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luego edito para modificar TODO D:
quedó todo muy ESTÚPIDO y asdsdk
— #19
Era día lunes iniciando la semana y aún era temprano, los primeros bloques de clases de la universidad de Rizembool estaban por acabar para dar inicio a la ventana de tiempo amplio en que los alumnos tienen tiempo para salir y despejarse un momento.
La clase para los alumnos de Ingeniería Genética Humana se había hecho más extensa y con tendencia a entumecer con somnolencia más de lo común. Ese día el maestro había pasado mucha teoría casi bíblica que a más de alguno tenía mareado y por lo visto no quería otorgar ni un solo segundo de tiempo para distracción ya que para el académico era esencial dejar pasada la materia ese día. Era inevitable para algunos ver la hora en el reloj de la sala o la hora que indicaban sus teléfonos celulares a cada minuto esperando que se hiciera el tiempo para salir de clases.
Yabe Kazuhiro era uno de esos estudiantes que la ansiedad lo estaba consumiendo a cada segundo que pasaba y no podía evitar mirar la hora y suplicarle a todos los dioses existentes, y por existir, que llegara el final de la clase ahora YA. Pero el calvario parecía ser eterno y ningún Dios quería escucharlo. El rubio observó a Yuusuke Nisaka, un chico de cabello oscuro y ojos azules, que estaba sentado a su lado intentando prestar atención a la clase que, si bien no era del tipo de chicos nerds, esta vez debía estar atento ya que había faltado varios días por pereza y entendía lo atrasado que estaba con la clase. Por lo que Yabe pudo apreciar, su amigo no le alivianaría los minutos que quedaban de clase conversando con él a modo de distracción. Yabe suspiró y no le quedó más remedio que esperar a que los minutos pasaran.
—Por favor, por favor, por favor… — El rubio suplicaba en voz baja pero de todos modos, pese a su tono, molestaba a Yuusuke quien de vez en cuando le dedicaba una mirada desaprobadora. —Por favor, por favor, por favor… —
—Guarda silencio… Es molesto. — Yuusuke entrecerró los ojos, hastiado del comportamiento infantil de Yabe. Afortunadamente se sentaban lejos de Kyouya o este ya habría planeado como darle un golpe improvisado a Yabe para paralizarlo hasta el final de la clase.
—¡Esto es eterno! —
—Presta atención… Tus notas no son las mejores, Kazuhiro. — Le aconsejó su amigo. Soltando un suspiro, cansado. Ni quería imaginar a Yabe insistiéndole el último día antes del examen final para que estudiaran juntos y lo ayudara a aprobar las materias tal y como lo había hecho el año pasado. —Si te va mal este semestre. — Advirtió. —Ni pienses en mi como alternativa de superación. —
—No me va a ir mal… — Le observó con serenidad y bastante confiado de sus palabras. —Esta vez, copiaré con mayor habilidad a uno de eso nerd de adelante. Ya no soy tan despistado como para copiarle a Ran… ¡Ese estúpido tenía malas notas y el año pasado casi repruebo por su culpa!—
—…— Yuusuke entendió que hacer recapacitar al cabezotas de Yabe era un caso perdido.
Después de unos eternos minutos que nacieron como condena personal para Yuusuke quien trataba de poner atención a la clase pese a la infantilidad de Yabe, el maestro por fin dio por terminada la clase minutos después de que su hora ya hubiera acabado reglamentariamente. Los estudiantes poco a poco comenzaron a salir de la sala para tomar un poco de aire en el exterior del campus. Yuusuke y Yabe alcanzaron al grupo conformado por Kaworu Nagisa, Ken Kaneki y Kyouya Sata que iban unos pasos más adelante.
—¿Vamos a comprar a la cafetería de Rizembool o a un negocio que quede cerca? — Dijo Kyouya a los dos que recién se integraban. El rubio llevaba una moneda americana ostentosamente de plata en su mano muy a su estilo de chico adinerado. —Cara: Rizembool. Cruz: Fuera. ¿Qué escoges? — Le preguntó a Yuusuke.
—Pues… Cruz. — Respondió Yuusuke después de pensarlo. Notó que Yabe mostró interés en ser él quien escogiera pero Yabe se acobardaba cuando se trataba de Kyouya porque si escogía una opción y si esta no le gustaba a Kyouya seguro se desquitaría con él o con otros en algún momento.
Kyouya lanzó la moneda al aire y la atrapó en el aire, el resto de chicos le miró expectante para cuando abrió su mano y mostró en la palma la moneda que indicaba cruz.
—Perfecto. Justo quería salir fuera de Rizembool. — Comentó Kaworu, expresando una encantadora sonrisa. Kyouya lo observó sin expresión y por un instante pensó en objetar pero al final se dejó convencer por el entusiasmo de su amigo.
—¡Okay! Entonces saldremos. — Dijo Kyouya, sonriendo gallardamente.
—En el vehículo de Kyouya quepamos todos perfectamente. — Kaworu, el mejor amigo de Kyouya, miró al rubio quien no mostraba ninguna expresión. —Ofrecería mi vehículo pero tú me trajiste en el tuyo. — Y es que Kaworu prefería trasladarse en la nueva BMW X6 modelo 2016 brindada de Kyouya que el padre del rubio le había obsequiado la semana pasada.
—Ok, pero no tengo ganas de manejar. Manejas tú o... — Miro con curiosidad a Ken, a su lado, quien estaba distraídamente guardando las hojas sueltas en su carpeta. —¿Kaneki sabe manejar? — Kyouya alzó una ceja, confundido, preguntándole a Kaworu. Nunca había visto a Ken Kaneki llegar en automóvil manejado por él. Siempre tomaba el metro.
—Ehw, no sé. ¿Sabes manejar, Ken? —
—¿Ah? — Les miró despistadamente.
—Te preguntamos si sabes conducir. —
—Ah… Eh, yo todavía ni saco el curso de conducir. — Río un poco, deslizando su dedo índice en su mejilla. —La última vez fracasé y casi choco. Aunque Sho me enseñó, no pude lograr aprobar el examen ya que me consumió la ansiedad. —
—Ok, descartado. — Kyouya lo eliminó rápidamente. Miró a los otros dos restantes. —¿Alguno se ofrece? Claro, si le pasa algo al vehículo ustedes se hacen responsables. — Sonrió perversamente. Casi quería que alguna desgracia ocurriera para tomar cartas en el asunto.
—No.— Yabe y Yuusuke respondieron al mismo tiempo. Ambos tenían licencia pero ninguno tenía dinero para pagar algo tan caro si es que llegaban a malograrlo. Estaban en el estatus económico de clase media, muy lejos que el de Kyouya Sata.
