Author Topic: SeeDs in the Garden – revival  (Read 82328 times)


Airin

Re: SeeDs in the Garden – revival
« Reply #90: November 30, 2023, 05:59:58 PM »
Más gente! Iconos otro día porque no tengo fotos de loros(?) :_D Ain't nobody mess with Django, call me Django



 




—¿Estás segura de que puedes hacerlo? ¿Tú sola?

La mujer ladeó la cabeza haciendo que sus rizos rubios bailasen bajo la gorra.

—Si no estás de acuerdo con los plazos o el presupuesto estás en tu derecho de llevar el coche a otro taller y que busquen recambios, no tengo ningún problema por que quieras pensártelo.— dijo encogiéndose de hombros con una sonrisa amistosa y señalando uno de los carteles que colgaban de la columna junto a la puerta.— Ya sabes cuáles son mis precios.

El tipo rezongó entre dientes, recogió los papeles del mostrador y salió como si estuviera perdonándole la existencia al universo.

—Bueno ya veremos.

—¡Cuidado con la rampa encanto! —avisó Cindy sin girarse a mirar media milésima de segundo antes de oír un gritito agudo, un ruido sordo pesado y una ristra de maldiciones.

El loro que hacía las veces de mascota del taller canturreó un estribillo de los que solía sonar en la radio con vocecilla aguda como si estuviera respondiendo con una burla. Cindy tampoco habría jurado que no era así, el condenado pollo de colores había entrado un día al taller como si el mundo fuese suyo, se había subido al mostrador y había robado una hoja de lechuga de su hamburguesa con todo el descaro delante de sus narices. Y cuando la rubia había agarrado al bicho con los guantes puestos y por lo tanto inmune a los picotazos, éste había tenido la desvergüenza de graznar “permisito~”.
Al final Cindy había consentido en dejarlo apropiarse del espacio porque verlo bailar y cantar con la radio era mejor entretenimiento que el circo, tenía mejores modales que la mitad de los clientes no habituales que entraban por la puerta, y cuando revoloteaba por los alrededores había cogido la costumbre de repetir la misma melodía cuando había visto policía rondando.
Varios comercios de alrededor ya sabían estar atentos cada vez que oían al loro del taller canturrear “Si quieres huir, huye, nadie se mete con Django, llámame Django”. Y efectivamente con ese nombre se había quedado.

—¡Django! —llamó Cindy con una arandela de metal en la mano. El loro ladeó la cabeza desde su percha imitando la misma forma en que lo hacía la rubia, observando la pieza brillante con ojillos curiosos.

—Guaaaaapa. —graznó el animal zalamero, emulando el sonido de un beso de abuela.— Mwaaah!

La mujer rió y lanzó el aro por los aires como si fuera un frisbee, y el pájaro se lanzó a toda prisa atrapando la pieza en pleno vuelo. No podía tener perros en el taller, pero la bola de plumas también sabía ser adorable a veces.

Se echó un trapo a la espalda y volvió a la motocicleta que había estado despiezando hasta hacía un rato. Por un lado no estaba segura de querer saber qué tipo de maltrato había recibido la pobre máquina para acabar en ese estado, por otro le quemaba la curiosidad de saber hasta qué condiciones podía resistir y todavía seguir funcionando. Porque ahí estaba la miga del asunto, sin demasiadas reparaciones aún podría salir a correr con ella. Era una belleza y una mala bestia a partes iguales.

Cindy se llevó las manos a su cinturón de herramientas y como si fuera un pistolero de los de las películas desenfundó una llave distinta con cada mano, haciéndolas rodar y dar la vuelta entera entre sus dedos, apuntando hacia la moto.

—Vamos a ver eso que gotea. —dijo estirando una pierna y enganchando la pata de una banqueta con el pie atrayéndola hacia ella.

Aflojó varias roscas con la llave de tubo y garabateó un diagrama en su libreta antes de desconectar varios cables de colores de función dudosa. Le pareció oír el eco de un gorgoteo y se paró a escuchar.

—Hm, aquí hay algo que no termina de… —por si acaso revisó otra vez que no hubiera contacto de ningún tipo y el paso del combustible estuviera completamente cortado.

Golpeó rítmicamente con los nudillos contra el metal del motor, prestando atención a las reverberaciones que podía percibir. Algo no sonaba como debía pero no tenía claro qué de todo era. Siguió desmontando partes con cuidado hasta que sin darse cuenta chocó la llave sin querer contra el tanque y volvió a escuchar el ruido que le intrigaba.

—¿Huh? —pegó de nuevo suavemente, pasando la mano por el metal hasta donde parecía que llegaba el nivel de combustible. Y lo repitió. El tono del eco que salía de la cámara no correspondía con el tamaño del tanque para la cantidad de líquido que supuestamente tenía dentro.— Qué demonios.

En un arranque de sospecha Cindy rascó la pieza con la punta de un destornillador, intentando levantar el transfer de vinilo que decoraba la carrocería de la moto. Consiguió despegar una esquina y haciendo fuerza estiró llevándose casi la mitad de la pegatina. Y ahí en medio había una hendidura que se extendía a lo largo de la parte inferior del tanque, como si hubiesen soldado una ampliación. Pero en vez de dar más capacidad al tanque y tapar la reparación, lo que habían hecho era ocultar dos cámaras separadas.

Nadie se mete con Django, llámame Django~ —oyó que canturreaba el loro de fondo.

Como una exhalación Cindy separó el tanque por completo, lo metió en su taquilla tras un carro de herramientas, y echó la toalla que colgaba de la puerta sobre el cuerpo de la moto.

—¡Buenos días guapa! —saludó un agente de la cuestionable ley asomándose a la puerta del taller.

—¡Hola encanto, que vaya bien el día! —respondió la rubia con una amplia sonrisa mientras barría.

¡Mwaah! —graznó el loro desde el mostrador meneando la cabeza arriba y abajo.


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« Last Edit: May 06, 2024, 10:25:45 AM by Airin »

~      H e g o a k    e b a k i    b a n i z k i o,    n e r i a    i z a n g o    z e n,    e z    z u e n    a l d e g i n g o.       ~
~      B a i n a n    h o n e l a,    e z    z e n    g e h i a g o    t x o r i a    i z a n g o,      ~
~      e t a    n i k    t x o r i a    n u e n    m a i t e.       ~


Kora

Re: SeeDs in the Garden – revival
« Reply #91: December 31, 2023, 03:19:43 PM »
Poloflash time



- ¡Kora!

La chica levantó la cabeza de golpe, haciendo que su melena rebotase sobre sus hombros. Kora parpadeó, extrañada de encontrarse durmiendo sobre su pupitre de clase.
Se oyeron algunas risitas, pero la tos seca de Francisca las calló rápidamente.

- Kora Lionheart, ¿tienes alguna excusa para quedarte dormida?

- Uh... - empezó a decir Kora, mirando de reojo hacia Yuri para ver si su amigo le facilitaba alguna excusa, aunque él solo se encogió de hombros. - Pues tenía sueño, porqué... Ayer me quedé estudiando hasta tarde.

Francisca levantó una ceja, sin creerse la excusa, pero empezó a pasearse por el frente de la clase en vez de seguir mirándola fijamente, lo que Kora contó como una victoria.

- Sólo tienes que aguantar diez minutos más, podrás dormir todo lo que quieras después. - Francisca Von Karma se paró en seco y se giró como si fuera un soldadito dentro de una caja de música. Y sonrió, algo aterrador si preguntabas a la clase. - Después de todo ya empiezan las vacaciones de Invierno.

Kora le sonrió de vuelta, confiada por que su pequeña actuación había funcionado. Francisca volvió al discurso que les estaba dando antes de que acabasen las clases por ese semestre.

- Y recordad que la seguridad prima ante todo. Ya sé que muchos de vosotros empezáis a acostumbraros a vuestros poderes, pero no todos los tenéis bajo control. Así que está estrictamente prohibido practicar fuera de clase. ¿Entendido?

- ¡Sí, directora Von Karma! - canturreó la mayoría de la clase, algunos con más entusiasmo que otros.

Kora aprovechó el ruido para suspirar y vio de reojo como la mesa de Sol estaba iluminada desde abajo. ¿Eh? La de Ikki también. Por lo visto se habían tomado al pie de la letra lo de solo usar sus poderes durante las clases y estaban viendo quién podía hacer la bola de fuego más grande sin que los profesores se percatasen. ¿Por qué no la habían tenido en cuenta? ¡Já! ¡Ella era la mejor de su curso en cuanto a controlar fuego se refería! Así que se unió a la competición.

A falta de nueve minutos para que las vacaciones de invierno dieran comienzo, la clase explotó.

- ¡Kora!

Kora levantó la cabeza de nuevo, recién despertada de lo que había parecido ser una pesadilla.

- Kora Lionheart, ¿tienes alguna excusa para quedarte dormida?

Kora parpadeó, confundida pero aliviada porque la clase no hubiera explotado. ¡No había puesto esfuerzo en su outfit del día para nada!

- ¡Señorita Lionheart! - gritó la directora Francisca y Kora sonrió con encanto.

- Algo no me ha sentado bien en el almuerzo, lo siento mucho, directora.

Francisca entrecerró los ojos, pero la dejó en paz y continuó con el discurso.

- Y recordad que la seguridad prima ante todo...

Fue el turno para Kora de entrecerrar los ojos y miró el reloj que había detrás de la mesa del profesor para mirar la hora. Once minutos para que sonase la campana. A once minutos para que sonase esa campana de libertad, un gas empezó a entrar por debajo de la puerta y algunos de los alumnos se alarmaron, aunque la directora les dijo que no había nada de lo que preocuparse. Ni diez segundos después, Kora se agarraba la garganta sin poder respirar. Y se despertó.

- ¡Kora!

-¿¡Qué!? - gritó levantando la cabeza del pupitre, de hecho acabó levantándose toda ella entera. - ¿¡Qué está pasando!?

Francisca se echó un poco hacia atrás, extrañada por la reacción de Kora y se arregló un poco el cuello de la camisa mientras carraspeaba.

- Señorita Lionheart, vuelva a su asiento.

Kora se dejó caer en su silla y escuchó como Francisca Von Karma volvía a repetir las mismas palabras por tercera vez.

-Y recordad que la seguridad...

Kora se quedó mirando la pizarra fijamente. No sabía qué estaba pasando, pero estaba segura de que iban a volver a morir.


Neko

Re: SeeDs in the Garden – revival
« Reply #92: January 31, 2024, 10:10:50 AM »
Me he estado releyendo Balamb y me han dado los sentimientos twt




29. Una clase gratis y te acompaño a recepción

Anew caminaba por los pasillos del Jardín de Balamb mirándose la punta de los zapatos, casi sin ver por dónde iba. Estaba perdida en sus pensamientos, camino al punto de encuentro que había acordado con su príncipe. Después de todo, actuar como su asistente en ese viaje era su cometido y aunque Isaak juraba estar de vacaciones, en realidad tenía muchos asuntos que atender, no sólo la operación de su ojo.
Llegado a cierto punto, Anew se paró y levantó la cabeza y por un momento se asustó al no reconocer donde estaba, algo normal si tenía en cuenta que era su primera visita al Jardín de Balamb.

—Ah… ¿dónde me he metido?

