Author Topic: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back  (Read 538341 times)


Cho


Hello gals <3

Para cualquier duda y/o consulta las invito a postear en el foro de planeación.

Sin más preámbulos~

*top 4*

*conteo*

Sayi :: 0 palabras
Nite :: 0 palabras
Cho :: 4483 palabras
Kana :: 0 palabras
Eureka :: 2180 palabras
Puri :: 0 palabras
Mimi Tachikawa :: 1305 palabras
Mery :: 0 palabras
Apple :: 0 palabras
Miyu :: 0 palabras


Now, let's carry on with those big HiME dreams...


Mimi Tachikawa

Hoi hoi minna!!

Vengo con la ultima parte de la visita de Mayura a la tienda de antigüedades de Oujin, ya toca irme por las demás Himes xDD

--

La puerta terminó de abrirse por completo.

Un joven de cabello plateado con las puntas negras y ojos de un intenso color verde entró con absoluta tranquilidad, sosteniendo una pequeña bolsa de papel en una mano. Vestía un elegante atuendo tradicional japonés compuesto por varias capas: una camisa blanca bajo un haori azul con forro rojo y dorado, sobre el que descansaba un kimono de tonos blanco-grisáceos con puños negros y dos escudos circulares dorados a la altura del pecho. La parte inferior estaba formada por un hakama negro plisado y una falda con abertura decorada con un patrón de flechas negras y doradas, ajustada por un obi rojo y dorado. Calzaba botas negras de punta dividida que llegaban hasta las pantorrillas, mientras unos largos pendientes de borlas de colores se balanceaban suavemente con cada paso. Unos guantes negros cubrían parte de sus manos y un discreto maquillaje rojo oscuro en las comisuras de sus ojos acentuaba aún más su mirada serena.

-Hinata, olvidé comprar el té de jazmín... pero traje otra cosa...-

Su voz se fue apagando al notar el extraño silencio que dominaba la tienda.

Miró primero los papeles esparcidos por el suelo.

Después las vitrinas vibrando.

Finalmente observó a Mayura frente a Gilgamesh.

-Vaya…-

Mayura abrió ligeramente los ojos.

-Así que tú eres Oujin-san…

El joven inclinó apenas la cabeza.

-¿Me parece que estoy interrumpiendo algo? -

Gilgamesh no respondió de inmediato.

Por primera vez desde que había llegado, sus ojos rojos dejaron de mirar a Mayura para concentrarse completamente en el recién llegado.

Aquella sonrisa arrogante permanecía en su rostro.

Sin embargo,su mirada había cambiado.

Era la expresión de alguien que acababa de descubrir algo inesperado.

-Así que esta era tu tienda…-

Oujin dejó la bolsa sobre el mostrador con absoluta calma.

-Me parece que me estás confundiendo con otra persona…-

Gilgamesh sonrió interesado en el recién llegado

-Jamás olvidaría una presencia como la tuya…-

Mayura alternó la mirada entre ambos, muy confundida por todo lo que estaba pasando ya que para ella ambos eran hasta hace unos momentos personas desconocidas para ella, Gilgamesh, un Rebel de Rizembool, mientras que Oujin era el dueño de la tienda con un aura de misterio que lo rodeaba.

- ¿Se conocen? -

Ninguno respondió.

Durante unos segundos, el silencio volvió a apoderarse de la tienda.

Hinata suspiró con resignación y Mayura giró hacia él.

- ¿Hinata-kun sabes lo qué está pasando? -

Hinata sonrió con cierta incomodidad.

-Digamos que... Oujin-san suele atraer visitas bastante problemáticas…-

-Qué manera tan amable de describirlo...-

Oujin comenzó a caminar lentamente hasta colocarse junto a Mayura.

Su expresión seguía siendo tranquila, pero sus ojos ya no transmitían aquella despreocupación habitual.

Habían adquirido una serenidad completamente distinta, una que incluso hizo que el aire volviera a sentirse pesado, que no pasó desapercibido por Mayura que empezó a inquietarse.

Gilgamesh dejó escapar una carcajada.

-Interesante...así que ocultabas tu presencia de esa manera- empezó a caminar alrededor de la tienda- y yo que pensé que solo había venido a entretenerme con una Hime…-mientras seguía caminando para fijar su vista en Oujin y Mayura.
-Pero resulta que encontré algo mucho más curioso…-

Mayura frunció el ceño.

-No entiendo de que estas hablando…-giró a mirar a Oujin-

Oujin soltó un pequeño suspiro.

-De alguien que tiene demasiado tiempo libre y demasiado ego…-respondiendo a lo que había dicho el rubio-

-Qué grosero…- respondió Gilgamesh

Por un instante, incluso Mayura tuvo que contener las ganas de sonreír.

Era increíble que alguien pudiera responderle al rubio con tanta naturalidad, cuando apenas ella se había puesto a la defensiva.

Sin embargo, aquella ligera sensación de alivio desapareció enseguida.

Porque las puertas doradas detrás del Rebel que se creía el rey de los héroes comenzaron a multiplicarse.

Una…tres…cinco…diez- Toda la tienda quedó rodeada por aquellos portales resplandecientes-

El sonido metálico de decenas de armas preparándose para salir resonó al mismo tiempo.

Gilgamesh extendió lentamente un brazo.

-Bueno dejemos de hablar y veamos si esta visita ha valido la pena…-

Oujin levantó apenas la mirada.

Su expresión seguía siendo tan tranquila como siempre.

-Hinata...-

-¿Sí, Oujin-san? ...-

-¿ya terminaste el inventario de esta semana?

