Author Topic: neverland 2.2: you can (not) fight  (Read 6521 times)


Airin

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #45: February 28, 2018, 04:59:36 PM »
Tengo iconos en un post sin reeditar, qué es esto xD. ¿Estreno tema? Hey. REUNION. xD




~+38~


Habían salido de Snowbelle antes de que amaneciera, montado en sus motos de nieve y puesto rumbo a Devil’s Mouth dispuestos a llegar hasta el fondo de la dungeon y no salir sin haber completado su quest y tener acumulada la experiencia necesaria para subir de job o cambiar por puntos. Le habían dejado una nota de agradecimiento a Neko firmada por los cuatro, por tomarse las molestias de arreglarles el equipo de viaje; aunque como había contado Fíli, parecía que trastear entre motores era una especie de terapia ocupacional para la chica.

Cuando el sol empezaba a despuntar por el horizonte Pip había decidido que una carrera para empezar el día era justa y necesaria. Como también sería justa y necesaria su visita al otorrino después del grito agudo potente y sostenido que había dejado escapar Airin agarrada detrás de él cuando había pisado a fondo el acelerador. Y que alegremente había repetido varias veces después de eso.
Bueno, había razonado llevándose un dedo a la oreja y sacudiendo mientras conducía con la otra mano, al menos como party oficial que eran, estaba bien que Valhalla tuviera un grito de guerra.

Habían llegado enteros al pie de la montaña y después de ascender el empinado camino entre las rocas habían hecho una pausa de inventario previo en la boca de la cueva. Y de almuerzo, porque uno no se metía en una dungeon con el estómago vacío y el maná más bajo del cien por ciento.  No serían ni las nueve de la mañana dentro del juego.
Alrededor de las cuatro de la tarde habían concluido su misión con éxito y empezado el camino de vuelta hacia el valle helado desde donde pensaban retomar el viaje en moto de nieve.

—Aquí no se corta la cobertura ¿verdad? —Fíli llevaba ya un rato con la mosca detrás de la oreja, revisando sus mensajes en la omnitool— Anir no me contesta.

Kíli y Pip intercambiaron una mirada cómplice llena de diversión, pero el entretenimiento empezó a extinguirse cuando Airin habló con el ceño fruncido.

—No debería, pero estoy intentando mandarte las fotos de antes y me rebotan constantemente.

Pip abrió su propia pantalla y empezó a tocar cosas aquí y allá, con la expresión cada vez un poco más ensombrecida.

—Aquí está pasando algo, salimos ya.

Los otros tres le miraron y obedecieron sin replicar, acomodándose sobre los vehículos con rapidez, preocupados. Esta vez Kíli fue conduciendo, mientras su hermano iba detrás intentando establecer contacto con la mechanic.

Poco antes de llegar a Snowbelle, Pip detuvo su moto. Kíli lo imitó, mirándolo con curiosidad pero sin decir nada. El gunslinger se pasó las manos por la cara, se cambió el parche de ojo y se bajó de la máquina.

—He pensado, que mejor vamos a Palanthas.

—Bueno, desde aquí podemos bajar en línea recta, —calculó Airin,— pero aún así vamos a tardar más que entrando a la ciudad y cogiendo un warp ¿no?

—¿Pero sabes si los warps entre ciudades funcionan? —preguntó Pip enroscándose la trenza alrededor del cuello con gesto serio. Al oír eso los hermanos se miraron entre ellos alarmados.

—Pues…

—¿Alguno de vosotros está pendiente de los anuncios o los chats principales?

—Yo he visto bastantes bajas en el tablón de anuncios, pero no sé si definitivas. —dijo Fíli con lentitud.— Pip, dínos qué piensas.

—Que me da mal rollo. Que no deberíamos separarnos, y que voy a ver si los warps privados funcionan.

—¿Tienes warp privado? —se sorprendió Kíli.

—Claro chaval, que soy VIP. —el gunslinger sonrió de costado, intentando la invocación del círculo de teletransporte mágico.

Pero aún hubieron de pasar más de veinte minutos caminando hasta que el comando funcionó y delante de ellos se abrió el warp de pago que Pip había anclado como punto de salida a una de sus cabañas de bosque.

—¡Puta madre! ¡Adentro! —los empujó hacia la corriente azulada entre protestas— ¡Mujeres y niños primero!



Cuando llegaron al final del bosque se encontraron con la hondonada que daba a la bahía. Donde antes se alzaba hermosa y despreocupada la ciudad que ejercía como sede central de los bardos, ahora sólo quedaban ruinas y edificios calcinados.  Murallas derruidas y escombros humeantes por todas partes, y el suelo mojado como si hubiera llovido.

—¿Qué? …  Qué.—el gunslinger se limpió la nariz con el dorso de los dedos.— Hijo de la grandísima puta, mal píxel que le parió.

Sin decir nada, Airin echó a correr hacia la ciudad, dejándolos atrás.





No supo muy bien cómo había llegado sin accidentarse por el camino, allá donde mirase eran todo trozos de paredes caídas y tablones quemados. Aquello había sido una taberna. Eso de ahí una armería. Giró sobre sí misma observando el panorama con la respiración cada vez más ahogada y los bordes de su visión oscureciéndose por momentos. La chica no fue realmente consciente de lo que sentía hasta que notó el ardor repentino de un cachete en su mejilla, y el desconcierto la sacó del pánico en auge.

—Respira bien. —dijo una voz profunda que le hizo mirar hacia arriba.

Aturdida, no se dio cuenta de que las lágrimas le caían libremente por las mejillas. El hombre la miró con gesto de desaprobación, y entonces cayó en la cuenta de que sabía quién era. Y que el disgusto no iba necesariamente dirigido hacia su persona.

—Ha pasado mucho tiempo. No puedo decir que me alegre de verte aquí, Airin.

—¿Sephiroth? —preguntó la pelirroja llevándose una mano a la cara con incredulidad.— No pensaba que jugases a…. estas cosas.

El hombre se quedó contemplándola con cara inexpresiva por el largo intervalo de cinco segundos, después de los cuales cedió como había hecho siempre antes con ella, y su rostro fue la viva imagen de la resignación al martirio. Sacó un pañuelo de alguno de los bolsillos de su larga gabardina negra, y procedió a restregarlo por la cara de la chica.

