Author Topic: Beyond the night.  (Read 1300 times)


Miyu

Beyond the night.
« Topic Start: January 26, 2017, 11:42:30 AM »



𝐃 𝐑 𝐄 𝐀 𝐌 𝐂 𝐀 𝐓 𝐂 𝐇 𝐄 𝐑

This night, the stars will set your heart free
Have faith, let the whole world know what you see
So those distant memories can eventually reconnect,
Go on, never releasing your hold on them!

Beyond the night, a miracle is waiting
Believe in the fantasies unfolding
So those limitless miracles can eventually come true,
Go on, never taking your eyes off of them:
A dream beginning
Just keep believing



Dreamcatcher / Nano.







Editando.

« Last Edit: October 30, 2018, 12:16:43 PM by Miyu »




Miyu

Re: Beyond the night.
« Reply #1: January 26, 2017, 04:43:57 PM »
Zombie in your city.

Sorry but you are not allowed to view spoiler contents.
« Last Edit: September 30, 2018, 02:30:48 AM by Miyu »




Miyu

Re: Beyond the night.
« Reply #2: July 25, 2017, 06:14:23 AM »
Little Busters! AU
Sorry but you are not allowed to view spoiler contents.
« Last Edit: September 30, 2018, 03:08:21 AM by Miyu »




Miyu

Re: Beyond the night.
« Reply #3: October 06, 2017, 07:48:45 AM »
Little Busters! AU2


Sorry but you are not allowed to view spoiler contents.
« Last Edit: September 30, 2018, 02:46:48 AM by Miyu »




Miyu

Re: Beyond the night.
« Reply #4: July 27, 2018, 05:45:49 PM »
Dejaré algo en DD y corregiré esto.






Inspiró aire con todas sus fuerzas, aquel era el primer viaje que realizaría en un transbordador. El pánico la invadió, con pequeños destellos de adrenalina causados por el asombro de lo que veía a través de las ventanillas de la aeronave comercial “SKY0536”. Entorno los párpados y miró con emoción cómo la cosmonave salía de la órbita terrestre; los cambios de escena y cómo podía tapar con su pulgar el globo terráqueo del que se despedía.

—La primera vez te hace entender lo efímeros que somos ante la inmensidad del Universo —le sonrió amablemente el pasajero de al lado; el hombre tiene una voz calmada y algo profunda—. La segunda ya sólo duermes —término con una pequeña risa que asentó aún más la dulce expresión.

Ella asintió analizando las palabras de su acompañante. Los dos se encontraban en la fila diez y cuando quiso fijarse en los demás pasajeros la penumbra imperó en el ambiente, las luces se apagaron.

—Toma —le pasó un blíster con seis pastillas bien presurizadas, las inscripciones de atrás indican que se trata de diazepam—. Al ser el primer viaje está permitido medio; los siguientes hay que acostumbrarse y hacer tripa.
—¡Gra-gracias! —respondió tomando con sus manos y sacando la mitad de uno, nunca esperó que alguien le diera algún medicamento—. ¿Eres médico?

Lo observó unos instantes mientras le devolvía la tira de diazepam, el hombre debía tener entre  treinta años y dedicarse al rubro de la medicina, su uniforme lo delataba a la vez que resaltaba en su piel canela.
 
—Sí —replicó guardando el blíster dentro del bolsillo izquierdo del delantal médico—. Shinmyou Nataru, para servirle —hizo una pequeña reverencia al mejor estilo japonés.
—Es un placer —sintió como sus tripas se revolvían, la palidez en el rostro de ella hizo que Nataru pidiera una botella de agua mineral y ella se tomará la pastilla—. Gracias, soy Yun Hendrick, mestiza donde las Harley-Davidson ganaron al Chow Mein; soy como una fortune cookie.

Ambos rieron por la explicación de Yun; el ambiente entre los dos parecía cómodo y las charlas fluían naturalmente. Nataru indica ser una persona amable y confiable o eso le pareció, alguien muy agradable. Esperaba encontrarse con él en el futuro y no en circunstancias raras en el hospital donde él trabaja.

—¿A dónde te diriges? La colonia Kalisha no es tan popular entre los jóvenes y hay poco que hacer —cuestionó él, fijando las pupilas azuladas, que hacen juego con su cabello wengue, en ella. 

Yun cogió un mechón de cabello largo del costado de su cabeza y empezó a girarlo, intentando pensar mejor sobre la pregunta. Memorias vinieron a su mente como relámpago, ella sólo recordaba el último año que vivió en un internado para señoritas; aquello había sido un infierno y sí no la expulsaban, probablemente hubiera terminado por huir. 

—Voy con mi tía, es una investigadora de renombre, supongo —suspiró terminando el último poco de agua de la botella—. Barchenowa Olivia.
—El Instituto Alma es bastante prestigioso en Kalisha, seguro encontrarás amigos y te divertirás —dijo divertido de las expresiones de Yun, luego repasó por la ventanilla el paisaje exterior, como si buscara algo allí fuera—. Disculpa la pregunta pero, ¿serás algo de la milicia?

La colonia Kalisha se especializa en el entrenamiento de pilotos, se hablaba que los chicos que salían de la Luna siempre formaban parte del raking entre los defensores de la Tierra. Yun de sólo imaginar en pilotear un robot gigante le hacía concebir el temor en su ser. Ella jamás podría pelear contra las bestias que se alzan en el cosmos.

—¡Qué va! —contestó entretenida, dejando en paz el mechón rubio—. Mi tía movió muchos hilos sólo para mí traslado. ¡Sería un milagro si termino la secundaria! Pero ojalá entren estupendos pilotos.
—En efecto, aún quedan muchos lugares sin explorar y amenazas por conocer —suspiro con un dejo de melancolía en su mirar que dejó helada a la vecina.
—Sí —asintió con la cabeza—. Hay que agradecer a Dios que la humanidad siga su curso sin contratiempos por el espacio.

En total fueron tres horas hasta llegar al aeropuerto central de la colonia. El resto del viaje pasó rápido; entre películas del viejo oeste, música en el I-Phone de Yun y las pequeñas charlas de Nataru, quien se encontraba cansado. Ella descubrió que todo un equipo de cirujanos se dirigían hasta allá con un corazón a ser trasplantado; el señor no podía regresar a la Tierra por su estado crítico y el órgano ya había sido donado. Nadie lo pensó dos veces y se metieron al primer viaje que pudieron encontrar.

Cuando llegaron a Kalisha, Nataru se despidió esbozando un inmenso mohín que tranquilizó el corazón de Yun. La terminal es como el de cualquier ciudad: pulcro y con bastante gente de aquí para allá, maletas rodando y persona correteando con prisa.

Cargó en la espalda su pequeña mochila que llevaba a todas partes desde siempre y comenzó a recorrer el lugar. El nerviosismo se volvió a apoderar de ella y agradeció en su interior la buena compañía del médico, sin él probablemente el viaje hubiera sido un infierno y ahora estaría vomitando en el servicio.

Se paró un instante para revisar que las ropas enfundadas estuvieran en perfecto estado; quizás llevar un vestido de brocato de encaje con corte en la cintura no fue la mejor elección y menos mostrar la mitad de sus mulos con unas medias de seda blanca. Tropezó con las sandalias de corcho y ansió encontrar pronta la silueta de Olivia.


—¿Señorita Hendrick, Yun?

Al oír una voz varonil que la llamó de atrás no dudó en darse vuelta; ¿quizás su tía tenía voz muy grave y pesada? Sacudió la cabeza al girar y darse cuenta que quien la llamó era un hombre que media entre uno setenta y uno setenta y cinco. El aura que emite le recordó a un claro y solemne amanecer, con hebras manteca y unas pupilas como el mar puro y profundo; quizás exagera en la mente y sólo se debía a que pocas veces tenía contacto con hombres y más de su edad: ¿cuarenta o quizás cincuenta?

—¡¿Sí?! —exclamó sintiendo como la sangre se agolpa en sus mejillas. Trató de aclarar su mente y mostrarse reticente ante la situación—. ¿Q-quién es?

Lo observo una vez más y sintió admiración por quien se encuentra, ahora, frente a ella; con un traje entallado de tres piezas grisáceo. Apuesto, pensó y sus hijos, si los tuviese, debían de ser igual de elegantes.

—Su tía me pidió que la lleve al departamento donde vivirá —articuló sin cambiar de expresión; un rostro de facciones duras que, de cierta forma, le otorgan aires de misticismo—. Olivia estará ocupada hasta mañana. Su trabajo es clave para el gobierno.  Espero lo entienda.
—¿Sí? —comunicó sin poder imaginarse el rostro de Olivia, sólo sabía que era mujer y del coeficiente intelectual alto. Trató de arquear los labios. Intento preguntar cómo es ella pero cayó, después de todo iba a conocerla en algún momento y el sujeto le produce cierto… turbación.
—Ah, perdón—inquirió iniciando una lenta caminata hasta la salida del lugar; Yun ya había hecho los trámites pertinentes para su estadía allí—. Mi nombre es Wen Bunchuu. ¿Tienes maletas?

Ella negó efusivamente, siguiendo los pasos de él. Bunchuu le indicó dónde aparcó el coche y ambos salieron remisamente del lugar. Lo primero que vio al salir del lugar fue el hermoso cielo que hay en la colonia; de inmediato supo que eran leds que cambian para darle vida a la cúpula y más “normalidad”  al día de las personas que allí se encuentran.

—La primera vez que lo vi también me sorprendió —habló abriendo la puerta del acompañante y esperando a que ella subiera para colocarse en el asiento del piloto.

El coche, por fuera, lucía radiante como en las películas de acción donde el protagonista pisaba a fondo el acelerador y una estela de polvo se alzaba tras de sí. El vehículo parecía ser un Bayerishe Motoren Werke o BMW; el modelo no lo pudo precisar, es ignorante en cuanto a esas cosas; la pigmentación de black sapphire metálico le encantó. Por dentro el automóvil le pareció aún más lujoso; de blanco puro, tuvo miedo de ensuciar algo.

—Es un vehículo policial sin distintivo —aclaró con cierta vergüenza, y es que en realidad lo tenía demasiado impecable, salvo por algunas latas de café, todo está perfecto—. Funjo como detective aquí.

Atrás oyó un pequeño gemido y por subsiguiente, giró la cabeza con cierto ápice de curiosidad. Observó una manta y abajo un bulto gigante que se mueve y gira de un lado al otro.

—Ignora eso —suspiró pesadamente colocando la zurda sobre el manubrio y girando la llave del encendido con la diestra—. Es mi compañera, Mnemosyne Leveilleur. Ignórala.

Ella miró con más intensidad hacías atrás.

—¿Buun y Nosyne? —dobló la cabeza con dudas sobre la pronunciación de los nombres.
—Puedes decirnos como te plazca —mencionó él sin prestar atención a las actitudes de ella—. Las demás cosas que llegaron fueron enviadas al departamento de Olivia. Son varias cajas.
—Gracias —retomó la postura en al asiento y colocó la mochila sobre la falda. Miro un instante por la ventana del costado, todo se veía oscuro por el vidrio polarizado y emano aire por los labios.

—¿Está es la sobrina de Olivia san? ¡Ahh! —de atrás vino un rugido convertido en bostezo—. La esperaba más boob-tada. ~

Roja como tomate giró el torso y cuando miró los senos de la chica, ¡Los labios le temblaron de rabia! ¿Por qué Dios era tan cruel? La chica es de su edad y aun así le pareció una muñequita de porcelana, con su piel traslúcida,de un fino marfil y la cabellera negra. ¿Japonesa?

—¿Qué pasó? —preguntó aun desperezándose entre medio—. ¡Oh! No te preocupes, tu familia tiene una gran línea de mujeres boob-tadas, ¡seguro crecerán! —le sonrió despreocupadamente.
—¿Familia? —preguntó con curiosidad y sus ojos brillaron por este hecho—. Emh, verás… ¿quiénes son los de “mi familia”?

Por el espejo retrovisor, Bunchuu la fulmino con la mirada a Mnemosyne. La bocazas tenía órdenes estrictas de no soltar aquella lengua suya; por suerte el mayor aceleró y en una doblada, a prisas, detuvo el coche y aparcó en medio de una avenida.

—Llegamos —dictaminó y apresuró a bajarse para abrir la puerta de Yun, cosas de etiqueta ella ignora—. Aquí vive Olivia.

Yun bajó y se percató que los sonidos producidos por la ciudad eran como pequeños murmullos, nada más alejado que de Shangai o de su internado. Hizo una pequeña inspección de los alrededores y salvo algunas personas paseando, dos o tres autos estacionados y tres más pasando por las calles con lentitud, todo parecía… tranquilo. Demasiado tranquilo para su gusto.

—Es una zona privada —le indicó, siguiendo con rectitud el camino que tenía hasta una gigantesca entrada de vidrio—. Si te diriges a una zona residencial o comercial encontrarás bastante gente. Aquí sólo viven personas adineradas.

En un costado posó la mano derecha sobre un detector de huellas y prontamente las puertas extendieron sus alas. Ella se quedó maravillada por el lobby; arriba posee una hermosa araña dorada que resplandece con las luces de las lámparas y lo demás un acabado romano de mármol blanco y hermosas columnas de blanco marfil.

—Ah. Gente de pasta —siguió los pasos de Bunchuu a través de la salas hasta el ascensor y con el mismo sistema de las puertas ambos pasaron. Apretó los números uno y dos, seguido de una clave numeral tres mil cuatrocientos veinte y seis (#3426).

—Su piso es el doce, es amplio —cruzó de brazos y esperó a que el artefacto los llevará al lugar designado—. Habitación treinta, lo siento. Soy descuidado.

A Yun no le pareció en absoluto que aquel hombre fuera descuidado, más bien callado; del tipo de persona que prefiere hacer todo en silencio, sólo y sin depender de terceros, y dio en el clavo. Él si olvidaba detalles era simplemente por su actitud de líder mártir. La diferencia es que a Bunchuu nada le salía mal y si debía depender de otros, sabía de quién y quien no hacerlo.

Cuando el elevador se detuvo ambos bajaron  y caminaron hasta la mitad del piso y entraron rápidamente al lugar. Le sorprendió que se abriera con una llave y no con el mismo sistema de seguridad de los otros lugares.

—Aquí sólo están autorizados a entrar Olivia, tú y yo por ahora —nadie pasa sin saber el pin que puse al final del piso en el ascensor. Es mejor que lo aprendas de memoria.

Ella asintió, siguiendo cada movimiento de Bunchuu; si bien la presencia del rubio le da cierto miedo, sin duda el sujeto es de fiar o eso pensó al saber que está relacionado con la policía.

Bunchuu entró y se dirigió, dejando sus zapatos en el recibidor, hasta un gran ventanal y corrió la cortina; el lugar parecía deshabitado con los muebles cubiertos por una fina capa de polvo y hojas desparramadas por doquier. Bunchuu suspiró.

—Olivia viene poco aquí pero esto… —volvió a exhalar aire—, esto… es mucho.
—No se preocupe Buun san —Yun sonrió observando con atención el lugar. No era feo, sólo está descuidado—. Me gusta limpiar, es un hobbie que me quedó de mi vida en Seraphim.
—Pedí que dejaran tus cosas en la sala de estar. Bueno, debo irme. Nos veremos más tarde.

Le dedicó una fugaz mueca acompañada de una reverencia y antes que Yun pudiera decir algo él ya se había marchado. El departamento es un ambage de muebles blancos, insulsos, llenos de motas de polvo y de cierta manera lóbrego: la única ventana tenía suciedad que la hacía parecer un vidrio esmerilado. Caminó unos pasos con los zapatos de calle hasta darse cuenta de ello y corrió hasta el recibidor para colocarse las pantuflas y continuó hasta poder sentarse en un sofá grande de tapiz negro. Tanteó una mesita de luz hasta encontrar el control remoto y encendió el plasma que está frente al mueble.

La sala se inundó con la voz humana de un noticiero, las charlas le parecieron tribales y cuando menos se dio cuenta, se durmió; se sorprendió con los primeros cabeceos, no sabía que estuviera tan cansada pero en sí, el día fue difícil y sin duda sus energías se habían ido.




Miyu

Re: Beyond the night.
« Reply #5: August 29, 2018, 07:10:47 AM »
Agh no encuentro lo que escribí para el DD y esto está bien así nomas. Este es mi segundo aporte en el año aquí. uvu


El ocaso entró por los grandes ventanales, aún sucios, los sueños de Yun se tornaron más violentos y escenas de guerras cayeron como torrencial lluvia en los oníricos paisajes del inconsciente.  Comenzó a moverse violentamente en el sofá en que cayó rendida, de izquierda a derecha y al revés, hasta caer sobre la alfombra del cuarto que amortiguó el descenso.

Abrió los ojos y tardó tiempo en que las pupilas se acostumbrasen a luz filtrada en el departamento. Suspiró y se sentó allí, abrazando las rodillas con ambas manos y reposando la espalda contra el mueble; de pronto se vio envolvida por los extraños sucesos del día y la soledad reinante la abrumó. Su tía, la extraña compañera de Buun y el propio Buun; en aquello Nataru Shinmyou, el doctor que conoció, fue como un rayo de luz en sus peores momentos pero… terminó y jamás lo podría volver a ver o a menos que… No. Sacudió la cabeza y trató de alejar aquellos pensamientos.

En eso el teléfono sonó y se incorporó para contestar, dudas siguieron a ello: ¿acaso tenía derecho a responder? Esa no era su casa y si… ¿y si Olivia se enojaba? Bueno, suspiró y lo cogió de la mesada donde echó un rápido vistazo a los cuadros sobre el lugar y el polvo que lo cubría todo. ¡Limpiaría! Se dijo y tomó aire para darse ánimos.

“—¿Ho-hola? —respondió con nerviosismo, apretando fuertemente el tubo con ambas manos y acercándolo al rostro—. Casa de Barchenowa.
—¡Sobrina! —la voz de una mujer joven resonó del otro lado—. Tu habitación tiene algunas cosas que te compré, están empaquetadas y también hay un celular. Creo que es el que usan los de tu edad… es un placer el volverte a ver u oir… je… je... “


El nerviosismo de Olivia hizo tranquilizar a Yun, que ella no fuera la única alterada le hizo pensar en que ambas no eran tan diferentes y que si ponían de sí, de seguro se llevarían bien.

Un pequeño silencio se hizo presente entre ambas y la primera en hablar fue Olivia.

“—Volveré a casa mañana y podremos acomodar las cosas, siento que… —murmuró algo— que hayas tenido que ver el departamento en semejante estado.  Prometo contratar a un ama de llaves y alguien de limpieza.
—No es necesario —con tono amable respondió—. Me gusta limpiar y sentiré que soy de utilidad… Gracias tía por acogerme aquí y bueno, me gustaría que llegásemos a ser una familia pronto.”


Las últimas palabras la hicieron temblar. ¿Familia? ¡Familia! ¿Podrían ser una? Bueno, no tenía opción y Olivia tampoco o hasta que cumpliera dieciocho y para eso aún faltaba bastante.

“—Seguro que sí, sobrina —le pareció ver una sonrisa en el alegre tono de Olivia—. Eso me encantaría. ¡Antes de cortar, hay un profesor al que mandé para que te muestre la institución a la que asistirás desde la semana que viene, también la ciudad y estoy segura que te agradará, se llama Hasumi Seiji. Le dicen Hasumin, es propio de los japoneses el llamarse por los apellidos así que ¡espero que no te moleste! Será respetuoso, te lo aseguro.”

Si bien la charla no duró más de quince minutos, Yun terminó la plática sintiéndose más tranquila que antes y con ganas de vivir allí. Sería todo un reto pero con Olivia de su lado, seguro lo podría lograr.

Se dirigió hasta el cuarto que le indicaron que era el suyo y giró el picaporte con cuidado, no esperaba nada; de hecho, solo quería sus cosas y un trabajo para no ser tan carga.




Miyu

Re: Beyond the night.
« Reply #6: September 20, 2018, 10:37:32 PM »
Encontré la primera parte, si soy una airhead total. ;^; Edito para corregir y eso. ~
 

- - - - -〘 〙- - - - -
Dejó con sumo cuidado el tubo sobre la base del teléfono, aunque fuera inalámbrico  el hecho de dejarlo botado en cualquier lado le resultaría difícil; al instante un sonido extraño se presentó en la sala y en las cajas del pasillo, al hurgar, descubrió una pequeña que traía impreso el logo de la compañía Sony. Una caja blanca y compacta. Cuando la abrió, discernió en qué modelo se trataría pero no pudo, pocas veces le había interesado tener uno.

Dentro, aparte del aparato y los típicos complementos, descubrió una nota a mano de Olivia que le indicaba que era el celular que le compró y que lo cuidara. Desbloqueó la pantalla y en las notificaciones se fijó que tenía una de un número desconocido.

Trago pesadamente saliva. ¿El profesor “Hasumin”?

» 3948393 @ ¡Hola! ヽ(o^▽^o)ノ Siento molestar, Hasumin me pidió que quedara contigo…, el tipo es un idiota pero agradable… ¡AHAHAHA!

Por momentos dudó de responder, de hecho aquella situación le dio mala espina.

» Hendrick Yun @ ¿Buenas? ¿Quién eres?

Vibró al instante el móvil.

» 3948393 @ ๑•́ㅿ•̀๑)  ¡¡Lo siento!! m(_ _;m) Soy Sun Jing. Deja que mando foto para que veas como soy. (・ω・)b

» Sun Jing @ ¡La de cabellos negros largos, al lado de la rubia! (❁´◡`❁)

Ah, la foto logró serenar a la inquita y desconfiada Yun, aunque la foto fácilmente podría ser de internet pero por ahora confiaría en ella, sólo el tal Hasumin y su tía sabían de que se verían para conocer la ciudad y pues, no tenía derecho a desconfiar si Olivia escogió al hombre y, a su vez, el profesor le pidió a esta chica. ¡Qué lío!