Mayura abrió mucho los ojos, como que no sentía que era momento para hacer esas preguntas
Hinata desvió la mirada con algo de vergüenza.

-Todavía me faltan dos estantes...-

-Ya veo...-

Oujin volvió a mirar a Gilgamesh y suspiró.

-Entonces será mejor terminar esto rápido…-

Aquellas simples palabras hicieron que, por primera vez desde que había entrado en la tienda...la sonrisa de Gilgamesh se volviera auténtica…mientras que Mayura estaba a la expectativa de descubrir quien era en realidad Oujin, dueño de la tienda de antigüedades "Shinzendou"

-Perfecto…eso era exactamente lo que quería escuchar.

La tensión que envolvía la tienda continuó creciendo nadie se movía. Las antiguas vitrinas seguían vibrando levemente por la presión espiritual que desprendía Gilgamesh, mientras las puertas doradas permanecían suspendidas detrás de él como si aguardaran una simple orden para liberar nuevamente las incontables armas que escondían en su interior.

Mayura no apartó la vista del rubio, aunque ahora tenía acceso únicamente a una parte de su poder, no pensaba dar un solo paso atrás, ya que tenía que proteger a Hinata, saber quien es Oujin, ver las habilidades de Gilgamesh que siendo un Rebel la responsabilidad de pelear sería de ella y no podía involucrar a terceras personas.

Es entonces que la campanilla volvió a sonar.

Pero esta vez no fue el sonido lento y pesado que había acompañado la llegada de Gilgamesh.

Fue un tintineo mucho más ligero.

Una pequeña figura cubierta de lana rosada atravesó la puerta tan rápido que apenas pudo distinguirse un destello blanco.

-¡Flaffy!...-

El Child corrió directamente hacia Mayura y se aferró a ella con fuerza, frotando la cabeza contra su cintura mientras dejaba escapar un suave balido.

-Flaa...-

Mayura dejó escapar un pequeño suspiro de alivio.

-Llegaste...-

Apenas sintió el contacto, el vínculo entre ambos volvió a unirse con la misma naturalidad de siempre.

Una cálida energía recorrió todo su cuerpo.El pequeño Child levantó inmediatamente la cabeza.

Las esferas de su cola comenzaron a iluminarse lentamente mientras pequeños destellos eléctricos recorrían la lana rosada de su cuerpo.

Dio un paso al frente, colocándose entre Mayura y el Rebel.

Su intención era evidente, tenía que proteger a su ama.

Gilgamesh observó la escena con curiosidad.

-Así que este es tu Child...-El rubio dejó escapar una leve sonrisa. -Interesante...-

Antes de que alguien pudiera decir algo más, unos pasos tranquilos resonaron desde el exterior.

-Qué problema…-una figura apareció cruzando la puerta con absoluta calma.

Un joven de cabello corto de color celeste claro con mechones largos en la cara, ojos rojos con grandes ojeras oscuras y mirada cansada. Sus colmillos parecían de un vampiro, llevaba puesta una chaqueta azul oscura con capucha y un dobladillo roto en flecos, pantalones blancos ajustados y botas negras largas.

Miro fijamente a Mayura sin mirar a las otras personas que estaban a punto de pelear, luego dejó escapar un largo suspiro.

-No puedo dejarte sola ni un rato...-

Mayura sonrió con alivio.

-Kuro...-El bakeneko caminó lentamente hasta situarse a su lado.

No parecía preocupado ni mucho menos tenía ganas de luchar, más bien daba la impresión de que todo aquello le resultaba una enorme molestia.

Gilgamesh arqueó ligeramente una ceja.

- ¿Ese es tu otro acompañante? -

Kuro dirigió apenas la mirada hacia él.

-Supongo…-Dijo encogiéndose de hombros-

Su respuesta fue tan simple que incluso Mayura tuvo que contener una pequeña sonrisa.

Así era Kuro, nunca hablaba más de lo necesario.Gilgamesh permaneció observándolo durante unos segundos.

A primera vista no desprendía una presión espiritual comparable a la de una Hime.

Sin embargo,había algo extraño en él.

Una energía mágica extremadamente estable permanecía oculta bajo aquella apariencia desganada.Como si no tuviera intención de utilizarla a menos que fuera absolutamente necesario.

Kuro volvió a mirar a Mayura.

-¿Estás herida? ...-

Ella negó con la cabeza.

-Por el momento estoy bien…-

-Qué bueno...-respondió con el mismo tono apagado de siempre,completamente desinteresado.

Pero Mayura conocía demasiado bien esa actitud,cuando Kuro preguntaba algo tan directamente era porque ya había tomado una decisión.

Gilgamesh también pareció comprenderlo.

-Curioso...no pareces alguien con ganas de pelear-

Kuro bostezó ligeramente.

-En verdad no las tengo…-

-¿Entonces por qué has venido? ...-

Kuro respondió sin cambiar su expresión.

-Porque Mayura está aquí…y parece que necesita mi ayuda…-

Flaffy mantenía la cabeza baja y los ojos completamente fijos sobre Gilgamesh.

Preparado para atacar en cualquier momento.

Gilgamesh primero miro al child y luego a Kuro,por último dirigió la vista hacia Oujin, que continuaba apoyado tranquilamente junto al mostrador como si toda aquella situación no fuera más que una conversación entre conocidos.

Finalmente volvió a mirar a Mayura.

Una sonrisa apareció lentamente en su rostro.

-Qué interesante...hace unos minutos estabas sola…ahora resulta que has reunido un pequeño grupo para protegerte…-
Mayura negó con una sonrisa.

