Hola... *muerta* vengo con la tercera parte. Sadly, todavía no termino pero no creo que pueda caber más en este post (...) *huye* La próxima termino sí o sí.
20.3.
Tal y como acordaron, el grupo de primero con los primos de Rizembool fueron a la tienda de souvenirs, donde se encontraron con todo tipo de artículos. Había incluso un área de curiosidades y juguetes para niños, además de maquetas fáciles de armar, pero más abundantes eran libros, llaveros y postales con fotos de edificios ilustres.
“Qué gorro más raro…” Hinata había agarrado un sombrero que tenía forma de una pirámide. Se lo probó con curiosidad, y alzó una ceja al mirarse al espejo, no comprendiendo el diseño.
“¡Hahaha! ¡Qué ridículo te ves!” Lev le apuntó y se puso a reír. Sonrió ampliamente. “Pero ni con eso puesto llegas a mi estatura.”
“¡Oye, eso es bajo! ¡No digas cosas así!”
“¡Hahahaha, mejor ve buscando otro gorro que te aumente más la estatura!”
Por otro lado, Iksel se había detenido junto con Reimu y Youmu en medio de unos estantes de libros para hablar un poco.
“Entonces eres una miko,” el pelirrojo se animó. “¡Qué genial! Me encantaría ir a conocer tu templo. Creo que nunca he ido a uno.”
“¿En serio? Eso es difícil de creer.”
“Pues, mi familia no es originaria de aquí y he vivido en el extranjero varios años. Vine a Japón hace dos años para estudiar en la universidad.”
“Ahh, qué interesante, a mí me encantaría viajar, aunque supongo mi interés estaría en visitar varios templos de Asia,” Reimu sonrió. “¿Y cómo así llegaste a estudiar en Rizembool? Hubiera imaginado que estudiarías en algún país de Europa por tu profesión.”
“Medio que tuve la opción… pero es una larga historia,” Iksel se vió incómodo y llevó una mano a su nuca, acentuando su estado de ánimo. Él pareció reservarse los detalles. “Al final, mi tío me consiguió admisión y beca en Rizembool, por eso estoy aquí. En cierta manera, también les pago el favor cuidando de mi primo cabeza hueca.”
“…” Youmu le miró fijamente, algo que este notó.
“Ehh, antes que lo pienses, déjame asegurarte que no tengo interés alguno en ser Rebel,” este negó, frustrado. “Puedo sentir tu aura de rechazo…”
“Youmu, compórtate,” Reimu le dio un codazo. “Ya hemos hablado de esto.”
“Hm…” esta desvió su mirada, incómoda. “…lo siento.”
“Tus instintos no pueden ser tan premeditados…”
“Está bien. Bueno, no lo está, pero lo entiendo. Ya he escuchado varias historias de Rebels en la universidad y veo por qué una HiME les tendría recelo,” observó el pelirrojo. “Quisiera estar en una universidad en donde no hubiera nada de esto, pero lamentablemente no hay mucho que puedo hacer. A veces nos exponemos a cosas que quisiéramos evitar…”
“Cierto…” Youmu se quedó en blanco e inmutada, como quien intentaba cambiar un chip interno antes de continuar. Ella apuntó a Lev. “Tú te ves como alguien razonable, pero, ¿qué hay de él?”
“Lev, ¿ah?” Iksel miró a su primo, quien se reía luego de que Hinata hubiera encontrado un sombrero para niños con la torre de Tokio encima, pero que todavía no llegaba a la altura. Dio un suspiro. “Parece que se lo toma todo como broma, pero aparte de eso, él nunca se metería en el lío. Es un deportista, y por más que sea competitivo, sus intenciones no son malignas. Te lo aseguro, pese a su ‘aura de Rebel’, es completamente inofensivo.”
“Hahaha, siento que él lo resentiría si te oyera,” Reimu rió un poco.
“No debería resentirse con la verdad…”
“…” Youmu fue caminando hacia los otros dos. “Hinata está molesto. Los detendré antes que comience una pelea.”
“Bueno, pero puede que él sea más razonable que tú,” Reimu se encogió de hombros y vio a su amiga llegar donde el pelinaranja, quien había estado saltando en su sitio para mostrarle al otro lo alto que podía llegar. “Pienso que nos hemos quedado aquí mucho tiempo. Hay que ir a otro sitio antes que el vendedor nos llame la atención o algo.”
“Supongo…”
“Pero…” la sacerdotisa levantó su mirada al techo, pensativa. “¿Cómo así alguien que no tiene nada que ver ni quiere tener nada que ver ha venido a una reunión como esta? Aquí todos tienen un vínculo u otro con las HiMEs o los Rebels. ¿Cuál es tu historia?”
“Te lo puedo decir mientras no se lo digas a tu amiga,” Iksel se frustró.
“Claro, ¿de qué se trata?”
“Tal y como dije, lamentablemente, hay cosas que no se pueden evitar. Lev y yo estamos indirectamente involucrados,” el pelirrojo se cruzó de brazos. “No es mi interés causar líos a otros, pero siempre es bueno averiguar más del asunto, y conocer a gente que puede compartir experiencias de vida similares. Eso es todo.”
“Hm…” Reimu lo meditó. Iksel no le iba a decir más, y lo iba a respetar. “Pues eso suena inteligente. Sólo espero que no sea ningún asunto muy serio.”
“Lo mismo espero… y espero que no envuelva a ninguno de ustedes…”
“Hm…”
El grupo se terminó reuniendo para salir de la tienda y pensar a dónde más ir y pasar el tiempo antes de la reunión a la una.
Luego de pasear y mirar algunas exhibiciones superficialmente por el primer piso, Roxas supo que no iba a disfrutar del resto, y decidió irse a relajarse por los jardines del museo. Pese a que toda la estructura era un solo edificio, había un amplio jardín en el centro que conectaba con el jardín de la cafetería y otros dos jardines menores mediante pasillos exteriores.
Él estaba sentado en una banca, a un rincón del jardín central. Desde ahí, podía ver que los pisos superiores tenían puentes que conectaban los lados opuestos del edificio. Había dos laterales que pasaban por encima del jardín, y uno central y estrecho en el último piso, el cual terminaba en una cúpula de ventanales. Según había visto en el folleto que agarró en la entrada, esa cúpula en el último piso era una sala de conferencias, y donde ocurrían eventos y charlas, como la que iban a tener a la una, y ese puente era una de las entradas, con la otra siendo interna. La idea de ese evento le quitaba los pocos ánimos que tenía.
“Espero que Komaeda tenga una buena razón para esto…” Roxas recostó su cabeza hacia atrás y miró al cielo encima de él. De un momento a otro, se había quedado sin ganas, y por ciertos invitados, sentía que debía marcharse, ya que no tenía nada más que hacer ahí. Sin embargo, sabía que Osaka se podría molestar con él si se desaparecía así nada más, aparte que quedaba hablar con su hermana… pero ni sabía qué podía decirle.
Seguía molesto con ella, y al mismo tiempo tenía cierto cargo de consciencia. Algo estaba fuera de lugar, algo necesitaba arreglarse, pero sabía que había demasiada ‘calma’ entre los dos. Luego de que él aceptara a apoyarle con su decisión de volver a ser HiME, si bien ese tema dejó de ser tabú, seguían secuelas del silencio y de la pasividad de ambos. Y también, Roxas no evitaba pensar que él había cedido demasiado al tener que aprobar las decisiones de Cho, mientras que esta no le estaba dando cabida a nada en lo absoluto.
Esos pensamientos definidos empezaron a esparcirse y volverse ruido indescifrable dentro de su cabeza, pero que seguía presente en su estado de ánimo. Trató de perderse con el cielo y descansar un poco, como quien intentaba dejarlo atrás de una vez, pero justo llegó una persona para sacarle de su ensimismamiento.