—Bien, no queda otra opción. Manejaré yo. — Kaworu tomó las llaves de Kyouya y el grupo se encaminó hacia los estacionamientos.
Posterior al largo recorrido, lograron llegar a la salida de Rizembool donde Ken divisó a Sho sentado solitariamente en una banca blanca bajo la sombra de un gran árbol. Ken se dirigió automáticamente hacia él y su grupo de compañeros le siguió unos pasos más atrás. Cuando llegó donde el de cabellos rojos, Sho alzó la mirada y vio a Kaneki con los otros chicos, el grupo le saludó ya que le conocían bien debido a que él y Ken eran inseparables, Sho les saludó de vuelta. Posteriormente Sho volvió la vista a lo que antes prestaba tanta atención, el grupo de Ingeniería Genética Humana conversó entre ellos sobre la clase. Kaneki se sentó unos momentos a su lado para ver que estaba haciendo. Lo encontró ensimismado viendo la pantalla de su teléfono móvil.
—¿Qué ves, Sho? —Se arrimó a su lado para tratar de enterarse.
—¿Sabías que Souji tiene página de fans en Facebook? —Sho parpadeó sorprendido, como si acabara de descubrir el misterio más oculto del mundo. —O sea, yo sé que es súper popular pero… ¡Tiene como miles de miles de fans en esa página! — Le enseñó la pantalla colocándola muy cerca del rostro del pelinegro.
—A ver… — Ken apartó el teléfono un poco y miró la pantalla con atención. No pudo evitar reír al ver la monumental cantidad de fans con los que contaba la página. Muchos eran chicas, pero también había chicos y a muchos los conocía. Recordaba los inicios de esa página, se rumoreaba que un grupo de chicas stalkers de Souji la crearon para subir imágenes de él y escribir lo que les encantaba del chico. En tanto, los chicos se unían para mirar de qué tanto suspiraban las féminas, muchos escribían
“No es la gran cosa” y comentarios por el estilo, sintiéndose envidiosos y ofendidos por no contar con tanto halago para ellos. Pero con el tiempo más chicos se unieron, algunos comentaban que era absurdo y un tanto ridículo tener una página, otros le veían el lado gracioso y preferían trolear. Le dio risa que subieran confesiones en broma para hacer humorada de la página de fans. Vio que Kaworu había publicado allí “Cada mañana me levanto y me inspiro cada día en Souji. Él es mi gurú y maestro” o Kyouya Sata que le preguntaba a la página “¿Debería salir con Shizuka o con Emina el viernes por la noche? Espero tu respuesta, Bola 8 Souji” y así más y más confesiones de gente de Rizembool. Las chicas usaban la página para subir fotografías estilo paparazzi que sacaban de Souji, los chicos en cambio para hacer una humorada. —Yo también me uní hace un tiempo. Aunque no escribo nada.
—Es demasiado. La gente enloquece por Souji. Mira esa chica, escribe que tiene una fotografía de él en su agenda. Un día va a salir una persona psicópata obsesionada con Souji y lo va a secuestrar para hacerle quizá que cosa. ¿Hasta lo pueden matar? Ok, no es para tanto… Pero me pica que tenga tantos fanáticos. Si yo tuviera una página, seguro se unen como cien personas no más. —
—Yo me uniría. — Kaneki le sonrió cálidamente.
—Lo sé. — Sho le sonrió del mismo modo, feliz por el apoyo incondicional de Ken.
—Igual no tienes por qué concentrar tanta atención en esas cosas. Las páginas de Facebook casi siempre son para “trolear” — Al tener Sho su cuenta abierta, notó que este no le había dado like a la página de Souji. —No estas unido. —
—¡No! Después Souji piensa que le tengo devoción o algo. — Vio que Ken tenía el índice a punto de apretar el botón de like y Sho se abalanzó para quitarle su teléfono móvil iniciando un forcejeo con el pelinegro.
—¡Vamos! Será lindo que te unas. —
—¡Ni que fuera su fan, por Dios! —
—Ops. — Ken logró su cometido y Sho se convirtió en otro fans de la página al darle like.
—¡AH! Presta para quitarle el like— Le arrebató el celular. —¿Eh? ¿Souji está conectado? — El pelirrojo alzó la mirada y casi inocentemente empezó a buscar a Souji por todos lados como si estuviera por allí manejando su celular.
—…— Kaneki se acercó a mirar la pantalla de su hermano y vio que Souji, el verdadero Souji, le había dado “like” a Sho en su actividad de Facebook ya que aparecía en la línea de vida de este que se había unido a su página.
—¡Mierda! —
—Ah, pero Souji ya te puso like. Si lo quitas será muy obvio. Ya lo vio. —
—Ahora va a creer que lo idolatro o algo. —
—Sabes que no es de pensar ese tipo de cosas. — Se percató de la hora en la pantalla. —¿Ahora no deberías estar en tu clase? —
—Se suspendió. —
—Sho…— Lo miró seriamente. —¡Prometiste no faltar! —
—¡Pero si es tan aburrida! —
—Si faltas más el maestro te odiará más y terminará por reprobarte. Dijiste que no volverías a fallar.—
—Ok, ok… ¿Te parece que cuente si voy ahora y me quedo hasta que termine? —
—No me convence, pero algo es algo. — Kaneki soltó un suspiro prolongado. —Por favor, presta atención y anota la materia. —
Sho soltó un suspiro hastiado, se puso de pie y guardó su teléfono celular en su bolsillo. —Que conste que lo hago sólo porque te lo prometí. —
—¡Gracias! — El rostro de Kaneki se iluminó. No quería que su hermano fuera irresponsable con sus clases y lo había hecho prometer que no fallaría más. Kaneki también se puso de pie. —Después de la clase puedes ir a ese local que fuimos la última vez a cenar. Ahora vamos para allá—
—Ok. Te veo allá. — Sho se despidió de su hermano. Seguidamente vio a los chicos que conversaban mientras esperaban a Ken. —Adiós. — Se despidió de ellos. Los otros correspondieron la despedida.
—Adiós. No faltes a la fiesta. — Dijo Kaworu
—Ni loco me la pierdo. — Dijo Sho, sonriendo. Enérgico como era, se retiró a paso acelerado para alcanzar lo último de su clase.
Ken Kaneki volvió a incorporarse al grupo de estudiantes de Ingeniería Genética Humana y todos comenzaron a caminar en dirección a donde Kyouya estacionaba su vehículo móvil.
