Author Topic: neverland 2.2: you can (not) fight  (Read 8141 times)


Shura

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #60: August 31, 2018, 07:46:46 PM »

“Mueve el dedo gordo”
Era el pensamiento de Shura ya como intento desesperado, totalmente despierta pero incapaz de moverse por el estado de congelación.
La habían dejado descansando en una habitación para ella sola, pero demasiado nerviosa para apreciar el detalle, iba a intentar moverse por su cuenta, obtener algo de información de quienes la habían ayudado y huir si la detectaban. Por suerte, después de un par de horas, logró lo más difícil que era empezar a moverse.
“Gracias Tarantino, prometo ver alguna otra película tuya que no sea Kill Bill...”

No estaba muy segura de cuanto tiempo había transcurrido, pero paso de estar tumbada a conseguir incorporarse en la cama, lastima que en todo aquel tiempo, no hubiera reparado que no estaba sola en la habitación...
Una criatura Poro, con un trote tan rápido que por su largo pelo blanco parecía flotar en vez de caminar sobre el suelo, salio de debajo de la cama, colándose por la puerta entre abierta de la habitación no tardando en aparecer por el otro el hombre calvo del bigote que la observo fijamente dejándola inmovilizada por la sorpresa.
-Parece que ha despertado, ¿estar bien chiquilla?
Intentó decir que sí, casi no se escuchó, podía hablar pero su voz era como un silbido directo desde la seca garganta.
La puerta se abrió entrando ambos hombres, Braum y Taric, el segundo se aproximo hacía ella agachándose para colocarse a su altura, la tomo de la barbilla, que aunque le sorprendió, no le resultó un gesto amenazante dada la delicadeza con que lo hizo.
-¿Te encuentras bien? -Preguntándole comenzó a empujar su barbilla para que moviera la cabeza hacía los lados y asintiendo-. No soy medico, -le sonrió con complicidad traviesa- pero supongo que si que estas bien.
Si Shura no hubiera estado tan sorprendida y preocupada, hubiera apreciado más el gesto amistoso.
-Por favor, no la atosiguéis.
Hizo aparición el tercer gigantón, el tal Jonathan, con una bandeja humeante de sopa.
-Te he preparado algo para comer, he pensado que podía ser lo mejor dado tu estado, pero tenemos más reservas de comida por si quieres otra cosa o te quedas sin hambre.
-¡La sopa es lo mejor! ¡Come! ¡Come mucho para crecer fuerte amiguita! -Braum le dio unas palmaditas afectuosas en la cabeza, escapandosele una sonrisa cuando Taric puso los ojos en blanco, este también le devolvió la sonrisa encogiéndose de hombros.
-Salid todos fuera, todavía no esta recuperada, ya nos hablará si le apetece -Jonathan, le dejo la bandeja en la mesilla de noche.


Neko

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #61: September 23, 2018, 01:47:37 PM »
.59

—No. —fue la respuesta tajante de la líder de la Guild.

Anir se echó un poco hacia atrás, extrañada. Hasta el momento Firehawk había sigo comprensiva y un gran apoyo en un tiempo de necesidad. Esto tenía que tener una explicación, no sólo un porque sí. ¿Verdad?

—Pero, ¿por qué no? —preguntó Anir, siguiendo a Lilith por un pasillo abarrotado de la Guid.

Un grupo había vuelto de ayudar a unos cuantos novatos a subir de nivel y hacer quests de job y el caos reinaba en la planta baja del edificio.

—Ahora mismo estamos bastante liados, como puedes ver.

Neko tuvo que clavar un codo en un desconocido para hacerse sitio, correteando detrás de su líder, en busca de la verdad.

—Pero hay un… no, dos, ¡tres mechanics en apuros! Te aseguro que Hiksti es de los mejores dentro del juego. Tenerlo a él en la Guild sería…

No pudo continuar, porque Firehawk paró su caminata y se giró para apretar un dedo sobre el pecho de Neko.

—¡No hay más espacio en la Guild! Estamos hasta los topes y ahora mismo tengo otras prioridades.

La mirada dura de Lilith le hizo tragar saliva, dejándola congelada en su sitio.
El bullicio a su alrededor seguía y alguien empujó a Neko, haciendo que diera medio paso hacia delante para no caerse. Pero ella no registraba nada que no fuese la espalda de Lilith alejándose.

—¿Qué?


————

—¿¡Qué!? —exclamó Milo cuando Anir le explicó lo que había pasado en su entrevista con Firehawk.

Neko seguía sin saber cómo reaccionar. A su izquierda, Yuzuriha le puso una mano en el hombro y Hyoga bajó la cabeza consternado.
No había podido encontrar a Watari, que seguramente estaría usando alguno de los talleres o ayudando a alguien.

—No me lo puedo creer… —continuó Milo, empezando a caminar de un lugar a otro, con el ceño fruncido y sin saber que hacer con las manos, sacudiéndolas de aquí para allá.

Anir suspiró antes de añadir a la conversación:

—Pues créetelo.

—Vamos a tener que ir nosotros… —murmuró Hyoga, mirando a sus compañeros.

Eran cuatro en ese momento, necesitaban al menos dos jugadores más para entrar a la torre.
Milo seguía despotricando, Hyoga tenía cara de preocupación y Yuzuriha apretó un poco más el hombro de Neko.
Ella ya no podía más.

—¡Basta! —dijo, levantándose de la silla de repente—. ¡Ya basta! ¡Vamos a ir a salvar a nuestros amigos y ya está!

Anir tomó aire, levantando la barbilla.

—¡Si no nos quieren ayudar nos iremos! —añadió Milo.

El peso de sus palabras pareció hundirles un poco más en el estado de desesperación en el que se encontraban. Yuzuriha se puso alerta, ajustándose la bufanda.

—¡Milo! —le llamó.

Y hasta el bardo pareció asustado de sus propias palabras.

—Pero… —intentó añadir Hyoga, aunque la mano de Anir en su pelo le hizo callarse.

—Tiene razón, Yuzu, y lo sabes.

Milo se señaló a sí mismo, extrañado.

—La Guild está llena, ¿no? —preguntó Anir, mirando a cada uno de ellos a los ojos antes de seguir—. Max, Monica, Hiksti… ¡y Hiro! Se quedarían fuera.

Anir negó con la cabeza.

—No es justo y aún le falta mucho a la Guild para subir de nivel, lo he mirado antes de buscaros. Así qué… —empezó Anir antes de lamerse los labios y empezar a hablar—. Esto haremos.


————

«Lo primero será llenar nuestros inventarios.»

Esa había sido la instrucción que les había dado a sus amigos. Así que, siguiente sus propias pautas, caminó entre los pasillos de la Guild, buscando un acceso al inventario compartido.
Tenía una lista de materiales y armas que quería de vuelta y esperaba recuperar gran parte de todo lo que le había dado a la Guild en los días que había sido parte de ella.

«¿Y Watari?» había preguntado Hyoga.

Yuzuriha se había reído suavemente antes de contestar.

«Es un genio, pero no es capaz de callarse un secreto, es mejor avisarle cuando acabemos.»

Hyoga había suspirado aliviado, el mismo sonido que hizo Anir cuando encontró un lugar tranquilo en el que llenarse el inventario.
Estaba leyendo los mensajes de sus compañeros, confirmando las cosas que ya habían podido sacar, cuando una respiración en la nuca le hizo darse la vuelta de golpe.

—¿Qué haces? —preguntó notathief, ladeando la cabeza y pareciendo inofensivo.

—¡Qué susto me has dado, idiota! —exclamó Anir, abrazándose a sí misma para intentar calmarse.

