Author Topic: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back  (Read 395454 times)


Sayi

Hola hola aquí estoy de vuelta! <3 Traigo fic compartido con @Puri , yo seré el maroon uwu



Suiseiseki removió el contenido de su taza con cierta pereza antes de ver el reloj nuevamente. Ya eran las tres y cuarto. Hacía quince minutos que venía esperando a que Sayi apareciera en el café donde habían quedado de verse después de tantos meses en los cuales sus conversaciones por instagram consistían en intentos fallidos de reencontrarse.

“¿Lunes a las siete? A las cinco tengo entrenamiento para mi 10k”

“No puedo~desu, a esa hora nos reunimos las de la batucada feminista-anarquista~desu”

“¿Miércoles?”

“¡Sí, sí, me queda perfecto~desu!”

“Wait—no, miércoles no puedo, esos días Hige tiene terapia psicomotriz”

Maldita vida adulta. Si tienes dinero, no tienes tiempo. Si tienes tiempo, no tienes dinero. Y si no tienes dinero, tienes hijos. Y si tienes dinero, no tienes hijos porque ninguno de tus dos pseudo-novios quiere proponerte matrimonio (o siquiera formalizar la relación–o siquiera pedirte que regresen después de que cortaste con ambos en distintas ocasiones porque no sabías qué hacer con tu vida más allá de internarte en la amazonía peruana y fumar ayahuasca y no se tomaron muy bien eso de que tampoco podías decidirte por uno sólo–, pero esos son detalles menores que no le importan a nadie. NADIE.)

O tal vez le podrían importar a Sayi si es que se dignara a aparecer en el café de una buena vez por todas.

Ok, la verdad es que taaaal vez se merecía el retraso de su amiga. Las últimas tres veces que se habían visto (en un triste periodo de dos años), Suiseiseki había sido la que había llegado tarde. Pero ambas ocasiones estaban completamente justificadas: Número uno, su estudio de yoga vegano-comunista era un éxito total en Tokyo y sus clases eran las más pedidas de todas. Segundo, no era su culpa que la municipalidad aún no arreglase el problema de tráfico en la Javier Prado.

Así que no, no era su culpa del todo. Sayi no tenía por qué desquitarse con ella. Y tenía chisme y eso siempre resucitaba a Sayi de entre las sombras, así que estaba justificada. Jus-ti-fi-ca-da.

La campanilla del café sonó por enésima vez, pero ahora sí pudo ver el cabello rosa que distinguía a su amiga HiME favorita.

Tres y veinte. Se lo dejaría pasar por esta vez. Después de todo, Sayi le había dejado acampar por un mes en la sala de su casa cuando se escondía de Duo y Hikaru una vez que ambos se enteraron que: 1. En realidad no había habido relación nunca porque Suiseiseki nunca les había respondido al “qué somos” y 2. Que resulta que Suiseiseki estaba en una situationship con ambos al mismo tiempo, pero no era cheating porque nunca había habido nada y me voy a poner a llorar si me dicen algo feo~desu.

Pero ahí seguían los dos detrás de ella, así que, ¿quién era el verdadero culpable aquí? El maldito amor capitalista, por supuesto.

“Suiiiii,” dijo Sayi corriendo a la mesa y dejando todos sus binders sobre esta antes de abrazarla. “Baby, cómo has estado?? Disculpa que me haya demorado tanto, pero es que no tienes idea, NO TIENES IDEAAA de lo que acaba de pasar.” Pudiendo sentir la calidez del chisme recién salido del horno, Suiseiseki olvidó todo su monólogo interno sobre el maldito amor.

“HABLA~DESU”

Sayi se rió y le hizo un ademán de que esperara cuando la mesera se acercó a pedir su orden. Suiseiseki bufó cruzándose de brazos; si había algo en este mundo que le daba sentido a la existencia del ser, eso era el chisme. Y Sayi era una de sus mejores fuentes de chisme: los viajes de Isumi por la pampa Argentina, los llantos de Cho por su tesis, las traiciones de Nyu, los hijos de Anny...

“¿Te acuerdas de Deidara?”

Suiseiseki parpadeó e inclinó levemente la cabeza, tratando de hacer memoria.

“Es de nuestra generación HiME del colegio,” prosiguió Sayi. “La HiME de la fuerza. Cabello rojo, mirada de “te voy a meter cuchillo” pero súper linda y boni y preciosa y le decíamos Dori.”

“No, no la ubico~desu.”

“Su Key era este chico Zor—”

“EL GUAPO DEL ZORO????

“—Ese.”

“Ya, sí me acuerdo~desu,” dijo Suiseiseki, recordando los marcados abdominales de Zoro. “¿Qué pasa con ella~desu?”

“Bueno, pues TE CUENTO que desde que nos graduamos del colegio yo ya no supe más de ella porque perdimos el contacto… Y hoy día se aparece en mi oficina de la nada, que había estado googleando y que encontró mi agencia…”

“Pero para qué estaba googleando una agencia de wedding plann—Oh. OH. DESU.”

“Ajá,” Sayi asintió, sonriendo. “Me ha pedido que me convierta en su wedding planner para su boda con Zoro a fin de año. Que no solo será el reencuentro de muchas de la promoción, sino que también será el evento del año porque tras tanto drama durante los años de colegio, los dos tortolitos han decidido tirar la casa por la ventana y casarse por todo lo alto. Con escultura de hielo incluida, IMAGÍNATE.”

Suiseiseki no podía cerrar la boca de la impresión. Ahora sí se acordaba bien de Deidara; nunca habían cruzado palabra, pero siempre le quedó la impresión de que en otra vida habrían sido primas lejanas que harían backpacking por Europa en sus veintes (?). Le costaba mucho reconciliar la imagen que tenía de Deidara –una chica con cara de pocos amigos– con la de una loca enamorada que mandaría a hacer una escultura de hielo para su boda. O sea, ni siquiera a ella se le habría ocurrido algo así.

¿Acaso era que aún no encontraba al hombre correcto?

¿Sería que lo que sentía por Duo o por Hikaru jamás se compararía al amor que parecían profesarse Deidara y Zoro?

¿Cómo sería sentir esa atracción? ¿Qué se sentía amar tanto a alguien que le prometerías una estúpida e inservible escultura de hielo para un único día de tu vida de lo más estúpido?

¿Sentiría algún día un amor tan pasional que le haría comprar una obra de arte vacía de significado según la teoría marxista?

Tenía que verlo con sus propios ojos.

A como dé lugar, Suiseiseki tenía que meterse en esa boda.

“¿Y… Deidara te ha pasado detalles de su boda~desu?” preguntó la castaña “Algo como… ¿lista de invitados~desu?”
“Hmm...” Sayi abrió el uno de sus binders y se puso a pasar páginas y páginas “Quizás esté por aquí, pero…”

En ese momento el teléfono de Sayi se oscureció y el nombre de Deidara Genbaku junto a la palabra videollamada aparecieron en la pantalla.

“¡Pero que oportuna!” dijo Sayi, arreglándose el cabello. Le lanzó un guiño a su amiga “Bueno, seremos amigas pero una clienta es una cliente, toca verme bien”
“Si, claro…”
“Vamos a saludarla, seguro que te reconocerá si te ve a mi lado”

Suiseiseki dudó que ese sería el caso, y dudaba que estuviera en la lista de invitados…sin embargo, el estar junto a la “wedding planner” que tanto se preocupara por causar una “buena impresión”…

“¡Doriiii! ¡¡Amiga!! ¡¡Que lindo verte!!” saludó Sayi

…hicieron que la idea del año se le cruzara por la cabeza. La mejor manera de asegurarse el atender a la gala única.

“Hola ghei -3- ¿Es un buen momento para hablar de la boda? Es que la mamá de Zoro finalizó la lista de invitados y…”
“Ah sí claro, precisamente eso estaba buscando…”
“HOOOOOOLA DEIDARA~desu nwn”

Con un empujón oportuno la castaña se arrimó a la pelirrosa y tomó posesión de la mayoría de la pantalla. Sayi se detuvo en seco y Deidara parpadeó un par de veces en sorpresa, procesando a la tercera persona en la llamada.

“¿Hola?”
“Eh Dori, ¿te acuerdas de Suiseseki?” Sayi se apuró a explicar “Fue HiME junto a nosotras y…”
“¡…yyy ahora soy asistente de Sayi! ¡Estoy emocionadísima de asegurarme, junto la experta aquí…” dijo, dándole un vistazo rápido a la pelirrosa, pero lo suficientemente rápido para ignorar la mirada de total confusión de su amiga“…que el día de tu boda sea el evento del siglo~desu!”

La introducción pareció calmar un poco a Deidara. Sayi había invertido varios años construyendo su reputación de wedding planner, así que si había identificado talento, coincidencialmente, en otra ex-HiME, pues ¿quién era ella para dudar de su juicio?

Aunque en ese momento, era Sayi quien se encontraba cuestionando su propio juicio por haberle contado a la castaña sobre la boda de Deidara y Zoro, y haber desatado lo que probablemente la llevaría al manicomio.

Porque planear bodas era estresante, si, pero algo muy diferente sería co-planear un el evento del año junto al espíritu libre que era su amiga.

“¡Mi experiencia y foco están en ser coordinadora del día de la boda~desu u_u! Asi que si o si o si estaré presente en tu sacrosanto evento~desu’ continuó Suiseiseki, decidida a vender la imagen de veterana “Ejem… ¡así que espero ansiosa a que conectemos y me hables de tu visión para el mejor día de tu vida~desu!”
“Ah…” Deidara dejó una ligera sonrisa aparecer en su usualmente estoico rostro “Tendremos que incluir a la mamá de Zoro entonces, pues al parecer ella tiene todas las ide—“

La atención de Deidara pareció distraerse con una notificación de su teléfono, y seguidamente se disculpo con ellas.

“Lo siento, la mamá de Zoro me esta llamando. ¿Les puedo llamar luego?” Sayi asintió antes que Suiseiseki pudiera decir algo “Gracias, bueno, espero conversar con las dos luego, Sayi y…”
“Suiseiseki-desu~ n0n”

La llamada terminó y Sayi depósito su teléfono en la mesa, antes de alzar la mirada y preguntar…

“Sui, cari… en qUE DIABLOS ESTABAS PENSANDO D<?!!!”
“LO SIENTO~DESU ;A;” de disculpó la castaña “¡Pero de verdad quería asistir~desu!”


Sayi se sobó las sienes antes de contestar.

“Con razón me preguntaste por la lista de invitados pero…”
“¡PERO AMIWI, TE PROMETO QUE TE VOY A AYUDAR~DESU!” prometió la castaña. Tenía suerte que el estudio de yoga vegano-comunista estuviese cerrado por remodelaciones por los siguientes dos meses ”te ayudaré con tooooodo lo que quieras y saldrá todo muy precioso y perfecto y…”

La mesera llegó con la cuenta y la depósito entre las dos.

“¡Deja yo pago~desu!” canturreó la castaña “¡Por esta increíble oportunidad~desu!”
“…Gracias” respondió Sayi, derrotada.

Bueno, si tenía paciencia y buenas vibras, seguro todo saldría bien. ¿No?

Suiseseki abrió la cuenta y se quedó observando el total por unos segundos.

“Por cierto… ¿me vas a pagar, no~desu?”

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
Oh, dream maker, you heart breaker
Wherever you're goin', I'm goin' your way


Mimi Tachikawa

Hoi hoi minna!! aqui dejo fic del mes :3

----------------------------------

Las clases en Rizembool se estaban realizando normalmente, Junko Enoshima estaba aburrida y algo decepcionada porque Kashuu su maestro aliado en sus maldades, tuvo que ser transferido a otra escuela, por lo cual ya no podría contar con él en sus futuros planes, luego viendo los documentos acerca del nuevo profesor que llegaría en su lugar, estaba visiblemente emocionada ya que tenía unos antecedentes “interesantes” para sus propios motivos, además de ver que aquel profesor había enseñado anteriormente en Rizembool.

Aquel profesor se llamaba Sirius, un hombre carismático, con un aura enigmática que atraía la atención de sus alumnos. Su pasión por la psicología y la neurociencia lo había llevado a explorar los rincones más oscuros de la mente humana. A lo largo de su carrera, había llevado a cabo experimentos controversiales en entornos controlados, pero ahora se encontraba ante un nuevo desafío: utilizar sus conocimientos para continuar con sus experimentos en Rizembool, un lugar donde sabia que podría realizar cuestionables procedimientos sin que nadie le pueda decir nada.

Sirius sabía que su llegada no pasaría desapercibida. Habrían personas que estarían sobre él por dichos antecedentes, pero eso no le preocupaba, ya que solo vivía de lo que es mejor y beneficioso para él.  Lo que no esperaba tan pronto era la llegada de Junko Enoshima, ya que sabia que ella era  una mujer cuya presencia podía encender una chispa de caos en cualquier ambiente. Junko, con su sonrisa deslumbrante y su mirada penetrante, era la encarnación de la locura y el sufrimiento. Una sociópata que disfrutaba ver el dolor ajeno, había logrado infiltrarse en la escuela para realizar sus propios caminos a la desesperación.

Ambos se encontraron en un laberinto de ideologías y ambiciones. Mientras Sirius soñaba con transformar el cuerpo y la mente de las personas con sus experimentos, Junko anhelaba crear un escenario donde la desesperación y el sufrimiento fueran los protagonistas. Su alianza, poco convencional, prometía dar lugar a una serie de experimentos que irían más allá de cualquier límite ético.

"Querido Sirius-sensei, es un placer conocerlo en persona, será un gran placer poder trabajar con usted, me gustaría saber ¿Por qué solo conformarse con las experimentaciones humanas?", dijo Junko en una de sus primeras conversaciones. "El verdadero aprendizaje ocurre en el caos. La vida es un juego, y los peones son solo herramientas para alcanzar la victoria. Usted y yo podemos crear una obra maestra de desesperación."

Sirius no estaba muy interesado en la posición de Junko; sin embargo, su curiosidad científica lo empujó a considerar las posibilidades.

Tienes razón, puede ser que esta alianza sea divertida…-le dijo el profesor que era un joven de cabellos plateados, de traje blanco y sonrisa enigmática.

A medida que los días pasaban, un grupo de estudiantes se sentían atraídos por la reputación de Sirius y de la enigmática Junko, empezaron a revelar sus miedos y secretos más profundos. Sin embargo, lo que inicialmente parecía una oportunidad de aprendizaje se transformó rápidamente en una batalla psicológica donde cada uno de ellos se convirtió en un sujeto de estudio en una cruel serie de juegos mentales.

La ética se convirtió en un concepto borroso, y las enseñanzas se mezclaban con la manipulación. Los estudiantes, atrapados en un juego macabro, empezaron a experimentar la angustia y la desesperación que Junko tanto disfrutaba.

Los ecos de risas y llantos resonaban en los pasillos, mientras Sirius y Junko estaban tejiendo una red de intrigas y sufrimiento. La escuela, una vez considerada un lugar de aprendizaje, se transformaba lentamente en un escenario donde la ciencia y el caos danzaban juntos, alimentándose mutuamente en una espiral descendente.

El sonido del timbre resonó en los pasillos de la escuela Hanasaki, marcando el inicio de un nuevo capítulo en la vida de Ren Kisaragi. A sus 18 años, Ren no era un adolescente común. Su mirada era profunda y reflexiva, como si llevara el peso del mundo sobre sus hombros. Desde la trágica pérdida de sus padres y su hermana menor en un accidente que cambió su vida para siempre, había aprendido a vivir en la sombra del silencio. La risa y la alegría parecían ajenas a él, y en lugar de buscar compañía, se refugiaba en su propia soledad.

Ren había sido enviado a vivir con sus tíos, quienes, aunque bien intencionados, nunca lograron llenar el vacío que dejó la tragedia. Su hogar era una casa donde las paredes estaban cubiertas de recuerdos ajenos, y él se movía por ella como un fantasma, invisible y distante. La idea de asistir a una nueva escuela le provocaba una mezcla de ansiedad y desinterés; su único objetivo era pasar desapercibido y cumplir con sus responsabilidades académicas.

Al cruzar las puertas de Hanasaki, Ren sintió una oleada de incertidumbre. Las conversaciones y risas de otros estudiantes lo rodeaban, pero él se sintió como un extraño en un mundo vibrante que no le pertenecía. Se dirigió a su aula con pasos firmes, manteniendo la cabeza baja y los brazos cruzados. En su mente, un mantra repetitivo: "No te involucres, no busques amigos". Pero la vida tenía otros planes.

Fue durante el receso cuando su camino se cruzó con el de Akita Toshiro, un joven amable que brillaba con un aura amable. Akita era todo lo que Ren no era: sociable, amable y dispuesto a hacer amigos sin importar las circunstancias. Al ver a Ren sentado solo en una mesa, Akita se acercó sin dudarlo, aprovechando que Midare estaba con Houchou en casa, rompiendo el silencio con una suave sonrisa.

"Hola, soy Akita Toshiro. ¿Te importa si me siento aquí?" preguntó, con su tono amistoso y despreocupado. Ren levantó la mirada, sorprendido por la calidez en la voz de su compañero. En su interior, una pequeña chispa de curiosidad se encendió, aunque rápidamente intentó apagarla. "No, no importa", respondió con voz baja, volviendo a mirar al suelo.

Akita no se dejó desanimar. Con una naturalidad sorprendente, comenzó a hablar sobre las clases en Hanasaki. Mientras sus palabras fluían, Ren se encontró atrapado en un torbellino de sensaciones desconocidas. A pesar de que su naturaleza es reservada, había algo en Akita que lo hacía querer abrirse, aunque solo fuera un poco.

A medida que los días pasaban, Ren se dio cuenta de que su encuentro con Akita podría ser el comienzo de algo nuevo.

La amabilidad de su compañero le ofrecía una luz en la oscuridad que había estado navegando. Sin embargo, el miedo a perder esa conexión lo llenaba de dudas. ¿Podría permitirse la amistad? ¿Sería capaz de abrir su corazón una vez más?
Mientras los ecos de las risas y las conversaciones llenaban los pasillos de Hanasaki, Ren se encontraba al borde de un cambio inesperado, temeroso no estar listo para explorar un mundo en el que la amistad podría ser la clave para sanar viejas heridas.
------------------------------------------------------------------------------

matta ne!!!


Cho

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1022: November 07, 2024, 02:16:57 AM »

Hello gals <3

Para cualquier duda y/o consulta las invito a postear en el foro de planeación.

Sin más preámbulos~

*top 4*

*conteo*

Sayi :: 695 palabras
Nite :: 0 palabras
Cho :: 2948 palabras
Kana :: 0 palabras
Eureka :: 1368 palabras
Puri :: 1024 palabras
Mimi Tachikawa :: 1138 palabras
Mery :: 0 palabras
Apple :: 0 palabras
Miyu :: 0 palabras


Now, let's carry on with those big HiME dreams...


Mimi Tachikawa

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1023: November 26, 2024, 01:27:18 AM »
Hoi hoi minna vengo con fic

El sol brillaba con fuerza sobre la escuela Hanasaki, iluminando el campus con un cálido resplandor. Era un día típico de primavera, y los estudiantes disfrutaban de un merecido descanso entre clases. Entre risas y charlas, una melodía suave y melancólica flotaba en el aire, atrayendo la atención de quienes pasaban cerca. La música provenía de un rincón tranquilo, justo al lado de un majestuoso árbol de cerezo que estaba en plena floración.

Kobato, una alumna de Hanasaki, se encontraba sentada en el césped, descansando tranquilamente sobre un árbol. Su cabello largo y castaño caía en suaves ondas sobre sus hombros, y sus ojos brillaban con una mezcla de concentración y alegría. Estaba muy feliz porque su relación con Tsubasa iba muy bien, ya tenían 5 meses de novios, con sus altos y bajos siempre estaban muy unidos, para agradecer que en su vida se topó con Tsubasa y que el amor que sentía hacia él era muy grande, toco el tronco del árbol, mientras cerraba los ojos y empezaba a cantar alegremente. Mientras cantaba, empezó a sumergirse poco a poco en su propio mundo, olvidando por un momento las presiones de la escuela y las expectativas que a menudo la rodeaban.

Fue en ese instante que Seo Haebom un joven de cabellos oscuros ondulados, ojos de color gris con verde oscuro, de tez pálida, se habia convertido en un nuevo estudiante de Hanasaki que acababa de llegar de Corea, decidió explorar su nueva escuela. Había llegado a Japón con la esperanza de encontrar un lugar donde pudiera ser él mismo, lejos de las expectativas que su familia había puesto sobre él. Mientras caminaba por el campus, la melodía de Kobato lo detuvo en seco. Intrigado, se acercó al árbol, donde la joven estaba completamente absorta en su música.

Al ver a Haebom acercarse, Kobato dejó de cantar y lo miró con curiosidad.
“Hola”, dijo, sonriendo tímidamente. “¿Te gusta la música?”

“Sí, mucho”, respondió Haebom, sintiéndose un poco nervioso. “Tu voz es hermosa. ¿Eres estudiante aquí?”

“Sí, soy de Hanasaki. Me llamo Kobato”, dijo ella, sintiéndose más cómoda. “¿Y tú? ¿Eres nuevo?”

“Soy Seo Haebom. Acabo de llegar de Corea”, explicó él, sintiendo que había encontrado un punto en común. “Estoy tratando de acostumbrarme a este nuevo ambiente”.

Kobato asintió, tratando de comprender la sensación de ser nuevo en un lugar. “supongo que debe de ser un poco abrumador al principio, pero aquí hay muchas personas amables. Si necesitas ayuda, estaré encantada de darte una vuelta por toda la escuela”.

“¿En serio harías eso por mí? Muchas Gracias, eso sería genial”, dijo Haebom, sintiendo que había hecho una nueva amiga. “¿Te gusta cantar a menudo?”

“Sí, siempre que me siento de buen humor y alegre, me pongo a cantar. La música es mi forma de expresarme”, respondió Kobato, sintiendo que podía abrirse a él. “¿Te gustaría escuchar otra canción?”

“Me encantaría”, dijo Haebom, sentándose en el césped junto a ella. Mientras Kobato comenzaba a cantar nuevamente, él se dejó llevar por la melodía, sintiendo que la música creaba un lazo de amistad entre ellos aunque recién se estaban conociendo. En ese momento, ambos compartieron sonrisas y anécdotas, hablando sobre sus pasiones y lo que esperaban del futuro.

La conexión entre ellos creció rápidamente, y antes de que se dieran cuenta, habían pasado horas hablando y riendo bajo el árbol de cerezo. La tarde se convirtió en una mezcla de música y amistad, y ambos se sintieron aliviados de haber encontrado a alguien con quien compartir sus pensamientos y sentimientos.

Sin embargo, la tranquilidad de ese momento se vio interrumpida por la llegada de Jo Taesung, el prometido de Seo Haebom. Taesung era un joven peligris, de ojos de color ámbar, pálido y con mirada seria que demostraba que se sentía seguro de sí mismo, que también había llegado a Japón para acompañar a Haebom y ayudarlo a adaptarse a su nueva vida. Al verlo acercarse.

“Kobato, te presento a mi prometido Jo Taesung” Le dijo con una sonrisa amplia entre sus labios

“¿Prometidos?” habló la castaña sorprendida por la noticia, pero se sentía muy feliz por su nuevo amigo, observo al otro joven y sonrió suavemente “Mi nombre es Kobato, mucho gusto” Sonrio suavemente

“El gusto es mío” hizo una reverencia solemne

“¿Si no es molestia, me gustaría saber como se comprometieron?”

“Pues, es una larga historia”

Jo Taesung y Haebom se conocieron cuando tenían apenas 5 años, en un pequeño vecindario lleno de calles tranquilas y parques con árboles grandes. Ambos vivían en casas cercanas y, como niños, pasaban horas explorando el mundo que los rodeaba. A menudo jugaban en el parque de la esquina, inventando historias de aventuras que solo ellos comprendían.

Mientras otros niños preferían jugar con juguetes o hacer carreras, Taesung y Haebom construían castillos de arena, se subían a los árboles más altos y se prometían que siempre serían amigos, sin importar lo que pasara.

Desde pequeños, su vínculo era irrompible. Eran el tipo de amigos que sabían lo que el otro pensaba sin necesidad de hablar, y su complicidad era visible para todos. Aunque eran diferentes en muchos aspectos, uno más extrovertido y el otro más serio, su amistad era perfecta en su sencillez. Taesung solía calmar a Haebom cuando este se emocionaba demasiado con algo, mientras que Haebom hacía reír a Taesung cuando este se ponía demasiado pensativo.

Uno de los recuerdos más significativos de su infancia ocurrió en un cálido día de verano, justo antes de comenzar la escuela primaria. Estaban sentados bajo el árbol más grande del parque, mirando al cielo. Haebom, siempre soñador, había hablado sobre su deseo de convertirse en un chico cool como Taesung , mientras que Taesung, más callado, soñaba con estar al lado de Haebom. Ambos se miraron y, en un impulso, Haebom dijo: "Cuando lleguemos a la preparatoria, debemos comprometernos para no dejar que nada nos separe". Taesung, aunque nunca fue de promesas al aire, asintió con una sonrisa. A esa edad, no comprendían por completo el significado de comprometerse, pero sabían que había algo especial en esa promesa.

Con el paso de los años, su amistad se fortaleció. A medida que crecían, el mundo a su alrededor comenzaba a cambiar, pero ellos se mantenían firmes en su pacto. Los juegos en el parque se transformaron en largas caminatas después de la escuela, hablando sobre sus sueños y preocupaciones. A veces, Haebom se encontraba perdido entre las presiones de la escuela, pero siempre encontraba consuelo en Taesung. Por su parte, Taesung nunca dejó de escribir, y sus palabras eran un refugio para ambos.

El día en que llegaron a la preparatoria, el día en que habían jurado comprometerse, se acercó rápidamente. En la entrada de la escuela, entre los nervios y la emoción de empezar un nuevo capítulo, se miraron con complicidad. Haebom recordó la promesa hecha tantos años atrás, y Taesung, con una mirada tranquila, le ofreció su mano. "Te lo dije", dijo Taesung. "Nunca nos vamos a separar."

“Y es así que ahora que somos casi adultos, somos novios y nos casaremos en el extranjero, pero antes de eso, decidimos venir a estudiar aquí” le dijo Haebom con toda sinceridad

"Ya entiendo, es una bonita historia” Habló Kobato con una amplia sonrisa “Es casi parecida con la mía y con mi novio Tsubasa”

Los tres se senteron sobre el árbol de cerezo mientras que la pelicastaña empeza a contar su vida
-----------------------------------

matta ne!!


Kana

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1024: November 28, 2024, 07:20:53 PM »

A la mañana siguiente de alojarse en el Castillo Lancannia, específicamente en el área de Vileto Manor, que era la mansión de Vincent Lancaster dentro del condado de su familia, Ratio salió con su amigo a caminar por los interminables prados que distanciaban a cada una de las mansiones en estrella en cuanto a la arquitectura que dejaba el Castillo de Lancannia como central.

La mañana era agradable, y los prados verdosos estaban húmedos por el rocío tenue de la mañana. Vincet, acostumbrado caminar esas largas fronteras para llegar a las mansiones de sus hermanos o al castillo central de la familia Lancaster no necesitaba de ninguna ayudantía para movilizarse. Ratio, en cambio, prefirió armarse de una rama larga como bastón para evitar caer en un charco y hacer el ridículo.

No es como si Vincent se fuera a burlar si eso pasaba, pero a Ratio no le gustaba ser propicio de humillaciones públicas.
Durante todo el trayecto entre Vileto Manor hacia la Torre de Astronomía, (que era un lugar arquitectónico que a Ratio prefería visitar de noche para apreciar la gama de astronomía que ofrecía ese punto específico) el que más conversaba era Vincent mientras que Ratio lo escuchaba la mayoría del tiempo. En otros tantos, Ratio se distraía en sus propios pensamientos y en el hermoso paisaje frente a sus ojos.

Era increíble como los Lancaster tenían tanto poderío incluso ahora. En antaño, aquella familia de sangre azul ostentaba grandes reyes de Inglaterra, galardonados y famosos por sus glorias, sus batallas y su propia decadencia a base de la ambición y la locura siendo la guerra de las dos rosas y la depresión psicótica de su último monarca su cúspide para un final estrepitosamente sangriento y fatal. 

