Author Topic: RMS Titanic: "Is there anyone alive out there!?"  (Read 2249 times)


Sayi

Listooooooooo


Bitácora #10 — Every Man for Himself

Cuando finalmente lograron treparse al bote plegable, la escena que les esperaba era indescriptible. El Titanic, popa en alto, flotaba como un corcho por sobre la superficie del océano.

La mayoría de personas ya se encontraban en el agua; una multitud de salvavidas blancos agitándose de manera errónea, sin saber a donde ir para alejarse del frío. Las personas en el barco se sujetaban de donde pudiesen, decididos a aferrarse hasta las últimas consecuencias. Los gritos de desesperación calaban más hondo que el agonizante coloso, el cual remecía el lugar conforme se descomponía frente a sus ojos.

La noche era oscura e inclemente. Y, tal como su esperanza, el Titanic fue envuelto por el mar hasta desaparecer por completo.

El bote plegable B había quedado boca abajo, y aquellos afortunados de darle el alcance a tiempo no habían demorado en ocuparlo por completo. Ni una pulgada de madera era visible; solo cuerpos atiborrados como pudiesen, intentando escapar del mar helado.

La multitud de personas se encontraban a varios metros de distancia. Los gritos eran ensordecedores pero, yendo contra el instinto de ayudar, aquellos a bordo del bote plegable empezaron a distanciarlo poco a poco de la muchedumbre.

No faltaba la persona que nadara hasta ellos con la esperanza de subirse, solo para ser informado que era imposible acomodarlo por riesgo a terminar de hundir el bote. A Ichigo no le dolían las exclamaciones o injurias… pues, a decir verdad, no había ninguna. Jamás se olvidaría del hombre que, tras ser rechazado de subir con ellos, les deseo buena suerte, mientras él se quedaba flotando en su sitio.

Tenía entendido que la verdadera naturaleza de uno salía a flote en tiempos difíciles, e Ichigo se preguntó si el no estar ayudando como pudiese denotaba su falta de humanidad.

Pero Kaien fue pronto en desmentirlo, aún si no tenía un argumento que los reivindicara en ese momento.

Solo le pidió que siguiera remando.



Si bien los gritos eran escalofriantes, nada los preparó para la ausencia de estos.

Conforme pasaban los minutos, los llantos empezaron a desvanecerse mientras los pasajeros en el agua perdían el conocimiento. Quedó el solitario grito de un hombre, llamando a Dios de manera monótona, desesperanzada, hasta que finalmente se apagó él también.

Y entonces, silencio. Un silencio que les erizó la piel por otra razón que no era el frío.

Los treinta hombres flotando sobre el bote volcado se arrimaron como pudieron para poder entrar en calor. Aunado a Kaien, la única persona que Ichigo reconoció, entre pasajeros y tripulantes, era el joven ruso que le había alcanzado una cuchilla mientras intentaba armar el bote.

Pese a tratarse de un joven delgado, de poca estatura, y demasiado considerado para una situación como aquella, Almaz traía tal decisión en los ojos que Ichigo estaba seguro que, de solo sobrevivir una persona de ese grupo, esa debía ser él. El peliazul cargaba con un deber mayor a si mismo, pues como les explicó, su misión era encontrar al menor de sus amos apenas llegara a tierra firme.

“Es lo mínimo que puedo hacer por el amo Higekiri, que decidió enfrentar su suerte y perecer de manera digna” les dijo con solemnidad “Mi sitio esta junto a su hermano, para ayudarlo a mantener su legado por sobre esta tragedia”

Kaien resaltó su lealtad con una palmada torpe en el hombro. El frío no le permitía moverse con facilidad, pero mantenía los buenos ánimos pese al ambiente lúgubre.

El pelinegro se giró hacia Ichigo, quien tenía los ojos en las pequeñas olas golpeando contra la madera.

“¿No te parece admirable?” le preguntó. El rubio asintió, pero no tan efusivamente como su compañero. El tiempo muerto sobre el bote empezaba a calar en él, y su cabeza estaba ocupada con la memoria de su maestro.
“Tu amo fue una persona admirable” Ichigo respondió en un hilo de voz “Tal y como el mío”

Almaz aceptó sus palabras, pero lo miró con preocupación. A continuación les esperaba la noche más larga de sus vidas, y era vital no perder esperanzas si querían sobrevivir la experiencia.

“El amo de Almaz es admirable, al igual que Franz. Jamás diría lo contrario” agregó Kaien “Pero mis palabras iban dirigidas hacia el mismo Almaz. Y me gustaría poder dirigírtelas a ti también”
“Que quieres decir…”
“Así como Almaz esta decidido a sobrevivir, me gustaría que hicieras un esfuerzo honesto” le pidió “No puedo pretender entender el dolor que sientes, pero me gustaría que veas que tienes a alguien esperando tenerte a salvo”

Sabía que se refería a Sayi, y sabía que tenía razón. En ese momento se preguntó cómo la pelirrosa lo había preferido a él por encima a una persona tan amable como lo era Kaien.

Tenía que hacer el intento, por Sayi, y por el recuerdo de su maestro. Y también por Kaien, a quien se había prometido salvar… aún si parecía que la situación era invertida.

“Almaz, ¿has ido alguna vez a Japón?” le preguntó Ichigo, haciendo conversación. El peliazul asintió, e Ichigo sonrió ligeramente “Me gustaría ir algún día”
“Un europeo puede encontrarlo algo atrasado, pero el país tiene un encanto que cautiva”

Entonces conversaron sobre sus respectivos viajes, y en que lugares habían coincidido y cuales no. Kaien estaba familiarizado con todo Estados Unidos por su negocio familiar, mientras Ichigo solo conocía Nueva York en Norte América, pero si había paseado por todo país Europeo. Pero aún si Kaien también conocía el Oeste Europeo bastante bien, ninguno de los dos eran competencia para Almaz, quien se había paseado desde Japón, por el sureste de Asia, Medio Oriente, Europa, y América.

Ichigo pensó en lo espectacular que sería poder ver las pirámides algún día, y bajo la imagen del cielo azul y la arena amarilla, escuchó la risa de Sayi en su cabeza, y sintió su corazón se animarse un poco.



El viento empezó a soplar con más fuerza conforme se acercaba el amanecer. No parecía haber problema con ello aunado al frío… sino hasta que el oficial presente se puso de pie, y anunció que debían comenzar a balancear el bote para mantenerlo a flote.

“Si no lo balanceamos, el aire que nos mantiene a flote se vaciará dentro de poco”

Siguiendo sus instrucciones, los hombres formaron dos filas perpendiculares, moviéndose al compás del vaivén del bote. El mar había crecido agitado por el viento, y la advertencia del oficial no tardó en volverse realidad: Poco a poco, el plegable empezó a hundirse pese a su mejor esfuerzo. Y, eventualmente, el agua les llegó hasta las rodillas.

Era desconcertante mirar a su alrededor, y percatarse que lo único que los mantenía a flote en el inmenso océano era un bote volcado casi hundido.

Aquella prueba de rigor resultó demasiado a soportar, considerando el frío y el agotamiento de esa noche. Uno a uno, los pasajeros más fatigados dejaban de seguir el compás y colapsaban; cayendo al océano y cediendo ante la muerte.

Los que seguían a bordo nada podían hacer por ellos más que dejarlos irse. No habían más energías para rescatarlos, pues a duras penas podían con el trabajo de mantenerse a flote.

Los sobrevivientes habían quedado en silencio. Lo único que los espabilaba era el ocasional sonido del agua cuando alguien más ya no aguantaba. Con cada golpe, el optimismo era lastimado y los ánimos mermados.

Frente a él estaba Kaien y, a juzgar por sus ojos, Ichigo se percato que estaba agotado.

“¿Kaien?” el pelinegro no le respondió, pero este seguía balanceando el bote, como en un trance.

Sus ojos se veían apagados. Y entonces Ichigo se preocupó.
Al parecer, tanto se había concentrado en el bote que no se había percatado del empeoramiento de su amigo.

“Kaien, ¿te puedo hacer una pregunta?”

En las horas esperando por ayuda habían hablado de todo y de nada. Donde habían nacido, crecido, familias, trabajos, viajes… había sido un curso apresurado sobre su compañero de adversidad, y no sentía que tuviera otra pregunta superficial que hacerle.

Por lo que decidió ser directo, y preguntarle por el único punto discordante entre los dos.

“Kaien, ¿por qué te gustó Sayi?”

Le pareció ver una diminuta sonrisa formarse en el rostro del pelinegro, e Ichigo pensó que aquello estaba funcionando.

“Porque… me hacía acordar a mi madre” le respondió. Cerró los ojos un momento, y se tambaleó un poco con el vaivén del bote “Se parecía mucho a como la recordaba”
“Tu madre…”
“Falleció cuando tenía ocho años”

Ichigo abrió los ojos, sorprendido. No era el momento de decirlo, pero la coincidencia era inusual, pues su propia madre también había fallecido cuando él tenía ocho años.

“¿Y a ti?” le preguntó Kaien “¿Por qué te gustó Sayi?”

Al lado de Kaien estaba Almaz, quien optó por mirar a otro lado al escuchar su conversación. Se había venido preguntando bajo que circunstancias se habían conocido los dos, y no se había esperado que fuese a raíz de una dama.

Ichigo sonrió para si mismo y entonces miró hacia el cielo.

“Porque le gustaban las estrellas” fue honesto “Me gustaban las estrellas en sus ojos”

La ironía que el cielo fuese tan hermoso aquella noche se perdía en sí. Ubicó a The Big Dipper, y recordó a una ofendida Sayi por su sobre simplificación hacia los americanos.

“Idéate algo mejor” respondió Kaien, en un susurro “O de lo contrario no dejaré que te quedes con ella”

Ichigo cruzó miradas con Kaien y le devolvió la sonrisa, aceptando su advertencia. El rostro del pelinegro estaba pálido y sus labios casi no tenían color, pero parecía haberse animado a diferencia de unos minutos atrás.

Con el cielo sobre sus cabezas, Ichigo dedujo otra manera de entretenerlo.

“¿Ves esa estrella brillante?” le dijo, señalando hacia the Big Dipper “Esa muy luminosa”
“La veo”
“Se llama Mizar. ¿Sabías que en verdad son dos estrellas?” le explico. Presentía que, así como Sayi, él tampoco había escuchado de ello “Los espartanos la usaban como prueba de visión, dado que están…”

Un golpe en el agua. Ichigo dejó de mirar arriba y se encontró con un vacío frente suyo.

Y más adelante, boca arriba en el agua, estaba Kaien.

“¡¡No!!”

Su primer instinto fue acercarse, pero ello desestabilizó el bote y fue recibido con quejas del resto. Pero el los ignoró. Continuó llamando por Kaien, quien a duras penas parecía moverse y, así como el resto de caídos, parecía haberse rendido ante el cansancio.

Pero Ichigo no quería aceptarlo. Gritó su nombre, una y otra vez. Le gritó por su familia, por Sayi, por todo lo que se le cruzara en mente. Pero Kaien parecía apático ante el frío y sus palabras. Parecía en paz estando en el agua. La peor paz que podía imaginarse para él.

Cuando la idea de lanzarse llegó a su mente, Ichigo se vio detenido por Almaz, quien lo tomó de ambos brazos y ocupó el sitio de Kaien. Sus ojos, más decididos que nunca, intentaron hacerle llegar sentido a sus acciones.

Ichigo continuó llamando a su amigo, rogándole que regresara al bote, que él lo ayudaría a subirse. Pero Kaien ya tenía los ojos fijos en el cielo.



