adultos?”
“¡No, y aun si la tuviera no te la daría! ¡Me meterías en problemas!” reclamó la dueña de casa. Felizmente sus padres estaban bien con que gastara en algunas películas.
“¡DirectTV, genial~!” Osaka se emocionó. “Y mientras esperamos a que comience la primera película podemos continuar con nuestro debate del nombre, ¿qué les parece?”
“No es el momento, Osaka,” Mai negó, solemne. “Frente a un televisor, Tomo puede volverse a venir con nombres poco originales o de palabras ya empleadas en los medios. Dañará su posible originalidad.”
“Oye, soy muy original. Ninguna de ustedes está haciendo un esfuerzo,” Tomo se amargó. “Pero ya vamos a la sala, nos alcanza para ver unas tres películas.”
“No, sólo dos, y eso si son cortas,” sentenció Yomi. Ya no le quedaba de otra que dejarles quedarse un rato. Bueno, sí pudo lograr completar con su tarea, así que no le venía mal estar acompañada de sus compañeras. Al menos habían comprado un par de sus pizzas favoritas.

Las cuatro amigas se acomodaron en la sala y luego de servirse la comida, bebida y snacks, prendieron el televisor para buscar alguna película reciente que les interesara. Con ese plan y la compañía, la tarde se pasaría muy rápido para todas.


Nite

Re: Act 1: Overture
« Reply #39: February 29, 2016, 04:53:41 PM »
Mi propósito para con ustedes este año es regresar del olvido 8´)
Me da una pena dejar esto super rushed y de paso me acabo de dar cuenta que no es uno de los fics principales así que mi lista ya fue, tocará smashdown.

Anyway, edito en la noche con iconos que no tengo al menos dejé mi starter~

***

¿Nervios? ¿Por qué iba a estar nerviosa?  Era solo una entrevista de trabajo. Había pasado por un montón de estas (3 en realidad, y una fue una simulación para una clase del instituto…). No, no, no. Estaba bien vestida, arreglada, y con unos tacones modestos en los que podría correr si era necesario. Lo que le incomodaba a la rubia era el lugar de la entrevista.
Shiemi releyó la dirección que indicaba la arrugada tarjeta de presentación. Alzó la mirada y las calles coincidían con lo indicado; incluso su ubicación en MAPS acertaba, ese debía de ser el lugar… tampoco se trataba que desconfiara de quien la recomendó…. Pero de todas formas le daba mala espina el lugar. No le parecía el indicado para una agencia: “Ni siquiera hay parqueadero”

Aunque eso tampoco era lo importante: El lugar estaba casi desolado… y en parte le desmotivaba que la oficina estuviese en un tercer piso. -¿Quién pone una agencia de modelos en un tercer piso?- que el ascensor se estuviese reparando tampoco le dio buena espina. Estiró su falda antes de entrar y tomó aire, tocando la puerta una, dos y tres veces… nada. Buscó una cámara arriba de la puerta de madera, un timbre, pero solo encontró polvo y telaraña. Tocó una vez más cuando su puño empujó la puerta. Anunciándose con su suave voz antes de entrar, no obtuvo respuesta, y no la tendría; pues al asomarse dentro de la oficina no había nadie. Ni un rastro de polvo, como si la hubiesen vaciado esa misma mañana.

Shiemi entró en pánico, no del miedo; sino por la desilusión. Se había esperanzado tanto con este trabajo que al encontrarse con nada le resultó un golpe bastante bajo. Encendió su celular, entre agobiada y molesta haciendo una llamada, que apenas notó cuando le dieron un empujón para que terminase de entrar en el desolado cuarto.
“sí, sí querido. Te llamo luego” su risa era escandalosa y la manera en la que la había empujado bastante grosera “Tú debes ser la señorita Senjouhara ¿cierto?... la pubertad de cambió” tosco hasta para su manera de expresarse Izaya le hizo una seña, como si no se tratara de una completa extraña “¡ven para acá!” le insistió altanero, a pesar de estar a casi cinco pasos de distancia.
La rubia obligada se acercó, intentó explicarse, pero el mayor la mandó a callar como si se tratara de un balbuceo: “Como veras, esto está bastante desolado. Ha sido tierra de nadie por lo menos un año… si no es más. Pero lo hice limpiar esta mañana especialmente para ti.” El pelinegro sonrió como si le estuviese haciendo alguna clase de favor “Tu papá me dijo que eres alérgica al polvo o algo parecido, y bueno, no quiero a nadie inflado rondando por la oficina y que mucho menos me anden reclamando por bienestar laboral”
“-pero-”
“¿Qué? ¿Ahora vas a decirme que la luz te hace daño y hay que poner película en las ventanas?”
“no soy Hitagi Senjouhara”
Por primera vez, de los cinco minutos que llevaban compartiendo oxígeno en la misma habitación, Izaya Orihara se regresó a verla. Incluso se retiró los lentes oscuros. Tenía razón. No era Hitagi.
“Conocí a Hitagi en la Universidad.  Ella era un par de semestres mayor a mí… me recomendó para el trabajo…” Shiemi escarbó en su cartera y extrajo un pequeño tarjetero, elegante de metal, del cual sacó una tarjeta de presentación colorida y con relieves. Izaya la miró sin fascinación alguna: a ella y a la tarjeta. La leyó y regresó a verla. Frunció la boca, eso sí que era una mala señal. “típico” suspiró pesado girando los ojos “… bueno… ya que TÚ, señorita Moriyama, vas a encargarte del negocio familiar sin ser la familia…” se aclaró la garganta y continuó con su actitud apática de hace segundos atrás “tu primer trabajo es amueblar este lugar” Izaya le hizo entrega de una tarjeta dorada y un sobre que contenía la carta de poder “No podemos dirigir una agencia de modelos sin modelos. Y no podemos tener a los modelos de pie porque se cansan… así que apenas habilites esto… empezamos con el reclutamiento”
“¿reclutamiento? ¿Eso significa que… no hay nada?”