Aún así, eran dueños de casi todo Inglaterra y expansiones en America, Canadá, Japón, entre otros países.

No podía negar que algo de envía le tenía a su británico colega. Siendo Ratio de Calabria, una localidad considerada humilde en la antigua Italia, y nacido de una humilde familia que no pudieron con los costos de sus estudios y debió tener más de dos trabajos en su tiempo para poder costear la universidad, daba un no sé qué ver que algunos como los Lancaster derrochaban tanto dinero sin ninguna clase de criterio.

A Ratio no le simpatizaba mucho esa familia, aunque sí los respetaba y medio admiraba porque muchos Lancaster eran científicos relevantes que además financiaban a otros científicos (entre esos, él mismo) y la magnánima de la familia era difícil de obviar. Pero no significaba que los encontrara del todo correctos.
Sabía por conocimiento propio lo clasista, xenófobos, crueles y, por sobre todo, psicópatas que eran los integrantes de la familia Lancaster.

El único que era la excepción era Vincent, de un corazón amable y sin pisca de psicopatía como el ADN de su familia. Por eso a Vincent su propia familia lo marginaba y lo desterraban. A Ratio le daba lástima como Vincent era la burla de sus odiosos hermanos menores, visto como el hermano menos apto para conseguir “La corona” o como su propio padre se empeñaba en humillarlo frente a los demás. Para sus sobrinos, era algo así como el “tío relajado” a quien sofocaban de responsabilidades y peticiones, pero que al momento de las fiestas de la socialité preferían ir con otro familiar.

Vincent fue quien financió sus estudios. Ambos fueron compañeros en Eton College y Vincent notó el potencial e inteligencia en él y también se dio cuenta de su carencia económica muy a pesar de Ratio quien ocultaba ese secreto ante todos. Fue el propio Vincent quien pagó sus estudios en Eton College y luego cuando entraron a la universidad Vincent también pagó sus estudios en Cambridge.

Así que le debía mucho, pero no por eso se lo iba a pagar. Él no le pidió a Vincent que se hiciera cargo de sus estudios, pero el inglés insistió.

Si bien estudiaron juntos en la escuela y en la universidad. Cuando ya ambos lograron sus carreras tomaron rumbos distintos. Vincent era un químico magnífico, que sus primeros años como químico los desarrolló en Inglaterra y luego se arraigó en Japón donde en la actualidad era científico y profesor en la universidad de Hanasaki y ayudaba a las HiMEs.

Ratio volvió a su natal Calabria donde cooperó en investigaciones químicas para su humilde tierra y luego, años después, se fue a Japón y se convirtió en científico y profesor de Rizembool y activo investigador en el proyecto Rebel.

—Ratio, ¿por qué escogiste Rizembool? — La pregunta de Vincent fue como si leyera su mente. Vincent, quien iba de guía, terminó quedando unos pasos atrás de Ratio.
—¿Por qué escogiste Hanasaki? — se la devolvió. Porque para ser un Lancaster, era ilógico que estuviera en Hanasaki ya que su familia tenía convenios con Rizembool. —Bueno, no sé por qué pregunto… Hanasaki es como tu perfil de personalidad.
—Pues, sí, va más acorde a mí. Hanasaki y sus estudiantes son más disolutos en comparación a Rizembool. Y si iba contra los ideales de Lancaster, me tentaba de sobra. Pero, ¿por qué tú escogiste Rizembool?
—Por la tecnología, Vincent, ¿por qué más? Rizembool está a años luz de Hanasaki. Es como Cambridge versus Calabria…— Ratio movió con la punta de su vara una culebra insignificante e inofensiva que salió entre la hierba.
—Entiendo esa parte, pero no entiendo por qué estás en el proyecto Rebel. — Vincent se tardó un poco, distraído con el paisaje.
—Si puedo sacar lo mejor de la ciencia aplicándola en esos estudiantes, lo iba a tomar.
—Yo creo que hay algo más. — le sonrió, amablemente.
—Porque esos chicos me necesitan…— arqueó una ceja. —Si todo esto se descontrola… encontraré el antídoto. — notó que Vincent lo observó dudoso, pero se animó a hablar.
—Ratio, mi sobrino también está en ese proyecto. Sé que los dos trabajan juntos, aunque ninguno de los dos me haya querido contar. Conozco bien a mi sobrino, pero me quedé con lo que conocía de él cuando era un niño que iba detrás de nosotros preguntando cosas y queriendo mejorarlo todo. Mi sobrino es un adulto ahora y debido a varias circunstancias se ha distanciado de la imagen que atesoro en mi corazón. Cada vez se parece más a su padre, mi hermano Edward... Y cada vez se parece más a mi padre, Gilbert. — rio suave, con algo de tristeza. —Es como si la maldición de los Lancaster cayera en las nuevas generaciones. Eso del mito de la posesión de almas.
—Esas cosas no existen, Vincent.
—Lo sé. — asintió. —Pero lo que quería preguntar en verdad es… ¿Qué tan involucrado está en el proyecto Rebel? Digo… Es… ¿cómo tú? ¿está de parte de crear una solución, un antídoto, si todo se descontrola?
—El mocoso y yo no nos vemos casi en los laboratorios. Sólo te puedo decir que es asquerosamente inteligente… Obviamente Rizembool va a querer usar su intelecto en lo que más les gusta a ellos.
—Entonces no es parte de la protección de esos jóvenes. — Vincent bajó la mirada.
—Tú sobrino y Rizembool no se llevan bien. Quizá sólo está adquiriendo conocimientos para después irse. Es lo que todos los cabezas de Rizembool creen y por eso le ponen ojo extra. Quizá no es parte de la protección, Vincent, pero tampoco parece ser parte de la destrucción. Sólo está allí porque tu padre lo obliga y porque es requisito para que se convierta en la cabeza de los Lancaster algún día. Supongo que ese es su único interés, “tomar lo que le corresponde”
—Bueno, eso suena muy Lancaster de su parte. No sé si sentirme orgulloso o apenado…— soltó un suspiro. —Tengo otra pregunta.
—Vincent, me has hecho preguntas toda la noche y todo este día… Ya basta.
—¿Quién es Aventurine? — esa pregunta la acompañó de una sonrisa traviesa. —Tú no eres de hacer muchos amigos, pero me contó un pajarito que ustedes dos pasan mucho tiempo juntos.
—En contra de mi voluntad, te aclaro. Sólo tengo que trabajar con él y soportarlo, como a ti.
—Yo creo que tienen otra clase de amistad. — alzó los hombros,
—Vincent, deja de probar esas cosas químicas que creas.
—Jaja. Si lo dices así suena como algo malo, pero puramente producen relajación. — el inglés apuntó la construcción de piedra de mármol. —Ya falta menos para llegar.
—Por fin.
—¿Qué hacemos después de ir a la torre de astronomía?
—¿Qué tal darnos espacio personal?
—No te veo hace años, así que creo que no podré acceder a tu petición. Ya sé, podríamos llamar al sastre para que confeccione nuestros trajes para la boda de mi hermano.
—Pensé en usar el que compraste.
—Ese es para la fiesta previa, luego necesitas para la iglesia, para la ceremonia y para la gala.
—Ustedes se inventan como gastar dinero…




Cho

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1025: November 29, 2024, 01:28:31 AM »
Uhh pensé que tendría más tiempo de escribir este mes, pero bueno. El próximo me desquito.

115.4.









“¡Ah, ahí están!” Enmusubi se acercó a las HiMEs faltantes de la secundaria ni bien llegaron. “¡Y llegaron justo en el momento preciso!”

La mentora HiME se encontraba en una mesa grande junto con su compañero mentor y las HiMEs de su grupo, más algunas personas allegadas. Tal parecía que ellos estaban en pleno encuentro de confraternidad y degustando los bocadillos.

“Oh, buenas noches a todas,” Tsubasa sonrió amablemente e hizo una reverencia. “Me sorprende verlas todas juntas.”
“Sí, considerando la cantidad de personas,” Saki movió su cabeza de un lado a otro. Era un área con varias mesas disponibles y en muchos casos ocupadas por grupos de amigos. Sin duda la entusiasta de Enmusubi debe haberse asegurado de reservarla cuanto antes.
“Hehe, eso demuestra que las HiMEs son inseparables,” Osaka sonrió ampliamente.
“Ya lo deben haber imaginado, pero Enmu aquí se lanzó a una mesa ni bien abrieron el lugar,” Sohayanotsurugi se encogió de hombros.
“Oye, no fue literalmente así,” la mentora hizo un puchero.
“¡Haha, no hay roche aquí, Enmusubi!” Marisa rió con ganas. “¡Yo habría hecho lo mismo de estar en tu lugar!”
“De por sí, supongo que tenías una idea de la organización de este lugar,” Reimu alzó una ceja.
“Pues, sí había un mapa por internet, ahora que lo pienso,” Cho lo meditó. “Sinceramente no es algo que habría considerado, aunque es información disponible para todos.”
“Vaya, nunca lo hubiera revisado por mi cuenta,” Suzuka alzó una ceja.
“Heh, no te culpo, ¿quién se molestaría a revisar los detalles de un evento de confraternidad?” Tenshi se encogió de hombros. “Ni que nos hayan pedido que escribamos un reporte con lujo de detalles para nuestras clases, felizmente.”
“Eh, bueno, en mi caso sí me han pedido escribir mis impresiones, pero ni yo consideraría algo como un mapa,” observó Nio. La HiME más pequeña se mostró entretenida. “Hasta el momento puedo decir que es genial compartir mesa con todas. Sé que tengo mucho que aprender para estar al nivel de ustedes, pero prometo que haré todo lo posible.”
“Nio, ya sabes que tienes que ir a tu ritmo, no es una competencia,” dijo Ayesha, algo nerviosa.
“Hehe, entiendo cómo te sientes, Nio,” Kosuzu se emocionó. “¡Yo también tengo que mejorar y aprender a controlar mis poderes! ¡Desde ya agradezco a mis senpais por la ayuda el otro día!”
“Eh…” Roxas sintió escalofríos y desvió su mirada. Mejor no decía nada al respecto.
“Eres muy amable, Roxas, sinceramente deberíamos darle un escarmiento por lo que hizo,” Reimu frunció el ceño.
“Eh…” Kosuzu se asustó.
“Lamento el mal rato que te hizo pasar,” dijo Kashuu a la miko, y entonces sonrió con ironía. “Pero no todo ha sido malo. Es reconfortante saber que el Key le ha sido útil a una HiME para variar.”
“¡Oye! ¡¿Qué quieres decir con eso?!” Roxas exclamó y estuvo a punto de ponerse de pie para encarar a la sonriente espada.
“Roxas, por favor, mantente sentado,” pidió Cho, torturada.
“¡Yo no comencé!” se defendió el otro.
“Sí, lo sé. Kashuu, por favor…” la HiME miró a su arma con súplica.
“Ah, lo lamento, aruji, no quiero causarte incomodidades,” se disculpó este.
“…” Cho dio un suspiro. Tal parecía que la bronca entre los dos nunca terminaría, más bien a veces parecía que su arma se volvía más atrevida al respecto. Quizás le estaba dejando pasar mucho tiempo con Natsume…
“Fufu, me fascinan las energías juveniles que nos rodean, pero, si no me equivoco, esta convocatoria es más que por fraternidad, ¿no es así?” Norimune miró de reojo a la mentora.
“¡Sí, vamos de una vez al asunto!” Enmusubi se puso de pie y miró a todos con unas rebosantes energías. Apuntó hacia el frente. “¡Les tengo una actividad en mente!”
“¿Actividad?” preguntó Youmu. La mayoría imaginó que sería algo de confraternidad al ser lo que asociarían a esa mentora, pero la peliblanca percibió que no era al caso. Alzó una ceja. “Eh, no es por ser descortés, Enmusubi-san, pero Miranda nos ha dado una llamada de atención y este evento es uno lleno de gente normal.”
“¿Eh? ¿Qué vamos a hacer?” Tenshi se sorprendió. Al ver que los mentores no desmentían a Youmu, todos los presentes intercambiaron miradas.
“No se preocupen, estoy consciente de ello, por eso tenía algo distinto en mente. O, mejor dicho…” la pequeña mentora sonrió con perspicacia. “No les vendría mal ejercer su rol de HiMEs y patrullar las afueras del evento, ¿cierto?”
“¿Patrullar?” Kosuzu se sorprendió.
“Eso… tiene sentido…” Suzuka se vio intrigada y asintió para sí. “Estoy segura que ni Hanasaki ni Rizembool querrían hacer un revuelo en medio de este evento, pero tampoco podemos asumir que todos los Rebels estarán de acuerdo con ello. Sería bueno vigilar en caso haya algo fuera de lugar, imagino…”
“¡Sí, precisamente!” Enmusubi se animó. “¡Sabía que lo entenderías, Suzuka! ¡Eso es todo lo que tenía en mente, pero sigue siendo importante!”
“Siempre y cuando nosotras no nos convirtamos en las revoltosas…” Saki se encogió de hombros. Ni bien lo dijo, hubo otro silencio incómodo y de nuevo se intercambiaron miradas. Ella notó esa reacción y dio un suspiro. “No lo digo por desalentarlas, pero…”
“No te preocupes, es bueno que alguien lo mencione, más bien te agradezco de que lo hagas,” Sohayanotsurugi negó. “No pueden hacer borrón y cuenta nueva luego de lo del muelle. Si ustedes quieren en verdad ser HiMEs que protegen a la gente de Rizembool, necesitan recordar bien las consecuencias de sus acciones.”
“Sí, de todos modos,” Roxas asintió. “Aun así, tampoco debemos quedarnos congelados por completo, pero no creo que sepa qué podemos hacer.”
“Es por eso que quería sugerirles que patrullen,” volvió a insistir Enmusubi, asintiendo, quien se veía convencida de su idea. “Esto vendría a ser una actividad pasiva, apenas un monitoreo para asegurarse de que todo esté dentro de lo normal. Ustedes sólo deberían intervenir con sus poderes si ven una situación de emergencia, pero si apenas hay alguna observación de algo anormal, lo pueden mencionar en nuestra conversación grupal y yo de inmediato le haré saber a la directora. ¿Qué les parece?”
“Hm…” Reimu alzó una ceja. Hubo unos murmullos y otra sesión de intercambio de miradas, con varios buscando una aprobación mutua. “Pues, suena razonable.”
“Debo decir que me gusta el hecho que como HiMEs podamos salir a revisar los alrededores y garantizar la seguridad de otras personas,” Tsubasa asintió. “Es precisamente el motivo por el cual quise ser parte de esto.”
“Ohh, eso es muy admirable, Tsubasa-chan~” Osaka se conmovió.
“¡Pues, ¿qué estamos esperando?!” exclamó Marisa con un puño al cielo. “¡Vamos ya!”
“¡No! ¡Ustedes dos no son HiMEs así que olvídenlo!” sentenció Reimu.
“¡¿EEEHHHHH?!” tanto Osaka como Marisa se quedaron en shock y soltaron el alarido.
“Eh, pero, Reimu-san, apenas es una vigilia, no creo que haya problemas…” comenzó Kosuzu.
“¡Y tú también estás prohibida hasta que aprendas a controlar tus poderes!” agregó.
“¡¿EEEHHHHH?!” ahora la pequeña se unió a la gran decepción.
“No, sí, lo siento, Kosuzu, me parece lo mejor,” Sohayanotsurugi dio un suspiro.
“¡P-pero…!” ella bajó su mirada.
“¡P-prometo que no nos iremos muy lejos del perímetro del estadio!” exclamó Marisa, suplicante. “¡N-ni nos van a ver por donde ustedes van a estar! ¡Por favor, somos supports y queremos ayudarlas! ¡Pleeeease!”
“¡Pleeeease!” se sumó Osaka. “¡No se olviden que también fuimos HiMEs!”
“¡Y-yo también prometo que no haré nada de nada!” dijo Kosuzu, suplicante. “¡Déjenme acompañar a mis exHIMEs senpais!”
“Vaya, me conmueven el corazón, no puedo negarme si se ponen así,” dijo la mentora.
“¿En serio?” Kashuu alzó una ceja, y vio al grupito celebrar.
“¡Sí! ¡Muchas gracias, Enmusubi, eres la mejor!” Marisa terminó abrazando a Osaka.
“¡Yay~!” esta se meció de lado a lado. “¡Nos divertiremos mucho, Kosuzu-chan!”
“¡Haré lo mejor!” la pequeña asintió.
“Eh…” Cho no estaba muy convencida de ese permiso tan espontáneo, pero ya había visto a su prima muy mortificada de no andar al pendiente de las cosas como antes, así que supuso que un pequeño permiso de caminar alrededor del estadio le haría bien. Tendría que asegurarse de echarles un ojo encima de tanto en tanto.
“Ehh, Enmusubi…” Ayesha se notaba inquieta. “Yo creo que Nio y yo pasamos por ahora. Todavía no tenemos experiencia con la noche ni habilidad de pelear.”
“¿Qué?” la hermanita se quedó en shock. “Pero onee-chan, así nunca tendremos la experiencia. Ehh, al menos acompañemos a Kosuzu o algo…”
“No, no, además acabas de decir que te dieron el deber de escribir del evento para tu clase, ¿no? Pienso que eso es más importante ahora.”
“P-pero…” Nio frunció el ceño y terminó por inflar sus cachetes. Ya sabía que no le iba a cambiar de parecer. “Eso dices, pero no es el verdadero motivo…”
“Tú tranquila que ya te tocará algo más muy pronto, cuenta conmigo,” Tenshi le dio un guiño.
“Entonces, ¿comenzamos desde ya? ¿Nos tomamos turnos?” preguntó Suzuka.
“Creo que lo mejor es que vayamos saliendo poco a poco para no llamar la atención,” sugirió Enmusubi, en voz baja. “Y de ahí cada grupo irá a su ritmo. También siéntanse libres de regresarse cuando lo crean prudente, esto es apenas un simple ejercicio.”
“Vaya, se supone que eres una mentora con autoridad y ahora te oyes como una niña empujando a sus amigas a romper las reglas,” Sohayanotsurugi rodó los ojos.
“Justo iba a mencionar lo mismo, aunque en mi caso lo encuentro bienvenido,” observó Norimune, sonriendo con intriga.
“¡Oigan, sé lo que hago, confío en mis HiMEs!” declaró la mentora, casi como si le hubieran insultado. “Bueno, ya, no escuchen a las chusmas. ¡Esto les hará mucho bien! ¡Sólo no se olviden de mantenerse en contacto y si me necesitan iré corriendo al toque!”
“Pues… bueno…” Youmu continuaba escéptica, pero ya veía que no cambiaría a nadie de parecer. De todos modos, encontraba las afueras más interesantes para sí misma.
“Eh, les deseo mucha suerte, prometo que nos prepararemos para ayudarlas la próxima,” dijo Ayesha, sonriendo apenada.
“Hmm…” Nio continuaba ofuscada y con sus brazos cruzados.
“De todos modos estate atenta a los mensajes. Como una sanadora, siempre nos poderes apoyar en caso de cualquier emergencia,” indicó Enmusubi.
“¡Sí, lo haré!”

Y fue así que la mayoría terminó por ponerse de acuerdo y ejercer un pequeño rol de vigilante en medio de aquel evento. Ello podría ser más simbólico que valioso, pero quizás sí les daría las ganas y moral que de momento faltaban en ese conjunto.

Aunque, quizás, su labor de vigilar podría resultar más apropiada de lo que imaginaron…

...


Puri

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1026: November 30, 2024, 06:07:44 PM »
Con amor para mi doris uwu



Lo primero que estaba en la lista de Sayi era el vestido de novia.

Si bien buscar un vestido de novia era algo íntimo entre la novia y sus más allegados, Deidara le había pedido a Sayi que fuera a la cita ya que deseaba su opinión profesional. Después de todo, la mamá de Zoro –quien se había ganado la lotería hacía un par de años– había decidido que esta sería la boda más importante de la socialité japonesa en todo el año. Por ello, Deidara tenía temor de que su vestido no estuviese a la altura de tan magnífico evento.


Lo cual las llevaba a las dos a esa fría mañana de otoño, esperando a que abriera una de las tiendas de novia más exclusivas de todo Tokyo.

Ya los vigilantes les habían mirado de pies a cabeza con cierto recelo al ver el atuendo raro que Suiseiseki vestía –un bellísimo vestido verde neón con estampado de margaritas enormes, un sombrero tejido de ala, medias nylon de color negro, y un totebag marrón claro que llevaba impresos distintos cantos anarquistas y del cual colgaban varios pines de animes yaoi–, el cual resaltaba más al compararse con la ropa de sastre azul marino que Sayi portaba.


“Sui, bestie, amix,” canturreó Sayi mientras se repetía una y otra vez que el asesinato podía derivar en pena capital en Japón, “¿Me recuerdas por qué estás vestida así?”

“¡Porque en ningún momento me dijiste que había un código de vestimenta~desu!” Respondió la otra ofuscada.


Lo cual era técnicamente cierto. Después de haberse juntado en el café y que Suiseiseki hubiese decidido arruinar su futuro profesional, Sayi no había hecho más que escribirle largos mensajes por Whatsapp a la ojicolor para explicarle qué cosas no debía de hacer y cómo debía de comportarse ante los clientes. El hecho de que sea remotamente conocida de Deidara no la dejaba exenta de adherirse al protocolo; pero su amiga no había hecho más que reaccionar a estos mensajes con thumbs up y stickers de pikachus.

Y si hacía memoria, en efecto no le había dicho nada sobre la vestimenta para las reuniones con los clientes. Pero es porque suponía que eso era sentido común.

El problema es que Suiseiseki siempre había carecido de éste.


“Además,” Suiseiseki prosiguió, “si alguien pregunta, decimos que es estrategia de negocio el mostrar lo adaptables que somos a los distintos gustos de los novios~desu,” dijo con seguridad aunque nada de lo que hubiese dicho tuviese sentido alguno. “El yin y el yang, chakras complementarios, fuerzas cósmicas colisionando y creando una supernova—”

“Ajá,” le cortó Sayi antes de que pudiese seguir. Detrás de ella escuchó como los tenderos iban abriendo las puertas del negocio al acercarse las 11 en punto de la mañana. “—Pero por favor, prométeme de que no le dirás nada de eso a la novia o a sus allegados. Ya… Ya luego veremos cómo va la cosa,” dijo resignada.

“¡No tienes que preocuparte~desu! ¡Nuestra ética laboral y resultados previos en bodas son lo más importante a la hora de lidiar con aquellos de poca fé~desu!”


Sayi abrió la boca, lista a preguntarle que desde cuándo era ‘nuestra’ ética y ‘nuestros resultados’, cuando su celular empezó a sonar con una videollamada entrante. Era Deidara.


“¡Dori!” Saludó apenas se estableció la conexión. “¿Cómo est—?”

“BAJO NINGÚN MOTIVO DEJÉIS QUE MI SUEGRA ENTRE A LA TIENDA”

“?!??!!”

“QUE BAJO NINGÚN MOTIVO DEJÉIS QUE ESA VIEJA LOCA ENTRE AL LOCAL. SI ESTÁ AHÍ PUEDE QUE VEA MI TATUAJE CUANDO ME ESTÉ CAMBIANDO DE PRENDA Y NO PUEDO PERMITIR QUE LO VEA. MI VIDA SE ARRUINARÍA.”

“Tatuaje??” Pero antes de que Deidara pudiera responder, Suiseiseki ya le había quitado el teléfono.

“¡A la orden~desu! ¡Esa vieja aquí no entra!” Dijo con voz de mando y dando un saludo militar.

“ESTOY TOMANDO UN UBER AHORA MISMO, PERO NO DEJÉIS QUE ENTRE. CONFÍO EN VOSOTRAS, BYE.”


Y cortó ahí mismo, dejando a Sayi confundida. ¿Tatuaje? ¿¿Qué tatuaje??

Se volteó a preguntarle a Suiseiseki si había escuchado lo mismo que ella cuando la vio sacar un machete de su totebag.


A lo mejor todo esto era un blessing in disguise. Silver linings and whatnot.

Sayi debería de empezar a cobrar más.

Forget all the shooting stars and all the silver moons
We've been making shades of purple out of red and blue


Cho

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1027: December 15, 2024, 02:06:27 PM »

Hello gals <3

Para cualquier duda y/o consulta las invito a postear en el foro de planeación.

Sin más preámbulos~

*top 4*

*conteo*

Sayi :: 0 palabras
Nite :: 0 palabras
Cho :: 1759 palabras
Kana :: 1469 palabras
Eureka :: 0 palabras
Puri :: 702 palabras
Mimi Tachikawa :: 1238 palabras
Mery :: 0 palabras
Apple :: 0 palabras
Miyu :: 0 palabras


Now, let's carry on with those big HiME dreams...


Mimi Tachikawa

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1028: December 31, 2024, 01:08:47 AM »
Hoi hoi!! vengo con fic

----------------------

Era una noche fría, La luna, llena y brillante, iluminaba con su luz plateada las calles vacías. Las luces dentro de la mansión Kinomoto estaban apagadas, pero las luces del segundo piso permanecían encendidas. Dentro, Sakura estaba sentada sobre su cama, con las piernas cruzadas, abrazando las rodillas. En sus ojos había una tristeza que se desbordaba con cada respiro.

¿Ahora que voy a hacer con tantas cosas que están sucediendo? -Suspiró pesadamente mientras recordaba el ultimo incidente que pasó en la entrada de su casa-

De repente la puerta de la habitación se abrió suavemente y, con una suave sonrisa calmante, Syaoran entró a la habitación visiblemente preocupado por Sakura.

Sakura -dijo, con su voz habitual, firme pero suave-. ¿Puedo hablar contigo?

Sakura levantó la cabeza y lo miró por un instante antes de asentir lentamente. A pesar de su sonrisa habitual, Syaoran podía ver que algo estaba profundamente perturbando a Sakura. La joven le sonrió, pero esa sonrisa no era la que él conocía. Era débil, como una máscara frágil.

-¿Cómo estás? - preguntó él, dejando que la puerta se cerrara detrás de él. Caminó hasta ella, sin querer invadir demasiado su espacio, pero con un deseo evidente de acercarse.

Sakura suspiró y dejó caer su mirada hacia el suelo.

No lo sé. Me siento... diferente últimamente.

Syaoran se sentó junto a ella, un poco más cerca de lo que había planeado, y la observó con atención. No era un secreto para él que la vida de Sakura, debido a su conexión con los poderes espirituales que había despertado debido al lineaje de su familia, estaba siempre en peligro. Pero algo en su actitud esta noche le decía que había algo más que solo los temores de los enemigos. Algo más profundo, más personal.

-¿A qué te refieres? - preguntó, sus ojos fijos en los de ella, tratando de no parecer impaciente, pero sin poder evitar la ansiedad en su voz.

Sakura cerró los ojos por un momento y respiró hondo, como si tratara de encontrar las palabras adecuadas.

-Es... el futuro, Syaoran - dijo al fin, con la voz baja y entrecortada-. Todos los días siento que estoy al borde de perder algo, o peor, perder a las personas que amo. Desde que tengo uso de razón siempre estoy en peligro. No importa lo que haga, no puedo escapar de esto. Los sueños premonitorios nunca se detienen. Y a veces me pregunto, ¿qué pasará cuando ya no pueda más?

Syaoran frunció el ceño. Sabía de los temores de Sakura, pero nunca había visto a la joven tan vulnerable. Sakura Kinomoto, la chica que desde pequeña habia visto tan alegre y animada, afrontando con una sonrisa sus problemas y rescatado su frio corazón le extrañó mucho, la que siempre sonreía con valentía, ahora parecía frágil. Y eso le rompía el corazón.

-No tienes que enfrentarlo sola - dijo, con firmeza-. Yo estoy aquí para ti. Siempre lo estaré.

Sakura lo miró, pero la duda brillaba en sus ojos.

-Pero... ¿qué pasa si algún día no eres suficiente? —preguntó, casi susurrando. Era como si tuviera miedo de la respuesta, pero aún así necesitaba escucharla. El silencio se extendió entre ellos mientras Syaoran procesaba la pregunta.

Syaoran respiró profundo, mirando a Sakura como si nunca hubiera visto una verdad tan clara. Luego, con la mirada fija en ella, le habló en voz baja.

