Author Topic: neverland 1.1: you can (not) escape  (Read 38317 times)


Neko

Re: neverland 1.1: you can (not) escape
« Reply #195: November 06, 2016, 04:58:21 PM »
Sigo sin hacer avatares. El mes pasado estaba haciendo cosplay :_D por eso no subí nada, pero voy a ver si este mes dejo otro aporte para compensar :3 El siguiente es el 50 ya *-*

49

Llegar hasta el boss no había sido fácil, pero lo difícil empezaba en aquella plaza. La banda sonora de Lavender Town se mezclaba con los efectos especiales de la batalla y las risas de los monstruos.

Thunderstruck tenía el cuerpo pegado a la pared, asomándose con cuidado por la esquina. Se agachó, girando el cuerpo hacia su grupo, clavando una rodilla en el suelo para cuchichear con ellos.

—Cuento unos veinte fantasmas y quince demonios. Ahora mismo tiene unos tres cuartos de vida. —informó.

Bennu asintió, mirando de reojo a Shun. Aya carraspeó algo tímida, levantando la mano.

—Creo que sólo absorbe a los otros fantasmas para recuperar vida. —explicó la chica, contando que había estado muy cerca cuando el boss había aparecido en la ciudad.

—Entonces hay que acabar primero con los fantasmas antes de empezar con el boss. —murmuró Spark, sentado en el suelo con las piernas y los brazos cruzados.

Bennu volvió a asentir, con el casco entre las manos y Shun corrió la voz para que todos estuviesen al tanto de la estrategia a seguir.

—Nos falta ataque de larga distancia para cubrir todos los fantasmas. —dijo Thunderstruck, soltando la uña del pulgar que había estado aplastando entre sus dientes.

Shun le puso una mano en el hombro, llevándose la otra al pecho.

—Son fantasmas, podemos curarlos hasta que desaparezcan —aseguró Shun—. Somos magos blancos, después de todo.

Ikki se puso el casco y miró su omnitool una última vez antes de girarse para ver a todo la party. La mayoría estaban expectantes.
Ikki se asomó por la esquina y volvió a mirar a su equipo, con una sonrisa socarrona enmarcada por el casco.

—Empecemos.

Ikki rascó una última vez la cabeza de Lulú antes de empujarla hacia la plaza. La perrita se giró un par de veces, gimoteando y lamiendo los dedos de su dueño antes de andar a con pasitos saltarines hacia la plaza, cruzando por debajo de un banco y correteando antes de girar un par de veces y mirar en dirección a Ikki, que asintió.

Los ladridos de Lulú empezaron a llenar la plaza. La perra se convulsionaba con cada ladrido, levantando la cabeza y cayendo sentada sobre su culo antes de empezar a correr en otra dirección en cuanto los monstruos empezaron a seguirla.

Ikki hizo señales a la asesina y el arquero del grupo, que ya se había situado en uno de los tejados cercanos.
Justo antes de unirse a la carnicería, Ikki miró a Shun, palmeándole la cabeza.

—Ya sabes lo que tienes que hacer.

Shun le sonrió, asintiendo mientras dejaba a Marshmallow en el suelo.

—Confío en tí, hermano.

Aunque acabaron con los fantasmas con relativa facilidad, el boss se giró al ver a los primeros jugadores en su rango de acción y, con una sonrisa de infantil alegría, se dirigió hacia ellos, dispuesto a aplastarlos bajo sus enormes puños.

Thunderstruck entró en su zona de acción, acabando con un demonio a base de clavarle un cuchillo en el cuello.
La palabras ‘Crítico!’ flotó en el aire en neón rojo antes de desaparecer junto con el demonio y la chica saltó justo a tiempo para evitar el ataque del boss. Ikki la agarró del brazo para echarla a un lado y recibir el ataque de otro demonio, que le pinchó con su pequeña lanza en el brazo antes de salir rebotado hacia atrás.

Thunderstruck le lanzó un dardo envenenado e Ikki le dio una patada que lo mandó a volar hasta chocar con el boss.
Los dos jugadores recularon.

—Menos mal que soy rápida… —dijo ella, frotando el dorso de su mano contra su frente.

—¡Hemos acabado con el séquito de fantasmas, líder! —se oyó la voz de Spark, procedente del chat de la party.

Ikki echó un último vistazo para asegurarse. Aún quedaban cinco demonios, pero si querían acabar con el boss tenían que actuar rápido.

—Que entre el equipo de ataque —transmitió Ikki, agarrando a la assassin del brazo antes de empezar a correr en dirección contraria a por donde entrarían los magos blancos, empujándola hacia un lado y señalándole otro demonio.— ¡Ahora!

El boss había seguido con sus ojos los movimientos de Bennu y Thunder y su expresión cambió despacio a una de molestia.
Se movía lentamente, levantando los puños mientras giraba su cuerpo enorme.

Los magos blancos entraron en la plaza como un bloque, casi pegados entre ellos, algunos con más seguridad que otros y cuando Shun y Aya empezaron a invocar sus primeros hechizos los demás les siguieron, apuntando sus curas hacia el boss.
Una tras otra, las bendiciones y curas cayeron sobre el gran fantasma blanco, que se vio impulsado hacia delante, aunque no cayó. Su vida empezó a caer, llegando a la mitad mientras el fantasma intentaba buscar de donde venían los ataques.

Ikki preparó uno de sus mejores ataques, levantando la espada mientras las flechas llovían desde dos ángulos distintos, acabando con un par de demonios que se acercaban al grupo de curanderos.

Thunderstruck apareció desde un punto alto, aterrizando en uno de los puños del boss y corriendo por su brazo, saltando a la altura de sus ojos y atacándole con el katar, intentó bajar por la espalda del boss, pero la agarró antes de lograrlo.

—¡Mierda! —gritó, mientras la vida del boss seguía bajando.

—¡Raimei! —gritó Spark, distrayéndose por un momento.

El grito de Ikki retumbó entre los acordes de la canción de Lavender Town. Balanceó la espada, mandando una aura roja hacia el boss, que le cortó el brazo en el que estaba atrapada Thunderstruck.

El brazo cayó y la mano se abrió al chocar contra el suelo. La chica salió disparada, corriendo hacia los magos blancos, aunque cojeaba, señalándolos.

—¡No te desconcentres Spark, defiéndelos! —pidió a gritos.

Un par de los magos curaron a Thunderstruck y el boss, que tenía la vida casi en un cuarto abrió la boca para absorber a sus fantasmas… que no estaban allí.

Desde fuera de la ciudad uno de los jugadores se levantó, escaneando al jefe.

—¿Habéis visto eso? —preguntó, sorprendido porque la vida del monstruo no se recuperaba—. Esos locos lo están logrando.

Alguien más se levantó con él, aunque dentro de la ciudad, el gran fantasma empezó a invocar a su séquito.

—¡Me estoy quedando sin maná! —avisó Aya justo antes de que una poción cayera a sus pies.

—¡Casi lo tenemos, venga chicos! —animó Shun.

Ikki se dio un instante para observar el campo de batalla y fue ahí cuando notó el golpe en la nuca y cayó al suelo. Un demonio reía en su espalda antes de señalar a los magos blancos con su pequeña espada.

Un par de flechas y una bola de fuego acabaron con el monstruo e Ikki se levantó, sacudiéndose entero.
Cuando se dio la vuelta los vio: los monstruos que aún rondaban por la ciudad se habían unido a su escaramuza y el boss casi había invocado a su séquito y aún le quedaba la suficiente vida para sobrevivir.

—No vamos a conseguirlo —murmuró Ikki—. No vamos a hacerlo.

Volvió a mirar al boss, pero sabía que ahora ese no era su trabajo.

—¡Maná! —gritó con la espada en alto y de inmediato el alchemist recargó su magia.

Los ojos de Ikki brillaron rojos, debilitando a los demonios y fantasmas que se acercaban antes de empezar a despacharlos con cada truco que tenía bajo la manga. El knight y uno de los soldiers se unieron a su frente, mientras el resto del equipo de tanqueo intentaba asegurar a los magos blancos.

Ikki chistó, queriendo atacar al boss, pero sabiendo que si dejaba su lugar lo más probable era que los monstruos acabarían alcanzando a su hermano. Y eso, eso no lo podía permitir.

—¡Casi lo tenemos! —escuchó hablar a sus espaldas mientras mantenía su posición.

Pero el tintineo que anunciaba la llegada del séquito del boss resonó por toda la ciudad y el fantasma recargó más de la mitad de su vida de un golpe.
Ikki maldijo, el soldier a su lado cayó arrodillado y lo levantó agarrándole del codo, lanzándolo hacia atrás.

—¡No os rindáis! —gritó, clavando la espada en el suelo antes de levantar los brazos y bajarlos de golpe, rugiendo hacia los monstruos que quedaban para atraerlos.

Lulú salió corriendo desde debajo de un banco, uniéndose a su provocación con sus ladridos agudos, escondiéndose entre los pies de su dueño y lamiéndose la nariz cuando acabó de ladrar.

El boss respondió a la provocación bamboleándose con cara feliz hacia el Caballero Oscuro.
Ikki agarró el mango de la espada, moviéndola un par de veces antes de tomar posición de combate, apretando los puños y los dientes.

—¡Maná! —gritó, mientras los magos blancos esperaban unos segundos para recuperarse.

El alchemist le contestó por el chat de la party.

—No me quedan pociones, lo siento.

—Casi lo teníamos. —añadió otro chaval.

El fantasma había recuperado su brazo y ahora intentaba agarrar a Ikki con una de sus manazas.
Una bola blanca apareció de entre las piernas del fantasma, dándole un golpe a la mano y desviándola. Marshmallow dio un par de patadas al suelo antes de saltar y morder uno de los dedos.
El boss se sacudió la mano, pero Thunderstruck ya estaba corriendo por su otro brazo, lo que hizo que el monstruo intentase incorporarse para ver qué era aquello.

Los magos blancos empezaron a atacar otra vez e Ikki se quedó quieto, esperando a que su maná se recuperase para volver a atacar al boss con una de sus mejores habilidades.
Una gota de sudor corrió por su frente mientras mascullaba.

—Podemos hacerlo, aún podemos hacerlo.

Thunderstruck consiguió meter un crítico, no sin que el boss se la quitase de encima de un guantazo, mandándola al suelo, donde el knight la agarró de la muñeca para arrastrarla fuera del peligro.

—Aún podemos hacerlo… —murmuró otra vez, observando la situación.

La magia de los magos blancos bajó en picado, pero al boss le quedaba un cuarto de vida otra vez y no podía volver a invocar a su séquito tan pronto.

Ese fue el momento que el jefe eligió para levantar los puños y estrellarlos contra el suelo. Sus manos desaparecieron y la tensión subió en el ambiente como la espuma. Una bruma empezó a surgir entre los magos blancos.

—¡A la mierda! —gritó Ikki sin esperar más, cargando contra el boss para cortar el casteo de lo que fuese que estaba haciendo.

La estrategia funcionó, desviando la atención del monstruo, que agarró a Ikki y lo lanzó hasta estrellarlo contra un edificio.
Ikki levantó la cabeza a duras penas y usó el poco maná que le quedaba para robarle algo de vida al boss, que le gritó furibundo con voz de ultratumba.

Ikki no podía hacer nada más. Thunderstruck necesitaba tiempo para recuperarse y los magos blancos apenas tenían maná.
Los monstruos empezaban a regenerarse en las calles vecinas.

Tal vez los había llevado a una muerte segura. Aún debía de haber algo que podían hacer… Aún…

Lulú ladró, mordiendo apenas un cachito del enorme pie de boss, antes de salir corriendo en dirección contraria a donde estaban los white mage.
El boss bufó con rabia e intentó localizar al perro, que corría junto con Marshmallow hasta perderse por una bocacalle.

Y justo cuando el boss intentaba ponerse de rodillas para asomarse por allí, Ikki notó la electricidad en el aire. El chillido que le puso los pelos de punta y aquel trino que sólo había oído en uno de los trailers publicitarios del juego.

—¿Pero qué…? —se preguntó, agarrándose de la pared para intentar levantarse.

Algunas piedras saltaron en el suelo, acompañadas por chispas y un brillo amarillo rodeó al jefe.
Ikki intentó buscar el origen de aquella invocación y vio a Spark en uno de los techos, de pie y con cara de pocos amigos.

El nubarrón apareció de la nada y se disipó entre alas de un brillo sobrecogedor, era como mirar directo al sol.

Zapdos se estiró en el aire, justo encima del jefe, antes de aletear a toda potencia hacia su enemigo.


Airin

Re: neverland 1.1: you can (not) escape
« Reply #196: November 30, 2016, 04:52:50 PM »

~+28~





Se lanzó hacia adelante, agachando el cuerpo hacia abajo y esquivando el ataque para echar una mano desesperada a las ropas de su compañero, dándose impulso para saltar sobre él y ganar unos cuantos metros más de distancia. Volteó en el aire, poniendo todo su peso en la curva del giro y con un grito sin palabras lanzó una de sus dagas envenenadas, sin necesitar confiar en que el mástil de la lanza de Ikkaku estaría bajo sus pies milésimas de segundo más tarde.
Cuando inmediatamente éste embistió a la criatura que rugía enfurecida, Yumichika usó la inercia del golpe para saltar de nuevo y atacar con varias estrellas voladoras de distintos elementos que hicieron blanco en su objetivo. Aterrizó tras el lancer en silencio, de forma casi amortiguada, y se dejó defender unos momentos mientras recuperaba el aliento.

—Mierda, tenías razón.

—¿Por qué sólo me das la razón cuando menos me gustaría tenerla? —Ikkaku derrapó sobre la roca, apoyando una mano contra el suelo para evitar la caída; pero chocó igualmente contra el moreno, que cayó de espaldas hacia atrás.— ¿Yumi?!

—Estoy bien. —resopló el ninja incorporándose y sacando varias kunais de entre los pliegues de su ropa. No estaba bien, no realmente, no con aquel condenado bicho más terco que el demonio y que no les daba tregua ni se resignaba a morir con facilidad. Por la forma en que le dolía al respirar hondo probablemente tenía un par de costillas rotas, sin contar la cantidad inimaginable de moratones que podía notar extendiéndose por todo su cuerpo.

Llevaban al menos un par de horas peleando contra aquel engendro que les había salido de repente y de la nada, y que no daba signos aparentes de rendirse. Aunque tampoco los daba Ikkaku. Magullado, sucio y ensangrentado, pero levantándose una y otra vez.

