Bishoujo Team

Proyectos => Downtown District => Topic started by: Cho on December 04, 2013, 11:33:55 PM

Title: Act 1: Overture
Post by: Cho on December 04, 2013, 11:33:55 PM
(http://i4.minus.com/ixFH2pZEvlW6L.png)


Era otro día dentro de la famosa ciudad de Eastwood. Siempre reconocida como una zona de diversos talentos, la localidad estaba más ocupada que nunca. Era común ver estrellas surgiendo de entre la muchedumbre. Algunas ya conocidas eran emboscadas por la paparazzi, otras alcanzaban la ‘mejor temporada’ de sus carreras, mientras unas más anunciaban separaciones o pausas por varios motivos.

Visto desde muchas formas, Eastwood continuaba con su ecosistema, con su cadena alimenticia o con su ciclo de vida.

El ambiente repleto de interesados en llegar al estrellato también tenía presente a todo tipo de profesionales quienes, por más que no posaran sus pies sobre el escenario, tenían un rol protagónico detrás de cámaras, o dentro del mismo sistema del showbiz. Aquellos invisibles colaboraban dentro del complejo sistema de la famosa ciudad, y todos en conjunto seguían proveyendo admiración y entretenimiento a las masas…

…pero quienes aun son jóvenes, aun están en la fase de aspirar, o aun se enfrentan contra viento y marea sin llegar a sus metas, no rinden gran importancia al concepto de Eastwood. Desde un punto de vista más normal, ser exitoso y mundialmente reconocido es más difícil que ganarse la lotería, y envuelve más que marcar unos números y esperar a que todo salga a su favor. Las estrellas y multimillonarios dentro de un mundo tan vasto son menos que un puñado, y todos lo saben demasiado bien.

Sin embargo, existe siempre un comienzo en el rumbo de las personas, y muchas veces se da el caso que uno no sabe cuándo dicho inicio da lugar. Sea dentro de un día normal, en medio del trabajo, o en un momento aparentemente de ocio, quizás en medio de una oportunidad única, o a través de un contacto, entre otros.

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"Pero Sayaka-chan, sigo creyendo que es tu culpa por haber faltado. No estabas enferma ni nada..."
"¡Pero era trabajo!", alzó la voz exasperada y se jaló de los pelos. "O sea, al final no pasé la entrevista de esa telenovela, pero igual no podía dejar pasar la oportunidad...".
"Descuidando los estudios."
"Mira quien habla, Tatara", le dedicó una mirada asesina y el mayor le sonrió. "No debiste haber hecho grupo sin mí".
"Me hubiera gustado, en serio, pero la profesora no admitió que nos quedásemos sin grupo la primera semana. Allá tú y el tal... ¿Cómo se llamaba?".
"Ni siquiera sé cómo se llama". Suspiró. "Se apellida Nakamura, pero no sé su nombre".
 
Tercera semana de clases, primera práctica grupal a la vuelta de la esquina y la vida de Sayaka Miki se ha reducido al estrés continuo de no saber quién es su compañero para la clase de estadística. Si Sayaka se hubiera preocupado de sacar mejor promedio durante sus dos primeros ciclos, Sayaka habría escogido un mejor horario de clases, pero no, terminó escogiendo el peor curso de estadística (el que trabaja a grupos). Y aunque convenció a su mejor amigo de la universidad, Tatara Totsuka, de acompañarla en el sufrimiento, al final ni terminó agrupándose con él.
 
Pero a sus ojos, la oportunidad de trabajo no podía dejarse pasar. Hacía poco se había registrado en una agencia de actores secundarios y le llegó un correo sobre un trabajo que encajaba con su perfil; no era mucho, consistía en aparecer como camarera en el primer episodio del drama "Henshin Interviewer no Yuutsu", por lo que fue corriendo a la entrevista a pesar de perder la primera clase de estadística del año.
 
Resultado: Dolor en su máxima expresión. Bueno, no tanto. Si bien el tal Nakamura nunca se había presentado a alguna de las clases, al menos era lo suficientemente cordial para responder a los desesperados correos de Sayaka y enviar sus partes del trabajo. El chico siempre aludía a estar lleno con trabajo y Sayaka no podía evitar sentir cierta pena, ella también sabía lo que era estar lleno de trabajo y tener que faltar a clases para ello. Si bien la peliceleste tenía el apoyo de sus padres para la universidad, estaba sola en todo lo que respeta a mantenerse diariamente con vida, por lo que el trabajo era indispensable. Aquel chico Nakamura debía pasar por lo mismo, de seguro, por lo que Sayaka no dudó en aceptar cuando le pidió si no era mucha molestia que le compartiera sus apuntes.
 
El problema era que la profesora deseaba evaluar una práctica grupal en el aula. Y para eso sí Sayaka no estaba preparada, ya de por sí era mala en el curso y de ninguna manera podía hacer el trabajo de dos. El break-down en frente de Tatara había sido porque le había enviado el tercer correo electrónico a Nakamura sin respuesta aún y la práctica era en dos días.
 
¿Cuánto costarían las pistolas?
 
"Está vibrando", señaló Tatara con la vista y la peliceleste vio con emoción la señal de un nuevo mensaje.
"ES NAKAMURAAA", gritó emocionada, atrayendo algunas miradas de las demás personas en la cafetería. Tatara le jaló de la blusa para que se sentara de vuelta y Sayaka abrió el correo en su tablet.
 
 
"Estimada Miki-san,
Disculpe por la demora, últimamente he tenido demasiado trabajo. ¿No se puede presentar la práctica por internet? ¿Serías tan amable de preguntarle a la profesora? Estaré al tanto, gracias."

 
 
"PINCHE PENDEJO", gritó ofuscada y Tatara rió, dándole palmaditas en el hombro.
"Sweetheart, cabeza fría en estos momentos".
"Pero ese desgraciado me dice que no quiere venir ;_; TATARA ME VOY A MATAR, EN SERIO, AHORITA ME SUBO A UN BUS Y ME VOY AL GHETTO"
"Una cosa es suicidarte y otra esperar que te violen (!?) anyway, lo mejor es que le respondas mintiéndole con que es imposible. Además, no puede faltar todo el año y esperar que tú le cubras". Sayaka asintió. "Go baby, escríbele eso".
"U rite, ahorita mismo me va a conocer..."
 
 
"Hola!
Acabo de encontrarme con la profesora y se ha negado a presentar por internet, dice que tomará en cuenta la asistencia. No puedes pedir un día libre, por favor? Es también mi nota, espero comprendas. En todo caso también podríamos reunirnos a estudiar? Avísame! Bueno, cuídate!!"

 

"Miki-san,
Ya veo, discúlpame por incomodarte con todo esto, no fue mi intención. Reunirnos me parece una buena idea y como me siento en falta me ofrezco a llevar comida. ¿Dónde vives? ¿O prefieres estudiar en otro lado? Me envías la dirección, por favor. Yo estaré libre el día antes de la prueba desde las 5 de la tarde."

 
 
"..."
"..."
"AHORA ME SIENTO MAL PORQUE LE MENTÍ Y TRAERÁ COMIDA OMG, SOY INDIGNA"
"No, BE FIERCE. ¡Está pagando lo justo!, no tienes por qué sentirte mal."
"U so fucking rite. Okay...", Sayaka volvió a su tablet y comenzó a escribir su dirección en un nuevo mensaje y diciéndole que le gustaban los rollos de canela. Una vez hubo acabado, sonrió satisfecha. "Quien lo diría, finalmente conoceremos a Nakamura-san". Tatara sonrió y ella le mostró los dos dedos pulgares emocionada. El plan había resultado...
 
 
***
 
La peliceleste se había prometido que intentaría repasar algo antes de que llegara Nakamura, pero le resultó imposible. Al final se la pasó releyendo las dos líneas que tenía que interpretar para una escena de apenas un minuto de un drama de bajo presupuesto. Fue en medio de otro momento de "¿qué hago con mi vida?" cuando sonó el intercomunicador. Sayaka observó el reloj... Pero no, nadie era capaz de llegar tan temprano y a la hora exacta.
 
"Buenas, ¿se encuentra Miki Sayaka-san?", preguntó la voz y supo que se trataba de Nakamura, sin embargo, había algo que la dejó extrañada. Podía jurar que había escuchado su voz en otro lado.
"Uh... ¡Sí!", dijo recobrando rápidamente su tono normal. "¡Pasa!". Colgó el intercomunicador y se apresuró hacia la ventana para verlo, pero lo que vio fue una figura haciéndole una señal a una camioneta negra con lunas polarizadas, pero apenas la persona se volteó, su rostro fue tapado por un árbol que habían plantado los vecinos el verano pasado. Sin embargo, a pesar que la figura del chico ya estaba completamente fuera de vista, la camioneta negra se quedó un rato más. Sayaka sentía más de un par de ojos mirando hacia su ventana y se quizo morir.
 
"Okay Sayaka, te metiste con un integrante de la mafia. Respira, easy peasy", se repitió a sí misma. "Nota mental: Mañana mismo cortas el árbol".
 
No pudo seguir ensimismada en sus pensamientos porque en eso tocaron el timbre de su casa. Suspiró y se fue rápidamente a la puerta...
 
"H-Hola". Le dijo con una sonrisa amable. Sayaka le miró y al instante entendió por qué reconocía aquella voz. Sintió como su presión se iba al piso. "Traje los rollos de canela... No sabía si tenías alguna tienda favorita, así que los compré en la tienda en frente de mi trabajo...".
"... Nakamaru Yuichi".
"¿Sí?", preguntó extrañado, pero luego recordó que por lo general, esa expresión de pánico que tenía Miki-san era la expresión que siempre le daban en esas ocasiones. "P-Pues sí, soy yo...", respondió un poco hastiado por la atención que siempre recibía.
"... Nakamaru". Le cortó.
"¿... Ajá?", preguntó ahora sí extrañado.
"... Entonces tu apellido es Nakamaru. No Nakamura".
"¿... Nunca lo fue?"
"..."
"..."
"... Entonces, ¿me has estado enviando todos esos correos pensando que soy un tal 'Nakamura'?"
"..."
"..."
 
911, ayuda, me he estado mensajeando con un idol. Abortar misión.

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Llevaba sentada unas horas en el teclado cuando las primeras monedas golpearon la porcelana. Sin abandonar la melodía la joven alzó la mirada y sonrió.

Aún le quedaba una hora tocando aquella tarde. Era un negocio pequeño y recluido, frecuentado por una clientela moderna que esperaba una ambientación delicada mientras degustaban su comida. Y ahí entraba ella. La paga era buena para esas cuatro horas diarias, pero ello no justificaba que quisiera estrellarse contra el piano cada vez que volvía a tocar éxitos como Ballade pour Adeline. (http://www.youtube.com/watch?v=gfsgXJQ0ebU)

Las reglas eran específicas: Toca y/o canta todas las canciones de la lista al menos una vez. Y si se acaban, vuelve a repetir. No hay lugar a improvisación u originalidad... a menos que un cliente te de una propina y te pida algo en particular.

"Gracias, ¿tiene algún pedido?" Los clientes usualmente se acercaban cuando venían en compañía de una pareja, pues era costumbre el pedirle alguna balada romántica para impresionar a su acompañante. Solía funcionar muy bien, sobretodo cuando habían otras parejas presentes quienes por no quedarse atrás empezaban a lloverle con pedidos similares.

Pero el hombre frente a ella parecía ser una excepción. Cargaba con una taza de café y un periódico enrollado bajo el brazo. No parecía tener prisa en reunirse con alguien o irse a trabajar.

"Ninguna en particular" respondió el hombre "Solo me gusta como tocas"
"Gracias" La joven sonrió. La propina siempre era bienvenida, pero los elogios lo eran aún más "Lo que interpreto aquí no es lo que suelo hacer, y si aún así te gusta... creo que me hiciste el día"
"Eres músico entonces ¿Eres del conservatorio?"
"Era. Ahora tengo una banda de rock" Eso hizo reír al muchacho. No debió imaginarse que, quien a estas alturas debía ser la hija perdida de Ray Conniff, estaba metida en el rock. La joven fingió ofenderse "Cómo, ¿mi ropa no lo delata? Amigo, yo soy puro sass"
"Si, debí darme cuenta, pero me cuesta imaginar tu voz junto a batería y guitarras. El piano te sienta mejor" La muchacha se encogió de hombros "Dime, ¿tienes alguna canción tuya... tuya? ¿Tú y el piano?"

Aquello la tomó por sorpresa.

"Sí, a veces compongo con el piano y..." le habían entrado los nervios de repente. Era la primera vez que alguien le preguntaba por su música en ese lugar, y le costó horrores hacer la pregunta "¿Te gustaría escuchar algo mío?"

No había antecedentes similares, pues nadie parecía pensar que una intérprete de covers tendría una voz propia.
¿Y si había sido una pregunta inocente sin afán de comprometer su dinero? Estuvo por disculparse por su atrevimiento cuando el joven sonrió, complacido ante la propuesta.

"Por supuesto. Será interesante escucharte tocar algo que disfrutes" le respondió "Me sentaré por allá, tócate un par, ¿si?"
"De acuerdo" el hombre se estaba por dar media vuelta cuando la muchacha agregó "Y gracias"

El cliente alzó su taza de café en respuesta y continuó buscando un sitio. Mientras tanto, la joven se acomodó en su banco y reposó ambas manos en su regazo, intentando mantener la compostura y desenredar rápidamente la maraña de preguntas que rodaba en su cabeza.

¿Que canción iría a tocar? Tenía varias por elegir... y en primer lugar: ¿Sus jefes no se disgustarían? Pero el cliente lo pidió personalmente, y de todas maneras estaba sentado ahí. ¿Y si el cliente lo odia y se va? Entonces podría retomar con alguna de Kenny G y no harm done. Right? A excepción que entonces nada la detendría en correr a la calle y lanzarse a su destino bajo las dieciséis llantas de algún trailer fugaz. Así, todo muy casual.

"Ya basta, va a estar bien... igual nadie te esta prestando atención" se recordó. Sintió una corazonada con una de sus canciones y decidió apostar por ella. Ya, ya que importa. Limpió su garganta y cuando sus dedos encontraron los acordes respiró profundamente.

De la nada parecía como si los últimos meses trabajando en ese local hubieran desaparecido. Era como si estuviera sentada por primera vez frente a ese teclado, y entonces sintió un vacío tan hondo como un abismo abrirse dentro suyo. Menos mal era un vacío que sabía como llenar.

Satisfacer al público siempre había sido la prioridad, y esta vez tenía la suerte que esa satisfacción fuera de la mano con la suya.

Aunque sea por unos minutos podía ser ella misma.

♫♪♫ REGINA SPEKTOR – EET (http://www.youtube.com/watch?v=3PbBN0GMkVw)

It’s like forgetting the words to your favorite song
You can’t believe it
You were always singing along
It was so easy, and the words so sweet
You can’t remember
You try to feel the beat


Alzó la mirada y busco a su nuevo cliente favorito. El encontrarlo sonriendo abrió una sonrisa en su rostro.
Una sonrisa tan grande que no la dejó por el resto de la tarde.

Eet, eet, eet, eet
Eet, eet, eet, eet…


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Las campanas de la universidad sonaron, anunciando el inicio de una nueva hora. Los pasillos del campus estaban repletos de estudiantes, quienes se dirigían a distintas clases, algunos andando rápidamente y otros hablando con sus compañeros y amigos. El ambiente era uno ameno y lleno de vida, digno de la edad de los presentes.

En medio de toda la muchedumbre, una joven peliceleste caminaba agarrando unos cuadernos de su última clase. Lo último que le quedaba hacer en el día era guardarlos en su casillero y de ahí podía retirarse a reanudar sus otras ocupaciones. Sus profesores en el conservatorio debían estar esperándole desde hace un rato…

Ella detuvo su andar al pasar al costado de un pequeño kiosco en su camino, donde varios estudiantes esperaban para hacer y recoger su pedido. Todos ellos estaban concentrados en sus conversaciones o alimentos, y las encargadas en atenderles lo antes posible. Y mientras, una canción en la radio del local estaba terminando, pasando desapercibida por todos los presentes. Todos menos ella.

In other words, please be true
In other words, I love you



“Acaban de escuchar una version moderna del clásico de Frank Sinatra: Fly me to the Moon, interpretada por una joven cantante local. Este es solo un grato recordatorio más de la variedad de talento presente en Eastwood…”


El DJ de la radio continuó haciendo una mención sobre el conservatorio, y de ahí cambió a otro tema. Al terminar de oír lo que le había interesado, ella pretendió continuar con su camino, pero sólo dio unos pocos pasos cuando una persona conocida le pasó la voz.

“Cho,” le llamó otra estudiante, caminando hacia ella. Era una chica un par de años mayor, de cabello marrón rojizo y ojos índigos.
“Kurisu…” Cho se giró y se le dirigió.
“No esperé verte por aquí, imaginé que estarías ocupada,” la pelimarrón sonrió levemente. “Me enteré, hoy iban a pasar una canción cantada por ti en la radio. Felicidades por ello.”
“No es la gran cosa…” Cho desvió la mirada, algo incómoda.
“No suena a poca cosa.”
“No es la gran cosa…” volvió a mencionar, con un poco más de tensión. “Fue un reto de parte de los profesores del conservatorio… dentro del área de canto… ellos escogerían a un ganador luego de las últimas evaluaciones para que llegara a la radio… y la canción sólo pasaría una vez y en una radio local sin gran presencia…”
“Suena a que tenías expectativas sobredimensionadas,” Kurisu negó. Era típico de Cho ver lo negativo y quitar importancia a sus asuntos. “Ciertamente no ibas a ser lanzada al estrellato por algo ya arreglado por los profesores.”
“Lo sé… por ello no es la gran cosa…”
“Pero sigue siendo algo. Esa canción a lo más podría llamar la atención de alguien importante, y a lo menos sería algo que podrías poner en tu Curriculum Vitae a futuro. Y por más pequeño que sea, no sabes cuántos aspirantes en Eastwood querrían tener una oportunidad como tal.”
“…” Cho miró al piso, pensativa. Pasó un corto silencio. “Hablando de eso, ¿cómo les va a ustedes? ¿Tu equipo ha hecho un progreso?”
“…” Kurisu rodó los ojos. “Hace un par de horas, se convocó el tercer hiatus de la semana porque todos se sienten sin inspiración. Seguramente también se debe a ese nuevo videojuego que ha salido. Ellos sólo pierden su tiempo.”
“Y… eh… hablando de eso…”
“Sé lo que quieres preguntar,” la pelimarrón se encogió de hombros, con indiferencia. “La idea de una banda fue de ellos, y como mi participación no interrumpe en mis estudios no es inoportuno seguirles el juego. Así que realmente no pierdo mi tiempo. Es más como una forma de pasar las tardes con mis amigos.”
“…” Cho asintió, comprendiendo.
“Deberías visitarnos, sé que les caerás bien. Con tu reciente logro, es probable que ellos te pregunten muchas cosas al respecto…” ni bien terminó de decirlo, Kurisu se detuvo a reconsiderar sus palabras. Ver a Cho desviar la mirada por enésima vez le hizo entender que sólo le había hecho sentirse observada, e incómoda. “Pero si se ponen molestos, sólo tienes que avisarme. Ya de por sí, tendría que darte advertencias sobre algunos de ellos…”
“E-está bien, tengo que irme,” Cho se apuró y dio una reverencia rápida. “Nos vemos mañana, estoy con prisa. Cuídate.”
“Sí…” Kurisu levantó una palma en señal de despedida y vio a su compañera caminar con más rapidez de la usual. Dio un suspiro. A ella le tocaba trabajar en su forma de ser si quería llegar a ser algo, sea por la carrera que estudiaba en la universidad, o por su talento de cantante en el conservatorio…

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Entre estos y muchos otros escenarios más, existe la oportunidad de dar un paso adelante. Este concepto tan simple depende de los eventos por suceder, los cuales varían grandemente en cada persona. Nunca hay un pronóstico para predecir el futuro. El tiempo, las acciones y las circunstancias serán quienes lo formarán.

En medio de estos eventos, la ciudad continuó con su imparable energía…
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Shura on December 06, 2013, 02:56:41 PM
(http://i129.photobucket.com/albums/p210/kora_lj/BT%20-%20MMORPG/avas%20shura/DD/ddshura.png)

Track .1 # Innuendo

El talento no es suficiente.
El esfuerzo, tampoco es suficiente.
¿Cuál es entonces la clave del éxito?

...

-Felicidades por tu puntuación en la audición.
-Muchas gracias. -Shura sonrió agradecida a su compañera en la banda, hace unos meses que se había unido, no es que aquella niña la admirase, pero le tenía respeto por ser primer violín.
-Estoy convencida de que pronto te convertirás en una excelente profesora.
-Sí… -La morena se quedó por un momento sin palabras, despidiéndose de manera automática de la chica. -Gracias.

Y es verdad… ya tenía veinticuatro años, aunque llevase desde los cinco años con un violín en las manos, y aunque hace años se la consideraba un genio, un prodigio… sin que tu afición y tu talento se exploten trabajando sobre un escenario, los genios y los prodigios dejan de serlo a los veinte años para pasar a considerarse meros expertos y aficionados, y ella ya llevaba cuatro años de más alargando lo inevitable, intentando resucitar en cada audición el interés por ella y por su música. Y lo lograba… tenía premios y logros… pero en lo referente a reconocimiento, nada. Aunque tuviera un primer puesto, nadie recordaba nunca su nombre, aunque su música resaltaba, las miradas nunca enfocaban hacia ella.

Al principio lo consideró como falta de esfuerzo, y trabajó, muchas horas, muchos días… hasta que al final, se dio cuenta de que precisamente todo el mundo esperaba eso de ella, y más que destacar, reafirmó la opinión que todos tenían de ella. Después lo considero una falta de suerte, y asistió a nuevas audiciones gastando dinero de su propio bolsillo en viajar, hizo la pelota a profesores y eminencias… para al final darse cuenta de que solo estaba como añadido en todas partes.
¿Qué era entonces lo que fallaba? ¿Qué más necesitaba?

“Podrías intentar convertirse en profesora de música.”
No llevaba veinte años tocando el violín sin descanso para terminar como profesora.
“Es normal que toques tan bien, los asiáticos llevais el talento en las venas.”
¡¡ARRGG!! ¿Solo por ser china tenía que dársele bien la música y las matemáticas? ¿Era eso? ¿No triunfaba por ser asiática? ¿Por qué se suponía que  era lo que venía de serie?

>¿Se supone que alguien por ser negro se le tiene que dar bien el baloncesto? ¡Es otro modo de racismo! ¿Y a vosotros lectores? ¿Os ha sucedido alguna vez algo parecido? Contadme vuestras experiencias.

Shura envío la nueva entrada de su blog, llevaba cinco años administrando un blog personal de forma anónima. Colgando fotos de sus viajes, críticas, opiniones, y otras cosas curiosas o diarias, nunca revelando su identidad por si algún día alcanzaba la ansiada fama alguno de sus aportes pudiera perjudicarla; y, modestia aparte, ya gozaba de trescientos seguidores y alrededor de siete comentarios por cada post, darse su pequeño baño de masas entre “te entiendo” o “que injusticia, no te lo mereces, eres la mejor”, le hinchaba el ego y hacía que no se enfrentará a los problemas diarios aunque fuera totalmente consciente de ellos… por eso, aquel mensaje le extrañó y le resultó como una bofetada.

>¿Eres Shura, verdad? No puedes ser otra… ¿cuánto tiempo más piensas seguir auto compadeciendote? ¿Aún no te has dado cuenta de lo que te hace falta para triunfar? Parece mentira… reúnete conmigo en el conservatorio, te daré la pista que necesitas para cumplir tu sueño y triunfar.

¿Cómo la había descubierto? ¿A qué se refería, era posible que alguien tuviera el “secreto” para la fama? Y lo más importante… ¿cómo iba a reunirse con alguien a quien ni conocía?
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Puri on December 06, 2013, 07:55:56 PM
Aporte feo, pero sssh, vamos comenzando con algo
juro solemnemente que este 2014 aprendo a editar para hacer iconitos bonitos


(http://i39.tinypic.com/2i6j9qq.png) (http://i43.tinypic.com/npjnf5.png)

Había tenido una buena vida. Si bien sus estrictos padres agricultores habían sido duros con ellos, más lo habían sido con sus dos hermanos y ella había sido más consentida, así que no lo había pasado tan mal. No había sacado malas notas en sus clases y aunque se había caracterizado por ser una chica promedio, sus padres creyeron que, a diferencia de su hermano y su hermana-caida-en-desgracia-dejó-el-conservatorio-por-el-rock-cómo-se-atreve-dios-nos-libre, ella sí valía para enviarla a la universidad; así que había hecho sus maletas y había dejado su tierna Ica para venirse a Eastwood.

No había sido fácil, al comienzo creyó en la armoniosa vida familiar, pero luego de que ya no pudiera vivir más con su prima Cho y que descubriera que sus hermanos deseaban tener una vida aparte, supo que ella no podía entrometerse. No había problema, igual ella quería su espacio y sus cosas y sabía que si se quedaba viviendo con alguno de ellos tarde o temprano habría caos, por lo que comenzó alquilando un departamento cerca del de su hermana en las afueras. En aquel entonces sus papás no entendían que a una menor de edad no podían contratarla para buenos empleos, "¡Pero hijita, si en la ciudad hay trabajo de sobra!", riiiite, vender caramelos no era una opción, papá, mamá.

Su primer trabajo como cajera no le rendía buenos frutos, además que siempre llegaba tarde a clases, lo cual lo hacía aún peor. En general, en aquellas épocas había vivido un pésimo estilo de vida, pero con los primeros meses de universidad llegó a conocer a Tatara Totsuka, su actual mejor amigo y con quien compartía un departamento mucho más cerca de la universidad. Además, Totsuka estuvo con ella cuando ocurrió todo el fiasco con... Bueno, ese fiasco. Pero ni en ese mal momento estuvo sola.

Luego conoció el teatro, su pasión escondida de sus padres. Había comenzado unas cuantas clases sin comentarle nada a sus hermanos, hasta que las clases se convirtieron en seminarios, talleres y su principal actividad luego y antes de clases. Así finalmente había logrado entrar a aquella pequeña agencia de actores extras... No era mucho, pero le permitía hacer algo que le gustaba y tener dinero por ello. Ya era demasiado tarde como para decirle a sus padres que no quería seguir estudiando en la universidad... A estas alturas del partido le daba miedo darles un paro cardíaco después de la experiencia que habían tenido con sus hermanos mayores y ahí sí no habría ni Señor de Luren ni Rosa de Guadalupe que les salvaran.

Básicamente... Sí, había sido una buena vida. Con sus pros, sus contras, pero había sido una vida medianamente estable y buena para ella...





... Hasta ese momento, claro, en que había cometido suicidio social en frente a uno de los hombres más deseados de todo Eastwood al leer mal su apellido.

Pasado el shock inicial en que Sayaka vio su vida pasar frente a sus ojos, comenzó a disculparse mil y una vez por haber confundido su apellido.

"No es nada", le dijo Yuichi dándole una sonrisa pequeña. "Sucede todo el tiempo...", afirmación que solo hizo que Sayaka se sintiera aún peor.
"PEOR AÚN ;_;", no pudo evitar gritar tapándose el rostro, el cual se encontraba rojo de la vergüenza. "¡EN SERIO, DISCÚLPAME!". Yuichi rió y le dio una palmadita en el hombro.
"Calma... Ya pasó. Después de todo, no puedo enojarme con mi compañera de estadística que ha sido tan gentil de aguantar a alguien como yo y enviarme sus apuntes".
"NO DIGAS ESOOOO", lo miró entre los dedos de sus manos y al verle reír, no supo si todo estaba bien o si todo estaba mal. No, nunca le habían dicho qué hacer en ese tipo de situaciones. NO, ESTE TIPO DE SITUACIONES DE HECHO NO DEBERÍAN OCURRIR, pensó.
"Es en serio, muchísimas gracias por todo. He estado muy ocupado filmando mi última telenovela...", miró de costado un poco avergonzado. "Estadística es uno de mis cursos obligatorios y pensé que podría llevarlo sin problema alguno, pero terminaron moviendo mi horario sin consultarme y todo se volvió un caos". Suspiró y Sayaka por un momento lo vio como un ser humano igual que ella, pero en eso...
"Espera..." y recordó algo que le hizo elevar un dedo acusatorio hacia su persona. "¡Tú estás filmando Henshin Interviewer no Yuutsu!".
"Pues sí". Afirmó Yuichi que frunció el ceño al ver que parecía acusarle de algo.
"¡ESA ES LA MALDITA TELENOVELA PARA LA QUE NO ME CONTRATARON JGHFGKFKJF!" Ante esto, el mayor no pudo hacer más que reír abiertamente. La peliceleste intentó recordar cuánto costaban las palas del Ace Home Center para empezar a cavar su propia tumba.
"¿En serio audicionaste para ello? Si hubiera sabido podría haberte metido...".
"Ya no importa...", dijo haciendo un puchero. "Igual vendrán telenovelas de mucha más alta calidad que esa". Ambos se miraron por unos segundos en silencio y finalmente se echaron a reír.

Después de ello, Sayaka le invitó finalmente a pasar y que se pusiera cómodo. Aquella tarde su roommate Tatara había salido a un recital para un informe de su clase de poesía, por lo que tenían el lugar para ellos. La peliceleste abrió la caja con rollos de canela y tras probar uno se sintió en el sétimo cielo. Yuichi le contó que solía ir a comer a esa pequeña cafetería del frente de la agencia, ya que como era el lugar más obvio al que iría un idol, las fans en verdad lo obviaban, prefiriendo buscar otros lugares en los que "de seguro" se iban a comer.

"Vaya", dijo asombrada. "¿Y cómo haces para salir sin que te vean?".
"Es fácil, de hecho". Se hundió de hombros. "Por lo general salimos en una camioneta de lunas polarizadas y usamos cosas como chalinas, o máscaras de polen... Sacos largos... Oh", dijo recordando algo divertido. "Uno de mis compañeros de banda usa pelucas".
"¡No waaaay! ¿Quién de ellos?", preguntó riéndose.
"Eso sí no te puedo decir", respondió sonriendo.
"Pero no entiendo... ¿Cómo así te metiste a la universidad, entonces? Porque hasta donde leí en Friday, estabas llevando los cursos por internet, ¿por qué entraste a una clase presencial?".
"En realidad no estoy llevando cursos online, la verdad es que voy a mis clases... Usando la peluca de cierto amigo", dijo riendo. "Mi manager me dijo que lo mejor sería decir que llevo los cursos a distancia para no alterar el orden en el campus y que hayan fans esperando por ahí a verme... Igual siempre mis trámites los hace mi manager, ya que así guardo las apariencias. Para todo lo demás voy disfrazado".
"¿Y cómo haces con el asunto del nombre?".
"Es fácil", dijo tomando la caja que Sayaka le ofrecía y sacando un rollo de canela para él. "Los profesores ya están alertados sobre mí y no pasan mi nombre por lista".
"Okay, eso sí es injusto, you priviledged... You".
"En realidad no", sonrió. "Siempre tengo que acercarme a ellos al final de las clases para pasar personalmente mi asistencia...".
"Quien lo diría, los idols son más humanos de lo que parecen (?)".
"Okay, eso dolió B(".
"Sigues teniendo miles de miles de dólares como para que algo te duela de verdad B(". Sayaka rió al ver su puchero. "Pero no entiendo... ¿Por qué entonces no te presentaste conmigo con una identidad falsa, o algo así?". Yuichi suspiró.
"Me metí al curso sin saber que la dinámica era de parejas... Y créeme que me parece completamente agotador tener que mentir sistemáticamente todo un semestre a alguien a quien tendré que ver por el resto del tiempo. Y nada, confío en que no venderás mi identidad ni dirás nada...".
"¿Y qué te hace confiar que no diré nada?"
"El que tengo miles de miles de dólares para mandar a hacerte callar (:"
"Oh (:"
"Descuida", Yuichi rió. "No pasa nada en verdad, pero agradecería que no lo comentaras. ¿Puedo comprarte con dulces lo que queda del semestre?", preguntó mirando los rollos de canela.
"Con eso también puedes comprar mi virginidad, pero creo que eso no viene al caso (??)". Yuichi se sonrojó por un segundo, pero luego rió con ella. "Vaya... Sigo sin creerme esto. Si no estuviera despierta diría que todo esto es el sueño de una loca obsesionada con ustedes y sin nada mejor que hacer. Pero dime, ¿cómo es la vida con KAT-TUN? ¿Lo de la pelea de su concierto debut fue verdad?".
"Uh... Sí, de hecho Tatsuya le dejó un moretón horrible a Kame en la cara... Pero en realidad fue por mi culpa". Suspiró. "Fui yo quien me equivoqué en el baile, pero Kame se enojó con Tatsuya porque él debió de haberme cubierto. Fue todo un caos...", Sayaka se dio cuenta que no le gustaba hablar de eso, así que decidió decir cualquier estupidez para disipar esa memoria.
"Oh, vaya y yo pensaba que la princesa Tatsuya no era capaz de esas cosas". Al parecer lo dicho surtió efecto, ya que Yuichi se echó a reír.
"No tienes idea de cómo OOOOODIA que las fans le llamen princesa. Pero en verdad las fans no se alejan de la realidad, se comporta como toda una princesa cuando se le da la gana y si no le haces caso, bueno, nunca ha golpeado como princesa (?) pero en fin".
"Vaya...", Sayaka le sonrió. "Es... No sé, ¿raro? ¿Mágico? Eres como un unicornio (?)".
"Okay, si es que esa fue una referencia a mi nariz..."
"¡N-NO! Nada de eso ;_; omg sí era cierto que era acomplejado. Es que... No, en serio ni sé qué decir... ... ... ¿Puedo tocarte? (?)"
"..."
"..."
"No".
"También es cierto que es aguafiestas okay ):". Yuichi rió y le dio una palmadita en la mano.
"Ahí tienes, un poco de estrellato, fama, fortuna y estrés universitario".
"Diría que nunca más me lavaría la mano, pero igual ni me las lavo (?)"
"..."
"..."
"..."
"Sabes, justo antes estaba pensando que me había suicidado socialmente, pero acabo de corroborarlo".
"Comencemos de nuevo. Mi nombre es Yuichi NakaMAru, mucho gusto".
"....... SABES, NO AYUDAS A HACERME SENTIR MEJOR", dijo volviéndose a tapar el rostro con ambas manos al ser recordada de su error. Yuichi se echó a reír fuertemente, lo cual sorprendió un poco a la peliceleste que no le había escuchado así. Al verse observado, el mayor fingió una tos para calmarse.
"Ya, ya... Creo que mejor comenzamos a estudiar, ¿no te parece?", le dijo mirando su reloj de mano. Sayaka, por miedo a volver a decir alguna estupidez, cerró la boca y asintió con una sonrisa, agarrando los libros que ya estaban en la mesa junto con su cuaderno de apuntes.

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Tatara y Levy se encontraban animadamente hablando de todo lo que había sucedido en el concurso de poesía cuando divisaron un café a lo lejos y decidieron entrar a tomar algo. Levy era una chica que Sayaka y Tatara conocieron cuando llevaron la clase de nivelación en redacción al haber fallado el curso al ingresar (en el caso de Sayaka y Levy, ya que Tatara lo llevó por segunda vez tras haberlo jalado la vez pasada); era una chica alegre y siempre dispuesta a ayudar, además de muy inteligente, aunque no muy buena a la hora de escribir.

"Y, dime, ¿qué hacías ahí? No esperaba encontrarte en el mismo recital".
"Esperaba encontrar ideas", le sonrió para luego desviar su mirada a la carta. "¿Y tú?".
"Tengo que hacer un informe para mi clase de poesía". Levy le miró con el ceño fruncido. "¿Poesía? ¿Y eso qué tiene que ver con comunicación audiovisual?"
"Pues le dije lo mismo a Sayaka cuando me obligó a tomar estadística...", rió. "¡Me pareció divertido! Quien sabe, tal vez un gran poeta duerme dentro de mí".
"Tatara, si sigues basando tu vida en tus hobbies del momento jamás harás nada", rió y cerró la carta justo cuando se acercó la camarera. "Un chocolate caliente".
"Un café", le dijo Tatara con una sonrisa y esta se retiró del lugar para ir por sus órdenes. "¿Cómo te va en facultad? Las clases comenzaron hace ya un par de semanas y no sé nada de ti. ¿Cómo es llevar Literatura?".
"Terrible...", admitió rodando los ojos. "Me parece que está bien en cuanto a literatura en sí, pero en los aspectos de redacción los profesores no dejan nada de libertad. Intentan imponerte estilos y... Sé que no soy muy buena escribiendo material propio, pero tampoco es como para que me limiten de esa manera. Y lo peor de todo es que varios no dejan de decirme que tendría un buen futuro como crítica cuando yo preferiría ser escritora... A este paso no sé qué haré con mi vida". Suspiró.
"Vaya", Tatara no supo que decirle. "Tal vez... ¿Y si tomas un semestre sabático?".
"No todos tenemos padres tan benefactores para pagarnos eso, Tatara", rió Levy. "¿Cómo te va a ti?", el mayor sintió la necesidad de la peliceleste de cambiar de tema y decidió seguirle la corriente.
"Oh, no sé la verdad. Aún no termino los cursos requisito y para colmo entré a estadística para no dejar sola a Sayaka... ¡Pero, ya estoy llevando fotografía al menos!", comentó con una sonrisa y sacando de su bolso que llevaba cruzado la cámara que se había comprado. "Esta es mejor para grabar, pero también toma buenas fotos. Preferí comprarme este modelo porque en fin, mi vida se va a dedicar más a grabar cosas que a tomar fotos de todas maneras".
"¡Déjame ver!", Levy tomó la cámara de las manos del chico y la inspeccionó asombrada. "¡Anda! ¿Debo llamarte hipster ahora?".
"Nah, todavia me visto con ropa y no con harapos", ambos rieron.
"¿Y Sayaka? ¿Aún no pasa a facultad? ¿O planea seguir teatro?".
"La verdad no lo sé". Suspiró y justo en ese momento llegó la señorita con sus pedidos. Ambos sonrieron al ver que les habían dejado dos pequeñas galletas con cada una de sus bebidas y tomaron una. "Thing is, está asustada de sus papás y por eso no se cambia de carrera. Dice que está bien con tomar cursos y ya, pero sé que se muere por cambiarse. Además... Todos sabemos que derecho no es lo suyo".
"Nunca le he visto cara de abogada, srsly, tiene más cara de activista que meterán a la cárcel algún día".
"Algún día". Asintió y ambos tomaron de sus bebidas al mismo tiempo. "Pero yo creo que ambos ya hemos hablado demasiado, ya es problema de ella".
"Es cierto". Levy apoyó su rostro en una mano y se volteó a mirar la calle a través de la ventana que estaba a su derecha. Tatara hizo lo mismo, pero no vio nada fuera de lo normal. "¿Sabes algo de Misaki?". Ante esta pregunta tan repentina, el de cabellos castaños se quedó un poco sorprendido. Levy volteó a mirarle.
"La verdad no", admitió. Si bien Levy nunca había sido cercana a Misaki, sabía que la pregunta iba más que nada dirigida a cómo se encontraba Sayaka sobre el tema. "Desde que te conté esa vez que me llamó ya no he sabido nada. Tampoco nada de Saruhiko, aunque eso es normal, nunca fue muy sociable conmigo de todas maneras".
"Ya veo". Levy tomó un poco más de su chocolate. "Ya va a ser un año, ¿crees que la dejen en paz?".
"No creo que sea una cuestión de dejarla en paz... O sea, Misaki no ha estado detrás de ella desde hace tiempo y Horo-Horo es demasiado protector de Sayaka como para decirle algo o dejarle acercarse. Y bueno, Saruhiko debe seguir enojado con el resto de la humanidad como siempre. Pero como te digo, no es una cosa de dejar en paz a alguien, sino de aceptar y seguir adelante. Y madurar, supongo. Pero no creo que ese sea el caso". Levy puso una expresión de preocupación.
"¿Y cómo la ves a Sayaka?".
"Está haciendo lo mejor por olvidarlo todo al decir que ya no le importa... Solo espero que eso sea suficiente para ella, aunque nunca enfrentó la situación... No sé, no sé la verdad". Levy asintió y ambos se quedaron callados, dejando lugar a un inusual silencio incómodo entre los dos. A Tatara no le gustaba hablar de ese tema, aunque sabía que Levy lo hacía porque era amiga de la otra peliceleste y no quería verle mal. Aún así, tampoco quería darle más detalles y de cómo a veces veía aún a Sayaka con la mirada perdida en su habitación, enfocada en ciertos objetos que le hacían recordar a aquellos dos, aunque con la mente en otro lugar.

No, Sayaka aún no les había dejado ir por más que afirmara que sí. Aunque intentaba olvidar no dejaba de rascar la herida de vez en cuando. Los tres eran demasiado iguales, pero eso también era lo que los hacía más propensos a destruirse mutuamente, solía pensar Tatara.

En ese momento, sonó el celular de Levy y esta le pidió disculpas a Tatara para atender. Una vez que habló rápidamente, su rostro se encendió con emoción, asintió y dijo que iría en ese momento a un lugar.

"¡Perdona, Tatara! Me ha salido una entrevista".
"¿De trabajo?"
"¡Algo así!", rió. "Bueno, tengo que irme". Sacó de su monedero la cantidad exacta y la dejó sobre la mesa, Tatara aprovechó e hizo lo mismo para también irse. "En serio lamento no poder quedarme más, ¡pero hey! Dile a Sayaka para vernos uno de estos días. Los jueves son buenos para mí, ¿pueden ustedes?"
"Yo no tengo problema, pero le preguntaré a Sayaka de todas maneras", le sonrió. Ambos salieron de la tienda y se dieron un rápido abrazo. "¡Cuídate!".
"¡Tú también!".

Levy le dedicó una gran sonrisa y se fue corriendo a la parada de bus. Tatara se quedó mirándola extrañado, hacía muchísimo tiempo que no veía a Levy así de emocionada y feliz... Y dijo que no era una entrevista de trabajo exactamente. El mayor se hundió de hombros y metió sus manos en los bolsillos de su saco para dar la vuelta e irse en dirección contraria hacia el tren subterráneo, ya que así llegaría más rápido a su departamento compartido.

Fue en eso que pasó por una pequeña tienda y decidió comprar algunas cosas que faltaban, ya que Sayaka en un ataque de ansiedad por no saber quién era el tal Nakamura se había comido todo el cereal, el pan y la mantequilla... Pensando en eso, Tatara tomó una canastilla y se quedó ponderando en si habría llegado el tal Nakamura y si llegaría a verle antes de que se vaya... Después de todo se había vuelto una celebridad entre él y Sayaka por su ausencia en la vida de la última. Tal vez debía de comprar algo para la visita, entonces. Tatara se sonrió a sí mismo y decidió que no estaría de más comprar algunas galletas para compartir. Se dirigió entonces al pasillo de desayuno y llenó la canastilla con un bolso de pan integral, luego fue por su cereal favorito y cuando lo tomó, se puso a buscar las galletas...

"¿Tatara?", escuchó una voz detrás de él y cuando se volteó a ver quien era, casi se le cae la canastilla.
"¿S-Saruhiko?", preguntó sorprendido. El menor de cabellos negros le miró un poco sorprendido también, pero rápidamente recuperó su semblante serio que siempre le caracterizaba. Al ver que Tatara no decía nada más, no pudo evitar sonreír de lado y mirarle de mala manera.
"¿Cómo se encuentra Sayaka?".

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"¡¡NO SABES LO QUE ME PASÓ HOY!!"
"¡¡NO SABES LO QUE ME PASÓ HOY!!"

Sayaka y Tatara se miraron, aunque se sorprendieron por el otro. Mientras Sayaka lo había dicho con emoción, Tatara había llegado algo pálido y corriendo a decírselo.

"Dude, ¿qué fue?", le preguntó riendo. "Parece como si hubieras visto un fantasma".

Tatara pensó que eso sonaba demasiado irónico.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Cho on December 06, 2013, 11:43:00 PM
Hola chicas, me sorprende la rapidez con la que andan escribiendo. Shura, es una grata sorpresa verte por aquí, ya quiero ver qué tienes planeado. Prometo que me pondré al día pronto con todas~ *terminando temporada de exámenes*

Este es uno de mis fics de la versión pasada de DD, más que nada lo reposteo con algunas revisiones porque pienso seguir la historia de estos personajes. Ahora tengo que ponerme a trabajar en mi bishoujo (...) y en esos malditos icons *sucks at life* (...)


1

Eastwood era clásicamente conocida como la ciudad del desarrollo artístico, que abría las puertas al estrellato a aquellos que probaban ser tanto ambiciosos como dotados. En esa ciudad había gente muy rica y famosa y era un punto de encuentro para el arte y la música a nivel mundial, por lo cual se espera una gran presencia de industrias y renombrados institutos y disqueras. Sin embargo, como en el resto del mundo, uno en general no nacía con la corona en la cabeza y aunque las posibilidades de escalar hasta la cima estaban disponibles, uno nunca escalaba solo y conforme todos se acercaban a la cumbre, ya no había espacio en la ladera, y cada aspirante tenía que empujar a los demás para sobrevivir, al tratarse de empujar o ser empujado. La vida para la gran mayoría dependía de muchos factores y mucha lucha y cualquiera en la cima con una carrera reconocida y estable era alguien a quien admirar. Ese era el caso de la gran mayoría que, en Eastwood, apuntaban alto y no dejaban de esmerarse.

Pero ese no fue precisamente el destino de una de las pocas familias que casi se consideraría que tuvo una suerte única. Esa era la familia Clemens.

Vivían en los suburbios de la clase media, con una madre soltera que se encargaba de sus tres hijos y con las justas lograba mantener su hogar. Siempre tuvo grandes expectativas de sus pequeños y esperaba que se convirtieran en excelentes profesionales ni bien se graduaran de la universidad, pero la señora no veía cómo podría cubrir todos los gastos necesarios para sus hijos. Aun así, se mantenía optimista y les exigía que siempre estudiaran y se tomaran sus cometidos con seriedad. Esperaba que su hijo mayor fuera una persona reconocida y sacara adelante a sus hermanos menores, pese a que este no era la persona más disciplinada, pero nuevamente, se mantenía optimista.

La sorpresa llegó un día, con su hijo menor, quien en uno de sus impulsos pidió a su madre que le dejara participar en una audición, ya que una cadena famosa ubicada en esa ciudad estaba conduciendo audiciones para reunir a un cast de actores para una mini-serie, y él quería ver cómo le iría. La madre imaginó que no iría muy bien pero que sería una linda experiencia para su hijo, por lo cual le llevó pese a que el pequeño sólo tenía unos ocho años de edad en ese entonces. Él le sonrió y con el número 739 pegado en su camisa, asistió a la audición.

Poco después, sorprendentemente, el pequeño fue escogido de entre muchos para ser el niño protagonista de esa serie que empezó con una temporada de prueba, y que al ganar varias nominaciones y unos pocos premios, firmó contrato para dos temporadas más, así sucesivamente.

Todavía poco antes de terminar la grabación para la primera temporada, la hija del medio ya había encontrado fascinación en la música y la madre estuvo muy gustosa de conseguirle algún maestro, pero grande fue su sorpresa cuando su linda y delicada pequeña quiso tocar la batería. La madre intentó convencerle para cambiar de opinión, pero la pequeña no iba a ceder, y con el trabajo del menor sí pudo cumplirle ese capricho. Ella compró una batería y en la cochera de la casa la pequeña tocó incansablemente por mucho tiempo, cada vez escuchando más la música. Como una vez le preguntaron, ella se sentía como dicho instrumento, al pasar desapercibido por la mayoría y no tener una escala de tonos, pero ser fuerte, decisivo y muchas veces imprescindible, además de marcar fielmente el tempo de las canciones.

Cuando su hermano menor estuvo comenzando a filmar la segunda temporada, ella oyó unas noticias que le dieron un fuerte deja vu. Una banda que ella tenía entre sus favoritas se había separado hace no mucho tiempo, pero una integrante de dicha banda había hecho un contrato con una disquera importante para poder formar una nueva banda que tocaría con ella, y buscaba a miembros para esta.

Las audiciones se anunciaron y hubo una especificación que era vital; tenía que ser una chica en la adolescencia. Ella podría ser un poco pequeña en comparación con la mayoría de chicas que esperaron en largas filas a su alrededor, todas esperando una oportunidad, aparte de no considerarse ser tan ‘linda’ o ‘agradable’ como ellas, pero la seleccionaron una y otra vez, eliminatoria tras eliminatoria, y al final, fue aceptada como la baterista de la ahora banda de cuatro, incluyendo a la que había decidido formar el grupo en primer lugar.

Por ella y por el contrato con esa disquera tan reconocida, su grupo tuvo mucho alcance y buena propaganda, agarrando momentum con velocidad y volviéndose famoso en un abrir y cerrar de ojos. No sería el tipo de música que ella habría querido tocar, pero era un comienzo y admitía que el ambiente pese a ser algo agobiante a veces, también era cómodo.

Ese fue el concepto y los dos terminaron por llegar a la fama como si la fortuna les hubiera caído del cielo. La madre se maravilló con sus dos hijos y no tardaron en mudarse a una mansión en unas de las áreas más caras y prestigiosas de la ciudad.

En el presente, el menor todavía seguía con su programa, que tenía otras dos temporadas más decididas para el futuro y ya había planes para sacar una serie de películas por lo famosa que resultó ser la serie. Sin duda vivía un sueño y se llevaba muy bien con su elenco y co-actores, cada uno haciéndose un nombre, pero detalles sobre ellos era ya historia de otro día.

La hija estaba en la banda The Hearts y esta se había comercializado al punto de tener una marca de ropa y accesorios. También estaban presentes en algunas propagandas y sus canciones eran de las que se oían cada vez que uno prendía la radio. Muchas chicas adolescentes las admiraban como ídolos y gente de mayor edad las veían como plásticas y criticaba su música como demasiado comercial. Cada quien tenía su opinión, ambas muy contrariadas, como era de esperarse de una banda ‘boom’.

Y con eso se podría decir que todo estaba bien en esa próspera familia… y sí, en verdad que todo estaba bien hasta cierto punto, pero el hermano mayor se sentía dejado de lado. Él no tuvo esa suerte o visión como sus hermanos de levantarse y aprovechar una casi invisible oportunidad y aunque vivía de lo más cómodo por todo lo que ellos ganaban, no le sabía bien. Él también quería ser alguien importante y lograr algo con su vida. En ese aspecto, su madre ya no le exigía como antes. Por tener una situación tan fácil le dejó en claro que él era libre de seguir lo que quisiera con su vida y no tenía ataduras, así que si quería estudiar era libre de hacerlo, o y si quería apuntar a la fama también podía. Le gustaba esa libertad… pero oírlo de su familia le daba a entender que él no tenía propósito alguno ni expectativas. Eso llegaba a irritarle.



Esa es la simple historia de Sora Clemens, un chico con dos hermanos menores que lograron la fama a temprana edad, y que ahora también quería algo con su vida. A lo que apuntaba era tener su propia banda, una de rock, y no era como si no se estuviera preparando. Dentro del colegio privado (cortesía de sus hermanos) tenía a dos buenos amigos con quienes se hablaba y practicaba a veces en su casa. En pleno descanso de las clases, estaba con ellos bajo el árbol de siempre, para tomar el refrigerio.

“Hm, ya está,” una chica de cabellos marrones con un listón rojo atando sus cabellos sirvió el té para sus dos amigos. “El té está listo, disfrútenlo.”
“Muchas gracias, Reimu,” dijo el otro chico, un peliblanco, sonriendo amablemente. Él y Sora tomaron un sorbo y mientras el peliblanco sonrió, Sora casi escupe el té.
“¿De nuevo sin azúcar?” preguntó Sora, no comprendiendo. Ella le miró severamente.
“Deberías acostumbrarte. El azúcar opaca el sabor natural de la infusión,” dijo ella. Luego de explicarse, volvió a sonreír y miró hacia arriba, al sol colándose entre las hojas. “Ah, el día está agradable. Seguro que algo bueno ocurrirá hoy. ¿Qué piensas, Ryo?”
“No lo sé, pero espero que tengas razón,” contestó él, con simpleza.

Ellos dos eran amigos de Sora desde que fueron admitidos a ese colegio con becas, ya que ninguno de los dos podría pagar el costo de tener que hacerlo. Ryo era excelente en las materias y por sus notas sus maestros siempre consideraban que podría irle bien estudiando en el extranjero ni bien se graduara. Reimu también tenía notas por encima del promedio, pero su beca era por deportes, mostrándose excelente en la gran mayoría y pertenecía a varios clubs y equipos, teniendo su día muy ocupado, pero ella rara vez se mostraba saturada o cansada, enseñando la determinación y resistencia digna de una verdadera atleta. Los dos trabajaban muy duro pero con gusto personal y estaba asegurado que tendrían futuros brillantes si seguían así. Sora lo entendía bien, además que la ‘banda’ que tenía con ellos era incierta, porque ellos iban a participar en esta mientras esos tranquilos y libres días de colegio continuaran, y si la banda no llegaba a un nivel reconocedor para cuando la graduación llegara, era claro que ellos dos seguirían con sus metas, dejándole atrás. Sora no podía pedirles que dejaran sus caminos de lado. A diferencia de él, ellos no tenían la vida regalada.

“Tenemos que apurarnos, chicos,” Reimu levantó un dedo para hacer su punto, sonriendo simpáticamente. “Se viene un examen en la próxima hora. Hay que repasar un poco.”
“Ah, cierto,” Sora se frustró por recién acordarse, pero al menos contaba con esos dos. “Espero que ese profesor no me vaya a jalar.”
“No estás tan mal, no seas pesimista,” Ryo sonrió. “Puedes animarte recordando que después de clases vamos al centro comercial a buscar una nueva banda para tu guitarra.”
“P-pues sin duda,” Reimu sonrió incómoda. “Pero creo que es mejor recordarle algo así después de estudiar, si no no se concentrará.”
“Ten un poco de fe en mí, Reimu. No soy un random youkai que amenaza con traer caos al mundo o algo.”
“¿De dónde salió eso?”
“No es nada,” Sora sonrió. Al menos, ese par de amigos probaban animarle cada vez. “Sí, tendremos que esforzarnos mucho. No me quedaré atrás.”

Era una tarde normal, y tenía en mente pensar más en su banda, a ver si podía lograr algo con sus amigos con quienes con las justas practicaba en un estudio en su casa. No eran conocidos y no estaban desarrollando más canciones. Entonces, se iba a mover, y por tratarse de estar en Eastwood, saldría de su tranquila y aislada vida para conocer a gente del medio que le podría ayudar.

Y con esa decisión personal, se encaminó en un sendero donde todo tipo de personas le esperaban, y le iban a hacer entender que sin la ayuda de la fortuna, sería mucho más difícil de lo que podría haber imaginado.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Kana on December 09, 2013, 12:00:09 AM
Edit. Era horrible este fic y no sé como borrar post D:
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Isumi on December 09, 2013, 04:02:28 PM
Igual que Cho, reposteo fics de la versión pasada xD -que solo eran dos- con un poco de revisión y pequeños cambios y esta vez con icons! yey me : D
Prometo que cuando tenga un poco de tiempo libre me pongo a leer y comentar sus ficcus ;w; me alegra que el proyecto no solo haya revivido si no que más gente se haya unido <3 yey DD

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Track 00: [GAINAX] Prólogo.

Sentada en frente de una computadora, con la mano en el Mouse, auriculares, ojos cerrados y en el monitor reproduciendo un video de youtube, una chica que no aparentaba más de doce o trece años, no dejaba de producir un ritmo con sus uñas golpeando el Mouse. Cualquiera que la viera pensaría enseguida que estaba escuchando música y repitiendo el ritmo que escuchaba, pero para sus compañeros era siempre un misterio lo que se encontraba haciendo Tsubasa cada vez que se ponía encima los auriculares y cerraba los ojos mientras escuchaba música.

-¿Qué estás haciendo esta vez, Tsubasa?- Una chica que aparentaba una edad mayor de la anterior, con cabello largo y cobrizo y una expresión aburrida, se acercó a la ‘niña’ en frente de la computadora.
-Lo que tú deberías estar haciendo.- Respondió la mencionada, que a pesar de tener los auriculares en cada oreja, pudo escucharla perfectamente.
-Tsk.- Irritada la chica se alejó y se fue a sentar a un sofá donde otras dos personas la esperaban con una respuesta.
-De ti no logramos sacar nunca nada…- Dijo el chico del grupo suspirando. Él se encontraba prácticamente tirado en el sofá con los brazos estirados y mirando hacia el techo. –Mamimi, te toca.-
-Kamina está hoy muy vago.- Dijo la chica de cabello corto antes de levantarse y dirigirse a cumplir la misión que la anterior había fallado.
-Intento hacer un ritmo distinto respecto al de la canción que estoy escuchando de modo que mis oídos se acostumbren a escuchar y reproducir ritmos distintos a la vez.-
-Eso dijo.- Dijo Mamimi sonriendo con los ojos cerrados y mostrando todos sus dientes mientras sus dedos hacían la pose de la victoria. –Tsubasa quiere más a Mamimi, deberías aprender de mi.- Dijo dirigiéndose a la persona que había fallado en recolectar información mientras procedía a sentarse junto a ella.
-¿Sí? Pues ‘Asuka’ tiene más sentido de la música que tú.-
-Ya ya, no peleen.- El ‘vago’ se levantó del sofá y cruzó los brazos con la mirada bien fija en Tsubasa. –¡Nuestra niña prodigio perforará el mundo de la música con su batería!-
-No sé si recuerdas que tengo más años que Asuka.- Dijo Tsubasa finalmente mostrando su rostro. –Además, que sea prodigio no significa que sea la única que deba trabajar aquí. ¿Qué demonios es este cuarto oscuro? Ni que tuviéramos que pagar tanto de luz como para no permitirnos al menos poder vernos en la cara.-
-Pues de hecho…- Comenzó Kamina. –El mes pasado llegamos al límite de deudas, al pagarlas todas nos quedamos sin dinero, por eso estamos gastando lo menos posible.- Dijo con una sonrisa orgullosa como si hubiese algo de lo que estar orgulloso en lo que acababa de decir.
-Qué demonios… ¿y la comida?-
-No hay.- Se quejó Asuka.
-¿QUÉ?- Tsubasa procedió a apagar la computadora sin siquiera salvar lo que había estado haciendo.
-¡Oye no! ¡El sintetizador!- Dijo Mamimi pero era demasiado tarde.
-¿Y ustedes aquí perdiendo el tiempo viéndome a mi como gasto más electricidad? ¡Salgan a buscar trabajo!-
-¡Oye niña!- Saltó enseguida Kamina. –¡Tú no puedes mandar a un hom—!-
-¡FUERA!-

Y fue así como los tres integrantes del grupo Gainax comenzaron a buscar un trabajo part time para poder al menos comprar un pedazo de pan.
-Hmm.- Ya afuera de aquel pequeño departamento, Mamimi comenzó a pensar en algo. –Me olvidé el reloj ¿qué hora es?-
-¿Cómo puedes olivarte del reloj?- Preguntó Asuka. Obviamente que si es un reloj de pulso sería imposible olvidárselo a menos que no te lo hayas puesto en todo el día. Pero como ya era bastante tarde…
-Mamimi no tiene reloj.- Le respondió Kamina. –Qué hora es, discípula.-
-¿Eh? Par de irresponsables. Son las cinco y cuarto de la tarde y no soy tu discípula.-
-Entonces hago a tiempo para ir caminando. Mamimi se va a trabajar, ¡nos vemos!-
-¿Qué?- Preguntó Kamina al ver a la chica irse así sin más. -¿Mamimi tenía trabajo?-
-Sí, y yo también. De hecho ya estoy tarde pero como donde trabajo son una sarta de pervertidos, no creo que me hagan mucha historia. Adiós.-
-…-

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Y fue así como Kamina fue dejado solo en medio de una multitud de personas que lo observaban por su particular atuendo que dejaba ver sus bien esculpidos músculos y abdominales.

-El mundo es injusto.- Dijo con una pose dramática y exagerada.
-A quién lo dices.-
Una chica de cabello celeste claro que pasaba por allí sosteniendo un violín en sus manos lo escuchó por pura casualidad y no pudo evitar responderle.
-¡TÚ!- Pero Kamina no la dejaría ir así como así. -¡No te muevas!-
Siguiendo sus órdenes la chica se detuvo. No porque estuviese asustada ni nada por el estilo, muy probablemente lo había hecho solo porque se dio cuenta que sus pensamientos fueron expresados por su boca involuntariamente.
-Dime tu nombre.- Dijo como siempre con su actitud de mandón.
-Ha—li..ne...i…ra.- Dijo con dificultad, obviamente intentando inventarse un nombre al momento.
-Ha, Lineira. Hmm, nombre extraño. Tan extraño como su dueña.-
-…- Prefirió no corregirlo, ya que después de todo no era un nombre verdadero.
-¡Lineira! ¡Ven conmigo!- Dijo aferrándole la mano.
-¡No!- La chica se soltó de un golpe. –No te conozco ¿quién demonios eres?-
-Tienes razón. Ya te presentaste así que es mi turno presentarme… mi nombre, muchos lo conocen, pero muy pocas personas me han visto jamás…-
-…-
-¡Yo soy el gran—!-
-¡KAMINA, VE A BUSCAR TRABAJO DE UNA VEZ!- Gritó Tsubasa desde la ventana arruinándole su momento de presentación.
-…-

Y fue así como…

-¡ESPERA!-
-¿A quién?-
-¿Eres una artista callejera, verdad?- Preguntó Kamina ignorando sea a Tsubasa que a mi narración.
-Ehm… ¿si?-
-¡Entonces perfecto! Ven conmigo.- Esta vez sin agarrarla de la mano, Kamina se fue hacia la dirección opuesta a la que la chica estaba yendo antes.
-… ¿Debería seguirlo?- En la mente de aquella chica había cierta confusión. No todos los días te encontrabas con un personaje tan excéntrico como Kamina. Son personas que bien pueden dar vuelta tu mundo sea para bien que para mal. Ella, estando en una situación que requiere cambios, probablemente se preguntó si aquella sería la oportunidad de su vida. Pero al ser también una persona bastante conservadora y concentrada en sus metas, le resultaba difícil seguir su instinto así como así, ya que siempre terminaba pensando las cosas más de dos veces.
El problema aquí era que Kamina ya se había alejado demasiado como para ver donde se encontraba, por lo tanto la decisión a tomar ahora se modificaba en: ¿quedarme aquí y seguir con mi vida o salir corriendo a seguir un perfecto extraño que no tengo idea de donde me podría llevar y que claramente está en búsqueda de trabajo pero como conoce a una niña tan pequeña que probablemente es alguna pariente o algo así es probable que sea una buena persona y no alguien con malas intenciones que podría traer solo más desesperación a mi pobre vida que nada bueno hasta ahora ha pasado en ella?
Y mientras yo describía sus pensamientos, la desconocida chica procedió a correr tras aquel joven de nombre Kamina, una persona que lograba que cualquier bicho lo siguiera.


Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Isumi on December 09, 2013, 04:06:18 PM
Doble post para no ponerlos los dos juntos, tendría que haber hecho los icons del grupo S.O.S. pero no tengo tiempo/ganas/tengo sueño y aun no vi OUAT (?)

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Track 01 [GAINAX]: Canta per me.

-ESPERA un segundo.- Después de haber corrido lo suficiente como para alcanzarlo, aquella chica de nombre aún desconocido pero que se hacía llamar Lineira Ha, se detuvo para tomar aire.
-¿Qué es esa poca energía? ¡Nunca llegarás a ser un músico profesional si no puedes correr por cinco cuadras seguidas!-
-Lo sorprendente es que te parezca poco…- Decía mientras respiraba con dificultad. –Oye ¿dónde me estás llevando?-
-A donde la música nos guíe.- Respondió mirando al horizonte, a pesar de que no hubiese mucho horizonte con el cual representar una escena dramática.
-¿Eh…?- Por supuesto, aquella chica se había quedado de madera como yo.
-En este mundo hay muchos tipos de músicos y de música. Pero a veces los músicos no tocan el tipo de música que deberían ¿y sabes por qué es eso?-
-… ¿por la música comercial?-
-…-
-…-
-Es por la música comercial.-
-Sí, lo acabo de deci—
-¿Sabes cuántos músicos no tocan la música que deberían?-
-No.-
-Yo tampoco.-
-…- Y entonces, Lineira se dio cuenta de que Kamina se había olvidado el punto de la conversación y esperó a que lo recordara sin decir nada.
Unos minutos después. –El punto es ¿tú qué música tocas? Con ese violín.-
-Lo que salga de adentro.- Y esta fue una respuesta que Kamina no habría esperado.
-¿Eso significa que inventas música? ¿Creas tus propias melodías?-
-Pero luego las olvido.- Decía ella mientras se preguntaba la razón por la cual debería contarle esas cosas a un extraño.
-¿Sabes leer partituras?- Seguía Kamina con su cuestionario.
-No, nunca me enseñaron.-
-¿Entonces las canciones que conoces las sacas a oído?-
-Oye ¿a qué viene toda esta interrogación?-
-Responde.- La seriedad del chico ya la había incomodado, más que nada porque hace un momento tenía una expresión mucho más alegre.
-Eh… sí.-
-¡Entonces, mujer, nos parecemos más de lo que tu crees!- Probablemente eso era a lo que ella no quería llegar.
La chica se quedó tan atontada que no supo ni qué decir. Además del cabello de un color similar, nunca habría pensado que tenía algo en común con un hombre como Kamina.
-¿Qué me dices de robarle el escenario a alguien?-
-… ¿QUÉ?- Y esa fue la primera vez que aquella chica alzó su voz.
-Oh, mira que si puedes hablar como se debe.- Decía haciendo referencia al hecho de que ella hablaba tan bajo que era difícil escucharla. -¿Ves hacia allí? En esa secundaria está en curso el festival cultural. Muy probablemente haya grupos tocando música comercial para atraer la atención del público. ¿No sería interesante un dúo de guitarra y violín?-
-Enserio no tengo idea de lo que estás hablando.-
-No hace falta ¡ven!- Y de nuevo se puso a correr, esta vez con una dirección precisa.
-Realmente se dirige hacia donde está la música.- Pensó la chica mientras comenzaba a seguirlo a paso de tortuga.

Unos minutos después, habían llegado a aquella escuela. Estaba repleta de gente, por todos lados había mini tiendas vendiendo comida en la entrada, mientras que por dentro, cada salón estaba decorado con una temática diferente. Cosas como casa embrujada, maid café, entre otros, eran los más populares. Pero Kamina no perdió el tiempo en cosas triviales ya vistas y fue directo al gimnasio, que es donde suelen hacer las representaciones teatrales o musicales.

-¿Alguna vez escuchaste la frase “No es suficiente triunfar, otros deben fracasar.”?-
-Me pregunto si aquel será su moto.- Pensó ella. -¿Y cómo se supone que quitándole el escenario a unos niños de secundaria sea un triunfo para nosotros y un fracaso para ellos? Nadie se vuelve famoso por este tipo de cosas.-
-En eso estás equivocada.-
-Me pregunto en qué estaré equivocada.- Siguió con su diálogo mental.
-Gracias a fuentes, me he enterado que justo en esta escuela, justo este día, entre el público se encontraría un buscador de talentos. Por supuesto lo que ellos buscan es típica música comercial y chicas bonitas, pero nosotros les daremos originalidad.- Decía con toda seguridad de que ella ya había aceptado.
-¿Me acaba de decir que no soy bonita…?-
En ese momento, un grupo compuesto de cuatro chicas había subido al escenario. Todas estaban vestidas de modo extravagante. La que se había sentado en el puesto de la batería, llevaba un vestido elegante, como si fuera una princesa. Una de las guitarristas tenía puesto un traje de bruja, y la bajista un traje que se podría considerar típico de una ‘chica mágica’. Pero la que más llamó la atención, fue la segunda guitarrista y cantante, quien llevaba un traje de conejita marrón que hacía notar bien su hermosa figura.
Aquella chica tomó el micrófono y comenzó a decir unas palabras.

-¡Nosotras somos las S.O.S.!- Con solo haber dicho esa frase, la mayoría del público se puso a gritar de la emoción. Al parecer eran populares en la escuela.

-Son lo que aquel hombre está buscando.- Dijo Kamina con una sonrisa marcada en su rostro mientras dirigía su mirada al buscador de talentos.
-Ya lo encontró…- Pensaba su compañera.

-A gran petición del público, ¡este año tocaremos dos canciones!-
-Una de las cuales será nuestra.-
-¿Planeas robarle el escenario a estas chicas?- Preguntó ella algo alterada.
-Justamente porque son estas chicas, debemos robarle el escenario.- Cada vez entendía menos el modo de pensar de aquel hombre.

Luego de que el mini discurso de la cantante principal terminara, comenzó la música (http://www.youtube.com/watch?v=JrFhGkIehCg).


Unos segundos después de que comenzaran, el comentario de Kamina no se hizo esperar.
-No son nada mal, eh.-
-Pensaba que irías a decir otra cosa.-
-Probablemente este sea el camino que deben de tomar ellas. Tienen estilo.-
-…Si tú lo dices. Y por cierto, ¿cómo planeas quitarles el escena…?
Sin poder terminar la frase, ‘Lineira’ vio a Kamina que se encontraba al lado de una palanca que aparentaba ser un interruptor de la electricidad.
-Pero sin electricidad, nadie va a poder vernos, no serviría de nada.-
-No hace falta que nos vean, si no que nos escuchen.- Y con esas palabras, terminada la primera y al parecer última canción que las S.O.S. irían a tocar aquella tarde, Kamina bajó la palanca y todas las luces desaparecieron.
Enseguida tomó a la chica de cabellos celestes de la muñeca y la llevó al escenario, ella aun, sin haberle confirmado si quería o no hacer lo que él se proponía.
A todo esto, ‘Lineira’ se dio cuenta de que Kamina no tenía una guitarra, por lo que intentó decírselo pero él no la escuchó por todo el ruido que estaba haciendo el público en pánico.
Entonces, mientras algunos fueron a abrir las puertas del gimnasio para que hubiera luz, Kamina se paró enfrente de la cantante de S.O.S. quien se quedó mirándolo algo atontada por la situación.
-Niña conejo ¿dónde hay una guitarra acústica por aquí?-
-¿Eh? ¿Quién eres tú?-
Pero entonces, la chica vestida de bruja, le dio a Kamina lo que estaba buscando, -Ten.- Le dijo sin esforzarse mucho en escoger las palabras.
-¡Genial!- Dijo Kamina emocionado, pero a diferencia de él, Lineira miró toda la escena con una expresión sorprendida y asustada a la vez.
-¿Acaso se conocen y él preparó todo de antemano? Pero él no podía saber que…
-Muchas gracias brujita. Tu traje no te traiciona ¿eh?-
-ESPERA un segundo.- Dijo Lineira por segunda vez en este capítulo, haciéndome preguntar por qué no lo dijo más veces. –Yo aún no…-
Pero sin dejarle terminar, Kamina pegó un tremendo grito que logró escucharse en todo el gimnasio haciendo que todos se callaran. Aunque probablemente lo que el público pensó, fue que alguien había sido asesinado, y no que unos segundos después empezaría a escucharse el sonido de una guitarra tocando una canción (http://www.youtube.com/watch?v=8nfl_0VXMZs).

Apenas comenzó a escuchar ese ritmo, Lineira entendió enseguida de que canción se trataba, después de todo, era de su compositora preferida. Y a la vez, era su mayor sueño.

-Canta per me.-

Todo el mundo se quedó callado de nuevo. Pero no era el mismo silencio de antes, era un silencio más profundo. La gente estaba tan concentrada en escuchar aquel dúo que a muchos les costaba incluso respirar. La mayoría estaban probablemente confundidos por el grito anterior y la música que comenzaba a escucharse ahora, que, por decirlo simplemente, no tenían relación alguna para el público. El sonido no era el mejor después de todo, pero a medida que la guitarra de Kamina ‘subía’ el volumen, lo mismo intentaba hacer la violinista para que su violín no fuera a pasar a ser un sonido de fondo.
Canta per me. Era una canción de las preferidas de aquella chica. Muchas veces la prácticaba sola en su casa o en algún parque. Pero luego de un tiempo había dejado de hacerlo. La razón era simple: Canta per me –canta para mi- era sin duda una canción que debía de ser interpretada por más de una persona. Al no tener prácticamente amigos, o al menos el coraje de pedirle a alguien que tocara o cantara aquella canción con ella, Lineira había dejado de tocarla, rindiéndose al hecho de que estaría siempre sola. Y que nadie cantaría para ella esa canción.
Pero ahora se encontraba en un escenario, que quizás no sería el lugar más famoso del mundo, junto con un desconocido que por pura casualidad conocía la misma canción y por pura casualidad comenzó a tocarla sin haberle hecho ni una pregunta.

¿Cómo era posible? ¿Cómo pudo saberlo? Era como si Kamina hubiese leído, no en la mente, si no en el corazón de aquella chica. Y no solo leído, había ido a buscar en lo más profundo una canción que ella había enterrado hacía mucho tiempo. Una canción que, por primera vez, lograba tocar con felicidad y pasión.

Y quién se lo habría imaginado. Realmente eran dos personas muy parecidas.
Unidas por una sola canción, creando una relación gracias a una sola canción. Esas dos personas que hacía un momento no se conocían, estaban tocando juntos como si hubiesen ensayado por meses.

Se podría decir que Kamina logró hacer sonreír a aquella chica por primera vez después de mucho, muchísimo tiempo.


[…]


La canción había terminado. Por un momento no había más que silencio, pero unos segundos después, se escuchó la primera persona aplaudiendo.
Lo más sorprendente era que aquella persona no se encontraba en el público, si no en el escenario. La cantante de S.O.S. aplaudía con toda su fuerza a esos dos músicos que le habían robado el escenario.
Un poco después comenzaron a aplaudir todos poco a poco y las luces volvieron.
Junto al interruptor había alguien, ya desde hace un rato, que había entendido toda la situación.
-Gran modo de buscar trabajo, Kamina.- Decía Tsubasa para si misma mientras se iba luego de haber literalmente brindado la luz para que todos pudieran ver los autores de tal melodía.

-G-gracias.- Dijo la peliceleste luego de haber vuelto a su expresión habitual.
-No hay de qué.- Le respondió él levantándose y dejando la guitarra apoyada en una silla. –Te dije que sería espectacular.-
-¿Lo hizo?- No, no lo había hecho. –Por cierto, mi nombre es Hysa. Lamento haberte mentido.-
-…- Por primera vez, el rostro de Kamina pasó a ser uno más sorprendido. Probablemente preguntándose qué habría llevado a esa chica a inventarse un nombre.
A lo cual no le dio mucha importancia. Segundos después, solo se rió tomándola nuevamente de la muñeca y arrastrándola fuera del escenario.
-De no haber sido por Tsubasa, yo también te habría dado un nombre falso hahaha.- Decía riéndose mientras salían del gimnasio, olvidándose completamente del buscador de talentos.
Ya que, después de todo, ambos acababan de encontrar el talento en el otro.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Puri on December 10, 2013, 07:09:28 PM
can't stop, won't stop

La única aclaración que creo que debo hacer es que como Ueda ha tenido demasiadas fases de cabello (...) usaré su look del 2006 solo en este fic :> para luego seguir con los looks de Ueda-hime y finalmente de Ueda-ouji-sama (!?) al menos en mi fic ya eso luego cobrará sentido quiero creer que sí





(http://i43.tinypic.com/npjnf5.png) (http://i44.tinypic.com/2iqidjc.png) (http://i42.tinypic.com/24f0emx.png) (http://i40.tinypic.com/2d6w0au.png) (http://i40.tinypic.com/21mayhe.png) (http://i39.tinypic.com/2zi69hl.png)
(En orden de aparición en el fic)

"¡Terminamos por hoy día!", anunció el coreógrafo comenzando una ronda de aplausos que siguieron el resto de los backdancers y empleados que se encontraban en el gimnasio, y finalmente los chicos presentes. "¡Gracias por el buen trabajo!"

"¡Gracias por el buen trabajo!", respondieron los seis, cansados y recuperando el aliento, ya que habían estado bailando por casi tres horas seguidas. Pronto estrenarían su próxima canción y por ello la fecha de la grabación del video musical se acercaba, teniéndolos a los seis encerrados casi todo el tiempo en el gimnasio de la agencia.

Un empleado se le acercó a Yuichi con una botella de agua helada y una toalla, agradeciéndole por el trabajo. Yuichi sonrió levemente e hizo una pequeña reverencia, aceptando lo que le ofrecían y abriendo rápidamente la botella, ya que su garganta estaba demasiado seca desde el descanso de hacía una hora. Tomó un largo trago, pero este se vio interrumpido cuando alguien se le puso en frente con el ceño fruncido. Yuichi lloró internamente, tener a un Kazuya Kamenashi molesto antes de comer nunca era un buen presagio.

"¿Por qué estuviste tan desconcentrado durante el ensayo?", posó sus manos en ambas caderas y siguió reprimiéndole. "Nos queda una semana y media para grabar el video, no puedes estar así". Yuichi se quedó pensando por unos instantes que Kame apenas tenía 21 años y podría exigirle respeto por ser mayor que él, pero decidió no hacerlo. A final de cuentas, el otro estaba en lo correcto.
"Perdona, he tenido la cabeza en cosas de la universidad". Que no era del todo una mentira... Pero en fin.
"Yucchi ha de haber estado pensando en todas las chicas con las que tiene oportunidad de gilear, pero que no puede", comentó Tatsuya en voz alta, con una sonrisa en los labios y acercándose donde ellos, posando su brazo en el hombro de Yuichi y sonriéndole a Kame, intentando romper la tensión. Yuichi no sabía si agradecerle o golpearle, ya que sentía sus mejillas acaloradas.
"Sabes que a la universidad se va a estudiar, ¿o no?".
"Así como al ensayo se viene a ensayar", replicó Kame, que no se había inmutado ante el comentario de Tatsuya. Este simplemente se encogió de hombros y sacó su brazo de esa posición, ya que su intención había fracasado.
"En verdad lo lamento, Kame", respondió Yuichi con un suspiro. Kame le caía muy bien y después de Tatsuya era con el que mejor se llevaba, pero eso no le quitaba lo workaholic que era. El menor simplemente suspiró con resignación y asintió, yéndose hacia el camerino, por donde los demás se habían ido. Eso dejó a Yuichi y a Tatsuya solos.
"Vaya, Kame está madurando. Finalmente te gritó a ti por tu error y no vino a buscarme pelea", comentó Tatsuya cruzándose de brazos y poniendo un gesto en la cara de falsa admiración por donde se había ido el integrante más joven de la banda.
"¿Llegará el día en que nos olvidemos de eso?", Yuichi rodó los ojos y Tatsuya rió levemente, ya que le encantaba fastidiarlo.
"Creo que él jamás olvidará el puñetazo que recibió por tu culpa". Yuichi le miró con ganas de asesinarlo y el otro supo que ya era tiempo de parar. "Ya, la paro". El mayor suspiró y se encaminó hacia el camerino por sus cosas, con Tatsuya siguiéndole por detrás. "Pero ya en serio, ¿qué pasó? ¿En serio son cosas de la universidad?".
"Uh... No exactamente. O sea, sí, pero tiene más que ver con alguien que con la universidad en sí".

Tatsuya se lo quedó mirando sorprendido, hasta donde él tenía entendido, Yuichi no tenía ningún conocido en la universidad. En eso, el beatboxer del grupo entró al camerino y cortaron la conversación, para que Kame no les escuchase. Tatsuya se dirigió rápidamente al rincón donde se encontraban sus cosas y rebuscó en su mochila hasta encontrar el manga que se había traído, sentándose en el sofá que estaba en ese mismo lugar y sacándose los zapatos con los pies, sumergiéndose en su mundo. Yuichi, por su lado, se fue a donde estaba su mochila, aunque se quedó pensando en lo rara que era su amistad con el otro en el sentido que no tenían que decirse nada para entender qué debían hacer... O sea, no había tenido que decirle a Tatsuya que se callara o algo, sino que este se fue por su propia cuenta y dejó de hablar para que no les descubrieran. En fin...

"Oye, Yucchi", se volteó a su izquierda al escuchar la voz de Jin, aunque en su tono y mirada pudo entrever que se encontraba con todas las ganas de fastidiarlo. Lamentablemente, Kame no se encontraba en buen modo para defenderlo, ya que era el único al que Jin le hacía caso; y lo peor de todo es que a Tatsuya le parecían hilarantes las bromas de Jin, así que no se metería. Decidió entonces no dejarse amilanar y seguirle el juego para que se quedara satisfecho. "Estás en mi sitio", le dijo cruzándose de brazos.
"Oh", respondió con falsa sorpresa. "Discúlpame", hizo una reverencia rápida y procedió a sentarse en el lugar que había señalado Jin con la mirada, sonriéndole. Jin intentó contener la risa.
"¿Por qué te disculpas si te vas a sentar en mi sitio?".
"Me disculpo por tener que lidiar con un idiota como tú", le respondió con la mayor neutralidad que pudo y se escuchó la fuerte risa de Tatsuya, seguida por la de Koki. Incluso pudo ver que Kame sonreía. Jin no pudo evitarlo y se rió, aunque mantuvo la postura. Yuichi sonrió, al parecer hoy día el cantante principal de la banda se encontraba en un ánimo generoso y no lo jodería como usual, sino se limitaría a un simple juego.
"Tienes razón, soy demasiado idiota como para no darme cuenta que el espejo de este lado tiene una hendidura especial para tu nariz", respondió sonriéndole de lado y Yuichi quizo asesinarle cuando escuchó a Tatsuya retorciéndose de la risa y a Junno uniéndosele, después de haberse sacado los audífonos de su MP3 al ver lo que pasaba.
"Sí, demasiado idiota como para no verlo", murmuró y fue ahí que Kame se volteó.
"¡Jin!", le llamó y el otro dejó de reírse para prestarle atención. "¡Creo que Yamapi te ha enviado un mensaje, tu celular está vibrando!", al escuchar el nombre de su mejor amigo, Jin se olvidó por completo de Yuichi y se fue a ver si era verdad. Kame le dedicó una sonrisa apologética y el mayor del grupo se alegró de que el otro se había apiadado de él tras ese comentario.

En serio, en qué momento creyó que sería buena idea no retirarse de esa unidad de backdancers cuando pudo, esa unidad de backdancers que ahora se llamaban KAT-TUN. Suspiró, en serio, ni siquiera debió de haber aplicado a la agencia, además que su nariz era enorme, Johnny estaba equivocado en la audición cuando le dijo que se veía mejor que el resto...

Su celular vibró y vio que era un mensaje de Tatsuya. Le miró por reojo en el espejo y vio que el otro ya se había sumergido de vuelta en su manga, sin prestarle la más mínima atención. Presionó entonces para leer:

"Yucchi, Yucchi, ¿vamos a almorzar? ( ゚▽゚)/
¡Han abierto un nuevo sitio de comida china a cuatro cuadras del Hardrock Café! ( ˘▽˘)っ♨
Ahí podremos hablar de la chica que te gusta, ¿qué dices? O(≧▽≦)O
Por cierto, mi carro sigue en reparaciones, ¿me llevas?" (*´・ω・)(・ω・`*)


Yuichi sabía que si empezaba a negar que Sayaka le gustaba, Tatsuya no haría más que joderlo. No era que la chica no fuera linda, pero apenas la conocía... Igual eso no sería excusa para el otro. Suspiró y tipeó rápidamente una respuesta afirmativa, aunque después de haberle enviado la confirmación, una duda asaltó su cabeza...

"¡Oye!", gritó volteándose hacia Tatsuya y todos le miraron. "¿Trajiste tu billetera?". El otro rió para sí y Yuichi quizo morir.
"¿Para qué? Si Yucchi ya confirmó que me llevará a comer comida china :>"

Yuichi Nakamaru, de 24 años, evalúa dejar la banda a la que pertenece, KAT-TUN, para dedicarse a asesinar a cada uno de sus integrantes.





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Se metieron ambos en el carro, se abrocharon los cinturones de seguridad, Tatsuya se lo volvió a desabrochar para meterse atrás y sacar a la fuerza a Koki que se había metido para que lo llevaran de paso, Yuichi suspiró, Tatsuya volvió a ponerse el cinturón de seguridad, sonó el celular de Yuichi, ambos gruñeron, Yuichi se disculpó mil y una vez con su mánager por haber cancelado la entrevista con una revista de idols, Tatsuya rió, Yuichi gruñó y después de quince minutos salieron del estacionamiento de la agencia.

Mientras Yuichi conducía, Tatsuya se fijó rápidamente en las esquinas a ver si es que había alguna fan loca. El mes pasado un integrante de otro de los grupos de la agencia había tenido un problema enorme cuando una loca se había lanzado al auto para detenerlo y casi termina arrollándola. Por suerte, dos agentes de seguridad de la agencia se encontraban en la zona tomando su descanso y acudieron a socorrer a la chica, además de alejarla del lugar asegurándole que esa era la salida de los empleados y no de los cantantes, ya que si alguien se enteraba que esa era la verdadera salida de ellos, sus vidas no se arruinarían, pero serían un poco más amargas.

"No, ninguna fan enamorada", comentó sarcásticamente y Yuichi rió, acelerando. Aunque todos los idols contaban con lunas polarizadas, igual agradecía que Tatsuya se fijara en esas cosas.
"Ok, tú dirige el camino", le respondió una vez que llegó a la avenida principal y el de cabellos oscuros se quedó observando el lugar hasta ubicarse. Fue ahí que empezó a dirigir a Yuichi y después de unos minutos, finalmente aparcaron fuera del lugar.

"¿En serio vas a usar una peluca aquí? Es un lugar nuevo, no creo que haya nadie conocido aquí". Tatsuya le ignoró y siguió rebuscando en su bolso.
"Suficiente con tener que lidiar con las personas que tengo que lidiar, no me arriesgaré a que algún desconocido me hable".

Mientras Tatsuya veía que usar, Yuichi se quedó pensando en ello. A decir verdad, cuando se conocieron de jóvenes, mucho antes de que KAT-TUN siquiera fuese una idea, Tatsuya siempre había sido una persona reacia al trato con otros, incluso ahora lo era, aunque se olvidaba de ello por lo bien que se llevaban y por ser mejores amigos. Aún así, el menor seguía dispuesto a evadir la interacción social como sea posible, aunque irónicamente fuese un idol. De hecho, nunca entendió bien cómo es que había acabado como idol, cuando su personalidad no era una que se adaptase bien al tipo de atenciones que recibían como tales...

"¡Tierra a Yucchi!", le gritó con leve enojo. Yuichi parpadeó.
"Ah, disculpa, ¿qué?"
"¿Cuál he usado menos? ¿La marrón o la rubia?".
"La rubia, pero es fácil reconocerte con esa. ¿Acaso no recuerdas cuando te teñiste--?"
"ERA UNA FASE, OKAY", respondió ofuscado y con un leve sonrojo por la vergüenza. Odiaba que le recordaran su fase de Gackt. Con más fuerza de la necesaria metió la peluca rubia en el bolso y le dio al mayor la otra. "Sostén esta", buscó nuevamente en su bolso y sacó una liga de cabello, la cual usó para atarse los mechones decolorados que tenía en la parte inferior de su cabello e hizo lo mejor para amarrarlos en una especie de bolita. Una vez acabó, tomó la peluca de manos de Yuichi y se la puso.
"¿Ya?", dijo mientras se desabrochaba el cinturón de seguridad, pero el otro le ignoró y sacó una cajita que reconoció como la de los lentes de contacto. No pudo evitar sollozar. "POR QUÉÉÉÉÉÉ".
"Porque sí". Comenzó a sacarse sus lentes de contacto con cuidado y los guardó. Yuichi le observó con molestia y con demasiada hambre como para decir algo. Una vez que acabó, sacó sus lentes normales de su bolso y se los puso. "¡Listo!", dijo sonriendo. "¿Cómo me veo?", preguntó. El mayor estuvo tentado a decirle que tendría que operarse ahí mismo sus labios para que no le reconocieran, ya que siempre habían sido gruesos y se caracterizaba por ello, pero asumió que si lo decía se ganaría uno de esos golpes por los que Kame aún lloraba en las noches.

Y eso que en esa época Tatsuya aún no había comenzado con las clases de boxeo, pero esa era otra cosa.

"Bien, bien, ¿nos vamos ya?". El disfrazado le dedicó una mirada de molestia y salió de la camioneta, a lo que Yuichi hizo lo mismo.

Al entrar al lugar, Yuichi solo sintió que sus ganas de matar iban aumentando, ya que el aroma de la comida era delicioso y tanta hambre era demasiada para ser cierto. Ambos fueron conducidos a una mesa para dos cerca de las escaleras que llevaban al salón imperial del segundo piso y se sentaron, agarraron las cartas y se quedaron en silencio viendo que comerían. Finalmente, después de un par de minutos, se acercó un mesero y tomó la orden de ambos.

"Deberíamos volver aquí", comentó Tatsuya mirando el local. Las paredes estaban pintadas de naranja y habían varios adornos de colores rojo y dorado que le daban una sensación de calidez al lugar. Las lámparas eran todas de papel y habían varios cuadros de pinturas en el sitio... "No hay mucha gente".
"¿En serio? ¿Eso es en lo que te fijas?", preguntó alzando una ceja y Tatsuya rió levemente.
"¿Qué? Es lo mejor de este sitio". Llegaron sus bebidas y Yuichi se apresuró en tomar un poco de su Coca Cola. "Ya, escúpelo. ¿Quién te gusta?", le dijo sonriendo de oreja a oreja, pero Yuichi simplemente frunció el ceño.
"Cómo se nota que estudiaste en un colegio solo de chicos, alguien dice: "chica" y ya estás a punto de saltar encima".
"Yuichi, estoy a un segundo de lanzarte café hirviendo a la cara", le dijo riéndose, aunque el otro bien sabía que la risa era para encubrir su creciente enojo. Decidió que ya era demasiado para todo el día en general y le contó lo que pasó.
"Bueno, es una historia larga. No presté atención y terminé enlistándome en una clase que requiere trabajo de parejas... Se me pasó el plazo para enviar una aplicación de cambio de clases y como he estado ocupado con la filmación de la telenovela no he podido asistir... Y bueno, mi compañera de clases no dejaba de enviarme correos llorando...".
"¡La chica que te gusta!".
"Entonces mi compañera", siguió como si no le hubiera escuchado. "Me dijo que habían prácticas de parejas presenciales. Bueno, la cosa es que nos reunimos..."
"Espera, ¿ella sabe quién eres?".
"Sí. A diferencia de ti, yo solo me disfrazo cuando es estrictamente necesario y no planeo ocultar mi identidad a mi compañera de trabajo por todo el semestre". Suspiró. "Pero no, no hay ningún problema. Ya por sus correos intuía que al menos sería sensata en este tipo de cosas... Y si no..."
"Igual tenemos miles de dólares para hacerla callar (?)".
"Lo mismo le dije (??)". Ambos rieron. "Pero no es eso, mira, nos reunimos y todo bien. Pero al día siguiente que fue la práctica... No sé, ¿había algo raro en ella? Cuando llegó al salón me acerqué a ella, había venido con un chico que era su amigo, pero este no dejaba de enviarle miradas de preocupación... Y ella se fue a sentarse conmigo, pero estaba mucho más distraída... Creo que triste. La cosa es que no sé, pero siento que ella ha sido demasiado generosa al pasarme sus apuntes y todo y yo no he podido ni sabido animarla".
"Pero no es tu culpa", frunció el ceño. "Es decir, si no te ha dicho nada, ¿cómo quieres hacer algo?".
"Eso no hace que me sienta más calmado conmigo mismo".

En ese momento llegó el mesero con las órdenes de ambos y Yuichi recordó que se estaba muriendo de hambre. Ambos se pusieron a comer rápidamente y dejaron la conversación previa de lado, concentrándose en su almuezo y hablando de lo delicioso que estaba, probando del plato del otro y comentando qué otros platos podrían pedir la próxima vez y qué postre deberían ordenar ahora. Fue recién cuando estaban a la mitad que Tatsuya retomó la conversación.

"Por cierto, no creo que sea yo el mejor para dar consejos, pero si tan mal te sientes pregúntale".
"¿No sería muy tosco? Apenas la conozco".
"Pues entonces quédate como estás", se encogió de hombros. "Para mí no hay nada mejor que decir las cosas y ya".
"Sí, pero... No, tienes razón. No puedo hacer nada a menos que le pregunte", suspiró.
"Tienes que aprender a ser más simple y dejarte de complicar por esas cosas", dijo mientras le robaba otro pedazo de carne a Yuichi sin que este se diera cuenta por quedarse ponderando en sus palabras.
"Sí... Aunque bueno, como dices, quien eres tú para dar consejos de ese tipo, señor perfección". Tatsuya sonrió de lado. "Ya, ¿qué pedimos?", dijo mientras miraba a lo lejos la vitrina de postres.
"¡Oh, oh, esos postrecitos que son de limón!", dijo entusiasmado. "¡Los que son como una tarta!".
"¿Cómo se llaman...?".
"No sé, por eso los describí", Yuichi rodó los ojos y él rió. "¿Te vas a comer eso?".
"Sí, agujero negro", le golpeó la mano que intentaba tomar otro trozo de pollo y el menor le sacó la lengua.
"¡Por cierto!", le comentó como nuevo tema de conversación. "He pensado teñirme el cabello de nuevo, el negro con puntas descoloridas ya no me gusta, me veo demasiado My Chemical Romance, o algo así", rió. "Ahora lo quiero castaño claro, o rojizo, aún no me decido... Y corto, sí, corto. No quiero nada en el cuello que se pegostee cuando vaya al gimnasio y empiece a sudar. Y si tengo un corte nuevo, podré salir a la calle sin tener que cubrirme porque nadie me prestará demasiada atención, ¡podríamos ir al mall a comprar videojuegos!", le dijo con emoción, ya haciendo varios planes.
"¿Sabes? Cuando quieres, te comportas como toda una princesa".
"..."

Tatsuya Ueda, también de 24 años, causó muchas risas hacía un par de meses cuando en una entrevista confesó que de niño solía golpear las paredes y dejar agujeros cada vez que se enojaba, ya que a veces tenía problemas de manejo de ira.

Yuichi Nakamaru, mejor amigo, tuvo que excusarse ante el mesero que trajo el botiquín, diciéndole que había sido su culpa que el café cayera en todo su rostro...

Con la taza...

Y con el platito que iba debajo...

Tatsuya sonrió, complacido con su trabajo.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Sayi on December 11, 2013, 12:34:09 AM
HOLA PURI YO TE ACOMPANO </3
Ohh que genial ver a más gente participando TAT no estoy al día pero lo estaré muy pronto y les dejaré comments y todo peachy -3-

Finalmente el primer aporte como tal. Espero que los siguientes fluyan más gheimente estoy tan hypeada que sobreanalizo todo and ;_;


(http://i.minus.com/ibtIuqv5h2J8b2.png)

Medley 1: Fight of the Rising Sun

Cuando estuvo por doblar la esquina la peliceleste giró a darle un último vistazo a la transitada avenida atrás suyo.

Habían días donde el transporte se demoraba y mucho... pero aquella tarde había atenuado cualquier idea de embotellamiento que hubiese existido en Eastwood. Tres carros averiados, un choque múltiple y un sinfín de conductores sin modales habían terminado retrasando el tránsito por casi dos horas.

Y mientras ella esperaba que la interminable línea de automóviles llegara a su fin, su celular no había dejado de vibrar con un santiamén de mensajes urgentes.

>VEN AL BAR DE INMEDIATO

...fue el último mensaje que le llego. Y aunque a raíz de tanta alharaca intentó dejar la mensajería y darle una llamada, el que su móvil timbrara sin respuesta solo le añadía al misterio en todo ese asunto.

"Maldición Mine... ¿Qué puede ser tan urgente?" masculló para si misma. No le había devuelto ningún mensaje y no le respondía las llamadas, pero si continuaba mandando avisos sueltos de tres palabras o menos. Nada congruente. Y entonces Sayi decidió poner el teléfono en modo avión y disfrutar el resto del camino en silencio.

Debía estar jugando con ella. Apurándola con tonterías pues ya llevaba dos horas tarde y era la única práctica antes de la presentación. Habían tocado en el mismo lugar todos los sábados por poco más de un año, y aunque la clientela fuese siempre la misma ellos buscaban innovar con cada presentación. Total, ¿no era su objetivo, algún día, cambiar los bares por estadios?

Pero ya había pasado más de un año desde que abandonó la promesa del conservatorio por confiar en sus amigos… y si bien el gran sueño nunca moría, a veces empezaba a cuestionarse si valía la pena seguir durmiendo.

Empezaba a considerar pasarse a cenar por casa de su prima cuando las luces de una ambulancia al final de la calle llamaron su atención. No le tomó mucho reconocer dónde estaba estacionada, y conforme apresuraba el paso retomó su celular y finalmente se encontró con un mensaje coherente.

>Nos peleamos con Zack y Toby y no terminó bien...

(http://i.minus.com/ibtIuqv5h2J8b2.png) (http://i.minus.com/ik2GSXP2g9n0K.png)

Mine estaba en plena redacción de otro mensaje cuando en eso notó a la propia destinataria detener carrera a metros de él. Sayi se asomó en la ambulancia, donde dos paramédicos terminaban de acomodar a sus compañeros de banda. Eran Zack y Toby, nadie más. Y la pregunta vino por si misma.

"¿Dónde esta Kaien?" le preguntó "Pues veo que tu estás bien..."
"Esta dentro. En mejor estado que estos idiotas, al menos" le respondió el rubio. Ambos observaron cómo los paramédicos cerraban las puertas de la ambulancia y volvían a la cabina "Kaien no me dejo pelear, y se estaba llevando la peor parte... pero entonces Zack lanzó una silla y rompió la rockola..."

El rostro de la joven se deshizo en una mueca nerviosa. La ambulancia se encendió y comenzó a alejarse. Era evidente quien más debió estar presente en la escena del crimen. Y ese alguien debía ser la razón para que dos sujetos enormes, como Zack y Toby, terminarán prácticamente inválidos en la parte trasera de una ambulancia.

"Shizuo está en la comisaría. Pero como él no empezó la trifulca deberían dejarlo ir pronto" respondió Mine, casi leyendo sus pensamientos "Llamó a Spike a que cuidara el local hasta que pudiera regresar"

Cazatalentos famosos y representantes de peso habían estado en sus presentaciones, pero todos habían pasado de largo al punto que no les quedó de otra que contratar a Spike Spiegel: Un representante de medio pelo quien accedió a ayudarlos a un precio fácilmente accesible.
Y el precio accesible parecía justificar la mala actuación de su flamante agente. El pelinegro dormía la mayoría del día, o de lo contrario bebía, fumaba, o se cachuelaba con una tienda de empeño que heredo de sus abuelos. Como su representante lo veían con suerte una vez cada dos semanas, repitiendo el mismo cuento de ‘pronto les conseguiré trabajo como teloneros en el Hard Rock’, o a lo mucho: ‘logré que una disquera independiente se interesara en sus demos’, pero al final todo quedaba en nada.

Lo único que justificaba el seguir con Spike era la única bondad que les había traído: Presentaciones todos los sábados en el Stray Sheep. El pelinegro era muy amigo del dueño, Shizuo Heiwajima, y aunque el bar fuera pequeño la clientela fiel disfrutaba de su banda, así que era una situación a ganar para ellos.

Pero ahora, con dos de los músicos en el hospital y el dueño en la comisaría, era probable que hubieran perdido hasta aquel consuelo.
 
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Cuando entraron al Stray Sheep no fue ninguna sorpresa encontrarse con Spike sentado en la barra, tomando un cognac y fumando como una chimenea. Lo que si sorprendió a Sayi fue ver a Kaien sentado en el escenario. El pelinegro tenía la mirada fija en el suelo y presionaba una bolsa de hielo contra su mejilla. La joven ignoró el desastre en el bar –botellas estrelladas. sillas rotas y mesas boca arriba- y caminó hasta sentarse junto a su amigo.

“Podemos ir al doctor si quieres” sugirió la peliceleste. El joven cambió el hielo de mejilla y sonrió “Estás algo abollado”
“Estaré bien” le respondió “Aunque me hubiera gustado tomar crédito por el merecido que se llevaron esos dos”

A un extremo del local Mine evaluaba el daño hecho a la dichosa rockola. Un silbido bastó para desestimar el futuro de la máquina.

“Una pena. Era una de las pocas que aún conservaba LPs vintage de Elvis” se lamentó Mine “Aunque bueno, la muerte de la rockola obligó a Shizuo a intervenir”
Desde el bar, Spike se dirigió a Kaien “Sin el hubieras terminado…” e hizo un visto bueno con el pulgar y lo volteó hacia abajo.
Sayi ignoró a su agente y se dirigió a sus amigos “¿Y cómo fue esta vez?”

La banda la habían empezado ellos tres. Sayi era vocales y piano, Kaien vocales y guitarra y Mine solo guitarra. Habían completado la batería y el bajo con algunos aspirantes pero con el tiempo todos terminaban marchándose. En un intento desesperado Sayi había retomado lo poco que sabía de guitarra para que Kaien probara el bajo y Mine aprendiera la batería, pero ninguno de los tres era lo suficientemente decente en sus instrumentos secundarios como para el escenario.

Los otros bajistas y bateristas o no congeniaban musicalmente con ellos, o eran unos vagos o simplemente no se llevaban bien… siendo el evento más reciente la más dramática de las resoluciones.

“Esta vez puede que hayamos perdido hasta este lugar” se lamentó Kaien “Eso es lo que más me jode”
“H-hey pero…” Mine intentaba espantar el pesimismo “Fue Shizuo quien perdió los cabales y trajo el infierno a la tierra…”
“Tu sabes lo mucho que le gustaba su dichosa rockola. Y esos imbéciles la rompieron cuando técnicamente eran parte de nuestro grupo” Kaien dejó reposar la bolsa de hielo en la madera “Puede decirse que fue nuestra culpa”
“¿Y ahora?” Sayi se levantó y puso ambas manos en su cintura “¿Tocamos en el subterráneo? ¿Animamos fiestas infantiles?”

Los tres se quedaron en silencio hasta que el resonar de cristal contra cristal y la voz de Spike se colaron en su incertidumbre.

“No se preocupen por Shizuo, yo me encargo” comentó el pelinegro sin despegar la mirada de su botella “Será impulsivo, pero no es tan… drástico para estas cosas como ustedes piensan”
Mine sonrió ilusionado “Spike, ¡si te haces esta te amaré por siempre!”
“Pero no es tan fácil. Recuerden que falta poco para el sábado y no pueden ausentarse” advirtió el agente “Ya cancelaron hace dos semanas y me será muy difícil convencerlo de que se queden si no hay música. Es más, será prácticamente imposible, pues el silencio solo le hará recordar que la rockola ya no funciona”

Sayi cruzó miradas con Kaien y Mine. El show debía continuar… y ahora iba en serio, o de lo contrario perderían su lugar en el Stray Sheep.

“Necesitamos hacer audiciones. De nuevo. Cuanto antes” Kaien negó con la cabeza y caminó hacia la oficina, rendido “Esperen que busco el cartel y lo cuelgo en la ventana…”
“Oigan… ¿y si hacemos algo solo los tres?” le planteó Mine a Sayi “Quizás podríamos rentar un mono”
Pero la peliceleste había optado por sentarse junto a Spike “Gee, me pregunto quién podría ayudarnos a encontrar un baterista y un bajista de aquí al sábado, ¿no?” canturreó, pero el representante del año se limitó a mecer el licor en su copa “¿NO?”
“Intentaré encontrar alguien para… ¿cuándo harán sus audiciones?” masculló el pelinegro “Van a tener que venir más a menudo…”

Aquella promesa sonaba tan buena como vacía, pero Sayi no tenía tiempo a molestarse. Hacia mucho que se había convencido que si alguien estaba a cargo de sus intereses era ella misma, y no podía culpar a Spike, ni a Shizuo, ni a Zack y Toby si su sacrificio salía en vano…

…y mucho menos pensaba regresar con sus padres con el rabo entre las piernas. Eso estaba fuera de discusión.

En algún lugar de Eastwood debía existir un bajista y un baterista sin oficio. Y esperaba que estuvieran tan desesperados como ella… lo suficiente como para querer sacar adelante a una moribunda banda llamada Young Guns.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Ekha on January 22, 2014, 11:07:38 PM
A mi me dijeron "únete, hay cosas shiny". Así que me uní XD

0001 - A cappella



He says “There’s gotta be more to this story.”
She says “No, this is our happy end.”
Once upon a melancholic time they find that
Love is a game of give and take.

 
Dos chicos se encontraban en la parte trasera de una camioneta, conducida por la madre de ambos, cantando una selección muy suya, por así decirlo, mientras se adentraban en una ciudad que era conocida para ellos aunque sólo por historias.
 
“Vaya, ustedes dos deberían hacer cover de canciones o un dueto”, comentó la mujer mientras se encontraban detenidos en un alto. Ambos, un chico y una chica, voltearon a verla de mala gana.
 
“Ni de chiste.”, dijeron al unísono.
 
La mujer rió mientras volvía a poner en marcha el vehículo. “¿Por qué no? Ambos tienen buenas voces, quizá les falte afinar un poco pero realmente creo que podría funcionar.”
 
“¿Trabajar con ella?”, reclamó el chico. Un muchacho castaño de ojos azules, iguales a los de su madre.
 
“¿Trabajar con él?”, dijo despectivamente la chica, una jovencita rubia que no rebasaría los 16 años.
 
“Ni de chiste.”, volvieron a decir los dos al  unísono para, acto seguido, voltear a verse como si se retaran con la mirada. Se recargaron en el asiento un momento después.
 
“Oh, vamos, serían una buena oferta en el mercado.”
 
Cian bajó el volumen del reproductor mientras se recargaba contra el asiento delantero. “Claro, hermano y hermana trabajando en la misma banda. ¿Sabes que pierdes el factor del chisme?”
 
“¿Factor del chisme?”, Neit jamás había escuchado esa frase en su vida.
 
“Me refiero a que no tendrían noticias amarillistas a diestra y siniestra respecto a  nuestra relación y cosas así. Obviamente siendo hermanos nos salvaríamos de cosas como esas pero no tendríamos  las mismas fuentes de atención que los demás grupos.”
 
“Uhm… pero si mencionamos algo sobre una supuesta relación incestuosa… tendría suficiente éxito considerando que son mellizos”, comentó la madre, pensativa.
 
“¡MAMÁ!”, un estridente reclamo se dejó escuchar por parte de ambos. Elahine Greenriver admitió, en ese momento, que sus hijos podrían ser buenos cantantes, no les faltaban pulmones.
 
“Ya entendí, ya entendí. Era una broma. Geez, heredaron el sentido del humor de su padre.”
 
He says ‘Where did I go wrong in this story?’”, cantó Neit por lo bajo para que solo su hermana le escuchara.
 
She says ‘Take a look around and you’d see’”,  respondió Cian. Era parte de la canción que venían escuchando antes de que los interrumpieran. Para complementar la parte de la canción, señaló hacia su madre y ambos comenzaron a reír en voz baja.
 
“Esa canción que estaban cantando… ¿Es del grupo que quieren ir a ver?”, por un momento Cian y Neit se sintieron delatados pero al darse cuenta que la pregunta no era respecto a la pequeña broma que acaban de hacer, se tranquilizaron un poco.
 
“Sí, es una de las canciones que interpretan. Es genial, ¿Verdad?”
“¡Lo es!”, confirmó su hermano a pesar de que la pregunta iba dirigida a su madre.
“Uhm,  si la interpretan como ustedes, posiblemente lo sea”, comentó antes de dar la vuelta  en una calle y llegar a una zona residencial.
“¿Qué? ¡Cantan muchísimo mejor que nosotros!”, reclamó el castaño un poco molesto.
“¡Exacto! Esa canción es mucho mejor, no, mil millones de veces mejor cuando ellos la interpretan.”
 
Elahine no pudo evitar sonreír ante lo que presenciaba. Sus hijos de acuerdo en algo no era un evento poco común pero que les gustara tanto la misma banda musical era un logro de la existencia humana. Normalmente sus gustos musicales eran parecidos pero cada uno tenía una perspectiva diferente (con diferencias casi abismales) sobre las bandas, grupos o cantantes.
 
“Oh, bien, hemos llegado.”, dijo estacionando el vehículo justo frente a un garaje.
“Hey, la gente que vive aquí te reclamará por hacer esto, ¿Sabes? No creo que en ninguna parte del país sea legal estacionarse en la salida de alguien más”, Cian se asomó por la ventanilla de la camioneta buscando el hotel donde se hospedarían pero, en vez de eso, se topó con casas en una zona residencial. “¿Y el hotel?”
 
“¿Olvidé mencionarles que tenemos una casa en esta ciudad?”
 
Los mellizos observaron a su madre con una incredulidad que ella jamás había visto en sus rostros. Claro, eso le alegró bastante el día a la mujer.
 
“¿SIEMPRE HEMOS TENIDO LA OPORTUNIDAD DE VENIR A TEMPORADAS DE CONCIERTOS Y NO NOS DIJISTE QUE TENÍAMOS UNA CASA AQUÍ?”
 
Definitivamente debió haberlos hecho pasar menos tiempo juntos cuando pequeños… A este paso le destrozarían los tímpanos.
 
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La verdad, no les importó mucho que sus padres no les mencionaran la casa que tenían en la ciudad que más les importaba a ellos en el mundo (o al menos desde que descubrieron que les gustaba la música). Habían podido asistir a su tan anhelado concierto, además de haber comprado una cantidad considerable de recuerdos.
 
“¿Cómo conseguiste que nos dejaran entrar a los camerinos?”, preguntó más que emocionado Neit.  Estaban de vuelta en la casa que recién conocieron el mismo día pero se sentía como si toda la vida hubiesen vivido ahí. Claro, no importaba de momento.
“¡Fue la mejor experiencia de mi vida!”, Cian no podía contener la emoción todavía. “¡Me saludó!¡Estrechó su mano con la mía y dijo que mi nombre era muy lindo!”
“Toda madre tiene sus secretos.”, sonrió Elahine mientras les observaba desde el sillón justo frente al que se encontraban sus  hijos. “Supongo que algún día deberé contárselos”, rió.

Los mellizos la observaron un momento antes de ignorarla una vez más. Hablaron sobre el concierto por horas hasta entrada la noche. Una parte de ellos seguía sin creer que habían viajado en avión por horas para llegar al concierto de su banda favorita, mucho menos podía procesar todavía el hecho de que pudieron ir backstage y conocerles en persona.

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“Arriba, par de flojos”

Cian Greenriver se movió y se acurrucó contra su hermano. No era raro que se hubiesen quedado dormidos en la misma habitación aun cuando tenían una para cada uno. Hablar, cantar y emocionarse toda la noche por el evento era una justificación pero siempre solían ser así.

“Déjame dormiir”, se quejó la adolescente mientras su hermano se hacía a un lado instintivamente, como si eso pudiera lograr que a él no le despertaran y a su hermana sí.
“No pueden quedarse dormidos. Tenemos que inscribirles al instituto.”
“Son vacaciones…”, murmuró el castaño. Intentó moverse un poco más pero se dio cuenta que estaba en la orilla de la cama. Era caer o levantarse.
“Oh, claro que no. Tanto en Eastwood como en casa hay clases. Que ustedes hayan suplicado por semanas para faltar un par de días a clases y venir no significa que están de vacaciones. Así que, a inscribirlos.”

Ninguno de los dos quiso moverse por un rato hasta que Cian, de la nada, se sentó en la cama y, aun medio adormilada, observó insquisitivamente a su madre.

“¡Momento! ¿Inscribirnos? Tú dijiste que hay clases en casa y aquí, ¿Cómo que inscribirnos?”

La mujer pelirroja le observó con sus pícaros ojos azules como si acabara de cometer la broma más terrible y perfecta del mundo.

“¿Qué no se los mencioné en el avión? Viviremos en Eastwood por una temporada. Su papá ha decidido que me encargue un tiempo del negocio que tenemos aquí.”

“¿Tenemos un negocio aquí?”, Cian cada vez se sentía más confundida. Quizá era por el sueño pero juraría que su madre acababa de decirles que, aprovechando el concierto, terminarían mudándose por un tiempo junto a ella.

Neit se sentó a regañadientes en la orilla de la cama. Tanto blablabla de las mujeres de su familia evitaba que siguiera durmiendo. Mucho ruido en su… ahora que observaba, la habitación tenía la mayor parte de sus cosas, algunas cajas con objetos por aquí y por allá…

“Sí, tenemos un pequeño negocio aquí. Nada grande pero es lo que cubre sus colegiaturas.”

Neit seguía observando su habitación, cada vez más convencido que lo único que variaba era el tamaño. Todos sus objetos de valor estaban ahí.

Cian entrecerraba más los ojos. Su madre era la mujer más sospechosa y en la que menos podía confiar en este momento.

Neit se preguntaba cómo habían llegado sus cosas antes que ellos.

Cian no se atrevía a preguntar. Quizá lo del backstage tendría sentido pero sería la ironía más grande del mundo.

“Ok, ¿No hay más dudas? Cian, ve a buscar ropa a tu cuarto. Neit, vístete. En serio tenemos que inscribirles hoy o retrasaran mi itinerario y el suyo.”

“¿El nuestro?”, preguntó el chico sin entender aun
“Así es, seran asistentes auxiliares.”
“¿De qué?”,  preguntó la jovencita rubia, cortante. Sabía que esto no podía ser agradable.
“¿De qué más? De manager. No pueden andar por la vida sin conocer cosas sobre el negocio familiar. Claro que no les pagaré todavía, no es como si tuvieran el conocimiento suficiente--”
“¡Alto ahí! ¿Asistentes? ¿Asistentes de quién?”
“De Hajime, por supuesto.”
“¿Hajime?”, la pregunta al unísono por parte de los mellizos hizo eco en la habitación. Mientras Neit seguía preguntándose cómo es que la conversación ahora era más extraña y entendía menos. Cian se levantó de un salto.

“¡¿ HAJIME ICHINOSE?!”
“¿Eh? ¿Quién es esa…?”

Cian casi asesina su hermano con la mirada.

“La manager de eXillia.”
“¿Ah…?”
“¡Tonto! La manager de eXillia. e-Xi-llia.”
“¡¿De eXillia?!”, ahí fue donde Cian deseó por millonésima vez haber sido hija única.
“Sí, tonto.”, respondió casi entre dientes. Eso sólo significaba una cosa. No podía equivocarse accidentalmente. Su madre le había dado toda la información que necesitaba y aun así temía que pudiera cometer un error.
“¿Qué es el negocio familiar?”, eso ni siquiera tenía sentido.Su madre había dicho ‘un pequeño negocio que tenemos en esta ciudad que paga sus colegiaturas’. ¿Cómo podía decir que era un negocio familiar si sonaba a que sus padres tenían más de un negocio?

Elahine tomó un momento para observar los rostros de sus dos hijos adolescentes. Realmente estaba disfrutando mucho este momento.

“Thunderstom Records”

Si el rostro de desconfianza, duda y curiosidad de sus hijos había sido una victoria, el de sorpresa e incredulidad no tenía precio.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Isumi on January 28, 2014, 10:12:35 AM
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Track 02 [¿...?]: Prólogo 02.


Perseguir un sueño es algo que muchas personas se atreven a hacer. Personas con coraje, talento, fuerza de voluntad… y en mayor parte de los casos, dinero. Porque sí, es el dinero el que mueve el mundo, es el dinero el que te abre las puertas para demostrar tu talento. Frases como ‘quiero ser un actor’ están siempre acompañadas por familias con dinero que pagan escuelas de teatro, el viaje hasta dicha escuela y eventuales gastos que una persona pueda producir en su vida social. Porque solo en la fantasía sucede que un manager o algún director de películas se encuentre justo caminando por la misma calle que tú, te vea y diga “¡Oh Dios mío! ¡Tu cara es perfecta para el personaje que buscaba! ¡No importa que no hayas hecho ninguna escuela y no tengas dinero y no sepas ni memorizar tres frases cortas, tu cara es perfecta! ¿Sabes cantar? ¿No? ¡No importa! ¡Porque en el mundo de la fantasía, todo es posible!”

Esas eran las cosas en las que pensaba cada día Isumi Koizumi, aspirante mangaka que prefería no comer por un día con tal de tener los mejores materiales para dibujar.
Habiendo crecido en una familia que se podría considerar normal, una de sus mayores cualidades era la de saber aprovechar cada cosa al máximo. Nunca tiraría comida, nunca dejaría luces prendidas sin motivo, si era necesario bajar la calefacción en invierno para gastar menos, era capaz vestirse con ropa de más y pasar un poco más de frió.
El dinero nunca le fue regalado, y fue por eso que la decisión de seguir su sueño no fue para nada simple.
Dicha decisión la tomó el día que dejó de fantasear sobre ese tipo de cosas como una persona importante reclutándote para una película importante como Harry Potter en la cual podrías ganar fama y dinero sin haber realmente estudiado teatro.
Se dio cuenta que, no solo tenía que mudarse del lugar en el que vivía, si no que incluso haciendo eso, en las grandes ciudades se pueden encontrar más talentos y una persona como ella en medio de tanta gente talentosa no era nadie.
Eso hasta el día que su contador de followers en su blog de arte llegó a diez mil. El día que, cuando al inicio comenzó a postear sus dibujos y sus doujinshis, nunca pensó que llegaría. El día que se prometió que si llegaba, entonces se mudaría a la grande ciudad, lo más cerca de Shueisha posible, y presentaría sus manuscritos a la editorial.

Desgraciadamente sus planes no fueron como ella había pensado. Si bien era muy buena dibujando, y sus dibujos siempre habían recibido la mayor parte de los elogios en sus obras, muchas veces terminaba teniendo la misma conversación:

-   ¡Tus dibujos son muy buenos! pero tus historias… no sé como explicarlo.
-   ¿Son Malas?
-   No es eso… no es que sean malas… digamos que… ¿son muy particulares?
-   ¿Eh? ¿Qué quiere decir eso?
-   ¡Oh, ya sé! ¿Sabes esa nueva palabra que los jóvenes están usando recientemente? Esa palabra… cómo era…
-   “Ghei.”
-   ¡Eso, eso!
-   …

“Ghei”, una palabra la perseguía desde hacía ya mucho tiempo. La palabra perfecta que la describía. Cualquiera que conociera a Isumi no podría describirla de otro modo que no fuera ‘ghei’. En pocas palabras, fue ella quien inspiró a la invención de aquel adjetivo.

-   Y pensar que la única cosa que se volvió famosa gracias a mi es el modo de describirme… que ni siquiera inventé yo, si es por eso.


Vivía en un apartamento con solo lo mínimo indispensable. Cercano a la única, desolada, olvidada y sucia estación de tren de la zona, por la cual pasaba solo un tren con una sola destinación, el centro. Su mayor interés, ya que toda la ‘vida’ se encontraba en el centro. Y con ‘vida’ me refiero a Shueisha, la editorial donde se publica la revista para la cual Isumi dibujaba.
Vive sola, por supuesto, ya que aunque quisiera compartir la habitación con alguien, esa persona no soportaría sus ritmos de sueño; nuestra aspirante mangaka dormía mayormente de día y se desvelaba dibujando de noche.

Pero aquella era una noche normal. El día anterior había entregado el último capítulo de su cancelada serie ‘Triple Arts’, y ahora se encontraba sin trabajo que hacer.
Era su primer noche en una cama después de tanto tiempo, pero Isumi no podía dormir.
Momentáneamente no tenía trabajo, sí, pero su editor le había dicho que no pensara en nuevas historias hasta el día después, y que ese mismo día se quedara en casa ya que le esperaba una sorpresa.
Claro está que las ‘sorpresas’ de su editor nunca eran lindas sorpresas, y era por esa misma razón que no lograba pegar un ojo.

-   Así que voy a tener que pegar los dos… jejeje.

Se reía sola en la oscuridad mientras pensaba en como no pensar en historias.

-   ¿Cómo se supone que hago para no pensar en historias? Es lo único que hace mi cerebro cuando me acuesto en la cama.

Uno de sus más grandes… ¿defectos? Era no ser capaz de apagar el cerebro durante la noche. Era por ese motivo, de hecho, que se mantenía despierta durante esas horas. Había descubierto que durante el día el virus de la vagancia atacaba con mayor facilidad, mientras que de noche necesitaba tener los ojos bien abiertos en la oscuridad para poder dibujar bien.

-   ¿Y si dibujo un rato? No no, ya veo que después mañana estoy con sueño y no entiendo un pedo de lo que me dice Gin. Aunque a este punto tampoco me voy a dormir… y tampoco puedo seguir pensando boludeces que no me llevan a ningún lado. Hmm, ah… ¡ah!

Y fue así como le vino a la mente una idea para otra historia, hasta que eventualmente se quedó dormida.


-   Koi…
-   ¿Hm?
-   ZUMI
-   Asdfg
-   ¡KOIZUMI!

Y finalmente el último grito acompañado por unos cuantos fuertes golpes a la puerta de su casa la despertó. Porque no, no tenía timbre.

-   Ahhh ¡ahhh! ¡ya vaa! – Gritaba ella como si le estuviese hablando a su madre.

Salió de la cama y se apresuró a la puerta sin preocuparse de acomodarse el cabello o el pijama. Bueno, como solía recibir siempre a su editor cada vez.

Sorpresa fue la que se llevó cuando vio a Ginpachi acompañado por aquel que parecía ser su hijo.

Instintivamente, aunque no intencionalmente, Isumi procedió a cerrarle la puerta en la cara.

-   QUÉ MIERDA QUÉ MIERDA QUÉ MIERDA. – Pensaba nerviosa mientras se acomodaba, de alguna manera, el cabello.
Pero fue entonces que escuchó desde afuera…

-   ¿Qué? ¿Esa gigante despeinada es con quien tengo que trabajar?

No le importaba la segunda parte de la frase, ‘gigante despeinada’ había sido suficiente para que volviera a abrir la puerta de nuevo dirigiéndole una mirada asesina al acompañante de Gin.

-   ¿Y a vos qué te pasa pendejo? ¡Obvio que te parezco una gigante, que no debés medir más de 156 cm!
-   … – El ‘pendejo de 156 cm’ se quedó sin palabras sorprendido por el hecho de que hubiese acertado su medida exacta. Pero luego no se quedó callado. - ¡Al menos yo estoy bien vestido y peinado para las reuniones!
-   Uy si, ¿desde cuando los niños participan a reuniones? Y además ¿a quién querés impresionar con ese traje? Pareces un pendejo haciendo cosplay de su padre ¡hahaha!
-   ¡Y vos pareces una que nunca vio una peluquería en su vida! ¡Ja! ¡Seguro ni sabés lo que es una peluquería!
-   ¿EEEHHH? Por si no lo sabías, ¡estudié peluquería por cinco años antes de decidir cambiar de carrera!
-   Seguro cambiaste de carrera porque nadie quería a una gigante despeinada como imagen en su salón ¡hahahaha!
-   ¡Al menos no voy por la calle con un traje que me queda grande! – Fijó entonces su mirada a las mangas del traje dobladas para que no le quedasen largas. -¡Hahaha! ¡¿Cuántas veces doblaste eso?! ¡Hahaha!
-   Koizumi, él tiene tu edad. – Dijo entonces Gin interrumpiendo su carcajada.
-   …¿este enano? – Lo señaló.
-   Sí.
-   ¡No le respondas que sí! – Se quejó ‘el enano’ ya cansado de que su altura fuese más importante que su nombre.
-   Si si, ya ya, ¿no se dieron cuenta que se pusieron a hablar en su acento, no?

Ambos se quedaron callados un momento. Luego de unos segundos realizaron el hecho de que realmente habían estado hablando con aquel acento particular del pueblo de donde venían.

Y entonces, al unísono:

-   ¿Sos de…? ¿Vos también?

Gin se rió maliciosamente y dijo:

-   ¡Sabía que era la mejor idea hacerlos trabajar juntos!

Isumi lo miró con toda la confusión del mundo. Y entonces recordó lo que aquel chico había dicho después de ‘gigante despeinada’.

-   …¿qué?

---

Luego de hacerlos pasar a su casa, poner el agua para el té a calentar mientras se vestía y peinaba, Isumi se sentó en la mesa y sirvió el té en tres tazas bastante improvisadas.

-   ¿Qué es este set de tazas? – Enseguida se quejó el enano.
-   Si tienes problema con el hecho de que no esperaba visitas, puedes irte.
-   ¿Hm? ¿Y ese improviso cambio de acento?
-   Ngh…

Isumi solía esconder su acento la mayor parte del tiempo, ya que no le gustaba como sonaba, se le hacía demasiado cómico y la gente nunca la tomaba enserio. Pero al parecer con aquel chico no era necesario esconderlo.

-   Que no veo por qué debería tener más tazas si vivo sola.
-   De hecho mi taza me la compré yo y se la traje. – Agregó Gin.
-   … - El chico no podía creer a sus oídos. ¿Tan pobre era?
-   Pero bueno, pasemos a las cosas importantes. Koizumi, él es Otani Atsushi, aunque quizás lo conozcas por su pen name, Axl Lotus. Desde hoy en adelan…
-   ¡¿QUÉ?! – Isumi golpeó la mesa con ambas manos poniéndose de pie. - ¡¿ESE Axl Lotus?! ¡¿El escritor de Dulce de Leche & Clover?! – La mangaka vio al chico quien se enorgullecía por sus logros y luego dijo - ¿ese enano?
-   ¡HEY!
-   Wow… - Suspiró y tomó de nuevo asiento. – El mundo es realmente pequeño…
-   ¡¿Podés dejar de hacer referencias a mi estatura?!
-   ¿Eh? ¡Ahahaha! ¡Te insultás solo! Yo hice un comentario nomás.
-   ¡Si lo único que hacés es insultarme!
-   ¡Vos empezaste con lo de gigante despeinada!
-   ENTONCES. – Gritó Gin poniendo fin, de nuevo, a la pelea. – Como iba diciendo, hemos arreglado que ustedes trabajarán juntos para la próxima obra. Otani siempre quiso publicar un manga para Jump, pero al no saber dibujar se rindió a escribir Light novels. En cambio Koizumi ha publicado ya varios mangas que no han tenido éxito en Jump debido a las historias ¡entonces! – El editor los miró a ambos, quienes ya sabían realmente lo que iría a decir. – Buenas historias, - Señaló a Otani. – combinadas con buenos dibujos, - señaló a Isumi. – ¡crearán el mejor manga que Jump haya publicado jamás! ¡capaz de superar a One Park!
-   Vos solo querés superar a One Park, eh…- La emoción de Gin no fue para nada trasmitida a Isumi.
-   Es imposible superar a One Park. – Y para Otani era más de lo mismo.
-   Estos chicos de hoy en día sin entusiasmo… ¿no eras tú la que se presentó diciendo ‘¡Yo voy a ser la reina mangaka! ¡Y voy a superar One Park! –
-   Pff – Otani se rió. - ¿Enserio dijiste eso?
-   ¡N-no! O sea, si dije lo de superar a One Park, ¡pero nunca dije lo de reina mangaka! Y en todo caso, ya entendí que es imposible superar a One Park. Así que no tiene sentido que trabajemos juntos, si es ese tu objetivo, Gin.
-   Ciertamente, si mi objetivo fuera ese entonces nadie debería publicar mangas.
-   …
-   Koizumi, mi objetivo es que logres tu objetivo. ¿Cuántos mangas has publicado ya? ¿Y cuantos con más de treinta capítulos? Si sigues así te echarán de Jump, o serás contratada por otra revista. ¿No eras tú la que quería publicar solo y exclusivamente para Jump?
-   … - No podía negar nada de lo que estaba diciendo. Su situación no era para nada buena y la conversación sobre tener que trabajar con alguien más que hiciera las historias, ya había salido varias veces. – Yo sé que mis historias son gh—no son adaptas para Jump, pero uno de mis objetivos cuando decidí ser mangaka era inventar mis propias historias y darle vida a mis propios personajes, así que lo siento pero…
-   Koizumi, no estás en posición de negarte. No quería llegar a decirte esto, pero los altos mandos ya me han dicho que o colaboras con un escritor o dejas de publicar para Jump.
-   ¿Qué? – La noticia había sido más chocante de lo que habría imaginado.
-   Te dejaré tiempo para procesar la noticia y tomar una decisión. – Gin se levantó de la mesa. - ¿Otani?
-   Ah, sí. – El nombrado se levantó con él, pero no podía dejar de mirar a Isumi cuyos ojos estaban completamente perdidos. - ¿Está bien eso? – Le susurró a Gin.
-   En este momento es mejor dejarla sola. – Y dicho eso, ambos se dirigieron a la puerta de entrada y se fueron.

No pasó mucho tiempo antes de que la puerta volviera a abrirse. Isumi, quien seguía en estado vegetativo, giró la cabeza para ver quien acababa de entrar a su humilde habitación.

-   Imaginé que seguirías así. – Era Otani quien sin siquiera esperar a que ella le respondiera, se sentó en la mesa nuevamente.
-   ¿Qué querés? – Isumi se secó las lágrimas que le habían caído unos momentos antes que Otani volviera.
-   Hmm… eehh…
-   Decidite de una vez, ¿vas a hablar o no?
-   ¡Es difícil!
-   …
-   En todo caso…
-   Pero si no dijiste nada.
-   ¡Dejame hablar carajo!
-   Oook.
-   En todo caso… no es como si yo hago la historia y vos no contribuís para nada. Quiero decir, si tenemos que trabajar juntos, lo mejor es que una historia la armemos juntos y nos guste a ambos.
-   Ooh, el enano está diciendo cosas coherentes.
-   ¡Que estoy tratando de ser gentil acá! ¡Si no te interesa entonces me voy! – Otani se levantó enojado de la mesa solo para terminar nuevamente en el piso de un tirón. - ¡¿Qué hacés?!
-   Estaba jodiendo. – Sonrió. –Gracias, Otani. Sos un chico más bueno de lo que pensé.
-   Pff, por favor. Soy la gentileza encarnada yo.
-   Ohh, con razón sos tan enano, con la poca gentileza que hay en el mundo.
-   ¿Querés empezar de nuevo?
-   ¡Hahahaha!

Isumi comenzó a reírse y Otani no tardó en seguirle. Luego de un rato, la chica comenzó a comentarle sobre las ideas que había tenido durante la noche, y se sorprendió cuando Otani le dijo que no estaban para nada mal, y que de hecho le gustaban. Y así pasaron la tarde, entre ideas y comentarios sobre mangas y animes que ambos seguían.

Hasta que una melodía los interrumpió.

-   ¿Qué es eso? – Otani miraba hacia el techo, que era de donde provenía el sonido.
-   Ah, es mi vecina la pianista. Toca bien el piano pero lo hace siempre que estoy durmiendo. – Otani la miró con una expresión que no requería de preguntas. – Si, a esta hora estaría durmiendo yo.
-   Vas a tener que empezar a ajustar tu horario entonces porque yo duermo como los seres humanos.
Isumi lo ignoró. - ¿Verdad que toca genial? Su música es bien particular.
-   No me ignores…
-   La mayor parte de mis historias fueron inspiradas por su música ¿sabías?
-   ¿Eh? – Eso ya no podía ignorarlo.
-   Cuando toca a horarios en los que aun no me duermo, siempre me salen ideas escuchando su música. Aunque a veces estoy tan cansada que le pido gentilmente que deje de tocar. – Otani se preguntó de qué gentileza se trataría.
-   Pero sí, efectivamente es muy particular… es casi como…
-   ¿Si hubiese descubierto otro modo de tocar el piano, no?
Otani la miró fijamente, le había robado las palabras de la boca, pero al mismo tiempo una idea cruzó por su mente. – Creo que ya tengo la trama de nuestro manga.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Sayi on January 29, 2014, 12:27:46 AM
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Medley 2: The King’s Son

Era entrada la tarde, el día había sido caluroso y los rayos tornasolados traspasaban los árboles y le cegaban la vista. El joven chasqueó la lengua en disgusto: Tenía suficiente con tener que traer sus dos bajos a cuestas y cargar con un amplificador de treinta kilos como para tener el sol jugándole en contra.

A regañadientes, el joven liberó una mano y la posó sobre las cejas, improvisando una sombra que al menos le permitiera caminar bien. No era su mejor momento y lo sabía bien, pero si de algo estaba seguro era que no volvería a caer en esta situación de nuevo.

Hayato Gokudera era un prodigio en la música —específicamente hablando, en el bajo y la guitarra. O al menos así se consideraba él, y hasta el momento no había nadie que hubiera podido refutarlo. A los 22 años tenía aprendido todo lo que un músico titulado debería saber, y por su cuenta claro está, pues su situación económica no le había permitido costearse una carrera en el conservatorio.
Músico excepcional en su tiempo libre, empleado de una tienda de instrumentos el resto del día. Y si bien Hayato había confiado en que su virtuosidad no tardaría en traer consigo una mejor calidad de vida, el peliblanco no había considerado que su talón de Aquiles no sería la música sino, aparentemente, su actitud.

Era la tercera banda del que lo echaban por "diferencias irreconciliables", aunque para él las "diferencias" que tenían era más bien la falta de seriedad del resto, no de él.
Mientras el amplificador iba y venía con cada paso que daba, Hayato meditaba las últimas palabras que había intercambiado antes de recoger sus cosas y marcharse.

"No podemos terminar una canción sin que la corrijas" ¿Y cuál es el punto de continuar si hay errores? "Siempre estás criticándonos, nunca hacemos algo bien para tí" Les corrijo porque tienen potencial para hacerlo mejor. "Cinco prácticas a la semana me parece un abuso. Tenemos vidas, ¿sabías?" Pues tocar con la banda debería ser tu vida si quieres ser alguien, ¿no crees? "Tu no eres el líder" No, pero tengo un mejor criterio musical que todos ustedes juntos. "No sabes la visión que tenía el autor. Tu no compusiste la canción" ...¿Visión?

"¿Visión? ¿Visió—HAGANME EL PUTO FAVOR!" gritó el peliblanco en un exabrupto que por poco le hace soltar el amplificador. Se percató de su salida de tono algo tarde; los transeúntes a su alrededor tenían el espanto dibujado en sus rostros, y un niño pequeño amenazaba con echarse a llorar. Hayato se limitó a limpiarse la garganta y retomar el paso con más prisa.

Dobló la esquina y no demoro en llegar a un intricado cerco que resguardaba un edificio blanco de acabados barrocos. Mientras bordeaba el edificio, Hayato escaneo los alrededores, evaluando a los estudiantes que descansaban en los jardines y hasta aquellos que podía ver merodeando por las ventanas.

Aquella construcción debía ser uno de los edificios más reconocidos de todo Eastwood. Después de todo, en un lugar famoso por la música el único conservatorio de la ciudad era sinónimo de un nido para nuevos talentos.
Hayato frunció el ceño y volvió la vista al frente.

¿Qué tan diferente hubiera sido si…?

Había rodeado el lugar mil veces pero jamás había puesto un pie dentro, y esa misma pregunta era la incógnita que siempre le saltaba cuando no seguía al resto de músicos camino dentro del edificio.

Pasó frente a la entrada una vez más y entonces sonrió.

“Qué más da” pensó, retirando un cigarrillo “Cuando tenga suficiente dinero para pagarme la carrera solo probaré que en realidad nunca la necesite”

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♫♪♫ REGINA SPEKTOR – OEDIPUS (http://www.youtube.com/watch?v=W2bMghgesr4)

“I'm the king's thirty second son
Born to him in thirty second's time”


Grititos emocionados, papeles recién arrancados y la prisa por buscar algo con qué escribir inundaban uno de los pasillos de la escuela. Un grupo de estudiantes rodeaban a un sujeto alto y desgarbado, de cabello negro y peinado hacia atrás, el cual buscaba superar las atenciones y poder conversar con el hombre que tenía en frente.

“Profesor Stresemann, le traje un obsequio por su cumpleaños”

“Born to him the night still young
Born to him with two eyebrows on
And that's all I was wearing
When I woke up staring at the world”


El joven estiró una pequeña bolsa con un moño pomposo y los grititos a su alrededor alcanzaron el punto más alto desde su llegada.
El profesor –un hombre mayor pero con buen porte- no sabía si contagiarse con la algarabía de sus estudiantes, o dejarse consumir por una envidia insana ante la popularidad de su ex pupilo.

“My mom had been around the graves of queens
But not at all a sex machine
She liked to keep her body clean, clean
Thought the world to be quite obscene”


“Tsk… pensar que a tu edad era a mi a quien las fans no le dejaban respirar” se lamentó el profesor en un puchero. Acto seguido retiró un cofre de la bolsa y lo abrió. Era nada menos que un Rolex, tan ostentosamente sentado en su cajita de seda.

El profesor arqueó las cejas y silbó sorprendido, mientras las curiosas no tardaron en elogiar al joven por su buen gusto. Franz con Stresemann pensó que era un regalo algo excesivo de parte del pelinegro, pero como bien dice el dicho: A caballo regalado no se le mira el diente.

“And to see me made her awful sad
And to touch me made her awful sad…”


Una mirada rápida dentro de la bolsa y sonrió complacido al ver que se había olvidado de retirar el recibo.

¿Podría un Rolex Oyster Perpetual comprarse algo un poco más a su gusto… como la figura de edición limitada de MiuMiu Star Pink con luces rosadas y cabello plateado, vendida únicamente en el festival de nieve de Sapporo de 1986?

“I’m the king’s thiry second son…”

“Muchas gracias por el detalle, no tenías que haberte molestado” fingir modestia era una de sus especialidades. Los estudiantes que lograban triunfar en el competitivo mercado musical siempre se deshacían en regalos para él, y aquello era una relación sumamente beneficiosa “Me alegro que te este yendo bien, Tae Kyung”
El joven sonrió levemente y asintió con la cabeza “Me gustaría invitarlo a comer si no le molesta. Necesitaba pedirle consejo sobre algo”

“But a spoiled little prince I was not
Had a chamber maid and a chamber pot
And there's thirty one others just like me
There's thirty one others I can be”


“Ah, ahí está” pensó el profesor, viendo cómo las fans de su pupilo lo envidiaban a morir al ser un profesor viejo quien recibía regalos e invitaciones a cenas en lugar de ellas “Este chico no muerde sin asegurarse un bocado”

Hwang Tae Kyung era un conocido compositor intérprete; uno de sus pocos pupilos que poseían la trinidad de virtudes para sobresalir: Talento innato, empeño, buena apariencia... y como extra: dinero. En consecuencia, había sido firmado por una disquera apenas salió del conservatorio, y ahora andaba saboreando la fama que el 90% del conservatorio jamás probaría.

“Sometimes I'd stand by the royal wall
The sky'd be so big that it broke my soul…”


Pero fuera de sus dones como músico, Tae Kyung no era un amor de persona y ello Franz lo recordaba muy bien. Su carácter era recio; de poca paciencia, egocéntrico y malhumorado. Franz disfrutaba su relación actual –bañada en regalos y atenciones- pero no lo extrañaba como estudiante.

“And then one morning I woke up
And I thought Oedipus, Oedipus, Oedipus, Oedipus…”


Y mucho menos tenía interés en asistir a una cena donde sus “anhelados consejos” terminarían entrando por un oído y saliendo por el otro.

“Bueno, Tae Kyung lamento decirte esto…” la expresión del pelinegro se tornó fastidiada “pero había quedado en ayudar a un grupo de estudiantes con prácticas, y no puedo…”

“Thirty two's still a goddamn number
Thirty two's still counts
Gonna make it count
Gonna make it count
Gonna oh oh”


Una voz acompañada de un piano se había estado colando desde el piso de arriba, pero fue hasta ese instante que Franz von Stresemann reconoció algo característico en la técnica. El profesor alzó la mirada hacia el techo, como si pudiera ver a través del muro, y entonces se apuró en abrirse paso entre el grupo de estudiantes.

“Dejémoslo para otro día, ¿si?” le planteó apresurado “¡Invítame un mille-feuille y un milkshake de fresa!”
“Pero profesor…”
“¡Tae Kyung fírma mi libro de composición por favor!” “¡Una firma para mi hermana por favor!” “¿Me puedo tomar una foto contigo?”

“Long live the king
Long live the king…”


Irritado, el pelinegro tomó el primer lapicero y empezó a firmar cual papel le alcanzaran mientras hacía oídos sordos a los elogios de los estudiantes. Entonces se percató de la música y entendió porqué su profesor se marchó con tanta prisa.

“Long live the king
Long live the king
Long live the king…”


La voz era particular. Algo como lo que estaba buscando…

“Señor, acaba de llamar su representante: Los ingleses llegaron antes de lo planeado y lo están esperando” le informó un acompañante “Tenemos que regresar cuanto antes”

Había pensado en darle el alcance a su profesor y despejar sus dudas, pero era un asunto que no podía postergarse. Tae Kyung chasqueó la lengua y abandonó el conservatorio junto a sus acompañantes.

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“And they scream
And they scream
Long live the king,
Long live the queen…”


El tumulto en el primer piso le había venido como una bendición: Pudo colarse en la entrada y subir al segundo piso sin levantar sospechas. Y la cereza del pastel: la sala de práctica estaba totalmente vacía y el piano libre para hacer lo que ella quisiera.

Y precisamente eso llevaba haciendo desde que llegó: Practicar. Practicar con un piano de cola. Con un piano decente, como no lo había hecho en meses.

El cliente que le pagó para tocar lo que ella quisiera debía ser algún tipo de angel. No sólo había disfrutado la canción, sino que le pidió que tocase otras dos… y antes de asimilar tanta satisfacción, otros clientes también se animaron a darle propina por tocar lo que ella quisiera.

Conclusión: Los jefes habían aceptado a dejar que tocase su música las últimas dos horas de cada turno. Y por eso necesitaba practicar, pues desde que dejó el conservatorio hace un año su repertorio se había oxidado un poco.

“No hay nada como el sonido de un buen piano…” pensó la peliceleste “Cuando tenga suficiente dinero, meteré uno a mi apartamento como sea"

And one morning I woke up
And I thought Oedipus, Oedipus, Oedipus, Oedipus
Then one morning I woke up and I thought Rex, Rex, Rex
Then one morning I woke up
And I thought Oedipus, Oedipus, Oedipus, Oedipus

Thirty two's still a goddamn number
Thirty two's still counts
Gonna make it count
Gonna make it count
Gonna oh oh

Thirty two's still a goddamn number
Thirty two's still a goddamn number...


Un golpeteo en la puerta le hicieron alzar la mirada y entonces el piano se detuvo abruptamente. Sayi sonrió al ver al profesor Stresemann de pie en la entrada del aula, pero el anciano no parecía compartir su entusiasmo.

“¡Milchi!” exclamó la peliceleste apartándose del instrumento “¡Te he extrañado tanto!”
“¿Lo suficiente como para venir a tocar el piano sin estar autorizada?”
Sayi sonrió complaciente y volvió a sentarse en la butaca. Retomó la canción, y haciéndose de oídos sordos preguntó “¿Te acuerdas de esta? La escribí en tu clase de composición”

Franz caminó hasta el piano y dejó la bolsa de regalo sobre la madera. Sayi le echó un vistazo al regalo y miró al profesor, pero este seguía con una mirada severa.

“¿Y el regalo?”
“¿Sabes que puedo llamar a la policía?”
La joven rió “Necesito practicar para un trabajo. Me están dejando tocar mi música en un café”
“Eso me suena más a un insulto. Una pupila de Franz von Stresemann, cantando en un café de segunda acompañada de un teclado marca Casio” suspiró el profesor, relajando su expresión. Debía recordarse no frustrarse tanto con esa chica si no quería hacerse daño “Si hubieras continuado tus estudios ahora estarías tocando piano, pero en Europa...”
Sayi sonrió conmovida “¿Tanto creía en mi profesor?”
“¿A quién dejaste plantado en la embajada de Suiza con todo el papeleo listo para tu visa?” La joven sonrió levemente “Y, ¿ya terminó de morir eso de la ‘banda de rock’?”

Sayi Miki llevaba tres años estudiando canto y piano en el conservatorio de Eastwood cuando decidió abandonar su carrera. Su lógica: Disfrutaba mucho más tocando en una banda con sus amigos, Kaien Shiba y Ryuutaro Mine, quienes también dejaron la escuela junto a ella.

Fue así que se ganó el resentimiento eterno de su profesor y mentor Franz von Stresemann, así como cayó en la desgracia ante los ojos de sus conservadores padres, con quienes no retomaba un hilo de conversación normal desde entonces.

Había pasado un año y no tenía de qué jactarse con su profesor. Pero aún así no pensaba dar su brazo a torcer. Las ganas de seguir con una banda no habían disminuido en lo absoluto.

“Vamos muy bien. Una disquera independiente esta evaluando nuestro demo”
Franz negó con la cabeza, rendido “¿Hasta cuándo las tonterías, Sayi?”
“¡No son tonterías! Kaien dijo que teníamos una muy buena oportunidad”
Al profesor le dieron escalofríos “¡Ni me lo menciones!” Sayi se encogió de hombros. Se había olvidado que Franz culpaba a Kaien de todo el asunto, pues había sido su idea el dejar el conservatorio “No puedo ni verlo en pintura”
"Ya, ya..."

Sayi rebuscó entre las partituras que había traído consigo hasta que encontró una que llamó su atención. Acababa de empezar a leerla cuando el profesor volvió a hablar.

“Hoy es mi cumpleaños”

La peliceleste abrió los ojos como platos y miró a su profesor, quien observaba por la ventana con un aire nostálgico. No podía creer que se había olvidado, y que justo hoy se le hubiese ocurrido entrar de infraganti al conservatorio. Sayi alcanzó su bolso y rebuscó en él hasta encontrar un chupetín de fresa.

“Cuando tenga dinero le comprare algo mejor” le prometió un poco apenada. Franz tomó el dulce, lo evaluó con parsimonia y lo dejó caer en la bolsa, junto al Rolex. Entonces tomó los obsequios y empezó a caminar hacia la puerta.

“Sigue practicando si quieres, no diré nada” canturreó el profesor “Sin embargo espero te des cuenta pronto que estás perdiendo el tiempo”
Por sobre el piano, la peliceleste le respondió: “No será el estilo de música que querías para mi… pero es música que me gusta, asi que estoy en el camino correcto”

En la puerta, Franz se dio media vuelta y observó a su pupila tocar el piano una última vez antes de marcharse.

“Puedes estar en el camino correcto. Pero si no avanzas te terminará arrollando el tren”
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Cho on January 29, 2014, 01:16:31 AM

2

La tarde estaba corriendo, y los pasillos del conservatorio estaban bañados de la cálida luz del atardecer. Las primeras estrellas de la noche comenzaban a verse en el firmamento y el día se despedía lentamente de la ciudad.

El ángulo del sol fue un silencioso aviso para Cho de que su práctica había llegado a su fin. Había pasado su estancia dentro de un cubículo estrecho, aunque cómodo, practicando las escalas y haciendo ejercicios de voz. Casi no había sentido la tarde pasar, y tampoco había puesto mucha atención en su actividad, pero ya era hora de regresar a su casa antes que se hiciera muy tarde. Tenía tareas de la universidad que atender.

Pese a haber estado en la universidad, pudo oír al menos un poco de la canción cantada por ella en la radio. Ganar el privilegio de dejarse oír en la radio una vez fue muy agradable y el logro le dio bastante gusto… pero pensándolo en retrospectiva, fue mucho más emocionante ser mencionada como la ganadora de una actividad interna en el conservatorio que el premio en sí. Ese pensamiento estuvo rondando dentro de su cabeza durante todo el día.

Canciones como la que había cantado eran sin lugar a dudas clásicos, de ese tipo que uno reconocía en cualquier lado. Serían famosas y apreciadas, pero eran también comunes, y ella no era la única que había honorado su propia interpretación al clásico de Sinatra. Estaba convencida que tampoco era la mejor, o entre los mejores, de todos los cantantes e intérpretes que la habían cantado en algún momento. A lo mucho… casi sintió como si su pequeña aparición en la radio hubiera servido más como una propaganda para el conservatorio. Entendía que estaba siendo negativa, pero tampoco sentía que tenía muchos motivos por los cuales sentirse mejor.

Ella recogió sus pertenencias, dejó el pequeño cuarto de prácticas y caminó por los largos y elegantes pasillos del conservatorio. Su mirada estaba concentrada en el piso frente a ella, mientras pensaba en las próximas prácticas de canto que tenía programadas para el resto de la semana. Otra semana tranquila, sin mucho que hacer…

Pero su concentración se quebró cuando una persona se le acercó y le dio una palmadita en uno de sus hombros, levemente asustándole. Cho le reconoció de inmediato. Era aquel profesor extranjero con el cual todos los estudiantes intentaban congeniar.

“Aquí está la ganadora del concurso de canto, ¿escuchaste tu interpretación hoy?” preguntó Franz, con una sencilla sonrisa. Vio a la peliceleste mirarle casi en blanco, como si intentara formular una respuesta. “¿Qué pasó? ¿El gato se comió tu lengua?”
“Ehh… no, perdón…” Cho bajó su mirada. “Sí oí parte de la canción hoy…”
“Tan apagada como siempre. Una jovencita como tú tendría que estar saliendo y divirtiéndose más. ¿Qué tal si me acompañas una de estas tardes a tomar una bebida? Sólo seríamos tú, yo y seis de mis estudiantes brillantes y simpáticas~”
“N-no, no gracias…” la tendencia de ese profesor de ser muy ‘amigable’ con varias estudiantes, además de excéntrico, era algo que hacían que Cho se mantuviera alejado de él la mayoría del tiempo. Su forma de ser le intimidaba.
“Pero estás hasta más taciturna de lo normal. ¿No tendría que ser el momento en que te alegras más de todos tus logros y trayectoria dentro del conservatorio?”
“Lo sé… pero siento que ese no es el punto…” ella tomó una pausa y terminó por mirar al profesor. “Usted… ¿usted cree que me hace falta algo más para comenzar una buena carrera como cantante? Esta oportunidad en la radio me parece… muy poco…”
“Pero era el premio a una actividad. Es normal que sea lo que se dijo que iba a ser.”
“¿Perdón?”
“Llegaste a escuchar una canción cantada por ti en la radio. Si eso te lleva a los oídos de un cazatalentos convencido en contratarte, enhorabuena. De lo contrario, esta experiencia te servirá en el futuro para decirle a todos tus conocidos y por conocer que estuviste un par de minutos en la radio.”
“…” Cho se sorprendió por las palabras del profesor. Las pocas personas con las que había hablado hasta ese momento le dieron a entender que era un privilegio aparecer en la radio. Era cierto al haber sido un premio, pero ello no era nada que cambiaba su rutina. Oírlo del profesor le hacía sentirte comprendida, pese a que sus palabras no eran amables. “Y… ¿qué consideraría que debo hacer para mejorar… o llegar a algo más?”
“Pequeña, te he visto de lejos y eres muy disciplinada, pero si quieres llegar hasta la radio por tus propios medios, te falta crecer.”
“¿Crecer?”
“Crecer en general, en muchos aspectos. La razón por la cual tu voz se hizo oír en la radio hoy no fue por ti, mas por el conservatorio,” el profesor dio un par de pasos hacia delante, y miró a la ventana más cercana. “Eres todavía muy joven, y no estás haciendo nada para avanzar. Por más linda que se te pueda oír cantar, tu voz nunca saldrá de tu cubículo si no tomas la decisión de salir. ¿Por qué no tratas de variar tu sitio de práctica? Tenemos hermosos jardines y grandes anfiteatros vacíos la mayor parte del tiempo.”
“Estoy bien…” Cho desvió la mirada. “Soy sólo una persona como para ir a un lugar más grande… y los cubículos son cómodos.”
“Creo que ese es tu problema,” él se giró y miró a la estudiante fijamente. “No te pongas muy cómoda. Para ser un músico profesional, debes estar dispuesta a salir de la comodidad de tu espacio y tomar riesgos. Has estado bastante tiempo, pero no has hecho más que refinar tu voz y cantar unos covers clásicos. Tienes talento, pero sigues en un estado ‘inmaduro’ de tu camino. Te hace falta experiencia, del tipo que no puedes obtener si sólo atiendes clases y practicas. ¿No es hora que aproveches tu talento de canto para trabajar en algo más personal, como una canción, quizás?”
“…” Cho asintió, algo insegura. Ella ya había intentado trabajar en algunas letras, pero sola no sentía que podía completarlas. Sólo era una voz, y su dominio en el piano era todavía limitado como para hacerse acompañamiento.
“Piénsalo, y déjame recordarte que no eres la única aquí que quiere ser músico,” él sonrió entretenido y le guiñó un ojo juguetonamente, algo que pareció chocar un poco con la peliceleste. “Definitivamente no dentro de Eastwood. No duele mucho ponerse en contacto con otros, puedes aprender datos útiles sólo oyendo a alguien hablar.”

El profesor continuó caminando y dobló en una esquina. Cho se quedó un instante procesando la charla que acababa de tener, y luego continuó con su regreso a casa.

Tenía razón, pero realmente no sabía por dónde comenzar. Salir de su burbuja era algo que más de uno le había dicho en algún punto, pero nunca con respecto a su profesión. Aunque sí, a esas alturas de sus estudios, ya era hora.

Decidió que le daría más tiempo al tema ni bien llegara a casa. Tenía que empezar a moverse, por más incómodo que ello fuera. Sería un nuevo reto, y posiblemente, algo que realmente cambiaría su rutina a partir de ese momento.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Puri on January 30, 2014, 04:54:11 AM
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"Tatara, vuelve a explicarme por qué no puedo demandarlo".
"Primero, porque es un idol y si le demandas, él es capaz de contratar un abogado que termine revelando que la licencia de funcionamiento de la avícola de tus papás ya expiró. Segundo, porque te tiene confianza para haberte contado su secreto y si no hubiera sido por él, habrías jalado la primera práctica grupal. Y por último, porque te alimentó y ya sabes que bros before hoes..."
"... Y cinnamon rolls before bros. Unless bros are paying for them", suspiró y el rubio asintió. "Pero este es el sétimo correo de la semana y el hijo de su santísima madre no contesta, ¿¡qué se supone que deba hacer!?", le preguntó desesperada.

Tatara no supo que responderle, ya que después de todo, las clases de estadística eran todo un caso. La profesora tenía un sistema de calificación inexplicable en el que miles de pequeñas actividades conformaban parte de una nota mayor que finalmente era la que valía como parte del porcentaje para la nota final. Estas actividades demandaban mucho tiempo y dedicación, por lo que Sayaka había estado reventando la bandeja de entrada de su compañero todos los días, llorando desesperadamente porque, a decir verdad, la peliceleste era pésima en el rubro. Sin embargo, después de la primera práctica grupal, Yuichi NakamAru, el idol que no se apellidaba NakamUra, le dijo a Sayaka que se ausentaría por una entrevista en un programa de televisión sobre el próximo single de su banda y luego por la grabación del video musical; pero después de una semana, el chico desapareció sin dejar rastro y ya se acababa la segunda semana y el viernes llegaba otra práctica... Y Tatara sabía que más le valía al pobre chico aparecer, ya que Sayaka iba lentamente hundiendo el barco en el que ambos se encontraban al ser mala en números.

Tatara pensó en decirle que siempre existía el semestre de verano (?), pero cuando abrió la boca para hablar, la profesora interrumpió a todo el mundo anunciando cómo sería la práctica grupal del viernes y qué ejercicios del libro debían de practicar. Después de anotarlo rápidamente, su compañera de clases se acercó y comenzó a hablarle, por lo que Sayaka le mencionó rápidamente con un tono decaído que le esperaría afuera. Sin embargo, pasaron unos segundos cuando escuchó un grito mezclado de emoción, alegría e intento de homicidio:

"¡YUI---! YULIANO. SÍ. YULIANO. ¡¡YULIANOOOOOOOO!!"

Tatara se volteó y vio cómo el pobre de Yuichi se apretaba la bufanda que llevaba alrededor del rostro para que nadie de los que les observaban le reconociera. Fue al ver su gesto que el rubio sonrió ante la escena, pero su compañera le reclamó atención y tuvo que perderse de lo que hablaban. Finalmente, después de quedar en verse durante la mañana del viernes y qué ejercicios desarrollaría cada uno, Tatara pudo acercarse a los otros dos.

"Esto es lo que haremos. Ya ordené que se borrara toda mi agenda para el viernes y aprovecharemos que el jueves tengo libre, así que ese día estudiaremos y...", al acercarse Tatara, Yuichi dejó de hablar y le miró con suspicacia, pero el rubio le sonrió con amabilidad.
"¡Hola! La clase pasada te fuiste corriendo antes de que pudiéramos hablar, pero soy Tatara Totsuka, el compañero de piso de Sayaka, mucho gusto".
"Ah... H-Hola, soy... Yuliano Nakamura (?)".
"Sí, ya Sayaka se lo contó a gritos a la clase (??)".
"Ay que bonis los dos amistándose nOn PERO YO VOY A JALAR ESTADÍSTICA Y SI NO LA APRUEBO NO ME ABREN ECONOMÍA, ASÍ QUE TATARA TE AMO, PERO ESPERA TU TURNO CTM". Yuichi no pudo evitar mirar a Tatara por el grito de la menor, pero este simplemente rió y se disculpó con la chica en voz baja. "En fin, Yuliano, dime cómo carajo vamos a aprobar este curso ;_; porque podemos tener buenas notas de prácticas, preo de desempeño diario...".
"Dude, debes hacer algo, Sayaka te está jalando al infierno a este paso".
"Shut up you white scum omg". Tatara rió con esto y Yuichi tosió para hacerse escuchar.
"La verdad es que he tenido ideas...", Yuichi sacó su iPhone del bolsillo y le mostró la aplicación de Skype. "Podríamos skypear en clases sin que la profesora se dé cuenta y donde quiera que esté llevaría mi libro y te ayudaría a resolver los problemas...".
"Oh, pero Sayaka no podría skypear", comentó Tatara observando el celular de Yuichi. Cuando el idol levantó una ceja y se dispuso a preguntar, vio que la otra sacaba un ladrillo de Nokia que no tenía ni linterna y se lo mostraba.
"Es que no tengo celular de gente rica ):".
"Ah... Entonces tampoco tienes laptop".
"No, aún se va a cabinas a sacar sus tareas de elrincóndelvagodotnet".
"Omg acaso eres de la revista Friday, qué haces esparciendo esos rumores you bitch".
"Pero no los niegaaaaas".

A pesar de que su cabeza le daba vueltas por la fiebre que aún no le había bajado del todo, Yuichi sonrió ante el raro display de afecto entre los amigos. Si bien todo se había ido al diablo por el colapso físico debido al estrés que había sufrido; sumado al hecho de que en esos momentos su vida se resumía al maldito PV que debía filmar y aparecer en mil shows promocionándolo; después de la pequeña conversación con Sayaka y Tatara, y de verlos a ambos, supo que debería de aparecerse más. No era solo el hecho de que Sayaka iba lentamente hundiendo su perfecto promedio de buenas notas, sino que se estaba perdiendo varias cosas de la vida universitaria con la única amiga que había hecho durante todo ese tiempo. Y estadística era su obligatorio también, pero mejor vámonos con las razones sentimentales para quedar mejor.

"Okay, escucha", dijo de vuelta y los otros dos dejaron de amenazarse entre ellos. "No te puedo prometer nada, pero planeo que una vez terminada la promoción del PV, empezaré a dedicarme al curso y haré todos los ejercicios y todo lo necesario".
"¿Pero mientras tanto?", preguntó Sayaka preocupada por el tiempo que estaría abandonada a su suerte con los problemas de estadística.

Yuichi se quedó pensando en ello, era cierto que después del PV tendría más tiempo para dedicarse, pero durante ello habrían varias clases y notas que perdería... Y era injusto también para Sayaka... Fue en eso que pensó en ofrecerle hacer los ejercicios del libro de antemano y enviarle las fórmulas, pero la peliceleste al parecer tuvo una mejor idea.

"¡Ya sé! ¡Hagamos un trato!". Yuichi le miró indicándole con la mirada que siguiera. "Yo prometo dedicarme con toda mi alma al curso si es que me haces un favor". En un momento pensó decirle "¿¿¿ACASO NO TE DEDICAS CON TODA TU ALMA A ESTE CURSO???", pero pensó que sería maleducado de su parte cuando él se encontraba en una falta mayor.
"¿Qué cosa?". Sayaka sonrió y Tatara le miró con pena (?) desde atrás.
"Quiero conocer a Tegoshi".

Yuichi recordó que Tatsuya había comentado que tenían millones para silenciarla.

Sí, eso sería más rápido y efectivo que implorarle un favor a Tegoshi.



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Jin debía de admitir que le encantaba tener todas sus reuniones de trabajo en el Hard Rock Café. No solo era un lugar con buena música, comida y ambiente, sino que era muy famoso, podías encontrarte con las personas más importante del negocio del entretenimiento y tenían una atención espectacular. Además del detalle de... Bueno, siempre estar en lugares así de famosos reforzaban la imagen de uno sobre su propia fama. Y aunque siempre había una que otra fan loca por ahí o esperándole fuera, ya se había vuelto un conocido del local y sus guardaespaldas tampoco le dejaban solo.

"Disculpa por la demora". Alzó su vista y se encontró con una mujer alta y rubia de mirada seria y fría, la cual iba vestida en un apretado vestido azul que remarcaba muy bien todos sus atributos. Si bien en un comienzo Jin había intentado flirtear con ella, se dio por vencido al conocer su terrible personalidad y lo orientada que estaba simpre hacia el trabajo. En definitiva, no era su tipo, para nada.
"No, yo llegué muy temprano", le respondió con una sonrisa. En verdad, a Jin le encantaba llegar antes del tiempo pactado cuando se trataba de citas de trabajo, cosa que dejaba una mejor impresión en otros y así le era más fácil relajarse y no trabajar tensionado. "¿Ya almorzaste?", le preguntó mientras con su taza de café en mano señalaba el bisteck con papas que estaba comiendo.
"Sí, pero ordenaré un café". La mujer se volteó e hizo contacto visual con un mesero, el cual se acercó a tomar su orden y se fue rápido. Jin sonrió complacido, aquella mujer podía inflingir miedo en cualquier ser, vivo o muerto. Y por ello era que agradecía con toda el alma que, de entre todas las personas que trabajaban para la agencia, ella hubiera terminado siendo su mánager personal.
"Bueno, ¿de qué me querías hablar?".
"Oh, es sobre una nueva telenovela. Me enviaron el guión sobre una telenovela de abogados y tú tendrías un papel secundario como...".
"Espera, espera, espera", dijo con fastidio. "Ya te mencioné que no quiero papeles secundarios, Seri".
"Lo sé, pero leí el guión y me parece que podrías hacerlo. Además, la paga es buena y es un personaje del tipo que te gustan". Jin rodó los ojos.
"Sí, pero Kame obtuvo hace poco un guión para hacer una telenovela con Yamapi como co-protagonista. ¿Por qué yo no pude obtener algo así?".
"Si te esforzaras en salir más en telenovelas y no esperar que grandes papeles te caigan del cielo, tal vez más personas se interesarían en ti y te tomarían en cuenta, Jin. Kamenashi hace todo tipo de papeles y no solo gana experiencia como actor, sino que llama la atención. Sabes que pienso que deberías hacer eso y que deberías de haber comenzado desde hace mucho atrás".
"Sí, pero yo soy..." y alzó sus dedos para hacer signos de comillas", "'la cabeza' de KAT-TUN. Si no es un photoshoot, me llaman para un show de entrevistas. Si no es eso, la agencia me quiere para revisar algunos planos de las filmaciones. Si no es eso, estoy filmando un comercial. ¿En qué momento voy a poder dedicarme a papeles pequeños? No tengo tiempo para eso".
"Al igual que Kamenashi y aún así lo logra. Es más, tu compañero Nakamaru hace todo eso y encima, va a la universidad".
"Sí, pero Yuichi es un perdedor que no tiene vida social", dijo con una sonrisa, riéndose internamente del pobre hombre. Seri suspiró, negando la cabeza y guardó el guión de vuelta en su cartera, a lo que llegaba el mesero y le dejaba su café en la mesa. Jin decidió usar ese tiempo para meterse otro bocado de bisteck en la boca, pero fue justo cuando terminó de mascar que Seri volvió a hablar.
"Jin, dime, ¿qué tan importante es KAT-TUN para ti?".
"¿Por qué lo dices?", preguntó extrañado.
"Deseo saberlo". Se hundió de hombros y no dio lugar a que pudiera descifrar su semblante.
"Pues no estaría aquí de no ser por KAT-TUN", dijo simplemente.
"¿Solo eso?". Jin abrió los labios dispuesto a seguir, pero los cerró rápidamente al darse cuenta que no le venían las palabras. Además de la fama y la gran oportunidad de trabajo, Jin no estaba muy seguro de qué significaba la banda para él. Se dio cuenta que Seri le miraba fijamente y por alguna razón ello lo incomodó, así que bajó la mirada. Después de un breve silencio en que jugaba con su comida, volvió a escuchar su voz. "Disculpa, pero debo irme. Si no deseas leer el guión tampoco puedo obligarte".
"Disculpa por los inconvenientes", respondió dándole una sonrisa cordial.
"No hay por qué, es mi trabajo". Seri tomó su cartera, su café, le dio una sonrisa y se fue del lugar... Pero se volteó rápidamente y le miró fijamente. "Por favor, piensa en lo que hemos conversado". Jin le iba a preguntar a qué se refería, pero la rubia ya se había ido del lugar y él se sentía muy tonto en ese momento como para ir atrás de ella o enviarle siquiera un mensaje de texto.

Bajó la mirada al plato y sintió que se le habían ido todas las ganas de comer.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Shura on February 06, 2014, 08:54:15 PM
Gracias Kora por los icons =D

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Track .2 # Sheer Heart Attack

-Buenos días. ¿Conseguiste terminar todos los deberes?
Tres veces por semana desde hace dos meses, Shura impartía clases de matemáticas para un niño que cursaba el último curso de secundaria, aquel día sería su última clase. Pero no era motivo para bajar la guardia, al contrario, tenía que esforzarse en que aquel adolescente comprendiera las tareas y aprobase, porque si habían resultados positivos, era el modo de asegurarse de que volvieran a llamarla.
La lástima es que el niño no ponía nada de su parte… la clase se alargó una hora más de la cuenta, al final la asiática únicamente le insistió al niño que aprendiera de memoria ciertos métodos y los aplicará. En resumen, que vomitara sobre el examen una información que no entendía y que olvidaría al llegar el fin de semana. Shura podía esforzarse, pero no podía hacer milagros.

-Muchas gracias por todo.
-Esperé, con respecto a mis honorarios -Shura hubiera deseado no insistir, pero por la absurda sonrisa interrogante de aquella mujer, estaba claro que no se daría por aludida si no se lo contaba directamente-, hoy tiene que pagarme el doble, hemos estado más tiempo con las clases.

Le daba igual que la mujer se pusiera de morros, era su trabajo y no podía ir regalandolo, además, con la hora extra no había tenido tiempo para ir a desayunar, y ahora le tocaba impartir otra clase: una vez por semana, daba clases de violín a una niña. Una actividad mucho más agradable, además que aquella niña era un encanto y mucho más predispuesta para aprender, aquella hora y media se le pasó volando.     
-Muchas gracias por tu trabajo, Shura -la madre de la niña dejó a su hija en el salón ensayando lo que había aprendido aquel día, yendo ambas mujeres a parte para que la profesora recibiera sus honorarios-. No hace falta que vengas la semana que viene… la niña tiene que concentrarse en sus estudios, y no va a tener tiempo para practicar. Muchas gracias por todo el tiempo que has invertido en ella.
-¡Esperé! -Shura estaba que no sabía que decir… la madre de la niña parecía incómoda con toda aquella situación, pero a la espera de cualquier respuesta por parte de la maestra, de todos modos, aquello era algo que podía pasar en cualquier momento, a Shura no le quedaba más que resignarse… pero al menos.
-¿Quieres despedirte de la niña?
-Aun me deben mis honorarios de la semana pasada, cuando no pudo pagarme por no tener dinero suelto.

---

Y sí.
La noche anterior había estado lloriqueando en su blog sobre los tópicos con los asiáticos y sobre que no quería ser profesora de violín, pero lloriquear no hacía crecer el pan, y el dinero le venía muy bien.
No es que le fuera mal económicamente, todo lo contrario, estaba en una casa propiedad de uno de sus tíos, se la había cedido mientras la cuidase y pagará los gastos que ocasionaba. Tenía un buen pellizco ahorrado, pero tener una fuente de ingresos extra, le propiciaba tranquilidad y le hacía sentir menos culpable cuando se compraba vestidos, zapatos y bolsos; quien no quisiera verlo que no mirase, pero las primeras impresiones eran importantes, y una buena imagen, era la mejor carta de presentación para destacar en un mundo competitivo.
Y con respecto de que Shura le pidiera dinero a sus padres, estaba completamente descartado, su madre era una mujer chapada a la antigua que no había tenido reparo en buscarle pretendientes, porque a partir de los veinticinco años, “nadie quería una fruta pasada”; toda una telenovela que prefería no contar, porque resultaba difícil de encajar si no se compartían aquellas tradiciones.
Había escapado a las exigencias de su madre gracias a mentiras piadosas: como que le iba genial en el conservatorio, que era primer violín de una prestigiosa banda y que apenas tenía tiempo para nada con todas las giras.

Aunque se hubiera quedado sin poder dar clases, llevaba cinco años con este estilo de vida: ya había pasado por muchas otras casas dando clases de matemáticas, idiomas violín y piano, había tenido temporadas donde no había llegado dinero a casa, y otras en las que acababa el día agotada por el trabajo. Aquella vez, también saldría del paso, no era nada grave.

Almorzó y decidió comenzar a practicar violín antes de ir al conservatorio. Cuando llevaba dos horas, llamaron al timbre, era su vecina de al lado.
-Perdona, pero mi bebe tiene que echar la siesta, ¿te es un inconveniente pedirte que ensayes más tarde para que pueda dormir? -El tono condescendiente de aquella mujer le ponía de los nervios, y todas sus excusas eran siempre tan… que si un día tenía dolor de cabeza, que si otro día no había podido dormir por el trabajo y necesitaba silencio, que tocaba demasiadas horas, que si la música que tocaba era tan triste y emotiva que le hacía llorar y ya no podía escucharla más... le hacían sentir como si fuera un monstruo egoísta, como todo lo que tocara estuviera mal.
-Perdone, no tenía ni idea. Y claro que no es molestia, ya me iba al conservatorio.
-¿Qué tal va todo? -Una pregunta cortes que la pillo antes de poder cerrarle la puerta en la cara.
-Bien.
La vecina curvo una sonrisa mientras entrecerró los ojos, en su cara podía leerse “claro que no te va bien, ¿crees que estoy ciega? ¿O sorda? Toda la comunidad sabe que eres una buena para nada.”
-Me alegro, adiós bonita.

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(http://i129.photobucket.com/albums/p210/kora_lj/BT%20-%20MMORPG/avas%20shura/DD/ddmaria.png)x(http://i129.photobucket.com/albums/p210/kora_lj/BT%20-%20MMORPG/avas%20shura/DD/ddshura.png)

“Me merezco una vida mejor que esto.”
¿Pero cuál era la clave del éxito?

-Claro, ya decía yo que algo se me olvidaba.
-¿Cómo dices? -Maria miró a su compañera de banda.
Maria Renard, no se le resistía un solo instrumento de viento, aunque era clarinete en la banda, todos estaban de acuerdo que se su especialidad era la flauta travesera. Ambas habían salido un momento para descansar del ensayo de hoy, sentándose en un banco del jardín.
Shura acababa de recordar el mensaje que le dejó aquel extraño en su blog, pero había estado todo el día ocupada en sus pensamientos, ya era tarde, si era verdad que aquel tipo la había estado esperando, probablemente se hubiera aburrido hace rato. Siempre que el mensaje hubiera sido verdad, claro.
-Nada, voy a ir a clase a recoger mis cosas, hoy ha sido un día muy largo y quiero irme a casa -Shura se golpeo en las rodillas como si fuera la señal que esperase para ponerse en pie.
-Oh, la chica nueva en la banda, la violinista, nos ha pedido si podíamos reunirnos un momento a la salida.
-¿Puedes adelantarte? Iré enseguida, pero tardaré un poco, diles que necesito fotocopias y que me esperen si les va bien.
Era más barato hacer fotocopias, que no comprar cuadernos de pentagramas. Las dos chicas se despidieron y Shura puso rumbo al aula.

Con el violín al hombro, y una carpeta llena de pentagramas en blanco, estaba lista para marcharse.
-Eres Shura, ¿verdad?
La luz del atardecer que se filtraba hasta el pasillo, no era suficiente para reconocer la figura que como si se tratase de una aparición, había surgido en el pasillo, Shura no podía reconocer quien era, agarró aún más fuerte el asa de la maleta donde transportaba su instrumento y recordó que la llave del aula de música estaba en su bolsillo… casi nunca atacaban a estudiantes, salvo para robar.
-Sí, soy yo -estaba demasiado nerviosa para salir corriendo, manteniendo un falso sentimiento de autocontrol sólo por haber contestado.
-No puedes ser otra, -le alargó la mano para estrecharla-. Mi nombre es Bruno.
-Eso esta bien -de manera automática le estrechó la mano. El hombre necesitó un segundo antes de reaccionar, intentando encajar la extraña respuesta. Sonrió, poniéndose en su situación y comprendiendo que podía estar nerviosa.
-Fui yo quien te dejo el mensaje en tu blog.

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-Oh, claro, oh… un placer -era la primera vez que coincidía con un lector, además de todo el susto inicial,  le hacía sentirse descolocada por toda la situación, pero poco a poco volvía a recuperar la compostura-. Siento si no nos hemos podido reunir antes, no ví que me dejases un horario y he pasado toda la tarde tocando con la banda.
-Perdona, tenía que suponer que tenias una agenda apretada, te he escuchado tocar y quería decirte que tienes mucho talento.
-Pues… gracias -estaba acostumbrada a los cumplidos, pero empezaba a escamarle aquel tipo, Bruno le resultaba familiar, pero no lograba saber por qué.
-Si tienes un momento, podríamos hablar del mensaje: el talento en el mundo de la música no lo es todo, te faltan…
-Perdona, pero no tengo tiempo para hablar, tengo prisa -lo que sí que Shura no encajaba tan bien, eran las críticas, y más cuando venían de un desconocido que posiblemente no aprendiera a tocar la flauta en la primaria. Por más que el tono del hombre fuera amable y estoico, no era quien para darle lecciones.
Bruno no tomo a mal la interrupción, sonrió misterioso metiendo la mano por dentro de la chaqueta en un bolsillo oculto en la pechera, sacando una tarjeta de visita y ofreciendola a la chica, que cada vez estaba más confundida, no era habitual que la gente llevará tarjetas de visita por la calle.
-Entiendo que tengas una agenda apretada y no deseo distraerte, tienes que ir a despedir a la joven violinista. Cuando tengas un par de horas libres, me gustaría que quedásemos para tomar un café y charlar.
Shura miró la tarjeta, sólo había un teléfono y un nick “Brown Sugar”, ni siquiera era su nombre, se la guardó en el bolsillo del pantalón y tomando nota mental para tirarla a la basura en cuanto tuviera la ocasión.
-Ya veremos. Un placer Bruno, gracias por tu comentario.                                                                                                                   
Le escucho despedirse mientras se daba la vuelta para marcharse.

En todo el camino, comenzó a darle vueltas a lo que había sucedido, dejó la llave del aula en secretaria, reprimió las ganas de dar parte sobre Bruno, total, se trataba de un curioso, nada peligroso, en ocasiones pasaba. Cuando estaba intentando encajar lo que le había dicho al despedirse, Maria la localizo, corriendo hacía ella para agarrarla del brazo.
-¿Por qué has tardado tanto? -Estaba claramente agitada, pero una sonrisa y el brillo en sus ojos, delataba que se trataba de algo bueno-. No vas a creer lo que ha pasado.
-¿Es Lucy? ¿Se va de la banda?
-¿Cómo lo has adivinado?
¿Cómo lo había adivinado?
Maria sonrió radiante, tirando del brazo de Shura para que se diera prisa.
Se trataba de la niña recién incorporada a la banda, sólo tenía catorce años, todos estaban a su alrededor felicitándola, y ella estaba tan emocionada que no podía evitar las lágrimas. Cuando la niña vio a Shura, no pudo evitar sacudirse de sus compañeros, desbocada y emocionada, que se lanzó a abrazar a la asiática.
-¡Gracias sempai! Gracias por todo lo que me has enseñado, ¡me voy a Europa!
¿¡Sempai!? ¡No era japonesa! ¡Nadie le había llamado así nunca! ¡Joder! ¿Qué mierda era aquella?
La niña empezó a mencionar un montón de nombres, debut en la ópera de París, un montón de artistas, nombres de famosos directores… todo le daba vueltas a Shura, ¡no tenía que ser Lucy quien obtuviera aquel privilegio! ¡Era suyo! Los celos le revolvieron el estómago hasta el punto de que le dieron arcadas, tenía un frío mortal, no sabía si era la mano de Maria o la de otro miembro de la banda la que sintió sobre su hombro. 
Sin saber cómo, acabó dentro de uno de los baños del conservatorio, de un portazo se encerró en uno de los cubículos, acabando sentada sobre la tapa del sanitario, respirando entrecortadamente en pleno ataque de ansiedad.
-¡Shura! ¡Shura!
Se tapó la boca para que Maria no la escuchará, necesitaba estar sola, por suerte pasó de largo buscándola por el resto del conservatorio.

Pasaron los minutos mientras se tranquilizaba, aquel día le había desbordado y el triunfo de la niña había sido la gota que había colmado el vaso. No pudo evitar toser una vez más, poniendo los ojos en blanco, menudo ridículo que había hecho… además de estropearle el momento a Lucy, y con Maria preocupada buscándola, tenía el móvil el silencio por el ensayo, las llamadas perdidas y los mensajes se le acumulaban.
Le respondió que le perdonase, que se había marchado a casa y que luego la llamaría para hablar. Después los ojos se le empañaron en lágrimas y acabó tirando el móvil al suelo frustrada y llena de remordimientos.
¿Por qué no triunfaba? ¿Qué había pasado con su talento? ¿Por qué no podía hacer sencillamente lo que amaba, lo que la llenaba como persona?
¿Qué necesitaba para triunfar?

Entonces lo recordó… y quizás fuera una locura, pero, ¿y si ese tal Bruno tenía la respuesta?
Tomó la tarjeta, recogió el teléfono y marcó, era una locura, ¿pero tenía algo que perder?
-Hola Bruno… soy Shura.
>No esperaba que me llamaras tan pronto -enseguida se percató de que su tono de voz era débil y tomado-, ¿estás bien?
-No… ¿estas por el conservatorio? -No le importaba sincerarse con un completo desconocido, era mejor así, bastante ridículo había hecho con sus conocidos.
>No, lo siento, pero no me cuesta nada acercarme en un momento.
-No te molestes -se sintió agradecida por su preocupación-. Oye… con respecto a tu mensaje…
>Es mejor hablarlo en directo.
Suspiro triste por la respuesta.
>Tranquila. Escúchame, mañana irá a tu casa alguien que va a ayudarte… ¿te importa?
Se tomó un momento para pensarlo, ¿un desconocido en su casa? ¿Era necesario? ¿De qué se trataba todo aquello?
Reprimió un escalofrío de inseguridad y miedo.
-No hay problema, te doy mi dirección...   
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Cho on February 25, 2014, 10:18:00 PM
3

El día siguiente había llegado, y luego de salir de dos clases en la mañana, Cho fue a tomar el desayuno que aún no había tenido. Eran las once y los ambientes de la universidad estaban llenos de estudiantes y el bullicio de siempre. Para esas horas, la vida típica y concurrida de la institución ya estaba en movimiento.

Luego de comprar un sándwich y jugo de naranja, fue a tomar refugio en una banca debajo de un árbol y cercana al pequeño e invisible edificio de contabilidad. El ruido y presencia de tantos estudiantes le era demasiado abrumador, y por ello acostumbraba a buscar distintos huecos y ‘refugios’ dentro de la universidad donde apenas se veían a otras personas pasar.

Por su costumbre de comer rápido, no se dio mucho tiempo a relajarse, aun teniendo alrededor de tres horas que esperar antes de su siguiente clase. Su mente seguía atada a la conversación que había tenido la tarde anterior. Estaba consciente de la importancia de salir de la comodidad de su espacio y abrir su camino y ‘mundo’, si es que quería desarrollarse como una cantante en una ciudad con tanta competencia. Ello era algo que había intentado evadir considerar, pero era muy obvio que el aspecto social significaba demasiado en el desarrollo de cualquiera, más si se trataba de una carrera pública.

Al terminar con su improvisado desayuno, salió de su pequeño hueco y pensó en ir hacia la cafetería cerca del área de ciencias. Le podría caer bien hablar con alguien al respecto, y siempre había gustado de hablar con Kurisu. Ella era muy inteligente y podría darle algunas ideas sobre cómo lidiar con su situación.

Sin embargo, cuando llegó al área llena de gente, vio que ella estaba sentada en una mesa y hablando con un par de sus amigos. Por instinto, Cho se dio media vuelta y se fue lo más disimuladamente posible. No conocía a los amigos de la pelimarrón, y sentía que acercarse, interrumpir la conversación y verse forzada a presentarse era demasiado para ese momento. Mejor le buscaba más tarde.

Y cuando se le acabaron las ideas, recordó la normalmente olvidada consejería de la universidad. Dentro y fuera del lugar siempre había folletos y afiches de eventos, voluntariado o cualquier tipo de actividad social. No le dolía revisar, y de paso preguntaría a algún encargado por si había algo de su interés.


“Ah, viene a preguntar sobre eventos musicales,” confirmó una secretaria. “Lo siento, pero aún no empieza la temporada de dichos eventos. Le aconsejo que se suscriba a las noticias de la universidad. Así recibirá información cuando comiencen los recitales, concursos de talento o guerra de bandas.”
“Sí, gracias…” Cho asintió.
“Le recomendaría ir al conservatorio a preguntar por posibles actividades. Ellos están más enfocados en la música.”
“S-sí, ya lo he hecho…” la noche anterior había revisado en la página web del conservatorio, y en general ya había estado familiarizada con la gran mayoría de los eventos que se acercaban. Una buena cantidad no aplicaba a su caso, y sólo había puesto su atención en un par de eventos de las clases de coro a las cuales estaba inscrita. Pero participar en coro no le sacaría de su burbuja, por lo cual buscaba más opciones. “Muchas gracias, estaré regresando si necesito más información.”
“Sí, por supuesto. Que tenga un buen día.”

Cho se despidió y salió de la oficina de la consejera, regresando al pasillo principal de la consejería. Ni bien cerró la puerta notó que una persona cargando una cantidad enorme de papeles se acercaba. Ella no llegó a esquivarle a tiempo y al chocarse, todos los papeles terminaron regados por el piso.

“¡Ahh, p-perdón!” la peliceleste se agachó inmediatamente a recoger el desastre.
“D-descuida,” el chico le ayudó. “No estaba prestando mucha atención al camino, no tienes que disculparte.”
“Y-yo tampoco prestaba atención…” ella terminó de recoger los papeles a su alrededor y recién se fijó en qué eran. Se trataban de afiches en grandes cantidades, y había suficientes para distribuir cómodamente por la universidad. Leyendo el poco texto y viendo la simple imagen, los afiches promocionaban un evento a la comunidad de la limpieza de los parques cercanos, junto con un almuerzo para recaudar fondos para financiar mejor la limpieza de la ciudad…
“Es un evento comunitario este fin de semana,” explicó el chico, sonriendo.
“¿E-eh?” Cho levantó su mirada y vio que el estudiante ya había terminado de recoger los afiches de su lado, y le miraba como si esperara pacientemente a que le devolviera lo que había recogido. “P-perdón, aquí tienes. M-me distraje…”
“No te preocupes, puedes llevarte un volante, justo iba a repartirlos,” le explicó. Ellos se levantaron del piso y Cho le devolvió el gran grupo de papeles. “El evento es el sábado en el parque principal del área, si estás interesada en venir.”
“S…sí…” Cho asintió y desvió la mirada.
“No tienes que venir, sé que estos eventos no son muy populares, sólo decía,” él rió un poco y se vio incómodo. “No intento presionarte ni nada.”
“S-sí, lo sé…” la peliceleste vio a una de las consejeras acercarse, y dirigirse al chico.

“Ah, qué bueno que aún no te retiras,” dijo la señora. “Hablé con el coordinador de biología y me confirmó que los estudiantes tomando la materia van a participar en el evento. Él me pidió que le fueras a visitar para que expusieras la actividad en la clase que tiene hoy en la tarde.”
“Oh, claro, lo haré,” él asintió.
“Jovencita,” la consejera miró a Cho y vio que tenía un afiche en la mano. “¿Será que el evento te llamó la atención?”
“¿Eh? Pues yo…”
“No hay necesidad de presionarle, sólo repartía folletos,” dijo el chico rápidamente, algo frustrado. Esa consejera tendía a presionar a los estudiantes.
“Pero sería un buen evento,” la señora volvió a dirigirse a Cho. “El joven es uno de nuestros estudiantes más activos en eventos del campus, a pesar que ahora sólo está trabajando en su tesis. Oh, y ya tiene un trabajo dentro de un grupo muy notorio en el medio de Eastwood. ¿Habrá escuchado sobre ‘los cuervos de Eastwood’?”
“¡S-suficiente!” el chico pareció tensarse de sobremanera, algo avergonzado. Él se aclaró la garganta y decidió presentarse. “No es nada realmente importante, eh… ¡ah! Mi nombre es Almaz, mucho gusto.”
“Igualmente, mi nombre es Cho,” ella asintió.
“Almaz va a dirigir el evento de este sábado, te recomendaría que fueras. Es una buena oportunidad para involucrarte con la universidad y conocer a más de tus compañeros,” la consejera se dirigió al chico. “No olvides de ir donde el coordinador cuanto antes. Él tiene una reunión de comité en media hora.”
“Lo haré enseguida. Muchas gracias por su apoyo.”
“No hay de qué,” la señora sonrió y se despidió de los dos.

Al salir de la consejería, Cho notó que Almaz estaba algo frustrado. Ella tuvo la intención de preguntarle si algo le incomodaba, pero al parecer él pudo leer sus pensamientos con sólo mirarle.

“No, no es nada… es frecuente que me den cumplidos, pero realmente no he hecho nada muy grande… y menos en el ambiente laboral…” él negó. “Lo siento, no tienes que escuchar más del tema.”
“Pero… no creo que sea nada de qué sentirse mal. Felicidades por estar en la recta final de tu carrera eh… ¿en qué carrera estás?”
“Soy un reportero, y fotógrafo,” le contestó. Almaz sonrió con cierta nostalgia. “No tengo ningún talento estelar, pero por estar en Eastwood, decidí estudiar algo que me involucrara con el medio, y me hiciera estar en muchos eventos y sucesos. Recuerdo que entré a estudiar esperando algún día hacer el mejor reportaje e informar a las masas…”
“…” Cho ladeó la cabeza. Por el tono de sus palabras, parecía que él no había terminado de decir todo lo que tenía en mente. “L-lo dices como si no fuera a ocurrir…”
“No es eso, es que pues…” él desvió la mirada. “He podido colaborar con algunas historias y fotografías pero… aquí, lamentablemente, los reporteros no somos los ‘buenos’ la mayoría del tiempo…”
“Entiendo…” ella comprendió la incomodidad del chico, pero en parte sentía que tal vez no lo comprendía del todo.
“E-en fin, ya me tengo que ir,” él sonrió incómodo. “Perdón, pero el coordinador de biología me espera. Si te animas a venir al evento en sábado, nos vemos ahí.”
“C-claro, hasta luego…” Cho se despidió y vio al chico caminar. A lo lejos, le vio repartir algunos folletos y dar breves explicaciones sobre el evento a otros estudiantes. Como fue de esperarse, al menos la mitad de esos folletos terminaron en el tacho de basura casi de inmediato.

Algo le simpatizó en ese chico, tal vez porque pese a su ocupado horario, familiaridad con otros y actividades que hacer, se notaba algo retraído y humilde. Fue una persona ‘accesible’, en su punto de vista. Volvió a mirar al volante en su mano y meditó más al respecto. No sonaba a nada que ella haría por su propia cuenta o voluntad, pero tal vez no era una tan mala idea asistir. Todavía tenía unos días para meditarlo.

Y pasado ese encuentro, ella continuó con sus quehaceres de la mañana.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Kora on March 17, 2014, 08:18:53 PM
Mi primer fic aquí :'> me ha costado decidirme si subía el fic o no, pero aquí lo dejo.

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(http://i129.photobucket.com/albums/p210/kora_lj/BT%20-%20MMORPG/dd/ddkora.png)

"¡Hola a todos! Para los que veis mi cara por primera vez, soy KuroKitty. Este vídeo es muy importante para mí porque, para mi sorpresa... ¡esta mañana he visto que ya he llegado a los 750.000 subscribers! Estoy muy, muy contenta de que ya seamos tantos. Aunque no puedo contestar todos vuestros mensajes, los leo todos, y no sabéis cuánto me animáis a que siga adelante con esto. Si cuando empecé a grabarme cantando en el instituto, quizá algunos os acordéis de esa época, me hubieran dicho que llegaría hasta aquí, ¡ni me lo hubiera creído! Muchas gracias a todos por vuestro apoyo, y espero terminar pronto la canción en la que he estado trabajando éstas últimas semanas. Estoy un poco atascada en una frase, quiero traducirla de la forma más fiel posible... bueno, no me voy por las ramas. 750.000 subscribers, casi 100 covers, una veintena fandubs... no puedo creer que todo eso haya sido posible en menos de tres años. ¡Gracias a todos, y nos vemos pronto!"

