Author Topic: ⟪ Cʀᴏᴡ Sʜᴏᴡ ⟫  (Read 399 times)


Othinus

⟪ Cʀᴏᴡ Sʜᴏᴡ ⟫
« Topic Start: October 19, 2017, 08:06:05 AM »


Decidimos dejar este espacio para avisar que la historia pese a que será cortita tendrá vocabulario y escenas que pueden ser hirientes para el público sensible y CONTIENE SPOILERS.


Quote
Un mes para que todo lo que has conocido desaparezca, un mes en donde la civilización cae en la pura barbarie. Ya no existe la sociedad, ni nada de lo que conociste hasta el día de hoy.

El mundo se rige bajo la ley del darwinismo social.

Se vuelve a la edad de las cavernas.

 Los más valiente se suicidan y los cobardes quedan esperando que un dios bajado del cielo los rescate.

Ya no hay esperanza, ya no hay futuro. Ni los países bélicos y desarrollados que unieron sus fuerzas han podido contra el meteorito llamado Ajenjo, el apocalipsis se acerca.

¿Qué harás entonces?


Esto pasa cuando locas se unen por amor al seinen y horror :) jejejejejejejejejejejejeeeeeh *se atraganta con su juguito*


Chapters: Unknown
Status: Publishing
Published: Oct 19, 2017 to ?
Genres: Comedy, Mystery, Drama, Horror, Supernatural, Seinen
Recommendations: Inuyashiki, Sprite, Mahou Shoujo of the End, Dolly Kill Kill, Green Worldz, Apocalypse no Toride
>> The Purge  [???]

Edito al ratoooon
« Last Edit: October 19, 2017, 11:15:38 AM by Othinus »


Othinus

Re: Crow show
« Reply #1: October 19, 2017, 08:09:09 AM »


C r o w   s h o w

«Nuestros esfuerzos fueron en vano, ni el más alto ni sofisticado armamento pudo contra el meteorito.  ¡Este es nuestro fin! El misil que enviamos allá  fue en vano y la tecnología actual con la que contamos no nos permite nuestra supervivencia».

Parlotea incesante el televisor en una conferencia a nivel mundial del actual presidente de Estados Unidos,  aquello fue iniciado con una sirena a las doce del mediodía,  la población quedó perpleja al ver al extranjero chillando ahí. 

«Hice todo lo que quise en esta vida, no me quedan arrepentimientos.  Por eso…  ¡desde este momento se está permitido matar,  violar, robar!  ¡¡HAGAN LO QUE QUIERAN CON SUS ÚLTIMOS MOMENTOS DE VIDA,  HIJOS DE PUTA!!»


Y la conferencia finalizó.

Todos estaban igual, dudas aparecían en la mente de los ciudadanos del sol naciente. Morirían, era una afirmación; nadie había prestado atención a las noticias de la NASA, todos creían que los norteamericanos se encargarían de aquello.  Nadie pensó lo que sucedería en el peor caso. 

Todo era surrealista.

“¡Madre!” exclamó una niña pequeña, tratando de avanzar hasta ella que se encuentra frente al televisor.

La madre parpadeó sin poder entender lo que sucedía.

En el mismo vecindario,  dos amigos se encerraron en la habitación de uno de ellos, el cuarto tenía varios posters de anime y uno de la modelo Reika. Ambos rondan por los diecisiete años.

“Estudie duro para nada” suspiró.
“Increíble,  Rusia,  China y Estados Unidos unieron sus fuerzas y fracasaron,  ¿Dios nos abandonó?” preguntó con sus labios temblorosos mientras lágrimas caían por la barbilla.   
“Ay” suspiro nuevamente el primero.  “Dios no existe, piensa…”

En otro distrito una familia se sujetó de las manos,  el padre a la izquierda,  sus dos hijos en el centro y la madre a la derecha.

“Los amo” les dedicó  una sonrisa la mujer,  una llena de amor y dolor.

Y saltaron al vacío, el padre respiró por última vez antes de arrojar el cuerpo y los niños miraron el cielo. Jamás lo volverían a ver.

Ellos no eran los únicos que decidían suicidarse, desde las ventanas de edificios aledaños, azoteas y hasta en las vías del tren,  puentes y casas, gente tomaba la misma decisión. Si Trump decía que era el final,  entonces debía de serlo.

“¿Qué haremos?”

Pronto la voz de una chica inundó un barrio vacío.

“¿Pacto con el innombrable?”