Locke levantó una ceja, interesado de repente en aquella reacción.

—¿Estás bien? —preguntó, moviéndose para ponerse de pie.

Anir le imitó, mientras su omnitool seguía avisando de las notificaciones con brillitos verdes en su brazo. Al menos había podido minimizar la pantalla, aunque no tenía claro si notathief había llegado a ver algo.

—Sí… —mintió antes de apartarse un mechón de pelo de la cara y pensárselo mejor—. ¿Sabes qué? No, no estoy bien. Un amigo mío está en peligro y me voy a ayudarle. Sola. Porque los demás tienen cosas más importantes que hacer.

Anir intentó empujar a Locke para salir del rincón en el que estaba y el chico dio un par de pasos hacia atrás, pero se vio que no pillaba la indirecta.

—Bueno, yo estoy libre —ofreció, curioso—. ¿A dónde váis?

—Da igual, Firehawk seguro que te necesitará cerca. —contestó con una sonrisa forzada antes de intentar marcharse otra vez.

Locke le dejó pasar, pero decidió empezar a seguirla.

—No creo, siempre voy a la mía. Me apetece ir, aún no te he devuelto el favor de las dagas… —puso como excusa.

—¡Ni hace falta que me lo devuelvas!

—Espera. —pidió antes de intentar agarrar a Anir de la muñeca.

Lo único que consiguió fue recibir un golpe de esa misma mano.

—¡Me voy!

—¡Eso ya lo veo, mujer! ¡Deja que te acompañe!

Anir se plantó donde estaba y Locke se chocó con su espalda. Neko se dio la vuelta mientras Locke daba un par de pasos hacia atrás, con las manos en alto y las palmas hacia ella.

—Me voy —repitió más tranquila antes de carraspear—. De hecho, nos vamos. Yo y mis amigos.

—Ya, pero…

—Nos vamos de la Guild.


————

«Después tenemos que irnos sin levantar sospechas.»

Hyoga había sido el primero en salir de la Guild. Vestía una capa negra, larga y raída, con pendones al final. El equipo que llevaba debajo era de cuero oscuro y ajustado. El cuello estaba abrigado con pelo rizado y blanco —igual que el extremo de sus botas altas— y los guantes eran de un azul eléctrico que realmente le gustaba mucho.
Apoyó los pulgares en su cinturón negro, dándose cuenta de que el fajín que llevaba debajo era del mismo azul que los guantes.

«De uno en uno. El primero que compruebe que los warps funcionan.», había instruido Neko.

Y Hyoga había hecho justo eso. Mandando un mensaje al pequeño chat grupal que habían creado para informar de que, como esperaban, los warps volvían a estar abiertos.

Yuzuriha y Milo llegaron detrás de él. Los dos vestían de blanco y negro, con cuero y remaches por todas partes. Era raro ver a Yuzuriha sin su bufanda roja, pero la había cambiado por un pañuelo vaporoso que le tapaba desde el puente de la nariz.
Milo se estiró las mangas de su sudadera a rayas y se dejó caer sobre un banco cercano. Parecía nervioso.

—¿Qué te pasa? —preguntó Hyoga, de pie delante de él.

Milo levantó una mano, frotándose la nuca mientras miraba hacia un lado, extrañamente ausente. El maquillaje oscuro resaltaba sus ojos claros.

—Nada, sólo espero que no nos estemos precipitando por mi culpa.

Yuzuriha apoyó una mano en el pelo de su amigo, intentando poner orden en sus rizos.

—Tú lo has dicho en el calor del momento, pero parece que Anir lo había pensado antes de proponerlo. Y todos hemos aceptado.

Hyoga se dejó caer en cuclillas, con la cabeza gacha.

—Bueno, todos no…

—Ya avisaremos a Watari, no te preocupes. —dijo Milo, con una sonrisa animada que contrastaba con su humor de hacía sólo unos segundos.

Hyoga levantó la cabeza, mirando a sus compañeros, pensando en Ikki y Shun. No tenía claro si alguno de ellos se acordaba de aquellos dos.
Andromeda y Bennu habían sido su salvación cuando se cerró el servidor y no quería dejarlos atrás.

«Y cuando estemos todos...»

Oyeron los pasos antes de ver quién se acercaba. Hyoga se puso de pie, Yuzuriha se cruzó de brazos y Milo se reclinó un poco para poder ver quien venía.

Neko llegó ajustándose las gafas encima de la boina gris que llevaba. La calavera que llevaba uniendo los tres cinturones cruzados sobre su vientre reflejó la tenue luz de Sanctuary.
No venía sola.

—¿Qué hace éste aquí? —preguntó Milo, levantándose mientras se ponía la capucha de negra de la sudadera que llevaba debajo.

Hyoga se llevó las manos enguantadas a la chaqueta de cuero que llevaba puesta, sin poder evitar preguntarse si la similitud entre su equipo y el de notathief era una mera coincidencia o no.
El stalker también vestía cuero negro, aunque su chalequito era corto y de cuello alto y debajo de eso sólo le protegía una fina camiseta de red apretada.

—¡Ey! Éste tiene un nombre. —se defendió Locke, con las manos en los bolsillos y una ceja levantada.

—Está aquí para ayudar. —explicó Neko, acercándose al warp para empezar a ver las opciones de viaje.

—No podía saber que una chica está en apuros y no ayudarla, ¿verdad? —comentó Locke antes de guiñarle un ojo a Milo.

Hyoga se cruzó de brazos, Yuzuriha miró a Milo, esperando su reacción. Él entrecerró los ojos antes de girarse hacia Neko.

—¿Pero este tío sabe que vamos a rescatar a un chaval?

—Se refiere a mí, Milo —explicó Neko antes de sonreír hacia los demás—. Ya está, ahora os mando el descuento.

—¿Qué? —preguntó Hyoga, confundido—. ¿También te hacen descuentos en warps?

La sonrisa de Neko se volvió mucho más maliciosa y Hyoga supuso que no necesitaba más explicación.

—¿Y ya es de fiar? —preguntó Milo, acercándose a Neko mientras esperaba que le saltase la notificación de regalo.

Neko le echó un par de miradas rápidas a Locke antes de encogerse de hombros.

—Eso creo.

Locke respondió ampliando su sonrisa y chocando un hombro contra Hyoga mientras pasaba a su lado para acercarse al warp.
Neko llamó a Hyoga para explicarle cómo aceptar el pase y de qué forma tenía que usarlo. Milo seguía con el ceño fruncido mirando a Locke, que sonreía como si hubiera sido amigo suyo desde el principio. Crane estaba ajustándose un poco mejor el turbante que llevaba en el pelo y notathief señaló las cadenas que colgaban del top de la dancer, señalando luego las que él llevaba sobre las costillas, intentando hacer algo de conversación.

—Bueno, ya estamos todos.

—No me has dicho dónde vamos. —recordó Locke.

—Vamos a Snowbelle, el plan es reunirnos con un amigo allí y avisar a Watari para que venga con nosotros. —informó Anir, bajándose un poco la corta falda de cuero negro que llevaba puesta.

Locke asintió, llevándose una mano a la barbilla, acariciándose el labio inferior pensativo.

—La Torre de la Insolencia no está lejos de Snowbelle, con unas buenas monturas llegaremos pronto.

Milo pasó un brazo por encima de los hombros de Yuzuriha y ella se agarró a su mano casi inmediatamente.

—¿Conoces la Torre de la Insolencia? —preguntó Milo, ahora con curiosidad, aunque todavía le quedaba algo de recelo.

