Me apetecía mucho escribir de Feanor este mes
Feanor + Welt 02
Welt Yang había resultado ser un hombre muy calmado y con una voz profunda pero suave como la miel. Se explicaba bien y parecía sentir verdadera pasión por su trabajo, el cual Feanor aún no sabía cual era.
—¿Y a quién habías dicho que representas? —preguntó Feanor, que estaba dándole vueltas a la cucharilla dentro de una tacita a la que le quedaba muy poco té.
Welt se ajustó las gafas, como para darse una pausa antes de contestar.
—Aún no lo he dicho. —admitió Welt.
—Ah… ya me parecía a mí.
Feanor estrechó los ojos. Su mente empezaba a dar vueltas en una espiral de paranoia cada vez más profunda. ¿Cómo podía habérsele pasado por la cabeza que alguien pudiera mostrar interés en una tecnología no aprobada? ¡No había nadie que quisiera hacerle frente a su anterior empresa contratándolo! A lo mejor era un asesino… o peor, ¡el tal Welt Yang había venido a robarle los silmarils! Sí, sí, sí… seguro… ¡Seguro!
—¿Señor Finwion? ¿Está bien? —preguntó Welt, pareciendo preocupado.
Feanor parpadeó y golpeó la cucharilla en el borde de su tacita de té antes de dejarla a un lado y acabarse de un trago su bebida.
—Sí, ¡estoy estupendamente bien! —le informó entre risas un poco demasiado altas y carraspeó antes de preguntar—. ¿De qué estábamos hablando?
Feanor estiró una mano hacia las galletitas que había sacado en un bol y se llevó una a la boca para calmarse los nervios.
Welt le miró serio y luego miró hacia la carpeta que había dejado en la mesa pero que aún no había abierto. Welt suspiró y puso la mano encima de la carpeta, acercándola hacia Feanor en un movimiento elegante.
—Sé que somos una compañía pequeña y que no es a lo que está acostumbrado. No podemos pagar mucho, pero nuestras intenciones son sinceras. Sólo queremos hacer algo bueno para el mundo y nos gustaría poder contar con su tecnología. Si es posible —Welt se ajustó las gafas otra vez—. Nos gustaría que fuera posible.
Feanor se llevó otra galletita a la boca y se limpió los dedos en una servilleta antes de coger la carpeta y mirar qué había dentro. No le llevó mucho tiempo revisar los documentos, siempre había sido un lector veloz. Welt vio como Feanor iba subiendo cada vez más la ceja derecha según leía su propuesta. Cuando los límites físicos le impidieron seguir subiendo la ceja derecha, empezó a subir también la izquierda en un gran ejemplo de control muscular que tenía fascinado y entretenido a partes iguales a Welt.
Cuando Feanor terminó de leer la propuesta empezó a leerla desde el principio otra vez.
Welt carraspeó cuando iba por la tercera vuelta.
—¿Y bien?
—¿Sí? —preguntó Feanor, muy metido en su lectura.
—¿Qué le parece?
Feanor levantó los ojos del papel hacia Welt y luego de nuevo al documento. Suspiró y dejó la carpeta en la mesa, con los papeles encima.
—Un juego. —dijo Feanor, con tono neutro.
Welt asintió y le dio un trago a su té, que aún tenía a medias.
—Queréis usar la tecnología de drift neuronal para crear un juego inmersivo.
Welt asintió otra vez, sin dejar ver si estaba nervioso o no.
—¿Tú sabes que el Comité Ético del Instituto de Ciencias me canceló la exposición por violar nosequé de la humanidad? Ya ni me acuerdo qué era.
—Sí, estoy al tanto. —respondió Welt.
—¿No crees que eso perjudicaría tu juego? Podrían no aprobarlo para la venta si usa mi tecnología.
—No tienen porqué, los videojuegos son una industria totalmente distinta a la que ha trabajado durante toda su vida, señor Finwion. Creo que podríamos llevar el proyecto a buen puerto. Si lee la sección…
—Sí, sí, ya lo he leído.
Los dos hombres se quedaron en silencio, observándose, intentando averiguar las intenciones del otro.