Izaya se sonrió de oreja a oreja, aquello le divirtió demasiado “Bienvenida a la Mosspaca, buena suerte construyéndolo”


Sayi

Re: Act 1: Overture
« Reply #40: February 29, 2016, 04:56:50 PM »


YES YEEEEESSSSSS TENEMOS QUE REVIVIR ESTOOO

Y @Nite no te preocupes. Para Probaciones y Reto Anual estas a-ok con postear aquí xD

luego edito con algo útil o borro este post pero la emoción pudo mas sorry not sorry

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Oh, dream maker, you heart breaker
Wherever you're goin', I'm goin' your way


Nite

Re: Act 1: Overture
« Reply #41: July 30, 2016, 04:01:06 PM »
No era exactamente el trabajo que había tenido en mente, pero después de la segunda semana ya se había resignado. Especialmente porque Hitagi Senjouhara no respondía ninguno de sus mensajes.  "Típico" pensó por encima vez "regalale el trabajo que no quieres a alguien que apenas conoces..." Y lo peor de todo (lo que más le preocupaba) es que se trataba del negocio familiar... ¿Qué rayos había estado pensando Hitagi? Y qué rayos había estado pensando ella al aceptar.

Por otro lado si se enfocaba en lo positivo (y tenía que hacerlo)  la paga no era mala y estaba ganando experiencia en... lo que sea que estuviese haciendo.
"¿auxuliar?" Frunció el cejo y miro a Izaya quien parecía molesto consigo mismo por haber vestido varias tonalidades de negro en un día caluroso. "¿auxiliar de qué?"
"Sólo auxiliar" le sonrió ajustándose los lentes de sol  "tómalo como una carta blanca para hacer lo que quieras"
Shiemi sentía agradecida que Izay a se hubiese tomado la molestia de hacerle tarjetería personal para ella. Le daba gusto ver su nombre impreso en tan linda caligrafía; a pesar de tener un cargo inventado.

"... ¿si?"
"... ¿a que hora vas a venir?"
"¿disculpa?"   
"Bueno son más de las 10 y-"
"¿tienes idea la hora que es Moriyama?"
"Sí, más de las 10"
Tras una extenuante e inutil caza tras hitagi Senjouhara, Shiemi había logrado acomodar la oficina en la que ella e Izaya se habían conocido ya hacía dos semanas. El lugar seguía bastante vacío, pero al menos estaba limpio y una mano de pintura le cambiaba la cara a cualquier lugar.
"Me refiero a que he estado haciendo todo yo sola... Sin supervisión"
"..."
"..."
"Voy a pretender que no escuché eso"
"Ok"
"Y bueno, que quieres que haga yo"
"... No se supone que somos una agencia de modelos? Deberíamos de-"
"Es por eso mi querida Shiemi, que tu trabajo es tan importante, no podemos tener una agencia de modelaje en un lugar tan feo ¿no?"
"Pero... ¿y los modelos?"
"Te ocuparás de eso después. No podemos tener a un montón de chicos bonitos parados y haciendo fila como cualquier mercado. Ahora que está limpio el lugar, hay que adecuarlo. Así que compra todo lo que necesites: muebles, cortinas, a/c, una cafetera, un playstatiob. Todo. Te voy a compartir mis tableros de pinterest ¿si? Tengo un montón de buenas ideas sobre cómo debe de quedar la oficina" Izaya Orihara sonaba como colegial emocionado a través del teléfono.
"... ¿xon mi dinero?" Preguntó temerosa.
"Pfft no no!" Casi sintió vergüenza por la forma efusiva en la que su jefe se habia reído ante el comentario "por favor, ni siquiera te alcanzaría para el par de poetavasos que quiero. Te deje un sobre en el viejo gabinete que está atrás. Aún no lo has notado no? Hay cosas muy importantes ahí" Shiemi le colgó al instante, pegando la carrera por las escaleras hasta llegar a la calle, rogando que nadie se hubiese llevado el gran archivador oxidado que no había podido abrir en la semana.
"Ahí encontrarás una tarjeta dorada. Ilimitada. Es de la empresa. Pero puedes comprarte algo lindo, de seguro tus manos necesitan manicura" Izaya siguió hablando como si nada, a pesar de que la rubia le hubiese cortado. No le gustaba que le dejaran con la palabra en la boca. La próxima vez le cortaría el tren con la excusa de que estaba haciendo Home Office.




Apple

Re: Act 1: Overture
« Reply #42: October 30, 2016, 04:10:23 PM »
Fic de proporciones bibilicas que escribí hace unos meses (tenía muchas ganas de participar en este fic). Edito con topes mas tarde.

Chapter 1

Encendió un cigarrillo a pesar de que un empleado le había dicho que no se podía fumar dentro del salón de conferencias. A su lado Sakuya también fumaba tranquilamente. Estaban a punto de comenzar la conferencia de prensa donde anunciarían su *última* gira como DeVilS. 

Aunque lo habían conversado hacia ya mas de 6 meses y el ya lo había aceptado, se sentía un poco dolido y triste.  Todo iba bien en la banda, no había rivalidades ni choques de ego entre los miembros. Tampoco habían perdido la popularidad, las ventas iban bien, seguían siendo una banda bien establecida y su fanbase era enorme. 
Pero, según Sakuya, su ciclo había terminado. Tenia 36 años y el estilo de vida rock and roll lo había cansado. Pronto no podría seguir el ritmo de los más jóvenes, no podría hacer giras mundiales que duraran dos años y mucho menos hacer conciertos que duraran hasta la madrugada dejando a los fans afónicos. El seguiría en el negocio de la música, como una leyenda viviente que se daría el lujo de sacar música cuando y como le diera la gana, sin presiones; produciendo, componiendo y escribiendo para sí mismo y para otros artistas de Neko Entertainment.  Pero definitivamente ya no podría seguir en la banda. 