En el trascurso del camino, Yabe, que siempre era el más parlanchín del grupo, interrumpió su relato cuando vio a cierto joven conversar con un maestro. Por lo visto, el maestro tenía una actitud autoritaria donde claramente estaba regañando al estudiante apuntándolo con el índice y mostrando el ceño fruncido mientras el otro parecía asentir simulando estar desacuerdo con sus palabras aunque parecía indiferente.
—Ah, miren, es ese presumido. Ni viene a clases y por culpa de él el maestro ha subido el nivel de dificultad de la clase para sorprender. Como lo detesto. — Yabe entrecerró los ojos, inflando las mejillas. —Es un creído. —
—¿No es tu mascota, Kaneki? — Kyouya ladeó el rostro, enarcando una ceja cuando distinguió al que era encarado por el profesor.
—N-N-No es una mascota. — Kaneki alzó las manos meneándolas generando un gesto de negación.
—Ha faltado mucho y cuando viene no se queda toda la clase. Incluso, no asistió para el examen… Quizá eso le esté generando problemas. ¿No le diste el horario, Ken? — Kaworu miró a Ken cuando le hizo la pregunta.
—Sí. Se lo pasé en persona y hasta lo llamé el día antes del examen para que no faltara…— El pelinegro soltó un suspiro, derrotado. El maestro también le regañaba a él por la mal actitud que su “protegido” estaba teniendo pero por más que Kaneki se esforzara para integrar al otro chico no lograba llegar a buen puerto con él.
—¿Tienes su número? Podrías dármelo para hacerle una llamada amenazadora. — Dijo Yabe, con malicia.
—Eh, mejor no. — El pelinegro sonrió levemente. Si le pasaba el número a Yabe, ya lo conocía como era, no era un mal chico pero sí se comportaba como un crío inmaduro y quizá se metería en problemas si molestaba al otro alumno.
—Hm, bueno, al menos ya has puesto de tu parte, Ken. — Dijo Kaworu. Pensó en la opción de ver si animaba al chico a que participara más en la clase. Siendo Kaworu uno de los miembros del comité de estudiantes sentía que también podía hacer algo.
—Por lo que me dijo una vez, los fin de semana viaja a Inglaterra para estar con su familia. Tal vez tanto movimiento lo tienen apartado de la universidad. — Recordó Ken los carentes diálogos monótonos de su protegido.
—Ok, cuando el caos genera estas génesis desastrosas, un prodigioso debe actuar como el héroe. — Kyouya, quien en ningún momento apartó la mirada fija en el maestro y el alumno, escuchó con atención los comentarios de los otros y de pronto tuvo una idea que para los otros se le haría increíblemente extraña y no correspondiente a la idiosincrasia de Kyouya. —De todos modos no tenía ganas de salir de Rizembool así que me quedaré con él y le enseñaré de nuevo el horario y en qué punto de la materia estamos. —
—¿TÚ v-a-s a h-a-c-e-r e-s-o? — Kaworu preguntó arrastrando las palabras tan sorprendido que su rostro de desconcierto no podría ser plasmado en una obra de arte. Desde pequeños, él y Kyouya habían sido los mejores amigos y le conocía bien.
—Por supuesto. — Kyouya rodeó con un brazo los hombros de Ken. —Kaneki ha tenido demasiado estas semanas con su cargo de Rebel, su accidente, las clases y con el engendro. Y con engendro no me refiero a Sho específicamente aunque entra perfectamente en la categoría, hm…—
—¿Engendro?— El pelinegro se confundió por la cercanía y amabilidad tan esporádica del rubio de ojos escarlata. Si bien Ken no estaba en la lista de víctimas de Kyouya, el rubio tampoco lo tenía como un privilegiado.
—Ustedes vayan y diviértanse en el tiempo libre. Yo me hago cargo. — Kyouya le guiñó un ojo.
—Eh, no lo sé… Quizá él quiere que lo dejen solo. — Kaneki no sabía si Kyouya Sata le estaba expresando un discurso lleno de sarcasmo o quería en realidad hacer una buena acción.
—Bajo mi cuidado, nada malo le pasará. — Prometió el de cabellos rubios.
—Te ves muy decidido y motivado por el asunto. ¡Eres muy gentil!— Ken sonrió ligueramente. No podía sentir desconfianza por Kyouya si se expresaba de ese modo tan heroico… En pocas palabras, Ken Kaneki era un tipo iluso muy fácil de convencer. —Muchas gracias, Kyouya. Seguro tú le convences más que yo que ya no falte.—
—No tienes por qué agradecer.— El rubio sonrió victorioso.
Yabe, Yuusuke y Kaworu miraron a ese par interpretando la escena de un inocente corderillo junto a un lobo charlatán.
—Eh… ¿Estás seguro, Kyouya? — Kaworu se vio en la obligación de preguntar.
—Sí. Váyanse ya. Me hacen perder tiempo. — Les ordenó, apartándose súbitamente de Ken y posteriormente abandonando el grupo. —Ah, cuiden el jodido vehículo… Si encuentro basura en su interior, haré a Yazuhiro responsable. — Advirtió con su sonrisa perfecta antes de alejarse por completo.
—¡¿P-P-Por qué yo?! — Yabe sintió como un escalofríos feroz le recorrió todo el cuerpo.
—No te preocupes, Yabe. Cuidaremos la limpieza. No tienes por qué preocuparte. — Prometió Kaworu tratando de serenar al rubio. Posteriormente, incentivó a los chicos a que le siguieran hacia el vehículo de Kyouya el cual siempre lo estacionaba en el lugar de aparcamiento destinado a los profesores. ¿A Kyouya le preocupaba ocupar el sitio de los profesores o incluso el lugar preferencial de minusválidos sin ser uno? Por supuesto que no.
Kyouya se dirigió al sitio donde el maestro seguía regañando al estudiante. Se interpuso entre ambos cuando llegó hasta ellos sin interesarle que era lo que el maestro tenía que decir.
—Sata, si nos disculpas, estoy teniendo una conversación seria con tu compañero. Si tienes algo que conversar conmigo, te pido que sea después de esto. — Dijo el profesor, frunciendo el ceño.
—Comprendo, profesor. Pero nosotros también tenemos una conversación importante y mi tiempo es sagrado. Si nos disculpa…— Agarró del brazo al otro joven y comenzó a dirigirlo a otro lugar.
—¡Sata! ¿a dónde te lo llevas? ¡No he terminado con él! ¡Ni contigo ahora que muestras esa actitud! — Iracundo, el profesor gritaba a todo pulmón llamando la atención de muchos presentes. Su rostro estaba rojo de ira y vergüenza por la actitud rebelde y desinteresada de esos dos hacia su persona.