—¡Deja de disfrutar del recreo y ponte serio, que no tenemos todo el día! —recriminó Yumichika.

Ikkaku le habría saludado con el dedo del medio si en ese momento no hubiese estado utilizando ambas manos para defenderse de una brutal acometida a fauces abiertas. Al ver las hileras sucesivas de mandíbulas dentadas el lancer ya no tuvo ninguna duda de qué era lo que intentaba comerle.

—¡¿Pero qué cojones hace un Khorkhoi aquí?! ¡Que estamos a tiro de piedra de Lavender Town!

—¿Un qué? —El ninja se puso pálido bajo el maquillaje.

Ambos habían oído las historias de terror que circulaban de guild en guild sobre encontronazos por el desierto con aquellos monstruos, pero la zona habitual de peligro solía estar ubicada en el tramo de devastación entre Mos Eisley y Rabanastre. Enfrentarse a la posibilidad de que ahora pudieran empezar a surgir fuera de su hábitat acostumbrado hacía que a Yumichika se le revolviese todo por dentro.

Y entonces se le revolvió todo de otra forma al escuchar el ruido ahogado que dejó escapar el lancer.

Para Ikkaku el dolor no fue una sorpresa.

No era como encajar un golpe en un duelo, en comparación eso era algo simple y sencillo de curar con una poción; era una sensación súbita de vértigo, la caída drástica de sus puntos de vida y el repugnante agobio de notar su sangre caliente y pegajosa escapando a borbotones de su cuerpo.
Mareado, Ikkaku se llevó una mano al pecho, de donde protuberaba una espina blancuzca del grosor de su muñeca, pese a que no le había llegado a traspasar por poco y aún sabiendas de que tan sólo seguía manteniéndose en pie por mera fuerza de voluntad, aferró sus dedos en torno al aguijón y estiró.

Las manos ágiles del ninja lo sujetaron desde detrás de su torso, estrellando una poción de cura de alto grado contra su pecho, vertiendo el líquido directamente dentro de la herida. Inusual pero efectivo. Ningún gusano de mierda iba a acabar con él de aquella manera. Ni de ninguna otra.

—Ah, joder... —jadeó Ikkaku; y Yumichika respiró por fin, si su amigo tenía aliento para quejarse ya no se estaba muriendo.

—Tengo aire listo —murmuró el moreno en el oído del lancer mientras los apartaba a ambos de la trayectoria del khorkhoi— cuando tú digas.

El gusano volvió a rugir, sacudiendo la cabeza de un lado a otro en busca de sus presas, y el más corpulento de los dos hombres asintió siguiendo con la mirada el punto donde había visto brillar uno de los ojillos de la criatura. Sólo tendría una oportunidad, y con la herida apenas recién cerrada se arriesgaba demasiado.

—A la de tres. —Ikkaku empuñó la lanza con ambas manos, haciéndola girar entre ellas, proporcionando una sombra casi constante a Yumichika donde esconderse. Echó a correr hacia el monstruo, y cogiendo impulso con su arma como si de una pértiga se tratase se elevó por las alturas en un ascenso vertiginoso, saltando por encima de la ráfaga de bombas de humo y veneno que el ninja había lanzado directamente dentro de las fauces del gusano. —¡Una... dos...!

En cuanto su trayectoria empezó a descender enarboló la lanza por delante de su cuerpo y encajó los brazos  cargando todo su peso en ellos.

¡TRES!


El sonido de la victoria llegó cargado de bonus y drops extra.

Ikkaku y Yumichika se miraron entre ellos, y sin mediar palabra se dejaron caer al suelo, exhaustos.


—Deberíamos salir zumbando de aquí antes de que vuelva a spawnear. —dijo el lancer después de unos minutos de mirar al cielo en silencio.

—Jo-der.

—Ya te digo.


*

~      H e g o a k    e b a k i    b a n i z k i o,    n e r i a    i z a n g o    z e n,    e z    z u e n    a l d e g i n g o.       ~
~      B a i n a n    h o n e l a,    e z    z e n    g e h i a g o    t x o r i a    i z a n g o,      ~
~      e t a    n i k    t x o r i a    n u e n


Shruikan

Re: neverland 1.1: you can (not) escape
« Reply #197: November 30, 2016, 05:00:21 PM »
Capítulo 37: La tormenta (part 7)




Pareció que el suelo, el aire, la realidad misma reverberara cuando el Jhen Mohran gritó.

Shruikan se sintió vibrar desde dentro con la potencia de ese rugido agudo, y fue una sensación profundamente desagradable.

Instintivamente retrocedió. Buscó alejarse de forma desesperada. Huyó.

Era un impulso del que se avergonzaría en circunstancias normales pero ahora, con la cabeza apunto de estallarle, era la menor de sus preocupaciones. Retrocedió, tapándose las orejas con ls manos, y sintió que se desmayaría por la presión dentro se su cabeza.

Alguien la sujetó antes de que sucediera. Creyó que era Sheba por el pedazo de cabello oscuro que llego a entrever, pero de nuevo se trataba de la Berserker. Le decía algo que Shruikan no alcanzó a oír; su voz quedaba ahogada por el grito del Jhen Mohran todavía reverberando en el aire.

Supuso que ver su cara de desconcertada fue lo que le hizo poner los ojos en blanco, y la mujer terminó arrojándola hacia atrás.

La Samurai rodó por el suelo antes de levantarse con torpeza. Se hizo el silencio, pero ella seguía ensordecida por un pitido intenso y constante en los oídos. Sacudió la cabeza, aunque eso sólo lo hizo peor, y miró a su alrededor.

Alcanzó a ver a Sheba y a Ulquiorra a lo lejos, acercándose. Quiso ir a su encuentro, pero entonces, el monstruo se movió.

Con una sola de sus pisadas hizo que la tierra temblara, levantando una nube de polvo y arena. Cada vez que avanzaba arrastraba su enorme cuerpo con él. Y los edificios caían a su alrededor como castillos de naipes.

Shruikan se cubrió los ojos con el brazo y se encogió un poco sobre sí misma. Escuchó un grito, y luego otro y otro, y cuando levantó la mirada, todo el panorama a su alrededor había cambiado.

La pequeña plza se había convertido en el escenario de una batalla campal. Los edificios de alrededor se desmoronaban, con la única ventaja de que eso les daba más espacio a los combatientes. Había un montón de gente llegando desde distintas direcciones; magos, guerreros, rogues... Todas las clases, reunidas para enfrentarse a un enemigo común.

Incluso el Espíritu del Desierto que habían visto antes volvía a hacer acto de presencia, atacando al Jhen Mohran con rapidez. Tenía varias heridas, partes sangrientas y resquebrajadas, pero no le impedía treparse al cuerpo de su enemigo y arremeter contra él a magia, mordiscos y garras.

Y esta vez no venía sólo.

Había otros Espíritus del Desierto, bastante más pequeños, atacando a los delex y los cephalos que aparecían alrededor del Jhen Mohran con brutalidad.

Los jugadores, a su vez, la mayoría de nivel alto, concentraban sus ataques en el monstruo mayor. Shruikan podía ver como resplandecían los hechizos, como volaban los proyectiles de los Archers y la música de los Bards y las Dancers, todos ellos compenetrados de una forma admirable.

Sintió algo de envidia al verles y, a la vez, un golpe directo a su orgullo.

No podía ser como ninguno de ellos. Recordó como había querido huir segundos antes y se sintió humillada e impotente.

De pronto alguien la llamó.

Era Fenris, que había quedado atrapado entre un puñado de escombros. Se había liberado de la mayoría, aunque tenía la pierna atrapada bajo un pedazo de muro. Además, tenía varias heridas y sangraba de un corte en la cabeza, tiñendo sus cabellos blancos de rojo.

La Samurai se acercó corriendo, olvidando por completo que estaba enfadada con él. Entre los dos, consiguieron liberarle, aunque el Knight hizo una mueca al tratar de ponerse en pie y tuvo que apoyarse en ella para lograrlo.

—Espera, creo que aún me queda alguna poción —comentó Shruikan, buscando frenéticamente en su inventario.

Un grito de una voz familiar hizo que se detuviera en su labor.

Movió la cabeza como un resorte, encontrándose con Sheba, que había sido atacada por un delex. La bestia cerraba las fauces alrededor de su brazo derecho, y había logrado echarla al suelo. La Black Mage se defendía con su vara, en cuya punta chisporroteaban pequeñas centellas.

Estuvo a punto de ir a socorrerla a ella también, pero vio como Ulquiorra se acercaba y, de una sola granada, lograba reducir al monstruo a un montón de píxeles humeantes. Suspiró aliviada y le dio a Fenris la poción que había estado buscando.

Sin embargo, cuando volvió a girarse hacia Sheba para reunirse con ella, se encontró con un panorama mucho peor que el anterior.

Donde antes había habido un delex, hora había dos cephalos atacándola a mordiscos, cada uno por un lado. Sheba se defendía como podía, y Ulquiorra le ayudaba aunque él mismo tenía que defenderse de monstruos que le acosaban; demasiados para cada uno.

Shruikan sintió un escalofrío helado cuando vio como una de las bestias consiguió cerrar las mandíbulas sobre costado de Sheba que gritó de dolor. Manoteó con violencia mientras el animal la alzaba en el aire, sacudiéndola mientras sus dientes se clavaban con más fuerza en la carne.

No se lo pensó demasiado antes de materializar su katana e ir a por él, pero no llegó muy lejos. Tuvo que frenarse cuando cayó un nuevo edificio, y sus muros se desmoronaron frente y sobre ella.  Fenris la empujó desde atrás, obligándola a avanzar, aunque no en la dirección que ella quería.

—¡No! —gritó, viendo como se alejaban de su compañera, aunque opuso escasa resistencia.

Sabía que era imposible ya.

Su mirada, descorazonada, desesperada, se cruzó por unos momentos con la de Sheba, y todo pareció moverse a menor velocidad durante ese corto lapso de tiempo. Creyó ver una súplica en sus ojos, como si estuviera diciendo “sálvame”.

Shruikan no sabía si realmente lo dijo, aunque vio como movía los labios antes de que los escombros empezaran a cubrirlo todo y luego ya no vio más.

Sintió que las piernas le fallaban, pero la fuerza con la que Fenris tiraba de ella, corriendo rápidamente y evitando que los muros les aplastaran mientras trataba de guiarles fuera de ese infierno. Instintivamente, la Samurai terminó siguiéndole el paso, agarrándose con fuerza a su mano.

Sabía que estaban huyendo, pero en ese momento no le importó.
« Last Edit: December 31, 2016, 02:58:36 PM by Shruikan »
"Who would understand you after I die? Who else would march forward by your side?"

"when I think that you will live on all alone henceforth, I can’t help but shed tears…"


Shruikan

Re: neverland 1.1: you can (not) escape
« Reply #198: December 31, 2016, 03:02:53 PM »
Yyyyyyyyyy fin del capítulo el fin de año  :v No podía haber sido mejor!

Capítulo 38: La tormenta (part 8 - fin)




No dejaron de correr hasta que estuvieron bien lejos y Rabanastre no era más que una alta muralla a sus espaldas.

Desde la distancia, incluso en la penumbra del anochecer, se podía ver la nube de arena rojiza que cubría la ciudad, sumiéndola en la tormenta. Los aullidos del Jhen Mohran llegaban difusos, lejanos. Muy de vez en cuando se podía apreciar su silueta, como una sombra ondulante.

Cuando Shruikan finalmente se detuvo, sin a penas estámina ni ganas de seguir luchando, y se giró para encontrarse con esa imagen, sintió algo parecido a la desazón.

Luego un puñetazo le alcanzó el rostro con tanta fuerza que la tiró de culo al suelo.

Desde arriba, Fenris la miraba con rabia entre jadeos. Incluso con odio, una emoción que Shruikan pocas veces había visto en su rostro dirigido hacia ella. No hacía nada de gracia ser su objetivo.

—Esto es tu puta culpa —le dijo, señalándola con un dedo acusador.

La Samurai se llevó una mano al pecho, como si ese gesto acabase de herirla de forma física, igual que un terrible y certero dardo.

Se fijó en que el Knight estaba herido. A pesar de las pociones de antes, no había podido evitar recibir nuevas heridas en su huida, parando escombros de edificios y asaltos de delex traicioneros... a veces incluso protegiéndola a ella.

Sólo por eso Shruikan se mordió la lengua y bajó la vista, apretando los dientes con rabia mientras se frotaba la mejilla adolorida.

—¿Qué? ¿No vas a decir nada? —gruñó Fenris, mordaz. Al parecer, no estaba dispuesto a dejar el tema en paz —. ¿Ni una maldita excusa?

—¿Y qué quieres que te diga? —El tono de la Samurai era frío, dejando entrever una irritación cada vez mayor —.¿Que es culpa mía? ¿Que la he cagado? ¿Es eso lo que quieres oír, eh?

Se levantó, dirigiéndole al otro una mirada furibunda, dolida. Pero Fenris estaba demasiado furioso y dolido a su vez como para que le importase.

Ella le vio apretar los labios. Le conocía lo suficiente para saber que estaba tratando de no gritarle. Deseó que lo hiciera y así tendría una excusa para gritar ella también.

Y luego, simplemente, el Knight dio media vuelta y empezó a alejarse en dirección contraria a ella y a la ciudad.

—¿A dónde vas? —le preguntó Shruikan con cierto tono autoritario.

—Lejos de ti —respondió él, sin siquiera girarse a mirarla —. Si me quedo a tu lado terminarás haciendo alguna otra estupidez y alguna otra persona morirá por ello.

A ese punto, Shruikan ya no lo soportó más.

—¡¿Crees que tú lo hubieras hecho mejor?! —le gritó —. ¡Está muy bien eso de acusarme, pero no soy la única que ha cometido errores!

—¡No, pero todos están muertos por tu culpa! —Fenris se giró de golpe, acompañando el movimiento con un gesto violento del brazo —. ¡Sheba está muerta! ¡Seras está muerta! ¡Y el otro también está muerto junto a toda esa otra gente!

Señaló hacia Rabanastre, hacia la nube de polvo y arena que la rodeaba, delatando la destrucción que había ahora mismo en sus calles.

—¡¿Tienes idea de cuanta gente más fuerte que nosotros está muriendo en este momento?!
—¡¿Lo sabes tú, a caso?! —le escupió ella —. ¡Lo dices como si hubiera sido YO la que hubiera invocado ese monstruo y hecho que matara a todo el mundo!