Locke se encogió de hombros antes de invocar una de sus dagas favoritas y jugar con ella.

—He estado allí antes, sé lo que hay que hacer. —aseguró el stalker.

Milo entendió entonces porque Anir había decidido llevarlo con ellos, pero aún así, se quedó preguntándose si éste miembro de Crimson Raiders sabía lo que estaban a punto de hacer.

—Bueno, basta, ya tenéis todos el pase. Es hora —apresuró Neko, empujando a Hyoga hacia el warp y haciendo gestos a los demás para que la siguieran.

El tiempo era oro y necesitaban cumplir con su misión.

«… nos iremos de aquí.»


Neko

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #62: September 25, 2018, 03:19:05 PM »
60.

La temperatura en Snowbelle no era muy diferente a la de Sanctuary, aunque sí que había algo radicalmente diferente: el paisaje.

—¿Has estado alguna vez en Snowbelle? —preguntó Neko, ladeando la cabeza mientras miraba cómo Hyoga observaba la ciudad.

Uh, bueno. Llamar a Snowbelle ciudad era… tal vez le quedaba un poquito grande el título. Era más como un pueblo, bien bonito y pintoresco.

—No. Es… me recuerda a casa. —confesó Hyoga, intentando luchar contra la sonrisita triste que intentaba apoderarse de sus labios.

Anir miró al suelo mientras caminaba con sus botas negras por el suelo frío de Snowbelle, acercándose a uno de los puentes de madera.

—A mi me pasa con los talleres de la Guild —le dijo, antes de carraspear y corregirse—. Me pasaba.

—¿Y eso? —preguntó Hyoga, cambiando su estado de potencialmente triste a totalmente curioso.

—Mi padre tiene un taller.

No le dio tiempo a decir mucho más, Milo la estaba abrazando, intentando meterla dentro de una de sus dos sudaderas y Yuzuriha llegó justo detrás de él.

—¿A dónde ahora, jefa? —preguntó Locke, aún jugando con su daga.

—¿Ahora soy la jefa? Hmn, ah sí… —musitó Neko mientras se ponía cómoda dentro de la chaqueta de Milo—. Si Max y Monica no están aquí en el warp, estarán en la única posada que hay en toda Snowbelle. ¡Vamos!


————

Y Neko había tenido razón.

—¡Max, Monica! —gritó Milo antes de correr a abrazar a dos jugadores que estaban sentados en una mesa de madera, con vasos y platos vacíos delante de ellos.

—¡Milo! —gritó el chico, abrazando de vuelta al bardo.

—Milo… —Y aunque había dicho lo mismo, el tono de la chica era uno de advertencia.

—Milo, que los ahogas. —dijo Neko, con un sonsonete divertido.

—Ay, perdón… —pidió Milo antes de poner sus manos en un hombro de cada jugador y apartarlos un poco—. Me alegro tanto de que estéis bien.

Hyoga se quedó a un lado de la puerta, mirando como el resto del grupo interactuaba. Intentando averiguar algo más de aquellos dos jugadores misteriosos.

Un escaneo rápido le dejó saber que sus nicks eran WrenchAce y MoonPrincess.
El chico era rubio y se ajustaba una gorra marrón mientras hablaba animado de lo que parecían sus aventuras en los últimos doce días de juego.
Ella, pelirroja y con el pelo largo recogido en una coleta espesa, era duelist y añadía detalles al relato de Max.
Los dos eran más bajitos que Anir. Al menos, sus avatares.

Un golpecito suave en su hombro llamó su atención. Locke estaba mirándole con la cabeza ladeada y sonrió antes de señalar al grupo con la cabeza.
Hyoga le siguió hasta la mesa.

—Hola, soy notathief, no nos conocemos. —saludó el stalker.

Los chicos no tardaron en presentarse y cuando Milo se dio cuenta de que Hyoga se había acercado, lo agarró de los hombros.

—¡Aún no conocéis a vuestro nuevo hermano!

—¿Otro? —preguntó Monica, aunque su sonrisita dejaba ver que su tono de enfado no era cierto—. Tienes un problema, Stark.

Milo se encogió de hombros.

—Bueno, el primer paso es reconocerlo, aunque no pienso hacer nada al respecto —aseguró, levantando las cejas antes de presentar al sorcerer—. Se llama Hyoga y es perfecto.

Yuzuriha no pudo contener la risita y Neko se echó a reír abiertamente, mirando como Hyoga se sonrojaba, sin saber qué decir.

—No te preocupes, Milo nos ha hecho eso a todos en algún momento. —le tranquilizó Max, tendiéndole una mano enguantada.

Continuaron hablando un poquito más, mientras Neko miraba sus mensajes.

—Hipo está al caer. —dijo en alto, aunque a nadie en concreto.

—Oye, ¿alguien ha avisado a Watari? —se le ocurrió a Milo.

Todos se miraron. Ninguno asintió.


————

Cuando Watari recibió una notificación en su omnitool no le dio mayor importancia. Estaba ocupado inventando; así que se ajustó las gafas mejor y continuó trabajando unos minutos más.

La omnitool no le dejó seguir con lo que estaba haciendo. Un ruidito tras otro, las notificaciones se acumularon raudas e insistentes.

—Ay, pero por todos los… —Watari se cortó a tiempo, invocando la pantalla para silenciar el menú, aunque cuando vio de quien eran los mensajes decidió echar un vistazo rápido antes de hacerlo— … ¿Qué?

Watari se puso mejor las gafas antes de volver a leer.

—¿¡Qué!? —gritó contento, poniéndose de pie de golpe.

El otro mechanic que le había estado ayudando en el taller que estaba ocupando le miró extrañado.

—¿Qué pasa?

Watari empezó a recoger tan rápido como pudo.

—¡Han encontrado a otro de mis alumnos! —exclamó, aunque su cara pasó de euforia a preocupación—. Bueno, no me alegro de que esté aquí, pero me alegro de que esté vivo.

El otro mechanic asintió, haciendo un ademán con la llave inglesa antes de volver a lo suyo.

—Entendible. —contestó, asintiendo con la cabeza.

—No pasa nada si me voy a verlo, ¿verdad? —dijo mientras estrujaba la tira de su bolso de cuero entre dos manos enguantadas.

—Nah, hombre, vete y traelo. ¡Cuanto más del gremio, mejor! —aseguró con un guiño y Watari levantó un pulgar antes de salir corriendo del taller.

Su bata blanca volaba detrás de él y pronto estuvo empujando la puerta de la Guild, sin saber que esa era la última vez que podría hacerlo como Crimson Raider.


————

Aunque se notaba que Anir y los demás tenían algo que decir, la chica insistió en que prefería esperar a Watari para explicar la situación.

—¿¡Quién me ha echado de menos!? —gritó Watari con los brazos abiertos después de entrar en la posada.

Por la falta de vitoreos supuso que nadie y el mecánico se encogió de hombros mientras Max lo recibía con un apretón de manos afectuoso.

—Siéntate —le aconsejó Anir a Watari—. Vosotros también.

Max tomó asiento, curioso. Monica estaba un poco más recelosa, simplemente por la expresión seria en el rostro de Anir.
Neko no tardó en explicar lo que había ocurrido una hora antes en Sanctuary.

—¿Entonces nos salimos de la Guild? —preguntó Watari confundido—. Pero… Pero son muchos y nos estaban ayudando.

—Sí, pero no pueden ayudar a más gente y no vamos a abandonar a nuestros amigos.

Watari asintió de inmediato, aquel no era un punto a discutir para ninguno de ellos.