Tras lanzar un beso a la pantalla como despedida, detuvo la grabación, y dejó caer la cabeza sobre el escritorio con un "clonc". El golpe hizo que soltara un gemido bajito y largo, quedándose en esa posición por unos minutos antes de levantar la cabeza. Mantener su habitual actitud animada mientras grababa le había costado varias tomas y retoques de maquillaje, todo lo que Kora quería hacer era echarse en la cama y dormir mientras esperaba a su inevitable final.

Aunque lo primero que había hecho nada más volver a su apartamento había sido cerrar de un portazo, tomarse un té relajante, darse una ducha mientras lloriqueaba para luego dormir desde las siete de la tarde hasta las nueve de la mañana, Kora todavía tenía la cabeza a punto de explotarle. Al menos la hinchazón de los ojos había desaparecido gracias al antifaz de hielo líquido.

Y todo porque sus padres no tenían nada mejor que ir indagando en su vida. Todavía no podía creerse que la hubieran investigado como si fuera una criminal.

"¿Cómo has podido engañarnos todo este tiempo? ¡Te hubiéramos apoyado si nos hubieras dicho que era ésto lo que querías hacer!"

(Sí, claro. Por eso habían elegido ellos la universidad, la carrera y su futuro puesto en la empresa.)

"¡Se acabó! ¡Se acabó de verdad! ¡Es hora de que aprendas a ganarte la vida y el valor de las cosas!"

(Y eso lo decía alguien cuyo patrimonio familiar estaba valorado en millones de dólares.)

"La universidad, el apartamento, todos tus caprichos... ¿Sabes cuánto dinero nos hemos gastado en ti en estos dos últimos años?

(Más o menos lo mismo que en tu última rinoplastia. ¡Y no es que te haya servido de mucho!)


Tal vez no debería haber dicho la última en voz alta. La discusión había escalado hasta que su padre había cortado por la mitad sus tarjetas de crédito, anunciando que iba a cerrar todas sus cuentas bancarias, que a partir de aquel momento tendría que buscarse la vida sola y por supuesto, que iba a tener que devolverles todo el dinero gastado. Con un pobre esfuerzo para guardarse las lágrimas, Kora había salido de la mansión con un portazo.

Había querido pensar que sólo había sido el calentón de la discusión, pero tras guardar el vídeo para editarlo más tarde, había ido a comprobar su situación bancaria... soltando un grito ahogado al ver que los ceros iban acompañados sólo de otros ceros. Estaba completamente en blanco, y su plan de vida acababa de irse al traste.

Aprovechar el dinero que sus padres le daban para pagar la carrera, 10.000 dólares por curso, para sus propios proyectos no había sido lo más honesto, eso estaba dispuesta a admitirlo. Pero no es como si no tuviera nada pensado: había contactado con alguien que le ayudaba a falsificar los documentos que acreditaban su presencia en la universidad, y éste le habría conseguido la licenciatura. Kora sabía que había elegido al hombre adecuado, al fin y al cabo, él mismo era un abogado con un título falso, y el tipo estaba en la cresta de la ola.

¡No era como si el trabajo que le esperaba fuera especialmente difícil! Había acompañado a su padre al edificio principal de la empresa principal, y lo único que había visto era gente con trajes caros que fingía saber de lo que hablaba. Uno de ellos intentó ligar con ella, y cuando le preguntó en qué trabajaba, sólo le respondió exasperadamente: "por favor..." (tras lo cual había huido al enterarse que era menor).

Todo estaba calculado. Sólo otros dos años, tres si quería añadir un máster a su currículum, y Kora habría seguido con su vida perfecta.

- Al menos terminaré esto... y cuando nadie vuelva a saber de mí, me habré ido creando drama.

Abrió el programa de edición de vídeo para retocar la iluminación y añadir filtros, lo habitual para que los vídeos lucieran lo mejor posible. Ajustar los tonos para que su piel pareciera más blanca pero no se confundiera con su color de pelo y el rojo de sus labios fuera más intenso, mejorar la luz de la habitación... su habitación...

También perdería su habitación, junto con el apartamento. Le encantaba aquel sitio, se había enamorado de él nada más se lo habían enseñado. Grande y con luz, el cuarto de baño principal tenía una bañera jacuzzi, la cocina-comedor era espaciosa para tener un televisor de plasma al que conectar el portátil cuando quería ver una película o jugar un videojuego.

Y sobretodo, la sala de grabación que había instalado. Había costado tres meses terminar de montarlo todo, pero aquel estudio había sido donde había grabado la música que había hecho subir su fama como la espuma. ¿Qué iba a hacer con todo eso?

En cuatro días llegaba el día de pagar el alquiler, y cuando pasara una semana sin hacerlo, le darían tres días para marcharse. El lujo era estricto.

Revisó el vídeo por última vez, sus últimos tres minutos de gloria antes de desvanecerse como una llama.

"...bueno, no me voy por las ramas. 750.000 subscribers..."

750.000 subscribers...

Cualquier persona que navegara por las redes sociales se había topado alguna vez con los típicos posts de recaudación. Desde pagar el tratamiento veterinario de un gatito a ayudar a una persona que necesitaba pasar la semana porque le habían robado la tarjeta del banco.

Aunque llevara años en internet, por su propia seguridad, se había asegurado de no hablar demasiado de quién era en la vida real. A quienes conocía en la realidad procuraba no hablarles de su aficción para evitar ser tachada de friki, y a sus amigos online evitaba mencionar todo el tema de la fuente de dinero.

Se ajustó el pelo con los dedos, y suspirando hondo, formó una expresión serena y humilde. Clickeó para empezar a grabar con la webcam.

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(http://i129.photobucket.com/albums/p210/kora_lj/BT%20-%20MMORPG/dd/ddjolyne.png)

Jolyne llegó a casa, y dejó la caja que contenía la guitarra sobre la cama, dejando que el placer de una espalda libre de casi cinco kilos la recorriera acompañado de un sonoro crujido de hombros. Los ensayos con el grupo se habían vuelto diarios aquella semana, como siempre que les ofrecían la oportunidad de tocar en algún club… aunque fuera de teloneros de los teloneros.

- Hola... oh.

Puso los ojos en blanco al recordar que ya no tenía compañera de piso. Aunque originalmente ella había sido la compañera de piso, una vez la otra persona había encontrado pastos más verdes (es decir, un novio al que podía gorronear más que a Jolyne), le había faltado tiempo para salir volando de aquel sitio.

Jolyne no hubiera lamentado mucho su pérdida, dormía más tranquila sabiendo que ya no había nadie dándose chutes en el comedor cuando no estaba, si no fuera porque la había dejado con todos los gastos de aquel mes más el alquiler. Algo que desde luego no podía cubrir con su trabajo como camarera.

Cada vez que pensaba en el tema Jolyne echaba humo, su madre le ayudaría encantada con los gastos, pero sería un gasto extra que apenas podría permitirse. Su padre podría pagar perfectamente, pero enseñar los pechos a viejos verdes por webcam le parecía una alternativa más digna a tener que pedirle nada a aquel tipo.

Meow…

La gata saltó del suelo a la mesa de la cocina, maullando para llamar su atención. Acarició su cabeza, y tras poner los restos de pizza en el microondas, le llenó un tuperware mediano a la gata, que tras beber, puso las patas delanteras dentro, chapoteando.

Jolyne palmeó los bolsillos de sus pantalones, sacando el móvil a tiempo para grabar a la gata meter la cabeza en el agua y sacarla para sacudirse, con una sonrisa gatuna satisfecha, antes de volver a la carga intentando meter la parte delantera del cuerpo en el agua.

- Eh, Foo, ya, ya, que me vas a dejar esto hecho un desastre…

Paró el vídeo y apartó a la gata de su querida agua antes de que terminara derramándola por la mesa y el suelo, aquella noche tenía libre y no quería tener que fregar nada que no fuera absolutamente necesario. Con una mirada frustrada, Foo le maulló bajito, y salió corriendo hacia el pasillo.

- Bueno, ya se te pasará.

Se encogió de hombros, riendo mientras sacaba la pizza del microondas, y fue hasta su habitación. Dejó el plato en el escritorio y enchufó el móvil al ordenador, subiendo el vídeo de Foo a Facebook mientras elegía una serie en Netflix. El sonido de varias notificaciones seguidas indicaba que había sido, como siempre, un éxito entre sus amigos.

Si fuera una de esas raritas que le hacen perfiles a sus mascotas, estaba segura de que su gata tendría más amigos que ella.

>FOO!!! la adoro ♥
>que nos vamos a ahogaaaaaar /apm
>Cómo puede gustarle tanto el agua a un gato? jajajaj
>Jol me encanta tu gata!!
>xDDD deberías subir sus vídeos a Youtube, ya verías como se vuelve viral


La mención de Youtube hizo que dejara de masticar por unos momentos, dejando ir un bufido antes de seguir comiendo. Intentar resistirse a la curiosidad o lo que fuera que sentía era imposible, y cuanto antes lo mirara, antes podría seguir con su rutina.

Al abrir el navegador y empezar a escribir la dirección, éste autocompletó con el canal, pero tampoco lo necesitaba; conocía aquel nombre de usuario de memoria. Tal y como esperaba, había un vídeo nuevo, aunque éste parecía uno de sus videologs en lugar de covers de canciones de anime o videojuegos. Aunque sabía que no le interesaba mucho lo que tuviera que decir, abrió el vídeo igualmente.

...y por eso, si podéis ayudarme en esta situación tan desesperada, os lo agradecería. Un sólo dólar me serviría para pagar el alquiler mientras espero a que salga otro trabajo… realmente no tengo nada ahora mismo… oh, no, no, no, no quería llorar, me siento tan patética…

Debía admitir que de todas las cosas que esperaba ver, aquella era la última que esperaba. No quería admitir que si lo que decía era verdad, una parte de ella se alegraba, pero la conocía bien como para saber que estaba ocultando algo. Bueno o malo, no sabría decirlo.

- No es mi problema.

Se apoyó hacia atrás en la silla, dando otro bocado de pizza. Antes de que cerrara la pestaña, Foo saltó al escritorio, y se quedó mirando la pantalla. Al ver a la chica hablar y moverse, la gata dio unos manotazos donde estaban los pechos, que con cada exagerado sollozo reprimido daban un pequeño saltito, haciendo reír a Jolyne hasta que cogió a la gata, dejándola en su regazo y cerrando la pestaña.

Terminó el trozo de pizza, dándole la corteza a Foo a pedazos, y odiándose por ello, pulsó las teclas para abrir la última pestaña abierta.

- En serio, ¿qué tienes en mente…?

Nunca era demasiado tarde para retomar una vieja amistad, ¿no? Además, lo hacía sólo por curiosidad.

--

(http://i129.photobucket.com/albums/p210/kora_lj/BT%20-%20MMORPG/dd/ddkora.png) (http://i129.photobucket.com/albums/p210/kora_lj/BT%20-%20MMORPG/dd/ddjolyne.png)

Aquella mañana era el día que tenía que pagar el alquiler. Se había despertado temprano y no había podido volver a dormir, por lo que llevaba desde las seis de la madrugada en el ordenador. La colecta parecía ir bien, no tan espectacular como esperaba, pero al menos podría salir del paso.

De paso comprobó la bandeja de entrada. Como siempre, los mensajes eran todo lo diversos que podía esperar: usuarios deseándole lo mejor y halagando su voz, otros cantantes online felicitándole por su nueva meta, pedidos y sugerencias de canciones por versionar, el típico friki que no tenía nada mejor que hacerle un test para evaluar cuánto sabía del videojuego del que había hecho una versión lírica del tema principal…

Borró los más molestos y bloqueó al tipo con la foto de perfil con una fedora que no había dejado de acosarla desde que hizo versiones piano de My Little Pony, el cual no parecía comprender que simplemente no estaba interesada en él y por tanto era una calientabraguetas y demás calificativos.

- Lo que tú digas, pero aféitate la barba esa del cuello… – Gruñó. No era el primero ni sería el último.

Al menos había pasado dinero a la cuenta del banco. Viendo que se le habían hecho las once de la mañana, se dio una ducha rápida y se vistió, a pesar de que no esperaba salir de casa en ningún momento.

Tampoco esperaba visitas, no tan temprano al menos.

El timbre la sobresaltó, y brincó de la cama para abrir la puerta. Cuando se asomó por la mirilla y vio quien estaba al otro lado, tardó unos segundos en reconocerla -- los rasgos habían cambiado, el pelo de dos colores despistaba… pero era ella.

Se apartó de la puerta unos pasos, sin saber si debía fingir que no había oído el timbre. Empezó a marearse con preguntas; ¿cómo la había encontrado? ¿iba a desmantelar todo su secreto? ¿qué quería de ella?

En lugar del timbre, oyó unos nudillos contra la madera, y una voz que aunque sonaba ahora tan diferente, le era completamente familiar.

- Sé que estás ahí… lo que no sé es por qué vas con tacones por casa…

Kora tragó saliva, y abrió el pomo de la puerta con el corazón martilleándole en el pecho.

- ¿Jo… Jolyne?
- Hey, ¿qué tal?

Un escalofrío la recorrió, aunque no era miedo, ni incertidumbre, ni nada similar. Habían pasado años desde la última vez que habían hablado, y unos cuántos más desde la última vez que se habían visto. No sabía muy bien qué decir, y sólo boqueó unos momentos antes de obligarse a recuperar la compostura.

- Bien, gracias. – Forzó una sonrisa.
- Nadie diría lo mismo en la situación que cuentas en tu último vídeo. – Jolyne arqueó una ceja, cruzándose de brazos.
- Oh, eso… um…

Lo último que quería era caer más bajo aún. Después de todo el tiempo, que Jolyne la encontrara justo cuando estaba en un momento de crisis era un escenario que no quería vivir. Se cruzó de brazos, ladeando la cabeza.

- Sólo un experimento para ver si la gente daría dinero de verdad. – Se encogió de hombros. – No se lo digas a nadie, ¿vale? Voy a donar todo lo que recaude.

La expresión de Jolyne lo decía todo: “no me trago una sola palabra”. Y justo cuando Kora creía que iba a poder salir del paso, una figura en traje se asomó detrás de su invitada, carraspeando para llamar la atención.

- Señorita Hardy, ha habido un problema a la hora de cobrar el alquiler de este mes. – Jolyne alzó ambas cejas, ensanchando la media sonrisa. – La cuenta está bloqueada, y agradecería que lo arreglara cuanto an-
- ¡¡Un momento!!

Kora salió disparada hacia su habitación, y tras rebuscar en lo que había renombrado como “Cajón de Tiempos Mejores”, sacó una chequera entre tarjetas de crédito, cartillas bancarias y tiquets de compra. Rellenó uno de los cheques a toda prisa, tendiéndoselo a la dueña del edificio.

- He tenido un problema con el banco, no es molestia si pago en cheque, ¿verdad?
- Un poco, pero me alegra ver que no hay ningún problema mayor. – Respondió la mujer, juzgándola por encima del borde dorado de sus gafas. – Avise la próxima vez si planea pagar en cheque o efectivo, por favor.
- Sí, sí, claro… buenos días…

Cuando la mujer desapareció en el ascensor, Jolyne seguía en el marco de la puerta, cruzada de brazos. Kora suspiró, y con un gesto, invitó a la otra a pasar dentro. Quisiera lo que quisiera Jolyne, tanto simplemente comprobar cómo estaba, burlarse de ella, recordar viejos tiempos o chantajearla… Kora tenía todo a su disposición para tratar con ella.

Incluyendo un bate de béisbol.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Cho on March 28, 2014, 11:30:50 PM
Hola Kora, qué sorpresa verte por aquí. Espero que te diviertas y te leeré en cuanto me ponga al día... *se marea con los posts*

*Este es un repost del DD pasado así que no cuenta para probaciones*

4

Se acabaron las clases del día en el colegio privado de Eastwood, y como era usual, los estudiantes aprovechaban la excelente ubicación de la institución, sólo necesitando cruzar una de las concurridas y populares avenidas de la ciudad para llegar al tan frecuentado mall. Por la hora de la tarde y la cercanía de muchos centros de estudios, la plaza de comida estaba abarrotada de gente. Luego de haber esperado un rato en línea en distintos puestos de comida rápida y hecho malabares para encontrar una mesa libre, Sora, Reimu y Ryo pudieron comer su almuerzo entre tanta bulla. El muy probablemente terrible resultado en el examen del día era ya un tema recóndito en las profundidades de la mente de Sora, quien terminó su almuerzo comiendo una grande y variada sopa de helado francés mientras sus amigos le esperaron pacientemente, revisando sus apuntes de las clases.

Ya con la comida acabada, fueron caminando por el mall, observando tiendas. Sora se detenía en bastantes, mirando entre ropa, zapatillas, videojuegos y CDs de todo tipo, con las últimas dos categorías siendo compradas hasta por gusto.

“Pensé que ya tenías ese videojuego,” dijo Ryo, sonriendo de que lo comprara.
“Este juego vino con cinco distintos bonus, dependiendo de en qué tienda se vendía,” explicó Sora. “Me faltaba esta tienda, así que finalmente completo la colección.”
“Entonces…” Reimu se puso a calcular. “¿Has gastado alrededor de 249.95 dólares en conseguir las cinco distintas versiones?”
“Ya quisiera,” él dio un suspiro, con pesar. “Una versión se acabó en su tienda y la compré de una secundaria donde me salió veinte dólares más, y la otra la tuve que ganar de una subasta a más de 120 dólares, no tuve de otra.”
“Increíble,” Ryo se rió un poco, aunque también sentía incredulidad por cómo su amigo estaba dispuesto a gastar tanto dinero. Pensando en su situación, al ser mantenido por sus dos hermanos menores que por sus estrellatos tenían bastantes recursos, el dinero debía ser lo de menos importancia para él. “Nunca pensé que esos distintos bonus sí llamaba a personas a comprar múltiples copias del mismo juego.”
“Pero aquel gasto es innecesario y limitante para tu desarrollo personal, arraigándote a fantasmagorías materiales,” objetó Reimu, con un tono de madre enseñando una lección a un niño pequeño. Luego, sonrió pacíficamente. “A eso, tengo una sugerencia, un objeto de apreciación espiritual en el cual existe un gran valor a la inversión.”
“¿De qué hablas, Reimu?” Sora se confundió, y su supuestamente madura amiga sonrió de oreja a oreja, rompiendo aquella solemne paz.
“Dona dinero a mi templo,” declaró ella, levantando su pulgar como si dijera una de las verdades de la vida.
“¡No aproveches este momento!” Sora intercambió miradas con Ryo, quien tuvo que encogerse de hombros.

Por más ‘madura y sabia’ que Reimu podía apuntar a ser a veces, ella también tenía un vicio muy interesante; la ambición y en casos extremos, avaricia. Podría normalmente predicar actuar bien y tener todo el interés de reforzar el buen comportamiento a donde fuera, pero sus amigos sabían muy bien que ella también podía romper su disciplina y lo hacía sin vergüenza cuando se trataban de dos cosas importantes. Una era comer bien, y la otra y mucho más importante, cuando ella tenía en mente a su templo, dispuesta a hacer lo que sea para mantenerlo. Y cuántas veces se había tocado el tema entre los tres sobre donar dinero, con Reimu siendo especialmente insistente con Sora, por obvias razones.

“Vamos, si bien puedes ir a mi templo a rezar y relajarte un rato, o orar un poco, te beneficiaría apoyarlo económicamente. Ryo ha ido, ¿por qué tú no?”
“¿Por qué crees?” Sora negó. “Si voy por esa zona juro que algo malo me va a ocurrir, sé que es peligroso por ahí, y seguro que hay gente que sabe de mis hermanos.”
“P-pues, será la zona de bajos recursos de la ciudad, pero no creo que sea tan malo,” Ryo sonrió, restándole importancia. “No tendrá los lujos, orden o limpieza de esta área, pero en verdad no lo veo tan mal.”
“…” no quería responder a eso, ya que las pocas veces que había pasado por ahí con chofer, se había llevado una mala impresión. La charla de los tres probó distraer a Sora lo suficiente para llegar a la tienda la que había apuntado desde el comienzo; la tienda de instrumentos musicales. “Finalmente llegamos. Tengo que ver qué modelos de bandas para guitarras tienen. ¿Qué tal si se animan a comprarse algo?”
“Es una tienda muy cara, Sora,” respondió Ryo. Como siempre, con paciencia, esos dos sabían muy bien que Sora a veces no se daba mucha cuenta del distinto estado en que estaban, lo cual en su mayoría no era algo que les incomodaba.
“Sí, es verdad, pero al menos podría conseguirles algún detalle. Miren por si algo les llama la atención,” Sora sonrió, animando a sus dos compañeros. Ryo pensó en ver si conseguía nuevos palillos de percusión para poder tener unos de repuesto y Reimu se puso a pensar en una banda también para su bajo, aunque en su caso escogería la más cara, dispuesta a regresar a escondidas uno de esos días para devolverla a cambio de dinero en efectivo.

Se tomaron su tiempo, y ni bien terminaran estarían yendo camino a la casa de Sora, aprovechando no tener muchas tareas ese día. No había muchos eventos estudiantiles ni exámenes muy abundantes o cercanos, por lo cual tendrían más tiempo libre, y eso podría caerle muy bien a su banda en formación. Tendrían que poner de su parte.



La visita al mall se acabó con Sora comprando unos postres para llevar a su casa e invitando a sus amigos con él. Ni bien salieron de la pastelería, el chofer de Sora estaba esperándoles y los llevó a la residencia. Sora vivía con su familia en una lujosa mansión frente al mar, en uno de los lugares para gente adinerada que Eastwood tenía disponible, donde el costo de vida era alto, pero la gente próspera en profesiones de fama no tenía problema alguno para cubrirlo. El plan de ese presente día estaba en ir a comer algo con la madre de Sora y luego subir a su habitación para hablar un poco sobre la banda o tal vez estudiar para el día siguiente, y luego Ryo y Reimu estarían yendo de regreso a casa con la ayuda del chofer.

Bajaron en la entrada de la mansión mientras el chofer siguió con su camino a la cochera. El atardecer era una vista preciosa desde ahí y en la azotea de la mansión se podía admirar a la playa completamente. Los dos visitantes siempre admiraban un poco de la belleza natural y lo bien mantenida que era la mansión en jardines y estructura, pero eso era algo que Sora no prestaba mucha atención. Llevaba ahí años y el impacto se suavizaba. Sería dar por sentado su excelente ritmo de vida, o simplemente haberse acostumbrado a lo que siempre tenía disponible. No se le podía culpar.

Ni bien entraron a la casa y fueron al comedor, oyeron voces de chicas, varias voces.
“…” Sora se detuvo como si hubiera sentido un shock eléctrico, mientras sus dos amigos sonrieron con pena ajena. “M-mejor vamos a mi habitación a comer.”
“Sora, ¿no recuerdas lo molesta que estuvo tu mamá la vez pasada que comiste ahí?” le preguntó Reimu, tranquilamente. “Sé que algo oscuro debe haber pasado en tu infancia para que reaccione tan alarmantemente cuando llevas comida a tu habitación.”
“Tu normal desorden es bastante problema, diría,” comento Ryo, pensativo. Él sonrió un poco. “Si limpiaras tu propia habitación de vez en cuando tendría mejor disposición.”
“N-no cambien el tema…” Sora dio un suspiro. Era suficiente con que su madre le haya dicho a las criadas que no limpiaran su habitación para que él lo hiciera, pero sí, no era el tema a discusión ahora. “El comedor está ocupado, podríamos ir a mi habitación.”
“No, como partidaria de tu madre, no te dejaré,” Reimu habló estrictamente. Sí, Sora tendría que vencerle en algún tipo de partida de danmaku (??) para hacerle cambiar de parecer, así que no tenía de otra.
“Ehh, hay más salas aquí, podemos ir a una de esas,” sugirió Ryo, pero ya había pasado demasiado tiempo frente a la puerta de comedor, y como siempre, una persona fue capaz de oírles. Esta abrió la puerta frente a ellos, y con eso, ya no se podía escapar.

“Ohh, qué maravilla,” dijo ella, con su voz melodiosa y dulce de siempre. Era una alta, esbelta y despampanante rubia de envidiables proporciones, mayor que los tres por varios años y acercándose peligrosamente al final de sus veintes. “Y los tres están aquí. Tanto tiempo sin verles, Ryo, Reimu. ¿Cómo les va en el colegio?”
“Excelentemente, gracias Vert,” contestó Reimu, simpáticamente.
“Espero que también les esté yendo muy bien a ustedes,” dijo Ryo, sonriente.
“Por supuesto, gracias por preguntar. Pasen, justo estábamos discutiendo sobre un contrato de propaganda,” ella agarró a Sora de los hombros para que este no se pudiera escapar y lo empujó lentamente hacia dentro, con sus dos amigos siguiéndoles.

En la gran mesa del comedor estaban unas tres chicas que habían dejado de hablar y les miraban. Ellas sí estaban por el rango de edad de los tres, con una pelinegra de la misma edad y las otras dos algunos años menores. Las conocían muy bien y Sora aun más, ya que la más pequeña era su hermanita, y por bien o mal, vivían en el mismo lugar.

Ellas cuatro eran un reciente pero sumamente popular grupo en Eastwood y que empezaba a ganar notoriedad internacional: The Hearts. La hermanita fue aceptada a la banda como la baterista y cada una de ellas, pese a ser jóvenes, tenían su brillo y talento, y eran muy populares. Vert era un caso distinto, al haber estado previamente en un grupo que le llevó a la fama y le dio experiencia previa, y ya tenía su fama y popularidad desde antes. Por ella, se pudo hacer a ese presente grupo tan conocido y alcanzar tantas oportunidades, algo inspirador, e injusto en el punto de vista de otras personas.

“Sora…” su hermanita le miró ligeramente hastiada. “Pensé que fui clara. Aléjate de mi visita cuando está presente.”
“Ni quería venir…” Sora estaba algo molesto por ese usual trato de ella, el cual era peor cuando ella tenía gente a su alrededor. Casi parecía que le avergonzaba.
“Vamos, Blanc-chan, no seas tan dura con tu hermano mayor,” opinó Vert, con una sonrisa dulce. “Sé que es un buen chico en su corazón y es tan lindo. Casi me recuerda a un suave marshmallow.”
“¡O-oye!” Sora le reclamó pero todos se rieron. Hasta Blanc sonrió un poco con gesto de considerar que Sora había recibido su merecido. La clásica de la hermana y sus amigas burlándose del hermano. “¿P-podrían no tratarme mal por lo menos una vez?”
“¡No, no! ¡Así no actúa un chico!” indicó la pelimorada del grupo, levantando su pulgar. “¡Eres el hermano mayor de Blanc, deberías ser muy cool y awesome! ¡Deberías ser el héroe universal de un universo paralelo que está siendo consumido por oscuridad!”
“Haha, entiendo tu punto, Neptune,” Reimu lo encontró gracioso. “Pero te aseguro que este Sora no está muy relacionado a posibles dimensiones alternas.”
“Ten un poco de fe en mi, Reimu,” Sora dio un suspiro. “Seguro podría ser awesome.”
“¿Ya te adentraste en otros universos?” Ryo se sorprendió de la habilidad de Sora de perderse un poco en cosas épicas o imaginarias.
“Este niño siempre con su cabeza en las nubes,” la pelinegra negó con la cabeza y le miró como no merecedor. “Tu comportamiento me hace pensar que te has quedado atascado en la infancia. ¿Vienes a pedirle dinero a Blanc para comprarte algo sin propósito?”
“¡N-no, pensé que este lugar estaba vacío!” Sora negó. Aunque ahora que se ponía a pensar, tenía que pagar un videojuego que acababa de salir a la venta…
“Seguro que ya estás pensando en algo. Perdón por mencionarlo, Blanc.”
“Descuida Noire, sé cómo la mente de Sora funciona, es inevitable,” contestó ella.
“¡C-cállense!” Sora se dio media vuelta. “Olvídenlo, me voy, no van a tener que verme por aquí, sigan con sus millonarios planes.”
“¡Aww, pero esto está divertido!” comentó Neptune, inocentemente.
“¡No digas eso!”
“¡P-p-pero…!” entonces, ella vio la bolsa que traía, y ese indiscutible logo. “¡OHHH! ¡Pasteles! ¡Han comprado pasteles! ¡Quiero!”
“NepNep, esos son para los tres,” le corrigió Vert, sonriendo. “Podemos llamar a la pastelería para que nos traigan algo. Estarían aquí a más tardar en media hora.”
“B…bueno…” ella quería pasar un momento lindo con todos, aunque a veces para ella, ‘momentos lindos’ incluían algo de discordia. Sería que no se daba cuenta de mucho.
“Nos estamos viendo, gusto verles nuevamente,” se despidió Ryo, amablemente.
“Un gusto también, ustedes dos me caen muy bien,” Noire les sonrió agradablemente. Ella tenía una pulcra y elegante apariencia que la hacía fácilmente la más popular de las tres inexpertas, casi rivalizando a Vert.
“Que les vaya bien en su trabajo,” Reimu dio una reverencia.
“Sí, y gracias por siempre estar ayudando a mi tonto hermano,” dijo Blanc, con expresión seria, pero palabras sinceras. En verdad se llevaba bien con los amigos y sentía que les debía consideración debido a que su hermano necesitaba ayuda para madurar y aunque ellos dos no hacían milagros, también eran amigos suyos y sí le ayudaron a subir un poco más sus notas con algo de tutoría y estudios impuestos. Hasta la madre los reconocía casi de la familia y siempre tenía las puertas abiertas para ellos.
“Sí, ya me voy,” Sora se fue y sus amigos le siguieron. No se completó ese momento que Vert había esperado, al siempre querer que Blanc se llevara mejor con Sora pese a sus diferencias, pero estaba optimista que tomaría más de esos encuentros. Los dos eran sumamente lindos en su punto de vista.

No iban a ir a la habitación a comer por mandato de Reimu, pero irían al segundo piso ya que había una sala de estar no muy frecuentemente usada donde sí tenían el permiso. El día perdía la luz del sol con el pasar de los minutos y todavía tenían algo de tiempo, aunque tampoco mucho para que los invitados no llegaran muy tarde de regreso a sus casas. Seguro que llegarían a hablar algo de la banda, lo cual Sora quería desarrollar.

Como siempre, no llevándose muy bien con su hermanita y amigas pero aun con eso, Sora sí tenía un gran afecto a Blanc, sólo que nunca se daba la oportunidad de demostrarlo y estaban en vidas con encuentros esporádicos de ese tipo. Blanc también le quería aunque tenía tanto que recriminarle que le daba muchos dolores de cabeza. Ella tenía que dejar de tener expectativas de él y dejar de conectarse con lo que le faltaba o en lo que fallaba, y podría aceptarle un poco más.
Aun con todo eso, Blanc era su buena hermanita… ya que el menor de los tres hermanos casi todo un demonio con Sora.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Cho on March 28, 2014, 11:35:41 PM
Aquí está mi post del mes, damn tengo que ponerme a trabajar con los icons...

5

Era casi el ocaso y el colegio privado de Eastwood se encontraba terminando con las actividades extracurriculares del día. Sin embargo, por la gran cantidad de ambientes y recursos, era después del cierre de clubs que muchos miembros del colegio pedían aulas o instrumentos prestados. Grupos de estudiantes organizaban sesiones de estudios en salones, personas con trabajos de investigación usaban las enciclopedias en línea exclusivas de la institución, deportistas seguían con su entrenamiento en los gimnasios y hasta algunas organizaciones de alumnos empleaban los patios o salones de audiovisuales para exhibiciones. En sí, gran parte del material y estructura presente en el colegio podían ser usados después de las actividades usuales, y el único requisito era inscribirse previamente en secretaría dando motivos válidos para sacar un cupo y asumir responsabilidad en caso de daños o pérdidas. Un sistema simple, pero con tal demanda que un cupo de pocas horas se tenía que separar a veces hasta con un par de semanas de anticipación.

Y en ese presente día, uno de los salones de música de la escuela fue rentado por un periodo de dos horas por cuatro estudiantes, quienes dieron como motivo de la renta: ‘práctica de la banda musical’. Este cuarteto de chicas era sólo otra banda aspirante más en la inmensa ciudad, quienes como muchos otros jóvenes apenas tenían la idea de convertirse en estrellas, repartirse instrumentos musicales y empezar a familiarizarse con los mismos. Y más que músicos con experiencia, las cuatro eran amigas pasando un buen rato juntas. Ellas eran la banda: Spring Girls, o al menos lo fueron hasta que una integrante dio hincapié a cuán Hippie y Bossa nova sonaba y que el nombre podría no ser el más conveniente para ellas. Esa no fue ni iba a ser la única vez en que cambiaban el nombre de la banda.

A pesar de pertenecer a ese colegio de élite, ninguna de las cuatro pertenecía a una familia de clase alta, por lo cual dependían de esas rentas para poder practicar con instrumentos musicales. Al llegar al aula presentada, cada una fue a recoger su instrumento predilecto, y con ello, estaban listas para comenzar.

“¡Declaro esta junta iniciada!” dijo una chica de cabello marrón corto y temperamento energético. Ella era Tomo, la autoproclamada líder de la banda y quien empujaba a las demás a continuar con el ritmo de las prácticas. Ella bien podía ser la líder debido a que era quien más daba importancia a desarrollar el presente proyecto como si fuera su mayor y única meta en la vida. “Antes de dedicarnos a practicar nuestra música, tengo un anuncio muy importante que darles,” ella tensó su expresión a una muy determinada y habló con un tono decidido. “Desde este momento, seremos conocidas como ‘The Maniacs’.”
“¿Maniacs?” preguntó una integrante de caballo castaño largo que usaba lentes. Ella era Yomi, la amiga de Tomo de la infancia y sin lugar a dudas la más centrada del grupo. Ella alzó una ceja. “¿Ya te viniste con otro nombre?”
“Pues claro, tenemos que definir eso cuanto antes, ya que ‘Spring Girls’ fue rechazado por el comentario de cierta personita,” Tomo miró un momento a dicha personita de reojo, con molestia. “Gracias por nada, Mai.”
“…” la dirigida de cabello marrón oscuro y lentes le miró fijamente. Mai era la callada y ‘monótona’ del grupo al casi nunca romper su nula expresión, pero ello no significaba que fuera tímida en lo absoluto. Más aun, su aparente inhabilidad de filtrar sus directos comentarios solía traer ‘vida’ a la banda. “Fue necesario hablar. Ese nombre no va con nosotras. Tenía que morir.”
“Aww, a mí me gustaba…” otra chica muy parecida a Mai aunque sin lentes y con un rostro expresivo tomó la palabra. Era la prima de Mai, quien todos conocían como Osaka. Por su manera inocente y distraída de ser, era la mascota del grupo. Ella se apenó. “Pero podríamos usar ‘Spring Breeze’…”
“…” Mai negó con solemnidad. “Con ese nombre nos condenaríamos a tocar música ambiental de ascensor o Spa, Osaka.”

“En fin, el punto es que me vine con un nombre completamente diferente y con mucha más energía,” Tomo se llevó las manos a su cintura y sonrió con confianza. “Maniacs definirá nuestra música y espíritu adolescente. También es una sola y corta palabra que trasmite toda la energía en dos sílabas. Y además es tributo al nivel más difícil de los juegos antiguos de DDR: Maniac,” ella se emocionó por su explicación. “El nombre ya tiene vínculos con la música y declara que somos pros. ¿A que no es genial? ¿Qué dicen?”

Ella esperó a los comentarios de sus amigas sobre su fantástico nombre, pero vio a las tres meditar en silencio e intercambiar miradas. Al no ser la primera vez que se proponía un nombre, esa pasividad de la banda era ya muy lamentablemente conocida para Tomo.

“Hm…” Yomi se cruzó de brazos, no convencida. “Siento que esa palabra ya ha sido demasiado usada.”
“A-al menos… ¿podríamos quitarle el ‘The’?” preguntó Osaka, mirando al techo, pensativa.
“Oigan, ¿por qué se quejan?” Tomo pareció verse insultada. “¡El nombre es perfecto! Me quedé pensándolo ayer por casi una hora. Hasta tuve que desempolvar mi diccionario de inglés para encontrar la palabra adecuada. ¿Qué tiene de malo?”
“El nombre suena a uno de esos grupos de anfitrionas infantiles en esos programas colorinches, ruidosos e irritantes de niños que se trasmiten los sábados por la mañana,” expuso Mai levantando un índice, con su clásica monotonía acompañada de un filoso brillo en sus lentes. Sus palabras fueron como una navaja para la ‘líder’.
“Uh…” Yomi desvió su mirada, levemente apenada. Había sido una opinión dura, pero luego de haberla escuchado con lujo de detalles y encontrarle sentido, no podía precisamente refutarla. Mai había confirmado para ella que el nombre no estaba bien.
“¡AHH, ¿por qué siempre intentas anular mis ideas?!” Tomo comprimió sus puños. “No es que sea un nombre taaan malo.”
“¿Con eso estás admitiendo que el nombre sí es malo?” preguntó Mai.
“¡N-no, no tuerzas mis palabras en mi contra!” sí que tenía que cuidarse de ella. “¡Es que es claro que estás exponiendo mi idea de una forma ridículamente negativa! Osaka, ¿acaso no estás de acuerdo que el nombre es genial?”
“No lo sé…” Osaka miró a sus pies, pensativa. “Es que… ¿no deberíamos preocuparnos por posibles infracciones de Copyright?”
“¿Ahh?” de nuevo, la mascota del grupo probaba ser rara y de poco apoyo. “¿Cómo que Copyright?”
“Tú sabes, Tomo-chan, posiblemente alguien ya se haya agarrado el nombre para algo más y tenga mucho derecho sobre este. Hmmm…” Osaka cerró sus ojos con fuerza para meditar, y volvió a abrirlos, viniéndose con algo. “¡Oh! Como los Animaniacs.”
“Si la gente nos asocia con los Animaniacs entonces el nombre puede que no esté tan mal,” Mai asintió. “Siempre he considerado que somos comic relief y contrastamos demasiado con los demás. Es bueno marcar una identidad bizarra.”
“¡O-oye, eso ya no suena tan genial!” reclamó Tomo. Esa debía ser Mai de nuevo intentando molestarle. “Pero como sea. Si tenemos un nombre similar a algo tan conocido como ese cartoon o DDR, la gente nos recordará más fácilmente.”
“Ehh, dudo mucho que DDR sea tan reconocido, más aun ese detalle del nivel de dificultad…” Yomi dio un suspiro. Estaba tan acostumbrada a ver a Tomo defenderse que ya ni le molestaba. “Diría que los juegos rítmicos están desapareciendo.”
“Pues eso me parece demasiado injusto, la gente no aprecia la variedad,” Tomo negó. “De todas formas, nos queda el cartoon, y ser recordadas por este no tiene por qué condenarnos a ser comparadas.”
“¿Tú crees, Tomo-chan?” preguntó Osaka, confundida.
“Obvio, estamos hablando de dos cosas diferentes. Un cartoon infantil de los noventa y una banda de chicas que pronto va a arrasar con el mundo,” sus ojos se iluminaron. “¡Seremos las chicas Maniacs, y le daremos significado musical a esa palabra con nuestro debut al mundo!”

Después de esa tan decidida exclamación, no habría pasado ni cuatro segundos cuando tanto Tomo como Yomi y Osaka escucharon una canción. Ellas se giraron a Mai quien estaba sentada en el asiento de la batería y les mostraba su smartphone. En este, vieron una escena de Flashdance con una chica bailando, junto con una muy conocida canción.

She’s a maniac, maniac on the dance floor
And she’s dancing like she never danced before


“…” Mai miró a Tomo intensamente mientras esta procesaba muy dolorosamente el video de esa tan conocida película, y no tomó mucho más tiempo para que la ‘callada’ del grupo juzgara que su exhibición había sido suficiente para debilitar a su oponente. Con eso, Mai miró a su celular y paró el video, inmutada.
“¡AAAHHH, está bien, ya te pasaste maldita, The Maniacs no va a ser!” gritó Tomo, con tanta fuerza que por poco y lanzaba una mesa por los aires. “¡Con esa imagen tan ochentona de una chica en malla ya me mataste el nombre!”
“Aww, lo siento mucho…” Osaka se apenó.
“Sé que esto te fastidia, pero no te molestes tanto por los nombres,” dijo Yomi. “Es sólo normal que cambiemos de parecer demasiado y que necesitemos de muchas ideas.”
“Ihhh, no me molestaría tanto si ustedes me ayudaran, pero yo tengo que hacer la mayoría del trabajo,” Tomo les miró desafiantemente. “Intenten pensar en nombres, verán que no es tan fácil.”
“…” Mai levantó su mirada al techo, dando la impresión que se encontraba pensando sobre el nombre, pero su acto de consideración duró muy poco y rápidamente volvió a mirar a las demás. “Un nombre para la banda debería incluir algo que nos identifique. Por ello, por la suerte de estar en este colegio pese a nuestra economía familiar, digo que seamos ‘Las Becadas’.”
“Ohh, interesante…” Osaka se vio intrigada. “Nuestro status de becadas seguramente llamará la atención. ¿Será que nuestra necesidad de apoyo económico nos dé facilidades de ganar fans y representantes?”
“Eh, no, no es como si fuéramos a rogar por caridad, ningún músico profesional es mendigo…” Yomi dio un suspiro. Como siempre, nada serio venía de Mai, y la inocencia de Osaka no ayudaba a la situación.
“¿Y así tú me criticas por Maniacs?” preguntó Tomo, molesta. “Ya de por sí te digo que mi nombre es mil veces mejor que el tuyo. ¿Y qué te da derecho a descartar mis ideas con observaciones crueles?”
“Hay una diferencia fundamental entre nuestras ideas,” contestó Mai, ajustándose los lentes lentamente.
“¿Ehh? ¿Y qué vendría a ser eso?”
“Eso es el hecho que tú estás convencida que tu propia idea es buena, a diferencia de mí.”
“…” Tomo se quedó en blanco y al procesar las palabras, se molestó casi al punto de lanzársele encima. “¡AAAHHH, si vas a decir cualquier cosa que ni consideras una buena idea, mejor no hables! ¡Ayuda en algo de una maldita vez!” su cólera sólo se prendió más al ver a Mai mirar su smartphone y teclear en este mientras pretendía ignorarle. “¡Deja de actuar así o te las verás conmigo!”
“¡T-Tomo-chan!” Osaka se levantó y se acercó a su amiga, intentando apaciguarle. “P-por favor, no hay que pelear.”
“Entonces ayúdenme con nombres, por favor…” Tomo tuvo que conformarse con comprimir sus puños.
“Pues, no sé qué decir, no he tenido tiempo de pensar…” Osaka juntó sus palmas. “Aunque estaba pensando que quizás si definimos la temática de nuestra banda, venirnos con un nombre sea más fácil. Por ejemplo… ¿qué tal si somos una banda de idols?” sonrió por la idea. “Sería tan bonito~ cada una tendría su profile page, colores, frutas, colección de videos cotidianos, entre otras cosas. Y la búsqueda de nombres se limitaría a palabras de moda o a nuestras iniciales.”
“Soy indiferente a ser idol o no,” Mai se encogió de hombros mientras revisaba su celular. “Pero ya se habló de esto y se rechazó, no recuerdo por qué.”
“Ahh, cierto,” Tomo recordó y agarró un hombro de Osaka. “Lo lamento mucho, amiga. Yo decidí que no podíamos ser idols porque Yomi es muy gorda.”
“¡¿Qué?!” y la declarada ‘gorda’ se escandalizó y miró a Tomo con ojos en llamas. La mención de su peso era el punto débil de Yomi. “¡¿C-cuándo dijiste eso?!”
“Ya no te preocupes, Yomi,” Tomo sonrió. “Te aceptamos por como eres.”
“¡Oye!” Yomi se levantó. “¡Cuando sugeriste que formáramos la banda, dejé muy en claro que no íbamos a hablar del tema, ¿o acaso lo olvidaste?!”
“Te aconsejo que escuches a Yomi,” sugirió Mai a Tomo, mirándole de reojo. “Ya que tú dependes de ella más de lo que ella depende de ti.”
“¿Qué? ¿Cómo así?” Tomo se confundió.
“Yomi te llama todos los días para despertarte, deja que copies su tarea, te da tutoría, soporta tu existencia, y recientemente aceptó ser la bajista al ya tener algo de dominio con el instrumento. Si ella fuera a dejarnos, nos quedaríamos sin una pieza clave, y sin la banda, tu vida será un completo fracaso.”
“¡¿A-AHHHH?!” Tomo dio un paso hacia atrás por esas palabras tan monótonas, aunque fuertes, de su supuesta amiga. “¡No digas cosas así, eso no es verdad! ¡Todavía puedo ser una supermodelo o agente de FBI!”
“Pobre Tomo-chan…” Osaka ladeó la cabeza, mirando a un costado. “Y a veces yo creo que soy poco realista…”
“¡¿Quieres decir que no estoy siendo realista, Osaka?!” preguntó Tomo.
“No lo eres,” los lentes de Mai volvieron a brillar. “No tienes ninguna materia, actividad escolar o talento en el cual destaques y apenas te mantienes por encima del mínimo para quedarte con la beca. Por lo tanto, si nuestra banda termina en fracaso, las cuatro partiríamos camino. Yo soy una buena estudiante de arte con algunas piezas aclamadas dentro de toda la escuela. Yomi ha probado ser muy inteligente. Y Osaka probablemente sea adoptada por una familia rica a futuro como su mascota,” Mai en ningún momento perdió la seriedad en su voz, aunque todos le miraron raro por la última mención. “Pero tú no tienes ningún plan B del cual aferrarte.”
“¿Mascota?” Osaka levantó su mirada al techo, considerándolo, y terminó sonriendo distraídamente. “Suena genial, hehe… ojalá me compren un kotatsu personal.”
“No se distraigan…” Yomi negó, cruzada de brazos. “Sólo tenemos dos horas para practicar, y la señorita de la secretaría cada vez se muestra más recelosa de concedernos el espacio de práctica. Mejor practiquemos la música y tengamos la charla sobre nuestro nombre en otro momento. No hay que perder más tiempo.”
“Sí, sí…” Tomo estiró sus brazos hacia arriba. “Ya con todo el negativismo de Mai ni quiero pensar en nombres ahora.”
“¡Entonces a tocar!” exclamó Osaka. “Creo que ya he dominado el triángulo. Ahora me toca volverme experta con xilófonos.”
“¿No deberías agarrar un instrumento más convencional?” Tomo se confundió.
“No…” Osaka negó, sonriendo. Ella pasó a mirar a su amiga con certeza. “Estoy segura. Mis instrumentos nos llevarán a la fama.”
“…” Mai tuvo que guardar su celular y agarrar los palitos de la batería.

Sería otra práctica para tocar libremente y agarrar más experiencia. Todavía necesitando un nombre y un género certero, ellas tenían mucho que crecer mientras les tocaba esperar por lo que les esperaba más adelante.

Con el inicio de la práctica, el día siguió con su curso.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Puri on April 24, 2014, 07:13:18 AM
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“Okay, esto es lo que tienes que hacer”, le dijo Yuichi con tono serio a Jin a través del celular. “Debes llamar a Tegoshi y preguntarle si es que podríiiia hacerme el favor de tener una cita con mi compañera de la universidad, pero no debes decirle que es mi compañera, sino una amiga tuya o algo así”.
“Y yo debo hacerlo porque…”, respondió aburrido mientras jugaba con su 3DS al otro lado de la línea.
“Porque de esa forma te perdonaré el haberme empujado de aquel trampolín en la piscina para ese show de cuando éramos juniors”, murmuró Yuichi entre dientes, aún sin poder superar lo que le hizo su bandmate en aquella ocasión.
“Y yo busco tu perdón porque…”, continuó el otro con el mismo tono, sin quedar convencido.
“Porque si lo haces, prometo invitarte al Tony Roma’s”.
“Oh”, Jin alzó la mirada de su juego y sonrió, a tal punto que Yuichi supo que finalmente le ponía atención. “Si de eso se trata, no hay problema. Pero dime, ¿por qué no le pides a Masu que te haga el favor? ¿No son súper cercanos, acaso?”
“Pues…” Yuichi pensó por un momento explicarle que Masu se reiría de por vida de él, pero darle demasiada información a Jin había resultado perjudicial en un pasado. Sí, como haberle confiado que le tenía miedo a las alturas… A eso se refería con lo de perdonarle el empujón de ese maldito trampolín. “Porque sí, ¿lo harás o no?”
 “Ya, ya”, Jin chasqueó la lengua y dejó el 3DS a un lado. “Llamar a Yuya, preguntarle si me puede hacer el favor de tener una cita con una compañera, anotado”.
“Por favor, no te olvides de hacerlo, es en serio”.
“¿Acaso te he fallado alguna vez, Yuichi?”, sonrió abiertamente aunque sabía que el otro no podía verlo. “Por favor, deberías confiar un poco más en mí”.

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“¿Tegoshi? ¿Me hablas de Yuya Tegoshi?” Yuichi no podía creer lo que Sayaka acababa de decirle. Suficiente era con tener que lidiar con el hecho de que podría jalar estadística, pero otra cosa era tener que lidiar con Yuya Tegoshi.
“¡¡Sí!!”, asintió la peliceleste. “O sea, sé que es mucho pedir, sobre todo cuando hace poco que nos conocemos, pero…”
“Pero Sayaka se ha estado esforzando un montón ella sola en estadística”, agregó Tatara, el mejor amigo y roommate de la chica. Yuichi le miró escéptico y se dio cuenta tardíamente de que había caído en la trampa, los dos habían estado planeando esto desde hacía tiempo, al parecer.


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“¿Quién era en el teléfono?”, preguntó Kame, quien dejó de revisar los CDs que tenía Jin en su casa y le miraba curioso.
“Oh, era Yuichi”, respondió mientras salía de la pausa y comenzaba a jugar de vuelta, sin prestarle mucha atención a lo que le preguntaba el menor.
“¿Yucchi? ¿Y qué quería? ¿Qué tiene que ver Masu?”
“Ah, es una de esas cosas que solo le pasan a él… Necesita que hable con Yuya y le pida que tenga una cita con una compañera de él. No quiere que le diga nada a Masu porque le da vergüenza”.
“¿Vergüenza?”, Kame rió. “Qué raro que le avergüence hablar de algo tan común con Masu… A menos que…”, el de cabellos castaños se quedó en silencio pensando en algo, a lo que Jin sintió que algo andaba mal y puso en pausa su juego de nuevo para prestarle atención.
“¿A menos que qué?”, le preguntó frunciendo el ceño.
“¿Y si esa compañera es una chica que también le gusta a Masu?” Ante este giro de eventos, Jin se quedó mirando de manera fija a Kame, sorprendido.
“Yuichi no es del tipo que vaya haciendo planes a espaldas de sus amigos y Masu es muy cercano, ¿no?”
“Eso es verdad, pero si tan cercanos son, no habría necesidad de pedirte a ti que vayas donde Yuya”.
“Y encima me pidió que dijera que era mi amiga y no suya…”, ante este pedazo de información, Kame se levantó del piso y le miró mucho más decidido.
“¡Debe ser eso! Tal vez la chica está enamorada de Yuya y no de Masu, por eso Yuichi se avergüenza de ir a decirle a Yuya él mismo…”.
“¡Espera un momento, yo no puedo hacer eso!”, Jin se levantó también de su asiento y se cruzó de brazos. “¿Ir donde un hombre y arreglar una cita, traicionando a la par a otro hombre? Yo no puedo hacer ese tipo de cosas”, el mayor de los dos negó con la cabeza. “No, llamaré a Yuichi y le diré que existe un límite para–”
“¡Jin, espera!”, Kame caminó rápidamente hacia él y le quitó su celular. “Si lo ves por el otro lado, Yuichi le está haciendo el favor a una pobre chica que no sabe cómo hacer para estar con alguien que ama sin herir a otra persona a quien le tiene mucha consideración. En verdad, es algo muy bueno de Yuichi ayudarle a costa de su propia amistad, ¿no crees?”
“… Sabes, esta historia se está volviendo más complicada con cada segundo que te dejo que la analices”.
“Mira, esto es lo que haremos. Yo hablaré con Yuya, ¿te parece bien? Así podré nivelar el terreno para que pueda encontrarse con esta chica y todo salga bien sin que los sentimientos de Masu salgan dañados completamente. Además, esto debe ser tratado con sumo cuidado, es decir, hasta Tegomass podría separarse si los chicos se pelean, ¿no?”
“Maldito Yucchi, dejándome a mí toda esa responsabilidad…”
“Es que aún no te perdona lo del trampolín, ¿recuerdas? Cuando éramos juniors y–”
“Sí, sí recuerdo”, Jin rodó los ojos. “¿Pero entonces yo qué hago?”
“Te diría que hables con Masu, pero eso sería perjudicial en esta situación. Tú quédate tranquilo, yo arreglaré todo con Yuya y ya no habrá problema alguno. Para mañana todo estará bien, ya verás”.

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“Tegomass. ¿En serio?”, Yuichi seguía atónito a lo que escuchaba. Entre todos los grupos dentro de su agencia, tenía que ser juuuusto ese dueto: Yuya Tegoshi, señor ego colosal y Takahisa Masuda, ‘Masu’ para los amigos, y uno de sus amigos más cercanos a todo esto.
“¡No es que no me gusten ustedes de KAT-TUN o no quiera conocerlos! P-Pero… Es que a los de Tegomass los conozco desde hace años y siempre me han gustado y—”
“Tiene colgado en su cuarto un poster de Tegoshi semi desnudo que le vino en la revista AnAn”
“CÁLLATE MALDITO HIJO DE PUTA—Quiero decir, es que es una oportunidad única en la vida y yo, yo…”


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“¿Qué pasa, Kame?”, Koki se sentó frente a él en la mesa muy preocupado, el menor del grupo había entrado a su cuarto de reposo después de hablar con su manager y tenía el peor humor del mundo.
“¿Qué pasa? Pues el estúpido de mi manager decidió que hoy sería el mejor día para hacer todo el trabajo que le pedí que moviera del jueves y viernes que iré a casa a celebrar el cumpleaños de mi papá… ¡Y justo hoy tenía que hacer algo importante!”
“¿Sabes? Justo me cancelaron un photoshoot, así que si puedo ayudarte en algo, dímelo no más”, se ofreció el rapero, a quien le encantaba ayudar a los demás.
“¿¡En serio!?”, Kame le miró emocionado. “P-Pero es una cosa muy, MUY secreta, ¿ok?”, añadió bajando abruptamente su tono de voz y Koki asintió, acercándose para escucharle mejor. “Y no se lo puedes decir a nadie tampoco, ¿de acuerdo?”
“Mis labios están sellados”. Dicho esto, Kame observó el lugar y tras corroborar que sus demás bandmates ya habían abandonado la habitación, decidió contarle.
“Mira, es una historia un poco rara. Yuichi le pidió a Jin que llamara a Tegoshi para pedirle una cita con su compañera, pero no quiere que Masu se entere porque parece que a Masu le gusta esta chica, pero a ella no, ¿entiendes?”, Koki asintió, aunque no convencido del todo. “Jin me dijo que no lo haría porque no quería traicionar a otro hombre, pero Yuichi se está esforzando para… Espera”, en ese instante sonó el celular de Kame y al ver la pantalla el chico gritó. “¡Maldita sea, el manager ya está en el carro!”, se levantó entonces y buscó apresuradamente sus cosas en la habitación.
“¡Espera!”, Koki se levantó rápidamente de su asiento. “¿Qué hago entonces?”. Kame se quedó pensativo, pero su celular comenzó a sonar nuevamente, por lo que le respondió mientras corría a la puerta y se iba del lugar.
“¡Habla con Tegoshi y pídele la cita! ¡Pero explícale para que no haya problemas con Masu! ¡Me avisas cuando lo hagaaaas!” y dicho esto, Koki se quedó ahí, confundido, sin entender qué había sucedido.

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“No, no te preocupes”, le dijo Yuichi sonriéndole levemente. “Si yo estuviera en tu lugar, también intentaría aprovecharlo porque es una oportunidad única en la vida”. Sayaka asintió rápidamente.
“¿¡En serio podrías, Yui—liano!?”, dijo recordando que Yuichi no debía saber que Tatara sabía que él era un idol. Si eso sucedía, adiós a la confianza y a Yuya Tegoshi.
“Pues… Podría intentarlo”.


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“¿De qué problemas con Masu habla Kame?”, Koki se volteó y vio en el umbral de la puerta a Junno, quien se había quedado mirando el lugar por donde se fue corriendo Kame.
“Pues… Ok, mira, te lo voy a contar pero no puedes decírselo a nadie, ¿de acuerdo? Necesito que me ayudes con esto porque Kame no me lo dejó muy claro”. Junno sonrió abiertamente y fue a sentarse al sillón, donde le dio palmaditas al espacio a su derecha y Koki se sentó ahí, suspirando resignado. “Hasta donde entendí, Yuichi le dijo a Jin que hablara con Tegoshi para pedirle una cita con una compañera suya…”
“¿Compañera de Tegoshi o de Yuichi? No entiendo, ¿cita con la amiga de quién?”. Ante esto, Koki se quedó pensando…
“Pues, no creo que sea compañera de Yuichi, ¿sino por qué no querría que se entere Masu?”
“¿Yuichi no quiere que Masu se entere?”, Junno elevó las cejas con sorpresa, ya que era conocido que después de Tatsuya, Masu era con quien más paraba el mayor del grupo.
“Kame dijo que a Masu le gusta esa chica, pero que ella no gusta de él… Y al parecer, ¿eso traería problemas con Masu?”
“No, espera, hay algo que no encaja”, Junno se cruzó de brazos y Koki le miró fijamente, esperando a que el de cabellos negros pudiera ayudarle a entender todo el embrollo en el que Kame le había metido. “Si Yuichi quiere salir con la amiga de Tegoshi, de la cual Masu está enamorado, pero ella no le corresponde… ¿Por qué tendrías que hablar tú con Tegoshi sobre todo para que él no tenga problemas con Masu?”
“Porque se estaría poniendo de parte de Yuichi, ¿tal vez?”
“Bueno, en eso tienes un punto”, asintió Junno. “Entonces, ¿se lo vas a decir?”.
“No sé, Kame no me dejó elección porque se fue antes de poder decirle siquiera que me deje el número de Tegoshi”, suspiró. “Debí habérselo pedido cuando me compré mi nuevo teléfono. En fin, ¿no lo tienes tú?”
“No, yo nunca lo tuve”, Junno sonrió y se encogió de hombros. “Aunque…”, murmuró recordando algo. “Si no me equivoco, Yoko lo debe de tener, ¿no? O al menos él debe tener el número de Ryo, quien de todas maneras ha de tener el de Tegoshi, ¿quieres que se lo pida?”
“¡Por favor!”, exclamó Koki juntando ambas manos e inclinando la cabeza. “¡En serio sería genial antes de que Kame me mate!”
“Ok, entonces…”, Junno estaba a punto de levantarse para irse, pero en eso Koki le jaló de la manga de su chaqueta y le obligó a sentarse de vuelta. “¿Eh? ¿Qué pasa?”
“Díselo tú a Tegoshi, yo no puedo, ¿qué tal si no sé cómo decírselo bien y termino empeorando las cosas”.
“¡Pero tú eres el que lo conoce, no yo!”, respondió el chico sin poder creer lo que quería el rubio. “¡Actuaron en un drama juntos, no yo!”
“¡Sí, pero eso lo hace peor! ¿No es acaso más fácil saber cuándo alguien que conoces como actúa ESTÁ ACTUANDO?”, el bailarín de KAT-TUN se mordió el labio inferior para no tener que decirle que sí, podía tener razón, pero Koki siguió insistiendo. “Además, si vas tú y le dices que le haces un favor a Jin porque él no pudo por cualquier razón, Tegoshi no se pondrá todo pretencioso y será rápido, indoloro y efectivo, ¡Todos ganamos!”
“Está bien”, Junno suspiró en derrota y Koki le abrazó fuertemente, repitiéndole lo agradecido que estaba. “Conste que tendrás que decir cosas solo bonitas y geniales de mí en todas las entrevistas venideras”.
“Te convertiré en el miembro más genial de todo KAT-TUN, incluso las fans de Jin comprarán tu merchandise”, repitió Koki con convicción y el otro se echó a reír, asintiendo y yéndose de la habitación.

(http://i946.photobucket.com/albums/ad305/Milleina/bt/DD-YUICHI.png) (http://i946.photobucket.com/albums/ad305/Milleina/bt/DD-PURI.png) (http://i946.photobucket.com/albums/ad305/Milleina/DD-TATARA.png)

“¡Te juro que si me logras sacar una cita con Tegoshi jalaré todos mis otros cursos para dedicarme a estadística!”, Yuichi pensó preguntarle que por qué no lo hacía por él que era su supuesto amigo, pero Tatara decidió hablar ahí.
“Sí, cuando Sayaka promete algo en verdad lo cumple”, asintió con una sonrisa que buscaba transmitirle confianza, aunque ni el mismo Tatara se la creía.
“Mira, yo no me hablo mucho con él, pero puedo intentarlo. Tal vez Masu acepte porque—”
“AAAAAAAAAAAAAAAAH, PERO TAMBIÉN QUIERO CONOCER A MASUUUUUUUUUUU”, gritó la otra entrando en un conflicto existencial sobre cuál idol debía ser priorizado.


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“¡Uepi!”, gritó Junno emocionado y abriendo sus brazos en par ar al ver a Tatsuya volver a entrar por la puerta de la cochera al edificio donde trabajaban.
“¿Junno?”, preguntó con un poco de sorpresa que se dejó entrever por su tono de voz, ya que el mayor usaba unos lentes oscuros que no dejaban ver su expresión. “¿Aún por acá?”
“Me olvidé de mi 3DS en el camerino”, dijo mientras le mostraba su consola. “¿Y tú?”
“Olvidé mi billetera”, chasqueó la lengua con fastidio al recordarlo. “Intenté comprar en McDonalds y me doy con el fiasco de que no estaba”, todo esto lo dijo mientras seguía caminando en dirección al lugar, pero cuando se dio cuenta que Junno no le seguía, se volteó a mirarle. “¿No me acompañas?”
“Discúlpame, Uepi, pero es que debo hacer una llamada urgente”.
“¿Qué tan urgente puede ser? Solo vamos a ir a buscar mi billetera”, dicho esto, el de cabellos oscuros se cruzó de brazos y se apoyó en un pie, dándole toda una actitud de ‘i don’t care bitch let’s get going before i cut your face’.
“Es que es un favor para un amigo que le pidió el favor a otro amigo que…”
“Oh”, Junno se congeló al escuchar la entonación que usó Tatsuya en esa simple onomatopeya. “Así que estamos hablando de un secreto, ¿eh?”
“N-No, no es que—”, pero ya era demasiado tarde. En menos de un segundo, Tatsuya se le había lanzado encima y había logrado meter su cabeza dentro de un fuerte agarre de brazos, asfixiándole un poco y encorvándole de sobremanera, ya que el pobre era el más grande de la banda. “OW, OW, UE-PIII, SU-EL-TAAA”
“No hasta que me digas tu secreto, Junno~~”, rió macabramente el otro. Aún así, el más alto intentó moverse de todas formas posibles para alejar al mayor, pero esto era inútil porque el más fuerte siempre fue Tatsuya, junto a sus estúpidas clases de boxing. Finalmente, cuando pasaron más instantes llenos de dolor, falta de aire y risas del otro, Junno no pudo más.
“¡Yucchi está enamorado de una amiga de Tegoshi, pero Masu no debe saberlo o sino sus sentimientos se herirán, pero Yucchi quiere que le haga el favor de ayudarle a obtener una cita!”
“Vaya, te doblegaste más rápido de lo que pensé”, Tatsuya rió, dejándole ir y dándole unas palmadas en el hombro mientras el mayor tosía para recuperar el aire. “A pesar de que me siento sumamente ofendido por el hecho de que Yuichi no me ha dicho nada, creo que puedo ayudar a un simple mortal como tú. ¿No quieres que le dé yo el mensaje? Me voy a encontrar con Tegoshi ahora”.
“¡¿EH?!”, dijo el otro, quien no se esperaba que Tatsuya fuera a encontrarse con el chico, después de todo no eran amigos y el mayor odiaba relacionarse con personas desconocidas.
“Me invitaron al programa que dirige él con otros idols, así que me envió un mensaje para encontrarnos ahora y discutir algunos asuntos que serán tratados ese día”, se encogió de hombros. “Nada en especial, pero podría llevarle el mensaje.  Si uno de nosotros ha de lidiar con la reina del drama, mejor que sea yo que tendré que hacerlo de todos modos”.
“UEPI, EN SERIO ERES UN HÉROEEEEEEE”, gritó Junno ahora sí abrazándolo y alzándolo en los aires, a lo que terminó con una patada en la pierna que le hizo recordar por qué no debía hacerle nunca ningún favor a ninguno de sus compañeros. Además, Tatsuya era una persona muy confiable y muy inteligente, además de tener un montón de tacto con las personas con las que no era cercano, por lo que no tenía que preocuparse de que todo saliera bien.

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“Ok, sí, quiero conocer a Tegoshi. Si eventualmente le caigo bien también podré conocer a Masu, ¿no?”, se preguntó Sayaka a sí misma, para luego asentir. “Sí, dile a Tegoshi si es que podría ser tan gentil de tener una cita conmigo, sí”, dijo convencida y Yuichi sintió la tentación de reírse en su cara al pensar que Tegoshi solo era “gentil” frente a las cámaras, pero se mordió la lengua.
“Está bien, pero a cambio debes esforzarte mucho más en estadística por los días que yo falte, ¿de acuerdo?”, Sayaka asintió muy emocionada.
“¡Prometo hasta cocinarte el almuerzo si haces eso!”, le dijo más que contenta.


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“Un momento”, se dijo a sí mismo Tatsuya cuando paró el carro en un semáforo en rojo. “Si Yucchi está enamorado de una amiga de Tegoshi, pero los sentimientos de Masu se herirán si se entera de eso… ¿Eso significa que Masu está enamorado de Yucchi?”

Pero antes de que pudiera seguir cavilando en la idea, comenzaron a sonar los claxons que le obligaban a que siguiera conduciendo.

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“No te tienes que preocupar. Aunque sabes, debo decir sinceramente que no esperaba que fueras una fan de Tegomass, y yo aquí, pensando que podría venderte mi próximo single…”, comenzó a decir como quien no quería la cosa y Tatara se dio cuenta al instante de sus intenciones, pero antes de que pudiera alertar a Sayaka, esta ya se había mandado con todo.
“¡Compraré ese single, Yuliano! En serio, no es que no me guste KAT-TUN, uh, pero digamos que… ¿recién los conozco a fondo? Porque conozco algunas de sus canciones que pasan en la radio… ¡Pero me pondré a investigar sobre su música, lo prometo!”, dijo asintiendo mil veces.
“Ah, eso me alegraría mucho”, le dijo sonriendo el idol, complacido de al menos haber logrado una pseudo pre-venta.


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“¿Masu?”, preguntó Tatsuya sorprendido al ver a Takahisa en vez de a Tegoshi en el restaurante en que habían acordado encontrarse.
“Oh, hola Tatsuya”, le saludó con una amplia sonrisa e invitándole con un gesto de la mano a que se sentara en la silla de al frente. “Yuya amaneció hoy con una fiebre muy alta y no fue hasta muy tarde que recordó su cita contigo, así que me llamó a última hora para que venga en su reemplazo y te pida disculpas. Dice que él te enviará más tarde un correo con todas las especificaciones del programa, pero no quería que te quedaras plantado, así que en verdad me mandó a mí para que sea tu compañero de cena hoy día”.
“Vaya, y uno que pensaba que él era el tipo ‘principesco’ solo ante las cámaras”. Masu rió un montón ante esto.
“Eso es verdad, pero el niño es muy respetuoso de la gente mayor que él, así que te tiene un gran respeto”.
“Es bueno saber eso”, Tatsuya asintió y se mordió el labio, pensando en las palabras de Junno y sobre el hecho de que, al parecer, Masu estaba enamorado de Yucchi, pero Yucchi de una amiga de Tegoshi… Menudo triángulo amoroso.
“Uh, ¿qué pedirás?”, le preguntó Masu un poco intimidado por la mirada fija del mayor en él, la cual ni siquiera podía descifrar por sus lentes oscuros.
“Oh”, dijo recordando que debía guardar la compostura. “Pues…”, tomó la carta y se puso a verla. “Creo que pediré tonkatsu, ¿tú?”
“Ya ordené una porción de gyoza, aunque podríamos pedir algo más para compartir los dos”. Ante esto, Tatsuya rió.
“Créeme, lo último que quieres hacer es compartir un platillo conmigo, mejor pedir cada uno otro plato. Yo pediré un plato de curry”.
“Bueno, entonces yo aprovecharé y pediré mejor un postre”, dijo con una amplia sonrisa, aprovechando que no debía compartir nada por cortesía y buscando algo que le gustara en el menú.
“Oye”, comenzó a decir Tatsuya, aunque luego se arrepintió, pero Masu ya le prestaba atención.
“¿Pasa algo?”, preguntó inocentemente y el otro quiso noquearse a sí mismo, pero no le quedaba de otra que seguir adelante.
“Mira, este es un tema… Sensible, por así decirlo, así que discúlpame de antemano si es que te ofendo o algo por el estilo”.
“Uh, ¿bueno?”, su tono inseguro era muy evidente, pero Tatsuya sabía que si no se lo decía ahora, luego sería muchísimo peor. Si bien no había forma de pedirle que le pida el favor a Tegoshi, al menos podría prepararlo para lo que vendría. Ya más tarde le enviaría un mensaje de texto a Junno diciéndole que de todas maneras tendría que contactarse con Tegoshi…
“Verás…  Yo entiendo que el amor es una cosa muy… Peligrosa, es decir, es peligroso en tanto uno no sabe de quién se va a enamorar… Y mucho menos si es que es alguien que… Bueno, que la sociedad no acepta que te enamores”.
“… Tatsuya, no sé si te estoy siguiendo”.
“A lo que me refiero, Masu, es que… Mira, no te enojes con Tegoshi por culpa de Yuichi, ¿ok? O sea, Yuichi no puede controlar la manera en que le dictan sus sentimientos y Tegoshi solo busca ayudar. Sé que debe sonar un poco difícil, sobre todo viniendo de alguien como yo que no tiene vela en el entierro, pero me confiaron que te lo diga para que no te sientas tan mal. Soy tan cercano de Yucchi como lo eres tú de él, por eso, por saber lo buena persona que es él, entiendo cómo debes sentirte al enterarte de esto, pero por favor no te enojes tampoco con él ni le quites el habla… Es un poco egoísta de mi parte pedirte que seas una persona mucho mejor que los dos y sigas adelante, pero sé que la madurez que tienes te permitirá lograrlo”.
“¿Alguien ordenó una porción de gyoza?” y llegó la camarera, quien a los ojos de Masu, era un ángel caído del cielo.

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“Yucchi”, dijo la peliceleste en eso con un tono serio de voz, pero acompañado de una sonrisa cálida. “¿Sabes? En serio eres un idol, realmente has cumplido mi sueño. En serio no tienes idea de lo mucho que esto significa para mí, en serio es algo que sé que jamás podré pagártelo y siempre, SIEMPRE, te lo agradeceré”.
… Y ahora sí se había jodido con eso de hacerle la promesa.


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“¡Masu!”, chilló el rubio apenas este entró en su casa y se le colgó del cuello, riendo y emocionado. “¡Mira, ya no tengo nada de fiebre!”, no terminó de hablar cuando ya se había descolgado del mayor y empezaba a dar piruetas en la sala de su departamento. “¡Y lo mejor de todo es que ya pedí el día libre, así que podré descansar!”
“No saltes tanto que igual sigues débil”, dijo el pelirrojo sonriendo y caminando hacia la mesa del comedor para dejar las bolsas de compras que tenía en ambas manos. “Y dentro de dos días comienzas a rodar un nuevo drama, ¿no?”
“No, eso lo post-pusieron. La chica que es mi co-protagonista tuvo un percance, se fisuró un hueso del brazo y no podrá actuar hasta dentro de dos meses todavía”.
“Eso es una pena”, comentó Takahisa. “Pero igual no te sobre-exaltes”.
“Como digas, mamá”, dijo rodando los ojos y lanzándose al sofá donde había estado viendo la televisión antes de la llegada de su mejor amigo. “Oh, por cierto, ¿cómo te fue ayer con Ueda? ¿Todo bien?”, al no obtener respuesta, Yuya se levantó del sofá y caminó hacia el comedor, donde Masu se había quedado paralizado observando las bolsas de compras. “Uh, Masu, ¿te pasa algo?”
“Oye, Yuya”, le cortó al menor y luego volteó a verle con un semblante tan serio que no le había conocido nunca. “¿…Estás saliendo con Yuichi Nakamaru, por casualidad? ¿O estás enamorado de él?”
“…”
“…”
“¿Qué?”
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Cho on April 27, 2014, 11:11:54 PM
Post... *huye*

6

Llegó el atardecer del día con la mejor vista del ocaso disponible para la ciudad. Era una tarde despejada y por ello, la luz cálida del sol iluminaba el ambiente. La universidad continuaba tan activa como siempre, aunque por la hora de la tarde, los presentes se dividían entre estudiantes estudiando tranquilamente o descanso del atareado día, y otros en toda marcha que todavía tenían evaluaciones o trabajos que entregar antes que sus profesores se retiraran del campus.

Kurisu estaba caminando por uno de los caminos de la enorme universidad, saliendo de su última clase del día. La vista que tenía del cielo era muy agradable, pero ella se sentía desmotivada por saber que fuera de esa pacífica institución le esperaba lo peor del tráfico de la tarde. Quizás lo mejor sería quedarse en la biblioteca a estudiar, pero también tenía que hacer compras en el supermercado. Cenar ramen instantáneo con Dr. Pepper por una semana entera no era precisamente nutritivo.

Ella pasaba al costado de un amplio jardín, cuando en eso, notó a un conocido cerca de un grupo de flores, tomándoles fotos con una cámara profesional. La pelimarrón se sorprendió un poco de verle ahí a esas horas y en la mitad de la semana, considerando que él ya estaba trabajando, pero no iba a perder la oportunidad de saludarle.

Almaz continuaba tomando fotos a las plantas, aprovechando el contraste con el brillante cielo mientras practicaba las diversas funciones de la nueva cámara que su jefa le había dado como parte de su contrato. Él se detuvo un momento para observar sus más recientes tomas, cuando oyó una voz conocida que casi le hace sobresaltarse.

“Almaz, ¿qué haces por aquí?” preguntó Kurisu. Vio a este alterarse, pero al mirarle rápidamente recuperó la compostura. La pelimarrón dio un suspiro. “Me da la impresión que eres de sobresaltarte con más frecuencia últimamente.”
“S-sí…” él se vio aliviado y desvió su mirada con incomodidad. “Es por mi trabajo. Ser paparazzi es cansado y la mitad de las veces o tus oponentes te empujan o te persiguen guardias de seguridad…”
“Vaya, me imagino…” ella se compadeció por su amigo, ya que le conocía y sabía que él no tenía la ‘vocación’ para estar metido en medio de esos asuntos problemáticos. Kurisu se agachó al nivel de su amigo y miró a la cámara que portaba. “Ese es un equipo impresionante. Él lente es enorme. ¿Será de algún tipo especial?”
“Es macro,” respondió Almaz, sonriendo. “Permite tomar las fotos con la mejor nitidez y cercanía posible. En sí, no lo estaré usando demasiado para mi trabajo, pero por haberme vuelto el ayudante más cercano de mi jefa, ella me lo dio de regalo…” su sonrisa se tornó algo incómoda. Su jefa bien podría tener un lado amable, juguetón y ameno, pero ello no le quitaba lo aventada, problemática y controversial que era… “Hoy tenía libre así que vine a hacer distintas actividades por la universidad, y pensé en quedarme a practicar tomas de fotos.”
“Oh, felicidades por ser su ayudante. Eso que recién has comenzado a trabajar.”
“N-no es nada especial, más bien fue un puesto que los demás de mi grupo me impusieron por ser el nuevo… parece que todos ellos tienen sus razones para no tener que estar siempre en contacto con ella…” Almaz dio un suspiro. Mientras no terminara en la cárcel, todo debía estar bien. “Pero entre varias cosas que hice hoy fue colocar varios anuncios de la limpieza en la que participaré el sábado. ¿Al final vas a poner venir al final o tienes algo más que hacer?”
“¿Eh? Pues, el sábado en la mañana tengo una prueba de programación…” Kurisu dijo la verdad, pero por su incomodidad, quedó claro que aunque estuviera libre, no tenía el interés de asistir, algo que Almaz pudo notar.
“Ehh, no te preocupes, no es obligatorio, pero sería genial que participaras en algún evento a futuro. A veces me preocupa que no haces más en la universidad que estudiar.”
“Lo sé…” Kurisu recordó los inicios de la universidad, y como parte de la bienvenida, cada grupo de estudiantes nuevos fue guiado y orientado por otro con varios semestres de experiencia. Almaz fue precisamente su orientador, y desde el inicio él intentó hacerle abrirse más. Tal vez no llegó a internarla en clubs, pero sí le ayudó a hacerse amiga de los otros estudiantes a los que en un inicio orientó. “De todos modos, dos de mis amigos sí van a atender el sábado, así que no vas a estar solo.”
“Ahh, esas son buenas noticias, entonces les esperaré,” Almaz asintió.

Esos pocos minutos del atardecer pasaron rápido y el sol se terminó por ocultar. Los dos se levantaron, y Kurisu se tuvo que despedir debido a que estaba un poco tarde. Almaz fue hacia otra área de la universidad para practicar otras tomas en ausencia de la luz de la tarde, pero ni bien caminaba, su celular en su bolsillo brilló.

Fue como si este le hubiera pasado una fuerte estática, y Almaz se quedó congelado un momento antes de atreverse a mirar aquel mensaje que debió haber recibido. Considerando la hora, sólo podía tratarse de una persona: su jefa.

Dejó de resistir y revisó su teléfono, donde vio el siguiente mensaje:

Te espero mañana al mediodía en nuestros headquarters. Serás mi chofer para una pequeña y linda misión. No te tardes~<3

Corazón. Su mensaje terminó en un corazón juguetón. Ello nunca eran buenas noticias para él. Su jefa debía nuevamente tener algo demasiado ‘creativo’ en la cabeza.

Él tuvo que tragarse el futuro malestar y aceptar las órdenes del día siguiente.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Sayi on April 27, 2014, 11:39:55 PM
Bienvenida Kora, que bueno que te inspiró el DD :>

He descuidado este proyecto aquí pero no en mi cabeza y prometo retomarlo como se merece. Este fic iba a ser mucho más largo sorry pudi soooon i pwomise ;_; pero traeré el siguiente muy pronto para que no se me vaya la inspiración kk

Ah y debo comments, pero ya serán el próximo mes :< calculé mal cuanto quedaba antes de probación ash



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Medley 3: Summer’s End

Había cruzado la ciudad para llegar hasta el Hard Rock Café, y aún no estaba del todo seguro que le esperaba dentro del colosal edificio. Con la guitarra al hombro y el teléfono a la mano, Kaien cruzó la pista y no tardó en ubicar la ostentosa entrada.

La campanita anunciando un nuevo cliente sonó, pero nadie se acercó a atenderlo. Quizás eran por sus pintas, o el hecho que no aparentaba ser un empresario, pero Kaien le resto importancia. En cambio, empezó a estudiar el lugar. Había poca clientela por lo que ubicó a la única persona que parecía ser a quien estaba buscando.

El sujeto extendió su taza en un ademán de saludo, y cuando Kaien estuvo frente a él confirmo sus sospechas cuando le ofreció estrechar manos.

"Huey Laforet. Un gusto"

A Kaien se le hacía extraña la situación. Los pasados días se le habían ido repartiendo volantes en el apuro de encontrar un bajista y un baterista. Pero cual había sido su sorpresa al recibir una inesperada llamada de este hombre.

En una ciudad tan competitiva uno siempre debía mantener la guardia en alto, pero la ambición hacía difícil resistirse a cualquier cosa que se asemejara a una oportunidad.

Y vaya oportunidad que podía ser esta.

Mientras apoyaba su guitarra contra la ventana, Kaien estudió al hombre. Vestía un elegante terno gris con detalles de líneas verticales, una pulcra camisa blanca y una corbata amarilla —del mismo color de sus ojos. Su cabello castaño estaba bien cuidado y su tersa piel parecía de porcelana. No era ostentoso en su atuendo o joyería, pero el sujeto emanaba sofisticación en el más mínimo movimiento.

"Disculpe señor... ¿por qué pidió reunirse conmigo?" se animó a preguntar, pues la intriga lo estaba carcomiendo. El hombre sonrió levemente "Yo estoy buscando bajistas y bateristas, y en mil años imaginé que me llamaría alguien como usted"
El castaño dejó descansar la taza en el platillo "Llámame por mi nombre por favor, que no estoy para señor todavía" respondió de buen humor "Estoy al tanto del dilema de tu banda, Kaien. He estado observando a los Young Guns desde hace unas semanas"

A Kaien se le detuvo el corazón. Había investigado al hombre por su cuenta, y que alguien como Huey Laforet demostrara interés en Young Guns era sinónimo de ganarse la lotería. El hombre sentado frente a él no era alguien popular, sino de los que trabajan tras bambalinas, pero bastaba con buscar su nombre en google para ver sus vínculos a docenas de músicos influyentes.

El hacía estrellas. Dadas sus credenciales, debía ser la persona más importante en el medio con quien tendría oportunidad de conversar.

Y los había estado siguiendo... cuando pensaban que nadie les prestaba atención en el hueco conocido como Stray Sheep.

Kaien se sintió culpable por no haberles dicho nada a Mine o Sayi, pero quería asegurarse que sus ilusiones tuvieran fundamento antes de crearles esperanzas. Ah, las ganas que tenía de excusarse al baño y avisarles a todo pulmón...

"En el te-teléfono, ¿U-usted menciono algo sobre una propuesta...?"

Kaien a duras penas podía guardarse la emoción, pero si Huey se dio cuenta o no, no había manera de saberlo. El castaño era imposible de leer.

"Se que andan en tiempos difíciles, pero veo mucho talento y me parece el momento propicio. Así es, tengo una propuesta que hacerte"
Kaien retiró su teléfono "Puedo llamar a los otros dos integrantes y vendrán de inmediato, abandonarán lo que sea y--"

Pero Huey Laforet alzó la mano en señal que se detenga. Kaien, obedientemente, dejó el teléfono en la mesa.

"Eso no será necesario. Solo necesito hablar contigo"

Kaien no entendía por qué tanto secretismo. Y no fue mucho después que descubrió la razón.

...

"Tu eres el líder, ¿cierto?"
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Shura on May 28, 2014, 06:03:13 PM
Turururuuu, retomo el fic. Creo que llevaba con esta idea tanto tiempo en la cabeza que me quedo algo largo  ;D -Próximamente dedicaré un momento a la parte de músicos para hacer una bio en condiciones de personaje.


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Track .3 # Let Me Entertain You


Como todos los días, el despertador arrancó a Shura a las siete y media de la mañana. La joven se sentía como si la hubiera atropellado un camión. Exhausta pese a las horas de sueño, se arrastró hacía el baño y al mirarse al espejo su animo no mejoro: su ataque de ansiedad del día anterior, había traído consigo un llamativo sarpullido que se extendía desde su garganta hacía su escote. Ignoró el picor que empezaba a invadirla por el descubrimiento, apuntó mentalmente buscar una pomada en la farmacia y se aseo para afrontar el día.

Permaneció algo más de una hora en la cafetería, ella tenía cafetera, pero no se acercaba al fantástico expreso que servían, y a la ventaja de disfrutar de la prensa por el módico precio de la bebida. Directamente leía el periódico del final hacía delante para informarse de las actividades de ocio, siempre había algún concierto o una critica a los mismos. Precisamente el periodista ensalzaba la reciente actuación de uno de los más afamados directores de orquesta, Buccellati.

> Ayer mismo, el publico pudo disfrutar de manera exclusiva de la música clásica, y más extravagante, del maestro Buccellati y las composiciones más famosas para el séptimo arte, el cine.
Buccellati: “Es maravilloso que el publico relacioné grandes películas con mi música, y que la idea de llevar la música en directo tenga una buena acogida. Todos relacionan cada nota con grandes momentos de la escena, pero ahora pueden sentir la vibración de cada instrumento y evocar sus propios momentos y sentimientos.”
Y sin lugar a dudas, el maestro lo consiguió: la sala al completo ovaciono la […] el maestro regresará esta tarde a Europa, donde le esperan más conciertos en...


Shura dejó de leer suspirando largamente. La música de cine no era su favorita (pero era innegable que es una parte fundamental de los filmes), pero ella daría una pierna porque un director como Buccellati, le ofreciera ser su primer violín. Buccellati no se encargaba sólo de la música de cine, aunque esta fuera su faceta más conocida para el público de la calle: hacía conciertos en París, Praga, Viena, hace dos años el concierto de Navidad más famoso del mundo fue orquestado por su batuta. El director era una eminencia, y era el sueño de cualquier músico clásico el formar parte de su banda.
Había hablado hace unos días con el conservatorio para saber si el maestro iba a ofrecer alguna charla, pero aunque el conservatorio se lo había ofrecido, la apretada agenda del director no se lo había permitido, y el orgullo de la chica le impedía ir arrastrándose en su busca para suplicar un puesto como una vulgar groupie.

Regresó a casa fantaseando con la idea de formar parte de una gran banda. Aun eran las nueve de la mañana, no quería empezar a ensayar con el violín porque le picaba demasiado el sarpullido, y el piano de pared quedaba descartado porque aun era temprano y podía molestar a los vecinos. Se dedico al mantenimiento del violín, desmontando el arco para cambiar las barbas por otras que estuvieran limpias de la resina necesaria para hacer roce con las cuerdas y que el violín produjera un sonido adecuado, cuando se disponía a darle resina, llamaron al timbre.

No esperaba ningún paquete ni carta, pero por inercia se acercó a abrir atendiendo al telefonillo.
-¿Quién? -Preguntó de manera automática.
-Soy Rohan.
Shura esperó más información, desconcertada por la voz masculina.
-¿¡Quién!? -Repitió la pregunta hablando más alto.
-¿Acaso esta estropeado el telefonillo? -El tono hastiado e impaciente no dio buenas vibraciones a la chica.
-No, no esta roto. Se ha equivocado -colgó sin dar más explicaciones, encogiéndose de hombros, ignorando lo que acababa de pasar, decidió que aquel momento era tan bueno como cualquier otro para dedicarle un momento a su blog.

##########

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Rohan apretó los dientes dejando escapar un gruñido. Odiaba la nueva situación en la que se encontraba, indigna, asqueante y humillante. Bruno le debía un favor y por eso se encontraba llamando a las puertas de aquel edificio, pero que le negasen la entrada a él, al gran Rohan Kishibe, era el colmo.

Llamó a otro número, si conseguía que le abrieran la entrada, plantarse en la puerta de Shura y que saliera de su atolondramiento para abrirle, sería fácil. Bruno era una persona de palabra, y le aseguró, que había hablado con alguien que le pagaría el favor que debía a Rohan, en su nombre.
La persona que descolgó fue otra sorpresa desagradable, de fondo de escuchaban los lloros de un bebe y el tono enfadado de aquella mujer, se mezclaba con la somnolencia.
-¿Quién es? ¿Qué horas son estas para llamar?
-Soy Rohan Kishibe, le pido que abra la puerta para ir al apartamento de Shura, sobre la hora no tengo nada que añadir salvó que hace más de tres horas que ha amanecido, quizás aun este a tiempo de aprovechar el día señora -no disimulo el cinismo de cada silaba al decir eso. 
-¿¡Quién!? -Volvió a repetir la mujer, y Rohan contuvo las ganas de dar media vuelta y desaparecer del lugar, había un serio problema con la capacidad de raciocinio en aquella comunidad, pero la mujer continuo hablando -¿Shura? ¿La vecina? ¿Y quien eres tú?
-Su inquilino.
-¿Cómo dices? La “Yoko Ono” no tiene inquilinos.
-Ahora sí -no iba a sacar nada de aquella mujer salvó un interrogatorio de cotilleos, llamó a otro número y el ruido del portero no paso desapercibido para la alcahueta vecina.
-Ahora te abro.
Por fin estaba dentro. Subió hasta el cuarto piso y en el número cuatro llamó al timbre de Shura.

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La chica no podía creerlo cuando escuchó el timbre. Se asomó por la mirilla para observar al chico, por la cara de pocos amigos no le costó relacionarlo con la voz por la que había hablado por telefonillo.
-¿Qué quiere? -Habló sin abrir la puerta, convencida de que el otro podía escucharla claramente.
-De momento me conformo con pasar -se acomodo la bolsa de Gucci que colgaba de su hombro y la enorme carpeta de dibujo llena de papeles en su otro hombro.
-¿Nos conocemos?
-No nos han presentado en condiciones, culpa a Bruno y su apretada agenda. Por lo menos esperó que te haya contado sobre mi visita, ¿verdad?

Al escuchar el nombre de Bruno, Shura encajo las piezas: había querido hablar con el chico, algo sobre el secreto del éxito, estaba tan desesperada que actuó sin pensar y le dio su dirección para que viniera un desconocido que iba a ayudarla.
Todo aquello le daba mala espina, pero Bruno parecía una persona de fiar como para traerle a un mal tipo... por lo menos esperaba no estar siendo lo suficientemente inocente e ingenua con alguien con quien apenas había hablado cinco minutos.

Era ridículo, pero abrió la puerta, y aunque aun no lo supiera, aquel fue el comienzo en que su mundo se puso patas arriba.

##########

-Un placer Rohan, si me esperas en el salón te traeré algo para beber, ¿quieres algo?
-¿Un café?
-Sólo tengo instantáneo.
-Suficiente -Rohan se acomodó en el cómodo sofá mirando a su alrededor, había cierta sobriedad en la decoración y el minimalismo delataba la inspiración zen en la que se basaba. El piano era de madera negra y aunque encajaba con el resto, era un elemento pocas veces visto que vestía la estancia.

Shura aprovechó el momento de intimidad en la cocina para enviar un mensaje a Maria, pidiéndole que viniera lo antes posible. Colocó lo necesario para el café y dos sobres del mismo instantáneo, dando la vuelta para entrar al salón. Rohan seguía sentado en el mismo lugar, señalando hacía el piano con curiosidad.
-¿Pianista?
-Sólo como pasatiempo, mi especialidad es el violín. ¿A qué instrumento te dedicas tú, Rohan? -Le dedico una sonrisa cordial.
-Me gusta la música, pero no se tocar ningún instrumento.
No pudo disimular cuando borro la sonrisa de su cara, mirando al hombre que revolvía el contenido del sobre en la taza con gesto relajado.
-Pensaba que venias de parte de Bruno.
-¿Crees que soy alguien de su banda?
Aquello llamó la atención de la chica, pero no era el momento, más apurada por su creciente preocupación con aquel misterioso hombre.
-Bruno me comentó que vendrías de su parte, para hablarme sobre el talento y como llegar a la fama.
-¿Te dijo eso? -Ocultó su sonrisa sorbiendo de la taza, hablando muy dado de sí mismo -entonces has contactado a la persona adecuada. Pero Bruno te habrá dado a entender, que eres tú quien me debe un favor a mi, y no yo a ti.
-¿Y cual es ese favor si puede saberse? -Sus temores fueron sustituidos por el enfado contra aquel tipo y la petulancia que mostraba.
-Quedarme en tu casa hasta que reúna el dinero suficiente para volver a la miá -Rohan habló como quien comenta llover, con la naturalidad propia de quien daba por zanjado un tema, aunque su interlocutora aun estaba encajando la gravedad de sus palabras.
-¿Qué pasó con tu casa? -Ella aun no había tocado su taza mientras que Rohan casi había terminado la suya.
-La vendí.
-¿Por qué?
-Porque tenía que comprar una montaña y con mis ahorros no era suficiente.
 
Mientras hablaba, el teléfono de Shura comenzó a sonar, disculpándose y retirándose al dormitorio para más privacidad, era Maria.
-No puedo ir a tu casa, estoy en el conservatorio, ¿es muy grave? ¿Te encuentras mal?
-No lo sé. No entiendo nada.
-¿Cómo...? -Al otro lado de la linea, Maria parecía tan desconcertada como lo estaba ella, prefirió romper el hielo ahora que se había asegurado de que su compañera estaba bien -¿vas a venir al conservatorio esta tarde?
-¿Debería? -Shura intentó no sonar amargada, pero después del espectáculo de ayer, seguramente era mejor dejar reposar las aguas.
-Después de lo de ayer, no. Pero... si tienes ganas, Lucy parte mañana -estaba claro que no sabía bien las palabras que escoger para no molestarla.
-Iré a despedirla al aeropuerto, con todos. Se merece el reconocimiento que le han dado.
-Tiene suerte, ¿te enteraste? El director Buccellati necesitaba un violín en la reserva y se interesó en ella para su banda.

Menos mal que no había visto la mueca de malsana envidia... estar en aquella banda, aunque fuera en la reserva, sólo por aprender con el mejor, hacía que se la llevaran los demonios.
Pero por otra parte... quizás sólo fuera la mención de la palabra “banda”, Rohan había mencionado la misma palabra, y llevaba desde ayer con la mosca detrás de la oreja por el tal Bruno... todo ello junto con una desagradable sensación de malestar, le hizo preguntar a su compañera:
-¿Cual era el nombre de pila de Buccellati?
-¿Qué? No lo recuerdo... ¿Hugo? ¿O era Bruno...? No me hagas caso, pero casi seguro que era el segundo.

##########

Rohan se mantuvo como un espectador con Shura que se asemejaba a un torbellino descontrolado, saliendo del dormitorio con unos vaqueros en la mano, sacando del bolsillo una tarjeta ahogando un grito, de arriba abajo casi sin respirar, guardando el violín que estaba sobre la mesa y la chaqueta dispuesta a salir de casa como una exhalación.
Hasta que las miradas de los dos chicos se encontraron. Shura vaciló, pero tomó la determinación para aquello.
-Tengo que pedirte que te marches, yo también tengo que irme, es urgente, lo siento pero continuaremos la conversación otro día.
-No ha habido conversación que continuar, sólo te has dedicado a preguntarme, pero no has prestado atención a lo que te he dicho -con solemnidad dejo la taza bacía de café sobre la bandeja.
-No puedes quedarte en esta casa, no tengo un dormitorio de sobra -el sarpullido en su pecho le picaba por el sudor, la impaciencia y el estrés. 
-Puedo dormir en el sofá.   
-Necesito tiempo para pensarlo, y ahora me tengo que ir.
-Puedo esperarte.

La que no podía esperar era ella... un pitido en la calle indicaba que su taxi acababa de llegar. 
-Rohan, eres un desconocido, no puedo permitir que te quedes a solas en mi casa -apeló al sentido común de este como última carta.
-Soy alguien a quien debes un favor.
No iba a moverse del sitio... Shura reprimió las lágrimas desesperadas, para que no se le estropease el maquillaje. Con un envenenado “ya veremos” para el hombre, salio de casa y cerró la puerta dejandole encerrado dentro, por lo menos se aseguraría de que no le robase, ojala no prendiera fuego a la casa... aunque sí así se prendía fuego él, se quitaría un problema de encima. 

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Shura llegó para almorzar con Bruno... o mejor dicho Buccellati, afanado director de orquesta.
-Cuando me has llamado me he preocupado: ¿va todo bien con Rohan?
-No he venido por eso, director Buccellati.
-Llamame Bruno, prefiero la formalidad sólo cuando estoy trabajando, ¿qué es lo que te preocupa? ¿Estas bien? Siento no haber podido ir cuando me llamaste ayer.
La chica lo admiraba, era una eminencia pero la trataba con una familiaridad pasmosa, era un líder al cual se podía seguir a todas partes.
Negó con la cabeza sonriendo coquetamente bajando la mirada, reprimiendo sus nervios.
-Bruno, nunca había pedido algo como esto a nadie... ¿quieres tenerme en tu banda?
Pilló al hombre desprevenido, aquella petición en forma de declaración hizo que se le escapase una suave risa, Shura se sonrojó pensando que quizás había ido demasiado lejos y que no iba a tomarla enserio.
-Soy una buena violinista, podría servir como extra.
-Discúlpame, no pretendía burlarme de ti, y eres demasiado valiosa como para considerarte un extra en mi banda.

Le dio un vuelco el corazón de la emoción.

-Entonces... -casi no le salia la voz.
-No tengo sitio para ti en mi banda.
Sus ilusiones se pincharon y explotaron como un globo, anclando sus pies a la tierra.
Bruno había visto muchas veces aquella reacción, era mejor ser claro y directo para que el golpe no fuera tan duro, y terminar con el tema cuanto antes.
-Ha sido un placer hablar contigo, si surge algún problema con Rohan en mi tarjeta tienes mi dirección, también puedes llamar si necesitas instrucciones, pero lo mejor es que tengas paciencia... -cuando iba a levantarse de la mesa (después de dejar un billete que sin lugar a dudas iba a generar una buena propina para aquel día), Shura le agarró de la muñeca, sacando a reflotar su orgullo y determinación.
-¡Hazme una audición!
Bruno se sorprendió por aquella reacción.
-Nada me gustaría más, pero mi taxi esta esperando, voy directo al aeropuerto.
-¡Voy contigo! Puedes escucharme tocar mientras esperas para embarcar -la mente de Shura iba a toda velocidad, pero prácticamente se le abrió el cielo cuando este sonrió.
Bruno conocía la emoción que generaba cada audición y admiraba la falta de miedo por su parte, la tomo de la mano, ofreciéndole el brazo para caminar juntos.
-Vamos.

##########

Era emocionante. El aeropuerto no era el mejor lugar para la música, pero un oído experto como el del director de orquesta, podría reconocer su talento.
-¿Estas nerviosa? -Le ofreció la mano ayudándola a bajar del taxi.
-En absoluto, estoy muy agradecida por esta oportunidad -apretó en su mano el asa del maletín del violín.
-Eres muy condescendiente conmigo, soy yo quien te esta agradecido por recibir a Rohan en tu casa y tan del improvisto.
Con la emoción, ya no se acordaba de Rohan...
-Creo que es un chico peculiar. ¿Te parece ese buen sitió para que pueda tocar?
Al extremo de la zona de embarque de equipaje, cerrada por no coincidir ningún vuelo, era el lugar perfecto, apartado y más silencioso del aeropuerto.

Bruno tomo asiento de cara al asiento que ocupaba Shura, la chica hizo una reverencia, aunque no era el lugar adecuado, la atmósfera entre ambos se torno solemne y profesional.
-Muchas gracias por esta oportunidad, maestro Buccellati.
-Esperó lo mejor de ti.
Shura sacó el violín y tensó el arco al máximo.
-¿Por qué tensas el arco al máximo? ¿Prefieres el sonido que se produce?
Shura vaciló por aquella pregunta. El violín era un instrumento delicado, hay quien prefería no tensar tanto el arco, pero... un instrumento estaba para domarlo y además.
-Los mejores maestros recomiendan tocar de este modo -contesto justó lo que pensó y se relajo cuando Buccellati asintió aprobando su respuesta... aunque estaba convencida de que no era lo que esperaba por su parte.
Se relajo adoptando una posición adecuada, rozo el arco contra las cuerdas... y sintió como si el suelo se abriera a sus pies, cuando el arco patino sobre las cuerdas chirriando.
Como si hubiera pasado meses desde aquello, recordó aquella mañana, a ella misma limpiando el arco, lista para aplicar la resina a las barbas nuevas, uno nunca se olvida de esto para tocar, porque es tan fundamental como tener dedos en las manos para producir las notas.

Tan fundamental y necesario para tocar... que se lo había olvidado en casa.

Tragando saliva, con la mente en blanco, volvió a deslizar el arco sobre las cuerdas, volviendo a resbalar, produciendo un sonido horrible, inteligible, tan roto como se encontraban su determinación y su confianza en ella misma, no parando de tocar pese al ridículo.
Sintiendo la mano cálida de Bruno sobre la mano que sostenía el mástil del instrumento instándola a detenerse, se había quedado helada, y sentía como su cabeza cabeceaba de un lado a otro con una negativa. Por suerte el hombre le sonreía, no se daría cuenta de lo importante que era aquello hasta no superase la vergüenza y pensará en ello.
Bruno le echo el brazo por encima arropándola, esperando hasta el último minuto para embarcar y quedándose a su lado.

##########

De vuelta a casa, Shura pensó en la promesa de Bruno: si mantenía a Rohan en su casa, estaría dispuesto a hacerle una nueva audición sin las molestias y la falta de acústica del aeropuerto... como si la falta de acústica hubiera tenido la culpa. 

En la casa seguía Rohan, sentado en la mesa con lo que parecía una plumilla de dibujo en la mano, levantando la mirada y reconociendo al momento que la chica no estaba para hablar, aunque interpretó por su silencio que no había problemas en su presencia, se tomo permiso para regresar a sus dibujos.
La chica agradeció el silencio, apreciaba la soledad para aquellos momentos, pero que no hablase era lo más cercano a lo que podría aspirar de soledad en aquel momento.
Agarró el taco de resina que había olvidado sobre la mesa, era digno de un principiante o de una dejada, el haberlo olvidado, con unas pasadas al arco, acción que no duró más de dos minutos, su instrumento estaba listo para tocar.
 Parece mentira que por algo tan miserable se le hubiera escapado la oportunidad de su vida, pero así de cruel es la realidad en el mundo de los adultos.
Dejo que su talento se expresará por ella, que la hiciera desconectar del mundo y dar rienda al dolor y arrepentimiento... una melodía llena de melancolía y tristeza que le aliviaba... y que fue interrumpida por un timbrazo a los dos minutos de reloj.

-Perdona, Shura, bonita. ¿No podrías ir a ensayar al auditorio? No escucho las noticias y no quiero subir el volumen del televisor porque mi niño se va a poner a llorar...
Shura estaba que una corriente de aire podía tirarla por los suelos, no digamos ya de comentarios. Incapaz de dar una contestación sin ponerse a llorar, hablando casi de manera infantil.
-Yo... ahora necesito tocar...
Rohan apareció por detrás de la chica, tomando la puerta y cerrando en la cara de la vecina que únicamente atino a sorprenderse por la desconocida presencia del chico.
Shura se giró y ambos se quedaron mirando a los ojos del otro.
-Sigue tocando si es lo que te apetece -se apartó de su lado regresando a la mesa.
Asintió agradecida por la comprensión que le brindaba Rohan en aquel momento. No le conocía de nada, no podía decir siquiera que supiera algo de él. Pero ya tendría tiempo de preguntarle y conocerse. Ahora, debía reconocer, que apreciaba la compañía que este le brindaba en aquellos momentos.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Kora on June 25, 2014, 06:31:04 PM
Dejo algo aquí y vuelvo a seguir luchando contra el aporte en el RPG :'>

01

The years have passed so quickly
One thing I've understood
I am only learning
To tell the trees from the wood
I know what's coming down
And I know where it's coming from
And I know and I'm sorry (yes I am)
But I never could speak my mind

(http://i129.photobucket.com/albums/p210/kora_lj/BT%20-%20MMORPG/dd/ddkora.png) (http://i129.photobucket.com/albums/p210/kora_lj/BT%20-%20MMORPG/dd/ddjolyne.png)

- Oye, ¿has oído el cover que han hecho del ending de Brave Fantasy? No está mal, al menos con la letra en inglés puedo ponerlo sin que me llamen weeaboo.
- Ah, la chica esta, tiene otros covers que también están muy bien. Eso sí, está encantada de conocerse, y los fanboys que tiene no ayudan.
- Bueno, mírala. La mitad de su fama puedes ver de donde sale, veinticinco por ciento en cada pecho.
- Eres un salido.
- ¿Qué hacéis?
- Hey, Jolyne. Mirar covers y… ¿Jolyne? ¿Y esa cara?
- ...N-nada. No es nada.


--

Kora nunca había sido buena escondiendo sus emociones, aunque tampoco había que tener una percepción extraordinaria para saber que una persona cruzada de brazos, el ceño fruncido y constantemente pasando el peso de un pie al otro estaba ocultando algo.

- Bonita casa.

No era un halago en falso, aquel apartamento era dos, casi tres, veces más grande que el suyo, y tres veces fijo más limpio. ¿Pero qué podía esperar de la hijita de los Hardy? Le hubiera extrañado más que viviera en un piso compartido.

- Uhh, este es mi cuarto.

Kora abrió la puerta a una habitación del tamaño del comedor de Jolyne. Pósters de anime y videojuegos y estantes llenos de figuritas, hasta el cobertor de la cama era un estampado de alguna mascota de anime y… ¿era aquella una de esas almohadas con un personaje? … Todo digno de alguien cuyo nick online era KuroKitty. Se hizo un hueco entre los peluches sobre la cama, sentándose y maravillándose por unos momentos al no oír muelles chirriar.

- ¿Invitas a todo el mundo a tu habitación así como así?

Recibió como respuesta una mirada enfurruñada, los labios torcidos y una ceja arqueada. Vale, quizá podría bajar un poco el sarcasmo, al menos al principio.

- Era broma...
- ¿Quieres beber algo?
¿Tienes coca-cola?
- Sí, ahora vuelvo.

Jolyne se levantó, examinando la habitación. Una pared entera hacía las veces de armario empotrado, y al lado de la ventana, el escritorio desde donde habría grabado todos aquellos vídeos. Vio que una pestaña parpadeaba constantemente, probablemente de la supuesta colecta de prueba. Iba a echar un vistazo rápido cuando algo más captó su atención -- una puerta.

Había esperado ver simplemente un baño enorme, probablemente hasta jacuzzi, pero lo que encontró al otro lado hizo que se le parara la respiración.

- Jo-der...
- Sólo tengo Zero, supongo que no te impor- ¿Qué haces?

Kora puso el brazo libre en jarras, habiéndola pillado con las manos en la masa. Pero a Jolyne le daba igual tras lo que acababa de ver. Señaló el interior de aquella sala, con los ojos abiertos como platos.

- ¿Esto… esto es tuyo?
- Sí. Ahí es donde grabo canciones… ¿qué pasa?

¿Qué pasaba? Jolyne boqueó, entrecerrando los ojos. En aquella habitación había equipo mucho más superior (y desde luego, en mejor estado) que el estudio que su banda alquilaba cuando intentaba grabar algo. Kora tenía literalmente un estudio profesional a su disposición.

La sorpresa poco a poco desvaneció, y empezó a sentir una familiar sensación de frustración. Por supuesto, Kora siempre tenía que tenerlo todo. Ella se desvivía trabajando y tratando de llevar una banda más allá de tocar por bebidas y ganchitos gratis, grabando temas en un cuarto que se les caería encima en cualquier momento y sólo cuando conseguían ahorrar entre todos, para que les respondieran con el “dais pena” más cortés del mundo…

Y la princesa Hardy habitaba un pequeño palacio moderno, grabando canciones de anime y con más de medio millón de fans, todo ello sin probablemente dar un palo al agua.

Era injusto.

- Nada. Sólo… sólo me había sorprendido.

Cerró la puerta de la sala, un poco más fuerte de lo que debería, y volvió a sentarse en la cama, cogiendo al vuelo el refresco que le pasó Kora. Las dos permanecieron en silencio, con Jolyne empezando a lamentar haber ido allí en primer lugar. Si decía algo, no iba a ser nada bueno.

Un silencio incómodo se interpuso entre las dos, y abrió la lata, casi ahogándose con el primer trago cuando la otra cedió primero ante la presión.

- ¿¡Y bien!? ¿Por qué estás aquí? - Sin darle tiempo a responder, Kora dio unas zancadas delante de ella, quedándose mirándola con los brazos cruzados.

Aquella era una buena pregunta. Jolyne no estaba muy segura de qué responder sin quedar como una idiota.

Admitir que una parte de ella quería ver a Kora arruinada era desagradable. Había seguido adelante con su vida, no era un camino de rosas, pero era una vida si no buena, al menos aceptable. Por inestable que fuera a veces, simplemente se había acostumbrado, y no podía haber ni una sola persona que no admitiera que salir adelante había sido su propio mérito. Y sin embargo…

Algunas heridas no se cerraban, menos cuando le echan sal sobre ellas. ¿Por qué tenía Kora que caer siempre de pie? ¿Cómo era remotamente justo que se lo dieran todo? Si realmente estaba tan mal, tenía que verlo con sus propios ojos. Se lo debía.

- ¿Vas a contestarme o no?
- Sólo quería asegurarme de que estuvieras bien.

Kora se quedó en silencio unos momentos, la impetuosidad en su tono y gesto desapareciendo gradualmente hasta dejarla con una expresión serena, casi triste. La chica descendió hasta sentarse en la moqueta del suelo, con un cojín sobre el regazo. Una punzada de culpa atravesó a Jolyne, quien había respondido con una simple excusa. Una simple excusa.

- ¿De verdad quieres saber lo que pasa?

Con el cojín aferrado entre sus brazos, Kora levantó la mirada, con las cejas casi juntas. Así que sí estaba pasando algo. Jolyne se dio cuenta de que aquella era su última oportunidad para irse y sacar a la chica de su vida para siempre, dejar que tratara con sus problemas ella sola y así, con suerte e intervención divina, maduraría un poco. Al mismo tiempo, quería saber qué pasaba, saber si al final el karma la había alcanzado. Era una sensación odiosa.

- Soy toda oídos. - Respondió, tras un suspiro.

--

- Espera, espera…

Jolyne levantó las palmas de las manos, tratando de procesar la información, tarea que se había vuelto sustancialmente más complicada cuando Kora se había echado a llorar y necesitaba respirar hondo al menos tres veces antes de terminar una frase.

- Has estafado a tus padres, viviendo de su dinero sin que ellos lo supieran, planeado tu futuro en base a otra serie de estafas, ¿y te sorprende que te hayan dado la patada?
- ¡No tenían por qué investigarme! - Replicó Kora con voz ronca, abrazando el cojín. - ¡No es justo!
- ¡¡Tú no sabes lo que es justo!!

Jolyne se levantó, con las manos hundiéndose en el pelo que no estaba sujeto por los moños. Si había podido sentir el más mínimo ápice de compasión por Kora, éste había quedado en nada tras oír la verdad.

- ¡Has estado dos años sin hacer nada más que cantar canciones de anime y comprar figuritas! - Jolyne creía que le iba a estallar la cabeza, aunque no pensaba dejar que implosionara sin antes ahogar a la otra. - ¡Deja de llorar porque de repente ya no te van a regalar todo!
- ¿¡Pero de qué vas!? - Kora se levantó inmediatamente, con las mejillas encendidas. - ¡No eres mi madre! ¡Ni tengo por qué aguantar lecciones de tu parte! ¿¡Crees que me importa!?
- ¡Precisamente lo que te hace falta es una lección!

Negó con la cabeza, y se apartó unos pasos de la otra, quien tenía los labios apretados en una fina línea, casi disimulando un ligero temblor. Pero no, a ella no iba a engañarla con aquella pose, habían pasado años, pero sabía que recurrir a las lágrimas para inspirar pena era una táctica habitual en Kora. Y con lo que acababa de contarle, ya sabía que la chica sólo había refinado sus habilidades para manipular a los demás.

- No sé ni para que me molesto en venir. Sigue estafando a la gente, mentir es lo que mejor se te da. - Cogió su bolsa de la cama, y se la echó al hombro. - Buena suerte, aunque no te la mereces.
- Jolyne… no… no sé qué hacer…

Tenía la mano apoyada en el marco de la puerta, y estaba sólo a unos pasos de salir de aquel apartamento. Sin embargo, se había quedado quieta, esperando a las siguientes palabras de Kora. Era una mentirosa, una niña malcriada que tenía la noción de que todo giraba a su alrededor, y que sólo se interesaba por los demás cuando le eran útiles. No podía dejar que jugara con ella -- ya tenía demasiados problemas en su vida.

- Empieza por buscarte la vida.

Aunque había respondido con un bufido, seguía sin moverse de allí. El estallido al enterarse de toda la historia empezaba a bajar, un poco sólo, pero al menos ya podía hablar sin gritar. Casi estaba cerca del estado en el que podría acercarse a la otra sin tirarle del pelo.

- No sé cómo… - Oyó el suspiro largo, seguido de un silencio. - Tienes razón, nunca he tenido que ganarme nada. ¿Qué voy a hacer?
- ¿Y cómo quieres que lo sepa yo?

Jolyne ni siquiera estaba segura de que ella misma tuviera un sitio donde vivir a final de mes. La diferencia, claro, era que ella al menos estaba haciendo algo para intentar evitarlo que no fuera engañar a otras personas.

- No lo sé. Pero tú… tú nunca te rendías, daba igual la situación. - La voz se le quebró, y no estaba segura de si era fingido o no. - Por favor… ayúdame. Es por eso por lo que has venido, ¿no? Aunque han pasado años...

Aquel había tenido que ser el suspiro más largo de su vida, dejando sus pulmones vacíos. Se giró hacia la otra, caminando lentamente hasta ella.

- Lo siento. No me preguntes por qué he venido, no lo sé. No sé si quería asegurarme de que estabas en una mala situación de verdad y usarlo para sentirme mejor con respecto a la mía… - Los ojos de Kora se abrieron como platos, y frunció el ceño. - …O porque de verdad estoy preocupada. No lo sé, en serio.

Se frotó la sien, intentando poner algo de orden en el caos que tenía en la cabeza en aquellos momentos. “Dame un respiro…”. Kora tenía la cabeza agachada, aún aferrada al cojín, y parpadeaba rápidamente para que no le cayeran las lágrimas. Parecía volver a ser una niña, con las rodillas juntas y los hombros caídos. ¿Era aquella una pose practicada para parecer adorable? ¿O estaba siendo sincera?

- Pero ni siquiera tengo para pagar mi propio alquiler, y lo único extra que tengo es para cuando tenemos que…

Paró a mitad de la frase, ladeando el rostro hacia la puerta. Aquel estudio, mil veces mejor que el que su banda podía permitirse. Volvió el rostro hacia Kora, quien todavía la miraba confundida. Kora, quien tenía un público fijo, un montón de gente capaz de incluso darle dinero por, literalmente, su cara bonita.

¿Cómo no había encajado las piezas? Tenía que haber sido el cabreo del momento.

- ¿Tienes habitaciones de invitados?
- ¿Qué? - Kora frunció el ceño, confundida por la repentina pregunta.
- Es importante.
- Pues… tengo dos habitaciones extra, y en el comedor hay un sofá-cama.

Los números cuadraban. No exactos, pero seguro que tenía alguna habitación para figuritas y-- aquello no era lo importante en aquel momento.

Su madre siempre le había dicho que una mala racha sólo era una oportunidad para un cambio a mejor. Con su historial, Jolyne no podía decir que estuviera del todo de acuerdo. Pero en aquella ocasión…

- ¿Cuánto has recogido ya?
- ¿A qué viene tanta pregunta? - Kora se cruzó de brazos. - Me estás asustando… pero si tanto quieres saberlo, sólo llevo unos 8000 dólares.

Sólo 8000 dólares. Necesitó toda la fuerza de voluntad posible para no echarle las manos al cuello.

- Vale, ¿y el alquiler de este sitio?
- 2000 dólares. - Respondió con naturalidad.
- …¿Vives en un apartamento de 2000 dólares?

Tampoco era de extrañar. Estaba situado en una de las mejores zonas de Eastwood, y no se le había pasado por alto el detalle de la piscina privada. Se mordió el labio inferior. Aquello iba a ser difícil, pero podía salir muy bien. Muy, muy bien.

- Mira, no te prometo nada… pero quizá pueda ayudarte.
- ¿En serio?

La chica abrió los ojos, aunque antes de que pudiera acercarle los brazos para rodearla, Jolyne la sujetó por las muñecas por impulso. Kora se dio cuenta de su reacción, y desvió la mirada, incómoda, mientras se cruzaba de brazos.

- No prometo nada. Que eso quede claro. - Levantó un índice. - Y además, tendrás que hacer… cambios.
- ¿A qué te refieres? - Kora arqueó una ceja.
- Prefiero ver si es posible antes de decirte nada.

No iba a dar ilusiones a ninguna de las dos antes de que las otras partes implicadas supieran al menos que estaban, bueno, implicadas. A Jolyne le parecía un plan perfecto, pero no podía ponerlo en marcha sola.

- Mira, pasado mañana toco con mi banda. Ven a vernos, y hablaremos allí todos.

Kora la miró con los ojos entrecerrados, midiendo las palabras antes de decir nada. Sin embargo, no tenía muchas otras opciones, y dejó ir un bufido corto antes de asentir.

- Vale. No sé si simplemente planeas secuestrarme y vender mis órganos, pero… vale.

Giró ligeramente el rostro, sin apartar sus miradas, y de nuevo Jolyne no podía saber si la otra estaba siendo honesta. Aún así, ahora no tenía mucho que perder.

- ¿Conoces el Stray Cat? - Kora tardó más de cinco segundos en contestar, lo cual significaba que no. - Te dejaré un mensaje con la dirección. El sábado a las once, cuando terminemos de tocar, nos veremos.
- De acuerdo. Estaré allí.

Jolyne asintió, satisfecha. Si todo iba bien...

- Pues… tendré que irme ya. Nos vemos pasado mañana.

Sin esperar respuesta, Jolyne se dirigió a la entrada, seguida por los pasos cortos de Kora. Cuando abrió la puerta, ésta volvió a hablar.

- Jolyne… gracias.

Su voz sonaba algo más grave que de costumbre, dos simples palabras que parecían haberle costado un mundo para pronunciar. Pero no podía dejar que volviera a hacerse un hueco en ella más allá de lo que iba a ser simplemente un intercambio de beneficio mutuo.

- No me las des toda-
- Me… me alegro de haberte vuelto a ver...

No iba a girarse a ver la expresión de Kora. El tono con el que había hablado lo decía todo, y probablemente la chica esperaba una respuesta similar por su parte. Si tan sólo pudiera dársela, lo haría. Si tan sólo no hubieran pasado tantos años entre ellas… si pudiera confiar en ella de la misma forma que una vez lo había hecho...

Lo único que fue capaz de hacer antes de cerrar la puerta tras sí fue murmurar un “lo mismo digo” sin mirar atrás.

--

- En serio, parece que hayas visto un fantasma. ¿La conoces?
- No, para nada.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Sayi on June 29, 2014, 02:07:49 PM
I MADE ITTTT me quedo soso pero al menos hice algo ;_;
Tenía esto atorado de hace meses... espero ahora los aportes fluyan más libres kk



(http://i.minus.com/ik2GSXP2g9n0K.png) (http://i.minus.com/iF3TNIy1yUH5M.png)

Medley 4: Over My Head

Las ventanas del Stray Sheep Bar eran tintadas, por lo que nunca se colaba mucha luz dentro del local. Las sillas estaban sobre las mesas y la vajilla descansaba impecable detrás del mostrador, junto al santiamén de alcohol listo para ser preparado. Todavía no era horario de atención al público, pero eso no era sinónimo que el lugar se encontrase vacío.

Habían dos jóvenes sentados en la barra, y la luz proveniente de la cocina venía acompañada del ligero sonido de una radio. Mientras el dueño del local se encontraba ocupado en la habitación adyacente, los dos hombres se familiarizaban sobre cerveza y cigarros.

Mine se alegraba que Shizuo estuviera ocupado con el inventario y no se encontrara en el salón con ellos. Desde la pelea, y el fatídico desenlace de la rockola, ellos ya daban por terminado su contrato con el bar... pero el rubio había aceptado que continuaran a regañadientes. Fue gracias a las súplicas de Spike -su manager-, y los clientes que frecuentaban los sábados para verlos, que habían podido continuar como el grupo bandera del bar. No eran muchos, pero Shizuo no quería perder a los fans.

Aún así, si bien les permitió quedarse, siempre se sentía una molestia inminente cuando se cruzaban con el bartender…

A Mine se le puso la piel de gallina cuando recordó el estado en el que sus ex compañeros de banda habían quedado. El altercado les había dado un nuevo respeto por Shizuo Heiwajima. Por no decir terror.

...

Pero al menos había una buena noticia que le daba a pensar que no todo estaba perdido, y era el sujeto que tomaba whisky junto a él.

Mine había colgado afiches en todos lados, había entrevistado al menos a diez personas y recorrido la ciudad entera para finalmente dar con Hayato Gokudera —un bajista/guitarrista con una excelente habilidad. El rubio no entendía como alguien con tanta experiencia como Hayato no estuviese ocupado en algún proyecto... pero no era momento de cuestionar una oportunidad. El peliblanco les caía como anillo al dedo, y tenían que presentarse en solo dos días. El joven se veía interesado en su propuesta (obviamente sin idea del pobre estado en el que se encontraban) y era necesario convencerlo para salvar su lugar en Stray Sheep.

"Shizuo no puede percatarse que su rockola ya no funciona, o de lo contrario los dejara patitas en la calle" las palabras de Spike resonaban en su cabeza como una sentencia de muerte.

Tenía una de las dos tareas completadas. Había conseguido una baterista rápidamente... una novata, pero haría el truco.
El asunto ahora era el bajista. Y lo genial de la oportunidad era que Hayato tenía potencial, y no solo para salvarlos.

"Kaien, Sayi, ¿por qué no me respondeeen?" mascullaba Mine mientras les reventaba el telefono a sus amigos a punta de mensajes. Ambos estaban perdidos en el universo "Ellos son mejores para convencer que yo..."

Hayato por su lado aprovechó el silencio para evaluar el local. Habían unas veinte mesas en el lugar, más la barra, un área vacía frente al escenario y obviamente... la tarima. No era un escenario enorme pero era decente, y considerando el tamaño del lugar, era evidente que ningún cliente podría ignorarlos. El bar estaba hecho para observar un show mientras se disfrutaba de un trago, y tener una presentación garantizada todos los sábados era una idea que le interesaba bastante.

"¿Este es tu bajo?" Hayato notó a Mine estudiar su guitarra y eso le hizo regresar a la barra "Whoa, ¡es una Fender!"
"Mírala si quieres" le ofreció el bajista y Mine no demoró en retirar el instrumento y evaluarlo de cerca "Trabajaba en una tienda de instrumentos de segunda mano, y la conseguí a buen precio"
Mine silbó aprobatoriamente, guardando la guitarra en su estuche "Debe tener un sonido excelente... yo estoy ahorrando para una Ibanez, pero de momento estoy con mi fiel Spector de segunda" sonrió animadamente "Pero al menos no estoy como Kaien, que toca una Roland desde siempre..."
"¿Roland? ¿Roland sacó una línea de guitarras?"
"Hace mucho tiempo, pero no les fue muy bien y la descontinuaron" Sopesó el rubio "Su tecnología esta mejor para soporte después de todo"
Hayato alzó las cejas, interesado "Y tu compañero, Kaien. ¿Es buen guitarrista?"
"¿Bromeas? ¡Kaien es el mejor guitarrista!" exclamó Mine "Si no fuera por él nosotros ya estaríamos..." Hayato lo miró inquisitivo y Mine se percató de lo que estaba por decir "eh... mmm... no estaríamos tan bien como lo estamos ahora, pero igual estaríamos bien (??)"
"Ya veo"

El rubio rio nervioso y tomó un sorbo de su cerveza. Definitivamente era el peor para convencer... pero al menos había esquivado una situación peligrosa.
Hayato por su lado había sentido una punzada de envidia, cosa normal cuando alguien osaba a llamar a otro que no fuera él como "el mejor". Al menos lo había camuflado bien, a pesar de tener ahora muchas ganas de conocer al susodicho Kaien.

"Kaien es la primera guitarra y también canta, pero la vocalista principal es Sayi. Ella también toca el piano, pero no tenemos muchas canciones donde lo utilice" continuó explicando el rubio "Tiene una voz peculiar, pero es muy buena... de hecho estaba por irse a estudiar a Suiza antes de dejar el conservatorio"

Mine había contado eso último entre risas, como una anécdota graciosa... pero cuando se giró hacia Hayato la expresión severa en el rostro del peliblanco por poco le hizo caer de la silla.

Sabía que había metido la pata pero no sabía cómo.

"¿El conservatorio? ¿Estuvo en el conservatorio?"
"No, bueno si... y no... lo dejó hace un año..." Quería convencerlo que se quedara, pero no podía actuar naturalmente si le seguía mintiendo. Era incapaz de hacer ambas cosas a la vez "Yo también lo dejé, y Kaien igual..."

El peliblanco no relajaba su semblante. Mine juraba que ya lo había perdido, pero el guitarrista no parecía listo para marcharse.

"Estuvieron en el conservatorio y lo dejaron... ¿por qué?" preguntó Hayato, con una seriedad que Mine sintió lo ponían entre la espada y la pared.

Decidió ser honesto.

"Porque las clases no nos dejaban practicar como banda. Los profesores eran estrictos, las mensualidades un gasto innecesario... lo que queríamos hacer era tener nuestra rockband, y el conservatorio no nos ayudaría a lograr eso"

Mine suspiró. Al menos había sido sincero, y si el guitarrista tenía tanto problema con ellos desde el principio, quizás lo mejor sería cortar por lo sano...
Pero no terminaba de entender qué había hecho mal. ¿Quizás este Hayato solo tenía un temperamento difícil?

El peliblanco se acercó a Mine entrecerrando los ojos, como si le costara entender la situación.

"Dejame ver... ustedes asistieron al conservatorio, pero lo dejaron porque se dieron cuenta que no lo necesitaban" repitió Hayato "¿Es correcto?"
"Básicamente, si"
"Tuvieron la oportunidad de estudiar en el conservatorio, incluso de ir a estudiar al extranjero ...oportunidad por la que muchos matarían... y lo desestimaron todo porque no les podía ayudar con lo que querían"
"...Así es?" Mine pensó que Sayi se sentiría aludida si escuchara esto, pero bueno, era cierto.
"Vaya..." Hayato se reincorporó, tomó su bebida y balanceó el alcohol que tenía dentro "Me parece bien"
El peliblanco ahora sonreía levemente y Mine sabía que estaba a salvo. Solo que no entendía bien... "¿Por qué lo dices?"
"Porque creo que un músico de verdad no necesita de un conservatorio si se esmera lo suficiente" respondió el bajista "Hay una especie de estigma si eres músico y no estudiaste música en un conservatorio... aún si sabes tanto como uno que si entro ahí. Como si un papel hiciera la diferencia..."
"Entiendo" Mine supuso que hablaba por experiencia "Pero eso no se aplica a nosotros"
"Exacto" Hayato extendió su copa y la chocó con la de Mine, que descansaba en la barra "Me gustaría tocar con ustedes. Creo que haríamos un buen equipo"

Mine quiso gritar y lanzarse a llorar a sus brazos, pero logró expresar todo eso y más con un relajado:

"Bienvenido a la banda"
"Gracias" respondió Hayato, estrechando manos con el rubio "¿Entonces tenemos práctica mañana? Me dijiste que nos toca presentarnos en sábado, ¿cierto?"
"Claro que si, mañana siempre hay práctica, de hecho" le respondió, al mismo tiempo que tipeaba GUESS WHAT MANANA HAY PRACTICA A LAS 7 POBRES QUE FALTEN HIJOS DE .... en cierta conversa grupal.
"Genial" respondió Hayato "Por cierto, no me has hablado del baterista. ¿También dejó el conservatorio?"
"No, ella no va... y es excelente" respondió Mine con una amplia sonrisa.

O al menos, esperaba que no asistiera al conservatorio.
A decir verdad, a duras penas y sabía su nombre…

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Operación Carapulcra y Sopa seca había sido un éxito.

Tras una brillante escabullida de Horo Miki en la residencia Ayanami, el peliceleste había logrado soplarse media olla en un taper del chifa y salir sano y salvo del cómodo apartamento sin levantar sospechas.

De vuelta en casa de su hermana, el hermano del medio celebraba su triunfo deleitándose con su cacería, mientras sus dos hermanas comentaban anécdotas de los pasados días.

Esta vez era el turno de Sayaka, la dueña de ese apartamento, contar la última novedad que la traía bailando en puntitas.

"Así que solo tengo que esperar a que mi ~nuevo amigo Nakamaru~ me diga cuando podre conocer a Tegomass y..." la peliceleste junto ambas manos y las apoyó contra su mejilla "¡Ta ráaan~! Que pequeño es el mundo ¿cierto?"

Pero sus dos hermanos no respondieron. Estaban muy ocupados comiendo la deliciosa cena que le habían robado a su estudiosa prima como para interesarse en sus johnnys y la oportunidad que se le había presentado en bandeja de plata.

"¿Me escucharon? Dije que conoceré a TEGOMASS. MI FUTURO ESPOSO"
"¿Que era Tegomass?" le preguntó Sayi a Horo.
"Ese justin bieber chino. Del que tiene un poster medio calato en su cuarto"
La mayor asintió, recordando a quienes se refería "Ah... los gorditos esos"
"¡No son gorditos!" reclamó Sayaka, estampando ambas manos en la mesa de la cocina
"Pues sus caras son medias gordis..." continuó Sayi, pero al ver a su hermana maldecirla con la mirada, la joven optó por seguirle la corriente "Pero bueno, me alegra que conozcas a tu ídolo idolatrado. Mamá estará orgullosa de ti"

Los hermanos Miki solían reunirse una vez cada semana para ponerse al día de sus andanzas por Eastwood. No que alguno de ellos tuviera un avance en su respectiva ocupación, pero al menos era divertido compartir chismes entre ellos aunque sea para burlarse.

Sayi, Horo y Sayaka Miki (en orden de edad) eran tres hermanos que habían emigrado de una ciudad llamada Ica a unas cuatro horas de la ciudad. Sus padres eran unos granjeros avícolas, quienes habían apoyado incondicionalmente los sueños que sus hijos querían seguir en Eastwood: Sayi quería estudiar piano y canto en el conservatorio, Horo terminar sus estudios e ingresar una universidad, y la menor, Sayaka, quería estudiar leyes en una de las universidades más prestigiosas del país.

Claro esta, no le tomo mucho a la ciudad para retorcer los sueños y esperanzas tanto de hijos como padres.

Sayi ingresó al conservatorio como lo prometió... pero tres años dentro y con un buen pronóstico por delante, optó por dejarlo para dedicarse a empezar una banda de rock desde cero. Resultado: Desheredada, y sin apoyo económico ni moral de sus padres desde entonces.
Horo ingresó a un instituto y terminó desempeñándose bien en ciencias y matemáticas... pero a los tres meses fue expulsado por conducta, descubrió la música, y decidió convertirse en el vocalista de una banda de hip hop (y divertirse en tiempos libres con sus amigos en un skate park). Resultado: Solo sus dos hermanas reconocen su parentezco.

Sayaka era la única que seguía como pura y santa ante los ojos de sus padres. La benjamina de los Miki seguía fielmente sus estudios de leyes, y, como la última esperanza de esa desgraciada familia, era la única que recibía dinero y ayuda de sus padres.
Por supuesto, sus progenitores no tenían idea de la carrera alterna como actriz que la peliceleste seguía a sus espaldas, y cómo parecía más interesada en ella que en su carrera. A menos que tuviera que ver con conocer Johnnys, por supuesto.

Acababan de terminar la cena robada cuando el teléfono de Sayaka comenzó a vibrar.

"¿Es Tegomass?"
"¿Es Nakamaru?"
"¿El homosexual-no-declarado-de-tu roomie?"
"No, no... y ya te he dicho que Tatara no es gay Sayi" le respondió la peliceleste a su hermana. Revisó el número y sonrió "Adivinen que: Es mamá"

Horo y Sayi guardaron silencio mientras la hermana preferida respondía a la señora Miki.
Aunque de Sayi y Horo, a su madre le bastó un breve informe de 'siguen con vida' de parte de su hermana, a los hermanos mayores no les quedaban de otra que tomarse el asunto con humor. Más bien, la conversación pasó a ser interesante cuando Sayaka no pudo contenerse de contarle su futuro encuentro con Tegomass.

"¿Qué? ¿Que cómo lo conocí?" La peliceleste se puso algo nerviosa. Su mamá debió tomarse la noticia con recelo, y ello ponía en peligro el futuro de su cuenta bancaria.
Los hermanos remedaron a su madre al unísono "Si, Sayaka, ¿cómo lo conociste?" y la menor los fulminó con la mirada.
"Pues, lo conocí cuando fui a una entrevista para una pasantía en el mejor buffet de abogados de la ciudad..."

Pero Sayaka tuvo que continuar su historia en otra habitación, ya que las carcajadas de sus hermanos le impedían continuar de manera creíble.

Con su hermana fuera de la habitación, y su hermano raspando los restos de sopa seca del taper, Sayi decidió revisar su teléfono. Puso los ojos en blanco ante la lluvia de mensajes de Mine, pero el último fue una noticia que no esperaba.

>Ya conseguí baterista y bajista. Más le vale que estén en el bar mañana a las 7 de la noche listos para practicar, par de faltosos
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Puri on July 31, 2014, 04:00:15 PM
edito luegoooo con icooooons



Jueves, once de la mañana y un sol esplendoroso en las calles: Definitivamente un momento de pocos clientes para el bar Homra, lo cual Gajeel apreciaba con toda el alma. Si bien Izumo odiaba tener que confiarle el bar a alguien, Gajeel siempre estaba necesitado de dinero extra y -si es que nadie le hacía enfadar- era el mejor para el puesto, era un barman decente, su exterior intimidaba a aquellos que pensaban irse sin pagar y podía detener cualquier tipo de peleas antes de que estas empezaran. Sí, un buen suplente, mucho mejor que Mikoto, quien prefería tirarse a dormir en un sofá de la esquina.

Pensando en el mejor amigo del dueño, Gajeel no pudo evitar hacer un resoplido de molestia. Conocía al chico desde hacía cinco años aproximadamente cuando se conocieron en una escuela técnica para estudiar mecánica, pero hasta ahora el pelinegro seguía sin poder soportarlo completamente; era el amor por la música el que los había mantenido como algo-cerca-a-amigos-pero-no-exactamente-ahí, además de que el pelirrojo al menos era callado y no significaba molestia alguna, lo cual apreciaba. Sin embargo, a pesar de tener dos puntos muy buenos a su favor, Gajeel encontraba que era su flojera la que arruinaba todo ello, ya que desde hacía cuatro años habían tenido la idea de formar una banda (¿y qué mejor que vivir en esta ciudad? Es decir, si un músico buscaba cumplir su sueño en el mundo, era aquí donde debía de empezar. Nashville era algo del pasado, todo el mundo lo sabe) e Izumo había decidido apoyarles con espacio, incluso por un tiempo tuvieron una mánager... Pero no, la dejadez de Mikoto era lo que truncaba mucho de sus sueños y esperanzas, retrasando entregas de canciones, letras, presentaciones...

Al menos finalmente tenían una vocalista. Hacía una semana Mikoto llegó al bar con una chiquilla de unos veinte años llamada Kyoko, la cual resultaba ser su prima lejana sobrina de una tía segunda hermana del su tía muerta, o algo así, pero la cosa era que eran parientes por algún lado. Si bien en un comienzo la trajo al bar porque no tenía donde dejarla bajo cuidado, la aprovechada tuvo la suerte de convencer a Izumo que la dejara cantar en una noche de bar por unas cuantas monedas y con eso fue que descubrieron lo que necesitaban. Después de todo, Mikoto tenía una voz muy baja y grave como para hacerse escuchar entre el sonido fuerte de su guitarra y el de su bajo, pero la voz de Kyoko destacaba por ser de mujer, grave y alta, un buen balance... Sí, podrían ser el nuevo Paramore, pensó Gajeel con sorna, pero algo era algo, ¿o no?

El problema quedaba en que Kyoko solo aceptó unírseles si es que la cosa de la banda iba en serio y, aparentemente, ninguna banda va en serio sin alguien que toque la batería. Así que ahora su pesadilla era encontrar algún baterista, los cuales en verdad existían como piedras en el camino en la ciudad, pero verdaderos talentos realmente carecían. Si tan solo Gajeel no hubiera perdido contacto con su amigo Lily, estaba seguro que él podría ayudarles, pero no sabía nada del hombre desde hacía casi siete años, además...

"D-Disculpe".

Gajeel se sorprendió al darse cuenta que no había escuchado la puerta principal abrirse, pero lo comprendió apenas vio a la chica en frente de él. Una peliceleste bajita y de cabellos rizados le miraba con miedo y temblando... Típica reacción de alguien que recién le conocía y no había visto que estaba lanzándose al récord guiness de persona con más piercings en la cara.

"¿S-se encuentra Mik-koto S-Suoh?", preguntó bajando la mirada rápidamente. Gajeel arqueó una de sus cejas llenas de piercings, sin entender cómo es que Mikoto tenía amigos además de Izumo, pero en eso escuchó al otro bostezar y levantarse de su sofá en la esquina. La desconocida siguió su mirada y se volteó, relajándose visiblemente al ver al otro.
"Oh, ahí estás". Mikoto se acercó a ellos con su mirada aburrida y le dio la mano a Levy, en un gesto muy formal que indicaba que no eran amigos, lo cual desencajó aún más el análisis que había hecho en su mente sobre la relación de ambos. "Gajeel, te presento a Levy McGarden, nuestra nueva escritora de canciones. Levy, él es el guitarrista de la banda". La chica le miró a Mikoto como si le hubiese dicho que un tornado era inminente y su casa iba a ser destruida, lo cual hizo que Gajeel riera abiertamente, haciendo que la otra dé un paso atrás.
"No te preocupes bajita, no muerdo", le informó Gajeel. Esto solo la hizo palidecer.

Parecía que finalmente Mikoto salía de su letargo y hacía algo.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Kora on August 29, 2014, 08:37:40 PM
02

(http://i129.photobucket.com/albums/p210/kora_lj/BT%20-%20MMORPG/dd/ddezio.png) (http://i129.photobucket.com/albums/p210/kora_lj/BT%20-%20MMORPG/dd/ddjolyne.png) (http://i129.photobucket.com/albums/p210/kora_lj/BT%20-%20MMORPG/dd/ddfugo.png) (http://i129.photobucket.com/albums/p210/kora_lj/BT%20-%20MMORPG/dd/ddweather.png)

- ...Y ese sería el plan.

Jolyne miró expectante a los tres chicos frente a ella, quienes estaban aún con los instrumentos por montar. Y a juzgar por su expresión, no le hubiera extrañado que simplemente se fueran por donde habían venido. No esperaba un aprobado general a la primera, pero contaba con poder convencerles.

Ezio tosió, buscando algo que decir con sus habituales maneras suaves, pero antes que nada Fugo le interrumpió.

- ¿Te has escuchado? - El rubio se quitó las gafas, guardándolas en la funda y dejándolas caer en su bolsa de mensajero. - Quiero decir, ¿has escuchado las mismas palabras que nos has dicho?

Jolyne rodó los ojos. Aquel tono condescendiente que usaba Fugo le costaría un puñetazo en el ojo un día, llevara gafas o no.

- ¿Me habéis escuchado vosotros? Tendríais que ver el estudio. Estamos pagando ochenta dólares por sesión de ensayo en un cuchitril, y lo tendríamos gratis. - Miró a Fugo. - ¿Sabes lo que significa gratis?
- ¿Gratis? Para ti gratis significa todo nuestro dinero yéndose a un alquiler. - Fugo arrugó la nariz. - ¿A cuánto has dicho que saldríamos por cabeza?
- ...Cuatrocientos.

De nuevo, el rostro de sus compañeros de banda lo decía todo. Era una negativa clara, y no podía culparlos. Aquello era básicamente su propio sueldo, y los otros tres no es que estuvieran en una situación económica mucho mejor.

- Jolyne, cara mia, ¿no podemos simplemente intentar negociar alquilarle el estudio? - Ezio trató de mediar antes de que Fugo se echara el bajo al hombro y saliera por la puerta, lo cual no sería la primera vez.
- Antes de que se de cuenta, estará en la calle. La cuestión es mantener el apartamento a flote, y con él, el estudio. - Explicó Jolyne.
- Aún así, cuatrocientos sólo de alquiler… ¿cómo comemos? ¿y la luz? Porque usaremos bastante luz. - Ezio frunció el ceño.

Jolyne tenía que admitir que era un plan muy extremo. Si tan sólo confiaran en ella…

- Tenemos… tiene dinero de base. Podemos pasar al menos un par de meses bien, y lo que os digo es a largo plazo. - Extendió las palmas de las manos. - Tenemos un equipo decente, y además… la base de una ciber-famosilla.
- Ah, claro, buenos instrumentos y una youtuber. - Fugo se frotó la sien. - La siguiente parada es el top 100 anual de los Rolling Stones.
- ¡Al menos estoy intentando hacer algo por la banda aparte de quejarme y criticar todo!
- ¿Como arruinarnos?
- Basta.

Wes, hablaba muy poco, o al menos, comparado con el espíritu reactivo de los otros sus intervenciones podían ser escasas... pero no necesitaba alzar siquiera su grave voz para imponerse. Era una mezcla de intimidación por su físico y sobretodo, la necesidad de silencio para escuchar el tono bajo con el que tendía a hablar.

- Creo que Jolyne tiene razón. - La chica ahogó un grito. Sabía que podía confiar en Wes. - Es arriesgado, pero tenemos que movernos.
- Es muy arriesgado. - Corrigió Ezio. - Aunque… puede traer beneficios. Eso no se puede negar, al menos admite eso, Fugo.
- No niego eso, sólo digo que no podemos permitírnoslo.

Se hizo el silencio entre los cuatro otra vez, pero Jolyne estaba más segura de sí misma. El apoyo de Wes parecía arrastrar consigo a los otros dos, y aunque era irritante que pareciera que si lo decía ella no tenía sentido, tenía que centrarse en su objetivo. Jolyne aclaró la garganta antes de seguir hablando.

- Los cuatro estamos aquí porque a pesar de todas las negativas, todos los “la música sólo es un hobby”, todas las veces que nos han rechazado… seguimos queriendo estar en este mundillo. Bueno, entrar al menos. Es un riesgo, es cierto, pero ¿y si funciona? ¿Y si esta es nuestra oportunidad?
- ¿Y qué pasa si no lo es? - Suspiró Fugo. - Suponiendo que seguimos tu plan.
- Volvemos a nuestras vidas de antes. Os lo he dicho, ten- tiene fondo para aguantar al menos un par de meses. No perdemos absolutamente nada.

Perderían su contrato de alquiler, pero eso sólo le afectaba a ella y a Wes. Ezio vivía con sus padres, y Fugo podría volver a los dormitorios de la universidad cuando quisiera. Aún así, dirigió una mirada de reojo a Wes… quien sí era el que podía perder algo en aquella situación.

- No tenemos que decidir ahora mismo. Ni hoy… pero tenemos que considerarlo. Le he dicho a la chica que venga esta noche. - Miró a sus compañeros con la mejor cara de pena que podía mostrar. - ¿Al menos tenemos algo cercano a una respuesta?

El silencio, por breve que fuera, era sobrecogedor. ¿Por qué le latía el corazón tan fuerte?

- Cuando empezamos a tocar, estaba harto de que todo el mundo se echara para atrás cuando venían las dificultades. Quiero que esto funcione. - Ezio asintió. - Así, que, vale, puede que esté dispuesto a hacer el salto de fé. Depende de si está tan buena en persona como en los vídeos.
- Es una locura, Jolyne. - De todos los bufidos que Fugo había dejado ir, aquel tenía que haber sido más largo. - Dame un poco de tiempo para pensármelo.

Jolyne asintió. Un “quizá-sí” que seguramente sería un sí, y un… bueno, no esperaba mucho más de Fugo. Pero suponía que no se echaría atrás al final si el resto aceptaba.

Alzó la mirada hacia Wes, el último voto y el que más en tensión la tenía. Del mismo modo que había conseguido cambiar el rumbo de la discusión antes, podía volver a hacerlo.

- Estoy contigo. - Asintió. - Si sale mal, espero que al menos me ayudes a buscar apartamento.
- No te preocupes… - Jolyne no pudo evitar una sonrisa de oreja a oreja. - Igualmente yo iba a tener que buscar uno ya.
- Oye, ¿esto es sólo porque necesitas un sitio donde vivir? - Fugo la apuntó con el dedo. No se le escapaba ni un detalle.
- Hablando de eso, ¿qué pasa con la chica si al final esto falla?

Las palabras de Ezio hizo que se quedara callada unos momentos, ignorando la acusación de Fugo. Kora desaparecía de la ecuación cuando dejaba de poder proveerlos con el estudio. Parecía cruel, pero no era como si no hubiera pensado en ella mientras tramaba su plan. Le estaba dando una auténtica bolsa de oxígeno para mantenerse unos meses más, ¿qué más podía hacer al respecto?

Ya se habían dejado claro tiempo atrás que cada una sólo trataría de salvar su propio cuello. Jolyne estaba segura de que ya hacía más de lo que debería estar haciendo simplemente por preocuparse.

- Cuando se vea a las puertas de la calle volverá con su familia con la cola entre las patas.

Simplemente se encogió de hombros al responder. Tampoco estaba mintiendo, aunque no entendía entonces por qué se sentía tan incómoda cuando los tres chicos le dirigieron una mirada que podía pasar por

- Es… es un poco borde por tu parte. - Ezio alzó una ceja. - ¿No sois amigas?
- Supongo. Vamos, calentemos un poco antes de que abran.

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(http://i129.photobucket.com/albums/p210/kora_lj/BT%20-%20MMORPG/dd/ddkora.png)

Tuvo que buscar en internet cómo llegar al Stray Cat, lo que incluía, para su disgusto, tener que viajar en metro. Hubiera preferido coger un taxi, pero al menos tenía el sentido común de saber que sería un gasto inútil, sobretodo al darse cuenta de que las donaciones habían empezado a disminuir. Tan sólo de recordar la situación quería rodar los ojos, controlándose para no parecer una rarita en público. Por supuesto, alguien tenía que ir y robarle la idea. Habían pasado un par de días desde que colgó el vídeo, y de repente, otro Youtuber tenía nosequé enfermedad de nosecuantos que curiosamente no le cubría el seguro.

Pues abre tu propio laboratorio de metanfetamina.” había sido su pensamiento inicial. Pero por mucho que no se terminara de creer aquella historia, no cambiaba el hecho de que la caridad había tomado otro rumbo lejos de ella. Si dejaba otro vídeo muy pronto, parecería desesperada, y no sería por haters a los que les faltaría tiempo para ponerla de vuelta y media a la mínima.

Al menos tenía un fondo de casi diez-mil dólares, y sobretodo, tenía la promesa de Jolyne de que ésta intentaría hacer algo.

Para distraerse jugaba con el móvil, dando golpes en la pantalla para avanzar en un beat-em up que había descargado y así batir su puntuación anterior. Por el rabillo del ojo, vio que un chico la estaba mirando fijamente y le dio un codazo a otro a su lado.

- Oye, ¿esa no es…?

No estaba de humor para que la reconocieran; Kora se bajó la visera del gorro, chasqueando la lengua al ver que la distracción momentánea había hecho que perdiera la partida. “Con lo cerca que estaba…”.

Salió a la calle, estaba en una parte de la ciudad que le era completamente extraña por lo que tuvo que revisar las direcciones en el smartphone. El local no estaba muy lejos de la parada, algo que agradeció, ya que el aire que se colaba entre sus piernas era más fresco de lo que esparaba aquella noche.

El Stray Cat tenía aquel ambiente de local clásico… en la versión barata de que estaba claro que simplemente era un sitio en el que nadie se había molestado en reformar. Era espacioso, de techo alto para dar lugar a una segunda planta sobre la barra desde la que se tendría que ver aún mejor el escenario. Quizá con varias capas de pinturas y un poco de reestructuración interna y externa, aquel podría haber sido un buen sitio, pero tal y como estaba, Kora arrugó la nariz nada más entrar.

Buscó sitio en una de las mesas más discretas, cubiertas por el medio techo que formaba el piso superior. No tenía mesas delante, aunque se imaginaba que no iba a llegar al aforo máximo precisamente.

Trajo un refresco desde la barra, acomodándose en su asiento, pero su corazón le dio un vuelco cuando vio salir a Jolyne y otros tres chicos al escenario, los cuales empezaron a montar los instrumentos. No sabía que Jolyne estuviera en una banda, aunque la hubiera invitado a un local simplemente no se había parado a pensar qué era lo que hacía exactamente. Pero tenía sentido.

Mientras colocaba el pie del micrófono, Jolyne la vio. Dubitativa al principio, Kora levantó una mano, agitando los dedos en saludo, y la otra le respondió. Uno de sus compañeros, un chico moreno, le dio un codazo a Jolyne e hizo un movimiento de cabeza, a lo que la chica asintió. Sentirse observada por la banda era incluso más incómodo que lo que había pasado en el metro antes. Kora se obligó a quedarse quieta para no acurrucarse en el asiento, y sacó el móvil para comprobar cualquier cosa.

- Ey, guapa, ¿me puedo sentar aquí?

Distraída revisando los comentarios en el canal de Youtube del chico enfermo, no se había dado cuenta de que las luces del local se habían atenuado, con la luz dirigiéndose al escenario ya montado. Kora volvió la mirada al tipo que le estaba hablando, con una sonrisa boba.

- Hay un montón de mesas libres. - Le respondió, cruzándose de brazos.
- Ya, bueno, pero me quiero sentar aquí contigo.

Éste llevó la mano al respaldo de la silla a su lado, pero Kora la sujetó enganchando una pata con el pie. En respuesta, el chico rió a pesar de que empezaba a estar claramente molesto.

- No seas así, te invitaré a algo.
- No, gracias. - Kora tiró de la silla con el pie, agradecida por las clases de pilates, y devolvió esta a su sitio bajo la mesa.
- Pues vale, tú te lo pierdes.

Kora desconectó cuando empezó a oír “zorra” entre los refunfuñeos mientras se alejaba. Tenía cosas más importantes que atender, ya que el batería, el más alto de los compañeros de Jolyne, empezaba a calentar. Había entrado más gente de la que esperaba en un principio, y aunque no tenían un público especialmente grande, más de un par de ojos estaban en el escenario.

Hubo incluso algunos aplausos cuando Jolyne cogió el micrófono, a los que Kora se unió algo aturdida. Y finalmente, la noche empezaba para el grupo.

Oh, life, is bigger
It's bigger than you and you are not me
The lengths that I will go to
The distance in your eyes
Oh no, I've said too much
I set it up

El vello se le erizó al oír la voz de Jolyne. Había reconocido los acordes nada más empezar la canción, pero no esperaba que la chica pudiera hacerle tanto bien en aquel cover más fuerte.

Por unos momentos, podía ver a la niña que había conocido años atrás, cantando emocionada en el rincón del patio que tenían como refugio. Desprendía la misma intensidad, fuera sobre un banco de piedra como en el escenario. El tiempo parecía no haber pasado para ella desde aquellos días.

El guitarrista hizo una parte del coro, creando un contraste entre ambas voces, las dos melódicas y fuertes en su estilo. Aunque le gustaba cómo lo hacía el chico, a Kora se le hicieron eternos los tres versos antes de que Jolyne volviera a cantar.

Every whisper
Of every waking hour
I'm choosing my confessions
Trying to keep an eye on you
Like a hurt lost and blinded fool
Oh, no, I've said too much
I set it up

Culpaba al tono agridulce de la canción que se sintiera melancólica, removiendo el fondo de su bebida con la cuchara larga. Ella misma estaba tarareando el coro también, yendo al mismo ritmo que Jolyne, y por unos momentos se permitió imaginar cómo sería cantar a dueto con ella. Las únicas veces que había cantado con alguien habían sido simples montajes a través de internet, grabándose para que la otra persona juntara el audio.

Imaginarse en aquel escenario, cantando con Jolyne… le daba escalofríos. No, aquello no era lo que quería, simplemente no era lo suyo. Ni siquiera había ido a verla actuar, sólo estaba esperando a que terminaran para poder hablar con ella en el backstage sobre lo que fuera que había planeado.

Levantó el vaso alargado para dar un trago y terminar la bebida, y al levantar la vista, cruzó la mirada con Jolyne por unos segundos.

That's me in the corner
That's me in the spotlight
Losing my religion
Trying to keep up with you
And I don't know if I can do it

Como si el contacto visual hubiera sido un pinchazo, Kora apartó la vista, agachando la mirada hasta mirar a la mesa. Le daba vergüenza pensar siquiera en la escena que había montado en su mente segundos atrás.

Simplemente se sentaría a disfrutar del espectáculo. No le molestaba admitir que Jolyne lo hacía bien, al fin y al cabo. Pero cuando el guitarrista volvió a hacer los coros, aquel pensamiento volvió a su cabeza:

Tendría que ser yo.

Oh no, I've said too much…
I haven’t said enough
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Sayi on September 28, 2014, 12:20:44 PM
Me falta un icono x_x lo agrego luego que estoy zzzz

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Medley 5: Lounge

“¿Te dijo para encontrarnos en el Mc Donalds?”

Mine asintió con la cabeza y Hayato se dejó caer en el asiento de plástico.  No recordaba la última vez que había consumido algo en el local de hamburguesas —probablemente en su pubertad— y su disgusto por la marca bandera estadounidense no había cambiado en lo absoluto.

El peliblanco se cruzó de brazos y recostó su espalda en el respaldar. Mientras a su lado Mine jugaba con su teléfono, Hayato Gokudera evaluaba a las dos personas sentadas frente a él: Kaien Shiba y Sayi Miki.

“Pues yo no tengo problema, hace tiempo que no comía aquí” respondió Sayi. Entonces tomó una mordida a su hamburguesa y tomó un largo sorbo de soda “Mm… es riquísimo de vez en cuando”
“Tienes razón con eso” respondió Kaien alzando su bebida “Además, si las cosas tampoco funcionan con esta baterista, nuestro encuentro con ella no fue en un lugar caro—OUCH”

Una patada debajo de la mesa hizo el truco de callarlo. Kaien le lanzó una mirada molesta a Mine, pero el rubio siguió jugando tranquilamente con su teléfono.
El pelinegro se había olvidado que tenían que mantener apariencias frente al nuevo bajista, pero vamos…

Hayato los venía estudiando desde que se presentó con ellos hace aproximadamente media hora. Según Mine, Sayi era la pianista de conservatorio que lo abandono por dedicarse a ser vocalista en esa banda. Aún no la había escuchado cantar… pero basándose en lo que veía de ella no parecía una mala opción para formar una banda.

Pero quien si no le terminaba de convencer era el tal Kaien, el supuesto líder, vocalista y primera guitarra.

A Hayato no le había agradado que Mine se refiriera al susodicho como ‘el mejor’ guitarrista. Desde entonces, el peliblanco lo había tomado como un reto demostrar lo contrario. No obstante, había aceptado el reto y estaba preparado para ser completamente objetivo al momento de conocerlo, pues lo importante era ver si valía la pena invertir su tiempo en una banda con él.

Pero desde el momento que lo conoció notó que actuaba extraño, aún si Mine y Sayi no se percatasen de ello. Tenía tics nerviosos, miraba en otras direcciones a menudo, y cuando el grupo reía a él se le borraba la sonrisa casi de inmediato.

Algo no le cuadraba del sujeto, porque era evidente que estaba ocultando algo.

“¡Ahí está! ¡Nuestra baterista estrella!” Mine se puso de pie en un brinco.

Toda la mesa se giró hacia la puerta del establecimiento, donde una chica se había quedado de pie, algo pasmada por la súbita bienvenida a un Mc Donalds.

La nueva baterista se veía joven, pues a simple vista no debía tener más de 18 años. También era baja, lo que agregaba a la idea que podía ser aún menor. Sayi miró a Mine pero el rubio le hizo un ademán de que esperara antes de hablar.

Cuando estuvo en su mesa la chica se presento como Kim Pine. La pelirroja podía ser la más joven del grupo, pero cargaba la expresión de pocos amigos más grande que habían visto.

“Mucho gusto Kim” le saludo Kaien “¿Quiénes comer algo o ya nos vamos a practicar?”

La muchacha se giró para ver el menú y chasqueó la lengua.

“Nada se me antoja aquí” respondió, y Hayato llegó a la conclusión que hasta el momento era quien más le simpatizaba del grupo.
“¿Entonces por qué nos dijiste…?”
“No conozco el área y un Mc Donalds es un lugar céntrico” respondió la pelirroja. Dicho esto se encogió de hombros “Bueno, ¿me enseñan por donde es?”

>Me agrada. Es bossy.

Mine leyó el mensaje que le había mandado Sayi y sonrió.

>Espera que la escuches tocar

“Me parece bien” respondió Kaien, dejando su bebida vacía en la bandeja “Vamos a practicar de una vez, que tenemos que presentarnos mañana y tienen mucho material que aprender” agregó, dirigiéndose a Hayato y Kim.
“Será pan comido” respondió el bajista, aceptando el reto.

La mesa entera levantó la sesión, echaron la basura al tacho y salieron del local. Stray Sheep se encontraba a unas cuatro cuadras, y el frío nocturno les golpeaba como una brisa helada.

Finalmente los Young Guns estaban completos de nuevo. Y esta vez listos para practicar hasta lo que les diera el cuerpo.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Kora on September 28, 2014, 02:43:46 PM
03

(http://i129.photobucket.com/albums/p210/kora_lj/BT%20-%20MMORPG/dd/ddkora.png) (http://i129.photobucket.com/albums/p210/kora_lj/BT%20-%20MMORPG/dd/ddjolyne.png) (http://i129.photobucket.com/albums/p210/kora_lj/BT%20-%20MMORPG/dd/ddweather.png) (http://i129.photobucket.com/albums/p210/kora_lj/BT%20-%20MMORPG/dd/ddfugo.png) (http://i129.photobucket.com/albums/p210/kora_lj/BT%20-%20MMORPG/dd/ddezio.png)

No había ningún tipo de seguridad en el backstage, nadie que la detuviera antes de que entrara al cuarto donde debía estar la banda. Kora había salido al poco de que terminara el bis que le había pedido el público, deduciendo tanto por posición como estructura del local dónde podría estar la sala a la que se habían retirado Jolyne y sus compañeros.

Por cortesía, dio unos golpes en la puerta, y casi saltó hacia atrás cuando una figura alta e imponente abrió. Le costó un par de segundos identificarlo como el batería. Se había fijado distraídamente en que era el más alto del grupo, pero en persona era completamente intimidante. El chico la observó en silencio, y Kora se atusó el pelo, tratando de recobrar la compostura.

- Hola. - Parecía que éste le había respondido, aunque hablaba algo bajito para que lo oyera por encima del latir de su corazón. - Quería hablar con Jolyne.
- Tú debes ser Kora. - Lo pudo escuchar aquella vez, con un tono de voz tranquilo y bajo que contrastaba completamente con su apariencia. - Pasa.

El backstage era pequeño, una de sus paredes era todo espejo con una mesa antigua, y el resto del espacio estaba ocupado por ropa y cajas así como los instrumentos de la banda. Tratando de no tropezar con nada, Kora llegó hasta Jolyne, quien la encontró a medio camino.

Era una escena incómoda.

- Hola. - Kora volvió a pasarse una mano por el pelo. A aquel paso, iba a engrasarlo, pero no sabía qué hacer con sus manos. La última vez que había intentado tocar a Jolyne, ésta la había apartado, y prefería no volver a intentar algo tan avergonzante.
- Hey, has venido al final. - Jolyne arqueó la ceja. - Gracias… supongo.

Realmente incómoda, y debía ser obvio para todo el mundo. Un chico moreno, el guitarra que había cantado junto a Jolyne en algunas canciones, intervino. Le tendió una mano a Kora, que aceptó algo dubitativa.

- ¡Anda, eres más guapa en persona! - Le dijo, sonriendo. Kora le devolvió la sonrisa algo incómoda, aunque al menos no parecía tan acosador como simplemente tratando de relajar la situación. - Fan tuyo desde hace tiempo.
- Gracias…
- Kora, este es Ezio. - Jolyne señaló al chico con la mano. - Ezio, ésta es Kora. Se llama Kora. Y Fugo… ¿dónde está Fugo?
- Se está quitando las lentillas en el baño. - Respondió el tal Ezio.

Kora finalmente captó el acento italiano de aquel chico, lo cual explicaría por qué hablaba tan rápidamente. No parecía mala gente, aunque al recordar cómo cantaba con Jolyne, no sabía tódavía lo que sentía por él. Con quien sí tenía claro cómo se sentía al respecto era con el chico alto, a quien casi ni había oído como se acercaba.

- Éste es Wes. - Jolyne dio una palmada en los fuertes brazos del tal Wes, quien le tendió una mano. Kora notó que tanto como lo estaba examinando, él también la estudiaba del mismo modo, y de nuevo, tuvo que hacer un esfuerzo para no encogerse. - Ya os habéis conocido, creo.
- Sí… - Asintió Kora, aunque no le no negó el estrecharle la mano. Era cálida. - Encantada.
- Igualmente.

Del baño salió el chico rubio que tocaba el bajo, con una cajita de lentillas en la mano y una toalla en la otra. Al dejar sus cosas en la mesa, se acercó al grupo, mirando a Kora de arriba a abajo.

- Y este es Fugo. - Jolyne parecía un poco insegura al decirlo, aunque Kora en cierto modo lo entendía. El chico la miraba con recelo, lo cual no entendía. - Ella es Kora.
- Encantado de conocerte, Kora.

A pesar de su desconfianza inicial, Fugo había sido el más formal a la hora de presentarse. Kora no supo si atribuirlo a que era una persona educada de verdad, o simplemente estaba usando la cortesía como barrera.

Los tres chicos miraron a Jolyne por unos momentos, pero antes de que fuera a decir lo que tenía en mente, la puerta del backstage se abrió. Kora se sobresaltó, aunque tan tensa como estaba, simplemente se quedó quieta, girándose lentamente.

- Chicos, muy buen show como siempre, pero traigo malas noticias. - El hombre parecía el encargado del bar, con una barriga enorme a punto de reventar los botones de la camisa que llevaba puesta, y el pelo engominado… al menos esperaba que fuera gomina y no grasa. - Tenemos que hacer ajustes en el presupuesto, y no podemos permitirnos una banda…

Kora miró de soslayo a los otros cuatro, a quienes parecía habérseles caído el mundo encima. Ninguno parecía reaccionar ante la retahíla de excusas de aquel hombre, que agradecía su trabajo pero era imposible ajustar mantener una banda y otras historias.

El portazo podía haberla sorprendido, pero Kora se recuperó más rápido que los otros.

- ¿Queeé? - Su voz sonó aguda y pastosa, y dio unos pasos hacia el encargado. Ni siquiera tuvo que fingir trastabillar, entre todos los trastos de la habitación agradeció mentalmente no caerse. - No puede ser… ¿o sea, van a dejar de tocar?
- Sí, lo siento, precio-
- ¡Pero si he venido a propósito para verlos!

Haber pasado frío en la calle tenía su recompensa. Con su última frase, Kora torció el labio, y se sacudió como lo haría un niño antes de tirarse al suelo con una pataleta… por lo que otras partes de su cuerpo saltaron con ella, llamando la atención del hombre.

- Me gustan un montón… con lo bien que me lo he pasado hoy… - Hizo de tripas corazón, rezando dos avemarías antes de poner una mano sobre el blando pecho del hombre. - Ahora que por fin encuentro un local que me gusta y con buena música…

De puntillas y con los hombros hacia adelante, Kora sabía que lucía más sus talentos naturales, y su pose inocente tirando a chica tonta borracha era un buen combo para debilitar la voluntad de los hombres como aquel. Sin dejar de mirar a su escote en ningún momento, el hombre balbuceó algo, recomponiéndose un poco antes de volverlo a intentar.

- Bueno… sí que atraéis clientela… - Dijo, pasándose la mano por el pelo. Kora quiso callarse el hecho de que había visto un grupo de jóvenes animar durante el concierto, no muchos, pero desde luego la banda de Jolyne tenía atractivo. - Mira, voy a volver a echar cuentas, y a final de mes os lo digo.
- ¿En serio? ¡Qué bien! - Kora dio un saltito, sacándole un grito ahogado al hombre, que se despidió torpemente antes de salir por la puerta. Por fin pudo sacar el aire de sus pulmones y el asco que había estado cont- Ughhhhh…

Miró la mano con la que había tocado a aquel tipo, manteniéndola en alto y lejos de ella. Cuando se acercó al grupo, que no dijo nada, Ezio le tendió una toalla para que pudiera lavarse.

- Tenéis lo que queda de mes, no pienso hacerlo otra vez. - Kora reprimió un escalofrío de repulsión. - Este sitio se está cayendo a pedazos, de todas formas.
- Ahora que lo mencionas… Kora, el grupo y yo lo hemos hablado. - Jolyne puso las manos en las caderas, y Kora por fin recordó por qué estaba allí. - Todavía no estamos al cien por cien seguros, pero podríamos ayudarte con tu situación.

Kora dejó de frotarse la mano con la toalla. Recordaba que Jolyne había mencionado que tenía que hablar algo con “los otros”, y aquellos tres chicos debían ser los supuestos otros. Los que según Jolyne, iban a ayudarla en su situación.

Varios escenarios turbios pasaron por su cabeza, y miró a cada uno. No le harían nada, ¿no? Sintió un poco de alivio al ver que los tres chicos parecían casi tan incómodos como ella, a pesar de que no tenía que ser algo reconfortante precisamente.

- ¿Y bien?
- Nos iríamos a vivir contigo, entre los cinco pagaríamos el alquiler, comida y luz.

Kora se quedó en silencio, entrecerrando los ojos mientras procesaba la información. Hizo los cálculos, saldrían a 400 por cabeza mínimo, pero aquello no era lo que le importaba en aquel instante.

- ¿Qué?

Fue lo único que atinó a decir antes de que Jolyne continuara.

- Tu estudio es mucho mejor que el que alquilamos, así que tendríamos derecho a usarlo para ensayar y grabar maquetas.
- Pero…
- Y un poco de publicidad por tu parte estaría bien.
- ¡Para!

Jolyne parecía sorprendida por la reacción de Kora, aunque el resto simplemente estaban incómodos por la situación. Kora quería pensar que había escuchado mal, o que Jolyne le estaba gastando una broma pesada. Miró a los tres chicos antes de seguir hablando.

- ¿Quieres meterme en casa a tres desconocidos? - Kora se llevó las manos a la cabeza. - ¿Pero estás loca?
- Yo les conozco. - Jolyne se cruzó de brazos.
- ¡¡Pero yo no!!

La poca simpatía que podían haberle transmitido los chicos se disipó, y se convirtió en miedo. No les conocía de nada, nunca les había visto, no sabía ni un sólo detalle de ellos aparte de sus nombres. ¿Cómo esperaba Jolyne que de repente vivieran con ella?

- Oye, Kora, no sé si lo sabes, pero compartir piso es algo que la gente hace de normal. - Jolyne frunció el ceño. - Más cuando estás a un par de meses de irte a la calle, o peor aún-
- Vale, vale, un poco de calma. - Intervino el chico moreno, Ezio, antes de que lo hiciera Fugo, quien bufaba negando con la cabeza. - Mira, Kora, entiendo que te parezca una locura. A nosotros también nos parece extraño, de hecho no estamos del todo seguros…
- ¡Lo siento, pero no!

Se hizo un silencio incómodo entre los cuatro, todo miradas inseguras excepto la de Jolyne que parecía atravesar a Kora, hasta que fue Wes quien habló.

- Podemos beneficiarnos todos. Si te incomoda que seamos tres hombres, te aseguro que no te molestará ninguno de nosotros. - Wes era alto y grande, y sin embargo, la manera suave de hablar que tenía la empezaba a calmar un poco.
- En un mes empieza una competición patrocinada por una discográfica.

Aquella información por parte de Jolyne pareció sorprender a todos, quienes se giraron hacia ella, expectantes.

- ¿Cómo lo sabías? - Le preguntó Fugo. - ¿Por qué no nos lo has dicho antes?
- Porque tenemos que enviar una maqueta antes, y todas nuestras maquetas son una mierda. - Jolyne respondió con exasperación. - Ni siquiera sabía que podríamos entrar… pero con un buen estudio…

Kora se cruzó de brazos también. Jolyne la necesitaba, en cierto modo, y era algo tan extraño. Se había sentido como una cría pidiéndole ayuda, incluso mostrándose vulnerable delante de ella, y Jolyne ni siquiera era capaz de decirle a la cara que podría ayudarle de tal forma.

Si le decía que no, sólo justificaría aquella actitud. Parecía irónico, pero la única forma de devolvérsela era precisamente tendiéndole una mano. Si quería un pulso, lo iba a tener.

- Está bien. - La voz de Kora sorprendió a los otros. - Podéis… podéis venir a mi casa si queréis. Supongo que puedo hacer sitio.
- ¿En serio? - Jolyne abrió los ojos. - ¿Lo dices en serio?
- Sí. - Kora levantó el mentón. - Arreglaré un par de cosas, y esta semana podréis venir a verlo.

Los cuatro la miraron en silencio. Por unos momentos, una sonrisa se dibujó en el rostro de Jolyne, e hizo un movimiento con las manos como si fuera a abrazarla o algo parecido, pero se detuvo enseguida. Sin dejar de cruzarse de brazos, Kora siguió examinando al grupo.

- Es un sitio de nivel, así que espero un mínimo de comportamiento por vuestra parte.
- Oye, que no hemos salido de la selva. - La acusó Fugo, aunque se calló cuando Wes le dirigió una mirada antes de hablarle.
- Gracias, Kora.

Kora sólo asintió antes de murmurar una excusa sobre lo tarde que era, marchándose del backstage con una despedida breve y sin mirar atrás.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Sayi on November 28, 2014, 11:40:15 PM
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Medley 6: Pink and Green

El Stray Sheep Bar se encontraba más lleno que de costumbre. Era sábado en la noche y el local estaba animado, pero la ausencia de música se sentía por encima de la conversación. En la barra del local, Shizuo Heiwajima, el dueño, rastreaba el escenario con la mirada, observando como el grupo bandera del bar se alistaba para la presentación de esa noche.

Había sido una semana difícil para los Young Guns. Su baterista y bajista habían dejado el grupo, no sin antes pelearse con el resto de la banda y dejar su local hecho un basural. De haber sido por él los hubiera dejado en la calle, pero le había prometido a Spike -su amigo y manager de esa banda- que les daría una segunda oportunidad si lograban presentarse ese mismo sábado, como siempre lo hacían.

Para su sorpresa, los músicos habían logrado conseguir los miembros que les faltaban. Estaban a punto de empezar el show contra viento y marea, y al bartender solo le quedaba esperar si hacerles el favor había valido la pena.

El lugar cayó en penumbras y el escenario se iluminó. Las charlas disminuyeron conforme la atención se volcaba al escenario, donde el grupo de cinco miembros tomaban posición con sus instrumentos.

Como siempre Kaien, siendo el líder, tomó el micrófono y presentó a la banda. Algunos presentes los conocían y vitorearon por él, Mine y Sayi, pero el pelinegro tuvo que presentar a Kim y Hayato como la nueva baterista y bajista respectivamente.

"¡We are the Young Guns!" terminaba Kaien con el preámbulo "Y esto es That Time"

♫♪♫ REGINA SPEKTOR – THAT TIME (https://www.youtube.com/watch?v=cW1AborG5fc)

La batería empezó a golpetear y casi de inmediato entró él con la guitarra. Kaien miró de reojo a Kim —la baterista apenas había ensayado con ellos la noche anterior y ya le había tomado el truco a todo el repertorio de esa noche.

La pelirroja era joven pero tenía mucha promesa, y eso le había sido evidente desde la primera canción que practicaron juntos.

Hey, remember the time when I found a human tooth down on Delancey?

Kaien seguía la voz de Sayi, mientras a su izquierda Hayato esperaba su entrada con el bajo. No había conversado con el bajista más allá de las instrucciones, pero de todos los músicos con los que había tratado, el peliblanco era definitivamente la persona más ambiciosa que había conocido.

Hey, remember that time we decided to kiss anywhere except the mouth?

El grupo que había iniciado hace dos años finalmente tenía un line-up competente. Y es que la nueva promesa de Kim y Hayato le agregaban un sonido que Mine, Sayi y él no habían conseguido por su cuenta. Kaien se sentía satisfecho… y justo en ese momento Sayi se giró hacia él, sonriente, y el pelinegro supo que su amiga pensaba exactamente lo mismo que él.

Hey, remember that time when my favorite colors were pink and green?

That Time era una canción que había escrito hace un par de años, y una que practicaba con sus amigos desde los días en el conservatorio. A este punto la conocían tan bien como la palma de sus manos, pero…

Hey, remember that month when I only ate boxes of tangerines?
So cheap and juicy
Tangerines…


Lo que no sabía Sayi, ni el resto de la banda, era que esta iba a ser la última vez que iría a tocar con ellos. Y no había manera fácil de decirles por qué.

Hey, remember that time…

<  f  l  a  s  h  b  a  c  k  >

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Las salas de prácticas siempre habían sido abierta a los alumnos que buscaban ensayar fuera de sus clases. No habían normas establecidas para su uso salvo ser estudiantes, cuidar tus pertenencias y mantener limpia la sala… por lo que más de uno se aprovechaba de la flexibilidad de las reglas para hacer lo que quisieran.

Hey, remember that time when I would only read Shakespeare?

Ese era el caso de Kaien Shiba, Ryutaro Mine y Sayi Miki, estudiantes de tercer año del conservatorio de música de Eastwood. Casi todos los días después de almuerzo, el trio de amigos conectaban los amplificadores de las guitarras y dejaban de lado la música clásica por una hora.

Hey, remember that other time when I would only read the backs of cereal boxes?

Y durante esa hora, la sala de práctica pasaba a ser una presentación improvisada, con el ocasional público conformado por otros estudiantes sin nada mejor que hacer.

Hey, remember that time I tried to save a pigeon with a broken wing?
A street cat got him by morning, and I had to bury pieces of his body in my building's playground

I thought I was going to be sick


Sayi se tomó del estómago e hizo una mueca de querer vomitar. La letra de la canción era juguetona por lo que se prestaba a actuar un poco. Algunos de los presentes no pudieron evitar reír —después de todo, era inesperado ver a la aplicada estudiante de canto y piano hacer monerías al ritmo de las guitarras.

Hey, remember that time when I would only smoke Parliaments?
Hey, remember that time when I would only smoke Marlboros?
Hey, remember that time when I would only smoke Camels?


Ryutaro Mine era violinista, uno bastante bueno sin lugar a dudas, pero era evidente que se divertia mucho más tocando con sus amigos que en las exhaustivas practicas con la orquesta.

Hey, remember that time when I was broke?
I didn't care; I just bummed from my friends
Bum bum bum bum bum bum...


Por otro lado y a diferencia de los otros dos, el enfoque de Kaien siempre había sido la guitarra. Siendo el más erudito en el género, había sido él quien había animado a sus amigos a formar una banda en sus tiempos libres.

Hey, remember that time when you OD'ed?
Hey, remember that other time when you OD'ed for the second time?


El nombre tentativo del grupo era Young Guns, y aunque nunca habían tocado en un escenario real, las salas de práctica del conservatorio les servía como consuelo. Y si bien la batería dependía de algún percusionista con tiempo libre, Mine y Sayi habían aprendido guitarra de Kaien, y con ello camuflaban un poco la falta de instrumentos.

Well, in the waiting room while waiting for news of you
I hallucinated I could read your mind
And I was on a lot of shit too, but what I saw, man, I tell you it was freaky
Freaky…


Para ser una banda improvisada en su tiempo libre, los Young Guns tenían una especie de fanaticada dentro del propio conservatorio. Acababan de empezar a ensayar y ya habían estudiantes sentados en el suelo, mientras otros de pie en la puerta aprovechaban la pausa para pedir alguna canción que quisieran escuchar.
Bueno, un show gratis a la hora de almuerzo nunca iba a pasar desapercibido.

"Yo solo podré tocar un par de canciones más…” Taro, el baterista, se disculpó con Mine, pero el violinista no estaba dispuesto a aceptar que se fuera temprano.
“¡El quinteto de cuerdas no va a usar la sala hoy!” le recriminó el rubio “¡Bien podríamos practicar dos horas enteras!”
“No lo sé… es que no me esta yendo bien en historia y se acerca el parcial…”
“Dude, anímate” Mientras Kaien conversaba con un par de conocidos, Sayi se acercó a la batería. Al ver que Mine no lograba convencer a Taro solo, la peliceleste puso su granito de arena “Te invito a comer ramen si te quedas las dos horas~”

El percusionista dudó un momento, pero finalmente no pudo resistirse a la presión de sus amigos. Habiéndose asegurado al baterista por esa tarde, Mine volvió a tomar su guitarra y Sayi buscó su termo para refrescarse la garganta antes de la siguiente canción, pero entonces…

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Una presencia, helada como un témpano se asomó detrás de la despreocupada peliceleste mientras esta tomaba un prolongado sorbo de agua. Al reconocer al profesor, varios de los estudiantes presentes optaron por tomar sus cosas y marcharse.

El certero golpe de un abanico cayó en la cabeza de la cantante. Por no escupir, Sayi pasó mal el agua y por ende terminó atorándose.

“¿¡Se puede saber que haces aquí!?”

Franz von Stresemann, el renombrado director de orquesta, golpeteaba entre sus manos el harisen responsable mientras su estudiante tosía desaforadamente.

“Teníamos que salir hace media hora a que notaricen tus papeles para el visado ¿recuerdas?” el rubio caminó alrededor de su pupila, evaluándola, y entonces negó vehementemente “Y tu estás hecha un desastre, que vergüenza”
“Me… había olvidado…” la peliceleste buscó retomar un poco de aire, y apenas tuvo suficiente, exclamó “¡Ya te he dicho que usar un harisen no te queda! ¡Eres europeo maldita sea!”
Pero el exabrupto solo le hizo ganarse una segunda bofetada de papel “Mereces que te golpee por haberte olvidado, y la regla prohibiendo disciplinar físicamente a los estudiantes no aplica a los harisen” Y dicho esto continuó golpeándole en la cabeza “ANDA. CAMBIATE. Y. VAMOS. YA”

Mientras Sayi se sobaba la cabeza e iba por sus cosas, Kaien se acercó al iracundo profesor para intentar razonar con él.

“Discúlpenos profesor, solo estábamos practicando…”
“¿Practicando? Estarán practicando cuando practiquen con sus instrumentos”

Franz fulminó a los presentes con la mirada. Mine se dio media vuelta y Taro se escondió tras los timbales. Sayi suspiró cansada… pero Kaien frunció el ceño, molesto ante las palabras del profesor.

“¿Cuál es el problema con que probemos otro tipo de música en nuestro tiempo libre?” se atrevió a preguntarle y todos, hasta el mismo Stresemann, se sorprendieron con la asertividad del muchacho “¿Qué importa si nos tomamos un descanso a lo que estudiamos, si de todas maneras seguimos girando alrededor de la música?”

Sayi se interpuso entre su amigo y el profesor, pero ambos tenían la mirada fija en su objetivo: El obstáculo frente a ellos.

“Déjame decirte lo que están haciendo aquí: Perdiendo el tiempo”
Sayi tensó los labios, incómoda “Milchi, solo estábamos practicando”
“¿Practicando para qué?” le recriminó su tutor “Tu vas estar abordo de un avión con destino a Alemania en tres meses. Deberías practicar tu Rachmaninov y tu Saint-Saënz en lugar de lastimar tu voz cantando esta bazofia que llaman música

La sala quedó en silencio absoluto. Y si bien se sentía le tensión en el aire, ninguno de los expectadores se animó mover un dedo. Varios de los estudiantes que seguían presentes cuchicheaban entre sí, teniendo cuidando de no ser oídos para no quedar en la lista negra del profesor.

Kaien tensó los puños “Todos aquí estamos en nuestra hora libre”
“S-si profesor…” intervino Mine “Podríamos estar jugando Rockband, pero estamos probando nuevos instrumentos y entrenando nuestros oídos…”
“Ese es otro punto” continuó el profesor, y Mine se arrepintió de haberse entrometido “La semana pasada Sayi vino al ensayo de la orquesta con ampollas en los dedos ¡Una pianista de conservatorio con ampollas! ¡Ridículo!”
“Oigan. No se olviden que hay gente presente” susurró la peliceleste, pero su advertencia pasó desapercibida “Tendré más cuidado Milchi, lo prometo”
“¿Y que tiene que ver conmigo lo que Sayi tenga o haga?”

Franz se acercó al pelinegro hasta tenerlo a pocos centímetros de su rostro. Varios no pudieron evitar exclamar en sorpresa: El profesor Stresemann tenía fama de ser bastante ameno, y aquella era la primera vez que lo veían amenazar abiertamente a alguien.

“Se que eres tú quien esta distrayendo tanto a Sayi, como a Ryutaro y a otros estudiantes a quienes metes en este juego de banda. Eres tú quien les enseñas guitarra y los invitas a practicar aquí, en lugar de dejarlos a que se prepararen en paz para su último año en el conservatorio” Franz von Stresemann se giró no solo hacia Mine y Taro, sino que señaló al resto de los presentes “Que les sirva de advertencia: Si no se dedican con sangre y lágrimas, día y noche a lo que vinieron a estudiar aquí, no hay manera que vayan a triunfar en una carrera tan competitiva como lo es la música”
“…”
“Distraerse solo vendrá a morderles en el trasero más adelante” y dicho esto volvió a dirigirse a Kaien. Su rostro estaba contraído en rabia “Deja de imponer tus sueños sobre los demás ¡No hay manera que una disquera venga y contrate a un intento flojo de banda, así que deja de distraer a mis estudiantes con tus estupideces!”


Lo que pasó en esa sala de prácticas termino siendo tergiversado en mil y una maneras por los que estuvieron ahí. Pero en lo que todas las versiones concordaron, fue que el tiempo de Kaien Shiba en el conservatorio había terminado el momento en que su puño golpeó el rostro del profesor.

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Sábado en la noche y el trabajo no había terminado. O en su caso, por lo menos, no podía permitirse que terminara todavía.

El pelinegro abrió las cortinas de su oficina —un refinado estudio en lo alto de un edificio— y observó el horizonte de Eastwood abrirse a sus pies. Se volvió a sentar en su sillón, cansado, y en su computadora ubicó la siguiente audición que le tocaba escuchar.

La disquera estaba empezando a presionarle con avances de su nuevo disco. La fecha de lanzamiento ya estaba decidida y todavía faltaba tiempo para ese día, pero había cierto material que seguía sin definirse, y este era vital para la campaña del equipo de marketing. Material que dependía de él...

El tercer álbum del cantautor Hwang Tae Kyung estaba siendo esperado con ansias no solo por sus fanáticos, sino por críticos del ambito musical. El músico era reconocido no solo por su distinguida voz y melódicas piezas, sino también por encargarse mayoritariamente él solo de la dirección y arreglos musicales.

Mientras balanceaba una copa de vino entre sus dedos, el pelinegro sonrió irónicamente ante el título de “genio” con el que había sido bautizado por un par de periodistas. “No tiene sentido” pensó en su frustración ”Un supuesto genio no tendría tantos problemas llegando a una decisión”

Le faltaba poco para terminar el setlist de su próxima entrega, pero había una canción –una en especial— que le estaba dando más problemas que ninguna otra. Y es que no sabía por qué pero había terminado escribiendo un dueto, y encontrar una voz que vaya con la suya para esa canción estaba probando ser un reto imposible.

Con ayuda de su manager había conseguido demos de varias artistas dispuestas a trabajar con él, pero si bien habían voces hermosas ninguna terminaba de convencerle. Luego de evaluar varias pistas, había llegado a la conclusión que el problema no era otro sino él.

Tae-Kyung tenía una idea de qué tipo de voz quería para la canción que había compuesto, y al tratarse más de un capricho que algo racional, había tomado como tarea personal encontrar a la voz adecuada.

El pelinegro cerró los ojos, se apoyó en su silla y se recostó hacia atrás. Cuando abrió los ojos y observó el techo, recordó nuevamente la melodía que había escuchado hace unos días, la vez que se había encontrado con el profesor Stresemann en el conservatorio.

La había tenido dándole vueltas en la cabeza desde entonces.

Casi no recordaba la voz, pero si recordaba la corazonada que sintió en ese entonces. Podía tratarse de una ilsión de su propia mente, o quizás a la hora de la verdad la persona cantando no resulte ser lo que esperaba, pero viendo que llevaba semanas en una búsqueda sin frutos, nada perdía con averiguar más al respecto.

Dando por cerrado el trabajo por esa noche, Tae Kyung recogió sus llaves y apago la luz de su oficina. Lo primero que haría el lunes sería visitar a su ex profesor, y solo le tocaba rezar para que Stresemann le sea de ayuda esta vez.

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Spike veía gente pasar frente a su negocio, pero ninguno siquiera consideraba entrar a una casa de empeño y dejar algo en prenda. El castaño no los culpaba —de ser por él, un local tan deprimente sería el último lugar donde querría estar también.

Viendo que la posibilidad de hacer negocio era prácticamente imposible, el manager/empresario pensó en cerrar temprano y visitar el bar de Shizuo, su amigo. Y lo habría hecho en ese momento, de no ser porque recordó la última llamada que había recibido de Kaien, el líder de los Young Guns: La banda de la cual era manager.

Desganado, Spike volvió a tomar asiento en su banca y se recostó sobre el mostrador.

El joven guitarrista había sido contactado por nada menos que el dueño de una disquera; un visionario, y una de las figuras más representativas dentro del ámbito en Eastwood. Se le había presentado, en bandeja de plata, la posibilidad de unirse a un proyecto organizado por este hombre y ampliamente financiado por varios patrocinadores. El único problema había sido que el contrato no había sido extendido a ninguno de sus amigos, sólo a él, y pese a que era una decisión muy delicada y difícil, el pelinegro optó por no desperdiciar la oportunidad que se le había presentado.

Y fue por eso que le había llamado hace dos días: A agradecerle por sus atenciones con él y desearle lo mejor. Es decir, a despedirlo.

Spike no había recibido noticia de Sayi, Mine, o de los nuevos integrantes de la banda desde ese entonces, pero el manager se imaginaba que ese grupo había muerto con la partida de su líder. Los Young Guns solían tocar religiosamente todos los sábados en el Stray Sheep; de hecho, ese mismo día se suponía que debían tocar para mantener su puesto, viendo que Shizuo los quería echar y estaba en ellos demostrarle que eran una presencia positiva en el bar.
 
Era una lástima que sus clientes de casi un año se encontraran con ese final, pero la música era un negocio que no conocía la misericordia. Habían veces que tocaba dejar de lado a amistades con tal de salir adelante… y esa era la razón por la que no quería poner pie en el bar esa noche. No quería tener que lidiar con la molestia de Shizuo, ni con la decepción del resto de miembros…

El celular que descansaba sobre el mostrador vibró, avisándole de un nuevo mensaje. Spike pensó en ignorarlo pero pensándolo mejor… no le quedaba nada mejor que hacer que chatear, ¿cierto?

Pero cuál fue su sorpresa al ver que era un mensaje de Sayi, preguntándole dónde estaba y adjuntando una foto, donde salía Kaien tocando junto al resto de la banda.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Cho on December 27, 2014, 11:27:54 PM
*repost, no cuenta para probaciones*

7

Habiéndose librado de un momento potencialmente vergonzoso para Sora, él junto con Ryo y Reimu subieron por las escaleras hacia el segundo piso, en búsqueda de una sala de estar donde comer sus pasteles. Doblaron entrando en un largo pasillo que terminaba en un balcón con vista al mar, un lugar ideal para el presente clima. Tocaba caminar, aunque en el pasillo había distintas puertas que eran las grandes habitaciones de los que vivían ahí, todas cerradas. Pasaron al costado de la puerta de Blanc, luego la de la madre quien debía estar paseándose al no haberse encontrado con ella y Sora pasó frente a una puerta más cerca al final…
Y recibió un portazo que le envió a caerse al piso de costado, estrellando su cabeza contra la pared opuesta a la puerta. Fue una sorpresa para los tres, pero pasado ese instante, dejó de ser tan sorpresivo. Un chico tres años menor que Sora pero bastante parecido a él salió de esa habitación luego de efectivamente atacarle con la puerta.
“Eres tan fácil de ownear, Sora,” le dijo el niño, sonriendo traviesamente, cuando entonces se giró a los invitados con una sonrisa más amigable. “Oh, ¿qué tal? ¿Cuidando de Sora?”
“H-hola Luso,” saludó Ryo, todavía un poco sorprendido.
“No deberías ser tan cruel con tu hermano todo el tiempo,” Reimu sonrió algo frustrada.
“Supongo, sólo se me ocurrió…”
“L-Luso…” Sora se levantó, sintiendo su cuello muy sensible y adolorido, ya que con el impacto de su cabeza contra la pared casi sintió que su cuello se quebraría. Miró a su hermanito con cólera. “¿Cómo te atreves?”
“No entiendo tu pregunta,” Luso frunció el ceño, confundido. “Es como si en verdad tuvieras algún tipo de presencia o que merezcas respeto especial para tener que ‘atreverme’ a hacerte algo.”
“¿Cómo podrías hasta quedarte pegado a tu puerta esperándome a que pase? ¡Pensé que tenías una vida como para molestarme tanto!”
“Nah, no te creas tan especial. Le dije a Blanc que me enviara un mensaje de texto cuando estés subiendo. Además, la casa tiene cámaras, obvio que sé que eres tú.”
“¡Aun así!” siempre se olvidaba de ese detalle de que había cámaras. Poniéndose a pensar, no tenía ni la más mínima idea de dónde estaban.
“Pero no hay por qué quedarse en el pasillo,” Luso abrió más su puerta. “Es agradable cuando tus amigos vienen a visitar, casi me hacen olvidar que no me caes. Pasen.”