Para Tasuku "Tatsu" Kurosaki esto era una pila de porquería. Bullshit. Sakuya estaba en buena forma (¿Cómo? Solo dios lo sabría, pues entre tanto tabaco, mujeres, drogas y alcohol tendría que verse como un anciano) y todavía tenia interés en la música. Pero su partida de DeVilS era el fin de la banda. La banda se había formado hacia 18 años y de los integrantes originales Sakuya era el único que quedaba. Fue el fundador de la banda junto a Toshi, el guitarrista principal. 

Cuando Sakuya anunció su salida ni el, ni Gin Fujiwara (el CEO de Neko Entertainment) oficializaron el fin de la banda. Les dieron a entender que podían seguir siendo DeVilS. Pero todos sabían que sin Sakuya ya no serían DeVilS. 

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La conferencia inició poco después de que Gin Fujiwara llegó. Le gustaba llegar tarde a todos lados para hacerse el importante. Al entrar y tomar asiento junto a Sakuya, todos en la sala empezaron a murmurar y los flashes de las cámaras empezaron a brillar.  Si el CEO de Neko Entertainment estaba presente, significaba que la conferencia iría acompañada de un anuncio importante. 

Como era costumbre, Sakuya y Loki comenzaron con una broma para romper la tensión y darle ambiente a la conferencia. Momotarou “Taro” en el extremo izquierdo de la mesa estaba risueño y Gin en el extremo derecho de la mesa sonreía satisfecho. Solo Tasuku estaba serio. Siempre lo había sido, y eso le había dado la reputación de ser el huraño de la banda.  Esa era la dinámica de siempre. 

La conferencia transcurrió normalmente; la banda dio detalles sobre su nuevo disco, sobre la gira y donde estarían tocando. Respondieron cada uno las preguntas que les hacían los reporteros sobre sus hobbies, gustos, marcas favoritas y anécdotas personales. Cuando la conferencia estaba llegando a su fin Gin tomó la palabra y les anunció a todos que Sakuya dejaba la banda pero que nada cambiaria, la banda seguiría como tal y después de la gira anunciarían que sucedería. El guitarrista Tatsu tomaría el liderazgo de la banda al iniciar la gira.  Los reporteros que hasta entonces habían estado en silencio, iniciaron a hacer preguntas y los flashes de las cámaras se dispararon una vez mas. 

Tasuku vio a su alrededor. Taro pareció muy triste de pronto. Loki esbozó una de sus sonrisas misteriosas y Gin pareció imitarlo, aunque también parecía preocupado. DeVilS era la banda de visual kei más importante de Neko Entertainment. Sakuya levanto la mano y todos se callaron.  Se puso de pie y agradeció a todos por la asistencia, además de dar una breve explicación del porque de su salida de la banda (la misma porquería que les había dicho a todos) y de nuevo agradeció a todos los fans por su apoyo los últimos 18 años. Pronto los periodistas comenzaron otra ronda de preguntas agresivas pero la banda y Gin dieron por terminada la conferencia y se retiraron.

Camino al camerino Gin se despidió efusivamente y los dejo continuar su penosa al camerino marcha solos. Ninguno dijo nada, hasta que llegaron a la gran sala que la banda usaba como camerino.

-Bien... llegó el fin- dijo Loki con un tono trágico imitando a los mejores actores que han interpretado obras de Shakespeare. Tenia 24 años y antes de unirse a DeVilS había estudiado arte dramático en la universidad. Aparentemente había interpretado a Hamlet por 4 años seguidos.

-Al único que le llegó el fin es a mi- Sakuya trató de confortar a sus compañeros de banda -aprovéchenla mientras son jóvenes...- aconsejó en un tono cansado mientras se quitaba la chaqueta. Tasuku notó que su vestimenta, que consistía en un traje de color negro con una camisa mas negra aún, era bastante discreta comparada a lo que usaba cuando la banda inició. Vaya que los tiempos pasaban y todo el glam del visual kei se desvanecía.

-Eh... creo que voy por algo de comer- dijo Momotarou "Taro" Mikoshiba antes de salir de la habitación. Apenas era un crio y Tasuku se imaginó lo que sentía: apenas había tocado la gloria de la fama y ya todo parecía que se estaba desvaneciendo. Era natural que estuviera efusivo.

-Y yo me voy a duchar- anunció Loki antes de retirarse a las duchas.

Tasuku y Sakuya se quedaron solos. Tasuku encendió un Marlboro y le ofreció la cajetilla y Sakuya, quien con un gesto educado la rechazó para sacar su propia cajetilla de Parliament.

-Lo siento- la disculpa de Sakuya parecía honesta de verdad.

- ¿Por qué? -

-Sé que tu querías salir de la banda desde hace ya un año-

-Sí, pero no creo que sea una opción por ahora. No puedo abandonarlos-

-Que generoso-

Tasuku dio una calada profunda a su cigarrillo -No solo eso... ya sabes me gusta el visual kei y todo, pero ya no es lo mío. Quisiera componer y tocar cosas más autenticas para mí. Salidas directo del alma-

- ¿Como Bob Dylan? - bromeó Sakuya.

Ambos hombres se vieron directo a los ojos y sonrieron con complicidad.

-Si, como Bob Dylan-

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Cuando Ginzou Fujiwara entró a su limosina su asistente personal Mail “Matt” Jeevas y la coordinadora de producción Miwako Sakurada ya estaba esperándolo. Ambos eran su mano derecha dentro de la compañía y le ayudaban un poco a no perder la cabeza entre tantas reuniones, conferencias de prensa, audiciones, firmas de contratos y las otras responsabilidades normales del CEO de una empresa de entretenimiento.

- ¿Qué sigue? – Gin preguntó a Matt mientras encendía la televisión de la limosina.

