Intenté terminarlo pero mejor no, porque ya era mucho! Sorry por lo largo.
@Kana, aún no hago lo que planeamos XD tengo que terminarlo, ya lo postearé en estos días!
Este aporte va antes del de Kana!!
10.La amistad que tenía con Oikawa era perfecta: se podían contar de todo y hablar sobre temas delicados sin ningún inconveniente. Sabían, también, que era mejor afrontar los problemas juntos en vez de meterse cada uno en su burbuja e intentar luchar contra algo por su cuenta. Había sido así desde el momento en que se conocieron, cuando lo vio por primera vez gracias a la reunión que su mamá había hecho: las familias Oikawa e Iwaizumi siempre habían sido unidas, y por eso, sus hijos no tardaron en formar un vínculo muy fuerte.
Conocer tan bien a Oikawa, sin embargo, jugaba a veces en su contra. Como en esta ocasión, en la que sabía que su amigo le estaba escondiendo algo importante, pero le costaba preguntarle qué era por temor a hacerlo en un momento poco adecuado (por ejemplo, cuando estaban comiendo okonomiyaki con sus amigos). Le fue complicado aguantarse sacar eso a la luz, pero consiguió tragárselo toda la noche, y para cuando regresaron al departamento que compartían, Iwaizumi decidió que era el mejor momento para hablar.
“Iwa-chan.” Oikawa lo sorprendió al llamarlo suavemente, iniciando él la conversación. Estaba parado en el marco de la puerta de la cocina, observando cómo Iwaizumi guardaba el paquete de okonomi que habían traído de la salida. Habían sobrado unas cuantas tortillas y, luego de regirse –Oikawa había planteado que era la mejor manera de arreglar el asunto—, Souji y ellos habían ganado. Yasutomo se vio indiferente ante su derrota: al contrario, les celebró. Contó que, en su caso, guardar comida era por gusto porque casi nadie consumía las cosas del refrigerador de su departamento: sus compañeros de piso siempre paraban fuera y él prefería comprar algo fresco en vez de comer lo guardado. Por ende, los alimentos perecían rápidamente.
“Dime.”
“Eh…”
Iwaizumi se giró a encararlo luego de cerrar la puerta del refrigerador, y cayó en cuenta de que Oikawa se veía muy cansado. Intuía que estar todo el día en la calle, más la práctica de vóley, había sido mucho para su amigo. Sin embargo, ahí estaba parado, peleando contra el sueño, para hablar sobre algo que, al parecer, era de suma importancia.
“Te tengo una noticia, no sé qué tan buena sea, no prometo mucho,” Oikawa tenía la mirada en un punto fijo en el repostero.
“¿Qué pasa?” le preguntó, observándolo fijamente.
“…”
“No la hagas más larga, Shittykawa.”
“Jejetuamigoesidiotayesrebeljeje”
“…Habla lento, que no te entiendo.”
“Soy idiota.”
“Sí, eso lo sabe todo el mundo, es una verdad general. No gano nada con eso.”
“…” Oikawa suspiró. “Soy idiota, y accedí a ser rebel.”
Iwaizumi arqueó una ceja, y luego de una corta pausa, preguntó: “¿Qué chuchas es eso?”
“…Iwa-chan, ¿no sabes qué es un rebel?”
“No.”
Oikawa abrió los ojos, sorprendido. “Wow, pensé que todos los estudiantes de Rizembool habían escuchado los rumores… pero supongo que eres muy despistado, Iwa-chan~”
“Ve al grano, estúpido.”
“Eh…” Oikawa tragó saliva. Luego, se puso a jugar con sus dedos, juntando las puntas de sus índices en una actitud sumamente infantil y digna de él. Se notaba a leguas el temor que sentía de sólo pensar en una reacción negativa por parte de su amigo. “Pues… hay esta guerra entre Rizembool y Hanasaki… Rivalidad, supongo… y eh…” Oikawa seguía jugando con sus dedos y esquivando la mirada de Iwaizumi. “El rol del rebel es… eh… vencer a una chica que es su enemiga en Hanasaki… se llaman HiMEs…”
“…”
“Y, j-jeje, eh, ¡Sí! Soy un rebel, jaja.”
“¿…Qué mierda?” Iwaizumi se quedó mirándolo, entre incrédulo y confundido.
“¡Lo hice porque me prometieron más presupuesto para el equipo!” Exclamó. “También porque quería soltar un poco de estrés, pero eso es aparte.”
Iwaizumi empezó a caminar hacia él a pasos largos: Oikawa retrocedió acorde a esto, temeroso de recibir un golpe por su confesión. El armador terminó girándose para correr y mantener una distancia prudente. Al llegar al final del pasillo, cayó en cuenta de que no había escapatoria, y tragó saliva. Saltó un poco al ver a su amigo en el reflejo del espejo que estaba frente a él: Iwaizumi se veía iracundo y dispuesto a propinarle un puñetazo que lo mandaría a Marte.
“Por sea caso, no es una broma, voy en serio…” dijo Oikawa.
“Sí, lo peor de todo esto es que creo en todo lo que me has dicho. Es tan estúpido y digno de ti, Shittykawa.”
Oikawa alzó las manos, en un ademan de mantener a su amigo en su sitio, a unos escasos metros de él. “Iwa-chan, si me matas, saldrás en las noticias de mañana en primera plana," la voz de Oikawa era cómica, pero a veces se escuchaba un temblor que denotaba miedo. "No arruines tu vida por algo tan tont—”
“Maldita sea, Oikawa. ¿Por qué vas y haces cosas tan idiotas así de la nada?”
“Bueno, en parte fui, en parte me llamaron. Hubo un poco de ambas cosas.”
“…Ese no es el punto, so bestia.” Iwaizumi soltó un suspiro. “¿Por qué esto? Es tan innecesario.”
“La oportunidad estaba ahí y la tomé. Prometieron facilitarme cosas para mis estudios, además del tema del equipo.”
“No es razón suficiente. Puedes salir lastimado.”
“No~” Oikawa hizo su signo de paz con sus dedos, guiñó un ojo y sacó la lengua. “Hablé con Souji y me prometió que me ayudará a entrenar.” Al recordar que Souji no le había mencionado nada a sus amigos sobre su pasado como rebel, Oikawa formuló una mentira piadosa. “Él sabe mucho de kendo y eso probará ser muy útil.”
“Ah, sí, algo así escuché de Arakita.”
“¿Ves? No hay problema.” Sin darse cuenta, Iwaizumi había cortado la distancia y estaba ya a menos de un metro de él. Reaccionó muy tarde, y cuando sintió una presión en su hombro, supo que su amigo estaba a punto de partirlo en dos y hacerlo papilla. Oikawa se encogió, por miedo, pero el golpe nunca llegó.
“Mañana te daré una patada durante el entrenamiento. Ahorita sólo quiero dormir.” Y apretó más la mano que tenía sobre el hombro de su mejor amigo.
Iwaizumi lo golpeó en la cabeza suavemente con el filo de la mano, y luego de desearle buenas noches, se retiró a su cuarto en silencio. Oikawa se quedó estático durante unos breves momentos: reaccionó al cabo de unos segundos al sentir el peso de todo el día cayendo en sus hombros. La práctica, las clases y la salida con sus amigos (más esta pequeña discusión que le había quitado décadas de su vida) lo habían dejado muy cansado y sólo quería echarse en su cama y morir. Al ver que Iwaizumi no estaba dispuesto a hablar más sobre el tema, se rindió, y decidió imitarlo: se giró y caminó unos cuantos pasos, hasta abrir la puerta de su cuarto. Lanzó su morral y su bolsa de deportes al piso, y se aventó sobre la cama, que emitió un chirrido por el peso que tenía encima.