» Hendrick Yun @ ¡Oh! Perdón por desconfiar, es que bueno… me pareció raro. ¡Gracias por mostrarme la ciudad!
» Sun Jing @ No, no. Será un placer, Yun. ¿Te parece si nos encontramos mañana? (๑꧆◡꧆๑)

Lo pensó algunos minutos, el encontrarse tan rápido le crepitaba los nervios pero quizás fuera mejor así y ya saber dónde quedaba Alma.

» Hendrick Yun @ ¡Me parece estupendo! ¿Podemos encontrarnos en mi casa? Aún no conozco muchos lugares y temo perderme…
» Sun Jing @ ¡Claro! No es ningún problema. (b^_^)b Hasumin mencionó donde es, dame tu dirección y pasaré por ti a las una y treinta de la tarde. ~
» Hendrick Yun @ Ahí mando la dirección con el mapa, nos vemos mañana Sun Jing, ten bonita noche.

Mañana conocería Kalisha con chicas de su edad, eso le pareció lo mejor. Salir con un profesor probablemente le habría puesto los pelos de punta o el sólo pronunciar palabra le hubiera sido imposible, más sacar temas de conversación. Nunca fue dada a la plática con personas mayores que ella.

Suspiró y se dirigió al cuarto que le indicaron que era suyo; amplio y cómodo, alejado de lo que conocía en su internado. Las camas occidentales ya se las cruzó allá aunque no una de plaza y media y menos que no fuera una litera; su compañera de cuarto dormía abajo así que ella había adornado el techo con estrellas brillantes. Nunca le gustó la oscuridad y ahora vivía en un lugar donde las tinieblas podían extender sus alas con tanta facilidad si algo fallaba, sin un solo error era cometido. El “nada puede malir sal” le picó fuerte en la lengua y tuvo que sacudir la cabeza para ignorar a donde se dirigía su juicio.

Se cambió de ropas a algo bien simple como un short y una blusa blanca de algodón y salió a la gran calle con unas zapatillas de lona roja. Le extrañó que por fuera, en los demás pisos, no hubiera ruido y nadie se subiera al ascensor, aparte de eso las inscripciones elegantes de “A.G.” hasta en el recibidor… ¡Qué lugar! Pensó. Cuando Olivia regresara le preguntaría sobre aquella atmósfera de tanto misterio.

Salió del complejo y se dirigió a una tienda de veinticuatro horas, compraría alguna comida congelada o pizza y volvería al departamento. El plan sería simple: quería bañarse, cenar e ir a dormir; de a poco sacaría sus cosas de las cajas, aún podía prescindir de la mayoría de objetos dentro salvo por las mudas de ropas cómodas y calcetas.

—¡Bienvenida! —la saludo el empleado de la caja registradora y ella le sonrió como respuesta. Dudaba si aquello era la costumbre o al ser japonés eso debía ser lo normal. Tenía entendido que las normas de respeto eran estrictas en el país del sol naciente.

Buscó en las estanterías algunas cosas como café en lata, energizantes, botanas y gaseosa zero para cuidar la figura; por último cogió un bento japonés y cayó en cuenta que el lugar era de las cadenas Lawson. Siempre quiso ir a una, las propagandas que le hacían llamaban bastante la atención, más cuando colocaban a la “waifu” de turno.

—Buenas tardes —le dijo al cajero y ella colocó el canasto de compras sobre el mostrador.
—¿Eres nueva? Nunca te había visto —le sonrió pasando las cosas por el escáner.
—Sí, acabo de llegar —le devolvió el gesto curvando sus labios—. Hendrick Yun, seguro me verás por aquí seguido —rió por lo bajo, con cierto tedio por la situación.
—Natsume Kyousuke —pasó la caja de pizza fría, el último objeto—. Será un placer tenerte por aquí, me recuerdas a mi hermanita. ¡Tienen que conocerse!

Le tendió dos bolsas con sus comestibles y le agradeció por la compra más un “vuelva pronto”, Yun salió a los tropezones de allí. Natsume le pareció un chico agradable, espontáneo y totalmente lo opuesto a ella; a lo mejor era impulsivo y ella no. Por los pocos recuerdos que poseía, prefería analizar las cosas y tomarse su tiempo en escoger algo o responder, ser calculadora se acontecía de manera habitual en ella puesto que a veces se creía un cascarón vacío.


Al salir de la convini el ocaso ya había desaparecido y los leds mostraban una hermosa luna llena en la cúpula. Caminó con prisa, temiendo olvidarse de los lugares que recorrió en día. Aún le tocaba pensar y repensar en todo lo sucedido y luego calmarse en una tina llena de agua tibia con espuma a olor de rosas. El olor dulce la calmaría y dormitaría por algunos segundos dentro de allí. 

Las memorias que perdió se veían alejadas de sus manos, fácilmente reemplazables por lo irreal; temía que de a poco olvidase el presente y se viera como hacía cuatro años: indefensa. A veces se sentía como si ella misma, como si su existencia no fuera más que una ilusión. Fragmentada por algún suceso que desconocía, perdida entre lo real y lo irreal.

Se despertó entre un sudor intenso por las pesadillas y lágrimas secas por haber soñado con algo que no debía, con un rubio de melena larga deformada por sus sueños. No lo reconocía pero sabía que formaba parte de un ayer.

—¿Yun? —la sacudió una mujer que de a poco tomaba forma ante su mirada—. ¿Estás bien?
—¿Mhn? —balbuceo restregando ambos ojos para acostumbrarse más fácil a la luminiscencia del cuarto—. ¿Quién es?
—Soy Olivia, disculpa presentarme así —le sonrió acomodando las gafas en la nariz—. Vine por unos documentos para el trabajo y debo volver…

Yun se incorporó rápidamente y corrió hasta el comedor, donde minutos antes Olivia se había dirigido. La mujer tenía un aspecto formal, de entre treinta y treinta y cinco años. Madura. Con unas ojeras marcadas, de hacía días o décadas, en el rostro que la hacían lucir cansada pero de alguna forma no le quedaban del todo mal.

—¿Tía? —no la reconoció, en los retratos de la casa ella lucía más jovial y animada. Ante ella se mostraba una fémina golpeada por la vida y de mirar cansino, eso la descolocó unos minutos—. Es un gusto.
—Estas tal cual te recuerdo —colocó dos tazas de café en la mesa y una canastita con algunas masas—. ¿Te gustan bollerías?

Yun asintió y la capturó una vez más con las pupilas; Olivia tenía un hermoso cabello castaño que se ondulaba ligeramente hasta caer pasando la cintura y con un cuerpo apenas marcado por curva alguna. El rasgo más distintivo eran sus senos tapados por una bata de laboratorio que apenas le cerraba en esa zona.

—Siéntate — dictó y ella obedeció sin más—. Es un gusto hablar con mi sobrina.

Las cuencas esta vez se dirigieron a los hermosos y pulcros ojos amatistas de Olivia, con tupidas pestañas y un rostro ovalado bastante lindo. Aun cuando en ella se notaba el poco cuidado que se dedicaba, y la mala vida llena de presión que llevaba, era linda para los cánones de belleza establecidos por Yun.

—¿Cómo estás? —le preguntó su tía ante la mirada de la menor—. ¿Te has acostumbrado?
—Gracias —balbuceó Yun y le sonrió—. La casa es amplia y cómoda, nunca esperé vivir con tal lujo…
—Bueno, trabajo duro para tener todo esto —se sentó en la mesa con tranquilidad y llevó la porcelana tibia con café hacia sus labios—. Es bueno saber que estás contenta.

La menor comió un pastelillo con prisa y luego bebió un gran sorbo de café amargo, sin azúcar. Quería preguntar tantas cosas y a la vez no, el temor de herir a Olivia o herirse a ella misma con las respuestas le era tal que intentó dejar de pensar en eso y prosiguió a seguir tomando el café cargado y sin azúcar.

—¿Cuándo volverás? —por fin soltó para cortar con aquel silencio incómodo.
—Estamos trabajando en un importante proyecto en la A.G. y es prioritario. Debo ser cuidadosa y detallista —bebió otro sorbo—. Espero estar en dos semanas de vuelta y tener unas largas vacaciones. ~ Si todo va bien me darán un jugoso bono.
—Oh —por algún motivo se sintió triste—. Espero tengas suerte.
—¿Qué te parece mejor cuando regrese vamos juntas a algún lugar? —preguntó la mayor—. Quizás a la Tierra, un crucero por espacio o un spaah–. ~

Lo último le hizo agua la boca a Olivia, quien bebió tan rápido lo último de café que le quedaba que casi se atragantó. Tuvo que toser efusivamente. Y es que hay que entenderla, los relajantes baños, masajes, cremas anti envejecimiento y la acupuntura, a la que era muy fan desde hacía décadas atrás.

—¿E-estás bien? —le preguntó roja como tomate, aguantando la risa—. Un spa parece divertido —le respondió curvando los labios hacia arriba y Olivia la imaginó como un ángel de dorados cabellos, rodeada por una aura dorada.
—¡Sí! Ya verás, ser mimada es de lo mejor —se levantó y echó un vistazo a la hora en su muñeca—. Ya va siendo hora que me marche —suspiró y sujetó una carpeta de la mesa con papeles sobresaliendo de manera desordenada de allí—. Te visitaré pronto.
—Claro —mantuvo el gesto de felicidad—. Me encargaré de limpiar, puedes irte tranquila tía.

Al segundo oyó como la puerta se cerraba y el silencio imperaba una vez más. Yun estaba enterada, por la directora del internado, que Olivia había perdido al hijo y marido en un ataque de los denominados “demonios”, como a la gran mayoría, la guerra le había quitado algo valiosísimo para ella. Quizá, en un pasado distante, su tía había sido muy feliz y cálida, no como ahora: una mujer distante.

La palabra “familia”  de pronto se filtró entre las rendijas de sus dedos. Lo veía totalmente imposible y lejano. Percibió el miedo de Olivia de perder a alguien más y la barrera invisible impuesta por ella ante Yun. Ridiculeces comprensibles si razonaba bien.

Apoyó la cabeza contra la mesa y fijó la vista en la marca del labial violeta mate dejado en la blanca cerámica del familiar.

—Usa maquillaje —masculló suspirando, después de todo Olivia si se ocupaba un poco de la apariencia que acarreaba.

Aquel era su segundo día en Kalisha y el aroma de la mañana mezclado con café la animó a levantarse y acomodar todo para ir a prepararse al encuentro con Sun Jing; la conocía por foto que la misma joven le había mandado ayer pero, a su desgracia, no supo mantener la charla y quedaron de encontrarse en la entrada del edificio a las una y media de la tarde.

Alcanzó a ducharse y a sacar algunos outfits de las cajas para prepararse ante la visita de la, creía, coreana. Eligió un jean negro y cómodo, con sus zapatillas habituales de tenis rojo y una remera corta y lisa, bien simple.
 
En la entrada, trató de peinar sus largos cabellos dorados, ahora ondulados por culpa del secador. Miró su reflejo en los cristales del lobby y se vio bastante escueta pero cómoda para caminar por Kalisha a sus anchas.

—Ugh, debí amarrarlo o plancharlo —sollozo cerrando los párpados—, hubiera tardado otra hora… —peinó el flequillo con los dedos en un vano intento de arreglar el desastre.

Salió fuera del lugar aún extrañada por la nula presencia de seres vivos allí y los logos de “A.G.” ubicados en diferentes lugares le hizo pensar que quizás así se llamará el lugar:
¿Anti Gula? Ahh, el hambre le nubló los pensamientos.

— Yun —le saludó desde la distancia una chica que venía acompañada de otra jovencita. Las tripas le rugieron por los nervios y levantó una mano como respuesta.

A medida que las dos se acercaban pudo distinguir los rasgos de ambas y la diferencia abismal entre las dos para suponer que no eran hermanas. Una de cabellos azabaches cortos que sólo cubrían el cuello; le pareció que el look era muy liberal, teniendo aires de tomboy. La otra se acercaba más a la apariencia de ella, con hebras doradas que caían con delicadeza hasta la mitad de la espalda, formando una pequeña ondulación en las puntas… suspiró nuevamente… ella tenía la cabeza como nido de pájaro.

—¿Sun Jing? —la interrogó parpadeando repetidas veces, hacía días no veía chicas de su edad y Nemosin o algo así dictaba ser mayor.
—La misma —le sonrió de una manera resplandeciente, tanto que se dijo así misma que el apellido le iba completamente: “Sun”—. Ella es Qiu Tong. Espero no te moleste, pensé que sería más divertido así.
—Es un placer Yun —le dedicó una mirada tierna, parecida a un perrito—. Sun Jing me arrastró hasta aquí, te pido disculpas…
—No, no —inquirió y logró exhalar aire para tranquilizarse—. Estoy un poco nerviosa.

 Y las entrañas volvieron a soltar un ruido sórdido, entre las otras dos intercambiaron miradas y carcajearon, la consideraron adorable a la actitud de la rubia.

—En el parque venden unos riquísimos y baratos kakigori —rió Sun Jing.
—Aquí tengo unos Pepero en mi bolso —señaló un pequeña cartera blanca que caía al costado de su cuerpo. Traía puesto un mono corto, de jean y abajo una blusa de gasa con mangas largas. Sacó de allí dentro una caja roja con doce bastones de chocolate dentro.
—¡Gracias! —dijeron las otras dos y las tres tomaron uno y lo comieron a medida que caminaban despacio por la calle.

En ese pequeño trayecto se dio cuenta que ambas chicas se llevaban muy bien y que en realidad eran mayores por un año; teniendo ellas diecisiete y Yun por cumplir dieciséis. Desde ahora a Sun Jing le diría Unni y a Qiu Tong se referiría como Xiao ya que aún no se acostumbraba a usar apellidos para llamar a otros.
 
—Hay gran movimiento oriental en Kalisha —le explicó la rubia, se habían sentado en una banca del parque para explicarle algunas cosas que debía tener en cuenta.
—Oh sí, aquí verás muchos japoneses y algunos yanquis, es normal que las escuelas sean bilingües y escuches incluso idiomas como el árabe —agregó la otra—. Si vas a Alma será principalmente inglés, la mayoría de aspirantes a pilotos vienen de América del Norte, ya sabes…
—¿Ustedes asisten en Alma? —las miró fugazmente para luego observar el parque con atención. Un lugar grande con un estanque en medio, le pareció hermoso como parejas disfrutaban del paseo en pequeños botes y pequeños patos nadaban.
—Sí, Hasumin enseña allí y tú tía tiene una cátedra en la universidad en biotecnología
—respondió Xiao bastante animada.
—¡Woah! ¡No lo sabía! —gritó sorprendida atrayendo la mirada de curiosos.
—Es bastante concurrida la clase —le respondió animada la rubia.
—Un día nos escabullimos a ver qué tal —sugirió la otra.
—Suena una clase complicada —siguió buscando con la vista algo interesante en el parque—. Este lugar es grandísimo.
—Kalisha mide como una ciudad mediana, quieren hacer otra cúpula del lado oscuro
—mencionó la de cabellos negros y de un salto se levantó—. Es hora de continuar
—continuó y tendió una mano a cada chica a su costado para obligar a que hicieran la misma acción.

Las tres comenzaron a recorrer el parque y ver la gente que pasaba; le sorprendió a Yun que la población en su mayoría fuera de adultos y sólo diez chicos pasarán por allí.
Tomaron un café al paso y le continuaron exponiendo los sitios; el centro de Kalisha, si bien era pequeño, lo habían llenado de tiendas de ropas y de comidas rápidas.

Alma se encuentra en el costado este del centro, ocupando casi una cuadra entera y al frente otro parque; en total tres espacios verdes que había construido el gobernador de la cúpula.

Las tres fueron a comer sándwiches en un Subway, al ser de bajo coste les permitió pagar uno de tamaño grande para Qui Tong y Yun y otro del mismo largo para Sun Jing. Las charlas seguían siendo de Kalisha y lo poco que había para hacer allí; de vez en cuando tenían recitales o actividades para la juventud pero en su mayoría el único lugar recomendable era el de un parque acuático con diversas piscinas y hasta un baño de aguas termales.

—Aquí es seguro, no tendrás problemas con asaltantes —le mencionó la unnie.
—Y aunque hubiese, asaltar a una estudiante sería ridículo —agregó con tono alegre la otra chica.
—¡Me sé defender! —les respondió flexionando uno de sus bíceps. En realidad su mayor atributo sería correr como demente y quizás golpearlo con el cabello, aún alborotado.

Las dos guías de Yun debían llegar a la residencia de estudiantes antes que el toque de queda terminase, no era nuevo para la mitad china que fueran estrictos en estos lugares; recordaba las veces que había quedado sin desayunar o cenar por escabullirse entre la gran zona del jardín. Su internado estaba en zona neutral, que fueran tan demenciales con las reglas sólo la motivaba a quebrantarlas.

 Aquí no, Kalisha es una zona de ataques aunque rara vez los “demonios” decidían hacerlo, más práctico parecía enviar sus monstruos a la tierra y hacer algún ataque suicida, la luna nunca había estado en sus planes. Aunque eso pensaron de Marte y fue destruido por ellos.

Se despidieron a tres cuadras del edificio “A.G.” y ella comenzó a caminar despacio, la noche avanzaba a prisa entre el ocaso y las farolas se prendían. El paisaje le pareció bello, mirando siempre hacia arriba sonreía de una forma tonta y casi infantil, que le iluminaba el rostro. Como niño que hace un gran descubrimiento.

—¡Uh! —se sobresaltó al sentir como vibró el móvil en su bolsillo. Lo sacó y leyó un mensaje que le envió Sun Jing.

”Tus guías quieren que llegues pronto y sana a casa, nos divertimos hoy. Le pasé tu número a Qiu Tong.”

Yun sonrió y dejó escapar una pequeña risita de entre sus labios, el llevarse bien con las dos féminas era su mejor logro desde que llegó allí ¡y ahora quería hacer cien amigos en Alma!

Siguió su camino hasta el departamento y entró sin fijarse a su alrededor, el lugar deshabitado ya le parecía usual y nada llamaba su atención. Quedó pensando en las clases que pronto darían inicio y sus nuevos compañeros, en Olivia y en el pasado que quería Yun recuperar o no, aún ignoraba si valía la pena o no.

Al poner su mano izquierda en el pomo de la puerta, sin saber que se podían abrir y cerrar por sí misma, sintió el calor de otro cuerpo tras ella y cuando la persona la tomó por la muñeca no pudo evitar temblar. Nunca antes, que recordase, le había sucedido aquello. La mano ajena apretó con fuerza la muñeca y la alejó del mueble.

—¿Hendrick Yun? —le susurró y un frío espectral se presentó en la espina dorsal—. ¿Verdad…?

Ella lo miró por el rabillo de los ojos, girando la cabeza un poco; lo que vio la dejó más intranquila: un rostro cubierto por una mata de hebras plateadas con un mechón rojo en medio del semblante y una sonrisa de oreja a oreja, casi macabra o lo suficiente para asustarla. No se podía apreciar las cuencas o pupilas pero sabía que el sujeto era aterrador midiendo uno ochenta más o menos.

Ella asintió como respuesta y él apretó con más intensidad, oyendo como cerraba la mandíbula y dientes con fuerza. Yun esperaba que fuera alguna broma de Olivia, un truco para un programa de Internet o una especie de treta para darle la bienvenida al complejo. Cualquier cosa menos eso… primero, ¿qué era eso? ¿Qué sucedía?

—¿Quién eres? —preguntó ella a punto de gritar, aún sin creerse lo que acaecía.
—¿Eso importa? —le respondió y abrió él la puerta, rodeando por el costado el cuerpo de Yun para impedir que escapase—. Entra —la empujó con fuerza y cerró tras de sí la puerta, sin soltarla de la articulación.
 
—¿Esto es una especie de broma? —lo miró con cierta desesperación esperando que así lo fuera—. N… no te conozco y bueno —tartamudeo mientras las rodillas le fallaban.
—No grites, no hay nadie aquí —resoplo dejando a la vista unas pupilas amatistas—. Nada te pasará, sólo estoy por Olivia y tú inútil padre…

Examinó el lugar con un rápido repaso en busca de algunas cámaras y si había algún otro sistema de seguridad del que debiera cuidarse.

—¿Por qué los buscas? —si bien no sabía quién era su padre, el mencionarlo en aquel momento no le traería ninguna ventaja y quizá molestaría al agresor.
—La familia Hendrick es mi enemiga —respondió sin dudar—. Será mejor que los llames o bueno, ya sabes lo que sucederá contigo… —soltó y se sentó en el sofá de la sala, apoyando sus pies en una pequeña mesa.
—… —no supo que contestar.
—Soy Belurum —dialogó él—. Prepara café, Yun.
—¿Preparar café? —inquiero casi indignada por la orden del sujeto.
—Sí —la miró de mala gana, frunciendo el ceño—, ¿acaso no sabes utilizar una cafetera?
—se burló prendiendo el televisor. Belurum parecía calmado y eso molestaba más a Yun y le hacía pensar con más fervor que aquella situación surrealista no era más que una mala broma que se les había salido de las manos.
—¿Por qué debería hacerte caso? —caminó hasta quedar al lado del mueble donde él se encontraba y ambos se miraron de muy mala gana, el ambiente parecía el Polo Sur.
—¿Acaso entiendes la situación? —suspiró—. Mueve el trasero a la cocina y dame un café doble a menos que quieras terminar esparcida entre la sala y el comedor…


Ella obedeció sin más, pensando en que quizás podría pedir ayuda si le dejaba unos minutos tranquila. Preparó dos tazas de café y le llevó unas botanas que compró el día anterior.

