Había sido un drama lograr todos sus objetivos en tan poco tiempo… pero Eureka se sentía orgullosa de su terrible necesidad de controlar todo a su alrededor. Al fin y al cabo, había valido la pena ser tan pesada e insistente para que todo saliera bien.
Madara y Neuvillette tenían trajes formales y se habían peinado para atrás (o mejor dicho, ella los había peinado) para que se vieran aún más elegantes. La HiME había encontrado una liga fina entre las pertenencias de Madara que podía pasar desapercibida gracias a las hebras blancas del pelo de Neuvillette. Sin pensarlo dos veces, le había atado el cabello al Child en una cola baja que complementaba su atuendo. En el caso del cantante, Eureka había desarmado las trenzas pequeñas que siempre se amarraba como media cola. En su lugar, le había echado un poco de gel en el pelo para ocultar su flequillo y ordenar su melena desarreglada.
Ambos se veían muy apuestos y serios… y Eureka se sentía contenta con su trabajo. Ahora Lelouch no podría quejarse de nada: ningún trabajador del restaurante de estrellas Michelin podría hacer algún comentario despectivo sobre alguno de sus acompañantes.
Al salir del carro, la HiME le entregó sus pertenencias a su child. Neuvillette las guardó en los bolsillos de su pantalón sin musitar ninguna palabra, pero Eureka pudo notar cierta curiosidad en su mirada.
“Es que no tengo dónde guardar mi celular y mis llaves. Mi vestido no tiene bolsillos.”
“Mm.” Neuvillette asintió. “Lo entiendo, pero… estoy seguro de que Mikejima-dono también podría haberle hecho ese favor.”
“Wah~ ¡Qué lindo eres, Neuvillette-san! ¡Gracias por…!”
“Pero tú eres mi Child,” Eureka ignoró el comentario del cantante. “Y él es…”
“¿No era tu cantante favorito, Eureka-san?”
“…” Eureka suspiró. “S-sí, supongo. Por eso no puedo darte mis cosas.”
“¿Eh? Pero también somos amigos~”
“¡YAAAAA!” Eureka se aguantó las ganas de jalarse los pelos. “¡Vamos! ¡Van a ser las 9:30!”
El estacionamiento tenía conexión directa con el edificio Shiseido, lugar donde se encontraba el restaurante que Lelouch había elegido. Al dar unos pasos, dieron con el ascensor, al que se subieron en cuestión de segundos.
“No pudimos hablar muy bien sobre tu misteriosa reunión cuando estábamos arreglándonos, Eureka-san, pero…”
“…Tranquilo,” mencionó la HiME, presionando el botón del piso al que debían subir. “Te contaré todo en estos dos minutos que tomará el ascensor en subir al piso indicado. Es… mi ex.”
“¿Tu ex?”
“Sí, el tipo del que te hablé en la fiesta del rodaje. Me llamó justo después de ti. Me pidió que nos reuniéramos de urgencia para discutir sobre un favor que quería pedirme. Accedí porque, a cambio, me ofreció que haría lo que yo le pidiera. Y tengo varias cosas que pedirle…”
“¿Cómo cuáles?”
“Como que albergue a Neuvillette por unas semanas hasta que consiga un departamento donde pueda vivir con él, Oikawa e Iwaizumi.”
“Ah, eso también mencionó Oikawa-san.”
“…” Eureka arqueó una ceja. “Cierto, te cruzaste con él en Rizembool, ¿no?”
“¡Ajá!” Madara esbozó una sonrisa. “Lo hice cuando fui a… ¡Ay, no!”
“¡¿Qué pasó?!” El rostro de la HiME se contorsionó en pura preocupación.
“Te había comprado un postre, pero se quedó en el carro. Me olvidé de él por completo…”
“No te preocupes. Me lo comeré después… si no se ha derretido o algo así.” Eureka le sonrió. “En fin, solo era eso. No hay más misterios por contar.”
“Okay.”
“…Pero antes de entrar al restaurante, necesito pedirte un favor.” Eureka casi lo fulmina con la mirada. “No te atrevas a meterte en la conversación. Ni a mirar mal a Lelouch. ¡Y MUCHO MENOS LO GOLPEES!”
“¿Quién crees que soy?” Madara sonrió de lado. “Unos años en la industria te permiten adquirir muchas habilidades sociales, Eureka-san. Prometo que no te causaré problemas. Además…” El castaño le acarició la cabeza. “…sé que te enojaría que me meta donde nadie me llamó. Me portaré bien, lo prometo~”
“…Bueno.” Eureka suspiró. “No te queda de otra. Porque juro que no me molestaría electrocutarte si es necesario.”
“¡Si mal no estoy, ya lo has hecho!”
Eureka sentía que la entusiasta sonrisa de Madara era el símbolo premonitorio de un futuro terrible… pero la HiME optó por ignorar sus pensamientos negativos por el bien de su sanidad mental.
“Y yo encantada de volver a hacerlo…”
Antes de que pudiera terminar su frase, el ascensor se detuvo en el piso indicado y las puertas se abrieron de par en par.
Ante ellos se encontraba la recepción de un restaurante francés de renombre entre la alta sociedad japonesa y los turistas adinerados. Eureka intuía que Madara había visitado muchos como este… o incluso también había venido a este lugar. Al fin y al cabo, no solo su carrera famosa le permitía frecuentar restaurantes finos y caros, sino que ella sabía que al cantante le encantaba conocer más sobre otras culturas. Y, por supuesto, eso incluía la gastronomía y degustar una inmensa variedad de platos de todas partes del mundo. Así era como había llegado a conocer el restaurante de comida coreana al que la había invitado a ella junto con Seven, Oikawa, Morgana y Beowulf hacía unas semanas atrás.
