Author Topic: Pride&Prejudice / Chapter I: Welcome to Bloomington  (Read 195 times)


Sayi

Pride&Prejudice / Chapter I: Welcome to Bloomington
« Topic Start: September 18, 2018, 11:16:44 PM »
El fin de semana arreglo el tema y dejo más detalles uwu pero de momento la introducción para empezar a escribir~

Agradecimientos a @Puri por escribir el intro <3


“¡Mamá! ¡Mamá, dónde estás!”

Aquel grito cortó la relativa paz que se vivía aquella mañana en la casa de la familia Bennet, haciendo que la gran mayoría dejara de hacer sus quehaceres para enterarse de lo que estaba ocurriendo. Incluso el perro de Mery, Leon, comenzó a aullar desde el patio. Se escucharon varios pasos rápidos bajando de las escaleras y Sheryl, quien se encontraba en el estudio leyendo, salió a ver qué pasaba.

Al abrir la puerta se encontró con Camille, quien intentaba recuperar el aliento después de haber corrido tanto.

“¿Has visto a mamá?”
“No. Pero ¿qué sucede?” Justo en aquel momento llegó Sayi, curiosa también por enterarse de lo que estaba sucediendo.
“¡Emilia!” Gritó con una gran sonrisa. “¡Ya está aquí!”

Las tres hermanas, emocionadas, se tomaron de la mano y dieron un par de saltos soltando unos grititos. Camille les informó que desde la ventana de su habitación había visto acercarse el carruaje de papá, quien había ido a recoger a Emilia a la estación del tren. Era cuestión de minutos para que las gemelas finalmente se encontraran después de tantos meses separadas.

“Sheryl, anda y avisa a la cocina que papá y Emilia están de vuelta, papá querrá que se sirva el almuerzo lo más pronto posible”, la rubia asintió, pero apenas quiso irse, la mayor le jaló del brazo. “Espera, espera. Primero anda a buscar a Cho, creo que quería hacer un arreglo floral para la mesa ahora que Emilia está de vuelta”. La menor asintió y esta vez sí se fue. Habiendo solucionado esto, la mayor de las hermanas se dirigió a Camille. “Te ayudo a buscar a mamá, que yo también tengo que hablar con ella”.
“¡Vamos, vamos!” Le apremió esta y comenzaron a buscar juntas en el primer piso.

La casa de la familia Bennet era una casa grande, por lo que era algo común que de vez en cuando alguien se “perdiera” y no le encontraran. Pero esta vez la urgencia era apremiante. Mamá se enojaría mucho con ellas si es que no saludaba a Emilia a su llegada. Últimamente no hacía más que hablar de lo cambiada que volvería Emilia de Londres, de los hermosos vestidos y zapatos que traería de vuelta y cómo se convertiría en un ejemplo de dama de sociedad para todas sus hermanas. La tía Miranda, después de todo, era una gran dama de sociedad y seguramente se habría encargado de enseñarle a Emilia su lugar como una mujer de apellido respetable.

Sayi, sin embargo, dudaba que un par de meses en Londres fueran suficientes para doblegar el espíritu de Emilia. No pudo evitar reírse por lo bajo, sería muy divertido ver la cara de mamá cuando se diera cuenta de esto.

Después de haber recorrido toda el ala derecha del primer piso, volvió a las escaleras y se encontró con Camille, quien le dijo que tampoco había visto a mamá por el otro lado. Justo en eso llegaron Cho y Sheryl.

“¿Aún no encuentran a mamá?” Preguntó la rubia.
“No”, respondió Camille cruzándose de brazos. “¿Mencionó algo de salir al pueblo hoy día?”
“No, no dijo nada”, suplió Cho, quien siempre estaba al tanto de las órdenes de mamá. “Si mal no recuerdo, ayer llegaron los zapatos para Mery y Shura. ¿Tal vez estará con ellas, probando qué vestidos combinan mejor?”

Apenas dijo esto, Camille empezó a correr hacia arriba, a lo que las demás hermanas empezaron a seguirla. Por lo general, era raro ver a la callada Camille gritando emocionad y corriendo de un lado a otro, pero la vuelta de Emilia significaba mucho más para ella que para el resto. Es muy difícil separar dos caras de una misma moneda, después de todo.

“¡Mamá!”, llamó Camille mientras abría de golpe la puerta del cuarto de Shura. Ahí dentro se encontraban no solo ellas dos, sino que también sus hermanas Kora y Mery.
“¡Dios santo! ¡Qué es esto, muchachas!” exclamó la señora Bennet, llevándose una mano al pecho. “¿Acaso quieren darme un susto de muerte? ¡Hablen! ¿Qué ha sucedido?”

Justo en ese instante, se escuchó la puerta principal abrirse y la voz del señor Bennet.

“¡Señora Bennet! ¡Mire quién está aquí!”
“¡Es Emilia!” Finalmente le dijo Camille con una gran sonrisa.

Apenas dijo esto, la señora Bennet se abrió entre ellas y bajó corriendo las escaleras. Todas las hermanas, emocionadas, fueron corriendo tras ella.

En la puerta principal se encontraba Emilia Bennet, ataviada con un elegante sombrero para el sol, una capa de viaje y una amplia sonrisa.

“¡Oh, mi tesoro!” Exclamó la señora Bennet apenas vio a su hija y fue rápidamente a tomar sus manos y darle un beso en la mejilla. A su lado, el señor Bennet fue ayudado por Cho, quien tomó su saco y sombrero y se los llevó dentro, con este siguiéndole. “¡Mírate! ¡Qué bella que estás! ¿Cómo se encuentra tu tía Miranda? ¿Le agradeciste por todo?”
“Por supuesto que sí, mamá”.
“¡Niñas! ¿Ya avisaron a la cocina?”
“Sí, mamá”, se apresuró en responder Sheryl. “Hemos avisado que deben de apresurarse en servir el almuerzo”.
“Muy bien. Oh, querida, no creas que no estoy feliz de tenerte de vuelta, pero dime, ¿no habrá algún tipo de razón por la que quieras quedarte en Londres…?”
“Mamá, acaba de regresar, no la marees tan rápido preguntándole por hombres”, dijo Sayi.
“Por favor, Sayi, Emilia ha estado viviendo en la alta sociedad todo este tiempo, y con su belleza, sería imposible que no haya llamado la atención de más de uno en los salones de baile”. Mientras decía esto, tanto Emilia como Camille cruzaron miradas y se mordieron los labios de la risa. Si tan solo mamá supiera los secretos que habían compartido en cartas sobre la vida de Emilia en Londres…
“Bueno, bueno, pero deja entonces que sea ella quien nos lo cuente todo, mamá”, Intervino Kora, deseosa por escuchar de las aventuras que su hermana había vivido.
“¡Emilia, Emilia!” Interrumpió Shura, “¡Tienes que enseñarme todo lo que has visto para mi baile!”
“¡Es cierto! Tenemos que prepararte para tu debut en sociedad. ¿Cuándo será eso?”
“Es la próxima semana”, agregó Mery, también emocionada por el tema de conversación. Si había una de las Bennet que fuera excelente en el baile, esa era Mery, por lo que toda conversación sobre evento social era importante para ella. “Tienes que enseñarle a Shura también los bailes que están de moda en Londres, para que sea la mejor preparada de todo el condado”.
“Me ayudarás con los pasos, ¿no?”
“¡Por supuesto!” Dijo riéndose.
“Niñas, ya dejen en paz a Emilia, ¿no ven que Camille quiere saludarla?” Reclamó Kora.
“¡Ni que fueras la mayor!” Le respondió Shura y Kora le sacó la lengua.
“¡Kora! ¡No hagas esos gestos!” Le reprendió la señora Bennet, a lo que la aludida simplemente se cruzó de brazos. Camille aprovechó la oportunidad y finalmente se acercó para abrazar fuertemente a Emilia.
“Es bueno tenerte de vuelta”.
“Igualmente”.

En ese momento el señor Bennet apareció de vuelta en la entrada de la casa.

“¿Planeamos almorzar aquí? ¿O qué?”
“Oh, señor Bennet, ¡no sea tan malhablado! ¡Niñas!”, les reprendió. “¡Vamos a la mesa!” Apenas dijo eso levantó la cabeza y comenzó a contar a sus niñas, quienes ya se iban adentrando en la casa hablando entre ellas… Y se dio cuenta que, como usualmente pasaba, faltaba una. “¿Y a dónde se ha ido a esconder esa muchachita de Sayaka ahora?”
“Seguramente Sir Puma Tiger Scorpion se escapó de nuevo”, le dijo Sayi, quien se había quedado atrás.
“No sé cómo puede soportar a ese demonio, ¡jamás se dejará domesticar!” Respondió enojada. “Ya es hora de que esa niña se deje de juegos, ya es toda una mujer y no debería estar fuera de la casa. ¡Qué van a decir las buenas señoras de nuestras vecinas!”
“Mamá”, le cortó Sayi, asiéndose de la manga del vestido de la mayor. “Tengo que hablar de algo muy importante contigo. Es sobre una carta que llegó ayer”.
“¿Una carta? ¿De quién?”

Sayi no pudo evitar el sonrojo. La señora Bennet, al ver esto, se emocionó y se tapó la boca con las manos.

“De Terry”. Respondió con una sonrisa tímida. “Viene a Bloomington en dos semanas y me ha pedido que conversemos de manera privada. Que tiene algo muy importante que pedirme”.
“¡Oh, santo Dios en el cielo!”, exclamó la señora Bennet y tomó las manos de Sayi, besándoselas. “¡Mi niña y el señor Terry!”
“Lo sé, mamá”, respondió Sayi también emocionada, aún sin creérselo ella misma. Había leído y releído la carta más de una vez ayer, pero era tanta la emoción que no se permitió creérselo. Tuvo que esperar al día siguiente y despertarse para corroborar que la carta verdaderamente estaba ahí y no la había soñado. En verdad Terry se la había enviado.
“¡Cuántas bendiciones! ¡Mi pequeña Shura ya es toda una mujercita, Emilia ya llegó hecha toda una dama desde Londres y ahora mi Sayi finalmente se casará!” La mujer alzó los brazos al cielo riéndose y luego tomó el rostro de su primogénita en manos para besarle ambas mejillas. “¡Tenemos que ir a decírselo a tu padre en este momento! Las noticias de Emilia pueden esperar, ¡esto es maravilloso!”
“¡Oh, mamá!” Rio.

Ambas mujeres se dirigieron hacia el comedor mientras conversaban en todos los preparativos que tendrían que hacer hasta que llegara Terry. La señora Bennet le prometió que hablaría con su padre para comprarle un nuevo vestido y que estuviera listo para la conversación que tendría con Terry. Tendrían que asegurarse también de la dote, por lo que debería recordarle el revisar todas las finanzas para ver cómo se las arreglarían.

Pero antes que pudieran decir algo apenas llegaron al comedor, la puerta de los criados se abrió y apareció ante ellos Sayaka, agitada y sonrojada de tanto correr.

“¡Emilia!” gritó sorprendida al ver que su hermana se encontraba ahí sentada con todos.
“¡Sayaka!” Le reclamó su madre antes que Emilia pudiera siquiera corresponder el saludo. “¿Qué son estos modales? ¡Y mírate! ¡Pareciera que fueras una chiquilla huérfana, todas tus medias están enlodadas y llenas de pasto!”
“¡Oh, mamá, créeme que me perdonarás apenas te cuente las noticias!”
“¿Qué noticias?” Preguntó Mery.

Todos miraron a Sayaka, incluso el señor Bennet.

“Vengo de la casa del tío Robert y justo llegaba de la ciudad junto al doctor Smith. ¡Ambos estaban discutiendo sobre la llegada de varias familias de renombre que vendrán a pasar el verano aquí a Bloomington!”
“¡¡Cómo!!” Gritaron todas.
“¡Sí! ¡Y no solo eso!”, La señora Bennet tomó asiento ante tantas noticias. “¡Van a venir a Bloomington porque la milicia estará estacionada aquí por todo el verano y los más altos mandos ingleses harán su parada aquí!”

Apenas terminó de decir esto todas empezaron a hablar y a gritar por la noticia. Bloomington se volvería, ese verano, en el centro social de todo Inglaterra y los hombres más importantes (y solteros) de todo el país estarían ahí, a su entera disposición.

“¡Oh, señor Bennet! ¡Cuántas bendiciones hemos recibido!”
“Mi querida señora Bennet, ¿de qué está hablando?”
“¡Ahora todas mis niñas podrán buscar un buen marido, como Sayi!”
“¿¡Qué!?” Gritaron todos, incluso el señor Bennet.
“¡Mi Sayi! ¡El señor Terry le escribió una carta! ¡Quiere hablar con ella de manera privada y hacerle una importante proposición!”

Apenas terminó de decir esto la algarabía se resumió y Sayaka fue corriendo desde la entrada, gritando, a lanzarse sobre su hermana mayor. El resto de las hermanas también se paró y se acercaron a abrazarla, felicitándola y hablando una por sobre la otra con ideas para la celebración, el compromiso, los vestidos, el lugar donde se llevaría a cabo la boda…

El señor Bennet no pudo evitar sonreír con ternura ante aquella escena. Si bien no se preocupaba tanto como su esposa por casar a sus niñas siempre había esperado lo mejor para ellas. Que todas tuvieran un techo donde vivir y un buen esposo que las quisiera y cuidara cuando él no pudiera hacerlo. Y Terry era un muy buen muchacho a quien tenía en gran estima, por lo que no dudaba que su pequeña estaría en muy buen cuidado. Ya sería cuestión de un par de meses para que el resto se pusiera también en marcha y así poder descansar contento.

“Mi querido señor Bennet, tenemos que hacer demasiadas preparaciones. Todas nuestras niñas tienen que prepararse, los solteros más importantes de Inglaterra no sabrán lo que les pasó apenas las vean”.
“Mi amada señora Bennet, pareciera que, para usted, es una verdad universalmente conocida que todo hombre soltero poseedor de una gran fortuna necesita una esposa”.
“¿Acaso no es así como funciona el mundo, señor Bennet?”


