Author Topic: A Step to the Left: Bizarrisme  (Read 694 times)


Shura

A Step to the Left: Bizarrisme
« Topic Start: April 06, 2026, 03:41:07 PM »



 



>Por favor, por favor… no quiero morir… quiero salir de aquí…
Shhhh…


La realidad es un delicado velo… dormir, comer, trabajar, repetir; es lo que suele experimentar la mayoría.
Pero en ocasiones, ese velo se rasga…  a veces es algo minúsculo:  una sombra que no debería estar ahí y desaparece en lo que dura un parpadeo, una voz pronunciando tu nombre en una habitación que está vacía, una intuición que te salva de un destino fatal…
Todos los días, tenemos suerte de poder librarnos de las fauces del destino, pero el destino, solo necesita tener suerte una única vez para cambiar nuestras vidas: estar en el lugar y en el momento equivocados, ver algo que nunca debería haber existido y que continué ahí después de parpadear, que esa fatalidad, sepa que lo has visto; buscar un misterio que nos acaba encontrando primero a nosotros…

>¿Te has enterado?
¿De qué?
>Paloma. Se ha esfumado.
¿Ha echado a volar?
>No idiota, ha desaparecido mientras dormía… dicen que, en su casa, la puerta estaba cerrada con la llave por dentro, y que las persianas estaban bajadas… y que solo han encontrado una muñeca apuñalada en la bañera.
Que siniestro… en fin, buen vuelo Paloma, estés donde estés… por cierto, ¿viste el video de anoche de leyendas urbanas?
>¿El top que no es un top?


Aunque no nos demos cuenta, ese misterio nos rodea, tan acostumbrados que en ocasiones no reparamos en su misma existencia, fríos, impasibles, ignorantes, atrapados por un mal que come el mundo desde dentro como un gusano devorando una manzana. Ya se suele decir, que el mayor truco del diablo es hacer creer al mundo que no existe. Aunque sea el mismísimo diablo quien baile frente a nuestra cara.

>Dicen que hay un ritual que se ha vuelto viral: a las 3:03 de la madrugada, tienes que ponerte con una vela delante de la puerta de tu casa para invitar al demonio a pasar.
Yo pensaba que el demonio se encontraba en los cruces de camino a las doce de la madrugada.
>Mejor, así no trasnochamos. ¿Lo probamos?


Cuidado. Hay trucos que solo se pueden hacer una vez, y quizá, la curiosidad mato al gato… pero ya sabemos que la satisfacción de lo que encontró, lo resucito.
Así que, puedes correr, puedes esconderte, puedes luchar, llorar, suplicar… el misterio siempre te va a alcanzar, siempre vas a pagar las consecuencias de tus acciones, lo extraño te puede devorar… o puedes encontrar lo que siempre has buscado, la satisfacción, la recompensa. ¿Vale el riesgo?  ¿Romper la realidad? ¿Cruzar los límites? ¿Tocar lo intocable?
Entonces, estas por tu cuenta.
« Last Edit: April 07, 2026, 05:59:20 AM by Shura »


Airin

Re: A Step to the Left: Bizarrisme
« Reply #1: April 27, 2026, 04:34:25 PM »
Hola, vengo a flotar~

Quote from: Yo misma, todos los meses, en todos los temas
Iconos, no conozco esa palabra. Formato, aparentemente tampoco  :v





[ Brutalisme - Know your location ]



Desde fuera el edificio no parecía nada del otro mundo, el mismo tipo de cubo rectangular insípido de cemento blanquecino con añadidos de cristal que podría encontrarse en cualquier campus que presumiese de llamarse moderno.
Otro escupitajo copia y pega de diseñador iluminado queriendo llamarse brutalista, pensó Airin con desidia.
Pero era la dirección que ponía en el mail.

—Eso me pasa por hacer caso de correos phishing. —rezongó apagando el motor del coche, sacudiéndose las migas de la camisa y terminando de sorber su té con leche de la forma más ruidosa posible.

Pero el caso es que al buscar el sitio le habían salido resultados que parecían auténticos, con trabajos de verdad y reseñas de personas reales. Y tampoco podía asegurar que ella no hubiera enviado nada antes; a veces los currículums los cargaba el diablo y los repartían los duendes. 
Ugh, iba a tener que borrar sus cuentas de las redes de contactos laborales si quería saber quién le echaba mano a sus datos, en los tiempos que corrían era menos arriesgado salir a buscar monstruos que cazar.

Le dio un toque con impulso a la flor de cardo que colgaba del retrovisor haciéndola girar sobre sí misma bajo el sol, cogió todo lo que necesitaba y salió del coche, comprobando que había cerrado con llave.



Las luces led blancas que marcaban los productos en la máquina de vending parpadeaban de forma arrítmica e insatisfactoria. Airin entrecerró los ojos mientras los observaba y arqueó la espalda discretamente en su asiento de plástico incómodo. Semejantes precios para cuatro botellas de edulcorante coloreado de rojo y un puñado de bolsas que eran los falsificados malos de snacks ya de por si cuestionables. ¿Qué iban a pedir después, su alma? Por eso había que ir a los sitios bebido y comido.

—Pase por aquí, señorita. —Un tipo con ojos de pez muerto y pinta de haber estado acumulando polvo en un rincón se asomó por el borde de la pared que delimitaba la sala de espera.

Veinte minutos que llevaba ahí aparcada. Si en aquella empresa tenían todos el mismo entusiasmo contagioso y alegría de vivir, mal iban a acabar las cosas.

Pero Airin asintió, recogió su mochila y se levantó sin mediar palabra, porque todavía no le pagaban por hablar del tiempo con trajes mustios, y siguió al hombre por el pasillo. Pasillo de esos grises que parecían infinitos, con puertas en las paredes a ambos lados y con luces fluorescentes que provocaban migraña. Cada cierta distancia se abría una esquina que daba a una nueva galería con más puertas grises.
Por el rabillo del ojo creyó atisbar varias figuras y se giró a fisgar, pero solo llegó a ver como se cerraba una de las puertas. Cuando se dio la vuelta de nuevo, su guía ya no estaba.

—Ave maría purísima, —murmuró entre dientes mientras las luces fluorescentes parecían oscilar,— un aparcamiento vacío tiene más salsa. ¿Y ahora?

Se movió varias veces adelante y atrás en un área aproximada de metro cuadrado, mirando de un lado a otro sin saber muy bien qué hacer. ¿Debería buscar a alguien o esperar a que volviesen por ella? Las sombras que se movían como almas en pena al fondo borroso de los corredores no debían tener ventanas suficientes para que les diera la luz del sol. No tenía claro si alcanzaba a oír susurros difusos de voces ambiguas, o era el ruido de la estática de sus oídos queriendo aparentar lo que no era. Definitivamente ese ambiente no era el más conductivo a la salud, hasta se estaba empezando a cansar de llevar tan poco peso a cuestas durante lo que no podían ser más de un par de minutos, por muy inacabables que resultasen.

—Con su permiso…

Una mano como salida de la nada se estiró hacia sus cosas, y por reflejo Airin se apartó pivotando sobre un pie y quedando a una saludable distancia de brazo.

—No gracias. —se colgó la mochila y sonrió una curvatura educada y profesional de grados exactos.— Muy amable por ofrecerse, pero no me resulta ninguna molestia.

—Oh, por supuesto. —el tipo nuevo pareció cernirse sobre ella, haciéndose sombra en la cara con el contraluz y su propio cabello alborotado al estilo de un videojuego como si estuviera ocultando una broma sólo para si mismo.— ¿Hay algo en que pueda ayudarle?

Airin parpadeó confundida, observando al hombre.

—Me habían llamado para una entrevista. —dijo mirando brevemente hacia el pasillo a su espalda por el que acababa de deambular.— Pero me han dejado aquí en mitad de ninguna parte.

Las puertas y las sombras de las paredes daban la sensación de mezclarse entre ellas en una escala de grises de mal gusto.

—¿Una entrevista? —El hombre arqueó una ceja pensativo.

Estaba bien saber que no aparentaban tener problemas con el sentido estético de personal y que los estilos alternativos no enfrentaban discriminación, no había más que verlo; pero no estaba bien que se riesen de ella de esa forma por ser nueva. ¡Si ni siquiera había firmado un contrato todavía!
Y ahí mismo Airin decidió que no iba a firmar nada. Ya podían ofrecerle todas las estrellas del universo. Al enemigo ni agua.

—Si yo fuera usted, —comenzó el tipo haciendo rodar las palabras como si le estuviera contando un secreto,— no me creería nada de lo que le digan.

—Pues muy bien. —con la paciencia colmada y el vaso metafórico a dos pasos de ser usado como proyectil explosivo, Airin se dio la vuelta por donde había venido y llevando la cuenta del número de puertas y esquinas que había cruzado antes, fue deshaciendo el recorrido a pasos firmes.

—Permítame que le muestre el camino. —dijo el hombre con tono suave y cortés, carente ahora de burla a pesar del ritmo que se estaba viendo obligado a llevar.

El itinerario de vuelta se hizo infinitamente más largo que el de ida, y Airin solo sabía que no le habían puesto nada turbio en la bebida porque no había consumido nada allí dentro. En un momento determinado incluso notó un cambio de textura en el suelo que a punto estuvo de hacerle tropezar.

—Tenga cuidado. —Su guía la observó un momento con algo que podría haber sido preocupación, pero mantuvo la distancia.

Airin agradeció el gesto con una sonrisa menos tiesa pero más apurada que antes. Esas luces fluorescentes deberían de ser ilegales, había contado las puertas y el número cuadraba, pero la longitud del trayecto no.
Cuando por fin llegaron a la denostada sala de espera junto a la puerta, las máquinas de vending seguían en su sitio, con los números de led rojo parpadeando y los cuatro botellines cuestionables de líquido azul.

El hombre, que a la luz más bien pobre de un día oscuro de niebla no tenía un aspecto más saludable que en el interior de las oficinas, abrió la puerta acristalada y la dejó salir a ella primero.

—Ah, pero aún no me ha dado su nombre, señorita.

Airin abrió y cerró la boca tragando más humedad que aire, y sintió cómo un último aliento de indignación volvía a impulsar su osadía y desprecio general hacia el mundo corporativo.

—Si claro, ¿y yo entonces me quedo sin..? Que tenga un buen día, caballero. —y sacó las llaves del coche frente a ella como si fueran una reliquia sagrada, poniendo rumbo al aparcamiento.

El hombre simplemente le guiñó un ojo con una sonrisa sutil pero traviesa.

—El placer ha sido mío.



—Pues no veas la reseña que se van a comer cuando llegue a casa. —había murmurado Airin cuando salía de la rotonda de desvío con las luces de su coche siendo los únicos faros entre la niebla durante un largo rato.

Cuando por fin cerró la puerta del piso a su espalda y echó las llaves, decidió que lo primero era una ducha para lavarse la mala sangre, y lo segundo la cena para alimentar el alma. Ahora ya podía depender de la wifi estable y la red de datos confiable para usar el móvil.

Escribió en el buscador el nombre de la compañía, pero ninguno de los resultados le dio las respuestas que esperaba. Contrariada, introdujo también el código postal.

—No, no he querido decir… ¿qué demonios?

Las entradas referentes a la empresa no aparecían en su historial de búsqueda, y los correos tampoco se presentaban en su bandeja de entrada. Ni muestra en la carpeta de spam.

Las imágenes de satélite del buscador tan sólo mostraban el edificio igual de brutalmente feo, pero en claras condiciones de abandono.


~      H e g o a k    e b a k i    b a n i z k i o,    n e r i a    i z a n g o    z e n,    e z    z u e n    a l d e g i n g o.       ~
~      B a i n a n    h o n e l a,    e z    z e n    g e h i a g o    t x o r i a    i z a n g o,      ~
~      e t a    n i k    t x o r i a    n u e n    m a i t e.       ~


Neko

Re: A Step to the Left: Bizarrisme
« Reply #2: April 30, 2026, 05:23:58 PM »

[Ikki/Hyoga - Full Moon]

La puerta se cerró con un sonido fuerte que hizo eco en mitad de la oscuridad de la noche.

—Otra vez… —musitó Hyoga mientras se ponía la chaqueta y se alejaba a todo correr de la casa que compartía con aquel hombre que había desaparecido.

El rubio maldijo entre dientes mientras se abrochaba los botones. No era la primera vez que Ikki desaparecía a esas horas de la noche. Siempre volvía cerca del amanecer, con alguna excusa lista para sacarla del bolsillo.

—¿Por qué? —se preguntaba Hyoga— Maldita sea…

Al principio nunca había sido así, parecía tan seguro de si mismo. Acosándolo hasta que no pudo más que confiar en él, en que aquel amor nunca tendría fin.
Y desde luego no había terminado. Hyoga seguía tan enamorado como el primer día, pero sospechaba que Ikki le ocultaba algo y las respuestas más lógicas eran dolorosas de creer.

—Casi prefiero que esté metido en algún lío.

Hyoga dejó de caminar, mirando hacia sus pies. El camino de tierra estaba ligeramente húmedo a causa de la niebla que había inundado el pueblo en cuanto se había puesto el sol.
Más que niebla parecía que alguna nube había decidido visitar el lugar para pasar un rato por la noche. Era espesa y baja, aunque no le permitía verse muy bien los pies podía distinguir perfectamente las casas a cien metros de sí mismo.
Hyoga se mordisqueó los labios nervioso, mirando a todas partes. ¿Dónde podría estar aquel bastardo malnacido? ¿Cómo osaba hacerle renunciar a todo lo que era sagrado en su vida, romper todas las barreras, admitirlo como su compañero para la eternidad y luego abandonarle así durante al menos tres noches seguidas cada mes?

—Ah, no… —murmuró mientras seguía adelante, embarrando sus botas de cuero al empezar a correr— Eso sí que no.

 


Tragó saliva, notaba la garganta seca. Ikki había corrido hasta el refugio más cercano que conocía. En este caso era un granero.
El moreno tosió un par de veces, notando el sabor de la sangre en su boca. No era suya.

Se limpió los labios con el dorso de la mano mientras andaba dando tumbos por el lugar. No llevaba la camisa de trabajo con la que había salido de casa. Tampoco tenía calzado y los bajos del pantalón estaban hechos unos zorros.
Ikki jadeaba, intentando hacer llegar el aire a sus pulmones cansados. Se miró las manos, tenía tierra bajo las uñas. El hombre sacudió la cabeza cuando su vista empezó a nublarse. Tratando de fijar sus pupilas en algo que no le trastornara. Buscó un sitio donde descansar y poner orden en su mente de nuevo.
Un montón de paja que parecía limpia le pareció perfecto. Ikki tuvo la decencia de echar una manta que encontró colgada de un clavo en un poste de madera encima de la paja antes dejarse caer sentado.

Despegó el pelo de su frente, echando el cabello hacia atrás y resoplando.

El olor de la sangre le llegaba claramente a la nariz. Tenía la barbilla y el pecho embarrados en ella. Afortunadamente, aunque no para ellas, provenía de unas pocas gallinas que se habían cruzado en su camino y en las que había dejado caer toda la rabia y la frustración que venía acarreando.
Apretó la parte baja de sus palmas contra los ojos. A veces se preguntaba si habría sido mejor dejar las cosas como estaban, haber dejado que Hyoga fuera una imagen a la que adorar desde el otro lado del río. Podría haberle ahorrado el dolor que tenía claro que esa noche le iba a provocar.
Después de todo, había llegado ahí huyendo de los sonidos lejanos de una turba enfurecida.
Y la luna, oh, la luna… la que le estaba llamando desde el cielo.