“Aquí estás…”
“…” Roxas se confundió al reconocer su voz y dejó de recostarse hacia atrás, para mirarle atentamente. “¿Qué haces aquí, Larsa?”
“Estaba buscándote,” notó que el otro se confundió más. “Si no es mucha molestia, ¿podría hablar un momento contigo?”
“¿Por qué me lo pides así? Vamos, no seas tan formal,” le miró con incomprensión. “Adelante. ¿Y Dakki y Kibi?”
“No lo sé. Iban a comer unos helados en la cafetería, pero eso no me concierne realmente,” Larsa se tomó la libertad de sentarse a su costado.
“Pues, nunca has sido de esas cosas, lo sé. ¿Cómo así quieres hablar conmigo?”
“Quería revisar cómo estabas. Debo admitir que me preocupé un poco por ti, luego de encontrarnos con la gente de Rizembool,” el exRebel le miró fijamente.
“…” con la mención, Roxas entrecerró sus ojos y bajó la mirada. “Creo que fue muy evidente, ¿no es así? Pero no te preocupes por eso. No es que haya otra forma en la cual pueda reaccionar.”
“Esa es una respuesta ilógica,” Larsa notó cómo el otro le miró de reojo. “No intento llamarte la atención por reaccionar así. No sabré los detalles, pero sé que no deben faltarte motivos para indignarte del modo en que lo hiciste. También sé, por la forma en que nos conocimos, que el tema de las HiMEs siempre ha sido un asunto muy sensible para ti, y que esto te afecta mucho más que a los demás. Por eso estoy aquí.”
“…” el key volvió a bajar su mirada. Notó que Larsa le comprendía y apreciaba que le tomara consideración, pero aun así, no estaba con ánimos de hablar con nadie.
“Sin embargo, también vine porque he notado que tu solución personal a estos problemas es huir de ellos. Esto no es saludable para ti, y puede que sólo termines haciéndote más daño, ya que así no podrás resolver nada.”
“…sé a qué te refieres…” Roxas se quedó en silencio un momento, pensando en qué decir. Su acompañante esperó a que este se expresara, y luego de una pausa, lo hizo. “Es sólo que hay mucho con lo que no estoy de acuerdo. No es que intente causar problemas, ni a mí ni a nadie, pero… por más que este sea principalmente el asunto de Cho, siento que ella me está dejando de lado por completo, como si mi punto de vista no importara en lo absoluto.”
“…”
“¿Acaso está mal que piense así?”
“No, más bien…” Larsa sonrió un poco. “Lo que tienes que hacer es expresarte. Por más que quieras apoyar a Tanaka-san, si no te sientes del todo bien, está en tu derecho decirlo y que ella te escuche. No es saludable que te calles, y por hablar no le vas a poner trabas, siempre y cuando sepas cómo decir las cosas.”
“No sé por qué siento demasiada presión de todos a mi alrededor…” Roxas se tensó y comprimió sus puños. “Osaka me pidió que apoyara a Cho, que ella necesita eso. También pude sentir la mirada de la directora sobre mí, como si esperara que cumpliera con el rol de apoyo. Y todos en Hanasaki siempre están de lado de las HiMEs. Sé que se espera que yo esté bien con todo y que cualquier desviación de la labor de ser un ‘key’ es egoísta de mi parte.”
“Las HiMEs también pueden ser egoístas por el simple hecho de escoger su rol. Ellas también pueden estar mal. A fin de cuentas, no creo que nadie esté ‘bien’, como tú lo percibes. Y esa presión que sientes de todos me parece que es más interna. Que es algo que viene de ti mismo y que lo proyectas en los demás.”
“Y-yo…” se quedó sin palabras y sin fuerzas repentinamente. Esa incomprensión externa por un momento se había quebrantado en algo que sentía presente en sí mismo. Tal vez había algo de cierto en esas palabras, y al pensarlas, se sintió extrañamente incómodo, y vulnerable. Él dejó caer su cabeza hacia delante. “Dime Larsa… ¿estoy mal? ¿Soy yo el que está causando tantos líos y el que está equivocado?”
“…”
“¿Es que acaso no puedo molestarme por cómo Cho le contestó a Axel y cómo luego me contestó a mí, como si mi opinión estuviera de más?”
“No creo que sea prudente juzgar a alguien por lo que siente, tienes derecho a reaccionar a tu modo. En este caso, pienso que los dos están bien y están mal, además de que sus asuntos personales con este tema son completamente diferentes.”
“¿Qué quieres decir?” Roxas se extrañó. “Axel fue el enemigo de los dos. Cho no puede pretender que ella estuvo sola en eso.”
“…” Larsa entrecerró los ojos, meditativo. Dio la impresión de reservarse un comentario, algo que incomodó al key.
“¿Cuál es tu punto de vista en esto? ¿Qué pensaste de la respuesta de Cho?”
“Su respuesta fue rápida, casi instintiva, y que no necesitó meditar. Puede que le haya salido natural o que esperaba ese encuentro con su exRebel y lo planeó de antemano. Es cierto que no te consideró, pero desde un punto de vista externo, uno puede ver de dónde viene su reacción. Ella es una HiME que tuvo una conversación con su previo enemigo, y que tomó las riendas de la situación con firmeza y responsabilidad. Se vio dispuesta a llegar a una resolución y dejar ese capítulo detrás, y por más inesperado que haya sido, es en cierto modo admirable.”
“…”
“Sin embargo, tú no estás listo para hacer lo mismo. Roxas, es cierto que Axel también es tu enemigo, pero no lo fue en el mismo modo que Tanaka-san. Él no fue tu Rebel, él no se presentó repentinamente como un extraño que debía pelear contra ti. Tu dilema no está directamente relacionado con el asunto de las escuelas, y sé que ustedes dos se conocieron antes de que Axel fuera un Rebel. Pero, si puedo preguntar, ¿cuál fue tu conexión con Axel antes de que él se convirtiera en el Rebel de tu hermana?”
“…” esa pregunta tensó más al rubio, quien se mostró inconforme y no quiso responder. Una gran inquietud pareció crecer en Roxas. Era un tema delicado para él.
“…ya veo. Mis disculpas, no quise inquietarte. No tienes que responderme,” Larsa negó y continuó. “Sé que esto es mucho pedir, pero quisiera que medites el pasado, y que intentes encontrar una forma de estar en paz con lo ocurrido. Te lo pido por tu propio bienestar. Si sigues evadiendo la mirada o alejándote cuando algo te inquieta, no podrás afrontar el futuro, y no podrás estar ahí por tu hermana o por aquellos cercanos a ti. Te lo digo por experiencia. Esto no se volverá más fácil, y es mejor que te tengas a ti mismo de aliado.”
“…” Roxas se entristeció al oír esas palabras, pero tenían mucho sentido. No podía seguir huyendo, aunque en verdad no sabía qué era lo que debía afrontar primero…
“Y espero que Tanaka-san haga lo mismo. Ella también parece tener asuntos pendientes, pero al igual que siempre, lo está tratando de afrontar por su cuenta. Ella nunca ha sido de pedir ayuda a otros, y sé que no debe haber cambiado en este tiempo.”
“…”
“Es sólo para que sepas que no eres el único con asuntos pendientes. De algún modo u otro, todos estamos constantemente arrastrando algo que debimos haber dejado atrás,” Larsa sonrió con leve tristeza. “Es inevitable. Todos somos humanos.”
“…” Roxas asintió y sonrió débilmente. “Gracias…”
“No quiero que te sientas mal por lo que Tanaka-san dijo. No te consideró al expresarse, pero sé que ella nunca querría menospreciarte. Es evidente para mí que ella siempre te ha tenido un gran aprecio, como su hermano.”
“Lo sé, aun si no siempre quiera estar consciente de ello…” el key tomó una bocanada de aire y estiró sus brazos, como quien despejaba la pesadez de la conversación. “No es justo, Larsa. ¿Cómo así supiste lo que pasaba por mi cabeza?”