Sakura lo observó con detenimiento, analizando la sinceridad de sus palabras. ¿Cuántas veces lo había visto arriesgar su vida por ella, por sus amigos? ¿Cuántas veces había visto la determinación en sus ojos? Sin embargo, una sombra de duda seguía rondando en su corazón. La angustia de poder predecir el futuro en sus sueños y no poder cambiarlo la consumía lentamente.

-Pero tú no puedes estar siempre a mi lado, Syaoran - dijo finalmente, sus ojos vidriosos, como si estuviera a punto de llorar, pero conteniendo las lágrimas con toda su fuerza.

-Algún día... algún día puede que te alejes de mí. Que decidas que esto ya no vale la pena. Que el miedo... que el peligro es demasiado grande.

Syaoran, por un momento, permaneció en silencio, sopesando las palabras de Sakura. Se acercó un poco más, y sin pensarlo demasiado, tomó su mano suavemente.

-No pienso irme de tu lado. -Su voz era más baja, más segura-. No me importa cuán peligrosa sea tu vida o cuántos enemigos tengamos que enfrentar. No me importa cuántos miedos tengamos. Yo... yo te quiero, Sakura. Y eso significa que siempre estaré a tu lado, luchando contigo.

Sakura lo miró con sorpresa, y por un momento el tiempo pareció detenerse. Su corazón dio un vuelco. ¿Había sido tan obvia su inseguridad, su miedo por lo que el futuro podría traer? ¿Había sido tan evidente cuánto deseaba que él la entendiera, que compartiera sus temores? Pero ahora, al escuchar esas palabras, algo en ella comenzó a suavizarse. El miedo seguía ahí, acechando, pero la calidez que emanaba de Syaoran la envolvía como una manta.

¿Cómo puedes estar tan seguro? - preguntó, en un susurro, casi con temor de que la respuesta pudiera ser demasiado perfecta para ser real.

Syaoran sonrió, pero no era la sonrisa arrogante que a veces se le escapaba, sino una genuina, llena de una ternura que rara vez dejaba ver.
-Porque, Sakura, aunque el futuro sea incierto y el peligro siempre esté presente... no me importa. Si debo enfrentarlo todo para protegerte, lo haré. Porque lo que más quiero en este mundo... eres tú.
Sakura tragó saliva, y por primera vez esa noche, su pecho se alivió un poco. Las palabras de Syaoran, tan firmes, tan llenas de amor, la tranquilizaron de una manera que nada más podría hacer. Sentía un nudo en el estómago, pero al mismo tiempo, una calma que le era ajena. El futuro seguía siendo incierto, pero en ese momento, con Syaoran a su lado, sentía que podía soportarlo.

-Gracias -dijo, su voz más suave ahora, un suspiro de alivio que escapaba entre sus labios.

Syaoran apretó su mano con más fuerza, como una promesa tácita. Luego, sin apartar la vista de ella, agregó:

-El futuro, Sakura... no lo sabemos. Pero te puedo jurar que lo enfrentaremos juntos.

Y, por primera vez en mucho tiempo, Sakura sonrió de verdad. Aunque el miedo seguía siendo una sombra lejana, la presencia de Syaoran, su promesa y su amor, le daba la esperanza que tanto necesitaba para seguir adelante.

Después de dejar a Sakura descansando, salió de la habitación .

- Orthos – murmuró el nombre del child de Sakura, más para sí mismo que para cualquier otra persona. No se podía olvidar que las amenazas siempre estaban al acecho, y aunque su habilidad para defender a Sakura era vasta, había algo en su corazón que no podía callar. Algo que lo mantenía inquieto, temeroso.

De repente, una brisa más fuerte agitó las ramas de los árboles, y una figura etérea apareció frente a él. Era Orthos, el child ángel guardián de Sakura, el ser que había estado al lado de Sakura ultimamente, un ser que parecía flotar entre los cielos y la tierra. Sus alas brillaban con una luz suave, como si de una estrella caída se tratara. Su rostro era sereno, pero en sus ojos había una profundidad que sugería siglos de sabiduría.

Syaoran miró al ángel con una mezcla de respeto y temor. Aunque sabía que Orthos era una presencia poderosa, también comprendía la carga que pesaba sobre él. La vida de Sakura, un ser tan puro y lleno de bondad, estaba siempre en peligro, y eso no solo lo afectaba a él, sino también a Orthos.

-Orthos -dijo Syaoran, su voz firme, pero con un matiz de vulnerabilidad. Necesito hablar contigo.

El ángel asintió lentamente, sin necesidad de palabras, como si ya supiera de qué se trataba. Se acercó a Syaoran, y la distancia entre ellos parecía desvanecerse, como si la presencia de Orthos estuviera diseñada para infundir una paz inexplicable.

-Te escucho, Syaoran Li -respondió Orthos, su voz suave, como el viento mismo, llena de una serenidad inalcanzable para los humanos.

Syaoran respiró hondo, mirando al ángel con los ojos llenos de determinación.

-Se que Sakura está en peligro, y sé que no puedo protegerla solo. Lo que me preocupa no es solo lo que conocemos, los monstruos ... Hay algo más grande, algo que acecha en las sombras, algo que puede llegar a destruirla. Y si eso sucede... -pausó, mirando el suelo un momento, y luego, con mayor fuerza, continuó : Si eso sucede, no sé qué haría. Me siento incapaz.

Orthos observó en silencio, como si sus palabras no fueran ajenas a sus preocupaciones. El ángel guardián conocía la fragilidad humana, y sabía bien lo que Syaoran sentía, pues había sido testigo de su incansable dedicación hacia Sakura. Pero también entendía los límites de lo que un ser humano podía hacer, y los temores que anidaban en su corazón.
—Sakura es muy especial, Syaoran. Su destino está entrelazado con fuerzas que van más allá de lo que puedes comprender completamente. Los peligros que acechan son inevitables, y no siempre puedes enfrentarlos solo. La pureza de su corazón atrae tanto la luz como la oscuridad. Pero, ¿por qué me llamas a mí para este desafío? Sabes que siempre he estado cerca, vigilándola desde las sombras. Estoy aquí para protegerla, como lo he hecho siempre.
Syaoran asintió lentamente, pero su rostro estaba tenso. No era suficiente. Sabía que Orthos tenía el poder, pero había algo más, algo que solo el ángel podría entender, algo que solo Orthos podía ofrecer.
—Te lo agradezco, pero... lo que necesito de ti, Orthos, es algo más. No solo quiero que estés cerca de Sakura como siempre lo has estado. Necesito que tomes un papel más activo. No solo como su protector, sino como su aliado en este combate contra el futuro que nos acecha. Quiero que luches junto a mí, que no solo me observes desde las sombras. Sakura necesita más que un guardián que vigile. Necesita fuerza, una fuerza que no solo puede provenir de mí. Necesito que seas su ángel de la guarda, en cada sentido de la palabra, de una forma más directa.
Orthos lo observó en silencio durante unos momentos, evaluando cada palabra, cada deseo de Syaoran. Sabía que la solicitud de Syaoran no era simple, pero también comprendía el miedo que lo impulsaba. El amor que Syaoran sentía por Sakura era profundo, una fuerza que transcendía las barreras de la mortalidad. Sin embargo, Orthos sabía que enfrentarse a la oscuridad que acechaba requeriría algo más que solo la voluntad de un ser humano.
-Entiendo tu temor, Syaoran -respondió finalmente, su voz suave, como si estuviera compartiendo un peso antiguo. -Comprendo que la amenaza es mayor de lo que tú y Sakura pueden imaginar. Pero hay reglas que no pueden ser alteradas tan fácilmente. El equilibrio entre los mundos, las fuerzas de la luz y la oscuridad, no puede desequilibrarse sin consecuencias.
Syaoran frunció el ceño. Había escuchado eso antes, las advertencias sobre el delicado balance entre los clanes, pero su deseo de proteger a Sakura era más grande que cualquier regla ancestral.
-Entonces, ¿qué sugieres que haga? ¿Debo quedarme de brazos cruzados mientras el futuro nos aplasta? ¡No puedo hacer eso! -exclamó, la desesperación filtrándose en su voz.
Orthos lo miró profundamente, comprendiendo la angustia del joven.
-No estás solo, Syaoran. Pero debes aprender a confiar en algo más que tu propio poder. La luz que protege a Sakura no proviene solo de tu voluntad, sino de la conexión entre todos los seres que la aman y la cuidan. La verdadera protección proviene de ese amor, no de la fuerza física. Si deseas que yo te ayude, tendrás que estar dispuesto a compartir ese amor. Debes confiar en la red de protección que ya existe a su alrededor, no solo en ti mismo.
Syaoran sintió un nudo en el estómago. Lo que Orthos decía tenía sentido, pero al mismo tiempo, la idea de confiar en otros de una forma tan profunda lo aterraba. Aún así, no podía negar que el futuro de Sakura dependía de algo más grande que su propia fuerza.
-Entonces, ¿qué debo hacer? -preguntó, casi en un susurro, consciente de que estaba pidiendo algo que podría cambiar el curso de las cosas.
Orthos sonrió suavemente, y la luz de sus alas se intensificó, como si una nueva energía estuviera surgiendo.
-Debes aprender a dejar ir, Syaoran. La protección más fuerte no proviene del control, sino de la aceptación. Acepta que las fuerzas que protegen a Sakura son más grandes que tú y yo. Y, al hacerlo, también aceptarás la verdad de que, al final, lo que importa no es nuestra fuerza, sino lo que somos capaces de hacer juntos.

Syaoran lo miró, comprendiendo las palabras del ángel, y un destello de esperanza comenzó a brillar en su corazón. La lucha no se ganaría solo con poder. La lucha sería ganada con la unidad, con el amor que los unía, y con la voluntad de no rendirse.

-Lo intentaré -dijo, con una determinación renovada.

Orthos asintió, su presencia llena de calma y poder.

-Entonces, estaré aquí, siempre que me necesites. Pero recuerda, Syaoran, el verdadero poder radica en el vínculo que compartes con Sakura y los demás. Eso es lo que nos mantendrá a salvo.
--------------------------------------------------------

matta ne!!


Cho

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1029: December 31, 2024, 01:47:20 AM »
Quería escribir más, pero mejor me aseguro, y se vienen escenas más largas así que... hasta el próximo mes~

115.5.


“…” Fudou dio un suspiro por enésima vez. “Ya, les daré crédito. Tienen un buen servicio de catering, pero… ¿qué se supone que hacemos aquí?”
“¿Qué dices? Justo es el momento en que puedes revisar sobre las competencias a las cuales te has inscrito y quizás apuntarte a más,” dijo Atsushi, animado. “¡Vamos! He visto que van a hacer competencias de kendo, ¿no te animas?”
“¿Eh? Paso…” rodó los ojos. “Esas cosas de confraternidad no me quedan. Apenas me apunté al examen global…” rechinó los dientes. “Y eso porque no tuve opción.”
“Vaya, deberías no tomarlo en serio. O sea, serán actividades de la universidad, pero nada de lo que hagamos aquí trascenderá mucho. Diviértete un poco.”
“Tch, no creas que soy funcional. La bruja ni vino y bien por ella que no tiene a alguien que la jale a cosas.”
“Hm,” Atsushi se puso a pensar. “Sí lo veo más difícil convencerla a ella que a ti, ni mis hermanos se atreverían… Ichi-nii podría intentarlo, pero es muy amable para presionarle.”
“Heh, quizás la bruja se lo come vivo. Él no la espanta,” Fudou sonrió con ironía.
“¡Oh, pero podríamos pedirle a Jiji!” se animó.
“¿Q-qué?” esa mención hizo que el maki que Fudou estuvo por comer casi se le escape, Luego de ese gesto torpe, el pelimorado le miró de soslayo. “Tch, odio que tengas razón, pero ni menciones a ese creído. Al menos ese tipo para tan satisfecho consigo mismo que ni prestará atención a mi hermana.”
“Haha, siento el susto, aunque qué bueno que no le digas bruja para variar,” Atsushi asintió con gran gusto.
“¡Maldición, no me fastidies!” se ofuscó. “Tsk, pesado tenías que ser. Mejor ve a buscar a tu hermano mayor al igual que todos los niños y déjame solo.”
“Ya, perdón,” se encogió de hombros. “Pero he oído que Ichi-nii suele parar rodeado de gente en Rizembool y no quiero la misma atención. Además, yo sí quiero revisar las actividades y si paro con mis hermanos puede que no tenga tiempo.”
“Pues bien por ti. Únete a esa competencia de kendo o qué se yo.”
“Oh, definitivamente no, medio que estoy en un nivel más alto al promedio, y como un soldado siento que no debo participar de eventos así,” negó y sonrió incómodo. “Ahh… además Yagen me dijo que puedo perder el cuidado si algo me fastidia.”
“Tsk…” Fudou le miró con reproche. “No creas que me he olvidado de cómo me has estampado contra el piso dos veces, insensible.”
“Hai, hai, lo lamento, en serio…” agachó un poco su cabeza.
“Y ni menciones a ese demonio. No está aquí así que ni lo convoques, ¿ya?”
“Con tantos profesores hubiera imaginado que lo vería hablando con ellos, pero ni se apareció para eso,” a diferencia del malhumorado de Fudou, Atsushi se notó desanimado. “Ya ha estado excusado varios días de casa. A mis hermanitos les hubiera gustado verle.”
“La directora dijo que este evento es para los jóvenes, y el imbécil anda tan metido en los calabozos de Rizembool que será más de mil años de viejo por dentro,” resopló. “¿Ahora podemos hablar de otra cosa?”
“Fudou…” Atsushi alzó una ceja. No se molestaría a protestar. Le costaba creer que con ya poco más de un mes de regreso ni había visto al par presentes en un mismo sitio y todavía temía presenciarlo. “En fin, ya estamos donde los puestos de las actividades. ¡A ver si encontramos algo para los dos!”
“Deja de sumarme así, en serio…” le regañó.

El par avanzó un poco, pero antes de llegar a las pancartas con los detalles de las competencias, se toparon con Monoyoshi.

“Oh, Fudou-kun, Atsushi-san, buenas noches,” les saludó amenamente.
“Ah, Monoyoshi, que coincidencia,” el Toushirou se alegró. “¿Vienes a ver las competencias?”
“Hehe, si bien ya me he inscrito en varias, sí quiero revisar si algo más me interesa.”
“Curioso que el señorito no ande en su modo profesional en un evento así,” Fudou alzó una ceja. “Tenía entendido que andarías con la gente de tu clase.”
“Eh, pues…” sonrió incómodo. “Hanajima-san y Hanekawa-san fueron convocadas con las otras HiMEs. Gokotai creo que iba a darle el alcance a sus hermanos y Leo-san… pues creo que está molesto conmigo ahora.”
“Hm,” Atsushi se vio intrigado. Sin duda había bastante que desempacar de esas palabras, pero definitivamente le daba más curiosidad lo de las HiMEs.
“Como sea, al menos no se te dio por perseguir a esas heroínas o como se quieran llamar,” a Fudou le llegó altamente.
“¿Acaso algo sucede entre Hanasaki y Rizembool ahora?” preguntó Atsushi.
“¿Qué sabremos nosotros?” Fudou se encogió de hombros. “En teoría lo único que sucede es que los dos andan en un pacto de hacerse los buenitos frente a las masas con este evento. Tch…” chasqueó la lengua con gran disgusto. “Y conociendo a tu prima y sus allegadas bien serán las verdaderas revoltosas aquí.”
“Eh, no podemos hablar en su lugar, imagino que será complicado, pero sí confío en que las HiMEs tienen las mejores de las intenciones aquí,” el pelirrosa asintió convencido.
“Claro, y lo dices sin prueba de nada, eres demasiado idealista…”
“Bueno, no nos corresponde, no hay punto de pensarlo,” Atsushi dio un suspiro. “Vamos a ver las actividades. Ah, Monoyoshi, y si puedes ayudarme a escoger alguna para Fudou, lo apreciaría.”
“Oh,” el pelirrosa se sorprendió y pasó a sonreír con alegría e ilusión. “¡Sí, con mucho gusto, es una excelente idea!”
“¡Atsu, no le des ideas a este niño!” el pelimorado se amargó. Ahora le tocaba aguantar a dos overachievers esperando mucho de él.



“Ahh…” Hotarumaru abrió su boca ampliamente y se tragó un takoyaki de un solo bocado. El pequeño pelicenizo pasó a sonreír con una dicha inigualable. “Hmm~”
“¿Están ricos, cierto?” le preguntó Mai, atentamente.
“Heh~ hace tiempo que no comía unos takoyakis tan deliciosos,” dijo alegremente. “Tienes que probarlos, Mai-neechan.”
“…” ella negó y, para variar, sonrió mientras le extendía su bandeja. “Estaba pensando buscar otra cosa, así que te dejaré comerte los míos.”
“¡Oh!” los ojos del tranquilo, aunque entusiasta, pequeño se iluminaron. Pasó a mirar a su amiga con curiosidad. “¿En serio? ¿Segura que no quieres comerlos? Si están tan ricos.”
“Tú los disfrutarás mucho más que yo, adelante.”
“Ehehe, muchas gracias, Mai-neechan,” asintió contento y recibió los takoyakis para de inmediato ponerse a comerlos.
“Aw…” Yukko también miraba la escena conmovida. Casi tenía ganas de darle sus propios takoyakis, aunque con su bandeja ya medio comida supuso que sería de mal gusto.
“Haha, Hotaru-bou encantándolas como siempre,” se rió Tsurumaru. Él se encontraba junto con sus kouhais en una de las muchas mesas del recinto en lo que degustaban sus hallazgos del catering. “Pero me sorprende la voracidad que se traen. Asumo que los servidores han dejado enfriar los takoyakis antes de servirlos.”
“Sí, no están muy calientes,” Yukko asintió. “¿No quieres comer algo, Tsurumaru?”
“Más tarde lo haré, sólo pensaba acompañarles un rato,” dijo amenamente. “De paso los uso de conejillos de indias en caso algo esté envenenado.”
“¿Q-qué?” Yukko se pasmó.
“¡Haha, tan atenta con mis ocurrencias como siempre, Hanasaki-chan~!” rió con ganas.
“No digas cosas así, no se bromea con la comida…” Hotarumaru le miró con reproche.
“Sí, lo lamento, Hotaru-bou…” el peliblanco agitó una palma en señal de disculpa, sin borrar su tranquila sonrisa. “No puedo olvidar lo voraz que eres. No te quitaré el gusto que te estás dando.”

Entonces, una quinta persona se apareció frente a ellos.

“Buenas noches, siento incomodarles, pero…” comenzó Komaeda, quien llegó con una bandeja con varios bocadillos. “No encuentro una mesa libre. ¿Podría acompañarles?”
“Oh, eh, hola…” Yukko parpadeó confundida. “Sí puedes, pero… ¿acaso no hay lugares especiales para Rebels?”
“Supongo que no, no podría decir que he notado una gran presencia de Rebels por alguna zona en particular…” Komaeda lo meditó. “Pero tampoco he visto a muchos Rebels que conozca, así que podría haber algo de lo cual no he sido informado…”
“Me sorprende que te dignes a hablarnos sin la presencia de tu sugar baby entre nosotros,” comentó Mai, inmutada.
“¿Perdón?” Komaeda se confundió.
“¡Sugar baby, hahaha!” Tsurumaru se puso a reír.
“Hajime realmente resentiría eso...” por su parte, Yukko dio un suspiro.
“Eh, espero no haberles hecho sentir menospreciados, nunca sería mi intención,” comentó el Rebel, alarmado, y pasó a agachar su mirada con gran autodecepción. “En verdad es lo opuesto. Sinceramente me considero una escoria de Rebel que ni merece llamarse como tal. Si hay una convocatoria especial de Rebels ahora, tiene sentido que no me hayan dejado saber…”
“Por favor no tomes a Mai-neechan en serio, puedes sentarte con nosotros, Komaeda,” Hotarumaru asintió con toda naturalidad. “Mientras más seamos, mejor será.”
“Ah, siempre tan amable, Rai-kun, muchas gracias,” asintió con dicha y tomó asiento. “¿Han oído algo de Hinata-kun? Intenté llamarle, pero no me ha contestado.”
“Hm, chisme de tu sugar baby, tiene sentido…” Mai asintió como si acabara de responderse su duda inicial.
“¿Chisme? N-no, prometo que no participaría en algo de mal gusto que importunara a Hinata-kun o a ustedes,” dijo el Rebel, en aprietos. “S-sólo espero que se encuentre bien.”
“Lo vimos con pocas energías en la última clase de hoy, así que nos dijo que descansaría el resto del día. Quizás esté durmiendo ahora…” Yukko se puso a pensar.
“Si algo urgente fuera a ocurrir, apuesto a que alguno de nosotros ya lo sabría,” Tsurumaru sonrió con ironía y se encogió de hombros. “Es más. Seguro que, en el peor de los casos, Yagen me avisaría para yo decirles a ustedes.”
“Oh, es cierto, Yagen es responsable de él,” Hotarumaru asintió.
“Ah, por supuesto, confío en que el doctor tiene la mejor de las intenciones con todos nosotros,” aquello probó animar y aliviar a Komaeda. “Muchas gracias, Kuninaga-kun.”
“No necesitas ser formal conmigo, es lo menos que podría hacer por mis kouhais,” le restó importancia.
“Tus bocadillos se ven muy ricos, pero te recomiendo que busques los takoyakis,” observó el pequeño, mientras miraba la bandeja de Komaeda con curiosidad. “Son mis favoritos hasta ahora.”
“Haha, muchas gracias por la recomendación, lo haré si todavía me quedo con hambre,” sonrió amablemente y pasó a impresionarse. “Hm, veo que te has acabado dos bandejas y varios otros aperitivos. ¿Será que no almorzaste lo suficiente? Por favor no descuides tu alimentación.”
“Eh…” Hotarumaru bajó su mirada con ligera vergüenza. “Sí comí unos platos enteros en el almuerzo y dulces en el lonche…”
“No hay nada de qué avergonzarse, Hotarumaru. Estás en la edad en que debes comer mucho para crecer,” le aseguró Mai.
“Es su apetito de siempre, y lo considero una bendición. A todos nos gustaría tener tantas ganas de comer tanto,” comentó Tsurumaru, entretenido. “Además que es parte del encanto de Hotaru-bou, ¿no es verdad, chicas?”
“Hehe, sí da gusto verle comer tan feliz,” Yukko rió un poco. Sin duda lo adorable que Hotarumaru se veía al comer también era parte del encanto.
“Ah, siento incomodarte, Rai-kun. Me alegro mucho que seas alguien tan saludable, yo no podría comer ni la tercera parte de lo que comes, ya quisiera poder hacerlo también,” Komaeda asintió convencido. “Definitivamente podrías ser un Rebel ejemplar cuando crezcas…”
“Strike one!” exclamó Mai en lo que apuntaba al Rebel acusatoriamente.
“¿Eh?” Komaeda se asustó y pasó a notar como las chicas se habían alertado, con Yukko nerviosa y Mai mirándole con unos ojos nulos llenos de frialdad.
“Si llegas al strike three te botaremos a patadas,” sentenció.
“E-espera, no lo dije con malas intenciones…”
“Ya te lo he dicho en algún momento. Necesitas dejar de desear que la gente sean Rebels tan abiertamente…” Hotarumaru negó. No era la primera (ni la quinta) vez que Komaeda le calificaba con ese destino, lo cual el pequeño simplemente tomaba como un desatinado cumplido de su parte. “Está bien, Mai-neechan, ya saben que nunca lo seré.”
“Heh,” Tsurumaru apoyó el filo de su rostro en una mano. Esas energías de sus kouhais siempre le caían bastante bien. Entonces, desvió su mirada a poca distancia y detectó a otra persona que, si bien tampoco era desconocida, era mucho más extraña a ellos que el Rebel. “Hm, parece que los de Hanasaki perdieron a alguien…”
“¿Cómo así?” Komaeda fue el primero en reaccionar y, sin duda, era a quien más le concernía identificarla. “¿Altugle-san?”

El Rebel se levantó con la intención de darle el alcance, pero ni bien Ayesha se percató de él, fue ella quien se apresuró a manera de no importunarle al hacerle alejarse de su sitio. La rubia procedió a saludar a todos con una cortés venia.

“Buenas noches, vaya coincidencia,” comentó ella alegremente. “¿Cómo les va?”
“Hm, nada nuevo,” Mai se encogió de hombros.
“Como siempre, es un privilegio que nos encontremos, Altugle-san, me alegro de verte,” dijo Komaeda, asintiendo.
“Haha, tan caballeroso como siempre, Nagito, me avergüenzas un poco,” ella rió con torpeza. “El gusto es todo mío. Justo buscaba una mesa donde comer bocadillos con Nio. ¿Estaría bien si los acompañamos?”
“Sí, por supuesto, será un gusto,” Hotarumaru sonrió, aunque pasó a mirar los asientos vacíos. “Hm, hay espacio para las dos, pero no sé si podrán entrar más personas.”
“Sólo somos Nio y yo, muchas gracias por la consideración,” Ayesha asintió. “Mis amigas de Hanasaki están ocupadas con una actividad por ahora, así que no nos acompañarán.”
“Ah, ya veo,” Yukko asintió. “Eh, espera, con actividad…”
“¿Acaso las intrépidas HiMEs andarán haciendo alguna travesura?” divagó Tsurumaru.
“Eh, no es nada como eso, sólo… querían dar una vuelta al recinto por afuera, pero mi Nio y yo decidimos quedarnos. Tengo que apoyarla con su tarea.”
“Seguramente,” Mai evitó comentarios. De lo poco que conocía a la pequeña, dudaba que también haya sido su decisión. “¿Habrá algún grupo de no HiMEs que se está dando una bocanada de aire fresco? Podría interesarme en salir un rato.”
“¡Oh, justo es el grupo de tu prima!” Ayesha sonrió.
“Ya veo… paso,” negó rendida.
“Hehe, seguro que Osaka se alegraría mucho de verte, Mai…” Yukko sonrió incómoda.
“Por cierto, tanto hablas de tu hermanita, pero, ¿dónde está?” preguntó Tsurumaru, con curiosidad. “No se te vaya a perder.”
“No te preocupes, Nio justo estaba por conseguirnos gelatinas, es que la cola es larga…” Ayesha se giró en dirección al puesto cercano de ese postre… y, como la mayoría sospechó, no había señales de la pequeña. “¿Eh?”
“…” Hotarumaru dio un apenado suspiro.
“Eh, t-tranquila, Ayesha, s-seguro que te estará buscando…” comenzó Yukko.
“Ehm, Altugle-san…” Komaeda apuntó al puesto de gelatinas. “Hay una bandeja abandonada ahí. ¿De casualidad…?”
“¡¿Qué?! ¡Si esa es su bandeja!” la pobre rubia se agarró los cabellos con ambas manos. “¡¿A dónde se fue mi Nio?!”
“T-tranquila, Altugle-san, te ayudaré a buscarla,” le aseguró Komaeda, también un poco alarmado, en lo que los otros cuatro intercambiaron miradas.
“Seguramente se habrá encontrado con algún amigo y se distrajo,” supuso Hotarumaru. “Creo que buscar a sus compañeros es un buen punto de inicio.”
“Bien pensado, Hotaru-bou. Tú sabrías mejor cómo piensa la pequeña,” Tsurumaru sonrió con ironía. “Ya he oído lo traviesa que es esa pequeña HiME de Jiji, así que no me sorprende.”
“Ay, yo que pensé que se portaría bien. ¿Por qué me hace esto?” se preguntó la hermana mayor, con desdicha.
“Eh, te podemos acompañar, no te preocupes,” dijo Yukko.
“…” Mai negó. Ya veía que los demás del grupo tenían todas las intenciones humanitarias de auxiliar a esa aliada de Hanasaki por más que no tenían obligación, quizás a excepción de Tsurumaru quien seguramente sólo lo encontraba entretenido. “¿Qué más da? Demos una vuelta, a ver si la ubicamos.”
“Muchas gracias de todo corazón, prometo que se los repondré,” dijo la rubia, conmovida.