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Oh, dream maker, you heart breaker
Wherever you're goin', I'm goin' your way


Kana

Re: Pride&Prejudice / Chapter I: Welcome to Bloomington
« Reply #1: September 22, 2018, 10:43:03 PM »
First Chapter

Emilia sonrió suavemente invadida por la emoción de un agradable sentir de felicidad al ver como sus hermanas, dichosas y curiosas, iban abriendo una tras otras las cajas de regalos que tía Miranda había enviado para sus sobrinas. Vestidos, guantes, sombreros y chocolates iban desfilando ante la mirada ansiosa de los presentes en la sala, donde la mayoría se encontraban después de haber compartido el almuerzo que celebraba la espectacular y prometedora carta que Sayi había recibido, y, el propio retorno de Emilia a la casa familiar.
La señora Bennet daba un par de aplausos cada vez que una de sus hijas terminaba de abrir un obsequio, sus ojos brillaban especialmente cuando veía que se trataba de algún fino vestido que sus hijas pudieran utilizar para deslumbrar a un gentilhombre que pudiese posteriormente cortejarlas con el propósito de proponerles matrimonio. Mientras su madre se sumergía en esa fantasía, la cual la expresaba y la hacía saber libremente, su padre, el señor Bennet, se mantenía sentado en su mecedora leyendo concentradamente el periódico de ese día el cual lo había dejado rezagado en la sala para cuando había ido a buscar a Emilia a la estación de tren. De vez en cuando, el señor Bennet asentía ante alguna pregunta de su esposa pese a que no le prestaba atención a dicha pregunta, y en una u otra ocasión alzaba la vista por sobre el periódico para observar el por qué alguna de sus hijas expresaba un grito de emoción.
El gato de Sayaka había entrado a la sala a curiosear, entrando en las cajas vacías apoderándose de ellas como si fueran su propio reino. Emilia pensó en llamarlo, pero supuso que la ignoraría después de tanto tiempo.
“¡Todas mis niñas lucirán como hermosas damas de alta sociedad! Señor, Bennet, ¿Qué opina usted?”
“Sin duda, señora Bennet, ellas lograran llamar la atención de los jóvenes y así calmar los nervios de su madre.”
“¡Señor Bennet! No juegue con mis pobres nervios. Son algo serio.”
“Lo sé, querida, he convivido con ellos por más de veinte años.”
“Bueno, bueno, será mejor hablar de otros temas. Por ejemplo, con Emilia aquí de regreso y habiendo recibido una educación pagada por vuestra tía Miranda para ser toda una dama, nos trae más que jubilo al poder compartir con sus demás hermanas todos los conocimientos adquiridos para que ellas se vuelvan igual de fina que tía Miranda.”
“Puedo compartir todo lo aprendido con cada una de mis queridas hermana, mamá.” Emilia asintió, sonriendo delicadamente. Hablaba con un tono de voz pausado, sereno y suave lo que la hacía escucharse como una dama que, además de fina, podía ser como una flor delicada.
“Me gustaría escuchar sobre las cosas que conociste en la alta sociedad, Emilia” Dijo Sayi, quien estaba sentada más cercana a ella en el sillón. Algo en su hermana Emilia había cambiado pero sentía que no podía haber un cambio drástico en tan poco tiempo. Siendo la mayor de las hermanas, Sayi era la que más tiempo las había conocido.
“¡¿Conociste algún príncipe o princesa?! ¡He escuchado que incluso han llegado nobles rusos buscando amparo por la invasión Napoleónica!” Sayaka soltó el sombrero que la tía Miranda le había enviado, invadida por la emoción de escuchar lo que Emilia pudiese comentar al respecto.
“¿Asististe a los bailes a los cuales tía Miranda es recurrentemente invitada? ¡Me puedes enseñar los bailes más novedosos!” Ahora era Shura la que quería resolver dudas.
“Niñas, no sofoquen a Emilia, acaba de llegar.” Les dijo Kora, quien aprovechó de que algunas de sus hermanas estaban despistadas para picar uno de los chocolates suizos de una caja. No sabía si eran parte del regalo de Mery o Sheryl.
Cho, quien había salido de la sala momentáneamente, había ya regresado al sitio de reunión llevando una bandeja que portaba una tetera con agua caliente. Detrás de ella le seguía Jacob quien consigo traía otra bandeja con varias tazas.
“He preparado té de hierbas por si alguien quiere.” Informó la recién llegada, quien posteriormente se sentó en un sitial libre para escuchar cual era el tema de conversación.
“Quisiera una taza de té, por favor.” Pidió Emilia. Poco después Jacob le sirvió del té que Cho había preparado con los productos de su propio jardín. La muchacha de cabellos plateados esperó a que se disipara brevemente el vapor para dar un corto sorbo al brebaje. Cerró los ojos y probó con gusto aquel té que tanto extrañaba de Cho. “Estoy en casa” se dijo mentalmente, sintiendo una extrañable paz.
“¿Y bien?” Preguntó Mery, quien no recordaba haber probado sus  chocolates como para que faltara uno en su caja. Kora magistralmente fingió que nada pasaba y se fue a sentar cerca de la ventana.
“Pues, eventualmente me vi involucrada en la vida social de elite de tía Miranda. En efecto, asistí a algún baile, casi escasamente para ser franca, puesto que mis estudios me requerían bastante tiempo.” Se permitió una pausa para beber té antes de continuar calmadamente. “Felizmente conocí gente maravillosa de Londres, siendo alguno de ellos miembros de la nobleza. Lady Charleston, puedo decir que es una de las más destacadas, junto con su hija Lady Cecil, quienes no repararon en su gentil amabilidad. También conocí al señor Lancaster, al segundo, Henry Lancaster, de quien pese apenas crucé dos palabras con él y no compartí más que un efímero saludo pude comprender que es bendecido con modales y culturas propias de un señor de su índole.” Emilia repasó brevemente, habían más personas que conoció durante su estancia en Londres pero estimaba que no era necesario invocar sus presuntuosos nombres.  “Sobre realeza rusa, escuché rumores pero personalmente no coincidí en presencia con ningún noble de Rusia.”
“Mi hija ha conocido a un gran número de personas importantes del país. ¡Que orgullosa estoy!” Celebró la señora Bennet.
“Estoy agradecida de que hayas hablado con tía Miranda para que ayudase en mi educación, mamá.” Emilia asintió, elegantemente. Luego buscó la mirada de Camille con quien disimuladamente intercambiaron una risa cómplice.
Emilia entonces recordó cuando había iniciado todo, meses atrás.

* * *
La joven estaba libremente tendida en el sillón de la sala, ojeando un libro que de pertenencia correspondía a Cho, intentaba conectarse con la historia que allí destacaba pero la hora del próximo té le distraía enormemente. En la sala también se encontraba Sheryl, tan hermosa y fina como siempre, Emilia la observó de reojo mientras bordaba tranquilamente en su sitial. El cabello rubio ondulante de su hermana brillaba con la luz del sol que entraba a través de la ventana a su costado. Emilia estaba segura de que el hombre que se casara con Sheryl sería el más afortunado del mundo.
En ese momento, la señora Bennet entró en la sala y Emilia inmediatamente se sintió hostigada por su mirada.
“¿Mamá, pasa algo?” Preguntó Emilia sin mucho interés al ver que no anunciaba precisamente la hora del té.
“¡Emilia, niña! En una hora más llegará la señora Dawling a nuestro hogar.”
“Oh” Susurró. “Felizmente me encuentro apropiadamente vestida.”
“Emilia…” Sheryl la observó inquieta, dejando de bordar y preocupándose por su hermana. “Tiene listo ya el vestido de la señora Dawling, mamá. Sólo que no lo ha empacado en su caja.”
Cuando Sheryl dijo eso, Emilia sintió que la sangre se le congelaba. Había olvidado el encargo que su madre le había pedido tan arduamente. Debía preparar el vestido de aquella ilustre señora ya que la señora Bennet había sufrido calambres en las manos durante los últimos días. Emilia le había ofrecido a su madre su ayuda a la que la señora Bennet aceptó conmovida por el gesto de amabilidad de Emilia. No era que la señora Bennet necesitase hacer encargos de tipo tan serviciales y humildes como el de coser un vestido de la hija de una noble dama, pero la señora Bennet era astuta y sabía que esa emblemática dama tenía un sobrino muy bien dotado de fortunas y, por sobre todo, se encontraba soltero. Ganarse el voto de aquella mujer podría acercar a aquel soltero sobrino a alguna de sus hijas.
“¡Ve a buscarlo!” Indicó la señora Bennet, revoloteando de un lado a otro. “¡Sheryl! ¡Sheryl! Dile a los criados que terminen de prepara la tarta de fruta.”
“Sí, mamá.” Sheryl asintió y se levantó cuidadosamente del sitial.

Emilia en tanto había subido las escaleras corriendo hasta el cuarto que compartía con Camille.
“¡Camille! ¡Camille!” Llamó a su hermana pero evidentemente no se encontraba por el sector. Fugazmente recordó que su gemela le comentó sobre pasar la tarde con su amiga Katie en la casa que aquella joven. Emila pensó en buscar alguna otra hermana disponible para usarlas de modelo para los últimos detalles de la confección pero temía que su madre entrase de improvisto y las descubriera.
La joven tomó la caja donde contenía las telas y los hilos, corrió bajando las escaleras y salió de la casa a toda prisa. Unos cuantos minutos le tomaron hasta llegar a la casa de uno de sus vecinos, donde tuvo que entrar como una profana ratera por una de las ventanas traseras y entrar en el maltrecho cuarto de uno de los criados de esa casa ¡Si tan solo Eren trabajara para el tío Robert en vez de ese otro vecino!
“¿Eren? ¿Eren estás por allí?” Susurró Emilia llamando al criado de esa casa, quien coincidentemente era uno de sus mejores amigos.
“¿Señorita Emilia?”
“Eren, necesito de tu ayuda.”
“Ah, veo que es una emergencia, Emilia.” Dijo el pelicastaño, al ver que ella venía en solitario no requería la formalidad que se les exigía. Emilia inmediatamente sacó las telas de la caja y cubrió a Eren con ellas. “¿Me quieres amortajar en vida?”
“Tengo que terminar un vestido para la hija de la señora Dawling, y no tengo en quien probarlo. Por favor, permanece quieto, trataré de terminar prontamente.” La joven coció y corto, una y otra vez, uno y otro lado para intentar dar forma.
“Pero, Emilia, la hija de la señora Dawling es… precisamente una dama. Realizar un vestido en base a mi silueta es, por lo demás, demasiado confuso.” Inconscientemente las mejillas de Eren se prendieron en un adorable color rosa. Nunca en su vida se esperó verse a si mismo usando una especie de vestido. Le rezaba a Dios que ni su patrón ni otra persona lo viera en tales fachas.
“Creo que ha quedado presentable.”
“…”
“Luces como una hermosa joven brillante que espera una pieza de baile de su futuro esposo.”
Eren se vio en el pobre reflejo que daba el trozo de espejo que estaba en ese cuarto. Además de sentir vergüenza propia, sentía que Emilia estaba perdida. “Si la hija de la señora Dawling tiene cuerpo de tronco y su futuro esposo está miope, creo que no le quedará mal.”

”Por favor, no seas cruel.” Dijo Emilia, sin mucha variedad en su rostro más que estar absorta en la próxima excusa que debería dar en caso de que todo fallara. Por un momento, casi estuvo tentada a decirle a Eren que “no jugara con sus propios nervios” “Permiso.” Le quitó el vestido a Eren y lo guardó en la caja.
Para mala fortuna de Emilia, los comentarios tan inquietantes de Eren se cumplieron como profecías. La señora Dawling quedó consternada cuando vio el vestido que la señora Bennet se había ofrecido a mejorar y la señora Bennet se deshacía en excusas que no lograron calmar las lágrimas de la señora Dawling. Ante tal bochorno, eventualmente la señora Bennet suplicó por auxilio a su familiar, la buena señora Miranda, quien emitió un acuerdo de protección y una solución rentable para ambas incluyendo a Emilia.
El acuerdo entre sus padres y su tía Miranda a Emilia le parecía completamente injusto y más que un beneficio lo sentía como un gran castigo a su existencia. Cometió errores, pero no concebía en que fueran tan magnos como para, prácticamente, esconderla como si fuera la vergüenza de la familia. Pese a los repliques de Emilia, sus padres le ordenaron partir a Londres donde su tía Miranda se había comprometido a darle educación. Ambos progenitores coincidían en que sería una gran oportunidad para Emilia.
Antes de partir se aferró en un fuerte abrazo a su gemela quien era la única conocedora de la verdadera razón de la partida de Emilia a Londres. Se prometieron que el tiempo pasaría rápidamente y en el transcurso de que esto pasara ambas se mantendrían comunicadas con cartas confidenciándose todo lo que sucedía en sus vidas.
De aquel modo Emilia se enteró por una carta de Camille unas semanas después de llegar a Londres, que su amigo Eren Jaegger había sido enlistado para ser parte de la milicia inglesa y que había partido para iniciar su entrenamiento militar. Aquello le angustiaba enormemente ya que Eren era un chico bastante iluso y con un corazón bastante bondadoso como para ir a una gran guerra. Sospechaba que el patrón de Eren lo había enlistado para deshacerse de él y ya no ser su protector.