“Creo que siempre he podido leerte muy bien,” él se encogió de hombros.
“No lo trates con indiferencia, por favor…” dio un suspiro. “Casi me haces sentirme tan predecible como Sora.”
“A decir verdad, a él no siempre le puedo leer bien,” Larsa entrecerró sus ojos. “Porque es un tonto impulsivo que no sabe medir las consecuencias de sus actos.”
“Nuestra anécdota en su auto sigue estando fresca, ¿no es así?”
“A eso debo sumarle muchas cosas más…”
“E-en fin, olvídalo…” Roxas decidió cambiar el tema para evitar amargarle. Era curioso cómo Larsa parecía estar permanentemente molesto con Sora. Sonrió un poco. “Hemos estado hablando mucho de mí. ¿Pero qué hay de ti? ¿Qué ha sido de tu vida en estos tres años? Seguro que has hecho un montón. Cho me dijo que le comentaste que estás estudiando para tu maestría.”
“Realmente no sé qué decirte…” Larsa se puso a pensar.
Los dos continuaron hablando entre ellos sobre el tiempo que había transcurrido desde el final del conflicto anterior, y la conversación se aligeró bastante para cambiar a un tono más agradable y relajado.
Mientras tanto, las chicas que estuvieron en la cafetería habían salido hacia el jardín adjunto. Luego de que Tomo trajera la idea de comerse un helado, Osaka y Suiseiseki se apuntaron, y mientras esperaron a su pedido, se encontraron con Dakki y Kibi, quienes tuvieron los mismos planes. Así, ellas terminaron acompañándose mientras comían sus postres y conversaban en conjunto.
“Y esa es la historia~desu,” narró la invitada de honor a Kibi, quien le había prestado mucha atención durante todo su relato. “Terminé animándome a ser HiME de nuevo para ayudar a mis estimadas amigas y proteger Hanasaki y llevar el estandarte~desu.”
“¡Te ves muy inspirada, bien por ti!” exclamó la rubia. “¡Entonces espero que te vaya muy bien y derrotes a todos tus enemigos!”
“Kibi-chan, no te olvides que estamos del otro lado~♥” canturreó la pelirroja.
“Pero onee-sama, puedo tomar el lado de una HiME si no conozco a su Rebel o si este fuera a no caerme, ¿verdad?”
“Haz lo que quieras, pequeña, sólo no te emociones mucho. No es bueno ni para el corazón ni para la piel.”
“Yo sólo me alegro de que todas nos podemos llevar bien,” Osaka sonrió. “Dakki-chan y Kibi-chan fueron mis amigas pese a ser Princesses la vez pasada, y personalmente creo que es muy bueno y saludable hacer las paces con el lado opuesto.”
“Definitivamente~desu,” Suiseiseki asintió, convencida. “Yo me llevo muy bien con mi exRebel y es un valioso amigo~desu. ¡Y ha sido un gustazo conocerlas a ustedes dos~desu!” se dirigió a Dakki. “No sabía que fuiste la partner-in-crime de Larsa~desu. Sólo espero que no seas una mala influencia para él~desu.”
“Ohohoho, que ocurrente eres~♥ te aseguro que su mayor mala influencia es su exroommate que le hacía desvivirse por ayudarle con sus notas.”
“Oh, no es así~desu,” la HiME negó y levantó un índice para marcar sus palabras. “Así lo parecerá en la superficie, pero sé que en el fondo hay amor~desu. Un amor que sobrepasa todas las discordias humanas~desu.”
“¿Qué dices?” Dakki sintió un tic en la ceja.
“Uhh, mal, no digas eso…” Tomo negó a Suiseiseki. “Dakki es en definitiva una hater del ship, por más que puedan haber razones para algunos de apoyarlo.”
“¿Eh?” Osaka ladeó su cabeza. “¿Tú crees en el ship, Tomo-chan?”
“¡Hahaha! Sólo me río pensando en eso,” ella sonrió burlonamente.
“Cada quien es libre de elegir~desu,” Suiseiseki se cruzó de brazos. “Pero como personas civilizadas podemos vivir en desacuerdo~desu.”
“C-claro,” Kibi sonrió incómoda. Al menos su onee-sama se mostró comprensiva con la conversación.
En ese instante, las chicas vieron a Tomaj y Axel acercárseles luego de pasar por la cafetería por unas gaseosas.
“Hola chicas, no esperaba verles juntas,” observó el pelimarrón, levantando una mano. “¿Se están divirtiendo?”
“¡Sí!” contestó Kibi. “¡Entre mi almohada, el helado y la compañía, este día ha sido sumamente genial!”
“Al menos sé que no estás disfrutando del museo,” Axel se encogió de hombros. “Pero ya somos dos. Hay buena ambientación pero por todos lados es un poco de lo mismo.”
“Esa es mi misma apreciación,” Tomo asintió.
“Vamos, hay que tener fe en el paseo,” suplicó Osaka. “Un museo será raro, pero sí es bonito, tienen jugos ricos, ¡y miren la almohada de la torre Eiffel de Kibi-chan! ¡Este museo entiende mis gustos de plushies de edificios y formas geográficas! ¡En la salida tengo que comprarme una igual!”
“¡Yay~☆!” Kibi chocó manos con ella.
“Ehm, mister exRebel de Cho~desu…” dijo Suiseiseki. Este le miró alzando una ceja por el nombre que ella optó por llamarle. “¿En verdad promete que no va a volver a lastimar a Cho~desu? ¿De veras~desu? No es por juzgarle mal, pero su llegada fue un tanto conflictiva y no quiero más de eso~desu.”
“Te aseguro que sí, no mentí cuando lo declaré al llegar. Siento el show, por cierto, pero no se pudo evitar,” Axel sonrió levemente frustrado. “Es claro que no fui el Rebel más ‘ameno’ del montón la vez pasada, pero no todos somos bipolares como Tomaj.”
“¿Qué estás diciendo?” este le miró de reojo con reproche.
“Gracias por la aclaración~desu.”
“Pero al escucharte, me recuerdas a una leyenda urbana que tuvimos en Rizembool,” el pelirrojo levantó su mirada, recordando cómo iba. “Sobre una HiME peligrosa que tenía un tic verbal y que si te descuidabas te arrastraría de los pies en la noche.”
“¿P-perdón~desu?”
“Ahh cierto. Haha, no sé quién se vino con ese rumor, pero dio vueltas en Rizembool,” Tomaj se rió un poco. “Y sí creo que se inspiraron en ti. Era la HiME de los desus.”
“¡Ohh!” Osaka se impresionó. “¿Y cómo iba la historia?”
“Decían que si caminabas por Rizembool solo de noche, ibas a sentirte seguido por una presencia invisible y ominosa…” comenzó Axel.
“Y que nunca ibas a poder ver. Tenías que huir, porque si llegabas a escuchar el primer desu, era muy tarde para ti,” agregó Tomaj. “Y lo peor de todo es que, si tenías la suerte de que te perdonara la vida, amanecerías diciendo sólo desus por el resto de tu vida.”
“¡AHHH, qué horrible!” Kibi se agarró los cabellos.
“¡Ohohoho~♥ tranquila, Kibi-chan!” Dakki rió con ganas.
“¡Malditos chismosos exagerados~desu!” Suiseiseki se indignó. “¡Son puras mentiras~desu! ¡Quiero que me presenten los que se vinieron con eso~desu! ¡Son criminales~desu! ¡Y mis desus no son tics verbales~desu! ¡Este mundo discrimina en contra de los desus y no es justo~desu! ¡Voy a velar por sus derechos humanos~desu!”
“Ya, estás llamando la atención de todos cerca, párala,” pidió Tomo, impaciente.
“¡Nunca pararé hasta que el mundo cambie~desu! ¡La gente no entiende la verdad~desu!”