—No. —Fenris cambió de tono, volviéndose pesado y grave. En su rostro había una profunda decepción —. Pero fuiste tú la que nos llevaste a él de cabeza. Si no fuera por ti...

No terminó la frase, pero a esas alturas tampoco hizo falta. Ya estaba dicho.

Hubo varios instantes de silencio hasta que Shruikan volvió a hablar, temblando de ira.

—Eres lo peor —le dijo —. ¿Crees que echándome a mí toda la culpa te sentirás mejor? Siempre haces lo mismo. Cuando sucede algo malo culpas a los demás y te victimizas como si el mundo entero estuviera en tu contra.

Quizás ella no fuera la más indicada para soltar ese discurso, siendo como era que estaba haciendo lo mismo de lo que le acusaba. Al lanzar su rabia contra él sabía que le estaba haciendo daño, pero ahora mismo lo único que quería era desahogarse de alguna forma de toda su frustración.

Sin hacerse esperar, Fenris reaccionó enseguida a sus palabras.

—¿Perdona? —inquirió con cierta violencia —. No estábamos hablando de mí.

—Ah, pero sí podemos hablar de mi, ¿no? No pasa nada por echarme toda la mierda encima. ¿A que jode cuando te lo hacen? —El tono de Shruikan era inusualmente ácido —. ¡Pues espera, porque aún podría decir muchas cosas más!

—¡¿Crees que eres alguien para darme lecciones de algo?!

Fenris se acercó a ella con pasos largos, amenazante. A pesar de ser más alto y de la agresividad que desprendía, ella no se dejó intimidar y levantó la barbilla, desafiante.

—Podría decir lo mismo —escupió —. ¿Te crees que eres mejor que yo para sermoneándome? ¡Como si tu nunca la hubieras cagado en tu vida! ¡Es por eso por lo que vives solo y tratas de ser alguien en la vida!

Acababa de golpear en un punto sensible y lo sabía. Fue un milagro que Fenris no volviera a golpearla y simplemente le pegara un fuerte empujón.

—¡Y tú eres una fracasada cuya única motivación es echar mierda y amargar a los demás!
—¡Habla por ti!

Estaban a poco de empezar a pelearse a golpes, y quizás lo hubieran hecho si un chillido suave no les hubiera recordado que no estaban solos.

Ulquiorra observaba el espectáculo con atención, tan silencioso y tan quieto que había sido fácil olvidar que estaba allí. Sobre su hombro, Murciélago parecía algo agitado por la agresividad que desprendían Shruikan y Fenris, al contrario de su dueño, que permanecía impasible.

—Podéis seguir si queréis —dijo el Biochemist cuando se dio cuenta de que se habían detenido para prestarle atención.

—Bah. No pienso seguir con esto.
Fenris le dedicó una mirada de desprecio a Shruikan y luego a Ulquiorra antes de volver a alejarse, cojeando levemente. Trasteó unos segundos con su Omnitool y al poco les llegó la notificación de que se había salido del grupo.

—¿Qué haces? —inquirió la Samurai, levantando la vista de la interfaz a él.

—Me voy. No pienso seguir en este grupo ni quiero volver a verte la cara.
Ella hizo una mueca, herida de nuevo por sus palabras.
—¿Ah sí? Pues por mi bien, ¡piérdete!

—No deberías aventurarte en el desierto sin curarte si vas solo —le advirtió Ulquiorra, interviniendo en su trifulca.

Parecía que iba a añadir algo más pero Fenris le interrumpió con un “me da igual” firme y agresivo. El Biochemist le respondió con indiferencia.

Tanto él como Shruikan contemplaron en silencio como se alejaba y cuando no fue más que una figura distante, la Samurai se recostó contra una roca cercana.

Suspiró y cerró los ojos con un gesto amargo. Ninguno de los dos dijo nada, y sólo tras un rato muy largo, Ulquiorra se sentó a su lado, aunque sin demasiada convicción.

—La he fastidiado, ¿verdad? —dijo Shruikan cuando finalmente la rabia se disipó, dejando sólo el dolor, la frustración y la amargura.

—Tomaste una decisión —respondió él, simplemente —. Y al tomar una decisión uno debe ser consecuente con los resultados de sus acciones. No ha sido la elección que yo habría tomado, y sin duda el resultado ha sido pésimo. Pero cuando uno tiene libertad para tomar sus propias decisiones, corre el riesgo de equivocarse.

—Era una pregunta retórica, Ulquiorra. Pero gracias por la explicación. —Volvió a suspirar, llevándose una mano a la frente —. No he debido decirle eso.

—¿Por qué no? ¿No ha empezado él atacándole?

La naturalidad de su duda le hizo fruncir el ceño y Shruikan le respondió un tanto extrañada.

—No es así como funciona. No con amigos. Cuando hay un conflicto... tratas de hacer las paces y resolverlo, aunque sea difícil. Sabiendo como és Fenris debería haber tenido más paciencia, pero es que... —Se atragantó, notando un nudo en la garganta.

—¿Ha herido tus sentimientos?

Tras un par de segundos, ella asintió levemente, agachando la cabeza.

—... Sí.

No se lo esperaba cuando Ulquiorra decidió darle un abrazo. O ella creyó que intentaba ser un abrazo; el gesto era casi demasiado torpe y tenía demasiado poca emoción para ser considerado como tal. Pero teniendo en cuenta quien lo daba, ya era suficientemente impresionante que se estuviera dando en primer lugar.

Shruikan no pudo evitar mirar al otro con estupefacción, pero él no pareció darle mayor importancia cuando terminó y volvió la vista al frente. Ella se rascó la mejilla, sin saber muy bien qué decir.

—¿Tú también vas a irte? —preguntó al final.
—¿Irme a dónde?
—No sé. A Sin City, de vuelta con Naoya, lo o que sea.

—No —dijo, negando con la cabeza —. Teníamos un acuerdo. Los términos de ese acuerdo no se han roto, así que permaneceré en el grupo.
—Ya veo...

Hubo un breve instante de silencio. Fue Ulquiorra quien habló de nuevo con una pregunta.

—¿Prefieres que me vaya?
—No, no. Puedes quedarte —se apresuró a añadir ella. Luego añadió, más bajito —: En realidad... me alegro de que estés aquí.

De que hubiera alguien al menos a su lado que no le hiciera sentir tan sola, miserable como si fuera la culpable de todos los males del mundo. De alguna forma, la presencia de Ulquiorra, por muy antipático que éste fuera, le daba cierto confort.

Justo entonces el cielo se iluminó. Apareció una proyección en el aire, igual que el día en el que se quedaron encerrados en el juego. Shruikan tuvo un escalofrío y miró atentamente el holograma, frunciendo el ceño cuando la voz del GM se hizo escuchar por primera vez en doce días.
 

Quote
Jugadores de Neverland, os felicito por vuestra victoria en el día de hoy. No sabéis cuánto me alegra ver que habéis sabido apreciar mi regalo, ésta prueba que habéis superado con creces... ahora sé seguro que mis juguetes están en buen estado. Tras terminar éste, llamémoslo pequeño tiempo de prueba, ésta es la hora de daros la gran bienvenida a mi mundo personal.

Sé que algunos os sentís encerrados y que anheláis volver a vuestras frías, sórdidas vidas, pero me gustaría que éste evento os ayudara a daros cuenta de algo esencial. Éste es vuestro mundo ahora también. ¿Cómo si no hubiérais podido derrotar al boss? Habéis luchado hasta el último aliento, unos junto a otros, sacrificando para ganar.

Sois parte de Neverland. Sois los habitantes de éste mundo bajo mi control, en el que os garantizo que tanto la dicha como la adversidad vendrá de mi mano a partes iguales. Aquí, cada hora, minuto y segundo tendrá su valor en oro. ¿Por qué querríais salir? Mirad lo que ha ocurrido hoy. Muchos han muerto, ¿pero os habéis sentido tan vivos alguna vez?

Mirad. Mirad el fruto de vuestro esfuerzo, el reflejo de vuestra fuerza y coraje.

Éste es vuestro mundo. Éstas han sido vuestras decisiones, y éste es el resultado.

En otras ciudades la batalla sigue, en otras ha terminado mucho antes. ¿Créeis que lo habéis hecho mejor que los demás? Pronto lo sabréis. Estad atentos, habitantes de Neverland, porque el juego sólo acaba de empezar.


El mensaje terminó con esas nefastas palabras. Shruikan se había levantado en medio del discurso y seguía mirando al cielo con gesto desafiante aún cuando allí ya no había nada.

—No te saldrás con la tuya —anunció.

Luego levantó el puño en el aire e hizo una declaración de la cual solo habría un testigo, que le miraba atentamente con ojos que brillaban en la penumbra.

—Juro que algún día encontraremos la forma de salir de aquí y te destruiré.

Y con ese propósito encontró las fuerzas para volver a andar.

"Who would understand you after I die? Who else would march forward by your side?"

"when I think that you will live on all alone henceforth, I can’t help but shed tears…"


Kora

Re: neverland 1.1: you can (not) escape
« Reply #199: January 21, 2017, 08:50:00 PM »
De vuelta al día doce, Sanctuary Side!


051day twelve: red team & blue team (1/?)

- Adelante, equipo.

Lilith ya estaba preparada para emprender la marcha hacia el boss de hielo que atacaba el borde de Sanctuary. Le frustraba que hubieran elegido por ella el boss que se encargaría, pero atacar a aquel lagarto de agua sería un suicidio, y además, podría descargar toda su frustración contra el montón de escarcha del otro boss.

Miró con satisfacción a sus aliados en el equipo rojo, satisfecha con los presentes. En la guild había suficientes jugadores de tercer nivel, y estaba satisfecha al ver que desde el cierre del servidor, unos cuantos se habían unido.

Lilith se sentía especialmente cómoda al ver algunos de sus compañeros más cercanos en el Equipo Rojo.


 


Lulu, la Elementalist con el nick de Darkguardian no especializada sería uno de sus mejores apoyos. La mujer estaba lista, preparando sus hechizos de fuego que danzaban entre sus dedos como llamas.

También le dedicó una sonrisa a Rose o Black Dragon, la Dark Knight con su escudo y espada oscuros preparados para hacer de tanque.

Dick y ella habían tenido una breve disputa al respecto, pero al final se había quedado con Giorno y Mista, GoldExperience y SexPistols, juntos como era lo normal. El primero era uno de los mejores Clerics que Lilith había conocido en todo el juego, y sintió una punzada de satisfacción al ver que había elegido el Equipo Rojo. Cuando estaba con Giorno, sólo algo que disparara su paranoia con el número cuatro podía detener a Mista.

Kate, de nick Hawkeye, era una Sniper joven pero siempre lista, demostrándolo al ser de las primeras en empezar a lanzar flechas cargadas de fuego contra las agresivas bolas de nieve.

Y Nox, el Assassin, que estaba en una situación algo complicada.


- No me va a pasar nada, Yuri. No te preocupes.

La Acolyte rubia (siempre eran rubios) tenía las manos sobre los antebrazos del susodicho Assassin. Al ser sólo segundo job y de un nivel más bajo, Naminé tendría que quedarse apoyando al resto para limpiar la ciudad del spawn del boss.

- Lo sé, pero… ten cuidado, Nami. - Respondió Yuri, rodeando la pequeña cintura de la chica.
- Tú también. - Ésta se puso de puntillas para darle un beso. - Te veré después.
- ¡Yuri! ¡Vámonos! - Le increpó Lilith.

Entendía las despedidas, pero no podían alargarse demasiado. Yuri asintió, marchando con el resto de aquella party tras dedicarle una última mirada a Naminé. Ésta se había puesto bajo las órdenes de otros jugadores de segundo Job, buffeándoles inmediatamente mientras detenían el avance de las bolas de nieve.

- ¿Seremos suficientes? - Preguntó Kate.
- Yo diría que sí. - Lilith echó una ojeada rápida. Debían ser unos veinte en total. - Dick ya ha avisado al resto de la guild. Quien se vaya a unir a nosotros lo hará, pero mientras, podemos ir quitándole un buen trozo de vida al boss… o toda.
- No estaría mal que el Equipo Rojo ganara primero. - Intervino Giorno, con una media sonrisa.
- ¿Ves? Por eso confío en ti, Giorno. - Lilith sonrió.

Tras cargarse con buffs de salud y afinar sus armas a elemento de fuego, ascendieron por el muro que rodeaba Sanctuary, trepando por los edificios y saltando entre los tejados mientras aniquilaban cualquier monstruo de nieve que tuviera la mala suerte de estar en su camino, finalmente para quedarse a una altura cercana al boss. Una terrible ventisca debía acompañarlo, aullando a su alrededor y esparciendo nieve por doquier.

- Estamos en su radio. Qué frío… - Comentó Kate, frotándose los brazos. La Sniper no exageraba: un poco de escarcha se empezaba a formar sobre ellos.
- La ventisca tiene un daño adicional de Hielo. - Giorno confirmó sus sospechas en la Omnitool, y con un movimiento de su vara, agregó un buff de regeneración de salud. - Ésto debería ser suficiente.
- ¡Genial, Giorno! - Rió Mista.
- Tengo una habilidad pasiva que me niega daño de nivel bajo de Hielo, así que no te preocupes por mí, Giorno. - Le dijo Lilith. - Te dejo a cargo de los otros Clerics. Centraos en que el resto no baje de salud.
- Entendido.
- Y ahora, a ver a nuestro nuevo amigo…

El boss era una criatura reptiloide gigantesca, alzándose una cabeza sobre el muro de Sanctuary, con dos brazos enormes y piel blanca tan dura y con espinas que parecía hecha de hielo. Aparentemente, se lo estaba pasando en grande destruyendo todo lo que encontraba por el borde de la ciudad.

- Va a destruir la ciudad. - Comentó Lulu. - No sabemos si se reparará el daño después…
- Tienes razón. Tenemos que alejarlo. Yo y los de melee bajaremos, pero algún otro mago debería quedarse aquí.
- Yo voy contigo. - Dijo Lulu con determinación.
- Id vosotras adelante. - Dijo Nox, con sus katares en alto. - Yo me encargaré de su séquito.

Antes de que pudieran detallar más la táctica, el boss pareció darse cuenta de su presencia, y se giró hacia ellos. Con un rugido, un remolino de nieve y escarcha salió de entre sus fauces de colmillos afilados en su dirección. El grupo soltó un quejido, y los Clerics tuvieron que curar un cuarto de vida del equipo inmediatamente, a excepción de Lilith y Lulu, que eran más resistentes a los ataques elementales.