El cazador apartó la antorcha de la huella al mismo tiempo en el que se levantaba. Se giró para hablar con el hijo del alcalde, con una cara seria.
Ese hombre no tenía muchos amigos en el pueblo, pero era un ciudadano que siempre colaboraba cuando hacía falta y que siempre había respetado a los demás. Nunca escondía nada, así que cuando se apartó del grupo armado con hoces, arados y otros instrumentos del campo, con el susodicho hijo mayor del alcalde… todo el mundo supo que había algo que iba mal.

—Habla de una vez, me estás poniendo más nervioso. —balbuceó hacia el cazador después de treinta segundos de silencio.

—No quiero seguir ese rastro. —espetó el cazador, con un tono que no admitía protesta y aún así el joven lo intentó.

—Pero…

—¿Pero?

El joven tragó saliva y echó una mirada a los hombres del pueblo que habían salido esa noche con ellos. Las luces de las antorchas les hacían parecer demonios.
Y allí, en el lenguaje corporal de aquella masa se encontraba el gran pero. El rumor se había extendido por la población para dejar de serlo en los últimos meses, ahora era un hecho. Algún animal había estado matando ganado, pero no comía nada. Estaba claro, era un lobo solitario. Un lobo solitario, loco y lo suficientemente fuerte y atrevido como para matar a un par de vacas cuando el toro estaba dentro del mismo redil.
Hartos de los destrozos, habían salido a hostigar al animal. Y ahora el cazador le ordenaba que dejara de hacerlo.

—Lo que estoy siguiendo no son huellas de lobo —explicó y después negó con la cabeza—. Seguiré el rastro, pero no prometo nada.




Hyoga apretó los brazos contra su pecho, calentando sus manos bajo las axilas. La niebla era menos densa en las afueras del pueblo, pero estaba mucho más dispersa. Y a él no se le había ocurrido traer ni una antorcha por lo menos.
La ropa se le estaba humedeciendo. La sensación en sus mejillas era bienvenida, el frío le hacía pensar mucho mejor. Calmaba su instinto y le ayudaba a concentrarse en su tarea: buscar a Ikki.

Hyoga suspiró frustrado cuando llegó a una encrucijada. No estaba muy lejos del bosque, no era una buena idea acercarse tanto a los árboles. Sería fácil perderse allí dentro.

—¿Dónde te has metido? —se preguntó el rubio.

No sabía cuanto tiempo llevaba andando, no sabía ni como lo iba a encontrar. Parecía que vagar pocas horas antes de la madrugada a las afueras no era su mejor opción. Sobretodo con los rumores de un lobo loco que había oído ya en todas partes.

—¿No lo iban a hostigar esta noche? —murmuró mientras frotaba sus manos y miraba de un lado a otro, decidiendo donde ir ahora.

Hyoga no tenía una opinión formada al respecto de la patrulla nocturna, pero Ikki gruñía cada vez que oía algo por el pueblo. El rubio se quitó la humedad de la cara con un pañuelo que sacó de su chaqueta y empezó a andar sin mirar por donde iba.
Tan distraído estaba que no se dio cuenta de que había tropezado con algo hasta que se vio cayendo contra el barro del camino. Consiguió mantener el equilibrio con un par de zancadas largas y volvió sobre sus pasos para comprobar que había sido aquello.
Lo cogió y levantó el objeto hacia la luz de la luna llena.

—Este zapato… —dejó salir de su garganta estrangulada por todo lo que estaba empezando a sentir— ¡Es de Ikki!

 


Ikki apretó la cabeza entre sus manos, gruñendo mientras notaba a la rabia abrirse camino a codazos hacia la parte racional de su cerebro.

—¡No! —gritó sin poderle evitarlo.

Sacó el aire por la nariz indignado consigo mismo. Se suponía que no quería hacer ruidos para que no le encontraran. Tal vez sería mejor dejarse ver. Dejarse matar por el pueblo en el que había vivido esos años con Hyoga, con la pareja que él había elegido para siempre.

—"Siempre" es más corto de lo que había pensado… je, je. —murmuró con una nota triste.

Otra vez, aquel desespero que le desgarraba el corazón aumentó hasta convertirlo en un ser lleno de sed de sangre.
Pero él no era así, él podía controlarlo ¿Por qué se comportaba como un mero licántropo desquiciado? ¿Por qué justo cuando se suponía que debía ser feliz? Cuando se suponía que lo tenía todo.

Notó el cambio, mucho más lento que su grácil transformación habitual, mucho más doloroso. Ikki no soportaba aquel aspecto, pero en aquel estado no podía decidir sus acciones, sólo era una pequeña consciencia atrapada viendo el horror del que era capaz aquel cuerpo.
Un ruido llamó la atención de sus orejas y su cuerpo se volvió repentinamente hacia la puerta. Ikki estaba seguro de haberla cerrado bien cerrada.

—Tendría que haberlo imaginado. —la voz de Hyoga chocó en sus tímpanos.

Ikki se paralizó, una sensación de desesperación se apoderó de él cuando notó el gruñido en su garganta.
Hyoga entró en el granero, cerrando la puerta a su espalda. Abrió los brazos con una sonrisa mientras el cuerpo de Ikki se movía como la bala de un cañón hacia un barco enemigo.




En aquel momento, a un par de horas del amanecer, cuando el mundo empezaba a ser mucho más frío que el resto de la noche y después de haber caminado de aquí para allá sin resultado alguno, la turba estaba mucho más cansada aunque igual de enfurecida que al principio.
El rastro les acercaba al bosque, lugar por el que aún estaban discutiendo, tras diez minutos de debate, si era apropiado marchar enfurecidamente o no.
El cazador había tomado ese tiempo para sí mismo. Se encontraba sentado encima de un viejo tocón al lado del camino y fumaba de forma relajada, iluminado por el reflejo de las brasas en su pipa. Esperaba a la resolución, pero fuera cual fuera el resultado, él ya se había adelantado y sabía a la perfección hacia donde llevaban las huellas. Así que sus ojos estaban fijos, aunque discretamente, en el granero más allá. Si tenía que correr por su vida lo haría.

El hijo del alcalde se acercó a él justo después de que algo le llamase la atención, algo que le había plantado una sonrisa satisfecha en medio de su barba.

—Hemos decidido parar por hoy —informó—. ¿Podría acompañarnos mañana?

El hombre se levantó y sacudió su ropa con la mano libre para quitarse la humedad de la niebla de encima.

—No creo que sea necesario, hijo.

—¿Y eso por qué? —preguntó el joven con una expresión confundida en su rostro.

El cazador fumó lentamente antes de responder con misterio.

—Ya lo verás, hijo. Ya lo verás.

Levantó una ceja aún con la sonrisa en sus labios y sin más se alejó de la pequeña multitud, derecho hacia su casa.
Después de todo, estaba seguro de haber visto a un par de lobos, uno claro y otro oscuro, saliendo del granero.




Shura

Re: A Step to the Left: Bizarrisme
« Reply #3: April 30, 2026, 07:41:56 PM »


Ir en un coche de policía en la parte delantera, da muchísimo prestigio: todos te miran con ojos brillantes, llenos de orgullo por tu labor a la sociedad.
Ir en la parte trasera, es tomar tu dignidad y darle una patada lo más lejos posible.
-Grace…
Quería hablar más alto, pero tenía la espalda doblada como una gamba intentando bajar la cabeza a la altura de las rodillas para que nadie me viera desde fuera.
-Shura… -La rubia conduce despacio, siempre respetando las señales e indicaciones de tráfico, y sin embargo, aunque aparentemente estaba concentrada en la conducción, siempre estaba pensando en otra cosa.
-¿No puedes conducir más rápido? -Protesto en un quejido agónico.
-Es una zona escolar, no se puede superar la velocidad-
-Son las doce, todos están en clase. -La interrumpí poniendo los ojos en blanco.
No, no estaba en la parte de atrás del coche de policía porque hubiera roto la ley, o me llevaran detenida… en realidad, no debería estar quejándome. No podía ir en la parte de delante porque Grace había derramado su café en el asiento del copiloto. La agente de policía me estaba haciendo el favor, habían reportado la presencia de un tipo extraño en uno de los edificios del centro, se había adueñado de uno de los ascensores y gritaba a cualquiera que quisiera subirse con él. Yo quería escribir un articulo para la página donde publicaba que tratase sobre la importancia de la salud mental, así que este sujeto me quedaba como anillo al dedo.
Así que aquí estábamos: mi amiga, agente de policía que me había avisado en el momento en que recibió el aviso, y yo, periodista que nunca decía no a un trabajo.

En realidad, nunca decía que no porque mi trabajo no me daba demasiado dinero. Empecé a estudiar periodismo en el momento en que no pude ser policía. Me quedé demasiado desorientada en la vida cuando, una y otra vez, era rechazada como policía por una de las malditas pruebas que había para obtener plaza… por suerte, la madre de Grace era periodista, fue ella la que me aliento a empezar esta profesión, aunque eso suponía que, de siete generaciones de policía, yo fuera la primera en cortar esta tradición que llevaba en la sangre.
Así que aquí estaba, sin un gran portafolio que enseñar, con Grace queriendo apoyarme igual que hizo su madre antes de morir y en la parte de atrás de un coche de policía para no mancharme el culo de café.

Grace aceleró, apiadándose de mí, aunque cuando nos bajamos del coche, aún tuve que aguantar que una señora contuviera un gritito de impresión al verme salir de la parte de atrás.
-Démonos prisa, dentro de poco terminará el horario laboral de oficinas y empezará a salir todo el mundo. -Grace se ajustó sus gafas mirando el imponente edificio. Quince plantas de oficinas, divididas entre coworking, abogados, compañías de alquiles, transporte y otras que no reconocía.
-¿Será un trabajador descontento?
Esperó a que Grace terminé de hablar con el conserje y venga conmigo.
-Dice que nunca ha visto a ese tipo, parece que las cámaras dejaron de funcionar cuando ese tipo estaba pulsando botones, pero el conserje dice que el ascensor está bloqueado en la planta diez.
-Dime que no tenemos que subir por las escaleras... -Suspiró cansada sabiendo la respuesta.
Grace sonríe para transmitir ánimo.
-El conserje va a bloquear el resto de ascensores para que podamos encontrar a ese hombre, si vamos por la escalera podremos dar con él, luego le llamaré para que ponga en funcionamiento los ascensores y podremos irnos. Ya ha avisado a los responsables de oficina para que cierren las puertas hasta nuevo aviso.
Paso mi mano por mi frente.
-Bien… pues hagámoslo ya.

No me importaba hacer ejercicio, no falle las pruebas a policía por la parte física, simplemente era algo monótono: llegar a una nueva planta, abrir la puerta de emergencia y asomarse a un pequeño rellano donde a cada lado había una puerta cerrada que daba a las diferentes oficinas. Y repetir con la siguiente planta.

-Me recuerda a la academia.
-A las novatadas de la academia. -Sonrió de manera confidencial a Grace mientras cerraba la puerta de la planta cuatro dirigiéndonos a la quinta.
La sonrisa de Grace le ilumino la cara.
-¿Estabas cuando…?
Al abrir la puerta de la quinta planta, las dos nos quemados en silencio.
-Grace, ¿no decías que el conserje había bloqueado los ascensores?
La pantalla numérica indicaba que el ascensor estaba bajando.
-Eso me dijo, quizá se ha equivocado.
Pero las puertas del ascensor se abrieron mostrando a la equivocación: era un hombre joven de veintitantos veintisiete años, tenía el rostro anguloso y por su aspecto extravagante podría ser confundido con un modelo. En sus manos una cámara polaroid, de esas de aspecto retro que no podrías adivinar si funcionaban con tarjeta de memoria o con carrete.
Nos quedamos unos segundo mirándonos, el tipo claramente juzgándonos por estar ahí.
-¿Ese es nuestro hombre?
Seguro que sí, no salió del ascensor y no había nadie más jugando a recorrer todo el edificio.
Cuando el tipo presiona un nuevo botón y empiezan a cerrarse las puertas, me abalanzo a impedir que escapara, bloqueando las puertas con mi cuerpo.
-¡Un momento!
-¡Shura!
Las puertas del ascensor no cedían… y comenzó a moverse cuando tenía medio cuerpo enganchado.
Estaba demasiado conmocionada para asustarme o asumir que lo que estaba pasando era real, aunque el techo se acercará rápidamente a la mitad inferior de mi cuerpo.
Sentí un empujón por detrás y aquel tipo tiro de mi hacía él haciéndome caerle encima.
El ascensor reboto una vez más abriendo las puertas mostrando una horrorizada Grace que subió el desnivel ocasionado por la repentina apertura de la puerta.
-Oh, joder! Shura! Podrías… ¡eso fue una imprudencia! -Estiró la mano ayudándome a ponerme en pie.
-Estoy bien. -Había tenido suerte, así que no le daba demasiadas vueltas al riesgo mortal por el que acababa de pasar.
-Shura… -La voz de Grace sonaba exasperada.
Aquel tipo chasqueó la lengua, molesto.
-¿Qué demonios estáis haciendo? ¡Bajad ahora mismo del ascensor!
-Sí hombre, no me bajo ni de coña. -Miró es escalón que había quedado con la parada automática, no iba a tentar mi suerte por segunda vez.
-Soy de la policía, nos ha avisado el conserje porque está molestando a los trabajadores.
-No estoy haciendo nada ilegal. -Aprieta el labio como si el problema fuéramos nosotras. 
-Señor, tiene que salir del edificio. -Insiste Grace demostrando una gran paciencia. -Salga por su propia voluntad ahora y no tendrá problemas, se lo garantizo.

Cansada de todo aquello, pulso el botón del bajo para comenzar a salir… todos nos quedamos paralizados cuando el ascensor comenzó a subir, las puertas no habían llegado a cerrar, así que veíamos pasar piso por piso.
-Grace, te juro que le he dado al piso de abajo. -Insisto a mi amiga, dudando incluso de mí misma, aunque el botón del bajo estaba iluminado, seguíamos ascendiendo.
-Alguien habrá llamado al ascensor. -Dice de manera razonable.
-Esta pasando. -Aquel tipo hablo de manera misteriosa. Se gira hacía nosotras. -¿Sois policías?
-Sí.
-Yo soy periodista… -Busco de manera distraída mi carnet de periodista… para darme cuenta de que no lo tenía, siempre lo tenía en el bolsillo, enganchado al lanyard rojo que me había regalado la madre de Grace. -¡He perdido mi carnet de periodista!
-¿Se te habrá caído antes?
-Ay mierda… ¡cuesta un ojo de la cara renovarse el carnet! -Me lamento con Grace mientras aquel tipo suspira exasperado por ser testigo de aquella situación.