“Hm…” Osaka miró a la pantalla de su celular, la cual no tenía nuevas notificaciones. “Todavía no hay noticias de Koma-chan…”
Entonces, ella notó que se le había escapado su nombre y se tapó la boca de forma apurada. Los demás le miraron.
“¿Koma-chan? ¿Qué es eso?” le preguntó Kibi, con curiosidad. “¿Se come?”
“¡N-no es nada!”
“¿Nos estás ocultando algo, Osaka-chan~♥?”
“¡No, n-nada, en serio!”
“¡Ay, ya párala con tu secretismo!” le reclamó Tomo, harta de su necedad. “Si él mismo ya está en el museo. ¿Por cuánto tiempo más vas a seguir con el anonimato?”
“E-es que…”
“¿Hablan del anfitrión secreto?” preguntó la pelirroja. “Pues estoy de acuerdo. ¿Por qué no se presenta? ¿y por qué no podemos ni saber su nombre a estas alturas?”
“Ehh…”
“¡Ya, yo lo haré!” Tomo miró a los demás y se cruzó de brazos. “El raro que nos ha traído hasta aquí para ver una charla que está cancelada es un peliblanco extraño que se llama Komaeda. No sé por qué el chiflado le habrá dicho a Osaka que le mantuviera secreto, ¡pero ya harta demasiado y no tiene sentido alguno! ¡Maldición, no es que sea Voldemort o algo similar!”
“Finalmente lo dijeron…” Tomaj sonrió con ironía. “Y por notar que Cho no se encuentra con ustedes, ¿puedo adivinar que este se las ingenió para llevársela luego de encontrarse únicamente con ustedes?”
“Sí pues, wait…” Tomo se quedó en blanco. “¡¿Q-qué dices?!”
“Komaeda…” Kibi se puso a pensar. “Ese nombre…”
“Kibi-chan…” su onee-sama se mostró frustrada. “¿Cómo no te vas a acordar de él?”
“¿S-será ese mismo? Pues, nuestro Komaeda también es peliblanco…”
“¿Eh? ¿Qué está pasando aquí?” Osaka se mareó.
“Pero tú eres la organizadora~desu,” dijo Suiseiseki.
“P-pero yo…”
“¡Tonta! ¡Por cómo todos aquí saben de él, Komaeda es de Rizembool!” declaró Tomo, iracunda. “¡Piensa de una vez!”
“¿Rizembool? ¿Pero y su admiración por Hanasaki?”
“Ehm, con permiso chicas,” Dakki tomó a Kibi de la muñeca con un gesto levemente apurado. “Estas son noticias importantes. Tengo que informarle a mi Larsa inmediatamente. Suerte~♥”
“Vaya, pareciera que alguien soltó una bomba por aquí,” observó Axel.
“¿Quieren decir que Cho puede estar en aprietos~desu? ¿Acaso ustedes supieron todo esto desde el inicio~desu?”
“Es una larga historia, pero sí, a decir verdad,” Tomaj miró hacia el camino que llevaba hacia el centro del museo, donde estaba el jardín principal. “Mi instinto me dice que nos dirijamos hacia allá. ¿Por qué no mejor nos apuramos?”

Cho siguió a Komaeda por el camino hacia las oficinas de los directivos y supervisores del museo, en el segundo piso del lugar. La HiME se sorprendió por la facilidad en que el peliblanco se ubicaba y cómo pudo encontrar ese discreto pasillo entre dos exhibiciones, donde tocó la puerta y muy amablemente pidió hablar con la supervisora a cargo. La conversación no duró mucho, ya que esta, con calma y paciencia, les explicó que la decisión no podía cambiarse al estar ya programado, y los encargados de dicha charla se encontraban ocupados con otros proyectos. Cho asintió y se disculpó por las molestias, pero al notar a Komaeda insistir, se sintió demasiado incómoda de hasta seguir ahí, y se excusó lo antes posible. El otro continuó pidiendo, pero la HiME prefirió salirse de la conversación y esperarle afuera hasta que se rindiera. Realmente no entendía cómo este se atrevía a razonar con una institución tan formal, y esperaba que este saliera pronto.
Felizmente no tomó mucho más, y el peliblanco le dio el alcance fuera de la oficina principal, cabizbajo. La puerta fue cerrada detrás de él por la secretaria.
“Su mente está cerrada a sugerencias, lamentablemente,” Komaeda dio un suspiro.
“Pues, no hay nada que podamos hacer…” Cho bajó su mirada. “Lo siento.”
“No, yo lo siento, es mi responsabilidad. Sin embargo, al menos puedo ver si existe la posibilidad de tener esta charla en otra oportunidad.”
“Pero la supervisora nos dijo que la remodelación durará más de un mes, ¿no sería mejor esperar hasta entonces?”
“Quisiera hablar antes con los encargados de la charla.”
“¿H-hablas en serio?” Cho dio un paso hacia atrás, sorprendida de su decisión. Él parecía que nunca se iba a rendir.
“Pude sacar un poco de información de la supervisora. Me dijo que esos encargados en verdad están arriba con unos obreros para ver la remodelación de la cúpula. Pienso que es el momento preciso para hablar con ellos, ¿no lo crees?”
“N-no, no lo creo,” la HiME negó, impresionada por los ánimos del otro. Komaeda se encontraba sonriendo convencido y decidido a realizar lo que decía, y era un poco difícil contradecirle por ese estado de ánimo tan esperanzado que mostraba. “Lo mejor es regresar y decirles a todos que se canceló.”
“No, es imposible que lo haga. Debo al menos intentarlo,” él miró a una salida de emergencia. “Estas deben ser escaleras de emergencia que se conectan con los pisos. Por su ubicación, sé que podremos acceder a la cúpula sin preocuparnos por seguridad.”
“¿Q-qué? ¿P-pero no es posible que suene una alarma?” Cho se asustó. “No, por favor no lo hagas…”
Su acompañante no le oyó y las abrió, para apurarse en subir las escaleras. Cho no supo si huir o detenerle, y al final optó por seguirle para razonar con él, por más que eso pudiera parecer inútil. Sólo se alegraba de que al menos no se activara una alarma.
Tenía un mal presentimiento de todo eso, pero simplemente continuaba con el asunto porque sentía que, en cierto modo, le concernía.
Había pasado un corto rato en el cual Larsa contestó la pregunta de Roxas al hablarle un poco de sus estudios, pero como el rubio se mostró confundido, el tema se simplificó a lo básico, y pasaron a hablar sobre las aspiraciones del key.
“Entonces te has animado a seguir el kendo,” observó Larsa. “Siempre has estado muy inspirado en seguirlo, no me sorprende que decidas enfocarte en ello de forma profesional…”
“Sí, sólo que sé que es difícil, hay bastante competencia, y a veces siento que podía hacerlo mejor, o podría hacer algo más allá,” Roxas dio un suspiro.
“No te estreses. Me da la impresión que eres muy eficiente cuando algo te es importante, o cuando te lo propones. Es cierto lo que dices sobre la competencia, pero eso sólo significa que debes tomártelo con mayor seriedad.”
“Pues, si tú crees en mí, me alivia un poco. Siempre has sido el más estudioso de nuestro círculo.”
“No minimices tus propios logros. Recuerdo claramente cuando nos conocimos antes de iniciar el segundo año de Hanasaki. Tú me pediste que te ayudara a estudiar para nivelarte e ingresar a la secundaria pese a que perdiste un año. Te habré ayudado, pero es admirable que hayas aprendido lo necesario para aprobar los exámenes de subsanación en tan poco tiempo.”
“Vaya, a veces me olvido que tuve que saltearme primero para no quedarme atrás, me da nostalgia,” Roxas sonrió un poco. “Y gracias por toda tu ayuda, pese a que en ese entonces no sabía tu nombre y sólo te llamaba ‘amigo renegón de Sora’ o variaciones de esa frase.”