- Iré yo primero. - Lilith empezó a cargar su ataque. - Los de ataques a distancia y un par de Clerics quedaros aquí arriba para controlar el área de combate. Giorno, eso va por ti.
- Te seguiré desde atrás. - Confirmó Lulu, y se giró hacia la Dark Knight. - ¿Me tanquearás, Rose?
- Por supuesto.

Aquel era uno de los ataques de fuego preferidos de Lilith: por unos segundos, se convertía en una llamarada de puro fuego, veloz como un relámpago, y terminaba con un estallido. Lilith tomó un poco de carrerilla antes de saltar del muro de Sanctuary, lanzando el hechizo cuando sus pies se separaron del suelo. Inmediatamente, el mundo pareció ir más deprisa a su alrededor, y antes de darse cuenta, los restos de la explosión de fuego se esparcían a su alrededor. Había aterrizado detrás del boss, tal y como pretendía.

Aquello no pasó desapercibido al enorme dragón de hielo, que empezó a girarse hacia ella, y Lilith aprovechó para lanzarle un hechizo de fuego que terminó de atrapar la atención de éste.

- ¡Ven a por mí, capullo! - Gruñó Lilith.

Mientras, Rose y Lulu, junto a los otros jugadores de melee, bajaron por los edificios derruidos del borde de Sanctuary. Yuri aterrizó al lado de ambas, e inmediatamente saltó hacia los monstruos hechos de nieve que quedaban por la zona. La Dark Knight se centró en proteger a la maga, alzando su escudo antes de lanzar un ataque de oscuridad para limpiar el camino hacia el boss. Lilith había cumplido con su parte, pues el dragón empezaba a darles la espalda, y aprovecharon para rodearlo por su lado ciego.

- Mis hechizos de fuego no son tan poderosos como los de Lilith. - Admitió Lulu a Rose.
- Servirán. Además, el resto te tenemos cubierto.

Por su parte, Yuri saltaba de enemigo en enemigo en un radio alrededor de sus compañeros de Guild. Su agilidad como Assassin hacía que fuera una tarea sencilla y rápida: hundir sus katares en un monstruo de nieve, saltar al siguiente y acuchillarlo aprovechando el momentum, repetir. Con cada muerte que encadenaba, iba aumentando el contador de una habilidad pasiva de los Assassin que aumentaba su letalidad y probabilidad de crítico.

Se sentía eufórico, aunque aquella euforia estuvo a punto de terminar cuando un monstruo de nieve casi saltó sobre él. Una flecha en llamas evitó una tragedia, y en su siguiente salto, levantó un pulgar hacia Kate.

- ¡Gracias!

Desde la distancia, no sabía si le habría escuchado, aunque igualmente la Sniper le devolvió el gesto rápidamente, antes de seguir su tarea como ángel guardián de los que estaban en el suelo. Yuri parecía tenerlo casi todo bajo control, por lo que Mista podía centrarse en disparar al boss con balas cargadas con elemento fuego. Los Sex Pistols, su mascota, reían entre chillidos mientras dirigían las balas a su alrededor, eliminando a cualquier monstruo de su séquito que se acercara a ellos, redirigiendo varias balas a la vez.

- ¿Vas bien, Giorno? - Mista se giró hacia Giorno, tendiéndole un frasco de MP.
- Por supuesto. - Suspiró el Cleric, dando un largo trago y llenando su barra de mana.

Aún con el apoyo de los otros dos Clerics, llevar el control de la vida de todos los miembros del equipo era mentalmente agotador, pero Giorno era capaz de hacerlo. Lo que más le preocupaba era el efecto de la ventisca en sus compañeros, obligándoles a lanzar buffs de regeneración constantemente. Lilith, Lulu y los tanques podían protegerse del aliento helado del boss, tanto por sus habilidades pasivas como la protección de la Dark Knight, pero no estaba seguro de qué pasaría si el boss conseguía reducir las distancias con ellas o mermar la salud de los luchadores de melee más de lo considerado.

- ¡Vamos, chicos!

La líder de los Crimson Raiders lideraba el ataque contra el dragón de hielo, lanzándole sus hechizos de fuego más poderosos para mantener su atención mientras los otros compañeros de party lo atacaban a corto rango. Era un enemigo formidable, sin embargo, y llevaba ya varias rotaciones con Lulu en las que una lanzaba todo el repertorio de hechizos de fuego disponibles mientras la otra se recuperaba con pociones de MP.

- ¡Lista! - Le dijo Lulu, a unos metros de ella, indicándole que había terminado de regenerar sus puntos de magia.

Observó a Yuri saltar de un enemigo a otro detrás de las magas, limpiando cualquier monstruo de nieve que estuviera spawneando el boss con la ayuda de las flechas en llamas de Kate y otros ataques a distancia. Estaban en sinergía, podía sentirlo, pero cuando aprovechó para estudiar la vida del boss, vio que apenas habían pasado de la mitad.

Mientras Lulu atraía la atención del dragón de hielo con sus ataques de fuego, Lilith abrió el chat de su Omnitool.

- Giorno. - A la distancia a la que estaban, era mejor comunicarse por Omnitool.
- ¿Lilith? - El Cleric respondió inmediatamente. Mejor mantener la conversación corta, pensó Lilith.
- Tengo un plan, pero necesito que estés atento.
- Tienes toda mi atención.
- Voy a acercarme al boss y usar una explosión de fuego. Creo que tiene un punto débil en el pecho, y si aterrizo allí, puedo quitarle un montón de vida.
- Es una locura, Lilith. Si no lo aturdes o lo matas, te habrás puesto en bandeja. Incluso siendo un boss de hielo--
- Lo sé, por eso necesito que me prestes atención, para que me revivas.

Hubo silencio durante unos momentos al otro lado de la Omnitool. Giorno ya sabía a qué se refería. Los Clerics podían revivir a un jugador si conseguían que el hechizo ‘entrara’ en un margen de segundos después de que el HP llegara a cero. Algo que además de una velocidad de casteo de nivel alto, necesitaba también una destreza y habilidad que simplemente no se podía medir con parámetros del juego, sino que dependía del jugador.

Giorno era uno de los pocos Clerics que Lilith sabía que podía hacerlo, pues antes del cierre del servidor era una táctica bastante útil en Raids y peleas entre Guilds. Con las tres vidas… pocos se habían atrevido a arriesgarse, y por suerte, no había surgido la necesidad aún.

- ¿Es realmente necesario? - Preguntó Giorno.
- No, pero quiero hacerlo. No es un capricho, Giorno. Quiero matar a este bicho de forma impresionante, quiero darle una patada en los huevos al GM, que sepa que no nos vamos a rendir y que cada desafío sólo va a hacer que nos crezcamos.
- Inspirador. - Respondió Giorno, con un tono neutro, pero casi podía ver su sonrisa. - Muy bien, Lilith. Es una locura, pero puedo creer en ella.

Lilith sonrió, mirando al dragón de hielo. Era hora de clamar victoria para el Equipo Rojo.


Neko

Re: neverland 1.1: you can (not) escape
« Reply #200: January 31, 2017, 03:50:34 PM »
Con esto acabo los ataques del día doce. Lloro

50

Ikki siempre se había considerado un rebelde y frecuentar un recreativo ilegal era una de sus maneras de hacérselo saber al mundo.
Allí no importaba tu edad o si no se distribuía el juego en tu país. Sólo importaba el dinero. Si tenías dinero, podías jugar.

Y eso estaba haciendo, pagando, cuando vio uno de los trailers promocionales del juego. Prometía realismo, miles de historias, un sinfin de jobs, ciudades complejas que visitar y paisajes de lo más dispares que explorar. También había mascotas.
Zapdos había sido una de ellas. Un pájaro legendario, sólo habría uno en todo el juego y la quest para conseguirlo no sería desvelada en ningún momento.

—¿Cómo? —preguntó Ikki en alto, anonadado.

Por lo visto, Spark había averiguado cómo hacerse con uno de los pájaros legendarios, ya que parecía estar invocándolo.

Zapdos apareció en un remolino de chispas, la electricidad chisporroteaba alrededor de su plumaje con rápidos y vibrantes rayos amarillos. Su graznido sonaba a truenos y de repente, el aura que se había dibujado debajo del boss se convirtió en un campo de relámpagos salvajes.
La vida del boss cayó y cayó y en algún momento Zapdos se fue tan rápido como vino, dejando estrías negras en el pavimento de la plaza y una nube oscura que se estaba disipando rápidamente.

Ikki se agarró mejor a la pared, con una mano en el vientre y la otra sobre los rugosos ladrillos del edificio.

—¡Informe! —gritó, activando el chat de grupo, y continuó con un jadeo—. Equipo de soporte.

—Estamos bien, no me quedan pociones de maná, pero tengo algunos de ataque y buff —informó el alchemist—. Mis magos blancos están recuperando maná.

—¿Tanques? —preguntó Ikki después de asentir con la cabeza.

El suelo todavía humeaba, sin dejar bien que pasaba en la plaza. Los segundos en los que uno de los soldiers tardó en contestar se le hicieron eternos a Ikki.

—¡Vivos, jefe! Algunos por poco, necesitamos un rato para recuperarnos.

—Estoy con ellos —añadió Thunderstruck—. Se me ha roto el katar y no tenemos quien lo arregle.

Ikki no pudo evitar la risa socarrona antes de preguntar.

—Rango largo.

—Estoy en el tejado con Spark —informó el arquero—. Me había parecido verlo desmayarse, pero sólo está agotado.

—Sigo consciente. —se oyó la voz entrecortada y titubeante de Spark.

—Le pasa siempre que lo llama y no le queda mucho maná. —informó Thunder.

—El equipo de ataque está bien, aunque necesitaremos unos minutos antes de poder hacer nada. —dijo SleepingBeauty.

Ikki asintió, aunque le faltaba un jugador.

—¿Y el mago negro?

El humo empezaba a levantarse y Lulú había encontrado el camino de vuelta a su amo y daba vueltas sobre sí misma, ladrándole y corriendo hacia el centro del humo antes de volver a los pies de Bennu.

A Ikki no le dio tiempo a reñir a Lulú, vio la forma del Boss, más pequeño y su corazón paró por un instante.

—¿Pero qué? —repitió.

—Jefe… —llegó la voz del mago negro—. Estamos en problemas.

—¡El boss sigue vivo! —anunció Ikki, cojeando hacia él.

Las reacciones no se hicieron de esperar.

—¡Ese no es el problema! —intentó hacerse escuchar el mago negro, que había llegado hasta donde estaba Ikki y le ofreció su hombro para que se apoyase en él.

—Jefe, creo que sé a que se refiere. —logró hacerse entender el arquero entre las demás voces—. Han empezado a respawnear los monstruos en las calles.

El boss rugió. Lejos quedaba su anterior apariencia blanca y pristina. Estrías de un gris oscuro, iguales a las que adornaban el suelo, recorrían su figura redonda. Y aunque su estatura había menguado considerablemente, parecía más amenazador.

—Mierda, ¡mierda! —gritó Ikki, apretando el puño con el que se agarraba el hombro del mago negro.

Había traído a toda esta gente hasta una batalla imposible y ni conocía el nombre de un quinto de todos ellos.
El mago levantó el brazo y sin ninguna duda empezó a recitar. Unas cuantas flechas llovieron desde lo alto de un tejado, un par de explosiones y alguna que otra débil curación impactaron en el boss, que se giró hacia los magos blancos de nuevo.
Lulú ladró desviando su atención de nuevo.

A Ikki todavía le quedaba algo de maná, podía intentar robarle vida al fantasma, pero no tenía claro qué efecto tendría en él. ¿Le restaría vida en vez de rellenársela? No le quedaba mucho HP.
La bola de fuego impactó en el fantasma y el mago intentó preparar otra.

Podía morir si se equivocaba, pero valdría la pena si salvaba a los demás.

El boss estaba gritando otra vez y ahora se dirigía hacia ellos a pasos grandes que hacían temblar el suelo.
Las risas tétricas de los demonios y el ulular de los fantasmas empezaban a oírse por encima de la banda sonora de la ciudad y el track de batalla contra el boss.
Los ojos de Ikki empezaron a brillar rojos.

Y ahí fue cuando el mundo se volvió del revés.

Raíces verdes, de diferentes tonos, con espinas, partieron el suelo debajo del boss, surgiendo de grietas que hacía apenas unos segundos no habían estado allí, anclando al fantasma al suelo, que empezó a revolverse sin éxito.

Uno de los molbol más grandes que había visto nunca Ikki se asomaba, trepado al costado de un edificio. Abrió la boca, llena de hileras de dientes y pareció reírse del boss mientras lo mantenía sin aparente esfuerzo en su sitio.

Algunos jugadores, que Ikki recordaba haber visto sentados a las afueras de la ciudad antes de empezar la escaramuza, estaban limpiando las calles de fantasmitas y demonios y una gran luz azul envolvió de lleno el grupo de magos blancos de ataque.

Una voz que no conocía habló por el canal de la party.

—¿A qué esperáis? ¡Es vuestro!

El ataque conjunto no tardó en llegar, bombardeando al boss con las curas más potentes de las que disponía el pequeño grupo de curanderos.

Cuando Ikki vio al boss desaparecer, cuando escuchó la musiquilla de victoria, dejó caer todo el peso contra el mago negro, que se dejó caer al suelo entre risas. Hasta le palmeó la espalda.
Lulú ladró, dando vueltas por todas partes, moviendo la cola tan deprisa que a Ikki no le extrañaría si salía volando. La perra se trepó a sus muslos, apoyando las patas en su pecho y estirando la lengua para ver si podía lamerle la nariz.

Alguien, creía que era un soldier, se dejó caer a su lado, dándole las gracias. Uno de los magos blancos se agachó para estrecharle la mano y Marshmallow fue a saltitos hacia él antes de dejarse caer de lado contra su pierna.
Shun llegó corriendo y le abrazó, tirándolo al suelo.

Ikki quería llorar, pero no lo haría.
Rió, una sola carcajada y abrazó a su hermano, mientras más gente llegaba para unirse a la celebración.

La victoria nunca le había sabido tan dulce.


Airin

Re: neverland 1.1: you can (not) escape
« Reply #201: January 31, 2017, 04:38:32 PM »
Y volvemos con los mosqueteros, y un carretón de feels :v shipper traaaash

~+29~




—¿Sigue escribiendo? —preguntó Airin en voz baja mientras hacía girar una ramita entre sus dedos.

—Sip. —contestó Kíli riendo entre dientes.— Parece que le ha dado fuerte.