Suena el timbre del ascensor anunciando que hemos llegado a una nueva planta, la número diez. Las puertas se abren al tiempo que la luz del ascensor y pasillo titila, apagándose para encenderse las luces rojas de emergencia produciéndoles a todos un escalofrío.
Pero aquello, no era lo más extraño. Al contrario que el resto de plantas, cuando el ascensor se abrió, no mostro un pequeño rellano con puertas a los lados y la de enfrente como salida de emergencia y acceso a las escaleras, no, los pasillos se extendían, las luces rojas no dejaban claro cuánto, pero puerta tras puerta cerrada podían contarse al menos diez por la derecha y el mismo número a la izquierda.
Nadie menciono lo evidente: el edificio no era tan grande para albergar un espacio tan grande a lo largo.
-¿Es el ático? -Grace intento buscar una explicación lógica, pero su voz denotaba la duda que todos teníamos.
-El edificio tiene quince plantas. -Miró los botones del ascensor que se habían apagado igual que todo. Pulso la planta baja, pero el ascensor no reacciona.
Genial.
-Deja de tocar los botones. -Aquel tipo se cruzó de brazos con indignación, como si estuviéramos estropeando el momento. -No va a moverse tan fácilmente.
Vale, aquello ya era raro.
-¿Y cómo se va a mover? Yo no me bajo de aquí. -Insisto de manera tozuda, pero en el suelo de la planta quince, incluso con aquella escasa luz pude verlo: mi carnet de periodista, además de mi foto, tenía el irremplazable lanyard de la madre de Grace. -Ah, ahí está…
-Shura -Grace me tomo del brazo. Era extraño e inexplicable que el carnet se hubiera perdido en la planta cinco y ahora se encontrará en la planta diez.
-No lo toques. -Me advirtió aquel tipo agarrándome del otro brazo.
Es precisamente, que aquel tipo me tocase lo que me hace mirarlo, primero a la mano y luego a la cara.
-¿Por qué? ¿Qué esta pasando aquí?  -Me sentía enfadada, estaba claro que había algo que se nos escapaba a Grace y a mí, podía sentirse que el ambiente estaba tenso, algo había cambiado, algo bajo la piel exigía buscar una salida a una situación que no llegaba a comprender.

El tipo no pareció vacilar al contestar.
-Somos parte de un ritual… los tres.
-Tendrás que ser más específico. -Chasqueo la lengua perdiendo la paciencia.
-Sería bueno comenzar desde el principio. -Intervino Grace demostrando profesionalidad y aplomo pese a que estaba visiblemente nerviosa. -Soy Grace Ashcroft, de la policía… -Grace me miró esperanzada de que tomara aquella rama de olivo y fuera cordial con el tipo que nos había metido en esta situación.
-Shura Redfield… -Señaló la acreditación en el suelo hacía mi acreditación. -Periodista.
-Rohan Kishibe.
-¿Modelo? -Pregunta sonriendo Grace ver que el hombre no dice nada más.
-Mangaka. -Corrige apoyando una mano en la cadera.
-Vale, ¿a qué te refieres con que estamos en un ritual? -Estaba claro que o empezábamos a sonsacarle información o estaríamos ahí todo el día.
Rohan señala los botones apagados del ascensor.
-Se toma el ascensor en la planta baja, se sube al cuarto piso, luego se baja al segundo, sexto, -su dedo recorre toda la secuencia. - Decimo, quinto… y se pulsa de nuevo planta baja.
Justo la quinta planta era donde nos habíamos subido al ascensor.
-Sí, yo pulse la planta baja… pero esto no es la planta baja.
-Es porque el ritual salió bien, estamos en la decima planta y a la vez no estamos. -Señaló fuera del ascensor. - Estamos en otra dimensión.
Grace y yo nos miramos… habíamos visto las suficientes películas para poder adaptarnos a una situación así, y al mismo tiempo el sentido común no nos permitía abrir la boca y confirmarlo.
-Oh por dios… -Rohan puso los ojos en blanco. - ¡Solo mirar a vuestro alrededor!
-Vale, vale, es increíble, pero es lo único con sentido.
-No hubiera utilizado la palabra “sentido” para describir esto… -Murmuro Grace por lo bajo.
-¿Y qué hacemos aquí?
Rohan levantó su cámara.
-Documentarme para mi nuevo manga.
-¿Haces que llamen a la policía, vas a otra dimensión… para documentarte? -No puedo evitar un tic de sonrisa en la comisura de mi labio, culpa mía y de los nervios. - ¿Y cómo volvemos?
-Sí, por favor. -La rubia se froto los brazos mordiéndose el labio inferior, no podía culparla, la sensación a nuestro alrededor era opresiva, como si estuviéramos en el ojo del huracán.
-Debemos volver desde este mismo ascensor repitiendo la secuencia a la inversa.
Yo no me acordaba ni de lo que había comido ayer como para recordar dos números seguidos de los que Rohan había dicho.
-Vale… -Grace levanta los dedos a medida que va contando. -Bajo, cinco, diez, seis, dos, cuatro y bajo… pero este ascensor no funciona.
Rohan, aparentemente cansado de hablar, da un paso fuera del ascensor. Seguido por Grace que, en su aptitud de servir y proteger, se tomaba muy enserio la parte de proteger. Apoyó la mano de manera amable en el hombro de Rohan para instarle a parar.
-¿Es seguro salir del ascensor?
-¿Lo preguntas enserio?
-Oye, no cuesta nada ser amable. -El nerviosismo de Grace me envalentonaba para enfrentarme a Rohan, aquel tipo aparentemente parecía imperturbable con toda la situación. Aunque era solo aparente. -Han llamado a la policía por tu culpa, mi amiga solo quiere ayudarte, estamos todos en el mismo problema… y yo me llevo esto.
Salgo del ascensor para tomar mi carnet de periodista y guardármelo en el bolsillo.
Todos miramos al ascensor, por un momento pensando lo peor, que se cerraría y desaparecería sin nosotros.
Creo que todos suspiramos aliviados al comprobar que seguía ahí.

Rohan parecía reflexionar sobre mis palabras, frustrado, pero al menos las escuchó y pareció dispuesto a ser más cooperativo.
-No deberías tomar nada de otra dimensión. -Señala con la barbilla el bolsillo donde había guardado el carnet.
-Bueno, quizá. -Resaltó aquella última palabra. - Pero esto es mío y no me sobran doscientos pavos para renovarlo.
La maldición de la pobreza si que era algo real.
-¿Y qué tenemos que hacer para marcharnos de aquí? ¿Cómo podemos hacer que funcione el ascensor?
-¿Podemos ir por las escaleras de servicio? -Me acercó para tirar de la apertura de la pesada puerta, y me detengo a tiempo antes de empujar.
El tirador se sentía… caliente, no, no solo eso, era como si fuera terciopelo caliente, húmedo, vivo. Y tras la puerta, se escuchaba el sonido de algo masticando, dientes apretados, casi conteniendo la respiración, esperando a que algo entrase cruzando el umbral para ser… devorado.
Doy un paso atrás simplemente porque el instinto de conservación me hizo alejarme de aquella puerta en vez de intentar comprender que estaba pasando.
-¿Qué pasa? -La voz de Grace era nerviosa, hablando de manera entrecortada a causa del miedo.
-No se puede ir por ahí. -Digo de manera misteriosa, dándome cuenta que era la segunda vez en apenas unos minutos en los que había evitado un destino fatal gracias a la suerte. Demasiada suerte, una advertencia que exclamaba que un solo tropiezo podría llevarme a la muerte.
 Me acercó a Rohan, no podría decir que estuviera tranquilo, pero al menos parecía saber algo que el resto no sabíamos.
-¿Qué significa estar en otra dimensión?

Ahora mismo, creería en lo que fuera para salir de ahí.

« Last Edit: May 02, 2026, 06:09:28 PM by Shura »


Shura

Re: A Step to the Left: Bizarrisme
« Reply #4: May 05, 2026, 10:50:08 AM »

¿Qué significa estar en otra dimensión?

-Nadie lo sabe… -Rohan se frota la frente para acomodar la cinta a su peinado y toma la cámara entre sus manos. -Por eso, voy a investigar.
-Pero sabías como llegar aquí, tiene que haber algo más que nos puedas contar. -Insistí exasperada.
Grace por su parte encendió la linterna de su móvil para iluminar el pasillo, las puertas eran bastante diferentes, algunas estaban pintadas de negro, otras eran de metal abollado como si las hubieran pateado para abrirlas a la fuerza, algunas carecían de pomo con el que poder abrirlas y otras tenían letreros de EXIT sobre el marco, como si fuera una macabra broma. Encontrando una puerta entreabierta.
Grace se acercó apuntando la luz a su interior, el espació estaba a oscuras, pero había algo que se movía dentro.
-Este ritual para ir a otra dimensión no es más que otra leyenda urbana. -Explica Rohan. -La información al respecto cambia, algunos dicen que no es otra dimensión, sino una puerta al infierno, otros que aquí hay entidades que pueden ser hostiles.
-¿Hostiles…? -Siento un escalofrío en mi espalda.
-No voy a edulcorarlo para tus oídos, señorita “se más amable” … sí, podemos morir o quedarnos atrapados, es algo en lo que coinciden todos los que han contado su experiencia.

Grace entonces lo ve claro: una enorme larva, del tamaño de un hombre, venía arrastrándose por el suelo atraída por la luz, el movimiento ondulante de todo su cuerpo era repulsivo del mismo modo en que se contorsionaba para acercarse.
-AAH! -Grace cierra la puerta de un portazo dando un paso hacia atrás que la hizo caer de culo.
-¿Grace? -Me apartó de Rohan acortando distancia con Grace en unas pocas zancadas, la rubia se puso en pie rápidamente y solo la ayudé a estabilizarse.
-Ha-había algo. -Un escalofrío de repulsión la sacudió. Los anillos que tenía esa larva alrededor de su cuerpo, esas fauces, el color blanquecino, Grace las había visto varias veces por su trabajo, eran las mismas larvas que aparecían en los cadáveres, pero aquella era extremadamente grande. -¡No entres! -Advirtió a su amiga.
-Tranquila, no pensaba hacerlo.
Rohan por su parte, estaba lanzando fotos a ambos lados del pasillo.
-Así que lo que has visto está detrás de las puertas. -Reflexionó acercándose a una de las puertas con clara intención de abrirla.
-NO! -Gritamos ambas a la vez, pero era inevitable.
Rohan abrió una de las puertas, el olor a humedad lleno aquel espacio. Dentro de la habitación estaba la misma luz roja de emergencia que iluminaba el rellano, y dentro había interminables estanterías llenas de carpetas, archivadores, cajas y libros de cuentas. Rohan parecía decepcionado de no haberse tomado con nada extraño al contrarío que las otras dos mujeres. Pero parecía insistir en ponerse en peligro y entró para echar un vistazo a la habitación. Tomo una caja levantando la tapa, dentro solo había pelo, como si alguien hubiera donado tres o cuatro coletas de pelo negro y las hubieran echado en esa caja para olvidarlas.
Grace y Shura asomaron las cabezas desde el marco de la puerta mirando curiosas pero prudentes.
-Solo es un montón de basura.
-¿No decías que no había que tocar nada de otra dimensión? -Me burló por el comportamiento decepcionado de Rohan.
-No me estoy llevando nada… al contrario que tú.
-Ese carnet es mío. -Repito saturada ya de aquella acusación.

Grace entra en la sala, iluminando de manera prudencial el pasillo antes de fijarse en las cajas y archivadores.
-Esto parece un archivo de pruebas, algunas están datadas de- Grace ilumina la etiqueta de la caja más cercana. -Hace un par de días.
Incapaz de resistir la curiosidad, levanta la tapa de cartón para ver el interior.

-¿Grace?
Me acerco a mi amiga que se había quedado paralizada mirando el interior de la caja. Dentro había fotos tomadas con cámara polaroid, en la imagen mostraba aquel lugar. Shura no pudo evitar mirar a Rohan, que estaba tomando fotos en aquel mismo momento del lugar y de algunas cajas aleatorias.
-Esto es demasiado raro.
-¿Shura?
La voz de Grace suena estrangulada, cuando de dentro de la caja saca una foto de su madre Alyssa Ashcroft, era una foto tomada allí mismo desde el otro lado de la estantería, como si alguien hubiera aprovechado el hueco que había dejado al retirar la caja para tomar una foto sin que la mujer se diera cuenta. 
Se escucharon dos “click” del obturador de una cámara abriéndose para tomar una imagen. Uno fue el de Rohan, el otro venía del otro lado de la estantería, tan claro y llamativo que incluso el hombre levantó la cabeza al reconocer el sonido. No era un eco, había alguien o algo más ahí con nosotros, consciente de nuestra presencia y burlándose de nosotros.

De manera instintiva y demasiado asustada como para ser racional, tomo a Grace del brazo y tiro de ella.
-Nos vamos de aquí.
-La caja. Mi madre... -La desesperación en la voz de Grace partía el corazón, sólo era cuestión de un segundo que ella tomara la caja y salieran de allí, pero ni siquiera le di la oportunidad en pánico pensando en toda velocidad sobre lo que había dicho Rohan de no llevarse nada de aquel lugar, tirando de Grace para salir de aquella sala lo antes posible.
-¡ROHAN! 
El hombre hizo un sonido de arcada, la caja que había abierto antes llena de pelo estaba en el suelo, y aquel pelo negro rodeaba el cuello y se metía en la boca de Rohan que luchaba desesperado por quitárselo de encima y poder respirar arañándose el cuello y la cara sin conseguir nada.
Fui a su lado para ayudarlo, aquel pelo era duro y por más que se lo intentaba sacar de la boca parecía que no tenía fin.
Lloró el nombre de mi amiga por ayuda, por un momento temiendo que hubiera vuelto a por la caja en vez de ayudar a Rohan que a ese paso iba morir ahogado.

El buen espíritu de Grace, le hizo dejar el pensamiento de recuperar la caja para ayudar a Rohan, entre todos conseguimos quitarle aquel extraño pelo de alrededor del cuello y sacarle los mechones que habían llegado hasta el fondo de su garganta.
-Nos vamos en el ascensor.
-Pero no funciona.
-¡Hay que intentarlo! -Niego fervientemente con la cabeza, por un segundo tirando de Grace y Rohan antes de que se pusieran en marcha y saliéramos de aquel lugar cerrando la puerta tras nosotros.
No nos relajamos, de manera atropellada, vamos corriendo al ascensor. Grace tropieza jadeando, pero consigue evitar la caída.
Por supuesto, al pulsar el botón del bajo, el ascensor no se mueve.
-¡Poned toda la maldita secuencia!
Lo que decía Rohan no tenía sentido, pero Grace la recordaba y pulso los botones en orden.
Las puertas del ascensor se cerraron, íbamos con las luces apagadas y se escuchaba como si el maldito mecanismo se estuviera cayendo por el hueco.

La simple campana del ascensor, nos dejo a todos conteniendo la respiración.
Las luces se encendieron y las puertas se abrieron, recibiéndonos el conserje que se rascaba la nuca, confundido al vernos a los tres tirados en el suelo en un lio de brazos y piernas.
-Estamos fuera. -Suspiró aliviada.
-¿Estáis bien? -Grace miró a Rohan que parecía más preocupado por la integridad de su cámara.
Grace estuvo hablando con el conserje que insistía en que había que detener a Rohan. La mujer parecía todavía confundida y algo desorientada, pero le explicó que no se podía detener a alguien por aquello.