Había sido un día larguísimo pero al fin se acababa, para su suerte.
Por su lado, Iwaizumi se aguantó las ganas de regresar a donde estaba Oikawa y darle el puñete que se merecía. Esa actitud egoísta y mártir de su capitán y mejor amigo era extremadamente frustrante y lo hacía botar humo por las orejas, pero ya luego se desquitaría durante el entrenamiento de mañana.
Por mientras, intentaría dormir, aunque las preocupaciones que tenía eran muchas para contar y sabía que no lo dejarían conciliar el sueño tan fácilmente.
“Lo siento, pero creo que si estuviera en tu lugar, ver a Sho Minazuki en la pantalla de mi celular me daría muchísimos motivos para colgar.”
“No puedo, mañana me joderá un montón cuando lo vea—” Souji colgó de casualidad. “Oops,” dijo, sin una pizca de arrepentimiento.
“¿Vas a ver a Sho?” Adachi arqueó una ceja. “¿Por qué?”
La pregunta se debía en parte a sus celos, pero también a mucha curiosidad. Sho no era tan cercano a ninguno de los dos, al menos no tanto como para que Souji y él salieran juntos sin incluir a Kaneki, el hermano de Sho, o Bokuto y Akaashi, amigos que tenían en común.
“Quería que lo ayudara a entrenar.”
Esa tarde, Sho le había pedido a Souji que se apiadara de él y fuera su compañero de entrenamiento el fin de semana, debido a que Kaneki no estaba disponible por su trabajo de medio tiempo (le habían rotado al viernes, para su mala suerte). Souji, que nunca podía decir no, había aceptado, aprovechando que él también necesitaba estar en forma y extrañaba un poco la emoción de una batalla verdadera. Minazuki era un experto en combate y blandía sus katanas gemelas con mucha destreza.
Y, como los viernes no tenía clases en la tarde (o en su defecto, las clases de práctica aún no comenzaban), Souji estaba completamente libre y dispuesto a hacerlo.
“Por el amor de Dios, Souji, ¿cuántos discípulos quieres tener? ¿A todos los rebels? Esto va a ser una guardería.”
Adachi se veía muy fastidiado por la actitud amable de Souji… y este lo entendía: tenía sentido, si uno se ponía a pensar en eso detenidamente. Ayudar siempre a sus amigos y conocidos podía traerle graves consecuencias: la gente podía aprovecharse de eso y causarle molestias. Pero, si era sincero consigo mismo, en algunos casos lo hacía por conveniencia propia.
Este era uno de esos.
“No era por eso, realmente…”
“¿Entonces?”
“Sho perdió contra otro prospecto de rebel y no le dieron el puesto. Está enojado y quiere liberar un poco de estrés, eso es todo.”
“¿Qué afán tienen los niños de ahora con ser rebel?” Souji empezó a reírse. “Oye, ¿por qué te ríes?”
“Tohru, tienes 24 años.”
“¿Y?”
“No estás tan viejo como para hablar así.”
Adachi rodó los ojos. “¡IGUAL! Ser rebel no es tan genial como para que todos lloren y se peleen por eso.”
“Bueno, creo que todos tienen razones distintas. Oikawa lo pidió a cambio de más dinero para el equipo de vóley, pero Sho—”
El ringtone de su celular lo interrumpió, y esta vez, Souji contestó ni bien vio la pantalla tintineando.
“¿Aló?”
“
¿Souji? ¿¡Por qué me colgaste!?”
“Lo siento, lo hice de casualidad.”
“
Eh, lo que sea. ¡Necesito que me hagas un favor tremendo!”
Adachi le hizo señas a Souji, rogándole que colgara o se rehusara a aceptar.
“¿Qué cosa?” Preguntó Souji, y vio que su pareja trazó su dedo índice sobre su cuello, en señal de que se arrepentiría de haber dicho eso.
“
¿Podrías pedirle a Adachi que intervenga por mí? Como eres su… su… no sé qué son ustedes, pero sí, de seguro te hará más caso a ti que a mí.”
Adachi se señaló, y luego movió el dedo índice. Souji captó el mensaje inmediatamente. “Ah… Adachi ya no está en el comité encargado de eso.”
“
¿Estás con él ahorita?”
“NO ESTOY” gritó Adachi, y cuando se dio cuenta de su error, se llevó una mano a la frente. Quería llorar, pero más que nada, quería partir a Sho Minazuki en dos.
“
¿Puedes pasármelo?” Souji le hizo caso, y Adachi aceptó el teléfono a regañadientes.
“Mocoso.” Adachi lo saludó, su semblante denotaba enojo y su tono era de pocos amigos.
“
¡Adachi! Me fascina lo viejo que suenas cuando dices esas cosas.”
“Te odio, en serio te aborrezco. ¿Por qué llamas a estas horas?” Dijo, y luego alejó el teléfono de su oreja para presionar el botón de altavoz.
“
Recién llego a mi casa, estuve en la universidad todo el día. Ken acaba de irse a dormir así que puedo hablar de esto más tranquilo.”
“¿No quieres que se entere?”
“
Él…” Sho hizo una pausa. “
Eh, no, nada. Mañana te cuento, Souji.”
“¿Y POR QUÉ NO ME CUENTAS A MÍ?” Adachi se quejó.
“
¿Por qué lo haría?” Sho sonaba sumamente confundido. “
En fin, ¡no pensé que estarían juntos! Aunque me lo veía venir… Mejor para mí, supongo~ Sorry por interrumpir.”
“Estábamos a punto de dormir, carajo.”
“
¡Qué aburridos! La noche es joven.” Sho rio un poco. “
Okay, ¿escuchaste lo que le dije a Souji?”
“Sí.”
“
Me dijo que ya no estás en el comité. Aun así, ¿no puedes hacer algo por ahí?”
“No.”
“
¡Adachiiii!” Sho le lloró.
“No puedo y, francamente, no quiero. Mira, luego de que Souji me contó que su amigo, el capitán de vóley, es rebel, ya no confío en nada ni nadie. Quién sabe cómo logró eso.”
“Tohru, Oikawa es un caso especial, tiene potencial y ya te conté por qué lo hizo—”
“Sí, lo sé.” Adachi rodó los ojos. “Y como buen samaritano que eres, quieres ayudar a todos—”
“
¿Cómo así?”
“Eh… voy a ser mentor de Oikawa, o algo así.” Le dijo Souji.
“
¿QUÉEEE? ¡Increíble! Hey, si consigo ser rebel, ¿podrán ayudarme? Oh, ¡A Ken también!”
Adachi miró a Souji. “¿Qué te dije? Guardería. Prepárate para adoptar a 38402 hijos.”
“¿Sabes qué es lo peor? La idea no se me hace tan mala.”
“…Souji, yo no quiero tener hijos.”
Souji sonrió. “¿Lo dices por lo de ahora o hablas del futuro?”
“
¿Aló? ¿Pueden dejar de hablar de homoparentalidad y prestarme atención?”