La pelirroja resopló contra el hombro del chico, dejando de mirar cómo el hermano de éste intercambiaba mensajes via omnitool con la mechanic que habían conocido aquella accidentada mañana, y frotando la cara contra la tela de su túnica.

—A nosotros sí que nos han dado fuerte, voy a tener pesadillas con los puñeteros gnomos.

El arquero le acarició la cabeza como si fuera una mascota, asintiendo él tambien. Si fuera posible soñar en el juego estaba seguro que aquellos bichos habrían tenido alguna que otra aparición estelar en sus horas de inconsciencia.
Se ladeó un poco hasta reposar su sien sobre la coronilla de Airin y murmuró contra su pelo.

—¿Tú crees que es buena idea empezar una relación aquí, atrapados en un juego?

La chica dejó de frotar su cara y arrugó la nariz, aunque Kíli no pudo verlo. Preguntar algo así de repente y sin aviso... había comprobado que era habitual en el arquero, pero no estaba segura de cómo responder, de a qué santo y por qué de todo venía eso, ni de cómo se lo tomaría él.

—En realidad no. ¡Pero! —Airin quiso elaborar cuando notó el cambio en la tensión del cuerpo del moreno— depende de cada persona. No puedes controlar los vínculos afectivos como si tal cosa.

Kíli dejó escapar un sonido indefinido de asentimiento, y sopló para apartar los cabellos pelirrojos que se le intentaban meter en la boca.

—Además, —continuó la chica con humor,— que algo no sea buena idea no ha servido antes para apartaros de ello, ¿no?

—Mmno. —concedió Kíli, enredando los dedos entre las puntas de la melena roja.

Pasaron unos cuantos minutos en silencio, recostados el uno contra el otro, observando cómo Pip dormía despatarrado sobre su mochila y varias armas, y Fíli socializaba por chat.
Era curioso verlo desde fuera, cómo entrecerraba los ojos y levantaba una ceja más que la otra mientras redactaba lo que quería preguntar, la forma en que las comisuras de sus labios se elevaban en un gesto fugaz cuando tenía un mensaje de respuesta, haciendo que sus bigotes trenzados se balanceasen. El brillo de sus ojos a la luz naranja de la omnitool.

Airin se sorprendió pensando que quería que fuera feliz. Fíli, y Kíli. Quería que fueran felices. Tambien Pip. Que nadie les hiciera daño a sus muchachos.
Se llevó una mano al cuello de su por fin recuperada túnica al notar los ojos calientes y estiró hacia arriba, tapándose hasta la nariz.

—¿Qué estás pensando que te pones roja? —susurró Kíli soplando de nuevo sobre su cabello— ¿Te gusta mi hermano?

La chica frunció el ceño y movió la cabeza hacia atrás intentando otear el rostro del arquero, pero lo más que consiguió llegar a ver fue una barbilla barbuda y la punta redondeada de su nariz.

—Me gusta, pero no como insistes en querer pensar.—Airin dejó escapar un suspiro que a Kíli se le hizo extrañamente frágil— No me gusta la gente, pero vosotros tres me gustáis.

—Eso ya lo sabemos cielo. sólo hay que ver lo que nos aguantas. Sabes que los tres te adoramos ¿verdad?—el arquero le empujó ligeramente de la barbilla, inclinándole la cabeza más atrás todavía y depositando un beso corto y del revés sobre su frente.

Airin tuvo la certeza de que sus gráficos estaban teniendo algún tipo de mal funcionamiento, tenía que ser un glitch, o un bug. Se le había roto un píxel más o menos a la altura donde tenía su esternón de mentira. Se llevó una mano al pecho y arrugó la tela entre sus dedos, agachando la cabeza y encogiéndose un poco sobre si misma.

—Oye... —empezó Kíli

—¿Hmm?

—No te molesta que sea así, ¿no?

—¿Que sea qué cómo? —la chica se giró a mirarle con confusión— ¿Tú? ¿Que seas tú así? ¿A qué te refieres?

Kíli se enderezó y echó los brazos hacia atrás, haciendo rodar los hombros. Descubrió que su hermano lo observaba con curiosidad, pero negó suavemente con la cabeza esbozando una media sonrisa, y Fíli se encogió de hombros y volvió a bajar la mirada de vuelta a sus menesteres, dándole una semblanza de intimidad.
El moreno se levantó del suelo y estiró de la mano de Airin, haciendo un gesto hacia el pequeño balcón de la cabaña arbórea donde se habían aparcado a pasar la noche. La pelirroja le siguó afuera.

Al fondo entre las copas de los árboles se podian atisbar las montañas, y por encima de ellas las estrellas titilaban en constelaciones distintas a las del mundo real, aunque igualmente hermosas.

—¿Kíli?

El arquero se recostó de espaldas con los codos apoyados sobre la barandilla de madera.

—Quiero decir... que soy un fresco. —sonrió con resignación y dejó caer la cabeza hacia atrás, mirando al cielo despejado.— Todo el día abrazándote y tocándote el pelo y todo eso. Tiene que ser canso para t- ¿Airin?

La chica le había abrazado sin dejarle terminar de hablar. Había rodeado su torso con ambos brazos, agarrando la tela que cubría su espalda, y había escondido la cara en el hueco entre su cuello y hombro, y podía notar su aliento cálido contra la piel descubierta de su clavícula.
Kíli la abrazó de vuelta apretándola más contra él y tragó saliva.

—Me gusta que me abraces.—el muchacho tuvo que esforzarse para oir el murmullo, pero Airin continuó,— me gusta que me abraces, y que me toques el pelo, y que me digas cosas bonitas aunque parezcan ñoñas. No estoy... acostumbrada ¿vale? No es que no me guste, es que no sé cómo reaccionar.

—Mírame. Airin, mírame. —la chica negó contra su garganta, y Kíli sintió que algo por dentro iba a desbordarle de forma inminente.

Se dió la vuelta, quedando de espaldas al interior de la cabaña, y agarrándola por la cintura la levantó hasta sentarla sobre la barandilla, aunque no la soltó hasta que hubo atrapado sus manos entre las suyas más grandes. Acariciando sus nudillos, aprovechó la diferencia de altura a su favor para observarla desde abajo. La mirada dulce de Kíli reflejaba tenuemente la luz del paisaje nocturno, pero su vista contemplaba la imagen de la chica pelirroja, con las mejillas sonrojadas y los ojos húmedos, recortada contra el fondo de estrellas en un mar de árboles inmenso y azul.

—Ey. Airin, —dijo el arquero levantando una mano para apartarle un mechón rebelde de la cara— si te gusta, entonces no hay ningún problema, porque yo no pienso dejar de hacerlo hasta que tu me digas que no lo haga más. ¿Vale?

Ella asintió con timidez.

—¿Me das un beso?  —preguntó él con una sonrisa traviesa.

En realidad Kíli no estaba intentando pescar nada más alla de un beso de buenas noches en la mejilla, pero cuando Airin llevó la mano con la que aún le agarraba la suya hasta los labios y los posó contra sus nudillos desenguantados, sintió que si estiraba un poco más el brazo podría agarrar la mismísima luna y bajarla del cielo.

*

~      H e g o a k    e b a k i    b a n i z k i o,    n e r i a    i z a n g o    z e n,    e z    z u e n    a l d e g i n g o.       ~
~      B a i n a n    h o n e l a,    e z    z e n    g e h i a g o    t x o r i a    i z a n g o,      ~
~      e t a    n i k    t x o r i a    n u e n


Kora

Re: neverland 1.1: you can (not) escape
« Reply #202: February 28, 2017, 08:07:56 AM »
Mes sin inspo y sin talento. Bad post OP pls delete.
(Icons otro día RIP).

--

51.

- Todo controlado por aquí…

El grupo de jugadores liderado por Nightwing había partido para dar caza al segundo boss que atacaba Sanctuary. Aquellos de job con destreza alta siguieron al co-líder de los Crimson Raiders por los tejados, mientras que el resto los seguía por las calles, plagadas por el séquito del boss. Los de menor nivel se encargaban de los monstruos menores, dándole al autodenominado Equipo Azul la posibilidad de centrarse plenamente en el boss.

Según le habían informado en mensajes frenéticos en la Omnitool, el boss era afín al elemento Agua, bastante grande, pero con menos HP que el boss al que se enfrentaba Lilith con el Equipo Rojo. Un tercer grupo no oficial, el Equipo Amarillo, había conseguido atacarlo y retenerlo, haciendo de avanzadilla.

- Más vale que te des prisa o te quitan el rango. - Le dijo Notathief, guiñándole un ojo. Nightwing se rió en respuesta.

Desde lo alto de una cornisa vio la figura del boss en la plaza de Sanctuary, y Nightwing alzó la mano para detener a los que iban con él, al mismo tiempo que activaba la Omnitool con la otra para avisar del alto a los que estaban en tierra.

- ¿Cómo vamos de granadas eléctricas? - Se giró para preguntar a Solis. La pequeña, aunque era Mechanic, cabalgaba a lomos de su enorme lobo mecánico y podía seguir el ritmo de los Stalkers y Assassins perfectamente.
- Suficientes para todos nosotros y listas para usar. - Como muestra de sus palabras, Solis sacó una de su inventario, y se la tendió.
- Bien. - Haciéndola saltar en su mano, Nightwing activó el chat para la Party. - Apartaos todos del boss primero para que no entréis en el área de efecto de las granadas. Eso va también para vosotros, Equipo Amarillo.

No sabía si podían infligirle parálisis a un boss de aquel calibre, pero seguro que le harían daño. Le indicó a Solis que repartiera granadas para todos los Stalkers y Assassins que iban con ellos, los cuales no tardaron en colocarse en posición.

Afortundamente, los chicos del Equipo Amarillo tenían la suficiente experiencia con una Guild para entender el concepto de trabajo en equipo, y la Mechanic apartó su robot del agarre del monstruo, retirándose unos segundos.

- ¡Sólo durante un momento! ¿Entendido? - Le replicó la chica. - ¡Que hemos llegado primero.
- Sí, sí… tened cuidado. - Dijo Nightwing, girándose hacia el resto del equipo. - ¿Listos?

Había llegado tarde, pero tenía un plan sencillo y fácil de llevar a cabo.

A su orden, los Stalkers y Assassins aprovecharon la altura y su agilidad para rodear al boss mientras lo bombardeaban con una corta ronda de granadas eléctricas. El cuerpo semi-gelatinoso del lagarto gigante se sacudió con descargas, y aunque no se llegó a paralizar, Nightwing comprobó con satisfacción que le habían conseguido quitar un trozo de HP ya de entrada. No mucho, pero sí lo suficiente para animar al Equipo Azul a retomar la carga.

- ¡Al ataque!

En un escenario de ciudad, un Stalker como Nightwing contaba con ventaja. Al igual que los otros habían hecho, usó su cuerda y gancho en cornisas, ventanas o bordes para moverse por el aire, atacando con rapidez y retirándose antes de que el enemigo pudiera contraatacar.

Nighwting hubiera preferido tener un rol más activo, pero en aquella situación, prefería supervisar que el grupo estuviera en buen estado y atacando efectivamente al boss.

- ¿Todo bien? - Preguntó a un Biochemist, aterrizando brevemente a su lado. Éste simplemente asintió con efusividad, como si no hubiera entendido su pregunta, y siguió dirigiendo a su homúnculo a distancia segura. Respuesta suficiente para Nightwing en aquella situación.

- ¡Cuidado!

En uno de sus ataques, el boss invocó un torrente de agua, llevándose por delante a unos cuantos jugadores, y Nightwing hubiera estado entre ellos de no ser por sus reflejos que le permitieron saltar hacia un edificio cercano en el último segundo.

Estando en el aire, en mitad de una voltereta, fue cuando empezó a ver las pequeñas partículas luminosas y sentir la electricidad a su alrededor. La Summoner de mayor nivel de la guild, Rydia, había desparecido unos instantes durante el combate, y ahora volvía con fuerza.

- ¡Dejad paso! - Avisaron unos jugadores.

Cuando alcanzaban cierto nivel, los Summoners accedían a invocaciones mayores, más que las pequeñas criaturas que les acompañaban durante un corto tiempo en el combate o lanzaban un ataque y se desvanecían. Eran eventos importantes en el combate, impresionantes para todos los que lo observaban, y aquel no era para menos.

La chica de pelo verde entraba por las calles de Sanctuary a lomos de un enorme caballo con un cuerno gigante en la frente, dando un par de vueltas alrededor del boss antes de que la criatura se colocara sobre dos patas e invocara un trueno gigantesco que cayó sobre el monstruo con un ruido ensordecedor, cegándolos a todos durante unos segundos. Cuando volvieron a mirar, la invocación había desaparecido, quedando sólo una agotada Summoner.

No había sido suficiente para terminar con el boss, pero había sido otro buen trozo de su HP que había perdido.

- ¡Genial, Rydia! - Le aplaudió Nightwing. - ¡Vamos, Equipo Azul!

Con todo, estaba siendo un buen combate. Sólo podía esperar que le estuvieran yendo a Lilith las cosas igual de bien.


Airin

Re: neverland 1.1: you can (not) escape
« Reply #203: March 31, 2017, 01:14:44 PM »
día 8 ... SOON
~+31~



—¿De qué iba aquello?

—¿Hm? —preguntó Kíli distraídamente a la par que observaba las flechas con magia elemental en uno de los puestos del mercado.

—¿Me estás escuchando? —Fíli resopló, cruzándose de brazos.

—Hmm, no. —su hermano tenía toda su atención puesta en las armas que se exhibían a la venta, catalogando mentalmente qué tenía en inventario, qué podía hacerle falta, y cuánto dinero podía gastarse.

El rubio frunció el ceño y estiró del brazo de Kíli, llevándoselo a la fuerza por entre la gente a pesar de las protestas. Cuando llegaron a un rincón tranquilo de la plaza lo empujó obligándolo a sentarse en un banco, y levantó el dedo índice amenazadoramente.

—Espérame aquí.

Kíli abrió la boca, pero su hermano ya se alejaba a zancadas decididas. Se encogió de hombros y desplegó su omnitool dispuesto a comparar precios y ofertas mientras esperaba.