“Descuida, está en el pasado,” Larsa le miró de reojo y sonrió con ironía. “Y no lo habré dicho, pero te conocía a ti como el hermano inútil y engreído de Tanaka-san.”
“Uhh, eso dolió,” el rubio no evitó sorprenderse un poco por esas palabras tan duras del otro, aunque le llamó la atención que se lo haya dicho en broma. Era algo raro ver a Larsa ser un tanto informal y relajado, pero le animaba verle soltarse a veces, por más que tuviera un lado mordaz. “Sora tiene razón, puedes ser un poco cruel a veces.”
“Perdón, sólo fui sincero,” él se encogió de hombros, y su conversación fue cortada al oír a alguien llamarles desde lejos.
“¡Oigan!” exclamó Sora, quien venía corriendo a toda velocidad. Kytes, Ryo y Hotaru le seguían a cierta distancia, ya que ellos no se estaban apurando tanto.
“¿Sora?” Roxas se confundió por verle tan alterado.
“¡Finalmente te encuentro, desgraciado!” exclamó el apurado con una gran indignación. Por su elección de vocabulario, los dos supieron que se estaba dirigiendo al exRebel. “¡Maldición, Larsa! ¡¿Por qué no contestas tu teléfono?!”
“¿De qué hablas?” este alzó una ceja, impaciente. “Asumo que no viste el anuncio en la entrada de que el uso de celulares está prohibido en las instalaciones.”
“¿Pero eres de la prehistoria o qué? ¡Por supuesto que eso no significa más que poner tu celular en mudo y con vibración! ¡Te tuvimos que buscar por todos lados y para colmo no estabas en las salas aburridas y técnicas que te van! ¡¿Qué haces sentado en una banca de jardín como anciano con una bolsa de semillas para aves?!”
“¡O-oye, yo fui el que escogió este sitio!” reclamó Roxas.
“Haha, tú sabes que Sora no tiene mucho tacto,” Ryo se aguantó las ganas de reír.
“Ya, Sora, estamos aquí,” le pidió Kytes, preocupado. “Hay que ir al punto.”
“Cierto, cierto,” este sacudió su cabeza y miró a Larsa con severidad. “Larsa, sabemos que tú tienes cierta información de Rizembool de hace tres años que nos interesa.”
“¿De dónde viene esto?” el exRebel se confundió.
“Ehm…” Hotaru se llevó sus manos al pecho. No le gustaba tener que repetir el tema tan seguido, pero tenía que hacerlo. “Dime… ¿tú sabes lo que le pasó a Shelke hace tres años? ¿Sabes qué le hizo Rizembool… por qué todo terminó así…?”
“Tomoe-san…” Larsa le miró y se apenó un poco, pero se mantuvo firme y negó con la cabeza. “Hacia el final del conflicto, sí me dediqué a averiguar del caso. Pero… hay algunos detalles que son mejores no saber.”
“¿E-eh?” la pelinegra frunció el ceño, afligida.
“P-pero Shelke fue nuestra amiga,” dijo Sora, mirando al otro con incomprensión. “Tenemos derecho de saber.”
“No, a estas alturas no sería más que faltarle el respeto. Ya de por sí, yo no debería saber nada tampoco. Lamento decirles que no pueden esperar que les dé información, pero pienso que es lo mejor.”
“…” Hotaru bajó su mirada, desanimada. Quería todavía resolver ese misterio, pero lo que Larsa le había dicho tenía algo de razón. En parte podría no ser algo que deba involucrarle, y quizás hasta una falta de respeto, pero para que este diga lo segundo, ¿acaso todo el tema con Rizembool fue muy personal para Shelke desde el inicio? Pese a poder estar mal, realmente quería saberlo…
“No actúes como si no fuéramos más que chismosos…” Sora comprimió sus puños. “¿O acaso lo has olvidado? Sé que Riku fue también una inocente víctima de Rizembool, y hasta hoy todavía no he podido comprender qué ocurrió del todo.”
“…” Roxas se tensó, e hizo lo posible por no mostrar inconformidad. Como el primer Rebel de Cho, este caído nunca había sido una ‘inocente víctima’ en sus ojos.
“Sé menos de su caso, y aquí dudo poder ayudarte, Sora,” contestó Larsa. “Pero con quien sí deberían hablarlo es con Tomaj. Como el amigo de aquel Rebel y amigo de ustedes, es él quien debería informarles sobre este asunto.”
“Ya hay que dejarlo ir, Sora,” dijo Kytes, incómodo.
“Pero Kytes…”
“No es justo que intentemos sacar respuestas de Larsa. Y sí, Tomaj debe tener más información…” él desvió su mirada. “Por más que nunca quiera hablar del tema.”
“Ahh…” Sora se frustró.
“L-lo siento…” dijo Hotaru, apenada. Lamentaba haber traído esa incomodidad y discordia a flote. “No quise incomodar a nadie.”
“Preguntarte sobre una amiga es natural, y en medio de lo ocurrido tres años atrás, han quedado muchos eventos todavía presentes, es inevitable,” Larsa negó, esperando no inquietar a la pelinegra. “Pero sigue siendo un tema sensible. Aunque… ¿cómo así se animaron a preguntarme sobre todo esto?”
“Una persona le dijo a Hotaru que tú podrías tener información, y este individuo parecía conocerte,” reportó Ryo. “Más bien, esa vendría a ser mi duda, ya que esta persona es quien organizó todo este evento en primer lugar.”
“¿De quién están hablando?” Larsa se extrañó y miró a Hotaru.
“Eh, pues, es un chico alto, de cabellos blancos alocados…” ella se quedó sin palabras, y no pudo creer que en todo ese tiempo no supo su nombre. Verdad que la primera vez que lo vio estuvo de salida, y en la segunda no tuvo la oportunidad de preguntarle. “N-no me ha dicho su nombre… no sé cómo se llama…”
Pero no tuvo por qué saberlo, porque justo se encontraron con otras dos personas claves.
“¡Onii-chan!” exclamó Kibi, levemente alarmada.
“¡Te traemos chisme~♥!” anunció Dakki, con un estado anímico más juguetón que desentonaba con la rubia.
“¿A qué te refieres, Dakki?” Larsa alzó una ceja.
“¡No lo vas a creer!” exclamó la menor.
“Tomo-chan terminó confirmándome que el organizador del evento es nada más y nada menos que Komaeda,” la pelirroja vio a su amigo sorprenderse. “Ah, y no termina ahí. Al parecer, este ha logrado convencer a Cho a que le acompañe fuera del grupo.”
“¿Qué dices?”
“¿Q-qué ocurre?” Roxas se inquietó. ¿Por qué mencionaban de Komaeda de ese modo? “¿U-ustedes conocen a Komaeda?”
“Por como hablan de él, también es un allegado a Rizembool, ¿no es así?” preguntó Ryo con toda naturalidad. “Parecen estar muy familiarizados a ese chico.”
“Sí, pero es un raro,” Kibi negó con cierto disgusto. “No sé qué verá Osaka en él.”
“Pues siempre supo poner una cara bonita,” Dakki se encogió de hombros.
“¿Un allegado a Rizembool? Deben estar bromeando,” Roxas negó repetidamente. “Pero él ha sido muy amable con nosotros y nos ha apoyado estos días, hasta antes de que Cho diera el examen HiME. Hotaru, tú también lo conociste.”
“A decir verdad, él es quien me dijo que hablara con Larsa. También supo de Shelke, y… dijo cosas horribles sobre su muerte y su caso…” Hotaru se estremeció y frunció el ceño. “Nunca me inspiró confianza… quizás debí haberlo dicho antes…”
“…” el key se preocupó. “¿Y Cho?”