Le contestó otra.

“Pff” escupió su juguito una. “¿Existe,  siquiera?“
“¡Vamos, no jueguen así “ infló sus mejillas otra.
“Esto es absurdo, aún nos queda un mes y hay posibilidades de que se desintegre” encogió de hombros uno de los dos hombres. “Me voy a casa”.

Tomó la mochila,  parecían estar en la escuela, donde nada ni nadie quedaba.

“Es peligroso que chicas anden solas, les recomiendo acompañarme. Oyeron al imbécil, ya no hay leyes”.

“Y eso, ¿te afecta,  Nishi san?” preguntó escéptica una.
“En lo más mínimo” rio con ganas. “Nos encontramos aquí por casualidad,  ustedes me importan una mierda” saludó  mientras se marchaba. 
"¡Somos lolis!" musitó una segura de sí. "¡SOMOS COMO DIOSAS!"
"Sí, ¡diosas para sodomizar y violar!" carcajeó el segundo hombre y agregó: "Terminarar muertas por virgos otakus".
"Tú... ¿no eras un otaku, Kuroyuki?" tragó saliva lentamente mientras lo observaba ladear la cabeza extrañamente.
"No me van las de su tipo" trató de contener lo más que pudo la risa.
“Vamos” ordenó la que recién preguntó y parecía una especie de delegada del salón.
“Sí, tengo que ir con mi madre y hermanita” contestó.
“¡Yo iré con mi perrito y abuela!” gritó de felicidad una.
“Tengo hambre” agregó otra mujer. 

Los seis salieron del instituto,  el silencio sepulcral inunda cada rincón del lugar. Las clases fueron suspendidas, va,  nunca se anunció oficialmente pero ya era sabido.  A nadie,  en su sano juicio, se le ocurriría ir allí.

Más allá, en el primario,  varios chicos lloraban a todo pulmón. Sus padres los habían abandonado y la sociedad en sí y no solo ellos, asilos y hospitales eran abandonados sin piedad. 

Un mes hasta el apocalipsis.
« Last Edit: October 21, 2017, 01:45:25 AM by Othinus »


Miyu

Re: ⟪ Cʀᴏᴡ Sʜᴏᴡ ⟫
« Reply #2: October 20, 2017, 03:18:10 AM »

» El mundo se acaba y tú... ¡estas como si nada!

Tokuoka Misa de catorce años y sin aspiraciones para la adultez, meditó un segundo antes de montarse sobre la bicicleta.  Colocó la mochila dentro del canasto y pedaleo.

Era increíblemente surrealista todo lo que acontecía desde hace un par de días, incluso hasta hace una semana atrás todo lo que le importaba eran sus notas en los exámenes o las clases de deporte y su club. ¿Ahora? Sacudió la cabeza efusivamente, quería que todo desapareciera.

¿Qué significaba morir?

La nada misma estaba instalada en las calles de Tokio. Las personas que tenían autos habían huido a las montañas, esperando salvarse y los menos afortunados o resignados seguían como antes. Ella realmente no sabía lo que sucedería en cuanto el meteorito entrase a la órbita terrestre así que dejó de especular en ello.

Misa tenía que volver a casa y encontrarse con su hermano mayor y padres,  pensarían que hacer. En twitter muchos publicaban la decisión de suicidarse en familia,  con la esperanza de permanecer por la eternidad juntos. Tampoco entendía el porqué de aquello.

Ella no estaba segura de querer morir, no aún.  Quería hacer tantas cosas y a la vez entendía que después de morir ya no podría hacer nada.

Pronto vio cómo dos policías le disparan a una persona desarmada y con sonrisas enmarcadas en el rostro hacían bromas entre ellos y ella pedaleo con todas sus fuerzas. Quedó estupefacta ante la escena, que la gente que se suponía debía de protegerlos ahora estuviera… ¿matando por diversión?

Más adelante observó cómo dos personas tenían sexo en plena vía y otras los veían masturbándose. Tragó saliva y siguió su camino lo más deprisa que pudo.

En eso se había transformado la sociedad, en animales,  incapaces de razonar;  en monstruos buscando placer personal. El suicidio ya no se oía tan mal ante sus tímpanos.

— ¡Hermano!  —entró la bicicleta dentro del departamento y cerró las puertas con todas las cerraduras y comenzó a inspeccionar cada ventana de la sala.
— Misa —la miró con pena—.  ¿Ya viste cómo está fuera?
— Sí —tembló, por primera vez en su vida se había sentido pequeña. El miedo la invadía.