Fuegos artificiales…

El Carpathia se abría paso a la distancia.
« Last Edit: December 01, 2017, 12:39:55 AM by Sayi »

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Oh, dream maker, you heart breaker
Wherever you're goin', I'm goin' your way


Isumi

So, aun no lo he corregido porque kinda son las SEIS Y MEDIA DE LA MAÑANA y no me voy a poner a leer este pinche fic XD

PERO YEY TERMINÉ I WANNA DIE (sleep)






Ch. 8


Sabía que a la mañana siguiente el despertador sonaría a las cinco de la madrugada, pero decidí darme vuelta e ignorarlo para poder seguir durmiendo. Seguramente afuera aún era de noche y antes de volver a dormirme me pregunté qué haría Hiro hasta que saliera el sol.
...Estudiar japonés, seguro.

Cuando volví a despertarme eran solo las nueve y aún hacía a tiempo a desayunar en el comedor.
Allí me encontré con Hiro en nuestro lugar de siempre, que ya había ordenado también mi desayuno a la mesa.

-¿Me parece a mi o eres cada vez más considerado conmigo?- Le dije mientras me sentaba enfrente suyo.
-No digas tonterías, no es como si me costara mucho pedir doble desayuno.-
-Ya veo, ya veo.- Le respondí tomando un sorbo de mi té. -¿Nadie te ha dicho que el cafe hace mal a los niños?-
-Lo sé que hace mal a los niños, pero no es algo que me concierne.- Me respondió bruscamente.
-Por supuesto que no, joven galán.-
-Tsk.- Irritado, Hiro me ignoró y siguió bebiendo su café y comiendo sus scones.
-Cuando te despertaste esta mañana… aunque me dormí enseguida, por un momento me puse a pensar en lo que harías tan temprano. Tuviste que esperar cuatro horas para poder desayunar ¿qué haces durante ese tiempo?-
-Leo mientras espero el amanecer.- Lo sabía.
-¿Lees afuera? ¿No hace frío?-
-Hace frío, pero vale la pena para ver el amanecer. Mañana deberías despertarte y verlo conmigo.-
-No soy muy buena despertándome temprano desgraciadamente.-
-No es algo que puedes ver todos los días un amanecer como ese. En el medio del océano, rodeado solamente de agua, y lo único que marca el horizonte son los rayos de luz del sol. Te hace pensar cuán insignificante sería nuestra vida sin la luz del sol.-
-Técnicamente no habría vida sin el sol.-
-Exactamente. Imagínate, siempre en esa oscuridad, en ese frío sin poder distinguir las distancias que te separan de las cosas y de las personas porque el sol nunca sale. El sol y la luz es lo que nos permite ver la realidad. Y la realidad es que sin el sol moriríamos de frío, en la oscuridad y sin siquiera poder ver a nuestros seres queridos una última vez.-
-...- Era la primera vez que Hiro compartía pensamientos tan profundos conmigo. Nunca pensé que un niño de doce años podría ser capaz de pensar en cosas como esas. Aunque tampoco era del todo extraño, considerando la historia que escuchó el día anterior. -Oye Hiro, ¿estás bien?- Le pregunté entonces un poco preocupada de que la historia de Haru le hubiese afectado más de lo que pensé.
-...- Se quedó un momento en silencio mirando su café y luego habló. -Tuve una pesadilla esta noche. Soñé que estabas dormida, pero consciente. Mi yo del sueño no sabía que estabas consciente, pero el yo fuera del sueño sabía que estabas sufriendo. En un momento empezaron a enterrarte viva, pensando que habías muerto, pero tú seguías consciente dentro de tu cuerpo inmóvil. Y luego empecé a ver la oscuridad que veías tú, una oscuridad de la que no podías salir y que si te enterraban sería eterna. Cuando desperté sentí la necesidad de ver el amanecer. Necesitaba saber que la oscuridad no sería eterna.-
-...- Me quedé un momento observando a Hiro mientras él continuó comiendo su desayuno. Era sorprendente que un niño tan pequeño tuviera esos pensamientos. Más allá de la historia de Haru, sentí que había algo más que Hiro no me había contado y que probablemente no me contaría nunca. Luego de todos los eventos que caracterizaron este viaje, olvidé por completo de mis sospechas hacia Hiro sobre quién me habría robado el billete. El momento en el que se presentó como Sohma fue muy conveniente para él como para ser pura coincidencia. Y yo realmente no tenía ninguna obligación de mantener su secreto, pero aún así lo hice, y solo ahora me encontraba a preguntarme por qué. No solo por qué lo hice, si no que por qué Hiro nunca me hizo esta misma pregunta.

Entonces me levanté de mi silla y fui a sentarme al lado de Hiro.
-¿Qué haces?- Preguntó él confundido mientras yo le abrazaba.
-No te preocupes, yo estaré contigo hasta cuando lo necesites.-
-...- Las mejillas de Hiro comenzaron a tomar un color rojizo. -¿Y si te necesito cuando estés con Haru?- Dijo entonces bromeando para esconder su vergüenza.
-Tonto.- Le dije entonces dándole un ligero golpe en la cabeza.
-Ouch.- Se quejó poniendo ambas manos donde le había golpeado. -Total ya sé que hoy tienes una cita con él, me lo dijo Isumi ayer.-
-...Te has estado llevando bien con ella, veo.-
-No me cambies de tema.-
-No es una cita.- Dije entonces levantándome para volver a mi asiento.

Pero lo que había dicho Hiro era cierto, aquella tarde tenía planeado encontrarme con Haru, quería hablar con él de unas cuantas cosas y el día anterior le pedí a Isumi que le diera el permiso de alejarse de ella.
Está por demás decir que ella aceptó entusiasmada.

-Al menos déjame preguntarte una cosa.- Me dijo entonces seriamente.
-Dime.- Le respondí acomodándome en mi asiento.
-¿Qué es lo que te gusta de él?- En ese momento me sentí aliviada de no haber estado tomando el té; de haberlo hecho, Hiro estaría ahora empapado.
-¿Qué clase de pregunta es esa?- Le pregunté avergonzada.
-Es una pregunta. Ayer le hice la misma pregunta a Isumi sobre su prometido y supo responderme bien.-
-¡Pero él es su prometido!- Me quejé. -No es lo mismo que una simple atracción.-
-Así que admites que te atrae.-
-...- Mi cara no podía estar más roja. -Pues… sí, supongo.- Le decía intentando esconder mi rostro.
Y a Hiro parecía divertirle. -Pues entonces es incluso más fácil. No es como si lo conocieras desde hace mucho tiempo, tienes solo pocas cosas en qué pensar que pueden atraerte.-
-A mi me interesaría saber por qué te parece un tema tan interesante.-
-No evites la pregunta.-
-Eres increíble…- Suspiré rendida ante la inteligencia de éste niño y continué. -De hecho tienes razón, hay pocas cosas que nombrar si nos vamos por el lado superficial de la cuestión.-
-¿Qué quieres decir?-
-Que aunque te diga ‘me gustan sus ojos’ o ‘me gusta su rostro’, nada de eso sería la razón principal por la que me atrae.-
-¿Si te gusta su rostro no significa que te atrae por eso?-
-No exactamente. Eso significaría que me gusta físicamente, al igual que yo le gusto a él físicamente.-
-Y tú que estabas toda negativa sobre tus ojos achinados, mirate ahora aceptando que puedes gustarle a alguien.- Decía él divertido.
-Voy a pegarte.- Aunque tenía razón.
-Pues entonces cuéntame por qué te atrae.- Siguió insistiendo.
-La verdad es que no puedo darte una respuesta concreta. Pero si lo analizas, el hecho de que utilice el verbo ‘atraer’, ya dice mucho sobre de qué se trata. Porque al fin y al cabo, es como si hubiese algo en él que físicamente me lleva a querer estar a su lado, escuchar su voz, tocar su pelo, admirar sus ojos… algo que no se puede lograr si una persona te parece simplemente bella de apariencia. Haru podría tener los dientes torcidos, los ojos bizcos y la nariz grande que probablemente en mis ojos serían cosas que deseo ver todo el tiempo.- Y mientras terminaba de decir eso, me daba cuenta de lo vergonzoso que sonaba.
Sobretodo cuando Hiro apoyó su cabeza entre sus manos como un soñador. -¿Es eso a lo que llaman estar enamorados?- Decía en modo burlón.
-La verdad es que no lo sé.- Pero decidí contestarle seriamente. -Ayer Isumi me dijo que el amor no es algo que nace de un día para otro, sino que es algo se que va desarrollando en una determinada relación. Creo que sus palabras no se alejan de la verdad.-
-Hmm, ya veo.- Hiro bajó los brazos y tras un largo suspiro, volvió a la seriedad de antes. -Entonces supongo que está bien.-
-¿Hm? ¿El qué está bien?- Le pregunté confundida.
-Que vayas con Haru, no creo que pueda pasarte nada malo si estás con él.-
-¿Qué significa eso? Pareces un padre que debe entregar a su hija o algo.
-No seré tu padre, pero soy tu hermano ¿verdad?- Dijo sonriendo maliciosamente.
Le devolví la sonrisa. -Pues, supongo que sí.-
-Me debes un amanecer entonces.-
-Mientras que no me despiertes mañana a las cuatro de la mañana con tu despertador, tal vez me lo piense.-

-----


Aquella tarde, Hiro decidió ser el guardaespaldas de Isumi mientras Haru estaba ausente. Por lo tanto nos dirigimos juntos a la suite de la joven.
Cuando salió a recibirnos, me indicó la habitación de Haru y me invitó a pasar.

-Ah, no se preocupe, lo espero aquí afuera.-
-Nonsense.- Respondió Isumi. -Los que saldremos seremos Hiro y yo, así serán libres de hacer el ruido que quieran.- Dijo guiñandome el ojo y no pude evitar sonrojar al instante como un tomate.
-¡No necesitamos hacer ruido!- Exclamé exaltada pero avergonzada. -Solo vamos a hablar.-
-Ajá, yup, totalmente.- Decía ella mientras asentía continuamente con la cabeza. -Estoy segura que no habrán gritos.-
-No habrán gritos.- Le confirmé.
-Entonces ¿vamos Hiro?- Le preguntó extendiéndome la mano.
-M’lady.- Le respondió él levantando su brazo para escoltarla fuera de la habitación.
-Pe… pero… no es… necesario.- Dije en vano mientras los dos caminaban por la puerta dejándome sola en aquella habitación.
No tenía más opción que hacer lo que Isumi me había propuesto.
-Esa debe ser la puerta…- Pensé mientras me dirigía hacia la habitación que Isumi había señalado antes. Pero cuando intenté tocar la puerta, se abrió al improviso y allí se encontraba Haru a recibirme.
-Buenas tardes.- Me saludó él con la misma expresión impasible de siempre.
-Buenas tardes.- Le devolví el saludo, sonriendo.
-Pasa, por favor.- Y antes de que pudiera decirle que estaba bien si salíamos, Haru me invitó a entrar.