En tu propia cabeza, pensó la mujer, que llevaba unos minutos dándole vueltas a las palabras de su jefe y director.
Diviértete un poco, le había dicho. Diviértete…

Anew suspiró y miró a su alrededor. Los pasillos estaban vacíos y no había ningún cartel con indicaciones cerca. La Seed estuvo a punto de darse la vuelta por donde había venido hasta que, de repente, se dio cuenta. Oía música.
Empezó a caminar en esa dirección y un par de pasos después localizó una puerta entreabierta de la que salían las notas de lo que parecía una de los valses que había oído la noche anterior en el baile. Probablemente habría alguien ahí dentro, ¿verdad? Tal vez podría molestarlos un poco preguntando indicaciones. Sólo necesitaba saber cómo llegar a la entrada del edificio, su punto de encuentro era la recepción después de todo.

Anew se quedó parada frente a la puerta durante unos segundos antes de coger aire y asomarse despacito. La sala parecía un estudio de baile y sólo estaba ocupada por dos personas y un estéreo.

Las dos figuras en la sala daban vueltas y vueltas, siguiendo grácilmente el ritmo del vals. La verdad es que era uno de los más rápidos que había oído, pero ninguna de las dos personas fallaron ni un paso.
Anew entró un poco más en la sala, moviendo la puerta para ver mejor. La manera en que se movían a la vez era hipnótica. La armonía en sus movimientos y la facilidad con la que se seguían el uno al otro la tenía embobada.
No pasó mucho tiempo para que la pieza llegase a su fin y con una última floritura, las dos personas se separaron. Él aplaudió hacía ella, que se rió con soltura antes de asentir con la cabeza, manos en la cintura y se volvió a poner en posición para bailar más.

Anew no reconoció a la mujer de pelo negro y corto, ¿pero a él? A él lo podía haber distinguido en una muchedumbre. El pelo castaño le tocaba los hombros y sus ojos verdes brillaban como estrellas en la noche.
Yohji Kudou estaba empezando a levantar los brazos para guiar a su compañera de baile cuando vio malva por el rabillo del ojo.
Antes de tomarla de la mano, se giró hacia la puerta y miró directamente a Anew.

—Oh —dijo, bajando los brazos y acercándose hacia ella—. ¡Hola!

—¿Una amiga tuya? —preguntó la otra mujer, volviendo a poner los brazos en jarras.

Yohji sonrió, con los ojos aún clavados en Anew.

—Eso espero.

—Ah… —consiguió decir Anew, llevándose un puño a los labios—. Perdón por molestar, me iré.

Anew oyó a la otra mujer reírse y la vio agarrando una chaqueta. Parecía estar preparándose para irse.

—No molestas, cielo. Estaba a punto de irme —la chica le dio un par de palmadas en la mejilla a Yohji antes de continuar—. Pórtate bien, mangarrán.

—Oiga, señorita. —se quejó Yohji, aunque se rió mientras la otra le sacaba la lengua y se escabullía entre Anew y la puerta.

—¡Adiós! ¡Os auspicio un buen futuro cercano! —se despidió sacudiendo la mano sin girarse a mirarlos.

—Uh —dijo Anew, parpadeando hacia el pasillo—. ¿Qué ha sido eso?

—Hokuto, ella siempre es así.

Otra canción empezó a sonar y Anew dirigió su mirada hacia Kudou y sus brillantes ojos verde esmeralda. Anew bajó la mirada, asustada por si se quedaba encandilada mirándole como la noche anterior.
Error. Porque la camisa de Yohji estaba abierta y podía ver como una gota de sudor le corría por en medio de sus pectorales y se perdía bajando hacia su abdomen. Anew fue muy rápida desviando la mirada ahora hacia un lado.

—¿En qué te puedo ayudar? —preguntó Yohji, ofreciéndole la mano—. ¿Tal vez en un baile?

Anew Returner solía ser una persona muy profesional, pero se vio poniendo la mano sobre la de Yohji Kudou y segundos después él estaba tirando de ella hacia la sala de baile.

—Te puedo dar clases, ya te dije anoche que soy profesor de baile.

—No sé bailar —confesó Anew, aunque sólo era medio mentira, pero Yohji no tenía porqué saberlo—. Me he perdido, tengo que ir a recepción…

—¿Cuánta prisa tienes? —preguntó Yohji mientras le indicaba a Anew de donde agarrarse y ponía con cuidado su mano en la cintura de ella—. Una clase gratis y te acompaño a recepción.

Yohji apartó la mirada por un momento y Anew se dio cuenta de que estaba mirando un reloj en la pared del que ella no se había dado cuenta.

—No sé ni qué hora es. —se quejó Anew, empezando a balancearse con la música, mirando hacia sus pies porque no quería pisar los de Yohji.

—Las diez menos cuarto, tengo cinco minutos antes de tener que ir hacia la salida —Yohji dio un paso hacia atrás y luego movió el brazo de tal forma que Anew se vio dando una vuelta sobre sí misma antes de volver a agarrarse al hombro de Yohji, acercándose otra vez hacia él—. ¿Qué te parece si me concedes este baile y te acompaño a recepción, hm?

Anew empezó a moverse al compás de Yohji, sin darse cuenta y los ojos brillantes de Yohji le recordaron a las palabras de su director. Diviértete un poco. Sólo eran cinco minutos. Podía permitirse cinco minutos de diversión, ¿no?

Una pequeña sonrisa empezó a florecer en los labios de Anew.

—Bueno, está bien.


Neko

Re: SeeDs in the Garden – revival
« Reply #93: February 29, 2024, 11:27:53 AM »
Hola, vengo a chupar wifi de Airi owo wijijijiji




30. Un gato grande…

Decir que Hiksti estaba nervioso era recalcar lo evidente. Y es que todo su cuerpecito temblaba con la sola idea de acercarse al Furia Nocturna que habían atrapado unos días antes. Pero ni él mismo tenía claro si era por miedo o curiosidad.

—Vamos, chico —le dijo Norge, su padre, con una manaza sobre su hombro huesudo—. Aún no se ha comido a nadie, no creo que empiece por tí.

—Al menos que lo confunda con un pez. —canturreó Ylvie, su hermana, que llevaba un cubo de repleto de pescados que pesaba como tres veces más que ella.

—Si tuviera que confundir a alguien con un pez sería a tí, hija mía, hueles a sardina.

Ylvie se encogió de hombros, caminando a duras penas con su carga, pero feliz como siempre parecía estar.

—No es mi culpa que estén tan ricas.

—Por lo menos podrías comértelas cocinadas… —suspiró Hiksti, reacomodando los bultos que llevaba entre los brazos.

Ylvie arrugó la nariz.

—¿Para qué perder el tiempo? Además crudas están más jugosas.

Norge y Hiksti se miraron por encima de la cabeza de la niña, sin saber muy bien qué decirse. Hiksti acabó hablando primero.

—¿Estás seguro que de mamá no era un dragón?

Norge se encogió de hombros con un gesto muy similar al de su hija.

—Uno nunca puede estar del todo seguro.

Hiksti suspiró otra vez y la familia llegó a un alto, justo delante de la puerta que les separaba del corral donde tenían confinado al Furia Nocturna, uno de los dragones más esquivos y bravos de toda la región. Hiksti notó otro escalofrío recordarle el cuerpo sólo de pensar en verlo cara a cara.

—¡No te preocupes tanto, tato! —exclamó Ylvie, sacando las llaves del cinturón de su vestido naranja y dándoselas a su padre—. Es como un gato grande, ya verás.

—Un gato grande… —repitió él.

—¡Un gato grande! —respondió Norge, abriendo la puerta y dándoles prisa para que entraran ya.

Norge le había asegurado a su hijo que mantenían al animal aislado no porque le fuera a hacer daño a nadie, si no por la animadversión que la gente sentía hacia ese tipo de dragón. Norge no se fiaba de que no hubiera alguien queriendo hacerle daño a la bestia sólo por la mala fama que tenia su raza.

Hiksti se fue derecho a la mesa que había cerca de la puerta del corral y dejó todos los trastos que había venido cargando allí encima, sin orden ni concierto y luego se dio la vuelta, frotándose las palmas de las manos sobre los muslos, sólo para encontrarse un par de ojos verdes enormes mirándole muy de cerca.

—¡Ah! —gritó, pegándose a la mesa e intentando subirse a la misma.

El animal dio un gritito y se echó hacia atrás y todo lo que Hiksti podía ver eran escamas negras reflejando la luz del sol y patas enormes con garras afiladas. No quería ni pensar en los dientes que debían esconderse tras aquella sonrisa aparentemente amistosa.

—¡Furia Nocturna! —dijo Hiksti, consiguiendo subirse a la mesa.

—¡Eres un exagerado! —le gritó su hermana, tirando el cubo al suelo y volcándolo para dejar salir todos los peces que había traído para el dragón—. ¡A comer!

El dragón se dio la vuelta sobre sí mismo dos veces antes de trotar, cabeza y cola en alto hacia la comida. Hiksti se bajó de la mesa y se frotó las manos mientras veía como el dragón le daba la vuelta entera a su comida y se ponía frente al recién llegado. Abrió la boca, levantando las comisuras mientras ladeaba la cabeza.

—¿No tiene dientes? —preguntó Hiksti sorprendido, dando un paso al frente.

Y de repente una buena hilera de dientes afilados apareció en las encías que hacía un momento antes estaban desnudas de dentadura.

—¡Sí tiene dientes! —y dio tres pasos atrás.

El dragón usó esos mismos dientes para empezar a rasgar y engullir los peces que le habían traído para comer.

—¿A que mola? —preguntó Ylvie, poniendo una de sus manitas sobre el dragón, que la ignoró por completo mientras tragaba y tragaba.

—No sé yo qué decirte… —y se giró a preguntarle a su padre:— ¿Está así de entretenido mientras come?

Señaló hacia la mano de Ylvie que estaba palmeando al dragón con fuerza. Norge afirmó con la cabeza y Hiksti corrió hacia la mesa para recoger un metro y unas telas para empezar a trabajar en su misión: recomponer la cola del dragón.

Una vez metido en su trabajo, Hiksti dejó de temblar y empezó a ser el chico competente que su padre sabía que era. Hubo un momento en el que el chaval incluso se puso a horcajadas encima de la cola para acabar de medir bien la aleta que aún le quedaba al dragón, que no paraba de moverla de un lado a otro.

—¡Quédate quieto, desdentao!

El dragón miró hacia atrás y dejó la cola quieta durante dos segundos antes de moverla hacia arriba, haciendo que Hiksti se tuviera que echar hacia atrás. El pobre chico acabó sentado sobre el culo del dragón que empezó a trotar por el corral con una nueva carga encima. Ylvie se empezó a reír mientras Hiksti cerraba los ojos y se agarraba con fuerza a la cola que no paraba de moverse y Norge suspiró.

—¡Chico! —bramó con autoridad. Y tanto el dragón como su hijo se giraron a mirarle—. Vamos, déjale hacer, es por tu bien.

—¿Mi bien? —preguntó indignado Hiksti.

—Le hablaba al otro chico. —aclaró Norge, recibiendo un rodamiento de ojos de Hiksti bien claro.

Norge empezó a rascarle la mandíbula al dragon, que abrió su boca sin dientes y dejar caer la lengua, satisfecho.
Hiksti se dio prisa en acabar la medición y luego empezó a revisar lo que había conseguido sobre la mesa de madera.