No quería que su familia corriera peligro, que algo de ahí fuera los dominase.



» Soy lo que decido ser con lo que hicieron de mí.

Komon Aya estiró  sus brazos hacia el cielo,  por alguna razón se sentía más libre que nunca. La cabeza la tenía vacía y ya no rondaban esas preocupaciones del futuro sobre ella.  Eso en parte la aliviaba. 

A sus catorce años pudo encontrar paz,  una que la conducía al fin.

No tenía prisa por llegar a casa y sus pies se movían con parsimonia. Llegó hasta una esquina principal y mientras veía como el silencio invadía el mundo,  unos sujetos encuerados y montados en motocicletas rompieron la atmósfera del sitio.

Cruzaron miradas.

Aya sintió como si al fin cayera el peso de las palabras de Trump sobre ella.  «Hacer lo que les venga en gana» pensó repentinamente y eso invadió su pequeña mente.   

Sus rodillas flaquearon. Los japoneses no se atreverían a hacer algo así,  no.

Eso la tranquilizo hasta que oyó una ventana reventar por algún objeto de hojalata y los llantos de una mujer pidiendo clemencia.

El sudor frío invadiendo el pequeño cuerpo de adolescente que se resignaba ante el fin de la sociedad estructurada que había conocido.

Mientras corría con la mochila puesta delante se preguntó que debía hacer ella, puesto que era el fin del mundo y tenían permitido hacer lo que quisieran, también meditó de qué harían los de su edad. Sus amigas, muchas de ellas, habían dejado de twittear y ya no le mandaban mensajes por Line, se preocupó un instante.

Aya opinaba que debía hacer algo, disfrutar de aquellas últimas cuatro semanas y divertirse, quizás romper algunas reglas y comer hasta reventar pasteles de fresas y helado de chocolate pero… la tristeza la invadió.

¿Así era morir? Sentirse impotente ante un hecho que versa inevitable.

Y siguió con prisa hasta llegar a casa, su madre la recibió con una sonrisa amable y la pequeña hermanita con un abrazo gigante.


― Llegas temprano ―le dijo―. Hay algunos pudines en la heladera.
― Mamá ―tragó saliva y no habló más, la culpa la carcomía, ella no era como las personas de ahí afuera―.  Ruu chan, vamos a jugar. ~
« Last Edit: October 20, 2017, 03:20:08 AM by Miyu »


The most beautiful monster.



Othinus

Re: ⟪ Cʀᴏᴡ Sʜᴏᴡ ⟫
« Reply #3: October 21, 2017, 02:00:31 AM »
La parte de Nishi es de Miyu (en color raro;)


» Vive el hoy, ya no hay mañana.

Shimakage Ruuta  de catorce años  arrugó la nariz al subirse sobre el subte y ver como dos personas corrían con prisa y desnudas para bajarse del vagón. Trató de desviar la mirada  lo más que pudo pero cuando el sujeto le sonrió y le dijo “aquí tienes un buen espectáculo” ella quiso vomitar.

En ese instante comprendió que la sociedad tal como la conocía había muerto. Ya nada tenía importancia salvo disfrutar lo poco de vida que tenían por delante. Vivir el ahora, ya no había mañana.

Acomodó el uniforme que traía y se sentó,  sacó un libro de Stephen King y comenzó a leer. Probablemente ese sería el último libro de él que vería. Cuantas cosas se iba a perder, cuantos acontecimientos iba a saltar el planeta todo por un meteorito salido del culo.

Vio el reflejo que genera sobre el vidrio del vehículo y sonrió con sorna,  afligida. Las palabras del presidente de Estados Unidos resonaron en la cabeza. 

La cabellera corta y platinada le permitía sentir la brisa de la soledad en el ambiente,  una refrescante ventolera que copó el lugar.

Ella tenía que llegar a su casa para hablar con sus padres, ambos se encontraban desde hace un mes en un crucero marítimo y los encargados no iban a poder tocar tierra en Japón hasta tres semanas más, algunos no querían volver y preferían morir ahí. Sus padres volverían aun si tenían que hacerlo en un bote.

Imaginó un instante que se iba a producir un motín y una mini guerra civil, los pocos botes que tenían se hundirían y las aguas heladas del mar los engullirían. Frotó los ojos y quiso quitar esas suposiciones tratando de concentrarse en el libro sobre su regazo.