“Minazuki, es casi la una. Tengo clases a las 8 de la mañana, Souji a las 10. Por favor, te lo ruego, ¿podemos hablar de esto más tarde?” Adachi no era de suplicar, pero estaba demasiado agotado y lo último que quería era seguir discutiendo con Souji y Sho, las personas a las que más aborrecía en el universo.
…Okay, tal vez a Souji no tanto, pero a Sho sí.
A Sho lo odiaba con ganas.
Tremendo mocoso.
“
Si me respondes lo que quiero oír, los dejo en paz.”
“Podrías recomendarlo o algo. Eres un exRebel y, encima, fuiste parte del comité de elección. Tomarán en cuenta tu opinión sobre el asunto.”
“Souji, no le des ideas.”
“
¡Souji tiene razón!”
“¿Y qué pasa si fracasas? Mi reputación quedará afectada.”
“
Eso no pasará, porque Souji me apoyará. I wanna be the very best, like no one ever was!”
“…” Adachi soltó un suspiro hondo y lleno de resignación. “Okay, veré qué puedo hacer. Pero conste que lo hago por Souji, no por ti. Ah, y no hagas berrinche si no terminan escogiéndote aun así.”
“
Ya, ya, lo que tú digas.”
Sho colgó la llamada en esos instantes. El cuarto se sumió en completo silencio, hasta que Souji y Adachi agudizaron el oído y escucharon los movimientos de las agujas del reloj que estaba en la pared.
Souji le arranchó el celular a Adachi al notar que lo agarraba cada vez con más fuerza, producto del enojo. Luego de dejarlo en la mesa de noche, se acomodó de nuevo en la cama. Adachi lo imitó y volvió a atraerlo a su pecho, sin cerrar aun sus ojos.
“¿Quieres hablar sobre esto?” le preguntó Souji, levantándose un poco para intercambiar miradas con él.
Adachi suspiró. La necesidad de fumar un cigarrillo era muy grande, pero el sueño era mayor.
“No hay nada de qué hablar. Minazuki es un manipulador de mierda.”
“Pudiste colgarle.”
“Se me está contagiando tu actitud, supongo.”
“¿Preparado para adoptar 38402 hijos?”
Adachi soltó un suspiro de nuevo, por centésima vez en el mismo día. Pensó en preguntarle cómo había memorizado el número exacto que había mencionado hace un rato, pero optó por guardarse la pregunta: era muy estúpida, Souji era un sabelotodo y de seguro no se le hacía complicado memorizar números largos.
“…Necesito un trago, un cigarrillo y unas vacaciones.”
“Has estado de vacaciones hasta hace poco.”
“…Igual.”
Souji rio. “¿Qué tal si nos vamos de viaje cuando termine el ciclo?”
“¿QUÉ?” Adachi abrió los ojos, sorprendido, pero su ceño se frunció al recordar un pequeño detalle. “¿Te dejarán tus papás? Según lo que sé, me odian. Ah,” Rodó los ojos. “No, ellos no son lo peor. Tu tío me la tiene jurada.”
“Yo veo la forma de convencerlos, incluyendo a mi tío, tranquilo.”
Adachi guardó silencio por unos instantes, y luego asintió. “Mm, si es así, entonces genial.”
“Okay, entonces le avisaré a Marie, Oikawa y al resto.”
“Espera. ¿No íbamos sólo los dos?”
“¿Cuándo dije eso?” Souji sonrió.
“¡SOUJI!” gritó Adachi, enojado.
Souji soltó una carcajada. “Sólo bromeaba,” Souji se acercó y le dio un beso, que cortó ni bien sintió a Adachi correspondiéndole. “Buenas noches.”
Adachi rodó los ojos. “…Buenas noches.”
Ambos durmieron con una sonrisa en sus rostros.

Saruhiko revisó los dígitos en la pequeña pantalla de la lavadora y chasqueó la lengua. Faltaba más de una hora para que terminara todo el proceso de lavado, enjuague y centrifugado… y tenía una clase en menos de treinta minutos. Por un segundo cruzó por su mente la idea de mandar todo a la mierda (lavadora y clase juntas), pero optó por pausar el proceso y dejarlo para después. Ya había faltado a la anterior clase de ese curso y no quería tener problemas desde el inicio del ciclo. Sus papás no se interesaban mucho en sus clases ni en sus notas así que no era tanto por presión familiar sino por algo más… propio de él. Tenía en mente subir su promedio este ciclo para evitar que gente pretensiosa le quitara cupos en los mejores cursos a último momento. Su promedio era superior al del común denominador y, aun así, había gente que lo botaba de uno que otro curso en la matrícula y eso lo llenaba de frustración. Le había pasado con un electivo este ciclo, y desde entonces, se había propuesto mejorar aún más.
Rodó los ojos mientras se cambiaba de ropa a una más presentable. Se puso el primer saco decente que encontró, y luego de agarrar su morral, su casco y sus llaves, caminó con pasos apurados hacia la puerta. Calculaba que, en su scooter, llegar a Rizembool le tomaría unos quince minutos, sin tráfico y a una velocidad moderada. Añadiéndole unos cinco minutos más para estacionar la moto y correr al salón, en total serían veinte minutos. Felizmente, aún estaba a tiempo. La clase empezaba a las diez y eran las nueve y treinta de la mañana.
Salió de su departamento y le echó llave, corriendo a las escaleras. Su celular sonó, y lo sacó de su bolsillo para revisar de qué se trataba. Era una notificación de facebook del capitán del equipo de vóley, Tooru Oikawa. Le había mandado un mensaje en el que le solicitaba que fuera a los entrenamientos, contándole que habían iniciado esa semana y que era importante tenerlo presente. Saruhiko chasqueó la lengua: se había metido a vóley, al inicio, para completar con parte de los créditos electivos requeridos. Era un montón de trabajo y, al final del primer ciclo, lo dio por terminado, pero el capitán y el vice-capitán le pidieron que se quedara por sus habilidades de bloqueo. Existía la posibilidad de conseguir una beca (no total, pero de una tercera parte de la pensión) si es que seguía dentro, así que terminó aceptando. En estos momentos, sin embargo, se arrepentía: ya no quería hacer el esfuerzo, le daba demasiada flojera y extrañaba esas horas libres que tenía los miércoles, jueves y viernes.
Mientras pensaba qué responderle al inbox de Oikawa, bajó las escaleras, y caminó hacia el estacionamiento. Allí, notó con horror que el scooter de un
salvaje se había caído encima del suyo, y yacían uno encima del otro en el piso. De seguro el dueño de esa moto, siendo un completo imbécil, la había parqueado mal y no le había puesto bien la palanca que la mantenía de pie. Corrió hacia su moto y le tomó una foto a la escena, para mostrársela al otro dueño cuando lo viera. Luego, levantó la de su vecino para lanzarla con furia hacia el otro lado y poder revisar si se había rasguñado la suya por el accidente. Se arrodilló e inspeccionó la pintura detenidamente, hasta encontrar varios raspones en su vespa negra. Allí, sintió la necesidad de
matar al culpable, y no se sorprendió al notar que parte de sí mismo iba en serio con la idea. No era de tenerle cariño a las cosas materiales, pero esa vespa le había costado una gran cantidad de dinero y ver los raspones lo llenaban de furia. Trazó un rasguño con la punta de los dedos: no era muy profundo, pero igual sería un tanto caro arreglarlo.