Su habitación no era tan grandiosa como la de Isumi, pero seguramente era mucho más grande que la mía. No solo la mía del barco, si no también la de mi casa. La cama contra la pared era tan grande que cubría la mayor parte del espacio. Del otro lado había un sofá para una persona y en el centro una mesa pequeña de madera con dos sillas. A diferencia de Isumi que había decorado casi toda la suite con cuadros y demás cosas, la habitación de Haru reflejaba total simpleza.
-Siéntate donde quieras.-
-Gracias.- Le respondí y decidí tomar asiento en una de las dos sillas.
-Debí imaginarme que te sentarías allí.- Dijo él acercándose hacia mi y poniendo una mano en la mesa.
-¿Haru?- Lo miré sorprendida al tenerlo tan cerca de repente.
-Esperaba que te sentaras en la cama.- Declaró entonces maliciosamente.
-¿De qué hablas? No puedo hacer algo como eso.- Le respondí esquivando la intensa mirada de sus ojos.
-Lo sé, estaba bromeando.- Y entonces Haru se alejó de mí y se sentó en la silla que estaba libre.
-No sabía que eras de hacer éste tipo de bromas…- Le comenté aun avergonzada y sin mirarle directamente a la cara.
-La verdad es que yo tampoco.- Respondió él posando su mentón en su mano mientras me observaba atentamente. -Tú me haces comportarme de modos inesperados.-
-¿O sea que es mi culpa?- Le pregunté fingiendo estar ofendida.
-No la llamaría ‘culpa’. Pero seguramente eres la causa.- Y él me tomó totalmente en serio respondiendo sinceramente.
-Pues… no es algo que haga apropósito.- Dije y volví a evitar su mirada.
-¿Sabes? Desde esos acontecimientos de mi infancia, he tenido terror de acercarme a las mujeres íntimamente. Después de haber visto lo que el hombre es capaz de hacer con una mujer débil e indefensa, pensé que no quería convertirme en eso. Pero más lo reprimía, y más me hacía daño. Inicialmente no podía ni acercarme a Isumi sin imaginarme lo que podría hacerle si solo lo quisiera. Obviamente, nunca tuve esos deseos con ella, pero los primeros tiempos estuvieron llenos de pensamientos como ese. Lo que podría hacer con ella y con Nui, solo porque ellas eran mujeres y yo un hombre.-
-Después de una experiencia como la tuya, es entendible que tuvieras ese tipo de pensamientos.-
-Es lo mismo que decía Isumi, por eso intentaba de todas maneras acercarse a mí y alejar esos pensamientos tan horribles. Poco a poco comencé a acostumbrarme a su presencia, al hecho de que antes de ser mujer era mi amiga, mi familia. Ella misma me fue mostrando que las mujeres también pueden ser fuertes si es necesario. Hasta me hicieron asistir a un parto.-
-¡¿Enserio?!- Le pregunté sorprendida.
-Sí, y debo decir que fue uno de los momentos que más lograron cambiar mis pensamientos sobre las mujeres. La fuerza que tuvo aquella mujer para dar a luz a su bebé, y la felicidad en sus ojos cuando lo tuvo finalmente en sus brazos, es algo que no olvidaré en mi vida.-
-Isumi está realmente llena de recursos.-
-Lo está. ¿Recuerdas cuando nos conocimos? La persona que te había escuchado tocar el piano había sido yo, y reconocí tu técnica de otra vez en la que te escuché en una fiesta. Isumi decidió esconder ese hecho para que no solo yo me acercara a ti, si no toda la familia.-
-¿Eh? ¿Por qué?-
-Porque de esa manera habría sido más fácil para mi verte.-
-Espera, entonces esa vez que toqué en una fiesta, ¿no solo recordabas la técnica sino también mi rostro?-
-Así es.- Declaró él como si nada. -Pero decir que me enamoré de ti esa vez estaría mintiendo.-
-Oh…- Por alguna razón me sentí algo decepcionada al escuchar esas palabras.
-Lo siento, la historia no es tan romántica como uno se la esperaría.-
-Oh, no no. No me esperaba nada.- Dije nerviosamente mientras negaba con mis manos.
Haru sonrió. -En ese momento solo te vi de lejos. No me enamoré, pero nunca olvidé tu largo cabello negro y liso que parecía hecho de seda. Fue algo que no había visto nunca en mi vida y quedé totalmente impresionado. Por eso luego de escucharte nuevamente, al ver tu cabello supe enseguida que eras tu.-
-He mantenido mi cabello así de largo casi toda la vida. Mi padre siempre me ha dicho que me quedaba muy bien y que las demás mujeres podían solo envidiarme. Obviamente era su modo de hacerme sentir mejor cuando me encontraba con niñas racistas en la escuela, pero aun así siempre me hizo bien recibir cumplidos sobre mi cabello. Así que gracias.-
-Rin.- Haru llamó mi atención obligándome a mirarle a los ojos. -Aquella vez fui cautivado solamente por tu cabello porque fue lo único que pude ver a la distancia. Pero cuando volví a verte aquí, fui cautivado por todo lo que de lejos no pude ver. Me pareciste hermosa desde la primera vez que cruzamos miradas.-
-Haru…-
-Y ya no tengo miedo.- Diciendo eso, Haru posó su mano derecha en mi mejilla y comenzó a acercarse hacia mi. Su rostro se encontraba a pocos centímetros del mío, y tras susurrar “Perdón por haberte hecho esperar tanto.” juntó sus labios con los míos robandome así mi primer beso.

Beso que poco a poco comenzó a volverse más y más intenso. Nos hizo levantarnos de las sillas y dirigirnos hacia la cama. Haru estando encima de mi, me acorraló entre sus brazos.
Por un momento estuvo mirándome fijamente a los ojos.
Y entonces hice voz a mi preocupación.
-Haru ¿estás seguro?-
En respuesta, Haru me mostró una sonrisa tan gentil que hizo desaparecer todas las dudas que había tenido hasta el momento y volvió a besarme.

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Había llegado la hora de la cena y Haru y yo nos apresuramos a prepararnos en su habitación antes de salir.

-Necesito encontrar a Hiro antes de la cena.- Le dije mientras me vestía.
-Seguro ha estado con Isumi todo el rato, no me sorprendería que los haya invitado a cenar de nuevo.-
-Estaba pensando exactamente lo mismo. Me pregunto cómo es que llegaron a llevarse tan bien.-
-Es un misterio incluso para mi que estoy todo el día con ella.-

Pero cuando llegamos al comedor de primera clase, Isumi estaba sola.

Como Haru había previsto, yo estaba invitada a la cena, a pesar de no estar vestida con ropa adecuada a la ocasión.
Una vez terminada la cena, Isumi, Haru y yo nos dirigimos hacia el vestíbulo y no pude esperar más a preguntar. -Isumi ¿Donde está Hiro?-
-Oh, ¿no lo vieron cuando salieron de la habitación?- Pero Isumi nos hizo una pregunta incluso más rara.
-No… ¿por qué?- Le pregunté confundida.
-Hiro se fue a dormir muy temprano hoy. Dijo que mañana se despertaría a las cuatro de la mañana y que por eso necesitaba reposar. Pero no quería dejarlo solo en su habitación tan temprano por la noche así que le dije que durmiera en la suite. ¿Tal vez se haya metido en algún rincón y no lo han visto? Es tan pequeño ese niño…-
-Hiro se despierta todos los días con un despertador al que no le ha cambiado nunca la hora desde que partimos.- Sentí la necesidad de aclarar la situación. -Es por eso que todos los días se despierta más o menos una hora antes del día anterior. Pero nunca me había dado cuenta que también se iba a dormir más temprano.-
-Ayer, después de lo que sucedió, me pidió que lo acompañara a su habitación porque ya se había pasado su hora de ir a dormir y no quería alterar su ritmo.- Agregó Isumi.
-...- Era la primera vez que me ponía seriamente a pensar en lo que eso podría significar. -¿No es raro que quiera mantener su rutina de manera tan compulsiva?- Les pregunté a los dos, pero a diferencia de Isumi y su expresión que daba a entender que no sabía nada al respecto, Haru evitó mi mirada. -Haru… tú sabes algo al respecto ¿no es así?- Y entonces finalmente lo encaré.
-Sé algo, pero Hiro me ha hecho prometer que no te dijera nada, pues según él no es nada grave.-
-Entiendo que no me quiera decir nada, es un niño muy reservado y no le gusta hacer preocupar a la gente. Pero sinceramente me preocupa más el no saber.- Hice una pausa que me ayudó a recordar la condición en la que estaba. -Además, soy su hermana, tengo derecho a saber.-
Haru suspiró rendido ante mi discurso. -De acuerdo, pero no le digas a él que lo sabes, se pondría paranoico.-
-Está bien.- Acepté sus condiciones y tras sentarnos en los sillones, Haru comenzó a explicar lo que sabía.
-Hiro sufre de una enfermedad llamada Narcolepsia.-
-¿Narcolepsia?-
-He escuchado sobre eso.- Interrumpió Isumi. -Es algo que tiene que ver con la privación del sueño, ¿no?-
-Sí, algo así. La narcolepsia es una condición por la cual una persona, en casos extremos, puede llegar a dormirse en cualquier momento del día y en pocos segundos.-
-Como lo que sucedió aquella vez.-
-Exacto. Esa vez el doctor tenía sus dudas pues no es una enfermedad muy común. Fue por eso que quiso esperar a que se despertara para preguntarle directamente. Cuando despertó, Hiro se lo confirmó.-
-¿Y eso tiene que ver con lo del despertador?-
-Según el doctor, no hay modo de curarlo, pero sí hay una manera de controlarlo. Hiro debe seguir una rutina muy rígida de sueño. Debe irse a dormir todos los días a la misma hora y despertarse a la misma hora. Su cuerpo debe acostumbrarse a las mismas horas de sueño de siempre, y así será más probable evitar esos episodios de sueño improviso o incluso alucinaciones.-
-Ayer fue a dormir más tarde, y esta mañana se despertó tras una pesadilla. ¿Habrá sido una alucinación?-
-Es probable.-
-...- Eso era lo que me había estado escondiendo todo este tiempo. -No es una enfermedad que puede tomar su vida ¿verdad?-

En el momento que terminé de pronunciar esa pregunta, escuchamos un ruido que duró unos segundos acompañado de un temblor.

Nos miramos entre nosotros.
-¿Qué demonios fue eso?- La primera en hablar fue Isumi quien no se guardó las palabras.
-No tengo idea.- Le respondió Haru confundido al igual que ella.

Sin pensarlo dos veces salimos afuera, llegamos hasta la proa del barco y vimos pedazos de hielo en el piso.
Haru se acercó al borde del barco y miró hacia el lado opuesto del que estaba yendo.

Cuando volvió con nosotras, se acercó y habló en voz baja. -Estaba bastante alejado ya, pero logré entrever algo gigante de color claro a la distancia.-
-¿Iceberg?- Preguntó Isumi incrédula.
-No hay otra explicación para estos pedazos de hielo.
-...Voy a buscar a Hiro.- Sin esperar a que descubramos por nuestra cuenta que había sido ese ruido, salí del lugar y me dirigí hacia la suite de Isumi.
Sin decir nada, ellos dos me siguieron.

Mientras caminábamos por los pasillos, Isumi fue la primera en volver a hablar.
-Tengo que avisarle a mi hermana.- Dijo con preocupación en su voz.
-Avisarle… ¿qué vas a avisarle?- No pude evitar preguntarle.
-...supongo que le diré que se vista con la ropa más abrigada que tenga.-

Cuando llegamos a la suite de Isumi, ella procedió a contactar a su familia y a sus criadas. Haru y yo nos ocupamos de buscar a Hiro.

-No está… no está por ningún lado.- Desesperada lo buscaba hasta en los rincones más remotos de la suite. -¡¿Cómo puede ser que no esté?!-
-Cálmate.- Haru me agarró de los hombros y me miró a los ojos. -Tiene que estar en algún lado del barco, solo hay que buscarlo.-
-¿Vamos a recorrer todo el barco para buscarlo?- Intenté preguntarle de la manera más calmada posible.
-Mientras tanto vamos a tu habitación, tal vez esté ahí.-
-No, Haru tú debes quedarte con Isumi. Eres su guardaespaldas.-
-Rin, te agradezco por tu preocupación, pero ésto es más urgente. Llévate a Haru contigo y asegúrense de que Hiro esté bien.-
-De acuerdo, gracias Isumi.-

Tal y como nos había ordenado, con Haru fuimos directos a la cubierta E, o eso fue lo que quisimos hacer por lo menos.