—Ese viejo idiota cree que aún somos estudiantes de escuela. — Dijo Kyouya sin parar de caminar mientras conducía al otro hacia el interior de Rizembool.
—No me toques…— El otro forcejeó un poco pero no era necesario ya que Kyouya le soltó bruscamente.
—Perdón, princesa. Se me olvida que no te gusta contagiarte de gérmenes. — Lo observó socarronamente. —Lo noté en el laboratorio, cuando me dijiste exactamente lo mismo “No me toques” cuando me acerqué a mirar los resultados. ¿Quién te crees?
—…—
—Me debes un favor enorme. Te liberé de ese maestro. Ese viejo da sermones bíblicos y habrías estado todo el día escuchándolo, Lancaster. —
—Ah…— Ladeó el rostro.
—¿Por qué faltas tanto a clases? ¿No te da lástima que a Kaneki le regañen tus ausencias? Los profesores creen que él no te ha enseñado el horario ni guiado correctamente. —
—¿Quién es Kaneki? — Cain of Lancaster se distrajo viendo a los estudiantes circular por el sector.
—…— El rubio alzó las cejas, desinteresado. —Ok, es natural que no recuerdes quien. — Serpenteó una mano en el aire. —Lo que sea. Volviendo al tema. Me debes un favor por salvarte de ese maestro. —
—Ah…— Seguía sin mirarlo. —¿Cuánto dinero te debo? —
—¿Dinero? — El rubio soltó una carcajada. —¿Tú crees que YO necesito dinero? Dinero es lo que me sobra por montones y no creas que pediré tu amistad a cambio porque no es algo que me inspira. Supe que ganaste un campeonato de tenis, yo aquí soy el mejor tenista así que me parece justo que tengamos un duelo ahora ya en las canchas de tenis de Rizembool. —
—No.— Suspiró, al fin mirándolo. Entrecerró los ojos.
Kyouya esperó a que el otro le dijera algo más pero notó que tenía la intención de dejarlo abandonado. —Tú no te vas. — Lo agarró de los brazos antes de que intentara irse. El otro forcejeó un poco pero de manera débil que ni parecía tener ganas de nada. Kyouya comenzó a jalarlo y entonces el otro se quedó quieto ejerciendo como peso muerto. El rubio se molestó por la actitud del otro. —Compórtate. Sé valiente y enfréntate a mi.—
—No puedes obligarme. —
—…— Kyouya comenzó a arrastrarlo hacia la dirección de las canchas de tenis. Varios alumnos se quedaron mirando a ese par debido a la acción ridícula que estaban llevando: uno arrastrando y el otro siendo arrastrado como quien es un niño siendo obligado por su padre a asistir a clases. Kyouya dedujo que Cain of Lancaster, pese a mostrarse estoico y frio, era una persona muy inmadura y pertinaz. —¿¡En serio eres tan infantil!? Estas haciendo un show increíble. —
—Tú eres el inmaduro. — Siguió firme en su posición.
—Te arrastraré hasta allá mismo. No me causa vergüenza y el que pierde eres tú porque…— Sonrió maliciosamente. —Te vas a ensuciar si te sigo arrastrándote. ¡Imagina cuantos gérmenes agarrarás! — Dicho esto, notó que el otro le observó fríamente sin variar su expresión de póker face pero el rubio notó que ya no estaba ejerciendo peso contrario.
—No tengo equipo de tenis aquí. — Expresó para justificar. —No usaré el que dispone Rizembool. Debe estar asqueroso. — desvió la mirada.
—Eso no es problema. — Dijo Kyouya soltándolo sólo de un brazo. Con la otra mano siguió agarrándolo del otro brazo. Sacó su teléfono móvil y llamó a su sirviente. —Trae ahora ya a Rizembool dos equipos de tenis nuevos. Uniformes deportivos y raquetas nuevas. De las mejores marcas y calidad. No tardes. — Y colgó. —Espero que al soltarte no te vayas corriendo como un niñito. ¿Lo prometes? — Lo observó suspicaz, el otro asintió. El rubio finalmente lo soltó dudando si era la mejor opción después de la actitud demostrada por Cain. Kyouya dirigió al otro en contra de su voluntad hacia la cancha de tenis. En el trascurso ninguno habló y se hacía eterno considerando el gran tamaño de Rizembool.
—No me siento bien…—
—Deja de buscar excusas. —
—No quiero hacerlo…—
—…—
Para cuando Kyouya Sata y Cain of Lancaster llegaron al sector de las canchas de tenis de Rizembool, los alumnos de distintas facultades se dirigían para el mismo lugar en busca de una cancha para practicar el deporte de raqueta pelota como medio de matar el tiempo. Kyouya se apresuró a apartar una cancha y telefoneó nuevamente a su sirviente para exigirle que se apresurara. Tras colgarle, divisó a un chico de cabello negro y ojos azules que se dirigía a él mostrando una sonrisa animada. Ese chico de ojos azules era Hibiki Kuze. A su lado, lo acompañaba Eishi Tsukasa, un chico de cabellos platinados y ojos del mismo tono que su cabello. Kyouya Sata los conocía y eran amigos, esos dos chicos eran estudiantes de Rizembool en donde pertenecían a la carrera de Ingeniería Mecatrónica.
—Hey, Kyouya, ¿Tan temprano inicia tu jornada de entrenamiento hoy? — Dijo Hibiki saludándolo chocando las manos.
—Vimos a tu grupo salir, Kaworu dijo que estabas por aquí y te echáramos un ojo. — Eishi mantenía las manos dentro de los bolsillos de su pantalón. —En un momento más vamos donde ellos, ¿Quieres que pidamos algo por ti? —
—No. Estoy bien. — Kyouya entrecerró los ojos. No le gustaba que Kaworu se metiera en sus asuntos y, por lo visto, Nagisa ya estaba sospechando de su amigo. El rubio notó a un hombre de unos treinta años de edad, de traje negro por completo, que corría a toda velocidad hacia él. —Allí viene mi empleado. Escoge el equipo que quieras y te lo quedas. —
—…Ok— Cain alzó los hombros.
Los otros dos chicos se percataron de que Kyouya tenía una inusual compañía. Hibiki saludó a Cain.
—Hola. Disculpa por no saludar, no sabía que eras amigo de Kyouya. —
—No es mi amigo. Es mi rival de juego. — Aclaró el de ojos carmesí. Agarró del brazo disimuladamente a su rival en deporte. —No te tardes. — Le dio un empujón para que se apresurara. El otro tuvo que ir donde el empleado de Kyouya no porque se sometía a él sino porque, mientras más rápido atendiera el asunto, más rápido lo dejaría en paz.