-En estos momentos se está llevando a cabo la conferencia de prensa de "I gave you my first kiss". Sheryl Nome y Julius Fortner estarán ahí pero nuestro objetivo es el interés romántico secundario, Okita Souji- tras decir esto con un toque a la pantalla de su ipad Matt cambió el noticiario donde pasaban un reportaje sobre la partida de Sakuya de DeVilS a una escena de la película donde se podía ver a Souji renunciar al amor de la protagonista a.k.a Sheryl Nome en una escena de la que ya todos hablaban y que había conmovido a fans y críticos por igual -ya rechazó a dos de nuestros reclutadores. Creemos que no tiene agente aún y que si hablas personalmente con él podría persuadirlo de firmar con Neko Entertainment-

-¡Kyaaaa! ¿a que ese tal Okita-kun es muy lindo, verdad Gin-sama?- exclamó Miwako encantada por el nuevo actor.
Gin, ya un poco cansado después de un día muy largo, recostó los codos sobre sus piernas. A través sus dedos entrelazados observó con detenimiento la actuación de Souji Okita. Era convincente, autentica y bastante buena comparada con la de la actriz principal. Además de que su atractivo era un plus. Era difícil encontrar a una cara bonita que pudiera actuar en estos días. Gin definitivamente lo quería entre sus filas.

Desde que su padre había muerto hacia 6 meses dejándole la pesada carga de un imperio de entretenimiento valorado en millones, Gin había trabajado sin descanso. Su padre era un hombre duro y anticuado entendía poco del entretenimiento, a diferencia de su abuelo cuyo abuelo había iniciado Neko Entertainment con un humilde show de teatro kabuki, que había llevado a la empresa a las fronteras del olvido sino hubiera sido por DeVilS y un puñado de otros artistas talentosos. Pero Gin no solo quería a un puñado de artistas talentosos, sino a un ejercito que lo llevara a ser el rey del entretenimiento en Eastwood. Era joven, millonario, poderoso e influyente. Podía lograrlo.

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-Llegamos- anunció Matt -hice esta copia del contrato que tenemos para Okita. Nosotros conservaremos el original-

Gin que hasta entonces si había dedicado a revisar con Miwako los detalles de la gira de DeVilS y el lanzamiento de su último disco. Tenían que reservar hoteles, mandar a hacer el vestuario, contratar personal en 7 países diferentes y asegurarse de cumplir los caprichos de cada una de esas divas.

- ¿La conferencia no ha terminado aún? - Pregunto Gin mientras se bajaba de la limosina. Enseguida cinco guardaespaldas le rodearon.

-No. Dentro de 15 minutos-

-Bien. Quédense aquí, arregla una cena para mi en el Ritz al salir de aquí-

Rápido y audaz Ginzou se dirigió a la salita que se encontraba tras el salón donde se estaba llevando la conferencia promocional de la pelicula "I gave you my first kiss". Era el típico drama de escuela con un triangulo amoroso, pero con un elenco de estrellas como Fortner, Nome y el novato Souji Okita la pelicula había salido de su primer fin de semana de estreno triunfante. 

Sin mucho que hacer Gin se instaló en el sofá mas grande que le daba vista total de la entrada. Eran las 8:15 pm cuando la conferencia terminó  y la primera en entrar fue Sheryl Nome seguida de su minion/asistente Yuu Naruse. Tras ellas venían Julius Fortner y el famoso Okita Souji. A diferencia de los otros su presencia era tenue y su ego menos elevado. Después de todo paso de ser un mesero en un barcillo de cuarta a un modelo y finalmente a un extra. Este era su primer papel como protagonista y fue recomendado por nada más y nada menos que Sheryl Nome. Que llevo a la rubia a realizar un acto tan altruista nadie lo sabía, pero se había negado a protagonizar la pelicula si el chico no salía en ella con un papel que le diera mas de 10 minutos en escena.

Después de esquivar a Nome que como siempre preguntaba lo mismo (¿cuándo-me-dejaras-cantar?), Gin se dirigió directamente a Souji. El chico de ojos verdes no se dejo intimidar por la presencia del gran Fujiwara-sama y actuó de manera tranquila durante todo el rato que este le habló sobre firmar con Neko Entertainment.
Oír la propuesta de Gin y ver la copia del contrato talvez asusto un poco al chico, que le pregunto a Gin si tendría que firmar en ese momento.

Después de meditarlo por unos segundos Gin negó con la cabeza -No, no tienes que firmar ahora. Te dejare la copia para que la leas. Tienes tres días para aceptar la oferta tal y como esta ahora. Cuando estés listo llama a mi asistente, su número esta impreso al final del contrato-

Fujiwara estaba convencido de que tenía el interés de Souji. Ninguna agencia se daría el lujo de ofrecerle a un actor novato ese sueldo, el porcentaje de ganancias y regalías a excepción de Neko Entertainment. Sus guardaespaldas lo siguieron de vuelta a la limosina donde lo esperaba sola Sheryl Nome que de seguro había enviado a Matt y Miwako a otro auto.

- ¿Y tú qué haces aquí? - preguntó Gin pasándose la mano por el cabello de manera exasperada. Estaba cansado y solo quería su cena en el Ritz -Ya te dije que según tu contrato tienes una pelicula más que grabar...-

-No vengo aquí por eso- se defendió la rubia - ¿Cómo están Sakuya y los demás? Escuché que la conferencia de prensa estuvo bien-

-Ah eso... todo salió bien... supongo- Gin se recostó en el asiento echando la cabeza para atrás y cubriéndose los ojos con las manos. De repente se sintió exhausto.

-Y... ¿tu estas bien? -

-Estoy preocupado. No sé si esto es el fin de DeVilS-

-Si me pusieras de vocalista...-

-Ni de joda-

-Eres un pesado- Sheryl le dio un golpe en el brazo jugando -Matt me dijo que tienes una reservación en el Ritz. ¿Me dejas en un lugar? te queda de paso...-

Gin se incorporó y torció la boca. Ya sabia a que lugar se refería ella. Sintió una ligera ola de celos, aunque no tenía ningún motivo aparentemente para sentirse así. De todos modos, accedió. Sabia que ella no se bajaría de la limosina a menos que la dejara donde ella quería.

