Author Topic: neverland 2.2: you can (not) fight  (Read 8612 times)


Shura

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #60: August 31, 2018, 07:46:46 PM »

“Mueve el dedo gordo”
Era el pensamiento de Shura ya como intento desesperado, totalmente despierta pero incapaz de moverse por el estado de congelación.
La habían dejado descansando en una habitación para ella sola, pero demasiado nerviosa para apreciar el detalle, iba a intentar moverse por su cuenta, obtener algo de información de quienes la habían ayudado y huir si la detectaban. Por suerte, después de un par de horas, logró lo más difícil que era empezar a moverse.
“Gracias Tarantino, prometo ver alguna otra película tuya que no sea Kill Bill...”

No estaba muy segura de cuanto tiempo había transcurrido, pero paso de estar tumbada a conseguir incorporarse en la cama, lastima que en todo aquel tiempo, no hubiera reparado que no estaba sola en la habitación...
Una criatura Poro, con un trote tan rápido que por su largo pelo blanco parecía flotar en vez de caminar sobre el suelo, salio de debajo de la cama, colándose por la puerta entre abierta de la habitación no tardando en aparecer por el otro el hombre calvo del bigote que la observo fijamente dejándola inmovilizada por la sorpresa.
-Parece que ha despertado, ¿estar bien chiquilla?
Intentó decir que sí, casi no se escuchó, podía hablar pero su voz era como un silbido directo desde la seca garganta.
La puerta se abrió entrando ambos hombres, Braum y Taric, el segundo se aproximo hacía ella agachándose para colocarse a su altura, la tomo de la barbilla, que aunque le sorprendió, no le resultó un gesto amenazante dada la delicadeza con que lo hizo.
-¿Te encuentras bien? -Preguntándole comenzó a empujar su barbilla para que moviera la cabeza hacía los lados y asintiendo-. No soy medico, -le sonrió con complicidad traviesa- pero supongo que si que estas bien.
Si Shura no hubiera estado tan sorprendida y preocupada, hubiera apreciado más el gesto amistoso.
-Por favor, no la atosiguéis.
Hizo aparición el tercer gigantón, el tal Jonathan, con una bandeja humeante de sopa.
-Te he preparado algo para comer, he pensado que podía ser lo mejor dado tu estado, pero tenemos más reservas de comida por si quieres otra cosa o te quedas sin hambre.
-¡La sopa es lo mejor! ¡Come! ¡Come mucho para crecer fuerte amiguita! -Braum le dio unas palmaditas afectuosas en la cabeza, escapandosele una sonrisa cuando Taric puso los ojos en blanco, este también le devolvió la sonrisa encogiéndose de hombros.
-Salid todos fuera, todavía no esta recuperada, ya nos hablará si le apetece -Jonathan, le dejo la bandeja en la mesilla de noche.


Neko

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #61: September 23, 2018, 01:47:37 PM »
.59

—No. —fue la respuesta tajante de la líder de la Guild.

Anir se echó un poco hacia atrás, extrañada. Hasta el momento Firehawk había sigo comprensiva y un gran apoyo en un tiempo de necesidad. Esto tenía que tener una explicación, no sólo un porque sí. ¿Verdad?

—Pero, ¿por qué no? —preguntó Anir, siguiendo a Lilith por un pasillo abarrotado de la Guid.

Un grupo había vuelto de ayudar a unos cuantos novatos a subir de nivel y hacer quests de job y el caos reinaba en la planta baja del edificio.

—Ahora mismo estamos bastante liados, como puedes ver.

Neko tuvo que clavar un codo en un desconocido para hacerse sitio, correteando detrás de su líder, en busca de la verdad.

—Pero hay un… no, dos, ¡tres mechanics en apuros! Te aseguro que Hiksti es de los mejores dentro del juego. Tenerlo a él en la Guild sería…

No pudo continuar, porque Firehawk paró su caminata y se giró para apretar un dedo sobre el pecho de Neko.

—¡No hay más espacio en la Guild! Estamos hasta los topes y ahora mismo tengo otras prioridades.

La mirada dura de Lilith le hizo tragar saliva, dejándola congelada en su sitio.
El bullicio a su alrededor seguía y alguien empujó a Neko, haciendo que diera medio paso hacia delante para no caerse. Pero ella no registraba nada que no fuese la espalda de Lilith alejándose.

—¿Qué?


————

—¿¡Qué!? —exclamó Milo cuando Anir le explicó lo que había pasado en su entrevista con Firehawk.

Neko seguía sin saber cómo reaccionar. A su izquierda, Yuzuriha le puso una mano en el hombro y Hyoga bajó la cabeza consternado.
No había podido encontrar a Watari, que seguramente estaría usando alguno de los talleres o ayudando a alguien.

—No me lo puedo creer… —continuó Milo, empezando a caminar de un lugar a otro, con el ceño fruncido y sin saber que hacer con las manos, sacudiéndolas de aquí para allá.

Anir suspiró antes de añadir a la conversación:

—Pues créetelo.

—Vamos a tener que ir nosotros… —murmuró Hyoga, mirando a sus compañeros.

Eran cuatro en ese momento, necesitaban al menos dos jugadores más para entrar a la torre.
Milo seguía despotricando, Hyoga tenía cara de preocupación y Yuzuriha apretó un poco más el hombro de Neko.
Ella ya no podía más.

—¡Basta! —dijo, levantándose de la silla de repente—. ¡Ya basta! ¡Vamos a ir a salvar a nuestros amigos y ya está!

Anir tomó aire, levantando la barbilla.

—¡Si no nos quieren ayudar nos iremos! —añadió Milo.

El peso de sus palabras pareció hundirles un poco más en el estado de desesperación en el que se encontraban. Yuzuriha se puso alerta, ajustándose la bufanda.

—¡Milo! —le llamó.

Y hasta el bardo pareció asustado de sus propias palabras.

—Pero… —intentó añadir Hyoga, aunque la mano de Anir en su pelo le hizo callarse.

—Tiene razón, Yuzu, y lo sabes.

Milo se señaló a sí mismo, extrañado.

—La Guild está llena, ¿no? —preguntó Anir, mirando a cada uno de ellos a los ojos antes de seguir—. Max, Monica, Hiksti… ¡y Hiro! Se quedarían fuera.

Anir negó con la cabeza.

—No es justo y aún le falta mucho a la Guild para subir de nivel, lo he mirado antes de buscaros. Así qué… —empezó Anir antes de lamerse los labios y empezar a hablar—. Esto haremos.


————

«Lo primero será llenar nuestros inventarios.»

Esa había sido la instrucción que les había dado a sus amigos. Así que, siguiente sus propias pautas, caminó entre los pasillos de la Guild, buscando un acceso al inventario compartido.
Tenía una lista de materiales y armas que quería de vuelta y esperaba recuperar gran parte de todo lo que le había dado a la Guild en los días que había sido parte de ella.

«¿Y Watari?» había preguntado Hyoga.

Yuzuriha se había reído suavemente antes de contestar.

«Es un genio, pero no es capaz de callarse un secreto, es mejor avisarle cuando acabemos.»

Hyoga había suspirado aliviado, el mismo sonido que hizo Anir cuando encontró un lugar tranquilo en el que llenarse el inventario.
Estaba leyendo los mensajes de sus compañeros, confirmando las cosas que ya habían podido sacar, cuando una respiración en la nuca le hizo darse la vuelta de golpe.

—¿Qué haces? —preguntó notathief, ladeando la cabeza y pareciendo inofensivo.

—¡Qué susto me has dado, idiota! —exclamó Anir, abrazándose a sí misma para intentar calmarse.

Locke levantó una ceja, interesado de repente en aquella reacción.

—¿Estás bien? —preguntó, moviéndose para ponerse de pie.

Anir le imitó, mientras su omnitool seguía avisando de las notificaciones con brillitos verdes en su brazo. Al menos había podido minimizar la pantalla, aunque no tenía claro si notathief había llegado a ver algo.

—Sí… —mintió antes de apartarse un mechón de pelo de la cara y pensárselo mejor—. ¿Sabes qué? No, no estoy bien. Un amigo mío está en peligro y me voy a ayudarle. Sola. Porque los demás tienen cosas más importantes que hacer.

Anir intentó empujar a Locke para salir del rincón en el que estaba y el chico dio un par de pasos hacia atrás, pero se vio que no pillaba la indirecta.

—Bueno, yo estoy libre —ofreció, curioso—. ¿A dónde váis?

—Da igual, Firehawk seguro que te necesitará cerca. —contestó con una sonrisa forzada antes de intentar marcharse otra vez.

Locke le dejó pasar, pero decidió empezar a seguirla.

—No creo, siempre voy a la mía. Me apetece ir, aún no te he devuelto el favor de las dagas… —puso como excusa.

—¡Ni hace falta que me lo devuelvas!

—Espera. —pidió antes de intentar agarrar a Anir de la muñeca.

Lo único que consiguió fue recibir un golpe de esa misma mano.

—¡Me voy!

—¡Eso ya lo veo, mujer! ¡Deja que te acompañe!

Anir se plantó donde estaba y Locke se chocó con su espalda. Neko se dio la vuelta mientras Locke daba un par de pasos hacia atrás, con las manos en alto y las palmas hacia ella.

—Me voy —repitió más tranquila antes de carraspear—. De hecho, nos vamos. Yo y mis amigos.

—Ya, pero…

—Nos vamos de la Guild.


————

«Después tenemos que irnos sin levantar sospechas.»

Hyoga había sido el primero en salir de la Guild. Vestía una capa negra, larga y raída, con pendones al final. El equipo que llevaba debajo era de cuero oscuro y ajustado. El cuello estaba abrigado con pelo rizado y blanco —igual que el extremo de sus botas altas— y los guantes eran de un azul eléctrico que realmente le gustaba mucho.
Apoyó los pulgares en su cinturón negro, dándose cuenta de que el fajín que llevaba debajo era del mismo azul que los guantes.

«De uno en uno. El primero que compruebe que los warps funcionan.», había instruido Neko.

Y Hyoga había hecho justo eso. Mandando un mensaje al pequeño chat grupal que habían creado para informar de que, como esperaban, los warps volvían a estar abiertos.

Yuzuriha y Milo llegaron detrás de él. Los dos vestían de blanco y negro, con cuero y remaches por todas partes. Era raro ver a Yuzuriha sin su bufanda roja, pero la había cambiado por un pañuelo vaporoso que le tapaba desde el puente de la nariz.
Milo se estiró las mangas de su sudadera a rayas y se dejó caer sobre un banco cercano. Parecía nervioso.

—¿Qué te pasa? —preguntó Hyoga, de pie delante de él.

Milo levantó una mano, frotándose la nuca mientras miraba hacia un lado, extrañamente ausente. El maquillaje oscuro resaltaba sus ojos claros.

—Nada, sólo espero que no nos estemos precipitando por mi culpa.

Yuzuriha apoyó una mano en el pelo de su amigo, intentando poner orden en sus rizos.

—Tú lo has dicho en el calor del momento, pero parece que Anir lo había pensado antes de proponerlo. Y todos hemos aceptado.

Hyoga se dejó caer en cuclillas, con la cabeza gacha.

—Bueno, todos no…

—Ya avisaremos a Watari, no te preocupes. —dijo Milo, con una sonrisa animada que contrastaba con su humor de hacía sólo unos segundos.

Hyoga levantó la cabeza, mirando a sus compañeros, pensando en Ikki y Shun. No tenía claro si alguno de ellos se acordaba de aquellos dos.
Andromeda y Bennu habían sido su salvación cuando se cerró el servidor y no quería dejarlos atrás.

«Y cuando estemos todos...»

Oyeron los pasos antes de ver quién se acercaba. Hyoga se puso de pie, Yuzuriha se cruzó de brazos y Milo se reclinó un poco para poder ver quien venía.

Neko llegó ajustándose las gafas encima de la boina gris que llevaba. La calavera que llevaba uniendo los tres cinturones cruzados sobre su vientre reflejó la tenue luz de Sanctuary.
No venía sola.

—¿Qué hace éste aquí? —preguntó Milo, levantándose mientras se ponía la capucha de negra de la sudadera que llevaba debajo.

Hyoga se llevó las manos enguantadas a la chaqueta de cuero que llevaba puesta, sin poder evitar preguntarse si la similitud entre su equipo y el de notathief era una mera coincidencia o no.
El stalker también vestía cuero negro, aunque su chalequito era corto y de cuello alto y debajo de eso sólo le protegía una fina camiseta de red apretada.

—¡Ey! Éste tiene un nombre. —se defendió Locke, con las manos en los bolsillos y una ceja levantada.

—Está aquí para ayudar. —explicó Neko, acercándose al warp para empezar a ver las opciones de viaje.

—No podía saber que una chica está en apuros y no ayudarla, ¿verdad? —comentó Locke antes de guiñarle un ojo a Milo.

Hyoga se cruzó de brazos, Yuzuriha miró a Milo, esperando su reacción. Él entrecerró los ojos antes de girarse hacia Neko.

—¿Pero este tío sabe que vamos a rescatar a un chaval?

—Se refiere a mí, Milo —explicó Neko antes de sonreír hacia los demás—. Ya está, ahora os mando el descuento.

—¿Qué? —preguntó Hyoga, confundido—. ¿También te hacen descuentos en warps?

La sonrisa de Neko se volvió mucho más maliciosa y Hyoga supuso que no necesitaba más explicación.

—¿Y ya es de fiar? —preguntó Milo, acercándose a Neko mientras esperaba que le saltase la notificación de regalo.

Neko le echó un par de miradas rápidas a Locke antes de encogerse de hombros.

—Eso creo.

Locke respondió ampliando su sonrisa y chocando un hombro contra Hyoga mientras pasaba a su lado para acercarse al warp.
Neko llamó a Hyoga para explicarle cómo aceptar el pase y de qué forma tenía que usarlo. Milo seguía con el ceño fruncido mirando a Locke, que sonreía como si hubiera sido amigo suyo desde el principio. Crane estaba ajustándose un poco mejor el turbante que llevaba en el pelo y notathief señaló las cadenas que colgaban del top de la dancer, señalando luego las que él llevaba sobre las costillas, intentando hacer algo de conversación.

—Bueno, ya estamos todos.

—No me has dicho dónde vamos. —recordó Locke.

—Vamos a Snowbelle, el plan es reunirnos con un amigo allí y avisar a Watari para que venga con nosotros. —informó Anir, bajándose un poco la corta falda de cuero negro que llevaba puesta.

Locke asintió, llevándose una mano a la barbilla, acariciándose el labio inferior pensativo.

—La Torre de la Insolencia no está lejos de Snowbelle, con unas buenas monturas llegaremos pronto.

Milo pasó un brazo por encima de los hombros de Yuzuriha y ella se agarró a su mano casi inmediatamente.

—¿Conoces la Torre de la Insolencia? —preguntó Milo, ahora con curiosidad, aunque todavía le quedaba algo de recelo.

Locke se encogió de hombros antes de invocar una de sus dagas favoritas y jugar con ella.

—He estado allí antes, sé lo que hay que hacer. —aseguró el stalker.

Milo entendió entonces porque Anir había decidido llevarlo con ellos, pero aún así, se quedó preguntándose si éste miembro de Crimson Raiders sabía lo que estaban a punto de hacer.

—Bueno, basta, ya tenéis todos el pase. Es hora —apresuró Neko, empujando a Hyoga hacia el warp y haciendo gestos a los demás para que la siguieran.