—Oh. Ya veo.— Para Hibiki el gesto dominante de Kyouya pasó desapercibido –o quizá estaba muy acostumbrado a su modus operandi- pero Eishi se dio cuenta que el otro chico no estaba precisamente a gusto con Sata.
—No parece querer estar aquí. — Expresó el de cabellos platinados.
—Sí. Todos dicen lo mismo de él. — Dijo Kyouya —Viene de Inglaterra y no se ha adaptado. Ha tenido muchos problemas de disciplina y compromiso en la universidad. Por eso me estoy haciendo cargo de él por hoy. —
—Entiendo. — Eishi soltó un suspiro. No comprendía si Kyouya entendía lo que estaba haciendo. Más que querer ayudarlo parecía tener una nueva mascota.
—¿Se quedan a ver el juego? —
—Tenemos algo de tiempo así que será entretenido ver el juego. Aunque no nos quedaremos para todo el duelo porque iremos donde están los chicos de tu carrera para ir a comprar algo para comer. — Dijo Hibiki.
—Okay. — Kyouya les sonrió encantadoramente. —Espero demostrar un buen juego para deleitarlos. —
—Seguro. Eres uno de los mejores tenistas a nivel nacional. No nos defraudarás. —
—Voy a cambiarme. Ya vuelvo. — El rubio fue a donde su empleado para recibir el equipo deportivo que le quedó.
En unos cuantos minutos más Kyouya y Cain volvieron a la cancha. Kyouya llevaba un traje deportivo de color negro mientras que el otro se había escogido el típico traje blanco de tenis. El rubio notó que Hibiki y Eishi estaban rodeados de más gente en las bancas donde se disponían a observar el juego.
—Aplastarte frente a tal multitud será algo estimulante. —
—…—
—Pero no te preocupes. Prometo ser bueno contigo. —
Llegaron a la cancha y se ubicaron a los extremos de esta. Kyouya boteó la pequeña pelota de color verde limón y dio el primer saque. Tal como prometió, comenzó de manera suave para que el otro le siguiera el ritmo. Cain no tenía problemas en responderle.
—Veo que más gente está llegando. — Dijo Hibiki quien notó que algunos alumnos se acercaban a mirar el juego desde afuera de las rejas de la cancha. —Siempre que Kyouya juega atrae al público. —
—Debe ser porque es tenista profesional y cada uno quiere acaparar atención a su modo. No lo digo por Kyouya. — Señaló a un grupo de chicas que comenzaba a tomar fotografías. —Sino por ellas. Que creen que sacando fotografías de Sata y publicándolas ellas se ganaran su corazón. —
—Ah… sí. Las fangirls son cosa seria. — Hibiki se echó un poco para atrás. Eran pocas las chicas de Rizembool pero no por eso algunas no dejaban de caer en la actitud de fangirls que se tiene en una escuela mixta. —Aquí debería ser al revés. Los chicos deberían ser los fanboys de las estudiantes de aquí. —
—Algunas ni son estudiantes de Rizembool. Para ellas debe ser “paradisiaco” venir a un lugar lleno de tipos a quienes acosar. — Eishi soltó un suspiro. En eso notó el primer punto a favor de Kyouya. —Ya comenzó…— Supuso que sería cuestión de minutos para que el rubio ganara el juego. En poco tiempo, volvió a anotar otro punto y otro más.
—Si el otro chico no pone de su parte, será derrotado fácilmente por Kyouya. — Comentó el de cabellos negros. —Por cierto, estuve pensando en la implementación para el brazo mecánico que estamos haciendo. Sería cool que emitiera magnetismo controlado por el portador. Seguramente el profesor Shuu Tsukiyama quedará encantado. — Aquel profesor era el maestro guía que tenían para los proyectos mecatrónicos en que trabajan y siempre los alentaba, quizá de un modo exagerado y estrambótico, a ir más allá.
—Hm…— Eishi no apartaba la mirada de la pelota de tenis que iba y venía de un lado a otro. Notó que el juego se estaba tornando más serio y ninguno de los dos jugadores había anotado otro punto. Las fangirls de Kyouya comenzaron a corear su nombre para alentarlo a realizar otro punto. —Puede ser una buena alternativa. Aunque… Ya tiene megafuerza de impacto y presión. —
—Ahá, pero sería…— Hibiki se quedó en suspenso unos momentos para ver el siguiente punto correspondiente al chico que acompañaba a Kyouya. En poco tiempo, Kyouya lo recuperó lanzando la pelota cerca de él y con el rebote dirigido al rostro. El otro no tuvo más opción que moverse a un lado o sino la pelota le caería de lleno al rostro. —¡Vaya técnica! —
—¿Eso es legal? —
—No lo sé, pero si lo hace Kyouya creo que es oficial. Él no es de hacer trampas en el deporte de sus pasiones. —
—No… Pero si de todos modos lo puede usar para atormentar a otros no tendrá reparos en utilizarlo. —
—Haha, bueno. — Meneó la cabeza. —Es Kyouya, después de todo. —
—Disculpen. —
—¿Eh? — Hibiki y Eishi miraron a una chica que se les acercó para preguntar.
—¿Me podrían decir el nombre del chico que está teniendo el duelo con Kyouya? —
—Ah, eh… Creo que nunca nos dijo su nombre. — Hibiki sonrió divertido.
—Oh, Ok. — La chica le restó importancia y volvió a su lugar.
—Parece que es la que escribe notas de Kyouya. — Comentó el de ojos azules.
—Hay gente sin vida…—
—¡Mira que juego! — Hibiki se puso de pie al ver como el nivel del juego entre los dos competidores aumentaba a un nivel épico.
—Si tanto te fascina el tenis deberías practicarlo. —
—Me encantaría. Pero apenas tenemos tiempo. — Suspiró. —¡Wow! — Hibiki celebró el punto realizado por Cain, esta vez. —Parece que el otro chico también sabe jugar. —
—Ganará Sata. — Analizó Eishi.
Después de comer, Kaworu, Ken, Yabe y Yuusuke habían hecho sobretiempo para esperar a Hibiki y Eishi con quienes se habían puesto de acuerdo en quedar en ese local de comida japonesa tradicional pero el tiempo pasaba y ninguno de los dos había llegado por lo que, en vista de la hora, ya no podían esperarlos más. Encargaron un par de pedidos para llevárselos y se marcharon de regreso a la universidad para llegar casi al justo de las clases que les tocaban a continuación.