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Después de más cigarrillos y un par de tragos Sakuya y Tasuku bajaron al parking del edificio. Loki aparentemente se había escapado por la puerta trasera del camerino *muy típico de el* y Momotarou les llamó avisándoles que se uniría a la fiesta de unos amigos.

- ¿Seguro no quieres ir? Tengo un par de porros en casa y un nuevo estéreo-

-Suena tentador, pero estoy muerto. Disfrútalos por mí-

Tasuku encogió los hombros -Tu pierdes. Cuídate- se despidió antes de subir a su 1975 Chevy El Camino. Antes de arrancar se aseguro de poner música. Pronto Yes invadió la cabina del carro con su rock progresivo.
Sakuya se despidió con la mano y se fue a su Lamborghini murciélago. Arranco el motor y disfrutó por unos segundos su sonido poderoso antes de poner algo de música clásica.

Paso la mitad del camino preguntándose por milésima vez si había tomado la decisión adecuada. Podría revertirlo todo... con una sola llamada podría volver a ser el líder de DeVilS y asegurarse su posición como rey del visual kei. Podría... y le gustaría, pero por le bien de la banda era mejor dejar las cosas como estaban. "Uno para todos y todos para uno" se dijo a si mismo antes de entrar al elevador que lo llevaría directamente a su apartamento. Marco su piso más su código de seguridad y en menos de 2 minutos llego a su piso que literalmente era un piso. Ocupaba todo el 13avo nivel de un edificio en el área más lujosa de Eastwood. El elevador daba acceso directamente a su sala.

Las luces no estaban encendidas pero una lamparita sobre una mesa de café junto a una gran butaca de cuero negro estaba encendida. La luz era tan tenue que solo alumbraba un par de piernas largas y esbeltas que finalizaban en unos pies pequeños envueltos en unos stilettos rojos de charol. 

-Este es el tipo de recibimiento que me gusta: unas buenas piernas en una minifalda-

- ¿De veras? -

-Lo juro- Sakuya se quitó la chaqueta del traje tirándola por un lado y desabotonando los primeros dos botones de su camisa. Todos sus movimientos exhalaban sensualidad.

- ¿Creíste que era una fan? - Sheryl rio mientras recostaba los codos sobre las piernas y revelaba su identidad bajo la lucecita de la lámpara.

-Uh, reconocería esas piernas donde fuera- bromeó Sakuya tomando un control remoto que encendía las luces. Pronto toda la sala estuvo iluminada y  Sheryl se levanto a abrazarlo y darle un beso en la mejilla. Sakuya la recibió en sus brazos.

-Estás loco, no respetas ni a tu hermana menor- ambos rieron y se soltaron del abrazo.

-Oye tengo hambre. ¿Y si pedimos una pizza? -

-Está bien está bien- dijo Sheryl dirigiéndose al sofá y encendiendo el televisor -pero pide un litro de coca de dieta, que solo tienes cerveza y vodka en la refri-

Sakuya encogió los brazos y llamo a Dominos para ordenar, luego se sentó junto a Sheryl que ya se había puesto cómoda a ver Evil Dead (un clasico favorito de ambos). Les caía bien a ambos sentirse como seres humanos comunes y corrientes de vez en cuando.


Puri

Re: Act 1: Overture
« Reply #43: November 30, 2016, 03:13:16 PM »
APORTE COMPARTIDO~~

Letra normal: Nite
Letra azul: Yo

¿Recuerdan esas épocas cuando podíamos escribir 20k a la víspera? Pues acompáñennos en esta triste historia de cómo dos personas con las justas llegamos a 2k después de 3 semanas planeando



"INSTALAR A/C" tenía eso en forma de post-it, pegado a la agenda para no olvidarlo. También tenía dicho post-it como fondo de pantalla del celular; ser un poco precavida no está de más. "Creo que estas exagerando", le comentó Koto a medio dormir desde el otro lado de la línea "No puedo creer que me hayas puesto una alarma para esto...".

Entonces, ¿por qué sentía que estaba pasando algo por alto?
Ya había arreglado el papeleo correspondiente de la oficina.
Había comprado la mayoría de muebles en línea y poco a poco iban llegando a la oficina.
Instalar la cafetera fue lo primero que hizo a penas Izaya le dio la tarjeta dorada. No podía seguir a punta de café soluble...

Para su sorpresa se encontró con un alto hombre de agradable presencia frente a la oficina, con cara de pocos amigos y con un joven parecido a él a su lado. No recordaba haber agendado nada; ni siquiera tenían mesa de reuniones (todavía).

"Ya era hora", le escuchó decir. "No quisiera creer que es costumbre de todos hacer esperar de por gusto, ¿no?" Se le crispó la piel. ¿Lo conocía de alguna parte? Claro que no; ¿acaso era alguien importante? "¿Está Izaya Orihara?" -AH- Sí, definitivamente era alguien importante.
"Orihara está por venir pronto... Espero", mintió sacando las llaves de su bolsillo, haciéndolos pasar. Corrió apresurada, haciendo sonar sus tacos, a abrir las ventanas, dejando que algo de aire fresco entrara al lugar.

La agencia era modesta. Pequeña, por ahora. Se veía relativamente vacía porque el segundo encargo de IKEA todavía no llegaba, y tampoco es que pudiera impresionar con par de sofás y mesas de vidrio mal ubicadas.

"¿Con quién tengo el gusto?", preguntó Shiemi un tanto nerviosa, procurando no tartamudear, mientras le tendía su tarjeta de presentación al hombre frente suyo.
<< Shiemi Moriyama >> Asistente ejecutiva Hitagi Model Agency.