—¿Tú estás seguro de que es por su bien? —preguntó Hiksti, oyendo las risitas de fondo de su hermana que parecía estar jugando con el Furia Nocturna como si fuera un gato grande.

—Sin esa aleta no puede volar y no quiero que alguien con prejuicios le haga daño. Los Furia Nocturna comen pescado y no matan a nadie si no les han atacado primero. La gente tiene muchas concepciones erróneas sobre estos animales.

Hiksti paró y miró de reojo a su padre, dejó salir el aire por la nariz y siguió trabajando. Y sin levantar los ojos de su prototipo continuó con su argumento.

—No me refiero a la gente. Lo digo por… los monstruos esos que hay por su zona. Los que encontraron en aquella misión.

Norge arrugó la nariz exactamente de la misma manera en la que lo hacía su hija cuando estaba confundida o enfadada.

—Y por eso tenemos que acabar con esa amenaza antes de soltar a esta amenaza en su medio natural.

Hiksti soltó una risilla desde el fondo de la garganta.

—¿No decías que eran inofensivos?

Norge señaló al dragón y a su hija jugando.

—¡Vamos hombre! ¡Me van a convertir en diabético! ¿Has visto eso? ¡Amenazas los dos!

Y Hiksti volvió a reír. Esta vez bien en alto, olvidando el nerviosismo que le había inundado antes de entrar en aquel corral.



Kora

Re: SeeDs in the Garden – revival
« Reply #94: March 30, 2024, 05:33:53 PM »
Flashback con gatitos featuring mi propio Yuri uwu



Kora tenía una mañana muy, pero que muy aburrida. Tanto que ni siquiera su enésima ronda en Princess Debut la tenía entretenida. Dejó caer la consola portátil hasta sus muslos y suspiró con la cantidad de drama adecuado (o sea, mucho), echando la cabeza hacia atrás.

-¿Cuándo pasará algo interesante en esta aldea? -preguntó al aire.

-Mujer, aldea, lo que se dice aldea... -le contestó Dante, sentado a su lado en las gradas del patio del Jardín-. Yo diría más que esto es una ciudad.

-Chst -le chistó Kora, dándole una palmada en el brazo con todos los dedos llenos de anillos-. ¡Un pueblo! ¡Esto es más aburrido que un pueblecito en Galbadia de cincuenta habitantes!

Dante torció el morro, porque era demasiado fuerte como para que los nudillos armados de Kora le hicieran daño, o por lo menos intentaba convencerse de ello.

-Ni que tu supieras mucho de pueblecitos en Galbadia.

-Más que tú sí, porque yo he estudiado para los exámenes. -le espetó, volviendo a golpearle con la mano.

Dante se apartó un poco y le devolvió la palmada sin pensarlo esta vez.

-¡Tú que vas a estudiar! ¿Seguro que no te dan las pruebas de los exámenes?

-¡Oye!

Yuri rodó los ojos y suspiró al otro lado de Dante. Bueno, al menos Kora había encontrado un entretenimiento que no le afectaba a él, aunque por la manera en la que Dante le miraba de reojo de vez en cuando le daba la sensación de que demasiado pronto iba a cambiar la cosa.
Y entonces escuchó un canturreo procedente de debajo de las gradas. Alguien llamaba su nombre suavemente.

-Yuri~ -escuchó el trino y Yuri se levantó de golpe.

-¡Eh, no te vayas! -le ordenó Dante, agarrándole de una manga, aunque sonaba más a plegaria- ¿¡Dónde te vas!? Llévame contigo.

-Me llama alguien, ahora vengo.

-¡Mentiroso! ¡No te llama nadie! -se quejó Kora, poniendo morritos y cruzándose de brazos.

-¡Sssh! -les chistó Yuri, llevándose un dedo a los labios. Y la llamada se volvió a oír a duras penas.

-Yuri~

-¿Véis? -dijo él, bajando los escalones de dos en dos y siguiendo el sonido de la voz lejana.

Aunque en realidad no estaba tan lejos, provenía de debajo de las gradas.

-¡Espérame! -siseó Dante, yendo a trompicones detrás de su amigo y Kora les siguió también, no sin antes guardar la consola en su mochila.

-¿Sí? -preguntó Yuri cuando vio a alguien agachado, dándole la espalda y llamando su nombre.

Ese alguien era Neko que casi se cayó de bruces al suelo al oírle responder.

-¿Me llamabas? -preguntó Yuri y Neko se giró a mirarle con la cara colorada y algo apretado contra su poco pecho.

-¿Quién yo? -respondió Neko después de carraspear y hacer como si no fuera con ella la cosa.

-¡Ajá! ¡Eras tú! Ya sabía yo que querías algo con Yuri... -acusó Kora, dedo en alto.

-¡No es eso! -aseguró Neko, dándose la vuelta y enseñando el gatito gris que tenía entre los brazos- ¡Estaba llamando a este Yuri!

Los cuatro se quedaron mirando al gato que bostezó entre los brazos de Neko y se peinó la cabeza con las patas delanteras antes de intentar lamerse una con pereza.

-¿Yuri? -preguntó Kora y el gatito maulló.

El Yuri humano entrecerró los ojos y se rascó la cabeza. Luego se pasó una mano por la cara, sin saber como reaccionar.

-¡Yuri! -exclamó Dante, agachándose para acceder a la parte más baja de la grada y estirar un dedo hacia el gato, que se lo olió con curiosidad-. ¿Es tuyo?

-No lo sé, tal vez. Lo encontré ayer aquí y todavía seguía aquí esta mañana. Quiero llevarlo a un veterinario por si tiene algún chip.

Kora volvió a chistar, arrugando la nariz.

-¿Y por qué le has puesto Yuri, hmm?

Dante rascó la cabecita del gato y tocó un collar con la mano, sacó una chapa y la leyó.

-Yuri, lo pone en la chapa. Lo siento mucho, Kora, pero no hay dramas para tí hoy. Es una coincidencia.

Kora suspiró y gateó hacia sus amigos para toquetear un poco al gato. La verdad es que era demasiado encantador, podía pasar la tarde sin dramas y con gatitos, no le importaría. Aún así se quejó.

-Jo, y yo que creía que por fin iba a destapar los sentimientos de Neko hacia Yuri...

-¿Qué dices? Yo no tengo de eso. -refunfuñó Neko, con los ojos muy fijos en el gato.

Yuri rodó los ojos y se unió a los otros tres al fondo de las gradas.

-Hola, tocayo. -le dijo al gato.

Y a partir de entonces los cuatro compartieron una tarde muy entretenida. Neko sólo rezaba para que ninguno de los tres descubriera que ella era la que había comprado el collar y la chapa personalizada al gato. Si no era mucho pedir.


Neko

Re: SeeDs in the Garden – revival
« Reply #95: May 05, 2024, 02:44:33 PM »
¡Yare, yare!




Yare, yare…

—Señorita…

Neko abrió los ojos de golpe, o más bien se dio cuenta de que los tenía abiertos. Una mano enguantada empujó su teléfono móvil hacia abajo y Neko se preguntó cuándo demonios lo había cogido de la mesita. Ella estaba bastante segura de que llevaba un buen rato en la cama, durmiendo, pero no. Por lo visto se había quedado embobada leyendo en el móvil.

—Es hora de ir a la cama.

Neko levantó la cabeza, mirando en la dirección de aquella mano vestida con un guante blanco y siguiendo por el uniforme oscuro hacia arriba.

—¿Yuri? —preguntó extrañada.

¿Qué hacía su crush en su dormitorio? Y aún más importante. ¿Por qué iba vestido de mayordomo? ¿¡Desde cuando llevaba el flequillo tan largo y de lado!? ¿Estaba en su época emo punk y nadie la había avisado?

—¿Ya estás con el móvil otra vez? —preguntó Dante, que estaba de pie detrás de Yuri, pero Neko no tenía ojos para él, así que no se había dado cuenta de su presencia.

También iba vestido como si fuera un mayordomo.

—¿Qué clase de broma es esta? —preguntó Neko justo antes de que Yuri le chistase decepcionado.

—Señorita, necesita descansar para tener la piel reluciente…

Neko arrugó la nariz.

—Tengo catorce años. —le contestó.

—Es hora de dormir. —continuó Yuri.

Dante apoyó una rodilla en la cama de Neko, justo al lado de donde Yuri estaba sentado, y le pasó el brazo por detrás a su mejor amigo. Y los dos, a la vez, como si de un número musical se tratase dijeron:

—Si te quedas hasta tarde, tendremos que quedarnos sin aliento por ti.

Neko levantó las rodillas y tiró de la manta para taparse la cara, pero no funcionó, el peso de los chicos mantenía la manta anclada en su sitio.

—¿Pero qué mierda?

Yuri y Dante desplegaron los brazos como si fueran a abrazarla.

—¡Bailaremos!

Y de repente estaban en lo que parecía ser una habitación en un palacio y mientras Yuri y Dante bailaban un bailecito de lo más ridículo, Neko miró a su alrededor. Aún iba vestida con su pijama.

—¡Yare, yare! —dijeron los dos.

Y Neko se palmeó las mejillas.

—Esto no está pasando.

Una musiquilla alegre acompañaba a la escena mientras un montón de chicos guapos que no conocía de nada irrumpieron en la habitación.

—¡Ay, parece que nadie te puede parar! —canturreaban Yuri y Dante mientras los demás chicos le hacían una reverencia.

Neko levantó un labio en confusión, abrazándose a sí misma, mientras Yuri y Dante movían el culo muy felices.

—¡Yare, yare!

Y de repente estaba vestida con el vestido más princesil que había llevado en su vida. Neko se sentía un repollo y Yuri y Dante le estaban sirviendo comida en un comedor que parecía un salón de bodas para la realeza. Yuri incluso le estaba desplegando una servilleta.

—No —dijo Neko—. Me niego, esto no es real.

—¿Ya estás con el móvil otra vez? —repitió Dante con tono juguetón.

—¡No! —se quejó Neko, pero cuando miró hacia abajo tenía el móvil en las manos.

—¡Ay, nadie puede parar a esta chica!

Neko se puso en pie de golpe y se quitó la servilleta del regazo con violencia. Se agarró la falda de delante y la levantó para poder irse a zancadas de ese sitio.

—Tiene que haber una salida, esto es una ilusión. —se aseguró a sí misma.

Un zoom in de la cara de Dante fue seguido por una imagen de cuerpo entero de Yuri bailando con cara completamente seria y Neko se quería quitar los ojos de la cara, pero a la vez no podía parar de mirar.
Y de repente tenía una campanilla en la mano y estaba haciéndola sonar.

—¿Pero qué…? —fue lo único que le dio tiempo a decir antes de que Yuri y Dante le sirvieran la torre de dulces más apetecibles que había visto en mucho tiempo—. Hum…

Neko se quería relamer los labios, pero los apretó, resistiendo la tentación. No, no podía ceder, necesitaba salir de allí rápido. Quien hubiera creado esa ilusión parecía conocer algunas de sus debilidades secretas demasiado bien.

Y Dante y Yuri seguían bailando. Y la música seguía sonando. Y los hombros de Neko estaban crispados y sus puños bien cerrados. Pero acabó por levantar una mano temblorosa hacia una de las pastas.

