Author Topic: SeeDs in the Garden – revival  (Read 1078 times)


Kora

Re: SeeDs in the Garden – revival
« Reply #30: November 29, 2017, 11:40:20 AM »


Sin sentirse especialmente sobresaltado, Yuri levantó la vista del papel. Frente a él se había situado un joven castaño, de piel bronceada y vestido con un traje de Amarni que costaría su sueldo de tres años, pero con una sonrisa amistosa que casi lograba perdonárselo. Aun así, no explicaba que fuera a hablarle a él, de todas las personas presentes allí. Con un poco de desconfianza, Yuri no se levantó de su sitio.

- Estoy trabajando. - Respondió algo secamente.
- ¿El nuevo guardaespaldas del signore Kray, no? - Preguntó con un fuerte acento del sur de Esmarthia. Yuri notó además que hablaba bastante deprisa, pero podía entenderlo bien.
- Sí... bueno.

"Guardaespaldas" no era el término que él hubiera usado, pero en aquel caso aceptaba pulpo como animal de compañía. Yuri vio que el tipo sería sólo un poco más mayor que él, y que podría ser el hijo de cualquiera de los ricachones que empezaban a agolparse en aquel hotel. Quizá sólo quería un poco de conversación con alguien de su rango de edad. Eso sí, en el momento en que empezara a fardar de yates y Ferraris le partía la cara. Vio que Kray seguía dando vueltas por la sala, y le hizo un gesto para demostrar que seguía pendiente de él. Cuando se giró hacia el otro, suavizó su expresión, y el recién llegado se lo tomó como una invitación a sentarse a su lado.

- Ah, perdón, no me he presentado aún. - Le tendió la mano. - Ezio Auditore, coleccionista de arte.
- Yuri Volte Hyuga. Seed. - Yuri estrechó la mano, un poco más relajado. Al tenerlo más cerca, vio una pequeña cicatriz vertical en el lado izquierdo del labio.
- ¡Seed! Grande! Nunca había conocido a ninguno. ¿Puedo preguntar de dónde?

Dudó unos segundos antes de responder. No estaba seguro de que era buena idea ir dándole información a desconocidos, por mucho que no fuera a influir en la misión. De hecho, que se supiera que había Seeds vigilando a Kray y su exposición podría disuadir a los ladrones de intentar hacer algo, si no lo había hecho ya el estilo artístico. Y aquel tipo parecía bastante hablador, por lo que no dudaba que la información se expandiera. Una media sonrisa se dibujó en el rostro de Yuri.

- Balamb.
- ¡Balamb! Bella ciudad y bellìsimas ragazzas. - Respondió con entusiasmo. - No puedo esperar a volver.
- Pues no sé de muchas exposiciones que hagan allí, lo siento. - Arqueó la ceja.
- No te preocupes. Encontrarlas es mi trabajo, después de todo. - Antes de que Yuri pudiera volver a decir nada, Ezio volvió a la carga. - Yuri, amigo, he de decirte que no te he hablado sin motivo.

Yuri volvió a arquear una ceja, más escéptico que desconfiado, pero Ezio parecía realmente compungido por su supuesto interés a la hora de hablar con él, hasta se había llevado la mano al pecho.

- Me gustaría hablar con el signore Kray, pero por lo que veo está bastante disgustado.
- Ya... - Resistió el impulso de hundir la cara en las manos. Ya podía verse a sí mismo enfrentándose al sociópata de Kray sólo para que le dejara hablar con Ezio.
- ¿Crees que si fuera contigo...?

Tuvo que pasarse la lengua por los labios, que se le habían empezado a quedar resecos. No le veía ninguna gracia tener que disgustar más aún a Kray, que parecía constantemente al borde de un ataque de nervios, nervios que sólo irían a peor si le ponía un desconocido en medio. Pero Ezio parecía realmente interesado en lo que fuera que tuviera que decirle. Y tenía la impresión de que éste podría llegar a ponerse muy pesado. Necesitaba una excusa, pero no tuvo que llegar a inventarse ninguna.