—Ay, no, para, ¡que ya no tengo cinco años!

—Afortunadamente para todos. —replicó él impasible.

La cleric de pelo castaño que había estado dando heal por aquí y por allá después vencer a los bosses se acercó con curiosidad al ver al samurai prestándose voluntario a mantener una conversación con otra persona, y abrió mucho los ojos al ser testigo de cómo se comportaba.

—¿Seph? —canturreó Aerith con tono juguetón,— ¿Hay algo que no me hayas contado?

—Menos cosas de las que me gustaría. —refunfuñó él.

—Boh, no seas así de cascarrabias. —la mujer se le agarró del brazo, y se asomó desde su costado dirigiéndose a Airin con una sonrisa.— Hola, ¿necesitas heal?

La pelirroja parpadeó, mirando de uno a otro varias veces.

—No, no. Estoy bien, acabo de llegar. —se pasó el pañuelo por la nariz ella sola y después se giró al samurai.— ¿Sois hermanos?

—¡Si! —dijo la mujer.

—¡De ninguna manera! —negó tajantemente él.

—Oh vamos Seph, ¡eres lo más parecido a un hermano que tengo! —Aerith le agitó el brazo.

—Eso no justifica la apropiación familiar indebida. —una ceja grisácea se arqueó con severidad.

—Sigues usando palabras demasiado grandes. —Airin entrecerró los ojos, y arrugó la nariz cuando el hombre le puso la mano en la frente y empujó ligeramente hacia atrás como queriendo apartarla.— ¿Has hecho trampas en el juego o te conservas bien para ser un viejo? Juegas al engaño, cuando era pequeña ya tenías el pelo canoso.

La cleric se echó a reír con deleite.

Sephiroth a punto estuvo de recriminarle que las canas se las había sacado el salvaje de su hermano en las dos veces que su padre lo había llevado con él al trabajo, pero se lo pensó mejor y decidió omitir la información privada en público. Aunque no vio ningún mal en aclarar de qué se conocían exactamente.

—Cuando salí de la academia, me pusieron a las órdenes de su padre como inspector jefe. Y como Airin aún era una mocosa, cuando no tenía con quién dejarla la traía a la oficina para que durmiera en el sofá y el novato, —se señaló con el pulgar mientras hablaba en voz baja,— le echase un ojo mientras redactaba informes.

—Aaw, que monis. —dijo Aerith juntando las manos sobre el pecho.— Voy a seguir haciendo la ronda ¿vale? Portaos bien.

Los otros dos se quedaron examinándose mutuamente durante unos momentos.

—¿Estás de ilegal? —preguntó el samurai.

—Define ilegal. —la soldier cruzó los brazos sobre el pecho y levantó la mirada hacia él sin levantar el rostro.

—Server clandestino. No pongas tu cara de pelea.

—No tengo una cara de pelea, pego y ya.

—Madre dame paciencia, —murmuró Sephiroth.

Con un tropezón Kíli apareció de repente junto a la pelirroja, apoyándose en su hombro para no darse de bruces contra el suelo a los pies del hombre.

—¡Airi! —resopló apartándose el pelo oscuro de la cara.— ¡Te has largado así sin más!

La chica le miró contrita, y le pasó la mano por detrás de la cintura bajo el carcaj, agarrando su túnica de arquero.

—Lo siento.

—Mujer, no pasa nada, pero no te encontrábamos y estaba empezando a preocuparme. —dijo Kíli frotándole el hombro en el que tenía puesta la mano.— Uhm, eh, ¿interrumpo?

—Ya veo que al menos no estás sola aquí dentro. —dijo Sephiroth inclinando la cabeza a modo de saludo y despedida, con un pequeño levantamiento de comisuras en dirección a la chica.— Estaremos en contacto.

Se dio la vuelta para encontrarse de frente con el lancer que había capitaneado la defensa de la ciudad, y lo hizo a tiempo de verle cambiar el gesto de responsabilidad por una expresión de sorpresa, alivio, e indignación todo en uno.

—¡RAIKO! —el rugido de Ikkaku rebotó por entre las ruinas haciendo que varias cabezas se girasen alarmadas.




.

~      H e g o a k    e b a k i    b a n i z k i o,    n e r i a    i z a n g o    z e n,    e z    z u e n    a l d e g i n g o.       ~
~      B a i n a n    h o n e l a,    e z    z e n    g e h i a g o    t x o r i a    i z a n g o,      ~
~      e t a    n i k    t x o r i a    n u e n


Neko

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #46: February 28, 2018, 07:35:43 PM »
Me muero de sueño, mañana le doy formato



Necesitaron un rato antes de que los magos blancos se hubieran encargado de devolver a todos los jugadores a un nivel de vida decente, aunque SleepingBeauty se había apresurado en curar a Bennu como agradecimiento por todo lo que había hecho por ellos.
La chica no tenía que decir nada, Ikki lo podía ver en sus ojos brillantes, leer en su sonrisa amable… Acababa de ganarse una amistad. Aunque cuando alguien dejó caer a su lado a Spark, que lo abrazó entre risas, supo que se había ganado más de una.

—¡Quita, hombre! —se quejó Ikki, intentando liberarse de las zarpas del beastmaster.

Thunderstruck le había dado una colleja a su hermano, pero no podía dejar de sonreír aunque tenía el ceño fruncido. Todo era muy raro.

—Y supongo que tú eres el Líder del equipo… —escuchó cuando por fin estaba empezando a levantarse, con la ayuda del mago negro.

Ikki se giró para encontrarse con un alchemist de pelo azul celeste y una sonrisa coqueta en los labios. Un molbol chiquitín le trepaba por la pierna, aullando con ruiditos de cachorro demasiado adorables para tanto diente afilado.

—Supongo que sí. —contestó Bennu, cruzándose de brazos mientras Shun frotaba la nariz contra la de su conejito, ahí, en el suelo.

El desconocido cargó al molbol antes de rascarle la corona de hojas, lo que pareció gustarle si es que Ikki estaba interpretando bien el movimiento de sus raíces y lianas y la manera de abrir las fauces y dejar colgar la lengua babosa.