“Hmm… ya se desaparecieron,” Marisa miraba hacia los alrededores con una palma por encima de su vista a manera de cubrir sus ojos de los postes. Ella caminaba junto con Osaka y Kosuzu a los alrededores del gran estadio donde la mayoría de gente disfrutaba de la apertura de las venideras competencias. Ellas se quedaron cerca del edificio a diferencia de los demás grupos de HiMEs quienes sí se aventuraron más hacia la noche.
“Hehe, les ha venido bien el aire fresco de la noche, ¿verdad?” Osaka sonrió ampliamente. “Ahh, qué lindo sería si comenzara una tormenta torrencial. Eso completaría lo divertido de hoy.”
“¿Eh? Pero si no está predicho, no creo que nadie haya traído paraguas,” Kosuzu ladeó la cabeza.
“Haha, eso quiere decir que te gusta la lluvia, ¿no, Osaka?” Marisa se entretuvo. “Seguro que sería divertido ver correr a todo el mundo camino a casa, pero también imagino que Reimu no pararía de quejarse de regreso al templo. Y bueno, aguantarla es el problema.”
“Reimu-san no gustaría de una sorpresa así, pero por más que se ponga de mal humor, nunca deja de dar lo mejor de sí,” Kosuzu asintió inspirada.
“Qué linda, veo que la conoces bien,” Marisa asintió.
“¡Sí! Reimu-san es conocida en mi pueblo por ser una miko tan trabajadora desde pequeña, y pues, tampoco somos muchos ahí así que somos como una comunidad.”
“Eso suena genial, espero que algún día podamos ir todos de visita para allá~” canturreó Osaka.
“Ehh, realmente me gustaría, pero…” la pequeña sonrió en aprietos. “Temería llevar el conflicto para allá si somos tantas HiMEs, así que no sé si sería prudente…”
“Pues sí, es un mal timing también…” Marisa negó. “Y, por cierto, Kosuzu-chan, ¿te sientes bien? Sé que te llevaste una gran impresión.”
“Todavía tengo mucho sobre lo que pensar, pero sí estoy bien, al menos físicamente…” asintió, aunque pasó a cohibirse y bajar su cabeza. “Sólo espero poder ser una HiME fuerte como las demás. Ellas parecen que barren con la mayoría de orphans y a mí casi me come uno débil.”
“Descuida, sé por mi primo que estás entrenando muy duro y confío que te volverás muy fuerte con esas ganas,” Osaka asintió. “Ahora que tienen a dos mentores que les ayudan van a poder hacer más que nosotras en el pasado.”
“¿Tú lo crees?” preguntó Kosuzu, con ilusión. “¿Acaso no tenían mentores antes?”
“Haha, no, para nada. Medio que Fran se prestaba a veces para la mayoría de HiMEs, pero ella es una y creo que hubo una superhiperinflación de HiMEs hacia el final de nuestra batalla hace tres años,” comentó Marisa, riéndose. “Para nuestra situación de pubertas con poderes mágicos repentinos, teníamos menos recursos que mendigos de la calle.”
“Wow, me cuesta creerlo. Enmusubi parece que tiene mucha experiencia.”
“Ehh, pues…” Marisa casi quiso decir ‘¿en serio?’ ya que a su parecer la bienintencionada de esa mentora, fuera de sus poderes prometedores, también tenía la personalidad entusiasta y despistada de una primeriza, pero definitivamente era mucho mejor que nada, aparte que no quería inquietar más a la pequeña Kosuzu. “Sí, o sea, uno oía de HiMEs que venían de familias de HiMEs pasadas que contaban con sus senpais o de millonarias que se costeaban sus entrenadores personales, pero nada que venía de Hanasaki directamente.”
“Lo que sí tuvimos siempre era una casa HiME tal y como la mansión de ahora, pero me hubiera gustado contar con Enmu-chan como mentora cuando solía batallar. Presiento que todas las HiMEs seremos más unidas gracias a su enfoque en que seamos hermanas~” celebró Osaka.
“Sí, ya espero pasar muchos tiempos lindos con todas y aprender un montón de ellas, y de ustedes también como mis antecesoras,” Kosuzu asintió un par de veces con energías.
“Ah, eso de antecesoras me hace sentirme vieja, haha,” Marisa rascó su nuca. Sabía que la menor tenía las mejores intenciones, pero ya podía ver por qué exasperaba tanto a Reimu. Sin duda tenía demasiadas energías.
“Pero… tengo una duda…” entonces, la menor volvió a apagarse y bajó su mirada. Detuvo su andar, lo cual hizo que las dos le esperaran. “Chicas, ¿ustedes también tuvieron sucesos como el del puerto hace tres años?”
“¿Eh?” Osaka se sorprendió e intercambió miradas con Marisa.
“O sea…” la rubia apretó los labios y sonrió apenada. “Tuvimos algo parecido. Unos Rebels fueron a atacar parte del centro de la ciudad y las HiMEs de inmediato acudimos para pararlos y proteger a los civiles. Eso fue un desastre y sin duda de mucha más escala que lo ocurrido en el puerto, pero sí involucró a un área fuera de Hanasaki o Rizembool y a inocentes…”
“Creo que algo así me habían comentado…” Kosuzu asintió, pensativa. “Pero en ese evento, las HiMEs fueron las buenas, las que pelearon por el bien, como debería de ser.”
“Kosuzu-chan…” Osaka se preocupó.
“Ahh… pues…” Marisa negó y desvió su mirada. “A nosotras no nos tocó vivir un suceso tan gris como este último, si a eso te refieres.”
“Todavía no sé qué pensar sobre lo sucedido. Nuestra presencia esa noche causó un conflicto tan severo que perjudicó a todos esos trabajadores, y sé que todas tuvieron buenas intenciones, pero… yo no quiero cometer alguna acción por la cual alguien más salga herido,” musitó cabizbaja. “Ese es mi mayor temor ahora. Yo quiero ayudar a otros, y no ponerlos en riesgo.”
“Eh, sí, entiendo…” Marisa se cruzó de brazos y dio un profundo suspiro. “Vaya, en cierta forma me alegra no haber sido parte de ello, lamento todo el lío. Las chicas todas deberán tener esas mismas dudas que tú, así que no estás sola en ese temor.”
“Sí, seguramente…”
“Pero eso es bueno, no estás sola, Kosuzu-chan,” le alentó Osaka. “¿Sabes? No sé si Cho te habrá comentado, pero yo le di un susto a todos cuando fui una HiME. Por un tiempo todos pensaron que había sido derrotada por mi Rebel y creyeron que estaba muerta.”
“¡¿Q-qué?!” ello probó aterrar y congelar a la niña, quien le miró atónita.
“Ehh… Osaka, Kosuzu-chan medio que todavía no se acostumbra…” comenzó Marisa, sonriendo incómoda.
“En verdad no sé cuántos líos habré causado, pero sí entiendo que Cho y los demás estuvieron más que desconsolados por mí, y yo quise ir a buscarles y decirles que estaba bien, pero al final tuve que esconderme un tiempo para mantenerme segura, y también, para ayudar a todos mis amigos en los momentos más difíciles, ya que nadie esperó que yo volviera a aparecer,” asintió decidida. “Tengo otra prima aparte de Cho que también fue HiME, ella siempre me dice una y otra vez que no debí haber hecho eso, que debió haber otra manera, que le afecté mucho a ella, que mis padres no sabían que hacer, seguro que hay más cosas que nadie me ha dicho, pero aun así, todos hacemos lo mejor que podemos, y veo esas ganas en ti, Kosuzu-chan.”
“Eh…” la pequeña estaba perdida, todavía impresionada, pero a la vez cautivada. Eran unas palabras casi infantiles, quizás desconectadas y un poco ilusas, pero que a la vez reconocían su falta de tacto y se escuchaban como honestas. Asintió lentamente. ‘Todos hacen lo mejor que pueden’ recordó esas palabras de ese incógnito en el puerto que le había salvado.
“No creo que las cosas salgan perfectamente. Cho estudia mucho pero no saca cien en todos los exámenes. Nuestras amigas se entrenan y se lucen en sus quehaceres, pero todas nos equivocamos, y por más que lo hagamos, aun si no podemos hacer nada para evitarlo, siempre hay la oportunidad de ver cómo compensarlo, de alguna manera,” volvió a asentir.
“Eso es muy cierto, estoy totalmente de acuerdo,” Marisa se animó. “¡Eres tan linda, Osaka! ¡Creo que tienes que decírselo a nuestras amigas cuando regresen! ¡Seguramente Enmusubi las ha sacado a dar vueltas precisamente para retornarles esas esperanzas!”
“Hehe, seguro que sí, muchas gracias,” Kosuzu se alivió un poco. Todo lo vivido continuaría dando vueltas en su cabeza, pero debía recordarse de mantenerse con la mente positiva. Tenía que hacerle frente a su presente realidad y hacer su mejor esfuerzo. No podía desalentarse tan rápido luego de un traspiés, apenas estaba comenzando. Ella hizo una breve venia. “Entonces, prometo dar lo mejor de mí, muchas gracias por sus palabras y sus cuidados hacia mí. Espero pronto tener tantas añoranzas como HiME al igual que ustedes.”
“¡Sí, de todas maneras!” exclamó Osaka. “Hehe, esperaré a oír tus anécdotas.”
“Uff, y Osaka y yo de por sí tenemos varias. Si quieres te digo algunas de las mías.”
“¡Me encantaría!” juntó sus manos con ilusión.

De esa manera, las tres chicas continuaron con esa amena caminata que iba a rodear el estadio de la reunión.




Ni bien ellas se alejaron y dieron la vuelta a la gran construcción, un par de niños salieron de su escondite en unos arbustos cercanos a una de las entradas secundarias del recinto.

“Vaya, pensé que nunca se irían,” dijo Luso, quien vio el momento en el cual esas chicas desaparecieron de su campo de visión.
“Uhh, mis piernas casi se entumecen,” Nio se las sobó un poco y se sacudió unas hojas secas de su falda para finalmente ponerse de pie. Dio un suspiro. “Nee-chan ahora se va molestar también por ensuciar mi atuendo…”
“Por lo que me dijiste, ella era la que estaba siendo injusta, además, ¿acaso ensuciarse las ropas no es lo mínimo que le pasa a las HiMEs?” el niño le levantó un pulgar. “¡Pues haces bien!”
“Ay, Luso,” Nio le miró con cansancio, pero a la vez sonrió agradecida.
“¡Ya te ganaste la libertad de tu estricta hermana y yo de mi pesado primo, somos libres!” celebró con ambos brazos hacia arriba y le agarró de una muñeca, para jalarla consigo y ponerse a correr hacia la noche. “¡Ahora vámonos antes que alguien nos vea!”
“¡Espera, no tan rápido!” pidió sorprendida.

Flashback

Hacía un marcado puchero mientras esperaba que esa larga fila de las gelatinas avanzara. Su hermana ya debía estar recibiendo los flanes y a punto de dar vueltas por esa área llena de gente para buscar algún sitio donde sentarse, pero luego del desplante que esta le había causado, Nio sólo quería ir a saludar a sus amigos de la escuela y regresarse a la casa. Sabía muy bien que ser HiME había sido su propia idea y que su hermana mayor intentaba darle el mejor apoyo a su manera, pero resentía cómo esta se había negado a la mera oportunidad de una simple caminata con sus colegas. Así nunca podría ponerse al nivel de las demás.

Terminó llegando cabizbaja y contrariada al frente de la fila y fue despertada por las insistencias de la persona a cargo del puesto.

“¡Oh, p-perdone!” exclamó la pelimarrón, en aprietos. “¡Dos, por favor!”

Apenas recibió el par de gelatinas en su bandeja, procedió a salir de la fila, pero ni bien lo hizo, se encontró cara a cara con Luso.

“¡Nio, qué coincidencia!” le saludó su compañero de clase, amenamente. “También vengo por gelatinas. Dime, ¿las has probado o también acabas de llegar?”
“Justo las acabo de recibir, no podría decirte, perdón Luso,” sonrió apenada. “Pero todo lo que he comido hasta ahora ha estado tan delicioso que seguro estas serán iguales.”
“Heh, es verdad, ¿no?” llevó sus manos a su nuca. “Estás con tu hermana, si no me equivoco. Por cierto, me escapé de mi primo tonto, ¿podría unirme a ustedes?”
“Eh, pues…” Nio desvió su mirada.
“Y me apena admitirlo, pero podría usar un poco de ayuda para hacer la tarea de describir el evento de hoy. Creo que nuestra profesora me tiene en la lista negra o algo, así que tengo que escribir algo más creativo que ‘la directora dijo blah y la gente estaba bien vestida’. En serio no tengo más que decir.”
“Luso, tienes que hacer más que ese esfuerzo, tampoco esperes que haga tu tarea por ti,” le observó Nio, juiciosamente.
“Hehe, sí prometo que lo haré, bromeé con eso, pero en verdad apreciaría al menos un prompt, que no me puedo enfocar en nada,” sonrió ampliamente, sin ninguna preocupación en el mundo.
“Pues…” algo le hacía dudarle. “Hm… realmente para lenguaje, Ima-chan es mucho mejor que yo…”
“¿En serio? Haha, nunca lo hubiera imaginado, él que huye de las matemáticas.”
“E-es un poco difícil de creer, lo sé,” se animó un poco, aunque continuaba algo frustrada con su presente situación. “Lo siento, Luso, no quiero hablar de la tarea. También me está resultando difícil, por otros motivos…”
“¿Eh? ¿Por qué? ¿Todo bien?” ladeó su cabeza, perdidamente. “¿Estás bien, Nio? O sea, tú la tienes mucho más fácil que yo, eres una HiME…”
“…” justo tenía que darle en la llaga.
“¡Y le puedes dar ese trasfondo de luchadora de Hanasaki y de lo que todo significa para ti! ¡Eso seguro que será divertido!”
“Luso… es que…” Nio le paró. “Verás…”

Terminó por contarle lo que acababa de ocurrir.

“Hm…” Luso llevó una mano a su mentón y meditó con el ceño frunció y los ojos hacia arriba. “O sea tu hermana dice que por tener que hacer tu tarea no puedes salir a pasear con las otras HiMEs, pero que tú estás convencida que lo hizo para resguardarte, y que ni te dio espacio para opinar…”
“Esa es la historia de mi vida, claro, recién soy HiME, pero ante la menor acción de querer hacer algo ‘que no haría una dama’,” rodó los ojos. “de inmediato se cierra y me sugiere hacer otra cosa que sí va con su idea de lo que yo debería ser.”
“¿Por qué? ¿No es tu hermana? ¿Acaso los hermanos no deberían apoyarse en sus travesuras o al menos poder hablar como iguales?” preguntó confundido.
“Pues, es que mi nee-chan medio me cuidó desde que nací. Yo no llegué a conocer a nuestros padres y nuestros abuelos nos consienten, así que ella siente que tiene que educarme bien…”
“Hm, suena difícil, lo siento, Nio…” hizo una mueca de dolor.
“Pero aun así…”
“¡Pero aun así es injusto!” concluyó su amigo. “Y si ella quiere ser como tu madre, pues entonces lo es y ahora mismo puedo decir que está mal y que es terrible que te censure de esa manera. Si ella tenía la idea de que te quedaras dentro del estadio, al menos debió haberte dado espacio para decir tu parecer, ¿no lo crees?”
“Eh…” Nio se vio perdida y asintió anonadada.
“Pero no lo hizo y ahora te arruinó la noche y tus propios planes que ella ni se molestó a saber,” Luso asintió indignado. “Suena igual de densa que mi primo, así que ni es el momento de decir nada que no te va a oír.”
“Sí, eso supuse…” desvió su mirada.
“¡Por eso nos vamos a fugar, Nio!”
“¿P-perdón?” ella se quedó en shock.
“¡Claro! ¡Déjame ayudarte a tener tu noche de HiME y a hacer tu tarea desde el punto de vista que te mereces!” exclamó inspirado y con grandes ánimos. “¡Va a ser muy divertido, además ya me aburría de esta gala! ¡Y si necesitas apoyo te prometo que cuentas conmigo!”
“E-está bien, tú no tienes que defenderme de mi nee-chan ni nada…” negó en apuros.
“¿Entonces te apuntas a mi idea?”
“Eh, pues, c-creo que sí…”
“¡Ya, vamos!” Luso tomó su bandeja y la dejó sobre una mesa cercana. “¡Aprovechemos que no veo a tu hermana!”
“Ehh…”
“Ah, pero antes…” recordó tomar el par de gelatinas en un brazo y la jaló. “¡Ya, ven conmigo!”

Fin del Flashback

Y fue así que comenzó esa inocente, aunque desenfrenada noche. Nio no sabía si le dolía más desobedecer a su hermana o haber dejado su bandeja de comida abandonada para echarla a perder, pero por más incómoda que se sentía, en parte rebelarse ante el usual gaslighting de su superior le dio una bocanada de aire fresco que le había hecho mucha falta.

Sólo esperaba que fuera a ser una noche tranquila y sin nada que lamentar. Necesitaba sentirse alentada y finalmente bajo control de sus propias decisiones para variar.

...


Miyu

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1030: December 31, 2024, 10:23:47 AM »
Veo si puedo terminar el cap


6.5 # Paella y yokan.

Rias Gremory's Peerage

KING ha añadido a Ikuse Tobio
KING ha añadido a Shindou Irina
KING ha añadido a Narumi Gen
KING ha añadido a Kiba Yuto

KING cambió el nombre de Ikuse Tobio a PAWN1
KING cambió el nombre de Narumi Gen a PAWN2
KING cambió el nombre de Shindou Irina a BISHOP2
KING cambió el nombre de Kiba Yuto a KNIGHT1

QUEEN: ¿Por qué Tobio onii-sama es PAWN1? Él debe ser King. ¡MHPH!
KING: Akeno, tú sabes que los peones tienen la característica promoción
KING: Cuando un peón logra llegar hasta la última fila del tablero enemigo, puede transformarse en cualquier otra pieza (como una reina, torre, alfil o caballo), excepto en el rey. Casi siempre se elige convertirlo en reina porque es la pieza más fuerte del juego.
KING: ¿Entiendes, Akeno? Tobi es una pieza fundamental y fuerte, de las más útiles.
QUEEN: No le digas Tobi a onii-sama, Rias.
KING: ¿Puedes controlar a tu prima, @PAWN1?
PAWN1: Es algo imposible, Rias, estoy en el trabajo ha ha.
KNIGHT1: Tiempo sin verlos chicos ^^. ¿Cómo están?
KNIGHT1: Las cosas parecen más animadas jaja, suerte Tobio-san.
KNIGHT2: ¿BROOO? ¿KIBA? ¡¿Regresaste a Japón?!
KNIGHT1: No, no. Sigo en el Vaticano. Espero regresar el año que viene, Xenovia ^^
KNIGHT2: Ah compa, creí que podríamos entrenar juntos. El dojo de la U es aburrido sin mi digno rival
BISHOP1: Bienvenidos chicos, que Dios los bendiga a todos y que esta pequeña reunión sea útil para todos. ¡Auch!
KING: ¿Estás bien Asia? Ahhh
BISHOP1: Oré pensando en Dios, perdón Rias senpai
KING: Ten más cuidado, como mi preciada amiga debo velar por ti.
BISHOP1: Ah, gracias senpai. <3
BISHOP1: ¡AUCH! Ah, oré de nuevo por la amabilidad de senpai.
PAWN2: ¿Qué es este grupo?
ROCK1: Hacen que vibre mucho mi celular e intento descansar…
ROCK2: Estoy dando clases, me van a quitar el móvil siendo que soy la profesoraaaaa.
QUEEN: Está el modo “no molestar” aunque un pequeñín como Narumi-chan no lo sabría jamás, fu fu.
PAWN2: ESTA ESTÚPIDA. ¿Es tu prima, Tobi? Si, si lo debe ser…
PANW1: Calma, calma, Narumi.
PAWN2: Me cuentas más tarde de que va todo esto, Tobi. Muchas mujeres, me dan repelús,
PAWN2 abandonó el chat.
KING: ¡Basta chicos! Normalmente este es un grupo de mujeres y Yuto, en esta ocasión los hemos agregado a Tobi y Narumi para celebrar que Koneko es una HiME oficial y entró a Hanasaki U como estudiante. ¡VIVA!
BISHOP1: ¡FELICIDADES KONEKO-CHAN! ¿HiME es algo de honor?
QUEEN: …
KNIGHT2: ¿Vas a contarnos qué es lo que ocurrió hoy en la entrada de la U, Rias senpai?
KING: Sí. Hemos hecho una reserva para comer paella cerca del mar. Vengan todos los que puedan e informaré por mail a Yuto e Irina.
KNIGHT1: Debe ser algo serio si nuestro Rey está siendo tan seria.
QUEEN: Tiene mucho que explicar.
PAWN1: Tengo curiosidad.
ROOK2: ¿COMIDA Y BEBIDA GRATIS? ME APUNTOOOO. ¡RENUNCIO YA A KUOH!
ROOK1: Desinvitada.
ROOK2: NooOoOOo
KING: Basta, basta. Ahí les paso las coordenadas y la reserva.

RIAS NARUMI

Rias Gremory apagó el celular después de enviar la ubicación del restaurante y coordinar cómo el chofer los recogería. La familia Gremory, de alto prestigio, podían permitirse el lujo de poseer autos elegantes y, por supuesto, choferes personales para todo tipo de situaciones como esa tan inusual. De cierta manera se sentía culpable de haber metido a Koneko Toujou en tantos líos.

La pelirroja, de porte elegante incluso en ropa deportiva, estaba a punto de empezar a correr en una de las caminadoras que se encontraban en la sala de ejercicios de su lujoso departamento. El sitio estaba decorado con una alfombra roja amplia, agregando el toque de nobleza a cada paso; al frente del cuarto amplio, grandes ventanales ofrecían una vista espectacular de la ciudad de Tokio, dejando que la luz natural inundara el espacio.

Ella se veía hermosa, como siempre, con su larga cabellera escarlata recogida en una alta coleta que cae en cascada hasta la más allá de su espalda y trasero, resaltando el brillo escandinavo de la sangre que corre por sus venas. Enfunda un conjunto de ropa deportiva que combinaba su propia elegancia y sensualidad: una ajustada camiseta sin mangas de color negro con detalles en rojo que delinean su figura totalmente curvilínea, apretando sus senos un poco y resaltando su figura atlética y unos leggings a juego que acentúan sus largas piernas y firme trasero.

Estaba preparada, punto de empezar a correr en una de las caminadoras que se encontrar en la sala de ejercicios de su lujoso departamento. Alrededor, había una variedad de máquinas de ejercicio: bicicletas estáticas, pesas bien organizadas en un estante metálico y un área de yoga equipada con colchonetas y pelotas. El ambiente estaba impregnado de un aroma fresco y limpio, y el tenue sonido del aire acondicionado añadía una atmósfera relajante al lugar.

Era un espacio que reflejaba perfectamente el estilo de vida de Rias: sofisticado, moderno y cuidado al detalle, justo como ella misma.

— ¿Qué puedo hacer? —se cuestionó la pelirroja mientras se sube a la corredora, modificando la velocidad y el peso.

Las imágenes que vio más temprano la dejaron intranquila, después de todo si Koneko resultaba herida en alguna pelea contra su Rebel, ella jamás se lo perdonaría. El chico albino que se identificó como Gabimaru parecía decidido a atacar y matar a su preciada amiga. ¿Por qué? ¿Quién es Qin Shi Huang? ¿Y el otro albino?

Suspiró mientras comenzaba a correr y a mover sus extremidades lentamente.
Por primera vez se dio cuenta de la posición en que había puesto a Koneko y sus habilidades parecían ser del tipo ofensivas, como un tanke en los moba. Exhaló aire frustrada, si ella no le hubiera dicho que participara en la prueba HiME, las cosas no estarían así.

— ¡QUÉ FRUTRACIÓN! —gritó golpeando el mando de la máquina, el ruido se oyó abruptamente, cargando de tensión el aire pacífico y silencioso—. ¿Y si muere?

Imaginó la sangre de la pequeña gatita tiñendo de rojo sus manos mientras sostiene el cuerpo helado, no. Simplemente la perturbó. Imaginó la sangre de la pequeña gatita tiñendo de rojo sus manos mientras sostenía su el diminuto cuerpo frío y sin vida. Ese pensamiento llegó tan rápido y tan lleno de desesperación, cargada de inesperadas y brutal imágenes vívidas y aterradoras que coparon la mente de Rias. No. Simplemente la perturbó.

El solo hecho de imaginar esa escena le provocó un escalofrío que recorrió la columna, la dejaba helada, después de todo no podía creer que dos niños se estuvieran a punto de batir en duelo a muerte. ¿Por qué? Cerró los ojos vedárseos con fuerza, tratando de desterrar esa visión, pero era imposible que los colores y las formas no se grabaran en su subconsciente pues ver a Koneko a punto de ser herida y salvada tanto por Xenovia Quarta y aquel hombre misterioso llegado de china, Quin Shi Huang, parecían haberse quedado tatuados en su mente.

negándose a desvanecerse y presente para recordarle que lo que le pasara a Koneko Toujou era su culpa. ¿Por qué algo tan horrible se había quedado en su cabeza? Ella adoraba a la pequeña gatita, con sus pequeñas actitudes salvajes y de vagancia, pidiendo siempre youkan y diferentes tipos de comida; con esos ojos dorados llenos de vagancia y desinteres. Era impensable que alguien a quien adoraba tanto como una hermanita pequeña le pudiera acabar en un escenario tan macabro como el que su mente había ideado.

Respiró hondo, obligándose a concentrarse en el presente y en la tarea que estaba haciendo: ejercitando su cuerpo. La habitación estaba en calma, los últimos rayos de sol se filtran por la ventana, bañando de luz cálida el espacio del gimnasio y creando reflejos dorados en las máquinas. Podía escuchar el ruido de sus pasos a trote fuerte y las gotas de sudor bañando la piel tersa en su cuerpo, hasta tener la ropa ceñida al cuerpo. Quería estar completamente ajena de los pensamientos oscuros que habían atravesado su mente por tanto tiempo y la culpa que la corroía por dentro. Era irónico cómo algo tan insignificante, un pequeño tropiezo mental, podía desencadenar una cadena de imágenes tan desgarradoras.

Continuó corriendo media hora más, respirando hondo y exhalando hasta el cansancio, luego fue levantar pesas se dirigió primero al rincón donde tenía una toalla preparada, el celular resguardado y una botella de agua fría ya con gotas de agua cayendo por el plástico. Tomó la tomó con cuidado la botella, sintiendo el peso del líquido y su cuerpo helado y el movimiento rítmico del hielo que se agita cuándo ella lo toma. La sensación fue refrescante al llevar sus labios al pico e inclinar ligeramente la botella para que el agua llegue a sus labios y garganta. Una sensación refrescante que la dejó relajarse un par de minutos y estabilizar sus pensamientos de que todo estaba bien, de que la imagen que había visto no era más que una pesadilla diurna, un producto de su imaginación descontrolada.

El gimnasio del departamento se sentía vacío, perfecto para que los demonios internos la acechen en la cabeza y sin nadie que haga ruido constante en las máquinas o música sonando a tope estaba apacible. Ella, una joven elegante y decidida generalmente, llevaba más de una hora corriendo en la cinta, las mejillas sonrojadas, casi como su cabello, por el esfuerzo de correr en diferentes velocidades y con mechones rojizos adheridos a su frente sudorosa. Su respiración dejaba al descubierto unos hombros fuertes y unas piernas tonificadas a cada paso. Apretó la botella de agua con fuerza, hasta retorcerla entre sus dedos y la tiro aun cesto de basura.

Caminó hacia el área de pesas con la misma energía intensa y la determinación de seguir su entrenamiento una hora más, como mínimo. En una esquina, flexionaba las piernas, sosteniendo una barra cargada con discos. Su respiración seguía siendo profunda, acompasada, mientras sus músculos trabajaban y el sudor seguía cayendo perlando la piel palida de Rias; cada gotas de sudor recorrían su piel, marcando líneas brillantes sobre su espalda y sus brazos.
Por fin ruidos de ella, los sonidos barras chocando contra el suelo y respiración forzada coparon el departamento, pero las vibraciones desde la toalla que aún no había usado, cortó la concentración. El celular vibraba y empezó a sonar con mensajes y llamadas repentinas, había silenciado el grupo de WhatsApp con sus amigas, por lo que no podían ser ellas.