Sora tuvo la intención de negarse y seguir con su camino pero sus amigos aceptaron gustosamente y entraron. Ellos sí se llevaban bien con sus hermanos, después de todo.
La habitación de Luso era enorme y al fondo tenía algo de vista al mar. Aparte de un pequeño desorden, todo estaba aceptable y tenía un poco de todo en estantes, además de un equipo completo de televisión y videojuegos y un friobar grande para bebidas. Algo bastante estándar en la gente que vivía ahí, sólo que Sora tenía prohibido el friobar al no mantener su habitación libre de migajas y restos. Luso tenía la computadora prendida y regresó a su escritorio, revisando un script que tenía que practicar.

Él era el niño protagonista de una serie de televisión conocida internacionalmente: ‘The Grimoire of the Rift’, que trataba de un joven normal internado en un mundo mágico, con la tarea de viajar y llenar un Grimoire con historias, el cual obtendría el poder del abismo y le permitiría regresar a casa, pero al ver todas las temporadas que tenía y aun más planeadas, la historia se concentraba simplemente en sus travesías y en gente que le rodeaba. Esa era la idea principal y obviamente él tenía un horario muy ocupado, siempre requiriendo de tutores para ponerse al día en el colegio, al cual de todos modos iba seguido, cada vez que podía. Se podría decir que de no ser por su madre y Blanc, hace tiempo que habría perdido disciplina en sus estudios.

“Siempre estás con un nuevo script,” observó Reimu. “¿No se te hace pesado?”
“Pues, no es que esté grabando nuevos capítulos todo el año,” él sonrió. “Ya se ha vuelto una rutina. Ah, se me olvidaba,” él abrió un cajón y sacó un par de bolsas de regalo. “Pasaba por el mall el otro día y compré cosas que pensé que les gustarían. Aquí tienen.”
“Oh, gracias, no debiste,” Ryo recibió su bolsa y vio un nuevo juego para la 3DS. En verdad era Luso quien siempre contribuía con su limitada colección. “Lo jugare cuando tenga tiempo libre.”
“Uhh, ¿qué es?” Reimu rebuscó entre el papel de relleno y se topó con un chal de tela suave. “Aww, cómo se ve que sabes de mis gustos,” y ella vio que Luso le extendió un recibo. “¿Qué es esto?”
“Por si prefieres regresarlo y recibir dinero a cambio,” se explicó, conociendo la personalidad muy levemente avara de la chica. “Tienes cinco días.”
“…” ella recibió el recibo y lo miró con la mano temblorosa, en una triste guerra interna, mostrando a los otros tres que quizás hubiera sido mejor no haberle dado la opción.
“N-no tienes que…” Luso dio un suspiro y miró a su hermano. “Ellos dos son buenos amigos hasta de alguien como tú, no te dolería dedicarles algo también. Te doy dinero de sobra cada quincena.”
“Acabamos de ir al mall y les compré accesorios de música y pasteles,” dijo Sora, molesto. Luso hizo una mueca de insignificancia, sonriendo sin interés.
“Sí, sí, obligando a este par de prodigios a tu proyecto frustrado de música y luego alimentando tu glotonería…”
“¡No es así! Esto es importante, sí me puedo tomar las cosas con seriedad. Es un proyecto en conjunto y definitivamente le daría importancia.”
“Me es difícil creerte. ¿Crees que no sé lo que haces con tu dinero?” Luso le miró fijamente y seleccionó su browser, abriendo eBay. “He estado viendo en las subastas en que participas y las cosas que compras. Recientemente sé que compraste un videojuego con un bonus exclusivo y pagaste mucho más de lo debido. Seguro que lo hiciste por ser una edición limitada pero he visto subastas de sólo el bonus y estas no pasaron de veinticinco dólares, ¿eres un tonto o qué?”
“P-pues…” debió haber pensado en ello y esperar a que apareciera una de esas subastas, pero tenía que admitir que el que todo el paquete estuviera incluido y sellado agregaba valor y gusto de comprarlo.
“Oh bueno, tengo que reconocer que es mi culpa y quizás también de Blanc por darte tanto dinero,” Luso cerró eBay y sonrió un poco. “Tendremos que tener una discusión seria sobre reducir tu mesada.”
“E-eh…” Sora se asustó un poco por esa posible amenaza.
“No deberías impresionarte tanto por eso, es malo para ti,” opinó Ryo, sonriendo incómodamente. El tema de reducir su solvencia económica había sido tocado varias veces en el pasado pero nunca parecía haber sido en serio. Parecía que los dos hermanos lo usaban para poner a Sora en su lugar cuando les convenía.
“Ya que están aquí…” Luso se dirigió a los invitados y revisó su calendario. “Creo que tengo un fin de semana libre a fin de mes. Podemos salir a pasear todos juntos. Si quieren, invito a Blanc y a las chicas, y a mis amigos.”
“Sería ideal,” Reimu asintió, sonriendo tranquilamente. “Una excursión siempre despeja y tranquiliza el alma.”
“¿Qué?” Sora se sintió sumamente confundido y miró a su hermanito. “¿Estás invitando a mis amigos de paseo?”
“Sí, ¿por qué no?” preguntó Luso, sin hacerse líos.
“Es tan raro, además que tú nunca me has invitado. Y para empezar, nunca los has invitado a ellos,” Sora vio a los tres intercambiar miradas en silencio. “No me digan…”
“Está bien, algún día te ibas a enterar,” Luso se encogió de hombros, restando importancia. “Sólo porque no me llevo bien contigo no quiere decir que no lo haría con tus amigos y los invito ocasionalmente. Me caen bien y es lo menos que puedo hacer por ellos por siempre vigilarte, cuidarte y permitirte pasar de año.”
“¿E-en serio?” era la primera vez que oía de ello. Miró a los dos y ellos le miraron, con sus sonrisas de siempre, como si no hubiera nada raro en ello. “¿Por qué no me dijeron?”
“No sabíamos cómo te lo ibas a tomar,” dijo Ryo.
“Pensamos que sería mejor que tus hermanos te lo dijeran,” respondió Reimu. “En verdad no es la gran cosa.”
“M-me siento dejado de lado…” Sora se sintió solo por averiguar la verdad…
“Uhh, supongo que es un mal momento para decirte una de nuestras salidas…” Luso sonrió cruelmente. “Sora, ¿recuerdas esa vez que hubo la inauguración de la montaña rusa más grande del parque de diversiones cercano?”
“O-obvio que lo recuerdo…” respondió él, no entendiendo a dónde iba con eso, pero tenía algo de miedo de imaginar. “Lo promocionaron un montón y hubo un grupo exclusivo anónimo que tuvo la oportunidad de subirse a la atracción y estrenarla. Ellos recibieron un montón de regalos y objetos de colección…” tembló. “No…”
“Blanc ganó el sorteo por Internet y ella y yo invitamos a todos, incluyendo a tus amigos,” contó Luso, sonriendo con gusto. “Fue muy divertido.”
“¡Imposible! ¡Yo quería estar ahí! ¡Me moría por esos regalos de estreno!” Sora se sintió torturado, como si la vida se burlara de él. “¡Pero el carro de la montaña rusa tiene un montón de espacio! ¿No hubo espacio para mí?”
“Con los amigos de Blanc, mis amigos…” sonrió traviesamente. “…tus amigos y los amigos de nuestros amigos yendo obviamente no iba a haber espacio para ti. Sólo hubo una regla para todos que tenían que cumplir con tal de ir.”
“No decirte nada,” recordó Reimu, sonriendo inocentemente.
“Exacto,” Luso asintió. “Ahh, pero esperar unos meses después del evento para finalmente decir la verdad ha probado ser tan priceless~”
“¡No puedo creer que me han hecho esto!” Sora se llevó sus manos a la cabeza, no creyendo que sus propios amigos se lo habían ocultado. “¡¿Qué he hecho para merecer esto?! ¡Demando una explicación!”
“Intenté convencerles a que te inviten, pero no sé qué problema hubo con Blanc en ese entonces que estaba muy molesta contigo,” dijo Ryo, algo incómodo. “No hubo forma de convencerles y decirte algo sólo lo hubiera hecho peor. Sabes que no es bueno discutir con Blanc cuando se molesta, sobre todo si eres tú.”
“…” buen punto. Blanc le habría comido vivo y sus amigos se hubieran visto envueltos. “A-al menos… hubieran podido darme uno de los regalos. Sé que cada persona recibió una canasta entera.”
“Esos son personales, cada uno se lo queda como memento o ve qué hacer con eso, como bien has dicho, es especial y único,” dijo Luso. “Yo tengo mi canasta guardada en algún punto escondido de esta casa que nunca encontrarás.”
“Eh, Luso también está guardando la mía,” dijo Ryo, sonriendo incómodamente.
“Yo vendí mi canasta en una subasta por Internet,” reportó Reimu, sin hacerse líos.
“¡¿Tú fuiste quien vendió la única canasta que apareció a la venta?!” preguntó Sora, en completo shock. “¡Participé en esa subasta pero se volvió demasiado cara!”
“Sí, y la persona que ganó ya debe estar disfrutándola en algún punto recóndito del medio oriente…” Reimu se puso a recordar el extremadamente caro envío que esa persona estuvo dispuesta a pagar. Sora debió haber sospechado sobre la identidad del vendedor de eBay al ver que se llamaba ‘shrinefunds’.
“Lo más importante del evento es que todos la pasamos bien y muy aparte de los regalos que recibimos, nos tomaron una foto para el recuerdo en la caída principal,” Luso estiró su mano y alcanzó un portarretratos que de no haber sido parte de la conversación, Sora seguramente nunca habría notado.

Ahí se pudo ver efectivamente al carro de la montaña rusa y un montón de personas, todos adolescentes o a lo mucho adultos jóvenes como en el caso de Vert. Sora vio a Luso, Blanc, Ryo, Reimu, las Hearts, y de ahí notó que hasta su primo y los amigos de su primo estaban metidos por ahí. De ahí… había muchas otras personas que quizás las había visto por su colegio o simplemente desconocidos. Daba cólera ver la gran cantidad de gente que llenó ese espacioso carro y que no lo hayan incluido a él en ese paseo especial.

“Sí, siempre llevo esa foto conmigo a todos lados,” Reimu sacó su llavero, el cual era esa foto en miniatura micada en plástico duro. “Tiene las llaves de mi templo.”
“…” Sora bajó su mirada al piso, entre molesto, indignado, triste, insultado, y muchos otros sentimientos y colores. Era una lección, el no molestar a Blanc, quien si hubiera estado en buenos términos con él para ese evento, más que seguro le habría invitado.
“P-perdón…” Ryo se incomodó al verle así. Había imaginado que le afectaría, pero tal vez hubiera sido mejor que alguien distinto a Luso le haya dicho la verdad, viendo que este aprovechó para burlarse de él. “Prometo reponerte con algo.”
“¿Pero quiénes son todas estas personas en la foto?” Sora todavía no podía creerlo. No conocía ni a un tercio de todos ellos.
“Tengo la impresión que en tu frustrado camino a la fama terminarás por conocerlos a todos,” Luso sonrió con la idea. “Como en el show en que actúo, pero tu quest sí va a ocurrir en la vida real. ¿Quieres que te regale una copia pequeña de la foto para que comiences a llevar contabilidad de eso?”
“¡No te burles!” Sora ya había tenido suficiente. “¡Déjenme en paz!”
“Este tipo de cosas les ocurre a uno en la vida y se tiene que actuar con madurez,” explicó Reimu, nuevamente sonriendo de esa forma madura y tranquila que le salía excelentemente bien. “No dejes que una oportunidad perdida te derrote…”
“¡Tú sabías muy bien que quería ir, no actúes como si lo supieras lo que siento!” Sora comprimió sus puños, pero intentó tranquilizarse un poco. Sus amigos siempre habían sido muy pasivos y no iban a ir en contra de sus hermanos (bueno, en el caso de Reimu ella sólo era pasiva cuando le convenía, pero en fin…). Tomaría tiempo olvidarlo, o si no tendría que quedarse investigando todos los rincones de su mansión a ver si encontraba dicha canasta. “Como sea, me voy… tenemos que comer estos pasteles.”
“Pueden quedarse a comer aquí, tengo muchos tipos de bebidas,” sugirió Luso, contento al recibir una mirada iracunda de Sora, aparte de que era cierto que este no había conseguido bebidas para pasar el dulce. “Y viendo que se está oscureciendo ya no queda mucho tiempo antes que tengan que irse. Tengo todo listo aquí.”
“Si no hay problema con Sora, encantada,” respondió Reimu, y tanto ella como Ryo pasaron a mirar a Sora. Ninguna presión, pero las miradas simultáneas casi parecían ponérsela, así que él se rindió.
“Está bien, como quieran,” Sora estaba muy frustrado. Luso siempre sabía cómo amargarle el día mientras se pasaba llevándose muy bien con los demás. Con eso finalmente se terminó ese día, y tocaría regresar a la rutina.

Pasarían días y muchos eventos, cada uno más extraño que el otro, pero Sora eventualmente notaría que lo que Luso le dijo era cierto. En su camino e intentos de volverse un mejor músico y ganar algo de fama, se encontraría con cada una de esas personas, sean buenas o malas noticias, y aprendería que tendría que depender de otros mucho más de lo que hubiera querido. Le esperaban grandes desafíos.

Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Cho on December 27, 2014, 11:28:28 PM
8

Llegó la siguiente mañana y Cho se encontraba ocupando una mesa en la cafetería. Por la hora, no había mucha gente en los alrededores y se sentía lo suficientemente cómoda para relajarse y trabajar en su tarea. La primera clase no empezaba hasta en una hora, pero a fin de cuentas siempre se concentraba mejor estando dentro del campus.

Ya no le faltaba mucho para completar su trabajo. Al menos no debía entregarlo hasta después del almuerzo, por lo cual tenía su siguiente descanso para continuar si es que se volvía necesario. Aun necesitaba repasar un par de conceptos más para resolver todos los problemas asignados, así que mejor lo revisaba de inmediato.

Ella abrió su libro de matemática y fue al capítulo que le tocaba. En medio de su lectura, no evitó distraerse. Estaba siguiendo una carrera de ciencias y hacer todos esos problemas no era difícil ni pesado para ella, pero tampoco se sentía motivada a seguir con esos trabajos. En cambio, al cantar en un salón del conservatorio, la sensación era diferente. El canto le motivaba a seguir adelante y le despegaba del suelo. Le gustaba cerrar sus ojos e imaginar un futuro brillante, o al menos cómodo, en el cual pudiera desenvolverse como una reconocida cantante. Fama y riquezas, aunque preferidas, no eran necesarias. Sólo deseaba desarrollar su talento, que otros lo reconozcan y poder vivir a partir de este.

Pero al abrir sus ojos y mirar sus útiles y su presente situación, no evitaba estremecerse. ¿Acaso su deseo de cantante era bueno? ¿No estaba haciendo un error al perseguirlo si es que tenía buenas notas en la universidad? ¿Y qué tal si graduarse y buscar un empleo regular era el verdadero error para ella? El concepto de que una carrera en ciencias era ‘la elección segura’ nunca había significado mucho para ella, aunque sí lo suficiente para tener nervios sobre sus prácticas en el conservatorio. De todas formas, mientras todavía pudiera atender la universidad y el conservatorio paralelamente intentaría los dos. Vivía en Eastwood, el lugar en donde pese a la gran competencia, tenía mayores oportunidades de lograr sus metas.

Su divague costó cerca de cinco minutos, y Cho sacudió su cabeza para despejar sus nervios. A veces sentía que sus pensamientos estaban en su contra. Decidió esquivar su religiosa manía de autotortura y se forzó a leer su libro, no aceptando otro descanso.

Pero su concentración le duró poco porque Kurisu pasó caminando por la cafetería y se le acercó al reconocerla.

“Siempre que te veo estás ensimismada en algo,” observó la pelimarrón. La dirigida levantó su mirada.
“Oh, buenos días, Kurisu…” saludó Cho con cierta torpeza. Notó que la mayor traía consigo una bolsa de papel y un café. Esa debía ser la razón por la que estaba presente en la cafetería.
“¿Terminando una tarea?” Kurisu se asomó, pero notó la ligera incomodidad de Cho de mirar su trabajo. “Todo se ve bien. No tienes que mostrarte tan recelosa.”
“P-perdón… no me gusta que revisen mi trabajo en mi presencia. Es vergonzoso…”
“No soy tu profesora, Cho,” Kurisu se llevó las manos a las caderas. “¿Sabes? Recuerdo cuando pasaron tu canto por la radio y te mostraste inconforme por ese premio. Sé que temes que no puedas hacerte conocer por tu cuenta, pero lo menos que deberías hacer es temer o lamentarte por ese mismo temor…”
“…”
“Estuve pensando que tendrías que abrirte un poco más. La clave para hacerte conocer es dar ese paso adicional y no quedarte tan retraída. Varias veces te he invitado para que conozcas a mis amigos.”
“Ehh… es incómodo ser la nueva en un grupo…” Cho tensó sus hombros.
“Parece que prefieres dialogar con personas o en privado, o en alguna situación menos comprometedora…” Kurisu vio a la peliceleste asentir. “Si eso te haría sentir mejor, deberías hacerlo. Por eso mismo quería hablarte.”
“¿Eh?” Cho se confundió.
“Un amigo está a cargo de un evento voluntariado de limpieza este sábado. No es el evento más grande ni más concurrido de este tipo, por eso pensé que sería lo mejor para ti. Vas a tener que mantenerte al contacto con los demás pero será como un ambiente de trabajo. Asumo eso te vendría bien.”
“A decir verdad, un chico me dio un volante de ese evento ayer…”
“Oh, entonces ya has oído los detalles,” Kurisu sonrió. “¿Y qué piensas?”
“Pues…” Cho bajó su mirada. “Estaba pensando en no ir…”
“Ah…” la mayor dio un suspiro. No le sorprendía esa actitud y falta de interés. “Sé que eventos así pueden ser intimidantes y demandar mucho trabajo, pero he participado en un par y te puedo decir que no es tan malo. Creo que te haría muy bien. Haz el esfuerzo en ir. Es una buena causa, pero sobre todo hazlo por ti misma. Te haría muy bien.”
“Lo entiendo…” su amiga sí la conocía bastante bien para saber cuáles eran sus dudas al respecto. La noche anterior se había pasado debatiéndose si ir o si no ir, y como era típico en ella, los inciertos y posible incomodidades le habían quitado los ánimos, pero al volver a oír la propuesta de parte de Kurisu sintió que tenía más motivos para ir.
“Si no tienes nada que hacer el sábado en la mañana, me gustaría que hicieras el esfuerzo de ir. Lamentablemente yo tengo unas pruebas, pero si salgo temprano intentaré llegar al menos para el final, y me gustaría encontrarme contigo ahí. ¿Qué dices?”
“E-está bien…” Cho forzó una corta sonrisa. No se sentía segura y conociéndose no tomaría una solución sólida hasta la noche anterior, pero sí sabía que su asistencia era un poco más probable que antes.
“Me alegra,” Kurisu asintió. “Tengo que irme, me están esperando. Espero verte en el evento. Nos vemos luego.”
“Hasta luego,” Cho se despidió y le vio irse del lugar. Era hora de seguir con su tarea.

Kurisu salió de la cafetería y sacó su celular para revisar la hora. Ella vio en su pantalla que Almaz le había enviado un breve mensaje.

‘Mi jefa y unos colegas me van a hacer manejar al mall en la tarde para estar presente en un ‘evento controversial’. Tengo un mal presentimiento.’

Realmente se compadecía del pobre luego de haber escuchado rumores sobre su jefa. Por ello, deseaba que su evento el sábado fuera bien.
Con un poco de suerte, Cho asistiría también. Kurisu se olvidó de mencionarle que un par de sus amigos estarían presentes. O tal vez no lo olvidó, sólo que prefirió no darle aquella posible ‘información inquietante’. Esperaba que todo fuera para bien.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Kora on December 28, 2014, 02:06:17 PM
Ver los fics de Cho me ha inspirado para sacar este aporte adelante, que lo tenía atascado desde hace un par de meses... pronto esto se encaminará a lo musical, lo prometo.

04

(http://i129.photobucket.com/albums/p210/kora_lj/BT%20-%20MMORPG/dd/ddkora.png) (http://i129.photobucket.com/albums/p210/kora_lj/BT%20-%20MMORPG/dd/ddjolyne.png) (http://i129.photobucket.com/albums/p210/kora_lj/BT%20-%20MMORPG/dd/ddweather.png) (http://i129.photobucket.com/albums/p210/kora_lj/BT%20-%20MMORPG/dd/ddezio.png)

Kora se levantó de la cama con pesadez, arrastrando su cuerpo lentamente sobre el colchón al estirar sus músculos perezosamente. El reloj marcaba la una de la tarde, y en su estómago empezaba a notarse la punzada del hambre, marcando la hora de salir de la habitación para buscar algo de comida en la cocina. Con lo dormida que estaba todavía, ni recordaba si tenía algo en la nevera. Al menos siempre le quedarían los cereales.

- Buenos días.

Al oír el saludo tras ella, el corazón le dio tal vuelco que casi derramó el cartón de leche entero en el bol. Todavía no se había acostumbrado al hecho de que su casa tenía cuatro inquilinos más, casi literalmente de la noche al día.

Se giró lentamente, apretando el cartón entre sus dedos, forzando una sonrisa que tenía que parecer totalmente incómoda. Al menos agradecía que la camisa fuera lo suficientemente larga como para que nadie pudiera saber seguro si llevaba sólo las braguitas debajo.

- Hola, Ezio. - Había tenido el detalle de aprenderse los nombres de todos.
- ¿Han llegado ya Wes y Jolyne? - Preguntó el chico con naturalidad, aunque a Kora no se le escapó la mirada disimulada que le echó al borde de su camisa de gatitos.
- Pues…

El ruido de las llaves en la cerradura la volvió a asustar por unas milésimas de segundos hasta que recordó otra vez su situación. Como invocados por Ezio, los dos nombrados se presentaron en la cocina, dejando un par de bolsas sobre la mesa. Un par de naranjas se escaparon en el impacto, y Kora recogió la que más cerca estaba de caer por el borde.

- Antes os nombro… - Ezio dio una palmada en el hombro de Wes como saludo, y dedicó a Jolyne un gesto con la cabeza.
- ¿De dónde es ésto?

Kora giró la naranja, mirando la pegatina que llevaba en el lado. Arrugó la nariz al reconocer la marca barata.

- ¿No le gusta a la señorita? - Le dijo Jolyne mientras abría la despensa. - No podemos permitirnos comida orgánica. ¿Alguna queja más?
- Bien que os comisteis mis manzanas… - Masculló Kora, dejando la fruta a un lado. - Y sí tengo más quejas: ¿podríais no hacer tanto ruido por la mañana?

Había faltado solo el sonido de un disco rallado: de repente sintió cómo tres miradas se posaron sobre ella, pero Kora se quedó en su sitio, cruzada de brazos. Si creían que iban a intimidarla en su propia casa, estaban muy equivocados.

- ¿Perdona? - Jolyne alzó una ceja.
- ¿Odiáis las puertas por algún motivo? - Continuó Kora. - Dais unos portazos de miedo. Me habéis despertado como cuatro veces esta mañana.
- Bueno, Kora, no creo que nadie-
- Estamos trabajando.

Interrumpiendo a Ezio, Jolyne puso especial énfasis en la última palabra, y aunque los tres estaban molestos con lo que acababa de decirle, a quien le sostenía Kora la mirada era a ella.

- ¿Sabes lo que es eso? - Continuó la chica. Kora apretó la mandíbula, empezando a picarse con el tono condescendiente que estaba usando Jolyne. - ¿Te suena?
- Ni idea, ¿por qué no me lo explicas? - Se giró para seguir preparándose el desayuno. - Me interesa muchísimo.
- Pues interésate, porque vas a tener que empezar pronto.

Dejó la caja de cereales en el banco antes de echarlos siquiera, girándose con una ceja alzada. Jolyne estaba con los brazos en jarras, y ni Ezio ni Wes parecían querer saber nada del asunto.

- ¿Perdona? - Kora se apartó el pelo con toda la dignidad que una persona en una camisa de pijama de gatitos podía acumular. - ¿Desde cuándo decides qué hago con mi vida?
- Desde que tienes que pagar una quinta parte del alquiler y las facturas de donde vives.

Decidida y desafiante, Jolyne dio un paso hacia adelante. Ezio hizo ademán de sujetarla por un segundo, aunque antes de alcanzarla dejó caer la mano mientras ponía cara de póker.

- Me lloraste para que te ayudara, así que presta aten-
- Creo que este tema se puede dejar para luego.

Tan silencioso como siempre, Wes había alcanzado a Jolyne, poniendo una mano sobre su hombro. Ésta cerró los ojos bajo el contacto, dejando ir un bufido. Jolyne se había relajado, o al menos eso parecía, pero Kora seguía aún en tensión. No era justo que Jolyne lo explicara como que “le había llorado”. Estaba tratando de hacer que pareciera una cría frente a sus amigos, y ofendida, se giró para seguir preparándose el bol de cereales.

- Wes tiene razón. Mejor hablamos después de comer. - Dijo Ezio a su espalda, con un tono que trataba exageradamente demostrar que no había nada de tensión en el ambiente. - O desayunar.

Sin mencionar nada más, Kora se llevó su desayuno a la mesa del comedor.

Para cuando se le unieron los otros tres, Kora todavía estaba hundiendo los cereales en la leche, esperando a que se reblandecieran. Ezio arrastró la silla a su lado, y Jolyne se sentaba frente a ella, con Wes a su derecha. Gracias a que tenía una cocina americana, los había observado en silencio mientras preparaban un almuerzo rápido.

Llevaban allí apenas tres días, en los que casi ni había visto a sus nuevos compañeros de piso. Ni siquiera a Jolyne. Pero sabía bien que aquellos eran los amigos de Jolyne, no los suyos, y en cualquier discusión que surgiera, tomarían el lado de su amiga.

Era incómodo sentirse una extraña en su propia casa.

- ¿Así que Fugo sigue en clase? - Preguntó Jolyne, pinchando de la ensalada de pasta en el centro de la mesa. - Ya son ganas.
- Eh, no parecía muy ilusionado cuando me ha avisado de que llegaría tarde. - Respondió Ezio, encogiéndose de hombros. - Además es con su profesor favorito.

Ezio hizo unas comillas ante la mención de favorito, y Jolyne rodó los ojos, murmurando “un día de éstos tendremos un disgusto”.

- Hablando de cosas favoritas, ¿has trabajado alguna vez, Kora? - El chico se giró hacia ella. Había hablado sin malicia, de forma casual. No como Jolyne, que se lo echaba todo en cara.
- A veces mi madre me colaba en la oficina cuando salía plaza para un becario. Un par de veces. - Añadió, encogiéndose de hombros.
- ¿Y allí hacías…?

Otra vez era Jolyne quien iba a por ella. Entrecerró los ojos, apretando la cuchara con fuerza al darse cuenta de que, encima, la tenía en un callejón sin salida, por mucho que odiara admitirlo.

- Fotocopias. Café. Pasar llamadas. - Trató de recordar más de aquellos días, aunque eran un borrón en su mente. - Poner buena cara.
- ¿Ves? Al menos tienes referencias.
- No me hablo con mis padres y era en negro.

Kora le borró la sonrisa a Ezio de un solo comentario, y levantó el bol para sorber la leche con chocolate que quedaba. Nunca le había dado mucha importancia al trabajo, sabiendo que una vez terminara de fingir que iba a la universidad y tuviera su título, entraría directamente a trabajar con su padre.

La mentira sólo tenía que haberse aguantado unos años más. ¿Cómo podía haber tenido tan mala suerte?

- Entonces tienes que empezar desde cero. - Dijo Ezio, recogiendo su plato para llevarlo a la cocina, y de paso, alargó la mano para llevarse el bol de cereales vacío de Kora.
- Qué guay. - Kora se hundió en el asiento. - No puedo esperar a ser camarera.
- No ibas a durar ni un día como camarera.

Le replicó Jolyne al otro lado de la mesa, rodando los ojos mientras bufaba. Maldiciendo a toda deidad internamente, Kora recordó que ésta trabajaba precisamente de camarera. Como si no llevara ya una mala puntuación con ella…

- Aunque no está la cosa para elegir, ¿qué es lo que te gusta? - Preguntó Ezio al volver. - A lo mejor hay algo que se te de bien y sea fácil para ti.

Kora se giró hacia el italiano, con una ceja alzada. Una cosa era no tener experiencia y otra que la trataran como si no supiera sumar dos más dos. Pero no iba a saltar en aquellos momentos, dejando sólo como muestra de desaprobación entrecerrar los ojos durante un segundo al mirarlo mientras respondía.

- Bueno, ya sabéis que me gusta cantar… pero aparte de eso, a ver… videojuegos… anime… - Hubo cierto silencio por parte de los tres, y notó cómo se le encendían las mejillas al sentirse totalmente juzgada. - ¿Animalitos monos?
- ¿Como cachorritos? - Ezio casi la interrumpió, con una expresión interesada.
- ¡Oh, sí, me encantan los perros!

Kora sonrió, recordando por unos momentos un vine de cachorritos de Samoyedo. Tan blanquitos y esponjosos… un amigo le había enviado el link el vine diciéndole que le recordaban a ella.

- Pues podrías cuidar de perros. Hay una red social, como las de citas, pero pare gente que se ofrece a pasear y encargarse de mascotas. - El chico sonrió ampliamente, satisfecho con haber encontrado la solución (aparentemente). - ¿Tienes experiencia?
- Claro. - Asintió. - He tenido tres perros y una tortuga.
- Mejor céntrate en los perros… las mascotas exóticas son otro tema…

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(http://i129.photobucket.com/albums/p210/kora_lj/BT%20-%20MMORPG/dd/ddkora.png) (http://i129.photobucket.com/albums/p210/kora_lj/BT%20-%20MMORPG/dd/ddezio.png)

- ¿Así?

Ajustó su posición para quedar recta, forzando una sonrisa leve. El pelo le caía a los lados de la cabeza, limpio y cepillado tras una ducha. Había optado, a sugerencia de Ezio, por un maquillaje simple para reforzar un “look inocente”.

- Sonríe un poco más.

Con concentración, Ezio apuntaba su móvil hacia ella, buscando un ángulo adecuado. A Kora se le hacía extraño no ser ella quien se sacara la foto. Lo suyo eran lo selfies o las capturas de webcam, donde era ella la que controlaba cómo salía. ¿Y si Ezio no terminaba de sacarla bien…?

Resignada, simplemente sonrió más, aunque su sonrisa se tornó tensa al ver quién entraba en el comedor. Jolyne se asomó por encima del hombro de Ezio, mirando al móvil que éste tenía en las manos.

- ¿Le estás haciendo una foto a las tetas?
- ¿¡Qué!? - Kora se llevó las manos al pecho, a pesar de que lo tenía ya cubierto por la ropa.
- ¿¡Qué dices!?

Poniéndose algo rojo, Ezio le dio un manotazo en el hombro a Jolyne, que se marchó como había venido riendo por lo bajo.

- No le hagas caso, te enseño las que he hecho si quieres. - El chico se pasó una mano por el pelo, algo azorado. - De verdad, soy un chico honesto.
- Me fío de ti…

Suspirando, Kora apartó las manos del pecho. Recuperar una posición relajada le costaría unos momentos, incluso tuvo que respirar hondo un par de veces. El ritmo cardíaco se le había disparado, y no por la idea de que el otro le estuviera tomando fotos sucias. Reconocía aquel sentido del humor en la otra, aquella manera de jugar y picar a alguien… había sido un momento muy propio de Jolyne. Un momento que había echado de menos, sin darse cuenta hasta entonces.

“¡Eso es porque le gustas a Kora, profe!”. Uno de los recuerdos más embarazosos de su vida había sido cuando estaban en primaria, el curso antes de que Kora se marchara. En su momento había querido que la tragara la tierra, aunque al fin y al cabo, ¿a quién no le gustaba el profesor nuevo de gimnasia? Pero Jolyne luego había compartido su bolsa de gominolas con ella, riéndose por la cara que había puesto, y la vergüenza del momento se había disipado en cuestión de segundos.

- ¡Perfecto! - La voz de Ezio la sacó de su ensimismamiento, acercándose hacia ella con el móvil en alto.
- A ver…

En la pantalla, salía sonriendo con la cabeza ligeramente ladeada. Era una sonrisa extraña en ella, diferente de las amplias que dedicaba a sus fans en el canal o de las seductoras de los selfies. Era… inocente. Con la mitad del pelo recogido hacia atrás y la camisa abotonada hasta el punto justo para ser decente al mismo tiempo que dejar un poco a la vista, admitía que tenía la apariencia ideal para que alguien le confiara el cuidado de un ser vivo.

- Ahora cuando la subamos al ordenador le ponemos un par de filtros, y empezamos a hacer el anuncio. - Ezio se sentó en el sofá, conectando el móvil al portátil con el cable USB. -
- Muy bien. - Asintió Kora, sentándose a su lado. - Espera, déjame a mí lo de la foto, que ya tengo práctica.

Kora se encargó de la edición de la foto, teniendo ya práctica. Resaltar los colores sin que quedara demasiado saturado, equilibrar las sombras… el resultado no era el de un fotógrafo profesional, pero al menos resaltaba sobre las otras fotos que había visto en la página de anuncios.

- Vale, ahora a poner un anuncio en Pawslist… Tendrás que registarte. - Ezio le dejó el portátil en su regazo, y Kora empezó a introducir su información.

Después de mirar varios anuncios como ejemplo, finalmente consiguieron el suyo.

Chica seria y responsable se ofrece para cuidar perros
Mi nombre es Kora y soy la cuidadora que estás buscando para tu mascota. Me encanta estar y jugar con los animales. Si por motivos personales no te es posible atender a tu mascota, no dudes en contar conmigo. Yo pasearé a tu mascota y le haré compañía por un módico precio. Desde cachorros a ancianos, me puedo encargar de sus cuidados por completos, incluyendo visitas al veterinario.
Aunque no tengo experiencia profesional, me he criado rodeada de perros desde que era una niña, y los he cuidado y atendido en todo momento ofreciéndoles unas buena calidad de vida. Me encantan los animales y estar con ellos, les presto atención, juego con ellos y se divierten conmigo.
¡Dame la oportunidad de demostrártelo dejando en buenas manos a tu mascota!


- No está mal. No tener faltas de ortografía ayudará. - Asintió Ezio. - Ahora, las tarifas… hmm… espera.

El chico se levantó, saliendo del comedor un par de minutos para volver con el cuarto compañero de piso. El tal Fugo, a quien sí que no había visto desde que se instalara en la casa. Al igual que la primera vez que lo había visto, llevaba unas gafas de pasta moradas.

(http://i129.photobucket.com/albums/p210/kora_lj/BT%20-%20MMORPG/dd/ddfugo.png)

- Ayúdanos a poner tarifas para una futura cuidadora de perros. - Le dijo Ezio.
- Estudio Matemáticas, no Economía. - Éste respondió arrugando la nariz.

¿Qué podía haberse roto dentro de alguien para estudiar voluntariamente Matemáticas? Kora se aguantó una risita.

- ¿Cuál es la diferencia? - Ezio se encogió de hombros sonriendo de lado, y le pasó el portátil.

Con un breve bufido perdonavidas, Fugo se sentó a una distancia razonable de Kora. Parecía bastante distante, aunque tampoco podía decir mucho de él. No lo conocía lo suficiente, además de que la primera impresión que había tenido de él era que era, de hecho, el más formal del grupo de Jolyne.

- Lo ideal sería sacar una media de los que estén cercanos, y rebajarlo hasta que esté hacia el más bajo. - Fugo clickeó unas cuantas veces, haciendo girar la ruedita del ratón. - Bien, tienes ventaja con el más bajo.
- ¿Qué quieres decir? - Kora alzó una ceja.

En respuesta, el chico le enseñó el anuncio, señalando a la foto.

- No sé qué foto vas a subir, pero las personas más atractivas llaman más la atención. En igualdad de condiciones, la gente tiende a elegir a los guapos… y ni siquiera es necesaria una igualdad de condiciones. - Explicó mientras seguía tecleando. - Así que es mucho más probable que te llamen a ti.
- ¿Eso es un cumplido? - Sonrió Kora.
- No realmente. Ya has visto la foto, el listón no está muy alto.
- Vaya manera de echar por suelo una posibilidad de quedar bien, Fugo… - Ezio negó con la cabeza, y luego se dirigió a Kora. - No te lo tomes de forma personal, así es y así hay que quererlo.

Concentrado en la pantalla, Fugo parecía ignorar la conversación completamente. Al terminar de teclear, le devolvió el portátil a Ezio y se subió las gafas por el puente de la nariz.

- Esas tarifas servirán. Es un poco por debajo de la media, pero compensa por la falta de experiencia formal. - Explicó.
- Gracias, Fugo. - Ezio le dio una palmada en el hombro, sonriéndole. - Ya te dejamos volver a estudiar.
- De nada.

Sin añadir nada más, Fugo se marchó del comedor mientras Kora murmuraba un “gracias”, aunque no sabía si le había oído o no. Se quedó con la mano en el aire, a mitad de un saludo. El detalle no pasó desapercibido a Ezio.

- No ha tenido un buen día en clase. Ya se le pasará. - Ezio se encogió de hombros, sentándose a su lado. - Vale, ¿un último repaso?
- Hmm-mm. - Asintió Kora, acercándose a él para poder mirar la pantalla.

Los segundos antes de clickear el botón de enviar se le hicieron eternos, como si estuviera a punto de tirarse por un tobogán bastante alto. Cuando el anuncio se subió, miró varias veces para asegurarse de que todo estaba en orden, a pesar de que lo habían revisado por lo menos tres veces antes de subirlo.

- Bienvenida al mundo laboral, Kora. - Ezio le dio un apretón suave en el hombro, riéndose cuando ésta dejó ir un suspiro. - ¿Cómo celebras tú las cosas? En plan cenar.
- Voy a un restaurante-buffet japonés y como sushi hasta reventar.
- Un día es un día. - Le dedicó una amplia sonrisa. - No será muy caro, ¿no?
- Pues… no mucho… - Kora se llevó el índice a los labios, pensativa. - Unos 40 dólares por persona.

Ezio se quedó unos segundos en silencio, con la sonrisa helándose.

- ¿...Y de qué decías que te gusta la pizza?
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Puri on December 29, 2014, 04:31:39 AM
***

“Hace tiempo que no lo veo. No te le habrás acercado, ¿no?”
“No. Cómo obtuviste mi número?”
“Difícilmente podrás librarte de mí, dulzura.”


“¿Miki, Sayaka?”
“¡Aquí!”, respondió con una sonrisa y guardando su celular.
“Pasa, por favor.”

La oficina se encontraba cubierta con pósters de musicales y obras puestas en escena, además de varios carteles con el nombre de la compañía de teatro y lugares a los cuales habían sido invitados para llevar su elenco. Al ver que varios incluían ciudades fuera del país, Sayaka se sintió un poco intimidada… Este era sin lugar a dudas un lugar muy reconocido y ello se notaba también con varios diplomas, trofeos y medallas que decoraban el pasadizo en el cual había estado esperando antes de ser llamada. Tenía que ingresar a como dé lugar.

“Mi nombre es Piotr Rasputín y soy el encargado de los procesos de admisión. Debes de saber que los resultados son inapelables y en el caso de que no hayas logrado obtener una vacante eres bienvenida a tomar el examen nuevamente en seis meses.”
“Sí, no hay problema”, respondió apresuradamente por los nervios. Había decidido venir al mismo lugar a que le dieran el resultado que a verlo en su correo electrónico. Por alguna razón la peliceleste sentía que sería peor si se enteraba por internet, ya que si ese estúpido había logrado encontrar su teléfono debía de suponer que seguía hackeando sus cuentas y había hecho bien en suponerlo, ya que después de ese mensaje…
“¿Lista, entonces?”, preguntó el hombre, quien debería estar cerca de sus treinta años, mientras tomaba el sobre blanco con su nombre.
“Uh, sí.”

Había preferido no mencionarle nada a sus hermanos la última vez que se encontró con ellos ya que tenía muchísimo miedo de echarse mala suerte a sí misma al comentarlo; es más, ni siquiera Tatara, su compañero de toda la vida (a pesar de conocerse solo dos años, pero esa es otra historia), se había enterado de ello. Y ahora se encontraba frente a un hombre con sonrisa amable, de cabello negro y con un… Sí, un buen cuerpo por el que sería capaz de arañarle la cara a alguien. Como decía, un buen hombre que le leería los resultados.

Pues sí, había postulado a la Academia “Art [et] Eatro”, la más reconocida de todo Eastwood en cuanto a artes escénicas al punto de reservarse completamente el derecho de admisión. Para este se debían de pasar tres pruebas y no se podía reprobar ninguna, consistiendo entonces de un ensayo sobre la importancia del teatro para la sociedad, leer una pequeña obra y diseñar tres posibles vestuarios para el personaje principal y, finalmente, actuar un monólogo que se daba en el mismo momento frente a una videograbadora.

Después de haberle mentido a Yuichi sobre haberse enfermado de varicela (finalmente) y haberse tomado toda la semana libre en estadística (que la pobre peliceleste sospechaba que no tenía nota de práctica, ya que antes de colgarle el teléfono a su pobre amigo había escuchado algo de “ES IMPOSIBLE QUE FALTES, ES QUE VAMOS A GRABAR UN COMERC—”); Sayaka había dado todos los exámenes hacía dos semanas. Igual Yuichi ya había pactado con el demonio, es decir, con ella, para que conociera a Yuya Tegoshi y eso no lo iba a cambiar ningún curso jalado, quiera o no quiera Yuichi.

En cuanto a por qué postulaba… Pues, digamos que la habían “despedido” de la agencia de actores en la que se había registrado. No es que la hubiesen botado en sí, es decir, su ficha seguía en la base de datos y podía aplicar a cualquier trabajo de la agencia; sin embargo, sus supervisores habían comentado que debería de tener más experiencia y estudios en vez de postular y no obtener nada a cambio como había sucedido últimamente… Sayaka sabía que tenía talento, sabía que estaba ahí dentro y que era cuestión de trabajarlo y para eso mismo necesitaba oportunidades; pero al mencionarlo sus supervisores se rieron por lo bajo… Y ella, obviamente, se lo tomó a personal.

No, no volvería a pisar ese maldito lugar hasta demostrarles lo que valía.

“En tu nota de ensayo sacaste un sobresaliente”, comentó Piotr con cierta sorpresa y para emoción de la peliceleste. “La profesora Pryde escribió: Muy buena noción sobre la tarea del teatro en la sociedad. Tiene las cosas claras aunque alguna de sus ideas ya son muy idealistas, pero eso mismo denota su entusiasmo. Se explaya en aquello que le apasiona más, pero no descuida sus demás ideas.”. Leído esto, el pelinegro rió levemente. “Es muy raro obtener varias alabanzas de la profesora Pryde, así que hemos iniciado bien.”
“G-Gracias”, Sayaka tomó nota mental de buscar luego en el directorio el nombre completo de la profesora Pryde para encontrar su dirección e ir a abrazarla. No cabía en sí de emoción.
“En cuanto a la nota de diseño artístico no te fue tan bien, pero igual estás aprobada.” Sayaka sintió un peso más irse de sus hombros a pesar de que sus manos se aferraban con fuerza a su cartera. “La profesora Darkhölme comenta que dos de tus tres diseños de vestuario son muy genéricos y obvios. Sin embargo, le gustó mucho tu tercer diseño y cree que puedes desarrollar aún más tus habilidades en la academia, por lo que decidió aprobarte con el mínimo.”
“A decir verdad no me esperaba que uno de los exámenes fuera dibujar.”
“Oh, eso es porque el examen de la profesora Darkhölme varía todos los años. Lo que ella valora sobre todas las cosas es la capacidad de adaptación del estudiante a diversas situaciones. El actor no solo debe ser aquel que está en el escenario, sino aquel que está detrás de él. ‘El teatro no sólo es lo que se ve, es aquello que vemos y damos por sentado’. Eso suele decirle siempre a los alumnos jóvenes.” Sayaka sonrió. Si bien no le había ido tan bien, entendía la apreciación de la profesora y le agradaba que eso también fuera parte de su futura formación en el lugar.
“¿Y el monólogo?”
“Pues…”, Piotr sacó la hoja de anotaciones y frunció el ceño.

Oh-oh.

“La… La profesora Rasputina”, ¿sería su hermana o algún familiar? Se preguntó la peliceleste en ese instante de segundo. “No te aprobó en el monólogo.”

Hello darkness my old friend.mp3

“Sus comentarios son que te ves muy forzada y nerviosa, que no se pueden admitir personas con las que se deba trabajar desde cero, sino aquellas que tengan mayor experiencia. Sí, tu actuación fue mucho mejor en los momentos en que los comentarios eran amargos e irónicos, pero que en los puntos más dramáticos no se sentía que hicieras el mismo esfuerzo.” Sayaka se dio cuenta que el hombre leía rápidamente algo más, pero lo dejaba de lado para sonreírle apologéticamente… Al parecer era tan horrible que ni se atrevía a decírselo. “Lo siento mucho, señorita Miki.”
“No es problema”, dijo tras asentir con una leve sonrisa a pesar de que sentía que su garganta se cerraba. “Igual planeo volver a postular.”
“Espero volver a verte entonces”, le extendió la mano y Sayaka se la estrechó. No, no se pondría a llorar, al menos no hasta llegar a casa, comer todo lo que encontrase a su paso y llorar en los hombros de Tatara.
“Gracias por la consideración, de todas maneras”. Inclinó un poco su cabeza y salió del lugar.

Sayaka salió del local y lo primero que hizo para asumir su falla como la responsable y madura adulta que era, fue tomar su cartera y lanzarla con toda su fuerza hacia una máquina expendedora, la cual terminó botando unas papas de su sitio en la tuerca hacia abajo.

“Wow, ¿eso significa que no aprobaste?”, preguntó una mujer de ojos celestes y cabellos rubios a su izquierda. A juzgar por su ropa y por su edad aparente, la peliceleste asumió que debía de ser una de las privilegiadas alumnas del local. Dedicándole sólo una mirada rápida, se encogió de hombros y se encaminó a la máquina expendedora.
“La profesora Rasputina no quiere trabajar con novatas desde cero, porque aparte de ellas las otras dos consideraron que sí me merecía el puesto”. Sacó las papas y las abrió, metiéndose varias a la boca y ofreciéndole unas cuantas a la rubia, la cual la miraba divertida a la par que aceptaba la ofrenda de snacks gratis. “Dime, ¿qué mierda espere que le presente si me han dado el monólogo diez minutos antes?”
“Algo decente”, respondió con sorna.
“Por favor”, rodó los ojos. “Ni siquiera Goethe mismo podría recitar Fausto si le dan sólo diez minutos.”
“Es que ese es el examen filtro de la academia”, la rubia se encogió de hombros esta vez. “¿Qué te comentó Illyana?”, ah, de seguro así se llamaba la profesora Rasputín.
“Dijo que mis escenas dramáticas no se veían lo suficientemente reales. Dime, ¿quién DIABLOS actúa bien una escena dramática? ¡Nadie! Apenas toca la escena dramática se rompe la cuarta barrera del teatro y cualquiera se da cuenta que está en una puesta en escena. Las personas sobre actúan el drama porque creen que se verá más real, pero eso solo deja un trabajo mediocre.”
“¿Qué quieres justificar, entonces? ¿Acaso hiciste un trabajo mediocre a propósito?”
“No, eso tampoco”, suspiró y arrugó la bolsa de papas que ya había acabado y la botó en un tacho de metal. “Sino que su criterio de calificación debería basarse en otras cosas. Igual tiene razón porque sé que fallo en eso, pero su examen es muy exigente y no califica lo que debería.”
“Difícil”, la rubia chasqueó la lengua. “Illyana es la profesora más jodida de todo el staff, ama poner trabas para que no entre cualquiera y se obsesiona con las escenas de drama. Es toda una obsesiva compulsiva.” Se rió.
“¿Quiere Illyana drama?”, Sayaka resopló enojada. “Existe más drama en un estúpido problema matemático que en su maldito monólogo.”
“¿Tan mal escrito estaba?”, alzó una ceja.
“Pues si ella cree que un rapto al infierno es un suceso dramático, debería intentar aprobar estadística grupal. Eso sí es drama, al menos en el infierno no tienes padres que te obliguen a graduarte de la universidad.” La rubia rió levemente. “Ya, me tengo que ir”, le dedicó una sonrisa cansada a su compañera de desquite. “Gracias por escucharme, diviértete con Illyana.” Se volteó, pero en eso recordó algo. “¡Ah! Si ves a la profesora Pryde, dale un abrazo de mi parte.”
“¿Qué, cuánto te puso ella?”
“Un sobresaliente”, le dijo ahora sí con una sonrisa y alzando ambos dedos pulgares. Fue recién en ese momento en que la rubia se quedó perpleja, como si la observara por primera vez.
“Kitt— ¿Katherine te puso un sobresaliente?”
“Sí, al menos alguien ahí sabe apreciar el talento en bruto.” Comentó cerrando los ojos y saboreando su única victoria. “En fin, nos vemos dentro de 6 meses, gracias por soportarme, ¡y no te olvides de ese abrazo!”. Dicho esto Sayaka se fue rápidamente del lugar antes de darle oportunidad que contestara, ya que todavía tenía una deuda pendiente con toda la comida de la casa y llorar en los brazos de Tatara.

***

“¡Hey!”, Tatara dejó de lado su libro y le sonrió al verla llegar. “¿Cómo…? ¿Pasa algo?”, preguntó preocupado al ver la seriedad en su rostro y más aún cuando este se contrajo en una mueca de tristeza total y empezaban a asomarse lágrimas.
“T-Tatara… Yo, y-yo…”, pero en eso antes de que pudiera seguir, el celular de la peliceleste comenzó a sonar. Esta le hizo un gesto de espera a Tatara y volvió a salir del departamento para tomar la llamada de la Academia, que vaya a saber dios qué querían. A lo mejor se había olvidado algo. “¿Sí?”
“Buenas tardes, ¿con la señorita Miki?”
“Ella habla.”
“Señorita Miki, soy Piotr Rasputín, de la oficina de admisión. Llamaba para decirle que ha habido un cambio en su examen de monólogo.”
“¿Eh? ¿Qué?”
“Verá, la decisión de los exámenes es inapelable a menos que los mismos profesores deseen cambiar la nota que otorgaron en un primer lugar, pero para ello se les pide que comuniquen las decisiones tras su cambio para evitar así posibles malentendidos.”
“¿La profesora Rasputina cambió mi nota, entonces?”, preguntó sin entender aún qué era lo que sucedía.
“Sí, ella se acercó hace poco a la oficina para cambiar su nota a un aceptable, el mínimo que necesitaba para aprobar. En cuanto a las razones dice que habló con la profesora Pryde sobre su ensayo y ella resaltó lo mucho que le había gustado, pidiéndole que le diera una oportunidad.” Sayaka deseó con toda su alma que su nueva amiga rubia le diera un abrazo enorme a esta alma enviada por el señor. “Además de eso citó como razón que igual nadie sabe actuar drama, según ella, todos rompen la cuarta barrera al hacerlo. Y al volver a revisar su actuación dice que tiene una fuerza interna tan grande que hasta podría destruir máquinas expendedoras”.
“… ¿Ah?”
“Jaja, espero no haberla confundido mucho, pero así escribió ella en el papel para que le informara. En pocas palabras, es usted bienvenida a la Academia Art [et] Eatro y puede acercarse durante la semana para inscribirse.”
“Ah… Ok…”
“Mucho gusto, espero verla pronto.”
“…”
“¿Qué pasa?”, preguntó nuevamente Tatara, pero Sayaka simplemente entró a la casa y fue directo a la computadora del rubio, quien la había dejado sobre la mesa. “Preocupas, ¿sabes? ¿Qué te cuesta contar—?”
“HUSH”, con esto lo calló de nuevo y siguió buscando algo. Su amigo, molesto, decidió ver qué hacía y se encontró con que Sayaka buscaba a alguien por facebook.
“Illyana Rasputina…”, leyó mientras miraba la foto de perfil de una chica de cabello rubio largo, ojos celestes y con cara de asesinar gatitos como hobbie. “¿Y esa quién es?”
“Tatara”, murmuró la peliceleste mortificada, “Le dije al diablo que odiaba al diablo.”
“¿Quieres explicarte mejor?”
“Devil wears Prada meets Broadway.”
“Ah…”
“Ah, indeed.”

***
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Sayi on December 29, 2014, 02:32:15 PM
Estaba por dejar el aporte de este proyecto para el próximo mes pero tras ver a tantas postear i had to join innn

Dramadramadramadrama.

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Medley 7: Red Lights

La noche había sido un éxito. El público pedía por más, pero los Young Guns sabían que lo más inteligente era dejar el resto de su repertorio para el próximo fin de semana.

Lo importante era que habían cumplido su objetivo: Convencer a Shizuo de quedarse. Y esto lo sabían por el pulgar que levantó el bartender apenas la audiencia rompió en aplausos.

“¡Lo hicimos!” Celebró Mine, todavía con la guitarra colgándole del cuello “¡No nos van a echar I’M SO HAPPYYY!”
“¿Se puede saber dónde esta su dichoso manager?” Hayato, el nuevo bajista, no compartía el mismo entusiasmo que el rubio “Debería estar presente para este tipo de cosas, ¿cierto?”
“Ya le mandé un mensaje de texto” le respondió Sayi. Dijo que estaba en camino.

Kaien tensó el rostro al escuchar eso, pero solo la vocalista se percató de su exabrupto. No hubo tiempo a preguntas, sin embargo, pues Mine les recordó que les tocaba despedirse por esa noche.

“¡Muchas gracias Stray Sheep! ¡We are The Young Guns: Buenas noches y hasta el próximo sábado!” Mine tapó el micrófono con una mano y se dirigió a sus compañeros “¡Que alivio poder decir eso!”

Fue así que la fuerte luminaria del escenario se apago, y fue reemplazada por la clásica ambientación de luces tenues y baladas de rock.
Los músicos no demoraron en recoger sus instrumentos y marchar en fila india hacia los bastidores. En el camino hacia los camerinos más de uno se les acercó, y tras esta presentación la nueva favorita parecía ser nada menos que Kim.

“¿Estas segura que deberías estar aceptando tanto trago?” le preguntó Hayato, mientras veía cómo la nueva baterista a duras penas podía balancear las bebidas que le venían regalando “¿No eras menor de edad?”
La pelirroja fulminó al bajista con la mirada y murmuró entre dientes “Y yo que pensaba convidarles unos cuantos”
“¡Hayato cállate!” le recriminó Mine, empujando al joven a un lado “¿Quieres que te ayude a cargar con un par de estos~?”

El largo pasillo que separaba el bar de los bastidores los recibió. La poca luz de ese ambiente ya estaba condicionada para ellos como sinónimo de final de la presentación, por lo que una vez estuvieron fuera de vista, los cinco músicos se sintieron libres para al fin relajarse.

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Solo había un pequeño detalle que molestaba a Sayi y era la actitud de Kaien. Mientras el resto había sido evidente en su felicidad por el éxito de la presentación, su amigo parecía encontrarse fuera de sí.

“¿Estás bien?” le preguntó. Los demás ya habían llegado al camerino y se encontraban bastante distraídos en dividir el alcohol.
“Si, estoy bien” No era cierto. Lo sabía, pero la joven optó por darle el beneficio de la duda “Me alegra que todo saliera bien hoy”
“¡Si! Shizuo se veía contento… o al menos ese pulgar parecía contento. Con ese sujeto y sus cambios de ánimo hay que tener cuidado” comentó Sayi “Peeero, al menos conseguimos quedarnos. Hubiera sido jodido terminar en la calle ahora”

Kaien sonrió para si mismo y se quedó en silencio. Al final del pasillo se escuchaban a Hayato y Mine discutiendo cuando en eso Sayi rió por una ocurrencia del rubio.

“Creo que mejor vamos a separarlos, ¿no te parece?”

Pero Kaien la detuvo en seco.

“A decir verdad hay algo que debo decirte”
“¿Qué paso?”

Pero su amigo se quedó en blanco. A Sayi le extraño que el joven tuviera tantos problemas para decirle algo. Kaien nunca había tenido problemas en ser honesto y decir las cosas de frente, por lo que debía tratarse de algo especialmente difícil.
Lo que más preocupaba a la peliceleste era que tan grave podía ser para no haberle dicho nada hasta ahora.

“¿Kaien?” Pero Kaien tenía los labios tensos. La peliceleste se acerco más. Quizás se sentía incómodo confiando algo cerca de los nuevos “Puedes decirme lo que sea y lo sabes”
“…Lamento mucho tener que hacer esto”
“¿Hacer qué?”

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La puerta que dividía el bar de los camerinos se abrió de golpe y Spike se asomó. Parecía haber corrido, pues era evidente que le faltaba el aire… o el ejercicio.

Al ver a Kaien, el castaño sonrió ampliamente y caminó hacia ambos.

“¿Qué haces aquí?” le preguntó Spike “¿Osea que decidiste quedarte con ellos? Me sorprende que no tomaras la oferta pero…”

Sayi miró confundida a su manager y seguidamente a Kaien. Al ver la incomodidad en el rostro de su amigo, el por qué de su actitud finalmente comenzó a formar una razón.

“¿Quedarte?” preguntó la peliceleste, una vez más, dándole el beneficio de la duda.

Spike intercambio miradas con ambos músicos y se llevó una mano a la nuca, percatándose de lo que acababa de hacer.

“Eh, estaré esperando en la barra si me necesitan…”
“Espera Spike. Ya que estas aquí dime lo que sabes, por favor” le pidió Sayi “Viendo que Kaien no quiere decir nada”
“Sayi…”

Spike sacudió la cabeza fuertemente. Esto era precisamente lo que quería evitar; el drama, la confrontación, el llanto…
El manager no dijo nada más y salió a zancadas del pasillo, cerrando la puerta tras él.

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“Escucha…” Su amiga estaba cruzada de brazos y Kaien trataba de tomar las palabras adecuadas. Tenía que ser muy cuidadoso para que nada empeorara la situación “Me ofrecieron un contrato... para formar parte del nuevo proyecto de una disquera extranjera”
“¿Un proyecto? ¿Algo de solista o…?”
“Una banda. Me quieren como guitarrista para un grupo” La vocalista asintió con la cabeza al escuchar la palabra banda. Sayi sonreía amargamente y a Kaien le dolió verla así “Lo siento mucho. Intenté convencerlos de que los audicionaran a ustedes, pero me dijeron que ya tenían las posiciones ocupadas”
“Gracias Kaien. Aprecio el gesto” atinó a decir la peliceleste
“Entiendo que te molestes, tu y el resto. La verdad es que me odio un poco por tener que irme así, pero espero entiendas… es una oportunidad única” Y terminó de decir “Jamás imagine que se me presentaría algo así”

Esta vez fue Sayi quien no dijo nada por largos segundos. Solo cuando empezó a llorar fue que se le escaparon un par de risas.

“Ay, dime que estoy soñando” dijo “No puedo creer esto ¿Me estás hablando en serio?”
Kaien estaba apenado, de pie frente a ella “Es en serio”
“Pues entonces vaya mierda Kaien” le espetó, agitada entre lágrimas, risa y coraje “Es que no entiendo como puedes decirme estas cosas. Es que no solo que te vas… sino que te es suficiente que te dijeran que nuestras posiciones estaban ‘ocupadas’. ¿En serio? ¿Somos tan fáciles de reemplazar?”
“¡No quise decir eso!” El pelinegro la tomó de los hombros pero su amiga se libró de él. Kaien cerró los ojos y respiró hondo antes de continuar “Escucha, yo…”
“¡¡No quiero escucharte más!! ¿¡Que no viste lo que Mine y yo hicimos por seguirte!? ¡Creíamos en nosotros! ¡Yo creía que teníamos oportunidad juntos, que seríamos grandes y ahora tienes la concha de decir que jamás…
“Sayi”
“…imaginaste…”
“Déjame hablar”
“…que se te ‘presentaría’ algo así?! ¿Qué mierda fuimos para ti entonces?”
“¡¿Pero qué está pasando?!”

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Los gritos de Sayi se habían colado por encima de la conversación en el camerino. Mine les había dado el alcance, mientras que Hayato y Kim miraban la escena desde la puerta.
El rubio miró asustado a ambos, pero se preocupó más por el llanto inconsolable de su amiga.

“¿Qué paso? ¿Kaien?”
“Que él te diga” le respondió Sayi. La vocalista caminó hacia el camerino, y tanto Hayato como Kim le hicieron espacio para dejarla pasar.

Con bolso en mano, la peliceleste se detuvo frente a sus amigos solo para señalar a Kaien.

“Que te vaya bien. No quiero volver a verte” Y dicho esto se marchó.

El lugar se quedó en un silencio prolongado hasta que un Spike ligeramente más ebrio se volvió a asomar con margarita en mano.

“¿Ya paso el drama?”

Pero al no recibir respuesta volvió a desaparecer tras la puerta.

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Tenía suerte que era sábado en la noche, y la mayoría de personas se encontraran distraídas en sus propios grupos y conversaciones como para percatarse de la loca que corría como descosida por la calle.

Esto era una pesadilla.

Odiaba llorar en público, y odiaba aún más no poder dejar de llorar por más que lo intentase. Pero la verdad era que no quería hacer otra cosa que no fuera gritar… y llorar. Llorar a todo pulmón hasta que ya no le importara nada.

Era la primera vez que se sentía así de menospreciada, y para colmo por una de las personas más importantes para ella. Esto había sido un golpe bajo… y es que su futuro giraba entorno a su grupo, junto con Kaien y Mine.

Las cosas se habían ido a la mierda de la peor manera posible.
¿Qué se suponía que debía hacer ahora? ¿Acaso Milch había estado en lo cierto todo este tiempo?

Quizás fue por la prisa, la falta de aire o la maraña de cosas en su cabeza, pero la joven no se fijó en el desnivel que marcaba el final de la cuadra. No se fijó en el semáforo, ni en el cambio de cemento a asfalto.

Se detuvo en seco cuando un claxon retumbó en sus oídos y las luces altas de un coche la cegaron. No pudo ver el momento en que el parachoques la golpeó, levantándola para estrellarla contra el parabrisas. El freno intempestivo hizo que rodara por el capó hasta caer a la pista.

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“¡HIJA DE---!”

Activó las luces de emergencia y se quedó helado en su asiento. La música clásica en su estéreo no le ayudaron a apaciguar sus nervios, y le tomó unos cuantos segundos tomar el valor de abrir la puerta para fijarse en la muchacha que acababa de atropellar.

El semáforo estaba en verde pero aún así esa maniática había cruzado a toda carrera, deteniéndose solo cuando él tocó la bocina y dándole apenas unos segundos para pisar el freno a fondo. No la había golpeado muy fuerte pues el vidrio no presentaba daño alguno… pero uno nunca podía desestimar un accidente de tránsito.

Sea quien fuese, la chica tenía suerte que ese día no había estado acelerado como de costumbre.

Tae Kyung cerró la puerta del piloto y caminó con cautela para observar los daños. La chica parecía inconsciente, pero no había sangre en ningún lado y eso le hizo respirar un poco más tranquilo.

Tenía miedo de sacudirla o levantarla por temor a que estuviese lastimada, pero para su buena suerte la peliceleste volvió en si por su cuenta. Apenas se incorporó se llevó una manó a la cabeza, quejándose del dolor.

“S-si te duele algo deberías ir al hospital” le aconsejó el joven bastante nervioso “Puedo llevarte, pero no pienso correr con los gastos, te advierto. La luz estaba en rojo para ti”

Sayi se quedó en silencio. Le dolía todo el cuerpo, como si todas las resacas de su vida hubieran regresado para caerle a golpes. No obstante se puso de pie, y el joven frente a ella hizo lo mismo.

“Estoy bien” respondió “Pero deberías estar más atento a las personas”
“Lamento haberte golpeado, pero todo esto fue tu culpa” le recordó el pelinegro “¿No te enseñaron que no debes cruzar en luz roja?”
“No necesito esto ahora”
Al ver que se trataba de alguien poco razonable, Tae Kyung optó por terminar con ese encuentro cuanto antes “Al parecer no hubo daño alguno. También agradece que no hubo ningún daño a mi carro. Te podría haber salido bastante caro”

Sayi intentó aniquilarlo con la mirada, y por la luz del carro, el pelinegro se percató que la joven estaba llorando.

“¿Estás segura que estas bie—?“ pero se detuvo el momento en que la peliceleste levantó ambos puños y los golpeó con fuerza contra el capó de su Audi “¡¡¿POR QUÉ HICISTE ESO?!!”
“Listo, estamos a mano” le respondió, al mismo tiempo que recogía su bolso y retomaba carrera lejos del lugar.

Tae Kyung continuó insultándola de mil y una maneras pero no corrió tras ella. Cuando dedujo que no le cobrarían mucho por levantar la abolladura, el pelinegro la maldijo una última vez antes de retirar su teléfono y llamar al mecánico.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Cho on January 15, 2015, 12:21:44 AM
*repost/no cuenta para probaciones*

9

Era la tarde después de clases y al no tener mucho en mente, Sora fue hacia el mall principal de la ciudad. Era muy conveniente que el colegio privado estuviera apenas cruzando una avenida principal, garantizando que se llenara de estudiantes en las tardes.
Sus dos amigos se excusaron al estar ocupados, así que Sora decidió darse la tarde libre, paseando por ahí y agarrando comida rápida en algún simple puesto de comida de su preferencia. El mall como siempre probaba ser muy popular y llenarse con rapidez de otras personas, por lo cual esperar por su almuerzo y encontrar un lugar para comer tomó algo más tiempo del esperado.

El tiempo que pasó solo y en silencio le hizo recordar la visita de sus amigos el día anterior. Sabía que por más tiempo que tuvieran y por más libres que se encontraran en el momento debido a ser todavía estudiantes de secundaria, tendría que tomarse sus sueños más seriamente. Tenía que dedicarse y aprovechar todo el tiempo que tenía. Viendo a sus hermanos menores, ellos tomaron todas las oportunidades que se les presentaron, lo cual les había hecho llegar a donde estaban en el presente, y aun con esa cómoda y realizada vida todavía daban lo mejor de sí mismos. Tenía que reconocer que eran talentosos y admirables… pero si Luso se enteraba algún día que ese pensamiento había surcado brevemente por su mente en algún momento de la existencia no podría vivir en paz nunca más.

Luego de sacarse ese poco de meditación de su cabeza y de terminar su comida, fue a pasear por el mall repleto de gente, sin tener mucho en mente aparte de mirar lo que estaba en exhibición. Era un mall grande y si bien había tenido pensado disminuir sus gastos para darle la contra a Luso sobre el tema, con tanto que ver uno podría no resistir la tentación.

Fueron dos pasillos muy grandes que surcó, rodeado de personas, pero rápidamente identificó a una entre todos los grupos. Sora no pensó en ver a Reimu salir de una tienda cara de ropa, saliendo revisando un recibo pero sin bolsas de productos. Cargaba su maletín escolar el cual no debía tener espacio para una tienda con bolsas elegantes. ¿Qué hacía ella ahí luego de excusarse con algo ‘importante’ que hacer? Se le acercó antes que se fuera muy lejos.

“¡Reimu! ¡Reimu, espera!” Sora exclamó, caminando rápido para darle el alcance. De un momento a otro le vio sobresaltarse al notarle presente, y se giró con rapidez. Se le notó algo nerviosa y sorprendida, pero intentando sonreír.
“¡O-oh, Sora, qué sorpresa!” dijo ella, sonriendo incómoda. “¿Qué haces por aquí?”
“Vengo por aquí en la mayoría de mis días libres, lo sabes,” él le miró confundido. “Tú eres quien no viene aquí con frecuencia, siempre pensé que todo era muy caro para ti.”
“…” ella sintió un tic en la ceja, mirándole con molestia, pero decidió ignorarle. “Decidí ir por mi cuenta esta vez, tener un poco de espacio y pasearme por aquí, eso es todo.”
“Pero al menos me lo hubieras dicho. Hubiéramos comido juntos o hacer algo,” le miró sospechosamente. “¿Estás ocultando algo?”
“Hm,” sonrió con indiferencia. “No es de tu incumbencia.”
“De no ocultarme nada no habrías dicho esto, es obvio. ¡Entonces sí ocultas algo!”
“Está bien, oculto algo,” Reimu sonrió sin importarle y vio a Sora mirarle en silencio. “¿Por qué me miras con insistencia?”
“Admitiste que ocultas algo,” declaró él, seguido de un momento de silencio. “¿Qué es?”
“Sólo porque admití que oculto algo no quiere decir que lo diré. Respondí tu pregunta,” Reimu sonrió simpáticamente. “Te contesté, ¿me dejarás en paz?”
“¿Por qué te vas?”
“Hmm, estoy en una visita solitaria, creo que lo dije,” Reimu fingió pensar y volvió a sonreír con simpatía, una simpatía que siempre se podía cuestionar. “Tengo mejores cosas que hacer, de seguro hay algo que estudiar. Hasta mañana, nos vemos.”
“No te vayas,” Sora miró el recibo en su mano. “¿Qué es eso?”
“N-nada,” Reimu volvió a mostrar incomodidad, mirando a su recibo como quien se había olvidado de tenerlo en mano.
“Déjame verlo.”
“No, es personal.”
“Un recibo no es personal, y has salido de una tienda normal como otras. ¿Por qué insistes en ocultarlo?”
“¿Y por qué tú insistes en hacerme mostrar algo que no quiero mostrar?”
“Porque actúas raro y como amigos esperaría que no me ocultaras nada. ¿Por qué no vas a confiar en mí?”
“Cosas de chicas…”
“No me convence, tú no eres una chica normal.”
“¿Eh?” Reimu se sorprendió un poco. “¿E-ese comentario fue bueno o malo?”
“Sólo déjame ver tu recibo,” Sora se acercó, pero su intento de quitárselo no le sorprendió y Reimu reaccionó y movió su mano. “¡Dámelo!” volvió a moverlo a otro lado. “¡Deja de ocultarlo!” saltó, pero ni eso fue lo suficientemente rápido porque volvió a mover la mano con el recibo a otro lado, con una facilidad extrema.
“Deja de insistir,” reclamó ella, algo molesta. No esperaba que él le pusiera desafío en reflejos, sobre todo porque Reimu confiaba en sus capacidades como becada en el departamento de deportes.
“Tú deja de actuar así,” Sora volvió a extender su derecha para arrebatarle el recibo en vano, pero con un mismo movimiento, usó su izquierda para agarrar su otro brazo y jalarle hacia abajo, desestabilizándole y dejándole vulnerable. Debido a que ella tuvo que recobrar su balance, Sora llegó a aprovechar para quitarle el recibo.
“¡Eso es trampa!” la chica se ofendió. No estuvo preparada para eso.
“Veamos,” Sora de inmediato dio pasos rápidos hacia atrás, impidiendo que ella lo recuperara, y se puso a leer el recibo. Mencionaba un chal. “¿Eh? ¿Es una devolución?”
“Sí,” le arrancó el recibo y luego de guardarlo en su maletín, desvió su mirada, algo molesta e incómoda. “Hice una devolución, ¿entendido?”
“S-sí pero, ¿cuál es el problema?”
“Ah, te olvidaste. Mejor,” se encogió de hombros y se fue caminando.
“¡Oye, no actúes así!” le volvió a dar el alcance. “¿De qué devolución hablas? Dime.”
“…” ella dio un suspiro. “Supongo ya no tengo por qué ocultarlo. Devolví el chal que me regaló Luso… nada más…” se le notó apesadumbrada.
“¿En serio? Pero recién te lo regaló ayer,” pensando en que su chofer le había dejado en su casa en la noche y de ahí tocaban clases temprano en la mañana, Reimu claramente lo había devuelto en la primera oportunidad que tuvo.
“Sí, sí, lo sé. Y lamento mucho tener que devolverlo… p-pero no pude contenerme,” bajó su mirada, apenada, y también reteniendo leve molestia con Sora por ese mal rato.
“Pero en verdad no entiendo por qué tienes que hacer tanto lío,” Sora miró hacia arriba con confusión. “El mismo Luso te dio el recibo diciéndote que tenías cinco días para cambiarlo por dinero si lo preferías. Eres libre de hacer lo que quieras.”
“Pues sí, yo sé, pero tú eres su hermano y estuviste ahí…” desvió su mirada, con molestia. Volvió a dar un suspiro para tranquilizarse. “Es un poco vergonzoso… y también es una falta de respeto para tu familia y todo…”
“Me sorprende que menciones eso como una razón,” Sora negó, frustrado. “Ni que Luso y yo tuviéramos una discernible compatibilidad o estima entre nosotros para que me sienta ofendido. En verdad no me importa en lo más mínimo.”
“No deberías decir cosas así, Sora,” Reimu sonrió, encontrándolo gracioso.
“Has hecho lo que quisiste hacer así que no te preocupes más.”
“Sí… lástima, en verdad me gustaba ese chal, los colores y detalles eran bonitos.”
“Hm, supongo…” Sora alzó su mirada, sin saber qué decir. “Si en verdad te gusta, date un gusto. No deberías ahorrar dinero toda tu vida.”
“…” Reimu abrazó su maletín de escuela donde seguramente tenía el dinero, como si este se viera amenazado, y siguió caminando con decisión. Sora dejó caer su cabeza a un lado. Tenía sentido; de darse a escoger entre casi cualquier objeto del cual su amiga no dependiera vitalmente y el dinero, Reimu siempre iría por lo segundo.

Ellos siguieron caminando, y un corto silencio fue lo que bastó para dejar ese tema aparte y acabado. Los dos pasaron a hablar brevemente del colegio y también mencionar un poco sobre retomar la práctica de la banda, la cual habían dejado olvidada.

Y luego de comprarse galletas choco chips cortesía de Sora, los dos llegaron a otro amplio pasillo del mall, donde había muchas personas presentes, congregadas en un punto donde debería ser otro kiosco en medio de camino. Por la presencia de camarógrafos y la prensa, claramente ocurría algo importante, así que Sora y Reimu se asomaron a ver qué ocurría.

Llegaron a asomarse justo en el instante en que Vert cortó una cinta con unas tijeras sobredimensionadas, con la mejor de sus sonrisas, y varias personas empezaron a aplaudir por esa acción, al igual que sus compañeras Hearts. Era la inauguración de un pequeño kiosco con mercancía de la banda, un evento que claramente ellas iban a atender para darles a todos la bienvenida.

“No se olviden de aprovechar los descuentos de apertura y seguir nuestras recomendaciones por Facebook,” dijo Noire, sonriendo.
“¡Muchas gracias a todos por su continuo apoyo! ¡Son lo máximo!” exclamó Neptune efusivamente, saltando en su sitio y sonriendo con alegría.
“Pronto les tendremos noticias de competencias y sorteos como consumidores de nuestros productos, no les decepcionaremos,” Blanc dio una reverencia, su callada y modesta forma de agradecer la atención.
“Hasta pronto a todos, tengan una agradable tarde y nos estamos viendo~” Vert se despidió con una mano, manteniendo su sonrisa. Procedieron a retirarse, rodeadas de guardaespaldas, mientras varias fans adolescentes intentaban alcanzarles por autógrafos. Las cuatro se miraron entre ellas y decidieron hacer una corta pausa en su recorrido para atender algunos saludos y firmarles, como agradecimiento.
“¡Chicas!” Reimu llegó a abrirse, notando que Sora no fue tan rápido en saber evadir a toda la mancha de gente. “Muchas felicidades.”
“¡Reimu!” Neptune corrió a abrazarle. “¡Qué agradable coincidencia! ¿Vas a ser una consumidora frecuente en nuestra tienda? ¡¿Sí verdad?!”
“Veré, veré, haha.”
“No le presiones, Neptune. Reimu es muy tacaña,” explicó Blanc, viendo a Reimu frustrarse un poco por su observación. “No es intento de ofensa Reimu. Gracias por asistir, es bueno verte.”
“También me alegra verles en acción, son muy talentosas, y tienen mucho carisma,” Reimu asintió. “El rol de ídolos les queda bien.”
“Tengo que agradecer a nuestro equipo y ayudantes, no lo habríamos logrado solas,” dijo Noire, sonriendo con profesionalismo. “Pero también tenemos nuestra pizca de talento y las ganas dadas por los fans. Todos lo hacemos funcionar.”
“Son palabras muy sabias,” Vert asintió. “Lo que más me gusta es el equipo que las cuatro hacemos y nuestra convivencia es una alegría y bendición para mí todos los días.”
“¡R-Reimu! ¿Dónde estás?” Sora intentaba abrirse entre todos, y se vio un brazo salir de la multitud, tratando de llegar al frente.
“Deberíamos irnos,” Blanc se dio media vuelta. Las otras tres intercambiaron miradas, y luego de frustrarse levemente, tuvieron que acceder. Ellas continuaron caminando, siendo seguidas de la prensa y el grupo de personas. Reimu miró a Sora quedarse confundido.

“Justo iba a llegar, ¿por qué se fueron?” preguntó él.
“P-pues, quizás Blanc no estaba de un buen humor…” su amiga se encogió de hombros, sonriendo nerviosamente. Era claro que ella no quería tener que lidiar con su hermano, menos en momentos tan abiertos y frente al público. Quizás podría temer quedar mal frente a los demás.
“No tienes que decirme nada, puedo adivinarlo,” Sora sentía que no era la única vez que Blanc le ignoraba olímpicamente, sólo siendo abierta cuando estaban en casa. “¿Será que le avergüenzo o algo?”
“Hm… eso se puede arreglar.”
“¿Arreglar?” no lo negó, al menos le fue indirectamente honesta, si es que eso se podía considerar como honestidad.
“Sólo preséntate como un mejor hermano mayor para ella, tal vez estudiando más, trabajando más en la banda. O al menos no llegar a tantos desacuerdos con ella todo el tiempo. Te puedes imaginar que una discusión frente a tanta prensa se vería mal.”
“En eso tienes razón,” esa observación tenía sentido, le hacía sentirse un poco mejor, pero aun así, era verdad que ellos no se llevaban bien.
“Un paso a la vez,” Reimu sonrió. “¿Qué tal si te acompaño a tu casa? Podemos quedarnos estudiando y hacerte un mejor hermano.”
“N-no gracias, hoy ya tenía planes.”
“Planes de tener tiempo libre, sin duda,” le miró fijamente, notando que su amigo no pudo desmentirse. Sonrió restándole importancia. “Está bien, al menos podríamos ver algo de la banda, ahora que ya sabes por qué me excusé no tengo que escaparme.”
“Eso sería mejor,” en verdad no tenía planes, y mientras no tuviera que hacer nada pesado con ese día proclamado libre, no le incomodaba. Siempre daba la bienvenida a presencia de sus amigos, mientras Luso no le arruinara la tarde.

Luego de ponerse de acuerdo, procedieron a continuar con el corto paseo por el mall en lo que el chofer de Sora les daba el alcance. Con un poco de esfuerzo y dedicación, algo podría salir en medio de la tranquila rutina, al menos eso era lo que esperaban.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Cho on January 15, 2015, 12:27:57 AM
Este es otro repost aunque agregué como 300 palabras de diálogo por ahí, luego lo contaré debidamente. Ahora voy a esperar a que alguien más postee para no tener tres posts seguidos (...)

10

Por la presencia de personas, artistas, entre otros, en Eastwood, se podía decir que era una de esas ciudades que nunca dormían. Siempre había algo que ver, hacer, presenciar, y con qué ocuparse, hasta para aquellos con gustos refinados o algo distintos a los de los demás. Esa apreciación era adecuada de compararse con otras ciudades más tranquilas, pero la simple verdad era que ninguna ciudad dormía. Algo siempre ocurría, fuera donde fuera, y había personas que, pretendiendo ser parte del ambiente, tenían los ojos abiertos constantemente para registrarlo todo.

A ellos se les llamaban de distintos modos. Testigos, curiosos, chismosos, reporteros, etc. En Eastwood habitaban en gran cantidad, bajo un nombre un tanto más explicatorio: paparazzi.

Cada uno de ellos tendía a tener sus preferencias, alcance, área, y entre ellos mismos había una relación muy interesante. Todos tenían una pasión a la información enorme, y debían mantenerla durante toda su carrera y posterior trabajo para no quedarse atrás y ser derrotados por los demás con quienes convivían y competían. Era muy raro tener un pase libre a detalles o eventos muy exclusivos, y si dicho pase era de algún modo posible de conseguir, también habría competencia. Por ello, era de vital importancia sacarle provecho a cada evento, cada encuentro casual con celebridades, cada mínima e inoportuna ráfaga o mal tiempo que trajera un escándalo. Ellos eran como personas normales, y tenían el mismo alcance, pero con una costosa cámara y necesidad de reportar material todo el tiempo, debían encontrarlo todo y a veces hasta salirse del camino correcto esperando no meterse en problemas mayores. Todos los paparazzi se conocían, sabían detalles interesantes de cada uno, podían trabajar juntos y a veces andaban en lo que parecían manadas. Se llevaban bien, ocasionalmente había un leve recelo por la buena fortuna de alguno, se auxiliaban en ocasiones y en cada evento de importancia se les podía oír hablar para informarse de la situación, pero en el momento de los hechos, terminaban peleándose con empujones y codazos con tal de sacar la mejor foto.

Con todo lo que había en Eastwood, era el lugar ideal para que muchos excelentes fotógrafos se desarrollaran como paparazzi, y si bien la competencia era compleja, la cantidad de información que el mundo demandaba de artistas y los medios disponibles de comunicaciones prometían al menos una paga modesta si se sabía tomar buenas fotos.

Era un tema delicado. Esos dudosos reporteros muchas veces se ganaban mala fama y podían meter a gente importante en problemas, ganándose problemas ellos mismos. Había eventos donde también se prohibían su asistencia o famosos que contrataban guardias como si se echaran litros de repelente, con tal de alejarlos. En caso de haber algún famoso haciendo un gran boom y lanzarse al estrellato como un cohete, su vida diaria se vería envuelta de gente siguiéndole y esperando cualquier momento, cualquier mínima debilidad. Se vería al día siguiente más de tres periódicos populares publicar el insignificante percance en primera plana, cada compañía usando fotos de un paparazzi distinto, en distintos ángulos, distinto balance de blanco, pero el mismo instante. Las masas comían los escándalos, lo disparaban por todo el Internet, eran recordados en la televisión, las noticias, hasta en los descansos de sus clases o trabajos. Ello justificaba el trabajo incansable de aquellos reporteros, les daba impulso y presupuesto para seguir. Pero al mismo tiempo, de no ser por ellos trayendo cada detalle a la luz, ciudades como Eastwood podrían ser no tan despiertas, artistas podrían no llegar a ser tan conocidos, la industria no contaría con ellos ‘comerciales’ y llamadas de atención. Por ello, era también productivo para los famosos tener su lugar en las noticias y dejarse conocer. Lo más importante del caso era saber cómo crecer del chisme antes de ser atacado por ello, y sobrevivir con la fuerza ya ganada y con los fans que daban todo el apoyo. Algo difícil, algo que demandaba fuerza de la persona, y de pasar todos los males ratos.

Y entre los paparazzi presentes en Eastwood, todos conocían mucho sobre una bastante talentosa, quien no se perdía de ningún detalle. Era todavía joven, recién cerca de sus treinta, y con todo el espíritu vivo y aventurero como si cada noticia que llegaba a sus oídos significara una nueva odisea en su horario de trabajo, un horario que nunca acababa. Por ser una persona muy osada y atrevida, además de ágil e ingeniosa, había llegado a ganar una gran cantidad de contactos y recursos, resultando en excelentes ganancias al punto de haber formado un equipo que trabajaba para ella.

“Nosotros los paparazzi somos como aves de presa. Vivimos en el mismo espacio que los demás, pero tenemos unos sentidos que captan más allá de lo notorio para otros, y no tardamos en agarrarlo en el acto. Muchos lo pueden rechazar o tienen quejas que presentar, pero nos considero otro grupo más de la sociedad, y no se debe ver tan negativamente. Nuestro conocimiento e información es muy importante, ¿no les parece?”

Esas fueron las palabras que ella dio en una entrevista, hace ya algún tiempo, luego de que llamara la atención por tanto éxito que había tenido en su carrera. Por esas mismas palabras, la gente comenzó a referirse a ella y al grupo que trabajaba para ella como los ‘cuervos’ de Eastwood, un título que a ella no pareció molestarle en lo absoluto, hasta se rió y se llamó a sí misma Tengu, un detalle que sólo dio más de qué hablar. A fin de cuentas, el problema con ella no era lo que otros tenían que decir sobre ella, mas lo que ella tenía que decir o exponer de otros.

Como era de esperarse, se trataba de un personaje controversial. Tenía la mejor de las actitudes, paciencia, carisma, y siempre una sonrisa y trato cordial y gentil que a veces contrastaba drásticamente con su rol y acciones. También podía prender y apagar una presencia única de un modo que daba miedo, y todos sus blancos nunca sabían cuándo esperarle, a veces sorprendiéndose en salir en las noticias, con fotos infraganti. Sin lugar a duda, el nombre Aya Shameimaru generaba todo tipo de reacciones al sólo enunciarse.

Vivir en Eastwood y tenerlo como su centro principal de operaciones le llenaba de trabajo. Muchas veces tenía que mandar a sus ‘cuervos’ a cubrir historias, al estar ocupada todo el tiempo, pero ella misma se hacía del mayor tiempo posible, y no dejaba la acción. Ella no podía quedarse sentada por mucho, como en ese mismo día, al saber de la apertura del nuevo kiosco de productos de las Hearts, esa banda de chicas que había estado dando mucho de qué hablar, y quienes prometían noticias a futuro. Valía la pena darles seguimiento y una breve visita. Tan sólo esperaba no estar muy tarde…

“Ahí están,” dijo ella, en el copiloto de un pequeño carro, acompañada de tres de sus cuervos, con uno en el volante. Estaban por el amplio estacionamiento a las afueras del mall, y justo se veía al gran grupo de gente y las Hearts salir de dicho centro comercial. No había perdido su oportunidad. Se le vio muy contenta y colgó su cámara en su cuello, para dirigirse al chofer. “Aquí está bien, detente. Me acercaré a pie.”
“¿Está segura?” preguntó su ayudante, parando su marcha. Este era nada menos que Almaz, conduciendo el vehículo al haber sido dado ese trabajo. El joven todavía seguía siendo el más nuevo en la ‘parvada’ de paparazzi y no estaba muy cómodo con todas las acciones y planes de su jefa. “Puedo acercarles un poco más.”
“Es mejor no llamar atención al carro o lo asociarán conmigo,” Aya sonrió con energías, y le guiñó un ojo. De ahí, pasó a mirar a los otros dos cuervos por el espejo retrovisor. “Ya saben el plan. Mientras yo salga corriendo y llamando la atención de todos, ustedes van a salir y rodear el área, así no les verán llegar. Cuando les note presentes llevaremos nuestro excelente plan en marcha, ¿entendido?”
“Entendido, jefa,” contestó uno de los dos. Ambos estaban en plena acción de ponerse pasamontañas y agarrar lo que parecían ser ventiladores portátiles y recargables.
“Bien,” Aya asintió y agarró el hombro del piloto, haciéndole sobresaltarse un poco. “Y tú vete acercando muy lentamente al lugar de los hechos y espéranos a la altura de ese Range Rover celeste. Mantén el carro prendido y listo para partir.”
“Ehhh…” Almaz tuvo un muy mal presentimiento por las indicaciones. Ni sabía qué iban a hacer los otros tres en el carro.
“Volveremos con excelente información. Ponte en marcha ni bien todos salgamos.”

Con esas palabras, Aya abrió su puerta y salió apurada, acercándose a esa entrada del mall pasando entre los carros estacionados, para no llamar la atención. Mientras se acercaba, aprovechaba el tiempo ajustando la configuración de su cámara y preparando los detalles para empezar a tomar fotos, en caso de estar con prisa. Ya lista y con todo ordenado, sólo quedaba llegar a ese grupo que felizmente se había vuelto a estancar, para saludar a más de sus fans presentes.

“Uhh…” y Vert notó a esa escandalosa pelinegra cuando ya estaba a pocos metros de distancia. “Chicas, no quiero arruinar la fiesta, pero lo mejor es irnos cuanto antes.”
“Pero ya salimos del mall por presión de Blanc, al menos quiero saludar a la gente que nos ha seguido,” se quejó Neptune, un poco desanimada.
“No, Vert tiene razón, miren,” Noire notó a la paparazzi por la mención de la rubia. “Es la Tengu, lo mejor es no darle motivos para arruinarnos el día.”
“Ya hay paparazzi presente, esa Tengu no puede ser tan terrible,” Blanc había oído de ella, también visto anteriormente, pero todavía no entendía por qué todos hacían tanto lío al hablar de ella. “Estamos rodeados de guardias, no nos molestará.”
“¡Buenas tardes! ¡Un gusto verlas por aquí!” les saludó Aya, ya habiendo tomado una gran cantidad de fotos conforme se acercaba. Su disparador no conocía el descanso. La reportera se detuvo a distancia, tomando parte de los paparazzis que eran detenidos por los guardaespaldas. “¿Qué tienen que comentar de su día? ¿Algo interesante, único?”
“Sólo sigan caminando, chicas,” aconsejó Vert a sus compañeras, pacientemente. Las cuatro siguieron caminando, rodeadas de guardaespaldas que cumplían con su trabajo.
“No sean tímidas, chicas, son simples preguntas,” dijo Aya, intentando acercarse, con el leve empuje del guardia frente a ella haciéndole mantener distancia, algo que no afectó su buen humor o metas. “¿Cuáles son sus futuros planes con su negocio? ¿Cómo piensan desarrollarse?” con esa pregunta, volvió a acercarse, y volvió a ser levemente empujada. Iba a insistir, era evidente.
“Ya contestamos preguntas, llegaste tarde,” dijo Neptune, con una sonrisa, pero empezando a desconfiar de ella. Los rumores de la Tengu regresaban a su cabeza poco a poco, al verla presente.
“Sólo pido una pequeña y humilde consideración, como una fan de ustedes,” Aya sonrió educadamente, con sus intocables ánimos. Una mínima respuesta como esa siempre le inspiraba más a seguir. “Les viene muy bien compartir más conmigo, escribo excelentes artículos y puedo incrementar su fama mucho más. ¿Qué tal si les ayudo a promocionar sus productos preferidos?”
“No necesitamos ayuda, y estamos muy ocupadas, que tenga buen día,” rechazó Noire, con un porte fuerte y seguro, y un tono limpio.
“Yo también tengo cosas que hacer, pero haría espacio para chicas tan lindas,” sonrió, y de nuevo se acercó mucho, siendo nuevamente empujada hacia atrás. Alistó su cámara. “Déjenme tomarles una foto. Reconozco a los diseñadores de sus ropas.”
“Aléjate, sólo estás siendo una molestia,” reclamó Blanc, empezando a perder la paciencia con ella. “Ya terminamos aquí. No intentes ser tan familiar con nosotras como si te fuera a funcionar, no te oyes nada profesional.”
“Uhh, la pequeña y callada Blanc con sus honestas declaraciones, como se le conoce,” Aya se le vio por un corto instante apenada, regresando a sonreír, esta vez con inocencia.

Algo que los demás no notaron fue que los secuaces de Aya ya estaban muy cerca del grupo, y ocultos en medio de unos arbustos. Con ello, la Tengu sabía que el momento de actuar acababa de llegar.

“Como profesional, a la gente le gusta también entrevistas más familiares, da un sentimiento de estar más cercanos a sus ídolos. Una foto no dolería,” Aya intentó nuevamente acercarse, de nuevo siendo empujada con suavidad, pero al recibir el empuje, dio un giro rápido y hábil con su cuerpo, pasando al costado del guardia muy rápidamente, luego de haber estudiado cómo se movía. Atravesó su guardia y ello le llevó mucho más cerca de las Hearts de lo que ellas hubieran querido, sorprendiéndolas.
“Ahh…” Vert dio un suspiro, y se mostró algo severa. “Déjanos en paz.”
“¡Sí, acosadora!” exclamó Neptune, reclamándole.
“¡Pero qué lindas se ven de cerca!” comentó Aya, sonriendo brillantemente y esquivando al guardia, el cual no podía meterse mucho con ella porque los otros paparazzi también se avivaron e intentaban infiltrarse. “Unas fotos no lastiman a nadie.”
“¡Te dijimos que no!” respondió Noire con fuerza. Oír al disparador moverse repetidamente les dejó saber que ella les ignoraba, y estaba en pleno trabajo. Ello llenó de cólera a la más pequeña del grupo.
“¡Maldita arpía!” Blanc no se aguantó y la empujó, haciendo que Aya se cayera al piso boca arriba, todo con tal de proteger su cámara. La baterista del grupo miró a sus demás compañeras. “Vámonos, nuestros guardias nos han fallado, y ya me he hastiado.”
“Y este era un día tan agradable…” Noire apoyó un brazo en su cadera, con el otro moviendo una de sus colas laterales. “Qué desilusión.”
“Vamos a comer algo dulce y se nos irá el amargo,” sugirió Neptune.
“Sí, de una vez,” Vert asintió, y ella entonces recordó a esa repentinamente olvidada reportera, que yacía en el piso. La miró, y en ese momento, esa paparazzi envió una seña hacia uno de los arbustos cercanos…

El par de ‘cuervos’ usando pasamontañas saltaron y emplearon los ventiladores a máxima potencia. El fuerte viento impactó a las cuatro Hearts, cayendo en el plan de Aya. Las cuatro divas se encontraban descubiertas por las ráfagas, mientras que Aya yacía todavía en el piso, con su cámara apuntada hacia arriba…

“Shi-ma-pan~” canturreó la Tengu, con una sonrisa victoriosa en su rostro. Ella tomaba múltiples shots de las ropas interiores de las Hearts menores.
“¡AAAHHHHH!” gritaron Neptune, Noire y Blanc, rojas de vergüenza. Jalaron sus faldas y cerraron sus piernas. La extremadamente larga falda de Vert le había protegido de aquel cruel destino, quien de nuevo dio un suspiro de severa frustración. Le había dicho a sus compañeras que no le hicieran caso, de lo contrario quizás hubiera tenido la decencia de no sobrepasar sus límites. Las tres afectadas intentaron pisotear a la reportera, quien con un rápido giro pisó el piso y se levantó como resorte.
“¡Excelente elección de ropa interior!” Aya levantó un pulgar, tomando unas fotos más de sus reacciones. “No pienso hacerles quedar en ridículo esta vez, descuiden, pero el mundo debe saber que siguen la moda, y los shimapan le harán ganarse más fans masculinos, e inspirar a chicas a usarlos también. Deberían estar muy orgullosas. Son recientemente famosas, jóvenes y hermosas, pero todavía usan ropa interior. ¡Qué inspirador!”
“¡Desgraciada!” gritó Noire, comprimiendo sus puños a sus costados.
“Te… te odiaré por siempre…” Neptune hundió sus ojos llorosos en sombras, temblando de pies a cabeza, tanto de ira como de tortura interna y vergüenza.
“¡Te voy a despedazar!” Blanc no se contuvo y corrió hacia ella para atacarle. Aya aprovechó para tomar fotos consecutivas y registrar las expresiones de aquella volátil Heart junto con sus movimientos, para luego hacerse a un lado en el último segundo. Le vio girarse para volver a agarrarle, por lo cual Aya sacó un flash de su confiable canguro, y con ponerlo en su cámara, tomó una foto que cegó a su atacante, dándole la oportunidad para escapar entre todo el caos de los demás paparazzi causado por su descubrimiento.

La Tengu se perdió y se retiró con una simple y limpia sonrisa, corriendo para alejarse de la escandalizada multitud junto con sus dos ayudantes. En ese mismo instante, Vert se la pasó recordando a Noire de mantener su porte, consolando a una Neptune al borde de las lágrimas, y tranquilizando a una Blanc que bien podría desquitarse con el guardia responsable. Lidiaban con Aya, y luego de eso y también por la súbita fama del grupo era muy probable que la volvieran a ver muchas veces, así que tenían que estar lista para ella, y no darle vista a ninguna debilidad, tampoco el privilegio de verse vulnerables, molestas o con cualquier expresión negativa frente a ella. La reportera encontraría su modo de ser impecable, y era probable que ni pudieran ganar un caso de una orden de restricción. Y aun en el remoto caso de tenerla, siempre habría algo para la Tengu que explotar.

El amargo tendría que pasarse con más que dulces, aparte de que esa experiencia ya se había convertido en una lección de vida.

“¡Regrese!” se anunció Aya, entrando al copiloto de su vehículo junto con los otros dos. Por un ligero incremento en su entusiasmo, Almaz supo que ella fue victoriosa en conseguir algo que le satisfaga.
“¿Todo salió bien?”
“Sí,” ella asintió en el momento en que se ponía el cinturón, y sus ojos brillaron de seguridad y fortaleza. “Las tres Hearts menores usan Shimapan. Es nuestra historia.”
“Ehh…” el conductor se confundió. “J-jefa, temo preguntar lo que ha ocurrido…”
“No te preocupes, todo está muy bien. Haremos primera plana mañana, ya verás. Luego invitaré a todos a almorzar. ¡En marcha!”

El grupo partió, con el vehículo pasando desapercibido y las Hearts demasiado distraídas en retirarse en medio de paparazzi entorpeciéndoles el camino y fans que todavía demandaban autógrafos. La Tengu no sería la única paparazzi cubriendo el caos, con muchos con trabajo de antes y después de su intervención, pero sí se ganaría la atención principal como siempre lo hacía.

Las Hearts tendrían que lidiar con más visitas futuras, y no sólo ellas, sino todos con algún tipo de presencia o logro, tenían el lente de la farándula encima, listo para grabar cada detalle de interés.

Eastwood siguió con sus actividades y escándalos, gozando de su constante fama.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Miyu on June 28, 2015, 12:23:55 AM
Prólogo.
¿De qué está hecha la suerte? Algunos dicen que es un hilo invisible que ata lo que somos con los acontecimientos que nos suceden; otros, que es una ruleta ciega que gira sin preguntar nombres ni motivaciones. Yo prefiero imaginarla como un color que alguien, en algún momento, nos pasa del corazón al corazón.
“Let me pass my color to your heart”, susurra quien se va, convencido de que, aun muerto, seguirá defendiéndonos “at any cost”.
Pero ese color puede teñirse de osucirdad. La misma mano que reparte la bendición suele ocultar una maldición en el dorso de la palma. Porque la suerte no siempre sabe distinguir entre quien la merece y quien no; a veces ama a los necios y a quienes corresponde, odia.
La suerte nunca llega sola. ¿Bendición o maldición? Muchos creen que la fortuna es un regalo que se recibe y punto; otros, que es una herencia que se gana a fuerza de audacia.
Así, la misma palabra que pronunciamos con esperanza “suerte” se dobla en dos y resuena como desgracia.
Un corredor veloz cae por un tropiezo ajeno; un rey invencible muere por una flecha que nadie apuntó. La fortuna es ciega y loca.
Son eventos aleatorios que se salen del control humano, y ese azar, esa aleatoriedad, puede transformarse en algo negativo; esa línea entre la fortuna y el infortunio es tan delgada que incluso puede perjudicarte, como lo hizo conmigo.
¿De qué está hecha la suerte?
No es un don de los cielos ni una moneda al aire.
Es sangre seca en un vinilo.
Son ciento cincuenta y siete almas que no volvieron a casa para que una chica sobreviviera.
¿Cómo se consigue?
Se compra con silencios.
Se roba en pasillos oscuros de Chinatown.
Se firma con contratos donde las cláusulas son lágrimas.
Tú... ¿obtendrías suerte a costa de otros?
Vein lo hizo. Liu Xiao lo hace cada día.
Ellos arrancan alas para fabricar escaleras...
Y le llaman “éxito”.
¿Sacrificarías a otros para obtenerla?
La pregunta real es: ¿a cuántos usarías de chivos expiatorios para lograr esa fortuna manchada en sangre?
Si es Vein quien responde, dirá que es lo normal para destacar en este mundo que brilla con luces sintéticas de neón; Xavier se reirá en tu cara y se hará el inocente, mientras manipula a la gente a su alrededor para lograr su objetivo. Para ellos, no somos más que marionetas que giran en un rondó irregular, mientras ellos danzan con máscaras.
¿Cómo usarías esa suerte?
Mitsuko la convierte en acordes distorsionados.
Tianxi en mutismo.
Ling luchando por la felicidad de sus amigos.
Yo… en consuelo para los que el mundo marcó como defectuosos.
Porque la verdadera suerte no es sobrevivir, es atreverse a devolverle color al mundo, aun cuando el final esté escrito por aquellos que controlan el azar.

Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Cho on June 30, 2015, 03:53:33 PM
Bienvenida al fic, Miyu, espero que te diviertas~ Y aprovecho a que posteaste para dejar mi siguiente fic.

11

Era la tarde después de clases y Yomi se encontraba en su habitación, terminando una tarea. Ella se había escapado de encontrarse con sus amigas ya que necesitaba un poco de tiempo a solas y sin tener que soportarlas hablar de la banda. Luego de que no hayan podido reservar cupo para un cuarto de práctica, Tomo había decidido que se quedarían toda la tarde hablando sobre canciones o el tan controversial nombre de la banda, pero Yomi decidió desaparecer lo antes posible ya que sólo iban a perder el tiempo.

Había tenido alrededor de dos horas tranquilas para terminar con sus tareas para el día siguiente y le alcanzaba el tiempo para estudiar y luego relajarse con un baño, mirar televisión e irse a dormir. Por tantos intentos de prácticas de su banda en formación ya casi olvidaba qué era tener tiempo para sí misma. Pese a las delusiones de Tomo de ser una futura estrella, Yomi sabía que debía seguir estudiando, y por más que le gustara pasar el tiempo con sus amigas no podía distraerse demasiado. Bueno, todavía tenía el resto del día para sí misma así que con eso tendría las baterías recargadas para lidiar con sus ocurrencias al día siguiente.

Terminó con el último ejercicio y cerró su cuaderno. Alistó sus útiles para el día siguiente y sacó su pesado libro de historia, al cual daría una leída para practicar más tarde. Ni bien se encontró sin nada más que hacer, Yomi no pudo evitar sentir que su habitación estaba muy callada. Sus padres aún no regresaban y se encontraba completamente sola. El silencio le hizo quedarse quieta y meditabunda. Casi extrañaba a sus amigas. No tenía nada urgente que atender, así que pensó en recostarse en su cama por un rato, cuando en eso, entre todo el silencio de su hogar, oyó un extraño sonido venir de la cocina.

Fue como si un intruso estuviera en su casa y hubiera movido algo en su camino. Yomi sintió nervios y antes de hacer nada más, agarró su celular. Ella se acercó a su puerta cerrada para escuchar, pero no pudo percibir nada más. Al abrir, oyó lo que parecían ser diminutas explosiones, y caminó con cautela por el pasillo. Se detuvo al costado de la puerta de la cocina cuando pudo identificar la clase de sonido que era. ¿Alguien estaba utilizando su microondas?

El beep del final de la cocción le sobresaltó y pudo oír a alguien abrir el aparato. Yomi miró con terror a la pantalla de su celular y pensó en marcar a un número de emergencia, pero justo entonces oyó a una voz alegre exclamar, la cual anuló toda su alarma…

“¡El pop corn está listo!” exclamó Osaka, feliz de la vida.
“¡Osaka!” Yomi entró y gritó a su amiga, quien agarraba la bolsa de las palomitas recién hecha. “¡¿Qué haces aquí?!”
“¡AAHHHH!” la intrusa se asustó y soltó su snack. Al reconocer a Yomi, la pequeña dio un profundo respiro y recogió las palomitas. “Aw, no deberías asustar a la gente así, Yomi-chan…”
“¡Tú eres quien no debería asustarme! ¡¿Qué haces infiltrándote en mi casa?!”
“Fue idea de Tomo-chan,” Osaka sonrió como si todo estuviera bien en el mundo. “Ella me dijo que teníamos que venir a salvarte de tu soledad. Creo que fue a buscarte en tu propia habitación.”
“¿Qué?” Yomi se sorprendió, y luego dio un suspiro lleno de frustración. Tener a Osaka ahí era nuevo, pero Tomo sí era una infiltradora común en esa casa. “Tomo no debería andar enseñándote malas costumbres…”

Yomi decidió ir de regreso a su habitación para buscar a la orquestadora de la invasión. Abrió a puerta de su cuarto, y si bien no encontró a su amiga a primera vista, no tardó en notar a un molestoso bulto debajo de las mantas de su cama.

“¡Oye, Tomo!” se enfadó al ver a su amiga pretender dormir en su propia cama. Yomi agarró sus mantas y las comenzó a jalar, notando resistencia de la otra. “¡Sal de ahí! ¡¿Qué haces enseñando a Osaka a entrar a mi casa por las ventanas?!”
“¡Déjame, tu cama es cómoda!” reclamó Tomo debajo de las mantas. “¡Tengo sueño!”
“¡Entonces ve a tu propia casa!”
“¡Mi mamá está limpiando hoy! ¡Si voy para allá me hará ayudarle!”
“¡Pues no es una mala idea que ayudes a tu madre! ¡Vete!”
“¡No!” Tomo siguió jalando con fuerza. Ella intentó quedarse debajo de las mantas, pero desistió al oír el timbre sonar. “¿Eh?”
“¿Alguien está en la puerta?” Yomi se extrañó. No esperaba a nadie.
“Tal vez sea eso…” Tomo ladeó su cabeza.
“¿Qué cosa?”
“Ve a atender la puerta,” Tomo sonrió.
“…” Yomi dio un suspiro más profundo, y agarró a su amiga de improviso al jalarle fuera de su cama. “¡Ya, pero tú sal de ahí!”
“¡Ya, ya, tranquila!”

Yomi fue camino a la puerta principal, notando que Osaka estaba sirviendo el pop corn en uno de sus bowls. Abrió la puerta de su casa y vio a un repartidor de pizza.

“Buenas tardes, traigo su pedido,” reportó el repartidor, de inmediato desempacando la orden que traía.
“¿Ehh?” Yomi se desconcertó. “¿P-perdón?”
“Son dos pizzas familiares, una Hawaiana y otra Meat Lovers’, una porción de palitos de queso y una Pepsi de tres litros,” él le extendió un recibo. “Este es el total.”
“¡¿Q-qué?! ¡P-pero yo no-!”
“Finalmente…” Mai apareció como un espectro a su costado y pagó la cantidad exacta del recibo, centavos y todo. Ella recibió la orden y miró a la dueña de casa inexpresivamente. “Pagué, y a ti te toca darle propina. Piensa en el pobre que ha venido hasta acá por nuestra comida.”
“Ehh… ¿eh?” Yomi vio a su amiga retirarse caminando hacia la cocina y luego miró al joven que esperaba impacientemente su tip. Ella rebuscó en sus bolsillos y encontró una cantidad decente de propina que darle, aunque sus monedas para el pasaje de bus habían disminuido considerablemente gracias a ello.

El muchacho se retiró en su motocicleta, y Yomi sacudió su cabeza. Ella cerró la entrada de su casa y corrió hacia la cocina para demandar una buena explicación. Ahí encontró a Mai agarrando las cajas de pizzas, Osaka cargando el bowl de palomitas y Tomo abrazando su almohada y hasta usando sus pantuflas. La inmutabilidad de Mai y sonrisas vacías de las otras dos le hicieron sentir muchos nervios.

“¿Q-qué hacen aquí?” Yomi les miró con una ligera aprehensión, desconociéndolas.
“¡Estamos aquí para salvarte de tu soledad!” exclamó Tomo, sonriendo como una improvisada heroína. “¡Te desapareciste de la nada, así que antes que tu lado emo y solitario te haga huir de tu verdadera felicidad y amistad con nosotras, venimos para hacerte compañía!”
“No olvides que las cuatro somos un equipo desde que comenzamos con nuestro proyecto de la banda,” Osaka sonrió. “Por eso tenemos que siempre estar juntas y reunir muchas experiencias todo el tiempo. Así que como parte del grupo no podemos dejarte ir.”
“One of us… one of us…” canturreó Mai, monótonamente.
“C-chicas…” Yomi comprimió sus puños, molesta. “No puedo quedarme todo el tiempo jugando con ustedes. Tengo tarea que hacer y ustedes también, ¿recuerdan?”
“Sí, pero eres tan abusiva estudiando que no te toma mucho tiempo. Te apuesto a que ya terminaste,” Tomo sonrió restándole importancia, y pudo ver cómo Yomi no podía refutar su declaración. “Y no estamos haciendo ninguna tarea importante últimamente. No pierdo nada copiándote mañana durante el descanso, ¡hahahaha-AHHH!” recibió un zape justiciero de su amiga.
“Osaka y yo no seremos copiadoras orgullosas como Tomo, pero nosotras también consideramos en relajarnos,” observó Mai. “Ahora que las cuatro somos una banda en formación es necesario pasar mucho tiempo juntas para familiarizarnos, conocernos mejor, y pilotear EVAs en perfecta sincronía en cuanto sea necesario.”
“Además Tomo-chan nos mencionó que tu casa es muy espaciosa, tiene muchos snacks y tus padres casi nunca están aquí. Es el sitio perfecto,” Osaka asintió. “Por eso vamos a rentar películas y las veremos con la pizza, palomitas y gaseosa.”
“…” Yomi negó repetidamente. Debió haberlo imaginado, no podía huir de ellas. “¿Y cómo vamos a rentar películas? El último Blockbuster que recuerdo quebró hace como siete años.”
“Aw, es un decir, señorita anticuada,” Tomo sonrió burlonamente. “Tienes DirectTV, así que miraremos unas cuantas PayPerView. ¿Ya averiguaste la contraseña de tus padres para ver cosas de adultos?”
“¡No, y aun si la tuviera no te la daría! ¡Me meterías en problemas!” reclamó la dueña de casa. Felizmente sus padres estaban bien con que gastara en algunas películas.
“¡DirectTV, genial~!” Osaka se emocionó. “Y mientras esperamos a que comience la primera película podemos continuar con nuestro debate del nombre, ¿qué les parece?”
“No es el momento, Osaka,” Mai negó, solemne. “Frente a un televisor, Tomo puede volverse a venir con nombres poco originales o de palabras ya empleadas en los medios. Dañará su posible originalidad.”
“Oye, soy muy original. Ninguna de ustedes está haciendo un esfuerzo,” Tomo se amargó. “Pero ya vamos a la sala, nos alcanza para ver unas tres películas.”
“No, sólo dos, y eso si son cortas,” sentenció Yomi. Ya no le quedaba de otra que dejarles quedarse un rato. Bueno, sí pudo lograr completar con su tarea, así que no le venía mal estar acompañada de sus compañeras. Al menos habían comprado un par de sus pizzas favoritas.

Las cuatro amigas se acomodaron en la sala y luego de servirse la comida, bebida y snacks, prendieron el televisor para buscar alguna película reciente que les interesara. Con ese plan y la compañía, la tarde se pasaría muy rápido para todas.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Nite on February 29, 2016, 04:53:41 PM
Mi propósito para con ustedes este año es regresar del olvido 8´)
Me da una pena dejar esto super rushed y de paso me acabo de dar cuenta que no es uno de los fics principales así que mi lista ya fue, tocará smashdown.

Anyway, edito en la noche con iconos que no tengo al menos dejé mi starter~

***

¿Nervios? ¿Por qué iba a estar nerviosa?  Era solo una entrevista de trabajo. Había pasado por un montón de estas (3 en realidad, y una fue una simulación para una clase del instituto…). No, no, no. Estaba bien vestida, arreglada, y con unos tacones modestos en los que podría correr si era necesario. Lo que le incomodaba a la rubia era el lugar de la entrevista.
Shiemi releyó la dirección que indicaba la arrugada tarjeta de presentación. Alzó la mirada y las calles coincidían con lo indicado; incluso su ubicación en MAPS acertaba, ese debía de ser el lugar… tampoco se trataba que desconfiara de quien la recomendó…. Pero de todas formas le daba mala espina el lugar. No le parecía el indicado para una agencia: “Ni siquiera hay parqueadero”

Aunque eso tampoco era lo importante: El lugar estaba casi desolado… y en parte le desmotivaba que la oficina estuviese en un tercer piso. -¿Quién pone una agencia de modelos en un tercer piso?- que el ascensor se estuviese reparando tampoco le dio buena espina. Estiró su falda antes de entrar y tomó aire, tocando la puerta una, dos y tres veces… nada. Buscó una cámara arriba de la puerta de madera, un timbre, pero solo encontró polvo y telaraña. Tocó una vez más cuando su puño empujó la puerta. Anunciándose con su suave voz antes de entrar, no obtuvo respuesta, y no la tendría; pues al asomarse dentro de la oficina no había nadie. Ni un rastro de polvo, como si la hubiesen vaciado esa misma mañana.

Shiemi entró en pánico, no del miedo; sino por la desilusión. Se había esperanzado tanto con este trabajo que al encontrarse con nada le resultó un golpe bastante bajo. Encendió su celular, entre agobiada y molesta haciendo una llamada, que apenas notó cuando le dieron un empujón para que terminase de entrar en el desolado cuarto.
“sí, sí querido. Te llamo luego” su risa era escandalosa y la manera en la que la había empujado bastante grosera “Tú debes ser la señorita Senjouhara ¿cierto?... la pubertad de cambió” tosco hasta para su manera de expresarse Izaya le hizo una seña, como si no se tratara de una completa extraña “¡ven para acá!” le insistió altanero, a pesar de estar a casi cinco pasos de distancia.
La rubia obligada se acercó, intentó explicarse, pero el mayor la mandó a callar como si se tratara de un balbuceo: “Como veras, esto está bastante desolado. Ha sido tierra de nadie por lo menos un año… si no es más. Pero lo hice limpiar esta mañana especialmente para ti.” El pelinegro sonrió como si le estuviese haciendo alguna clase de favor “Tu papá me dijo que eres alérgica al polvo o algo parecido, y bueno, no quiero a nadie inflado rondando por la oficina y que mucho menos me anden reclamando por bienestar laboral”
“-pero-”
“¿Qué? ¿Ahora vas a decirme que la luz te hace daño y hay que poner película en las ventanas?”
“no soy Hitagi Senjouhara”
Por primera vez, de los cinco minutos que llevaban compartiendo oxígeno en la misma habitación, Izaya Orihara se regresó a verla. Incluso se retiró los lentes oscuros. Tenía razón. No era Hitagi.
“Conocí a Hitagi en la Universidad.  Ella era un par de semestres mayor a mí… me recomendó para el trabajo…” Shiemi escarbó en su cartera y extrajo un pequeño tarjetero, elegante de metal, del cual sacó una tarjeta de presentación colorida y con relieves. Izaya la miró sin fascinación alguna: a ella y a la tarjeta. La leyó y regresó a verla. Frunció la boca, eso sí que era una mala señal. “típico” suspiró pesado girando los ojos “… bueno… ya que TÚ, señorita Moriyama, vas a encargarte del negocio familiar sin ser la familia…” se aclaró la garganta y continuó con su actitud apática de hace segundos atrás “tu primer trabajo es amueblar este lugar” Izaya le hizo entrega de una tarjeta dorada y un sobre que contenía la carta de poder “No podemos dirigir una agencia de modelos sin modelos. Y no podemos tener a los modelos de pie porque se cansan… así que apenas habilites esto… empezamos con el reclutamiento”
“¿reclutamiento? ¿Eso significa que… no hay nada?”

Izaya se sonrió de oreja a oreja, aquello le divirtió demasiado “Bienvenida a la Mosspaca, buena suerte construyéndolo”
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Sayi on February 29, 2016, 04:56:50 PM
(https://media.giphy.com/media/2116PkgyWRPz2/giphy.gif)

YES YEEEEESSSSSS TENEMOS QUE REVIVIR ESTOOO

Y @Nite no te preocupes. Para Probaciones y Reto Anual estas a-ok con postear aquí xD

luego edito con algo útil o borro este post pero la emoción pudo mas sorry not sorry
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Nite on July 30, 2016, 04:01:06 PM
No era exactamente el trabajo que había tenido en mente, pero después de la segunda semana ya se había resignado. Especialmente porque Hitagi Senjouhara no respondía ninguno de sus mensajes.  "Típico" pensó por encima vez "regalale el trabajo que no quieres a alguien que apenas conoces..." Y lo peor de todo (lo que más le preocupaba) es que se trataba del negocio familiar... ¿Qué rayos había estado pensando Hitagi? Y qué rayos había estado pensando ella al aceptar.

Por otro lado si se enfocaba en lo positivo (y tenía que hacerlo)  la paga no era mala y estaba ganando experiencia en... lo que sea que estuviese haciendo.
"¿auxuliar?" Frunció el cejo y miro a Izaya quien parecía molesto consigo mismo por haber vestido varias tonalidades de negro en un día caluroso. "¿auxiliar de qué?"
"Sólo auxiliar" le sonrió ajustándose los lentes de sol  "tómalo como una carta blanca para hacer lo que quieras"
Shiemi sentía agradecida que Izay a se hubiese tomado la molestia de hacerle tarjetería personal para ella. Le daba gusto ver su nombre impreso en tan linda caligrafía; a pesar de tener un cargo inventado.

"... ¿si?"
"... ¿a que hora vas a venir?"
"¿disculpa?"   
"Bueno son más de las 10 y-"
"¿tienes idea la hora que es Moriyama?"
"Sí, más de las 10"
Tras una extenuante e inutil caza tras hitagi Senjouhara, Shiemi había logrado acomodar la oficina en la que ella e Izaya se habían conocido ya hacía dos semanas. El lugar seguía bastante vacío, pero al menos estaba limpio y una mano de pintura le cambiaba la cara a cualquier lugar.
"Me refiero a que he estado haciendo todo yo sola... Sin supervisión"
"..."
"..."
"Voy a pretender que no escuché eso"
"Ok"
"Y bueno, que quieres que haga yo"
"... No se supone que somos una agencia de modelos? Deberíamos de-"
"Es por eso mi querida Shiemi, que tu trabajo es tan importante, no podemos tener una agencia de modelaje en un lugar tan feo ¿no?"
"Pero... ¿y los modelos?"
"Te ocuparás de eso después. No podemos tener a un montón de chicos bonitos parados y haciendo fila como cualquier mercado. Ahora que está limpio el lugar, hay que adecuarlo. Así que compra todo lo que necesites: muebles, cortinas, a/c, una cafetera, un playstatiob. Todo. Te voy a compartir mis tableros de pinterest ¿si? Tengo un montón de buenas ideas sobre cómo debe de quedar la oficina" Izaya Orihara sonaba como colegial emocionado a través del teléfono.
"... ¿xon mi dinero?" Preguntó temerosa.
"Pfft no no!" Casi sintió vergüenza por la forma efusiva en la que su jefe se habia reído ante el comentario "por favor, ni siquiera te alcanzaría para el par de poetavasos que quiero. Te deje un sobre en el viejo gabinete que está atrás. Aún no lo has notado no? Hay cosas muy importantes ahí" Shiemi le colgó al instante, pegando la carrera por las escaleras hasta llegar a la calle, rogando que nadie se hubiese llevado el gran archivador oxidado que no había podido abrir en la semana.
"Ahí encontrarás una tarjeta dorada. Ilimitada. Es de la empresa. Pero puedes comprarte algo lindo, de seguro tus manos necesitan manicura" Izaya siguió hablando como si nada, a pesar de que la rubia le hubiese cortado. No le gustaba que le dejaran con la palabra en la boca. La próxima vez le cortaría el tren con la excusa de que estaba haciendo Home Office.


Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Apple on October 30, 2016, 04:10:23 PM
Fic de proporciones bibilicas que escribí hace unos meses (tenía muchas ganas de participar en este fic). Edito con topes mas tarde.

Chapter 1

Encendió un cigarrillo a pesar de que un empleado le había dicho que no se podía fumar dentro del salón de conferencias. A su lado Sakuya también fumaba tranquilamente. Estaban a punto de comenzar la conferencia de prensa donde anunciarían su *última* gira como DeVilS. 

Aunque lo habían conversado hacia ya mas de 6 meses y el ya lo había aceptado, se sentía un poco dolido y triste.  Todo iba bien en la banda, no había rivalidades ni choques de ego entre los miembros. Tampoco habían perdido la popularidad, las ventas iban bien, seguían siendo una banda bien establecida y su fanbase era enorme. 
Pero, según Sakuya, su ciclo había terminado. Tenia 36 años y el estilo de vida rock and roll lo había cansado. Pronto no podría seguir el ritmo de los más jóvenes, no podría hacer giras mundiales que duraran dos años y mucho menos hacer conciertos que duraran hasta la madrugada dejando a los fans afónicos. El seguiría en el negocio de la música, como una leyenda viviente que se daría el lujo de sacar música cuando y como le diera la gana, sin presiones; produciendo, componiendo y escribiendo para sí mismo y para otros artistas de Neko Entertainment.  Pero definitivamente ya no podría seguir en la banda. 

Para Tasuku "Tatsu" Kurosaki esto era una pila de porquería. Bullshit. Sakuya estaba en buena forma (¿Cómo? Solo dios lo sabría, pues entre tanto tabaco, mujeres, drogas y alcohol tendría que verse como un anciano) y todavía tenia interés en la música. Pero su partida de DeVilS era el fin de la banda. La banda se había formado hacia 18 años y de los integrantes originales Sakuya era el único que quedaba. Fue el fundador de la banda junto a Toshi, el guitarrista principal. 

Cuando Sakuya anunció su salida ni el, ni Gin Fujiwara (el CEO de Neko Entertainment) oficializaron el fin de la banda. Les dieron a entender que podían seguir siendo DeVilS. Pero todos sabían que sin Sakuya ya no serían DeVilS. 

-------

La conferencia inició poco después de que Gin Fujiwara llegó. Le gustaba llegar tarde a todos lados para hacerse el importante. Al entrar y tomar asiento junto a Sakuya, todos en la sala empezaron a murmurar y los flashes de las cámaras empezaron a brillar.  Si el CEO de Neko Entertainment estaba presente, significaba que la conferencia iría acompañada de un anuncio importante. 

Como era costumbre, Sakuya y Loki comenzaron con una broma para romper la tensión y darle ambiente a la conferencia. Momotarou “Taro” en el extremo izquierdo de la mesa estaba risueño y Gin en el extremo derecho de la mesa sonreía satisfecho. Solo Tasuku estaba serio. Siempre lo había sido, y eso le había dado la reputación de ser el huraño de la banda.  Esa era la dinámica de siempre. 

La conferencia transcurrió normalmente; la banda dio detalles sobre su nuevo disco, sobre la gira y donde estarían tocando. Respondieron cada uno las preguntas que les hacían los reporteros sobre sus hobbies, gustos, marcas favoritas y anécdotas personales. Cuando la conferencia estaba llegando a su fin Gin tomó la palabra y les anunció a todos que Sakuya dejaba la banda pero que nada cambiaria, la banda seguiría como tal y después de la gira anunciarían que sucedería. El guitarrista Tatsu tomaría el liderazgo de la banda al iniciar la gira.  Los reporteros que hasta entonces habían estado en silencio, iniciaron a hacer preguntas y los flashes de las cámaras se dispararon una vez mas. 

Tasuku vio a su alrededor. Taro pareció muy triste de pronto. Loki esbozó una de sus sonrisas misteriosas y Gin pareció imitarlo, aunque también parecía preocupado. DeVilS era la banda de visual kei más importante de Neko Entertainment. Sakuya levanto la mano y todos se callaron.  Se puso de pie y agradeció a todos por la asistencia, además de dar una breve explicación del porque de su salida de la banda (la misma porquería que les había dicho a todos) y de nuevo agradeció a todos los fans por su apoyo los últimos 18 años. Pronto los periodistas comenzaron otra ronda de preguntas agresivas pero la banda y Gin dieron por terminada la conferencia y se retiraron.

Camino al camerino Gin se despidió efusivamente y los dejo continuar su penosa al camerino marcha solos. Ninguno dijo nada, hasta que llegaron a la gran sala que la banda usaba como camerino.

-Bien... llegó el fin- dijo Loki con un tono trágico imitando a los mejores actores que han interpretado obras de Shakespeare. Tenia 24 años y antes de unirse a DeVilS había estudiado arte dramático en la universidad. Aparentemente había interpretado a Hamlet por 4 años seguidos.

-Al único que le llegó el fin es a mi- Sakuya trató de confortar a sus compañeros de banda -aprovéchenla mientras son jóvenes...- aconsejó en un tono cansado mientras se quitaba la chaqueta. Tasuku notó que su vestimenta, que consistía en un traje de color negro con una camisa mas negra aún, era bastante discreta comparada a lo que usaba cuando la banda inició. Vaya que los tiempos pasaban y todo el glam del visual kei se desvanecía.

-Eh... creo que voy por algo de comer- dijo Momotarou "Taro" Mikoshiba antes de salir de la habitación. Apenas era un crio y Tasuku se imaginó lo que sentía: apenas había tocado la gloria de la fama y ya todo parecía que se estaba desvaneciendo. Era natural que estuviera efusivo.

-Y yo me voy a duchar- anunció Loki antes de retirarse a las duchas.

Tasuku y Sakuya se quedaron solos. Tasuku encendió un Marlboro y le ofreció la cajetilla y Sakuya, quien con un gesto educado la rechazó para sacar su propia cajetilla de Parliament.

-Lo siento- la disculpa de Sakuya parecía honesta de verdad.

- ¿Por qué? -

-Sé que tu querías salir de la banda desde hace ya un año-

-Sí, pero no creo que sea una opción por ahora. No puedo abandonarlos-

-Que generoso-

Tasuku dio una calada profunda a su cigarrillo -No solo eso... ya sabes me gusta el visual kei y todo, pero ya no es lo mío. Quisiera componer y tocar cosas más autenticas para mí. Salidas directo del alma-

- ¿Como Bob Dylan? - bromeó Sakuya.

Ambos hombres se vieron directo a los ojos y sonrieron con complicidad.

-Si, como Bob Dylan-

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Cuando Ginzou Fujiwara entró a su limosina su asistente personal Mail “Matt” Jeevas y la coordinadora de producción Miwako Sakurada ya estaba esperándolo. Ambos eran su mano derecha dentro de la compañía y le ayudaban un poco a no perder la cabeza entre tantas reuniones, conferencias de prensa, audiciones, firmas de contratos y las otras responsabilidades normales del CEO de una empresa de entretenimiento.

- ¿Qué sigue? – Gin preguntó a Matt mientras encendía la televisión de la limosina.

-En estos momentos se está llevando a cabo la conferencia de prensa de "I gave you my first kiss". Sheryl Nome y Julius Fortner estarán ahí pero nuestro objetivo es el interés romántico secundario, Okita Souji- tras decir esto con un toque a la pantalla de su ipad Matt cambió el noticiario donde pasaban un reportaje sobre la partida de Sakuya de DeVilS a una escena de la película donde se podía ver a Souji renunciar al amor de la protagonista a.k.a Sheryl Nome en una escena de la que ya todos hablaban y que había conmovido a fans y críticos por igual -ya rechazó a dos de nuestros reclutadores. Creemos que no tiene agente aún y que si hablas personalmente con él podría persuadirlo de firmar con Neko Entertainment-

-¡Kyaaaa! ¿a que ese tal Okita-kun es muy lindo, verdad Gin-sama?- exclamó Miwako encantada por el nuevo actor.
Gin, ya un poco cansado después de un día muy largo, recostó los codos sobre sus piernas. A través sus dedos entrelazados observó con detenimiento la actuación de Souji Okita. Era convincente, autentica y bastante buena comparada con la de la actriz principal. Además de que su atractivo era un plus. Era difícil encontrar a una cara bonita que pudiera actuar en estos días. Gin definitivamente lo quería entre sus filas.

Desde que su padre había muerto hacia 6 meses dejándole la pesada carga de un imperio de entretenimiento valorado en millones, Gin había trabajado sin descanso. Su padre era un hombre duro y anticuado entendía poco del entretenimiento, a diferencia de su abuelo cuyo abuelo había iniciado Neko Entertainment con un humilde show de teatro kabuki, que había llevado a la empresa a las fronteras del olvido sino hubiera sido por DeVilS y un puñado de otros artistas talentosos. Pero Gin no solo quería a un puñado de artistas talentosos, sino a un ejercito que lo llevara a ser el rey del entretenimiento en Eastwood. Era joven, millonario, poderoso e influyente. Podía lograrlo.

-------------------------------------

-Llegamos- anunció Matt -hice esta copia del contrato que tenemos para Okita. Nosotros conservaremos el original-

Gin que hasta entonces si había dedicado a revisar con Miwako los detalles de la gira de DeVilS y el lanzamiento de su último disco. Tenían que reservar hoteles, mandar a hacer el vestuario, contratar personal en 7 países diferentes y asegurarse de cumplir los caprichos de cada una de esas divas.

- ¿La conferencia no ha terminado aún? - Pregunto Gin mientras se bajaba de la limosina. Enseguida cinco guardaespaldas le rodearon.

-No. Dentro de 15 minutos-

-Bien. Quédense aquí, arregla una cena para mi en el Ritz al salir de aquí-

Rápido y audaz Ginzou se dirigió a la salita que se encontraba tras el salón donde se estaba llevando la conferencia promocional de la pelicula "I gave you my first kiss". Era el típico drama de escuela con un triangulo amoroso, pero con un elenco de estrellas como Fortner, Nome y el novato Souji Okita la pelicula había salido de su primer fin de semana de estreno triunfante. 

Sin mucho que hacer Gin se instaló en el sofá mas grande que le daba vista total de la entrada. Eran las 8:15 pm cuando la conferencia terminó  y la primera en entrar fue Sheryl Nome seguida de su minion/asistente Yuu Naruse. Tras ellas venían Julius Fortner y el famoso Okita Souji. A diferencia de los otros su presencia era tenue y su ego menos elevado. Después de todo paso de ser un mesero en un barcillo de cuarta a un modelo y finalmente a un extra. Este era su primer papel como protagonista y fue recomendado por nada más y nada menos que Sheryl Nome. Que llevo a la rubia a realizar un acto tan altruista nadie lo sabía, pero se había negado a protagonizar la pelicula si el chico no salía en ella con un papel que le diera mas de 10 minutos en escena.

Después de esquivar a Nome que como siempre preguntaba lo mismo (¿cuándo-me-dejaras-cantar?), Gin se dirigió directamente a Souji. El chico de ojos verdes no se dejo intimidar por la presencia del gran Fujiwara-sama y actuó de manera tranquila durante todo el rato que este le habló sobre firmar con Neko Entertainment.
Oír la propuesta de Gin y ver la copia del contrato talvez asusto un poco al chico, que le pregunto a Gin si tendría que firmar en ese momento.

Después de meditarlo por unos segundos Gin negó con la cabeza -No, no tienes que firmar ahora. Te dejare la copia para que la leas. Tienes tres días para aceptar la oferta tal y como esta ahora. Cuando estés listo llama a mi asistente, su número esta impreso al final del contrato-

Fujiwara estaba convencido de que tenía el interés de Souji. Ninguna agencia se daría el lujo de ofrecerle a un actor novato ese sueldo, el porcentaje de ganancias y regalías a excepción de Neko Entertainment. Sus guardaespaldas lo siguieron de vuelta a la limosina donde lo esperaba sola Sheryl Nome que de seguro había enviado a Matt y Miwako a otro auto.

- ¿Y tú qué haces aquí? - preguntó Gin pasándose la mano por el cabello de manera exasperada. Estaba cansado y solo quería su cena en el Ritz -Ya te dije que según tu contrato tienes una pelicula más que grabar...-

-No vengo aquí por eso- se defendió la rubia - ¿Cómo están Sakuya y los demás? Escuché que la conferencia de prensa estuvo bien-

-Ah eso... todo salió bien... supongo- Gin se recostó en el asiento echando la cabeza para atrás y cubriéndose los ojos con las manos. De repente se sintió exhausto.

-Y... ¿tu estas bien? -

-Estoy preocupado. No sé si esto es el fin de DeVilS-

-Si me pusieras de vocalista...-

-Ni de joda-

-Eres un pesado- Sheryl le dio un golpe en el brazo jugando -Matt me dijo que tienes una reservación en el Ritz. ¿Me dejas en un lugar? te queda de paso...-

Gin se incorporó y torció la boca. Ya sabia a que lugar se refería ella. Sintió una ligera ola de celos, aunque no tenía ningún motivo aparentemente para sentirse así. De todos modos, accedió. Sabia que ella no se bajaría de la limosina a menos que la dejara donde ella quería.

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Después de más cigarrillos y un par de tragos Sakuya y Tasuku bajaron al parking del edificio. Loki aparentemente se había escapado por la puerta trasera del camerino *muy típico de el* y Momotarou les llamó avisándoles que se uniría a la fiesta de unos amigos.

- ¿Seguro no quieres ir? Tengo un par de porros en casa y un nuevo estéreo-

-Suena tentador, pero estoy muerto. Disfrútalos por mí-

Tasuku encogió los hombros -Tu pierdes. Cuídate- se despidió antes de subir a su 1975 Chevy El Camino. Antes de arrancar se aseguro de poner música. Pronto Yes invadió la cabina del carro con su rock progresivo.
Sakuya se despidió con la mano y se fue a su Lamborghini murciélago. Arranco el motor y disfrutó por unos segundos su sonido poderoso antes de poner algo de música clásica.

Paso la mitad del camino preguntándose por milésima vez si había tomado la decisión adecuada. Podría revertirlo todo... con una sola llamada podría volver a ser el líder de DeVilS y asegurarse su posición como rey del visual kei. Podría... y le gustaría, pero por le bien de la banda era mejor dejar las cosas como estaban. "Uno para todos y todos para uno" se dijo a si mismo antes de entrar al elevador que lo llevaría directamente a su apartamento. Marco su piso más su código de seguridad y en menos de 2 minutos llego a su piso que literalmente era un piso. Ocupaba todo el 13avo nivel de un edificio en el área más lujosa de Eastwood. El elevador daba acceso directamente a su sala.

Las luces no estaban encendidas pero una lamparita sobre una mesa de café junto a una gran butaca de cuero negro estaba encendida. La luz era tan tenue que solo alumbraba un par de piernas largas y esbeltas que finalizaban en unos pies pequeños envueltos en unos stilettos rojos de charol. 

-Este es el tipo de recibimiento que me gusta: unas buenas piernas en una minifalda-

- ¿De veras? -

-Lo juro- Sakuya se quitó la chaqueta del traje tirándola por un lado y desabotonando los primeros dos botones de su camisa. Todos sus movimientos exhalaban sensualidad.

- ¿Creíste que era una fan? - Sheryl rio mientras recostaba los codos sobre las piernas y revelaba su identidad bajo la lucecita de la lámpara.

-Uh, reconocería esas piernas donde fuera- bromeó Sakuya tomando un control remoto que encendía las luces. Pronto toda la sala estuvo iluminada y  Sheryl se levanto a abrazarlo y darle un beso en la mejilla. Sakuya la recibió en sus brazos.

-Estás loco, no respetas ni a tu hermana menor- ambos rieron y se soltaron del abrazo.

-Oye tengo hambre. ¿Y si pedimos una pizza? -

-Está bien está bien- dijo Sheryl dirigiéndose al sofá y encendiendo el televisor -pero pide un litro de coca de dieta, que solo tienes cerveza y vodka en la refri-

Sakuya encogió los brazos y llamo a Dominos para ordenar, luego se sentó junto a Sheryl que ya se había puesto cómoda a ver Evil Dead (un clasico favorito de ambos). Les caía bien a ambos sentirse como seres humanos comunes y corrientes de vez en cuando.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Puri on November 30, 2016, 03:13:16 PM
APORTE COMPARTIDO~~

Letra normal: Nite
Letra azul: Yo

¿Recuerdan esas épocas cuando podíamos escribir 20k a la víspera? Pues acompáñennos en esta triste historia de cómo dos personas con las justas llegamos a 2k después de 3 semanas planeando



"INSTALAR A/C" tenía eso en forma de post-it, pegado a la agenda para no olvidarlo. También tenía dicho post-it como fondo de pantalla del celular; ser un poco precavida no está de más. "Creo que estas exagerando", le comentó Koto a medio dormir desde el otro lado de la línea "No puedo creer que me hayas puesto una alarma para esto...".

Entonces, ¿por qué sentía que estaba pasando algo por alto?
Ya había arreglado el papeleo correspondiente de la oficina.
Había comprado la mayoría de muebles en línea y poco a poco iban llegando a la oficina.
Instalar la cafetera fue lo primero que hizo a penas Izaya le dio la tarjeta dorada. No podía seguir a punta de café soluble...

Para su sorpresa se encontró con un alto hombre de agradable presencia frente a la oficina, con cara de pocos amigos y con un joven parecido a él a su lado. No recordaba haber agendado nada; ni siquiera tenían mesa de reuniones (todavía).

"Ya era hora", le escuchó decir. "No quisiera creer que es costumbre de todos hacer esperar de por gusto, ¿no?" Se le crispó la piel. ¿Lo conocía de alguna parte? Claro que no; ¿acaso era alguien importante? "¿Está Izaya Orihara?" -AH- Sí, definitivamente era alguien importante.
"Orihara está por venir pronto... Espero", mintió sacando las llaves de su bolsillo, haciéndolos pasar. Corrió apresurada, haciendo sonar sus tacos, a abrir las ventanas, dejando que algo de aire fresco entrara al lugar.

La agencia era modesta. Pequeña, por ahora. Se veía relativamente vacía porque el segundo encargo de IKEA todavía no llegaba, y tampoco es que pudiera impresionar con par de sofás y mesas de vidrio mal ubicadas.

"¿Con quién tengo el gusto?", preguntó Shiemi un tanto nerviosa, procurando no tartamudear, mientras le tendía su tarjeta de presentación al hombre frente suyo.
<< Shiemi Moriyama >> Asistente ejecutiva Hitagi Model Agency.

El hombre simplemente alzó una ceja, como si no pudiera comprender que existiera alguien en el planeta que no lo conociera, pero el joven a su lado se apresuró en tomar la tarjeta de la chica y extenderle la mano para darle un apretón.

“Mucho gusto, señorita Moriyama”, dijo con una sonrisa.
“Draco Malfoy”, finalmente respondió el mayor, aunque no extendió la cortesía de darle la mano. “Este es mi hijo, Scorpius”, el chico asintió. “Le dije a Izaya que sería inútil discutir los temas del contrato por teléfono cuando había adquirido un espacio donde se podía hacerlo perfectamente en calma… Si es que este es el espacio, claro está”, remarcó mirando con desdén los muebles de IKEA, como si su mera existencia fuese un insulto para él. Shiemi no sabía si sonrojarse de rabia o echarse a llorar.
“Aún no hemos abierto al público”, murmuró con la voz temblando. Rabia, su cerebro había decidido sentir rabia. “Por favor, siéntense”, señaló el sofá más grande y les dio la espalda para dejar sus cosas en una pequeña mesa, a la vez que sacaba su teléfono y le mandaba un mensaje de ‘SOS. MAYDAY’ a su jefe.
“¿Podrías hacerme el favor de prender el aire acondicionado?”, preguntó Draco mientras se sacaba sus lentes de sol y se los daba a Scorpius para que los guardara en su cartera. Shiemi se mordió los labios al ver la cartera de cuero fino del chico, estaba 100% segura que costaba más que un par de sueldos de su antiguo trabajo.
“Uh, sí, eso… Aún no lo hemos instalado”. Draco hizo una mueca horrible y Scorpius simplemente suspiró y se tapó el rostro.
“¿Cómo? ¿Esperas acaso que nos quedemos aquí entonces con la temperatura que está haciendo?”
“Papá…”
“¿Ves esto?”, jaló el chaleco gris que usaba Scorpius. “Es cashmere. ¿Tienes idea de lo que pasa con el cashmere cuando uno suda en exceso?”
“Papá, por favor…”, susurró el otro sonrojado e intentando aflojar su agarre en la tela.
“¡Ok!”, respondió Shiemi lanzando su teléfono al bolso junto a las llaves y corriendo a cerrar las ventanas. “¿Qué les parece si mejor vamos a un Starbucks y esperamos ahí a Orihara?”
“¿¡Un Starb—!?”
“Papá”, le cortó Scorpius con una mirada seria y el mayor solo bufó.
“Bien. Vamos a un Starbucks. Scorpius, pásame los lentes”, dijo mientras se levantaba y caminaba hacia la puerta. El chico cruzó miradas con Shiemi y le sonrió como si le pidiera perdón, a la par que se encogía de hombros. La rubia no pudo evitar devolverle el gesto, después de todo, el pobre tenía que lidiar con el tesorito este a diario.

>>DONDE MIERDA ESTAS
>>vINO ESTE SUJETO CON SU HIJO A UNA REUNIÓN CONTIGO
>>Y NO ESTAS
>>IZAYA NO ME HAGAS ESTO
>>TEN AL MENOS LA DECENCIA EN AVISARME LAS COSAS. NO SOY ADIVINA. NO ME SÉ TU AGENDA. NI SIQUIERA TIENES UNA.
>> TAMPOCO SOY TU ASISTENTE
>>¿QUIEN ES ESTE TIPO!?


Si fue un suplicio sugerir reunirse en Starbucks, fue uno aún más grande insistirle a Draco Malfoy de que fueran a pie; después de todo el local estaba en la esquina.
Aprovechó el breve momento en que los rubios se subieron al auto para escribirle a Izaya, de haberle llamado habría sido demasiado obvio. Malfoy no le despegó ni un momento la mirada mientras bajaba la calle, e Izaya tampoco es que hubiese contestado...

[Poop emoji]<<
¿Ya instalaron el A/C?<<


Fue difícil obviar las miradas cuando entró junto a los Malfoy al local... repleto como siempre... no iban a pasar para nada desapercibidos.
-Tal vez esto fue una mala idea-
Notaba la incomodidad del mayor en su rostro, y quiso morirse. Se le notaba en la cara, con las mejillas rojas y las orejas a punto de estallar.

"Mil disculpas", intentó excusarse cuando encontró una mesa alejada; tratado de obviar el sin número de personas que pasaban a su lado, grabando vídeos y tomándose fotos para nada disimuladas. "Recién decidieron abrir una agencia aquí; es más. No llevo mucho contratada, y-" empezó a balbucear al ver la expresión de Draco, ¿cómo alguien podía verse tan bien y fulminar con la mirada al mismo tiempo? "Y sé que eso no es excusa, todo pasó muy rápido. Ni siquiera yo tendría que-"

"¿Bueno, qué pasó? ¿Qué es tan importante como para hacerme salir de casa y querer verme la cara Malfoy?".

El pelinegro se sentó sin saludar, tomando el asiento de Scorpius sin siquiera consultarle; sonaba más enojado que cualquiera de los dos. El joven Malfoy se limitó a contemplar cómo los tres se miraban las caras; decidió romper el silencio al notar que uno tenía peor expresión que el otro: "La agencia está vacía y no tienen modelos, ¿cierto?".

Izaya le dirigió una mirada molesta a Scorpius, pero antes de poder contestarle, Malfoy le cortó.

“Señorita Moriyama, si fuera tan amable de traerme un espresso doble. Scorpius, sírvete lo que desees”.

La rubia asintió y se levantó de su asiento… Cuando se dio cuenta que en ningún momento el rubio le dio tarjeta alguna o dinero para la transacción. Miró a Draco, quien la miraba con una ceja alzada; miró a Scorpius, quien rodaba los ojos; y por último miró a Izaya, quien muy pendejamente había vuelto a mirar su celular e ignoraba todo. Shiemi sintió muchísima satisfacción al sacar la tarjeta dorada de la billetera.

“Acompáñame por favor”, le sonrió a Scorpius. “Pide ~lo que quieras~”.

 Scorpius le sonrió agradecido por haberlo librado de la situación y se unió a ella en la cola frente al mostrador. Shiemi pudo ver por detrás de Scorpius unas chicas reírse emocionadas por lo bajo y tomarle fotos de lejos… Al voltearse a ver al rubio notó cómo se había sonrojado a pesar de portar una mirada de fastidio y cruzarse los brazos.

“En serio lo lamento, siempre sucede cada vez que salgo con papá a algún lugar”.
“Oh no… No es ningún problema”. Scorpius asintió con el semblante un poco más relajado aunque su cuerpo seguía tenso. “Er… ¿Qué vas a querer?”. Bajó sutilmente la mirada hacia la pantalla de su teléfono y abrió el instagram.
“Nada, no tienes por qué preocuparte”.
“Insisto”, murmuró tipeando el nombre… Okay, ¿cómo rayos se escribía el apellido? Por primera vez maldijo haber hecho oídos sordos a la sugerencia de estudiar francés. Se sentía como oveja de rebaño por haberse dejado convencer en estudiar chino mandarín.
“Pues… ¿Estaría bien un pastel de—? Oh. “Draco” no se escribe con “K”, ¿sabías?”, murmuró divertido y Shiemi rezó para que la tierra la tragara.
“Ah. Okay. Sí. Qué bueno que estés atento. Thumbs up”. Scorpius sonrió y se tapó la boca para que no se le escuchara reír.
“Pastel de limón”, le respondió. “Y Malfoy se escribe tal como suena, con y griega al final”.
“Ajá”.

Menos mal el siguiente turno en la línea era el de ellos, así que Shiemi pidió el café de Draco, el pastel de Scorpius y un frappuccino para ella porque ese día Buzzfeed había sugerido que uno merecía recompensarse por pequeños logros y haber sobrevivido las primeras horas de ese día ya había sido un logro enorme por sí mismo. Izaya no obtenía nada por ser el pendejo más grande de la ciudad, obvio.

Cuando regresaron con sus órdenes a la mesa, Draco se encontraba leyendo algo en el celular de Izaya y este se había puesto audífonos y escuchaba música de su iPod. Scorpius trajo otra silla y la puso entre Shiemi y Draco, lo cual era sabio, nadie debería estar cerca de Izaya si podía impedirlo. Shiemi aprovechó de sacar su teléfono y abrir instagram de vuelta…

>>#DracoMalfoy

Okay. Tal vez una auxiliar de una compañía de modelos debería de haber previsto que el  hombre que se presentó en la mañana en la oficina tenía 3 millones y medio de followers en instagram. Y que aparentemente era uno de los modelos más cotizados del país e incluso había salido tres veces como portada de Vogue.

“Estoy dispuesto a aceptar todo con dos excepciones”, dijo Draco dejando el teléfono en la mesa y mirando a Izaya. Este se destapó un audífono. “Primero, privilegios de horario de trabajo. Me tomaré la molestia de enviarte una agenda semanal para que sepas qué días iré y qué días no podré ir. Y por último, tengo derecho de veto sobre cualquier actividad”.
“Hecho”.
“¿¡Qué!?”, preguntó Shiemi horrorizada. ¿Cómo iban a darle tanto libre albedrío y aún así le iban a pagar? ¿Qué rayos podía hacer ella para obtener un trabajo así? Y aunque bastó una mirada de Izaya para callarla, no podía decirse lo mismo del señor ‘Tengo-casi-4-millones-de-followers-en-instagram-y-tú-ni-sabes-qué-es-cashmere’.
“¿Algún problema, señorita Moriyama? Hasta donde tenía entendido, le estoy haciendo un favor a Izaya”.
“Yo no lo llamaría exactamente un favor, pero ya que tu autoestima necesita validación…”.
“Oh por favor, como si cualquier cosa que saliera de tu boca sirviera siquiera para eso”.
“Como si no supieras para qué sirve mi boca”.
“Para cualquier cosa menos ahogarte, por lo visto”.
“¿Entonces podemos irnos?”, preguntó Scorpius. Draco le miró con el ceño fruncido y el pobre de Scorpius bajó la mirada.
“No veo por qué no. ¿Llamas al chofer?”, su hijo asintió sin mirarlo y sacó su teléfono. “Bueno, no me esperes lo que resta de la semana, suficiente he tenido con ver tu cara”.
“Oh, pero Draco, ¿no fuiste tú quien sugirió encontrarnos?”.
“Es de conocimiento común que uno necesita obstáculos en su camino para mejorar”. El rubio se levantó, se alisó los pliegues del pantalón y miró a Shiemi. “Con permiso, señorita Moriyama. ¿Scorpius?”. El menor guardó su teléfono y se levantó, sonriéndole a la rubia y asintiendo rápidamente en dirección a Izaya.
“Un gusto”. Dicho esto, los dos rubios se fueron del Starbucks con el sonido de varias cámaras detrás de sí.

Izaya miró a Shiemi. Shiemi miró a Izaya.

“Bueno, eso no fue tan difícil, ¿no? Ya no tienes para qué importunarme a la próxima vez que reclutemos a alguien”.
“Pero—”.
“No me respondiste. ¿Instalaron el A/C?”.
“…No”.
“Entonces no me llames a la oficina hasta que esté instalado”. Izaya se levantó y se fue de ahí sin más. Shiemi aún tenía la boca abierta de la indignación… Hasta que sus ojos se posaron en el espresso que estaba en la mesa y Draco nunca tomó. Se levantó y lo lanzó a la basura.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Sayi on December 31, 2016, 01:44:20 PM
Luego edito bonito, reemplazo detalles y traído otras cosas chupis MIREN DOS AÑOS DESDE MI ULTIMO FIC AQUI FELIZ AÑO :V


Medley 8: Let Down

“Sayi, te voy a dejar esto acá. Intenta comerlo pronto que no sabe bien frio”

Era una mañana bastante fresca, y Mine se sintió algo mal por dejar la comida caliente al pie de la puerta. Sabía Sayi se encontraba adentro, pero la peliceleste no había querido recibir a nadie en días. Al menos, el rubio se contentaba con asegurarse que su amiga no muriera de hambre.

La partida de Kaien les había caído como un balde de agua fría, sobretodo tras una de las mejores presentaciones que habían tenido en semanas. El grupo parecía haberse completado con la llegada de Hayato y Kim, quienes aún con personalidades diferentes entre si, congeniaban bastante bien en el escenario. Pero ahora con esto encima, la supervivencia de los Young Guns parecían balancearse en una cuerda floja una vez más.

Y esta vez las cosas pintaban color hormiga.

“Simplemente no tenemos descanso, ¿no crees?” suspiró Mine, y entonces tomó asiento, apoyando su espalda contra la puerta del apartamento.

Hayato y Kim eran bastante nuevos, y por lo tanto, no habían sido tan afectados por la partida de Kaien en si. No obstante, no eran ciegos para ver que la dinámica del grupo había quedado en el aire, y si la banda no encontraba una dirección pronto nadie podría culparles por buscar otras personas con quienes tocar.

Mine había hecho lo mejor por continuar las practicas entre los tres, pero sin las vocales era difícil practicar seriamente para una presentación. Shizuo, a quien inicialmente habían tenido que convencer para que no los echaran del local, había sido inesperadamente comprensivo con su situación y les había dejado saltarse el último sábado. Pero no era seguro que el bartender podría perdonarlos por mucho tiempo más, y llevar las cosas solo también era desesperante para él.

“Sayi, ¿tu crees que podrías pasarte hoy a practicar? Quedamos en el bar a eso de las 5, y nos haría bien si vienes y nos ayudas a armar un setlist para el sábado”

No le gustaba presionarla pues sabía que Kaien la había lastimado. Pero el se sentía hecho a un lado también, y no poder contar con los ánimos de su amiga lo deprimía aún más.

“No soy un genio como Kaien, así que nadie se me va a acercar con un contrato” continuó. No sabía si ella lo estaba escuchando, pero quería sacárselo del pecho “Pero aún si me ofrecieran unirme a un mega grupo y ahogarme en una piscina de dinero, yo no lo haría si no estuvieras a mi lado”

El silencio solo era interrumpido por los carros que transitaban fuera del condominio. El edificio se encontraba vacío, solo con él sentado en el pasillo mientras parecía hablar consigo mismo.

“Y duele decirlo ahora, pero lo mismo le hubiera dicho a Kaien” continuó. Entonces rió un poco, con una nota amarga, y se giró a observar la puerta cerrada atrás de él “Me ayudaría mucho si pudieras venir hoy. No tanto por la banda, a decir verdad. Digo, si no sabes si continuar o no, podemos seguir dándole unos días y ver como nos sentimos. Pero me haría bien contar contigo, pues yo tampoco estoy muy seguro de qué hacer, y no es algo que pueda decirles a los nuevos, como te imaginarás”

Entonces se puso de pie, se limpió el pantalón y se retiró un cigarrillo de su bolsillo. Mientras lo prendía, sus ojos reposaron sobre la bolsa con comida que había quedado apoyado contra la puerta. Entonces rió al notar que parecía una ofrenda.

“Si sigues así de recluida, voy a enmarcar una foto tuya y dejarla aquí con velas e incienso. Y la gente asumirá que te moriste y ya no me verán tan raro por venir a velarte”

Se guardó ambas manos en su chaqueta, y cuando empezó a caminar fue que escuchó el piano y se detuvo en el acto. Pegó su oído a la puerta, y entonces reconoció que el sonido provenía del apartamento de su amiga. Reconoció la melodía como una de las que había compuesto hace un par de años, cuando aún estaban en el conservatorio.

El rubio no pudo evitar sonreír. No la escuchaba cantar, pero era la primera vez que reconocía algo que no fuera silencio. En ese momento, una abuelita y su perrito maltés subieron por las escaleras y se detuvieron al llegar al piso.

“No la había escuchado tocar en días” Mine se giró hacia ella y la vio sonreír. Mientras tanto, su mascota olfateaba la comida que Mine había dejado en la puerta “Empezaba a pensar que se había mudado”
“¿Le gusta como toca el piano?” le preguntó, y la anciana asintió.
“Si, pero no tanto cuando le entra la inspiración en la madrugada” confesó, y Mine rió ligeramente “Aún así, es agradable de escuchar”
“Lo es” asintió Mine, sintiéndose esperanzado por primera vez en días. La abuela, por su parte, alternó su mirada entre el muchacho y la comida descansando al pie de la puerta.
“No hijo, pero si te peleaste con ella deberías traerle flores, no chifa en taper” lo rezondró “Nadie te perdona pendejadas siendo barato”
“¡P-pero el pendejo no soy yo!” le respondió, con el color en el rostro.

Entonces la abuelita lo señaló, riéndose, y continuó caminando pasillo abajo. Mine sonrió entretenido. Sabía que si Sayi los había escuchado seguramente traería una sonrisa en el rostro también. Y teniendo eso en mente, junto al piano en sus oídos, sentía que las pintaban de mejor color.

¡Din!

Una notificación en su teléfono. Mine reconoció al remitente y tensó los labios, entre molesto y curioso.

“¿Y qué es lo que quiere, ahora?” murmuró para si mismo.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Apple on December 31, 2016, 03:30:24 PM
This was a mistake ;_;
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Miyu on February 28, 2017, 04:25:09 AM
(https://i.imgur.com/7zU6vy9.jpeg)(https://i.imgur.com/RQ7iMdT.jpeg)


1.1 # El color de la suerte.

Eastwood, 2005.
“Noticia urgente. Se ha producido un accidente aéreo; el avión iba desde Shanghái hacia Eastwood. Aún no tenemos las cifras exactas de los fallecidos, pero debido a la gravedad del accidente, se rumorea que no hay supervivientes.”

La televisión del orfanato no era más que un ruido blanco entre los pasos apresurados del director y los encargados. Todos corrían por los pasillos sin detenerse hasta entrar al despacho del director.

—Tiempo sin vernos, Qian Jin —el director, un hombre calvo ataviado con un traje que dejaba ver su barriga, le tendió la mano al hombre que lo esperaba.
—Sí, definitivamente. Ha pasado bastante tiempo —una sonrisa con desdén se dibujó en el semblante del hombre, acomodando con cuidado la montura de las gafas sobre el puente de la nariz.
—¿A qué debo tu visita? Desde que renunciaste a la policía, no hemos vuelto a hablar. Supongo que debe ser algo importante para que tú mismo vengas aquí —indagó con astucia el otro varón.
—Já. Me duele que un viejo colega y amigo piense tan mal de mí —su sonrisa se ensanchó. Ambos habían sido policías hacía diez años, cuando Qian Jin renunció para dedicarse a la abogacía, y su compañero, para abrir un orfanato luego de ver tantos casos de niños abandonados o huérfanos.
—Por favor, Qian Jin, sé que estás ocupado siendo un importante abogado de derechos en el entretenimiento —tomó asiento en la silla giratoria ubicada tras el escritorio.
—Es cierto, la vida ha sido bastante buena conmigo después de renunciar a la policía —una pequeña risa escapó de sus labios—. En fin, venía para hacerte una propuesta… ¿Oíste sobre el accidente aéreo? La noticia es de hace horas, pero la anunciaron recién para evitar mala publicidad a la familia Liu, dueños de esa aerolínea y de la mitad de Eastwood, prácticamente.
—Oh —musitó, sorprendido—. No me sorprende tanto como esperaría… los Liu han hecho cosas terribles para que su apellido y sus negocios sean conocidos. ¿Qué tiene que ver con un humilde orfanato?
—Encontramos a una niña… niña que no está en el registro de pasajeros debido a su edad.
El otro sujeto apoyó los codos sobre la caoba oscura.
—Ya entiendo —asintió con la cabeza—. Pero el orfanato necesita una buena contribución para encargarse de la niña.
Qian Jin soltó una risa estrepitosa y levantó un maletín grueso del suelo.
—Mi buen amigo, incluso los Liu comprarán tu silencio. Esa niña es un gran problema para nosotros, para la imagen que hemos construido ante el público, y pagarán lo que sea necesario.
—Lo que es el dinero —reflexionó el contrario mientras abría el maletín.
—Así funciona el mundo para los Liu —le mostró el dinero que esa familia está dispuesta a pagar por su silencio—. ¿Aceptas?
—Lo haré por nuestra larga trayectoria como compañeros y amigos —tomó el objeto, con la mirada de sus ayudantes sobre él.

Diez años más tarde.

"Na na na na naaa
Na na na na naaa~
Estás bendecida con suerte
Te daré todo mi amor
Na na naaa
Déjame pasar mi color a tu corazón”.

Las notas suaves resonaban por los largos pasillos del orfanato, mezcladas con los tarareos débiles de una voz masculina. El sonido recorría las paredes inmaculadas, deslizándose con gentileza por las habitaciones de puertas entreabiertas; la melodía se filtraba por cada rendija, flotaba un instante en el aire y se desvanecía. Era una canción tranquila, cargada de recuerdos que fluían desde sus dedos al rozar las cuerdas; sonaba amarga y dolorosa, aunque nunca lograba completarla. Siempre quedaba en un esbozo de lo que alguna vez fue.
El joven permanecía sentado en el mismo escalón, con la guitarra apoyada sobre su muslo izquierdo. Sus dedos índice y medio se desplazaban con lentitud por el diapasón, haciendo brotar acordes bajos y pausados. Algunos se interrumpían antes de concluir porque su mano oscilaba levemente. Tarareó con la garganta oprimida: "mi historia a tu corazón".
Cerró los ojos e intentó el estribillo nuevamente, esta vez solo con el instrumento.
—Hmm —la niña que lo escuchaba apoyó un dedo en el mentón—. Estoy segura de que esa no era la letra, Luo.
—¿Ehhh? —él puso cara de dramatismo mientras interrumpía la música—. Es mi canción; sé que es así, Cyan.
—Préstame la guitarra —extendió los brazos hacia el joven, quien se quitó la correa para entregarle el instrumento—. "You’re blessed with luck. I’ll give you all my love".
Sus movimientos eran algo torpes, propios de alguien que empieza a aprender, pero su tono resultaba perfecto para aquella melodía que ambos habían bautizado como "my color".
—"Déjame pasar mi color a tu corazón. Mi historia se queda en ti; algún día, espero que tú también lo sientas..." —continuó Luo.
El varón terminó la última frase mientras los dedos de Cyan pulsaban la cuerda más grave. Vibró en el silencio del pasillo, más nítido que cuando su amigo tocaba.
—... "Mi historia se queda en ti" —susurró ella, devolviendo la guitarra—. Siempre olvidas esa parte.
Luo recibió el instrumento con una sonrisa ganadora. Sus manos, ahora quietas sobre la madera, parecían frágiles bajo la luz de la luz de la luna que bañaba al orfanato.
—Quizá... —respondió, pasando el pulgar por las cuerdas metálicas sin hacerlas sonar—. O quizá la letra siempre fue como la canté. Digo, es mía… ¡sé lo que hago!
Cyan se sentó a su lado en el escalón desgastado.
—Lo único seguro es tu nivel de seguridad —ella se rio con ganas, apuntando el dedo a él—. El engreído número uno del orfanato.
—Oye, más respeto. ¿Quién te enseñó a tocar, Cyan?
—Ehh- —lo miró con atención, por algún motivo siempre terminaba con sus ojos apuntando a él—. Será mejor que me vaya, no quiero que me reten.
—Espera —Luo la agarró de la muñeca sin dejar de sonreír—. Aún no hemos terminado la lección.
Cyan se detuvo, mirando la mano de él sobre su piel. La luz de la lámpara apenas delineaba sus siluetas en el pasillo vacío mientras las copas de los árboles se balanceaban ligeramente.
—¿Lección? —preguntó ella, levantando una ceja—. ¿O excusa para que no me vaya? ¡Seguro quieres que nos castiguen a ambos!
—Ambas —respondió él, soltando suavemente—. Ven, siéntate de nuevo. Las reglas están hechas para romperse, ¿sabes?
Cyan suspiró, no obstante, volvió al escalón. El pelinegro colocó la guitarra sobre las piernas de su amiga y la invitó con un gesto a poner los dedos sobre las cuerdas mientras él sostiene el mástil.
—Hoy vamos a trabajar en el cambio de acorde. Empezamos en Sol.
—¿En serio? —ella frunció el ceño—. Ayer casi me duermo en las prácticas del coro.
Luo soltó una risa.
—¡Con lo aburrido que es, ya me imagino! —le señaló la guitarra eléctrica—. Vamos, prometo que será poco tiempo.
Cyan colocó sus dedos con cuidado; Luo se inclinó ligeramente, ajustando con gentileza la posición de la mano izquierda de su amiga.
—Aquí —musitó él, tocando el dorso del dedo índice de ella—. No tan recto. Relaja el pulgar.
Cyan lo imitó. El acorde sonó limpio, sin vibraciones extrañas.
—¡Lo logré! —exclamó, sorprendida por haber hecho ese pequeño progreso.
—Síp. Lo lograste —confirmó él, con una sonrisa más pequeña, más cómplice—. Ahora mantenlo... y cuenta hasta cuatro.
Cyan contó en voz baja. “Uno, dos, tres, cuatro”. El acorde salió en el silencio como una brisa nocturna.
—¿Y ahora? —cuestionó ella.
—Ahora —respondió Luo, inclinándose hacia adelante—, cierra los ojos. Imagina que estás tocando para alguien que no está. Alguien que se fue. ¿Quién es?
Cyan bajó la mirada.
—No lo sé.
—¿Eras muy pequeña? —volvió a preguntar lleno de curiosidad—. Recuerdo ligeramente a mis padres, sus instrumentos, las canciones… Tú… también debes tener algo…
Ella se quedó en completo silencio.
—No —negó con la cabeza—. ¿Es malo? Aquí te tengo a ti, a las personas y amigos del orfanato…
—Entonces toca para mí, el orfanato. Y cuando estés lista, cambia el acorde. Sol a Re. Sin miedo.
Cyan respiró hondo. Sus dedos temblaron, pero se movieron. De Sol a Re, el cambio fue imperfecto pues era su primera vez.
—Bien —la elogió Luo—. Ahora canta. Una palabra, una línea… algo.
Ella negó con la cabeza.
—No puedo.
—Sí puedes, Cyan —insistió—. La misma que antes. "Mi historia se queda en ti".
Cyan abrió la boca con miedo. Sus labios temblaron al principio, luego su voz se volvió más segura y firme:
—"Mi historia se queda en ti... y algún día, espero que tú también lo sientas..."
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Miyu on March 24, 2017, 05:42:36 PM


1.2 # El color de la suerte.

A la mañana siguiente, el sol brillaba con fuerza. Cyan estaba sentada frente a su espejo, cepillándose el cabello. Su pelo largo y de color cian brillaba bajo la luz tenue del sol; cuando terminó de desenredarlo, lo dividió en dos secciones, para tomar el pelo de cada lado de su cabeza y atarlo con una liga, formando dos pequeñas coletas.

Cyan se observó un momento en el espejo y giró la cabeza hacia un lado y luego hacia el otro, estudiando su reflejo. Asintiendo levemente, satisfecha con el resultado. El peinado le favorecía definitivamente y la hacía ver hermosa y a la moda.

Aquel día era uno normal, con un calor agradable que se colaba por la ventana y Cyan recordó que la esperaban para practicar en el coro del orfanato. Tomó su mochila y salió de su habitación, dejando atrás el espejo y la luz del sol que seguía iluminando el espacio vacío.

A Cyan rara vez le gustaba asistir a esas prácticas, prefería ir con Luo a pasar el rato como cualquier niña, aprender nuevos acordes o cantar canciones de moda.

Suspiró antes de comenzar a caminar por los pasillos del orfanato, el intenso blanco de las paredes le recordaba a un hospital, frío y impersonal, a pesar de los dibujos infantiles que intentaban, sin éxito, darle algo de calor. Hasta los adultos parecían adornos en ese lugar, que rara vez interactuaban con los niños. Cada paso que daba hacia el salón de ensayos era un paso que la alejaba de donde realmente quería estar: con Luo. Su nombre era algo dulce en su mente, un bálsamo contra la monotonía de aquel lugar, de su realidad; él ya no estaba en el orfanato, seguramente estaría haciendo travesuras en la ciudad o andando en los patines con la mejor sonrisa y burlándose de ella por no animarse a escapar un par de horas.
Ella se preguntó entonces cuándo los días serian teñidos de color, como la canción que suelen cantar. Luo era el único que entendía su aversión por el coro, por las reglas, por la estricta rutina de la Hermana Soria. Juntos, se escapaban a la vieja sala de almacenamiento, donde Luo tocaba una guitarra y Cyan cantaba baladas de rock que aprendían de la radio.

Al llegar a la puerta del salón, el sonido de las escalas vocales, dirigidas con rigor por la Hermana Soria, ya se oían como reproche. Cyan se detuvo un instante, apoyando la frente en el marco de la puerta, fría al tacto. Cerró los ojos e intentó imaginar que las voces no eran un ejercicio de disciplina, sino una canción de aquellas que ella y Luo inventaban, aún así no pudo. Eran perfectas, afinadas y vacías.

—Cyan, llegas tarde —la voz de la profesora resonó en el aire, era un tono de reproche—. Por favor, ocupa tu lugar. Hoy trabajaremos en el himno para el festival de la próxima semana.

Asintió en silencio y se deslizó hacia su sitio entre las sopranos. La mirada de la mujer, tras sus gruesos lentes, nunca perdía detalle. Cyan sintió cómo su espalda se tensaba bajo esa vigilancia y abrió la boca para cantar, pero su voz sonó débil, desconectada de su cuerpo. Su mente estaba en otra parte, en una habitación llena de cajas viejas y luz de atardecer, donde una melodía imperfecta sonaba a libertad.

El ensayo fue una sucesión interminable de repeticiones. “Más diafragma, cyan”, “Afilen esa nota, no es un lamento, es un canto de alegría y amor”. Cada corrección le taladraba los oídos y la desanimaba más. Queria escapar.

Por la ventana alta del salón, podía ver un pedazo de cielo azul intenso, del color de su cabello, e imaginó que era el mar. Se visualizó nadando en él, lejos de allí, con Luo esperándola en la orilla con su guitarra y los patines que tanto amaban ambos.

La hora finalizó con un último acorde que la profesora de canto consideró “aceptable”. Las demás chicas se alborotaron inmediatamente, hablando de sus cosas, formando grupos para ir a merendar.

—La práctica de hoy fue más intensa.
—Sí. Se nota que la Señorita está nerviosa por la próxima presentación.
—Igual tenemos a Cyan, a ella vienen a ver cantar.
—Eso da un poco de alivio, no temo fallar.

La risa de las chicas resonaba en los pasillos exteriores y Cyan se encogió en su asiento… quería irse, desaparecer de una vez. 

—Hoy estuviste más apagada —la monja se acercó, acomodando las gafas en el puente de la nariz—. Concéntrate, falta muy poco para el festival.
—… —bajó la mirada hacia las partituras en su falda, nerviosa de que descubriera sus pensamientos—. Sí. Lo siento mucho, hermana.
La mujer exhaló aire pesadamente y se giró para volver al escritorio. Recta y fría, con mira en sus propios objetivos.
—Ve a almorzar —le ordenó y la chica asintió.

Tomó su mochila, recogiendo sus cosas y salió sola, sintiendo el contraste entre el bullicio que se alejaba y el silencio que la acompaña.

En lugar de dirigirse al comedor, tomó el camino contrario, hacia el patio trasero. Allí, escondido tras un viejo roble, había un banco de madera gastada que era su lugar favorito; su refugio. Se sentó y dejó que la calidez del sol, ahora más fuerte, acariciara su rostro y cerró sus ojos.

“Sometimes things may be so tough
Feels like everything is enough
But you can overcome it, use your own gift”


—Oh, ¿practicando sin mí? —su amigo salió de entre los arbustos, extendiendo los patines hacia ella—. Pensé en salir un rato. ¿Qué dices, Santa?

Ella le hizo un mohín, tomando con ambas manos los zapatos con rueditas.

—No me llames Santa, es un apodo estúpido.
—Si te escapas conmigo lo haré. Hehe. ~

La sonrisa de él brillaba más que el propio sol y fue tan contagiosa que la comisura de sus labios se levantó en una pequeña sonrisa.

—Pero no me quiero meter en problemas —susurró, aunque ya se andaba calzando los patines.
—Si no miras al salir por las puertas, no es como escaparte —la señaló y extendió la otra mano—. Aparte nunca te castigarían. Eres el eje de este lugar, Cyan.
—Tonto —susurró, continuando con el puchero en sus mejillas—. Esa lógica funciona con el rey de lo creídos.
—Haha, puede que tengas razón —respondió divertido, tomando la mano de Cyan y obligándola a ponerse de pie—. Así es más divertido, querida Santa.
—Moo, ya te dije que no me llames así.

(https://i.imgur.com/8VkJ7u2.jpeg)

Entrelazó sus dedos a él.
Bajo sus pies, las ruedas de los rollers zumbaban contra el asfalto caliente que todavía guardaba el calor del día. Luo, con su cabello oscuro rebelde y su piel tostada, apretó la mano de Cyan y señaló con la barbilla hacia la loma que se alzaba frente a ellos.

—¿La saltamos? —preguntó, y su sonrisa era de diversión pura.
Cyan, con su melena cian ondeando como una bandera, sintió el familiar vuelco en el estómago y la adrenalina que sentía a las travesuras de él. Pero la mano de Luo, firme y segura alrededor de la suya, le devolvió un poco de su valor.

Asintió, una leve inclinación de la cabeza, y apretó los dedos en respuesta.
Aceleraron.

El viento le agitó el flequillo sobre la frente y le silbó en los oídos, ahogando todo menos el sonido de sus propias ruedas y la respiración acelerada; la pendiente los empujó, ganando velocidad con cada metro. Los olores del parque se intensificaron: el polvo levantado por sus ruedas, el aroma dulzón de los pinos que bordeaban el camino, el perfume limpio de la hierba recién cortada…
Ese momento era de ellos. Ese instante uno que ambos querían que durara hasta la eternidad.
Sus cuerpos se alzaron, suspendidos en el aire.
El cabello oscuro de Luo se erizo hacia arriba con el aire, al igual que la larga melena celeste verdosa, que se mecía hacia arriba con la fricción.
Aterrizaron con un suave golpe seco, las ruedas absorbiendo el impacto con un traqueteo; Luo soltó una carcajada. La chica se quedó sin aliento, rió también, una risa que le salió sin permiso, liberadora a más no poder.

—Eso fue increíble. Muy inesperado para la Santa —siguieron patinando, sin detenerse ni soltarse.
—… —enmudeció un instante, antes de soltarle la mano y detenerse—. Dijiste que ya no me llamarías así. Mentiroso.
—Oye —movió sus pies alrededor de ella, rodeándola varias veces—. Para ser tan bajita, tienes bastante memoria.
—Eso suena tonto —se cruzó de brazos.
—¿Qué tal si vamos a comer algo? ¿Eso te hará sentir mejor? —volvió a tomar la mano de ella—. Venga, vamos.

Luo siempre lograba arrastrarla hacia los problemas y, de alguna forma, a la felicidad.
Patines, golosinas, comida rápida, cosas bonitas y de moda, la música… todo eso la hacia sentir normal y quien le daba esa normalidad debía ser su amigo.
Después de pedir un par de hamburguesas, papas fritas y refrescos, ambos se sentaron en una banca del parque y Luo señaló hacia un hombre que estaba tocando la guitarra en medio de la plaza, dónde la gente le dejaba algunas monedas en el estuche.

—Hay que intentarlo —los ojos oscuros del varón brillaron con intensidad ante la idea, pues generalmente debía trabajar en el orfanato para ganar algo de dinero a cambio.
—¿Tú crees? —ella tenía la hamburguesa entre sus manos—. No lo sé.
—¡Vamos! No perdemos nada y podemos ahorrar para… —miró hacia Cyan, quería decirle huir de ese lugar, juntos.
—Hmm. Si el Director se entera estaremos en grandes problemas.
Mordisqueó el pan, saboreando el bocado con delicadeza.

La sonrisa de Luo se ensanchó.

—Grandes problemas son mi especialidad, Santa. Además, ¿qué es lo peor que podría pasar? ¿Que nos manden de vuelta al orfanato? Ya estamos ahí —dio un mordisco enorme a su hamburguesa, hablando con la boca llena—. Podríamos comprar esos patines nuevos que tanto te gustan. O irnos a la costa, nunca hemos visto el mar.
Cyan miró la guitarra del hombre en la plaza. Las notas eran simples, pero sonaban libres y auténticas, tan diferentes de las partituras rígidas del coro.
—Podríamos tocar nuestras propias canciones —murmuró, casi para sí misma y tragó saliva—. Las que inventamos… “my color”.
—¡Exacto! —Luo chocó su puño suavemente contra el hombro de ella—. Podríamos juntar suficiente para... ya sabes —bajó la voz, aunque nadie alrededor parecía prestarles atención—. El plan.

El Plan. Esa palabra que se oyó entre ellos, cargadas de emoción y, a la vez, tan aterradoras. Era un sueño que compartían y que Luo hizo a detalle en el escondite del almacén: un viaje en tren hacia ninguna parte en particular, un departamento pequeño cerca del mar donde el sonido de las olas ahogaría el eco de los himnos y días enteros para tocar música y ser ellos sin que nadie los regañara por llegar tarde o no hacer lo que les indicaban.

—Tendríamos que ser rápidos —musitó Cyan.
El miedo se apoderaba de su estómago, pero era un miedo distinto al que sentía bajo la mirada de la Hermana; este era eléctrico, prometedor y cargado de emoción—. Y cuidadosos.
—Por supuesto que cuidadosos! Santa, yo tengo todo calculado —Luo sacó de su bolsillo trasero un mapa arrugado de la ciudad, marcado con rutas en rotulador rojo—. He cronometrado los turnos de los guardias, las cámaras junto al muro este están rotas desde hace semanas y sé dónde venden los boletos de tren más baratos.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Miyu on May 30, 2017, 07:23:16 PM
2.1 Cantar

 Las notas de música que salían de la guitarra de Luo resonaba por todo el centro de la plaza, junto a la voz incomoda y tímida de Cyan que al principio era como un leve susurro y luego alcanzaba gran intensidad y seguridad.

"You're blessed with luck
I'll give you all my love
Even when I'm gone, you're in my arms
Defending you at any cost, I swear
Let me pass my color to your heart
My story stays in you
Someday, I hope you'll feel it, too"

Al terminar la canción, unos cuantos aplausos resonaron, acompañados del tintineo de algunas monedas que caían a sus pies. Habían ensayado durante días cómo debía moverse Cyan, cómo conquistar el escenario con una sonrisa segura y una presencia que atrajera miradas.
—¡Lo logramos! —Luo le extendió una mano hecha puño, para chocarlas.
—Si el rey de los engreídos lo dice —ella sonrió, estrellando su puño con él—. Aunque el dinero es poquito.
—Lento pero firme, así debemos avanzar —su sonrisa se ensanchó.
Ambos estaban sudados, con el corazón aún acelerado por la adrenalina de su primera presentación callejera. Eastwood era el lugar perfecto para triunfar, y solo necesitaban escapar de aquel ambiente opresivo que los rodeaba.
Recogieron sus cosas y calzaron los patines para regresar a casa, pues ya pasaba de las seis de la tarde.
—¿Quieres tomar algo? —preguntó Luo, agitando el vasito de monedas—. Como festejo por nuestro primer dueto en público.
—Sí —asintió emocionada—. Leí en algunas revistas sobre el Chinatown y sus bebidas. Quiero ir…
Dio varios saltitos con los patines ya puestos, lo que hizo que se oyera un pequeño sonido de sus ruedas contra el concreto.
—Hahaha —comenzó a reírse, mientras tomaba de la mano a Cyan—. ¡Vamos, Santa!
En pocos minutos ya estaban por las calles repletas de gente de Chinatown; los negocios resplandecían con luces coloridas y carteles brillantes llenos de palabras de “Lucky” y manekis nekos en sus escaparates que los invitaban a entrar.
—Mira —una chica señaló hacia Luo y Cyan—. ¿Son los de Tik Tok?
—Deben ser, el cabello de ella es igual —ambas comenzaron a acercarse a ellos, quienes aún seguían decidiendo a dónde ir a tomar algún café o té.
Las dos chicas se posicionaron frente a ellos y una extendió el celular hacia el rostro de Cyan.
—Disculpa, ¿eres la chica del parque?
Cyan fijó la vista en el celular frente a ella y se reconoció a sí misma en un vídeo. La voz de ella salía tan limpia y clara, que le sorprendió.
 —S-soy yo —murmuró totalmente sorprendida.
—¡Whoo! ¿Tan rápido estamos en Internet? —Luo también se miró en el vídeo, las notas de él, perfectas como siempre.
—¿Era su primer show? —las chicas parecían un poco más grandes que ellos en edad.
—Oh sí. Estuvimos geniales, ¿verdad? —contestó con una gran mueca de orgullo y felicidad.
—Luo —lo empujo suavemente para llamar su atención.
—¿Qué? Es la verdad —se rascó la punta de la nariz con el índice.
Ambas muchachas se rieron con él y sin querer, deslizaron hacia otro short de Tik Tok. Este era de un chico de cabellos dorados que tocaba un violín de manera magnifica, como un ángel que de pronto te observaba con sus penetrantes pupilas doradas.
—Se llama Luka Agriche —una de ellas les dijo al notar el interés de ambos—. Es un actor juvenil con muchos talentos.
—Hay tantas personas talentosas —susurró Cyan, aún impresionada por el corto que se repetía en bucle.
—Y nosotros somos uno de esos —afirmó Luo con una sonrisa gigante—. Espero nos vengan a ver mañana.
—Claro, estaremos en el parque esperando —las dos extrañas se despidieron mientras Luo y Cyan comenzaban a andar en rollers por la acera.
Estuvieron un rato en silencio, con el ruido del barrio chino, tan vivaz y alegre, resonaba entre ellos.
—Es increíble —ella se detuvo frente a unos televisores ubicados atrás de los vidrios de una tienda—. Hay tantos tipos de música.
—¡Y el mejor es el Rock! —afirmó con entusiasmo, mientras una banda japonesa tocaba en esas pantallas—. Mira, son Shibari. Grupo japones que se catapultó a la fama luego de varios fracasos del líder, Eiji Kimura.
—¡Oh, hemos tocado algunas canciones de ellos! —Cyan quedó sorprendida, con los ojos pegados al cristal para ver al guitarrista en su solo—. ¿Eiji es el pelirrojo?
—Sip —asintió, cruzándose de brazos, como si lo supiera todo de Shibari—. Y está tocando “Little Jumper!”.
—Quiero tocar esa en público —sus manos tocaron el tibio cristal del escaparate.
—Eso suena genial. ¿Te imaginas si Kimura Eiji oyera nuestro cover? ¡Seguro le gustará o nos insuflará!
Cyan se inclinó por lo segundo, Eiji era bien conocido por ego y mala personalidad, aunque su talento lo valía o así habían oído de la radio.
—De adulto, quiero ser como él.
—Dudo que sea un ejemplo a seguir —desvió la mirada de los televisores a su amigo.
—Tonterías, aparte tiene diez y nueve años, me lleva solo nueve años… ya me imagino compartiendo escenario con Kimura Eiji.
—El rey de los creídos ataca —Cyan sonrió feliz, aunque apoyaba a su amigo y estaba segura de que lo conseguiría.
—Santaaaa —contestó con la misma mueca que ella.
Y de pronto la vista de ambos fue hacia una tienda de CD’s. “Joe’s Rock Shop” leyeron ambos mentalmente y sin pensarlo se lanzaron a la calle para ir deprisa hacia ese lugar.
—¡Bienvenidos! —un hombre los saludó desde el mostrador.
—¡Buenas! —el varón le devolvió el saludo y empujó a Cyan a los CD’s de los noventas, dónde portadas experimentales y decadentes hacían evidente su década.
—Nirvana, Soundgarden, Red Hot Chili Peppers, Blur, Oasis… —mencionó las bandas en las portadas—. ¡Clásicos!
—¿Y este? —sacó uno con el rostro de una chica en tonos violáceos—. ¿Quién es?
Luo se quedó viendo las extrañas letras que había en el reverso del CD. No era chino, japones ni ingles…
—Viejooo. Te confundiste de lugar con este CD —levantó el objeto y lo dirigió al hombre.
—Oh —el dueño de la tienda se rascó la barba—. Es coreana la chica, ¿puedes ponerla en lo actual?
—Sí —respondió, examinando los caracteres una última vez.
—Espera, Luo —tiró de la manga del chico y señaló hacia la estación de escucha que estaba vacío.
—¿Quieres oírla?
Como respuesta asintió y ambos fueron al aparato, dónde Luo pasó el código de barra por el escaneador y Cyan se ponía los auriculares.

“Just laugh – hey, kick and break ya
To the galaxy shining bright, ch-cheers
Change the game with a single action
Trust me and I’ll show you, ch-cheers
We only get one life, so I’m living mine for me
’Cause I’m the one from your wildest dreams
I’ll create a fantasy in this crazy world
And change it all – I’m going all-in”

La voz de la vocalista gritó vivaz, aludiendo a su canción y gritando que está. Cyan lo sintió como una canción que quiere ser reconocida, que desea dejar una marca ante los que la oyen.
Apretó los auriculares a sus oídos.
—¿Suena tan bien?
—Es extraña… fascinante… —una vez terminó la canción, dejó los auriculares en su lugar y Luo colocó el CD en el lugar correspondiente.
—Se llama Hyuna, debutó hace poco —el dependiente respondió.
Sin que Luo se diera cuenta, Cyan se había acercado a preguntarle cosas al señor.
—Toca en bares. Dudo que los dejen entrar —se mofó de ambos chicos.
—Me preocupa que un hombre tan viejo conozca a una recién debutante —el otro chico se acercó y lo señaló.
—Ouch. Dolió, mocoso.
—¡Luo! —se apresuró a codearlo, pero el hombre bajo unos centímetros sus gafas de sol y con la barbilla señaló el estuche de guitarra del joven.
—¿Tocan? —preguntó apoyando las manos en el mostrador—. Es un poco raro ver a alguien con una guitarra, ahora es todo sintetizadores y bandas de chicos y chicas que bailan.
—Mi padre era un conocido compositor —se apresuró a contestar él.
De inmediato Joe se dio cuenta del uniforme gris de Luo y bajó la mirada algo apenado y con compasión por ambos chicos.
—Lo siento —susurró
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Ekha on May 31, 2017, 02:36:46 PM
Un monstruo llamado Arence, me enableó estúpidamente un día luego de que el collab de Tales of Link traía un Eizen cantando.
Soy tan débil que creo que le daré una nueva oportunidad a esto y empezaremos de cero nuevamente.


001 - Razones para conseguir un smartphone nuevo

Regresar al camerino después de un concierto exitoso era gratificante. La sensación de triunfo, mezclada con la sensación de haber dado lo mejor de sí allá afuera eran unas de las cosas que le hacían sentir completo después de una noche como esa.

Se limpió el sudor con una toalla acomodada en el respaldo de su silla, como siempre, su asistente sabía cómo dejar las cosas. No le gustaba tenerla dando vueltas detrás de él pero sin ella no podría organizar su vida así que su forma de trabajar era que él procuraba ser lo más responsable posible y ella se aseguraba de que todo estuviese en completo orden antes, durante y después de un concierto, un ensayo o lo que fuese a ocurrir y estuviera en la agenda.

La única cosa que seguían sin poder controlar era a su compañero de ruedo. Alocado, con un aire de demencia que podías oler hasta a 500 metros de distancia, actitud despojada de la vida y “sólo se vive una vez”. Él era el verdadero dolor de cabeza, aunque, si debía admitir algo, es que era malditamente bueno haciendo lo que tenía qué hacer. Para las masas, tenía carisma y un algo salvaje que complementaba el estilo distante y cerrado del otro. Eran un buen equipo.

Y habían sido amigos por años.

Tal vez de casi toda una vida.

Tanto que había tenido que advertirle más de una vez en la existencia que se alejara de su hermana menor o lo pagaría muy, MUY caro.

Justo pensando en que faltaba una tormenta destruyendo el camerino, su compañero entró, despidiéndose animado del equipo de producción y prometiendo un concierto mucho más salvaje para la siguiente ocasión. Seguramente habría conseguido más de un número telefónico por ahí, como siempre.
Sólo suspiró y se preparó para salir de ahí.

“Oi”

Quizá lo lograría si lo ignoraba.

“Oi, te estoy hablando.”

Una queja salió de su garganta. Claro que lo estaba ignorando. Podía seguir hablando, la última vez había tenido que arrastrarlo, ebrio y totalmente muerto, por decirlo así. Y habría sido bueno que sólo hubiese sido él, otro idiota  amigo suyo había también bebido en exceso y no dejaba de hablar camino al departamento de cómo iba a matar a su hermano mayor algún día o algo así.

“Sé que me estás escuchando, ¿Acaso quieres pelea? ¿Después de un concierto? Me estás jodiendo, ¿No?”

Eizen no respondió. Definitivamente no iba a ceder ante cualquier provocación de Zaveid esta vez. Sólo quería ir a casa y acabar su buen día de buena forma.

Zaveid suspiró, fastidiado. Claro que Eizen no le iba a hacer caso.

“Como quieras, sólo quería decirte que tu asistente me pidió que te dijera que revisaras tus mensajes. Sabe que lo haces pero dice que es urgente.”

Eizen volteó la cabeza sólo un poco, para verle de reojo. ¿Por qué no se lo dijo en persona? Zaveid sonrió con esa enorme y estúpida sonrisa “lo tengo todo bajo control” y volvió a ignorarle. Pudo escuchar claramente cómo chasqueaba la lengua y murmuraba por lo bajo “todavía que te ayudo…” pero no importaba. Buscó su celular, lo desbloqueó e hizo una mueca cuando leyó el nombre del remitente.

“Querido hermano. Debido a que decidiste hacer tu carrera como cantante sin avisar, te fuiste de casa  y decidiste que lo mejor era mandarme lindas postales y recuerdos de tus conciertos, he decidido seguir tus pasos."

Zaveid juró que esa noche escuchó claramente cómo el pobre smartphone de Eizen emitía pequeños cracks uno tras otro mientras su compañero y amigo lo destrozaba lentamente cerrando su puño con cada vez más fuerza sobre él.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Nite on May 31, 2017, 03:50:01 PM
SIDE B: 001
Para el Nada de esto formaba parte del plan...
... y si era sincero consigo mismo, nunca hubo un plan para empezar.

Absolutamente todo lo que le había llevado a ese momento había sido una serie de sucesos; decisiones sin importancia. Consecuencias que tuvo que enfrentar poco tiempo después.
La verdad nunca se habría esperado que las cosas se dieran de tal manera.

"Cálmate Kaito" se repitió esta vez en voz alta, esperando así poder calmarse "Solo te estas sintiendo culpable por no llamar" buscaba justificar su situación. Su ansiedad para ser más precisos, o su falta de ganas de aceptar que efectivamente, estaba por tener un ataque. Lo que más parecía inquietarle era el desagrado consigo mismo hacía la idea de sentirse ansioso. No había razón (todavía) para sentirse mal.
"Siempre puedes regresar a casa. No es que te vayan a echar o algo..." el timbre del estudio le distrajo, para su suerte, y dejó aquel vicioso tren de pensamiento pasar cuando lo recibieron un par de palmadas sobre sus hombros y un par de sonrisas.

"¡Hey!"
Suponía que era bastante normal para cualquier muchacho de 16 años querer ser rockstar a toda costa; y ese delirio fue el que lo motivo a salir de su casa, a marcharse de su pueblo a querer ´sacarles en cara´ como él era capaz de IR y CUMPLIR su sueño a toda costa.
Claro que de animador infantil a rockstar había una gran diferencia.
"¡Quedaste!"
"Felicidades"
Especialmente si tenías 21.

