Author Topic: A Step to the Left: Bizarrisme  (Read 134 times)


Shura

A Step to the Left: Bizarrisme
« Topic Start: April 06, 2026, 03:41:07 PM »



 



>Por favor, por favor… no quiero morir… quiero salir de aquí…
Shhhh…


La realidad es un delicado velo… dormir, comer, trabajar, repetir; es lo que suele experimentar la mayoría.
Pero en ocasiones, ese velo se rasga…  a veces es algo minúsculo:  una sombra que no debería estar ahí y desaparece en lo que dura un parpadeo, una voz pronunciando tu nombre en una habitación que está vacía, una intuición que te salva de un destino fatal…
Todos los días, tenemos suerte de poder librarnos de las fauces del destino, pero el destino, solo necesita tener suerte una única vez para cambiar nuestras vidas: estar en el lugar y en el momento equivocados, ver algo que nunca debería haber existido y que continué ahí después de parpadear, que esa fatalidad, sepa que lo has visto; buscar un misterio que nos acaba encontrando primero a nosotros…

>¿Te has enterado?
¿De qué?
>Paloma. Se ha esfumado.
¿Ha echado a volar?
>No idiota, ha desaparecido mientras dormía… dicen que, en su casa, la puerta estaba cerrada con la llave por dentro, y que las persianas estaban bajadas… y que solo han encontrado una muñeca apuñalada en la bañera.
Que siniestro… en fin, buen vuelo Paloma, estés donde estés… por cierto, ¿viste el video de anoche de leyendas urbanas?
>¿El top que no es un top?


Aunque no nos demos cuenta, ese misterio nos rodea, tan acostumbrados que en ocasiones no reparamos en su misma existencia, fríos, impasibles, ignorantes, atrapados por un mal que come el mundo desde dentro como un gusano devorando una manzana. Ya se suele decir, que el mayor truco del diablo es hacer creer al mundo que no existe. Aunque sea el mismísimo diablo quien baile frente a nuestra cara.

>Dicen que hay un ritual que se ha vuelto viral: a las 3:03 de la madrugada, tienes que ponerte con una vela delante de la puerta de tu casa para invitar al demonio a pasar.
Yo pensaba que el demonio se encontraba en los cruces de camino a las doce de la madrugada.
>Mejor, así no trasnochamos. ¿Lo probamos?


Cuidado. Hay trucos que solo se pueden hacer una vez, y quizá, la curiosidad mato al gato… pero ya sabemos que la satisfacción de lo que encontró, lo resucito.
Así que, puedes correr, puedes esconderte, puedes luchar, llorar, suplicar… el misterio siempre te va a alcanzar, siempre vas a pagar las consecuencias de tus acciones, lo extraño te puede devorar… o puedes encontrar lo que siempre has buscado, la satisfacción, la recompensa. ¿Vale el riesgo?  ¿Romper la realidad? ¿Cruzar los límites? ¿Tocar lo intocable?
Entonces, estas por tu cuenta.
« Last Edit: April 07, 2026, 05:59:20 AM by Shura »


Airin

Re: A Step to the Left: Bizarrisme
« Reply #1: April 27, 2026, 04:34:25 PM »
Hola, vengo a flotar~

Quote from: Yo misma, todos los meses, en todos los temas
Iconos, no conozco esa palabra. Formato, aparentemente tampoco  :v





[ Brutalisme - Know your location ]



Desde fuera el edificio no parecía nada del otro mundo, el mismo tipo de cubo rectangular insípido de cemento blanquecino con añadidos de cristal que podría encontrarse en cualquier campus que presumiese de llamarse moderno.
Otro escupitajo copia y pega de diseñador iluminado queriendo llamarse brutalista, pensó Airin con desidia.
Pero era la dirección que ponía en el mail.

—Eso me pasa por hacer caso de correos phishing. —rezongó apagando el motor del coche, sacudiéndose las migas de la camisa y terminando de sorber su té con leche de la forma más ruidosa posible.

Pero el caso es que al buscar el sitio le habían salido resultados que parecían auténticos, con trabajos de verdad y reseñas de personas reales. Y tampoco podía asegurar que ella no hubiera enviado nada antes; a veces los currículums los cargaba el diablo y los repartían los duendes. 
Ugh, iba a tener que borrar sus cuentas de las redes de contactos laborales si quería saber quién le echaba mano a sus datos, en los tiempos que corrían era menos arriesgado salir a buscar monstruos que cazar.

Le dio un toque con impulso a la flor de cardo que colgaba del retrovisor haciéndola girar sobre sí misma bajo el sol, cogió todo lo que necesitaba y salió del coche, comprobando que había cerrado con llave.