-Ellos no vinieron porque yo se los pidiera…ellos vinieron porque les importo, bueno quizás Kuro porque tiene hambre y se le acabó el dinero…-rio suavemente-

Gilgamesh permaneció unos segundos en silencio.

Por primera vez desde que había entrado en la tienda parecía estar analizando algo más allá de la fuerza de su oponente.

Después soltó una pequeña carcajada.

-Ya veo...-Levantó lentamente una mano.

Las puertas doradas comenzaron a cerrarse una tras otra, mientras que las armas desaparecieron lentamente en el interior de los portales.

El resplandor dorado fue desvaneciéndose hasta que la presión espiritual que llenaba la tienda desapareció casi por completo.

Mayura frunció el ceño.

- ¿Qué haces, no ibas a pelear contra nosotros? ...-dijo algo extrañada por lo que estaba sucediendo

Gilgamesh sonrió con la misma arrogancia de siempre.

-Claro que quería…pero una batalla deja de ser divertida cuando aparecen demasiados invitados…-

Miró nuevamente a Kuro que seguía con las manos dentro de los bolsillos.

Sin embargo, alrededor de sus pies comenzaron a aparecer pequeños círculos mágicos casi imperceptibles.

Gilgamesh sonrió con satisfacción.

Después observó a Flaffy.

El pequeño Child continuaba delante de Mayura sin retroceder un solo centímetro.

Su electricidad seguía aumentando poco a poco.

Finalmente dirigió una breve mirada hacia Oujin.

-Tres contra uno...no sería una pelea demasiado elegante…-

Mayura cruzó los brazos.

- ¿Así que vas a retirarte? -dijo un poco mas aliviada

-Digamos que solo pasé a saludar…-

La rubia infló ligeramente las mejillas.

-Pues tu forma de saludar deja mucho que desear…-

Gilgamesh soltó una carcajada.

-Lo tendré presente para la próxima…quizás no haya una porque mi Hime es otra persona igual de interesante que ustedes…-

-Me preocupa la pobre Hime que tiene que pelear contra ti…aunque si ya la conoces quizás no debería de preocuparme mucho…-

-Eso nunca puede asegurarse…-Comenzó a caminar lentamente hacia la salida.

Al pasar junto a Mayura, volvió ligeramente el rostro.

-La próxima vez espero encontrarte en circunstancias más interesantes, Hime…-

Después dirigió una rápida mirada hacia Kuro.

-Y quizá tú decidas esforzarte un poco más…-

-Dependerá de las ganas que tenga ese día…- Kuro respondió con total indiferencia.

Gilgamesh rio una última vez.Aquella respuesta parecía haberle divertido más que cualquier desafío.

Abrió la puerta y, antes de marcharse, levantó una mano a modo de despedida.

-Hasta la próxima…-La puerta volvió a cerrarse.

Y con ella desapareció la última presión que permanecía dentro de la tienda.

Los antiguos relojes reanudaron su incesante tic tac como si nada hubiera ocurrido.

Mayura dejó escapar el aire que llevaba conteniendo desde el inicio del enfrentamiento.

Flaffy se apoyó nuevamente contra ella, asegurándose de que se encontraba sana y salva.

Kuro volvió a bostezar.

Oujin observó la puerta por donde Gilgamesh acababa de marcharse.Su expresión seguía siendo tranquila.

Aunque, por un breve instante, una leve sombra de preocupación cruzó su mirada.

Aquella visita no había sido casual, quizás la llegada de la joven no podría traerle buena fortuna a Hinata, pero al ver la mirada de Mayura no parecía mala persona, pero lo que atraía era el problema, quizás no estaba de más tratar de estar cerca de ella.

-Bueno como tenemos muchas visitas vamos a preparar algo de té y galletas para los invitados Hinata-

-De acuerdo…comenzaré a preparar…- se fue detrás del mostrador-

-Ahora dígame quien es usted realmente Oujin-san…-dijo la rubia mas tranquila y con curiosidad ya que parecía que no era un humano común y corriente hasta podría ser que fuera como Kuro…alguien con poderes desconocidos-

-Quizás te lo diga o quizás no…-dijo Ouji con su habitual calma- depende de que tan confiable eres para decirte quien soy…-

Mayura ahora estaba mas convencida en ganarse la confianza del dueño de la tienda de antigüedades quizás seria el misterio más misterioso que tendría en sus años de vida
-------------------

matta ne!!


Cho

Otro fic más de las olimpiadas, quisiera terminar con este pronto pero la vida sigue conspirando en mi contra (...) a ver cuánto me toma.

118.1.


Había sido un evento tranquilo que para variar le dio la oportunidad de explorar las universidades como cualquier joven común y corriente. Y pensar que por más que fuera un estudiante de Rizembool ni acudía a su propia ‘alma mater’ en físico con frecuencia…

En fin, las divagaciones tendrían que quedarse para otro momento, luego de haber recibido un mensaje el cual terminó con su paseo prematuramente.

