Maldita sea todo a última hora T_T esto me recuerda a la época dz
Mañana edito, que no lograba acabar este aporteeee# # #
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Peter Parker era el más joven de la oficina. Un chico con pintas de pardillo, que no tenía nada en especial, pero con mucho a sus espaldas. Científico frustrado, había decidido dedicarse a la fotografía. Había tenido un don innato para ella en el instituto que muchos se rifaron. En el instituto, compaginó sus clases con pequeños trabajos que iba consiguiendo del boca a boca. Trabajó de dependiente en varios supermercados, como repartidor de periódicos, reponedor… estuvo casi dos años dividiendo su tiempo entre el instituto y los pequeños trabajos que le iban saliendo, para así poder salir del instituto con, aparte de matrícula de honor, el dinero suficiente para apuntarse a la escuela de fotografía con la que tanto había soñado ser un estudiante de.. Más tarde, con un título oficial en fotografía y varios cursos bajo el brazo, había acabado con un trabajo en el periódico. Que en el fondo fuese tan buena persona no le había ido del todo a su favor, ya que eso hacía más fácil que se llevase las tareas que nadie quería: Peter nunca decía que no. Eso, sumado al hecho que, ser el nuevo tampoco te daba mucha voz ni voto… como bien Deidara sabía, por muy buenos que fueran en su trabajo, les iba a tocar pringar hasta que consiguiesen hacerse un hueco en la empresa.
“Cuando Hyde me dijo que tenía algo interesante para mí… no me esperaba esto,” dijo Peter con un suspiro, mientras agarraba con fuerza la mochila en la que llevaba su cámara. Deidara no entendía mucho de cámaras, pero sabía que la de Peter era una de las buenas, y que su último sueldo, había ido destinado a un nuevo objetivo para ésta. Las calles por las que pasaban no eran de las más seguras en Hell’s Kitchen, así que no le extrañó que Peter pareciese tan preocupado por el contenido de su bolsa más que por su propia vida.
“¿Entrevistar al héroe de Hell’s Kitchen no te parece lo suficientemente excitante?” Bromeó Deidara. Deberían encontrar al vagabundo que se encontraba durante el incendio de la residencia para poder entrevistarlo cuanto antes, no fuese a ser que la historia pasase pronto de ‘moda’.
“Ojalá tuviésemos algo más interesante en lo que trabajar. Por cierto, ¿tú no estabas especializada en periodismo deportivo?”
El deporte era una de las pasiones de Deidara, así que nunca hubo mucha discusión cuando tuvo que decantarse por alguna rama del periodismo, a pesar que el periodismo de investigación siempre le había atraído (mientras no se tratase de investigar historias locales aburridas como ésta…). Si bien aquella había sido la especialización de la pelirroja, poco había podido escribir al respecto en el Daily Bugle, el periódico para el que trabajaban. El periódico tenía una sección de deporte importante, con mucho renombre, pero le había sido difícil hacerse hueco allí. Como becaria apenas había podido trabajar en deporte, pero sabía que si lograba hacerse con el puesto fijo, se le acabarían los artículos sin sentido y por fin podría trabajar en aquella sección.
“Según Hyde, tengo que coger primero experiencia en el campo, trabajar en otras áreas para hacerme una idea de cómo funciona el periódico… resumiendo, que me tienen trabajando en lo que a nadie le interesa. Si al menos fuese ciega como Matt no tendría que hacer estas cosas,” murmuró.
Peter pareció estremecerse un poco ante tal comentario. “Vale, creo que nunca voy a entender tu humor y el de Matt.” Deidara sonrió para sí misma; sabía que eso era algo que no todo el mundo pillaba, y tampoco era necesario.