El hombre simplemente alzó una ceja, como si no pudiera comprender que existiera alguien en el planeta que no lo conociera, pero el joven a su lado se apresuró en tomar la tarjeta de la chica y extenderle la mano para darle un apretón.

“Mucho gusto, señorita Moriyama”, dijo con una sonrisa.
“Draco Malfoy”, finalmente respondió el mayor, aunque no extendió la cortesía de darle la mano. “Este es mi hijo, Scorpius”, el chico asintió. “Le dije a Izaya que sería inútil discutir los temas del contrato por teléfono cuando había adquirido un espacio donde se podía hacerlo perfectamente en calma… Si es que este es el espacio, claro está”, remarcó mirando con desdén los muebles de IKEA, como si su mera existencia fuese un insulto para él. Shiemi no sabía si sonrojarse de rabia o echarse a llorar.
“Aún no hemos abierto al público”, murmuró con la voz temblando. Rabia, su cerebro había decidido sentir rabia. “Por favor, siéntense”, señaló el sofá más grande y les dio la espalda para dejar sus cosas en una pequeña mesa, a la vez que sacaba su teléfono y le mandaba un mensaje de ‘SOS. MAYDAY’ a su jefe.
“¿Podrías hacerme el favor de prender el aire acondicionado?”, preguntó Draco mientras se sacaba sus lentes de sol y se los daba a Scorpius para que los guardara en su cartera. Shiemi se mordió los labios al ver la cartera de cuero fino del chico, estaba 100% segura que costaba más que un par de sueldos de su antiguo trabajo.
“Uh, sí, eso… Aún no lo hemos instalado”. Draco hizo una mueca horrible y Scorpius simplemente suspiró y se tapó el rostro.
“¿Cómo? ¿Esperas acaso que nos quedemos aquí entonces con la temperatura que está haciendo?”
“Papá…”
“¿Ves esto?”, jaló el chaleco gris que usaba Scorpius. “Es cashmere. ¿Tienes idea de lo que pasa con el cashmere cuando uno suda en exceso?”
“Papá, por favor…”, susurró el otro sonrojado e intentando aflojar su agarre en la tela.
“¡Ok!”, respondió Shiemi lanzando su teléfono al bolso junto a las llaves y corriendo a cerrar las ventanas. “¿Qué les parece si mejor vamos a un Starbucks y esperamos ahí a Orihara?”
“¿¡Un Starb—!?”
“Papá”, le cortó Scorpius con una mirada seria y el mayor solo bufó.
“Bien. Vamos a un Starbucks. Scorpius, pásame los lentes”, dijo mientras se levantaba y caminaba hacia la puerta. El chico cruzó miradas con Shiemi y le sonrió como si le pidiera perdón, a la par que se encogía de hombros. La rubia no pudo evitar devolverle el gesto, después de todo, el pobre tenía que lidiar con el tesorito este a diario.


>>DONDE MIERDA ESTAS
>>vINO ESTE SUJETO CON SU HIJO A UNA REUNIÓN CONTIGO
>>Y NO ESTAS
>>IZAYA NO ME HAGAS ESTO
>>TEN AL MENOS LA DECENCIA EN AVISARME LAS COSAS. NO SOY ADIVINA. NO ME SÉ TU AGENDA. NI SIQUIERA TIENES UNA.
>> TAMPOCO SOY TU ASISTENTE
>>¿QUIEN ES ESTE TIPO!?


Si fue un suplicio sugerir reunirse en Starbucks, fue uno aún más grande insistirle a Draco Malfoy de que fueran a pie; después de todo el local estaba en la esquina.
Aprovechó el breve momento en que los rubios se subieron al auto para escribirle a Izaya, de haberle llamado habría sido demasiado obvio. Malfoy no le despegó ni un momento la mirada mientras bajaba la calle, e Izaya tampoco es que hubiese contestado...

[Poop emoji]<<
¿Ya instalaron el A/C?<<


Fue difícil obviar las miradas cuando entró junto a los Malfoy al local... repleto como siempre... no iban a pasar para nada desapercibidos.
-Tal vez esto fue una mala idea-
Notaba la incomodidad del mayor en su rostro, y quiso morirse. Se le notaba en la cara, con las mejillas rojas y las orejas a punto de estallar.

"Mil disculpas", intentó excusarse cuando encontró una mesa alejada; tratado de obviar el sin número de personas que pasaban a su lado, grabando vídeos y tomándose fotos para nada disimuladas. "Recién decidieron abrir una agencia aquí; es más. No llevo mucho contratada, y-" empezó a balbucear al ver la expresión de Draco, ¿cómo alguien podía verse tan bien y fulminar con la mirada al mismo tiempo? "Y sé que eso no es excusa, todo pasó muy rápido. Ni siquiera yo tendría que-"

"¿Bueno, qué pasó? ¿Qué es tan importante como para hacerme salir de casa y querer verme la cara Malfoy?".

El pelinegro se sentó sin saludar, tomando el asiento de Scorpius sin siquiera consultarle; sonaba más enojado que cualquiera de los dos. El joven Malfoy se limitó a contemplar cómo los tres se miraban las caras; decidió romper el silencio al notar que uno tenía peor expresión que el otro: "La agencia está vacía y no tienen modelos, ¿cierto?".

Izaya le dirigió una mirada molesta a Scorpius, pero antes de poder contestarle, Malfoy le cortó.

“Señorita Moriyama, si fuera tan amable de traerme un espresso doble. Scorpius, sírvete lo que desees”.

La rubia asintió y se levantó de su asiento… Cuando se dio cuenta que en ningún momento el rubio le dio tarjeta alguna o dinero para la transacción. Miró a Draco, quien la miraba con una ceja alzada; miró a Scorpius, quien rodaba los ojos; y por último miró a Izaya, quien muy pendejamente había vuelto a mirar su celular e ignoraba todo. Shiemi sintió muchísima satisfacción al sacar la tarjeta dorada de la billetera.