Madara viajaba por todo el mundo para producir festivales y/o participar en ellos. Era el tipo de actividad más conocida del idol y hasta podía afirmarse que parte de su fama se debía al apoyo que le otorgaba a los artistas locales de los lugares que visitaba. Por ende, era congruente pensar que había probado los platos típicos de varios países y regiones. Francia no podía ser la excepción.
“¡Ah!” El anfitrión en la entrada sonrió al cruzar miradas con Madara. “¡Mikejima-san! Es un gusto contar con su presencia. El restaurante está a punto de cerrar, peroe estoy seguro de que el chef lo atenderá con gusto si desea cenar…”
“¡Qué gusto verlo de nuevo, Tsuzuki-san!” Madara sonrió. “Pero lo lamento. No vine por mi cuenta. Soy el acompañante de esta jovencita~”
“…”
“¿Es su hermanita?” preguntó el anfitrión.
“No…” Eureka se mordió la lengua para no decir nada malo y musitó la energía necesaria para fingir una sonrisa deslumbrante. “¿Me podría indicar dónde se ha sentado el señor Vi Britannia? Somos sus acompañantes esta noche.”
“Ya veo. Por supuesto.” El señor Tsuzuki sonrió. “Síganme, por favor.”
El anfitrión emprendió el corto camino hacia los cuartos privados del local. Madara, Eureka y Neuvillette no tardaron en seguirlo a su destino.
A esas horas de la noche, el restaurante estaba casi vacío puesto que cerraba dentro de media hora. Solo vieron un par de grupos de comensales en las mesas blancas y pulcras de manteles carísimos que Eureka ni quería evaluar a detalle por temor a asustarse con los precios.
Su familia había contado con varios lujos y su vida había sido muy acomodada, pero aún existían ciertas cosas de la clase alta —a la que sentía que no pertenecía— que la descuadraban un poco. Como la necesidad de comprarse rarezas inútiles para ciertos eventos, los manteles caros de las isla de Burano, la extraña obsesión con las carreras de caballos, las bolsas de diseñador que costaban igual que una carrera universitaria entera en Hanasaki, las estatuillas de finos vidrios de colores y los vinos de cosechas ancestrales. Sus papás no habían sido tan extraños como las familias a las que atendían como médicos, pero Eureka sabía que los ricachones del círculo de Lelouch hasta eran capaces de comprar ostentosas decoraciones en el extranjero y pagar cinco veces su precio solo para que las enviaran con máxima protección y seguridad a sus mansiones en Oxford.
Eureka no podía culpar a quienquiera que estuviese dispuesto a cuestionar su lógica. A simple vista, sonaba un poco irónico e hipócrita que se quejara de las excentricidades de los ricos cuando ella también venía de una familia con dinero. Pero no había podido evitar compararse con ellos a lo largo de toda su infancia y adolescencia… ¿y cómo no? Si había sido amiga íntima de Lelouch Vi Britannia y de Suzaku Kururugi, cada uno miembro y heredero de una familia influyente en su país de origen. Si bien los chicos no habían alardeado de su situación económica y social, Eureka había notado las diferencias entre sus estilos de vida desde muy pequeña. Y eso sin contar que, por más amigos que fueran los padres de Lelouch de los suyos, era obvio que el aspecto servicial del inicio de su relación había marcado su vínculo y se había colado a veces entre las grietas de pequeñas pero significativas interacciones entre ellos.
A sus papás no les molestaba.
A ella tampoco, si era sincera consigo misma… pero la incomodidad en su interior perduraba pese a todo.
“…” Eureka se permitió un suspiro leve antes de llegar al salón privado. Sentía que estaba exagerando. Cualquier persona en una situación promedio la juzgaría por quejarse por tonterías y, como ya había pensado, no podría culparla por ello.
Estaba al tanto de sus privilegios, pero era difícil descartar aquella envidia que la invadía al enterarse de alguna noticia sobre el círculo de Lelouch.
La gala de Singapur había sido un desastre por eso… aunque sus amigos le habían animado la noche.
“Por aquí,” señaló el anfitrión.
Los tres ingresaron al salón detrás del señor y, en cuestión de segundos, Eureka cruzó miradas con su ex.
Lelouch se encontraba sentado en la cabeza de la mesa de 8 asientos y, hasta el momento en que el anfitrión había anunciado la llegada de sus invitados, había estado revisando su celular con visible desinterés. Pero al escuchar los pasos y el anuncio, se levantó para sonreírle a los recién llegados.
Eureka conocía esa sonrisa a la perfección: la pequeña arruga que se formaba en su entrecejo bastaba para notar que no era una mueca del todo sincera.
“Buenas noches,” le dijo ella, acercándose a la mesa. El anfitrión corrió a retirarle la silla para que pueda sentarse. “Ah, gracias.”
“No se preocupe.” El anfitrión le sonrió antes de retirarse.
Neuvillette se sentó a su lado y Madara en frente de ella.
“Gracias por venir pese a la hora.” Le comentó Lelouch. Luego, se giró hacia los invitados de su ex. “Disculpen, caballeros. ¿Con quiénes tengo el gusto…?”