Continuaron caminando durante unos minutos más en silencio, silencio que Deidara agradeció durante lo poco que duró. Recordó el día anterior, el rayo que le había caído, y como había salido ilesa de aquel episodio. Los dolores de cabeza de la noche anterior fueron horribles, pero de vez en cuando, volvían aquellos pinchazos. La pelirroja pensaba que, tal vez, pilló un constipado por culpa de la lluvia y el viento de la noche anterior. Los dolores eran pesados, pero al menos duraban poco, y definitivamente, se sentía como si su cuerpo estuviese incubando algo.
Pero parecía ser que Peter no era de aquellos que apreciaba los largos silencios, ya que tuvo la necesidad de hablar tras cruzar de calle, deteniendo los pensamientos de Deidara.
“¿Y cómo se supone que vamos a encontrar a ese vagabundo? Las calles de Hell’s Kitchen son enormes, tiene que haber como cientos de sin techo.”
“Según varios de los ancianos de la residencia, no era la primera vez que le veían. Algunos le reconocieron, dijeron que de vez en cuando hablaba, muy poco, y comentaba que pasaba el día por esta zona. También tenemos una descripción algo básica…” Deidara removió los contenidos de su bolso, hasta que encontró su ‘libretita de periodista’. Otro regalo de sus padres tras graduarse; una libreta de tamaño pasaporte, con la cubierta de cuero, y una goma que la mantenía cerrada. Sus padres hasta habían escrito una dedicatoria dentro, algo que ella encontraba muy cursi, y que siempre se aseguraba de esconder cuando la abría delante de cualquier que no fuese ciego (Matt). “Blanco, alto. Cabello moreno, recogido en un pequeño moño… no parece muy mayor. Siempre lleva sudadera y tejanos viejos. No es mucho, pero…”
“Si al menos tuviésemos un nombre…”
Las siguientes horas se la pasaron caminando por aquellas callejuelas, preguntando a otros sin techo si conocían al chico de la descripción. A Deidara le sorprendió que fueran mucho más amables que la gente que podría encontrarse en el centro de la ciudad; todos sonreían, intentaban ayudar, preguntaban por su día y les deseaban suerte. A algunos les resultaba familiar la descripción; el chico había pasado por la zona alguna que otra vez, sin cruzar muchas palabras con el resto de vagabundos.
“Aunque es muy amable,” comentó una señora, que empujaba un carrito lleno de garrafas de agua. Seguro las traía de la fuente más cercana.
“Pero, si acaba de comentarme que no habla—”
“No, no, quiero decir… sólo le he visto un par de veces, pero suele traernos comida. Las pocas palabras que dice son para asegurarnos que no es robada, poco más. A veces come con nosotros, y luego se va. No suele pasar las noches por la zona. Es silencioso, pero muy buena gente. No me extraña que ayudase a todos aquellos pobres ancianos en la residencia.”
Deidara le dio las gracias a la señora, Peter le preguntó si le importaba que le hiciese una foto (al menos podrían poner el testimonio de todas aquellas personas en el artículo…) y minutos más tarde, acabaron por dejarse caer en un banco. Lo cual la chica agradeció; empezaba a notarse cansada. ¿Era ella, o hacía mucho calor?
“Empiezo a creer que este es el peor trabajo del mundo,” suspiró el fotógrafo, mientras le echaba un vistazo a todas las instantáneas que había tomado, y eliminaba las que no le acababan de convencer. En el tiempo que habían pasado en la zona, al menos, habían descubierto que el nivel de seguridad no era tan malo.