—¿Y tú, porqué estás aquí? —preguntó ahora Watari a notathief.

—¿¡Verdad!? Lo mismo me pregunto yo. —añadió Milo.

—Sois divertidos de observar. —dijo sin más, con una sonrisita juguetona en los labios.

—¿Y si es un espía? —continuó presionando Watari, con los ojos entrecerrados.

—Dejadlo ya. Watari, eres más paranoico que yo. —Neko intentó cortar la discusión antes de que fuese a más.

—Yo… —murmuró Hyoga antes de levantar la barbilla y cuadrar los hombros, hablando más alto—. ¿Vamos a crear alguna Guild?

—No hace falta, no realmente —informó Anir, señalando a WrenchAce y MoonPrincess—. Ellos todavía están dentro de nuestra antigua Guild. ¿Cuál de los dos es el administrador ahora?

—Yo —dijo MoonPrincess—. Os puedo invitar cuando queráis.

—¿Vamos a hacerlo ahora? —preguntó Yuzuriha, acercándose un poco más a la mesa.

Hyoga se mordió el labio inferior, preguntándose si sería buen momento para dejar caer a Shun e Ikki en la conversación. A su alrededor, los que estaba empezando a considerar su familia estaban saliendo uno tras otro de la única Guild que había conocido.
Se sentía un poco como un traidor, pero al mismo tiempo… entendía la situación de Monica y Max.

Se quedó mirando su omnitool después de invocarla y dejó los dedos suspendidos encima de la pantalla holográfica, casi acariciando el nombre de la Guild.
Endureciendo la mirada, resolvió que ya tendría tiempo de explicar a los demás el porqué de su decisión. Apretó el botón para salir de la Guild y casi inmediatamente le llegó una solicitud para unirse a Night Fury.

Mientras el resto hablaba sobre quién debería ser ahora el líder, Hyoga seguía sin hacer desaparecer el menú de la omnitool. Después de pensarlo revisó sus mensajes, viendo como el cursor parpadeaba en la casilla del chat de Shun.

—¿Hyoga? —preguntó Milo, haciendo que levantase la vista de repente—. Estamos votando el nuevo líder.

Hyoga dejó caer el brazo y la omnitool desapareció con el movimiento.

—Neko. —contestó casi de inmediato.

—Pues ya llevas cuatro votos, creo que está claro —informó Milo, mirando a los demás y agregó levantando los dedos de una mano:—. Si las matemáticas no me fallan.

—¿¡Pero por qué!? —gimió Anir.

Los siguientes minutos pasaron rápido. Milo pidió comida y bebida para todos, Anir se fue de lleno a arreglar y revisar inventarios y accesos directos.
Estaban a medio almorzar cuando alguien abrió la puerta. La nieve se coló con copos perezosos en la taberna y el recién llegado se bajó la capucha, revelando su identidad.

—¡Hipo! —saludó Watari y Neko dejó todo lo que estaba haciendo para colgarse de su cuello.

—¡Hiksti! —saludó Neko antes de soltarle y darle un golpe con el puño en pleno pecho— Idiota, ¡llegas tarde! Y yo preocupada, podrías haber escrito o algo ¿Qué tenemos que hacer?

Hiksti se sobó el golpe, poniendo cara de dolor antes de sonreír de medio lado.

—Vale, vale… por partes. —contestó hipo3, levantando las manos, como si intentase calmar a una fiera—. ¿Les has contado de qué va el tema?

—¿El tema? —preguntó Max antes de saludar con la mano—. Hola, Hiksti.

—¡Ey, Max! No sabía que tú también estabas aquí —Hiksti tomó asiento entre Watari y un hueco libre, que pronto fue ocupado por Neko—. ¿No lo saben?

—Ellos sí —explicó Neko, señalando al resto de la mesa—. No me ha dado tiempo de informar a Max y Monica, nos los hemos encontrado esta mañana.

—Mi hermano está encerrado en la Torre de la Insolencia, solo.

—¿Captain Genius?  —preguntó Max mientras se comía una patata.

Se había quitado los guantes y estaban encima de la mesa, junto con su boina.
Hiksti asintió, más serio que de normal, aunque con la misma cara de preocupación que siempre.

—¿Y cómo piensas sacarlo de ahí? Ya sabes qué… —empezó a decir MoonPrincess, aunque hizo una pausa para pensar cómo decir lo que quería decir.

Hipo aprovechó la pausa para continuar hablando.

—Pensaba sacrificar una de mis vidas una vez estemos todos a salvo al final de la torre, en el último piso —dijo sin rodeos—. Entenderé si alguien no quiere venir.

El silencio era roto por el crepitar del fuego en la chimenea y las notas de la guitarra de Milo al fondo de la taberna.
Yuzuriha se levantó, ajustándose mejor los pendientes antes de darle la mano a Monica. La duelist tomó el apoyo para levantarse ella también.

—Bueno, un amigo está en peligro. ¿A qué estamos esperando?

—Me has quitado las palabras de la boca. —se unió Neko, levantándose también.

Parecía que nadie quería discutir la decisión y Hiksti se tomó un momento para respirar y se levantó de golpe con gratitud en los ojos y esperanza en su sonrisa.
Su expresión cambió a una decidida y dio una palmada en la mesa.

—¡Vamos!


————

El camino hasta la Torre de la Insolencia era algo accidentado, pero no era nada para dos mechanics expertos como Neko y Hiksti.

—Aún no sé por qué no me habéis dejado conducir. —dijo Watari, cruzado de brazos en la parte de atrás del cuatro por cuatro.

Milo se santiguó y Yuzuriha hizo lo posible por no rodar los ojos.

—Y ni siquiera soy creyente… —murmuró Milo, esperando a llegar a salvo a la dungeon.

El edificio se podía ver desde lejos, entre una curva y otra de la carretera. Y para lo frondosa que había sido la montaña hasta ahora, ver aquella zona prácticamente desprovista de vegetación, era extraño.

Por fin llegaron a la explanada delante de la Torre y los dos vehículos aparcaron uno al lado del otro. Hyoga se puso los guantes en cuanto salió del coche y levantó la mirada, siguiendo los pisos hasta la parte más alta.
La Torre ya era impresionante por sí misma, pero las ruinas a su alrededor la hacían ver todavía más imponente. Y por si hubiera faltado algo, las nubes se arremolinaban alrededor en su punto más alto.

Aquello, pensó Hyoga, mirase por donde lo mirase no pintaba fácil. Pero no sabía cuánta razón iba a tener en unas horas.


Shruikan

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #63: September 30, 2018, 02:48:42 PM »
*dabs*



Capítulo 46: [Shk & Ulq] Cebo vivo

—Pues a ver, señor fabuloso, ¿cuál es ese plan?

Shruikan no parecía del todo convencida, esgrimiendo la espada e intercalando la mirada entre el monstruo y su nuevo aliado. Inconscientemente alargó un brazo hacia Ulquiorra, como intentando que se pusiera detrás de ella, pero el Biochemist no se dio por aludido.

Sus ojos verdes brillaban en la penumbra con una fría determinación que pocas veces le había visto.

—Es muy sencillo. —El Dragoon dio un par de pasos adelante. El ruido que hicieron sus botas contra la roca llamó la atención del Gigginox, que volteó su extraña cabeza ciega en su dirección —. Por el momento, sólo hay que seguir atacándole. Tú, Biochemist, ¿llevas antídotos?

—Por supuesto. —Ulquiorra casi parecía ofendido ante la indirecta de que no iba suficientemente preparado.

—Pues guárdatelos porque los vais a necesitar.