Cuando el grupo se dirigía al departamento de Ingeniería Genética Humana, vieron que Hibiki venía hacia ellos.
—Hola chicos. Lamento no poder llegar. Nos entretuvimos con el partido de tenis de Kyouya y su rival, después el profesor Tsukiyama apareció en la cancha para buscarnos y se quedó a observar el duelo pero nos hizo retirarnos apenas terminó el juego para acordar unos adelantos en nuestro proyecto. Eishi tuvo que quedarse con él ahora. —
—Descuida. — Kaworu comprendió la situación. —Este es tuyo. — Le hizo entrega de una caja que en su interior contenía lo que les encargó Hibiki para comer. Luego le pasó otra caja, de otro color. —Y esa es de Eishi. —
—Gracias. Te haré la transacción en un momento…— Hibiki sonrió, feliz. Tenía mucha hambre pero lamentablemente tendría que comer en el laboratorio de mecatrónica.
—¿Dijiste partido de tenis? — Kaneki se crispó al detenerse en ese punto.
—Ahá. — Hibiki asintió, observando a Kaneki. —Tuvo un duelo reñido pero, como era de esperar, el juego lo ganó Kyouya. —
—…— Kaneki se dio en el rostro con las dos palmas de sus manos aceptando lo creyentemente inocente que era con las personas.
—Seguro a querido demostrar que es quien manda en el tenis aquí. — Yuusuke negó con la cabeza.
—Al menos estará de genial humor hoy. — Comentó Yabe, viendo el lado bueno de la situación.
—Pero se suponía que se comprometió a ayudar. Ahora quizá el estudiante de intercambio ni quiera venir más a clases con la actitud de Kyouya. — Ken comenzó a teclear rápidamente un mensaje en su celular.
“¿¡Dónde están!?”
Sólo restaron unos segundos para que tuviera respuesta.
“En enfermería. No le digas a los demás. Después te cuento”
—…— El pelinegro abrió los ojos enormemente, pasmado.
—¿Sucede algo? —
—…Me olvidé de algo, ya vuelvo. ¿Pueden excusarme con el profesor? —
—Claro, ve tranquilo. — Yuusuke notó que Kaneki estaba demasiado apresurado para explicarse. En poco le vio partir a toda velocidad como si el mundo se acabara ese día.
—Ok, yo también debo irme. Nos vemos luego. — Hibiki imitó la acción de Ken pero partió en dirección contraria hacia los laboratorios de Ingeniería Mecatrónica.
Ken Kaneki corrió hacia la enfermería y no tardó en llegar pese a la larga distancia que se encontraba. Golpeó la puerta y una enfermera le recibió, el joven le explicó que buscaba a unos amigos y ella le indicó que se encontraban adentro pero que guardara silencio.
—No te preocupes por tu amigo. Él está bien, sólo que se ha exigido mucho y no ha tomado conciencia de ello. Le administré medicación y ahora descansa. Puedes quedarte, si gustas, pero guarda silencio y no toques nada. Saldré a conseguir los suministros que he pedido. ¡No comprendo como nadie aún los trae desde la bodega! — Dicho esto, la joven enfermera salió del lugar refunfuñando por lo bajo.
El joven ingresó en la sala buscando entre las camillas a sus conocidos, vio que al fondo estaba única camilla que estaba resguardada por las cortinas de división. Fue hasta allá y encontró a Kyouya Sata sentado en una silla observando al chico sobre la camilla. Kaneki se inquietó al ver que Cain of Lancaster, su protegido, estaba descansando sobre la camilla, dándole la espalda a Kyouya. No era por maldad, pero Ken había estado rogando que la situación fuera al revés y que fuera Kyouya el que estuviera en la camilla. Cuando vio que era lo contrario, el mundo se le vino encima. ¿Y si le pasaba algo muy malo? ¡No podría perdonarse haberlo dejado al cuidado de Kyouya!
—¿Qué fue lo que pasó? — Kaneki habló en voz baja. —¿Está consciente? —
—La enfermera dice que la medicación le ha sedado. Despertará como en una hora más. — Le respondió en el mismo tono de voz. —No sé qué pasó. Terminamos el juego y después cada uno nos fuimos por nuestra cuenta. Cuando me devolví para decirle que de todos modos me parecía justo darle una oportunidad de revancha, vi que no estaba del todo bien. Lo traje aquí y la enfermera le inyectó. Ella dijo que se ha sobre exigido mucho…—
—Los lunes recién llega temprano por la mañana de Inglaterra. Yo te lo comenté, los viajes de allá para acá le deben tener así. —
—Bien, quizá fue demasiado brusco y lo maté en el intento.— Soltó un suspiro, cruzándose de brazos. —Pero no es para tanto. Tampoco es como si me comportara como un canalla con él. Él es como… Un princeso. —
—…— Ken lo observó con reproche.
—Ok, por hoy no justificaré mi actitud. No me comporté bien y por eso me quedaré aquí para custodiar. —
—Yo también soy responsable. Me comprometí con Johan Liebheart de velar por el bien de él y… lo he dejado de lado. También me quedaré.—Se quitó la chaqueta y la colocó con cuidado sobre el inglés. —No Homo, pls. —
—No le diré a nadie, Kaneki. Pero tampoco le digas a los demás que estamos aquí.— El rubio lo que menos deseaba es que fuera visto como un ser gentil.
—No. No le diré a nadie. —
—Tampoco le diré a alguien. Ni a Kaworu. —
—Ninguno hablará…— Agregó el chico que descansaba en la camilla.
—¡Ah! Ya estás mejor. — Kaneki se mostró lleno de felicidad al ver que el otro se pronunciaba.
—…— Siguió dándoles la espalda. —Pueden irse. Ya todo está bien.— Prefirió usar la chaqueta de Ken para cubrirse el rostro. —Fuera. —
—No tienes que sentirte así porque te hayas sentido mal. A todos nos pasa. Creo que lo mejor es que vayas a tu casa a descansar. —
—Basta…— Cain se estaba ofuscando por la conducta de todas las personas a su alrededor. De hace tiempo que quería desaparecer. En serio. Desaparecer. O irse a una isla donde nadie pudiera tratarlo como... Como había dicho Kyouya Sata, "Princeso"
—Si está bien. No veo el alboroto. — Kyouya se inclinó hacia la camilla y agarró al inglés del brazo obligándolo a reincorporarse. Lo jaló hacia él para que lo acompañara.
—¡Kyouya! — Ken se espantó por el trato diabólico del rubio.