{…}
Kaito Shindo era hijo único; por lo cual estaba acostumbrado a todo tipo de atenciones. De sus padres, su familia, la gente de su remoto pueblo, las chicas del instituto…  era fácil aburrirse en un sitio tan pequeño. Y no era como si detestara su ciudad, pero conforme iba creciendo se dio cuenta que, efectivamente, era fácil aburrirse en un sitio tan pequeño.
Es por eso que ahora recordaba con muchísima vergüenza el escandalo enorme que armo para irse de aquel lugar. Como si de repente, por venir a esta metrópolis, donde uno suda ´arte´ (en toda la extensión de la palabra) por el simple hecho de estar ahí, ganaría fama instantánea. Que equivocado que estaba.
Otro detalle de Kaito era que solía exagerar mucho: Era un puto dramaqueen, y ni él mismo entendía como había sido posible que sus padres lo aguantasen tanto el tiempo que estuvo viviendo con ellos.
No era como si la vida lo hubiese tratado mal. Nunca le tocó dormir en las calles, o pasar hambre. Tenía una gran cantidad de conocidos que resultaban ser extremadamente amables con él; comparado con muchos otros casos que solía escuchar en los bares, él había tenido suerte. Muchísima suerte.
Y era por eso que no se cabía; no entendía porque obtener uno de los 5 titulares dentro de la serie infantil del momento le sentaba tan mal, al punto de quererse ahogar en sus nervios.
Era una excelente noticia, pero no era lo que él quería.

Ser uno de los titulares significaba que iba a tener bastante exposición en otros medios además de televisión, presentaciones casi a diario, entrevistas, giras, sesiones de fotos; y obviamente una paga mucho más extensa que la que recibía como bailarín de fondo (o los ocasionales trabajos de extra en comerciales).  Todo eso no le iba para nada mal… el único pero que le encontraba a toda su situación era que no le gustaban los niños.


Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Miyu on June 30, 2017, 04:51:14 AM
2.2 # Cantar.
—Lo siento —susurró el dependiente, rascándose suavemente la mejilla con gesto compungido. Aunque Eastwood era una ciudad reluciente y próspera donde no abundaban los huérfanos, sí sabía de la existencia de uno o dos orfanatos en toda la región. La vida allí suponía no debía ser fácil y luego se preguntó el tipo de educación que debían recibir los niños y como los integraban a la sociedad luego de cumplir la mayoría de edad… eso lo hizo suspirar.
—No es para tanto —respondió Luo y su sonrisa, ancha y sincera, se sintió de inmediato reconfortante para Joe, disipando parte de su incomodidad y dudas.

Cyan, por su parte, no terminó de entender bien el motivo de la disculpa. Después de todo ella no poseía recuerdos vívidos de sus padres; esa nebulosa del pasado le parecía algo lejano a ella. La vida en el orfanato no la había juzgado nunca como algo terrible o al menos, había dejado de parecérselo desde el día en que conoció a Luo. Miró a Joe con sus grandes ojos verdes, parpadeando varias veces con una curiosidad tranquila, como tratando de descifrar la pena que no lograba compartir.

—Tengan —dijo Joe de pronto, recuperando su animación habitual. Se agachó y buscó debajo del mostrador entre un pequeño desorden de promociones, hasta sacar un CD en su funda de plástico. Era el sencillo debut de Hyuna—. Es solo un sencillo, pero está bastante bien. La producción es limpia y la voz… bueno, la oirán completa.
—Gracias —dijo Luo, alargando la mano y tomando el disco antes de que Cyan pudiera articular una negativa. Su movimiento fue rápido o mucho más rápido de lo que su amiga podía ser.
—¡Luo! —lo regañó ella, aunque sin verdadera fuerza en la voz—. N-no podemos aceptarlo… Sería un abuso de su amabilidad.

Sin embargo, sus ojitos brillaban con un entusiasmo indisimulable. Ya quería sumergirse en esa voz potente de la que hablaba Joe, descifrar las letras, perderse en los arreglos. Tomó con cuidado el CD que Luo le acercó y contempló la portada; la imagen de Hyuna en un primer plano desafiante, con una sonrisa prepotente y un fondo de un violeta eléctrico e imponente que parecía hacer eco de su energía, hasta podía sentir las pequeñas gotas de sudor que debieron resbalar por su piel trigueña.

—Tranquila —dijo Joe, cruzándose de brazos—. No es un regalo.

Su voz fue firme, sin dramatismo. No hablaba para convencer, sino para dejar clara su postura; a lo largo de los años había aprendido a medir las palabras cuando trataba con gente joven y más cuando estaban llenos de esperanzas. La tienda no había salido adelante por casualidad, él la levantó solo, con pocos recursos, muchas horas de trabajo y decisiones tomadas con cuidado. Ese mismo criterio lo aplicaba ahora.

—Piénsenlo como un préstamo a largo plazo. Un préstamo de inversión, si quieren llamarlo así. Cuando ustedes dos sean conocidos, me lo devuelven con intereses. Un álbum firmado alcanza.

Luo no dudó. No pidió aclaraciones ni miró a Cyan buscando permiso, en sus ojos apareció algo distinto, una determinación clara que no solía mostrar frente a desconocidos. Dio un paso al frente y extendió la mano derecha para tomar el objeto que el dependiente les ofrecía.

—Trato hecho.

La seguridad de su gesto sorprendió a Cyan. Ella abrió la boca por reflejo, dispuesta a objetar, pero se quedó callada observando a su amigo durante un segundo que duró más de lo esperado. Por supuesto, no era impulsividad ni tampoco arrogancia, era convicción. Luo hablaba de un futuro que todavía no existía, pero lo hacía con la naturalidad de quien ya lo ha decidido y que nunca dudará en su camino. Eso la desarmó.

Joe estrechó la mano de Luo con fuerza y una sonrisa amplia se dibujó entre sus pómulos. No era una sonrisa condescendiente ni nostálgica, fue sincera. El acuerdo resultaba extraño… un dependiente de mediana edad sellando un pacto con dos chicos en una tienda de segunda mano que ya no recibía muchos clientes. Aun así, no se sintió absurdo sino con todo el sentido del mundo, siendo el hombre un mentor.

—Entonces queda así —afirmó el mayor—. El disco es suyo. O, mejor dicho, es mi futura pieza de colección. Cuídenlo.

Les guiñó un ojo, reconociendo ese brillo en esos dos chicos muchos años atrás, chispa que él también la tuvo. No era talento ni ambición ciega sino la mezcla peligrosa de ganas y necesidad. La guitarra que Luo llevaba a la espalda confirmaba que no hablaban solo por hablar y que ya a estaban practicando, estaban intentándolo.

—…

Cyan bajó la mirada al CD en silencio. Pasó los dedos por la portada con cuidado; el plástico tenía un relieve leve y lo recorrió sin apuro. El resto del local quedó en segundo plano ante sus ojos verdes… el polvo suspendido cerca de la ventana, el murmullo constante de la música ambiental y el olor a papel viejo y madera de las estanterías y mostrador. Todo se volvió irrelevante.

Durante unos segundos, solo existió ese objeto. No era grande ni llamativo y tampoco pesaba demasiado, aun así, sentía que sostenía algo importante. No pensó en fama ni en escenarios reflexionó en una voz que todavía no había escuchado bien, pero que estaba a punto de hacerlo. Pensó en el momento preciso en el que ese disco había llegado a sus manos.

—¿Y por dónde empezamos, viejo? —preguntó Luo.
—¿Viejo? —apoyó ambas manos con fuerza sobre el mostrador—. ¡Qué insulto!
—¡Luo! —le reprochó ella por enésima vez ese día.

Luo bajo la cabeza un instante, pero volvió a mirar a Joe con atención total. No buscaba halagos ni quería frases bonitas; necesitaba una dirección. Durante mucho tiempo, su sueño había sido una idea difusa y ahora estaba frente a alguien que ya había pasado por ese punto. Eso lo convertía en una referencia.

Joe apoyó los codos en el mostrador, cuya madera estaba gastada por años de uso. Permaneció en silencio y luego dirigió la mirada hacia la estantería de discos, vinilos viejos y casetes olvidados; recordó su adolescencia y los consejos que recibió entonces… algunos útiles y otros inútiles. La mayoría tardó años en entenderlos.

Suspiró.

—Primero —explicó con un suspiro resignado—, olvídense de pensar en empezar.

Ambos fruncieron el ceño, atentos.

—Empiezan cuando dejan de intentar impresionar. Cuando tocan sin pensar en quién escucha. Cuando dejan de buscar aprobación inmediata. Eso cambia todo.

Señaló el CD de Hyuna.

—Escúchenlo muchas veces. No solo para disfrutarlo. Escúchenlo con atención. Pregúntense por qué funciona. Dónde entra la voz. Qué sostiene la canción. Qué la hace avanzar. De qué habla realmente.

Hizo una pausa breve, analizando sus próximas palabras.

—Después hagan lo mismo con todo lo que puedan escuchar. Canciones buenas y canciones malas, canciones que no soporten, absolutamente todo sirve. No solo la música, miren a la gente, escuchen conversaciones y fíjense en lo que molesta, en lo que se repite, en lo que hace reír. Un artista trabaja con emociones reales. No con ideas fuera del lugar.
 
Cyan asintió despacio. No comprendía cada punto en profundidad, pero entendía la idea general y que no se trataba de un camino rápido; no prometía resultados inmediatos y wso la tranquilizó. Sus dedos se cerraron un poco más alrededor del CD. Luo, en cambio, parecía absorto en cada palabra, ya pensando en canciones y en melodías. En terminar la que tenía empezada y crear aún más.

Joe los observó un momento más. Luego añadió:
—Y practiquen. Todo el tiempo. En cualquier sitio. No esperen el momento perfecto. No existe.

Luo tomó aire con una gran mueca de felicidad.

—Gracias.
No dijo nada más, no hacía falta nada más.
Joe se enderezó y dio un paso atrás, buscando algún paño para comenzar a limpiar la tienda.
—Eso es todo lo que puedo decirles hoy. El resto depende de ustedes.
El silencio que siguió no fue incómodo. Era denso y cargado de ideas nuevas; Cyan volvió a mirar el disco, Luo acomodó la guitarra en su espalda. El acuerdo estaba hecho, no había aplausos ni promesas grandilocuentes, solo una decisión.
Habían recibido algo más que un CD. Habían recibido un empujón.
Y Luo ya tenía la primera melodía que quería terminar “My color”.

Luo tragó saliva antes tomar la guitarra con sus manos de la espalda y traerla hacia delante, si bien no tenían amplificador y sonaría como una acústica él no temía a cantar esa canción que rondaba su mente.

En pocos minutos ya la letra brotaba como magia de sus labios, esos sentimientos que había compuesto desde algún lugar lejano llenaron el local vacío con calidez, pronto Cyan se unió a él en un pequeño dueto bastante hermoso.


“Sometimes things may be so wrong
Feels like everything is lost
But you can be the one to fix these mistakes
Life is hard and full of tears
Feels like everything you fear
But you can be the one to confront it”

—Y toquen —añadió Joe después de que terminaron de cantar, la sonrisa del hombre fue sincera, esperando por el futuro brillante de ambos—. En cualquier sitio. En el parque, en el metro, en la puerta de esta misma tienda un día que yo no esté para echarlos. Acostúmbrense a las miradas, a la indiferencia, al aplauso ocasional.

Luo esbozó una mueca de complicidad. Esa parte, la de tocar para extraños, ya la conocían. Había empezado en los pasillos del orfanato, luego en el parque frente a unos niños, después en una esquina tranquila. Cada vez era un poco menos terror, un poco más de esa conexión eléctrica y fugaz con un desconocido y ahora tenían un pequeño público en Tik Tok.

—Gracias, Joe —susurró sin timidez Cyan, por primera vez con una voz firme y clara, levantando la vista del CD—. De verdad, por el préstamo y… por el consejo.

Joe hizo un gesto con la mano, como quitando importancia, pero su expresión era cálida.
—No me agradezcan todavía. Agradézcanme cuando me entreguen ese álbum firmado. Ahora, lárguense. Tengo que poner orden en esta cueva antes de que cierre.

Salieron a la calle cuando la luz de la tarde ya empezaba a bajar. El cielo tenía un tono anaranjado suave y el aire era más fresco que dentro de la tienda aun cuándo el aire acondicionado funcionaba allí; Cyan caminaba con el CD en la mano, mirando al frente, mientras avanzaba sin decir nada y a su lado Luo, sonriente de aquel encuentro fortuito. Ella sentía algo distinto, una especie de claridad que no solía acompañarla no era emoción ni entusiasmo desbordado, sino la sensación de que, al menos por ahora, sabían qué hacer.

Aún no tenían un plan definido ni certezas sobre el futuro. Había demasiadas cosas fuera de su control y pocas respuestas claras, sin embargo, ya no estaban dando vueltas sin rumbo cantando sin más, tenían tareas simples y concretas: escuchar música, prestar atención a lo que los rodeaba, practicar cuando pudieran. Nada más, pero tampoco nada menos.

Cyan bajó la vista hacia el CD que llevaba consigo. Era un objeto común, liviano, fácil de guardar en una mochila. Aun así, le resultaba importante. No porque garantizara nada, sino porque marcaba un inicio; un primer paso que no dependía de la suerte ni de promesas ajenas, sino de lo que ellos decidieran hacer a partir de ese momento.

—¿Qué opinas? —cuestionó Luo, avanzando con la espalda hacia delante para ver a su mejor amiga a los ojos.

Ella rehuyó un poco antes de acomodar uno de sus cabellos azulados y colocarlo detrás de su oreja.

—Es un sueño bastante grande —sus mejillas se tiñeron de rojo al pensar que toda esa atención estaría enfocada en ambos.
Luo sonrió, y entonces, en medio de la acera, comenzó a cantar suavemente:
—I'll be your light, so don't you cry, we'll be fine. When you're feeling down, i'll hold you tight. You'll be brave enough to seize this fight, I swear —cerró sus parpados con fuerza, empezando a entonar otra parte de la canción “My Color” que él había compuesto.
Cyan, por reflejo, tomó el relevo:
—Let me share my color with you now. My path is only with you, i want you to feel that you'll make it through —de inmediato Cyan continuó con la melodía. Al terminar la línea, una risa nerviosa y alegre les salió a ambos al mismo tiempo. Era la confirmación de que estaban en el mismo barco, remando hacia la misma orilla lejana.

La caminata hacia el orfanato continuó. La luz del atardecer cedía el paso a un crepúsculo grisáceo, y las farolas comenzaron a encenderse gradualmente. Pasaron frente a una tienda de crepas ya cerrando y luego un Seven Eleven al que Luo señaló con entusiasmo; el clima caluroso se sentía en el ambiente y ambos pensaron en lo mismo: helado.

—Paramos —dijo entusiasmado Luo, desviándose hacia la entrada automática.
Dentro, el aire olía a café recién hecho y a pan caliente. Fueron directamente a la heladera. Luo abrió la puerta de vidrio, dejando escapar una nube de aire frío.
—Uno solo —propuso Cyan, después de todo no tenían tanto dinero salvo las propinas que recibieron por tocar esa tarde en la plaza—. Para compartir.

Escogieron un bote de helado de vainilla con trozos de galleta. En la caja, mientras Luo pagaba, la vista de Cyan se posó en un expositor con revistas de diferentes tipos; entre los titulares de moda y deportes, vio una publicación de música. Era una revista especializada en artistas independientes y rock.

La tomó y hojeó rápidamente las páginas. Había entrevistas, reseñas de discos, anuncios de pequeños sellos discográficos, se la quedó mirando un momento, sintiendo cómo ese objeto mundano conectaba directamente con la conversación de la tienda de Joe y con la canción que acababan de cantar, incluso una pequeña reseña al sencillo de Hyuna “All-in” apareció en el índice.

—¿Quieres eso, Santa? —preguntó Luo, siguiendo su mirada.

Cyan no sabía si asentir o no, aunque era un monto mínimo tenían sueños que querían lograr y para el primer paso tener dinero ahorrado era indispensable… igualmente asintió con mandíbula apretada.

Él añadió la revista a la compra, manteniendo la expresión de felicidad.

Salieron de la tienda. Luo llevaba la bolsa y Cyan sostenía el bote de helado y dos cucharas de plástico que el cajero les había dado; se sentaron en un banco público a medio camino, bajo la luz tenue de una farola y compartieron el helado en silencio, pasándose el bote. El frío y el dulce sabían a normalidad, a un pequeño lujo cotidiano que hacía que el sueño enorme pareciera, por un instante, algo más manejable.

Cyan hojeaba la revista con una mano mientras con la otra tomaba su turno con la cuchara. Sus ojos escaneaban los artículos, buscando algo, cualquier cosa que les sirviera como Joe les aconsejó; Luo observaba el entorno, la calle tranquila, la gente que pasaba sin prisa y pensaba en la próxima canción, en las palabras que quería escribir.

—Quizás debamos comprar un reproductor de música —marcó Luo, señalando con la cabeza hacia la bolsa de Cyan donde guardaron el CD—. ¡Así lo podemos escuchar en todas partes!
—… —Cyan lo observó atenta, con la cuchara en la boca y luego asintió—. Así es. Sería nuestro tesoro y de nadie más —musitó ella, bajando la revista un momento—. Pero esos reproductores portátiles todavía son caros, tendríamos que ahorrar.
—Podemos guardar lo que nos den para gastos pequeños —propuso Luo con entusiasmo—. Yo puedo dejar de comprar esas galletas de la máquina los miércoles y tú podrías cobrar por predecir números o cosas así en el orfanato.
Cyan frunció un poco el ceño.
—No lo sé, Luo. La gente cuenta conmigo y si fallo se enojarán conmigo y el director, eso supondrá que me quitarán privilegios y ya no podré juntarme contigo o me prohibirán practicar con la guitarra.
—¡Ufff! —bufó Luo, dando una palmada suave en su propio muslo con frustración, porque Cyan tenía razón y si la gente no tenía de su lado a “Lucky Cyan” se podrían enojar severamente—. Medio año, calculo. Medio año y tenemos nuestro reproductor, luego podremos escuchar a Hyuna en el parque, en el autobús, en el pasillo del orfanato cuando las señoras no estén vigilando.

La idea le gustó a Cyan. Visualizó la escena nítidamente, ellos dos compartiendo unos auriculares, sumergidos en la música mientras el mundo pasaba a su alrededor. Se sintió bien y perfecto, un lugar personal para ellos…

—¿Qué crees que pone en las notas de producción? —preguntó Cyan, mirando de nuevo el CD a través de la tela de la bolsa—. Joe dijo que escucháramos con atención. Deberíamos fijarnos detenidamente en los detalles.

Ella era la más entusiasmada en poder escuchar la voz potente de Hyuna en “All-in”.

—¡¡¡Sí!!! ¡A todo! —asintió Luo, tomando la cuchara para su siguiente porción de helado de vainilla y galletitas—. Los instrumentos que usa, cómo entra su voz, si hay coros… todo todo… ¡TODO! Yo creo que la canción principal, “All In”, debe tener una base de guitarra eléctrica distorsionada. Algo potente, pero con un toque melódico.
—A mí me suena más a sintetizadores —expresó Cyan, pensativa—. Un poco más digital, más frío, pero con su voz cálida encima. Es un contraste interesante.
—Podríamos estar los dos en lo cierto —concedió Luo—. Habrá que escucharlo diez veces para decidir.

Un grupo de adolescentes pasó cerca de ellos, riendo a carcajadas por algo que decía uno. Luo los siguió con la mirada, un poco de envidia en sus ojos.

—¿Tú crees que ellos van a algún ensayo? —preguntó, casi para sí mismo.
—No lo sé —respondió Cyan—. Tal vez solo van a casa, como nosotros deberíamos ir al orfanato.
—Parecen despreocupados —murmuró él, dando otra cucharada al helado, que ya se derretía un poco.
—Todo el mundo tiene preocupaciones, Luo. Solo que no las muestran así, en la calle.
—Tienes razón, supongo. Es solo que pienso en demasiadas cosas, ¿sabes, Santa?
—¡Mooo! Ya te dije que no me digas así.

Guardaron silencio otro rato, terminando el helado. Cyan cerró la revista y la dejó a un lado un rato largo antes de hablar.

—¿En qué piensas para tu próxima canción? —preguntó ella, limpiándose las manos con una servilleta.

Luo se recostó un poco sobre el respaldo del asiento mirando el cielo, ya se veían algunas estrellas, a pesar de las luces de la ciudad.

—No estoy seguro, tengo algunas frases sueltas. Algo sobre… sobre sentirse atrapado en un lugar que no es tu hogar, pero a la vez es el único que tienes. Pero no quiero que suene quejumbroso, quiero que suene a deseo de salir.
—Eso está bien —concluyó Cyan, asintiendo—. Podría funcionar. ¿Ya tienes una melodía en mente?
—Tengo un riff. Uno simple en mi cabeza: ta-ta-tan, tan-tan… algo así. Lo tararearé cuando lleguemos y tengamos las manos limpias para agarrar la guitarra.
—Okai. A lo mejor puedo pensar en unas frases o algunas líneas de guitarra para acompañar. Algo repetitivo, que marque el ritmo.
—Eso —respondió el chico, sentándose derecho de nuevo, animado como de costumbre—. ¡Exactamente eso! Tú haces la base sólida con la voz, y yo vuelo por encima con la guitarra.

Cyan sonrió, un poco tímida.

—No sé si podré estar a la altura, prometo dar lo mejor de mi para satisfacer tu oído crítico, Luo.
—Lo haces bien y cada vez mejor con mi tutela, hehe.  La otra semana, en el almacén, estabas sincronizada perfectamente con la guitarra.
—Fue solo una escala, Luo.
—Una escala perfecta, entonces.

Otro silencio se apoderó de ellos, esta vez más cómodo. La noche era agradable, sin mucho viento y el parque Vireta estaba casi vacío a esas horas, solo algún que otro paseante o una persona corriendo con su perro.

—¿Te gusta el nombre del parque? —inquirió Cyan de repente—. Siempre me he preguntado por qué le pusieron así aquí, en Eastwood.
—Por Kurt Cobain, ¿no? —respondió Luo—. Leí una placa una vez, hace años. Dice que es un homenaje a “el espíritu de la música auténtica” o algo por el estilo. Un poco pretencioso, si me preguntas hehe.
—Casi tan pretencioso como tú —confesó Cyan con una sonrisa—. El engreído Luo llamado pretenciosos a otros es ridículo.
—¡Ahora sacas tus garras, Santa! —la señaló con la cuchara, aunque eran puras risas y bromas—. Ahora tendrás que cantar “My Color” treinta veces antes de irte a dormir.
—¡¿Qué?! —espetó indignada Cyan, con una gota de sudor cayendo por su rostro—. ¡Nos descubrirán antes de que toque el primer coro!... y mañana tengo ensayo con el coro de la iglesia, necesito mi voz al cien por ciento o me castigarán.
—Deberíamos ir andando, se nos hace tarde.
—Sí.

Se levantaron y recogieron sus cosas: la revista, los envoltorios del helado, la bolsa con el CD. Cyan se colgó el estuche de la guitarra y Luo se estiró con la bolsa de plástico en manos, haciendo crujir su espalda.

Caminaron hacia la salida del parque, tomando el camino que bordeaba los arbustos.

—¿Y tu suerte, Cyan? —curioseó Luo de pronto, con una sonrisa juguetona—. ¿Ha hecho algún truco hoy?

Cyan se encogió de hombros.

—Encontré una moneda en el suelo esta mañana, de cinco centavos. No es gran cosa.
—¡Es algo! —exclamó Luo—. Yo hoy tropecé con el bordillo de la acera frente a la tienda. Casi me estampo contra la puerta, por eso llegué un minuto después que tú.
—Lo vi. Pensé que te habías distraído.
—Fue mi mala suerte habitual. Pero al menos no me caí del todo hehe, tu moneda de cinco centavos le ganó a mi bordillo traicionero.
—No es una competición, Luo.
—Lo sé, lo sé. Solo digo que es curioso, tú siempre encuentras el último bollo en la cafetería, o llueve justo después de que llegues a casa y a mí siempre se me atasca la máquina de refrescos, o me toca la fila más lenta del supermercado.
—… —enmudeció la chica, aunque sin mucha convicción. Ella también había notado el patrón y como su buena suerte al final le traía problemas o atención que no quería.
—Coincidencias muy constantes —replicó Luo—. A lo mejor es un superpoder. Tú, la chica de la buena suerte, y yo, el chico del tropiezo seguro. Juntos formamos un equilibrio.

La idea hizo reír a Cyan, un sonido suave y breve.

—Seríamos un dúo peculiar.
—Ya lo somos —explicó él—, y funciona.

Salieron del parque y se adentraron en una calle residencial, más tranquila. Las casas tenían las luces encendidas en las ventanas, y se veían figuras moviéndose detrás de algunas cortinas.

—¿Crees que Hyuna también tuvo que ahorrar para su primer reproductor? —preguntó la menor.
—Probablemente o a lo mejor se lo regalaron. No lo sé, pero no importa. Lo que importa es lo que hizo después de tenerlo y como se formó; escuchó, aprendió, practicó, como tenemos que hacer nosotros.
—Joe dijo exactamente eso y parece bastante fiable.
—Sí y viejo —repitió Luo echando una larga carcajada, mirando las estrellas de nuevo—. Vamos a tener que pensar seriamente en el género de música al que nos orientaremos y la temática que tomaremos.

Caminaron otro par de manzanas en silencio, absortos en sus pensamientos. El orfanato, un edificio de tres plantas de ladrillo visto, ya se veía al fondo de la calle.

—Mañana —agregó Luo, rompiendo el silencio y dando un pequeño salto sobre el borde de la acera—, después de clases ensayamos. En el almacén te enseño ese riff, ya lo he aprendido con solo oírlo una vez en mi cabeza. ¿A que soy genial?
—Mucho —asintió Cyan, sin poder evitar una leve sonrisa—. Y también creído y engreído~ apuesto a que tu ego es tan grande como el orfanato. Cabe justito en la parte de niños.
—¡¿Ehhh?! —exclamó Luo, poniendo una mano sobre su pecho con falso dramatismo—. ¡Qué cruel, Santa! Eso fue un ataque directo y sin aviso. Mi ego es de tamaño normal, compacto y eficiente. Es el motor de mi creatividad.
—Un motor que a veces hace mucho ruido y humo —replicó Cyan, jugando con la cremallera de su chaqueta.
—¡Humo artístico! —protestó Luo, señalándola con un dedo acusador—. Tú solo estás celosa porque tu proceso creativo es tan silencioso que a veces ni se nota que estás pensando. Pareces una estatua muy concentrada.
—Prefiero eso a parecer un altavoz ambulante con patas —replicó Cyan, esbozando una sonrisa más amplia—. Al menos yo no anuncio cada media nota que se me ocurre a todo el pasillo.
—Es para que la inspiración no se escape.
—Un método muy molesto.
—Pero efectivo. Gracias a mis proclamas, tenemos como seis inicios de canción.
—Sí, y gracias a mi silencio tenemos tres que están medio terminadas —contraatacó Cyan suavemente.

Luo se quedó callado un segundo, fingiendo estar ofendido, pero luego soltó una risa.

—Tocado. Bueno, tienes razón. Sin tu estatua concentrada, mis proclamas serían solo ruido, somos un equipo. ¿A que sí?
—Exactamente. Así que baja un poco el volumen a ese motor de vez en cuando.
—Lo consideraré —musitó Luo, cruzando los brazos—. Solo los días que no me sienta especialmente genial. Lo que es casi nunca.
—Lo que confirma mi teoría del tamaño del ego.
—¡Otro golpe bajo! Cyan, hoy estás implacable. ¿Es que el helado te dio poderes de sarcasmo?
—No, siempre los tuve. Solo que normalmente te compadezco y los guardo.
—¡Compadecer! Eso es aún peor. Prefiero el sarcasmo, al menos demuestra que te esfuerzas.

Se miraron, y la tensión cómica se desvaneció en otra risa compartida. Seguían parados frente a la verja, sin prisas por entrar.

—Bueno, en serio —recuperando un tono más normal—. Ensayo mañana, yo llevo la guitarra y mi ego, tamaño viaje.
—Y yo llevo el cuaderno y mi paciencia, tamaño extra grande —respondió Cyan.
—Trato. Ahora, de verdad, deberíamos entrar. Que mañana hay que ser productivos y terminar esa canción que solo existe porque yo soy un genio y tú una estatua muy talentosa.
—Vale, vale. Entramos.

Se detuvieron frente a la verja del orfanato entre risas. Desde dentro se escuchaba el sonido amortiguado de una televisión y se veían algunas luces apagadas en las ventanas de la planta superior.
El edificio tenía los dormitorios separados: el de los niños en el ala oeste y el de las niñas en el este. Eso significaba que debían separarse hasta el próximo día, la regla era clara después de las diez, aunque normalmente ambos se solían encontrar en prácticas nocturnas y quedarse hasta más tarde del toque de queda en la habitación de Luo o en alguna habitación oculta a la luz de linternas.

—Bueno… —expresó Luo, cambiando el peso de un pie a otro—. Hasta mañana, Cyan.
—Hasta mañana, Luo. Cuídate. No tropieces con nada más.
—Haré mi mejor esfuerzo hehe —respondió él con una sonrisa—. Pero no prometo nada.

Cyan entró primero, sin mirar atrás por ultima vez.

Luo se quedó un momento más en la acera, mirando el cielo, recordando la melodía de "My Color" en su cabeza; luego respiró hondo y empujó la puerta para entrar. Era extraño como esa canción siempre brotaba de su cabeza, desde su primera infancia donde siempre la tarareaba hasta tener la edad suficiente para cantarla.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Othinus on June 30, 2017, 11:31:38 AM
HI PIPLE ; ; decidí unirme porque AL FIN TENGO UNA IDEA DE TRAMA *CRY IN SPANISH[?]* DMC \ m / 


p r o l o g u e
Detroit Metal City — Satsugai (https://www.youtube.com/watch?v=w2ybaocLfGE)

¿Cuál es la peor desgracia que puedes encontrarte en tu desdichada vida? ¿Que ella no te ame? ¿Que el celular te corrija Dios por Dross y lo mandes por WhatsApp?  No.
 
Esta es la peor desgracia, por Dross que me está por demandar al usar la palabra perturbador.
 
Murder, it's murder
Murder, it's murder
(KILL! KILL! KILL! KILL!)
Dye your memories with blood
Murder, it's murder
Murder, it's murder
(KILL! KILL! KILL! KILL!)
Dye your future with blood

Kill, kill, kill your loved ones
Kill, kill, kill everything

El sujeto infernal del escenario ¡ES UN LOCO! Esta pateando el trasero de un hombre enano con una especie de manzana masoquista en la boca y… ¡¿LO DISFRUTA?!
 
Los oídos de nuestra protagonista se van a desgarran, ¡lo harán! Ni entendía como podía haber llegado hasta ese lugar tan mórbido y perturbador (PERDONAME DROSS).
 
“¿QUÉ SUCEDE?” gritó y ¡zas!, el bullicio del ambiente trago la voz de ella. “¿DÓNDE ESTOY?”
 
Condenada nuestra pobre ovejita tapó los oídos con fuerzas y comenzó a caminar hacia la salida. Está siendo pisoteada y tragada por los fans del grupo ese.
 
“¿Ya te vas Erio chan?” le preguntó hablando muy cerca de ella la mejor amiga, por quien había decidido salir de su reclusión en el campus.
“ESO QUIERO” gritó y un sujeto con máscara detrás de ellas comenzó a saltar, todos saltaron,  incluso su amiga y ella… y ella… murió.  ¿?
 
Vio pasar la miserable vida que tuvo hasta el día en que decidió ir a Eastwood para convertirse en diseñador y probar que los aliens existen. Lo último incluso era más importante que lo demás porque es idiota.
 
{flashback}

Ahí está ella de pie, con tacones de diez centímetros y un vestido blanco sin mangas,  perfecto para el calor. Los cabellos ligeros se movían con las ondas del viento y un shine la hacía lucir sexy y kawaii. Esos ojos tan puros como el cielo combinan perfecto con la mata de la cabeza.
 
Este lunes comenzarán las clases, los pasillos del edificio principal totalmente vacío lo confirma con los pocos carteles en las paredes.
 
Ella camina despampanante por el lugar, aún tenía que hacer papeleo pero es la perfecta excusa para observar las prestigiosas obras y pinturas galardonadas de la universidad, su competencia.
 
Erio Touwa lo tiene todo, talento determinación, una diva glamorosa e innata pero, porque todos tienen fallas ¿?, la de ella era su hobbie. Uno que intenta mantener oculto pero al final del semestre ya todos lo sabrían: ella cree en ovnis y cree haber sido secuestrado por uno.
 
Con años de terapia podía salir a la calle y ser algo productiva pero dentro de la casa… hasta tenía un gorro metálico con el típico argumento de “leen mis pensamientos” y ya no sabía si el gobierno o los extraterrestres. Así de mal.
 
“¡Wua!” gritó una fémina de cerca. “Al fin un alma osa pasar por estos lares”.
 
Se acercó a Erio a toda velocidad, como un rayo y cuando la vio, ¡¿era un demonio?! Quizás una lilim o súcubo…
 
“Help me!” le lloriqueo y las cadenas en la muñeca de la extraña la hicieron retroceder. “Estoy perdida”.
 
Dross, era la típica novata que no tenía mapas ni Google Maps.
 
“¿A dónde vas?” casi podría afirmar por las vestimentas que traía ella, debía ser estudiante de teatro o acústica.
“Rectorado” dijo entre sollozos.
“También yo, ¿vamos juntas?” le preguntó,  sería problemático si alguien viera que deja abandonada a una chica.


 {end flashback}

Así fue como nuestra niña perdió el último fin de semana libre, podría estar viendo series en Netflix con comida chatarra y gaseosa, luego salir por helado y postear algunas cosas en el foro cospiranoico sobre cómo Trump es un reptiliano. 
 
Yui era la chica que por desgracia conoció y la que la arrastró a un show de death metal. Entiéndase,  ella pensó que era de algún café de poesía y no. Nada más equivocado.
 
Así debutó en la U,  siendo pisoteada en un remolino de copias baratas de Kiss.


Kill, kill, kill your loved ones
Kill, kill, kill everything

Murder, it's murder
Murder, it's murder
(KILL! KILL! KILL! KILL!)
Dye your memories with blood
Murder, it's murder
Murder, it's murder
MURDER!
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Miyu on July 29, 2017, 07:55:33 AM

3.1 # Take off.


Ambos chicos estaban en el jardín del orfanato. El clima seguía cálido a pesar de la hora y en el aire se escuchaban murmullos y risas bajas que venían de varias direcciones, de otros grupos que también aprovechaban el mediodía y sin embargo, nadie se acercaba a ellos.

La razón era conocida; Cyan tenía la reputación de ser el amuleto de buena suerte del lugar y muchos creían que su sola presencia podía traer cosas buenas, o evitar las malas. Era un título que ella no había pedido y que odiaba, por no poder ser una chica normal y por su condición de “Santa”, algo que algunas personas del orfanato, y fuera de él, aún no sabían cómo tratar o de qué hablar sin parecer incómodas. Esa combinación creaba una burbuja invisible a su alrededor. La gente miraba, comentaba en voz baja, siempre manteniendo la distancia.

Luo, por su parte, era visto simplemente como el chico ruidoso que rondaba cerca de ella. Su mala suerte legendaria era un chiste interno, pero fuera de su dúo, lo convertía en alguien impredecible y, para algunos, en un factor de caos del que era mejor no acercarse.

—Parece que tenemos el jardín para nosotros —comentó Luo, recostándose sobre el césped y mirando el cielo.
—Siempre es así —respondió Cyan, sentándose con cuidado a su lado.
—¿Te molesta?

Cyan lo pensó un momento.

—A veces. Otras veces no. Es… tranquilo.
—Sí. Tranquilo. Y práctico para ensayar sin que nos pregunten nada. ¿Verdad?
—También es triste… —susurró Cyan muy bajito.

Ella asintió aun así. La burbuja de aislamiento, a veces pesada, tenía sus ventajas. Aquí podían hablar de música, de sueños grandes, de cosas que a los demás podrían parecerles tonterías, sin ser interrumpidos ni juzgados. Era su pequeño territorio, ganado sin quererlo. Luo cerró los ojos, concentrándose en los sonidos lejanos de la ciudad, mientras Cyan observaba la luz de una ventana encendida en el piso superior.

—¡Hey hey! ¡No te pongas triste! —la sonrisa amplia de él se formó casi al instante.
—Así no funciona, engreído Luo —hizo un pequeño puchero, desviando la mirada hacia las personas que corrían por el pabellón cercano—. La tristeza no se va así…
—Lo sé —agregó rápidamente, mirando hacia el cielo—. Las nubes tienen tu color. ¿No crees, Cyan?
—Mi color es más verde —dejó que su mirada se alzara al cielo vasto que Luo le mostraba—. Aunque este no está mal…
—Cyan es mucho más linda —levantó ambas manos al cielo, como queriendo tocarlo—, y más afortunada.
—¿A qué se debe lo último? —inquirió ella, desviando la mirada a él—. ¿El director te retó?
—Un poquito —sonrió como respuesta—, pero dijo que si me portaba bien compraría un amplificador mejor.
—Oh —ella se quedó pensativa un momento—. Será un reto para el creído Luo.
—Un gran reto —admitió Luo—. Pero por un amplificador decente, puedo fingir ser un ciudadano modelo por un tiempo. Puedo saludar, decir "por favor" y "gracias".
—¿Y no tropezar? —preguntó Cyan, con un poco de escepticismo.
—Eso… eso ya depende más de la gravedad y de mis pies que de mí. Pero puedo intentar mirar al suelo.

Se hizo un breve silencio. Cyan observó las nubes que se movían con lentitud.

—Esa de allí parece un poco un perro —señaló con el mentón.
—¿Cuál? ¿La que parece una mancha de algodón aplastada?
—Sí, esa. Tiene una parte que parece una oreja larga.
—Ah, ya la veo. Un perro flaco y despeinado o quizás un conejo.
—¿Un conejo con orejas tan desiguales?
—Puede ser un conejo artista y con estilo. Como nosotros.
—No sé si nuestro estilo es parecerse a una nube deforme —expresó Cyan, pero su tono era más liviano.
—Claro que sí. Nosotros no encajamos en las formas normales, somos nubes raras. Tú eres una nube que trae suerte y yo soy una nube que se tropieza consigo misma y bien gris.

Cyan dejó escapar un pequeño suspiro, pero era uno más relajado.

—¿Qué canción pondrías a esta escena? —preguntó de repente, volviendo a mirar a Luo—. Si esto fuera el inicio de un video musical.
—Hmm —Luo frunció el ceño, pensando—. Algo instrumental al principio. Solo una guitarra acústica, limpia. Algo que suene a tarde de domingo, pero con un ritmo constante por debajo y nada de distorsión todavía. Eso vendría después, cuando salgamos corriendo del orfanato hacia la ciudad.
—Suena bien —murmuró Cyan—. El bajo entraría después, con la guitarra. Para darle profundidad.
—Exacto. Tú siempre piensas en la base, en lo que sostiene todo. Yo pienso en la melodía que va por arriba.
—Por eso funcionamos.
—Por eso —confirmó Luo.

Oyeron una campana a lo lejos, la señal para el almuerzo en el comedor principal. Ambos se quedaron en el césped un momento más, ignorando la campana un par de minutos.

—¿En serio, qué canción? —insistió Cyan, mirando el cielo otra vez—. Una de verdad, no una que inventes ahora.

Luo se rascó la barbilla, pensativo.

—Es difícil. Esta escena es tranquila, pero hay tensión por debajo. La burbuja, la gente que no se acerca… necesita algo que tenga esa dualidad.
—¿Algo de los noventa? —sugirió Cyan.
—Podría ser. «Black Hole Sun» de Soundgarden tiene esa atmósfera pesada y onírica. La letra es oscura, pero la melodía es casi… hipnótica. Como un día soleado con algo podrido debajo. Como nuestro jardín.
—Sí —asintió Cyan lentamente—. Se ajusta. Pero es muy oscura para un mediodía.
—Por eso funcionaría. Contraste. ¿O prefieres algo más directo?
—Algo con más energía, quizás. Para contrarrestar la tristeza. «Basket Case» de Green Day. Es pura energía nerviosa y letras sobre inestabilidad. Suena a gritar en un lugar abierto como este.
—Demasiado punk para el ambiente —consideró Luo—. Nos quedaría grande. Nosotros no somos tan… frenéticos. Somos más lentos, más calculados.
—Entonces, ¿alternativo? Algo de The Smashing Pumpkins. «1979». Tiene esa nostalgia y esa sensación de estar fuera de lugar, pero con una belleza triste.
—Esa es buena —admitió Luo—. Es perfecta para escenas de adolescentes al margen. Tiene sintetizadores, guitarras borrosas, un ritmo que no es rápido ni lento. Captura la melancolía y la esperanza a la vez.
—¿Y nuestra música? —preguntó Cyan, girando para mirarlo—. ¿Qué estilo crees que hacemos nosotros, realmente?

Luo se quedó callado un rato, serio.

—No es puro rock. Tiene la actitud, la base de guitarra y bajo, pero… hay algo más. Algo que no encaja del todo. Como si le faltara agresión o como si la agresión estuviera escondida en la melodía, no en los gritos.
—Porque tú no gritas, cantas. Y mi voz es más melódico que rápida a veces.
—Exacto. Somos alternativo, supongo. Pero con un toque… pop. No pop comercial, sino pop en el sentido de ehhhh…, de algo que se puede recordar. Como ese riff que tengo en la cabeza. No es complejo, pero se te queda.
—Como Hyuna —añadió Cyan—. «All In» tiene un toque pop, no obstante, la producción es alternativa, casi industrial. Esa mezcla.
—Sí. Ese es el territorio. Alternativo con atractivo, música que podría sonar en la radio, pero que no suena como todo lo demás. Música para días grises con destellos de sol.
—Suena a un buen plan —murmuró Cyan.
La campana sonó de nuevo, más insistente.
—Deberíamos ir —dijo Luo, levantándose y ofreciéndole una mano a Cyan.
Ella la tomó y se puso de pie.
—Entonces, ¿la banda sonora de hoy es «1979»?
—Para el jardín, sí —confirmó Luo, caminando hacia el edificio—. Para el ensayo de esta tarde, será algo nuestro. Algo que todavía no tiene nombre.
—Le pondremos nombre cuando esté terminada.
—Sí. Cuando esté terminada.

Entraron en el comedor, donde el rumor de voces y el sonido de platos reemplazó el silencio del jardín; la conversación sobre música quedó atrás, aún así la idea persistía, como el eco de una canción que aún no existía.

—Deberíamos ir —expresó ella, levantándose y sacudiéndose un poco la ropa.
—Sí. A ver si hoy tengo suerte y me toca el pudín. A ti siempre te toca.
—Podemos intercambiar si quieres.
—No, está bien. Es parte del balance. Tú tienes el pudín, yo tengo… la satisfacción de no haberme caído por las escaleras hoy.
—Eso es algo, supongo —sonrió la chica, y esta vez su sonrisa fue un poco más fácil, un poco más natural.

Caminaron juntos hacia el edificio, atravesando el jardín que, por un rato más, seguiría siendo solo de ellos.

El comedor del orfanato era un sitio pulcro y monótono. Las paredes, el techo y las largas mesas eran de un blanco desgastado que se repetía en todas direcciones. Ese ambiente estéril y sin vida siempre le producía un ligero malestar a Cyan.

Al cruzar el umbral el aire cambió de golpe, dejaron atrás la frescura del jardín y entraron en un vaho denso y cargado; el olor era una mezcla de sopa de verduras recalentada, cloro de la limpieza reciente y la fragancia de mucha gente en un mismo espacio. Todo esto venía acompañado por el murmullo constante de un centenar de conversaciones superpuestas, el ruido de cubiertos y el arrastre de sillas de un lado a otro.

Como siempre, cuando Cyan entró, el volumen de la sala bajó un par de nivele; fue un ajuste sutil, imperceptible para alguien ajeno, pero ella lo sintió como un cambio de presión en los oídos junto a las miradas que se desviaban hacia ella y luego regresaban rápidamente a sus bandejas de plástico rojo. Era el respeto nacido del miedo a lo desconocido; el trato distante al que siempre está sometida debido a las exigencias del director del orfanato y las mismas mujeres que debían haberla cuidado en vez de tramar como usar esa confianza que la gente tiene en ella como “chica afortunada”.

Luo ajeno o simplemente experto en ignorarlo, caminaba a su lado haciendo un ruido excesivo con sus zapatillas desgastadas. Su presencia era todo lo que ella necesitaba para ser normal, tener un amigo en quien confiar y alguien que la rescato de esa excesiva luz.

—Mira eso —susurró Luo, señalando la fila—. La señora White tiene hoy esa cara de "si pides más pan te mando a limpiar los baños". Mi intuición de mala suerte me dice que hoy el pudín vendrá un poco duro o mejor, budín de pan y huevo con nada de caramelo.
—Uhmm no me gusta tanto lo dulce —respondió Cyan, recuperando su tono reservado.
Después de buscar sus bandejas se apresuraron a buscar asientos apartados, aunque normalmente otros niños se apretaban, dejando un espacio vacío de al menos de dos asientos entre ellos y la pareja. Cyan observó a un grupo de niñas más pequeñas, las de primer ingreso que la miraban con ojos abiertos, llenos de una mezcla de admiración y terror. Para ellas, Cyan no era una niña; era la "Santa" que, según los rumores, había predicho algunos números de lotería y atraía la buena fortuna con solo señalar un lugar.

Rápidamente bajo la mirada a la sopa de zanahorias en el cuenco y lo removió con la cuchara, se podía notar la amargura en sus acciones y el desesperado anhelo por dejar de ser el centro de todos esos rumores infundados; pero en un lugar donde la esperanza escasea, la gente prefiere fabricar milagros que aceptar la lógica.

—¿En qué piensas? Estás poniendo esa cara de "estoy resolviendo ecuaciones cuánticas" —rió Luo, con la boca medio llena de puré.
—En el amplificador —mintió ella, siguiendo con la mezcla de la sopa—. Si el director te lo da, ¿dónde lo vamos a poner? Sabes que el sótano está lleno de humedad. Se va a arruinar el circuito.

Luo se tragó el bocado y se puso serio por un minuto, sus ojos, usualmente chispeantes en caos, se oscurecieron.

 —Lo subiremos a la azotea. He estado arreglando la cerradura de la puerta trasera, di logramos pasar los cables por el conducto de ventilación, nadie se enterará. Imagínatelo, Cyan. Tocar allí arriba, con el sonido rebotando en los edificios vecinos… ¡sería como nuestro primer concierto en un estadio, pero sin el público molesto!
Ella negó con la cabeza, dejando que su larga melena musgo la acompañara.
—Es una terrible idea, nos meteremos en problemas —dejó la cuchara al costado del cuenco, el apetito se había esfumado tan fácil con las ideas para meterse en problemas de su mejor amigo —. Mejor lo llevemos a tu cuarto y hagamos espacio.
—¡¿Ikkkkkkk-?! ¡Mi cuarto está hasta arriba de cajas y cosas, Cyan! —empezó a ponerse nervioso, por primera vez en su vida, imaginando a su mejor amiga revisando sus cosas—. ¿En el tuyo? Seguro guardas ofrendas y cosas así. Vacío, vacío de principio a fin.
—¡Qué injusto! —estuvo a punto de hacerle otro mohín—. Mi cuarto es como el de cualquier niña.
—Si, seguro. Lleno de ofrendas de ancianitas y dulces que no saben a nada azucarado —la reprochó, después de todo ella siempre recibía todo lo que le daban por su “generosidad” como solía decirle la encargada principal—. ¿Le pasa algo a tu sopa, Cyan? Pareces pensativa…
—Estoy pensando que no me gusta esta sopa —mintió ella de nuevo, suavemente, evitando la discusión sobre el cuarto—. Tiene un sabor muy raro hoy.
—¿Raro? A mí me sabe igual que siempre —respondió Luo, tomando un sorgo grande de la suya—. A agua salada con zanahoria poposita.
—Eso es exactamente el sabor raro —susurró Cyan, y esta vez un pequeño destello de complicidad cruzó por sus ojos antes de volver a bajar la mirada.
—Mira —retomó la palabra Luo, bajando un poco la voz para no ser oído por los de la mesa de al lado—. Sobre la azotea. No es tan loco, ya tengo el acceso casi listo. Solo necesito una tarde. Una tarde y unas pinzas más finas, nadie sube allí nunca.

—Pero el sonido, Luo. No podemos tocar allí sin que alguien lo escuche y la señora Doe tiene el oído muy adiestrado para estas cosas.
—Tocaremos bajo. Muy bajo. Como un susurro. Solo para sentir el amplificador, para probarlo algunas veces y no para un concierto. Al menos no todavía.

Cyan dejó de remover la sopa y lo miró con seriedad.

—¿Y si te caes mientras arreglas la cerradura? ¿O si te electrocutas con los cables? Tu mala suerte no toma descansos, tú lo has dicho.
—Por eso necesitaré mi amuleto de la suerte allí conmigo —expresó Luo, sonriendo ampliamente—. Para asegurarse de que no pase nada. Para guiar los cables y sujetar la escalera.
—Oh, no. No cuentes conmigo para eso.
—¡Vamos, Cyan! Será una misión. Nuestra primera misión como banda. "Operación Amplificador Fantasma". Suena bien, ¿a que sí?
—Suena a que nos van a expulsar.
—Nadie nos va a expulsar si somos cuidadosos. Y si nos descubren… diremos que estábamos buscando una paloma herida. Una paloma albina, muy especial. Tú llorarás un poco, y yo pareceré preocupado. Funcionará siempre, ya sabes que a nuestra amada bendecida por la suerte nunca le niegan nada.

Cyan no pudo evitar una leve sonrisa, aunque trató de esconderla.

—Eres terrible. ¡Un manipulador!
—Soy un visionario —corrigió Luo con dignidad falsa—. Un estratega que piensa en nuestro futuro y tú eres mi socia esencial, de espíritu cauteloso y suerte abundante. Lo equilibramos todo.
—No sé —contestó Cyan, pero su tono ya no era de negativa rotunda, sino de duda considerando que ya su amigo tenía un plan y divertido—. Tendría que ver el lugar primero. La cerradura, los cables… todo, para evaluar los riesgos.

—¡Eso, eso! —exclamó Luo, casi saltando en la silla—. Eso es todo lo que pido. Una oportunidad de que veas por ti misma la azotea. Esta tarde, después del ensayo del coro te esperaré en las escaleras del tercer piso, subimos, das un vistazo, y tú decides. Si dices que no, buscaremos otro lugar. ¿Bien?

Cyan observó su rostro lleno de una esperanza tan genuina y desesperada que le resultaba difícil resistirse; era la misma esperanza con la que hablaba de ser músico. Suspiró, un sonido de resignación que ambos conocían bien, pues siempre lo acompaña en sus ideas absurdas y divertidas.

—Trato —susurró muy bajito, más para ella que para su amigo—. Pero solo inspección, sin tocar nada. Sin "Operación" nada.
—¡Trato! —confirmó Luo, su sonrisa iluminando su rincón del comedor ruidoso. Luego miró su plato—. Ahora, ¿te vas a terminar esa sopa de sabor raro, o puedo ofrecerte mi pan duro a cambio de tu pudín de la suerte?
—El pudín no se negocia —contestó Cyan rápidamente, protegiendo su postre con un brazo—. Pero puedes quedarte con el pan. Yo ya no tengo hambre y la sopa…

El ensayo del coro terminó a las seis, se había extendido una hora más de lo planeado y Cyan ya imaginaba a Luo echando raíces en la escalera del tercer piso, impaciente.

A través de los ventanales del orfanato entraba la luz del atardecer, naranja y brillante, que cubría las paredes blancas y el suelo sin dejar sombras. Los niños guardaban las carpetas en una caja de cartón ya desgastadas por el uso constante y al fondo, alguien apagó el piano de cola. Se escuchó el clic seco del interruptor y luego un silencio denso, quebrado solo por pasos y el roce de chaquetas puestas en los alumnos. El aire olía a tiza y a sudor adolescente, afuera, un autobús frenó con un quejido frente al parque Vireta y alguien cerró de golpe las ventanas del salón para que no entrara el polvo.

—La vida continúa —reflexionó Cyan en silencio, apoyando su cabeza con suavidad contra el atril de madera que aún debía guardar. Había cantado notas tan altas y afinadas que sus cuerdas vocales aún continuaban vibrando, con una sensación de calor y tensión en la garganta. Le dolía, cosa rara porque cuando cantaba al lado de Luo esto nunca sucedía—. ¿Hasta cuándo?

Levantó la cabeza y miró por la ventana, luego observó a los demás niños que de a poco iban dejando el recinto, en parejas o pequeños grupos. Le hubiera gustado que Luo también estuviera en el coro, todo sería más divertido y, sobre todo, para nada solitario. Con él, hasta la espera es un juego.

—Cyan —llamó una voz a su lado.

Era la profesora de canto y la directora del coro. Se había acercado sin que Cyan la notara. La mujer tenía unos cuarenta años, con el cabello recogido en un chonguito y unos lentes de montura gruesa, así imagino se vería cualquier profesor que enseña en un orfanato religioso.

—Sí, profesora —respondió Cyan, enderezándose de inmediato.
—Tu desempeño hoy fue excepcional. La pieza de la prima donna en el cuarto movimiento requiere un control tremendo, y lo lograste. Tu afinación es naturalmente precisa —elogió la profesora, ajustando las partituras que llevaba en el brazo—. Tienes un don muy elogiable.

Cyan bajó la vista, fijándola en el atril de madera gastada. Un don… la palabra resonó de forma extraña. La gente le decía que tenía un don para la suerte, y ahora para el canto. Nunca parecían ser dones que ella hubiera elegido o al menos en canto no estaba precisamente en entonar canciones religiosas para un Dios en el que definitivamente no creía.

—Gracias —susurró tranquila, casi con apatía.
—Sin embargo —continuó la profesora, bajando un poco la voz—, noto que te aíslas. Cantas como si estuvieras sola en una habitación vacía y la música coral representa a una comunidad y al conectar con los demás, así puedes llegar al corazón de los fieles.

Y al dinero, pensó para sí Cyan. Asintió sin levantar la vista, evitando charlas demasiado largas. Podía oír a los demás, seguir la dirección y el ritmo, pero su mente a menudo estaba en otro lugar: en la letra de una canción que Luo estaba escribiendo, en el sonido de una guitarra, en la quietud del jardín, en la tienda de Joe, el CD de Hyuna, el parque, incluso hasta cosas más pequeñas como el helado que habían compartido ayer.

—Lo intentaré —explicó sin convicción, porque era lo único que podía decir.
—No es una crítica, Cyan. Tómalo como un consejo, tienes el potencial para ser la voz solista del coro el próximo año, si trabajas en eso. Piénsalo.
—… —un mechón de su cabellera cayó sobre el rostro—. Lo pensaré, lo prometo.
—Eso me gustaría —la sonrisa de la señora era tranquila, en contra posición Cyan se dio cuenta que era una mueca astuta porque no tenía manera de rechazarla con su personalidad y decepcionar a la gente.
—Sí —intentó corresponder el gesto, aunque fue en vano. ¿Dónde quedaban sus deseos, sus anhelos?

La profesora le dio una palmada muy ligera en el hombro y se dirigió hacia la puerta, donde otro alumno la esperaba con una duda. Cyan se quedó dónde estaba, la sensación del toque aún presente en su hombro, lleno de expectativas que ella no quería ni necesitaba, ¿por qué no la dejaban seguir su propio camino? El corazón se le encogió un poco al pensar en ella como voz solista, con la mirada de los feligreses sobre ella y esa atención innecesaria que la arrastra a la soledad.

Recogió el atril, lo desarmó lo más rápido que sus manos le permitieron y lo llevó hacia el armario. El salón ya estaba casi vacío y la luz naranja se estaba volviendo rojiza, se apresuró el paso por los pasillos sin fijarse en lo que la rodeaba, con la mente fija únicamente en Luo. Anhelaba dejar de ser “Lucky Cyan”, al menos bajo aquellos reflectores religiosos.

Sus pies subieron los escalones de dos en dos primero y luego de a tres, en pocos segundos ya estaba junto al chico que estaba dormitando contra la pared, con los ojos cerrados y una respiración tranquila; Cyan se sentó a su lado, en silencio. Observó sus propias manos sobre las rodillas, luego miró el perfil relajado de Luo.  Era increíble como Luo podía sacar de esa presión asfixiante del orfanato. Finalmente, con un movimiento leve, dejó caer su cabeza con suavidad sobre el hombro de él, ambos tenían tantos planes para el futuro y estaba completamente segura que a su lado conseguiría realizar cada una de esas pequeñas promesas que se hicieron en estos años: escapar, cantar, ser felices.

—¡Whoaa! ¡¿Santa?! ¿En qué momento me dormí? —bostezó sin taparse la boca y luego estiró sus brazos mientras Cyan se alejaba un poco de él—. Que extraño, ya es más tarde de lo que pensaba.
—Ahora a engreído, egoísta añadiremos dormilón —al mirarlo de nuevo, dio una pequeña carcajada—. Siento haber llegado tarde, Luo.
—No importa —respondió él, frotándose un ojo con el puño—. ¿Y? ¿Tu gran ensayo? Seguro dejaste a todos con la boca abierta. Yo desde aquí escuchaba un par de notas y muy ¡MUY ALTAS! Pensé que iban a romper los cristales.

Cyan negó con la cabeza, una sonrisa débil en sus labios. Su mente aún seguía siendo una maraña de pensamientos confusos sobre su deber y sus anhelos.

—Fue solo un ensayo largo. La profesora me felicitó, dijo que tengo un don y luego me recordó que me aíslo demasiado.
Luo la observó, la somnolencia desapareciendo de su rostro de a poco.
—¿Otra vez con eso del "don"? Y lo de aislarte… bueno, es cierto. Pero aquí estás conmigo. Eso no es aislarse, es elegir tus amistades y yo te elegí a ti.
—No es lo mismo. En el coro debo intentar hacer nuevos amigos, es la regla… No lo entiendo.
—¿Y qué? Las reglas de ahí dentro son diferentes a las nuestras. Nosotros somos amigos y así no se hacen amigos. La amistad es algo que llega sin más y como compartes gustos en común es normal hablar y hablar hasta que que hablas de todo y de nada a la vez.

Cyan guardó silencio, mirando sus manos de nuevo. La sencillez con la que Luo reducía las cosas siempre la anima.

—Me ofrecieron ser voz solista el próximo año —confesó al fin, en un tono casi inaudible.
—¡Ah! —exclamó Luo, sus ojos brillando de inmediato—. ¡Eso es genial, Cyan! Es un gran reconocimiento por parte de esos viejos.
—Lo sé. Pero también significa más atención, más ojos sobre mí controlándome y más de… esto —hizo un gesto vago, refiriéndose a todo el orfanato y su reputación.

La emoción en el rostro de Luo se atenuó, sustituida por comprensión.

—Ah. Ya veo. El "Lucky Cyan" en el escenario principal.
—Exacto y en solitario…

Luo se quedó pensativo unos segundos, apoyando la cabeza contra la pared de nuevo.

—Entonces, ¿qué quieres hacer? ¿Aceptarlo y enfrentar a los reflectores, o rechazarlo y quedarte en el fondo? No hay una respuesta correcta. Solo hay una que tú puedas manejar.
—No lo sé —admitió Cyan—. Ahora mismo, solo quiero ir al almacén, quiero escuchar ese riff y después, quiero ver esa azotea. Necesito… necesito aire que no huela a este sitio.

Una sonrisa amplia y auténtica volvió a extenderse por el rostro de Luo.

—¡Esa es mi Cyan! Prioridades claras, primero el riff, luego la misión secreta y finalmente el mundo. ¿Lista?
Cyan asintió, levantándose del suelo y ofreciéndole una mano para ayudarlo a él.
—Lista. Aunque… promete no dormirte durante el riff. Sería un golpe terrible a tu ego y mis burlas hacia ti serán eternas. ¿Verdad, engreído Luo?
—Jamás —afirmó él, tomando su mano y poniéndose de pie—. Mi ego requiere atención constante, incluso cuando duermo. Vamos.
Los dos chicos encendieron unas pequeñas farolas LED y comenzaron a caminar hacia la azotea. Luego de tanta conversación, decidieron que ese día solo inspeccionarían, irían a ver cómo harían para que un cable largo llegara hasta arriba y en qué estado estaban las cosas que Luo había conseguido.

—¿Crees en fantasmas, Cyan? —cuestionó él, llevando la farola hacia su propio rostro para crear sombras extrañas en sus facciones—. Apuesto a que nunca has visto uno.

La peliverde negó con la cabeza, su rostro se volvió un tono más pálido al pensar en la posibilidad. De forma instintiva, cerró la distancia entre ellos, acercándose más a la espalda del chico de cabello ébano.

—Hehe, si te quedas cerca, protegeré a la pequeña Cyan —declaró con un tono entre burlón y sincero. Volvió a extender la mano con la luz para iluminar el tramo oscuro del pasillo que llevaba a la escalera de servicio y luego a la azotea que tanto ansiaban.
—No soy pequeña —bufó molesta, aun sin apartarse ni un milímetro de la espalda de Luo.

Luo rio suavemente y abrió la puerta metálica, el chirrido oxidado resonó en la estrecha y vacía escalera de concreto, lo que hacía que los ruidos se intensificaran.

—Lo sé, lo sé. Solo bromeo, Santa, en serio, aquí nunca he visto nada raro. Solo polvo, telarañas y el fantasma ocasional de una paloma muerta. Eso sí da un poco de miedo, por el olor. Ugh…
—Eso es asqueroso, no da miedo —susurró Cyan, siguiéndolo escalón a escalón.
—Depende de tu definición. A mí me asustan más las cosas pegajosas e inexplicables que un espectro transparente. Un fantasma puedes atravesarlo, una mancha de… no sé qué… se te queda en el zapato.

Cyan no respondió, concentrada en no tropezar en la oscuridad. La luz de las farolas bailaba sobre las paredes descascaradas.

—¿Y tú? —preguntó ella después de un momento—. ¿Crees en ellos?

Luo se detuvo un segundo, pensando.

—No lo sé. Nunca he pensado en cosas así, puedo decir con seguridad que la buena suerte y mala suerte existen debido a que la gente nos ha etiquetado con esas fortunas; puedo creer que mis padres me guían y cuidan desde algún lejano lugar o tal vez los fantasmas son solo ecos de cosas que pasaron y que quedaron atrapados. Como el sonido en una habitación vacía.
—Eso fue… inesperadamente profundo, viniendo de ti.
—Hehe, ¿Fui genial? Tengo mis momentos. No todo es egocentrismo y mala coordinación. A veces también soy filósofo de… ¿la linterna?

Llegaron a otra puerta, esta más pequeña y con una cerradura vieja, y Luo sacó un llavero de su bolsillo.

—Ahora, lo primero es quitar la cerradura. La he estado aceitando esta semana, debería girar sin hacer ruido y bastante fácil… debí traer alguna cosa como plan de repuesto para abrir la puerta… ains… tarde. Vamos a orar para que el fantasma nos ayude.
—Deja de hablar de fantasmas —suplicó Cyan, pero una leve sonrisa asomó en sus labios.

Luo insertó la llave y giró con cuidado. Un clic metálico sonó en el silencio del pasillo largo y oscuro, la puerta cedió hacia adentro con mucha facilidad.

—Funciona —anunció, con evidente orgullo—. Fase uno, completada. ¿Lista para la vista, inspectora Cyan?

Ambos cruzaron el umbral y se adentraron en la azotea. Lo primero que los recibió fue una brisa nocturna, más cálida de lo esperado, que les acarició el rostro después del aire encerrado de la escalera. Arriba, la luna llena en lo alto del cielo despejado, bañando todo con una luz plateada y tenue que ilumina todo a su paso con suavidad lo que hacía que el paisaje fuera casi etéreo.

La vista se extendía a lo lejos. Desde allí podían ver más allá de los límites del orfanato; las luces de Eastwood centelleaban en una cuadrícula desordenada, las siluetas de edificios más altos se recortaban contra el horizonte y, al fondo, la mancha oscura del Vireta Park. El ruido constante de la ciudad no era tan fuerte como se esperaba aún siendo ya las ocho de la noche.

Cyan contuvo la respiración por un instante. Sus ojos, grandes y verdes, brillaron bajo la luz lunar, reflejando el vasto panorama con puro entusiasmo. Por un momento, todo lo demás —la presión del coro, las miradas, las expectativas— pareció quedar muy pequeño, muy lejano, allá abajo en algún punto que ya no le importaba. Aquí solo estaban ellos, la brisa y un pedazo de cielo propio.

—¿En qué piensas, santa? —inquirió Luo, tirando de su mochila algunos cables y herramientas.
—Nada en particular —mintió, algo que su amigo se dio cuenta de inmediato.
—¡Oye, Cyan! ¿Sabías que los Beatles tocaron en un techo de Londres? —mientras comentaba aquello, comenzó a inspeccionar el cable que había traído del orfanato—. Se le conoce como el concierto de la azotea, el treinta de enero de mil novecientos sesenta y nueve. Fue la última vez que tocaron juntos antes de separarse.

Cyan se acercó para ayudarlo a sostener el rollo de cable. Ella no sabía mucho de música en general, más allá de lo que escuchaba con Luo.

—… ¿Qué tipo de música tocaban?

—De todo un poco —respondió Luo, desenredando un extremo con cuidado—. Para entonces ya hacían rock, pero un rock más melódico, con arreglos complejos. Canciones como "Get Back" y "Don't Let Me Down". Su sonido era… único. Nadie lo imitaba bien y las personas lo creían bárbaros y el rock un sonido que pasaría de moda.
—¿Y por qué tocaron en un techo?
—Porque ya no querían hacer giras, ni dar conciertos grandes. Estaban hartos de la fama, de las multitudes, de sus peleas. Solo querían tocar juntos, de forma sencilla, sin tanto show para despedirse de la banda. Así que subieron a la azotea de su estudio, conectaron los amplificadores, y tocaron. La gente en la calle los miraba desde abajo, los coches se paraban… fue algo espontáneo. Y legendario.

Cyan asintió lentamente, imaginando la escena. Le gustaba la idea, como debía haber salido de la nada la idea y que fuera pura música, sin la presión de un escenario formal.

—Suena mejor que un estadio lleno.
—Mucho mejor —afirmó Luo con convicción—. Por eso pensé en esto. No necesitamos un escenario grande. Solo necesitamos nuestro techo, nuestro sonido, y… bueno, tal vez un público pequeño o ninguno, solo nosotros.
—¿Y la policía no los bajó a los Beatles?
—Sí, al rato. La policía llegó porque los vecinos se quejaron del ruido. Pero para entonces, ya habían tocado como cinco canciones. La historia ya estaba hecha.

Luo señaló un canal de ventilación cerca del borde de la azotea.

—Mira, por ahí podemos pasar el cable. Baja hasta el almacén. Es un camino casi recto. Solo necesitamos asegurarlo bien para que no se mueva con el viento.

Cyan se acercó y miró por la abertura. Parecía viable, aunque estrecho.

—¿Y si llueve? El cable se mojará.
—Lo cubrimos con un tubo de plástico. Tengo unos sobrantes del taller de manualidades. Los juntaré.

Ella lo miró, impresionada.

—Pensaste en todo, ¿verdad?
—Claro hehe—sonrió Luo, con una mueca que era mitad orgullo, mitad nerviosismo—. Es nuestro concierto de la azotea. Tiene que estar bien planeado y no podemos dejar que la lluvia, o la policía del orfanato nos arruinen el debut.
—No quiero que ninguna de las señoras suba a detenernos —comentó Cyan, con un dejo de humor—. Ojalá les de miedo las alturas.
—¡Mejor! Un público ausente y una autoridad con vértigo. Condiciones perfectas.

Terminaron de inspeccionar el lugar, marcando mentalmente dónde colocarían el amplificador y cómo orientarían los parlantes. El plan empezaba a sentirse real, no solo como un sueño de Luo, sino como algo que los dos podían construir juntos, con determinacion desde esta azotea silenciosa bajo la luna llena.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Ekha on July 31, 2017, 07:10:40 AM
002 - Not my division

Papeles de autorización. Documentos. Un sin fin de permisos por sus tutores dado que es menor de edad. Edna estaba harta de ver documentos y documentos que le recordaban que no podía tomar sus propias decisiones debido a su edad.

Zaveid y Eizen la conocían de maravilla. Por más peros que su hermano mayor le había puesto, ella no  habia desistido de su decisión y, al final y más que nada a regañadientes, Eizen no tuvo otra alternativa que cumplir uno más de sus caprichos, más por su amor a su pequeña hermana que por su propia iniciativa.

Al poco tiempo, Edna aparecía en todos lados. Un nuevo talento  mucho más engañoso de lo que aparentaba, consideraba  Zaveid. Edna tenía anuncios en varias partes haciéndola ver como una adorable adolescente, una nueva estrella que prometía brillar entre hermosas canciones optimistas y sonrisas.La verdad no podía estar más lejos. Sólo gente cercana a ella, incluyendo el compañero d de grupo de su hermano mayor, sabían cuán equivocada era la percepción general sobre la joven.

Edna podría tener el cuerpo de una jovencita, pero su personalidad real podía distar kilómetros de la percepción general. Cuando quería, podía ser lo más ácida y cruel que jamás alguien podría imaginar viendo esos carteles llenos de sonrisas angelicales. Verdades duras y directas gobernaban su día a día, bromas pesadas y un sentido del humor de alguien que no apreciaba la compañía humana demasiado tiempo eran parte de la personalidad de la misma joven que saludaba con un optimismo y una gran sonrisa a los transeuntes desde esos carteles.

Zaveid sintió como un escalofrío recorría su espalda. Edna podía ser de muchas formas aterradora para ser tan joven pero esto era un nuevo  nivel. ¿Por qué razón lo hacía? ¿Para llamar la atención de Eizen? No. No por algo como eso. Se tenían el uno al otro y cosas por el estilo pero Edna no caería tan bajo. Debía haber una razón detrás de ese capricho pero, al menos desde su perspectiva, no le correspondía a él averiguarlo. El privilegio era de su compañero, el hermano de la chica, quien en ese momento seguía pensando qué había hecho mal.

“Consentirla”, pensó su amigo. Edna obtenía lo que se proponía, con o sin los medios a su alcance, siempre encontraba la forma de lograrlo. Al menos eso era algo bueno que podía decir de ella: nunca se rendía y, aunque las cosas fuesen complicadas, lograba su objetivo de alguna forma u otra.

Quizá debería compadecer a Eizen y a los amigos de la chica. Al menos él no se encontraba en ese último grupo, a ellos sí que debía tenerles un poco más de lástima.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Othinus on July 31, 2017, 01:01:57 PM
01 disappoint (a)

El ingreso al aula terminó alrededor de cinco minutos atrás y ya Touwa Erio tenía que meter la cabeza de delante hacia atrás, bostezando en el proceso.  El profesor seguía hablando y alguno que otro rezagado social le presta atención a la actuación bamboleante de la chica.

A algunos de ellos les gustaría transferir aquel cerebro con aire a sus cuerpos; el profesor grita y grita y ella lo ignora y lo ignora.  Erio ignora palabras como estrés, sí, definitivo.  Los universitarios en ingreso desearían tener la habilidad de ella. Su mente toma un pequeño desvío a las cosas que tiene que hacer y las repasa para limitar a un uno por ciento el margen de error.

“¡Psh!” la llamaron de un costado y ella pasó completamente de ese ruido molesto. “Erioooo” insistió hasta tener clavada la mirada de un puro y profundo océano sobre él.
“¿Nombre?” escupió secamente.
“¡Ah! Lo siento” dijo con las mejillas como tomates bien maduros. “Te vi tan relajada que me pareció agradable”.

Erio observó al compañero de banca y notó que era japonés, como ella, raro. Alguien completamente normal y sin rasgos a destacar.

“Ahhh” apresuró a agregar “soy Soichi Negishi”.
“¿Y?” preguntó sin tener la menor intención de hacer charla.
“Pues, pues… hay un club de yoga por si estas interesada” le sonrió feliz de la vida, hasta lo imagino rodeado de un aura rosa.

Erio meneó la cabeza y la recostó en el pupitre. Tanto sueño y tan aburrida. Nunca imaginó que la universidad fuera así, esperaba una vida glamorosa y llena de solicitudes de ver ovnis en una pradera desierta o aventuras de caza fantasmas por las noches y no. Nada de eso.

“¿De qué hablan?” ahora la voz provenía del otro lado. “Soy Shiona”.
“Un club de yoga, servimos té y galletitas” respondió Soichi aun perdurando la aura con shine.

Erio bostezo tratando de prestar atención pero hasta la clase de cálculo se oía mejor que la charlatanería de estos dos.

“¿Eh, yoga? Eso aún se practica” preguntó otra persona de enfrente de Erio y giró un poco la cabeza. “Apuesto que es como un palo Soichi”. Codeo a alguien del lado de él “escucha esta estupidez Yoshino ”.
El tal Yoshino le contestó suspirando “¿qué, Mahiro? Presta atención a clases”.
“Aburridoooo” habló el rubio “mejor ver que hacen los idiotas de atrás mío”.

El profesor paró un segundo la clase y todos dirigieron la vista al grupo que hacía bullicio allí. El que lleva la clase tenía fama de pocas pulgas y sacar a relucir que solo enseñaba por motivos curriculares y que por pendejos se negaba a tener una mancha negra en su amada carrera.

“¿Quieren compartir con nosotros lo divertido?”

Soichi miró a Shion y los otros dos de adelante entre sí a Erio le creció una burbuja tan grande en la nariz que el profesor se acercó con delicia a pegarle con un grueso libro.

“¿Qué es lo tan divertido?” le apuntó y ella siguió durmiendo.

La ira y el fuego del infierno se sentían en la atmosfera del aula, tiembla Erio, tiembla por lo que se avecina. 
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Miyu on August 31, 2017, 05:32:51 AM
4.1 # Take off


“Nothing matters if I fight for my dreams”

La voz a capella de Luo sonaba tosca debido a las prisas con que iba recitando la letra que acababan de componer esa noche, tenía miedo que esa melodía se esfumara de su mente, quería grabar las emociones emitidas en aquel momento, plasmar los sentimientos que ambos expresaron bajo esa hermosa luna resplandeciente.

Cyan lo escuchaba unos pasos más atrás, sentada en el suelo de la azotea. Afinaba con cuidado las cuerdas de la guitarra eléctrica, el instrumento aún no estaba conectado al amplificador. Cada nota que ella ajustaba creaba un fondo para las palabras apresuradas de Luo, su concentración era total y, sin querer, Cyan era la calma que su mejor amigo necesitaba para ordenar el caos de su inspiración. Sin decir nada, su presencia y el sonido afinado de la guitarra le marcaban el compás, ese había sido un ensayo productivo para ambos.

“I’ll be taking actions, no distractions. I just wanna be who I wanna be. I don’t need exceptions, no delusions. Chance is only once, you know”

Una hora se convirtió rápidamente en dos y antes de pensarlo ya había pasado la hora de la cena. Ambos ya cansados se dejaron caer en el suelo para observar las estrellas que se erigen sobre ellos; ex extraño como aquellos momentos volvían a hacer de Cyan alguien normal, una chica de doce años con ganas de decir su propio camino.

—Me gustó la letra que compusiste, Luo —habló muy bajito, temiendo romper la magia que los envolvía.
—¿En serio? —extendió su mano derecha al aire—. Siento que si la cantas tú, sonará mucho mejor.
—Lo harás mejor tú —repitió Cyan, girando la púa entre sus dedos, su mirada fija en las luces distantes de Eastwood.
—Tu voz tiene algo —mencionó él—. Algo que falta en la mía.

Ella desvió los ojos. Desvió la mirada hacia su guitarra, sus dedos recorrieron el mástil con la púa.

—No sé cantar.
—Sí sabes. “My color” te la apropiaste, la hiciste tuya, Cyan.

Cyan guardó silencio, colocando la correa sobre su hombro, posando los dedos en las cuerdas con familiaridad. Emitió un acorde menor, luego otro, Luo cerró los ojos, dejando que los sonidos lo envolvieran.

—Podríamos intentarlo —murmuró ella, casi en un susurro—. Primero necesita una armonía sólida.

Luo abrió los ojos.

—¿En serio?

Cyan pulsó un acorde, ajustó una clavija, luego otra. Repitió la progresión que había surgido durante el ensayo, esta vez más lenta, deliberada.

—Así —murmuró para sí misma, más que para él.
—Suena bien…

Se levantó Luo y extendió la mano hacia Cyan, quien no duro en tomarla ni por un instante, permitiendo que la ayudara a ponerse de pie. Sus palmas estaban frías por la noche y la de él cálidas.

—Inténtalo ahora —indicó Cyan, sin mirarlo, concentrada en el ritmo que marcaba con un leve movimiento de pie en un timing preciso.
Luo aspiró profundamente. Cantó la primera línea, ajustando su tono a la guía de la guitarra. Su voz, antes áspera, encontró un tono más suave, una cadencia sincronizada con la idea de Cyan.

Un segundo acorde se unió, luego un puente sencillo que improvisó en el instante que Luo avanzaba con la letra, la canción dejó de ser un conjunto de palabras desordenadas y una melodía sin terminar a algo más profesional, aunque amateur aún.

Al terminar el estribillo, Cyan abrió los ojos y se fijó en Luo. El brillo en su mirada era respuesta suficiente.

—¡Whooo! ¡Quedó genial! Ya lo puedo imaginar con distortion y delay —el varón no podía contener una mueca de felicidad. Lo habían logrado.

Cyan afirmó, una esquina de su boca levantándose apenas ante el estallido feliz de Luo.

—Distorsión en el estribillo —murmuró—. Delay en el puente.

Se agachó y conectó el cable al amplificador. Un sonido grave llenó el aire cuando encendió el aparato; giró el knob de distorsión a la mitad y rasgueó un power chord. Luo dejó escapar un "¡Sí!" instintivo, su cuerpo respondiendo al ritmo con un movimiento de cabeza.

Cyan probó una progresión rápida, los dedos deslizándose por el mástil en el momento indicado y el delay ajustado a un tiempo sincopado. Era exactamente la textura que Luo había imaginado y transmitió cantando.

—Ahora —señaló Cyan, sosteniendo un riff simple—. La última estrofa.

Luo no necesitó que se lo dijeran dos veces, cantó sobre la base distorsionada y Cyan improvisó un lick entre líneas, sus miradas se encontraron por un momento y una sonrisa cómplice apareció en las expresiones de ambos.
Cuando la última nota se desvaneció, Cyan apagó el amplificador, dejando que el silencio repentino se pusiera en la noche. Ambos respiraron pesadamente.
Luo extendió el puño hacia Cyan, quien chocó el suyo contra él, en señal de un muy buen trabajo por parte de ambos.

—Mañana la cantamos en el parque Viretta —declaró Luo—. Apareceremos en Tik Tok de nuevo, Fomo, YouTube… ¡Yay!
—… estás siendo muy soñador, engreído Luo —respondió Cyan, aún con el agotamiento encima su humor no se desvanecía.

Luo soltó una risa, el vapor formando una nube breve frente a su rostro.

—¿Engreído? Ser engreído me queda genial y más como guitarrista.

Cyan se cruzó de brazos, la guitarra ahora colgada a su espalda como un escudo.
 
—La señora Lin revisa los teléfonos y está pendiente de Tik Tok. Si aparece un video nuestro con mil vistas, nos confina a limpiar baños un mes.,,
—Entonces que no nos graben la cara —sugirió Luo se ajustó la gorra—, o vamos al otro lado de la ciudad. A un parque dónde nadie nos conozca y podamos brillar.
—¿Y el permiso de salida? —Cyan lo miró fijamente—. Necesitamos firmas para ir más allá de dos calles. Nadie nos dejará ir para tocar, nos dirán que nos vayamos a hacer nuestras cosas.

Luo se acercó un paso.

—Encontremos un hueco en los horarios. La señora Lin nunca se fija más allá de su trabajo. Estoy seguro de que podemos escabullirnos el sábado y nadie lo notará.
—Es mucho riesgo, Luo.
—Todo lo que vale la pena lo es —su tono perdió por un segundo la euforia, volviéndose serio—. Cyan, esta canción… es nuestra. De verdad nuestra. No puede quedarse atrapada en esta azotea o en un garaje.

Ella bajó la mirada, trazando una grieta en el cemento con la punta del zapato. Sabía que tenía razón, la música era su única salida, el único espacio donde controlaban algo.

—Si nos descubren —murmuró—, me mandarán a canto más horas de las que puedo controlar o teología… lo han dicho ya.

Luo guardó silencio. Conocía las amenazas del orfanato, a él muchas veces lo habían mandado a trabajar, a cultivar, trabajos pesados para mantener a chicos problemas bien lejos.

—Okay —habló finalmente, su voz más baja—. Plan B. Grabamos el audio aquí, solo audio. Lo subimos a una cuenta anónima, sin videos, sin ubicación. Si llega a cien reproducciones… entonces pensamos en el parque.

Cyan consideró la propuesta, era un término medio. Menos intrepido para Luo, pero menos peligro para ambos.

—¿Y los créditos? Sin nuestros nombres.
—Podemos llamarnos con sinónimos. Tipo “Luoky”
—Horrible. —Protestó ella, con una sonrisa casi imperceptible asomando en sus labios.
—¡Tú propon algo entonces, Santa!
—No lo sé… —lo dijo sin pensar—. ¿Lucky?
—Lucky —repitió él, probando la palabra en su boca—. ¿Lucky?... ¿Como la suerte? En realidad… eso suena bien.

Cyan se encogió de hombros, fingiendo indiferencia, deseando poder arrepentirse de la sugerencia que había sonado demasiado simple y tonta para un dúo.
Pero Luo no se rió, su ceño se frunció en concentración.

—En realidad… eso suena bien. —su voz perdió el tono jocoso—. Lucky. Como… no saber si se refiere a que somos afortunados o a que necesitamos suerte o si a que somos un amuleto —hizo una pausa, mirando a Cyan con nuevos ojos entusiasmados.

Cyan se quedó quieta, sorprendida tras ese análisis que ni ella notó. Nunca había pensado en tanto, para ella, era solo una palabra que llevaba oyendo desde que entró en el orfanato, pero la verdadera suerte fue conocerlo a él.

—Podría ser —murmuró, evasiva.
—Lucky —repitió Luo una vez más, y esta vez una sonrisa lenta se dibujó en sus pómulos —. Sí. Me gusta “Lucky”. Suena a fácil de recordar y escribir, algo que podrías encontrar una tarde scrolleando en Tik Tok o YouTube, que escribirías buscando suerte y pensando en nuestras canciones.
—Solo es un nombre —protestó Cyan débilmente, sintiendo el peso de la expectativa de Luo se depositaba sobre esas dos sílabas.
—Nada es solo un nombre —replicó él, señalándola con el dedo—. Es nuestro nombre artístico como dúo. El que diremos frente al público y hay que decirlo orgullosos.

Cyan sintió un escalofrío de incomodidad de que Luo ya estuviera allí, en ese futuro imaginario, gritando un nombre que ella, en un segundo de distracción, había dicho.

—Está bien —cedió, viendo inútil cualquier resistencia—. Lucky y que nuestro logo sea un trébol. 
—Un trébol de cuatro hojas hecho de ondas de sonido —declaró Luo inmediatamente, los ojos brillando con la visión.
—Pffff, ya te has imaginado todo —sonrió la menor.
—¡No te rías, Santa!
—¡No te rías, Santa! —protestó Luo, pero una sonrisa amplia traicionaba su fingido enojo. —Un logo debe ser fácil de reconocer y a la suerte se la asocia con los tréboles. ¡Una idea fantástica!
—Es un garabato que nadie entenderá —replicó Cyan, agachándose para guardar el cable del amplificador en la mochila—. Al menos que sea un trébol normal. Verde y punto.
—Aburridísimo. ¿Y los colores de la banda? ¿El eslogan? —Luo se puso manos en las caderas—. Yo digo que negro y verde eléctrico. Slogan…
Cyan emitió un resoplido.
—Ningún slogan somos un dueto, no unos vendedores.
—¡El dúo más ruidoso del mundo! —exclamó Luo, haciendo un gesto de tocar la batería imaginaria con exagerada furia—. Los dos cantamos mientras uno toca la guitarra, hasta que consigamos otra y tienes que practicar sonreír. ¡DEBES SONREÍR, SANTA!
—¿Qué sonrisa? —preguntó Cyan, alzando una ceja.
—Una que sea cálida y hermosa, normalmente pareces tensa y agria, como un tomate maduro.
Cyan no pudo evitar una risa breve y seca.
—Eres un idiota. Ayúdame con el amplificador.
Entre los dos, levantaron el equipo. Mientras bajaban por la estrecha escalera de servicio, la charla derivó en más tonterías que a ambos les gustaba.
—Nuestro primer álbum se llamará… « Lunar » —propuso Luo, su voz haciendo eco en el hueco de la escalera.
—Suena a canción de cuna —opinó Cyan, mirando sus pies para no tropezar.
—¡Tú no tienes visión! El segundo será « Fugas de la Azotea ».
—No tienes buenos gustos. Que se llame « Engreído Luo ».
—¡¿Ehhh?! ¡Qué malaaaa! —Luo hizo una pausa dramática en el lugar donde guardan el amplificador—. Y nuestro fanclub se llamará… los « Afortunados ».
—Los únicos afortunados serán nuestros vecinos cuando dejemos de ensayar —murmuró Cyan, pero con un dejo de complicidad.

En ese lugar la luz era más tenue, parpadeante, por lo que las sombras estaban presentes en cada esquina. Ya hace tiempo había pasado la hora de dormir, así era el mundo real… lejos de fantasías se erigían reglas y horarios que se apoderaban de sus días.  Esta vez Luo se llevo la guitarra y la mochila con los cables, tocaba irse cada uno la ala que le correspondía.
—Mañana vamos a grabar —recordó Luo, ya en voz baja—. Me gustaría enseñarle la letra y la melodía que compusimos a Joe.
—Podemos hacer eso mañana y pedirle ayuda para grabar el sonido —sugirió Cyan, cubriendo el amplificador con una lona—. ¿Qué te parece, Luo?
—¡Gran idea! —gritó Luo entusiasmado.

Cyan negó con la cabeza, aún así no pudo suprimir una sonrisa minúscula.

—Buenas noches, engreído.
—Buenas noches, Santa —replicó él y desapareció tras la esquina del pasillo.

Cyan permaneció un momento más en el pasillo silencioso. El nombre «Lucky» resonaba en su cabeza, mezclado con el eco de risas tontas y planes imposibles. De algún modo estaba animada con todo lo que vendría en el futuro próximo.

Al día siguiente, los dos chicos caminaban por las calles de Eastwood con un objetivo concreto, como habían acordado la noche anterior, se dirigían a Joe's Rock Shop. La guitarra, dentro de su funda desgastada, colgaba de la espalda de Luo y en sus pies, ambos llevaban sus patines en línea, lo que les permitía deslizarse con rapidez por las calles casi vacías de la mañana, aunque Luo insistía en mantener una mano cerca del hombro de Cyan, por si un bache o una baldosa suelta la hacía tambalearse o por si se topaban con algún Chano Charpentier del Conurbano que acercase demasiado a ellos con un vehículo.

El sol brillaba en un cielo despejado, pero el aire matutino aún conservaba el frío que les hace cargar con chaquetas finas; el cabello turquesa de Cyan ondeaba ligeramente y las puntas ébano de Luo se agitaban con cada impulso de sus patines.

—¿Cuánto crees que costará uno básico? —preguntó Luo, rompiendo el silencio del trayecto. Su obsesión del momento seguía siendo el reproductor portátil ya que la única escucha del CD de Hyuna había sido en el equipo de música de la sala común del orfanato, con volumen bajo y el constante temor de que alguien los sorprendiera.

Cyan, concentrada en mantener el equilibrio, usó una mano libre para hacer un gesto vago. Sus dedos se abrieron y cerraron un par de veces, sugiriendo una cantidad grande e imprecisa. Quizás cien dólares, parecía decir. Había oído que los aparatos retro ahora eran caros debido a que coleccionistas se agarraban los mejores e inflaban los precios.

—Joe dijo que los hay desde cuarenta dólares —continuó Luo, más para sí mismo que para ella—. Si conseguimos algún trabajo los fines de semana… lavar coches, repartir folletos… en un mes o dos lo tenemos.

Cyan deslizó un pie para frenar un poco y lo miró. Su voz sonó baja y clara en el aire tranquilo de la mañana de Eastwood.

—No nos darán permiso o no a mi —su voz sonó melancólica, debía asistir a clases de canto, misas y otras cosas que la obligaban. Entre prácticas y obligaciones, estaba segura de que la tendían controlada.

Luo frunció el ceño, aun así, no refutó su punto, a sabiendas que la vigilancia sobre Cyan era más estricta que para cualquier chica común o persona dentro del recinto. Su condición la hacía, a los ojos de los cuidadores, más frágil, más propensa a desviarse sin supervisión.

—Entonces lo haremos entre semana, en ratos libres —improvisó Luo, intentando animar con sus palabras a su pequeña amiga—. Podemos ofrecer limpiar el garage del Joe o algo a él o … bueno, ya veremos. Primero, Joe y hablaremos con él. Quizás nos pueda buscar o dar algún trabajo extra.

Esquivaron un grupo de palomas y tomaron la calle que conducía al modesto distrito donde se ubica la tienda, frenaron con suavidad al vel el letrero poco llamativo en el escaparate y, través del cristal de la puerta, vieron que la luz interior estaba encendida, aunque no se veía movimiento.

Luo abrió la puerta, haciendo sonar la campanilla de entrada. El interior los recibió con el olor habitual a discos viejos papel añejo y polvo, como la ultima vez que estuvieron, esta vez tampoco había clientes. Al fondo, detrás del mostrador, estaba Joe, sentado en un taburete alto, con una lata de cerveza a medio terminar en una mano y un pequeño plato de maní salados frente a él. Estaba viendo en la computadora un viejo concierto de Stevie Ray Vaughan y Double Trouble, la canción que sonaba era «Pride And Joy », Luo de inmediato captó el género un Blues Rock de los ochenta, ya lo había escuchado con un cover a Jimi Hendrix y su mítico «Voodo Child ».


Al verlos entrar, Joe alzó la lata en un saludo casual.

—Buenos días, dueto rebelde. Temprano para patinar, ¿no? ¿O vinieron a molestarme?

—Buenos días, Joe —dijo Luo, desabrochándose los patines con movimientos rápidos. Cyan hizo lo mismo, más lentamente—. ¡Qué genial la canción que escuchas! Me llena de emoción.
—¿Lo conoces? ¡La juventud no está perdida! Incluso consideraré en presentarte a Mitsu-chan —el hombre meneó la cabeza al ritmo de la guitarra de Stevie Ray Vaughan.
—Síp. Mis padres fueron unos importantes productores de música. Es normal que conozca al que revivió la Fender Stratocaster —Luo sonreía muy feliz de poder compartir ese momento y recordar a sus padres—. ¿Quién es Mitsu?
—Oh, vaya. ¿Dónde trabajaban? Si eran de Rock y vivían en Eastwood, quizás los haya conocido —Joe bebió otro trago a su cerveza helada—. Mitsu-chan es mi sobrinita, estará más tarde por aquí. ¿A qué vinieron?
—Una consulta musical —finalmente se acercó Cyan al mostrador, sin querer interrumpir la charla.
—Ah, las mejores consultas —Joe tomó un sorbo de su cerveza y detuvo la música con un dedo sobre la pantalla táctil—. ¿Necesitan identificar un riff? ¿Una fecha de lanzamiento? Mi cerebro, aunque un poco oxidado por la cerveza matutina, está a su servicio.

Luo dejó la funda de la guitarra sobre el mostrador con un cuidado y Cyan se situó a su lado, sus dedos jugueteando nerviosos con el borde de su sudadera.

—Es más que eso —empezó Luo, tragando saliva. Su confianza habitual parecía haber quedado un poco fuera—. Compusimos una canción… nosotros dos. Se llama « Take Off ».

Joe dejó la lata sobre el mostrador, su expresión cambió de la bromista habitual a una atención seria y directa. Sus ojos pequeños y razgados, ocultos tras unas gafas negras, pasaron de Luo a Cyan y luego a la funda de la guitarra.

—¿En serio? —preguntó, su voz tan entusiasmada como la de Luo—. Una canción completa. Letra, melodía, acordes. ¿Todo?

—Sí —afirmó Luo, y Cyan asintió a su lado—. La tenemos aquí, queríamos… enseñártela. Y pedirte un consejo o más que un consejo.
—Queremos grabarla —siguió Cyan, y su voz, aunque bajita, no tembló—. Y subirla a algún sitio donde la pueda escuchar gente sin que lo sepan en el orfanato.

Joe los observó en silencio durante unos segundos, luego, lentamente, se pasó una mano por su escasa barba.

—Vaya… ¡ESTOY EMOCIONADO! ¡LA JUVENTUD REVIÓOOO! —exhaló—. CARAJOOOOO. ¡VIVA LA JUVENTUD! De esto le hablo a mi Mitsu chan de tener pasión y ponerse objetivos claros, la música, como la vida, es moldeable —se levantó de golpe y rápidamente dio la vuelta al mostrador—. Bueno, primero lo primero… no se pide consejo sobre una canción que no se ha escuchado. El estudio está cerrado, pero este local a las diez de la mañana de un jueves es tan privado como va a ser. ¿Tienen el valor de transmitir sus emociones al público?

Luo desenfundó la guitarra con manos que apenas temblaban. Cyan respiró hondo y se colocó a su lado, lista para cantar las partes que habían practicado. El miedo era palpable, pero debajo de él latía una excitación febril.

—Sí —dijeron ambos al unísono.

Joe arrastró dos sillas plegables desde un rincón y se sentó frente a ellos, cruzando los brazos. Su actitud era de expectación total, quería oírlos, quería que la música que dos chicos jóvenes compusieron fuera el nuevo hit del año, un nuevo comienzo para un género que siempre está entre el olvido y el estrellato.

Luo afinó las cuerdas rápidamente, los sonidos de la cuerda al tensarse hacían más real el momento, luego, sus ojos se encontraron con los de Cyan, quien con nerviosismo apretó sus propias manos en puños.

La intro de la guitarra comenzó, un riff con escala simple, sin mover demasiado sus manos en el mástil y apretando con la yema de los dedos una y dos cuerdas de metal; quince segundos después, la voz de Cyan entró clara y sin titubear, cantando con el alma.

“I'll be taking actions, no distractions. I just wanna be who I wanna be. I don't need exceptions, no delusions. Chance is only once, you know”.

Cyan cerró los ojos por un segundo, apretando más sus manos en plena concentración; esto se sentía tan diferente a cantar frente a un auditorio canciones religiosas, se sentía estar viva… gritar con el alma. Cuando llegó el puente, su voz se unió a la de él.

“When I'm lost and start to fall, let me fly up more. Go on, I've been waiting for this so long. Fate is calling me, unlock another door and shine the hope inside my heart”.

Cantaron la canción completa. Por supuesto, no fue una interpretación pulida y hubo más errores y tropiezos en la guitarra de lo que Luo quería admitir, un momento en que Cyan respiró en el lugar equivocado y su voz salió desafinada… pero la esencia estaba ahí, las emociones contenidas de tantos años viviendo bajo las reglas de otros, perdidos y encontrados por la música. Música que es sinónimo de esperanza y el deseo compartido de tener un futuro brillante y juntos, de escapar y ser libres al fin. Cuando la última nota de la guitarra se desvaneció, el silencio llenó la tienda.

Joe no aplaudió, no hablo nada de inmediato. Se quedó sentado, mirándolos. Su expresión difícil de leer, pensativo, rascándose la pelusa en su mentón y sus ojos cubiertos por las gafas oscuras.

—Bueno —dijo al fin, raspándose la garganta—. No voy a mentirles. ¡FUE GENIAL! MUCHO MEJOR DE LO QUE ESPERABA. ¡YAS! LLAMARÉ A MITSU-CHAN —se levantó de golpe, con las dos manos hacia arriba, luego aplaudió—. Hay trabajo por hacer, pulirlo mejor y por supuesto practicar.

Una ola de alivio y emoción los inundó. Luo soltó una sonrisa amplia y Cyan se sonrojó. Ser halagados, con exageración, les decía que hicieron bien su trabajo, que todo el esfuerzo que pusieron en la letra y el acompañamiento valió la pena.

—En cuanto a grabarla y subirla… —Joe se fue hacia la trastienda—.  Lo haré, sin duda. No es solo apretar un botón, necesitan una toma decente, aunque sea básica. Aquí tengo una interfaz de audio vieja y un micrófono que no es malo. Podríamos hacer una grabación cruda, solo voz y guitarra, no sonará a estudio profesional, pero sonará bien.
—¿Podríamos? ¿Aquí? —preguntó Luo, incapaz de contener su exaltación.
—Podríamos intentarlo un día que abra la tienda. Un domingo, tal vez —contestó Joe, volviendo con una vieja caja de equipos—. Pero hay que practicar más. Mucho más. Hasta que la canción salga sin pensar y luego me encargo yo de subirla, le pediré de favor a Mitsuki.

Se apoyó contra el mostrador, mirándolos con seriedad.

—Hay mil sitios y ella sabrá el que está más de moda. Vamos a crear un perfil en alguna plataforma, subir el audio con una foto estática o un vídeo. El problema no es técnico, el problema es lo que viene después. ¿Están listos para eso? Para que gente que no conocen escuche algo que salió de aquí? —se tocó el pecho con preocupación—. Para los comentarios, el silencio, las miradas en el orfanato, las burlas, el que les digan que no están hechos para esto y hasta los insulten. La fama no llegará rápidamente y habrá más tropiezos de los que pueden imaginar.

Luo y Cyan intercambiaron una mirada. Ya habían hablado de esto, en la azotea y estabas conscientes del riesgo, de que quizás hasta los ridiculizarían… pero querían dar un paso sin arrepentimiento y de eso va Take Off.

—Lo estamos —expresó Luo con determinación—. Tenemos que hacerlo, es la única manera de… de empezar. ¡Y soy la persona más genial junto con la Santa de la fortuna, estoy convencido de que no será tan difícil!

Joe no pudo evitar reírse por el entusiasmo y ego del chico.

—Está bien. Me creeré esa convicción y el plan, entonces será que ustedes dos ustedes practican y yo averiguo cómo funciona esta grabadora antigua. Nos vemos aquí el domingo por la tarde, después del almuerzo hacemos unas pruebas de sonido. No prometo una obra maestra, ¿eh?
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Chaos Girl on August 31, 2017, 06:59:24 AM
-Con los pies en el suelo y la mirada en las estrellas.

“Bien, ésta es la última.”
“¡Al fin!”

Con un sonido seco, el chico de cabello celeste dejó una caja sobre otras tantas más, secándose algo de sudor de la frente después. Tras él se asomaba una jovencita menuda y rubia cuyos ojos verdes brillaban llenos de expectación.

“Y con esto ya nos hemos mudado, ¿no?”
“Nero” El otro sonrió con cara de circunstancias. “Primero habría que colocar todo y esperar los muebles que faltan. Esto son sólo nuestras cosas.”
“¡Eso puede esperar, Nin!” La chica hizo un gesto para que la siguiese hasta la ventana, señalando el paisaje más allá del cristal. “¡Mira qué vistas!”

Ninurta no podía negar eso. El estudio que habían comprado para los dos estaba situado en una de las mejores partes del distrito. La parte de arriba era un ático (del que, por supuesto, Nero se había apropiado) que permitía una vista incluso mejor de la plaza donde ahora residían. Abajo tenían una cafetería estilo tradicional y una librería de segunda mano. Todo ello a un precio… No, no era algo que pudiese llamar asequible, pero Nero había dicho que no pensaba conformarse con otra cosa.

Bueno, al menos ella y su amiga de la infancia tenían gustos parecidos para ciertas cosas. Vivir allí no tenía por qué ser desagradable siempre y cuando fuese él quien se encargase de administrar el dinero. Ella se cansaría de todo en unos meses a lo sumo. Como cuando quiso ser pintora, o piloto de carreras, o vidente, o escritora, o… Vaya la lista se estaba haciendo peligrosamente larga.

“¿Puedes verlo? Mi futuro está ahí fuera, esperando. ¡El público clama mi nombre, los aplausos son ensordecedores! ¡¡Y yo estoy en el centro de la multitud, como es de esperar, todos me miran!!”

La chica se separó de una zancada de la ventana para dirigirse al centro de la amplia habitación, justo a la parte libre de cajas. Giró sobre sí misma un par de veces con los brazos extendidos, y con gesto solemne abrió sus labios…

Pero el sonido del timbre saboteó su improvisado concierto antes de que empezase siquiera.

“¿Huh? Creía que los muebles los mandaban mañana.” Nero por supuesto, no estaba nada satisfecha con eso.
“De hecho, pedí expresamente que viniesen mañana para que pudiésemos despejar cajas hoy y no se nos acumulase trabajo. Dame un momento.”

Ninurta se ausentó para abrir la puerta dejándola sola y Nero no pudo sino suspirar decepcionada. Sin público no merecía la pena cantar, así que decidió echar un vistazo a las cajas para localizar sus cosas porque había muchas que no estaban etiquetadas como era debido. Pudo localizar herramientas de cocina, sus sales de baño, ropa de Nin (que le hizo asentir orgullosa porque aún conservaba las prendas que le habría regalado) y unas cuantas cosas más que trató de separar por cuartos. Aunque cuando vio que no alcanzaba las cajas a ordenar se dio cuenta de que había pasado bastante rato como para que ordenase todo lo que estaba a su alcance y su amigo aún no volvía. Eso no podía significar nada bueno.

Por eso mismo, buscó acercarse a la entrada por el pasillo y utilizó su increíble y refinado oído musical para escuchar qué ocurría.

“…pero sabe lo que dijo su padre, si no está dispuesto a volver puede decir adiós al apellido y a cualquier derecho de sucesión, debe entender que yo…”
“No, no te preocupes. Lo entiendo perfectamente.”
“¿Entonces por qué se niega a volver a casa?”
“Siento haberte involucrado en asuntos entre mi padre y yo. Pero eso ya no importa, no es como si hubiese pensado darme algo en algún momento. No voy a volver a casa.”

Era justo lo que imaginaba. Ese idiota que supuestamente era el padre de Nin estaba tratando de ejercer su poder sobre él. A pesar de todas las veces que habría sido horrible con él en público y los rumores de que tenía al menos dos hijos ilegítimos sueltos por el mundo, quería tener siempre la mano sobre su cuello. Los dueños de grandes multinacionales eran siempre así, se sorprendía de que Nin hubiese acabado siendo tan buena persona y tan paciente con los padres que le habían tocado. Por eso le había sugerido independizarse juntos.

“¿Está seguro, joven amo?”
“Totalmente. Por favor, manda saludos a mi madre y a Miya cuando vuelvas.”

El silencio posterior sólo interrumpido por el sonido de la puerta cerrándose hizo que Nero saliese de la esquina tras la que se había escondido. Una vez Ninurta se dio la vuelta y sus miradas se cruzaron, el chico no pudo sino suspirar y sonreír con algo de amargura.
 
“Hay cosas que nunca cambian, ¿eh?”
“Tu padre es idiota, lo digo en serio.”
“…” Ninurta ahora no se sentía capaz de defenderlo como siempre habría hecho desde pequeño. “Tiene sus propios problemas.”
“Eres imposible… Pero está bien.”

La chica le tomó del brazó y le llevó de nuevo hasta la ventana.

“Esto también es un nuevo comienzo para ti. Por ahora puedes ser mi mánager, ¡Pero no dudes en tomar cualquier oportunidad que aparezca! ¡Como tu mejor amiga, sé mejor que nadie cuánto talento tienes y siempre te apoyaré!”

La sonrisa radiante de Nero le hizo calmarse. Sí, no estaba sólo en eso. La rubia podía tener ideas repentinas y absurdas pero era totalmente sincera y honesta; y ponía su alma en todo lo que hacía. Visto así, sí que era una artista en conseguir todo lo que se proponía.

Aún si esta vez… contaba con un problema considerable…

“Mañana iré a mi primera audición, espero que estés listo sobre las diez para acompañarme.”
Nin no pudo evitar dar un respingo sorprendido con eso.
“Pero Nero…”
“¡Vamos, esas cajas no van a deshacerse solas!”

Nero comenzó a abrir cajas animadamente, dejándole con la palabra en la boca. Aunque el ya sabía que incluso si se lo dijese a ella no le importaría así que suspiró resignado y optó por ayudar para que pudiesen instalarse cuanto antes, aún con la idea de las terribles cosas que les iban a deparar el día siguiente.

“Pero Nero… Tú nunca has podido cantar…”

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Me he acoplado aquí, espero que no importe demasiado :3c
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Othinus on August 31, 2017, 12:38:21 PM
Siempre a ultimo momento jejejeje : D
PD: ¡Bienvenida al proyecto Chaos Girl y al BT! Que disfrutes harto aquí <3

# # #

―Ichinomiya, Kou―

¿Por qué enseño en una universidad de tercera categoría? Buena pregunta. ¿Por qué debo estar llamando la atención de un ‘alíen’ como ella? Porque tiene beca… ¡Sí! Y por mi currículo, enseñar aquí, entre futuros famosos  (con suerte), me traerá fama.

Exacto, no necesito dinero. No, podría vivir cómodamente y lleno de lujos por siglos.

“Adelante, Touwa”. Suspiré, intentando obtener respuestas de por qué ella se comporta así. “Vamos, despierta” le pegue con el dorso de mi libro. La sensación fue muy buena, llena de placer, ¿para qué mentir? “Sigamos…”

Proseguí con la clase, el ambiente seguía igual y si descuido a Touwa, se duerme al instante. ¿Puede ser eso posible? Bueno, cuando hice mi licenciatura, dormía una hora por día y cuando la finalicé, gosh, fue lo mejor. Dormí una semana con mínimas interrupciones para comer y baño.

Mire por los ventanales gigantes del auditorio, aquel debía ser un hermoso y caluroso día, perfecto para estar ahí, encerrado y viendo niños ingratos. Sí, ¡aleluya! El aire acondicionado parecía a punto de estallar y los ronquidos notorios de Touwa, FINE.

# # #

Por otro lado, el pasillo a primeras parecía vacío y bueno, quizás todos se apartaron al ver llegar a la reina de aquél pabellón. ‘Enomoto Fumiho sama’ le decían a pesar de ser occidentales y junto a ella le seguía el seco  de Hosaka Shouji, quien dedicaría una mirada sanguinaria a aquella persona que ose acercarse a Fumiho.

El chico tenía grandes deseos de fumar, lo necesita desde hace horas, el nivel de nicotina desciende peligrosamente de las venas y la chica un panecillo, tenía hambre.

“¿Quieres ir a la cafetería?” escupió señalando la dirección del comedor. “Creo que aún hay tiempo, Fumiho sama”.

Él debía seguir protocolos pese a las insistencias de la chica en llamarla  ‘Fumiho’ a secas y  cuando el ‘sama’ entro en los pálidos oídos de ella, la vergüenza se apoderó de ella.
“F… ¡Fumiho! Somos amigos desde la infancia, Shouji” a ella le parecía algo grotesco que en pleno siglo veinte y uno aún siguieran habiendo personas que dieran la vida por una paga. Ella tenía que ser alguien ‘especial’ (A.K.A. con dinero) para ser una princesa de la que hay que cuidar.  Shouji solo camino hasta la cafetería y entró, sin darle a tiempo para seguir la charla.

# # #

“¡HEEEY, YUUUUUI!” gritó desde fuera del departamento Kiwako. Kiwako.Tocó la bocina de la motone y un  ensordecedor ruido inundo el pacífico barrio. ¡Ah! Los vecinos le tirarían la bronca.
Kiwako vestía siempre unos shorts cortos y una remera ajustada de alguna banda cutre, la moda no le interesa. El casco negro había revuelto las hebras largas y rubias de la cabellera y eso la tenía de mal humor.
“YUUUUUI” continuó.

Su Honda CRF1000L Africa Twin color fucsia era como su hijo, el regalo de ella para ella más fabuloso que podía tener. Aquel sudor en verano y frío en invierno, había valido la pena.

“LO SIENTO” bajo a toda velocidad su amiga, se veía cansada y poco a poco fue recuperando el aliento. Rara vez Kiwako la llevaba, prefería cargar con un tipo llamado Fuji, por algún extraño motivo.

Las dos subieron sobre el vehículo de dos ruedas y con los cascos puestos partieron hacia la universidad.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Yukari on August 31, 2017, 06:58:07 PM
¡Tambien vengo a unirme molestar aquí! Bienvenida Chaos Girl. Vamos a explotar Eastwood todas juntas kuku... (¿?)

P r ó l o g o

En una tarde soleada en Eastwood, dentro de una pequeña habitación adornada con múltiples posters de distintas bandas y varios instrumentos dispersos por el mismo cuarto, en medio de todo se encontraba una elegante y suave cama con una delicada figura semi desnuda sobre ella, con la mitad de su cuerpo fuera del mullido mueble.

Michiru Hyodo  se froto con ambas manos los ojos, con pesar y un fuerte dolor de cabeza resonando en su cabeza reprochándole lo irresponsable que había sido el día de ayer. Torpemente con la mano derecha empezó a buscar debajo de su almohada su celular, el cual no dejaba de sonar y vibrar. Deseaba asesinar su móvil en este momento, le importaba poco lo caro que había sido el aparato; en este momento lo odiaba por haberla despertado del interesante sueño que había tenido el cual curiosamente lo había olvidado en un pestañear, solo sabía que era una fantasía bastante interesante.

Sacudió su cabeza para despejar sus ideas a la vez que revisaba de mala gana la pantalla de su móvil. Todo le daba vueltas, eso era increíble de cierta manera y en solo un segundo su ira asesina pasó de su inocente celular al idiota del mejor amigo ─Kurosaki Ranmaru─. En la pantalla su nombre parpadeaba múltiples veces, cada movimiento junto al timbre de su canción favorita hacía odiar más al albino insensible y de cierta forma a ella misma. Se detestaba por haber puesto la canción que más amaba como timbre, estaba convirtiéndola en la que más odia.

De mala gana deslizo su dedo derecho por la pantalla táctil para responder con voz seca y pesada:

 ―¿Qué quieres? Deseo seguir durmiendo y verás, comúnmente la gente normal no suele dormir con ruido de fondo.

 Al terminar de responder hundió su cara en el cojín a la vez que acercaba al teléfono.

―¿Has visto que hora es? ¡TENEMOS UN ENSAYO EN UNAS HORAS! ―respondió rápidamente Ranmaru por medio del parlante.

Ella se sobre salto y levanto la cabeza para mirar nuevamente su celular, esta vez directamente la hora. 7:40 p.m. Michiru se sentía alarmada, ¿cómo pasó el tiempo tan rápido? La pregunta le causo de cierta forma una gracia absurda, no recordaba ni si quiera la hora a la cual fue a dormir.

Giró su cuerpo, maldecía haber tomado unas cuantas botellas de más, aparte que la resistencia que tenía al alcohol era casi nula. Quería putear, sacar el lado de camionero de su alma y ponerse como una fiera. Quería dormir y le desanimaba bastante el tener que ducharse, cambiarse y tener una sonrisa fingida en su rostro.

En fin, cortó la llamada y se levantó con mucha flojera, estiró sus brazos y torció el cuello, al menos no debía preocuparse por el desayuno, las arcadas por una noche rock ‘n’ roll le habían pasado factura.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Nite on August 31, 2017, 09:49:08 PM
SIDE B: 002.

Debía de ser una broma...
"¿Qué pasa? No se te ve tan convencido" la cara de disgusto no se la sacaba nadie; y es que Kaito parecía ser la única persona con el ceno fruncido en el pasillo de una juguetería. Contrastando inmensamente con la sonrisa de oreja a oreja que adornaba la caja que sostenia en sus manos... Y en el display de las perchas... Y en el banner de la entrada de la tienda... De él... en su traje de gato azul regordete.
"si quieres podemos cambiarlo en el segundo tiraje... aunque creeme, es de los mejores que ha salido. Si vieras otros desastres que hemos vendido" el muchacho a su lado sonaba condesendiente. Momentos antes de que el pelinegro llegara su manager le habia llamado, advirtiendo que Kaito estaba 'un poco sensible' con respecto a su imagen. Con todo al respecto a todo:
"No quiere el trabajo, pero lo hace muy bien. Demasiado bien, y fue el mejor de la audicion. Ademas, las madres jovenes lo adoran. Lo has visto? Bueno, ya lo veras, en fin. Haz que salga de ahi feliz, lo que menos quiero es que se deprima tan pronto a un show en vivo"

"Por cierto, que haces aqui de todos modos. No se supone que les dan uno de cortesia antes del lanzamiento?" Kaito seguia arrugando la caja entre sus dedos mientras pensaba, alguna excusa, algo mas digno que decir la verdad. Nada se le vino a la mente.
"se lo di a mi novia"
"aw"
"...ex...novia..."
"oh"
"Y si... yo se que es ridiculo, especialmente porque me llaman por ese estupido nombre..." dijo con algo de desden, se le erizaba la piel siempre que escuchaba Kenta fuera del estudio "pero supongo que es lo mismo a 'guardar tu primer dolar', digo yo. Despues de todo, no todos los dias hacen figuritas de uno... dios, espero que no sea la unica figura de mi que salga en la vida"
"Claro que no! Eres super atractivo, seguramente sales de esta muy facilmente!!!"
"..."
"!?!?!?"
El silencio incomodo se hizo cada segundo más evidente, y ahora además de pena por si mismo ahora sentía verguenza: Gran día Kaito. Grandioso y maldito día. "Cuánto te debo...?""
"No, no nada. Llévatelo, va por mi cuenta..."
"No-no no quiero deberte nada, no pienso pagarte de otra manera..."
"...ah... no..." se sintio algo ofendido, de paso que intentaba ser amable con el muchacho, no solo por lastima, sino por obligacion, ahora el muchacho creia que se andaba con otras intenciones. Ni que su halago hubiese sido para tanto "entonces dame pases de camerino para su primer show, y tres asientos de primera fila. Se acerca el cumpleanos de mi sobrina y no quiero gastar" Ademas, seria hilarante filmarlo desde primera fila, bailando ridiculo con el enorme trasero de gato y el resto de los animales.
"eso si puedo hacer"
Ah! Ahí estaba de nuevo, su sonrisa... sospechaba que con facciones así después de todo, no estaba tan mal ubicado en un show para ninos. Era una pena que su traje lo cubriera de pieza a cabeza y que se negara a quitarse el disfraz en todo momento.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Miyu on September 12, 2017, 01:34:43 AM

4.2 # Take off

En ese momento, las escaleras de madera rechinaron junto a unos pasos pesados… ambos jóvenes dirigieron su vista al chico de cabellos cortos y apariencia desaliñada que se quedó quieto al terminar el último escalón… Mitsuki entró, o eso pensaron ambos, con los auriculares colgando del cuello. Al ver el pequeño grupo, se detuvo, sorprendida.

—Oh, buenos días. No sabía que había clientes ya —trató de poner su mejor cara, no había escuchado la música que acaban de tocar, pero le pareció sospechosa toda la escena.
—Algo así, Mitsu-chan —canturreó aun feliz Joe, recuperando algo de su compostura—. Estos dos valientes acaban de dar su primer concierto privado con una composición original y estamos planeando algunas cosas. Se escuchan genial.

Mitsuki captó la atmósfera de inmediato y se quedó sorprendida mirando la guitarra en las manos de Luo. Una sonrisa de entendimiento y entusiasmo iluminó su rostro pálido, con ojeras oscuras marcadas.

—¿En serio? ¡Eso es increíble! ¿Puedo escucharla? ¿O es material ultrasecreto todavía?
—Ya la escucharás —farfulló Joe—. Cuando esté lista. —Se volvió hacia Luo y Cyan—. Y hablando de eso, ¿tienen copia de la letra, los acordes? Podría echar un vistazo, sugerir algún detalle de estructura.

Luo, eufórico, sacó un cuaderno arrugado del estuche y Joe lo hojeó, murmurando para sí mismo, mientras Mitsuki se acercaba a Cyan con ojos curiosos y llenos de preguntas.

—Luo —lo codeó para presentarse ante el joven como es debido—. Soy Cyan, mucho gusto Mitsuki... chan… —se sentía incómoda de tener que llamar a alguien con honoríficos japoneses.
—Un placer, por aquí Luo —sus labios seguían erguidos hacia arriba en una media luna.
—¿Nacionalidad china? —preguntó él, por la incomodidad del tono en Cyan—. Soy Koga Mitsuki, pueden decirme Koga. Mi tío es este —señaló con el índice a Joe.
—Sip, aunque vivimos desde que recordamos en Eastwood, Koga —saboreó el nombre Luo.

Joe cerró el cuaderno de pronto, con un golpe seco.

—Necesitáis comer, a inspiración funciona mal con el estómago vacío y una cerveza a medio terminar. Aaaaaah, Mitsu-chan, ¿hay tostadas?

Ella afirmó con la cabeza, despegando la mirada de Cyan.

—Sí y mermelada de albaricoque. Podemos subir, ya dejé la cafetera encendida.
—¿Desayunaron algo? Podemos desayunar mientras hablamos, en serio mi panza a rugir si no como algo y bebo café en quince minutos —les preguntó Joe.

Luo guardó la guitarra en el estuche y lo cerró con mucho cuidado antes de responder.

—No. Salimos corriendo bueno, patinando.
—Genial, tengo pan recién horneado en la trastienda —el hombre entregó el cuaderno a Luo y después los guio escaleras arriba, hacia lo que era su casa y ya no la tienda.
—¡Sí! —saltó Luo, guardando también los papeles—. Cyan tiene hambre, aunque no lo diga.
—No es verdad —murmuró ella, con una sonrisa pequeña asomándose.

Mitsuki observó el intercambio, arreglándose la chaqueta de cuadros.

—Tu tío hornea pan, qué raro.
—Es su terapia, dice —encogió Mitsuki los hombros—. A veces le queda comestible y otras es mejor escapar. Los fideos le quedan muy rico y arroz frito.

La parte de arriba de la tienda era el espacio donde Joe vive con Mitsuki; al subir las escaleras se llegaba a un extenso pasillo, con varias puertas cerrdadas y al final de todo un comedor sencillo, integrado con una pequeña cocina y una mesa rectangular de madera en el centro, con varias sillas desparejas alrededor. Sobre la mesa se veían migas, tazas usadas y algunos papeles, en una esquina estaba la cafetera encendida y una tostadora apoyada sobre la mesada. Los muebles eran resistentes y un poco sucios, claramente usados a diario. No era un lugar ordenado, pero sí práctico y pensado para comer rápido y seguir con el día.

La cocina ya olía a café molido y masa horneada. La vista de Luo se dirigió a una mesada pequeña, llena de cables y revistas de guitarra mientras Joe servía rebanadas gruesas de pan de ajo y tazas calentitas. Se sentó rápidamente con un gruñido a punto de salir de su barriga, agarrando su propia taza y dando unos rápidos sorbos, luego al pan de ajo una mordida.

—Coman, coman o me dará pena estar tan hambreado. Mitsu chan, pasa la mermelada, para ayer. Ya, ya. 

Mitsuki deslizó el frasco por la mesa, sus ojos nunca dejando a Luo y Cyan, tenia curiosidad por ellos y la guitarra que trajeron, ella misma quería una pero nunca se la pediría a su tío. Se quitó los auriculares del cuello y los dejó en una pila de revistas, Cyan tomó una rebanada de pan, mordisqueando el borde con cuidado. Luo, en cambio, mordió un trozo grande.

—Está bueno. Mejor que el pan durísimo del orfanato —espetó con la boca llena, migas cayendo sobre su sudadera.
—Luo —murmuró Cyan, dándole un codazo leve.
—¿Qué? Es verdad a veces creo que me romperá un diente. Afff.
Joe soltó una risa corta.
—No te preocupes, chica. La verdad es buena, significa que no estoy perdiendo mi tiempo en una terapia mala….  Entonces —carraspeo para ponerse serio—. La canción. Esa progresión de acordes al principio, el do menor al sol sostenido menor… interesante elección. ¿De dónde salió?

Luo tragó, pensando cómo se les había ocurrido. Todo había sido hecho a partir de la canción cantada a capella, nada del otro mundo… quizás una inspiración leve de alguna canción que oyeron de la radio o de alguna tienda.

—No sé, de la cabeza.

Mitsuki se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en la mesa. Sus ojos, marcados por esas ojeras oscuras que brillaban con una curiosidad intensa pese a no haber oído la canción.

—¿Y la letra? ¿Puedo oirla? Estoy muy interesada…
—¿Interesada? —el chico dio un salto de la silla, casi tirando el café—. ¿No eres hombre?
Ella negó con la cabeza, avergonzados hasta detrás de la nuca.
—N… no… soy chica —siempre le pasaba igual, la juzgaban por no vestirse con una falda.
—Ah perdón, es que me pareciste muy genial y fue sorprendente que sea una chica, aparte eres alta —rápidamente se disculpó.
Las palabras de él le sacaron una genuina sonrisa, después de todo, la gente que escucha Rock es más amable o eso pensó para su edad.
—Gracias… supongo —tomó la taza de café y apresuró un trago—. ¿Y la letra? ¿Puedo oirla?
Luo se sonrojó mostrando un poco de vulnerabilidad bajo su fachada despreocupada.
—Ah, eso. Son solo palabras, cosas que ves por Eastwood de noche, ¿sabes? Cuando patinamos de vuelta al orfanato, pasamos por los distritos de atrás, vemos el Parque Viretta de otra manera a la gente común y mientras ellos hablan de estrellas del cine y premios, pero allá abajo… hay otras historias.
—El Rock and Roll siempre viene de abajo, de la colisión de dos mundos, de lo que sobra. Te ayudaré un poco para que la composición sea más clara y deje de sonar tan distorsionada, aunque el sonido sucio también es bueno.
—No queremos sonar como lo de la radio —protestó Luo—. Imperfectos, como somos.
—No digo que suenes como ellos, digo que necesitan encontrar un punto, el estilo ideal y haga que la gente recuerde la canción, no solo que lo olvide. Pasar de caer a un do menor y el silencio, antes de volver a explotar, más lento, más cuidado.

Joe dibujó formas en el aire con las manos, como si estuviera escribiendo en un pentagrama. Cyan dejó de mirar su taza, observando a, hombre tan concentrado.

—Eso… tiene sentido —la de cabellos turquesa habló.
—Exacto, Cyan. Ustedes deben usar todo a su disposición, no solo hacer ruidos sino crear silencios —Joe señaló a Luo con el dedo—, antes de lanzar el incendio, contenerlo. Dejar que el fuego se expanda y apagarlo. Eso es Rock.
Mitsuki no pudo contenerse más.
Luo lo miró, sorprendido. No esperaba ese tipo de analogía y le pareció interesante su punto de vista.
—No sé. Puede funcionar, me gustó muchísimo la idea.
—Ahí está. Eso es el rock, un grito contra el olvido, un grito para decir “aquí estamos”. Eastwood está lleno de gente que grita para ser la estrella más brillante, ustedes deben gritar para recordar que existen. ¡La juventud tiene futuro! Rock and Roll!
Luo se quedó quieto y miró a Cyan, estaba aún más entusiasmado con todo esto que antes.
—Entonces… ¿cómo hacemos que todo esto funcione?
Joe se frotó la barbilla.
—Trabajemos con lo que tienen hasta ahora, no lo vamos a modificar mucho —expresó Joe, terminando su pan de ajo—, y Mitu-chan tengo un favor que pedirte. ¿Qué plataforma es la mejor para subir vídeos actualmente? Quieren grabar la canción y subirla a algún lado, ya sea con vídeo o sin.
—… uhmmm —reflexionó un momento, pensando en todas las redes sociales actuales—. Fomo y Tik Tok. ¿Tienen nombre?
—Lucky se llama nuestro dueto tehehe —Luo se rascó la nariz con orgullo—. Lo eligió Cyan.
—F-fue un nombre sin pensar mucho, una palabra que repiten en mi —apresuró a decir, casi tartamudeando.
Joe dejó la taza sobre la mesa arqueando una ceja.
—Lucky, ¿eh? No es malo. Es corto y fácil de recuerdar. La gente supersticiosa lo odiará o lo amará, no hay punto medio. Perfecto para rock.

Mitsuki frunció el ceño, clavando la mirada en un punto sobre la mesa, analizando otra vez dónde subir Take Off.

—Fomo es puro contenido rápido, treinta segundos. Si la canción pasa de los dos minutos, la cortan o la gente se desplaza, pero es perfecta para hacerse viral y Tik Tok igual, si se vuelve viral, les sale un baile estúpido encima. No es el público, aún así llega a todos.

Luo puso los ojos en blanco, agitando una mano en el aire.

—Nada de bailes. Esto no es para que unos niños hagan coreografías estúpidas. Es para... para que la escuchen en auriculares caminando de noche o en un auto viejo a todo volumen.
—Entonces… —recapacitó Mitsuki, clavándole la mirada—. Las usas para que la gente encuentre la música, pero no para que se quede ahí. Subes un fragmento, el más pegajoso, con un video simple. Ustedes dos contra una pared llena de posters, algo que no parezca profesional. Pones el link a la canción completa en la descripción.

Cyan dejó de dar vueltas a su taza vacía—. ¿Otra parte como dónde? No tenemos sitio.
Joe resopló, levantándose para recoger los platos.
—Hay varios sitios… Soundcloud, Bandcamp, incluso YouTube para el video completo y son gratis. Crean una cuenta ahora, tarda cinco minutos. El truco está en qué suben dónde. Mitsu tiene razón, en Fomo o Tik Tok atraes al público correcto en los treinta segundos que hacen que alguien se quede pegado. El estribillo lo suben con un texto que diga algo como "Tape #1" o "antes de que nos olviden". Una mamada así.
Se acercó al fregadero, dejando caer los platos con más estrépito del necesario.
—En Fomo tenemos un pequeño grupo de fans… desde que tocamos en Viretta algunas veces —susurró preocupada—, pero no queremos que la gente del orfanato nos encuentre.
—¡Eso es genial! Haremos algo para que nadie sepa que son ustedes y podemos Hashtags…. #EastwoodUnderground #Rock #NewNoise. Cosas que la gente que busca algo menos comercial encuentre rápidamente. Mi tío puede poner el QR en el mostrador de la tienda, y yo puedo pasarlo en los foros donde hablo de discos.
—Empecemos con la grabación, tiene que sonar bien… —agregó Cyan, su voz un hilo de preocupación—. La grabación, no podemos hacerlo en el sótano con un teléfono. Suena a lata.
Joe se volvió, secándose las manos en el pantalón.
—Ahí es donde entro yo. Tengo un par de micrófonos viejos, una interfaz de audio que todavía funciona. No es un estudio de los grandes, pero es mil veces mejor que un teléfono. Ya les dije que este domingo podemos empezar, dejen que limpio para el video clip de los treinta segundos, usamos el teléfono, sí.
Luo golpeó la mesa con la palma de la mano y una sonrisa desbordante en su cara.
—¡Eso! ¡Lo hacemos este domingo! Ya veremos la manera de escabullirnos del orfanato ese día, con suerte podemos tener una tarde libre.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Chaos Girl on September 25, 2017, 11:29:54 AM
-Como un vendaval

Aquella mañana la oficina de “Más que Pronto”, una de las revistas de prensa amarilla más vendidas del país estaba ajetreada como de costumbre. Aya, una de las reporteras encargadas de los artículos de cotilleo en cambio estaba sentada en su cubículo mirando el techo con expresión ausente. Nada. Llevaba tres números sin poder encontrar nada realmente interesante. Por supuesto, como profesional que era había podido rellenar su cuota con unos cuantos artículos curiosos, pero no había nada que hiciese hervir su sangre, que alimentase su afán de investigadora. Todo lo que ocurría era aburrido hasta puntos impensables. Necesitaba un secreto jugoso, una historia insólita, algo…

“Shameimaru, te llama la directora.”
“¿Huh?”
“Sí, parece que los últimos artículos que has publicado no han tenido la aceptación de costumbre.” Le secreteó su compañero del horóscopo.
“Oh.” Aya sólo alzó las cejas. Así que no era la única insatisfecha con todo eso. Era de esperar de la directora.

Se levantó y preparó su mejor sonrisa diplomática cuando hizo su entrada al despacho de la directora.

“Jefa, me ha llamado. ¿Qué quiere de mi humilde persona?”
“Fotos de Spiderman, ¿qué sino?”

Silencio. Después de carraspear, la mujer continuó.

“Tus últimos artículos han dejado mucho que desear, Shameimaru.”

La periodista no pudo evitar tragar de manera discreta ante la falta de tacto de su jefa. Sabía de sobra sobre su carrera de escritora fracasada, así que era consciente que volcada toda su visión crítica en la calidad de los artículos de la revista… Bueno, toda la calidad que una revista de ese tipo podía ofrecer, por supuesto.
Aya juntó ambas manos con gesto conciliador.

“Ciertamente, estos meses no ha ocurrido demasiado por la ciudad salvo un par de demandas y…”
“Shameimaru. Aprecio tus artículos más que nadie en esta revista. Son afilados, precisos y frescos. No temes represalias y no te molestas en esconder datos o nombres. Pero se nota perfectamente cuando estás motivada y cuando no, y eso es algo poco profesional.”

Oh no, sabía hacia dónde iba ese discurso y no le gustaba en absoluto. Aunque no podía protestar, todo lo que estaba diciendo era cierto.

“Pero te voy a dar otra oportunidad. La última. Te lo jugarás todo en tu siguiente artículo, será para el especial trimestral.”

Un ultimátum. Eso eran dos meses, ¿podría recuperar su motivación y escribir algo bueno en ese tiempo? Sólo podía hacer una cosa.

“No se preocupe, Señor Jameson. Tendrá esas fotos en su mesa para entonces.”
“Excelente.” Su jefa no ocultó la sonrisa cuando Aya continuó su broma. “Sólo espero resultados.”

Con una reverencia, Aya se marchó del despacho con paso ligero. Cuando pasó por su mesa sólo se preocupó por recoger su vieja cámara analógica de uno de los cajones y un bolígrafo y un bloc de notas que pudiesen caberle en el bolsillo de su camisa. Como en sus viejos tiempos de freelancer, no necesitaba nada más. Los especiales le permitían además cubrir mucho más espacio con ese tiempo. Y sabía perfectamente a dónde debía ir a buscar inspiración. Allá donde los jóvenes sedientos de fama y los artistas veteranos perseguían sus sueños.
Sacó su Smartphone y deslizó el dedo por la pantalla sin dejar de caminar hacia el aparcamiento, ya fuera del edificio. Con una sonrisa triunfante mandó el mensaje antes de subir a su moto, colocarse el casco y salir a toda velocidad. Con un simple “Voy para allá”, Aya Shameimaru salió a la caza de la noticia.

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“…No me puedo creer que venga a cobrarse el favor justo ahora.”

Mirando por la ventana de su despacho, Ange suspiró. No era que no quisiese ayudar a Shameimaru, le debía muchísimo en realidad. Fue ella quien desenmascaró a aquel tipo que pretendía arrastrar a sus niñas a hacer videos adultos de manera ilegal con una impecable investigación en cubierto y un artículo que podía haberla puesto en el punto de mira. Si la ponía a ejercer de fotógrafa para la agencia seguramente ni siquiera sufriese pérdidas reales, sino todo lo contrario. Pero tener a esa periodista cerca significaba que las noticias vendrían solas. Sin hacer diferencia entre buenas y malas.

Y justo ahora su pequeña Ako acababa de conseguir un contrato para una teleserie musical para niños. Lo que menos necesitaba era un escándalo rodeando su agencia, ahora que tenía entre sus manos a la futura Hannah Montana de la generación que venía. Pero tampoco tenía modo de detener a la reportera. El mensaje no era siquiera una petición de ayuda, era un aviso porque no aceptaba un no como respuesta. Se conocían demasiado bien a esas alturas de la vida.

Tras recoger su teléfono y dejarle la nueva ubicación de la agencia, Ange revisó su horario por la tarde. Yoga. Perfecto, saludaría al Son con toda su rabia acumulada. Guardó el teléfono en su funda dorada y pulsó el botón del interfono para hablar con su secretaria. Debía tomar algunas medidas.

“Haz que Ako venga en cuanto tenga un hueco en su agenda.”
“Por supuesto, señorita.”

Antes de que la comunicación se cortase pudo escuchar una suave melodía de fondo en la oficina de la secretaria. Era la canción de debut de Ako, Marina de Agosto. Aunque el tono jovial y desenfadado de Ako estaba dirigido a una audiencia más joven, la canción había resultado un éxito sorprendente también entre la audiencia adolescente y un sector específico de hombres adultos que parecían demasiado interesados en su peinado, llamándola Ako-nyan… Más motivos para alejarla de cualquier escándalo o sería comida de esos pervertidos… No, no lo permitiría. En su agencia protegían a las jóvenes promesas, era su lema. Si querían exudar sensualidad y cantar letras provocativas podían hacerlo sin ningún riesgo, si deseaban una imagen moderna y alternativa, les ofrecían medios para moverse por los círculos adecuados. Si como Ako, querían divertir e inspirar a los niños, ella misma caminaría por brasas al rojo vivo por ella y por su audiencia. Nadie podría detenerla, ni siquiera Shameimaru, por mucho que le debiese. De ser necesario estaba dispuesta a sacar a Ako de allí hasta que todo eso pasase.

Pero, ¿A dónde podría llevarla? Seguro que no querría dejar de trabajar además… Si preparaba una gira por las afueras, o pedía que primero rodasen las escenas en exteriores de la serie…

“¿Eh?”

El hilo de sus pensamientos se vio interrumpido por una imperiosa llamada en su puerta. Parpadeó sorprendida, era imposible que Ako hubiera hecho un espacio en su agenda tan rápido, y no creía que Shameimaru estuviera tan cerca cuando le mandó ese mensaje…

“¿Adelante?”

Frente a ella se encontraba una menuda jovencita rubia con unos ojos verdes que destelleaban confianza. No pudo evitar sentir que quizás ese día no tendría que haber ido a trabajar.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Othinus on September 30, 2017, 07:09:48 PM
Gracias cosa  :'( <3



Eligió una tela llamativa para un nuevo vestido,  traía su color favorito y patrones cuadrados. La tomó de la tienda y salió disparada hacia el instituto,  aún debía cortar los moldes,  la tela y coser.  Le hacía dar vagancia el solo hacer una lista mental de todo ello. 

Aún debía encontrar modelo y como iba todo,  aún no podía. ¿Dónde estaban los chicos glamurosos o estrellas en ascenso? Suspiró y llegó a un semáforo.

Cruzó mirada con un chico del otro lado de la calle.  Él tenia que ser perfecto.  PERFECTO.  PER FEC TO,  P E R F E C T O…

Seguía con la vista en él,  la tenía clavada.  Una estatura promedio de uno ochenta,  músculos levemente marcados,  una piel caucásica,  con un cabello negro oscuro y facciones masculinas.

El aparato se puso en verde y ambos avanzaron. Ella tenía que atraparlo,  ese chico debía de ser su modelo,  lo decidió.

“¡Ahh!“ tartamudeó con dificultad mientras el entrecruzamiento se hacia inevitable. Erio pensó rápido algún plan para conocerlo e instintivamente terminó siguiéndolo.

El chico parecía cargar algunas bolsas y su mochila tenía un gran peso.  Comparada con el bolso Dior que traía,  a medias,  vacío,  el sujeto era simple. 

Él avanza dos pasos y ella medio,  era cautelosa en no levantar sospechas ni la atención. 

“¡BUENOS DÍAS YOH!” gritó un chico y Erío le agradeció,  pudo descubrir el nombre de aquel perfecto Adonis. 

“Buenas” respondió secamente y ambos se quedaron hablando en una banca de un parque.  Erío por su parte comenzó a tomar fotos con la cámara del celular,  sobre todo a su objetivo,  codigo: Yoh. 

El grupo pronto comenzó a ser cada vez más grande y decidió buscar algún café al paso,  para,  al menos,  no ser tan directa en cuando a su misión. 


El tiempo parecía ir lento y cuando menos lo espero,  quedó dormida con el café en manos sobre un asiento, escuchando las tenues risas de aquel grupo de amigos de Yoh.  Quería conocerlo pronto y pedirle que la ayudara con el desfile, su apariencia destacaba entre todos.

Las cosas de Erio rodaron por el suelo,  incluso el móvil que traía, había sido descuidada y de fondo puso una foto de Yoh con el grupo de él. 

“Ek” dijo uno de los chicos al ayudar a levantar las pertenencias de la chica.  “Tiene una foto de Yoh”.   
Yoh miro a la chica,  se percató que la había visto antes,  en un cruce.  No podía creer que lo espiaran, no así de fácil. Un escalofrío recorrió el cuerpo de Yoh.  ¿Ahora? 


Los ojos de Erio comenzaron a abrirse y el azul profundo lo atrapó,  sintió como su alma era leída. 

“¡TÚ!” gritó sin darse cuenta y lo sujetó del brazo.  “Se mi modelo”.

Yoh giró y trató de marcharse sin éxito.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Yukari on October 31, 2017, 06:01:48 PM
El local abría sus puertas a las nueve de la noche, sólo quedaba hacer cuentas y el presupuesto de lo que debían recaudar en el día, la parte más tediosa desde siempre; sin contar tener que soportar a clientes y la sonrisa estúpida de ellos intentando coquetearle. Idiotas.

La noche iba a ser un éxito, siempre lo era y es que Seven Heaven era de los puteros y discos más famosos de Eastwood.

Ranmaru se sentó y sacó el cuaderno de contabilidad, suspiró. Otro día a salvo y en dónde podía comer carne de desayuno, porque lo haría. ¡Ahhh, quería cerdo asado y pescado de la mejor calidad!

—¡Te lo estoy diciendo, hombre!

Intentó hacer oído sordo a la voz de fondo, la de su mejor amigo, concentrándose en los números y la cantidad de cerveza que necesitaría. Repasó una y otra vez los nombres, marcas y modelos que necesitaba y los que pediría a su suministrador. 

—¿Qué es Velfarre?  —pregunto una de sus promotoras.
—Una disco parecida a esta, claro, esta es muchísimo mejor —respondió otra—. Aquí tenemos chicas internacionales.
—No le veo lo sorprendente —le miró de mala gana otro que pese a ser de la zona de Roppongi, nunca había visitado Velfarre.

Velfarre… Ranmaru recordaba el lugar como poco agraciado. Era un sitio mundialmente reconocido; no lo discutía y entraba con regularidad en portadas de revistas o notas como de los mejores lugares exclusivos, donde solo un puñado de gente entraba y no precisamente famosos. Una visita obligada para extranjeros y residentes, claro, si dejaban tu ingreso. Normalmente se decían de filas de cuadras enteras para colarse dentro de la discoteca y aun así, podías esperar por horas o días y los bouncers o “gorilas” te impedían el paso.

También se escuchaba mucho de una tal Lilith.

—¡¿Cómo?! —preguntó uno formando una especie de cuencos simulando ser pechos—. ¡Tendrás el castigo divino de la pechonalidad
—Soy copa  C y D —expuso con su cara roja como tomate la promotora.

Ranmaru quería morirse, estas charlas tan triviales para nada eran de su agrado y suspiró con pesadez. Menudo grupo de idiotas había formado para trabajar. Él ejercía la profesión de barman y los demás solo se ocupaban de ser promotores, limpiar, bailar y dos más eran igual que él. Seven Heaven tenía que mostrar calidad y soberbia ante sus clientes y cada uno de sus treinta empleados tenía una tarea única, una que sólo ellos podían realizar.

―La fila ya comenzó ―sentenció un recién llegado―. Ya hay muchas personas allí fuera.
―Que siga así, recién dejen entrar a diez a las nueve y media ―ordenó el jefe, Ranmaru―. Todos vayan preparándose.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Chaos Girl on December 31, 2017, 07:27:32 PM
Después de un par de meses de terrible vida real IM BACK!! o7

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“¿Estás bien?”

Ninurta observaba a su mejor amiga con preocupación. Llevaba más de dos horas en la cama con la cara contra el colchón sin mover ni un músculo como si estuviera muerta. El que no pudiese notar su respiración en esa posición hacía además que la idea pareciese mucho más plausible a medida que las horas pasaban.

Al principio había decidido dejarla estar. Después de todo la directora de esa agencia ni siquiera se había molestado en escucharla a pesar de los esfuerzos que habría invertido para llegar a su despacho. Al no aparecer en su agencia sin cita previa ni referencias simplemente les había echado sin miramientos. La frustración inicial había pasado a un desánimo terrible para el momento en el que habían llegado al apartamento, pero también estaba seguro de que ya con este tiempo Nero ya debería estar repuesta y con nuevos planes…

¿De veras esta vez iba en serio?

“Nero, he preparado algo de comer… ¿Y si discutimos lo que haremos ahora mientras almorzamos?”

Extendió su mano para tocar el hombro de su amiga con delicadeza, a lo que ella murmuró algo amortiguado por el edredón nórdico de su cama. Bueno, con eso al menos podía saber que aún seguía viva.

“Vamos, he hecho estofado.”

“…” La chica por fin se dignó a moverse para mirarle a la cara. “¿Lleva patatas?”

“Por supuesto que lleva patatas, sé que es así como te gusta.”

Con aquello Nero se estiró perezosamente cual gatito y se incorporó con lentitud.

“Sigo queriendo morirme.”

“Claro, espera a que comamos antes de hacerlo.”

Al parecer, todo era fruto del hambre.

Una vez acabados los platos de comida, Nero golpeó la mesa con la palma de la mano. Ninurta, que estaba sirviendo algo de café, tuvo que hacer malabares para que aquello no acabase en una tragedia con quemaduras de tercer grado.

“Tengo una idea.”

“Ah.”

Nin dejó con cuidado la cafetera en la mesa auxiliar que tenían al lado de la principal, había tenido una premonición horrible al escucharle decir eso. Era bueno que no siguiese hundida pero eso no significaba que lo que viniese después tuviese que ser algo mejor.

“Te escucho”

“Ya que no nos atienden cuando vamos a la oficina, ¿y si nos presentamos en un rodaje?”

…Oh, no.

“¿No sería mejor concertar una cita antes de llegar a tomar esas medidas?”

“¡Perderíamos demasiado tiempo, Nin! Hay que atacar antes de que levantes murallas.”

“…”

Creía que se trataba de mostrarles tu talento y atractivo, pero parece que ya es algo personal.

“¡Hoy nos prepararemos para el ataque y mañana cargaremos de frente!”

“¿Ya sabes dónde estarán trabajando mañana?”

“¿Eh?”

Silencio. La sonrisa de Nero tiembla por una décima de segundo, pero es suficiente tiempo para que el chico se dé cuenta de que efectivamente no tiene ni la más remota idea.

“¡No puede ser tan difícil de encontrar! Si me pongo a investigar ahora, lo tendré en menos de lo que imaginas.”

“¿Sí? ¿Puedo dejarlo en tus manos? Esta tarde me apetecería salir a conocer un poco la zona donde vivimos ahora.”

“¿Oho?” La rubia sonrió con complicidad. “Es cierto, nunca habías visitado este barrio. ¿Quieres algunas recomendaciones?”

“Quizás la próxima vez. No quiero distraerte de lo que tienes que hacer ahora.”

“Entiendo…” El puchero de la chica hizo a Ninurta sonreír esta vez. “Bueno, no hay nada que pueda hacer al respecto. Pero la próxima vez seré tu guía.”

El chico asintió aliviado. Al menos esto era señal de que se estaba tomando el tema de la agencia en serio. Ante una devoción tan sincera no podía hacer otra cosa que ofrecerle todo su apoyo como amigo. Volvió a coger la cafetera para servir café para ambos.

“De todos modos si ves algo interesante mándame una foto, ¿vale? Este sitio está muy vivo y siempre aparecen lugares nuevos.”

“No hay problema.”

Los dos se sonrieron y compartieron una charla mucho más anodina con sus tazas de café con leche.

La tarde estaba siendo fría, víspera de fechas de festejos. Las calles se mantenían bulliciosas y había un flujo constante de gente circulando por ellas gracias a ello. A Ninurta le gustaba perderse entre el gentío y olvidarse de sus problemas. Fundirse con el ruido y desaparecer era lo que más le relajaba de estar fuera de su antigua casa donde la silenciosa mirada de su padre le perseguía y juzgaba en cada uno de los rincones de la casa sin dejarle un momento de descanso. Ahora se sentía libre, ligero… quizás algo vacío.

No, debía ser el frío. Mejor entrar en algún sitio para ganar algo de calor. Nero le reñiría e incluso lloraría si se llegaba a enfermar.

Después de dar un par de vueltas por calles menos concurridas algo finalmente logró captar su atención. Unos acordes de guitarra acústica se filtraban entre la gente, dejando escuchar una melodía que de algún modo le sonaba nostálgica aún si estaba totalmente seguro de que no la conocía. Siguiendo el sonido acabó frente a una puerta de madera que daba a un callejón vacío. Algo dentro de él se revolvió, como si sintiese que algo importante le esperaba al otro lado. Se parecía a las premoniciones de problemas que sentía con Nero, pero no podía ignorar aquella canción. Simplemente no podía.

Tomó aire y atravesó el umbral.

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Y con esto vuelvo a la acción. CON GANAS Y FUERZA o9
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Othinus on December 31, 2017, 07:45:32 PM
La inactividad me atrapo YOy, reinicio la historia

Viaje.


El viaje desde Tokyo hasta Eastwood fue largo, el playlist de Erio se reproducía una y otra vez, primero había sido un pequeño viaje en avión hasta las costas del lugar y luego un viaje interminable con su abuelo hasta la despampanante ciudad. Allí estudiaría diseño y confección, su sueño de ser diseñadora de modas parecía cada vez más real y palpable de cuando hacía los atuendos para las obras escolares y la elogiaban por ello.

Le sonrió al abuelo y pegó la cara contra el cristal de la ventanilla del asiento de pasajeros, el paisaje tan vacío le producía una extraña sensación… ¡WI-FI! ¿Por qué una ciudad como esa tenía tan mala señal a las afueras? Suspiró y golpeó la frente contra el cristal. ¡CARAJO!

“Ya casi llegamos” la tierna sonrisa del ancianito calmó a la peli turquesa.
“SIIIII” le contestó simulando enojo para luego reír. “Mis padres quedaron muerto diciendo ‘Erio no irá allá’ y que me defendieras, abuelo. Gracias”
“Bueno es mi trabajo hacerlo” expresó el hombre y continuó manejando.

Pronto las luces de neon de la noche viva de Eastwood resplandeció en el vidrio principal del coche y Erio abrió los ojos como platos. TODO TAN MAJESTUOSO Y SUBLIME.

“Es como Las Vegas o una ciudad que nunca duerme pero es bastante tranquilo, puedes encontrarte con tantas estrellas y estrellas en ascenso en cada ámbito” expuso él y ella asintió como niña pequeña, oyendo las explicaciones del nono. 

“Quiero ir a Starbucks y comprar varias cosas, abu” suspiró y miró fijamente hacia delante. “Quizás a Burger King también o algún lado vegano”.
Como quería hacerse un hueco entre las modistas, necesitaba hacer lo que gente popular hacía y ello era eso, en Tokyo solía visitar Roppongi o Shibuya, vestirse con las mejores prendas y aparecer en Tokyo Fashion. Eso le encantaba, ser fotografiada por gente que adulaba sus vestuarios aunque modelar no le parecía encantador.  Encontrar modelos para sus creaciones sería el primer trabajo de ella.
Quería a un japonés pero tan moderno y refinado, sin pasarse a lo amanerado y de mujer a una linda extranjera que contonee las caderas con avidez. <Las medidas de ambos aún debían ser definidas pero más altos que ella, sí.

“¿Cuánto falta?” preguntó ella, recordando que mañana tenía que hacer papeleo para la universidad de aquella ciudad. “NO QUIERO FIRMAR UNA PILA DE HOJAS, los tramites se deberían hacer por internet”.
“Ya casi nada y bueno, Erio, es una sola vez. Luego ya solo usarás el aula virtual para tramitajes”.

El abuelo se había venido a vivir hacía diez largos años y por alguna razón nunca oyeron de él, tenía curiosidad por saber del paradero todos estos años ausentes del viejito pero, tampoco quería meterse donde nadie le ha llamado.

“Siempre tan relajado”.
“La vida es corta pequeña Erio” siguió conduciendo.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Apple on December 31, 2017, 10:07:38 PM
This was a mistake X2 ;_;
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Nite on January 31, 2018, 09:49:30 PM
Shiemi llevaba, para lo que ella era una hora, ocupando una mesa de Starbucks. Con una dona a medio comer y un par de migas sobre la mesa, se sostenía la cabeza por las sienes... pensando.

-Se la ve bastante concentrada-
Durante todo el tiempo que estuvo esperando en fila se había estado atento a a la rubia. Siempre la veía de arriba para abajo, de aquí para allá; con una sonrisa en la cara. Por eso era extraño verla tan seria, incluso con el ceño fruncido.

Le dejó un café sobre la mesa como ofrenda de paz, a lo que Shiemi gruñó en descontento "ya te dije que no quiero nada" se quejó.
"Pues con esa actitud me sorprende que no tengan clientes"
Regreso a ver al rubio, sorprendida, porque nunca lo había escuchado hablar. Es más a penas lo conocía, "disculpa... ¿nos hemos visto antes?"
"... es broma?"
"..."
"Trabajo debajo tuyo. La tienda de vestidos de novia"
Shiemi asintió, pretendiendo entender.
"Argentine"
"No"
"Sí"
Rió nerviosa, y con un ademán tomó el caso, probando el amargo cafe que por poco devolvió por el amargo sabor.
El rubio se autoinvito, y con cara de pocos amigos se sentó frente a ella. Le quitó el café que tan amable le había ofrecido y se lo bebió completo, para seguir con el suyo después. "¿O me vas a decir que nunca te has fijado en la gran tienda con luces y maniquíes por la que pasas todos los días antes de subir a tu piso a zapatear y mover muebles?"
"No zapateamos ni movemos muebles... estamos en proceso de remodelación"
"¿Durante 3 meses?"
"Una remodelación lenta" suspiro "espero no espantar mucho a tu clientela"
"Los muchachos lindos que suben por tu escalera valen la pena" admitió con descaro.  Más de un par se había confundido y habían terminado en su tienda, rodeados de futuras novias y sus emocionadas damas de honor; que chillaban cuando escuchaban que venían por una entrevista de modelaje.

"¿Mal día?"
"Pésimo día"
Suspiro Shiemi deshaciéndose en su mismo puesto.
Prácticamente se había ido a instalar a la cafetería después del mensaje de Izaya temprano por la mañana: <<Ni se te ocurra ir a la oficina>>, eso, sumándole a un correo que Hitagi Senjohara, LA Hitagi Senjouhara, le había enviado. Un correo extenso y detallado en donde ella hablaba en nombre de su empresa, específicamente, la sucursal que ella estaba manejando.
"Oh, entonces por fin van a cerrarlos? Me vendría muy bien ampliar un segundo piso" comentó Argentine como si nada.

Shiemi lo miró furiosa. Tomó sus cosas y empezó a irse.
Un simple comentario y le había hecho hacer lo que ella no había hecho en toda la
Mañana: ponerse de pie y cambiar de cara.
El rubio se sonrió victorioso y le sigui con paso firme "oh vamos! Estaba bromeando, bueno no, me vendría muy bien un segundo piso, pero vamos. No era como si 'de verdad' pensaras que podías con esto" se lo había escuchado a Izaya muchas veces, y por más idiota que este fuera, estaba seguro que no se había atrevido a mencionarlo en cara de su adorable secretaria.
"No tienes ni un debutante"
"Cinco!"
"¿Que?"
"¡Tengo cinco!" Le gritó furica.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Miyu on April 30, 2018, 05:15:08 PM
4.3. # Take Off

Mientras la charla seguía en el comedor, palmas se oían desde abajo, en el negocio, con gritos llamando a Joe. El ruido cortó la conversación de los cuatro y dejó un silencio incómodo después de haber estado charlando tan motivadamente. Joe miró a sus invitados, dejó la taza sobre la mesa y sonrió con nerviosismo.

—Lo siento chicos, el trabajo llama —les sonrió, mientras se levantaba—. Volveré pronto, sigas desayunando en paz.

Pidió perdón en voz baja, explicó que atendería un momento y prometió volver enseguida. Bajó los escalones de dos en dos, todavía con la camisa arrugada del desayuno.

La tienda estaba abierta de par en par y un hombre golpeaba el mostrador con impaciencia, rodeado de guitarras colgadas, pósteres viejos y amplificadores que ya solo eran adornos.

—Hola, no esperaba verte tan temprano.
—¡Por fin! Llevo quince minutos aquí. ¿Así se atiendes en Eastwood?

 Joe saludó con educación y preguntó qué ocurría. El cliente soltó una risa seca y señaló la caja. Dijo que llevaba rato esperando, que en Eastwood nadie perdía tiempo, que dejar un local sin vigilancia era una invitación al desastre. Joe escuchó sin interrumpir, inclinó la cabeza y pidió disculpas otra vez.

—Mis disculpas más profundas —dijo Joe, inclinando levemente la cabeza—. Estaba arriba. No hay excusa para mi descuido.
El cliente respiró hondo, su enojo se enfriaba ante la formalidad inesperada y que, en realidad, se conocían de hacía años.
—Allá, en tu país, Joe, esto no pasaría. La gente tiene honor, acá la gente te robará en un instante, Joe.

Joe asintió, sus ojos escanearon la tienda intacta en un segundo, realmente nadie estaría interesado en robar una tienda que apenas llegan clientes.

—En Japón, el error también sería mío, pero Eastwood no es Kioto. Aprender las reglas de una ciudad es importante cuando se es nuevo y, he vivido más de veinte años acá, ¿sabes? Japón no es Eastwood y Eastwood no es Japón —concluyó, con una sombra de sonrisa.
—Adaptarse, ¿eh? —el hombre resopló, su gesto se suavizó y señaló un vinilo tras el cristal—. Ese CD, el de The Stooges, supongo que por las molestias el precio también se adapta.
Joe siguió el gesto, tomó el disco con cuidado.
—Por las molestias, el café puedo dartelo gratis, el disco cuesta lo que ves en la etiqueta y tengo que cuidar cada venta. El rock no entiende de descuentos y mi tienda tampoco.
Una risa áspera escapó del cliente.
—Hà, Justo. El punk, por otro lado, no perdona —extendió el dinero.
La caja registradora sonó en el momento en que Joe marcó la compra y depositó el billete del cliente, luego le dio el cambio.
—Vuelva pronto —musitó Joe, guardando el efectivo—. La tienda estará atendida.

El hombre salió, la campana de la puerta repicó y Joe permaneció detrás del mostrador con una mano en el vinilo restante.

Joe observó cómo la puerta se cerraba y la espalda ancha del hombre, envuelta en cuero negro y algunas tachas relucientes ante el sol matutino de Eastwood. El eco del comentario del cliente aún resonando en su mente, sin entender si era una queja, sugerencia o simplemente quería un descuento, que, por supuesto, no le iba a dar tan fácilmente, la caridad no existe en un local que se mantiene apenas a flote. 
“Japón no es Eastwood", sus propias palabras volvían a él. Tenía razón, por supuesto, pero también se equivocaba. El honor depende de cada persona, es más que nada una elección y así como hay japoneses honestos, también hay los que cometen crímenes y fraudes, él recuerda más casos de los que quiere admitir. Con un suspiro, reacomodó el póster de los Ramones que se despegaba de una esquina y subió de nuevo la escalera, listo para reanudar el desayuno interrumpido, de alguna manera esos chicos lo entendían mejor que los adultos.
Pero justo cuando su pie pisaba el primer peldaño, la campana de la puerta volvió a tintinear.

Un hombre mayor, con una chaqueta a cuadros de leñador y un gorro de lana a pesar del calor entró con parsimonia; sus ojos, ocultos tras gafas hípsters anchas y grandes, escudriñaron los estantes rápidamente, parecía un coleccionista o algo similar, al menos traía dinero, sus zapatos de cuero elegante decían todo. El tipo de cliente con el que Joe no quiere cruzarse, aunque pagan y precio completo, sin regatear, contuvo un suspiro y, con una sonrisa profesional que era mitad disgusto, mitad bienvenida, volvió detrás del mostrador.

—Buenos días —saludó el recién llegado, ya cansado de no poder hallar lo que hace meses busca—. Buscaba algo… específico. No sé si lo tendrán aquí.
—Es una tienda de Rock, a veces Metal. Nuestro repertorio es completo, aunque nos especializamos en los años sesenta a noventa, un poco del dos mil —respondió Joe, apoyando las manos en el mostrador de vidrio—. ¿Qué buscas? ¿En qué formato?
—Vinilo. Siempre vinilo.

Joe asintió, comprendiendo perfectamente. Se conocían de vista; el hombre, cuyo nombre era Lucas, un cliente habitual, un cazador de rarezas con el que rara vez habla. La tensión del incidente anterior comenzó a disiparse, reemplazada por el cómodo ritual del comercio musical.

—El mejor formato, me alegra tener un conocedor —dijo Joe, guiándolo hacia la sección de clásicos—. ¿De qué década?

Lucas pasó un dedo por el lomo de un álbum de The Who. —De cuando los amplificadores tenían válvulas y las letras estaban escritas con el corazón. Del verdadero rock que se escribía en una taberna con las luces rotas y ganas de crear una revolución. Los pilares fundamentales del Rock and Roll.

Joe se apoyó en el estante, cruzando los brazos. El desayuno podía esperar. Esto era, en el fondo, la verdadera razón de la tienda.

—Los pilares… —murmuró, mirando hacia el techo rememorando cuales bandas caían en esa clasificación exacta—. Uhmm… es como preguntar por el origen del fuego. ¿Quiere la centella norteamericana o el incendio británico? Hay tanto de donde elegir o el Blues.
—Empieza por donde quieras, confío en ti. En tus gustos, Joe —instó Lucas, sus ojos brillando con interés genuino.
—Entonces hay que arrancar por el cruce de caminos. En serio y en idea, Robert Johnson aparece siempre en esa charla, aunque eso entra más en el blues, en la base de todo. Cuando se habla de rock de verdad, los primeros golpes vienen de dos lados claros…. Chuck Berry y Little Richard. Berry puso el inicio…. el du-dun-dun, du-dun-dun ese patrón que empuja la canción hacia delante y no te suelta. La guitarra dejó de acompañar y pasó a llevar el mando. Cantaba sobre autos, barrios, líos de escuela, noches largas, cosas simples con las que te podías divertir “Johnny B. Goode”. Cosas simples, directas, reconocibles, ahí empezó todo.
Joe hizo una pausa corta y siguió.
—Little Richard fue otra historia. Subió el volumen, rompió las formas, gritó sin pedir permiso, de eso es el Rock and Roll. El piano dejó de ser elegante y se volvió brusco. Hasta la imagen también cambió… maquillaje, ropa llamativa, una actitud que incomodaba, empezó la visual y la actitud. Eso abrió una puerta que nadie volvió a cerrar. El rock entendió que podía provocar y disfrutarlo, que era el camino al cambio y no algo pasajero. Después llegó Elvis… si bien no inventó el sonido, pero lo puso en todos lados. Tenía presencia, movimiento, una cara fácil de vender. Agarró ese material previo y lo llevó a la radio, a la televisión, a las casas. Sin Berry y Richard, Elvis no habría existido de esa manera. Ellos hicieron el trabajo duro. Él lo volvió enorme.
Lucas asintió, extrayendo con cuidado un vinilo de Led Zeppelin II.
—Pero el rock, el de guitarra pesada, el que sientes en el pecho… eso cruzó el océano.
—Exacto. La invasión Británica —Joe prosiguió, entrando de lleno en el tema—. Los Beatles llegaron con trajes y melenas, pero escuchaban a Berry, a Richard. Lo refinaron, le añadieron armonías de los Everly Brothers y complejidad melódica. Pero fueron los Rolling Stones los que se quedaron con la esencia cruda. Mientras los Beatles soñaban con Lucy in the Sky, los Stones cantaban sobre no poder tener satisfacción. Eran el lado oscuro, el blues sucio de Chicago pasado por el filtro grisáceo de Londres. Fueron el puente perfecto.
—Y luego vino la electricidad —apuntó Lucas.
—La guitarra eléctrica dejó de cumplir un rol secundario y pasó a mandar —mencionó Joe, con entusiasmo sincero, su entusiasmo estaba escrito en su rostro—. Ya no marcaba fondo, guiaba el compás. Clapton en Cream entendió eso rápido, Jeff Beck llevó el instrumento a terrenos raros, tensos. Jimmy Page fue más lejos y con Led Zeppelin agarró el blues del sur, lo empujó con riffs pesados y lo sostuvo con la batería brutal de Bonham. Ese sonido espeso cambió las reglas. Ahí apareció el hard rock, sin rodeos ni delicadeza.
Joe cruzó la tienda, esquivó cajas y sacó un vinilo gastado de una estantería baja.
—En paralelo, en Estados Unidos, la escena tomaba otro rumbo... The Doors no buscaban otras cosas. Morrison no cantaba canciones tradicionales, hablaba, gritaba, recitaba; todo tenía un tono oscuro, incómodo. Jefferson Airplane, Grateful Dead… el rock dejó de mirar afuera y empezó a mirar adentro. Había viajes largos, improvisación, letras abiertas. La contracultura encontró banda sonora.
Lucas soltó una risa áspera. Mencionó que estuvo allí. Nombró Monterey, Woodstock, carreteras llenas de jóvenes creyendo que algo nuevo estaba naciendo. Luego llegó el cansancio, los excesos, la distancia con el público.
—El punk apareció para romper eso —continuó Joe—. Dijo basta a los solos eternos y a las bandas intocables. A mediados de los setenta, el rock de estadios se había inflado demasiado. Ramones, Sex Pistols, The Clash recortaron todo… canciones cortas, rabia directa, mensajes simples. Fue un golpe necesario.
Joe apoyó el disco en el mostrador.
—Aun así, esa furia no surgió sola. Venía del garage de los sesenta, de los Kinks, de los Stooges, de Iggy Pop rompiendo todo antes que nadie. El rock siempre recicla su propio pasado, lo desarma y lo vuelve a lanzar con otra cara.
La conversación fluyó así durante más de una hora, saltando de bandas a solistas, de géneros a anécdotas. Lucas habló de ver a Hendrix prender fuego a su guitarra en un club diminuto; Joe contó cómo, de adolescente en Osaka, había descubierto a Deep Purple a través de un casete pirateado y cómo ese sonido le había hecho sentir, por primera vez, una conexión feroz con algo más grande que su barrio.

Hablaron de la voz desgarrada de Janis Joplin, del genio arrugado de Tom Waits, de la narrativa cinematográfica de Springsteen, del blues renovado de The Black Keys. La tienda se transformó en una cápsula del tiempo, donde Highway to Revival sonaba en la los parlantes a un volumen bajo, como banda sonora del debate y anécdotas de dos viejos conocidos.
—¿Y aquí, en Eastwood? —preguntó Lucas al final, señalando las paredes cubiertas de pósteres y madera gastada—. ¿Qué queda de todo eso?
Joe miró alrededor sin prisa. La tienda ya no tenía el brillo de otros años, pero seguía en pie. Los amplificadores viejos, las cajas con discos usados, el olor a polvo y cartón, todo seguía diciendo algo, todo era parte de él y del Rock que tanto ha amado desde adolescente.
—Queda esto —respondió—. El lugar. Antes la gente entraba buscando un single nuevo, ahora entra buscando otra cosa. Un disco que tuvo alguien, una portada marcada, una historia detrás. El rock clásico dejó de mandar, pero no desapareció, se volvió base…. está debajo de todo. Aparece en un riff sucio, en una banda de garage tocando fuerte, en letras que todavía se plantan contra algo. Cambió de forma, se transformó, como nosotros.
Joe apoyó la mano sobre el mostrador.
—Mi trabajo es guardar parte de eso. No salvarlo, solo cuidarlo, para que alguien venga, escuche, recuerde, se emociones… como yo, descubriendo algo nuevo, una parte del alma del mundo. No hace falta más.
Lucas pagó un vinilo de Astral Weeks. Al guardarlo en la bolsa parecía otro, caminaba derecho, con la cabeza alta, después de esa charla que lo llevó a sus días de gloria no podía estar más orgulloso de la música que ama y amará hasta su último respiro.
Joe finalmente subió al piso de arriba, sus invitados ya habían terminado de desayunar y le dejaron una taza de café frío. Se sentó un momento. La frase del primer cliente volvió a su cabeza… dijo que la gente no era honorable. Tal vez no siempre, pero Lucas no vino a aprovecharse ni a apurar a nadie. Vino a buscar algo que le importaba, eso también contaba.
Eastwood no era Japón y Joe lo sabía bien. Aun así, en esa tienda pequeña, entre discos viejos y charlas largas, había encontrado una forma propia de hacer las cosas sin traicionarse. Con eso le alcanzaba.
Después de aquella charla informativa y dedicada a viejas anécdotas, Joe se sentía espléndido; haber hablado de etapas del Rock and Roll con alguien que realmente entendía el idioma de los riffs y los solos de batería era como tomar un elixir de vida totalmente revitalizante. La frustración del cliente matutino se había disipado en el aire, reemplazada por el sabor místico de la nostalgia y el análisis apasionado. Subió las escaleras con un nuevo brío, encontrando a sus invitados —los dos niños del orfanato y su sobrina— sumidos en una discusión sobre la afinación drop D.

—Perdón por la interrupción eterna —aseguró Joe, recogiendo las tazas vacías—. Vinieron dos clientes seguidos, uno que buscaba regateo y otro… con una buena charla, sobre el mundo cuando giraba diferente.
—Lo escuchamos desde aquí —dijo Luo, el baterista, sonriendo—. Tiraste tan buenos factos, frases que… ¡me emocioné mucho! No se tanto de Rcok, pero pude sentir el buen ambiente y las canciones que mencionaste.
—Solo fue una charla de dos viejos cuya gloria pasó hace años —respondió Joe, golpeándose suavemente el pecho—. Es la única mercancía que no tiene precio en la tienda.
Mientras preparaba una nueva carga en la cafetera, la campana de la puerta volvió a sonar. Un suspiro volvió a escapar de los labios de sus amigos. Joe se encogió de hombros, una sonrisa de resignación en el rostro.
—El universo quiere que hoy sea día de ventas, no de descanso —bromeó, y bajó de nuevo sin protestar.
Pero esta vez, quien entró no era un extraño, sino que era Yoon Habin, una mujer alta, voluptuosa y elegante, en un vestido ajustado de encaje negro y una gabardina marrón claro. Tenía el pelo rojizo recogido en una coleta alta y unos ojos intensos que aún tienen ese destello de mujer de alta sociedad, envuelta en alguna empresa privada de alta magnitud. Era cliente desde hacía décadas y, amiga muy cercana de Joe.

—Joe. Aún no te agradezco por haberme recogido ayer del aeropuerto. ¿Estás libre esta noche? —saludó Habin, su voz elegante y amable, aunque seductora—. Acabo de cruzarme con Lucas, hacia tiempo que no lo veía. Salía de aquí muy animado, con un vinilo bajo el brazo capaz de defenderlo que cualquier maliante. Le has dado tu discurso de los “pilares”, ¿verdad?

Joe rió, limpiando el mostrador con un trapo.
—¿Tan predecible soy? Después de tantos años supongo que solo soy un viejo que disfruta de estas charlas y Lucas también.
—Como un power chord bien puesto, hablar contigo es siempre una buena charla que hace pensar — la pelirroja se apoyó en el mostrador, mirando alrededor —. Me hiciste repasar los sesenta, los setenta, el punk… y luego todo se frena cerca de los noventa… Pero ahí no terminó nada, la historia no se detiene ahí…  Después sigue algo más algo más poderoso y decadente.
Joe dejó el trapo a un lado, Habin hablaba con una calma atractiva. Tenía veinticinco, el pelo rojo bien cuidado y una mirada que sabía sostenerse demasiado tiempo, como para atrapar a cualquier hombre en sus redes... ella estaba levantando un centro cultural dedicado a diferentes aficiones de los jóvenes y, a veces, ella se olvidaba que era una joven, como los que ella quiere ayudar.
—Para muchos de los que vienen aquí, su historia personal del rock sí terminó ahí. Con la camiseta de Nevermind o el Black Album. Es el sonido de su juventud congelado.
—Exacto —respondió la mujer, sus labios de un rojo intenso se curvaron en una sonrisita sensual—. Pero la tienda se llama “Joe’s Rock Shop” y no “Museo de reliquias anticuadas” ni “anticuario”. El Rock siempre resurge, implica que algo vuelve. ¿Qué está volviendo ahora, Joe? ¿O solo vendemos nostalgia?
La pregunta quedó en el aire y Joe miró a su amiga. No era una provocación, era una genuina inquietud.
—Es una buena pregunta —reconoció Joe, tardando dos minutos en ir a la cafetera de la planta superior y traer dos tazas con el café recién hecho y ofreciendo una a Habin—. ¿Quieres la respuesta fácil o la complicada?
—Siempre la complicada.
—La nostalgia mantiene el negocio y no voy a negarlo. Pero el Rock no es repetir… es contagiar, apoderarse, hacerlo suyo. Cuando una banda actual empuja a chicos a buscar lo que vino antes, ahí pasa algo. No es limpio ni perfecto, pero conecta.
Joe bebió un sorbo, organizando sus pensamientos y sobre todo, la música que tanta alegría le había traído por años, incluso cuando su hermano falleció dejando a Mitsuki a su cuidado.
—La gente compra el vinilo para comprar un pedazo de mil novecientos setenta y tres. Pero el Rock… el revival es más sutil. No se trata de que los chicos lleven camisetas de Zeppelin; se trata de que una banda como “Greta Van Fleet ”, aunque suenen a calco, haga que miles de adolescentes busquen el original.
—¿Y aquí, en Eastwood? —preguntó Habin, tomando con elegancia un sorbo de café, mientras sus aretes largos y dorados se movían—. ¿Hay un Greta Van Fleet? ¿O solo somos una ciudad de imitadores, esperando a que pase la próxima gran cosa de Hollywood?
Joe caminó hacia la sección de música local, una pequeña estantería llena de CDs autoeditados y vinilos de edición limitada.
—Eastwood siempre fue la hermana menor y cansada de Hollywood. Aquí no se copia, se traduce. Nadie inventa desde cero. Estos chicos cantan sobre alquileres imposibles, carreteras vacías, trabajos que no llevan a nada. Usan un idioma viejo para contar lo que les toca vivir. ¿No es eso Rock? Hablar de amores imposibles y coches, mientras se salta en una pierna… —señaló un EP de una solista llamada Hyuna—. Esta chica... suena a Hayley William mezclada con Joan Jett y la crudeza de Janis Joplin. No copiar el sonido, sino heredar el espíritu y usarlo para contar tu propia historia.
Habin volvió a sonreír, esta vez con más lentitud, examinando la portada barata del EP.
—¿Sabes quién es Hyuna? —preguntó Habin, sin apartar la vista del EP.
Joe tardó un segundo en responder y ladeó la cabeza, curioso.
—Solo por lo que suena —contestó—. Viene algunos sábados a dejar álbumes y se va, parece una chica muy enérgica y eso me gustá. Me recuerda a mí en mis timpos de gloria.
Habin soltó una risa baja, breve.
—Hyuna Yoon —aclaró—. Mi hermana menor.
Joe levantó las cejas, sorprendido, y volvió a mirar la portada como si acabara de cambiar.
—No lo sabía. ¡No se parecen en nada!
—Ella prefiere que no se sepa —continuó Habin—. Dice que mi apellido pesa y que no quiere favores, ni comparaciones, ni que nadie piense que está aquí por mí. Así que se inventó otra Hyuna, más rebelde y simple.
Joe apoyó el álbum en el mostrador con cuidado.
—Tiene carácter y eso no se inventa en este género.
—No —explicó Habin—. Tampoco la rabia. Eso viene de casa, de ver cómo los adultos prometen cosas que no cumplen, de adultos que no saben proteger los sueños de sus hijos.
Joe entendió entonces el filo detrás de la sonrisa, la paciencia forzada, el impulso de proteger a otros jóvenes, de querer que ellos logren sus sueños.
—Tu hermana canta con bastante rebeldía —comentó Joe, apresurando otro trago de café—. Resistencia de alguien que verá sus metas cumplidas, aún si sufre en el camino.
Habin lo miró más seria que nunca.
—Y por eso me preocupa. Este mundo es experto en romper a gente así o en domesticarla.
—Aquí no —respondió Joe sin alzar la voz, en su tienda siempre habría espacio para los CD’s de Hyuna, aún si no trajeran dinero y solo perdidas—. Aquí nadie le va a decir qué tiene que ser.
Habin respiró hondo y con su uña esculpida rozó el borde de la taza.
—Por eso sigo viniendo —contestó, aún debía agradecer por tantas cosas a Joe y que, gracias a él, siempre obtenía información de nuevos prodigios en la música—. Nunca cambias, nunca te dejas guiar por otros ni las modas.
Joe miró hacia la escalera, donde el sonido de una guitarra acústica y risas juveniles seguía apareciendo, pensó en Mitsuki, en los niños del orfanato que tenían su propio proyecto en manos… Lucky y Take off.
—El Rock no se apaga si hay quien esté dispuesto a sentir el calor —expresó Joe, su voz baja pero firme—. No importa si vienen por algo de mil novecientos setenta y tres o por el EP de una chica que canta en un garage. Lo que importa es que salgan de aquí sintiendo que esa música les habla a ellos. Que esa canción que dura tres minutos los refleja a ellos y el sentimiento que está difuso en sus mentes.
Habin dejó su taza vacía en el mostrador y abrió su bolso, sacando un sobre de papel grueso.
—Hablando de eso. Tengo buenas nuevas —susurró la mujer elegante, deslizando el sobre hacia Joe—. La inauguración del Centro Cultural Húngaro Ganessa es el próximo mes. Quiero que una parte del ala de música… la sala de exposiciones temporales tenga una colección que hayas seleccionado tú mismo Joe. Una pequeña muestra sobre cómo el rock local se nutre de las raíces clásicas. Quiero préstamos de tu colección, Joe… desde la primera guitarra que tuviste aquí, carteles de conciertos locales de los ochenta, los cd’s de gente como Hyuna… y tu voz, en una audioguía, contando la historia. ¿Te interesa?
Joe abrió el sobre con cuidado. Dentro había un diseño elegante y un programa preliminar, dónde estaba el pequeño museo del Rock local.
—Habin esto es… demasiado,
—No me digas que no —lo interrumpió ella, levantando una mano—. No se trata de "honor" ni de "deber". Se trata de que tú eres la memoria viva de esto, Eastwood puede que no sea Japón, pero sabes lo que hay en estas calles. Quienes se han esforzado desde el lodo, viviendo al límite, para triunfar. Como Shibari.
Shibari nació de un error y de una huida. Su guitarrista principal, Eiji Kumara, había pasado años persiguiendo éxito rápido, mezclando riffs con fórmulas fáciles, dejando que el rock se diluyera hasta volverse un producto comercial, listo para sonar en cualquier anuncio. Hubo giras vacías, excesos mal entendidos y una sensación constante de haber traicionado algo importante. Cuando todo se vino abajo, desapareció sin avisar. Vendió instrumentos, rompió contratos y se alejó del ruido. Joe sabía la historia de Eiji porque había nacido en las mismas calles Under que él y los mismos bares de mala muerte.
El regreso no fue inmediato, Kimura pasó años en silencio, trabajos menores y noches tocando solo, sin público ni contratos. En ese tiempo volvió a escuchar discos viejos, no para imitarlos, sino para recordar por qué había empezado. En dos y once, ese proceso tomó forma y nombre… Shibari. Canciones tensas, guitarras ásperas, letras secas. Nada de concesiones.
Con el tiempo, Shibari se convirtió en una banda completa, marcada por esa historia de caída y regreso, antes Eiji se interesaba en la escena internacional pero después de su regreso quiso consolidarse en Japón, ya nunca buscó grandes escenarios, prefirieron salas pequeñas, sonido directo y público cerca. Su música no pedía perdón ni explicaba el pasado, mostraba el futuro.
En ese momento, Mitsuki, la sobrina de Joe, bajó los escalones con suavidad. Tenía unos doce años, el pelo negro corto y unos ojos vivaces que todo lo absorbían.
—Joe, los chicos quieren saber si tienes ese disco… el de la banda que suena rara —musitó, sin reparar al principio en Habin. Luego la vio y se ruborizó ligeramente—. Oh, hola, señorita Yoon. ¿Cómo ha estado? Oí de mi tío que ayer la fue a buscar al aeropuerto.

—Hola, Mitsu-chan —respondió Habin, con un tono más dulce para ella—. He ha ido bien, estuve un par de meses en New York y los Ángeles, Traje muy buenas historias, para cuando las quieras oír.
—¿The White Stripes? —aclaró Joe, riendo—. "Elephant". Está en el estante de a la derecha.
—Me encantaría oir tus historias, Habin-san. Estoy segura que serán muy entretenidas.
Mitsuki sonrió y se dirigió rápidamente hacia allí, lanzando una última mirada curiosa a la conversación de los adultos.
—Mitsu-chan también es el futuro del Rock —musitó Habin, observando a la niña escarbar con determinación entre los discos—. Tienes que enseñarle bien y ser un buen guía para ella, Joe.
Joe miró el sobre, luego a Mitsuki, luego a la sección de música local donde el EP de Hyuna descansaba. Sintió la responsabilidad, pero no era una carga, era el mismo peso familiar de una guitarra colgada al hombro. Un peso que prometía resonancia.
—De acuerdo —canturreó Joe, finalmente—. Ayudaré con el museos, pero con una condición.
—Dime.
—Que la sala tenga, en un lugar prominente, carteles con las figuras más conocidas del Rock, las leyendas con las que nació en Chicago.
Habin sonrió, una sonrisa ancha y real que le llegó a los ojos por primera vez en la mañana.
—Trato hecho —extendiendo su mano y Joe la estrechó de inmediato. El apretón fue firme, un pacto entre dos amigos con los mismos gustos y mismas metas, pero que se desonvolvian en diferentes ámbitos.
Cuando Habin se fue, la campana de la puerta tintineó suavemente. Joe se quedó detrás del mostrador, el sobre en la mano, escuchando el sonido de Mitsuki deslizando el vinilo de The White Stripes de su funda; el riff de "Seven Nation Army" aún no sonaba, pero Joe ya podía escucharlo en su mente, mezclándose con los acordes distorsionados de Hyuna y los ecos lejanos de Led Zeppelin. No era un caos. Era una conversación, conversación que, gracias a su tienda, a su terquedad y a su extraño honor adoptado en Eastwood, seguiría viva por muchos años más.
—¿Qué es la carta que llevas ahí, Joe? —preguntó curiosa Mitsuki.
—Habin me invitó para hacer un pequeño museo y de guía sobre el Rock, ¿vendrás conmigo? Estoy seguro de que a ella le encantará tenerte cerca.
—¡Claro! Suena muy interesante y también podríamos invitar a Luo y Cyan.
Joe miró el sobre y luego a Mitsuki. —Sí, claro que pueden ir. Será más divertido.
En ese momento, Luo y Cyan bajaron las escaleras.
Luo se estiró para quitarse la pereza.
—Joe, con todo el ruido de abajo, se nos fue la mañana. ¿Hay algo para comer aquí o vamos a algún lado?
—¡Luo! —Cyan de inmediato le dio un codazo a Joe—. No nos podemos aprovechar de la amabilidad de la familia Koga.
—Peroooo, Santa —Luo protestó, sus tripas sonar un poquito y eso hizo que el adulto del grupo se riera.
Joe iba a responder cuando su mirada cayó en el mostrador., donde antes estaban los dos CD’s que Habin había estado mirando, ahora solo quedaba el polvo marcando su silueta. Parpadeó. Revisó el cajón debajo, pensando que quizás los había guardado sin darse cuenta. Nada.
—¿Joe? —preguntó su sobrina.
—Un segundo —dijo Joe, y empezó a revisar todos los lugares, aunque sabía que era inútil. Un hilo de incomodidad le recorrió la espalda. Habin se había ido con los discos., sin pagar.
Mitsuki siguió su mirada.
—Tío, los discos de la señora Yoon…
—Se los llevó —concluyó Joe, con una mezcla de incredulidad y fastidio. Era un robo, pero tan absurdo que no cuadraba. Habin Yoon, una mujer adinerada  robando dos discos de diez dólares.
Cyan y Luo no dijeron nada, los miraron expectantes. 
—Joe es muy distraído con mujeres, ¿quizás por eso? —concluyó Luo con una sonrisa.
—¡Luo! —otro codazo—. Tal vez solo se distrajo —sugirió Cyan, aunque no parecía convencida.
La puerta de la tienda tintineó al cerrarse. Joe se quedó un momento en la acera con las llaves aún en la mano. El sol del mediodía golpeaba el pavimento, levantando un calor visible. Mitsuki, Luo y Cyan lo miraban, esperando, mientras tanto una charla tribal de niños sucedía entre ellos.
—¿Entonces? —preguntó Luo entusiasmado.
Joe metió las llaves en el bolsillo de su chaqueta.
—¿Conocen el Xialin Noodle House? Dicen que sus fideos son una caricia al alma. El lugar favorito de Mitsuki —los dos chicos del orfanato miraron con curiosidad.
—Nosotros hemos ido al Mc, nunca a una tienda de fideos —Luo seguía con el mismo ánimo—. ¿Nos invitarás, viejo?
Joe se rió un poco.
—Sí. Sí. No me llames viejo.
—¡LUO! —Cyan lo tiró del brazo para callarlo.
—Está bien Cyan, no tienes que ser formal —el señor la tranquilizó con una palmadita en la cabeza.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Miyu on June 16, 2018, 06:57:23 PM
4.4. # Take Off

Caminaron alegres la corta distancia hasta el restaurante. El Xialin Noodle House ocupaba un local grande entre otras dos tiendas; el cristal de la ventana estaba limpio, un local cuidado con amor. Al abrir la puerta, una campanilla anunció su entrada, y una oleada de aire cálido y un aroma a especias los envolvió.
El local estaba semivacío, dos hombres con traje, los salariman, ocupaban taburete en la barra, inclinados sobre cuencos humeantes y en una mesa lejana, un anciano doblaba un periódico; en otra, tres adolescentes reían, haciendo ruido con sus latas de cangrejo.
Se dirigieron a una mesa junto a la ventana que daba a un aparcamiento. Joe se sentó de espaldas a la pared, Mitsuki a su izquierda, Luo y Cyan ocuparon el otro lado. Yu Xia, la camarera, se acercó con una sonrisa adusta, llevaba un delantal y debajo un traje formal, con falda negra en tubo y una camisa blanca. Se veía hermosa pese a su edad de más de cincuenta años
—¿Lo de siempre, Joe? —preguntó Yu Xia.
—Lo de siempre, Yu Xia. Fideos anchos, caldo oscuro, cerdo asado. Picante medio y té é caliente.
La mujer giró la cabeza hacia los más jóvenes.
—Para ellos, elige tú —añadió Joe, señalando a Luo y a Cyan—. Es su primera vez aquí.
Luo abrió la boca, pero Joe lo cortó con un gesto.
—Confía. —luego miró a Yu Xia—. Dos ramen de cerdo, caldo claro y sin picante. Que prueben primero así.
—Está bien.
—Yo quiero lo mismo que Joe —canturreó Mitsuki—, pero menos picante.
Yu Xia anotó todo en una libreta, sin levantar la vista del papel. Dio media vuelta y se alejó hacia la cocina.
—Esa mujer nunca sonríe —comentó Mitsuki, bajando la voz.
—Lleva treinta años trabajando aquí —comentó Joe, buscando un paquete de cigarrillos en el bolsillo interior antes de recordar que no fumaba dentro—. La sonrisa es un músculo, se atrofia si no lo usan seguido, pero ustedes niños no se deben preocupar.