La pelirroja se enderezó, aun sujetando la barra por unos instantes y soltó un suspiro entre jadeos al darse cuenta de que no iba a poder terminar su rutina ese día, nadie la iba a molestar por algo sin importancia. Dejando el peso con cuidado, caminó hacia dónde dejó el móvil, con su pecho subiendo y bajando con rapidez mientras tomaba el teléfono, preguntándose quién interrumpiría justo ahora.

Vio las notificaciones, sorprendida de que quien la andaba acosando era Gen Narumi. Lo recordaba brevemente de la prueba para ser HiME de Koneko y también de las pocas interacciones que tuvieron en el departamento de Akeno y Tobio.

Repasó rápidamente los mensajes, aunque no entendió nada. Era muy lacónico para expresar y monosílabo, no le entendió ni un carajo.

El primer mensaje que vio la hizo arquear una ceja.

"Hablar".

No era un saludo ni una introducción, simplemente una palabra seca, seguida de otra notificación:

"Tonta".

Rias parpadeó, desconcertada. Su pulgar se deslizó por la pantalla, revelando varios mensajes más. Ninguno de ellos tenía sentido.

"Mierda".

"Responde".

"Las mujeres son idiotas".

“¿QUÉ ESTÁS HACIENDO, PRINCESA?”.
 
Su mandíbula se tensó al leer eso dos último. Aunque el contenido era ofensivo, había algo en la forma errática y brusca de los mensajes que le resultaba entre patético y extraño; con palabras llenas de frustración y ningún tipo de coherencia para ella. Por un momento, estuvo a punto de ignorarlo por completo. No conoce lo suficiente a Narumi como para responderle o que le hable con ese tono. ¿Princesa? ¿Y él? Akeno lo mencionó como alguien vago y ególatra.

Gen Narumi.

Un nombre que no esperaba ver para nada entre los mensajes que le llegan a diario. Tenía mails y whats en general de su familia y amigas. No habían intercambiado muchas palabras y sus interacciones habían sido escasas y, para ser francos, irrelevantes. A su vez no tenían una conexión real entre ellos.
Rias dejó escapar un suspiro y se dejó caer en el banco junto a la toalla, sosteniendo el celular en la mano. Repasó nuevamente los mensajes, esperando que se detuvieran con un segundo vistazo, algo hiciera clic en su mente. Pero no, seguían siendo igual de crípticos, igual de cortantes. Sus labios se torcieron en una mueca entre la confusión y el disgusto.

— ¿Qué demonios quiere este tipo? —murmuró para sí misma, dejando que el teléfono descansara en su muslo por un momento, luego de poner “no molestar” en los mensajes para evitar que siguiera sonando, aunque estaba atenta por si algo más llegaba.

Una ridícules total en todo el asunto de los mensajes tan cortos; si de verdad quería decirle algo, ¿no podía usar una oración completa al menos? O mejor aún, ¿por qué siquiera estaba escribiéndole? No eran amigos, tampoco eran conocidos lejanos. Gen Narumi no era más que una figura algo lejana en su vida, hasta se había salido del grupo de Whats dónde es moderadora y KING. Su presencia apenas registró después de esa desfachatez que hizo de rechazar su invitación al grupo.

Pensó en responder, aunque únicamente para decirle que dejara de escribirle tonterías, aún así desechó la idea rápidamente, no valía la pena. Ignorar era la mejor respuesta en este caso, y se sentiría ridícula dándole más atención de la necesaria. Si tenía algo que decirle, que lo hiciera en la noche, en la reunión para comer paella.

Volvió a dejar el teléfono sobre la toalla limpia y se levantó, dispuesta a continuar con su rutina de entrenamiento. Sin embargo, no pudo evitar que su mente volviera a esos mensajes, especialmente al tono agresivo y la elección de palabras, ¿y si tenía algo que ver con Koneko? ¿Hanrá descubierto algo sobre el Rebel o las habilidades de su amiga? Algo era inquietante, aunque también un poco patético, en esa necesidad desesperada de llamar su atención.

— ¿Responderle será lo correcto?

Sacudió la cabeza, intentando despejar las preguntas que la inundaron y tomó la barra para comenzar otra serie de flexiones, justo cuando había empezado una vez más el entrenamiento, el timbre del teléfono volvió a sonar, esta vez no era una notificación, sino una llamada.

Rias dejó caer la barra con un golpe secoo y giró hacia la banca de madera. Su corazón latía con más fuerza de lo normal, sin estar segura si era por el ejercicio o la incomodidad de la situación. Caminó hacia el móvil, respirando profundamente mientras lo tomaba. El nombre en la pantalla confirmó lo que ya temía: Gen Narumi.

El objeto vibraba en su mano, con insistencia de las llamadas de Narumi; Rias dudó en responder, podía dejarlo sonar y seguir ignorándolo, fingir que no había visto ni escuchado nada. Algo dentro de ella le hizo tener un presentimiento, una mezcla de curiosidad y frustración la impulsó a actuar.

Deslizó el dedo por la pantalla y llevó el teléfono a su oído. Su voz salió firme, aunque ligeramente irritada, muy pocas personas lograban sacar ese lado de ella y, por lo general, era su mejor amiga Akeno Himejima.

—¿Qué quieres, Narumi?

El silencio se extendió al otro lado de la línea, roto solo por una respiración pesada y errática que la puso aún más en guardia. Entonces, una voz grave y un tanto desordenada respondió.

—¿Por qué no respondes? Te estuve escribiendo. ¿Acaso la princesita está muy ocupada?

Rias apretó los labios, su paciencia colgando de un hilo y un segundo de colgar.

—Tal vez porque no entiendo nada de lo que dices. Si tienes algo importante que decir, dilo ahora, o no vuelvas a molestarme.

El silencio que siguió fue tenso y asfixiante. Rias pudo imaginar a Narumi tratando de encontrar las palabras y eso solo la hizo sentir más incómoda. Finalmente él habló pero lo que dijo no hizo más que aumentar la confusión.

—No puedo decirlo por teléfono, por si nos están rastreando. En este punto puede que ellos ya sepan nuestros números y estén analizando nuestros pasos. PIENSA.

Que idiota, es lo primero que pensó la pelirroja por un instante, para empezar inundarla de mensajes para decirle que necesitaban verse a solas. ¿A solas? Eso quería decir… en primer lugar una cita con él la iba a rechazar monumentalmente.

—¿Estás bien? —escéptica le preguntó.
—¿Escuchas lo que digo, Gremory?

 Rias casi sintió lástima por él, pero la manera en que había elegido expresar su frustración le impedía bajar la guardia. No era su responsabilidad lidiar con los problemas de alguien que apenas conocía, especialmente si ese alguien decidía empezar con insultos.

—Hablar no es insultar, Narumi. Busca a alguien más para tus crisis. Está Tobi y Akeno —su tono fue cortante, definitivo, y no dejó espacio para que él replicara antes de cortar la llamada.

Rias dejó caer el teléfono, su corazón todavía latiendo con fuerza. Se pasó una mano por el cabello, apartando los mechones sudados de su rostro y respiró profundamente, tratando de calmarse.

—Qué manera de arruinar un buen entrenamiento —susurró para sí misma, volviendo hacia la barra. Sin embargo, esta vez, el peso en su pecho era más difícil de ignorar que cualquier carga física. Aún tenía sus dudas si Narumi quería decirle algo importante sobre Koneko.




En las instalaciones de Grigori.
Narumi se encontraba totalmente inquieto, moviéndose de un lado a otro.

La atmósfera del laboratorio, cargada del zumbido monótono de las luces LED, junto con el constante ritmo de sus propios pasos sobre el suelo de granito blanco, exacerba su impaciencia. La lujosa instalación de Grigori, repleta de equipos de punta tecnológica. Cada superficie relucía bajo la luz artificial y en cada rincón había alguna pantallas flotantes que mostraban información cifrada y gráficos de datos que se deslizaban a través de los monitores.
—Esa idiota, ¿qué le pasa? —refunfuñó con los brazos cruzados. Seguía caminando de un lado a otro sin comprender por qué Rias Gremory lo había mandado al diablo y es que, para él, sus mensajes habían sido totalmente claros y nada ofensivos. Así trataba a todas las mujeres…
La angustia en el pecho de Narumi era casi insoportable. Cada segundo que pasaba repasando lo que escribió y habló con la pelirroja le traía jaquecas, no la entendía y tampoco quería comprenderla, ¿por qué hacerlo? Los mensajes que le había enviado, las llamadas que había realizado todo había sido ignorado por la princesa mimada. Caminaba de un lado a otro por el laboratorio, su respiración entrecortada, su mente dando vueltas a todas las posibilidades.
—Habla con Akeno —Tobio le sugirió, pues ella la conocía mejor que nadie.
Frente a él, el pelinegro permanecía sentado junto a la mesa de cristal, tomando un sorbo de su café con una tranquilidad que parecía inmutable y no solo en esta ocasión, sino siempre. Narumi evitaba mirarlo directamente, necesitaba concentrarse y la quietud de Tobio no hacía más que recordarle lo mucho que las cosas estaban fuera de control y lo nervioso que esta.
Finalmente detuvo sus pasos y giró hacia él, su frustración evidente en la expresión de su rostro y la línea fina en que se convirtieron sus labios.
— ¿No te preocupa nada de esto? — inquirió, su voz más fuerte de lo que había planeado desde un principio— Los mensajes, las llamadas... algo está mal. Ella no debería ignorar así a un superior, Tobio. Esto no tiene sentido.
Tobio alzó la mirada con calma y apoyó una vez más la cerámica contra sus labios para beber otro sorbo de su café antes de responder.
— Tranquilo, Narumi. Hay demasiados factores en juego. Si Rias no responde, debe tener sus razones. Las cosas no siempre funcionan de manera inmediata, ella es una mujer inteligente y sagas, va a pensar en tu llamada.
Narumi apretó los puños hasta dejar los nudillos blancos, sintiendo cómo el ansia crece con cada palabra que le dice su amigo y roommates. Esperar no era una opción para él. La idea de que estuvieran siendo observados, de que alguien pudiera estar interceptando sus mensajes o llamadas, lo carcomía. Se giró para observar el laboratorio, cada pantalla y cada máquina como un posible peligro más porque ahora mostraban estadísticas de Koneko Toujou y el incremento notable en sus capacidades físicas después de la prueba HiME y Azazel le dijo que no se preocupara.
—No es solo eso —indicó en voz baja, aun con un tono que demostraba toda la tensión que sentía y también cierta curiosidad—. Creo que nos están vigilando. Pueden estar escuchando cada cosa que hacemos con nuestros celulares y tener nuestras ubicaciones en tiempo real. ¿No lo ves? Esto no es normal.
Tobio inclinó ligeramente la cabeza, evaluando las palabras del cabellos bicolor sin mostrar ninguna señal de alarma.
—Es posible. Sabemos que estamos en el radar de cierta organización que no entendemos, Rizembool. Pero eso no cambia lo que debemos hacer ahora. Hay prioridades más urgentes que alarmar a Rias y Koneko.
Narumi respiró hondo en un intento inútil de calmarse, cosa que claramente no podía hacer; el deber de su propia paranoias y la intriga de querer saber lo que iban a enfrentar desde hoy lo llenaba por dentro.
—No podemos simplemente ignorar esto —insistió, con un tono más bajo, más para convencerse él mismo que para hablar con Tobio y seguía lleno de tensión. — Estamos en peligro. Si Rias está siendo observada, si esos mensajes están siendo rastreados, podría significar que nuestra seguridad está comprometida. No podemos seguir actuando como si nada estuviera pasando, que Toujou Koneko sea una HiME significa estar bajo ataque.
Tobio dejó su taza en la mesa, el suave tintineo del vidrio resonando en el silencio del laboratorio. Sus orbes se fijaron en los de Narumi más serios ahora.
—Lo sé, Narumi. No hay qie dejaranos que el miedo nos consuma, aparte que eso va contra la ley, hay muchas formas de enjuiciar a Rizembool, no creo que esto vaya más allá de las HiME, por lo que hay que centrarse en la seguridad de Koneko-chan y no podemos actuar basándonos en suposiciones. Necesitamos información sólida antes de movernos.
Dignas palabras de un abogado recibido y en pasantía.
Narumi asintió lentamente, reconociendo la lógica detrás de las palabras de Tobio. Sin embargo, eso no hacía que su ansiedad disminuyera; podía hablarle a Akeno, la prima de Tobio, y preguntarle que opinaba de que Rias le hubiera tratado tan fatalmente.
Ah, de pronto se dio cuenta que estaba demasiado interesado en Rias, ¿por qué?
El laboratorio estaba sumido en un silencio inquietante y más ahora que se cuestionaba el por qué estaba siendo tan insistente con Rias Gremory. Miró al otro de nuevo y después se giró para suspirar; para empezar le había dado el número a Rias, algo que jamás hacia con mujeres porque odia lo ruidosas que son y lo inútiles que son, la prueba de ello es Akeno Himejima. Odiosa, bromista y en celo por su primo segundo…

—Con Gremory vimos lo que le paso a esa enana albina, es imposible no preocuparme por ella, cuándo soy parte del proyecto de investigación de Aza —volvió a hablar de manera más tranquila—. Tienes razón, Tobi. Estoy exagerando.
Aunque el sonido chirriante de las máquinas y cada destello de las pantallas le cargaba el ambiente de tensión, el pesar en los motivos de por qué se preocupaba de la pelirroja lo hizo analizar las cosas de manera más lógica, como mencionó Tobio Ikuse. Narumi se frotó las sienes, tratando de despejar su mente.

Entonces, el sonido del teléfono hizo que ambos hombres miraran el objeto sobre la mesa de vidrio, al lado de la taza de café ya frío. Narumi se giró hacia la mesa dónde vibraba, iluminando la pantalla con un nombre que había estado esperando durante hora y media.

Rias Gremory.

El corazón de Narumi se aceleró. Por fin, después de tanto silencio, ella lo estaba llamando. Sin embargo, una parte de él no podía ignorar la sensación de que esto no iba a traer las respuestas que tanto buscaba.
Tomó el teléfono con una mano y deslizó el dedo en la pantalla para atender el llamado; su mente inundada de preguntas sobre sus sentimientos y la preocupación que sentía por ambas chicas, pero sobre todo en la pelirroja escandinava. Al contestar, apretó los dientes y se preparó para hablar.

—Mierda, ¿por qué tardaste tanto? —dijo con urgencia, sin esperar siquiera un segundo a que lo saludara.
—… —el silencio que emitió desde el lado de la línea fue como un golpe. Por un momento, creyó que la llamada se había cortado, entonces finalmente se escuchó su voz—. Narumi… —la palabra llegó finalmente, con un tono que era diferente, con aprensión y algo más relajada. No tenía el calor que oyó furiosa. Era frío o distante, diferente a cuando habla con sus amigas o Tobi— ¿Qué quieres? Explicate, en poco tendré que salir a la reserva del restaurante.

Narumi sintió un nudo en el estómago. Las palabras que había preparado en su mente se desvanecieron velozmente ante el tono que ella usaba y se trabo con la lengua.

—Gremory, yo… he estado preocupado —expresó él cabellos bicolor, con el fleco tapando los ojos, paso su mano libre por la frente para descubrirse la mirada violácea.
—¿Qué pasa?

Narumi suspiró con cierto disgusto, sin entender sus emociones; Tobi por su lado se levantó al oír que tocaban la puerta del laboratorio, el sonido fue tan suave que apenas lo escuchó.

—¿Estás molesta porque me sali de tu grupo de Whats? —exhalo aire otra vez—, no soy bueno en grupos y me molesta el ruido, trabajo bastante en el proyecto HiME con Aza y me pone de malhumor.
 
Hubo una pausa en ella. Un vacío en la conversación que era peor que cualquier respuesta. Cuando ella volvió a hablar, sus palabras fueron más amables ya siendo ella misma.
 
—Si me molestó —le contestó después de un momento—. Si lo explicas así está bien, espero verte en el restaurante con Tobi. ¿Algo más descubrste?
—Algo así, tengo información de esos dos hombres que vimos en Hanasaki y también un poco de datos nuevos de Toujou —esta vez lo espetó con seriedad—. Tengo motivos para pensar que esos hombres nos podrían vigilar.
—¿Por eso quieres verme? —del otro lado ya empezaba a sonar nerviosa—. En el restaurante podemos charlar con tranquilidad y de paso me ayudarás a explicarles a las chicas lo que estamos medios ahora.
—¿Crees que es buena idea meter a todo tu grupo en esto? —rebatió Narumi sonando desconfiado de los planes de la contraria al teléfono.
—Somos amigas de hace años, si no les digo se enojarán conmigo y Xenovia ya ha visto las habilidades de Koneko y la defendió. Entre todas cuidaremos de nuestra preciada amiga.
—… —suspiró pesadamente, que estupidez querer meter a todo su grupo en peligros que no necesitaban y todas siendo mujeres—. Suenas más como tú ahora.
—¿Eso es un halago? Qué raro de tu parte Narumi —largó una pequeña risa—, si tuviera que decirlo eres bastante tosco y tienes una lengua bastante filosa.
—No te halagué, pero gracias a ti por los tuyos —también se rió el chico.
—Te espero en la paella, te envío la ubicación por Whats. Es un lugar lindo y también irá Tobi.
—Ah, algo me comentó Tobi —bajo la vista a sus pies y luego se giró para buscar a Tobio, aunque él ya no estaba en el cuarto. Le pareció raro, pero logró escuchar también la puerta, supuso que estaría hablando con otra persona fuera del laboratorio.
—Te espero —con tono calmo Rias seguía agregando—, por cierto, soy Rias. Gremory es algo raro para una extranjera.
—Rias —dijo, probando el nombre con su voz—. Nos vemos allá, Rias.
—Bien, nos vemos.

La llamada fue cortada por la misma Rias al terminar de despedirse. Se notaba un poco más nerviosa al último.

Narumi miró la pantalla del teléfono, incrédulo. El silencio que dejó esa llamada fue extraño y ¿dulce? Ahh, estaba preocupado de haberla cagado de nuevo. Sintió cómo el miedo y la incertidumbre se apoderaban de él otra vez, necesitaba de Tobio Ikuse, aún así él no estaba ya allí.