Y habiendo dicho eso, hizo girar el tridente en su mano, lanzándose contra el monstruo con un grito feroz. El Gigginox se encogió sobre uno de los flancos, girando sobre sí mismo y tratando de golpearle con una ala. Dragonlord consiguió esquivar el golpe, pero no vio a venir la cola robusta que la siguió.

Shruikan gruñó por lo bajo cuando vio como el Dragoon era lanzado por los aires por el fuerte impacto.

—¡Pues menudo plan! —Hizo girar la katana, sujetándola luego con las dos manos. Su cuerpo emitió una luz tenue y azulada.  —¿Y luego qué, listillo?

Se lanzó contra el monstruo como un relámpago azul en una rápida estocada dirigida a las las alas membranosas de la criatura. Sin embargo le sorprendió la robustez que tenía su piel en esa zona; el Gigginox parecía blando, pero la hoja de su katana no logró perforar la piel alrededor de sus garras, sorprendentemente dura.

—¡A las patas no, a la cabeza! —la regañó el Dragoon desde la distancia.

Se había puesto de pie, separando las piernas y blandiendo el tridente en alto. Un aura verdosa rodeó su arma, dándole un brillo parecido a la luz que se filtraba bajo la superficie del mar, antes de que la lanzara como una jabalina. El tridente ensartó al monstruo en un costado, que trastabilló, pero no cayó y volvió su cabeza plana hacia su atacante con un chillido airado.

La zona donde deberían haber estado sus ojos se iluminó entonces de un fulgor rojizo, y la bestia se irguió sobre sus patas traseras antes de escupir una bola de veneno que se deshizo un un gran charco al tocar el suelo.

—Ah, ¡joder! —protestó la Samurai, protegiéndose el rostro con un brazo. Los efluvios venenosos le irritaban los ojos y la nariz con intensidad. Parecía que le bajaban puntos de vida sólo con respirar. No quería ni imaginarse lo que le pasaría si llegaba a recibir un impacto directo de ese veneno.

—Hay que llevarle hacia los túneles. —Dijo Dragonlord, que había saltado hacia el otro lado. Hizo un gesto de la mano y su arma desapareció del lomo del Gigginox, materializándose de nuevo en su palma con un fulgor dorado.

—¿Qué? ¿Por qué? —Shruikan se había apartado del monstruo con un par de saltos, pero aprovechó que estaba distraído para volver a arremeter, cortándole cerca de la base de la cola —. ¡No hay espacio para luchar en los túneles!

—¡Precisamente! — La Samurai tenía que admitir que quizá había juzgado mal aquel tipo, porque dejando aparte el golpe inicial, se estaba defendiendo bastante bien de los ataques, reaccionando con rapidez y respondiendo a su vez con fuerza. Quizá no resultaba tan sorprendente que hubiera logrado enfrentarse a ese monstruo él solo todo ese rato. —Este bicharraco no puede moverse bien en lugares estrechos. En espacios abiertos como este es demasiado ágil.

—Es una maniobra peligrosa —comentó Ulquiorra, que se mantenía a una distancia prudencial. Seguía con la mirada al monstruo y al Dragoon mientras Murciélago revoloteaba por encima de ellos. —El Gigginox tendrá menos capacidad de movimiento en los túneles, pero nosotros también tendremos menos capacidad de reacción. Un error tiene más probabilidades de terminar de forma fatal.

—¡Vosotros confiad en mí! ¡Tú, Samurai! ¡Llévalo hacia allí! Ya va siendo hora de acabar con esta alimaña.

Señaló a una cueva cercana mientras hablaba y luego volvió a refugiarse detrás de una columna, rápido como una centella. El monstruo olfateó el aire, pero enseguida su atención se desvió hacia la persona que tenía más cerca: Shruikan.

—¡Tú sólo quieres que haga de cebo! —protestó ella, al tiempo que se apartaba de un salto para esquivar un manotazo del Gigginox. Era cierto que la bestia había perdido bastantes puntos de vida, pero eso no significaba que no fuera peligrosa o que sería fácil derrotarla.

El monstruo echó la cabeza hacia atrás, escupiendo una nueva bola de veneno que golpeó a una columna cercana. A la Samurai le cayeron chorretones encima mientras corría para ponerse a cubierto, y silbó entre dientes cuando notó como la substancia la tocaba y le quemaba la piel. Enseguida notó los efectos del veneno en su cuerpo y sus puntos de vida empezaron a disminuir a una velocidad alarmante.

—¡Shruikan!

La chica se volteó justo a tiempo para ver como el recipiente de cristal se acercaba a su cara a toda velocidad. Contra todo pronóstico, logró cazarlo al vuelo aunque no tuvo mucho tiempo de mirar su contenido, de un color verdoso un tanto sospechoso.

—¿Qué es esto?
—un antídoto —escuchó que le respondía Ulquiorra, aunque el Biochemist no era más que un borrón difuso de ojos brillantes en la oscura caverna —. ¡Úsalo!

No tuvo que decírselo dos veces, y Shruikan estrelló la botellita contra la armadura de su pecho, anulando así el efecto del veneno. Tendría que agradecérselo luego. Esa ponzoña era potente y si Ulquiorra no hubiese sido rápido, el veneno la hubiese matado en cuestión de segundos. 

En vistas de la situación la Samurai decidió confiar en el plan de Dragonlord… si es que realmente tenía un plan, aunque no les quedaban muchas alternativas. Tomando aire y con el pesado presagio de que estaba cometiendo un grave error, la chica se metió por una de las estrechas galerías que circundaban la zona.

Se paró unos segundos sólo para ver si el Gigginox la seguía. La entrada parecía demasiado estrecha para él, pero la Samurai enseguida comprobó que no era ningún obstáculo para el cuerpo flexible de la criatura, que pareció amoldarse a la obertura antes de seguir avanzando por la pared.

—Que bicho más chungo —se quejó, antes de seguir corriendo. La bestia chilló de forma aguda. Shruikan no tenía que girarse para saber que la estaba persiguiendo, sus pesados pasos retumbando en las paredes de roca. —¡¿Y ahora qué, Dragonlord?!

No recibió respuesta. Demasiado había tardado en percatarse que ese plan la había dejado encarándose sola al monstruo, que ocupaba todo el ancho del túnel. Si quería regresar con sus compañeros, las únicas opciones que le quedaban eran pasar por encima o por debajo de él.

—¡Joder, me cago en la puta! ¡Vaya mierda de plan!

La habían bien jodido. ¿Por qué esas cosas le pasaban siempre a ella?

No podría huir del monstruo para siempre, eso estaba claro. Tarde o temprano terminaría alcanzándola. El momento llegó más temprano de lo que a ella le hubiese gustado cuando, al cruzar un pequeño riachuelo subterráneo y girar una esquina, se encontró de golpe frente a una pared. Se había mentido en un callejón sin salida.

—¡Mierda! —Se pegó a la pared, buscando frenéticamente una salida o algún sitio donde agarrarse, pero no había ni de uno ni de otro. Quien hubiera diseñado esa zona (el maldito GM) seguro que había puesto esa esquina ahí con toda la mala intención del mundo (cosa nada sorprendente).

—Mierdamierdamierda…

Se giró, pero el Gigginox ya sacaba la cabeza por el otro lado del muro. Shruikan miró frenéticamente a su alrededor y luego hacia arriba. Las paredes se elevaban hasta perderse de vista en la oscuridad y un extraño fulgor azulado en la distancia, pero era imposible que lograse trepar por allí. Viendo que sólo le quedaba matar o morir, la Samurai cogió la espada con las dos manos, interponiéndola entre ella y el monstruo.

