Author Topic: [Oneshot Project] My fic will go on  (Read 32 times)


Puri

[Oneshot Project] My fic will go on
« Topic Start: December 31, 2017, 10:59:29 PM »
Post que editaré el próximo año para comentarles que aquí dejaremos nuestros fics no acabados blablabla

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Puri

Re: [Oneshot Project] My fic will go on
« Reply #1: December 31, 2017, 10:59:45 PM »
Llegados al salón principal, todos se quedaron maravillados. La decoración era muchísimo más lujosa que el día anterior, pero las lámparas eléctricas no abusaban y daban una iluminación sutil, digna de un evento tan sofisticado como aquel. Dejaron sus abrigos y sombreros en la puerta para luego ser escoltados a una mesa vacía, aunque Charles se disculpó para ir a saludar a su abuela y su casi cuñado Howard… Y por supuesto, a preguntar qué había sido de su dulce prima Sayaka, quien debería de estar ahí para darle el gusto de su primera pieza de baile.

Pero antes que pudieran sentarse, llegó Jean-Jacques, emocionado.

“Isabella… Luces espléndida.”
“¿Isabella? Me temo que me habrá confundido, buen hombre.” Le contestó esta con picardía. “Bajo la máscara, ¿cómo podría saber que soy su amiga?”
“Porque sólo mi querida Isabella podría sonreír como lo hace usted y opacar las luces de este cuarto.” Sayaka aprovechó el anonimato de su atuendo para rodar los ojos al ver a los dos tortolitos. Erik la miró levantando una ceja y Sayaka hizo un gesto de querer ahorcarse. Ambos ahogaron una risa.
“Señor Leroy”, comenzó Erik, cortando la mirada de adoración que se profesaban los otros dos. “Espero que no sea tan descortés de bañar a la señorita Black-Hunter en halagos mientras otra señorita, a la que aún no ha saludado, se encuentra cerca suyo”.
“¡No, no, claro que no!” Se apresuró a decir y miró a la rubia. “Disculpe la descortesía, señorita…”
“Green”, suplió Erik, con una mirada seria. “Es mi sobrina que arribó hoy día con el último grupo de pasajeros”.
“Perdóneme, usted al igual que la señorita Black-Hunter se ve maravillosa”. Tomó la mano que Sayaka le ofreció y se la besó. “Ambas se ven como bellas flores que amanecen con rocío y alegran la vista en una mañana nublada y melancólica de Sandringham…” Sayaka no escuchó el resto de lo que decía el pobre al intentar contenerse la risa con Isabella rodando los ojos detrás de él. Justo en ese momento llegó Charles.
“¿Qué estamos esperando?” Preguntó, sin entender por qué aún no se habían sentado en los asientos vacíos.
“Pensé que esperábamos a la señorita Gracie…”
“Pero señor Leroy”, dijo ofuscado, bajando la voz, “Mi prima se encuentra aquí frente a usted”. Y apenas Jean bajó la mirada con la boca abierta, Sayaka no pudo más y tuvo que abrir su abanico para echarse a reír, gesto que Isabella también imitó. Erik simplemente se volteó, pero se notaba cómo sus hombros temblaban también de la risa.
“¡Isabella!” Le reprendió, completamente sonrojado.
“Tendrás que acostumbrarte”, respondió la chica después de respirar hondo varias veces para calmarse.
“Discúlpame, Jean querido”. Se acercó a la mesa y Charles se apresuró a jalar su silla. Jean hizo lo mismo con Isabella. “Erik comenzó el juego y no pude evitar seguirle la corriente”.
“¿Erik?” Preguntó Charles divertido. El otro le guiñó un ojo.

Los mozos se acercaron ahora a jalar sus sillas para que se sentaran junto a ellas; mientras luego se acercaron otros con bandejas llenas con copas de vino. Una vez se les sirvió a todos, se dejó también en su mesa varias bandejas con pequeños aperitivos.

“¿Pero por qué el disfraz?” Preguntó bajando la voz, aunque ya se hubieran ido los mozos.
“Una máscara no sirve para terminar de borrar una identidad, ¿o sí?” Le respondió Isabella con una sonrisa. “Y el punto de un baile de máscaras es ese. Pero descuida, luego te explico”.
“¿No es esa la señorita Darwin?” Dijo Erik y todos se voltearon a ver a la recién llegada al salón, quien no parecía tener con quién sentarse.
“Oh, alguien invítela, por favor. Su compañía fue muy grata durante el almuerzo de ayer”, apenas Isabella lo dijo, Jean se levantó y alzó su brazo para llamarla. Sayaka hizo lo que pudo para reprimir el gesto de horror al ver esa conducta tan vulgar, pero le tranquilizó ver de reojo que Isabella también hacía el mismo gesto. Todavía tenían que ayudar a Jean en muchísimas cosas antes de dejarlo en libertad en la sociedad. Justo en eso comenzó la música y ambos primos se miraron.
“¿Recuerdas?” Charles sonreía.
“¡Nuestra primera clase de baile!”
“Señorita Green, tiene que concederme esta pieza, por favor”.
“Sí, pero lejos donde no puedan vernos, señor Xavier. Vayan a empezar rumores…”

El mayor le sonrió y tomó su mano. La noche no solo era joven, en ese momento, ella también.

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