Y de repente estaba en su habitación, en pijama, con Yuri acariciándole una mejilla.

—Será mejor que lo dejemos ya… Es hora de irse a la cama. —le recordó Yuri, levantándose a apagar la lámpara.

-¡Llevo en la cama desde el principio! —berreó Neko a la oscuridad de su habitación.

Oscuridad de la que salió repentinamente la cara de Dante sonriendo como un gato satisfecho.

—Nunca quisiste irte a dormir, ¿verdad? —le preguntó.

—Coño, que susto. —murmuró Neko, llevándose, ahora sí, la manta hasta la barbilla.

—Hmf… —se rió Yuri—. Quieres venir a bailar con nosotros…

—No. —contestó Neko con la voz pequeñita, pequeñita, pequeñita…

Yuri y Dante le agarraron cada uno de una mano, llevándolas peligrosamente cerca de sus labios.

Neko apretó la boca mucho. Podía notar el calor en sus mejillas. Aquello era tan, pero que tan absurdo… Ah, ¿no se suponía que debería despertar?

—Debería de ir a dormir temprano, señorita. —le recordó Dante.

—¡Eso he hecho!

—Pero puede ser nuestro secreto. —le susurró Yuri.

—Uh. —dijo elocuentemente Neko.

Y le besaron las manos.

Y de repente todos los chicos que habían salido en el sueño estaban bailando para ella. Neko se dejó caer de la silla al suelo y se abrazó las piernas como bien pudo, vestida otra vez con el vestido más pomposo de la existencia.

—¡Yare, yare! ¡No hay quien pare a la señorita!

Neko suspiró derrotada, apoyó la barbilla sobre las miles de capas encima de sus rodillas y entrompó los labios. Y mientras el elenco se dedicaba a bailarle la canción completa, alguien le sirvió un té.

—Gracias. —dijo Neko sin fuerzas mentales para luchar contra lo que estaba pasando.

Después de darle un trago se sorprendió de lo bueno que estaba el té. Yuri se alejó unos segundo del grupo de baile para darle un macaron a la boca que Neko cansadamente aceptó.

El baile y la canción continuaron por lo que parecían treinta segundos o una eternidad, Neko no lo tenía muy claro. Los mayordomos se turnaban para servirle comida y bebida que Neko no paraba de aceptar por muy llena que se sientiera. Y la locura seguía sin parecer llegar a su fin.

Hasta que de repente Yuri y Dante pararon para hacerse una foto y la foto apareció mágicamente en la mesa junto al té de Neko, que la agarró para inspeccionarla con curiosidad.

—Debería de irse a la cama ahora, señorita.

Neko levantó la cabeza de golpe al oír esa frase, porque parecía que hacía tres vidas que no la había oído.

—¡Sí, quiero irme a la cama!

Y tal como había ido apareciendo en todos aquellos escenarios, volvía a estar en su cama, en pijama y tiró el móvil que llevaba en la mano lo más lejos posible.

—Después de todo es hora de decir adiós.

Neko se tumbó, se tapó hasta la barbilla y se aburritó entre las sábanas. Yuri se inclinó y le susurró despacio en el oído, mientras la música se empezaba a oír de nuevo suavemente intentando llenar la habitación.

—Si no te duermes ahora… Nosotros…

—¡Adiós! —gritó Neko.

Y el silencio llenó sus oídos de estática. Esperó un poco antes de atreverse a abrir un ojo y se dio la vuelta para encender la luz de la lámpara de su mesita de noche.
Neko se incorporó en la cama y ahí fue cuando se dio cuenta de que la consola portátil donde había estado jugando el último juego que le había prestado Kora, uno sobre ser una princesa y tener ocho mayordomos con los que podías ligar, seguía encendida en la última pantalla que había estado jugando. Los paquetes de los snacks que había estado comiendo estaban desperdigados encima de su cama y el estómago de Neko rugió por la indigestión.

Neko se dio la vuelta, gruñendo. Tenía que dejar de jugar hasta las tres de la mañana mientras comía todos los snacks del mes, luego tenía sueños muy raros.
Aunque se había quedado con las ganas de saber qué té le habían servido, estaba bueno.



Airin

Re: SeeDs in the Garden – revival
« Reply #96: May 06, 2024, 10:20:04 AM »
Los sintes me acompañan en bucle sin fin, Fueri con todo
voy a tener que hacer un avatar al periquito




 




“O toppo mío!”

Unos puntos suspensivos haciendo la ola en la esquina superior de la pantalla le confirmaron la comunicación inminente.

“desde cuando hablas ilatiano, pulcino?”

—Qué cabrón, —refunfuño Prompto entre dientes escribiendo de vuelta.

“he visto un puñado de series, cómo vas de tiempo?”

Los puntos suspensivos bailaron y se detuvieron varias veces de forma intermitente hasta que por fin recibió una única palabra.

“para?” y después,
“no son tus horas.”

Prompto rodó los ojos en un giro que habría ganado puntuación olímpica. Los que le acusaban de ser un paranoico, claramente no habían tratado nunca con Mole.

“Ya sé que no estás bien de lo tuyo pero tengo un encargo. Puede.”

La sátira en sus palabras debería haber bastado para confirmar su identidad más allá de la obvia aplicación segura encriptada y codificada, pero aún así parecía que se lo estaba pensando. El chico se dio la vuelta contra la pared para recostarse apoyado sobre el hombro mientras esperaba que su contacto decidiese si tenía un hueco libre para él en su agenda de excel o si los planetas se habían alineado y tenía que cortarse el pelo y no hablar con nadie antes de la próxima luna llena.

Bloqueó la pantalla del móvil por costumbre y se llevó la mano libre al frente del pantalón tanteando para asegurarse de que el táser siguiese en su sitio. Y entonces justo cuando iba a girarse porque había creído oír un ruido, notó algo punzante contra su espalda.

—¡Dame lo que lleves encima o te rajo! —Y ahí estaba el desubicado que había decidido rondar por el polígono. Porque por supuesto, por qué no.

—Eh eh, espera espera, —encogiendo los hombros y con la voz temblorosa, Prompto levantó la mano en la que llevaba el móvil— déjame por lo menos que me la guarde joder, que uno ya no puede ni hacerse foto-pollas tranquilo.

—Pfft, foto-pollas de nena. Rapidito pringao —la voz hosca que se burlaba de él sonaba desde algo más arriba de su cabeza, así que haciendo el paripé de gimotear y cerrarse el pantalón agarró el táser que antes no había tenido oportunidad de soltar su carga y giró el dial al máximo.

—Eh, cada cual se gana la vida como puede...—y sin haber terminado de hablar Prompto giró el torso lo justo para hacerse hueco y apuntar hacia atrás pasando la mano armada bajo su brazo opuesto y disparando sin mirar.

Pero el objetivo esta vez no era Reno y las púas metálicas se clavaron de lleno en el torso de su asaltante, soltando un par de miles de voltios de descarga eléctrica que hicieron que el tipo gritase y cayese hacia atrás soltando la navaja y golpeándose contra la pared como un saco de patatas poseído, agitándose de forma involuntaria.
En el aire fresco repentinamente ionizado Prompto observó con desgana al hombre hasta que las convulsiones terminaron de recorrer su cuerpo, y cuando estuvo seguro estiró de los cables haciendo que los dientes de metal se desenganchasen de su presa.

—Tieso. —confirmó arrugando la nariz y dándole una patada en la pierna mas cercana.— Te jodes, por el susto que me has dado y por cabrón imbécil.

Su móvil vibró, y Prompto desbloqueó la pantalla de nuevo, escribiendo en su chat privado sin pararse a leer primero.

“Deja de consultar el tarot que casi me rajan!”

La respuesta le llegó inmediata.

“Dónde estás?” y después,
“estás herido?”

Prompto suspiró pasándose la mano por la cara y apartándose el flequillo que volvió a esponjarse rebelde como siempre, y leyó lo que había ignorado más arriba.

“exactamente qué necesitas?”

El chico resopló y empezó a escribir mientras seguía recibiendo mensajes.

“Magitek”, entró en su pantalla,

“estoy entero porque soy rápido” tecleó a una velocidad que hacía honor a sus palabras,
“en un sitio hablando de un puede que trabajo, no sé todavía, probablemente necesite materiales”
y después una pausa añadió “están dispuestos a hacer negocios”

“negocios de los que te rajan?”

—Awn, me quieeere, —canturreó Prompto llevándose una mano al pecho mientras escribía.— quién le iba a aguantar si no.

“Nah eso ha sido un random, he salido a la calle por la cobertura”

“el periquito famoso tiene más neuronas que tú”

“pero no programa ni codea, que no se puede tener todo”
el chico pudo oír la pausa hastiada en el chat y rió entre dientes imaginando cómo sería la expresión de fastidio en la cara desconocida del otro.

“dime mañana y lo hablamos” y la aplicación marcó el contacto como desconectado.

El sonido metálico de la puerta al abrirse de repente le sobresaltó.

—Me aburro, date pri- … —Reno cortó la frase con la boca abierta mirando varias veces del cuerpo tirado en el suelo al rubio y viceversa.— Pero que no te he dejado ni diez minutos solo chaval, qué fiesta es esta que no me invitas.

—Que me ha puesto la navaja en la espalda y me ha llamado nena, no pretenderás que... —Prompto empezó a defenderse.

—No no no, lo que está bien hecho está bien hecho, —el pelirrojo le quitó importancia y resoplando montó al hombre en un carrito de carga que había tirado junto al almacén sin molestarse en averiguar si seguía o no vivo.— pero podías haber llamado antes.

—Ya lo sé, ya lo sé, chuku chuku paw paw, —recordó el rubio recogiendo de nuevo los cables del táser dentro de su hueco.

Reno enfiló el carro hacia el asfalto que cruzaba la parte trasera de las naves en dirección descendente y empujándolo con un pie dejó que la gravedad y la inercia hicieran lo suyo.

—Siempre me toca a mi sacar la basura eh. —refunfuñó volviendo hacia Prompto.— Entonces qué, ¿hay asunto?

—No me ha dicho que no, —el rubio se encogió de hombros,— pero mañana sabré más, que anda liado.

—¿Tu proveedor da más largas que una novia elfa de normal o es que le has despertado? —dijo Reno con una risita sardónica.

—Normal lo que se dice normal creo que no es.

—Qué le vamos a hacer. Hay gente con prioridades muy raras, —Reno estiró los dedos en dirección al táser que Prompto llevaba aún en la mano.—  A ver, enséñame eso que tienes ahí, que está modeado fijo, ¿cuánto carga?




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« Last Edit: May 06, 2024, 10:24:23 AM by Airin »

~      H e g o a k    e b a k i    b a n i z k i o,    n e r i a    i z a n g o    z e n,    e z    z u e n    a l d e g i n g o.       ~
~      B a i n a n    h o n e l a,    e z    z e n    g e h i a g o    t x o r i a    i z a n g o,      ~
~      e t a    n i k    t x o r i a    n u e n    m a i t e.       ~


Airin

Re: SeeDs in the Garden – revival
« Reply #97: June 29, 2024, 03:45:25 PM »
Dejo esto aquí antes de que se me olvide y tenga que venir a la carrera (como tantas veces) :v








De entre el montón de sábanas salió una mano de dedos largos y esbeltos que tanteó en busca del aparato que osaba perturbar su descanso hasta que dio con él. Y lo tiró al suelo sin querer, donde el terminal siguió vibrando esta vez de forma más escandalosa. Apartando las almohadas con un puñado de maldiciones ahogadas que podrían haber sido sujeto de varias clases de historia y etimología, Maeglin se arrastró hasta el borde de la cama y se estiró para recoger el dichoso trasto.