“Soy Madara Mikejima, es un placer.” Madara le sonrió. “Y él es Neuvillette…”
“…” Eureka suspiró. “Es mi Child.”
“¿…?” Lelouch se veía un tanto confundido… o al menos lo aparentaba. “¿A qué te refieres? ¿Qué hay de Morgana?”
“…Ese era tu Child. Neuvillette es de Oikawa.”
“Ah, ya veo. Bueno, es un gusto conocerlos.”
Lelouch se levantó para estrechar la mano de ambos. Eureka se aguantó la risa al ver que Madara apretó la mano de su ex al punto de que Lelouch no pudo ocultar que le había dolido el contacto.
Por su lado, Neuvillette si respetó la etiqueta social y no hizo nada para lastimarlo.
“…Soy Lelouch Vi Britannia.” Se presentó el mencionado. “Eureka de seguro ya les habló sobre mí.”
“Mjum.” Neuvillette asintió.
“Sí~” fue la respuesta escueta de Madara.
La conversación que tenían pendiente quedó relegada para después cuando los mozos ingresaron a la estancia para los platos. Junto con los aperitivos, les sirvieron vino y agua y les ofrecieron otras bebidas en caso desearan algo más.
Parecía que Eureka le estaba prestando atención a todo lo que sucedía a su alrededor: los sonidos secos de los platos contra el mantel, el flujo suave de las bebidas al ser servidas en las copas, los pasos apurados de los mozos que entraban y salían de la estancia con más entremeses…
Sin embargo, era obvio que su cabeza andaba en otro lugar. La ansiedad estaba a punto de matarla: necesitaba saber de inmediato qué favor le pediría Lelouch o sino… estaba segura de que sus nervios la aniquilarían de manera fulminante un momento a otro.
“…” Eureka agarró el tenedor con la intención de probar el tartar de caviar y trucha… pero se detuvo a medio camino. “Am… Gracias por la invitación, pero…”
“…” Lelouch despachó a los mozos con una seña sutil realizada con su mano derecha. Ni bien confirmó que se había quedado a solas con sus invitados en el cuarto privado, suspiró. “Lo siento. Había planeado que cenáramos primero, pero supongo que la curiosidad te matará si no hablo del tema de inmediato.”
“…Sí.” Eureka se aguantó las ganas de estrangularlo. Lelouch hablaba como si a ella le interesara más hacerle el favor que a él. ¡¡¡No tenía sentido!!! “Es que es un poco raro, ¿no crees? No hemos hablado en más de dos meses y medio. Y, de repente, me llamas con urgencia un miércoles por la tarde. E insistes un par de horas después. ¿Qué puede ser tan preocupante o importante como para que necesites hablar conmigo en persona?”
“Bueno… es algo que nos concierne a los dos.” Lelouch observó su reflejo en su copa de vino con una expresión reflexiva.
Eureka puso los ojos en blanco ante esto.
“Tal vez dirías que más a mí, pero tu familia también podría salir afectada.”
“¿Por qué? ¡¿De qué estás hablando?!” Lo último que necesitaba en ese momento era añadirle más preocupaciones a su gran lista de pensamientos ansiosos.
“¿Podrías explicar a qué te refieres con eso, Lelouch-san?” Madara se veía un tanto más serio de lo que Eureka imaginó que se pondría. En otra situación, lo habría juzgado… pero sabía que lo hacía para apoyarla.
Y en ese momento, cualquier aliado era bienvenido de todo corazón.
“De seguro ya sabes a lo que me refiero. Es sobre Nea D. Campbell… y los hermanos Blaiddyd.”
Eureka asintió en silencio.
“Nunca hablamos de Campbell de manera directa, pero… me diste a entender que era peligroso. Charlé con él durante unos breves momentos durante la gala de Singapur… y pude notar que, o estabas pendiente de él, o estabas pendiente de mí, porque nos observaste a lo lejos.”
“Parece que tú también estabas muy pendiente de mí, entonces.” Le reclamó la HiME, irritada.
La rabia estaba a punto de motivarla a cometer homicidio, pero debía calmarse… no podía dejar que Lelouch la dejara en ridículo. No solo porque contaba con la compañía de Madara y de Neuvillette, sino también por su propio orgullo y su dignidad.
“Un poco.” Lelouch sonrió. “Me fue inevitable, tomando en cuenta que llamaste mucho la atención al juntarte con varias personas, llevaste a Oikawa y lo hiciste pasar como uno más de la clase alta y, encima de todo, al final te escapaste unas horas con Wolfgang Blaiddyd.”
“¿Qué?” Eureka no pudo ocultar la sorpresa que sintió al escuchar aquellas afirmaciones. “¿Se puede saber qué sospechas? Porque tengo explicaciones para todas tus dudas.”
“…¿En serio?” La mirada curiosa de Lelouch la descuadró un poco.
“…” Eureka se detuvo antes de hablar al ver que Madara también se veía muy intrigado por lo que había dicho. En medio de todo, agradecía que el idol estuviese allí con ella… porque, junto a Neuvillette, eran los únicos motivos por los cuales aún no había recurrido a la violencia. “Quiero empezar recalcando que no tengo por qué darte explicaciones, pero si las deseas, no hay problema.”
“¿No crees que sería bueno que detalles cuáles son tus sospechas sobre el tal Wolfgang Blaiddyd, Lelouch-san?”
El mencionado asintió.