Las luces led blancas que marcaban los productos en la máquina de vending parpadeaban de forma arrítmica e insatisfactoria. Airin entrecerró los ojos mientras los observaba y arqueó la espalda discretamente en su asiento de plástico incómodo. Semejantes precios para cuatro botellas de edulcorante coloreado de rojo y un puñado de bolsas que eran los falsificados malos de snacks ya de por si cuestionables. ¿Qué iban a pedir después, su alma? Por eso había que ir a los sitios bebido y comido.

—Pase por aquí, señorita. —Un tipo con ojos de pez muerto y pinta de haber estado acumulando polvo en un rincón se asomó por el borde de la pared que delimitaba la sala de espera.

Veinte minutos que llevaba ahí aparcada. Si en aquella empresa tenían todos el mismo entusiasmo contagioso y alegría de vivir, mal iban a acabar las cosas.

Pero Airin asintió, recogió su mochila y se levantó sin mediar palabra, porque todavía no le pagaban por hablar del tiempo con trajes mustios, y siguió al hombre por el pasillo. Pasillo de esos grises que parecían infinitos, con puertas en las paredes a ambos lados y con luces fluorescentes que provocaban migraña. Cada cierta distancia se abría una esquina que daba a una nueva galería con más puertas grises.
Por el rabillo del ojo creyó atisbar varias figuras y se giró a fisgar, pero solo llegó a ver como se cerraba una de las puertas. Cuando se dio la vuelta de nuevo, su guía ya no estaba.

—Ave maría purísima, —murmuró entre dientes mientras las luces fluorescentes parecían oscilar,— un aparcamiento vacío tiene más salsa. ¿Y ahora?

Se movió varias veces adelante y atrás en un área aproximada de metro cuadrado, mirando de un lado a otro sin saber muy bien qué hacer. ¿Debería buscar a alguien o esperar a que volviesen por ella? Las sombras que se movían como almas en pena al fondo borroso de los corredores no debían tener ventanas suficientes para que les diera la luz del sol. No tenía claro si alcanzaba a oír susurros difusos de voces ambiguas, o era el ruido de la estática de sus oídos queriendo aparentar lo que no era. Definitivamente ese ambiente no era el más conductivo a la salud, hasta se estaba empezando a cansar de llevar tan poco peso a cuestas durante lo que no podían ser más de un par de minutos, por muy inacabables que resultasen.

—Con su permiso…

Una mano como salida de la nada se estiró hacia sus cosas, y por reflejo Airin se apartó pivotando sobre un pie y quedando a una saludable distancia de brazo.

—No gracias. —se colgó la mochila y sonrió una curvatura educada y profesional de grados exactos.— Muy amable por ofrecerse, pero no me resulta ninguna molestia.

—Oh, por supuesto. —el tipo nuevo pareció cernirse sobre ella, haciéndose sombra en la cara con el contraluz y su propio cabello alborotado al estilo de un videojuego como si estuviera ocultando una broma sólo para si mismo.— ¿Hay algo en que pueda ayudarle?

Airin parpadeó confundida, observando al hombre.

—Me habían llamado para una entrevista. —dijo mirando brevemente hacia el pasillo a su espalda por el que acababa de deambular.— Pero me han dejado aquí en mitad de ninguna parte.

Las puertas y las sombras de las paredes daban la sensación de mezclarse entre ellas en una escala de grises de mal gusto.

—¿Una entrevista? —El hombre arqueó una ceja pensativo.

Estaba bien saber que no aparentaban tener problemas con el sentido estético de personal y que los estilos alternativos no enfrentaban discriminación, no había más que verlo; pero no estaba bien que se riesen de ella de esa forma por ser nueva. ¡Si ni siquiera había firmado un contrato todavía!
Y ahí mismo Airin decidió que no iba a firmar nada. Ya podían ofrecerle todas las estrellas del universo. Al enemigo ni agua.

—Si yo fuera usted, —comenzó el tipo haciendo rodar las palabras como si le estuviera contando un secreto,— no me creería nada de lo que le digan.

—Pues muy bien. —con la paciencia colmada y el vaso metafórico a dos pasos de ser usado como proyectil explosivo, Airin se dio la vuelta por donde había venido y llevando la cuenta del número de puertas y esquinas que había cruzado antes, fue deshaciendo el recorrido a pasos firmes.

—Permítame que le muestre el camino. —dijo el hombre con tono suave y cortés, carente ahora de burla a pesar del ritmo que se estaba viendo obligado a llevar.

El itinerario de vuelta se hizo infinitamente más largo que el de ida, y Airin solo sabía que no le habían puesto nada turbio en la bebida porque no había consumido nada allí dentro. En un momento determinado incluso notó un cambio de textura en el suelo que a punto estuvo de hacerle tropezar.

—Tenga cuidado. —Su guía la observó un momento con algo que podría haber sido preocupación, pero mantuvo la distancia.

Airin agradeció el gesto con una sonrisa menos tiesa pero más apurada que antes. Esas luces fluorescentes deberían de ser ilegales, había contado las puertas y el número cuadraba, pero la longitud del trayecto no.
Cuando por fin llegaron a la denostada sala de espera junto a la puerta, las máquinas de vending seguían en su sitio, con los números de led rojo parpadeando y los cuatro botellines cuestionables de líquido azul.