Su odio recién despertado se detuvo en una pausa confusa al ver el nombre de la llamada entrante. Aurum. ¿Aurum? La mecánica nunca llamaba directamente a ese número si no era algo importante, o urgente y por lo tanto de gran importancia. Aceptó la llamada antes de que se cortase por falta de respuesta.

—...hm? —con el sonido justo para dar señal de vida suficiente, el elfo se sentó en la cama y contempló el brillo atenuado de las luces de neón del exterior tras los cristales ahumados de su ventana. ¿Qué hora era?

Mole, —la voz afable y ligeramente rasposa de la mujer le saludó al otro lado de la linea,— tengo algo para tí. No sé de qué va el asunto, pero por la forma en que lo he encontrado es algo turbio seguro.

Maeglin se enrolló una sábana a la cintura y descalzo recorrió la habitación hasta la puerta que daba a su sala de máquinas particular, donde sacó los sistemas del modo de suspensión y activó varias pantallas a la vez.

—¿Me lo mandas o envío a alguien?

—¿Te he sacado de la cama? —bromeó la mujer al notar su tono aún espeso y profundo.

—...de forma literal.—el elfo se permitió una sonrisa autocrítica ante las carcajadas cálidas y sin malicia de Aurum.— No habría contestado si no fueras tú.

—Oh no, tesoro cuánto lo siento. Me da igual que seas tres veces mi abuelo de viejo, necesitas dormir más.

Maeglin resopló con humor por la nariz, en parte porque ambas cosas eran ciertas pero también porque no había necesidad de decirlo de aquella manera. Pero Cindy Aurum no iba a cambiar su forma de ser por nadie, y en el fondo era parte de su encanto. Que se hubieran visto en persona tres veces y ya le considerase parte de su familia extendida era desquiciante de un modo nuevo para él.

—Puedo dormir en otro momento. ¿Qué es? —el elfo se sentó con las rodillas dobladas y los pies en la silla, poniéndose un pequeño auricular manos libres mientras hacía un chequeo rutinario de sus cámaras de seguridad y revisaba varios feeds de noticias y rutas de control diarias a los que estaba pinchado.

—Uuh... eso es lo extraño. Tengo una moto bestial en reparación. Y quiero decir tremenda, una auténtica máquina de guerra, ¿me sigues cielo? —La mecánica hizo una pausa pensando en cómo explicarlo.— En el tanque de combustible hay una doble cámara.

—¿Combustible de contrabando? —Maeglin se irguió ligeramente por instinto.

—No, ¡está soldada para ser estanca! El goteo que oía era un agujero que filtraba de un lado a otro. Por si acaso no lo he desmontado del todo hasta cerrar el taller, pero tenía un tubo super pequeñito dentro, y hay… no estoy segura, es algún tipo de chip, pero ni idea de qué es o para qué sirve, eso es dominio tuyo.

—Ya veo. —Con cientos de ideas y posibilidades a cada cual más cuestionable y retorcida revoloteando en su mente, Maeglin echó un vistazo rápido a su lista de tareas, reorganizando sus prioridades con rapidez.— Sigues en el mismo sitio, ¿verdad?

—Ajá.

—Entonces será mejor que vaya en persona.

—Te gusta tan poco como a mi, —confirmó Cindy con tono de sospecha.

—Me has llamado por un motivo ¿no?

—A lo mejor te echaba de menos.

—¿A mí? Lo que echabas de menos eran dos neuronas y una conversación inteligente. —dijo el elfo con un tono ácido que hizo reír a la mujer.

Mole corazón, sabemos que dos cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo. Tú encárgate de traer tu neurona a salvo hasta el taller, y te prometo una buena cena caliente y un proyecto como mínimo interesante.

—Quieres decir ilegal. —comentó Maeglin rebuscando en su armario las prendas más indistintas posibles para salir al exterior sin atraer ninguna atención sobre sí mismo.— Dame un rato para llegar hasta allá, te aviso antes de llamar.

—Vale, te espero. —el sonido de la línea anunció el fin de la llamada.

El elfo encargó un café para llevar y recoger de camino a la lanzadera de metro-raíl más cercana, y después de pensarlo unos momentos añadió también un par de dulces. Recogió unos cuantos estuches con las herramientas más habituales que pensó que pudiera necesitar, los metió en su bolsa de viaje junto con varios terminales distintos y procedió a vestirse y encapucharse apropiadamente a regañadientes.



Mordiendo la pajita del café y calculando cuánto tiempo y qué transbordos le faltaban para llegar a las afueras, Maeglin notó una vibración en su móvil. El mensaje entrante encriptado tenía como remitente a Magitek.
El elfo echó una ojeada discreta a su alrededor pero a aquellas horas los pocos pasajeros de la linea iban dormidos, borrachos o en camino a ambas. Abrió su aplicación con curiosidad, sopesando las probabilidades de coincidencias extrañas.

“O toppo mío!”

Maeglin dio un trago frustrado al café. Si Magitek tenía un negocio, iba a tener que esperar un numero de horas de al menos dos cifras.




.

~      H e g o a k    e b a k i    b a n i z k i o,    n e r i a    i z a n g o    z e n,    e z    z u e n    a l d e g i n g o.       ~
~      B a i n a n    h o n e l a,    e z    z e n    g e h i a g o    t x o r i a    i z a n g o,      ~
~      e t a    n i k    t x o r i a    n u e n    m a i t e.       ~


Kora

Re: SeeDs in the Garden – revival
« Reply #98: June 30, 2024, 10:15:34 AM »
Toma flashback de los nenes



Les habían avisado, casi mes y medio atrás, un murmuro quedo de un joven flacucho y de rostro demacrado. Unos ojos que habían visto más de lo que la mente humana pudiera soportar, dejándolo vacío y poco más que un cadáver andante, sombra decadente de lo que una vez había sido un hombre. Mirando a un punto indefinido en el horizonte, había emitido su profecía, y como si nunca hubiera existido, se perdió entre la multitud sin que nadie lo volviera a ver. Todos lo habían oído, pero pocos habían escuchado.

“Se acercan los finales.”

Habían sido niños de la primavera, viviendo la vida bajo el sol y la luna como hermanos y amantes; su espíritu era demasiado joven como para creer que existieran otros que conocieran el mundo mejor que ellos, y los presagios de sus mayores sólo eran exagerada retórica diseñada para subyugarlos. Sin embargo, el mayor enemigo de la humanidad, el inexorable paso del tiempo, acechaba. Paciente y metódico, había dejado que las horas se convirtieran en días, y los días en semanas, hasta que su sombra se alargó tanto que ya no podían ignorarlo.

Y entonces, fue entonces y sólo entonces, cuando se dieron cuenta de que debían haber escuchado.

-Pero ya es tarde, hermanos míos, pues La Larga Noche ha llegado. Y con ella, la oscuridad, el hambre, el frío… Disfrutemos de estos momentos de paz, pues aunque esté cercano, no sabemos el momento exacto en el que llegará nuestro fin. Cada minuto es una bend-¡Ay!

Dante recibió un cojinazo en pleno rostro que le hizo perder su postura mística, sentado en el sofá con la barbilla apoyada en sus manos entrelazadas y encorvado. Neko no se molestó en recoger el cojín del suelo, recostada en el reposabrazos como un gato.

-Que sí, pesao. Ya sabemos que los finales empiezan mañana y que vais a suspender. -Bufó Neko, colocándose bocarriba y cruzando los brazos detrás de su cabeza.- A mí no me liéis. Que yo tengo memoria fotográfica y sólo he venido a ayudaros.
-Podríamos al menos afrontarlo con un poco más de ánimo, ¿no? -Shura levantó la mirada hacia Neko. Se había esforzado lo suficiente aquella noche como para permitirse un poco de optimismo.
- Pero es cierto. -Suspiró Yuri.- Esta ha sido nuestra última cena.
-¿Sigue siendo cena si es a las cuatro de la madrugada? -Kora, quien normalmente trataba de cuidar su apariencia frente a los demás, había abandonado su humanidad y habló mientras masticaba el trozo de pizza que todavía estaba unido a su pieza por unos hilillos de queso derretido.
-Ya hemos cenado. -A su lado, Prince tecleaba en su móvil.- No puedes volver a cenar otra en el mismo día.
-¿Ah, sí? - Yuri, apoyado en el suelo con un brazo, apuntó con un trozo de pizza a Prince. -Hemos cenado a las diez de la noche, pero ya estamos en la madrugada. Es obvio que ya no estamos en el mismo día.
-¿Y? -Prince levantó la vista de la pantalla de móvil.- Igualmente eso significa que esta es nuestra primera comida del día. Estamos desayunando.
-Ahí te tiene, osito de chocolate. -Dante se levantó por fin del suelo tras el ataque de Neko.- Clásico Prince, siempre con una respuesta para todo… ¿me dejas sentarme a tu lado en el examen de-
-No. -La simple respuesta de Prince provocó una mueca de horror en Dante, que lo señaló acusadoramente mientras murmuraba “traidor”.
-¡Un momento! -Ignorando el feudo, Kora se arrastró sobre la alfombra hasta ponerse al lado de Yuri.- Todo el mundo sabe que el día siguiente no empieza hasta que te despiertas.
-Vamos a hacer cualquier cosa menos estudiar, ¿no? -Suspiró Shura.
-Es dos contra dos, Prince. -Éste levantó una ceja ante las palabras de Yuri.- Shura, menos juzgar y más desempatar.

A esas alturas, nadie contaba con que Neko participara en la discusión. De hecho, la chica se había envuelto en unas sábanas ligeras, y el iPod a todo volumen, habiendo hasta cerrado los ojos. Dormida (o más probablemente ignorándolos) como estaba, su rostro tenía una expresión hasta pacífica. Si iba a volver con ellos en algún momento, no estaba claro.

(Neko, tienes que continuar… es tu destino…)

-¿Eh? -Shura había aprovechado el descanso para leer scans de manga en el portátil. Tenía que ponerse al día, y mejor hacerlo antes de que empezara la Noche Osc-- genial, ahora ella también lo pensaba.- ¿Qué pasa?
-¿De verdad importa? -Prince puso los ojos en blanco, guardando el móvil en el bolsillo.- Es sólo pizza.
-¡Sólo pizza! ¡¡Sólo pizza!! -Dante se puso de rodillas, llevándose las manos a la cabeza, había un límite sobre cuánto podía aguantar un sólo hombre y el vaso se le había colmado ya tiempo atrás.- Mira, Prince, puedes renegar de tus ancestros esmarthianos todo lo que quieras-
-No tengo ancestros esmarthianos.
--pero nunca, nunca, permitiré que la pizza sea insultada. ¡No bajo mi techo!
-Oye, esta no es tu casa. -Le recordó Kora.