“Sí, buen punto. Es cierto que la salida de Eureka con ese individuo es más importante que el resto de cosas que mencioné,” explicó Lelouch. “Pero, entonces, primero deberíamos hablar de Campbell… para luego llegar al mayor de los Blaiddyd.”
“…” Eureka suspiró y tomó un sorbo de agua para distraerse. “Está bien. Te contaré todo lo que sé de Campbell.”
Luego de una pausa breve, comenzó con la recopilación de momentos que había compartido con aquel extraño sujeto.
“La primera vez que lo vi aquí en Japón fue hace unos meses, durante el ataque a Hanasaki por parte de Rizembool. ¿Recuerdas que le querían lavar el cerebro a Oikawa para que cumpliera con sus funciones de rebel? Bueno, Campbell fue uno de los encargados de intentar llevar a cabo ese plan. Es la mano derecha… o un aliado, no sé, de un tipo llamado Karasu, que parece ser el jefe de un comité rebel de Rizembool. Los detalles de eso no me quedan claros, la verdad.”
“Okay.” Lelouch asintió. “¿Y luego… volviste a verlo?”
“Sí. Fui a un gokon para cuidar de lejos a Oikawa y, de paso, averiguar más sobre lo que estaban tramando los del grupo de Karasu. Era probable que encontrara al menos a un miembro de ese grupo allí… o a alguien que los conociera. Al fin y al cabo, la fiesta de Rizembool a la que había asistido junto a Kana en las primeras semanas de clases me ayudó a notar que los rebels también pueden ser descuidados y tontos.”
“Pero no le fue tan bien que digamos,” comentó Neuvillette, indiferente.
“…Pues no.” Eureka suspiró. Era difícil tener un Child tan… estricto.
¿No se suponía que los roles debían ser al revés?
“No fui junto a Oikawa. Iba a llamar demasiado la atención. Así que me escabullí, pero en la entrada cuestionaron si había sido invitada al evento. Me vi asistida por un extraño, quien fingió que me conocía y me llevó a una mesa con otros cuatro asistentes. El chico que me ayudó… es mi nuevo rebel. Y aquel al que me enfrenté junto a Oikawa. De seguro recuerdas esa batalla, ¿no?”
Eureka optó por no mencionar su nombre al cruzar miradas con Madara. Aún… no sabía la verdad sobre Kokichi… y no quería decepcionarlo. Él de seguro tenía un buen concepto de aquel maldito bastardo.
“Ah, el tipo contra el que peleaste para salvar a… Nanamine, ¿cierto?” comentó Lelouch.
“Sí. después de eso, se convirtió en mi rebel… pero sigamos. En la mesa de mi rebel estaban dos inocentes estudiantes de Derecho de Rizembool, mi futura princess, el ya mencionado y susodicho y…”
“…Nea D. Campbell,” completó Lelouch.
“De hecho, tuve la mala suerte de sentarme a su lado. Tuvimos una pequeña riña en el proceso. Parece que había ido al gokon a buscar a Nanamine, pero en ese momento, no sabía la verdad. Recién… estoy atando los cabos sueltos, supongo.”
“Nanamine es una estudiante de Hanasaki que estaba haciendo intercambio en Rizembool… ¿hasta ahí todo bien?”
“Sí, así es. Creo que Campbell pensó que iría al gokon por algún motivo, pero… esa chica es muy reservada. Dudo que le interese ese tipo de eventos.”
“Pienso lo mismo. Bueno, sigue.” Lelouch le indicó.
“No volví a verlo aquí en Tokio desde ese entonces. Solo sé que mi rebel lo reemplazó en su búsqueda de Nanamine y por eso Oikawa y yo nos enfrentamos a él para protegerla. Sin embargo, desde ese entonces, el paradero de Campbell se convirtió en un misterio…”
“Hasta la gala en nombre de la alianza entre mi familia y los Zoldyck en Singapur,” comentó Lelouch, pensativo.
“…Ajá.” Eureka suspiró. “No interactué con él directamente. En tal caso, tú podrías contarme de qué hablaron, ¿no crees?”
“Le comenté acerca del desastre de su amo menor.” Lelouch sonrió. “Fue una conversación breve donde fingió que se sentía apenado por el espectáculo y me aseguró que los Blaiddyd no cometerían otra barbaridad durante la celebración.”
“…Bueno, suena a cosas que él diría. Además, eras parte de los anfitriones… por así decirlo.”
“No sé si contaba como anfitrión cuando mi papá me juzgó con la mirada durante toda la gala. Aun así, aprecio tu comentario.” Y volvió a sonreírle. “Sé que lo hiciste con buena intención.”
“Lelouch, sabes que nos conocemos desde pequeños, ¿no?” Eureka se masajeó las sienes para evitar sucumbir a las ganas de matarlo. Cada vez… probaba ser más difícil. “No entiendo por qué estás siendo tan hipócrita conmigo.”
“¿Qué?”
“¡Ay, dios mío! ¡No te hagas el tonto! Hasta el final de nuestra relación… me gritoneaste y te enojaste conmigo por miles de cosas. Vivías con el ceño fruncido… y ahora eres puras sonrisas y alegría. ¡Es obvio que tu intención es manipularme! ¡Pero no voy a caer!”
“…” Madara soltó una risita por lo bajo. Su mirada le indicó a la HiME que estaba orgulloso de ella… como si fuera… su mamá.
“…” Eureka estaba al borde del colapso mental.