El tiempo era oro y necesitaban cumplir con su misión.

«… nos iremos de aquí.»


Neko

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #62: September 25, 2018, 03:19:05 PM »
60.

La temperatura en Snowbelle no era muy diferente a la de Sanctuary, aunque sí que había algo radicalmente diferente: el paisaje.

—¿Has estado alguna vez en Snowbelle? —preguntó Neko, ladeando la cabeza mientras miraba cómo Hyoga observaba la ciudad.

Uh, bueno. Llamar a Snowbelle ciudad era… tal vez le quedaba un poquito grande el título. Era más como un pueblo, bien bonito y pintoresco.

—No. Es… me recuerda a casa. —confesó Hyoga, intentando luchar contra la sonrisita triste que intentaba apoderarse de sus labios.

Anir miró al suelo mientras caminaba con sus botas negras por el suelo frío de Snowbelle, acercándose a uno de los puentes de madera.

—A mi me pasa con los talleres de la Guild —le dijo, antes de carraspear y corregirse—. Me pasaba.

—¿Y eso? —preguntó Hyoga, cambiando su estado de potencialmente triste a totalmente curioso.

—Mi padre tiene un taller.

No le dio tiempo a decir mucho más, Milo la estaba abrazando, intentando meterla dentro de una de sus dos sudaderas y Yuzuriha llegó justo detrás de él.

—¿A dónde ahora, jefa? —preguntó Locke, aún jugando con su daga.

—¿Ahora soy la jefa? Hmn, ah sí… —musitó Neko mientras se ponía cómoda dentro de la chaqueta de Milo—. Si Max y Monica no están aquí en el warp, estarán en la única posada que hay en toda Snowbelle. ¡Vamos!


————

Y Neko había tenido razón.

—¡Max, Monica! —gritó Milo antes de correr a abrazar a dos jugadores que estaban sentados en una mesa de madera, con vasos y platos vacíos delante de ellos.

—¡Milo! —gritó el chico, abrazando de vuelta al bardo.

—Milo… —Y aunque había dicho lo mismo, el tono de la chica era uno de advertencia.

—Milo, que los ahogas. —dijo Neko, con un sonsonete divertido.

—Ay, perdón… —pidió Milo antes de poner sus manos en un hombro de cada jugador y apartarlos un poco—. Me alegro tanto de que estéis bien.

Hyoga se quedó a un lado de la puerta, mirando como el resto del grupo interactuaba. Intentando averiguar algo más de aquellos dos jugadores misteriosos.

Un escaneo rápido le dejó saber que sus nicks eran WrenchAce y MoonPrincess.
El chico era rubio y se ajustaba una gorra marrón mientras hablaba animado de lo que parecían sus aventuras en los últimos doce días de juego.
Ella, pelirroja y con el pelo largo recogido en una coleta espesa, era duelist y añadía detalles al relato de Max.
Los dos eran más bajitos que Anir. Al menos, sus avatares.

Un golpecito suave en su hombro llamó su atención. Locke estaba mirándole con la cabeza ladeada y sonrió antes de señalar al grupo con la cabeza.
Hyoga le siguió hasta la mesa.

—Hola, soy notathief, no nos conocemos. —saludó el stalker.

Los chicos no tardaron en presentarse y cuando Milo se dio cuenta de que Hyoga se había acercado, lo agarró de los hombros.

—¡Aún no conocéis a vuestro nuevo hermano!

—¿Otro? —preguntó Monica, aunque su sonrisita dejaba ver que su tono de enfado no era cierto—. Tienes un problema, Stark.

Milo se encogió de hombros.

—Bueno, el primer paso es reconocerlo, aunque no pienso hacer nada al respecto —aseguró, levantando las cejas antes de presentar al sorcerer—. Se llama Hyoga y es perfecto.

Yuzuriha no pudo contener la risita y Neko se echó a reír abiertamente, mirando como Hyoga se sonrojaba, sin saber qué decir.

—No te preocupes, Milo nos ha hecho eso a todos en algún momento. —le tranquilizó Max, tendiéndole una mano enguantada.

Continuaron hablando un poquito más, mientras Neko miraba sus mensajes.

—Hipo está al caer. —dijo en alto, aunque a nadie en concreto.

—Oye, ¿alguien ha avisado a Watari? —se le ocurrió a Milo.

Todos se miraron. Ninguno asintió.


————

Cuando Watari recibió una notificación en su omnitool no le dio mayor importancia. Estaba ocupado inventando; así que se ajustó las gafas mejor y continuó trabajando unos minutos más.

La omnitool no le dejó seguir con lo que estaba haciendo. Un ruidito tras otro, las notificaciones se acumularon raudas e insistentes.

—Ay, pero por todos los… —Watari se cortó a tiempo, invocando la pantalla para silenciar el menú, aunque cuando vio de quien eran los mensajes decidió echar un vistazo rápido antes de hacerlo— … ¿Qué?

Watari se puso mejor las gafas antes de volver a leer.

—¿¡Qué!? —gritó contento, poniéndose de pie de golpe.

El otro mechanic que le había estado ayudando en el taller que estaba ocupando le miró extrañado.

—¿Qué pasa?

Watari empezó a recoger tan rápido como pudo.

—¡Han encontrado a otro de mis alumnos! —exclamó, aunque su cara pasó de euforia a preocupación—. Bueno, no me alegro de que esté aquí, pero me alegro de que esté vivo.

El otro mechanic asintió, haciendo un ademán con la llave inglesa antes de volver a lo suyo.

—Entendible. —contestó, asintiendo con la cabeza.

—No pasa nada si me voy a verlo, ¿verdad? —dijo mientras estrujaba la tira de su bolso de cuero entre dos manos enguantadas.

—Nah, hombre, vete y traelo. ¡Cuanto más del gremio, mejor! —aseguró con un guiño y Watari levantó un pulgar antes de salir corriendo del taller.

Su bata blanca volaba detrás de él y pronto estuvo empujando la puerta de la Guild, sin saber que esa era la última vez que podría hacerlo como Crimson Raider.


————

Aunque se notaba que Anir y los demás tenían algo que decir, la chica insistió en que prefería esperar a Watari para explicar la situación.

—¿¡Quién me ha echado de menos!? —gritó Watari con los brazos abiertos después de entrar en la posada.

Por la falta de vitoreos supuso que nadie y el mecánico se encogió de hombros mientras Max lo recibía con un apretón de manos afectuoso.

—Siéntate —le aconsejó Anir a Watari—. Vosotros también.

Max tomó asiento, curioso. Monica estaba un poco más recelosa, simplemente por la expresión seria en el rostro de Anir.
Neko no tardó en explicar lo que había ocurrido una hora antes en Sanctuary.

—¿Entonces nos salimos de la Guild? —preguntó Watari confundido—. Pero… Pero son muchos y nos estaban ayudando.

—Sí, pero no pueden ayudar a más gente y no vamos a abandonar a nuestros amigos.

Watari asintió de inmediato, aquel no era un punto a discutir para ninguno de ellos.

—¿Y tú, porqué estás aquí? —preguntó ahora Watari a notathief.

—¿¡Verdad!? Lo mismo me pregunto yo. —añadió Milo.

—Sois divertidos de observar. —dijo sin más, con una sonrisita juguetona en los labios.

—¿Y si es un espía? —continuó presionando Watari, con los ojos entrecerrados.

—Dejadlo ya. Watari, eres más paranoico que yo. —Neko intentó cortar la discusión antes de que fuese a más.

—Yo… —murmuró Hyoga antes de levantar la barbilla y cuadrar los hombros, hablando más alto—. ¿Vamos a crear alguna Guild?

—No hace falta, no realmente —informó Anir, señalando a WrenchAce y MoonPrincess—. Ellos todavía están dentro de nuestra antigua Guild. ¿Cuál de los dos es el administrador ahora?

—Yo —dijo MoonPrincess—. Os puedo invitar cuando queráis.

—¿Vamos a hacerlo ahora? —preguntó Yuzuriha, acercándose un poco más a la mesa.

Hyoga se mordió el labio inferior, preguntándose si sería buen momento para dejar caer a Shun e Ikki en la conversación. A su alrededor, los que estaba empezando a considerar su familia estaban saliendo uno tras otro de la única Guild que había conocido.
Se sentía un poco como un traidor, pero al mismo tiempo… entendía la situación de Monica y Max.

Se quedó mirando su omnitool después de invocarla y dejó los dedos suspendidos encima de la pantalla holográfica, casi acariciando el nombre de la Guild.
Endureciendo la mirada, resolvió que ya tendría tiempo de explicar a los demás el porqué de su decisión. Apretó el botón para salir de la Guild y casi inmediatamente le llegó una solicitud para unirse a Night Fury.

Mientras el resto hablaba sobre quién debería ser ahora el líder, Hyoga seguía sin hacer desaparecer el menú de la omnitool. Después de pensarlo revisó sus mensajes, viendo como el cursor parpadeaba en la casilla del chat de Shun.

—¿Hyoga? —preguntó Milo, haciendo que levantase la vista de repente—. Estamos votando el nuevo líder.

Hyoga dejó caer el brazo y la omnitool desapareció con el movimiento.

—Neko. —contestó casi de inmediato.

—Pues ya llevas cuatro votos, creo que está claro —informó Milo, mirando a los demás y agregó levantando los dedos de una mano:—. Si las matemáticas no me fallan.

—¿¡Pero por qué!? —gimió Anir.

Los siguientes minutos pasaron rápido. Milo pidió comida y bebida para todos, Anir se fue de lleno a arreglar y revisar inventarios y accesos directos.
Estaban a medio almorzar cuando alguien abrió la puerta. La nieve se coló con copos perezosos en la taberna y el recién llegado se bajó la capucha, revelando su identidad.

—¡Hipo! —saludó Watari y Neko dejó todo lo que estaba haciendo para colgarse de su cuello.

—¡Hiksti! —saludó Neko antes de soltarle y darle un golpe con el puño en pleno pecho— Idiota, ¡llegas tarde! Y yo preocupada, podrías haber escrito o algo ¿Qué tenemos que hacer?

Hiksti se sobó el golpe, poniendo cara de dolor antes de sonreír de medio lado.

—Vale, vale… por partes. —contestó hipo3, levantando las manos, como si intentase calmar a una fiera—. ¿Les has contado de qué va el tema?

—¿El tema? —preguntó Max antes de saludar con la mano—. Hola, Hiksti.

—¡Ey, Max! No sabía que tú también estabas aquí —Hiksti tomó asiento entre Watari y un hueco libre, que pronto fue ocupado por Neko—. ¿No lo saben?

—Ellos sí —explicó Neko, señalando al resto de la mesa—. No me ha dado tiempo de informar a Max y Monica, nos los hemos encontrado esta mañana.

—Mi hermano está encerrado en la Torre de la Insolencia, solo.

—¿Captain Genius?  —preguntó Max mientras se comía una patata.

Se había quitado los guantes y estaban encima de la mesa, junto con su boina.
Hiksti asintió, más serio que de normal, aunque con la misma cara de preocupación que siempre.

—¿Y cómo piensas sacarlo de ahí? Ya sabes qué… —empezó a decir MoonPrincess, aunque hizo una pausa para pensar cómo decir lo que quería decir.

Hipo aprovechó la pausa para continuar hablando.

—Pensaba sacrificar una de mis vidas una vez estemos todos a salvo al final de la torre, en el último piso —dijo sin rodeos—. Entenderé si alguien no quiere venir.

El silencio era roto por el crepitar del fuego en la chimenea y las notas de la guitarra de Milo al fondo de la taberna.
Yuzuriha se levantó, ajustándose mejor los pendientes antes de darle la mano a Monica. La duelist tomó el apoyo para levantarse ella también.

—Bueno, un amigo está en peligro. ¿A qué estamos esperando?

—Me has quitado las palabras de la boca. —se unió Neko, levantándose también.

Parecía que nadie quería discutir la decisión y Hiksti se tomó un momento para respirar y se levantó de golpe con gratitud en los ojos y esperanza en su sonrisa.
Su expresión cambió a una decidida y dio una palmada en la mesa.

—¡Vamos!


————

El camino hasta la Torre de la Insolencia era algo accidentado, pero no era nada para dos mechanics expertos como Neko y Hiksti.

—Aún no sé por qué no me habéis dejado conducir. —dijo Watari, cruzado de brazos en la parte de atrás del cuatro por cuatro.

Milo se santiguó y Yuzuriha hizo lo posible por no rodar los ojos.

—Y ni siquiera soy creyente… —murmuró Milo, esperando a llegar a salvo a la dungeon.

El edificio se podía ver desde lejos, entre una curva y otra de la carretera. Y para lo frondosa que había sido la montaña hasta ahora, ver aquella zona prácticamente desprovista de vegetación, era extraño.

Por fin llegaron a la explanada delante de la Torre y los dos vehículos aparcaron uno al lado del otro. Hyoga se puso los guantes en cuanto salió del coche y levantó la mirada, siguiendo los pisos hasta la parte más alta.
La Torre ya era impresionante por sí misma, pero las ruinas a su alrededor la hacían ver todavía más imponente. Y por si hubiera faltado algo, las nubes se arremolinaban alrededor en su punto más alto.

Aquello, pensó Hyoga, mirase por donde lo mirase no pintaba fácil. Pero no sabía cuánta razón iba a tener en unas horas.


Shruikan

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #63: September 30, 2018, 02:48:42 PM »
*dabs*



Capítulo 46: [Shk & Ulq] Cebo vivo

—Pues a ver, señor fabuloso, ¿cuál es ese plan?

Shruikan no parecía del todo convencida, esgrimiendo la espada e intercalando la mirada entre el monstruo y su nuevo aliado. Inconscientemente alargó un brazo hacia Ulquiorra, como intentando que se pusiera detrás de ella, pero el Biochemist no se dio por aludido.

Sus ojos verdes brillaban en la penumbra con una fría determinación que pocas veces le había visto.

—Es muy sencillo. —El Dragoon dio un par de pasos adelante. El ruido que hicieron sus botas contra la roca llamó la atención del Gigginox, que volteó su extraña cabeza ciega en su dirección —. Por el momento, sólo hay que seguir atacándole. Tú, Biochemist, ¿llevas antídotos?

—Por supuesto. —Ulquiorra casi parecía ofendido ante la indirecta de que no iba suficientemente preparado.

—Pues guárdatelos porque los vais a necesitar.

Y habiendo dicho eso, hizo girar el tridente en su mano, lanzándose contra el monstruo con un grito feroz. El Gigginox se encogió sobre uno de los flancos, girando sobre sí mismo y tratando de golpearle con una ala. Dragonlord consiguió esquivar el golpe, pero no vio a venir la cola robusta que la siguió.

Shruikan gruñó por lo bajo cuando vio como el Dragoon era lanzado por los aires por el fuerte impacto.

—¡Pues menudo plan! —Hizo girar la katana, sujetándola luego con las dos manos. Su cuerpo emitió una luz tenue y azulada.  —¿Y luego qué, listillo?

Se lanzó contra el monstruo como un relámpago azul en una rápida estocada dirigida a las las alas membranosas de la criatura. Sin embargo le sorprendió la robustez que tenía su piel en esa zona; el Gigginox parecía blando, pero la hoja de su katana no logró perforar la piel alrededor de sus garras, sorprendentemente dura.