—Aun no entiendo por qué buscas a mi tía —con una bandeja en manos la trasladó a la mesita y Belurum bajó sus pies, apoyando ambos codos en cada pierna y encorvado la espalda.
—Olivia está metida en algo muy jodido. Madre no acepta lo que está haciendo y quiere eliminar a cada Hendrick que esté involucrado… Desde tus padres a parientes lejanos, ninguno quedará en pie cuando todo esto finalice.
—Perdí mis memorias hace cuatro años más o menos, no puedo comprender lo que dices. ¿Es sobre su nueva investigación? Ella mencionó algo... —parpadeo repetidas veces hasta mirarlo con la boca abierta, ¿de qué se trataba esto? Las dudas sólo la invadían mientras más conocía detalles de su familia.
—¿Eh? —también la miró, incrédulo de lo que le decía. Que una familia tan temible como esa fuera olvidada era casi imposible.

Nunca pensó en la posibilidad que la hija menor de aquel horripilante sujeto no tuviera recuerdos; él sólo se movía por los deseos de Madre, aquello era inadmisible para sus planes. La venganza lo motivaba, nada más. ¿Que debía hacer ahora? ¿Se la podía considerar inocente? No, también tenía pecados por los que pagar sólo por formar parte de los Hendrick… 

—¡Ya! —golpeó las manos contra la mesa, desparramando unas gotas del café que Yun le acababa de poner sobre el mueble—. ¡NO INTENTES ENGAÑARME! Yo… ¡conozco lo que los Hendrick hacen!
—¡¿QUÉ HACEMOS?! ¡¡DIME!! —le clavó las orbes con más intensidad, demostrando odio hacia él y luego exhaló aire bajando la bandeja—. Lo siento, esto… limpiaré ahora.

Belurum abrió los ojos como platos, sorprendido por la actitud de ella y la tomó del brazo nuevamente para retenerla y Yun dejó caer la cosa metálica al suelo haciendo un gran escándalo.

—No es necesario, siéntate —le ordenó—. Hablé de más.

El tono tranquilo de la voz de Belurum la apaciguó por algún motivo y obedeció sin más. Él quedó callado, aun sosteniendo el brazo de Yun y la soltó una vez que ella respiró profundamente.

—Mira, sólo quiero a los que están involucrados con la Armada Gillard, si no has hecho nada yo… — echó aire por la boca tratando de hablar claro. Los luceros cristalinos de Yun amenazaban con derramar lágrimas y lo sabía— no tengo motivos para... lastimarte. ¿Sí?
—¿Y mi tía?
—Ella debe responder por lo que ha hecho y Madre quiere su cabeza —cogió con la mano derecha la oreja de la taza y colocó dos cuadrados de azúcar para luego remover con una cuchara y darle un sorbo.

Yun lo seguía observando minuciosamente, Belurum no parecía mentirle más aún no lo entendía y quería herir a Olivia pero… ¿y si había hecho algo malo? Pagar por ello estaría bien, ¿cierto? Las dudas se hicieron más fuertes, para ella Belurum era tan desconocido como Olivia y sabiendo eso debía decidir un lado. Protegerla era la respuesta pero, aunque la tenía en la punta de su lengua, simplemente no podía.

Ganaría tiempo y le enviaría un mensaje a ella, si lo leyera al menos la protegería. No fallaría, ganaría con su astucia o la resguardaría de aquel ¿dominador tan aterrador…?

—No intentes nada —rió estruendosamente, copando el ambiente con ella e intranquilizando a la rubia—. Así como tu familia no es normal, tampoco lo soy yo. Matarte me es irrelevante, incluso me traería más rápido a los Hendrick.
—Temo más a mi familia que a ti —colocó una media sonrisa en el rostro—. ¡¿QUÉ PUEDES SABER TÚ CUANDO YO IGNORO TODO DE ELLOS?!

Por otro minuto se quedó pasmado por las palabras de la chica y luego echó una carcajada.
¿Que no sabía nada? ¡Si ella vivía con Olivia! ¿Inocente? ¡¡NUNCA!! No lo engañaría, no se dejaría embaucar por una mentirosa como ella.

—¡¿QUE NO SABES NADA?! Y UNA MIERDA —cambió el semblante por uno más duro, donde sus facciones se volvieron más graves—. ¡¡NO ME HAGAS REÍR!! ¿Acaso la hija de ese tipo ignora todo? ¡Já-já!
 
—Lo siento —pidió disculpas, como si el olvidar esas cosas fuera su culpa—. Lo lamento, me alteré. Si recupero mis memorias y soy culpable de algo, prometo no sé… ¿pagar?
—levantó sus hombros.

Belurum escondió el rostro tras los flequillos y asintió con la cabeza.

—Igual la pagarás, todos los humanos deben rendir cuentas con Madre.

Yun deliberó que él pertenecía a una secta y la tal “Madre” sería la jefa, quién le daba órdenes y que ese grupo correspondía de ser uno muy peligroso o al menos tanto como para cometer secuestro y homicidio. Sintió un poco de curiosidad pero como su secuestrador era de pocas pulgas prefirió guardar todas las preguntas y concentrarse en salvar a Olivia.

—Aun no logro entenderte —realizó una pausa—, Belurum.

El café se había enfriado y cuando él volvió a beber un trago lo dejó de inmediato: un café frío no es café; Yun lo bebió de un sorbo al suyo, disfrutaba la variedad de bebidas hechas con los granos negros y fríos le encantaban.

—No hay nada que entender —respondió—. El universo sin ustedes sería más agradable.

Yun se preguntó qué era lo tan terrible que su casta le había hecho para desear y querer desaparecerlos.

—Mi familia parece un antro de malvados seres haciendo enemigos en cada lado.
—No lo sé, los Hendrick son una familia poderosa dentro de la milicia y se encargan de la Armada Gillard. Tienen un centro de investigación bastante moderno y no responden a ningún gobierno.
—¿A.G. es Armada Gillard? —lo contempló una vez más, como si un gran misterio le fuera develado nuevamente.
—Sí, la cabeza de la organización es Gai Hendrick. Se rumorea que quieren construir su propia nación: Gillard New Emirates.
—¿Gai? ¿Mi padre? —trago saliva.
—No, Gai es tu hermano mayor y sucesor directo. El monstruo detrás de él, quién lo inició es… —fue interrumpido.

Una potente alarma comenzó a sonar por todo el barrio y los celulares de los dos jóvenes vibraron. Yun llevó por inercia sus manos a los oídos era la primera vez que oía aquel ruido ensordecedor. Belurum suspiró sacando el móvil del bolsillo de sus tejanos deshilachados de tela negra.

—¡Hey! —le mostró la pantalla del aparato, el televisor traía el mismo mensaje: “estamos bajo ataque, por favor busque refugio y salga cuando las alarmas cesen”—, es sólo un ataque de los demonios.
 
Ella no comprendía bien aquello, sabía sobre la existencia de unos seres que, actualmente, amenazaban la vida de la raza humana pero jamás los había visto o enfrentado.

—Hay que ir a un refugio —le explicó—. Estos edificios modernos suelen tener algunas “habitaciones de pánico” en los sótanos. Levanta el trasero, Hendrick.
—¡Jo! ¡¡Soy Yun!! —infló sus mejillas como un mohín y él se incorporó de un salto, tendiendo la mano para que ella la tomase.
—Da lo mismo —se burló Belurum y ella entrelazo sus dedos a los de él y ambos salieron del departamento.



<a href="http://www.youtube.com/watch?v=_ktQQpNPYc0" target="_blank">http://www.youtube.com/watch?v=_ktQQpNPYc0</a>

🎜♩ ♪  Can you see my frozen dream?
My frozen dream can never be
It is a paradox, you see
Such a frozen dream
Such a frozen dream can never be
Never be ♫ ♬🎝
«Cage ― SawanoHiroyuki[nZk]:Tielle»


Yun atinó a sacar el celular del bolsillo del jean y Belurum se lo sacó de la mano, detenido el paso bruscamente. Él no necesitaba escapar de los demonios pero si la vida de aquella chica corría peligro o moría, su plan podría fracasar estrepitosamente.

—Dame —atendió a la llamada, fijando que quien la hacía era Olivia.

“—¿YUN? ¿DÓNDE Y CÓMO ESTÁS? —la voz desesperada de ella se podía oír por entre los demás sonidos.
—Ella ha sido secuestrada, nos dirigimos hacia el refugio del edificio. De eso no debe pre...
—fue detenido por la mayor.
—¿Qué? —se oyó como algo de vidrio caía al suelo y se había añicos—. ¿Quién eres? ¿Qué quieres?
—Madre quiere terminar con la maldición llamada Hendrick. Yun está bien, por ahora lo importante es llegar al refugio, luego la llamará.
—¿Madre? —inquirió del otro lado y el otro colgó.”

Guardó el teléfono junto al suyo y Yun apretó frenética el botón del elevador, bajar por allí sería más rápido.

Pronto un temblor sacudió las lámparas y adornos del edificio junto a un ruido fuerte, Belurum no tardó en sujetarla una vez más y guiarla hacia las escaleras de incendios. Ella lo siguió.

—Subir a uno bajo esta situación es demasiado peligroso. Perder unos minutos contra morir aplastados por el metal es absurdo.
—Pensé que tendrían algún sistema de seguridad —dijo cabizbaja—. Lo siento…

Ambos comenzaron a bajar con prisa por la escalera hasta llegar a lo que parecía el final del camino. El cuarto oculto tras una escotilla se accionaba, como todo, por huellas digitales y las de la Hendrick ya estaban registradas según Bunchuu.


—¡Vamos! —la apresuró mientras los temblores se hacían más frecuentes y violentos.
—¡Hai! —presurosa colocó el pulgar en el detector y las compuertas se abrieron rápidamente dejando a la vista unas últimas escaleras para el descenso hacia la zona segura.

El lugar, si bien pequeño, le resultó cómodo a Belurum para pasar un momento de máxima tensión y los violentos sacudones desaparecieron, un punto a favor. La zona amortiguaba todo el impacto y sonido.

—¿Estaremos bien? —preguntó ella, poniéndose de cuclillas en el suelo. La oscuridad imperaba el lugar y salvo por una luz roja de emergencia nada más parecía en pie.
—Quien sabe —se encogió de hombros y se sentó a unos diez centímetros de ella—. ¿Tienes miedo?
—¿Acaso tú no? —le miró doblando la cabeza con curiosidad—. Tengo miedo a la oscuridad.

El extraño le devolvió el aparato del que se había adueñado hacía segundos, no pensó en los sentimientos de Yun y de que si aquello de la pérdida de memoria era real, sólo se estaría equivocando y eso le dejaría un mal sabor en la boca. Ah bueno, su ambición iba también a eliminar a los humanos.

—Puedes alumbrar con él —sacó el de él y colocó la linterna—. Por ahora te pro… protegeré.

La palabra “proteger” nunca le gustó, le traía malos recuerdos de la persona a quien había decidido proteger hacía dos años y murió frente a él. Resguardar a alguien le era imposible a él o no desde aquella época.

—¿Confiar o no confiar en mí captor? —llevo una mano a la barbilla, haciendo gesto como si pensara para terminar soltando una gran risotada—. Gracias, Bel…
—No tienes de otra —le puso la lamparita en dirección a las pupilas como venganza y Yun se retorció del dolor.
—No hay señal —la china se fijó en las barras del móvil y luego en las del contrario.
—Es normal, estamos muy abajo, aquí no hay nada. Ni agua.

Belurum había dejado su odio de lado esperando encontrar un beneficio mayor a su acto desinteresado por ayudar a una Hendrick  a sobrevivir un día más. No estaba seguro de que esperar pero lo hacía, podía palpar la venganza contra los enemigos de Madre entre las yemas de sus dedos.

—¿Qué harás después de esto? —le cuestionó la chica esperando un cambio en él.
—Matar a Olivia —mencionó tranquilo y sin dudar. Nada cambió en él.
—Pero serás un… —dejó de hablar para tomar aire y coraje— un asesino…
—Es el deseo de Madre. Si dice mata, mataré sin dudar —cruzó de brazos y dejó caer sus párpados; los ataques podían durar entre quince a una hora, eso si los “demonios” no eran una masa gigante y sin orden.
—¿Ma… —temió enfadarlo pero ya había llegado lejos y balbucear no le ayudaría— dre?
—tragó saliva observando y analizando detenidamente los movimientos de Belurum.
—Sí —arqueó una ceja y trató de reposar la espalda contra la fría pared para relajo—. Más bien, si Madre obtiene su venganza, si logra ajusticiar a sus enemigos, yo podré obtener la mía contra mi hermanita y el imbécil de Jin…

Ella parpadeó, más información de Belurum. Calló para analizar todo lo que conocía de él:

» Pertenece a una secta donde una tal “Madre” es la líder.
» No se identifica como humano, ¿qué es?
»¿Tiene entre diecisiete a veinte años?
» Quiere eliminar a los Hendrick de la faz de la tierra por algún extraño motivo (esto está relacionado con esa “Madre”).
» De temperamento volátil y quizá listo o astuto.
» Puede ser confiable si se olvida que aspira a matarla.
» Tiene una hermana, probablemente menor y Jin… ¿quién es? ¿por qué lo desespera tanto?


—Uh —con una gotita de subir en la cabeza suspiró, mientras más daba vueltas más notaba lo poco consistente que eran sus datos y que nada bueno saldría de allí—. Eres un misterio, Belurum.
—Mira quién lo dice —bostezó, parecía cansado—. La información de “Yun Hendrick” es tan escasa que si no hubieras arribado con Olivia tu existencia sería casi olvidada de los anaqueles de esa familia.
—Oh —masculló, el chico a su lado sabía más de ella que ella misma.
—Al conocerte puedo decir que no eres como ellos, me has sorprendido —le dedicó una escueta sonrisa—. Eres más boba. Yun-chun…
—¡Hey! —lo empujó suavemente—. Gracias, no sé qué hubiera hecho yo sola.
—Seguramente encontrarías la forma de sobrevivir —bostezo nuevamente—. Aparte confiar en tu enemigo es malo, más cuando este apenas y si tiene cordura.

La luz de un momento a otro dejó de ser carmesí y se transformó en verde. El ataque había finalizado y ellos dos habían sobrevivido; la confrontación apenas había durado veinte minutos, el tiempo necesario para conocerse a medias.

—¡¡Yun!! —se escuchó del otro lado de la escotilla y un chirrido metálico sonó, la puerta había sido destrozada con un único golpe.

Ambos chicos se pararon de inmediato y Belurum cubrió a Yun con su cuerpo. Él sabía que ella conocía sólo a un puñado pequeño de personas y quien acaba de entrar no podía ser normal, la fuerza que demostró era brutal.

—Oliv, tu tía, me envió a rescatarte —entre una estela de humo o polvo, la silueta de una mujer fue apareciendo.
—¡Birdy! —atrás de ella la figura de hombre también se dibujó a medias—. ¿Acaso querías matarla?
—¿Eh? Quizás le di al agresor —rió ella y un hermoso cabello rosado en degrades surgió junto a una mujer de exuberante figura.
—¡Debiste haberlo hecho con calma! —le gritó buscando en el cuarto a la pequeña por quién habían enviado.
—¿Los conoces? —le preguntó Belurum todavía cubriendo.
—No —negó efusivamente con la cabeza—. Dijo que vienen en nombre de Olivia.
—Así es —el chico parecía tener su edad y ser un japonés de raza habló—. Somos de la ISDA, la unidad que custodia la luna. Me llamo Senkawa Tsutomu y ella es Birdy.
—Birdy desu ~, para servirte pequeña Hendrick —avanzó peligrosamente hasta Belurum y de una patada lo lanzó contra la pared del lugar.

El sonido del cuerpo de ella chocando contra el pecho de él la asustó.

—Belurum… —tartamudeo, temiendo por la vida del extraño—. ¿Qué hacen? ¡ACASO QUIEREN MATARLO!
—¡Birdy la estás asustando! —le recriminó el acompañante de la mujer.
—Si él está bien, colocó justo el brazo para resguardarse del porrazo —dijo ella y en efecto, luego de que las motas de polvo se dispersara Yun vio, para su alegría, que el joven se encontraba bien—. Aquí no tienes oportunidad conmigo, te sugiero retirarte.
—¿Estás bien? —se acercó Yun para comprobar el estado de Belurum y él la empujó.
—No necesito la piedad de una de tu ralea —le recriminó. Por otro lado Birdy tenía razón, sus habilidades provenían de la tierra y en aquel angosto lugar sólo se encontraba en desventaja—. Me marcharé en paz, por ahora.

Trató de recuperar la compostura pero su orgullo estaba herido y sólo quería maldecir, masculló algunas palabras y se retiró.
Caminó tranquilo entre los dos recién llegados, que estaban en estado de alerta ante posibles ataques, y se alejó lentamente, sin bajar la guardia.

—Espera… —le detuvo en la escalera—. Belurum yo… ¿te volveré a ver?
—Si Madre lo ordena, quizás —colocó ambas manos en cada bolsillo de la chaqueta de beisbolista naranja que enfunda y retomó su camino hacia la salida.
—Tu número —insistió ella y él sólo la ignoró.


—¿Te hizo algo? —le preguntó el enviado de Olivia, examinando el cuerpo de ella—, ¿estás bien?
—Me ayudó… —susurro ella—, no entiendo nada…
—Es normal, te faltan memorias importantes —le manifestó Birdy, cerrando el refugio a sus espaldas.
—¿Qué me falta? —disputo consternada y cuando quiso circular sus piernas le fallaron;
la cabeza le daba vueltas.

 El mundo se oscureció.

Birdy la cargó en brazos y la llevó al departamento. La sobrecarga de emociones que había vivido ese día fue demasiado para una jovencita de su edad más cuando se encuentra “enferma”.

Pasó casi una hora antes de recobrar la conciencia y lo primero que fijó fue el cuerpo de su tía, la bata de laboratorio le quedaba ajustada en los senos y el semblante tranquilo la hacía relucir extraña. El chiste de “boob-tada” le hizo reír suavemente, girando un poco en el colchón.

—¿Yun? —le preguntó suave, ella se encontraba sentada al lado de la cama de la sobrina, leyendo un libro que cerró de inmediato al escucharla—. Lo siento… por mi culpa…
—Está bien —hablo tranquila la menor—. Conocer a Belurum fue… agradable.
—El chico aceptó su derrota —proclamo Tsutomu, algo colorado. Ver a alguien como Olivia, una genio, era surrealista para él y aquella era la primera vez que la tenía a centímetros.
—Descansare si no les molesta —les dijo Yun ignorando todo a su alrededor.

La fatigosa jornada había llegado a su fin tan pronto como las dos personas salieron del cuarto. Se sentía agotada tanto física como mentalmente. Solo quería dormir y dejar que aquello que aprendió hoy fuera asimilado por el inconsciente. Belurum era al único a quien podía preguntarle sobre quién era ella y también confiar, no parecía ser un mentiroso. Deseaba con intensidad volver a verlo, preguntarle nuevas cosas y conocerlo; primero debía buscarlo y sus únicas pistas eran: el nombre, Madre y Jin.

Suspiró y se tapó con el acolchado. Dormiría por ahora y recargaría fuerzas, ese era el único plan que tenía por ahora; supuso que, al tener casi su edad, lo volvería a ver en Alma o le preguntaría a su tía, quien parecía poder aportarle unos cuantos datos sobre ese extraño muchacho. 


« Last Edit: September 21, 2018, 02:00:36 PM by Miyu »




Miyu

Re: Beyond the night.
« Reply #7: September 23, 2018, 08:53:34 PM »
Edito para colocar los capítulos en spoiler, se hace muy pesado bajar el scroll con mi chatarrita  y borro anterior spoiler porque quedaba horrible tantos spoilers y nada de texto.

Trace #2

Sorry but you are not allowed to view spoiler contents.



Trace #3

Sorry but you are not allowed to view spoiler contents.
« Last Edit: October 10, 2018, 09:35:26 AM by Miyu »




Miyu

Re: Beyond the night.
« Reply #8: October 31, 2018, 08:52:57 PM »
Por si no lo logro a tiempo dejo mi tercer aporte en el patio, ay. >:

Trace #4
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Carraspeo, el ambiente frío de la tienda la hacía enmudecer y los nervios refulgentes en su interior la estremecían, cohibiendo a la pequeña de manera tal que jamás podría siquiera pensar en vocalizar sus emociones.  El lugar donde dio lugar la cita era una cafetería cerca de la casa de la asiática. El lugar, si bien rústico, cargaba con un ambiente familiar para disfrutar, con muebles de caoba y un amplio salón.
 
Ella halló posición frente a él, cerca del escaparate del lugar para tener una vista  privilegiada de la avenida que conectaba con uno de los tantos espacios verdes.
 
—¿Entonces? —preguntó el acompañante que a regañadientes acepto posar su humanidad frente a ella, sacando a la pequeña de la distracción en la que estaba envuelta; parecía estar perdida entre los transeúntes y el cielo falso de la colonia—. Te contacte porque nuestros caminos salieron cruzados… el encontrarme contigo aquí es…
 
Hizo una pausa breve. Intentar escoger palabras suaves nunca iba a ser precisamente su fuerte y rodó la mirada hasta ella: Yun, su pequeño gran problema. La chica que no encajaba en los patrones Hendrick’s que Madre le dijo; al menos no en personalidad, en apariencia -con el padre y el hermano-, los tres eran como gotas de agua ─rubios y pupilas de colores únicos y radiantes.
 
—Totalmente innecesario —largó sin consideración. Lo mejor era eso o al menos así lo veía él.
—Me quieren unir al ejército.
 
La fémina agachó la cabeza y sujetó con fuerza de la taza con café aún humeante. Ambas manos rodearon la porcelana cálida y Belurum dudó entre si actuaba debido a que necesitaba calor u otra cosa. Realmente la conocía solamente un poco pero ya tenía trazada una pequeña referencia de cómo era ella y la comparó con los demás miembros de los Hendrick’s.
 