-Disculpe ¿cómo es que no se pueden usar más los ascensores?-
El encargado me miró con una expresión confundida, luego miró a Haru y se confundió aún más. -¿Qué debe hacer usted en la cubierta E? Debería apresurarse a subirse a uno de los botes salvavidas.-
-Lo que debo hacer en la cubierta E es asunto mío, ¿ahora puede llevarnos sí o no?-
-Lo siento pero son órdenes…- Sin siquiera dejarlo terminar de hablar me alejé del lugar y comencé a bajar por las escaleras.
Cuando llegamos a la cubierta E, el agua cubría nuestros pies hasta llegar casi a las rodillas.
-¡Hiro!- Exclamé dirigiéndome de la manera más veloz posible hacia nuestra habitación.
Haru, quien lograba ir más rápido que yo, me superó y comenzó a pedirme direcciones.
-La habitación número 22, a la derecha.-

Cuando llegamos a la habitación, Haru tuvo que utilizar la fuerza para abrirla debido a la presión del agua. Y una vez abierta, me apuré a entrar.
-¡Hiro!- Exclamé sin haber aún confirmado su presencia. La cabina era pequeña, con solo dos camas. Nuestras maletas estaban allí, pero no había rastros de Hiro.
-...no está.-
-...- Haru entró en la habitación y comenzó a rebuscar entre los objetos del niño.
-¿Qué haces?-
-Hiro debe estar durmiendo en algún lado, de eso no hay duda. Pero si está durmiendo debió de haberse llevado el despertador. Si el despertador está aquí significa que se durmió accidentalmente en algún lado.-
-Es cierto.- Perpleja por lo que había apenas oído, comencé a buscar yo también, pero finalmente no logramos encontrar nada.
-Se lo llevó, en algún momento durante la cena vino a buscarlo y se lo llevó para dormir a otro lado.- Dijo él mientras intentaba pensar en otra teoría.
-¿Pero donde pudo haberse ido a dormir? La única otra opción era la suite de Isumi, pero revolvimos todo ese lugar y no encontramos a nadie.-
-Eso es lo extraño.-
-No estará… ¿en el hospital?-
-Si la cubierta E está en estas condiciones, no falta mucho para que el agua llegue a la D. Hay que apresurarnos.-

Enseguida salimos de la habitación y el agua ya estaba por llegarnos al vientre.
Mis dientes comenzaron a temblar incontrolados mientras caminaba, Haru tomó mi mano y comenzó a caminar más rápido y a arrastrarme con él para que pudiera seguir el paso.
Llegamos a las escaleras y con dificultad debida al peso que teníamos de más en nuestras ropas por culpa del agua, comenzamos a subir nuevamente.
Llegamos a un pasillo que girando hacia la derecha nos llevaría directos al hospital, pero Haru dobló hacia la izquierda.
-¿Qué haces?-
-Voy al hospital, ¿qué haces tú?-
-¡El hospital está de este lado!-
-Se llega más rápido yendo por aquí.-
-¡Que no! ¡Hay que ir por este lado!- Sin tiempo de quedarme a discutir, proseguí por el camino que había escogido y Haru se vio obligado a seguirme.
Llegamos al final del pasillo y no había hospital a la vista. Me quedé paralizada de miedo.
-¡Rin!- Haru gritó y me agarró fuerte de la muñeca, cuando comenzó a correr hacia el lado opuesto, volví en mí.
-Lo siento… ya no reconozco ni el barco.-
-No te preocupes.- Diciendo solo eso, Haru siguió corriendo.

Pero cuando llegamos al hospital no había nadie allí.

-No de nuevo…- Caí de rodillas rendida ante la situación. Si no se encontraba en ninguno de estos tres lugares, no había otro lugar en donde podría estar durmiendo.
-Rin, no es el momento de rendirse. También existe la posibilidad de que haya caído dormido con el despertador en mano y alguien lo haya encontrado y llevado a salvo.-
-Cierto… ¡Cierto!- Con la poca fuerza que tenía volví a ponerme de pie. -Hay que preguntarles a los oficiales de la tripulación.-

Teniendo un nuevo objetivo, Haru y yo nos dirigimos nuevamente a la cubierta A, en donde había cada vez menos gente adentro y más afuera.

Enseguida fuimos a buscar a cualquier miembro de la tripulación que pudiéramos encontrar, y el primero que vimos nos entregó unos chalecos salvavidas y salió corriendo sin escuchar una palabra de lo que decíamos.

-Ésto va a ser difícil.- Sentenció Haru, pero yo no tenía intención de rendirme solo con el primero.

Estuvimos lo que pareció ser una eternidad, preguntando sea a oficiales de la tripulación que a gente común si habían visto o sabido de un niño desmayado, pero nadie sabía nada.

Fuimos hacia afuera a ver si por casualidad lográbamos localizarlo en uno de los botes, sólo para encontrarnos con que ya no quedaban muchos.

-Haru…- No sabía qué decir, ni qué hacer. Nos habíamos quedado sin opciones y lo único que quedaba era esperar que ya estuviera a salvo…
Pero no era así se sencillo.

-Rin, súbete a uno de los botes. Están gritando que le dan prioridad a mujeres y niños, debes aprovecharlo.-
-¿Y qué harás tú?-
-Seguiré buscando hasta lo último.-
-No… no digas eso… y si no lo logras, los pierdo a los dos… no puedo permitirme eso, no, absolutamente no.- Hablaba con voz temblorosa debido al miedo y al frío.
-Rin, confía en mí.- Haru me miró a los ojos, con esa sinceridad a la que me era imposible decirle que no.
Pero tampoco era capaz de decirle que sí.
-Lo siento…- Y cuando pronuncié esas palabras, Haru comenzó a gritar.
-¡Hay una mujer aquí! ¡Dejen pasar por favor!- Mientras me empujaba contra mi voluntad hacia uno de los botes.
-¡NO! ¡HARU, NO!- Pero era en vano, su fuerza era mayor que la mía y eventualmente llegué hasta donde se encontraba el bote.

Fue entonces que escuchamos a un hombre gritar con todos sus pulmones para hacerse escuchar.

“¡HAY ALGUIEN ENCERRADO EN UNA SUIIIITE!”

Eso fue lo único que necesitaba para salir de inmediato de allí.

-¡Rin! ¡¿A dónde vas?!- Gritó Haru en vano y comenzó a seguirme.

Corrí a toda velocidad hasta dónde se encontraban las suites de primera clase.

-¡Hiro! ¡¿Hiro estás por ahí?!-
Continué a gritar su nombre por todos los pasillos hasta que lo escuché.

-¡RIIIIIIIIN!-

Su voz provenía de la suite enfrente de la de Isumi. No podía creerlo.

-¡Hiro! ¡¿Qué haces ahí?!- Le grité desesperada por el otro lado de la puerta.
-¡Entré en la habitación equivocada! ¡Tenía sueño y no me di cuenta!-
-¡TONTOOO!- Quería regañarle pero no podía evitar las lágrimas que derramaba por haberle finalmente encontrado.
-¡Rin!- Entonces Haru llegó al lugar. -¿Hiro está ahí adentro?-
-¡Sí cabeza de canas!- Le respondió el niño educado en mi lugar. -¡Los idiotas de la tripulación cerraron las puertas de las suites!-
-¿Qué?- Enseguida fui a comprobar que lo que decía era cierto, y efectivamente la de Isumi también estaba cerrada con llave. -¿Cómo haces para saber eso?- Le pregunté confundida.
-Pues obvio no van a cerrar solo la habitación dónde estaba yo. Seguro lo hicieron para evitar robos.-
-¡¿Qué?!- No podía creer lo que escuchaba. Las personas intentando salvarse la vida y éstos que pensaban que si alguien roba algo es peor a que termine en el océano.
-¡Tienes que sacarme de aquí, no hay tiempo!-
-Hiro, aléjate de la puerta.- Al decir eso, Haru se alejó a su vez y, haciendo carrera con el poco espacio disponible, comenzó a golpear la puerta con todo su cuerpo.
-¡Te vas a hacer daño!- Me quejé al ver que la puerta no se había movido ni un centímetro.
-Pues entonces ve a buscar al tipo que cerró con llave las habitaciones.-
Sin hacérmelo decir dos veces, me alejé del lugar en búsqueda de aquella persona.

...Pero sin suerte.

Estaba apunto de volver al pasillo dónde se encontraban las suites cuando de repente aparecieron Hiro y Haru enfrente mio.

-Lo… lo lograste.- Dije abrazando con toda mi fuerza a Hiro.
-Si… pero creo que necesitaré un poco de hielo.-
-Creo que lo que necesitarás es fuego dentro de poco.- Bromeó Hiro, aunque dada la situación no podía estar más en lo cierto.

Nos dirigimos hacia afuera con la esperanza de que aún hubieran botes, pero solo quedaba uno y estaba por bajar.

-¡Un momento por favor!- Grité antes de que pudieran bajarlo. -¡Tenemos a un niño!-
Sabía que si escuchaban la palabra niño, se voltearían enseguida. Y entonces Hiro y Haru se acercaron hacia el bote. -¿Es su hijo?- Preguntó confundido el oficial, claramente por nuestra joven edad.
-No, él es mi… es su hermano.- Dije entonces mirando a Haru quien no creía lo que había dicho. -Es la única familia que tiene.-
-De acuerdo, de acuerdo, suban al bote.- Dijo apresurado el oficial y comenzaron rápidamente a bajar el bote.
Pero la velocidad con la que lo estaban haciendo era equivocada. El bote se balanceaba de manera peligrosa de un lado para otro debido a que no lo bajaban de los dos lados al mismo tiempo. Fue entonces que alguien decidió cortar las cuerdas que lo sostenían antes de que el barco pudiera terminar de hundirse llevándose al bote y a toda la gente con él.
Pero el momento en el que una de las cuerdas fue cortada, el bote se balanceó tan fuerte que algunas personas no pudieron mantener el equilibrio y terminaron cayendo al agua.

Entre esas personas, me encontraba yo.

Lo último que logré escuchar fueron las voces de Hiro y Haru que me llamaban por mi apodo.

-----

Cuando desperté nos encontrábamos en un barco. No era el Titanic, obviamente.
Alrededor mío estaba lleno de gente, pero no lograba verles bien las caras pues el sol no había del todo salido.

Me levanté y me di cuenta que tenía una manta encima mío. Miré hacia el horizonte y todos los ruidos desaparecieron a mi alrededor.
Me parecía imposible de creer, pero el amanecer de un nuevo día había llegado.
Y lo único que deseé en ese momento, fue poder admirarlo con esa persona.


« Last Edit: December 10, 2017, 05:16:26 PM by Isumi »


そばにいると
知らず知らず笑顔になれるの



Mery

NECESITARÍA UN MILAGRO DE NAVIDAD, LA ROSA DE GUADALUPE Y SANGRE VIRGEN PARA LOGRARLO BUT AT LEAST I TRIED.
Btw, leo sus finales y lloro ;;





La mañana siguiente se desarrolló con más calma de la que Alice imaginó. Aún sentía que la disputa con Rika representaba un serio problema, pero hablar con Gareki y Nai le había hecho bien. Cuando Jaehee la despertó, ésta le informó que Coran había mandado decirle que la esperaría en el comedor para desayunar en compañía de unos amigos. Ésa sería la primera vez que se reuniría con otra familia aristócrata, así que Jaehee se esmeró en buscarle un bonito atuendo y hacerla llegar al punto de encuentro tan pronto como fue posible.