—¡A las patas no, a la cabeza! —la regañó el Dragoon desde la distancia.

Se había puesto de pie, separando las piernas y blandiendo el tridente en alto. Un aura verdosa rodeó su arma, dándole un brillo parecido a la luz que se filtraba bajo la superficie del mar, antes de que la lanzara como una jabalina. El tridente ensartó al monstruo en un costado, que trastabilló, pero no cayó y volvió su cabeza plana hacia su atacante con un chillido airado.

La zona donde deberían haber estado sus ojos se iluminó entonces de un fulgor rojizo, y la bestia se irguió sobre sus patas traseras antes de escupir una bola de veneno que se deshizo un un gran charco al tocar el suelo.

—Ah, ¡joder! —protestó la Samurai, protegiéndose el rostro con un brazo. Los efluvios venenosos le irritaban los ojos y la nariz con intensidad. Parecía que le bajaban puntos de vida sólo con respirar. No quería ni imaginarse lo que le pasaría si llegaba a recibir un impacto directo de ese veneno.

—Hay que llevarle hacia los túneles. —Dijo Dragonlord, que había saltado hacia el otro lado. Hizo un gesto de la mano y su arma desapareció del lomo del Gigginox, materializándose de nuevo en su palma con un fulgor dorado.

—¿Qué? ¿Por qué? —Shruikan se había apartado del monstruo con un par de saltos, pero aprovechó que estaba distraído para volver a arremeter, cortándole cerca de la base de la cola —. ¡No hay espacio para luchar en los túneles!

—¡Precisamente! — La Samurai tenía que admitir que quizá había juzgado mal aquel tipo, porque dejando aparte el golpe inicial, se estaba defendiendo bastante bien de los ataques, reaccionando con rapidez y respondiendo a su vez con fuerza. Quizá no resultaba tan sorprendente que hubiera logrado enfrentarse a ese monstruo él solo todo ese rato. —Este bicharraco no puede moverse bien en lugares estrechos. En espacios abiertos como este es demasiado ágil.

—Es una maniobra peligrosa —comentó Ulquiorra, que se mantenía a una distancia prudencial. Seguía con la mirada al monstruo y al Dragoon mientras Murciélago revoloteaba por encima de ellos. —El Gigginox tendrá menos capacidad de movimiento en los túneles, pero nosotros también tendremos menos capacidad de reacción. Un error tiene más probabilidades de terminar de forma fatal.

—¡Vosotros confiad en mí! ¡Tú, Samurai! ¡Llévalo hacia allí! Ya va siendo hora de acabar con esta alimaña.

Señaló a una cueva cercana mientras hablaba y luego volvió a refugiarse detrás de una columna, rápido como una centella. El monstruo olfateó el aire, pero enseguida su atención se desvió hacia la persona que tenía más cerca: Shruikan.

—¡Tú sólo quieres que haga de cebo! —protestó ella, al tiempo que se apartaba de un salto para esquivar un manotazo del Gigginox. Era cierto que la bestia había perdido bastantes puntos de vida, pero eso no significaba que no fuera peligrosa o que sería fácil derrotarla.

El monstruo echó la cabeza hacia atrás, escupiendo una nueva bola de veneno que golpeó a una columna cercana. A la Samurai le cayeron chorretones encima mientras corría para ponerse a cubierto, y silbó entre dientes cuando notó como la substancia la tocaba y le quemaba la piel. Enseguida notó los efectos del veneno en su cuerpo y sus puntos de vida empezaron a disminuir a una velocidad alarmante.

—¡Shruikan!

La chica se volteó justo a tiempo para ver como el recipiente de cristal se acercaba a su cara a toda velocidad. Contra todo pronóstico, logró cazarlo al vuelo aunque no tuvo mucho tiempo de mirar su contenido, de un color verdoso un tanto sospechoso.

—¿Qué es esto?
—un antídoto —escuchó que le respondía Ulquiorra, aunque el Biochemist no era más que un borrón difuso de ojos brillantes en la oscura caverna —. ¡Úsalo!

No tuvo que decírselo dos veces, y Shruikan estrelló la botellita contra la armadura de su pecho, anulando así el efecto del veneno. Tendría que agradecérselo luego. Esa ponzoña era potente y si Ulquiorra no hubiese sido rápido, el veneno la hubiese matado en cuestión de segundos. 

En vistas de la situación la Samurai decidió confiar en el plan de Dragonlord… si es que realmente tenía un plan, aunque no les quedaban muchas alternativas. Tomando aire y con el pesado presagio de que estaba cometiendo un grave error, la chica se metió por una de las estrechas galerías que circundaban la zona.

Se paró unos segundos sólo para ver si el Gigginox la seguía. La entrada parecía demasiado estrecha para él, pero la Samurai enseguida comprobó que no era ningún obstáculo para el cuerpo flexible de la criatura, que pareció amoldarse a la obertura antes de seguir avanzando por la pared.

—Que bicho más chungo —se quejó, antes de seguir corriendo. La bestia chilló de forma aguda. Shruikan no tenía que girarse para saber que la estaba persiguiendo, sus pesados pasos retumbando en las paredes de roca. —¡¿Y ahora qué, Dragonlord?!

No recibió respuesta. Demasiado había tardado en percatarse que ese plan la había dejado encarándose sola al monstruo, que ocupaba todo el ancho del túnel. Si quería regresar con sus compañeros, las únicas opciones que le quedaban eran pasar por encima o por debajo de él.

—¡Joder, me cago en la puta! ¡Vaya mierda de plan!

La habían bien jodido. ¿Por qué esas cosas le pasaban siempre a ella?

No podría huir del monstruo para siempre, eso estaba claro. Tarde o temprano terminaría alcanzándola. El momento llegó más temprano de lo que a ella le hubiese gustado cuando, al cruzar un pequeño riachuelo subterráneo y girar una esquina, se encontró de golpe frente a una pared. Se había mentido en un callejón sin salida.

—¡Mierda! —Se pegó a la pared, buscando frenéticamente una salida o algún sitio donde agarrarse, pero no había ni de uno ni de otro. Quien hubiera diseñado esa zona (el maldito GM) seguro que había puesto esa esquina ahí con toda la mala intención del mundo (cosa nada sorprendente).

—Mierdamierdamierda…

Se giró, pero el Gigginox ya sacaba la cabeza por el otro lado del muro. Shruikan miró frenéticamente a su alrededor y luego hacia arriba. Las paredes se elevaban hasta perderse de vista en la oscuridad y un extraño fulgor azulado en la distancia, pero era imposible que lograse trepar por allí. Viendo que sólo le quedaba matar o morir, la Samurai cogió la espada con las dos manos, interponiéndola entre ella y el monstruo.

—Maldito seas —escupió, dejando rezumar toda la frustración y rabia de las últimas horas —. No pienso morir en una mierda de sitio como éste por una mierda de monstruo.

Se le pasó por la cabeza preguntarse por qué se había metido en aquel embrollo. Ulquiorra le había advertido que sería peligroso y que era probable que terminara muerta. Su impulsividad, de nuevo, le había jugado una mala pasada y otros ya habían pagado el precio de sus errores. Se le hizo un nudo en el estómago.

—No voy a morir aquí —repitió, con la voz contenida. Aunque quizá fuera eso lo que hubiese estado buscando. Alguna especie de castigo por sus errores. Pero al darse cuenta de ello sólo podía pensar en lo absurdo de esa idea. Shruikan nunca había sido, ni sería, una mártir.

Alzó la katana a la altura de la cabeza, que refulgió con un brillo azulado, el mismo brillo de determinación que brillaba en sus ojos pese a su voz temblorosa.

—¡No voy a morir aquí! —repitió a voz en grito, antes de lanzarse contra el Gigginox.

El monstruo le escupió más veneno, que ella logró esquivar dando una voltereta hacia adelante. Luego, aprovechando la inercia al levantarse, le dio un corte al monstruo gusto en la parte baja del cuello. La sangre cayó espesa y caliente sobre ella, que sacudió la cabeza para apartársela de la cara.

Dio un paso atrás y quizás ese fue su error. Ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar antes de que el Gigginox le diera un manotazo, aplastándola súbitamente contra la pared. Shruikan se quedó sin aire. Luego, inmediatamente llegó el dolor.

No supo que le hacía más daño, si el brazo, la espalda o las costillas; todo lo que sabía era que no podía respirar. Se le escurrió el arma de entre los dedos y luego fue ella la que cayó como un fardo cuando el monstruo apartó sus garras. Tosió, retorciéndose, y cuando por fin pudo enfocar la vista en algo, tenía la cabeza llena de dientes del Gigginox justo encima.

La bestia gruñía mientras regueros de sangre, saliva y efluvios venenosos le caían de la boca, salpicando a la Samurai. El veneno la mareó de nuevo, y sus intentos para alejarse quedaron en nada. Ni siquiera pudo pensar en el peso del fracaso. Sentía la cabeza extrañamente embotada, ligera ante el prospecto de morir de aquella forma…

—¡Ahora!

Todo lo que ella vio fue un relámpago dorado. Pero en realidad fue Dragonlord, cayendo desde las alturas con el tridente por delante. La fuerza de la técnica y su propio peso le dieron suficiente potencia al ataque como para que al golpear al Gigginox, le atravesara el cuello musculoso y le ensartara contra el suelo de la cueva como un pincho.

El animal soltó un chillido, medio de sorpresa, medio de agonía, y su cuerpo se desplomó sin saber siquiera que le había sucedido.

“Menudo cabrón”, fue el último pensamiento racional que tuvo Shruikan antes de perder el conocimiento.
"Who would understand you after I die? Who else would march forward by your side?"

"when I think that you will live on all alone henceforth, I can’t help but shed tears…"


Airin

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #64: September 30, 2018, 04:38:36 PM »
24/7 conectada a una emisora online de power metal para que salga toh lo fluff... en fin xD
yyy volvemos p'adentro!




~+43~


Airin abrió los ojos, se removió hasta asomar la cabeza, vio el cuello de una camisa azul y gris y una barbilla desafeitada, y volvió a cerrarlos, acurrucándose en su nido de mantas contra el calor que desprendía el cuerpo de Kíli.
Una risa queda y grave apenas a un par metros frente a ella acabó con sus esperanzas de seguir durmiendo un rato más. Se destapó la cabeza otra vez y miró a su espectador con el ceño fruncido.

—Qué.

Sephiroth se encogió de hombros mientras ponía su inventario en orden.

—Parece que hay cosas que no cambian, nada más. —dijo esbozando una sonrisa fugaz mirándole de reojo.

Airin bostezó, se frotó los ojos con una mano y estiró un pie por encima de las piernas dobladas del arquero que roncaba suavemente bajo ella.

—Nngh, no llego. —murmuró intentando en vano darle una patadita al samurai. La ceja alzada del hombre no se movió de su sitio, al contrario que él, que en un acto de misericordia se acercó lo justo como para que la puntera de la bota de la chica tocase su rodilla. Ella sonrió.— Grax.

—De nax. —respondió Sephiroth entre dientes a la broma más antigua de su mundo en común.

Después de un rato de silencio tranquilo, Airin volvió a moverse, ésta vez para incorporarse en condiciones, en vez de seguir como un pegote a medio derretir en el regazo de Kíli, donde había pasado la noche recostada desde su último turno de guardia. Acarició suavemente la mejilla barbuda del chico y después de dejar un beso suave sobre las comisuras de sus labios, reacomodó las mantas para que lo tapasen a él y a su hermano, quien descansaba apoyado contra la misma pared y cuya cabeza rubia reposaba en el hombro del arquero.

—Hmm. —el murmullo concentrado de Sephiroth hizo que se girase hacia él y se sentase a su lado, observando cómo escudriñaba la pantalla luminosa de la omnitool.

—¿Has desayunado? —el cielo de Palanthas empezaba a clarear, como lo habría hecho cualquier otro día normal dentro del juego.
 
El samurai le tendió una manzana de piel extrañamente violeta como respuesta.

—No soy un poring mascoteable —gruñó Airin. Pero mordió la fruta sin titubear. Y después de darle un par de vueltas, decidió mirar sus mensajes privados.

Tenía varios de Daenerys, progresivamente más agitados describiendo la situación en la parte del mapa donde se encontraban ella y su berserker, hasta que finalmente había recibido su última notificación en algún momento de aquella madrugada.

«Díme que estás bien.»

Airin estiró de la piel de la manzana con los dientes, como alternativa saludable a morderse los labios, y empezó a escribir una respuesta conjunta a todo el cúmulo de mensajes.

«Estoy bien, perdona por haber tardado en responder.
Esto es una puñetera locura, estoy en Palanthas, si no se ha quemado toda entera ha sido de milagro. Todos los de mi party estamos bien, el ataque nos pilló en una dungeon debajo de las montañas. La suerte de los tontos no?»

Dejó caer la cabeza hacia un lado hasta que hizo contacto con el hombro de Sephiroth, que no hizo nada por quitársela de encima, y pensó cómo contarle a su ex-novia barra mejor amiga todo lo que había ocurrido desde entonces. Tal vez no pasaba nada por hacer un resumen.

«Me he encontrado con dos de mi party antigua, bueno, de la party de mi hermano. Ichiban y Nightshade son tíos legales. Se van a venir con nosotros, y me alegro.
Ahora estoy con Sephiroth, te acuerdas que te hablé de él cuando íbamos al insti? O sea, no de ~estar~, si no de que literalmente estoy a su lado ahora mismo..»


Airin frunció el ceño mirando el mensaje, borró la última frase, y volvió a empezar donde lo había dejado.

«Me he encontrado con dos de mi party antigua, bueno, de la party de mi hermano. Ichiban y Nightshade son tíos legales. Se van a venir con nosotros, y por un lado me alegro, pero además he encontrado a otra persona que conozco de fuera, de cuando era cría y eso me da mucha cosa.»

—¿Osea que entonces no estás conmigo? —la voz suave del samurai junto a su cabeza se desmentía por el tono divertido con el que había hablado, pero a la joven soldier casi le paró el corazón de un susto.

—Es de mala educación leer cartas privadas por encima de hombros ajenos. —resopló Airin. En serio, tendría que haberlo visto venir.— Y me pasas catorce años, eres viejo.

—A medio camino entre padre y hermano, ¿un niñero con pretensiones de grandeza? —Sephiroth rió entre dientes frotando la barbilla contra el cabello pelirrojo de la chica, como si fuera un gato más grande de lo necesario.

Airin se quedó callada unos momentos, mientras despachaba el mensaje y comprobaba que realmente se hubiera enviado con éxito.

—Ojalá hubieras sido tú mi hermano. —musitó con un nudo en la garganta.

El hombre dejó lo que estaba revisando en su omnitool y le pasó el brazo sobre los hombros, apretándola contra él.

—Airin… —lo que fuera que pensase decirle se le quedó en el tintero al darse cuenta de que la chica estaba revisando los tablones de anuncios del juego, y la lista de bajas diarias de los últimos días. Con el ceño fruncido y expresión taciturna al darse cuenta de detalles que deberían haber sido evidentes antes, afirmó sin asomo alguno de pregunta.— Tu hermano está en el juego.

La chica asintió primero con la cabeza, pero luego encogió un hombro con gesto de incertidumbre.

—Estaba, ahora ya no sé. Si aún está dentro me sigue teniendo bloqueada, así que aunque quisiera tampoco podría ponerme en contacto con él.