—¿Y? —él sospechaba que eso sucedería tarde o temprano, también significaba que sus caminos volverían a unirse pero ya siendo enemigos jurados y no como dos extraños que, un poco, simpatizaban.
—No quiero —alzó las cuencas unos centímetros y lo observó con intensidad—. Me niego a todo esto. Es absurdo que yo pueda pilotear un endlave o lo que sea que quieran que haga.
—¿Qué harás?  ―cuestionó, sin darle mayor importancia.
 
Esas palabras fueron como un balde de agua helada para ella, tuvo que apretar con fuerza la mandíbula para evitar decir alguna estupidez. Necesitaba calmarse y analizar detenidamente sus posibilidades. Estrelló la taza haciendo un fuerte sonido que fue envuelto por los demás del bullicioso lugar.
 
—No lo sé ―alegó lacónica.
 
Esa fue la única respuesta que encontró para darle, ella esperaba que fuera él quien le diera alguna solución o mínimo un consejo, algo para negarse a aquel absurdo.
 
—No lo sé —repitió con la voz quebradiza.
 
Belurum cruzó de brazos y frunció el entrecejo, aun observando a la chica tan extraña frente a él. Podía matarla si así quisiera y la idiota había concretado un encuentro. No la veía como una enemiga, o no temer, más sí le parecía alguien dócil y fácil de controlar…  Un click hizo eco en el cerebro del albino. ¿Por qué no ha de usarla para sus fines? Jin asistía a la misma escuela que ella y si Yun fungía entre filas de combate como piloto seguramente iba a tener más probabilidades de una confrontación en el campo de batalla, suponiendo que trabajaría como espía y cuando estuviera ocupado luchando y sin posibilidades de escape, ¡atacaría!
 
Una sonrisa maliciosa se dibujó en el rostro del joven, el rostro afilado de él se tornó en un malvado semblante que ocultó bajando la vista hacia la mesa.
 
—Es algo inevitable… —respondió restando importancia al hecho— puesto que eres una Hendrick.
—Pero —mordió el labio inferior, algo le impedía decir lo que quería.
 
Belurum resplandecía de felicidad por dentro, tener a una “aliada” muy cerca del enemigo… tener vigilado a Jin… ¡Ah!, un problema se presentó. Si a ella le decían de hacer una resonancia con un huevo de dragón estaría perdido, a menos que fuera tan manipulable como ella.¿Qué posibilidades había de que eso sucediera?
 
¡Uh, lo pensaría a la marcha! Ninguno de los familiares de Yun aparentaba siquiera tenerla presente.  Hasta ahora sólo el padre la visitó y por unos breves minutos, aunque ella ignoraba conocer la identidad de él; los demás nunca aparecieron en la vida de la rubia y, por lo visto, tampoco les era prioridad.
 
—¿Conociste a otro Hendrick? —preguntó alzando una ceja y los cabellos rubios se movieron rápidamente, ofreciendo una negativa.
—No, aunque dicen que hay otra en Alma. Una japonesa.
—Ah, la hija de Gai, tu hermano mayor. Está casado con una japonesa, vivía allá hasta hace nada —explicó, tomando un poco de café con bastante delicadeza.
—¿Contra ella también estás?
—Hizo una reso… —carraspeó rápidamente, tratando de eludir lo que iba a decir—.  Bueno, sí. Ella no es como tú…
―¿Cómo soy? ―eventualmente tenía que preguntar eso pero Belurum enmarcó una mirada confusa que Yun no pudo ver, aún tenía el rostro gacho.
 
Pensó unos instantes pero carecía de las palabras correctas para darle motivos para convencerla y lo sabe muy bien. ¿En qué se diferencian Yun del resto? Bueno… meditó, sus memorias perdidas la hacían como una tabula rasa ─en cuanto a la historia familiar─  en la que trabajar, claro que nunca diría eso pero la hacía inocente de culpas o eso creyó. ¿Quizás la ingenuidad de la idiota…? Eso tampoco le servía.
 
Siguió deliberando unos instantes más. Gai y Bunchuu eran pragmáticos, Hime ─a sus ojos─ la consideraba una niña mimada, Olivia anteponía su trabajo incluso sobre las normas éticas y así… Yun, por su parte, era una idiota…
 
—Olvida lo que dije —con tono afligido se dedicó a mirar el poco líquido oscuro de la taza y a revolverlo mientras daba vueltas la losa sobre el platito—. Ella es menor a mí, no puedo permitir que le hagas daño a una niña…
—¿Por qué te preocupa una persona que carece de importancia para ti? 
 
Los sentimientos de Yun se encontraban en un serio conflicto. Las palabras de Belurum colisionaron contra ella y debatía internamente entre lo que estaba bien y mal…  ¿lastimar a una niña? ¿Que las hacía diferentes ante él?, por lo visto nada. Su corazón dolía, quería romperse; abandonarlo era una palabra que sus labios jamás soltarían y ella era consciente que él también se encontraba al tanto de los sentimientos que portaba para con él.   
 
—Belurum yo… —ejecutó una amplia y larga tardanza, en la que el acompañante aprovechó para terminar el poco brebaje que sobraba en el pocillo—…  no sé. Perdón no debí citarte.
—Uhm —encogió de hombros como respuesta, el estar en ese sitio no le sumaba ni restaba a la misión principal impuesta por Madre—.  Entonces nos vemos, Hendrick.
 
Hizo ademán a levantarse y fue detenido por la joven. Aún tenía tanto por saber y aprender de él que sintió que dejarlo ir sin más sería un grave error; finalmente se dio cuenta que deseaba demasiado estar con Belurum.
 
—… —sorprendido por la actitud de ella, alejó la mano que lo cazó de la manga de su chamarra. Asco, que un humano lo tocara y afiló su mirar—. ¿Qué?
—¿Qué eres? —soltó. La primera duda que tuvo recordando las cosas que conocía, a medias, del joven—. ¿Quién es “Madre”?
 
Crespo sus labios para responder, no se sentía molesto por el cuestionamiento de Yun, total había sido descuidado en soltar información y estaba al corriente que si ella vivía con Olivia, tarde o temprano aquello sería respondido por ella. Mejor que lo oyera de él y no de la loca, controlarla sería así más fácil a la larga. La confianza de Yun ya estaba bajo su control.
 
—Soy un dragón —dijo expectante ante los iris oliva de la acompañante. Decidió hacer uso de los sentimientos humanos y sujetó la mano que el mismo alejo segundos antes—. Un extraterrestre para ti.
—… —los oídos de Yun estallaron ante esas palabras; sorprendida nunca, sospechaba que no se consideraba humano pero ¿dragón…? Una raza así sólo eran mitos terrestres que nadie creía ni creería jamás—. Ya veo…
—¿Me temes? —escogió cuidadosamente  las palabras e hizo que las pupilas de ambos se encontrasen. La observó con intensidad, con un semblante impermeable para los inquisidores sentidos de la rubia y entrelazo los dedos de las manos contra los de Yun—. Debes saber que yo jamás te lastimaría.
—No, yo no… —balbuceó sintiendo las mejillas y oídos detonar en un ardor intenso, la palma cálida de él la aturdió y correspondió el gesto con una gentil sonrisa, tan suave como creyó que era el toque dado por el dragón—… no te temo.



El enemigo se acercaba a velocidad rítmica le dijeron desde el centro de observaciones; Gai fue invadido por un sentimiento que hacía tiempo había olvidado: felicidad. Una grata satisfacción que lo hacía entender que absolutamente todos sus planes estaban resultando como quería ─o como debían transcurrir los hechos─, claro que con algunos contratiempos ocurriendo pero nada que un genio como él no pudiera corregir en el transcurso de la historia y otros errores, simplemente inevitables que, aunque quisiera, debían suceder por causa y efecto.
 
—Aquí Gai —cogió la radio para comunicarse con la central de operaciones—. Iré con Hime y Solomon, envíen a Jin.
—Como ordene, señor —respondió el operador.
 
El hombre reposó el aparato en el escritorio de roble negro y trazó una fina sonrisa con los labios, respirando con lentitud. Lo mejor era mostrar a Hime, su hija, que nada sucedería si tenía cuidado en el ataque. Dejó escapar un resoplido de felicidad, verificó con la vista algunos documentos que tenía sobre el mueble y aún debían ser firmados o analizados. Suspiró.
 
—Gai sama, se ha identificado que el enemigo es un dragón terrestre —entró al cuarto Solomon, destinando la cabeza al suelo como señal de respeto—. Lo más prudente es eliminarlo fuera, las pérdidas serán mínimas y hay pocas probabilidades que el enemigo ingrese dentro de Kalisha.
—Abre el sector C, lo quiero en la ciudad —giró la silla hacia la ventana, contemplando el paisaje que ofrecía la urbe; hermosos edificios que se erigían hasta la distancia, con parques y lagunas artificiales que se perdían a la lejanía. Arriesgar todo por una practica, ¿eh? —. Hime debe presenciar el combate.
—Entendido, Gai sama —apretó los dientes al contestar. Solomon sabia del entrenamiento de la niña pero poner a los conciudadanos en peligro… igual, obedecería siempre porque es un dragón y compañero de Gai. En sus genes estaba el nunca incumplir con una orden encomendada.
 
La voz profunda de un hombre empezó a sonar por toda la ciudad, alarma que algo sucedía y que todos los habitantes debían de dirigirse a un centro de refugio lo más rápido posible si querían sobrevivir.
 
«¡Advertencia, advertencia!» con sirenas de fondo y carteles holográficos que se alzaba en cada esquina daba el preludio de una amenaza. «Tropa de mimics se han avistado a la distancia y se preparan para ingresar por el norte. El aterrizaje será inminente. Dirigirse a las zonas de refugios» al término de esto las palabras se desvanecieron y en su lugar se desplegó un mapa con flechas indicando cada refugio registrado en la A.G. para el resguardo de las personas.
 
La existencia de los dragones o una división especial para aquellos que hacían una resonancia era información clasificada, de hecho, el problema principal radica en que si los dragones terrestres perdían la resonancia –por muerte del Communicator, principalmente o por estrés de los mismos–,  entraban en un estado catatónico donde todo lo que pensaban era en matar. No siempre sucedía pero es algo que los altos mandos tenían en mente.
 
 
 

 
—¿Qué sucede?
 
La voz de Hime adormecida retumbó en la biblioteca, apenas audible fue tragada por el escándalo de alerta en la ciudad. Ella quedó dormida en el salón con la esperanza de ver a Friday en sueños,  tal aura de misticismo que desprendía la dejó absorta; esta misma tarde lo vería nacer y al fin hablaría con él, estaba tan emocionada que decidió saltarse algunas clases ya que se le hacía imposible concentrarse.
 
—Un ataque —se aproximó el encargado de la biblioteca hasta el ventanal de la espalda de Hendrick—. Hay que ir al refugio…
—¿Ataque de qué? —preguntó restregando ambas ojos con las yemas de los dedos—. Kalisha es pacífica.
—Hoy no —respondió con ironía, viendo cómo el alumnado que participaban de algún club se organizaban en el gimnasio.
—¿Hendrick Hime? 
 
Un hombre se dirigió a paso firme y regio hasta donde la pequeña se encontraba sentada. Los dos chicos lo miraron sorprendidos de ver a alguien tan joven con la solapa cargada de estrellas militares, indicando el rango.
 
—Soy Kamishina Jin, trabajo… no… —dialogó meditando la forma más simple de decirle a lo que venía y sin tantos rodeos—. El escuadrón al que pertenezco trabaja bajo las órdenes directas de tu padre, Gai sama. Él encargó que fueras llevada a la base Alkali.
—… —Hime caviló unos instantes y el encargado de la biblioteca se fue en silencio de la habitación, debía ocultarse de los mimics rápidamente. En otra ocasión pediría disculpas—. ¿Para qué?
—Entrenamiento —atrás de él apareció una chica de largas hebras rosadas.
—Jin —pronunció suavemente—, es hora.
 
El joven de tez clara sujetó a Hime de la mano, tirando de ella para ponerla en pie,  mientras que la otra mujer lo sostenía a él. La Hendrick vio un destello de luz que los invadió a los tres y por el centelleo brillante fue obligada a cerrar los párpados.
 
—Esto es una actualización —rompió el silencio quien respondía al nombre de Jin y ella abrió los párpados lentamente para acostumbrarse al… ¿cambio de escenario? 
 
Perpleja roto la visión alrededor para contemplar detalladamente el angosto sitio. Era nuevo para la japonesa, con cosas que no alcanzaba a comprender con las limitaciones mentales que tenía.
 
—¿Actualización? —dubitativa lo interrogó, los nuevos términos le eran totalmente ajenos y cayó de inmediato que estaría relacionado con Friday. Eso le hizo acelerar el pulso.
—Es cuando el dragón regresa a su forma original —informo Jin con tono neutro.
—Oh —rió de forma casi mecánica al estar nerviosa—. La chica que estaba contigo… ¿es un dragón?
—Sí, cuando toma forma humanoide se le conoce como comunicador y a nosotros como dragonauts.
 
Hime miró a Jin, sin duda era un japonés nato con hebras negruzcas que caían pasando el cuello de manera desordenada. Las facciones del joven lo hacían lucir cansado y enfermizo por la oscura línea formada bajo las orbes, un negro intenso que pasarían años antes de aclarar.
 
—Oh —repitió ella, procesando lo que sucedía.
 
La imagen de Gai apareció en un monitor al costado de lo que, a primeras, era una cabina semejante a los mechas endlaves. Su padre, aún tras una pantalla, se mostraba regio y magnifico, como siempre. Jin apretó un botón rectangular rojo abajo del aparato y saludó al superior con todos los honores, inclinando la cabeza y posicionando el brazo derecho encima del pecho en una línea horizontal. 
 
—Siento tener que encargar esto, Kamishina kun —hizo una breve ceremonia correspondiendo a la de su subordinado—. Mis obligaciones impiden acompañar a mi hija —la voz se percibía dolida, de verdad quería salir del uniforme elegante y de corte ajustado para enfundar el suite de los dragonauts.
—La protegeré y trataré de instruir en esta operación a su hija —agachó la cabeza. Estas cosas de formalidades nunca fueron para él y tampoco las lograba comprender; su nación siempre se había mostrado pacifista por lo que ver a japoneses como pilotos era muy raro, más teniendo diecisiete años—. ¿Cambio y fuera?
 
Gai rio suavemente ante las expresiones de Jin, en ese momento pensó que ambos se parecían bastante.
 
―Nos vamos ―ordenó Jin y la cabina donde los dos estaban cobró transparencia, dejando ver el exterior y que el dragón se hallaba surcando el “cielo” limitado de Kalisha. El chico pasó a sentarse de manera incómoda, como si montara una motocicleta de carreras, encorvando la espalda y hundió las manos en una especie de guanteletes de donde estiró unos hilos brillantes.
 
 

Belurum acarició la yema del pulgar contra el de ella, la mano de Hendrick era suave al tacto y le hacía cosquillear su dura piel y,  también, le correspondía una calidez agradable por haber sostenido tanto tiempo el café. ¡Já! Quería reírse de tan mala situación, y vomitar de paso, tener que tocar a dos de sus enemigos evocados en una sola persona… ¿por qué tenía que pertenecer a esa familia y ser una homo sapiens? ¿Qué era peor? Rió internamente.
 
―Yun…  ―pronunció tragando toda la rabia que sentía y el asco.
 —¿S-sí? —respondió sin incomodidad, con el corazón regurgitante de miedo por lo que evocaría a continuación, no obstante el tenerlo ahí le daba seguridad y confianza.

En eso, a la cercanía, una gran bola de fuego se elevó al cielo en forma de una columna rojiza y la onda expansiva tardó unos segundos en llegar, rompiendo los escaparates y ventanales de todo lo que estuviera cerca del núcleo. Belurum percibió que algo andaba mal y a prisa pudo saltar sobre ella, protegiendo de la lluvia de cristales que se formó frontal a ellos.
 
—¿Belurum?  —aprisionada en el suelo por el cuerpo del acompañante, buscó con la mirada la de él. Aún se encontraba confundida por los sucesos y únicamente recordaba un estallido y el sonido de los cristales rompiéndose.
—¿Un ataque dentro de la colonia? —un sudor gélido se filtró en la nuca del joven—. Ugh… —gimió de dolor. Al mirarse el hombro notó como una estela de vidrio le hirió, no tenía tiempo para esto. Necesitaba saber si eran los mimics u otros dragones.
—Estás herido —llevó la extremidad hacia la mancha de sangre que se extendía por las prendas de él, el blanco de la chamarra fue superpuesto por un carmín de diez centímetros. Dudó entre tocar la zona afectada o no— y por mi culpa…
 
El extraterrestre frunció el entrecejo y se incorporó para luego ayudarla a ella. No tenía intenciones de ser compadecido por una estúpida humana y menos si esta corresponde a su enemiga. La resguardo sin pensarlo mucho, como un acto involuntario hecho por el cuerpo.
 
El pánico alrededor de ambos chicos comenzó a elevarse y los gritos guturales de los presentes se oía nítidamente. Todos sabían lo que sucedía y nadie quería morir, pasos apresurados se hicieron presentes, los ciudadanos querían huir de aquello y salvaguardar sus vidas.
 
Belurum se incorporó enseguida y ayudó a la pequeña a recuperarse.

―Nos vamos ―caminó entre los vidrios luego de que la mayoría ya estaba fuera del local y auxilio a Yun para pasar por los escombros, el ataque fue a unos cien metros o más y era imposible saber la dirección en que seguiría el enfrentamiento.
―Tu herida ―logró detenerse en seco, sacando un pañuelo para limpiarlo o cubrirlo. El saco que traía estaba hecho jirones en el hombro izquierdo por culpa de los vidrios y se auto recriminó por haberse sentado cerca de la calle.
―Mi raza tiene un acelerado nivel de curación, si son rasguños como estos me toma tres minutos ―suspiró apartándola del camino y pasando el primero para seguir adelante, ya habían sido demasiadas interrupciones y una misión se presentó de improvisto―. No te preocupes, Yun-chu.
―Pero tú… ―negada a dejar de ansearse por, lo que considera, su amigo, lo siguió muy de cerca.
 
Las calles desiertas eran sólo el prólogo para lo que acaecería a continuación, una pelea en las calles de Kalisha era absurdo; si se trataba de los dragones lo más probable que Jin Kamishina estuviera allí con Toa  –su hermana–, ellos aún ignoraban el hecho de que Belurum había llegado a la luna y que los quería cazar a ambos y recuperar los huevos de dragón que le fueron sustraídos a Madre.
 
 
―¿Qué haremos? ―siguiendo el paso del joven logró alcanzarlo y el apuró la marcha para evitar contacto visual con ella.
―Te dejaré en un bunker ―le dijo ―. Debo hacer cosas…
 
El refugio más cercano se encontraba a dos cuadras y seguramente estaría repleto de gente, aunque también conocía la existencia de dos más. Debía dejar rápidamente a Yun para vigilar la escena de la lucha. Los dragones atacaban la tierra, por algún motivo; mientras que los mimics eran más descuidados y simplemente mataban a todo lo que se interponía frente a ellos como máquinas asesinas o “perfectos soldados” como oyó una vez hablar en un programa de televisión sobre conspiraciones gubernamentales.
 
―¿Cosas? ¿Herido? ―le cuestionó y vamos, que aunque no fuera humano, la sangre manando de la chamarra era un indicador de que podía morir si algo salía mal, o sea que los dragones no eran inmortales―. En ese estado…

Belurum largó una risotada estruendosa, burlándose de lo dicho por la “idiota” y porque notó como le había rotulado con la palabra “mortal” sobre el rostro.

―¿Acaso crees que necesito niñera? ―entre risas logró soltar eso y unos pasos más lograron llegar al búnker.
 
El lugar aún estaba abierto, custodiado por militares que portaban los emblemas de la Armada Gillard. Nada raro suponiendo que la luna era defendida por la familia Hendrick y se encargaban de la seguridad, principalmente y algunas actividades clandestinas de investigación por parte de Olivia Barchenowa.

 
―Aquí es el refugio ocho, debes mostrar tu ID y ya estarás dentro.
 
Aún había rezagados como ellos que entraban lentamente al lugar, esperando presenciar un pequeño combate entre las armas terrestres y los alienígenas. Otros hacían fila para mostrar una pulsera donde contenía el chip con la identificación de usuario en Kalisha. Algo muy útil si se usan la base de datos en los escáneres para identificar extranjeros ilegales o formas de vida no identificadas.
 
―Iré contigo ―ella no quería separarse del dragón, algo le decía que si se dividían ahora no lo iba a encontrar de nuevo o que sería muy difícil.
―Tienes mi número, nos volveremos a ver ―trató de tranquilizarla, adivinando lo que Yun pensaba por la expresión dolida en el rostro―. La herida está casi cerrada…
―¡¿Yun?! ―levantando un brazo, se les acercó una mujer vistiendo el traje de policía militarizada. Al verla a medida que aproximaba, distinguió a Mnemosyne. La vestimenta la hacía lucir mayor de lo que realmente era pero también exótica; un uniforme completamente blanco desde los zapatos de charol, la falda tubo, hasta el saco formal con las insignias de la A.G., lo único discordante eran la pantimedias negras que resguardaban ambas piernas―. ¿Qué haces con él? ―la voz en alerta y amenazante de ella hizo que Belurum cambiase el semblante a uno más duro y feroz.
―¿Sya…? Erh, es complicado ―respondió apartando la mirada de ella.
―Nada que a un perro le incumba ―arrebatado respondió―. ¿Qué? ¿Ahora te dedicas a custodiar los bunkers en vez de cuidarle el trasero a Bunchuu?
―Para darte una paliza a ti, Bunchuu lo puede hacer solito ―colocó las manos en las caderas y lo observó con una sonrisa triunfante―. En este momento estamos bajo ataque, así que por esta vez puedes entrar allí, puesto que Yun te tiene aprecio y parece que están discutiendo sobre eso.
―Me niego a aceptar algo del perro de ese tipo ―tomó el brazo de Yun y la acercó a él, les dejaría saber que esa chica lo obedecía ciegamente y que estaba bajo su control, jamás con ellos―. Nos vamos.
 