“Acompáñame por favor”, le sonrió a Scorpius. “Pide ~lo que quieras~”.

 Scorpius le sonrió agradecido por haberlo librado de la situación y se unió a ella en la cola frente al mostrador. Shiemi pudo ver por detrás de Scorpius unas chicas reírse emocionadas por lo bajo y tomarle fotos de lejos… Al voltearse a ver al rubio notó cómo se había sonrojado a pesar de portar una mirada de fastidio y cruzarse los brazos.

“En serio lo lamento, siempre sucede cada vez que salgo con papá a algún lugar”.
“Oh no… No es ningún problema”. Scorpius asintió con el semblante un poco más relajado aunque su cuerpo seguía tenso. “Er… ¿Qué vas a querer?”. Bajó sutilmente la mirada hacia la pantalla de su teléfono y abrió el instagram.
“Nada, no tienes por qué preocuparte”.
“Insisto”, murmuró tipeando el nombre… Okay, ¿cómo rayos se escribía el apellido? Por primera vez maldijo haber hecho oídos sordos a la sugerencia de estudiar francés. Se sentía como oveja de rebaño por haberse dejado convencer en estudiar chino mandarín.
“Pues… ¿Estaría bien un pastel de—? Oh. “Draco” no se escribe con “K”, ¿sabías?”, murmuró divertido y Shiemi rezó para que la tierra la tragara.
“Ah. Okay. Sí. Qué bueno que estés atento. Thumbs up”. Scorpius sonrió y se tapó la boca para que no se le escuchara reír.
“Pastel de limón”, le respondió. “Y Malfoy se escribe tal como suena, con y griega al final”.
“Ajá”.

Menos mal el siguiente turno en la línea era el de ellos, así que Shiemi pidió el café de Draco, el pastel de Scorpius y un frappuccino para ella porque ese día Buzzfeed había sugerido que uno merecía recompensarse por pequeños logros y haber sobrevivido las primeras horas de ese día ya había sido un logro enorme por sí mismo. Izaya no obtenía nada por ser el pendejo más grande de la ciudad, obvio.

Cuando regresaron con sus órdenes a la mesa, Draco se encontraba leyendo algo en el celular de Izaya y este se había puesto audífonos y escuchaba música de su iPod. Scorpius trajo otra silla y la puso entre Shiemi y Draco, lo cual era sabio, nadie debería estar cerca de Izaya si podía impedirlo. Shiemi aprovechó de sacar su teléfono y abrir instagram de vuelta…

>>#DracoMalfoy

Okay. Tal vez una auxiliar de una compañía de modelos debería de haber previsto que el  hombre que se presentó en la mañana en la oficina tenía 3 millones y medio de followers en instagram. Y que aparentemente era uno de los modelos más cotizados del país e incluso había salido tres veces como portada de Vogue.

“Estoy dispuesto a aceptar todo con dos excepciones”, dijo Draco dejando el teléfono en la mesa y mirando a Izaya. Este se destapó un audífono. “Primero, privilegios de horario de trabajo. Me tomaré la molestia de enviarte una agenda semanal para que sepas qué días iré y qué días no podré ir. Y por último, tengo derecho de veto sobre cualquier actividad”.
“Hecho”.
“¿¡Qué!?”, preguntó Shiemi horrorizada. ¿Cómo iban a darle tanto libre albedrío y aún así le iban a pagar? ¿Qué rayos podía hacer ella para obtener un trabajo así? Y aunque bastó una mirada de Izaya para callarla, no podía decirse lo mismo del señor ‘Tengo-casi-4-millones-de-followers-en-instagram-y-tú-ni-sabes-qué-es-cashmere’.
“¿Algún problema, señorita Moriyama? Hasta donde tenía entendido, le estoy haciendo un favor a Izaya”.
“Yo no lo llamaría exactamente un favor, pero ya que tu autoestima necesita validación…”.
“Oh por favor, como si cualquier cosa que saliera de tu boca sirviera siquiera para eso”.
“Como si no supieras para qué sirve mi boca”.
“Para cualquier cosa menos ahogarte, por lo visto”.
“¿Entonces podemos irnos?”, preguntó Scorpius. Draco le miró con el ceño fruncido y el pobre de Scorpius bajó la mirada.
“No veo por qué no. ¿Llamas al chofer?”, su hijo asintió sin mirarlo y sacó su teléfono. “Bueno, no me esperes lo que resta de la semana, suficiente he tenido con ver tu cara”.
“Oh, pero Draco, ¿no fuiste tú quien sugirió encontrarnos?”.
“Es de conocimiento común que uno necesita obstáculos en su camino para mejorar”. El rubio se levantó, se alisó los pliegues del pantalón y miró a Shiemi. “Con permiso, señorita Moriyama. ¿Scorpius?”. El menor guardó su teléfono y se levantó, sonriéndole a la rubia y asintiendo rápidamente en dirección a Izaya.
“Un gusto”. Dicho esto, los dos rubios se fueron del Starbucks con el sonido de varias cámaras detrás de sí.

Izaya miró a Shiemi. Shiemi miró a Izaya.

“Bueno, eso no fue tan difícil, ¿no? Ya no tienes para qué importunarme a la próxima vez que reclutemos a alguien”.
“Pero—”.
“No me respondiste. ¿Instalaron el A/C?”.
“…No”.
“Entonces no me llames a la oficina hasta que esté instalado”. Izaya se levantó y se fue de ahí sin más. Shiemi aún tenía la boca abierta de la indignación… Hasta que sus ojos se posaron en el espresso que estaba en la mesa y Draco nunca tomó. Se levantó y lo lanzó a la basura.
« Last Edit: November 30, 2016, 03:24:56 PM by Puri »

Forget all the shooting stars and all the silver moons
We've been making shades of purple out of red and blue


Sayi

Re: Act 1: Overture
« Reply #44: December 31, 2016, 01:44:20 PM »
Luego edito bonito, reemplazo detalles y traído otras cosas chupis MIREN DOS AÑOS DESDE MI ULTIMO FIC AQUI FELIZ AÑO :V


Medley 8: Let Down

“Sayi, te voy a dejar esto acá. Intenta comerlo pronto que no sabe bien frio”

Era una mañana bastante fresca, y Mine se sintió algo mal por dejar la comida caliente al pie de la puerta. Sabía Sayi se encontraba adentro, pero la peliceleste no había querido recibir a nadie en días. Al menos, el rubio se contentaba con asegurarse que su amiga no muriera de hambre.