—Tu hermano nunca fue precisamente el chico más listo. —dijo Sephiroth con tono cáustico.— Pero es lo suficientemente bruto como para salir de sus líos a mordiscos si le hiciera falta, y además presumir de cómo ha dejado al otro.

—¡Ya, pero...! Ichiban y Nightshade vinieron a Palanthas porque me estaban buscando. A . ¡A mí, que nunca le he importado ni a mi padre ni a mi hermano! —la voz de la soldier se quebró, y tuvo que tragar saliva para poder hablar entre lágrimas— Porque… porque saben que Renji estaría feliz de poder quitarme de en medio y ellos no estaban de acuerdo con eso. ¡Y ojalá yo fuera más fuerte y pudiera no preocuparme por él! ¡Pero no me sale! Por mucho que lo intento, no me sale.

El samurai no estaba preparado para enfrentarse a semejante tirada de sentimientos, pero pese a ello o tal vez por eso mismo, la abrazó con fuerza sin saber cómo responder. No estaba de acuerdo con la idea de que a su antiguo jefe no le importase su hija, pero tampoco quería invalidar sus sentimientos llevándole la contraria en esos momentos.

—Ojalá fueses tú mi hermano. —repitió la chica.

—Airin, la familia no tiene por qué ser obligatoriamente biológica, ni tampoco estar atada por lazos de sangre de nacimiento. —dijo Sephiroth con seriedad. Si algo había podido comprobar por él mismo, precisamente era eso.— La familia de verdad es la gente que está a tu lado cuando lo necesitas, aunque lo único que compartáis sea el almuerzo y la sala de entrenamiento.

—Mmrghh, —aquel resoplido húmedo contra su clavícula no le daba muchas pistas al respecto de su opinión.

—Eres una chica valiente, siempre lo has sido. Y no estás sola. —el hombre echó un vistazo a su alrededor, y se encontró con los ojos marrones de Kíli, que les observaban con un gesto de impotencia en su mirada aún somnolienta.— Tienes a tus amigos. Tienes a tu novio.

La exclamación de protesta y negación al respecto que parecían esperar no llegó, y Sephiroth levantó una ceja divertida en dirección al arquero, quien se sonrojó con una sonrisa tímida.

—Y si de verdad quieres un hermano, me puedes tener a mi.

—¿Lo dices en serio? —pese a su voz trémula, Airin levantó la cara para verle frente a frente, tan incrédula como mocosa.

—Ya he lidiado antes contigo, sé a lo que me enfrento. —dijo con resignación casi profesional. Y con un gesto arrogante ladeó la cabeza haciendo que parte su cabello cayera por encima de su hombro con un movimiento casi líquido.— Además, aunque las comparaciones son odiosas, yo tengo infinitamente más calidad que Renji.

Airin solo pudo abrir la boca sorprendida.

.

~      H e g o a k    e b a k i    b a n i z k i o,    n e r i a    i z a n g o    z e n,    e z    z u e n    a l d e g i n g o.       ~
~      B a i n a n    h o n e l a,    e z    z e n    g e h i a g o    t x o r i a    i z a n g o,      ~
~      e t a    n i k    t x o r i a    n u e n    m a i t e.       ~


Shruikan

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #65: October 31, 2018, 09:26:04 PM »
Capítulo 47: [Fnr] Los Señores del Desierto (1)


Fenris estuvo cabeceando durante todo el trayecto de vuelta a Rabanastre, hasta el punto en el que empezó a amanecer sin que él se diese cuenta. Se sentía cansado, demasiado para haber respawneado menos de una hora antes. Su cuerpo digital podía encontrarse en plena forma, pero era como si su mente, orgánica, necesitara descansar igualmente para asimilar todo lo que había sucedido el día anterior.

La Berserker, CrimsonWing, le había acompañado hacia la ciudad. Ella misma pilotaba uno de esos barcos de arena tan comunes en la ciudad del desierto, deslizándola sobre las dunas con maestría. Otro barco encabezaba la marcha, aquel dirigido por Godhand y sus secuaces. Fenris no quería ni mirarla.

El sol ya se alzaba cuando llegaron a las puertas de la ciudad, y el Knight se despertó de un salto cuando la embarcación se detuvo bruscamente.

-Arriba -dijo la mujer, bajando del barco de un salto -. Hay que seguir a pie.

Fenris obedeció, un poco a regañadientes pero sin ganas de discutir. Godhand le dirigió una mala mirada en el momento en el que pisaron tierra, y él le devolvió el gesto con la misma animosidad. Resoplando, el Paladin se echó la capa sobre los hombros y se alejó con aire indignado.

-¿A dónde vas? -preguntó CrimsonWing, con tono firme.

-Tengo otros asuntos que atender -respondió, con un gesto desinteresado de la mano -. Si quieres hacer de niñera allá tú.

Fenris y Violate resoplaron casi al unísono, intercambiando luego una mirada de circunstancias.

-Supongo que siempre hay alguien así en todos los grupos.

-¿Alguien que protesta a la mínima y poco colaborador, quieres decir? ¿Hablas por experiencia? -preguntó ella, divertida, antes de ponerse en marcha.

Él no respondió y su mirada se ensombreció por unos momentos. No quiso reconocer que en su grupo, muy provablemente él fuera ese alguien.

La destrucción causada por el Jhen Moran era visible incluso desde el exterior de la ciudad, con las murallas dañadas y destruidas en algunas partes. El boquete por el que entraron fue el que hizo el monstruo al entrar, más grande incluso que una de las puertas.

Rabanastre estaba inusualmente silenciosa. Ni siquiera la musica ambiental estaba funcionando, y tan solo se escuchaba el murmullo de la gente y el silbido del viento al cruzar la ciudad en ruinas. No había mucha gente en esa zona, tan solo jugadores curiosos y npc desorientados que no encontraban el lugar en el que deberían estar. Era casi triste verlos, vagando como almas en pena.

CrimsonWing no se detuvo a contemplar ninguna de esas cosas, avanzando por la calle a largos pasos. Fenris tenía que apresurarse para alcanzarla, mirando a su alrededor con inquietud. El Jhen Moran había dejado una vía despejada en medio de la ciudad, y el Knight se preguntó si en algún momento Rabanastre se recuperaría de aquella destrucción. No sabía como funcionaban esa clase de cosas dn Neverland; había sido un hecho sin precedentes.

Pronto abandonaron la senda para internarse en los callejones de la ciudad. Tuvieron que escalar algunos escombros y cruzar edificios derruidos hasta el punto de que era difícil orientarse, pero la Berserker parecía saber muy bien a donde iba.

Llegaron a la plaza de las guilds cuando el sol ya despuntaba por encima de las murallas. La zona estaba más concurrida que las desérticas calles. Los jugadores se juntaban frente a las bases de sus guilds, grandes o pequeñas, o simplemente se aprovechaban de la seguridad que ofrecía el lugar. La plaza era uno de los pocos lugares que parecía haber quedado más o menos intacto.

Violate le guió frente a la puerta de un gran edificio cercano al muro exterior. Las enormes puertas de madera que permitían acceder al interior estaban cerradas, así que la Berserker se dirigió a una pequeña portaleta lateral. Fenris no esperaba, una vez cruzado el umbral, encontrarse en el interior de un astillero.

-¿Qué es esto? -preguntó, un poco confundido. Apartados en los muelles, había tres enormes galeones de arena. Eran imponentes a pesar de que todos parecían haber sufrido daños. Aquel en el centro tenía el mastil roto. Los otros estaban más o menos igual, con las velas raïdas y agujeros en la quilla.

-Nuestra flota -respondió Violate, torciendo los labios -. O lo que queda de ella. Perdimos mucho en el ataque del Jhen Moran. Ven.

Le hizo un gesto a Fenris para que la siguiera, acercándose al puente de madera que cruzaba los muelles en dirección a una fachada interior con varios balcones. Era un diseño extraño y el Knight se quedó medio ensimismado viéndolo hasta que una figura imponente apareció frente a ellos, saltando desde la cubierta de uno de los barcos.

-¡Ey! ¡Violate, ya has vuelto! -dijo el hombre, apartándose las gafas protectoras de la cara y revolviéndose sin querer el pelo azul. Un Mechanic sin lugar a dudas. Fenris no había conocido otra clase que estuviera tan familiarizada con el aceite y la mugre. -¿Cómo andan las cosas ahí fuera?

-Pues parece que las cosas por fin se han calmado -. La Berserker se puso las manos en la cintura -. Michael y yo estuvimos haciendo limpieza de los monstruos que quedaban y llevando los jugadores a un lugar seguro. De hecho… -Se apartó lo justo como para monstrar al Knight detrás de ella -… traigo aquí a un recluta con potencial.

-¿Eh? -El Mechanic se inclinó hacia delante para mirarle con el excepticismo pintado en el rostro. Fenris le sostuvo la mirada con toda la dignidad que fue capaz de concevir -. No se yo, ¿tú crees que va a pasar el listón de Ruby? No tenemos miembros nuevos desde hace quien sabe cuándo.

-Eso ya no és cosa mía decidirlo – respondió ella, encogiéndose de hombros y haciendo que Fenris frunciese el ceño.

-Espera, fuiste tú la que me dijo que me uniera a la guild. ¿Ahora vas y me dices que puede que ni me cojan? ¿Qué forma de hacerme perder el tiempo es ésta?

-Vaya, te lo has buscado con carácter esta vez. -Franky volvió a bajarse las gafas y le dio un golpe a Fenris que quería ser amistoso. Sin embargo, con sus enormes manazas, sólo consiguió desequilibrarle -. Puede que éste le guste entonces. Esa mujer es más caprichosa que una mona con vestido.

-¿A quien le llamas mona con vestido, gorila?

Al darse la vuelta, detrás de ellos había una chica morena, con el pelo recogido en dos coletas y un vestido rojo de confección elegante que parecía gritar “mago”. Sin embargo, Fenris reconoció el guante de cuero y metal que llevaba en la mano izquierda, cargado de joyas, característico de los Rune Mages.

-¿Pues quién va a ser? -dijo el Mechanic, sonriendo con picardía -. No veo a nadie más que traiga vestido, a menos que consideres el mal gusto de Michael.

La chica, Ruby (Kaleidoruby para ser exactos), puso los ojos en blanco.

-Que no te oiga o tendremos otro pleito. Y no pienso meterme en una discusión de bobos otra vez.

-Hablando de eso -. Violate casi alzó a Fenris en volandas, dejándole frente a ella -. Este es Fenris. Tuvo un pleito con Michael y en compensación me pareció apropiado ofrecerle la protección de nuestra guild.

Por primera vez desde que la conocía, Fenris notó cierto nerviosismo en la Berserker, como si se estuviera dirigiendo a un superior en el trabajo.

-¡¿Otra vez?! -la Rune Mage soltó un suspiro exasperado, pero enseguida recobró la expresión irritada, cruzándose de brazos -. No somos una organización de caridad. No puedes ir reclutando a gente así al tuntún, Violate, ya lo sabes.

-Es por eso que te dejo a ti juzgarlo. -Le dio un empujón a Fenris para que se acercara a Ruby, y éste le dirigió una mirada furibunda -. Creo que tiene potencial debajo de todo ese equipo de rango bajo.

-Oiga -empezó él, dispuesto a protestar, aunque creía entrever un halago debajo de su tono desinteresado.

La Berserker se rio por debajo de la nariz y se alejó, despidiéndose con la mano. Quedaron los otros dos compartiendo un silencio incómodo a pesar del barullo que había en los astilleros. Finalmente, ella suspiró.

-¿Por qué siempre me dejan a mi solucionando todos los problemas? -Se quejó por lo bajo. -En fin. A ver… Fenris. Si de verdad quieres estar en nuestra guild, tendrás que probar que lo vales. Los Señores del Desierto no recogemos a cualquiera y…

-No quiero formar parte de vuestra Guild.

Kaleidoruby se quedó con la boca abierta a medio discurso, desconcertada.

-¿Cómo que no? ¿Entonces que estás haciendo aquí?

-Tu compañera casi que me obligó a venir o iba a dejarme tirado en medio del desierto -dijo él, señalando la dirección en la que Violate se había ido con algo de rencor. -Pero yo no quería unirme a vuestra estúpida guild. ¡No me gustan las guilds! Prefiero hacer las cosas por mi cuenta.

La cara de la Rune Mage pasó de la incredulidad a la indignación en menos de un segundo.

-¿Estúpida…? No, no, no, Fenris; creo que no sabes bien con quiénes estás trantando -dijo, con una risa absolutamente falsa.

-Los Señores del Desierto, una de las guilds más antiguas de Neverland. Un puñado de buscapleitos mercantes. -Fue su turno de cruzarse de brazos -. ¿Cómo se llamaba vuestro antiguo guildmaster? Tengo entendido que lo banearon un par de veces.

-Eso es agua pasada -dijo ella, con frialdad. Con solo un gesto, pareció ganar una presencia más imponente -. Nuestra guild es de lo mejorcito que puedas encontrarte en el juego; eres un necio si crees que no vas a ganar nada uniéndote.

-Ya. Todas dicen exactamente lo mismo. No veo que tiene la vuestra de especial en comparación con el resto.

-¡Bah! ¡Eres un ignorante! ¡Un idiota! -Le clavó el dedo en el pecho, arrancando un chasquido metálico de su coraza -. Te voy a enseñar por qué nuestra guild es la mejor y vas a tragarte tus palabras. ¡Sígueme!
"Who would understand you after I die? Who else would march forward by your side?"

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Neko

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #66: November 30, 2018, 06:41:36 PM »
61.

—¿Eso es normal? —preguntó Hyoga, señalando la luz azul y blanca y el hielo que parecía cubrir los últimos pisos de la Torre.

—Sí, es una pista sobre el tipo de bosses que hay en el último piso.

—Hielo… —murmuró Hyoga, cerrando el puño y entrecerrando los ojos.

Esa era justamente la disciplina que quería dominar.

El ruido que hacía la grava bajo las botas de Neko le sacó de sus pensamientos justo a tiempo para ver cómo la chica se ajustaba los guantes antes de llevarse una mano a la cadera.

—A ver, necesitamos montar el equipo. Enumeráos ¿Cómo váis de vidas? —preguntó Anir para después darse la vuelta y encarar al grupo.

—Dos. —empezó Locke, haciendo equilibrios con la punta de una daga sobre su dedo índice.

A Max también le quedaban dos vidas y los demás parecían no haber perdido ninguna.

—¿Qué pasa, Monica? —curioseó Anir, ladeando la cabeza.

Su amiga aún no había dicho cuántas vidas le quedaban y parecía concentrada en mirar la parte alta de la Torre de la Insolencia. Tenía los brazos cruzadas y la cadera ligeramente ladeada. Sus labios eran una fina y tensa línea en su rostro.

—Le queda una vida. —informó Max, con la cabeza gacha.

No tardó mucho en levantar la cabeza y sonreír con tristeza. A Neko se le ocurrieron un par de ideas sobre cómo había podido pasar eso. Seguro que había sido protegiendo a Max.

—Pues tú no subes. Hiksti, Locke y yo tenemos experiencia en llegar arriba.

—¿Desde cuando es Locke y no notathief? —gruñó Milo para sí mismo, con algo de recelo.

Yuzuriha sonrió debajo de su pañuelo, dándole un codazo suave a Milo.

—Necesitamos tres personas más. —tomó ahora la palabra Hiksti.