“Pues… el nuevo se ha vuelto a portar mal, lamentablemente,” Shiyoon dio un suspiro. “Así que… nos toca ir a ver qué ocurre, Haku,” luego de terminar de narrar lo que seguía, le sonrió en lo que se encogía de hombros. “Vamos a ver el desastre, al menos esta vez no nos toca hacer nada en lo absoluto. Orochi-sama sólo quiere que sirvamos como ojos por hoy.”
“…” el orphan sostenía un último bocado de aburaage en su mano, cabizbajo.
“¿Haku? ¿Estás bien? Estás muy callado,” se confundió el otro. Era sin duda sorprendente que aquel reactivo y rebelde orphan no usara la oportunidad para intentar darle la contra o quejarse de los mil y un problemas que los humanos no dejaban de causar.
“…no puede ser que ya lo hayas olvidado…” musitó el orphan, con fastidio. Aquel bocado terminó por ser apretado en un puño. Y, aun así, el kitsune no estalló ni levantó su voz.
“Hm…” Shiyoon alzó una ceja, meditabundo.
“Tsk…” mientras Hakuzosu perdía la paciencia por dicha actitud indistinta del otro.
“¡Oh!” finalmente, el chico asintió y sonrió. “Haha, ¿te refieres a cómo ese muchacho amable te domesticó y te quitó todas tus neuronas hace un rato?”

Había sido atinado del prospecto a Rebel llevar al orphan a la azotea de un edificio luego de haber ‘ido a recogerlo’, ya que Hakuzosu finalmente soltó su ira en un zarpazo que hubiera podido lastimar severamente a una persona más lenta.

“¡Precisamente eso! ¡Sabía que te estabas burlando de mí fingiendo ignorancia!” exclamó en lo que el otro aterrizó luego de evadirlo con un salto. Le miró de soslayo.
“Eh, no, no, te juro que todo eso ya se había escapado de mi cabeza,” Shiyoon levantó sus palmas y las sacudió en señal de paz. “Tranquilo, lo hecho, hecho está. Ese chico claramente cuidó de ti para no hacerte más que neutralizarte en lo que yo llegué…”
“¡El hecho que digas que me haya neutralizado significa que definitivamente no me cuidó!” gritó indignado y colérico. “¡Era un enemigo! ¡Otro humano que se cree con más derecho que yo! ¡Que no me haya lastimado físicamente no quiere decir que no me haya hecho nada!”
“Haku, no es tan simple…”
“¡¿Por qué demonios no lo es?!”
“Escúchame un momento. Nos toca ir a ver lo que Yato anda haciendo, él que anda causando problemas a todos los demás,” observó Shiyoon.
“Tsk, ¿y por qué eso me importa?” entrecerró sus ojos.
“Porque Yato es parte de ‘nuestro lado’, de alguna manera, y aun así, no estamos yendo a ayudarle,” Shiyoon llevó sus manos detrás de su nuca con una sonrisa indistinta. “Vamos a ver cómo la gente encargada de ser los primeros en responder y controlar lo que se sabe de la guerra lo ponen en su lugar y se aseguran de detener su travesura. Él podrá ser un futuro Rebel como yo, pero igual, todos estamos de acuerdo que la gente que se sale de las reglas tiene que ser detenida. Eso se aplica a mí y a ti de la misma manera.”
“…” Hakuzosu frunció el ceño.
“A nadie le va a gustar que se metan con uno, pero si nos hemos portado mal, eso es lo que vamos a sacar. Es la consecuencia de nuestras acciones. Por lo que ocurrió el otro día, sé bien que ese chico te neutralizó porque estuviste a punto de atacar a un puñado de HiMEs en medio de una muchedumbre de gente normal, e imagino que algo similar estuvo por ocurrir hoy,” Shiyoon negó y sonrió apenado. “Siento decirlo, pero por nuestro entorno, vivimos en un ambiente donde ello se considera castigable, lo cual terminó por ocurrir. Alguien tenía que detenerte para mantener todo bajo control.”
“Pero… tsk…” chasqueó la lengua, desviando su mirada y cabizbajo. “…estas reglas tan caprichosas de los humanos… esas HiMEs me las van a pagar, no las perdonaré…”
“Lo siento, Haku, en serio,” le sonrió un poco.
“…” se mantuvo mirando al piso.
“Ahora que eso está claro, vamos en marcha. El jefe se molestará conmigo si fuera a perderme de algo importante.”
“Oye…”
“¿Hm?” ladeó su cabeza. “Sigues meditabundo.”
“…” comprimió sus puños, con fastidio. “¿Acaso no te vas a burlar de mí por… cómo actué? Estaba… actuando como un idiota.”
“Haha, realmente fuiste todo un niño adorable como por quince minutos, ¿por qué diría que actuaste como idiota?” sí, tuvo que evadir otro zarpazo con suma agilidad.
“¡Tch, no te burles de mí!”
“No, no lo hago. Creo que ando normalizado a que la gente actúe rara y un poco en contra de su voluntad todo el tiempo…” Shiyoon dio un suspiro, para volver a encogerse de hombros con una impecable sonrisa. “…considerando quién es nuestro jefe.”
“Eh…” ello probó dar ciertos nervios al orphan.
“Siento que te haya ocurrido, a nadie le gusta estar en esa situación, por más que no sea nuevo para uno. Ahora olvídalo,” asintió tranquilamente. “Somos un equipo, ¿no? Estamos en confianza.”
“…” le miró perplejo. En muy raras ocasiones, por más que iba contra sus instintos de orphan, Hakuzosu casi podía pensar que Shiyoon era de confiar.
“Ya habrá otra oportunidad para que piense en cómo tomarte el pelo al respecto,” concluyó amenamente.
“¡¿Q-qué has dicho?!” precisamente, por ello mismo nunca le duraba aquella impresión.
“No me tomes en serio, ahora sí vamos.”
“¡Oye!” Hakuzosu no llegó a intentar arremeter contra él, ya que, al verle invocar su espada, de inmediato se quedó quieto y al pendiente de lo que iba a hacer.
“Estamos lejos, así que tomaremos un atajo…”




Ni bien recibió el mensaje con respecto a la manifestación por la zona rural de Hanasaki, Suzuka se apresuró a correr para darle el alcance a aquellas jóvenes HiMEs. Entendía que no todas irían a responder con rapidez, ya que Reimu y Youmu continuaban participando en sus disciplinas deportivas. Si bien la última había considerado abandonar su competencia según lo puesto en el chat, todas terminaron por recibir un mensaje de texto de parte de Fran, quien ya estaba al tanto de los sucesos.