Palanthas era una ciudad algo más bulliciosa de lo que había esperado, para estar tan alejada en el mapa, pero con mucho encanto. Tenía sentido, puesto que era donde arqueros y bardos acudían para pasar las pruebas y subir respectivamente de job. El mercado era bastante grande y estaba lleno de objetos apetitosos para los jugadores de su rama de oficios, y los vendedores se esforzaban por competir unos con otros ofreciendo buena mercancía a precios razonables. Era un buen cambio respecto al panorama habitual de tener que vender un riñón para hacerse con material apenas decente. ¡Y la gente era amable! Probablemente debido a la afluencia de visitantes de su clase, no andaban faltos de entretenimiento y eso hacía más llevadera la situación.

El chico se pasó las manos por la cara, cerrando los ojos y frotándose los párpados. Cuando los volvió a abrir, su hermano estaba delante de él, tendiéndole uno de los aperitivos que llevaba en la mano.

—¡Palogofre! —desde que Airin les había mostrado aquella maravilla, Kíli había decidido que aquellas salchichas grandes y sabrosas cubiertas de masa dulce y esponjosa de crêpe y atravesadas por un palito de brocheta era su nuevo manjar favorito.

Aceptó el ofrecimiento con ansias hambrientas, empezando a mordisquear la cubierta crujiente mientras Fíli se sentaba a su lado calibrando por dónde empezar a comer el bollo relleno con forma de pez que se había comprado para él mismo.

—¿A qué te referías antes? —preguntó el moreno con la boca llena.

Su hermano no respondió inmediatamente, ocupado en masticar la aleta trasera del pez sin que se le escurriese el relleno.

—La otra noche —dijo por fin el rubio, lamiéndose un pulgar. Y especificó,— Airin y tú, en la cabaña.

—En la cabaña… ¡Ah! —la memoria de Kíli visualizó el evento al que se refería el knight.—¿Cuando salimos al balcón?

Fíli asintió, dando un buen mordisco a su tentempié. Tenía varias opciones en mente, pero prefería esperar a conocer la respuesta que apostar al azar.

—Se os veía muy a lo vuestro —comentó mirando de reojo al menor,— muy íntimo todo, ¿estáis saliendo?

—¿Qué?! —Kíli estuvo a punto de atragantarse.— ¡No!

—¿No? ¿No le pediste salir? —sorprendido, Fíli se limpió las migas del bigote frotándose con la mano libre. Él habría jurado que estaban teniendo ese tipo de conversación. — Pues yo estaba convencido. ¿Kíli?

Su hermano había dejado de prestar atención a su aperitivo, y miraba hacia algún lugar indefinido del suelo al otro lado de la plaza con las cejas arrugadas. Fíli rezó por no haber metido la pata. Con todo lo dado que era Kíli a hacer el tonto y compartir su disposición habitualmente alegre, mucha gente pasaba por alto lo sensible que era en el fondo. Movió la pierna, chocando su rodilla con la de su hermano, y le observó con la cabeza ladeada, esperando.

—Es que, es… es complicado —dijo el chico encogiendo un hombro.— Me gusta.

—Lo sé. Desde el primer día.

—Me gusta mucho. Y sé que yo le gusto a ella. ¡Y sólo nos conocemos de una semana! —Kíli se mordió el labio inferior dando varias vueltas a la brocheta entre sus mano— Pero es que sé que hay algo más, no es simplemente me gusta y ya, es algo mucho más fuerte Fíli, es exagerado y sé que los dos lo notamos. Pero ahora mismo todo es tan…

—Ya. —dijo el rubio, sucinto. No podían salir del juego, no tenían la posibilidad de verse cara a cara en el mundo real.

—Pero es que además, si le pidiera algo en serio no creo que me dijera que no —el chico se dejó caer de lado contra el hombro de su hermano, como si al quejarse se hubiera desinflado.— Y no se qué hacer.

—Sinceramente, —dijo Fíli pasando un brazo por encima de los hombros de Kíli,— creo que lo mejor para los dos es que sigáis como estáis. Tomáoslo con calma, id a vuestro ritmo. Es verdad que no es el mejor momento, pero la gente no elige cuándo se enamora.

La mirada incrédula del moreno le decía muchas cosas, y Fíli no pudo evitar esbozar una sonrisa sesgada.

—¿Me dices que es exagerado y pretendes que no me dé cuenta de qué es? Venga ya, enano. —su hermano pequeño se removió gruñendo entre dientes, pero él no aflojó su abrazo.— Es obvio que hay algo entre vosotros, y ha sido una semana intensa, no son unas circunstancias normales en las que puedas ir a tomar un café y luego volverte a casa a seguir con tus cosas. A mí personalmente no se me va a olvidar nunca el paso por las montañas.

—No me lo recuerdes. Aún se me ponen los huevos de corbata al pensar todo lo que nos ha pasado hasta ahora —dijo Kíli volviendo a morder su palo-gofre y hablando con la boca llena.— Es que a veces la miro y me tiraría de cabeza, pero otras todo es abrumador y no sé si me da más miedo por mí, o por ella.

Fíli asintió con la cabeza terminando de masticar su bollito, entendía a qué se refería su hermano. En cierta forma Airin se parecía a Kíli, sólo que en vez de esconder sus sentimientos tras una apariencia bromista, la chica usaba su independencia como escudo frente al mundo y su respuestas cortantes como un arma para protegerse. Y para que eso fuera así, primero tenía que haber aprendido de la experiencia de las heridas.

—Tú lo ves posible, ¿verdad? —preguntó Kíli tras lanzar el palito de madera rechupeteado y limpio, encestándolo en una papelera cercana.

—¡Pero qué dices, si yo pensaba que ya estabais liados! —le revolvió el pelo a su hermano, levantándose del banco y tendiéndole la mano.— ¿Cómo no va a serlo? Hazle caso a tu tato y no te agobies.

—Pfff. —el moreno sólo resopló y se dejó incorporar.

—Ahora ya puedes volver a tu embelesamiento con las flechas holy. —dijo Fíli con aires magnánimos.

—¿Me estás dando permiso?—preguntó Kíli con falsa ofensa, riéndose cuando el rubio asintió con porte regio— Qué tío, hay que ver. ¡Oye! ¿Y la mechanic del otro día?

—¿Mechanic? —Fíli evitó mirarle de vuelta, repasando con la mirada los distintos puestos en la plaza del mercado.

—Sí, ya sabes, guapa, agresiva, eficiente, pelo dorado, bajita… —enumeró Kíli con un brillo rapaz en los ojos.— La chica con la que te mensajeas privados todos los días.

—No sé de qué me estás hablando. —respondió el rubio retorciendo uno de sus bigotes con aire distraído..

—¡Y yo que me lo creo!


~

~      H e g o a k    e b a k i    b a n i z k i o,    n e r i a    i z a n g o    z e n,    e z    z u e n    a l d e g i n g o.       ~
~      B a i n a n    h o n e l a,    e z    z e n    g e h i a g o    t x o r i a    i z a n g o,      ~
~      e t a    n i k    t x o r i a    n u e n


Airin

Re: neverland 1.1: you can (not) escape
« Reply #204: April 30, 2017, 01:13:36 PM »
día 8 ... SOON still
~+32~



Pero Fíli sí que había estado pensando en mandarle un mensaje a Neko al respecto de algunos cachivaches que había visto en el mercado. Solo que lo haría más tarde, cuando su hermano no estuviera pendiente de él, pero no por ningún motivo en concreto. Hum.
Dejó de retorcer la punta de su bigote entre los dedos y señaló un tenderete más adelante, lleno de espadas y piezas de armadura de entre las que asomaba una cabeza rojiza familiar.

—Ah, mírala, ahí está.

—¡Airin! —llamó Kíli acercándose a la chica.

—Tienen muchas cosas bonitas, lo quiero todo, —contestó ésta poniendo morritos y tocando la manga del arquero.—  Hola. ¿Qué me aconsejas, Fíli? Algo que me vaya bien con la espada, así, desde tu sabiduría de segundo job.

El rubio abrió la boca para responder pero una voz femenina y desconocida se le adelantó.

—¿Airi? ¿Airin Stark, eres tú nena? —La pelirroja se giró tan rápido en dirección hacia esa voz que habría podido provocarse un latigazo cervical.

—¿Dani? Oouff, —La soldier dejó escapar un resoplido cuando ante el asombro de sus dos compañeros presentes una figura menuda pero muy sólida saltó sobre ella, la abrazó con fuerza hasta levantarla del suelo y después le echó un brazo al cuello, haciendo que se balanceasen juntas.—¿Qué haces aquí?

—Qué hago aquí dice la muy tonta, qué voy a hacer nena, sobrevivir, como tú. —La recién llegada, una gypsy de pelo platino y ojos violetas, soltó su agarre para pasarle las manos por las mejillas amorosamente y apartarle el cabello rojo de la cara.— Oh, Airi. Me alegro tanto de verte, pero no de que sea aquí.

Fíli y Kíli observaban la escena de hito en hito, sin dar crédito cuando su compañera abrazó de vuelta a la otra chica.

—Lo sé pitufa.

Entonces una sombra se hizo presente detrás de las muchachas, un berserker moreno y enorme, con pinturas de guerra en el cuerpo, que cruzado de brazos y sin haber dicho todavía nada ya resultaba de lo más intimidante.

Kíli abrió mucho los ojos, y tras un vistazo momentáneo a su omnitool donde pudo escanear y reconocer el nombre de Khal, se acercó un paso a su compañera, quien extrañamente para su habitual sentido del peligro no parecía intimidada en absoluto.

 —¿Drogo? —preguntó Airin con una media sonrisa sesgada. El berserker asintió con un cabeceo. Ella se giró a mirar de nuevo a la gypsy, aunque señalando al hombre entero con la mano abierta.— ¡Pero Dani, haber empezado por ésto!

La chica simplemente se echó a reír de una forma desinhibida y adorable, sonrojándose levemente. Airin pareció acordarse repentinamente de los hermanos, y se dio la vuelta hacia ellos, agarrando el brazo de Kíli con ojos alegres y brillantes.

—Chicos, ésta es Daenerys, ¿qué nick llevas aquí? —preguntó a media presentación.

Stormborn, ¿tú?

—Uh, Brightblade, —Airin titubeó antes de proseguir,— éstos son Kíli, SilverArrow, y Fíli, GoldenLion.

—Encantada —dijo Daenerys estrechándoles la mano respectivamente, y dándole un codazo discreto al hombre que la acompañaba para que hiciera lo mismo.— Éste es Drogo.

Khal. —dijo el berserker, imperturbable.

Tras un momento de silencio, Airin entrecerró los ojos y ladeó la cabeza en un movimiento que Fíli ya había aprendido a identificar como presagio de que las cosas se iban a poner interesantes.

—O sea, que éste es el tío por el que me dejaste. —dijo la pelirroja sin perder su mirada calculadora.

—¿Qué?! —exclamó Fíli mientras su hermano dejaba escapar ruidos semejantes a los de un animal moribundo. Últimamente hacía eso mucho.

El berserker se encogió de hombros sin rastro de remordimiento.

—¡Pero no lo digas así, que parece cualquier cosa! —Daenerys empujó a la soldier entre risas.— Primero corté contigo, y luego me fui con él.

—Destrozahogares. —dijo Airin sonriendo hacia el hombre mientras le daba sin miedo con el dedo índice en un brazo de la misma anchura que su cabeza.— Rompefamilias.

El berserker descruzó los brazos, llevándose las manos a la cintura.

—Esa familia ya estaba rota, —dijo divertido— soy bueno en lo que hago.

—¡Pero si habla! Sois horribles, horribles los dos, el uno para el otro. —rió Airin agarrando la mano de Kíli, que la miró sin saber a qué atenerse ya.— Dani y yo salíamos en el instituto.

—¡Éramos novias, dílo bien! ¡Y éramos tan monas que dábamos asco!

—Argh, cállate Dani. —Fíli no se molestó en disimular su risa ante la vergüenza de la pelirroja por las palabras llenas de énfasis de la gypsy.

—Aw, no sufras, sigues siendo muy mona Airi.

Tampoco Kíli parecía muy incómodo con la situación una vez hubo superado la sorpresa inicial. ¿Cuáles eran las probabilidades de encontrarse con un ex amistoso dentro de un juego como aquel?

—¿Entonces ahora has cambiado de fase? —preguntó el arquero con un guiño travieso,— ¿Has pasado de rubios a castaños?

—¡Oohh! ¡Me gusta este chico! —Exclamó Daenerys por encima de los ruidos indignados de Airin, que se intentaba tapar la cara estirando de la túnica con la mano libre y no conseguía ángulo para empujar a Kíli con la mano que éste le sujetaba.

Fíli y el inmenso berserker cruzaron miradas de entretenimiento y se encogieron de hombros a la vez, como diciendo, vaya.


~

~      H e g o a k    e b a k i    b a n i z k i o,    n e r i a    i z a n g o    z e n,    e z    z u e n    a l d e g i n g o.       ~
~      B a i n a n    h o n e l a,    e z    z e n    g e h i a g o    t x o r i a    i z a n g o,      ~
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Airin

Re: neverland 1.1: you can (not) escape
« Reply #205: May 31, 2017, 03:56:47 PM »
día 8 ... acaba ya maldita sea argh, casi se me olvida subir esto.
~+33~



—Esto no te lo debería decir yo —la gypsy echó una mirada de reojo hacia donde su amiga incordiaba a su novio actual en compañía del knight.

—Pero vas a hacerlo. —Kíli la observaba con las cejas levantadas.

—Pero voy a hacerlo, —confirmó la chica,— porque si no sería una tragedia; los dioses saben que a Airi hay que sacarle las palabras a la fuerza cuando se trata de ella misma, y tú no te vas a atrever a presionarla. Que me parece bien.

El arquero dio varias vueltas a la flecha que tenía en la mano y que originalmente había sacado como muestra de algo que habían estado discutiendo hacía ya rato y que nada tenía que ver con su el giro más reciente de su conversación.

—No es que Airi se lleve mal con su hermano, —comenzó Daenerys mordisqueándose el labio inferior,— es que Renji es un capullo. Siempre lo ha sido con ella.

Kíli frunció el ceño, recordando la charla en la que la pelirroja había mencionado a su familia. La gypsy interpretó el gesto de manera correcta.

—No es un mal tío, así en general, supongo que si tiene amigos es porque con ellos se portará bien. ¿Pero con su hermana? Nah. Desde que lo conozco ha hecho lo posible por mantenerla vigilada de cerca, pero alejada de todo lo que parecía que fuera importante para ella; intentó ligar conmigo, insistiendo en que mi novia no era lo suficientemente buena para "una chica como yo".