—Esta es Rosie y yo soy Afrodita —se presentó—. De nada.

A Ikki se le disparó una ceja y por un momento compartió una mirada airada con el mago negro. Demonios, necesitaba preguntarle el nombre. O el nick. No podía seguir refiriéndose a él como ‘mago negro’ para toda la vida.

Mientras Ikki estaba abriendo la boca, Shun se levantó de golpe, poniendo a Marshmallow sobre su cabeza mientras Lulú le perseguía los pies.

—¿Ese es el molbol que ha paralizado al boos? —preguntó Shun, acercándose un poquito más para acercarle la mano.

Ikki quería decirle que no hiciese eso, pero el molbol parecía estar oliéndole la mano antes de estirarse un poco para dejar que le rascase las ramas de la espalda.
Aquello no podía ser muy sano.

—Sí, la misma —afirmó Afrodita con una sonrisa torcida—. Rosie es magnífica, ¿verdad? Es un homúnculo de segunda evolución.

Entonces se giró de nuevo hacia Ikki, mirándole de arriba a abajo antes de sonreír, esta vez mucho más calmado, agradable incluso.

—Un hombre que inspira a tanta gente merece mi respeto —dijo antes de cabecear y dejar a Rosie en brazos de Shun para abrir su omnitool—. Ah, sí. Me ha caído algo cuando ha muerto el boss, una de tus chicas me ha unido a la party.

A Ikki le saltó el aviso de trade y levantó el brazo para abrir la omnitool y aceptar el trueque.

—Todo tuyo —canturreó Afrodita antes de deslizar el dedo con elegancia por la pantalla de la  omnitool—. Supongo que el karma es una cosa que funciona.

—¿Qué? —preguntó Ikki mientras miraba el amuleto y cerraba el trato.

—Nada, nada. Unos… —hizo una pausa con suspiro incluido antes de continuar—. Amigos, unos amigos me ayudaron y ahora es mi turno de devolver el favor al mundo.

Ikki se tragó una risa antes de preguntar.

—¿Qué era eso, tu buena acción del día?

Afrodita sonrió ahora mucho más amenazante.

—¡Exactamente! Mi molbol, por favor —pidió estirando los brazos hacia Shun, que le devolvió a Rosie—. Gracias. ¡A más ver!

Rosie se agarraba del brazo de Afrodita con sus tentáculos y movió algunos para despedirse del grupo mientras Afrodita se daba la vuelta y desaparecía entre las calles medio en ruinas de Lavender Town.

Shun estaba aún despidiéndose con la mano y una sonrisa cuando Ikki le preguntó qué mierdas había sido eso.

—Gente buena, Ikki. Es algo que existe.

—No sé porque, no acabo de creérmelo. —dijo mientras dejaba caer su mano en el hombro de su hermano.

No que creyese que la gente buena no existía, ahí estaba Shun para probarlo, pero aquel alquimista no le acababa de dar esa sensación de bondad que su hermano destilaba por todas partes.
Un pequeño pero claro carraspeo le llamó la atención y le hizo girarse hacia alguien más. El mago negro.

—Ha sido un honor trabajar bajo tu mando, pero no sabemos si el boss va a volver a no. ¿Es seguro quedarse aquí? —preguntó.

Y esa era una duda válida a la que no tenía respuesta. Ikki se encogió de un hombro mientras negaba con la cabeza y el mago miró hacia un lado.

—Ya veo.

—Un… —empezó a decir Ikki antes de toser—. Un amigo de mi hermano estaba en Columbia, la ciudad estaba asediada por bosses. ¡Shun!

Shun se giró todo felicidad, se había puesto a hablar con otros magos blancos, parecía que estaban de concilio.

—¿Has sabido algo más de Hyoga? —preguntó al final, porque el parpadeo brillante de su hermano le hacía hablar rápido.

La cara de Shun pasó de lucecitas a rostro cetrino en cero coma dos segundos y no perdió el tiempo antes de escribir a su compañero de Guild.

—¿Hay más asedios? —preguntó alguien, acercándose.

Ikki no hizo demasiado caso, esperando por la respuesta de Shun.

—Pregúntale si han acabado con el boss y si ha respawneado. —ordenó cruzándose de brazos.

Shun no tardó en contestar: Sí, habían acabado con los bosses hacía rato; no, no parecían reaparecer en el área. Todo había vuelto a la normalidad. O al menos a lo que se podía considerar normalidad en una ciudad flotante dividida entre alquimistas y magos que acababa de ser atacada por hordas de monstruos comandados por dos bosses sin igual.
El mago negro asintió con la cabeza al oír la noticia, pareciendo un poco más tranquilo.

Fue justo entonces cuando sonó la misma voz del primer anuncio, la que suponían que era la voz del GM, anunciando lo que estaba ocurriendo en otras ciudades, lo que estaba pasando en ese pequeño mundo entero, bajo su yugo.


————

Había pasado una hora desde el anuncio del GM en Lavender Town y parecía que la sensación de unidad seguía flotando por el ambiente a la vez que la gran party se había vuelto a dividir en pequeños grupos de usuarios conocidos.

—¿Y ahora qué vais a hacer? —preguntó SleepingBeauty, con una sonrisita amable en los labios.

—Nosotros nos vamos a Amarillo —dijo Thunderstruck, apoyando la mano en el hombro de su hermano—. Spark necesita estudiar más bestias.

—¿Con Zapdos no le basta? —preguntó Ikki, sorprendido de verdad.

—¡No! ¡Siempre a la caza! ¡Y si los cuidas desde que son huevos mejor!

—¿Qué?

—Nada, ignoralo. —le aconsejó Thunder a Bennu que asintió con la cabeza.

—¿Y tú? —preguntó SleepingBeauty hacia el mago negro que seguía cerca de ellos pero dándoles la espalda.

El chico pareció dar un respingo antes de darse la vuelta y reponerse del sonrojo.

—¿Yo? Ah… estaba pensando en ir a Ding Dong Dell, pero… no creo que sea el mejor momento.

Pasaron unos segundos callados, cada cual ponderando la situación en la que estaban.