* * *

“Lo importante es que Emilia está de regreso.” Profesó Camille jubilosa, había muchas cosas que debían conversar personalmente y por fin la habitación que compartían no se sentiría tan solitaria.
“¿Qué otras cosas aprendiste, querida?” La señora Bennet tenía el pecho inflado de orgullo.
“Pues, la tía Miranda fue mi gran benefactora y financió, además de la refines de mis modales, mis estudios de enfermería.”
“¿¡QUE!?” Fue el grito de sorpresa de todas las hermanas al mismo tiempo. Poco después de esa gran consternación, se escuchó como el cuerpo de la señora Bennet caía al suelo y quedaba tendida en ese sitio tras desmayarse por un colapso de sus nervios.
“Enhorabuena, mi querida Emilia, puedes practicar tus conocimientos con tu pobre madre.” Dijo el señor Bennet, ayudando a Jacob a levantar a su esposa y tenderla en el sillón. Cruzó mirada con su hija Emilia y ambos se sonrieron en un gesto complice.
« Last Edit: September 24, 2018, 05:12:03 PM by Kana »


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Re: Pride&Prejudice / Chapter I: Welcome to Bloomington
« Reply #2: September 27, 2018, 11:01:27 PM »
Perdón por el testamento ;_; es que es el primer fic y no quería a postergar los eventos. Trate de usar a todas las Bennet, espero que sus personajes no me hayan quedad out of character D:

tl;dr: Robb Stark y Jamie Fraser llegan a Bloomfield por invitación del tío Robert un día después del regreso de Emilia. Ese mismo día Sheryl sale a pasear al campo pero de accidentalmente conoce a Jamie y sale huyendo de él. La quererle devolver el canasto que dejo atrás el y Robb llegan a la casa de los Bennet, anunciando así la llegada de los primeros bachelors al pueblo.


#1

En Inglaterra no había un hombre de buena fortuna que no hubiera escuchado alguna vez que tenía que casarse con una buena dama.

Hacía tiempo que los matrimonios por amor estaban siendo aceptados dentro de las normas de la sociedad (por lo menos en la burguesía), pero parecía aún que la motivación más grande para casarse era el dinero. Todo parecía girar en torno a  tener estabilidad económica, recibir una herencia o dote. Y el valor de los caballeros solía medirse por la cantidad de renta que recibían al año, si es que acaso tenían la fortuna de recibir una.

Por aquellos tiempos, la definición de lo que era una buena dama era subjetiva. Para algunos bastaba que una mujer en edad casadera gozara de buena salud y belleza. Otros, más exigentes claro, tenían estándares más estrictos y su lista pasaba por una variedad de cualidades desde el arte, el baile, la conversación, el bordado, la música y el manejo del hogar.

A sus 25 años de edad Jamie Fraser aún no tenía una idea clara de lo que era su “buena dama”. Había conocido a buenas dibujantes y pianistas, a excelentes bailarinas, a mujeres que manejaban con inteligencia la economía de sus hogares y, por su puesto, a jóvenes de gran belleza. Pero él se negaba a casarse con una dama solo porque sus cualidades encajaran con los siempre cambiantes estándares de su tiempo, así como se negaba a ser uno de los tantos caballeros que portaban un letrero de £10,000 al año sobre su cabeza.

-¿En qué piensas Jamie?- le interrogó Robert Baratheon, sentado frente a él en el carruaje.

-De seguro se está muriendo de aburrimiento- rio Robb Stark a su lado. –Es que a Jamie no le gusta viajar en carruaje, preferiría andar a caballo.

-¡Ah! Vamos muchacho, ir a recogerlos es lo menos que puedo hacer por ustedes después de obligarlos a pasar la temporada conmigo.

-No, no es eso señor Baratheon. Es que me impresionó lo vivaz que esta el campo en Bloomfield. Si pareciera que apenas salimos del invierno - intentó defenderse Jamie.

-Nada de eso Jamie- le interrumpió el mayor- llámame tío Robert. Y esto no es nada comparado a los jardines de Keyfield Park. Las nomeolvides y jazmines están floreciendo ya, y mande a plantar árboles frutales por toda la propiedad que de seguro estarán dando frutos pronto. Además de que el invernadero está lleno de todo tipo de rosas ya.

-Lo que me intriga es ¿por qué compraste Keyfield Park tío?  ¿Es que acaso ya no quieres vivir en Shirenewton Hall?- interrogó Robb.

-Shirenewton Hall ha sido el hogar de los Baratheon por 4 generaciones y seguirá así hasta que yo muera- negó energéticamente el tío Robert y luego apunto a Robb con el dedo –tú, muchacho has sido una de las razones por las cuales he comprado y remodelado Keyfield Park. Ya va a ser hora de que vayas buscando una muchacha para casarte y necesitas una residencia de campo alegre.  Winterfell me parece muy lúgubre y con tus padres viviendo ahí espantaran a la chica. Sin mencionar que los jardines en Keyfield Park son los más hermosos en todo el condado y ahora me puedo pasear por ellos sin que nadie me moleste. Espero haya invitado a muchos de sus amigos, tendremos bastante para hacer este verano.

Robb y Jamie no pudieron evitar sonreír entre ellos. El tío Robert tenía razón, tanto como Winterfell, como típica residencia medieval, era lúgubre aún en verano. Jamie había estado ahí y no le sorprendió cuando los hermanos menores de Robb se acercaron para advertirle que el castillo estaba lleno de espectros. Hasta la fecha Robb insistía que habían sido bromas, pero tras pasar una noche en Winterfell Jamie estaba convencido de lo contrario.

No obstante, ninguno de los dos tenían planes de matrimonio aún y mucho menos la intención. Cada uno tenía propósitos, aunque muy diferentes, sobre lo que querían hacer con su vida. Y para Robb al menos la visita al tío Robert era más que eso.


Con todo el ajetreo desde el regreso de Emilia y las noticias recibidas el día anterior todos los Bennet habían estado ocupados. Primero con todos los regalos y noticias que traía Emilia desde Londres. Una vez la señora Bennet despertó de su desmayo, causado por Emilia quien se ocupó ella misma de procurarle los cuidados básicos a su madre, rogó a Emilia utilizar sus nuevos conocimientos de forma discreta y enseguida dispuso hacer planes para que la casa Bennet estuviera preparada para el verano.

Al día siguiente con el prospecto de la visita de Terry y otros personajes importantes la señora Bennet había ordenado que se limpiaran de pies a cabeza la sala de visitas, el salón de lectura y costura, el comedor y la biblioteca del señor Bennet. Durante el transcurso de la mañana los sirvientes se encargaron de lavar los pisos, las alfombras se sacaron al patio para sacudirlas, se clasificaron y desempolvaron libros bajo la supervisión de las jóvenes Bennet. Cuando por fin acabaron después de mediodía cada una de las hermanas pudo tomar un respiro.

En el caso de Sheryl, eso significaba dar un paseo antes del té de la tarde. Por toda la casa buscó a alguien que quisiera acompañarla en vano. Emilia y Camille charlaban en la sala de lectura con la típica complicidad de gemelas, olvidándose del mundo a su alrededor. Kora también se encontraba en la sala, acurrucada en un diván ensimismada en un libro sobre astrología que Emilia le había llevado de Londres de contrabando. Sayi y Shura se encontraban en el vestíbulo preparándose para ir al pueblo junto a su madre, quien ya estaba recuperada del susto del día anterior, para comprar y encargar lo que les hiciera falta para sus días especiales.

Cuando Sheryl se disponía a salir por la cocina se encontró a Mery, que también estaba ocupada haciendo unas tartaletas para la tarde y quien le encargó frutos para decorar sus tartaletas. Finalmente, se encontró a Cho que trabajaba con dedicación en su jardín de hierba.

-Lo siento Sheryl, no puedo acompañarte. Quisiera trabajar en el jardín de hierbas y el huerto, les he dejado desatendidos desde ayer.

-Bien- se resignó Sheryl –si ninguna de vosotras me quiere acompañar me iré sola.

-Creo que Sayaka andaba por el pozo jugando con Sir Puma Tiger Scorpion- Cho continuó trabajando sin inmutarse por el berrinche de su hermana –Pregúntale si quiere acompañarte.

Sin perder el tiempo Sheryl se fue en busca de Sayaka, si alguien no podría resistirse a un paseo por el campo era ella. La encontró en la parte de atrás de la casa tratando de convencer a su gato para que bajase del techo de la cocina. Como era de esperarse, su hermana mayor no declino su invitación.

-Deja que baje a Sir Puma Tiger Scorpion e iré por mi sombrero, solo será un momento.

-Como quieras- le respondió Sheryl–me iré adelantando.

Sheryl estaba convencida de que Sayaka tardaría un buen rato en prepararse y le preocupaba no estar de vuelta para el té de las 4. Segura de que su hermana la alcanzaría en cualquier momento se adentró en el bosque que estaba detrás de la propiedad de los Bennet.

Era un sendero agradable donde pasear y encontrar frutillas, sin preocuparse de las carretas y caballos que tenían su propio camino zanja abajo. No tardó mucho en encontrar fresas salvajes, que ya lucían un color rojo que invitaba a comérselas. En el bosque apenas se oían ruidos, excepto por los pájaros que cantaban y revoloteaban entre los árboles. 

Cuando junto suficientes fresas en su canasto y como Sayaka no llegaba, Sheryl se preguntó si ya habría llegado la hora para tomar el té. Se volvió para regresar por el mismo camino pero una llamativa flor roja llamó su atención. Se encontraba en la zanja que dividía el sendero y el camino de los caballos, y si no estaba mal era una flor de jengibre. Como se sentía mal por haberle reclamado a Cho por no haberle acompañado y su hermana aún no había plantado jengibre en su jardín pensó que apreciaría la raíz para alguna de sus infusiones.

Se aseguró de que no hubiera nadie a su alrededor que pudiera verla,  y con la mano derecha se sostuvo del tronco de un árbol mientras que con la izquierda tomo el tallo de la planta intentando arrancarla con todo y raíz. Pero sus fuerzas le fallaron y resbaló zanja abajo, aterrizando en los pies de alguien.

-¿Se encuentra bien señorita?- una voz masculina le preguntó.
Sheryl levantó la mirada y se encontró con un hombre pelirrojo que le ofrecía gentilmente su mano para ayudarla a levantarse. Algo en el la turbo tanto, que sin reparo alguno se puso de pie sola.

-Dis-Disculpe usted-  fueron las únicas palabras que pudo articular antes de darse la vuelta y huir corriendo, dejando atrás su canasto.

Avergonzada por su reacción Sheryl siguió  andando hasta que se topó con Sayaka que apenas iba por la entrada del bosque. La rubia le tomó la mano y la jaló consigo.

-Sheryl ¿Qué ha pasado?- la interrogó la mayor sin interrumpir la marcha, sorprendida de que la usualmente serena Sheryl estuviera tan turbada -¿Es que acaso ha pasado algo en el bosque?

-No, no. Yo solo… vi- la rubia sintió que las mejillas le ardían. Se daba cuenta de lo impropio de sus acciones y le daba vergüenza confesarle a su hermana lo que había pasado.

-¿Qué viste?  Por Dios Sheryl me estas asustando.

Sayaka no logro sacarle ninguna respuesta concreta a su hermana por más que preguntara, y para cuando regresaron a casa se sentía alarmada. Entraron por la cocina donde Mery sacaba las primeras tartaletas del horno y las colocaba sobre el mostrador.

-Sheryl ¿me has traído las frutillas que te he pedido?

-Parece que no las ha encontrado, Mery- se adelantó Sayaka –Sheryl ha visto algo que le ha dejado impresionada.

-Podrá haber sido un animal- sugirió Mery.

-¿Qué era Sheryl? ¿Un zorro?

-No lo creo, los zorros son muy pequeños y Sheryl ya los ha visto antes.

-Un lobo- adivinó Sayaka –Si hay un lobo por los alrededores debemos avisarle a papá y al tío Robert.

-Nada de eso- Sheryl finalmente había recuperado el aliento y la compostura, y quería aclarar el malentendido con sus hermanas. Y quizá Sayaka supiera quien era aquel hombre pelirrojo y Sheryl pudiera pedirle una disculpa.

Pero antes de poder continuar fue interrumpida por un joven que se asomó por la puerta de la cocina saludándolas.

-Señoritas Bennet.

-¡Robb!- gritaron Sayaka y Mery mientras hacían una reverencia al recién llegado.

Sheryl, quien hasta ese momento le había estado dando la espalda a la puerta se volvió para copiar el saludo de sus hermanas pero sintió como se le helaba la sangre. En el umbral de la puerta, atrás de Robb, se encontraba el pelirrojo al cual le había hecho el desplante.

-Señoritas- sin perder el tiempo el pelirrojo imitó a Robb saludando a las jóvenes con un movimiento de cabeza y acercándose a Sheryl –creo que perdió esto en el bosque señorita…

-¡Sheryl!- contestó Mery con quizá demasiado entusiasmo. Sayaka a su lado le dio un suave codazo medio disimulado y ambas soltaron una pequeña risilla.

Afortunadamente, justo en ese momento entro el señor Bennet a la cocina para pedir su té y tarta de la tarde.

-Robb, que sorpresa- le saludó con una leve reverencia que ambos jóvenes respondieron acorde –tenías tres años sin venir. Y veo que traes compañía.

-Señor Bennet me alegra verlo de nuevo. Permítame presentarle al señor James Alexander Malcolm Fraser. Señor Fraser, él es el señor Bennet, padre de las señoritas aquí presentes.

El pelirrojo miró a Robb y este le respondió con una sonrisa cómplice. Sabía que su compañero no era fanático de que le llamasen por su nombre completo o de las presentaciones tan formales.

-Es un gusto señor Bennet, puede llamarme Jamie. He oído bastante de ustedes.

-Ah, ese tuvo que haber sido tu tío Robert, Robb. Díganme ¿Cuándo han llegado?

-Justamente hoy señor. Acabamos de almorzar en Shirenewton Hall, cuando Jamie ha querido salir a pasear y se ha encontrado con la señorita Sheryl que olvidó su canasto.

Intrigado el señor Bennet miro a Sheryl de reojo, pero sin darle demasiada importancia al asunto invitó a los dos jóvenes a tomar el té con él, pidiéndole a Mery que les enviará una infusión y una tartaleta a su biblioteca. De manera pronta jóvenes prepararon todo en una bandeja y enviaron a Jacob a dejarla.