- ¿Yuri? Perdona, es que no me aclaraba con la du... ¡oh!

La aguda voz de Kora lo sacó de su ensimismamiento. Frente a ellos, la chica se encontraba en una pose que ella consideraba seductora y se pasaba la mano por el pelo con fingido desinterés. Pero era más que obvio que los ojos de la chica se habían posado por completo en Ezio, quien le devolvió una cálida sonrisa. Hasta Yuri pudo ver como las piernas de la chica flaqueaban por un segundo, y puso los ojos en blanco.

- Ya decía yo que estabas tardando mucho. - Yuri se levantó, poniéndole una mano en el hombro.
- Sí, ya... - Kora esbozó una sonrisa falsa. Obviamente, ni le había prestado atención. - ¿No vas a presentarme a tu amigo?

Antes de que Yuri pudiera decir nada, Ezio se levantó con una agilidad y elegancia que no tenía nada que envidiar a la de los Seed. Tomó a Kora de la mano, y besó el dorso de ésta al tiempo que hacía una teatral reverencia. La chica soltó una risita que hizo que Yuri volviera a entornar los ojos. Al menos ya no le tocaría a él encargarse de Ezio y sus negocios.

- Ciao bella. - Dijo aún con los labios sobre el dorso, y entonces alzó la vista hacia ella. - Mi chiamo Ezio Auditore. Posso sapere il tuo nome?


Neko

Re: SeeDs in the Garden – revival
« Reply #31: November 30, 2017, 11:28:53 AM »
FURIA NOCTURNA

————

El plic ploc de una gotera fue lo primero que pudo identificar. Antes de eso, sus recuerdos estaban en blanco y todo lo que podía ver era negro. El dragón sabía que tenía los ojos cerrados, pero abrirlos era un esfuerzo titánico que no estuvo dispuesto a hacer hasta pasado un buen rato, cuando estuvo seguro de que nadie más se encontraba allí.
Observó las cercanías sin mover ningún músculo. Sin duda el lugar era una construcción humana. Paredes de madera y roca, suelo cubierto con paja seca y limpia. No vio ninguna obertura por la que escaparse.
Olisqueó el aire y se volvió a relajar. No sabía dónde estaba, pero para salir de allí necesitaría recuperar las fuerzas.

Hacía semanas que no comía ni dormía bien, aquellos extraños que habían aparecido de repente en su cueva no le habían traído más que problemas. Olían a putrefacción y se movían como sombras, como él.
El dragón dejó sus pensamientos de lado y se tensó. Había oído pasos. Alguien se acercaba silbando.
El chirriar de la puerta y la luz que se colaba entre sus párpados le dieron una idea de donde estaba la salida. Los pasos se acercaron todavía más y una voz de hombre sustituyó el silbido. Tarareaba alguna cancioncilla que al dragón se le hacía familiar.

Tensó su cuerpo, dispuesto a saltar como un resorte en cuanto tuviera la oportunidad. El hombre dejó de tararear. Sus pasos fuertes y seguros se oyeron un poco más cerca, se dirigía hacia el dragón.
La bestia esperó. Esperó un poco más, aguantando hasta que el aire se movió a su alrededor. Entonces abrió los ojos y se lanzó en picado.

Norge tenía la mano en alto, preparándose para echar un vistazo a la condición del dragón. Reaccionó por puro instinto, interponiendo su gran brazo entre su cuerpo y el del dragón que se le había echado encima.
Cayeron al suelo, pero no rodaron. Norge ni siquiera se quejó, pero el dragón gruñó, enseñando los dientes y acercando peligrosamente su boca al rostro del hombre. Desplegó las alas y observó a su presa.