El hombre, que a la luz más bien pobre de un día oscuro de niebla no tenía un aspecto más saludable que en el interior de las oficinas, abrió la puerta acristalada y la dejó salir a ella primero.

—Ah, pero aún no me ha dado su nombre, señorita.

Airin abrió y cerró la boca tragando más humedad que aire, y sintió cómo un último aliento de indignación volvía a impulsar su osadía y desprecio general hacia el mundo corporativo.

—Si claro, ¿y yo entonces me quedo sin..? Que tenga un buen día, caballero. —y sacó las llaves del coche frente a ella como si fueran una reliquia sagrada, poniendo rumbo al aparcamiento.

El hombre simplemente le guiñó un ojo con una sonrisa sutil pero traviesa.

—El placer ha sido mío.



—Pues no veas la reseña que se van a comer cuando llegue a casa. —había murmurado Airin cuando salía de la rotonda de desvío con las luces de su coche siendo los únicos faros entre la niebla durante un largo rato.

Cuando por fin cerró la puerta del piso a su espalda y echó las llaves, decidió que lo primero era una ducha para lavarse la mala sangre, y lo segundo la cena para alimentar el alma. Ahora ya podía depender de la wifi estable y la red de datos confiable para usar el móvil.

Escribió en el buscador el nombre de la compañía, pero ninguno de los resultados le dio las respuestas que esperaba. Contrariada, introdujo también el código postal.

—No, no he querido decir… ¿qué demonios?

Las entradas referentes a la empresa no aparecían en su historial de búsqueda, y los correos tampoco se presentaban en su bandeja de entrada. Ni muestra en la carpeta de spam.

Las imágenes de satélite del buscador tan sólo mostraban el edificio igual de brutalmente feo, pero en claras condiciones de abandono.


~      H e g o a k    e b a k i    b a n i z k i o,    n e r i a    i z a n g o    z e n,    e z    z u e n    a l d e g i n g o.       ~
~      B a i n a n    h o n e l a,    e z    z e n    g e h i a g o    t x o r i a    i z a n g o,      ~
~      e t a    n i k    t x o r i a    n u e n    m a i t e.       ~


Neko

Re: A Step to the Left: Bizarrisme
« Reply #2: April 30, 2026, 05:23:58 PM »

[Ikki/Hyoga - Full Moon]

La puerta se cerró con un sonido fuerte que hizo eco en mitad de la oscuridad de la noche.

—Otra vez… —musitó Hyoga mientras se ponía la chaqueta y se alejaba a todo correr de la casa que compartía con aquel hombre que había desaparecido.

El rubio maldijo entre dientes mientras se abrochaba los botones. No era la primera vez que Ikki desaparecía a esas horas de la noche. Siempre volvía cerca del amanecer, con alguna excusa lista para sacarla del bolsillo.

—¿Por qué? —se preguntaba Hyoga— Maldita sea…

Al principio nunca había sido así, parecía tan seguro de si mismo. Acosándolo hasta que no pudo más que confiar en él, en que aquel amor nunca tendría fin.
Y desde luego no había terminado. Hyoga seguía tan enamorado como el primer día, pero sospechaba que Ikki le ocultaba algo y las respuestas más lógicas eran dolorosas de creer.

—Casi prefiero que esté metido en algún lío.

Hyoga dejó de caminar, mirando hacia sus pies. El camino de tierra estaba ligeramente húmedo a causa de la niebla que había inundado el pueblo en cuanto se había puesto el sol.
Más que niebla parecía que alguna nube había decidido visitar el lugar para pasar un rato por la noche. Era espesa y baja, aunque no le permitía verse muy bien los pies podía distinguir perfectamente las casas a cien metros de sí mismo.
Hyoga se mordisqueó los labios nervioso, mirando a todas partes. ¿Dónde podría estar aquel bastardo malnacido? ¿Cómo osaba hacerle renunciar a todo lo que era sagrado en su vida, romper todas las barreras, admitirlo como su compañero para la eternidad y luego abandonarle así durante al menos tres noches seguidas cada mes?

—Ah, no… —murmuró mientras seguía adelante, embarrando sus botas de cuero al empezar a correr— Eso sí que no.

 


Tragó saliva, notaba la garganta seca. Ikki había corrido hasta el refugio más cercano que conocía. En este caso era un granero.
El moreno tosió un par de veces, notando el sabor de la sangre en su boca. No era suya.