Sin perder el tiempo Sayaka se colocó en el pasillo esperando oír un poco de la charla de los caballeros mientras Sheryl y Mery se acomodaron el vestíbulo esperando a su madre y hermanas. Por alguna razón que no comprendía, a la rubia no se le apetecía tomar su acostumbrado té en ese momento.

-Parece que se quedaran en Keyfield Park- anunció Sayaka las buenas nuevas –y será por toda la temporada ¡papá los acaba de invitar al baile de Shura también!

Las jóvenes aplaudieron emocionadas. La presencia de Robb siempre era bienvenida en Bloomington, en especial por todo el tiempo que llevaba sin visitarlas. Como típicos compañeros de juegos cada una tenía recuerdos especiales de su infancia con el señor Stark.

-¿No les pareció que el señor Fraser fue muy gentil al traerle su canasto a Sheryl?- preguntó Mery.

-Por supuesto-  concordó Sayaka –parece muy gentil. Cuando se despedía de papá le prometió traerle una botella de whisky escocés la próxima vez que venga.

-¿Entonces volverá?- Sheryl aún no se había podido disculpar con el señor Fraser por haber huido de él.

Antes de que Sayaka pudiera confirmarlo el carruaje con la señora Bennet, Sayi y Shura apareció. Justo al mismo tiempo salían los dos jóvenes acompañados del señor Bennet. Se despidieron de las hermanas que estaban en el vestíbulo, solo para toparse con la señora Bennet en la entrada y de nuevo Robb procedió a presentar a Jamie y a intercambiar unas palabras con las recién llegadas para luego despedirse otra vez.

-¡Oh señor Bennet, me alegra tanto que Robb haya vuelto!- la sonrisa de la señora Bennet al entrar era amplia. Parecía que el solo ver a un buen señor soltero saliendo de su casa la hacía olvidar el enojo que tuvo con Emilia el día anterior –Espero le habéis tratado bien mis niñas. Mery, ayúdame a subir la caja con el vestido de Shura. Le ha quedado precioso, seguro querrás verlo.

Sin dejar de hablar ni un instante sobre solteros y vestidos, la señora Bennet desapareció en el segundo nivel seguida por Mery y Shura.

-Por cierto papá… dice Sheryl que cree haber visto un lobo- recordó Sayaka.

-¿A si? Sheryl ¿has visto un lobo?- el señor Bennet estaba incrédulo. Sonaba a alguna de las travesuras de sus hijas.

Sayi, que seguía en el vestíbulo colgado los sombreros de las recién llegadas se acercó a su hermana menor que se había quedado sin palabras. Sheryl nunca había afirmado que había visto un lobo, no obstante Sayaka parecía segura de que lo había hecho.

-Sheryl…- interrumpió la conversación, Sayi conocía lo suficiente a su hermana como para saber que no se trataba de un lobo -¿De casualidad tu lobo no tiene pelaje rojo y es de ojos azules?


Shura

Re: Pride&Prejudice / Chapter I: Welcome to Bloomington
« Reply #3: September 30, 2018, 08:17:36 PM »
Buenas.
Dejo aporte introductorio para explicar un poco más a mi personaje, por favor si hay cualquier problema con sus personajes cambio el fic o directamente ignorenlo, tenía muchas ganas de escribir con esta ambientación y no podía esperar.

Para este fic, creo que se me contagio el querer tener un personaje con el pelo blanco, así que he elegido al personaje de Diamond (Houseki no Kuni)

Sorry but you are not allowed to view spoiler contents.

Editaré esta información para llevarla a mi perfil.
Muchas gracias por haber incluido a mi personaje en sus historias!!




#1.

Shura estaba deseando cumplir los quince años para su presentación en sociedad, pese a ser la pequeña, su madre no la había descuidado mal que le pesase a la más joven de las hermanas Bennet y le había dado una estricta educación sobre la etiqueta que debe mantener una dama. Ya desde la cuna le habían enseñado que lo peor que podía sucederle era quedarse como una solterona, e incluso la protección de su madre y hermanas le habían limitado en juegos que pudieran accidentarla y producirle una cicatriz permanente y desastrosa, pero al contrario que su madre, sus hermanas le habían enseñado a ser ingeniosa incluso para sus juegos y travesuras. En mayor o menor medida, Shura sabía que era una privilegiada y que al cuidado de todas las mujeres Bennet, había sido la más mimada exigiendosele menos que a las más mayores. Pero como todo, ser la hermana pequeña tenia sus cosas buenas y su cara mala.
Amaba a todas sus hermanas por encima de cualquier otro miembro de la familia, pero siendo la menor, sabía que le costaría mucho más que a ninguna encontrar un buen marido, pues, ¿qué dote le iba a quedar cuando todas sus hermanas se hubieran casado?

Por supuesto, su hermana Kora le había aconsejado no preocuparse por eso y le recomendó centrarse en su baile. Shura estaba extasiada por el acontecimiento, la vida de una dama podía ser muy aburrida, estaba cansada de aprender trucos de cartas y se devanaba los sesos para ahorrar e ingeniar materiales para sus nuevas miniaturas, así que la llegada de Emilia resultó en lo más feliz y emocionante que había pasado en mucho tiempo.

Emilia para ella era un modelo a seguir, su hermana siempre estaría más unida a su melliza que a ninguna, pero Shura sentía más respeto hacía ella que hacía su propia madre, porque en los ojos de Emilia se encontraba la madurez y la rebeldía que podrían doblegar a cualquier hombre o mujer.
Pero lo que se avecinaba, supero una vez más todas sus expectativas.

“Pues, la tía Miranda fue mi gran benefactora y financió, además de la refines de mis modales, mis estudios de enfermería.”

Camille le pellizco en el brazo antes de que a Shura se le escapase la risa al ver a su madre caer cuan larga era del patatús que le había provocado la noticia.
-Ve a traer agua para madre.
Camille le asignó la tarea más pesada de las que Emilia había dado.
-¡Pero si Kora también se ha reído! 
“Acusica cara de mica” -Kora movió los labios para que solo ella la entendiese mientras colocaba unos cojines para elevar los pies de la señora Bennet.
-No te estoy castigando, ve y hazlo.

Estaba claro que Camille no era especialista en divertirse. Shura salio del salón dándose aires de dignidad, acercándose al riachuelo de la propiedad para llenar la lechera de agua fresca.
-Por favor Shura -Cho se acercó a ella con un balde de metal-, lleva esto lleno para madre y dejame la lechera con agua para preparar una infusión para cuando despierte.
-Esto tendrían que hacerlo los criados... a madre volverá a darle una lipotimia cuando se enteré de que nosotras también estamos trabajando, aunque sea llevando agua -sonrió traviesa, apreciaba a su hermana Cho, sabía que si hubiera sido otra de sus hermanas, le hubiera hecho dar dos vueltas para el agua, pero Cho se había molestado ella misma en colaborar.
-Hemos podido ser más rápida que los criados por nuestra cuenta, ¿no te parece?
-Claro que sí... -le hubiera gustado responder algo más, pero permaneció en silencio cargando el agua y viendo su turbio reflejo sobre esta. Ya no es que fuera por ser la más pequeña de todas, pero es que tenía todavía la cara de cuando tenía diez años, incluso Kora que solo le sacaba un par de años ya era toda una mujer.
Esperaba que al menos algo cambiase en su presentación en sociedad, pero aquello era una fantasía. Quizás si se comportaba con rectitud, como Camille o Cho pudiera parecer más madura, pero ya solo con pensarlo, le resultaba agotador.



Al día siguiente, fue de compras junto con Sayi y su madre.
Shura aun pensando en lo del día anterior, miraba su reflejo en el cristal del carruaje, también se conformaría con ser guapa como Sheryl, ese mismo año, le había tomado prestado sin su consentimiento una de sus pulseras de plata, esperando que las joyas le hicieran resaltar de algún modo. Pero Sayaka la había delatado y lo que a Shura más le dolió por encima del pertinente castigo de su madre, fue que se riera de ella llamándola tonta por pretender ocultar algo en la casa donde todas vivían.   
Razón no le faltaba, Shura sabía que había sido un impulso estúpido, quizás aprovechase para comprarle un regalo a Sheryl a modo de disculpa y un regalo para el gato, el animal sentía más apego por Sayaka, así que si la mujer lucia al gato el regalo pudiera interpretarse que era para los dos.
En mitad de aquella tontería infantil, Sayi rompió el silencio con su madre.
-Supongo que advertirás a Emilia sobre que no diga que practica la enfermería.
-Ya se lo dije ayer a esa desconsiderada... mira que abusar así de la hospitalidad de tu tía, que vergüenza, ¿y con que cara la miro cuando la vea?
Shura apreció que Sayi alzaba las cejas incrédula, su madre siempre había mirado por las apariencias, pero había cosas más importantes en aquel momento.
-Creo que seria mejor prevenirla si se avecina una guerra, entre los heridos se aprecian más a los sanitarios que a los soldados.
-¡No me digas eso que me matas a disgustos!
-Pues a mi me gustaría ver algún muerto -la patada a la espinilla de parte de Sayi no se hizo esperar y Shura tuvo que morderse el labio hasta que el dolor pasase, su madre en plenos aspavientos parecía no haberse dado cuenta o fingir que no la había escuchado-. ¿Qué? ¿¡Qué he dicho!?
-Cierra la boca si no quieres morderte la lengua -el consejo de Sayi vino acompañado del traqueteo del carro, estaban a punto de llegar a su destino.
Al bajar, Shura quiso desviarse para ver tiendas, pero Sayi se aseguro que caminase por delante, recogerían el vestido y nada más, tenían visitas que atender en casa.
-Pero yo quería una boa de plumas para mi vestido -Shura intentó hacer pucheros, pero su hermana aun estaba molesta por su comentario y no lo permitió.
-Bueno... pues ya me pondré plumas en tu boda. 
« Last Edit: September 30, 2018, 08:22:37 PM by Shura »


Kana

*Disculpen lo largo
* Gracias @Eureka por prestarme tus personajes :3
* Nota: Tuve que modificar los nombres asiáticos por nombres más "anglos"

Second Chapter
Flash Back

El vestido color azul que la tía Miranda le regaló para usarlo esa noche lucía perfecto en la silueta delgada de la chica de cabellos platinados. Estaba de pie a un lado de su tía quien conversaba con unas mujeres refinadas de alta sociedad. Emilia observaba como algunos conversaban y otros bailaban. Otros invitados que no controlaban sus impulsos y directamente seguían asechando las mesas con comidas, otros iban por su cuarta copa de vino.
Emilia se sentía invadida por una sensación de emoción y expectación por todas las cosas que estaba viviendo en su estadía en Londres y sobre todo en relación a la vida de alta alcurnia de tía Miranda pero a la vez sentía un halo de angustia porque era la única de sus hermanas que se encontraba allí y por tanto le daba tristeza que ellas no pudieran compartir ese bello momento con ella.