—Las mujeres solo traen problemas— murmuró, sin apartar la mirada del teléfono y con una mano tapando la boca—. Y no sé si voy a salir de esta.
TOBIO AKENO
El laboratorio le parecía a Tobio algo inerte, frío y estéril, en verdad no le gustaba trabajar ahí en Grigori o más bien pasar tiempo de más entre la cantidad de laboratorios e investigaciones que realizaban en esas instalaciones. Las paredes blancas, impecables, reflejaban la luz de las lámparas empotradas en el techo y el leve ruido de las máquinas llenaba el ambiente con una serenidad que odiaba, en general sabía que, pese a ser horas dónde ya no debería haber nadie, cada cuarto estaba lleno de científicos y ayudantes en batas blancas.
Tobio estaba sentado junto a una mesita de vidrio transparente, sus dedos descansando con calma sobre una taza de porcelana blanca que contenía un café oscuro y humeante. Observaba el líquido, inmerso en sus pensamientos, dejando que el aroma fuerte y reconfortante lo rodeara. Un momento de paz que se extendía por siempre en él. Prefería el aroma a café que al aire cargado con la fragancia metálica de los instrumentos y el aroma extraño de los desinfectantes denso y al que aún no encontraba ningún tipo de acostumbramiento.
Sus dedos acariciaron la taza de porcelana, tibia al tacto y llevó la humeante bebida a los labios. El café amargo y reconfortante es la bebida favorita y el aroma preferido de entre todas las sensaciones que lo inundan. Observó la superficie oscura, viendo en ella reflejos borrosos de las luces LED que cuelgan sobre el techo y de sí mismo, perdido entre los pensamientos de las preocupaciones de Narumi.
Estaba convencido que Akeno, su prima segunda, iba a aceptar la propuesta hecha por la directora de Hanasaki. ¿Qué iba a hacer él? Bebió un sorbo de café algo intranquilo, ala vez que en el exterior parecía imperturbable, a diferencia de Narumi que se arrastra por el cuarto molesto y con los brazos cruzados.
“Akeno, Akeno, Akeno” era en lo unico que lograba resonar en su mente pues estaba preocupado por ella, su rostro se formaba claro y persistente. No quería que ella se metiera en algo tan peligroso por eso las facciones de ella se tornaba discordantes a la versión real o tal cual la recuerda. ¿Aceptaría ser una HiME? La pregunta, antes una mera curiosidad, se había transformado en una obsesión que lo consumía por completo dentro. Se llevó la taza de porcelana a los labios, el calor del café tibio contrastando con la gélida inquietud que le helaba el estómago. Observó la superficie oscura de la bebida, buscando en sus remolinos alguna respuesta, algún presagio que le dijera que debía hacer como primo de Akeno…
¿Tenía derecho a imponerle algo? Después de todo él no había estado en la vida de su pariente hasta adultos, el clan Himejima siempre había sido cruel con los que son expulsados de la línea principal y más si son hijos de gaijins como lo es la pelinegra… incluso corrían rumores de que Shuri, la madre de ella, había sido asesinada por alguien del clan, como si fuera un anime o película… esperaba que no fuera cierto.
En el exterior miraba a Narumi aparentando una calma imperturbable, una máscara cuidadosamente esculpida para ocultar la tormenta de sentimientos internos con los que carga; su mente, por el contrario, estaba llena de pensamientos contradictorios que pugnaban por hacerse oír. ¿Qué haría si ella accedía? ¿Y si rechazaba la propuesta? Las posibilidades se bifurcaban ante él y no podía decidir que hacer… la iba a acompañar, de eso está seguro.
Frente a la mesita de vidrio, su roommates, Narumi, a veces compañero de fatigas y confidente, se retorcía parado, la frustración marcando su rostro mientras hablaba con Rias al teléfono. Tobio conocía bien cada mueca de su amigo, había visto a Narumi así en innumerables ocasiones y hoy esa familiaridad le resultaba extraña, casi ajena, estaba fuera de sus cabales el sujeto.
Las palabras que Narumi y Rias intercambiaban le pareció ajena a las típicas cosas que el genio solía decir y de inmediato entendió que su amigo tenía un crush con la pelirroja; no lo culpaba, Rias Gremory debía ser la segunda belleza que conocía entre todas las mujeres… debajo de Akeno, claro. Akeno… volvió a pensar en ella… ¿Qué clase de futuro le esperaba a Akeno en esa institución? ¿Sería capaz de soportar la presión a la que sería sometida? Tobio conocía a su prima, sabía de su inteligencia, de su tenacidad, pero también de su fragilidad. ¿Podría enfrentarse a un Rebel? Akeno iba a estar en constantes ataques
Un escalofrío recorrió su espalda. Se sentía como un espectador impotente, condenado a presenciar un drama que no podía controlar ni inmiscuirse. La decisión de Akeno marcaría un antes y un después en sus vidas, y él, a pesar de su deseo de protegerla, se sentía incapaz de influir en su destino.  Esperaba que rechazara ser una HiME, aunque estaba convencido que aceptaría para así proteger a Koneko Toujou y no podía culpar a esa niña de lo que su prima decidiera.
Al otro lado del laboratorio, su roommates Narumi seguia hablando por teléfono con la pelirroja. Su tono era bajo pero urgente, una mezcla de inquietud y ansiedad que Tobio decidió ignorar, él debería resolver sus asuntos solos y darse cuenta de sus emociones. Había aprendido a no dejarse afectar por los estados emocionales de los demás; mantenerse alejado era una habilidad que había perfeccionado con el tiempo, especialmente en circunstancias como esta.
Mientras Narumi caminaba de un lado a otro, con el teléfono pegado a la oreja y el ceño fruncido, Tobio se llevó la taza a los labios y tomó un sorbo más. El calor del café era un contraste bienvenido con la frialdad aséptica del laboratorio y el aire acondicionado a veinte grados. Observó la mesa de vidrio, con la taza de café de Narumi ya enfriándose y aún sin ser tocada. Ahh, le dio pena porque perfectamente la hubiera tomado él.
Pronto un golpeteo firme en la puerta rompió la quietud del momento, fue suave, tímido e indeciso, solo él lo escucho o así supuso ya que Narumi no levantó la vista, aún seguia hablando por teléfono y no hizo ningún intento de moverse o mirar a la puerta. El mayor que ya había colocado su taza de nuevo en el platillo con un movimiento delicado, se levantó sin prisa y sin decir nada. Sus movimientos eran deslices sin mucha prisa, cada paso estaba perfectamente calculado. Cruzó el laboratorio, sus zapatos sin cortar la escena del otro hombre hablando con Rias, fue hacia la puerta y giró el pomo con lentitud. Le pareció extraño que alguien estuviera llamando tan tarde la puerta.
Al abrirla, lo primero que vio fue un destello de cabello negro azabache que brilla bajo las luces del pasillo. Akeno Himejima estaba allí, de pie, con una sonrisa tímida y algo nerviosa, pocas veces la había visto así y eso hizo que su corazón empezara a latir fuerte. Su cabello largo estaba recogido en una coleta alta que cae sobre su espalda siendo seda negra hermosa y delicada, y enfundando una falda larga ajustada y una camisa de hombros descubiertos; era una combinación de elegancia y descaro total, se veía adulta y refinada, el abogado tragó saliva muy fuerte, convencido de que Akeno vio como la manzana de Adam se movía de arriba abajo. Tobio sintió que el corazón le daba un vuelco, aunque su expresión permaneció tranquila y con una pequeña sonrisa.
—Hola, Tobio —saludó Akeno, su tono ligero y algo timido, ella no sabía bien por qué había venido allí. El viaje desde los departamentos de Grigori hasta los laboratorios era casi de una hora en GO.
Por un momento, Tobio no supo qué decir. Su mente, usualmente tan clara y ordenada, ahora atrapada en una maraña de emociones que prefería no analizar a profundidad. Finalmente, logró recuperar la compostura.
—Akeno —le respondió, inclinando ligeramente la cabeza a modo de saludo. Su voz era tranquila, aunque notó que su mano aún se aferraba al pomo de la puerta, estaba algo nevioso ¿y quién no lo estaría? necesitaba anclarse a algo para mantenerse firme—. No esperaba verte aquí.
Ella se encogió de hombros, con una sonrisa que bordeaba lo travieso.
—Tampoco yo esperaba venir, de pronto solo quise. Ya sabes, Tobio onii-sama, las cosas cambian, fu fu~. ¿Puedo pasar, o planeas dejarme en el pasillo toda la noche?
Ella sabía que estaba con alguien ahí, escuchó la voz de una mujer y eso la hizo sentir celosa, ya se habían besado, ya habían avanzado en su relación y se atraían mutuamente. He ahí el problema, no habían vuelto a tocar el tema una vez más.
Tobio no se hizo a un lado para permitirle entrar, su mirada no se apartó de ella ni por un momento, parecía embobado por la sacerdotisa. Había algo en la presencia de Akeno que lo desarmaba, algo que siempre lo ha dejado sintiéndose un poco más vulnerable de lo que estaba dispuesto a admitir y de lo que quería estar.
—No puedes —suspiró—, de algún modo Narumi está hablando con Rias por celular.
—¿Oh, la Buchou? —sus ojos recorrieron el cuerpo de su primo de arriba abajo, el cuerpo tan tonificado y masculino de él le encantaba—. ¿No me estás mintiendo?
Él negó con la cabeza repetidas veces y cerró la puerta detrás de él, sin dejar que Akeno observara el cuarto; si veía todas las estadísticas de Koneko en las pantallas o decidía hablar con Narumi, estaba seguro que no dudaría en ser una HiME.
—No tengo motivos para mentirte —sacudió las manos, finalmente alejándose de la puerta—. ¿Viniste por algo específico? Tu padre y Aza no están, se fueron a beber o algo así. También quieren festejar de una manera más “adulta” que Koneko se haya convertido en la primera HiME que Grigori puede estudiar.
—¿También lo festejarás? —comentó con un toque de burla, mientras daba un pequeño paso para mirarlo de frente.
—¿Es algo para festejar? —preguntó, bajando ligeramente la voz como si estuviera compartiendo un secreto consigo mismo.
—No lo sé —respondió ella, cruzando los brazos y poniendose más cerca de él, sus senos casi rozando el pecho del contrario.
Tobio sintió la presión del momento caer sobre sus hombros, pero mantuvo su compostura. El pasillo se extendía en ambas direcciones, vacío y silencioso, salvo por el eco leve de sus propias voces y los pasos ocasionales de alguien en un laboratorio lejano. Las luces del techo emitían un resplandor uniforme, proyectando sombras suaves en el suelo brillante de mármol.
—¿No lo sabes? —repitió él, retrocediendo ligeramente su cuerpo para evitar que sus cuerpos se rocen. La cercanía de Akeno lo ponía inquieto, tanto para retroceder o estaría atrapado en sus juegos de seducción.
—Quizás sí, quizás no —alegó ella con una sonrisa juguetona. Sus ojos brillaban amatistas con ese destello travieso que lo desarmaba cada vez que la veía. Dio otro pequeño paso hacia él, invadiendo su espacio personal sin reservas—. Aunque parece que tú tampoco tienes clara tu postura. ¿Te molesta que Koneko sea una HiME o… te preocupa algo más?
Tobio dejó escapar un suspiro, desviando la mirada momentáneamente hacia el final del pasillo antes de volver a fijarla en ella. Ah, realmente le gustaba mucho Akeno.
—No estoy seguro de que me guste la idea de que una niña tenga que enfrentarse a algo tan peligroso. Y tú... —se detuvo, consciente de que había empezado a decir algo que no debía.
—¿Y yo qué? —inquirió ella, arqueando una ceja mientras daba un paso aún más cerca, tan cerca que Tobio podía oler el leve perfume floral que llevaba. Su voz bajó de tono, adquiriendo una cadencia más íntima y aterciopelada—. ¿Qué pasa conmigo, Tobio onii-sama?
Él tragó saliva. Sabía que debía medir sus palabras, pero cada fibra de su ser le pedía ser honesto con ella y tomarla de la cintura… besarla.
—No quiero que te veas arrastrada por esto. No quiero que tomes una decisión solo porque crees que debes proteger a alguien más. Akeno, tú... —su voz vaciló un momento antes de continuar—. Tienes demasiado valor para mí.
El aire entre ambos pareció hacerse más pesado. Ella lo miró fijamente, su sonrisa habitual transformándose en algo más suave, más sincero y sus mejillas se tiñeron de rojo. Nunca nadie le había dicho algo tan lindo y cerró sus ojos.
—Eso suena casi como si estuvieras preocupado por mí —habló ella, su tono juguetón matizado por una nota de ternura. Levantó una mano, dejando que sus dedos rozaran suavemente el brazo de Tobio—. Es lindo, aún asi sabes que puedo cuidarme sola, ¿verdad?
—No lo dudo —respondió Tobio rápidamente. Sus ojos bajaron por un instante, siguiendo la línea de su brazo hasta sus dedos, antes de volver a mirarla a los ojos de ella, que abrió lentamente. Lo hipnotizaba tan facil—. Precisamente por eso, no significa que quiera que te pongas en peligro innecesariamente, Akeno.
Ella inclinó ligeramente la cabeza, su coleta oscura cayendo hacia un lado mientras sus labios se curvaban en una sonrisa que parecía mezclar desafío y ternura.
—¿Y qué harías si me pusiera en peligro? —cuestionó, bajando la voz hasta casi un susurro.
Tobio sintió un nudo en el estómago. Sin pensar, su mano se movió instintivamente hacia ella, rodeando su muñeca con una firmeza y la atrajo hacia él de un tirón. Su prima quedó prácticamente contra el cuerpo ajeno y lo tuvo que abrazar para sostenerse.
—No lo permitiría —con tono grave, deicido a no dejar que ella se ponga en ningún tipo d edificultad. Su mirada era intensa, fija en los ojos de Akeno—. No mientras esté cerca de ti.
En ese momento el mundo se redujp a los dos. Akeno lo miró con una mezcla de sorpresa y algo más que Tobio sabía lo que era… deseo, amor y lujuria. Todo en él la deseaba y sabía perfectamente.
—Tobip onii-sama —empezó a decir ella, su voz un poco más seria ahora. Sin embargo, no apartó su muñeca, dejando que él mantuviera el contacto.
Antes de que pudiera decir algo más, Tobio dio un paso hacia adelante, acortando aún más la distancia entre ellos. Su otra mano se movió con la misma firmeza controlada, apoyándose suavemente en la cintura de Akeno, deteniéndola antes de que pudiera retroceder.
—No me importa lo que pienses de mí después de esto —con su voz baja pero firme—, quiero que sepas que no estoy listo para dejar que te expongas a algo que pueda lastimarte. Incluso si eso significa enfrentarme a tus decisiones.
Akeno lo miró fijamente, sus ojos amatistas buscando algo en los de él. Por un momento, la sonrisa en sus labios pareció desvanecerse, reemplazada por una expresión de genuina emoción.
—¿Te estás confesando, Tobio onii-sama? —inquirió finalmente, estaba sorprendida de lo honesto y directo que estaba siendo su primo.
Tobio dudó, su mandíbula tensa mientras buscaba las palabras adecuadas. Finalmente, optó por no responder directamente, inclinándose ligeramente hacia ella, a pocos centímetros de besar los labios contrarios y lo suficiente para que sus respiraciones se mezclaran.
Akeno se quedó helada, al final él era quien siempre tomaba la delantera.
—Eres tan serio... Pero, ¿sabes? Esa es una de las cosas que más me gustan de ti.
Sus palabras fueron como un golpe directo al corazón de Tobio, quien sintió cómo el calor subía a su rostro. A pesar de ello, no retrocedió ni apartó las manos de ella. En cambio, su agarre se mantuvo firme, transmitiendo una resolución que no había sentido en mucho tiempo.
—Y tú eres la persona más peligrosa que conozco —respondió él finalmente, su voz teñida de una sinceridad que lo desarmaba tanto como lo fortalecía.
La sonrisa de Akeno volvió, esta vez más seductora. Levantó una mano y la apoyó suavemente en el pecho de Tobio, justo sobre su corazón.
—Entonces parece que estamos en el mismo problema, ¿verdad? —ella expresó, sus palabras apenas un susurro contra sus labios.
El aire en el pasillo parecía haberse detenido. Ambos primos permanecieron inmóviles por un instante casi eterno, sus miradas conectadas ambos ojos violáceos y lleno de emociones aún contradictorias al ser parientes. El mundo a su alrededor se desvaneció; no existía el laboratorio estéril detrás de ellos ni la posibilidad de ser descubiertos. Solo estaban ellos dos frente a frente y a punto de dejarse llevar por todas las emociones acumuladas estas semanas.
Cuando sus labios finalmente se encontraron, una chispa se encendió, al instante un fuego voraz que los consumía desde que se conocieron. El contacto no fue suave ni titubeante; fue urgente, desesperado, ambos deseando desesperadamente ese contacto íntimo. Tobio sintió cómo el calor de Akeno lo envolvía, su sabor inundándolo por completo mientras su mano, firme no obstante protectora y posesiva, se deslizó hacia la larga melena negra que cae como una cascada sobre la espalda de ella. Sus dedos se enredaron en su cabello sedoso, tirando ligeramente para acercarla aún más.
Akeno dejó escapar un suave gemido, apenas un susurro contra sus labios, que hizo que el corazón de Tobio latiera con más rapidez. Sus brazos se alzaron para rodear el cuello de él, presionándose contra su cuerpo quería fundirse con él. Sus labios se movieron con fervor, devorándose el uno al otro con una pasión que habían mantenido contenida durante demasiado tiempo. La forma en que Tobio la sostenía, con una mezcla de necesidad y cuidado, hacía que Akeno se sintiera al mismo tiempo deseada y protegida, su primo logró transmitir todas sus emociones a la perfección, junto a una sensación que nunca antes había experimentado con tanta intensidad en la vida Akeno.
Las manos de Tobio comenzaron a explorar con cautela, bajando desde su cabello hasta la curva de su espalda. Una de ellas se detuvo en su cintura, manteniéndola cerca, mientras la otra se apoyó ligeramente en su mejilla. Sus dedos rozaron la piel cálida y suave de Akeno, trazando un camino que envió un escalofrío a través de su cuerpo.
Por su parte, Akeno no se quedó atrás. Sus labios se entreabrieron, permitiendo que sus lenguas se encontraran en un baile íntimo y lento que pronto se tornó más apasionado. Sus alientos se mezclaron, sus respiraciones se volvieron irregulares, y sus salivas se unieron en un intercambio tan íntimo que les permitió borrar cualquier barrera que hubiera existido entre ellos hasta ese momento. Los digitos de Akeno se tocaron con suavidad el cabello oscuro del contrario, tirando de él ligeramente mientras lo guiaba más profundamente en el beso.
Cada movimiento, cada susurro de sus labios al separarse brevemente solo para volver a encontrarse con más fervor, era una declaración de algo que ambos habían intentado negar durante demasiado tiempo. Ahora se encontraban sumidos en la temporalidad del momento, pues ambos sabían que eran primos e ir más allá de eso era desafiar a todo el clan Himejima, cuándo ellos solo eran unos rechazados y negados de esa familia.
Finalmente, después de lo que parecieron horas pero que en realidad fueron solo unos minutos, ambos comenzaron a desacelerar. Sus labios se separaron lentamente, aunque ninguno de los dos se apartó del otro. Sus frentes se apoyaron juntas, sus respiraciones al compás de la otra, mientras trataban de recuperar el aliento. Tobio mantuvo su mano en la cintura de Akeno, sus dedos apenas rozando la tela de su camisa, mientras que la otra seguía descansando suavemente en su mejilla.
—Akeno... —murmuró él, su voz ronca. No sabía qué más decir, cómo expresar todo lo que sentía en ese punto.
Ella sonrió, una sonrisa dulce pero también llena de travesura y dejó que sus dedos trazaran un leve camino por su mandíbula antes de apoyarlos en su pecho.
—No tienes que decir nada, Tobio —respondió suavemente, aunque sus ojos brillaban con algo más profundo—. Yo también lo siento.
Ambos permanecieron así, inmóviles pero conectados, disfrutando de la cercanía y el calor del otro un tiempo más. El silencio cómodo entre ambos se vio interrumpido por un suave sonido metálico que resonó a sus espaldas. La manija de una puerta giró lentamente y antes de que pudieran reaccionar, esta se abrió con un chirrido que contrastó con la intimidad del momento.
De pie en el umbral, Gen Narumi se encontró con una escena que no esperaba presenciar, aunque ya sabía del tipo de relación que sus roommates mantenían. Sus ojos, apenas entrecerrados por el cansancio, se abrieron por completo al ver a Tobio y Akeno tan cerca. Las manos de ambos todavía descansaban en el otro, mientras sus frentes permanecían juntas en un gesto tan tierno que le dio arcadas.
Por un instante, Gen quedó paralizado. No era alguien que se impresionara fácilmente, pero la intimidad palpable en la escena lo dejó sin palabras. El calor subió rápidamente a sus mejillas, un rubor incómodo que se mezclaba con la molestia de sentirse intruso en algo tan personal.
Sin pronunciar palabra, Gen retrocedió un paso, su mano aun sujetando la puerta. Su mente parecía debatirse entre aclarar su presencia o simplemente desaparecer sin dejar rastro. Optó por lo segundo. Con un movimiento torpe y silencioso, cerró la puerta con un golpe suave que resonó como un eco contenido en el pasillo.
Tobio y Akeno, sobresaltados por el sonido, se finalmente, rompiendo aquel momento. Ambos giraron la cabeza hacia la puerta, sus ojos encontrándose por un instante en una mezcla de sorpresa y una pizca de nerviosismo. Éñ frunció ligeramente el ceño, mientras ella, con una expresión que oscilaba entre la diversión y la vergüenza, dejó escapar un leve suspiro.
Del otro lado de la puerta, Gen apoyó la espalda contra la pared del pasillo, llevando una mano a su rostro a la vez que murmuraba en voz baja:
—No vi nada, no vi nada —repetía para sí mismo, intentando borrar la imagen de su mente, aunque el rubor persistía en sus mejillas. No podía creer lo descarado que era su amigo para estar haciendo ese tipo de cosas en el trabajo, por eso odiaba a las mujeres también.
Por su parte, Tobio y Akeno se miraron nuevamente. Una sonrisa traviesa se dibujó en el rostro de ella, mientras Tobio sacudía ligeramente la cabeza, soltando un suspiro que parecía contener tanto alivio como resignación.
—Parece que logramos incomodar a Gen-chan —se rió Akeno, rompiendo el silencio con una voz suave y llena de humor—. ¿Dijiste que habló con Rias? ¿Por qué motivo?
Tobio no pudo evitar sonreír de lado, no podía creer lo descarada que era su prima y eso lo atraía.
—No tengo idea de cómo vamos a explicar esto —cuchicheó, su tono una mezcla de exasperación y diversión.
Ambos rieron por la situación, la tensión del momento anterior transformándose en algo más ligero.
—Narumi estaba diciendo de querer hablar con Rias de algo importante.
Antes de que él dijera algo más, Akeno infló sus mejillas en un puchero tan infantil y extraño para la personalidad madura de ella que se quedó viéndola de más.
—Rias, Rias, Rias —se cruzó de brazos y giró la cabeza hacia un costado—. Ya deja de llamarla tan informal, Tobi.
El hombre no pudo contener la risa y la abrazó nuevamente, atrayéndola a él.
—¿Celosa ittoko-san? —le habló con cierta malicia y ella como respuesta se sonrojó terriblemente.
—… —asintió, deslizando las pupilas amatistas a su casi pareja—. ¿Está mal, Tobio onii-sama?
El mencionado recordó que, aunque a veces Akeno Himejima podía ser una mujer fuerte, decidida, encantadora, maliciosa y una onee-chan que admirar, también tenía ese lado dulce y puro de una adolescente y ahora joven adulta.
—Me gusta este lado infantil tuyo —susurró, abrazándola un poco más, dejando que la cara de ella se esconda en el hueco del cuello—. Si quieres, le diré Gremory.
—Lo siento Tobi, estoy siendo injusta contigo —exhalo aire un poco nerviosa, envolviéndolo con sus brazos nuevamente—. Es algo inevitable que llames a Buchou, “Rias”.
De pronto, la puerta se volvió a abrir detrás de ellos y Narumi salió un poco, empujando a ambos chicos de allí.
—Si van a hacer ese tipo de cosas, vayan a otro lado —traía el fleco hacia atrás y en punta, por lo que su personalidad cambió a algo más decidida.
—Gen-chan, no estés celoso fu fu~ —lo miró por encima del hombro de su primo y el otro entrecruzó las cejas.
—¿Celoso del besuqueo entre primos? —con indiferencia caminó hacia una de las maquinas expendedoras de energizantes y sacó su celular para que le descontaran el monto de su cuenta bancaria—. Idiotas.
—Lo siento Narumi, las cosas pasaron así —se rió despreocupadamente el otro chico.
—Has sido intoxicado y engatusado por esa mujer —después de guardar el celular y tomar la lata con una mano, señaló a Akeno.
—¿Qué querías hablar con Buchou? —cambió de expresión por completo al hablar de su mejor amiga—. Si la vas a molestar con idioteces, ella es una persona muy ocupada.
—Sobre Toujou Koneko —bebió un trago del energizante y en ese momento, ella se abalanzó sobre él.
—¿Qué es? Necesito saber —el rostro de ella pasó de las risas a uno serio y urgente, si algo compete a Koneko, también a ella y ahí se dio cuenta que Tobio la estaba intentando protegerla, incluso evitando que ella entrara al laboratorio.
Narumi asintió y volvió a entrar al labora tío, esta vez seguido por ambos Himejimas.

XENOVIA YUTA ASIA
La joven de cabello azul corría con un ritmo acelerado a lo largo del sendero del parque. Su respiración se hacía más fuerte con el golpeteo de sus pies contra el suelo, un sonido cansado pero persistente que acompañaba a los sonidos de la naturaleza y a aquellas personas que cuchicheaban em los asientos o en el césped. Su cabello, corto y sedoso, se movía con cada zancada, reflejando la luz de la tarde intentando capturar la energía del sol. Vestía ropa deportiva sencilla, diseñada para la comodidad y la movilidad, con un ajuste que permitía libertad de movimiento sin resultar restrictivo, algo muy típico de Xenovia que siempre solía usar conjuntos ceñidos a la figura.
El parque estaba tranquilo a esa hora. El sol, ya inclinado hacia el horizonte, bañaba el lugar con tonos cálidos y calurosos aún. Las sombras de los árboles se alargaban sobre las hiervas, creando patrones bonitos en el suelo y grava. El aire tenía un aroma fresco, con un leve toque de humedad y se sentía una brisa ligera que mitigaba el calor de la tarde. Algunos pájaros cantaban desde las ramas, sus trinos entrelazándose con el sonido distante de risas infantiles y conversaciones dispersas.
La joven mantenía una postura erguida mientras corría. Sus brazos se movían más rápido a cada curva que tomaba, doblándolos en un ángulo cómodo para ella y sus piernas se impulsaban con fuerza controlada. El sudor brillaba en su frente y en su cuello, indicando el esfuerzo que estaba realizando. Aunque su expresión era serena, sus ojos mostraban una leve preocupación, estaba centrada en cada paso, cada respiración, y su mente dispersa en lo que vio en la universidad ese día: Koneko siendo atacada por un niño.
A medida que la joven avanzaba, su mente divagaba brevemente hacia el dojo al que se dirigía. Pensaba en su instructor, Michikatsu Tsugikuni y en las lecciones que la esperaban. Sabía que el entrenamiento sería exigente, como siempre, pero también era consciente de los avances que había logrado bajo su tutela. El dojo era un lugar que asociaba con disciplina y mejora personal y aunque el camino hacia la maestría era arduo, también era gratificante.
Recordó cómo ese niño había destrozado la espada de bambú con solo los pies y creado un hueco alrededor del pavimento, las manos aún resonaban y cosquilleaban por la fuerza que tuvo que soportar para que Koneko no saliera lastimada. ¿Acaso lo de HiME estaba relacionado en todo eso?
Al acercarse al final del sendero principal del parque, su ritmo empezó a desacelerarse. Los últimos rayos del sol iluminaban su figura, proyectando una sombra larga frente a ella, esta vez una llena de incertidumbre, ¿Rias y Azazel tenán algo que ver con ese ataque en la U? Su respiración se volvió agitada y no comenzaba a estabilizarse mientras reducía gradualmente la intensidad mientras iba finalizando su carrera. Sus pasos ahora eran más ligeros, pero sus pensamientos más intensos y las escenas en su mente más vividas. Al llegar a una pequeña fuente en el centro del parque, se detuvo completamente.
Llevó sus manos a las rodillas, inclinándose ligeramente hacia adelante mientras recuperaba el aliento. Una gota de sudor rodó desde su sien hasta su mejilla antes de caer al suelo. Permaneció así por un momento, permitiéndose sentir el esfuerzo en sus músculos y la satisfacción de haber completado varias millas de carrera. Después de un rato, se enderezó y se llevó una mano al cuello para secarse con una toalla que había llevado consigo en una mochila.
El dojo no estaba lejos del parque. Desde donde estaba, podía ver el comienzo del camino que llevaba a su lugar de entrenamiento. Las lámparas del parque comenzaban a encenderse, emitiendo una luz cálida que contrastaba con el azul profundo que comenzaba a dominar el cielo. Las primeras estrellas aparecían en el firmamento, anunciando la llegada de la noche.
Sacó el celular de la mochila para ver la cantidad de pasos que había hecho y después de comprobar, se fue a los mensajes y el primer remitente era Kiba Yuto, su rival y mejor amigo, habían entrenado juntos ek Kuoh Academy y también en competiciones dobles ambos habían estado codo a codo, como los KNIGHTS de Rias Gremory que son.
“Xenovia, ¿cómo has estado?”
Le escribió y le adjunto la foto de la estatua del Arcángel Miguel, eso le arrancó una sonrisa a Xenovia; Kiba se había ido al Vaticano por asuntos familiares hacía dos años y desde entonces pocas veces intercambiaron mensajes. Le pareció perfecto a ella, pues así iba a entrear muy duramente para ser más fuerte que ese rubio con aires de princeso.
“Muy romántico, bro” le contestó la peliazul.
Cuando iba a guardar el celular en la mochila, sonó con el timbre característico de llamada y rápidamente vio que era Kiba, apretó el botón de los auriculares inalámbricos para atender y guardó finalmente el objeto.
—¿Hey? —lo saludó, caminando hacia el dojo.
—Xenovia, quería escucharte —desde el otro lado habló rápidamente—. ¿Cómo estás?
—Bien, bien —su voz aún sonaba agitada—. ¿Has estado entrenando todo este tiempo?
—… —hizo una pausa él, para oír la voz de su amiga—. Al igual que tú. Tu voz se oye anormal, ¿has estado corriendo?
Ella se detuvo y levantó la vista a una de las farolas recién encendidas que iluminaban la calle de finales de verano. Algunas personas ya empezaban a ponerse abrigos y otros aprovechando el momento para abrazarse.
—Lo hice, recién termino —cerró los ojos oyendo la voz de él, quien llegó a tiempo para tranquilizarla.
—Suenas preocupada, ¿pasa algo? —del otro lado el tono de Kiba se escuchaba sereno y preocupado, una extraña combinación.
Ella dejó que una sonrisa se posara entre sus mejillas, era increíble como la conocía tan bien.
—Sí —contestó escueta, aún caminando por las calles de Tokio—, de hecho sucedió algo importante con Koneko. ¿Buchou ya te lo contó, Kiba?
—Ahh —suspiró sin mostrar nerviosismo—. Algo así, también me comentó que fuiste atacada.
—A mí no fue —sonó más firme y preocupada al mismo tiempo—. Ese niño casi lastima a Koneko y mis manos…
Xenovia bajó la mirada a sus extremidades. Los dedos estaban algo hinchados y con manchas moradas que empezaban a volverse más visibles. Sentía un entumecimiento extraño, como si sus manos no le pertenecieran del todo, mezclado con un dolor extraño que aumentaba si intentaba moverlos. Cerró la mano lentamente, pero no llegó a cerrarla del todo antes de detenerse; cada articulación parecía resistirse, en una protesta por el esfuerzo que hizo para evitar que Koneko resultara herida.
Sus pies no estaban mejor. La piel estaba enrojecida, con pequeñas marcas donde las astillas de la madera rota habían dejado su rastro. Aún podía sentir el impacto del salto, la presión que había soportado al caer con toda su fuerza para detener los pies desnudos del chico que amenazaba a su amiga. Había sido un acto impulsivo, casi instintivo, pero verlo rendirse había valido la pena, incluso si ahora le costaba moverse.
—Tengo un poco de miedo —masculló sin mucha emoción, que ella tuviera miedo era casi irreal—. Miedo por Koneko y Buchou.
Kiba se lamentó del otro lado del teléfono por estar tan lejos y no poder ayudarla.
—Eres fuerte, estoy seguro que podrás hacer algo —pronunció intentando darle ánimos, lo único que podía hacer por ella en ese instante.
—… —otro silencio largado por la peliazul—. Es fácil decirlo desde otra parte del planeta.
—Tienes razón —calmo le contestó, hasta en una situación así Kiba no perdía los estribos—. Si me lo pides, regresaré a Tokio, a tu lado.
—Eso es —antes que respondiera, vio los cabellos largos y dorados de Asia Argento mientras veía el escaparate de una tienda de ropas—. Lo siento bro, voy a molestar a Asia.
Le cortó la llamada, huyendo de los sentimientos egoístas que tenía. Quería decirle a Kiba que regresara, no solo por los acontecimientos de estos últimos días, sino por algo más profundo que aún no está dispuesta a revelar.
—¡Asia! —agitó una mano para llamar la atención de la rubia que seguía con sus pípilas verdes atrapadas en un lindo vestido blanco.
—¿Xenovia-chan? —se giró al escuchar como gesticulaban su nombre y le sonrió, aunque realmente no se lleva tan bien con Xenovia por pervertida. Aunque como italianas, ambas compartían una conexión única.
—Ese vestido te quedará hermoso, ¿por qué no entramos? —la animó viendo que se había perdido en la boutique de una tienda—, aparte en dos horas tenemos la reserva de Buchou, será un bonito atuendo.
—¿Qué? No, no —negó con la cabeza—. No necesito algo tan caro.
Bajo la vista al suelo, en general ella buscaba una vida austera dónde la palabra de Dios guie su camino. Su aspiración era consagrar su vida a Dios y unirse a una orden religiosa de manera formal y no como catequista ad honorem.
—¿Ehhh? —le sonrió con una expresión divertida—. Qué lástima, es un vestido que podrás usar en varias ocasiones.
Asia empezó a mover los dedos de manera nerviosa, llevando de
« Last Edit: January 03, 2025, 08:11:47 PM by Miyu »


✦ ✦ ✦ ✦ ✦                                           



Puri

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1031: December 31, 2024, 07:58:43 PM »
@Sayi





Sayi no entendía a ciencia cierta qué era lo que sucedía.

En un momento tenía en frente a Suiseiseki con un machete. En cuestión de segundos, ésta la empujaba adentro de la tienda de novias diciéndole que ‘todo bajo control~desu’ y ‘prepárate para atender bien a la doris~desu, que la suegra shall not pass~desu’. Y un minuto más tarde, entraba Deidara con gafas oscuras y la capucha de una hoodie negra tapándole el cabello rojo.

Detrás de ella, en la calle, se escuchaban gritos.

Antes que pudieran cruzar palabra, la encargada de la tienda las recibió y las llevó hacia la parte de la tienda donde les atenderían. Después de confirmar que sólo ellas verían el tema y que no esperaban a nadie más, la joven se apresuró en darles dos copas y servirles champaña. Les dijo que en breves momentos volvería junto a la modista, quien se encontraba terminando de arreglar la selección que les mostraría hoy.

Las dos se quedaron solas y Sayi sentía que pronto se le iba a bajar la presión.

“No puedo creérmelo,” fue lo primero que le dijo Deidara apenas se quitó las gafas. “Lo que he visto afuera con el machete. No me lo creo.”

“Dori, yo—” Sayi estaba al borde del llanto, lista para renunciar y ofrecerle mil disculpas de todo corazón, pero fue interrumpida rápidamente por su amiga de antaño.

“Qué servicio para más eficiente.” Sayi se quedó toda ?!!??!? pero Deidara no lo notó, ya que siguió hablando. “Si te soy sincera, por muy amigas que seamos no me había convencido en un inicio la idea de contratar a alguien para que me ayudara con la boda. No fue hasta que mi suegra empezó a meterse de más que decidí que lo mejor sería llamarte y así descansar de que la señora esté jodiendo todo el santo día. Pero lo del tema del vestido era algo que no sabía cómo hacer para quitármela de encima y vosotras lo habéis logrado a la perfección. Sóis unas genias.” El brillo que tenía en los ojos era algo que Sayi no había visto en su amiga desde aquel día en que le mostró con las manos qué tan grande la tenía Zoro.

“Sí,” sólo atinó a responder. “Eso. Ajá. Tal como nos pediste.”

“No había visto a Suiseiseki en tu página de instagram, pero madre mía. Qué gran socia que tienes.” El tic en el ojo de Sayi empezó a temblar más de lo que ya estaba temblando desde aquel fatídico día en el café. A lo lejos, se escuchaba el sonido de la sirena de un carro de policía acercarse. “Pero ya, aprovechemos el tiempo que nos queda para ver lo del vestido de una vez.”

“Es cierto,” Sayi salió de su ensimismamiento y volvió a su modo business. “Había visto tu moodboard de pinterest y llamé con antelación para separar unos cuantos vestidos que iban acorde a tu tema y los colores, pero… Mencionaste algo de un tatuaje en la llamada, ¿no?”

Con la mera mención del tatuaje, los colores desaparecieron del rostro de Deidara. Había una palidez en ella casi antinatural, como si presintiera que un rebel fuera a aparecerse ahí mismo listo para el ataque.

“Está bien si no quieres mostrármelo, sólo tienes que decirme en qué parte—”

Pero antes que pudiera seguir, Deidara se había sacado su hoodie y comenzaba a desabrocharse los primeros botones de su blusa. Con un gran sonrojo, murmuró:

“No puedes decírselo a nadie.”