Necesitaba unas vacaciones alejadas de todos… tal vez en Hokkaido. Sí, en Hokkaido, con los pajaritos blancos y tiernos cuyo nombre había olvidado por completo, con el frío que la convertiría en un bloque de hielo al paso de un par de horas y con las ventiscas de nieve que la motivarían a quedarse bajo mil mantas cerca de la chimenea de la sala principal del hospedaje de ski que visitaría…
La risa suave de Lelouch la sacó de golpe de su mundo de ensueño.
“Lo siento. He querido tratarte mejor… porque ya no le veo sentido a reclamarte las cosas de siempre. Eres dueña de tu vida… Siempre lo fuiste. Nunca debí haberme quejado de los riesgos que corrías a diario por intentar salvar al resto.”
El tarado tuvo la osadía de tomarla de la mano.
“…” Eureka estaba a dos segundos de transformarse en
El grito de Edward Munch. A esas alturas de su vida, esa expresión se había convertido en una de las más clásicas de su repertorio.
“Supongo que me irritaba no poder hacer nada para ayudarte. Y aun cuando tuve la oportunidad de desarrollar mis poderes de key… no sentía que iba a ser el apoyo que necesitabas. Parecía que podías depender más de un extraño como Oikawa que de mí.”
“¡Ay, Lelouch! ¡No te victimices!” Le reclamó la HiME, cansada de lo mismo de siempre.
“¡No me estoy victimizando!” Lelouch frunció el ceño, irritado. “¡No tengo la resistencia física necesaria para luchar a tu lado!”
“Am…” La voz de Madara interrumpió su futura pelea. “¿Les parece que Neuvillette-san y yo nos retiremos un rato? No creo que sea pertinente que escuchemos esta parte de la conversación.”
“Ah…”
“Está bien. Muchas gracias.” Lelouch asintió, derrotado.
Parecía sentirse avergonzado por haber estado a punto de perder los papeles en frente de dos extraños… y aquella expresión en su rostro le sacó una sonrisa a Eureka.
Madara colocó la servilleta de mantel que yacía en su regazo en la mesa y se levantó de su asiento al mismo tiempo que Neuvillette. El Child observó a su HiME en el camino a la puerta… Sin embargo, no musitó ninguna palabra.
“Bueno…” empezó Lelouch, una vez a solas. “No mentí cuando dije que no tengo la resistencia física para ayudarte.”
“Lelouch, ¿en serio vas a venir con excusas a estas alturas del partido?” Eureka retiró su mano del agarre y recogió la servilleta de tela de su regazo para colocarla en la mesa y poder pararse de golpe. “¡No vine aquí para perder mi tiempo en esas tonterías! ¡En serio pensé que el tema en cuestión era urgente…!”
“¡Y lo es! ¡Pero no dejas de dudar de mis intenciones y no podemos comunicarnos si lo haces!” Lelouch la imitó… con la visible intención de impedir que se retirara del cuarto privado.
“¡¿Y qué quieres que haga?! ¡¿Que te escuche en silencio y asienta cuando me lo pidas?! ¡¿CÓMO LO HE HECHO TODO ESTE TIEMPO?!”
“¡Hablas como si me hubieras hecho caso! ¡¿Tengo que recordarte todo lo que pasó desde marzo de este año?! ¡¿Por qué crees que terminamos?!”
“¡AAAAH!” Eureka dio los pasos suficientes para lanzarse a agarrarlo de la camisa. “¡Ahí está! ¡Eso era justo lo que quería oír!” Sabía que su sonrisa desencajada de seguro le sacaría una risa burlesca a su ex, pero ella también estaba al borde de perder los papeles… o quizás ya estaba en el proceso de hacerlo. “ES MI CULPA, ¡¿NO?! ¡Según tú, yo fui la única culpable de ese desastre! Porque nooo, tú hiciste todo lo correcto. Estar más pendiente de tus malditos exámenes y de tus pasantías es mucho más importante que el bienestar de tu novia, ¿no?”
“…”
“…En fin.” Eureka lo soltó y desvió la mirada, avergonzada. “Soy una imbécil, nada nuevo. No debí haber accedido a reunirme contigo. Estaba mejorando y sanando por mi cuenta… Y eso es lo que más me frustra. ¡Todo se arruinó cuando contesté tu llamada! ¡Ahora ya sé que te debo bloquear…!”
Eureka se calló súbitamente cuando los brazos de Lelouch la rodearon por la espalda. El abrazo era incómodo porque no era correspondido… y porque era lo que menos necesitaba para calmarse. En cuestión de segundos, Eureka comenzó a forcejear con el intento de zafarse de su agarre, pero Lelouch insistía en mantenerla cerca de él, como si ese abrazo idiota fuera capaz de aplacar su ira y de convencerla de que lo mejor que podía hacer era perdonarlo y seguir conversando con él sobre Campbell y los Blaiddyd.
Ah, no. Estaba hablando de Lelouch… era obvio que ni siquiera había considerado la parte de pedirle perdón. Lo único que le importaba era lograr su objetivo.
Y si tenía que manipularla para ello, lo haría con gusto.
“¡¿En serio crees que voy a ignorar todo lo que…?!”
“Lo siento.”
La sorpresa al escuchar aquellas palabras la indujo a detener su propio forcejeo. Por un instante, pensó en ignorarlas por completo y atribuirlas a un intento desesperado de su ex de apaciguarla y complacerla… pero su voz baja y temblorosa había sido capaz de convencerla hasta cierto nivel.