Una vez allí, Alice buscó a Coran entre las mesas y lo halló con otras tres personas haciéndole compañía. Al verla, su tío se puso de pie para invitarla a unirse a ellos.

“Amigos míos,” anunció Coran con una gran sonrisa “quiero presentarles a mi queridísima sobrina, la Srta. Mery Baskerville." Colocó una mano sobre el hombro de la menor y la estrujó un poco. “Mery, ellos son los Eusford: mi viejo amigo, Alexander Eusford, su esposa Edith y su hijo Crowley.”

El primero de ellos era un hombre pelirrojo, grande y algo robusto, contemporáneo a Coran, que le besó la mano como muestra de respeto; su esposa, aunque alta también, poseía rasgos más suaves y una sonrisa dulce, ella estrechó su mano firmemente. El último de ellos, Crowley, era tan pelirrojo como su padre y sus ojos eran del mismo tono azul que los de su madre, Alice no sabía cuántos años tenía, pero por su aspecto –y el tamaño de sus músculos– dedujo que debía tener entre veinticuatro o veinticinco años.

“Un placer.” Dijo Alice ofreciéndole su mano, la cual él tomó delicadamente y besó sin dejar de verla a los ojos.
“El placer es todo mío.” Respondió obsequiándole una sonrisa.

Alice asintió, agradeciendo mentalmente que Jaehee le hubiese escogido unos guantes ligeramente más gruesos hoy y esperaba que el rubor en sus mejillas no se extendiera hasta su cuello o el contraste que tendría con su vestido blanco se haría muy evidente. Debía acostumbrarse pronto al modo en que se saludaban en la alta sociedad.

En los siguientes minutos, Alice aprendió un poco más sobre los Eusford, como el hecho de que provenían de Escocia y que conocían a Coran desde hacía varias décadas, de hecho, por lo mismo lo habían elegido como padrino de su hijo Crowley.

“Crowley, no sé si ya lo he mencionado, pero has crecido mucho, hijo, se te ve muy saludable.”
El joven rió. “Sí lo ha hecho, pero aprecio el comentario.”

(No sería hasta cuando terminaran de comer que Alice vería con sus propios ojos qué tan alto era Crowley. Un metro con noventa centímetros bien distribuidos.)

Coran se veía notablemente contento de poder hablar con la pareja, parecían estar poniéndose al día con los eventos más resaltantes en los últimos años y reían a gusto entre ellos, Crowley intervenía en ocasiones más puntuales, sin desear interrumpir a sus padres.

“No los había visto tan animados en mucho tiempo.” Le comentó el pelirrojo en voz baja. “Me alegra que sea así.”
“Estoy totalmente de acuerdo.” Ayer Coran se veía consternado por el modo en que terminó la cena, pero aquella mañana era otro y ella no podía estar más aliviada.
“¿Y qué hay de usted?” Preguntó luego. “¿La trata bien el Titanic?”
“Increíblemente.” Dijo, obviando por supuesto el desastre con Rika. “Hasta el momento lo estoy disfrutando, han sabido equiparlo bien.”
“¿Ha visitado ya el gimnasio o los baños turcos? Son una maravilla.”
“Aún no, pero ya que lo menciona, estarán en mi lista, Sr. Eusford.”
“El Sr. Eusford es mi padre, a mí llámeme Crowley, se lo agradecería.” Pidió con una sonrisa amistosa.
“Sr. Crowley entonces,” asintió Alice “me ha parecido notar que se encuentra muy animado por llegar a Nueva York, ¿me equivoco?”
“Para nada, señorita, es exactamente así.” Le confirmó. “Mi padre espera firmar un trato importante allí y aquello podría ser decisivo para nuestros negocios.”
“Suena bastante prometedor, les deseo la mejor de las suertes.”
“Gracias.”

Al terminar el desayuno, Alice podía afirmar con satisfacción que todo se había llevado en orden. Los Eusford seguían encantados con la presencia de Coran y se estaban llevando una buena impresión de ella, por lo que no había arruinado el apellido de los Baskerville y eso lo consideraba un triunfo. Los escoceses se retiraron a recorrer la cubierta y Coran le dijo que era libre de ir por donde le plazca.




Naturalmente, Alice optó por volver a su habitación. Debía reconocer que antes de escuchar a Nai no se había detenido a pensar en lo que Alisha pudiese tener por decir, o que si quiera ella quisiera hablarle, teniendo en cuenta que Alice había dejado claro que no necesitaba a ningún Diphda. Con lo bien que se había portado Alisha, eso había sido injusto para con ella.

(Pedazo de amiga, ¿cierto?)

Mery, que aún estaba inconsciente en Londres, seguramente no aprobaría su comportamiento ni el trato que le había dado a su mejor amiga. Después de meditarlo, Alice le pidió a Jaehee que le enviara un mensaje a Alisha de su parte.
 



“Buenos días.”
Alice asintió. “Toma asiento, por favor.”

Jaehee había regresado a la sala de estar en su suite en compañía de Alisha y la criada de ésta en cuestión de minutos, Alice lo tomó como una buena señal. Lo mejor era actuar pronto.

“Debo confesar que no esperaba que me llamaras.” Alisha sonaba precavida.
“No quería dejar la cosas así, especialmente no contigo, Alisha.”
La rubia se tomó un momento para sonreír tímidamente. “Lo supuse y por eso mismo pensaba ser yo quien te buscara, no eres tú quien está en falta.”
“Lo sé, pero yo no te di oportunidad de hablar anoche y me disculpo por eso.”
Alisha negó. “No es necesario, entiendo que no fue fácil luego de lo que tuviste que escuchar.”
“Aún deseo seguir siendo tu amiga.” Dijo, quizás muy pronto, sosteniendo sus manos sobre su regazo con aprehensión.
“Sabes, Mery,” Alice podía notar una sonrisa en su tono de voz “si dejase que algo como esto arruine nuestra amistad, ¿qué clase de persona sería?”

En su mente, Alice recordó la voz de Nai. «Ella fue amable contigo» le había dicho, «dale una oportunidad».
¿Cómo había podido ponerlo en duda por un momento?

Alice se rió de forma torpe. “Una muy diferente a ti.”
“Tú lo has dicho.”

Sólo la llevaba conociendo un día, quizás ni siquiera las veinticuatro horas completas, pero había algo auténtico en Alisha Diphda, algo que seguramente su hermana Mery había sabido reconocer y que ella misma empezaba a vislumbrar.

“Aunque no creo que pueda olvidar las palabras de tu prima.” Debió agregar.
“No te pediría algo así, querida. He hablado con ella y sabe que ha hecho mal, pero no pretendo que la perdones, menos aún tan pronto. Si deseas mantener tu distancia, estás en tu derecho.”
“Me alegra que lo entiendas.” Suspiró Alice.
“Ni lo menciones.”Alisha le restó importancia. “Pero dejando eso de lado, tengo una propuesta por hacerte.”
“¿Qué podría ser?”
“Me encontré con un amigo al que no había visto en mucho tiempo. ¿Te gustaría que te lo presentara?”
Alice confiaba en el juicio de Alisha y la idea sonaba inofensiva. “Sí, me encantaría conocer un amigo tuyo.”



-

Antes de que se marchara, Alice le pidió a Alisha que esperara a la hora del almuerzo para presentarle a esa persona, lo cual aceptó.

“¿Tú qué piensas, Jaehee? Le preguntó Alice estando dentro de su recámara. “Yo veía a Alisha más tranquila, pero me vendría bien otro punto de vista.”
“Se lo dije antes, señorita.” Dijo, desde su lugar frente al espejo mientras estilizaba una peluca idéntica a la que llevaba puesta Alice en ese momento. “Lo está llevando bien. Lo de anoche fue un suceso lamentable, no esperaba una conducta así proviniendo de la Srta. Rika, pero usted ha tomado una buena decisión al invitarla a hablar. La Srta. Alisha es de las jóvenes más correctas que haya visto.”
“Sí, te creo.” Rió. “Por cierto, ¿por qué arreglas la otra peluca? A penas es el segundo día.”
“Señorita, un inconveniente puede suceder en cualquier instante, sin ningún aviso.” Explicó Jaehee. “Así como le sugerí que se mantuviera alejara de la piscina y los niños pequeños para evitar algún accidente, también debo estar preparada por si éste sucede.”
“Es decir, ¿‘más vale prevenir que tener que lamentar’?”
“Justamente.”
“No he dicho nada entonces.”

Sin desear interrumpirla, Alice empezó a leer un libro hasta que fue una hora prudente para ir a encontrarse con Alisha, pero no había recibido ningún mensaje de parte de Coran hasta el momento y no sabía si éste ya tenía planes para reunirse con alguien, como se dio en la mañana.
 
"Voy a buscarlo." Decidió.
“¿Sabe dónde podría encontrarlo?” Le preguntó Jaehee.
“El barco aún está detenido en Queenstown, ¿cierto? Debe estar en una de las cubiertas.”
“La vista más óptima se da desde la cubierta A.”
“Iré allí primero.”




En efecto, encontró a Coran en la primera cubierta, tal como había sugerido Jaehee. El hombre observaba con palpable nostalgia el puerto de Queenstown, sus ojos estaban perdidos más allá de la multitud que se había reunido para ver al trasatlántico y el otro tanto de gente que seguía abordando. Era tal su inmersión, que Alice se preguntó si la ciudad natal de Coran estaría lo suficientemente cerca para que él pudiese vislumbrar algo de ella desde su actual posición.

Era fácil deducir que Coran estaba despidiéndose de su amada Irlanda a su propio modo. Habiendo abandonado su hogar y, quizás incluso, descuidando sus negocios para venir a impartirle unas cuantas clases de etiqueta y hacer de chaperón para ella, Alice no podía evitar sentirse culpable. Además, probablemente sería inapropiado interrumpirle en ese momento; su semblante era diferente al que ella estaba acostumbrada, se atrevía a pensar que se hallaba melancólico y quizás también triste. A pesar de ello, ir a comer con los demás por cuenta propia no era una opción, ella aún era muy joven para estar por su cuenta, más aún si estaría en compañía de algún varón, y tampoco no sería educado empezar sin él.

“¡Coran!”

El aludido apenas y se percató de su presencia al oír su voz, lo cual la preocupó un poco. “Pequeña, ¿cómo dije que debías dirigirte a mí?”
“Ah, cierto.” Alice agradeció que la mayoría que no había nadie lo suficientemente cerca para haberla escuchado. “Tío Coran,” corrigió ella con una sonrisa culpable “ya es hora de almorzar, ¿sabes? ¿Acaso no gustarías acompañarnos en la mesa?”
"¿Acompañarlos?”
Alice asintió con más ánimos. “Alisha me ha comentado que desea presentarme a un amigo suyo y yo pensé que no habría una mejor ocasión para ello que durante el almuerzo, contigo allí junto a nosotras." Le explicó. "Además, si hay algún vacío en la conversación, qué mejor que la comida para llenarlo, ¿cierto?”
Coran sonrió y dio un vistazo a la hora. “Ya tienes hambre, ¿verdad?” Dijo volviendo a utilizar su voz alegre, ante lo cual Alice no sabía si debía sentir alivio o no. "Disculpa por hacerte esperar, estaré en el comedor en un minuto. Dile a Alisha que pueden dirigirse allá."
Alice dudó en dejarlo solo. “¿Seguro que no prefieres que te espere?”
"No tardaré.” Le garantizó con una sonrisa. Sin más remedio, la muchacha se marchó.