Dante sólo se dejó caer en el suelo teatralmente, quedando de espaldas y dejando en silencio al resto del grupo de estudio. Cuando pasaron unos segundos sin que nadie dijera nada, soltó un suspiro dramático. Había sido una mañana, tarde y noche intensas, parando sólo para comer en diez minutos cuando la alarma del móvil les recordaba que tenían que alimentarse. Pero eventualmente sus mentes habían dado de sí, y en la madrugada, dado que no podían dormir por haber convertido su sangre en un brebaje de café y Monster, un descanso de tiempo indefinido hasta que se les aclarasen las ideas (o se desmayaran) parecía la mejor solución.

La pizza había sido sugerencia/obligación de Dante.

-Oh, ¿alguien se va a comer el último trozo?

En un instante, todos los ojos se posaron sobre el último trozo de pizza, como aves de presa que acababan de detectar el movimiento de un ratoncillo.
« Last Edit: June 30, 2024, 10:22:54 AM by Kora »


Kora

Re: SeeDs in the Garden – revival
« Reply #99: July 18, 2024, 02:55:13 PM »
La honestidad de Shura era una gran virtud, pero también un gran defecto. Cinco miradas se posaron sobre aquel último trozo. Horas tras la última comida dejaban un estómago difícil de llenar, y el ambiente empezó a hacerse tan denso (más de lo que lo estaba ya con seis personas encerradas en la misma sala durante horas) que podría cortarse con un cuchillo y untar sobre una tostada si se dejaba dar un par de vueltas en el microondas.

-Chicos… es un último trozo de pizza… -Empezó Yuri.- Sé que llevamos mucho tiempo aquí, pero no deberíamos olvidar que somos personas y-¡AAAGGHH!

Efectivamente, la sobrecarga de cafeína les había dejado con unos reflejos más allá de lo que las nanomáquinas pudieran ofrecer, por lo que cuando Dante se lanzó a por el último trozo, el resto reaccionó por puro instinto.

Codazos, arañazos y mordiscos. Todo el tiempo encerrados, toda la tensión acumulada, todo el hambre… se habían convertido en un cóctel explosivo. Kora tiraba del pelo de Shura para apartarla, empujando a Yuri accidentalmente y apartándolo en el último momento de la trayectoria del puñetazo de Prince, que fue a parar directo en el rostro de Dante. Más codazos, más arañazos y más mordiscos en medio de un griterío incoherente. La lucha (o intento de) duró unos minutos que parecieron eternos, hasta que una patada de Kora hizo que la caja girara sobre sí misma.

El trozo de pizza salió por el aire, y el tiempo pareció ralentizarse, con un “NOOOOOO” general que sonó grave y profundo, como si hubiera salido de las mismas entrañas del infierno. Y finalmente, cayó del revés, con el queso y las salsas pegándose en el suelo.

-No… -Gimió Kora.- No puede ser…
-Se ha terminado. -Yuri cerró los ojos, respirando hondo mientras apartaba a Prince.
-Así termina todo… nos hemos vuelto los unos contra los otros… por nada… -El tono de voz de Shura era débil.
-Esta es la naturaleza humana. -Prince desistió en su intento de golpear a Yuri, y se sentó a su lado.- Egoísta, violenta… un monstruo habita dentro de todos nosotros.
-Un monstruo que sólo se preocupa de sí mismo, dispuesto a aplastar a quien se ponga en el camino de su supervivencia… -Dante continuó la línea de pensamiento que había iniciado Prince.- Un auténtico demonio…

Callados, se miraron los unos a los otros. Despeinados, con arañazos y algún que otro moratón en la cara, la ropa descolocada y el rostro pálido y ojeroso tras horas de estudio.

-Somos monstruos… así son los monstruos de verdad. -Terminó Dante.
-¿Esto son monstruos? -Kora echó un vistazo los unos a los otros.
-Tristes criaturas destruyéndose mutuamente sólo por seguir con una triste existencia, día tras día… escondidos bajo una máscara humana…
-Y ésto es lo que hay bajo ella. -Shura cerró los ojos.- Decidme, ¿creéis que ha valido la pena esto?
-¡ES UN TROZO DE PIZZA! ¡PEDID OTRA!

Neko se había incorporado, sacando un brazo del burrito de sábanas en el que se había envuelto (no podía dormir si no tenía algo cubriéndola) para apoyarse en el sofá. El grupo quedó en silencio por unos momentos hasta que Neko bufó y se dejó caer en el sofá de nuevo.

-Esto no somos nosotros. -Kora agitó la cabeza.- Es sólo el estrés…
-Sí… Shura tiene razón. ¿Otra pizza para hacer las paces?
-Ya hago yo el pedido. -Dante tenía el número de la pizzería en contactos rápido.- ¿De qué pedimos?
-Vegetariana.
-Hawaiana.

Prince y Shura cruzaron miradas, pero sus dos respectivas propuestas habían recibido desaprobación general (expresada en un largo “eeeuuuuuuuughhhh”).

-¿Pizza de verduras? -Yuri torció el gesto.
-¿Piña en la pizza? -Shura apretó los dientes.
-Como experto en pizza, sugiero la maravillosa Cuatro Estaciones, la cual nos permitirá probar de todo un poco. -Y por sugerencia, Dante daba a entender que ya había decidido por todos.

La pizza tardó poco en llegar, y cuando el repartidor llamó al timbre, el grupo se había relajado. La repentina explosión de adrenalina había servido para apaciguar los ánimos, y al fin y al cabo, tenían más cosas en común como para que un trozo de pizza los separara (por ejemplo, el hecho de que iban a suspender). Con tres pizzas grandes habría suficiente para todos.

-Así, cortaditas bien para que todos probemos cada estación. -Anunció Dante, estrenando la pizza del mismo modo que quien corta la cinta en un nuevo paso de cebra.
-Ughh, el otoño tiene demasiadas olivas. -Kora las tocó con el índice como si fueran a morderle.- No me gusta.
-Pero tienes que probarlas todas. -Comentó Yuri, con un trozo de primavera en la mano.- No puedes saltarte ninguna estación del año en la vida real.
-Ojalá pudiera saltarme esta estación. -Suspiró en respuesta, mordiendo el trozo de pizza con los ojos cerrados y sin respirar, tragando sonoramente.- Si mañana dijeran que un meteorito va a caer sobre la Tierra… casi me alegraría.
-Curioso que lo menciones. -Prince había vuelto a una pose digna.- Tenemos estaciones gracias a un asteroide.

El grupo se giró hacia él, esperando su explicación.

-Esa es la teoría. Cuando el sistema solar se estaba formando, un asteroide gigantesco golpeó el planeta, inclinando ligeramente su eje de rotación, y de paso arrancando un trozo de la Tierra para formar la Luna.

Prince terminó su pequeña lección de astronomía, seguido de un “oooohhh” general, el cual fue seguido por unos segundos de silencio.

-Entiendo… -Dante se llevó un dedo a la barbilla, reflexivo.- Entonces...

Vivían en un mundo sorprendente, en el que todo se había formado por una serie de casualidades y variables aleatorias hasta que la vida pudo florecer. Si algo tan temible como un impacto de asteroide podía haber cambiado el planeta para tanto bien, ¿era tan aterradora la premisa de una Larga Noche?

El mundo había resistido y cambiado acorde a las circunstancias, por catastróficas que fueran. Y sus habitantes también podían.

-Lo que me estás diciendo, entonces, es que tenemos pizza Cuatro Estaciones gracias a un asteroide, ¿no?


Airin

Re: SeeDs in the Garden – revival
« Reply #100: September 27, 2024, 04:20:08 PM »
FUERA BROMAS YA EH voy a tener que hacer un avatar al periquito o periquita, puede ser novia si quiere.
jfckfckbbq el formato de las tipografías




 




Sus orejas de elfo no estaban hechas para soportar presión y en comparación era más largas y puntiagudas que las de un humano; así que aunque los auriculares de diadema le resultaban incómodos por norma general, eran la forma más fácil y menos llamativa de camuflar su raza a simple vista. Lo convertían en otra de tantas personas que los llevaba por la calle y tenían la ventaja de aislar parte del zumbido constante de la metrópolis.

En el primer transbordo de metro-raíl el vagón pasó de estar prácticamente vacío a llenarse hasta los topes, pero aunque tuvo que empujar para que le dejasen salir le importaba bastante poco lo que le llamasen, la aglomeración ya no era problema suyo.

Había intercambiado varios mensajes con Magitek hasta que éste había mencionado vagamente algo de un encargo. Eso explicaba que le hablase fuera de sus horas habituales. Además su némesis tenía la desafortunada tendencia a volverse hablador e irse por las ramas cuando tenía ideas nuevas y nadie más con quien intercambiar opiniones. Aunque llamarlo su némesis a estas alturas ya no podía considerarse adecuado cuando ni siquiera eran rivales, sino más bien colaboradores.

“y de que tipo de encargo estamos hablando?”

El elfo no había esperado que fuera básicamente un niño salido de la nada quien le fuera igualando las apuestas tanto por tanto hasta salirse con la suya y obligarlos a llegar a un acuerdo mutuo de no agresión. Se había ganado su respeto a la fuerza y a veces hasta le hacía reír con sus idas de olla. Porque había que reconocer que lo del periquito no tenía precio.
Maeglin ladeó la cabeza mirando de reojo la información luminosa de líneas y minutos restantes para su próximo transporte y frunció el ceño activando la pantalla del móvil. Hacía un rato que no tenía respuesta a los mensajes.

Sorbió el último trago de café con el típico ruido irritante que haría cualquier criatura desesperada por apurar hasta las últimas gotas y lanzó el vaso por los aires encestándolo en la papelera a su lado más allá sin tener que mirar. Ya sabía a qué distancia y ángulo se encontraba, su percepción de distancia era inmaculada.

Se montó en el nuevo vagón recién llegado siendo otro más de las sombras que iban y venían por los túneles y se acomodó como un gato lánguido en un sitio individual en un rincón junto a la puerta. Sólo habían subido otras dos chicas que no dejaban de mirarle y cuchichear entre ellas, así que no les prestó atención y volvió a sacar el móvil, escribiendo a Magitek que aún no había contestado.

“exactamente qué necesitas?”

Sin darle tiempo a escribir más entró un nuevo mensaje que lo hizo sentarse erguido y poner ambos pies en el suelo en un solo movimiento.

“Deja de consultar el tarot que casi me rajan!”

El elfo tecleó sobre la pantalla a la velocidad de la luz.

“Dónde estás?” y después, “estás herido?”

Y al no recibir respuesta inmediata insistió de nuevo.

“Magitek”

Las chicas del otro lado del pasillo le observaban atentas.

—¿Todo bien? —preguntó una de ellas con tono serio.

“estoy entero porque soy rápido” le llegó al chat, “en un sitio hablando de un puede que trabajo, no sé todavía, probablemente necesite materiales”, y después un momento de descanso “están dispuestos a hacer negocios”.

Maeglin levantó la vista con sorpresa.

—Mi novia, siendo exagerada, —dijo frunciendo el ceño pese lo divertido de la idea de contárselo más tarde a Cindy.— Espero.

“negocios de los que te rajan?” escribió.

“Nah eso ha sido un random, he salido a la calle por la cobertura”

Como las chicas se miraron entre ellas nerviosas, decidió elaborar un poco más en su mentira inocente.

—No puede ver películas de terror porque se asusta con cualquier ruido, —dijo con tono de resignación mientras hostigaba a Magitek vía chat.— Pero estoy yendo.