-Rohan. -Me acerqué al hombre mientras me frotaba la frente, calmándome después de semejante experiencia. -Se acabo, ¿verdad? Lo que sea que haya pasado, no volverá a pasar, ha desaparecido.
-¿Quieres una respuesta sincera o una que te haga sentir mejor?
-Shura, deberíamos irnos. -Grace parecía cansada, afectada. -Rohan, por favor, no vuelvas a meterte en problemas.
-¿Quieres que conduzca yo? -Me olvidó del hombre y me acerco a Grace que rechaza mi invitación negando con la cabeza.
-Agente Grace… -Rohan se acerca también a la mujer. -Encontré toda la información sobre ese sitio en internet, solo puedo suponer que es fiable porque funcionó. Pero voy a advertirle algo en lo que coinciden todos los usuarios: esta clase de lujares son peligrosos, insidiosos, juegan con los miedos y con la mente. Usted ha visto algo que le ha afectado, pero no deje que la posea. El peligro no solo se encuentra en otra dimensión, también está dentro de nuestras cabezas.
-¿Y de quién es culpa haber acabado en un lugar así? -Protesto, estaba enfadada por el visible agotamiento de Grace, interponiéndome entre ambos para proteger a mi amiga.
-Yo no fui quien pulso el último botón. -Suspiró exasperado. -¡Venga ya! ¿Crees que si lo hubiera conseguido a la primera hubiera dado tiempo a que viniera la policía? Fuiste tú, Shura, tú cerraste la secuencia de números que nos envío por aquel ascensor.
Rohan se inclinó hacía mí, mirando fijamente mi cara como si buscará algo invisible, una explicación. Obligándome a poner los ojos en blanco para no pensar en aquello y sin poder evitar una punzada de culpabilidad.
-Por favor, vámonos todos a casa. -Nunca había visto a Grace tan en el límite. Aunque quería discutir con Rohan sobre lo injusta que era su acusación, me trague mi orgullo y seguí a Grace mirando como Rohan se alejaba caminando como si todo aquello para él solo hubiera sido un martes.

Subí en el lado del copiloto del coche de policía para sentarme junto a Grace, y sí, el asiento todavía estaba mojado de café.
El viaje en coche se sintió tenso, ninguna de las dos hablábamos, cada una asimilando la situación a su manera.
-Podría haberme llevado esa caja… habían fotos de mi madre, las fechas no cuadran, ella nunca ha estado en un lugar así… -Grace murmuraba cada vez alterándose más.
-No podíamos llevarnos nada de allí. -Yo también lamentaba no haberle dado la oportunidad de hacerlo.
En aquel momento, la mirada de Grace era irreconocible, fría como el hielo, llena de resentimiento, apretando los dedos en el volante hasta que se le pusieron los nudillos blancos.
-Tú te llevaste ese carnet.
-¿Qué?
No podía creerme aquella acusación, mi maldito carnet de periodista que había recogido del piso de aquel lugar, cuando… bueno, cuando pensaba que se me había caído del bolsillo en la planta cinco y había llegado mágicamente a la planta diez.
-Es mi carnet.
-Y ella es mi madre.
-Tu madre está muerta, Grace.
Me maldeciré toda la vida por aquellas palabras. Eran fruto de la tensión que había vivido o de aquella absurda discusión, me sabían amargas nada más decirlas.
-Lo siento… -Levantó la mirada para evitar que las lágrimas cayeran de mis ojos.
Grace no dijo nada.
Al llegar al portal de mi piso de alquiler, detuvo el coche en silencio.
-Grace… Grace por favor, mírame. -La tomé de la mano, Grace la acepta y me mira, pero no había sentimiento, ni pena, ni rabia, no había nada.
-Siento lo que acabo de decir, de verdad me siento como una mierda. Pero por favor, no vuelvas a ese lugar, no lo hagas tú sola. Yo iría contigo hasta el infierno, lo sabes, ¿verdad?
Grace me sonríe.
-Esta bien Shura, acepto tus disculpas, esta olvidado.
¿Por qué sentía que no era tan sencillo?
-De verdad Grace, te quiero mucho, no hagas nada imprudente, por favor. -Le aprieto aun más fuerte de la mano, tomándola y besando sus nudillos, apoyándola en mi mejilla.
Grace se rio entre dientes.
-Yo también te quiero… venga, entra en casa, yo también quiero llegar a mi casa.
-¡Me muero si te pasa algo! -La abrazó hablando de manera teatral para relajar el ambiente, recibiendo palmaditas en la cabeza.
-Tú también tienes que descansar. -Suspiró maternalmente.
-Escribo el articulo y me voy a dormir la siesta como una niña buena. -Le guiñó un ojo mientras abro la puerta del pasajero. El instinto me decía que algo no iba bien.
Recé por estar equivocada, que solo fuera la tensión por lo que le había dicho por error.
-Hablamos luego. -Grace sonrió y yo me aferre a sus palabras.
-Sí.
La vi alejarse, incapaz de sacudirme aquella sensación.


A las horas, un articulo que hablaba sobre salud mental y el contagio mental capaz de sugestionar alucinaciones basadas en otras dimensiones y el contagió respecto a situaciones de tensión, llegó hasta aquel hombre.
No le importaba nada sobre el tema de salud mental, detrás de la máscara, es d¿Qué significa estar en otra dimensión?

-Nadie lo sabe… -Rohan se frota la frente para acomodar la cinta a su peinado y toma la cámara entre sus manos. -Por eso, voy a investigar.
-Pero sabías como llegar aquí, tiene que haber algo más que nos puedas contar. -Insistí exasperada.
Grace por su parte encendió la linterna de su móvil para iluminar el pasillo, las puertas eran bastante diferentes, algunas estaban pintadas de negro, otras eran de metal abollado como si las hubieran pateado para abrirlas a la fuerza, algunas carecían de pomo con el que poder abrirlas y otras tenían letreros de EXIT sobre el marco, como si fuera una macabra broma. Encontrando una puerta entreabierta.
Grace se acercó apuntando la luz a su interior, el espació estaba a oscuras, pero había algo que se movía dentro.
-Este ritual para ir a otra dimensión no es más que otra leyenda urbana. -Explica Rohan. -La información al respecto cambia, algunos dicen que no es otra dimensión, sino una puerta al infierno, otros que aquí hay entidades que pueden ser hostiles.
-¿Hostiles…? -Siento un escalofrío en mi espalda.
-No voy a edulcorarlo para tus oídos, señorita “se más amable” … sí, podemos morir o quedarnos atrapados, es algo en lo que coinciden todos los que han contado su experiencia.

Grace entonces lo ve claro: una enorme larva, del tamaño de un hombre, venía arrastrándose por el suelo atraída por la luz, el movimiento ondulante de todo su cuerpo era repulsivo del mismo modo en que se contorsionaba para acercarse.
-AAH! -Grace cierra la puerta de un portazo dando un paso hacia atrás que la hizo caer de culo.
-¿Grace? -Me apartó de Rohan acortando distancia con Grace en unas pocas zancadas, la rubia se puso en pie rápidamente y solo la ayudé a estabilizarse.
-Ha-había algo. -Un escalofrío de repulsión la sacudió. Los anillos que tenía esa larva alrededor de su cuerpo, esas fauces, el color blanquecino, Grace las había visto varias veces por su trabajo, eran las mismas larvas que aparecían en los cadáveres, pero aquella era extremadamente grande. -¡No entres! -Advirtió a su amiga.
-Tranquila, no pensaba hacerlo.
Rohan por su parte, estaba lanzando fotos a ambos lados del pasillo.
-Así que lo que has visto está detrás de las puertas. -Reflexionó acercándose a una de las puertas con clara intención de abrirla.
-NO! -Gritamos ambas a la vez, pero era inevitable.
Rohan abrió una de las puertas, el olor a humedad lleno aquel espacio. Dentro de la habitación estaba la misma luz roja de emergencia que iluminaba el rellano, y dentro había interminables estanterías llenas de carpetas, archivadores, cajas y libros de cuentas. Rohan parecía decepcionado de no haberse tomado con nada extraño al contrarío que las otras dos mujeres. Pero parecía insistir en ponerse en peligro y entró para echar un vistazo a la habitación. Tomo una caja levantando la tapa, dentro solo había pelo, como si alguien hubiera donado tres o cuatro coletas de pelo negro y las hubieran echado en esa caja para olvidarlas.
Grace y Shura asomaron las cabezas desde el marco de la puerta mirando curiosas pero prudentes.
-Solo es un montón de basura.
-¿No decías que no había que tocar nada de otra dimensión? -Me burló por el comportamiento decepcionado de Rohan.
-No me estoy llevando nada… al contrario que tú.
-Ese carnet es mío. -Repito saturada ya de aquella acusación.

Grace entra en la sala, iluminando de manera prudencial el pasillo antes de fijarse en las cajas y archivadores.
-Esto parece un archivo de pruebas, algunas están datadas de- Grace ilumina la etiqueta de la caja más cercana. -Hace un par de días.
Incapaz de resistir la curiosidad, levanta la tapa de cartón para ver el interior.

-¿Grace?
Me acerco a mi amiga que se había quedado paralizada mirando el interior de la caja. Dentro había fotos tomadas con cámara polaroid, en la imagen mostraba aquel lugar. Shura no pudo evitar mirar a Rohan, que estaba tomando fotos en aquel mismo momento del lugar y de algunas cajas aleatorias.
-Esto es demasiado raro.
-¿Shura?
La voz de Grace suena estrangulada, cuando de dentro de la caja saca una foto de su madre Alyssa Ashcroft, era una foto tomada allí mismo desde el otro lado de la estantería, como si alguien hubiera aprovechado el hueco que había dejado al retirar la caja para tomar una foto sin que la mujer se diera cuenta. 
Se escucharon dos “click” del obturador de una cámara abriéndose para tomar una imagen. Uno fue el de Rohan, el otro venía del otro lado de la estantería, tan claro y llamativo que incluso el hombre levantó la cabeza al reconocer el sonido. No era un eco, había alguien o algo más ahí con nosotros, consciente de nuestra presencia y burlándose de nosotros.

De manera instintiva y demasiado asustada como para ser racional, tomo a Grace del brazo y tiro de ella.
-Nos vamos de aquí.
-La caja. Mi madre... -La desesperación en la voz de Grace partía el corazón, sólo era cuestión de un segundo que ella tomara la caja y salieran de allí, pero ni siquiera le di la oportunidad en pánico pensando en toda velocidad sobre lo que había dicho Rohan de no llevarse nada de aquel lugar, tirando de Grace para salir de aquella sala lo antes posible.
-¡ROHAN! 
El hombre hizo un sonido de arcada, la caja que había abierto antes llena de pelo estaba en el suelo, y aquel pelo negro rodeaba el cuello y se metía en la boca de Rohan que luchaba desesperado por quitárselo de encima y poder respirar arañándose el cuello y la cara sin conseguir nada.
Fui a su lado para ayudarlo, aquel pelo era duro y por más que se lo intentaba sacar de la boca parecía que no tenía fin.
Lloró el nombre de mi amiga por ayuda, por un momento temiendo que hubiera vuelto a por la caja en vez de ayudar a Rohan que a ese paso iba morir ahogado.

El buen espíritu de Grace, le hizo dejar el pensamiento de recuperar la caja para ayudar a Rohan, entre todos conseguimos quitarle aquel extraño pelo de alrededor del cuello y sacarle los mechones que habían llegado hasta el fondo de su garganta.
-Nos vamos en el ascensor.
-Pero no funciona.
-¡Hay que intentarlo! -Niego fervientemente con la cabeza, por un segundo tirando de Grace y Rohan antes de que se pusieran en marcha y saliéramos de aquel lugar cerrando la puerta tras nosotros.
No nos relajamos, de manera atropellada, vamos corriendo al ascensor. Grace tropieza jadeando, pero consigue evitar la caída.
Por supuesto, al pulsar el botón del bajo, el ascensor no se mueve.
-¡Poned toda la maldita secuencia!
Lo que decía Rohan no tenía sentido, pero Grace la recordaba y pulso los botones en orden.
Las puertas del ascensor se cerraron, íbamos con las luces apagadas y se escuchaba como si el maldito mecanismo se estuviera cayendo por el hueco.

La simple campana del ascensor, nos dejo a todos conteniendo la respiración.
Las luces se encendieron y las puertas se abrieron, recibiéndonos el conserje que se rascaba la nuca, confundido al vernos a los tres tirados en el suelo en un lio de brazos y piernas.
-Estamos fuera. -Suspiró aliviada.
-¿Estáis bien? -Grace miró a Rohan que parecía más preocupado por la integridad de su cámara.
Grace estuvo hablando con el conserje que insistía en que había que detener a Rohan. La mujer parecía todavía confundida y algo desorientada, pero le explicó que no se podía detener a alguien por aquello.

-Rohan. -Me acerqué al hombre mientras me frotaba la frente, calmándome después de semejante experiencia. -Se acabo, ¿verdad? Lo que sea que haya pasado, no volverá a pasar, ha desaparecido.
-¿Quieres una respuesta sincera o una que te haga sentir mejor?
-Shura, deberíamos irnos. -Grace parecía cansada, afectada. -Rohan, por favor, no vuelvas a meterte en problemas.
-¿Quieres que conduzca yo? -Me olvidó del hombre y me acerco a Grace que rechaza mi invitación negando con la cabeza.
-Agente Grace… -Rohan se acerca también a la mujer. -Encontré toda la información sobre ese sitio en internet, solo puedo suponer que es fiable porque funcionó. Pero voy a advertirle algo en lo que coinciden todos los usuarios: esta clase de lujares son peligrosos, insidiosos, juegan con los miedos y con la mente. Usted ha visto algo que le ha afectado, pero no deje que la posea. El peligro no solo se encuentra en otra dimensión, también está dentro de nuestras cabezas.
-¿Y de quién es culpa haber acabado en un lugar así? -Protesto, estaba enfadada por el visible agotamiento de Grace, interponiéndome entre ambos para proteger a mi amiga.
-Yo no fui quien pulso el último botón. -Suspiró exasperado. -¡Venga ya! ¿Crees que si lo hubiera conseguido a la primera hubiera dado tiempo a que viniera la policía? Fuiste tú, Shura, tú cerraste la secuencia de números que nos envío por aquel ascensor.
Rohan se inclinó hacía mí, mirando fijamente mi cara como si buscará algo invisible, una explicación. Obligándome a poner los ojos en blanco para no pensar en aquello y sin poder evitar una punzada de culpabilidad.
-Por favor, vámonos todos a casa. -Nunca había visto a Grace tan en el límite. Aunque quería discutir con Rohan sobre lo injusta que era su acusación, me trague mi orgullo y seguí a Grace mirando como Rohan se alejaba caminando como si todo aquello para él solo hubiera sido un martes.