Lelouch era un hombre muy orgulloso. Eureka solo lo había visto quebrarse en dos oportunidades a lo largo de los casi catorce años que lo conocía: la primera, durante el funeral de su madre… y la segunda, una noche sin importancia en la que se había permitido recordarla después de varios años de intentar ignorar su pérdida.
¡¿Por qué se pondría a lagrimear ahora por una tontería como su relación?!
Un impulso la llevó a tomar del rostro a Lelouch para alejarlo de su cuello y poder observarlo a detalle.
“¡¿Eh?!” Eureka estaba muy confundida. “¡¿Lo dices en serio?!”
“…Sí.”
“No sé tú, pero sería más convincente si me dijeras por qué lo sientes…”
“…” Lelouch tomó una de sus manos y la llevó a sus labios para besarla. “Porque sé que soy egoísta. Y sé que te vas a molestar por lo que acabo de hacer.”
“¡¡¡Eso no me molesta tanto como que me dejes en ridículo de nuevo!!! ¡Pensé que estabas pidiendo disculpas por lo que le pasó a nuestra relación!”
“Ah, eso también.”
“¡Lelouch!”
“Ya…” Lelouch rio un poco. “Lo siento. Era más fácil echarte la culpa que admitir que fui una pésima pareja. Pero… no debí haber accedido a seguir la relación sin decirte la verdad antes. Cuando me enteré de que se había retomado el conflicto entre Hanasaki y Rizembool, mi reacción fue pensar en lo que haría para evitar que alguno de ustedes saliera herido. Pensaba regresar a Oxford con mis hermanos por el momento y también iba a ofrecerme a pagar tus gastos y los de tus amigos si lo veías conveniente.”
“Lelouch…”
“Déjame seguir.” Por primera vez en toda la noche, su sonrisa… fue sincera. “Sabía que ibas a quejarte, pero intuía que, después del trauma que habías vivido durante tu primer y segundo año de preparatoria, ya estabas lista para dejar atrás todo lo ocurrido. Era lógico pensar que querrías iniciar una vida nueva en cualquier otra parte del mundo, lejos de Hanasaki y Rizembool.”
“…E hice todo lo contrario.”
“Mm.” Lelouch asintió. “Fui a acompañarte a la reunión con Miranda para comprobar la verdad: siempre haces todo lo opuesto a lo que yo espero. Somos amigos por casi catorce años… y sigo sin entender cómo funciona tu lógica. Porque el cerebro de nadie funciona como el tuyo.”
“…Pues no.”
“Cuando te acompañé a la prueba HiME… dudé si era correcto cargarte con algo tan grave como eso encima de todo lo que estaba ocurriendo. Además, la convivencia iba a ser muy incómoda para ambos si terminábamos en ese momento. Pero… pospuse esa charla miles de veces. Me distraje a propósito con mis estudios y el tema de la pasantía… hasta que le perdí el rastro a las cosas que te ocurrían. Y me di cuenta de que vivíamos en dos mundos diferentes.”
“Bueno, sí. Yo también sentí lo mismo.”
“Me nacía reclamarte porque creía que era lo justo desde mi perspectiva. Al fin y al cabo, estaba en una relación de la que quería escapar… y no vi más opción que desquitar mi ira contigo. Lo siento.”
“Tampoco era tan lejano de la realidad. Sé… que de verdad te irritaba enterarte de todo el peligro que corría constantemente por defender a Oikawa.”
“Y… los celos que sentía, supongo.”
“¿Eh? ¿Qué? ¿En serio te dio celos?” Eureka arqueó una ceja.
“Sí. Oikawa es más atlético que yo. Y pasabas todo el tiempo con él… Bueno, de seguro aún estás pegada a él como chicle. ¿O ahora estás con Mikejima?”
“¿Quieres que te pase electricidad?” La sugerencia era más una amenaza, por supuesto.
“No me puedes juzgar. Es curioso que no estés con Oikawa. ¿Qué pasó? ¿Ya te peleaste con él?”
“No… Claro que no.” La HiME se separó de él, un poco incómoda con el abrazo prolongado. Lelouch solo rio ante su expresión. “Madara tiene un club de canto… y soy su asistente.”
“Ah, ya veo.” Lelouch asintió. “Bueno, ahora que ya arreglamos las cosas…”
“¡No hemos…! Ugh.” Eureka suspiró. “En fin. Prefiero cambiar el tema a que sigas llenándote de excusas.”
“No eran excusas,” le comentó, a la vez que se dirigía a la puerta.
Eureka esperó ver a Neuvillette y a Madara tras de ella, pero tal parecía que estaban lejos del cuarto… posiblemente para darles privacidad. Una seña de Lelouch fue capaz de llamar su atención y, en poco tiempo, regresaron al cuarto en plena conversación entre ellos.
“Sí, me intriga.” Neuvillette asintió. “Suena como una excelente idea, Mikejima-dono.”
“¿Eh?” Eureka los observó, confundida.
“Ah, Eureka-san~” Madara le ondeó la mano mientras regresaba a su asiento. “Estuve conversando con Neuvillette-san mientras los esperábamos.”
“…¿Okay?” La HiME no pudo evitar arquear una ceja ante ello, pero también se sentó de nuevo como el resto.
Al cabo de unos instantes, Lelouch regresó con los mozos para servir el resto de platos pendientes y evitar, así, que los interrumpieran durante el resto de la noche.