“el periquito famoso tiene más neuronas que tú”

“pero no programa ni codea, que no se puede tener todo”

Al ver la respuesta Maeglin cerró los ojos, aunque éstos rodaron visiblemente bajo sus párpados, y echó la cabeza hacia atrás con obvia exasperación, escurriéndose de nuevo por el asiento como la sustancia blanda y hastiada en que se convertía su paciencia al tratar con aquel humano tan molesto.

—Por el amor de… —renegó entre dientes haciendo que sus compañeras de vagón ahogasen una risita.

“dime mañana y lo hablamos” tecleó con hastío. Salió del chat privado y la aplicación marcó su contacto como desconectado.
Se metió el móvil en uno de sus muchos bolsillos y se reconfortó en silencio con la promesa que le había hecho Cindy de una buena cena caliente y un proyecto como mínimo interesante. Y Aurum no tenía por costumbre mentirle a él.

Las chicas se bajaron de forma consecutiva en las dos siguientes paradas despidiéndose entre ellas con besos y abrazos y promesas de avisarse cuando estuvieran en casa, y de él con la mano; y aunque perplejo, Maeglin movió la cabeza en señal de saludo.

Metió un dedo bajo la almohadilla de los auriculares y se frotó las orejas puntiagudas. Estaba deseando llegar al taller para poder quitarse los cascos y la capucha. Más café también sería un bonus, definitivamente.




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Kora

Re: SeeDs in the Garden – revival
« Reply #101: December 31, 2024, 10:58:37 AM »
Felis navidad tarde (?)

A cualquier persona de Balamb que le preguntaras, diría que una de las pocas cosas buenas que habían traído de Aetheria era la Navidad. Época de pasar tiempo con los seres queridos, de poner luces de colores y guirnaldas por doquier, y especialmente para los estudiantes, de vacaciones. Para los SeeDs de Balamb, las vacaciones eran probablemente su parte favorita.

Y aquella Navidad, además, tenía un extra: con cerca de catorce años, los jóvenes SeeDs se consideraban ya lo suficientemente mayores, y eso significaba que necesitaban costumbres de gente adulta.

Como por ejemplo, un intercambio de regalos de Navidad secreto como el que los profesores e instructores hacían entre ellos.

No estaba muy claro de quién había sido la idea (aunque Kora juraba que había sido ella quien lo había propuesto primero), pero el grupo enseguida había aceptado.

-Regalos gratis, ¿no? -había dicho Dante, encogiéndose de hombros con una sonrisa.

Dos semanas más tarde, llegó el día antes de Navidad. A un lado del enorme árbol de Navidad de la entrada estaban los regalos para los estudiantes, al otro el de los profesores, y los jóvenes estudiantes prácticamente se abalanzaron sobre su pila como si estuvieran en un mercadillo, buscando la caja empapelada con su propio nombre.

-¡Una cámara de fotos! -Shura sonrió al abrir su regalo, y se giró para probarla inmediatamente con Kora.

-¡Shu, no me hagas fotos sin avisar! -se quejó Kora, que aún estaba peleándose con el empapelado de su regalo.- Si salgo con papada la borras inmediatamente, ¿eh?

De no ser porque todos estaban centrados en abrir y maravillarse (o en el caso de Neko, rodar los ojos) ante su regalo, se hubiera podido apreciar como Dante miraba de reojo a Yuri mientras abría el suyo.

Cinco minutos más tarde, Yuri y Dante nunca habían estado tan cerca el uno del otro, pero tampoco es que estuvieran del todo incómodos.

-Pues oye, se está bien calentito aquí dentro. -comentó Dante, rodeando a Yuri con el brazo libre y apretando su cintura.

Yuri se mordió el labio inferior, entrecerrando los ojos mientras lanzaba dagas con ellos en dirección a Kora, que estaba sentada en una de las sillas de la cafetería, tapándose esa sonrisa ladina que le había salido con una mano delicada. Seguro que estaba contenta.

-Yuri, sonríe, ¡que estáis monísimos! -exclamó Shura desde detrás de la cámara, haciendo fotos casi que sin parar.

Yuri rodó los ojos pero acabó sonriendo, más que nada porque Dante le estaba intentando hacer cosquillas por debajo de la batamanta que estaban compartiendo. ¿A qué santo se le había ocurrido decir que él creía que cabían los dos en la triple equis ele?

-Pero a ver, ¿para quién es el regalo, para mí o para él? -preguntó Yuri, que lo tenía complicado para hacer que Dante dejase de hacerle cosquillas en la cintura-. Más que nada porque no tengo claro quien está difrutando aquí.

-En la etiqueta ponía tu nombre. -comentó Neko, que estaba intentando no reírse. Ella llevaba un cascabel enorme al cuello porque a alguien le había parecido bien regalarle una campanita al gato.

Yuri suspiró y acabó devolviéndole las cosquillas a Dante, que se rió entredientes.

-Para el año que viene nada de intercambio secreto de regalos, para el año que viene tenemos que poner quien ha dado qué regalo. ¿Eh, Kora?

Kora se encogió de hombros, poniéndose la boa de plumas rosa un poco mejor sobre los hombros y ajustándose las gafas redondas de colorines como la diva que era.

-A mi no me mires, yo te habría regalado otra cosa con más gusto.

-A tí te he tocado yo, estoy segura. -dijo Neko con el morro torcido y Shura le tocó el cascabel para hacerlo sonar.

-Pero si estás monísima.

-También podría haber sido Ikki. -dijo Kora, encogiéndose de hombros.

Los dos hermanos se habían ido justo después de abrir sus regalos, porque Otacon había llamado a Shun e Ikki se había ido detrás como el perrito guardián que era.

-Ikki tiene mala leche, pero no tiene mala idea. -replicó Neko.

Kora abrió la boca pero Dante le ganó.

-Bueno, bueno, menos discusiones que los protagonistas de la sesión de fotos somos nosotros.

-Uy, ¡pero bueno!

-Ya la hemos liado... -murmuró Shura, que aún así no dejó de hacer fotos de como Kora se levantaba para ir a decirle un par de cosas a la batamanta de dos cabezas.

Unos días después el precio de la progresión de la escena de como Yuri-Dante acaban rodando con Kora en el suelo de la cafetería mientras Neko se subía a una silla estaba por las nubes. La más vendida fue la autofoto de Shura con la mano de Kora en la cara de Yuri y Dante posando como una chica francesa.

Si no hubiera sido porque Kora consiguió hacerse con el cincuenta por ciento de los beneficios, Shura podría haberse pagado el viaje de fin de curso.


Airin

Re: SeeDs in the Garden – revival
« Reply #102: January 27, 2025, 01:15:10 PM »
Primer aporte de 2025 :_) SOY LIBREEEEEEEEEE Como siempre ocurre cada vez que menciono comida, me ha dado hambre ouo;;





 




Había tenido que pagar una cantidad importante de dinero por un apartamento aislado en el centro y someter los cristales de sus ventanas a distintos tratamientos para poder descansar del asedio constante de los hologramas y las luces de neón del exterior, pero si en el centro de la ciudad casi podría haber dicho que la luz del sol no llegaba a tocar el suelo, en las últimas barriadas de la gran metrópolis de Navras, los edificios apenas alcanzaban las cuatro alturas.
Era una sensación extraña salir de los túneles del metro-raíl y encontrarse calles de manzanas cortas mal iluminadas donde el aire era más limpio pero más frío.

Se cruzó la bolsa de viaje en bandolera, a pesar de que no se veía gente por la calle a esas horas. Si Maeglin era algo, era desconfiado. Aunque dudaba que un humano normal y corriente pudiese robarle de un tirón y no salir accidentado simplemente del peso de la bolsa. Entre sus herramientas más habituales y varios terminales distintos, había unos cuantos kilos de metal que cargaba con una facilidad engañosa.

Sacó el móvil del bolsillo y miró la hora. No había tardado mucho más de lo previsto, pero a esas horas de la noche a la madrugada no solía ser complicado moverse por según qué zonas, casi todo el mundo buscaba entrar al centro, no salir. Con un suspiro de alivio se quitó los cascos dejando que colgasen alrededor de su cuello, y sin quitarse la capucha se frotó las orejas que le hormigueaban doloridas después de tanto rato bajo presión. La penumbra relativa del ambiente resultaba más cómoda para sus ojos que la iluminación extrema y multicolor del centro de la capital, pero además le daba más margen de camuflaje para pasar desapercibido. A pesar de haber estado solo un par de veces en el taller no le costó demasiado esfuerzo orientarse y poner rumbo a su destino.

Abrió sus mensajes con Aurum y tecleó “En tus calles. Estoy llegando.” y volvió a cerrar el chat.

Tras diez o doce esquinas y más de un puñado amplio de comercios y bares de día cerrados, el cartel luminoso de Hammerhead Reparaciones & Customs le esperaba reflejando sobre la persiana de metal y la rampa de entrada al taller. Sus dedos tamborilearon con suavidad contra la pequeña puerta de servicio y marcó el número de teléfono de la dueña, dejando que diera tono y un cuarto antes de colgar. No tuvo que esperar más de veinte segundos antes de oír los pasos acercándose desde el interior, y la puerta se abrió dejando salir la luz cálida que envolvió a la mujer desde detrás como si fuera un halo.

—Pasa tesoro. —dijo Cindy con una sonrisa dejándole sitio para entrar.

Maeglin oyó cómo volvía a echar la llave a su espalda, pero el pasillo con fotos antiguas enmarcadas en las paredes le resultó acogedor en vez de agobiante. El corredor se abría a una pequeña cocina con mesa de comedor y sala de estar contigua de donde asomaban un par de puertas más, una especie de todo en uno utilitario suficiente para las necesidades de un taller, pero con el encanto de tener vida habitual.

—De acuerdo, —empezó el elfo,— explícame…

—Ah ah, primero lo primero Mole. —Interrumpió Cindy señalando la mesa donde había platos y cubiertos esperando.— Te he prometido una cena caliente. Así que siéntate y come.

Maeglin no iba a discutir con ella, y menos por ser alimentado; además lo que fuese que tenía al fuego olía de forma atractiva. Así que se encogió de hombros, se desembarazó de la bolsa de viaje que llevaba cruzada dejándola en el suelo con un sonido pesado y metálico, y se bajó la capucha sacudiendo la cabeza y alborotando su cabello negro.

—Pareces un pollo mojado. —rió la mujer apartándole la silla.

—Tu sabes más de eso que yo. ¿Y el bicho? —preguntó Maeglin resoplando divertido.

Cindy puso una cazuela de barro delante de su plato, y señaló con el pulgar hacia la pared detrás del fogón.

—Duerme en el taller, Django es la mejor alarma anti robos que existe.

—¿Anti robos? —el elfo revolvió varias veces con el cazo y se sirvió una cantidad importante de carne y patatas cocidas con tomate que habrían hecho magia al otro lado del muro.

—O anti maderos, que viene a ser lo mismo. —dijo Cindy arqueando una ceja con expresión jocosa y acercándole un vaso y una jarra de agua antes de sentarse frente a él.— Come cielo, que estás en los huesos.

—Es mi constitución, —respondió Maeglin llenándose la boca igualmente.