Subí en el lado del copiloto del coche de policía para sentarme junto a Grace, y sí, el asiento todavía estaba mojado de café.
El viaje en coche se sintió tenso, ninguna de las dos hablábamos, cada una asimilando la situación a su manera.
-Podría haberme llevado esa caja… habían fotos de mi madre, las fechas no cuadran, ella nunca ha estado en un lugar así… -Grace murmuraba cada vez alterándose más.
-No podíamos llevarnos nada de allí. -Yo también lamentaba no haberle dado la oportunidad de hacerlo.
En aquel momento, la mirada de Grace era irreconocible, fría como el hielo, llena de resentimiento, apretando los dedos en el volante hasta que se le pusieron los nudillos blancos.
-Tú te llevaste ese carnet.
-¿Qué?
No podía creerme aquella acusación, mi maldito carnet de periodista que había recogido del piso de aquel lugar, cuando… bueno, cuando pensaba que se me había caído del bolsillo en la planta cinco y había llegado mágicamente a la planta diez.
-Es mi carnet.
-Y ella es mi madre.
-Tu madre está muerta, Grace.
Me maldeciré toda la vida por aquellas palabras. Eran fruto de la tensión que había vivido o de aquella absurda discusión, me sabían amargas nada más decirlas.
-Lo siento… -Levantó la mirada para evitar que las lágrimas cayeran de mis ojos.
Grace no dijo nada.
Al llegar al portal de mi piso de alquiler, detuvo el coche en silencio.
-Grace… Grace por favor, mírame. -La tomé de la mano, Grace la acepta y me mira, pero no había sentimiento, ni pena, ni rabia, no había nada.
-Siento lo que acabo de decir, de verdad me siento como una mierda. Pero por favor, no vuelvas a ese lugar, no lo hagas tú sola. Yo iría contigo hasta el infierno, lo sabes, ¿verdad?
Grace me sonríe.
-Esta bien Shura, acepto tus disculpas, esta olvidado.
¿Por qué sentía que no era tan sencillo?
-De verdad Grace, te quiero mucho, no hagas nada imprudente, por favor. -Le aprieto aun más fuerte de la mano, tomándola y besando sus nudillos, apoyándola en mi mejilla.
Grace se rio entre dientes.
-Yo también te quiero… venga, entra en casa, yo también quiero llegar a mi casa.
-¡Me muero si te pasa algo! -La abrazó hablando de manera teatral para relajar el ambiente, recibiendo palmaditas en la cabeza.
-Tú también tienes que descansar. -Suspiró maternalmente.
-Escribo el articulo y me voy a dormir la siesta como una niña buena. -Le guiñó un ojo mientras abro la puerta del pasajero. El instinto me decía que algo no iba bien.
Recé por estar equivocada, que solo fuera la tensión por lo que le había dicho por error.
-Hablamos luego. -Grace sonrió y yo me aferre a sus palabras.
-Sí.
La vi alejarse, incapaz de sacudirme aquella sensación.


A las horas, un articulo que hablaba sobre salud mental y el contagio mental capaz de sugestionar alucinaciones basadas en otras dimensiones y el contagió respecto a situaciones de tensión, llegó hasta aquel hombre.
No le importaba nada sobre el tema de salud mental, detrás de la máscara, es donde estaba la autentica revelación: el articulo estaba firmado por una tal Shura Redfield. Una persona que había tenido contacto genuino con lo desconocido.
Sonriendo misteriosamente, a sabiendas de que no sería el único que habría encontrado a aquel diamante en bruto.
Empezaba la cuenta atrás.
onde estaba la autentica revelación: el articulo estaba firmado por una tal Shura Redfield. Una persona que había tenido contacto genuino con lo desconocido.
Sonriendo misteriosamente, a sabiendas de que no sería el único que habría encontrado a aquel diamante en bruto.
Empezaba la cacería.

« Last Edit: May 05, 2026, 10:55:05 AM by Shura »


Airin

Re: A Step to the Left: Bizarrisme
« Reply #5: May 31, 2026, 05:55:01 PM »
LLEGO AL MERMAY PERO NO HAY MERS. detalles que no importan





[ Rusalka - Slippery when wet ]



Las aguas del lago brillaban tranquilas a la luz dorada de la tarde y la brisa mecía la hierba alta y espesa que ocultaba la orilla.

—¿Es aquí donde se vio el cuerpo?

—Por aquí más o menos, no sabemos el sitio exacto porque la frase de la semana es “es complicado de asegurar con certeza”.

El hombre se levantó de donde se había acuclillado para observar el terreno de cerca, y echó un vistazo a su alrededor entrecerrando los ojos. Su mirada fría y azul estudió a su ayudante.

—¿Nadie más del circo ha querido hablar?

—Ninguno. Que no quieren atraer más mala suerte dicen. Una panda de supersticiosos es lo que son.

—Hmm. —El hombre ladeó ligeramente la cabeza intentando encajar las piezas del puzzle que le rondaban sueltas.

—O ha sido alguno de esos frikis y se están tapando entre ellos, que tampoco me extrañaría.

—¿Y por qué harían algo así?

—Ni idea, ya sabes el tipo de gente que son… —Su ayudante rodó los ojos con gesto claro de desprecio.

—Soldado. —le avisó.— Te estás dejando en mal lugar tú solo.

El joven se irguió todo lo alto que era y cuadró los hombros ofendido ante la recriminación.

—¡Yo solo digo-!

—Pues no lo digas. —cortó el Mariscal.— Ese tipo de gente ha perdido un amigo, un hijo, un hermano. Y lo ha hecho durante tu guardia. ¿Qué estaban haciendo tus hombres si nadie vio nada?

El joven apretó los dientes y asintió recriminado, maldiciendo en su mente al par de subordinados que aún faltaban por dar su reporte.

—Volveré a hacer otra ronda de preguntas.

—Asegúrate de ello. —El comandante lo despidió con un gesto y volvió a poner su atención en la vegetación que se adentraba en el agua. El viento no conseguía ondular la superficie del lago.


Unos ojos luminosos se abrieron en la penumbra de las corrientes frías que agitaban las profundidades. Se le había hecho muy tarde, pero ya estaba a salvo. Ahora solo tenía que volver a casa.




Una figura pálida se tambaleó entre los matorrales revolviendo la niebla en forma de jirones. Con una mano extendida hacia delante y la otra apretando con fuerza contra su cuello, parecía ir deshaciéndose también con cada paso que daba.
Cayó por fin de rodillas dejando escapar un ruido ahogado antes de desplomarse sobre su frente.
Tras varios segundos inmóvil el cuerpo se agitó intentando sin éxito volver a levantarse. Su mano libre se estiró hasta agarrar puñados de hierba y con un quejido lastimero y tembloroso que no cesaba consiguió arrastrarse hacia delante con esfuerzo.
Una vez, y otra, y otra más; hasta que en vez de terreno sólido sus dedos tocaron el agua y la orilla desapareció sumergiéndose bajo su peso.  Las burbujas escaparon a su alrededor mientras el líquido se cerraba sobre su cabeza.




Los puestos de comida aquí y allá, la música pegadiza, los niños corriendo y empujando entre la gente y haciendo ‘aaahh’ y ‘ooohh’ entre los puestos de magia, las exhibiciones casuales de acrobacias y las jaulas de las fieras. La algarabía de sonidos, olores y colores, era más que suficiente para dar dolor de cabeza a cualquiera, pero el circo estaba en la ciudad y la energía del caos parecía empaparlo todo a su alrededor.

Dos hombres jóvenes de piel morena, poca ropa y aspecto adornadamente exótico conversaban bajo un toldo lleno de armas relucientes con una muchacha pelirroja que parecía ser la bailarina de espadas. Un poco más lejos un joven de pelo negro y piel blanca casi translúcida como un espectro decoraba con un pincel entintado los hombros y la espalda de un hombre barbudo e inmenso que miraba con interés el desarrollo de una partida de dardos en el siguiente puesto.

La multitud contuvo un grito de forma colectiva al ver a un chico resbalar y caer de la cuerda a varios metros del suelo sobre la que había estado corriendo y saltando, sólo para vitorear cuando en el último momento la agarró con ambas manos para voltearse varias veces con impulso y volver de un salto a ella, saludando a su público.

En un rincón sombreado entre varias tiendas de empleados un joven de cabello blanco se estiró con pereza tras una siesta improvisada y se quitó la camisa dispuesto a retocar su apariencia para la función de esa noche.

—Podría darte mucho más que lo que esté dispuesto a pagar por tí cualquiera de esos indigentes. —dijo una voz arrogante a sus espaldas.

La serpiente que había pasado desapercibida camuflada como una soga sobre un barril se irguió siseando amenazante al mismo tiempo que el joven se dio la vuelta enfrentando a dos figuras de uniforme.

—Nah, yo no me molestaría en pagar, seguro que es de esos que está acostumbrado a conseguir las cosas por ser bonito y conformarse con lo que le den, no hay más que verlo.

Unos ojos dorados y brillantes los observaron con una expresión en la conjunción a medio camino entre enojo, desprecio e indiferencia.

—Esta zona es sólo para empleados del circo. —dijo el joven con firmeza acercando una mano hacia la serpiente.— Vamos Óscar.

—Ten más respeto a ley, niñato. —el segundo de los hombres se plantó intimidante ante él y lo agarró de un brazo con violencia.— Sólo por eso ahora vas a venir con nosotros quieras o no.

La serpiente se lanzó directa a su cara y su chillido se perdió anónimo entre el alboroto de los espectáculos. El joven se retorció aprovechando su terror para golpearlo y escapar del agarre quedando frente a frente contra el primer hombre y el cuchillo que había aparecido en su mano.
El tipo se abalanzó sobre él con el filo en alto y todo se convirtió en un remolino de golpes y fintas, puñetazos, patadas y mordiscos, cabezazos y revolcones por el suelo hasta que un sonoro ‘crack’ puso fin a la vorágine. El joven se llevó una mano temblorosa a la garganta, intentando contener la sangre que escapaba sin impedimentos y escurría por su pecho.

—¿Snake? ¿Qué demonios? —un muchacho moreno y vestido de oscuro se asomó alarmado tras una tienda y corrió hacia él.

—… —El joven apretó su camisa contra la herida mientras la serpiente se enroscaba alrededor de su pierna y frotaba su lengua contra él.

—No importa, yo me encargo de esto. —dijo frunciendo el ceño con los ojos negros fijos en los dos cuerpos sin vida que yacían en el suelo. Unas pequeñas llamas negras danzaron entre sus dedos antes de tomar fuerza y empezar a consumir los cadáveres sin rastro de cenizas.— Vé, no estamos lejos, tienes tiempo.

Snake asintió y se alejó entre las tiendas del personal con paso aturdido pero veloz. Esa noche tendrían que intercambiar su número por otro distinto, pero pronto estaría bien. Ahora sólo tenía que conseguir llegar con vida al lago.



~      H e g o a k    e b a k i    b a n i z k i o,    n e r i a    i z a n g o    z e n,    e z    z u e n    a l d e g i n g o.       ~
~      B a i n a n    h o n e l a,    e z    z e n    g e h i a g o    t x o r i a    i z a n g o,      ~
~      e t a    n i k    t x o r i a    n u e n    m a i t e.       ~


Miyu

Re: A Step to the Left: Bizarrisme
« Reply #6: May 31, 2026, 08:09:15 PM »
De algún modo escribí esto aaa, aunk tengo unas ganas terribles de escribir terror analógico ;;
Falleeeé de nuevo en el tamaño de los iconos jajajajaja (ando editando estooo)

Oppsy, les vengo a invadir el tema huehue <3







"Todos los residentes en nuestra área fueron designados como infectados nivel IV. Por lo tanto, se han autorizado las medidas de control necesarias”.
“Hagan lo necesario con los infectados, nuestro objetivo operacional sigue siendo otro”.
*Bzzz* *Bzzz*
“Entendido. Procedan con la purga.”


La transmisión se cortó abruptamente en el instante en que el Mayor Guin confirmó la orden. De inmediato, el sonido de las máquinas al cargar su artillería y el rugido de los motores invadieron el silencio de la avenida desierta. La ciudad en ruinas se vio envuelta bajo el avance implacable de los exoesqueletos de combate.

Para el pequeño contingente militar desplegado, aquella operación representaba solo otro procedimiento rutinario en las calles de Tokio. En los últimos meses, el estado de sitio se había intensificado drásticamente ante el surgimiento de facciones insurgentes; la más radical de ellas extendía sus redes con rapidez por el bajo mundo, reclutando a quienes ya no tenían nada que perder: marginados que el nuevo régimen japonés había expulsado de la sociedad.

La misión principal de los Endlaves y la infantería consistía en actuar como liquidadores, limpiar el perímetro a cualquier costo. Mientras tanto, el comando de élite rastreaba, localizaba y capturaba al líder de la insurrección.

Ya habían transcurrido diez años desde el incidente de la Navidad Perdida. Una década durante la cual Japón tuvo que reconstruirse entre las cenizas, dependiendo de la asistencia de numerosos países y organizaciones que, bajo el pretexto de asistir, se infiltraron en cada esfera del país. La milicia, la política, la educación y la salud; ningún ámbito escapó a una influencia extranjera que justificaba su presencia argumentando la incapacidad nipona para sostenerse por sí misma.

—¿Hay nueva información del Virus Apocalipsis? —preguntó la mujer, incapaz de ocultar el brillo de fascinación en su mirada. Aquel patógeno, de origen desconocido, seguía siendo uno de los mayores misterios de la era moderna.

Las hipótesis sobre su procedencia se multiplicaban, algunos aseguraban que provenía del espacio exterior, mientras otros defendían que había permanecido oculto durante milenios bajo los hielos polares, liberado tras el deshielo de antiguos glaciares.

—Señorita Hall, celebro ver tanto entusiasmo —comentó un hombre de mediana edad mientras levantaba su copa de champán.

La velada se celebraba en la residencia de los Quinwitch, una de las familias más influyentes dentro de la GHQ. Desde la Navidad Perdida, aquella organización internacional respaldada por la ONU había extendido su dominio sobre Japón hasta relegar las instituciones nacionales a un papel secundario. Para muchos, el país apenas conservaba una soberanía simbólica.

La versión oficial extranjera sostenía que esta tutela resultaba indispensable. Incapaz de garantizar su propia seguridad y con una economía sostenida principalmente por capital externo, el gobierno japonés sobrevivía en un estado de fragilidad permanente. Romper aquel vínculo equivaldría a arriesgar un colapso para el que nadie parecía preparado.

—Me sorprende que una dama se interese en temas tan técnicos —intervino otro hombre con tono condescendiente.
—Eso se llama sexismo —respondió con serenidad una mujer de unos treinta y cinco años—. Le recuerdo que la principal investigadora de Sephirah Genomics es una mujer.

La familia Quinwitch no había escatimado en gastos para aquella gala. El amplio salón principal lucía irreconocible bajo una decoración cargada de opulencia y refinamiento, con una gruesa alfombra de terciopelo rojo recorriendo el recinto de extremo a extremo, mientras elegantes sillas de acabados dorados rodeaban mesas cubiertas con manteles de lino impecablemente planchados.

Sobre las bandejas de plata se exhibía una selección de aperitivos cuidadosamente preparados por chefs de renombre de diferentes partes del mundo y los mozos, vestidos con uniformes negros perfectos, se desplazaban entre la multitud ofreciendo copas de champagne, vinos añejos y licores cuyo valor superaba con facilidad el salario anual de un ciudadano común.
—Gracias por acompañarnos esta noche —dijo Stella Quinwitch con una reverencia elegante, sujetando el borde de su vestido largo—. Audrey, vamos —tomó el brazo de la rubia enfundada en un vestido largo verde.