—¿Y si…? —empezó a decir Shun, levantando una mano—. ¿Y si hacemos noche aquí? La posada que hay en la salida norte debería estar intacta.

Dos o tres segundos más y Thunderstruck saltó por una pared hasta el techo y empezó a correr de casa en casa.

—¡Reserva para todos! —gritó Spark, saludando desde el suelo, aunque su hermana ya estaba bastante lejos.

Ikki estaba siguiendo su estela a paso rápido y Shun y SleepingBeauty correteaban detrás de él.
Spark tenía las manos en la cadera y miró al mago negro antes de preguntarle:

—¿Qué, te vienes?

—¿Tengo otra opción?

Spark le dio una buena palmada en la espalda y empezó a caminar empujándole mientras le contaba sobre el buen corazón de su hermana.
Mentiras, todo mentiras.


————

Para se reunieron todos en el motel, Thunder ya tenía unas cuantas llaves dando vueltas de sus índices y una sonrisa demasiado satisfecha de sí misma. Otros jugadores empezaban a llegar para pedir una habitación para pasar la noche.

—Nos he conseguido habitaciones con sala común para todos —les dijo, repartiendo los llaveros—. Ya me pagaréis luego.

—Yo… no sé si voy a poder. —explicó el mago, con algo de vergüenza rabioso en su ceño fruncido y sus puños cerrados.

—Se lo pago yo, ¿cuánto es?

Ikki ya le había abierto trade a Thunderstruck mientras el mago se quedó anonadado y Spark sonreía. Shun tenía los dedos entrelazados en un rezo debajo de la barbilla y los ojos brillantes mientras SleepingBeauty miraba de un lado a otro agradablemente sorprendida.

—P-pero ¿por qué? —balbuceó el mago.

—Me salvaste la vida, no me gusta deber cosas. Sólo es una habitación. —replicó Ikki mientras acababa la transacción.

—Tres, tres habitaciones, te he cobrado también la de tu hermano.

Ikki rodó los ojos, pero se encogió de hombros después. Iba a pagar la de su hermano igualmente.

—Pues no están mal de precio.

—Ya ves. —contestó Thunder.

—Y hablando de eso, ¿cómo te llamas? —preguntó Ikki, girándose hacia el mago negro.

—DeadEnd —se presentó—. Ender ya estaba cogido.

—Que putada. —comentó Thunder mientras los guiaba hacia las habitaciones.

—A todos nos ha pasado alguna vez, yo tuve que cogérmelo junto en vez de separado. —añadió SleepingBeauty.
—Yo no tuve problemas. —aportó Shun, de nick Andromeda.

—Ni los deberías tener —sentenció Ikki antes de girarse de nuevo hacia el mago, que andaba detrás de él—. ¿Y tu nombre? Ya sabes, el real. Yo soy Ikki.

—Dominic.

—Y… Dominic, ¿por qué quieres ir a Ding Dong Dell? —preguntó SleepingBeauty que esperó un par de pasos para ir a su lado.

Dominic se levantó un poco el cuello de la túnica.

—Quiero cambiar de job, quiero ser Totemist. Ya tengo suficiente nivel.

—¿Y tienes alguien con quien ir? —preguntó la chica esta vez.

Shun también se unió a su fila para unirse a la conversación.

—¡A mí me queda poco para poder cambiar de job! Quiero ser adept.

—Oh, esa es una buena elección —contestó SleepingBeauty antes de que los dos, ella y Shun, mirasen fijamente a Dominic.

El mago negro volvió a ajustarse el cuello alto de la túnica.

—Uh, no.

SleepingBeauty y Shun compartieron una miradita preocupada.

—¿No tienes a nadie? —insistió Shun.

—No… en realidad, todos mis amigos están fuera. No he podido contactar con nadie aquí.

Shun se paró para ponerle una mano en el hombro y SleepingBeauty le miró con infernal obstinación de mago blanco, levantando sus puñitos a la altura de su pecho con un gesto alentador.

—¡Eso es mentira! ¡Ahora tienes amigos!

Spark, que oyó la palabra amigos, se unió a los rezagados sin ninguna duda.

—¡Si alguien necesita amigos aquí estamos mi hermana y yo!

—¡A mí no me metas! —rezongó Raimei—. Hermanos…

—¡Y a mí y a mi hermano! —añadió Shun, todo furia luminosa.

—¡Ey! —exclamó Ikki, que no dijo nada más mientras abría la puerta de la sala común—. Todos adentro, ¡vamos!

El grupo acabó por entrar nada más por ver cómo era la sala, pero en cuanto vieron los sofás y la alfombra en el suelo, acabaron todos amontonados mientras ordenaban que les trajesen comida de inmediato. Salvar la ciudad les había dejado agotados y con hambre.

—¡Reunión de equipo! —dijo Spark mientras se tiraba a lo largo en uno de los sofás.

—¡Ey, deja algo para los demás! —avisó Raimei antes de tirarse encima de su hermano.

Acabaron rodando y cayendo los dos al suelo mientras SleepingBeauty, que ahora todos sabían que se llama Aya, dejaba la comida en la mesita baja en el centro de los sofás.

Dominic tardó un poco en acercarse a la zona, agarrando un bocadillo y dando las gracias. Ikki ya se había apalancado en el sillón y Shun le acercó algo de comida antes de sentarse en el suelo, apoyado en el sillón.

—Realmente sí que parece un equipo, ¿verdad, hermano?

Oh, sí que lo parecía. Ikki no quería sonreír, pero lo estaba haciendo.


Neko

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #47: March 31, 2018, 12:30:51 PM »
53.

La mañana había llegado y con ella, había decisiones que tomar, aunque no había sido muy difícil hacerlo.

—¡Te echaré de menos! —exclamó Spark mientras abrazaba con fuerza a Ikki, que apenas podía levantar los brazos para darle palmaditas al otro joven.

Spark lo apartó, agarrándole de los hombros con una sonrisa brillante. Y cuando Ikki estaba empezando a saborear el aire lo volvió a abrazar. Los ruiditos indignos que salieron de su garganta hicieron reír a Thunder a su lado, que se giró al notar un par de golpecitos en su hombro.