Se limpió los labios con el dorso de la mano mientras andaba dando tumbos por el lugar. No llevaba la camisa de trabajo con la que había salido de casa. Tampoco tenía calzado y los bajos del pantalón estaban hechos unos zorros.
Ikki jadeaba, intentando hacer llegar el aire a sus pulmones cansados. Se miró las manos, tenía tierra bajo las uñas. El hombre sacudió la cabeza cuando su vista empezó a nublarse. Tratando de fijar sus pupilas en algo que no le trastornara. Buscó un sitio donde descansar y poner orden en su mente de nuevo.
Un montón de paja que parecía limpia le pareció perfecto. Ikki tuvo la decencia de echar una manta que encontró colgada de un clavo en un poste de madera encima de la paja antes dejarse caer sentado.

Despegó el pelo de su frente, echando el cabello hacia atrás y resoplando.

El olor de la sangre le llegaba claramente a la nariz. Tenía la barbilla y el pecho embarrados en ella. Afortunadamente, aunque no para ellas, provenía de unas pocas gallinas que se habían cruzado en su camino y en las que había dejado caer toda la rabia y la frustración que venía acarreando.
Apretó la parte baja de sus palmas contra los ojos. A veces se preguntaba si habría sido mejor dejar las cosas como estaban, haber dejado que Hyoga fuera una imagen a la que adorar desde el otro lado del río. Podría haberle ahorrado el dolor que tenía claro que esa noche le iba a provocar.
Después de todo, había llegado ahí huyendo de los sonidos lejanos de una turba enfurecida.
Y la luna, oh, la luna… la que le estaba llamando desde el cielo.




El cazador apartó la antorcha de la huella al mismo tiempo en el que se levantaba. Se giró para hablar con el hijo del alcalde, con una cara seria.
Ese hombre no tenía muchos amigos en el pueblo, pero era un ciudadano que siempre colaboraba cuando hacía falta y que siempre había respetado a los demás. Nunca escondía nada, así que cuando se apartó del grupo armado con hoces, arados y otros instrumentos del campo, con el susodicho hijo mayor del alcalde… todo el mundo supo que había algo que iba mal.

—Habla de una vez, me estás poniendo más nervioso. —balbuceó hacia el cazador después de treinta segundos de silencio.

—No quiero seguir ese rastro. —espetó el cazador, con un tono que no admitía protesta y aún así el joven lo intentó.

—Pero…

—¿Pero?

El joven tragó saliva y echó una mirada a los hombres del pueblo que habían salido esa noche con ellos. Las luces de las antorchas les hacían parecer demonios.
Y allí, en el lenguaje corporal de aquella masa se encontraba el gran pero. El rumor se había extendido por la población para dejar de serlo en los últimos meses, ahora era un hecho. Algún animal había estado matando ganado, pero no comía nada. Estaba claro, era un lobo solitario. Un lobo solitario, loco y lo suficientemente fuerte y atrevido como para matar a un par de vacas cuando el toro estaba dentro del mismo redil.
Hartos de los destrozos, habían salido a hostigar al animal. Y ahora el cazador le ordenaba que dejara de hacerlo.

—Lo que estoy siguiendo no son huellas de lobo —explicó y después negó con la cabeza—. Seguiré el rastro, pero no prometo nada.




Hyoga apretó los brazos contra su pecho, calentando sus manos bajo las axilas. La niebla era menos densa en las afueras del pueblo, pero estaba mucho más dispersa. Y a él no se le había ocurrido traer ni una antorcha por lo menos.
La ropa se le estaba humedeciendo. La sensación en sus mejillas era bienvenida, el frío le hacía pensar mucho mejor. Calmaba su instinto y le ayudaba a concentrarse en su tarea: buscar a Ikki.

Hyoga suspiró frustrado cuando llegó a una encrucijada. No estaba muy lejos del bosque, no era una buena idea acercarse tanto a los árboles. Sería fácil perderse allí dentro.

—¿Dónde te has metido? —se preguntó el rubio.

No sabía cuanto tiempo llevaba andando, no sabía ni como lo iba a encontrar. Parecía que vagar pocas horas antes de la madrugada a las afueras no era su mejor opción. Sobretodo con los rumores de un lobo loco que había oído ya en todas partes.

—¿No lo iban a hostigar esta noche? —murmuró mientras frotaba sus manos y miraba de un lado a otro, decidiendo donde ir ahora.

Hyoga no tenía una opinión formada al respecto de la patrulla nocturna, pero Ikki gruñía cada vez que oía algo por el pueblo. El rubio se quitó la humedad de la cara con un pañuelo que sacó de su chaqueta y empezó a andar sin mirar por donde iba.
Tan distraído estaba que no se dio cuenta de que había tropezado con algo hasta que se vio cayendo contra el barro del camino. Consiguió mantener el equilibrio con un par de zancadas largas y volvió sobre sus pasos para comprobar que había sido aquello.
Lo cogió y levantó el objeto hacia la luz de la luna llena.

—Este zapato… —dejó salir de su garganta estrangulada por todo lo que estaba empezando a sentir— ¡Es de Ikki!