Hyoga iba a dar un paso al frente cuando la mano de Milo lo detuvo.

—Iremos nosotros, somos los únicos curanderos de esta party. —ofreció Milo.

Crane asintió, haciendo sonar sus brazaletes al mover la muñeca para ajustarse el pañuelo.

—Pues sólo nos falta uno. —anunció Hiksti, mirando al resto, que tampoco eran tantos.

Hiksti se giró a mirar a Anir, esperando a que le aconsejase. Después de todo, ella conocía mejor a sus compañeros de Guild que Hiksti.
Anir se llevó una mano a la barbilla, pensando. Watari y Max eran los dos mechanics. Aunque sus especialidades eran diferentes, su utilidad dentro de la Torre de la Insolencia estaba a la par.
Y luego estaba Hyoga. Era un estratega, Anir lo había comprobado durante el rescate de Watari, pero le faltaba confianza, experiencia y su nivel de job le ponía en desventaja frente a los demás.

Anir suspiró, mirando a MoonPrincess. Si Monica hubiese estado en condiciones de acompañarles… Pero no era así.

—Watari, con nosotros.

Watari se rascó la nuca antes de suspirar y asentir. A él también le parecía la decisión más lógica. Eso no significaba que le gustase en lo más mínimo.

—Bueno pues, ¡allá vamos! —contestó Owlicious haciendo balancear su puño como si le gustase todo aquello—. ¡Yay!

Como todo lo demás en ese edificio, la puerta de entrada era enorme. El arco donde iba encajado el quicio debía tener cerca de diez metros de alzada. La puerta de la Torre de la Insolencia estaba… entreabierta. Al entrar, Hyoga se dio cuenta de que un pilar caído estaba bloqueando la puerta y el resto de la sala de entrada tampoco se hallaba en mejores condiciones.

—Aquí no se preocupan mucho por la decoración… —murmuró, siguiendo a Milo de cerca.

—Aquí no mucho, pero la cima de la torre es una preciosidad. —comentó Locke.

Anir se rió unos metros más adelante antes de carraspear.

—Respirar aire fresco después de haber estado encerrado en la torre durante horas te hace ver cualquier cosa con ojos bonitos —respondió antes de ladear la cabeza—. Aunque sí que es más bonito que esto, he de decir.

—Hum… —protestó Locke, con un ojo cerrado y cruzándose de brazos.

—¿Preparados? —preguntó Hiksti, que estaba empezando a montar la party.

Anir se giró para mirar a las tres personas que se quedarían abajo. Se acercó hacia ellos y puso una mano en el hombro de Hyoga y otro en el de Monica.

—Una vez dentro no podremos comunicarnos, pero si alguno de nosotros muere resucitará aquí.

Monica asintió y Max señaló el lugar exacto donde los usuarios resucitaban en caso de morir en la Torre de la Insolencia.
Era una plataforma grande, circular, con tres o cuatro escalones para bajar de ella. Una luz cálida jugueteaba con el suelo de piedra, haciendo ver a la plataforma como un lugar agradable en el que estar. Hyoga podía imaginarse la de insultos que habían oído aquellas losas.

Hyoga frunció el ceño, dándose cuenta de algo.

—Espera, espera. Si no te puedes comunicar desde dentro de la Torre, ¿cómo es que tu amigo sabe que su hermano está ahí dentro?

Anir echó un vistazo hacia Hiksti y luego bajó la voz, solemne.

—Hiksti creía que su hermano estaba fuera del juego porque no contestó sus mensajes, pero ayer se encontró con uno de los amigos… “amigos” de Hiro —empezó a explicar, con algo de prisa—. Le escuchó decir que el cierre del servidor le pilló en la Torre de la Insolencia. Cuando Hiksti miró las listas de jugadores que hay en las ciudades vio el nick de su hermano y que sólo le quedaba una vida. Por lo visto le… abandonaron ahí, aunque él entró un par de veces para rescatar a su grupo.

Max se había quitado la boina y la estaba estrujando con cara de decisión. Monica asintió, llevándose una mano a los labios mientras bajaba la cabeza y Hyoga miró de Anir a sus dos nuevos compañeros.
Neko les palmeó los hombros antes de revolverle el pelo a Max y correr hacia el puerto de teletransporte a los pisos superiores.

Subió junto a los demás y asintió mirando a Hiksti mientras aceptaba la invitación a la party.
Poco después los haces de luz se volvieron más intensos, en una fiesta de colores pastel, mientras la party se deshacía en píxeles y subía en espirales hacia un nivel superior.

Hyoga se apoyó en la pared, suspirando.

—Esperemos que no vuelvan muy pronto… —murmuró Max antes de hacer aparecer lo que parecía ser una baraja de cartas—. ¿Y bien? ¿Quién quiere jugar?


————

El sonido dentro de la sala de entrada se distorsionaba en formas extrañas, rebotando en las paredes y en los muros caídos, ganando gravedad con cada rincón y agudeza con la altura. Si gritaban mucho se oía eco.

—¡Jajá! —exclamó Max cuando por fin ganó una mano.

Su grito de triunfo se oyó hasta cinco veces hasta que desapareció suavemente.

Llevaban un buen rato ahí abajo, con nada que hacer a parte de esperar y esperar y… esperar un poco más. Con cada tic tac que Hyoga contaba en su cabeza su corazón le decía: esto es bueno, esto es que siguen ahí. Esto es que van a salir con vida.

Monica a veces parecía leerle la mente, sonriéndole con algo parecido a la esperanza. Tal vez intentaba brindarle una seguridad que ella estaba empezando a sentir.
Hyoga le sonreía de vuelta, era contagioso.

—Tal vez deberíamos comer algo. —propuso la chica y Max estuvo más que feliz de dejar el juego mientras aún se sentía victorioso.

Hyoga estaba revisando su inventario, decidiéndose entre un café con vainilla o un té rojo con limón, cuando el sonido de un cuerpo tocando tierra les alertó a los tres.

El gemido provenía de la plataforma de resurrección y llegaron hasta Watari cuando él aún estaba empezando a bajar las escaleras.
Estaba temblando y Hyoga nunca lo había visto tan asustado.

—¿Qué ha pasado ahí arriba? —preguntó Monica mientras Max le buscaba heridas hasta que se dio cuenta de que no podía tenerlas en el cuerpo: acababa de resucitar.

—¿Qué qué ha pasado? ¿¡Qué qué ha pasado!? —repitió Owlicious, dejándose llevar hasta donde los otros tres habían montado campamento—. ¿¡Qué no ha pasado!?

Cuando por fin miró a uno de ellos a los ojos, eligió a Hyoga, haciendo presa de un brazo del rubio, apretando tanto que el sorcerer estaba empezando a pensar que le iba a quitar vida a ese paso.

—Ha sido un desastre. ¡Un total y absoluto desastre! —exclamó Watari—. Aquello es un infierno de hielo… Y no hay un boss ¡si no dos!

—¿¡Qué!?

El grito de los tres rebotó en las paredes de la sala, chocando de un lado a otro, creando ecos y cacofonías que no paraban de repetirse, que les hacían sentir aún más inquietos de lo que ya estaban.


Airin

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #67: November 30, 2018, 07:33:10 PM »
aporte patrocinado por Two Steps form Hell. Yo sólo digo... sin más xD




~+45~



—Además, aunque las comparaciones son odiosas, yo tengo infinitamente más calidad que Renji.

—Bueno, ni que eso fuera tan complicado —la voz suave de Nightshade se oyó por detrás del grupo.— A ver, quiero decir, Renji  no está mal, pero este hombre pertenece a una clase completamente distinta.

La mirada descarada y apreciativa del moreno fue cortada de golpe por la mano de Ichiban apartando su cara hacia atrás.

—Quieto chico, —dijo el lancer con un resoplido y la mirada cargada de cabronería.— Es de mala educación que te vean salivar en público, Yum-yum.

—Mira. Te mato. —contestó el ninja haciendo un gesto como de garras con sus manos perfectamente manicuradas.

Sephiroth parpadeó un par de veces con desconcierto, girando los hombros levemente para observar a los recién llegados. Durante un momento muy muy pequeño había tenido la sensación de estar en otro lugar, con otras personas distintas. Lo achacó a la nostalgia y al surrealismo constante de los últimos días. O debería decir horas, si tenía en cuenta la correspondencia del paso del tiempo dentro del juego y en el mundo real.

—Se te cae el moco, —dijo Ichiban tocando el hombro de Airin con el pomo de adorno en la culata de su lanza, todo útil y alegre para la hora inhumana que era.

—A tí hace mucho que se te cayó el pelo y no te digo nada, pshé, —contestó la chica sorbiéndose la nariz con altivez, y sacando una carcajada sorprendida a varios de los presentes, lancer incluído. Se giró a mirar fijamente a Sephiroth, y levantando una ceja preguntó— ¿Entonces no es "apropiación familiar indebida"?

El samurai negó con la cabeza ahogando una sonrisa.

—Me he ofrecido voluntario. —Y después de pensar en el origen reciente de aquella frase, comentó así como quien no quiere la cosa, con cierta falsa resignación.— Y lo que pueda decir Aerith me da igual, aunque seguro que le hace ilusión.

—Oh. —dijo Airin en voz bajita.

Un ronquido repentino hizo que todos se girasen a mirar a Fíli, que dormía con la cabeza sobre el hombro de Kíli, aunque reposando en un ángulo que no parecía muy agradable para el cuello. El arquero, ahora ya más despierto y siempre dispuesto a ayudar a su hermano, le estiró con suavidad del bigote que se le había colado en la boca en algún momento de inconsciencia, sacándolo con un hilillo baboso colgando.

Ewgh. —dijo con elocuencia.

Fueron sus hombros agitándose los que terminaron de sacar al knight del periodo de sueño impuesto por el juego, quien finalmente despertó lamiéndose los labios con gesto de desagrado, y ladeando la cabeza de izquierda a derecha hizo crujir las vértebras de su cuello de forma audible y ominosa.
Ichiban levantó ambas cejas favorablemente impresionado.

—¿Fíli y Kíli, no? —preguntó señalando primero al rubio y después al moreno, que asintieron. Procedió a sentarse a su lado y a apuntarse con el pulgar a él y al ninja respectivamente.— Ikkaku, Yumichika. Vale, pues hablemos de quests.



—¿Y no se puede ampliar la party? ¿Los VIPs no tenéis esa opción? —ante la pregunta del arquero, Pip y Sephiroth intercambiaron una mirada de duda, calibrando las posibilidades de que existiera algo así.

—Si se puede, no lo sé —El gunslinger se encogió de hombros.

—No es algo que haya necesitado antes, —admitió el samurai pensativo,— siempre he preferido ir por cuenta propia.

Mentía, pero no tenía por qué darle explicaciones a nadie. Aunque Airin lo miraba con el ceño fruncido.

—A mí no me suena. —dijo la chica apartando por fin la vista del hombre.— No creo que estuviera en la beta y después lo quitasen, no tiene sentido. Pero si es algo más nuevo tampoco sabría decirte, nunca he ido en grupos de más de séis jugadores.

—Podríamos buscar una guild… —comentó Fíli retorciéndose un bigote con aire dubitativo.

—Tú lo que quieres es ir con la chica que te mola, —su hermano se llevó un codazo a cambio de exponer sus motivos.

—¿Con Anir? —Pip le miró con expresión interesada.— Oh, vaya.

—No necesariamente, pero…

—Las guilds son caras de hacer si quieres una propia. —dijo Airin.

—Tacaña. —sonrió Kíli.

—¿Hola, VIPs de mierda, alguien? —Yumichika extendió los brazos hacia el gunslinger y el samurai con una floritura grandilocuente y exagerada.— Que nos lo paguen.

Ambos se giraron hacia el ninja con distintas expresiones de incredulidad y rechazo.

—No estoy interesado en ese tipo de relación. —dijo Sephiroth, como si fuera una esfinge que lo juzgaba.

—¡Oye que seré un pendón, pero lo tuyo es delito! —exclamó Pip, y agarró la manga de Ikkaku.— Díle algo, que busca un ricacho que le haga de sugar daddy, ¡no te dejes abandonar!

—Ah, no, yo voy de mantenido a escondidas, amante bandido y todo eso, —el lancer se rascó la barbilla, socarrón.

—Pero, de todas maneras, —Sephiroth volvió al tema original antes de la conversación pudiera desmadrarse más de la cuenta, como había comprobado que era habitual que ocurriese con los jugadores que tenía a su alrededor,— ¿en qué número de personas estabas pensando?

Kíli titubeó. Miró de reojo a un lado y a otro, y acabó por poner cara de cachorrito decepcionado. El samurai no retrocedió medio paso atrás porque su voluntad se negó a perder la dignidad, pero conocía bien aquel tipo de mirada.

—Kíli, —intervino Airin agarrando al chico de la mano,— que no es plan de hacer party con toda la gente que te cruces, también los puedes añadir a amigos y ya está. Que por tener tu grupo de combate cercano del momento no pasa nada. Dany no está en la party con nosotros y esta madrugada he hablado con ella igual.

—Ya, bueno… —concedió de mala gana.

—Pero entras a mi party. —la chica golpeó el pecho del samurai con un dedo intrépido.

—¿Es una orden? —Sephiroth ladeó la cabeza a la par que arqueaba una ceja.

—Es una realidad, así que ya estás aceptando.— efectivamente, el aviso de solicitud sonó informándole de su ausencia de escapatoria.

Refunfuñando aceptó el mandato y entró a la party, justificando su decisión como inevitable aunque sólo fuera por intentar mantener un punto de cordura en aquel grupo.

—¡Ohó! —Yumichika se frotó las manos, buscando salseo.— ¡Ya veo quién es quien controla los hilos tras el general! ¿Cómo tenemos que llamarte, alteza, majestad, emperatriz?

Dos voces distintas pero con idéntico tono cáustico le respondieron al unísono.

—No.  —sin cambiar de posición, Sephiroth sólo dirigió la vista hacia la chica, sabedor que lo que iba a venir a continuación.

—En realidad, —elaboró Airin con una sonrisa que hizo que Kíli se relamiera los labios y Fíli calificó en su mente de ‘afilada’— Con Hija del Jefe, basta.


.
« Last Edit: November 30, 2018, 07:36:31 PM by Airin »

~      H e g o a k    e b a k i    b a n i z k i o,    n e r i a    i z a n g o    z e n,    e z    z u e n    a l d e g i n g o.       ~
~      B a i n a n    h o n e l a,    e z    z e n    g e h i a g o    t x o r i a    i z a n g o,      ~
~      e t a    n i k    t x o r i a    n u e n    m a i t e.       ~


Neko

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #68: December 31, 2018, 10:58:47 AM »
62.

—Pero qué ha pasado ahí arriba, exactamente —murmuró Monica, que había guido a Watari hasta sentarlo en un pilar caído, ofreciéndole un chocolate caliente casi de inmediato—. Toma.

—Gracias. —contestó el mecánico antes de dar un traguito a la bebida caliente y mirar el chocolate oscuro como si estuviera buscando el sentido de la vida en su espesa superficie.

Hyoga y Max se miraron entre ellos, algo impacientes.

—La Torre... —empezó Watari antes de carraspear y ajustarse las gafas bien—. La Torre de la Insolencia siempre ha sido un lugar peculiar.