El local olía a anís estrellado, huesos hervidos y salsa de soja. El vapor empañaba parcialmente los cristales del frente, y un ventilador giraba con un zumbido cansado en el techo.
Mitsuki alineó los palillos envueltos en papel sobre la mesa.
—Tío, esa exposición… ¿es algo grande?
—No estoy seguro, Habin tiene gustos excéntricos… seguramente será un lujar cargado en lujos, Mitsu-chan.
—No parece que vayamos a encajar ahí.
—El rock también puede ser elegante.
—¿Elegante? No sé, siempre me imagino a alguien rompiendo una guitarra o sudando sobre una camiseta rota.
Luo apoyó los codos en la mesa y Cyan estaba oyendo la conversación muy interesada en todo.
—Bueno, eso es solo una parte. Piensa en Bryan Ferry con Roxy Music. Hay un video de ellos en los años setenta donde él sale con un esmoquin blanco impecable, como si acabara de salir de una fiesta en Mónaco, pero con toda la banda detrás haciendo un ruido increíble. No necesitaban parecer "sucios" para ser rockeros.
—Ya, pero eso es casi como música de casino, ¿no?
—Para nada. Mira a los Beatles al principio; esos trajes negros entallados les daban una rebeldia que nadie tenía o a Nick Cave. Ese tipo se sube al escenario y parece un predicador que te va a leer el testamento… siempre de traje oscuro, camisa blanca abierta... tiene una presencia que te intimida.
—Supongo que es algo interesante. No estoy segura.
—David Bowie cuando hacía del "Delgado Duque Blanco". Solo una camisa, un chaleco y un cigarrillo y no necesitaba más o los de Duran Duran en los años ochenta, que parecían modelos de revistas, pero te llenaban estadios. Hay algo en esa imagen de "vengo impecable a romperlo todo" que tiene mucha fuerza. No hace falta ir de cuero y tachuelas para ser peligroso.
—Visto así... supongo que la elegancia también tiene su punto de rebeldía.
Cyan ladeó la cabeza, procesándolo todo la información que dijeron del rock, aunque ella no había escuchado a esos grupos nunca o cantantes, ni sabía quienes eran.
—O sea… ¿que alguien puede verse como si fuera a una boda y aun así hacer música Rock?
—Exacto —respondió Luo, sonriendo—. Eso es lo que lo hace más raro. Esperas una cosa y pasa otra.
—Pero… —Cyan frunció el ceño—… ¿no se supone que el rock es gritar, saltar y romper cosas?
Mitsuki, que había estado escuchando en silencio, por fin intervino, moviendo el pie con aire distraído.
—Sí, pero no siempre igual. En los noventa también pasaba eso. Mira a Radiohead… no iban vestidos como pandilleros ni nada, parecían tipos normales y aun así te dejaban hecho polvo con la música.
—¿Radio… qué? —preguntó Cyan, abriendo mucho los ojos.
—Radiohead —repitió Mitsuki—. No son elegantes elegantes como los que dice Joe, pero tampoco iban de duros. A veces la rebeldía es no encajar con lo que esperan de ti.
Luo asintió, apoyando la barbilla en la mano.
—Eso. El rock cambia de forma, aún así siempre tiene ese punto de “no soy lo que crees”. A veces es cuero y ruido, a veces es un traje limpio y una mirada asesina.
—Entonces… —Cyan sonrió despacio— ¿podría haber rockeros que parecen profesores?
—Totalmente —respondió Mitsuki, riéndose con alegría—. Y esos suelen ser los que más miedo dan cuando suben al escenario.
Cyan soltó una pequeña risa, imaginándose la escena.
—Vale… creo que empiezo a entenderlo. El rock no es cómo te ves, sino lo que haces sentir.
—Ahora sí —respondió Joe—. Bienvenida a la parte rara del asunto. El rock va contra el olvido. —Joe encogió los hombros, como si la palabra fuera demasiado grandiosa—. Las cosas desaparecen, las tiendas cierran, la gente se muda o muere. El Rock quiere dejar una marca profunda en ti, no importa como luzcan sino lo que hagan con su grupo.
Cyan se quedó muy quieta al oír eso último. La palabra muerte le pasó rozando, ella vivía rodeada de chicos que habían pasado por la perdida, incluso ella y Luo lo habían hecho… ser recordados… ¿acaso sus padres querían ser recordados?
—¿Contra el olvido…? —repitió en voz baja—. ¿Como cuando quieres que no se te borre algo importante?
—Sí —asintió Joe, más suave—. Como cuando una canción se te queda pegada aunque pasen años y ya no recuerdes dónde la escuchaste por primera vez.
Mitsuki levantó la mirada, interesada.
—Eso sí lo entiendo. Hay canciones que escuchaba con mis padres que ya no están de moda, pero cuando suenan es como volver a ese momento.
—Exacto —afirmó Joe—. El rock siempre ha tenido eso. No quiere ser bonito para un rato. Busca quedarse.
Cyan frunció la nariz, pensativa.
—Entonces… ¿por eso algunos gritan tanto? ¿Para que no los olviden?
Joe soltó una pequeña risa.
—A veces sí. Otras porque no saben decirlo de otra manera.
Mitsuki apoyó los codos en la mesa.
—En los noventa pasaba mucho eso. Gente que no parecía fuerte, pero cantaba como si se le fuera la vida. No iban de elegantes ni de salvajes… solo eran honestos.
—¿Y eso también es rock? —preguntó Cyan, mirándola con seriedad.
—Claro —respondió Mitsuki—. Quizá el más difícil de todos.
Cyan miró a Joe, luego a Mitsuki.
—Entonces da igual si llevas traje, camiseta rota o nada especial…
—Mientras lo que hagas deje huella —terminó Joe—. Mientras alguien, algún día, escuche eso y sienta algo.
Cyan sonrió, pequeña pero convencida.
—Creo que el rock da un poco de miedo.
—Buen signo —dijo Joe—. Si no da miedo, no dura.
Cyan jugueteó con el borde del vaso, todavía pensando en lo que Joe había dicho.
—Oye Joe… —levantó la vista Mitsuki—, ¿por qué siempre que hablan de rock terminan hablando de gente que ya no está?
Luo parpadeó, incómodo.
—Sí… eso suena un poco triste, ¿no?
Joe dudó un segundo antes de responder, como midiendo cuánto decir.
—Porque el rock también tiene historias oscuras. Una de las más conocidas es algo que llaman el club de los veinte y siete.
—¿Un club de verdad? —preguntó Cyan, enderezándose.
—No —respondió Mitsuki rápida—. Es más como… una coincidencia fea.
Joe asintió y tensó la mandíbula. La frase “Live fast, die young, and leave a good-looking corpse” no sabía si estos niños estaban listos para oir algo tan malo.
—Varios músicos muy importantes murieron a los veintisiete años… Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison… más tarde Kurt Cobain, aunque eso ya roza los noventa.
Los ojos de Mitsuki se iluminaron un poco al oír ese nombre.
—Kurt sí lo conozco… Nirvana. Mi tío me hizo escucharlo una vez.
—No solo una —corrigió Joe, sonriendo de lado.
Cyan frunció el ceño.
—¿Y por qué justo esa edad?
—No hay una razón mágica —comentó Joe—. La gente quiere buscarla, pero no existe. Eran jóvenes, famosos demasiado pronto, con mucha presión encima y pocas herramientas para manejarla. Los excesos también es algo que ronda la vida de un músico y más en el Rock y Metal.
Luo se rascó la nuca, un poco confundido.
—Entonces… ¿no es algo romántico ni nada así?
—Para nada —respondió Joe con firmeza—. Es una advertencia, no una leyenda bonita.
Mitsuki apoyó la espalda en la silla.
—En los noventa se hablaba mucho de eso, pero también de lo mal que estaba el sistema. Discográficas, giras eternas, cero descanso. No era solo “genio incomprendido” sino “genios explotados”.
Cyan bajó la mirada un poco triste.
—Suena como si el rock te diera todo muy rápido… y luego te cobrara.
—A veces —musitó Joe—. Por eso es importante entenderlo completo, no solo el ruido o la pose.
—Entonces el rock no quiere que te destruyas, quiere que digas algo antes de que sea tarde —Luo exhaló despacio.
—Eso está mejor dicho que muchos libros —admitió Joe.
—Me alegra que ustedes sigan aquí hablando de esto — Cyan levantó la cabeza, seria.
Joe la miró, sorprendido, y luego sonrió sin hacer bromas.
—A mí también. De eso se trata… que la música siga, pero la gente no tenga que desaparecer para que la recuerden.
Las bebidas llegaron en ese momento. Yu Xia depositó los vasos frente a cada uno sin una palabra.
—Lo de la señora Yoon —dijo Cyan, trazando círculos con su dedo en el vaso—. Fue extraño. Raro.
—Fue humano —rectificó Joe—. Se distrajo. A todos nos pasa.
—Pero ella es… importante. Tiene cartera, secretarias, ¿cómo se lleva tres discos sin darse cuenta?
—La cabeza de esa mujer está en otro sitio. En sus proyectos, en sus números. El mundo físico se vuelve un desastre así y está a poco de abrir su tan afamado centro cultural.
—¿Y el dinero? Ofrecer el triple como disculpas… —persistió Luo—. Eso no es disculparse, es alardear.
Joe negó con la cabeza, lenta, pensativamente. Yoon Habin es una mujer de gran presencia y robar no entra en su vocabulario, principalmente porque el escándalo tras eso sería una mancha imborrable en su currículo y cualquier falla sería explotada por sus competidores.
—No, no. Luo, en el mundo de los adultos esto es eficiencia. Para ella, el tiempo vale más que el dinero. Calcular el precio exacto, buscar un cajero, esperar a que yo hiciera la vuelta… eso le cuesta minutos. Horas, si lo piensa. Transferir el triple desde el auto le tomó quince segundos. Solucionó el problema y siguió adelante. Es pragmático, no orgulloso. Y hay más en contra que robe que pague, simplemente fue un desliz.
—¿Y a ti no te ofendió? —preguntó Mitsuki.
—¿La ofensa? —Joe consideró la palabra—. No. Fue un error, no un insulto. El insulto habría sido no hacer nada. Ella actuó y pagó más de lo debido, gracias a ella estamos comiendo aquí sin perdidas para la tienda. Eso es bueno ¿a que sí?
La comida llegó en platos de porcelana blanca, con bordes dorados. Los noodles de cerdo humeaban brillantes de salsa; en uno, el aceite rojo del picante, el otro, el color era más suave, esos eran de Mitsuki y Joe. Los dos restantes eran claros, casi sin nada de picante, los de Cyan y Luo.
Joe separó los palillos de madera y sujetó con cuidado varios fideos.
—Es curioso —mencionó el hombre antes de morder—, cómo algo que nació de las sobras terminó convirtiéndose en un ícono.
El vapor subía desde el plato, mezclando el aroma del jengibre con la salsa de soja. Los pensamientos de Joe no solo pensaba en la comida; el nombre "Chop Suey!" también le traía a la mente una energía mucho más frenética… la de System of a Down.
—¿Qué es? —preguntó Cyan, observando su cuenco con desconfianza, tratando de pescar un brote de soja sin que se le resbalara—. Yo pensaba que solo era comida china rápida. ¿De qué hablas, Joe?
Joe sonrió de medio lado, saboreando el picante.
—Hablo de que este plato le dio nombre a una de las canciones más raras y poderosas del metal. Salió en el dos mil y uno, justo cuando el mundo estaba cambiando, estos tipos soltaron una canción que aún resuena.
Luo, que estaba muy concentrado intentando no manchar su camisa clara, levantó la vista confundido.
—¿Metal? ¿Como... ruido de hierro? —preguntó con total sinceridad Luo—. ¿Por qué alguien le pondría nombre de comida a una canción de gente gritando?
Mitsuki soltó una risita y dejó sus palillos sobre el cuenco. ¡Al fin habían tocado temas de música que ella sabe! ¡Estaba emocionada!
—No es solo ruido, Luo —intervino ella, mirando a su tío con complicidad—. Tío Joe se refiere a System of a Down. Eran cuatro tipos armenios en California haciendo algo que nadie más se atrevía a hacer. Mezclaban ritmos de Europa con guitarras pesadísimas.
—Exacto —sonrió calmado Joe—. La canción se iba a llamar "Suicide", pero para que no la censuraran en la radio, hicieron un juego de palabras: Chop Suey-cide. Un "suicidio picadito", como la verdura que te estás comiendo ahora.
—Qué tétrico... ¿Y de qué trata? ¿De comida sangrienta? — Cyan arrugó la nariz, procesando la información.
—Para nada —respondió Mitsuki, tarareando suavemente el ritmo frenético del inicio—. Trata de cómo la gente te juzga. La letra dice "¡Despierta! ¡Ponte un poco de maquillaje para ocultar las cicatrices!". Es una crítica a lo hipócrita que es la sociedad.
—De repente se vuelve una plegaria —completó Joe, cerrando los ojos un momento—. El cantante, Serj Tankian, tiene una voz que puede pasar de ser un maníaco a sonar como un ángel en una catedral. Es esa parte que dice: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu".
Hubo un pequeño silencio en la mesa. Luo y Cyan miraron sus cuencos, todavía sin comprender mucho, pero sonaba genial para ellos.
—Vaya —susurró Luo—. Es algo interesante si lo pones así.
—Muy interesante —concluyó Joe, volviendo a atacar su plato con energía—. Ellos lograron evadir la censura con un juego de palabras muy convenientes.
—¿En Japón tienen censura, Joe? —preguntó Cyan, apoyando los palillos sobre el borde del plato—. Nunca oí nada claro. De China sí, pero Japón… no sé. Para mí todo eso es muy lejos de Eastwood.
Joe se limpió la boca con la servilleta antes de responder.
—Sí. Claro que la tienen. Pero no se parece a la china, ni tampoco a la nuestra. En Japón no siempre hay una orden directa que diga esto no se publica, hay comités, consejos, asociaciones. Gente que decide qué es apropiado, qué “protege a la sociedad”.
—Suena complicado —dijo Luo con la boca llena.
—Son como árbitros culturales —respondió Joe—. El cine tiene los suyos, los libros también. Nadie te apunta con un arma, pero si no pasas por ellos, te quedas fuera. Sin salas, sin distribución, sin nombre.
—Eso suena a censura igual —mencionó Cyan.
—Lo es. Solo que de un modo más disfrazada de consenso. En China es distinto: ahí la censura es vertical. El Estado decide qué existe y qué no.
—¿Y funciona? —preguntó Luo—. ¿La gente obedece?
Joe se encogió de hombros pues si funcionaba a veces y otras no.
 —Funciona porque apela al honor, a no desentonar y a no ser el problema. Y si además eres gaijin… —dejó la frase colgando.
—¿Gaijin? —Cyan frunció el ceño.
—Extranjero —explicó—. Literalmente “persona de fuera”. No siempre es un insulto, pero nunca te deja olvidar que no perteneces del todo. Puedes hablar, crear, opinar… pero siempre hay una pared invisible. Lo que dices pesa menos.
—Entonces ni siquiera es lo que dices —murmuró Cyan—, sino quién lo dice.
—Exacto. En China el problema es el contenido. En Japón, muchas veces, es el emisor.
—Suena complicado —dijo Luo, enrollando noodles con cuidado—. Demasiadas reglas que nadie explica.
—Es sencillo. Es saber qué espera el sistema de ti y decidir si vas a cumplirlo.
Terminaron de comer y Joe hizo una seña a Yu Xia, quien trajo la cuenta rápidamente, el hombre pagó con billetes, dejando unas monedas de propina. La camarera las recogió sin mirarlo.
Al salir, la luz de la tarde los cegó un instante. Las calles estaban más tranquilas. El tráfico seguía ahí, pero reducido, constante, sin bocinas. Caminaron unos metros antes de volver a hablar.
—Entonces —musitó Cyan—, ¿en China todo está controlado por el Estado?
—Sí —respondió Joe—. Hay listas claras. Temas que no se tocan, palabras que activan filtros. Libros que no se publican y películas que no se estrenan. No es sutil.
—¿Y la gente lo acepta?
—Algunos sí, otros se adaptan. Todos saben dónde está la línea.
Siguieron caminando, el ruido del tráfico volvió a llenar los espacios entre frases.
—¿Volvemos ya, Luo? —preguntó Cyan, ajustándose la mochila.
—Ustedes pueden irse primero —los despidió animado Joe—. Mitsu-chan y yo tenemos trabajo.
—¿Podemos ayudar? —Luo hizo una mueca—. No tenemos nada hasta las seis.
—¡¡¡LUO!!! —otro codazo fue hacia su amigo.
—Santaaaa —se tocó dónde lo codeo, ya la estaba doliendo—. Van como veinte veces hoy.
—Te lo mereces —le hizo un mohín.
Joe los observó, Luo ya le caía bien por su actitud tan activa y Cyan por ser tan correcta y reservada.
—Bien. Ocho manos trabajan más rápido que cuatro.
El regreso a la tienda fue corto. El cartel de neón en la ventana, “Joe’s Rock Shop”, titilaba débilmente al acercarse por la hora del día. Dentro, el aire estaba quieto, cargado con el olor familiar a papel envejecido y otros olores que recordaba a una tienda vieja.
Joe encendió la luz fluorescente, que parpadeó antes de estabilizarse.
—Mitsuki, busca cajas en la trastienda, las que sean. Luo, Cyan, venganconmigo. Vamos a bajar la Stratocaster.
Se acercaron a la pared del fondo. La guitarra colgaba en un soporte simple, su cuerpo de madera clara marcado por arañazos y pegatinas medio desprendidas… un cráneo con gafas de sol, un logotipo de una banda ilegible ya y algunos soles ya despintados.
—¿Es valiosa? —preguntó Luo, tocando con cuidado una cuerda oxidada.
—En dinero, no. En historia, sí. Un tipo me la dio a cambio de un amplificador que nunca recogió. Dijo que volvería en una semana y eso fue hace varios años ya.
—¿Nunca regresó?
—Nunca. A veces pienso que quizás murió o se mudó o simplemente olvidó. La guitarra se quedó y se convirtió en parte del lugar.
Mitsuki reapareció arrastrando dos cajas de cartón aplanadas con un poco de dificultad.
—Son las únicas.
—Con eso basta, Mitsu-chan —Joe descolgó la guitarra con cuidado. Era más ligera de lo que parecía—. Ahora… los discos. Vamos a elegir cuales llevaremos al centro cultural de Habin.
Se dirigieron a los estantes y Joe no dudó mucho. Sacó el Led Zeppelin IV, su luego el Nevermind de Nirvana, con el bebé nadando hacia el dólar. Un sencillo de los Sex Pistols, “God Save the Queen”, aún en su funda de papel.

—Necesitamos algo local —pronunció Mitsuki.
Fueron a una sección apartada, una estantería baja cerca del suelo. Allí guardaba lo autóctono: demos casete, EPs con portadas fotocopiadas. Joe extrajo tres…. un EP de Hyuna, The Rust y Espectros, un grupo de post-punk cuyos integrantes nunca conoció en persona.
—Estos. Muestran lo que salía de aquí. De Eastwood.
—¿Y los carteles? —Cyan señaló las paredes.
—Los dos enmarcados. Los demás están muy frágiles, se deshacen con la luz.
Descolgaron un póster de The Dusty Roads, una banda de country rock local de los ochenta, y otro de The Ramones, comprado en un concierto hace décadas. Joe los envolvió en papel de seda.
Trabajaron en silencio, solo las instrucciones breves de Joe y el crujido del papel de burbujas se escuchaba en el local. Mitsuki colocó los discos en las cajas, separándolos con cartón; Luo y Cyan limpiaron el polvo del marco de los carteles. Joe inspeccionó la guitarra, ajustando una clavija suelta.
—Parece que la tienda se está vaciando —murmuró Cyan, mirando los huecos en los estantes.
—Tenemos muchas cajas con CD’s guardados, la cosa es que no hay ganas de ordenar —se mofó Joe, siguiendo con el empaquetado.
—¿Y si a la gente le gustan y no quieren devolverlas? —preguntó Luo, sellando una cinta adhesiva con un gesto exagerado.
—Entonces tendrán que negociar conmigo —murmuró Joe con un tono tranquilo—. Les costará el doble sin duda.
Colocaron las tres cajas cerradas junto al mostrador. Parecían insignificantes allí, conteniendo pedazos de un universo pequeño llamado música Rock and Roll.
Joe fue a la planta de arriba, encendió la cafetera y el agua empezó a gotear sobre la jarra de vidrio, liberando un aroma rico y fuerte.
—Tío —preguntó Mitsuki, apoyándose en la mesada—. ¿Crees que esto traerá más gente? ¿A la tienda, quiero decir?
—Algunos, quizás. Otros vendrán, mirarán, se irán. No es el objetivo.
—¿Cuál es el objetivo?
Joe sirvió el café en su taza mug, la esmaltada, con el logo de Black Sabbath casi invisible por el lavado.
—El objetivo es que alguien, frente a esa guitarra rayada, escuche la historia del tipo que nunca volvió por su amplificador o que vea ese disco de Zeppelin y piense en la primera vez que lo escuchó, quizás en el auto de su padre. Que entienda que esto no es solo mercancía, es ruido convertido en memoria. Es gente común haciendo cosas que, por un segundo, los hicieron sentir extraordinarios.
Bebió un trago. El café estaba caliente y amargo, justo lo que necesitaba para acomodar sus ideas en ese momento.
—Y si viene más gente, quizás pueda permitirme comprar una cafetera nueva. Esta quema todo. Bleh —sacó la lengua con asco.
Mitsuki sonrió y Luo resopló desde la planta baja. El teléfono de Joe vibró sobre el mostrador, una notificación del banco. La pantalla mostraba un ingreso, la cantidad exacta, triple del valor de los discos. Luo corrió a mostrárselo a Joe con entusiasmo.
—Ahí está, la transacción.
—¿Palabra de honor moderna? —canturreó feliz Mitsuki—. Habin nunca miente.
—Parece que este mes estaremos más sueltos —hizo un ok con su dedo pulgar e índice.
—Con eso podríamos arreglar tantas cosas de la tienda —sugirió Mitsuki.
—O comprar un nuevo cartel para la ventana —añadió Joe—. Ese está blanqueado por el sol. Quizas use algo para reparaciones, l resto queda guardado. Para gastos imprevistos, como un cliente que robe discos.
Sonrieron los cuatro, el ambiente se había aligerado.
—¿Abro? —preguntó Mitsuki, mirando hacia la puerta.
—Abre. Tenemos que seguir atendiendo.
Mitsuki dio la vuelta al cartel de “Cerrado” a “Abierto” y la campana sonó cuando cruzó el umbral un momento, ya eran las dieciséis horas por lo que dudaban que alguien apareciera pronto… Joe se quedó detrás del mostrador, una mano apoyada en una de las cajas. Luo y Cyan se sentaron en el taburete de los clientes, hablando un poco.
Esa tarde la tienda estaba en calma, pero una calma diferente a los demás días… con nuevos amigos que se habían reunido para escuchar las historias de Joe sobre el rock y viejos anécdotas de festivales que ya no se permitían hacer, buenos y viejos tiempos. Joe miró su reloj de pulsera… las cuatro y diez. Un día más en Joe’s Rock Shop con un “robo”, una disculpa sobredimensionada, un almuerzo, una selección de recuerdos. Nada extraordinario, solo la crónica de un pequeño mundo que, contra todo pronóstico, persistía.
El sol de la tarde filtraba por la ventana de la tienda “Joe’s Rock Shop”; un año había transcurrido en Eastwood, el paso del tiempo se veía en la amistad de ellos, en la mirada más serena de Mitsuki, que acababa de cumplir diez. La vida en Eastwood mantenía su ritmo apresurado.

En esa tienda vacía resonaban los zumbidos ásperos de dos guitarras eléctricas conectadas a pequeños amplificadores; Cyan movía sus pequeños dedos en las cuerdas, intentando aprender una nueva canción con dificultad, el power-chord de Do (C5) en el 3er traste de la 5.ª cuerda para “Smoke on the Water” de Deep Purple; a su lado, Luo ajustaba la clavija de afinación con el ceño fruncido, concentrado en lograr la tensión perfecta.

Mitsuki observaba desde un taburete, con un semblante tranquilo, sus ojos seguían el movimiento de las manos de Cyan, el recorrido de los dedos de Luo sobre el mástil.

—El puente de esta está demasiado alto —murmuró Luo, sin levantar la vista.

Cyan respondió con un rasgueo disonante, seguido de una risa breve. Mitsuki no dijo nada, se inclinó hacia delante y giró ligeramente el mando de volumen del amplificador de Cyan y Luo, emparejando sus sonidos, sonaba genial a sus oídos aún inexpertos. Los tres compartían el mismo deseo, un anhelo que no necesitaba palabras… el crujido de la corriente a través de los altavoces, la vibración cruda que recorría la madera y se clavaba en los huesos. Soñaban con el peso de un mástil delgado y los controles de metal bajo sus palmas, con la posibilidad de llenar el desván, y tal vez el mundo, con un sonido que fuera solo de ellos.

Practicaban así, creando una cacofonía. Los acordes eléctricos, a veces desafinados, chocaban contra las progresiones limpias de Mitsuki, fundiéndose en algo extraño y prometedor. Los tres tenían talento y callos por haber tocado tan duro por un año entero, con clases particulares de Joe.

Joe observaba desde detrás del mostrador mientras apagaba una colilla en un cenicero abarrotado de colillas de cigarros y el polvo, mientras daba una calada profunda.
—Han progresado bastante bien este último año, pensar que antes eran unos niños. Ay… me llenan de orgullo.

Cyan sostenía la guitarra, sus dedos encontrando las posiciones con menos vacilación que meses atrás. El power chord de Do resonó, seco y contundente, un logro pequeño, pero visible en la ligera elevación de su barbilla ante las palabras del dueño de Joe’s Rock Shop.

—¿Así o más fuerte? —preguntó, girando el control de ganancia hasta el límite. Un feedback agudo llenó el espacio.
—Así vas a hacer que Joe nos eche —dijo Luo, pero una sonrisa traviesa asomaba en su rostro. Dio un golpecito a la pastilla de su propia guitarra—. Aunque quizás así no oiga tocar a Mitsuki.

Luo, sentada en un banco de práctica, dejó que un arpegio limpio y cristalino fluyera desde sus cuerdas. Mitsuki se mantenía en silencio, observando. Miraba a su tío, que soplaba el humo hacia el techo con una expresión impasible.

—El feedback es un recurso, niños —masculló Joe, encendiendo otro cigarrillo—. Pero ese que acabas de hacer estás haciendo llorar a mi bebéeee.

Cyan bajó un poco el volumen, aun así, no soltó la guitarra. Luo probó un bend en la tercera cuerda, estirando la nota que hizo que Mitsuki escondiera una sonrisa detrás de su mano.

—Tu bend suena a gato pisado. ¡Luo el creído! —comentó Cyan, sin mirarlo.
—Es estilo —replicó él, haciéndolo de nuevo, aún más largo—. Tú tocas como manual de instrucciones.
—Y tú como si no lo hubieras leído.

La discusión era algo cotidiano, carente de verdadera hostilidad. Los sonidos ásperos y los suaves se enredaron en el aire lleno de humo, creando algo coherente, momentáneo.

Cyan respondió con otro rasgueo. Esta vez, las yemas de sus dedos cortaron el sonido de las cuerdas sobrantes a tiempo. Un golpe de sonido, compacto y agresivo, llenó el espacio entre ellos junto a una sonrisa fugaz que cruzó por su boca.

—Esa canción —comentó, la voz ronca por el humo y el desuso matinal—. La primera vez que la toqué en vivo, el dueño del bar me tiró un vaso. Pensó que estábamos provocando una pelea.
Cyan bajó la guitarra, el mástil todavía caliente bajo su mano.
—¿Por qué? —preguntó expectante. Este año había estado lleno de charlas sobre anécdotas de Joe y habían conocido bien a Habin.
—El bajo. Demasiado alto, demasiado sucio. Vibraron los estantes de licor y dos botellas de Ginebra se cayeron —Joe aspiró una calada profunda, soltando el humo hacia el ventilador del techo, que lo disipaba en remolinos lentos—. Nos pagaron la mitad y el bajista se enfadó. Quería pelear con el dueño.
—¿Y tú? —Luo dejó que su guitarra colgara de la correa.
—Yo recogí el dinero y le dije al dueño que la próxima vez le tiraríamos nosotros la botella… —una tos seca le sacudió mientras intentaba reirse—. El batero lo insultó de arriba abajo. Sobra decir que fuimos vetados de ahí.
—Pues yo quiero disparar ahora —declaró Luo, y giró el control de ganancia de su amplificador hacia la derecha, hasta el tope. Antes de rasguear, un chillido agudo y penetrante se apoderó del local, hizo vibrar los cristales de la ventana.
—¡LUO! —la menor se llevó una mano a la oreja, con una mueca exagerada—. Deja de jugar, nos dejaras sordos y nos echarán.
—No voy a echar a nadie —sonrió Joe, aunque cerró los ojos contra el sonido estridente—. Pero ese chillido no es música, es caos y romperás todo. Tendrás que trabajar aquí por diez años si rompes algo, niño.
—Esta bien, está bien. Lo haré más suave.
—Prueba otra vez —indicó Joe, señalando con el cigarrillo—. El acorde, sin pretender demoler la tienda.

Luo asintió. Respiró hondo y colocó los dedos en posición: índice en el tercer traste de la quinta cuerda, anular en el quinto traste de la cuarta; después deslizó el índice al quinto traste de la quinta y repitió el patrón, pulsando cada power-chord del riff de “Smoke on the Water” con la misma cadencia grave que resonaba en la tienda vacía. Su muñeca estaba tensa y recordó las palabras de Joe de la semana pasada: « relaja la mano; no estás estrangulando al instrumento, lo estás guiando ». Dejó que la presión cediera un milímetro. Entonces apretó la púa y golpeó las cuerdas, una a una, limpias y decisivas.

El sonido fue mejor: menos apretado, más abierto. La distorsión envolvió las notas sin ahogarlas, dejando que cada golpe respirara y vibrara con su propio aire.

—Bien —fue todo lo que dijo Joe. Era un elogio alto en su boca.

Cyan, sin querer quedarse atrás, puso el índice en el quinto traste de la quinta cuerda y repitió el mismo patrón de power-chords, dos trastes más arriba que Luo. Después, en vez de seguir, descendió al tercer traste, reforzó el riff original y, como colofón, apoyó el anular en el séptimo traste de la tercera cuerda y la dobló: la nota se alzó, gimió, subió de tono y luego cayó, avanzando sobre la distorsión de los demás.

—Eso suena forzado —comentó Luo, sin apartar la vista de sus propios trastes.
—Se llama apropiación —replicó Cyan. Lo intentó de nuevo; esta vez, en vez de sacudir, apretó la cuerda contra el traste y la hizo temblar con un vibrato lento y regular, la nota respirando dentro de la distorsión.
—Suena a que la apropiación es de dolor.
—Préstame eso cinco minutos —musitó Mitsuki sin levantar la voz. 

Luo se quitó la correa y la pasó por encima de la cabeza, de inmediato, Mitsuki la colgó de su hombro izquierdo; el cuerpo le quedó grande, pero el equilibrio fue exacto. Giró el selector de pastillas al medio, bajó el tono a cero y subió el volumen despacio. El amplificador sonó perfecto, esperando por rugir.
Primero repasó el riff de “Smoke on the Water” dos veces, limpio, sin distorsión, las notas sonaron perfectas, cada palm mute exacto. A la tercera vuelta pisó el overdrive; el sonido creció, se hinchó, ocupó toda la tienda.  Cuatro compases después abrió el delay, cada power-chord dejó un eco que rebotó entre los estantes de discos. 
Joe encendió otro cigarrillo y se recostó contra la pared, el humo llenó sus pulmones junto a una sonrisa y el pie marcando el ritmo del cover de Deep Purple. Estaba orgulloso de Mitsuki, su sobrina, y por supuesto, de Luo y Cyan.
Mitsuki dio un paso más… soltó la mano izquierda del mástil y dejó que la cuerda vacía de Mi grave sonara; con la derecha golpeó la púa contra el puente, produciendo una armonía que chilló un segundo ante de desvanecerse.
A partir de ahí construyó un bucle de ocho compases: riff, armónico, acorde de Ré5 sostenido durante dos tiempos, retorno al riff. 
Cada vuelta añadía una capa… primero un trémolo suave en la tercera cuerda, luego un slide ascendente hasta el duodécimo traste, después un bend pre-bend en la segunda cuerda que soltó justo a tiempo para que el eco lo repitiera una octava arriba.
El volumen subía gradualmente. Joe no intervino; solo movía la cabeza al compás. 
Cyan se sentó en el suelo, la espalda contra un altavoz y Luo estaba totalmente concentrado en los movimientos de mano de Mitsuki, se notaba que ella era una chica talentosa.
Mitsuki cerró los ojos. Diez minutos después aún no había dicho ni unauna sola frase. 
Pasó del riff a una progresión de Do5   Sol5   Fa5   Sol5, siempre en negra, siempre en el quintillete del delay. 
A mitad del recorrido cortó el overdrive y dejó solo la señal limpia; el contraste hizo que ambos chicos la miraran impresionados y Joe sonrió ampliamente, aún calando su cigarro.
Entonces pisó el fuzz Mitsuki, el sonido se volvió casi sintético. 
Joe sonrió de medio lado, apurando otro cigarro a sus labios.
—En el mil novecientos noventa y cuatro, en el festival de Carson, pusieron a Sonic Youth después de los Ramones. El cambio de sonido fue tan brusco que la gente se tapó los oídos. Al tercer tema ya nadie quería irse. 
Mitsuki abrió los ojos, lo miró y siguió. 
Añadió otra capa más, con el slide de metal que guardaba en el bolsillo recorrió la primera cuerda desde el tercer traste hasta el diecisiete. 
—Ese fuzz —dijo Joe entre dos bocanadas— es el mismo que usó Thurston Moore cuando partió la mitad del mástil contra el monitor. No por show,se le atascó el slide y el tipo prefirió convertirlo en ruido antes de dejar de tocar. La multitud pensó que era parte del tema… después, en camerino, le tuve que prestar mi Jaguar porque la suya quedó con el mástil en forma de L.
Inmediatamente después palm muteó el riff de “Smoke on the Water” una vez más, pero esta vez en compás de 5/4, desplazando el acento y haciendo que todo el tema sonara ajeno a sí mismo.
—Y ese compás de cinco —agregó Joe sin apartar los ojos del humo que subía— lo usó Black Sabbath en el set secreto de aquel mismo festival. Nadie lo notó hasta que el baterista se descolgó y Geezer se pegó un codazo contra el mástil. El público pensó que era un error; ellos lo habían ensayado así para joder al técnico de luces.
Veinte minutos, el sudor le corría por la sien a Mitsuki. El amplificador empezaba a calentarse; el ventilador interno zumbaba más alto y Joe fue hasta la nevera, sacó tres botellas de agua y las dejó sobre el mostrador sin interrumpir. 
Cyan abrió la suya y siguió golpeando el ritmo con el pie. 
Treinta minutos, el bucle ya no era “Smoke on the Water”; era una pieza propia que usaba el riff como columna.  Mitsuki introdujo arpegios ascendentes en la escala de Do mayor, luego los convirtió en acordes de séptima disminuida, después en tritono.  Cada cambio era limpio, sin titubeos. 
Joe apagó el cigarrillo y habló sin alzar la voz: 
—En el ochenta y siete tuve una Stratocaster que solo afinaba si la dejaba boca abajo toda la noche. Un día abrí para una banda tributo a Jimi Hendrix y la pobre se desafinó al segundo acorde. Tuve que tocar todo el set con la palanca del vibrato pegada al cuerpo. Al público le encantó.

Mitsuki sintió cómo el pulgar le temblaba y apretó el último acorde, dejó que el delay lo tragara y levantó la mano derecha. Mientras intentaba seguir con la improvisación basada en “Smock on the Water” la púa resbaló entre los dedos y cayó al suelo. Los dedos le hormigueaban, ya no sentía las yemas después de tanto esfuerzo.

Joe apagó el cigarro en el cenicero y habló sin mirarla, añorando viejos tiempos.

—En el ochenta y ocho, en el estadio de Oakland, David Gilmour pinchó tres púas seguidas durante el solo de « Comfortably Numb » y no paró, siguió con los dedos.

Luo tomó la botella de agua fría que el hombre les trajo de la nevera y la arrojó hacia Mitsuki. El plástico golpeó el antebrazo de Mitsuki. Ella dejó la Jaguar colgando sobre la correa y tuvo que flexionó los dedos varias veces, cerrando los ojos. El zumbido de los amplificadores fue lo único que quedó, después de unos segudos flexionó cada dedo; los nudillos crujieron.

Joe encendió otra vez un pitillo, aspiró y soltó el humo hacia el techo.

—En el sesenta y cinco, en el Knebworth Fair, Pink Floyd terminó con «Eclipse». La batería de Mason se desafinó a mitad del tema. No se notó, el público cantaba tan fuerte que tapó el desastre. En camerino, el técnico tuvo que cambiar todos los parches con cinta americana. Qué buena cinta, ¿eh?

Cyan recogió la púa, la limpió con el pantalón y se la devolvió; Mitsuki la guardó en el bolsillo, a su lado, Luo afinaba la cuarta cuerda de la otra guitarra; el afinador marcó verde.

Joe se recostó en el mostrador, expectante a lo que harían ahora sus pupilos.

—En el noventa y tres, en Roskilde, The Smashing Pumpkins abrieron con «Cherub Rock». El escenario era barro puro, el técnico resbaló, tiró la consola y cortó mitad de luces. Corgan siguió tocando sin monitores. Terminaron el set a oscuras. El público encendió mecheros. Sobra decir que nadie se fue.

Luo probó un bend en la segunda cuerda, el sonido quedó estable.

—En el noventa y nueve, en Woodstock, Red Hot Chili Peppers tocaron bajo lluvia. Flea se descalzó, pisó un cable desnudo y recibió una descarga. El concha su mare saltó un metro, rió y siguió. Después le revisaron quemaduras de segundo grado.

Cyan tomó la guitarra de Mitsuki, mientras estaba recuperaba el aliento y ajustó el selector de pastillas. Dio un acorde de Mi5, lo dejó sonar.

—En el noventa y seis, en el festival de Reading, Oasis canceló a última hora. Radiohead ocupó el hueco y Thom Yorke perdió la voz tras el tercer tema. El público cantó el resto a todo pulmón, la banda siguió sin él. Terminaron con «Creep» y Yorke lloró detrás del amplificador por todo el amor y cariño que le tenía el público.

Mitsuki siguió bebiendo del agua fresca, aún con el sudor corriendo por su rostro y sus dedos recuperándose del esfuerzo de haber sostenido la música por más de treinta minutos.

—En el ochenta y cuatro, en el Live Aid, Queen tocó veinte minutos. Brian May usó una moneda de cincuenta peniques como púa. La perdió al final de «Hammer to Fall» y no la encontraron más.

Cyan probó un slide con el dedo meñique, el traste doce sonó claro.

—En el setenta, en el Isle of Wight, Hendrix tocó al amanecer. El generador falló dos veces y a la segunda, él siguió tocando sin amplificador. El público escuchó solo la cuerda abierta, ese sonido crudo hizo que cuando volvió la corriente, el público estalló el aplauso. Esa parte no está en ningún disco, se sabe del boca en boca —podía seguir por horas con sus clases de Rock en el mundo, pero su voz también se sentía cansada—. Descansen por hoy, mañana eensayan «Paranoid», sin distorsión hasta que lo pida.
—Joe ehm… —musitó tímidamente Cyan, quitándose la guitarra de encima—. ¿Podemos practicar Take Off? Mañana haremos una pequeña presentación con Luo en el orfanato y queríamos la apreciación de ustedes dos…
El mencionado abrió la boca, soltó un humo tenue y se rascó la escasa barba de su mentón.
—Take Off quiere decir tempo firme y voz en tono. Ensayan mañana a las ocho. Traigan la guitarra limpia y afinado, yo abro la tienda y escucho una sola vez. Si fallan, repiten hasta que no fallen.
Cyan y Luo guardaron sus guitarras con más cuidado del habitual, Mitsuki colgó la Jaguar en el soporte y se quedó mirándola un segundo de más.
Cyan se sentó en el suelo, apoyó la espalda contra el amplificador y estiró las piernas. Luo agitó la mano y sopló sobre los dedos, ya habían practicado bastante ese día.
—Mañana no lleguen tarde —dijo, sin mirarlos—. Y afinen antes de tocar.

Nadie respondió, no hacía falta, Cyan y Luo estaban emocionados por practicar Take Off antes de tocar frente a todos los del orfanato.

Cuando salieron, el sol ya estaba bajo. Mitsuki los despidió desde la entrada con la mano, Luo y Cyan también, hasta que se perdieron al doblar en una esquina; Joe apagó la luz de la tienda y se quedó un segundo más, solo. Después subió por las escaleras hasta la cocina. Ya tenía hambre.

—Estoy muy nerviosa —musitó Cyan, caminando al lado de Luo.
—Es normal —respondió Luo, con las manos en los bolsillos de su abrigo—. Siempre lo estarás antes. ¿No te emociona, Santa?
—Para nada, no me siento preparada.
—Nadie lo está. Estar listo significa estar dispuesto a fallar en vivo, lo importante es afrontar juntos los errores y poder avanzar. Somos solo tú y yo, Cyan.
—¿Crees que noten nuestros errores?
—Quizás. Pero no lo tratemos como un error. Aprendamos a tocar con esos errores sobre la marcha.
Al día siguiente el aire se sentía diferente y los nervios a flor de piel, hoy, después de todo un año de esfuerzo, iban a demostrar de lo que estaban hechos; fueron puntuales a la tienda “Joe’s Rock Shop” y practicaron hasta el medio día Take Off, aunque no era perfecta y, en el escenario, los nervios seguramente jugarían una mala pasada, Joe los tranquilizó con sus típicos anécdotas de conciertos a los que había asistido o visto en Lives.
Cyan entró primero, luego Luo, después Mitsuki bajó por las escaleras una vez oyó las voces de sus amigos; Joe les tendió loa cables y señaló los amplificadores sin decir nada. Los chicos del orfanato afinaron en silencio, contaron cuatro pulsos y arrancaron Take Off. La primera pasada pisaron el cambio de 7 5 3 0; Cyan soltó la nota demasiado pronto; en la segunda Luo entró un tiempo antes y el metrónomo quedó solo y en la tercera Cyan perdió el pulso en el puente y dejó sonar el G7 cuatro golpes de más.
Joe encendió un cigarrillo, apoyó el codo en el mostrador y habló sin mirar.
—Otra vez. Repitan desde el inicio y Cyan, ve tarareando la canción.
—¡S-sì! —susurró nerviosa, iba a cantar mientras Luo tocaba.
Joe dio una calada y soltó el humo rápidamente.
—Desde el principio. Cyan, cuenta en voz alta cada compás, si te pierdes, empezamos de nuevo.
Cyan respiró hondo y golpeó el mástil con los nudillos.
—Uno, dos, tres, cuatro.
Bajaron el tempo a ciento treinta, el riff sonó entero y Joe no dijo nada; solo señaló el puente con la cabeza. Cyan marcó los cuatro golpes del G7, Luo cerró con el A7 en tiempo. Al final del tema Joe apagó el amplificador.
—Listo. Guardan los cables, se comen algo y suben al escenario a las tres.
A solas, Luo y Cyan seguían practicando hasta el último momento, estaban convencidos de que Mitsuki y Joe irían a verlos, no podían defraudarlos, querían ver sus sonrisas de orgullo.
—¿Crees que lo haremos bien? —la duda inundó la cabecita de Cyan.
—Relaja tu voz y da todo de ti, Santa —él estaba alegre, como siempre.
Contó cuatro pulsos y el riff de Take Off explotó bajo las manos hábiles de Luo; Cyan tensó los hombros, tratando de entonar suavemente la canción para no exigir de más a su garganta. En el slide del 5 al 7 en drop-D, el índice de Luo se le fue. La A# chilló y siguió al cuarto compás del puente.

“I'll be taking actions, no distractions. I just wanna be who I wanna be. I don't need exceptions, no delusions. Chance is only once, you know”.
Joe salió por la puerta trasera que daba al callejón a fuma más, no podía dejar que el humo arruinara las cuerdas vocales de Cyan; olor a tabaco se mezcló con el del cubo de basura y Mitsuki sacó tres bolsas de arroz envueltas en papel de estraza y las puso en el mostrador.
Comieron de pie. Cyan masticaba rápido, los ojos fijos en la puerta, Luo revisaba la afinación de su guitarra entre bocado y bocado.
—Han practicado mucho ustedes dos y esa canción es simplemente magnífica —los apremió la sobrina.
—El puente de tu Strat —dijo Joe desde la puerta, hablando a Luo pero mirando la calle—. Lo tensas demasiado. Afinalo con más cuidado, crío.
Luo detuvo sus dedos en seco, repasando las indicaciones de su mentor.
—Si está más alto, suena mejor.
—Suena a que estás asustado, Luo —la media sonrisa de Joe de hizo presente, y entró. Su bota arrastró una hoja de arce seca.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Othinus on June 30, 2018, 07:40:51 PM
Aventura.
Primera parte.

Dibujó un  diagrama en el cuarto  que compartía con su prima Hakaze, ella detallo con detalles como debía ser la ascensión a la fama desde lo más bajo. ¿Cómo? Bueno eso es un secreto de la pequeña Yui con hambre de fama, gloria y Rock ‘n’ Roll. Ella tenía la habitación cubierta de posters de bandas y guitarras eléctricas más complementos regados por la habitación sin orden aparente y Hakaze sólo ocupa una pared con libros y un pequeño escritorio con varios cuadernos y un pequeño reloj de sol que trajo el tío de ambas chicas de las vacaciones a Egipto de Samon. 

“Oye, acomoda tus cosas”, le recriminó la mayor, Hakaze. Normalmente ella se ve envuelta en las locuras de Yui y el ánimo es como una ruleta rusa, que a veces está feliz otras, muchas otras más, la quiere asesinar despiadadamente.
“Más tardeeee” acostada en la cama, rodó para darle la espalda a la prima. “No me jodai”.
“¿Jodai? ¿Qué idioma hablas?” con las manos como puestas en las caderas, le dedicó la mirada más fría de todas. “¡¡Habla bien!!”.
“Déjame dormir cinco horas más, mañana es lunes y debo ir a clases” sentenció Yui.
“Ni hablar, el cuarto apesta a encierro”.

Las discusiones con Hakaze son para perder, que ella la golpearía si no la obedece no es nada nuevo y cuando oyó una cuenta regresiva “6… 5… 4…” seguido de un movimiento de muñecas y un sonido de las articulaciones, Yui de un salto se incorporó.

“Ya me tienes… ¿qué quieres?” bostezó y cambió el pijama rosa por un jean y una remera lisa sin mangas y blanca de algodón. Frescura. A saber, las órdenes de la prima fueron limpiar el cuarto pero ella se distrajo afinando las guitarras y eso provocó la ira de la otra chica.

“Chicas, ¿qué hacen?” con media sonrisa y una plancha de cocina, entró al piso y fue directo a la cocina, pasando por la sala, la habitación de las chicas y finalmente caminó directo a las hornallas, el hobby que adquirió el pelirrojo es el cocinar y con algunos libros abiertos  e ingredientes dispersos por la mesada.
“Matando a Yui” inquirió Hakaze con una escafandra en manos y acercándose a la pelirrosa peligrosamente,
“La cena estará lista en media hora” expresó el hombre y volvió a lo suyo, sin prestar atención a lo que pasa en el horizonte del departamento.
“¡Aaaah! Esperen, esta noche me invitaron a una presentación en el club  Ley.  Me tengo que preparar” dijo Yui, corriendo hasta el armario compartido con Hakaze y sacó algunas prendas que dejó sobre la cama desarmada.
“Hey, cuando se es menor de edad no puedes hacer estas cosas” suspiró la otra chica.
“Pero es una ciudad especial, una situación especial y yo soy especial” sonrió entrando al baño con prisa para bañarse y así tener tiempo para arreglar sus largos cabellos magenta.

Ley es de esos lugares que las bandas nuevas se presentan ante el mundo, dejando de ser una banda de garaje, un lugar donde buscar miembros para una banda y sobre todo socializar con otros músicos.

“Irás con Hakaze y punto final”. El punto final fue como un cierre la discusión, si no iba con ella, se quedaría a envejecer en la habitación.
“BIEEEEEN” gritó de mala gana y con sus borceguíes psiando fuerte salió de la casa, en las escaleras, Hakaze la espera para irse juntas.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Apple on July 31, 2018, 03:27:51 PM
Edito despues de comer D:

Chapter 2

Las noches caían en Eastwood tan rápido que sus habitantes apenas se daban cuenta y la vida seguía tan activa como en el día. Los centros comerciales estaban abiertos hasta media noche, las calles permanecían iluminadas con letreros de neón de todos los colores y había bares regados por toda la ciudad que nunca cerraban. No era raro encontrarse con un borrachín por la madrugada que se tambaleaba caminando  a casa.

Vivir en una ciudad tan activa solía llevarte a la dirección que menos esperas. Una noche eres un jovenzuelo medio vago que toca en cualquier bar donde le dan espacio y a las otras estas en una de las bandas de visual kei más icónicas del planeta. Para que luego, sin previo aviso, todo se venga al carajo la noche siguiente.

Tasuku estaba sentando a estilo indio fumando su tan deseado porro en su departamento. De su estéreo salían las notas de Born in the USA the Bruce Springsteen. A pesar de ser un músico influyente su loft reflejaba un estilo de vida ascética. Lo único en lo que no había escatimado gastos era en su estéreo, guitarras y su gran colección de discos. Por el momento estaba solo pero si tenía a la música nunca se sentía solitario. “Alone but not lonely…”

No obstante, esa noche se sentía melancólico. Tenía ganas de salir a tocar a cualquier bar donde lo aceptaran e incluso, tenía ganas de cantar con esa voz tan ronca que lo caracterizaba. Estaba considerando irse a un barcillo de cuarta a conformarse con escuchar a cualquier banda indie cuando tocaron a su puerta.

-¡Oi! Tatsu, soy yo- la voz juvenil, casi aniñada de Momotarou lo llamaba al otro lado de la puerta.

-Abre.

El chico abrió la puerta y entro con timidez. De todos sus compañeros de DeVilS, Tasuku era el que más lo intimidaba. Pero estaba medio borracho y se sentía confuso, y pensó que no había mejor persona a la cual recurrir en esos momentos.

-Permiso- hizo una ligera reverencia con la cabeza antes de sentarse junto a Tatsu.

-¿Qué pasa?

-No quiero ir a mi apartamento. Sé que no podré dormir esta noche y no quiero estar solo.

Tasuku asintió. Entendía perfectamente cómo se sentía el chico. Pero no encontró las palabras para consolarlo.

-¿Crees que este bien?

-¿Sakuya?- no era difícil adivinar a quien se refería el chico. El líder de DeVilS ocupaba los titulares en la sección de farándula y por lo visto la cabeza de todos.

-Mjm.

-Pues…- Tasuku ya había terminado su porro y el cannabis empezaba a hacer su magia – no tengo ni idea. Tengo 12 años de conocer a Sakuya y nunca tengo ni la más puta idea de lo que pueda estar pasando por su cabeza. Siempre mantiene su semblante “misterioso y romántico”. Ya sabes…

Momotarou no intervino. Escuchar a alguien que usualmente era reservado era fascinante.
 
-Tampoco sé porque decidió dejar la banda si eso era lo que venias a averiguar- dijo Tasuku mientras su compañero de banda se sonrojaba a su lado viéndose sorprendido –pero sé de alguien que puede decirnos-

Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Othinus on July 31, 2018, 07:14:08 PM
SRY TOOt volvere a editarlo  :'( el tiempo me mata


(01; b)

Erio colocó las maletas sobre la cama, en realidad las literas occidentales nunca le gustaron y por ello se encargó de enrollar un futon de invierno y despejó el armario de las perchas para hacer lo que ella conoce como su rincón o espacio personal, donde dejar el lado creyente de los ovnis salir hacia fuera.  Hizo tanto ruido y bullicio en el cuarto que el abuelo cayó para ver que hace.

“¿Erio?” comenzó a buscar en todas partes con la vista y se dio de bruces con un cuarto vacío y todo desordenado. Él preparó el cuarto para su nieta, le colocó algunos muebles de pino listos a ser pintados del color que ella quisiera, una cama cómoda y amplia de una plaza y media y un pequeño televisor de veinte pulgadas por si quería ver algo; ella normalmente carga la portátil y el celular, o eso penso, hacía tanto que no la veía.
“Por aquí, por allá un loro te saludará” se asomó desde dentro del armario, medir metro cincuenta y cinco tiene sus ventajas, a veces, y ella lo aprovechó en esta ocasión y situó el futón dentro del mueble, junto con algunas cosas más. “Abuelo, necesito más cables para conectar artefactos de mucha… suma… importancia”. Seguía sin moverse del armario y lo miró de reojo; los ojos gigantes y azulados de ella parecían engullir todo al paso, hasta traspasar el alma cristalina del ancianito.

“¿Cuántos?” preguntó sonriente.
“¡Muchos, muchísimos!” respondió con cara reservada y un tono de antipatía total. “Quiero conectar también mi máquina de coser. ¿Cuándo llegaran mis cajas?”.
“Uh” rascó la cabeza ya casi calva. “La próxima semana, hay que ir a anotarte a la Universidad y terminar los papeleos”.
“¡Oh! Con poder evitar que mi información se filtre a la red o a los chinos, rusos o norteamericanos me es suficiente. Papeleos pueden esperar”, sonrió Erio y se escabulló dentro del mueble. “Dormiré unas horas, abue”.

El viejito sonrió amablemente y se despidió de la niete cerrando suavemente la puerta, por piedad a su cordura evitaría hacerle preguntas sobre conspiraciones en futuros cercanos y posiblemente lejanos. Suspiró y fue a la cocina para hablar con la esposa.  Ella hace la cena con alegría, al fin sería una familia grande, como siempre lo quiso ella, de cuatro personas: su hijo menor, la nieta y ellos dos. Todo brilla con una luz diferente para la familia Inuyashiki.

“Hay cerveza en la nevera, querido” le expresó ella mientras revuelve una olla con una cuchara de madera.
“Creo que Erio está mal” rascó la barbilla mientras saca de la heladera una lata de alcohol. “Muy mal y necesitamos comprar enchufes para ella, los pidió”. Sentado ya en la sala, sobre un cómodo diván encendió la televisión y colocó una película de los años noventa. Todo bien, ¿se habría caído de la cuna de bebé? Pero la recordaba cuerda en la infancia… ¿cuándo se volvió así? Recapacitó y echó a reír suavemente recordando las locuras de antaño de ella.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Othinus on August 31, 2018, 05:42:13 PM
VIVIENDO AL LÍMITE SRY  :'(

(1; c)

«Ley.»

Repitió mentalmente y uff, la mente del chico divago. «¡¡¡LEY!!»  «¡L-E-Y!»  Canturrea mientras camina por la cálida noche de verano de la ciudad. «¡Leeey—!»  Seguía y seguía haciendo paso entre el gentío que se reían por lo bajo de él. La vestimenta “Terminator” con una musculatura de alambre y gafas de sol más oscuras que su alma no le queda, para nada. 

Lo sabe y la opinión se la pasa por el arco del triunfo, ¡¿quién necesita la opinión de lo demás!  Bah, con eso jamás comería. Como un RRPP VIP del local, sí.

“¡Aaah mi amado Ley!” suspiró al ver el local, aún  cerrado y con gente en la entrada esperando el ingreso. Un día mágico, un día especial; tendrían bandas en vivo, tres, dos de renombre y una en ascenso. 

Metió un pitillo en la boca y expulso todo el humo en un santiamén. Uff, otra cosa que adora, aparte de Ley, es el cigarro. Fumar como chimenea le es normal, a él y todo quien lo tenga al lado.

Otro cigarrillo y otro, antes de ir al local fumaria en la esquina, allí donde dobla el viento. El alma se le encogió al ver como las puertas abrían de a poco y un bouncer de musculatura marcada se colocó frente a la cola. La noche comenzó.

Avanzó y ante la mirada de todos los presentes, saludó al hombre de custodia levantando el cigarro.

“Buenas, Mr. Muscle~”  le dijo, llevando el cuarto pitillo a la boca. “¿Cómo va todo?” 

El otro lo miró y arrugó el labio con cierto asco, admitía que Badou traía gente pero esa apariencia… too much.

“Mal, tuvimos que aumentar la bebida… adentro es un caos y Reika no sabe cómo se lo tomará la gente. Mary anda antipática…”
“Oh” tiró la colilla y luego la aplastó con el zapato “que cosa…  ¿andas más preocupado por la ganancia o Mary” le dedicó una risita a lo que el otro respondió tartamudeando con las mejillas rojas.
“Al fin vienes” de adentro salió un rubio despampanante con un traje carísimo hecho a medida por un sastre. “El grupo de cuarta que invitaste está desaparecido” suspiro, por eso trabajar con novatos siempre le pareció un inconveniente.
“Llamaré al imbécil de Eiji, seguro se peleó con el segundo guitarrista…” suspiró. Algo normal en el pelirrojo de Eiji, ellos solo eran una banda de garaje, antes mucho antes, había sido un guitarrista de primera, hoy solo la sombra de lo que alguna vez fue. “Lo siento Hikawa, Eiji mantiene el temperamento de diva”.

Hikawa es el jefe, el dueño de su amore, de Ley, y por aprecio al buen nombre y fama del local, lo arrastraría, si era necesario, al puto escenario. ¿Cómo se atrevía a fallarle así? Su culpa, por confiar en un treintañero de cuarta con un local de instrumentos en una calle paralela a la gran avenida.

Antes de seguir maldiciendo y nombrando a los mil y un demonios, un utilitario blanco aparcó delante de Ley. Esto hubiera sido motivo de una llamada directa a la policía de tránsito, si no fuera porque dentro Eiji le hizo una señal con la ventana baja.

“Bastardo” le sonrió Badou corriendo hasta la cabina. “Pensé que estarías bajo la cama, temblando como un marica”.
“Que poca fe” le gritó frunciendo el ceño y suspirando. Hoy le había pasado de T-O-D-O. “Atrás está el equipo y los demás, te presento a la bajista de reemplazo” la señaló.

Hundida en el asiento de acompañante le dedicó una mueca forzada. “Murasaki, es un gusto…”.
“Ya, vayan a prepararse, serán los segundos y ya no hay tiempo para ensayos” suspiro Hikawa. “SUERTE~”.

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El escenario, como siempre, luce impecable; con luces paseando por toda la tarima y los encargados colocando los instrumentos para el primer grupo; Badou aspiró el aire a limón del ambiente que pronto será manchado por alcohol y tabaco, incluso sexo si alguien en el baño se animase a tal salvajada.

“Eiji el bastidor está por allá” le señaló unas escaleras con forma de caracol y enseguida este se dirigió hacia allí con el resto de integrantes.
“Esto va mal, muy mal” corriendo, una mujer voluptuosa se pasea entre el personal de limpieza.
“¿Qué sucede Reika?” la detuvo en seco sujetándola por la muñeca.
“¡Badou!” le abrazó amistosamente “eh, los precios se dispararon y hay que corregir los precios de las bebidas”.
“Tranquila, mujer” apartó sus brazos de ella de inmediato y se alejó unos centímetros, Reika siempre parecía apoyarse en alguien y la víctima de esa noche era él… “Hikawa dijo que dejará entrar damas gratis para incentivar a la gente, hay que ver qué pasa”.

Yui tomó de la mano a Hakaze y ambas comenzaron a correr hacia la entrada de Ley, fuera ya sólo quedan algunos renegados que aún no entrarían o no hasta que el grupo de renombre de esa noche tocase.
“¿Cómo piensas entrar, Yui?” la miró mientras sus pies seguían el paso de la otra.
“Fácil, hoy toco. Saki dijo que entramos en segundo lugar y ya casi termina el primero so… ¡¡CORREEEE!!”.
“¡Alto, alto! Dijiste que sólo vendrías de invitada no a tocar… ¿Saki? ¿Quién es? ¿De dónde la conoces?” comenzó a interrogar la prima.
“¿Esperabas que trajera una guitarra para hacerme la rockstar?” comenzó a reir mientras llegaron con el guardia. “Vengo con Eiji, el tipo de ceño fruncido y chino teñido a full”.

Él la miró, dejar pasar a una menor que a leguas se nota la multa que le pondrían a Ley si ella entrase le hizo tragar saliva, por otro lado el que tuviera que tocar pronto, a minutos, le hizo agachar la cabeza y dejar el ingreso libre.  Peor  Hikawa que una pequeña coima y casi nunca se hacían controles.

Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Miyu on September 30, 2018, 07:29:24 PM
(https://64.media.tumblr.com/3e7b89074befdbaf61bffc7fa31c7a59/6016c93c8e46bd26-db/s540x810/5c64f2e2c23fb11ff799afdf43940469260f03d0.gif)

4.5 # Take Off.

A las dos y media cargaron la furgoneta con algunos paquetes de entrega para el correo y el amplificador, Joe manejó, con Mitsuki a su lado y Cyan y Luo en la parte trasera, el sonido del motor ahogaba cualquier charla que quisieran tener, pero también disimulaba los nervios de Cyan.

Este era su momento. No para pedir permiso ni para explicar nada, para gritarle al orfanato —a los pasillos, a las normas, a las voces que siempre sabían qué era lo mejor para ella— que ya no era una niña. Que no iba a volver a repetir canciones ajenas en un coro interminable ni a sonreírle a personas que solo se acercaban cuando querían algo de ella. Cyan apretó los dedos, sintió el temblor en el pecho y dejó que el ruido hiciera el resto. No sabía exactamente qué iba a ser después, pero sabía una cosa, que no iba a volver a ser la misma.

Ni ella ni Luo.

Nadie decía nada. Luo apretó la funda de su guitarra contra el pecho, mientras el coche llegaba al orfanato que apareció al final de un camino de gravilla. El sonido llegó primero… un órgano eléctrico saliendo por los altavoces distorsionados del salón de actos. Una voz de mujer, aguda y dulce, guiaba una canción…  Alabare, alabare…

Joe estacionó en un lugar oculto, pero de fácil acceso por si algo salía mal en esa presentación, después de todo ellos no tenían permiso para tocar en el Orfanato y seguramente acarrearía muchos problemas ir contra la música episcopal

Apagó el motor. El silencio que dejó fue llenado solo del canto lejano.

Mitsuki fue la que bajó primero, abrió la portezuela con cuidado y Cyan se quedó en el asiento con la mirada de Luo que la observaba desde el otro lado. Sus dedos jugueteando contra la funda de la guitarra.

—Bajen, es ahora o nunca —musitó Mitsuki.
—¿Saben? Esto me recuerda a los Electric Prunes en el sesenta y ocho —relató Joe, buscando un paquete de cigarros en su chaqueta—. Esos tipos se metieron en una iglesia en Las Vegas para tocar una misa psicodélica que habían grabado. Querían ser espirituales, pero no podían dejar de ser rockeros.

Hizo una pausa, mientras prendía el cigarro y los llevaba a sus labios. De fondo el ruido de la misa, el coro y las voces saturadas llenaban el ambiente.

—Llegaron con unos amplificadores que habrían hecho sangrar los oídos de cualquier santo. En cuanto empezaron a tocar, el volumen era tan brutal que la acústica de la iglesia se volvió loca. Las luces parpadeaban, los equipos hacían cortocircuito y los fieles no sabían si estaban ante Dios o ante el mismísimo diablo. Estaban tan drogados y confundidos que ni siquiera pudieron terminar las canciones, pero ese desastre... ese ruido, se quedó grabado en las paredes para siempre.

Joe les dedicó una última sonrisa de medio lado, ajustando su bota sobre la alfombra de la furgoneta.

—Así que no se preocupen por las normas o por si el sonido se rompe. Aquellos tipos demostraron que, a veces, la única forma de que te escuchen allá arriba es haciendo que el suelo tiemble aquí abajo. Vayan —sentenció—. Hagan que esas paredes sean suyas por un rato, sin miedo al desastre.

Cyan movió la cabeza, asintiendo y Luo empujó se calzó la correa de la guitarra, el aire frío persistía otro año más, junto al olor a tierra mojada mezclado con el olor a mirra y otros más que no supieron distinguir. Caminaron hacia la entrada trasera, el cantico se hizo más fuerte… “alabare, alabare, alabare...”

—Por aquí —señaló Mitsuki hacia un pasillo a la izquierda, se tuvieron que despedir de Luo y Cyan.
Mientras entraban a la misa, una mujer los miró a Joe y Mitsuki, los prejuzgó como esos raros que vendían discos en una época dónde rara vez se compra uno y menos original. Enviados del diablo y pobres.

Joe la saludo con la cabeza y continuó al lado de Mitsuki. Él no era particularmente religioso, aunque si Budista… los asiáticos en general lo eran y menos prejuiciosos, eso seguro.
Mientras tanto, Luo y Cyan se metieron por la puerta de servicio. El canto venía del fondo, más fuerte. Pasaron junto a la cocina, dónde una monja revolvía una olla. Los miró, pero nadie se atrevería a retar a Cyan.
El coro repetía: alabare, alabare. Voces de niños, voces de ancianos, coreando al ritmo del órgano que marcaba el compás. Luo apretó la correa del estuche y Cyan tocó la pared con los dedos, como contando.
Mitsuki y Joe llegaron a una puerta doble, al otro lado, estaba la capilla imponente y pulcra, blanca… filas de bancas, gente de pie, un crucifijo grande, luces violetas, papel picado blanco. El aire olía a incienso y a cera derretida.
Cyan abrió un poco una de las puertas traseras, por dónde entraban los chicos del coro y vio el altar. Un niño con sotana blanca agitaba un incensario. El humo subía en espiral y el padre, de espaldas, levantaba las manos.

—Alabare a mi Señor...

Cyan se colocó la sotana blanca y una máscara en su rostro, debía colarse primera para empezar su canto a capella y que los demás dejaran el escenario.  Ella entró y el órgano cesó. La incomodidad de Cyan era visible, aún así recuperó la compostura y avanzó al centro del escenario, uno de los niños le entregó el micrófono antes de bajar.

El chico se apartó sin mirarla y Cyan quedó sola bajo la luz violeta que se atenuó hasta volverse blanca... una “santa”. El murmullo bajó de inmediato, alguien tosió. El padre giró la cabeza hacia quien tosió, cejas arqueadas, pero no habló.

Cyan apretó el micrófono, primero iba a fingir cantar y cuando el padre estuviera lejos… Take Off! La máscara le sudaba contra la cara, inspiró nerviosa. El primer sonido salió ronco, como si la garganta se le hubiera olvidado el camino. Dio un paso.

“Ohhh, ohhh amazing grace, how sweet the sound. That saved a wretch like me I once was lost, but now am found. Was blind, but now I see”

El padre sin sospechar nada se alejó hacia la primera fila de bancos y se sentó; Luo saltó al escenario con la Strat agarrada por el mástil. El drop-D retumbó antes de que los pies tocaran el escenario, un rasgueo seco en vacío. Aterrizó de cuclillas, el amplificador rugió el A#5 del primer compás y el riff de Take Off salió entero, sin conteo, sin mirar atrás.

“Nothing matters if I fight for my dreams. I'm never giving up on myself. Every moment of my life. I'll carry it on to my highway”

El eco rebotó en las paredes blancas… los niños del coro se giraron y una monja agarró el rosario.
Los dedos de Luo se cerraron en el másti, Índice en la quinta cuerda, tercer traste; anular en la cuarta, quinto; meñique en la segunda, sexto. El slide fue un latigazo: del traste tres al siete sin respirar, la palma de la mano derecha golpeando las cuerdas en mudo entre cada nota. El A # 5 vibró en los clavos del techo.

Cuando cambió al 7-5-3-0 sus dedos no se levantaron: deslizaron con elegancia; el pulgar sujetaba por detrás, la muñeca giró en ángulo exacto para que el cejillo no aplastara el sustain. En el compás cuatro apretó la púa contra las cuerdas y el riff explotó.  El amplificador bufaba; los altavoces del coro chirriaron alimentados por la misma línea.

“I'm not scared of being alone. Already got this. Heading in my own direction.
There's no time for me to look back. Holding on to keep on rising to the sky”

Cyan se adelantó un paso y cantó sin mirar al público. Luo no los miró tampoco. Esa no era canción para esa gente hipócrita, era una para ellos dos, los únicos verdaderos entre tanto blanco y palabras susurradas de amor, junto con peticiones a un Dios. El chico mantuvo sus ojos fijos en el diapasón, cejas fruncidas, cuello inclinado, cuando llegó el puente su mano izquierda se cerró: índice en el quinto traste, los otros dedos extendidos formando un arco. El G7 sonó cuatro veces, cada golpe marcado con un cabeceo seco. Después el A7, una mano entera que se abrió y cerró en un segundo, dejando que la última nota vibrara lo suficiente para que el retorno aullara antes de que Cyan respirara.

“I'll be taking actions, no distractions. I just wanna be who I wanna be. I don't need exceptions, no delusions. Chance is only once, you know. When I'm lost and start to fall, let me fly up more. Go on, I've been waiting for this so long. Fate is calling me, unlock another door and shine the hope inside my heart”

El director del orfanato, y padre, que se sentó en la primera fila, apretó los puños sobre las rodillas, pero no se levantó. Semejante escándalo no se podía dar frente al público.

El riff volvió a abrirse, más rápido. Luo apretó la púa contra las cuerdas y la mano derecha se volvió más rápida… abajo arriba, abajo arriba, sin mute, dejando que cada nota hablara para las personas de la capilla… los dedos de la izquierda saltaban entre trastes  7-5-3-0, 7-5-3-0, la palma apenas rozaba el puente para evitar que el sonido se ahogara.

“I don't need your sympathy, have it my way I don't care what people say, as long as there's a path to make. Moving forward till the end”

Sus dedos apuntaban hacia arriba, mientras se iban moviendo de posición con Luo, por supuesto, tuvieron pequeños fallos pero nada desastrosos. Finalmente estaban actuando para ellos, para Mitsuki y Joe que los apoyaron desde el inicio, cuando todo aquello era un sueño lejano y cantaban practicando en el parque Viretta.

Cyan alzó el micrófono. La última frase la soltó directa al techo: “Fate is calling me, unlock another door and shine the hope inside my heart”. La voz se quebró en el retorno, pero no tembló. Luo cerró con un acorde seco: todas las cuerdas apagadas de golpe, la mano derecha aplastando el sustain. El silencio que quedó fue duro… no esperaban aplausos, no esperaban que a la gente de ahí les gustara su música ni que la entendieran…

En la primera fila, el director apretó los puños con más fuerza, hasta que los nudillos se le pusieron blancos. No se levantó. No podía. El coro, atrás, había dejado de respirar… los miraban atentos tras bambalinas… un sonido nuevo, al que ninguno estaba familiarizado.

—¡BRAVO! ¡ESOS NIÑOS SON EL FUTURO DEL ROCK! —un entusiasmado Joe empezó a Silbar y aplaudir con fuerza, orgulloso de sus alumnos.
—¡Lo hicieron muy bien, Cyan y Luo! —la otra chica se incorporó y aplaudió también. En ese preciso momento, en el corazón de Mitsuki, algo nació en ella, se esa presentación a medio pelo… un “quiero brillar como ellos” seguido de “quiero cantar para mí, como ellos”.

La iglesia entera se encogió una vez entendieron que no era parte del show… algunos seguían con sus oídos tapados y otros, otros escucharon hasta el último. El órganista dio un acorde accidental que sonó a grito cuando se levantó para agarrar a los dos bribones… el Director finalmente dio un paso al frente. Luo no miró a nadie, sus ojos seguían clavados en el mástil, cejas fruncidas, cuello de la guitarra apuntando al techo y Cyan se volvió hacia él, ya sin máscara, la había perdido apenas inició la canción que con tanto amor compusieron ambos.

Bajaron del presbiterio por el mismo lado que entraron. No hubo aplausos en ningún momento, solo el zumbido agudo de un altavoz y el murmullo confuso de la audiencia. Joe dejó de aplaudir, su silbido se cortó en seco y Mitsuki bajó las manos. Observaban desde el fondo, cuando Luo y Cyan desaparecieron por la puerta, ellos también abandonaron el recinto.

—Creo que voy a morir —susurró la de cabellos turquesa, respirando hondo.
—Me tiemblan los dedos, Santaaaa —su acompañante seguía eufórico—. Nos meteremos en muchos líos —su risa y sonrisa amplia admitían que no le importaba en lo más mínimo.
—Es un sentimiento de que estamos vivos, ¿verdad?
—Y que no nos vamos a doblegar ante ellos —agregó el chico.

Giró la cabeza hacia él, ambos caminando sin mirar atrás, Luo con la guitarra colgando en su correa y los dedos de la mano izquierda aún agarrotados alrededor del mástil. Respiraban con la boca abierta, el pecho subía y bajaba rápido, sus ojos buscaron los de ella.
El padre se plató en medio del escenario, mirando al público, a las caras atónitas, a las monjas que se llevaban las manos a la boca. Su rostro era una máscara de calma, aunque por dentro ya estaba pensando el castigo de esos dos niños y, por supuesto, quemar la guitarra.

—Gente —dijo su voz sin alzar el tono, la proyectó, plana y controlada, para llenar la capilla—. Esto ha sido una grave falta de respeto, sentimos las molestias causadas.
En la mente del director la culpa era enteramente de Luo, una mala influencia que hasta tenía antecedentes… solo por buena voluntad lo había aceptado ahí y así le pagaba.
—Ustedes dos, niños —una de las encargadas los detuvo poniéndose al frente.
Cyan sintió que las piernas le pesaban y no se pudo mover, Luo tampoco estaba mejor. No por miedo, sino por pura inercia física, por el agotamiento de haberlo dado todo en tres minutos y medio.
—Cyan. Luo. Ahora.
Esa vez el nombre, dicho tan tajante, la hizo reaccionar. Dio un paso atrás, su pie tropezó con el de Luo, habría caído si el varón no hubiera extendido el brazo y la soltó en seguida. Juntos empezaron a correr, ambos con sus dedos entrelazados para no perderse o que uno se quedara atrás. Esto era unidos o nada.
—He pensado una nueva canción —anunció Luo, emocionado, aunque el sudor seguía corriendo por su frente—. Será como una balda, una guitarra acústica y mi voz cantando “wherever we go ahead light breaks through on the way”.
—Oh, he oído pocas baladas que me gusten… pero la letra suena muy nostálgica.
—November Rain, Nothing Else Matters, Every Rose Has Its Thorn —musitó Luo, acordándose de algunas canciones que le recomendó Mitsuki.
—Me gusta Guns N’ Roses.

Caminaron a paso presuroso, el sonido de sus zapatos era lo único que se oía por los largos pasillos, cuándo llegaron a la parte trasera buscaron instintivamente la a Joe y Mitsuki, su coche… en ese momento el director apareció y no les quitó los ojos de encima. Su mirada decía “les quitaré esa mierda de guitarra, estarán castigados hasta que cumplan dieciocho” seguido de “esto no se queda así”.
Cyan levantó la barbilla, no para provocar, para tragar saliva, la garganta le ardía.
Otra encargada apareció ante ellos, con los brazos cruzados. Movió la cabeza, lenta, de lado a lado, y entornó los ojos antes de volverse hacia los fugitivos.

—¿Así me pagan todo lo que he hecho por ustedes? —cuestionó con odio el director.
—¡No hemos hecho nada malo! —replicó Luo, Cyan se mantenía atrás de él, mirando a la otra mujer.
—Há. Tú eres el peor Luo, deberías estar agradecido de que por mi bondad te abriera las puertas del orfanato. A una desgracia así, lo mejor es la calle.
—¿La calle? —una risa corta, amarga cruzó por los labios de Luo—. Eso es lo que más conoces, por eso lo deseas para otros.
—Cuida tu tono —dio un paso adelante—, todavía estás bajo mi techo.
—¿O qué? ¿Otro castigo? ¿Otra amenaza? —una mirada rápida alrededor—. Esto siempre fue un castigo.
—Bajen la cabeza y vuelvan adentro. Ahora.
—No.
—No sobrevivirán ahí fuera.
—Tal vez —una media sonrisa temblorosa—, pero al menos será nuestra decisión.

En ese preciso instante, la puerta principal de la capilla se abrió detrás de ellos. Joe y Mitsuki salieron. Joe cerró la puerta rápidamente, aislando el murmullo que empezaba a crecer dentro.
Nadie habló todavía, el director se dio cuenta de la otra mala influencia para Cyan… Joe, quien encendió un cigarrillo. La cerilla raspó, la llama iluminó por un segundo su perfil cansado. Aspiró. Soltó el humo hacia arriba, sus ojos finalmente fueron al hombre que intentaba intimidar a los niños, el brillo de las gafas redondas impedía ver el malhumor del ex guitarrista.

—Bien —dijo.
La única palabra que expresó hizo que Cyan lo mirara, buscando en su rostro decepción, enfado o algo.
—Un adulto…. —una ceja alzada, el humo escapando lento—. Te escuché insultarlos desde dentro.
—Este asunto no te concierne —el director parecía enojado.
—Cuando amenazas a críos frente a una capilla, empieza a concernirme bastante y más si se trata de estos dos —Joe avanzó con paso firme hacia el director.
—Apaga eso. Aquí no puedes fumar.
—Curioso —dio una calada más profunda—, te molesta más el cigarro que cómo les hablas.
—Llévate a ese inútil y no vuelvas a poner un pie aquí —señaló a Luo.
—¿Eso es una expulsión o un favor? —se mofó con una risa grave, cansada—. Porque suena a que nos haces el trabajo fácil. También me llevaré a Cyan.
—No tienes autoridad para decidir nada.
—Tal vez —el humo formaba una nube espesa, pasó al lado del director junto con Mitsuki y fue hacia los otros dos niños—, pero sí tengo coche.
—No voy a permitir que hagas nada.
—Ya lo hiciste —una mirada rápida pasó hacia la puerta cerrada—. Desde hace años.
—Cyan… —la voz intentó suavizarse—, vuelve adentro.
—No —fue firme por primera vez la de cabellos turquesa—. Ya elegí.
—Entonces lárguense.
—Eso estamos haciendo —el cigarrillo de Joe cayó al suelo, aplastado con la suela—. Y esta vez no miraran atrás.

Finalmente todo había concluido. Los cuatro se subieron al coche y Joe arrancó lo más rápido que pudo. Cyan y Luo sintieron por primera vez la libertad y el ya no tener que someterse a alguien que solo quería sacar provecho de ellos.
Mitsuki encendió la radio y la primera canción que oyeron fue de alivio, libertad… con Pink Floyd; el motor de la furgoneta rugió, y empezaron su camino lejos del portón mientras los acordes iniciales de Another Brick in the Wall Pt. 2 inundaban el auto. El bajo hipnótico y la voz infantil del coro  “We don’t need no education…” se colaron por las bocinas como algo muy cercano a ellos.
Cyan apoyó la frente contra la ventanilla; el cristal frío devolvía su reflejo turquesa, ahora sin nada de miedo; Luo cerró los ojos y dejó que el “Hey! Teacher, leave them kids alone!” le vibrara en el pecho, como si cada sílaba arrancara un ladrillo del muro que el director —y todos los adultos como él— habían ido apilando durante años.

Joe no dijo nada, condució y aceleró en silencio. Mitsuki, con el mentón apoyado en el respaldo del asiento, tarareaba la melodía mientras los edificios del orfanato se reducían en el retrovisor hasta convertirse en un sitio ajeno, como lo era para ellos dos.

La canción siguió, imparable, y con cada repetición del estribillo los dos jóvenes del orfanato se sentían más libres. No miraron atrás, el humo del cigarro de Joe y la vista hacia delante era todo lo que veían.
Cuando el solo de guitarra llegó, Cyan sonrió por primera vez sin permiso de nadie. La libertad tenía el sabor de una canción antigua y el olor a nuevo de un camino que empezaba justo donde terminaba el asfalto.

A los diez minutos volvieron a su charla habitual de Rock and Roll, con la canción “Drive” de Incubus sonando a todo volumen.

—El slide del quinto al séptimo. Lo hiciste con la muñeca, no con el brazo, por eso chirrió en Take Off, Luo.
Luo bajó la vista a su mano, la abrió y la cerró. La próxima vez lo haría mejor (…) próxima vez… una sonrisa se dibujo entre sus pómulos, ya podía soñar con seguir un sueño difícil y que la hacía sentir él.

“Whatever tomorrow brings, I'll be there. With open arms and open eyes, yeah
Whatever tomorrow brings, I'll be there. I'll be there, yeah, ohh”

—El puente —continuó Joe, volviendo a Cyan—. Cantaste desde aquí —se golpeó el pecho con el dorso de los dedos—. No desde la garganta. Se oyó totalmente.

Cyan no supo qué responder, se había dado cuenta de ese error, pero no le dio vergüenza, quería cantar de nuevo Take Off, ante un público que les aplaudieran, que corearan con ella. Un público destinado a ellos.
Mitsuki tenía ese sentimiento de querer ser como ellos, que, sin nada de experiencia habían comenzado a tocar y cantar, y aún sabiendo las represalias irrumpieron en el orfanato a cantar su historia, su futuro. Sin miedo a que nadie los oyera, a que nadie estuviera para ellos… también significaba que siempre los apoyaría.

—¿Habrá consecuencias? —preguntó Mitsuki, preocupada por sus amigos.
—Valió la pena —afirmó Luo. No le importaba ningún tipo de castigo, aun si debian dormir en un parque.
Joe giró bruscamente la camioneta y su cigarro cayó al suelo del vehículo, su sobrina lo apago rápidamente. 
—Vivirán con nosotros. ¿No está claro eso? Mano de obra barata y explotados, como buenos asiáticos —se rió, era broma, por supuesto.
—¡Trabajaremos duro, Joe! —ambos chicos dijeron a la vez, encontrándose con una risa al final.
Entonces Joe cambió la emisora, la aguja se detuvo en una vieja canción que nunca había llegado a ser hit “Politicians in My Eyes” de la banda Death.
—¿Esto qué es? —preguntó Cyan, extrañado ante el riff frenético y la batería que sonaba a punk.
—Una banda que nadie aplaudió —contestó Joe, soltando el acelerador—. Tres hermanos que grabaron esto en el setenta y cinco; los sellos dijeron que su nombre era “demasiado sombrío” y su sonido “demasiado blanco para unos chicos negros”. Ni una sola sala los contrató, sus cintas se guardaron en un ático más de treinta años.

Luo escuchaba absorto; la voz de David Hackney gritaba “You don’t know who’s in control!” mientras el auto tomaba una intersección.

—¿Y aún así grabaron? —susurró Mitsuki.
—Porque sabían que si no lo hacían, el miedo manejaría el volante toda la vida —respondió Joe, y pisó el acelerador de nuevo—. Así que decidieron ser ellos quienes condujeran.
Joe estacionó frente al Rock Shop y apagó el motor. El silencio regresó, un silencio diferente, de resolución y catarsis por todo lo que había sucedido en ese día. Probablemente tendrían una lucha legal, emancipación o alguna cosa similar contra el orfanato y todo valía la pena para él, porque esos dos criajos lo habían conquistado para no dejar que sus sueños se pudran en una habitación monótona y sacra.
Bajaron los cuatro y el adulto abrió la puerta de la tienda. El interior los recibió con su olor habitual y el polvo de que nadie había entrado ese día o al menos ningún cliente ni malandro. Cerró la puerta tras de sí y echó el cerrojo, después se volvió hacia ellos. Los miró a los tres, uno por uno.
—Hoy no trabajan —dijo—. Hoy vamos a estar de vagos y ordenar las cosas. ¿Bien?
—… —el chico tragó slaiva antes de hablar—. ¿En serio nos podemos quedar aquí?
—No me llames mentiroso —murmuró Joe, tirando la cajetilla vacía al tacho de basura—. Soy un profesional, niño.

Caminó hacia la parte trasera, detrás del mostrador, donde tenía el viejo reproductor de vinilos y las cajas de discos apiladas contra la pared. No buscó por mucho tiempo y sacó un disco, lo sopló, lo colocó en el plato y bajó la aguja.

Un silbido, luego una guitarra eléctrica, cruda, sin pulir, sonando a través de lo que parecía un amplificador a punto de romperse. Seguido de una voz áspera, desgarrada, cantaba sobre autopistas y noches sin fin. No era Take Off. Era algo más antiguo, más rabioso, más triste. “Gimme Danger” de The Stooges.
Joe se apoyó en el mostrador, cruzó los brazos y cerró los ojos.

Cyan se dejó caer en el piso, contra una pila de cajas de amplificadores, Luo se sentó a su lado, la guitarra aún sobre sus piernas. Mitsuki se quedó de pie, junto a la puerta, escuchando.

La música llenó la tienda y si bien no era perfecta, se notaban los fallos y la grabación era pobre, pero… había algo ahí, una verdad y urgencia que atravesaba el ruido y el tiempo.

Cyan apoyó la cabeza en las rodillas para escuchar sin pensar en el orfanato, ni en el director o en los castigos que vendrían. Pensó en el sonido de su propia voz al cantar Take Off, sus errores y lo que mejoraría con el tiempo. Pensó en la mirada de Luo cuando cortaron el último acorde y en el “bien” dicho por Joe.

La canción terminó. El surco del disco siguió girando en silencio un rato antes de que Joe alzara el brazo y levantara la aguja con cuidado.

—Eso —dijo Joe, abriendo los ojos— fue The Stooges en el setenta y uno. Grabado en una cocina. Suena a mierda y cambió todo. Por cierto, no digan insultos o me meteré en problemas.
Luo miró su guitarra. La levantó, la inspeccionó para dejar en claro que ellos fueron diferentes.
—Nuestro sonido… no sonó así.
—No —admitió Joe—. Sonó a ustedes. Con nervios y prisas, sonó a verdad. Eso es lo único que importa cuando bajaron de ese escenario. Es lo que cuenta.
Mitsuki se acercó al mostrador. Sus ojos, siempre observadores, estaban fijos en Joe.
—¿Y ahora?
—Ahora —Joe guardó el disco en su funda—. El director llamarña. Hablaré con él. Ustedes no estarán ni escucharán. Es mi tienda, mi problema.
—No fue su idea —protestó Cyan, levantando la cabeza.
—Son mis alumnos, yo les impartí clases de Rock and Roll. Es mi problema —repitió Joe, y su tono no dejaba lugar a discusión—. Ustedes tienen otro problema.
Los miró con una sonrisa.
—Ahora saben cómo se siente el vacío después de una presentación. El no saber si fue glorioso o un desastre. Ese hueco aquí —se golpeó el esternón—. Ahí es donde nace la siguiente canción o donde muere la banda. Ustedes deciden.
Cyan se puso de pie, las piernas le temblaban un poco aún.
—No va a morir.
Luo se levantó a su lado y asintió una vez, con la barbilla.
—Bien —murmuró Joe otra vez, manteniendo su expresión de felicidad—. Entonces mañana seguiremos practicando. El puente de Take Off sigue siendo un desastre y Cyan, esa última nota…. la sostienes con el diafragma, no con la garganta. Se te quebró.

Cyan sintió que una sonrisa torpe le nacía en la cara.
Joe dio media vuelta y se encaminó hacia la trastienda, quería fumar de nuevo y ya no tenía cigarros. En la puerta, se detuvo.

—Y es mejor que les compremos ropa, no pueden andar con esa ropa del orfanato.

La puerta se cerró tras él y los tres se quedaron solos en la tienda. Cyan miró a Mitsuki, luego a Luo, nadie tenía nada que decir y ella se sentía nerviosa de preguntar la opinión a Mitsuki. Estaban invadiendo su espacio, acaparando a su tío.

—Parece que seremos hermanos adoptivos —ella musitó tranquila—. Es bueno tener con quien compartir mis gustos de música.

Luo descolgó la guitarra y la guardó en su funda. La de cabellos cianes se quedó quieta, oyendo las palabras de la otra chica y esta última abrió la puerta de la sala de empleados.

—Quiero poner una cafetera aquí —murmuró la de cabellos ébanos.

El silencio resonó por la tienda, áspero y nuevo, persistente a lo que estaba por venir; la punta de los dedos de Luo ya no dolía, ni la garganta de Cyan, estaban emocionados por el futuro que vendría. Afuera quedaron los ensayos en voz baja, los pasillos que devolvían regaños, las puertas que se cerraban con llave adentro.

El orfanato ya no existía en ellos, y dentro de ese lugar opresivo, quedó la versión anterior de ellos mismos, la que cantaba liturgias permitidas; Joe les había regalado libertad y esperanza.
Mañana habría que afinar de nuevo, comprobar si el puente aguanta, si la garganta resiste, pero esta noche el único acorde importante ya salió de ellos, el que separa el antes del después.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Othinus on September 30, 2018, 07:33:29 PM
( 2 ; a )

“Una estudiante que desertó vistiendo pijama, antes de que llegaran las vacaciones de verano dejó la escuela”.

Tarareaba Erio con entusiasmo mientras corta una gran tela color amarillo, queria hacer una paleta de colores neutros para tener de referencia. El chico que fuera a vestir sus creaciones debía de entrar en perfecta armonía con el color favorito de la diseñadora (el amarillo).

“Incluso si la sociedad me llama alienígena, en la sala de espera del universo tal vez nos veamos de nuevo”.


Prosiguió con la tarea propuesta y al ritmo pegadizo de una melodía…  ¡zas!  Corte, corte. La idea de prepararse para la U con patrones e idear a sus modelos predilectos la vuelve loca.

“Erio” la llamo su abuelita desde el comedor y ella con un ‘ya voy’ corrió al encuentro. “¿Podrías ir a comprar algunas cosas en la tienda?” Rechazar el pedido era un no rotundo por lo que asintió y salió de la casa.

Una aspirante a hikkimori como ella aprovecharía la ocasión para visitar la meca otaku de Eastwood y comprar el sustento de sus hobbies.

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Como ratita se adentró por los pliegues de las calles y entró a la primera tienda discreta del lugar.

“¿Dónde está la sección de doujines yaoi?” preguntó con la respiración apresurada, había corrido para que nadie la viera. Ser descubierta como otaku en el primer día de facultad podría ser un problema.

El chico de la tienda la miró con un rostro sombrío y le marcó una estantería bien al fondo, muy atrás, donde las sombras la ocultaran de la parte de adelante.

“¡Gracias!” dijo sin más y fue por su sangre de alma, vicio principal y amor al arte. Lo último porque así suena menos pervertida. ¿¿¿???

Miro al chico desde el lugar aquel y él sintió la mirada aguda sobre la espalda… ¿sería asesinado?, se preguntó y negó con la cabeza. Las chicas siempre iguales, por ser japonés queriendo ligar con él.

Erio se fijó en la estatura ¿182 cm? Uh, la boca se hizo agua. Apariencia perfecta, mirada profunda y un aura misteriosa. ¡El perfecto modelo que tanto quería! Bueno, lo encontró rapidísimo y eso le extraño. Si esto era una señal de algún dios, lo rechazaría. 

”¡Ah, olvide las cosas!” exclamó y tomó el último trabajo de Momose sensei y algunos de un nuevo grupo al azar, abastecerse fue lo prioritario.

“¿Llevas eso?” le preguntó y ella asintió, los ojos inquisidores de Erio fueron hasta el distintivo de la solapa del uniforme. “Gracias por su compra” le sonrió una vez pagado el producto.

Ella quiso esconderse una vez supo el nombre de ‘Komiyama Yoh’, culpable por haber descubierto aquello pero no iba a dejar que el perfecto modelo de sus sueños se escapara. ¡No! Y corrió con las mejillas sonrojada, como adolescente, a una tienda orgánica a unas cuadras más abajo.

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Yoh cansado de la actitud de niñas molestas sonreía como príncipe demoníaco, la idea de que alrededor de él pulularan niñas con sueños de casarse con un japonés lo asquea más que nada. Es más, nunca se interesaron en la persona tras el asiático, sólo que su nacionalidad duerma la del sol naciente. Por suerte el auge de los coreanos lo alivió un poco.

Ese día fueron a la tienda varias personas totalmente olvidables pero en la tarde, una chica extraña se ocultó detrás de la cartelera de anuncios ¡sólo para entrar allí! ¿Acaso lo espiaba? ¿¡Desde cuándo!?

“¿Dónde está la sección de doujines yaoi?”

Ay mujer, la voz entrecortada y a trompicones la dejó expuesto como un viejo verde. Rogó porque se fuera pronto y librarse de otro bicho raro. Cada vez que tomaba el turno de la tarde esto pasaba.

Luego de un rato ella se marchó y pensó que finalmente la paz regresaría al local pero se equivocó ¡monumentalmente! La otaku olvidó uno de los libros y corrió a perseguir al cliente.

“¿Me estás dando amor? ¿Debería hacerte enojar? Entre todos los que me evitaban tú estabas mirándome sorprendido” la escuchó murmurar en una intersección y la tomó del hombro para atraer la mirada de la chica.

Unas pupilas de azul claro lo miraron con asombro y el sedoso cabello turquesa resplandecía bajo los destellos del sol. Si este fuera un manga, él se quedaría prendado por ella, ¿acaso el caprichoso destino los juntó? Nah, eso jamás existiría. 

“¡Ah, el perfecto modelo!” dijo ella sin pensar y llegó a los oídos de Yoh. Hombre, que chica tan problemática.
“Olvidaste esto” le tendió el libro con una portada de hombres besándose y ella giró la cabeza y corrió hasta perderse en la lejanía.

Yoh suspiró y presintió que una arruga saldría en la frente.

“¡Hey, brodah!” le saludo un pelirrojo a la distancia, alzando un brazo y con la otra sosteniendo un pucho. “¿Qué haces con una revista porno gay?” y entendió por qué la mujer huyó de él desesperada, casi al punto de parecer una maniática.

Otra arruga se apoderaría de la frente del asiático.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Othinus on October 31, 2018, 09:57:50 PM
Cortito y compartido con la Mishu (Miyu), lo de ella esta en color raro  :'(

(2 ; b)

Azotó cuanta puerta osara presentarse frente a ella, nada ni nadie la frenaria en la dramática huida lejos de el tal Komiyama Yoh, dejó la bolsa del supermercado sobre la mesa para ayudar a la abuelita y paso a cerrar la puerta del armario puesto como cuartel general en el cuarto que los parientes prepararon especialmente para ella, hasta que un ruido molesto la atacó, este proveniente del estómago.

Hambre.

Salió a hurtadillas por el balcón del departamento, la pena y vergüenza, la deshonra porque alguien descubriera su hobby del yaoi le impide sacar algo del refri y fue directo hacia las escaleras de incendio, descendiendo con prisa. ¡Una tienda, una tienda!  ¡PUDIIIIIIN, HELADO,  GALLETAS E INCLUSO SECAS VAINILLAS!, coff, coff… compraría algunas cosas y volvería para leer sobre alienígenas.

Escucho ruidos desde abajo del último escalón y de bruces dio con dos pequeñitos de entre cuatro y cinco años correteando de allí para aquí, absortos en el mundo de juegos y risas, sin preocupaciones.

“Nombres” los señalo Erio, los sentía como cómplices de maldades.
—Okuni —dijo la niña, algo sorprendida por ser descubierta en el escondite favorito junto a su hermano gemelo—. Soy la mayor.
—Baren —respondió después que la hermana, dejando a vista quien mandaba entre ambos: Okuni. Aunque ella se ocultó tras él, al percibir como la figura de una extraña persona se les acercaba.

Los dos chicos lucían idénticos, como si uno fuera la parte del sexo opuesto del otro; la diferencia crucial era el parche reposando sobre la cuenca derecha del que respondía al nombre de Baren.

—Somos los Hozumi del segundo B (2 B) —le comentaron al unísono—. ¿Usted, señorita?
—Inuyashiki Erio —los observó con intensidad y sin pestañear.

La jovencita les pareció hermosa, con pupilas tan azules que casi no diferenciaban entre el cielo y el mirar de ella; cabello turquesa les pareció con un brillo tan único que titilaba como los adornos de navidad. Ambos se quedaron absortos en las facciones de Erio.

—Hermano, hermano —lo sujetó de la manga de la yukata y ambos se pusieron en cuclillas, muy cerca del suelo hecho de arenilla y se sujetaron por los hombros. Reunión secreta de los Hozumi—. Tiene las mejillas regordetas, es una l-o-l-i —deletreo lo último como si fuera lo más importante del mundo.
“¡Taimu!” abrió la boquilla en un mal ingles e imitó la pose de los niños y con mirada asesina y memoria para vengarse más tarde los miro fría. “¿QUIÉN TIENE LAS MEJILLAS GORDAS?” les gritó para propinarles un coscorrón a cada uno y sin mezquinas fuerza.
“¡Ittaaa! Eso dolió” hablaron al mismo tiempo a la vez que con las manos tapan la supuesta herida.
“Eso pasa cuando le dicen a una SEÑORITA DE DIECINUEVE AÑOS GORDA Y PENDEJA” sonrió dulcemente hasta las tripas rugio y lo niños comenzaron a reír hasta tirarse al suelo de golpe.
“¡YAAAA!” los pateo con furia y suavidad, con la cara de rojo intenso. Servicios infantiles esto no es lo que parece... ¡NO! [?]
“¿Quieres comer algo, onee san?” mencionó el enano.
“Nuestro piso está antes que el de onee san” sonrió Okuni consintiendo la invitación.

Con bastante pena, Erio caminó tomada de cada lado por uno de los gemelos. Le extrañaba que los chicos enfundaran ropas tan clásicas siendo esta una ciudad luminosa y llena de glamur pero suspiro guiada por el hambre y los chicos diabólicos con sonrisas endemoniadamente adorables la tenían de rehén.
 
El departamento de los Hozumi se mostraba desierto, algo raro para niños en esa edad pero cada familia era un mundo y los pequeñines parecían en buen estado como para intervenir. 

“¡Sabemos cocinar!” la guiaron por la cocina y Baren corrio directo al microondas para encender y presiono botones y así dejar la comida diez minutos.
“Aquí viene el aperitivo” paso apuradisima la hermanita mayor con una charola de comida que fue dentro del aparato.

Erio los aplaudió impresionada de como reparten las tareas para hacer todo a la velocidad de la luz. Pero diez minutos… moriría de inanición  de hambre, ya que sabia ella. ¡Comida, comida, comida! Todo lo que piensa es en eso.

“¿Tienen pan?” quizás logre sobrevivir si un milagro sucedia “¿pudín, mermelada? ¡ALGO QUE ESTÉ YAAA!” gritó y los pendejitos la callaron de inmediato sin piedad.
“Mamá duerme” dijo el hombrecito en miniatura con el dedito señalador sobre la boca.
“Entra a trabajar dentro de nada” con el mismo gesto terminó la frase la mayorcita.

―¡Ahh~! ―un gigantesco bostezo se hizo presente en el solitario y casi oscuro departamento y la voz de una femenina adormecida comenzó a llenar el lugar, todo parecía revivir a su paso, incluso la mirada de los niños se tornó en redondos ojos que brillaban como perlas―. ¿Volvieron Oku chan y Ren kun? ―los saludó, saliendo del cuarto.

La mujer peinaba sus hebras rosadas con un cepillo, tratando de ahorrar tiempo en la ducha y una mascarilla de aguacate bien distribuida la hacía parecer una ama de casas en sus cuarenta y tantos largos años. Aún llevaba puesto el pijama y Erio se cuestionó el tipo de situación en que vivían, quizás era madre soltera,

―¡Bienvenida! ―aún dormida la saludó cortésmente―. Si quieres algo dulce en la lacena, lejos de los monstruitos, están las chucherías engordadoras de traseros.

“¡También los temibles michelines!”  gustosa de conocer a otra japonesa como ancla a la cultura sonrió sin fijar los ojos en la mascarilla verde. “Erio Inuyashiki, es un verdadero placer”.
“Oh, Mademoiselle, el placer es todo mio” tranquila acarició despeinando a cada hijo. “Tengo marido” adivino el pensamiento de Erio casi al instante y ella sorprendida bajo la cara avergonzada.
“¡LO ZIENTOOOOH!” orz “una mujer tan linda como usted soltera…” con cabeza en el tapiz la reverenció como disculpas repetidas veces.
“Oh, oh, oh” rio cómoda “está bien, mi esposo está en un estado deplorable actualmente y hable de más” el silencio gélido pasó entre los cuatro “Hozumi Tamamo, puedes decirme Tama chan”


El próximo ruido en cortar el ambiente tan cargado fue el sonido de alarma del microondas, la comida ya dejaba olerse agradable y el estómago de Erio correspondió al aroma de la comida de los tallarines chinos.

―Bueno, disfruten. Debo prepararme para mi trabajo y buscar al inútil de mi esposo, gracias por cuidar de mis niños ―le dedicó una gran sonrisa y fue directo al baño para cambiarse a ropas más apropiadas.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Othinus on November 30, 2018, 11:49:19 AM
Dejo esto asi bien pobre porque me voy  :-[


(3 ; a)

Intento olvidar a la extraña chica y a que Badou lo vio agitando un doujinshi en la vía pública del género que comprometía su hombría y que jamás repetiría el nombre de esa demografía, ni en mil años. De suerte que la chimenea andante se fue a hacer algunos recados y a visitar a otros amigos.
Yoh dejo que toda la humanidad escapara por la boca, estúpido que es por aceptar un trabajo en una tienda para bichos raros… que si no entran para fastidiarlo, lo hacen para comprar revistar porno de dibujitos.  ¡MIERDA! Gritó para dentro, que las maldiciones se sumergieran en el alma negra de el.

Por la vitrina miro alrededor del local, el lugar desierto y plano, sin personas cerca, le dejo claro que hoy no vendería más de lo que ya había hecho en toda la jornada y mensajeo a la jefa para ver si le permitía irse antes de tiempo. Un no llego como respuesta y suspiró.

“Aaamh” pronto divisó la silueta de una chica con uniforme escolar, con los labios fruncidos carraspeo para llamar la atención del empleado, en este caso  Komiyama Yoh, quien devolvió la mirada con un rostro de perro de pelea.
“¿Sí?” si quería unas palabras de bienvenida, no, estaba muy lejos de Japón.
“¿Dónde están los nuevos mangas?” dijo con la cara totalmente enrojecida, de oreja a oreja, y Yoh le señaló una estantería de las primeras.

Yoh comenzó a meditar sobre el motivo que le trajo hasta Eastwood y la imagen de su hermana le vino a la mente, ella dijo que el primer paso era aquí y luego un paso largo hasta Hollywood.  Suspiró por tercera vez.

“Me publicaron… ¡ME PUBLICARON!” comenzó a gritar la chica con una sonrisa gigantezca, la quiso hacer callar pero como cliente no hay, la dejo ser. “Aaaaah” eufórica tomo la revista de la shonen jump y fue directo hasta la caja registradora, donde dejó el dinero y salio disparada como si el aire se contaminara con la alegría de ella y la cara de pocos amigos.
Yoh ojeo una revista de la misma línea que ella y revisó los nuevos mangas que se serializaban ese mes, entre ellos una tal Mary se asomó a la cabeza, la chica ganó un concurso en que el primer premio era ese, ser publicada.

“YOOOH” desde fuera el olor a cigarro ya se sentía, alzo la mirada de la revista y se fijó en el sujeto que lo llamo.

Cuarto suspiro.
“La chica de recién si que era un corre caminos” sonrio y largo humo de entre los dientes.
“Y tan ruidosa y desagradable como tú” bajo la vista a la revista con curiosidad por el tipo de historia que planeo la tal Mary.
“QUE OFENSA MÁS GRANDE” gritó divertido, los dos se conocen desde hace tanto que las bromas de ese estilo ya eran como una costumbre, algo de machos, dirian sus amigos. “Si fuera mayor y con relleno donde debe, quizás la cortejaria”.
“¿Cortejar? Ven con otro chiste” si la apariencia poco masculina de Badou desde secundaria ahuyenta a cualquier candidata al puesto de pareja y, de paso, a las pretendientes de el.
“¿Vienes a Ley?”  pregunto antes de sentarse en un banquito frente al lugar de Yoh, donde el mostrador los separa.
“Esos sitios no van conmigo” masculló, leyendo las viñetas del manga.
“Sera divertido, las chicas estaran allí y Asami ya dijo que asistiria” replico.
“No lo hara” un sexto suspiro casi sale. “El novio ni tomado la dejaría ir”.
“Pon algo de música, este lugar es asqueroso y aburrido. Si le sacas partido a tu apariencia, la pasta te llovera”.
“Y tambien niñas molestas de entre doce y quince…” ver lo malo en todo es su especialidad “no las soportaría, lo apuesto”.
“Aquí están las tipas mas raras” alzo una ceja, tomo otro cigarro y lo calo hasta el fondo.
“Igual que en Ley” ambos rieron con complicidad, ninguno de los dos se especializa en conquistas o coqueteos, por eso se llevan bien desde hace tanto tiempo.

Yoh se puso en pies y fue hasta la computadora para poner alguna canción del repertorio; en secudaria intento estar en una banda y luego la dejo, sin haber tocado ni una vez en público.
“Esta te va completamente” sonrio Yoh, subiendo al máximo el volumen de los parlantes.
Entre las carpetas de canciones pirateadas las que más escucha son las de los noventa, rock alternativo  y la sala se inundo con las extraños acordes de Blur, chicas y chicos.

Girls who want boys
Who like boys to be girls
Who do boys like they’re girls
Who do girls like they’re boys
Always should be someone you really love

En la parte de los coros, Badou no dudo en ponerse de pie sobre la silla e imitar el sonido de los “oh, oh ooh” con un movimiento hipnótico de caderas.
“Asqueroso, bájate ya mismo” le tiró el tomo que leía.
“¿Me bajo los pantalones? Oh my…” sonrió con picardía y una pila de objetos estrellaron contra él. 
“Chicos… chicos…” los llamo desde la entrada una señora rara “si quieren les pago el telo fu fu~”
“¡Eeeeh!” las cejas fruncidas llegaron hasta la locutora y la mirada divertida de Badou también. “Jefa”.
“¿Quién más?” la radiante sonrisa de ella los dejo ciegos a ambos. “Yoh, desde hoy hay un nuevo empleado”.  La mujer camino con paso tranquilo y suave, elegante, luciendo a tope el traje ajustado a la figura, que brilla por la tela negra y corta.
Mitsuko Souma, una joven emprendedora que llego a Eastwood cuando tenia doce años y rápidamente llego a la cima de actrices en doramas para la televisión. La figura delineada con curvas y unos senos perfectos y simétricos, junto a la mirada angelical le sumaron puntos al talento.  A Yoh nunca le intereso demasiado las novelas o el cine.
“¿Quién?” bajó la música mientras seguía con la mirada el paso de Mitsuko.
“Quiero tapizar la tienda” los labios carnosos con tono de vino mate le dejo ver una perfecta dentadura.  “Hanemura Megumu” completo ella. “Vendra mañana, sabes que contrato únicamente japoneses” miro con desden al amigo del empleado.
“Para esto mejor manda un mensaje, tu presencia siempre atrae demasiado la atencion” comento, pese a que Mitsuko posee unos tres años más que el, la trata así.
“Visitar esta tienda siempre me da repelus pero hoy no, hay poca gente” lo ignoro.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Miyu on November 30, 2018, 09:52:20 PM
5.1 # Dark dream.

Diez años después.

«Al final, todos se desvanecen. La realidad se transforma frente a mis ojos y mis sueños se disipan sin dejar rastro. ¿Hacia dónde se marchan todos? ¿Por qué me dejan atrás? Mamá… gege… ¿en qué lugar se encuentran? Auxilio, por favor, no deseo permanecer sola… atrapada entre paredes oscuras, todo se esfuma ante mi mirada… no queda nada. Nada. Sálvame, gege».

Despertó. Las sombras ya se habían consumido todo a su alrededor y no logra recordar nada, excepto la sensación de un vórtice extraño arrastrándola hacia las profundidades de un mar sin luz. Un dolor punzante en su sien la devuelve a la realidad, una realidad que detesta y de la cual anhela escapar con desesperación. Incluso los sonidos habituales de la ciudad se atenúan progresivamente, como si viviera sumergida; los ruidos llegan distorsionados y su vista permanece nublada, velada por una bruma persistente.

A sus diecinueve años tiene el impulso obsesivo de ocultarse las miradas que la atormenta, replegarse en su propio caparazón y eludir el mundo exterior. ¿Despertó verdaderamente? Ella sostiene que el tiempo se detuvo hace tantos años que ya no logra percibir su avance. Su destino, asegura, nunca logrará alcanzarla. Su historia, en su propia percepción, concluyó hace ya mucho tiempo, dejándola varada en un presente eterno y silencioso.

Se puso de pie, sus ojos color coral escudriñando el paisaje matutino de Eastwood a través del gran ventanal de la habitación. El mundo que ella conocía, su lugar seguro, se hizo añicos en el pasado. Junto con él, se quebró también su voz, silenciada para siempre y, ahora, atrapada en una promesa que jamás pudo cumplir, solo desea huir, evaporarse de la misma manera en que todos a quienes amó se han desvanecido.

—¿Despertaste? —desde el marco de la puerta, una figura observaba. Era exactamente igual a ella, salvo por las líneas ligeramente más definidas y la estatura un poco mayor. Era su gemelo, su versión masculina—. ¿Te duele algo, Xixi?

Ella negó con la cabeza. Era una mentira, pero no quería inquietarlo. Se giró hacia él esbozando una sonrisa frugal, un gesto pequeño y controlado, ambos poseían la misma melena rosácea, cortada de manera similar, y miradas penetrantes que demostraban lo que habían vivido. Los hermanos Li, pese a tener diecinueve años, conservan rostros de facciones delicadas que los hacen lucir más jóvenes, como detenidos en el tiempo.

—¿En serio? —se cruzó de brazos, avanzando lentamente hacia el centro de la habitación. Su tono no era de enfado, sino de una preocupación profunda y cansada—. Mentir no traerá cosas buenas, Xixi. Lo sabes.

La sonrisa de ella tembló durante unos instantes, casi colapsando, antes de forzarse a mostrar otra cargada de falsa felicidad, a volverse más amplia y sin motivos reales. ¿Cómo podía ser tan egoísta y añadir un peso más a los hombros de Tianchen? Él ya cargaba con suficientes responsabilidades y preocupaciones como para que tenga que asumir una más debido a las emociones complejas y negativas que aquejan a Tianxi.
—El desayuno está listo —suspiró él finalmente, cerrando la distancia y llevando una mano con suavidad a la cabeza de la chica, acariciando su cabello—. Después hablaremos de tu comportamiento extraño. Mentir al hermano más genial y atento está estrictamente prohibido. ¿Vale?

Ella asintió de manera efusiva, un movimiento rápido e indeciso, juntando ambas manos sobre su pecho tratando de evitar más preguntas. Li Tianchen, normalmente poseedor de una personalidad explosiva y volátil con el mundo exterior, se transformaba por completo frente a su hermana menor, Tianxi. La sobreprotección era algo que ambos daban por sentado desde la infancia.

Caminaron por el departamento de tres pisos hasta bajar por las escaleras y entrar en el comedor. Tianxi observaba la espalda de su hermano mayor, su postura erguida y ese andar seguro que siempre había mostrado desde tanto tiempo. Sus recuerdos de él estaban llenos de una calidez intensa, un refugio único donde ella podía relajarse y también, de una culpa profunda, porque nadie había protegido a Tianchen durante los años en que el padre biológico de ambos maltrataba a la familia. Él había sido su escudo, y eso le había costado demasiado a los gemelos.

Pero el pasado nunca regresará, por más que ambos lo persigan.

Frente a ellos, en la mesa del comedor, ya estaban puestos los platos. Un hombre esperaba a que ambos tomaran asiento, ocupando él, como buen padre adoptivo, la cabecera. Acogió a los hermanos Li luego de que sus padres fallecieran; un ex policía y actual abogado de alto perfil, representante legal de varias estrellas y familias influyentes de Eastwood, Qian Jin era una figura imponente incluso en la intimidad de su hogar.

—Buenos días —los saludó, llevando una taza de porcelana fina con café negro recién molido a sus labios. Sorbió un poco antes de continuar, necesitaba esa amargura en su garganta más de lo que podía admitir—. ¿Cómo durmieron? ¿Descansaron bien?

Las preguntas sonaban afables en la superficie, casi paternales, pero no venían de cualquier padre. Venían de Qian Jin, un hombre conocido por su habilidad para identificar los talentos en las personas y encontrar la manera más eficiente de utilizarlos. Su adopción no había sido una excepción a esta regla y ya estaba saboreando de qué manera iba a utilizar a Li Tianchen en la nueva agencia de talentos que se abrió en Eastwood.

—Sí —respondió Tianchen sentándose a la derecha, su voz carente del tono combativo que usaba fuera de casa, pero tampoco cálida sino más bien fría y desinteresada—. Te luciste con este departamento. Nada que ver con los complejos de China.
—Fue gracias a la familia Liu —explicó Qian Jin, con un gesto de satisfacción enmarcado entre sus pómulos—. El próximo cabeza de familia vino de improvisto luego de terminar sus estudios en Bridon. Necesitaba asesoramiento legal inmediato para una transacción de propiedades. Prefirió la discreción de una reunión aquí, en lugar de mi oficina. El trato se cerró en esta misma sala, como agradecimiento, me ofrecieron este piso en el edificio. Una ganga, considerando la zona.

Mientras hablaba sus ojos agudos y evaluadores, pasaron de Tianchen a Tianxi, que se había sentado en silencio a la izquierda. Ella mantenía la mirada baja, fija en el delicado diseño de flores de su plato dónde reposa un croissant salado, lo miró un instante antes de tomarlo con ambas manos y llevarlo a su boca.

—Tianxi —dijo Qian Jin, su tono suavizándose un poco, para evitar confrontación con el mayor de ambos—. Tienes un color mejor hoy. Más descansada.

Ella levantó la vista lo justo para encontrarse con la suya y asintió una vez, dejando de masticar esa masa crujiente y rica. Por supuesto, no intentó sonreír. Qian Jin no valoraba las sonrisas de ningún tipo; le importaban los resultados, la utilidad, la compostura, cosas que ella carecía totalmente.

—Bien —asintió él, intentando pensar en cómo usarla a ella. Para Qian, Xixi no poseía nada destacado y aunque sabía tocar varios instrumentos, el pánico escénico la volvía en algo inútil —. He revisado tu progreso en los ejercicios de escritura que te asignó la doctora Shen. Tu caligrafía ha mejorado, la consistencia es clave, el control sobre la mano refleja control sobre los pensamientos.

Tianxi asintió de nuevo. Los ejercicios eran tediosos, líneas y más líneas, luego caracteres simples, luego frases. Un proceso meticuloso para reconectar su mente con su mano, para sortear el bloqueo que le impedía hablar. A veces sentía que estaba aprendiendo a ser humana de nuevo, desde cero.

—Y tú, Tianchen —continuó Qian Jin, volviéndose hacia el joven de cabellos rosados—. He visto el informe de tu último examen de admisión. Tu puntuación en lógica y debate es excelente. Pero tu ensayo personal… fue descrito como "vehemente" y "poco diplomático". En la carrera de Derecho, la vehemencia sin estrategia es ruido. El próximo borrador lo revisaré yo personalmente.

Tianchen apretó ligeramente los dientes, no quería ir a la universidad pese a tener la edad indicada y tampoco seguir los pasos de su tutor legal… sino fuera por su hermanita que necesitaba esos tratamientos con el psicólogo.

—Entendido —señaló, tomando un sorbo de su propio jugo de naranja.
—No te estoy castigando —aclaró intentando evitar reírse Qian Jin a la par que se sirvia algo de fruta del centro de la mesa. Tenía en claro que movía los finos hilos clavados en Tianchen—. E igual irás conmigo a Chinatown hoy. Eres mi más valiosa inversión y voy a dar un buen uso a tus talentos naturales, hijo. Esa agresión natural que canalizas correctamente en las letras que escribes. Bajo mi guía te harás famoso, no obstante, todo requiere disciplina y requiere eliminar distracciones.

Hizo una pausa, dejando que sus palabras, claras y controladas, se instalaran en la frágil cabecita de su hijo adoptivo. La habitación era perfecta, impecable, como todo lo que Qian Jin controlaba; pero esa perfección era solo la fachada para algo más siniestro. En su mundo real, el de los tribunales y los contratos, las cosas nunca eran tan limpias como relucían al inicio bien dicen que “todo lo que brilla no es oro”; él es un hombre sin escrúpulos cuando se trata de cumplir sus objetivos aún si debe cruzar la fina línea del honor y la verdad. Sabía cuándo presionar, cuándo ceder y, sobre todo, dónde estaba el límite de la ley para poder doblarlo a su favor sin romperlo.

Había acogido a los hermanos Li, sí, pero en su mente no eran hijos a los querer incondicional; eran una pieza más en el tablero, una inversión a largo plazo con un potencial por explotar o al menos así veía a Tianchen. Su tono paternal una fachada para lo que de verdad quería y lo estaba moldeando; decir sobre las actividades de Xixi y su progreso una forma más de atarlo al mayor.

—Por eso pregunto, Tianxi —prosiguió, clavando sus ojos en ella—. ¿Hubo alguna distracción anoche? ¿Algún… sueño o recuerdo que perturbara tu descanso? La doctora Shen mencionó que los episodios de fatiga pueden preceder a un retroceso.

Tianxi sintió que el corazón le latía con fuerza contra el pecho. Negó con la cabeza, esta vez con más fuerza, no quería revelar su estado actual. Sus manos bajaron de inmediato la mesa y se aferraron al borde de su asiento.

Tianchen intervino, su voz un poco más tensa.

—Ella dijo que durmió bien. Ya lo pregunté.
—No te he preguntado a ti —replicó Qian Jin sin alterarse, sin apartar la vista de Tianxi—. Le he preguntado a ella. Y ella puede responder con un sí o un no. Es un ejercicio básico de comunicación. ¿Verdad, Tianxi?

La presión se sentía sobre ella, Tianxi abrió la boca, pero solo salió un sonido de aire, algo incomprensible para los presentes un mutismo. Finalmente, logró mover la cabeza de nuevo. Negación.

Qian Jin la observó un segundo más, luego sonrió de manera astuta, satisfecho o al menos conforme antes de acomodarse las gafas sobre el puente de la nariz.

—Bien. Entonces no hay problema, podemos proceder con la agenda del día. Tianchen, tienes tutoría a las once y Tianxi, la doctora Shen viene a las tres. Hasta entonces, aprovecha para repasar los caracteres nuevos. La familia Liu asistirá a una cena aquí el viernes. Espero que ambos estén presentes y en su mejor forma.

El desayuno continuó igual de rígido, un silencio absoluto cortado por el tintineo de la porcelana en los platos y los pasos de la empleada doméstica en la cocina. Tianxi fingió dar otra mordida a la media luna salada, aunque había perdido el apetito después de oír las falacias del tutor.  Ambos hermanos tenían la sensación de estar atrapados, ser presas bajo las garras de un sujeto aterrador que buscaba la utilidad y el rendimiento en ellos, paredes tan oscuras y opresivas como las pesadillas que era inmersa cada noche Tianxi.

Miró a su hermano. Tianchen parecía visiblemente molesto por las declaraciones del hombre, en un esfuerzo por contenerse fijó su atención con intensidad en el vaso de leche que tenía delante. Su mirada se clavó en el líquido blanco, inmóvil, como si pudiera encontrar allí una manera de desvanecer esa rabia que contiene en su interior.

El ceño de Tianchen permanecía fruncido entre sus ojos, ese gesto, pequeño e involuntario, delataba por completo su estado anímico; una irritación profunda, mezclada con la frustración familiar. Por debajo de la mesa, sus pies marcaban con impaciencia un ritmo y en su interior, las ganas de soltar improperios, de contestar con la misma moneda a aquella persona, hervían con fuerza. Sin embargo, el cálculo rápido, el instinto de preservación que años de convivencia le habían enseñado, le impedía actuar. A estas alturas, el hombre sentado a la cabecera, pese a compartir techo, les resultaba más un extraño que un padre. Tianchen tragó en seco, forzándose a desviar la mirada hacia la ventana, rompiendo el contacto visual que alimentaba su ira.

Ambos comprendían, sin necesidad de hablarlo, la verdadera naturaleza de su situación. Aquel hombre no representaba ayuda alguna, ni mucho menos un salvador, su figura era la de un cazador, alguien que los utilizaría sin reparos, extrayendo valor de ellos hasta el último aliento. Ahora, instalados en Eastwood, ese propósito se hacía más evidente… probablemente ya tenía trazado un plan detallado para convertirlos en un activo rentable, en un flujo de dinero o influencia. Eastwood rodeado de luces brillantes y artificiales destinadas a cegarlos.

El primero en levantarse de la mesa fue Qian Jin. Dio las buenas mañanas con un breve saludo y salió del comedor, sus pasos ruidosos resonando en el pasillo. El sonido de la puerta del estudio cerrándose a distancia marcó el fin oficial del desayuno.

Al instante la señora que ayudaba en la casa entró en la habitación, comenzó a recoger los platos y los vasos vacíos sin dirigirles la palabra y de forma eficaz, apilándolos en una bandeja grande. Todas las personas en ese departamento debían comportarse así, de eso no había duda.

Ambos hermanos permanecieron sentados. Xixi no hizo movimiento alguno para intentar levantarse, sabía que si era la primera en hacerlo su hermano la seguiría de inmediato, preocupado por cómo se sentía ella en aquel momento, y luego, puntualmente a las once, él se iría a su tutoría. Ella quedaría entonces en la casa, sola con el silencio opresivo de las habitaciones vacías y atrapada entre las expectativas de Qian Jin y ser una carga constante para su gemelo mayor. 
Observó las manos de Tianchen, que descansaban inertes sobre la mesa, y esperó.

—Ese viejo… —murmuró con un suspiro al final—. Estoy seguro de que por eso lo dejó su esposa, ser así de egoísta tch… que fastidio.

Xixi se rió finalmente, aunque sin sonido.

—¿Quieres dibujar algo? Estoy seguro de que no has abierto los nuevos papeles que te compré ni los marcadores —la señaló una vez que se levantó de su asiento—. También podríamos ir a caminar, aún no hemos visto los alrededores de aquí. ¿Qué quieres hacer, hermanita?

Ella levantó una mano y la llevó hasta quedar apoyada bajo su mentón, su rostro adoptó una expresión pensativa. Luego, bajó la mano y con los dedos índice y medio imitó el paso de alguien caminando sobre la palma de su otra mano.

Ella levantó una mano y la llevó hasta quedar apoyada bajo su mentón. Su rostro adoptó una expresión pensativa, con ambos ojos ligeramente cerrados. Luego, bajó el brazo. Luego, bajó la mano y con los dedos índice y medio imitó el paso de alguien caminando sobre la palma de su otra mano.


—Buena opción —dijo Tianchen, y una sonrisa pequeña, apareció en su rostro por primera vez esa mañana. Se acercó y volvió a acariciar la cabeza de ella con mucho cuidado, deslizando los dedos entre su cabello rosáceo—. Tenemos libre hasta las once. Y son las… —con la mano libre sacó el celular del bolsillo del pantalón y consultó la pantalla— …nueve. Tenemos dos horas completas para pasear. ¿Quieres ir a algún lado en particular?

Tianxi sostenía su sonrisa y negó con la cabeza, haciendo que sus dos coletas se movieran a los lados. No tenía un destino específico, la idea de escapar del departamento, de las paredes que parecían vigilarlos, era suficiente.


—Podríamos seguir Google Maps y ver que hay cerca de aquí o caminar sin rumbo — sugirió Tianchen, bajando la mano con el celular para poder utilizar la pantalla táctil con el pulgar— . Hay un parque a unas seis calles y también una tienda de crepas con muy buenas reseñas. ¿Tienes hambre después de este horrible desayuno?

Ella lo seguía mirando y su sonrisa se tornó un poco cómplice. Asintió una vez, con un movimiento leve de la cabeza. Nunca había sido de comer en exceso y una mordida a la media luna fue suficiente para llenarla, pero el deseo de hacer algo normal, algo que no estuviera programado por Qian Jin, de comer un poste callejero, sentarse en un banco y estar cerca de su gege le parecía una idea maravillosa.

—Crepas, entonces —confirmó Tianchen, guardando el teléfono—. Uhm… primero abrígate bien. Aquí la mañana todavía es fresca. 

Mientras Tianxi se dirigía al perchero cercano a la puerta, Tianchen la observaba con atención cada paso y acción que realizaba, escudriñando en las profundas emociones que contenía Xixi y ese peso de protección que sentía por ella casi instintiva, algo que seguía haciendo después de diez años, por culpa de su padre biológico. Pero junto a ella, siempre venía la otra sensación, la culpa. Culpa porque su vida, sus decisiones, estaban ahora atadas a la de ella dentro del esquema de Qian Jin. Él podía explotar, podía refunfuñar, podía intentar pelear y Tianxi no tenía esa forma de escape tan hosco. Su silencio era una prisión de la que él no podía sacarla y de la que no entendía bien su significado, el por qué había dejado de hablar pues fue varios meses antes que la tragedia sucediera.

Ella regresó con un suéter delgada de color rosa pálido con un moño blanco grande en el cuello. Tianchen tomó la suya del perchero, una chaqueta a deportiva azul, holgada y de estilo urbana, que se ponía casi todos los días.

—Listos —anunció, abriendo la puerta principal del departamento.

Al salir del vestíbulo caminaron por un pasillo hasta llegar al ascensor, como todo aquel piso pertenecía a Qian Jin, el lugar se sentía silencioso salvo por los pasos de las zapatillas de ambos hermanos. Bajaron en el ascensor en silencio., Tianxi se paró junto a él, sus hombros casi rozándose. En el espejo del ascensor, Tianchen la vio mirar sus propios pies y poner ambos brazos de manera incómoda.

—No mires así — dijo él, su voz sonando más suave dentro de la cabina metálica—. Hoy no pensamos en abogados, ni en tutorías, ni en ejercicios de caligrafía. Solo crepas y un parque. ¿Sí?

Tianxi levantó la vista hacia el reflejo de su hermano en el espejo. Sus ojos, del mismo color coral, se encontraron. Ella asintió, lenta y deliberadamente, un pequeño destello de alivio pareció cruzar su mirada junto a una sutil sonrisa.

Las puertas del ascensor se abrieron al lobby, un espacio amplio y decorado con mármol y algunas estatuas griegas, cruzaron hacia la puerta de entrada principal, vigilada por un conserje que les dedicó un gesto formal, era la primera vez que lo veían. Al empujar la pesada puerta de vidrio, el sonido y el aire de Eastwood los envolvieron de lleno, junto al ruido del tráfico, el murmullo lejano de la gente, el cielo abierto nublado.

Tianchen respiró hondo, expandiendo el pecho y a su lado, Tianxi hizo lo mismo, casi de manera sincronizada. Por un momento, solo fueron dos hermanos gemelos en la acera, con dos horas robadas al reloj de alguien más. El plan era simple: caminar hacia la izquierda, seguir la calle principal, y encontrar la tienda de crepas. Un plan insignificante y, por eso mismo, perfecto. Tianchen empezó a caminar y Tianxi lo siguió, ajustando su paso al de él, como siempre.

Tianxi observó el nombre del complejo departamental grabado en letras de metal dorado junto a la entrada. El brillo le resultó casi molesto. Luego alzó la vista, intentando ubicar con la mirada el penthouse que ahora ocupaban los tres, aunque no estaba del todo segura de cuál sería. El edificio se alzaba frente a ellos, enorme, un rascacielos soberbio tanto por su tamaño como por la fachada de cristal que reflejaba el cielo grisáceo de la mañana. Tomson Riviera dominaba el perfil de la zona, demasiado nuevo, demasiado limpio, incluso entre otras construcciones similares y claramente costosas.

El barrio se llamaba Lujiazui. No pertenecía al Chinatown tradicional, pero la cercanía se notaba en ciertos detalles que Tianxi no supo enumerar al principio. Después los fue viendo: algunos caracteres en los anuncios, el diseño cuidadoso de los jardines, las farolas de papel rojo con dragones pintados que colgaban de ciertos postes, y también las estatuas. Dragones otra vez. Este sector era conocido por albergar residencias de empresarios asiáticos influyentes, ejecutivos de grandes corporaciones y una que otra cara reconocible de la farándula internacional. Un distrito de gente adinerada, de riqueza mostrada sin pudor, protegida por seguridad privada y por los vehículos de lujo que entraban y salían de los garajes subterráneos a toda hora.

El edificio Tomson Riviera se erguía frente a un cuerpo de agua artificial, al que llamaban el río cristalino o Huangpu, aunque de río tenía poco. El agua, mantenida en un tono azul verdoso que no parecía del todo natural, estaba impecablemente quieta. Sobre su superficie se deslizaban algunas canoas y botes de remos, siempre lejos, como si formaran parte del decorado y nada más. Una verja baja y elegante separaba los jardines privados de la ribera, donde bancos vacíos y senderos perfectos parecían esperar a residentes que, probablemente, nunca tenían tiempo para sentarse ahí.

Desde donde estaban, Tianxi podía ver la entrada principal, custodiada por dos conserjes de uniforme impecable. Todo encajaba demasiado bien. Era un lugar hecho a la medida de personas como Qian Jin, y al mismo tiempo un sitio donde ellos, los hermanos Li, se sentían fuera de lugar, como piezas prestadas en una vitrina demasiado brillante. Tianxi bajó la vista otra vez, prefiriendo el suelo conocido de la acera a la frialdad imponente de lo que ahora llamaban hogar, aunque todavía no se sentía así.

— …

Tianchen la observó un instante, notando cómo su mirada se perdía en la fachada del edificio. Un suspiro escapó de sus labios antes de que le diera un pequeño golpe suave con el dorso de su mano sobre la parte superior de la cabeza.

—¿En qué piensas, hermanita?

Ella se llevó ambas manos a la zona afectada, fingiendo mayor dolor del que había causado la acción de su hermano, y le sacó la lengua en un acto de burla hacia él.

—Estás siendo un poco grosera hoy —volvió a suspirar él, pero una sonrisa involuntaria asomó en su rostro. Extendió su mano y tomó la de ella, cerrando sus dedos alrededor de los suyos con firmeza—. Vamos, hay que apurarnos. Nos queda menos de dos horas ya.

La empezó a arrastrar suavemente por la vereda, ancha y casi desierta a esta hora. Tianxi ajustó su paso al de él, sus zapatos golpeando el pavimento en un ritmo más rápido en el intento de seguirlo y no fastidiarlo. Sin embargo, volvió la cabeza una vez más, lanzando una última mirada hacia la entrada reluciente del Tomson Riviera, la impresión de estar siendo observada desde las ventanas altas, aunque probablemente fuera su imaginación, no se disipaba de la mentecita de ella.

Tianchen, sin soltar su mano, siguió caminando.

—No mires atrás —susurró, su voz más baja y más seca que nunca—. Mirar atrás no sirve de nada, si Qian Jin nos está vigilando seguramente ya debería haber mandado algún espía a perseguirnos.

Ella miró entonces el perfil de su hermano, enredando sus dedos con los de él y su expresión concentrada en el camino. Con su mano libre, hizo un movimiento breve, los dedos índice y corazón de su mano izquierda caminaron sobre el aire frente a su pecho, y luego señalaron hacia adelante, hacia la calle donde supuestamente estaba la tienda.

—Exacto —asintió él, comprendiendo el gesto—. Las crepas nos esperan y podemos ver que hay en las otras tiendas. Ese es el único objetivo por ahora, lo demás puede esperar.

Tianxi asintió, enfocando su vista en la espalda de su hermano. Apretó un poco más su mano dentro de la de él, agradecida que gege siempre estuviera con ella y fuera su apoyo en todo momento y situación... y luego la culpa, no podía decirle lo aliviada que estaba de estar fuera, de alejarse, aunque fuera por dos horas. No podía expresar con palabras el peso que se levantaba de sus hombros con cada paso que los distanciaba del edificio, el silencio entre ellos dejó de ser incómodo y Tianchen seguía conversando con ella sobre diferentes cosas mientras avanzan juntos por Lijiazui.

—Mira —Tianchen le mostró la pantalla del celular con su mano libre, manteniendo firme el agarre a la suya con la otra—. El río artificial se llama Huangpu, aunque le dicen rio cristalino y se extiende en línea recta hasta el parque Vireta. Parece que todo en esta zona está conectado. Es impresionante, ¿no te parece, Xixi?

Ella dirigió sus pupilas hacia el río frente a la vereda de dónde estaban. La extensión era vasta, una franja azul turquesa que parecía no terminar, disolviéndose en el horizonte celeste. Supuso entonces que el parque que su hermano mencionaba estaba mucho más lejos de lo que creía, luego, su atención se fijó en los barcos que estaban en la superficie, sobre todo las pequeñas embarcaciones con formas redondeadas y pintadas para parecer cisnes y patos blancos; se mecían con suavidad, llevando a alguna pareja o a un niño, en su mente, apareció la palabra "lindo" y después, el deseo egoísta de querer subirse con su hermano a uno de esos barcos algún día.
—Uhmm —Tianchen emitió el sonido, y con un solo vistazo al rostro de Tianxi comprendió lo que deseaba en sus pensamientos. La expresión de anhelo en sus ojos era fácil de leer para él—. Deberíamos pedir un día libre completo, un sábado. Podríamos alquilar uno de esos patos. ¿Qué tal? —propuso, y levantó el dedo meñique de la mano que sostenía el teléfono.
Tianxi miró el dedo meñique extendido, luego su rostro. Su sonrisa se desvaneció un poco, reemplazada por las dudas e inseguridades. ¿Cómo? ¿Cuándo? Qian Jin no aprobaba el tiempo "improductivo". El horario de ambos estaba repleto de compromisos y lecciones y un paseo en barco de pato no encajaba en ninguna celda.

—No se permite dudar, Xixi —con una sonrisa cazó el dedo meñique de la chica y lo enlazó con el suyo con un apretón suave, no la quería lastimar bajo ningún concepto—. Listo. Promesa sellada. Ahora toca buscar en qué momento es oportuno escapar de Qian Jin.

Soltó su mano y reanudó la marcha, su paso había recuperado un ritmo más despreocupado; Tianxi bajo la mirada a su propio dedo meñique por un instante, esa promesa infantil la lleno de felicidad e inconscientemente empezó a anhelar aquella escapada a imaginar como sería y como se sentiría subirse a un bote así,

Caminaron en silencio durante una manzana completa. La atmósfera de Lujiazui era peculiar a esta hora, silenciosa y sin demasiada gente transitando, las aceras pulcras y los autos se escuchaban lejanos, tráfico en las avenidas principales y esquinas más concurridas. Pasaron frente a otros edificios de departamentos, cada uno con nombres en inglés o francés grabados en placas doradas o grandes carteles en vallas, con autos de lujo entrando y salían silenciosamente de los accesos subterráneos y empleados comunes en uniforme impecables que iban y venían, sobre todo los de delivery.

Tianxi observaba todo con mucha curiosidad, inmersa en ese mundo nuevo y diferente que se abría ante ella; antes de ser adoptados por Qian Jin eran una familia “normal”, con un padre trabajador y una madre que había sido modelo antes de casarse. La vida era sencilla y corriente, salvo por los arrebatos de ira que sufría el padre de familia y luego, la tragedia.

—Aquí debe ser —musitó Tianchen, deteniéndose frente a un local pequeño puesto entre una galería de arte contemporáneo y una óptica de diseño. La fachada era sencilla para todo el lujo que la rodeaba, con una ventana donde se veían, efectivamente, una plancha para crepas, algunos topping  ordenados y un mostrador con frutas. El cartel decía "Le Rêve" en letras cursivas.

Al abrirse la puerta, el olor del local los envolvió de inmediato. El aire estaba impregnado de mantequilla caliente y masa recién hecha, con un dulzor suave que no resultaba demasiado empalagoso. Se percibía también el aroma de azúcar fundida y otros olores que Tianxi no reconoció, mezclado con un fondo tibio que recordaba a la plancha encendida, que dejaba claro que allí se cocinaba sin pausa, desde temprano, para cualquiera que se detuviera a entrar.

—¿Entramos? —preguntó Tianchen, mirándola.

Ella asintió con energía, un movimiento que hizo mover sus coletas. Por primera vez desde que salieron, su expresión mostraba un entusiasmo claro, sin demasiadas preocupaciones.

Dentro, el espacio era reducido, con solo tres mesitas de madera y un par de sillas cada una, las paredes estaban cubiertas de fotos en blanco y negro de París. Una campanilla sobre la puerta anunció su entrada y, detrás del mostrador, una adolescente entre los quince o diecisiete años edad con un delantal que debajo traía el uniforme escolar levantó la vista y les sonrió.

—Buenos días, jóvenes. ¿Para llevar o para comer aquí?

Tianxi leyó el nombre de la chica en el gafete que cuelga sobre el delantal, Haru, como la primavera. La pregunta que hizo no la escuchó bien, pero estaba segura de que no había necesidad de pensar en ello, pues gege se encargaría de todo.

—Para comer aquí, por favor —respondió Tianchen, dirigiendo a Tianxi hacia la mesa del fondo, la más alejada de la entrada.

Ella se sentó, colocando las manos sobre la mesa. Sus ojos escudriñaron el menú escrito con tiza en una pizarra detrás del mostrador, había opciones simples: crepas de azúcar y limón, de nutella, de frutas frescas, de jamón y queso.

—¿Cuál quieres? —preguntó Tianchen, siguiendo su mirada—. Yo voy a pedir una de plátano y nutella.

Tianxi señaló con el dedo, suavemente, hacia la opción de frutas frescas: fresas y kiwi. Era la más colorida, la que parecía más alegre en el dibujo tosco de la pizarra.

—… va a ser algo amargo para ti —comentó Tianchen, y se acercó al mostrador para hacer el pedido—. Pediré una de frutilla y crema batida.

Tianchen se acercó al mostrador y habló con la empleada de cabellos cortos y un gris rosáceo. Tianxi observó como sucedía todo, a su hermano inclinándose un poco para escuchar y hablar con la chica, en una postura que intentaba parecer relajada pero que no lograba ocultar del todo la tensión habitual en sus hombros.

Finalmente desvió la mirada hacia la ventana. A través del cristal, el mundo de Lujiazui seguía su curso, con un auto eléctrico pasando sin hacer ruido y de manera parsimoniosa. La culpa, esa compañera constante, se arrastró hasta su conciencia; Tianchen estaba aquí, en una crepería un martes por la mañana, haciendo de padre, de hermano mayor, de guardián. Él debería estar pensando en sus estudios, en sus amigos, en su vida. No en vigilarla a ella, en calcular el tiempo, en esquivar la sombra de Qian Jin. Apretó los dedos sobre la mesa de madera.

Tianchen regresó a la mesa con dos vasos grande de Matcha Latte, era la primera vez que veía una bebida verdosa con crema arriba, sin embargo, supuso que era Matcha debido a la popularidad que tomó en redes sociales. Los colocó con cuidado y eligió una silla para sentarse en la pequeña mesa.


—Dice que en cinco minutos estarán listas —anunció, deslizándose en la silla frente a ella. Su mirada escrutó su rostro—. ¿Todo bien? Pareces… más pensativa que de costumbre.

Ella lo miró y alzó los hombros en un encogimiento leve; no podía explicarlo, ni siquiera con gestos. Cómo separar la felicidad simple del repentino paseo matutino de la tristeza profunda de saberse una carga. En lugar de eso, señaló el vaso de Matcha y luego a él, arqueando una ceja en pregunta. « ¿Y tú? »

—Yo estoy perfecto —contestó él, tomando un sorbo—. O lo que se puede decir perfecto, después de gastar parte de mis ahorros en los gustos delicados de mi dulce hermanita.

Ella sonrió. Tianchen siempre encontraba la manera de aligerar el ambiente, de convertir su protección en una aventura tonta.

La campanilla de la puerta sonó. Tianchen, por reflejo, volvió la cabeza hacia la entrada dónde un hombre con traje entró hablando por teléfono en un tono bajo y urgente. No era nadie que reconocieran. Sin embargo, algo en él —la corte precisa del traje gris, el maletín de cuero negro reluciente que colgaba de su mano— le recordó de inmediato a Qian Jin. La similitud, aunque probablemente superficial, fue suficiente para que hiciera a Tianchen apretar los dientes de forma automática, una reacción instintiva de recelo.

Finalmente, cuando el hombre se dirigió al mostrador sin prestarles atención, el gemelo relajó los hombros y volvió a mirar a su hermana.

—Solo un ejecutivo con una mañana complicada —murmuró, bajando la voz aún más—. Nuestro espía personal tendría mejor pinta, seguro.

Movió la mano en un gesto apático, tratando de restarle importancia. En ese instante, Haru llegó a su mesa con los pedidos, traía dos crepas estilo japonés, servidas en forma de cono dentro de soportes de cartón; la de Tianchen estaba rellena de Nutella, con helado de vainilla en la boca y chispas de chocolate esparcidas, la de Tianxi, tal como él había pedido al final, era de fresa y crema de leche, con bolas de helado de fresa y trozos de fruta fresca encima.

—Provecho, provecho —sonrió muy feliz la dependienta, dando un girito para regresar al mostrador y atender al nuevo cliente—. ¡Bienvenido! ¿Ya sabe qué va a ordenar, señor?

—Wof wof.

A los pies del hombre, un perro mediano de raza shar pei respondió por él. El animal era de un color marrón claro, con sus arrugas características y patas cortas. Avanzó unos pasos rígidos hacia el mostrador, moviendo la cola. El perrito llevaba una corbatita azul a juego con el traje de su dueño.

—Grr, wof —añadió el perro, como dando una opinión.

El hombre suspiró y apoyó una mano en el mostrador, sin dejar el teléfono.

—Una bebida X y algo comestible para él —su voz sonaba fatigada, como si ya hubiera tenido una jornada completa antes del mediodía. Tras sus gafas de montura fina, su mirada parecía ausente, sin interés en estar allí.

—Wof —ladró el shar pei de nuevo, esta vez mirando directamente a Haru.

Tianxi, cuya atención se había desviado por completo de su postre, observaba al animal y sus labios se curvaron hacia arriba, sentía mucha curiosidad por el pequeño perrito, sobre todo cuando vio la pequeña corbata azul anudada cuidadosamente alrededor del cuello arrugado, una sonrisa espontánea y leve asomó a sus labios con más intensidad.

—¡Sí, clientes! ¡En seguida! — Haru se puso de cuclillas, con el menú en manos y se lo enseñó al can—. Para el clientecito, podríamos recomendar nuestra crepa de crema batida simple. Sin chocolate ni demasiada grasa.

—Wof, wof —respondió el perro, con un tono que sonó casi a una afirmación.
—¡Entendido! —anunció la chica, levantándose de un salto y desapareciendo detrás del mostrador con una energía que contrastaba con el letargo del ejecutivo.

Tianchen, con curiosidad, contempló cada expresión de Xixi con una ceja ligeramente enarcada; percibió como la mirada de ella se suavizaba al mirar al perrito y la sonrisa automática que se apodero de sus facciones. Eso era bueno, pero también notó que la crepa, la torre de fresa y helado, seguía intacta.

Tianchen empujó el plato de cerámica hacia Xixi para llamar su atención, sorprendida, desvió la mirada del perro y enfocó a su hermano mayor. Él señaló la crepa con la cabeza.

—Se derrite —pronunció en un tono que pretendía ser seco, pero que no lograba ocultar sus emociones—. Si se hace un charco en la mesa, la moza tendrá más trabajo.

Tianxi miró su crepa, luego a él. Hizo un gesto pequeño con la mano hacia donde estaba el hombre y el can, y levantó los hombros intentando formular una pregunta. « ¿Y eso? »

—Un hombre estresado y un perro con mejor gusto para accesorios que su dueño —resumió Tianchen, tomando su propio cono—. No es asunto nuestro. Nuestro asunto es esto, el tiempo y que nos quedan cuarenta minutos.

Ella asintió, comprendiendo el mensaje. Este era su tiempo libre, para compartir con su único hermano y familiar vivo, sin Qian Jin ni las obligaciones que los atormentan a diario, pero aquel animal gracioso y bonito, era parte de este día y un anécdota que quizás querría recordar para compartirlo con él en un futuro.

Tomó el cono con cuidado. La textura crujiente del exterior cedió bajo sus dedos y dio un mordisco pequeño, la mezcla de la crepa dulce, la crema fresca y el helado se fundió en su lengua, junto al frío de esa combinación. Cerró los ojos por un segundo, saboreando la mezcla de sabores.

Ambos continuaron comiendo, sin embargo, la expresión de Tianchen ya no resultaba relajada. Sus ojos se movían ligeramente entre su crepa y la mesa adyacente.

—Wof, wof —sonó de nuevo, más cerca. Antes de que pudieran reaccionar, el hombre se había sentado en la mesa contigua a la suya, colocando su maletín negro en una silla libre. El shar pei estaba ahora sentado en la silla frente a él, como un comensal más, sus patas delanteras apoyadas en el borde de la mesa.
—Si charlo contigo aquí, me verán como un loco —susurró el hombre, doblando la cabeza hacia un lado, hablando claramente hacia el perro—. Ahu.

—¡¿Por qué?! —una voz robótica, salió de un pequeño dispositivo en el collar del animal, junto a una luz verde que parpadea al ritmo de las palabras.
—Porque los perros no hablan —respondió el hombre, frotándose el puente de la nariz bajo las gafas—. Incluso con un traductor de voz. Y si mi jefe se entera de que salgo de la oficina para tener conversaciones con un perro, me hará quedarme horas extras el resto de la semana.
—Sí, sí. El mago no trabaja horas extras. Wof —la voz robótica no tradujo el último ladrido. La luz verde del collar parpadeó de nuevo.

Tianchen dejó su crepa sobre el plato, su postura se había vuelto rígida. No sabía que esperar de algo tan absurdo e irreal, aunque ya había oído anuncios de las pastillas que alargan la vida de los perros y los traductores, siempre creyó que esas cosas eran falsas. Su mirada se encontró con la de Tianxi, que observaba la escena con los ojos muy abiertos, olvidada por completo de su postre. En su rostro se mezclaban la fascinación y una punzada de ansiedad.

Ella miró a su hermano y levantó ligeramente las manos, con las palmas hacia arriba, en un gesto de incredulidad. « ¿Está pasando esto? ». Tianchen respondió con un leve asentimiento de cabeza, dejando en claro que sí y que bajo ningún motivo había que involucrarse.

—Pero es por un asunto importante, mago —continuó la voz del collar—. Los paseos son parte fundamental para una mente y un cuerpo sano.

 
El hombre, a quien el perro llamaba "mago" , apoyó la frente en la palma de su mano.

El salaryman, a quien el perro llamaba Mago, suspiró profundamente, hundiéndose un poco más en la silla de madera.

—Cinco minutos —murmuró, hablando claramente hacia el perro—. Solo cinco, ¿entendido? Luego volvemos y fin del asunto.
—Diez —corrigió la voz robótica de Ahu.
—Cinco.
—Ocho y medio.
—Cinco —repitió el hombre, esta vez con más firmeza y algo cansado.
El collar emitió un pequeño pitido electrónico.
—Aceptable. Pero caminando, no arrastrando los pies como sueles hacerlo, Mago.
—No soy un Mago—replicó el de cabellos ébanos sin levantar la vista del teléfono—. Estoy exhausto de repetirlo, Ahu.
—Los Magos también suelen decir eso justo antes de que sus identidades sean reveladas —observó Ahu.

El hombre soltó una pequeña risa, que más sano como un sonido nasal extraño. En ese momento Haru trajo en la bandeja de metal la crepa de crema y la lata de refresco de marca X.

—Disfruten —la animada camarera depositó ambas cosas en la mesa y se retiró rápidamente a atender más clientes que habían llegado—. Provecho.
—Gracias —murmuró el godines, mientras Ahu ladraba.

Él abrió la latita, dejando que un sonoro sonido al gas se escuchara en el local y luego le dio un sorbo largo.

—Este lugar… —murmuró después, dejando la lata y mirando alrededor sin verdadero interés—. Es bastante molesto.
—¿Eastwood o el local? —cuestionó Ahu—. En cualquier caso, eres alguien muy extraño y sombrío, casi como esa niña de ahí —ojeo rápidamente a Tianxi.

Tianxi se tensó apenas oyó las palabras del animal, sabía bien que esas palabras iban hacia ella y la hacían sentir expuesta, nadie le había lanzado palabras tan directas. Nunca. 

Tianchen notó el cambio en su postura al instante y su mandíbula se apretó.
—No mires hacia allá —susurró, manteniendo la vista fija en su hermana y sin mover apenas los labios—. Termina tu comida, nos vamos.

Pero la advertencia llegó tarde.

Ahu había girado la cabeza, sus ojos oscuros y profundos posándose directamente en Tianxi; la observó durante un par de segundos y ella se sintió analizada, peor que cuando visitaba al psicólogo que Qian Jin contrató.

—Ella huele extraño —declaró la voz del collar con total naturalidad. El Mago suspiro y prefirió evitar meterse en ese tipo de conversaciones—. Interesante perfil olfativo.

Su acompañante bebió otro trago de la bebida y cerró sus ojos, exasperado por tener que involucrarse.

—Ahu, basta.
—¿Qué? Es normal preocuparse por una chica que huele fatal.
—Fatal —gruñó él, ajustándose las gafas con un gesto nervioso. Finalmente, se volvió hacia la mesa de los gemelos y pidió disculpas con la cabeza—. Discúlpenlo, por favor —musitó, sin lograr sostener la mirada de Tianchen por más de un segundo—. El firmware de sinceridad tiene un… umbral de filtrado bajo. No era su intención incomodar.

Tianchen no respondió de inmediato. Su silencio fue denso, lleno de hostilidad que no iba a poder contener por mucho tiempo. Qian Jin le ordenó mantener un perfil bajo, evitar los conflictos puesto que iba a lanzar una carrera como rapero.

—No hay problema —su voz fue áspera, dejaba claro que sí lo había, y que preferiría estar en cualquier otro lugar. Frente al perro… rompiendo ese dispositivo.

Mago exhaló aire aliviado, agradeciendo el fin de la interacción, y volvió a su teléfono.

Ahu, sin embargo, no parecía satisfecho con la interacción y siguió mirando a Tianxi. Movió la cola ligeramente a modo de saludo, luego emitió un suave gruñido que el collar no tradujo.

El Mago no dijo nada, solo apuró el resto de su lata X.

En su mesa, Tianchen dejó algunos billetes bajo el plato y se levantó, su movimiento fue brusco, pero quería salir de ahí de inmediato.

—Vamos —ordenó a su hermana, sin darle opción.

Tianxi se levantó y siguió a su hermano hacia la puerta y miró una última vez hacia la mesa contigua. Ahu la observaba, quieto.

Al salir a la calle el clima estaba más cálido, aunque no lo suficiente para sacarse las chaquetas, caminó unos pasos y se detuvo, volviéndose hacia ella.

—¿Estás bien? —preguntó, su mirada filosa y los puños apretados.

Ella asintió. Luego, tocó su propio hombro y señaló en dirección a la crepería, haciendo un gesto pequeño con la mano, intentando decir « fue raro, pero está bien ».

—Sí, fue raro —convino Tianchen, apretando más los puños—. Bastante extraño, debe ser alguna estrella de Eastwood o un ventrílocuo. El perro una marioneta o algo así.

Ella sabía que se refería, pero ese animal era raro de una manera diferente… solo un perro que decía lo que olía. Supuso que las hormonas revelaban más de lo que podían estudiar con análisis y exámenes.

Tianchen consultó su reloj y maldijo en voz baja.

—Corremos —ordenó Tianchen, y no, no fue una sugerencia. Ya estaban por llegar tarde y eso significaba una situación que se salía de su control.

Comenzaron a caminar a un ritmo veloz, a unos pasos de empezar a trotar ligeramente; Tianxi tomó la mano de su hermano mayor, a la vez que intentaba seguir los pasos amplios de él, su respiración se volvió más agitada después de unos metros. Las calles de Lujiazui, antes tan vacías y silenciosas, ahora cobraba un poco más de vida. Cada semáforo, cada persona que caminaba despacio frente a ellos, era una pequeña frustración más para la psique de Tianchen.

Tianchen no soltaba su mano. Su agarre se transformó más firme mientras corrían, ella notaba cómo su hermano escaneaba el camino con la mirada, intentando que ambos no se tropezaran con ningún peatón.

Pasaron junto al río artificial Huangpu, los botes con forma de cisne seguían deslizándose con la misma calma indiferente y otras embarcaciones más grandes. Nada cambiaba, salvo ellos que estaban asustados por enfurecer a su padre adoptivo llegando tarde a la agenda programada para ese día.

—Por aquí —jadeó Tianchen, girando con brusquedad hacia una calle lateral más angosta que no había considerado antes como opción viable para acortar el camino. El entorno cambió de inmediato, con edificios que dejaban de mostrar fachadas cuidadas y pasaban a exponer muros de ladrillo, accesos secundarios y zonas de servicio que revelaban una parte menos estética de Lujiazui.

Al final de la calle la silueta del Tomson Riviera volvió a imponerse frente a ellos como ese gran edificio residencial dónde los esperaba las responsabilidades de un nuevo comienzo, uno atrapado.
Tianchen se detuvo a unos centímetros de la entrada, soltando la mano de Tianxi para inclinarse hacia adelante y apoyar las manos en las rodillas, concentrado en regular su respiración. Su expresión mostraba la tensión del horario casi perdido.

—Escucha —espetó sin mirarla, todavía recuperando el aire—. Entramos por la puerta principal y actuamos con normalidad. Saludamos al conserje si es necesario y subimos directo, si Qian Jin pregunta decimos que el paseo fue tranquilo, compramos algo para leer y volvimos. No mencionamos creperías ni perros ni nada fuera de eso. Lo sabes, ¿verdad?

Tianxi asintió despacio, pasando los dedos por la muñeca donde aún quedaban marcas visibles de la presión con la que él la había sujetado durante el trayecto. Entendía que mentir en un momento así era necesaria y comprendía que cada pequeño desvío del plan implicaba una carga que Tianchen asumiría por ella ante ese hombre. Esa idea se le asentó en el estómago con incomodidad.

Él se incorporó, acomodó la chaqueta con movimientos automáticos y pasó la mano por el cabello rosado para ordenarlo, retomando la actitud que se esperaba de él dentro de ese espacio. La premura no había desaparecido del todo, aunque ahora estaba más controlado.

—¿Lista? —preguntó.

Ella tomó aire y confirmó sin decir nada.

Los conserjes de la entrada los identificaron de inmediato, uno de ellos, ya mayor, les dirigió un saludo breve.

—Buenos días, jóvenes Li —en tono momento fue profesional.
—Buenos días —respondió Tianchen sin modificar el ritmo al que caminaba.

 Se detuvieron frente al ascensor a esperar a que sus puertas se abrieran, ese tiempo en que tardó en descender se hizo largo, Tianchen ya se veía más nervioso que nunca. 

—No me olvidé de la promesa —susurró él—, buscaré tiempo y ahorrare dinero para ir juntos al río. Un hermano genial debe serlo hasta el último.

La de cabellos rosados asintió con una sonrisa.

—Es cuestión de ordenar las cosas y mentir un poquito más.

Al abrirse las puertas, entraron sin demora. El mayor pulsó el botón del piso correspondiente y el ascensor comenzó a subir lentamente. Él mantenía la vista fija al frente, con la mandíbula rígida, concentrado en algo que no compartía. Ella extendió la mano y apoyó los dedos sobre su brazo, intentando tranquilizarlo.

Tianchen reaccionó al contacto y bajó la mirada hacia ella, parpadeando.

Tianxi le dedicó una sonrisa pequeña, sin intención de decir nada más. Era una forma de agradecerle aquella escapada que los había sacado de esa rutina asfixiante y las palabras peyorativas de Qian Jin, haciendo que la expresión del chico se relajara un poco.

El ascensor se detuvo y las puertas se abrieron hacia el pasillo alfombrado que conducía a su departamento.

—Recuerda mantenerte detrás de mí, Xixi.

Tianchen salió primero, con la postura erguida y los hombros firmes, preparado para afrontar lo que esperaba y proteger a su querida hermanita, quien lo siguió sin dudar.

Las clases de tutoría habían concluido a las catorce horas, Tianchen se dirigió junto a Qian Jin al corazón del barrio chino antes de volver al departamento donde Tianxi lo esperaba. Caminaban por calles más estrechas, con letreros en caracteres brillantes, olores a especias picantes y estatuas de dragón.
—Fue un poco aburrido —bostezó Tianchen, dejando que el hombre lo guiara hacia un edificio aún más alto e imponente que el Tomson Riviera—. Preferiría seguir una carrera con algo con más acción. Policía, o algo por el estilo.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Miyu on December 09, 2018, 03:39:34 PM
5.2 # Dark Dream.

Los niños que cargan con ciertos antecedentes o traumas en su infancia, sin embargo, rara vez superan los filtros de esos organismos. Qian Jin se lo había recordado en más de una ocasión, de manera clara y pobjetiva y que para mantener el estatus de “hijo adoptivo”, con todo lo que ello implicaba —seguridad, educación, un techo sobre la cabeza de su hermana—, la ruta estaba trazada: Derecho. Nada más se discutía.
—… — repasó el nombre grabado en el mármol negro de la entrada: CT Talent Agency. Había oído hablar de ellos a través de Qian Jin y de breves menciones en las noticias. Una empresa con varias divisiones que manejaba numerosos talentos—. ¿La compañía de los Liu?  —preguntó, intentando sonar indiferente.
—Sí —confirmó Qian Jin, acomodando las gafas sobre el puente de su nariz con el dedo corazón—. En este momento, en Chinatown, hay dos entidades que tienen gran peso y esta es una, la otra es una agencia manejada por un individuo que se hace llamar Vein. Los Liu se especializan en música, baile, televisión y videojuegos… cosas más… públicas. Vein opera en un espectro distinto: teatro, modelos, publicidad de cierto nivel. También se sugiere que maneja intereses menos visibles en el barrio. Es una presencia con la que es preferible no interferir. Un tipo de sombra que uno no quiere como enemigo.

—Vaya, un sujeto peligroso al que conoces… —murmuró Tianchen, sin poder evitar un dejo de sarcasmo—. Como ese Xiaoma. Un buen peroo tan tonto que obedecía órdenes sin pensar. He.

Qian Jin esbozó una sonrisa delgada, casi imperceptible.

—Xiaoma terminó entre rejas por su incapacidad para seguir instrucciones  —señaló, su voz era plana, sin emociones—. Un instrumento es valioso solo mientras demuestra dos cualidades, obediencia absoluta y la inteligencia necesaria para ejecutar las órdenes correctamente. La falta de cualquiera de las dos lo vuelve prescindible, un riesgo, más que un beneficio.

Tianchen contuvo de dar una respuesta. Las palabras no eran una simple lección; eran una advertencia directa de que él también podría volverse en algo inútil de lo cual deshacerse. Él y su hermana lo eran, simples instrumentos bajo las manos de Qian Jin, ya quería dejar la conversación en ese punto.

El abogado empujó la pesada puerta de vidrio, el interior del vestíbulo era opulento como el rascacielos dónde viven actualmente… luces tenues, muebles de diseño minimalista, una recepcionista que los observó con una sonrisa profesional y falsa, como los implantes que lleva.

—Señor Qian. Lo esperan en la sala de reuniones tres —dijo ella, sin necesidad de que él se identificara.
—Gracias.

Subieron en un ascensor panorámico. Tianchen miraba a través del cristal cómo el paisaje de Chinatown se desplegaba bajo ellos, los techos tradicionales y edificios nuevos formaban un paisaje hermoso. Se preguntó, no por primera vez, qué hacían allí, Qian Jin no solía llevarlo a reuniones de trabajo.

La sala de reuniones era un cubo blanco con una mesa larga de madera oscura. Dentro, un hombre de mediana edad, con un traje que costaba más que todo lo que Tianchen había poseído en su vida, se levantó para saludarlos.

—Jin, puntual como siempre.
—Liu. No vale la pena perder el tiempo de nadie.

Los apretones de manos fueron meras formalidades, las sonrisas corteses y vacías. El hombre era el CEO de todo CT Talent Agency, un hombre con lentes estilo Windsor que parecía estar bebiendo Whisky pese la hora. Miró a Tianchen con curiosidad.

—¿Y este joven es…?
—Mi pupilo, Tianchen. Considero valioso que comience a familiarizarse con el entorno donde podría desenvolverse en el futuro —explicó Qian Jin, colocando una mano ligera sobre el hombro de Tianchen. El gesto parecía paternal, pero la presión de los dedos era firme, delineando los límites—. Posee un talento en estado inicial y un instinto agresivo poco común; por ese motivo lo incorporé a la división artística. Se dedica al rap y tengo entendido que Liu Xiao, su hijo menor, se encuentra actualmente en la búsqueda de un rapero.

Liu siguió analizando al chico de cabellos rosados, evaluando a Tianchen con una mirada que parecía calcular su potencial de mercado.

—Interesante. Nunca esperé que tus propias ambiciones fueran tan formidables.

La conversación fue desplazándose hacia acuerdos discográficos, cláusulas de exclusividad, derechos de autor y conflictos derivados de artistas que intentaban romper contratos o cambiar de sello antes de tiempo. Tianchen no dominaba todavía todos los términos, aunque reconocía varios por sus estudios y entendía el trasfondo general. Qian Jin hablaba con una serenidad constante, desglosando cada punto con exactitud, moviéndose con total comodidad en el terreno legal, siempre con la misma sonrisa astuta que no revelaba nada más de lo necesario.

En un momento, Liu mencionó un nombre de « Vein » y un silencio breve cayó sobre la mesa.

—Es un asunto delicado —espetó Liu, jugando con el pisapapeles de cristal sobre el escritorio—. Su forma de aparecer en escena es… invasiva. Prefiero mantener una relación formal antes que provocar una disputa directa. No es conveniente para nadie, pero…
—La cautela también es una estrategia —respondió Qian Jin, asintiendo—. En este sector es fundamental conocer el alcance de cada figura antes de cruzar ciertas líneas. Me aseguraré de que cualquier colaboración o acuerdo con él quede claramente delimitado. En términos contractuales y creativos.

La manera en que lo dijo no resultó tranquilizadora, sonó como si lo fuera a mantener vigilado para tener límites definidos.

Tianchen observó a Qian Jin mientras hablaba de mantener distancia con alguien cuya influencia no se limitaba al ámbito musical; sintió incomodidad persistente, difícil de ignorar y que ya no se trataba únicamente de acuerdos o carreras artísticas. Qian Jin veía la industria como un sistema jerárquico donde los contratos servían para asegurar control y cada oportunidad tenía un precio implícito.

—Tenemos un problema con este grupo —Liu chasqueó los dedos y al instante una música juvenil llenó la sala desde parlantes ocultos. Era una canción de rock pop, cantada en mandarín por tres voces entrelazadas. Las letras sonaban animadas y con una energía juvenil contagiosa, pero si uno escuchaba con atención, había una capa de tristeza y una búsqueda de esperanza en cada estrofa.

“I don't want every single destination to end up meaningless. I don't want to follow the rules and get used to withering…”

La canción sonó durante un puente completo antes de que Liu silenciara la música con otro gesto.

—Este es el trío que Xiao, mi hijo menor, está obsesionado en superar. Quiere borrarlos de las listas, quitarles su espacio. Para lograrlo, ha tomado una decisión… impetuosa. Se ha acercado a Vein.

Qian Jin no mostró sorpresa. Solo inclinó la cabeza ligeramente, invitándolo a continuar.

—Vein —prosiguió Liu— ve una oportunidad. Pero no quiere ensuciar sus manos directamente con el lado musical. Prefiere delegar esa parte, externalizarla, para mantener sus propias operaciones limpias. Me ha propuesto un acuerdo y yo, a través de esta agencia, debo proporcionar el talento que pueda enfrentar y desplazar a este grupo. Necesitamos un nuevo proyecto, algo fresco. Un guitarrista principal con actitud, que pueda rapear con agresividad y un pianista con técnica excepcional, que le dé una sensación más… melancólica, única.

Mientras Liu hablaba, sus ojos se posaron en Tianchen, quien permanecía de pie junto a la silla de Qian Jin, sintiendo cómo la conversación tomaba un giro peligroso y personal.

—Tu pupilo —agregó Liu, dirigiéndose de nuevo a Qian Jin— tiene el tipo de presencia que podría funcionar para la parte frontal. Es joven, tiene esa chispa de rebeldía que se puede dirigir. Pero necesitaría entrenamiento vocal intensivo, coaching de imagen y luego está el otro componente. El pianista, tú mencionaste que su hermana gemela posee un talento notable con varios instrumentos.

Qian Jin asintió con calma, reposando el mentón sobre la palma de su mano.

—Tianxi posee una habilidad técnica prodigiosa en múltiples instrumentos para su edad, resultado de una memoria auditiva excepcional. Sin embargo, su condición la hace  no apta para un escenario tradicional… sufre de mutismo selectivo severo, agravado por el trauma. No podría interactuar con una audiencia, ni siquiera levantarse ante los aplausos.

Liu frunció el ceño con frustración.

—Es una pena que sea tan inútil. Un pianista que no puede presentarse en vivo es como un coche de carreras sin ruedas. Bonito , pero inútil para la pista.
—No necesariamente —replicó Qian Jin, su voz suave e inflexible—. Todo depende de la historia. Una prodigio silenciosa, una joven misteriosa que solo se comunica a través del piano, podría ser una historia poderosa, una narrativa con la que el público se verá identificada. Se filmarían sesiones de estudio, primeros planos de sus manos, se construiría un aura de enigma. El mutismo dejaría de ser una discapacidad para convertirse en un elemento distintivo de la banda. Por supuesto, requeriría un entorno controlado, un manejo muy cuidadoso de la estética y la temática de cada canción.

Tianchen sintió que la sangre le hervía. Estaban hablando de su hermana como si fuera un producto defectuoso al que había que encontrarle una etiqueta atractiva. Su puño se apretó a un costado.

—La idea tiene mérito —concedió Liu, pensativo—. Esto conlleva a un riesgo demasiado alto. Una crisis de ansiedad en medio de una sesión, una mala reacción podría arruinar la inversión, ni hablar de presentaciones en vivo. Y el componente principal —miró a Tianchen— es volátil. Se le nota en los ojos. Tiene resentimiento hacia nosotros.
—El resentimiento, está presente en los mejores raperos —argumentó Qian Jin sin retroceder—. Y la volatilidad puede ser contenida mediante incentivos y consecuencias claras. Ellos comprenden el valor de la estabilidad que yo proporciono. Su lealtad está asegurada por su situación de dependencia mutua.

Las palabras eran tan frías. Tianchen entendió el mensaje perfectamente: si querían mantener su frágil seguridad, su refugio frente a cosas peores, debían aceptar ser las piezas en este nuevo juego.

—Necesito una demostración —dijo Liu, decidido—. Del chico, primero. Que rapee algo, lo que sea. Que demuestre que tiene esa agresividad útil que dices. De la chica… veré grabaciones de ella tocando. Si el material es tan bueno como sugieres, podríamos proceder con un contrato de desarrollo. Bajo tus términos, por supuesto, Jin. Tú manejas el aspecto legal y la custodia de los talentos.

Qian Jin asintió, una sonrisa profesional dibujándose en sus labios.

—Por supuesto. Prepararé una evaluación. Tianchen tiene material propio. En cuanto a Tianxi, tengo registros de sus ejercicios, te los haré llegar.
—Habla con mi hijo, es el indicado. Después de todo él será la voz principal del proyecto. Proyecto Hýbris.

La reunión había terminado en ese momento, sin nada más que hablar con el CEO Liu. Ahora el siguiente paso era encontrarse con Liu Xiao, a quien recordaba Qian Jin como un joven excepcionalmente talentoso y un genio. Tenían suerte de que el el próximo heredero fuera él y no el fallecido primogénito.

— … —se detuvo en el largo pasillo, la frustración estaba a tope en él—. No somos tus marionetas.

Qian Jin ni siquiera giró la cabeza para mirarlo.

—He —una media sonrisa se dibujó en él —. Qué ingenuo, todos somos marionetas de algo, en tu caso del pasado, dejas que te controlen debido a tu hermana, a tus traumas. La única diferencia inteligente es elegir qué hilos te mueven y quién los sostiene. Los hilos que yo ofrezco les dan un escenario, recursos, protección, los hilos que ofrece el mundo allá afuera los dejarían deshechos en una esquina. Es una elección sencilla. Hablaré con Tianxi esta noche y tú empezarás a preparar tu mejor material. Es una orden.

Caminaron varios pisos más, subiendo por escaleras de servicio que olían a limpio y desinfectante reciente. Se cruzaron con secretarias que avanzaban con tabletas y vasos de café, saludándose apenas con breves movimientos de cabeza, atrapadas en su propia prisa. Qian Jin no volvió a mencionar el tema de la agencia durante el resto del trayecto. Para él, el asunto estaba resuelto: después de años de inversión —gastos, tutorías, tratamientos para Tianxi— había llegado el momento de que su pupilo empezara a demostrar su valor.

Se detuvieron frente a una puerta de metal cubierta de un ébano sin brillo, minimalista, cuyo letrero se lee “Proyecto Hýbris”.

Tianchen observó el nombre, una palabra extraña que no reconocía.

—Recuerda ser formal con Liu Xiao —dictó Qian Jin, colocando una mano en el pomo pero sin girarlo aún—. Es el miembro más perspicaz de su familia, y será tu supervisor directo si esto avanza. Tu futuro, en muchos sentidos, depende de la impresión que causes ahora.
—¿Hýbris? —preguntó Tianchen, ignorando por un momento la advertencia y señalando el letrero—. ¿Qué significa?
—Es un término antiguo, del griego —resonó una voz suave y elegante desde detrás de ellos, antes de que Qian Jin pudiera responder—. Se refiere a un exceso de confianza, una arrogancia tan desmedida que desafía a los dioses y que, por regla general, termina en ruina.

Tianchen se giró hacia dónde provenía la voz.
El hombre era alto, de cabello azul oscuro que asomaba bajo un sombrero buntal, y sus gafas de montura fina centellearon con la luz del pasillo. Su sonrisa era sagaz, y en ella Tianchen reconoció el mismo filo familiar que a veces veía en Qian Jin.

—La caída del que se cree invencible —continuó—. El castigo por aspirar demasiado alto.
Sus labios se curvaron apenas.
—Un nombre irónico, ¿no creen? Advertir sobre la caída justo cuando se apunta a la cima. Eso es lo que hace interesante el juego.

—Liu Xiao —saludó Qian Jin, sin rastro de sorpresa.
—Disculpen la tardanza, tuve asuntos que atender —expresó Liu Xiao, deslizando las manos en los bolsillos de su gabardina—. Ya revisé el dosier de mi padre. Así que tú eres Li Tianchen. Un placer.

Su mirada, ahora sin la barrera del reflejo en los lentes, se posó en Tianchen. Era una mirada clara, inquisitiva, que parecía escarbar no en la superficie, sino en los impulsos que latían debajo.

—Al final —continuó Liu Xiao, señalando el pasillo, la puerta del proyecto, todo ese circo— esto siempre va a lo mismo: al nervio. A lo que queda cuando ya no puedes esconderte detrás de nada. La gente puede mentir, adornarse, vender una historia bonita. Puede actuar, incluso convencerse de su propio papel. Pero hay una cosa que no se puede falsificar antes de pisar un escenario: el ritmo del corazón ante el vacío.
Hizo una breve pausa.
—La prisa. El miedo. La rabia. Eso crudo. Eso es lo que yo escucho. Ahí es donde juego yo. Eso es lo que yo escucho. Ese es mi territorio. Así que, dime, Tianchen… cuando te subas a esa tarima imaginaria, ¿qué latido traerás? ¿El de una presa asustada, o el de alguien que, al menos, está dispuesto a fingir que es cazador?

Su tono era conversacional, casi amable, eso resultaba inquietante. No preguntaba sobre su habilidad musical, indagaba sobre la naturaleza, midiendo de lo que era capaz Li Tianchen.
El juego, como él decía, ya había comenzado y las piezas estaban puestas sobre el tablero.

—Bienvenidos a mi despacho —dijo finalmente.

Los tres entraron a una sala de reuniones amplia, del mismo tono monótono y minimalista que todo el piso y la anterior oficina. De inmediato, una asistente trajo tres tazas de café negro en silencio, colocándolas sobre la mesa de cristal antes de retirarse.
Mientras tomaban asiento, una música comenzó a sonar desde los parlantes, una mezcla con bases de jazz progresivo, guitarras distorsionadas de rock y un ritmo electrónico pulsante. Las voces entrelazaban mandarín e inglés con fluidez.

“Here is a hunter, breathing under chessboard. Setting the trap, I'm waiting for you down the hole. Would you ever want to become my friend? Falling in the dark is your destiny…”

—La premisa del proyecto es antagónica —explicó Liu Xiao, reclinándose en su silla con la taza de café entre las manos. Su sonrisa era delgada, taimada —. La narrativa es la del cazador que juega con su presa. Una dinámica de superioridad, el contraste es clave. Nuestro objetivo es el trío que necesita ser desplazado, Shiguan Dailiren, que opera en el extremo opuesto. Venden esperanza, hablan de destinos cambiantes y optimismo vacío. Un sentimentalismo que me provoca ganas de borrarlos.

Hizo una pausa, tomando un sorbo.

—El líder, Cheng Xiaoshi, es un sentimental —continuó—. Cree de verdad en la empatía. Un idealista. Y en este negocio eso solo significa una cosa, un ingenuo que tuvo mucha suerte. A su lado están Qiao Ling y Lu Guang. Este último… —hizo una pausa breve—, es distinto. Ese sí piensa. Calcula. No se deja arrastrar por emociones baratas. Es un jugador serio en un tablero lleno de novatos. Por eso mismo, es el primero que hay que sacar de la partida.

Miró a Tianchen por encima del borde de su taza, sin apuro.

—Tú, en cambio, tienes cólera. La de alguien a quien le quitaron todo y no ha podido recuperarlo. Eso sirve y mucho. Pero la rabia sola no vale nada; sin dirección eres solo una presa fácil de atrapar. Yo pongo el rumbo, tú pones el latido que hace creíble al cazador.

Inclinó la cabeza apenas, jugando con la taza de café en su mano.

—¿Lo entiendes? Esto no va de hacer música. Va de una guerra cultural, y el sonido es solo el arma. Y en cualquier guerra… la compasión es siempre la primera en caer.

Tianchen dejó escapar una risa breve, amarga. Lo entendía y demasiado bien. Mejor que cualquiera.

—¿Sabes lo que es el fuego prometeico? —preguntó Liu Xiao, dejando su taza sobre la mesa de cristal—. No el mito infantil, sino la esencia: robar el elemento divino para dárselo a los mortales, sabiendo que el castigo será la eternidad atado a una roca, con un buitre devorándote las entrañas día tras día. Un acto de arrogancia suprema, de desafío puramente y de un dolor infinito.

Se levantó y caminó lentamente hacia la pared, donde un proyector se encendió mostrando la letra de la canción.

—Eso será el primer sencillo: « Prometheus » . Pero no será sobre el héroe. Será sobre el precio, sobre el robo, la caída y la venganza de quien ya no tiene nada que perder —explicó, su dedo siguiendo los versos en la pantalla—. La letra no habla de esperanza. Habla de arrastrar a todos consigo al vacío. De convertir el dolor en un arma y la desesperación en un espectáculo. « Stealing the gods' torch. Falling off the tallest cliffs ».

Se volvió hacia Tianchen, sus ojos tras las gafas lo estaban analizando y a esa expresión del de hebras rosadas que parecía inmerso.

—Tu voz tiene que sonar a eso. A alguien que ya ha aceptado el abismo, no a un rebelde que grita por justicia. A un condenado que disfruta de ver arder el mundo. La rabia que tienes, ese resentimiento por todo lo que te han quitado, por la jaula en la que vives… no la suprimas, conviértela en esto —señaló la pantalla.

Tianchen leyó los versos: « Taste my pain » « People with no place to go waiting for the world to fall apart ». Las palabras resonaron en un lugar oscuro y de resignación dentro de él, dónde eso es lo que siente tantas veces en su día a día: un vacío profundo, un deseo de que todo se derrumbe.

—Es muy oscuro —logró decir, su voz más áspera de lo habitual.
—Es real. Yo no pretendo hablar de falsas esperanzas ni un futuro limpio—corrigió Liu Xiao sin pizca de empatía—. La oscuridad que quiero transmitir es la de un corazón real. El mercado está saturado de luz falsa, de esperanzas como las de Shiguan Dailiren. Esto es algo que no pueden fingir, la credibilidad de la perdición.
—Y mi hermana —preguntó Tianchen, conteniendo la duda en su tono—. ¿Dónde encaja en esto?

Liu Xiao sonrió.

— « The devil retreating into her black and white keys » . Esa línea. El piano será la sombra, la que otorga el mal. La parte instrumental, especialmente los puentes y los solos, tendrán esa cualidad de "diablo en las teclas". Elegante, impecable, pero despiadada en su ejecución técnica. El cazador silencioso que acecha tras la música.

La descripción era brillante, casi poética, y por eso mismo era más aterradora. Estaban diseñando una imagen para Tianxi que explotaba su trauma, que la recreaba como algo maquiavélico y cuyo sonido cerraba todo el esquema de maldad.

—Ella no… —comenzó Tianchen, pero la mano de Qian Jin se posó en su hombro delgado.
—La psicóloga ha estado trabajando con ella —aseguró el abogado, apretando más su mano—. Estará en estudios de grabación privados, sin audiencia, sin presión. Será la forma más segura de que su talento sea aprovechado, sin exponerla. Piénsalo, no la puedes proteger por siempre.

Protectora, la palabra sonó hueca. Tianchen miró a Qian Jin, luego a Liu Xiao, que observaba el intercambio con curiosidad.

—Necesito una decisión —replicó Liu Xiao, chasqueando los dedos para que apagaran el proyector—. El cronograma es ajustado, Tianchen, grabarás una maqueta de prueba con estas dos estrofas —señaló unos versos específicos en la pantalla—. Quiero oír al cazador en ti. El de alguien que ya ha robado el fuego y no le importa quemarse. Tienes cuarenta y ocho horas. Tu hermana puede empezar con los arreglos de piano a partir de las particiones que le enviaré.


No era una oferta sino más bien un ultimátum con cierto tono de cortesía, falsa, por supuesto, en los labios de Liu Xiao.

—Y si decimos que no? —indagó Tianchen, desafiando la mano que aún pesaba en su hombro.

Liu Xiao se encogió levemente de hombros.

—Entonces no eres el cazador. Eres la presa que rechazó la única oportunidad de… escapar… —escapar de Qian Jin, pero no lo diría tan fácilmente para que el abogado sospechara.

La propuesta de Liu Xiao ya estaba hecha, quedaba en manos de quien no tiene control de su propio destino. Tianchen no respondió de inmediato, sentía la presión de la mano de Qian Jin en su hombro, era una cadena que lo ataba profundamente.

—No es una cuestión de querer —intervino Qian Jin sin sacar su mano ni esa sonrisa falsa que ya estaba enfermando al pelirrosado—. Te está dando una oportunidad única, lo que deseabas. Liu Xiao ofrece visibilidad, recursos, una plataforma y la más beneficiada en esto la que ganará más estabilidad es Tianxi.

Liu Xiao observaba el intercambio con interés, ya había captado la dinámica de ellos dos.

—El miedo es natural —dijo, sin un ápice de condescendencia—. Y es un lujo que no puedes permitirte. Firmar no es un acto de fe, es una jugada ganada. Negarte te deja sin nada. La decisión es lógica.

Tianchen miró dónde había estado la pantalla y recordó los versos de « Prometheus ». " People with no place to go" . Esa era su verdad y la de Tianxi. Asintió, no tenía elección. Ninguno de los dos la ha tenido nunca.

—Cuarenta y ocho horas —repitió Tianchen, dando aviso que mandaría la maqueta de su voz en ese tiempo estipulado.
—Excelente —Liu Xiao se acercó y extendió una mano. Su apretón fue firme y cargado de esa mueca ladina. Ahora creía más que nunca que era simple marioneta—. Bienvenido al Proyecto Hýbris. Envía la maqueta a esta dirección de mail. Haré los arreglos para tu hermana.

La reunión por fin había terminado. En el ascensor de regreso el silencio era absoluto. Qian Jin no hizo comentarios y Tianchen miraba su reflejo distorsionado en las puertas metálicas. ¿Qué sentía en ese momento? No era excitación ni ambición, sino un vacío y su nueva máscara la de un “cazador”. Era consciente que, en realidad, el contrato se había firmado mucho antes de que él abriera la boca. Su papel era actuar como un cazador en el juego, una pieza más en el tablero de Liu Xiao, al que había impulsado por Qian Jin. ¿Cómo se lo diría a su hermanita?
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Eureka on December 31, 2018, 01:48:25 AM
Reseteo mi historia en el DD. Disculpen u_u
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Mimi Tachikawa on December 31, 2018, 02:36:13 AM
Yo tambien ando con la inspiracion y pues me uno xDD

(https://vignette.wikia.nocookie.net/symphogear/images/0/08/Tsubasa_Live_GX.png/revision/latest?cb=20170723014132&path-prefix=es)

Era un nuevo dia de trabajo en la vida de Tsubasa Kazanari, aunque el dia de hoy era un dia especial ya que era su cumpleaños numero 23, desde los 16 años Tsubasa habia ingresado al mundo de la música, era muy popular y muy querida por sus fanáticos, ya que a pesar de su complicada agenda siempre se daba tiempo para responder los mensajes de sus fanáticos por Twitter e Instagram, ademas que siempre se quedaba a firmar autógrafos hasta que terminara la larga cola de fanáticos. Solamente tenia un dia donde solo se lo dedicaba a ella y esta era el dia de su cumpleaños.
Se encontraba durmiendo en su habitacion, cuando la puerta se abrió y las cortinas de las ventanas se corrieron para que la luz del sol alumbrara aquella limpia y pulcra habitacion

Tsubasa-sama ya es hora de que despiertes…- un joven de cabellos castaños rubios amarrados en una coleta y vestia ropa de mayordomo le movia suavemente para despertarla-

Uhm??...- la joven peliazul abria los ojos lentamente- Miyauchi-san…buenos días…-

Que tengas un muy feliz cumpleaños…- le dijo con una suave sonrisa y le dio una pequeña bolsa de regalo-

Muchas gracias…siempre acordándote de mi cumpleaños…- dijo cogiendo el regalo y lo abrió, cuando vio que era un broche en forma mariposa- es muy hermoso…me lo pondré ahora mismo…-le dijo emocionada-

De nada…solo es un pequeño detalle…- le dijo mientras empezaba a llevarse las sabanas-como todos los años el dia de hoy no hay nada en la agenda, asi que puede tomarse todo el dia para hacer lo que mas quieras…-

Muchas gracias por hacer también de mi agente porque en verdad no puedo confiar en nadie mas que en ti…después de la muerte de mis padres, eres la persona mas importante en mi vida y no seria la persona que soy si no estuvieras aquí a mi lado-

No soy digno para tantas palabras de afecto Tsubasa-sama pero siempre hare lo mejor que pueda para que seas feliz haciendo lo que mas quieres…-

Y te lo agradesco mucho…- sonriéndole suavemente-y Hajime ya se levanto??-

Hajime-sama se encuentra preparando el desayuno para su querida hermana…-

Le dije que íbamos a comer los tres afuera…-suspiro pesadamente- pero como siempre le gusta hacer las cosas de esa manera…bueno después de tomar el desayuno saldremos a pasear por la ciudad deacuerdo?-

Esta bien…entonces preparare el auto y me cambiare para poder acompañarlos a los 2 sin llamar mucho la atención…-

Muchas gracias ahora si me cambiare…-

En la cocina se encontraba Hajime el hermano menor de Tsubasa que tiene 17 años, al igual que Tsubasa, Hajime era un idol aunque este pertenecia a un grupo a diferencia de su hermana que era solista, Hajime al igual que Tsubasa fue bendecido con una hermosa y angelical voz, muchas veces las agencias querían tenerlo como solista pero el joven no queria y queria seguir con sus amigos, también adoraba a Miyauchi como si fuera su padre ya que él los crio a ambos.

Tsubasa finalmente se acerco al comedor ya estaba vestida con ropa casual y una gorra de color azul con lentes oscuros para no llamar la atención

Y asi parece que fuera yo??...- dijo observando a su hermano que terminaba de servir el desayuno- buenos días querido Hajime…-

Oneechan!! Feliz cumpleaños!!! Y si te ves irreconocible…-corrio a abrazarla- feliz cumpleaños!!-

Le devolvió el abrazo afectuosamente- muchas gracias querido hermanito…- le dio un beso en la frente- te dije que íbamos a salir desde temprano-

Pero queria hacer el desayuno ya que pocas veces podemos estar juntos como familia debido a los complicados horarios que ambos tenemos, y queria prepararte algo especial por ser un dia especial…-

Muchas gracias…lo aprecio de todo corazón..tienes razón… mañana tengo que participar en una miniserie como invitada y tu comienzas tu gira con Ra*bits…- se quito la gorra y los lentes y los dejo a un lado- tengo muchos planes para hacer los tres…-

Miyauchi también apareció en escena y ya no vestia el traje de mayordomo sino vestia con ropa mas informal claro que el cabello lo tenia amarrado

Hajime-sama yo iba a servir el desayuno asi habíamos quedado-

Pero Miyauchi-san también es tu dia de descanso y como trabajas mucho por ambos al menos yo podía hacer esto…asi que me perdonas??-

Claro que lo hare…-le dijo sonriéndole-

Es verdad también es el dia de descanso de Miyauchi-san y como familia los tres tenemos que relajarnos mucho y que mejor que ir a la playa…-

Es una buena idea oneechan…entonces debere de preparar algo para comer y los trajes de baño y las toallas…-

Pero Hajime…-

Nada de peros oneechan tenemos que ahorrar y no podemos darnos el lujo de comer en la calle…-

Esta bien…-dijo con una gota en la cabeza, cuando el teléfono sono- disculpen un momento voy a contestar, se alejo del lugar y contesto- alo?

Tsubasa!! Feliz cumpleaños!!!! Espero que tengas un espacio para reunirnos y celebrar como se debe tu dia no??

Maria-san…muchas gracias por tus saludos, pero no estabas en la grabación del live-action del manga de Fruits Basket?-

Lo estoy, pero pedí que mi dia libre sea el dia de hoy para poder estar contigo en tu cumpleaños…aunque me dijieron que no, al menos tengo espacio libre para hoy en la noche ya que mañana descansaré-

Uhm…a que hora de la noche?-

Supongo que a las 8 de la noche, estare preparándote una gran sorpresa y mas te vale que vengas porque sino no te lo voy a perdonar, no te preocupes por la prensa que les pedi a la gente de mi agencia que arregle todo para dar información falsa y asi que no nos molesten en este dia especial para ti…-

Bueno esta bien ire…va a ser en tu departamento?-

Pues claro…no podemos ir a lugares que llamen la atención…-

Tienes razón…entonces nos vemos a esa hora…-

Muy bien…nos vemos a esa hora y saludos a Hajime e Ichirou-san!!...- colgó-

La peliazul suspiro pesadamente-

Quien era ¿?Maria-san??-

Si, solo queria saber si podía reunirme con ella y pues le dije que si porque ya sabes como es ella si le digo que no es capaz de secuestrarme…-

Es cierto-rio divertido- entonces iremos a la playa un momento a relajarnos y luego llegamos temprano a casa para que te alistes y puedas ir donde Maria-san…-

Pero y nuestro tiempo juntos?-

Vamos a pasar varias horas juntos asi que no hay problema oneechan es tu cumpleaños y también debes de verte con los amigos que te quieren mucho-

Por eso te quiero mucho Hajime por ser un hermanito tan lindo…- le acaricio suavemente los cabellos.
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Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Othinus on December 31, 2018, 12:30:38 PM
Bienvenidas chicas, que disfruten fickeando aqui harto! <3


( 4 ; a )

Esa noche a Yoh lo arrastraron miserable hacía Ley, que es uno de los tantos pubs de moda en la ciudad. Vestido con una camiseta negra sin mangas y un jean bombilla, el bastardo brilla con elegancia atrás de los cabellos desordenados. “Chino bastardo” le oyó maldecir a Badou alguna que otra vez, más cuando acapara la sonrisa de Reika.

“¿Qué quieres para beber?” preguntó el barman al gruñón de Yoh, quien se sentó en la barra.
“Con suerte y termino una birra” dijo con una ínfima sonrisa.  Normalmente escogería un asiento bien lejos de cualquier humano con aspiraciones a iniciar una conversación con él, pero el calor del lugar lo hizo elegir un sitio bien cercano al único aire acondicionado, que para su desgracia queda detrás del mozo.
“¿Y si invito algo más fuerte y costoso?” inició la charla una mujer de treinta a treinta y cinco años, con maquillaje suficiente para preferir el calor insoportable al espantoso perfume.
“Mejor empiezo mi abstinencia total de alcohol. Dame algo sin nada, un energizante” la ignoró total.
“¿Qué crees que haces?” levantó la voz alentada por la bebida acabada en la copa de cristal.
“Señora, haga silencio. Entre sus griterios, el perfume barato que usa y los parlantes de quinta categoría de Ley me estoy muriendo” expresó cansado del trabajo, de ser arrastrado por sus amigos y de lo vivido ese día. La chica que conoció, específicamente sus grandes ojos como el cielo, lo atormentan como sombras por alguna extraña razón. 

La mujer con el autoestima por el suelo sujetó la copa de cristal y la lanzó contra la barra, el objetivo es Yoh pero lo esquivó rápido debido al acostumbramiento de tener amigos borrachines e impredecibles. 

“Aquí no se puede pelear” la seguridad de la puerta arrastró a la mujer fuera del establecimiento y Yoh respiró de alivio, viendo el lado bueno logró entretenerse por unos cinco minutos.

Volviendo al pensamiento que lo atarea, penso en helado crema del cielo y susurró “sabroso” casi sin pensarlo. <- Lo que pasa cuando los niños buenos saltan sus comidas.

En fin, ya sentado en el sitio privilegiado donde el aire fresco del aire le da, decidió sacar el celular y fijarse en facebook si algún conocido reconocía a la extraña y desquiciada niña, por que claro, ignora que de hecho Erio es ya toda una adulta no hecha ni derecha pero por ahí anda.

“Hombre, al menos te hubiera mojado o que se yo” al lado de él cogió el lugar otra señorita, aunque esta sonrió amable.
“Iwasawa, bienvenida” la saludó el cantinero, trayendo una lata grande de energizante para Yoh, junto a un vaso. “¿Quieres lo de siempre?”
“Sí, el primer grupo telonero se retrasó y bueno, tengo tiempo” la voz suave y tranquila de la mujer lo dejo a gusto. ¡Las demás mujeres con las que se topa deberían aprender de ella!
“Ser rockero ya no es rentable” sonrió detrás de la barra el sujeto. “Ahora traigo el café, Iwasawa”.

Yoh la miró de reojo, bastante intrigado por ella.

“¿Buscas a alguien?” señaló el teléfono, que se encuentra en la página de búsqueda en Facebook.
“Sí, una niña bastante excéntrica” respondió con honestidad.
“¿Eh—?” la curvatura en los labios de Iwasawa hizo que la interrumpiera antes de terminar de formar una oración.
“La chica olvidó una compra donde trabajo” apresuró en decir.
“Ya veo” contempló pensativa “¿eres Komiyama Yoh?  Si me dices alguna forma de reconocerla le diré que la buscas”.
“Mn” pensó “cabellos y ojos como el cielo, destellan y las pupilas son penetrantes, creo que si te sientes calada hasta el alma por su mirar… es ella” pronunció “¿cómo sabes mi nombre?
“Eras un poco famoso en el mundo deportivo, el básquet, creo. Intentaré estar atenta a la chica pero con esa descripción tan vaga… “
“Es que no entiendes, si la encuentras sabras que es ella porque asi es” suspiró y luego bebio de un trago el líquido en el vaso, estrellando el vidrio contra la barra “ella es notable a primeras. Te aseguro eso”.
“Ok, ok. Soy Iwasawa Masami. Trabajo de telonera en varios lugares con una banda, Girls Dead Monster, espero verte por aquí seguido” el mesero trajo el café que ordeno, con hielo y lo bebio rápido. “Nos vemos, Yoh”.

Sin despedirse apropiado, Yoh suspiro pesado. Las mujeres alrededor de él siempre son raras. Sí, definitivo.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Miyu on February 23, 2019, 06:49:53 PM

6 # Joe’s Rock Shop.

La tienda Joe’s Rock Shop estaba sumida en su silencio habitual para la hora que marcaba el reloj de pared. Un chico de cabello corto y desaliñado bajó por las escaleras de madera, cuyos peldaños crujieron con un sonido bajo sus pies. Su primer movimiento fue dirigirse hacia los interruptores junto a la entrada. Al accionarlos, las luces fluorescentes parpadearon una vez antes de iluminar por completo el local.

Bajo la luz blanca, aparecieron las estanterías abarrotadas, filas de CDs organizadas con un orden que solo él entendía, pósters de grupos cuya fama se había desvanecido hacía años y algunos materiales promocionales nuevos que parecían fuera de lugar entre tantas antiguas leyendas. El chico, Koga Mitsuki, bostezó ampliamente antes de llevarse un cubre bocas negro al rostro y se dirigió a la pequeña sala trasera destinada al personal.

Allí preparó café. Vertió los granos molidos en el filtro, añadió agua caliente a la cafetera. Buscaba una infusión fuerte y amarga, del tipo que golpea el paladar y despeja la mente de inmediato. Mientras goteaba, regresó al mostrador principal.

Encendió el viejo ordenador, cuya pantalla tardó unos segundos en parpadear y mostrar el escritorio, sin perder tiempo, abrió la aplicación de Spotify de música y seleccionó una lista de reproducción titulada simplemente "miércoles". La primera canción Hellbound de Jerry Cantrell, comenzó a sonar a través de los parlantes estéreos montados en las esquinas del techo. El sonido de una guitarra pesada y distorsionada llenó de inmediato el espacio vacío, ahogando el silencio.

Koga Mitsuki, copropietario de la tienda, era también estudiante universitario de primer año. Vivía con la escasa rentabilidad que generaba este local, un ingreso miserable que apenas le permitía cubrir gastos; el problema era la especialización de la tienda, Joe's Rock Shop se dedicaba al rock y sus derivados, géneros que ya no atraían a las multitudes. Si se hubiera llenado el lugar con mercancía de grupos de K-Pop, con cajas de lipstick brillante y álbumes de edición especial, probablemente la clientela habría sido constante. Pero esa no era la tienda que Mitsuki y su tío habían querido mantener.

Después de buscar el café y servirlo en una taza de porcelana, se fue a sentar en el mostrador y, mientras bebía un sorbo de aquel líquido amargo empezó a repasar las tareas del día: revisar el inventario, actualizar el catálogo online, tal vez intentar limpiar el polvo de las cubiertas de los vinilos más viejos. Otra jornada más esperando que, por casualidad, alguien con los mismos gustos anacrónicos decidiera cruzar la puerta.