—Señor Finwion, si me dejase…
Feanor se levantó de repente y se recolocó la bata roja que se le había abierto.
—Oh, si vamos a trabajar juntos deberías de dejar de llamarme así. Llámame Feanaro.
Welt se quedó un poco confundido, mirando de la propuesta a Feanor, que parecía impaciente en el marco de la puerta de la cocina.
—¿Señor Feanaro? —probó Welt.
Feanor rodó los ojos y le hizo señas para que le siguiese. Welt se levantó, caminando detrás de Feanor.
—¿Con lo de trabajar juntos quiere decir que acepta la oferta? Me gustaría decirle que tengo cierto margen de negociación, pero no puedo ofrecerle mucho más de lo que está estipulado en el documento que le he presentado.
Feanor hizo un gesto con la mano, como para decir que eso no era importante y abrió una puerta con una llave que llevaba colgada del cuello. Se la volvió a guardar y encendió la luz de las escaleras que llevaban al sótano.
—¿Dónde vamos, Señor Feanaro?
—A mi taller. Bueno, a uno de ellos, en el que tengo los prototipos del drift neuronal.
Cuando llegaron al final de la escalera otra puerta se abrió automáticamente y los dos hombres entraron en el taller. Las luces tardaron un poco en encenderse, parpadeando perezosas en el techo hasta estabilizarse para iluminar todo lo que había allí.
Feanor empezó a caminar hacia el fondo de la sala y aunque Welt lo seguía de cerca no podía evitar entretenerse mirando de reojo cada objeto que llenaba el taller. Y uno de esos objetos flotó hacia los dos, haciendo ruiditos y lucecitas como si se alegrase de verlos.
—No le hagas caso o lo tendrás pegado al culo hasta que te vayas.
El orbe respondió con unos pitidos que sonaban ofendidos, pero aún así se quedó cerca de ellos, levitando en sus proximidades.
Poco después, Feanor descorrió una cortina y señaló hacia varios pods descartados a un lado y otro en una plataforma, que parecía más funcional.
—Esos son los modelos antiguos y este de aquí es el que iba a llevar a la Feria para hacer la presentación. He seguido trabajando en ello a ratos, pero creo que tiene un buen rango de mejora, cosa que en verdad es buena.
Welt se acercó poco a poco a la terminal más nueva y acarició la superficie con cuidado. Tenía mil preguntas sobre las capacidades de aquella máquina y sobre qué tipo de programación había desarrollado el Señor Finwion para utilizarlo, pero todas las palabras se le quedaron atoradas en la garganta ante el mero hecho de tener delante la tecnología que tanto necesitaba para seguir con el proyecto de su vida.
—¿Por qué? —fue lo primero que susurró.
Feanor, que se había apoyado en una mesa de trabajo, ladeó la cabeza.
—¿Qué quieres decir?
Welt cogió aire y lo dejó ir despacio para aclarar la mente.
—¿Por qué estamos aquí? ¿Por qué me enseña todo esto? No me conoce, no ha firmado aún nada conmigo, sólo soy un joven que quiere hacer un videojuego… ¿Y si hubiera venido aquí con malas intenciones?
Feanor se cruzó de brazos y miró a Welt con cansancio muy claro en sus marcadas ojeras.
—Mira, chaval. Esto es lo que iba a llevar a la Feria. En esa mesa tienes el dosier que iba a llevar a la presentación, es algo que habrías visto si me hubiesen dejado hacerla. Y respecto a lo de las malas intenciones, ya no tengo nada que perder. Pero una vez… —murmuró Feanor, con un tono nostálgico—. Una vez yo también fui un hombre con sueños. Si esto te ayuda a cumplir los tuyos, adelante. Ya hablaremos de precios si decides comprar.
Welt tragó saliva y asintió, agarrando el dosier para leerlo con atención, aunque no llevaba ni tres líneas cuando tuvo que quitarse las gafas para limpiarse las lágrimas. No podía creer que al menos tenía una oportunidad de continuar con su sueño. Con su juego. Con lo único que quería hacer en su vida.