Según lo indicado por la asistente de Miranda, por más que dicha manifestación fuera producto de Rizembool, ella fue muy clara en indicarles que no era responsabilidad de ninguna de ellas.

“…” Suzuka volvió a mirar la pantalla de su celular en lo que avanzaba.

‘Habiendo tres de ustedes en la zona de peligro, les reitero que no se involucren ni tomen acciones para solucionar este altercado. El responsable no es Rebel de ninguna de ustedes y no se encuentra peleando contra una HiME. Por la naturaleza de las olimpiadas, Rizembool va a tomar responsabilidad y ellos han enviado a un grupo para encargarse de disciplinar a esa persona. La única tarea de ustedes como HiMEs es asegurarse de mantener a la gente común fuera del área, y en el peor de los casos, prevenir que el alcance del evento fuera a expandirse. Quédense en el perímetro hasta que vean que la situación está bajo control. Esperaremos el reporte de los eventos cuando ello termine.’

Sin duda se podía sentir cierto nivel de desconfianza venir de las palabras en su pantalla, lo cual Suzuka comenzaba a asimilar por más que no le gustara. Hasta el momento, todas eran las ‘HiMEs tachadas’ en los ojos de Miranda, y Suzuka sabía que aquello recaía sobre ella por encima de las demás. Pese a ello, parte de ella se preguntaba si era prudente dejar que la situación pudiera empeorar en lo que les tocaba simplemente ‘esperar’ a que los encargados fueran a llegar.

En medio de sus pensamientos, ella oyó una voz dentro de su mente, una que conocía muy bien.

“¿No estarás cansada de cargarme en un brazo?” preguntó su arma, en forma de la larga y ancha espada la cual solía usar más como arco que para ataques directos. “Te puedo ayudar corriendo, tengo dos piernas que todavía no han sido desahuciadas.”
“No te burles, Norimune. Esto suena a una emergencia y temo que si no te tengo en forma de arma nuevamente te desaparecerás por días sin darme señales de vida,” susurró la frustrada y decidida HiME. Ella frunció el ceño. “Aparte que pareces olvidar lo fuerte que realmente soy.”
“Fufu, nunca lo dudaría de mi estimada hija~ pero no estoy tan viejo como para que necesites soportar todo mi peso. Deja a un padre encargarse de sí mismo.”
“Tú deja de hablar tonterías, sabes que no soy tu hija…”
“No te canses con anticipación, nunca sabes cuál será la demanda que te espera, justamente por tratarse de una emergencia.”
“Eso tendré que decidirlo yo…” enfocó su vista hacia el frente. No iba tan rápido como hubiera querido, precisamente por su decisión de cargar su pesada arma, pero continuó convencida de hacerlo. “Ya parece que estamos cerca. Sólo espero que las tres estén todavía a salvo.”
“A pesar de su comportamiento temperamental, tu kouhai será cuerda para mantenerse al margen, sobre todo si te está esperando, Suzuka, y sus dos compañeras poseen un buen juicio. Ellas te oirán, todas te consideran una líder y la HiME con más experiencia. Así que, espero que sepas qué les dirás ni bien llegues.”
“…” Suzuka se quedó en blanco un momento. No lo había pensado con claridad, sólo se encontraba acudiendo al llamado. “Yo no sé siquiera qué es lo que iremos a ver, no puedo anticiparme a nada aún…” afiló sus ojos. “Pero tengo en claro que no dejaré que las otras corran un peligro innecesario. Esta vez actuaremos de manera más sensata. Yo seré la responsable en caso algo suceda…”





“Hm… te me haces irreconocible… Suzuka…”
“!!!” fue una voz profunda de ultratumba, la cual mencionó su nombre con un cambio de tono, uno que pareció dirigírsele despectivamente. La repentina sorpresa y la silueta mayormente negra de dicha persona a su costado le hizo blandear su espada, lo que hizo que este le esquivara.
“Tsk… pero no, definitivamente eres tú, la inepta HiME que casi causa que todas sus kouhai mueran hace unos días…” Matsui aterrizó a una prudente distancia de ella. Él ya usaba su capa tecnológica que escondía su rostro completamente.
“Tú fuiste quien las puso en tal peligro…” a pesar de sus palabras, Suzuka no estuvo en una posición de anticiparse a alguna agresión de su parte, incluso se mostró un tanto perpleja. De inmediato volvió a pensar en el mensaje de Fran. “Tú… ¿eres quien va a detener lo que ocurre?”
“Si tan sólo eso fuera cierto…” divagó con gran indiferencia.
“…” la HiME se impacientó.
“No soy lo suficientemente fuerte para enfrentar a quien les causará tantos problemas ahora… si es que tu propia memoria de cómo casi barrí con todas las demás HiMEs te deja saber con qué estamos lidiando ahora,” contestó con firmeza. “Fufu…” y su tono se contagió de leve burla. “…difiero en que fui yo quien las expuso a aquel riesgo. No puedes culpar a un monstruo como yo de actuar como tal, no es mi culpa que una HiME que sí nos conocía a waka-sama y a mí haya llevado a las demás frente a nosotros. Ninguna de ustedes debió pisar ese muelle esa noche.”
“Tch, no demos vueltas al asunto, si tú no vas a solucionar esto, ¿qué estás haciendo aquí?”
“Alargando la emergencia.”
“Eh…” se confundió.
“A diferencia de ustedes, yo puedo prolongar esta etapa de ‘incubación’ hasta que el verdadero encargado finalmente se ose a llegar. Puedo adentrarme a la niebla roja sin problemas.”
“Niebla roja… entonces, es la misma persona quien casi ocasiona un desastre durante la noche de inauguración…”
“No hay necesidad de decir lo obvio.”
“…” sintió tangibles nervios. “Esas orphans son imposibles de derrotar por completo. ¿Qué se supone que debamos hacer aquí?”
“Hmhm…” Matsui rió para sus adentros.
“Tsk…” detestaba lo mucho que ese incógnito Rebel al cual incluso desconocía su nombre parecía no importarle nada en lo absoluto, para atreverse a ser tan despectivo con las HiMEs.
“Aquel no es mi problema…” entonces, el Rebel miró de reojo a un costado. Por la pausa que se habían dado luego de la agresión de parte de Suzuka, los dos acababan de ser alcanzados por un grupo de tres.