En Bold Times New Roman Font 72, encima de las tetas de Deidara iba escrito:

PROPIEDAD DE ZORO RORONOA

Forget all the shooting stars and all the silver moons
We've been making shades of purple out of red and blue


Sayi

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1032: December 31, 2024, 09:05:39 PM »
Yoruichi miró el reloj y apretó los labios en una fina línea. Al planear el reencuentro con su exalumna HiME, jamás imaginó que terminaría con dos HiMEs tiradas en el suelo, inmersas en un trance, justo en el centro de su sala.

Sayi había respondido a su invitación muy emocionada, pues no había tenido chance de verla desde que Yoruichi había regresado en el break de su maestría. La pelirroja había estado lidiando con sus propias dificultades tras el brutal asedio de su nuevo Rebel, y ahora que se encontraba más recuperada las estrellas se habían alineado para poder, finalmente, ponerse al tanto con sus respectivas vidas.

La última vez que Yoruichi había visto a Sayi había sido mucho antes del último llamado de Miranda a luchar contra los Rebels. En ese entonces, la pelirrosa se encontraba ocupada con sus estudios en la facultad de arte, y algo preocupada por la distancia en su relación con Taikoubou, con su ex-Key viviendo en Beijing…

Y ella… pues se encontraba lidiando con la incertidumbre de su nueva vida en Sudáfrica.

Sin duda alguna, como cambiaban las cosas con el tiempo.

Sus ojos se movieron hacia la segunda persona tirada en el piso. Una ex-HiME, así como ella, quien no había conocido muy bien en el conflicto hace tres años, pero sentía que se encontraba en pleno curso intensivo de semejante personaje.

Cuando abrió la puerta para recibir a su amiga, a su lado se encontraba una castaña que se introdujo como Suiseiseki X, estudiante de Antropología, amiga cercana de Sayi y así como ella, HiME actual. Le había parecido una muchacha interesante, de gustos curiosos, y mucho carisma… y la razón por la que se encontraba en su puerta ese día era porque tenía mucho interés en aprender sobre su experiencia en Sudáfrica.

Y había traído pisco iqueño como ofrenda por colarse en su reunión con Sayi.

La tarde había sido bastante amena, pero tomó un curso irrepentino cuando Yoruichi mencionó ciertas hierbas de cualidad exótica que había traído de Ciudad del Cabo.

“¿¡DURBAN POISON~DESU!? ¡HE ESCUCHADO MARAVILLAS DE ESOS TRIPS ~DESU!”

Y tras insistirle e insistirle a Sayi que la acompañara con un enrolladito, en cuestión de media hora habían llegado a la situación actual: Suiseiseki X y Sayi, disfrutando de semejante trip que si no mal recordaba, tardarían al menos un par de horas más de bajar.

Yoruichi, por su lado, había optado por tomar la oportunidad y ponerse al día con House of the Dragon. Después de todo, alguien tenía que quedarse fuera de la influencia para poder ofrecer ayuda, si es que la necesitaban.



“No… dejen entrar a la… vieja…~desu”

”Dori… Times New Roman… que verguenza...”

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
Oh, dream maker, you heart breaker
Wherever you're goin', I'm goin' your way


Cho


Hello gals <3

Para cualquier duda y/o consulta las invito a postear en el foro de planeación.

Sin más preámbulos~

*top 4*

*conteo*

Sayi :: 447 palabras
Nite :: 0 palabras
Cho :: 5307 palabras
Kana :: 0 palabras
Eureka :: 0 palabras
Puri :: 598 palabras
Mimi Tachikawa :: 2221 palabras
Mery :: 0 palabras
Apple :: 0 palabras
Miyu :: 4783 palabras


Now, let's carry on with those big HiME dreams...


Cho

Me hacen falta algunos icons, pero no tengo mucho tiempo, así que editaré en algún momento. Ya, soy libre~ *se cae* (?)

115.6.



“Estos postres están muy ricos, Ichi-nii,” Shinano degustaba de un flan que traía consigo. “¿Seguro que no quieres uno?”
“Te lo agradezco, pero no tengo mucha hambre, Shinano,” el mayor le sonrió amablemente mientras continuaba su camino acompañado del susodicho, además de Hakata, Hirano y Maeda.

Los hermanos habían estado distraídos un buen rato, en un inicio habiendo acompañado a los Sanjou para luego recorrer el espacioso ambiente y saludar a quienes se toparon en su camino. Como Ichigo era reconocido en Rizembool por su gran popularidad, ello significó que el peliceleste terminó por saludar a varias chicas que lo conocían e incluso a compañeros de clase con quienes había congeniado bien. Una vez se pudo abrir camino y atender a quienes habían esperado dialogar con él, decidió llevar a sus hermanitos a un paseo culinario por ese ambiente, y ello le llevó a reencontrarse con Hakata, quien se les sumó.

“He visto a algunas personas pasar con lo que parecen ser infusiones,” observó Hirano. “Me pregunto dónde las servirán.”
“Ciertamente la usual selección de té en reuniones como esta es limitada,” Maeda se puso a pensar, y pasó a animarse. “Así que espero que demos con alguna interesante mezcla que nosotros podamos recrear en casa.”
“Heh, bien pensado, si bien no soy un entusiasta del té como ustedes, también me interesa mucho más que los postres,” Hakata asintió y dio su visto bueno. “Pero por ahí he visto a una persona cargar takoyakis, así que pido que también los busquemos.”
“Haha, estoy seguro que daremos con todo, y de no quedarse satisfechos, podemos salir a pasear después de clases algún día. Me aseguraré de brindarles lo que gusten,” comentó el primogénito, con una alegre sonrisa. Se encontraba en medio de una actividad de la universidad, entre muchas otras que debía atender, y a la vez en una reunión formal, algo no ajeno a su persona al tratarse del mayor de su familia. Sin embargo, en medio de sus quehaceres y de presentarse impecablemente, el simple hecho que en esa ocasión tenía el privilegio de estar acompañado de algunos de sus hermanitos le llenaba de dicha. Cada uno de ellos era sumamente adorable en su punto de vista.
“Sé que todos saldremos más que contentos de aquí, pero nunca podría negarme a una salida entre todos después de clases, Ichi-nii,” le comunicó Shinano. “Y tú déjame a mí arrastrar a Gotou. Sé que él no es un estudiante, pero igual podría haber venido si quería.”
“Gotou-nii sí tenía cosas que hacer esta noche, no es que se haya resistido,” observó Hakata. “Pero ya me prometió que vendrá a vernos en medio de las actividades de los próximos días, así que no me preocuparía.”
“Ah, eso es alentador, me alegra mucho,” Maeda juntó sus palmas y sus ojos brillaron. “Me aseguraré de esforzarme más en estos días si es que Gotou-niisan y nuestros hermanos van a estar al pendiente de nosotros.”
“Hehe, me siento igual de motivado, tengo que probarme ante todos,” Hirano asintió gustosamente.
“Admiro sus deseos, pero no se olviden de divertirse y de recordar de mantener el espíritu de confraternidad por encima de todo,” les recordó el mayor, amablemente. “Es aquel el motivo de esta colaboración entre nuestras instituciones.”
“¡Sí~!” canturreó Shinano.
“Por supuesto que no lo olvidaré, Ichi-nii, pero no sería yo si no me propongo a sobresalir entre los demás,” afirmó Hakata, con una sonrisa autosuficiente. “Hehe, sólo porque soy un pequeño no significa que los otros universitarios pueden menospreciarme.”
“Creo que cualquiera de tus compañeros de clase de inmediato reconocería tu habilidad, Hakata,” observó Ichigo. Entonces, él notó que su prodigio hermanito pareció ser llamado la atención por algo cercano. “¿Sucede algo?”
“Espera, ese chico de ahí…” el rubio alzó una ceja. Maeda y Hirano intercambiaron miradas.
“Eh, vamos a ver,” sugirió Shinano, y todos terminaron acercándose un poco.

Lo que había llamado la atención al pequeño rubio era un par de estudiantes de universidad, quienes ocupaban uno de los muchos kioscos en ese evento. El chico más elocuente tenía cabellos grises ensortijados y ojos del mismo color. Este anfitrión se expresaba con gran carisma y una segura aunque humilde atención a su público estudiantil. Mientras tanto, había otro joven bastante alto quien le respaldaba como un cordial ayudante de pocas palabras. Este segundo poseía unos cabellos lacios verdes además de un mechón negro por un costado de sus cabellos.

“¡Vengan todos, si tienen alguna duda sobre sus rendimientos en los venideros exámenes, tenemos para ofrecerles una guía de estudio que les asegurará resultados en el tercio superior!” comenzó el peliplateado. “Ofrecemos guías para las clases más populares de primer año, y también algunas materias especializadas como excepciones.”
“Buena elección, con estas tres guías usted va a lograr un resultado fortuito,” dijo el otro a un nuevo cliente, quien finalmente se había decidido por la compra de la noche. El ayudante muy amablemente procedió a empacar las guías en una bolsa de papel. Permítame calcularle el total.”

“¿Venden guías para clases aquí?” preguntó Maeda, sorprendido.
“Nuestros profesores en las clases nos alientan a estudiar juntos y a pedir ayuda cuando tenemos problemas con las materias, pero comercializar esta ayuda de estudiante a estudiante es un poco… extraño, por decir poco,” Hirano alzó una ceja, escéptico.
“Debo decir que no es algo que yo haya evidenciado personalmente antes,” admitió Ichigo, tan tranquilo y ameno como siempre. Él dio una simple vista a algunos afiches a los lados del kiosco. “Por lo poco que pudo ver, sí dan ejemplos claros y de importancia para las clases básicas, por lo cual me da la impresión de ser legítimo.”
“Hehe, si ellos son tan buenos estudiantes no podemos recriminarles de que vean alguna especie de provecho a su habilidad, supongo,” Shinano rió un poco.
“Suena a algo caprichoso que tú harías, Shinano,” le recriminó Hakata, negando frustrado.
“¡¿E-eh?! ¡¿Qué dije?!” el pelirrojo se espantó.
“Entiendo lo que dices, pero pienso que precisamente comercializar este tipo de información por este medio y de parte de un estudiante empuja mucho las reglas sobre lo que deberíamos tener permitido hacer,” Hakata llevó una mano a su mentón. “Hmm… aunque a su vez, ese peliplateado… no es que lo conozca personalmente, pero sí tiene fama en el área de economía. Es uno de los mejores estudiantes de esa especialidad.”
“¿Hablas en serio?” Maeda se sorprendió.
“Ahora que lo mencionas, es posible que lo haya visto antes…” Ichigo se sorprendió un poco. No tuvo que llegar a hacer memoria, ya que aquel a quien observaban finalmente se libró de otro cliente y estuvo libre como para dirigirles la atención.
“Ah, no hubiera esperado que daría con el mismísimo Ichigo Hitofuri en persona,” dijo con una sonrisa calculadora e intrigada. Entonces, regresó a su semblante atento y amable. “Ah, pero por supuesto, si usted ha venido interesado en mis servicios, con mucho gusto le ayudaré en lo posible. Presumo que alguien de su éxito y brillante historial académico no necesita de una de mis guías personalmente. ¿Será que ha venido a preguntar en lugar a uno de sus hermanos?”
“Oh, mis disculpas, me quedé anonadado por su gran dedicación laboral y excelente material que he cometido una falta en mirarlo y quitarle tiempo de su labor,” Ichigo asintió con una apenada sonrisa. “Y también siento mucho preguntarlo, pero, ¿habremos tratado previamente?”
“Ah, no, por supuesto que llegaría a esa conclusión por mis palabras, pero ahora seré yo quien verdaderamente se ha atrevido indebidamente,” ese peliplateado sonrió gratamente. “Temo decir que no te tenido el placer de dialogar con usted hasta el presente, pero su popularidad y previos resultados de semestres anteriores preceden su aparición ante mi persona. Por supuesto, siendo alguien quien todavía debe armarse de su reputación, no me quedaré más en las sombras,” se apuntó a sí mismo con una palma sobre su pecho y adoptó certeza en su expresión. “Mi nombre es Azul Ashengrotto y soy un estudiante de la facultad de economía en la universidad de Rizembool. Además de ello, soy el gerente de un popular lounge en nuestra universidad y con frecuencia presto mis servicios para actividades variadas semejantes a la presente.”
“Oh, definitivamente es impresionante,” Hirano se mostró sorprendido.
“Aprecio mucho su reacción, joven Toushirou, el reconocimiento es sin lugar a dudas alentador,” celebró el mayor, nuevamente mostrándose entusiasta, a gusto con su público y dichosamente humilde. “Presumo que los hermanos de una persona como Ichigo Hitofuri serán igual de trabajadores que él.”
“Hehe, agradezco la fe, pero debo reconocer que me encuentro todavía en los primeros pasos y tengo mucho que aprender,” dijo Maeda, quien de todos modos se vio a gusto.
“Tampoco podría compararme a Ichi-nii, pero hago todo lo que puedo,” Shinano asintió.

En eso, el peliverde despachó a la última persona y también se acercó a los hermanos.

“¿Oh? Azul, ¿será que has encontrado a nuevos clientes?” preguntó aquel peliverde con una corta y suave sonrisa, y unos gestos recatados y sutiles que le daban la apariencia de ser un mayordomo. Este hizo una pronunciada venia. “Les doy la bienvenida a nuestro puesto de ayuda académica. Mi nombre es Jade Leech y estoy para servirles.”
“Es un placer, yo soy Ichigo Hitofuri,” el peliceleste asintió respetuosamente y sonrió un poco. “Siento decirle que apenas hemos entablado una conversación. Nos impresiona su puesto, aunque no necesitamos de las guías en el presente.”
“Pero descuide, ya que este simple diálogo ha sido más que iluminador. Confirmo que la reputación que posee es merecida,” Azul asintió. Entonces, él pasó a mirar a Hakata, quien a diferencia de los demás, parecía un tanto retraído a unirse al diálogo. “Ahora que lo pienso, me da la impresión de haberte visto entre varios otros estudiantes en mi facultad. Para llegar a donde estás ahora sin duda has demostrado ser un genio.”
“Pues, gracias por el reconocimiento, pero usted también podría conocerse como un genio. No es que mi caso sea único.”
“¿Eh?” Shinano ladeó su cabeza y se puso a pensar.
“No necesita que sea único o no, puesto a que no considero la genialidad de personas como una competencia, pero a la vez es este ímpetu de tomarse todo como una carrera lo que impulsa a los jóvenes hacia delante,” concluyó Azul, con una sonrisa neutral. “Aunque por supuesto, si encuentras algún instante de complicaciones académicas en tu trayecto, espero que recuerdes que mis guías estudiantiles están a la orden.”
“Heh, no gracias,” Hakata sonrió seguro de sí mismo y con sus lentes brillantes. “Que las guías sean para los débiles. Yo pudo sacarme la nota perfecta sin ningún tipo de ayuda así que nunca seré cliente de ustedes.”
“Fufu, me gusta tu espíritu,” comentó Jade, con una mano en su mentón y una sonrisa intrigada. Él pasó a dedicarle a Hakata un ameno semblante. “Nosotros podemos dedicarnos a ayudar a quienes necesiten apoyo académico, pero de igual manera celebramos a quienes se deslumbran sin la necesidad de otros. Me queda alentarte a distancia, pequeño estudiante.”
“Pareciera que hay algunas personas leyendo su puesto, creo que lo mejor es que nos retiremos por ahora,” observó Ichigo. Este hizo una leve venia con una mano en el pecho. “Les agradezco sus atenciones con mis hermanos. Es hora de irnos. Con su permiso.”
“No, el gusto ha sido todo mío, que pasen una excelente noche entre todos,” se despidió Azul, quien asintió y les vio marcharse, para de una vez dirigirse a los siguientes estudiantes que leían sus ejemplos de la guía del mismo kiosco.

No llegaron a caminar mucho más cuando los Toushirou más pequeños dieron con el tan buscado puesto de tés, y ellos se adelantaron con ansias seguidos del primogénito.

“Finalmente dimos con algo que querías Hakata, hay que apurarnos o más personas llegarán entre Ichi-nii y nosotros,” observó Shinano.
“Hmm…” Hakata se encontraba pensando muy duramente.
“Oye, ¿sucede algo?”
“Oh, nada, pues…” se tardó un poco en contestar por procesar lo que el pelirrojo acababa de decirle. “Eh, Hirano y Maeda son los más entusiastas con los tés, así que no me compararía con sus energías.”
“Hakata, no parecías verte muy a gusto con ese par con quienes hablábamos,” observó Shinano, confundido. “¿Acaso has tenido algún problema con él antes?”
“No realmente…” lo pensó un poco más y frunció el ceño. “Sólo que no me fío de su actitud. O sea, yo también entiendo la idea que un hombre de negocios necesita actuar bien con sus clientes y acomodarles, pero ese peliplateado era demasiado cordial, hasta cuando fue claro que no necesitábamos de su ayuda,” se cruzó de brazos. “Casi suena a que esa persona quería alguna especie de beneficio de Ichi-nii…”
“Pues, si lo pones así,” Shinano alzó su mirada y lo divagó un poco. Terminó por sonreír despreocupado. “No creo que haya problema. Ichi-nii es alguien brillante y de nuestra familia, así que no dudo que ya se haya encontrado con un manojo de gente interesada, y nuestro hermano definitivamente sabría cómo lidiar con eso.”
“Es verdad, no lo había visto así,” sin duda había sido lo que el pequeño rubio había querido oír. “Entonces no tengo que preocuparme por nada aquí.”
“Sí, por supuesto,” Shinano asintió un par de veces, convencido.
“Y definitivamente no puedo intimidarme por ninguno de mis senpai y la forma en que hacen negocios. Heh, gracias por el aliento para variar, Shinano.”
“¿Por qué para variar?” el pelirrojo hizo un puchero. Su hermanito continuaba igualmente de honesto y severo de siempre.





“…sus reputaciones son buenas introducciones, de eso no hay duda,” comentó Jade en lo que organizaba las guías luego de una venta fallida. “Ver a un pequeño aunque variado ejemplar de aquella familia deambular tan distraídamente, aunque ciertamente de manera tan espontánea.”
“Una observación que cualquiera podría hacer. Tienes algo que decir al respecto, ¿Jade?” preguntó Azul. Ya sin gente al pendiente de ellos, el carismático chico de cabellos plateados poseía un rostro neutral y práctico.
“En lo absoluto, sólo pienso que se veían adorables,” confesó el peliverde, con una humilde sonrisa. Él pareció encontrarlo gracioso. “Quizás sea un caso diferente, pero me pregunto el tipo de reacciones que Floyd y yo generamos cuando nos presentamos juntos. Puede que a veces resultemos adorables.”
“Creo que oírte decir a ti que algo es adorable le quita todo el potencial que pudo haber tenido,” dio un torturado suspiro, y pasó a fruncir el ceño. “Y verlos a ustedes dos definitivamente me quita energías. Ello suele significar que algo a lo cual debo prestar atención está ocurriendo.”
“Suena a que dudas de mis anhelos y el simple deseo de ser una imagen agradable para otros, me apena tremendamente,” admitió con un rostro rendido y solemne, y pasó a sonreír nuevamente con intriga y travesura. “Sólo puedo imaginarme por qué tendrías esa acción tan visceral ante mi persona, Azul.”
“Obviando tu desatinada diversión, ¿hay noticias de Floyd?” preguntó el peliplateado, decidiendo cambiar el tema completamente.
“Él partió para recoger más copias de las guías de matemáticas cuyas demandas hacen que casi se nos acaben, y salvo ese hecho, no sé nada en lo absoluto,” Jade negó. “Basado en esa información, podríamos verle regresar diligentemente en unos minutos, o si no recién lo veremos mañana en medio de las actividades y sin rastros de la tarea con la cual nos dejó detrás.”
“Realmente nos vendría bien su actitud con estos jóvenes impresionables, pero al quejarse tanto de esta gala, no me sorprende que haya aprovechado la primera excusa para irse,” dijo Azul, dando un suspiro.
“Aunque me pregunto cómo una persona como Ichigo Hitofuri se llevaría con mi hermano. No tienen atributos en común.”
“¿Quién sabe?” se encogió de hombros. “Seguramente habrá algún Toushirou desenfrenado que remotamente se le parezca, no que me importe.”
“¿Y qué buscarías de una familia como aquella para darles tanta atención, Azul?” cuestionó Jade, con una genuina curiosidad. “No los veo como obvios colaboradores o aliados de negocios.”
“Lo observarías bien, Jade, y tienes toda la razón,” Azul asintió. “Los negocios de dicha familia y su manera de entablar relaciones no me interesan precisamente. No obstante, es esa reputación a la cual rindo valor, puesto a que estar en buenos términos con alguien con tantos recursos como él podría facilitarme a un futuro contacto que sea más a mi medida.”
“Es decir, estás en la búsqueda de la posibilidad de un contacto diferido, lo comprendo,” comentó Jade, entretenido.
“Además, considerando justamente ese apellido, nunca está de más reconocer a gente con importancia para nuestra institución. Ichigo Hitofuri no será quien gane los galardones de la guerra,” Azul sonrió con ironía. “Pero su hermano menor seguramente apreciará cada buen trato dirigido a sus semejantes, ¿no es así?”





Luego de que la pequeña HiME se esfumara, Ayesha era acompañada por los demás en búsqueda de ella. Por sugerencia de Tsurumaru, el grupo se dirigió primero hacia la zona donde se encontraban los Sanjou, quienes posiblemente tendrían una idea de su paradero.

Al llegar a una zona de mesas con taburetes altos adjunta a un gran bar de elegante apariencia, todos vieron a otro pequeño pelicenizo quien saltó para correr y recibirles con grandes energías.

“¡Oh! ¡Buenas noches, qué sorpresa verles!” exclamó Imanotsurugi, con grandes ánimos. Este hizo una reverencia. “¡Pienso que te ves muy linda con ese atuendo, Ayesha-dono! ¡Ohh, incluso las dos están aquí, Yukko-dono, Mai-dono! Hehe, y me alegro mucho de que nos veamos, Hotarumaru~”
“Oh, eh, muchas gracias,” Ayesha sonrió con torpeza y algo incómoda. Ella había pensado que quizás aquel energético amigo de su hermanita había sido el responsable de su desaparición, pero incluso el pequeño parecía más sumergido en la gala que ella misma por sus elegantes y tradicionales ropas.
“Lo mismo digo, Imanotsurugi, no siempre nos llegamos a ver,” el otro pelicenizo sonrió un poco.
“Ehh, hehe, me sorprende que me recuerdes…” dijo Yukko, sonriendo con torpeza. Aquel improvisado viaje de verano casi se le había escapado de la cabeza.
“…” Mai asintió y levantó su palma en señal de saludo.
“Haha, ¿y a mí no me saludas?” Tsurumaru se rió.
“Pero si nos habremos visto hace menos de media hora, Tsurumaru-san,” Imanotsurugi ladeó su cabeza, y pasó a sonreír traviesamente, para entonces dar un salto y terminar parado en los hombros del peliblanco.
“¡O-oye!” sin duda eso terminó por sorprenderle. Vio al pequeño terminar por sentarse sobre él.
“¡Pero si lo que quieres son atenciones, con mucho gusto jugaré contigo~!” canturreó feliz.

Entonces, el grupo notó que un pelinaranja muy alto y fornido se apresuró hacia ellos.

“Imanotsurugi, por favor no le causes problemas, recuerda que estamos en un evento formal,” pidió Iwatooshi, listo para quitarlo de encima del otro.
“¡Haha, admito que me sorprendió, pero no te preocupes!” Tsurumaru rió con ganas y agarró las piernas de Imanotsurugi a manera de asegurar a un infante. “Me dan ganas de jugar a ser un caballito contigo.”
“¡Yay~ hay que hacerlo!” el niño festejó.
“…” Mai alzó una ceja. “Sí, él definitivamente era un sospechoso.”
“P-pero vemos que es inocente. Nio no está aquí,” Yukko sonrió incómoda. Tenía sentido que alguien tan energético como Imanotsurugi sería amigo de la intrépida HiME.
“Oh, pero no puedo distraerme, veo que vienen acompañados,” Imanotsurugi terminó por impulsarse de Tsurumaru, hacer una vuelta mortal en el aire, y aterrizar para hacer otra reverencia al único que no conocía previamente. “¡Mucho gusto! Mi nombre es Imanotsurugi. Veo que eres amigo de Tsurumaru-san, y sus amigos son mis amigos también~”
“¡Haha, puedo decir lo mismo, yo soy Iwatooshi!” el imponente pelinaranja rió despreocupado y se apuntó a sí mismo. Este también se notaba bien vestido, aunque su voz rebosante y gestos desenvueltos (además de su gran tamaño) desentonaban con su atuendo.
“No es que realmente sea mi amigo, pero claro, este Rebel pasa tiempo con mis kouhais así que en cierta forma viene en son de paz,” Tsurumaru se encogió de hombros con leve gracia.
“Eh, mi nombre es Nagito Komaeda, agradezco el ceremonioso saludo, aunque dudo ser merecedor de él,” este sonrió en aprietos. “Es igualmente un gusto conocerlos a ambos, pero no pretendo distraerles. Altugle-san ha venido por un motivo sumamente importante, así que espero que la puedan atender cuanto antes.”
“¿Hm? ¿Cómo así?” Imanotsurugi parpadeó perplejo.
“Eh, sí, muchas gracias, Nagito, y gracias a todos los que me rodean,” la torturada rubia asintió en lo que se mantuvo acongojada. “Mi Nio se ha separado de mí y no sé dónde está, necesito encontrarla antes que haga algo imprudente.”
“Venimos porque ustedes la conocen bien, y quizás ha pasado por aquí,” dijo Hotarumaru.
“Pues no, no la hemos visto en toda la noche,” Iwatooshi se puso a pensar. “Pero si dicen que temen que se meta en problemas, ¿acaso algo ha sucedido?”
“Ella quería pasar más tiempo con sus amigas HiMEs, pero yo le recordé que tenía una tarea que hacer y que nos íbamos a enfocar en eso, pero ahora ya no sé a dónde se habrá ido,” continuó la hermana mayor.
“Hmm…” Imanotsurugi se puso a pensar duramente. “Entiendo que esa tarea debe ser la de escribir sobre el evento de esta noche que nos dieron… o sea, no es que sea una tarea difícil…”
“…” Mai alzó una ceja.
“¡Pero no importa!” ese pequeño sonrió. “Si Nio-chan quería pasar tiempo con las HiMEs, ¿no habrá ido a buscarlas?”
“¡¿T-tú crees?!” con esa mención, el rostro de Ayesha se tornó azul. “¡Pero eso no puede ser! ¡Nuestras amigas salieron a dar una vuelta! ¡Los alrededores de noche son peligrosos!”
“O-oye, tranquila, no te angusties tan rápido,” le pidió Tsurumaru, algo alarmado. “Incluso si algo fuera de lo normal ocurriera, te aseguro que de inmediato se remediaría. En esta noche tanto Rizembool como Hanasaki están listos para garantizar la paz, a nadie le interesa hacer revuelo.”
“Eh, además, aún si salió, si tu hermanita fue donde sus amigas, ella definitivamente estaría a salvo y contaría con su protección,” comentó Yukko, animada.
“Hm…” Mai bajó su mirada y lo pensó un poco. “Si llega donde Ayumu quizás adquiera su plot armor que es una de las cosas más fuertes del universo…”
“Siento decirlo, pero…” Komaeda divagó. “Nio no iría tras las otras HiMEs. Ella seguro que entiende que sus mayores de inmediato te reportarían su ubicación, Altugle-san, así que en lo posible las evadiría también.”
“Sí, tiene perfecto sentido, entre problemáticos nos entendemos,” Mai asintió, convencida. “Entonces, lo lamento, sin el plot armor no puedo determinar si estará bien.”
“¡Ay no! ¡¿Entonces se ha ido por su cuenta a algún sitio indeterminado?!” exclamó la pobre Ayesha, con sus manos en sus cachetes. “¡Sin considerar la rivalidad entre nuestras escuelas, sigue siendo de noche y ella es una damita tan prometedora y hermosa!”
“Eh, también dudo que tenga la voluntad de darte la contra sola. Tal vez decidió buscar a alguno de sus amigos,” le aseguró el Rebel. “Es por eso que estamos buscándolos también.”
“Heh, sí, ya podemos descartar al travieso de Ima-bou, no fue él esta vez,” concluyó Tsurumaru, entretenido. “Y para variar. Eras el principal sospechoso, pero bien por ti que no lo eres.”
“¿Ehh? ¿Por qué ‘bien por mí’ si todos sospechan de mí?” Imanotsurugi frunció el ceño.
“Ha sido hace poco que invitaste a Nio a quedarse con nosotros por días sin que Ayesha-dono supiera la verdad, te lo has ganado,” concluyó Iwatooshi, algo frustrado.