Camino por las sepulcrales calles del vecindario y le extrañó que nadie estuviera ahí hasta que vio gotas de sangre desparramadas y vidrios rotos en algunas casas.

 Apresuró el paso hasta el domicilio de la familia. Aquello parecía como la película de la purga.



» Hasta Dios nos abandona.

Umehara Michiko.  Catorce años.

La abuela la fue a buscar con el fiel can,  Taromaru. La señora camina bastante animada con la correa del animal y Michiko la saludo abalanzada sobre ella para un abrazo y unas caricias para Taromaru.

“Querida,  hoy parece todo tan tranquilo” respiró profundamente la anciana, a ella le gustan los días de paz.

En la casa de  Umehara la tecnología tenía prohibición,  salvo unas horas al día, para nada prendían algún aparato. La abuela de setenta y cuatro años se conserva en buen estado y es más jovial que muchas mujeres de treinta, pero aún tenía guardada esas costumbres de respeto que le impartía a la única nieta. Quería que ella fuera una mujer decente.

Michiko asintió con la cabeza y sujetó la correa de Taromaru. Decirle a su nana que era el fin no le apetecía,  al menos quería que ella viviera sus últimos momentos en paz después de todo ya era una persona mayor y crearle preocupaciones sería absurdo.

Rogaba porque nada “extraño” se cruzara por el camino y pronto el fiel animal comenzó a torear. Nada bueno podía salir de aquello y trato de callarlo.

“Parece un pueblo fantasma hoy” sonrió la ancianita.
“¡Sigamos, nona!” colocó una sonrisa nerviosa.
“Ha de ser un día festivo,  querida”.

Los tres llegaron a casa con prisas por parte de la más pequeña y cerró todo lo que podía ser cerrado. Culpa de Trump ya no iban a poder vivir tranquilas ahí.



» Pase libre para matar.

“Hacer lo que quiera”.

Las palabras de aquel sujeto estrafalario copan su mente,  ha estado así desde la conferencia de la mañana.  El mundo se había ido al averno y él solo podía pensar en los dichos de Trump.

Nishi Joichiro estaba casi extasiado por aquel discurso. “Hacer lo que quiera” se repetía una y otra vez. 

¡Ahhhhh!  Una sonrisa gigante se enmarca en el rostro níveo del adolescente, la adrenalina aumenta y la piel se pone de gallina.

“Hacer lo que quiera”.
“Hacer lo que quiera”.
“Hacer lo que quiera”.


Un pase libre para matar. No podía contener las ganas de volverse el antagonista de un manga, de ser quizás una copia de “Monster” y asesinar a cualquiera que se cruzara por su camino.

Sí, moriría pero en un mes y hasta entonces volaría la cabeza de cucarachas insignificantes. Las entrañas saliendo por el estómago, los sesos volando por el aire y la voz desfalleciendo de a poco mientras el brillo se escapa de los ojos.  ¡El paraíso! 

Camino con las manos dentro de los bolsillos del uniforme verde del instituto y prosiguió con lentitud.
¿Arma?  ¡Gosh!  Buscar una en Japón sería tan difícil,  ni sabía dónde conseguiría una y algo tan preciado como una pistola no sería dejada adrede.

Tragó saliva,  en los doramas salían delincuentes con bates llenos de clavos o quizás buscar cuchillos y espadas pero a corta distancia y cuerpo a cuerpo… no.

Ya pensaría mejor, primero cambiaría de ropa.

« Last Edit: October 21, 2017, 02:07:43 AM by Othinus »


Othinus

Re: ⟪ Cʀᴏᴡ Sʜᴏᴡ ⟫
« Reply #4: May 31, 2018, 02:06:53 PM »
Seguro derrapo este año que apenas puedo entrar XDDDD




Ahí, tras un manto de neblina espesa y el anochecer cayendo tras de él, hay algo. Entorno las orbes, al principio le costó percibir entre la oscuridad poniente.

Él sonrió, ¿cómo había llegado a aquello?, los labios dibujaron una mueca de terror y arrepentimiento. Podía haber acompañado a una de sus compañeras a casa o hasta el mismo Nishi; ya sabía que por el brillo en los ojos del lunático ya se había “deschabetado” pero eso era mejor a estar ahí a punto de orinarse.

Un aire frío recorrió su espalda y sus rodillas temblaron. Tenía miedo de darse vuelta y encontrarse de bruces con algo salido del infierno.

“Tranquilo Kuroyuki” suspiró con una risa nerviosa “si algo estuviera allí, ya te hubiera atacado… jeje”.