(Y que, si tenían problemas, podrían ir a avisar a Bud. Bud era uno de los sin techo con los que habían hablado, grande y gordo, con cuerpo de luchador de sumo. Al parecer, se habían ganado su cariño, ya que Bud les dijo que, si tenían problemas con alguien de la zona, no ‘dudéis en venir a decírmelo, que yo me encargaré de hacérselo pagar. ¡Todo por unos chavales encantadores como vosotros!’).Deidara se pasó una mano por la frente, empezaba a sudar, y los dolores volvían. Ya ni estaba segura qué le pasaba. ¿Constipado? ¿Resfriado, gripe? No, no le tocaba que le bajase la regla… “Ya me estoy imaginando la cara de Hyde cuando le digamos que esto ha servido de nada. ¿Crees que nos echará?” La pelirroja echó un vistazo a las anotaciones de su libreta, tratando de ignorar cómo empezaba a sentirse. “Alto, blanco, coleta… como no nos traigan al SWAT, creo que nunca vamos a encontrar a este—”
“Um, aquel tío de allí…”
La periodista levantó su mirada. En la acera frente a ellos, un hombre les observaba. Llevaba una sudadera, la capucha sobre su cabeza. No se lo pensó mucho… algo le decía a Deidara que ese era el hombre que buscaban.
Y le recordó. Lo había visto, era el mismo hombre que vio arrastrando un carro tras la tormenta, cuando Morrigan le encontró tras haber sido alcanzada por el rayo, al cual había reconocido como el vagabundo. Era él.
“Hey, ¡hey! Perdone, pero, ¿le importaría dedicarnos unos minutos? Somos del Daily Bugle, y nos gustaría hablar con usted sobre el incidente de hace unos dí—”
Deidara no acabó la frase, porque el hombre salió corriendo.
Y oh, no. Deidara no había pasado un día entero en aquellas calles, pasando hambre, calor y malestar, para que ahora ese tío saliese corriendo y dejase escapar su oportunidad de escribir un buen artículo (o medio decente, teniendo en cuenta la temática de éste). Deidara cogió su bolso, echó un vistazo atrás a Peter, y exclamó, “¡corre, que se va!”
La idea no pareció hacerle mucha gracia a Peter, que tenía su cámara fuera y su bolsa medio abierta.
Pero eso no iba a parar a Deidara. Corrió, cruzando la acera, viendo cómo se escapaba aquel vagabundo. Giró la esquina, lo divisaba a lo lejos. Le costaría atraparlo, si seguía corriendo así, él no tardaría en perderla de vista… seguro que conocía aquellas calles mejor que ella. Tal vez, sólo, si apretaba un poco más, si pudiese acelerar ni que fuera un poco… podía ver cómo el artículo se escapaba lentamente, y no quería dejar que aquello pasase… sólo le faltaba—
Y no supo cómo pasó. Ni qué fue lo que sucedió. Pero en un segundo, estaba viendo como el desconocido giraba la esquina, desapareciendo de su campo de visión. Tenía la distancia de un campo de fútbol por delante. Al siguiente segundo… Deidara estaba al final de aquella calle, chocándose contra la pared de ladrillo.
Era como si hubiese dejado atrás todos aquellos metros que le separaban de su presa, como si el mundo hubiese rodado y ella se hubiese quedado en el sitio. ¿O tal vez había sido al revés?
No sabía qué había pasado, cómo había sido capaz de materializarse de un momento a otro a la otra punta de la calle. No tenía sentido. Pero tampoco tenía tiempo para darle más vueltas al asunto— se giró, encontrándose con un callejón sin salida. Y ni rastro del vagabundo. ¿Adónde había ido?
Miró hacia todos lados, como si la respuesta estuviese en algún rincón de aquella calle… “Cómo te has logrado escap—”Con lo único que se encontró, fue con que alguien se le pegaba por la espalda, y le atrapaba contra la pared más cercana por sorpresa.
No había mucha duda en quién era que tenía pegada a su espalda. “He visto lo que has hecho. No me suenas… ¿de parte de quién estás?”
“¿¡De qué estás hablando?!” Exclamó Deidara, intentando soltarse, pero él no parecía que iba a dejarla ir. “No tengo ni idea de— somos periodistas del Daily Bugle, sólo queremos hacerte unas preguntas referente a…”
No le dejó continuar. “Esa no es la pregunta que te he hecho,” insistió, y fue a decir algo más, pero de lejos, la voz de Peter se hizo escuchar, jadeante, “¿¡Deidara?!”