—¡Ha sido un placer! —dijo Shun antes de abrazarla.

Ahora era el turno de Raimei de agonizar e Ikki la miró sonriendo con malicia mientras Spark aún le estrujaba.
Y cuando acabaron con eso, asegurándose de tener los datos de contacto de todos, cada grupo se fue por su lado.

—¿Estarán bien, hermano?

—Claro que sí. —aseguró Ikki mientras observaban la destrucción a la que había sido sometida Prorencia.

Aya chocó su hombro contra Shun, sonriendo divertida.

—Esos dos pueden cuidarse solos, además… —Y levantó los puños mientras cambiaba su expresión a una decidida—. ¡En cuanto sea Acolyte volveré con ellos!

Shun imitó su gesto y los dos asintieron a la vez.

—Espero que la iglesia siga en pie… —comentó Dominic, ajustándose el cuello de la túnica.

—Y que los npcs estén en el mismo sitio, ¿si no cómo los encontraremos? —preguntó Aya, contrariada de repente.

—Con el tablón para novatos. Si no están en su lugar habitual, en el tablón para novatos tendrían que estar las coordenadas actualizadas de los npcs. —contestó Ikki, caminando con una mano sobre el pomo de su espada.

Los otros tres le seguían como borreguitos persiguiendo a su madre. No tardaron mucho en llegar hasta la plaza de la iglesia y cuando entraron en ella se dieron cuenta de que faltaba una de las torres y el campanario tenía un buen mordisco.
Extrañamente, parecía que alguien estaba montando andamios alrededor.

—¿Serán npcs? —preguntó Shun, agarrándose al brazo de su hermano mientras buscaban la manera de entrar a la iglesia: la puerta principal estaba cerrada.

Aya señaló una portezuela en el costado de la iglesia por la que había visto entrar a alguien.

—O tal vez alguna guild de la ciudad… —añadió DeadEnd.

—Como sea. —cortó Ikki, intentando que todos avanzasen en dirección a aquella pequeña entrada.

Y mientras Shun y Aya buscaban a los sacerdotes que tenían que darles sus respectivas quests, Dominic e Ikki esperaron sentados frente al altar.

Dominic tenía los dedos entrelazados y las manos entre las rodillas, con las piernas un poco abiertas y el cuerpo echado hacia delante, mirando el suelo de piedra de la iglesia, mientras Ikki estaba reclinado contra el respaldo del banco, con la mirada perdida en las imágenes de santos frente a él.
Shun había tenido a bien llevarse a Lulú con él, correteando al lado de Marshmallow, mientras buscaba al oficiante de la iglesia de Prorencia.

Dominic levantó la cabeza para mirar en frente e Ikki observó su perfil por un momento. El chico parecía solemne y era fácil estar callado a su lado sin sentirse incómodo.
No había sido difícil convencerlo de que sería mejor llevar dos magos blancos más avanzados para acompañarle en su quest de totemist. Y teniendo en cuenta lo cortas que solían ser las quests de cambio de profesión de la mayoría de segundos jobs de magos blancos… tenía cierta lógica su argumento.

Aya fue la primera en volver, haciendo resonar sus botitas por el pavimento mientras llegaba corriendo desde una capilla adyacente.

—¡Ya tengo mi quest! Sólo necesito ir a visitar a un… monje, a un monje que no está muy lejos de Prorencia. Cerca de Prayers Cave —y levantó un pergamino que enseñó con orgullo—. Tengo que llevarle esto y traerlo de vuelta.

—Pan comido. —dijo Ikki mientras se incorporaba un poco.

Aya le sonrió y se sentó entre los dos, preguntándole a Ikki sobre Lulú y mascotas en general, haciendo tiempo antes de que volviera Shun.

—Realmente quiero una mascota… pero aún no sé si quiero un perrito o un gatito. —informó mientras se llevaba un índice a la barbilla.

—En Ding Dong Dell hay muchos gatos… —murmuró Dominic, quien parecía que aquel ambiente eclesiástico le estaba afectando un poco.

Aya sonrió otra vez, pero al ver a Shun llegar hasta ellos cambió de conversación.

—¿Dónde tienes que ir?

—A Fisherman’s Horizon, tengo que hablar con un tal Don Dayan, un sacerdote local.

Ikki se palmeó las rodillas antes de levantarse y Lulú empezó a trotar alrededor de sus pies, oliéndole las botas antes de poner sus patitas encima de ellas y lamerse la nariz.

—Supongo que aquí es donde nos separamos. —dictó DeadEnd.

—¡Pero nos veremos pronto! —trinó SleepingBeauty.

—¡En cuanto terminemos la quest! —añadió Andromeda.

—Nos vemos en unas horas. —se despidió Bennu, agachándose para agarrar a la perrita que ahora jadeaba contenta sobre su brazo.

Y mientras los demás sacudían las manos y se dedicaban unas palabras de ánimo, empezó a salir de la iglesia con la cabeza alta, con Kyrie Eleison marcando el ritmo de sus pasos.


————

Encontrar a Don Dayan no había sido difícil, pero hacerle entender exactamente porque estaban allí sí.

—Pero si lo han creado sólo para esto… —rezongó Ikki, gruñendo con la mano sobre la frente, mientras Shun hablaba con la paciencia de un santo con el npc.

Ikki ya le habría metido un espazado entre ceja y ceja. Y si no lo hacía era para que no los echasen de la pequeña ciudad.
Al final, a Shun se le ocurrió escribirlo y Don Dayan se ajustó las gafas entre sus espesas cejas blancas y exclamó con entendimiento.

—¡Aaaah! —y movió las cejas un poco más, abriendo bien los ojos—. Entiendo.

—Acabáramos… —murmuró Ikki, sentado en un banco cercano, con Lulú apoyada en su pecho, intentando comerle los mocos—. ¡Cht!

Y mientras Ikki luchaba contra su pequeño monstruo, Shun recogió todos los datos que necesitaba y levantó a Marshmallow del suelo para abrazarlo.
Ese conejo parecía que cada día era más grande. ¿Sería cosa del nivel que estaba ganando?

—Tenemos que ir a las ruinas que hay al sur de Palanthas… ¿hermano?