—¿Qué? — El rubio observó a Kaneki sin comprender su alteración. —Lo iré a dejar a su casa. —
—Ah, no hace falta. —
—Hm, creo que es una buena idea. —
—…— Cain entrecerró los ojos. No se podía librar de la gente aunque lo quisiera.
Tiempo después, Kyouya condujo su vehículo hacia la dirección que Cain le había dado. Ken Kaneki acompañaba al rubio como copiloto y durante todo el camino conversaron de temas triviales para hacer más ameno el recorrido. Cain estuvo tentado de bajarse en una esquina cuando la luz roja diera en el semáforo pero ya había hecho demasiadas cosas ridículas y patéticas en una sola mañana como para continuar con la insensatez. Si su padre estuviera vivo, no se lo perdonaría. Cuando llegaron a la mansión Lancaster, Cain se bajó del vehículo de Kyouya, le lanzó la chaqueta de Kaneki a su dueño por la ventana del copiloto y no se despidió de ninguno de los dos dejándolos desconcertados. Esperaba no verlos nunca más en la vida. En serio, nunca más.

Entró en la mansión y agradeció que ningún familiar estuviera a esa hora más que su tío Vincent. No tenía muchas ganas de estar con él pero le dio curiosidad no encontrarlo en la sala de estar bebiendo una taza de té. Por mera curiosidad, comenzó a buscar a su familiar por las habitaciones hasta que lo hayó entretenido viendo un video en la TV conectada a un antiguo reproductor de VHS.
—Oh, llegas tan temprano hoy. — Dijo Vincent, al notar que su sobrino entraba en la sala.
—No tuve clases. —
—¿Otra vez? — Él elevó una ceja, incrédulo.
—Otra vez. — Asintió indiferente. Se fijó que la pantalla de la televisión mostraba una cinta de su graduación cuando salió de la escuela en Inglaterra.
—Aquella ocasión yo grababa tu graduación. Que buen discurso de promoción. Siempre tuviste muy buena presentación.—
—…— Observó detenidamente su persona en la grabación. En ese momento daba un discurso al ser elegido como representante de su generación. Se mostraba alegre, lleno de vida y, sobre todo, muy empático. Entrecerró los ojos, haciendo una mueca de desagrado. —Patético. —
—¿Por qué tan cruel contigo mismo? —
—Porque en ese tiempo me esforzaba por ser un hipócrita y era agotador. — Recordó cómo años atrás mostraba una amabilidad muy distinta a la antipatía y desgano que representaba en la actualidad. Era el hijo mayor de Richard of Lancaster y por ende debía seguir sus pasos algún día. Nadie quería a un engreído sin empatía y despreciable como líder de la casa, las empresas y todo lo que tuviera relación con el apellido. Debía “ganarse a la gente” como decía su padre, y quizá algún día “ser presidente o al menos un importante político” Por eso Cain siempre se mostraba amable, compartiendo con sus compañeros y representando a la escuela. Hasta algo altruista, en ocasiones. Pero se había cansado de todo eso y prefería ser lo que era en la actualidad: él mismo. —Era como… Lo que es Henry ahora. Un sujeto distinto detrás de la máscara. —
—Henry es real. —
—No. Es el más egoísta de todos, pero se oculta bien en esa faceta de altruista. —
—Ok. Sí es un poco egoísta a veces al excluirse de las problemáticas reales para estar cómodo en su área de confort. —
—¿Ves? Luego se cansará de tanta falsedad y se unirá a mí. —
—Eso suena tan épico. — El hombre se cubrió la boca con su mano al reír por el comentario de su sobrino. En ese instante, el timbre sonó.
—…—
—Ah, no son visitas. No te preocupes. Debe ser la candidata a sirvienta que me contactó hoy. Como ni tú ni Henry, quienes son los mayores, han actuado para conseguir personal para la mansión, he puesto un aviso en el periódico. Debo entrevistar a esta persona y requiero tu presencia. —
—Confío en tu juicio. —
—Ven. —
—Me siento un poco mal… La verdad. Será mejor que me retire a mi cuarto a descansar.
—Ven. — Insistió
—No quería decirlo pero extraño a madre…Quisiera ir a mi cuarto para recordarla.—
—Deja de intentar dar lástima. — Vincent soltó un suspiro prolongado. —Acompáñame. — Apagó el reproductor y la televisión. —Sólo serán unos minutos. Espérame en la oficina. —
—Okay. — Bajo la mirada, resignado. Fue hasta la oficina y allí esperó a su tío Vincent of Lancaster. Al poco tiempo el hombre de cabellera oscura y lunar debajo de su ojo apareció con una muchacha demasiado joven como para ser sirvienta. Vincent tomó lugar a un lado de su sobrino, al otro lado de la mesa.
—Buenas tardes, mi nombre es Vincent of Lancaster. Soy el que ha puesto el aviso en el diario. Él es mi sobrino Cain of Lancaster. Sí, es manía de nosotros presentarnos con todo el apellido porque nos enseñaron desde pequeños a enorgullecernos de él. — Bromeó el hombre a lo que la joven sonrió dejando los nervios de lado. —¿Cómo te llamas? —
—Fumi Oono. Vi el aviso en el diario y pensé que era una buena oferta de trabajo. — Era una muchachita encantadora, de cabellos castaños y enormes ojos verdes. Llevaba uniforme escolar lo que lamentablemente le daba muy poca seriedad.
—Bien, ciertamente esperábamos a alguien un tanto mayor para el trabajo de sirvienta. — Dijo Vincent a la chica. —¿Estas segura de que estás en el lugar correcto? —
—¡Sí! —
—¿Qué edad tienes? —
—Tengo 16 años, señor Vincent, ¡Pero sé hacer muchas cosas! Sé limpiar bien, cocinar comidas orientales y occidentales, mi padre dice que plancho muy bien, también me encargo de la jardinería y lavandería. Puedo hacer todo lo que haga falta o que necesiten. —
—¿Qué opinas? — Le preguntó Vincent a su sobrino.