Trató de caminar, sujetando con fuerza ambas tiras de la mochila que cuelga de la espalda y el silbido del viento rozando la nuca.

“Ku… ¡KUROYUKI KUN!” oyó una voz conocida de la parte de atrás y giró. La imagen de una de sus compañeras saltó a la vida… era…
“¿Tokuoka Misa?” sorprendido por la voz quebrada de ella trató de tranquilizarla. Habían pasado tres horas máximo desde que se despidieron… ¿acaso lo de violar lolis era real?
“Mi hermano… se lo llevaron…” alcanzó a decir antes de desmayarse.

Si recordaba bien, él nunca había hablado con las otras chicas y menos Nishi, estaba casi seguro de que ellas tampoco entre sí.  Misa es la típica deportista y se rodea de los de su tipo; a Aya la veía poco, destaca por sus pechos generosos y alguna vez oyó que estaba en el club de jardinería; Ruuta, delegada de clases e inalcanzable, jamás habló con ella; Michiko por su parte parecía una loca y de hecho lo era, nunca se acercaría a ella y Nishi bueno… era el objetivo de la clase.

Suspiró. ¿Por qué cargaba a Misa? ¿Cómo había llegado a eso? Suspiró y suspiró hasta llegar a su casa. Vivía con su padre, que para esta hora debería estar sentado en un bar ahogando penas.

“Oye” la dejó sobre un sofá de la sala y fue a buscar un vaso de agua.

La chica seguía sin reaccionar. Recordó que le dijo algo sobre el hermano, bueno si desapareció no sería la gran cosa, moriría igual que él y ella.

“Hermano” susurró entre dientes y pronto se despertó. “¡HERMANO!” gritó y golpeó a Kuroyuki casi por instinto.
“Misa san, soy yo…” respondió, soltando el vaso y desparramando el agua sobre la alfombra.
“¡Mi hermano desapareció” respondió sin prestar atención y con los ojos húmedos.
“Tranquila” dijo sin mostrar emoción, arrepentido de tenderle una mano.

El silencio recorrió el departamento y Kuroyuki le trajo otro vaso con agua.

“Sucedió mientras comíamos, entraron a casa unas personas extrañas… ¿eran punks? Se lo llevaron, estoy segura…” comenzó a llorar y él sólo calló.  “Eran muchos y no pude hacer nada; debo ir a buscarlo”.

Kuroyuki suspiró.

“¿Qué harás?” preguntó.
“¿Tienes algo que pueda usar como arma?”.
“Es Japón, lo máximo que conseguirás será una katana, espadas de bamboo, sartenes y cosas a corta distancia. Si son muchos, te matarán en el mejor de los casos”. Explicó él, arrepentido de socorrerla.



En otro lado, la habitación se muestra oscura. No veía ni a quienes tenía a su lado. Por las voces suponía que eran una madre y dos niñas; los problemas se avecinan.

“¿Están bien?” preguntó tratando de mantener un tono sobrio.
“Sí, esos sujetos están locos” sentenció la voz de la adulta.
“Eran extranjeros” dijo otra de las sombras. “Ruu chan, tu onee san se encargará de todo”.


El chico movió sus brazos intentando desatar las sogas que tenía en los brazos. Todo era tan surrealista que sólo intentaba actuar y pensar rápido.

“¿Alguna tiene flojas las sogas?” pregunto.
“Yo” respondió  una de las niñas.
“Soy Kyousuke, es un mal momento para presentaciones pero me alegra no estar sólo”.
“Nosotras somo la familia Komon” susurró la mayor. “Hitomi y mis hijas Aya y Ruu”.
“Será mejor apresurarse” sentenció una. “Soy Aya, mi hermanita parece en shock. ¿Quién está más cerca? Que intente moverse hasta tocarme”.

Kyousuke rozó su hombro contra ella.

“¿Podrías desatar la mía? Si aparecen de pronto, seré de más utilidad que ustedes”.
“Sí” se acomodaron hasta quedar casi espalda contra espalda; Aya percibió el calor que desprendía el cuerpo de él y con unos minutos logró desamarrar la soga. “Ya esta” suspiró de alivio.

Kyousuke desató las  cuerdas de sus pies y luego compañeras. En todo este tiempo los captores no entraron, le extrañó en parte pero también tenía que salir de allí y volver con su hermanita. Sus padres... bueno… no tenía ganas de recordar.