Entonces, ellos fueron alcanzados por Mikazuki y los hermanos Genji.

“Oh, tenemos a un grupo inesperado en esta noche,” comentó el peliazul, con ligera sorpresa. Él miró un instante a Ayesha y pareció entender la situación. “Espero que la estén pasando bien en lo posible, pero comprendo que algo ha ocurrido por la ausencia de Nio-dono. Les aseguramos que Imanotsurugi no es el responsable esta vez, puesto a que nos ha estado acompañando desde el inicio de la ceremonia.”
“¡¿Ehh?! ¡¿Mikazuki-sama, usted también?!” Imanotsurugi se quedó en shock.
“La confianza es algo que se construye con mucho cuidado y consistencia. Tomará un tiempo a que no lleguemos a ninguna conclusión premeditada,” observó el líder, con ligera gracia.
“Uhh…”
“Pero precisamente, fuiste rápido al notar lo que pasa, Jiji,” Tsurumaru sonrió divertidamente y se encogió de hombros. “Hay una pequeña HiME que puede o no puede estar aterrorizando a los aldeanos. ¿De casualidad la habrán visto pasar?”
“¡M-mi Nio no haría eso!” exclamó Ayesha.
“Tsurumaru…” Hotarumaru le dirigió una mirada severa. “Compórtate por favor.”
“Heh, tienes razón, lo lamento. No pude contenerme.”
“Lo sentimos, no la hemos visto,” Hizamaru negó, apesadumbrado. “Imanotsurugi ha sido el único niño en esta área por un buen rato, por tratarse de un bar.”
“Ah, pero pienso que hana-chan es una jovencita muy despierta como para meterse en problemas,” Higekiri sonrió divertido y casi inspirado, y se dirigió a Ayesha. “Es una lástima que no siempre se esté al tanto de lo que nuestros seres queridos hacen, pero estoy seguro que hana-chan pronto aparecerá y todo estará en su lugar.”
“Le agradezco por sus deseos, Higekiri-san, pero por lo vivaz que es, temo que los cálculos de mi Nio terminen por jugarle una mala pasada…” Ayesha asintió y desvió su mirada indecisa.
“¿Me creerías si te dijera que yo también fui un niño revoltoso alguna vez, kotori-chan?” le preguntó con un tono dulce.
“¿En serio?” ella le miró sorprendida y negó.
“Mis travesuras y libertades nunca fueron cometidas por una cabeza que no se ponía a pensar y siempre estuve al pendiente de otros. Ello me mantenía al tanto de lo que hacía, al saber cómo otros serían afectados por mis atrevimientos y a comprender cuándo era el momento para retornar y reconocer mis faltas. Es por ello que sé plenamente que hana-chan mantiene su corazón al tanto de sus hazañas y muy pronto regresará a ti, puesto a que su corazón está siempre con usted. Sólo le pido que sea un poco más paciente.”
“S-sí…” Ayesha asintió, cautivada por dichas palabras. Ella desvió su mirada y sonrió con torpeza y vergüenza. “Ehh, b-bueno, sus palabras tienen sentido… me preocupo por ella, pero confío en su sensible corazón, Higekiri-san…”
“Confía más en el espíritu noble de hana-chan, el cual usted también lleva en demasía,” le guiñó un ojo.
“Ay, no, ¿qué cosas dice usted?” ella se ruborizó y llevó sus manos a sus cachetes.

Mientras tanto, los demás miraban la escena con una mezcla de reacciones.

“Hahaha,” Mikazuki rió. “Al menos sabemos que Ayesha-dono estará más tranquila.”
“Anija… ¿qué estás haciendo?” se preguntó Hizamaru, inquieto.
“La mente de tu hermano es un laberinto, por algo se le ha dado de lanzarle flechazos,” Iwatooshi negó.
“Uhh, reconozco que eso también fue mi culpa, me alegro que Nio-chan no esté aquí para verlo,” Imanotsurugi dio un suspiro.
“Haha, no habría esperado a este anija andar cautivando a alguien,” comentó Tsurumaru, entretenido, y miró a su grupo. “Como el senpai casi siento el deber de cubrirles los ojos, pero no tengo suficientes manos para hacerlo.”
“Nada realmente malo está pasando aquí, que pueda ver,” Hotarumaru se confundió.
“¿Eh? ¿Es que hay algo entre esos dos?” por su parte, Yukko se notaba casi avergonzada.
“No me da la impresión que el chico va seriamente,” Mai le restó importancia y miró de reojo al Rebel. “Pero por tu supuesta preocupación por tu amiga, me sorprende que no reacciones.”
“¿Es que acaso debería hacer algo?” Komaeda lo meditó. “Siendo sincero, justo consideraba que todos a los que acabo de conocer podrían ser excelentes Rebels…”
“No es el momento, por favor, sólo tú lo considerarías importante,” Hotarumaru dio un suspiro.
“Tremenda asunción de su parte. Le pido que no insista a mi anija, él no se puede prestar para esas cosas,” reclamó Hizamaru.
“Higekiri se ha mostrado muy colaborador con nuestros pedidos de que sea un miembro funcional de la sociedad, no es algo por lo cual deberíamos preocuparnos,” observó Mikazuki, con una suave sonrisa. Entonces, este miró fijamente a Komaeda. “No pienso meterme en su punto de vista. Pues bien, el presente evento no tiene nada que ver con los Rebels, ¿así que no sería mejor dejar ese asunto de lado?”
“Entiendo, lo lamento mucho si les importuné, no tuve malas intenciones,” se corrigió el Rebel, en aprietos.
“Tiene sentido que causes estos problemas espontáneamente por lo disfuncional que eres,” dijo Mai, indistinta.
“Ehh, ¿en verdad crees que soy disfuncional? Recuerdo que ya mencionaste algo similar.”
“Pienso que todo el universo lo podría notar…”
“¡¿E-en serio?!” se congeló.
“No demos más vueltas alrededor del tema,” Iwatooshi miró de reojo a Higekiri y Ayesha, con el primero lanzándole cumplidos y la chica riéndose de manera enamoradiza. Dio un pesado suspiro. “Quizás tengan para rato, así que pueden acompañarnos aquí. Será un bar, pero también preparan varios jugos de frutas y alternativas sin trago. ¿Se animan?”
“Oh, si también son cortesía de los anfitriones, me gusta la idea,” Yukko juntó sus palmas.
“…” Hotarumaru asintió. “Ya comí mucho, me hacen falta líquidos.”
“Haha, decidido está, y yo podría tomarme algo también, gracias por la invitación,” Tsurumaru se sumó.

Fue así que la búsqueda fue puesta a un lado de momento, al menos por la mayoría. En lo que el conjunto iba a buscar mesas, Imanotsurugi notó al primo de Luso y sus amigos a distancia caminar en plena búsqueda de algo, o quizás alguien. Lo meditó un poco, y se decidió por avisar a Mikazuki sobre lo que pensaba hacer antes de retirarse.





Incluso en medio del mar de gente presentes en el evento de la noche, había algunas personas que irían a destacarse por un sinfín de motivos, sea por su apariencia, personalidad o reconocimiento, entre otros. Por ello, conforme una de esas tales personas fuera del montón iba avanzando, varios de los otros presentes terminaban por girar sus cabezas y prestarle al menos una efímera atención.

Se trataba de otro individuo alto de cabellos verdes con un mechón negro unilateral, quien además tenía una expresión de aburrimiento y hastío que no escatimaba mirar a la gente desde arriba, como si los condenara a que no valían su atención.

De repente, esa misma persona posó sus ojos en uno de los muchos otros estudiantes que recogían bocadillos de una mesa lleno de los mismos, y su aburrido semblante dio un cambio considerable para tornarse en una sonrisa simple y entretenida. Al menos había encontrado algo interesante que revisar.

“Esperemos que disfrute de sus bocadillos,” le deseó una de los trabajadores del catering.
“Muchas gracias,” Shiyoon sonrió radiantemente y asintió para así dar espacio a la siguiente persona. Este miró a sus alrededores por si podía encontrar algún rincón con disponibilidad, pero igualmente con la intención de hasta salir del recinto de ser necesario, pero en esa pequeña pausa que hizo de pie, una persona terminó por apoyarse en su espalda como quien se inclinara hacia una pared.
“¿Hmm? ¿Qué haces por aquí pretendiendo normalidad, ah~?” canturreó el peliverde con una vocecita dormida y juguetona.
“Hola Floyd, eh… ¿podrías dejarme ir?” le pidió con una sonrisa incómoda.
“Si ibas a andar merodeando por aquí, pudiste haberme ayudado,” Floyd miró con insignificancia a un paquete de papeles que traía en su brazo. “Yo que tuve que caminar hasta las afueras de este colegio para imprimir más copias.”
“Entonces tengo entendido que esas guías que andan vendiendo hoy han sido exitosas.”
“Oye…” el más alto le miró con desaire. “Esperaba que me hicieras olvidar ese quehacer. Deja que Azul solo se alegre de ese hecho, él es al único que le importa.”
“Pues entonces… ¿querrás algún plato de bocadillos?”
“Nah, prefiero la comida del lounge, tú come nomás…” dicho esto, Floyd caminó aburrido hacia una mesa, donde un pequeño grupo de amigos ya habían recogido sus cosas luego de terminar sus meriendas, pero continuaban hablando entretenidos entre sí, sin intenciones de irse aún. Este terminó por estampar una de sus palmas con gran fuerza en medio de la mesa pequeña, lo cual probó asustar y desconcertar al grupo.
“O-oye, ¿qué haces?” reclamó uno, pero al ver al rostro de Floyd el cual parecía propio de algún asesino en serie sin nada que perder, se quedó muy asustado como para mantenerse molesto.
“Oigan insectos que no se dan cuenta de la cantidad de gente aquí, ¿van a dejar esta mesa libre o no? ¿O es que quieren vérselas conmigo…?”
“¿Q-qué le pasa a este chico?” preguntó una chica del grupo en voz baja.
“Tch, s-sólo vámonos…” se resignó otro amigo y al final ellos partieron entre fastidiados y cautelosos.
“Heh, fue más fácil de lo que pensé,” por su parte, Floyd regresó a su sonrisa sonsa y mínimamente complacida, y miró a su acompañante. “Todo tuyo, toma asiento.”
“Floyd…” para variar, Shiyoon borró su sonrisa y dio un suspiro, torturado. “Eso no fue divertido, ¿tenías que espantarlos por mí?”
“¿Ehh? ¿Por qué no? Me mataban mi buena vibra,” se llevó una mano a la nuca y se quejó como un niño al que le negaban un capricho. “Igual hay gente en el lounge que se creen en Starbucks. Allá tenemos nuestras formas de correrlos, pero con frecuencia dan ganas de hacer esto.”
“Claro, tiene sentido que lo hayas hecho por ti también, pero no me des cargo de consciencia,” se resignó a tomar asiento.
“Ya olvídate del asunto, qué quisquilloso que eres,” rodó los ojos y se sentó frente al pelimarrón. De nuevo volvió a sonreír entretenido. “Y dime, ¿qué te traes entre manos para andar por aquí?”
“¿Acaso siempre que aparezco es porque tengo algo siniestro por hacer?”
“Hm, pues, sí, ¿no?” se encogió de hombros. “A diferencia de nosotros, tú no eres un estudiante presencial de Rizembool y no creo que el jefe te deje pasearte y comer gratis por aquí si no le eres de algún modo útil.”
“Eh, tiene sentido, lamentablemente…” ‘tiene sentido incluso viniendo de ti’ pensó en decir, pero fuera de que Floyd era el caos encarnado ello no significaba que no podía usar la cabeza. Por su parte, Shiyoon se concentró en otro asunto de lo mencionado y volvió a dar un suspiro, por más que sonreía rendido. “Yo pensé que por prepararme a ser un Rebel finalmente me concederían ir a una institución como una persona normal, pero creo que uno de los científicos subordinados del jefe le aconsejó que me mantuviera inscrito sólo a clases virtuales. Heh, sonará raro decirlo, pero esas cosas que todos dan por sentado me resultan muy intrigantes. Quisiera tener el privilegio de asistir a la universidad rodeado de gente común.”
“Hmm…” Floyd lo consideró mínimamente, con la mirada desviada. Se notaba un desinterés en el asunto, pero sí pareció al menos intentar pensarlo desde su punto de vista un instante. “No te pierdes de mucho. Cuando pasa la novedad se vuelve aburrido y no siempre te puedes parar e ir sin que los profes te lancen maldiciones verbales. Mejor estás haciendo tus clases a tu tiempo y yendo al mall o a donde sea a la hora que quieras.”
“Haha, sí, eso suena un poco inconveniente,” terminó tomándoselo con gracia. Definitivamente esas palabras eran del punto de vista del otro, pero podía simpatizar un poco con ellas. “Tal vez estoy bien como estoy, puedo tener esa actitud.”
“¿Y qué haces aquí? Ya pues, dime, no veo por qué no puedes compartirlo,” se inclinó hacia él.
“Eh, en verdad no es nada serio ni interesante esta vez, verás…” miró de un lado a otro. Menos mal no llamaban la atención de nadie. “Nuestro jefe está soltando a su nueva adquisición esta noche, y si bien todo debería estar bajo control y no irrumpir con esta reunión, existe la posibilidad de que lo haga. Sólo estoy aquí en caso sienta alguna vibra rara o anomalía, y también proteger a quien tenga la mala suerte de cruzarse con algo que no debería. Y pues… eso es todo.”
“¿Hm?” Floyd alzó una ceja, aburrido y no convencido.
“Creo que te hice esperar mucho para decirte algo tan simple. Pero sí, sólo me toca caminar hasta que mis sentidos detecten algo fuera de lugar. Quizás debería darme una vuelta por afuera.”
“Sí pues, no es nada muy raro, eh, hasta el jefe está jugando al buenito esta noche, qué aburrido,” desvió su mirada.
“No del todo o sea…” dio un suspiro, sonriendo incómodo. “Podría haber soltado al nuevo en otro día, pero igual se animó ahora…”
“Pero veo que quizás no sea tan aburrido como me lo haces creer,” el peliverde volvió a sonreír. “Ese ‘nuevo’ es otro raro como nosotros, ¿no? De esos que traen problemas y son impredecibles, ¿cierto? Si es así, sólo prestar atención a lo que hace es mil veces más entretenido que quedarnos dando vueltas aquí dentro.”
“Eh, es bueno que tú no tengas expectativas sobre tus hombros, por eso lo puedes ver así. En cambio, yo…”
“¡Haha, ¿de qué te quejas?! Es más, ¿qué tal si te ayudo?”
“¿Qué dices?” Shiyoon se sorprendió un poco.
“Dices que debes andar al pendiente de las vibras. No te olvides que esa es mi especialidad,” ensanchó su traviesa sonrisa. “Tal vez note algo raro antes que tú, así que salgamos.”
“Eh, ¿y Azul y tu hermano?”
“Olvídate de ellos, raro sería que regresara como niño bueno con los papeles ahora, seguro que Azul me dará otro trabajo más si me ve en tan buen comportamiento,” se quejó y frunció el ceño. “Sí, ya no quiero regresar, me revuelve el estómago que me vean así,” volvió a sonreír. “¡Por eso esto es más divertido! ¡Trágate tu comida para salir ya!”
“Bueno, sé que no te cambiaré de parecer,” se encogió de hombros. Sí admitía que le gustaba la compañía para variar, sobre todo con alguien quien se ofrecía tanto, aunque sí, asumía que luego le tocaría lidiar un poco con el fastidio de ese peliplateado.

En fin, decidió que su yo del futuro se preocuparía al respecto. Lamentablemente, su atención del presente persistía en los sucesos que llevaron a su presente trabajo de esa noche.



Flashback



Luego de varios días de estudios incansables por los científicos encargados al proyecto, además de otras pruebas de pelea, había llegado el momento de la evaluación final a la petición de Orochi a un organismo de recursos de Rizembool. Debido a ello, al tan ilustre jefe y aprendiz del legendario doctor Hojo le tocaba entretener y terminar por convencer a un evaluador oficial que iría a darle la última aprobación.

Sin embargo, dicho encargado resultó alguien no del todo desconocido y a su vez pudo hacerse presente en ese lugar sin realmente estarlo.

“Pues, veamos…” se oyó una cansada y monótona voz surgir de una tablet luminosa que levitaba frente al intimidante jefe, el cual no parecía tomarle mucho interés, por más rara que había sido la decisión de dicho departamento de hacer que aquel joven tuviera la última palabra. Era evidente que aquel mismo chico no se encontraba contento con la situación y parecía hasta tener algunas dudas de su rol por cómo de tanto en tanto murmuraba con hastío algunas observaciones inaudibles para sí. “…tsk, mis viejos tenían que andar ocupados con otras cosas hoy…”
“Ello no me concierne a mí. Me haces esperar, presumo que sabes con la persona con la cual estás lidiando…” Orochi alzó una ceja.
“¡Eh, s-s-sí! …lo lamento, esta visita no estuvo en mis planes de hoy…” se apresuró a decir, en un inicio con apuros y luego se frustró tremendamente y regresó a sus usuales bajas energías. Dio un suspiro. “…no hay punto de darle vueltas al asunto. Yamata no Orochi-sama, ha habido una revisión exhaustiva de todos los estudios y reportes que su grupo nos ha proveído. Como exigido, la evaluación final será enviada a los encargados correspondientes. Igual nos pueden pedir una copia en físico o más electrónicas de así requerirlo.”
“Quisiera pedirle una, por favor,” dijo Kokin, dando un paso adelante y haciendo una respetuosa reverencia. “Necesito mantener los archivos de Yamata no Orochi-sama bajo un estricto orden y no siempre puedo contar con la diligencia de nuestros científicos.”
“Sí, entendido, lo anotaré…” se oyó apenas un corto tecleo y la Tablet pasó a escanear ese ambiente subterráneo donde se encontraba. “Entiendo que son cuatro presentes.”
“¡Eh, hola!” Shiyoon sonrió contento y agitó una palma como si saludara a un amigo de toda la vida. “Heh, no esperaba verte hoy. Espero que puedas visitarnos para jugar videojuegos pronto.”
“Tch, ¿qué tonterías dices, Shiyoon?” se quejó Hakuzosu. A diferencia de los demás, este orphan parecía estresado y aprehensivo de dicha Tablet.
“¿Acaso estos subordinados de usted poseen algún rol en su protocolo para lidiar con el encargo para el cual realizó este trámite?” preguntó la aburrida voz detrás de la Tablet, completamente ignorando el saludo.
“Sería iluso de mi parte pretender que lo fueran a hacer directamente. Sin embargo, Shiyoon podría probar útil para realizar con rústico control de daños en caso de cualquier emergencia, además de alertar al departamento de ustedes,” Orochi se encogió de hombros. Entonces, él sonrió con ironía y miró al orphan de reojo.
“…” Hakuzosu lo miró con reserva y nervios.
“El orphan en entrenamiento está aquí meramente para aprender el entorno en el cual vive y mantenerse al tanto de uno de mis muchos quehaceres. Te pido que no le prestes atención.”
“Como digas…” hubo una breve pausa. “Doy espacio a que realicen cualquier pregunta dirigida a mi persona, por más que ya hubo documentos enviados explicando detalladamente lo que nosotros esperamos de ustedes con respecto a la responsabilidad que les asignamos.”
“Sé bien que cuento con sus recursos para contener a mi nuevo recluta en caso este fuera a salir de control, y que mi responsabilidad se extiende a contenerlo hasta el límite de mis capacidades,” Orochi sonrió con leve maldad. “No creo tener que preocuparme más sobre ello.”
“…” nuevamente, se oyó otro suspiro. Esa voz de nuevo murmuró algo demasiado bajo como para trasmitirse con claridad, pero que sí reflejo un estado de frustración. “…entonces no tenemos más de qué hablar, Yamata no Orochi-sama. Podemos proceder a la entrega…” nuevamente la Tablet se giró mínimamente hacia el orphan. “Como seguramente algunos han podido detectar, el espécimen ya está en entre nosotros…”

Entonces, las puertas de ese ambiente blindado y subterráneo se abrieron, y un par de uniformados en armaduras ligeras y de apariencia futurista ingresaron, con uno jalando una carretilla que traía un cofre herméticamente sellado y el otro manteniendo un registro en otra Tablet similar a la cual se comunicaba con todo.

Fue una reacción visceral producida por un miedo primordial el cual causó que Hakuzosu se erizara y se alistara al ataque de aquella insospechada caja de metal. Esta emanaba un aura y energías tan peligrosas e inquietantes que le daban un sentimiento mil veces más repugnante y nauseabundo que esos orphans con los que recientemente había peleado.

“Haku, detente…” le recordó Shiyoon.
“Tsk…” este le miró de reojo, entrecerrando sus ojos.
“Recuerda nuestro enfrentamiento contra esos monstros,” sonrió amenamente, lo cual desentonó con sus muy tranquilas palabras. “Si mantienes una actitud agresiva, podrías morir aquí.”
“…” sintió leves escalofríos.
“Hmhm…” por su parte, Orochi formó una amplia sonrisa en su expresión. “Sabes bien que no debes desperdiciar mi tiempo. Bien hecho, quizás exija que seas tú quien me dé visitas para asuntos oficiales a partir de hoy.”
“Ehh… pues gracias por el Google Review, supongo, pero no haga eso, por favor…” la voz de la Tablet se inquietó considerablemente.
“Por favor, necesitamos una firma,” dijo el soldado con la otra Tablet.
“Permítame, representaré a mi superior,” Kokin tomó la iniciativa de acabar con dichas formalidades.

Aquellos encargados de la entrega terminaron por despedirse y a la vez llevarse a esa Tablet levitante la cual rápidamente se apagó al haber terminado su función. Las puertas fueron cerradas en lo que otros subordinados de Orochi condujeron a los visitantes a la salida.

“Kokin…” comenzó Orochi, sonriendo decididamente.
“Enseguida…” este asintió y fue a abrir la caja.
“Ehh… jefe, ya andamos rompiendo protocolo,” Shiyoon sonrió inquieto. “Deberíamos estar en un cuarto de contención y con un gran número de dispositivos relacionados para abrirlo…”
“Silencio, no hay necesidad de que hables si entiendes mi mente y el poco riesgo que corremos,” Orochi ni se dignó a mirarle, al tener los ojos fijos en su asistente quien terminaba de desactivar los varios candados electrónicos. Sonrió suavemente al momento en el cual una niebla roja comenzó a escapar de la caja recién abierta. “Hmhm… el orphan es el único quien podría ser consumido tan rápidamente.”
“!!!” efectivamente, Hakuzosu vio esa inocente niebla aumentar su velocidad hacia él. Poseído de un gran terror, alistó sus garras, pero era como pelear contra un viento incorpóreo que estaba por devorarle. En eso, Shiyoon le dio un leve golpe al costado del cuello con un par de dedos. “¡Ahh, ¿q-qué haces?!”
“Tranquilo,” le recordó, manteniéndose inmutado. Shiyoon blandeó su espada y logró cortar e irrumpir con la misma niebla, así manteniendo al orphan a salvo.

El cofre fue abierto por completo, lo cual reveló que su contenido no era más que esa niebla roja, a simple vista, pero sólo bastaba compartir el espacio con aquel objeto para sentir una presión y presencia muy opresoras e inquietantes. Era como si dicha niebla estuviera poseída de un ser que no dependía de un cuerpo físico.

“Finalmente nos conocemos…” Orochi dio un par de pasos hacia delante, sonriendo con maldad. “Escucha, tengo muchas expectativas de ti y espero que las cumplas. He reconocido tu potencial, por el cual has sido encarcelado por tanto tiempo… y pretendo brindarte de la libertad que tanto deseas… mientras me obedezcas y sigas mis instrucciones tal y como deseo que lo hagas…”

De entre la misma niebla roja, surgió una voz distorsionada y elegante…

“Es usted quien me ha despertado de mi letargo… ¿qué puedo hacer por usted, mi señor?” dijo con gran humildad.
“Nada menos que cederme tu entera existencia y afiliación a mi persona. Serás un Rebel y me demostrarás todo lo que conforma tu ser y tus principios,” ensanchó su sonrisa. “Comprendo que te identificas como un noble y un caballero. Pues, dejaré que lo seas y que te impongas por encima de los demás… demuéstrame que eres más que los seres comunes… Yato no Kami…”
“Fufufu…” entonces, la niebla frente a Orochi se volvió densa, y finalmente una figura humana de cabellos escarlatas largos y ojos penetrantes del mismo color se materializó frente al pelivioleta. Este ser se manifestó arrodillado en un gesto de suma lealtad. “Reconozco su inigualable poder e influencias. Usted no es una oveja de ningún rebaño, y ejerce poder y autoridad por encima de dos personas igualmente destacables…” ese pelirrojo sonrió con una extraña dicha. Parecía haber regresado a casa. “Por supuesto… me siento honrado de ser elegido, permítame convertirme en un caballero como usted…”

Fin del Flashback





“La luna… tanto tiempo sin verla…”

Aquel demonio escarlata estaba de pie en la cima de uno de los edificios más altos de Hanasaki, cercano al centro de convenciones donde se encontraban todos los asistentes al evento. Ante esa persona había un espacio en tinieblas y mayormente vacío, a excepción de pocas almas que se habían animado por darse un paseo en el exterior, o que realizaban algún tipo de vigilia a manera de resguardar dicho lugar.

Podrían ser explicaciones variadas y simples. Sin embargo, ante los ojos de Yato, la complejidad y capricho de todas esas personas le resultaba muy encantadora. Se asemejaba a una danza, una actuación, un relato que la ficción no sería capaz de imitar, puesto a la complejidad y a la innata naturaleza de aquel libre albedrío de todos los participantes.

No obstante, incluso el desorden y caos propio de los humanos era gobernado por un set de reglas y estándares tan impuestos que parecían perder su carácter opcional. Los propios creadores de la libertad escogían vivir bajo una ficción gobernada por principios y expectativas impuestas por el resto de la sociedad. Incluso las HiMEs y los Rebels no eran capaces de romper la etiqueta de paz e hipocresía de esa noche al ir en contra de las órdenes de sus superiores y del deber de proteger a los civiles a quienes realmente no les debían nada en lo absoluto. Y Yato, como un ser destinado a convertirse en un Rebel, debía observar aquel mismo reglamento.

Sin embargo… como un noble y un caballero de clase y astucia, él pretendía vivir y honrar su verdadero potencial. Siguiendo con el ejemplo de Yamata no Orochi, él se comportaría ante las imposiciones de la gala, pero, a su vez, le tocaba imitar a la gran alcurnia y emplear las reglas a su favor. Él no tenía por qué causar desarreglos… mientras nadie a su alrededor fuera el primero en lanzar una piedra.

“Es una lástima no haber sido invitado a una gala donde podría convivir con los comunes, o con mis semejantes…” murmuró con una suave sonrisa. Una niebla roja se generó a su alrededor, y entonces aparecieron varios orphans con forma de mujeres vampíricas. “Sin embargo…” las miró rápidamente y con atención. “Ustedes, mis queridas enshyoujos, se merecen mucho más que yo aparecerse frente al mundo inferior y deslumbrar su belleza…”

Todas esas orphans asintieron y agacharon su cabeza a manera de sumo respeto.

“Por favor, limítense a los exteriores del recinto y no olviden que no deben atacar a las personas, recuerden estar bajo su mejor comportamiento…” ensanchó su sonrisa, traviesamente. “Y, por supuesto, todo aquello que es ofrecido a ustedes… asegúrense de retornarlo en su entereza…”

Así, las enshyoujos se deshicieron en la niebla roja que lentamente fue descendiendo hacia el mundo por debajo de Yato…


« Last Edit: January 29, 2025, 02:27:34 AM by Cho »