“Eh…” Cho se notaba perdida y miraba anonadada a aquel desconocido Rebel. A su costado, Kashuu andaba al pendiente de ella.
“¿Te sientes bien, aruji?”
“S-sí, no te preocupes,” a pesar de sus palabras, la peliceleste llevó una mano a su sien.
“Ehm…” y detrás de Cho, una asustadiza y tímida Kosuzu observaba al encapuchado con curiosidad y ligera aprehensión. “¿Ese señor es el Rebel del cual me contaron?”
“Ustedes…” Suzuka se preocupó por ver a los tres. Por más que sabía que Cho tenía más experiencia que la mayoría, la simple memoria de aquellas orphans casi le hacía desear que Fran hubiera abogado por que huyeran de inmediato.
“Tsk…” por su parte, Matsui se impacientó. Definitivamente estaba perdiendo tiempo valioso, por lo cual regresó a correr camino al punto de interés.
“¡E-espera!” y Suzuka se apresuró para tratar de no quedarse atrás.
“¡O-oye, Suzuka!” Kashuu intentó pedirle que les esperara considerando que los tres llevaban apurados y por ende cansados desde que los mensajes empezaron a llegar, aunque les tocaría llegar un poco más tarde que ella.

Sabía que ese Rebel tenía mucha información que se negaba de darle, pero Suzuka tampoco podía ponerse a pensar en qué preguntarle. Si este se iba a negar a decirle cómo lidiar con las orphans, quizás era un caso perdido intentarlo, aunque aun así no podía darse por vencida.

Sin embargo, algo distinto pasó. Matsui desaceleró lo suficiente para permitir a Suzuka correr a su par y ni bien ella le dio el alcance, optó por cortar con su silencio.

“La persona responsable de este desacato está relacionada a los sucesos del muelle,” observó Matsui, inmutado.
“¿C-cómo así?” Suzuka no podía pensar en haber visto a alguien más… y pasó a sorprenderse. “Espera, ¿acaso es quien enloqueció a los civiles presentes?”
“Fufu, no, ya quisieras que fuera tan fácil. Si tan solo los verdaderos malos se pudieran controlar con tanta facilidad.”
“Tsk, no haces sentido,” se impacientó.
“Te digo algo que puede serte útil…” hizo una leve pausa.
“…” no podía verle, pero por más que se orientaba hacia el frente, Suzuka casi podía sentirse directamente observada por el otro debido a su intensidad.
“Aquella HiME que terminó lastimada en el muelle… no la acerquen a la niebla,” dijo con severidad. “Porque, si lo hacen… ella no será la única que resultará maldita…
“Eh… ¿qué quieres decir…?”
“Toma mis palabras como decencia común. Evita darle a ese futuro Rebel una injusta ventaja…” y ni bien dijo esas palabras, volvió a acelerar su andar.
“…” Suzuka se impacientó y nuevamente volvió a esforzarse para no quedarse tan atrás.

“Lo siento… lo siento, sé que soy muy lenta…” se disculpaba Kosuzu repetidamente.
“Descuida, yo tampoco estoy del todo en forma…” Cho asintió mientras continuaba el avance.
“Se cansarán menos si no hablan en exceso, pero ya debemos estar cerca…” observó el arma, atentamente y a la expectativa de lo que estaban por ver.
“…” Cho fruncía el ceño. Estaban cerca… no, a su parecer, ya estaban en el recinto.
“Aruji…”
“Eh, s-sí…” ella se despertó al notar que Kashuu le miraba atentamente.
“Sé que realmente quieres apoyar a las demás HiMEs, pero todas van a entender si no estás en condiciones de hacerlo,” le recordó. “Por favor no te fuerces a participar en esto.”
“Tendré cuidado, Kashuu, gracias por preocuparte por mí,” Cho sonrió frustrada. Sabía que había tenido un roce muy cercano con la muerte aquella noche del puerto, pero incluso con ello en mente, no dejaba de impacientarse por el hecho que la debilidad que arrastraba continuaba sin aliviarse en lo más mínimo. Era como si no pudiera recobrar su usual estado de salud. Aunque en esos instantes no era lo más alarmante para ella… “Puedo ver la niebla roja de la inauguración.”
“¿Eh?” Kashuu se sorprendió.
“Senpai, ¿en serio?” Kosuzu se asustó un poco.
“Supongo ustedes no la pueden ver…”
“…si ese es el enemigo que nos espera, entonces con más razón no deberías exponerte a aquel peligro, aruji. Ya dependimos de este Rebel y su aliado la vez pasada. Nosotros no tenemos nada que hacer aquí,” observó el arma.
“Eso es lo que pienso. Lo único que quiero es asegurarme de prevenir que alguien salga lastimado o que inocentes se involucren,” Cho asintió. “Te prometo que seré prudente.”
“…” Kashuu bajó su mirada. Ahogó un deseo de chasquear la lengua para no desalentar a su ama, pero a su vez, sabía que ella podría descuidarse sin siquiera darse cuenta. “Que tú puedas ver la niebla tan claramente y que esta sea invisible para nosotros nos da la idea que lo mismo se repetirá que la vez anterior. Te hará mal, y cuando eso suceda, mereces que te traten como alguien quien ha sido lastimado y necesita evacuar. Que ese sea el caso.”
“Sí, entiendo…”
“…” no, quería, pero no podía confiar en sus palabras.