“El chef te va a matar,” le comentó Eureka, entre risas. “¿No que se debe respetar el orden de los platos?”
“Estamos un poco tarde y dudo que todo el personal se quiera quedar hasta la medianoche limpiando todo.”
“Entonces, tenemos que apresurarnos.” Les urgió Madara. “¡Si conversamos y comemos, saldremos de aquí más rápido!”
“Yo no tengo apuro.” Lelouch sonrió. “Pero imagino que ustedes sí, así que está bien.”
Eureka se aguantó las ganas de suspirar por enésima vez en ese día… y, en su lugar, se obligó a degustar las viandas en frente de ella. La verdad… no era muy fanática de la comida gourmet, pero el chef de ese restaurante tenía una sazón impresionante y no podía negarlo.
“Entonces… retomemos el tema principal de conversación,” sugirió Lelouch.
“Sí.” Eureka asintió. “¿Quieres saber qué pasó con Blaiddyd? A diferencia de cómo lo enunciaste… no salí solo con él. Nos escapamos junto a nuestros amigos.”
“Lo sé. Lo dije solo para molestarte.”
“…” Eureka pinchó un pedazo de trucha con tanta fuerza que el impacto del tenedor contra el plato retumbó por toda la habitación. A su lado, Neuvillete se tapó los oídos.
“EN FIN…”
“Espera, antes de que ahondes en ese tema… tengo una duda.” La interrumpió Lelouch, mostrándose un tanto pensativo mientras observaba la copa de vino en sus manos. “¿Por qué te demoraste tanto en reconocerlo?”
“¿A quién?”
“A Campbell,” dijo. Lelouch la observó, curioso. “¿Nunca te has cruzado con él?”
“¿Ya te olvidaste de que me mudé a Londres a inicios de secundaria? Es por ello que dejé de asistir a las galas y reuniones de tu círculo con la misma frecuencia de antes. Habré ido a unas tres o cuatro a lo largo de tres años, antes de que mis papás me mandaran acá, a Tokio. Y, si mal no estoy, creo que los Blaiddyd y los Campbell se mudaron a Oxford cuando tú y yo teníamos once años.”
“Wow, ya me mareé.” Madara sonrió, confundido.
“…” Eureka suspiró. “Viví en Oxford hasta los doce años, cuando me mudé a Londres por la separación de mis papás. Durante mi infancia, los Campbell y los Blaiddyd radicaron en Hamburgo, si mal no estoy.”
“Sí, es cierto.” Lelouch asintió.
“Y se muradon a Oxford un año antes de que yo me fuera a vivir a la capital.”
“Ajá.”
“No creo haberme cruzado con ellos en ese corto periodo de tiempo. Y tal vez los vi a lo lejos en alguna de las tres o cuatro galas a las que asistí cuando viajé a Oxford de visita durante esos tres años que viví en Londres, pero no interactué con ninguno de ellos.”
“Okay, tiene sentido.” Lelouch se veía contento con su explicación. “Entonces, ¿por qué te nació confiar en Wolfgang Blaiddyd?”
“Blaiddyd es amigo de Lavi, que a su vez es amigo de Allen…”
“¿…?” Lelouch la miró, confundido. “¿Quién?”
“¿No identificas a Lavi Bookman? Bueno, su familia no es tan importante como los Blaiddyd o los von Riegan…”
“Ah, claro. En tu grupo también estaba Claude von Riegan, ¿verdad?”
“Sí. No quiero ahondar en cómo llegó a juntarse con nosotros porque de seguro vas a hacerte el desentendido, pero Blaiddyd y él son amigos.”
“Mm.” Lelouch asintió. “Eso lo sé. ¿Y qué pasó? ¿A dónde fuiste con ese grupo?”
“A comer a la plaza. ¿Esa de los puestos que tienen estrellas Michelin?”
“Ah, yo también he visitado ese lugar~” comentó Madara. “¡Probé miles de cosas deliciosas!”
“Yo también… aunque algunas dejaron mucho que desear. No soy muy fanática de la comida marina…”
“¿Y hablaste con Blaiddyd?”
“No mucho. En algún momento mencionó que había visitado un puesto en específico hacía mucho tiempo, pero que este año había perdido su estrella Michelin por problemas administrativos. Allen le comentó que también lo había visitado y al final decidimos comprar un par de platos en ese lugar por sus sugerencias.”
“…Pero no hablaste con él a solas, ¿cierto?”
“No. Aunque cuando me conoció… sentí algo extraño.”
“¿Qué cosa~?” Madara se mostró muy curioso al respecto.
“¡No sé qué piensas, pero no es eso!” Eureka ignoró a Madara y optó por pasar al plato principal del menú de seis tiempos. Al probarlo, sonrió emocionada ante lo delicioso que estaba, pero le dio un sorbo a su vaso de agua para poder seguir hablando. “Sentí que lo conocía de antes. Pero como dije hace un rato, no traté con los Blaidydd en Inglaterra. Esta es la primera vez que trato con uno de los hermanos. Sospecho que Campbell tiene que ver algo con eso… aunque no estoy segura del todo.”
“Eureka.” La voz seria de Lelouch la asustó un poco. “Voy a serte sincero. Todo esto me da muy mala espina. Entiendo que von Riegan vino a Japón para radicar como actor y renunciar por completo a sus obligaciones como heredero de su familia. Dimitri Blayddid vino por su ex… y Wolfgang, por su sirviente. Pero no entiendo los motivos de Campbell. ¿Qué gana al aliarse con Rizembool?”