Ella obedeció, dejándose guiar por el extraterrestre. No tenía motivos para desconfiar de él y hasta ahora todo lo que sabía era que la ayudaba cada vez que se encontraba en problemas y entre unos desconocidos y él,  no había inquietudes de a quién creía tenía que seguir.
 
―Sí ―asintió, prestando atención a la herida del hombro.
―No ―Mnemosyne la tomó por la mano libre e hizo que se acercara a ella―. Es un extraterrestre, enemigo de nosotros. ¿Lo sabes?
―¿Qué no soy humano? Le conté porque a diferencia de ustedes, yo no debo preocuparme por esconderme atrás de un velo de mentiras… ―hizo una pausa―. Como tú, el olor a humano es tan repugnante y se entremezcla con la de un dragón… ¿qué eres?

Mnemosyne cayó en las palabrerias del otro y un odio intenso se apoderó del corazón de la apacible y somnolienta niña; arrebatada por la ira se lanzó con una patada recta hacia él y, a sabiendas que en una pelea cuerpo a cuerpo tenía desventaja, busco entre la falda del uniforme una pequeña arma paralizadora.
 
—¡Gya! —gimió, golpeando el talón de los zapatos de charol blanco contra el pavimento, Belurum la esquiva con gran agilidad.

En el mismo movimiento, tomó a la asiática por la espalda y las piernas que se flexionaron, aferrandola a su cuerpo como si de una princesa se tratase; Yun de inmediato lo rodeo por los hombros para sujetarse.
 
—Nos vamos Yun-chu —el chico realizó mucha presión en el suelo y logró saltar alto, hasta perderse entre los edificios.
 
Yun por inercia trato de cerrar la membrana que recubre el iris pero decidió fijar la mirada en él y el paisaje que se alzaba magníficamente ante ellos, incluso el viaje a la luna palidecía a eso; el viento rozando sus mejillas y la ciudad que se mezclaba entre ambos junto al límite de la cúpula. Luego se sintió observada y se encontró con el mortecino mirar de las cuencas amatistas de Belurum.
 
—¿Sí? —habló, temiendo que quisiera arrojarla por ahí.
—Querías venir conmigo, ¿cierto? —con semblante serio se dirigía a prisa a la zona de combate, a veces teniendo que impulsarse nuevamente contra la cumbre de algún bloque—.  Parece que tus deseos se hacen realidad —rió un poco.
—Sí —respondió sin moverse—. Siento que si nos separamos ya no te volveré a ver.
 
El otro enmudeció, el plan de usarla era tan bueno y aún así se sentía culpable; Yun, a primeras,  se notaba lo desequilibrada que estaba y aprovecharse de eso, aunque fuera fácil, no lo veía como algo viable.
 
—Tienes mi número —respondió—. Yun-chu…
—Lo tengo pero estoy segura que me ignoraras, pareces bueno en eso  —giró la cabeza haciendo un mohín debido al apodo.
 
Ambos carcajearon suavemente y Yun deslizó la mano dominante hacia las mejillas frías del acompañante, tocando con cuidado la helada piel del dragón.
 
—Gracias por todo —su voz fue como un suave murmullo, continuando con el roce; el contraste entre la congelada tez de él y los cálidos dedos de ella era raro.
—Uh —expresó confundido, la caricia de ella no le disgustó del todo y temió que la presencia de esa chica se volviera importante para él, quien no tenía derecho a ser feliz. No.
 
La carga que llevaba en sus hombros, para el dragón, es más grande y de mayor peso que la de otros. ¿Ser feliz? Le está negado categóricamente, según las convicciones que adquirió desde que nació abruptamente hace cuatro años.
 
En silencio llegaron hasta un edificio ubicado a diez metros, como máximo, del lugar donde se estaba llevando a cabo el enfrentamiento. La dejó con cuidado en el suelo de la azotea y se dirigió a un zona frontal para tener mejor vista del combate.
 
—¿Esto es lo que se suponía era tan urgente? —seguida de cerca por ella, colocó las manos, como si rezara, a la altura del pecho. El tono afligido de ella le hizo girar la cabeza y luego volvió al objetivo.
—Esto no tiene nada que ver contigo —tajante al decir esto, eludió cualquier reproche de Yun. 
—Pero tú si tienes algo que ver con esto —aspiró aire para dejar salir absolutamente todo de ella—, y tienes mucho que ver conmigo…
—Esa es tú opinión —manifestó él, continuando con el mirar entornando en la escena.
—Belurum…
 
El dragón, enfocado en la escena de enfrente, se deleito con la poca precisión del “enemigo”. En efecto, era un dragón, uno terrestre que había perdido la cordura y ahora en la mente sólo le aparecía la palabra “matar”. ¿Por qué venir a la luna para ello?  El olor a escamas quemadas por la velocidad alcanzada al salir de la órbita terrestre lo delataba.
 
—¿Son endlaves? —preguntó Yun.
—No, son dragones —respondió.
 
La diferencia entre un mecha y un dragón eran enormes, principalmente que uno aparentaba ser como el cuerpo humano pero más quimérico; el otro, por su parte, era un organismo vivo con colores y formas tan variadas que poco cabía en el imaginario humano.
 
—Tch —chasqueó la lengua, molesto—. Jin…, Toa…
 
Las facciones indiferentes de él se tornaron en un rostro inflexible y rígido. Los labios se torcieron en una sonrisa que ella sólo apreció a medias pero igual de maldita a la que tenía en el primer encuentro. Violenta, en otras palabras; el mirar del joven se vio envuelto en algo bestial.
 
 «Jin y Toa» repitió mentalmente una y otra vez, Yun supo al instante que la hermana de él debía de ser Toa pero mitigó cada ruido.
 
—… ¿Qué sucede? —logró articular, precipitándose más a él—. ¿Por qué actúas así?
—¿Por qué? —giró ciento ochenta grados, para quedar frente a ella y ésta decidió que hubiera sido mejor nunca preguntar—. ¡¿POR QUÉ?! —una estruendosa risa salió disparada de entre los labios y levantó hacia el cielo la palma derecha de la extremidad, extendiendo los dedos en el proceso—… Los mataré. Mataré a Jin y cumpliré mi misión con Madre.
 
Detrás de ellos una lucha encarnizada se llevaba a cabo; ambos reptiles –de tres a cinco metros de diámetro– disputaban el dominio sobre el otro. Rayos luminosos salían de las fauces de los monstruos y las alargadas alas de ambos se batían a un nivel que el cerebro humano no lograba captar, creando rafagas de viento tan poderosas que rompían las pocas ventanas aún en pie.
 
—Mira, mira —le dijo a Yun y unas gigantescas espinas salieron proyectadas de la tierra hacia el dragón blanco—.  A que estás disfrutando,  después de todo eres una Hendrick y en tus genes está el amor por la guerra.
 
Las espinas de un material sólido dieron en las alas de la bestia y dejaron de moverse, precipitándose contra un edificio cercano.
 
—¡JA-JA-JA-JA! —risas mecanizadas fueron pronunciadas por él y colgó las extremidades en el estómago para acentuar la burla.
—… Belurum —dijo, dolida de algún modo pero cualquier cosa que pronunciara sólo alteraría más al acompañante.
 
El reptil retrocedió al ver el rostro melancólico de ella, dañarla más de lo que estaba no entraba en sus planes. Pronto el otro animal se transformó en una versión humanizada entre halos de luz y abruptamente cayó al suelo, alejado del otro animal.
 
—¿...? —vió que toda la historia de Belurum era cierta, el pavor recorrió la espina dorsal como una correntada eléctrica e hizo los mismos pasos que él hacia atrás; los ojos desencajados del acompañante le asustaron.
—Hendrick o Kamishina, son todos iguales —marcó aún más la sonrisa de ironía y superioridad y elevo, esta vez, ambas manos hacia el cielo—. Podría matarte ahora mismo, ¿sabes?  Tengo dos habilidades, la primera me permite disparar estas espinas que has visto y las segunda es cortar la resonancia entre el dragón y el dragonaut, aunque es muchísimo más complejo.
—… —confundida, siguió retrocediendo un par de pasos más.

 

Hime intentó hacer memoria de los últimos veinte minutos antes que, de alguna manera, colisionaran contra un edificio. Las únicas cosas que venían a la mente era el hecho de haber estado dentro de un “dragón” o sea un ser vivo… ¿y luego? La batalla comenzó y… nada… ¡Agh!, llevó las manos a hebras negruzcas del cabello y lo tironeo por el nerviosismo.
 
―Unas espinas nos atacaron ―susurró, viendo los escombros alrededor, el edificio de concreto aún resistía como muestra de la magnificencia del trabajo humano conjunto a las máquinas.
―Es mejor irnos ―la chica de cabellos rosados apareció de entre paredes caídas y polvo disperso. La pared al frente de ellas estaba derrumbada y dejando a la vista la calle donde hasta hace minutos combatían—. Soy Toa, comunicador de Jin.
—Es un gusto, Toa san —saludó cortésmente con un movimiento de cuerpo  y la mujer comenzó a caminar hacia unas escaleras.
—Jin nos espera —Toa no parecía tener heridas ni Hime por lo que decidieron correr a sabiendas que la construcción se podía llegar a desmoronar.

A los pocos pisos abajo se encontraron con un Kamishina impaciente que fue abruptamente a saludar a Toa, preocupado por el estado de ambas.

—El otro dragón colisionó a tierra, esto es extraño —les dijo—.  Es la primera vez que sucede algo así.
—¿Eh–? —desorientada, Gime concluyó que las peleas entre ellos eran complejas.
—Verás, es imposible romper la resonancia porque eso significaría que ya no hay lazos entre nosotros —carraspeó él para continuar, experimentaba sequedad en la garganta—. Es imposible. ¿Puedes actualizar, Toa?
—Creo que sí —respondió.



—¿Ahora temes? ¡Já!  —touché, aunque ella no estaba aterrorizada de él, no. Sólo sentía el aura de peligro que se expandía desde el albino.

 Belurum giró hacia el edificio en ruinas y levantó las manos, atacar en un momento así los dejaría a su merced y quizás hasta los llegaría a matar. El pequeño entumecimiento en el hombro herido originó que tuviera que bajar el miembro no mucho.

—¡Estás herido! —seguía con las manos posicionadas en un rezo y la ignoró.

Entre tanto parloteo y el sonido del concreto estrellado contra el asfalto de la calle, los dos ignoraron de cómo varias personas hacían su ingreso a la terraza, donde están.

—Hey, bestia,  quedas detenido en nombre del International Solarsystem Development Agency, ISDA para abreviar —el primero en aparecer fue Bunchuu, quien con un duro rostro se acercó a extrema parsimonia—. Aléjate de ella o dispararé —le apuntó en el corazón sin dudarlo y un punto rojo lo marcó como objetivo.
—¡¿Ah~?! —abrió las fauces bien grandes, dejando a la vista unos incisivos gigantes, deformando cada palabra y sonido proveniente de la boca—. ¿Acaso escuché algo de ti?
 
Apretó el gatillo tres veces sin vacilar, las balas fueron directas a él y con un leve movimiento de muñecas creó un muro de espinas alrededor de Yun y él, aunque esta vez no necesitaba protección. El bastardo jamás lastimaría a su propia hija. 

Los casquetes usados cayeron a la superficie de hormigón y volvió a cargar el fierro.
 
—Esta vez no fallaré —dijo el hombre, dando unos pasos sin vacilar hacia el frente—. Nigrum, entrega a Yun y termina con esta locura tan colosal.
 
Las palabras de Bunchuu tan seguras lo hacían pensar que quizás en el alrededor del lugar había más atacantes, francotiradores dispuestos a poner en riesgo la vida de su acompañante y eso, por algún motivo, lo irritó de sobremanera. El dragón se acercó a Yun, chasqueando fuertemente la lengua. Hacer de niñera y guardaespaldas no era algo que le encantase sin embargo que la idiota resultara lastimada le era impensable.
 
—¿Qué haces? —susurró ella al darse cuenta que la traía contra su cuerpo, reposando con minuciosidad el torso contra la espalda de ella y la abrazó por la cintura. Levantó con un movimiento una pared con bordes puntiagudos para protegerlos.
 
Él la ignoró y Bunchuu disparó una bala que atravesó con un gran hueco la pared erigida con sus habilidades. Pronto todo colapsó y el bípedo tuvo que saltar con la pequeña para evitar ser alcanzados por el proyectil.
 
—Si percibes más detonaciones, huyes como maniática —le ordenó mientras retrocedían de una zancada.
—Suéltala —repitió con rectitud, localizando el blanco con facilidad y apuntando la mira hacia ellos.
—Yo estoy bien así que… —trató de excusarse Yun y defenderlo en el proceso.
—El problema es que tu amiguito está haciendo difícil la correría de allá abajo. Lo detectamos como un virus que hizo desvanecer la actualización entre dos de nuestros mejores agentes y, por si fuera poco, controla al objetivo de esta vez —sobre los pasos del detective, apareció la tía de Yun, Olivia, quien acababa de hablar. Aún vestía la habitual túnica blanca de científico, dejando claro que había abandonado su puesto para venir por ella o por lo que acaecía abajo—. Ahí en parte inferior está complicado por culpa de tu Tate Langdon.
 
La asiática levantó la mirada hacia las pupilas violáceas del dragón… sin cambio, ni un dejo de brillo mostró en el mirar… todo oscuro, perdido y sin vida. Ella comprendió las palabras de Olivia y que, seguramente, era culpable de que abajo todo se desmorona pero con ella él era diferente, aún en esta situación la protegía.
 
—¿Qué pruebas tienes, tía? —susurró con el entrecejo fruncido—. Él ha estado todo este tiempo conmigo y… —mentía, lo sabía, pero él la protegía y le debía lealtad—…  ¡no hizo nada!
 
La sonrisa de Belurum se amplió ante la declaración de la acompañante, la situación era mejor de lo que esperaba. La tenía totalmente bajo su conveniente control.
 
—Yun… —habló Bunchuu sin dejar de apuntar—. ¿Por qué haces esto, Nigrum?
 
Belurum fue bautizado por el International Solarsystem Development Agency (ISDA) como Nigrum y Toa, al principio se la conoció como Album.
 
—Los niños que fueron robados a Madre, los quiere. Reclama que los Hendrick’s los entreguen a cada uno de ellos y también al cuerpo de uno que falleció en la tierra. Créame que si soy severo y destructivo, Madre enviará a peores dragones.
—Ella ignora todo lo relacionado a la Armada Gillard, fue apartada de la casa Hendrick debido a su estado amnésico —agregó Olivia—. ¿Para qué quieres usarla?
—¿Usarla? —el abrazo se hizo más intenso, si quería convencer a ella debía fingir bien—. ¡La protejo de ustedes!
—Ustedes saben que si entregamos los huevecillos será como declarar nuestra extinción. Los mimics y Thanatos nos aplastaran, ¿la proteges de nosotros y no de ellos? —Olivia acudió a toda la sensatez que poseía, esperando que Yun reaccionara ante esas palabras.

Desde un punto ciego, una onda expansiva los sacudió a los tres y los demás soldados ocultos en diferentes zonas, invisibles para los sentidos del extraterrestre.
 
—Así que eras tú el que interfiere —Belurum se vio rodeado por la llegada de una nueva persona –o dragón, más bien. La voz resonó gutural y ronca–—. Primero te matare y luego haré volar Kalisha.
—¡Kai, tus facultades han regresado! ¡¿Por qué hablas de cometer tal acto?! —lo confrontó Olivia y Bunchuu enseguida viró el visor del arma hacia el nuevo blanco.
—Aquí Bunchuu el objetivo está en el edificio norte, necesitamos apoyo —por el pequeño comunicador puesto en la oreja pidió auxilio rápidamente.
 
El dragón recién aparecido caminó recto desde la lateral que daba a la escena de la calle, hasta el costado donde los demás se encontraban. Yun sintió como la opresión se hacía más fuerte aún por culpa de Belurum, por su parte tenía mucho interés en ver a otro de la especie de su amigo.
 
—Hay que irnos —le susurró él—. Refuerzos vendrán y nos alejaran.
—Pero… ¿ellos? ¿No es peligroso? —le pregunto, un poco más y saciaría la curiosidad.
 
El dragón comenzó a correr, eludiendo a máxima velocidad a Bunchuu y Olivia para frenar a centímetros de los otros dos. El sujeto le pareció raro… de hombros anchos y cuerpo macizo; medía más que Belurum –uno noventa quizás–, de piel como el café con leche y una cabellera clara que resaltaba ante un traje con corte ajustado y negro, estaba hecho jirones por lo que deja a la vista la marcada fisonomía del cuerpo.
 
—Una habilidad así, poder corromper la resonancia hasta el punto de liberarme de la locura —empezó a cavilar—. ¡Un monstruo…!
—Deja que se vaya —le impuso y el otro negó levantando el dedo índice. Con la mano formó una especie de espada de fuego y fue directo a los dos a prisa.
 
Yun gritó y Belurum la soltó, poniendo su cuerpo frente a ella para dirigir cuatro espinas al cuerpo del atacante. El otro se vio inmovilizado, al menos por un rato.
 
—Corre —la aferró firme de la mano y apresuró el paso hasta Bunchuu.
—Si fuera otro tipo de situación ya estarías con una bala en el pecho —parlo el rubio de apariencia elegante.
—Yun, ven —ordenó Oliva y la tomó del brazo, el amigo la liberó.
—¿Cuál es tu nombre? ¿Eres un original o terrestre? —el ataque no lo afectó y volvió a atacar a Belurum con más inmensidad―. Soy Kai, mi comunicador murió por culpa del imbécil llamado Gai… ¡Nunca los perdonaré!
 
Los movimientos de los dos se hacían casi invisibles para las retinas de los otros tres y Bunchuu bajó la pistola. Disparar a ciegas sólo ocasionaría una tragedia mayor y lo quería evitar a toda costa. Belurum trató de contratacar pero la espada de fuego producida por el sujeto, sumando la musculatura superior del agresor ocasionó que fuera golpeado brutalmente por un puño de él y lo arrojara hacia atrás, levantando muchísimo polvo a su paso.
 
—¡BELURUM! —gritó hasta quedarse sin voz, trató de ir con el herido pero le impidieron marchar.
—¿Ella es tu compañera? Si la abro quizás pueda descubrir de dónde vienen esas habilidades ja-ja ―se mofó con un tono burlón y arrancó a prisa hasta donde ella estaba.
—¡ALÉJATE DE ELLA!  —Bunchuu le disparó y una ráfaga de cinco balas fueron proyectadas hasta el agresor, quien lo esquivó sin esfuerzo absoluto—. Lleva a Yun lejos, Olivia.
 
La mujer lo obedeció y, aun sujetándola del brazo, la arrastró unos centímetros ya quedando cerca de la puerta de la terraza. Bunchuu hacía tiempo que no tenía una pelea a mano limpia pero se creía capaz de defender a su propia hija de un infeliz así. Tomó posición de combate, esperando que hiciera el primer movimiento pero él lo ignoro y pasó toda defensa hasta llegar a la rubia.
 
—¡NO! —replicó con intensidad, sin ver lo que sucedía su mente sólo se concentraba en su amigo caído.
—¿A dónde vas? —la sujetó del cuello, al más estilo anime, y la arrojó contra el cuerpo de Belurum, quien seguía inerte ahí.
—Belurum, despierta —al mover y sentir helado el cuerpo del joven, no pudo evitar que lágrimas perlaran sus mejillas. Lo sacudió con más fuerza, intentando despertarlo.
—¿Lo mate? —preguntó con una mueca llena de algarabía y un dejo de oscuridad envuelto—. Esto es por eliminar mí preciado lazo con Lee. No te lo perdonaré, ¡jamás!

Yun lo protegía con su propio cuerpo y presionó los párpados con ímpetu. Los otros dos le levantaron la voz para pedir que se apartara, al mismo tiempo que un indetenible Kai se avecinaba a velocidades que ella no podía precisar, implacable hasta para las armas de los demás soldados que intentaron tirotear.

Desde la parte baja, en las calles desiertas de Kalisha un nuevo resplandor se elevó como columna hasta una altura donde la visión de los humanos no podía penetrar y de ella salió una bestia de alabastro con destellantes mechas rosadas que se degradaban; de colosal tamaño con un peto inmenso y lleno de solemnidad. La cola del dragón colisionó a prisa con Kai y lo aplastó. Era imposible que un dragón en forma humanoide pudiera vencer a uno actualizado y con todas facultades activas.

Después de eso el animal revoloteó por encima de la escena y en una cegadora luz volvió a tomar forma de bípedo, apareciendo tres sujetos en total. Yun no los reconoció pero de inmediato cayó en que el chico debía ser Jin y una de las dos señoritas Toa… Ella seguía de pie protegiendo al vencido muchacho, el otro dragón quedó opacado ante la imagen de los demás.




Olivia con su sobrina se dirigieron rápidamente hasta las instalaciones de trabajo de ella, llevando consigo a Belurum. Le explicaron que si bien los dragones con resonancia tenían un nivel alto de recuperación, uno que ha perdido a su dragonaut no, seguía siendo más rápido que la curación humana pero el chico estaba demasiado herido por los golpes y la espada de Kai.
—Belurum, despierta —dijo—. Despierta, por favor. 

Ellos ya se encontraban en una habitación común de hospital, con una cama en medio donde reposaba tranquilo hace una hora y media, el lugar era dentro de las instalaciones de la Armada Gillard pero le dijeron que ahí estaba el único sitio donde podrían estar a salvo si Kai volvía.

—Está estabilizado y tiene un cuerpo fuerte. Despreocúpate ―dijo Olivia.
—No, no quiero. Él me ha ayudado todo este tiempo y yo solo le he causado problemas…
—Vamos, te mostraré algo. El lazo que se forma entre un recién nacido de dragón y un dragonaut.