“Parece no haber otra opción,” Larsa negó y frunció el ceño. “Cho puede que se encuentre en peligro ahora. Aunque… ella es una HiME. Sólo espero que Komaeda haya cambiado un poco en este tiempo y se haya vuelto más prudente, y menos capaz de involucrar a otras personas.”
“Imposible…” Roxas comprimió sus puños, y repentinamente, se puso a correr.
“¡Roxas!” Sora le llamó pero este no hizo caso y se fue corriendo. Casi de inmediato, vio que Larsa se fue corriendo detrás de él. “¡Esperen!”
Pero Sora no les pudo seguir porque Dakki muy oportunamente le metió un cabe que le hizo caerse estrepitosamente al piso.
“Oh, no. Suficiente con tener a esos dos hermanos importunando a mi Larsa,” decretó Dakki, mirando a Sora desde arriba con una sonrisa de superioridad. “Y tú eres el más impulsivo de todos. Compórtate o te daré un escarmiento~♥”
“L-lamento decir que estoy de acuerdo,” Kytes dio un suspiro y se agachó para ayudar a su amigo a levantarse. “No sabemos a qué nos enfrentamos, y Larsa al menos sabe cuidarse de sí mismo. Sólo espero que Roxas no sea imprudente.”
Roxas entró al edificio en el lado frente a la cúpula y de inmediato sacó su celular. Sólo había una persona que sabía la posible ubicación de Cho, la encargada del evento.
“¿Aló? ¿Roxas?”“¡Osaka! ¡Necesito saber dónde está Cho ahora mismo!”
“¿Eh? Ehh… no sé muy bien… Koma-chan no contest-”“¡Ahora!”
“¡Ihhh!” se escuchó de fondo a Tomo decir algo como ‘te dije’.
“¡E-e-e-eh…creo que iban a ver lo de la charla!”Él colgó de inmediato. Debía ir a la cúpula, así que le tocaba llegar al último piso y cruzar el puente encima del jardín para entrar. Sólo esperaba que todo fuera una falsa alarma, y que las cosas no empezaran a complicarse desde ya.
Un rato después, el grupo de los nuevos había paseado sin mucho en mente por los ambientes en el primer piso cerca de la entrada, hasta que optaron por comprarse bebidas en una máquina dispensadora y salieron hacia el jardín central. Ahí continuaron hablando entre ellos.
“Iksel me dijo que eras deportivo,” preguntó Reimu al peliplateado. “¿A qué te dedicas?”
“Comencé con atletismo desde hace años,” contestó este, con ánimos.
“Ah, qué coincidencia. También corro pero más me estoy dedicando a mi labor de sacerdotisa.”
“Cierto, el atletismo para mí también es secundario,” Lev asintió sonriendo y comprimió sus puños con energías. “¡Últimamente me estoy dedicando mucho más al vóley, y estoy por unirme al equipo de Rizembool!”
“¡¿T-tú practicas vóley?!” Hinata se quedó en shock. “¿C-cuál es tu posición?”
“¡Soy el ace, por supuesto!”
“¡¿Ace?!”
“No lo es, el tonto siempre se anda echando humos,” negó Iksel, frustrado. “Si ni siquiera es miembro oficial aún.”
“Qué malo, definitivamente seré el ace,” le reclamó su primo.
“Estoy más que seguro que ya tienen un ace en su equipo.”
“Pero a fin de cuentas, el ace es quien hace más puntos, ¿cierto? ¡Por ello me aseguraré de hacerlo!”
“¿El ace es el que hace más puntos?” Hinata llevó una mano a su mentón y se puso a pensar duramente. “Nunca había escuchado esa definición…”
“¿Pero tiene sentido, ¿no es así?” Lev sonrió. “Dime, ¿te interesa el vóley?”
“Ehh… pues…”
“Hinata está en el equipo de Hanasaki,” respondió Youmu, confundida de que el mismo pelinaranja no lo haya dicho. Parecía que el otro le había intimidado.
“¡Oh, qué sorpresa!” Lev se emocionó. “¡Justo oí que nos iba a tocar un partido amistoso con ustedes! ¿Qué posición juegas? Por tu estatura debes ser un líbero, ¿no es así?”
“S-soy middle blocker…” Hinata frunció el ceño, entre deprimido y molesto.
“Wow, un middle blocker, tienes grandes ambiciones, pequeño.”
“¡Oye!”
“¡Hahahaha! ¡Pero está bien, así tiene que ser! ¡Sólo con esos ánimos se puede llegar muy lejos, ¿no lo crees?! Tú serás un gran middle blocker, y yo el ace de mi equipo.”
“¡Sí lo haré! ¡Ya lo verás!” Hinata le miró desafiantemente y Lev mantuvo su sonrisa entretenida y confiada. “¡Te lo demostraré en nuestro partido!”
“Bien,” Lev le miró fijamente y afiló su sonrisa. “Bring it on…”
“Chicos, está bien que se vuelvan en rivales, pero no traigan su aura deportiva aquí,” Iksel se encogió de hombros. “Estamos aquí para distraernos.”
“Qué aburrido eres,” el peliplateado negó, pero sonrió animado. “Aunque me alegro de conocer a uno de mis próximos rivales. Hicimos bien en aceptar la invitación de Tomaj, pese a que la reunión era en un aburrido museo.”
“¿Ese chico Rebel les invitó?” preguntó Youmu, levemente alarmada.
“Sí, supongo no lo mencioné antes,” dijo Iksel. “Tomaj y yo estamos colaborando en un proyecto interdisciplinario en nuestra universidad, y me invitó para conocerlos a todos ustedes. También dijo que este evento era importante para él como estudiante asesor.”
“¿Estudiante asesor?” esta vez, Reimu se mostró interesada.
“Te ves algo recelosa de Rizembool,” observó Lev a Youmu. “¿Por qué? ¿Acaso eres una HiME?”
“S-sí…” la peliblanca desvió su mirada, incómoda. “Creo que tampoco lo mencioné. Soy reciente en mi cargo. No sé quién podrá ser mi Rebel…”
“Pues se entiende, pero pese a que muchos me han aprobado como Rebel, no soy el Rebel de nadie,” Lev sonrió ampliamente mientras ignoró una mirada cansada de su pariente. “Aunque te deseo lo mejor.”
“C-claro… gracias…” ella se vio perpleja. ¿Era normal que todos se lo tomaran con tan poca seriedad?
“¡Aunque claro! ¡Como estudiante de Rizembool no puedo evitar alentar por el equipo de casa! Go Rebels!”
“…” la HiME le miró con incomprensión y cara de pocos amigos.
“¿Qué? ¿Es que acaso no es así? Tal y como Hinata y yo competimos en vóley, ¿acaso las HiMEs y los Rebels no son equipos rivales y lo que importa es que gane el mejor?”
“Uhh, creo que no es tan simple…” Hinata se vio incómodo.
“Si Hinata no esta de acuerdo contigo, es que ves las cosas aun con más simpleza que él…” Reimu sonrió incómoda.
“Por favor, ignórenlo,” Iksel dio un suspiro. “Tiene su chip de deportista incrustado en su cráneo. No va a tomar este conflicto de buena manera.”
“Pero Iksel, ¿dices que no podemos apoyar a los Rebels o algo?” Lev le miró con incomprensión. “Pero si nosotros-”
“¡Cállate de una vez! ¡Lo menos que puedes hacer es mostrar respeto por la HiME frente a ti!” el pelirrojo le cortó severamente para que no continuara con ese tema que había preferido no compartir. “Tampoco te digo que tomes un lado. A mi parecer, sólo porque muchos Rebels puedan ser desalmados no significa que tengamos que apoyar a las HiMEs o a cualquiera de las dos instituciones. Debemos mantenernos al margen lo más posible.”
“Y-ya, ya entendí. No grites…” el primo se mostró aturdido. Sabía que lo último que debía hacer era molestar a Iksel.