“Mierda…”
El vagabundo le dio un empujón, haciéndola caer al suelo. Un escalofrío le recorrió el cuerpo, y para cuando pudo levantarse, se encontró con la sorpresa que estaba sola en medio del callejón. “Mierda, se puede saber qué…”
“¡Deidara! ¿Qué haces? Saliste corriendo y no pude alcanzarte… ¿dónde está el amigo?” Preguntó Peter, alzando una ceja, mientras dejaba su bolsa en el suelo y ayudaba a Deidara a levantarse. “¿Y por qué estás en el suelo?”
“El… el sprint, que me ha dejado cansada,” mintió. No iba a contarle lo que había pasado— ni la extraña reacción del vagabundo, ni… lo que quisiera que hubiese hecho antes. “Y no lo sé, creo que lo he perdido. Conoce mejor las calles que nosotros.”
Peter suspiró. “Entonces… ¿Tenemos que darlo por perdido?”
La pelirroja cogió su bolsa, que su compañero le alcanzaba. “Al menos tenemos algo de material con el que trabajar…”
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El Héroe Por Accidente
Hace unos días, nos sorprendíamos al leer sobre el estremecedor accidente que tuvo lugar en una residencia de ancianos del centro de la ciudad. Un incendio en una habitación en la que los detectores de humo estaban inoperativos, que podía haber llegado a más, de no ser por la presencia en escena de un vagabundo que se había colado en la residencia para, según algunos, usar las duchas del edificio.
El aviso del héroe logró detener el fuego y a evacuar a los residentes. Pero, las andadas de este desconocido no acaban aquí. Daya, una veterana sin techo, nos explica cómo ha cruzado caminos con nuestro héroe en alguna que otra ocasión—“Esto es una mierda.” Deidara apagó la pantalla de su ordenador. “Este artículo es una mierda. Hyde quería que encontrase al vagabundo y hablase con él, y lo único que tengo, son… malditas declaraciones de desconocidos.”
“Pero es interesante. ¿Quién se iba a esperar que alguien con tan poco, tuviese tanto que dar?”
Deidara frunció el ceño ante el comentario filosófico de Matt. “Si tú lo dices…”
“¿Lo has acabado? Sigue leyéndomelo.”
Deidara movió la cabeza de lado a lado, para rápidamente añadir, “no, tengo todavía que retocarlo.”
Lo tenía que entregar para la edición de mañana, y le quedaban pocas horas. Además, a pesar que Matt era su amigo, a veces le ponía nerviosa mostrarle su trabajo sin editar, y más aún, leérselo en voz alta. Y tampoco podía sacarse de la cabeza lo que había pasado en el callejón… quería contárselo a su amigo. Que alguien le dijese que no se estaba volviendo loca—o que tal vez sí, porque no tenía sentido que eso hubiese sucedido. Las últimas veinticuatro horas habían sido tan confusas… el rayo, el callejón, las extrañas palabras del vagabundo… no podía dejar de darle vueltas a su pregunta. Necesitaba despejarse, más si tenía esta noche cena con sus padres.
“Creo que me voy a volver a casa a acabar el artículo,” decidió de golpe, sorprendiendo incluso a Matt. “Dile a Peter que me envié las fotos, que le enviaré yo todo a Hyde.”
“¿No es pronto? ¿Estás bien?” Preguntó, preocupado.
“Sí.” Se le daba mal mentir a su mejor amigo, pero esperaba que esta vez no hubiese ido tan mal. “Es sólo que, tengo cena con mis padres, y, bueno, tengo que hacer el postre. Nos vemos mañana, ¿eh?”
Matt no tuvo la oportunidad de decir mucho más, ya que la pelirroja no tardó mucho en recoger sus cosas y salir de allí disparada. Corriendo.
Si pudiese volver a correr como pasó horas atrás, hasta podría dejar de coger el bus…