En el siguiente par de segundos, Norge se mostró impasible, pero no se defendió. El dragón unió los labios en una apretada línea que casi no se podía distinguir entre su piel escamosa y oscura. Entrecerró los ojos y se impulsó con un aleteo, cayendo unos metros más allá.
Empujó la puerta con el morro, manteniéndola abierta con una pata. Se volvió para ver cómo Norge se giraba, aún tirado en el suelo.

—¡Furia Noctura! —gritó.

El dragón entrecerró los ojos y se escurrió por la puerta como una anguila, saliendo al exterior. Era de día y aunque, como el nombre de su raza indicaba, estaba más acostumbrado a la noche sus ojos podían ver a la perfección.
Giró la cabeza de un lado a otro y correteó un poco más. Galopó, saltando como un gato hasta una pared y continuó corriendo siguiendo el edificio mientras se adelantaba a su recorrido con la mirada.
No llegó a completar el circuito, porque ya se había dado cuenta de que estaba en una plaza cerrada. Pero el cielo estaba abierto, azul y esperando por él.

El hombre había salido por la misma puerta que él y trataba de alcanzarlo. Se acercaba rápidamente, pero el dragón no se iba a dejar atrapar otra vez. Movió la cadera de lado a lado, dejando la cola relajada sobre el suelo de tierra prensada. Encogió el cuerpo y saltó, desplegando las alas en el momento en el que Norge casi le daba alcance.

El dragón cerró los ojos, notando el viento en su cara, dibujó un arco en el aire y cuando ya creía que iba a encontrar de nuevo su libertad, empezó a caer.
Abrió los ojos asustado, sin saber que pasaba. Cayó al suelo de costado y rodó, pero eso no le detuvo. Lo intentó otra vez, golpeándose en la nueva caída en una de las paredes del patio. Se agarró a un saliente con las garras e intentó trepar.
Su tercer intento de vuelo le hizo darse cuenta de qué era lo que fallaba. Había perdido una de las aletas de la cola, había perdido su timón.

El dragón se estrelló contra el suelo, rodando un par de veces antes de frenar en medio del patio. Empezó a incorporarse, pero algo se le echó encima. Los brazos fornidos de Norge apretaban su cuello.
El dragón luchó, revolviéndose como un caballo salvaje, pero Norge no le dio tregua, sin soltarlo en ningún momento. La refriega duró unos diez minutos, el dragón notaba que el hambre y la falta de aire mermaba sus fuerzas. Cuando por fin se mantuvo quieto, respirando fuertemente para llevar algo de oxígeno a sus pulmones, Norge empezó a soltar su presa.

—Tranquilo, muchacho —hablaba despacio—. Tranquilo.

Norge no perdió su posición de superioridad, encima del dragón, pero sus palabras suaves y movimientos discretos relajaron a la bestia desesperada.

—No pasa nada —Norge se deslizó por el costado poco a poco y palmeó la panza negra—. Eso, respira, tranquilo.

El olor a pescado hizo que el dragón levantara la cabeza despacio, olisqueando el aire para ver de donde provenía.

—¡Está despierto! —escuchó una voz aguda que le guió hasta el olor.

Una humana diminuta cargaba con dos cubos de metal a rebosar de pescado.

—Y seguramente tiene hambre —contestó Norge frotando el gaznate del dragón—. Ven aquí Ylvie.

—Si, papá. —sonrió la chiquilla que corrió un poquito más, sin tropezarse milagrosamente con los largos faldones de su vestido naranja.

Ylvie se arrodilló al lado de su padre y le dio un pescado grande mientras ella elegía una sardina cruda y se la llevaba a la boca.
Norge le ofreció el pescado al dragón, que dudó un poco pero terminó girando panza abajo y tragándose la comida que le daban.

—Eso es, buen chico —palmeó la cabeza del dragón, tumbando todo un cubo para dejar que su contenido se esparciera delante del furia nocturna—. Ya verás como aquí te vamos a cuidar.