Alice se quedó a los pies de la gran escalinata a la espera de ver a Alisha, rogando a los cielos no cruzarse con la prima de ésta en el tiempo que esto le tomara. Después de ver a Coran tan feliz esa mañana, descubrirlo melancólico ante la vista de Queenstown la dejó con dudas. No quería ser impertinente, pero en verdad deseaba serle de ayuda y precisamente no saber cómo hacerlo le dejaba un mal sabor de boca.

“¿Mery?”

Le tomó un largo momento registrar que le hablaban a ella, Alice giró su rostro en la dirección de la voz y divisó a Alisha a unos pasos de distancia.
Con un joven que la llevaba del brazo, notó un segundo después.

“Alisha, qué bueno encontrarte.” Dijo antes de mirar a su compañía.
“Él es Tadashi Hamada.” Alisha le dio una pequeña palmada al chico y éste sonrió.
“Alisha precisamente me estaba hablando de usted, Srta. Mery, es un gusto conocerla.”

Tadashi estiró una mano hacia ella y Alice se la estrechó de forma amistosa. Era uno de los pocos jóvenes varones que preferían un estrechón de manos y con eso, al menos para Alice, él ya se ganaba varios puntos.

“El gusto es mío.”
“¿Puedo escoltarla?” Pidió amablemente.
“¿A las dos?” Alice alzó ceja.
“Estaría honrado.” Sonrió y de alguna forma logro que ella también lo hiciera.
“Bueno, si usted insiste.” Dijo aceptando el otro brazo que le ofreció el joven.

La imagen era graciosa para Alice, con el chico notablemente más alto que ellas estando en medio y riendo mientras buscaban una mesa. Hasta entonces sólo Coran la había llevado del brazo y de alguna forma el gesto hacía que sintiera más confianza con Tadashi.

Eligieron una mesa y Alisha se sentó junto a Tadashi, que quedó frente a Alice, finalmente el lugar vacío al lado de ella correspondería a Coran cuando éste llegase.

“Dijo antes que Alisha le había hablado de mí, pero la verdad es yo no sé nada de usted.” Mencionó Alice.
“Una notable desventaja.” Aceptó él. “Podría empezar diciendo que me encontraba estudiando ingeniería en Cambridge.”
“¿Ingeniería?” Exclamó interesada. “¿Me diría en qué se especializó?”
“Ingeniería mecánica, señorita.” Dijo con una sonrisa orgullosa.
“Magnífico.” Alice se detuvo cuando un camarero les ofreció algo de beber y agradeció antes de continuar. “¿Y le gustó la carrera? ¿La recomienda?”
Tadashi rió un poco ante su curiosidad. “¿Sinceramente? Me fascinó, aunque no le negaré que a veces puede ser exigente, pero definitivamente se lo recomendaría a cualquiera que tenga vocación por la invención, las máquinas y no tenga demasiados problemas con los números.”
Alice asintió con una gran sonrisa. “Ya veo, qué interesante. Me alegro que disfrutara de sus estudios.”
“Es mi vida, realmente no me imagino en otro campo.” Confesó.

Alice se contuvo de hacer preguntas más específicas sobre su tiempo en Cambridge para evitar sonar muy insistente, pero se moría de ganas de indagar en más detalles: ¿Cuántos años toma terminar los estudios?, ¿cuántos cursos y ciclos tenían?, ¿qué tan grande es la universidad?, ¿cuánto costaba?, entre otras.

No era que ella en algún momento se hubiese interesado en ingeniería, pero Gareki lo había deseado desde su más tierna infancia. Era su sueño, pero se había visto obligado abandonarlo. Siendo huérfanos, ninguno de ellos contaba con educación básica de calidad y, aún cuando Gareki se hacía de cuanto libro estuviese a su alcance, sus conocimientos seguían siendo muy escasos.

«¿No hay alguien a quién siempre haya deseado ayudar?»

Claro que sí, y más de una persona, incluso.
Alice apretó los labios, debía concentrarse o terminaría echando todo por la borda y no lograría ayudar a nadie.

“Podría contarle más al respecto si le interesa.” Dijo de pronto Tadashi, dirigiéndole una sonrisa humilde.
Alice se sintió ruborizar en un santiamén. “No se moleste, por favor.”
(¿Se le había notado tanto en la cara?)
“No es problema, me gusta hablar de lo que me apasiona.”
“Eso puedo corroborarlo.” Agregó Alisha, logrando que ahora fuese Tadashi quien se sonrojara.
“Y a veces hablo más de la cuenta, como puede ver.” Trató de disimular riendo.
“¿Les importa si me uno, jóvenes?”

Alice casi se sintió mal del alivio que le causó la tardanza de Coran, pero con su llegada la conversación cambiaría de curso y eso era justo lo que necesitaba. Dicho y hecho, Tadashi se levantó en ese momento para presentarse y apretar la mano de Coran.

“Mucho gusto, Sr. Mi nombre es Tadashi Hamada.”
“Coran Wimbleton Baskerville, tío de la Srta. Mery aquí presente. El sentimiento es mutuo, joven Hamada.”

Cuando su grupo estuvo completo, la comida empezó a llegar y con ella también la disminución de las conversaciones. Pero mientras se cambiaban los platos, Coran aprovechaba para hacer preguntas.

“¿De dónde proviene usted, joven Hamada?”
“Mi familia reside en San Francisco, Sr. Wimbleton. Aunque mis padres son de descendencia japonesa.”
“Me lo imaginaba.” Rió de buena gana el mayor. “Estará ansioso de volver a su hogar.”
“Sin duda, hace mucho que no veo a mis padres y tengo muchos planes en mente ahora que he terminado mi carrera.”
“Espero que sólo haya triunfo en su futuro, joven Hamada.” Brindó Coran.
“¡Por el futuro!” Le siguieron los otros tres.

Ése fue, quizás, el almuerzo más agradable que tuvo en toda su estadía en el Titanic. Tadashi congeniaba bien con Coran y Alisha se veía feliz de haberle propuesto que los acompañara. Alice estaba segura de que había encontrado en él a un amigo y futura referencia si lograba convencer a su padre de ayudar a Gareki con sus estudios.

Antes de retirarse con un grupo de jóvenes, Tadashi se despidió de ellos haciendo una leve reverencia y le repitió a ‘Mery’ que podrían hablar en otra ocasión sobre las dudas que tuviese. Eventualmente, Alisha se excusó, tal vez para ir a ver a su prima, y los otros dos hicieron lo mismo.




Al volver a su habitación, Alice encontró un sobre encima de su cama, en él se encontraba la invitación a un evento que se daría a cabo esa misma noche, pero la idea no le resultó tan atractiva. Sin más qué hacer, la joven le indicó a Jaehee que irían al mismo lugar donde se habían visto con Gareki y Nai la noche anterior, con la esperanza de cruzárselos.

Cuando llegaron allí, Alice se arrepintió de no haber mandado llamar a Vanderwood, pues había mucha más gente paseando a esa hora. Sin embargo, mientras buscaba a sus amigos, logró divisar una cara conocida entre las mesas de la galería de pasajeros en la cubierta D.

“Srta. Mery, qué bueno encontrarla.” La saludó Crowley Eusford.
“Una agradable sorpresa, sí.” Aceptó ella.
“Permítame tomar esta oportunidad para presentarle a un amigo mío, el Vizconde Ferid Báthory de Simolin.”

Quien compartía la mesa con Crowley era un joven esbelto de una larga y hermosa cabellera platinada atada en una alta coleta. Ferid sonreía con cierto aire intrigante y sus ojos estaban fijos en ella.

“Aunque se trate sólo de un título de cortesía, yo prefiero no usarlo.” Aclaró el joven mientras Crowley soltaba una risa. “Es un placer, Srta. Mery Baskerville, ¿cierto?” Dijo ofreciendo estrechar su mano, lo que Alice aceptó enseguida.
“Correcto, Sr. Báthory, mucho gusto.”
“Llámeme Ferid.” Dijo éste a su vez. “Debo decir que he oído mucho sobre usted.” Añadió con voz melodiosa. (‘He oído de su accidente’ quiso decir.)
“Espero que sólo hayan sido cosas buenas.” Respondió ella siguiéndole la corriente.
“Ni mucho menos, querida.” Sonrió Ferid.
“No esperaba verla por aquí, ¿desea sentarse un momento con nosotros?” Ofreció Crowley cogiendo una silla para ella.
“Con gusto.” Alice no lo pensó demasiado y aceptó acompañarlos, no quería verse descortés frente al hijo de los Eusford; no cometería un error que con los Diphda.
“¿Te gusta pasear por todo el barco?” Continuó Crowley. “La mayoría sólo ronda por las cubiertas A y B.”
“Bueno, uno de los beneficios de primera clase es tener acceso a todas las áreas del barco, ¿verdad? Yo simplemente quiero sacarle provecho.”

Aquello pareció hacerles gracias, ya que ambos jóvenes se observaron entre sí y rieron suavemente.

“Excelente punto de vista, precisamente por ello estamos nosotros por aquí.”
“No se está uno tan ofuscado en segunda clase.” Comentó Ferid. “Aunque confieso que no encontrará mejor lugar para actuar con total libertad que en las áreas comunes de tercera clase.”
“Aún no he tenido oportunidad de ir para allá.” Alice recordó el comentario de Nai la noche anterior e hizo una nota mental al respecto.
“Le aconsejo entonces que si decide dar una vuelta que sea durante la noche.” Indicó el peliplata juntando sus manos sobre la mesa. “En el día es un poco más complicado no llamar la atención, pero pasada la hora de la cena la gente presta menos atención a las prendas que los demás traen encima.”
Alice asintió. “Lo mantendré en cuenta, Sr. Ferid, gracias.”
“No sé si mi padrino aprobaría que la incitemos a salir de noche, más aun tratándose de tercera clase, pero creo que es una experiencia que vale la pena.” Reflexionó Crowley. “Es más, si se anima a ir, podemos acompañarla, sería más fácil así.”
“Mandarla sola sería inapropiado, con lo pequeña que es.” Secundó Ferid sonriendo de lado. “Así que estoy de acuerdo.”
“Podría arreglármelas por mi cuenta,” dijo Alice evitando fruncir el cejo “pero admito que apreciaría la compañía.”
“Buena decisión.”
“Aunque no creo que desee ir hoy. Imagino que ha recibido su invitación para el baile de máscaras que se dará esta noche, ¿no es así, señorita?”
“En realidad...” Alice desvió los ojos. “No pensaba asistir.”
Los mayores la miraron sorprendidos. “¿Por qué?” Dijeron a la vez.
“Resulta que hay alguien con quien no quisiera cruzarme...” Reconoció.
La expresión de Crowley se volvió más seria. “¿Necesita ayuda con algo?”
“Podríamos intervenir.” Agregó Ferid con una sonrisa maliciosa.
Alice sintió que se le iba el color del rostro. “No no no, nada de eso, muchas gracias.”
“¿Entonces?”
“Es sólo que–” trató de explicar “no estaría a gusto en su presencia.”
“¿Lo suficiente como para privarla de asistir a un evento social como éste?” Intervino Ferid. “Bailes hay muchos, eso no lo niego, pero no con una temática como ésta y con la clase de invitados que se encuentran aquí. Pocas veces podrá reunir la variedad de figuras que se tiene hoy en el RMS Titanic, Srta. Mery, aún más porque juntarán a individuos de primera y segunda clase por igual.”
“Estoy de acuerdo.” Le siguió el más alto. “Quienes hoy pueden ser sólo desconocidos, mañana podrían volverse importantes figuras de la década o del siglo entero, por el bien de nuestras familias es importante que podamos codearnos con ellos ahora que tenemos la oportunidad.”
“Además, el punto de utilizar máscaras es que no se pueda identificar fácilmente a los presentes.”
“En...en eso tienen razón.”
“Sin mencionar que se divertirá.” Sonrió Crowley.
“Y si me permite añadir algo más.” Ferid se inclinó un poco hacia ella para tener su atención. “Si usted ha tenido un altercado con alguien, con más razón debe asistir. No le dé a esa persona la satisfacción de verla afectada. Preséntese, baile, beba, ríase, muéstrele que nada de lo que le hayan hecho o dicho significa un problema para usted.”