 


Ikki apretó la cabeza entre sus manos, gruñendo mientras notaba a la rabia abrirse camino a codazos hacia la parte racional de su cerebro.

—¡No! —gritó sin poderle evitarlo.

Sacó el aire por la nariz indignado consigo mismo. Se suponía que no quería hacer ruidos para que no le encontraran. Tal vez sería mejor dejarse ver. Dejarse matar por el pueblo en el que había vivido esos años con Hyoga, con la pareja que él había elegido para siempre.

—"Siempre" es más corto de lo que había pensado… je, je. —murmuró con una nota triste.

Otra vez, aquel desespero que le desgarraba el corazón aumentó hasta convertirlo en un ser lleno de sed de sangre.
Pero él no era así, él podía controlarlo ¿Por qué se comportaba como un mero licántropo desquiciado? ¿Por qué justo cuando se suponía que debía ser feliz? Cuando se suponía que lo tenía todo.

Notó el cambio, mucho más lento que su grácil transformación habitual, mucho más doloroso. Ikki no soportaba aquel aspecto, pero en aquel estado no podía decidir sus acciones, sólo era una pequeña consciencia atrapada viendo el horror del que era capaz aquel cuerpo.
Un ruido llamó la atención de sus orejas y su cuerpo se volvió repentinamente hacia la puerta. Ikki estaba seguro de haberla cerrado bien cerrada.

—Tendría que haberlo imaginado. —la voz de Hyoga chocó en sus tímpanos.

Ikki se paralizó, una sensación de desesperación se apoderó de él cuando notó el gruñido en su garganta.
Hyoga entró en el granero, cerrando la puerta a su espalda. Abrió los brazos con una sonrisa mientras el cuerpo de Ikki se movía como la bala de un cañón hacia un barco enemigo.




En aquel momento, a un par de horas del amanecer, cuando el mundo empezaba a ser mucho más frío que el resto de la noche y después de haber caminado de aquí para allá sin resultado alguno, la turba estaba mucho más cansada aunque igual de enfurecida que al principio.
El rastro les acercaba al bosque, lugar por el que aún estaban discutiendo, tras diez minutos de debate, si era apropiado marchar enfurecidamente o no.
El cazador había tomado ese tiempo para sí mismo. Se encontraba sentado encima de un viejo tocón al lado del camino y fumaba de forma relajada, iluminado por el reflejo de las brasas en su pipa. Esperaba a la resolución, pero fuera cual fuera el resultado, él ya se había adelantado y sabía a la perfección hacia donde llevaban las huellas. Así que sus ojos estaban fijos, aunque discretamente, en el granero más allá. Si tenía que correr por su vida lo haría.

El hijo del alcalde se acercó a él justo después de que algo le llamase la atención, algo que le había plantado una sonrisa satisfecha en medio de su barba.

—Hemos decidido parar por hoy —informó—. ¿Podría acompañarnos mañana?

El hombre se levantó y sacudió su ropa con la mano libre para quitarse la humedad de la niebla de encima.

—No creo que sea necesario, hijo.

—¿Y eso por qué? —preguntó el joven con una expresión confundida en su rostro.

El cazador fumó lentamente antes de responder con misterio.

—Ya lo verás, hijo. Ya lo verás.

Levantó una ceja aún con la sonrisa en sus labios y sin más se alejó de la pequeña multitud, derecho hacia su casa.
Después de todo, estaba seguro de haber visto a un par de lobos, uno claro y otro oscuro, saliendo del granero.




Shura

Re: A Step to the Left: Bizarrisme
« Reply #3: April 30, 2026, 07:41:56 PM »
Mañana le pongo cosas cuquis que tengo al gato que no me deja estar en el ordenador, Dio supervisando siempre que me pongo en el ordenador
 
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Ir en un coche de policía en la parte delantera, da muchísimo prestigio: todos te miran con ojos brillantes, llenos de orgullo por tu labor a la sociedad.
Ir en la parte trasera, es tomar tu dignidad y darle una patada lo más lejos posible.
-Grace…
Quería hablar más alto, pero tenía la espalda doblada como una gamba intentando bajar la cabeza a la altura de las rodillas para que nadie me viera desde fuera.
-Shura… -La rubia conduce despacio, siempre respetando las señales e indicaciones de tráfico, y sin embargo, aunque aparentemente estaba concentrada en la conducción, siempre estaba pensando en otra cosa.
-¿No puedes conducir más rápido? -Protesto en un quejido agónico.
-Es una zona escolar, no se puede superar la velocidad-
-Son las doce, todos están en clase. -La interrumpí poniendo los ojos en blanco.
No, no estaba en la parte de atrás del coche de policía porque hubiera roto la ley, o me llevaran detenida… en realidad, no debería estar quejándome. No podía ir en la parte de delante porque Grace había derramado su café en el asiento del copiloto. La agente de policía me estaba haciendo el favor, habían reportado la presencia de un tipo extraño en uno de los edificios del centro, se había adueñado de uno de los ascensores y gritaba a cualquiera que quisiera subirse con él. Yo quería escribir un articulo para la página donde publicaba que tratase sobre la importancia de la salud mental, así que este sujeto me quedaba como anillo al dedo.
Así que aquí estábamos: mi amiga, agente de policía que me había avisado en el momento en que recibió el aviso, y yo, periodista que nunca decía no a un trabajo.