La partida de Kaien les había caído como un balde de agua fría, sobretodo tras una de las mejores presentaciones que habían tenido en semanas. El grupo parecía haberse completado con la llegada de Hayato y Kim, quienes aún con personalidades diferentes entre si, congeniaban bastante bien en el escenario. Pero ahora con esto encima, la supervivencia de los Young Guns parecían balancearse en una cuerda floja una vez más.

Y esta vez las cosas pintaban color hormiga.

“Simplemente no tenemos descanso, ¿no crees?” suspiró Mine, y entonces tomó asiento, apoyando su espalda contra la puerta del apartamento.

Hayato y Kim eran bastante nuevos, y por lo tanto, no habían sido tan afectados por la partida de Kaien en si. No obstante, no eran ciegos para ver que la dinámica del grupo había quedado en el aire, y si la banda no encontraba una dirección pronto nadie podría culparles por buscar otras personas con quienes tocar.

Mine había hecho lo mejor por continuar las practicas entre los tres, pero sin las vocales era difícil practicar seriamente para una presentación. Shizuo, a quien inicialmente habían tenido que convencer para que no los echaran del local, había sido inesperadamente comprensivo con su situación y les había dejado saltarse el último sábado. Pero no era seguro que el bartender podría perdonarlos por mucho tiempo más, y llevar las cosas solo también era desesperante para él.

“Sayi, ¿tu crees que podrías pasarte hoy a practicar? Quedamos en el bar a eso de las 5, y nos haría bien si vienes y nos ayudas a armar un setlist para el sábado”

No le gustaba presionarla pues sabía que Kaien la había lastimado. Pero el se sentía hecho a un lado también, y no poder contar con los ánimos de su amiga lo deprimía aún más.

“No soy un genio como Kaien, así que nadie se me va a acercar con un contrato” continuó. No sabía si ella lo estaba escuchando, pero quería sacárselo del pecho “Pero aún si me ofrecieran unirme a un mega grupo y ahogarme en una piscina de dinero, yo no lo haría si no estuvieras a mi lado”

El silencio solo era interrumpido por los carros que transitaban fuera del condominio. El edificio se encontraba vacío, solo con él sentado en el pasillo mientras parecía hablar consigo mismo.

“Y duele decirlo ahora, pero lo mismo le hubiera dicho a Kaien” continuó. Entonces rió un poco, con una nota amarga, y se giró a observar la puerta cerrada atrás de él “Me ayudaría mucho si pudieras venir hoy. No tanto por la banda, a decir verdad. Digo, si no sabes si continuar o no, podemos seguir dándole unos días y ver como nos sentimos. Pero me haría bien contar contigo, pues yo tampoco estoy muy seguro de qué hacer, y no es algo que pueda decirles a los nuevos, como te imaginarás”

Entonces se puso de pie, se limpió el pantalón y se retiró un cigarrillo de su bolsillo. Mientras lo prendía, sus ojos reposaron sobre la bolsa con comida que había quedado apoyado contra la puerta. Entonces rió al notar que parecía una ofrenda.

“Si sigues así de recluida, voy a enmarcar una foto tuya y dejarla aquí con velas e incienso. Y la gente asumirá que te moriste y ya no me verán tan raro por venir a velarte”

Se guardó ambas manos en su chaqueta, y cuando empezó a caminar fue que escuchó el piano y se detuvo en el acto. Pegó su oído a la puerta, y entonces reconoció que el sonido provenía del apartamento de su amiga. Reconoció la melodía como una de las que había compuesto hace un par de años, cuando aún estaban en el conservatorio.

El rubio no pudo evitar sonreír. No la escuchaba cantar, pero era la primera vez que reconocía algo que no fuera silencio. En ese momento, una abuelita y su perrito maltés subieron por las escaleras y se detuvieron al llegar al piso.

“No la había escuchado tocar en días” Mine se giró hacia ella y la vio sonreír. Mientras tanto, su mascota olfateaba la comida que Mine había dejado en la puerta “Empezaba a pensar que se había mudado”
“¿Le gusta como toca el piano?” le preguntó, y la anciana asintió.
“Si, pero no tanto cuando le entra la inspiración en la madrugada” confesó, y Mine rió ligeramente “Aún así, es agradable de escuchar”
“Lo es” asintió Mine, sintiéndose esperanzado por primera vez en días. La abuela, por su parte, alternó su mirada entre el muchacho y la comida descansando al pie de la puerta.
“No hijo, pero si te peleaste con ella deberías traerle flores, no chifa en taper” lo rezondró “Nadie te perdona pendejadas siendo barato”
“¡P-pero el pendejo no soy yo!” le respondió, con el color en el rostro.

Entonces la abuelita lo señaló, riéndose, y continuó caminando pasillo abajo. Mine sonrió entretenido. Sabía que si Sayi los había escuchado seguramente traería una sonrisa en el rostro también. Y teniendo eso en mente, junto al piano en sus oídos, sentía que las pintaban de mejor color.

¡Din!

Una notificación en su teléfono. Mine reconoció al remitente y tensó los labios, entre molesto y curioso.

“¿Y qué es lo que quiere, ahora?” murmuró para si mismo.

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Oh, dream maker, you heart breaker
Wherever you're goin', I'm goin' your way