“¡MI SCOOTER!” Escuchó el grito antes de sentir la presencia de alguien a sus espaldas. El extraño alzó el otro scooter y se puso a chequearlo: pudo ver algo de eso en el reflejo en su moto. “¡Está lleno de raspones! ¿Tú le hiciste esto? Te voy a sacar la mierda, carajo.”
Iracundo, Saruhiko se puso de pie y se giró para encarar al culpable de todo esto. Se aguantó las ganas de propinarle un puñetazo, tan sólo porque ponerse a pelear en el estacionamiento terminaría perjudicándolo: estaba con la hora, y no podía darse el lujo de cortar en dos al culpable. Cada minuto estaba en su contra.
“¡Ah!” El chico –¿era su vecino? era la primera vez que veía esa moto, así que intuía que no— abrió los ojos como platos y se quedó observándolo, como si hubiera visto un fantasma.
“¿Qué pasa? Citándote, ¿No me ‘ibas a sacar la mierda’?” Le dijo, en un tono burlón y muy sardónico.
“¿…Fushimi…kun?” Murmuró, inseguro.
“…” Saruhiko arqueó una ceja. ¿Cómo lo conocía? Él no lo record—
Oh.
“…No puedo creer que Yata-san es el culpable de todo esto~”
“…”
Misaki Yata, el chico encargado de las clases prácticas de fotografía –electivo que llevaba este ciclo, y del que casi lo botan en el periodo de matrícula—, se mordía el labio inferior y lo miraba, enojado. Al parecer, como Saruhiko era su alumno, se le hacía imposible tratarlo como lo había estado haciendo hasta hace unos instantes. Saruhiko agradeció al reglamento universitario por ello.
Le sorprendió lo mucho que se había demorado en reconocerlo, pero supuso que se debía a la ausencia de sus lentes (…se los había olvidado dentro de su departamento, para su sorpresa).
“Mira, podemos demorarnos todo el día intentando acordar quién tuvo la culpa de qué, pero lo cierto es que tu scooter estaba encima del mío cuando llegué.” Saruhiko sacó su celular y le mostró la foto que había tomado al llegar a la escena.
Misaki se guardó las ganas de gritarle, y gruñó algo por lo bajo. Su semblante se veía intranquilo: al parecer se debatía internamente por cómo reaccionar a todo el problema.
“¿Qué quieres que haga?” le dijo, luego de unos cuantos segundos de silencio.
“Que me pagues por los daños, y ya, borrón y cuenta nueva. Seguirás siendo el jefe de prácticas de mi comisión y seguiré siendo tu alumno.”
Misaki bufó. “No tengo dinero en estos momentos… ni siquiera para arreglar mi propia moto.”
“Qué pena~” Saruhiko canturreó con sorna. “No sé cómo, pero me vas a pagar.”
“…Está bien” Misaki aceptó, a regañadientes. Su deber como jefe de prácticas iba antes que su orgullo, y prefirió ahorrarse una pelea.
“Mm, te doy dos semanas. Espero ver el dinero para ese entonces. Te denunciaré si no ocurre eso.” Y lo amenazó con la mirada. “Bueno, lo veo, Yata-san~” Finalizó con una sonrisa.
Luego de dejar su moto en una posición estable, Saruhiko corrió hacia las escaleras, de regreso a su departamento. Necesitaba sus lentes: después de todo, no iba a poder manejar sin ellos.
Llegó al lugar acordado en pocos minutos: sabía del food court localizado en el último piso del edificio principal de la facultad de Diseño gracias a que Marie siempre lo llamaba para comer juntos en ese mismo lugar. Su amiga era de moverse poco por el campus de Rizembool, a excepción de aquellas veces en las que a ella le tocaba visitarlo a él en su facultad o visitar a los amigos que tenían en común que estaban en Comunicaciones (Oikawa y Bokuto, por ejemplo).Mayormente, ella se encontraba rondando los edificios de Diseño y ese food court era su lugar preferido para comer y trabajar al mismo tiempo. Al parecer, también era la primera opción de Sho, quien lo había llamado allí en esos momentos.
No recordaba muy bien cómo lo había conocido –si había sido primero Sho o Kaneki de quien se había hecho amigo—, pero lo cierto es que ambos chicos habían formado una amistad con él, y los veía de vez en cuando, cuando salían a comer y a pasar un rato juntos. No eran muy cercanos, pero eran personas muy amenas y parecían tener buenas intenciones, así que Souji no dudaba que en un futuro la cercanía aumentaría.
Sho era el más extrovertido de los dos: mucho más abierto y fácil de leer. A diferencia de su hermano adoptivo, era muy inmaduro y propenso a hacer berrinche si las cosas no salían como él esperaba, y aunque esto se le hacía un tanto tierno a Souji, a veces lo sacaba de sus casillas, y le era muy difícil mantener apariencias en frente de Sho.
Sin embargo, la propuesta de entrenar juntos le convenía: no era porque retomaría su puesto como rebel, más que nada, se debía a su necesidad de mantenerse en forma y de no oxidarse. Hacía un buen tiempo desde la última vez que había tenido una batalla seria contra alguien (había sido contra Adachi, quien a regañadientes accedió a darle el gusto, hace más de medio año), y necesitaba un poco de práctica para al menos no olvidar lo básico. De paso, Rizembool había aceptado su pedido de ayudar a Oikawa a adaptarse a su puesto de rebel, así que necesitaba practicar para poder demostrarle a él cómo se hacía.
El problema yacía en que se sentía extremadamente cansado, no sólo por la llamada de Sho justo en el momento en el que por fin conciliaba el sueño la noche anterior, sino también por levantarse tempranísimo para poder salir junto a Adachi hacia la universidad, y encima, tener que lidiar con Oikawa y su problema con Iwaizumi a primera hora del día. Agregados a estos eventos, estaban sus clases de diez a una de corrido, y la charla agotadora con un par de profesores de Rizembool para poder atribuirse a sí mismo el tutelaje de Oikawa. Sus musculos le dolían por haber dormido en una mala posición, y se le cerraban los ojos del sueño mezclado con agotamiento.
Como adivinando, Sho le había comprado un café cargado y se lo había dejado en la mesa. El pelirrojo también estaba con un vaso igual al de él. Al cruzar miradas, se saludaron con un sonoro golpe de palmas, y Souji tomó asiento a su lado.
“…por venir.” Le dijo Sho, refiriéndose al café.
“Gracias, justo pensaba en comprarme uno,” le sonrió. “¿Dónde quieres entrenar, por cierto?”
“Hay un bosque pequeño por comunica, no sé si has ido allí a pasar algún hueco.”
Souji se quedó pensativo por unos segundos. “Ah, creo que sí.”
“Es tranquilo, y mucha gente va allí a descansar, pero sé de una zona dentro de él que es espaciosa y perfecta para entrenar. ¿Está bien?”
“Sí, no hay problema. Más bien, ¿quieres ir yendo ahorita?”
Sho lo contempló por unos instantes, hasta que asintió con la cabeza. “Sí, mejor.”
Se levantaron de los asientos, agarraron sus vasos de café y caminaron hacia las escaleras.
“¡Saruhiko!” Llamó Souji, suavemente. Un chico de cabello oscuro y lentes que caminaba hacia ellos alzó la mirada, cruzándola con las de ambos. Saruhiko soltó un bufido, rodó los ojos e hizo un ademán de saludo, para luego continuar con su camino en el sentido contrario de Sho y Souji.
“Fushimi sigue igual de antisocial, no me sorprende.” Comentó Sho, una vez alejados lo suficiente como para que Fushimi no escuchara de lo que hablaban.