La curiosidad la embargó y decidió seguir a su tía hasta la oficina de ella, también donde tenía montado el laboratorio para los nacimientos de reptiles. La sala estaba dividida en dos, siendo separadas por un grueso cristal. La parte con una insignia de “Sala A” contenía una especie de tubo de cristal, en medio del lugar, y dentro un líquido sostenía en suspensión el cuerpo de un adolecente entre quince a dieciséis años de un cabello blanco; al darse cuenta que estaba desnudo bajó la mirada roja como tomate y le dedicó una mirada afilada a Olivia.

―Lo siento, lo siento ―repitió varias veces, tomando asiento al frente de un tablero que monitoreaba al sujeto en, lo que le explicó, era la incubadora. En un momento apareció una japonesa de largos cabellos de polvo de estrellas, ella llevaba el mismo uniforme que Yun. Ambas se prestar atención con curiosidad sobre la otra.
―Hendrick Hime ―con las mejillas teñidas de un color similar a sus ojos la saludó cortésmente y Yun no supo que contestar.
―Es un gusto ―prefirió evitar malentendidos hasta que Olivia las presentara de manera más formal―, puedes decirme Yun ―le dedicó una pequeña sonrisa con cierta sorna oculta.
―Pasa dentro ―indicó la científica, monitoreando absolutamente todo―. La incubadora se abrirá y él saldrá de dentro, lleva la manta y ya. Es todo, Hime.

La otra afirmó y se arrimó llevando consigo la frisa marrón que le habían dejado sobre el respaldo de una silla. Hime lo saludó animadamente y vio como las orbes como rubíes malva resplandecían al abrir lentamente los ojos de Friday. Ella abrió la boca de par en par, incluso era más hermoso en sueños.
Al salir del líquido transparente, pero más consistente que el agua, le colocó la prenda para entrar en calor y el chico levantó la comisura de sus labios, sonriéndole de una forma bastante tierna y atrapante. Friday cayó de rodillas al suelo y Hime lo siguió a escasos centímetros, un mechón gris se estacionó sobre la parte derecha del rostro.
―Te llamas Friday, ¿te parece? ―le preguntó avivada por la felicidad que emanaba del corazón y él continuó con el gesto.
―Hime… ―habló por el parlante la abuela segunda―. Es mudo…

Ella no supo cómo reaccionar a las palabras de Olivia y trató de incorporarse con éxito. ¿Acaso era un chiste? ¿Cómo interactuaría con él? ¿Sus sentimientos no tenían voz o qué? ¡¿Por qué ocurría eso?!  Obligada por las emociones a flor de piel tomó rumbo alejándose y el semblante del recién nacido decayó abruptamente, atónito.

―¿Eh? ―furiosa por todo y avergonzada de que fuera mudo, salió disparada del cuarto, dejando a Friday completamente solo. Hime azotó con fuerza varias puertas hasta salir del lugar totalmente cegada.
―Hime ―trató de detenerla Olivia pero el resentimiento era tal que pasó monumentalmente de ella.
―¡No lo quiero! Puedes hacer lo que te plazca con él ―sus sueños fueron rotos.

Inmovilizada, Yun, permaneció como un ícono de piedra. Aún lo aprendido no fue asimilado y los conceptos estaban hechos un lío entre tantos datos. ¿Qué era exactamente una resonancia? Y muchísimo más importante ¿qué era del o de la dragonaut de Belurum? Sintió pena por Friday pero ahora todo lo que podía pensar era en él.
―Yun-chu ─reapareció el dragón y Friday seguía abajo, aturdido y dolido por cómo había acabado todo.
—Belurum —por inercia lo abrazó fuertemente pero al oír un quejido debido a sus lesiones lo soltó al instante—. Lo siento… ¿estás bien? Por mi culpa… ―desvió la mirada.
—Sí —respondió escueto—. El aroma de tonta en el ambiente desapareció y me preocupe. No es tu culpa ―contempló al pobre niño e hizo un puño la mano.
―Pobre cría ―Olivia arrimó hasta donde se encontraba Friday y lo ayudó a pararse―. Hime recapacitará, ella no es así.

Los tres miraron con angustia al recién nacido y Yun cuestionó si a Belurum le pasó lo mismo y esa idea la destrozó. Un absurdo total que por insignificancias fueran abandonados, rogó que no fuera así.
« Last Edit: November 23, 2018, 08:03:27 AM by Miyu »




Miyu

Re: Beyond the night.
« Reply #9: November 17, 2018, 01:13:50 PM »
Porque me gusta contar mi vida (?): la historia la cree con Hime -ex miembro- cuando tenía entre quince o dieciséis años para el Bt de Dz y blah. (?) Pensando, creo que tenía menos edad, ya ni recuerdo. xd


Trace #5

Un día después del ataque.

Caminó sin alma y con la mirada vacía por un largo trayecto de Kalisha, las palabras de aquel dragón; el hecho de que la identificada como “mestiza” la confundía y atormentaba. Ella nunca conoció a sus padres y desde que podía recordar siempre estuvo bajo la tutela de ayas o Bunchuu, algo normal para ella puesto que jamás trató de averiguar algo sobre quienes le dieron la vida. Supuso que si ellos la dejaron a cargo de alguien lo mejor sería dejarlo tal cual aunque nunca faltó momento de curiosidad.

¿Rencor hacia sus progenitores? Puede que sí.

El frío de la mañana la distraía de sus pensamientos, decidió ingresar a una pequeña cafetería -el Nyanderful Coffee- sin muchos miramientos y dejó caer el cuerpo en el primer asiento vacío que encontró, justo al fondo y lejos de la mirada de curiosos. Debería estar en el instituto pero ver sonrientes caras lozanas era lo último que necesitaba, no ahora cuando la mente le estallaba. Incontables veces quiso buscar en el ordenador registros familiares sobre la familia “Lavelleur” y algo lo impedía, quizás si descubria la identidad de los progenitores ella dejaría de ser Mnemosyne.

—Pareces desanimada —frente a ella se colocó un hombre de cabellos negros y traje elegante de lino, le recordó bastante a los agentes del hijo del jefe—. ¡Ah!, apuesto que trabajas con Bunchuu.

Las pupilas ambarinas de Mnemosyne lo apuntaron y tomó algo de interés en la voz gruesa y afinada. Las orbes carmín del sujeto se ocultaban tras unas gafas desmontadas en la parte superior; le sonrió ampliamente a la desconocida y la otra solo vaciló, tensando los labios en fina línea recta.

—¿Quién eres? —preguntó sin reticencia, total es un desconocido que siempre encasillaría ahí, ella negaba amistarse con más gente de la necesaria. Las relaciones humanas negaban ser lo suyo.
—Sakuya Ohtori, soy uno de los mayordomos de Gai y amigo de la infancia de la hermana menor.

Como si fuera a creer eso, el hombre recostado con gran elegancia sobre el asiento de brocato rondaría entre los veinte y cinco, Yun apenas arañaba los dieciséis y Gai… ¿uh? Lo rememoraba como un sujeto caprichoso y altanero, ¿cuántos mayordomos necesitaba para ser feliz?

—No esto, sólo conozco a Bunchuu por lo que… bueno… —murmuró sin saber que responder.
—Pediré un jugo para ti. Tú y yo debemos tener una extensa conversación sobre lo que acontecerá en el futuro próximo —siguió manteniendo la expresión de regocijo.

El extraño fue hasta la barra y pidió un café para él y un vaso grande con jugo de naranjas natural para ella y regresó al asiento. Pronto lo traerían.

—¿Qué necesitas de mí? —interrogó la mujer sin un pelo de tonta, rara vez veía a los trabajadores de Gai lejos de él a menos que dictara una orden especial.
—Mi presencia indica que vengo a revelarte algunas verdades —le contestó, acostando el cuerpo sobre la mesa para que ella fuera la única oyente y luego golpeó rápidamente la espalda al respaldo, soltando una risotada burlona—.  Es broma.

Mnemosyne rezongo del fastidio. El único día en la vida que se sentía frágil y un bicho raro le hablaban, ¡el colmo! Ni un día la dejaban sentirse miserable en tranquilidad.

—Lo siento, lo siento —repitió—. Vengo a aclarar tus dudas. Sabes, la familia Hendrick a lo largo de todo este tiempo cosechó una larga e interminable lista de enemigos y errores imperdonables, sobretodo…
—Así es la guerra —declaró sin pensar alzando sus hombros, no lo comprendía y el otro rio como respuesta.
—¿Qué guerra?

Suspiró, hasta un idiota sabía sobre la terrible amenaza de los mimics y también tenían a los dragones acechando sobre sus cabezas como guillotinas. ¿Por qué Gai contrataría a un imbécil como ese?, las facciones de Mnemosyne se mostraron tan claras que Sakuya adivinó lo que pensaba sin necesidad de mediar palabra alguna.

—Los mimics han sido controlados hace tiempo atrás —le dijo casi a susurros, eso era información altamente clasificada. La cabeza suya rodaría si algún chisme escapaba de esta conversación.
—Ahá —le contestó escéptica, nadie en sano juicio le creería ni un paciente del psiquiátrico lo tomaría en serio, ¿qué decía?—. ¿Es otro chiste, verdad?

Y las pupilas de él siguieron el camino de la camarera que venía en dirección recta desde el aparador con los pedidos en una mano y, en la otra, una segunda bandeja con más alimentos. Ella depositó con cuidado el encargo y acomodó los vasos y el pocillo en los lados correspondientes y se fue después de recibir las gracias por parte de ambos. Sakuya enmudeció en todo ese rato, el sonido chirriante de la guillotina casi fue palpable.

—Suena descabellado, ¿verdad? —con dos cubos de azúcar y unas cuentas vueltas a la cuchara dentro del líquido, bebió el primer sorbo tranquilo—.  ¡NO LO ES EN ABSOLUTO!  —golpeó la porcelana contra la mesa, haciendo bastante ruido.
—¿De qué manicomio saliste?  —alzó una ceja, intentando evitar mirarlo pero las expresiones de Sakuya le eran graciosas.
—¡Del de los Hendrick! —el semblante mesurado la hizo recapacitar, hasta ver cómo le agrega más y más azúcar al pobre café, pidió internamente clemencia por el desdichado brebaje.
—¿Sí? Ha… ha… —rio a la fuerza para tratar de llevarle la corriente.
—¡Hey! —dijo con tono de indignación—, Gai es un verdadero peligro para la humanidad. ¿Cuál crees que es el objetivo de alguien como él?

La pelinegra pensó unos instantes. ¿Qué era lo que Gai querría? Fácilmente diría que la humanidad escape a la extinción pero lo conocía y de sobrada manera era consciente que él era una persona ambiciosa y determinada a cumplir sus metas. Algo tan trivial como la extinción de la humanidad poco le importaría…

—Voy a aplaudir por lo rápido que vacilaste —y lo hizo. Juntó las palmas y las estrelló, dejando salir ruido dos veces—. Lo conoces y tienes presente hasta donde llegaría. Ya es imposible que retroceda, ya ha ido demasiado lejos como para hacerlo… Quizás, a estas alturas, nada le importe.
—¡Demonios!  —repuso sin querer sonar ceñuda, no obstante la charla con él le parecía inoportuna, que la humanidad llegara al fin por ahora no le atañía a las preocupaciones que la acongojan. En una balanza entre la humanidad y ella, ganaría sus propias intranquilidades—. ¿Qué tiene que ver Gai Hendrick conmigo?
—Mucho —apartó la taza a un costado, el exceso de azúcar hizo que el café supiera a rayos y centellas—. Mira, es difícil de explicar y con esto lo estoy traicionando.
—Pues no lo hagas —dobló la cabeza con una sonrisa en los labios, el destino de la humanidad está bastante alejado de las prioridades de ella. 
—¡Hombre, que eres tonta! —murmuró para sí, sin intenciones de que ella oyera pero lo hizo y frunció el entrecejo como respuesta.
—Habla —cruzó de brazos sin haber tocado el vaso de jugo, ella deseaba comer un parfait de chocolate y no un sucio alimento nutritivo y sano. Luego, luego, primero oiría los absurdos del lunático de enfrente para reírse y humillarlo. 

Sakuya decidido a decir la verdad a Mnemosyne y acabar con los terribles planes de Gai, analizó la manera más sencilla de hacer que le creyera y a la vez de no confundirla. La necesitaba, Bunchuu la necesitaba más que nunca.

—Piensa… ¿quién es el enemigo si los mimics están exterminados? ¿Por qué crear resonancias?  —bebió del vaso de agua que traía el café para hacer una pausa y dejar que ella misma razonara.

Sya vaciló sin encontrar una respuesta que la satisficiera; primero debería aceptar que los enemigos jurados, la perfecta máquina de exterminio de la humanidad, habían sido eliminados y dudaba que fuera tan fácil. ¿Por qué los líderes mundiales mentirían? No lo concebía...

—¿Quien tenga mayor poder actualmente? Es lo único en lo que pienso —dudo de sus propias palabras pero de quién hablaban  era del genio de Gai, el ambicioso prodigio y también quien los salvó cuando los arrinconaron con la extinción. Nadie con sano juicio lo condenaría o dudaría de él.
—¡Oh! ¡Felicitaciones Miss!  —aplaudió ligero, llevando hacia delante el cuerpo para que ellos dos escucharan únicamente—. Sí. El poderío de los Hendrick’s en la tierra es tan ínfimo que sólo tres bases responden a ellos, las demás están presididas por Asim Jamar. La luna, Kalisha, es la última gran base que les queda y no la quieren perder.
—Claro y por un capricho mesiánico ¿crees que Gai eliminará todo o algo así? Permite que me ría de ti —arrastró  el cuerpo sobre la mesa y quedó a centímetros del rostro níveo de Sakuya—. ¡Entonces Yun es una espía terráquea! ¿Ahora qué mentiras descoserás? —susurro con los ojos como platos, burlándose de él.
—Aunque podría serlo… —asintió con la cabeza para sí—, ¡cielos, no! Mira estas son las veinte cúpulas en el mundo —con sobres de azúcar, trató de ilustrar la situación y instaló dos alejadas—. Están son la de la luna y marte.
—Bonito croquis… —agregó lacónica y el otro carraspeó, invitando a callarse.

Al observar mejor, que de veinte y dos cúpulas solo tres estuvieran con Gai los dejaba en una gran desventaja. Asim Jamar… ¿quién era? Los cristalinos dorados de Mnemosyne mostraban titubeos y una rara confusión; Sakuya lo percibió, después de todo no podía ser tonta la chica si Bunchuu la había educado.

—Las cúpulas de Gai son las de Wyvern, antigua Inglaterra; Watatsumi en Hokaido y Suānní en China del norte. Son tres poderosas pero las demás juntas lo son aún más. Asim tiene todo un imperio y está más estable económicamente que los Hendrick. Él quiere hacerse con Gillard y también eliminar a toda la familia. 
—¿Y qué hay de Gai? —interrogó—. Dudo que sólo sea en defensa personal o más terreno para el patrimonio.
—Huevos de dragones, ese es su objetivo; no solo los de la tierra sino los de Thanatos, quiere adueñarse de ellos y Asim también, los intereses de ambos han chocado y ninguno quiere retroceder.

La otra abrió los ojos de par en par y dejó caer la mandíbula por la sorpresa. Bunchuu le explicó que Thanatos era como un planeta o refugio de los dragones o algo así.

—Eso es extremo, seguro levantamos la ira de Thanatos —trató de recomponer la postura, apoyando la espalda contra el respaldar y tomó aire profundamente. Bebió del jugo, la garganta le dolía.
—¡Exacto! —ella lo observó, ¿qué tenía que ver esta historia con ella?—. Te necesito —expuso con semblante severo—,  nuestros rebeldes de té necesitan. Eres la persona más capaz y a cambio de que lo pienses te daré un dato. Ve a la tierra y busca a Helena Varel, es la doctora de Wyvern, ella te dará toda la información que necesitas. 

Ella la conocía, mujer bella de cabellos rubios con vetas verdes y figura prominente; Bunchuu la había llevado incontables veces allá para estudios, la recordaba como una belleza canela y algo excéntrica, al igual que Olivia.

—Iré —habló sin pensarlo, si todo lo que le había contado tenía algo de cierto podía comprobarlo con Varel.





Suspiró, el alma parecía querer escaparse del cuerpo humanoide que tenía. Encontrarse con Yun pasaba, ya tener que reunirse con Bunchuu se volvía algo impensable y nada de esto lo veía claro. Si llegaba a ser una trampa pues, estaría jodido. Muy jodido.

—Dudo que el gran Bunchuu me citase en su oficina para tomar té con galletas de almendras —ladró en tono irónico mientras observaba las cosas que tenía el sujeto puestas de manera ordenada y bien apiladas en el escritorio, definitivamente él fue quien catapultó a la familia hasta la cima—. Es más, pensé que el joven Hendrick le había robado el puesto de líder en la Armada Gillard y en todas sus funciones… —concluyó con tono desafiante.
—En efecto, mi estimado —dibujó una media sonrisa amarga. Una vez fue el centro de todo pero ahora no era más que un detective que obedecía ciegamente las órdenes del hijo o eso creían los ciudadanos—. Aunque te recomiendo ocupar esa boca tuya con los aperitivos, sería más sano para ti y para mi migraña —resopló apoyando los codos sobre el mueble y aprovechó en descansar la cabeza en sus manos. Ya era mayor para tener que ocuparse de estas cosas y lidiar con un joven tan temperamental.

Ambos hombres conservaban la mirada clavada en el otro; impacientes y expectantes por la actitud del adversario. Bunchuu aún carencia de comprensión ante las actitudes de la hija y a Belurum, bueno…, un huevo imaginario lo estaba lamiendo… 

—Vamos al grano —ordenó el hombre.
—Habla entonces, viejo —le hizo frente el dragón, ya deseaba marcharse y… ¿reencontrarse con la idiota? No…

La pelea encarnizada de miradas seguía, las pupilas azuladas del actual detective no se despegaba de los violáceos del animal. Hoy Mnemosyne obtuvo día libre y eso significaba que en aquel lugar sólo dos almas se encontraban y el reptil pensó en lo estúpidos y confiados que eran padre e hija, algo los unía después de todo. Intentó reírse por dentro.

—¿Qué eres de Yun? —preguntó sin rodeos.
—Amigo, confidente, quizás tu futuro yerno. Belurum Hendrick, ¿qué tal suena? —una risa voló de sus labios. Todo lo que dijo era mentira, se consideraba un extraño para ella y también la veía así—. Soy más que tú, de eso seguro.
—Sé que mientes, ella lo sabe; puedes pensar que es una tonta y todo lo que quieras pero estoy completamente seguro que ve a través de ti y por eso no entiendo cómo puede seguir a tu lado, conociendo tus intenciones de usarla —mantuvo la pose, enterrando más los codos en la mesa.
—Pregunta a Yun —curvó la comisura de los labios—. Ande y vea por usted mismo… ah claro, no puede —murmuró dejando escapar otra pequeña risita burlona— ni siquiera sabe que es el padre. Los secretos duran poco y en la familia Hendrick parece que cada uno carga con algo peor en la espalda.
—Le diré todo y desaparecerás de nuestras vidas,  Nigrum —apartó la silla del escritorio y se incorporó. La decisión fue tomada, esto había llegado demasiado lejos, la vida de su propia hija estaba en juego si se seguía involucrando con este sujeto—. Por otro lado… no es necesario que nos espíes, hijo.
—Lo siento padre —entró al cuarto Gai, bajando la cabeza como disculpas por interrumpir la reunión.
—¿A qué vienes? —cuestionó el padre, caminando hasta quedar a escasos centímetros del pariente.
—Este lugar fue renovado para evitar que dragones puedan actualizar o usar habilidades. Un campo de energía electromagnético lo rodea, como al Tartarus —explicó sin pausar—. Que el deceso de Belurum sea tomado como símbolo de nuestra lucha contra Thanatos. Serás el comienzo del fin para ella. Kai y Solomon pueden llevarlo a la isla.

El dragón que le había hecho daño ayer fue transformado en una bestia gigante, en una quimera entre persona y león, con pelos de un color raro saliendo de diferentes partes del cuerpo. Hoy duplicaba en tamaño y fiereza; Solomon blandía una pequeña cuchilla hecha con la propia mano derecha. Uno ingresó estallando uno de los vidrios de la oficina de Bunchuu y el otro cortó limpiamente la puerta, llegando los dos a gran velocidad hasta él.

Belurum sintió como su cuerpo se entumía y estremecía. El tonto fue él.

—¿Una trampa? —riéndose de sí mismo, de la situación y el estar sin posibilidades de huida,  vio el fin.
—Lo siento —susurro el más viejo de todos, estas tácticas no iban con él pero era la única forma de alejar a Yun de la guerra que se aproximaba—, esto es por el bien de ella… espero lo comprendas.

El dragón tuvo una introspección de lo que había vivido hasta ese momento, de los instantes prologados de soledad y odio que marcaron casi toda la corta existencia que tuvo y también la felicidad ganada desde que la conoció. Maldijo abandonar antes de tiempo el “hospital” y dejarla sin mediar palabras, era un idiota; tantas cosas que resolver y si tiraba la toalla todo terminaría allí. La quería ver.

Capturarlo fue tarea fácil, las pesadas manos de Kai eran como martillos y un golpe contundente de él fue suficiente para dejarlo tirado e inconsciente. Luchar sería en vano, ahorraría fuerzas para lo que vendría. Aún se negaba a abandonar la existencia.

—Tu hermana se dará cuenta —una gota gélida paseó por la sien de Bunchuu, dudando del plan propuesto por Gai.
—Esto hará que se vuelva piloto o  se aleje de Kalisha y de nosotros —con voz inflexible respondió, esta acción haría que ella tomara una decisión—. Solomon debes encargarte de que AMBOS mueran allá. No quiero fallas.
—Sí, Gai sama —asintió a las órdenes absolutas del jefe. 