Monica asintió, tomando asiento en el suelo, cerca de Watari. Max hizo lo mismo, aunque Hyoga se quedó de pie, con los brazos cruzados y atentó.

—He logrado mapearlo antes de que ese... esa cosa me matase. Pero no ha sido fácil, no, no. No podía serlo, claro —le dio otro trago al chocolate, haciendo un ruido de apreciación—. Hmn, está bueno. El capullo me ha teletransportado tres veces, ¡tres veces! Justo cuando estaba a punto de matarlo, ¡ya lo tenía!

—¿Y los demás? —preguntó Hyoga, intentando camuflar su preocupación por el resto del equipo.

—Ah, los demás... —Watari se encogió de hombros—. No lo sé, el boss nos ha separado nada más llegar. ¡Aún estábamos en la plataforma de teletransporte! No he vuelto a ver a nadie en todo el tiempo que he estado arriba, aunque sé que algunos se han encontrado por lo que decían en el chat de al party.

Max, Monica y Hyoga se miraban preocupados, dándole un poco de tiempo a Watari para que se recuperase, mientras se bebía el chocolate.

Pasó un minuto y media taza de chocolate antes de que lo oyesen suspirar.

—Por lo menos he podido mandarles el mapa antes de que me matase el boss. Espero que les sirva de algo.

Y el mechanic levantó la mirada, perdiéndose en las carambolas que hacía la luz sobre la plataforma de resurrección.


————

Watari había sido el primero en morir, pero no el último. Milo y Yuzu se les habían unidos unos veinte minutos después.

—¡Hijo de puta! —gritó Milo, dando una patada al suelo antes de recibir una colleja de parte de Yuzuriha, consiguiendo que Milo se agarrase el cuello, encorbado sobre sí mismo—. Ow. Vale, no me pegues.

—Oh, no —susurró Watari, poniéndose de pie y apretando su mano de cartas contra su pecho—. Ay, mierda, vamos a tener que volver a entrar.

Milo caminó hacia ellos con los hombros caídos, mirando al suelo, mientras que Yuzuriha parecía igual de impasible que siempre.

—Perdón —ofreció Milo derrotado, nada más sentarse en el suelo junto a los demás—. Creía que esta vez sí que llegaríamos arriba.

—¿Qué ha pasado? —preguntó Max, frotándole la espalda al bardo.

—Nos hemos encontrado con el primer boss, ese que iba descalzo, con capucha negra y como hielo en la sudadera. ¿Sabes cuál digo? —preguntó Milo.

Watari simplemente asintió.

—El que te teletransporta. —completó Watari.

—Ese mismo, hemos decidido usar la única safe stone que tenía para anclarnos al suelo...

—¿Qué es eso? —quiso saber Hyoga, que había dejado sus cartas bocabajo en el suelo y estaba bebiendo de su té rojo al limón.

—Es una piedra que cuando la pones en el suelo crea un círculo de protección, no dura mucho pero baja a la mitad los ataques de los enemigos y anula algunos hechizos, como el de teletransporte —explicó Yuzu, apartándose el velo que le tapaba la cara—. Son muy caras.

—Para cuando ha podido llegar Neko a donde estábamos, el efecto de la safe stone ha parado y el boss nos ha teletransportado en las narices de la otra boss —explicó Milo, frotándose justo en medio del pecho con aprensión latente en sus facciones—. La cabrona me ha ensartado con una flecha de hielo. Así, ¡como si yo fuese un pincho moruno!

Yuzuriha suspiró y sacó dos almuerzos completos de su inventario y puso una de las bandejas sobre los muslos de Milo.

—Toma, vas a necesitarlo.

Milo empezó a comer a regañadientes, gruñendo entre bocado y bocado.


————

Hiksti cayó de rodillas al suelo nada más aparecer en la plataforma de resurrección y se inclinó hacia delante para darle un puñetazo al suelo de losas.

—¡Hipo! —llamó Milo, poniéndose de pie en un salto.

Cuando el mechanic levantó la cabeza, se sentó sobre sus pies, suspirando. Alzó una mano, saludando con una sonrisa algo triste.
Para cuando Hiksti se levantó del suelo y empezó a bajar las escaleras, los demás habían dejado lo que estaban haciendo para rodearle en muestra de apoyo.

No hablaron mucho durante los primeros minutos, dedicados a llevarle a la especie de campamento que habían montado. Lo sentaron en una silla y le dieron un té bien caliente para beber. Milo volvió a su violin, arrancándole unas cuantas notas melancólicas.

Hipo miraba el té con fijeza. El calor que emitía la taza, el olor, el reflejo del líquido humeante... era todo tan real. El chico dejó que las sensaciones le confortaran antes de empezar a hablar.

—He hablado con mi hermano —dijo sonriendo otra vez, aunque sus cejas se empeñaban en fruncirse—. Seguía vivo cuando me he ido, escondido, pero no he podido encontrarlo.

Levantó la vista del té, apretándolo aún más entre sus manos crispadas.

—No he podido llegar hasta él.

La mano en su hombro era de Max y la de su cabeza de Watari.
Hyoga tuvo que mirar hacia otro lado cuando los hombros de Hiksti se encogieron y sus lágrimas empezaron a caer sin control. Se alejó del grupo en silencio, saliendo fuera de la torre y miró hacia la parte más alta, preguntándose como iban a sacar de allí a el hermano de Hipo si ni siquiera podían encontrarlo.


————

Neko se pegó a la pared, cerrando los párpados mientras intentaba poner en orden sus pensamientos. Ver morir a Milo y a Yuzu delante de sus ojos le había afectado más de lo que le gustaría aceptar. Esta vez no era un juego, no eran Crane y Starkrimson volviendo a su último punto de guardado para quejarse por el chat sobre la experiencia que habían perdido o el camino que les tocaría hacer de vuelta. Esta vez eran sus amigos, perdiendo una de las tres vidas que el GM había tenido a bien darles.
No era divertido.

—Concéntrate, Anir. —se dijo a sí misma, asomándose a la siguiente sala.

No había bosses a la vista, aunque decidió desplegar un pequeño batallón de bots espía para asegurarse. Los pequeños ojos mecánicos se repartieron por la sala sin ser detectados, dominando el espacio y mandando datos de vuelta a su dueña.
Quince monstruos, todos con instinto de mandada, todos de hielo. Esto podía ser más fácil de lo que había pensado.

Usó uno de sus bots para marcar el centro de la sala y dejó rodar una pequeña bola de metal por el suelo, que se movía esquivando los pies de los gigantes de hielo, chirriando suavemente contra el pavimento.
La bola frenó en el lugar que el bot marcaba y se abrió de repente, empezando a pitar.

Uno de los monstruos la vio y estiró su lanza para tocarla. La bola no se movió, pitando alegremente mientras una luz roja intermitente brillaba cada vez más rápìdo, al compás de sus pitidos.
Otro hombre de hielo se acercó también, curioso.

Y la granada explotó en una bola de llamas que consumió casi de inmediato a los dos monstruos. Los demás se acercaron corriendo, buscando al atacante.
Para cuando localizaron a Neko, la chica ya había lanzado cinco granadas más, que pitaban en el suelo rodando hacia sus objetivos con alegría.

Sólo quedaban tres gigantes en pie y Neko empezó a correr para esconderse detrás de un pilar en el que se acabó clavando la lanza que uno de los monstruos acababa de arrojarle.

Lanzó hacia delante otra granada que estaba a punto de explotarle en la mano y esperó a que el hombre de hielo despareciese en píxeles, aguantando el tipo mientras el otro monstruo desclavaba su lanza y le rugía por la espalda.
Corrió y corrió, agachándose y dando una voltereta cuando uno de sus bots le indicó que le atacaban por la espalda.

Era la última sala antes de llegar a lo más alto de la Torre de la Insolencia. ¡Unos metros más y estaría salvada!

Dejó rodar sus dos últimas granadas, fijando su objetivo en los monstruos que quedaban aún vivos y de repente todos sus bots empezaron a sonar como locos.

—¿Qué? —preguntó mientras se daba la vuelta, sólo para ver una figura pálida de pelo oscuro y ojos rojos moviéndose hacia ella.

Copos negros flotaban a su alrededor y daba pasos largos y elegantes. Su expresión no decía nada, era fría y desinteresada.

Anir abrió mucho los ojos, reconociendo el segundo boss que había descrito Milo mientras agonizaba en el suelo de uno de los últimos pisos de la Torre.
Y ella sin ataques de fuego a mano que lanzarle.

Todas las alertas en su cabeza le recordaron que estaba a pocos metros de la salida, pero se tropezó mientras intentaba darse la vuelta y pudo ver la línea entre su salvación y la muerte literalmente pintada en el suelo.

Escuchó el hielo silbar en el aire y rodó hacia un lado, evitando la flecha por poco. Las tacones del boss resonaban en la sala y otra flecha cortó el aire. Neko rodó hacia el otro lado, avanzando unos pocos pasos a gatos.

Escuchó al boss chistar. Un reloj sonaba en la cabeza de Neko mientras todos sus bots seguían pitando como locos, su corazón latía como un loco en medio de la batalla y no podía concentrarse.

—¡Callaos ya! —gritó, silenciando a los bots y echando un vistazo a sus puntos de maná y a sus accesos directos antes de tener una idea—. Equipaje... ¡Equipaje!

El boss lanzó tres flechas más, mientras el baúl con patas aparecía de la nada y abría la boca mientras saltaba hacia las flechas. Su lengua colgaba con cierta despreocupación y se comió las tres flechas antes de rodar por el suelo y relamerse satisfecho.
El boss parecía anonadado y apretó los puños antes de atacar a Equipaje con sus flechas otra vez, surtiendo el mismo efecto. Esta vez el boss cambió de estrategia levantando la pierna entre la abertura de su vestido y estampando su tacón en el suelo, congelando toda la sala en meros segundos.

Para ese entonces, Neko había logrado salir de la sala y Equipaje saltó a una pared y de ahí a un pilar antes de caer todo lo grácilmente que un baúl con patas podía lograr al lado de su dueña.

—¡Já, chúpate esa! —señaló al boss con un dedo en alto antes de dejarse caer sobre el culo y empezar a reírse.

Sus bots de reconocimiento se habían replegado a su alrededor y Equipaje abrió la boca para guardarlos, lamiéndose ahora con mucho más cariño que antes.
En algún momento Neko empezó a llorar, notando antes el dolor en el pecho que las lágrimas sobre sus mejillas, que corrían libres hasta su cuello. Se abrazó las piernas y Equipaje se acurrucó a su lado, gimiendo bajito. Anir estuvo unos minutos tranquilizándose, acariciando la madera de Peral Sabio, recomponiéndose a sí misma.

Fue entonces cuando su omnitool empezó a brillar. Tenía una llamada entrante.
La chica suspiró, pensando que debería haber avisado a todo los que le esperaban abajo que ya estaba a salvo, segura de que sería alguno de ellos.
Seguro que Hiksti quería saber si tenía noticias de su hermano.

Se enjugó la cara rápidamente, poniéndose un poco más recta. Equipaje pareció más alegre a su lado, hasta le lamió una mano.

—A ver, quién nos quiere. —murmuró Neko con una sonrisa algo forzada.

Tendría que haber llamado a Yuzuriha y Milo, ¡era lo primero que debería haber hecho! Serían ellos, seguro.
O Watari, o Hyoga. ¿Tal vez Max y Monica? Estarían todos reunidos.

Lo que no se esperó para nada es que la llamada entrante fuese de Shun.


Shruikan

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #69: December 31, 2018, 01:33:55 PM »
jajarl! se pensaban que llegaba tarde, pero no!



Capítulo 48: [Shr & Ulq] Deals 'round the fireplace




Cuando Shruikan despertó, se encontraba de nuevo fuera de la cueva. No sabía a quién debía dar las gracias por ello, pero vaya si se alegraba de que la hubiesen arrastrado lejos de ese dichoso lugar. Quizá debería haber escuchado a Ulquiorra cuando le dijo que entrar ahí no era una buena idea. La próxima vez se lo pensaría dos veces antes de hacer el papel de buen samaritano…

—Ya te has despertado.

Hablando del diablo. La Samurai parpadeó un par de veces, tumbada en el suelo, hasta que consiguió enfocar el rostro de su compañero. El Biochemist estaba sentado de rodillas junto a ella, como un buen cuidador, aunque por su expresión no parecía muy preocupado (aunque a decir verdad, nunca lo hacía).

—Ugh. Me siento como si me hubiera pasado una apisonadora por encima —dijo ella, incorporándose. La cabeza le hacía punzadas, y se frotó la sien con mala cara.

—En realidad lo que te pasó por encima fue un boss.
—Gracias por la aclaración, Ulquiorra.

Aún así, terminar con una simple jaqueca parecía poco comparado con el daño que el Gigginox era capaz de hacer. La Samurai no tenía ninguna herida visible, al contrario que su compañero. Un corte a medio sanar adornaba la frente de Ulquiorra, y la piel roja e inflamada contrastaba con la palidez de su rostro. ¿Se había preocupado de curarla a ella en vez de a sí mismo?

—Bueno, ya era hora. Hay que ver como duerme la tipa.

La voz, poco familiar aunque irritante de forma visceral, hizo que Shruikan frunciera el ceño. Seguían en el desierto, cuya noche todavía no parecía terminar, iluminado tenuemente por un mar infinito de estrellas. Alguien había encendido una hoguera, y Dragonlord estaba sentado junto a ella, con el tridente a mano. A sus espaldas se encontraba Isaak, con la misma mirada y porte que un perro guardián a la espera.

A pesar de haber derrotado juntos al boss, tanto el Dragoon como la Samurai intercambiaron miradas de animosidad.

—Buenos días, bella durmiente —dijo él, recargando la barbilla en la palma de la mano —. O buenas noches, tanto da. Te hubiese despertado antes si tu amigo no me hubiera amenazado cada vez que intentaba acercarme. Hay que ver, y eso que he hecho yo todo el trabajo.

Shruikan arqueó una ceja en dirección a Ulquiorra, que miraba al otro con cara de pocos amigos.

—No me gusta —fue todo lo que dijo como explicación. Luego fue ella quien puso mala cara al darse cuenta de algo.

—Espera, ¿que has hecho tú todo el trabajo? Perdona, pero si no fuera por mí, seguirías atrapado en esa cueva intentando matar a ese bichejo asqueroso. —Shruikan se irguió, refunfuñando y levantó la barbilla de forma desafiante.

—¡Bah! Podría haberlo matado yo solo en unos minutos más. —Hizo un gesto dismisivo con la mano, señalando luego a Isaak de forma acusadora —. ¡Si tan sólo éste no se metiera donde no le llaman!

Isaak miró a su alrededor (lo que en su caso requería de más movimiento debido al ojo que le faltaba) y luego se señaló a sí mismo con aire desconcertado.

—¡Sí, sí, tú! ¡No te hagas el despistado ahora!

—Dijiste que ibas a tardar dos horas para hacerte la dungeon solo. Ibas una hora tarde. No es culpa mía que no cumplas tus propias expectativas.

El otro hizo una mueca y de forma poco elegante le levantó el dedo del medio.

—Si llego a saber que era tan borde, ni me molesto —dijo Shruikan, buscando la complicidad en Ulquiorra, que simplemente parpadeó.

—Ni que tu fueras una joya. —Suspiró, y se frotó la frente. De pronto, mientras sacaba el aire, parecía que todas las ganas de discutir le abandonaban y Shruikan se vio frente a frente con un hombre muy cansado. —Sabes, dejémoslo estar.