Ese intercambio dejó a Reimu meditativa. Lev claramente estuvo por decir algo con respecto a los Rebels, y no evitaba sentirse intrigada, pero debía estar atado a ese ‘secreto’ de Iksel de que estaban indirectamente involucrados. También, continuaba meditando sobre el hecho que Tomaj estaba ahí ‘por motivos de estudiante asesor’. Pero él había sido un Rebel, ¿cierto?
Al final, sus dudas iban a ser despejadas por un desconocido que se les acercó ni bien prestó un poco de atención a la conversación que acababan de tener…
“Eh, disculpen…” este pelimarrón alto y mayor que ellos llamó la atención de todos. Sonrió con amabilidad y un poco de incomodidad. “No quiero incomodarles, pero les oí hablar de HiMEs y Rebels. ¿De casualidad serán parte de un grupo de estudiantes de Hanasaki? Es que he llegado tarde.”
“¿Quién eres?” Youmu le miró fijamente, con cierto recelo. Notó que este le mostró un carnet de estudiante de Hanasaki U.
“Mi nombre es Alexei Karamazov, mucho gusto,” él dio una reverencia. “Acabo de llegar, pero Osaka no me contesta y no veo a mis conocidos por ningún lado…”
“¡Oh, recuerdo tu nombre!” Reimu se sorprendió. “Osaka y los hermanos Tanaka me dijeron que tú estabas a cargo de hacer mantenimiento al templo de mi familia antes de mi llegada. Es un gusto conocerte y gracias por el favor.”
“No es nada, más bien no he tenido tiempo últimamente, me disculpo por eso.”
“Hm, sí recuerdo a la anfitriona murmurar que faltaba una persona…” Iksel se puso a pensar.
“Un gusto también,” Lev sonrió. “¿Tú también estuviste envuelto en el combate de hace tres años?”
“Oye, no le preguntes con tanta ligereza.”
“Descuida,” Alexei sonrió. “Sí, fui el Knight de una HiME llamada Mikoto, también allegada al templo.”
“¡Oh, gracias por su ayuda a mi primita!” Reimu se sorprendió y luego dio un suspiro. “Vaya, tengo mucho de qué ponerme al día.”
“Me encantaría hablar más, pero creo que es importante que todos nos reunamos en un punto ahora,” observó el recién llegado, alzando su mirada hacia los edificios que rodeaban el jardín.
“¿Eh? ¿Por qué?” Hinata se alertó por esa observación. Tanto él como los demás imitaron a Alexei y alzaron sus miradas. Vieron los edificios rodear ese amplio jardín y la impresionante cúpula en el último piso un tanto lejos de ellos, pero finalmente observaron a una extraña figura parada en el balcón del penúltimo piso. Era un peliblanco con ropas estrafalarias que miraba fijamente a la cúpula con una sonrisa inquietante en el rostro. “¡Whoa! ¡Parece un payaso de una película de terror!”
“A mí no me parece tan intimidante,” Iksel se vio inmutado.
“Haha, tú puedes hacerle competencia,” Lev rió un poco. “¿Pero qué hace un payaso aquí? Desentona completamente.”
“Ehh, para referencia futura, a él no le gusta que le llamen payaso,” Alexei sonrió brevemente, y luego mantuvo su seria expresión. “Su nombre es Shinkouhyou, y él es un profesor en Rizembool que también entrena a Rebels. Su presencia aquí significa que algo está por ocurrir.”
“¿Hablas en serio?” preguntó Youmu, alarmada.
La subida fue ininterrumpida y no se encontraron con nadie en el camino. Cho siguió al otro por las escaleras, sintiendo una inquietud asfixiante que no paraba de incrementar. Poco a poco, percibía que había mucho fuera de lugar, y que esa extraña obsesión y fijación del peliblanco por llegar hacia esa ‘charla’ era mucho más que eso. No… la HiME estaba prácticamente segura a esas alturas que Komaeda se traía algo entre manos, y a ese punto sólo podía pensar en lo peor. Pero seguía siguiéndole, y viendo a dónde iba a llegar, sin pensar en huir, o llamar a alguien… o siquiera cuestionarle.
Cho no podía entender por qué, pero estaba prácticamente decidida a ver a dónde le iba a llevar ese extraño chico, como quien optaba no huir de lo inevitable…
Llegaron a la penúltima puerta en la parte superior de las escaleras de emergencia, y Komaeda las abrió de par en par para entrar como si fuera su propia casa. La peliceleste se congeló brevemente, pero ese algo necio e ilógico le forzó a seguir y acabar con esa extraña situación…
“Vaya… se fueron, ya no están…” Komaeda se dio un facepalm por observar amplio ambiente vacío, sin personas. Por su lado, Cho más bien se concentró en el ambiente. Había estructuras de metal oxidadas, luces de techo rotas, como si hubieran explotado, y un cerro de sillas plegables inexplicablemente destruidas.
“…” ella dio un paso más adelante, y esa acción le hizo patear accidentalmente una botella vacía de agua, la cual rodó hasta chocarse con otra. Con ello, observó detenidamente el piso. Estaba regado de esas botellas de agua común, pero todas sin tapa y vacías, o más bien, con toda el agua derramada por el piso al punto de hacer varios charcos.
Fue el agua lo que le llamó más la atención. Con una breve observación, notó que el líquido burbujeaba. No mucho, pero sí lo suficiente para que fuera notorio, y bizarro. ¿En verdad se trataba de agua?
“Ahora… sólo me quedará intentar dialogar con la supervisora que vimos antes…” meditó el peliblanco, mientras se acercaba a una caja de electricidad semiabierta al costado de la entrada de emergencia por donde habían llegado, como quien observaba por pura curiosidad. “No parecía muy dispuesta a ayudarnos pero… ¿ah, qué hacer?”
“…”
“¿O tendrás alguna idea?” Komaeda miró a Cho con una sonrisa y notó que ella le estaba mirando desde el centro de la habitación, de forma intensa, y tratando de mantenerse inmutada.
“Komaeda… cuando dijiste que la supervisora te dijo que los encargados de la charla estaban aquí… ¿mentiste, no es así?”
“¿Eh? ¿Por qué te iría a mentir?” él sacudió sus manos, inquieto. “N-no, en serio.”
“No veo por qué nadie estaría aquí con la habitación en este estado, y sin mantenimiento… pero… es conveniente que estemos aquí, ¿verdad?”
“¿De qué hablas?”
“Tú… ¿qué clase de fijación tienes conmigo?” ella se cruzó de brazos y desvió su mirada. Pese al gesto, ella no pudo ocultar su incomodidad. “¿Por qué siempre terminas apareciendo en los lugares más inesperados? También… Roxas me dijo que se conocieron justo cuando tuve un dilema con él, en el mismo día en que fui a hablar con Miranda sobre volver a ser una HiME. Te presentaste como alguien nuevo que no sabía nada, y poco a poco has revelado que sabes más que muchos estudiantes de cualquiera de las dos universidades…”
“Pues sí, pero también estoy cometido a la causa de Hanasaki.”
“¿Entonces por qué no eres un estudiante de Hanasaki?”
“D-dije anteriormente que nunca pertenecería ahí, ¿recuerdas?” él sonrió con torpeza y bajó su mirada en gesto de derrota. “En verdad… la gente de Hanasaki siempre ha sido tan especial, tan única… un raro, inepto, incapaz como yo no podría ni llegar a nadie ahí a los talones…”
“…” esas extrañas expresiones del chico seguían desconcertándole y dejándole sin saber qué decir, pero por más raro que este fuera, no parecía que estuviera diciendo del todo una mentira, aunque auto-depreciarse era también una buena ‘estrategia’ para evadir cualquier tipo de conversación. “Pero… ¿por qué me has traído aquí? ¿Por qué has insistido en invitar a tanta gente que no conoces? ¿Qué es tan importante de todo esto? No sé si eres consciente o no, pero esta charla no se va a dar, y sea lo que sea que consideres importante… dudo mucho que los demás estén de acuerdo en rendirle tanta importancia a una charla de un museo de arquitectura.”