—¿Ya estás despierta? —el tío bajó por las mismas escaleras e imitó a Mitsuki, bostezando y caminando hacia la cafetera.
—Sí, hoy no tengo universidad —explicó ella con una sonrisa, el barbijo había quedado relegado a su mentón—. Hoy tiene jornada completa Shabana, pensé en sustituirlo por la mañana y de tarde ya él puede encargarse de la tienda o quizás lo acompañe, no lo sé. No tengo mucho por hacer hoy.
—… está amargo —al beber un trago, el tío sacó de inmediato la lengua de su boca—. Mitsu-chaaaan, esto te hará doler el estómago.
—Te hace falta más aura, tío —bajó los dedos índice, corazón y anular, haciendo la señal de cuernos. Sus uñas estaban pintadas de negro.
—Es muy temprano —suspiró, buscando el azúcar para agregarle al café——. Y esto muy amargo y fuerte para una niña.
—Ya sé que está amargo —replicó Mitsuki, observando cómo su tío revolvía el azúcar en su taza con una cuchara que tintineó contra la porcelana—. Es la dosis necesaria para enfrentar un miércoles.

Su tío, Joe, sacudió la cabeza con una media sonrisa. Llevaba una camisa a cuadrados demasiado grande para él, remangada hasta los codos.

—Un miércoles aquí es lo mismo que un lunes. Silencioso. Al menos con Shabana por la tarde tal vez entre algún turista perdido buscando un recuerdo de ‘grupo japonés famoso’. —bebió otro sorbo, esta vez sin hacer muecas—. ¿Y tú? Si no tienes clase, ¿vas a pasarte el día entre estas cuatro paredes otra vez? Tienes que buscar amigas y pronto, así la tienda se animará un poco.

Mitsuki se encogió de hombros, jugueteando con el borde de su taza.

—Pensaba revisar el inventario de los CD’s del sótano. Hay cajas que no hemos abierto desde que… bueno, desde hace años. A lo mejor encontramos algo que valga algo, aunque sea para venderlo online.
—Eso es más trabajo del que parece —advirtió Joe, apoyándose contra el mostrador—. Y polvo. Mucho polvo. Pero si insistes, yo te ayudo después de almorzar. Antes tengo que hacer algunos recados y recoger a una amiga del aeropuerto.
—¿Quién es? —su interés fue de inmediato a la amiga de su tío Mitsuki, la gente que Joe conocía era de antiguos grupos de rock, miembros de la escena under de la noche que ya habían dejado esa vida y muy, muy pocos habían triunfado. Si venía en avión debía tener dinero.

La canción en los altavoces cambió a algo un poco más rápido, una batería marcando un ritmo más presuroso. Joe miró hacia los parlantes.

—¿Eso es nuevo?
—Nuevo no. De los noventa. Lo agregué a la lista la semana pasada. ¿Te gusta? E intentado buscar “nueva música vieja”.
—Es ruidoso —sentenció Joe, aunque su tono era de aprobación—. Adecuado para ahuyentar a los clientes que buscan discos de chicas del K-Pop. La semana pasada entró un grupo de kpopers y se fueron molestas…

Mitsuki rio por fin.

—Bueno, quizás alguna de ellas se podría llegar a interesar en este tipo de música. Eso sería realmente genial.

Joe terminó su café y dejó la taza en el fregadero pequeño que había en la sala del personal, detrás del mostrador en una habitación separada.

—Bueno, mejor iré al aeropuerto, antes de que Habin se enoje. Tú, si vas a bajar al sótano, lleva una mascarilla de verdad y no solo para decorar la barbilla. Y enciende la luz del fondo, que la bombilla del pasillo sigue fundida.

—Sí, jefe —respondió Mitsuki, haciendo un saludo militar ficticio con el dorso de su mano.

Una vez que Joe se retiró de la tienda, Mitsuki respiró hondo. El olor a café viejo y papel envejecido era el aroma que más le gustaba, miró el local vacío, iluminado por la luz artificial que hacía brillar el plástico de las fundas de los CDs y luego se ajustó bien la mascarilla sobre la nariz y la boca, se aseguró de que el teléfono estuviera en su bolsillo y se dirigió hacia la puerta trasera que conducía al sótano. Antes de abrirla, echó un último vistazo a la tienda silenciosa. Hoy, como casi todos los días, el rock sonaría para ella sola y, por ahora, eso le bastaba.

Koga Mitsuki era una joven japonesa de veinte años como muchas otras. Se había tomado un año sabático antes de comenzar la universidad, la duda persistente sobre qué carrera elegir, o incluso si deseaba seguir alguna, la había llevado a hacer esa pausa. En el fondo, su verdadera aspiración era otra, formar una banda, tener su propio público y poder enorgullecerse del género que había amado desde la infancia.

Esa pasión por el rock no era casualidad. Tras el fallecimiento de sus padres la música y su tío Joe se convirtieron en sus únicos pilares en la oscuridad. El rock, en particular, era más que un gusto, era un espacio seguro donde podía ser imperfecta, ruidosa o vulnerable, sin temor a ser juzgada.

En ese instante “Boys Don’t Cry” de The Cure sonaba de fondo.

Esa mañana fue sencilla, acomodó las cosas y empaquetó algunos pedidos para enviarlos en la tarde. Vivir en Eastwood hacía más sencillo poder ganar dinero con ventas online o vender productos firmados para aumentar el precio.

—Tarde más de lo que pensaba —hizo sonar su muñeca una vez terminó de envolver el último disco y miró el reloj en la pared—. Ya son las doce, Shabana ya debe estar viniendo.
—Ya estoy acá —su rostro se veía desganado, como siempre—. Buenas tardes, Koga.
—Oh —una sonrisa se dibujó entre sus pómulos—. La próxima vez avisa, estaba tan distraída que no te vi.

Gyutaro soltó un bufido, rascándose la nuca con sus uñas largas y descuidadas. Evitó la mirada de la chica, enfocándose en un estante de revistas mal acomodadas.

—¿Avisar? —murmuró con su voz rasposa—. La gente suele notar cuando entro a una habitación... normalmente dan un paso atrás o se agarran la billetera. No sabía que me había vuelto invisible.

Se acercó al mostrador con pasos pesados, dejando su mochila vieja en el cuarto de empleados.

—No deberías sonreírle así a cualquiera que entra por esa puerta, Koga —añadió, entornando sus ojos mientras la observaba de reojo—. Hay mucha gente con suerte en este barrio, gente con caras bonitas y corazones podridos que se aprovecharían de alguien tan distraída.

Hizo una pausa, y por un breve segundo, su mirada se suavizó antes de volver a su habitual expresión de fastidio.

—¿Te dejó mucho trabajo el turno de la mañana? Si el gerente volvió a dejarte las cajas pesadas a ti, dímelo. No me cuesta nada reacomodarlas de un golpe.
—No, no —respondió Mitsuki rápidamente, negando con la cabeza—. No fueron cajas pesadas. Solo estos pedidos online y ya están listos. —hizo un gesto hacia los paquetes ordenados sobre el mostrador—. Y no sonrío así a cualquiera, Shabana. Te sonrío a ti porque te conozco, a los demás les doy la sonrisa estándar de empleada. Tiene diferencia, créeme.

Gyutaro gruñó, un sonido que podía significar cualquier cosa y se acercó a los paquetes, revisandolos con una mirada crítica.

—La dirección de este tiene los números muy juntos —señaló con un dedo—. El repartidor podría confundirse. Voy a reescribirla.

Sin esperar respuesta, buscó un rotulador grueso detrás del mostrador y empezó a trazar los números con caligrafía sorprendentemente clara y ordenada, que contrastaba con su apariencia descuidada.

Mitsuki observó, sin sorprenderse, sabía que detrás de su actitud áspera, Gyutaro era buen empleado. Era una de las razones por las que Joe lo había contratado y mantenido a pesar de tener una actitud tosca con los dueños y los clientes.

—¿Qué estás escuchando? —preguntó Gyutaro de pronto, sin levantar la vista del paquete.
—La lista del miércoles —indicó Mitsuki, animándose—. Ahora va « Would? » de Alice in Chains. ¿La conoces?
—Suena a algo que pondría un cuarentón calvo  —murmuró él, terminando de escribir y tapando el rotulador—. Sí, la conozco. No está tan mal.

Era el mayor elogio que Mitsuki podía esperar de él.

—Gracias por reescribir la dirección —dijo, mientras él empezaba a organizar los paquetes por tamaño, preparándolos para la recogida de la tarde.
—No es nada —murmuró. Luego, tras un breve silencio incómodo, añadió—: ¿Comiste algo ya, o te has pasado la mañana solo con ese café venenoso?

Mitsuki se rio.

—Solo café. ¿Me estás regañando, Shabana?
—Estoy haciendo una pregunta. Hay unos bollos de curry en el microondas del fondo, del almuerzo de ayer. Si no los quieres, me los como yo.
—Los quiero —apresuró a decir Mitsuki rápidamente, y una sonrisa de agradecimiento le iluminó el rostro—. Compartamos.

Gyutaro asintió, evitando de nuevo su mirada y cargó varios paquetes para llevarlos al área de envíos. Mitsuki fue hacia la trastienda a buscar el bollo y encendió el microondas. La dinámica de ellos era siempre así, él se quejaba y gruñía, pero se fijaba en los detalles que ella pasaba por alto, en las cosas pequeñas que necesitaba.

Regresó con el bollo caliente en una mano. La música seguía sonando y Gyutaro movía cajas. Era otro miércoles cualquiera en Joe's Rock Shop, siguiendo la rutina que implicaba trabajar en una tienda sin tantos clientes y, por lo tanto, sin tanto trabajo.

Shabana Gyutaro llevaba tres meses trabajando en la tienda. Tenía recién dieciocho años y aún cursaba su último año de secundaria alta; su mudanza a Eastwood se había producido con su hermana menor, Ume, en busca de un nuevo comienzo. Como muchos en la ciudad, llegaba persiguiendo una oportunidad, aunque en su caso la prioridad era más un sueldo estable y un techo seguro para los dos. La vida le había exigido madurar rápido, y en su rostro a menudo desganado y en sus modales ásperos se notaba el peso de esa responsabilidad.

La tarde transcurría con la misma monotonía de cada día, rota solo por la música constante de los parlantes y el intercambio esporádico de palabras entre Mitsuki y Gyutaro. Habían pasado el rato con tareas menores y Mitsuki, aburrida, insisitió en pintarle las uñas de negro a Gyutaro, quien, tras refunfuñar, terminó cediendo con los puños cerrados y la mirada clavada en el techo. Luego, ambos se dedicaron a sus propios deberes de clases, esparciendo cuadernos sobre el mostrador.

—Qué sorpresa que estés en matemáticas avanzadas —canturreó ella en un tono alegre, señalando un ejercicio complejo en su libro—. ¡Mi primer amigo genio!

Gyutaro, que revisaba el inventario en una libreta, levantó lentamente una ceja sin apartar los ojos de los números.

—¿Amigo? ¿Desde cuándo? —preguntó, su voz tan rasposa como siempre—. Eres mi jefe o la sobrina de mi jefe. Eso es todo. Tch… hacerse amigo de una mujer solo trae problemas y pérdida de tiempo.
—¡Oye! —protestó Mitsuki, golpeando suavemente la mesa con el lápiz—. Estoy segura de que soy tu única amiga aquí. Además, soy tu senpai en esto del trabajo —añadió, levantando el dedo índice con aire de superioridad—. Así que mejor sé respetuoso o te recorto el sueldo.

Gyutaro soltó un bufido breve y seco, lo más parecido a una risa que ella había escuchado de él.

—Há. No me hagas reír. Mi sueldo ya es tan bajo que un recorte sería caridad. Y no, no eres mi senpai. Eres una chica con llaves de la tienda, nada más.
—¡¿Ehhh-?! ¿Y por qué no? —insistió Mitsuki, inclinándose hacia él con los codos en el mostrador.

Gyutaro cerró la libreta con un golpe y por fin la miró directamente, sus ojos estrechos mostrando una mezcla de fastidio.

—Porque no y punto final —replicó, como si eso lo explicara todo—. Un senpai se gana el respeto, no lo exige solo por llegar primero. Y la amistad… —hizo una pausa, buscando las palabras con visible incomodidad— la amistad es algo que se demuestra, no que se anuncia. Ahora, si terminaste de pintarme las uñas y de hacer tus deberes, hay que revisar los vinilos que bajaste esta mañana. Algunos de esos discos viejos podrían valer algo si no están rayados. Eso sí es útil.

Se levantó y se dirigió hacia las cajas cerca de la entrada, poniendo fin a la discusión. Mitsuki lo observó ir, una sonrisa pequeña y testaruda en sus labios se formó, sabía que Gyutaro ya la consideraba algo más que una simple jefa.

—Oye, aún no están secas —gritó desde el mostrador—. ¡Vas a arruinar la manicura y los discos!
—Es tu culpa y tus caprichos —el chico llevaba unos jeans oscuros rotos y una camiseta blanca sencilla, aunque estaba desalineado así era su estilo. Incluso su cabello color musgo estaba en un orden despeinado, si no fuera por esa piel pálida enfermiza y las manchas como tinta en su rostro y brazos, probablemente podría tener un empleo mejor remunerado.
—Ugh —tragó saliva. Atrapada—. Te ayudo.

Fue rápidamente tras de él, agarrando la caja que el adolescente estaba por abrir y lo hizo ella misma.

—Badmotorfinger —dijo de memoria Gyutaro, la portada era de Soundgarden aunque la imagen poco atractiva comercialmente—. Vender, vende.

La propietaria tomó el CD que indicó Gyutaro y lo revisó.

—Pero con cuidado —gruñó él, aunque dejó que ella manejara el disco a su antojo. Se quedó a su lado, con las manos medio levantadas, como si estuviera listo para intervenir si ella lo rayaba. Los dedos con el esmalte aún fresco es algo que preferiría olvidar.

Mitsuki sacó el disco de su funda interior y lo sostuvo a la luz, escudriñando la superficie en busca de arañazos profundos o alguna malformación.

—Está en buen estado. Algunas marcas de polvo, nada serio —dictaminó, y luego leyó la etiqueta del centro—. Primera edición. Podríamos ponerle un buen precio.
—Ya sé —expresó Gyutaro, su voz más cerca de lo que ella esperaba. Había inclinado la cabeza para mirar también, su cabello desordenado rozándole casi el hombro—. Por eso dije que vende. Es buen material y de calidad.

Ella asintió, volviendo a colocar el disco en su funda con cuidado. En ese instante vio a Gyutaro, intentando ocultar las uñas pintadas.

—¿Te molestan? —preguntó, señalando sus uñas con la barbilla.
—Son incómodas —admitió él, retirando la mirada—. Pero se secarán o se astillarán. Da igual.
—No da igual —replicó Mitsuki, colocando el vinilo a un lado y tomando la siguiente caja—. Fue mi idea, así que me responsabilizo. Si se astillan, te las repinto.

Gyutaro no respondió. En lugar de eso, tomó otro disco de la caja que ella había abierto, esta vez era uno menos conocido, de una banda de garage de los noventa. Lo observó con una concentración intensa, intentando recordar quienes eran.

—Este no —dijo al fin, dejándolo a un lado—. La portada está fea y el nombre no es tan conocido. No atraerá a nadie, quizás para una rebaja o los discos de diez por quince dólares.
—¿Juzgamos los discos por la portada ahora? —preguntó Mitsuki con una sonrisa burlona.
—Siempre se ha hecho —replicó él, sin negar la ironía—. La primera impresión es la que hace que alguien lo levante del estante. Si la portada parece hecha por un niño de cinco años, nadie lo tocará, sin importar lo bueno que sea dentro. Es marketing básico, cualquiera lo sabe.
—Entonces, ¿deberíamos ponerle una funda nueva? —preguntó ella, solo medio en broma.
—Demasiado trabajo para algo que probablemente no valga ni diez dólares —concluyó Gyutaro, pasando a la siguiente caja. Su movimiento era brusco, pero Mitsuki notó que usaba más la yema de los dedos que las uñas para abrirla.

Ambos siguieron abriendo cajas lado a lado, el silencio entre ellos ahora cómodo, ocupado solo por el cartón o el plástico al abrirse y la música persistente que salía de los altavoces, hasta que la campañilla de la puerta sonó y el primer cliente del día entro.

—¡Bienvenido! —musitó entusiasmada la chica, aunque se colocó rápidamente el cubre bocas.

El personaje que ingresó traía el entrecejo marcado, aunque sus mejillas ardían de vergüenza.

—¡Ah! —no se esperó aquel saludo—. Sí, sí. Hola.

El cliente que entró era un joven que tenía el entrecejo marcado por una expresión de preocupación constante, aún así sus mejillas estaban sonrojadas, como si el simple acto de entrar le causara vergüenza.

—¡Ah! —exclamó él, sobresaltado por el saludo—. Sí, sí. Hola.

Ingresó casi a la fuerza, con movimientos rígidos y se dirigió directamente a la sección más alejada del mostrador, quería estar muy muy lejos de las dos personas que atendían el local.

—Sigamos —Mitsuki le sonrió a Gyutaro, señalando los discos que tenían frente a sí. Retomaron la tarea de separar los que podrían venderse a buen precio de los que irían a lotes de oferta.
—Cliente raro —murmuró Gyutaro, sin levantar la vista del disco que estaba inspeccionando, su tono era plano, sin curiosidad real. Era la primera vez que veían a ese tipo y le pareció demasiado sospechoso.
Mitsuki asintió, pero no pudo evitar echar miradas furtivas hacia el pasillo donde el joven se había refugiado. Lo veía pasar los dedos por los lomos de los vinilos con una lentitud exagerada y sin sacar ninguno. Parecía más interesado en parecer ocupado que en buscar algo en concreto.

—¿Crees que necesita ayuda? —susurró Mitsuki, inclinándose un poco hacia Gyutaro.
—Si necesitara ayuda, la pediría —respondió él en voz baja—. O se iría. Ahora está bloqueando el pasillo de los discos de punk ochentas. Nadie que busque algo ahí se toma tanto tiempo. Debe estar por robar.

Tenía razón. El chico estaba parado justo frente a una sección que normalmente solo atraía a conocedores muy específicos. Gyutaro suspiró y dejó el disco que tenía en las manos.

—Si no te concentras, vas a catalogar este Nevermind como género ‘synth-pop’ otra vez —le dijo a Mitsuki, aunque su mirada se desvió una vez más hacia el cliente.
—No fue mi culpa que la letra fuera cursiva —protestó ella en un susurro, con una gota de sudor en su mejilla.

Finalmente, el joven tomó un disco al azar —una compilación de blues que rara vez llamaba la atención— y se acercó al mostrador con pasos indecisos. Mantenía la cabeza gacha.

—¿Lo va a llevar? —preguntó la que posee apariencia de chico hermoso, intentando no asustarlo.
—Sí. Esto, por favor —dijo él, colocando el CD sobre el mostrador sin hacer contacto visual, su voz era apenas audible sobre la música.

Gyutaro, mientras tanto, fingía estar absorto en la etiqueta de un CD, pero observaba la interacción de reojo. Cuando el joven sacó una cartera sencilla para pagar, Gyutaro notó que sus manos temblaban ligeramente.
La transacción fue rápida y silenciosa. Mitsuki le dio el cambio y metió el disco en una bolsa de papel, antes de dársela al chico.

—Gracias. Vuelva pronto —formuló y el joven ya se giraba, asintiendo con la la cabeza mientras intentaba salir casi a tropezones, haciendo sonar la campanilla con más fuerza de la necesaria.

La puerta se cerró. El silencio volvió, ahora un poco más incómodo.

—Ves —habló Mitsuki, exhalando—. Solo un chico tímido. Nada raro.
—Tímido, nervioso y comprando un disco de blues a las tres de la tarde un miércoles —enumeró Gyutaro, volviendo a su caja—. Sí, totalmente normal.
—Cínico —replicó ella, sin verdadero reproche, con una sonrisa que estaba formando suave. Sabía que Gyutaro tenía un punto, en una tienda como la suya, cada cliente tenía un estilo propio, normalmente hombres mayores diciendo en voz alta “la música de ahora no es música” y agregando después “en mis tiempo bla bla bla” y este joven había sido tímido y de aproximadamente veinte años.
Agarró otro vinilo y sopló el polvo de la portada, dejando que la música de los altavoces llenara de nuevo el espacio vacío que el cliente había dejado atrás.

Otro cliente entró poco después de las cinco y media de la tarde, justo cuando Joe, ya con su chaqueta puesta, cargaba las últimas cajas de pedidos para llevarlas al centro de envíos.

—Nos vemos más tarde —saludó el tío, alzando brevemente la mano mientras con la otra aseguraba una pila de paquetes—. Shabana, cierra tú si me demoro. Disculpa, Shion, hoy no puedo charlar.
—No hay problema, Joe. Es un honor igualmente poder conversar con Shabana-san y Koga-chan —respondió el recién llegado, dirigiendo su voz hacia el mostrador con una sonrisa gentil.

El hombre, Shion, tenía el cabello completamente blanco y llevaba los ojos permanentemente cerrados, un detalle que no parecía limitar su orientación en el espacio conocido de la tienda. Mitsuki lo reconocía de inmediato como un coreógrafo de espadas de renombre, consultado por estudios de cine y televisión por sus secuencias de acción elegantes.

—Buenas tardes, Shion-san —lo saludó Mitsuki desde detrás del mostrador, ajustándose el cubrebocas—. ¿Buscas algo en especial hoy?
—Sí, por favor —asintió Shion, dirigiéndose sin vacilar hacia el sonido de su voz—. Necesito inspiración. Busco un grupo japonés, algo que pueda derivar en una escena de confrontación moderna.
—Los japoneses no tienen tan buen rock —soltó Gyutaro de inmediato, sin levantar la vista de la caja de discos que estaba sellando. Su tono era más un hecho declarado que una opinión.
—¡Qué dices! —protestó Mitsuki, girándose hacia él—. Hay bandas míticas y muchas nuevas con un sonido increíble.
—Míticas, sí —concedió Gyutaro, por fin mirándola—. Como X Japan o Loudness. Pero son de una época. Hablo del sonido de ahora, la escena japonesa actual o suena a visual kei o a city pop revival que no sirve para una pelea de espadas.

Shion soltó una risa suave interesado en la discusión de ambos chicos.

—Me intriga la distinción. El visual kei es en esencia puro teatro. Ptienes razón, a veces el sonido queda sepultado por el espectáculo.
—Exacto —asintió Gyutaro, sorprendido de que el cliente no se ofendiera—. Es como vender un disco por la portada. Puede ser impresionante, pero al final es solo decoración.
—Pero hay bandas que equilibran ambas —intervino Mitsuki, entusiasmada. Se acercó a un estante específico y sacó un disco—. Toma, Dir En Grey. Su evolución es brutal. Empezaron con un visual kei muy marcado y su música evolucionó más pesada.

Shion inclinó la cabeza, considerándolo.

—Podría, ciertamente —murmuró Shion, pensativo.
—No lo sé —arbitró Gyutaro—. Si quieres algo con más groove, con un ritmo que pueda marcar un duelo, tendrías que ir a cosas como Babymetal. Sí. Sí lo sé —añadió, ante la mirada sorprendida de Mitsuki—. Tienen una estética kawaii mezclada con death metal, pero la base instrumental es perfecta y en una coreografía quedará bien.

Shion pareció genuinamente intrigado por esa idea.

—Sí, eso podría traducirse en movimientos que comienzan fluidos y se rompen en golpes secos. Interesante.

—También está The Gazette —agregó Mitsuki, no queriendo ceder—. Tienen canciones como FILTH cuero y metal.

Gyutaro la miró, y por un instante, Mitsuki creyó ver un destello de aprobación en sus ojos estrechos. Él también conocía esas referencias.

—Si quiere algo menos metal y más experimental e igualmente japonés en su esencia, está Boris —añadió Gyutaro, sin entusiasmo en la discusión, él no era un otaku de la música como Koga—. Drone, doom, sludge. Para un soudtrack de pelea tienen bastante ritmo y sin vocal.

Shion guardó silencio un momento, procesando las opciones y una sonrisa de verdadero disfrute se dibujó en su rostro.

—Esto es mejor que cualquier búsqueda en internet. Me han dado tantas ideas. Es exactamente lo que necesitaba, tomaré prestadas sus recomendaciones —dijo, inclinándose levemente en un gesto de gratitud—. Y quizás me lleve este Dir En Grey y otro de Boris para empezar. Suena a un buen punto de partida.

Mitsuki sonrió muy satisfecha, mientras procesaba la venta, pensó que, a veces, la tienda era increíblemente interesante y las charlas con Gyutaro disfrutables cuando hablan de música.

Las seis en punto se marcaron en el viejo reloj de pared, seguido por el tono de llamada de Gyutaro en su celular y los primeros acordes inconfundibles de Lithium de Nirvana sonaron a tope.

Koga Mitsuki dejó el disco que estaba limpiando sobre el mostrador, girando su cabeza hacia él con rapidez y los ojos rasgados abiertos con genuino asombro. Su mirada saltó del teléfono a la cara de Gyutaro, luego de vuelta al teléfono. Había asumido, por su actitud y sus comentarios ácidos, que su gusto musical estaba puestos exclusivamente en metal. Que algo del grunge, y menos Nirvana, sonara en su teléfono era una revelación inesperada.

Él captó al instante el foco de su atención y el  pánico cruzó su rostro antes de que la habitual mueca de fastidio lograra instalarse. Apagó la llamada con un movimiento brusco del pulgar.

—A veces también puedo escuchar a tipos depresivos, ¿sabes? —masculló, desviando la mirada hacia un estante de revistas. Esperó que el movimiento no dejara ver el calor que sentía subir por su cuello hacia las mejillas.
—¡HA HA HA! INCREÍBLE, VIEJO —estalló Mitsuki, sin poder contener una carcajada abierta que hizo que Gyutaro se encogiera un poco. Ella comenzó a golpear suavemente la punta de su zapato contra la pata del mostrador, marcando el ritmo de la batería que ya no sonaba—. Dave Grohl le da el alma al grupo.

Gyutaro se encogió de hombros, forzando un aire de indiferencia mientras jugueteaba con el teléfono en su mano.

—Sí, bueno. No está mal, supongo.
—¿Y Kurt Cobain? —insistió Mitsuki, recostándose contra el mostrador con una sonrisa de complicidad—. Él aporta la depresión y la guitarra, claro.

Él la miró de reojo, sorprendido una vez más por la canción que escuchó, mientras de fondo sonaba Song 2 de Blur. Tragó saliva.
—Algo así —admitió, casi en un susurro—. No es mi favorito de todos. Pero esa canción… "I'm so happy 'cause today I found my friends, they're in my head" es una mentira tan obvia que duele.,, Bueno, ya sabes.

Mitsuki asintió, su expresión burlona se suavizó un poco. No esperaba esa reflexión.

—Es lo que lo hace genial.

—No dije que fuera genial —se corrigió él rápidamente, recuperando parte de su hosquedad—. Dije que no está mal y que a veces la escucho. No hagas un drama.
—Claro, claro —respondió Mitsuki, alzando las manos en señal de rendimiento—. Tu secreto a voces está a salvo conmigo. Solo pensaré que el temible Gyutaro Shabana tiene un lado nostálgico y grunge. Nada del otro mundo.

Él lanzó un gruñido, pero no hubo verdadera irritación en él. Guardó el teléfono en el bolsillo trasero de sus jeans rotos.

—Tengo que ir a buscar a mi hermanita, ¿estarás bien por tu cuenta? Joe se está tardando más tiempo de lo esperado —preguntó, cambiando abruptamente de tema y señalando con la cabeza las cajas restantes.

Mitsuki sonrió.

—Sí, sí. A trabajar. Prometo que la próxima playlist incluirá algo de Nevermind. Solo para ambientar. Buena suerte con Ume-chan.

Gyutaro no respondió. Se dirigió a la pequeña sala de empleados y tomó su mochila desgastada de un gancho. El último vestigio de rubor había desaparecido por completo de su rostro, reemplazado por su expresión habitual de concentración. Al regresar al área principal, vio a Mitsuki acomodando otra caja de un CD, limpiando con cuidado y dejándolo en una pila de rebajas.

—¿Quieres algo de la tienda de conveniencia? —preguntó él, ajustando la correa de la mochila sobre su hombro—. Voy a pasar por el supermercado y compraré alguna sopa instantánea para Ume.
—Cerveza —intentó decir con su cara más seria.
—Aún soy menor de edad para comprar eso.
—¡¿Ehhhhhh-?! Tienes dieciocho, ¿verdad?
—Sí y soy mayor a los veinte. Estás vieja, Koga.
—Y tú muy joven, Shabana.

Gyutaro la miró con una expresión plana con un brillo de diversión burlona asomandose en sus ojos.

—Veinte años no es vieja, es experimentada. En términos de tienda de discos, eso significa que sabes dónde está cada cosa y, por lo tanto, soy tu senpai. ¿Cuándo me dirás así? — Mitsuki puso las manos en las caderas.
—Experimentada, ¿eh? Bueno, puedes recordarte que aún necesitas terminar de etiquetar los vinilos de la caja de ofertas — él suspiró, dejando su mochila sobre una silla — ¿Cuál quieres tú, Koga? ¿La de pollo con fideos o la picante? —preguntó, como si fuera la pregunta más lógica del mundo.
—¿Ume-chan tolera lo picante?
—Más que yo —admitió Gyutaro, dirigiéndose hacia la pequeña nevera que tenían para el personal, donde a veces guardaban bebidas y comida rápida—. A mí me da acidez.
—Ugh, a mi me gusta de todo, aunque preferiría evitar lo picante también —expresó Mitsuki, acercándose al mostrador de nuevo y revisando la lista de tareas pendientes en su cuaderno—. Y agrega unas galletas de arroz. Las verdes, no las blancas, tienen mejor textura.

Gyutaro se detuvo y sacó una lata de té frío en la mano y luego la miró con curiosidad.

—¿Desde cuándo eres experta en los antojos de mi hermana?
—No soy experta —replicó Mitsuki, sin levantar la vista—. Pero la última vez que vino, se comió tres paquetes de esas galletas y leía esas revistas de K-Pop mientras esperaba a que terminaras tu turno.

Él refunfuñó, pero tomó nota mentalmente, finalmente abrió la lata y bebió un trago.

—¿Y tú? ¿No quieres nada? Tu tío dijo que había sobras de gyudon del almuerzo, en el contenedor azul.
—Lo sé —mencionó Mitsuki—. Hoy tengo antojo de fideos. Iba a pedir algo a domicilio después de que te fueras. ¿Quieres que pida extra para ustedes? El lugar de la esquina tiene esa salsa de miso que a Ume le gustó la vez pasada.

Gyutaro dudó. Su primera reacción fue negarse, cerrarse, no obstante, recordó la cara de Ume iluminándose con esos fideos la semana anterior y la salsa picante.

—… solo si no es molestia. Te paso el dinero.
—No es molestia —respondió Mitsuki, con un tono casual que pretendía restar importancia—. Y ya me pagas después o lo descontamos de tu próximo error de inventario, lo que ocurra primero.
—No cometo errores de inventario —protestó él.
—El lunes pasado catalogaste un sencillo de B’z como música ambiental para dentista. Un atentado al buen gusto.
—¡Tenía un solo instrumental de dos minutos! —exclamó Gyutaro, defendiéndose—. Sonaba a lo que pondrían mientras te sacan una muela o en un ascensor de mala muerte.

Mitsuki rio, y esta vez él no pudo evitar que una esquina de su boca se levantara levemente en una sonrisa.

—Bueno, para compensar, puedes ayudarme a decidir algo —musitó Mitsuki, sacando su teléfono—. Estoy entre los fideos con pollo karaage o los de curry. Ustedes eligen el otro, así probamos dos estilos.

Gyutaro pensó por un momento.

—Ume elige el curry. Siempre elige curry.
—Perfecto. Entonces yo pido el pollo y unas gyozas para compartir, porque hoy fuimos buenos y atendimos a un cliente famoso.
—Tú fuiste buena —corrigió él—. Yo solo dije que los japoneses no tienen buen rock.
—Y luego procediste a dar un discurso sobre Babymetal y Boris, eso cuenta como servicio al cliente experto.

Gyutaro no supo cómo rebatir eso, así que se encogió de hombros y fue a buscar su mochila de nuevo. El ambiente en la tienda era tranquilo, el sonido de fondo ahora pasó a Wonderwall de Oasis y por la ventana del local el cielo se iba tornando anaranjado. Ya tocaba buscar a Ume de la secundaria.

—Voy a la tienda de conveniencia y luego por Ume —anunció Gyutaro, encaminándose hacia la puerta—. Luego vuelvo a terminar el etiquetado. No pidas la comida hasta que yo regrese, para que no llegue fría.
—Sí, señor —dijo Mitsuki.

Él salió haciendo sonar la campanilla. Mitsuki observó la puerta cerrarse y luego miró el teléfono, seleccionando el restaurante. La conversación no había sido nada del otro mundo, solo planes para cenar y bromas tontas, mandó un mensaje a su tío para saber si quería algo del delivery y esperó su mensaje. Gyutaro ya había desaparecido de su campo de visión.

El joven caminaba con parsimonia por la acera, las manos puestas en los bolsillos de sus texanos negros y, a través de sus cascos, la música Slipknot llenaba sus oídos, ahogando los sonidos vespertinos. En ese preciso momento era é y la música estridente, nada más. Ni sus pensamientos u obligaciones atormentando su mente.

Doblo en la esquina donde rápidamente divisó el letrero del Seven Eleven; empujó la puerta y el interior lo recibió con olor a café recalentado y el aire acondicionado a menos de veinte grados. Un dependiente adolescente levantó la vista desde su teléfono detrás del mostrador y lo saludó inclinándose, aunque trataban de tomar algunas costumbres japonesas, en general la etiqueta no era algo que imitaban.
Los ojos del chico se detuvieron en la apariencia de Gyutaro, observando un instante en las manchas oscuras que salpicaban gran parte de su piel; en el rostro, brazos, piernas y quién sabe dónde más, antes de volver rápidamente a la pantalla con una expresión neutra. Era una reacción que Gyutaro conocía bien; la había visto decenas de veces en sus compañeros de clases y en clientes curiosos, intentando olvidar esa mirada que lo juzgaba y lo veía como algo contagioso.

Se dirigió directamente al pasillo de los snacks, tomó lo primero que vio, las papas fritas con sabor picante, dos paquetes de mix de frutos secos y un par de barras de chocolate y las galletas que Mitsuki dijo que le gustaban a Ume. Para beber eligió una botella grande de té verde sin azúcar y dos latas de una soda barata de melón que a Ume le encantaba, a pesar de ser demasiado dulce.

Al acercarse al mostrador, el dependiente comenzó a escanear los productos intentando evitar mirar al cliente. Gyutaro notó cómo su mirada se posaba fugaz en sus uñas pintadas de negro y apretó ligeramente la mandíbula, pero no dijo nada. Pagó en efectivo, contando las monedas y guardó la compra en su mochila gastada.

—Que tenga buen día —murmuró el adolescente.

Gyutaro no hizo nada, ni correspondió el saludo y cuando estuvo de vuelta en la calle, se colocó de nuevo los auriculares. Caminó otras tres calles, alejándose de la zona comercial, hasta llegar a la secundaria dónde debe recoger a Ume.
Se plantó frente a la entrada principal, con las manos en los bolsillos y la espalda encorvada, aún así no se apoyó en la valla y tampoco revisó el teléfono. Solo esperó a Ume. Los estudiantes que salían en pequeños grupos ruidosos lo miraban de reojo. Su presencia allí no pasaba desapercibida y es que se había ganado una reputación el mes anterior, cuando un alumno de último año con demasiada confianza intentó acercarse a Ume con intenciones de cortejo y Gyutaro le dejó marcado su puño seco y bien colocado en el centro del rostro del joven. El mensaje quedó claro, y desde entonces, las miradas hacia él eran una mezcla de curiosidad y cautela evidente.

—¡Hermanito, llegas tarde! —exclamó Ume, llegando a su altura con una sonrisa que pronto se tornó en una leve queja—. ¿Trajiste algo?
—Sí —respondió él, su mirada aún enfocada en las personas detrás de ella, evaluando posibles amenazas—. Bocadillos y tu soda. Tenemos que ir a la tienda de Koga ahora. La cena va para allá.
Ume frunció la nariz, poniendo inmediatamente los brazos en jarra.
—Ew… ¿con esa marimacha? Paso. No quiero.

Gyutaro bajó la vista hacia ella y exhaló aire pesadamente.

—Koga va a pedir fideos. Curry para nosotros, pollo para ella y gyozas para compartir.

El anuncio del menú hizo titubear a Ume por un instante, pero recuperó su postura.

—Eso no quita que sea una mala influencia para ti —replicó, y su mirada se dirigió de forma deliberada a las manos de Gyutaro, a las uñas pintadas de negro que aún llevaba—. ¿Qué es eso? Te está cambiando de a poco.

Gyutaro miró sus propias uñas, luego a su hermana. No se defendió. No dijo que había sido idea de Koga, ni que a él le daba igual, en lugar de eso, dio media vuelta y comenzó a caminar en dirección a la tienda de discos, asumiendo que ella lo seguiría.
—No es una influencia —dijo por fin, cuando Ume se puso a su lado, arrastrando los pies un poco—. Es una jefa que da tiempo libre, pide comida para nosotros y nos ayuda, junto a Joe.
—Te pinta las uñas —insistió Ume, como si ese fuera el crimen definitivo.
—Y tú me pintaste el pelo de verde una vez con un rotulador lavable. ¿Eso te convierte en una mala influencia? —preguntó él.
—¡Eso es diferente! ¡Yo tenía seis años!
—Y ella tiene veinte y su estética es bastante atractiva —hizo una pausa breve, después de darse cuenta de sus palabras se apretó el puente de la nariz con frustración—. ¿Ves ? lo que me haces decir ?  Idiota, cállate. Es amable, junto a Joe nos han apoyado bastante desde que llegamos a Eastwood.

Ume guardó silencio durante el resto del camino, procesando sus palabras y molestándose cada vez más con Gyutaro. No estaba convencida, nada le haría cambiar de opinión que su querido hermano mayor había sido atrapado por la amabilidad de una mujer extraña. ¡Había sido seducido mientras ella no estaba!

Cuando llegaron a Joe's Rock Shop, a través del cristal se veía a Mitsuki detrás del mostrador, hojeando una revista de música. Gyutaro abrió la puerta, haciendo sonar la campanilla, ella levantó la vista y una sonrisa amplia apareció en su rostro al verlos.

—¡Llegaron! Perfecto, justo iba a pedir —anunció, y su mirada fue directamente a Ume—. Hola, Ume chan. ¿Lista para el curry picante?

Ume, ante la calidez directa e indiscutible del saludo, no pudo mantener el ceño fruncido por mucho más tiempo y asintió ligeramente, casi imperceptible, un pequeño asentimiento, casi imperceptible fue su respuesta.

—Pero no te doy permiso para ser amiga de mi onii chan —espetó molesta, aunque su rostro era tan lindo que Mitsuki la observó más del tiempo permitido.
—¿Eh? ¿No podemos ser amigos? Uh… —Mitsuki parpadeó, desconcertada por la declaración tan directa. No pareció ofenderse, sino sentirse más curioso tras la declaración de Ume. Bajó la revista y se apoyó en el mostrador—. ¿Hay alguna regla específica o es solo un veto general?

Gyutaro cerró los ojos por un segundo, ya algo cansado de las mismas discusiones con su hermanita menor.

—Ume, no empieces.
—¡No estoy empezando nada! —protestó la albina, cruzando los brazos con más fuerza—. Solo estoy estableciendo límites. Tú eres mi hermano y y o decido quién es buena para ti.
—Esa lógica es terrible —murmuró Gyutaro, pero se quedó junto a la puerta, observando, sin ganas de querer interferir es esa discusión. Mitsuki sabía como controlarla y no era una mala chica como para ofenderse de los comentarios de Ume.

Mitsuki miró a Ume con seriedad, asintiendo lentamente.

—Entiendo que seas muy protectora Shabana y a él le hace falta alguien que lo cuide —dijo, y notó cómo Gyutaro fruncía el ceño más—. Pero, permíteme una pregunta, Ume chan. ¿Qué es lo que exactamente te molesta de mí? ¿Qué hice para ganarme tu desprecio?

Ume pareció sorprendida de que la hubiera escuchado antes y se mordió el labio inferior, dudando.

— … eres demasiado… tonta y te ríes mucho. ¡Y lo miras demasiado! A él no le gusta que lo miren y tampoco que estén cerca chicas.
—Ah eso es…. —Mitsuki intentó no reirse—. Y en cuanto a mirarlo… —hizo una pausa, eligiendo sus palabras con cuidado—. Es mi compañero de trabajo. ¿Es tan raro? Aparte… no entiendo qué tiene que ver con que sea mujer.

Ume no supo responder de inmediate ante la lógica simple y no dejaba espacio para el drama que ella quizás esperaba. Titubeó.

—… y las uñas… se las pintaste.
—Eso fue un capricho mío porque estaba aburrida —admitió Mitsuki con honestidad—. Él pudo haberse negado, aún así aceptó. Eso significa que confía lo suficiente en mí para permitir algo tan tonto. ¿No es eso algo bueno?

Gyutaro carraspeó, visiblemente incómodo con todo esto.

—Ya basta de hablar de mis uñas.

En ese momento, el timbre del teléfono de Mitsuki sonó, los ojos oscuros de ella brillaron con intensidad al ver que se trataba del repartidor.

—La comida está aquí —anunció, y su tono recuperó parte de su energía habitual—. Ume chan, ¿me ayudas a preparar la mesa en la trastienda? Hay unos taburetes y podemos usar esa mesa baja. Tu hermano puede buscar el pedido.

Fue una distracción perfecta, Koga ya no sabía como escapar de las palabras de la menor y seguramente los hermanos tendrían la misma hambre que ella después de un día tan largo. Ume con un movimiento brusco siguió a Mitsuki detrás del mostrador, hacia la pequeña sala del personal.

Gyutaro los siguió con la mirada, luego se giró para abrir la puerta y retirar el pedido de las manos del repartidor. Ume, al pasar junto al mostrador, vio las dos tazas de café vacías de esa mañana, la revista abierta en una página sobre guitarras vintage, y el rotulador negro con el que Mitsuki había etiquetado los discos. Nunca había visto la rutinaria vida de su hermano tan tranquila, sin ojos escrutadores sobre él y eso, aunque no quisiera admitirlo, le alegró. Muy en el fondo.

—Pon algo de música para chicas lindas como yo —volvió a tu tono habitual—. Estoy cansada de esa música ruidosa de ustedes.
—¡¿Qué?! —tragó saliva pesadamente Koga—. ¡El rock no es música ruidosa!  Tiene historia, técnica, ¡UN PASADO!

Ume puso los ojos en blanco. Estar con una otaku de la música debía ser el mayor castigo del mundo. Suspiró molesta.

—Aburrido. ¿Cuántos de esos viejos siguen vivos?
—¿Q-Q-Q-Q-Q-Q QUÉ DIJISTE? ¡El año pasado fallecieron Ozzy Osbourne, Ace Frehley, Brian Wilson, Rick Davies. Mick Ralphs, Barry Goldberg y… y muchos más! ¡¡Que impertinencia!! Estamos de luto por tantos íconos, pilares fundamentales de nuestra cultura no has dejado.
—¿Y quiénes son esos? —preguntó, alzando la voz para superar la de Mitsuki y la música mientras se cubre ambos oídos con sus manos.

Gyutaro, que había estado en silencio después de recibir la comida calentita del repartidor, se acercó a ambas mujeres rápidamente y dejó las cajas sobre la mesa de la habitación. 

—Ume, cállate. Ahora —le advirtió posando su mirada en ella.

No levantó la voz, pero sus palabras cambiaron el ambiente del local. Mitsuki, todavía jadeando levemente por la indignación notó el cambio sutil en el lugar.

—Ozzy Osbourne —prosiguió a explicar Mitsuki, bajando el volumen de la música con el control a distancia— … era el príncipe de la oscuridad, el loco que mordió la cabeza a un murciélago en el escenario. Ace Frehley fue el primer guitarrista principal de Kiss y el fundador de The Spaceman tienes que ver su Smoking Guitar. Brian Wilson creó sonidos que nadie más imaginaba en The Beach Boys. Cada uno de ellos son parte de la cultura, cimientos ¡¡¡Y NO LO ENTENDERÍAS!!!

Ume bajó las manos de sus orejas.

—Sigo sin saber quienes son —movió su mano para restar importancia—. Tampoco es que me importe mucho.
—Necesitamos un curso intensivo de Rock para tu hermanita, Shabana —se rió Mitsuki, entendía que cada persona tenía gustos diferentes y ella debía respetar eso.
—Ew. Paso. Estoy segura de que me tendrás despierta horas hablando de música viejísima —negó con la cabeza.
—Claro que no —exclamó Mitsuki, acercándose a ella.
—Ni lo intentes Koga, a ella no le interesa saber. Será una perdida de tiempo y de ganas a Ume solo le interesa ganar la discusión, aunque sea pateando algo que para otros es importante.

Las palabras fueron directas y duras, Gyutaro empezó a colocar las cajitas blancas de cartón sobre la mesa y las gyozas en un plato. Ya quería comer y dejar atrás toda esta maraña de problemas antes de Ume explote y haga un desastre.

Su mirada se clavó en Ume, que abrió la boca para protestar.

—Yo solo quiero poner algo que me gusta a mí, mientras comemos —insistió Ume—. ¿Tienes Spotify, Koga san? Te paso mi playlist.

Mitsuki miró a Gyutaro, buscando alguna respuesta, que se la llevara o le piusiera una empanadilla en la boca. Él se encogió de hombros que decía "yo solo quiero comer".

—Está bien —cedió Mitsuki, con un suspiro de derrota—. Pasámela. Te advierto que si suena algo demasiado cursi moriré en la sala de empleados y entonces mi tío jamás podrá vender un CD.

Rápidamente Ume tomó el teléfono, abrió la aplicación y conectó su playlist y ya unos segundos después los primeros compases de una canción de K-pop llenaron la pequeña trastienda.

—¿Cómo se llama? —preguntó Koga, el sonido lo había escuchado varias veces… en todas partes.
—APT de Rosè y Bruno Mars —respondió orgullosa, la canción estaba entre su top diez de mejores canciones del año pasado.

Él mientras tanto servía el curry en el plato de Ume y después en el suyo.  Notó que su hermana parecía satisfecha por haber ganado esa pequeña batalla con Mitsuki, aunque ella era muy calmada para caer en tales provocaciones.

Los tres se sentaron a probar la comida rápida china que aún estaba caliente. El sabor picante del curry le pareció suave a Gyutaro y Ume rápidamente repitió, las empanadillas estaban ricas y la comida de Mitsuki casi se enfriaba por haber tardado tanto mientras respondía mensajes en su celular.

—¿Son tus amigas? —Gyutaro dejó los palillos sobre el plato, indicando que ya había terminado.
—Yeah. Quieren reunirse para ver una obra de teatro con Luka —Mitsuki seguía tecleando, leyendo y apagando el celular—. Ume debería venir, es una reunión de japonesas.
—Luka me gusta —agregó la más pequeña—. Tiene esa aura elegante y cutis hermoso que atrae.
—¿Te cuento para la reunión, Ume chan?
—Sí, supongo. ¿De qué va la obra?
—No estoy segura, pero será un dueto con Mizi.

Mientras ellos comían con tranquilidad y la conversación se mantenía ligera, comentando algunos detalles sobre la música que sonaba en los parlantes y los detalles de la próxima función que Luka y Mizi tendrían en el centro cultural “Húngaro Ganessa”.  Los tres estaban cómodos, concentrados en sus platos y en intercambiar opiniones sobre diferentes temas y las amigas de Mitsuki, que siendo japonesas todas, preferían juntarse entre ellas.

—¡Hola! ¿Hay alguien? —un chico joven de cabellos cortos y rosados, ya fastidiado por la espera, aplaudió para llamar la atención de los empleados—. ¿Está abierto o no?

Atrás de él se escondía una chica de unos centímetros más bajo con el mismo color de cabellos sujetado en dos coletas.

El sonido de las palmadas fuertes y la voz impaciente llegaron a la puerta de la trastienda, rompiendo ese momento de relajación. Igual ya faltaba una hora para el cierre del día en Joe’s Rock Shop.

Mitsuki se sobresaltó, dejando sus palillos a medio camino, Gyutaro alzó la vista al instante, sus ojos, un segundo antes cansados, ahora alerta y ligeramente irritados por la interrupción y a Ume todo esto no le importa, dándole igual, pues no es una empleada.

—Clientes —cuchicheó Mitsuki, limpiándose rápidamente las manos con una servilleta y poniéndose de pie—. En un miércoles y a punto de cerrar… es un milagro. ¡Pidan un deseo!
—Un milagro ruidoso —gruñó Gyutaro, pero también se levantó, dejando su comida a medias. Era su trabajo, después de todo
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Apple on February 27, 2019, 11:00:05 PM
Tengo que editar y hacer topes omg ;_;

Despertó aturdida, algo ya de costumbre. Tardó unos minutos en recordar donde se encontraba y con torpeza se levantó de la cama para asomarse por la ventana. Estaba en la habitación de huéspedes del apartamento de Sakuya y afuera las luces de la ciudad todavía alumbraban y apenas se veían unos autos por la calle.

La ansiedad que usualmente la acompañaba por las madrugadas estaba ausente. Nunca se acostumbró a dormir en hoteles y hasta el momento no tenía su propia residencia permanente. Se la pasaba de un lado a otro y el departamento de Sakuya era lo más cercano a un hogar que tenía en Eastwood.

Revisó su teléfono, eran las 4:28 a.m. Tenía varios mensajes, eso no era sorpresa, pero el único que le interesó fue el de Tasuku Kurosaki invitándola a tomar un trago por la tarde. No le pareció rara la hora, Tatsu usualmente se levantaba después de las 12 después de pasar la mayoría de sus noches ocupado con su guitarra.  Sheryl no dudó en aceptar la invitación, Kurosaki le agradaba bastante y supuso que el guitarrista estaba inquieto ante la situación de Sakuya.
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No era raro encontrar celebridades en los bares de Eastwood. Era una de las capitales del entretenimiento y los famosos, como cualquier mortal, necesitan un buen daiquiri de vez en cuando.

El Bling Ring era un bar sencillo pero querido entre los rockstars y otros VIP. Cuando Sheryl entró los aullidos del dios dorado conocido como Robert Plant salían de la rocola. Con el vestidito rojo de satín que llevaba llamo la atención de un par de conocidos y otros desconocidos. Saludo de lejos a los que conocía y se dirigió a la mesa de siempre.  La misma mesa donde su padre solía sentarse con su banda y donde los integrantes de DeVils se solían sentar ahora.

Ahí estaba Tesuku Kurosaki, con lentes oscuros y su típica chaqueta de cuero, tan sensual y peligroso. Sheryl no negaba que se sentía atraída por él, pero había una regla implícita en el mundo de la música donde no salías con la hermana de uno de tus compañeros de banda.

-¿Sakuya te dejó salir de la casa así?- preguntó Tesuku con un cigarrillo entre los labios.

-¿Qué? ¿No te gusta?

Tesuku solo gruñó. Que Sheryl coqueteara con él lo ponía en una situación muy incómoda.

-¿Quieres tomar algo?

-Una copa de rosé estaría bien.

-No sé si tienen esas cosas de princesas por aquí- gruñó Tesuku antes de llamar al bartender -¡hey! Una copa de rosé y  otra pinta de Guinness por aquí.

Cuando llegaron sus bebidas ambos bebieron en silencio. Tetsu parecía en su ambiente con su cerveza oscura en la mano y escuchando la energética melodía de Crazy Train de Ozzy Osborne. Para Sheryl esta reunión era casi como traicionar a Sakuya, pero sabía que Tatsu dejo ir su oportunidad de volverse solista y sintió que le debía  una explicación por lo menos.

-¿Quieres hablar de lo Sakuya?

-Mjm- el rubio encendió un cigarrillo –es cargante que no sea sincero con nosotros.

-Yo creo que toda la situación es injusta para los cuatro- Sheryl empezó a juguetear con la caja de cigarros de Tetsu –Sakuya los quiere mucho y disfruta mucho tocar con ustedes pero bueno… conoció a alguien y quiere casarse.

Tesuku Kurosaki nunca trato tanto de mantener su “cool” hasta ese momento. Alzo una ceja y vio a Sheryl fijamente a través de sus lentes oscuros. Espero un momento en silencio esperando a que la rubia rompiera en una carcajada confesándole que todo era una broma. Secretamente Tatsu mantenía la teoría de que Sakuya tenía alguna enfermedad terminal, a lo Freddie Mercury, y que deseaba alejarse del mundo del espectáculo para que sus fans no presenciaran su caída. Pero nunca imagino que Sakuya quisiera casarse.

-Es la nueva compositora de la banda…- continuó Sheryl –tienen como 8 meses viéndose de esa manera.

-Así que… esa chica. Nunca me lo hubiera imaginado. Vaya líder, nos deja por una mujer y encima tiene la audacia de ocultárnoslo.

-Ya sabes cómo son las cosas… ella es tímida a morir.  Y conociendo a las fans de Sakuya, la destrozarían en mil pedazos. El solo quiere protegerla a ella y a ustedes.

Tesuku aun procesaba todas esas palabras. ¿Resentía a Sakuya por querer casarse? Definitivamente no. Lo que le dolía era que Sakuya no se lo hubiera contado a él personalmente. Sin querer apretó el vaso con la cerveza oscura hasta que sus nodillos se volvieron blancos. Solo la cálida sensación de la mano de Sheryl sobre la suya lo sacó de ese trance.

-¿Crees que por lo menos nos invite a su fiesta de compromiso?- bromeó al final. Era raro en él, pero en ese momento era lo único que pudo hacer.

-Pues claro, yo misma estoy organizando una pequeña recepción.

-Creo que me harán falta un par de pintas para poder entender bien todo- admitió el.

-¿Quieres que te acompañe a tu apartamento hoy?

Bajo otras condiciones Tesuku hubiera rechazado la pecaminosa preposición de la rubia. Pero esa noche no pudo resistirse. Por supuesto, su intención no era la de vengarse de Sakuya acostándose con su hermana pero…

-Sakuya no puede saberlo.

-Por supuesto que no- aseguró ella guiñándole el ojo de manera coqueta –Nunca lo sabrá.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Miyu on March 23, 2019, 11:27:44 PM
6.1 # Joe's Rock Shop.

Mitsuki salió primero a la tienda. Los vio de inmediato y le pareció adorable la escena; un chico de pelo rosado corto y desordenado, de pie con las manos en las caderas y una expresión de fastidio auténtico, detrás de él, escondiéndose a su espalda, una chica con el mismo tono rosado en dos coletas miraba el suelo con timidez.

—¡Hola! Disculpen la espera —saludo alegre Mitsuki mientras se acerca al mostrador—. Estábamos en la trastienda. La tienda está abierta, sí. ¿En qué puedo ayudarles?

El chico rosado la escrutó de arriba abajo, sin disimular su evaluación.

—Por fin. Pensé que esto era una tienda automática o algo así… bueno. Busco algo específico. ¿Tienes algo de Shiguang Dailiren?

Detrás de Mitsuki, Gyutaro había salido y se apoyaba en el marco de la puerta de la trastienda, los brazos cruzados, observando.

—Shiwan dailiren… —Mitsuki repitió mal, pasando mentalmente por el inventario—. Eh… aquí es una tienda de Rock… dudo mucho que tengamos eso.

El rostro del chico se ensombreció.

—Tch. Lo sabía. No puedo esperar nada de lugares así. Es Shiguang Dailiren —giró bruscamente hacia la chica de las coletas—. Vamos, Xixi.

La chica asintió levemente, sin levantar la vista.

—Pero, podríamos ver —intervino Mitsuki, tratando de ser útil—. Es la primera que oigo alguna banda de China. ¿Quieren que busque en Google si lo podemos agregar al catálogo? ¿Qué música tocan?
—No —cortó el chico con decisión—. No necesito la ayuda de ustedes, ya demostraron ser inútiles.

Su tono era áspero y tenso, no había tiendas físicas de CD’s y necesitaba algún sencillo o álbum de Shiguan Dailiren lo más pronto posible, para estudiar a sus competidores. Xixi inesperadadamente, tocó suavemente el brazo de su hermano, intentando calmarlo calmarlo. Él respiró hondo.

—Disculpa, estoy estresado —trató de disculparse, aunque no sonaba muy arrepentido—. Es que… es importante. Estoy componiendo una canción y necesito ese estilo… una contestación a sus canciones y no encuentro nada para hoy.

Gyutaro, que había permanecido en silencio, habló desde la puerta, su voz rasposa llamando la atención de todos.

—Es Rock progresivo e indie, a veces pop y rap. ¿Enemigos son?

Tianchen lo miró, desafiante.

—Sí. ¿Algún problema?

Gyutaro lo consideró por un momento, y luego, simplemente fue hacia el mostrador y a su propia Playlist en Spotify.

“The tiniest of whirlwinds disturb the stagnant dust, and there was that familiar narration by my ears. I understood I had to return. There'll always be a next storm to bury it. Future, future. Our existence”

—Son ellos… —concedió. Se acercó un poco más, sus ojos recorriendo a Gyutaro—. ¿Tienes el CD? El nombre exacto del álbum o algo.

La chica pareció sorprendida por la exactitud y tranquilidad con que actuó Gyutaro, algo que hace un mes atrás habría sido imposible..

—Sí y no. En la tienda no está, pero lo tengo en mi casa. Compra personal —la sonrisa de él se hizo más amplia, casi maligna—. Pide disculpas por el trato a Koga y quizás te lo preste. Puede que tengamos alguna copia en "Misceláneo - Soundtracks / Experimental". La trajimos arriba la semana pasada pero no la catalogamos aún.

Gyutaro se volvió hacia Mitsuki.

—No es necesaria una disculpa, si podemos ayudar y vender, estaremos felices —Mitsuki lo miró, impresionada. Ella no recordaba esa caja y sin decir nada, fue hacia una pila de cajas cerca del almacén y, efectivamente, encontró una caja de cartón gris y polvorienta con esa descripción escrita con rotulador negro. No dudo en llevarla al mostrador.

Mientras Mitsuki y Gyutaro comenzaban a buscar entre los discos, Ume se había acercado a los estantes lejanos ya aburrida de tener que esperar, inspeccionó los estantes.

—Qué extraña portada —indagó sin rodeos Ume, sosteniendo en manos un álbum todo negro con letras extrañas.

Tianchen miró fijamente a Gyutaro. La arrogancia en su rostro luchaba contra la necesidad de obtener ese maldito disco y Xixi, a su lado, tiró suavemente de la manga de su cazadora otra vez.

—… Está bien —confirió Tianchen finalmente, las palabras saliendo con dificultad, atoradas en su garganta debido a que él nunca se disculpa o al menos no a los demás, con Tianxi sí—. Lo siento por llamarte inútil y a tu compañera también. —La disculpa sonó forzada, pero al menos estaba dicha.

Gyutaro lo observó un momento más, luego asintió una vez.

—Bien. La caja está ahí, a ver si tienen suerte.

Mitsuki ya había abierto la caja gris y comenzaba a sacar discos, revisando rápidamente las portadas y los lomos. Eran una mezcla extraña: bandas sonoras de películas de culto, rarezas de new wave, discos de spoken word, y algunas grabaciones de world music.

—¿Alguna idea de cómo podría estar etiquetado? —preguntó Mitsuki, pasando un disco a Gyutaro.
—Si está, debes identificarlos por las letras en mandarín y que son tres chicos en un descapotable —respondió Gyutaro, tomando otro objeto de la caja—. Shiguang Dailiren significa algo así como "mensajeros del tiempo", ¿no? Podría estar bajo “ S” o “T”.

Mientras tanto, Ume, aburrida de escucharlos, se había acercado más a Xixi, quien seguía quieta cerca de la puerta, se sobresaltó cuando vio a la chica muy cerca de ella y sosteniendo en alto el álbum negro con letras extrañas que había encontrado.

—¿Y esto? —preguntó Ume, acercándose a Xixi pues sus edades debían ser similares—. ¿Tú entiendes estos garabatos? ¿Te gusta este tipo de música?

De fondo cambió la canción a otra de Shiguang Dailiren bajo el título de “Break!”

“I got this story about time. That you gotta live and dive. Go click the parallel line
Fate's in control, play your role. You ain't just a tool”.

Xixi dio un leve respingo al ser abordada directamente y bajó la vista hacia el disco que Ume le mostraba. Sus ojos, del color coral que tanto llamaba la atención, se enfocaron en la portada.

Negó lentamente con la cabeza.

—Se les dice logos ilegibles, en general son de Death Metal —respondió Gyutaro sin levantar la vista de los discos que revisaba—. Sanguisugabogg, son de Estados Unidos, tocan algo más oscuro que el Death Metal y más pesado. El vocalista, Devin Swank, canta con gritos guturales muy profundos. Guárdalo con cuidado, ese álbum cuesta más de lo que gano en un mes.

Ume puso los ojos en blanco, pero colocó el disco de vuelta en el estante con un poco más de cuidado. Su atención volvió a Xixi.

—¿Por qué no hablas? —preguntó con franqueza.

Tianchen se tensó de inmediato y giró hacia ellas.

—No le dirijas la palabra a mi hermana —ordenó con un tono cortante.
—Ume —intervino su hermano con una advertencia—. Ve atrás.

Xixi no parecía molesta por la pregunta que hizo la otra chica. Contempló a Ume por un segundo y luego le sonrió con suavidad; ante sus ojos, esa chica extraña y segura de sí, había sido lo más interesante que le sucedió estos últimos días.

—Ah, como sea —se encogió de hombros y se alejó, volviendo a curiosear en otros estantes.
—¡AQUÍ! —exclamó Mitsuki de pronto, sacando un CD con una portada que mostraba una fotografía desenfocada de la playa y los tres chicos en un auto rojo descapotable. Las letras en inglés decían “Shiguang Dailiren” —. ¿Es este?

Tianchen se abalanzó hacia el mostrador, tomando el CD con manos casi temblorosas y Xixi se acercó también, asomándose por encima de su hombro.

—Sí —confirmó Tianchen, exhalando aire de alivio—. Es el EP debut. Tiene las tres primeras canciones que lanzaron. “3, 2, 1!” está aquí… ¡Sí! ¿Cuánto? —preguntó, ya buscando su cartera.

Gyutaro tomó el CD de sus manos con suavidad, era un producto de nicho y difícil de conseguir.

—Un momento —espetó. Lo abrió y revisó que el disco estuviera en buen estado, sin rayaduras visibles ni nada fuera de lugar. Luego miró una pequeña etiqueta pegada en el interior de la funda—. Este es inventario viejo, tiene el código anterior de Joe. —consultó un cuaderno desgastado que había bajo el mostrador—. Cincuenta dólares.
—Cincuenta está bien —aceptó Tianchen inmediatamente, sacando billetes.
—Espera —Gyutaro lo detuvo con un gesto—. ¿Tienes reproductor de CD? Que extraño que alguien tan joven tenga un reproductor, vendemos en la tienda.
—Tengo un reproductor portátil en casa —apresuró Tianchen, ya estaba impaciente.

Tianchen lo miró, desconfiado y Gyutaro se encogió de hombros.

— … —lo pensó un minuto—. ¿A cuánto?

Tianchen intercambió una mirada con Xixi.

—El reproductor a treinta, entonces sería ochenta dolares —sonrió Gyutaro.
—Está bien —suspiró, contando más billetes.
—Bueno —Gyutaro tomó el dinero y guardó el EP en una bolsa de papel. Luego sacó su teléfono—. Dame tu número, así busco el otro álbum que falta y te aviso. Se llama “Surprising Click!”.

Mientras intercambiaban contactos, Mitsuki observaba la escena con una mezcla de asombro y orgullo. Gyutaro, el chico hosco y antisocial, estaba no solo haciendo una venta, sino estableciendo una especie de amistad musical con un completo extraño. Era un lado de él que rara vez veía.

—Listo. Xixi, vamos.

—Gracias —los despidió a Gyutaro—. Te escribo cuando encontremos el álbum.
—Asegúrate de hacerlo —respondió Tianchen.

Los hermanos Li salieron, la campanilla anunciando su partida y la tienda volvió a sumirse en el silencio, ahora más profundo.

Ume dejó de revisar estantes y bostezó.

—Qué gente más rara —comentó, volviendo a la trastienda para terminar su comida—. Esa canción no sonaba tan mal… pero es chino…

Gyutaro y Mitsuki se quedaron un momento junto al mostrador, observando la puerta cerrada.

—Normal, son de nacionalidad China. El chico se llama Li Tianchen.
—Y el grupo que buscaba se llama Shiguang Dailiren —murmuró Mitsuki—. Nunca los había escuchado. ¿Son buenos?
—Técnicamente, sí —admitió Gyutaro, comenzando a ordenar los discos que habían sacado de la caja gris de vuelta a su lugar—. No son de mi agrado, me gusta más el metal. Pero las letras son… inteligentes. Habla de la repetición, de estar atrapado en un ciclo. Se siente personal.

La jefa lo miró, sorprendida por el análisis.

—Parece que te caen bien.
—No es cuestión de que me caigan bien —replicó él, evitando su mirada—. Es cuestión de respetar el trabajo bien hecho.
—¿Cómo Jawbox? —preguntó Mitsuki.
—Sí —dijo él, sin dudar—. Una lástima que la gente prefiera música para evitar pensar y Jawbox no son para oírlos en la radio o cuando limpias, cocinas, vives tu día a día.

Mitsuki sonrió, ese es el Gyutaro que conoce… pragmático y desconfiado

Juntos, terminaron de guardar la caja y limpiaron el mostrador, mientras Ume terminaba su comida y ya estaba medio dormitando en un taburete. Eran casi la hora de cierre.

—Hoy fue un día muy animado —comentó Mitsuki, apagando las luces principales, dejando solo la iluminación tenue de seguridad.
—Fue un día —corrigió Gyutaro, poniéndose su chaqueta—. Con clientes raros, discusiones sobre música y cátedra de música. Lo normal contigo, Koga.

Mitsuki rio suavemente. Para él, tal vez esto era normal, pero para ella la música es algo que no puede compartir siempre y menos con conocidos y eso que su vida gira en torno al Rock. Fue un día divertido y anotó en su mente el nombre de Shiguang Dailiren para escucharlos apenas cierre aquí y suba las escaleras a su cuarto.

Gyutaro cerró la puerta con llave y el cartel de "cerrado" colgando hacia fuera, Mitsuki, por su lado, subió las escaleras hacia su casa. Eastwood recibió a los hermanos Shabana con su aire nocturno fresco y Ume, medio dormida, se aferró al brazo de su hermano. Caminaron hacia la esquina antes de dirigirse en la dirección opuesta, hacia su apartamento.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Othinus on April 30, 2019, 06:46:55 PM
🌊🌊 Olitas del mar! 🌊
Presentando a Hikawa y Kuwabara  :)


( 4 ; b )


"Parece que tienes problemas" alguien lo abrazo por los hombros "bebé, deja que mami te de tus medicinas"
"Kuwabara mejor que te apartes o yo…" Yoh lo miro por el rabillo del ojo y frunció las cejas. "Qué raro que tu novio este desaparecido esta noche".
"Va a escuchar el palpitar de mi corazón y va a venir corriendo. ¡Lo apuesto!”

Escéptico el otro muchacho bajo la vista hasta la cremallera de Kuwabara y los misterios del mundo se revolvieron o casi.

“Asco” repitió varias veces en voz baja y volvió la vista al vaso de cerveza “mierda, el llamado que haces a Hikawa es un asco”.
“Ajá, el viene siempre con mi palpitar” contesto con una sonrisa.
“Mejor me voy, tanto marico por aquí me da repelús. Hay boliches homos”.
“¿Qué? ¿Quieres probar?”
“¡Por supuesto!” cuando Yoh sonrio de manera espeluznante, Kuwabara supo de inmediato que si sugería algo así una vez mas iba a ser un castrato. 
“Bien, bien… el infeliz de Hikawa se perdió. El trabajo lo tiene ocupado”

El hombre tomo asiento al lado de Yoh y ordeno al dueño rápido una bebida.
 

“Me preocupas tu, enseñando a niños jóvenes. ¿Tu rabo distingue entre lo que está bien o no?”·
“Tengo a Hikawa” masculló el rubio “es el único que me importa”
“Creo que lo sofocas”
“En lo más mínimo. En cualquier momento llegara un mensaje de el e iremos a un hotel”
“Mucha informacion” suspiro desganado “a mi me importa poco y nada tus amoríos con Hikawa. Me conformo con que no te quedes ebrio, estires tu trucha de más y persigas a cualquiera apestando a mal aliento. Es decir, evita hacerme pasar vergüenza Kuwabara”.
“Algo imposible” alguien rio en voz baja atrás de ellos dos “Kazuo es bueno en eso” el humo a cigarro volo entre los dos sentados y Kuwabara de un salto abrazó a la persona que llego.
“Te eperaba Hikawa” lo beso en la mejilla, apunto a los labios pero el contrario giro el rostro.
“Estoy fumando” lo salvo de una quemadura segura.
“¿Bebes con nosotros?” preguntó su pareja, Yoh ya se bajo el vaso y pidio otra, por su lado a Kuwabara recién le alcanzaron el alcohol.
“Esta sera mi última, quiero dormir. Tengo trabajo mañana y debo encontrar a una pendeja que se olvidó sus mangas gays en mi tienda”
“¿Cómo es?” preguntó curioso Kuwabara, la idea de que Yoh Komiyama, el tempano glacial, el hombre más frío del mundo, se interesara en alguien debía ser un suceso inesperado.
“Una chica de cabellos y ojos raros, estatura promedio o un poco más baja, era rara…” no al mismo nivel que Kuwabara pero si rara.
“Explicate más” tomo asiento en la barra Hikawa, muy cerca del acompañante y le robo la bebida, junto al cenicero.
“Como el cielo, la gama de colores de ella eran como el cielo y brillantes, me parecio rara… dijo algo de modelo perfecto”
“Quizas es una loca que hace doujinshi o una acosadora, si es así volverá” contestó Hikawa.
“Espero que no y menos cuando este en la tienda Badou o las cosas serán peores”.
“¡Mierda! Eso va a estar interesante” sonrio Kuwabara.

El más joven de los cuatro dejo lo que debía sobre el mostrador y se levanto del asiento, después de todo Yoh ya pocas veces disfrutaba de fiestas y cada vez más le empezaron a gustar cosas serenas como ver Netflix los fines de semana y evitar a toda costa al sexo opuesto.

“Nos vemos chicos” se despidió Yoh y los dos hombres le correspondieron.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Miyu on April 30, 2019, 09:58:31 PM
7 # Don't ask about the past.

Unos meses antes.
Los chicos habían decidido crear un grupo de Rock independiente, con bases en Idols del K-Pop pero sin olvidarse de sus ráices“Shiguang Dailiren” —Detectives del Tiempo— nació así, con la temática de viajes en el tiempo a través de fotos y su lema: el pasado no determina el futuro.
La premisa era simple, tres reglas que debían cumplir al sumergirse en una imagen:
— Solo tienes doce horas.
— Sigue mis órdenes.
— No toques el pasado ni el futuro.
Y la regla fundamental para que todo funcione: “Don’t ask about the past”.

La idea surgió entre cuencos de ramen picante y latas vacías de cerveza de cangrejo —esa lager ligera que se bebe en Shanghai cuando llega la temporada de cangrejo peludo—, mientras discutían sobre la primera canción y el tipo de música que querían hacer, manteniendo siempre la temática establecida.

—¡Para el público internacional me llamaré Toki en Japón y Charles en anglosajón! —el que habló es el más impulsivo de los tres y, quien generalmente los arrastra a sus problemas.
—Imbécil —murmuró Lu Guang, ya con la cara contra la mesa de madera. No soportaba el picante y menos cerveza con tal graduación.
—¡Lu Guang será Lucas y en japones Hikaru! Suena como a brillo brillo—expresó con una sonrisa radiante.
—Es una perdida de tiempo, Xiaoshi. Yo digo que debemos ocultarte y la estrella central sea Wang Wang —Ling Qiao habló, elevando la latita al cielo—. Aparte, ni sabes tocar la guitarra bien, vas a terminar endeudándote más.
—¡Mi cara es la más bella de todas! —protestó, haciendo una pose cool con el dedo índice y pulgar—. Qiao será la batera, oculta siempre, para que nadie vea su feo corazón.
—¡ÓYEME CHENG XIAOSHI! —se puso de pie de un salto, apretando la lata fría contra la frente de Xiaoshi—. ¡Soy mucho más linda y adorable que tú! Pero… si puedo tocar la batería… que mi seudónimo en japones sea Rin y Jo para el resto del mundo.

La lata fría dejó una marca circular y húmeda en la frente de pelinegro, no se movió. Sonrió, con esa sonrisa amplia y descarada que siempre significaba su triunfo sobre Qiao Ling.

—Tu feo corazón late más rápido cuando estás enojada —se tocó la frente, fingiendo dolor.
—Tampoco exageres, Cheng Xiaoshi.

Lu Guang levantó la cabeza de la mesa, un hilillo de saliva conectaba su mentón con la mesa… la perfecta carita de bebé del albino manchada descaradamente… parpadeó, lentamente, alejando la niebla del picante y el alcohol.
—¿Qué pasa? —preguntó secamente.
—Na… na… pppppfffff —la risa del pelinegro estalló en la tienda de ramen, Qiao Ling trató de taparle la boca pero seguía riéndose—. Descuidadoooo, pfffffff.
—¿…? ¿Qué dices? —ante la mirada de Ling, sus mejillas se sonrojaron y rápidamente limpió su mentón con el dorso de la camisa blanca que usa—. ¿Te parece gracioso?
—¡Por supuesto! El príncipe perfecto, manchado por su incompetencia al alcohol y el picante.
—Doce horas —murmuró, su voz ronca—. Ese es el límite. En la música también. Si no tenemos una canción en doce horas, este grupo muere antes de nacer.
—¡¿QUÉEEE?! —Xiaoshi parpadeó confundido—. Eso es imposible y tenemos de antagonista a ti… o sea que solo Qiao Ling y yo queremos esto.
—Yo no. Tú.

El silencio cayó entre los tres, Lu Guang podía ser muy firme cuando se lo proponía y la idea de un grupo llamado “Shiguang Dailiren” le parecía absurdo, ya tenían suficiente trabajo con el estudio fotográfico; fuera, el sonido del tráfico nocturno de Eastwood se filtraba por la ventana del local, ubicado en Chinatown.

—Doce horas —repitió Xiaoshi, la broma desapareció de sus ojos—. Acepto tu reto, Lu Guang. Si pierdes, tendrás que tocar el bajo.

Sacó su teléfono y programó la alarma en doce horas exactas, ese iba a ser el límite y todo lo que Cheng Xiaoshi necesitaba para mostrar todo su talento y belleza —según él mismo belleza—.  La alarma del teléfono marcaba un conteo rojo e implacable: 11:59:23. Cheng Xiaoshi deslizó el dispositivo al centro de la mesa de madera manchada por las gotas de sudor de las latitas.

Lu Guang no apartó la vista del reloj, su expresión plana, sin reflajar ningún tipo de emoción, sin mostrar duda ni desafío.

—El tiempo empezó —musitó Lu Guang—. Después no vengas llorando.
—¿Aquí? —preguntó Qiao Ling, barriendo con el brazo las latas vacías—. ¿En la tienda de ramen?
—Las reglas no especifican lugar —replicó Xiaoshi. Su tono había cambiado, la risa dio lugar a un tono tenso—. Solo el límite. Lu Guang, necesito una base. Ahora.

Lu Guang respiró hondo, el sonido salió como algo frustrado y el picante aún le quemaba la garganta. Cerró los ojos con fuerza, no tenía instrumento ni nada con que comenzar… pero golpeó ligeramente los dedos sobre la mesa en un patrón de dos notas, profundo y sostenido, luego un salto ascendente rápido. Tump tump… tss tump. Lo repitió. Era un ritmo de bajo.

—Está bien —asintió Xiaoshi. Sacó su libreta de bocetos, la que usaba para apuntar encargos de fotos y, en una página en blanco, garabateó cifrados: Am, F, G, C—. Qiao, marca el compás. En cuatro.

Qiao Ling tomó sus palillos y por un segundo dudó, luego golpeó el borde de su cuenco vacío. Un ting claro y hueco. Uno, dos, tres, cuatro, sostenido. Como indicó su hermanastro.
—No es un ritmo de batería —protestó él—. Es aburrido.
—Es un corazón —corrigió Xiaoshi, sin mirarla—. El corazón de alguien que solo ve el tiempo que le queda. Ahora cállate y mantén el pulso, Ling.

Lu Guang continuó con su golpeteo en la mesa, ajustando el tempo al de Qiao Ling; los sonidos incongruentes —el tic-tac digital, el golpeteo de dedos, el dong de la madera contra la cerámica— se entrelazaron. Formaron una estructura extraña y poco armoniosa, pero era un comienzo. Los comienzos siempre son así y no quiere un final que carezca de sentido.

Xiaoshi mordió el extremo de su lápiz, mirando los acordes escritos, pero no veñia la chispa de la musa; veía el reloj avanzando inexorable, recordaba las fotografía que había usado para catapultar al “Time Photo Studio” a la fama y como, por la belleza de los tres, les habían sugerido crear un grupo de música, después de todo están en Eastwood, luces y fama sobra.

—Primera línea —dijo, y su voz surgió como un susurro ronco, ajustándose al patrón de Lu Guang—. El reloj en la pared tiene polvo en sus manecillas.
Escribió, no era poético, era observación y sin tiempo… prefirió anotar algo.
—No pega —suspiró Lu Guang—. Le falta algo.
—¡Shh, Lu Guang! Segunda… “el bajo repite lo que ya no quiere decir”.
Lu Guang dejó de golpetear con sus dedos.
—No —conciso, contundente—. Carece de sentido.
—Sigue —ordenó Xiaoshi, sin alzar la vista—. Carece….
—Es una letra estúpida —protestó el albino.
—Es solo un boceto, Lu Guang y es nuestra letra. Tercera línea… “la batería marca un compás que nadie pidió”.
Qiao Ling dejó de marcar el ritmo, dejando que el silencio volviera.
—¿Esto es un ataque contra mí? ¡CHENG XIAOSHI!
—Es la verdad —el mencionado alzó la mirada por fin. Sus ojos no tenían la alegría habitual de bufón. Eran oscuros, intensos—. ¿O mentimos en nuestra primera canción? El grupo se llama “Detectives del Tiempo”. Detectives. Buscamos la verdad escondida en el tiempo, en los recuerdos. Esta es la verdad de ahora, Lu Guang piensa que esto es una pérdida de tiempo, tú piensas que soy un inútil al que no se le puede confiar nada… yo solo quiero probar que podemos hacer algo antes de que el tiempo se acabe. Doce horas, el límite, ¿qué pasará después? ¿Moriremos sin hacer que nuestras vidas tengan sentido?

Nadie respondió. El tráfico exterior pareció aumentar de volumen, un rugido lejano que subrayaba el silencio dentro.

Lu Guang volvió a golpetear la mesa, el mismo patrón que Xiaoshi le indicó, esta vez más fuerte. Un thump thump… tss thump que ahora sonaba a desafío, no a resignación.

—Continúa —dijo Lu Guang, su voz más ronca que antes.

Qiao Ling exhaló. Los palillos de madera volvieron a chocaron contra el cuenco de cerámica… ting, ting, ting, dong; Xiaoshi esbozó una mueca que no era una sonrisa. Escribió más rápido.

La primera hora pasó así, entre peleas, borrones y más sonidos… la tiende de ramen “Xialin Noodle House” seguía abierta y aún con varios clientes dispersos. La chef Lin Zhen, una mujer de cabellos oscuros y de ojos amables, con un delantal rosado bastante lindo, los observaba desde detrás del mostrador sin decir palabra, secando el mismo vaso una y otra vez. No les pidió que se fueran y menos cuando la otra propietaria, Yu Xia, estaba enterrada en papeles sobre la barra.

Para la tercera hora, tenían un esqueleto que se armaba y borraba a los segundos, aunque si una melodía “na nanana, na nanana” que iban a usar en alguna parte. La progresión de acordes se había expandido un poquito, Lu Guang, usando dos palillos, había diferenciado las notas graves y agudas de su línea de bajo imaginario; Qiao Ling desarrolló un ritmo de hi-hat con los palillos sobre el borde de un platillo de metal pedido prestado, y un golpe de caja con el puño cerrado amortiguado sobre una pila de servilletas.

Xiaoshi había escrito tres estrofas. Hablaban de sentimientos de pérdida, confusión y estancamiento emocional; expresó en letras que no puede encontrarse a sí mismo fuera del espejo, de escaleras que llevan al cuarto oscuro, rutina destructiva y miedo a lo desconocido. De que caminó muy lejos, pero solo dio vueltas y regresó al punto de partida. Estancamiento emocional… después de todo, ¿querer viajar al pasado no es por eso?

—Necesitamos un coro —murmuró Xiaoshi con la voz ronca por hablar y tararear—. Algo que una todo.
—El na na na —los ojitos oscuros de Qiao Ling brillaron, aunque sus brazos empezaban a cansarse—. Na nanana nanana nanana. The future exists because of us!
—Demasiado repetitivo… aparte ¿cantaremos los tres? Me niego a cantar —refunfuñó Lu Guang, masajeándose sus dedos—. No lo arruines Xiaoshi y haz algo bueno.

Xiaoshi miró el reloj del teléfono. 07:14:08. El tiempo se escapaba de sus manos y sentía que el proyecto fracasaría. Sintió un pinchazo de pánico real, un sudor frío en la nuca. Si fallaban aquí, en su tienda de ramen favorita, el grupo moriría. Y algo más entre ellos se acabaría.

—I’ll choose to sing loudly for us… na nanana na nanana na nanana —dijo de pronto—. Na nanana, na nanana The future exists because of us!

Los otros dos se quedaron quietos, escuchando la canción que cantaba a medias Xiaoshi.

—¿Qué tal? ¿Suena bien? —continuó él, la idea comenzaba a tomar forma con lentitud—. Imagino que cada uno cantará un “na nanana na nanana na nanana” y después los tres juntos. Quiero poner mi alma aquí, ¿saben?

¿Por qué quería cantar con tanto fervor? No era por fama, ni algo pasajero, definitivamente quería brillar con sus mejores amigos en la juventud, disfrutar al máximo de esta y, por supuesto, cantar para ellos. ¿Se sentían igual Lu Guang y Qiao Ling?
Lu Guang asintió, una vez, un movimiento casi imperceptible.
—Sí. Ya no tengo quejas —suspiró.
Qiao Ling probó un redoble con los nudillos sobre la mesa, acelerando hacia un clímax.
—Funciona. Suena a una canción juvenil y dónde queremos avanzar, juntos.

El coro se construyó a partir de ahí, coro que era climax, varias repeticiones de “na nanana na nanana na nanana”, armónicas, suaves, seguidas de un futuro brillante. “Future, future, our existence”.

Para la sexta hora, Lin Zhen les sirvió té verde sin pedírselo, fresco y reconfortante.  Tres tazas que colocó silenciosamente en el borde de su mesa, los chicos bebieron. El líquido amargo los hizo darse cuenta de la realidad, de la hora y que ya no quedaban clientes, solo la co-propietaria aún sumergida en papeles.

Cheng Xiaoshi sentía la presión en los huesos,hace horas que ya no era una broma, ni un desafío caprichoso sino algo que reflejara su amistad y verdad trascendental; la canción se había convertido en una entidad viva, hambrienta, que demandaba ser perfeccionada.

Discutieron sobre un puente, Lu Guang quería un descenso a solo el bajo y la voz… Qiao Ling insistía en un silencio total antes del último coro, Xiaoshi estaba repleto de ideas, aunque decidió mantener un tono juvenil y una canción sencilla, como la amistad de ellos, pero que pudiera perdurar en la mente y corazones de quienes los escuchasen.

Cuando el reloj marcó 01:30:17 se dejaron caer sobre la mesa del restaurante. La canción estaba completa… la letra llenaba dos páginas de la libreta de bocetos, garabateada con flechas, tachones y anotaciones al margen. La estructura simple y pegadiza, los tres cantarían por separado y juntos.

—Ahora necesitamos grabarla —indicó Xiaoshi, su energía repentinamente se agotó—. Pero no tenemos…
—El estudio —terminó Lu Guang y se levantó. Su camisa blanca estaba arrugada, su pelo albino desordenado, parecía mayor de lo que es en verdad y agotado—. Podemos ver que hacer y recurrir a Yoon Habin.
—¡Es cierto! ¡Yoon Habin nos debe una! —el pelinegro le hizo ojitos a Qiao Ling, sabiendo que ambas tenían una buena amistad.
Qiao Ling los miró a uno y al otro.
—Es trampa. Me niego a usar a la jiějie Yoon Habin para esto, Cheng Xiaoshi.
—No es trampa —replicó Xiaoshi, también se puso de pie. Su cuerpo le dolía y negaba a reaccionar como quería—. Es coherente. Somos Detectives del Tiempo, usamos el tiempo y todo lo que esté a nuestro alcance. Esta canción nació en doce horas y debe grabarse en el mismo tipo de tiempo. Prestado. Concentrado. Un detective usa las herramientas a su disposición para resolver el caso y este es nuestro caso.
—… tu idiotez me saca de quicio, Cheng Xiaoshi —murmuró Qiao Ling, cruzando el entrecejo.

No hubo más debate después de aquello, pagaron a la dueña y agradecieron por las bebidas, sin ella esta noche no hubiera sido tan productiva. Tener un lugar así, donde pasar el tiempo, a los tres les gustaba.

Salieron del restaurante y, en la fría calle del Chinatown, justo enfrente del callejón que llevaba al estudio fotográfico, Xiaoshi sacó su teléfono. No guardaba una imagen del local vacío esta vez; había capturado otra hacía una hora, sin que nadie lo notara, una de Lu Guang y Qiao Ling, absortos, convirtiendo cubiertos y cuencos en música bajo el fluorescente del puesto de ramen. Una foto del ahora, lista para volverse el ayer que necesitaban.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Miyu on May 31, 2019, 04:43:59 PM
7.2 # Don't ask about the past.

 La mostró a los otros dos. En la pantalla, ellos parecían extraños, intensos, conectados por algo más grande que un proyecto nacido de las ideas estúpidas de Xiaoshi.

—Regla uno —susurró Guang—. Tienes doce horas. Dos, sigue mis órdenes, tres no modifiques el pasado ni el futuro y la última que no es una regla… don’t ask about the past.

Antes de que pudieran responder, Xiaoshi pulsó la pantalla.

—¿Entonces en nuestra temática seguiremos esas directrices? ¡Aburridooo! —el pelinegro tomó otra foto, a la noche al de hebras cenizas con su mirada azulada seria.
 
El estudio los recibió en silencio, con las luces apagadas y el olor al cuarto negro en el aire. Este lugar, el hogar de los tres, dónde sus sueños empiezan con un click.

Se movieron rápidamente, porque habían decidido grabar el EP en doce horas y para ello necesitaban la eficiencia. Lu Guang no tardó en encender el equipo y conectar los instrumentos de verdad y las cámaras. Qiao Ling se sentó en el taburete de la batería, ajustando la altura de los platillos en silencio.

—Si es juventud, debe ser nosotros yendo a la playa y dar un concierto en el mar. Con ropa bonita… ¡no hay nada más juvenil! —sonrió la chica, haciendo girar entre sus dedos las baquetas.
—Tiene sentido —Guang se colocó la correa del bajo y empezó a afinar el instrumento, una Fender Player II Precision Bass, Polar White.
—Que sea algo muy casero, entonces y damos los últimos toques con una pantalla verde y edición. ¿Puedes encargarte de eso, Qiao Ling? —el pelinegro puso un micrófono cerca de ellos y después buscó su guitarra en el estuche. La de él una Gibson Les Paul, Heritage Cherry Sunburst.

Miró a sus compañeros y la cuenta regresiva comenzó, como el nombre de su canción: 3, 2, 1! El clic de Lu Guang activando el metrónomo de la consola fue el indicador perfecto… un pitido electrónico en cuatro cuartos. Luego, el ruido.

—I can't seem to see myself outside the mirror. I seem to count the steps to the darkroom every day. I seem to have walked far away, but I just circle back to the place where I started —la voz de Xiaoshi salió primera, sin ningún instrumento acompañándolo. Luego agregarían algún efecto.
—I don't want every end point to be meaningless. I don't want to follow the rules and get used to withering —la voz del albino comenzó junto con los instrumentos, aunque el centro de todo era la letra… ellos.

La guitarra entra con un clean suave, usando un compás de 4/4 con acordes abiertos en Ab mayor. El sonido es ligero, sin drive, y el uso de delay y reverb fue controlado. El bajo sigue la línea fundamental de cada acorde, con una dinámica contenida, sin slap ni pop, solo una pulsación constante y profunda que refuerza el ritmo sin destacar, por su parte la batería mantiene un patrón simple: kick en 1 y 3, snare en 2 y 4, y hi-hat en corcheos cerrados, sin fills ni breaks, creando una base estable y suave que no interfiere con la voz de ellos.

—Shooting away the rain and sunshine —la chica fue la última, su tono dulce y amable complementando la de ellos.
—Leave our tracks —cantaron los tres juntos.
—Chasing the distance of time, your light is hidden in your eyes. Ended the solo journey that I was forced to take alone —de Vuelta a Xiaoshi, su tono el más fuerte de los tres.

Fueron cantando los tres cada parte y algunas juntos, esta, la culminación de doce horas de conflicto, tensión y creación al límite. La grabación no fue perfecta, la voz de Xiaoshi se quebró en el último grito del coro, Qiao Ling se adelantó ligeramente en un redoble, pero Lu Guang mantuvo el ritmo tranquilamente, pese a ser el que estaba temblando de vergüenza.

—Na nanana na nanana na nanana. The future na nanana na nanana na nanana. Na nanana na nanana na nanana. Exists because of us —otra vez los tres juntos y era la recta final.
—This tiny whirlwind stirs up stagnant dust —continuó el pelinegro.
—Still the same familiar narration. I understand that I have to come back
There will always be another storm coming just to bury it —de nuevo los tres juntos.
—The future. The future —fue el turno del albino.
—Our existence is it pure whiteness or falling into new haze? Whether everything changes or not, I will waiting for you to come back. Counting down from three, two, one, it’s time to clapour hand. I choose sing for us —terminaron los tres juntos, después añadirían aplausos en varias partes de la canción.

Cuando el último acorde se desvaneció en el zumbido de los amplificadores, el silencio que siguió fue distinto, copado por la emoción de lo que habían hecho y que, pese a no ser un trabajo perfecto, eran ellos… cantando para ellos.

Xiaoshi miró el reloj de la pared, la sesión de grabación había durado cuarenta y siete minutos dentro de sus doce horas prestadas y ahora era tiempo de descansar, ya el sol se asomaba por los ventanales del estudio fotográfico y el cansancio se hacía visible en cada uno.
Lu Guang apagó el metrónomo y colocó el bajo en el soporte.

—Que las habilidades se activen con un choque de manos. Ese clap que se forma en los aplausos va a quedar bien en las canciones —no quería admitirlo, pero tampoco rebajar todo el trabajo creativo de su mejor amigo.
—¿Somos nosotros? —preguntó incrédula Qiao Ling, escuchando la grabación. A sus oídos esto era perfecto, ellos.
—Lo sé. Soy genial hehe —se rió el pelinegro.

Qiao Ling se levantó del taburete, estirando los brazos sobre la cabeza. Una sonrisa pequeña jugueteando en sus labios.

—Tampoco te pases Cheng Xiaoshi y devuelveme el dinero de la renta.
—Si esto tiene éxito, te invitaré a comer carne. CARNE DE RES —la sonrisa de él era tan radiante como el mismo sol.

Presionó play para oír la canción de nuevo, faltaban efectos, pero era juvenil y simple. Hablando de lo que querían.

La escucharon de pie, en el centro del estudio, mientras la primera luz verdadera del día se filtraba por los vidrios amplios e iluminaban todo a su paso. Porque después de la oscuridad viene la luz.

Cuando terminó, Xiaoshi detuvo la cinta. Se volvió hacia Lu Guang.

—Perdiste y ahora tocarás el bajo siempre en Shiguang Dailiren —su tono era de burla total—. ¡El gran e invencible Lu Guang perdiooo!

Lu Guang sostuvo su mirada, más amarga que nunca.

—Imbécil —sacó el cable USB de la consola y conectó la cinta maestra a su propio teléfono. Con unos toques, subió el archivo crudo a un servicio de almacenamiento en la nube. Luego, mostró la pantalla a Cheng Xiaoshi y Qiao Ling.

En la pantalla, el nombre del archivo brillaba con letras claras: Shiguang Dailiren; 3, 2, 1!  (demo).

—El grupo acaba de nacer —susurró Lu Guang—, y ya tenemos nuestra primera evidencia.

Xiaoshi soltó una risa. Era una risa cansada, aliviada, libre de toda pretensión; Qiao Ling se unió, un sonoro estallido que resonó en el estudio vacío.

Fueron hacia otra sala del estudio, dónde se encuentra un pequeño solario y dos sillones, uno grande y rojo, dónde Lu Guang y Cheng Xiaoshi se apoderaron rápido, el restante de la chica.

—¿Y ahora? —preguntó Qiao Ling, parpadeando contra la luz.
—Ahora —pensó un segundo—, no miramos atrás.
—Regla uno: solo tenemos doce horas —mencionó el albino, su dedo tocando la pantalla del celular—. Regla dos: sigue mis órdenes y regla tres, no cambies el pasado ni el futuro. Debemos guiarnos por eso.
Cheng Xiaoshi se frotó los ojos.
—Sí, sí. Don’t ask about the past.
—No preguntes por el pasado —recitó Qiao, su voz más baja—. No preguntes cómo es que Xiaoshi sigue vivo y endeudado. No preguntes por qué se cree el número uno ni por qué Wang Wang lo sigue soportanto.
—¡Hey, hey! Soy el líder, Lu Guang estaría perdido sin mí —Xiaoshi cerró sus ojos con pretensión—. El pasado no determina el futuro. Pero podemos pedirle prestado un equipo. Vamos con Yoon Habin.
—Te autoproclamaste líder. Prefiero ser dirigida por alguien tan capaz y hermoso como Wang Wang —se cruzó de brazos la mujer—. Aparte, jiějie Yoon Habin te va a matar.
—Vamos con Yoon Habin. Después seguimos discutiendo —repitió Xiaoshi, ya medio dormido—. No me va a matar, porque tú le pediras el favor… Ling Qiao.
—Te va a matar —confirmó Lu Guang, cerrando los ojos—. Y yo no voy a defenderte esta vez.
Qiao Ling rió bajito, abrazando un cojín.
—Mentira, siempre lo defiendes. Solo que con cara rabiosa.
—Porque es un funeral —respondió el albino—. Mi cara, cada vez que se le ocurre una idea.
Los dos hermanastros comenzaron a reír, afuera, el sol ya estaba alto y el ruido lejano de la ciudad empezaba a asomarse. Xiaoshi abrió un ojo.
—Oigan… —murmuró—. ¿Se dan cuenta de que lo hicimos?
—¿Qué cosa? —preguntó Qiao Ling, sin moverse.
—No viajamos en el tiempo, so usamos fotos, no rompimos nada. Y aun así… —sonrió—. Doce horas bastaron.
Lu Guang no respondió de inmediato. Giró un poco el rostro, mirando el techo.
—Tal vez por eso funcionó —dijo al final—. Porque esta vez no intentamos arreglar nada. Solo… estuvimos aquí.
Qiao Ling asintió.
—Así es la juventud pura. Caótica y sin garantías. Sin mirar atrás, porque el pasado no determina nuestro futuro.
—¡Exacto! —Xiaoshi se incorporó de golpe—. Esa va a ser nuestra imagen. Nada de perfección, nada de ídolos inalcanzables. Somos tres idiotas cansados, haciendo música en un estudio fotográfico y cantando para nosotros. Para inmortalizarnos como lo hacen las fotografías con un click.
—Habla por ti —gruñó Lu Guang—. Yo soy un idiota competente.
Rieron de nuevo los dos hermanastros.
El teléfono de Xiaoshi vibró de pronto con un mensaje nuevo. Él lo leyó y abrió los ojos de par en par.
—Chicos… —tragó saliva—. Yoon Habin ya escuchó el demo.
—¿Qué? —Qiao Ling se sentó de golpe más recta que nunca.
—Lo subiste con tu nombre real, ¿verdad? —Lu Guang lo miró con horror.
—Eh… —Xiaoshi sonrió, nervioso—. Dice “vengan al Húngaro Ganessa. Ahora.”
El silencio se presentó por primera vez entre los tres.
—Bueno —Qiao Ling se puso de pie, estirándose—. Supongo que el futuro ya empezó.
Lu Guang tomó su chaqueta.
—Y esta vez —musitó—, no hay foto de regreso.
Xiaoshi alzó el puño, entusiasmado.
—Agentes del Tiempo, en marcha.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Othinus on May 31, 2019, 08:18:49 PM
Otro fic super flash jajaja  :-[
Empiezo paginaa!

( 5 ; a )


Varias semanas pasaron desde que bebió con sus compañeros de juerga y un nuevo mañana llegó filtrado por las rendijas de la ventana americana en el pequeño departamento de Yoh, quien consiguió un pequeño sitio muy cerca del campus, lo malo es que comparte cuarto con un hombre tan extraño que a veces llegaba tarde del trabajo únicamente para evitar contacto con él: “Sister”. Apodo, obvio.

El susodicho se dedicaba a pasar cosplayado 27/7 de monja… un otaku…, seguro.  Nunca lo considero homosexual porque a poco y muestra interes por algo que no sea fumar y Badou fue quien se lo presento, un compañero de pitillos.

“Hey, si vienes te matare. Este sitio no es para que aparezcas a la hora que te plazca” dijo el otaku  mientras mantiene la vista en la cocina, le gusta preparar la comida del día a día. “¿Entiendes?” para enfatizar alzo el cuchillo de cocina al aire y giro hasta apuntarlo a Yoh con la punta afilada del arma blanca.
Yoh suspiró y asintió de mala gana, discutir con Sister no es su fuerte “está bien, mamá pero si vas a controlarme, al menos da el ejemplo de vida ejemplar”.
“La diferencia es que soy adulto, te duplico la edad, niño” aunque la edad no es más que un número, las fuerzas de discutir con el rarito se fueron por completo. “¿Y volvió la niña?”
“No, supongo que después de todo no era acosadora y aun tengo su revista BL allí tirada”
“Tipico de ti y tu sentido del deber” sonrió el hombre, volviendo a sus tareas domésticas.
“¿Eso crees?” preguntó apoyando los codos en la mesa para sostener la barbilla. ¿Tan aburrido es? Pensó.
“Bueno, te ganas el título de 100% japonés” volvió a reír, Sister por su parte emigró de algún lugar de Rusia; el rubio natural acompañado por unos raros ojos azules indican su origen y la cicatriz en la cara lo dejan como una persona de respeto.
“¿Qué es ese título?” preguntó curioso por lo que Sister piensa de él.
“No lo sé, los asiáticos son de otro planeta” prosiguió a dar vuelta la tortilla en el sartén y le hecho queso para hacer un omelette.
“¿Eso crees? Nosotros tenemos ciertas leyes y una educación estricta, supongo que por eso nos ven así”.
“Pero lo tuyo se pasa, Yoh. Ya ha pasado más de una semana y la sigues esperando” le dio un tono picaro a la voz, en realidad nunca vio a su compañero tan interesado en una fémina; quizá la rareza en ella lo atrajo.

Pronto el sonido de una campana indicando que el café esta listo inundo la habitación y el pelinegro se levantó para servirlo desde la cafetera, justo a tiempo para que Sister tuviera listo dos platos con las tortillas francesas.

Sister colocó los platos en la mesa y Yoh las tazas, ambo se sentaron y dedicaron el saludo respuestuoso: uno rezando en silencio y el otro con el “itadakimasu” y comenzaron a comer. El primero en terminar fue el otaku pero espero al asiático para levantar la mesa. Antes de ir a trabajar quería dejar todo limpio.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Kana on June 14, 2019, 08:01:21 PM
Algún día iconos.

“Sun Hee… Yo… Siempre te he amado. Has sido la única a la que realmente he amado. Lamento haberte fallado una y otra vez.” Apretó la delicada mano entre las suyas, reteniéndola, suplicándole. “¡No me abandones así! ¡Te lo imploro!”
“Dae-Hyun… te…te perdono.” Una fina lágrima se deslizó con debilidad por la pálida mejilla de la muchacha. Su sonrisa plasmaba todo el afecto auténtico que había sentido por aquel chico desde hace años. Amor que no había variado en intensidad con los años, desde sus tiernos inicios e incluso en momentos en que el joven no se había comportado muy bien con ella. “Siempre te acompañaré y cuidaré… Gracias por todo”
“¡Sun Hee! ¡Sun Hee!.” La agarró de los hombros. Sacudió su frágil cuerpo con desespero. “¡Sun Hee! ¡No me dejes! ¡No! ¡Te lo prohíbo!” la conmoción de emociones golpeándole en el pecho permitió que sus ojos se cristalizaran en un llanto controlado.
“Te amaré por siempre…Mi Dae-Hyun” suspiró cansada. Cerró los ojos y no los volvió a abrir más.

El joven, negándose a perderla, volvió a sacudirle de los hombros. Al no tener respuesta de la chica, la aferró a él y la abrazó duramente, en un frenético acto de mantenerla a su lado. Una solitaria lágrima rodó por su mejilla, apretando fuertemente sus ojos cerrados renegando la dura verdad que debía enfrentar: Sun Hee se había ido para siempre.
El pitido agudo de la máquina de signos vitales no indicaba otra cosa que no fuera el cese de los latidos cardiacos.

“¡No!” gritó cuando sintió una mano sobre su hombro. Era el doctor quien intentaba en vano persuadirlo para que saliera de la sala de operaciones. “¡Deben salvarla!”
“Señor Dae-Hyun, no hay nada más que hacer…”
“¡NO ES CIERTO!” Dae-Hyun soltó suavemente el cuerpo inerte de la que fue en vida su novia.

Aquella dulce y buena chica con quien había iniciado un inocente amorío de adolescentes y quien, tan puramente, le había perdonado todos los dolores al corazón que Dae-Hyun le provocó conforme iban creciendo y conforme éste iba adquiriendo fama con su grupo musical hasta convertirse en un Idol. Porque conforme fue ganando dinero y fama, el joven también comenzó a comportarse mal con ella pese a que Sun Hee le había apoyado en cada uno de sus pasos, desde que era un don nadie.
Eso era lo que más le dolía. ¿Cómo fue capaz de traicionar una y otra vez a una chica tan buena como ella? ¿Cómo ésta le perdonaba sus temperamentos, sus infidelidades, sus desprecios? No. Él jamás la había merecido. Y lamentablemente ahora, que ya no estaría nunca más presente, se daba cuenta de lo que perdió.
Después de tanta crisis y problemas, habían logrado nuevamente retomar la relación de un modo más sano. Pero, la vida era injusta y cruel y en vez de castigarlo a él por sus actos Sun Hee había recibido todo el daño.
Ella, tan noble y buena hasta el final, se lanzó para empujarlo cuando estuvo a punto de ser arrollado por un auto. En consecuencia: Sun Hee había recibido el impacto del golpe y ahora, en el hospital, dio sus últimos respiros de vida.

Toda esa mezcla de emociones lo colapsó. Salió de la sala y destruyó todo lo que encontró a su paso en el Hospital. Tuvo que ser sacado del recinto por guardias. Afuera, sus amigos lo esperaban para consolarlo, pero él no podía escuchar palabra alguna.

Salió corriendo de allí. Quería desaparecer. Lanzarse de cualquier edificio. Lanzarse a un lago y morir. ¡Jamás podría superar el dolor que le quemaba en el pecho!

Años después…
Se veía a un Dae-Hyun con un par de años más. La enseñanza de la vida le había dado la experiencia de volverse alguien más empático y altruista. Gran parte del dinero que ganaba lo donaba a los más necesitados y con el tiempo inauguró una organización de beneficencia a la que le dio el nombre de Sun Hee.
Sus compañeros de banda fueron un gran apoyo. Si no fuera por ellos habría terminado suicidándose, lo más seguro. Pero allí estaba, con el recuerdo de Sun Hee mientras observaba el océano hacia el horizonte.

“Tal vez en otra vida… Volveremos a estar juntos...Sun Hee”

-FIN- 

Unas horas después todo el elenco del Dorama se encontraba viendo la repetición del último capítulo de la telenovela. Tanto en Corea, como en China y Japón el Dorama había sido todo un éxito. El ranking era tan alto que destruyó literalmente toda competencia.

“Escuchen” dijo una de las directoras, leyendo los twitters  “Cito: La actuación de Dae-Hyun me ha dejado llorando por horas! Jamás esperé que Sun Hee muriera, ¡Que dolor! y si bien Dae-Hyun merecía sufrir… ¡No esperaba que fuera de ese modo!” siguió con otro “¡¿Por qué Sun Hee?! ¡Era tan buena! Dae-Hyun sólo era inmaduro, no merecería sufrir ese final. ¡Me duele el final de los dos!” otro “La actuación de ambos protagonistas ha sido magnífica. Lloré con última mirada de Sun Hee y lloré mil más con el sufrimiento de Dae-Hyun. ¡Me da tanta pena que él sufra así!”
“Creo que lo hicimos bien” comentó la actriz que llevó el papel de Sun Hee. Le daba satisfacción saber que el público quedó conmovido con su actuación. “Tan bien, que la gente sigue estando del lado de Dae-Hyun aunque haya sido un canalla en toda la telenovela.” Rio divertida, mirando a su compañero. “Te luciste”
“Gracias. Tú también.”
“Una fotografía de los dos protagonistas post último capítulo” la directora les sacó una fotografía a los dos jóvenes. Las personas shippeaban bastante a esos dos actores que, justamente, habían protagonizado otro Dorama haciendo de pareja. Muchos pensaban que eran novios en la vida real. “¿Qué escribo en la imagen?”
“Gracias por acompañarnos en todo este tiempo y ser tan fieles al Dorama. Sun Hee y yo estamos felices de haber llegado a sus corazones.” Dijo el actor de Dae-Hyun.
“Listo!” Al momento de publicar, vio inmediatamente un montón de likes. “Sorprendente…”

Después de celebrar el alto ranking televisivo donde estuvo todo el equipo presente brindando. Los protagonistas de esa telenovela se retiraron juntos.
Decidieron caminar hasta sus respectivos hogares.

“¿Qué harás ahora que ya terminamos este Dorama?” Preguntó la joven.
“Aún no tengo nada definido, ¿y tú?”
“Bueno…” se manifestó un poco avergonzada. “Acabo de recibir un mensaje de Yong Min… Me dice que está interesado en que protagonice un nuevo dorama.”
“Es una buena noticia.” Aunque ese director no le caía en gracia puesto que era del tipo de sujetos que le coqueteaba a las actrices. El joven elevó la vista para mirar el cielo estrellado.
“¿Qué harás tú?”
“Aún no tengo nada planificado… Hemos trabajado dos años contando el Dorama anterior. Pensaba que quizás debía tomarme unas vacaciones… Volver a Japón a ver a mis familiares, de paso.”
“Ya veo…” ella bajó la mirada, melancólica. El chico a su lado había llegado a Corea hace un par de años desde Japón y desde el primer momento que le vio le pareció alguien sumamente interesante y atractivo. Le causaba tristeza pensar en su partida… Eran muy íntimos después de compartir tanto tiempo juntos.
“Bueno, será mejor que vuelva a mi departamento. Estoy un poco cansado…” volvió a mirarla, le sonrió suavemente. “Gracias por ser mi compañera de trabajo tanto tiempo. Has sido una gran amiga y me has ayudado mucho en mi estadía en Corea.”
“Lo dices como si te fueras definitivamente.”
“Hm…” negó con la cabeza. “Sólo quería darte las gracias.”
“…” le vio hacerle un gesto de despedida. Antes de que se fuera, le llamó: “Akira-kun…” éste se volteó a mirarla y ella aprovechó para rodear su cuello con sus brazos y juntar sus labios con el del chico uniéndolo en un efímero beso.
“…” parpadeó sorprendido. No esperaba que su compañera terminase besándolo. Ella se apartó, al no ser correspondida.
“Disculpa.” Sonrió con desconsuelo. Dicho esto, un silencio fatigoso exigió que apretara sus puños y saliera corriendo de allí. “¡Éxito en todo!” gritó a lo lejos, invadida por una vergüenza y humillación.
“…”

A la mañana siguiente su manager había aparecido demasiado temprano en su departamento. Esta le agitaba una y otra revista en el rostro mostrándole la imagen de él besándose con su compañera de Dorama. Los tacones de la elegante mujer resonaban por todo el lugar.

“¡Ahora todo el mundo habla de esto!”
“…”
“¡Y ella hace poco se había comprometido con Tae-Min! ¡Y tú hace unos meses terminaste tu relación con Jun Sun, la protagonista del Dorama rival! ¡Van a pensar que eres igual de canalla que tu personaje de Dae-Hyun!” Nona se llevó las palmas de su mano al rostro, enojada.
“Yo… No tenía una relación con Jun Sun.”
“No. Sólo salían a cenar seguidito… ¡Uh! ¿Qué no lo ves? ¡La gente quiere verte con ¨Sun Hee¨ cómo novios! Pero tú y ella tienen sus parejas respectivas. Y…Y… Tae-Min es un maldito magnate y Oppa de Corea! ¿Sabes que tiene influencias que pueden destruirnos? ¡Literal D-E-S-T-R-U-I-R-N-O-S!”
“Yo soy soltero.” Dijo seriamente. “Y Tae-Min me tiene sin cuidados. Si quiere hacer uno de sus ridículos show me importa un bledo.” Alzó los hombros. Ese tipo lo amenazaba desde hace tiempo, de todos modos. Estaba celoso de que Suni, su prometida, dedicara tanto tiempo a él en el Dorama… Y Akira sabía que Suni lo amaba. Pero no podía corresponderla.
“¿Qué se supone que hagamos?”
“¿Qué se supone que hagamos?” le repitió, porque no sabía que responderle a su manager.
“¡Tienes que estar con Suni! La gente así lo quiere y te juro que nos ganaríamos unos cuantos millones con el material que puede salir de allí.”
“…” Akira curvó las cejas. No parecía estar de acuerdo con el plan de su manager.
“¿Acaso tienes algo mejor en mente?”
“¿No dices tú misma que Tae-Min nos buscará pleito si me ve cerca de Suni?”
“…Puedo usar mis influencias también…” Nora entrecerró los ojos, sospechando algo más. “¿O es que tienes otra cosa en mente desde antes, Akira?”
“Pues…” el chico miró por el ventanal hacia la ciudad. “Creo que ya pasé demasiado tiempo en Corea. Si bien dije que me tomaría unas vacaciones, la verdad es que necesito buscar nuevos aires… He pensado… Cómo será Eastwood”
“¿Estás loco? Aquí tienes una carrera en ascenso. Allá no te irá mal porque eres conocido mundialmente, pero ¡Aquí están obsesionados contigo! ¡Tienen unas jodidas tazas de té con tu cara y todo!”
“Eso mismo me enferma en estos momentos… Necesito irme lejos de estos fanáticos trastornados y enceguecidos. Todo lo que hago, aunque sea aberrante, lo toman como un ejemplo a seguir o lo justifican ciegamente… No puedo salir de mi casa porque se viven sacándome fotografías. No puedo salir con mis amigos porque una avalancha de tipos se me lanza sobre mí para pedirme autógrafos, besarme o sacarme algo como recuerdo… Registran mi basura para quedarse con cosas mías… Me tienen saturado.”
“No creo que irse sea una opción”
“Lo siento. Yo ya tomé mi decisión. Me iré dentro de poco.” Dijo decididamente “Y… No quiero que nadie de Corea lo sepa, Nona-san.”
“¡Ahhh! ¡Me vas a volver loca!”
“Bueno, ¿Acaso quieres que me quede para que Tae-Min me mande a ¨borrar¨? No creo que quieras arriesgar a tu ¨chico de oro¨ si puedes usar este mismo boleto en otro lugar y explotarme mejor... Lejos de tantos locos…”






Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Miyu on August 31, 2019, 09:28:31 PM
8 # Yoon Habin; Húngaro Ganessa.

Intentaron dormir un par de horas antes de dirigirse al centro cultural Húngaro Ganessa, ubicado en una zona céntrica de Eastwood, rodeado de otros espacios artíscos; una zona de estilo bohemio, de gran belleza y elegancia. Aunque, cuando se fundó dicho lugar, no era más que un sitio donde la juventud solía reunirse en bares de mala muerte y tarimas callejeras para cantar y bailar. Antes, un espacio para la cultura underground nocturna.

El teléfono vibraba contra el escritorio de metal en el cuarto de Cheng Xiaoshi y Lu Guang, esto hizo que el primero leyera el mensaje una segunda vez. Las palabras de Yoon Habin no dejaban espacio para la duda. “Vengan al Húngaro Ganessa. Ahora”.

Al final decidieron que debían de ir, sin desayunar ni bañarse antes, con el olor a cerveza de cangrejo y ramen picante encima, pues a esa mujer nadie la hace esperar y menos unos críos. Lo sabían de sobra.

Lu Guang ya se estaba poniendo la chaqueta sobre su camisa blanca y algo arrugada. No dijo nada mientras se cambiaba, no hacía falta. Qiao Ling se estaba aseando rápidamente en el baño compartido, también eligiendo ropa mentalmente y si usaría un maquillaje pesado o ligero. No quería estar frente a Yoon Habin luciendo de forma incorrecta.

—¿Subiste el demo con tu nombre real? —preguntó Lu Guang. La voz era sin emociones evidentes, pero se nostaba el hastío en sus palabras.

Xiaoshi sonrió. Una sonrisa que temblaba en las comisuras, delatando lo que sus labios seguían negando. Había sido atrapado.

—Era más rápido de lo que pensaba, Lu Guang.
—Idiota.
—Ya lo dijo. Nada cambiará porque CHENG XIAOSHI SIEMPRE SIEMPRE METE LA PATA —suspiró Qiao Ling, ya se había cambiado y estaba con crop top oscuro y unos pantalones de mezclilla sueltos.

El aire de la mañana en Chinatown golpeó sus caras con un frío húmedo, las luces de los letreros neón escribían mensajes ilegibles en rojo y azul sobre el asfalto debido a que el sol ya no dejaba distinguirlos. Xiaoshi caminaba unos pasos por delante, la energía nerviosa convertida en pasos rápidos. La ciudad aún dormitaba, pero el sonido de su respiración y los suspiros de Lu Guang estaban presentes. Recordó la presión del teléfono en su mano doce horas antes, la cuenta regresiva iniciándose sobre la mesa manchada de ramen y cerveza de cangrejo. Doce horas. Un límite impuesto por la obstinación de Lu Guang de no querer participar en el proyecto Shiguan Dailiren.

Su mejor amigo había dicho doce horas, ese es el límite de tiempo. Si no tenemos una canción en doce horas, este grupo muere antes de nacer.

La declaración se hizo como un desafío en toda regla y Xiaoshi lo había aceptado al instante, con esa parte de él que nunca calculaba las consecuencias y el solo querer encestar y ganar el partido. La otra parte, la que a veces despertaba en la oscuridad del cuarto de revelado, en sus pensamientos más ocultos, sentía que esto era algo para brillar, para dejar una marca en el tiempo, sobre la amistad de ellos, sobre el presente que se les escapa de las manos. Don’t ask about the past.

Caminaron lo más rápido que podían. Qiao Ling ajustaba el ritmo de sus pasos, Lu Guang mirando al frente, su perfil pálido siempre sereno.

—¿Qué crees que quiere? —preguntó Qiao Ling, por fin.
—Escuchó el demo —respondió Xiaoshi, encogiéndose de hombros—Eso es todo. Quizás nos pida que lo borremos o alguna cosa así, hasta puede que quiera comprarnos la letra. Es Yoon Habin…
—Nada es todo con Yoon Habin —susurró el más tranquilo del grupo. Lu Guang emitió un sonido breve, casi un suspiro—. Quiere algo. Siempre quiere algo y lo consigue con un chasquido.

El Húngaro Ganessa había nacido de la obstinación de esa mujer, un sitio dónde la juventud puede refugiarse y aprender; dónde si tienes algo que enseñar o que quieres mostrar, puedes hacerlo. Ella pondría el precio, que a veces era dinero u otras cosas, como ayudar o enseñar, pintar, estar presente en algo. Y, a su vez, esa terquedad le hizo abrir varias sub diviones… era un bar clandestino en un segundo piso, un estudio de grabación en el tercero y de danza, pintura en el cuatro y al fondo una pequeña galería.

Era todo lo que Habin había pedido, solo que en vez de un lugar socialite era un edificio entero que se tragaba media cuadra entera.

Desde la calle, el Húngaro Ganessa parecía una piedra negra plantada a la fuerza entre los demás edificios; tres pisos y medio de hormigón bruto, columnas anchas sosteniendo los niveles superiores y ventanales tan grandes que dejaban ver la vida adentro, expuesta, como si el edificio no conociera la privacidad. Más que una fachada cerrada, el frente funcionaba como un ágora urbana, un espacio abierto donde la gente se detenía, se sentaba en los escalones o simplemente miraba antes de decidir si entrar o no.

La entrada principal era un portón alto, aun costado, una escalera elegante que subía directo al segundo piso, al bar, donde casi siempre había alguien sentado en el último escalón, fumando y esperando que bajara el sol o el sitio preferido de Yoon Habin. No había un solo acceso ni un recorrido claro; cada entrada parecía llevar a algo distinto.

Los pisos de arriba no estaban completamente cerrados, los grandes ventanales de vidrio, hierro y pasillos abiertos dejaban escapar el ruido, el olor y las actividades que se llevan a cabo ahí antes que; desde la calle se alcanzaban a ver cuerpos en movimiento en las salas de danza, gente inclinada sobre consolas en el estudio de grabación, pinceles chocando contra el lienzo en los talleres. Todo ocurría a la vista, sin intentar disimularse porque la idea principal era atraer a más gente, todos sabían del Húngaro Ganessa asó.

Al fondo, casi fuera del campo visual, columnas llevaban a otra zona, donde sin cartel daba a la galería; un pasillo de luz blanca colgando cuadros que nadie parecía apurado por vender, porque siempre aparecían mejores al día siguiente. El Húngaro Ganessa no pasaba desapercibido.


 Subieron las escaleras, no era la primera vez que visitaban o trabajaban en el centro cultural, de hecho, habían organizado una exposición de fotos allí mismo hacía un par de meses atrás. La puerta a la que se dirigían se abrió antes de que Xiaoshi tocara.

Yoon Habin estaba sentada en el único escritorio, en el centro de la habitación, apenas iluminada por una lámpara de pie con pantalla clara. Delante de ella, tres vasos altos y una botella del mejor vino que encontró en su bodega y suave…  Recioto della Valpolicella. Su rostro lucía tranquilo, hermoso, infranqueable.

—Qué bueno que hayan venido, Estudio de fotografía… —musitó con una voz baja, casi un susurro que parecía atercipelarse. Señaló los sillones con un movimiento lento de la muñeca, en lugar de invitarlos, los estaba desafiando a sentarse—. Parece que llevan toda la noche despiertos… —sonrió, curvando ligeramente sus labios rush—. Me pregunto qué les habrá tenido tan ocupados.

Xiaoshi se dejó caer en la silla y cogió el vaso, para luego beber un trago. El alcohol ardió en su garganta pese a ser dulce, tuvo que toser de inmediato. Lu Guang probó el líquido con la punta de la lengua y dejó el vaso sobre la mesa sin hacer ruido, por otro lado Qiao Ling no lo tocó, fingió beber un poquito.

Yoon Habin llevaba un vestido negro, ajustado lo suficiente para marcar su silueta sin volverla vulgar, escotado y la espalda casi completamente descubierta, sostenida por tirantes finos.  Su cabello rojo, ondulado y suelto, contrastaba con el negro del vestido y caía sobre un hombro con suavidad, en ligar ondas; ese color hacía resaltar sus ojos del mismo tono, intensos, atentos, siempre evaluando a la gente que ponían delante de ella.

—La canción, Cheng Xiaoshi-ya —dijo Yoon Habin, cruzando las piernas con calma, dejando que el vestido se elevara unos centímetros—. Es un desastre —dejó que la frase fuera asimilada por los tres antes de continuar—. Te ahogas en el minuto dos con diecisiete. La batería entra tarde después del primer puente, como… como dudando de sí misma —alzó la mirada, lenta, midiéndolos uno por uno—. Y aun así… —se permitió una pausa más larga, deliberada—… Ahí está.
Una leve curva apareció en sus labios.
—Juvenil. Limpia. Sin necesidad de gritar para llamar la atención. Funciona porque es honesta y porque no necesita gritar para llamar la atención. Es un sonido constante, suave que muestra presencia. Me gusta.
—Lo grabamos en doce horas —habló orgulloso Xiaoshi y, a la vez, en un tono defensivo—. Es un demo, lo subí sin querer.
—Lo sé. Por eso estoy aquí. Si fuera un producto pulido, los habría ignorado. —Habin inclinó la cabeza, su cabellera rojiza se movió con ella—. Ustedes tres, Time Photo Stuidio, siempre me pareció un… un nombre curioso. Y ahora esto, ¿qué pretenden?
Xiaoshi abrió la boca para soltar la idea grandilocuente, la de los detectives del tiempo, la de inmortalizar la juventud, pero Lu Guang habló primero.
—Subir la canción. Ver qué pasa. Tenemos un concepto, la idea base y algunos fragmentos dispersos.
—¿Sin manager? ¿Sin sello? ¿Sin un plan más allá de publicarla en SoundCloud y rezar? —Habín dejó escapar un suspiro que sonó a decepción—. Eso no es un plan, es una idiotez.
—Tenemos nuestras reglas —murmuró Qiao Ling, su voz era más firme de lo que Xiaoshi esperaba.
—¿Reglas? —Habin arqueó una ceja—. Enséñenmelas.

Xiaoshi sacó de inmediato su teléfono y la libreta dónde anota los encargos del estudio; la foto que había tomado en el puesto de ramen… Lu Guang y Qiao Ling absortos, construyendo música con palillos… una evidencia de su ahora. Antes de que pudiera hablar, Lu Guang enumeró las reglas.

—Solo doce horas para tomar una decisión importante. Sigue mis órdenes durante el proceso. No alteres el pasado ni el futuro una vez que la elección está hecha. Y don’t ask about the past.

El silencio que siguió por parte de Yoon Habin fue eterno, los observó con incredulidad, la personalidad de Cheng Xiaoshi le parecía única… pero nunca imaginó que sus dos amigos —más recatados— fueran a unirse en una propuesta tan abrda. Su expresión no cambió, la sonrisa seguía curvada hacia arriba no sabía si mostrar interés genuino o correrlos de ahí.

—Reglas para una banda, já… si Joe los escuchara decir esto… —soltó al fin con una risa suave y elegante—. Son estúpidas y funcionales… inusualmente disciplinadas para lo que aparentan ser… un rock hecho a medio pelo —su mirada se clavó en Xiaoshi—, tú eres el impulsor. El que salta primero y se sumerge en el pasado —se dirigió a Lu Guang. —tú eres el frena, calcula el costo y determinas las acciones a tomar — al último miró a Qiao Ling —. Y tú eres la que une todo o ¿me equivoco, Qiao Ling dongsaeng?

Nadie respondió, intercambiaron miradas entre ellos tres.

—Bien —asintió Habin—. Aquí está mi oferta, única. Les presto el equipo de grabación de nivel profesional por doce horas. Estudio de sonido, ingeniero de mezclas, lo necesario para convertir ese desastre en algo escuchable. Ustedes graban la canción de nuevo, la versionan, le dan forma de single. Lo hacen bajo sus reglas. Doce horas de estudio, nada más.
—¿A cambio de qué? —preguntó Lu Guang, con total desconfianza.
—A cambio del cincuenta por ciento de los ingresos de esta primera canción, durante el primer año. Y el derecho de primera opción para producir su EP, si es que llegan a hacerlo. Si la canción no genera nada, no me deben dinero. Solo el tiempo del estudio y lo pagarán con otra galería de fotos, gratis.
—Cincuenta es mucho —protestó Qiao Ling al instante.
—Es justo —replicó la mujer—. Ustedes no tienen nada, ni siquiera tanta fama. Yo arriesgo mi recurso más valioso, el tiempo de mi ingeniero. Doce horas de su estudio cuestan más que su renta mensual, los tres juntos. Es un préstamo, chicos, un préstamo de tiempo y fe. ¿Aceptan?

Xiaoshi miró a Lu Guang, la cara de él era de pokerface, sin dejar ver sus emociones reales. Ya estaba analizando, calculando, sopesando el riesgo. Doce horas otra vez. Suspiró. Un límite que los había forzado a crear y ahora los forzaría a profesionalizar una canción de banda de garaje. Cheng Xiaoshi vio el leve parpadeo en los ojos azulados de Lu Guang, otra exhalada de aire y un asentimiento leve.

—¿Las reglas? —preguntó Xiaoshi, volviéndose hacia Habin.
—Se aplican, ya que es su lema. Doce horas en el estudio, durante ese tiempo, él —señaló a Lu Guang— manda en lo creativo y yo no interfiero. Mi ingeniero sigue sus instrucciones. No pueden alterar el pasado: la esencia de la canción, lo que capturaron ese sonido amateur y que no buscan destacar. Si aceptan en este momento, ya no podrán modificar nada.
—No toques el pasado, ni el futuro —susurró el albino, seguía con ese tono monótono y controlado.

Xiaoshi sintió una descarga de adrenalina, era una locura. Exactamente el tipo de locura que necesitaban para un proyecto ambicioso nacido de cervezas de cangrejo.

—¡Sí! ¡Tenemos un acuerdo! —dijo, antes de que la prudencia pudiera aparecer en su cabecita.
—No —espetó Lu Guang.

Xiaoshi se volvió hacia él, sorprendido y se topó con la sonrisa de suficiencia del albino.

—No sin una condición más —continuó Lu Guang, mirando fijamente a Habin—. Qiao Ling tiene voto en la mezcla final. Si algo no le parece, se cambia. Es nuestra canción, de los tres.

Habin esbozó por primera vez algo parecido a una sonrisa. Le gustaba esa actitud terca en Lu Guang.

—No lo sé… la batería, después de todo, no entró a tiempo aunque es de Qiao Ling dongsaeng —se levantó, era más baja que ellos, con una figura igualmente imponente y hermosa, seductora—. Está bien, por ser mi linda Qiao Ling dongsaeng. El estudio estará listo a las seis de la tarde, lleguen puntuales. Tienen desde las seis hasta las seis. Un segundo más, y la puerta se cierra. —extendió una tarjeta negra, con el nombre del mezclador y una dirección en Eastwood—. No lleguen tarde.

Salieron del Húngaro Ganessa hacia las calles de Eastwood que empezaban a tomar color y sonidos, despertando de su letargo noche, con el rumor lejano de los primeros camiones de reparto y las bocinas del delivery, Xiaoshi respiró hondo. El aire frío le llenó los pulmones.

—Cincuenta por ciento —murmuró Qiao Ling—. ¡Es un robo!
—Es una oportunidad —rectificó Xiaoshi, la euforia subiéndole como la corriente de un río—. Estudio profesional, Lu Guang. ¡Imagina el sonido! Tu voz sonará más robótica que nuncaaaa.

Lu Guang caminaba con las manos en los bolsillos de la chaqueta, suspirando exasperado por la voz de su mejor —a veces enemigo— amigo.

—Doce horas —repitió, como un mantra, el que vivirían a partir de ese momento—. Es menos tiempo del que tuvimos, habrá presión. El ingeniero no será un compañero, nos estará vigilando para que no rompamos las reglas que expresamos a Yoon Habin.
—Pero seguimos tus órdenes —recordó Xiaoshi, golpeándole su hombro con suavidad—. Tú controlas el tiempo.
—No. Es la falsa seguridad que nos quiere hacer creer Yoon Habin. Si ve que fracasamos, no dudará en romper el contrato, aparte solo es de palabra. No firmamos nada —Lu Guang enmudeció después de eso, analizando. Su mirada estaba perdida en la distancia, ya dentro del estudio, calculando los BPM, los niveles, los picos de la voz de Xiaoshi que se quebrarín bajo presión.
—Esto es como estar en los últimos segundos de un partido. El marcador está empatado y todos saben que el último tiro puede fallar. ¿Eso significa que no lo intentas? No. Tomas el balón, aunque te tiemblen las manos, porque alguien tiene que lanzar —imitó el gesto de tirar una pelota en un aro—. Lo anotas bajo presión.
—No es lo mismo, imbécil —susurró el albino, ya exasperado—. Mejor cállate.

Regresaron al estudio fotográfico. La habitación aún guardaba los recuerdos de su música, el olor a sudor y esa extraña satisfacción por haber creado algo único y un concepto innovador. El desorden era una prueba viviente hasta física de las horas pasadas. Sin hablar, cada uno fue a su tarea. Qiao Ling se sumergió en su laptop, buscando referencias de mezcla para baterías acústicas, Lu Guang conectó sus auriculares de estudio y comenzó a desglosar la grabación demo, anotando marcas de tiempo en un cuaderno nuevo. Minuto uno, cero tres segundos entrada de guitarra, subir agudos. Minuto dos y diecisiete segundos, vocal crack, ¿mantener o retocar?

Xiaoshi tomó su guitarra. La Gibson Les Paul, Heritage Cherry Sunburst y rasgueó los acordes básicos, pero ya no sonaban igual. Ahora estaba analizando, escuchando las imperfecciones, los armónicos no deseados, el leve buzz de la cuerda al aire. El demo había capturado algo, la de tres personas al borde de algo. La versión profesional tenía que capturar esa verdad, pulilar y catapultarla. No era una tarea sencilla.

A las cinco en punto, estaban frente al edificio de la dirección de la tarjeta que Habin les entregó, era en el cuarto piso del Húngaro Ganessa, tomaron el ascensor hasta el piso cuatro y camianron hasta la puerta del estudio que tenía el cartel de producción, con un panel de control junto al marco. Lu Guang pulsó el timbre a las cinco y cincuenta y nueve.

La puerta se abrió lentamente, un hombre delgado, con gafas y una sudadera negra, los recibió mientras bostezaba. Su cabello revuelto y las ojeras bajo sus ojos indicaban que no había dormido y estaban interrumpiendo su siesta.

—Soy el ingeniero Liu. Yoon Habin nim me comentó todo. Tienen de las seis a las seis —los dejó pasar—. No me despierten a menos que sea esencial. Todo está ahí, si lo rompen lo pagan.
—¿Nim? —preguntó curioso el pelinegro, entrando al estudio.
—Es como madam. Si Habin nim trabaja con ustedes, mejor llámenla así.

Los tres se quedaron boquiabiertos al ver el estudio, el estudio era un mundo aparte. Aislamiento acústico perfecto, consolas enormes y micrófonos que costaban más que sus ahorros combinados. Un reloj digital grande, con números rojos, dominaba una pared que ya manrcaba las dieciocho en punto.

Lu Guang no perdió ni un segundo y extendió sus notas ante el ingeniero Liu, antes que este pudiera retirarse al sofá que tenía una manta semi colgada.

—Primero la base rítmica. Batería y bajo al mismo tiempo, tú Qiao Ling, marcas el click track. Nosotros te seguimos.

Qiao Ling asintió y se situó detrás de la batería acústica que estaba en la habitación, un kit brillante y enorme; se colocó los auriculares, su rostro mostró concentración pura. No era la chica que se exasperaba con Xiaoshi en el estudio fotográfico, ahora tenía en mente las baquetas y el ritmo.

La grabación iba en contra del tiempo el primer take de la batería fue bueno, pero Lu Guang escuchó un ghost note en el redoble del primer puente.

—Otra vez —ordenó, a través del micrófono del control—. No sirve.
—Pero fue limpio —protestó el ingeniero Liu, por primera vez.
—Una vez más —repitió Lu Guang, sin alzar la voz.

Qiao Ling lo miró a través del cristal e hizo una seña de okei. Hicieron siete tomas de la batería hasta que Lu Guang dio el visto bueno con un gesto de la mano. Luego fue turno del bajo; Lu Guang grabó su línea en tres tomas limpias, su expresión nunca cambió ni cuando el sudor corría por su frente.
Llegó el turno de la guitarra y eso significaba Cheng Xiaoshi, que entró en la cabina, con una mirada confiada y los auriculares ya puestos. A través del cristal, vio a Lu Guang observándolo, los ojos reducidos a finas líneas de total concentración.

—Desde el intro —dijo la voz de Lu Guang en sus auriculares, clara y directa—. No apresures el cambio al F. Déjalo respirar.

Xiaoshi dio el visto bueno. Respiró y t ocó. La primera toma fue tensa y salió pésima.

—Suenas mal, no estas siendo tú, Cheng Xiaoshi —comentó Lu Guang—. No pienses en los dedos ni en equivocarte, piensa en el ramen, en los sonidos que hicimos como bosquejos con los palillos y tu voz, cantando que quieres hacerlo por nosotros.

Xiaoshi cerró los ojos y volvió a oler el caldo picante, a sentir la mesa pegajosa, a ver la marca circular y húmeda que la lata de Qiao Ling había dejado en su frente. Tocó de nuevo. Esta vez, la guitarra fluyó, no era perfecta, tenía el pequeño swing humano que Lu Guang buscaba.

—Bien —musitó Lu Guang después de la cuarta toma—. Ahora las voces. Primero tú, Xiaoshi. Has de guía.

Cantar ante un micrófono tan sensible era una experiencia nueva y debía tener en cuenta muchos factores, como la respiración, cada roce de la lengua contra los dientes, quedaba registrado. Xiaoshi canto la primera estrofa “I can't seem to see myself outside the mirror. I seem to count the steps to the darkroom every day. I seem to have walked far away. But I just circle back to the place where I started”. Su voz se quebró en el mismo lugar que en el demo. Se detuvo, frustrado y estuvo a punto de arrojar el micro con frustración.

—No —la voz de Lu Guang era con un mar calmo—. No lo fuerces. Ese quiebre es parte de la línea. Es cuando miras al espejo y la imagen se resquebraja. Hazlo otra vez, pero no lo evites, acepta la grieta.

Xiaoshi lo entendió. No buscaban la perfección, se trataba de ellos, divirtiéndose, expresándose como los jóvenes que son. Cantó de nuevo, y cuando la voz falló, dejó que el sonido áspero, vulnerable, se colara en el micrófono. Lu Guang no dijo “bien”, no obstante Xiaoshi vio el leve asentimiento detrás del cristal.

Grabaron las armonías, los “na nanana” que ahora sonaban a relleno, sino como un coro, un murmullo del futuro que pretendían. Qiao Ling cantó su parte con una claridad y dulzura, un contrapunto a la turbiedad de Xiaoshi y la frialdad de Lu Guang.
El ingeniero Liu trabajaba como podían, moviendo faders, ajustando EQ, y siempre esperando la orden de Lu Guang. El poder había cambiado, ya no era un jefe dejando un trabajo fracasado a novatos, sino que se habían adueñado de él y del espacio prestado, caro, era su territorio por doce horas, y Lu Guang lo gobernaba sin vacilar ni por un instante porque cada instante costaba en la fragilidad de sus sueños.
Para la cuarta hora, tenían todas las pistas y empezó la mezcla. Aquí, Qiao Ling se adelantó y señaló un compás donde el bajo ahogaba un fill de la batería. Lu Guang lo ajustó y ella pidió más air en los vocales. Lu Guang discutió, pero cedió, era la regla. Se siguen sus ordenes.
El tiempo en el reloj de la pared corría implacable. Veintidós con diecisiete minutos y cuarenta y tres segundo; vientitres con cuarenta y cinco minutos y doce segundos... la fatiga los estaba envolviendo, el sueño en los párpados era visible, un sabor metálico en la boca. Bebieron agua, tomaron café, te verde, te rojo y continuaron.
A las cinco y treinta de la mañana ya tenían una mezcla, Lu Guang pulsó play en la consola maestra.
La canción que llenó el estudio era la suya. La esencia permanecía, la urgencia, la búsqueda, la tensión entre tres voluntades y cada elemento se hacia presente, incluso las palmas en el na nanana. La batería de Qiao Ling tenía un golpe seco y presente; el bajo de Lu Guang y la guitarra de Xiaoshi. Y sus voces, entrelazadas, contaban sobre el mañana, la esperanza, los sueños, lo que hay más allá de la oscuridad porque se tienen los unos a los otros y csantan para ellos.

El último “Our existence” se desvaneció en el silencio absoluto de la sala insonorizada. El ingeniero Liu retrocedió en su silla, por primera vez, su expresión no mostraba negativismo sino de satisfacción. Doce horas de trabajo arduo y sin descanso, continuo que había dado de resultado una canción hermosa, única y sencilla. Como la juventud.

—No está mal —dijo simplemente.

Lu Guang miró el reloj… cinco con cincuenta y ocho minutos y un segundo.

—Bórralo —ordenó de pronto, su voz ronca por el desgaste de la noche.
—¿Qué?  ¿Estás loco? —Xiaoshi dio un paso hacia el cristal, incrédulo.
—La última mezcla, la que acabamos de oír. Bórrala del sistema principal —ordenó Lu Guang al ingeniero.
—Pe… pero… —empezó a balbucear el ingeniero.
—Es la regla —cortó Lu Guang —. Doce horas. El tiempo se acaba y esta canción existe en nuestro tiempo prestado. No en el tuyo. Guarda los archivos crudos en este disco duro —sacó uno de su mochila—. Y luego borra todo rastro del servidor.

El ingeniero Liu miró el reloj cinco con cincuenta y nueve minutos y un segundo, se encogió los hombros. Era su trabajo después de todo y copió los archivos maestros al disco duro de Lu Guang y ejecutó un comando en la consola. Una barra de progreso avanzó, rápida. < Borrando sesión… >

El reloj pasó de cinco con cincuenta y nueve minutos y cincuenta y nueve segundos a seis de la mañana en punto.
Un timbre suave sonó en la sala.
Lu Guang tomó el disco duro y se lo guardó en el interior de la mochila. Dio las gracias al ingeniero Liu con una inclinación de cabeza cortes, luego los tres salieron del estudio. La puerta se cerró tras ellos, ya no había vuelta atrás, esa sala era el pasado y no se puede alterar el pasado.

En el ascensor los tres intercambiaban miradas, la tensión de las doce horas se deshacía, dejando un cansancio visible, un eco en los oídos que zobaban con las máquinas. Bajaron a la calle, el amanecer era idéntico al anterior, gris y frío, pero todo era distinto.

Frente al edificio, Yoon Habin los esperaba, apoyado contra un automóvil negro.

—¿Y? —preguntó.
—Ahí está. La evidencia —Lu Guang le entregó el disco duro.
 Habin lo tomó y no hizo preguntas por la sesión borrada, ya Liu le informó de todo y estaba de acuerdo. No preguntó por el pasado de esas doce horas.

—La publicaré en las plataformas a mediodía —comentó—. Con el arte que ustedes me manden. El cincuenta por ciento comienza a correr desde el primer stream —los miró, estaba tan radiante como ayer—. Completaron la misión, Agentes del Tiempo. Bien hecho.
—La llamaré desde ahora Habin nim, ¿puedo? —Qiao Ling avanzó entusiasmada y la mujer asintió.
—Somos socios, tengo fe en ustedes —se subió al automóvil y se fue.

Qiao Ling exhaló, largo y emocionada, Xiaoshi casi se deja caer al asfalto.

—Lo logramos —dijo, y su voz sonó extraña en sus propios oídos.

—Aún no —murmuró Lu Guang, mirando el disco duro que ya no tenían—. Solo empezamos.

Caminaron de regreso al amanecer, Eastwood seguía más vivo que nunca a esa hora, muchos Pubs recién cerraban y otros After recién abrían. No hablaron de la canción, ni del futuro, ni de las deudas, tampoco caminaron en silencio, los tres se conocían demasiado bien para bromear y pelear. El pasado de esas doce horas quedaba sellado en un disco duro que ya no les pertenecía; el futuro ya no se podía cambiar y dependían del streaming. Solo tenían esto, el cansancio en los huesos, el camino de vuelta a casa, y la certeza muda de que, por doce horas, habían sido exactamente lo que dijeron que eran... detectives que habían resuelto su primer caso: atrapar un momento de su propia juventud antes de que se escapara.
Lu Guang abrió la puerta del estudio fotográfico. Qiao Ling se abalanzó a la cafetera que ya tenía el producto hecho, el olor a granos de café inundaba el estudio.
Xiaoshi se quedó en el centro de la sala, donde horas antes habían escuchado el demo por primera vez. Estaba feliz, orgulloso… y no estaba solo.
—¿Valió la pena? —preguntó Xiaoshi, la duda asomando por fin, ahora que la adrenalina se desvanecía.
Lu Guang lo miró con sus ojos azules que parecían más claros a la luz tenue del amanecer.
—El tiempo lo dirá —respondio—. Siempre lo hace.
El estudio quedó en silencio cuando la cafetera terminó su ciclo. Qiao Ling se quedó apoyada en la encimera, con la taza entre las manos; Xiaoshi se dejó caer en el sofá del solario y suspiró profundamente, no se dio cuenta en qué momento el sueño había calado tan profundo.
Lu Guang se sentó al lado de Cheng Xiaoshi, desvió la mirada hacia los cristales del salario y las plantas que estaban siendo iluminadas tenuemente por el sol matutino. En ese momento, el pelinegro apoyó la cabeza sobre el hombro de su mejor amigo.
—Tengo sueño —espetó entre bostezos Xiaoshi al fin.
—Yo también —respondió Qiao Ling, con su taza en manos.
—Vayan a dormir —ordenó—. Mañana… bueno, hoy… será otro problema.
Xiaoshi sonrió, cansado, y asintió. Qiao Ling miró su taza aún humeante y sonrió ligeramente.
El tiempo seguia avanzando, como siempre y, por primera vez, no intentaron frenarlo con el click de una cámara.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Kora on September 30, 2019, 02:34:13 PM
Llevo tiempo queriendo escribir esto, así que introducción corta antes de poner todo lo demás. Este mes edito con los icons porque nada que he hecho me gusta *_*;;

Sólo la tenue luz del ordenador portátil alumbraba la oscuridad de la habitación, pero Ignis estaba acostumbrado a las sombras, y no le importaba la presión en su vista. Con una mano en la barbilla, su mirada estaba fija en el email que todavía no había empezado, desarrollando un guión en su mente antes de empezar a escribir - siempre había preferido pensar antes de actuar.

Noctis Lucis Caelum. Su nuevo objetivo era un joven escritor, actualmente postrado en cama la mayoría del tiempo, y previo interés romántico de un agente del servicio secreto que había desaparecido en el último par de años. Por qué Crystallium tenía interés en tal agente era algo que no se le había dicho a Ignis, y tampoco lo necesitaba saber, pues lo que realmente importaba era que debía estimar si Noctis sabía su paradero y cómo extraer la información del joven.

El uso de la fuerza no era aconsejable en situaciones como aquella, e Ignis consideraba que era mucho menos arriesgado para su identidad el mostrar su rostro a alguien que no fuera a asociarlo con violencia y miedo. Entrar en la vida de alguien para desaparecer poco después era un procesor simple y limpio, y la gente tendía a olvidarse del breve tiempo que habían compartido. O morir, si era ese el objetivo de su misión.

Ignis había considerado largo y tendido cómo acercarse a Noctis, considerando primero el infiltrarse en el personal médico del hospital, pero cambiar horarios para un empleado nuevo que desaparecería poco después podría levantar algunas sospechas, y la idea había quedado como un plan B. Entonces, se le había ocurrido su plan actual: posar como uno de los fans de la novela de Noctis, y ganarse su confianza hasta poder visitarlo en el hospital. El libro había sido una lectura interesante, en realidad, así que sus halagos podrían sonar aún más sinceros.

Lo cual le llevaba a su situación actual. Tras dejar ir un suspiro por la nariz, Ignis empezó a teclear.

Hola, Noctis

Llevo tiempo dudando si debería enviarte este correo o no, pero me gustaría mucho decirte cuánto me ha gustado tu libro - el cual terminé en dos días, y porque tenía que ir a trabajar entre medias… casi llegué a llamar diciendo que estaba enfermo.

Si algún día estás por Downtown District, me gustaría invitarte a una cerveza y charlar sobre el libro un rato. Hay partes que me llegaron al corazón, pero no me gustaría descargar sobre ti tanta información personal ahora mismo.

Saludos,

Ignis S. S.


Invitarle a tomar algo era cebo para hacerle sugerir que no podía salir, lo cual Ignis usaría después para ofrecerse a visitarlo. Así era como funcionaban las cosas: tocar la parte sentimental de alguien mostrando vulnerabilidad, y entonces aprovechar su reacción. Ignis se había inmunizado a la culpa que sentía al jugar con las emociones de otras personas: el mundo era injusto, y todos estaban en él haciendo lo posible por sobrevivir.

Y ahora, tocaba esperar.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Miyu on September 30, 2019, 09:51:28 PM
9.1 # Roxana Agriche.
Roxana atravesó los pasillos de la universidad con elegancia, el taconeo de sus zapatos marcaba un ritmo claro y aislado del murmullo de las voces y el arrastre de otras suelas. La brisa de la mañana movía su cabellera larga y peligrosa, pero no sentía el aire, sentía la presión de las miradas que se despegaban de ella al pasar, como imanes que cedían. No las veía, pero las registraba en el cambio de tono de las conversaciones, en el breve silencio que dejaba a su espalda.

Sus tacones Pigalle resonaban con cada paso, y la suela roja acentuaba su aire refinado y audaz; aquel lugar entero se había transformado en una pasarela improvisada para sus largas piernas. Le gustaba verse elegante y ostentosa, ya que había convertido su propio cuerpo en escaparate de su obra, con mariposas tatuadas que recorrían sus brazos y muslos, diseños nacidos de sus propios bocetos, bellos y perturbadores a la vez, marcados por un sutil toque macabro.

Se detuvo ante la puerta del baño de mujeres y buscó refugio en el espejo, como si necesitara recordarse a sí misma quién era: Roxana Agriche. Un Agriche, de las familias más prestigiosas y adineradas de Eastwood, quien nacía ahí, nacía con cuchara de plata.  El encaje negro del choker oprimía su cuello y contrastaba con la suavidad de su piel; sus ojos, de un rojo profundo, atrapaban la luz y le daban un aire casi irreal, combinando con el rouge en sus labios y el movimiento suelto de su cabello rubio miel terminaban de componer una imagen cálida y peligrosa, similar —pensaba ella— al pulso vivo que atraviesa sus cuadros.

Tras alisarse la ropa, caminó deprisa hacia el aula. Al entrar, una sensación de extrañeza la invadió… no reconocía a nadie. Los rostros parecían difusos, ajenos, y hasta los profesores le resultaban desconocidos después de tres meses lejos de las cátedras.

La puerta del aula de Arte Histórico estaba abierta, por lo que entró sin miramientos. El profesor hablaba frente a una proyección descolorida de un fresco romano y ella no levantó la vista; Roxana recorrió los escalones laterales del anfiteatro hacia la fila superior, vacía, fijándose cuidadosamente que nadie estuviera cerca de ella. Simplemente no quería charlar ni fingir que no le importaban las negativas de los “ancianos rancios” del Club de Arte. Sacó un cuaderno negro, liso, sin inscripciones. No anotaría nada, no lo necesitaba.
Dentro, el profesor Dormino estaba de pie junto al proyector interrumpió su monólogo al ver a Agriche Roxana. Sus anteojos redondos reflejaron por un segundo la luz de la pantalla que barrió la sala antes de posarse en Roxana. No dijo nada, el leve movimiento de sus labios, un apretón casi imperceptible de mandibula, fue la única señal. Roxana sintió esa mirada de desdén, del silencio súbito que hizo que varias cabezas se giraran.

Ella no desvió la mirada, se fijó en el profesor y lo reconoció como uno de esos “viejos rancios” que la habían negado como artista; recorrió el perímetro del anfiteatro, hasta volver sus penetrantes ojos carmín al cuaderno. Sus largas uñas esculpidas trazaron círculos, sin mucho interés.

Dormino carraspeó, para atraer las miradas a él una vez más.

—Como decía —continuó, recuperando un poco de su compostura habitual. Odiaba tener a esa mujer ahí y era uno de los que habían intentado expulsarla con más fuerza—, la exposición de fin de trimestre no es un ejercicio de libre asociación. No es un juego, es la declaración de nuestros principios como artistas. Si van a fantasear con seres antinaturales, por favor retírense.

Hizo una pausa premeditada, caminando frente a la primera fila donde dos de sus mejores alumnos estaban sentados y al último dirigió su cejo entrecruzado a Roxana.

—El vestíbulo principal no es un almacén de ocurrencias. Es el rostro público de esta facultad. Por lo tanto —y aquí golpeó suavemente la pantalla con el dedo índice, justo en el centro de una columna griega—, la coherencia estilística y temática no es una sugerencia. Es un requisito.

Un estudiante del centro, de pelo rizado, levantó la mano.

—Profesor, ¿eso limita la experimentación con nuevos formatos?

Dormino esbozó una sonrisa delgada, acomodando sus gafas en el puente de la nariz.

—Experimentar no significa abandonar los cimientos. El caos controlado de un Jackson Pollock tenía un marco teórico, la provocación de un Francis Bacon, una tradición pictórica detrás. Lo que no toleraremos —su mirada, sin buscar a Roxana, contem’plo a cada estudiante, su miarada una advertencia que debían mantenerse fieles a lo ya establecido— es la pedantería. La búsqueda de impacto fácil a través de… elementos ajenos al discurso artístico propiamente dicho.

Su alumno favorito asintió y su compañera del lado anotó rápidamente esas palabras.

—El jurado externo —prosiguió Dormino—, valora la maestría técnica. El dominio del oficio. No se dejen engañar por modas efímeras o por el deseo de sobresalir a cualquier costo. Sobresaldrán quienes comprendan que el arte es un lenguaje, con una gramática. Y la gramática, queridos alumnos, se aprende aquí, no en galerías de dudoso gusto que confunden el mercantilismo con la vanguardia.

La última palabra fue directo para Roxana y varios estudiantes lanzaron miradas furtivas hacia la parte trasera. La rubia mantenía los ojos fijos en su cuaderno negro, abierto en una página en blanco. Con la punta del lápiz, trazaba líneas muy suaves, el contorno de una mariposa con las alas quebradas.

—Las piezas serán evaluadas por un comité de selección —anunció Dormino, recuperando un tono neutro—. Un comité formado por miembros destacados del alumnado y miembros respetados del Club de Arte. Ellos garantizarán que lo que cuelgue en el vestíbulo dignifique el nombre de esta casa de estudios. Cualquier propuesta que considere… moralmente inaceptables, será desestimada. Sin apelación.

Hizo otra pausa al final, dejando que la advertencia se asentara para todos. Luego, encendió de nuevo el proyector, la luz iluminó su rostro de perfil, destacando la línea tensa de su mandíbula.

—Pasemos al análisis del claroscuro en Caravaggio. Una técnica que, les aseguro, no necesita añadidos espurios para transmitir dramatismo.

La clase murmuró sobre la exposición, después se oyó el sonido de hojas pasándose, de bolígrafos deslizándose, llenó el espacio. Roxana cerró el cuaderno, el lápiz había dejado un surco tenue en el papel, la sombra de un insecto que nunca llegaría a volar. Bajó la mirada hacia sus propias manos, quietas sobre la cubierta lisa. No necesitaba escuchar más. Todo estaba ya establecido: el muro vigilado, el lenguaje acotado. Para ella, aquellos viejos encarnaban la pedantería de quien pretende fijar límites a lo que, por naturaleza, no admite definición. Porque el arte, después de todo, funciona así.

Dormino no volvió a mirar hacia atrás. Su voz fluía ahora sobre las obras maestras del pasado, un río de certezas que discurría muy lejos de la última fila, en la penumbra alta del anfiteatro, donde una figura inmóvil respiraba en silencio, ajena al sermón, ya trazando en su mente los límites del cuadro que, gramática o no, colgaría en su muro.

Una cabeza rubia y rizada se giró dos filas más abajo. Era Audrey Hall —Miss Justice, como la llamaban en ciertos círculos—, la secretaria del Club de Arte. Sus ojos verdes se detuvieron en Roxana, recorriéndola de los tacones de marca al cuaderno vacío, antes de volver al profesor. Enderezó la espalda. No lograba comprender a Roxana: cómo podía ir contra las normas establecidas, ser ignorada y despreciada, y aun así conservar esa calma imperturbable.

Roxana abrió otro cuaderno, en la primera página, un boceto a carboncillo mostraba una mariposa con las alas hechas de costillas humanas finamente entrelazadas. Pasó la hoja.

El profesor apagó el proyector y con eso la clase concluyó, con el sonido sordo de carpetas cerrándose y sillas arrastrándose sobre el piso. Roxana fue la última en moverse, permaneció sentada hasta que el anfiteatro se vació, observando cómo los estudiantes formaban grupos ruidosos en el pasillo. El profesor Dormino recogía sus transparencias con pulcro, fingiendo no notar su presencia Ella se levantó despacio, impecable, plenamente consciente del efecto que su presencia provocaba, recogió su cuaderno negro y lo guardó en su bolso de cuero, y salió sin prisa.

El pasillo estaba más ruidoso, voces superpuestas, risas nerviosas, el murmullo constante de quienes comentaban la exposición sin saber todavía qué querían decir. Roxana avanzó entre ellos sin detenerse y nadie se interpuso en su camino, va nadie se atrevió a interponerse a ella; algunos cuerpos se apartaban con torpeza, otros fingían no verla. Agradeció ambas reacciones por igual.

Al doblar hacia el ala norte, sacó el teléfono del bolso, no revisó mensajes ni llamadas perdidas, abrió directamente una conversación fijada en la parte superior de WhatsApp.

Chiyo:
¿Fuiste a la U?

Roxana escribió mientras caminaba.

Roxana:
Sí. Siguen igual.

La respuesta llegó casi de inmediato.

Chiyo:
Entonces nada cambió. Eso es bueno, todavía temen el apellido Agriche. Ven a la galería esta tarde. Quiero mostrarte algo.

Roxana guardó el móvil sin contestar. No hacía falta. Asistiría, y Chiyo lo sabía desde el instante mismo en que había enviado el mensaje. Entre ellas no existían ya las formalidades de la confirmación; la certeza era parte del vínculo. Eran amigas desde hacía poco más de un año, un tiempo breve en apariencia, pero lo suficientemente denso como para haber sedimentado dicha amistad.

Se habían conocido por accidente, en una exposición dedicada a las obras de Richard Upton Pickman. Ninguna de las dos había ido buscando compañía. Roxana se detuvo demasiado tiempo frente a un lienzo que otros evitaban mirar, y Chiyo lo notó. Fue ese gesto —la voluntad de sostener la mirada ante lo intolerable— lo que las unió. Pickman no ofrecía consuelo ni belleza; sus figuras estaban despojadas de ideal social, expuestas en su crudeza más incómoda, como carne abierta bajo una luz implacable.

Ambas se sintieron atravesadas por esos horrores sin ornamento. No era fascinación morbosa, en aquellas imágenes deformes y violentas encontraron una verdad que el arte complaciente se empeñaba en ocultar. Desde entonces, compartían una misma idea, que el arte auténtico no tranquiliza, hiere. Y que quien no está dispuesto a sangrar un poco frente a él, jamás lo comprenderá.

El edificio de Arte quedaba atrás y con él el peso académico que nunca había logrado acomodarse a su espalda. Afuera, el campus se abría en senderos arbolados y fachadas de piedra clara; Eastwood se preciaba de esa armonía falsa para ella… orden, simetría, tradición. Todo muy limpio, todo muy correcto.

Roxana sonrió apenas.

No regresó a casa. Tomó un desvío hacia el estacionamiento privado, donde el guardia la reconoció sin pedir identificación, todos conocían a la menor de la familia Agriche y su temperamento. El coche arrancó con suavidad, el trayecto fue corto; la ciudad no era grande, pero sí densa en miradas y apellidos conocidos.

Durante el camino pensó en Dormino, en su tono despectivo hacia ella, en esa manera de pronunciar la palabra moral sin rubor. Pensó también en Audrey Hall, en la rectitud incómoda de su postura, en la curiosidad mal disimulada. No la consideraba una enemiga o al menos todavía no.

El semáforo cambió y Roxana apoyó la mano en el volante, observando la calle reflejada en el parabrisas. Eastwood tenía memoria larga y poca imaginación, al menos en el mundo de Arte que ella conocía.  La galería de Chiyo ocupaba un antiguo local reconvertido, lejos del circuito universitario. No había cartel ostentoso, solo una placa discreta junto a la puerta. Roxana estacionó y entró sin tocar el timbre; para acceder al espacio debía descender por una escalera de caracol, como si el arte exigiera una renuncia previa a la superficie.

Adentro, el espacio estaba en penumbra, las paredes blancas sostenían piezas exquisitas en lo tétrico. Instalaciones mixtas, grabados agresivos, cuerpos fragmentados que desafiaban cualquier lectura cómoda.

Chiyo Asanagi estaba de pie al fondo, revisando una lista en una tableta; vestía de blanco, sobria, y el cabello ébano hasta más allá de la cintura. Una mujer hermosa y femenina, que siempre sonreía, pero detrás de esa sonrisa ocultaba algo, el gusto por lo excéntrico y la curiosidad obscena por lo pagano. Al oír los pasos, alzó la vista.

—Roxy~ llegas temprano —canturreó feliz, sus ojos violáceos destellaban un brillo único.
—No tenía ganas de volver a casa y escuchar a mi padre —respondió Roxana, dejando el bolso sobre una mesa baja.
—Entonces estás en el lugar correcto.

Caminaron juntas por la sala principal. Chiyo no explicaba nada; sabía que Roxana prefería mirar esas obras y analizarlas en silencio. Se detuvieron frente a una vitrina cerrada, dentro, una serie de pequeñas piezas reposaban sobre terciopelo oscuro.

—Esto es lo que quería mostrarte —musitó al fin.

Roxana se inclinó apenas, eran insectos. No mariposas, no del todo… las alas estaban construidas con materiales orgánicos tratados, nervaduras demasiado definidas, cuerpos que no correspondían a ninguna especie catalogada.

—¿De dónde salió esto? —preguntó confundida… eran obra suya, las había vendido a un coleccionista privado, del que ella no sabía su nombre.
—Donación privada. El donador pidió anonimato, pero cuándo lo vi, pensé en ti.
—Es de mi autoría —confesó—. Lo vendí hace un par de años atrás, cuándo recién comenzaba.
Chiyo la observó de reojo y una pequeña risa salió de sus finos labios.
—Lo sospechaba. Eres la única capaz de hacer algo tan hermoso y horrendo, Roxy.
—El comité del Club de Arte no estaría de acuerdo.
—Nunca lo está —respondió Chiyo—. Por eso siguen siendo irrelevantes.
Se alejaron de la vitrina y Chiyo la llevó a una sala trasera, donde apoyó la tableta en el mostrador.
—Dormino va a intentar bloquearte otra vez.
—Que lo intente.
—Esta vez el jurado incluye gente externa. Algunos nombres son de alto rango en el exterior.
—También los Agriche —contestó Roxana sin arrogancia, solo como hecho.
Chiyo volvió a reír en voz baja.
—Beelzebub pasó por aquí ayer.
—¿Traía vino? — la rubia alzó una ceja.
—Por supuesto. Y un libro extraño sobre rituales precristianos. Me habló veinte minutos de deidades menores y sacrificios simbólicos.
—Siempre fue exagerado —se cruzó de brazos Roxana—. Al menos entiende cosas que otros prefieren ignorar.
—Ivan llamó también —continuó Chiyo—. Va a tener una presentación en la ciudad la próxima semana.
—No me sorprende. Le gusta el escenario tanto como a Sua.
—Ella está de gira —añadió Chiyo—. Ballet contemporáneo. Le iría bien a Eastwood ver algo así.
Roxana pensó en sus hermanos con una mezcla de afecto y distancia. Cada uno había encontrado una forma distinta de habitar el exceso.
—Voy a presentar una pieza —Roxana tomó asiento en una silla victoriana, en ese tapiz antiguo y respaldo incómoda, mostraba toda su distinción—. Aunque no la cuelguen.
—Eso ya lo sé. Eras la única capaz de plantarte frente a esos viejos —susurró la mujer de cabellos negros al tomar asiento frente a ella.

Chiyo no se movía en el mismo terreno. Si el Club de Arte de Eastwood decidía borrarla del mapa, no solo perdería su nombre, su prestigio, su galería tendría que cerrar y su cargo en el museo quedaría en pausa. Por eso, en ciertos círculos, operaba bajo un seudónimo: Shub Niggurath. Una divinidad primigenia, la cabra negra de los mil retoños.
—No va a gustarles —la sonrisa que se formó entre sus mejillas era una diferente, como si supiera que su pieza iba a rozar una costra delicada y del agún modo eso le gustaba. Rozaba la altanería.
—Eso también. Me han pedido que sea jueza y los he rechazado por lo mismo. Conozco las bases fundamentales y las quiero negar con toda mi alma. Te daría de ganadora a ti, sin miramientos.
Roxana esta vez si sonrió de manera sincera.
—Lo sé. Eres tan retorcida como yo, Chiyo.
Después de una hora de charlas y beber té de dientes de león, la mujer partió, no sin antes girarse y hablar con su amiga una última vez.

—Chiyo.
—¿Sí~?
—Gracias por no pedirme que cambie.
La curadora sostuvo su mirada.
—Nunca lo haría, sino, yo también debería cambiar.

Afuera, la tarde llegaba a su fin y Roxana respiró hondo. Tenía trabajo por delante, materiales que preparar y decisiones que otros llamarían extremas.

Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Miyu on October 30, 2019, 09:57:52 PM
9.2 # Soirée Masquée des Roses

Una semana había transcurrido desde la visita de Roxana a la galería oculta de Chiyo. El rechazo del profesor Dormino al lienzo que presentó era algo indiscutible y que se hizo de manera pública, en la crítica de mitad de semestre, desplegó su lienzo —un autorretrato abstracto donde los tonos carmesí y óxido se enredaban como vísceras— frente al auditorio repleto de personas con peso en el mundo del arte. Dormino, con una sonrisa de lástima arrogante, pronunció su veredicto: “Decoración mórbida para adolescentes, carece de rigor conceptual. Basura.” La palabra resonó en la silenciosa aula.

El jurado había sido casi unánime.

La citación llegó esa mañana, escueta y correcta; una reunión extraordinaria del comité del Club de Arte de Eastwood a la que Roxana asistió sin expectativas, vestida con la misma elegancia que reservaba para los enfrentamientos inevitables. Un vestido largo negro decorados en rojo, con cuello alto y encajes.

La sala del consejo estaba llena. Demasiada gente para una decisión que ya estaba tomada y, la mayoría de los presentes querían verla caer.

Dormino presidía la mesa y en ningún isnatnte ocultó su satisfacción; era el único que hablaba sin papeles delante. Los demás miembros del comité fingían revisar documentos que no necesitaban leer y Audrey Hall estaba sentada a un costado, con la espalda recta y los labios tensos.

—Señorita Agriche —comenzó Dormino—, hemos evaluado su propuesta con detenimiento.

Roxana cruzó las piernas con elegancia y su sonrisa se apoderó de esos labios rouge con burla.

—El comité considera que su obra no solo carece de coherencia con los valores estéticos de esta institución, sino que cruza límites que no estamos dispuestos a normalizar.
—¿Límites técnicos? —preguntó la rubia, sosteniendo la mirada—. ¿Conceptuales?
Dormino sonrió, apenas. Quería verla caer, como la mayoría en esa sala.
—Éticos.
Alguien carraspeó. Nadie lo contradijo.
—Su insistencia en materiales orgánicos —continuó—, su obsesión con lo grotesco y su afán por provocar rechazo no constituyen una aportación válida al discurso artístico de Eastwood.
—No busco aprobación —respondió ella—. Busco mostrar la obra.
—Y no lo hará —intervino otra voz del comité—. La exposición de fin de trimestre es un espacio público. No vamos a convertirlo en un espectáculo de mal gusto.
Dormino apoyó las manos sobre la mesa.
—Queda formalmente excluida y no habrá reconsideración, para usted señorita Agriche.
El silencio posterior fue incómodo, pero breve. Roxana se puso de pie.
—Entonces ya no tengo nada que discutir aquí.

Nadie la detuvo, nadie se atrevería nunca a hacer eso a un Agriche. Al estar cara a cara con Dormino, Roxana no inmutó su expresión. Recogió su obra, sus guantes de seda tocaron con delicadeza su lienzo y lo apretó contra su pecho. La humillación era un estímulo trivial, su frustración, sin embargo, la hizo tomar una decisión… el circulo académico era un callejón sin salida y necesitaba un territorio nuevo, un escenario donde la percepción se pudiera manipular y no fuera tan rígida.

En el pasillo, Audrey salió tras ella. Aceleró sus pasos para alcanzarla.

—Roxana —la llamó—. Yo no voté a favor.
—Lo sé —respondió sin detenerse, la miró por encima del hombro—. Pero tampoco votaste en contra.

Audrey apretó los labios, tenía razón, bejó la mirada apena de su seudónimo “Miss Justice” y la otra mujer reanudó su caminata.

Condujo directo a la residencia familiar, una estructura de piedra oscura que se alzaba al final de una avenida privada, flanqueada por cipreses y rejas de hierro trabajado. La casa Agriche era antigua, de estilo gótico con ventanales altos, arcos apuntados, gárgolas erosionadas por el tiempo observando desde los aleros. Todos excéntricos, incluyendo al padre.

El portón se abrió sin que tuviera que bajar del coche.

Dentro, el vestíbulo estaba en penumbra, el suelo de mármol reflejaba apenas la luz de los formidables candelabros de cristal colgados en el techo. Roxana dejó el lienzo apoyado contra una columna y se quitó los guantes con cuidado, guardándolos en el bolso, avanzando hacia la sala principal.

Beelzebub la esperaba allí. Su hermano mayor, cabeza de la familia e igual de excéntrico que todos… de cabellera negra y vestimenta que, estaba segura, usaría un vampiro del siglo diecinueve.

Sentado en uno de los sillones, con una copa de vino en la mano y la botella abierta sobre la mesa baja. Había cambiado la ropa formal por algo más relajado por esta vez… camisa oscura, sin corbata y mangas remangadas. Tenía un libro abierto sobre las piernas, aunque no lo estaba leyendo.

—Llegas tarde —dijo, sin levantar la vista.
—No tenía prisa —confesó, Despues, dejó el bolso sobre una silla y caminó hacia él.
Beelzebub sirvió vino en otra copa y se la ofreció a su hermana menor, quien la aceptó, meneándola entre sus manos. El líquido borbón se balanceaba con lentitud.

—Dormino —comentó él, cerrando el libro—. Me llegó el rumor antes de que salieras del edificio.
Roxana bebió un sorbo corto.
—Lo hizo público. Ese viejo no se contuvo, intento avergonzarme, como si no lo hubiera hecho antes y me tuviera que seguir afectando.
Por supuesto, ella sabía a lo que se enfrentaba a todo el dogma que estaba frente a sus tacones y decidió seguir adelante. Era su decisión y tenia presente que, en cuanto dejara de seguir al modelo establecido, estaría sola.
—Claro que no —Beelzebub apoyó la copa en la mesa—. Cuando alguien cree tener autoridad moral, suele volverse teatral.
Roxana se sentó frente a él, cruzando una pierna.
—Me llamó basura.
—Poco original —Beelzebub alzó una ceja.
—Fue eficaz —Roxana dejó la copa también—. El comité cerró filas y Hall intentó justificarse después.
—Siempre intenta —respondió él—. No es mala, solo cómoda. Si la empujas un poco, caerá, es Miss Justice.
Roxana no replicó. Beelzebub se inclinó hacia adelante y tomó la botella para rellenar ambas copas.
—¿Y ahora? ¿Qué sigue, hermana? —su mirada era fría, imperturbable, de hecho, no le importaba todo el circo montado por el Club de Arte o Roxana, pero lo encontraba atrayente ante el ocio.
—Ahora no vuelvo a pedir permiso.
—Eso suena más interesante.
Roxana apoyó el codo en el brazo del sillón.
—Chiyo está organizando algo fuera del circuito académico.
—Shub atrapa con sus ideas que rozan la línea de lo moral —replicó él—. Me gusta.
—Más que eso. Será una grata sorpresa para ti, Beel. Espero aceptes su invitación.
Beelzebub asintió, bebiendo un trago de su copa de vidrio.
—¿Qué es esta vez?
—Un evento —continuó la rubia—. Me ha constado poco de sus planes, asegurando que quiere sorprenderme a mí también.
—Todo evento bien diseñado termina por ser una extrañeza —replicó él—. Aunque nadie lo admita.
—Te quedaste en Eastwood más tiempo del habitual —Roxana lo observó unos segundos. Él era de viajar por Europa, guiándose por la cartografía antigua de Europa.
—Estoy investigando —respondió, dando un sorbo—. Hay textos antiguos en la biblioteca privada del museo. No están catalogados y me pidieron discreción. Estoy trabajando con Chiyo.
—¿Desde cuándo te piden algo así?
—Desde que empecé a tener razón con demasiada frecuencia.
—Necesito que estés presente —dejó escapar una pequeña risa.
—¿En la fiesta? —su hermano apoyó la copa, para rellenarla.
—Sí —con elegancia, acomodó un mechón de sus rizados cabellos detrás de su oreja—. Dormino va a ir —añadió.
—Por supuesto. No sabe resistirse a los escenarios donde cree que tiene ventaja.
—Esta vez no la va a tener.
—¿Tu obra?
Roxana apoyó la mano sobre la copa, que aún estaba a la mitad. El líquido rojo le recordó a sus obras.
—Eso depende de Chiyo.
Beelzebub no preguntó más, se puso de pie y caminó hacia la ventana. Corrió apenas la cortina y miró el jardín oscuro.
—Eastwood siempre confunde control con orden.
—Y yo voy a confundirlos a ellos.
—Ten cuidado —giró la cabeza.
—No —respondió Roxana—. Salir herida por mi trabajo, será un honor. Significa que a alguien le duele verme ahí, triunfando.
Beelzebub volvió a sonreír, esta vez con algo más de interés.
—Eso está bien.
Roxana terminó su copa y se levantó.
—Voy a trabajar.
—¿Necesitas algo?
—Silencio —ordenó—. Y tiempo.
Beelzebub alzó la copa en un gesto breve.
—Eso esta casa siempre lo tuvo de sobra.
Roxana salió de la sala sin mirar atrás, el lienzo seguía apoyado en el vestíbulo, intacto. Pasó junto a él sin tocarlo.

La invitación de Chiyo llegó al anochecer. Un sobre de papel pergamino, sellado con cera púrpura. En su interior, una tarjeta escrita en letras doradas anunciaba la Soirée Masquée des Roses: una fiesta privada en la galería oculta de Chiyo. El código de la velada era estricto: etiqueta gótica y máscara obligatoria, y una rosa prendida al atuendo cuya tonalidad definiría el rol del portador en el baile durante la velada.

Roxana estudió el código, encajaba como un guante en su estética y una sonrisa lenta curvó sus labios. Chiyo le asignó la rosa negra, una figura enigmática y que solo existirían una o dos en toda la fiesta.

En su estudio, bajo la luz tenue, trabajaba en su máscara. No sería un accesorio, sino otra de sus creaciones… cuero negro, ribetes de un rojo profundo. Incorporó diminutas púas de plata a lo largo de las sienes, imitando espinas. Su rosa, una Black Baccara de terciopelo oscuro, la teñiría personalmente, añadiendo algunos diminutos diamentes.

Chiyo, como anfitriona, llevaría el morado, el color de la ambición, de la realeza. Roxana eligió para sí la borgoña oscura, que se volvía negra. Era el color de la sangre vieja, seca, la que ya ha penetrado la tierra. Representaba todo lo que era ella, lo que sus lienzos gritaban al público.
El estudio de Roxana olía a trementina, aceite de linaza y a ese ozono metálico que dejaba el polvo de hematita que a veces empleaba. Sobre su mesa de trabajo yacía la máscara ya finalizada.
Se reclinó hacia atrás, exhalando aire por el cansancio y sus ojos ardían ligeramente al haber estado expuestos a tantas sustancias y entornar sus pupilas en objetos diminutos.
Su teléfono vibró en ese momento, interrumpiendo el descanso que tanto se había ganado… una notificación de Chiyo y al instante abrió el mensaje.

Roxana lo abrió. Una lista meticulosa, una taxonomía social definida por el color de una rosa.
Chiyo:
Les couleurs des roses
Anfitriona (Chiyo / Shub Niggurath): Púrpura real. Soberana absoluta, solo una en toda la sala.
Figura Enigmática (Roxana Agriche): Borgoña oscura (negro con reflejos granate). Máximo dos invitados.
Guardia Real / Escolta: Rojo brillante. Lealtad total, confianza máxima.
Embajador / Noble Aliado: Blanca con ribete dorado. Pureza en sus acciones, estatus dorado.
Cortejo / Damas de Compañía: Rosa palo o melocotón. Encanto ornamental. Gracia, encanto, cercanía al trono sin poder real.
Invitado Común: Blanca simple. La mayoría. Disponible para adquirir con un módico precio.

Roxana leyó y releyó el mensaje un par de veces, Chiyo había estructurado una jerarquía perfecta, cada individuo sería clasificado mediante su rol y el estatus expuestos en el ojal. El blanco igualaba a la masa; el color distinguía a los jugadores.

Otro mensaje llegó de Chiyo: "Dormino adquirió su blanca y pagó el precio completo, sin preguntar por descuentos".
Roxana soltó una risa breve. Era predecible, Dormino, convencido de ser un observador por encima del juego y del resto de las personas, se había condenado solo a lo común. No había leído el código. Llegaría y se perdería entre los blancos idénticos, mientras las rosas con título —púrpura, borgoña oscuro, rojo— circularían en otro nivel. La humillación del comité tendría su repercusión esa noche.

Centró su atención en su propia rosa, la Black Baccara que reposaba sobre un paño de terciopelo. Con un pincel fino comenzó a trabajar los pétalos, oscureció el color hasta casi borrarlo, dejando que solo la luz directa revelara un fondo granate. En el centro fijó pequeños cristales que apenas se verían con sus destellos.

Mientras las manos avanzaban, su atención ya no estaba en Eastwood, pensaba en la galería de Chiyo, el vestido que usaría, corsé y capa, negro por fuera, borgoña en el interior. El forro solo aparecería al moverse. La máscara, con sus espinas de plata…

Beelzebub entró en el estudio sin hacer ruido, se detuvo en el umbral, observando. En su mano traía un sobre idéntico al de ella, pero sin abrir.

—La mía llegó —musitó, alzando la carta.
—Ábrela —instó Roxana sin levantar la vista de su rosa.

Beelzebub rompió el sello púrpura. Dentro había una tarjeta y su posición, Guardia Real.
Una ceja de Beelzebub se arqueó, casi imperceptiblemente.
—Interesante. Chiyo me asigna un rol de protección. ¿A quién debo escoltar, supongo? ¿A ella?
—O a la figura que considere más valiosa —respondió Roxana, por fin alzando la vista—. O más vulnerable, la que represente el mayor peligro.

Chiyo envió un tercer mensaje con instrucciones logísticas. La galería oculta funcionaría bajo un protocolo estricto y los portadores de rosas blancas accederían al salón principal. Los de colores específicos tendrían pases a áreas reservadas, donde los guardias rojos controlarían los accesos. La rosa negra de espía, según la información de Chiyo, fue asignada a un coleccionista privado de Berlín. Un hombre conocido por su discreción y falta de escrúpulos.

Roxana terminó la máscara y probó su ajuste frente al espejo del estudio. El cuero se adaptaba a sus facciones, Beelzebub la miraba atentamente.
Beelzebub observó la máscara sobre el rostro de su hermana. Su expresión permaneció neutra, aunque se formó una ligera curvatura en sus labios.

—Las espinas son un elemento práctico —comentó.
—Son disuasivas —corrigió Roxana, quitándose la máscara y dejándola sobre la mesa—. No decorativas.
—Lo sé. Por eso son prácticas.

Beelzebub entró por completo en el estudio y cerró la puerta, se acercó a la mesa y examinó la rosa teñida.

—El negro es absoluto y el granate solo bajo luz directa… es como tú, hermana. Advertencia y peligrosidad.
—Es un filtro —musitó Roxana—. Separa la curiosidad ociosa de la atención genuina.
Beelzebub asintió. Tomó asiento en un taburete alto junto a la mesa de trabajo. Su postura era recta, pero no rígida.
—Hablaste de vulnerabilidad antes. De proteger a la figura más vulnerable —Roxana fijó su mirada en él—. ¿Ya sabes a quien protegerás?
—A Chiyo, técnicamente —respondió Beelzebub—. Es la anfitriona. El punto de convergencia. Cualquier incidente afectaría su reputación y la viabilidad futura de su galería.
—Técnicamente.
Beelzebub no respondió de inmediato, sus ojos, de un tono oscuro e impenetrable , recorrieron las paredes del estudio. Estaban llenas de bocetos, de formas distorsionadas y paletas de colores terrosos y sanguíneos. Él era consciente del trabajo de su hermana, de lo grotesco que era usar sangre fresca en oleos y, aun así, es parte de dejar algo de ella en cada trabajo le era hipnotizante. Se había hecho con algunos cuadros de Roxana tiempo atrás y los colgaba en su despacho.
—Tu exposición en el comité no fue la primera humillación pública —afirmó.
Roxana no se inmutó.
—No.
—Fue la más refinada y burocrática. Dormino aprendió a usar sistemas en lugar de gritos, pero sigue siendo el mismo idiota bajo esas capas de elegancia.
—Es predecible —replicó ella.
—La previsibilidad no anula la amenaza. Solo la hace manejable —Beelzebub cruzó los brazos—. Eastwood te rechaza porque tu arte no se puede digerir, no se puede categorizar y archivar.
—¿Estás analizando a Dormino o a mí?
—Al escenario. Tu estrategia es correcta, abandonar su campo de juego… pero el nuevo territorio tiene sus propias reglas. Chiyo no es una aliada por altruismo.
—Lo sé. Es una colaboradora. Su evento necesita mi presencia tanto como yo necesito su escenario.
—Exacto. Eres un componente narrativo, un personaje en su obra —afirmó Beelzebub—. Asegúrate de que el personaje no consuma a la persona.
Roxana sonrió como primera respuesta.
—La persona y el personaje son lo mismo aquí, Beel. No hay separación. El vestido, la máscara, la rosa… son una extensión del lienzo. El cuerpo como medio.
—Entonces la vulnerabilidad no está en el rechazo, está en la exposición total. En convertirte en tu propia obra frente a una audiencia que no puede distinguir la performance de la persona. Ellos verán una actuación y Dormino verá una provocación. Solo unos pocos entenderán.
—¿Y tú? —preguntó Roxana, su voz más baja—. ¿En qué categoría estás?
—En la del guardia —respondió él sin vacilar—. Observo, contengo. Actúo si la integridad de la obra, de tu obra, está comprometida. Mi rol es permitir que tu performance se ejecute sin interferencias físicas y cumpliré con mi rol a la perfección, Roxana.
—Chiyo te pidió discreción sobre tu investigación. Sobre los textos del museo —la mujer cerró sus ojos, analizando el objeto real de Beelzebub.
—Así es.
—¿Está conectado? ¿Este evento y tu trabajo?
—Indirectamente. Los textos tratan sobre simbolismo arcaico, sobre el uso del color y la forma en rituales de estatus y exclusión. Chiyo tiene… un interés académico en el tema.
—Y práctica.
—Y práctica —confirmó él—. La Soirée es un experimento de campo. Una puesta en práctica de teorías antiguas sobre poder y percepción. Tu rosa borgoña no es un capricho estético. Es, en un sistema simbólico muy antiguo, el color del iniciado que atraviesa un umbral. El que ha visto algo que los demás no.
—¿Por qué me lo dices ahora? —inquirió Roxana.
—Porque necesitas saber que el juego es más profundo de lo que parece. No se trata solo de humillar a un profesor mezquino. Chiyo está probando un lenguaje de poder y te ha colocado en una posición central dentro de ese lenguaje. No es un simple favor que te está haciendo por camaradería.
Roxana procesó la información.
—Entonces mi performance no será solo para Dormino o para el círculo de Eastwood.
—No. Será para un registro más amplio. Para los que entienden el simbolismo, coleccionistas como la otra persona que llevará la rosa negra. Gente que opera en capas por debajo del mercado artístico convencional.
—Já —rió sin entusiasmo—. Me convierto en un referente dentro de su experimento.
—Te conviertes en parte activa de su tesis.
La menor se levantó y caminó hacia la ventana, la noche estaba en pleno apogeo afuera.
—No importa —declaró, su voz clara en la penumbra—. Mi objetivo se mantiene. Exponer la obra fuera de sus estructuras. Si el marco de Chiyo le da más profundidad, lo acepto, si me uso a mí misma como medio dentro de su experimento, lo acepto también.
Beelzebub también se puso de pie.
—Es una postura peligrosa.
—Es la única postura posible —replicó ella, volviéndose a mirarlo—. La comodidad me llevó al rechazo del comité. Acepto el riesgo.
Beelzebub asintió, una vez.
—Entonces mi rol como guardia está definido, Proteger la integridad de la performance. Asegurar que el experimento de Chiyo no te consuma en el proceso.
—No me consumirá —afirmó Roxana—. Yo lo consumiré a él. A su escenario, a su simbolismo. Lo convertiré en una extensión de mi obra.
—Esa es la Roxana que conozco. Muy bien. Actuaré en consecuencia, Los guardias rojos recibirán instrucciones específicas sobre tu persona.
—¿Instrucciones de Chiyo o tuyas?
—Nuestras —aclaró él—. Es una colaboración, después de todo.
Su mano descansó sobre el pomo.
—Descansa. La performance requiere energía. Mañana te buscaré una hora antes de la apertura. Revisaremos los pormenores juntos.
—De acuerdo —estaba agradecida de tenerlo de aleado, de haber capturado su atención.

Beelzebub salió, cerrando la puerta tras de él. Roxana se quedó sola en el centro del estudio, su mirada recorrió los frascos de pigmento, los pinceles, la máscara terminada. Todo esto era ella y lo iba a mostrar en esa mascarada.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Nite on October 31, 2019, 10:50:25 PM
<Mensaje recibido a las 07:10 AM>
De: Yue.****@mosspaca.com
Para: Izaya.Oh!@mosspacs.com
ASUNTO: OFICINA

Estimado Orihara-san,
He pasado varias veces por la oficina y llamado durante la semana. Sin embargo, no he tenido respuesta suya cuando me acerco al edificio. Escucho sonidos dentro, incluso rosas y conversaciones; y me parece una falta de respeto-

- - - - -
Izaya azoto su laptop para cerrarla; frunciendo el ceño ante el mensaje si terminar de leerlo. ¿Lo estaba reprendiendo? ¿Cómo a un chiquillo?
Miro con cierto recelo su ordenador, aún con el sinsabor del tono del mensaje. Podía imaginar la figura alta de Yue repetir palabra por palabra, en su monótono tono, pero no estaba molesto por eso.

Estaba molesto porque más de una vez, durante esa semana (en la Yue había confirmado que había pasado por la oficina) había invitado -repetidas veces- a Shizuo a salir.
Había sido evidente, muy claro; muchas veces. Tanto que había estado seguro que había perdido la vergüenza (si no fueses por su dignidad ya).

Y era aquello lo que le molestaba.
Que no hiciera tiempo para él.
Aunque su relación no fuera nada más que de empleado y empleador.

————
<Mensaje recibido a las 07:10 AM>
De: Izaya.Oh!@mosspacs.com
Para: Yue.***@mosspacs.com
ASUNTO: RE: OFICINA

Ya voy a ver el asunto.
Estoy trabajando desde casa

< Enviado desde mi Iphone >

——-
La llamada entrrñante lo descoloco. La Foto de Yue lo ponía de mal humor; especialmente porque el urgente correo le había arruinado la paz que tan  poco le había costado conseguir.

“Yue~” fiii el tono, para sonar amable. En seguida enmudeció el microfono para que no lo escuchara y básicamente confirmó la fecha solo por si las dudas...

Reviso nuevamente la fecha en el calendario; incluso fue a la cocina, a revisar el de cortesía que le había regalado en el chifa para verificar. La señora que iba a limpiar semanalmente siempre lo tenía al día: efectivamente era 25 de Octubre.

Frunció el ceño y volvió a activar el sonido de su llamada, Yue seguía hablando y le respondió con un seco: “lo resolveré en seguida” y colgó de inmediato.

Lo estaban evitando.

Y no sólo se trataba de Shizuo, Shiemi también. Más de una vez.
Incluso le había mentido, en su cara.
¿Cómo se atreví a ponerse a trabajar cuando le había dado semanas de paga sin trabajar? ¿Que clase de persona hacia eso!?

La ira pudo más con él y tomó sus cosas. Refunfuñando y maldiciendo por lo bajo la buena productividad de su asistenta: “debería de sentirse agradecida porque le voy a pagar por hacer nada” gruño, encendiendo su auto. No quería perder más el tiempo, y sobretodas las cosas, quería alcanzar al rubio albañil.

Todavía se encontraban en la cocina. Reviso las cámaras desde la aplicación de  su celular. No estaba los dos solos; pero claro, tampoco iba o tenía porque sentirse celoso de Shiemi, en absoluto... era Shiemi...

“¿Estoy celoso?” Fue a la conclusión que llego al subirse al autor. Se fijo en su reflejo sobre la ventana y frunció el ceño “tal vez un poco” admitió. Más que celoso de ella, era celoso de la situación.
¿Peor a quien se le ocurría trabajar cuando no habían modelos que promocionar? 
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Nite on February 01, 2020, 12:59:34 AM
Era un día tranquilo.
Había ido una temporada tranquila, demasiado ... (si lo admitía para sí mismo...) pero no fue hasta que se lo echaron en la cara que lo empezó a considerar.

“¿No tienes un trabajo? ¿O qué?”
El tono en el que Shizuo le habló fue seco y despectivo, destruyó la sonrisa que el peli negro mantenía pintada en sus labios. Frunció el ceño también; Izaya se sintió ofendido.
Pero su declaración tenía fundamentos: lo había llamado tres veces esa semana, consecutivas; igual que en las últimas dos semanas. Para que reparara algún daño menor en el departamento, un daño que obviamente él (Izaya) había hecho. Era más que evidente, y Shizuo se había dado cuenta a su tercera visita, porque el otro no se molestaba en ocultar su fechoría.

El día de hoy había sido algo más elaborado (y debía de darle crédito); había aflojado los tornillos del ventilado de su sala. Así que además de un extraño sonido, corría el peligro de decapitarlo. Izaya se veía como el tipo de persona que pasaba mucho tiempo en la sala (si no era todo el día). Habría dejado un charco de sangre inlavable de su alfombra blanca, y seguramente nadie lo habría encontrado en días... semanas probablemente.

E Izaya tenía la costumbre de quedarse en la misma habitación que él viéndolo trabajar; no porque desconfiase de él, sino porque simplemente le gustaba mirarlo. Era evidente, y estaba seguro que lo hacía a propósito... ni si quiera le hacía conversación. Tampoco contestaba los vanos intentos de conversación que hacía, y lo miraba de reojo cada vez que sonreía cuando este se quejaba o emitía gruñido alguno.

Shizuo no se quejaba. Cosas más extrañas le han pasado, y agradecía el dinero recibido. Aunque fuera solo por verle el cuerpo. “Pues deberías cobrarle más” recordó que le dijo su amigo, al comentarle sobre su peculiar cliente “Ya báilale, seguro y le alegras el día. Prefirió no responder eso y engullirse el resto de su cerveza con las orejas coloradas.

... “¿y no trabajas? ¿O que?”...
Ese tono despectivo le sacó de quicio, e Izaya se tuvo que imaginar su cara, porque el rubio estaba de espaldas a él, en lo alto de la escalera, concentrado en que un tornillo no se le cayera de la boca.
“Claro que trabajo” dijo sumamente ofendido, y luego de casi dos semanas de solo verle, cruzó la sala hasta su habitación y sacó su laptop, bajo su brazo. Cargándola sin la mayor preocupación del mundo (como si pudiera conseguir otra con solo chasquear los dedos); y después de SEMANAS Izaya Orihra reviso su bandeja de entrada.

Se le aceleró el pulso, Shizuo podría jurar que hasta se puso más pálido “¿estas bien?”
Todos los mensajes sin leer eran de Hitagi Senjouhara, y el que coronaba su bandeja de correo de Yue.

Oficialmente estaba jodido.
   
   
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Nite on April 30, 2020, 09:43:27 PM
" Pues fue bastante curioso, un día recibi un correo electrónico de parte de ella señorita Senjouhars, habías ido juntas a la uni, teníamos ciertas clases juntas, pero aún así creo que nos graduamos en promociones diferentes" la rubia alzó la mirada, tratando de hacer memoria, acompañado por un ligero chasqueo de lengua tratando de hacer recuentol "en fin, quería que le hiciera un favor, y me cito en un café bien bonito y elegante. No lo sabía, yo pensé que era un nombre y ya; desentonaba un montón. Y por cierto, el café no estaba tan bueno como lo promocionan, si me das a elegir prefiero mil veces el te de burbujas… resulta que no había te de burbujas, ni Hitagi. Ella nunca llegó, a cambio estaba el señor Orihara esperando"
Interrumpió su relato cuando vio que Tuve hacia una mueca al escuchar las palabras 'señor' y 'Orohara' seguidos; se notaba que trataba de reprimir una sonrisa y no podia. Era demasiado gracioso.