“Eso es lo que yo también me pregunto. Tampoco entiendo por qué esa estudiante de Hanasaki era tan importante para él… ni por qué desistió de perseguirnos a mí y a Oikawa. A estas alturas del partido, es probable que ya sepa lo que ocurrió con mi nuevo rebel.”
“No cabe duda de que es un tipo peligroso. Por mi lado, debo comentarte que tuve la oportunidad de conversar con los Blaiddyd hace un par de semanas. No me dijeron nada relevante, la verdad. Wolfgang dio a entender que él tampoco sabe por qué Campbell vino a Japón. Tengo mis dudas… pero valdría la pena indagar más al respecto.”
“Ah.” Eureka lo observó, resignada. “Ese es el favor que me querías pedir, ¿no?”
“Así es.” Lelouch sonrió. “Necesito que investigues más sobre ellos dos. Como ya mencioné, tengo un mal presentimiento… Aun así, no puedo hacer mucho por mi cuenta porque no cuento con las herramientas necesarias para defenderme o para atacarlos de ser necesario.”
“…¿Y yo sí?” Eureka se vio nublada por las ganas de jalarse los pelos, de lanzarse a ahorcarlo y de destriparlo con alguno de los cuchillos en su lado de la mesa.
“Eureka-san tiene razón.” Madara salió a dar la cara por ella… y aunque el gesto era un poco metiche e irritante, la HiME sonrió. “Ella ya tiene suficientes responsabilidades como para tener que encargarse de algo más.”
“Fue por ello que le ofrecí lo que desee a cambio. Si quieres dinero, te puedo pagar por esa <comisión>, por así decirlo. Y si necesitas otro tipo de favor, también estoy dispuesto a apoyarte con lo que gustes.”
“Accedí a reunirme contigo por ello,” admitió. “Pero… creo que ya cambié de opinión. No quiero deberte nada, ni que tú me debas nada. Estoy cansada… de que me uses a tu antojo.” Pese a sus palabras, Eureka le sonrió. “Ahora no te veo tan opuesto que digamos a la idea de que sea HiME, ¿no? Claro, porque ya le encontraste cierta utilidad y ahora te conviene.”
“No he dicho que esté de acuerdo con esa decisión. Es solo que deberías ser tú la que se encargue de ese asunto si tienes los medios para defenderte…”
“No los tengo, Lelouch.”
El mencionado tuvo la intención de insistirle, pero asintió.
“Está bien. Al menos… ¿podríamos reunirnos cada cierto tiempo para intercambiar información como ahora? Podría ser provechoso para ambas partes.”
“¡¿QUÉ?! ¡¿Crees que me emociona la idea de…?!”
“También pienso darte cierta retribución por ello, tranquila. ¿Qué era lo que deseabas?”
“…” Eureka miró a Neuvillette, pero negó con la cabeza. “Nada, por el momento.”
“¿Eh?” Madara se veía muy confundido ante su actitud. “¿Piensas acceder, Eureka-san?”
“¿…?” Neuvillette también le hizo la misma pregunta con la mirada.
“Bueno, un intercambio de información es distinto a ser su agente personal o lo que él quería que fuera. No me gusta mucho la idea de reunirme con él a cada rato… Preferiría no tener que hacerlo. Pero… me conviene que esté dispuesto a retribuirme por ello.”
“No entiendo… Usted no quería deberle nada.”
“Sí, Neuvillette.” Eureka le sonrió. “Y sigo pensando igual. No sé… pienso que me podría beneficiar a futuro. Y no tengo que arriesgar mi vida por ello, solo vamos a intercambiar información y ya.”
“¿Lo estás haciendo por lo del departamento?”
“¿Qué departamento?” Lelouch arqueó una ceja. “Eureka, no tengo tanto dinero…”
“¡¿QUÉ?! No, no. No quiero que me compres un departamento. Madara se refiere a que estaba pensando en mudarme porque no puedo vivir con Neuvillette en la mansión HiME.”
“Ah, ¿quieres que te pague la renta?” Lelouch ladeó la cabeza.
“…Tal vez. E-eso no importa ahora. Lo relevante es que ya quedamos en un trato, ¿no?”
“…Sí, es cierto.”
Lelouch se levantó de su asiento y le extendió la mano.
“Gracias.”
Eureka supuso que, en su cabeza de chorlito, había imaginado que la HiME lo electrocutaría y lo mandaría bien lejos… escenario que no era del todo equivocado.
Sin embargo, sentía que tampoco podía hacerse la orgullosa y negarse a tratar con él cuando la oferta sonaba más provechosa para ella. De todos modos, había pensado en averiguar más sobre Campbell… No podía quedarse con los brazos cruzados cuando existía la posibilidad de que estuviese tramando algo peor junto a Karasu.
Además… Wolfgang Blaiddyd parecía contar con varios secretos que la llenaban de intriga. Eso, sumado al misterio de aquella sensación familiar que la invadió al conocerlo, la había motivado a acceder.
La HiME sabía muy bien que tenía demasiadas cosas pendientes. La pelea del fin de semana seguía siendo una incógnita preocupante en su vida, pero… no podía hacer caso omiso a las cosas que pasaban a su alrededor… y que llevaban un tiempo atormentándola de manera indirecta.
“…”
Eureka estrechó la mano de su ex en silencio.