“…”
“¿Cuál es el mensaje que quieres darles a todos realmente?”
“…”
“¿Y por qué…?” ella miró al piso frunciendo el ceño. “¿Por qué insistes en involucrarme con tus visiones de lo que es ser una HiME, un ‘símbolo’? ¿Qué es lo que quieres de mí realmente?”
Luego de abrirse paso entre las personas, Roxas llegó hacia la entrada hacia el puente que daba a la cúpula, pero notó con pesar que la puerta estaba cerrada con llave. No tenía completa certeza de que Cho estaba ahí, pero si Komaeda era realmente alguien peligroso, era muy probable que estuvieran en un lugar poco accesible, y no iba a descartarlo al no tener más información sobre otros lugares.
Se quedó forcejeando y empujando la puerta para abrirla, sin éxito. Aun así, no podía rendirse. Su hermana siempre había sido alguien que afrontaba las cosas sola, y no iba a seguir aprobando ese lado tan irresponsable de ella, menos luego del disgusto que los dos habían tenido en la entrada del museo.
Extrañamente, él sintió que le faltaba aire. Si bien estaba usando fuerza, se sentía agitado y con la necesidad de respirar a bocanadas. Se preocupó un poco al ser un síntoma inesperado y raro en él, pero tenía otras cosas de las cuales preocuparse.
“¡Deténgase!” de repente, un guardia del museo llegó donde él. “¡Esta entrada esta clausurada! ¡Retírese de inmediato!”
“¡N-no puedo!” reclamó Roxas. No había forma de hacerle entender. “¡Esto es importante!”
“¡Le advierto! ¡Si no se detiene, llamaré a los de seguridad para que le echen!” intentó agarrar a Roxas, pero este le rechazó.
“¡Déjeme! ¡Es una emergencia!”
Hubo una pausa en la cual los dos se quedaron quietos, con Cho no pudiendo dirigírsele directamente, y Komaeda mirándole con un dejo de sorpresa e incomodidad, como quien no sabía qué responder ante las acusaciones. Sin embargo, pese a que la tensión incrementó exponencialmente para la HiME, el otro supo cómo despejarla al ‘ceder’ en la conversación.
“Hahaha…” él rió débilmente, con cierta torpeza y gracia. “Perdón. Perdón por pensar que podía en algún momento mentir a una tan aclamada HiME como tú.”
“…” Cho se quedó en blanco.
“Ahh, quizás no habrás conectado todos los puntos, pero te soy sospechoso, y debo haberlo sido siempre. Claro, no podría esperar menos de ti, después de todo no soy más que una escoria en la sociedad…” Komaeda seguía sonriendo como si encontrara todo muy gracioso. Parecía que se hubiera librado de un peso de encima. “Sí, todos nuestros encuentros han sido muy oportunos. Cómo así me presento ante tu hermano justo luego que ustedes dos habían tenido una discusión y que él se opusiera a tu rol de HiME.”
“…” sintió leves escalofríos.
“También cómo anduve conociendo a todos tus amigos. Quería conocerte sin ahuyentarte. No quiero que pienses en mí como alguien peligroso. No lo pienso ser. En verdad… por más pretencioso que pueda sonar…” él levantó su mirada hacia el techo de vidrio de la cúpula y miró al cielo con un gesto esperanzador. “…quiero ser tu mayor aliado, quien te inspire a ser ese símbolo de esperanza que Hanasaki inculca en sus HiMEs. Sea cual sea el rol o método que tenga que tomar, quiero pensar que sirvo para forjar un rol tan importante, y que mi vida al menos es útil para algo.”
“…” la HiME tuvo que mirarle fijamente, sabiendo que, con esas nuevas palabras, no podía perderle de vista. La cúpula tenía tres puertas, por donde habían llegado, una que daba al puente que conectaba con el edificio del frente, y otra que subía desde el piso inferior. Las últimas dos estaban cerradas con cadenas, y el peliblanco estaba parado al costado de la salida de emergencia, todavía adjunto a esa caja de llaves eléctricas.
Cho detuvo sus pensamientos un momento. ¿Estaba evaluando una ruta de escape? ¿Entonces por qué había seguido el juego a ese individuo tan sospechoso, aun temiendo lo peor de él? Quería enfrentarse ante aquello que le asechaba, ¿pero pensaba en huir cuando el desafío se presentaba frente a ella?
Esto es por lo que volviste a asumir el rol, pensó con brevedad y cierta cólera a sí misma al quedarse en duda sobre qué hacer. Pero… ¿realmente lo era? ¿Esa era su decisión, su meta de ser HiME? ¿O acaso… toda su pasividad no era más bien debilidad interna? ¿Se encontraba siguiendo el río sin siquiera tocar los remos, como era usual en ella?
¿…había tomado una decisión al menos mínimamente aceptable?
“¿Tienes algo que decir?” le preguntó Komaeda, con un tono paciente. Él sonrió con leve pena. “No seré el mejor en leer a otros, pero creo que percibo una gran incomodidad interna en ti. No te ves decidida, y como una HiME, deberías estarlo. Pero… sí me dijeron que eras así. Ibas a ser difícil, y podrías quedarte corta, sin realmente ofrecer lo que deberías por tu rol. Pensar en ello, sobre todo por ser una HiME del pasado también… me apena…” él abrió la caja ampliamente donde se vieron varias llaves apagadas. Cho se tensó, pero el otro no parecía que iba a tomar una acción precisamente agresiva hacia ella. “Pero…” movió los dedos de una mano por encima de una de las llaves, no animándose a tocarla de inmediato. “…si tú o cualquier HiME no termina cumpliendo con su tan excepcional rol… al menos la sociedad tiene a los estudiantes de Rizembool a quienes celebrar…” su sonrisa se contagió de ironía. “La gente no los verá como esperanza por lo ocurrido en la ciudad hace tres años… pero si ellos son capaces de vencer y sobrepasar el presente reinado de Hanasaki, sé que pueden tornarse en una esperanza aun mayor. ¿No es genial? ¿No piensas que es maravilloso que dos potencias se peleen con el simple motivo de crecer y terminar siendo la verdadera esperanza tan necesitada por la sociedad?”
Entonces, Komaeda finalmente tocó suavemente la llave, y ocurrió algo un tanto imperceptible para ellos por estar dentro de la abandonada cúpula, pero Cho pudo notarlo. La música de fondo del piso inferior pasó bruscamente, además de un anuncio por parlantes. No eran suficientes indicios para sacar conclusiones, pero, ¿acaso el peliblanco cortó la luz en todo el museo con un simple toque a la llave de metal? La HiME se giró brevemente para notar si veía algo por las ventanas de la cúpula, pero como resorte volvió a encarar al Rebel al temer que le atacara. Komaeda seguía parado en la misma posición, pero ahora tenía algo en sus manos: una máscara de gas.
“Para responderte, este museo, este evento, esta charla… todo fue para ti. Es lo menos que puedo hacer por ti, como mi HiME. Quiero que entiendas tu importante rol, y quiero que no olvides nunca a este museo construido con la inspiración de la esperanza de Hanasaki… y cómo este puede recuperarse de lo que está por suceder por estas mismas esperanzas,” dijo Komaeda, mientras estiraba la máscara para ponérsela. “Porque sólo un símbolo de esperanza es capaz de sufrir los más crueles destinos y levantarse renovado de las cenizas.”
“…” Cho se tensó al notar que el agua en el piso comenzó a burbujear con furia. Con su faz cubierta, Komaeda se vio extrañamente intimidante y propenso a atacarle en cualquier momento. A esas alturas, ella sólo podía defenderse con su elemento.
El Rebel comenzó a cambiar hacia la HiME, a pasos muy lentos, delatando que una batalla estaba por empezar…