“Haha, al menos ahora nos saluda,” remarcó Souji, con una risa. “¿Recuerdas cómo nos ignoraba?”
“Es cierto.” Sho también rio un poco, al hacer memoria de sus primeras interacciones con Fushimi. Inmediatamente luego de eso, recordó el motivo principal por el que había citado a Souji, y suspiró. “Oye, ¿puedo contarte algo?”
“Estaba esperando que hablaras del tema,” dijo Souji, y luego tomó un poco de café.
“¿Eh?” Sho se veía confundido.
“Es lo de Kaneki, ¿no?”
Sho tiró de sus cabellos, visiblemente frustrado. “¡Qué rápido me lees!”
“Es muy fácil hacerlo.”
Souji volteó a sonreírle, y luego, volvió a enfocar la mirada en el camino que se extendía en frente de ellos. Se encontraban en una vereda amplia entre dos edificios, el trayecto era parte de un atajo para llegar rápido a su destino. Rizembool carecía de áreas verdes, siendo el bosque ubicado atrás de Comunicaciones una de las pocas que existían. Sin embargo, enmendaban este error con jardines en los pisos de los mismos edificios, haciendo del campus una pequeña metrópolis que crecía hacia arriba en vez de expandirse a los lados.
“¿Y bueno?”
“Te conté ayer, no me eligieron como rebel,” Sho se veía un tanto decepcionado.
“Sí.”
Un par de chicos que venían en sentido contrario le ondearon la mano a Souji, y este les devolvió el gesto con una sonrisa. Sho se quedó extrañado, y luego de un corto silencio, volvió a hablar.
“Wow, Adachi no exagera cuando dice que te conoces a todo Rizembool.”
Souji suspiró. “Ahí va de nuevo con sus celos…”
“Pero onda, que has saludado a más de diez personas en estos diez, quince minutos que llevamos juntos.”
“¿En serio es tan raro que conozca a tanta gente?”
“No es raro… bueno, tal vez un poco.” Sho rio. “Lo extraño es que tienes tiempo para todos y que no te agota escuchar a cada uno de tus amigos. No lo digo por ahora, sino… en general, por sea caso.”
“Supongo que me gusta hacerlo, o algo así. Estoy acostumbrado a ayudarlos en lo que pueda, ya ni lo pienso dos veces, realmente. Pero bueno, sigue con lo que me contabas.”
“Eh… Kaneki sí va a ser rebel. ¿Recuerdas que estuvo muy mal en el hospital?”
“¿Ya está mejor, no?” Souji se mostró preocupado.
“Sí, en gran parte. Igual, me dio un gran susto.” Sho suspiró. “Bueno…en el fondo lo sabía, y ya lo confirmé… esto fue luego de dar la prueba. Ya es rebel.”
“Oh, ¿estás molesto por eso?”
Sho guardó silencio por unos segundos. “Mm, no, estoy feliz por él. Pero… siento que lo he decepcionado. No habíamos planeado ser rebels al mismo tiempo, aun así, pienso que sería genial vivir esto juntos… Podríamos apoyarnos, supongo.”
“Bueno, aún no hay nada definitivo. Aún puedes volver a postular. Felizmente, Rizembool quiere producir rebels en masa, o algo así.” Souji rio, y colocó su mano derecha en el hombro de Sho. “Tú puedes.”
“Para eso quiero entrenar hoy,” Sho admitió.
“¿No era por estrés?”
“Sí, también para soltar estrés— Ah.” Sho se detuvo en seco.
“¿Qué pasó?” Souji se giró un poco para mirarlo a los ojos.
“Adachi está vinien—”
“¡SOUJI!”
Sho fue interrumpido por el grito de Adachi, quien corría hacia ellos. Souji rodó los ojos, y volteó justo en el exacto momento en que el mayor estaba a un metro de él. Adachi se limpió el sudor de la frente con el dorso de la mano, y luego de arreglarse un poco, se cruzó de brazos.
“Sho,” mencionó el nombre con desdén, luego de mirarlo de pies a cabeza.
“¿Por qué me odia tanto?” le preguntó Sho a Souji, y este solo rió.
“¿Qué hacen ustedes por acá?” Adachi alzó una ceja.
Al tomar en cuenta sus alrededores, Sho y Souji dieron con la sorpresa de que estaban frente a la facultad de Psicología. Faltaba poco para llegar al lugar donde entrenarían, pero no se habían percatado de que andaban justo cerca de la facultad de Adachi.
“Ah, con razón estás aquí, si es tu facultad y todo.”
“¿Van a entrenar?”
“Sí, ¿por qué?” Souji sonrió con una pizca de malicia. “¿Quieres acompañarnos?”
“Depende de cómo me lo pagues—” Souji le dio un sutil codazo en el estómago, y luego, lo miró con fingido arrepentimiento.
“Oops, no fue mi intención.”
“C-carajo, Souji, deja de ser tan violento.” Adachi frunció el ceño, mientras se sobaba el área afectada.
“El burro hablando de orejas~”
“Tú cállate, Minazuki,” espetó Adachi, un poco enojado. Sin embargo, se tranquilizó cuando Souji tomó su mano y entrelazó sus dedos con los de él.
“¿Tienes clases ahorita?” le preguntó Souji.
“No, acabo de salir,” contó Adachi.
“¿Nos acompañas?”
“…Pensaba ver lo de mi práctica…” Suspiró. “Supongo que será luego.”
“Aún me sorprende que no hayas tenido que mandar la estructura de tus clases antes de que iniciara el semestre.”
“Sí, bueno, ese profesor es muy vago. Exigente con sus alumnos, pero vago con sus jefes de práctica. No es nada nuevo para mí.” Adachi sonrió. “Por algo elegí su curso para ser asistente.”
“…Esa plata que te van a pagar va a ser un desperdicio.”
“Que te calles, Minazuki.”
Sho le sacó la lengua, y Souji soltó una risita burlona. Sho siempre sacaba el lado más infantil de su pareja.
“Necesito que le digas la verdad a Kaneki.” Dijo Souji, una vez retomaron su camino hacia las áreas de esparcimiento alrededor de la facultad de Comunicaciones. Encontró un trío de tachos de basura y aprovechó para deshacerse de su vaso descartable, ya vacío.
“¿¡Eh!? ¡NO! ¡No hay forma!” Sho se negó rotundamente, y exageró su posición ante el tema mediante gestos con su brazo libre.
“Va a ser peor si no lo haces.”
“Lo sé, pero…”
Admitir que se lo había estado guardando también iba a ser problemático, incluso más que no haber pasado la prueba. Sho no quería imaginar lo que pasaría por la mente de su hermano al enterarse de todo, así que debía aceptar que Souji tenía razón.
“¿Pero?”
“Es que… eh…”
“¿Por qué todos mis amigos prefieren esconder cosas importantes a la gente que los estima?” Souji suspiró.
“¿Mn? ¿Lo dices también por Oikawa?” Preguntó Adachi, interviniendo por primera vez en la conversación. Debía admitir que se sentía un poco excluido, pero no le interesaba mucho el tema: después de todo, se trataba de la vida de Minazuki, que poco le importaba.
“Sí, aunque él ya fue sincero con Iwaizumi. No le fue tan bien, lamentablemente.”
“¡Ohhhh!” Los ojos de Sho se iluminaron. “¡Chisme!” Exclamó, emocionado.