En realidad, nunca decía que no porque mi trabajo no me daba demasiado dinero. Empecé a estudiar periodismo en el momento en que no pude ser policía. Me quedé demasiado desorientada en la vida cuando, una y otra vez, era rechazada como policía por una de las malditas pruebas que había para obtener plaza… por suerte, la madre de Grace era periodista, fue ella la que me aliento a empezar esta profesión, aunque eso suponía que, de siete generaciones de policía, yo fuera la primera en cortar esta tradición que llevaba en la sangre.
Así que aquí estaba, sin un gran portafolio que enseñar, con Grace queriendo apoyarme igual que hizo su madre antes de morir y en la parte de atrás de un coche de policía para no mancharme el culo de café.

Grace aceleró, apiadándose de mí, aunque cuando nos bajamos del coche, aún tuve que aguantar que una señora contuviera un gritito de impresión al verme salir de la parte de atrás.
-Démonos prisa, dentro de poco terminará el horario laboral de oficinas y empezará a salir todo el mundo. -Grace se ajustó sus gafas mirando el imponente edificio. Quince plantas de oficinas, divididas entre coworking, abogados, compañías de alquiles, transporte y otras que no reconocía.
-¿Será un trabajador descontento?
Esperó a que Grace terminé de hablar con el conserje y venga conmigo.
-Dice que nunca ha visto a ese tipo, parece que las cámaras dejaron de funcionar cuando ese tipo estaba pulsando botones, pero el conserje dice que el ascensor está bloqueado en la planta diez.
-Dime que no tenemos que subir por las escaleras... -Suspiró cansada sabiendo la respuesta.
Grace sonríe para transmitir ánimo.
-El conserje va a bloquear el resto de ascensores para que podamos encontrar a ese hombre, si vamos por la escalera podremos dar con él, luego le llamaré para que ponga en funcionamiento los ascensores y podremos irnos. Ya ha avisado a los responsables de oficina para que cierren las puertas hasta nuevo aviso.
Paso mi mano por mi frente.
-Bien… pues hagámoslo ya.

No me importaba hacer ejercicio, no falle las pruebas a policía por la parte física, simplemente era algo monótono: llegar a una nueva planta, abrir la puerta de emergencia y asomarse a un pequeño rellano donde a cada lado había una puerta cerrada que daba a las diferentes oficinas. Y repetir con la siguiente planta.

-Me recuerda a la academia.
-A las novatadas de la academia. -Sonrió de manera confidencial a Grace mientras cerraba la puerta de la planta cuatro dirigiéndonos a la quinta.
La sonrisa de Grace le ilumino la cara.
-¿Estabas cuando…?
Al abrir la puerta de la quinta planta, las dos nos quemados en silencio.
-Grace, ¿no decías que el conserje había bloqueado los ascensores?
La pantalla numérica indicaba que el ascensor estaba bajando.
-Eso me dijo, quizá se ha equivocado.
Pero las puertas del ascensor se abrieron mostrando a la equivocación: era un hombre joven de veintitantos veintisiete años, tenía el rostro anguloso y por su aspecto extravagante podría ser confundido con un modelo. En sus manos una cámara polaroid, de esas de aspecto retro que no podrías adivinar si funcionaban con tarjeta de memoria o con carrete.
Nos quedamos unos segundo mirándonos, el tipo claramente juzgándonos por estar ahí.
-¿Ese es nuestro hombre?
Seguro que sí, no salió del ascensor y no había nadie más jugando a recorrer todo el edificio.
Cuando el tipo presiona un nuevo botón y empiezan a cerrarse las puertas, me abalanzo a impedir que escapara, bloqueando las puertas con mi cuerpo.
-¡Un momento!
-¡Shura!
Las puertas del ascensor no cedían… y comenzó a moverse cuando tenía medio cuerpo enganchado.
Estaba demasiado conmocionada para asustarme o asumir que lo que estaba pasando era real, aunque el techo se acercará rápidamente a la mitad inferior de mi cuerpo.
Sentí un empujón por detrás y aquel tipo tiro de mi hacía él haciéndome caerle encima.
El ascensor reboto una vez más abriendo las puertas mostrando una horrorizada Grace que subió el desnivel ocasionado por la repentina apertura de la puerta.
-Oh, joder! Shura! Podrías… ¡eso fue una imprudencia! -Estiró la mano ayudándome a ponerme en pie.
-Estoy bien. -Había tenido suerte, así que no le daba demasiadas vueltas al riesgo mortal por el que acababa de pasar.
-Shura… -La voz de Grace sonaba exasperada.
Aquel tipo chasqueó la lengua, molesto.
-¿Qué demonios estáis haciendo? ¡Bajad ahora mismo del ascensor!
-Sí hombre, no me bajo ni de coña. -Miró es escalón que había quedado con la parada automática, no iba a tentar mi suerte por segunda vez.
-Soy de la policía, nos ha avisado el conserje porque está molestando a los trabajadores.
-No estoy haciendo nada ilegal. -Aprieta el labio como si el problema fuéramos nosotras. 
-Señor, tiene que salir del edificio. -Insiste Grace demostrando una gran paciencia. -Salga por su propia voluntad ahora y no tendrá problemas, se lo garantizo.