Ikki se había caído al otro lado del banco y tenía a Lulú levantada. La perrita estaba intentando morderse el rabo sin conseguirlo y estornudaba cada vez que los pelos de su propia cola le hacían cosquillas en la nariz.

Shun sonrió, pero ninguno de los dos comentó lo indigno de todo aquello.

—Vale, vamos.

Y con la brisa marina golpeando con suavidad contra ellos, buscaron el warp más cercano para ir hasta las Ruinas.
Ikki tuvo que ir pastoreando a su hermano porque se había empeñado en usar aquellos minutos para contactar con sus amigos para asegurarles de que estaban bien.


————

—Es el warp más caro que he pagado en mi vida… —murmuró Ikki mientras se ajustaba el casco de su querida armadura.

—¡Hermano! Si lo hubiese sabido te habría dicho de venir a pie…

Ikki frenó sus pasos y Shun casi se chocó con él, así que acabó sorteándolo y caminando a su lado.

—Eso nos habría retrasado mucho. Y tú quieres ayudar a DeadEnd.

—¡Tú también! —canturreó Shun, saltando con cuidado entre los adoquines rotos, invadidos por la maleza.

El mapa oficial de las Ruinas era un poco vago, pero tenía las indicaciones necesarias para llegar hasta el lugar que estaban buscando. Tampoco era tan difícil encontrar la torre más alta, la única que seguía entera de pie.
Aunque al rodearla para encontrar un acceso se dieron cuenta de que faltaban partes de la pared, dejando la escalera al descubierto. Algunos escalones en esa parte tenían a penas un palmo de ancho.

Ikki y Shun miraron con preocupación hacia arriba. Si se caían lo más probable es que acabasen perdiendo una vida, cosa que ahora mismo no se podían permitir.

—Por ahí parece que se puede entrar. —señaló Ikki, que tuvo que apartar las ramas bajas de un árbol para dejar al descubierto el camino.

La temperatura en aquel lugar era agradable y unos haces de luz bailaban en el semicírculo, rodeado de bancos, en frente de la torre.
Shun dejó a Marshmallow en el suelo, que se dedicó a hociquear entre la hierba y entró despacio al edificio, con cuidado de no pisar la puerta caída. Pero cuando Ikki intentó entrar acabó de bruces en el suelo.

—¿Qué…? —empezó a preguntar, parpadeando—. ¿Qué ha pasado?

Shun se dio la vuelta y caminó hacia su hermano, mientras Lulú se le subía al pecho para lamerle la nariz de nuevo. Ikki puso su mano en la espalda de la perrita y estiró la pierna hacia la entrada, pero un campo de fuerza transparente lo repelió.

—No puedo entrar. —dijo, bajando la pierna e intentando levantarse mientras el conejo de su hermano su tiraba al lado de su brazo, como creyendo que era la hora de hacer la siesta en comuna.

Shun sacó la mano sin problemas y la volvió a meter.

—Yo puedo salir… —empezó a decir mientras se frotaba la muñeca.

—Ya, pero tienes que ir arriba. —Ikki había recogido al conejo y ahora tenía a las dos mascotas en el regazo.

Se quedaron mirándose unos segundos antes de que Shun asintiera con la cabeza.

—Iré con cuidado. —aseguró.

—Más te vale, o Marshmallow te echará de menos.

Y la sonrisa de Shun se amplió más, con los ojos brillando mientras asentía.

Aunque el ascenso había tenido sus momentos complicados, Shun había ido despacio, concentrado, buscando siempre un buen apoyo. Y aunque tardó más de veinte minutos en completar el camino, lo hizo de una pieza.

—¡Uf! —exhaló al llegar arriba, quitándose el sudor de la frente y dándose unos segundos antes de explorar el lugar al que había llegado.

Era una habitación abierta, sin muebles. Había unas pocas ventanas, un par de sillas y una cuerda que colgaba del techo. Primero se asomó por las ventanas y no pudo evitar maravillarse con la vista. Y después de mandarle un mensaje a su hermano para informarle de que había llegado a lo alto de la torre, se puso debajo de la cuerda, estrechando los ojos para ver si podía adivinar que había allí arriba.

Y tiró de ella, porque no parecía haber otra cosa que hacer.
Unas escaleras de madera empezaron a bajar y Shun se apartó de golpe, dándose cuenta de que aquello era una trampilla.

El polvo se levantó, reflejando la luz que entraba por las ventanas desnudas y después de toser un par de veces, Shun subió lo que era el último tramo de escalera.
Pero al subir no vio nada más que el horizonte.

—¿Qué se supone que tengo que hacer? —se preguntó, con las manos en la cintura.

Estaba volviendo a la trampilla cuando el color del suelo le llamó la atención. Volvió sobre sus pasos y se agachó para apartar el polvo con la mano. Parecía haber un dibujo en el suelo y cuando, después de descubrirlo, se alejó unos pasos para observarlo, se preguntó:

—¿Un círculo de meditación?

Y sin nada mejor que hacer, se sentó en el suelo, en el centro del círculo y cerró los ojos mientras oía el viento y el gañido lejano de algún ave de presa.
Necesitaba algo en lo que concentrarse. El tacto de la roca bajo su cuerpo, la brisa entre sus dedos… su pelo revuelto.

Y mientras respiraba, lo oyó. El latido de su corazón.

Tu-tum. Tu-tum, sonaba. Estable, tranquilo, seguro.

Tu-tum. Un doble golpeteo entre sus costillas.

Tu-tum…

La luz se hizo tan intensa que la podía ver a través de sus párpados.

—Abre los ojos, Adepto. —le dijo la voz, tan estable, tranquilo y seguro como el latido de su corazón. Tan en el centro de su pecho.

Y abrió los ojos, despacio, tomando aire antes de levantar la cabeza, porque sabía que eso era lo próximo que le iba a pedir.

—Y mírame.

Delante de él, levitaba un ángel.
« Last Edit: March 31, 2018, 12:32:39 PM by Neko »


Airin

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #48: March 31, 2018, 04:56:40 PM »
gimme drugs plz




~+39~



—¡RAIKO! —el potente bramido hizo que la chica se encogiera contra el costado del arquero al que se agarraba.