Finalmente, el camino de árboles les condujo a un área abierta donde los demás pudieron ver más que una simple niebla roja. A esas alturas, dicha materia rojiza se había formado semejante a un perímetro con paredes de dicho color que se veían macizas, pese a portar aquel extraño tono. Por encima del enclaustro, sin embargo, la niebla sí se esparcía vertical y difusamente, no dando indicación del fin de su alcance. Incluso daba la impresión de que se expandía con lentitud.

Cho no necesitó evidenciar el espacio para detectar un color rojo que llevaba alertándole desde el camino. No obstante, mirar a dichas paredes hechas de una supuesta densa niebla escarlata le hizo sentir un dolor en los ojos semejantes a los de mirar directamente al sol, sólo que no visualizaba luz intensa. No, más bien… a su parecer, el vívido color de la niebla se había oscurecido y esa ‘construcción’ más se asemejaba al de un color opaco propio de un órgano o entraña animal. Se preguntaba si los demás lo veían de la misma manera.

“¡…!” y nuevamente, oyó aquel grito desgarrador dentro de su cabeza que le hizo estremecerse. Era esa voz que la asechaba, ese indescriptible grito que no había sido parte de su propia experiencia de vida, y aun así, hacía aparición en su mente repetidamente.
“Aruji…” Kashuu le agarró de un hombro, una leve acción que probó ser necesaria puesto a que la peliceleste tambaleó en medio de su ensimismamiento.
“…” Kosuzu miró a Cho con preocupación, pero su atención de inmediato se pasó a sus compañeras de la secundaria, quienes apenas intercambiaban palabras con el Rebel.




“¿Dices que esta estructura está por expandirse?” le cuestionó Tenshi con desconfianza y alzando una ceja.
“No te creas que es un sólido lo que ves, por más que lo parezca. Ustedes no conocen al demonio que se esconde adentro,” explicó el encapuchado. Este caminó hacia dicha pared, lo cual hizo que más de una HiME tuviera el impulso, pese a no llevarlo a cabo, de advertirle que desistiera. De todos modos, él no hizo más que mirarlo de cerca un momento, hasta que dio un suspiro. “Y es claro para mí. Este umbral se expandirá proporcionalmente a la cantidad de gente que entre al mismo. Es mejor no perturbarlo.”
“Tsk, pero bien nos han dicho que estemos atentas a detener su avance. ¿Entonces qué hacemos?” volvió a quejarse la peliceleste, quien sin duda no tenía reservas ante dicho Rebel que fue tan peligroso hace algunos días.
“…se expandirá de todos modos. Es una locura adentrarse a incentivar su crecimiento, pero si los auxilios se tardan en llegar y la expansión amenaza con alcanzar a los transeúntes, todos nosotros debemos estar lo suficientemente locos para hacer el intento. Eso es lo que se espera de quienes se convierten en fichas de ajedrez…” Matsui rió levemente para sus adentros. Había ‘socializado’ demasiado para su gusto con las HiMEs, por lo cual se haría el favor de desaparecer de ese ambiente. “Pero ustedes hagan lo que quieran, no son mi responsabilidad. Yo iré a ralentizar la expansión por dentro. Si alguna de ustedes me iguala en locura, supongo nos veremos en el interior tarde o temprano.”
“¿Cómo se supone que ayudaríamos con eso?” preguntó Suzuka.
“Peleando contra esas orphans inmortales, por más peligroso e inútil que sea. Vale la pena mientras no sean derrotadas…” empezó a caminar para atravesar la pared. “Fufu… y pensar que alguna HiME será eventualmente asignada a este monstruo…”

Fue como dijo. La ‘pared’ se asemejó a un holograma en lo que el encapuchado Rebel la atravesó. Las HiMEs intercambiaron miradas y no tardaron en alarmarse cuando, en un movimiento violento y sutil como un parpadeo, la realidad cambió a tener dichas paredes delimitar un espacio más grande y más cerca de todas ellas.