—¡Ah, espera! —susurró Audrey, intentando evitar perder el equilibrio en los tacones.

Ambas empezaron a correr por el largo sitio, evitando tropezar con los demás invitados; Stella solía recibir críticas por su carácter impulsivo y caótico, en contraste con su hermana menor, quien representaba la compostura y la distinción familiar.

—¡Cuidado! —exclamó un hombre de cabello castaño al apartarse justo a tiempo para evitar que su copa se derramara.
—Lo sentimos —respondieron al unísono sin detenerse. No consideraron necesario disculparse ante un japonés.
—Estas mocosas —suspiró el varón, dejando que el líquido llegue a sus labios.

Yahiro llevaba apenas unos meses ocupando un escaño en el parlamento, tiempo suficiente para descubrir cuánto detesta aquellas celebraciones obligatorias que le arruinaban sus planes los fines de semana. Elevó la vista hacia las enormes arañas de cristal colgadas del elevado techo, la luz dorada que desprendían bañaba el salón, arrancando destellos de las copas y las joyas de los invitados.

Qué fastidio.

Risas discretas, conversaciones intrascendentes y sonrisas ensayadas llenaban cada rincón del recinto. Los políticos, empresarios, científicos y altos mandos militares intercambiando cumplidos y promesas falsas, como si el país no estuviera consumiéndose lentamente bajo las insurgencias y el Virus Apocalipsis.

Yahiro exhaló con frustración.


Sus impecables zapatos Oxford de charol resonaban suavemente sobre el mármol mientras avanza entre la multitud; había asistido con un objetivo claro, pero hasta ese momento no había logrado localizar a la persona que buscaba: Liu Xiao.

La familia Xiao figuraba entre los principales inversionistas detrás del programa Endslave y había participado en las primeras etapas de desarrollo y fabricación de aquellas máquinas de guerra que ahora simbolizaban el nuevo orden impuesto.

Toda su atención permanecía enfocada en encontrar a Liu Xiao. Recordaba vagamente su rostro, hombre joven de cabellos negro azulado, una figura difícil de ignorar pese a la discreción con la que acostumbraba moverse. Estaba convencido de haberlo visto en alguna ocasión, quizá cruzando los pasillos de un restaurante o en un bar, sin embargo, aquellos encuentros fugaces nunca le permitieron conocerlo realmente.

Los datos reunidos hasta el momento resultaban escasos, a diferencia de otros herederos de grandes corporaciones, Liu evitaba los escándalos, rara vez concedía entrevistas y mantenía un perfil público sorprendentemente bajo para alguien de su posición; su reputación circulaba con facilidad entre los círculos de poder, algunos lo describían como un prodigio de los negocios y dentro del conglomerado Liu, muchos ya lo consideraban el sucesor inevitable, la persona destinada a heredar el negocio familiar cuya influencia se extendía en diversos ámbitos.

La celebración continuaba en pleno apogeo. Varias parejas se encontraban en el centro de la pista de baile, con sus brazos en la cintura al ritmo de la orquesta, mientras pequeños grupos conversaban entre bebidas.

 Fue entonces cuando distinguió un rostro familiar.

Entre los invitados destacaba una mujer de origen chino a quien reconoció de inmediato. Su nombre aparecía con frecuencia en revistas académicas y conferencias internacionales, aunque la mayoría la conocía simplemente como Chris, una renombrada psicóloga. Usando un vestido negro y plata, abierta en la falda, se llevaba la mirada discreta de varios asistentes.

—Chris, cuánto tiempo sin verte —saludó Yahiro mientras acortaba la distancia entre ambos—. Debo admitirlo, luces espectacular.

La aludida no correspondió al cumplido, en lugar de ello, elevó ligeramente la copa a modo de saludo y acompañó el gesto con un leve asentimiento.

—Ha transcurrido bastante desde nuestro último encuentro —respondió con tranquilidad.
Chris permanecía con los brazos cruzados mientras una expresión de hastío cruzaba en su rostro.
—Debo admitirlo, esta celebración resulta considerablemente más bulliciosa de lo habitual.
—En eso coincido contigo, Chris — entre sus pómulos se marcó una tenue sonrisa. Años dentro de la política le habían enseñado a mantener la compostura bajo cualquier circunstancia, por eso había llegado tan lejos en la política—. ¿Cómo has estado?
—Me he encontrado con casos interesantes. Nada fuera de lo común para alguien dedicado a la salud mental en un mundo postapocalíptico —elevó la copa unos centímetros antes de tomar un pequeño sorbo—. Ansiedad, paranoia, traumas de guerra, delirios conspirativos... aunque siendo sincera últimamente resulta difícil distinguir unos de otros. Los “cuerdos” son los peores.

La ironía hizo sonreír a Yahiro.

—Suena agotador.
—Lo es.

La psicóloga inclinó la cabeza y lo observó durante unos segundos con curiosidad, sus ojos dorados analizando cada uno de los gestos del castaño.

—Ahora bien, hablemos de ti. ¿Estás buscando a Liu Xiao?

Yahiro enmudeció por un instante y esa vacilación fue la respuesta que buscaba Chris.
—Vaya —musitó ella—. Así que acerté.
—¿Tan evidente soy?
—Para el resto de los asistentes, no. Para mí, sí. Llevas más de diez minutos escaneando cada rincón del lugar, no pareces interesado en la compañía de cualquier persona y has evitado el contacto visual con quienes te conocen.

Hizo una pausa, tomando otro sorbo de alcohol.

—Y considerando el tipo de evento al que asistimos, Liu Xiao es mi apuesta más segura. ¿Adivine?

Yahiro soltó una risa y luego asintió.

—¿Qué más has deducido? —la observó lleno de diversión.
Chris giró la copa entre los dedos antes de responder.
—Asumes que por compartir nacionalidad conmigo, debo conocerlo.
—¿No es así, Wang Qing?
Un mozo pasó cerca de ellos y Yahiro depositó su bebida vacía en la charola.
—Como si los más de mil millones de chinos nos reuniéramos cada fin de semana para intercambiar información —exhaló Chris, intentando sonar ofendida.
—¿Lo conoces? —la mueca de él se ensanchó.
—Quizás —señaló con el mentón a un grupo de personas que, entre todas las figuras influyentes de esa noche, destacaba un pequeño grupo de invitados de origen chino—. El del centro es Liu Xiao —prosiguió con calma—. La mujer a su derecha es su hermana y los demás pertenecen a círculos bastante exclusivos.
Su mirada se detuvo en uno de ellos. El sujeto, traía su cabello, de un intenso tono rojizo como el fuego, caía recogido en una larga cola de caballo sobre la espalda y unos anteojos redondos y oscuros ocultaban parte de su rostro, impidiendo adivinar la dirección de sus ojos. Reía, como si nada importara aparte de ellos.

—Si aceptas un consejo, evita involucrarte con cierto individuo.
—¿Cuál?
—Vein.
Yahiro siguió la dirección indicada.
—Probablemente sea el más peligroso de todos los presentes.
Una breve risa escapó de Yahiro.
—Me tomas por un ignorante.
Chris no respondió, sabía que él no es la clase de hombre que tienta al destino.
—Vein o Xiao Weiyin —continuó él—. Su nombre aparece en demasiados informes como para pasar desapercibido. Contrabando, mercado negro, mueve todo el contrabando de Normagene. Prácticamente cualquier actividad ilegal termina vinculada a su entorno y al Chinatown.

Los labios de la psicóloga se curvaron apenas hacia arriba, ya no eran una fina línea.

—Forma parte de mi trabajo investigarlo. Algunos incluso afirman que posee más influencia en determinados distritos que las propias autoridades.
—¿Qué buscas de Liu Xiao?  —la pregunta de ella fue directa sin ningún rodeo.

Yahiro tomó la bebida de las manos de Chris y la depositó en la charola de otro mozo.

Había ingresado en la política impulsado por una convicción que muchos consideraban ingenua, la de cambiar Japón, recuperar la dignidad nacional y devolver autonomía a un país que seguía dependiendo de intereses extranjeros para sostenerse en pie. Por supuesto, los ideales por sí solos no transforman nada y Yahiro lo sabe de sobra.

El Distrito 24 estaba lleno de manifestantes, activistas y ciudadanos con la misma indignación de él, repartiendo volantes y pancartas, personas honestas y comprometidas al cambio, sin embargo, los ideales no modificaban leyes ni desplazan estructuras de poder. Las acciones sí y Yahiro lo comprendía mejor que nadie, aun así, conocía perfectamente su posición dentro de ese esquema de poder… frente a figuras como los Xiao o individuos como Vein, apenas es un parlamentario recién llegado y no traía absolutamente nada más que un título universitario.

—Con Vein no busco nada —respondió finalmente—. Si continúa moviéndose con total libertad, apropiándose de sectores enteros de Ginza y permitiéndose llamar Chinatown a una parte de la capital japonesa, no es por su fortaleza, es por nuestra debilidad y la incapacidad de quienes ocupamos cargos públicos.

La psicóloga volvió a su expresión normal, donde sus labios forman una fina línea.

—Eso suena peligroso.
—Tal vez.
—¿Y aun así pretendes acercarte a los Xiao?
—Precisamente por eso. Lo necesito.
—Entonces supongo que no lograré hacerte cambiar de opinión —antes de que pudiera replicar, la psicóloga tomó su brazo y comenzó a guiarlo a través del salón… directo hacia la cueva de los lobos.

La distancia se reducía a medida que avanzaban, Yahiro podía distinguir mejor los rostros y escuchar las conversaciones en mandarín.

—Aprovecha y memoriza los nombres —murmuró ella sin perder la compostura—. Te ahorrarás varios dolores de cabeza.

Señaló discretamente a una joven de cabello lila que conversaba junto a Liu Xiao.

—Liu ChiXia. Estudiante universitaria. Inteligente, educada y sorprendentemente normal para pertenecer a esa familia.
Su atención se desplazó hacia un muchacho que sostenía una jarra de cerveza y algo nervioso intentaba hablar.

—El de allí es Xia Fei.

A diferencia del resto, parecía completamente ajeno a la política que domina la gala.

—Modelo profesional —continuó Chris—. Bastante popular en redes, varias campañas publicitarias, algunos contratos internacionales. Nada especialmente relevante para tus intereses.

Por último, su atención recayó sobre dos chicos idénticos que conversaban cerca de una de las mesas laterales. El varón hacía gestos con sus manos.  A primera vista parecían demasiado jóvenes para permanecer despiertos a aquellas horas, especialmente en una reunión donde discordaban totalmente.

—Los gemelos —musitó Chris—. Tienen diecinueve años, Li Tianchen y Li Tianxi.
—¿Familia de Xiao?
—No exactamente —la psicóloga negó con suavidad.
—Son hijastros de Qian Jin, uno de los abogados más importantes dentro del círculo de los Liu. Lleva años encargándose de asuntos legales y posee su porpio bufete, exclusivo, los clientes principales son los Liu.

Chris desvió la mirada hacia Liu Xiao y después hacia Vein.

—Los verdaderos problemas están allí.

Yahiro sintió como sus nervios afloraban a medida que ser acercan.

—¿Tienes algo interesante que ofrecerles? —preguntó Chris con genuina curiosidad.La psicóloga mantenía la vista al frente, aunque su curiosidad por develar los planes de él, estaban a flor de piel.

—No —admitió, mostrando una sonrisa encantadora—. Improvisaré.
—Eso no me tranquiliza.
—Mostraré mis habilidades como político. ¿No debería bastar?

Chris negó con la cabeza.

—Ahora me preocupas más.

Antes de que él pudiera responder, la mujer soltó su brazo y dio los últimos pasos por su cuenta.

—Buenas noches —saludó con una ligera inclinación de cabeza—. Los encuentro animados esta noche.

Varias miradas se posaron hacia los recién llegados.

—Tú tampoco pareces aburrida, psicóloga —la voz provenía del pelirrojo, quien fue el primero en darle la bienvenida—. What are you planning this time?

Chris lo ignoró por completo y pasó su atención a Liu ChiXia.

—Espero verte el martes. La semana pasada decidiste ausentarte de nuestra sesión sin previo aviso.
La jovencita reaccionó al ser regañada, y sus labios se apretaron como los capullos de una flor.

—Lo lamento mucho, tuve algunos asuntos a resolver ese d-día —murmuró, aunque su tono y nerviosismo dejaba en evidencia la mentira.
Chris enarcó una ceja.
—¿De verdad?
Liu Xiao giró ligeramente el rostro para ocultar una sonrisa, el intento fue inútil.
—¡Gege!
—Lo siento —respondió él entre pequeñas risas que se le escapan—. Mi hermanita es terrible mintiendo —tapó su boca con la mano, enfundada en un guante negro mientras recuperaba la compostura.
—¡Y-Yo soy una experta! —realizó un pequeño puchero.
—Acabas de demostrar exactamente lo contrario.
—Ekkk… —la joven emitió un sonido de ahogo, que provocó varias sonrisas alrededor del grupo.
—Debo admitir que tiene razón —comentó la psicóloga—. He visto pacientes con delirios paranoides elaborar historias más convincentes.
—¡Chris! —refunfuñó ChiXia.
—¿Qué? Eres inteligente, responsable y educada —la especialista restó importancia moviendo una de sus manos—. Mentir simplemente no está entre tus talentos.
—No seas tan dura con ella, bastante tiene ya con la universidad.

Yahiro se quedó al margen de la conversación, pese a que esperaba ver a un grupo de herederos arrogantes y figuras inaccesibles, ahí estaba la realidad… frente a él se encontraba un hermano mayor burlándose cariñosamente de su hermana menor y una psicóloga incapaz de ignorar una mentira evidente y las risas descontracturando la escena.

—Who are you?

Una sonrisa ladeada apareció en el semblante del pelirrojo.

—What a delightful height.

De todas las posibilidades que había imaginado para aquel encuentro, ninguna incluía que un mafioso internacional iniciara la conversación comentando su estatura; aun así, no retrocedió ni mostró incomodidad.
—Vein... —rezongó ChiXia, llevándose una mano a la frente—. Es Samukawa Yahiro. Forma parte del parlamento japonés.
—¿Ah? —el interés del chino pareció incrementarse—. Eso lo vuelve más interesante. Fu~ should i invite you to dinner?
—Gracias por la presentación —intervino Yahiro antes de que la conversación tomara un rumbo todavía más extraño y realizó una inclinación respetuosa—. Es un placer conocerlos. En efecto, soy Samukawa Yahiro.
—Así que un político —el timbre de Liu Xiao sonó tranquila—, no solemos recibir demasiadas visitas del parlamento en eventos sociales.
—Quizá porque la mayoría considera más seguro mantenerse alejada de ustedes —comentó Chris con total naturalidad.

El grupo permaneció en silencio, junto a los nervios crepitantes de Yahiro; Xia Fei soltó una carcajada primero, seguido de Liu Xiao y por último Vein, aplaudiendo con diversión.

—Wise decision. The kitten has claws —sus labios se curvaron hacia arriba—, aunque ahora siento curiosidad.

Vein centró toda su atención en Yahiro y él supo de inmediato que esto no era una buena señal. Atraer la atención del sujeto más peligroso de la velada sin duda era un auténtico error.