Sephiroth miró de vuelta hacia Airin y entrecerró los ojos con sospecha.

—Eep. —dijo la chica en voz muy bajita.

—¿Lo conoces? —preguntó Kíli mirando de su compañera al lancer que se acercaba a pasos agigantados.

—La verdad es… que si. Solíamos estar en la misma party, antes. —murmuró Airin contra el hombro del moreno.

—¡TÚ! —exclamó el lancer agarrando a la pelirroja y agitándola adelante y atrás

—Hola Ichiban. —respondió la chica cerrando los ojos con fuerza y dejándose hacer sin oponer resistencia pero sin soltar a Kíli.

—¡Raiko! —volvió a exclamar el hombre con un poco menos de rabia bajo las atentas miradas del samurai y el arquero.

Brightblade. —dijo ella.

—¿Qué? —el lancer dejó de agitarla y se echó un poco hacia atrás, observándola con fijeza.

—Que mi nick es Brightblade. —corrigió la chica abriendo un ojo y mirando de soslayo.

—Te has cambiado.

—Sí. Malos recuerdos. —el hombre frunció el ceño al oír eso, pero ella sólo encogió un hombro levemente. Siendo quien era había estado en la mayoría de ocasiones y no creía que fuera necesario dar más explicaciones.

—Anda, ¿estamos de reencuentros? —Fíli se materializó junto a ella de forma repentina, una presencia sólida a su lado con los brazos cruzados que hizo que  tanto Airin como Kíli se relajasen imperceptiblemente.

El samurai contuvo una pequeña sonrisa al ver el efecto que tenía la tropa de refuerzo de un solo hombre, y cómo el lancer pasaba la vista de uno a otro sucesivamente. Algo más a lo lejos vio una figura alta y con sombrero que se acercaba hacia ellos sin prisas, y juzgó que probablemente sería el último miembro del grupo.

GoldenLion, —se presentó el recién llegado tendiendo una mano hacia el frente, a la espera de que alguno de los desconocidos se la estrechase.

Por lo que parecía, era de ese tipo de hombres cordiales y educados que te hacían quedar mal si no seguías el guión socialmente establecido, pensó Sephiroth curvando ligeramente una comisura de sus labios. Esa actitud le hacía sentir nostalgia. Se adelantó sin alargar más la pausa, agarrando la palma enguantada con la suya propia.

OneWingedAngel, —respondió el samurai con una inclinación de cabeza mínima pero suficiente en él para resultar en un gesto regio.

—¡General! —exclamó una voz que Airin reconoció de inmediato, y que tendría que haber esperado antes.

—Oh, ¿ahora me llaman así? —preguntó Sephiroth con tono divertido.

—Los soldiers quieren saber- ¿Qué demonios haces tú aquí a estas horas y dónde te habías metido? —Yumichika se interrumpió a sí mismo en cuanto vio a la chica.

—No me agites tú también. —dijo ella levantando las manos.

El ninja la señaló con un dedo acusador en alto, sujetándose lleno de indignación el pañuelo que llevaba al cuello, a falta de un collar de perlas que apretujar.

—Lo que te iba a hacer no es precisamente agitarte, —gruñó poniendo mala cara y apartando a Ikkaku de en medio para acercarse él.— ¿Tienes idea de..? No, qué vas a tener idea.

—¿Los soldiers quieren saber…? —Sephiroth no estaba dispuesto a quedarse con la intriga, aunque la respuesta fuese un no.

El ninja volvió a señalar a la chica con gesto amenazante, pero se giró hacia el samurai.

—Si hay que reconstruir la ciudad, o por esta noche basta con asegurar el perímetro.

Ahora que ya no se encontraba en inferioridad numérica, Sephiroth asintió y tocando suavemente la mejilla de Airin con una mano enguantada, se dio la vuelta y se encaminó hacia el grupo de primeros niveles que parecían necesitados de alguien que les diera órdenes de sentido común.

—Hola Night, —se decidió a saludar Airin con cautela, a la vista de que aquellos dos antiguos compañeros de aventuras no parecían dispuestos a dejarlo estar ahí.

El ninja iba a replicarle con exasperación, pero al pasar la vista por su figura se fijó en la mano que el arquero mantenía en la cintura de la chica y su mente hizo un zoom digital en ello, cambiando las palabras que salieron de su boca.

—O sea, ¿que nosotros aquí preocupados por tí, y tú de correrías con tu apuesto mancebo?

—¿Soy un apuesto mancebo? —preguntó Kíli.

—¿Y yo no soy apuesto? ¿Kíli, yo soy guapo?—se rió Fíli.

—En realidad te tiene envidia porque te has hecho un harém.

—¡Pip!

—¿Pero tú me has visto bien? Qué cuerpo, qué pelazo. —el gunslinger que acababa de aparecer se señaló todo él como si fuera una chica de teletienda con sonrisa de comercial incluída, ante la mirada sospechosamente calculadora de Yumichika.
 
Las carcajadas de Ikkaku ante lo ridículo que resultaba aquello le aflojaron una tensión que hasta ese momento no se había dado cuenta que le oprimía.


.

~      H e g o a k    e b a k i    b a n i z k i o,    n e r i a    i z a n g o    z e n,    e z    z u e n    a l d e g i n g o.       ~
~      B a i n a n    h o n e l a,    e z    z e n    g e h i a g o    t x o r i a    i z a n g o,      ~
~      e t a    n i k    t x o r i a    n u e n


Shruikan

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #49: March 31, 2018, 05:39:13 PM »
Revivo de entre los muertooooos

Hablemos de Fenris y su triste vida hoy



Capítulo 43: [Fnr] Invitation under the stars


Cuando Fenris despertó de nuevo, seguía teniendo el cielo estrellado bajo la cabeza. Lo cual no tenía sentido, fue lo primero en lo que pensó. Siguiendo el funcionamiento del juego, debería haber respawneado en alguna ciudad ¿Sin City? ¿Palanthas? ¿Rabanastre? No podía recordar cuál era la última que había configurado.

Frunció el ceño, parpadeando mientras trataba de acostumbrarse a esa nueva vida y comprender dónde se encontraba. Quizá había habido varios bugs en el juego y por eso había aparecido también un monstruo gigante en la ciudad.