“Emilia, acércate.” Ordenó Lady Miranda
“Sí, tía”
“Tengo entendido que tu primo Neil Leagan está muy interesado en la herencia de tu padre. Seguramente buscará casarse con alguna de ustedes para conseguir aumentar la dote de su hermana. Por favor, te pido a ti y a mis sobrinas que no accedan a sus intenciones”
“Oh, tranquila tía Miranda. Nuestro querido primo Neil no ha sido discreto en manifestar el interés por la herencia de nuestro amado padre por lo que estamos precavidas en cuanto a sus verdaderas intenciones. Desde hace unos años que ya hemos sido víctimas de su irrelevante e inesperado aprecio que de pronto se gestó de la nada” sonrió discretamente. “Me temo que la más afectada con sus eufemismos es la pobre Sheryl”
“Esa alimaña no descansará hasta lograr su propósito.”
“Tendremos cuidado” Emilia se sorprendió de ver y escuchar a su tía expresar con disgusto un comentario hacia otra persona. Cuando la pieza de baile cambió, la joven volvió a observar hacia el frente y vio a una hermosa joven pelirroja que lucía un vestido blanco y una tiara de diamantes. Emilia había quedado deslumbrada al ver tal belleza y luego se emocionó al reconocerla “¡Celica!” la llamó. A su lado, su tía la miró con reproche “Disculpe, tía.” Se excusó ante el arrebato.
La muchacha pelirroja sonrió al ver quien la llamaba. Fue más fina y educada al recepcionar el llamado, se abrió paso con delicadeza entre los presentes hasta llegar a donde estaba la joven Bennet. Celica Elphinstone era una amiga de Emilia desde que eran niñas, ambas crecieron juntas y desde pequeñas habían sido amigas de Eren Jaeger siento un trío bastante peculiar.
“Emilia, que grato encontrarte aquí. No sabía que estabas en Londres”
“Me es más que grato verte, Celica. Tampoco tenía conocimiento de que te encontrabas aquí”
“Me encuentro de viaje con mis padres” Celica notó a Miranda quien se encontraba de perfil a ella. “Lady Miranda” le hizo una reverencia, Miranda le hizo un gesto de inclinación con la cabeza.
“Emilia, iré a saludar a mi amiga la señora Thirrel. Trata de ser delicada” Le indicó su tía antes de retirarse con elegancia.
“Me quedó en casa de mi tía Miranda, es una larga historia.” Ella y Celica se tomaron de las manos y rieron felices “Me alegro de verte”
“¡A mi mucho más! Estos días han sido una agonía. A mi hermano se le ha subido los humos a la cabeza después de ir al regimiento militar por lo que escucharlo hablar es aún más tortuoso que antes, peor todavía, es que mi otra actividad en Londres es estar presente en interminables reuniones que mis padres me han programado con futuros prometidos.” Dijo Celica, con una expresión de preocupación “Cuál de todos es más aburrido o más abstracto.”
“Lamento que tengas que vivir esa situación, querida amiga.” Emilia jugó inconscientemente con sus manos. Le había puesto atención a su desahogo, pero la joven se perdió especialmente en el tema de la militancia.
“¿Hay algo que te preocupa, Emilia?”
“Celica, ¿Has sabido algo de Eren? Desde que me entenré que se enlistó para la guerra no he tenido noticias de él. He acosado a Camille por información de él a través de nuestra correspondencia pero ella tampoco ha conseguido mucho.”
“…” Celica se vio afectada por la pregunta. “Estoy igual que ustedes. He tratado por mis contactos de saber algo de él, pero nadie le conoce.”
“Incluso he escrito una carta para él… Pero no he sabido cómo hacerle llegar”
“Perdón por no poder ayudarte con eso, Emilia”
“No te preocupes.” Emilia sonrió forzosamente. “Mejor conversemos de algo más animado”
 “Cuéntame, ¿Qué haces en Londres? ¿Están tus hermanas aquí?”
“No. Sólo estoy yo. Mis padres me enviaron a casa de tía Miranda para recibir educación para ser una dama.” Dio un paso hacia atrás cuando un señor mayor y rico casi las pasa a llevar. “No esperaba que alguien tan adinerado fuera tan amante de los fermentados”
“Emilia, la gente rica tiene los mismos vicios y perdiciones que la gente pobre sólo que a ellos no los discriminan ni los castigan socialmente.”  Celica, a diferencia de Emilia, conocía más de aquel mundo puesto que sus familias estaban en un escalón más arriba que los Bennet.
“Siento que no pertenezco a esta sociedad. No conozco a nadie aquí salvo a tía Miranda y a ti. Todo es tan distinto de las fiestas en Bloomington, allí la gente rica, los nobles y todos nosotros podemos convivir un poco más si bien de todos modos crean su distancia, aquí… siento que las personas son más clasistas, ariscas y frívolas. Lo peor es que no conozco a nadie y no logro recordar los nombres que tía Miranda me dicta” 
“Puedo presentarte a algunas personas si quieres.” Celica observó su entorno “¿Quién te llama la atención para que vayamos a saludar?”
La muchacha comenzó a observar a los invitados sin mucho interés. La mayoría los consideraba viejos y no le llamaban la atención. “¿Quiénes son esas señoras?” señaló disimuladamente hacia el este, donde dos mujeres conversaban con un par de señores. A Emilia le había llamado la belleza y elegancia de ambas.
“Son Lady Mauve Rothschild y Lady Leonora Väring. Si no me equivoco ambas son inglesas-germanas, pero llevan varios años viviendo aquí. Sus esposos son dueños de una importantísima firma de Bancos internacionales. El que conversa con ellas es el Duque Wellington, Lady Mauve y él han hecho buenas relaciones. El otro señor creo que es un amigo del Duque.”
“Se escucha como gente muy importante”
“Tienes razón en ello. Si bien ellas son las esposas de los dueños del banco, es sabido que ellas influyen mucho en el progreso del negocio. Lady Mauve Rothschild es una persona muy culta e ilustrada, es bien admirada por su inteligencia aunque igualmente temida porque se cree que es muy estricta. Lady Leonora von Väring es muy popular en la solialité de alta clase, suele ir siempre vestida a la vanguardia de la moda por lo que es un icono para las jóvenes las cuales se visten conforme lo que luzca ella. Las dos son muy buenas en generar recursos sociales para sus esposos.”
“¿Ellos no están aquí?”
“Déjame ver” Celica comenzó a buscar con la mirada. “Aquel, el hombre alto y de excelente postura es Lord Viren Rothschild. Está conversando con el marqués de Montt…  No veo a Lord Ässa Väring. Los dos no son mucho de eventos sociales, aunque bien los usan para buscar contribuyentes para sus negocios.” Celica encontró a alguien más entre los presentes. “Emilia, mira allí, cerca de la orquesta. Ellos son Chrom Rothschild y Marth Väring, los hijos de estos señores. He conversado con ambos en el bautizo del hijo de la duquesa, son bastante cordiales y respetuosos. No sería irrespetuoso hacer contacto visual con ellos.”
Justo como lo había propuesto, Celica hizo intercambio de miradas con ellos dos los cuales al notarla y notar a Emilia dedicaron una reverencia con un gesto de inclinación de cabezas en forma de cortes saludo. Las dos chicas hicieron un gesto similar, pero tomando sus vestidos.
“Espero que tengamos la oportunidad de conversar con ellos”
“Parecen amigables.”
“Lo son” Celica afirmó, segura de lo que decía. “Te ofrecería presentarte directamente con ellos pero veo que Reinhardt Rothschild, el hermano mayor de Chrom Rothschild los ha abordado para conversar con ellos. Él me da un poco de miedo… Lo siento, Emilia.”
“Descuida. Buscaré otras víctimas” No podía negar internamente que se había desilusionado respecto a no presentarse ante aquellos dos elegantes jóvenes. Los dos habían llamado su atención enormemente, puesto lo bien parecidos que eran. <<Tengo que contarle a Camille de ellos>> y fantaseó con la idea de que algún día su hermana gemela y ella podrían tener a esos dos hermosos jóvenes como pretendientes. <<Soñar no cuesta nada>>
Los vio detenidamente, encontró que el chico de cabellos azulados y ojos del mismo tono era hermoso y todo un caballero, lucía de vez en cuando distante, pero de todos modos se apreciaba cortés, era como ver a un verdadero miembro de la realeza. El otro joven, quien se llamaba Chrom por lo que le explicó Celica, era igualmente atractivo y más risueño, la sonrisa de ese chico tenía un encanto único y lo hacía perfecto. Pensó que haría bonita pareja con Camille, porque así complementaría con su sonrisa las veces que su gemela era más sensata.
Celica tomó del gancho a Emilia y comenzaron a caminar entre la muchedumbre. La platinada buscó a quien intrigar con preguntas sobres sus vidas para Celica. Fue así que se percató de unos hermosos jóvenes que estaban de pie regios y bien rectos uno al lado del otro en un sitio especial que parecía una tarima. Emilia quedó absorta en la visión que le brindaban sus ojos, si su madre estuviera allí la estaría empujando por la espalda para que fuera a hablar con ellos puesto que parecían unos príncipes sacados de la corte real para estar en el baile de esa noche. Las mejillas de Emilia se ruborizaron sin poder evitarlo, eran muy lindos.
Se dio vergüenza de sí misma al verse prendada de ellos ¡Que superficial! ¿Desde cuando actuaba como una niña que se quedaba anonadada con todos los chicos del baile? Ni sus hermanitas más pequeñas mostrarían tan infantil  impulso. 
Después que los mirara parecían bastante suntuosos. El que le había llamado la atención era un joven alto de expresión seria, era su piel bastante blanca y a Emilia se le hizo tan hermoso como un ser mágico de libros, pero notó que, si bien parecía cordial al saludar a los señores que se le acercaban, Emilia sentía que sólo lo hacía por formalidad pues luego lo notó distante y un tanto apático. Incluso le pareció que hizo un frívolo gesto de despreció soberbio y silencioso cuando una persona de inferior rango social intentó hablarle. Era un comportamiento digno de un tipo muy adinerado.
A su lado había un muchacho que parecía mucho menor que los otros que compartían en ese sitio, era rubio y tenía una expresión igual de gélida que el otro, recibía comentarios del antes descrito quien parecía recatarlo y prevenirlo de quien sabe que, el muchachito rubio asentía y se comportaba similar en todo momento que el primero, pero Emilia estudió que había más bien correspondía a una obediencia y timidez antes que una indiferencia e hipocresía que revelaba su acompañante.
Seguidamente estaba un muchacho muy rubio quien se encontraba conversando con otro rubio, parecía alto y muy bien vestido lo cual delataba una posición de alta alcurnia. Lamentablemente Emilia no pudo ver bien su rostro porque una dama frente a él le tapaba la visibilidad. Sólo podría definir que parecía ser alguien agradable, porque escuchaba que de vez en cuando las personas a su alrededor reían por alguno de sus comentarios. Entendió de debía ser alguien fascinante de conocer.
Quien conversaba con el joven anterior también era rubio y era también alto, bastante bello, y podía verlo como menos dificultad puesto que notó que tenía unos ojos calipsos que parecían sacados del mismo arrecife. Usaba el uniforme del servicio militar con unas cuantas medallas en la pechera.
“¿Quiénes son esos tan galardonados? Parece que vienen a lucirse como joyas preciosas. El de la esquina parece un villano de novelas.”
“Oh, Emilia, que cosas dices” Rio Célica con esos comentarios. “Ése es Richard Cain Lancaster, Conde de Lancashire y Yorkshire del norte. El que le sigue es su hermano menor, Slaine Lancaster, quien si no estoy equivocada tiene dieciséis años de edad y ya se unió a la milicia al igual que sus hermanos mayores. Es primera vez que veo a Slaine en un baile... Son hijos de Sir Richard Gilbert Lancaster, Duque del ducado real de Lancaster, quien es familiar directo del rey. Los hijos de su ilustrísima no pasan grandes temporadas en Londres, ellos tienen residencias en todo el país pero la corona los requiere aquí dado los títulos y sus servicios militares.”
“Eso te iba a preguntar… Por lo que he leído, esa familia tiende a permanecer más tiempo en Lancashire… Increíble que tengan su propio condado”
“¿Te imaginas que tu familia o la mía tengan ese poder? ¿Cómo sería?” Celica jugueteó “Bienvenidos a Elphinshire. Condado vecino de Benneton” La pelirroja suspiro. “Bueno, te sigo chismoseando. Viene la mejor parte. El joven rubio que está al lado de Slaine si no me equivoco es el primogénito del socio en Alemania de Lord Rothschild y Lord Väring… No sé mucho respecto a él pese a que me encantaría sabes más detalles de su vida, pero sé que es dueño de muchas tierras en su país de origen y su fortuna es una de las más grandes por lo que las señoritas de la aristocracia lo ven como un excelente candidato a esposo. Por lo que se ha dicho ha pasado una temporada en el Lancania Palace, la residencial principal de los Lancaster en Londres. Su estadía con ellos ha llamado mucho la atención puesto que la familia Lancaster es muy… hermética y reservada. No he tenido el agrado de conocer personalmente a él joven extranjero, pero dicen que es una persona muy amable, culta y educada. De momento los Lancaster parecen no soltarlo, pero las personas ajenas a esa familia que han tenido la dicha de conversar con él no tienen más que buenos comentarios sobre su persona” Celica se propondría cruzar al menos una palabra con ése joven en alguna ocasión “El que conversa animadamente con el alemán es Sir Henry Lancaster. Como ves, muchas personas se acercan para declarar admiración por su persona puesto que es un gran combatiente que da todo por su país en esta guerra contra la codicia de Napoleón. A diferencia de sus hermanos, él no resulta ser tan… Aterrador. Podemos ir a saludarle, si gustas.”
“Yo… eh, bueno” Emilia se sentía confundida con tanta información de gente tan distinguida, desde la familia de esas bellas damas esposas de bancarios hasta aquellos miembros de sangre azul.
Emilia fue conducida por Celica hasta ese sitio, donde la pelirroja tomó su distancia cuando vio que Reinhardt Rothschild se aproximó al joven extranjero, algo le dio a entender a la pelirroja que pese a que se demostraban cordialidad entre ellos en el fondo no había muy buen ambiente. Ellos dos se excusaron y fueron a conversar más allá, seguramente algo relacionado con el negocio de sus padres. Las dos siguieron avanzando hasta que llegaron hasta donde ahora, estaban los hermanos Lancaster.
“Sir Lancaster” Celica hizo una reverencia y Emilia le imitó
“Señorita Elphinstone” El joven le respondió el saludo inclinando su cabeza.
“Estimado señor, espero que perdone mi indiscreción en abordarlo apenas ha terminado de conversar con su amigo, pero el deseo de que mi amiga conozca a tan ilustre persona ha gobernado por sobre mi sensatez. Le he hablado de usted y de sus admirables hermanos, por lo que la he ilusionado incondicionalmente con vuestra historia. La dama a mi lado es la señorita Emilia Bennet, sobrina de Lady Miranda, quien ha venido desde Bloomington”
“Es un honor conocer a tan magnífica persona, señor” Emilia se irguió, mirando con atención a los dos que conversaban. Su corazón latía fuertemente sintiéndose demasiado pequeña frente a aquel joven tan regio y alto. Era un príncipe, a sus ojos. La ansiedad por estar en un acto tan importante la dejaban nerviosa.
“Señorita Bennet.” Recibió la mano de la joven con su mano enguantada. Seguidamente le dio un suave beso en la parte superior de la mano de Emilia. Efímero el tacto, le soltó con delicadeza. “Espero que esté pasando una agradable velada” El rubio se mantuvo tranquilo, sonrió brevemente. Después notó cierta insistencia en la mirada de Celica y entendió su deseo, pero Henry no estaba seguro si debía acceder a ellos. Dudoso, se movió un poco al costado para permitir la visión hacia sus otros hermanos, pero Henry buscó a quien le correspondía ese protocolo indigno para un noble “Señor Grahnbell, no nos ha presentado a las damas” Le dijo con voz clara para captar la atención de sus hermanos también quienes parecieron dedicar concentración a esa escena albergados por cierta curiosidad.
Un señor de unos cuarenta y algo apareció inmediatamente cerca de ellos, Emilia entendió que era un lacayo de los Lancaster.
“Perdone mi torpeza, señor Lancaster.” El hombre observó a las damas y se aclaró la voz “La señorita Celica Elphinstone, hija de Lord Ewan Elphinstone de Escocia, y la señorita Emilia Bennet, sobrina de Lady Miranda” era su deber estar informado. Las damas se inclinaron sincrónicamente hacia los jóvenes presentes.
“El señor Richard Cain Lancaster, conde Lancashire y Yorkshire del norte, a su lado, su hermano menor el señorito Slaine Lancaster, y a su lado, el señor Henry Lancaster. Todos miembros de La Casa Lancaster.” Los mencionados inclinaron su cabeza como el protocolo de modales lo sugería.
“Parece que el baile ha sido un evento muy bien organizado, estando los hijos de la nobleza presente.” Expresó Celica. “Me alegra que un gran número de personas estén presentes hoy”
“Por desgracia, la invitación se extendió demasiado compasiva. No fueron egoísta en invitar incluso a personas que dogmáticamente son más que un ornamento en vez de una ilustre presencia con quien interaccionar.”
“¿Puedo atreverme a preguntar que el señorito Lancaster siente que alguien sobra?” Preguntó Emilia, un poco molesta por la actitud de ese chico.
“¿Perdón?”
“Emilia…”
“Naturalmente, no todos nos pueden fascinar y celebro la honestidad del más joven de los Lancaster. Sólo espero que no sea a mi presencia o la de otra persona de mi rango de quien profesa tal repercusión” 
“…” El adolescente brevemente bajo la mirada tal que casi pasa desapercibida esa imprudencia. La nobleza no debe bajar la mirada jamás. Unos segundos de silencio le bastaron para articular su respuesta “Señorita Bennet, no me refería a vuestra persona ni la de su amiga, deseo aclarar” El joven había errado en su comentario malinterpretándose. Sentía enfado ante la presencia de miembros de la realeza y otros hombres ricos que preferían estar en la comodidad y seguridad de sus casas antes de apuntarse para ir a la guerra.
“Mi hermano se refiere a quienes no comparten su profesada efervescencia por defender nuestra patria” Aclaró Henry. Slaine le agradeció internamente.
“Me alegra, señorito Lancaster, porque me lastimaría causar molestia en alguien como usted. Quien es correcto y admirable al tener tal amor por su país.”  Ella observó al hermano mayor, éste no les había vuelto a prestar atención apenas terminada la presentación. A Emilia le llamaba la atención ese curioso ser.
En ese instante, una nueva pieza de baile comenzó a resonar por el salón. Casi por arte de magia tres chicas bien rimbombantes se acercaron a Henry Lancaster para preguntarle si quería bailar con una de ellas, a Emilia le causó gracia esa escena porque generalmente es el hombre el que debe pedir la pieza del baile. El joven escogió a una de ellas y la sacó al centro del salón para satisfacerla en su petición. Las dos sobrantes de todos modos se quedaron allí, esperando a ver si otro de los Lancaster se compadecía aunque bien sabían que esos dos no eran como Henry.
“Con su permiso.” Dijo Cain, dando unos pasos hacia delante. Slaine le siguió. Para él, su hermano mayor era su maestro y ejemplo a seguir en todo momento. Quería aprender todo de él. 
“¿Ustedes no bailan? Habiendo cuatro chicas sin poder disfrutar de tan selecta pieza de baile, y habiendo dos jóvenes que se retiran” Sugirió una de los dos sobrantes que había dejado atrás Henry.
“Precisamente así evitamos enfrascarnos en momentos innecesarios e intolerablemente sinuosos con personas absurdas insostenibles quienes tienen más tiempo propenso al ocio.” El Lancaster mayor sonrió con un halo de soberanía y pedantería “Permiso” hizo un gesto de despido con inclinar su cabeza y se retiró.
“…” Slaine imitió el gesto de despedida y siguió al mayor.
“…” Emilia y Celica se les quedaron viendo, con estupor e indignación.
“Pero qué despreciable sujeto” No pudo evitar exclamar Emilia. Pensó que sería secundada, pero en cambio lo que escuchó la consternó.
“Aaahh, el conde Lancaster es tan hermoso. ¡Lo amo tanto! Esa personalidad tan digna de un noble y ese espíritu invadido por sus deberes”
“Es tan inalcanzable y tan admirable”
“¿Tan siquiera han recibido algo gratificante de una persona como él?” Emilia las quedó mirando, indignada. “Apuesto que un tipo como él ni siquiera se digna en saludarlas”
“Con su mero desprecio nos basta para ser feliz”
“¿Se están escuchando?” La joven Bennet no podía creer lo que escuchaba. Ni la chica más tonta de su pueblo tendría una actitud tan lame botas y patética como esas chicas. “Es un sujeto frívolo y mal educado, quien no merece tal afecto que ustedes profesan. Es agraciado con un nacimiento en una cuna de alta alcurnia al igual que fascinante su deber como protector de Inglaterra, pero esas características van en desmedro con sus pocos valores y su hipocresía. Sanamente, nadie debería estar cerca de un tipo como él.”
“¿Perdón? ¿Pero quién eres tú para criticar al conde Lancaster?” Una de ellas la miró con repulsión “Vamos, Thomacine, no perdamos tiempo con gente envidiosa y poca clase.” agarró a su compañera del brazo y se fueron a asechar a otros jóvenes ricos.
“Esas chicas…” 
“Tranquila, Emilia, no malgastes tiempo y energía en gente así. Esas chicas seguramente no buscan más que asegurar su futuro.”
“¿Pero viste como se comportaron esos dos? Primero el mayor por su descaro y el otro tonto que le sigue como discípulo”
“Emilia…”
“Lo único rescatable es que tienen a Henry Lancaster por hermano. Pero… Pero… ¿Y si éste también es hipócrita y suntuoso como su hermano Cain y sólo finge ser buena persona? Odio a los nobles, pensé que eran mejores personas. Las novelas literarias me han mentido descaradamente.”
“Yo también. Pero felizmente ellos viven en otra esfera y nos excluyen liberándonos de su hastiante convivir.” Sonrió Celica, tranquilizando a su amiga.
“Celica, Emilia” Una joven de cabellos blancos y ojos escarlatas terminó por acercarse a ellas. “Que pequeño es el mundo para encontrarnos aquí”
“¿Alice?” Emilia quedó sorprendida de ver a esa persona a quien no veía desde que tenía unos ocho años de edad cuando su familia se trasladó a Londres. Era Alice Breckenridge
“Sí, Emilia, que honor que aún me recuerdes” Sonrió, divertida. “A Celica la había visto el año pasado en sus vacaciones con sus padres, pero a ti no te había visto en muchos años. Que gusto.”
“Que gusto, realmente” Dijo Emilia con toda sinceridad.
“¿No bailan?”
“Creo que he destruido toda posibilidad de baile con una insinuación glacialmente pisoteada” rio Emilia ahora tomándolo con gracia.
“¿Por alguno de los hermanos Lancaster? Emilia querida, ellos no bailan. Dicen que satanás no los dotó con la gracia del ritmo musical cuando nacieron así que evitan hacer el ridículo social.” Bromeó Alice.
“A-Alice..” Celica se impactó por la habladuría de la peliblanca.
“A mí me ha causado en gracia su comentario. Aunque parece que a Henry Lancaster no se le da mal el baile.”
“Ése es hijo de Dios. Por tanto es distinto a sus hermanos... Quizá sea bastardo”
“¡Alice ya basta!”
“Uh…” Ahora Emilia se incomodaba. 
“Estoy entre amigas. Hay confianza” Ella giró los ojos. “Bueno, esos Lancaster rechazaron bailar, pero yo si quiero” Las tomó de las manos y las llevó a la pista de baile.
“A-Alice” Aunque las dos se habían puesto tensa con la osadía de Alice, no bastaron más que unos cuantos segundos para comenzar a bailar con Alice como las amigas que eran. Reían y bailaban al ritmo de la balada.