—¿Has venido a hacer amigos, parlamentario? That's hard to believe —la sonrisa de Vein no desapareció.
Cada segundo transcurrido aumentaba la sensación de Yahiro de encontrarse frente a un depredador paciente, lo más inquietante ni siquiera era el pelirrojo, incluso la mirada de ese chico de cabellos rosados -Li Tianchen- se percibía como una amenaza.

—¡Jefe! —antes de que Vein pudiera continuar, el modelo se colocó detrás de él y comenzó a sacudirlo por los hombros de un lado a otro— ¡Así terminarás espantando a cualquiera que intente acercarse!
—Ha-ha. Sorry, sorry.
—No le prestes demasiada atención —dijo Xia Fei mientras soltaba a su superior—. Nuestro jefe es un poco peculiar.
—Esa es una forma elegante de decirlo —murmuró Chris—, yo habría usado "excéntrico".
—I'm right here…
—En cualquier caso, resulta agradable conocer gente nueva —continuó Xia Fei con una sonrisa amistosa.
—Lo mismo digo —la chica de cabellos lilas sonrió con entusiasmo—. Nosotros somos Liu Xiao y ChiXia —señaló a su hermano mayor y después a ella misma.
Yahiro aprovechó la oportunidad, pues tenía a su objetivo al alcance.
—Es un placer, ChiXia-san —tomó la pequeña mano de ella y la besó con pulcritud en sus nudillos, luego estrechó su otra mano con la de Liu Xiao.
—No seas tan formal —la chica se apresuró a decir, ya traía sus mejillas ligeramente coloradas—. Aparte, es un poco vergonzoso que nos traten como si fuéramos nobles.
—¿No lo son? —preguntó Xia Fei.
—¡Xia Fei!
—Solo digo que la mitad de los invitados aquí probablemente harían una reverencia si Liu Xiao se los pidiera.
—Eso es ridículo, Xia Fei.
—No estoy tan seguro —esas palabras provinieron de Vein.
La sonrisa divertida que apareció en su rostro provocó que ChiXia ocultara la cara entre las palmas, totalmente avergonzada.
—Por favor, no lo animes.
—Too late, Mademoiselle.

Yahiro observó el intercambio con atención, anotando cada reacción de los miembros del grupo. Aún le resultaba extraño que gente tan poderosa no fuera arrogante y elitista. Por supuesto, eso no les quitaba la peligrosidad.

—Deberías ir al grano, Yahiro —aconsejó Chris.
El comentario provocó varias miradas curiosas, lo que hizo que Yahiro suspirara bajito. Esperaba acercarse de manera diplomática, aunque realmente no sabía como iniciar una conversación a solas con el heredero de los Liu.
—Tienes razón —se aclaró la garganta y recuperó la compostura que tantas veces había utilizado frente a periodistas.
—Liu Xiao-san, ¿podría concederme unos minutos para conversar?

No era una petición especialmente extraña y tampoco inocente. Liu Xiao lo observó en silencio, los lentes que cubrían sus ojos resplandecieron por la luz de las arañas; Yahiro tuvo el leve presentimiento de que esta no sería una conversación tranquila.

—Por supuesto —respondió con un pequeño asentimiento—. Sería descortés rechazar a un representante del parlamento.
—Hermano —ChiXia tiró del abrigo de él.
—Acompáñeme—señaló uno de los mini bares del sitio—. Vamos a buscar algo para beber.
Esa invitación era para apartarse del resto, aun asi, la mirada de varias personas estaban fijas en ellos dos.


« Last Edit: June 01, 2026, 01:01:53 AM by Miyu »

❛ 𝖳𝗁𝖾 𝗁𝗎𝗇𝗍𝖾𝗋 𝖻𝗋𝖾𝖺𝗍𝗁𝖾𝗌 𝖻𝖾𝗇𝖾𝖺𝗍𝗁 𝗍𝗁𝖾 𝖼𝗁𝖾𝗌𝗌𝖻𝗈𝖺𝗋𝖽, 𝗐𝖺𝗍𝖼𝗁𝗂𝗇𝗀 𝗍𝗁𝖾 𝗉𝗎𝗉𝗉𝖾𝗍𝗌 𝗋𝗎𝗇 𝖿𝗈𝗋 𝖿𝗎𝗇;
𝖾𝗌𝖼𝖺𝗉𝖾 𝗂𝗌 𝗃𝗎𝗌𝗍 𝖺 𝗌𝗎𝗀𝖺𝗋-𝖼𝗈𝖺𝗍𝖾𝖽 𝖼𝗎𝗋𝗌𝖾 𝖻𝖾𝖿𝗈𝗋𝖾 𝗍𝗁𝖾 𝗇𝖾𝗑𝗍 𝗋𝗈𝗎𝗇𝖽 𝗁𝖺𝗌 𝖻𝖾𝗀𝗎𝗇. ❜


Miyu

Re: A Step to the Left: Bizarrisme
« Reply #7: June 30, 2026, 01:12:46 AM »
Espero terminarlo hoy y corregirlo

tw:  contiene violencia explícita (gore), adoctrinamiento militar, ejecuciones, deshumanización y etcétera ;;



“La muerte de un hombre es una tragedia, la muerte de millones es una estadística.”

El olor a descomposición impregna el ambiente, la carne chamuscada por los fusiles y los vellos… deja una sensación en la nariz difícil de olvidar. Incluso si lo pienso, la sangre que invade las calles de este sector no son nada comparado a los olores, esto queda por más tiempo grabado en tus sentidos.

A un cuerpo, cuyas entrañas han salido hacia fuera, puedes elegir voltear la mirada… a la nariz nada se le escapa.

Los que pilotean un Endslave desde la distancia tienen suerte, toda esa división del ejercito son afortunados. Nosotros, la infantería, somos los que hacemos el trabajo pesado.

—Eous, manda el informe a la base —el joven de cabellos alba dirigió su mirada a un pequeño robot regordete y de orejas similares a un conejo. Un Bangboo de comunicación, uno de los modelos que la GHQ repartía entre los escuadrones de infantería.
—“Ya te dije que soy el operador Exe” —murmuró con voz robótica el pequeñito, agitando sus brazos—. “Los datos ya han sido recopilados y mandados a la base, buen trabajo, Lucid Dreamer.”
—Alexa, cuenta un chiste —tomó al robot por sus orejas y lo elevó en el aire.
Un suspiro entrecortado con estática se escuchó del otro lado.
—“Exe. Tu expediente dice que te llamas Wanshi, condenado a morir en batalla. Hay varias señales dejadas sobre tu comportamiento.”
—Lucid Dreamer me gusta más, sigue los protocolos Eous y muéstrame el mapa —ordenó, depositando de nuevo al robot en el suelo.
—Sí.

De sus ojos una proyección holográfica se creó, el mapa del sector treinta.

—“Las zonas en rojo son los puntos calientes, las azules donde ya se ha controlado a la población” —el mapa titiló un instante—. “Debes dirigirte al rascacielos de la siguiente avenida. Ten cuidado, se ha identificado desplazamiento de escombros.”
—Entendido —sacó su arma y la recargó—. ¿Cuántos infectados quedan?
—“No lo sabemos. Los cristales se expanden a gran velocidad, nuestros cálculos son imprecisos.”
—Entiendo. ¿Alguna información útil?
—“No te acerques a los infectados… aunque tienes Normagene, serás el primero en recibir una bala si te contagias.”
—Dije algo útil.
—“Más importante que mi advertencia no hay.”

Los dos caminaron por las calles de aquella zona desierta, antes una urbe en pleno desarrollo. Los grandes rascacielos destruidos, junto a cualquier signo de vida; las huellas de la Navidad Perdida aún persistían en el aire, en las victimas.

Todos están muertos.

Es la primera lección que te enseñan y así es como puedes levantar el fusil y apuntar hacia un niño, una madre, un anciano o una persona suplicando por su vida.

Si uno de ellos escapa, será el fin de la humanidad.
Si uno de ellos escapa, entonces los muertos ya no serán ellos, seremos nosotros.

No importa con cuales armas hayas matado, cuantos fusiles has utilizado, ni en donde has disparado… todos están muertos. Y el protocolo exige reducir los cuerpos a cenizas, una parte de mi agradece ser un liquidador y no el que realiza la limpieza.

El único método de ejecución que me revuelve el estómago es el filo de una cuchilla… abrir una tráquea, cortar la yugular, la aorta o perforar el corazón… muchos reclutas lo llaman arte, se debe hacer en menos de tres minutos y ser como un zorro… astuto y silencioso. Yo no puedo, la sangre es demasiada y ese maldito chillido final es idéntico al de un cerdo perdiendo el aliento.

«La muerte de un hombre es una tragedia; la de millones, una estadística» así nos adoctrinaron. Nos repitieron que este ejército, convocado por la ONU y dirigido por la GHQ, son los buenos; los que ayudamos a los japoneses a vivir un día más y, de paso, contenemos el virus aquí. Entre barricadas y hormigón a puntas de pistolas y la maquinaria no tripulada.

Ya se hizo lo mismo con el Ébola en el año dos mil diecinueve, la cuarentena nunca se diseñó para salvar a los infectados… se diseñó para aislarlos y dejarlos morir.

Ellos son los malos.
Ellos quieren propagar el Virus Apocalipsis por el mundo.
Sí. Todos deben morir.

—“¡ALTO!” —gritó entre la cacofonía de sonidos distorsionados el animal de metal—. El Destacamento de Operaciones Especiales I ha emitido una alerta para todos los Liquidadores del sector.”
Frunzo el ceño ante esta interrupción y exhalo aire.
—Habla.
—“Objetivo localizado en una zona cercana: varón joven, de cabello oscuro y complexión promedio. Porta una bandana, dos katanas y un arco. Prioridad máxima.”
La proyección holográfica cambia y una nueva ruta aparece trazada sobre el mapa.
—“Órdenes de captura” —prosiguió Exe—. “Redúzcanlo, en lo posible no lo maten.”

Wanshi miró la nueva ruta con desinterés, ordenes son ordenes y él no está para cuestionar.
 
—¿Quién dio la orden?
—“El Mayor Guin. Recibió la autorización de la ONU y el director del GHQ.”
—¿Qué pasará con los infectados?
—“¡K-booom! En una hora.”
—¿K-booom?
—“Explosivos, enviarán aviones caza a destruir un perímetro. Probabilidad de supervivencia: insignificante.”
Wanshi asintió.
—Eous, dame los archivos del nuevo objetivo.

Los ojos rojos del robot parpadearon y luego una luz salió de ellos, pronto tenía todo un informe extenso de Asaba Harumasa. La cara, el nombre, los patrones de movimiento, la configuración de su base, las tendencias políticas de nuestro objetivo estaba todo aquí… reunidos en un solo archivo digital.

La siguiente persona que íbamos a matar.

Di media vuelta y enfundó sus pistolas antes de caminar y, en ese preciso instante, oí ruidos y gritos provenientes del edificio de la misión original. No giré, no me importa, ni un breve vistazo sobre mi hombro di, ¿qué más daba? ¿Qué sentido tenía? Si no fuera yo quien avanza hacia el nuevo objetivo, estaría allí, rematando infectados junto al resto del escuadrón.

El ruido de balas no se detuvo por un largo tiempo, hasta que salí del perímetro.  El bastardo seguramente usó algún armamento pesado… la GHQ le iba a dar una condecoración y el bonito título de “soldado valeroso”. ¡Aplausos y pompas para él, terapia de por vida para mí! Metí la mano al bolsillo de mi chaqueta táctica y saqué unos caramelos.

El primero sabe agridulce.

Por supuesto, antes que nos enlistaran, nos dieron asesoramiento previo al combate y configuraron nuestra ética y moral, evitando que estos factores se mezclen con el deber.

Dimos vueltas varias manzanas antes de llegar a lo profundo del Sector 34. La ciudad se ve igual a todo el resto: destruida. Es más, si quisieran eliminar de forma efectiva al objetivo, usarían algo de destrucción masiva, pero decidieron enviar infantes y Endslaves a marcar la zona y ganar terreno.

—Nivel de batería, Eous.
—“Veinte por ciento. Sin baterías de repuesto.”
—Armaré el campamento en alguna casa, busca cual tiene electricidad.
—“Buscando…” —en sus ojos se veían luces danzantes—. “Negativo.”
—Reduce tu actividad al mínimo. Al diez por ciento, entra en modo hibernación.
—“Recibido. Buena suerte, Lucid Dreamer”.

Las pequeñas y regordetas patas del robot cedieron y cayó al suelo con un sordido sonido, lo levanté y lo coloqué sobre mi mochila.

Pasó una hora desde la última vez que me permití pensar, me dediqué a armar un refugio oculto entre escombros y a cenar, de esas comidas con una tira que al tirar de ellas se calientan en un instante… estaba deliciosa.

Ya son las cero cuatro cero cero horas, será un día nublado y frío. Me recosté y cerré los ojos por un instante… siempre alerta. La muerte se esconde en cualquier rincón, por eso algo que me enseñó esta situación es a rematar.
Alguien herido aún puede defenderse, uno muerto no.

Cero cuatro tres cero horas.
El cielo sigue encapotado y ni una sola rendija entre las nubes permite que la luz de la luna alcance las calles del Sector 34. Abrí mis párpados y detecté por la mirilla del ojo movimiento. Eous no responde.

Algo se mueve, estoy seguro, aún cuando la espesa oscuridad me rodea y no puedo prender mi linterna por temor a revelar mi ubicación.



« Last Edit: June 30, 2026, 01:27:02 AM by Miyu »

❛ 𝖳𝗁𝖾 𝗁𝗎𝗇𝗍𝖾𝗋 𝖻𝗋𝖾𝖺𝗍𝗁𝖾𝗌 𝖻𝖾𝗇𝖾𝖺𝗍𝗁 𝗍𝗁𝖾 𝖼𝗁𝖾𝗌𝗌𝖻𝗈𝖺𝗋𝖽, 𝗐𝖺𝗍𝖼𝗁𝗂𝗇𝗀 𝗍𝗁𝖾 𝗉𝗎𝗉𝗉𝖾𝗍𝗌 𝗋𝗎𝗇 𝖿𝗈𝗋 𝖿𝗎𝗇;
𝖾𝗌𝖼𝖺𝗉𝖾 𝗂𝗌 𝗃𝗎𝗌𝗍 𝖺 𝗌𝗎𝗀𝖺𝗋-𝖼𝗈𝖺𝗍𝖾𝖽 𝖼𝗎𝗋𝗌𝖾 𝖻𝖾𝖿𝗈𝗋𝖾 𝗍𝗁𝖾 𝗇𝖾𝗑𝗍 𝗋𝗈𝗎𝗇𝖽 𝗁𝖺𝗌 𝖻𝖾𝗀𝗎𝗇. ❜


Airin

Re: A Step to the Left: Bizarrisme
« Reply #8: June 30, 2026, 10:55:02 AM »
Yo quería haberlo terminado para el solsticio pero la ola de calor casi me fríe las dos neuronas que me quedan :_D Allé va.