Un rápido vistazo a su alrededor le reveló que todavía estaba en el desierto, no muy lejos del acantilado en el que había muerto… o sido asesinado, más bien. Y al parecer, el culpable aún no andaba muy lejos.

El Knight sintió como ardía de furia al reconocer la figura pequeña y reluciente aún en la noche, del Paladín. Había un par de personas más delante de él y parecía estar hablando con alguien de quien Fenris no podía distinguir más que su alta figura.

Demasiado furioso para pensar con claridad, se levantó de un salto y se acercó a ellos, con las manos un poco demasiado cerca de la empuñadura de su mandoble. Sin embargo, fue perdiendo poco a poco la rabia hasta contenerla con cierta cautela al darse cuenta de la conversación caldeada que estaba teniendo lugar.

–¡No tienes derecho a insultarme de esta forma!

Fenris reconoció la voz indignada de Godhand. A la que estuvo más cerca, pudo ver la genuína expresión de furia que tenía en el rostro, tan poco favorecedor en sus facciones agraciadas. La persona que tenía delante se trataba de una mujer el doble de alta que él, una Berserker por sus ropajes, de espalda ancha y cuerpo musculoso marcado por cicatrices. La diferencia era tal que era como ver a un pomeranian encararse con un mastín.

–¿Quién no tiene derecho a qué, aquí? –dijo la mujer, con la voz calmada, aunque la dureza en su voz le daba un tono peligroso. –Se supone que teníamos que ayudar a la gente, no darles muerte como si fuéramos las bestias aquí.

–¡No hablarías así si le hubieses encontrado tú, Crimson! –protestó el otro, e incluso en la oscuridad Fenris pudo ver como tenía las mejillas rojas de rabia–. ¡El tipo era de lo más testarudo, insportable, y se hubiese matado igualmente de no haber si-...!

Godhand calló abruptamente al darse cuenta de la presencia del Knight cerca justo cuando lo señalaba y frunció el ceño de forma aún más profunda. La Berserker siguió el curso de su mirada, echando un vistazo por encima del hombro. Su mirada cayó encima de Fenris, pesada como una lápida.

–Hablas demasiado, Michael. –Dijo, volviendo a centrar su atención en el otro, revosando paciencia y autoridad como una madre a la que no convenía contrariar –. Acepta que la has cagado y vuelve a Rabanastre, o no te gustará lo que le tenga que contar al jefe cuando vuelva.

Pareció que el rostro del Paladín (Michael, por lo que parecía) se contraía en varios tics al mismo tiempo y por un momento, Fenris casi temió que fuera a estallar de rabia. Terminó por soltar un gruñido exhasperado y dar media vuelta, pisoteando la arena mientras su capa blanca revoloteaba tras de sí. Alguno de los otros le siguieron, los demás se quedaron, con la vista fija en la Berserker de forma expectante.

La mujer suspiró de forma audible, con las manos en la cintura, y luego se giró, acercándose al Knight. Era aún más intimidante de cerca, y Fenris tenía que alzar la barbilla para mirarla a los ojos, de un violeta intenso y penetrante. Su largo cabello oscuro le enmarcaba la cara y le caía a lo largo de la espalda.

–Mis disculpas, por el comportamiento de mi compañero –empezó, con cierto retintín de desprecio en la palabra “compañero”–. Como has podido comprobar, no se le da muy bien hacer amigos.

Fenris no dijo nada, con una expresión desconfiada en el rostro. Estaba claro que Godhand no era trigo limpio ni siquiera entre los suyos, pero nada le garantizaba que “los suyos” no fueran una panda de villeros. Sin embargo, la Berserker siguió hablando, como si el recelo del Knight no le importara en absoluto.

–Soy CrimsonWings, como supongo que habrás comprobado. –Señaló sobre su cabeza, donde flotaba visible su nombre de usuario –. Puedes llamarme Violate si lo prefieres. Soy parte de la guild de los Señores del Desierto, en Rabanastre.

–Me suena –dijo Fenris, aunque la forma en la que lo pronunció daba a entender que eso no significaba que confiara en ella.

–Quiero que sepas que nuestra guild no aprueba el comportamiento de mi compañero. –La Berserker estaba haciendo su mejor intento de relaciones públicas, aunque había algo en ella que revelaba que no le hacía especial ilusión el papel –. Lamento mucho que por su comportamiento hayas tenido que perder una vida, especialmente teniendo en cuenta la situación en la que nos encontramos. Pero para que veas que no tenemos mala fe, me gustaría llevarte de nuevo a Rabanaste e invitarte a nuestra guild, si es lo que quieres.

–¿Es una broma? –Las palabras abandonaron la lengua del Knight antes de que su cerebro tuviera tiempo de procesarlas. Se cruzó de brazos, fingiendo una seguridad que no sentía –. ¿Crees que todo se puede resolver con un par de palabras bonitas y una invitación a una guild? En un dia normal, recibo como diez de ésas. –Hizo un gesto contrariado en el aire –. No necesito vuestra maldita compasión.

Crimson Wings arqueó una ceja muy lentamente, y con cada milímetro, más sentía Fenris  que había sido un error abrir la boca en primer lugar. La Berserker parecía capaz (y de suficiente nivel) como para arrancarle la cabeza de un guantazo si la contrariaba.

–Escucha… Fenris –dijo, apartando la vista un segundo para leer su nick –. No te estoy mintiendo, si eso es lo que crees, pero creo que deberías evaluar tus opciones. Puedes unirte a nuestra guild o seguir con tu camino, eso es cosa tuya. Pero o vienes conmigo, o te quedas aquí en medio de la nada, esperando a que te coma algún monstruo hasta perder tus vidas restantes. Tú decides.

La honestidad (acompañada de una no muy sutil amenaza) de la Berserker, terminaron por quebrar su testarudez, y el Knight dudó.

Cuando el sol ya salía, se encontraba en un barco de arena, rumbo a la ciudad en ruinas de Rabanastre.
"Who would understand you after I die? Who else would march forward by your side?"

"when I think that you will live on all alone henceforth, I can’t help but shed tears…"