Shruikan se cruzó de brazos, sintiendo el sabor de una victoria abstracta en la punta de la lengua.

—Necesitases mi ayuda o no, la cuestión es que has vencido al monstruo gracias a mí. Un gracias no hubiese estado de más.

—No le falta razón —añadió Isaak, pero Dragonlord le hizo callar con un gesto de la mano.

—Es que… —el Dragoon se frotó la nariz, pensativo. Daba la impresión de que estuviera buscando las palabras adecuadas —, ¡no puedo creerme lo inconsciente que llegas a ser!

Abrió ambos lados al frente, hacia Shruikan. Como si la presentase frente a una audiencia invisible mientras ella parpadeaba sin entender nada.

—¿Perdona?

—Mira —, levantó dos dedos en el aire —. Una cosa es que yo, un servidor de nivel alto, con buen equipo, me vaya a hacerme solo una mazmorra. Otra que alguien como tú, una Samurai a medio cocer con equipo de nivel bajo, con delirios de que va a hacer algo útil y sobrevivir.

Shruikan se llevó la mano al pecho, medio ofendida. La victoria que antes parecía tan certera se le escurría ahora de entre los dedos como sopa a medio hervir.

—Pero te he ayudado, ¿no?
—¡Sí, pero ha sido de pura chiripa! ¡De haberte encontrado frente a frente contra el Gigginox os habría matado a ti y a tu amigo! ¡Estúpida!

Ella no se sentía tan mortalmente lívida de rabia desde… desde unas horas atrás, a decir verdad.

—Yo ya dije que era una temeridad. —Fue el turno de Ulquiorra de añadir más leña al fuego, y Shruikan le propinó un codazo en las costillas.

—¡Eso, tú ponte de su lado!

—No estamos hablando de lados, aquí. —Kanon se cruzó de brazos con un gesto grave —. Supongo que eres consciente de la situación en la que estamos. No puedes ir tirando vidas por ahí como si nada. Esto, irónicamente, ya no es un juego.

La estaban regañando. Quizá sí que debería haberle hecho caso a Ulquiorra y dar media vuelta cuando aquel chico de pelo verde y simpático poncho se les había acercado. Esto estaba resultando más humillante de lo que había planeado en un principio. Aunque a decir verdad no había planeado mucho.

—Si no actúas con un plan, no vas a durar mucho más aquí dentro. Casi todos los inconscientes ya la han palmado, y me da a mí que no quieres ser la siguiente.

—Los planes nunca han sido lo mío —confesó Shruikan, tensa, mostrando los dientes como un perro enfadado.

—Se nota. —Dragonlord le dirigió una mirada condescendiente —. Pero si no tienes uno ni tampoco eres fuerte, lo vas a pasar mal. Lo primero que tienes que hacer es cambiarte esa cosa que llevas puesta y que llamas equipo.

La señaló como quien señala un trapo sucio en el suelo. Shruikan se miró de arriba a abajo sin entender dónde estaba el problema. A ella le parecía que su equipo era bastante molón.

—Luego subir de nivel. Muchos niveles. ¡Hay que hacer dungeons sin parar y conseguir experiencia hasta que te conviertas en una máquina de matar!

El tipo se estaba emocionando. La Samurai entrecerró los ojos.

—¿Te estás ofreciendo de taxi para carrearme por las dungeons?

El Dragoon se quedó mudo a medio hablar, y luego cerró la boca de golpe. En su rostro se formó una expresión suspicaz.

—Yo no trabajo gratis. Mi buena voluntad tiene un límite.
—Obvio no podías ser tan honrado…

Shruikan calló cuando notó un toque en el hombro. Ulquiorra le miraba desde arriba con ojos penetrantes.

—Creo que es buena idea aceptar su oferta.

La Samurai le miró como si de pronto le hubiese salido un hongo de la cabeza.

—¿Pero a ti no te caía mal? —El Biochemist se encogió de hombros. Ella suspiró y luego le susurró, aunque lo suficientemente alto para que lo oyesen todos. —No se yo, no me fío. ¿Qué se puede esperar de alguien que usa a gente de menor nivel como cebo contra un boss?

—Podría haber sido peor —comentó el aludido, con una sonrisa taimada y triunfante —. Podría haberte dejado morir en esa cueva. Pero no lo hice.

—Me sorprendes, Kanon —dijo Isaak, quien no se había movido en absoluto de su puesto —. No te tenía por alguien tan generoso.

—Tú a callar. ¿Y bien? ¿Qué te parece?

Si tenía que ser sincera, a Shruikan le parecía mal. A ese tipo le había salido la jugada redonda sin tener siquiera que esforzarse, y lo que era peor: tenía razón. En todo lo que había dicho. La Samurai maldijo para sus adentros.

—No hagas que me arrepienta —terminó accediendo, con un leve tinte de amenaza en su tono.

—Podría decir lo mismo.
"Who would understand you after I die? Who else would march forward by your side?"

"when I think that you will live on all alone henceforth, I can’t help but shed tears…"


Neko

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #70: January 06, 2019, 04:30:27 PM »
63.

Aaah, la quest de Totemist sí que le traía recuerdos a Neko. Ding Dong Dell era una de las ciudades que más le gustaban a Anir, estéticamente hablando, y había ayudado a varios jugadores a superarla. Había sido pan comido hasta a distancia.

¿Te pasa algo? No tienes muy buena cara. —le comentó Shun de repente, parecía sinceramente preocupado.

Neko le sonrió, para luego rodar los ojos y suspirar. Por supuesto que le pasaba algo.

—Nada malo, es una historia un poco larga… —empezó, poniéndose un poco más cómoda contra su baúl de Peral Sabio—. Pero para hacerlo corto: Nos hemos salido de la Guild.

Neko vio como Shun miraba hacia un lado, observando a alguien con confusión. Poco después, una de las voces que Anir no reconocía preguntó:

¿Qué Guild?

—En la que estaba hasta esta mañana —respondió Neko, riéndose un poco, sin humor—. Bennu y Andromeda también están en esa Guild, yo los llevé ahí.

Neko se frotó los ojos con los puños y se ajustó el gorro que llevaba puesto.

—Debería colgar, tengo que avisar a los demás que he llegado arriba. Quiero saber si alguien ha muerto. —continuó hablando, esta vez más deprisa, algo distraído.

¿Arriba? —preguntó ahora Shun.

Espera, espera. —Y esa era la voz de Ikki, que parecía haber agarrado el brazo de Shun para mover la cámara hacia su cara—. ¿Estás en la Torre de la Insolencia? ¿Qué haces ahí?

—Estamos intentando sacar al hermano de Hiksti, no sé si te sonará. Lleva aquí dentro desde que se cerró el servidor y sólo le queda una vida —contestó Neko, dándole un par de palmaditas a Equipaje, que poco después eruptó un café frío—. El estúpido sacó a todos sus amigos de aquí pero nadie quiso venir a por él. No nos quisieron ayudar en la Guild y por eso nos hemos salido.

¿Pero quienes habéis salido? —indagó Shun, con desasosiego en su voz.

Corta —ordenó Ikki—. Vamos a la Torre, te hablo cuando lleguemos.

Y la comunicación se acabó de repente, dejando por unos segundos la imagen borrosa de Shun con los ojos muy abiertos, ávido de información.
Neko contempló la pantalla unos segundos antes de empezar a llamar a Milo, sería mejor que le dijera de una vez que estaba a salvo.


————

—Hermano, ¿de qué Torre estabas hablando? —preguntó Shun, pero Ikki estaba demasiado ocupado buscando algo en su inventario.

—La Torre de la Insolencia, es una dungeon bastante curiosa —informó Dominich—. He oído hablar de ella, pero nunca he estado ahí.

—¿Cómo de curiosa? —quiso saber SleepingBeauty.

—Pues… —empezó DeadEnd, encogiéndose de hombros mientras buscaba las palabras para describirla.

—¡Aquí está! —anunció Ikki, con una piedra en la mano.

—¿Y eso para qué es? —continuó Shun con sus preguntas mientras escaneaba la piedra—. Es un objeto super raro… que sirve para-

—Es un teletransporte a la Torre de la Insolencia, llegaremos rápido con esto. —explicó Ikki, levantando la mano.

Parecía que iba a tirar la piedra al suelo para activarla, pero Dominich le agarró de la muñeca.

—¡No, espera!

Ikki le miró con tanta frialdad que Dominich tragó saliva, pero no se movió de donde estaba ni le soltó la mano.

—Sólo tengo que volver al castillo para acabar la quest. Como Totemist sería de más ayuda que como Mago Negro.

—Tiene razón —dijo de inmediato Aya, cruzándose de brazos y frunciendo el ceño—. Y no vamos a tardar mucho.

Shun agarró la mano en la que Ikki aún se aferraba a la piedra de teletransporte. Sus dedos rodearon con suavidad los de su hermano y llevó aquel puño hasta su pecho, obligándole a mirarle.

—Vamos, hermano. Si acabamos la quest seremos de más ayuda.

La sonrisa de Shun y sus ojos llenos de amor y esperanza fue lo que le acabó de convencer. Asintió y dejó la piedra en las manos de Shun antes de darse la vuelta y empezar a andar a pasos agigantados.


————

Captain Genius no se había puesto ese nick sólo porque molaba, que lo hacía y mucho, si no porque le describía a la perfección. Ser un genio era su esencia y Hiro lo sabía.
¿A quién se le habría ocurrido esconderse en un hueco detrás de una pared falsa hecha con sus bots? ¿Eh, a quién? ¡A él! ¿A quién si no?
Hiro estaba aprovechando la relativa seguridad de su refugio para poner a punto sus armas, hacer inventario y… y bueno, para lo que mejor se le daba en el mundo: inventar.

Estaba mirando otra vez los planos, viendo si podía mejorar algo antes de insertar los cambios en el diseño de su robot. O mejor dicho: re-diseño. ¿O debería decir diseño de armadura para robot? Hmn… No tenía claro cómo catalogarlo, pero sabía lo que estaba haciendo. Eso sí, si era sobre inventos, eso siempre.

—Ya está… —musitó, dándole el visto bueno antes de tener una última idea—. ¡No, espera! Necesita volar.

Y asintió con la cabeza antes de ponerse manos a la obra. Llevaba días solo en la Torre de la Insolencia, aislado, esperando a que sus amigos fueran a rescatarle. Después del tercer día había perdido toda esperanza y por unos terribles minutos había estado contemplando la opción de simplemente salir ahí afuera y dejar que los bosses le atraparan.
Pero entonces recordó a su madre, recordó verla llorar en el funeral de su hermano y se sorbió los mocos, se limpió la cara de lágrimas y se prometió a sí mismo que iba a sobrevivir, como fuera, pero iba a hacerlo.

Lo que no había esperado era oír la voz de su hermanastro en un mensaje privado. Eso sólo podía significar que estaba en la Torre de la Insolencia, dentro. ¿A qué habría venido, si sabía que le odiaba?

«Hiro, sé que estás ahí.» había sido su primer mensaje privado, y en el siguiente había contestado sus dudas sin necesidad de preguntárselas «Sé lo que te ha pasado, he venido a por tí. Vamos a sacarte de aquí, así que por favor resiste y dime dónde estás.»

Hiro había vuelto a escuchar los dos mensajes cuando le llegó un tercero.

«Eres mi hermano pequeño. ¿Me oyes? Y vamos a salir de esta.»

Hiro apretó la frente contra su puño cerrado antes de abrir la comunicación con Hipo.

—Hiksti… estoy en la décima planta.

Y ahí había empezado una espera que parecía más desoladora que la primera. Hiksti no había llegado a la décima planta, así que no había podido meterlo en su party, aún así, ahora Hiro sabía que un equipo había ido ahí a por él y no podía tirar la toalla.
Sólo necesitaba subir dos plantas más para llegar al final. Podía hacerlo, lo sabía. Lo iba a hacer.

Cuando el re-diseño de su robot se terminó, Hiro lo miró atentamente, haciendo planes en su cabeza para usarlo contra los monstruos de ahí afuera.
Sonrió, satisfecho de sí mismo.

—Vamos allá, Baymax.


————

Terminar la quest de Totemist no les había llevado mucho tiempo e Ikki no quiso esperar más de lo necesario para estrellar contra el suelo aquella piedra de teletransportación que había ganado meses atrás como premio por terminar el reto extra de la Torre de la Insolencia. Shun no entendía las prisas de Ikki, pero se fió de su hermano y no volvió a poner más pegas.

—Agarraos de la mano y no os soltéis. —indicó Ikki, siendo el primero en entrar en el círculo luminoso marcado en el suelo.

Uno a uno fueron ocupando un lugar y el círculo se hizo más grande para darles espacio.

—Teletransporte a la Torre de la Insolencia activado. —dijo Ikki, apretando con más fuerza la mano de Shun.

Era el primer portal en el suelo que había tenido que utilizar y la sensación era diferente a los portales que le llevaban de un ciudad a otra. No era como dar un salto y estar en otro lugar, era lo contrario. Era como estarse quieto y que el universo diese un salto bajo sus pies.
Shun se balanceó un poco cuando notó una sensación de freno, parecida a la de un ascensor frenando suavemente, sólo que en horizontal, en vez de en vertical.

Cuando miró a su alrededor vio una bóveda de techos altos, pilares caídos y piedra y más piedra a su alrededor. Hasta que sus ojos fueron a dar con una cabellera rubia bien conocida.

—¡Hyoga! —saludó Shun, soltando a Aya para sacudir la mano hacia su amigo mientras le sonreía a plena potencia.

Hyoga se giró, parpadeando confuso. Neko les había dicho que había hablado con Shun, pero no había esperado verlo tan pronto.

—¡Shun! —saludó Hyoga de vuelta—. Ikki… y compañía.

Aya saludó también, caminando hacia el montón de desconocidos que parecían bastante amistosos, arrastrando a Dominich con ella. Dominich se agarró al bíceps de Ikki como bote salvavidas, pero sólo consiguió que entre la chica y Shun les arrastrasen a los dos hacia los demás.

—Neko nos ha dicho que os habéis salido de la Guild porque no os iban a ayudar, pero no entiendo nada de lo que está pasando.

—Aah… —dijo Hyoga, sin saber exactamente qué contestar a todo eso.

Milo entró al rescate, colgándose del cuello de Hyoga mientras sonreía como el pillo que era.

—La de ahí arriba es una dungeon más bien complicada. Sólo se puede salir y entrar en grupos de seis y si te matan acabas en aquella plataforma de allá —explicó señalándola—. El hermano de un amigo nuestro se quedó encerrado con una sola vida por ayudar a sus amigos a salir y lo han abandonado. Estamos intentando sacarlo.

—Es mi hermano, yo soy el amigo —habló un chico castaño de ojos verdes que se había acercado a ellos—. Hola, Bennu.

—Hipo —saludó Ikki, a mala gana, sacudiendo el brazo una vez y consiguiendo que Dominich le soltase—. WrenchAce, MoonPrincess.

Ahí fue cuando Shun se dio cuenta de que había dos personas más que no conocía, pero su hermano parecía ser que sí.
La chica devolvió el saludo con un cabeceo y el chico levantó la mano para sacudirla y sonrió.

—¿Cuál es la situación? —preguntó Ikki, sin rodeos.