Una semana más tarde.

La china se acostumbró a las idas y vueltas en las instalaciones de la central de la Armada Gillard –Alkali–,  los trabajadores también a la presencia de ella. El lugar ya no le parecía un mortecino ambiente ni le dejaba impregnada de miedo; aprendió qué se hacía realmente en la A.G. y hasta ya barajaba las posibilidades de unirse al ejército, ya sea como piloto u otra cosa.

—Yun, ¿vienes a ver a Friday?

Al llegar hasta la planta más baja y zona de trabajo de su tía, ésta la recibió esbozando una gran mueca de felicidad, la contentaba que visitara la zona y al pequeño dragón. La jovialidad de la rubia revivía todo a su paso.

—Sí tía, traje algunas cosas para él —desvió la mirada con cierto rubor en las mejillas, quería ocultar el verdadero motivo de la visita—. ¿Y... y Belurum? ¿Has tenido noticias?
—Ni una. Es más, pareciera que lo tragó la tierra —musitó, mintiendo por el bien de la sobrina—,  hicimos lo que pudimos para localizarlo y nada, ni rastros.

La rubia caminó por el largo pasillo, escoltada por Olivia y entraron a un cuarto. Absolutamente todo etéreo y neutro, deprimente para cualquiera que viviera allí por más de dos semanas. Friday se encontraba leyendo un libro de Asimov sobre historia del mundo, le agarró gusto a los manuales introductorios sobre la humanidad que escribió.

—¡Buenas tardes, Friday! —le sonrió y fue directo a revolver los cabellos grises del infante, él la saludó con una pequeña sonrisa.
—¿Por qué no haces una resonancia? —le preguntó la doctora, revisando que el cuarto no tuviera cambios significativos, su misión era vigilarlo por si se volvía loco.
—¿Eh? —destinó la mirada hacia su tía, como si lo que acababa de decir fuera una gran idiotez—. No me veo formando un pacto con alguien diferente a Belurum ni siendo compañera de un dragón que no sea él.
—Pero —renegó ella, no la entendía en absoluto—… Ah, debo trabajar. Hoy vendrán Kazuki y Gio, te presentaré a nuestra sección del «D Project».

Apenas se marchó Friday apartó el libro sobre América y comenzó a escribir en un cuaderno suyo, él pasaba el noventa por ciento del tiempo leyendo sobre el escritorio del cuarto o en la cama; sin ventanas ni nadie con quien conversar; Hime en este tiempo negó hacer acto de presencia ni preguntó por él.

—Si le digo que soy su tía, probablemente me grite… uh —habló en voz alta con una gotita en la frente—. Creo que mejor paso…

En eso el niño le acercó la libreta para que leyera. La letra de él aún era algo confusa pero Olivia y ella le enseñaron un poco de inglés y mandarín.

—¿Si hallé a Belurum? —leyó y el otro movió la cabeza afirmando—. No, desde ese día aún no se ha contactado conmigo…

Cabizbaja le devolvió el cuaderno y Friday la imitó en gestos de infelicidad para luego mover la lapicera y dejar un nuevo mensaje.

—¿Lo busqué en los lugares que frecuenta? —lo miró perpleja, ella escrutó por la zona pero prácticamente no tenía idea de qué lugares podría ir él—… ¡Con Jin y Toa!  —le sujetó la mano a Friday y lo obligó a levantarse—. Vamos con la hermana de Belurum, estoy segura que ellos sabrán algo. 

Ambos atravesaron la puerta y se dirigieron por el vestíbulo hasta el laboratorio de Olivia, las luces dejaban a la vista lo pulcro del sitio y que ni un alma se movía abajo, salvo los invitados de ella.

—Tía —entró al despacho, donde aparte de ella había dos hombres más completamente desnudos.

Yun retrocedió sin intercambiar palabra y recorrió sus pasos de espalda hasta salir fuera, Friday la siguió junto a la mirada avergonzada de uno de los dos, la sonrisa atrevida de Olivia y la pokerface del otro.

—Lo siento —con una disculpa la doctora salió de la sala, informando a los dos que ya se podían vestir.

Olivia persiguió a los otros por el pasillo.

—Ellos son Kazuki Tachibana y Gio, los nuevos miembros de la Armada —los dos detuvieron la correría y esperaron a la profesora.
—¡No quise ver nada!  —gritó totalmente roja y Friday la examino con curiosidad.
—Ah, no te preocupes —le informó—. A tu edad ya es normal que estés interesada en aparatos reproductores y esas cosas, ¡¿eh?! —rio con malicia y Yun cayó al suelo de rodillas, a punto de llorar por la vergüenza.
—¡No estoy interesada en eso! —exclamó y antes de continuar colocó boca de pato—. Ni he besado…
—¡Ya se! —golpeó una mano contra la otra—. Les diré que vengan a ver tu resonancia…
—¿Q-U-É! —gritó exaltada. Primero que no tenía intenciones de hacer una y segundo… ¿dejar que alguien la vea desnuda? ¡DENEGADO!
—¡Bromeo, bromeo! —dirigió un brazo a Yun, inclinando el cuerpo un tramo, mientras que Friday continuaba atento a la charla de las mujeres—. ¿Y bien, qué necesitas de mí?
—¿Dónde puedo encontrar a Jin y Toa? —se incorporó de a poco con la ayuda del dragón y Oliva.
—¿Kamishina Jin? —la voz masculina de un hombre resonó por los vacíos pasajes del lugar.

El chico caminaba con cierta lentitud y sorna, rascando la parte de atrás de la cabeza para disimular el bochorno de hace unos minutos. El compañero de él lo seguía de cerca.

—Kazuki te presento a mi sobrina —señaló a la menor y luego dirigió al dragón— y a Friday.
—¡Mu-mucho gusto! —reclinó el cuello, sintiendo las mejillas con algo de quemazón—. Soy Tachibana Kazuki, ¿eres Hime Hendrick? Me han dicho que has dado todo un espectáculo el día del nacimiento del dragón —sonrió alegremente, tratando de evitar lo del accidente.
—¡NO VI NADA! —chilló suponiendo que bajo toda esa normalidad del joven padecía el mismo sofoco que ella.

Tardaron un rato en tranquilizar a Yun y los cinco se dirigieron hasta el comedor de las instalaciones ubicado en el sexto piso. Actualmente muy pocos militares custodiaban la base por lo que podían hablar con relativa normalidad.

—Deja que me presente, soy Yun Hendrick —trató de oírse normal no obstante aún le afligía la situación—. Este pequeño es Friday, como dijo Livia. El compañero de mi sobrina Hime.
—La otra Hendrick no guarda relación sanguínea conmigo pero soy como la tía abuela —le respondió Olivia al atento chico.
—Perdón, soy algo precipitado —largó una suave risa Kazuki, viendo el error cometido. Los cuchicheos de que una Hendrick había huido del dragón lo llevaron a pensar que debía ser ella. Desconocía la existencia de otra mujer en la familia.

El sujeto lucía de diez y siete años o quizás un año más. Casi no destacaba del promedio de belleza pero aparentaba con eso ser tranquilo y afable, quizás algo ingenuo.

—Él acaba de nacer, es Gio —mostró a su lado un hombre muchísimo más robusto que él y con un cuerpo tonificado. Con cabellos negro azulado y largo, casi lo opuesto a Kazuki que portaba un corte al ras y de matiz marrón.

El grupo se sentó en medio de un gran tablón donde cabían mínimo treinta personas. Kazuki al lado del colega y en frente los otros tres. El lugar desierto dejaba a la vista el horario en que estaban reunidos y que todos los miembros de la milicia debían encontrarse cumpliendo sus deberes en Kalisha.

Kazuki carraspeo, atrayendo los ojos de los restantes.

—A Jin, me gustaría saludarlo —pronunció.

Olivia tuvo que pensar un largo rato sobre la ubicación más probable del mejor piloto y la mejor pareja dentro de la armada.

—Al otro lado de la luna, en la zona oscura hay una base de entrenamiento. Ahí deben ubicarse.
—¿Deben? —cuestionó Kazuki.
—Jin Kamishina hizo una resonancia —expuso la doctora.

El semblante de sorpresa fue asombroso por parte del joven. Ellos habían sido mejores amigos en algún pasado distante, oír sobre lo bien que le iba lo llenaba de un sentimiento cálido y agradable.

—Me alegra tanto —alzó la comisura de sus labios hacia arriba—, pensé que después de la muerte de Ai y los padres ya no volvería a ser feliz.
—Al principio resultó difícil que aceptara a Toa pero ahora se llevan muy bien —indicó Olivia con tono apacible.

Yun desconocía el tipo de relación que guardaba Toa, Belurum y Jin y la tía agradecido haber guardado ese hecho como secreto, probablemente solo la hubiera alterado sin necesidad.

—Entonces, ¿por qué no van juntos al lado oscuro de la luna? —les sugirió la doctora—. Pueden ir con Gio y Friday, sería un buen entrenamiento para ese par.

Friday los contempló sin hacer ningún gesto ni movimiento.

—Uh —la chica temía lastimar al joven reptil—. ¿Me dejarías ser tu compañera por hoy? —le tendió la mano y el chico la sujeto con optimismo, asintiendo.
—¿Es mudo? —preguntó Kazuki—. El mío es muy… demasiado… callado…

De hecho, la vista afilada color rojizo y un rostro sin cambios en las facciones duras le iban completamente a Gio.

Los cuatro buscaron cápsulas  especiales en el área de los talleres mecánicos y salieron a prisa hacia la otra base, la de entrenamiento. Esta era la primera vez de ambos humanos de viajar sobre un dragón, por lo que decidieron ir juntos sobre Gio. Friday se acomodó en una esquina del pequeño lugar y Kazuki tomó el mando, custodiado muy de cerca por la china. En menos de media hora ya estaban adentro del lugar.

—¿Qué se siente hacer una resonancia? —la primera en hablar dentro de las instalaciones de entrenamiento fue Yun.
—¿Uhm? —pensó un instante antes de contestar—. Depende de cada quien, en lo particular distó de ser algo único y extraordinario.
—Ya veo.

Los cuatro recorrían unos largos recovecos con recodos donde, a veces, tropezaban con algunos soldados portando grandes armas y demás personal militar como secretarios. 

—¿Harás una resonancia? —llegó el momento de averiguar él.
—Ni hablar —la cabellera rubia se movió en una negativa tajante—. A menos que sea Belurum mi compañero carecería de sentido.
—¿Belurum? —los interrumpió otra voz varonil, que provenía de atrás de ellos.

Ante el cuarteto apareció con figura regia y fisonomía adusta a quien buscaban. Jin vestía un traje completamente ajustado de color negro, perfecto para hacer ejercicios y tener mayor movilidad. Traía el cabello húmedo y la piel perlada con sudor, seguramente había estado entrenando hasta muy poco.

—¡Jin!  —en tono amistoso lo saludó el otro joven.
—¿Tu eres la chica que protegía a “Nigrum”? —ignoró al que, supuestamente, había sido su mejor amigo.
—¿Belurum? Sí, soy yo —sin retroceder y enderezando la espalda respondió. Nunca dejaría que alguien la intimidara y el rival suspiró de paz.
—Me preocupaba que estuviera solo después de todo lo que pasó —cerró los ojos, como si recordara una vieja escena en su mente—. ¿A qué vienen, Kazuki? —ahora sí lo miró con media sonrisa. Jin conocía la existencia del otro dentro de Kalisha así que no fue tanta la sorpresa.
—Busco a Belurum, está extraviado y temo por él —dijo Yun—. ¿Me ayudarían?

Jin vaciló, desconocía todo de Belurum pero le preocupaba tanto como a la compañera de él. ¡Agh! La agenda que tenía lo hacía contrariarse, casi carecía del tiempo necesario para descansar y la tarea de buscarlo demandaría horas sagradas en la pausa y vaya que si necesitaba dormir o sus ojeras se volverían permanentes.

—Sí —replicó pensativo, era su deber ayudar y, de cierta manera, protegerlo.

En eso Friday sacó de un bolsillo del chaleco negro de vestir la libre y del otro un lapicero apareció; comenzó a escribir con rapidez mientras el rostro era tapado por sus cabellos, al término lo extendió hacia la chica para que lo leyera.

—¿Tu sabes dónde está? —repaso con la mirada el papel y él afirmó con dudas, una vez más tomó el librillo y trazó palabras, ella lo ojeo y aquel objeto se deslizó entre sus dedos, cayendo al suelo.

La hoja decía que escuchó a Olivia sobre llevar a Belurum a un lugar conocido como “Tartarus” y eliminarlo, si bien no estaba de acuerdo pero aceptó si Bunchuu creía que era lo mejor para la sobrina. Yun sintió como el cuerpo le pesaba y las pocas energías que tenía se marcharon, trató de recomponerse pero unas arcadas salieron desde el estómago.
 

En las instalaciones del Tartarus.

 El lugar poseía un extraño campo de energía que imposibilitaba a los dragones actualizarse y volver así a la forma original. Era una isla, ubicada en algún archipiélago, al sur oeste del mapa.

Hacía una semana que ambos dragones se encontraban allí, en un lugar totalmente inhóspito donde el aire estaba cargado de un material que no distinguían y les quitaba por completo sus fuerzas. Tanto Kai como Belurum sentían cansancio y fatiga en cada momento y sus cuerpos llegaban a pesar casi una tonelada.

“Belurum… ¡¿por qué haces esto?!”

Escuchó las palabras de Yun y giró el rostro para encontrarse con ella. La veía tal cual estaba en el último encuentro: con el uniforme de colegio. La vestimenta le sentaba tan bien para él, con el marrón resaltando sus pupilas olivas y cabello rubio dividido en dos coletas largas.

“Los odio, ¿por qué más?” Respondió sin pensar demasiado en las palabras, absorto en la imagen de ella y sonrió. ¿Qué hacía exactamente él? ¿Se refería a Jin y Toa?, o… ¿a todo lo malo?

“Yo a ti… te quiero… ” El rostro afligido de ella lo miró y a susurros comentó aquello, dejando que la brisa cálida del lugar se llevase sus palabras. Él deseaba nunca haber escuchado eso.

“¿Eh...?” La reacción que mostró fue de máxima sorpresa.
“...”  Con la cara teñida de un carmesí intenso aspiró aire para proseguir con la declaración; los labios finos y rosados de ella lograron curvarse ligeramente y él seguía cada uno de los movimientos atentamente. “¡¡TE QUIERO, BA-BAKARUM!!”

“...” Ignoraba lo que debía o quería responder, a fin de cuentas, ¿qué era querer para él? Lamentó el carecer de respuesta y hacerla sufrir.

“¡¿Qué?!” grito nerviosa y él continuaba con la intensidad de la observación.
“Es que… si doy respuesta afirmativa tengo el presentimiento que librarse de ti será imposible” dejó salir una pequeña risa y el peso del cuerpo lo atormentó; lucharía si ella estaba allí, con él. Haría todo lo posible para sobrevivir y protegerla.
“Ya veo…” el silencio reinó entre ambos, aún falto del conocimiento necesario para saber si la quería pero verla triste, lastimada o de cualquier forma que no fuera su habitual felicidad le dolía.

Belurum chasqueo la lengua y bufo, si debía sacar sus emociones hacia la chica lo haría a su modo, de ninguna otra forma. La rodeó suavemente por la cadera con sus brazos, atrayéndola hacia él.

“También yo” pronuncio ocultando rápidamente el rubor entre el hombro  y las hebras platinadas de ella. Aspiró la esencia de la contraria, olía a una dulce fragancia primaveral como un brote que acababa de germinar.
“¡¿¡¿Ehhhh~?!?!” una risa escapó de sus labios, pretendiendo no haber escuchado aquella réplica.
“Dime ‘Bakarum’ y te golpearé sin remordimiento” mordió el cuello de la menor sin piedad esperando a que emitiera algún sonido o queja pero ella solo rio y lo apartó unos centímetros. 

Una parte de él deseaba que todo lo sucedido no fuera más que un sueño, que nunca hubiera encontrado respuesta al “te quiero” de ella pero no. Era real. Más allá de todo él la quería, aun cuando las memorias de Ai estaban frescas y ni podía olvidarla, tampoco quería hacerlo.

 “¿Y ahora?” enunció Yun, alrededor de ellos dos una neblina oscura cubría el lugar y sólo ellos se veían.
“Deja que descanse, en este estado el protegerte será un lejano sueño”
“Sí” le sonrió. “Te aseguro que mis sentimientos no cambiarán”.


—Hey, ¿ya estás delirando? —dijo Kai, quien se encontraba en la misma habitación.
—¿Uh? —parpadeó repetidas veces confundido por los acontecimientos, le dolía la cabeza y le pesaba el cuerpo. Se fijó en la prominente voz que estaba a cinco metros de distancia que no estaba encadenada como Belurum pero la atmósfera pesada le impedía hacer cualquier cosa para soltar al compañero de celda o isla, más bien.
—Repetías como grabadora «Yun, Yun, Yun…» —le dedicó una pequeña sonrisa socarrona.
—Eso, quizás sí…, me volví loco… —comentó, cayendo en cuenta de que lo vivido sólo fue producto de la imaginación.
—¿Es tu dragonaut, la chica de aquella vez? Te protegió aun cuando haber aplastado su cuerpo era tarea sencilla —respiró pausado, ambos veían el fin bastante cerca.
—La mía murió cuando nací, ella rechazó mi existencia y falleció por mi culpa; con Yun tengo otro tipo de unión —explicó pensante Belurum.
—Mi dragonaut fue mi mejor amigo y confidente. Si pudiera regresar al pasado, lo salvaría sin pensarlo.
—¿Cómo falleció? —el escozor en los ojos era tan intenso como la gravedad impuesta en aquel lugar.
—Nos mandaron a custodiar una mina en marte, antes de salir de la órbita terrestre algo nos impactó y la cápsula espacial  salió disparada. Murió chamuscado —apretó con fuerza la mandíbula, la rabia lo consumía desde muy dentro.
—Muerte más terrible.
—Sí, morir aquí no suena tan mal como la de Lee.

Entre ambos corrió un silencio sepulcral, cargando cada uno por las memorias que portan. Ninguno se extrañaba de la situación del otro, se encontraban allí por las actitudes destructivas que cosecharon a lo largo de estos días.

—Quiero verla —el primero en romper la calma fue Belurum.
—Salir de aquí es imposible, ya oíste al bastardo de Solomon.
—Lo sé pero eso no quita mi necesidad por ella…
—Necesidad es la de una buena borrachera, lo tuyo se llama época de celo.
—Si tuviera energías respondería a eso y te golpearía.

Los párpados le pesaban, ya casi no soportaba el sopor del ambiente, era como una tortura el sólo respirar. Los querían muertos, de eso no cabía dudas y ante aquel malestar general durmió nuevamente.

 
Cabeceo en el pupitre del aula, dando de lleno con la madera del mueble. El profesor alzó la mirada de un libro de historia y la dirigió a ella, quien se disculpó con un gesto.

Hacía días que el insomnio la dominaba, nada calmaba sus bramantes pensamientos. Sentía culpa por dejar a Friday pero también tan estafada que quería gritar y lanzar todo en un berrinche mortal. ¿Acaso sus sentimientos eran fallidos? ¿Por eso Friday era mudo?

Herida comenzó a garabatear en el libro, intentando en vano concentrarse en la charla del profesor. Decidió que se alejaría del mundo ese de los dragones y la milicia, viviría como una chica normal y con una vida normal. Las clases terminaron antes de darse cuenta y empaco las cosas para volver a la mansión Hendrick; «sí, una vida normal para una chica normal…» pensó, nada en la familia lo era, desde el tío bastardo a la tía amnésica, como dijo el otro tío –Yang– por parte de la madre.

Su mente se consumía en Friday y en los Hendrick's. ¿Quiénes eran? Las respuestas las encontraría en el despacho del padre –Gai– pero, ante sucesos tan extraños, se impuso una regla al más estilo de Mr. Enfield: cuanto más dudosa le parecía una cosa, menos preguntas haría.

—¡Hime!, ¡Hime!, ¡Hime! ~~~ —la sacudieron un poco, las clases finalizaron pero ella seguía absorta en un mundo que sus amigos ignoraban—. ¡PRINCESA!  —le gritó para sacarla del trance.
—¿Uh? —volvió en sí, abriendo los ojos de par en par. Alrededor de ella una comitiva de seis personas se juntó, olvidó la mayoría de los rostros alrededor.
—¿Quieres venir al Karaoke con nosotros? —preguntó la que ostentaba el puesto de líder.
—… —callo pensando en “una vida normal para una chica normal” y enseguida confirmó con ánimo—. ¡Quiero, quiero! 

De pronto ser una chica de quince años no parecía ser un sueño lejano, olvidando que estaba en una cúpula a más de trescientos ochenta y cuatro mil kilómetros de la tierra. Los siete se deslizaron por la ciudad, hasta llegar a una zona comercial de entretenimiento e ingresaron al primer Karaoke que encontraron.

Las cuatro chicas se sentaron juntas en un largo sillón y los tres chicos al frente, en medio tenían una mesa de madera bastante larga. El primero en elegir una canción fue Luke Griffin, el jovencito traía el cabello negro con mechones blancos y alborotados; el uniforme de los chicos, algo sencillo, le quedaba grande al menudo cuerpo del adolescente.

—¿Cómo es vivir con Gai y Bunchuu? —preguntó una de las chicas, la reputación de padre e hijo era tan brutal y magna que no le sorprendió.
—Bueno —ella se dedicó a leer la lista de canciones que tenían—. Quizás sea… ¿difícil? A ambos les falta tacto, sí.
—¡Seguro estás forrada en dinero! —gritó riendo uno de los chicos.
—Supongo —rio nerviosa.
—Bueno es normal —agregó otra de las adolescentes—. La familia Hendrick nos protege.