—Demasiado menor, generará problemas. — Dijo secamente. —Gracias por venir pero no puedes trabajar aquí. —
—¡Espere, señor! — Fumi agitó las manos en el aire. —¡Si tan solo me diera una oportunidad! —
—…—
—¿Y si trabajo gratis por una semana para demostrar que puedo hacer el trabajo? — La chica junto las palmas de su mano. Si bien el sobrino del entrevistador la miraba de una manera fría que le inquietaba, no quería dejarse empequeñecer. —¡Prometo que no se defraudarán! —
—Debo decir que coincido con mi sobrino. Eres demasiado pequeña para lo que necesitamos. Además de mi persona y la de él, tenemos más gente viviendo aquí. Están mis tres sobrinos, hermanos de él, y mi hija Alice. Los próximos días llegará otro sobrino más desde Europa. —
—¡Oh! — Los ojos de la chica se abrieron en sorpresa. —¡Son seis varones y una dama! — Parecía motivada. —Eso me recordará los días en que atendía a los hermanos de padre en casa cuando se quedaban todos juntos antes de zarpar al mar. —Justo cuando Fumi se proponía a dar un discurso esperanzador y emotivo, fue interrumpido por la intromisión de una persona en la sala. Un chico de cabellos rubios y ojos azules abrió la puerta, entró y lanzó unas cartas sobre el escritorio de una manera tan poco viva que parecía un sujeto mecanizado o controlado por medio de brujería. Fumi dio un respingo en su asiento, espantada por su presencia.
—Llegó cartas. — Dijo éste, sin siquiera mirar a Fumi. Acto seguido, se retiró.
—Ese es Henry of Lancaster. Mi otro sobrino. — Le dijo a Fumi. Luego miró a Cain para susurrarle. —¿Qué le pasa a Henry? —
—Está siendo Henry. — Le respondió certeramente, ladeando el rostro.
—En cuanto a esta chica, ¿Qué tal si aceptamos su oferta? — Esta vez habló en tono claro.
—Ok. ¿Qué más da? No durarás un día. Procura cerrar la puerta bien cuando te vayas. — Cain ya no quería perder tiempo. —Con tu permiso, tío. — Se excusó con su familiar y se retiró. Iba a darse una ducha eterna para quitarse el fracaso de su ser.
—¿Eso quiere decir que me darán una oportunidad? — Fumi parecía confundida con las palabras de ese extraño señor.
—Sí. Tómalo como una prueba. —
—¡YAY! ¡Muchas gracias! — Fumi se puso de pie, animada. —¡Puedo empezar ahora mismo! —
—Si estás con esos ánimos…— Vincent sonrió contagiado por el entusiasmo de ella. Recogió las cartas que Henry había lanzado sobre el escritorio y volvió la vista a Fumi. —Señorita Fumi, le hago recuerdo que el aviso pedía una empleada puertas adentro. Lo que quiere decir que usted vivirá aquí. —
—Ahá- La pelicastaña colocó el perfil de su mano en su frente. —Espero no ser una molestia. —
—Esperemos que no. — Asintió. —Sígueme. Te mostraré tu cuarto temporal.
“Ha sido un día eterno. Aún estoy en clases y tengo un compañero insoportable.”
“Elimínalo.”
“Haha, como si se pudiera. ¡Ah! ¿Me dijiste que estás en Japón? Me sorprende ya que dijiste que nunca volverías”
“Sí… Es como para suplicar mi muerte. En fin, podríamos acordar un día para ir a por un té decente.”
“Conozco un lugar donde sirven buen té británico.
¿Alo?
¿Estás?
¿Hola?
¿Hola?”
“Disculpa. Es que me fastidiaba mi hermano. Ese que yo te contaba cuando éramos niños que sospechaba de que era bastardo”
“Hahaha. Si me acuerdo de eso. ¡Qué malo!”
“Si me secundabas…”
“Ah, es que Edward es muy distinto a todos ustedes. Digo, en personalidad. ¿Sigue siendo tan… Impulsivo?”
“No sé. No lo he notado durante los últimos años. Pero sigue fastidioso e intruso. Me preguntó a quien le escribo… Le he dicho que a mi SimSimi.”
“¿SimSimi? ¿Qué mierda es eso?”
“Tú eres mi SimSimi…”
“Wtf, acabo de googlearlo. Estás enfermo.”
“Cállate.”
“Cállate tú. ¡Y estamos callados porque escribimos!”
“¿Ves que eres un SimSimi? Contestas igual de agresivo que esas cosas. Después terminarás aconsejándome que me suicide… El SimSimi que tenía me decía eso después de insultarlo por un tiempo.”
“Bro. Necesitas salir más.”
“Sí…”
“Te dejo un rato. Llegó el idiota que te digo que es bien desagradable. Nos comunicamos luego”
“Ok”La otra persona dejo de estar el línea. Conocía a esa persona de años atrás cuando en Inglaterra coincidieron en la escuela. Cuando Allen Walker, su “SimSimi” dejo de estar en línea, Cain of Lancaster dejo el teléfono celular en la mesa auxiliar y se cubrió debajo de mil cobertores. Si bien eran las dos de la tarde, se disponía a dormir hasta el próximo día. Al día siguiente tenía algo importante que hacer.
Ver el sitio tan abandonado y sucio donde ella se encontraba le causó una reacción de rechazo angustiante. Desde que llegó a Tokyo estuvo evitando ir a ese lugar porque no sentía que estuviese correcto, dada su situación actual, y porque no se sentía del todo preparado para enfrentar la imagen de ver su tumba después de tantos años.
Pese a que aún sentía que no podía enfrentar la realidad, estaba allí de todos modos lo cual lo no le hacía sentir menos culpable pero sí le aliviaba pensar que ella está en paz.
Se acercó a la abandonada tumba tradicional japonesa donde el desgastado monolito rendía homenaje a una chica que bien había conocido. Quitó con cuidado la maleza que obstruía aquel nombre que recordaba, curvó las cejas y se mordió el labio inferior al leerlo allí. El grado de incomodidad aumentó pero tenía orgullo por sobre todo y no se retiraría de allí sin antes reflexionar sobre ella. Hace tres años que aquella HiME había muerto, lo único que quedaba de ella era una tumba olvidada en un cementerio público. Sacó un pañuelo y con este quitó el polvo del monolito. Si bien las letras eran kanjis tradicionales, sabía muy bien leerlas.
“Kana Nightroad” Era lo que se leía en ellas. Cain bajo la mirada y se mantuvo estático por varios minutos cuando terminó de limpiar la tumba. Hace tres año su única amiga había perecido en la batalla final entre las HiMEs y los Rebels y él, siendo un completo inútil y poco comprometido, fue un pésimo Key que en nada pudo ayudarla.
Incluso esa rata insoportable de Mihael Keelh había sido una pieza clave en la historia de Kana. Siendo el rubio su Knight había luchado a la par contra Rebel y Princess de la chica.
Musitó en un murmuro suave una oración de origen religiosa ortodoxa. Kana creía en sus Dioses orientales y le hubiera gustado recitar algo de sus rezos en esa ocasión pero no conocía verso alguno que pudiera sentir adecuado. Dejo las flores lilas sobre la tumba, permaneció unos minutos más y luego se marchó del cementerio para volver a su casa.