Manteniendo la calma y tratando de no atropellar con sus palabras, tomo aire y siguió: "me dijo que Hitagi lo había enviado por el favor y que básicamente me convertiria en su asistente … si hubiese sabido que ese día me iba adar un trabajo hubiese ido mejor vestida." Suspiro "se me hizo extraño, porque que yo recordara, no le debo nada a Hitagi Senjouhara como para que me pida algo de tal magnitud; ni yo deseo estar en deuda con ella por… cualqueir cosa…"io nego con la cabeza "aún así, Izaya puede ser bastante persistente" lo vio anotar algo en su cuaderno y prosiguió "y bueno… ioaquí estaba yo a cargo de una agencia de modas junto a él" se encogió en hombros "vaya sorpresa! Que curioso! Especialmente porque no soy… yo no…"io se señaló completa, a su sencillo pero cómodo atuendo "soy como Andy, de El Diablo Viste a la Moda" su pequeña referencia le hizo reírse entre dientes, no lo había pensado hasta ahora.

"Y así fue como recibimos una agencia en un segundo piso… y tú dirás ¿Por qué en un segundo piso? Pues… nunca obtuve explicación por parte de nadie" se encogió en hombros "pero tiene sus beneficios, es discreto y sinceramente estar arriba de una tienda de vestidos de novia es bastante conveniente. Cómo puedes ver tenemos un espacio bastante amplio. Además dices Kleyns y te ubican en seguida… una vez hechos los arreglos y que la oficina quedará habilitada el siguiente paso fue conseguir a los modelos. Obvio"

Tomo un buen y merecido descanso, bebeidno agua. Yue seguía frente de ella, sin decir una palabra, garabateando en su libreta.
Después de refrescarse, Shiemi siguió con su relato, con la misma energía, como no hubiese parado "fue difícil, obvio, pero también fue divetido. Gracias a Kleyns debajo también tuvimos nuestro primer contrato como pudiste ver" le tendió las fotos y los flyers que habían hecho para la activación en la tienda "y el desfile es como en… dos meses?" Trato de recordar y confirmo al ver la fecha escrita en dorado y con estrellas en su gran calendario de la pared.

"Como ves! Nos va de maravilla"
...

"y me estás contando todo esto porque..."

El tono en el que Yue le hablo le hizo palidecer, casi sentir que desaparecía en el vórtice que se había abierto en su estomago.
"¡Contexto!" se apresuro a decir Shiemi con algo se color en sus mejillas "contexto. Una buena historia se entiende mejor con contexto"

"¿Y que historia es esa?" No faltó la ceja acusatoria y su expresión en conjunto. Su tono de voz hizo que se le helada la sangre y volvió a sentirse como ratón sin salida.
Para empeorar (o mejorar) aún las cosas, la puerta se abrió, haciendo sonar el distintivo cascabel que Shiemi había puesto al principio del día como decoración (y también porque traía un amuleto de la buena suerte). Izaya entro en la sala con su laptop debajo del brazo, como quién llega tarde a clases y entra de rosas formas: sin una preocupación en la vida.
Hasta que junto miradas con Yue y el silencio se hizo aún más evidente...

"La historia de cómo Orihara y yo montamos la agencia de nuevo sin ayuda de ustedes, evidentemente" dijo confiada tras una gran bocanada de aire y una sonrisa de oreja a oreja. Recuperando la confianza que se había deenado de su cuerpo minutos atrás.

Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Nite on January 31, 2021, 10:55:50 PM
La escena no podía ser más catastrófica:
En un extremo se encontraba Yue Tsukishiro, tan pulcro y calmado como siempre. Apoyaba su mano en el mentón, mientras con una expresión sería esperaba una respuesta de parte del pelinegro. Cualquier tipo de respuesta en este punto habría sido hilarante. Es más, esperaba con ansias escuchar lo que saldría de la boca Izaya Orihara en estos momentos.


Izaya por su parte, desde el marco de la puerta, traía su cara pálida como nunca y estaba seguro que de abrir la boca,el corazón se le asomaria por esta.
El fuerte trago de saliva que dió únicamente lo hizo ponerse más nervioso.
"Yue..."

"Pues todo está bien desde la última vez que vine. No han habido mayor cambio" la voz de un tercero fue lo que corto la tensión, y asombrosamente el color regreso a la pálida cara de Izaya. Su expresión de sorpresa pudo más e incluso provocó que Yue arqueara una ceja, para regresar a ver a quien al otro intensamente miraba.
"Gracias por venir tan rápido"  le agradeció Shiemi "tenemos una inspección repentina y quería asegurarme que todo estuviera en su lugar" según ella, tan desentendida del asunto, esperaba que su comentario no se hubiera escuchado por la intensa conversación de ambos. Pero al pasar al estudio fue recibida por el contundente silencio que la hizo destacar como televisor en un aparador.

"Gracias a ti por la confianza" Shizuo se terminaba de guardar su caja de herramientas cua do se encontró con tan familiar cara en ese lugar "..." Por un momento se sintió desorientado... Acaso, ¿Acaso ese loco lo estaba siguiendo?  Si no hubiese sido por una foto que vio a penas en la pared que terminó por convencerle que aquel era su lugar de trabajo.
"Buenas tardes" se despidió de la rubia, y con un gesto bastante solemne hacia él peliblanco antes de cruzar la habitación y ver por el rabillo del ojo a Izaya en una cuasi expresión de disgusto.

Fue demasiado evidente que no había Sido de su agrado cuando el rubio salió por la puerta.


"Bueno" retomó Yue aclarandose la garganta  "Me parece que haz hecho un excelente trabajo aquí Srta. Moriyama, estoy segura que a la Srta. Senjouhara le encantará escucharlo en la cena de mañana"
"... La qué?"
"Y en cua ti a ti..." Su tono de voz y semblante cambiaron por completo cuando se refirió a Izaya, incluso aprovecho para casi arrinconarlo contra la puerta de una manera sutil... "Espero que tengas tu agenda libre... Me urge verte esta noche"

Aquello no había sido una declaración; más bien una amenaza. Una a las que Yue e Izaya estaban tan acostumbrados a intercambiar.

"Y no necesito equipos ni reportes" le aseveró antes de dejarle su tarjeta y salir del lugar "cambie de número" fue lo último que agregó antes de salir del lugar.


El pelinegro se quedó perplejo sosteniendo aún la tarjeta entre sus manos. Antes de arrugarla y murmurar un ácido "lo sé"

Con la partida de Yue la tensión se había disipado, dejando a ambos un poco agitados y alterados.
"... Nos fue mejor de lo que esperaba, ¿No es así Orihara?" Ofreció Shiemi con una sonrisa.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Nite on March 31, 2021, 10:59:55 PM
El pelinegro estaba demasiado distraído como para haber escuchado bien la primera vez; se podía escuchar chat al otro lado de la línea risas, sillas moverse y el sonido de un bar de fondo, que tuvo que ponerse de pie y salir para atender mejor la llamada.
"¿Aló? ¿Me escuchas?"
"Sí, sí. Perdón, ¿Quién es?"
"Kaito-san, le dieron el papel para el puesto que audicionó con nosotros" la voz al otro lado de la línea sonaba dulce, y la euforia y la ebriedad desaparecieron del cuerpo del pelinegro en un dos por tres.

Se enderezó y apretó tanto el celular entre sus manos que sintio que podría romperse entre sus dedos.
"¿Kaito-san? ¿Prefiere que lo llame en otro momen-"
"¡No! No! Aquí estoy, aquí estoy gracias! Gracias" no se contigo más que hasta salto de la emoción. Todos lo vieron. No le importó.
"Así que, lo esperamos mañana en la tarde para firmar los papeles y explicarle más sobre el programa. Le enviaré un correo con los detalles"
"¡Sí! ¡Sí! ¡Por supuesto! Claro, gracias. GRACIAS"
El tono de llamada fue su cue para volver a gritar de la emoción, casi sacudirse. Entro de vuelta al bar con la mirada expectante de su grupo de amigos, que en ningún momento dejaron se parlotear o gastarse bromas, pero verlo tan animado de un momento para otro les llamó demasiado la atención (su amigo se mostraba algo desanimado últimamente).

Exclamar que invitaba la siguiente ronda, acompañada por una gran sonrisa, fue más que evidencia para saber que algo bueno le había pasado.

Celebraron toda la noche y bebieron hasta que no pudieron más.
Uno de ellos le repitió más de una vez en toda la noche "Quizá deberías de irte, mañana es un día importante"
Pero Kaito renegaba; había pasado demasiado tiempo recibiendo malas noticias, y esto simplemente lo había renovado por completo.

"Déjalo ser, quien sabe cuando tenga otra oportunidad, ya sabes que las estrellas tienen un régimen muy estricto"

_____________

Asombrosamente, llegó temprano a su cita. Había jugado a su favor que la han importante reunión hubiera Sido agendada por la tarde, la mañana hubiese sido un total desastre. A pesar que terminaron al amanecer, la emoción y los nervios no lo habían dejado dormir.

La sonrisa no se le había borrado del rostro, prevalecía a pesar de su dolor de cabeza y la cruda que llevaba encima. Su aspecto era el total opuesto por como se sentía por dentro: No sé había despegado de su botella de agua desde el momento que salió de su depa. Y las gafas de sol le ayudaban a disimular mucho el cansancio... Le ayudaron a disimular aún más la sorpresa cuando leyó el título del capítulo piloto y el nombre del programa "..." Su sonrisa se transformó en una mu va y en seguida busco a la mujer a la que pertenecía aquella voz con la que estuvo hablando la noche anterior.

"¡Hola! Hola, perdón"
"Kaito-san! Buenos días"
"Tardes"
"Sí, buenas tardes, ¿En qué te puedo ayudar hoy?"
Dudo bastante antes de hacer la pregunta, tanto que hasta le temblaron los labios, pero era mejor pecar de tonto en ese momento "¿Para qué programa me dijiste que me seleccionaron?"

La chica lo miró un tanto sorprendida, con clara confusión en su rostro, señaló los papeles que el joven tenía arrugado en sus manos y repitió el nombre del programa:
"El rincón feliz de Kaito-san" (nombre sujeto a cambios) agregó con un tono jovial que no le sacó una sonrisa al muchacho.

"... ¿Un programa infantil...?"
"Pues sí, para eso aplicaste... ¿No?"
"¡No!"
"¿No?"
"¡No! Yo aplique para el show de música como presentador, y para un reality..." el pequeño "OhhhHH" casi desinflado que escucho por parte de la secretaria fue un tanto desalentador y tras un breve y cortó silencio agregó, casi pidiendo perdón: "las audiciones que no son aceptadas se las reparten entre algunos programas del estudio... Así que seguramente alguien tomo de ahí la tuya y pensó en castearte..."

"Para un programa infantil" repitió incrédulo.

"..." Se escuchó la puerta abrirse y cerrarse y la secretaria estiró el cuello para ver de quien se trataba "pues ... Ahí acaba de llegar la directora, por si quieres declinar el papel..."

Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Nite on September 30, 2021, 09:58:35 PM
(No puedo creer que A. no he escrito desde hace un millón de años Y SE NOTA y B. Que no posteo aquí desde Marzo orz)

La Cena: Lado A, pt1

Tal vez era una habilidad, complicar las cosas sencillas... o tal vez, verdaderamente se trataba de una situación extraña (más extraña de lo que debería de ser...)

>> ¿Alguna vez haz ido a Noso Bistro?
"Por supuesto que ha ido Shiemi, es famoso"
La rubia se volteo a ver a su compañero, con las orejas rojas de la verguenza, más que molesta porque el otro estuviera espiando sobre sus hombros leyendo sus mensajes.
"Argentine!"
"¿Qué? tienes la letra gigantesca, ¿Acaso no puedes leer?"
Ella volvió a voltearse, tratando de corregir ese pequeño detalle y un gritito de desesperación combinó con su cara.
"No es esó!" le reclamo frustrada bloqueando su celular, sin leer la notificación "no sé que hice y ahora no sé como quitarlo"

Este otro rió a carcajada limpia y solo la vio sonrojarse aún más. Podría jurar que la cara iba a explotarle.
>> No.
>> Pero papá ha ido varias veces.


Después de todo, ¿qué tipo de consejos podía darle un niño sobre lugares elegantes? Sabía que con Argentine estaba en buenas manos, aún así estaba muy nerviosa. Le costaba recibir ayuda de alguien que recién conocia; solo trabajaban en el mismo edificion, eran prácticamente desconocidos.

"¿No crees que eso es demasiado?"
"¿Perdón? ¿Acaso no fuiste tú la que vino pidiendome ayuda porque no sabía que ponerse para la cena de hoy?"
Y no podía negarlo, ella había pedido eso... pero de todas formas veía con desagrado el conjunto que el otro había elegido para ella.
"UGH, okay... elige lo que quieras y te digo si funciona o no"
Ella asintió más relajada y se perdió en la tienda, yendo y viniendo poco a poco con ropa que iba descartando antes de probarse.


El pedido sin duda había sido curioso, pero no iba a negarselo, Shiemi no había sido nada más que amable desde el primer momento en el que se conocieron. Eso y sumando a que el motivo lo había dejado intrigado:

"Mi amiga de la universidad que me contrato para que llevara a cargo su empresa familiar en el segundo piso, me invitó a una cena hoy de noche en este lugar super caro. y no sé que ponerme... o de qué hablar, ni siquiera ibamos en la misma promoción. ¿Qué hago? ¿Puedes ayudarme?"

En primer lugar, ni siquiera sabía que lo que había arriba de su tienda era una agencia de modelos. Siempre pensó que tenía algún negocio turbio o era... una especie de estudio fotográfico erótico por la cantidad de hombres atractivos que subían y bajana  las escaleras y distraían a sus clientas.

"¿Y solo vas a ir tú? ¿O también va a estar ese ser indeseable?"
"¿Qué ser indeseable?" preguntó al instante de meterse en el armario "Oh! Orihara-san!  No, él tiene su propia cena con Tsukishiro-san"
"¿En el mismo lugar? ¿En la misma mesa?... eso no es algo ¿incómodo? y extraño, sumamente extraño"
"No, a él lo citaron en otro lugar"
Argentine tuvo que hacerle un gesto tonto a la dependienta que los veía a lo lejos con una cantidad abismal de ropa, mientras Shiemi elegía que era lo que realmente quería probarse. Si las cosas seguían así tendrían el tiempo en su contra: "Le Bernardin"
".... ese lugar es más para una cita romántica que de trabajo" comentó en voz sumamente baja seguido por un "bastardo suertudo".
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Apple on May 31, 2023, 07:31:06 PM
Necesito motivación para hacer mis topes :') ....

Chapter IV

–¿Sabes algo? Siempre me ha sorprendido cómo DeVils ha sobrevivido hasta ahora…

Tesuku, que estaba vistiéndose, se volvió hacia Sheryl que todavía estaba acurrucada en la cama, jugueteando con su vape.

–Digo– continuó Sheryl. –El rock dominó bastante hasta los 90’s… Pero ahora estamos en 2023 y todo el mundo quiere escuchar trap, hip hop y esas cosas.

–Puedes darle el crédito a tu hermano. Sakuya es un excelente músico.

–Todos los son. – Objetó la rubia. –Pueden sacar a DeVils adelante y cuando sea el momento puedes volverte solista, como siempre has querido.

–Heh, quizá algún día lo logré. Por el momento tendré que hacerlas del patriarca protector…

Exhausto Tasuku se dejó caer en la cama, su cabeza sobre el pecho de Sheryl, que lo envolvió en sus brazos y empezó a bañar su frente y mejillas con besos. Con los rubios mechones de Sheryl cubriéndolo, Tasuku sintió que estaba envuelto en una crisálida que lo protegía del mundo exterior.

–¿Qué tipo de música quieres hacer? – La voz de Tasuku sonaba sofocada por la cercanía de sus labios con el cuello de Sheryl.

–Solo quiero cantar. No tiene que ser nada político ni disque intelectual.

–Hm.

–Eso no significa que esté dispuesta a cantar basura, o hacerlo solo por hacerlo.

–Supongo que Sakuya podría ayudarte ahora que se volverá productor para otros.

Sheryl bostezó y pensó en el prospecto de llevar a cabo sus planes, cantar en serio y enfocar su carrera en la música. Definitivamente, no era algo imposible; no obstante, le intimidaba en prospecto de poner su carrera en manos de otros productores y el bobo de Gin ya que sería lo mismo de su actual carrera como actriz y terminaría insatisfecha y sintiéndose como un títere. Y claro, no podía negar que el hate que recibiría por ser otra de las nepo babies le molestaría más de lo que debería.

–Quiero la ayuda de Sakuya obviamente, pero no quiero dejar mi música en manos de otros. No me interesa ser controlada por completo por un agente o una disquera. Y mucho menos que se aproveche de mi un productor. – explicó Sheryl. 

Tasuku se apartó de sus brazos y la vio directamente a los ojos. Conocía a Sheryl desde que se incorporó a DeVils y aunque muchos la veían únicamente como una bimbo con cara bonita, él ya se había percatado que era bastante inteligente y observadora.

–Vaya, si que lo has pensado bastante. – comentó él antes de darle un breve beso en la punta de la nariz. –Aunque termines cantando en las calles por monedas, no dejes que ningún tipejo en traje te dé órdenes.

Sheryl asintió mientras daba una calada a su vape de cereza. Una sonrisa se dibujó en sus labios y un brillo travieso apareció en sus ojos.

–Por eso quiero que TÚ me ayudes. Desde ya te estoy nombrando productor. MI productor.

–¡Oye! No me digas que solo por eso te acostaste conmigo– bromeó Tasuku.

Para Sheryl, una broma de su parte significaba «sí».

–No seas bobo– dijo ella y le dió un golpecito en el brazo. –Tú eres la persona más capaz para el trabajo. Obviamente, le pediré ayuda a Sakuya porque es muy bueno en lo que hace, y de todos modos me acusarán de ser una nepo baby. Pero tú harás que el proyecto sea mejor. Necesito que aportes todo lo que tengas.

Tasuku asintió. De lo que Sheryl hablaba eran puros conceptos abstractos, de un «algo» meramente inconcreto, que hizo que Tasuku sintiera desde ya un enorme respeto por Sheryl como cantante.

De nuevo sus miradas se encontraron, y ambos sintieron un profundo entendimiento del otro.

—--------------------

Aika se quitó las zapatillas de ballet y se permitió sentir unos segundos de alivio antes de ver sus pies.

Eran feos, estaban heridos y llenos de cicatrices. Un grotesco testimonio de su devoción a la danza. Siempre dolían, siempre sangraban pero Aika llevaba sus heridas con orgullo.

El ballet era todo lo que tenía, lo único que valía la pena en su vida.

La chica tomó de su bolso el pequeño botiquín con vendas, curitas y todos los menjurjes para aliviar el dolor y garantizar que sus pies siguieran funcionando como debían hasta la siguiente clase o función.

Eastwood era un lugar de ensueño, donde los artistas podían aspirar a cumplir sus ilusiones de fama, poder y fortuna. Eastwood también era un lugar cruel y elitista, donde la competencia era dura; y nunca hacía falta quien quisiera apuñalarte por la espalda, aprovecharse de tí o simplemente destruirte porque tenían el poder para hacerlo.

A su lado, Aika escuchó a Frejya quejarse por el dolor. Sus pequeños gemidos iban acompañados de quejas. La mayoría de los bailarines de la compañía juvenil de ballet de Eastwood despreciaban y criticaban a Frejya por quejarse, por mostrar debilidad pero para Aika esas eran cualidades y no defectos. Le gustaba la honestidad y vulnerabilidad de Freyja; era la única que se mostraba tal cual en ese frío edificio. No pretendía ser la típica reina del hielo, la inalcanzable bailarina, imitando a un cisne o intentando encajar en los estereotipos.

Aika lo entendía; Freyja lloraba no porque fuera débil, sino porque se permitía sentir sus emociones, ser ella misma. Algo le era imposible a los demás miembros de la compañía, incluyendo a la misma Aika. Era por esto que Aika consideraba a Frejya como su única amiga, a la única en que confiaba.

 –La práctica de hoy fue muy dura… Necesito ir a Starbucks por algo muy dulce para recuperarme– dijo Frejya mientras se vendaba los pies.

Aika solo asintió. Trató de volverse hacia Frejya para asegurarse de que estuviera bien, pero la mirada al otro lado del salón desvió su atención.  Eran esos ojos castaños, casi ámbar, los que la miraban con una mezcla de admiración y asco. La juzgaban y la destruían. Y, aunque fuera solo por un breve momento, deseaban que desapareciera de la faz de la tierra.

Aika evitaba interactuar con Sumia dentro de lo posible. Eran las eternas rivales, una situación tan típica en las compañías de ballet que solo empeoró hacia un par de años cuando Aika ganó el papel del cisne blanco, Odette; y Sumia el del cisne negro, Odile. Muchos en la compañía criticaron la decisión porque ninguna de las dos encajaba en el papel. En teoría Sumia era la perfecta Odette, pura y resplandeciente. Y Aika era un ser oscuro y frío que encajaba con Odile.

Así era como su mundillo dentro de la compañía decidió caracterizarlas. Y no estaban tan equivocados del todo.

Irónicamente, Aika se había refugiado detrás del papel de la reina del hielo como mecanismo de protección y afrontamiento. Su debilidad la había llevado a convertirse en el tipo de personas a las que criticaba y despreciaba.

El instante con Sumia le perturbó un poco, pero Aika logró recomponerse y se volvió hacia Frejya.

–Termina con los vendajes y nos vamos a Starbucks.

La sonrisa de Frejya se iluminó, así como sus mejillas que recobraron el color rosa como el de los leotardos.

–¡Atención, todos! – Megumi Takani entró al salón, era la antigua primera bailarina del ballet de Eastwood y principal profesora de danza. –Sé que la práctica ya acabó, pero quiero hacerles un anuncio. Un nuevo alumno se ha transferido a nuestra academia desde Nueva York. Denle la bienvenida a Heero Yuy.

Todos los ojos cayeron en el chico que no se inmuto. Como nadie dijo nada Megumi continuó con la introducción.   

–Heero recién se mudo a Eastwood. En Nueva York era el bailarín principal de la compañía juvenil, así que no dudo que sea un excelente bailarín. Ya que se acercan las audiciones para el próximo recital de fin de año la competencia será más dura. Como siempre, espero que practiquen lo suficiente y den todo de sí.

El salón se llenó de murmullos y algunos estudiantes se acercaron a Heero para darle la mano y presentarse. El chico los saludo, y antes de salir paró en seco, como si hubiera olvidado algo dentro de la habitación. Se volteo por un breve instante, y Aika sintió cómo se sumergía en el océano de cobalto de los ojos de Heero.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Apple on June 30, 2023, 06:52:36 PM
Topes, algun dia. Supongo.

Chapter V

El breve, pero definitivamente perturbador, contacto visual entre Aika y Heero se interrumpió cuando Gintoki Sakata regresó del baño.

Al parecer ver a Heero lo impresionó tanto que dió un pequeño salto para atrás.

–Oh mierda, es Heero Yuy. Heero c’est toi ? –le preguntó el peliblanco rodeándolo, como examinando cada centímetro de la persona de Heero.

–Merde – dijo Heero entre dientes, mirando al peliblanco con obvio fastidio.

–Señor Sakata, le recuerdo las reglas de la clase y entre ellas es evitar las palabras soeces– interrumpió Megumi.

–Oh sí, lo siento mademoiselle Megumi.

–Bien, la práctica terminó. – continuó Megumi sin prestarle mucha atención a su alumno, el típico «chistosito». –Mañana el señor Yuy se incorporará a la práctica con nosotros. Tengan en mente que este es su último año en la compañía juvenil. Los estaremos preparando para el taller que determinará quiénes serán contratados en la compañía para continuar su carrera como bailarines.
Heero salió junto con Megumi, y los estudiantes se dirigieron a los lockers para cambiarse o ducharse. Aika y Freyja solo recogieron sus cosas, dispuestas de salir lo más rápido del lugar y refugiarse en el Starbucks de la esquina para comer y beber algo.

En el lobby de la academia se encontraron con Quatre Raberba Winner, el compañero de pas de deux de Aika del año pasado y quien había interpretado a Siegfried en el Lago de los cisnes. Era el mejor bailarín de la compañía juvenil, con más gracia y porte que muchas de sus compañeras.  No eran mejores amigos ni nada, pero Aika apreciaba su amabilidad hacía Frejya y la sinceridad de su buena disposición.

–Quatre ¿quieres ir a Starbucks con nosotras? – preguntó Frejya cuando lo vió.

–¿Eh? Oh, hola chicas.

Quatre estaba distraído y no le fue difícil a Aika saber cuál era la razón. Al otro lado del lobby, donde estaba la entrada de los salones de ensayo de la compañía principal, estaba Trowa Barton, su crush. Aunque era un año mayor que todos en la compañía juvenil ya que había ingresado al conservatorio de ballet un año tarde, era lo suficientemente bueno como para interpretar al Baron von Rothbart. El castaño hablaba con una de las bailarinas de la compañía, Clare. Parecía una charla casual, aunque era inusual que los bailarines se fijaran en los chicos del conservatorio juvenil.

Había una especie de regla no oficial, le había dicho su hermano a Aika, de que los bailarines no hablaban con los de la juvenil hasta que se graduaran e ingresaran a la compañía principal. El mundo del ballet de Eastwood era así de elitista.

–Oye Quatre ¿por qué no le hablas a Trowa? – le preguntó Aika al rubio.

–Bueno hoy le dije buenas tardes…

–No me refiero a eso bobo.

–Aika tiene razón Quatre, deberías de intentar um… ser su amigo. – dijo Frejya.

–Trowa es muy distante– explicó Quatre. –Por si no lo han notado no tienen ni un amigo en la clase.

–Tu podrías ser su primer amigo– dijo Frejya inocentemente.

–No funciona así…– empezó a decir Quatre cuando los murmullos de varios estudiantes llamaron su atención.

Clare y Trowa ya no estaban juntos. Dos personas se les habían unido; Milliardo, el hermano de Aika y bailarín principal de la compañía de ballet de Eastwood. Y Theresa, su compañera de pas de deux y primma bailarina de la compañía.

–Oh vean, Trowa está con Theresa y Milliardo– susurró alguien trás el grupo de Aika.

Varios de los más jóvenes se quedaron viendo la conversación, como que fuera el espectáculo más fascinante del mundo. Aika vió asombro en la cara de muchos y un ligero toque de envidia en la de otros. Y… ahí iba la disque regla no hablada de Milliardo.

Lo que más llamaba la atención era que la usualmente distante y desinteresada Theresa ponía toda su atención en Trowa, riendo de lo que él decía y centrando su atención en él. Aika sabía que a partir de ese momento Trowa sería el chico más popular de la compañía juvenil.

Por su parte, Quatre miraba la conversación mortificado, siento que sus imaginarias esperanzas e ilusiones con Trowa se iban por el desagüe. Ni siquiera era amigo de Trowa, mucho menos su novio, y no sabía qué pasaba con Theresa pero sentía que era una pelea que ya había perdido, una pelea que ni siquiera empezó porque nunca tuvo oportunidad. Era la horrible sensación de ver a tu crush con alguien más, alguien con quien nunca podrás competir.

-----------



Cuando Sheryl llegó a la casa de su madre, aún con el mismo vestido que había usado la tarde anterior para encontrarse con Tasuku, no le sorprendió encontrar a su progenitora al teléfono.

–Estoy considerando poner cinco acuarelas en el mercado, trabajos del rey Carlos cuando aún queda el príncipe de Gales– decía Ritsuko al teléfono. –Por tres millones.

Su interlocutor dijo algo, y Sheryl vio la cara de su madre arrugarse ligeramente en disgusto.

–¿Tres millones por todas? No cariño, quiero tres millones por cada una– Ritsuko explicó con poca paciencia. –Acabo de recibir la autorización de Buckingham para  hacer la venta. Claro, un porcentaje irá a la caridad.

Sheryl se recostó sobre el marco de la puerta del salón donde su madre hablaba al teléfono. Ritsuko aún no se había percatado de la presencia de su hija más pequeña. Era una mujer de negocios implacable. Al perecer el interlocutor de su madre había captado bien el mensaje.

–Bien, empieza a hacer una lista de clientes potenciales a los que invitaremos a la galería el día que inicie la venta. Piensa en coleccionistas que estén interesados en comprarlas todas, sería una pena separarlas.

Cuando por fin Ritsuko se percató de la presencia de Sheryl en la habitación una sonrisa se dibujó en sus labios y le dio un pequeño saludo con la mano.   

–Sí, sí, quiero cerrar el trato rápido. Todo tiene que estar listo antes de que la gira de mi hijo finalice. Mi asistente te enviará los detalles pronto, tengo que irme.

Y sin esperar respuesta de su interlocutor, Ritsuko colgó el teléfono y se acercó a Sheryl para abrazarla. Sheryl devolvió el abrazo de su madre, encontrándolo especialmente reconfortante.

–¿Cómo estás? ¿Por qué no viniste antes Sheryl?

–Mamá, estoy bien. La promoción de la película fue… más ocupada de lo que pensé.

Ritsuko asintió. Sus instintos de madre le decían que podría haber algo más ahí, pero decidió no presionar a su hija.

–¿Te estabas quedando donde tu hermano?

Sheryl sonrió. Le daba mucha ternura como su madre quería tanto a Sakuya, a pesar de que habia ningun vinculo de sangre y Sakuya se unió a la familia como un niño de 5 años, cuando Ritsuko apenas tenía 23 años y recien se habia casado con su padre en una ceremonia improvisada (y probablemente motivada por el alcohol y quien sabe que más).

–Sí mamá, no te preocupes. Pero ahora que la promoción terminó quisiera quedarme aquí un tiempo hasta mi próximo trabajo.

–Por supuesto cielo. Las cosas estarán un poco agitadas por el inicio de la gira de Sakuya y su boda después.

Sheryl sonrió. El prospecto de la boda de su hermano le emocionaba mucho y Relena, la prometida de Sakuya, ya le había pedido que fuera una de sus damas. A pesar de que todo el tema de DeViLS y la salida de Sakuya la ponían un poco nerviosa, Sheryl se imaginó el día de la boda con un hermoso vestido bailando con… Tasuku?

La rubia detuvo sus pensamientos por un momento y se regañó a sí misma por un momento ¿por qué se estaba imaginando junto a Tasuku?
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Miyu on July 31, 2023, 08:41:29 PM
Esta es una fumada, probablemente lo borre luego xd

10 # Beelzebub Agriche

Un año antes.
Un grimorio es un manual o tratado de magia que reúne instrucciones para la ejecución de hechizos, rituales e invocaciones, así como procedimientos para la elaboración de objetos mágicos —amuletos, talismanes o sellos—. Suele incluir, además, fórmulas arcanas, descripciones de las propiedades atribuidas a hierbas, metales y cristales, y técnicas destinadas a la evocación de entidades espirituales, ya sean ángeles, demonios u otras inteligencias invisibles.
El término procede del francés antiguo gramaire, “gramática”, y aludía originalmente a un libro de conocimiento reservado o inaccesible para el común de los lectores. Aunque en la actualidad se asocia de forma casi exclusiva con la brujería o el ocultismo, durante la Edad Media algunos grimorios circularon en ámbitos monásticos y clericales, donde eran utilizados con fines de sanación espiritual, protección o bendición ritual.
Uno de los ejemplos más citados es el grimorio atribuido a Nicolás Flamel, el célebre alquimista parisino del siglo XIV. Según la tradición, en el año mil trescientos treinta y tres Flamel adquirió un antiguo manuscrito repleto de símbolos herméticos cuyo significado le resultaba incomprensible. Tardó veintiún años en descifrarlo, con ayuda externa, y el texto —conocido como Aesch Mezareph— habría contenido la clave para la transmutación de los metales y la obtención de la piedra filosofal. Su interpretación quedó recogida en el Libro de las figuras jeroglíficas, considerado uno de los grimorios alquímicos más influyentes de la tradición europea.
Otro caso relevante es el del filósofo y alquimista inglés Roger Bacon, a quien se atribuyen diversos tratados de carácter mágico, entre ellos un grimorio centrado en el estudio de la piedra filosofal, donde se combinaban observaciones proto-científicas con especulación esotérica.
Durante la Edad Media, numerosos alquimistas redactaron obras que, sin llevar explícitamente el título de grimorio, cumplían esa función: compilaban recetas para la fabricación del oro, métodos de invocación espiritual y esquemas para la confección de talismanes. Ejemplos posteriores son los manuscritos atribuidos a Albertus Magnus o los códices herméticos vinculados a Hermes Trismegisto, figura fundamental del pensamiento alquímico y del hermetismo occidental.
En la alquimia, Hermes —identificado con Mercurio en la tradición romana— ocupa una posición simbólica central. Bajo el nombre de Hermes Trismegisto, “el tres veces grande”, se le atribuye la transmisión primordial del saber alquímico, considerado el origen de toda la tradición esotérica posterior.

—Encontraron el Corpus de los cuarenta y dos libros de Thot.
Chiyo vaciló antes de responder. Conocía a su interlocutor únicamente bajo el seudónimo de “The Fool” y, aunque solía mostrarse afable, en esta ocasión adoptaba una seriedad inusual.
—Qué interesante —respondió Beelzebub de inmediato.

Se encontraban en el museo, donde Chiyo y Beelzebub clasificaban expedientes, libros y piezas de arte antiguo. Beelzebub dejó el expediente sobre la mesa y se ajustó los guantes de caucho.
—¿Dónde? —preguntó él, alzando por fin la mirada. Sus ojos, del color del carbón, se clavaron en Chiyo.
—En una cripta subyacente a la biblioteca ducal de Urbino. El proceso de extracción fue complejo, negociaciones con los descendientes de la familia propietaria y con delegados de la curia diocesana. El informe es estrictamente confidencial.
—¿Autenticidad?
—Los materiales, pergamino, aglutinantes, pigmentos, son coherentes con el siglo dos o tres. El contenido textual corresponde a fragmentos citados por alquimistas del Renacimiento. Es la versión más completa localizada hasta ahora. Posiblemente la fuente directa.

Beelzebub dejó el facsímil sobre la mesa y se incorporó, caminó hacia The Fool y Chiyo.

—No es un grimorio —declaró, su voz clara en el silencio—. Un grimorio es un manual operativo, un conjunto de instrucciones prácticas. Hechizos, rituales, invocaciones. Fórmulas para la fabricación de talismanes o la convocatoria de entidades. Su finalidad es la aplicación inmediata.
—Correcto —asintió Chiyo, juntando sus manos delante—. El Corpus Hermeticum es la base filosófica. Teoría arcana sobre la naturaleza del cosmos, la mente divina y el lugar del hombre en ese entramado. Los grimorios operativos, como el Aesch Mezareph que descifró Flamel o los tratados atribuidos a Roger Bacon, derivan de esta tradición. Son recetarios para la transmutación, a menudo mezclados con simbología y cláusulas de invocación.
—Flamel obtuvo su libro en mil novecientos treinta y tres —precisó Beelzebub, girando lentamente hacia un papiro en la mesa de trabajo—. Un grimorio alquímico lleno de símbolos herméticos. Interpretó sus claves durante veintiún años y volcó el resultado en el Libro de las figuras jeroglíficas. Eso ya es un manual práctico, un grimorio derivado.
—Exactamente. Muchos textos medievales de Albertus Magnus, o los códices herméticos que circulaban en scriptoriums clandestinos, funcionaban como grimorios, compilaban procedimientos para fabricar oro, invocar espíritus o crear talismanes, todo sustentado en la teoría hermética. Pero el Corpus es anterior. Es el fundamento.

Beelzebub observó a Chiyo, intrigado por su conocimiento. Creía que ella estaba versada en obras, su rol principal de una curadora de arte común.

—El Corpus de los cuarenta y dos libros no es solo un conjunto de textos —añadió The Fool tras una breve pausa—. Es un mapa o, mejor dicho, dos mapas superpuestos.

Chiyo alzó la vista al hombre misterioso.

—¿Dos?
—El camino luminoso y su reflejo roto —respondió—. El Árbol de la Vida y los Qliphoth.
Beelzebub esbozó una mueca leve, esta era su terreno.
—Las cáscaras —musitó—. Las emanaciones residuales.
—Exacto. Donde los Sephirot representan la estructura ideal del orden, los Qliphoth son sus fallos, sus restos. No son simplemente “malignos”, como se suele repetir. Son conocimiento mal integrado. Poder sin forma.
Chiyo tomó nota con rapidez.
—¿Y Thot encaja en eso?
—Thot es el escriba —respondió The Fool—. El que registra tanto el orden como el error. En la tradición hermética, Thot y Hermes no son opuestos; son el mismo principio traducido a lenguajes distintos. Hermes enseña el ascenso, Thot documenta lo que queda atrás cuando el ascenso fracasa.
Beelzebub se acercó a su mesa y cerró un libro encuadernado en cuero oscuro.
—Por eso muchos grimorios mezclan invocaciones elevadas con fórmulas abiertamente peligrosas —murmuró él—. No distinguen entre Sephirot y Qliphoth. Asumen que todo conocimiento es utilizable.

The Fool dio su consentimiento con un movimiento de cabeza.

—Hermes Trismegisto nunca habló solo de iluminación, también habló de descenso. De la necesidad de conocer lo que hay debajo del umbral.
—Como residuos del sistema —murmuró Chiyo.
—Como errores que persisten —corrigió The Fool—. Y algunos textos del Corpus no describen cómo evitarlos, sino cómo atravesarlos.
Beelzebub se giró lentamente hacia una vitrina sellada al fondo de la sala.
—Entonces esto no es solo un hallazgo académico.
—No —respondió The Fool— cuando Hermes y Thot aparecen en el mismo índice.
—¿Y qué hacemos si el Corpus incluye secciones qlipóticas completas?
The Fool tardó unos segundos en contestar.
—Esperar que quien lo haya encontrado primero no crea que la sabiduría siempre asciende.
La pausa se extendió entre los tres y el aire dentro de la sala de conservación, siempre estático y filtrado, debido a que debían mantener los artículos conservados, se agrió. Beelzebub no apartaba la vista de la vitrina sellada, dentro, reposaba un códice del siglo XV, una copia veneciana del Aesch Mezareph con anotaciones marginales que sugerían un intento fallido de síntesis con textos más antiguos, más ásperos.

—Esperar —repitió Beelzebub, probando el sabor de la palabra, no quería esperar.

The Fool, inmóvil junto a una mesa llena de fragmentos de cerámica etrusca, quedó enmudecido y eso era lo que necesitaba para responder y dejar que sus pensamientos corrieran libres. Chiyo era, ante los registros oficiales del museo, una curadora especializada en arte medieval tardío, su conocimiento de la tradición hermética era un aspecto que mantenía en secreto y, entre ella y Beelzebub, The Fool era un contacto, un nodo en una red informal de intercambio de información sobre artefactos de naturaleza ambigua. Y Agriche era… otra cosa, un consultor externo, traído para esta catalogación específica por razones que a Chiyo no se le habían comunicado del todo. Su experiencia en simbología alquímica y paleográfica era innegable.

—No se propone holganzaneria —aclaró The Fool al fin, su voz sin inflexión—. Se propone cautela. El Corpus fue hallado y su traslado a un entorno de estudio aún no se ha completado. El equipo en Urbino enfrenta dificultades logísticas. La cripta presenta complicaciones en su estructura.
—Complicaciones. —Beelzebub se volvió, abandonando la vitrina. Sus guantes de caucho crujieron levemente al entrelazar los dedos—. ¿De qué naturaleza?

The Fool intercambió una mirada con Chiyo, ella mantenía el canal abierto con el equipo italiano.

—Infiltraciones de agua, en principio —mencionó Chiyo, eligiendo las palabras con cuidado—. Pero los informes de los últimos días aluden desprendimientos menores, localizados. Nada que detenga el proceso, pero sí lo ralentiza. Y hay otro factor…
—Los descendientes de la familia propietaria —adivinó Beelzebub.
—No todos están de acuerdo con la cesión. Una rama menor, residente en Perugia, ha presentado una objeción formal ante las autoridades culturales. Alegan derechos de herencia no resueltos.
—Esto podría ser aprovechado por alguien más —murmuró Beelzebub—. Alguien menos inclinado a la cautela.
The Fool confirmó con un movimiento de cabeza.
—Exactamente. Por eso la pregunta no es solo qué hacemos nosotros. Es qué podría estar haciendo ya otro, el informe de autenticidad que mencionaste, Chiyo. ¿Fue realizado in situ o se extrajeron muestras?

—In situ. El análisis preliminar se hizo dentro de la cripta, se tomaron microfotografías y espectrografías. Las muestras físicas son mínimas, miligramos de pergamino y pigmento. El grueso del texto solo ha sido registrado digitalmente, con escáneres de baja intensidad lumínica.
—Eso es bueno —musitó Beelzebub aunque su tono no transmitía alivio—. Significa que el objeto íntegro aún no ha sido movido y también significa que las imágenes digitales existen. Y los datos pueden copiarse, transmitirse.
—El canal está encriptado. El servidor es seguro —precisó The Fool.
—Los canales siempre lo son, hasta que no lo son —dijo su compañero, pues sabía que hackers había de sobra e informantes anónimos… como The Fool—. The Fool. Estos dos mapas superpuestos que mencionas, el luminoso y el roto, en el contexto del Corpus, ¿cómo se manifiestan? ¿Son libros separados, capítulos, glosas?

The Fool se acercó lentamente a la mesa central, donde Chiyo tenía desplegados las copias del informe de Urbino. Señaló con un dedo, sin tocar el papel, un diagrama borroso de de una de las páginas.

—Aquí. Este esquema no es el Árbol de la Vida sephirótico standard. Observa las conexiones, algunos senderos están invertidos. Los nombres junto a las esferas… no son los hebreos tradicionales. Son transliteraciones a un griego tardío, pero la raíz es anterior. Aquí, donde debería estar ‘Gevurah’, la severidad, el texto dice “Sakhmet”. Y aquí, en “Hod”, la gloria, pone “Thoth” escrito con theta.
Chiyo se quedó sin aliento, no había percibido ese detalle en su primera inspección.
—Están superponiendo panteones —manifestó Beelzebub, inclinándose sobre la imagen—. Traduciendo conceptos hebreos a un marco egipcio, nunca una traducción limpia.
—Ambas cosas —afirmó The Fool—. El Corpus, en su versión antigua, precede a la Cábala medieval. Si este texto es genuino, podría mostrar un estrato previo de donde ambas tradiciones, la egipcio-hermética y la hebreo-cabalística, bebieron. Un tronco común fracturado. Y si muestra ese tronco, también muestra las raíces torcidas, las que crecieron hacia abajo, hacia los Qliphoth.

—Sak… Sakhmet —tartamudeó Chiyo—. No es solo una diosa leona, es la destructora, la que ejecuta la venganza de Ra. Su furia es tan grande que debe ser embriagada con cerveza teñida de rojo para que no extermine a la humanidad. Es carnicería divinizada.
—Y Thoth —continuó Beelzebub—, en su rol de escriba, registraba los pesajes del corazón en la Duat. No solo la virtud, anotaba cada fallo, cada desviación. Su gloria está ligada al conocimiento total, lo puro y lo impuro. Un ‘Hod’ que incluye el registro de la sombra.

El silencio se reanudó, la teoría se volvía tangible. No era un ejercicio de filología. Era el esquema de una cosmovisión donde lo abominable tenía un estatus ontológico, un lugar en el esquema de las cosas. Un conocimiento que, por el mero hecho de ser registrado y estructurado, podía dar cimientos a otros.

—Necesito ver más —murmuró Beelzebub, rectificando su postura—. No la imitación. Las imágenes sin procesar, todo lo que haya.
Chiyo miró a The Fool y esste hizo un gesto breve de aprobación.
—Puedo proporcionarte acceso temporal a un repositorio —habló ella—. Pero es monitorizado y cualquier descarga activará alertas.
—Necesito ver, no descargar, Shub.

Chiyo se dirigió a una terminal segura en un rincón e introdujo una serie de credenciales, asi abrió una sesión remota. La pantalla mostró una interfaz extraña, una lista de archivos numerados; y Beelzebub se colocó detrás de ella, observando, The Fool permaneció a una distancia prudencial.

Uno a uno, Chiyo abrió las imágenes en alta resolución, páginas de pergamino amarillento, la tinta marrón oscura, a veces casi sepia, la escritura era una mezcla de griego y caracteres egipcios intercalados, con diagramas geométricos en los márgenes. Beelzebub leía en voz baja, fragmentos:

“…y la mente que desciende no encuentra escalones de luz, sino hendiduras en la piedra viva, y en ellas se arrastra…”

“…los nombres que no deben articularse se escriben con sangre de sol, pero se leen con aliento de abismo…”

“…el séptimo camino, que conduce a la corona, está velado por el velo de lo aceptable. Mas el camino reflejo, el que conduce a la raíz podrida, está abierto para aquel que reconoce la falsedad de la corona…”

—Alto —ordenó Beelzebub—. Retrocede asa ilustración.

Chiyo volvió a una página anterior. En la parte inferior, medio borrada por la humedad, había un dibujo; una figura o, al menos, la sugerencia de una. Líneas que insinuaban una forma humanoide, pero con articulaciones invertidas, y una cabeza que no era cabeza, sino un conglomerado de formas geométricas. Alrededor, caracteres demóticos se apretujaban como si hubieran sido escritos con prosa.

—No es una invocación —murmuró Beelzebub—. Es una descripción… una taxonomía.
—¿De qué? —preguntó Chiyo, aunque una parte de ella no quería saber la respuesta.
—De los habitantes de los caminos rotos. De los Qliphoth. —Beelzebub se pasó una mano por el rostro, un gesto de cansancio poco común en él—. Este texto… no es solo teoría… es un bestiario (…) Un manual de identificación para lo que se encuentra al transitar por los errores de la creación.

The Fool  dio un paso más cerca de ellos, intrigado por la revelación del otro hombre.

—¿Reconoces la figura?
—No. Y eso es lo preocupante. Los grimorios comunes, el Lemegeton, la Llave Mayor de Salomón, catalogan entidades con nombres, sellos, jerarquías. Esto es diferente (…) —tragó saliva—. Describe… morfologías, condiciones de existencia. Como un naturalista estudiando criaturas de un ecosistema nocivo. No da un nombre para invocar, da las claves para reconocer la firma de una distorsión específica.
—¿Un… tratado de parapsicología qlipótica? —aventuró Chiyo, la absurdidad de la frase chocando con el escalofrío que le recorría la espalda.
—Algo así. Más peligroso que un grimorio. Un grimorio te dice “di estas palabras, dibuja este círculo, y esto aparecerá”  (…) este… te enseña a ver lo que ya está allí, latente en los intersticios de la realidad. Te da el léxico para percibir la corrupción y  en ciertas tradiciones, percibir algo con claridad es el primer paso para atraer su atención.

La terminal emitió un suave pitido. Una ventana de diálogo apareció en la esquina de la pantalla.
Nueva entrada en el registro de accesos.
Ubicación: Perugia, Italia.
Credenciales revocadas.

Chiyo se quedó rígida.
—¿Qué ha pasado?
—Alguien más ha intentado acceder —apresuró The Fool, su voz por primera vez tensa—. Con credenciales antiguas, ya canceladas. El intento ha sido bloqueado, pero…
—Pero significa que están intentando activamente entrar —terminó Beelzebub—. La rama colateral de la familia o alguien actuando a través de ellos. No están solo poniendo obstáculos legales, están buscando el material.
Chiyo cerró la sesión rápidamente.
—Tenemos que avisar al equipo en Urbino. Reforzar la seguridad.
—La seguridad física quizás sea lo de menos ahora —reflexionó Beelzebub, sus ojos de carbón fijos en la pantalla ahora en negro—. Si lo que buscan es la información, y ya tienen algún tipo de acceso parcial o han conseguido extraer algo antes de que se sellara la cripta… El objeto en sí podría ser secundario. Lo primario es la data, la transcripción.
—Tenemos que asumir que una copia ha podido filtrarse —ultimó The Fool.
—Y si esa copia contiene incluso un fragmento de este bestiario —continuó Beelzebub—, quien la posee no estará interesado en el estudio académico. Estará interesado en la aplicación, en poner a prueba las descripciones.

La tarde declinaba fuera y la luz entraba por las altas ventanas del museo. La sala de conservación, que antes estaba ordenada, ahora parecía el umbral de algo grande y sin interés. Los objetos a su alrededor —los facsímiles, el códice en la vitrina, los trozos de cerámica— estaban en silencio, como si ellos también esperasen el resultado de esta partida.

—¿Qué propones? —preguntó Chiyo, dirigiéndose a The Fool. Era él quien había trazado los límites de su colaboración, quien parecía tener una visión más amplia del tablero.
The Fool permaneció quieto un largo momento.
—Hay una persona —murmuró al fin, midiendo cada palabra—. En Praga. No es un académico. Es un… restaurador, trabaja con manuscritos dañados por incendios, inundaciones. Tiene un don para leer lo que se ha perdido, para reconstruir textos a partir de manchas. Si hay una copia filtrada, es posible que sea incompleta, dañada digitalmente. Esta persona podría, si conseguimos una muestra, determinar su origen, Incluso inferir qué partes buscan con más intensidad quienes la poseen.
—Un rastreador de textos fantasmas —vociferó Beelzebub.
—Algo así. Su lealtad es cara y su discreción es absoluta. Necesitaría una muestra física de la filtración. Un archivo impreso con las marcas de agua digitales intactas, o un dispositivo de almacenamiento que haya estado en contacto con los datos originales.
—Eso significa ir a Italia —indagó la única mujer del grupo, Chiyo—. Acercarse a la fuente.
—No a la cripta —precisó The Fool—. A Perugia a la sombra de la familia divergente. Donde es más probable que haya circulado la copia.

Beelzebub sonrió, una sonrisa fría y desapasionada.

—Finalmente, una acción que no sea esperar. Yo iré.
Chiyo lo miró, sorprendida. Su rol aquí era de consultor, no de agente de campo.
—Tu experiencia podría ser necesaria aquí, para interpretar más material si llega —argumentó ella.
—Mi experiencia será más útil allí, viendo el contexto, oliendo el miedo o la codicia en el aire. Tú quedas mejor aquí, manteniendo el canal oficial abierto, monitoreando los accesos. Y The Fool… —Beelzebub volvió su mirada hacia el hombre silencioso—. The Fool tiene otras conexiones que mover. ¿No es así?
The Fool no dijo que sí ni que no. Era su forma de dar el visto bueno.
—El vuelo más rápido a Perugia sale mañana al amanecer —presagió Chiyo, resignada a la lógica de la propuesta—. Puedo prepararte una cobertura como investigador asociado del museo e interesado en los aspectos paleográficos del hallazgo. Es creíble, útil.
—Bien —Beelzebub se quitó los guantes de caucho—. Mientras tanto, continúa con la catalogación de esto —indicó con la cabeza hacia los duplicados—. Busca más correspondencias, más de estas… morfologías. Si este texto es un mapa, necesitamos saber qué territorio señala, antes de que alguien empiece a recorrerlo.

Caminó hacia la puerta, pero se detuvo justo en el umbral. Sin girarse, preguntó:
—The Fool. Esta persona en Praga, ¿tiene nombre?
Una pausa.
—La llaman la Encuadernadora —respondió The Fool—. Te advierto que no debes preguntar por ella en las calles.
Beelzebub se marchó, y el sonido de sus pasos desapareció en el pasillo de mármol. Chiyo se dejó caer en una silla, agotada. La información, las consecuencias, daban vueltas en su cabeza.
—¿Confías en él? —inquirió a The Fool, sin poder evitarlo.
The Fool contempló la puerta vacía.
—Confío en su comprensión del peligro —reconoció últimamente—. Beelzebub Agriche no ve estos textos como curiosidades, los ve como sustancias reactivas. Sabe que un error en su manipulación tiene consecuencias, eso lo hace fiable, hasta cierto punto. Su motivación… esa es una página que aún no se ha abierto.
—¿Y la nuestra? —murmuró Chiyo.
—Evitar que un conocimiento negado deje de estarlo —explicó The Fool—. Algunas puertas no se abren por una razón. No por dogmatismo, sino por otros motivos. Algunos cosas, una vez percibidos, comienzan a percibirte a ti y este… —señaló la pantalla oscura de la terminal—, este es el manual para percibir lo más hostil imaginable.
Chiyo asintió, la responsabilidad cayó encima. No se trataba de proteger un secreto, ni de ganar una carrera académica. Se trataba de algo mucho más grande que ella y, aunque sería ser parte de todo eso, también le aterraba. ¿Quién no mostraría miedo ante semejante historia?

Más tarde, ya sola en la sala con la tenue luz de una lámpara de escritorio, Chiyo volvió a abrir las copias. Su mirada se posó en la figura borrosa, en la criatura de articulaciones invertidas y cabeza geométrica, trató de no verla como un dibujo, sino como una descripción objetiva de algo existente. Y por un instante, solo un instante, las sombras en los rincones de la sala de conservación parecieron espesarse, tomar una consistencia levemente angular, como si algo latente en el mundo, al ser descrito, hubiese dado un suspiro de reconocimiento.

Sacudió la cabeza, frotándose los ojos, la fatiga estaba pasando factura, sugestión. Nada más. Al cerrar la carpeta lo hizo rápido, las manos le temblaban un poco, apenas, pero suficiente para que lo notara ella misma y se dio cuenta de que tenía la mandíbula apretada y los hombros subidos. Respiró hondo, pero el aire le salió entrecortado y miró alrededor; los pasillos oscuros, las vitrinas que reflejaban apenas la luz de emergencia. Todo parecía quieto y, sin embargo, no podía sacarse de encima la sensación de que alguien la observaba desde algún rincón. Dio un paso hacia la salida y se detuvo.

Sacudió la cabeza y siguió caminando, más rápido de lo que pretendía. Cada paso resonaba demasiado y no se permitió mirar atrás. No quería ver si las sombras se movían. La noche ya se había metido en el museo. Los pasillos largos entre las vitrinas de piezas antiguas de pronto no se sentían tan vacíos.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Apple on September 30, 2023, 06:51:03 PM
Igual Miyuuuuu ;_; me alegra saber que no ando aquí sola posteado lol

#6

–Oye Sheryl, despierta.

Aunque no eran hermanos biológicos, Sheryl y Sakuya tenían una forma muy adorable de despertar, observó Relena. Ambos abrían sus ojos y por un momento parecían aturdidos, como un cervatillo asustado, como un bebé que recién abrió los ojos y estaba viendo el mundo por primera vez.
Sheryl entreabrió los ojos y vio a la prometida de su hermano. Afuera ya estaba oscuro, posiblemente era hora de la cena.

–Relena– la llamó Sheryl mientras se incorporaba en la cama y tomaba un sorbo de la botella de agua que había dejado en su mesa de noche.

–¿Estás muy cansada? – le preguntó Relena. Se sentó al pie de la cama mientras Sheryl se desplomaba de nuevo en sus almohadas.

–Estoy exhausta. Ya no quiero actuar, ya ni siquiera puedo fingir entusiasmo en las conferencias de prensa.

–¿Ya hablaste con Gin?

–¡Él no me escucha! No cree que pueda manejar una carrera músical seria…

–¿Te lo dijo así?

–No, pero su actitud es obvia.

Relena asintió. En teoría Gin era su jefe… y estaba molesto con ella. No lo había dicho implícitamente, pero su actitud y sus gestos lo decían todo. La culpaba por la salida de Sakuya de DeViLS, aunque ella no tuvo nada que ver en la decisión de Sakuya. Tal vez era la causa de su retiro de los escenarios, pero ella también se sentía contrariada por la decisión y después de que conoció a Ritsuko, supuso que había una forma de ser esposa de una estrella de rock y vivir para contarlo. Pero Sakuya había insistido…

–Ya sabes como es Gin, probablemente los negocios sean su prioridad.

Sheryl entendió enseguida a lo que se refería Relena. Gin tenía una compañía a la cúal dirigir, la cual había sido muy exitosa por tres generaciones y Gin estaba decidido a mantenerlo así.

–Da igual– dijo Sheryl resignada. –Me faltan un par de películas y luego tengo que renovar mi contrato. Creo que puedo enviar al abogado Gin a hablar con el tirano Gin.

Relena solo asintió. Al perecer Sheryl pensaba enviar a la utilería pesada. El abogado Gin Ichimaru, era el abogado y jefe de la oficina familiar de los Ookochi. Relena lo había conocido ya en un par de recepciones de Ritsuko ya que al fin y al cabo, cuando se casará con Sakuya Gin Ichimaru se volvería su abogado también.

Sheryl se levantó de la cama, y se dirigió a su armario a cambiarse. Salió luciendo un vestido largo casual y relajado, apropiado para una cena familiar.

—-------

Sheryl y Relena bajaron al comedor donde Ritsuko, Sakuya y Rangiku ya estaban sentados, disfrutando de unos aperitivos de lo que parecía salmón. Aún en las pequeñas cenas familiares Ritsuko insistía en tener una comida formal con aperitivos, entradas, plato fuerte y postre; además de curar ella misma el maridaje de los platillos y los vinos. En consecuencia de ello todos en la familia Ookochi habían adquirido con el tiempo y la costumbre un gusto por la cocina gourmet; aunque los hijos de Ritsuko podían tolerar las comidas formales e improvisadas, en especial si sus agendas estaban muy ocupadas. La misma Ritsuko se permitía tener una dieta desordenada de vez en cuando y comer un sandwich en su oficina.

A Relena le tomó un tiempo acostumbrarse a la casual vida lujosa de los Ookochi. Ellos no comían foie gras o caviar de beluga porque quisieran darse un gusto o presumir su riqueza, sino porque simplemente estaban acostumbrados a ello. Era parte de su vida diaria, habían nacido así (excepto Sakuya, pero él tuvo el beneficio de crecer dentro de ese ambiente). El concepto de rock stars old money le chocó un poco al inicio de su relación con Sakuya, pero él hizo todo lo posible para ayudarla a aclimatarse y realmente toda la familia Ookochi habían sido maravillosos con ella. Relena estaría agradecida por siempre por no tener que lidiar con una suegra o cuñadas snob clasistas.

Tan pronto como Relena y Sheryl se sentaron en sus lugares, Relena junto a Sakuya y Sheryl junto a Rangiku, el staff llegó con la entrada; una sopa de tomate acompañada de un Sauvignon Blanc. La charla en la mesa pronto se centró en el nuevo apartamento de Rangiku, en el centro de la ciudad.

–Espero que no tengas vecinos molestos o entrometidos– le comentó Sheryl.

–No, básicamente tomó el elevador y voy directo a mi piso, es como en el apartamento de Sakuya – explicó Rangiku –Pero las veces he ido a ver como van las remodelaciones, me he encontrado con algunas personas en el lobby, ¿Parecen gente normal? ¡Oh, sí! ¿Les suena Milliardo Peacecraft, el bailarín principal de la compañía de ballet de Eastwood? 

–Por supuesto– dijo Ritsuko –su madre también está en la asociación de damas de Eastwood. Sino estoy mal, después de su cuarto divorcio regresó a vivir con Milliardo y trajo a su hija tambien.

–Oh wow, cuarto divorcio– exclamó Relena.

–Imagínate pasar por cuatro bodas– mencióno Sakuya mientras tomaba la mano de su prometida y le sonreía con complicidad, como diciendo “ese no será nuestro caso”.

–O cuatro divorcios– agregó Sheryl.

–No es como que ella sea la primera en la asociación de damas de Eastwood en pasar por eso. Es más común de lo que ustedes creen niñas, especialmente a mujeres de mi edad.
Rangiku y Sheryl hicieron una broma con referencia a la edad de su madre haciendo reír a todos en la mesa, con excepción de Ritsuko obviamente.

La cena transcurrió con normalidad, aunque Rangiku había obviado algunos detalles de su nueva vivienda… en particular que después de toparse con Milliardo por segunda vez en el lobby del edificio este le había pedido una cita y ella había aceptado.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Kora on October 31, 2023, 12:00:26 PM
Tengo una idea para un modern AU que podría encajar aquí, espero continuarlo pronto <3


A lo largo de su vida, Kaeya había sido muchas personas diferentes. Como una segunda piel, usaba identidades de personas que nunca habían existido, para luego deshacerse de ellas cuando desaparecían en la nada de la que provenían; a veces, era casi tentador olvidar quién era y deslizarse hacia una vida que no era la suya. Un fugaz momento de paz, una oportunidad de escapar temporalmente de su pasado y de su futuro.

Nunca había un final feliz, pero nunca se lo habían prometido, así que no podía quejarse.

Y esta vez no sería diferente. Tenía un objetivo, una meta en cuya vida se deslizaría, y cualquier otra cosa que sucediera... dependía de él, siempre y cuando tuviera éxito.

Se ajustó la corbata en el espejo retrovisor, asegurándose de estar lo más guapo posible. Podía ser espía y asesino de oficio, pero eso no significaba que no pudiera lucir lo mejor posible mientras trabajaba. De hecho, ser naturalmente apuesto como era, sería de ayuda durante la misión: independientemente de sus modales encantadores y suaves, una joven princesa moderna sería más fácil de encantar con un traje caro y bien ajustado y un sedoso y bien arreglado cabello.

Tan pronto como puso un pie en el patio de la mansión, una mujer rubia con un traje de oficina se le acercó y se presentó como la secretaria de Crepus Ragnvindr. Dijo haber estado esperándolo y rápidamente lo guió hacia adentro, sin quitarle los ojos de encima ni un segundo.

- El señor Ragnvindr los ha estado esperando. - explicó mientras tocaba una puerta antes de que una voz de hombre les pidiera que entraran. Antes de entrar a la oficina, Kaeya respiró hondo, listo para dejarse atrás y abrazar su nueva vida... mientras durase.

Como profesional que era, Kaeya había hecho sus deberes y estudiado qué información sobre los Ragnvindr estaba disponible (que, por supuesto, no le daría el panorama completo). Había visto sus rostros en todos los archivos que le habían entregado, pero ésta era la primera vez que los veía en persona.

Crepus Ragnvindr era como esperaba, un hombre con una fuerte presencia pero una sonrisa encantadora, las patas de gallo alrededor de sus ojos solo aumentaban su atractivo de hombre maduro. Su apretón de manos fue fuerte y firme, y Kaeya se aseguró de responder con la misma confianza.

Pero las fotos no le hacían justicia a Diluc Ragnvindr. Se veía hermosa en ellas, por supuesto, pero Kaeya no podía haber esperado que se le parase el aliento por un momento cuando su mirada se posó en ella por primera vez. Su expresión serena, casi inescrutable, era una máscara de alabastro, tallada por los propios dioses, desde el delicado arco de su frente hasta el arco de Cupido de sus labios.

Era más que su belleza. Algo en su forma de comportarse llamó a Kaeya: era una dama refinada, eso era seguro, pero a Kaeya le habían enseñado a ver más allá de la superficie. Y vio fuerza en ella, una corriente salvaje bajo un glaciar.

Kaeya nunca había retrocedido ante un desafío.

- Es un placer conocerla, señorita Ragnvindr. - dijo después de salir de su ensimismamiento. No estaba mirar boquiabierto a su objetivo como si nunca antes hubiera visto a una mujer bonita. Le hizo a Diluc una cortés reverencia con la cabeza y la mano en el pecho. - Espero no ser una molestia para ti. Lo único que me importa es tu seguridad.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Miyu on January 25, 2024, 04:39:59 PM

9.4 # Ivan Agriche

Todo le resultaba absurdamente aburrido. Había sido adoptado por la prestigiosa familia Agriche, una familia numerosa y destacada en distintos ámbitos, y nada de eso le agradaba. Hermanos sin afecto, centrados solo en sus propios intereses; un padre distante, ocupado en expandir las tierras familiares; y una fortuna enorme que no le aportaba nada.

—Pronto llegaremos a Eastwood —le informó su mánager. Ambos viajaban en el avión privado de la familia Agriche.

Ivan mantenía la frente apoyada en la ventanilla. Nada lograba llamar su atención. Estaba cansado de la vida tan repetitiva que llevaba, aun así, la aceptaba sin protestar. Acababa de terminar una gira por Corea del Sur como idol solista, salas llenas, admiradoras entregadas y regalos que descartó sin darles importancia.

El jet aterrizó con un suave gemido sobre la pista todavía húmedo de la lluvia reciente; Eastwood se extendía allá abajo e Ivan despegó la frente del cristal frío, dejando una leve marca de vaho. No sentía nada. Ni siquiera la habitual punzada de desprecio.

—El coche te espera —murmuró el mánager, recogiendo su tablet—. Tu agenda está limpia por una semana. Descansa.

“Descansar” otra palabra hueca. ¿Descansar de qué? ¿De sonreír hasta que le dolían los músculos de la cara? ¿De repetir frases cursis escritas por alguien que ni siquiera conocía su nombre? ¿De fingir gratitud por un amor que nunca pidió y que, en el fondo, le daba asco?

Bajó por la escalerilla mecánica y un hombre con uniforme negro sostenía un paraguas enorme. El guardaespaldas… ni lo reconocía, salvo por sus hombros anchos y el uniforme de la familia Agriche.

—¿A la mansión? —preguntó Ivan, metiéndose en la parte trasera del sedán negro.
—Su padre ha dejado instrucciones claras. Irá directamente a la casa familiar, ahí están Beelzebub y Roxana. Sua aún no llega.

Ivan cerró los ojos, por supuesto, necesitaba reconectar con su familia y ya estaban reunidos ahí. No quería ir, prefería escapar, ya tenía la edad suficiente, pero su padre preferiría borrarlo del mapa antes de un escándalo. Borrarlo cerrando todas las posisiblidades de obtener un trabajo.

El trayecto fue un túnel de árboles altísimos y setos perfectamente recortados. Todo en las propiedades de los Agriche era perfecto, no había una hoja fuera de su sitio, ni una flor que osara marchitarse a la vista. Era sofocante para Ivan y la entrada amplia le dio la bienvenida, junto al sirviente principal.

—Bienvenido, joven Ivan, sus pertenencias ya están en la suite principal. El chef ha preparado una cena ligera.

Ivan pasó de largo sin mirarle, no estaba interesado en la servidumbre, subió por las escaleras en silencio y entró a su suite que era vasta en el interior, con una pared entera de cristal que daba al jardin. Sus maletas, de hecho, estaban allí, colocadas junto al armario, bien puestas, sin abrir, esperándolo. Ni él las tocó, le habían traído cosas de su apartamento en Seul, cosas que no recordaba haber empacado.

Se dejó caer en un sofá de cuero blanco, el silencio era absoluto, hasta que el leve golpeteo de la lluvia que empezaba dio de nuevo contra el cristal. Todo tan aburrido. Un aburrimiento profundo, pesado, que nada de lo que hacía le satisfacía.

Escuchó un ruido leve, que venía de la habitación contigua. No recordaba que esa habitación estuviera siendo usada por nadie… tantos cuartos y todos sin vida. Recubiertos por lujo innecesario y que nadie apreciaba en esa casa.

Se levantó, no por curiosidad, sino porque cualquier cosa era mejor que quedarse inmóvil. Abrió la puerta de su suite y asomó la cabeza al pasillo desierto. La puerta del estudio estaba entreabierta y una franja de luz se proyectaba sobre las tablas oscuras del suelo. Se acercó sin hacer ruido, sus pasos tan ligeros y acostumbrados a evadir fans, que fue por inercia. El ruido resultó ser un click, seguido de un susurro triunfal "¡Yes! ¡Perfecto!"

Ivan empujó la puerta lentamente, observó lo que contenía la habitación, libros viejos, lamparas victorianas, esculturas góticas, cosas que valdrían más para un anticuario que allí y… una chica, llevaba un uniforme escolar japonés modificado, de falda corta plisada color azul marino y chaqueta marrón, con una corbata roja. El cabello era un rubio intenso que se convertía en ondas rosadas demasiado perfectas para ser naturales. Se balanceaba ligeramente sobre los pies, enfocada en la pantalla de su teléfono, que sostenía en alto. Acababa de tomarse una selfie.

—Un toque más kawaii… así, con la cabeza ladeada… ¡Ah! ¡El cuadro con ese búfer disecado queda genial de fondo! ¡Qué vibe más gótico decadente!Debería haberme vestido de lolita —canturreó para sí, con una voz animada y musical.

Ivan se quedó inmóvil en el umbral, perplejo. Había visto de todo en su vida como idol, fans disfrazadas, cosplayers dedicadas, pero esto… aquí… en la finca de los Agriche, ¿acaso estaba loca? Si la encontraba alguien, si era atrapada, no importa su edad… terminaría tras las rejas y sin abogados, todos comprados por su padre adoptivo.

—¿Qué demonios estás haciendo? —preguntó, y su voz sonó más áspera de lo que pretendía, cargada con todo el hastío del día.

La chica se giró de un salto, no pareció asustarse. Sus ojos, grandes y expresivos, se abrieron aún más detrás de sus pestañas postizas. En su rostro, maquillado a lo gal, se dibujó primero sorpresa, luego se dio cuenta que era Ivan, y por último, un éxtasis absoluto.

—¡WAAAAAH! —gritó, saltando en el mismo sitio—. ¡Ivan-sama! ¡Es realmente usted en persona y es más guapo que en los fancams! ¡La publicación anónima del foro “Ultra Secret” decía que el jet había aterrizado aquí y que esta era la casa de descanso de la familia.

Ivan parpadeó, intentando procesar todas las palabras que soltaba esa extraña chica. "Ivan-sama" no le gustaban los honoríficos y menos japoneses.

—¿Cómo has entrado? —preguntó, cruzando los brazos. Después de pensar un momento reconoció a Kitagawa Marin, modelo y cosplayer, la había visto promocionarse en algún talk show coreano o japones, no estaba particularmente interesado.
—¡Oh, eso! —respondió la chica con una risa dorada como el sol—. La puerta de servicio de la cocina estaba abierta porque traían unas verduras gigantes ¿son calabazas? ¡eran enormes! Y yo… pues, me colé. Vi a un montón de gente seria vestida de negro salir en coches, así que pensé que era el momento. Llevo horas escondida en un armario de la planta baja, ¡huele a lavanda! Pero valió la pena, ¡por fin! ¡Tengo que conseguir una foto con usted! ¡Solo una! ¡Para mi blog! ¡Prometo que no revelaré la ubicación! Será como un tesoro secreto solo para mis seguidores más leales. —hablaba con las manos, gesticulando con una energía inusual.
—Estás loca —declaró Ivan, frucneidno el ceño—. ¿Sabes lo que pasará si te atrapan?
—¡Lo sé! —afirmó ella, sonriendo sin un ápice de arrepentimiento—. Mi amigo Kanata dice que mi pasión por el cosplay y por los idols raya en lo delictivo. ¡Pero es que la oportunidad era única! Ivan Agriche, el ice prince del K-pop, en su misteriosa mansión familiar. ¡Es como un otome game en la vida real! Pero con más riesgo, porque… —bajó la voz dramáticamente, acercándose un paso— esos guardias de afuera tienen pinta de no tener settings de comedia.

Ivan no pudo evitar notar el contraste. Mientras sus hermanas se movían con cada paso medido, una actitud pulcra y educada, como reinas, esta chica parecía totalmente diferente. Mientras sus medio hermanos median cada palabra, ella las soltaba sin filtro, a gritos. Era exasperante y, contra todo pronóstico, no era aburrida.

—Tienes cinco segundos para irte por donde has venido —ordenó, aunque no hizo ademán de llamar a nadie.
—¡Diez! ¡Déjame intentar una foto! ¡Por favor, Ivan-sama! —suplicó, juntando las manos frente al pecho intentando serexageradamente adorable—. ¡Puedo posar como Sua sama! ¡O puedo ser solo yo, Marin! Lo que usted prefiera. Una foto y desaparezco como una ninja ¡o como una kunoichi! ¡Más temático!

Ivan miró hacia el pasillo vacío. Pensó en su mánager, en su padre, hermanos y todo lo que concierna a su carrera solista y en sus conversaciones secas sobre ventas, conciertos y giras… pensó en la cena silenciosa que le esperaba y en el aburrimiento y asco que le daba todo.

—Una foto —dijo—. Una. Y después te vas, si te atrapan, no me conoces. Te colaste por error pensando que era una escuela o que yo.

Los ojos de Marin brillaron con intensidad, brillitos rosas que iban directo a Ivan.

—¡Trato! ¡Oh, Dios, trato! ¡Gracias, gracias, gracias! —susurró gritando, conteniendo otra explosión de felicidad. Buscó rápidamente en su pequeño bolso de mano, sacando un selfie stick plegable que extendió—. ¿Podemos…? ¡Con los libros de fondo! Queda súper aesthetic, ¡¡¡le prometo!!!

Ivan, sintiéndose absurdamente fuera de lugar, se acercó a ella y se colocó al lado, frente al teléfono que ahora mostraba sus caras en la pantalla. Él sonrió fingiendo, una sonrisa juguetona y amable, diferente a su rostro de “me vales verga” habitual, hasta un pequeño colmillo se formó en su boca, estaba esplendido con el cabello ordenado y la ropa de diseño oscura. Ella, sonriendo con toda la fuerza de su ser, las mejillas sonrosadas.

—¡Lista! ¡Sonría, Ivan-sama! ¡O no! ¡Su mirada cool es icónica también! ¡Tres, dos, uno…!

El click sonó de nuevo y Marin revisó la foto al instante. No tardó mucho en largar un sonido de pura felicidad que escapó de sus labios.

—¡Perfecta! ¡La iluminación es tenue pero genial! ¡Usted está imponente! ¡Y yo… bueno, soy Marin! ¡Es la mejor pieza de mi colección! —guardó el teléfono como si fuera un tesoro y desmontó el selfie stick con rapidez—. Cumplo mi palabra, me voy. La ruta de la cocina es la más rápida, ¿verdad?
—Espera —la voz de Ivan la detuvo cuando ya se dirigía a la puerta con pasos rápidos. Ella se volvió, expectante—. ¿Por qué? ¿De verdad arriesgarte a… a que te atrapen aquí por una foto?

La rubia lo miró, y su entusiasmo totalmente plasmado en su sonrisa y mejillas ardiendo. ¡Por supuesto! ¡Por que amaba la canción debut de Ivan y el dueto que lanzó con Till! Era bando Ivan y, también shipper IvanTill.

—Porque me hace feliz —comentó, como si fuera la cosa más obvia del mundo—. El cosplay, seguir a mis idols, capturar momentos únicos… es lo que da color a mi vida. Sin eso, todo sería aburrido, y usted, en el escenario, aunque a veces parezca lejano… también transmite algo. Algo que hace que gente como yo quiera brillar también, a su manera. Vale la pena el riesgo.
Ivan la observó, sin querer reflexionar en sus palabras. Cantaba porque lo obligaban, pero de todo eso había conocido a Till…

—Eres idiota —murmuró.
—¡Lo sé! —repitió ella, con una sonrisa que ilumina—. Gracias por la foto, ice prince. ¡Que tenga una buena estadía… aunque este lugar da un poco de yandere vibes, tenga cuidado!

Y con la agilidad de quien ha escapado en más de una convención, Marin se deslizó por la puerta y desapareció en el pasillo amplios de la mansión Agriche, dejando atrás ese momento tan único y, seguramente Ivan iba a tener que despedir a toda la seguridad actual.  Ivan salió de la sala y cerró la puerta, al pasar frente a un espejo antiguo en el pasillo, se vio a sí mismo (…) la imagen del desdén perfecto. Pero por un instante, en sus ojos, creyó ver algo más… su música había llegado profundo a una chica tan colorida como esa y lo apoyaba con Till. Ya extrañaba a ese pequeñito gato escurridizo.

Una esquina de su boca se torció levemente, era una simple sonrisita que no iba a admitir. Quería mandarle un mensaje a Till y preguntarle lo que estaba haciendo, aunque este no le respondiera o lo hubiera bloqueado ya. Quizás Eastwood, después de todo, aún podía guardar alguna sorpresa y quizás, solo quizás, a partir de ahora podría ver su éxito musical como algo más que una simple molestia.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Apple on May 31, 2024, 08:22:51 PM
ya ni prometo topes uwu pero extrañaba mucho escribir aqui.

#7

–Vaya mierda… — pensó Sheryl mientras ojeaba el libreto de la serie donde tendría un pequeño papel. Básicamente sería la víctima de un culto en una serie policial, así que solo saldría viva en flashbacks y unas escenas del primer episodio. El libreto no era malo, y la premisa tampoco, pero para Sheryl últimamente todo lo relacionado a la actuación era una mierda.

Originalmente el libreto requería a Sheryl hacer un desnudo y ella lo había aceptado, pero Gin metió las manos y demandó que en lugar de ser encontrada desnuda en un riachuelo helado en medio del bosque, Sheryl sería encontrada utilizando un camisón de seda que igual dejaba poco a la imaginación pero que dejó al castroso de Gin más tranquilo.

–No es tan malo – le respondió Matt, uno de los asistentes de Gin que se había quedado con ella para hacerle compañía y supervisar que los términos del contrato de Sheryl se cumplieran al pie de la letra. No desnudos en particular.

–Sólo estoy decepcionada de no hacer el desnudo en lo que podría ser mi última actuación.

Matt chasqueó la lengua y sonrió a medias. La situación del contrato de Sheryl era una olla de presión que podría explotar en cualquier momento y él ya se lo había dicho a Gin, pero su jefe era obstinado y parecía determinado a renovarle el contrato por servicios de actuación a Sheryl.

Los motivos de Gin Fujiwara podrían ser cuestionables pero Matt, que conocía bien a Gin, los entendía. Para comenzar, Gin tenía sentimientos por Sheryl. No era muy obvio y solo alguien cercano al joven CEO de Neko Entertainment podría percatarse de esa situación. Luego estaba la cuestión sobre la vasta experiencia de Sheryl en la actuación, algo que llevaba haciendo desde los 5 años, y su nula experiencia cantando aunque ella fuera de una familia músical.

Gin sabía que Sheryl sabía cantar, por su puesto, pero otra cosa era llevarlo al estudio y los escenarios. Además el CEO entendía que una gira de conciertos no era lo mismo que los tour promocionales para películas y series; si bien ambas eran experiencias agotadoras las giras de conciertos (gracias a la piratería) cada vez se volvían más largas y tenían que abarcar más fechas para que los márgenes de ganancia e impacto fueran mayores. Y todo lo que pasaba en esas giras… drogas, alcohol y toda clase de hedonismos estaban a la orden.

Otra cosa que le preocupaba a Gin eran las acusaciones de nepotismo, que Sheryl ya conocía bien, pero, que sin duda, serían más ruidosas si Sheryl siguiera los pasos de su padre y hermano.

En fin… todo lo que Gin quería era proteger a la rubia, a su manera imperfecta.

Sheryl, por su parte, en algún punto dejó de querer actuar y ese deseo sólo se intensificó con el anunció del retiro de su hermano. Y… el affair o lo que sea que tuviera la rubia con Tasuku Kurosaki de DeViLS.

Matt no sabía los detalles, pero desde hacía un mes, más o menos, que veía a Sheryl diferente. No podría apuntar cuáles eran esas diferencias, pero si no hubiera sido por una vez que vio a la rubia subir de manera furtiva al Chevy vintage de Tasuku y besarlo no hubiera atado los cabos.

“Oh, la que se armará” pensó Matt. Si Gin tenía sentimientos por Sheryl, pero esta estaba con Tasuku a las espaldas de Gin y Sakuya, era posible que la situación escalara. Aparentemente, en el mundo de las bandas había una regla explícita sobre salir con las hermanas y madres de los compañeros de banda (y casi como que fuera una broma, la regla no aplicaba a las esposas).

Sheryl por su parte se asomó a la ventana de su vestidor y sacó su vape. Un hábito horrible, sí pero conforme se acercaba el tour final de DeViLS, su ansiedad alcanzaba niveles estratosféricos. DeViLS también estaba a una semana de lanzar su nuevo disco, el último como Sakuya como líder de la banda, y por ende cada vez tenía menos oportunidades de ver a Tasuku.

Últimamente estar en los brazos del tosco guitarrista era lo único que la confortaba. Le gustaba el hecho de que Tasuku fuera un engendro pesado y arrogante, pero con ella se mostrará tierno y protector. Su relación no tenía nombre, no era como si fueran novios pero tampoco eran solo amigos con beneficios. La sensación de estar haciendo algo prohibido, viéndose con Tasuku a espaldas de todos, le gustaba e irónicamente le quitaba de encima otras preocupaciones.

Un plus era que tenía un adelanto de la música en la que trabajaba el rubio. El mundo tenía apenas un vistazo de su talento considerando que una pequeña fracción de la música que le hacía era lanzada. Muchas canciones no pasaban de simples fragmentos, pero Tasuku convertía la mayoría de ellas en demos que él solo producía y grababa en el estudio que tenía en su apartamento. Desafortunadamente, solo algunos de esos demos salían a la luz, cuando eran grabados por DeViLS y cada miembro de la banda ponía su input.

Desde su llegada a DeViLS cuando era apenas un adolescente, Tasuku se empeñó en componer música para la banda y dejar su toque personal. Sakuya, siendo generoso y reconociendo su talento, le permitió tomarse bastantes libertades creativas. Claro… siempre y cuando éstas encajaran con los estándares estéticos que Neko Entertainment tenía para la banda.
Y después de un tiempo se volvió evidente que Tasuku quería tomar otra dirección y enfocarse a proyectos que si bien eran buenos, no tendrían el éxito comercial de DeViLS.

Pero ahora que Sakuya se iba… bueno la salida de Tasuku era un tema que quedaba fuera de discusión por un tiempo indefinido.

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–Muy bien, necesitaré otra toma desde un ángulo diferente – indicó el director. –¿Sheryl, te encuentras bien?

Un asistente de producción colocaba una bata sobre Sheryl y le daba una toalla. Estaban grabando la escena en la que descubren a Sheryl muerta en un riachuelo, la hermana mayor de la protagonista que eventualmente se volvería una excéntrica y ruda policía que trataría de resolver al misterio del asesinato de su hermana a manos de un culto.

Como era un día caluroso dentro del estudio tenían el aire acondicionado encendido a tope, y en consecuencia, Sheryl se estaba congelando pretendiendo estar muerta en el agua vistiendo únicamente el infame camisón que se pegaba a sus curvas y que por ser blanco se transparentaba estando mojado.

“La estaría pasando mejor estando desnuda…” pensó la rubia.

–Estoy bien. Pero quisiera terminar pronto, tengo un poco de frío.

–Sí, sí no te preocupes. Debemos ajustar las cámaras, no nos llevará mucho tiempo – le explicó el director. Parecía que en realidad le importaba un carajo que Sheryl se estuviera congelando y sólo preguntó por parecer cortez.

–Vaya, parece difícil interpretar un cadáver – mencionó alguien.

Sheryl reconoció la voz pero no se volteó para insultar o reclamarle. La sonrisa fácil y coqueta de Souji la saludó y por un momento le alegró el día.

–¿Por qué no te tomas un descanso cariño? – le preguntó la asistente del director a Sheryl. Al parecer ajustar las cámaras tomaría bastante tiempo. –Te llamaremos cuando todo esté listo.

La rubia encogió los hombros y salió del gélido estudio, al calor del exterior.

Los estudios de filmación en todos lados son más o menos lo mismo en todos lados, ya sea Los Ángeles o Eastwood. Básicamente, bodegas gigantes con escenarios dentro y edificios de oficinas. Afuera del estudio donde habían construido el pueblo rural el cual era el setting de la serie, estaba lleno de trailers. Algunos eran de los actores y otros eran del personal. También había unas sillas por ahí bajo sombrillas, y la compañía de catering que el estudio había contratado se había instalado bajo un toldo y puso una mesa con todo tipo de snacks y bebidas no alcohólicas.

Sheryl y Souji se instalaron en unas sillas de plástico después de tomar unas bebidas de la mesa de refrigerios. Souji sacó un cigarrillo que encendió con un zippo viejo, y Sheryl buscó en los bolsillos de su bata por su vape de cerezas.

Afortunadamente afuera hacía calor y Sheryl sintió como su cuerpo recuperaba su temperatura. Además Souji había aparecido de imprevisto y ella disfrutaba bastante de su compañía. Había conocido a Souji de la forma más trivial, cuando él era barista (o intentaba serlo) en un café del centro. Lo que le agradó de él era que nunca había actuado como un idiota frente a ella y no se molestaba en ocultar cuando odiaba su trabajo cuando no estaba atendiendo clientes. Por supuesto, sus habilidades actorales salían a relucir cuando tenía que fingir que le importaban las órdenes de café demasiado caro y azucarado. Para Sheryl fue claro que él tenía talento y esa cara de niño lindo tampoco estaba de más.

Después de charlar un poco sobre temas sin importancia, Sheryl le preguntó a Souji que hacía por ahí.

–Estoy grabando mi primer papel protagónico en el estudio de al lado – le dijo Souji.

–Wow, ¿tu primer protagónico? Felicidades Souji. Debería enviarte unas flores y champán a tu camerino…

–¿No lo sabías? Todo el mundo me está llamando el Timotheé Chalamet asiatico… no sé si es un cumplido o  qué.

–No te preocupes, todos en la industria dicen estas estupideces… les encanta comparar. – explicó Sheryl antes de darle un toque a su vape. –Por cierto, perdón por no enterarme antes. Con la gira y el lanzamiento del nuevo disco de DeViLS, y otras cosas, lo último que me importa en la industria.

–Te entiendo. No hay problema, supuse que estabas ocupada. De todos modos quería agradecerte. Tenías razón cuando me dijiste que hiciera esperar a Fujiwara, el contrato que me dio es demasiado bueno.

Sheryl lanzó una carcajada.

–¿Ves? Te lo dije, hay que encontrar sus puntos débiles. Además Gin no te iba a dejar ir así como así… Eres un buen actor. Al contrario de mí de seguro ganas un Oscar en unos años después de hacer un papel donde tengas que perder o ganar demasiado peso.

Souji sonrió. Ni aún en sus sueños más locos Sheryl Ookochi se convertiría en su hada madrina.

–Oye… por cierto, ¿te gusta DeViLS? Tengo varias entradas extras para el concierto que dará inicio a su gira aquí en Eastwood, iré con familia y amigos y me preguntaba si te quieres unir.

–Por supuesto – dijo Souji. Parecía que la vida para él solo estaba haciéndose mejor.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Apple on June 30, 2024, 09:03:07 PM
#8

–Hmm… veamos… Vegetariano para Sheryl, macrobiótica para Loki, TB12 para Aioros, pescatariano para mí, nada de gluten para Momotaro… y el resto parrillada regular para los demás…

–Suntuory para Sakuya y Toshizo, absenta para Loki, Guinness para los demás y rosé para nosotras… aunque por si acaso Ritsuko pidió otras bebidas…

Rangiku y Relena revisan las listas de comida y bebidas con cada una de las preferencias alimentarias que tenían los invitados a la cena de esa noche. Las listas fueron elaboradas por Ritsuko, por supuesto, que era una anfitriona impecable y conocía las preferencias y necesidades alimenticias que la mayoría de personas que rodeaba a los Ookochi.

La meticulosidad de Ritsuko intimidaba un poco a Relena. A pesar de su pasado como groupie y esposa de una estrella de rock, el hecho era que su futura suegra se había criado en un ambiente de clase alta y había asistido a internados super exclusivos donde de seguro había tenido clases de etiqueta con la misma gente que entrena a la realeza.

¿Podría Relena alguna vez llegar a ese nivel? Probablemente no. Ya lo había hablado con Sakuya, y aunque él había intentando calmar sus inquietudes, era natural que alguien que se había criado en un barrio bajo de Eastwood y aun con mucho esfuerzo había acudido a escuelas públicas se sintiera intimidada.

En cambio, Rangiku parecía estar en su ambiente natural aunque había tenido que tomar la tarea de preparar la cena a regañadientes. Se paseaba por el jardín dándole indicaciones al staff sobre donde poner las parrillas, la mesa y sillas, y como colocar las decoraciones. Ritsuko estaba atrapada en Londres por un vuelo retrasado, y había decidido que Rangiku y Relena podían tomar su lugar. Por supuesto, Rangiku hacía la mayoría del trabajo. Relena era como su boba nueva asistente. Lo de planificar cenas para celebridades y rock stars no era lo suyo. Componer canciones que se convertirían en megahits con Sakuya era lo que sabía hacer bien.

–Creo que las parrillas quedarán mejor por allá – le comentó Rangiku a Relena. –Solo en caso de que decidan saltar a la piscina. No quiero que salpiquen lo que sea que estemos cocinando.

Relena solo asintió. Se sentía como una tonta, esta fiesta era para Sakuya y ella, y no estaba siendo de utilidad. No era que le molestara que la madre y hermana de Sakuya básicamente hayan organizado toda la cena de pre-compromiso/revelación de prometida a la banda de Sakuya, pero hasta la fecha aún no se creía que el líder de DeViLS se hubiera fijado y enamorado de ella a tal punto de que deseaba dejar su banda para casarse y protegerla del mundo exterior.

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“Lamento no poder cenar contigo… ya sabes, asuntos familiares” Rangiku se mordió el labio antes de enviar el mensaje. Las cosas con Milliardo Peacecraft iban demasiado bien, pero era muy pronto para involucrarlo en asuntos y cenas familiares.

El compromiso de Sakuya era probablemente el secreto mejor guardado de Eastwood. Su prometida Relena era extremadamente tímida, así como talentosa para la música, así que Sakuya estaba haciendo lo mejor que podía para protegerla de los tiburones de la industria, los tabloides y los paparazzi. Y Rangiku aún no sabía si podía confiar lo suficiente en Milliardo como para dejarle saber uno de los secretos mejor guardados de Eastwood.

“No te preocupes” la respuesta de Milliardo no se hizo esperar. “Ya podremos cenar juntos otra noche. Diviértete mucho hoy”.

“Ya estamos en Eastwood :D” le llegó otro mensaje junto con el de Milliardo. Rangiku sonrió cuando vio que el remitente era Airos. “Estoy con mi hermano, espero que no les importe”.

“No hay problema” contestó Rangiku. “Tenemos muchas ganas de verlos”.

Aioros era el ex bajista/guitarrista de DeViLS. Se había retirado hacía 4 años, y ahora tenía una serie donde era básicamente Anthony Bourdain 2.0. Cuando no estaba grabando, estaba viviendo en el mar Egeo vigilando la producción de aceite de olivos de su propiedad. Era un cambio de 180 grados y era muy gracioso recordar a un joven, casi adolescente Aioros, en su era de visual kei, con maquillaje y peinado exuberante, y compararlo con el tipo que era ahora. Lo único que quedaba de su pasado como rock star era la banda roja que siempre llevaba en la frente.

El hermano de Aioros, Aioria, era fotógrafo y modelo. Con su clásica belleza mediterránea el chico tenía obsesionada a Donatella Versace que lo dejaba abrir las pasarelas de la línea masculina de Versace y lo había convertido en la casa del perfume Eros.

“Estás tan ocupado” envió otro mensaje Rangiku “¿Tan ocupado que no puedes ayudar con la cena? malditaseaSakuya”

La respuesta no se hizo esperar.

“Lol”

Rangiku envío el emoji del dedo de enmedio. Sabía que su hermano estaba ocupado, pero no demasiado. Aún no. De seguro estaba jugando en el estudio con los demás.

“De hecho ya voy en camino con Toshi. Te amo hermana. De verdad, no se que haría sin tí diosa Ran”

Rangiku solo envió el emoji de los ojos rodando y dejó el teléfono por un lado. Aún había bastante que hacer.

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Sakuya entendía la ansiedad de su prometida y el nerviosismo de Rangiku post-planeación y preparación de la cena. Pero esta era de las pocas veces donde le costaba mantenerse tranquilo. Pero claro, él no lo demostraba. Sakuya era un tipo cool, y esta noche Suntory y Parliament le estaban ayudando a mantener su cool.

Sakuya recordó las pocas ocasiones que se había sentido así: cuando DeViLS sacó su primera canción, su primer concierto, el lanzamiento de su primer disco.

Pero presentarles a la mujer por la que dejaba todo a sus compañeros de banda era otra cosa.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Apple on July 31, 2024, 06:41:38 PM
#9

“Todo va a estar bien” se dijo Sakuya a sí mismo mientras se levantaba de su asiento para dar el gran anuncio.

Todos la estaban pasando bien en la cena, gracias a la organización de su hermana y su madre la comida estaba excelente, la decoración del jardín donde comían era preciosa y hasta el momento no había habido ningún contratiempo.

Sakuya, el único miembro original que quedaba en DeViLS, siempre había estado agradecido que los miembros antiguos se llevaran bien con los nuevos. DeViLS era de esas bandas donde raramente no había choques de egos ni de creatividad. Nunca habían tenido ningún escándalo demasiado loco, ni habían sido cancelados. A pesar de que el estilo de vida de la banda en sus primeros años había sido hedonismo puro, ninguno de sus miembros había fallecido y todos seguían en contacto, a excepción del que había elegido desaparecer (aunque todos realmente sabían donde estaba, dejaban que su amigo viviera fuera del mapa sin molestarlo).

Según Sakuya, la banda llegaría a un nivel que solo los Rolling Stones han alcanzado. Se veía como un viejo de 70 años tocando para estadios llenos.

–Oh, Sakuya dará un discurso– dijo Aioros cuando vio al pelinegro parado.

–Solo no te pongas muy sentimental– continuó bromeando Hijikata.

–No puedo evitarlo– admitió Sakuya. –Esta noche es especial.

Tasuko tomó un largo trago de su cerveza, gracias a Sheryl ya sabía lo que venía. Impulsivamente tomó la mano de la rubia, que estaba sentada junto a él. Para su alivio ella no apartó su mano.

Sakuya tomó su copa de vino y caminó a donde Relena estaba sentada. Puso la mano sobre el hombro de ella.

Todos en la mesa miraban expectantes. Lo primero que pensaron varios miembros de la banda es que Sakuya había dejado embarazada a la compositora. Otros pensaron que anunciaría que Relena era su medio hermana o algo así.

–¿Se habrán casado en secreto? – le murmuró Loki a Momotaro.

Momotaro le dió un codazo a su compañero de banda y le dijo: –No digas chorradas.

–Gracias a todos por venir– inició su discurso Sakuya. –Entiendo que sus horarios los mantienen muy ocupados y venir a acá significa que sus bronceados griegos se estropearán– la broma iba dirigida hacia Aioros, quien rió de buena gana y le lanzó un beso en broma a Sakuya.

–Como ya saben, dejaré DeViLS. Es algo que me duele, no fue una decisión fácil. Por mucho tiempo, DeViLS fue lo que me mantuvo con vida, además de mi familia. Es más, gracias a DeViLS mi familia creció y ahora puedo decir que tengo seis hermanos.

Hubo una pequeña pausa en la que todos estaban callados y lo miraban expectantes.

–Y ahora gracias a DeViLS tendré una esposa. Con quien espero formar una familia. Espero que todos reciban a Relena en nuestra familia, es importante para mí.

El único que parecía sorprendido fue Momotaro. O al menos fue el único que permitió que su rostro expresara sorpresa. La novia por su parte se sonrojó cuando las miradas de todos cayeron en ella.

–Relena– dijo Toshi mientras encendía un cigarrillo. –Parpadea dos veces si necesitas que te salvemos.

Esa pequeña broma rancia rompió un poco la tensión. Las felicitaciones y abrazos no se hicieron esperar. Relena le enseñó a los miembros y ex miembros de la banda su anillo de compromiso. Aceptó agradecida los buenos deseos de todos y toda la tensión que tenía en los hombros desapareció cuando intentó disculparse con los actuales miembros de la banda por quitarles a Sakuya, pero Tasuku la detuvo.

Sakuya no lo dijo ni lo hizo evidente, pero también sintió como le quitaban un gran peso de los hombros.

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–Así que esto era todo el misterio– dijo Toshi mientras servía más whiskey para él y Sakuya. La cena había concluido y los demás estaban dentro de la casa comiendo el postre o tomando café.

Sakuya asintió con la cabeza.

–De verdad la amo. Nunca pensé que alguien me haría sentir así…

–Vaya, con todas esas canciones románticas que escribes, creí que te enamorabas de cada mujer con la que liabas…

–Siempre busque algo como lo que tenemos Relena y yo. Pero no lo había encontrado hasta ahora.

–¿Y la banda? ¿De verdad quieres dejarla?

Sakuya entendía que Hijikata estuviera preocupado. Después de todo, ambos habían fundado la banda siendo unos críos en el colegio. Cuando Hijikata dejó la banda para trabajar en otros proyectos creativos en el cine, Sakuya le prometió que cuidaría de ella. Obviamente no estaba haciendo un buen trabajo y era lo único que le molestaba de su decisión de casarse con Relena.

–Tasuku cuidará de ella. No me preocupa, tiene madera de líder.

–Ya, confío en tu criterio.

–Como este será mi último álbum con DeViLS te quiero pedir un favor. ¿Recuerdas “Aegen”?

Hijikata asintió. Amaba esa canción, la compuso siendo muy joven pero por alguna razón nunca la había grabado de manera oficial. La canción era parte regular del set de DeViLS en las giras y festivales, y muchos fans siempre se habían quejado de que no era parte de ningún disco.

–Quiero grabarla, en un estudio. Pero solo quiero hacerlo si tú la cantas. Es tu canción después de todo. No creo que yo ni Tasuku podamos.

Después de meditarlo unos segundos Hijikata asintió. Sakuya acercó su whiskey y dieron un brindis silencioso.

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“Todo salió bien en la cena :) nos vemos mas tarde”

Milliardo iba camino al comedor de su penthouse cuando recibió el mensaje de Rangiku. Apenas comenzaban a salir las cosas iban muy bien. La rubia dijo que le hubiera gustado invitarlo a la cena pero un asunto familiar delicado se debía tratar con discreción. Millardo estaba intrigado por lo que fuera que sea, pero Rangiku le explicó que se enteraría pronto de todos modos.

–Aika, creo que ya te has servido suficiente.

Como era ya costumbre a la hora de la cena, o cuando fuera que comieran juntas, su madre estaba fastidiando a Aika con la comida. Era un hábito muy común en el mundillo del ballet pero nunca había dejado de molestar a Milliardo. Aika era muy callada y reservada, así que el rubio nunca estaba seguro de lo que pasaba en la vida de su hermana aunque él insistiera en que acudiera a él cuando tuviera algún problema.

–Dejalá ya mamá.

–Milliardo, tu hermana no puede poner en peligro su entrada al conservatorio. ¿Si come demasiado cómo podrá levantarla su compañero de pas de deux?

–Madre, con solo verla te puedo asegurar que Aika ya es lo suficientemente liviana y Quatre nunca ha tenido problemas con ella.

–¿Podrías dejar de contradecirme por un momento? Tu hermana está en un punto crucial de su carrera, bailar es lo más importante para ella.

–No madre, es lo más importante para tí – dijo Milliardo acusatoriamente.

–Ya no tengo hambre– Aika, que hasta el momento había permanecido callada, apartó el plato de comida frente a ella. –Compermiso.

La chica se levantó, dejando atrás la discusión entre su hermano y su madre. No era la primera vez que esto pasaba, y no sería la última. Aika ya estaba acostumbrada a vivir bajo el bombardeo constante de críticas de su madre, pero esto no significaba que estás no  le molestaran o le hirieran.

Día con día, Aika sentía la presión de los sueños frustrados de su madre. Y lo detestaba.

Con ganas de vengarse, y comer algo, Aika fue a su habitación por su bolso y se escurrió fuera del penthouse de su hermano.

Mientras caminaba por las ajetreadas calles, Aika pensó lo que dijo Milliardo. No había nadie más en este mundo a quien quisiera más. De hecho, era la única persona a quien consideraba su familia. Podría sonar duro, pero su madre nunca ejerció un papel maternal en su vida- se la había pasado preocupada por su apariencia y por sus esposos.
Desde que Aika inició con el ballet, su madre le había empezado a prestar atención, demasiada para su gusto, pero no de una manera positiva. En algún punto la madre de Aika había sido bailarina (según ella una muy buena) pero se olvidó de la danza en cuanto se casó con el padre de Millardo, su primer esposo adinerado. A partir de ahí su vida había sido un remolino de esposos y novios pudientes, la vida social de jet set y su eterna preocupación por mantenerse joven.

En cuanto a su padre… Aika apenas pensaba en él. Era un hombre de negocios en Japón, una figura distante y que nunca se había interesado mucho en su hija. Era responsable económicamente de Aika, pero hasta ahí llegaba su relación.

Afortunadamente el Starbucks del centro no estaba lejos del penthouse. El lugar no estaba lleno, pero era típico de Eastwood, había varias personas adentro. El olor de café y pastelillos le dio la bienvenida, y enseguida se dirigió al mostrador por un latte, un muffin inglés con salchicha y un cupcake de arándanos.

Encontró un lugar libre y empezó a comer, sintiéndose aliviada de estar sola sin nadie que comentará sobre sus hábitos alimenticios cuando…

Frente a su mesa, no muy lejos estaba Heero Yuy comiendo solo también. Al igual que Aika, parecía sentirse muy cómodo en su soledad.

Inevitablemente sus miradas se encontraron. Era la segunda vez que pasaba, y probablemente fueron unos segundos pero duró lo suficiente para turbar a Aika. Sintió como sus mejillas se calentaban, y probablemente estaba roja como una cereza cuando Heero rompió el contacto visual.

Ambos siguieron comiendo sin volver a verse, o decirse una palabra. No tenían motivo, ni siquiera habían hablado durante la clase de ballet.

Aika se preguntó si Heero estaba tan solo como ella mientras devoraba su muffin inglés.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Kana on July 31, 2024, 09:09:26 PM
Traigo fic compartido con @Eureka  <3 estamos muy emocionadas con estar en este fic
Ella estará en color azúl y yo en neutral (negro)
EDIT: El foro no me deja cambiar los colores. De momento, marcaré la parte de Eureka con una distinción con su nombre y luego la editaré cuando pueda modificarla.
(https://i.imgur.com/26YgD9A.png) (https://i.imgur.com/1oQSiGn.png) (https://i.imgur.com/71WorBE.png) (https://i.imgur.com/rq1tX5w.png) (https://i.imgur.com/DxrtH8s.png) (https://i.imgur.com/pma2Vow.png)
Todo inició como un accidental pasatiempo cuando iba en secundaria. Fue una lesión en volley lo que le llevó a tocar la guitarra mientras se recuperaba en casa y desde allí le tomó el gusto. Oikawa se animó con la música tras sacar unos buenos acordes y pasó de tocar la guitarra en su rehabilitación a buscar perfeccionar su técnica.
Sentía que el entusiasmo por la música no podía ser solo para él. Tenía que compartirlo con los demás y con ello tuvo la idea de convencer a unos compañeros de clases para que se les uniera en su frenesís musical. Descubrió que Sho tocaba la guitarra también, incluso, parecía que él tenía más perfeccionada su técnica porque el pelirrojo llevaba un poco más de tiempo tocando la guitarra. El pelirrojo descargaba toda su energía y emociones en tocar la guitarra. Oikawa y él se compartieron canciones y consejos.
De allí pasaron a motivar a Ken, porque Sho no podía estar sin su hermano Ken. Como Ken era más tranquilo y pausado que Sho, tocaba el bajo pues le permitía tener mayores momentos de reflexión mientras tocaba. Muy acorde con su personalidad.
Oikawa tenía un amigo en otra clase, Kaworu, pensó que él sería una pieza crucial en su banda. Kaworu tocaba magistralmente el piano y su tendencia era más clásica. Pero, cuando no debía complacer a su familia con el piano, tocaba el teclado secretamente para componer música algo más moderna y de trance. Oikawa sabía que podrían sacar buenos solos de teclado con él. Kaworu aceptó y así ya eran cuatro.
El último en integrarse al grupo fue Eren. A él lo habían transferido desde otra escuela. Tal vez por mal comportamiento o tal vez por qué. En fin. Como Oikawa era sociable y curioso, no le costó nada conversar con él de temas equis hasta que le propuso que retomara la batería para liberar tensión. Al principio Eren se resistió, porque juraba que era patético tocando, pero Oikawa era el mejor convenciendo a cualquiera. Seguramente, Oikawa no era presidente porque no se le había ocurrido.
 
Los días se convirtieron en semanas, las semanas en meses y los meses en años. Así fueron de ensayar en la cochera de la casa de turno a ir practicando más profesionalmente (aún en cocheras) donde se fue materializando la técnica, la práctica y la perfección en el dominio musical.
 
Incluso después de graduarse de la escuela y ahora en sus veintitantos años continuaron juntos, ensayando con el sueño de algún día tocar las estrellas.
 
Y fue esa tarde, después de muchas tardes de ensayos, que se dieron cuenta –bastante atrasados- que debían ponerse serios y escoger un nombre para su grupo musical.
 
—No se me ocurre nada. — Eren alzó los hombros. No era creativo.
—Mhh, ¿Qué tal The Oikawas?
—Wtf, Nagisa…— Sho lo miró como si fuera un bicho raro. —Suena como si fuéramos sus lacayos.
—Se me ocurrió ya que él nos unió, jaja. — mentira. Lo dijo sólo para sacar de quicio a pelirrojo, que estaba a punto de explotar con tanta indecisión de los integrantes. —Bueno, me gusta mi primera propuesta, “The headless horsemen”— volvió a su primera propuesta. —¿Qué opinas, Ken?
—Es un poco… ¿No crees que es un poco espeluznante? — El pelinegro sonrió un poco nervioso.
—Yo creo que debería llamarse Sho y sus bufones.
—¡Oye! — Ken lo miró ofendido.
—A mi me gusta más la propuesta de Kaworu. Lo de The Oikawas. — comentó Oikawa.
—Es un nombre estúpido y sin sentido. — reclamó Sho, destruyendo la fantasía de Oikawa.
—Más estúpida es tu propuesta. Simio. —
—Ah, mire quien habla. El señor cero aporte. Al menos, a mí se me ocurre algo.
—Bueno. A mí se me ocurre “Los Jaeristas” Suena mejor que llevar un nombre tan feo como “Sho”
—En mi jodida vida me dejaré llamar así. Suena como a banda de homosexuales… O como una secta satánica. ¿Qué carajo es eso?
—Es mi apellido, imbécil.
—…— No se había dado cuenta de eso.
—Y tal vez si tenga seguidores que se hacen llamar así. — insinuó, tranquilo.
—Claro. Tu mamá y tal vez tu mascota, si no tiene más opción.— Sho se rio, pero inmediatamente se puso a la defensiva cuando vio que Eren hizo un ademán de pegarle en la cabeza con la baqueta. Afortunadamente, Kaworu se puso entre ambos.  —Contrólate, bestia. —
—¿Y Oikawa? — Ken notó que no estaba. Es en eso que todos notan que el mencionado regresa a la sala, pero acompañado de alguien más.
—Chicos, supuse que no íbamos a ir a ninguna parte entre nosotros. Así que invité a un amigo para que nos dé su opinión. Confío plenamente en su opinión pues es un artista. Él es…—
—…— Ken se llevó las manos al rostro para cubrir su emoción y sorpresa.
—Ohw, creo que Ken te conoce. — Oikawa le sonrió a su invitado.
—Yo lo reconozco. Que honor más grande. — Kaworu le sonrió amigablemente al invitado de Oikawa quien le devolvió carismáticamente la sonrisa.
—¿Y éste quien putas es? — Sho le susurró a Eren y el otro se alzó de hombros.
—Ni jodida idea. — se sentían como fenómenos al no cuadrar con la felicidad de los otros tres. —¿Somos tan ignorantes?
—No te preocupes. Seguro es un amigo marica de Oikawa, por eso no conocemos nada de él.
—¡Sho!— Ken le dio un codazo sutilmente a su hermano, aliviado que sólo se estuviera susurrando con Eren y el invitado no haya escuchado nada. —Él es Souji Seta. — les dijo a los otros dos, pero Sho y Eren seguían mirándolo como si les hablara en chino. —Dios, ¿cómo no conocen al actor de la teleserie en tendencia del momento? —
—Eh, ¿te parecemos el perfil de tipos que nos sentamos a ver telenovelas? Un momento, ¿tú ves telenovelas?— Sho se río de su hermanito, ganándose un nuevo codazo por parte del pelinegro.
 
En fin. El invitado saludó al resto de presentes, deslumbraba por su atractivo personal pero también por sus buenos modales pues les indicó que se quedaría en un rincón sin molestarlos ni interrumpir su ensayo para que no se sintieran incómodos. Y, en efecto, en poco su brillante presencia quedó disimulada desde su rincón.
Los chicos tomaron posición y comenzaron a tocar la canción que más se conocían. Cuando Oikawa dejo de cantar y siguió tocando la guitarra, Sho disimuladamente se le acercó sin dejar de tocar la suya.
 
—Oye Oikawa… ¿para qué el entrometido?
—Acéptalo, Sho-chan. Necesitamos ayuda y yo no puedo con todo.
—No necesitamos que nadie nos de consejos. Estamos bien como estamos.
—P-Pero, hace un rato Eren casi te rompe la baqueta en tu cabeza, Kaworu es intelectual y sorprendente, pero a veces da miedo, Ken es fabuloso, pero demasiado tímido para atreverse a dar todo de sí y ni somos capaces de decidir un nombre para nuestro grupo.
—Mhh, okay… Pero si se pasa de la raya le pondré la guitarra de sombrero.
—Souji es muy educado y correcto. No te defraudará.
 
A lo lejos, Souji escuchaba con atención la canción. En si eran muy buenos y eso le sorprendió porque se imaginaba que la banda de Oikawa era muy amateur y no tendrían técnica ni talento, pero sí lo tenían. Tal vez les faltaba disciplina. Pero eran sorprendentemente buenos y había disfrutado cada momento de la canción.
Al terminar, Oikawa se acercó a Souji e intercambiaron comentarios. Después Souji se acercó al resto y les dio su opinión de que tocaron muy bien y le gustaría conocer más de ellos a futuro, se despidió educadamente y se retiró.
 
Oikawa volvió con sus chicos después de dejar a Souji en la puerta.
 
—Adivinen. Invité a Souji al show que daremos en el bar.
—Que vergüenza. — Ken se puso nervioso ante esa idea.
—Jeje, ¿estás seguro de lo que acabas de hacer?
—Kaworu no me asustes. Cuando hablas así de tranquilo y feliz me das un poco de miedo.
—…— Sho evitó comentar. Ya después le recriminaría a Oikawa. Prefirió afinar las cuerdas de su guitarra las cuales se habían tensado cuando la tocaba mientras miraba al entrometido de hace un rato. Algo le decía que sería una gran molestia.
—Ken, tú abres el show de la noche.
—¡QUE! P-Pero Oikawa…
—Una pregunta importante. — Eren interrumpió el pánico de Ken. —¿Nos van a pagar con dinero o el dueño seguirá pagándonos con alcohol? Debemos ponernos serios y cobrarle.
—Yo creo que debemos poner nuestro precio. — asintió Oikawa.
 
Hasta ahora, se presentaban casi con la caridad de los dueños de los bares pero, era verdad, debían ponerse serios y empezar a valorar su talento.

“Entonces queda decidido que lo encararemos,” comentó Kaworu. “¿Supongo que tú lo harás, Oikawa?”
“Eh… Yo encantado, pero tal vez debería ser alguien que se ponga terco y no de su brazo a torcer. Alguien como… ¡Sho-chan!” Y lo señaló con ambas manos, moviéndolas con ímpetu.
“Me alegra que hayas pensado en mí y no en la bestia de Eren.” Sho sonrió de lado.
“¿PERDÓN…?”
“Ya, ya…” Ken se apuró en calmar las tensiones entre ambos. “Igual, confío en que Sho podrá convencerlo.”
“¿En serio?” Sho arqueó una ceja. “Ni yo me tengo tanta fe, la verdad.”
“¡Deberías!” Le dijo su hermano, con una gran sonrisa.
“¡Sí! ¡Yo apoyo la moción!” Mencionó Oikawa. “De todas formas estaremos ahí para apoyarte.”
“Exacto~” Canturreó Kaworu.
“…Supongo.” Eren bufó, irritado.
“Bueno, lo haré.” Sho suspiró. “Pero más les vale que estén ahí. Ese viejo es insufrible y temo lo peor.”
“¿Qué cosa? ¿Que no quiera pagarnos?” preguntó Ken.
“No. Que le parte la cara por pendejo.”
(https://i.imgur.com/26YgD9A.png) (https://i.imgur.com/1oQSiGn.png) (https://i.imgur.com/71WorBE.png) (https://i.imgur.com/rq1tX5w.png) (https://i.imgur.com/DxrtH8s.png)
El bar dejaba mucho que desear.

Para ser el lugar icónico que había visto los inicios de varias bandas famosas, su estado indicaba un descuido claro por parte del dueño. Muchos de los sillones de cuero habían empezado a pelarse hace años y no había hecho nada por reemplazarlos.

Y eso que sólo hablaban de los sillones. Ni qué decir sobre las mesas desgastadas de madera, la pintura rayada de las paredes o las pintas grafiteras del callejón por donde siempre ingresaban los músicos.

Sho y el resto de la banda estaban acostumbrados a ese lugar. Era como una segundo hogar para ellos: hasta la violencia intrafamiliar venía incluida porque se llevaban como perros y gatos con varias otras bandas que tocaban allí, en especial MoonLight.

Esos pretenciosos y arrogantes. ¿Qué necesidad había de usar dos mayúsculas en el nombre de su banda? Para empezar, ¿¡cómo habían acordado en un nombre!? Sho sentía que estaban a millones de años luz de nivel que ellos y le irritaba. Su único consuelo era pensar que uno de los tarados era casi un treintañero y tenía mucha experiencia por estar casi cerca a la crisis de los 50.

Eso sonaba un poco… incorrecto.

Eh, las matemáticas nunca habían sido su fuerte.

“Ugh…” Se quejó en voz alta, mientras miraba su reflejo en el espejo cuarteado de uno de los camerinos. Ante esto, su hermano lo observó, preocupado.
“¿Estás bien?”
“Podría estar mejor. Me molesta que al final haya tenido que aceptar esa miserable suma de dinero.”
“Hey, al menos esta vez sí nos pagarán.” Kaworu le sonrió. “Y si Eren se queja, no te preocupes. Yo me encargo~”
“…” Sho arqueó una ceja y optó por ignorarlo. “Hablando de él… ¿Dónde está ese pendejo?”
“Cuando llegó, notó que no había traído sus baquetas de la suerte. Y dijo que tenía un mal presentimiento…” comentó Ken, con un tono extraño.
“Ese tarado no es supersticioso,” afirmó Sho, sin una pizca de duda.
“¡PERO YO SÍ!” Lloró Oikawa, sintiéndose culpable. “¡Parece que aún no lo entienden! Souji-chan es nuestra única oportunidad de salir de este lugar. Me encantaría seguir pasando mi juventud en un bar de mala muerte, pero tenemos que aceptar la realidad: este no es el Club de la Caverna y nosotros no somos los Beatles.”
“Ajjj, no vuelvas a compararnos con ellos. Me dan urticaria.”
“Siento que Eren estaría de acuerdo contigo.” Ken le sonrió a su hermano.
“Al fin algo en lo que coincidimos, entonces.”
“¡YAAA! ¡DÉJENME HABLAR! Ejem,” Oikawa tosió para retomar su discurso. “Sé que somos talentosos, pero dudo que algún agente se interese en este lugar. Sí, es cierto que aún hay gente que viene al bar, pero siempre vemos las mismas caras. A veces llegan extranjeros y una que otra persona… pero no veo agentes. O mánagers. ¡O alguien que de verdad importe! Souji-chan es el contacto que nos ayudará. Nunca pensé que me contestaría luego de un par de años de distancia por su carrera, pero lo hizo, y tenemos que aprovechar. Quiero que más gente nos conozca. Y otros bares nunca nos aceptan cuando les pedimos que nos dejen tocar…”
“¡¿Y por eso le dijiste a Jaeger que vaya por sus baquetas de la suerte?!” Sho se veía a un paso de explotar.
“No, sólo le dije que me traiga agüita de azahar por si me desmayo antes de subir al escenario.” Oikawa sonrió. “¡Claro que sí, idiota! Aunque también le pedí agua de azahar. Nunca está de más.”
“Qué bueno que su chiquero queda cerca del bar, sino te habría estampado contra la pared,” dijo Sho.
“Vamos, vamos.” Kaworu intercedió entre ambos. “Hay que alistarnos. La prueba de sonido es en 20 minutos.”
“Y JAEGER NO ESTÁ AQUÍ”
“Pero tú sí, Sho. Y puedes arreglarte un poco más.”
“…No sé que decirte, Nagisa. Tengo un estilo muy marcado. Qué, ¿esperas que me abroche más botones de la camisa o algo así?”
“No, no. Si te sientes bien con tu apariencia, todo bien.” Y el peligris sonrió, todo enigmático.
“¡AAARGH! ¡AHORA ME HICISTE DUDAR!” Sho se giró hacia su hermano, que andaba despeinándose un poco el pelo. Era curioso verlo en el escenario: parecía una persona completamente distinta. “Mírame, Ken. ¿Cómo estoy?”
“Estás bien, Sho.” Le sonrió. “¡Es genial que siempre estés desarreglado! ¡Ese es nuestro carisma y parte de nuestro concepto!”
“…” Sho suspiró. “No sé si tomarlo com un cumplido o una ofensa.”
“¡Ah! ¡Lo siento! No quis…”
“Tranquilo, te estoy jodiendo.” Sho le revolvió los cabellos y sonrió: ahora sí estaba despeinado. “Mira, te ayude.”
“¡Es cierto! ¡Gracias!”

La puerta se abrió de golpe y Eren entró corriendo como si lo persiguiera alguno de los guardias de la entrada… cosa que había pasado antes. Los VIPs los habían correteado más de una vez por generar disturbios al pelearse con los miembros de MoonLight y/u otras bandas. Eren y Sho siempre eran los más problemáticos, pero Oikawa también se dejaba llevar a veces por sus locuras. A veces le entraban ganas de darse a madrazos con Gojo, el líder de MoonLight. Sin duda, la rivalidad de ese par era muy curiosa.

“¡Toma tu mierda!” Eren le lanzó una bolsa a Oikawa. Para su suerte, pudo atraparla en el aire antes de que impactara con su cara: era la botellita de agua de azahar. “Y también traje las malditas baquetas. Oikawa, si esto no funciona, te juro que te mat—”
“¿Habrá algún día en que tengamos una presentación o ensayo donde no se lancen amenazas de muerte?” Se lamentó Ken.
“Ken, ese también es parte de nuestro carisma.” Sho le sonrió de lado.
“Y espero que le agrade a Seta-san… sería genial que nos ayude de alguna forma.”
“Oye, cierto. Tú eres su fan o algo así, ¿no?” Eren lo observó, extrañado.
“¡N-no diría que soy su fan, pero…! Am, bueno, sí, me gusta su trabajo.” Ken sonrió. “Es muy talentoso.”
“¡Y buena gente!” Oikawa sonrió. “Así que debemos aprovecharnos de esa bondad. Ojalá todo salga bien, though. Tengo miedo de que le importe más MoonLight u otra banda.”
“¿¡QUÉ!?” Sho pegó el grito al cielo. “¿¡ESOS PENDEJOS SE VAN A PRESENTAR!?”
“¿Cuándo no lo hacen?” Oikawa suspiró. “Recuerda que el tarado de Gojo-chan es el tutor del hijo del bar. Y aunque el chiquillo sea bien serio y todo, se nota que lo quiere. Incluso más que a su padre.”
“Hasta diría que lo ve como su papá,” comentó Eren. “Cosa que me sorprende. Ese payaso dejaría a morir a su hijo si tuviera uno.”
“Bueno, cuando tienes 16 años admiras a cualquiera,” dijo Oikawa. “¡Yo admiraba a un idol de k-pop!”
“Y todos te juzgamos e hicimos bullying por ello.”
“No me olvido.” Oikawa suspiró. “Pero era bueno… sabía tocar la guitarra. Son pocos los que también tocan instrumentos.”
“Sí, y todos me importan una mierda.” Sho rodó los ojos. “En fin. ¿Sabes si tu amiguito ya está en el público?”
“¿Creo que sí?” Oikawa sacó su celular del bolsillo. Desbloqueó la pantalla con su rostro y revisó sus mensajes. “Sí, me dijo que ya encontró una mesa y está con su guardaespaldas.”
“Ojalá le guste nuestra presentación…”
“¡Tranquilos! ¡Eren-chan me hizo caso! Siento que todo saldrá bien~” Oikawa alzó el pulgar.

Lamentablemente, era muy tarde para arrepentirse. Otra vez se habían dejado llevar por su amigo y tenían que cargar con esa cruz.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Eureka on July 31, 2024, 10:37:45 PM
Ahorita edito con topes y formato c: me emociona regresar a este proyecto junto a @Kana ;_;
EDIT: creo que no alcanzo a subir el tope de Wrio u_u será luego (o antes de las 11, hopefully)
EDIT: SE LOGROOOO




(https://i.imgur.com/pma2Vow.png) (https://i.imgur.com/BzyuYy2.png)
(https://i.imgur.com/26YgD9A.png) (https://i.imgur.com/1oQSiGn.png) (https://i.imgur.com/71WorBE.png) (https://i.imgur.com/rq1tX5w.png) (https://i.imgur.com/DxrtH8s.png)


Souji odiaba mentir.

Era una de las cosas en las que no era muy bueno que digamos. Si lo hacía frente a frente, era imposible que la gente no notara que estaba intentando ser cordial y amable, aunque no le gustara el traje de su colega o el trabajo de la maquillista hubiera dejado mucho que desear.

Pero la banda de Oikawa era buena. Aquel comentario, aunque pequeño, había sido sincero. Y estaba muy interesado en ir a ver su presentación al bar…

Solo que sus horarios laborales no jugaron a su favor para estar en aquel lugar desde el inicio. Agradecía que Oikawa no salió a confirmar su presencia cuando le mandó un mensaje porque no sabía qué habría hecho si el pobre chico desperdiciaba tiempo importante de preparación en buscarlo dentro de un bar a oscuras y sin chances de encontrarlo.

El actor llegó junto a su guardaespaldas en medio de una de las canciones de una banda que no conocía. Admitió, en su interior, que los hombres en el escenario eran atractivos, pero su música no le producía ninguna emoción.

Sonaban un poco desconectados, pero tenían algo de potencial. Para ser una banda de 3 miembros, se defendían como podían. Souji valoró el esfuerzo, pero entendió al instante que esos hombres sólo estaban ahí gracias a una conexión.

O la piedad del dueño del bar, quién sabe.

“Estos chicos son terribles,” comentó Wriothesley en su oído.
“Vamos, no seas tan malo. Creo que todos empiezan así. Yo también estuve en su lugar en algún momento… como actor, claro, porque de música no sé mucho.”
“Si supieras, media industria te agarraría tirria.” Wriothesley sonrió. “Pero sería bueno… me subirías el sueldo, supongo.”
“¿Quieres que lo haga?”
“Nah, te estoy jodiendo.”
“A veces me olvido de tu rol.” Souji rio. “¿Eres mi guardaespaldas o mi mejor amigo?”
“Un poco de los dos.”

Souji volvió a reír en medio de la bulla y la algarabía. La gente había comenzado a aplaudir y a gritar emocionada mientras que la banda se despedía. El actor se preguntó si el júbilo del público se debía a que les había gustado el set de canciones… o si tal vez era porque al fin dejaban el escenario.

No pudo darle muchas vueltas al asunto porque Oikawa y sus amigos de inmediato se subieron al escenario, empujando a la banda anterior fuera de este en el proceso. Cada uno conectó sus instrumentos y el chico de cabello castaño se sentó en la batería. Souji estaba lejos del escenario, pero podía divisar que habían llevado los mismos instrumentos de aquella sesión en el garaje. Era probable que no contaran con los recursos como para tener varias guitarras y bajos… y en un instante, recordó su privilegio como actor famoso y adinerado.

Si demostraban que valían la pena, Souji estaba dispuesto a comprarle los instrumentos que desearan.

“¡YOOOO!” Se escuchó una voz estruendosa en medio del bar. Era el pelirrojo de la banda, uno de los guitarristas. “¡NUNCA SÉ CÓMO PRESENTARNOS PORQUE NO TENEMOS NOMBRE PERO YA NOS CONOCEN! ¡SOMOS LA BANDA SIN NOMBRE!”
“¡SÍÍÍ!” Gritó gran parte del público, emocionado. A Souji le sorprendió: parecía que tenían fans.

De ser así, Oikawa era un exagerado. Recordaba que en el mensaje que le había mandado, había llorado porque nadie los iba a ver. Pero ahí, en ese bar que había visto tiempos mejores, alrededor de 60 personas estaban entusiasmadas por verlos tocar y cantar.

“Prometemos que pronto encontraremos uno,” mencionó el bajista. A Souji le costó reconocerlo: era el chico tímido que lo había saludado un poco emocionado en el ensayo. Allí, en el escenario, se veía mucho más seguro de sí mismo. Souji estaba seguro de que el maquillaje y la ropa ayudaban mucho a darle esa confianza.

De alguna forma, todos deslumbraban a su manera. Y los conectaba aquel desorden que vio en el garaje: esa falta de prolijidad que les daba un carisma único.

“Arrancaremos con una que ya conocen muy bien. ¡Prepárense!” Anunció el baterista.
“¡Porque los vamos a llevar al cielo!” gritó Oikawa… y el público explotó en júbilo.

El baterista pifió y el punteo de la guitarra de Oikawa invadió el local. De inmediato, el pelirrojo se puso a cantar y, poco a poco, se le unieron la batería, el bajo y, al final, los efectos del teclado.

Some paradise tonight
Kaki midasu kono yoru ga atokata mo naku kimi ni karamase
Kogedzuku ai wo sono mune de uke tomete amasu koto naku
Nani mo ka mo nomi hoshitekure
(https://www.youtube.com/watch?v=m5rRU32Z8cA)

Souji volvió a sentir pura intriga. No sabía que se turnaban el puesto de vocalista: había jurado que Oikawa era el único que cantaba, pero estaba muy equivocado.

“¡OH, YEAH!” Gritó el pelirrojo, empilando aún más al público.

El desastre encontraba sentido en ese escenario: no había un orden específico de entrada de instrumentos. A veces la guitarra y la batería sonaban junto con la voz del vocalista. A veces era su voz, el bajo y la batería, con algunos punteos de la guitarra del pelirrojo o de la de Oikawa. El teclado también aparecía en momentos puntuales.

Lo más sorprendente fueron las armonías: el bajista le hizo un par de acompañamientos al pelirrojo antes del coro.

Y en ese momento… el público formó parte de la canción.

(I want heaven) Ugokidasu I’m going down
(Gimme heaven) Kawasenai de kami wo hodo ite
(I want heaven) Mune wo sasu your precious sound
(Gimme in heaven) Kono ai ni mi wo nage dashitekure


El pelirrojo giró el micrófono hacia la gente para que cantaran las partes iniciales de cada verso. El coro de esa canción estaba compuesto por las voces de toda la banda y del público.

Era increíble.

Y… se ponía mejor.

El vocalista se acercó al bajista, quien comenzó a cantar el inicio de la siguiente estrofa.

Itsu datte koi wa ki magure ni hajimaru mono sa
Sou wake nante ato kara kanarazu kangaetoku kara


Si mal no recordaba, eran hermanos. Sus ojos grises habían sido la única confirmación de ello, porque en el ensayo parecían personas opuestas: desde sus atuendos hasta sus actitudes. Pero en el escenario, sus voces se unían en una cacofonía melódica de sonidos: armonizaban, se contestaban entre ellos y hasta invitaban al resto de la banda a cantar algunas de aquellas respuestas.

El segundo coro llegó y la gente del público explotaba en alegría, saltando al ritmo de la música. Emocionados, gritaban las partes iniciales de los versos con más intensidad, hasta que llegó a su fin y dieron inicio al puente.

La banda y el público cantaron un par de cosas hasta callarse por completo. Dejaron que el solo de la guitarra del pelirrojo se luzca al lado de la rítmica batería que, al final de aquel segmento, se calló por unos instantes para dejar que la guitarra de Oikawa acompañara a los hermanos una vez más.

Al final, el útimo coro dio inicio y Souji y Wriothesley sentían que el bar estaba a punto de explotar.

(I want heaven) Soko no nai I’m going down
(Gimme heaven) Kazaranai de kasoku wo daite
(I want heaven) Owaranai your precious sound
(Gimme in heaven)
(I want heaven) I want heaven!
(Gimme in heaven)
(I want heaven) Nothing but heaven
(Gimme in heaven) Kono ai ni mi wo nage dashitekure!


Con la nota final del teclado y la guitarra de Oikawa, el público gritó muy feliz al final de la canción. Souji, anonadado, atinó a aplaudir sin despegar la mirada de aquel pelirrojo de sonrisa carismática.

Esa banda necesitaba un mánager, un trato con una disquera y un single.

En medio de la bulla de la gente y de la voz rasposa del vocalista principal de la canción, Souji escuchó de nuevo a su guardaespaldas y amigo.

“¿Cuándo traes a tus contactos? Estos chicos los necesitan.”
“Tienes razón.” Souji ni se giró a observarlo.
“¡Y ESOS FUERON LOS HERMANOS MINAZUKI!” Los presentó Oikawa. “¡Sho-chan y Ken-chan son un dúo dinámico!”
“Revivieron este bar en cuestión de minutos,” comentó Kaworu.
“Nosotros también, Nagisa,” dijo Eren.
“Bueno, bueno. ¡Mucho blablablá y poca música! Ahora los dejo en manos de Oikawa,” comentó el pelirrojo. ¿Ken? ¿Sho? Souji se maldecía por no recordar sus nombres de aquella vez en el ensayo. “Pero les prometo que Ken regresará pronto. Sé que muchos vienen sólo por él.”

El público gritó ante aquellas palabras de Sho.

Souji sonrió, aliviado por al fin saber su nombre. Pero le intrigó ver a una persona en el público de cabellos bicolores que se retiró del lugar con el ceño fruncido.

¿Quién en su sano juicio no disfrutaría de semejante espectáculo?

Bueno, la vida estaba llena de gente amargada.

Felizmente, él no formaba parte de ese grupo.

Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Kana on August 10, 2024, 06:01:52 PM
En tiempo pasado
(https://i.imgur.com/Yyug6zf.png)(https://i.imgur.com/ugNHsbp.png)

La suave lluvia de verano armonizaba las calles rojas de Gion, humedeciéndolas y dándole unos toques mayormente místicos, iluminada tenuemente con sus clásicos faroles de luces rojas.

No llevó paraguas, casi nunca lo hacía. Estaba seguro que su larga cabellera lisa y bicolor cayendo humedecida por los costados de sus hombros lo hacían ver sensual y enigmático para las mujeres. 
Esperaba que se hiciera la hora para poder entran en una tradicional casa de Okiya donde una de las “artistas” tenía su acto de canto a cierta hora de la noche. Mientras tanto, se cubría de la lluvia en la puerta de un Seven Eleven, fumando algo de tabaco a pesar de la mirada de rechazo, pero asustadiza de uno de los empleados del minimarket.
Nunca nadie se atrevía a decirle nada.

Cuando notó que los Yakuza y los ejecutivos de empresas a esa hora de la noche se dirían a la Okiya, el joven los siguió tranquilamente como uno más del montón. Los Yakuza lo conocían porque a veces trabajaba para ellos y los empresarios era la misma mafia, pero con camisa y corbata.

No le preguntaron la edad ni nada en la entrada, suerte, porque en ese entonces era menor de edad, pero siempre se podía colar con los Yakuza como uno más. ¿A qué imbécil se le ocurriría detener a un Yakuza en la puerta de un Okiya para preguntarle la edad?

Como tantas otras veces, entró allí. Por supuesto, el recibimiento por parte de los empleados y las Oiran no era el mismo que la camarería que tenía con los Yakuzas. Ellas y ellos, los dependientes del Okiya, sabían que era una sabandija menor de edad que no pagaba y que sólo se aprovechaba de su situación. En cualquier momento, les traería problemas.

Pero nunca lo iban a denunciar a la policía por estar visitando sitios para adultos, ¿Por qué? Muy simple.

“Ho~la~” Saludó canturreando sugerente con una media sonrisa a un par de jóvenes que esperaban a la artista principal. Los dos eran los músicos de la artista, los dos eran menor de edad y sería una lástima que la autoridad se enterara de que la celebridad principal de esa Okiya explotara a menores de edad. Por eso los tenía en contra la espada de la pared ¨si me voy, no me voy solo¨

Por supuesto, ninguno de los dos lo saludó. Lo veían como una cucaracha.

Que ganas de darles su merecido allí mismo. Pero no estaba para pendejadas.

Entraron, las cortinas noren se fueron abriendo, así mismo las puertas shoji y en poco los contertulios y demás clientes se fueron ubicando rodeando el escenario ficticio.
Los dos músicos de hace un momento también aparecieron allí, los dos con sus shamisen y afinando sus cuerdas para no desentonar. Ellos eran los músicos de Umeko.

Umeko es una mujer hermosa, de facciones gatunas, carácter firme, conocida como el “Gorrión de Gion” por su voz hipnótica e intensa. Su tradicional acto era tan perfecto que no por nada era costosamente caro acceder a sus presentaciones las cuales, como era de esperar, sólo las presentaba en Japón, pero mayormente en Kyoto y en especial en Gion. Las malas lenguas decían que Umeko-dono no le gustaba salir de Gion porque en realidad era una Oiran.

Vestida con un kimono excesivamente caro, maquillada como geisha y como la estrella que era, salió recibida entre elogios y exclamaciones. Empezó a cantar, sí, efectivamente era como un gorrión, y los dos muchachos que la acompañaban tocaban el shimasen.

Todos estaban atónitos en el canto de la mujer. El joven, en cambio, estaba más interesado en el sake que iban sirviendo. Al terminar de cantar todo su repertorio, que, increíblemente, dejaba tanto a cantante, músicos y oyentes, cansados y extasiados, los presentes se aventuraban a acercarse a Umeko-dono con la intención de tan siquiera recibir una mirada de la egocéntrica mujer.

La manada de hombres se levantó, desesperados tras ella. El joven, permaneció echado sobre el tatami, jugando con su vaso de sake meneando el líquido en su interior, despreocupado de tener la yukata media abierta mostrando indecorosamente el pecho y su mafioso tatuaje.

La sala quedó en solitario a no ser por él, el par de músicos y unos tres cuarentones que se quedaron comentando entre ellos el espectáculo.

“Oye. ¿Hasta cuando me vas a ignorar?” jugó un poco más con su sake. “Cada semana tengo que pagar tanto dinero para poder conversar contigo”
“Lárgate, sin vergüenza. Entras gratis porque te inmiscuyes con esos mafiosos” dijo el otro músico.
“No te hablo a ti, basura.”
“¿Cómo te atre--?” casi se atreve a reaccionar, pero recordó que era uno de los músicos de Umeko-dono y ellos no podían hablar ni nada.
“Hey, Umeko-dono necesita que la abaniques.” Llamó el dueño del local al músico que estaba en disputa con el mafioso.
“…” no le quedó de otra que salir de allí.
“Por fin solos.” Se arrastró un poco en el tatami para quedar más cerca del músico que sí le interesaba. En definitiva, era una especie de copia de Umeko, se parecía mucho físicamente, pero en varón. ¿Su voz? No le importaba. A Ran le interesaba otra cosa. “Escapa conmigo. Nuestra banda musical será magnífica”
“…” Deseaba alejarse de ése charlatán, pero todavía no lo llamaban adentro, y si no tenía la orden no podía hacer mucho. Era tan pegajoso y molesto que le nacían las ganas de enterrarle su shamisen en la cabeza.
“Si no vienes conmigo de forma voluntaria, tendré que llevarte a la fuerza.”

Ran Haitani tenía planeado hacer una banda musical y largarse de Kyoto apenas pudiera y pensaba que Seishu Inui, con un poco de modales y manejo, podría ser uno de sus músicos estrellas.
Cualquiera pensaría que iba cada semana al espectáculo de Umeko-dono por ella, pero, ¿para qué quería Ran una cuarentona en su banda? La mujer parecía de veinte y era regía, pero, seguro a su edad, tenía sus mañas de vieja. Además, una que otra vez la mujer y él tuvieron desacuerdo. Básicamente porque Ran no le pasó un vaso de agua inmediatamente y Umeko lo trató de escoria. A Ran le daba lo mismo ella, estaba seguro que era una Oiran y se hacía la dama, pero no iba a caer en esos chismes. A él le importaba su anónimo hijo.

“¿Quieres vivir toda la vida en la falda de tu madre? ¿Siendo su sombra?”
“…”
“Ni siquiera les permite hablar en público porque su voz es la única que se puede escuchar.”

Y ni siquiera lo reconocía en sociedad como hijo. La mayoría pensaba que era un familiar menor, porque el parecido era innegable, pero Umeko jamás admitiría públicamente que era madre. La hacía ver menos joven.

El músico finalmente fue llamado por el asistente de Umeko-dono y pudo entrar a la sala exclusiva donde la mujer estaba.

“Volveré la próxima semana…” le dijo al músico antes que se fuera.

La próxima semana. Ya no estaba. Al parecer, lo que le dijo a Seishu le hizo eco y abandonó a su madre, ¡Pero no se fue con él! Increíblemente, un par de animalejos lo estuvieron tentando al mismo tiempo que él y se fue con ellos.

Ah, sí. Lo metieron como guitarrista a una banda llamada “Lost Heaven” ¡Qué perdida de talento! Ran veía mejor potencial en Seishu que un simple guitarrista de una banda, a su gusto, regular. Con su conocimiento en los instrumentos de cuerda tradicionales, podían crear un nuevo estilo totalmente hipnótico entre lo tradicional y el rock y, ¿por qué no? Algo de eroguro.

Ran no se rendía, fue a escuchar a “Lost Heaven” en una de sus tocatas. No pudo negarlo “tienen talento” y eran jodidamente buenos, tanto así que se le quedaron sus canciones en la cabeza y aunque dijera lo contrario, le gustaba la música. Tenían su estilo y cada integrante tenía lo suyo.

Pero Seishu no parecía muy cómodo con ellos. Seguramente porque ellos ya eran amigos de antes, y porque el que lo convenció, el tal Draken, parecía ser del tipo de gente casi esclava de Mikey (otro de los integrantes) así que no rebatía nada de lo que proponía Mikey y a Ran le daba la impresión de que a Mikey no le gustaba Seishu.

“¿Será por sus orígenes? Lo dudo, nadie lo conoce como yo.”

Un día Ran estaba en la estación de metros de Tokyo y para su sorpresa vio que Seishu estaba allí también, esperando en la zona de los Shinkansen.

¿Saldría de Tokyo? No se iba a quedar con la duda. Se acercó a él y le incomodó cuando le susurró a su oído.
 “Hola, Seishu.” Casi se gana un puñetazo y por poco termina en las vías del tren. “Woh, que sensible.”
“...” casi confunde a Haitani con un ladrón
“¿Vas a Kyoto a visitar a mami?”
“…”
“Oh, no… Espera… No es una simple visita… Vas de regreso con tu mamá.”
“No te importa”
“Qué lindo escuchar que dices más de dos frases” un momento. “¿Por qué te vas con tu mamá? Pensé que esa banda de mierda iba bien.”
“No era lo mío, supongo…” suspiró. “Umeko-dono me indicó que volviera a su espectáculo.” Por supuesto, con toda la humillación y reproche que significaba volver con su narcisa madre. Ya imaginaba su rechazo, burla y desaprobación, ¨te dije que te mantuvieras en las sombras. Te lo advertí¨ fue lo que le dijo por teléfono en esa mañana. Y, sí, Seishu era el más idiota de todos porque seguía preguntándole a su mamá que hacer con su vida. Quizá era masoquista.
“No vuelvas con ella.” Encendió un cigarrillo.
“…” El rubio estaba incómodo, porque el guardia los miró con desaprobación por el acto ilegal de Ran.
“Ni vuelvas con los afeminados de Lost Heaven. Ven conmigo. Yo sí valoro lo que eres, sé lo que te puede gustar, te conozco bien.”
“Apenas hemos cruzado palabra en la vida…”
“Pero he visto cada uno de tus actos.”
“Los de Umeko…”
“Umeko sin el shimasen no es Umeko.” Alzó las cejas. “Apuesto que debe estar histérica porque se quedó con ese musiquito perdedor y su estrella anda en Tokyo”
“Tengo que volver a Kyoto.”
“Bueno, haz lo que quieras. Pero cuando seas un viejo destrozado y sin nombre porque viviste toda la vida con la cabeza baja escuchando a tu madre, pensarás en este momento y te arrepentirás de no haber tomado las oportunidades que te dio la vida.” Lanzó el cigarrillo a las vías del tren, se acomodó la larga cabellera y se fue.


“No te vas a arrepentir.” Ran abrió la puerta de su departamento invitándolo a su interior. “Puedes dejar tus cosas allí”
“Esto es… una jodida mierda.” Estuvo a punto de colgar el estuche de su shimasen en lo que se suponía debía ser un recibidor decente, pero todo era un desastre visual.
“Oye, qué vocabulario.” Bueno, venía de Gion, no era algo anormal que usara palabras así. “¿Te gusta?”
“No hay nada.”
“Oh, sí… Los muebles…” dejo caer su cabeza hacia un costado, pensativo y con un gesto inocente. Sí, era un bonito departamento, pero no tenía ni un solo mueble salvo el refrigerador y su cama en su habitación. “Compré el departamento, pero no me alcanzó para los muebles.”
Lo más sospechoso era, ¿cómo pudo a su edad comprar un departamento en el centro de Tokyo? No era un sitio grande, pero hasta el más miserable espacio pequeño en Tokyo salía un ojo de la cara y Ran tenía su propio departamento. Claro, sin muebles ni nada.
“Puedes dormir en ese rincón…”
“No dormiré en el piso como un perro…” se aferró al cinto de su estuche, indignado.
“Que coqueto♡ Dormirás conmigo en mi cama~ Podemos hacer cucharita y así capeamos el frío. Pero en verano esto es un infierno así que creo que sí te tocará dormir en el suelo.”
“…” Seishu pensó que la mejor opción no fue ni Lost Heaven ni escoger a Ran Haitani, la mejor opción habría sido lanzarse a las vías del tren.
“Esto será temporal. Después nos iremos a 
Eastwood, ese será nuestro objetivo. Deja tus cosas, vamos a Shinjuku para cenar.”




Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Kana on August 14, 2024, 08:30:19 PM
Backstory
(https://i.imgur.com/Yyug6zf.png)(https://i.imgur.com/hqdUXAy.png)(https://i.imgur.com/ugNHsbp.png)
—La china loca

“Yo no pedí esto” los ojos violáceos se entrecerraron, sus largas pestañas plateadas cubrieron sus orbes, consagrando una expresión de frío reproche.
“…” Los otros jóvenes presentes quedaron expectante, porque estaban más bien acostumbrados a otro tipo de reacción de su parte. Todo estaba demasiado tranquilo para ser real.
“…” apretó la botella en su mano, los anillos en sus dedos hicieron un entretenido chasquido al chocar contra el vidrio de la transparente botella.
“…” Sí, definitivamente esa tranquilidad era pasajera.
“¡ODIO el agua con gas! Pedí agua mineral natural de las montañas, ¡No esta basura económica!” les lanzó la botella con verdaderas intenciones de estrellarla a la cara de quien le cayera. “No voy a hacer nada hasta que me traigan lo que pedí.”
Había sido Yamato Endo el desafortunado que ¨agarró la botella¨ que voló por los aires, por suerte, justo a tiempo antes de que impactara en su rostro. Los otros volvieron a mirar a quien caminaba de un lado para otro, enojado.
“Sanzu… Ya te van a traer otra agua… Sólo canta, tenemos que ensayar.” Pidió Yamato, el pelinegro era el que tenía más paciencia allí.
“No.” Se cruzó de brazos. “Mi voz es asquerosa… Si no bebo agua decente se pone peor. Acepté estar en esta puta banda tristona sólo porque estaba aburrido, pero ni me gusta cantar. Menos en estas condiciones tan deplorables.”
“La china loca…” Ran giró los ojos, cansándose de Sanzu. Ran Haitani había sido el de la idea de meterlo al grupo, pero ahora tenía unas intensas ganas de cometer un crimen de odio.
“¡Que no soy de china!” le lanzó un golpe, pues lo tenía cerca suyo. Ese maldito sujeto ya de hace un tiempo le decía así sólo porque estuvo un par de años viviendo en China cuando su padre lo mandó a estudiar en el conservatorio musical de dicho país.
“¿Qué hacemos?” Yamato miró a Ran, quien sólo se alzó de hombros. Luego miró a Chika Takiishi, el pelirojo simplemente lo ignoró. Terminó por pedirle ayuda a Inui, pero el rubio prefirió quedarse en el rincón de la sala, alejado del bullicio. Evidentemente, se perturbaba cuando a Sanzu le daban sus arrebatos. “Haz algo, Haitani, es tu responsabilidad.”
“Hm…” despreocupado, jugó con su cabello y viendo que todos ahora lo miraban con odio se convenció de quitarse la pereza de encima y salir a comprar.

Así eran todos los días que se juntaban a ensayar. La actitud de Diva de Sanzu estaba colmando la paciencia de todos, pero lo soportaban porque a la banda le iba muy bien y a la gente le gustaba escucharlos. Sacar a Sanzu a esas alturas traería declive de seguidores y no estaban en posición para que eso pasara, menor ahora que estaban compitiendo en popularidad con los de Lost Heaven.

Mientras Sanzu se lanzó sobre el sillón y se puso a escuchar música con audífonos puestos, Chika y Yamato repasaron el tema con sus instrumentos. Después de que Haitani se llevó a Inui de Lost Heaven, también se llevó a Chika y Yamato de otra banda llamada Irashire. Chika y Yamato eran amigos de infancia y pese a que Chika parecía que iba a matar en cualquier momento a Yamato, ellos dos eran muy unidos.

Inui quería salir de allí, pero estaba lejos de la puerta y sabía que si caminaba entre ellos le iban a pedir que fuera a comprar cualquier porquería.

De nuevo se preguntaba si haber aceptado la oferta de Ran Haitani fue lo correcto. Definitivamente, la decisión de salirse de Lost Heaven cuando todavía no era una banda popular fue la mejor opción porque no encajaba allí y su relación con uno de sus miembros, Manjiro, era demasiado tensa. Unilateral, ya que Inui no se enfrascaba en problemas con él, pero a Manjiro no le caía bien por algún motivo, tal vez Manjiro pensaba que le iba a quitar a su amigo Draken porque Inui se llevaba muy bien con Draken.

Pero, EroGion era mucho más estresante que Lost Heaven. Lo ¨peor” es que a la banda le estaba yendo bien y era difícil dejarla a ese punto. Además, por el momento volver a las calles rojas de Gion en Kyoto no era una opción. Umeko ya lo había reemplazado en el shimasen.

Ran Haitani volvió y le lanzó a Sanzu la maldita agua mineral sin gas producida en las montañas con un toque liguero a flor de cerezo. Después deu nos cuantos reclamos más por parte de Sanzu finalmente iniciaron el ensayo.

Todo bien con la música. Pese a que no congeniaban entre ellos como seres humanos, con la música les iba muy bien. Terminaron de tocar y cada quien se preparó para hacer lo que debía hacer el resto de la noche.

“Inui…” Haitani lo detuvo antes de que se fuera. “La señorita quiere vernos.”
“…” la expresión de Inui, pese a diferente, dejo notar su incomodidad.
“Ajá, ya sabía que ustedes sacaban dinero de mujeres mayores.” Sanzu les salió de la nada desde atrás, mirándolos con desprecio. “Se prostituyen”
“Shhh, vete a consumir drogas y déjanos en paz” Ran le dio un puntapié.
“Yo… No hago eso”
“…” Chika se le quedó mirando, sin expresión. Eso daba miedo.
“¡Que no hago esas cosas!” lo miró indignado.
“¿Entonces lo que dicen nuestros rivales es verdad? ¿EroGion creció en poco tiempo porque nos benefician gente adinerada?” Chika era de pocas palabras, pero lo que decía incomodaba mucho.
“Ay, los niños de hoy en día imaginan cada cosa” canturreó Ran. “Nosotros tenemos cosas que hacer. Ustedes vayan a misa, a la disco, no sé, piérdanse por allí y déjenos en paz.”
“Mañana Lost Heaven toca, tenemos que superar sus entradas porque nos presentamos a la misma hora. Ninguno haga nada estúpido.” Yamato apuntó a cada uno.
“Bien dicho.” Asintió Haitani. Del único que no se arrepentía de traerlo era al idiota de Yamato. Decía cosas cuerdas, a veces.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Kana on August 24, 2024, 04:26:46 PM
Sigo con estos fics tipo flash back

Backstory
(https://i.imgur.com/bAWOTCk.png)

“Lost Heaven o EroGion. Lost Heaven o EroGion” la joven miraba cada boleto respectivamente, llena de inseguridad e indecisión. Era fanática de las dos bandas en ascenso y si fuera por ella compraría boletos para asistir a ambas presentaciones, pero lamentablemente las dos bandas se presentaban el mismo día y en el mismo horario. Una en Shinjuku y otra en Harajuku. “Ahhhh” soltó un quejido lamentoso. ¿Por qué la vida de una adolescente tenía que ser tan difícil? La rubia ladeó el rostro a un lado, abrumada. “Alissa-chan, ¡Ayúdame con esto!” miró a la joven de cabellos azulinos platinados.
“Escoge cual te guste más, Misa.” Alissa no dejo la lectura de su libro de lado. Sabe que cuando acompaña a Misa a sus salidas de compra o cuando va a ver bandas tocar como la fangirl que era, eso llevaba tiempo. Por eso, mientras la chica se decidía por una cosa u otra, Alissa tenía todo el tiempo del mundo para leer o para divagar en sus propios pensamientos.
“Ese es el problema. ¡Me gustan las dos!” lloriqueó la rubia que lleva su cabello en dos coletas. “Por eso tienes que ayudarme a decidir, porque compraré entrada para las dos”
“E-Espera, no creo que pueda ir. Tenemos examen”
“Bah, no necesitas estudiar. Además, un poco de distracción te hará bien. ¿Lost Heaven o EroGion?” le volvió a insistir.
“…” Alissa no era muy aficionada a las bandas de chico en ascenso que se presentaban en las salas de eventos de aquellas calles donde el visual kei y el rock alternativo era lo máximo. “¿Cuáles te gustan más estéticamente?”
“Todos” asintió “Pero si tengo que escoger, me gusta mucho Ran de EroGion, y Draken y Baji de Lost Heaven.”
“Pues entonces que sea Lost Heaven. Así puedes mirar a dos chicos que te gustan”
“Buena idea.” Aplaudió, dando un salto emocionada. Miró a la cajera. “Dos entradas para Lost Heaven” puso los billetes sobre el mostrados y en poco la adolescente que vendía las entradas le dio un par a Misa.

(https://i.imgur.com/r2AOl4h.png)(https://i.imgur.com/s4aIRkD.png)

Alissa subia las escaleras detrás de Misa. Llegaron hasta el segundo nivel del edificio donde abajo se encuentran muchas tiendas de ropa y accesorio de Harajuku. Era típico que los segundos pisos los usaran para cafeterías con temáticas o negocios de comida donde montaban un escenario para que las bandas principiantes se presentaran.

“Por favor, nada de cámaras ni teléfonos. No están permitidas las fotografías” una joven de cabello morado apareció apenas pasaron el último escalón, ella llevaba un letrero con una gran equis en el dibujo de una cámara. “A los artistas no les ayuda si los graban. Deben comprar sus productos”
“Sí, sí.” Misa le meneó una mano en el aire espantándola como mosca. Tomó la mano de Alissa y le susurró. “Nadie conoce mi técnica de paparazzi incógnita.”
“Si te echan yo me voy a hacer la loca. No quiero que me vean como criminal.”
“Ay, Alissa-chan, eres tan correcta y aburrida, un día vas a morir aplastada bajo una pila de libros y te lamentaras no vivir la vida al límite”
“…”
“¡Llegamos justo a tiempo!” Misa sacó un lightstick y empezó a gritar como fangirl, corriendo al borde del escenario para quedar cerca de sus ídolos.
Alissa sólo se quedó parada atrás, a lo lejos, cerca de los puestos de comida. Le dio vergüenza quedarse parada sola allí así que fingió que iba sólo a comprar, pidió un kakigori de té verde y una botella de ayuda, luego se sentó en una mesa. Misa se volteaba cada cierto tiempo y se hacían señas mutuamente. La rubia la instaba a ir hasta adelante, pero Alissa le negaba con un gesto de mano.

En el escenario, comenzó a aparecer la banda que tanto amaba Misa, Lost Heaven. El primero en salir fue uno de los líderes, el bajista, era un chico rubio de porte un tanto bajo, su traje era negro con bordes dorados, luego le siguió un tipo muy alto con un tatuaje en la sien, él se sentó en el sitio del baterista. Alissa pensó que quizá era un criminal, pero dedujo que un criminal no estaría tocando en una banda, ¿o si? Después aparecieron los otros dos faltantes juntos, un chico de cabellera larga y negra, tan oscura como la noche, estaba vestido de negro con una chaqueta roja, se notaba que tenía calor pues septiembre en Tokyo es demasiado caluroso para ir vestido así, el otro era un joven de cabellera bicolor entre negro y rubio, él llevaba muy bien el estilo de Harajuku. Los dos tenían mucha sincronía entre ellos, cruzaban miradas sin necesidad de hablarse para saber lo que el otro estaba diciendo en su mente.

Según le contó Misa, había un quinto miembro que tocaba la guitarra, pero se había ido a EroGion por algunas diferencias con uno de los integrantes, por eso Lost Heaven ahora sólo contaba con cuatro integrantes. Aún así, se las arreglaban muy bien para tocar.
La voz del de cabello negro era muy envolvente y melancólica, de aquellas que te invitan a cerrar los ojos e imaginar lo que canta, era hipnótico. ¿Ese era Baji? Algo así le explicó Misa.
En ese punto, Misa parecía una enajenada gritando como loca el nombre de Baji y Draken, así que Alissa no se atrevía a ir a preguntarle nada porque le daba un poco de vergüenza que la vincularan a aquella eufórica fangirl.
Bueno, Draken era el de la batería, parecía enojado todo el momento, pero más bien estaba concentrado en lo que tocaba. Por lo que pudo escuchar de un par de chica delante de ella (que ya en la cuarta canción se había llenado de gente hasta el borde a lo lejos donde estaba Alissa) el de cabello bicolor era Kazutora y tenía un grupo increíble de fangirls pidiendo su atención y el otro era Manjiro Sano quien también parecía tener mucho arrastre con las chicas.

“¿Deseas comprar una imagen de alguno de los integrantes?” apareció de improvisto una joven, que seguramente era parte del staff de ese grupo.
“No, gracias…” Alissa la despidió con cortesía.

Como ya había mucha gente, sobre todo muchas chicas gritando, la joven prefirió botar lo que quedaba de su kakigori y llevarse la botella de agua con ella, abrió una puerta y salió por una escalera de emergencia y bajó al primer nivel. Necesitaba un poco de paz.

“…” quizá quedar en medio de un callejón trasero, cerca de la basura, no era la mejor opción de paz, pero era mejor que estar en medio de tanta gente gritando.

(https://i.imgur.com/mNe50dP.jpeg)
Fue en eso cuando alguien más tuvo su misma idea. Esa persona bajo por la misma escalera que usó Alissa y llegó al mismo punto. Se quitó la chaqueta roja, exhausto y muy acalorado por el verano de Tokyo, se levantó la sudadera negra sin mangas para que entrada un poco de aire en su abdomen y luego vertió el contenido de una botella de agua sobre su cabeza.

Alissa se quedó estática y en silencio observando sin palabras a ese joven. Era el pelinegro vocalista de Lost Heaven, Keisuke Baji. Su cabello oscuro ahora mojado caía como cascada brillante sobre sus hombros, su mentón elevado al cielo y su frente empapada por el agua, con su sudadera mojada, era una visión bastante seductora.

¿Qué le pasaba? Era primera vez que la aburrida y parca joven se quedaba en shock por algo tan mundano y trivial.
El joven mantenía sus ojos cerrados, probablemente su mente estaba lejos del estrés de ese lugar. Soltó un suspiro, hastiado y luego se dio cuenta que no estaba solo allí.

“¿Te gusta lo que ves?”  coqueto, impactó a la joven.
“…” La chica sintió como las mejillas se le prendieron en rumor, miró hacia otro lado, avergonzada. “Esa era mi botella de agua”
“…” el pelinegro alzó una ceja, serio. Miro a la chica, luego a la botella y luego a la chica. Claro, ¿cómo iba a estar una botella de agua de la nada lista para él? Ahora, el avergonzado era él. “Ah… No sabía.”
“No importa.” Hizo un gesto, ansiosa, con intención de retirarse. “Permiso.”
“Espera. Te voy a comprar una botella de agua. Vamos a un negocio que está por aquí”
“No hace falta. Además, tienes que volver con tu grupo.”
“…” Se tomó el cabello en una cola alta, colgó su chaqueta roja en su hombro y metió la mano libre dentro del bolsillo de su pantalón. “Pueden arreglárselas sin mí. Sígueme.”
“Estás mojado.”
“El sol de verano me secará en minutos. Vamos.”



Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Kana on August 25, 2024, 09:24:31 PM
Este viene siendo la continuación del fic compartido que hicimos con Eureka
*Después se agregarán los iconos :3

(https://i.imgur.com/FquYakB.png)(https://i.imgur.com/YAkITxG.png)(https://i.imgur.com/zruGcfk.png)(https://i.imgur.com/nLgoXy4.png)

“No es tan difícil si lo haces de este modo, ¿cierto?” Hua Cheng anotó unos cálculos más en el cuaderno y esperó que el pelirrojo pudiera procesar el ejercicio. “A veces cambias los signos positivos por los negativos, por eso el resultado en teoría es correcto pero el símbolo te estropea todo.”
“Ya lo capto un poco mejor.” Hyoma asintió, aunque dudoso, porque algo entendió, pero estaba seguro de que seguiría cometiendo el mismo tonto y burdo error.
“Tienes que tenerte confianza.” Le revolvió un poco el cabello. Luego miró a otro joven que estaba sentado más allá, tragándose una bolsa de papas fritas. “Hey, Sakura, deberías estudiar un poco con Hyoma. Te vendría bien.”
“…” le tiró una papa.

Hyoma y Sakura eran de los más jóvenes de MoonLight por lo que a veces les tocaba repasar estudios en los ensayos. Bueno, Hyoma se esforzaba por resultar bien en sus calificaciones y era el orgullo de los demás, Sakura… Sakura le ponía empeño. Eran buenos chicos.

“Quizá Sakura-kun quiere que yo le enseñe.” Amemura se sentó al lado de Sakura, demasiado cerca para incomodarlo y ponerlo nervioso. El pelirrosa sonrió victorioso, por más que Sakura intentara lucir rudo y estoico, era fácil de perturbar.
“NNo. Gracias. Aléjate de mí” Pero Amemura no sólo apareció a su lado para perturbarlo. “Oye, ¡devuélveme mis papas!” el pelirrosa aprovechó el descuido de Sakura al bajar la guardia para efectuar el robo de la bolsa de papas fritas.
“…” Hyoma los miró a lo lejos juzgándolos en silencio. Por suerte en MoonLight existía Hua Cheng quien daba equilibrio entre todos y era la única figura que respetaba. Porque aparte de Ramuda Amemura y Haruka Sakura, ambos demasiado inmaduros según su opinión, faltaban otros dos que eran igual de especiales. Por ello, el pelirrojo prefería estar cerca de Hua Cheng, por salud mental.

Hablando de los otros dos faltantes…
La puerta se abrió de una patada y entró un joven de cabello largo de color amarillo y negro, se cubría el rostro con su gorra negra para no encontrarse con gente conocida por el camino, usaba una chaqueta de cuero y en su outfit no podía faltar el animalprint de rayas. En su mano traía un pack de cervezas Asahi, las tiró sobre la mesa de centro, se lanzó al sofá y abrió una lata de la cual bebió.

“…” los otros cuatros lo miraron sin decir nada.

(https://i.imgur.com/JKCh3r6.jpeg)(https://i.imgur.com/waJERYH.png)(https://i.imgur.com/YAkITxG.png)(https://i.imgur.com/zruGcfk.png)(https://i.imgur.com/FquYakB.png)(https://i.imgur.com/nLgoXy4.png)
MoonLight era una banda con mixtura de personalidades, todos sus miembros eran muy distintos entre sí, de distintas edades, características y distintos gustos, y la multiflora de variedad había hecho que MoonLight fuera tan maravillosa y exitosa porque, pese a que eran muy distinto los unos de los otros, todos hablaban un lenguaje en común cuando hacían música. Hua Cheng era el cable a tierra para todos y pese a que Gojo era el líder parecía que todos lo respetaban más a él que al peliblanco, Hyoma era reservado y quitado de bulla pero muy comprometido con la banda, Sakura era Sakura (?), Ramuda era el idol por excelencia que atraía masas, Gojo era el líder célebre que brilla donde quiera que vaya y las fangirl morían por él. Kazutora era, por así llamarlo, algo místico.

De todos, si se podían agrupar, era de la siguiente forma:
Caos: Gojo, Sakura, Ramuda
Serenidad: Hua Cheng, Hyoma
“Géminis”: Kazutora

¿Por qué lo categorizaban como Géminis? Porque unos días podía ser parte del Caos y otros días podía ser parte de la Serenidad. Como también había días más intensos donde era neutral y estaba en su propio mundo. Generalmente, ya en esta etapa adulta los días de Kazutora sólo “eran días” así que pasaba más bien neutral enfocado en su propio nihilismo personal así que no era tan caótico como Sakura, Gojo o Ramuda. Hua Cheng lo había conocido mucho antes que todos y sabía que perfectamente el Kazutora del pasado encajaría en el caos, pero el de hoy en día estaba algo apagado, por así decirlo.
Los demás lo quedaron mirando en silencio para analizar en cuál de sus estados estaba.
Pero la estrella faltante se hizo presente y no les dejo tiempo de analizar la situación.

“¿Qué pasa, tigrito? ¿Por qué esa cara?” Gojo, como era de esperar, apareció de la nada para joderlo, dejando atónitos a todos por su inesperada aparición. Se asomó desde atrás del sillón y apoyó cada yema de sus dedos índices en las comisuras de los labios de Kazutora para armarle a la fuerza una sonrisa. "Así está mejor"
“Sale, mierda.” Le dio un manotazo apartándolo. “Déjame tranquilo”
“Uy, no estás de humor hoy. ¿Pasó algo?” con la tranquilidad que le caracterizaba y con aquella desesperante forma de ser, rodeó el sofa y se sentó al lado de Kazutora sin miedo alguno. Sacó una lata de cerveza sin permiso, era el líder, ¿Por qué le iba a pedir permiso al pelmazo de Kazutora? Pero sólo se limitó a leer los detalles de lata, no era momento para ponerse a beber.
“¿Por qué ese viejo sarnoso permite que ese grupo de mierda sin nombre toque en su bar? Yo digo que vayamos a apedrear su negocio y quememos el local con él adentro en represaría por permitir que esa mugre toque”
“Dios, Kazu. Tranquilo. Eso suena muy mafioso de tu parte. Ni Kim Jong-un guarda tanta rabia en su interior. Te vas a convertir en un Yōkai si sigues así de rabioso. Ese ¨viejo¨ no es tan ruin, nos facilita este camerino sólo a nosotros. Además, si quemas el bar de Toji, ¿cómo le dará de comer a sus hijitos?”
“Sólo uno es su hijo, y te ve, esquizofrénicamente, a ti como una figura paterna por sobre ese viejo” hizo una mueca de desagrado. ¿Quién en su sano juicio podría tomar a Gojo como imagen paterna? Seguramente alguien muy traumado “Bueno, quizá al pestañitas y a la chica los podemos sacar del incendio, pero al pendejo de cabello rosa hay que quemarlo junto con el viejo”
“Pobrecito Itadori, ¿Qué te hizo? Sé que es algo tonto, pero no es malo”
“Yo lo vi muy feliz animando al grupo de los idiotas.”
“Itadori es bueno con todo el mundo. Cuando tocamos también nos anima y compra mechardising de nosotros. Hasta tiene una fotografía tuya con él pegada en su cuarto”
“…” se quedó en silencio unos segundos. “¿Cuándo pasó eso? No recuerdo tomarme una fotografía con él…Ni con nadie.”
“Bueno… Yo la saqué de improvisto, después lo empujaste suavemente porque estaba cerca de ti. En fin, ni te diste cuenta así que no puedes cobrar por la mercadería.”
“¿Vendes mi imagen sin mi consentimiento?” apretó la lata de cerveza. “Voy a quebrarte el cuello y—“
“Sí, sí. Usarás mi piel como alfombra para limpiar la mugre de la suela de tus zapatos porque no soy digno de convertirme en tu bufanda. Está bien, pero hazlo después de nuestra presentación.”
“¿Presentación?” Hua Cheng no pudo evitar meterse en la conversación. Se sentó también en el sofá, quedando Kazutora al medio de los dos. Por algo se sentó allí. “¿No que hoy sólo veníamos a pasar el rato?
“Jaja, cambio de planes” Gojo le hizo un gesto con sus dedos. “Le acabo de decir a Toji que tocaremos justo ahora. No podemos dejar que el público, nuestro público, se quede eufórico con la música de ¨La banda sin nombre¨. Toda la energía y amor del público debe volver a ser canalizada para nosotros.”
“No voy a presentarme después de la banda de enfermos” Kazutora iba a lanzarle un puñetazo en la mejilla de Gojo, pero, sabiamente, Hua Cheng se había sentado a su lado justo para agarrarlo y evitar lesiones innecesarias. Aunque Gojo se podía defender solo y el hecho que coordinara tocar sin consultarle estaba tentándolo de soltar a la bestia para que se le lanzara encima.
“Sé que puede tocar la fibra sensible de alg---“ Justo, Gojo acababa de esquivar un cuaderno volador que le lanzó Sakura. Hyoma miró molesto a Sakura por tomar sus cosas y destruirlas. “Tranquilo, gatito. Todo esto es por un buen propósito para todos ustedes.”
“¡No me llames así! ¡No somos tus animales!” Gojo le tildaba de esa manera haciendo énfasis en la heterocromia de Sakura.
"A mi si me gusta la idea de tocar ahora" Ramuda no tenía inconvenientes con ello. O, más bien, apoyaba a Gojo para joder al resto. La maldad viene en envase pequeño, dicen. 
“Chigiri, ve a preparar tu guitarra y me ayudarías mucho si revisas los instrumentos de los demás. Yo tengo que quedarme a convencerlos y después a arreglarme porque, como soy el más bello de aquí, mi presentación personal siempre debe ser la mejor.” le habló Gojo al pelirrojo que se mantenía apartado.
"Okey"
“No voy a tocar. Arréglatelas solo con la guitarra de Chigiri.” Kazutora se volvió a acomodar en el sillón, bajando la cabeza y con ello cubriéndose más la cara con la visera de la gorra. Gojo sabía que cuando se ponía así era porque iba a entrar en off.
“Después de tocar, si quieres vamos a golpear a los de la  ¨banda sin nombre¨, quemar el bar de Toji con él adentro, mutilar, asaltar, chocar automóviles todas esas cosas antisociales que te gustan hacer.” 
“Quiero la cabeza de Itadori.”
“…”
“…”
“…Bueno, él sabrá comprender que hay sacrificios que debe hacer por su sensei. Ya resuelto este tema, me voy a arreglar. Sugiero que hagan lo mismo, se ven un poco destartalados el día de hoy.”
“Oye Hua Cheng…”
“¿Sí?” miró a Kazutora.
“Tú tienes la culpa de todo esto. No debí hacerte caso en venir a esta banda de desquiciados”

El pelinegro sólo se limitó a embozar una sonrisa, calmado. Kazutora siempre le recriminaba haberlo llevado a MoonLight y se desquitaba con él de formas particulares, pero, al menos, estaba un poco más ¨maduro¨ a como era años atrás.
Ellos se conocían de antes porque ambos iniciaron en la música hace unos años, en bandas distintas y cuando pasó lo de Lost Heaven Hua Cheng no podía permitir que Kazutora se perdiera y lo llevó consigo a MoonLight.

Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Apple on August 31, 2024, 10:10:34 PM
@Eureka y @Kana que alegre tenerlas acá aaaahhh me emocione leyendo sus fics!

Track #10

Relena sonrió cuando entró a su pequeño apartamento. Había sido su hogar en los últimos tres años, y aunque estaba lejos del lujo de las casas de Sakuya y Ritsuko a ella le gustaba mucho.

Era básicamente el único lugar en el mundo que podía considerar propio. Y ahora que apenas había terminado de pagarlo lo tendría que dejar pronto.

Dejó sus llaves y bolso en la mesa de la sala, y se dirigió a la pequeña cocina donde puso a hervir agua para té. Desde su posición podía ver todo el apartamento, la entrada con la sala que únicamente estaba separada de la cocina por una barra; la pequeña sala con un sofá de Ikea, una mesita, una pequeña tv y una guitarra en el rincón; el diminuto baño; y la puerta a su pequeña habitación decorada de manera minimalista. Había decorado todas las estancias con fotos de su tiempo en el orfanato, cuando fue estudiante en el conservatorio y su relación con Sakuya y DeViLS.

Era afortunada, pues mucha gente como ella no podría ni soñar con la vida que ella llevaba. Había encontrado la música desde niña en la iglesia del orfanato y tuvo el suficiente talento y persistencia para entrar a Juliard con una beca completa; lo que finalmente la llevó a ser contratada por Neko Entertainment como compositora y así fue como conoció a Sakuya.

-Flashback-

4 years ago

Era su primer día en Neko Entertainment. A pesar de haberse graduado del conservatorio de música de Eastwood nunca se imaginó que la contratarían en tan prestigiosa agencia de entretenimiento. Obviamente, la música clásica no era precisamente lo que estaba de moda pero Relena tenía una cualidad que la hacía buena candidata: era buena componiendo y escribiendo letras y melodías.

Otra persona en su posición habría buscado un espacio en alguna orquesta internacional, o explotar su entrenamiento en música clásica como Yiruma o David Garrett, pero a Relena no le interesaba la fama y atención que eso le traería. No era una solista que disfrutara de un auditorio lleno de aplausos solo para ella. Mucha gente se sorprendía cuando ella les expresaba sus deseos de permanecer en el anonimato y concentrarse solo en la música.

Por el momento le satisfacía saber que sería música de estudio para varios de los artistas de Neko Entertainment y tendría un sueldo razonable mientras seguía tocando y componiendo, que era lo que más le gustaba hacer.

Se acercó tímidamente al mostrador de la recepción y dudó unos instantes antes de hablar.

–Hola, soy Relena Darlian. Es mi primer día como música de estudio.

La recepcionista la vió con una mezcla de desprecio y aburrimiento. Era una chica guapa, vestía de manera profesional pero elegante. Le recordaba a las chicas que salían en la película “Devil Wears Prada”. Sin decir nada la recepcionista le hizo una seña con la mano para que esperara y tomó el teléfono.

Relena vió a las personas que entraban en el lobby del edificio, y sus vestimentas eran más extravagantes. Las modelos, imposiblemente altas y delgadas llevaban outfits dignos de estar en instagram. No era difícil distinguir a los elegantes abogados y ejecutivos que llevaban trajes de diseñador hechos a medida de los músicos y cantantes con sus atuendos más estrafalarios, algunos super descuidados y otros super glamorosos. Y los actores con atuendos off duty, aunque evidentemente aún las tshirts más básicas eran de marca. Relena se sintió fuera de lugar con su traje de oficina, que no era lo suficientemente glamoroso o interesante para ese ambiente. Parecía que fuera a trabajar a una oficina del gobierno o corporativa y no a una agencia de entretenimiento.

La recepcionista finalmente colgó el teléfono y le indicó a Relena que subiera al piso 8. Relena le agradeció y se dirigió al ascensor. Cuando llegó al recibidor del piso 8 una figura alta e imponente la recibió: una mujer bellísima, con un atuendo sacado de alguna película de época y una flor pintada en el ojo. Su cabello lila estaba peinado a la perfección y el olor a camelias invadió el olfato de Relena.

–Hola, ¿tu debes ser Relena, la nueva compositora? Soy Isabella Yamamoto, la manager de DeViLS.

Relena no supo qué decir. Isabella debía de estar en una pasarela de París, no como manager de una banda de rock.

–Vamos, no seas tímida – le instó Isabella. –Con ellos no puedes serlo.

Con “ellos” Isabella se refería a DeViLS. Hasta ese momento a Relena le cayó el veinte de que trabajaría con una de las bandas más icónicas de j-rock.

–S-sí – tartamudeó torpemente la rubia. –Lo siento, no esperaba que DeViLS tuviera una manager y mucho menos alguien tan elegante.

Isabella rió suavemente y le indicó a Relena que la siguiera.

–Es normal sentirte nerviosa en tu primer día querida, pero con ellos debes demostrar un poco de firmeza. Después de todo son músicos famosos en una banda de rock, y como te imaginas, tienen algo de divas y personalidades mercuriales.

Relena asintió con la cabeza.

–¿Es muy difícil trabajar con ellos? – “vaya Relena no pudiste haber preguntado algo más estupido”, se regañó a si misma.

Isabella rió de nuevo mientras abría la puerta de su oficina, que era igual de hermosa y extravagante que ella.

–Depende del día querida – Isabella le indicó a Relena que tomara asiento en un diván blanco y se acercó al minibar de la oficina. –¿Puedo ofrecerte un té para calmar los nervios?

Relena aceptó e Isabella continuó hablando mientras preparaba servía agua caliente un una taza estilo Louis XIV.
–Son unos buenos chicos. Tasuku es un poco patán y Loki es un excéntrico, a Aioros le gusta bromear pero no lo tomes a mal. Sakuya… es Sakuya, ya lo verás. Sé que fuiste a Juliard, así que entenderás cómo son los músicos, pero imaginate que con ellos será multiplicado por cien, ya que son famosos.

Relena escuchó atentamente, e hizo una nota mental de lo que Isabella le acababa de decir. No era demasiada información, pero la apreciaba viniendo de alguien cercana a la banda.

Isabella terminó de preparar los tés, los llevó con una bandeja a la mesa de la salita de su oficina y tomó asiento.

–Ya los conocerás, trabajarás con ellos muy de cerca. Solo quiero que consideres una cosa: ellos son humanos después de todo. Ellos lidian con los mismos asuntos con los que lidiamos todos como corazones rotos o soledad. Trátalos como tratarías a cualquier persona, ellos lo aprecian mucho.

Relena asintió, sintiéndose afortunada de recibir un reality check antes de conocer a la banda. Las dos mujeres continuaron hablando por un momento, luego Isabella le indicó a Relena que esperaba en su asiento mientras ella trabajaba. Relena pensó en preguntarle porque DeViLS necesitaba una compositora, si era bien sabido que ellos siempre componían su música, pero pensó que no era prudente aún.

Mientras Isabella se ocupaba con llamadas y correos, Relena se entretuvo leyendo el archivo de artículos sobre DeViLS que Isabella tenía en su oficina y cuando llegó el mediodía Isabella llevó a Relena al estudio donde DeViLS usualmente grababa.

Relena sentía como su corazón palpitaba con rapidez mientras seguía a Isabella por los pasillos de Neko Entertainment. Había llegado el momento de conocer a DeViLS.

Isabella se detuvo frente a la puerta, tocó y sin esperar respuesta entró.

–Buenos días señores, les presento a la señorita Relena Darlian. Ella será su nueva compositora.

Ocho pares de ojos en rostros bien parecidos se posaron sobre Relena que sintió como se sonrojaba como una quinceañera.



Sus primeros días con DeViLS fueron incómodos, por no decir improductivos. Al inicio, ellos básicamente la ignoraban. No era como que sí fueran groseros, simplemente cada uno parecía en su propio mundo. Acababan de regresar de una gira mundial y evidentemente estaban cansados.

Lo único que se la pasaban haciendo en el estudio era tocar sus instrumentos sin aparente dirección, tomar siestas, charlar, comer, fumar y beber. A veces sacaban libretas o cuadernos, y Relena creía que escribían, hasta que vió que lo que Aioros hacía era una caricatura obscena de Tasuku (que esté convirtió una bola de papel y lanzó a Aioros en un arranque de ira que duró 5 segundos).

En ocasiones alguno entraba a la cabina de grabación a tocar algo, o Sakuya o Tatsu cantaban un poco, pero no parecían ir a ningún lado. Un par de veces improvisaron juntos tocando sin ningún resultado concreto. Había días en los que uno o más miembros ni siquiera llegaron. Relena aprovechó los días en los que ningún miembro llegó para familiarizarse más con el estudio y otras personas del staff, pero más que nada para escribir.

Eran básicamente unos adolescentes vagabundos, no una banda icónica.

Por la actitud indiferente de todos ella tenía la impresión de que ignorarían cualquier canción que ella les presentara. Eran casi nulas las ocasiones en las que DeViLS tocó música que no había sido compuesta por sus miembros. Pero de igual forma, ella tenía que trabajar y estar en el estudio con los instrumentos estimulaba su creatividad.

Así pasó un mes bastante improductivo para DeViLS, pero productivo para Relena. Escribió varias canciones completas con arreglos musicales. Algunas eran piezas demasiado personales que definitivamente no encajaban con la estética de DeViLS pero había varias que podrían funcionar para ellos- si acaso se dignaran a ponerse a trabajar.

Al terminar el mes nadie le pidió informes de nada, ni le preguntaron cómo iba su trabajo. Se suponía que sus jefes inmediatos eran DeViLS, pero nunca le preguntaron nada sobre el avance o lo que hacía. Se imaginó que si se quisiera ausentarse algunos días ni lo notarían, pero por principio llegaba al estudio todos los días. Sin haber hecho mayor cosa, su paga fue depositada a su cuenta.

“Si las cosas siguen así supongo que terminarán despidiéndome pronto” pensó Relena resignada. No odiaba el trabajo, de hecho le gustaba el hecho de que estaba haciendo lo que más le gustaba sin presión. Era demasiado bueno para ser cierto.

Parecía que las cosas no iban a cambiar, hasta que un día todos llegaron al estudio un poco más temprano que de costumbre, se sentaron en círculo y sacaron sus instrumentos. Relena estaba sentada en un rincón observando el nuevo comportamiento de la banda.

–¿Te llamas Relena, verdad? – le preguntó Sakuya, haciendo que la rubia se sobresaltara un poco.

–S-sí señor– respondió torpemente.

Los demás miembros rieron entre sí, lo que causó que Relena se sonrojara un poco.

–Espero que hayas disfrutado el mes pasado, porque ahora empieza lo interesante– le informó Sakuya.

Los meses que siguieron fueron un torbellino de letras, acordes y grabaciones. Aioros le informó a Relena que podía llegar al estudio más tarde, como ellos lo hacían, porque se quedarían grabando hasta tarde y no tenía sentido que ella siguiera el horario convencional de oficina.

La actitud hedonista y despreocupada de los miembros desapareció casi por completo en cuando se comenzaron a centrar en el nuevo disco. Seguían siendo unos hedonistas, por supuesto, pero verlos trabajar era casi un placer. Estaban totalmente entregados a su música.

Los principales compositores eran Sakuya y Tasuku, con algunos aportes de Aioros. Loki entregó un par de canciones antes de declarar que trabajaría en  los arreglos de todas las canciones en su batería. Pero entre todos tenían más que suficiente material para dos discos, sin contar lo que Relena había compuesto.

Relena descubriría pronto porque la banda necesitaba una compositora.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Kana on September 21, 2024, 08:06:10 PM
@Apple  muchas gracias! para mi igual es emocionante estar aquí. Gracias por mantener este lugar así de bonito y motivarnos a participar.

(https://i.imgur.com/pma2Vow.png)(https://i.imgur.com/BhJrxxt.png)

—¿Entonces? ¿Dónde te gustaría ir a cenar hoy? — el pelinegro leía distraídamente algunas recomendaciones de lugares para comer. La mayoría ya los conocía, el resto era más de lo mismo.
—Ah, Akira…— Souji terminó de guardar sus cosas en su bolso. —Hoy no puedo acompañarte. Tengo un compromiso con mi amigo, ése que te conté que tiene una banda musical.
—¿La de los novatos sin nombre? — la figura delgada y alta de joven le daba ese aire de elegancia y pulcro. Además, su preferencia de vestimenta siempre era el negro por completo, a veces con algunas combinaciones en blanco, y el cabello rizado negro suelto que hace juego con sus ojos grises.
—Sip, esos mismos. ¿Quieres venir conmigo? Creo que lo podemos pasar bien, es una banda nueva y nos podemos distraer con el ambiente.
—Muero de emoción. — Akira sonrió, pero era una risa sarcástica. —O sea, ¿Cómo perderme la oportunidad de que una silla voladora llegue hasta mi cabeza en medio de una presentación musical en ese bar? — chasqueó los dedos. —Paso.
—Je, pensé que dirías algo como eso. —
—Te deseo suerte, espero que vuelvas lúcido e íntegro. Trata de que no te reconozcan tus fans porque el bar se volverá un caos. —
—¿Qué vas a hacer tú? Creo que los chicos también están buscando un lugar donde cenar. — refiriéndose al resto del elenco.

Souji y Akira eran dos jóvenes actores que se convirtieron dentro de poco en estrellas en ascenso. En el presente, compartían escenario en un drama que tenía buenas cifras de audiencia, la mayoría de los televidentes venían siguiéndolos de su drama anterior donde Akira y Souji actuaron como los protagonistas de un triángulo amoroso. Ahora la historia era similar, muy de la silicona cliché de los dramas de TV, también eran los posibles novios en potencia de una chica algo torpe, sólo que este drama no era del género de comedia que protagonizaron con anterioridad. Tenía un poco más de suspenso y acción. Akira agradecía esto, si bien agradecía el papel anterior que lo llevó a abrirse en el mundo del espectáculo, no quería quedarse para siempre encasillado en los dramas de TV tipo colegiales.

—Creo que ya tengo algo en mente y no los incluye. — le guiñó un ojo a Souji al mismo tiempo que le hacía una seña de despedida con la mano.
—Sea lo que sea que vas a hacer, ten cuidado con los fans locos. —
—Ahám. — sin más que agregar, salió del estudio.

**

—Bien, terminamos por hoy. — concluyó el fotógrafo, revisando las capturas en la pantalla de su cámara. —Mañana seguiremos con la sesión.
—Me retiro. — la joven estaba agotada internamente, pero no podía expresarlo en su rostro o sino eso significaba que todavía tardarían muchas horas más en sacar mejores fotografías.

Bajó del “cuadro de escena” y fue hasta el camarín donde estaban sus cosas. ¿Para qué aceptó ser portada de una revista de moda si ya tenía mucho trabajo siendo Idol? Misa le diría que es parte del oficio. Hablando de Misa… Revisó su teléfono celular y vio algunos mensajes de ella, la rubia le decía que la esperaba en un pub VIP donde consiguió entrar, pero francamente seguir viendo gente no era una idea que le motivaba.

“Todavía tengo mucho trabajo hoy” le tecleó. Misa le respondió inmediatamente con unos kamojis que delataban ¨frustración¨

La joven tenía otros planes. Los cuales eran parte de su secreta rutina.

(https://i.imgur.com/BhJrxxt.png)

—¡Buenas noches! — saludó una chica con larga cabellera rubia y ojos color magenta. La dueña del puesto de comida la conocía bien porque era habitual que esa joven acudiera a su puesto para comer udon tradicional.
—Bienvenida. Tu mesa está lista. —
—Gracias. — Asintió, con una sonrisa de agradecimiento. Después fue a sentarse en su puesto porque, sí, lo había declarado suyo desde que lo descubrió.

Era casi una hazaña haber encontrado un local de comida tradicional japonesa en las calles más comunes de Eastwood y sobre todo que este puesto conservara todo lo tradicional en estética e ingredientes. Era un sitio muy, pero muy pequeño, de hecho, era una habitación de la casa de la dueña la cual la adecuó con un pequeño mesón para atender, con un mini bar con licores de Japón y sólo un par de mesas para recibir gente. Porque, sí, era muy, muy pequeño, humilde y acogedor.
Al mismo tiempo de ella, estaba un señor ya mayor con su esposa quienes siempre iban a cenar allí a esa hora y ocupaba siempre la otra mesa y más allá en la barra un joven trabajador que iba a esa hora a beber algo de licor. Así que el local estaba “lleno” por así decirlo.
La joven se distraía viendo las imágenes en la pared, varios cuadros pequeños en acuarela de paisajes de Japón, otras eran postales del mismo país y fotografías de la dueña con diversas personas. Soltó un suspiro, de relajo. Por fin “en casa” sobre todo la música de fondo de los años ochenta la hacían sentir muy tranquila.
La campañilla de la puerta sonó y alguien más entró.

—¡Buenas noches, bienvenido! — dijo la dueña, haciendo una reverencia al recién llegado. Era primera vez que lo veía por allí, le llamó la atención lo elegante de su presentación.
—Buenas noches. Leí en el letrero de afuera que hacen udon y omurice.
—Así es. — le sonrió. —Le puedo preparar lo que usted pida.
—Udon. — se decidió por lo primero.
—Muy bien. — asintió. —Aunque me temo que mi local es muy hogareño y humilde
—Eso es lo que busco.
—Y tendría que compartir mesa con otro comensal.
—…— La joven inmediatamente afiló la mirada oculta bajo su flequillo. Esperaba que no pusieran a ese estirado en su mesa. Pero tenía mala suerte, en poco, la dueña estaba parada su lado junto con ese tipo.
—Disculpe, señorita. ¿Podría compartir mesa con el joven?
—Está bien. — asintió, levemente. Aunque aceptaba la solicitud, no era que ella lo quisiera en su mesa. 
—Gracias. — la mujer corrió una silla que le ofreció al joven. —Tome asiento. En seguida traigo el udon para cada uno.
—…— Más encima copión.
—Disculpa si invado tu espacio. Se nota que te gusta esta mesa.
—Ah, sí…No pasa nada. — mintió.
—Es bonito por aquí, ¿no crees? 
—…— por fin lo miró. Era un tipo que se le hacía conocido de alguna parte, aunque con esos anteojos con marco oscuro la hacían dudar. —Mh, esos anteojos no te hacen ver más autóctono de estos barrios si es que querías intentar disimular.
—Je, yo digo lo mismo. No pareces provenir de estos lugares.
—…— ¿La había descubierto? De todos modos, se indignó por confianzudo que era ese tipo que no conocía. 
—Independientemente de ello. Creo que compartimos el sentido por querer encontrar un sitio alejado de nuestras rutinarias vidas.
—Bueno… Supongo que estamos a mano. Tú no dices nada y yo no digo nada. —
—Me parece bien. — asintió, sonriéndole encantadoramente. Vio que la dueña del puesto llegó y les trajo sus platos de ramen con udon. El aroma era exquisito. A ella le trajo té verde y a él una soda, pues era lo que habían pedido. Pescó los palillos y probó no resistiendo la tentación. Inmediatamente la mezcla de condimentos e ingredientes tocaron su paladar su mente fue transportada a su infancia. Sí, era lo que había estado buscando por mucho tiempo. —Delicioso.
—Son los mejores udones que he encontrado en la ciudad. — ella comía con familiaridad de su plato, ya acostumbrada a la delicia del local.
—Creo que volveré por aquí. Espero que no me odies si vuelvo a ocupar tu mesa.
—…Ah. — soltó un suspiro, desalentada.
El pelinegro le sonrió. El gesto aniñado de la joven se le hizo adorable. Era una chica encantadora detrás de esa presentación asocial. —¿Cómo te llamas?
—¿Eh?— alzó las cejas, con inocencia. Eso encantó más al otro joven, ya no era una tipa tan a la defensiva. Quizá la necesidad de comer algo que les era familiar los hacía coexistir en paz momentáneamente. —Rize.
—Suena bien.
—¿Y el tuyo?
—¿Ah? — perplejo.
—¿Ah? — ahora ella estaba sorprendida por la reacción del otro.
—…— No había pensado en un apodo. Era primera vez que escapaba de su vida normal y no se le ocurrió que podía suceder un escenario así. —R-Ren. — notó que la chica lo miraba no muy convencida. —Ren Amamiya. — dijo con más firmeza.

Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Eureka on September 25, 2024, 08:49:48 PM
@Apple gracias por la bienvenida T__T <3 estamos muy felices de participar acá!

Al fin traigo un fic. Me gustaría traer la continuación, pero siento que será para el mes que viene.

Track #1


(https://i.imgur.com/1LrzFFS.png) (https://i.imgur.com/WNyjPM0.png)


“¡EUREKAAA!”

El llamado que provenía del pasillo la llevó a detenerse en el acto: era la señal de que su hermana le iba a pedir un favor. ¿De qué tipo? No estaba segura: Kotone podía necesitar cosas tan mundanas como que le ayudara a cerrar la cremallera de su vestido… o cosas un *poquito* más difíciles y complejas, como una nueva canción para ella o para alguno de sus amigos famosos.

De todas maneras, era imposible decirle que no.

“¿Sí?” La pelirroja minimizó las ventanas de su computadora y la puso a hibernar.
“¿Sabes dónde está mi vestido lila?” Le preguntó su hermana, asomándose por la puerta. “Pensé que lo habían traído de la lavandería en estos días, pero no lo encuentro…”
“Ah. Lo trajeron un poco arrugado. Lo intenté planchar y…” Eureka no sabía dónde esconderse.
“¿Lo quemaste?” La cara de Kotone estaba a punto de contorsionarse en pura preocupación.
“¡No, no!”

‘Felizmente’, completó Eureka en su mente.