En eso estuvieron de acuerdo todos, la familia de Hime ostentaba un papel importante en la defensa por lo que entre la población civil los detractores a ellos se reducían a un número ínfimo, casi nulo.

—¿Y bien? —le preguntó una del grupo señalando a Hime, ésta la miró algo confundida—. ¡Vamos! Todos hablan de matrimonios y reglas absurdas, también está el rumor de la otra Hendrick, en segundo año.
—¡Es verdad! Muy pocos la han visto, hasta dicen que es deforme —comentó una de las niñas, quien traía hebras zanahorias de un lado y castañas del otro. La vio muy exótica con un jersey rosa y auriculares del mismo color en el cuello, Aika Nomura—. ¿Es cierto?
—Aquí lo más importante es el guapo sirviente —agregó otra, llevando el índice a sus perfectos y cerezos labios; si mal no recordaba, esta se llamaba Stella Russell—. ¡ESE ES UNA GUAPURA!
—¿Acaso ustedes solo piensan en hombres? —suspiró la última de las chicas, la cual traía un aura de madurez con un lunar ubicado al lado de sus orbes turquesas—. Soy Evangeline Nyström. Disculpa presentarme tan tarde, ellos dos son —señaló al más bajito de los dos y melena colorada— Victor Ducote —y este le sonrió dejando a la vista una perfecta dentadura.
—Mi nombre es Song Shinwoo, es un gusto —con un leve movimiento también le enseñó una pequeña sonrisa, el rasgo más distintivo era las pupilas vanadio que cubría tras unas tupidas pestañas negras.
—¡Ah, sí! —bajó la cabeza, avergonzada de aún ignorar nombres en la clase—. ¿Alguno aspira a ser piloto?
—Ni cerca —Luke se tiró sobre los hombros de Shinwoo—, pero este sí que lo será. Sus notas son excelentes. ~
—Hime, ¿ya estás en la sección de los pilotaje? —preguntó animada Stella, quien sujetó el micrófono para cantar.
—Es lo bueno de ser una acomodada —masculló Shinwoo con irritación al reparar en la faz que situó la pelinegra ante la cuestión.
—Nadie preguntó lo que yo quería hacer —de un salto y golpeó la mesa, haciendo bastante ruido. En absoluto le preguntaron qué quería ser de grande, el camino de un Hendrick ya se trazaba incluso antes de nacer.

 La puerta de la habitación se estrelló violentamente, abriéndose e ingresando súbitamente Solomon, tan ceremonioso como era de esperarse de él. Ignoró alrededor y se enfocó en la niña a quien custodia, primera vez que gritaba tan exaltada.

—¿Qué ocurrió, Hime sama? —a unos centímetros de ella detuvo el paso y observó detenidamente al sujeto que declaró antes que ella—. Lo puedo matar si así lo desea. 

Al finalizar esa declaración la “vida normal para una jovencita normal” terminó, con los demás chicos huyendo despavoridos a excepción de tres.

—Esto pasaría, se los advertí —suspiró Evangeline—. Fuiste advertido, Shinwoo.
—¿Advertido de que? ¿Del mal temperamento del guardián y la protegida? ―bufó molesto.
—¡Waoh! —en la puerta Luke formó con la zurda una línea horizontal sobre la cejas—. ¡Sí que corren maratones cuando lo desean!
—Tch —chasqueó la lengua Solomon—, son ustedes…
—Querida, nosotros somos de la división de dragonauts —articuló Evangeline sin siquiera moverse del sitio donde se encontraba apoyada.
—Aún carecemos de nombre pero estamos seguros de que todos nosotros le daremos uno digno —encogió de hombros Shinwoo.

Después de aquella revelación Hime simplemente desconectó el cerebro y,  cuando menos lo pensó, ya Solomon la llevó a la casa de los Hendrick's. La vivienda se ubicaba casi a las afueras de Kalisha y sin ninguna vivienda alrededor; ellos compraron una inmensa área exclusiva para disfrute ameno donde erigieron una mansión al estilo Brocante.

—Hime sama —con las cejas fruncidas de tristeza, Solomon la ayudó a entrar a la casa—, ¿se encuentra bien?

La respuesta era tan obvia que Hime sólo calló y subió corriendo al cuarto, que desagradable que todos la tuvieran que ver en ese estado de frustración. Los pasos fueron directos a la cama, guiados por los ya habituados pies, subió dos escaleras, giró en varias esquinas y entró a un cuarto, sin prestar demasiada atención.

Los retumbos de frustración y enojo que hacía a su paso con los objetos y puertas fue el único sonido que escuchó el sirviente, quien ignoraba cómo hacerla sentir mejor.

Hime sujetó con fuerzas las frazadas de la cama y las arrojó al suelo, prosiguió por las almohadas, los cuadernos escolares y terminó arrojando con rabia los útiles. Ella se negaba a ser una Hendrick, más cuando Friday le había dado a entender que ella carecía de voz, hasta los ojos amatistas del chico le sugirieron una personalidad hueca… como ella y sus sueños… Las lágrimas comenzaron a brotar sin previo aviso y,  antes de darse cuenta, ya estaba arrodillada en el suelo, sollozando e imaginariamente pataleando. ¿Huir?  No, era muy cobarde… Y entre gimoteos el sueño la invadió, quedando tendida en la cálida alfombra melocotón del cuarto.

Esa misma noche tanto Mnemosyne como Yun habían llegado a un dictamen. Ambas tomaron el valor y la determinación necesaria para avanzar a un nuevo capítulo de sus vidas y eliminar cualquier velo que persistiera sobre ellas. No había lugar para hacer marcha atrás, sólo seguir hacia delante.



Trace #6


Después de eso, el grupo se disolvió; Yun aún se encontraba ansiosa por preguntar el tipo de relación que guardaba entre los tres y la identidad del dragonaut de Belurum, aquella incógnita era la que quería resolver pero prefería guardar aquello para cuando ninguna vida estuviera en peligro. Como aún era temprano para dirigirse a la base de la armada, los tres chicos –Kazuki, Gio y ella– se dirigieron hasta un centro comercial cercano a la base, allí quedaron en mostrarle el sitio al dragón y orientarlo en cuanto a modales, de paso comer algo.

El centro comercial se divide en seis pisos, donde los tres primeros son de ropa, souvenirs y zapatos, el cuarto patio de comidas, el quinto una sección para niños, sexto pago de impuestos y el cine; Yun les señaló dónde se encontraba el patio de comidas en un mapa, cerca del ascensor.

—Por aquí, Kazuki —lo llamó con tono neutro.
—Ya vamos —respondió él.

La poca gente que se localiza en el centro comercial observa como el dragonaut arrastraba al dragón del brazo y el pequeño, mientras, le llamaba la atención todo lo que brillara o hiciera ruido. Los tres subieron al ascensor vacío, la hora lo hacía todo más fácil.

—Esto es increíble —inhalo y exhalo aire para recuperar la compostura, traer un peso muerto como Gio, lo dejó exhausto—, ahhh, pesa tanto…

Yun rió al ver el estado del chico y de contraste el rostro parco y adusto del dragón, aunque admito que un cierto encanto atrayente lo rodeaba.

—Es que no le has enseñado nada —con tono de burla prosiguió, intentando guardar la risa—, Kazuki es muy descuidado. ~
—A decir verdad —le miró a él por el rabillo de los ojos—… creo que no me sale, es como ser un padre y bueno, no hay manual…
—¿Y si ves la película de cómo entrenar a tu dragón? —las palabras del castaño la hacían reír.
—Uhm —colocó una mano en la barbilla, pensando—, dudo que sirva para esta situación. Me preocupa comer con él y sus nulos modales. ¿Vamos por hamburguesas?
—Claro —apretó el botón del tercer piso y los tres llegaron enseguida.

Al bajar se dirigieron hasta el primer asiento que encontraron y Yun dejó caer su cuerpo en la silla con cierta amargura, todo lo que hacía era pensar en él y la situación en que encontraría a su amigo; los otros dos la imitaron y se sentaron frente a ella.

—Veamos, el McDonald's está allí —señaló atrás de Yun—. ¿Qué te gustaría? 
—Eh… —una gota de sudor recorrió el cuello de la chica—, no sé. ¿Algo simple?
—Entonces para Gio pediré una club house, para mí una cuarta de libra con queso y para ti… —imaginó el menú— ¿nuggets de pollo?
—Sí —asintió algo incómoda y el dragón la imitó con curiosidad.

Kazuki corrió lleno de vida en dirección del local, deseaba cuestionar sobre algunos asuntos con Yun y, de paso, tratar de enseñarle algunas cosas a Gio; no había tenido tiempo suficiente como para explicarle sobre que tiene cambiar esa actitud tan pesada, hosca y desinteresada que posee. Pidió ansioso las órdenes y en quince minutos regresó a la mesa, a la chica la vio observando el móvil y el otro, bueno, como siempre… remiso de sentimientos.

Acomodó las órdenes de cada uno y los complementos, dejando la bandeja de lado.

―Ah, ya estoy hambriento ―tomó las papas fritas y les agregó un poco del aderezo de tomates―. ¿te gusta? ―le señaló la caja de los Nuggets a Yun, viendo lo contrariada que estaba ante ellos.
―Bueno… veras… ―tomó el vaso de gaseosa y con el sorbete tragó largo― viví en un convento o internado femenino así que nunca he probado una…

A Kazuki le pareció extraña la respuesta, casi todos los adolescentes se juntaban en algún McDonald’s a comer y pasar el rato, era bastante popular para los de su edad, incluso jóvenes venían por los especiales del día.

―Ya veo ―agarró algunas papas y las comió de un bocado.

Cuando desvió la mirada hacia lo que hacía Gio, descubrió al dragón mordiendo con fuerza la caja para comer. Observó a los lados para cerciorarse que nadie lo veía y le quitó de un golpe la caja y la abrió, dejando a la vista la hamburguesa gigantesca del club house.

―Se dice provecho ―dijo el chico, devolviendo la caja―. ¡Agh! No la vuelvas a morder así.

Yun no pudo evitar reírse y le pasó su pedido al dragón, quien terminó el suyo de un bocado, incluso de manchó la boca con el kétchup. Kazuki lo limpió con las servilletas y suspiró pesadamente, tratando de ignorar las risas de la acompañante.

―Son como padre e hijo ―continuó con una tenue risilla―, es algo cómico.
―Los otros dragones que conocí son más elocuentes ―le obligó a tomar un poco de líquido antes de comer nuevamente―, el mío es como un chiquillo… me pregunto por qué.
―Creo que así ustedes están bien, se complementan perfectamente ―respondió ella.

Gio nuevamente tragó toda la orden con una sola mordida, dejando más migajas en el rostro, el pálido color del neonato se vio manchado con pan rallado de la comida y, esta vez, Yun se reclinó sobre la mesa para limpiar el rostro del hombre.

―La próxima vez traigamos a Friday y… ―al recordarlo el semblante le cambió súbitamente, ¿tanto quería que estuviera con ella?―… Belurum…
―¿Es tu dragón? ―la observó fijamente, se sentía excluido cada vez que Jin y ella hablaban sobre el tal reptil; lo imaginó como un hombre bastante tranquilo y lleno de vida, algo sonriente y quizás taciturno, a todos les agradaba, o al menos así pensó él viendo a la chica tan preocupada.
―No, no tengo una resonancia ―bebió otro sorbo de gaseosa al volver a su sitio―. ¿Cómo es hacer una? ―cuestionó ella, recordando que Livia le sugirió hacer una.
―Oh, bueno ―divagando tardó un rato en contestar―, muchos dicen que es un  momento especial, supongo que cada quien tiene una experiencia única… la mía distó mucho de ser única.
―¿Y a ti, Gio? ―giró la cabeza al mencionado y este no le prestó atención hasta que Kazuki le tocó el hombro.
―Lo mismo para mí ―respondió escueto―, no recuerdo.
―¿Por qué quieres rescatar a Belurum? ―ahora era su turno de preguntar y esta duda fue la primera que apareció. Ellos no tenían un vínculo entonces, ¿por qué se preocupaba tanto por él?―. Irás en contra de toda tu familia.
―¿Mi familia? ―susurró más para ella que como respuesta, el decir que desconocía todo sobre los Hendrick’s quizás fuera más una molestia que otra cosa y decidió dejar ese hecho como un secreto―. Desde que llegué a Kalisha él me ayudó muchísimo, ¿es tan extraño querer ser de utilidad para alguien a quien debo demasiado?
―No, es solo que… bueno ―con las mejillas de un tono rojizo prosiguió―. ¿Te gusta?

Ella dudó en contestar a aquella interrogante pero Kazuki la estaba ayudando y, de cierta manera, le debía lealtad. ¿Para qué mentiría?, aunque tampoco se había cuestionado antes sobre los sentimientos que tenía para con Belurum, era consiente que sus emociones por el dragón desbordaban.

―Sí ―cabizbaja contestó sin balbuceos ―. Q-quizás me gusta…
―Pero es un dragón ―murmuró.

Las personas comenzaron a rodearlos y el bullicio del lugar se tragó las últimas palabras del púber. Las una de la tarde ya pasaron y el alboroto de los adolescentes se hacía más latente, marcando que podían marcharse hacia la Armada Gillard. Yun tragó saliva pesadamente, quería tranquilizarse para poder obrar correctamente y sin errores, le alegró que Kazuki la apoyara.

Los dos se dirigieron al lugar indicado, saliendo rápidamente del centro comercial y caminaran por la acera unas cuentas cuadras hasta Gillard; entraría para visitar a Friday y esperaba que el pequeño la apoyara como el otro joven, lo necesitaba para no ir a ciegas hacia Japón y directamente pasar al Tartarus.

―Espera ―la sujetó del brazo en la puerta del edificio marcado como objetivo.
―¿Uh? ―giró el cuerpo y se topó con el semblante tembloroso del castaño―. ¿Qué sucede, Kazuki?
―¿En serio traicionaras a Bunchuu sama y a Gai sama? ―le sobrevino una especie de miedo, la china le caía bien y por lo tanto le quería prevenir y, quizás, hacer recapacitar.
―¿Bunchuu? ―abrió los ojos como platos sintiendo que una  nueva revelación se haría presente ante ella.
―Bueno… si eres tía de Hime y ella es hija de Gai… tú eres hermana de Gai ―imaginó los rostros con formato chibi de ellos cuatro y las relaciones de cada uno señalizadas con flechas― y Gai es hijo mayor de Bunchuu… ¿no es tu padre? ―se sintió como idiota diciendo aquello pero la cara sorprendida de Yun no le dejó más opciones.

Ella no comprendía… ¿Bunchuu era su padre? Un tal Bunchuu, le era imposible concebir al Buun que conocía como su padre, siendo que el único rasgo similar que poseían era el del cabello rubio, incluso con Gai no notaba semejanza entre los tres y menos con Hime.

—Ahh, es que no soy unida con ellos —respondió casual no puesto que no se imaginaba a Bunchuu como su progenitor—. Bien, vamos.

La soltó el muchacha y se adentraron al lugar. A Kazuki Tachibana la persona frente a él, la de sexo femenino, se le hacía cada vez más extraña.

—Iré a los vestidores a dejar a Gio, siento que no nos será de utilidad aquí —rió con una gotita en la cabeza, los seguía llamando demasiado la atención.

Así los tres se dividieron y Yun se adentró a las instalaciones con un miedo palpable y exagerado en el alma. Si se tocaba con alguien eminente –Gai, por ejemplo– sus planes se podrían llegar a desbaratar y no contaba con el lujo del tiempo. Intentó tranquilizarse y ser más rescatada con sus acciones, en el ascensor, por piso, la gente descendía hasta quedar ella sola; normalmente nadie contaba con permiso para bajar hacia las instalaciones de Livia, ese era su pequeño lujo y a la vez una maldición.

Caminó por el pasillo en silencio y recorrió el lugar hasta dividir la figura de un hombre, el pánico la invadió. Mientras más se acercaban, más lucida se hacía la silueta, hasta encontrarse con Gai Hendrick, su hermano y un objetivo peligroso.

—¡FRIDAY! —le saludó con la mano, al ver que el pequeño salía del cuarto. Él salió corriendo a recibirla, con una inocente sonrisa puesta en el rostro. La abrazó y ella revolvió sus hebras blancas con mucho cuidado—. Espero que estés bien y hayas leído mucho —trató de evitar la mirada del hombre que pasó al lado ambos pero se sintió observada.

La melena dorada al viento que hacen juego con el traje blanco de corte elegante la dejó abierta, ¿ese era su hermano? Tragó saliva pensando en la presencia tan magna de él que resplandecía.

—Nos vemos, Friday —se despidió y le sonrió a Yun.

Detrás, de la habitación del dragón, salió otra sujeto y ella lo distinguió como Solomon. El rubio destellante de los cabellos cortos era reconocible en cualquier lugar. Avanzó con velocidad y alcanzó a estar en segundos a la altura de los dos, Gai continuó el recorrido sin prestar atención.

La mirada afilada del sujeto se clavó como un puñal en ella, la descubrió y, por lo visto, la odiaba. Frunció el ceño y se detuvo, girando los ojos a su dragonaut.

—¿Acaso piensas traicionar a los Hendrick? —le espetó con desdén, la mujer no lo engañaría y ya conocía sus andanzas con Kamishina y Album, también que esa mañana Mnemosyne se marchó sin mirar atras. Nada se escapaba de su escrutante presencia—. Puede que Gai te acepte como una Hendrick pero yo no. Que seas feliz, Yun.

El corazón le comenzó a latir con fuerza, pasar a Gai había sido fácil pero con Solomon se ve que no sería así. ¿De qué era conocedor? Inhalo aire para tranquilizar, levantó la barbilla y cuadró los hombros. Si ese era su fin, al menos lucharía con la mejor artillería que poseía.

—¿Yun? —lo observó con la misma mirada de él y largó una pequeña risa cargada de ironía—. Solomon Goldsmith, te prohíbo dirigirte a mí con tanta simpleza. ¿Acaso conoces tu lugar? ¿Me conoces a mí? Va, sólo eres un perro sin modales, soy Hendrick Yun-Shi para ti. Espero lo recuerdes la próxima vez que deshonres los buenos modales que te inculcaron mis parientes en Japón —alzó sus hombros para fulminar con una palabra que usó Belurum a modo de insulto.
—Quizás puedas engañar a Gai sama y Bunchuu sama, pero a mi no. “Yun-Shi Hendrick” —soltó antes de despedirse pero una risa estruendosa se percibió de una zona apartada y ambos se giraron.

Gai había regresado sobre sus pasos.

—¿Acaso me recuerdas? —en las pupilas del hombre se notaba el dolor y la voz distaba mucho de ser un reproche sino más bien parecía cargar con ilusión ficticia—, soy yo, Yun, mi mèimei.

Ella sacudió la cabeza, trazando un no en el aire.

—Lo siento —bajó la mirada, avergonzada y con culpa por haber utilizado el nombre de ellos como si los recordara—. Sé que eres gēge pero no, lo lamento.
—Esta bien —le sonrió y esperó a que levantara la vista para tomar la mano derecha de ella y apoyar sus labios como cortesía, en un pequeño beso—. Nosotros tenemos que hablar, ven a mi oficina cuando tengas tiempo, te esperaré con ansias.

La soltó y le ordenó a Solomon seguirle, se quedósorprendido de que ella llamara a su dragón perro y de inmediato imaginó de donde lo sorprendió, su adorable hermanita jamás diría algo así. Yun parpadeo repetidas veces, anonadada por la actitud y palabras de Gai y asintió moviendo la cabellera.

—Siempre has sido mala mintiendo —otra sonrisa enmarco el el rostro y se despidió. Este era el primer encuentro.

Friday le sostuvo la mano y ella la apretó con algo de fuerza.

—¿Me escucharías, Friday? —esperó a hablar cuando las figuras de los dos hombres se perdieron entre los pasillos y con la aprobación del niño, los dos entraron dentro de la habitación.

Friday se sentó en la cama y Yun repaso el lugar, buscando algo que fuera para espiar la conversación que comenzaría en breve con el dragón. La chica carraspeó para llamar la atención del pequeño.

―Necesito tu ayuda ―sonó con elocuencia, mientras recorría la pieza en círculos y una vez que afirmó el dragón ella continuó. Friday la ayudaría, después de todo le caía demasiado bien la Hendrick―. Hay que rescatar a Belurum y para eso necesitamos saber la ubicación exacta del Tartarus…

El reptil humanoide volvió a marcar sí con la cabeza, los ayudaría en lo que pudiera.

―Escucha, necesitamos espiar a Olivia, es de urgencia encontrar la ubicación hoy él morirá. Mi familia lo tiene cautivo ―le puso las manos sobre los hombros, para denotar lo importante que era el mensaje.


En eso la puerta fue golpeada con saña y ambos saltaron de la impresión, Friday fue a abrir la puerta con cuidado; la escena de Solomon discutiendo con Yun le dio mala espina y esperaba que eso no se repitiera.

―Soy yo, Kazuki ―indicó desde fuera y el chico le abrió enseguida para que pasara―. Hola Friday ―le saludó con cortesía y observó a Yun algo nerviosa, algo había pasado―. ¿Hablaste con él?
―Esta cosita aceptó ―levantó los dedos haciendo el símbolo de la victoria―, ahora podemos ir con mi tía.


Present y Segai Waltz Makoto llevaron a las instalaciones de Vitra a Mnemosyne, quien aún se mostraba desconfiada del tal Asim Jamar. Viajaron casi de noche a las instalaciones así que la ciudad se veía desierta, sin luces ni nada de tecnología; le explicaron que se intentaba llevar una vida ascética en la cúpula… o eso intentaron que creyera, en cuanto vio el sitio al que se dirigían llegaron a la mente los libros de historia, donde los jeques árabes solían vivir en la antigüedad.
« Last Edit: November 30, 2018, 10:02:56 PM by Miyu »