Un poco más allá, Slaine las observaba con curiosidad. No entendía si esa actitud era aceptable o era algo que debía refutar. Conocía a cierta persona que era tan libre, pura y risueña como esas chicas y de quien Slaine profesaba un gran cariño.
“Concibo aflicción por cual prudencia era un decoro en las damas de antes...” Comentó su hermano Cain. Arqueando una ceja al ver a ese trio.
“…” Slaine bajo la mirada. Seguramente Cain rechazaría también la inocente actitud de la persona que evocaban los pensamientos del rubio lo cual era una lástima dado el destino que se avecinaba.
“La sensatez no es una cualidad propia de las mujeres.” Le respondió un joven elegante quien conversaba con los hermanos.
“Lelouch, querido hermano, espero que luego desmientas esos comentarios. No toda mujer es imprudente y claramente la actitud de esas jovencitas no es un delito del cual debas tener una condición punitiva.” Comento Marie, negando brevemente. “Y dichos comentarios los hace escuchar a ambos como un par de hombres muy viejos y desagradables” La joven sonrió divertida. Aunque admitía que era gracioso ver a su hermano Lelouch compartir con Cain, los dos eran como ¿Amigos? a la vista de la sociedad y así lo percibían ellos mismos, pero también podían ser ¿rivales? dependiendo si el objeto de interés era el mismo para ambos.   
“Bueno, hermana, reflexiono sobre tu apreciación y aclaro que mis comentarios están destinado al gentío prosaico en específico. Es evidente que ellas no son miembros de la realeza sino más bien gente de adhiere”
El lozano Slaine permaneció taciturno en tanto su consanguíneo conversaba con aquellos dos jóvenes. A Ambos observó con especial atención; Lelouch vi Britannia era un rico de alta aristocracia y por tanto era directo miembro de la realeza, ligado a la corona. Los vi Britannia al igual que su propia familia eran unas de las familias más antiguas de Inglaterra de las cuales fueron los pilares desde el inicio de Gran Bretaña. Lelouch lucía un traje que rendía honor a su estatus social y las insignias de los escudos de su La Casa vi Britannia en su traje indicaba que era poseedor de un título noble real por herencia y de aquellos que se dan por gracia y que mueren con el individuo.
A su lado estaba su hermana Marie vi Britannia, indómita y a la vez impredecible. Era una de las más hermosas damas presentes en el baile. En Inglaterra era muy mencionado que las mujeres de esa casta eran las más preciosas de todo el país y Slaine pensó que los comentarios no estaban errados.
Lelouch y su hermano Cain hablaban respecto a la guerra lo cual era un tema de conversación muy ferviente entre los hombres ingleses. Fue en eso que notaron que las chicas que bailaban entre ellas eran invitadas a bailar una pieza de baile.
“Rothschild y Väring… No me esperaba que se atrevieran a bailar con ellas.” Comentó Marie, sorprendida. No le causaba consternación que aquellos dos futuros bancarios bailaran con esas chicas, sino que lo hicieran después de que éstas llamasen tanto la atención. Los pensaba demasiado reservados y estrictos como sus padres.
“Los erráticos hijos de Lord Rothschild y Lord Väring” Bufó con ironía, Lelouch.
“Que no te escuche Lady Mauve…”
« Last Edit: October 15, 2018, 09:36:46 AM by Kana »


Eureka

PERDÓN

Kana y yo estamos muy emocionadas :'c

Es un fic compartido con ella! Kana estará en este color y yo en el común.

Gracias por permitirme usar tus personajes, también ;;

TL;DR: Wolfgang von Einzbern es uno de los bachelors que llega a Bloomington en el verano. Es un banquero, hijo de uno de los dueños del banco V&R. El fic explica las dinámicas familiares de los von Einzbern, así como introduce a miembros de los Rothschild, otra de las familias dueñas de aquel banco. Aquellas familias, unto a los Väring, han planeado quedarse parte del verano en Chatsworth, una de las residencias más costosas de la zona de Bloomington.
Por otro lado, Camille y Emilia aprovechan el reencuentro para ponerse al día con los sucesos más recientes de sus vidas: el viaje de Emilia a Londres, sus estudios de enfermería y su encuentro con dos jóvenes de buena presencia en uno de los bailes de la realeza, así como el matrimonio de Katie, amiga de Camille. Durante su pequeño picnic en su escondite favorito dentro del bosque, conocen a Wolfgang, quien llama la atención de ambas.






Con el pasar de los años, Wolfgang se había acostumbrado a los ataques de ira de su padre.

Ser el primogénito en tan importante familia como era la Von Einzbern había sido —y seguía siendo— una cruz con la que cargaría por el resto de sus días, pero poco a poco, el peso del título había comenzado a alivianarse gracias a su propia madurez y al apoyo de sus coetáneos, quienes pasaban por situaciones similares a la suya. Varios de sus amigos alemanes eran también hijos de bancarios emergentes, nobles de las más altas alcurnias o herederos de negocios importantes, todos con la misma presión de seguir los pasos de sus padres y, además, lograr resaltar más que ellos.

Su caso en específico era más problemático que el resto, tomando en cuenta la importancia de su padre, König von Einzbern, uno de los socios originarios del banco V&R y propietario de varios terrenos en Frankfurt. König había sido, inicialmente, un accionista, y luego pasó a ser la cabeza de la filial en Alemania, su país de origen.

Por más de que ambos deseaban lo mejor para el negocio, sus personalidades opuestas ocasionaban un sinfin de problemas entre ellos. Eso, sumado al mal temperamento de König, había ocasionado que Wolfgang se acostumbrara a vivir lejos de él para evitarse más inconvenientes. Y así, pasaba varios meses al año en residencias de distintas localidades alemanas donde contaban con filiales, o incluso en Inglaterra, de visita a las familias de los socios u otros accionistas.

Ese era el motivo de su breve estadía en la residencia principal de los Lancaster, en Londres. Para su suerte, la familia lo había recibido con los brazos abiertos: en especial, había conseguido conectar con Henry y Cain, los hermanos mayores. Aquel par de meses que había compartido con ellos habían sido maravillosos, pero su familia había quedado en encontrarse con los Rothschild y los Väring en Bloomington para inicio del verano, y debía cumplir con ello. Todo indicaba que se discutirían los lineamientos principales de la estrategia bancaria de V&R para los años que seguían, tomando en cuenta la guerra contra Napoleón y la oportunidad de expandirse a otros territorios del continente europeo.

“Wolfgang, fue maravilloso contar con tu presencia en nuestra residencia,” le dijo Henry, con una sonrisa muy sincera. “Tan sólo espero que volvamos a coincidir en un futuro muy cercano. Sin duda, tus relatos y anécdotas alegraron todas las reuniones sociales y harán falta en este hogar.”
“Me halagas de más, Henry.” Wolfgang le devolvió el gesto. “Yo también espero poder compartir con ustedes en otra ocasión… y lo más probable es que esto suceda en unas semanas. Tengo entendido que sus padres también estarán presentes en la reunión de todos los accionistas del banco, en Bloomington.”
“En efecto.” Cain asintió, con una pequeña sonrisa. “Nos veremos en ese entonces.”
“Saludan de mi parte a Slaine y a Ciel, por favor.”
“Les haremos presente, descuida. Es una pena que no hayan alcanzado a despedirse de ti.”
“No hay problema con ello.” Wolfgang sonrió. “Entonces, me retiro.”