—¡Qué hijo de..! —gruñó el chico. Su mirada prometía dolor si alguna vez llegase a encontrarse cara a cara con el hombre del que hablaban— Mi hermano no haría eso. Un hermano… ya no bueno, simplemente normal no haría eso.

—Su familia no es exactamente normal, —comentó Daenerys con rabia contenida, cogiendo la flecha de Kíli y pasando los dedos por las plumas— su madre murió cuando ella era un bebé, su hermano le echa la culpa y su padre no es capaz de mirarle a la cara porque se parece a ella. Pero yo he visto un par de fotos, y si, se parece, pero tampoco es un clon. Los dos hermanos son pelirrojos igual que su madre, su padre es moreno. Pero sólo ignora a su hija porque por lo visto la combinación de colores de pelo y ojos es demasiado para él.

El tono que estaba usando la chica dejaba muy clara su opinión sobre los familiares de la soldier que reía ajena a ellos algo más allá. Y Kíli sabía que no dudaría un segundo en seguir su juicio, había podido comprobar de primera mano como Airin se volvía distante y retraída, todo a su alrededor gritaba vulnerabilidad mientras intentaba buscar defensas contra un ataque que nunca saldría de ellos.

—Eso es injusto con ella. —murmuró indignado.

—Mucho. No sólo no recuerda a su madre, si no que además vive en una batalla constante en la que parece que quieran hacerla responsable. Bueno, Renji no lo parece, lo hace y ya. Yo le oí decirle una vez que había arruinado su vida porque antes de nacer ella él tenía una madre y un padre y los tres eran felices.

—Hace falta ser rastrero, en lugar de cuidar de su hermana pequeña, de enseñarle cosas de su madre… —Kíli notó como el calor se le subía a la cabeza en un arranque de ira incontrolable. Si lo hubiera tenido delante le habría echado las manos al cuello.— Es un impresentable, un vulgar matón, eso es lo que es.

—Me gustas.

—¿Qué? —el arquero se vio completamente descolocado por el non-sequitur de Daenerys.

—Que me gustas. Me gustáis, tu hermano y tú. —la chica sonrió con una expresión cálida y amable que borró todo rastro de la inquina que hasta hacía unos momentos era claramente visible en su rostro.— Sois buena gente, chicos de fiar, y tenéis el corazón en el lado correcto. Y Airi necesita gente así que la aprecie.

El muchacho sintió que su acaloramiento cambiaba de naturaleza, a medida que el sonrojo se le iba extendiendo por las mejillas y hasta las orejas, haciendo que perdiese el hilo de lo que iba a decir. Se frotó la mano libre por la nuca, revolviendo más aún sus cabellos oscuros sin saber muy bien cómo responder. Daenerys simplemente se rió bajito y sin más palabras volvió con los otros tres, al rescate de su amante berserker.

Fíli dirigió una mirada interrogante hacia su hermano pequeño, que contestó al gesto de pregunta con algo que podría ser interpretado como 'luego'. El rubio se encogió de hombros, y tras pasar la vista significativamente del arquero a la chica pelirroja de forma intermitente, levantó las cejas con una sonrisa pícara y le pasó el brazo por los hombros a la soldier, dando tiempo a que Kíli se acercase por el otro lado, cerrando su escolta.

Cuando Airin le dirigió una sonrisa alegre y entrelazó sus brazos despreocupadamente sin interrumpir su conversación, Kíli pensó que a lo mejor la gypsy sí que sabía de lo que hablaba.

~
« Last Edit: May 31, 2017, 03:59:11 PM by Airin »

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Airin

Re: neverland 1.1: you can (not) escape
« Reply #206: July 31, 2017, 03:55:10 PM »
christ on a cracker be done already A tío Pip le pasan cosas que no creeríais.

~+34~



Pip se estiró de la trenza por enésima vez y mordió con saña el cigarro que pendía entre sus labios.

—Pero que eres un puto NPC, no me jodas, no puedes regatear a un merchant class así.

Como respuesta el bot le subió el precio de venta.

—Rectifico, eres un puto NPC de mierda, hijo mal parido de mil putos glitches. Mil bardos borrachos vomiten en tus inventarios cada día.

Escupió de lado, acertando la baldosa vacía entre el mostrador y la pared como si fuera un forajido en una película del oeste, y se sintió un poco reconfortado en su miseria. Sería un NPC, pero le iba a tocar fregar su puñetero establecimiento. Cortó la interacción desde su omnitool señalando desde su parche hacia la zona general del bot con el dedo de en medio y salió de la tienda. Seguía necesitando munición. Por lo visto a Palanthas le había tocado el código cabrón en la armería y a él le habían puesto en frente al vendedor programado con menos ganas de hacer su trabajo del juego. Pero él tenía pase VIP.

Le dio dos caladas profundas al cigarro, se subió los pantalones a su posición anatómicamente intencionada, se caló el sombrero con decisión y se sorbió la nariz a conciencia. Se iba a enterar el juego de quién era él.

—Vamos a ver piltrafa, —bramó abriendo la puerta casi, sin casi, de una patada, como si de un sargento de instrucción se tratase canalizando sus mejores recuerdos de aprendiz en el trabajo.— Me vas a dar esa puta munición YA, aunque tenga que saltar al almacén y estrangularte las pelotas con las cananas, ¿me oyes? Y las quiero para ayer, que soy yo quien te paga los días en el server, mierdapixel!

 —Por supuesto, en seguida —respondió el bot con una sonrisa amable y encantadora, procediendo a sacar el material demandado.

—Vamos hombre, no me jodas. —masculló Pip entre dientes.— esto es para tener testigos, que luego no me creen.

Desde su omnitool le llegó un aviso de notificación y desplegó la pantalla para ver el mensaje que le había enviado Airin.

«Estamos en la plaza del mercado, me he encontrado con una amiga, ¿vas a tardar mucho?»

Meneó el cigarro de arriba a abajo divertido mientras contestaba:

«Depende, ¿está buena?»

No tardó en entrar el siguiente mensaje en su bandeja.

«Sí, su novio es un berserker de dos metros que está tremendo *carita feliz*»

—Ay que puti, cómo me vienen criados y qué bien los refino —comentó con una sonrisa de pillo. Luego se giró para encararse de nuevo con el NPC, que esperaba tras haber procesado sus compras de repostaje.— ¿Y tú que coño estás mirando, eh?

—¡Gracias por comprar aquí, que tenga un buen día! —El bot inclinó la cabeza de forma presuntamente adorable

—En serio… —Pip salió del establecimiento mirando por encima del hombro como si tocasen retirada de entre las filas enemigas, sin bajar el ritmo hasta llegar a una de las calles principales que conducían a la plaza del mercado.— Qué mal rollito me dan estos loli-bots, paaaszor.


~
« Last Edit: July 31, 2017, 03:57:25 PM by Airin »

~      H e g o a k    e b a k i    b a n i z k i o,    n e r i a    i z a n g o    z e n,    e z    z u e n    a l d e g i n g o.       ~
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Airin

Re: neverland 1.1: you can (not) escape
« Reply #207: September 30, 2017, 04:00:22 PM »
mad max + one winged angel en repetición...  y qué migraña más intensita tengo =-=  POR FIN DÍA 12 -turú-



~+35~


Palanthas estaba ardiendo.
Las llamas consumían los edificios de madera de la ciudad, y oscurecían las torres de piedra de las murallas que la rodeaban. El rugido del incendio, masivo y descontrolado, se podía oír desde una distancia considerable. Al igual que también podían oírse los rugidos del par de dragones que sembraban la destrucción por doquier. Y al acercarse lo suficiente se podían distinguir las auras débilmente coloreadas de hechizos de protección y ataques mágicos entre el tinte anaranjado que había cobrado el final del bosque junto a la bahía.

—¿Qué puta…? —El lancer había frenado en seco, estupefacto ante la escena que presenciaban, sin haber salido aún del camino entre los árboles que conducía a la ciudad de los bardos.

Yumichika agarraba su brazo, apretando los dedos hasta clavar sus uñas en el cuero de su brazal izquierdo, cuando vieron alzarse a uno de los dragones, oscuro y fluído como una mancha de tinta negra con correas que parecían de color sangre al brillo de las llamas. El monstruo parecía llevar algo entre las fauces, que sacudió varias veces con violencia antes de lanzarlo por los aires con un bramido que hizo vibrar el aire a su alrededor. Al caer, quedó claro que ese algo había sido un jugador.

—Ikkaku, no. —El ninja detuvo el paso hacia adelante de su compañero.— Es una locura, y lo sabes.

—¿Y qué mierdas pretendes que haga, eh? ¡No puedo simplemente quedarme mirando cómo… cómo..! —el hombre señaló hacia la ciudad con el brazo libre, en un gesto cargado de impotencia e indignación. Se pasó la mano por la cara y la cabeza sin pelo, frotándose hasta la nuca, y luego dio una patada a una piedra que salió rebotando.

Yumichika se mordió los labios, mientras revisaba los logs de chats en su omnitool. Y se terminó de poner blanco sin acabar de pasar por toda la lista.

—Es lo mismo. Es lo mismo en todas partes.

—¿A qué te refieres? ¿Yumi? —el lancer se acercó a mirar por encima del hombro del moreno, su vista saltando de una linea de chat a otra, comprobando cómo los jugadores se avisaban unos a otros sobre ataques en ciudades, dando la voz de alarma para tal o cual guild, reclamando refuerzos y sobre todo jobs de soporte vital.

—Es una puta cacería, está pasando igual en todas las ciudades del juego Ikkaku. —el ninja tragó saliva.— No hay  cómo escapar de esto.

—Salvo no estar en una ciudad en estos momentos. —le devolvió la mirada, solemne y decidido.— Y quién sabe por cuánto tiempo eso será una opción.

El moreno asintió, y pasó a abrir su inventario.

—Tenemos que planificarnos bien.

—¿Optimizar recursos y todo eso? —el lancer lo imitó, subiendo los puntos de habilidad que había aprovechado para ir consiguiendo mientras leveleaba en el camino a pie hasta allá.

—Estrategias de batalla, planes A, B, C y D, pociones, propiedades elementales… —enumeró poniendo orden en su arsenal personal.

—Yumi, ningún plan, por bueno que sea, sobrevive al primer contacto con el enemigo.

—!Pero nosotros tenemos que hacerlo! ¿No pretenderás que entremos ahí corriendo a tontas y a locas verdad? —Yumichika agitó la mano con el brazo extendido hacia Palanthas, donde los monstruos no daban respiro— Eso son un proto, y un Bahamut completo, elemental oscuro y fuego y no quieras saber cómo se llaman su ataques. Y desde aquí no podemos ver sus séquitos.

—No pienso darme media vuelta. —contestó Ikkaku empecinado.

—¡No piensas! ¡Ese es tu problema, que no piensas! —exclamó el ninja en mitad del camino hacia la histeria.

El lancer se disponía a replicarle algo desagradable cuando sus ojos divisaron una figura alzándose sin impedimentos hacia donde el Bahamut agitaba las alas en el aire y escupía fuego sobre las murallas de piedra.

—¿Qué..?

La figura llevaba lo que parecía una lanza, pero a juicio de Ikkaku debía ser una espada demasiado larga para ser útil, y en contra de haberse detenido, había esquivado una enorme llamarada en el aire y seguía avanzando implacable hacia el monstruo. Y cuando llegó a un rango de alcance, le asestó una estocada con aquel arma ridícula.
Y el dragón bramó, pero los puntos de daño aparecieron sobre él.

—¿Eso es un samurái? —murmuró Yumichika de hito en hito— Lleva la nodachi más grande que he visto nunca.

—No tiene pinta de samurái, —contestó el lancer echando a correr hacia la ciudad,— no he visto ninguno que vista así antes.

—¡Entonces tiene que ser un VIP!

El jugador misterioso no dejó en ningún momento de atacar a los monstruos alados, pero estos tampoco cesaron en su empeño de esparcir la destrucción.
Cuando llegaron a las puertas de Palanthas, la escena era mucho peor de lo que habían anticipado.

Había varios supports atrincherados entre las paredes derruidas, casteando efectos de área; un par de arqueros de bajo nivel arrastraban a gente herida hacia la zona cubierta en que los hechizos de curación se hacían activos. Las huestes de hombres-dragón, espectros y salamandras asolaban las calles; unos cuantos magos de diversos colores se turnaban para mantener barreras mágicas  que repeliesen su paso en torno al improvisado hospital de campaña.

—La puta que los parió. —masculló el ninja, habitualmente poco dado al lenguaje vulgar que disfrutaba su compañero.

Ikkaku analizó el campo de una ojeada con precisión, y saltó por encima de algo que antes había sido probablemente un carro de venta de comida.

—¡Eh, panda de lagartas! —increpó, llamando la atención de dos draconianos que intentaban dar alcance a una alchemist pequeñita que huía aterrorizada— ¿Queréis saber a cuánto voy a vender vuestros culos escamosos?

Los híbridos se giraron hacia él como si hubieran tenido la comprensión suficiente para ofenderse por sus pullas.

El cuchillo de Yumichika surcó el aire casi antes de que uno de los lagartos abriese la boca, y se le clavó limpiamente entre las amígdalas cortando de raíz la bola de fuego que estaba por escupir, haciendo que esta explotase en su garganta, con la consiguiente lluvia de sangre y cenizas.

—Que ascazo me dan cuando hacen eso —se quejó el ninja arrugando nariz y labios en una mueca de desprecio.

Su compañero resopló por la nariz, y barrió a sus enemigos con unos cuantos giros de lanza bien posicionados. Cuando hubo terminado de limpiar la entrada, se giró hacia los magos que mantenían la barrera en su sitio.

—¡Eh chavales! ¿Hay alguien al cargo aquí que ponga orden? —llamó a gritos.

Los magos se miraron entre ellos con confusión,  pero entonces una champion bajita y morena apareció de una de las callejuelas laterales que desembocaban en la puerta.

—La plaza del mercado es una carnicería, —gimió sin resuello y al borde de las lágrimas— es todo un caos, no podemos luchar contra los dragones, los monstruos de sus séquitos y contra el fuego al mismo tiempo, la torre del teatro se ha caído y hay gente atrapada dentro, y los espectros respawnean ahí…

—Respira. —ordenó Ikkaku agarrándola por un hombro. La chica tomó aire temblorosa, un par de veces, y sus ojos pálidos se volvieron hacia el hombre, que volvió a preguntar,— ¿Tenéis a alguien a cargo de la defensa?

La champion negó con la cabeza, señalando al búnker improvisado.

—Esto… esto es lo más organizado que he encontrado hasta ahora. Más adentro es todo caos.