“Solo… quedó igual. Y un poco caliente, pero de seguro ya se enfrió. Lo planché… o intenté hacerlo hace horas.” Eureka quiso fingir una sonrisa… y falló estrepitósamente.
“…” Kotone la observó por un momento con visible recelo en su mirada y una ceja arqueada, pero al cabo de unos instantes, asintió. “Está bien, te creo. ¿Está en el cuarto de planchar?”
“Sí.”
“Okay, mil gracias~”

Su hermana mayor le sonrió antes de esfumarse en el pasillo.

Al cabo de un par de minutos, un grito retumbó por todo el departamento. Eureka intentó taparse los oídos, pero la cacofonía de alaridos continuó.

“¡EUREKAAA!”

…La mencionada suspiró.

“¡EL CIERRE!”
“Sí…”

No podía negar que se sentía un poco mal por mentir. Y claro, la culpa la carcomía por tomar prestado algo sin permiso y encima, malograrlo en el proceso. Algún sastre sería capaz de cambiarle de cierre, pero era un vestido carísimo y exclusivo. No valdría lo mismo por más de que se vea igual.

Felizmente, a Kotone no le importaban mucho esos detalles. Era una persona que, pese a alcanzar cierta fama, seguía siendo igual de sencilla y humilde que siempre. Eso, sumado a su actitud dulce, la convertía en una chica perfecta y carismática que todo el mundo adoraba.

Y Eureka no era la excepción.

“¿Te lo pusiste?” Le preguntó su hermana, apareciendo de nuevo en el marco de su puerta.
“Sí…” Eureka suspiró. “Lo siento. Pensaba comprarte uno nuevo en estos días, pero me atrapaste antes de hacerlo.”
Kotone soltó una risita. “No es la primera vez que lo hago. Recuerdo que pasaba a menudo cuando eramos chiquitas y rompías alguna de mis muñecas.”
“Tengo manitas de oro.” Eureka sonrió. “Pero tranquila, te lo pago. Como te dije, pensaba comprarte uno nuevo.”
“¡No, no! Guarda ese dinero para comprarte algo bonito.” Kotone le esbozó una sonrisa sincera. El brillo que emanaba estaba a punto de cegarla. “O podrías invitarme a almorzar uno de estos días…”
“¡Genial!” La pelirroja se emocionó ante aquella idea. “¡Hace tiempo que no salimos! Aunque me da miedo que tus fans te molesten en tu tiempo libre…”
“Tengo que contratar a un guardaespaldas.” Kotone se apoyó en el marco de la puerta, pensativa. “Pero no sé… me molestaría que invada nuestro espacio.”
“¿Tiene que estar contigo 24/7?”
“No estoy segura. Tengo que preguntarle a Banri al respecto. ¡Pero no importa!” Kotone retomó la sonrisa deslumbrante. “Ahí buscamos la forma de escabullirnos en caso me reconozcan.”
“Hay que agendar la fecha, entonces.”
“Creo que no tengo nada que hacer mañana… Pero le mandaré un mensaje a Banri. Tal vez algo se me ha pasado.”
“¿Tienes días libres luego de tu viaje?” Eureka la observó, curiosa.
“¡Así parece! Nadie me ha llamado a lo largo del día… eso es bueno.”
“Es que no entiendo. ¿Para que necesitas el vestido, entonces?”
“Para salir con Satoru.” Kotone rio. “Me invitó a cenar.”
“¡Ah!” La menor se emocionó ante ello. “¡Qué lindo! Tal vez… ¡te pedirá matrimonio!”
“Ay, lo dudo.” Aun así, Kotone se sonrojó ante la posibilidad. “Sería muy repentino.”
“Dios, lo siento. ¡El vestido lila te queda hermoso! Con razón querías usarlo.”
“Tranquila, tengo otros que me quedan bien,” le aseguró su hermana. “Es mi favorito, pero no me moriré por tener que usar otro.”
“¿A qué hora viene? Podría acompañarte a buscar uno a último minuto.”
“¡Mujer! ¡Tranquila!” Kotone hizo un puchero. “¡No sé si será una noche importante, pero el vestido es lo de menos!”
“Es que en serio me siento culpable…” lloró Eureka. “¡¿Qué pasa si se comprometen hoy y el vestido no te favorece?!”
“¡Pero tengo varios! ¡Alguno me debe quedar bien!”
“¿Qué hora es?” Eureka revisó su celular. “Las 6 y 15… ¿A qué hora te dijo que pasaba por ti?”
“A las 8.”
“Y ya estás peinada. Si te maquillas rápido, podríamos ir a buscar un vestido.”
“Déjame revisar los que tengo y te aviso, ¿sí?”
“…Está bien.” Eureka asintió.

Kotone le guiñó un ojo y volvió a desaparecer.

Eureka sabía que encontraría una alternativa: su hermana mayor sería incapaz de comprar algo a último minuto y menos de “molestarla” con tener que acompañarla a una tienda de ropa. Aun cuando le repitiera mil veces que no le incomodaba tener que hacerlo, Kotone se resistiría a hacerle caso. Era su manera de ser… siempre habría sido así.

Talentosa, dedicada, cordial y comprensiva, Kotone era una chica única, sin duda. No había persona con la que se lleve mal. Todos caían ante sus encantos tarde o temprano. Hasta los artistas más pesados o los productores más quisquillosos terminaban siendo sus amigos o al menos formaban parte de su círculo.

Eureka la admiraba. ¿Y cómo no? ¡Si Kotone era un ejemplo a seguir! Lo había sido desde siempre: era la persona que más respetaba y quería en el mundo. No sólo por su actitud, su talento y buena disposición, sino también por la manera en que la apoyaba y motivaba constantemente. A diferencia de sus padres que sólo habían existido para criticarla, Kotone la había impulsado a desarrollar su pasión: la composición. Juntas habían probado ser el dúo dinámico: la menor componía y la mayor cantaba. Así fue que Banri encontró a Kotone y se propuso lanzarla al estrellato.

Y el hombre no se había equivocado. Su hermana había nacido para ser una estrella. Su voz era preciosa y su dominio escénico, envidiable. Sabía que muchas de sus amigas cantantes le habían guardado tirria antes de conocerla porque deseaban siquiera llegar a poseer una décima de su nivel. Y aunque la actitud que tenían con ella cambió cuando se acercaron, Eureka sabía que la envidia seguía presente en varias de ellas.

Sin embargo, era algo que podía criticar sin tapujos porque no se sentía igual que esas chicas. ¡En absoluto! La menor de las Shiomi estaba orgullosa de su hermana. Era un honor poder componer para ella y ayudarla en lo que pudiese.

Al contrario… había comenzado a sentir que tal vez era una carga para ella. Kotone le había contado que quería casarse y, si Satoru eventualmente le proponía matrimonio, de seguro se mudaría a vivir con ella.

Y Eureka sería el mal tercio en ese hogar.

Pero no contaba con el dinero necesario para irse a vivir sola. La ciudad era demasiado cara como para costear esos gastos y, aunque tenía algunos ahorros guardados, no quería despilfarrarlos en la renta de un par de meses. Los caseros se pasaban de avariciosos con sus precios y lo sabía gracias a sus amigos más cercanos.

Aun así… le incomodaba ser tan fresca con su hermana. Estaba viviendo en su departamento y no podía seguir así.

El colmo era que le malograra los vestidos.

“…” Eureka se derritió en la silla hasta que saltó para evitar caer al suelo. Le encantaba la vida cómoda que tenía, pero tenía que aportar de alguna manera. Y pagar un par de recibos no era suficiente… tal vez debía contratar a un chef personal o al guardaespaldas que tanto quería su hermana.

Antes de verla aparecer de nuevo, Eureka sintió los pasos apurados de Kotone a lo lejos. Al cabo de un par de segundos, la mayor apareció con un precioso y largo vestido granate de pequeño escote y mangas caídas. Tenía una abertura en la pierna que lo hacía mucho más encantador de lo que ya era.

Eureka se aguantó las ganas de intentar robárselo a futuro. Una cita de algún (o alguna) idiota de Bumble no era tan importante como las que tendría a futuro su hermana con su futuro esposo.

“¡AAAH! ¡ESE ES!”
“¿Verdad?” Kotone estaba a punto de saltar en un pie. “¡Es perfecto! Y Satoru nunca me ha visto en él. Recordé que lo había comprado en Europa pero nunca me lo pude poner porque la gala que tenía en esas épocas se canceló.”
“Me encanta. ¡Está súper lindo!”
“¡Mil veces mejor que el lila!” Kotone sonrió. “Gracias por malograrlo, Eu.”
“A la orden.” Eureka fingió un saludo militar. “¿Y qué tacos usarás? ¡Ah! ¿Y tu cartera?”
“Tengo una Mini Kelly de este color, rojo granate. Y en cuanto a tacos… ayúdame. ¿Qué color combina con este?”
“Am… ¿Crema?”
“¡Genial!” Kotone asintió. “¡También tengo una mini Kelly crema!”
“…Deja de hablar de tus bolsos carísimos que me incitas a cometer una mala decisión financiera.”
“¡Hablas como si no te prestara mis cosas!” Kotone le sonrió de lado.
“…No quiero que pasen a mejor vida.” Eureka se lamentó. “Son hermosos y, a diferencia del vestido Guess lila, cuestan un dineral. No podría.”
“Aw, bueno. Si algún día te animas, te recuerdo que no me molestaría, ¿está bien?”
“Gracias, Kotone.” La menor se contagió de la alegría de su hermana y le devolvió la sonrisa divertida. “Bueno, ¡anda a alistarte! No quiero retenerte más tiempo.”
“Cierto, tengo que maquillarme… pero sólo me falta eso. Ah, y meter mis cositas al bolso.” Kotone rio. “Ay, qué emoción~”
“Imagino que lo extrañaste un montón.”
“¡SÍ!” Kotone asintió, llena de energías. “Han sido dos semanas de tortura sin él. Es que no podía sacarlo de sus proyectos para pedirle que fuera a verme…”
“Mm. Está metido en su banda ahora que sí parece irle mejor.”
“¡Exacto! No podía ser egoísta.” Kotone se fijó en la hora que marcaba su reloj de pulsera. “¡Aaah! Te dejo, ahora sí.”
“Anda, no te preocupes.” Eureka le sonrió. “Yo también tengo planes.”
“¿Ah, sí?”
“Con Goro. Iremos al karaoke más tarde.”
“Qué tierno que mantengan esa tradición pese a que ahora ya no lo necesita.”
“Es divertido. Nos desahogamos un poco y la pasamos bien.” Eureka le sonrió. “Siento que algún día incursionará en la industria musical. Tiene talento, no puedo negarlo.”
“Eso es porque tú lo ayudaste~” Kotone no pudo ocultar sus risitas. “Estaba muy perdido antes de que lo apoyaras.”
“Es cierto.” Eureka sonrió para sí misma… y luego sacudió la cabeza al recordar que Kotone estaba contra el tiempo. “¡Bueno, ve a terminar de alistarte! Yo tengo que tomar una ducha y cambiarme.”
“Cierto. ¡Deséame suerte!”
“Suerte, Nee-chan.” La menor le esbozó una sonrisa deslumbrante. “¡Te irá genial!”
“¡Gracias!”

Kotone corrió a estrujarla en sus brazos y, como siempre, la privó de aire por unos segundos. Eureka le dio un par de palmaditas en la espalda y, luego, se separó y volvió a sonreírle.

“Hablamos más tarde, ¿sí?”
“¡Sí!” Kotone asintió. “Te aviso si vengo a la casa o si me quedo en el departamento de Satoru.”
“Genial.”

Kotone se alejó a la vez que le ondeaba la mano y, al cabo de unos instantes, desapareció junto al sonido de sus pisasdas que se disipó a lo largo del pasillo.

Eureka suspiró: tenía que apurarse y confirmar los planes que acababa de inventarse.

Al inicio del día, había planeado que fuera un viernes más del montón: trabajaría en algunos proyectos pendientes hasta las 4 y, luego, se dedicaría a procrastinar hasta encontrar algo productivo que hacer. En caso no hallara nada interesante, dormiría hasta la mañana del sábado con total y completa despreocupación.

Pero encontró una película de una actriz muy llamativa. La mujer había sido dotada de un talento innato para actuar. La trama no era mucho de su gusto, el típico triángulo amoroso con un final inesperado. Sin embargo, se quedó enganchada a la pantalla por la interpretación de Peruere.

No sólo tenía talento, sino que además… era guapísima.

Cuando cayó en cuenta de la hora, ya eran más de las 6. Antes de poder dedicarse a stalkear las redes para buscar más información sobre aquella actriz, Kotone había llegado a pedirle ayuda y a comentarle sobre el vestido que había malogrado.

No había tenido tiempo de pensar en actividades para la noche: su plan era pasar el resto del día indagando sobre Peruere.

Pero ahora que su hermana tenía una cena romántica con su novio, Eureka no podía quedarse en el departamento. No quería ser aguafiestas como para impedir que tengan privacidad en caso quisieran… “celebrar” su compromiso.

Debía salir a toda costa. ¿Y qué mejor plan que ir a cantar karaoke con Goro?

Abrió la aplicación de mensajería y le mandó una invitación rápida y escueta, rogando a los dioses que le hiciera caso.

Al cabo de unos instantes, el ringtone de su celular la llenó de miedo. ¿Qué pasaba si rechazaba su propuesta? ¿De dónde iba a sacar amigos a esas horas para un plan improvisado de karaoke y perdición?

Sus amigas de seguro estaban ocupadas: casi todas eran idols y tenían compromisos, galas o cenas importantes. Por otro lado, los chicos de Crazy:B estaban en medio de una gira por la costa.

Y Ryoji era una opción, pero… le daba pena contarle sobre Kotone y su futuro compromiso.

Goro tenía que ser su víctima de todas maneras.


Quote
goro: ok
goro: tienes suerte de que estoy libre
goro: y no tengo mejores planes
goro: ¿paso a recogerte a las 9?


Eureka sonrió.

A veces ser la mejor amiga de su ex funcionaba a su favor… y no dolía tanto.

Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Kora on September 30, 2024, 11:45:46 AM
Kaeya iba a ser un problema.

Apenas se habían conocido, pero Diluc no necesitaba saber nada más para estar segura. Los hombres atractivos siempre traían complicaciones, y jamás había visto a un hombre tan enigmático y atractivo. Con su sedoso cabello azul, oscuro como la noche más profunda, y esos ojos afilados que parecían ver más allá de las apariencias, Kaeya no era alguien que se pudiera ignorar fácilmente. ¿Y ahora que lo pensaba, se delineaba los ojos? Aquella línea oscura acentuaba aún más su mirada afilada, que se posaba sobre ella con una mezcla de curiosidad y astucia. Con sus pómulos altos y su sonrisa misteriosa, bien podría haber sido modelo y posar para todas las marcas de moda de renombre internacional... pero en cambio, iba a ser el guardaespaldas de la que, posiblemente, fuera la chica más valiosa de toda la ciudad.

Sí, valiosa. No la más rica, aunque, probablemente, tuviera uno de los patrimonios netos más elevados de toda la región. Porque Diluc sería una tonta si alguna vez se creyera que ella era algo más que otra posesión, un activo para que su padre exhibiera como lo hacía con sus acciones en la bolsa o con su carísimo reloj suizo. ¿Estaba siendo injusta con él? Tal vez. Después de todo, sabía que su padre la quería más que a nada en el mundo, pero claramente no lo suficiente como para dejarla elegir con quién se casaría (el heredero Gunnhildr, que era tan hetero como un arcoíris en un día lluvioso) o quién sería la sombra que acompañaría cada uno de sus movimientos.

Así que ahí estaba Kaeya, el flamante guardaespaldas, contratado para protegerla de quién sabe qué amenazas reales o imaginarias. Nadie debía conocer a la verdadera mujer que se ocultaba detrás de esa cara elegante y serena que mostraba al mundo. Nadie podía ver los moretones en sus nudillos, siempre cubiertos con guantes de seda, o las cicatrices en su estómago, marcas de una vida que ella había escogido vivir en la sombra, donde la realidad se mezclaba con sus deseos más oscuros.

Las chicas perfectas no recurrían a la violencia como vía de escape para su frustración. Las chicas perfectas no practicaban sus patadas y golpes en secreto, siempre buscando llegar más y más lejos, golpear más y más fuerte. Y ciertamente, las chicas perfectas no se escapaban por las noches para pelear en arenas clandestinas, donde el sudor y la sangre se convertían en la única catarsis posible.

Pero Diluc no era una chica perfecta, y eso era algo que nadie debía descubrir nunca... mucho menos su nuevo guardaespaldas. Al menos, Kaeya era agradable a la vista, lo que hacía su presencia un poco más tolerable, aunque no menos inquietante. Cada vez que pensaba en él, un leve rubor teñía sus mejillas, lo cual la irritaba profundamente. No tenía tiempo para esa clase de distracciones.

Espero no ser una molestia para ti. Lo único que me importa es tu seguridad.

Por supuestísimo que no se estaba sonrojando al recordar la sonrisa que le había dedicado en ese momento, una sonrisa que ocultaba tanto como prometía. Kaeya era un buen actor, tenía que concederle aquello al menos. Diluc le había sonreído con rigidez, ocultando sus pensamientos detrás de una máscara estoica a la que ya se había acostumbrado como si fuera una segunda piel. Si Diluc no fuera una mentirosa también, podría haber caído en su tono suave y falsa sinceridad. Su voz no había vacilado ni un momento, sin embargo, su mirada, clavada en la de ella, la estaba estudiando como un rapaz analiza a un pequeño roedor antes de abalanzarse sobre él.

Pero lo único que Diluc tenía en común con un pequeño roedor era la capacidad de esconderse rápidamente y navegar por la oscuridad. Cuando llegaba la noche, se escabullía por la ventana de su habitación, de la misma manera que había aprendido a hacerlo cuando tenía dieciséis años y escapaba de su jaula dorada, bailando y divirtiéndose hasta el amanecer, conociendo el calor de otros cuerpos y la libertad de hacer lo que realmente deseaba, aunque solo fuera por unas horas.

Ahora, sin embargo, lo hacía por razones completamente nuevas y con mucha más seguridad. Los romances de verano no tardaron en volverse demasiado superficiales cuando la gente se dio cuenta de que una mera foto del rostro de Diluc garantizaba clicks y likes. Todo el mundo era un aspirante a paparazzi en la era de las redes sociales, donde cada movimiento suyo podía ser capturado y analizado al detalle. Así que, si no podía aliviar la presión que su padre ponía sobre sus hombros a través de besos apasionados con chicos y chicas cuyos rostros olvidaba al día siguiente, lo haría a base de golpes. De todos modos no era tan diferente: una pelea por la dominancia que siempre ganaba, un recordatorio de que, al menos en esa arena, ella tenía el control.

Y así, vestida con una sudadera grande que la cubría por completo, y una máscara negra que ocultaba la parte inferior de su rostro, Diluc caminó el camino que conocía de memoria durante una hora entera antes de llegar a la primera estación de metro. Desde allí, podía ir a Penacony, un lugar que casi nadie conocía y donde podía liberar el fuego que había contenido todo el día tras una expresión serena. El rugido de los trenes y el murmullo constante de la ciudad eran el telón de fondo perfecto para lo que estaba a punto de hacer.

Mientras caminaba, sentía una extraña sensación, como si alguien la estuviera observando. Se detuvo un momento y miró a su alrededor, pero no había nadie. El sentimiento persistente de ser observada no la abandonó, pero decidió ignorarlo. Después de todo, este era su territorio. Conocía cada rincón, cada callejón oscuro, y sabía cómo moverse sin ser vista.

Cuando llegó al andén, el lugar estaba desierto. Solo el eco de sus pasos resonaba en las paredes de cemento. Subió al tren y se acomodó en uno de los asientos vacíos, mirando su reflejo en el cristal de la ventana. La chica que le devolvía la mirada parecía tranquila, pero debajo de esa superficie calmada, el fuego ardía intensamente.
Kaeya probablemente la estaría esperando en casa cuando regresara, con una sonrisa y una mirada que sugerían que sabía más de lo que decía. Pero eso no importaba ahora. En las próximas horas, nada de eso importaría. Lo único que importaba era el próximo combate, el próximo oponente que tendría la mala suerte de enfrentarse a ella.

Cuando llegó a su destino, las luces de la ciudad habían cambiado. Las sombras eran más largas, y la atmósfera estaba cargada de anticipación. Diluc respiró hondo, dejando que el aire fresco de la noche llenara sus pulmones. Este era su mundo, el único lugar donde podía ser realmente ella misma, lejos de las expectativas y las apariencias. Penacony estaba escondido en lo más profundo de la ciudad, un lugar donde solo los que sabían qué buscar podían encontrarlo. La entrada era discreta, casi invisible para el ojo inexperto. Diluc se dirigió hacia allí, sintiendo cómo la adrenalina comenzaba a correr por sus venas. En unos minutos, todo el estrés, la frustración, y el enojo acumulado durante el día se transformarían en fuerza bruta.

Dentro, el ambiente era eléctrico. Las luces parpadeaban, y el ruido de la multitud llenaba el aire. Este era el lugar donde se sentía más viva, donde todas las máscaras caían y solo quedaba la verdad de sus puños y su determinación.

Sabía que después de esta noche, volvería a su jaula dorada, pero por ahora, era libre.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Kana on October 28, 2024, 04:22:51 PM
Antes que se me pase el mes.

(https://i.imgur.com/zruGcfk.png)(https://i.imgur.com/YAkITxG.png)(https://i.imgur.com/nLgoXy4.png)
—Chigiri
—¿Qué? —el aludido mira a Sakura, el de cabello bicolor lo observa unos momentos sin decirle nada, así que el pelirrojo volvió a mirar las cuerdas de su guitarra con la intención de afinarlas, pero Sakura insistió en llamar su atención.
—¿Por qué siempre te vas solo?
—¿Eh?
—Eso. — desvió la mirada, incómodo. —Siempre andas solo.
—¿Y eso qué?
—Puede ser peligroso para ti.
—¿Por qué para mí sería peligroso? Ni siquiera soy el que tiene más popularidad en esta banda. No hay peligro.
—No me refiero a eso…— cada vez se manifestaba más cohibido.
—…— El pelirojo de larga cabellera más o menos tenía una idea de a dónde iba su compañero de banda. Hizo una expresión de seriedad entrecerrando los ojos. —¿Es por mi apariencia?
—¡N-No! ¡No lo veas así, por favor! — movió las manos, ansioso. Sakura siempre era rudo, arisco y parecía tener cara de pocos amigos, pero cuando era descubierto en situaciones así se tornaba discretamente avergonzado con un sutil rubor que escondía tras su expresión de fastidio. —Sólo que… hay muchos criminales… Huh…— se encogió de hombros, prefiriendo no seguir con el tema. Tomó las baquetas y comenzó a hacer un ritmo al chocarlas entre ellas, distraído. Luego, de la nada, aunque esperable, se enojó. —¿Por qué no terminamos ya con el ensayo? Gojo nos tiene aquí desde hace horas ensayando. Ya estamos todos cansados y él ni siquiera se está esforzando… sólo está viendo su estúpido teléfono.
—Hm…— Chigiri miró hacia sus mayores, como ya habían ensayado las canciones durante todo el día, ahora cada uno estaba en su espacio personal sacando temas con sus instrumentos y, en el caso de Gojo, repasando la letra de la última canción leyéndolas en su teléfono y respondiendo uno que otro mensaje, quizá de su novia o quizá aun lloriqueándole a alguien del pasado cuya anécdota toda la banda la conocía para desgracia de Gojo. —Quizá ya estemos por terminar, ten paciencia. Todos parecen distraídos o cansados. — dijo con su tono calmo, volviendo a mirar las cuerdas de su guitarra.
—No sé cómo puedes estar tan sereno— Sakura observó a Chigiri un poco más, el tono de voz suave del pelirrojo era relajante, pero estaba seguro que esos otros viejos no los dejarían en paz aún —Bah, ya me aburrí. — Sakura sacó su teléfono celular para mirar el feed de su Instagram. Mala idea, lo primero que le salió fue una publicación de un conocido suyo que a esa hora se encontraba en otra parte de la ciudad dedicándose a su nueva actividad. —…—

A Sakura le incomodaba ver en qué estaba su amigo Suou, porque primero que todo saldría que vio su historia y no quería que pensara que le interesaba su vida, porque no le interesaba. Segundo, justo era el peor momento para abrir esa historia porque era de cierto modo un tema un tanto sensible justo ahora donde estaba.
Pero justo cuando iba a bloquear su pantalla para tratar de que su falta pasara desapercibida, su pesadilla Amemura le pilló. Parecía que el pelirrosa tenía por gusto personal cagarle la vida.

—Tiene talento. — le dijo, sorprendiéndolo de improvisto, provocando que su incómodo irrespeto por el espacio personal lo perturbara. —Hace buen cover de Blurry Eyes—
—Shhh, Amemura. — Sakura le pidió, iintranquilo. —Aquí no se habla de Lost Heaven
—¿Qué tiene? Pensé que no se hablaba de la banda sin nombre. Si nos siguen poniendo tabúes vamos a terminar mudos.

En realidad, ¿Qué tiene de malo que alguien opine que Suou Hayato canta bien un tema de la mítica banda Lost Heaven? Debería ser algo bueno, ¿no? Y nunca nadie en MoonLight le dijo a los demás que era un tema prohibido o que reaccionaran mal al respecto, pero, de una forma interna, era como una especie de suposión compartida por todos de manera mágica.
Sakura sentía que justamente al ex miembro de Lost Heaven que tenían allí le enojaba en silencio que alguien hablara de algo relacionada con su antigua agrupación.

Y fue tonto quedarse mirando a Kazutora, sin antes bloquear su teléfono celular en el cual estaba aún la historia de Suou cantando el tema de Blurry Eyes, escuchándose claramente en la sala. Era como invitarlo a que escuchara con él. El ex guitarrista de Lost Heaven siguió tocando en silencio un tema, parecía no importarle que hablaran de su antigua banda, tampoco era tan inmaduro como para gritarle a los mocosos de la banda. No estaba en su estilo explotar por detalles y ser inmaduro, según la imaginación de Kazutora.

—Es bueno que los jóvenes se inspiren con la música de los más grandes. — dijo el pelirosa
—Tiene buena voz. — se integró Chigiri. —Ojalá los de Lost Heaven vean la historia de tu amigo.
—De hecho…— pasó saliva por su garganta, sin dejar de mirar con respeto a Kazutora a lo lejos. Sakura era rudo y agresivo, pero por cosas como esas tenía cierto recelo de no comportarse como idiota. Pues dentro de todo era empático y no quería hacer sentir mal a uno de sus mayores —Compartió otra historia después de esta diciendo que estaba feliz porque la cuenta oficial de Lost Heaven le dio like a su publicación.
—Eso suena bien. Quizá le llegue el comentario a Mikey, aunque dicen que se ha aislado de redes sociales y de todo en general.
—Pero que la cuenta oficial le de like no es menor. — Chigiri se acomodó la trenza hacia un costado. —Quizá lo llamen con ellos para integrarlo a la banda. 

Y las inquietudes de Sakura se hicieron reales. Vio que Kazutora detuvo toda actividad con su guitarra de golpe, con la música de su ex banda de fondo, parecía haber entrado en una especie de trance. La verdad, que todos parecían estar en una especie de trance nostálgico con la música de Lost Heaven.
Sakura entendió que no era el momento ni el lugar para hablar de esa banda. Bloqueó torpemente por fin la pantalla de su celular.

Definitivamente, no se habla de Lost Heaven allí.

(https://i.imgur.com/zruGcfk.png)(https://i.imgur.com/YAkITxG.png)(https://i.imgur.com/nLgoXy4.png)(https://i.imgur.com/FquYakB.png)(https://i.imgur.com/JKCh3r6.jpeg)(https://i.imgur.com/waJERYH.png)

—Oye, disculpa si interrumpimos tu ensayo con nuestra bulla de fondo. — atinó a decirle Sakura a Kazutora.
—Lost Heaven está muerto…— Dijo con la mirada oscurecida y fría. —Tu amigo es estúpido si cree que van a poder encontrar un reemplazo para esa banda de mierda. — apretó el cinto que sujetaba su guitarra.
—Hey, no hemos terminado por aquí. — Hua Cheng dio un par de aplausos para volver a centrar la concentración de Kazutora, porque justamente estaba practicando con él. —Y ustedes, deberían estar repasando su parte y no interrumpirnos. —Hua Cheng tenía un rol de directriz en la banda, sobre todo cuando Gojo se dedicaba a concentrarse en sí mismo egocéntricamente, pero no era común que tuviera que mandar a los chicos a seguir tocando en sus breves descansos.
—Ya hemos tocado TODO el jodido día. — se quejó Asuka, hastiado y ya olvidando la vergüenza pasada hace un rato con el momento tenso.
—¡Sakura! — Chigiri lo miró con total desaprobación. —No digas esas palabras a nuestro superior.
—Pero estoy aburrido… y tengo hambre.
—Y seguro quieres ir a meterte a una pelea a golpes sin sentido con tus amigos delincuentes. —
—C-Cállate, Ramuda.
—El idiota tiene razón. Ya tocamos todo el día y seguimos siendo basura. MoonLight da asco. — Kazutora sonrió socarronamente, se quitó la guitarra y sólo la tiró sin interés sobre el sofá. Los demás no lo conocían mucho a fondo, pero Hua Cheng que lo conocía de un poco más sabía interpretarlo mejor y no era buena señal. —Me largo.
—Espera, Kazutora.
—Déjalo. — Gojo apretó el hombro de Hua Cheng para que éste no persiguiera a Kazutora. —Está cabreado y hay que darle espacio. Que vaya a tomar aire y a jugar con la luz de un láser o lo que hagan los felinos salvajes. Por hoy terminamos. Lo hicimos bien chicos, Ramuda, Hua Cheng, y los niños tienen que volver temprano a casa, Chigiri acompaña a Sakura a su casa para que no haga tonteras en el camino.
—¿Ah? — Fue la respuesta al unísono de todos. Sorprendidos porque el esclavista Gojo le estuviera dando el resto de la noche libre. Eso era raro, porque siempre los sofocaba con ensayos eternos para MoonLight o bien los seguía negreando con pedidos personales para él. Esa sospechoso que les diera libre.
—Un momento, dudo que nos estés despachando porque tengas misericordia por nosotros, viejo. — Sakura lo miró con los ojos entrecerrados, suspicaz. —Tú no eres así de bueno
—¿Por qué siempre piensas cosas tan feas de mí, gatito?
—¡No somos tus animales! — gruñó Sakura. —Y no es justo que sólo a mí y al otro nos llames por animales. Deberías ponerle un apodo igual de denigrante a Ramuda, Chigiri y a Hua Cheng.
—Mh…— miró a esos tres. —Quizá Ramuda podría ser una ovejita rosa.
—…— Pese a la sonrisa amigable en el rostro de Ramuda, en su mente ya había pensado mil quinientas y una forma de asesinar a Gojo. ¿Cómo que ¨ovejita¨?
—Hua Cheng no se me ocurre nada y ¿Chigiri? ¿Qué criatura se puede asemejar a sus características? — puso un dedo en su mentón, pensativo. —¿Un periquito rojo? Bueno, Chigiri ni habla mucho así que no puede ser un periquito… Quizá un pecesito, o una mariquita con puntos negros o… ¿Pantera Roja? No, ese definitivamente no. Suena a apodo o slogan de lucha de Nigg—vio que Hua Cheng lo miraba con esa expresión de “no digas una pendejada funable” —¿Qué tal florecita de cerezo?
—Prefiero mi apellido, si no es molestia…
—No. — El peliblanco negó. —Sakura tiene razón. Estoy siendo injusto con el resto porque no les dedico tanta atención como a ellos. Se van a sentir menos queridos si no les dedico un bonito apodo.
—Eso no es poner atención, ¡eso es tratarnos como tus mascotas! — Reclamó Sakura.
—Bueno, ya pensaré en un apodo para Hua Cheng y Chigiri. Me tengo que ir.
—Por eso nos diste el resto de la noche libre. Ya decía yo…— Hua Cheng soltó un suspiro. —Tienes planes para ti.
—Pues, sí. Tengo una cena con mi novia y eso es más importante que estar con ustedes. Iremos a un bonito lugar.
—¿Le vas a proponer matrimonio? — Preguntó Ramuda.
Todos conocían a la adorable y linda Kotone y se preguntaban qué era lo que veía en Gojo. Bien, podría ser un hombre guapo y talentoso, pero era insoportable. La pregunta del matrimonio vino porque esa pareja ya llevaba un buen tiempo juntos y no podían negar que se veían bien y enamorados. Quizá si Gojo se casaba, se calmaría un poco.
—Porque si es así que no sea en un perímetro cercano a un KFC. — Touché de Ramuda que se la estaba guardando desde que le dijo lo de “oveja rosa”
—…Muy gracioso Ramuda. — miró que el resto soltó una risotada cómplice con el comentario de Ramuda. —Sí, sí. Ríanse de su sempai. Cuidado con el karma eso sí.

(https://i.imgur.com/JKCh3r6.jpeg)

Al principio salió con toda la dignidad posible del lugar, caminando con esa pose de modelo de pasarela arrogante, borde, insuperable e inalcanzable, pero esa faceta fue consumida cuando la ansiedad le aprisionó el pecho. De la nada se puso a correr para así dejar todo atrás.
¿Por qué reaccionaba así de caótico sin que pudiera controlarse? Era algo inconsciente.
No supo cuánto tiempo corrió a lo loco por las calles, sin ningún tipo de glamour en su huida, abandonando por complejo todo el aire de “modelo de Vogue” y chocando con las personas de la calle, botando algo en el camino, quizá una pila de revistas de un puesto, escuchando como un automóvil tocaba la bocina cuando cruzó la calle en rojo, hasta que su frenética carrera se trabó de golpe cuando se tropezó con el pavimento en mal estado y estampó las manos y el rostro sobre el piso de concreto.
¿Todo esto por escuchar un tema de Lost Heaven? Vaya, sí que era patético.

En ese momento sólo pudo escuchar su respiración acelerada. Poco después cuando por fin se dio cuenta de que estuvo corriendo invocó la preciada cordura. Se levantó del piso y sacudió su ropa, luego miró las palmas de sus manos las cuales estaban rasmilladas y rojizas por el golpe. Por suerte su rostro parecía intacto. Esperaba que nadie lo haya visto caerse. Que ridículo. 
Era mejor fingir que no pasó nada y ver qué hacer en esa calle para parecer casual. Al ladear la vista a su costado vio que estaba frente a un Pub VIP. No le importaba gastar dinero con tal de pasar desapercibido. Esperaba que nadie lo haya visto caerse de hocico hace un rato.

Entró.

El lugar lo conocía porque en alguna ocasión ya había ido allí antes en su etapa de integrante de Lost Heaven, pero no le gustaba mucho porque a veces gente conocida de la socialité iba allí.
La luz tenuemente cálida, la música suave de fondo, la barra totalmente iluminada con las botellas de alcohol destellando a la vista, era atractivo. Aunque parecía que justo ahora a muchos se les había ocurrido ir allí porque veía muchas mesas llenas en grupos.

En fin, fue hasta la barra y se sentó allí.  ¿Y ahora que hacía? Bueno, tenía que parecer casual, ¿no? Quizá debía intentar ligarse a la chica que estaba sentada a su costado en la barra.
La miró de reojo, usaba un traje color blanco con estampados en plateado, algo con estilo tradicional asiático, si lo pudiera describir tal vez su atuendo era como una mezcla entre un hakama y un qipao si eso pudiera ser posible de confeccionar, ya que la parte de abajo era parecida a un hakama japonés y la parte superior como un qipao chino.
Usaba tacones del mismo tono y detalles, llevaba joyas y el cabello rubio y largo suelto.

Kazutora tenía buen gusto, así que si se iba a ligar a alguien para pasar desapercibido debía ser una tipa guapa como esa. 
El problema era que… La rubia mantenía su rostro estampado en la barra, mirando al lado opuesto de Kazutora. Con un dedo jugueteaba tocando la punta de su vaso casi vacío. Usaba un anillo de oro bastante peculiar, tal vez de confección de Vivienne Westwood.

¿Cómo podía iniciar algo con alguien que estaba medio muerta sobre la barra? Además, si él tenía un aura deprimente, esa chica irradiaba mucha más depresión que él mismo y eso era sorprendente.

Quizá debía salir de allí… No era bueno meterse con gente viciosa y deprimente. Pero necesitaba la coartada de llegar al día siguiente con los idiotas de MoonLight diciendo que se fue porque fue a ligar una chica.

Lleno de dudas, con su dedo índice punzó un par de veces el brazo de la rubia, costó que captara su atención o estaba haciéndose la indiferente quizá. Entonces después de insistir un poco más, la rubia se volteó y Kazutora sintió como un balde de agua con hielo de Siberia le callera sobre la cabeza. Estaba seguro que sufrió un microinfarto cardiaco.
Más pálido que un muerto y tartamudeando, Kazutora casi se ahoga con su propia saliva, ¿cómo mierda no se dio cuenta que era esa persona?

(https://i.imgur.com/JKCh3r6.jpeg)(https://i.imgur.com/ugNHsbp.png)
—¿Kazutora? — la mirada hostil que le dedicó al comienzo cuando no sabía que era él cambio a una más amigable cuando reconoció a Kazutora.
—H-Hola, Inui…— tragó saliva. Muerto de la vergüenza. Su rostro era una hoja de papel en ese momento. Demonios, había confundido a Inui con una mujer.
—¿Estás bien? Te vez un poco pálido. —
—Es que me caí de hocico afuera de Pub. — pasó una mano por su nuca, despeinando torpemente sus cabellos negros y largos. Era mejor decirle eso a decirle que lo confundió con una mujer y tenía intenciones de “ligársela”
—¿Y estás bien? — lo miro de arriba abajo, como buscando alguna lesión o herida.
—Sí, sólo me rasmillé las manos…Hm. — hizo un rictus con la boca. Lo miro de nuevo. —¿Y tú estás bien? — notó que las mejillas de Inui estaban algo sonrojadas por efecto del alcohol, además hablaba un poco enredado, evidentemente estaba algo ebrio y… aún era temprano.
—Sí…— asintió, llenándose el vaso con la botella de whisky que tenía solo para él. Le pidió un vaso al barman y se lo llenó a Kazutora. —Es del mejor que hay.
—Hm…— dio un sorbo e inmediatamente se quemó la garganta. —Joder, Inui, esta mierda está fuertísima. ¿Te has tomado casi toda la botella tú solo? — casi tocio, lo cual causó una risa en el rubio que a Kazutora le molestó.
—Debilucho.
—No es cosa de ser débil o no. Esta putada no se la toma ni el diablo. ¿De verdad te has tomado todo eso tú? — preocupado.
—¿Y con quien más me la voy a tomar? Siempre estoy solo… Siempre vengo y tomo esta mierda solo. Supongo que le repugno a la gente.
—No te quieras tanto, hombre…— dio otro sorbo. Todavía lo sentía fuerte pero no podía negar que la calidad del whisky era magnífica. —Al menos puedes decir que no estás bebiendo solo… Estás bebiendo con un amigo.
—…—
—…—
—¿Eres de verdad Kazutora o un impostor?
—Soy yo…— giró los ojos, aburrido. —Ya deberían dejar de verme como el hijo de puta que era en el pasado…
—Tu yo del pasado no era malo… Sólo eras intenso. Adorable a tu modo...Supongo. Te mal juzgaron. El hijo de puta era otro. — tomó whisky.
—Coincido. — chocó su vaso con el del rubio. Soltó una risa porque evidentemente Inui estaba muy bebido puesto que el Inui sobrio apenas habla. Incluso le daba vergüenza admitirlo, pero cuando lo conoció por primera vez pensó que era sordo mudo y buscó algo relacionado con lenguaje de señas… Pero Inui no era sordomudo, esa era su personalidad. —¿Y qué tal todo con EroGion?
—… Supongo que bien.
—¿Supones? Son la jodida banda sensación del momento. Es increíble lo popular que son. O sea, todos quieren ir a sus conciertos.
—Ah, sí…— no parecía muy animado con EroGion.
—¿No te caen tus compañeros? — En contexto, Kazutora e Inui fueron antiguos integrantes de Lost Heaven en sus orígenes, pero Inui fue el primero que se fue de la banda incluso mucho más antes de cuando pasó ese evento que desarticuló a Lost Heaven. Inui se fue porque no congeniaba especialmente con Mikey.
—No. O sea…— miró con discreción a sus costados. —¿Te confío algo? — sí, definitivamente estaba muy ebrio y por eso se sinceraba. —No es como lo que me pasó con Lost Heaven… Porque en realidad no me sentía cómodo con Lost Heaven porque todos ya se conocían de antes menos yo y no le caí ni le caigo bien a Mikey… Pero, al menos, podía estar tranquilo contigo y con Draken. EroGion es… un maldito caos. Todos son intensos y exigentes, y sólo me quedo en un rincón a seguir órdenes mientras todos discuten entre ellos.
—Como un perro.
—…—
—¿Qué? Siempre te dije que ese maldito libertino de Ran no tenía buenas intenciones. Es increíble que sigas haciéndole caso. Es un flojo y explotador.
—Sí sé… Pero gano mucho dinero con él. — se alzó de hombros dando a entender al otro que no saldría de ese lugar decadente de momento. —¿Qué tal te va a ti con esa nueva banda? ¿Moonie?
—Es MoonLight. — le dijo burlesco.
—Eso dije…
—No. Dijiste Moonie o alguna caca como esa porque apenas se te entiende.
—¿Quieres que te agarre a golpes para que veas que no estoy nada ebrio?
—Jaja, seguro terminas en el piso apenas levantarte… Ya voy viendo que te tendré que llevar a casa.
—Jódete, Kazutora. Como se llame tu nueva banda, ¿va todo bien?
—¿Te puedo ser sincero ahora yo? — bebió más whisky, marcando una sonrisa irónica y soberbia. —Yo sobro allí. — dijo sincero. —MoonLight ya existía de antes que cuando Hua Cheng me llevó a MoonLight. Supongo que me metió por lástima allí porque se preocupó de que me deprimiera después de abandonar Lost Heaven. — bebió más. —Y cuando llegué allí todos se comportaban como una familia entre ellos, se apoyan a su modo, se critican y pelean, pero son todos una unidad y evidentemente yo soy el ogro extraño que no encaja para nada. No soy parte de esa “familia” no me siento parte de MoonLight, sobro y estorbo. Los líderes sólo me tienen porque ya tengo algo de “fama” por Lost Heaven y supongo que es difícil conseguir a un guitarrista decente, los más jóvenes me ven como una especie de yokai que les va a comer las almas y sólo me quedo allí por inercia porque, si no voy, Hua Cheng me va a buscar y si eso no pasa me quedo todo el día mirando el techo de mi cuarto implorando, suplicando, que me dé un derrame cerebral y me saque de esta pesadilla absurda.
—…— Inui lo miró en silencio, pese a que podía estar todo lo ebrio que quieran seguía siendo un tipo de mirada muy fría y eso inquietaba incluso a Kazutora, pero un halo de preocupación se notó en él cuando procesó las palabras de su ex colega. —Eso suena… Muy deprimente. Incluso para mí.
—En realidad lo que nos pasa es muy similar… Así que… Me alegro estar bebiendo contigo este maldito whisky que vale más que mi departamento entero, aquí en este Pub exponiendo nuestras miserias y… me alegro de no haberme volado los dientes cuando me caí de hocico. — “ni haber intentado ligarte pensando que eras mujer”
—Salud por eso. — chocaron sus vasos y dieron un trago.

Siguieron conversando como unos extraños y peculiares amigos, mientras bebían y se pasaba la noche. Ponerse al día de sus vidas, hablar un poco del pasado, del futuro, hablar sobre la fórmula uno, deportes, sacar una ecuación matemática sin sentido alguno solo para probarse, hablar sobre sus intereses y así mil temas más.
Cuando dieron las 03:00 de la madrugada y Kazutora notó que sería complicado llevarse a Inui dio por finalizada la noche.

—¿En qué andas?
—En motocicleta…
—Pásame las llaves.
—Kazutora… Tú manejas súper mal. No te confiaría mi motocicleta.
—Entonces pediré Uber. — notó que Inui lo miraba resistente, no iba a dejar su maldita motocicleta botada. —No te pongas cabrón o te reviento la botella en la cabeza y te llevo a rastras de aquí.
—¿Ya se van? Pero si la noche es tan joven.

(https://i.imgur.com/JKCh3r6.jpeg)(https://i.imgur.com/ugNHsbp.png)(https://i.imgur.com/hqdUXAy.png)
Aquella voz interviniente sobresaltó a Kazutora, pues, para su desgracia, la reconoció. Observó seriamente a esa nueva persona llegada que se postulaba entre ellos, sonriéndoles angelicalmente. Llevaba un traje igual de elegante que el de Inui, sólo que, a su propio estilo, donde era una especie de kimono de Geisha pero confeccionado tan exquisitamente que fuera distintivo de que no era una y que era diseñado para un varón. El traje era en color magenta con detalles dorados, estilos orientales. Un poco más extravagante que el de Inui. Muy clásico y esperable de un integrante de EroGion, cada uno de ellos tenía ese estilo por la tendencia de su banda, era su marca, su esencia, su distinción suprema. EroGion era a otro nivel de impacto social, tenían a uno de los mejores diseñadores de la ciudad confeccionándoles cada uno de sus trajes a medida, a características de cada uno y con extravagancia para resaltar entre el resto. No por nada eran tendencia en moda.

El cabello lo llevaba suelto, la larga cabellera rosa caía por sus hombros tan lisa y bien cuidada como siempre. Sus ojos grandes y color turquesa eran decorados y definidos por unas tupidas y largas pestañas frondosas que le daban una mirada seductora e hipnótica.
Si bien Inui con su apariencia un tanto “femenina” podía hacer confundir, de todos modos y de una forma particular se notaba que era hombre. Sin embargo, a esta nueva persona había que mirarla varias veces para saber que no era mujer. Era por mucho más andrógeno que Inui.

Decoraba su rostro con una sonrisa ladina y llena de orgullo, pese a que intentara verse amigable, Kazutora sabía que detrás de esa máscara se escondía mucha malicia.

Ese era el maldito lunático de Sanzu Haruchiyo. El vocalista de EroGion. Un enfermo sádico y despreciable y por supuesto, “pegote” que era lo peor de todo. Como nadie lo quería ni soportaba, se volvía un chicle de ellos.
Como todo “Diva” buscaba atención.
—Podemos ir al segundo nivel donde hay una fiesta VIP de esas que duran hasta el amanecer. Yo los puedo llevar, la pasaremos bien.
—Piérdete de mí vista, Sanzu…Ve a molestar a alguien más con tu existencia— agarró a Inui del brazo. —Nosotros ya nos vamos.
—Uhu… Que mal educado eres, Kazutora. Pensé que habías tenido redención después de todo.
—No me hables como si nos conociéramos. Apenas hemos cruzado palabras.
—Bueno, si quieres te vas a sufrir solo por allí, pero Inui se queda conmigo.
—No. Se va conmigo. — miró a Inui, seguro de que el rubio prefería mil veces comer vidrio molido que quedarse con Sanzu. Pero increíblemente Inui parecía dudoso. —¿Qué? — en shock.
—Así es. Inui debe cuidarme.
—Si no lo acompaño se va a meter en problemas.
—¡¿Y que mierda importa?! ¡No es un puto niño al que cuidar! Está bastante grande para saber lo que hace.
—Pero yo soy EroGion y si algo me pasa a mi EroGion se afecta. Así como pasó con tu banda, Kazutora, deberías tener más empatía por tu experiencia.
—Inui… Sanzu definitivamente no es nada parecido a lo que pasó con Baji. No sientas culpas ni remordimientos pagándolos con Sanzu. 
—Disculpa, Kazutora… Pero me quedaré.
—Esto es lo que hacen los buenos amigos, apoyarse y no dejarse solo. Es algo que deberías aprender. — Sanzu se burló de Kazutora, pero Inui le jaló el cabello y le dijo que se callara el hocico.
—…—
—…—
—…—
—¿No que te ibas? — Sanzu le mira molesto.
—Iré con ustedes. Cambié de parecer. —
—Ah, ya veo que te va gustando la idea de las fiestas de EroGion. Si es así, bienvenido. — le sonrió.

La verdad, sólo los siguió con el fin de llevarse a Inui. Que Sanzu se pudra.
No era como él decía, no volvería a dejar a un amigo solo.

Ya en el segundo nivel entraron en una sala VIP donde sólo gente famosa estaba presente. Kazutora supo inmediatamente el grave error que había cometido al meterse allí con esa gente porque eran de aquellas fiestas donde había mucha perdición entre gente rica. Apenas llegar le pasaron una botella de alcohol para él solo, Sanzu no tuvo ningún cuidado en beberse la suya siendo animado por un grupo de amigos de él. Había gente besándose, otras muy alcoholizadas, otras drogadas…

—Sólo díganme que no es una fiesta de Diddy…— Kazutora se estaba arrepintiendo. No quería meterse en un escándalo.
—No. No negros, por favor…Esto es un lugar lujoso y decente.—
—Sanzu, no digas cosas así.— Inui lo miró entrecerrando los ojos. —Acuérdate de..- —
—Sí, sí… La demanda por clasismo y racismo. Ya. — Sanzu giró los ojos.

A esa altura de la noche, Kazutora recién notó que tenía varias llamadas perdidas. Algunas eran de Hua Cheng, otra era de su ¿tío? Seguro se confundió de número, y una era de ella.

Imposible.
Y claro que era imposible. No era una llamada que ella le hizo a él, sino que estúpidamente su teléfono marcó sólo su número y la llamó. Por suerte, ella no le contestó.

—¿Te están controlando? — Sanzu miró su teléfono, burlesco.
—Deja de husmear. — le pegó con un par de dedos en la respingada nariz.
—¡Oye!
—¿Y por qué Inui tiene que cuidar a alguien tan crecidito? ¿Sigues metiéndose en cosas, Sanzu? Más bien, ¿Sigues metiéndote cosas?
—…— El rostro de Sanzu se pulverizó en un color rojo, colérico y notoriamente molesto. —¿Qué insinúas?
—Já. Lo que todos sabemos. — dio un sorbo a la botella. —A poco no te hizo nada la rehabilitación que la cubrieron como “viaje espiritual” al Tibet. Yo sé que te fuiste a una clínica. — Estaba en su máximo momento de disfrutar la humillación que le estaba dando a Sanzu, pero de pronto se sintió raro. Miro su mano y se dio cuenta que estaba viendo extraño, como si esta se difuminara y se reflejara como mil veces hacia su costado. —¿What the fuck?
—Ah, te vi algo tenso y te di algo. Ahora si te vas a poner más simpático.
—I-Idiota…—
—¿Sanzu? ¿Qué pasa? — Inui volvió con ellos, se había distraído mirando a otra persona.
—No sé. ¡Vamos a divertirnos! — Sanzu agarró a Inui y Kazutora.

¿Qué debía hacer? Una parte de él le decía que se detonara allí, que se autodestruyera porque se lo merecía, en parte, quería distraerse y perderse. Pero por otro lado tampoco podía llegar a esos extremos.
Quizá sí debía llamar a alguien para tener la excusa de irse. Pero era tarde y no quería molestar a nadie.






 
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Apple on November 30, 2024, 09:19:29 PM
#11

El Carlyle era uno de los hoteles más glamurosos del mundo, y uno de los más legendarios también.  Si bien era sabido que el Carlyle el New York City fue el hotel predilecto de la princesa Diana y en la actualidad era favorecido por los príncipes de Gales y miembros de la familia Coppola, el Carlyle de Eastwood tenía poco que envidiarle.

Todos los días el restaurante, bar y café del hotel eran visitados por figuras del mundo del entretenimiento, así como por políticos y otros personajes ilustres. No hacía falta decir que los muros del hotel, principalmente las habitaciones, habían sido testigos de hechos que escandalizarían a cualquiera y que le haría agua la boca a cualquier editor de revistas de chismes.

La familia Fujiwara habían sido clientes VIP del Carlyle desde hacía tres generaciones. Gin recordaba cuando su abuelo había adquirido una suite permanente para la familia en el hotel, un símbolo de estatus entre los ricos y un lugar donde los Fujiwara pudieran descansar en los días demasiado ocupados; después de todo las oficinas de Neko Entertainment estaban a un par de calles del Carlyle.

Gin Fujiwara era un hombre de negocios nato, y odiaba perder el tiempo. Debido a su ocupado horario favorecía la residencia que su familia tenía en el hotel y prácticamente vivía ahí. Le daba la oportunidad de estar cerca de los cuarteles de su empresa y se ahorra tiempo en el tráfico. También favorecía al Dowling’s, el restaurante del Carlyle, y almorzaba ahí casi todos los días. La comida era excelente, así como el servicio- tanto que los meseros ya conocían su orden usual de almuerzo.

Gin usualmente utilizaba el almuerzo para tener pequeñas reuniones, raramente almorzaba solo. Hoy lo acompañaba Sakuya. Gin quería saber cómo había ido la reunión que Sakuya tuvo con su familia, amigos y compañeros de banda para anunciarles su compromiso.

–¿Cómo reaccionaron los demás? – preguntó Gin después de que les sirvieron su entrada.

–Lo tomaron bien. Estaban sorprendidos pero nadie parecía molesto.

Gin estaba pensativo. Aún el futuro de DeViLS pendía de un hilo. Como hombre de negocios estaba disgustado con la decisión de Sakuya, pero como alguien que había crecido con él… no podía odiarlo por su decisión.

–Hoy graban “Aegen”.

Sakuya asintió. Por un momento creyó que era una pregunta, pero cayó en cuenta de que Gin estaba al tanto de todo lo que pasaba en su empresa.

–No te costó trabajo convencer a Hijikata…

De nuevo otra afirmación que sonaba como pregunta.

–No. El ama esa canción, y aunque sea una adición de última hora los fans lo apreciaran mucho.

–Me parece acertado. El disco ya es excelente, pero esa canción definitivamente le dará un plus. ¿La agregarán al setlist de la gira?

Gin sabía que Hijikata había renunciado a la música para enfocarse en su carrera cineasta. Aún como director era representado por Neko Entertainment, y ellos eran los que manejaban sus relaciones públicas y contratos, entre otras cosas.

–De hecho– Hijikata hizo una breve pausa para encender un Parliament –Hijikata y Aioros estuvieron de acuerdo en unirse a nosotros en algunas fechas de la gira. Aioros nos acompañará en su mayoría, tiene la idea de hacer un documental.

Gin asintió de nuevo. Esta gente hacía lo que quería, pero al igual que Hijikata, Aioros también tenía un contrato con Neko Entertainment y el proyecto sonaba prometedor. De igual manera harían lo que quisieran, así que lo mejor que podía hacer era apoyarlos.

–Arreglaré con Matt para que lo ayude con la producción.

Hijikata sonrió ligeramente. Sabía que Gin aprobaría el documental.

–Y Hijikata prometió que estará en el primer concierto aquí en Eastwood y en el final en Tokio. Depende de su agenda para unirse a los demás conciertos.

–Mi jet privado estará a su disposición, los fans estarán felices cuando aparezca para cantar Aegen.

–Vaya que estás generoso hoy– comentó Sakuya.

–Esta gira es importante.

–No es la última gira de DeViLS.

–Es TU última gira con DeViLS– hizo énfasis Gin.

–He hablado con Tasuku. Él se encargará de todo.

Gin encendió un cigarrillo también.

–Con respecto al disco, la próxima semana saldrá el primer sencillo… Supongo que será la canción de Tasuku.

–Sí. Es realmente buena, y con ella abriremos los shows.

–Es evidente que quieres que Tasuku esté al frente de todo.

–Creo que es lo más conveniente por ahora y– Sakuya fue interrumpido.

–Gin Fujiwara y Sakuya Ookochi… es un placer como siempre.

Gin y Sakuya estaban tan enfocados en su conversación que no se percataron que dos hombres se acercaron a su mesa.

–Uchiha– saludó Gin sin mucho entusiasmo.

–Buenas tardes, Itachi, Sasuke– Sakuya fue más cordial en su saludo.

–La estrella del momento, es un placer verte Sakuya– dijo Itachi. –No puedo esperar a escuchar el siguiente disco de DeViLS, soy un fan desde muy joven.

Ni Sakuya, ni Gin supieron decir si Itachi era sincero. Itachi Uchiha era el CEO de Uchiha Entertainment, uno de los mayores competidores de Neko Entertainment, pero nunca por encima de ellos.
Hasta ahora…

Uchiha Entertainment había lanzado a una nueva banda no hacía mucho. Eran dos muchachitos coreanos, dos querubines vestidos a la última moda y con el estilo que todos los jóvenes imitaban. No eran competidores directos de DeViLS, ya que la música era bastante diferente pero había sido un éxito instantáneo.

–Esperamos no decepcionar a los fans con el próximo disco– admitió Sakuya.

Gin sonrió con la falsa modestia de Sakuya.

–De hecho es un disco jodidamente bueno. El primer sencillo sale la siguiente semana pero te enviaré una copia este sábado Uchiha, estoy seguro que como fan de DeViLS lo disfrutaras.

A Sasuke no le gustó el tono arrogante con el que habló Gin y levantó una ceja. Era un tipo jodidamente arrogante y presumido.

–No puedo esperar– respondió con cordialidad Itachi. –Debo admitir que he comprado tickets para uno de los palcos para el concierto de DeViLS aquí en Eastwood… no han sido nada baratos, ni fáciles de conseguir.

–Me hubieras podido llamar, pude haber arreglado eso para ustedes.

–No quería molestarte, entiendo lo ocupado que estás… Yo estoy en la misma posi-

Esta vez Itachi había sido él interrumpido. Una voz femenina lo llamó desde la entrada del restaurante. 

–¡Uchiha-oppa! ¡Ya llegamos! – anunció una chica de manera poco discreta. Varios se volvieron a verla. 

Era Green Nam, junto a Zack Lee. Los únicos miembros de So-Ju, la novedad ultra popular de Uchiha Entertainment. Los chicos se acercaron, y Sakuya de manera instantánea entendió su atractivo. Eran jóvenes, los dos bien parecidos, con un aire de cool que solo los músicos innatos tenían- los Beatles lo tuvieron, Hendrix y Led Zeppelin lo tuvieron y… DeViLS lo tenía.

“Estos chicos llegarán lejos” pensó Sakuya.

–¡Waaaaahhh Sakuya-oppa! – dijo la chica en cuanto se percató de quienes estaban en la mesa.

–Ustedes deben de ser So-Ju – Sakuya se levantó de la mesa para saludar a los recién llegados –Me gusto mucho su cover de Lana del Rey.

–¡¿Oíste eso Zack?! ¡Tenemos la aprobación de Sakuya de DeViLS! – dijo la chica dando golpecitos de emoción al brazo de su compañero de banda y primo.

–Nos alegra mucho escuchar eso– dijo Zack mientras inclinaba la cabeza ligeramente. El chico era menos efusivo que Green pero estaba ligeramente sonrojado.

Itachi sonrió complacido, pero Gin permaneció serio.

–Espero que eso les sirva de motivación chicos.

La charla continuó unos minutos con Green alabando a Sakuya en su mayoría, pero pronto Sasuke los urgió para ir a su mesa y dejar a Sakuya y Gin en paz.

–Espero que no sea mucha molestia… pero ¿podría tomarnos una foto con Sakuya? Me gustaría recordar este momento y compartirlo en mi insta…

–No creo que sea apropiado Green– dijo Itachi.

–No hay problema– dijo Sakuya ajustando la chaqueta de su traje, preparándose para las fotos.

Green sacó su teléfono sin perder el tiempo y se tomó un par de selfies con Sakuya. Tras cerciorarse de que salieron bien, el grupo de Uchiha entertainment se retiró a su mesa.

Más tarde Gin, mientras DeViLS estaba en el estudio grabando Aegen, le pidió a su asistente Miwako que buscara el instagram de Green.

En efecto, la chica había posteado las selfies con Sakuya. En un par de horas la foto había tenido más de 500k likes y la mayoría de comentarios eran positivos, algunos pidiendo una colaboración de Sakuya con So-Ju (a pesar de ser géneros y estilos totalmente diferentes).

Gin suspiro apesadumbrado. De verdad que se notaría la ausencia de Sakuya en el medio…
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Kana on December 26, 2024, 06:16:26 PM
(https://i.imgur.com/bAWOTCk.png)

—Un poco más de rubor nunca va a ser un pecado— La rubia curvó las cejas y apretó los labios en una línea recta, demasiado concentrada para prestar atención en otra cosa que no fuera el rostro de la estrella sentad frénele a ella. —¡AH!
—¿Qué pasa?— Alissa pregunta preocupada, el gritillo de Misa la perturbó.
—¡Es que soy la mejor maquilladora de todas!— deja la brocha sobre el tocador, toma su teléfono celular y comienza a grabar un Live. Pone la cámara en selfie y se graba a ella y a Alissa, para luego dar vueltas en círculos. —Aquí estoy de nuevo! Como pueden ver, ya he terminado de maquillar a la hermosa Alissa quien está lista para su presentación de hoy. Denme like si les gustó mi trabajo y síganme para que no se pierdan mis videos. Xoxo!— cortó la transmisión —Muchas personas están viendo los videos.—
Misa era la mas emocionada con esas oportunidades. Era una influencer en ascensión y maquilladora. Por otro lado, contaba con la ventaja de ser amiga desde la escuela de la cantante Alissa.
—Gracias por maquillarme, MisaMisa— sonrió Alissa, la joven se contempló en el reflejo del espejo fijándose que todo estuviera en orden.
—Me encanta maquillarte, ya sea para una presentación como cantante o como cuando te quieres infiltrar en la ciudad como ciudadana común y corriente. ¿Cómo te fue en tu última escapada?
—Bien, se podría decir.
—Uy, no suenas muy convencida.
—O sea, nadie me descubrió. Pero tuve que compartir mesa con un chico en la tienda de udon y yo quería privacidad. Me hizo preguntas y no estuve tan cómoda pero después no sé como terminé conversando con él.
—¡Que bien, Lissa-chan! Puede ser la oportunidad para que conozcas a un buen chico.
—Oye, tampoco seas tan drástica.
—No es ser drástica, solo que…— la rubia bajo su efusividad —Puede ayudarte a superar lo que pasó
—Todavía es muy pronto para ir a conocer a otro chico, Misa— Alissa suspiró, entendía que las intenciones de Misa eran buenas pero ella iba a un ritmo más cuidadoso que el que esperaba la rubia.
—Bueno, cambiando de tema. Espero que destruyas a esa bitch de Asuka en el ranking. Siempre fuiste la mejor de la banda y esas envidiosas
—¡Estoy hecha todo nervios! Sólo te lo digo a ti, pero me pone ansiosa tener que salir Justo después de Lillia, mi ex bandgirl. Uff, fuera de aquí tengo que seguir mostrándome fuerte y engreída para que no se sientan superior a mi.
—Haberte hecho solista las llenó de envidia.— Misa se rio de esas tontas.
En ese momento, un coordinador golpeó la puerta indicándole a Alissa que ya debía salir. Alissa dejo su teléfono celular sobre el tocador, Misa la siguió y la grabaría tras bambalinas.



—¡Woah! Esa presentación fue fantástica— Misa todavía flasheaba con el show de su amiga Alissa. Las dos entraron de regreso en el camarino de la cantante. —Todos mis seguidores amaron la presentación. Simplemente eres grandiosa y Misa-chan tiene mucho que ver en tu éxito.
—Así es— le dio unas palmaditas en la cabeza de la rubia —Gracias MisaMisa por tu apoyo. — Alissa fue hasta el tocador y tomó su teléfono celular el cual había dejado allí. Chequeó todas las interminables llamadas y mensajes que tenía allí, mientras pasaba el dedo por la pantalla y su rostro se iluminaba por el brillo del teléfono, notó un número que no tenía registrado pero que se lo sabia de memoria.

Hace un año que no se comunicaban ninguno de los dos, ¿por qué él la llamaría? Dudo si devolverle la llamada. Quiza marcó por equivocación.
Pero una corazonada fue más potente que la razón. Llamó al número sin mucha fe, puesto que la llamada que él le hizo fue hace horas.
Abrió los ojos sorprendida cuando le contestaron después de un rato. No iba a negar que tenia miedo, su corazón le latió rápido y un temblor se apodero de su cuerpo. Estaba angustiada, tenia miedo del contenido de esa llamada.
—¿Hola?
—¿…Kazutora?— Alissa se demoró en hablar. —¿Por qué me llamaste? — preguntó seria la cantante, aunque por dentro tenia mucho miedo. La ultima vez que Kazutora la llamó esa llamada la destrozó por dentro cuando le comunicó una terrible noticia.
Esos recuerdos volvieron a su mente. Una noche de lluvia, una llamada de madrugada, Kazutora comunicándole la peor noticia del mundo, ella cayendo de rodillas en shock sin contener las lágrimas.
Era imposible que le dijera hoy algo peor que esa vez.
—…Lo siento, me equivoqué de número.— respondió ronco, después de un momento demasiado largo de silencio. —Perdón
—Entiendo.
—Adiós
—¿Estás…bien?—
Lo escuchaba arrastrando las palabras, con la voz apagada y extraño. No hablaba con él hace años, pero intuía que algo le sucedía. No quería pensar que Kazutora estuviera en problemas a esa altura, el chico rebelde y autodestructivo desapareció después de irse de Lost Heaven, sabia por otros que en MoonLight Kazutora estaba más tranquilo y maduro. Pero escucharlo así, le recordó a esos tiempos de antaño cuando se hacia daños a si mismos con conductas de riesgo.
—Sí
—¿Seguro?
—…— De nuevo una pausa demasiado larga que crea incertidumbre —La verdad…no. Pienso en él a menudo… Me siento culpable, Alissa, por él y por ti. Hoy lo recordé más que nunca… Y no sé si estoy en el lugar correcto.
—¿Dónde estas?
—Alissa… No quiero que pierdas el tiempo.
—Dame la dirección— El tono de Alissa fue tajante y severo. Kazutora dudo mucho en responder a su pregunta pero se decidió después a darle una ubicación. Alissa le cortó no sin antes indicarle que no se moviera de allí. —Misa
—Dime—Se estaba entreteniendo comiéndose los bombones que le mandaron a Alissa pero no pasó por alto la preocupación de su amiga en toda la llamada que tuvo.
—Necesito que me acompañes a un lugar ahora.
—¡P-Pero, p-ero!— Casi se atraganta con un chocolate —ahora viene tu entrevista y después la fiesta VIP, ¡no puedes dejar a los reporteros botados!
—Es una emergencia.— tomó su abrigo y sus cosas, fue hasta la puerta. —Tienes que venir conmigo porque no puedo ir sola a esos lugares… Además, me lo vas a agradecer cuando veas con quien me voy a reunir.— sonrió, encantadora como siempre.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Kana on February 15, 2025, 09:00:35 PM
(https://i.imgur.com/zruGcfk.png)

—¿En serio a nadie le perturba de que Kazutora no aparezca desde hace más de una semana? No es que él me importe… Pero, si hacemos como si nada pasara es igual de incomodo a cuando está presente.

Pese a que Sakura Haruka era el integrante más arisco y amargado de MoonLight quien por lo demás se empeñaba en hacer entender a los demás integrantes que ellos no le interesaban en lo más mínimo, parecía que era el único al que se le hacía bizarro que un miembro de la banda haya desaparecido sin dejar rastro alguno.

Le parecía insólito que los demás integrantes de MoonLight ensayaran con tanta tranquilidad y normalidad cuando un miembro de la misma no daba señales de vida.

Pese a su reclamo, los otros siguieron practicando con sus instrumentos y el vocalista ensayando la nueva canción del grupo.
A Sakura se le hacía como un capítulo perturbador de “Black Mirrow” o cualquier serie inquietante de Netflix donde hacen desaparecer a alguien y todos actúan con normalidad. La actitud de sus compañeros lo estaba poniendo paranoico.

Chequeó sus redes sociales en el teléfono móvil. Por supuesto, no seguía con ninguna de sus cuentas a Kazutora y no es que éste último sea activo en las redes sociales. Ni siquiera tenía una cuenta.
Pero a veces se enteraba de las actividades de Kazutora por medio de cuentas de otros músicos o fanáticos que publicaban fotografías con él en alguna fiesta o encuentro casual.

Nada. Ni siquiera un rastro.

Tenía entendido que Kazutora odiaba que lo expusieran en las redes sociales, pero nadie le hacía caso así que dudaba que de pronto todos se pusieran a obedecerle y evitar subir imágenes donde aparecía él.

Tampoco tenía WhatsApp así que no podía verificar si estaba en línea.

—¿Acaso a nadie le importa? A mí me da igual, pero se supone que al menos uno de ustedes es su amigo. — observa específicamente a Hua Cheng con mirada juzgadora.
—Aw, Sakura-kun se preocupa por sus mayores.
—No digas pendejadas, Gojo. — el joven frunció el entrecejo mirando con hastío al peliblanco. —Pero si falta uno de nosotros, ¿cómo carajos vamos a ensayar bien? Se supone que debemos progresar como banda y nos falta uno y ni sabemos si está vivo o muerto.
—Kazutora debe estar bien. — Dijo tranquilamente Amemura, degustando un caramelo distraídamente mientras afinaba su instrumento.
—¿Cómo estás tan seguro de eso? — le preguntó Sakura incrédulo.
—Fácil. Si hubiera muerto habría aparecido en las noticias. Es el famosillo de la banda, así que si apareciera de pronto flotando sin vida en el río los medios lo publicarían. Así que podemos estar tranquilo
—Hm...— De verdad que a veces ese pelirosa además de sacarle de quicio le perturbaba. A Sakura se le hacía que Amemura no era tan inocente como intentaba aparentar ser. —¿Saben qué? Si ése idiota no está no encuentro chiste de seguir ensayando. Me largo.
—Espera, Sakura-kun, no importa si Kazutora no está, tú tienes que seguir practicando.— dijo Gojo
—¿Y por qué me explotas a mí?
—Porque Kazutora es un músico con experiencia así que un par de días sin ensayar no lo van a perjudicar. En cambio, tú, eres novato y te equivocas con frecuencia y puedes arruinarnos como banda, así que un día que no ensayes es fatal para todos nosotros. Eres nuestra desgracia si no te adiestras.
—Pues dile a alguno de tus amigos viejos que me reemplace por hoy. No pienso quedarme aquí como si nada mientras todos ustedes actúan tan normales. Nos vemos.

Sakura agarró sus cosas y se fue dejando a los demás mirándolo en silencio hacia la dirección que se esfumó.

—¿Deberíamos preocuparnos por Sakura? — preguntó Hua Chen un poco intranquilo, aún sin inmutarse mucho.
—Si le pasa algo lo sabremos en los noticieros. — le respondió Amemura.
—No creo… A Sakura nadie lo conoce. No es famoso como Kazutora.
—No es famoso, pero es un delincuente. Si lo matan aparecerá en los noticieros algo como “rufián con extraño cabello muere a balazos por provocar conflicto” y sabremos que es él.



Sakura todavía estaba enojado con sus compañeros de banda. Le parecía insólito que mostraran tanta indiferencia con la desaparición de un miembro de la banda. No es como si Kazutora le importara en lo más mínimo, pero el comportamiento despreocupado de ellos le parecía insoportable y dejaba mucho que desear. Una curiosidad le invadió, ¿los idiotas de la banda sin nombre eran así de despreocupados entre ellos? a Sakura le daba la impresión de que entre ellos eran muy unidos y empáticos pese a que tenían sus caracteres.

Caminó por casi dos horas para despejarse. Llegó al distrito por donde vivía y no tardó en entrar en un bar abandonado que usaba como refugio.

Se echó en el suelo quedando sentado sobre una caja de metal, abrió su mochila y sacó una lata de cerveza que le robó a Gojo y la bebió mientras seguía revisando las redes sociales.

Todavía ni rastros de Kazutora. El sujeto no era ni su amigo, pero quizá Sakura no tenía nada mejor que hacer que investigar su desaparición.

Tal vez eso pasaba porque hace tiempo no se encontraba con su amigo Hayato Suou así que le quedaba mucho tiempo libre para perderlo en idioteces.
¿Qué estaría haciendo Suou en estos momentos?

Justo en ese momento, como si lo hubiera llamado con la mente, un mensaje en el chat de Instagram precisamente de Suou le paralizó el tiempo.

“Hola, veo que estás en línea más de lo normal y ni un saludo por aquí”

Lo había pillado.
La verdad, es que estaba evitando a Suou desde que…

“Hola… ¿Todavía estás con los lunáticos?”
“Jaja, algo así… Después de que la cuenta de Mikey le pusiera like a mi video donde salgo cantando Niji, uno de sus agentes me invitó a conocer Lost Heaven en persona. Mikey me preguntó si quería participar en el ensayo y creo que le caí bien porque me invitó para una segunda ocasión.”


Precisamente por ese detalle estaba evitando a Suou. Si Kazutora se enteraba que cualquiera de MoonLight tenía relación con su ex banda, se lo tomaba a personal.

De verdad que le importaba poco Kazutora, pero soportar su mal genio por algo tan estúpido era como una patada en el culo. Por este motivo, Sakura evitaba a toda costa que Kazutora se enterara de que era amigo de Suou quien pasaba tiempo con Lost Heaven.

“Escuché que esa gente es antipática.”
“No sé quién te haya dicho eso, pero no es así. Son muy amables conmigo y con el chico que es el nuevo guitarrista de la banda.”


Habían reemplazado a Kazutora. Quizá a Kazutora no le importaba que lo reemplazaran a él, pero si se enteraba que alguien ocupaba el lugar del vocalista seguro estallaría. 

“¿Qué me cuentas de tu vida? ¿Cómo va todo con MoonLight?”
“Bien… Tenemos una presentación dentro de pronto y nos toca ensayar. Es difícil soportar a esta gente, pero todos se esfuerzan”
“Qué bien! Estaré atento para asistir y verte.”
“Ni de joda… No te voy a decir la fecha ni el lugar”
“Que tierno”


Sakura dejo en visto el resto de mensajes que Suou le envió. Quedó pensativo, hace tiempo que no veía al pelicastaño y parecía estar feliz de su nueva progreso musical pero no dejaba de preocuparle que algo le pasara a Suou en Lost Heaven. Sakura en secreto fue muy fanático de esa banda, creció con sus canciones y acudió cuando pudo a alguno de sus conciertos, por eso mismo tal vez sentía algo de "familiaridad" con Kazutora siendo que ni se dirigían la palabra pero al ser Sakura seguidor de la banda Lost Heaven donde Kazutora fue guitarrista, escuchar sus canciones y seguir sus conciertos, le daba la sensación que "lo conocía"

Por eso mismo le preocupaba que Suou frecuentara a la gente de Lost Heaven y que estos tuvieran interés en el pelicastaño. Alguien tan dañado como Kazutora debía tener su explicación en lo que vivió en esa banda y temía que a Suou le pasara lo mismo que a Kazutora, que a Inui o incluso peor... Que a Baji Keisuke.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Kana on March 31, 2025, 03:20:58 PM
(https://i.imgur.com/bAWOTCk.png)(https://i.imgur.com/JKCh3r6.jpeg)

Giró la tapa de la botella de agua mineral sin gas, dando un sorbo enorme. La resaca y dolor de cabeza lo estaba matando, así que no puso reparos cuando ella le pasó una píldora para dichos malestares. Puso la píldora en su lengua y se la tragó.

Aunque tenía los ojos cerrados, podía “ver” perfectamente la silueta de la joven frente suyo, de brazos cruzados y expresión frustrada.

—Alissa-chan, ya deja de mirarme así… De verdad que no te quería llamar. No sé qué mierda pasó.
—Por supuesto que no sabes lo que pasó. — la chica hizo sonar su tacón en el suelo. —Tienes mucha suerte de que te sacara de ese antro. No puedo creer que hayas ido con Sanzu después de todo lo que pasó con…—
—¿Lo que pasó con qué? — por fin abrió los ojos, una punzada le taladró la sien por la resaca, pero no fue suficiente para evitar mirarla feo. —¿Con Baji? Él era lo suficientemente adulto para tomar las decisiones de su vida. Ni que Sanzu le haya puesto una pistola en la frente para obligarlo…
—Claro que Sanzu tiene que ver. Baji se metió en ese mundo oscuro porque él lo llevó a esos sitios y lo mismo hace contigo. Bueno, ¿qué me importa a mí? Eres tú el que me llamaste para ayudarte —

Alissa se había molestado con el comentario de Kazutora. Hace varios años que no se veían precisamente desde lo sucedido con Keisuke Baji y ahora que tenían la oportunidad de cruzar palabras sinceramente era desastroso. Era algo que ambos se esperaban después de todo, quizá por eso evitaban verse.

Inconscientemente ambos se culpaban mutuamente por lo sucedido con Keisuke, Alissa culpaba a sus amigos por llevarlo a los vicios aunque estaba consciente de que Kazutora no tenía que ver pero pudo haber hecho más para sacarlo de ese mundo y Kazutora ocultamente le guardaba resentimiento a Alissa por inducir a los estados melancólicos de Baji. Por ese entonces cuando sucedió todo, las culpas de todos se dispararon en distintas vías, varios culpaban a Alissa por dejar que Keisuke se sumiera en la angustia y lo dejara solo, otros culpaban a Kazutora de involucrar mucho a Baji en sus problemas y caótica vida, otros decían que el responsable era Mikey por su ambición a más y absorber para él a Keisuke y el principal defensor de esa hipótesis era Kazutora.

Pero lo cierto era que ninguno era responsable de las acciones del pelinegro y en el presente eran lo suficientemente adultos para aceptar esa realidad.

—¿Cómo tienes mi número?
—Me lo dio un cantante en una fiesta. Dijo que te conocía de una presentación de los premios musicales y me hice el tonto fingiendo que no te conocía. — dejó la botella sobre el mueble cerca suyo. En ese momento, una chica rubia entró en la habitación y entre cruzó miradas con Kazutora. —…— el joven de cabello bicolor le desvió la mirada, todavía era muy torpe socialmente. En cambio, la rubia le miró más que fascinada, ella le dejo otra botella de agua y antes de retirarse miró a Alissa, suplicante.
—Ah… Antes de irte, ¿puedes firmarle un autógrafo a mi amiga Misa? Ella es fanática de tu banda…. Y si puedes, le pides a Inui que le deje un autógrafo también. Misa también es fanática de su banda.
—Creo que me acuerdo de ella. Era la rubia que siempre iba a las tocatas y te llevaba a rastras con ella a todas partes en Harajuku.
—Ahá. — Alissa asintió, tomando asiento en un sitial. Miró su reflejo en el espejo, con algo de nostalgia. —Extraño esos tiempos…
—Yo también. — Kazutora bajó la mirada, melancólico. Tristemente nunca podrían volver a esos tiempos donde fueron felices. —Alissa-chan… Gracias por ir por mí. No quise molestarte. Supongo que una parte de mi inconsciente pensó que eras la única que podía ayudarme y guardar el secreto. — su mirada cambió a una de preocupación. —Aunque no sé si tu amiga…—
—Ella es de confianza. — dijo Alissa, con tranquilidad.
—¿Dónde está Inui? — se acordó del rubio.
—Está en la otra sala. Todavía duerme.
—Apenas se despierte nos iremos.
—¿Sabes? Puedes llamarme sin necesidad de que estés en riesgo. A veces es de buena educación preguntar a tus amigos como están.
—Pensé que ya no éramos amigos. — dijo con seriedad, cosa que molestó a la joven. Kazutora prefirió cambiar de tema. —Supe que tendrás un gran concierto dentro de lo pronto. Has crecido mucho.
—…— Alissa se ensimismó ante el rechazo de Kazutora, pero después de todo, el joven tenía razón. Ya no eran amigos. Así que prefirió fingir estupidez al igual que él. —Sí. Es todo un desafío. Desde que me independicé de Lillia he sentido bastante presión. De mi representante, de mis fans, de mis ex compañeras. — suspiró —Siento que mis ex compañeras están esperando que fracase.
—Eran unas idiotas. Nunca entendí por qué aguantaste tanto tiempo con ellas. — el joven se puso de pie, con la intención de ir a la sala de al lado a despertar a Inui. —No importa lo que ellas crean, son envidiosas e intentarán hacerte sentir mal así que sólo ignóralas. Eres una Idol digna de admiración, métete eso en tu cabeza.

Alissa quedó en shock por las palabras de Kazutora pues el joven no era mucho de dar ánimos ni mucho menos decir cosas buenas de los demás. Quizá era la primera vez que le decía algo “lindo” antes de que el guitarrista saliera de la sala, lo llamó:

—Kazutora.
—¿Ah?
—No te olvides del autógrafo. — le apuntó una libreta y una lapicera.
—Ah… Sí. — no pudo escaparse de eso. Kazutora era de esos músicos despreciables que no le daban ni la hora a sus fans. Le dolió en el alma dejar su autógrafo en ese papel. —Ya. Para que no ande diciendo nada de mí, ¿ok?
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Kana on July 30, 2025, 06:35:36 PM
(https://i.imgur.com/zruGcfk.png)(https://i.imgur.com/YAkITxG.png)(https://i.imgur.com/nLgoXy4.png)(https://i.imgur.com/FquYakB.png)(https://i.imgur.com/JKCh3r6.jpeg)(https://i.imgur.com/waJERYH.png)

El aire en el "Neon Garden", un pub de luces tenues y aroma a cerveza y sueños viejos, vibraba con una mezcla de expectación y el susurro de conversaciones a media voz. Era viernes por la noche, y la banda "MoonLight estaba a punto de subir al pequeño escenario. Seis siluetas se movían entre cables y amplificadores, cada una con su propio universo gravitando alrededor del inminente show, cada uno ensimismados en sus pensamientos.

Sakura, el baterista, era un cúmulo de mal humor encapsulado en una sudadera oscura. Su presentación personal era de lo más sencilla, pues carecía de ese toque de glamour característico en otros miembros. Sus baquetas tamborileaban impacientes contra sus muslos mientras revisaba su set. Mañana tenía una clase de cálculo a primera hora, una que no podía permitirse perder. Estaba al borde del fracaso académico, ¡otra vez! y la idea de trasnochar, por mucho que amara la música, le carcomía los nervios. "Solo una vez más", murmuró para sí mismo, como un mantra o una maldición.

A su lado, Gojo, el vocalista, se reía despreocupadamente, su cabello plateado brillando bajo las luces del escenario le daba un aire de ser estelar tocado por el brillo iluminado de la luna. Un séquito de "fangirls" se agolpaba cerca de la tarima, susurrando y riendo cada vez que él les dedicaba una mirada o una sonrisa. Gojo era el epítome del carisma, nacido para el escenario, su voz suave y melódica, perfecta para el estilo que definía a la banda. Para él, cada presentación era una fiesta, una oportunidad para conectar con la energía de la gente, era el más entusiasmado en cada presentación ya sea en un bar de moderada popularidad o sobre un escenario de importancia.

Kazutora, el guitarrista principal, ajustaba su correa con una lentitud casi meditativa. Sus ojos, normalmente llenos de un brillo ámbar enigmático, tenían una pátina de melancolía. Había estado perdido durante varios días, sumergido en un torbellino de fiestas y noches sin fin. En una de esas noches, se había reencontrado con una chica de su pasado, un encuentro fugaz que, sin querer, había abierto una vieja herida. La conversación sobre viejos tiempos lo había transportado a un lugar agridulce, recordándole a su mejor amigo fallecido, Baji, y los sentimientos de culpa nuevamente volvieron a agolparse en su pecho. La guitarra era su refugio, el único lugar donde podía traducir ese nudo en el pecho en algo tangible y hermoso.

Justo por ello, acudió a última hora a la presentación, cuando ya todos los miembros de MoonLight pensaron que el del tatuaje de tigre no llegaría. Varios comentarios de distintas características se entrecruzaron entre los demás integrantes de MoonLight y entre los fans del público cuando vieron a Kazurota subir a la tarima a último momento cuando ya sus compañeros estaban instalados allí. El joven contaba con un plus extra de popularidad, gracias a su pasado exitoso en la banda LOST⭒HEAVEN.

HuaCheng, ya con su bajo en mano, era el ancla de la banda, el más maduro de los seis. Con una calma casi sobrenatural, revisaba cada cable, cada conexión, cada afinación. Su mirada era aguda, su mente organizada. Se preocupaba por cada detalle, desde el balance del sonido hasta la comodidad de sus compañeros. Para HuaCheng, la música era un edificio, y él era el arquitecto que aseguraba que los cimientos fueran sólidos. Sus principales focos de atención suelen ser que Gojo no se descontrole, que Kazutora no explote, que Sakura no haga arder el mundo, y, por supuesto, que Ramuda no provoque a los últimos dos. Afortunadamente con Chigiri tenía descanso, porque el chico era tranquilo y quitado de bulla aunque HuaCheng comenzaba a sospechar que Chigiri debía tener un lado temperamental que ocultaba.

Ramuda podía ser toda una comedia, que por lo demás era totalmente impredecible. Pero de lo que podían estar tranquilos con el pelirosa es que era muy responsable con su rol en la banda.

Y luego estaba Chigiri, el joven tranquilo de cabellera roja, que simplemente observaba. Su presencia era como una brisa suave, un contrapunto a la energía a veces caótica del resto de integrantes de MoonLight. Su guitarra rítmica se sentía como una extensión de su propio ser, un latido constante que complementaba la melodía. No hablaba mucho, pero su música lo decía todo.

—¿Listos, chicos?— preguntó HuaCheng

Gojo asintió con una sonrisa radiante enamorando aún más a sus fanáticas. Haruka suspiró algo gruñón, pero tomó sus baquetas con firmeza. Kazutora dio un último rasgueo a su guitarra, una nota solitaria que se disolvió en el aire y sacó una exclamación absurda de admiración entre los presentes. Chigiri simplemente levantó su pulgar, moviendo su cabellera roja hacia un lado.

Las luces se atenuaron, y un foco azul bañó el escenario. Los primeros acordes de "Ao no Sumika", su tema de apertura, flotaron en el aire. Era una melodía suave y envolvente, con un ritmo de batería preciso y un bajo profundo que sentaba las bases. La guitarra de Kazutora añadió un arpegio brillante, y la voz de Gojo, aterciopelada y nostálgica, llenó el espacio.

La música era puro estilo japonés: melodías pegadizas, sintetizadores que evocaban el brillo de Tokio por la noche, ritmos funky que invitaban a mover el pie con cada acorde. Era una banda sonora para paseos nocturnos en bares, para reflexiones bajo la luz de los neones. No en balde los dueños de los bares invitaban a Moonçlight a tocar en sus negocios para atraer personas.

Gojo se movía con gracia en el escenario, estaba hecho para ser una estrella, su micrófono en mano, interactuando con las miradas de sus fangirls, lanzando guiños que provocaban suspiros ahogados. Su voz era impecable, cada nota en su lugar, transmitiendo la ligereza y la melancolía de sus letras.

Haruka, al principio, mantuvo una expresión tensa, su ceño fruncido mientras sus baquetas golpeaban con precisión militar. Pero a medida que la música lo envolvía, el ritmo se apoderó de él. Sus movimientos se volvieron más fluidos, su cuerpo se balanceaba al compás. Por un momento, el cálculo y el examen desaparecieron de su mente, reemplazados por la pura alegría de la percusión. Sus ojos brillaron con una intensidad diferente, una que solo la música podía encender.

Kazutora cerró los ojos durante su primer solo, dejando que sus dedos bailaran sobre el diapasón. La melodía era una cascada de notas, algunas brillantes, otras teñidas de una tristeza sutil. Era su forma de hablar, de procesar el recuerdo. En cada bending, en cada vibrato, había un secreto eco de Baji, una catarsis silenciosa que solo él entendía.

HuaCheng, con su bajo, era el latido constante de la banda. Sus líneas eran intrincadas pero nunca intrusivas, un colchón rítmico que sostenía a todos los demás. Observaba a sus compañeros con una expresión de tranquila satisfacción, ajustando mentalmente el volumen, asegurándose de que la armonía fuera perfecta. Él era el pegamento, el que mantenía la nave a flote. Sólo en ese momento, cuando tocaban todos juntos, lograban convertirse en una sola voz, en una sincronía perfecta, en un mar calmo rodeado por letras musicales. Jamás le deja de impresionar lo sanadora y apaciguadora que la música es para todos ellos. Su presencia era un recordatorio de que la fuerza de la banda residía en la suma de sus partes, en la forma en que cada uno contribuía a la atmósfera general.

Chigiri, en su rincón, se movía apenas, pero su guitarra rítmica era el pulso constante de la banda. Sus acordes eran limpios y precisos, un contrapunto perfecto a los solos de Kazutora y la voz de Gojo, sus dos grandes referentes.

A medida que la noche avanzaba, la energía en el "Neon Garden" crecía. La gente gozaba del espectáculo, algunos cantaban animados, otros simplemente se dejaban llevar por el ritmo. La banda tocó sus temas más conocidos, cada uno una pequeña joya de sonido. Probablemente, alguien escribiría una nota de cinco estrellas por su presentación.

Llegó el momento de "Flower", una balada que era un favorito de los fans. Gojo bajó del escenario y cantó entre la multitud, las chicas casi se desmayaban cuando él estaba cerca, sus ojos encontrándose con los de sus admiradoras, creando un momento íntimo en el bullicioso pub. Kazutora tejió un solo de guitarra que emocionaba a los presentes. Haruka mantuvo un ritmo delicado, casi susurrante, con sus baquetas, mientras HuaCheng y Chigiri construían una base sólida y conmovedora acorde con las mezclas musicales de Ramuda.

Cuando la última nota se desvaneció, el pub estalló en aplausos. La banda hizo una reverencia, sus rostros iluminados por una mezcla de sudor y satisfacción.

Haruka se estiró, sintiendo el cansancio, pero también una extraña ligereza. La clase de cálculo seguía ahí, pero por un par de horas, la música había sido su única realidad, ¡Que importaba el trasnoche y la vida nocturna si la pasaba secretamente bien con ellos! Gojo estaba radiante, rodeado por sus fans, firmando autógrafos improvisados. Kazutora guardó su guitarra y fiel a su personalidad huraña, se distanció del resto yendo hacia el fondo del escenario. La melancolía no había desaparecido del todo, pero la música le había dado una forma de lidiar con ella tal y como HuaCheng le decía, una promesa de que el arte podía transformar el dolor. HuaCheng observó la escena, su rostro sereno, satisfecho con el rendimiento impecable. Chigiri, como siempre, fue el primero en empezar a desconectar su equipo, moviéndose con una eficiencia tranquila.

Mientras las luces del "Neon Garden" volvían a encenderse y la gente comenzaba a dispersarse, los "MoonLight" se quedaron en el escenario desmontando, antes de irse, beberían unos tragos en el pub para celebrar el reencuentro.
Cada uno con sus propias batallas y sueños, pero por unas horas, habían creado algo hermoso y reconfortante, un eco musical que resonaría en los corazones de quienes los escucharon. Y aunque Haruka se enfrentaría a su examen en unas horas, y Kazutora seguiría lidiando con sus fantasmas, por esta noche, el ritmo de la música había sido suficiente.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Miyu on July 31, 2025, 02:52:51 PM
Lo pasé más atras uu
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Miyu on August 31, 2025, 06:05:20 PM
Sorry but you are not allowed to view spoiler contents.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Miyu on September 30, 2025, 11:16:47 AM
Y se terminó TBHX, cancelen el resto de año y todo 2026 hasta la t3 de Link Click  :'( /la funan¿
Después corrijo uvu

2. Cantar
 Las notas de música que salían de la guitarra de Luo resonaba por todo el centro de la plaza, junto a la voz incomoda y tímida de Cyan que al principio era como un leve susurro y luego alcanzaba gran intensidad y seguridad.
"You're blessed with luck
I'll give you all my love
Even when I'm gone, you're in my arms
Defending you at any cost, I swear
Let me pass my color to your heart
My story stays in you
Someday, I hope you'll feel it, too"
Al terminar la canción, unos cuantos aplausos resonaron, acompañados del tintineo de algunas monedas que caían a sus pies. Habían ensayado durante días cómo debía moverse Cyan, cómo conquistar el escenario con una sonrisa segura y una presencia que atrajera miradas.
—¡Lo logramos! —Luo le extendió una mano hecha puño, para chocarlas.
—Si el rey de los engreídos lo dice —ella sonrió, estrellando su puño con él—. Aunque el dinero es poquito.
—Lento pero firme, así debemos avanzar —su sonrisa se ensanchó.
Ambos estaban sudados, con el corazón aún acelerado por la adrenalina de su primera presentación callejera. Eastwood era el lugar perfecto para triunfar, y solo necesitaban escapar de aquel ambiente opresivo que los rodeaba.
Recogieron sus cosas y calzaron los patines para regresar a casa, pues ya pasaba de las seis de la tarde.
—¿Quieres tomar algo? —preguntó Luo, agitando el vasito de monedas—. Como festejo por nuestro primer dueto en público.
—Sí —asintió emocionada—. Leí en algunas revistas sobre el Chinatown y sus bebidas. Quiero ir…
Dio varios saltitos con los patines ya puestos, lo que hizo que se oyera un pequeño sonido de sus ruedas contra el concreto.
—Hahaha —comenzó a reírse, mientras tomaba de la mano a Cyan—. ¡Vamos, Santa!
En pocos minutos ya estaban por las calles repletas de gente de Chinatown; los negocios resplandecían con luces coloridas y carteles brillantes llenos de palabras de “Lucky” y manekis nekos en sus escaparates que los invitaban a entrar.
—Mira —una chica señaló hacia Luo y Cyan—. ¿Son los de Tik Tok?
—Deben ser, el cabello de ella es igual —ambas comenzaron a acercarse a ellos, quienes aún seguían decidiendo a dónde ir a tomar algún café o té.
Las dos chicas se posicionaron frente a ellos y una extendió el celular hacia el rostro de Cyan.
—Disculpa, ¿eres la chica del parque?
Cyan fijó la vista en el celular frente a ella y se reconoció a sí misma en un vídeo. La voz de ella salía tan limpia y clara, que le sorprendió.
 —S-soy yo —murmuró totalmente sorprendida.
—¡Whoo! ¿Tan rápido estamos en Internet? —Luo también se miró en el vídeo, las notas de él, perfectas como siempre.
—¿Era su primer show? —las chicas parecían un poco más grandes que ellos en edad.
—Oh sí. Estuvimos geniales, ¿verdad? —contestó con una gran mueca de orgullo y felicidad.
—Luo —lo empujo suavemente para llamar su atención.
—¿Qué? Es la verdad —se rascó la punta de la nariz con el índice.
Ambas muchachas se rieron con él y sin querer, deslizaron hacia otro short de Tik Tok. Este era de un chico de cabellos dorados que tocaba un violín de manera magnifica, como un ángel que de pronto te observaba con sus penetrantes pupilas doradas.
—Se llama Luka Agriche —una de ellas les dijo al notar el interés de ambos—. Es un actor juvenil con muchos talentos.
—Hay tantas personas talentosas —susurró Cyan, aún impresionada por el corto que se repetía en bucle.
—Y nosotros somos uno de esos —afirmó Luo con una sonrisa gigante—. Espero nos vengan a ver mañana.
—Claro, estaremos en el parque esperando —las dos extrañas se despidieron mientras Luo y Cyan comenzaban a andar en rollers por la acera.
Estuvieron un rato en silencio, con el ruido del barrio chino, tan vivaz y alegre, resonaba entre ellos.
—Es increíble —ella se detuvo frente a unos televisores ubicados atrás de los vidrios de una tienda—. Hay tantos tipos de música.
—¡Y el mejor es el Rock! —afirmó con entusiasmo, mientras una banda japonesa tocaba en esas pantallas—. Mira, son Shibari. Grupo japones que se catapultó a la fama luego de varios fracasos del líder, Eiji Kimura.
—¡Oh, hemos tocado algunas canciones de ellos! —Cyan quedó sorprendida, con los ojos pegados al cristal para ver al guitarrista en su solo—. ¿Eiji es el pelirrojo?
—Sip —asintió, cruzándose de brazos, como si lo supiera todo de Shibari—. Y está tocando “Little Jumper!”.
—Quiero tocar esa en público —sus manos tocaron el tibio cristal del escaparate.
—Eso suena genial. ¿Te imaginas si Kimura Eiji oyera nuestro cover? ¡Seguro le gustará o nos insuflará!
Cyan se inclinó por lo segundo, Eiji era bien conocido por ego y mala personalidad, aunque su talento lo valía o así habían oído de la radio.
—De adulto, quiero ser como él.
—Dudo que sea un ejemplo a seguir —desvió la mirada de los televisores a su amigo.
—Tonterías, aparte tiene diez y nueve años, me lleva solo nueve años… ya me imagino compartiendo escenario con Kimura Eiji.
—El rey de los creídos ataca —Cyan sonrió feliz, aunque apoyaba a su amigo y estaba segura de que lo conseguiría.
—Santaaaa —contestó con la misma mueca que ella.
Y de pronto la vista de ambos fue hacia una tienda de CD’s. “Joe’s Rock Shop” leyeron ambos mentalmente y sin pensarlo se lanzaron a la calle para ir deprisa hacia ese lugar.
—¡Bienvenidos! —un hombre los saludó desde el mostrador.
—¡Buenas! —el varón le devolvió el saludo y empujó a Cyan a los CD’s de los noventas, dónde portadas experimentales y decadentes hacían evidente su década.
—Nirvana, Soundgarden, Red Hot Chili Peppers, Blur, Oasis… —mencionó las bandas en las portadas—. ¡Clásicos!
—¿Y este? —sacó uno con el rostro de una chica en tonos violáceos—. ¿Quién es?
Luo se quedó viendo las extrañas letras que había en el reverso del CD. No era chino, japones ni ingles…
—Viejooo. Te confundiste de lugar con este CD —levantó el objeto y lo dirigió al hombre.
—Oh —el dueño de la tienda se rascó la barba—. Es coreana la chica, ¿puedes ponerla en lo actual?
—Sí —respondió, examinando los caracteres una última vez.
—Espera, Luo —tiró de la manga del chico y señaló hacia la estación de escucha que estaba vacío.
—¿Quieres oírla?
Como respuesta asintió y ambos fueron al aparato, dónde Luo pasó el código de barra por el escaneador y Cyan se ponía los auriculares.
“Just laugh – hey, kick and break ya
To the galaxy shining bright, ch-cheers
Change the game with a single action
Trust me and I’ll show you, ch-cheers
We only get one life, so I’m living mine for me
’Cause I’m the one from your wildest dreams
I’ll create a fantasy in this crazy world
And change it all – I’m going all-in”
La voz de la vocalista gritó vivaz, aludiendo a su canción y gritando que está. Cyan lo sintió como una canción que quiere ser reconocida, que desea dejar una marca ante los que la oyen.
Apretó los auriculares a sus oídos.
—¿Suena tan bien?
—Es extraña… fascinante… —una vez terminó la canción, dejó los auriculares en su lugar y Luo colocó el CD en el lugar correspondiente.
—Se llama Hyuna, debutó hace poco —el dependiente respondió.
Sin que Luo se diera cuenta, Cyan se había acercado a preguntarle cosas al señor.
—Toca en bares. Dudo que los dejen entrar —se mofó de ambos chicos.
—Me preocupa que un hombre tan viejo conozca a una recién debutante —el otro chico se acercó y lo señaló.
—Ouch. Dolió, mocoso.
—¡Luo! —se apresuró a codearlo, pero el hombre bajo unos centímetros sus gafas de sol y con la barbilla señaló el estuche de guitarra del joven.
—¿Tocan? —preguntó apoyando las manos en el mostrador—. Es un poco raro ver a alguien con una guitarra, ahora es todo sintetizadores y bandas de chicos y chicas que bailan.
—Mi padre era un conocido compositor —se apresuró a contestar él.
De inmediato Joe se dio cuenta del uniforme gris de Luo y bajó la mirada algo apenado y con compasión por ambos chicos.
—Lo siento —susurró
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Eureka on September 30, 2025, 04:42:51 PM
Estoy enferma x_x así que después lo reviso y agrego topes…


Track #2


Pese a todo lo que había ocurrido entre ellos, el rostro ligeramente irritado de Akechi le daba cierta calma en medio de la incertidumbre.

Le recordaba que ciertas cosas nunca iban a cambiar: sea o no su novio, el castaño de todas maneras se indignaría por su falta de disciplina, su terrible hábito de demorarse cincuenta horas alistándose, la manera despreocupada en que lo arrastraba a cualquier lugar sin darle importancia a su trabajo como actor, entre otras… cosas.

Era extraño notar que ya no estaban juntos. A veces lo pasaba por alto por la actitud dedicada de Akechi, quien aún estaba pendiente de ella en todo momento. Tal vez lo hacía por culpa, puesto que él le había terminado. O, quizás, solo era un tema de costumbre: había actuado así con ella por tanto tiempo… tanto que era difícil cambiar de actitud a esas alturas.

Ambos eran un refugio el uno para el otro: Akechi estaba harto de fingir 24/7 con sus colegas y amigos del medio, mientras que Eureka estaba harta de estar sola 24/7 y de aislarse de sus pocas amistades… y de su hermana.

“¿Por qué siempre te demoras tanto?” Le reclamó, irritado, cuando la vio salir de las puertas principales de vidrio del lujoso departamento donde vivía gracias a su hermana. “No entiendo, la verdad.”
“¡Pero si tú más que nadie debería saber que el proceso de maquillaje y estilización toma tiempo!” Le dijo, entre risas. “¿O no te maquillan cuando vas a actuar?”

Y se acercó a picarle la mejilla. Akechi hizo una mueca de asco.

“Bueno, sí… Pero es distinto. Voy a trabajar. ¡No voy a salir a molestar a mi ex!”
“Qué terrible forma de dirigirte a tu mejor amiga.”
“Mm…”

Eureka se dio la vuelta para entrar al asiento de copiloto por el otro lado. Akechi subió al suyo, y soltó un par de risas cuando ambos cerraron las puertas al mismo tiempo.

“Es irónico… e increíble, la verdad… que sigamos siendo amigos.”
“¿Nunca has tenido una ruptura amigable o qué?” Le preguntó, a la vez que se colocaba el cinturón. Nunca le había dado importancia a eso, pero Akechi se ponía muy pesado si se daba cuenta de que no lo había hecho.
“Fuiste mi primera novia, Eureka.” Akechi le sonrió. “Y lo más probable es… que seas la última.”
“Porque eres gay.”
“…” Akechi se llevó una mano a la cara. “No, porque pienso dedicarme por completo a mi carrera.”
“Goro, no hay nadie en el mundo que te conozca mejor que yo. ¿Por qué quieres ocultarme parte de tu identidad…?”
“…” Akechi la juzgó con la mirada. “Siento que te burlas. Y es estúpido, ¿no crees? A ti te gustan los hombres y las mujeres.”
“Bueno, no todas las mujeres…” Eureka se mostró pensativa. “Supongo que tengo cierta debilidad por…”
“…Las altas y misteriosas. Sí, eso lo dices siempre.”
“Y tú también, ¿no?”
“¿Qué? No.”
“Ah, no, hablaba de los hombres altos y misteriosos.”
“…” Akechi suspiró. “Recuérdame por qué accedí a salir contigo hoy.”
“Jeje~” Eureka canturreó. “Lo siento. No volveré a tocar el tema de tu sexualidad.”
“…”
“Ya, ya.” La joven le sonrió. “Es que… Kotone tenía una cita con Gojo.”
“Ah, no. Solo lo dije para quejarme.”
“Pero de seguro quieres saber la verdad, ¿no?”
“…Sí.” Akechi asintió, un poco avergonzado.
“No hay problema~” canturreó la chica. “Bueno, como te contaba, Kotone va a salir con Gojo. Y cuando me contó sobre sus planes, supe que me iba a mirar con mucha pena si le decía que quería quedarme a hacer nada en el departamento.”
“No sé por qué tu hermana sigue saliendo con ese tipo,” Akechi prendió el motor del carro y comenzó a conducir con rumbo al karaoke. “Es obvio que solo la está utilizando.”
“…Sí, yo pienso algo similar… pero no sé para qué podría usarla.” Eureka ladeó la cabeza, confundida. “¿Por su fama y su dinero, supongo?”
“…Tal vez.” Akechi asintió. “Pero no cabe duda de que no tiene buenas intenciones.”
“Aun así, Kotone se ve feliz… me daría pena tener que decirle que siento esto. Creo que debería dejar que ella misma se dé cuenta.”
“¿Y arriesgarte a que salga herida por ello? No, deberías decirle la verdad.”
“Es que… No sé. Hoy me dijo que la cita sonaba seria. Y le sugerí que tal vez Gojo estaba pensando en proponerle matrimonio.”
“¿Tú crees?” Akechi comenzó a reírse… pero se puso serio de un momento a otro. “Un momento. Quizás… tienes razón.”
“¿Por qué?”
“Bueno, si se comprometen, podría mudarse a vivir con ustedes. Y te botaría de allí…y luego, se casarían. Y comenzarían las peleas y todo terminaría en un terrible divorcio. En tal caso, se podría quedar con todo lo que tiene tu hermana, ¿no crees? Y tú y yo sabemos que es un muerto de hambre.”
“¿Crees que lo está haciendo por plata?”
“Tendría sentido. Porque si fuera por fama… no sé. Gojo es demasiado orgulloso, aunque no lo parezca. Y le irritaría que Kotone siempre será más famosa que él.”
“Claro, la publicidad de ser “el esposo de Kotone Shiomi” lo heriría en su orgullo.”
“Exacto. Así que debe ser un tema de dinero.”
“Igual… Creo que podría indagar más al respecto.”
“¿Ah, sí?” Akechi prendió la pantalla táctil de su carro y le hizo una seña a su amiga. “Pon la dirección del karaoke.”
“A estas alturas… ya deberías saber dónde queda.”
“Me siento más seguro con la ruta del Waze. ¿Algún problema?”
“No, no.” Eureka le sonrió y le hizo caso. Abrió la aplicación de Waze en la pantalla y colocó la dirección. “Olvidé que estás a un paso de tener un TOC o algo así.”
“…Te advierto que puedo botarte del carro con un simple empujón y ya. Ventajas de que seas liviana y yo tenga más fuerza de la que aparento.”
“Eso siempre me sorprendió, no te lo voy a negar.”
“Bueno, bueno. ¿Qué decías sobre indagar más?”

Eureka se quedó observando el paisaje nocturno de la ciudad a través de la luna. Los destellos de luz por doquier amenazaban con dejarla ciega, pero la vista era tan preciosa que se le hacía imposible despegar los ojos de ella. Llevaba años en esa ciudad y sentía que, de todas formas, nunca se acostumbraría a ver algo tan hermoso.

“Creo que conozco a alguien que fue su amigo hace tiempo.”
“¿Crees?”
“Es que alguna vez se lo mencioné y… se rio muy fuerte, como si supiera cosas de él que nadie sabe.”
“¿Y quién es esta misteriosa persona?”
“Jiji.” Eureka se tapó la boca para ocultar sus risitas. “Pueeede… que nos encontremos con él en el karaoke.”
“¿NO ME VAS A JUNTAR CON…?”
“No, no. Tranquilo, hombre. No haría algo sin primero consultarte al respecto. Me rio… porque sé que te sorprenderá. Es un contacto que hasta a alguien como tú podría impresionarlo.”
“¿Por qué? ¿Es más famoso que yo?”
“Sí.” Eureka rio. “Y, tal vez… más guapo.”
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Eureka on October 31, 2025, 09:46:55 PM
Track #3





Ayato Kamisato era un actor muy conocido. Había adquirido muchísima fama después de interpretar al protagonista de “El vacío”, la antepenúltima película del director Gundam Tanaka, un excéntrico hombre de visión innovadora y talento indiscutible. Se sabía que todo actor principal de las películas de Tanaka se convertía en una superestrella en poco tiempo, pero Ayato Kamisato había impactado a la opinión pública con su desempeño al punto de que no tardó ni un mes en ser convocado para participar en películas y series de otros directores de renombre.

Eureka debía admitir que no había visto ninguno de sus trabajos. A excepción de su reciente obsesión con Peruere, nunca había desarrollado algún interés por las artes cinematográficas y dudaba que eso cambiara en un futuro. Claro, sí veía películas de vez en cuando, pero no se sabía los nombres de los actores o del equipo de producción… ni conocía cuáles eran las clásicas o las más aclamadas.

La premiación de los Óscar se había convertido en un festival de despilfarro y de favoritismo desde hacía mucho tiempo y Eureka había perdido el interés en ver una que otra de las nominadas porque hasta la persona más bruta podía identificar que ninguna se merecía algún premio. Entonces… era difícil encontrar alguna cinta que le llamara la atención.

Mucho menos guardaba vínculos con la industria. No conocía muchos actores aparte de Akechi, su ex, y de Ryoji, su amigo de la secundaria. Claro, también estaban los idols de su entorno que habían incursionado en el mundo de la actuación… pero no sabía si era atinado llamarlos “actores”. Muchos de ellos eran mejores cantantes, no cabía duda de ello.

Es por ello que Eureka conoció a Kamisato gracias a su hermana menor, Ayaka, con quien había comenzado a trabajar hacía poco tiempo. Ayaka formaba parte de un girl group que estaba a pocas semanas de su debut: Cassiopeia. Su concepto Y2K y de nostalgia era muy carismático y Eureka agradecía haber contado con la oportunidad de formar parte del equipo detrás del proyecto. La habían invitado a escribir algunos de sus primeros singles. De hecho, el primero de su debut era una canción que había escrito junto con Ayaka, llamada “OMG”. La compositora sabía que sería un éxito en todos lados ya que era una canción demasiado pegajosa, con una letra linda y una melodía grandiosa. Además, de lo que le habían comentado, sonaba a que el videoclip contaba con elementos que conectarían con las generaciones más jóvenes.

En una de las reuniones, Ayaka había asistido con su hermano mayor. Eureka no había tenido intenciones de tratarlo más allá de aquella oportunidad, pero Ayato le había dicho que estaba interesado en sus habilidades, puesto que andaban buscando compositores para la canción principal de uno de sus proyectos cinematográficos. Así fue como pasó de trabajar con un solo Kamisato… a tratar con los dos.

Ayato era ocurrente y misterioso. Sabía cómo conectar con desconocidos y no le costaba ingeniárselas para sacar temas de conversación con personas que no pertenecían a su burbuja.

Eureka no sabía si estaba bien llamarlo “amigo” porque no eran tan cercanos, pero habían salido a comer un par de veces y se llevaban bien. Eso le bastaba para confiar en él. Y, de todo corazón… esperaba que eso fuera mutuo.

Ya le había contado cosas que nadie debía saber.

“¡Hola!” Ayato le ondeó la mano cuando la vio llegar junto a Akechi. Ambos se acercaron a la barra, de donde se paró el actor para saludarlos. “Un gusto, Akechi-san. Eureka me ha hablado mucho de ti.” Y le hizo una leve reverencia.
“…Igualmente.” Akechi lo imitó, aunque no sabía dónde meterse por culpa de la vergüenza. Él no podía decir lo mismo: recién se enteraba de que su amiga (y ex) era también amiga de uno de los hombres más famosos de la industria en la actualidad. Akechi no se quedaba muy atrás, pero sin duda su envidia y su imperiosa necesidad de compararse con todo el mundo le estaban jugando una mala pasada. “Aunque debo admitir que Eureka no te mencionó,” dijo, mirando irritado de reojo a su amiga.
“Ah, lo siento.” Eureka sonrió, ignorando sus ganas de matarla. “Era una sorpresa.”
“Me avisó a última hora.” Ayato rio. “Pero no tenía planes, por suerte.”
“A mí también me hizo lo mismo.” Akechi suspiró.
“Bueno, bueno. Vamos al salón privado~” canturreó Eureka. Agradecía ser amiga de actores famosos porque ellos tenían acceso a lugares exclusivos incluso dentro de establecimientos tan lujosos como aquel bar karaoke donde se encontraban.

Akechi arqueó una ceja… pero en un instante entendió que Ayato había sido el que había reservado aquel salón.

“¿Y qué tal?” Le preguntó Ayato, en el breve trayecto. “Me enteré de que estabas participando en una película de espías.”
“Ah, sí. No puedo divulgar más detalles, pero es un proyecto muy interesante.” Akechi le sonrió. “¿Qué hay de ti? Sé que pronto empezará el rodaje de tu última película.”
“Así es. Es un proyecto del director Davis. Eureka nos ayudó con la composición de la canción principal.”
“Wow. Eso tampoco me contó.” Akechi la miró levemente irritado. “No sabía que habías contado con la oportunidad de trabajar con los dos Kamisato.”
“¿Te mencionó a mi hermana?” Dijo, mientras uno de los mozos del local le abría la puerta. Ayato ingresó al salón privado junto con sus acompañantes.
“Sí. Eureka está emocionada por el debut de Cassiopeia.” Akechi se sentó y el resto hizo lo mismo.
“No puedo negarlo.” Eureka sonrió. “Son chicas muy talentosas y carismáticas. Sé que les irá genial.”
“Yo también pienso lo mismo. Creo que no había visto nada como ellas en mucho tiempo. Vale la pena apostar por este tipo de proyectos.” Ante la mirada curiosa de Akechi, Ayato sonrió. “Ah, soy un inversionista de la agencia donde debutará mi hermana. No quiero que suene a nepotismo, pero…”
“No lo es, tranquilo.” Eureka rio. “Sabemos que Ayaka-chan es otro ejemplo de que los miembros de la familia Kamisato son especiales.”
“Gracias por tus palabras.” Ayato le sonrió. “Pero no es nepotismo. Al contrario, entré como inversionista luego de que se armara el grupo y Ayaka me contara que debutaría en un año.”
“Osea que ya llevas varios meses invirtiendo en esa Agencia.”
“Sí. Tengo fe de que todo saldrá bien.”
“Bueno, creo que ya nos presentamos y tuvimos una charla muy amena…” Eureka se levantó para agarrar la tableta de la lista de canciones. “Pero hemos venido para otra cosa.”
“¿Para qué?”
“Para enseñarle a cantar a Ayato.” Eureka sonrió. “Y, que a cambio, nos haga un favor.”
“…”

Akechi intentó mantener su farsa. Quería mostrarse imperturbable como siempre para que su colega en la industria no sospechara de que su faceta de chico amable era solo… bueno, una faceta.

Pero no pudo evitar la reacción que se le escapó.

 “¡¿QUÉÉÉ?!”
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Kana on November 09, 2025, 06:12:01 PM
*Este será uno de esos típicos fics que termino borrando, pero me desaparezco hasta mediados de diciembre y es mejor prevenir que lamentar xD

En la ciudad de Eastwood se respiraba un aire fresco y vibrante, saturado de promesas y aventuras por descubrir la cual la tienen expectante. Kiana Kaslana, una joven de cabellos platinados, solo había llegado a la ciudad con una maleta vieja, ropa sencilla y los sueños de toda chica que aspira con adentrarse en el mundo del espectáculo.
Había llegado esa mañana, caminando con paso decidido por las calles empedradas del barrio más bohemio, donde los artistas callejeros y los cafecitos acogían a quienes, como ella, iban en busca de una oportunidad. Por un momento no menor, se distrajo viendo a una chica artista urbana tocando el violin tan magistralmente que parecía ser miembro de la orquesta más prestigiosa del planeta, ¿qué hacia un talento como ella en las calles? Solo le daba una pequeña señal de lo mucho que ella misma debía esforzarse para encontrar una oportunidad en la ciudad de las estrellas.
Desde pequeña, Kiana había soñado con las luces del escenario y los libretos de una audiencia para alguna telenovela o, ¿por qué no? Alucinar con la idea de audicionar para una película. Pero no quería ser solo otra actriz; ella aspiraba a conquistar el corazón del público en las comedias románticas o de intriga, con personajes que reflejaran su propia sinceridad y humor. Sabía que no sería fácil, que la competencia era feroz sobre todo entre las chicas y que la ciudad estaba repleta de personas buscando una oportunidad.

Pero Kiana estaba decidida.

Su primer día en la ciudad fue una mezcla de entusiasmo y nerviosismo, ¡No conocía a nadie allí! Después de instalarse en una antigua pensión barata con paredes que parecían haber visto más historias de personas como ellas que transitaban buscando una oportunidad, salió a explorar la ciudad.
Pasó frente a pequeños teatros llenos de luces parpadeantes, tiendas vintage que vendían vestidos de época, y músicos que tocaban en las esquinas, sus melodías flotando en el aire como brisa de verano y sentía una agradable sensación de estar allí. Por fin se podía relajar un poco más.
Decidió visitar un café donde se rumoraba que actores y directores se reunían con frecuencia. Fue un tips de una amiga de su pueblo natal. La puerta se abrió con un tintinar de la campana en la puerta y en su interior encontró un ambiente acogedor, con paredes cubiertas de fotos en blanco y negro de viejas producciones cinematográficas que le indicaban que estaba en el lugar correcto. Kiana pidió un café y se sentó en una mesa junto a un hombre mayor que le sonrió con complicidad.

—Disculpa mi atrevimiento, ¿eres nueva por aquí? — preguntó en señor, dando un sorbo a su taza de café
—Sí —contestó Kiana, ajustándose la chaqueta. No creía que pasara algo malo por responderle a un amable caballero.
—¿Estás buscando trabajo? Generalmente, muchas personas vienen a este lugar buscando una oportunidad. Este lugar puede ayudarte, si realmente quieres esto. Pero recuerda, en esta ciudad, nada es solo lo que parece.
—Oh. — Kiana asintió, sorprendida. Parecía que la gente de Eastwood era directa y no se iba con rodeos.
—Siempre es bueno iniciar por algo. — el hombre le entregó una tarjeta. —Mi amigo tiene un estudio, puedes presentarte allí y probar suerte.

La peliplateada guardó la tarjeta en su bolso, con una mezcla de incertidumbre y esperanza. Esa noche, mientras caminaba de regreso a su pensión, algo en el aire la hacía sentir que su destino empezaba a tomar forma, aunque no podía entender exactamente qué. ¿Fue buena idea aceptar la tarjeta como si nada? Era raro que las cosas se estuvieran dando tan bien en su primer día de llegada.

Kiana al día siguiente fue al lugar que dictaba la tarjeta. Era un estudio de rodaje nuevo, así que dejo su currículo con la ilusión que la pudieran llamar. Para ir implementando proyección, se inscribió en talleres de actuación, hacía audiciones improvisadas en rincones escondidos, y conocía a otros que al igual que ella soñaban en ganar un espacio en esa ciudad. Sin embargo, algo parecía fuera de lugar; cada vez que intentaba un papel, sentía esa presencia invisible que le recordaba que no todo en la ciudad era tan transparente como parecía.
Y así llegó la primera semana de estadía, notando que su dinero iba bajando significativamente. Eastwood era muy caro, esperable de una ciudad que alberga las estrellas.
Una tarde de llovizna, su teléfono vibró y constetó a la llamada del número desconocido. La voz era de un hombre joven que le decía si podía ir al estudio de grabación con urgencia.

“Es algo simple. Solo necesitas asistir a una prueba”
[/i]

Kiana se llenó de alegría, por fin se habría una oportunidad para ella. Llegó de las primeras al estudio de grabación y cuando por fin pudo ingresar, alguien le entregó una pala y una escoba.

—Que bueno que llegas temprano. Que comprometida. Necesitamos que dejes reluciente el estudio porque van a hacer una grabación aquí.
—…— Kiana quedó en shock. La habían llamado para ser la chica de la limpieza, no para probar talento para una audición.
Bueno, por algo se empezaba.

Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Miyu on November 30, 2025, 06:59:36 AM
Lonely road under my feet.
Las cuerdas se tensan bajo sus dedos, emitiendo sonidos apagados que se esfuman en el abismo de la memoria. Una vez más, la salvación no acude en la noche oscura que lo envuelve. “I can't see no hope when I need a savior”, resonó su voz ronca en la estancia silenciosa. “Sink me in the darkness, that's where I belong”. Ante él, solo se alzaban las interrogantes que atormentaban su alma sin concederle tregua.

¿Qué lo impulsó a llegar a Eastwood? "I can't stand no more, if I act like a player". ¿Acaso la fama? ¿O el dinero? No, ambiciones tan mundanas resultan insuficientes para alguien que conoce la crudeza de vivir con nada, donde el único objetivo es sobrevivir un día más. "Can I be heartless? I don't need no help". Tal vez solo busca demostrarse que puede superarse. Es difícil de precisar; incluso para él es un enigma descifrar esos sentimientos que oprimen su pecho con tanta intensidad.

“Can I be heartless? I don't need no help” Más que arrogancia, es la coraza forjada por una existencia donde confiar en los demás es un lujo inalcanzable. Esta actitud nace de la necesidad: por Ume, por él, porque si él no la cuida, nadie más lo hará. En medio de una realidad tan hostil, encontró su escape en la música; fue el bajo, con sus sonidos graves y marcados, el que le dio impulso a sus emociones, y la composición, la que le otorgó una voz propia para expresar todo lo que acalla.

****

El escenario brilla bajo la luz del neón, y en medio de su resplandor, las tres figuras adoptan sus poses. Qiao Ling avanza con decisión hacia la parte trasera, donde toma las baquetas y se sienta frente a la batería. Tap, tap, tap… Los golpes marcan la cuenta regresiva. Alegre, llena de una energía contagiosa y con una sonrisa tan explosiva como luminosa, captura las primeras miradas del público justo cuando el telón se abre para revelarlas.

Tianxi se dirige con timidez hacia el costado izquierdo, intentando fundirse con las sombras mientras sostiene su bajo. Una cuerda resuena, luego otra… siguiendo el compás de la batería; sus ojos color coral se clavan en el suelo, como si deseara desaparecer de todas las miradas, anhelando que las luces la oculten en un estallido. Bajo sus dedos, el ritmo se quiebra, se vuelve caótico, sin un orden aparente, luchando por emerger en un instante fugaz antes de perderse en el tiempo. Es una colisión de emociones que no logra comprender, pero su corazón, contradictoriamente, anhela el espectáculo.

La última en sumarse es Mitsuki. Avanza con parsimonia hacia el centro del escenario, con la guitarra colgando de su hombro y la púa en la mano izquierda. Mientras sus dedos acarician las cuerdas, una voz interna le susurra que este podría ser su último concierto en mucho tiempo. El live house club  "Sixth Heaven" de Nobunaga siempre ha sido exigente con los grupos que actúan, y ellas apenas lograron superar la audición.

Y cuando su voz, áspera y dulce a la vez, se eleva sobre el riff de la guitarra, una pregunta surge con fuerza: en esa melodía, ¿de quién es el latido que se mezcla? ¿Será el suyo propio, o acaba de conectar con el corazón de alguien entre la oscuridad?

Por un instante, por ese escaso minuto, el mundo se transforma en el escenario supremo para las tres. Un grupo sin nombre, formado a toda prisa para reemplazar a una amiga esa misma noche; por eso, cada célula en sus cuerpos grita con una inquietud insoportable. Interpretan mil facetas con un brillo cegador, y surge la duda: incluso ellas, ¿podrían inclinarse hacia el triunfo?

La canción continúa, igual de caótica, desordenada y feroz. Se incrementa sobre el reducido público, primero sorprendido por el cambio repentino en la programación, y luego extasiado por el frenesí de la melodía. Poco a poco, se tiñen con los colores del grupo, y surgen pequeños aplausos mientras las emociones convergen en los latidos de todos.

Una emoción irresistible, irreemplazablemente adictiva.

Parecen haber nacido para deslumbrar bajo el neón, existencias resplandecientes que, en el momento de cerrar el telón, se mantienen victoriosas. Una fusión extraña de J-Rock con dos chinas.

Al abandonar el escenario, Qiao Ling abraza con fuerza a una sonrojada Tianxi. Koga Mitsuki mira por encima de su hombro el espacio que acaban de dejar, y una sonrisa espontánea nace en sus labios, porque sabe que esto no es un adiós, sino un comienzo.

Son como fuegos artificiales sin nombre, floreciendo en un instante y expandiéndose en la mirada del público del live house. Mitsuki ha disipado la niebla de incertidumbre que nublaba su mente; en esta noche, ella gobernó.

El contraste entre el estruendo ensordecedor del escenario y el backstage era abismal. Las tres chicas se quedaron un momento inmóviles, como si sus oídos aún estuvieran sintonizados con el eco atronador de su propia música. Fue Qiao Ling quien rompió el silencio, soltando las baquetas sobre la mesita antes de lanzarse sobre sus compañeras.
—¡Fue genial! ¡FUE INCREIBLEMENTE GENIAL! —exclamó. Dio varios saltitos efusivos y llenos de energía, envolvió a ambas en un abrazo colectivo y un tanto brusco.
Koga Mitsuki, que aún sentía el zumbido de las cuerdas de su guitarra en las yemas de los dedos, recibió el impacto con una leve sacudida, pero su sonrisa serena no se desvaneció. Con cuidado, se liberó del apretón solo lo necesario para poder mirarlas a los ojos.
—Lo hicimos excepcionalmente bien, considerando el tiempo ridículamente corto que tuvimos para ensayar —afirmó, cerrando por un instante sus pestañas. Un suspiro de alivio y satisfacción escapó de sus labios—. Todo salió... con una fluidez que no esperaba.
Li Tianxi, a quien todos llaman Xixi, asintió con vehemencia, pero su mirada, como un pájaro asustadizo, descendió rápidamente a la seguridad de sus zapatos de cuero reluciente. Apretaba el mástil de su bajo contra su cuerpo delgado y pequeño.

Mitsuki notó su tensión. Con un gesto tranquilo le dio unas palmaditas suaves en la cabeza, desordenándole un mechón del cabello rosado.

—Buen trabajo de verdad, Xixi —su voz era un susurro cálido —. No hay necesidad de estar tan nerviosa ahora. Ya lo hicimos. Sobrevivimos.

Xixi sintió una oleada de calor subirle por el cuello. Era extraño, esta familiaridad, este cariño instantáneo y no solicitado que le brindaban estas dos chicas que apenas conocía. Lo único que había entre ellas eran un par de ensayos incoherentes y una amiga en común que no pudo actuar. Apretó con fuerza el bajo contra su pecho, incómoda de una emoción nueva y cálida que trataba de abrirse paso entre sus miedos.

—¡Oye, yo también estuve a punto de vomitar los nervios! —confesó, exagerando un poco para provocar una mueca—. Y eso que ya he tocado un montón de veces con Xiaoshi y Wang Wang. Pero esto... esto era diferente. Esto tenía... —buscó la palabra correcta, haciendo un gesto amplio con las manos— ¡alma!

Fue Koga quien continuó, su voz tomando el ritmo de una líder natural.

—La próxima vez, sin duda, lo haremos mejor —dijo, y en su mente repasó los pequeños deslices, los microsegundos de descoordinación que, para su oído entrenado, habían sonado estruendosamente. Porque en el calor de la fragua, los errores más pequeños se sienten con la intensidad de una llamarada. Pero se aprende. Solo se aprende así.
Miró a ambas con seriedad.
—Si ustedes quieren, claro está. Sería un verdadero placer para mí poder seguir tocando con ustedes dos.

Qiao Ling y Li Tianxi intercambiaron una mirada rápida. En los ojos animados de Ling había una respuesta clara, y en el tímido destello de los de Xixi, una aceptación temerosa.

—¡Claro que sí! —estalló Qiao Ling, su grito casi haciendo saltar a Xixi—. ¡Me apunto, me apunto, me apuntoooo! ¡Fue la cosa más divertida que he hecho en meses!

Xixi, todavía sin confiar en su voz, asintió con fuerza, una sonrisa pequeña y frágil asomándose finalmente a sus labios.


Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Miyu on December 31, 2025, 04:49:17 AM
Tengo todo el día libre, al fin ;;. Feliz año nuevo a todas! Pasenlo lindooou<3

A ver si puedo terminar el cap hoy y corregirlo en otro momento jajajaja

(https://64.media.tumblr.com/88a8b38f27af9a3942e5b297520afa51/ba12d260306591f1-f2/s540x810/fad5af187cd98a4fd901a02fefc3f26c9d296e68.gif)


2.1 # Cantar.
—Lo siento —susurró el dependiente, rascándose suavemente la mejilla con gesto compungido. Aunque Eastwood era una ciudad reluciente y próspera donde no abundaban los huérfanos, sí sabía de la existencia de uno o dos orfanatos en toda la región. La vida allí suponía no debía ser fácil y luego se preguntó el tipo de educación que debían recibir los niños y como los integraban a la sociedad luego de cumplir la mayoría de edad… eso lo hizo suspirar.
—No es para tanto —respondió Luo y su sonrisa, ancha y sincera, se sintió de inmediato reconfortante para Joe, disipando parte de su incomodidad y dudas.

Cyan, por su parte, no terminó de entender bien el motivo de la disculpa. Después de todo ella no poseía recuerdos vívidos de sus padres; esa nebulosa del pasado le parecía algo lejano a ella. La vida en el orfanato no la había juzgado nunca como algo terrible o al menos, había dejado de parecérselo desde el día en que conoció a Luo. Miró a Joe con sus grandes ojos verdes, parpadeando varias veces con una curiosidad tranquila, como tratando de descifrar la pena que no lograba compartir.

—Tengan —dijo Joe de pronto, recuperando su animación habitual. Se agachó y buscó debajo del mostrador entre un pequeño desorden de promociones, hasta sacar un CD en su funda de plástico. Era el sencillo debut de Hyuna—. Es solo un sencillo, pero está bastante bien. La producción es limpia y la voz… bueno, la oirán completa.
—Gracias —dijo Luo, alargando la mano y tomando el disco antes de que Cyan pudiera articular una negativa. Su movimiento fue rápido o mucho más rápido de lo que su amiga podía ser.
—¡Luo! —lo regañó ella, aunque sin verdadera fuerza en la voz—. N-no podemos aceptarlo… Sería un abuso de su amabilidad.

Sin embargo, sus ojitos brillaban con un entusiasmo indisimulable. Ya quería sumergirse en esa voz potente de la que hablaba Joe, descifrar las letras, perderse en los arreglos. Tomó con cuidado el CD que Luo le acercó y contempló la portada; la imagen de Hyuna en un primer plano desafiante, con una sonrisa prepotente y un fondo de un violeta eléctrico e imponente que parecía hacer eco de su energía, hasta podía sentir las pequeñas gotas de sudor que debieron resbalar por su piel trigueña.

—Tranquila —dijo Joe, cruzándose de brazos—. No es un regalo.

Su voz fue firme, sin dramatismo. No hablaba para convencer, sino para dejar clara su postura; a lo largo de los años había aprendido a medir las palabras cuando trataba con gente joven y más cuando estaban llenos de esperanzas. La tienda no había salido adelante por casualidad, él la levantó solo, con pocos recursos, muchas horas de trabajo y decisiones tomadas con cuidado. Ese mismo criterio lo aplicaba ahora.

—Piénsenlo como un préstamo a largo plazo. Un préstamo de inversión, si quieren llamarlo así. Cuando ustedes dos sean conocidos, me lo devuelven con intereses. Un álbum firmado alcanza.

Luo no dudó. No pidió aclaraciones ni miró a Cyan buscando permiso, en sus ojos apareció algo distinto, una determinación clara que no solía mostrar frente a desconocidos. Dio un paso al frente y extendió la mano derecha para tomar el objeto que el dependiente les ofrecía.

—Trato hecho.

La seguridad de su gesto sorprendió a Cyan. Ella abrió la boca por reflejo, dispuesta a objetar, pero se quedó callada observando a su amigo durante un segundo que duró más de lo esperado. Por supuesto, no era impulsividad ni tampoco arrogancia, era convicción. Luo hablaba de un futuro que todavía no existía, pero lo hacía con la naturalidad de quien ya lo ha decidido y que nunca dudará en su camino. Eso la desarmó.

Joe estrechó la mano de Luo con fuerza y una sonrisa amplia se dibujó entre sus pómulos. No era una sonrisa condescendiente ni nostálgica, fue sincera. El acuerdo resultaba extraño… un dependiente de mediana edad sellando un pacto con dos chicos en una tienda de segunda mano que ya no recibía muchos clientes. Aun así, no se sintió absurdo sino con todo el sentido del mundo, siendo el hombre un mentor.

—Entonces queda así —afirmó el mayor—. El disco es suyo. O, mejor dicho, es mi futura pieza de colección. Cuídenlo.

Les guiñó un ojo, reconociendo ese brillo en esos dos chicos muchos años atrás, chispa que él también la tuvo. No era talento ni ambición ciega sino la mezcla peligrosa de ganas y necesidad. La guitarra que Luo llevaba a la espalda confirmaba que no hablaban solo por hablar y que ya a estaban practicando, estaban intentándolo.

—…

Cyan bajó la mirada al CD en silencio. Pasó los dedos por la portada con cuidado; el plástico tenía un relieve leve y lo recorrió sin apuro. El resto del local quedó en segundo plano ante sus ojos verdes… el polvo suspendido cerca de la ventana, el murmullo constante de la música ambiental y el olor a papel viejo y madera de las estanterías y mostrador. Todo se volvió irrelevante.

Durante unos segundos, solo existió ese objeto. No era grande ni llamativo y tampoco pesaba demasiado, aun así, sentía que sostenía algo importante. No pensó en fama ni en escenarios reflexionó en una voz que todavía no había escuchado bien, pero que estaba a punto de hacerlo. Pensó en el momento preciso en el que ese disco había llegado a sus manos.

—¿Y por dónde empezamos, viejo? —preguntó Luo.
—¿Viejo? —apoyó ambas manos con fuerza sobre el mostrador—. ¡Qué insulto!
—¡Luo! —le reprochó ella por enésima vez ese día.

Luo bajo la cabeza un instante, pero volvió a mirar a Joe con atención total. No buscaba halagos ni quería frases bonitas; necesitaba una dirección. Durante mucho tiempo, su sueño había sido una idea difusa y ahora estaba frente a alguien que ya había pasado por ese punto. Eso lo convertía en una referencia.

Joe apoyó los codos en el mostrador, cuya madera estaba gastada por años de uso. Permaneció en silencio y luego dirigió la mirada hacia la estantería de discos, vinilos viejos y casetes olvidados; recordó su adolescencia y los consejos que recibió entonces… algunos útiles y otros inútiles. La mayoría tardó años en entenderlos.

Suspiró.

—Primero —explicó con un suspiro resignado—, olvídense de pensar en empezar.

Ambos fruncieron el ceño, atentos.

—Empiezan cuando dejan de intentar impresionar. Cuando tocan sin pensar en quién escucha. Cuando dejan de buscar aprobación inmediata. Eso cambia todo.

Señaló el CD de Hyuna.

—Escúchenlo muchas veces. No solo para disfrutarlo. Escúchenlo con atención. Pregúntense por qué funciona. Dónde entra la voz. Qué sostiene la canción. Qué la hace avanzar. De qué habla realmente.

Hizo una pausa breve, analizando sus próximas palabras.

—Después hagan lo mismo con todo lo que puedan escuchar. Canciones buenas y canciones malas, canciones que no soporten, absolutamente todo sirve. No solo la música, miren a la gente, escuchen conversaciones y fíjense en lo que molesta, en lo que se repite, en lo que hace reír. Un artista trabaja con emociones reales. No con ideas fuera del lugar.
 
Cyan asintió despacio. No comprendía cada punto en profundidad, pero entendía la idea general y que no se trataba de un camino rápido; no prometía resultados inmediatos y wso la tranquilizó. Sus dedos se cerraron un poco más alrededor del CD. Luo, en cambio, parecía absorto en cada palabra, ya pensando en canciones y en melodías. En terminar la que tenía empezada y crear aún más.

Joe los observó un momento más. Luego añadió:
—Y practiquen. Todo el tiempo. En cualquier sitio. No esperen el momento perfecto. No existe.

Luo tomó aire con una gran mueca de felicidad.

—Gracias.
No dijo nada más, no hacía falta nada más.
Joe se enderezó y dio un paso atrás, buscando algún paño para comenzar a limpiar la tienda.
—Eso es todo lo que puedo decirles hoy. El resto depende de ustedes.
El silencio que siguió no fue incómodo. Era denso y cargado de ideas nuevas; Cyan volvió a mirar el disco, Luo acomodó la guitarra en su espalda. El acuerdo estaba hecho, no había aplausos ni promesas grandilocuentes, solo una decisión.
Habían recibido algo más que un CD. Habían recibido un empujón.
Y Luo ya tenía la primera melodía que quería terminar “My color”.

Luo tragó saliva antes tomar la guitarra con sus manos de la espalda y traerla hacia delante, si bien no tenían amplificador y sonaría como una acústica él no temía a cantar esa canción que rondaba su mente.

En pocos minutos ya la letra brotaba como magia de sus labios, esos sentimientos que había compuesto desde algún lugar lejano llenaron el local vacío con calidez, pronto Cyan se unió a él en un pequeño dueto bastante hermoso.


“Sometimes things may be so wrong
Feels like everything is lost
But you can be the one to fix these mistakes
Life is hard and full of tears
Feels like everything you fear
But you can be the one to confront it”

—Y toquen —añadió Joe después de que terminaron de cantar, la sonrisa del hombre fue sincera, esperando por el futuro brillante de ambos—. En cualquier sitio. En el parque, en el metro, en la puerta de esta misma tienda un día que yo no esté para echarlos. Acostúmbrense a las miradas, a la indiferencia, al aplauso ocasional.

Luo esbozó una mueca de complicidad. Esa parte, la de tocar para extraños, ya la conocían. Había empezado en los pasillos del orfanato, luego en el parque frente a unos niños, después en una esquina tranquila. Cada vez era un poco menos terror, un poco más de esa conexión eléctrica y fugaz con un desconocido y ahora tenían un pequeño público en Tik Tok.

—Gracias, Joe —susurró sin timidez Cyan, por primera vez con una voz firme y clara, levantando la vista del CD—. De verdad, por el préstamo y… por el consejo.

Joe hizo un gesto con la mano, como quitando importancia, pero su expresión era cálida.
—No me agradezcan todavía. Agradézcanme cuando me entreguen ese álbum firmado. Ahora, lárguense. Tengo que poner orden en esta cueva antes de que cierre.

Salieron a la calle cuando la luz de la tarde ya empezaba a bajar. El cielo tenía un tono anaranjado suave y el aire era más fresco que dentro de la tienda aun cuándo el aire acondicionado funcionaba allí; Cyan caminaba con el CD en la mano, mirando al frente, mientras avanzaba sin decir nada y a su lado Luo, sonriente de aquel encuentro fortuito. Ella sentía algo distinto, una especie de claridad que no solía acompañarla no era emoción ni entusiasmo desbordado, sino la sensación de que, al menos por ahora, sabían qué hacer.

Aún no tenían un plan definido ni certezas sobre el futuro. Había demasiadas cosas fuera de su control y pocas respuestas claras, sin embargo, ya no estaban dando vueltas sin rumbo cantando sin más, tenían tareas simples y concretas: escuchar música, prestar atención a lo que los rodeaba, practicar cuando pudieran. Nada más, pero tampoco nada menos.

Cyan bajó la vista hacia el CD que llevaba consigo. Era un objeto común, liviano, fácil de guardar en una mochila. Aun así, le resultaba importante. No porque garantizara nada, sino porque marcaba un inicio; un primer paso que no dependía de la suerte ni de promesas ajenas, sino de lo que ellos decidieran hacer a partir de ese momento.

—¿Qué opinas? —cuestionó Luo, avanzando con la espalda hacia delante para ver a su mejor amiga a los ojos.

Ella rehuyó un poco antes de acomodar uno de sus cabellos azulados y colocarlo detrás de su oreja.

—Es un sueño bastante grande —sus mejillas se tiñeron de rojo al pensar que toda esa atención estaría enfocada en ambos.
Luo sonrió, y entonces, en medio de la acera, comenzó a cantar suavemente:
—I'll be your light, so don't you cry, we'll be fine. When you're feeling down, i'll hold you tight. You'll be brave enough to seize this fight, I swear —cerró sus parpados con fuerza, empezando a entonar otra parte de la canción “My Color” que él había compuesto.
Cyan, por reflejo, tomó el relevo:
—Let me share my color with you now. My path is only with you, i want you to feel that you'll make it through —de inmediato Cyan continuó con la melodía. Al terminar la línea, una risa nerviosa y alegre les salió a ambos al mismo tiempo. Era la confirmación de que estaban en el mismo barco, remando hacia la misma orilla lejana.

La caminata hacia el orfanato continuó. La luz del atardecer cedía el paso a un crepúsculo grisáceo, y las farolas comenzaron a encenderse gradualmente. Pasaron frente a una tienda de crepas ya cerrando y luego un Seven Eleven al que Luo señaló con entusiasmo; el clima caluroso se sentía en el ambiente y ambos pensaron en lo mismo: helado.

—Paramos —dijo entusiasmado Luo, desviándose hacia la entrada automática.
Dentro, el aire olía a café recién hecho y a pan caliente. Fueron directamente a la heladera. Luo abrió la puerta de vidrio, dejando escapar una nube de aire frío.
—Uno solo —propuso Cyan, después de todo no tenían tanto dinero salvo las propinas que recibieron por tocar esa tarde en la plaza—. Para compartir.

Escogieron un bote de helado de vainilla con trozos de galleta. En la caja, mientras Luo pagaba, la vista de Cyan se posó en un expositor con revistas de diferentes tipos; entre los titulares de moda y deportes, vio una publicación de música. Era una revista especializada en artistas independientes y rock.

La tomó y hojeó rápidamente las páginas. Había entrevistas, reseñas de discos, anuncios de pequeños sellos discográficos, se la quedó mirando un momento, sintiendo cómo ese objeto mundano conectaba directamente con la conversación de la tienda de Joe y con la canción que acababan de cantar, incluso una pequeña reseña al sencillo de Hyuna “All-in” apareció en el índice.

—¿Quieres eso, Santa? —preguntó Luo, siguiendo su mirada.

Cyan no sabía si asentir o no, aunque era un monto mínimo tenían sueños que querían lograr y para el primer paso tener dinero ahorrado era indispensable… igualmente asintió con mandíbula apretada.

Él añadió la revista a la compra, manteniendo la expresión de felicidad.

Salieron de la tienda. Luo llevaba la bolsa y Cyan sostenía el bote de helado y dos cucharas de plástico que el cajero les había dado; se sentaron en un banco público a medio camino, bajo la luz tenue de una farola y compartieron el helado en silencio, pasándose el bote. El frío y el dulce sabían a normalidad, a un pequeño lujo cotidiano que hacía que el sueño enorme pareciera, por un instante, algo más manejable.

Cyan hojeaba la revista con una mano mientras con la otra tomaba su turno con la cuchara. Sus ojos escaneaban los artículos, buscando algo, cualquier cosa que les sirviera como Joe les aconsejó; Luo observaba el entorno, la calle tranquila, la gente que pasaba sin prisa y pensaba en la próxima canción, en las palabras que quería escribir.

—Quizás debamos comprar un reproductor de música —marcó Luo, señalando con la cabeza hacia la bolsa de Cyan donde guardaron el CD—. ¡Así lo podemos escuchar en todas partes!
—… —Cyan lo observó atenta, con la cuchara en la boca y luego asintió—. Así es. Sería nuestro tesoro y de nadie más —musitó ella, bajando la revista un momento—. Pero esos reproductores portátiles todavía son caros, tendríamos que ahorrar.
—Podemos guardar lo que nos den para gastos pequeños —propuso Luo con entusiasmo—. Yo puedo dejar de comprar esas galletas de la máquina los miércoles y tú podrías cobrar por predecir números o cosas así en el orfanato.
Cyan frunció un poco el ceño.
—No lo sé, Luo. La gente cuenta conmigo y si fallo se enojarán conmigo y el director, eso supondrá que me quitarán privilegios y ya no podré juntarme contigo o me prohibirán practicar con la guitarra.
—¡Ufff! —bufó Luo, dando una palmada suave en su propio muslo con frustración, porque Cyan tenía razón y si la gente no tenía de su lado a “Lucky Cyan” se podrían enojar severamente—. Medio año, calculo. Medio año y tenemos nuestro reproductor, luego podremos escuchar a Hyuna en el parque, en el autobús, en el pasillo del orfanato cuando las señoras no estén vigilando.

La idea le gustó a Cyan. Visualizó la escena nítidamente, ellos dos compartiendo unos auriculares, sumergidos en la música mientras el mundo pasaba a su alrededor. Se sintió bien y perfecto, un lugar personal para ellos…

—¿Qué crees que pone en las notas de producción? —preguntó Cyan, mirando de nuevo el CD a través de la tela de la bolsa—. Joe dijo que escucháramos con atención. Deberíamos fijarnos detenidamente en los detalles.

Ella era la más entusiasmada en poder escuchar la voz potente de Hyuna en “All-in”.

—¡¡¡Sí!!! ¡A todo! —asintió Luo, tomando la cuchara para su siguiente porción de helado de vainilla y galletitas—. Los instrumentos que usa, cómo entra su voz, si hay coros… todo todo… ¡TODO! Yo creo que la canción principal, “All In”, debe tener una base de guitarra eléctrica distorsionada. Algo potente, pero con un toque melódico.
—A mí me suena más a sintetizadores —expresó Cyan, pensativa—. Un poco más digital, más frío, pero con su voz cálida encima. Es un contraste interesante.
—Podríamos estar los dos en lo cierto —concedió Luo—. Habrá que escucharlo diez veces para decidir.

Un grupo de adolescentes pasó cerca de ellos, riendo a carcajadas por algo que decía uno. Luo los siguió con la mirada, un poco de envidia en sus ojos.

—¿Tú crees que ellos van a algún ensayo? —preguntó, casi para sí mismo.
—No lo sé —respondió Cyan—. Tal vez solo van a casa, como nosotros deberíamos ir al orfanato.
—Parecen despreocupados —murmuró él, dando otra cucharada al helado, que ya se derretía un poco.
—Todo el mundo tiene preocupaciones, Luo. Solo que no las muestran así, en la calle.
—Tienes razón, supongo. Es solo que pienso en demasiadas cosas, ¿sabes, Santa?
—¡Mooo! Ya te dije que no me digas así.

Guardaron silencio otro rato, terminando el helado. Cyan cerró la revista y la dejó a un lado un rato largo antes de hablar.

—¿En qué piensas para tu próxima canción? —preguntó ella, limpiándose las manos con una servilleta.

Luo se recostó un poco sobre el respaldo del asiento mirando el cielo, ya se veían algunas estrellas, a pesar de las luces de la ciudad.

—No estoy seguro, tengo algunas frases sueltas. Algo sobre… sobre sentirse atrapado en un lugar que no es tu hogar, pero a la vez es el único que tienes. Pero no quiero que suene quejumbroso, quiero que suene a deseo de salir.
—Eso está bien —concluyó Cyan, asintiendo—. Podría funcionar. ¿Ya tienes una melodía en mente?
—Tengo un riff. Uno simple en mi cabeza: ta-ta-tan, tan-tan… algo así. Lo tararearé cuando lleguemos y tengamos las manos limpias para agarrar la guitarra.
—Okai. A lo mejor puedo pensar en unas frases o algunas líneas de guitarra para acompañar. Algo repetitivo, que marque el ritmo.
—Eso —respondió el chico, sentándose derecho de nuevo, animado como de costumbre—. ¡Exactamente eso! Tú haces la base sólida con la voz, y yo vuelo por encima con la guitarra.

Cyan sonrió, un poco tímida.

—No sé si podré estar a la altura, prometo dar lo mejor de mi para satisfacer tu oído crítico, Luo.
—Lo haces bien y cada vez mejor con mi tutela, hehe.  La otra semana, en el almacén, estabas sincronizada perfectamente con la guitarra.
—Fue solo una escala, Luo.
—Una escala perfecta, entonces.

Otro silencio se apoderó de ellos, esta vez más cómodo. La noche era agradable, sin mucho viento y el parque Vireta estaba casi vacío a esas horas, solo algún que otro paseante o una persona corriendo con su perro.

—¿Te gusta el nombre del parque? —inquirió Cyan de repente—. Siempre me he preguntado por qué le pusieron así aquí, en Eastwood.
—Por Kurt Cobain, ¿no? —respondió Luo—. Leí una placa una vez, hace años. Dice que es un homenaje a “el espíritu de la música auténtica” o algo por el estilo. Un poco pretencioso, si me preguntas hehe.
—Casi tan pretencioso como tú —confesó Cyan con una sonrisa—. El engreído Luo llamado pretenciosos a otros es ridículo.
—¡Ahora sacas tus garras, Santa! —la señaló con la cuchara, aunque eran puras risas y bromas—. Ahora tendrás que cantar “My Color” treinta veces antes de irte a dormir.
—¡¿Qué?! —espetó indignada Cyan, con una gota de sudor cayendo por su rostro—. ¡Nos descubrirán antes de que toque el primer coro!... y mañana tengo ensayo con el coro de la iglesia, necesito mi voz al cien por ciento o me castigarán.
—Deberíamos ir andando, se nos hace tarde.
—Sí.

Se levantaron y recogieron sus cosas: la revista, los envoltorios del helado, la bolsa con el CD. Cyan se colgó el estuche de la guitarra y Luo se estiró con la bolsa de plástico en manos, haciendo crujir su espalda.

Caminaron hacia la salida del parque, tomando el camino que bordeaba los arbustos.

—¿Y tu suerte, Cyan? —curioseó Luo de pronto, con una sonrisa juguetona—. ¿Ha hecho algún truco hoy?

Cyan se encogió de hombros.

—Encontré una moneda en el suelo esta mañana, de cinco centavos. No es gran cosa.
—¡Es algo! —exclamó Luo—. Yo hoy tropecé con el bordillo de la acera frente a la tienda. Casi me estampo contra la puerta, por eso llegué un minuto después que tú.
—Lo vi. Pensé que te habías distraído.
—Fue mi mala suerte habitual. Pero al menos no me caí del todo hehe, tu moneda de cinco centavos le ganó a mi bordillo traicionero.
—No es una competición, Luo.
—Lo sé, lo sé. Solo digo que es curioso, tú siempre encuentras el último bollo en la cafetería, o llueve justo después de que llegues a casa y a mí siempre se me atasca la máquina de refrescos, o me toca la fila más lenta del supermercado.
—… —enmudeció la chica, aunque sin mucha convicción. Ella también había notado el patrón y como su buena suerte al final le traía problemas o atención que no quería.
—Coincidencias muy constantes —replicó Luo—. A lo mejor es un superpoder. Tú, la chica de la buena suerte, y yo, el chico del tropiezo seguro. Juntos formamos un equilibrio.

La idea hizo reír a Cyan, un sonido suave y breve.

—Seríamos un dúo peculiar.
—Ya lo somos —explicó él—, y funciona.

Salieron del parque y se adentraron en una calle residencial, más tranquila. Las casas tenían las luces encendidas en las ventanas, y se veían figuras moviéndose detrás de algunas cortinas.

—¿Crees que Hyuna también tuvo que ahorrar para su primer reproductor? —preguntó la menor.
—Probablemente o a lo mejor se lo regalaron. No lo sé, pero no importa. Lo que importa es lo que hizo después de tenerlo y como se formó; escuchó, aprendió, practicó, como tenemos que hacer nosotros.
—Joe dijo exactamente eso y parece bastante fiable.
—Sí y viejo —repitió Luo echando una larga carcajada, mirando las estrellas de nuevo—. Vamos a tener que pensar seriamente en el género de música al que nos orientaremos y la temática que tomaremos.

Caminaron otro par de manzanas en silencio, absortos en sus pensamientos. El orfanato, un edificio de tres plantas de ladrillo visto, ya se veía al fondo de la calle.

—Mañana —agregó Luo, rompiendo el silencio y dando un pequeño salto sobre el borde de la acera—, después de clases ensayamos. En el almacén te enseño ese riff, ya lo he aprendido con solo oírlo una vez en mi cabeza. ¿A que soy genial?
—Mucho —asintió Cyan, sin poder evitar una leve sonrisa—. Y también creído y engreído~ apuesto a que tu ego es tan grande como el orfanato. Cabe justito en la parte de niños.
—¡¿Ehhh?! —exclamó Luo, poniendo una mano sobre su pecho con falso dramatismo—. ¡Qué cruel, Santa! Eso fue un ataque directo y sin aviso. Mi ego es de tamaño normal, compacto y eficiente. Es el motor de mi creatividad.
—Un motor que a veces hace mucho ruido y humo —replicó Cyan, jugando con la cremallera de su chaqueta.
—¡Humo artístico! —protestó Luo, señalándola con un dedo acusador—. Tú solo estás celosa porque tu proceso creativo es tan silencioso que a veces ni se nota que estás pensando. Pareces una estatua muy concentrada.
—Prefiero eso a parecer un altavoz ambulante con patas —replicó Cyan, esbozando una sonrisa más amplia—. Al menos yo no anuncio cada media nota que se me ocurre a todo el pasillo.
—Es para que la inspiración no se escape.
—Un método muy molesto.
—Pero efectivo. Gracias a mis proclamas, tenemos como seis inicios de canción.
—Sí, y gracias a mi silencio tenemos tres que están medio terminadas —contraatacó Cyan suavemente.

Luo se quedó callado un segundo, fingiendo estar ofendido, pero luego soltó una risa.

—Tocado. Bueno, tienes razón. Sin tu estatua concentrada, mis proclamas serían solo ruido, somos un equipo. ¿A que sí?
—Exactamente. Así que baja un poco el volumen a ese motor de vez en cuando.
—Lo consideraré —musitó Luo, cruzando los brazos—. Solo los días que no me sienta especialmente genial. Lo que es casi nunca.
—Lo que confirma mi teoría del tamaño del ego.
—¡Otro golpe bajo! Cyan, hoy estás implacable. ¿Es que el helado te dio poderes de sarcasmo?
—No, siempre los tuve. Solo que normalmente te compadezco y los guardo.
—¡Compadecer! Eso es aún peor. Prefiero el sarcasmo, al menos demuestra que te esfuerzas.

Se miraron, y la tensión cómica se desvaneció en otra risa compartida. Seguían parados frente a la verja, sin prisas por entrar.

—Bueno, en serio —recuperando un tono más normal—. Ensayo mañana, yo llevo la guitarra y mi ego, tamaño viaje.
—Y yo llevo el cuaderno y mi paciencia, tamaño extra grande —respondió Cyan.
—Trato. Ahora, de verdad, deberíamos entrar. Que mañana hay que ser productivos y terminar esa canción que solo existe porque yo soy un genio y tú una estatua muy talentosa.
—Vale, vale. Entramos.

Se detuvieron frente a la verja del orfanato entre risas. Desde dentro se escuchaba el sonido amortiguado de una televisión y se veían algunas luces apagadas en las ventanas de la planta superior.
El edificio tenía los dormitorios separados: el de los niños en el ala oeste y el de las niñas en el este. Eso significaba que debían separarse hasta el próximo día, la regla era clara después de las diez, aunque normalmente ambos se solían encontrar en prácticas nocturnas y quedarse hasta más tarde del toque de queda en la habitación de Luo o en alguna habitación oculta a la luz de linternas.

—Bueno… —expresó Luo, cambiando el peso de un pie a otro—. Hasta mañana, Cyan.
—Hasta mañana, Luo. Cuídate. No tropieces con nada más.
—Haré mi mejor esfuerzo hehe —respondió él con una sonrisa—. Pero no prometo nada.

Cyan entró primero, sin mirar atrás por ultima vez.

Luo se quedó un momento más en la acera, mirando el cielo, recordando la melodía de "My Color" en su cabeza; luego respiró hondo y empujó la puerta para entrar. Era extraño como esa canción siempre brotaba de su cabeza, desde su primera infancia donde siempre la tarareaba hasta tener la edad suficiente para cantarla.

3 # Take off.

Ambos chicos estaban en el jardín del orfanato. El clima seguía cálido a pesar de la hora y en el aire se escuchaban murmullos y risas bajas que venían de varias direcciones, de otros grupos que también aprovechaban el mediodía y sin embargo, nadie se acercaba a ellos.

La razón era conocida; Cyan tenía la reputación de ser el amuleto de buena suerte del lugar y muchos creían que su sola presencia podía traer cosas buenas, o evitar las malas. Era un título que ella no había pedido y que odiaba, por no poder ser una chica normal y por su condición de “Santa”, algo que algunas personas del orfanato, y fuera de él, aún no sabían cómo tratar o de qué hablar sin parecer incómodas. Esa combinación creaba una burbuja invisible a su alrededor. La gente miraba, comentaba en voz baja, siempre manteniendo la distancia.

Luo, por su parte, era visto simplemente como el chico ruidoso que rondaba cerca de ella. Su mala suerte legendaria era un chiste interno, pero fuera de su dúo, lo convertía en alguien impredecible y, para algunos, en un factor de caos del que era mejor no acercarse.

—Parece que tenemos el jardín para nosotros —comentó Luo, recostándose sobre el césped y mirando el cielo.
—Siempre es así —respondió Cyan, sentándose con cuidado a su lado.
—¿Te molesta?

Cyan lo pensó un momento.

—A veces. Otras veces no. Es… tranquilo.
—Sí. Tranquilo. Y práctico para ensayar sin que nos pregunten nada. ¿Verdad?
—También es triste… —susurró Cyan muy bajito.

Ella asintió aun así. La burbuja de aislamiento, a veces pesada, tenía sus ventajas. Aquí podían hablar de música, de sueños grandes, de cosas que a los demás podrían parecerles tonterías, sin ser interrumpidos ni juzgados. Era su pequeño territorio, ganado sin quererlo. Luo cerró los ojos, concentrándose en los sonidos lejanos de la ciudad, mientras Cyan observaba la luz de una ventana encendida en el piso superior.

—¡Hey hey! ¡No te pongas triste! —la sonrisa amplia de él se formó casi al instante.
—Así no funciona, engreído Luo —hizo un pequeño puchero, desviando la mirada hacia las personas que corrían por el pabellón cercano—. La tristeza no se va así…
—Lo sé —agregó rápidamente, mirando hacia el cielo—. Las nubes tienen tu color. ¿No crees, Cyan?
—Mi color es más verde —dejó que su mirada se alzara al cielo vasto que Luo le mostraba—. Aunque este no está mal…
—Cyan es mucho más linda —levantó ambas manos al cielo, como queriendo tocarlo—, y más afortunada.
—¿A qué se debe lo último? —inquirió ella, desviando la mirada a él—. ¿El director te retó?
—Un poquito —sonrió como respuesta—, pero dijo que si me portaba bien compraría un amplificador mejor.
—Oh —ella se quedó pensativa un momento—. Será un reto para el creído Luo.
—Un gran reto —admitió Luo—. Pero por un amplificador decente, puedo fingir ser un ciudadano modelo por un tiempo. Puedo saludar, decir "por favor" y "gracias".
—¿Y no tropezar? —preguntó Cyan, con un poco de escepticismo.
—Eso… eso ya depende más de la gravedad y de mis pies que de mí. Pero puedo intentar mirar al suelo.

Se hizo un breve silencio. Cyan observó las nubes que se movían con lentitud.

—Esa de allí parece un poco un perro —señaló con el mentón.
—¿Cuál? ¿La que parece una mancha de algodón aplastada?
—Sí, esa. Tiene una parte que parece una oreja larga.
—Ah, ya la veo. Un perro flaco y despeinado o quizás un conejo.
—¿Un conejo con orejas tan desiguales?
—Puede ser un conejo artista y con estilo. Como nosotros.
—No sé si nuestro estilo es parecerse a una nube deforme —expresó Cyan, pero su tono era más liviano.
—Claro que sí. Nosotros no encajamos en las formas normales, somos nubes raras. Tú eres una nube que trae suerte y yo soy una nube que se tropieza consigo misma y bien gris.

Cyan dejó escapar un pequeño suspiro, pero era uno más relajado.

—¿Qué canción pondrías a esta escena? —preguntó de repente, volviendo a mirar a Luo—. Si esto fuera el inicio de un video musical.
—Hmm —Luo frunció el ceño, pensando—. Algo instrumental al principio. Solo una guitarra acústica, limpia. Algo que suene a tarde de domingo, pero con un ritmo constante por debajo y nada de distorsión todavía. Eso vendría después, cuando salgamos corriendo del orfanato hacia la ciudad.
—Suena bien —murmuró Cyan—. El bajo entraría después, con la guitarra. Para darle profundidad.
—Exacto. Tú siempre piensas en la base, en lo que sostiene todo. Yo pienso en la melodía que va por arriba.
—Por eso funcionamos.
—Por eso —confirmó Luo.

Oyeron una campana a lo lejos, la señal para el almuerzo en el comedor principal. Ambos se quedaron en el césped un momento más, ignorando la campana un par de minutos.

—¿En serio, qué canción? —insistió Cyan, mirando el cielo otra vez—. Una de verdad, no una que inventes ahora.

Luo se rascó la barbilla, pensativo.

—Es difícil. Esta escena es tranquila, pero hay tensión por debajo. La burbuja, la gente que no se acerca… necesita algo que tenga esa dualidad.
—¿Algo de los noventa? —sugirió Cyan.
—Podría ser. «Black Hole Sun» de Soundgarden tiene esa atmósfera pesada y onírica. La letra es oscura, pero la melodía es casi… hipnótica. Como un día soleado con algo podrido debajo. Como nuestro jardín.
—Sí —asintió Cyan lentamente—. Se ajusta. Pero es muy oscura para un mediodía.
—Por eso funcionaría. Contraste. ¿O prefieres algo más directo?
—Algo con más energía, quizás. Para contrarrestar la tristeza. «Basket Case» de Green Day. Es pura energía nerviosa y letras sobre inestabilidad. Suena a gritar en un lugar abierto como este.
—Demasiado punk para el ambiente —consideró Luo—. Nos quedaría grande. Nosotros no somos tan… frenéticos. Somos más lentos, más calculados.
—Entonces, ¿alternativo? Algo de The Smashing Pumpkins. «1979». Tiene esa nostalgia y esa sensación de estar fuera de lugar, pero con una belleza triste.
—Esa es buena —admitió Luo—. Es perfecta para escenas de adolescentes al margen. Tiene sintetizadores, guitarras borrosas, un ritmo que no es rápido ni lento. Captura la melancolía y la esperanza a la vez.
—¿Y nuestra música? —preguntó Cyan, girando para mirarlo—. ¿Qué estilo crees que hacemos nosotros, realmente?

Luo se quedó callado un rato, serio.

—No es puro rock. Tiene la actitud, la base de guitarra y bajo, pero… hay algo más. Algo que no encaja del todo. Como si le faltara agresión o como si la agresión estuviera escondida en la melodía, no en los gritos.
—Porque tú no gritas, cantas. Y mi voz es más melódico que rápida a veces.
—Exacto. Somos alternativo, supongo. Pero con un toque… pop. No pop comercial, sino pop en el sentido de ehhhh…, de algo que se puede recordar. Como ese riff que tengo en la cabeza. No es complejo, pero se te queda.
—Como Hyuna —añadió Cyan—. «All In» tiene un toque pop, no obstante, la producción es alternativa, casi industrial. Esa mezcla.
—Sí. Ese es el territorio. Alternativo con atractivo, música que podría sonar en la radio, pero que no suena como todo lo demás. Música para días grises con destellos de sol.
—Suena a un buen plan —murmuró Cyan.
La campana sonó de nuevo, más insistente.
—Deberíamos ir —dijo Luo, levantándose y ofreciéndole una mano a Cyan.
Ella la tomó y se puso de pie.
—Entonces, ¿la banda sonora de hoy es «1979»?
—Para el jardín, sí —confirmó Luo, caminando hacia el edificio—. Para el ensayo de esta tarde, será algo nuestro. Algo que todavía no tiene nombre.
—Le pondremos nombre cuando esté terminada.
—Sí. Cuando esté terminada.

Entraron en el comedor, donde el rumor de voces y el sonido de platos reemplazó el silencio del jardín; la conversación sobre música quedó atrás, aún así la idea persistía, como el eco de una canción que aún no existía.

—Deberíamos ir —expresó ella, levantándose y sacudiéndose un poco la ropa.
—Sí. A ver si hoy tengo suerte y me toca el pudín. A ti siempre te toca.
—Podemos intercambiar si quieres.
—No, está bien. Es parte del balance. Tú tienes el pudín, yo tengo… la satisfacción de no haberme caído por las escaleras hoy.
—Eso es algo, supongo —sonrió la chica, y esta vez su sonrisa fue un poco más fácil, un poco más natural.

Caminaron juntos hacia el edificio, atravesando el jardín que, por un rato más, seguiría siendo solo de ellos.

El comedor del orfanato era un sitio pulcro y monótono. Las paredes, el techo y las largas mesas eran de un blanco desgastado que se repetía en todas direcciones. Ese ambiente estéril y sin vida siempre le producía un ligero malestar a Cyan.

Al cruzar el umbral el aire cambió de golpe, dejaron atrás la frescura del jardín y entraron en un vaho denso y cargado; el olor era una mezcla de sopa de verduras recalentada, cloro de la limpieza reciente y la fragancia de mucha gente en un mismo espacio. Todo esto venía acompañado por el murmullo constante de un centenar de conversaciones superpuestas, el ruido de cubiertos y el arrastre de sillas de un lado a otro.

Como siempre, cuando Cyan entró, el volumen de la sala bajó un par de nivele; fue un ajuste sutil, imperceptible para alguien ajeno, pero ella lo sintió como un cambio de presión en los oídos junto a las miradas que se desviaban hacia ella y luego regresaban rápidamente a sus bandejas de plástico rojo. Era el respeto nacido del miedo a lo desconocido; el trato distante al que siempre está sometida debido a las exigencias del director del orfanato y las mismas mujeres que debían haberla cuidado en vez de tramar como usar esa confianza que la gente tiene en ella como “chica afortunada”.

Luo ajeno o simplemente experto en ignorarlo, caminaba a su lado haciendo un ruido excesivo con sus zapatillas desgastadas. Su presencia era todo lo que ella necesitaba para ser normal, tener un amigo en quien confiar y alguien que la rescato de esa excesiva luz.

—Mira eso —susurró Luo, señalando la fila—. La señora White tiene hoy esa cara de "si pides más pan te mando a limpiar los baños". Mi intuición de mala suerte me dice que hoy el pudín vendrá un poco duro o mejor, budín de pan y huevo con nada de caramelo.
—Uhmm no me gusta tanto lo dulce —respondió Cyan, recuperando su tono reservado.
Después de buscar sus bandejas se apresuraron a buscar asientos apartados, aunque normalmente otros niños se apretaban, dejando un espacio vacío de al menos de dos asientos entre ellos y la pareja. Cyan observó a un grupo de niñas más pequeñas, las de primer ingreso que la miraban con ojos abiertos, llenos de una mezcla de admiración y terror. Para ellas, Cyan no era una niña; era la "Santa" que, según los rumores, había predicho algunos números de lotería y atraía la buena fortuna con solo señalar un lugar.

Rápidamente bajo la mirada a la sopa de zanahorias en el cuenco y lo removió con la cuchara, se podía notar la amargura en sus acciones y el desesperado anhelo por dejar de ser el centro de todos esos rumores infundados; pero en un lugar donde la esperanza escasea, la gente prefiere fabricar milagros que aceptar la lógica.

—¿En qué piensas? Estás poniendo esa cara de "estoy resolviendo ecuaciones cuánticas" —rió Luo, con la boca medio llena de puré.
—En el amplificador —mintió ella, siguiendo con la mezcla de la sopa—. Si el director te lo da, ¿dónde lo vamos a poner? Sabes que el sótano está lleno de humedad. Se va a arruinar el circuito.

Luo se tragó el bocado y se puso serio por un minuto, sus ojos, usualmente chispeantes en caos, se oscurecieron.

 —Lo subiremos a la azotea. He estado arreglando la cerradura de la puerta trasera, di logramos pasar los cables por el conducto de ventilación, nadie se enterará. Imagínatelo, Cyan. Tocar allí arriba, con el sonido rebotando en los edificios vecinos… ¡sería como nuestro primer concierto en un estadio, pero sin el público molesto!
Ella negó con la cabeza, dejando que su larga melena musgo la acompañara.
—Es una terrible idea, nos meteremos en problemas —dejó la cuchara al costado del cuenco, el apetito se había esfumado tan fácil con las ideas para meterse en problemas de su mejor amigo —. Mejor lo llevemos a tu cuarto y hagamos espacio.
—¡¿Ikkkkkkk-?! ¡Mi cuarto está hasta arriba de cajas y cosas, Cyan! —empezó a ponerse nervioso, por primera vez en su vida, imaginando a su mejor amiga revisando sus cosas—. ¿En el tuyo? Seguro guardas ofrendas y cosas así. Vacío, vacío de principio a fin.
—¡Qué injusto! —estuvo a punto de hacerle otro mohín—. Mi cuarto es como el de cualquier niña.
—Si, seguro. Lleno de ofrendas de ancianitas y dulces que no saben a nada azucarado —la reprochó, después de todo ella siempre recibía todo lo que le daban por su “generosidad” como solía decirle la encargada principal—. ¿Le pasa algo a tu sopa, Cyan? Pareces pensativa…
—Estoy pensando que no me gusta esta sopa —mintió ella de nuevo, suavemente, evitando la discusión sobre el cuarto—. Tiene un sabor muy raro hoy.
—¿Raro? A mí me sabe igual que siempre —respondió Luo, tomando un sorgo grande de la suya—. A agua salada con zanahoria poposita.
—Eso es exactamente el sabor raro —susurró Cyan, y esta vez un pequeño destello de complicidad cruzó por sus ojos antes de volver a bajar la mirada.
—Mira —retomó la palabra Luo, bajando un poco la voz para no ser oído por los de la mesa de al lado—. Sobre la azotea. No es tan loco, ya tengo el acceso casi listo. Solo necesito una tarde. Una tarde y unas pinzas más finas, nadie sube allí nunca.

—Pero el sonido, Luo. No podemos tocar allí sin que alguien lo escuche y la señora Doe tiene el oído muy adiestrado para estas cosas.
—Tocaremos bajo. Muy bajo. Como un susurro. Solo para sentir el amplificador, para probarlo algunas veces y no para un concierto. Al menos no todavía.

Cyan dejó de remover la sopa y lo miró con seriedad.

—¿Y si te caes mientras arreglas la cerradura? ¿O si te electrocutas con los cables? Tu mala suerte no toma descansos, tú lo has dicho.
—Por eso necesitaré mi amuleto de la suerte allí conmigo —expresó Luo, sonriendo ampliamente—. Para asegurarse de que no pase nada. Para guiar los cables y sujetar la escalera.
—Oh, no. No cuentes conmigo para eso.
—¡Vamos, Cyan! Será una misión. Nuestra primera misión como banda. "Operación Amplificador Fantasma". Suena bien, ¿a que sí?
—Suena a que nos van a expulsar.
—Nadie nos va a expulsar si somos cuidadosos. Y si nos descubren… diremos que estábamos buscando una paloma herida. Una paloma albina, muy especial. Tú llorarás un poco, y yo pareceré preocupado. Funcionará siempre, ya sabes que a nuestra amada bendecida por la suerte nunca le niegan nada.

Cyan no pudo evitar una leve sonrisa, aunque trató de esconderla.

—Eres terrible. ¡Un manipulador!
—Soy un visionario —corrigió Luo con dignidad falsa—. Un estratega que piensa en nuestro futuro y tú eres mi socia esencial, de espíritu cauteloso y suerte abundante. Lo equilibramos todo.
—No sé —contestó Cyan, pero su tono ya no era de negativa rotunda, sino de duda considerando que ya su amigo tenía un plan y divertido—. Tendría que ver el lugar primero. La cerradura, los cables… todo, para evaluar los riesgos.

—¡Eso, eso! —exclamó Luo, casi saltando en la silla—. Eso es todo lo que pido. Una oportunidad de que veas por ti misma la azotea. Esta tarde, después del ensayo del coro te esperaré en las escaleras del tercer piso, subimos, das un vistazo, y tú decides. Si dices que no, buscaremos otro lugar. ¿Bien?

Cyan observó su rostro lleno de una esperanza tan genuina y desesperada que le resultaba difícil resistirse; era la misma esperanza con la que hablaba de ser músico. Suspiró, un sonido de resignación que ambos conocían bien, pues siempre lo acompaña en sus ideas absurdas y divertidas.

—Trato —susurró muy bajito, más para ella que para su amigo—. Pero solo inspección, sin tocar nada. Sin "Operación" nada.
—¡Trato! —confirmó Luo, su sonrisa iluminando su rincón del comedor ruidoso. Luego miró su plato—. Ahora, ¿te vas a terminar esa sopa de sabor raro, o puedo ofrecerte mi pan duro a cambio de tu pudín de la suerte?
—El pudín no se negocia —contestó Cyan rápidamente, protegiendo su postre con un brazo—. Pero puedes quedarte con el pan. Yo ya no tengo hambre y la sopa…

El ensayo del coro terminó a las seis, se había extendido una hora más de lo planeado y Cyan ya imaginaba a Luo echando raíces en la escalera del tercer piso, impaciente.

A través de los ventanales del orfanato entraba la luz del atardecer, naranja y brillante, que cubría las paredes blancas y el suelo sin dejar sombras. Los niños guardaban las carpetas en una caja de cartón ya desgastadas por el uso constante y al fondo, alguien apagó el piano de cola. Se escuchó el clic seco del interruptor y luego un silencio denso, quebrado solo por pasos y el roce de chaquetas puestas en los alumnos. El aire olía a tiza y a sudor adolescente, afuera, un autobús frenó con un quejido frente al parque Vireta y alguien cerró de golpe las ventanas del salón para que no entrara el polvo.

—La vida continúa —reflexionó Cyan en silencio, apoyando su cabeza con suavidad contra el atril de madera que aún debía guardar. Había cantado notas tan altas y afinadas que sus cuerdas vocales aún continuaban vibrando, con una sensación de calor y tensión en la garganta. Le dolía, cosa rara porque cuando cantaba al lado de Luo esto nunca sucedía—. ¿Hasta cuándo?

Levantó la cabeza y miró por la ventana, luego observó a los demás niños que de a poco iban dejando el recinto, en parejas o pequeños grupos. Le hubiera gustado que Luo también estuviera en el coro, todo sería más divertido y, sobre todo, para nada solitario. Con él, hasta la espera es un juego.

—Cyan —llamó una voz a su lado.

Era la profesora de canto y la directora del coro. Se había acercado sin que Cyan la notara. La mujer tenía unos cuarenta años, con el cabello recogido en un chonguito y unos lentes de montura gruesa, así imagino se vería cualquier profesor que enseña en un orfanato religioso.

—Sí, profesora —respondió Cyan, enderezándose de inmediato.
—Tu desempeño hoy fue excepcional. La pieza de la prima donna en el cuarto movimiento requiere un control tremendo, y lo lograste. Tu afinación es naturalmente precisa —elogió la profesora, ajustando las partituras que llevaba en el brazo—. Tienes un don muy elogiable.

Cyan bajó la vista, fijándola en el atril de madera gastada. Un don… la palabra resonó de forma extraña. La gente le decía que tenía un don para la suerte, y ahora para el canto. Nunca parecían ser dones que ella hubiera elegido o al menos en canto no estaba precisamente en entonar canciones religiosas para un Dios en el que definitivamente no creía.

—Gracias —susurró tranquila, casi con apatía.
—Sin embargo —continuó la profesora, bajando un poco la voz—, noto que te aíslas. Cantas como si estuvieras sola en una habitación vacía y la música coral representa a una comunidad y al conectar con los demás, así puedes llegar al corazón de los fieles.

Y al dinero, pensó para sí Cyan. Asintió sin levantar la vista, evitando charlas demasiado largas. Podía oír a los demás, seguir la dirección y el ritmo, pero su mente a menudo estaba en otro lugar: en la letra de una canción que Luo estaba escribiendo, en el sonido de una guitarra, en la quietud del jardín, en la tienda de Joe, el CD de Hyuna, el parque, incluso hasta cosas más pequeñas como el helado que habían compartido ayer.

—Lo intentaré —explicó sin convicción, porque era lo único que podía decir.
—No es una crítica, Cyan. Tómalo como un consejo, tienes el potencial para ser la voz solista del coro el próximo año, si trabajas en eso. Piénsalo.
—… —un mechón de su cabellera cayó sobre el rostro—. Lo pensaré, lo prometo.
—Eso me gustaría —la sonrisa de la señora era tranquila, en contra posición Cyan se dio cuenta que era una mueca astuta porque no tenía manera de rechazarla con su personalidad y decepcionar a la gente.
—Sí —intentó corresponder el gesto, aunque fue en vano. ¿Dónde quedaban sus deseos, sus anhelos?

La profesora le dio una palmada muy ligera en el hombro y se dirigió hacia la puerta, donde otro alumno la esperaba con una duda. Cyan se quedó dónde estaba, la sensación del toque aún presente en su hombro, lleno de expectativas que ella no quería ni necesitaba, ¿por qué no la dejaban seguir su propio camino? El corazón se le encogió un poco al pensar en ella como voz solista, con la mirada de los feligreses sobre ella y esa atención innecesaria que la arrastra a la soledad.

Recogió el atril, lo desarmó lo más rápido que sus manos le permitieron y lo llevó hacia el armario. El salón ya estaba casi vacío y la luz naranja se estaba volviendo rojiza, se apresuró el paso por los pasillos sin fijarse en lo que la rodeaba, con la mente fija únicamente en Luo. Anhelaba dejar de ser “Lucky Cyan”, al menos bajo aquellos reflectores religiosos.

Sus pies subieron los escalones de dos en dos primero y luego de a tres, en pocos segundos ya estaba junto al chico que estaba dormitando contra la pared, con los ojos cerrados y una respiración tranquila; Cyan se sentó a su lado, en silencio. Observó sus propias manos sobre las rodillas, luego miró el perfil relajado de Luo.  Era increíble como Luo podía sacar de esa presión asfixiante del orfanato. Finalmente, con un movimiento leve, dejó caer su cabeza con suavidad sobre el hombro de él, ambos tenían tantos planes para el futuro y estaba completamente segura que a su lado conseguiría realizar cada una de esas pequeñas promesas que se hicieron en estos años: escapar, cantar, ser felices.

—¡Whoaa! ¡¿Santa?! ¿En qué momento me dormí? —bostezó sin taparse la boca y luego estiró sus brazos mientras Cyan se alejaba un poco de él—. Que extraño, ya es más tarde de lo que pensaba.
—Ahora a engreído, egoísta añadiremos dormilón —al mirarlo de nuevo, dio una pequeña carcajada—. Siento haber llegado tarde, Luo.
—No importa —respondió él, frotándose un ojo con el puño—. ¿Y? ¿Tu gran ensayo? Seguro dejaste a todos con la boca abierta. Yo desde aquí escuchaba un par de notas y muy ¡MUY ALTAS! Pensé que iban a romper los cristales.

Cyan negó con la cabeza, una sonrisa débil en sus labios. Su mente aún seguía siendo una maraña de pensamientos confusos sobre su deber y sus anhelos.

—Fue solo un ensayo largo. La profesora me felicitó, dijo que tengo un don y luego me recordó que me aíslo demasiado.
Luo la observó, la somnolencia desapareciendo de su rostro de a poco.
—¿Otra vez con eso del "don"? Y lo de aislarte… bueno, es cierto. Pero aquí estás conmigo. Eso no es aislarse, es elegir tus amistades y yo te elegí a ti.
—No es lo mismo. En el coro debo intentar hacer nuevos amigos, es la regla… No lo entiendo.
—¿Y qué? Las reglas de ahí dentro son diferentes a las nuestras. Nosotros somos amigos y así no se hacen amigos. La amistad es algo que llega sin más y como compartes gustos en común es normal hablar y hablar hasta que que hablas de todo y de nada a la vez.

Cyan guardó silencio, mirando sus manos de nuevo. La sencillez con la que Luo reducía las cosas siempre la anima.

—Me ofrecieron ser voz solista el próximo año —confesó al fin, en un tono casi inaudible.
—¡Ah! —exclamó Luo, sus ojos brillando de inmediato—. ¡Eso es genial, Cyan! Es un gran reconocimiento por parte de esos viejos.
—Lo sé. Pero también significa más atención, más ojos sobre mí controlándome y más de… esto —hizo un gesto vago, refiriéndose a todo el orfanato y su reputación.

La emoción en el rostro de Luo se atenuó, sustituida por comprensión.

—Ah. Ya veo. El "Lucky Cyan" en el escenario principal.
—Exacto y en solitario…

Luo se quedó pensativo unos segundos, apoyando la cabeza contra la pared de nuevo.

—Entonces, ¿qué quieres hacer? ¿Aceptarlo y enfrentar a los reflectores, o rechazarlo y quedarte en el fondo? No hay una respuesta correcta. Solo hay una que tú puedas manejar.
—No lo sé —admitió Cyan—. Ahora mismo, solo quiero ir al almacén, quiero escuchar ese riff y después, quiero ver esa azotea. Necesito… necesito aire que no huela a este sitio.

Una sonrisa amplia y auténtica volvió a extenderse por el rostro de Luo.

—¡Esa es mi Cyan! Prioridades claras, primero el riff, luego la misión secreta y finalmente el mundo. ¿Lista?
Cyan asintió, levantándose del suelo y ofreciéndole una mano para ayudarlo a él.
—Lista. Aunque… promete no dormirte durante el riff. Sería un golpe terrible a tu ego y mis burlas hacia ti serán eternas. ¿Verdad, engreído Luo?
—Jamás —afirmó él, tomando su mano y poniéndose de pie—. Mi ego requiere atención constante, incluso cuando duermo. Vamos.
Los dos chicos encendieron unas pequeñas farolas LED y comenzaron a caminar hacia la azotea. Luego de tanta conversación, decidieron que ese día solo inspeccionarían, irían a ver cómo harían para que un cable largo llegara hasta arriba y en qué estado estaban las cosas que Luo había conseguido.

—¿Crees en fantasmas, Cyan? —cuestionó él, llevando la farola hacia su propio rostro para crear sombras extrañas en sus facciones—. Apuesto a que nunca has visto uno.

La peliverde negó con la cabeza, su rostro se volvió un tono más pálido al pensar en la posibilidad. De forma instintiva, cerró la distancia entre ellos, acercándose más a la espalda del chico de cabello ébano.

—Hehe, si te quedas cerca, protegeré a la pequeña Cyan —declaró con un tono entre burlón y sincero. Volvió a extender la mano con la luz para iluminar el tramo oscuro del pasillo que llevaba a la escalera de servicio y luego a la azotea que tanto ansiaban.
—No soy pequeña —bufó molesta, aun sin apartarse ni un milímetro de la espalda de Luo.

Luo rio suavemente y abrió la puerta metálica, el chirrido oxidado resonó en la estrecha y vacía escalera de concreto, lo que hacía que los ruidos se intensificaran. 

—Lo sé, lo sé. Solo bromeo, Santa, en serio, aquí nunca he visto nada raro. Solo polvo, telarañas y el fantasma ocasional de una paloma muerta. Eso sí da un poco de miedo, por el olor. Ugh…
—Eso es asqueroso, no da miedo —susurró Cyan, siguiéndolo escalón a escalón.
—Depende de tu definición. A mí me asustan más las cosas pegajosas e inexplicables que un espectro transparente. Un fantasma puedes atravesarlo, una mancha de… no sé qué… se te queda en el zapato.

Cyan no respondió, concentrada en no tropezar en la oscuridad. La luz de las farolas bailaba sobre las paredes descascaradas.

—¿Y tú? —preguntó ella después de un momento—. ¿Crees en ellos?

Luo se detuvo un segundo, pensando.

—No lo sé. Nunca he pensado en cosas así, puedo decir con seguridad que la buena suerte y mala suerte existen debido a que la gente nos ha etiquetado con esas fortunas; puedo creer que mis padres me guían y cuidan desde algún lejano lugar o tal vez los fantasmas son solo ecos de cosas que pasaron y que quedaron atrapados. Como el sonido en una habitación vacía.
—Eso fue… inesperadamente profundo, viniendo de ti.
—Hehe, ¿Fui genial? Tengo mis momentos. No todo es egocentrismo y mala coordinación. A veces también soy filósofo de… ¿la linterna?

Llegaron a otra puerta, esta más pequeña y con una cerradura vieja, y Luo sacó un llavero de su bolsillo.

—Ahora, lo primero es quitar la cerradura. La he estado aceitando esta semana, debería girar sin hacer ruido y bastante fácil… debí traer alguna cosa como plan de repuesto para abrir la puerta… ains… tarde. Vamos a orar para que el fantasma nos ayude.
—Deja de hablar de fantasmas —suplicó Cyan, pero una leve sonrisa asomó en sus labios.

Luo insertó la llave y giró con cuidado. Un clic metálico sonó en el silencio del pasillo largo y oscuro, la puerta cedió hacia adentro con mucha facilidad.

—Funciona —anunció, con evidente orgullo—. Fase uno, completada. ¿Lista para la vista, inspectora Cyan?

Ambos cruzaron el umbral y se adentraron en la azotea. Lo primero que los recibió fue una brisa nocturna, más cálida de lo esperado, que les acarició el rostro después del aire encerrado de la escalera. Arriba, la luna llena en lo alto del cielo despejado, bañando todo con una luz plateada y tenue que ilumina todo a su paso con suavidad lo que hacía que el paisaje fuera casi etéreo.

La vista se extendía a lo lejos. Desde allí podían ver más allá de los límites del orfanato; las luces de Eastwood centelleaban en una cuadrícula desordenada, las siluetas de edificios más altos se recortaban contra el horizonte y, al fondo, la mancha oscura del Vireta Park. El ruido constante de la ciudad no era tan fuerte como se esperaba aún siendo ya las ocho de la noche.

Cyan contuvo la respiración por un instante. Sus ojos, grandes y verdes, brillaron bajo la luz lunar, reflejando el vasto panorama con puro entusiasmo. Por un momento, todo lo demás —la presión del coro, las miradas, las expectativas— pareció quedar muy pequeño, muy lejano, allá abajo en algún punto que ya no le importaba. Aquí solo estaban ellos, la brisa y un pedazo de cielo propio.

—¿En qué piensas, santa? —inquirió Luo, tirando de su mochila algunos cables y herramientas.
—Nada en particular —mintió, algo que su amigo se dio cuenta de inmediato.
—¡Oye, Cyan! ¿Sabías que los Beatles tocaron en un techo de Londres? —mientras comentaba aquello, comenzó a inspeccionar el cable que había traído del orfanato—. Se le conoce como el concierto de la azotea, el treinta de enero de mil novecientos sesenta y nueve. Fue la última vez que tocaron juntos antes de separarse.

Cyan se acercó para ayudarlo a sostener el rollo de cable. Ella no sabía mucho de música en general, más allá de lo que escuchaba con Luo.

—… ¿Qué tipo de música tocaban?

—De todo un poco —respondió Luo, desenredando un extremo con cuidado—. Para entonces ya hacían rock, pero un rock más melódico, con arreglos complejos. Canciones como "Get Back" y "Don't Let Me Down". Su sonido era… único. Nadie lo imitaba bien y las personas lo creían bárbaros y el rock un sonido que pasaría de moda.
—¿Y por qué tocaron en un techo?
—Porque ya no querían hacer giras, ni dar conciertos grandes. Estaban hartos de la fama, de las multitudes, de sus peleas. Solo querían tocar juntos, de forma sencilla, sin tanto show para despedirse de la banda. Así que subieron a la azotea de su estudio, conectaron los amplificadores, y tocaron. La gente en la calle los miraba desde abajo, los coches se paraban… fue algo espontáneo. Y legendario.

Cyan asintió lentamente, imaginando la escena. Le gustaba la idea, como debía haber salido de la nada la idea y que fuera pura música, sin la presión de un escenario formal.

—Suena mejor que un estadio lleno.
—Mucho mejor —afirmó Luo con convicción—. Por eso pensé en esto. No necesitamos un escenario grande. Solo necesitamos nuestro techo, nuestro sonido, y… bueno, tal vez un público pequeño o ninguno, solo nosotros.
—¿Y la policía no los bajó a los Beatles?
—Sí, al rato. La policía llegó porque los vecinos se quejaron del ruido. Pero para entonces, ya habían tocado como cinco canciones. La historia ya estaba hecha.

Luo señaló un canal de ventilación cerca del borde de la azotea.

—Mira, por ahí podemos pasar el cable. Baja hasta el almacén. Es un camino casi recto. Solo necesitamos asegurarlo bien para que no se mueva con el viento.

Cyan se acercó y miró por la abertura. Parecía viable, aunque estrecho.

—¿Y si llueve? El cable se mojará.
—Lo cubrimos con un tubo de plástico. Tengo unos sobrantes del taller de manualidades. Los juntaré.

Ella lo miró, impresionada.

—Pensaste en todo, ¿verdad?
—Claro hehe—sonrió Luo, con una mueca que era mitad orgullo, mitad nerviosismo—. Es nuestro concierto de la azotea. Tiene que estar bien planeado y no podemos dejar que la lluvia, o la policía del orfanato nos arruinen el debut.
—No quiero que ninguna de las señoras suba a detenernos —comentó Cyan, con un dejo de humor—. Ojalá les de miedo las alturas.
—¡Mejor! Un público ausente y una autoridad con vértigo. Condiciones perfectas.

Terminaron de inspeccionar el lugar, marcando mentalmente dónde colocarían el amplificador y cómo orientarían los parlantes. El plan empezaba a sentirse real, no solo como un sueño de Luo, sino como algo que los dos podían construir juntos, con determinacion desde esta azotea silenciosa bajo la luna llena.
Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Miyu on January 14, 2026, 11:03:06 PM
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Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Miyu on January 14, 2026, 11:08:15 PM
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Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Miyu on January 14, 2026, 11:21:07 PM
Voy a tener que ordenar muy bien todo jajaja
Edit: y los ordene, por eso pasé más atras esto jajaja


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Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Miyu on January 14, 2026, 11:24:08 PM
Pase esto más atras

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Title: Re: Act 1: Overture
Post by: Miyu on January 14, 2026, 11:26:06 PM
Pase esto más atras

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