Los hermanos Lancaster hicieron una leve reverencia con la cabeza, que fue respondida por Wolfgang de la misma manera. Y sin más, agarró su equipaje y se dirigió al carruaje que lo esperaba en la puerta de la villa.



Los Rothschild habían adquirido, a último minuto, una de las más importantes residencias en la zona de Bloomington: Chatsworth. Era una villa preciosa con jardines inmensos y habitaciones que podían albergar a varias familias enteras, ubicada a un par de kilómetros del pueblo.

Era de suponerse que, además de su familia, se hospedarían los Väring, pero aún no sabía si llegarían después o antes que él. Esperaba encontrarlos allí a su llegada, porque si bien se llevaba de maravillas con Chrom, Simon y Claudia, el hermano mayor de los Rothschild, Reinhardt, era insufrible. Wolfgang odiaba su sutil hipocresía y el visible desdén y arrogancia que exudaba. Reinhardt estaba completamente seguro de ser el heredero de todo el imperio bancario, ignorando la existencia de Marth Väring y la suya.

Por eso rogaba encontrarse con Marth, puesto que así existía la posibilidad de excusarse de las invitaciones o reuniones. De lo contrario, iba a tener que soportar la compañía de Reinhardt, aún en contra de su voluntad.

El carruaje se detuvo frente a la majestuosa residencia, y Wolfgang se apresuró en recoger su equipaje de la parte trasera. En cuestión de minutos, ya estaba atravesando el pequeño camino que lo llevaba al portón de ingreso. Tocó la puerta un par de veces, y le abrieron inmediatamente.

Para su mala suerte, se encontró justo con la persona que no quería ver ni en pintura.

Al menos la tirria era mutua.

“Bienvenido,” le dijo Reinhardt, con una expresión neutral.
“…” Wolfgang se permitió rodar los ojos, aún a pesar de indicar malos modales. “Supongo que mis hermanos y mis padres aún no han llegado.”
“En efecto. Mi familia y los Väring ya se encuentran completos, eso sí.”
“Bueno, era de esperarse. Es un largo viaje desde Frankfurt…”
“…” Reinhardt asintió incómodo, en silencio.
“¡Wolfgang!” se escuchó desde adentro de la residencia. Al cabo de unos instantes, se apareció Lord Viren, al lado de su hijo. Wolfgang lo saludó con una leve reverencia de su cabeza. “Es un honor contar con su presencia.”
“Lord Viren, no tengo más que agradecerle por su cordial invitación.”
“Al contrario, gracias a ti por tomarte la molestia de venir desde Londres. Tengo entendido que tus padres y tus hermanos estarán aquí mañana en la tarde.”
“Sí, justo Sir Reinhardt me comentó acerca de ello.”
“Me alegra que así sea. Reinhardt, ¿te parece si lo acompañas?”
“Por supuesto.”
“Mis más sinceras disculpas, puesto que no podré quedarme más tiempo. Tal parece que ha surgido un par de problemas en el hospital.”
“Disculpe mi impertinencia, pero contaba con la noción de que usted estaba en contra del proyecto,” dijo Wolfgang, confundido.
“Y es acertada. Puede que haya sido más indulgente al inicio, tomando en cuenta que Marth también estaba involucrado. Sin embargo, no pretendo seguir avalando las estulticias de mi hijo.”
“No quiero imaginarme cuál es el motivo de su disgusto en esta ocasión.”
“Espero que no exista la necesidad de enterarse.” Lord Viren frunció el ceño, disgustado. Tal parecía que había recordado las miles de maneras en que Chrom le daba la contra. “Los veré más tarde.”

Reinhardt y Wolfgang lo despidieron con una leve reverencia de sus cabezas.

“¿Te parece si damos un paseo por el bosque?”
“Por supuesto,” dijo Wolfgang, aún a pesar de su falta de interés. Tal vez Reinhardt podría comentarle acerca de lo que había sucedido con Chrom y Marth. Y eso en sí era suficiente motivo como para acceder a tal invitación.





Cuando al fin consiguieron tener unos momentos a solas, las gemelas Bennet de manera pronta y albergadas por la emoción del reencuentro, se encaminaron apresuradas a la habitación que ambas compartían desde que eran unas niñas pequeñas, pues tenían muchas cosas de las cuales conversar.

Camille fue la primera en llegar hasta la habitación y se apresuró en abrir la puerta e invitar a su gemela a entrar en el cuarto que por tanto tiempo no había habitado. Emilia lució asombrada de estar nuevamente en la habitación que compartía con su hermana Camille, casi sentía como si se encontrara en un lugar nuevo, pero sumamente familiar.

Después de los meses en que estuvo en Londres, Bloomington casi se le hacía como un pequeño pueblo de cuentos de hadas y su cuarto en la casa de sus padres era apenas una fracción de la alcoba que tía Miranda le había ofrecido para hospedarse, pero pese a que ya no contaba con todos esos detalles ostentosos, Emilia no cambiaba por ningún motivo el calor de su hogar y el espacio que compartía con Camille.

La habitación estaba impecablemente ordenada y desbordaba en hermosos detalles que Camile había preparado el orden y los detalles en la habitación para el retorno de su hermana los cuales ella muy bien sabía que eran del gusto de Emilia tales como las ramitas de flores de lavanda sobre el escritorio que las gemelas no tardaron en acercárseles para oler la agradable fragancia que invadía todo el lugar. Otro delicado detalle era que sobre la cama de Emilia se encontraba el libro favorito que Emilia había perdido en el pueblo y que Camille secretamente había recuperado con ayuda de uno de sus conocidos.

Después del breve recorrido de anécdotas y recuerdos que encontraban en la habitación, las dos hermanas organizaban las cosas de la maleta de Emilia en el armario y también charlaban entre ellas poniéndose al día con los temas más candentes del pueblo y aledaños.

“Me gusta la idea de que tío Robert sea el nuevo dueño de Keyfield Park” Dijo Emilia, quien se había arrimado a la ventana para observar hacia el exterior.
“Eso nos da una selectiva oportunidad de recorrer los jardines libremente cuando el lugar esté sin sus inquilinos.” Camille se había situado del otro extremo de la ventana, inconscientemente las gemelas apoyaron los codos en el marco de la ventana y el rostro en las palmas de sus manos mientras contemplaban el paisaje. Camille se ilusionaba pensando en la idea de pasear por aquellos jardines y poder memorizar cada detalle para plasmarlo y proyectarlo en uno de sus cuadros.
Fue en ese momento que escucharon cierto barullo proveniente de la plana inferior de la casa. Como ambas estaban tan absortas en su charla en la habitación no se habían percatado que dos jóvenes señores habían llegado a la casa poco después de que Sheryl y Sayaka retornaran del paseo al bosque.
“¿Es el señor Stark?” Dijo Camille. Hace tres años que la familia no tenía el gusto de ver a aquel joven. “Parece que no sólo tú estás de regreso, Emilia” Apuntó la otra joven, haciendo énfasis en que el joven Stark venía acompañado de un muchacho de cabellos pelirrojos.
“En parte eso me tranquiliza porque no seré el único tema de conversación entre las damas más afanadas a las intrigas, pero en parte me desilusiona porque inmediatamente dejaré de ser la novedad en casa. Esencialmente porque mamá estará fervorosa en saber más detalles de aquellos jóvenes que en fascinarse por escuchar sobre la estadía en Londres de su desastrosa hija.”  Bromeó la peliplateada. “Al menos, tengo el consuelo que puedo compartir mis experiencias contigo y con mis hermanas”
“Sobre eso, Emilia” Camille dejo de observar hacia los jardines donde centró su atención en las tonalidades de las flores que habían abierto sus pétalos ese día. “Quiero conocer cada detalle de lo que puedas contarme sobre tu vida en Londres y, al mismo tiempo, tengo muchos deseos de contarte todo lo que ha sucedido aquí mientras no estabas.” Antes de que Emilia pudiese decir lo muy entusiasmada de conocer todas las noticias de Bloomington, Camille continuó “Espera, espera” meneó una mano para calmar los ánimos de su gemela “Estaba pensando… Que podíamos ir a nuestro lugar secreto” La joven sonrió afectuosamente al pensar en aquel sitio que habían adecuado como un lugar privado y personal en medio del bosque. ¿Tenían siete? O tal vez ocho años cuando lo habían creado como una especie de club donde podían liberarse del día a día.
“Me fascina esa idea, Camille”

Las gemelas se miraron entre ellas y eso bastó para entender que debían poner el plan en marcha inmediatamente ante de que sus padres reclamaran su presencia en la cena. Bajaron a la cocina donde Mery se encontraba sacando el último pastel para el té de las cuatro, mientras la menor estaba concentrada en los detalles del postre, las gemelas tomaron una canasta y comenzaron a acomodar cosas en su interior, desde un frasco de mermelada, pan recién horneado, un jarrón que llenaron con té y esencia de canela, menesteres y todo lo necesario.

“¿No estarán para el té de las cuatro?” Las cuestionó Mery, extrañada por la fugaz idea de las gemelas de ausentarse.
“No. Pero volveremos para antes de la cena la cual compartiremos en familia” Dijo Camille, con su tono de voz pausado y suave. “Sólo daremos un paseo por el bosque. Regresaremos temprano”
“Pero… Mamá se estresará si no las ve aquí”
“Estaremos puntuales y dignas para la cena, querida Mery” Dijo Emilia “Y procuraremos traer frutos del bosque para tus tan placenteros pastelillos”
“Bien, pero no crean que me pueden convencer tan a la ligera de distraer a mamá si pregunta insistentemente por ustedes.”
“Creo que mamá estará más abstraída en otros temas que en reclamar nuestra presencia” Bromeó Camille, y las dos gemelas rieron secuaces entre ellas. 

Tras la recolección exitosa de merienda en el canasto, ambas salieron de la casa por la puerta trasera y se encaminaron al bosque. Al principio a un paso lento y recatado, como era esperabo de toda dama, después el ritmo fue más intenso conforme se acercaban al lugar secreto.

Finalmente llegaron hasta una especie de cabaña en miniatura y fabricada con materiales reciclables que sobraban de la casa de los Bennet y de sus vecinos. Estaba rodeada por forestación por lo que el escondite era de una naturaleza pura y auténtica. La habían construido primero entre ellas dos cuando eran unas niñas, pero fue inevitable llamar la atención de sus otras hermanas cuando acarreaban materiales hasta el bosque por lo que sus hermanas también habían cooperado con el bastimento. En sí, el lugar al menos tenía una década de antigüedad. Si bien había nacido como un proyecto de escondite secreto entre ambas, no significara que fueran las únicas que acudían al lugar. Sus hermanas conocían la ubicación y tal vez más de alguna vez utilizaron el sitio para desahogarse de las exigencias que instaura la sociedad sobre todo si se nace mujer. Además, Camille y Emilia habrían invitado a sus conocidos, bajo un estricto código de confidencia, al lugar secreto para charlar, planear y pasar el tiempo.

Movieron la trabada “puerta” e ingresaron, vieron que el interior se encontraba un tanto empolvado por el tiempo en que el sitio no fue utilizado. Los dibujos, las simulaciones de muebles y demás cosas personales que habían dejado en el interior permanecía intacto.

“Creo que por un tiempo un zorro estuvo usando este lugar de guarida. Pero no destrozó nada” Comentó Camille.

Emilia sacó del canasto unas ramitas de lavanda que había traído consigo y las dejó en un florero vacío sobre una roca. Lo llenó de agua de uno de los frascos que estaban en el canasto. Después de que las hermanas ordenaran un poco y acomodaran las cosas para merendar, se miraron entre ellas llenas de expectación y ansiedad.

“Ahora es hora de ponernos al día con todo.” 