“No.” Souji negó con la cabeza. Contarle cosas como esta al bocotas de Sho era peligroso. Eso, y que no se sentía bien hablando de los asuntos personales de sus amigos. Comentárselos a Adachi era distinto, no sólo porque confiaba en que él cuidaría sus palabras, sino porque podía ayudarlo a ver la situación desde otra perspectiva. En cambio, Sho no pensaba mucho antes de hablar, y además, interactuaba a cada rato con Oikawa, lo que significaba que le era posible soltar algo sin cuidado.
“¡Qué aburrido!”
“Si tuvieras al menos una neurona podrías hacerte una idea de lo que pasó, pero como no la tienes, no me sorprend—”
“Qué bueno que Souji está justo entre nosotros, porque hace rato te hubiera dado un—”
“Shh, basta. ¿Cuántos años tienen?” Souji tiró de la mano que tenía entrelazada con Adachi, y con la otra, empujó levemente a Sho. Un poco de su café se chorreó en el piso, y Sho maldijo en voz alta.
“¡Mierda, Souji!”
“Oops”
Sho se aguantó las ganas de hacerle berrinche, Souji no lo merecía. En cambio, Adachi…
“¡Tu… tu… tu nosequé es muy jodido!”
“Soy su pareja, engendr—”
“Lo sé, pero me rehuso a aceptarlo y decirlo en voz alta,” soltó Sho, y luego gruñó por lo bajo.
“¿Por qué?” preguntó Souji, curioso.
“No sé… ¿Es raro? ¿Por qué Adachi?”
“Tiene su encanto, aunque no lo creas,” dijo Souji, y luego sonrió.
“…No sé si es un halago o no…” comentó Adachi, sospechando de las palabras de su pareja.
Souji y Sho soltaron sonoras carcajadas ante esto, mientras que Adachi intentaba controlar su ira. Terminó cediendo, y también rio un poco junto a ellos.
“Oye, Souji, por pura curiosidad, ¿pero sabes de los convenios de Rizembool? Cuando eres rebel y eso.”
“¿Qué ganas tú sabiendo esas cosas?” Adachi le cuestionó a Sho.
“Nadie te habló a ti, Adachi,” Sho le sacó la lengua, y dio un sorbo a su vaso de café.
“Yo no tuve muchos descuentos cuando fui rebel. El almuerzo me salía gratis, y creo que había un par más, pero ahí quedaba,” dijo Souji, llevándose un dedo de su mano libre al mentón.
“Ah, igual conmigo.” Comentó Adachi.
“Pero antes de clases hablé con Oikawa. Resulta que Rizembool ha mejorado y tiene una pequeña guía de beneficios, es una cartilla pequeña con un montón de descuentos y convenios. Son con la mayoría de locales aledaños a la universidad, pero también hay de otros sitios. Ah, y tienen una tarjeta de identificación distinta.”
“Okay,” esta vez, fue Sho el que se deshizo de su vaso descartable, botándolo en un tacho que estaba en el camino.
“¿Por qué preguntas?”
“…Por nada, haha,” Sho fingió una risa, pero no logró convencer a Adachi y Souji. Ambos lo miraron raro, pero prefirieron no preguntar más.
A lo lejos, divisaron el bosque, y Sho sonrió.
Al fin llegaban a su destino.
“Antes de entrar, ¿alguien tiene GPS en su celular?”
“Sí, ¿por?”
“…Creo que te puedes perder adentro.”
“No exageres, Sho.”
“No, en serio.”
Los tres intercambiaron miradas, y asintieron.
“Busquemos el lugar del que hablas.”
“Ah, debimos entrar por el otro lado. Aunque supongo que por acá también se puede.”
Sho se adentró al bosque seguido de sus amigos, quienes se habían quedado asombrados ante lo que veían.
Adachi no pasaba sus huecos dentro de Rizembool: prefería hacer hora en su departamento, por lo que no conocía mucho el campus (que encima, era inmenso). Las únicas zonas que si manejaba eran las de su facultad y la facultad de Souji, así como el gimnasio y un edificio que tramitaba los asuntos relacionados a los rebels. Esta, definitivamente, era una zona que ni había imaginado que existía. Pensaba que las áreas verdes en Rizembool (sin contar las de los edificios) eran pocas y pequeñas: diminutos terrenos de pasto con unas cuantas flores por aquí y por allá. Esta era una joya escondida: o tal vez no tanto, siempre había estado ahí, pero nadie lo había notado. Al menos no él.
Por su parte, Souji era de pasar sus ratos libres en la biblioteca o las salas de estudio de la universidad, así como en el gimnasio donde se llevaban a cabo los entrenamientos de vóley, y los puestos de comida aledaños a Rizembool. Era imposible conocer todo el campus, puesto que, aunque no era tan extenso, contaba con muchísimos edificos y estos tenían, en promedio, más de cinco o seis pisos cada uno. Era una pequeña ciudad, hasta le sorprendía no haberse perdido en alguna ocasión. Y sí, conocía el bosque, o eso pensaba. Verlo de nuevo lo hizo considerar la posibilidad de que tal vez ese recuerdo había sido fabricado o imaginado, porque realmente no recordaba en qué ocasión había visitado el lugar frente a él.
“Wow, me pregunto si hay algo que Rizembool no tiene,” soltó Souji, observando el panorama.
“Chicas bonit—” Adachi se dio cuenta muy tarde de su error, y por más de que intentó callarse con la mano que tenía libre, le fue imposible cortar su frase en el momento indicado.
“Tenía pensado cocinarte algo hoy, mm, ¿qué era? ¿Pollo gratinado? Pero qué pena, creo que mejor me iré a mi casa después de esto.”
“…Espera, no, tú—”
“¡HAHAHA! ¡Adachi, la fregaste!”
Souji soltó el agarre que sostenía en la mano de su pareja, y luego de lanzar su morral al lado de un árbol, extendió una mano hacia Sho. El pelirrojo asintió, y se removió la polera que tenía amarrada alrededor de la cintura, mostrando sus katanas gemelas enfundadas. Desenvainó una de estas y se la entregó al mayor. Luego, hizo lo mismo con la restante, pero esta se quedó con su dueño. Lanzó su mochila junto a la de Souji, y se giró hacia sus amigos una vez más.
“Ya, muchos rodeos. ¿Cómo haremos?” Preguntó Souji, pasando su dedo por la hoja del arma.
Adachi, sacó de su maletín un revólver, que se dispuso a cargar. “¿Todos contra todos?” Preguntó, mientras hacía a un lado su maletín, dejándolo junto al morral de Souji.
“Me parece genial.”
“Ah, debí traer mi propia katana.”
“Sorry, sé que las mías son un poco más pequeñas que la que tú tienes. ¡Será para la próxima!”
“Sí, no te preocupes,” Souji le sonrió. “Ya luego recogeré la mía,” y se giró hacia Adachi. “Creo que la dejé en tu departamento, Tohru.”
“Luego de esto vamos y revisamos, porque no recuerdo haberla visto.”
“…Qué hablas, en mi casa no está.”
“…”
“…”
“Eso lo ven luego, ¿sí?”
“…Sí,” respondieron Adachi y Souji al unísono.
“¡Geh!”
Anemone y Marie dejaron de enfocarse en sus trabajos para girarse a observar a Oikawa, quien casi lanza por los aires su teléfono, producto de la sorpresa que sentía. La pelirrosa arqueó una ceja, sin entender, mientras que Marie se quedó callada e indiferente, esperando a que Oikawa les contara lo que había pasado.