Cansada de todo aquello, pulso el botón del bajo para comenzar a salir… todos nos quedamos paralizados cuando el ascensor comenzó a subir, las puertas no habían llegado a cerrar, así que veíamos pasar piso por piso.
-Grace, te juro que le he dado al piso de abajo. -Insisto a mi amiga, dudando incluso de mí misma, aunque el botón del bajo estaba iluminado, seguíamos ascendiendo.
-Alguien habrá llamado al ascensor. -Dice de manera razonable.
-Esta pasando. -Aquel tipo hablo de manera misteriosa. Se gira hacía nosotras. -¿Sois policías?
-Sí.
-Yo soy periodista… -Busco de manera distraída mi carnet de periodista… para darme cuenta de que no lo tenía, siempre lo tenía en el bolsillo, enganchado al lanyard rojo que me había regalado la madre de Grace. -¡He perdido mi carnet de periodista!
-¿Se te habrá caído antes?
-Ay mierda… ¡cuesta un ojo de la cara renovarse el carnet! -Me lamento con Grace mientras aquel tipo suspira exasperado por ser testigo de aquella situación.

Suena el timbre del ascensor anunciando que hemos llegado a una nueva planta, la número diez. Las puertas se abren al tiempo que la luz del ascensor y pasillo titila, apagándose para encenderse las luces rojas de emergencia produciéndoles a todos un escalofrío.
Pero aquello, no era lo más extraño. Al contrario que el resto de plantas, cuando el ascensor se abrió, no mostro un pequeño rellano con puertas a los lados y la de enfrente como salida de emergencia y acceso a las escaleras, no, los pasillos se extendían, las luces rojas no dejaban claro cuánto, pero puerta tras puerta cerrada podían contarse al menos diez por la derecha y el mismo número a la izquierda.
Nadie menciono lo evidente: el edificio no era tan grande para albergar un espacio tan grande a lo largo.
-¿Es el ático? -Grace intento buscar una explicación lógica, pero su voz denotaba la duda que todos teníamos.
-El edificio tiene quince plantas. -Miró los botones del ascensor que se habían apagado igual que todo. Pulso la planta baja, pero el ascensor no reacciona.
Genial.
-Deja de tocar los botones. -Aquel tipo se cruzó de brazos con indignación, como si estuviéramos estropeando el momento. -No va a moverse tan fácilmente.
Vale, aquello ya era raro.
-¿Y cómo se va a mover? Yo no me bajo de aquí. -Insisto de manera tozuda, pero en el suelo de la planta quince, incluso con aquella escasa luz pude verlo: mi carnet de periodista, además de mi foto, tenía el irremplazable lanyard de la madre de Grace. -Ah, ahí está…
-Shura -Grace me tomo del brazo. Era extraño e inexplicable que el carnet se hubiera perdido en la planta cinco y ahora se encontrará en la planta diez.
-No lo toques. -Me advirtió aquel tipo agarrándome del otro brazo.
Es precisamente, que aquel tipo me tocase lo que me hace mirarlo, primero a la mano y luego a la cara.
-¿Por qué? ¿Qué esta pasando aquí?  -Me sentía enfadada, estaba claro que había algo que se nos escapaba a Grace y a mí, podía sentirse que el ambiente estaba tenso, algo había cambiado, algo bajo la piel exigía buscar una salida a una situación que no llegaba a comprender.