“¡Tienes que contarme todo lo que viviste allá!” Mencionó Camille, llena de emoción. Por unos instantes, pareció andar un tanto pensativa, y continuó. “…Sé muy bien que hemos compartido varios detalles de nuestras vidas en las cartas que intercambiamos, pero…”
“Sí, te entiendo.” Emilia sonrió, enternecida. “No es lo mismo que contar las anécdotas y vivencias en persona. Sobretodo… cuando son tan peculiares.”
“Discúlpame,” comenzó Camille, un tanto apenada. “Siento que tuviste que pasar por todo esto por mi culpa, en parte. Por no apoyarte con el vestido aquella vez…”
“Por supuesto que no,” Emilia negó con la cabeza, con una pequeña sonrisa en su rostro, a la vez que servía té en las pequeñas tazas. “Era mi deber. Y sólo a mí se me pudo ocurrir la grandiosa idea de hacer de Eren mi conejillo de indias. Pero estaba desesperada. Me encontré entre dos opciones: recurrir a eso o no entregar el vestido... y me ví obligada a hacerlo.” Emilia suspiró. “Fue un desastre, lo sé.”
“Pudo… ser mejor.” Intentó consolarla Camille, a lo que Emilia rio.
“Aun así, en retrospectiva, me parece que no fue tan negativo como podrías imaginar. Londres es otro mundo… y agradezco haber contado con la oportunidad de vivir en la capital por unos cuantos meses.”
“¿En serio? ¿Cómo sucedió lo de los estudios? No recuerdo mucho a la tía Miranda, pero de lo que viene a mi memoria, siento que era una mujer muy cerrada de mente y aferrada a sus convicciones. Me sorprendió escuchar que había tomado esa decisión... Temía que te casara con alguien sin tu permiso.”
“Oh, no. Eso sí lo tuvo en mente siempre. La verdad es que, en un inicio, intentó forzarme a ver el mundo justo como ella. Y supongo que, hasta cierto punto, lo consiguió, con las clases de etiqueta. Pero creo que de haberme quedado aquí, nunca habría tenido la oportunidad de estudiar una profesión. Le debo mucho a la tía Miranda.”
“¿Te puso una institutriz, no?”
“Fue de lo peor. Esa mujer parecía haber nacido para torturarme.”
“Tú nunca has sido mucho de seguir las reglas al pie de la letra.” Camille sonrió de lado.
“Exacto.” Emilia rio. “Prueba de ello son las miles de travesuras que hicimos de pequeñas. O… haberle ocasionado un desmayo a nuestra madre ni bien regresé.”
“Nada dice “¡Estoy de vuelta!” mejor que aquel susto que le diste.” Camille sonrió. “Debo admitir que me sorprendió lo que me dijiste. Tenía una ligera idea de lo difícil que debía ser estudiar enfermería para gente fuera de nuestra clase social, pero no pensé que estaba reservado exclusivamente para hijas de la realeza.”
“La tía Miranda consiguió lo imposible.” Emilia se veía muy complacida. “Y ahora soy enfermera. Aún me incomoda no poder aspirar a una profesión más completa como la de doctor, pero supongo que hay cosas realmente inalcanzables.” Suspiró. “Por cierto… ¿Cómo va el hospital que inauguraron hace un par de meses?”
“Ha contado con unos problemas, más que nada relacionados a la administración.” Mencionó Camille, y se llevó la taza a los labios. Luego de un sorbo, retomó la conversación. “Parece que hay una disputa respecto a los pacientes y el servicio. Así dicen los rumores que Sayaka escuchó…”
“Mm…”
“¿Deseas trabajar allí?”
“Es uno de los lugares a los que envíe mi carta de recomendación, así que sólo me queda esperar. Sería ideal, si te soy sincera.”
“Por el Doctor Erwin, supongo.”
“…N-no.”
“Ah. Eso me dijo todo.” Camille sonrió ampliamente. “…Y yo que creía que conocerías a alguien en Londres.”
“Bueno… Entre los bailes a los que asistí, hubo uno…”
“¿Ese baile sumamente importante que mencionaste en una de tus cartas? ¡¿El de la realeza!?”
“Sí.”
“¡¡¡¡Ahhhh!!!” Camille no cabía en su felicidad. “¡Cuéntamelo todo, ahora sí, con lujo de detalles!”
“No sucedió nada extraordinario, más allá de la majestuosa residencia y de la presencia de miembros de la realeza por doquier. Aunque…”
“¿Conociste a alguien grandioso, no?”
“Me encontré con Celica y me presentó a unos jóvenes de familias anglo-alemanas. Fueron sumamente amables conmigo. Eran los hijos de los dueños del banco V&R.”
“Me alegra que te hayas reencontrado con ella pero… ¡Emilia!” Camille se indignó “¡Me muero! Dime que conversaste con ellos. ¡Dime que se volverán a ver! ¡Alguno de ellos debió interesarte!”
“No puedo negar que ambos llamaron mi atención. Su trato era cálido y sincero… pero dudo volver a cruzarme con ellos. La sede del banco V&R está en Lóndres, y como miembros de las familias a cargo, deben quedarse junto a sus padres.”
“¡Nunca digas nunca!” Camille sonrió. “Ojalá también formen parte de aquellas familias que van a venir a pasar el verano en Bloomington…”
“…Tú suenas más emocionada que yo, Cami.” Emilia la observó con sospecha.
“¡Es que debieron encontrarse por un motivo en especial! Nada es gratuito.”
“Bueno, la tía Miranda tiene buenos contactos—”
“¡No! Me refiero a algo futuro. De seguro volverán a cruzarse. ¡Lo presiento!”
“Me suena a que deseas que te los presente.”
“N-No.” Camille desvió la mirada, avergonzada. “¡No!” Repitió, un poco más decidida. “Tal vez hace un tiempo lo habría deseado. Ahora… estoy un poco decepcionada del amor luego de lo que le sucedió a Katie.”
“Oh, me comentaste sobre ello. Es realmente una pena inmensa. Me parece que el señor Campbell es un hombre despreciable.”
“Lo peor es que con la gente de su entorno se muestra distinto. Cuando lo conocí, percibí a un caballero muy cordial y noble. Yo no comprendo lo sencillo que se le hace engañar a la gente. Según las cartas de Katie, cada vez se le hace más complicado compartir su vida con él. Hasta… me ha confesado que anda dándole vueltas a la posibilidad de escapar de allí.”
“No puedo culparla.” Emilia probó uno de los bocadillos, apenada. “Cualquier mujer en su posición concebiría aquella idea, por más riesgosa que es. Sé que, de escucharnos, mamá y el resto de nuestras hermanas pondrían el grito al cielo, pero siento que la situación es mayor que el orgullo o el honor. Supongo que su familia es el único motivo por el que aún no ejecuta su plan.”
“Es lo mismo que pienso yo.” Camille suspiró. “Sólo espero que su situación mejore. Tal vez… el señor Cambpell cambia para mejor.”
“Esperemos que así sea.”
“A mí… me preocupa la posibilidad de que, eventualmente, yo tenga que estar en los zapatos de ella. O alguna de nuestras hermanas. O tú…”
“Tranquila.” Emilia le sonrió, muy segura. “Eso no va a ocurrir. Recuerda que los padres de Katie andaban desesperados, y bueno, cometieron el peor error en esa situación. Sé que mamá a veces puede ser un poco… complicada de tratar, y tiende a cerrarse con ciertos temas, pero no la veo capaz de hacer algo así. Igual, de hacerlo, dudo que papá lo avale. Él siempre está de nuestro lado.”
“Tienes razón. Papá nunca lo permitiría.” Camille sonrió. “Él nos quiere ver felices. Al igual que mamá, por supuesto.”
“Claro.” Emilia asintió. “Y—”

La mayor de las gemelas se detuvo en seco ni bien escuchó los fuertes resoplidos de un caballo a poca distancia de la cabaña en la que se encontraban. Emilia, inmediatamente, hizo a un lado su taza de té, y con cuidado, se acercó a la puerta para observar de quién se trataba. Desde la pequeña ventana en la puerta pudo divisar cómo un joven rubio de buena apariencia y vestimenta sumamente sofisticada andaba peleando por control con el caballo que montaba. Sin embargo, no demoró nada en domarlo, con un par de palmadas en su lomo y unos sonoros silbidos. En cuestión de segundos, ya se encontraba atravesando el bosque sin ninguna preocupación… hasta que pareció notar algo y se detuvo en el acto.

“¿Qué sucede, Emilia?”
“¿Recuerdas lo que mencionó Sayaka? Lo que le contó el tío Robb.”
“¿Mm?”
“Tal parece que es completamente cierto.”
“Bueno, no lo dudab—” Camille se paró a sí misma cuando notó algo. “¿Por qué lo dices?”
“Ven.” La llamó su hermana, y la menor asintió, acercándose junto a ella para observar por la ventana.

Camille logró observar lo mismo que su hermana: aquel joven rubio que, definitivamente, se trataba de un miembro de las familias de alta alcurnia que venían de visita a Bloomington por el verano. Parecía un tanto mayor que las gemelas, y andaba distraído, observando sus alrededores en busca de algo.

“¡Emilia! ¡Parece perdido! ¡Debemos ayudarlo! De paso que le damos la bienvenida.”
“…Alguien está muy emocionada,” comentó Emilia, en tono burlón.
“B-Bueno, es lo más cordial, ¿no?” dijo Camille, un tanto cohibida.
“Tus botas están enlodadas.”
“¡Las tuyas también!”
“¡Con mayor razón!”
“¡No me vengas con eso! ¡Nunca le has dado importancia a nimiedades como esa!”
“…Es cierto.” Emilia suspiró, derrotada.
“¿Por qué no te gustaría ir a saludarlo?”
“Tengo un mal presentimiento.” Emilia sonaba pensativa, mientras observaba al joven. “No obstante, debo admitir que me causa intriga su presencia. Esta zona se encuentra lejos de las residencias más adineradas.”
“Oh, ¿las de los exteriores de Bloomington?” preguntó Camille, sin despegar la vista del joven.
“Sí. No hay motivo para pasear por aquí. Además, los campos privados de aquellas residencias están equipados para practicar equitación.”
“¿Por qué traería su caballo hasta acá, entonces?”
“No es su caballo,” corrigió Emilia. “Antes de que te acercaras, los ví peleando por control, hasta que el señor logró salir victorioso.”
“Deberíamos salir y ofrecerle ayuda,” sugirió Camille.

Emilia la observó en silencio por unos instantes, un tanto dudosa. Sin embargo, accedió, luego de suspirar hondamente.

“Está bien,” dijo ella, y abrió la puerta sin mucho cuidado.
“La curiosidad mató al gato,” comentó Camille, a la vez que cerraban la puerta.
“…” Emilia rodó los ojos, con una sonrisa en el rostro.

El rubio no se había alejado de su posición inicial, por lo que alcanzarlo no fue difícil para las gemelas. Sin embargo, la repentina aparición de Emilia y Camille asustó al caballo, quien se alzó en dos patas y botó a su jinete al suelo. El joven soltó, sin mucho cuidado, un par de lisuras, llamando la atención de las hermanas Bennet.

“Desde ya, me cae bien,” comentó Emilia, en voz baja.
“¡Emilia!” le reclamó Camille, a lo que su gemela rio. Ambas corrieron a auxiliarlo, cuidando no alterar al caballo.
“…No, no tienen por qué preocuparse,” les aseguró el joven, levantándose en un salto. “Ese caballo lo hace a propósito. Ni bien siento que nos empezamos a llevar mejor, se manda una de estas.” El rubio rodó los ojos, enojado. “Ah, mi más sinceras disculpas. Debí presentarme antes.” Y les sonrió. “Mi nombre es Wolfgang von Einzbern, es un placer conocerlas,” dijo, con una pequeña reverencia. Las gemelas le devolvieron el gesto.
“Mi nombre es Emilia, y ella es Camille, mi hermana menor. Somos de la familia Bennet, dueña de la residencia a unos quince minutos de aquí. El placer es un nuestro.”
“Si no es mucha molestia, señoritas Bennet, ¿podrían indicarme cómo regreso a Chatsworth?”

Las Bennet intercambiaron miradas, confundidas.

Chatsworth era una de las residencias más costosas de la zona de Bloomington. Había pertenecido a una familia adinerada, siendo la casa de verano de unos nobles, hasta que compraron un terreno al norte de Sussex, un par de años atrás.

“¿Alguien compró Chatsworth? Estaba sin dueño cuando me fui—” comentó por lo bajo Emilia.
“No sabía nada sobre ello—” le susurró de vuelta Camille. “A-ah. Por supuesto,” dijo, ni bien notó la expresión risueña en el rostro de Wolfgang. Tal parecía que el rubio las había observado fijamente mientras cuchicheaban entre ellas. “Disculpe nuestra impertinencia…”
“No hay problema.” Wolfgang sonrió. “Me imagino que debe causarles sorpresa que aquella propiedad haya sido adquirida hace poco tiempo.”
“Nuestra hermana menor siempre se entera de todo, pero al parecer, el rumor sobre Chatsworth ha pasado desapercibido.”
“El socio de mi padre la compró hace dos semanas. Parte de su familia llegó el lunes pasado. Yo llegué hoy día, y salí a pasear con su hijo pero…” Wolfgang miró de reojo al caballo. “Como les comenté, el caballo me tiene una tirria inmensa y me llevó por otro sendero…”

Camille y Emilia estuvieron a punto de comentar al respecto, pero el estridente galope de otro caballo irrumpió a lo lejos. Por el sendero, apareció un majestuoso corcel blanco con un jinete de buena presencia que, sin duda, se trataba del allegado de Wolfgang.

Por unos instantes, Camille juró ver algo de enojo en la expresión de Wolfgang, pero el rubio sonrió de lado y se apuró en montar de nuevo a su caballo.

Por su lado, su conocido tiró de las riendas de su caballo para detenerse a unos metros de Wolfgang y las Bennet. El hombre obligó al caballo a darles la espalda, y por sobre el hombro, observó con atención a Wolfgang.

“Disculpen, señoritas. Parece que me encontraron.” Wolfgang suspiró, divisando de reojo a su socio.
“…” Emilia lo observó en silencio.
“Espero que nos crucemos una vez más en otra oportunidad, señor von Einzbern,” le dijo Camille.
“Yo también ruego que suceda lo mismo, señorita Bennet. Hasta luego, fue un placer conocerlas,” les dijo él, con una sonrisa encantadora.

Wolfgang no demoró en alcanzar a su socio, y ni bien se encontraron lado a lado, ambos aumentaron la velocidad. Las Bennet los observaron hasta que, finalmente, se perdieron entre los árboles y arbustos.

“…¡Ah!” exclamó Camille, decepcionada.
“¿Qué sucede?” Emilia se veía confundida.
“¡Debimos invitarlo al baile!”
“Tranquila. De seguro le llegará igual la invitación de todas maneras. Dudo que al tío Robb se le pase, tomando en cuenta lo importante que se veía el señor von Einzbern. Y ni qué decir de su socio y los nuevos dueños de Chatsworth.”
“Me da curiosidad…” comentó la menor, ensimismada.
“¿El señor von Einzbern? ¿Te atrae?”
“¡N-No! Es sólo curiosidad. Sentí que… había algo que nos escondió en su relato. Como si, realmente, no se había perdido, sino que—”
“Lo había fabricado como una mentira, sí.” Emilia se giró hacia ella. “También me da curiosidad ese detalle.”
“Bueno, ojalá nos crucemos de nuevo con él. ¡Y con esos jóvenes anglo-alemanes que mencionaste!” mencionó Camille, a la vez que regresaban a la cabaña.

“Eso está más difícil, Cami,” dijo Emilia, detrás de ella. “Mucho más difícil.”