—Maldito seas —escupió, dejando rezumar toda la frustración y rabia de las últimas horas —. No pienso morir en una mierda de sitio como éste por una mierda de monstruo.

Se le pasó por la cabeza preguntarse por qué se había metido en aquel embrollo. Ulquiorra le había advertido que sería peligroso y que era probable que terminara muerta. Su impulsividad, de nuevo, le había jugado una mala pasada y otros ya habían pagado el precio de sus errores. Se le hizo un nudo en el estómago.

—No voy a morir aquí —repitió, con la voz contenida. Aunque quizá fuera eso lo que hubiese estado buscando. Alguna especie de castigo por sus errores. Pero al darse cuenta de ello sólo podía pensar en lo absurdo de esa idea. Shruikan nunca había sido, ni sería, una mártir.

Alzó la katana a la altura de la cabeza, que refulgió con un brillo azulado, el mismo brillo de determinación que brillaba en sus ojos pese a su voz temblorosa.

—¡No voy a morir aquí! —repitió a voz en grito, antes de lanzarse contra el Gigginox.

El monstruo le escupió más veneno, que ella logró esquivar dando una voltereta hacia adelante. Luego, aprovechando la inercia al levantarse, le dio un corte al monstruo gusto en la parte baja del cuello. La sangre cayó espesa y caliente sobre ella, que sacudió la cabeza para apartársela de la cara.

Dio un paso atrás y quizás ese fue su error. Ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar antes de que el Gigginox le diera un manotazo, aplastándola súbitamente contra la pared. Shruikan se quedó sin aire. Luego, inmediatamente llegó el dolor.

No supo que le hacía más daño, si el brazo, la espalda o las costillas; todo lo que sabía era que no podía respirar. Se le escurrió el arma de entre los dedos y luego fue ella la que cayó como un fardo cuando el monstruo apartó sus garras. Tosió, retorciéndose, y cuando por fin pudo enfocar la vista en algo, tenía la cabeza llena de dientes del Gigginox justo encima.

La bestia gruñía mientras regueros de sangre, saliva y efluvios venenosos le caían de la boca, salpicando a la Samurai. El veneno la mareó de nuevo, y sus intentos para alejarse quedaron en nada. Ni siquiera pudo pensar en el peso del fracaso. Sentía la cabeza extrañamente embotada, ligera ante el prospecto de morir de aquella forma…

—¡Ahora!

Todo lo que ella vio fue un relámpago dorado. Pero en realidad fue Dragonlord, cayendo desde las alturas con el tridente por delante. La fuerza de la técnica y su propio peso le dieron suficiente potencia al ataque como para que al golpear al Gigginox, le atravesara el cuello musculoso y le ensartara contra el suelo de la cueva como un pincho.

El animal soltó un chillido, medio de sorpresa, medio de agonía, y su cuerpo se desplomó sin saber siquiera que le había sucedido.

“Menudo cabrón”, fue el último pensamiento racional que tuvo Shruikan antes de perder el conocimiento.
"Who would understand you after I die? Who else would march forward by your side?"

"when I think that you will live on all alone henceforth, I can’t help but shed tears…"


Airin

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #64: September 30, 2018, 04:38:36 PM »
24/7 conectada a una emisora online de power metal para que salga toh lo fluff... en fin xD
yyy volvemos p'adentro!




~+43~


Airin abrió los ojos, se removió hasta asomar la cabeza, vio el cuello de una camisa azul y gris y una barbilla desafeitada, y volvió a cerrarlos, acurrucándose en su nido de mantas contra el calor que desprendía el cuerpo de Kíli.
Una risa queda y grave apenas a un par metros frente a ella acabó con sus esperanzas de seguir durmiendo un rato más. Se destapó la cabeza otra vez y miró a su espectador con el ceño fruncido.

—Qué.

Sephiroth se encogió de hombros mientras ponía su inventario en orden.

—Parece que hay cosas que no cambian, nada más. —dijo esbozando una sonrisa fugaz mirándole de reojo.

Airin bostezó, se frotó los ojos con una mano y estiró un pie por encima de las piernas dobladas del arquero que roncaba suavemente bajo ella.

—Nngh, no llego. —murmuró intentando en vano darle una patadita al samurai. La ceja alzada del hombre no se movió de su sitio, al contrario que él, que en un acto de misericordia se acercó lo justo como para que la puntera de la bota de la chica tocase su rodilla. Ella sonrió.— Grax.

—De nax. —respondió Sephiroth entre dientes a la broma más antigua de su mundo en común.

Después de un rato de silencio tranquilo, Airin volvió a moverse, ésta vez para incorporarse en condiciones, en vez de seguir como un pegote a medio derretir en el regazo de Kíli, donde había pasado la noche recostada desde su último turno de guardia. Acarició suavemente la mejilla barbuda del chico y después de dejar un beso suave sobre las comisuras de sus labios, reacomodó las mantas para que lo tapasen a él y a su hermano, quien descansaba apoyado contra la misma pared y cuya cabeza rubia reposaba en el hombro del arquero.

—Hmm. —el murmullo concentrado de Sephiroth hizo que se girase hacia él y se sentase a su lado, observando cómo escudriñaba la pantalla luminosa de la omnitool.

—¿Has desayunado? —el cielo de Palanthas empezaba a clarear, como lo habría hecho cualquier otro día normal dentro del juego.
 
El samurai le tendió una manzana de piel extrañamente violeta como respuesta.

—No soy un poring mascoteable —gruñó Airin. Pero mordió la fruta sin titubear. Y después de darle un par de vueltas, decidió mirar sus mensajes privados.

Tenía varios de Daenerys, progresivamente más agitados describiendo la situación en la parte del mapa donde se encontraban ella y su berserker, hasta que finalmente había recibido su última notificación en algún momento de aquella madrugada.

«Díme que estás bien.»

Airin estiró de la piel de la manzana con los dientes, como alternativa saludable a morderse los labios, y empezó a escribir una respuesta conjunta a todo el cúmulo de mensajes.

«Estoy bien, perdona por haber tardado en responder.
Esto es una puñetera locura, estoy en Palanthas, si no se ha quemado toda entera ha sido de milagro. Todos los de mi party estamos bien, el ataque nos pilló en una dungeon debajo de las montañas. La suerte de los tontos no?»

Dejó caer la cabeza hacia un lado hasta que hizo contacto con el hombro de Sephiroth, que no hizo nada por quitársela de encima, y pensó cómo contarle a su ex-novia barra mejor amiga todo lo que había ocurrido desde entonces. Tal vez no pasaba nada por hacer un resumen.

«Me he encontrado con dos de mi party antigua, bueno, de la party de mi hermano. Ichiban y Nightshade son tíos legales. Se van a venir con nosotros, y me alegro.
Ahora estoy con Sephiroth, te acuerdas que te hablé de él cuando íbamos al insti? O sea, no de ~estar~, si no de que literalmente estoy a su lado ahora mismo..»


Airin frunció el ceño mirando el mensaje, borró la última frase, y volvió a empezar donde lo había dejado.

«Me he encontrado con dos de mi party antigua, bueno, de la party de mi hermano. Ichiban y Nightshade son tíos legales. Se van a venir con nosotros, y por un lado me alegro, pero además he encontrado a otra persona que conozco de fuera, de cuando era cría y eso me da mucha cosa.»

—¿Osea que entonces no estás conmigo? —la voz suave del samurai junto a su cabeza se desmentía por el tono divertido con el que había hablado, pero a la joven soldier casi le paró el corazón de un susto.