El tipo no pareció vacilar al contestar.
-Somos parte de un ritual… los tres.
-Tendrás que ser más específico. -Chasqueo la lengua perdiendo la paciencia.
-Sería bueno comenzar desde el principio. -Intervino Grace demostrando profesionalidad y aplomo pese a que estaba visiblemente nerviosa. -Soy Grace Ashcroft, de la policía… -Grace me miró esperanzada de que tomara aquella rama de olivo y fuera cordial con el tipo que nos había metido en esta situación.
-Shura Redfield… -Señaló la acreditación en el suelo hacía mi acreditación. -Periodista.
-Rohan Kishibe.
-¿Modelo? -Pregunta sonriendo Grace ver que el hombre no dice nada más.
-Mangaka. -Corrige apoyando una mano en la cadera.
-Vale, ¿a qué te refieres con que estamos en un ritual? -Estaba claro que o empezábamos a sonsacarle información o estaríamos ahí todo el día.
Rohan señala los botones apagados del ascensor.
-Se toma el ascensor en la planta baja, se sube al cuarto piso, luego se baja al segundo, sexto, -su dedo recorre toda la secuencia. - Decimo, quinto… y se pulsa de nuevo planta baja.
Justo la quinta planta era donde nos habíamos subido al ascensor.
-Sí, yo pulse la planta baja… pero esto no es la planta baja.
-Es porque el ritual salió bien, estamos en la decima planta y a la vez no estamos. -Señaló fuera del ascensor. - Estamos en otra dimensión.
Grace y yo nos miramos… habíamos visto las suficientes películas para poder adaptarnos a una situación así, y al mismo tiempo el sentido común no nos permitía abrir la boca y confirmarlo.
-Oh por dios… -Rohan puso los ojos en blanco. - ¡Solo mirar a vuestro alrededor!
-Vale, vale, es increíble, pero es lo único con sentido.
-No hubiera utilizado la palabra “sentido” para describir esto… -Murmuro Grace por lo bajo.
-¿Y qué hacemos aquí?
Rohan levantó su cámara.
-Documentarme para mi nuevo manga.
-¿Haces que llamen a la policía, vas a otra dimensión… para documentarte? -No puedo evitar un tic de sonrisa en la comisura de mi labio, culpa mía y de los nervios. - ¿Y cómo volvemos?
-Sí, por favor. -La rubia se froto los brazos mordiéndose el labio inferior, no podía culparla, la sensación a nuestro alrededor era opresiva, como si estuviéramos en el ojo del huracán.
-Debemos volver desde este mismo ascensor repitiendo la secuencia a la inversa.
Yo no me acordaba ni de lo que había comido ayer como para recordar dos números seguidos de los que Rohan había dicho.
-Vale… -Grace levanta los dedos a medida que va contando. -Bajo, cinco, diez, seis, dos, cuatro y bajo… pero este ascensor no funciona.
Rohan, aparentemente cansado de hablar, da un paso fuera del ascensor. Seguido por Grace que, en su aptitud de servir y proteger, se tomaba muy enserio la parte de proteger. Apoyó la mano de manera amable en el hombro de Rohan para instarle a parar.
-¿Es seguro salir del ascensor?
-¿Lo preguntas enserio?
-Oye, no cuesta nada ser amable. -El nerviosismo de Grace me envalentonaba para enfrentarme a Rohan, aquel tipo aparentemente parecía imperturbable con toda la situación. Aunque era solo aparente. -Han llamado a la policía por tu culpa, mi amiga solo quiere ayudarte, estamos todos en el mismo problema… y yo me llevo esto.
Salgo del ascensor para tomar mi carnet de periodista y guardármelo en el bolsillo.
Todos miramos al ascensor, por un momento pensando lo peor, que se cerraría y desaparecería sin nosotros.
Creo que todos suspiramos aliviados al comprobar que seguía ahí.

Rohan parecía reflexionar sobre mis palabras, frustrado, pero al menos las escuchó y pareció dispuesto a ser más cooperativo.
-No deberías tomar nada de otra dimensión. -Señala con la barbilla el bolsillo donde había guardado el carnet.
-Bueno, quizá. -Resaltó aquella última palabra. - Pero esto es mío y no me sobran doscientos pavos para renovarlo.
La maldición de la pobreza si que era algo real.
-¿Y qué tenemos que hacer para marcharnos de aquí? ¿Cómo podemos hacer que funcione el ascensor?
-¿Podemos ir por las escaleras de servicio? -Me acercó para tirar de la apertura de la pesada puerta, y me detengo a tiempo antes de empujar.
El tirador se sentía… caliente, no, no solo eso, era como si fuera terciopelo caliente, húmedo, vivo. Y tras la puerta, se escuchaba el sonido de algo masticando, dientes apretados, casi conteniendo la respiración, esperando a que algo entrase cruzando el umbral para ser… devorado.
Doy un paso atrás simplemente porque el instinto de conservación me hizo alejarme de aquella puerta en vez de intentar comprender que estaba pasando.
-¿Qué pasa? -La voz de Grace era nerviosa, hablando de manera entrecortada a causa del miedo.
-No se puede ir por ahí. -Digo de manera misteriosa, dándome cuenta que era la segunda vez en apenas unos minutos en los que había evitado un destino fatal gracias a la suerte. Demasiada suerte, una advertencia que exclamaba que un solo tropiezo podría llevarme a la muerte.
 Me acercó a Rohan, no podría decir que estuviera tranquilo, pero al menos parecía saber algo que el resto no sabíamos.
-¿Qué significa estar en otra dimensión?
Ahora mismo, creería en lo que fuera para salir de ahí.