“No me digas: es sobre vóley,” le dijo Anemone, justo cuando Oikawa abría la boca.
El chico entrecerró los ojos, e infló las mejillas.
“Weh, ya no les contaré nada.”
“No te hagas el resentido y cuenta,” mencionó Marie, sin despegar su mirada de los círculos de cartulina que cortaba.
“¿Saben de Tobio?” preguntó Oikawa, y justo después de hacerlo, se dio cuenta de que la pregunta estaba de más, porque sí, Anemone y Marie habían escuchado de él. Durante gran parte de su primer semestre en la universidad, era lo único de lo que hablaba. Muchos de sus comentarios nunca fueron positivos (aunque se habían vuelto amigos con el tiempo, Oikawa seguía sintiendo cierto recelo por el armador), pero lo cierto era que de alguna u otra manera el tema de conversación giraba en torno a Tobio en algún momento del día. Lo veía catártico, pero recién en esos momentos se daba cuenta de que probablemente fue un poco tedioso para sus amigos escuchar sobre sus ‘rajes’.
“Ah, ¿tu kohai? ¿ExKohai?” dijo Anemone, e hizo a un lado su lectura.
“Sí, él.”
“¿Qué hizo ahora?” preguntó Marie.
“Me mandó un inbox diciendo que está en el equipo de Hanasaki oficialmente, y va a jugar en el partido amistoso que organicé junto a la mánager de su universidad.”
“¿Eso es bueno?” preguntó Marie.
“No sé como sentirme, realmente,” contó Oikawa.
“Hablando de eso, oh… ¿qué le habrá pasado a la mánager de tu equipo?” Anemone se burló. “Cierto, esa era yo.”
Marie rio al ver que Oikawa hacía un puchero. “¿Te saliste por tiempo, no?”
Anemone asintió. “Sí, y porque no lo soporto a este.”
“¡Qué mala eres!” se quejó Oikawa.
“Jaja~” Anemone rio un poco, pero se tornó seria de nuevo en cuestión de segundos. “No, pero en serio, me quitaba mucho tiempo. Y los trabajos cada vez están más engorrosos… Eso, y que…”
“¿Qué?” Marie preguntó, y Oikawa suspiró.
“Anemone tenía que soportar los coqueteos de varios chicos,” dijo Oikawa, un poco incómodo. “Les dije que la pararan, pero nunca me hicieron caso.”
“Wow, eso es fuerte.”
“Ugh, sí, jodían demasiado,” Anemone rodó los ojos. “Iwaizumi intentó ponerlos en onda pero tampoco funcionó, cosa que me sorprende,” contó Anemone. “En fin, ya verán cómo se las arreglan ustedes.”
“Yo estoy pagando los platos rotos,” lloró Oikawa.
“Eres capitán, armador y mánager, no sé como le haces,” Marie rio.
“Voy a tener que buscar a alguien. ¿No conoc—?”
“Oikawa, estudiamos diseño.”
“¡Ya sé! Estoy desesperado,” Oikawa se chorreó en la mesa. Se veía frustrado e irritado.
“¿Qué pasó con Iwaizumi, a todo esto?”
“…¿Eh?” Oikawa se levantó levemente, curioso por la pregunta de Marie.
“Ah, es que no estás con él. Usualmente vienen en paquete, así que me da curiosidad.”
“Marie, ¿te gusta Iwaizumi?” Anemone sonrió con malicia.
La mencionada saltó un poco en su sitio, visiblemente sonrojada. “¿Q-QUÉ TIENE QUE VER ESO? ¡SÓLO PREGUNTABA! ¡N-NO ES LO QUE CREES! ¡NO JODAS!”
“Wah, eso es muy sospechoso, Marie-chan~” canturreó Oikawa.
“Cállate, idiota,” Marie le sacó la lengua y volvió a enfocarse en la cartulina que cortaba. “Y cuéntanos qué pasó.”
“¿Saben qué es un rebel? Siento que esta es la centésima vez que lo explico, pero es—”
“Shh, sí sabemos, u silly,” Anemone rio.
“Yo fui una princess, cojudo,” le dijo Marie.
“¡Woah! ¿Qué es eso?” preguntó Oikawa.
“¿…Sabes qué es rebel pero no qué es princess? Rizembool es demasiado sexista, dios mío.”
“¡Exacto!” mencionó Anemone, asqueada.
“Princess era una chica que ‘traicionaba’ a Hanasaki y ayudaba al rebel. Creo que eso no lo han retomado esta vez, pero así fue hace tres, cuatro años.”
“¡Oh!” Oikawa se mostró muy interesado. “¿Quién fue tu rebel?”
“Souji.”
Oikawa abrió los ojos como platos, y luego de quedarse unos instantes en silencio, sacudió la cabeza y habló: “¡Él no me contó nada de eso!”
“Supongo que no quería involucrarme, él es así,” Marie sonrió. “Nunca le pedí que lo escondiera, pero bueno…”
“Ya, ¿y qué pasa con los rebels, Oikawa?” preguntó Anemone.
“Bueno, no quiero asustarlas, pero… soy rebel.”
“…”
“…”
Anemone y Marie se miraron, serias por unos instantes. Sus intentos por mantener la compostura fallaron rápidamente, y se empezaron a reír a mandíbula suelta. La pelirrosa golpeaba la mesa mientras gesticulaba vagamente en la dirección de Oikawa, mientras que Marie solo atinaba a cogerse el estómago, que le dolía por las carcajadas que soltaba.
“Es que, ay, haha, no, ni a balas” Anemone intentaba hilvanar palabras para formar una frase coherente pero no podía.
Marie fue la primera en tranquilizarse, y ya más calmada, tomó aire y exhaló. “Lo siento, Tooru, pero… es una broma muy buena.”
“Estoy hablando en serio,” dijo Oikawa, irritado.
“Wha- ¿Qué?” Anemone lo cuestionó con la mirada.
“Es en serio, soy rebel, ya me asignaron HiME y todo.”
“¡OHHHHHHH!” Anemone se llevó una mano a la boca de la sorpresa. “Baby Tooru spreads his wings!”
“¡No te aproveches de que no se inglés!” Oikawa la acusó, señalándola.
“Te está comparando a un pichón.”
“¿O…kay?”
“Ya, cuenta bien, que sólo nos has dicho que eres rebel y nada más,” se quejó Anemone.
“Nada, tengo HiME, una cartilla de beneficios, un TI especial, y… mucho sueño.”
“¿No nos iba a chismear primero lo de Iwaizumi?” preguntó Marie.
“Vamos por partes, dijo Jack el Destripador. Que lo de tu crush espere un poco,” Anemone le guiñó un ojo a Marie.
“¡NO ES MI CRUSH!” le gritó Marie.
“¡Lo de Iwa-chan es el problema!” les dijo Oikawa.
“¿Qué cosa?”
“Le conté que soy rebel y se enojó.”
“Oh, tiene sentido.”
“¡Pero lo hice por el equipo!”
“Iwaizumi debe estar preocupado por ti, y ese motivo… no le importa, de seguro,” Anemone enredó en su dedo un mechón de su pelo y se puso a jugar con él. “¿Ya hablaste con mama bear? Él da buenos consejos.”
“Sí, y—”
“¿Quién es mama bear?”
“…Marie, no puedo creer que tú me estés preguntando eso.”