Crowley lanzó un largo silbido.

“Shush, Crowley.” Lo calló Ferid. “¿Lo entiende o aún sigue opinando lo mismo?”
Alice estaba asombrada por sus palabras. “Bueno, si lo dice de esa forma...”
“Es la verdad. Y por supuesto, no hay que descartar la posibilidad de que este conveniente evento pueda ser el llamado del amor tocando a su puerta, no se niegue a sí misma esta oportunidad.”
Y justo ahí murió su seriedad. “¿El qué?”
“El llamado del amor, mi pequeña amiga. Suena como algo muy cliché, pero no por ello imposible. Le recuerdo que éste es el barco de los sueños.” Canturreó el peliplata. “Sueñe.
“Yo no–”
“Es joven, pero en estos casos no hay límites o fronteras. Lo que me recuerda,” se detuvo momentáneamente “¿qué edad tiene?”
“Diecisiete.”
Maravilloso, está en la flor de su juventud, es un buen momento.”
“Ah... ¿de acuerdo?”
“No intente comprenderlo.” Le aconsejó Crowley. “Yo lo vengo conociendo desde que tenía ocho o diez años–”
“Nueve, para ser exactos.” Lo corrigió Ferid.
–nueve años y ya he perdido la fe.”
“Me ofendes, Crowley.” Rió Ferid. “Oh, pero aún recuerdo aquellos tiernos días cuando apenas nos conocimos.”
“Ferid, no.”

Alice vio la mirada de advertencia del pelirrojo y la sonrisa pícara que le envió el otro como respuesta.

“¿Eran muy diferentes?” Tanteó ella. “Tal vez no necesito–”
“Oh no, descuida.” La tranquilizó el peliplata. “Es una memoria graciosa e inofensiva. Verá, cuando éramos niños, el pequeño Crowley pasó una buena temporada creyendo yo era una niña.”
“¿Hmm?” Alice creyó no haber escuchado bien.
“Eso mismo, querida. Vamos, Crowley te lo puede explicar.”

Al girarse a verlo, Alice notó que las puntas de las orejas de Crowley estaban coloradas.

“En mi defensa diré que en ese entonces Ferid llevaba el cabello suelto y casi tan largo como ahora lo trae usted.” Farfulló.
“¡¡!!” Alice se cubrió la boca con las manos para evitar soltar ruidos indeseados.
“Descuida, querido, sé que cuando era un niño me veía sumamente encantador.” Se rió Ferid apoyando los codos en la mesa para así aguantar el peso de su cabeza sobre sus manos entrelazadas.
“Usabas ropa extraña.”
“Mi cultura es diferente.”
“¡Parecía que traías puesto un vestido!”
“Lo cual es gracioso, porque tú usabas un kilt y a pesar de ello yo sí sabía que eras varón.”
“No puedo creer que estemos teniendo esta conversación otra vez...” Se lamentó Crowley.
“Bueno, en el fondo no te culpo. Dejando de lado mi belleza excepcional, aunque me lo hubieses preguntado directamente para confirmarlo, no lo habría entendido dado que mi inglés en ese momento no era el mejor.”
“Pronunciabas tu nombre como ‘Feríde’, eso es femenino, si al menos hubiese sido ‘Fareed’...”
“Como dije, aún estaba aprendiendo.”

Alice no puedo contener una risita, recordándole a los dos que tenían compañía.

“Siento que he sido expuesto.” Se quejó Crowley.
“No llores, ya pasó.”
“Lo siento, no debí reírme.” Se disculpó Alice.
“No no, querida, ésa era la intención.”
“Y ahora me siento usado.” Aunque dijo eso, Crowley también terminó por reírse con ellos.
“Con temor de sonar atrevida...” Alice miró a Crowley y éste hizo un gesto para que continuara. “¿Cómo descubrió la verdad?”
“¿Se refiere usted al momento en que rompí su corazón?” Se burló Ferid alzando las cejas.
“Ok, suficiente, lo explico yo.” Tomó la palabra el pelirrojo. “La familia de Ferid visitaba Escocia por negocios y porque también buscaba comprar un terreno allí, por lo que venían cerca de dos veces al año y por pocas semanas. Mi familia por esos años aún era muy humilde, pero de buenos principios y de algún modo terminamos ofreciéndoles posada.”
“Por cierto, soy de Hungría.”
“Como decía, su estancia era corta así que no interactuábamos mucho, sólo cuando jugábamos, y yo simplemente asumí que él era una niña. Para abreviar las cosas, los Báthory dejaron de aparecer por varios años y cuando por fin volvieron, escuché con más atención la voz de Ferid y me di cuenta de que en realidad era hombre.”
“¿Acaso no fue por mis pantalones y figura varonil?”
“Ferid, sin ofender, eres un enclenque. Si no hubieses abierto la boca yo no me habría dado por enterado.”
“Aún está en negación.” Le susurró a Alice, ignorando su comentario.
“Es una bella historia.” Exclamó la menor.
“Y tengo muchas más, pero creo que ha sido suficiente para nuestro querido Crowley por un día.”
“¿Ferid? ¿Teniendo consideración por alguien? ¿Por mí?”
“¿Qué puedo decir? Hoy me siento dadivoso.”
“Me encantará oír el resto pronto, pero ahora mismo debo retirarme.” Anunció Alice.
“Oh, creo que nunca llegué a preguntarle si se dirigía a algún lugar en particular.” Recordó Crowley. “Lamento si la hemos atrasado.”
“No, sin cuidado. Pero creo que necesitaré tiempo parar elegir qué usar para la mascarada.”
“En ese caso no la detendremos.”
“Srta. Mery.” La llamó Ferid. “Si desea que esa persona no la reconozca, yo en su lugar cambiaría un poco mi apariencia. Usted sabe, usar colores más atrevidos o...” Ferid deliberadamente acarició un mechón de su cabello, dirigiéndole una sonrisa sigilosa “tal vez una peluca. Una oscura le quedaría bien, en mi opinión.”

Alice forzó una risa poniéndose de pie, convenciéndose así misma de que aquella oración no había insinuado nada.

“Tiene un buen ojo, Sr. Ferid. Creo que le haré caso.”
“Una sabia decisión.”
“Nos vemos en el baile.” Se despidió el pelirrojo.
“Hasta entonces.”




Gareki no era un amante del mar o de la brisa, pero desde su llegada al Titanic había descubierto que Nai sí lo era. Al menor le gustaba ir de proa a popa, encantado con cada ángulo diferente que pudiese encontrar y parecía no cansarse de ver el movimiento continuo de las olas rompiendo contra el barco. Incluso le gustaba estirar los brazos para sentir mejor el pasar del viento contra su cuerpo, por ello Gareki había optado por moverlos hasta los espacios reservados para tercera clase en vez de quedarse en segunda. Dios sabía que no necesitaban llamar más la atención de lo que de por sí ya lograban teniendo a Nai cubierto casi como una momia para que el sol no lastimara su piel.

En su opinión, Nai no había tenido suerte desde el inicio. Habiendo nacido con albinismo, las superioras en el orfanato dedujeron que esa fue la razón por la cual lo abandonaron siendo tan sólo un bebé. Su cabello, pestañas y cejas eran blancas cual nieve, mientras que su piel apenas poseía un tenue color rosáceo que le daba algo de vida a su imagen. Daba la impresión que todo el color que le faltaba a su piel se había ido directamente a sus pupilas, que eran rojo carmesí, lo que volvía a sus ojos su rasgo más resaltante. Era una suerte que su trastorno no le hubiese afectado la vista.

Dado que Alice había llegado al orfanato con cinco años y Nai tenía sólo uno cuando ésta ingresó, ella literalmente lo vio crecer. Alice le había comentado antes a Gareki que le tenían prohibido salir y, a raíz de su aislamiento, ella y Nai hicieron buenas migas. Debido a su condición, la exposición al sol afectaba la piel de Nai hasta causarle quemaduras, lo que se traducía en medicamentos que no podían salir del presupuesto del orfanato. Por esto, Alice había asumido el papel de protectora del menor y lo alejaba de todo aquello que representara una amenaza para él.

Sin embargo, cuando Alice fue final y súbitamente adoptada, el título de guardián había recaído en Gareki. Antes de irse, Alice les dijo que había una posibilidad de que pudiese llevarlos con ella en su viaje a Nueva York, pero quería que la decisión la tomaran ellos. Nai fue quien se mostró más entusiasmado desde el inicio y, aunque le tomó todo un día dar una respuesta, Gareki terminó por aceptar porque A) no podría dejar a Nai solo, B) Alice jamás lo dejaría en paz por quedarse atrás y C) ver y, sobretodo, ingresar a un trasatlántico de semejantes proporciones era una oportunidad que no podía dejar escapar.

A Gareki no le importaba viajar, no le interesaba Nueva York y le daba exactamente lo mismo seguir metido en el nido de ratas que tenía por habitación en el orfanato. Pero tener contacto con una nave creada con la más avanzada tecnología de su tiempo sonaba casi como un sueño, uno que explotaría hasta donde le fuese posible. 

Lo cual no podía hacer si Vanderwood los seguía como una sombra a cada paso. Nai lo acompañaría a donde fuese sin siquiera dudarlo e incluso lo ayudaría, así que no era un problema, pero el greñudo no.

“Sabes, Francis, no necesitas ser nuestra niñera las veinticuatro horas del día.” Gareki se dio la vuelta para verlo, por supuesto, a unos pasos detrás de ellos. “No creo que nos pase nada aquí.”
El hombre frunció los labios. “¿Bromeas? Es especialmente aquí que no puedo dejarlos solos.”
“¿Por qué? La gente es muy agradable.” Comentó Nai mientras saludaba a unos niños que pasaban jugando con una pelota.
“Caras vemos, corazones no sabemos.” Recitó Vanderwood.
“Pero sí podemos escucharlos, sólo hay que poner atención.” Sonrió Nai.
“¡Dios mío! Gareki, haz algo con este niño.”
“¿Quieres que contamine su mente?” Gareki lo miró fastidiado. “No, gracias, lo prefiero tal y como está, la vida se encargará de eso más adelante. Deja que lo disfrute.”

El albino lo quedó mirando un momento y le sonrió agradecido, por alguna razón, y luego tomó su mano antes de echar a correr, obligando de ese modo a Gareki a seguirlo.

“¡Ve a descansar, Vanderwood, te vemos más tarde!” Gritó mientras se mesclaban entre la gente.
“¡Si les pasa algo será todo su culpa, mocosos!” Fue la respuesta que escucharon a lo lejos.
Nai lo soltó cuando se detuvieron en algún punto de estribor. “Vaya, no puedo creer que funcionara.”
“Ni yo.” Afirmó Gareki apoyándose de espaldas a las barandillas del barco.
“Deberías pedir ayuda de vez en cuando, Gareki.”

Aunque le costara admitirlo, Nai tenía razón, y que fuese él quien se lo señalara lo hacía algo vergonzoso, ya que se suponía que era Gareki quien viera por Nai y no al revés.