—Es de mala educación leer cartas privadas por encima de hombros ajenos. —resopló Airin. En serio, tendría que haberlo visto venir.— Y me pasas catorce años, eres viejo.

—A medio camino entre padre y hermano, ¿un niñero con pretensiones de grandeza? —Sephiroth rió entre dientes frotando la barbilla contra el cabello pelirrojo de la chica, como si fuera un gato más grande de lo necesario.

Airin se quedó callada unos momentos, mientras despachaba el mensaje y comprobaba que realmente se hubiera enviado con éxito.

—Ojalá hubieras sido tú mi hermano. —musitó con un nudo en la garganta.

El hombre dejó lo que estaba revisando en su omnitool y le pasó el brazo sobre los hombros, apretándola contra él.

—Airin… —lo que fuera que pensase decirle se le quedó en el tintero al darse cuenta de que la chica estaba revisando los tablones de anuncios del juego, y la lista de bajas diarias de los últimos días. Con el ceño fruncido y expresión taciturna al darse cuenta de detalles que deberían haber sido evidentes antes, afirmó sin asomo alguno de pregunta.— Tu hermano está en el juego.

La chica asintió primero con la cabeza, pero luego encogió un hombro con gesto de incertidumbre.

—Estaba, ahora ya no sé. Si aún está dentro me sigue teniendo bloqueada, así que aunque quisiera tampoco podría ponerme en contacto con él.

—Tu hermano nunca fue precisamente el chico más listo. —dijo Sephiroth con tono cáustico.— Pero es lo suficientemente bruto como para salir de sus líos a mordiscos si le hiciera falta, y además presumir de cómo ha dejado al otro.

—¡Ya, pero...! Ichiban y Nightshade vinieron a Palanthas porque me estaban buscando. A . ¡A mí, que nunca le he importado ni a mi padre ni a mi hermano! —la voz de la soldier se quebró, y tuvo que tragar saliva para poder hablar entre lágrimas— Porque… porque saben que Renji estaría feliz de poder quitarme de en medio y ellos no estaban de acuerdo con eso. ¡Y ojalá yo fuera más fuerte y pudiera no preocuparme por él! ¡Pero no me sale! Por mucho que lo intento, no me sale.

El samurai no estaba preparado para enfrentarse a semejante tirada de sentimientos, pero pese a ello o tal vez por eso mismo, la abrazó con fuerza sin saber cómo responder. No estaba de acuerdo con la idea de que a su antiguo jefe no le importase su hija, pero tampoco quería invalidar sus sentimientos llevándole la contraria en esos momentos.

—Ojalá fueses tú mi hermano. —repitió la chica.

—Airin, la familia no tiene por qué ser obligatoriamente biológica, ni tampoco estar atada por lazos de sangre de nacimiento. —dijo Sephiroth con seriedad. Si algo había podido comprobar por él mismo, precisamente era eso.— La familia de verdad es la gente que está a tu lado cuando lo necesitas, aunque lo único que compartáis sea el almuerzo y la sala de entrenamiento.

—Mmrghh, —aquel resoplido húmedo contra su clavícula no le daba muchas pistas al respecto de su opinión.

—Eres una chica valiente, siempre lo has sido. Y no estás sola. —el hombre echó un vistazo a su alrededor, y se encontró con los ojos marrones de Kíli, que les observaban con un gesto de impotencia en su mirada aún somnolienta.— Tienes a tus amigos. Tienes a tu novio.

La exclamación de protesta y negación al respecto que parecían esperar no llegó, y Sephiroth levantó una ceja divertida en dirección al arquero, quien se sonrojó con una sonrisa tímida.

—Y si de verdad quieres un hermano, me puedes tener a mi.

—¿Lo dices en serio? —pese a su voz trémula, Airin levantó la cara para verle frente a frente, tan incrédula como mocosa.

—Ya he lidiado antes contigo, sé a lo que me enfrento. —dijo con resignación casi profesional. Y con un gesto arrogante ladeó la cabeza haciendo que parte su cabello cayera por encima de su hombro con un movimiento casi líquido.— Además, aunque las comparaciones son odiosas, yo tengo infinitamente más calidad que Renji.

Airin solo pudo abrir la boca sorprendida.

.

~      H e g o a k    e b a k i    b a n i z k i o,    n e r i a    i z a n g o    z e n,    e z    z u e n    a l d e g i n g o.       ~
~      B a i n a n    h o n e l a,    e z    z e n    g e h i a g o    t x o r i a    i z a n g o,      ~
~      e t a    n i k    t x o r i a    n u e n


Shruikan

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #65: October 31, 2018, 09:26:04 PM »
Capítulo 47: [Fnr] Los Señores del Desierto (1)


Fenris estuvo cabeceando durante todo el trayecto de vuelta a Rabanastre, hasta el punto en el que empezó a amanecer sin que él se diese cuenta. Se sentía cansado, demasiado para haber respawneado menos de una hora antes. Su cuerpo digital podía encontrarse en plena forma, pero era como si su mente, orgánica, necesitara descansar igualmente para asimilar todo lo que había sucedido el día anterior.

La Berserker, CrimsonWing, le había acompañado hacia la ciudad. Ella misma pilotaba uno de esos barcos de arena tan comunes en la ciudad del desierto, deslizándola sobre las dunas con maestría. Otro barco encabezaba la marcha, aquel dirigido por Godhand y sus secuaces. Fenris no quería ni mirarla.

El sol ya se alzaba cuando llegaron a las puertas de la ciudad, y el Knight se despertó de un salto cuando la embarcación se detuvo bruscamente.

-Arriba -dijo la mujer, bajando del barco de un salto -. Hay que seguir a pie.

Fenris obedeció, un poco a regañadientes pero sin ganas de discutir. Godhand le dirigió una mala mirada en el momento en el que pisaron tierra, y él le devolvió el gesto con la misma animosidad. Resoplando, el Paladin se echó la capa sobre los hombros y se alejó con aire indignado.

-¿A dónde vas? -preguntó CrimsonWing, con tono firme.

-Tengo otros asuntos que atender -respondió, con un gesto desinteresado de la mano -. Si quieres hacer de niñera allá tú.

Fenris y Violate resoplaron casi al unísono, intercambiando luego una mirada de circunstancias.

-Supongo que siempre hay alguien así en todos los grupos.

-¿Alguien que protesta a la mínima y poco colaborador, quieres decir? ¿Hablas por experiencia? -preguntó ella, divertida, antes de ponerse en marcha.

Él no respondió y su mirada se ensombreció por unos momentos. No quiso reconocer que en su grupo, muy provablemente él fuera ese alguien.

La destrucción causada por el Jhen Moran era visible incluso desde el exterior de la ciudad, con las murallas dañadas y destruidas en algunas partes. El boquete por el que entraron fue el que hizo el monstruo al entrar, más grande incluso que una de las puertas.

Rabanastre estaba inusualmente silenciosa. Ni siquiera la musica ambiental estaba funcionando, y tan solo se escuchaba el murmullo de la gente y el silbido del viento al cruzar la ciudad en ruinas. No había mucha gente en esa zona, tan solo jugadores curiosos y npc desorientados que no encontraban el lugar en el que deberían estar. Era casi triste verlos, vagando como almas en pena.

CrimsonWing no se detuvo a contemplar ninguna de esas cosas, avanzando por la calle a largos pasos. Fenris tenía que apresurarse para alcanzarla, mirando a su alrededor con inquietud. El Jhen Moran había dejado una vía despejada en medio de la ciudad, y el Knight se preguntó si en algún momento Rabanastre se recuperaría de aquella destrucción. No sabía como funcionaban esa clase de cosas dn Neverland; había sido un hecho sin precedentes.