—Neko ya ha llegado arriba, tenemos a otro jugador aún en la Torre y lo último que sé de mi hermano es que estaba esperándome en el décimo piso. —respondió de inmediato Hiksti.

—¿Qué otro jugador?

—notathief, también era de los Crimson Raiders, pero se ha salido esta mañana con nosotros. Es un stalker, no sé si te suena. —completó Milo.

—¿Estabáis en los Crimson Raiders? —preguntó Dominich, sorprendido.

¿Por qué se saldrían de una Guild tan grande? ¿Cómo era que no les habían podido ayudar? Todo era muy raro.

—Me suena —contestó Ikki, echando un vistazo a su alrededor—. Hay tres personas ahí arriba y a uno sólo le queda una vida, por lo que tengo entendido.

—Vamos a tener que subir a por ellos. —habló Yuzu, desde detrás de su pañuelo de gasa oscuro.

—Yo subo.

Ikki fue el primero en ofrecerse, sorprendiendo a más de uno, pero no a su hermano ni a sus nuevos amigos.

—Yo también. —se unió Hiksti, aunque la mayoría de ellos lo daban por hecho.

—¿Alguien más tiene experiencia subiendo la Torre de la Insolencia?

Milo levantó la mano y después de mirar a Watari él también lo hizo, aunque no tenía cara de estar muy de acuerdo en volver a subir. Monica explicó que le quedaba una vida.
Max también levantó una mano y Yuzuriha informó que ella nunca había llegado arriba.

—¿Alguno de vosotros ha llegado arriba? —preguntó Ikki.

Los tres que habían levantado la mano negaron.

—¿No sería mejor subir por número de vidas? —preguntó Hyoga—. Aunque no hayamos subido nunca a esta dungeon a nosotros nos quedan más intentos. Con información y un plan adecuado, tal vez…

Ikki chistó, después a replicar, pero los ojos de Shun brillaban demasiado e Ikki supo que iba a perder esa batalla antes de librarla.
Acabó gruñendo, pero no prometía nada aún.

—Decidnos lo que sabéis y luego veremos lo que hacemos. —refunfuñó Ikki, dando, aunque fuese un poco, su brazo a torcer.

Si iban a ser casi todo segundos niveles, necesitarían un muy buen plan. La victoria en Lavender Town aún sabía dulce en su boca, pero la presión que sentía en el pecho le decía que algo, aquel día, iba a acabar mal.
« Last Edit: January 06, 2019, 04:34:32 PM by Neko »


Neko

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #71: January 07, 2019, 10:59:34 AM »
64.

Formar el equipo que iba a entrar había sido más fácil de lo que Hiksti había esperado, aunque Bennu no parecía muy contento con el resultado.

—Será mejor si te quedas. —se quejó otra vez, aunque Shun ya era parte de la party.

—¡Hermano! ¡Quiero ayudar!

Ikki tensó los hombros, parando sus pasos para enfrentarse a su hermano pequeño.

—¡Ese es tu problema, siempre quieres ayudar!

Shun apretó los labios, frunciendo el ceño mientras sentía un pinchazo en el pecho. Pero una mano amable agarró a Ikki del hombro para apartarlo de Shun y caminar entre los dos, sin detenerse pero hablando.

—Tú lo has dicho, es su problema. —dijo Hyoga, dándose la vuelta para encararlos al llegar al acceso de la Torre.

Hyoga se cruzó de brazos, levantando la barbilla y mirando al frente con su mejor actitud desinteresada. Ikki gruñó, pero Shun le dio la espalda para unirse a Hyoga en el teletransporte.

—Vamos, Ikki. ¡Será divertido! —aseguró Aya, ajustándose el gorro del nuevo equipo que llevaba puesto.

Era blanco y gris, basado en las vestimentas de una monja católica, pero con un toque bastante loli, le quedaba muy bien. Shun también llevaba un equipo parecido, cortesía de Watari. Tenían bonus en curas y magia, les había dicho el mechanic, además de otro pequeño bonus por ser dos personajes en la misma party llevando el mismo equipo.

—No sabes de lo que hablas. —le dijo Ikki, aunque siguió a la chica hasta ponerse entre ella y Shun en el teletransporte.

Hiksti y Dominich compartieron una mirada incierta, aunque no por mucho tiempo. Cabecearon y completaron el grupo en el teletransporte.

—¡Id con cuidado! —pidió Milo, lanzando un último buff como despedida. Les daría más velocidad.

—¡Usad el mapa! —recordó Watari, moviendo la mano y ajustándose las gafas.

Max y Monica también se despidieron, aunque Yuzu sólo les miró fijamente, seria detrás del pañuelo que le tapaba la cara.

—Muchas gracias a todos. —dijo Hiksti, mirando hacia arriba.

Y el teletransporte los engulló antes de que nadie pudiera añadir nada más.

—¿Estarán bien? —preguntó Milo.

—Más les vale. —murmuró Yuzuriha, tocándose la frente y haciendo sonar las moneditas que la adornaban.

Aquella Torre podía ser implacable y los bosses que les esperaban no iban a tener ninguna piedad.


————

Hiro estaba extasiado, volando entre los monstruos a tal velocidad que apenas le llegaban a hacer daño. La mayoría no eran lo suficientemente rápidos para detectarlo y los pocos que llegaban a atacarle apenas detenían su ascenso.

—¡Wohoo! —gritó, agarrándose a los hombros de Baymax mientras giraban otra esquina.

El robot le lanzó una cura básica porque la vida de Hiro había caído por debajo del setenta por ciento. Ya habían llegado al duodécimo piso y no había visto señales de aquel boss descalzo que le había teletransportado varias veces en las narices de la Reina de los Hielos —o al menos ese era el nombre que le había facilitado la omnitool para el segundo boss, así que ese era el que había estado usando—, así que Hiro suponía que estaría entretenido en niveles más bajos, atormentando al equipo de rescate que había venido con Hiksti.

Hiro ni siquiera había llegado a saber de quién se componía aquella party, pero ya les estaba agradecido.
El chico estaba sonriendo feliz cuando un bate de hielo cortó el aire, directo a su cara.

—¡No, no, no! —le dio tiempo a gritar mientras se impulsaba hacia arriba, separándose de Baymax que siguió volando sin él.

Hiro logró evitar el mazo, pero ahora volaba por los aires sin control alguno y cinco hombres de hielo gigantes se giraron, clavando sus ojos rojos en su figura poco grácil moviendo los brazos torpemente, dibujando un arco antes de estrellarse contra el suelo.
Baymax frenó de repente, escaneando a Hiro para ver en qué podía ayudarlo.

—Vida por encima del noventa por ciento, condición estable. ¿En qué te puedo ayudar? —preguntó el robot, ladeando la cabeza.

—¡Sácame de aquí!

Baymax amplió su campo de visión, detectando seres hostiles que se dirigían hacia el jugador que debía proteger. Empezó a caminar lento, pero no tardó en coger velocidad, apartando a un par de los hombres de hielo y cubriendo con su cuerpo al de Hiro, recibiendo él el impacto de un mazo contra su armadura protectora.
Hiro dio un par de golpes a la pechera de la armadura, haciendo salir unos enganches que usó para aferrarse al robot de pies y manos.

—¡Vuela! —ordenó Hiro mientras Baymax recibía dos, tres y hasta cuatro golpes más.

—¡A la orden!

Y empezó a volar. Desde esa posición a Hiro se le hacía más difícil  ver por dónde iban y había perdido sus bots de reconocimiento hacía unos días construyendo escondites. Volaba a ciegas, pero confió en Baymax hasta el último momento, justo cuando se estrelló contra una pared de hielo.
Hiro rodó por el suelo, dándose contra un muro y buscando refugio inmediatamente. Tuvo suerte al hacerlo porque cuando miró hacia el punto donde había estado, sólo pudo ver un bloque de hielo. Aquello no podía ser más que obra de la Reina de los Hielos. Vio una sombra en la pared y cuando levantó la mirada todo en lo que se podía centrar era la sonrisita en los labios oscuros de la boss y la manera en la que rascaba el pilar tras el que se había escondido Hiksti con una uña, creando un camino de hielo y un chirrido amenazante a su paso.

—Mira lo que ha traído el gato. —sonrió la boss, levantando la otra mano mientras el aire se helaba alrededor de Hiro.

—¡Baymax, la Reina de los Hielos necesita un abrazo! —ordenó antes de dar una voltereta por el suelo y ponerse de pie.

—¡A la orden! —anunció Baymax con tono feliz antes de rodear a la boss con sus fuertes brazos—. ¿Se encuentra mejor ya?

La Reina gruñó, revolviéndose contra el abrazo. Baymax la levantó del suelo, meciéndola de un lado a otro, asegurándole que todo iría bien.
Hiro estaba saliendo de la sala cuando algo le dio en la cabeza, asustado se giró para poder enfrentarse a su atacante, pero no era nadie hostil. Neko, la recordaba, una de las amigas de su hermano, estaba dando golpes a una pared invisible y señalando lo que fuese que le había tirado y después a su muñeca.
Cuando Hiro lo recogió se dio cuenta de que era una bomba de fuego y sonrió mientras corría hacia Baymax, agarrándose ahora a los asideros de su espalda después de haber activado la bomba.

—Baymax, ¡suéltala! —indicó justo cuando los pitidos de la bomba se hacían más insistentes—. ¡Adiós!

Y dejó caer la bomba mientras volaba hacia la salida con su robot. Por unos segundos estaba seguro de que lo iba a conseguir, pero de repente un montón de píxeles se reformaron a su alrededor y los gigantes de hielo le miraron con interés, empezando a perseguirle. Hiro había empezado a frenar a Baymax intentando darse tiempo para pensar en un plan.
Los gigantes sólo habían dado un paso cuando la bomba explotó y Hiro salió despedido, con la suerte de salir en la dirección correcta.

Baymax y él barrieron el suelo hasta chocar con alguna estructura desconocida y algo húmedo empezó a frotarse contra Hiro, con ruiditos preocupados.

—¡Equipaje! ¡Eso no es comida!

—Puntos de vida por debajo del sesenta por ciento, procediendo a curar. —pió el robot con un tono demasiado alegre.

—Oh, fantástico. —se quejó Hiro, dándose cuenta de que Baymax debía haberse vuelto a romper con la explosión.

Hiro empezó a recibir una poción tras otra, administradas por su robot, y unas manitas le agarraron para intentar ponerle de pie.

—¿Estás bien? —preguntó Neko, agarrándole de los mofletes y inspeccionándole como si fuera su madre.

—¡Sí, sí, estoy bien! —dijo Hiro, intentando hacer que le soltase sin mucho éxito.

Neko ladeó la cabeza, aunque seguía mirando a Hiro a los ojos.

—Maldita sea, Hiksti no responde. ¿Milo? —preguntó de repente.

Debían haberle contestado porque la chica ponía cara de concentración.

—Tengo a Hiro conmigo, estamos en lo más alto de la Torre —unos segundos más y la chica asintió, soltando las mejillas de Hiro—. Vale, bien. Esperaremos aquí, tampoco es que podamos hacer mucho más. ¡Luego hablamos!

Por el cambio en su lenguaje corporal, Hiro supuso que lo siguiente que iba a decir iba dirigido a él.

—Tu hermano ha vuelto a entrar en la Torre con otro equipo —le informó y levantó un dedo para señalarlo—. Y como me vengas con esa mierda de que no es tu hermano, te tiro yo desde la Torre hasta que llegues abajo sin teletransporte, ¿estamos?

—No harías eso. —dijo Hiro, llevándose las dos manos detrás de la cabeza y levantando los codos, sonriendo con picardía.

Unos metros más allá, Baymax intentaba inspeccionar a Equipaje, que a su vez intentaba comerse al robot.
Neko le respondió con su propia sonrisita.

—Tienes razón, no lo haría, pero ya tuve encerrado a otro mechanic durante toda una noche en mi baúl de Peral Sabio. No me importaría repetir la experiencia y creo a Equipaje tampoco.

Hiro se giró poco a poco y corrió a socorrer a su robot, que se tambaleaba como si estuviese borracho. Tal vez sería mejor arreglarlo de nuevo antes de volverlo a usar.


————

El plan estaba claro, pero todos sabían que podía salir mal. Así que había otro plan y un tercero después de ese. Todo dependía de cómo saliese el primer encuentro.
Ikki se adelantó en cuanto notó que ya estaban en la Torre y abrió bien los ojos, buscando cualquier monstruo para hacerse con su vida antes de que pudiesen atacarles. Shun le agarraba de la mano, igual que hacía Aya con Dominich y Hyoga con Hiksti.

—Pues a nosotros nos teletransportó juntos. —había dicho Milo, mirando a Yuzu mientras aún estaban pensando en planes de ataque.

—Fuisteis los únicos —había mencionado Hiksti—. ¿Estabáis haciendo algo? ¿Usando alguna habilidad o algo?

Yuzu había negado con la cabeza.

—Nos estábamos cogiendo de la mano. —había dicho la dancer y Hyoga había sonreído, empezando a trazar un plan de ataque. O más bien de defensa.

—¡Ahí está! —señaló Hiksti, apretando más la mano de Hyoga—. Ese es el boss…

El muchacho estaba lo suficientemente lejos como para no ser afectado por la habilidad de Bennu y los miraba con curiosidad, ladeando la cabeza a un lado y al otro, como calculando qué hacer con ellos.
Vestía una sudadera oscura llena de puntos congelados que dibujaban copos de nieve en su la tela. Sus pantalones estaban rasgados y tenía los pies descalzos y prácticamente azules. Se apoyaba en un bastón que parecía la rama caída de un árbol, aunque era completamente negro.

—No sé si nos pueda teletransportar desde esa distancia, las otras veces estaba más cerca. —dijo Hiksti y su voz parecía acongojada por algún motivo, aunque a nadie le extrañó en la situación en la que estaban.

—Ahora mismo él no es nuestro mayor problema —dijo Hyoga mientras levantaba su bastón e invocaba unas cuantas flechas de hielo que se clavaron a su alrededor, formando un anillo protector en el que unos cuantos monstruos fueron ensartados—. Tenemos más compañía.

Hiksti hizo salir de su inventario a unos pequeños bots con forma de dragón. Les llamaba terrores terribles y había programado cada uno para que siguiera a uno de los miembros de la party, marcando su posición en el mapa de Watari en todo momento.

—¿Preparados? —preguntó Hiksti.

—No os separéis. —avisó Ikki, desenvainando su espada.

Iba a ser difícil luchar con una mano prácticamente atada a la espalda, pero haría cualquier cosa para proteger a su hermano.

—Eso es fácil decirlo. —murmuró Hyoga, ganándose una mirada furibunda de parte del Dark Knight.

—Chicos, chicos… —intervino Aya—. Centraos en la batalla.

Dominich usó uno de sus pocos hechizos de zona, creando un pulso eléctrico que debilitó a las criaturas que se estaban acercando.

—¿Qué es eso? —preguntó Shun con curiosidad, señalando hacia lo que parecía ser una bola de nieve negra rodante.

—No lo sé, no he estado en esta sala más que unos segundos.

Y entonces uno tras otro las pequeñas bolitas de nieve se empezaron a amontonar una encima de otra.

—Oh, oh. —fue lo último que dijo Dominich antes de que el rugido de uno de esos hombres de nieve malignos se oyera en la estancia y un track de música de batalla empezase a sonar.


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