—Bah, lo que pasa es que no tienes nadie que te haga comida casera de calidad. Veo toda esa gente de la capital en los anuncios y me preocupa en qué condiciones viven. Todo listo para llevar, precocinado, empaquetado, ni cinco minutos para sentarse a comer decentemente…

—Y luego yo soy el viejo. —refunfuñó el elfo mirando a Cindy de reojo.

—¡Claro que lo eres! —rió la mujer con su voz cálida y ligeramente rasposa.— Lo que pasa es que mi abuelo me crió bien.

Mojando el pan en la salsa de tomate, Maeglin tenía que reconocer que Cid tenía sus prioridades en sitio.




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Kora

Re: SeeDs in the Garden – revival
« Reply #103: January 31, 2025, 02:56:13 PM »
Había pasado horas persiguiendo el rastro de energía, atravesando la nieve y esquivando árboles sin descansar de su galope, necesitando nada más que su sola presencia para ahuyentar cualquier criatura que quisiera detenerlo. Para Isley, era más práctico hacer viajes largos en su forma abisal – oscura y siniestra, y sin embargo, aún después de siglos, nunca se había sentido menos persona que en su forma humana.

¿Qué era aquello que se había adentrado en el muro? Isley lo había sentido como una explosión, aún si nada a su alrededor se había movido. Una energía que le era desconocida, y al mismo tiempo, extrañamente familiar. Familiar de la misma manera en que alguien podía ser un espíritu afín, alguien que podía parecer un humano, pero nunca pertenecería a su mundo.

Alguien como ellos.

/Nosotros/.

La noche empezaba a caer, tiñendo la nieve de púrpura y naranja. Estaba cerca, podía sentirlo. Sentirle a aquel delicado desconocido. Tras tanto tiempo siguiendo su energía, Isley se había vuelto familiar con ella. Era frágil, inocente, pura. Aquella criatura, fuera quien fuera, no era capaz de hacer ningún daño, a pesar de que se lo habían hecho, y por ello, Isley sabía que debía darse prisa.

Nada que no supiera cómo defenderse podría sobrevivir por mucho tiempo detrás del muro.

Cuando por fin supo que estaba cerca, cambió a su forma humana. No era tan ágil y fuerte como en su forma abisal, pero tampoco tenía problema para subir por la montaña.

Encontró primero dos cuerpos humanos – por sus ropas, dedujo que provenían de los poblados cerca del muro. Isley sacudió la cabeza, en compasión por ellos. Nada en lo poco que quedaba de su aura indicaba agresión o violencia en sus últimos momentos, habiendo muerto instantáneamente.

Después, había otros dos cuerpos, pero a diferencia de los anteriores, estaban vivos y aunque lo parecieran, no eran humanos, no del todo.

Una de ellas era la fuente de energía, e Isley inmediatamente se acercó a ella, ignorando a la otra – había algo oscuro en su aura, aunque no fuera una amenaza para él. Su cuerpo pequeño estaba medio enterrado por la nieve, con el cabello rubio verdoso pegándose a su carita, y cuando Isley se lo apartó, vio que tenía una leve marca rojiza en su frente. Era una banda que se extendía a los lados, como si hubiera llevado una tiara durante demasiado tiempo.

Isley suspiró con alivio al sentir su aliento tenue contra la yema de sus dedos. Estaba viva, pero inconsciente. Con cuidado, deslizó los brazos bajo su cuerpo frágil y la levantó, sacudiendo los copos de nieve que se aferraban a su ropa. Aun con la escasa luz del crepúsculo, podía ver la palidez de su piel y el ligero temblor de sus labios. No sobreviviría mucho más tiempo en la intemperie.

La otra criatura se empezó a mover detrás de él, probablemente despertada por la energía que él mismo desprendía.

-No… la toques…

Era una mujer, o al menos, algo que se parecía mucho a una. Incluso antes de girarse a mirarla ya sabía que era diferente a la joven en sus brazos. Su energía tenía bordes ásperos, un filo que hablaba de violencia incontrolable, de supervivencia en los rincones más oscuros del mundo.

La mujer se incorporó, desenterrando medio cuerpo de la nieve. Su cabello, negro y corto, se pegaba a sus mejillas. Sus ropas no eran apropiadas para el frío, pero no parecía estar afectado por éste, y en sus ojos refulgía algo antiguo, algo que Isley reconocía en sí mismo. Algo que detestaba.

-¿Es tu sangre?

-¡Ja! -la mujer rió, su voz ronca y rota, pero aún con energía para escupir.- No me insultes. No tengo nada que ver con ese pequeño monstruo…

Isley entrecerró los ojos ante el insulto, sosteniendo con firmeza el cuerpo frágil en sus brazos.

-No… no es de mi sangre. -la mujer continuó, poniéndose en pie con dificultad.- Esa cosa que tienes en brazos le pertenece a mi jefe.

Aunque débil, la energía de la mujer era inestable, densa como una tormenta contenida, y su mirada ardía con advertencia. Una sonrisa afilada se dibujó en sus labios, un último aviso justo antes de chasquear la lengua y lanzarse hacia él. Su velocidad era brutal, apenas un destello en la penumbra, y sus dedos se curvaron como garras buscando su cuello – quizás si no hubiera estado tan débil hubiera tenido alguna oportunidad.

Isley apenas inclinó la cabeza hacia un lado para esquivar el primer ataque. La mano de la mujer pasó a milímetros de su garganta, el aire vibrando con la fuerza de su golpe fallido. Sin detenerse, giró sobre su eje y le lanzó una patada a la altura de las costillas. El impacto resonó con un crujido sordo. La mujer salió despedida unos metros y rodó por la nieve, pero se incorporó de inmediato, escupiendo sangre y sonriendo con una mezcla de furia y diversión.

-No sólo eres guapo, también eres rápido y fuerte… -murmuró, limpiándose la boca con el dorso de la mano.- Eres mi tipo. Vamos, precioso, ven a por mí.


Airin

Re: SeeDs in the Garden – revival
« Reply #104: February 26, 2025, 05:09:41 PM »
AND THE PLOT CHICKENS!  Estoy muy segura en la corrección de mi absoluta falta de research ;D 👍 Culpo a mi padre por todas las visitas al taller y el random trivia de ingeniería y metalurgia i guess xD





 




—Entonces exactamente, —dijo Maeglin masticando a través de una patata de su segunda ración— ¿qué es lo que necesitas de mí?

Cindy arrugó la nariz y con un dedo en alto se levantó de la mesa desapareciendo por el pasillo. El elfo parpadeó ladeando la cabeza con curiosidad al distinguir el sonido de unos goznes que provenía de donde no había apreciado que hubiera una puerta. Interesante. E inteligente.

Oyó cómo la mujer resoplaba entre dientes murmurando algo sobre riesgos laborales y se apresuró a arrinconar su cena en un extremo de la mesa en previsión de la falta de espacio.

—Gracias cielo. —Cindy sonrió dejando un tanque de tamaño considerable en el trozo de mesa libre, y se limpió las manos con el trapo que llevaba asomando del bolsillo trasero del pantalón antes de sacar lo que parecía una cápsula metálica negra del delantero.

Maeglin frunció el ceño.

—¿Eso es lo que había dentro?

—¿Vas a comer más?

El elfo pasó la vista de la cena a las piezas y negó con la cabeza.

—No por ahora.

—Bueno, pues lo guardo y te llevas las sobras si quieres. —Cindy apartó el plato y los cubiertos dejándolos en agua en el fregadero y tapó la cazuela de barro volviendo a ponerla sobre el fogón apagado.

Maeglin pasó los dedos con delicadeza por el tanque de combustible cartografiando su forma y tomando notas mentales de cada hendidura, muesca y arañazo que encontraba, y se detuvo sobre el vinilo decorativo.

—Y por esto te he sacado de la cama. —dijo Cindy dando la vuelta a una silla y sentándose a horcajadas apoyada con los brazos sobre el respaldo.— Puedes meterle mano como quieras.

Maeglin levantó una ceja de forma refleja ante la manera de la mujer de frasear el permiso pero no dijo nada. Rascó una esquina de la pegatina con las uñas hasta despegar de nuevo todo lo que había levantado Cindy horas antes y contempló la cicatriz metálica que se extendía a lo largo de la parte inferior del tanque.

—A simple vista parece una ampliación cualquiera. La soldadura no abulta, está bien pulida y se disimula… —agarró el depósito y lo movió con cuidado, haciéndolo rotar primero en una dirección y luego en otra observando cómo reflejaba la luz sobre la sutura.— Huh. El metal no es el mismo.

—¿No lo es? —Cindy se inclinó hacia delante con curiosidad y el elfo negó con la cabeza entrecerrando los ojos.

—No, fíjate aquí. ¿Ves que tiene una especie de patrón? —ante el ruido de duda de la mujer, Maeglin se levantó a por su bolsa de viaje y rebuscó entre sus herramientas hasta sacar un estuche de cuero oscuro pequeño y rígido del cual tomó lo que parecía un cristal de aumento de orfebre muy antiguo.— Usa esto.

Cindy se ajustó la lupa con cuidado y volvió a observar la linea de la junta en la parte que había señalado el elfo.

—¡Oh! —exclamó sorprendida al verlo con claridad.— ¡Son círculos! Como los anillos de un árbol, o las gotas de lluvia en un charco.

Maeglin asintió, tamborileando con las yemas de los dedos sobre la mesa.

—Es un metal de más calidad. Si se hubiera tratado solamente de dar más capacidad al tanque y tapar la reparación probablemente habrían usado una soldadura normal del mismo material, por simple estética.

—¿Pero…? —indagó Cindy sin dejar de mirar el curioso dibujo de aspecto casi orgánico.

—Pero esto es acero al carbono, ¿cierto? —dijo el elfo poniendo la mano suavemente sobre el tanque.

—Ajá, es relativamente habitual en piezas de motor pero no en depósitos.

—Dos cámaras separadas sin que se note a primera vista. Y ni siquiera es acero duro sino semidulce. Y esto, —murmuró Maeglin señalando el metal distinto,— es más duro que el acero al carbono y más resistente a la corrosión, pero también más flexible; las láminas sucesivas hacen que sea capaz de absorber impactos de forma más eficiente. A juzgar por los materiales parece que la intención es que en caso de accidente, si el tanque se rompe, no lo haga por la junta.

Cindy abrió mucho los ojos y se echó para atrás quitándose la lente de aumento.

—Para que no se descubra el doble fondo. —murmuró con más preguntas aún que antes.

—Esto, —dijo Maeglin pasando el dedo despacio por la linea de la soldadura,— es un acero trabajado de forma manual, doblado y plegado en capas sobre si mismo al estilo antiguo de Smarthia. O de Invernalia si me apuras. Pero estoy seguro de que en Smarthia ya no usan estas técnicas así que el encaje tiene que venir del continente.

Cindy se pasó una mano por el pelo alborotándose los rizos rubios.

—He mordido más de lo que puedo tragar, ¿es eso? —bromeó con cara de incertidumbre.

—Mientras no te llenes la boca de vanadio estás a salvo. —respondió Maeglin con una sonrisa astuta y sesgada y mil pensamientos organizándose por orden de prioridades.— Para eso estoy aquí, ¿no?, todo el mundo sabe que los elfos somos unos depredadores terribles.

—Si tesoro. Terribles, terribles. —rió Cindy volviendo a inspeccionar las piezas.— ¡Terriblemente viejos!




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