Pronto abandonaron la senda para internarse en los callejones de la ciudad. Tuvieron que escalar algunos escombros y cruzar edificios derruidos hasta el punto de que era difícil orientarse, pero la Berserker parecía saber muy bien a donde iba.

Llegaron a la plaza de las guilds cuando el sol ya despuntaba por encima de las murallas. La zona estaba más concurrida que las desérticas calles. Los jugadores se juntaban frente a las bases de sus guilds, grandes o pequeñas, o simplemente se aprovechaban de la seguridad que ofrecía el lugar. La plaza era uno de los pocos lugares que parecía haber quedado más o menos intacto.

Violate le guió frente a la puerta de un gran edificio cercano al muro exterior. Las enormes puertas de madera que permitían acceder al interior estaban cerradas, así que la Berserker se dirigió a una pequeña portaleta lateral. Fenris no esperaba, una vez cruzado el umbral, encontrarse en el interior de un astillero.

-¿Qué es esto? -preguntó, un poco confundido. Apartados en los muelles, había tres enormes galeones de arena. Eran imponentes a pesar de que todos parecían haber sufrido daños. Aquel en el centro tenía el mastil roto. Los otros estaban más o menos igual, con las velas raïdas y agujeros en la quilla.

-Nuestra flota -respondió Violate, torciendo los labios -. O lo que queda de ella. Perdimos mucho en el ataque del Jhen Moran. Ven.

Le hizo un gesto a Fenris para que la siguiera, acercándose al puente de madera que cruzaba los muelles en dirección a una fachada interior con varios balcones. Era un diseño extraño y el Knight se quedó medio ensimismado viéndolo hasta que una figura imponente apareció frente a ellos, saltando desde la cubierta de uno de los barcos.

-¡Ey! ¡Violate, ya has vuelto! -dijo el hombre, apartándose las gafas protectoras de la cara y revolviéndose sin querer el pelo azul. Un Mechanic sin lugar a dudas. Fenris no había conocido otra clase que estuviera tan familiarizada con el aceite y la mugre. -¿Cómo andan las cosas ahí fuera?

-Pues parece que las cosas por fin se han calmado -. La Berserker se puso las manos en la cintura -. Michael y yo estuvimos haciendo limpieza de los monstruos que quedaban y llevando los jugadores a un lugar seguro. De hecho… -Se apartó lo justo como para monstrar al Knight detrás de ella -… traigo aquí a un recluta con potencial.

-¿Eh? -El Mechanic se inclinó hacia delante para mirarle con el excepticismo pintado en el rostro. Fenris le sostuvo la mirada con toda la dignidad que fue capaz de concevir -. No se yo, ¿tú crees que va a pasar el listón de Ruby? No tenemos miembros nuevos desde hace quien sabe cuándo.

-Eso ya no és cosa mía decidirlo – respondió ella, encogiéndose de hombros y haciendo que Fenris frunciese el ceño.

-Espera, fuiste tú la que me dijo que me uniera a la guild. ¿Ahora vas y me dices que puede que ni me cojan? ¿Qué forma de hacerme perder el tiempo es ésta?

-Vaya, te lo has buscado con carácter esta vez. -Franky volvió a bajarse las gafas y le dio un golpe a Fenris que quería ser amistoso. Sin embargo, con sus enormes manazas, sólo consiguió desequilibrarle -. Puede que éste le guste entonces. Esa mujer es más caprichosa que una mona con vestido.

-¿A quien le llamas mona con vestido, gorila?

Al darse la vuelta, detrás de ellos había una chica morena, con el pelo recogido en dos coletas y un vestido rojo de confección elegante que parecía gritar “mago”. Sin embargo, Fenris reconoció el guante de cuero y metal que llevaba en la mano izquierda, cargado de joyas, característico de los Rune Mages.

-¿Pues quién va a ser? -dijo el Mechanic, sonriendo con picardía -. No veo a nadie más que traiga vestido, a menos que consideres el mal gusto de Michael.

La chica, Ruby (Kaleidoruby para ser exactos), puso los ojos en blanco.

-Que no te oiga o tendremos otro pleito. Y no pienso meterme en una discusión de bobos otra vez.

-Hablando de eso -. Violate casi alzó a Fenris en volandas, dejándole frente a ella -. Este es Fenris. Tuvo un pleito con Michael y en compensación me pareció apropiado ofrecerle la protección de nuestra guild.

Por primera vez desde que la conocía, Fenris notó cierto nerviosismo en la Berserker, como si se estuviera dirigiendo a un superior en el trabajo.

-¡¿Otra vez?! -la Rune Mage soltó un suspiro exasperado, pero enseguida recobró la expresión irritada, cruzándose de brazos -. No somos una organización de caridad. No puedes ir reclutando a gente así al tuntún, Violate, ya lo sabes.

-Es por eso que te dejo a ti juzgarlo. -Le dio un empujón a Fenris para que se acercara a Ruby, y éste le dirigió una mirada furibunda -. Creo que tiene potencial debajo de todo ese equipo de rango bajo.

-Oiga -empezó él, dispuesto a protestar, aunque creía entrever un halago debajo de su tono desinteresado.

La Berserker se rio por debajo de la nariz y se alejó, despidiéndose con la mano. Quedaron los otros dos compartiendo un silencio incómodo a pesar del barullo que había en los astilleros. Finalmente, ella suspiró.

-¿Por qué siempre me dejan a mi solucionando todos los problemas? -Se quejó por lo bajo. -En fin. A ver… Fenris. Si de verdad quieres estar en nuestra guild, tendrás que probar que lo vales. Los Señores del Desierto no recogemos a cualquiera y…

-No quiero formar parte de vuestra Guild.

Kaleidoruby se quedó con la boca abierta a medio discurso, desconcertada.

-¿Cómo que no? ¿Entonces que estás haciendo aquí?

-Tu compañera casi que me obligó a venir o iba a dejarme tirado en medio del desierto -dijo él, señalando la dirección en la que Violate se había ido con algo de rencor. -Pero yo no quería unirme a vuestra estúpida guild. ¡No me gustan las guilds! Prefiero hacer las cosas por mi cuenta.

La cara de la Rune Mage pasó de la incredulidad a la indignación en menos de un segundo.

-¿Estúpida…? No, no, no, Fenris; creo que no sabes bien con quiénes estás trantando -dijo, con una risa absolutamente falsa.

-Los Señores del Desierto, una de las guilds más antiguas de Neverland. Un puñado de buscapleitos mercantes. -Fue su turno de cruzarse de brazos -. ¿Cómo se llamaba vuestro antiguo guildmaster? Tengo entendido que lo banearon un par de veces.

-Eso es agua pasada -dijo ella, con frialdad. Con solo un gesto, pareció ganar una presencia más imponente -. Nuestra guild es de lo mejorcito que puedas encontrarte en el juego; eres un necio si crees que no vas a ganar nada uniéndote.

-Ya. Todas dicen exactamente lo mismo. No veo que tiene la vuestra de especial en comparación con el resto.

-¡Bah! ¡Eres un ignorante! ¡Un idiota! -Le clavó el dedo en el pecho, arrancando un chasquido metálico de su coraza -. Te voy a enseñar por qué nuestra guild es la mejor y vas a tragarte tus palabras. ¡Sígueme!
"Who would understand you after I die? Who else would march forward by your side?"

"when I think that you will live on all alone henceforth, I can’t help but shed tears…"