Cuando iba a darle las gracias, escucharon algunos gritos a lo lejos y fuertes pisadas acercándose. Los adolescentes se movieron para ver qué ocurría y Nai se llevó una mano a la oreja.

“Escucho un jadeo.” Dijo dando un par de pasos hacia delante, pero Gareki no percibía nada además de las voces. Cuando se dio cuenta, la gente se movió de golpe y una sombra saltó hacia ellos.

Nai había estado en frente suyo, por lo que el impacto lo hizo perder el equilibrio y lo único que Gareki atinó a hacer fue lanzarse hacia él para evitar que su cabeza golpeara contra la barandilla.

“¡Cuidado!” Gritó una voz femenina tardíamente.

Ambos habían caído de forma precaria al suelo, pero Gareki finalmente había logrado atrapar la cabeza de Nai y evitado lo que pudo ser una fea contusión. Al ver mejor a su compañero, Gareki vio que encima de Nai estaba tendido un perro de gran tamaño que parecía temblar en los brazos del menor.

“¡Dios mío, lo siento tanto!” Dijo la mujer de antes, que sostenía una correa en su mano derecha, la que seguro había soltado al animal.
Nai dejó salir un quejido y Gareki apretó los dientes. “¡¿Lo siente?! ¡¿Quién le manda sacar a su perro si no es capaz de tenerlo bajo control?!”
“Yo, de verdad, yo no esperaba que eso sucediera.” Dijo visiblemente nerviosa. Gareki notó entonces que la mujer debía ser de primera clase por sus ropas súper finas y limpias, casi rodó los ojos.
“¿Qué tal si yo no los atrapaba? ¿Se da cuenta de que mi amigo podría haberse golpeado la cabeza? ¡Su perro pudo haberlo lastimado gravemente!”
“Gareki, no te exaltes, al final no ha pasado nada.” Trató de tranquilizarlo el menor, sentándose mientras la rubia retiraba a su perro de su regazo. “¡Apenas hay un poco de polvo en mi ropa!”
¡NAI!
 
Con una sonrisa, Nai colocó sus manos sobre las de Gareki -que estaban apretadas en puños- y negó con la cabeza. Era obvio por su expresión que aquel accidente lo tenía sin cuidado y nada de lo que dijese lo haría cambiar de opinión. Gareki chasqueó la lengua segundos después y apartó sus manos, dándose por vencido.
 
“¡Es muy bonita!” Dijo mirando a la dueña. “¿Cómo se llama?”
Rika sonrió profundamente aliviada. “Su nombre es Sally.” Dijo antes de mirarlo a los ojos con culpa. “Le pido que por favor la disculpe, ya no es tan joven como antes y su visión ha empezado a deteriorarse.”
Nai la miró de forma comprensiva. “Debe haberse asustado, no parece del tipo agresivo.”
“Le aseguro que es muy tranquila y cariñosa.”

En ese momento otra persona apareció detrás de la rubia.

“Rika, ¿qué pasó?” Preguntó exaltado.
“A la señorita se le escapó su perra y casi mata a este niño.” Explicó brevemente el pelinegro.
“¡Gareki!”
“Niégame que sea cierto.” Lo retó.

El joven les ofreció una mano para levantarse, Gareki la rechazó poniéndose de pie por su cuenta, pero Nai la aceptó bajo la mirada furibunda de Gareki.

“Lamento mucho lo que sucedió.” Se disculpó el joven. “¿Hay alguna forma en que podamos compensarlos?”
Gareki quiso escupir al suelo junto a sus zapatos. “NO, GRACIAS.” Dijo tomando a Nai por los hombros. “Ya hicieron suficiente, nos vamos.”
“Podríamos acompañarlos al hospital...” Ofreció Rika.
“No. Gracias.”

Nai trató de voltear para ver a la pareja y les dirigió una sonrisa en forma de disculpa.

“¿Vamos al hospital?” Preguntó Nai con voz pequeñita.
“Oh, claro que vamos.”
“...¿Le diremos a Vanderwood?”
“No... a menos que el doctor diga que tienes algo.”




Era un movimiento quizás algo peligroso.

Alice aceptó ir al baile de máscaras después de escuchar al par, pero el último comentario que Ferid le había hecho sobre su cabello fue bastante preciso. Y aunque eso la dejó preocupada, al final lo tomó.

Jaehee le mostró todas las opciones que tenía, los vestido de noche de Mery era elegantes, pero de colores muy claros e inocentes. Por suerte, antes de partir, Coran le dijo que podía ir de compras y elegir algo que a ella le gustase, para variar un poco y no sentirse tan atrapada.

Una de esas compras fue un vestido que dejaba al descubierto sus hombros y la mitad de su espalda, el corsé era color borgoña, al igual que la falda y los guantes que le llegaban por arriba de los codos, pero la tela que cubría su pecho era blanca. No era algo muy revelador y ella misma no contaba con la figura más despampanante, pero se sentía bien, incluso con los tacos más altos de su colección.

El problema fue su cabello. Ir con la peluca significaba que podrían reconocerla, pero si iba sin ella tal vez causaría un problema. Aún sabiéndolo, Alice decidió que esa noche dejaría su cabello natural al descubierto.

Coran le había ofrecido llevarla, pero ella declinó la oferta sabiendo que si la veían junto a él su identidad saldría a flote en un segundo. Por lo tanto, luego de colocarse la máscara negra que Jaehee le consiguió, por fin se hizo camino al gran salón.



Digamos que al final todos mueren (??)
« Last Edit: December 01, 2017, 01:01:54 AM by Mery »
...


Nanami

Y HOOORAY, ACABÉ ESTO. No creí que pasaría tbh lmao. Y EKHA ME VA A MATAR.


Se había equivocado una vez más.

Por mucho que había rezado y prometido que cambiaría si se salvaban, por mucho que había mantenido la sonrisa, por mucho que la mirada de Will tratara de ocultarle la verdad...todo daba igual porque frente a ellos se encontraba la reja cerrada. Había dicho que podía con cualquier puerta, que la detendría con su propio cuerpo...¿pero cómo podía contra el metal? Estaban perdidos, devolverse ya no era opción.

Más allá, detrás de los barrotes, aún podía escuchar a la gente de tercera clase gritar que los dejaran escapar, que los dejaran tener una oportunidad. Más allá, detrás de esa jaula, aún podía escuchar a las personas que se habían rendido y se preparaban para su inminente muerte. Una muerte que habían aceptado, una muerte que él mismo lo había hecho para sí mismo pero no para William.

Quizás si él se hubiera quedado en Inglaterra, quizás si él no lo hubiese conocido nunca, quizás si él simplemente lo hubiese ignorado. Podrían haber pasado tantas cosas, demasiadas, pero ya no. No pasarían nunca porque le había robado cualquier posibilidad por el simple hecho de querer estar al lado de su mejor amigo.

ー Lo siento. Lo siento muchísimo.ー Murmuró sin poder realmente mirar a la persona que estaba a su lado. Le había prometido castillos en la arena, le había jurado sueños, le había dedicado sonrisas, le había mentido para nada. Era inútil, tal como cuando se había quedado solo en el mundo y no sabía cual era el siguiente paso a dar.

Le había fallado y ya ni siquiera la sonrisa podía mantener mientras el agua se escapaba tanto por sus ojos como por la rendija que llenaba la escalera.

Le había fallado y ya ni siquiera tenía el valor para decirle lo que alguna vez mirándolo de reojo pensó decirle en el Nuevo Mundo.



Sayi


Abril 15, 1912

El RMS Carpathia no contaba con la elegancia ni modernidad que el una vez inhundible Titanic. Sin embargo, sus esmeros ante aquel océano congelado palidecieron al previo mastodonte marítimo. El barco de auxilio era dirigido por el capitán Arthur Henry Rostron, quien actuó con vehemencia y gran responsabilidad ante la tan súbita emergencia. De aquel modo, el transporte dio media vuelta y apagó la calefacción y otros servicios en su interior para así mantener la potencia del movimiento al máximo en lo que la tripulación se esparció en la cubierta para ayudar con la labor de identificar a los icebergs.

Fueron los únicos quienes respondieron el llamado de auxilio, y estimaron su llegada a la zona de la tragedia en cuatro horas luego del último contacto con la tripulación del Titanic. El Carpathia logró con su cometido en tres horas y media, y fue a las cuatro de la mañana que se encontró con los primeros botes salvavidas, a quienes empezaron a rescatar.

El proceso fue largo, y una vez los garantizados sobrevivientes fueron escoltados dentro del barco donde recibirían comida y comodidades, se inició el proceso de buscar a quienes pudieron sortear su suerte entre las aguas.

Incluso con los máximos esfuerzos humanos no fue posible acudir a todos a tiempo, y los rescatistas no tardaron en ubicarse en medio de un mar de cadáveres, donde buscaron con tensión aunque determinación por las contadas señales de vida. El bote tuvo que sortear y empujar a aquellos que ya no tuvieron salvación, y unos pocos sobrevivientes fueron hallados, los cuales de inmediato recibieron toda la asistencia disponible.

Fueron unas horas intensas y hubo una búsqueda exhaustiva, hasta que llegaron las nueve de la mañana, momento en el cual se había podido rescatar al último sobreviviente. En medio del caos, de esperanzas infundadas y una pesada incertidumbre por seguir adjuntos al punto del desastre, el capitán dio la orden de marchar hacia Nueva York luego de terminar su trabajo.

Muchos que habían sobrevivido permanecieron en cubierta para esperar a los rescatistas y poder encontrarse con sus seres queridos y… con la partida del barco hacia la civilización, todos aquellos que seguían esperando tuvieron que resignarse del modo más amargo posible…

El RMS Carpathia respondió ante el pedido de auxilio por un miembro de la tripulación del Titanic. Cumplió con su deber, y no iba a permanecer para ocuparse de los muertos mientras podía asistir a los vivos. Todos dentro del barco participaron en el registro de nombres de quienes lograron sobrevivir, y muchos comenzaron a bombardear el servicio de mensaje por radio para mandar mensajes a familiares y conocidos.

La llegada a Nueva York tomaría unos tres días más en medio del despiadado mar, aunque sorprendentemente todos optaron por mirar hacia el frente con optimismo y un deseo irrefutable de vivir luego de que aquella terrible noche se hubiera levantado de la atmósfera.

Pero el suceso no había terminado y nunca dejaría de existir mientras siguieran con vida.




De nuevo, agradecimientos a @Cho por escribir este outro -3-

Ahoy Bishoujos!

¡Felicidades por el primer fic cerrado del One-Shot Project!

En especial a todas las que hicieron un esfuerzo por avanzar sus historias lo más posible, o mandarse una maratoneada para terminarla a tiempo. Es raro cerrar historias en el BT, así que me alegra que tengamos esta bajo el brazo <3

Como estipulan las reglas del One-Shot Project, a partir de este momento el tema estará cerrado. Dado que no tenemos proyecto que lo reemplace, por ahora el tema seguirá en el foro principal for safekeeping. Las animo a que lean fics y comenten, y si se animan a los Titanic Awards pues eso sería genial! :D Recuerden que las palabras de los comments cuentan… no como aporte, pero si como palabras extra para sumar al contador.

De nuevo, muchas gracias por ponerse las pilas con el proyecto <3 ¡Espero que tengamos más proyectos cortos como este!

Las invito al tema de planeación general: http://write.btproject.org/planeacion-52/(o-s-project)-hear-ye-hear-ye/

Happy reading~
« Last Edit: December 03, 2017, 11:40:15 PM by Sayi »

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Oh, dream maker, you heart breaker
Wherever you're goin', I'm goin' your way