El lancer mató una salamandra que se acercaba corriendo hasta ellos y tuvo que callarse una grosería cuando una voz grave irrumpió desde arriba.

—Dadme heal. —Unos cuantos grititos ahogados respondieron a la petición del recién aterrizado, pero aún así le alcanzaron varios hechizos de cura y alguno de protección.

—¡Eh! ¿Qué level eres? —llamó Ikkaku.

—Más alto que tú —respondió el hombre apartándose el larguísimo cabello con un movimiento de cabeza que Yumichika tildó de ‘regio’ en su mente. Y sí, cargaba la nodachi más grande que hubiera visto nunca él. Ni probablemente nadie.

—Muy bonito melenas, y seguro que la tienes más larga también campeón, pero eso no le importa a nadie. —contestó el lancer despectivo.— Lo que nos interesa ahora mismo es que esos jodidos bichos del infierno no te almuercen mientras intentamos sacar a alguien con vida, necesitamos todo el margen que podamos conseguir.

El hombre miró hacia donde los dragones se habían replegado, y entrecerrando ligeramente los ojos, se dirigió a los recién llegados.

—Si podéis correr por los tejados y esquivar el incendio, en la plaza central hace falta gente que pueda luchar y dar órdenes para dirigir a otros. Si sois capaces de organizar a los grupos que hay allá, haré cuanto esté en mi mano por mantener ocupados a los Bahamut el mayor tiempo que me sea posible.

Ikkaku y Yumichika cruzaron una mirada.

El lancer giró su arma para ganar tracción y propulsar al ninja hasta el tejado más cercano, y después saltó él ayudándose de la lanza como si fuera una pértiga.

—¿Hacia dónde, mi comandante? —inquirió el calvo con una sonrisa feroz y llena de dientes.

El otro hombre esbozó un leve levantamiento de las comisuras de sus labios, y con un movimiento de cabeza, echó a caminar entre las llamas, aparentemente inmune a ellas.



***



Animalicos invitados: Salamandras, Hombres-lagarto, Draconianos, Bahamut, Proto-Bahamut
« Last Edit: November 30, 2017, 12:45:50 PM by Airin »

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Airin

Re: neverland 1.1: you can (not) escape
« Reply #208: November 30, 2017, 07:08:23 PM »
eehhh.... iconos. Iconos, mañana o pasado.



~+36~


—Estamos todos jodidamente locos. —murmuró Yumichika entre dientes.

Ikkaku se encogió de hombros sin negarlo, siguiendo al hombre de cabello… ¿gris? ¿plateado? Tanto daba, tenía más nivel que ellos, parecía seguro de lo que hacía, y estaba luchando por salvar a gente que no conocía. Ikkaku podía respetar eso.  Corrían tiempos difíciles para la gente con jobs dependientes de puntos de honor.

—¿Cuándo ha empezado este sindiós? —el lancer tuvo que levantar la voz para hacerse oír entre el estruendo del caos.

—Alrededor de mediodía. —El samurai frunció el ceño, apretando la espada en la mano izquierda. Señaló lo que había sido la plaza del mercado con un gesto de cabeza, entre las llamas y los monstruos, la resistencia era poca e ineficaz.— Tenéis trabajo de sobra.

—Heh, descuida, se nos da bien poner orden. —Ikkaku vio como el ninja saltaba ya de cabeza en cabeza por encima de varios draconianos, y estos fueron cayendo muertos a su paso.— Yumi es muy particular con la limpieza y los lugares diáfanos.

El samurai resopló aparentemente divertido, y empezó a castear algo que parecía un blindaje de protección. Entonces un ala enorme y negra como su atuendo se materializó en su espalda, saliendo de su hombro derecho, y saltó impulsándose con ella, llamando la atención de los dragones.

—Joder con los VIPs. —Ikkaku se crujió el cuello hacia ambos lados, rodó los hombros y corrió directamente hasta el borde final del tejado, saltando al vacío y dejándose caer sobre un montón de hombres lagarto y salamandras que parecían retenidos por un campo de fuerza.

Aterrizó con la lanza por delante, ensartando tres o cuatro bichos como si fueran parte de una brocheta improvisada y procedió a descuartizar todo mob que se le cruzase en su área de cinco metros cuadrados. Por el rabillo de ojo vio a Yumichika rodar y tapar la guardia abierta como una ventana de par en par de una chiquilla de pelo azulado que entonaba algo con los brazos levantados hacia el cielo. Ikkaku agitó su arma, sacudiendo los cadáveres de ella y apartando de una patada un trozo de salamandra. La barrera invisible cedió, y corrió hacia el hueco que había abandonado su compañero.

—¿Job, level, estatus? —inquirió el lancer a gritos mientras sostenía por el brazo un chaval de pelo rubio alborotado.

—¡Alchemist, alto, mierda, cuidado! —El rubio lanzó una botella de algo explosivo contra los lagartos que se les venían encima, y que procedieron a saltar por los aires.

—¡No sé qué es esa mierda, pero me gusta! ¡Dame veinte! —al oír a Ikkaku el alchemist rompió a reír y enarboló un hacha con ambas manos.

—¡En cuanto tenga dos minutos para fabricar, vas a ver tú los fuegos artificiales colega!

—¿Qué llevas encima? —preguntó el lancer girando el mástil con fuerza y esquivando un trozo de madera en llamas que cayó de un tejado.

—Mucha mierda, sólo necesito poder mezclarla, y soy muy rápido.

—¿Tienes algo de área?

—De eso se encarga Etro, —dijo el rubio descabezando limpiamente a un draconiano.— ¡Etro, área!

La chiquilla a la que Yumichika protegía asintió al oír al alchemist, se apartó el pelo de la cara, levantó los brazos una vez más y empezó a invocar. Su voz clara se elevó por encima del campo de batalla, resonando como una campana al sol de la tarde. En un enorme radio a su alrededor, los jugadores que se defendían en grupos vieron subir sus niveles de vida al máximo, sus armas refulgir con bendiciones de ataque y sus auras brillar con hechizos protectores.

Ikkaku dejó escapar un resoplido incrédulo. No quería hablar antes de tiempo pero a lo mejor tampoco estaba todo perdido.

—¿Verdad que es la leche? —a su lado el alchemist parecía que no cabía en sí de orgullo.

La champion bajita y morena con la que había hablado en la entrada apareció a su lado con un derrape y una pirueta casi aérea que describió un arco por encima de sus cabezas.

—¡Hola preciosa, me alegro de verte! —el lancer echó una ojeada por la zona buscando a Yumichika. Cuando lo encontró se dirigió otra vez a la muchacha.— Si necesitáis algo, soy Ichiban, ¿me guardas el sitio?

Moondancer, —se presentó ella, y lo despidió al mismo tiempo con un gesto de mano.— ¡Gracias!

Ikkaku corrió hacia el centro de la plaza, se trepó a las ruinas amontonadas de varios puestos de mercado e inspeccionó el campo.

Las llamas habían ido cerrando el cerco, consumiendo los edificios a su paso; los tejados por los que habían llegado a la carrera resultaban ahora poco más que impracticables.  Frente a él el alchemist y la champion estaban en primera línea de defensa, con un buen combo de ataques a corta distancia. A su derecha algo más allá un nutrido grupo de soldiers apretaba filas en torno a un par de magos que se turnaban para castear curas y hechizos, mientras intentaban sacar a otros jugadores de entre los escombros de la antigua torre del teatro de la ciudad.
Un poco más atrás de donde estaba él podía oír gruñidos de algún animal y una melodía de flauta. Eso quería decir que había un bardo, y probablemente algún hunter con su acompañante peludo.
Justo debajo tenía a Yumichika cuidando de la invocadora que iba a ser su as en la manga.

Sobre la ciudad, en el aire, el samurai se batía incansable contra los dragones.

Ikkaku se frotó las manos por la cara, escupió de lado, y después de hacer crujir sus nudillos, se llevó dos dedos de cada mano a la boca.
El silbido agudo y penetrante que surcó el aire tuvo el mismo efecto que si alguien hubiera pulsado el botón de pausa durante unos momentos.

—¡Necesito soldiers alrededor de éste perímetro, gente de ataques cuerpo a cuerpo y rango corto distribuíos para que no haya huecos descubiertos en primera línea! ¡Etro, ven aquí, al centro! ¡Magos, a su alrededor, cerrad el círculo! —A la voz potente y autoritaria del lancer, los jugadores empezaron a correr hacia las posiciones que les iba indicando sin pensárselo dos veces.— ¡Bardos, alquimistas, clase archer y rango largo en segunda fila!

—¿Y el oso? —preguntó una voz dubitativa. Había acertado, un hunter.

—¿Lanza rayos láser por los ojos? ¿No? ¡Pues en primera fila, y tú detrás!

—¿Y yo? —el ninja había saltado junto a él, ahora que la invocadora estaba a salvo y con una fuente segura de maná.

—Tú donde quieras, como si pudiera pararte alguien. —Ikkaku sonrió feroz, y Yumichika le devolvió el gesto.

—Bueno, pues entonces, a bailar.

***



Animalicos invitados: Salamandras, Hombres-lagarto, Draconianos, Bahamut, Proto-Bahamut
« Last Edit: February 27, 2018, 11:49:19 AM by Airin »

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Airin

Re: neverland 1.1: you can (not) escape
« Reply #209: December 31, 2017, 07:59:53 PM »
No icons, we party hard, we die in the dark. Feliz 2018



~+37~



Las espesas nubes oscuras que se habían ido arremolinando en torno a la batalla aérea parecían querer descargar una tormenta violenta sobre la cuidad medio en ruinas. A Ikkaku no le habría importado algo de lluvia que apagase los focos que ardían sin control, pero el tinte ligeramente verdoso que reflejaban no tenía pinta de prometer nada bueno.

Sabía, por los tres o cuatro mensajeros que se habían prestado voluntarios a comunicar los distintos frentes abiertos, que la forma más eficaz de curar y mantener a salvo a los heridos era sacándolos de los límites de la ciudad. Mientras quedase alguien para distraer su atención, los bosses y sus séquitos no abandonaban su asedio, y el bosquecillo frente a las puertas se había convertido en algo así como un hospital de campaña improvisado.

Con una buena organización defensiva habían conseguido mantener sus posiciones durante un par de horas interminablemente largas y aunque había habido bajas, casi de milagro ninguna había sido definitiva. Un shapeshifter de pelo blanco y escamas en la cara incluso había vuelto corriendo a la batalla al perder una vida y respawnear en mitad del bosque.

Ganasen o no, Ikkaku se sentía orgulloso de haber jugado con aquellos chavales. Pero quería ganar. Necesitaban ganar.

Y justo cuando apenas quedaban monstruos de las comitivas de los dragones, y muchos de ellos parecían pensar que tenían la partida ganada, el suelo empezó a temblar.

De no haber sido por las caras asustadas y las exclamaciones de sorpresa de la gente de apoyo que permanecía inmóvil en su puesto asignado, los que luchaban contra salamandras o draconianos no se habrían dado cuenta de forma inmediata, ocupados con sus peleas. Pero lo que empezó como una especie de vibración, un movimiento como si el metro pasase por debajo de Palanthas, rápidamente se transformó en convulsiones y sacudidas dignas de un auténtico terremoto.

Ikkaku maldijo, y buscó a Yumichika por sus alrededores con la mirada, hasta encontrarlo en pie y corriendo en guardia hacia el centro de la resistencia, donde descansaba la pequeña invocadora con cara pálida. Un grito de angustia colectiva le hizo girarse de nuevo hacia el frente, y las tripas se le hicieron un nudo al ver como el samurai caía al vacío, describiendo espirales mientras aquella ala negra y magnífica se deshacía dejando un rastro de plumas en el aire.

Entonces las ruinas que quedaban amontonadas de lo que había sido la torre del teatro de Palanthas explotaron, y una onda expansiva silenciosa se extendió hasta llenar por completo el perímetro de la ciudad. Un pulso electromagnético recorrió la plaza tumbando a amigos y haciendo agitarse a enemigos, achicharrando a los cortejos que aún atacaban a los jugadores y esparciéndose como una esfera de energía cubriendo el aire hasta chocar contra los dragones que habían hecho caer al samurai.

Ambos Bahamut rugieron y se retorcieron cuando la explosión de energía los envolvió, con la potencia justa y necesaria para desmenuzar sus cuerpos en píxeles sobre los tejados, sin haber podido recuperar puntos de vida después de los ataques continuos que habían recibido hasta hacía momentos.

Y sin saberse muy bien cómo, igual que había empezado, acabó.

Las nubes que se habían cernido pesadas dejaron caer la lluvia que llevaban dentro; gritos, vítores, y lloros empezaron a poblar el aire del atardecer.






La sensación de flotar era extraña. Una pequeña parte consciente de su mente le decía que algo así no debería haber sido posible, el resto se dejaba llevar por la corriente sin oponer resistencia.
Unas manos pequeñas y frescas le tocaron la cara, apartándole el pelo húmedo con suavidad.

—Vamos Seph, no seas perezoso, te estamos esperando. ¿Hasta cuando piensas seguir durmiendo?

El samurai abrió los ojos y parpadeó confuso, el reflejo naranja del atardecer bañaba las ruinas de la ciudad, y donde antes ardían las llamas ahora humeaban los rescoldos mojados bajo la lluvia.

La joven de pelo castaño que sonreía inclinada sobre él se apartó un poco hacia atrás, dejándole ver donde más allá se congregaba un grupo de gente que reconocía. Observó al lancer y al ninja que había reclutado en las puertas y que habían resultado ser un instrumento clave en la defensa de Palanthas conversando con la chiquilla de pelo azulado que había estado invocando barreras de protección hasta el agotamiento. Vio como la champion y el alquimista chiflado revoloteaban alrededor de un mago con cara de pocos amigos y paciencia resignada, y volvió a girarse a la muchacha que le había hablado.

—¿Aerith? —preguntó incrédulo.

—Por aquí me llaman FlowerGirl,—respondió ella con una sonrisa traviesa y un dedo empujando contra su mejilla.

—Entonces llámame OneWingedAngel, —replicó el hombre rodando los ojos e incorporándose hasta quedar sentado.

—¿Te han dicho alguna vez que eres un poquito pomposo, Seph?

—Parece que tu mago va a explotar.

Aerith se encogió de hombros con despreocupación.

—Nah, aún no tiene suficiente maná para explotar otra vez.
« Last Edit: February 27, 2018, 11:52:39 AM by Airin »

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