“…” Marie hizo a un lado su tijera y cartulinas para tomar su mentón y reflexionar por unos breves momentos. “¿…SOUJI?”
“Sí, ¿no lo has notado?”
“Mm, bueno, tiene sentido, ahora que lo pienso…” Marie se quedó meditabunda por unos instantes.
“No le digas eso en su cara, porque es algo entre nosotros, haha.” Oikawa rio. “Pero sí, Souji cumple más el rol de mi mamá que mi verdadera mamá, por sea caso,” contó, luego de un suspiro.
“¡Pero si tu mamá es genial!” dijo Anemone.
“…Hablemos de temas más… bonitos, por favor.”
“Retomando mi pregunta, ¿le dijiste a Souji?” Anemone se giró hacia Oikawa.
“Sí, y me dijo que me espere a que Iwa-chan se calme. Pero… hoy me hizo la ley del hielo luego de que salimos del departamento… ¡Hace años que no lo hace!”
“No seas tan codependiente de él y dale su espacio. Pronto podrán hablar más tranquilos, y sé que hará un esfuerzo por entenderte, supongo,” le dijo Marie.
“Marie tiene razón~” Anemone sonrió.
“¡Bokuto-chaaan~! ¡Akaashi-chaaan~!” gritó Oikawa, y alzó el brazo para llamar la atención de un par de chicos que pululaban por el food court de Comunicaciones. Bokuto notó a sus amigos y arrastró a su compañero, tirándolo del brazo para agilizar su andar.
“¡Hola!” saludó Bokuto, una vez en frente de ellos. Tomó asiento en una de las sillas vacías, colocando la tira de su mochila en el respaldar de esta.
Akaashi hizo una leve referencia, y lo imitó, sentándose a su lado y a la izquierda de Oikawa.
“Wah, Akaashi-chan~ ¡No necesitas ser tan formal~!”
“Son mayores que yo, por eso lo hago.”
A Bokuto lo conocían desde el año pasado, debido a su relación de parentesco con Souji. Souji le había recomendado Rizembool e ingresaron el mismo año (Souji ingresó de frente por pertenecer al Instituto; Bokuto tuvo que postular, en cambio), y aunque iban a distintas carreras, ambos eran igual de sociables y formaron varias amistades en el transcurso de los dos semestres que habían pasado. Bokuto, sin embargo, era muchísimo más ruidoso, descuidado e inmaduro que su primo.
Akaashi se había unido al grupo al ingresar a Rizembool a inicios del año presente. Era amigo de tiempo de Bokuto: habían estudiado en el mismo instituto durante secundaria alta y se conocieron mediante el equipo de vóley, siendo Bokuto un año mayor que él. Akaashi era calmado y silencioso, la mayoría de tiempo muy cortés; aunque a veces no se guardaba ciertas cosas.
“¿No que hoy nos íbamos a juntar todos? ¿Dónde están Sho y Souji?”
“Souji me dijo que andaría ocupado,” contó Marie.
“Ah, Sho dijo lo mismo,” dijo Anemone.
“¿Iwaizumi-san y Arakita-san?” preguntó Akaashi.
“¡I-I-IWA-CHAAAAAAN!” Oikawa se desparramó en la mesa de nuevo, luego de soltar llantos fingidos.
“¿Ah? ¿Algo pasó?” preguntó Bokuto, confundido.
“Sí, Iwaizumi está enojado con él,” dijo Marie. “Oye, Bokuto, ¿me ayudas a cortar?”
“¡Claro!” La cara de Bokuto se iluminó con la propuesta. Marie sacó de su cartuchera un par de tijeras adicionales y se las extendió. Bokuto cogió un trozo de cartulina sin usar y empezó a cortar como su amiga le pedía.
“Tranquilo, Oikawa-san. Estoy seguro de que Iwaizumi-san y usted se reconciliarán pronto,” dijo Akaashi, y le dio unas palmaditas en el hombro.
“Hoy sólo me habló para dividirnos las responsabilidades del departamento. Es nuestra rutina matutina, pero cuando quise conversarle sobre mis clases, me ignoró…”
“Oh, hey, Oikawa, creo que tengo noticias que te alegrarán el día,” Bokuto le sonrió. “Akaashi y yo hemos decidido que nos uniremos al equipo de vóley.”
“¿En serio? ¡Genial! ¿Akaashi-chan, qué posición eres?”
“Fui líbero en la secundaria… no sé si Bokuto-san le contó,” contó Akaashi.
“Su vida como voleybolista me es un completo enigma, nunca ha mencionado nada de eso.”
“¡¿QUÉEE?!” Bokuto se mostró sorprendido. “¡Bueno, es que no es lo mismo sin Akaashi! Pero ahora que está él también, siento que puedo volver a practicar el deporte con más facilidad.”
Akaashi llamó a Oikawa sutilmente, y este se inclinó un poco para escuchar lo que le contaría al oído.
“La verdad es que… Bokuto-san es un arma de doble filo. Sus mates son increíbles pero a veces… tiene problemas, se frustra rápido y se olvida de ciertas cosas. Por eso necesita a alguien que esté pendiente de él,” le susurró.
“Oh~ ¿y ese eras tú en la secundaria?”
“Exacto.”
“¡Woah! Mis respetos.”
“¡Hey! ¿Qué hablan de mí?” Bokuto los señaló.
“Estamos hablando de tus mates, son perfectos. Tus straights, sobre todo.”
“¡Waaaah! ¡Gracias, Akaashi!” Bokuto le sonrió.
El mencionado le sonrió, y luego, se giró hacia Oikawa. “¿Aún nos podemos inscribir?”
“A decir verdad… Tomo-chan me contó que había un chico que se quería inscribir hace un par de días. Podríamos introducirlos junto a él, y de paso armamos un partido de bienvenida o algo así. No sé si se pueda dar hoy, ¿tienen tiempo?”
“Yo tengo clases en un rato, pero estoy libre más tarde,” contó Akaashi.
“¡Yo igual!” exclamó Bokuto.
“Mm, okay. Entonces lo hablaré con Iwa-ch—” Oikawa se cortó al recordar que estaba peleado con su mejor amigo, quien, para su suerte, también era su vice-capitán. “…”
Esta vez, fue Anemone le dio unas palmaditas en el hombro. “Sé que no sirve de nada decirte esto, pero… no te deprimas.”
“…Sí, muy útil,” Oikawa rodó los ojos.
“Por cierto, ¿ya almorzaron?” preguntó Akaashi.
“Yo sí, pero Marie y Oikawa aun no.”
“¡Vamos a comer afuera! Yo invito~” propuso Bokuto.
“¿A dónde iríamos?” preguntó Marie.
“¡Ah! Ayer fui al puesto de okonomi con mama bear, Tomo-chan e Iwa-chan. ¡Lo recomiendo!”
“¿No te molesta comer eso de nuevo?” Bokuto lo miró, curioso.
Oikawa negó con la cabeza. “No, realmente.” No había podido saborear bien las tortillas por la preocupación de estar cerca a su HiME durante gran parte de la noche.
“¡Okay! Entonces, es okonomi,” Bokuto guardó las tijeras en la cartuchera de Marie, y esta se dispuso a guardar sus cartulinas en el estuche grande que tenía debajo de la mesa. Todos cogieron sus cosas, y se levantaron de sus sitios, animados con la idea de que Bokuto les invitaría el almuerzo.