[ Donibaneko Gaua - Jondane Johane ]



De entre los árboles empezaron a salir numerosas figuras que avanzaban a través de la oscuridad con ritmo susurrante hacia el descampado, sus pasos seguros y ligeros siguiendo el murmullo de una melodía apenas recordada de tiempos antiguos.
Congregándose poco a poco de manera ordenada fueron situándose una tras otra en fila, agarrándose de las manos hasta formar una cadena que terminó por cerrar en círculo en torno a un montón de troncos aparentemente abandonados.

Completaron un par de vueltas alrededor de los leños antes de alcanzar el punto en el que todo el grupo se movía sincronizado y parecía incluso respirar como si fueran una sola unidad.
Como una inspiración colectiva una pequeña corriente de aire agitó hierbas, hojas, y ropas, y un brillo rojizo parpadeó bajo el corazón de la madera al mismo tiempo que se alzaron las primeras voces.

—Los años llegan y van pasando en orden uno tras otro. —llamaron a la canción.

—Un nuevo fuego nace otra vez en el sol del carnaval. —contestó el resto del coro.

—A la izquierda el invierno, a la derecha la luz, salta adelante bailarín, dando la vuelta, soltando las manos, marcando el ruedo del fuego. —resonaron todas a la vez soltándose de la cadena para girar sobre sí mismas y volver a agarrarse manteniendo el tiempo de los pasos.

Con el acompañamiento rítmico de sus pisadas, el ascua que había surgido palpitó encendiéndose según aumentaba el volumen de las voces en su llamada y respuesta.

—Polvo de estrellas que nos das vida, eres tú Madre Tierra.

—La creadora de tus dos hijas, la Luna que brilla y el Sol.

—A la izquierda el invierno, a la derecha la luz, salta adelante bailarín, dando la vuelta, soltando las manos, marcando el ruedo del fuego.

Ttu-ttun ttu-ttun, ttu-ttun ttu-ttun, como si fuera un latido pequeñas llamas empezaron a lamer la base de los troncos apilados. Decenas de pies saltaron ligeros y cayeron a la vez entre el rumor de faldas agitadas.

—En lo más alto está nuestra estrella blanca y roja iluminada.

—Sol tú que haces días y noches, tú que conoces los tiempos.

—A la izquierda el invierno, a la derecha la luz, salta adelante bailarín, dando la vuelta, soltando las manos, marcando el ruedo del fuego. —se repitió de nuevo el fraseo que parecía alimentar la fuerza de las llamas cada vez más potentes.

El círculo que había empezado lento y solemne seguía girando, cada vez más decidido, las voces cada vez más altas, los pasos cada vez más sólidos y las manos encadenadas levantándose cada vez con más energía.

—Todo lo que sube a lo alto tarde o temprano bajará.

—Las estaciones siguen cambiando, el día a la noche engendrará.

La hoguera rugió alta y viva en el centro del círculo proyectando su luz anaranjada sobre el prado y las figuras que bailaban en mitad de la noche.

—A la izquierda el invierno, a la derecha la luz, salta adelante bailarín, dando la vuelta, soltando las manos, marcando el ruedo del fuego. Larailaraila larailaraila larailaraila lailará~ —Un sonido penetrante como un grito agudo y sostenido que vibró largos segundos en la misma nota se elevó por encima del coro y levantó las ascuas con un chisporroteo embravecido como si fueran estrellas salpicando sobre la oscuridad.

El grupo frenó, todas a una en el mismo compás. Dos latidos después un par de manos se soltó rompiendo la cadena, y las pisadas resonaron firmes marchando hasta abrir el círculo delimitando un principio y un final.

La primera danzante elevó la mano que mantenía enlazada y sin desasirse avanzó en cabriolas ágiles hacia la izquierda y la derecha, marcando un amago hacia adelante y entrecruzando los pies al saltar. Giró en una vuelta sobre sí misma hacia el interior del círculo y levantó una pierna tan alto que varias sayas relucieron frente al fuego. Repitió los pasos varias veces antes de completar su baile y cuando lo hizo soltó su mano al fin de la cadena.
Se alisó las faldas y acercándose a la hoguera recogió un pedazo de madera que ardía por un costado, y se irguió al margen del círculo, antorcha en mano.

La siguiente en encabezar la marcha volvió a seguir los mismos movimientos, ligera y grácil; y cuando terminó su danza paró también a recoger una rama humeante, y se colocó como otra luminaria a poca distancia de su predecesora.

Una tras otra fueron replicando el baile hasta que todas hubieron recolectado sucesivos fragmentos de madera ardiendo y cerrado de nuevo el círculo en torno a la hoguera. Una ráfaga de aire corrió por el descampado, haciendo temblar las llamas de forma extraña, acallando la fogata y avivando las antorchas.

De la misma manera que habían comenzado la velada, las figuras fueron ordenándose en una fila siguiendo el mismo compás de pasos y una melodía murmurada; y poco a poco fueron abandonando el prado como una columna de luces que centelleaba entre los árboles al mismo tiempo que la hoguera perdía fuerza.
Cuando el fuego terminó de consumirse ya no quedaba rastro de las danzantes en la noche, ni tampoco signos más allá de ceniza vieja de que hubiera habido ni fogata ni encuentro.



~      H e g o a k    e b a k i    b a n i z k i o,    n e r i a    i z a n g o    z e n,    e z    z u e n    a l d e g i n g o.       ~
~      B a i n a n    h o n e l a,    e z    z e n    g e h i a g o    t x o r i a    i z a n g o,      ~
~      e t a    n i k    t x o r i a    n u e n    m a i t e.       ~


Shura

Re: A Step to the Left: Bizarrisme
« Reply #9: June 30, 2026, 04:30:12 PM »
Qu¡ero sacar tiempo y poner los iconos de Miyu <3 me encantan!

Sigo con la historia, me tocara editar para poner los encabezados, este mes de junio ha sido satisfactorio y agotador.

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Hoy, exactamente a las once de la mañana, era día de pago. Y Shura estaba ahí, a las once y cinco pidiendo café con magdalena con relleno de manzana. Capricho del mes mientras se sentaba para hacer las cuentas del resto del mes.
 
Estaba esperando en la fila de la concurrida cafetería, envió un mensaje a Grace, algo muy tonto del tipo: “Gracias al artículo del otro día, pude comprarme mi desayuno favorito! Gracias por todo reina, mamasota, diosa, guapa, pibonazo, maserati de la vida, kínder buena… [sigue con al menos diez menciones a las cosas más aleatorias]… Tenemos que quedar pronto! Te invito a una coca cola!”

Cuando envío el mensaje, acaricio la pantalla tragando saliva… todavía no había quedado con Grace desde el día en que paso todo aquello tan extraño con el ascensor y Rohan. No se me olvida la cara de Grace cuando perdí los nervios y, en vez de consolar a mi amiga cuando más lo necesitaba, le dije que su madre estaba muerta.
Me seguía sintiendo como una mierda, pero al menos, iba a pasar aquel mal trago con café y magdalena con relleno de manzana.

Llegó el turno para pedir el desayuno, y al pasar la tarjeta.
-Da tarjeta rechazada. Por favor, inténtelo de nuevo o utilice otra tarjeta. -Se notaba que la camarera intentaba ser lo más correcta posible, aunque claramente en la pantalla indicaba que el rechazo de la tarjeta era por saldo insuficiente. No tenía ni cuatro perras para pagar el desayuno.
-Tiene que ser un error, seguramente en un minuto este arreglado… -Empecé a sentir vértigo, la gente detrás de la fila se impacientaba y solo podía pensar en que no iba a llegar a tiempo el pago del alquiler, quizá no fuera un retraso en el ingreso del salario y le habían hackeado la cuenta del banco y habían robado, o le habían embargado la nómina al tener demasiados pagos acumulados, o…
 -Yo pagaré su cuenta. -Una mano se interpuso, extendiendo una tarjeta y apoyándola directamente sobre el datafono antes de darme tiempo para impedirlo.
-No, de verdad que no hace falta. -Me giró para hablar con el amable señor que se había ofrecido a pagar mi cuenta y me quedé boquiabierta: debía medir alrededor del metro noventa, sonrisa amable, barba castaña y unos ojos azules como el cielo en verano. Debía tener alrededor de treinta y ocho años y se notaba que se cuidaba, tenía brazos fuertes y espalda ancha, podía imaginarlo perfectamente llevando una granja y trayendo terneros a este mundo con esos enormes brazos…
-Pero ya está hecho.
Sus palabras me sacaron de mi fantasía. Volví a la realidad recordándome que era una mujer fuerte e independiente que podía pagar su desayuno y controlar sus hormonas.
Doy un paso para acercarme a ese hombre.
-No, de verdad, insisto. -Saqué mi teléfono-. Dame tu número y te hago un bizum.
La risita entre dientes del hombre me derritió un poco por dentro, levanté la mirada y sentí las mejillas calentarse.
-Que manera tan poco sutil para pedirme el teléfono.
-Ah. -Bloqueo total-. No… no no, era para pagarte.
La risita entre dientes fue sustituida por una risa cálida que acabó por hacerme sonreír a mí también.
-Solamente estaba bromeando, aunque no me importaría darte mi teléfono.
Me guiñó un ojo con descaró y levanté las cejas sorprendida. Mi ego se puso por las nubes, ¿aquel hombre estaba coqueteando conmigo? ¿O solo estaba siendo encantador?
Antes de poder procesar la situación, aquel hombre alargo su mano hacía mí.
-Me llamo John.
-Shura. -Le estreché la mano notando lo cálida que era, su piel también era bastante áspera, y no se me pasó desapercibido que mantuvo el agarré unos momentos más mientras esos ojos azules recorrían mi rostro.
-Es todo un placer. -Su voz grave y el modo en que parecía paladear cada palabra me hicieron sentir un agradable escalofrío. -¿Te importa si pido lo mismo que tú para desayunar?
-Ah, solo es un café y magdalena, aquí las hacen rellenas de manzana. -Sacudí la cabeza levantando las cejas, tenía mis dudas de que un desayuno así saciará a un tipo enorme y musculoso como él.
-Suena delicioso. -John pareció distraído mirando mis labios, volteando la cabeza después de echarme otro repaso con la mirada para pedir a la camarera el mismo desayuno que yo estaba esperando.
No estaba tan oxidada como para no darme cuenta de que era un claro caso de coqueteo, aunque sí que me faltaba entrenamiento para saber como reaccionar. Demasiados años con el mismo novio, desde hace meses, exnovio.

Recogí la bandeja con mi desayuno, John estaba atento a mis movimientos, pero no decía nada. El silenció se me hizo extraño y no tardo en romperlo.
-Gracias otra vez por pagarme el desayuno, debería-
-¿Desayunamos juntos?
Yo iba a despedirme, pero aquella invitación me pillo desprevenida.
-Vale. -Dije antes de pensar, por una parte, accediendo porque no quería ser desagradable después de su amabilidad, y por otra, porque tenía ojos en la cara y aquel hombre me alegraba la vista.
Nos apartamos juntos a una de las mesas al lado de la ventana, John sonreía haciendo que el ambiente se sintiera más agradable.
-No conocía esta cafetería, he venido a la ciudad por trabajo.
-¿De qué trabajas? -Agradecía que pareciera tan dispuesto a una conversación, aquella masculinidad que desprendía con cada gesto parecía sacada de un anuncio.
Hizo un gesto con la mano quitándole importancia al tema.
-Trabajo para el ejército, créeme, es más aburrido de lo que la gente piensa, hay mucho papeleo.
-Creo que lo entiendo. -Suspiró melancólica al pensar en mi oportunidad perdida de entrar en la policía. -Yo trabajo como periodista.
-¿De verdad? -Levantó las cejas sorprendido, sonriendo de un modo que pareció que la barba de John se ahuecaba, como el pelo de un cachorrito. -No me suena haberte visto en el telediario, y me acordaría si hubiera visto a una mujer tan guapa como tú.
No pude evitar reír, estaba entrando completamente en el juego de este hombre, pero como bien se dice, a nadie le amarga un dulce.
-No trabajo para la televisión, sencillamente escribo para una revista, una web.
Algo extraño paso por los ojos de John… algo que me hizo parpadear confundida por aquel cambió en el ambiente.
Pero debió ser mi imaginación, porque en cuanto sonrió, hasta el café me sabía más dulce.
-Pareces una mujer con mucho talento, me encantaría leer algo tuyo.
-No tengo talento, bueno, un poco sí, lo suficiente para pagar las facturas. -Bromeó, cada vez más relajada y cómoda con la compañía de John.

Hablamos un poco más de cosas sin importancia, pero un desayuno tan escueto, era sinónimo de un tiempo igual de corto. Y yo debería ir corriendo al banco para ver que las cuentas estuvieran bien.
-Bueno, es un placer haberte conocido John.
-El placer es todo mío Shura. -Parecía contenerse, casi prudente. -Antes de que te marches, ¿sabes algún sitio para cenar en la ciudad?
-Depende de lo que te guste, hay un bufet de sushi por aquí cerca que esta delicioso y es mi favorito.
-Ese estará bien. -Vuelve a hablar con ese tono de voz grave que era condenadamente sexy. Era difícil no distraerse.
-Puedo pasarte la dirección, esta-
-¿Y por qué mejor no te vienes conmigo? Yo invito.
Me quedé con la boca abierta procesando la invitación, mi cerebro ahora mismo era esa meme donde pasaban imágenes del universo profundo con la música de “Somebody that I used to know” en remix.
-Ah.
De nuevo, esa sonrisa arrebatadora.
-¿Ah? ¿Puedo tomarlo como un sí?   
Sonrió sacudiendo la cabeza lentamente para intentar recuperar la compostura.
-¿El jueves te va bien? -Yo podía cualquier día… pero eso él no tenía porque saberlo, y aparentando tener agenda, parecía más interesante.
Funciono perfectamente.
-El jueves es perfecto, parece que al final tendré que darte el teléfono. -Me guiñó un ojo de manera confidencial. -Pero te advierto que no voy a aceptar ni un centavo por el desayuno de hoy, y tampoco por el de mañana, si es que sueles venir a este sitio.
-Podría venir… si dejas de insistir en pagarme el desayuno.
John levantó las manos a modo de rendición y yo no pude evitar reír entre dientes. La química entre nosotros dos era notable.
-Eres buena negociando Shura, pero insisto en ser yo el que te invite el jueves a cenar.
No podría pagarme yo misma la cena igualmente.
-Entonces podemos vernos mañana para desayunar también.

Nos dimos los teléfonos y nos despedimos amistosamente, y yo tenía el ego por las nubes. Saqué enseguida mi teléfono para escribir a Grace: “Maemia lo que acaba de pasar! ¿Te puedo llamar!?

Me di cuenta de que los mensajes que le había enviado aquella mañana no los había leído… pero estaba tan contenta que igualmente le envíe un mensaje contándole todo el encuentro con John, incluida las próximas citas.
Miró el teléfono… era tan extraño que Grace no recibiera mis mensajes.
Iba a llamarla, pero John me envió un mensaje y me distraje completamente, acabando por no escribirle a Grace.

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Al otro lado de la calle, el capitán John Price bajo su teléfono, había estado siguiendo a Shura, acechándola como un halcón, abalanzándose sobre ella cuando había tenido la oportunidad, utilizando sus encantos para asegurarse que ella no sospechará nada.
Descolgó la llamada respondiendo con dos simples palabras.
-Objetivo confirmado.