“¡Ehh!” Kosuzu casi se cae para atrás.
“No debería esperar que una manifestación mágica respetara un movimiento tangible o que se ajuste a las leyes de la física, pero…” Saki llevó una mano a su mentón.
“Es preocupante, y si esa persona que anda adentro es quien conjuró las orphans de la vez pasada, estamos lidiando con alguien muy peligroso…” agregó Tsubasa, meditabunda.
“Suzuka, ¿qué deberíamos hacer?” preguntó Tenshi a su senpai, decidida. Ella apretó los puños. “Ya hemos aprendido, y sobre todo yo, que pelear contra ese enemigo es inútil, pero tampoco podemos quedarnos de brazos cruzados. ¿Qué piensas?”
“…” Suzuka asintió con solemnidad. Miró a los presentes un momento antes de observar en la dirección en la cual el Rebel se había sumergido al enclaustro. “Él tiene algo que nosotros carecemos, lo cual es experiencia con este suceso en particular. No podemos decir que haríamos una diferencia como él ya lo demostró el día de la inauguración, así que tendré que darle la razón al decir que nosotros sólo nos involucraremos si juzgamos que el riesgo vale la pena. Quedémonos al pendiente de que no se expanda demasiado, lo volveremos a evaluar después.”
“…” Kashuu asintió y dio un par de pasos hacia delante. “Me parece bien. Y ahora que sabemos con certeza lo que ocurre, espero que entiendan lo que estoy por decirles…”
“Kashuu…” Cho le miró con ligera aprehensión. Lo veía venir.
“Pido que aruji sea excusada de tener parte en este suceso por su propio bienestar, ya que continúa con rezagos de los eventos del muelle,” afirmó con certeza.
“…” Suzuka se impresionó ligeramente por la firmeza y autoridad con la cual el arma se había expresado. Notó que Saki y Tsubasa intercambiaron miradas, y fue Tenshi quien rompió el silencio.
“Sí, no te preocupes, en verdad que estoy de acuerdo,” Tenshi asintió. “Esperaba que ustedes no vinieran ahora, a decir verdad.”
“Eh, Tenshi..,” comenzó Cho.
“No es por desprestigiarte o menospreciarte de ninguna manera, Cho, pero todavía tengo presente lo que pasó esa noche. Por supuesto que te mereces descansar,” afirmó la peliazul. Desvió su mirada. “Yo también estaría más tranquila si sé que te darás una oportunidad de recuperarte como debido.”
“Entiendo cómo te sientes, Tenshi,” comenzó Suzuka, pensativa. “No pienso dejar que ninguna corra un riesgo extremo, y menos si no están en condiciones de funcionamiento normal.”
“Bueno, me alegra oír eso,” Tenshi sonrió aprobatoriamente. Sin embargo…
“Por eso tú también tienes terminantemente prohibido ingresar a la niebla, Tenshi,” concluyó la peliblanca.
“Eh, ¿qué dices?”
“Tú también saliste lastimada de esos sucesos y continúas recuperándote. Por ello mismo sé que tampoco podrás darlo todo de ti y estás en una gran desventaja,” se explicó. Sabía que su kouhai no le oiría si le contaba sobre la advertencia del Rebel al ser rebelde a su manera, por lo cual no iría a mencionarlo de momento. “Estoy segura de que cualquier señal de debilidad puede jugarnos una mala pasada y no amerita que cometamos alguna imprudencia. Tenemos los ojos encima en Hanasaki por haber hecho eso el otro día.”
“Eh, pero, o sea…” la peliazul estaba alarmada y miró de un lado al otro a manera de percatarse quiénes les rodeaban. “Si Cho y yo no podemos ayudarte, nos quedan Saki, Tsubasa y Kosuzu,” ni bien lo mencionó, ellas tres se vieron perplejas, con distintos niveles de nervios y quizás no muy a gusto con la idea de que alguien más las haya remotamente voluntariado. “Y pues, ellas no tienen tanta experiencia. Tú tendrías mucho por hacer, Suzuka.”
“Lo sé, pero no te preocupes por mí,” afiló sus ojos. “Soy fuerte, puedo pelear contra las orphans el tiempo suficiente para que lleguen los encargados.”
“¡Te apuesto a que no puedes garantizármelo! ¡No digas cosas por decir!” reclamó casi al punto de lanzar una rabieta. “¡Y mucho menos me sobreprotejas si ya soy HiME, estoy prácticamente bien al cien por ciento!”
“La idea es que no cometamos ninguna imprudencia, Suzuka, pero tus palabras lo suenan,” observó Cho, con leve inquietud.
“Aruji…” Kashuu se preocupó.
“¡Sí, precisamente eso! ¡Que seas la senpai de todas no te da inmunidad!” continuó Tenshi.
“No lo da, pero con tal de proteger a los demás de Rizembool, si se da ese momento ‘loco’ en que tenemos que darlo todo de nosotras, estoy cometida a hacerlo…” la peliblanca asintió con firmeza. “Y también soy mayormente responsable por lo ocurrido en el muelle aquel día, en particular por todas ustedes, y sobre todo por ti, Tenshi, porque me seguiste desde el inicio. Así que, esta vez seré adecuadamente responsable y velaré por el bienestar de ustedes por encima de las circunstancias.”
“¿Pero y qué es de ti?” insistió.
“Estoy de acuerdo con Hinanawi-san, no podemos descuidarla a usted,” se sumó Tsubasa. “Personalmente entiendo que mis habilidades no se prestan aún para ayudar contra enemigos tan fuertes, pero si usted va a ponerse en peligro, al menos alguna salvaguarda necesita estar puesta en pie para asegurarnos que puede huir si la situación se vuelve desfavorable.”
“Sí, eso suena justo, no sé si contamos con algo así, no obstante…” Saki desvió su mirada.
“Eh…” y curiosamente, la pequeña Kosuzu levantó su mano. “Pues… todavía lo estoy practicando, pero… tengo la habilidad de invocar a otros a mi costado. S-sí algo se vuelve peligroso, podría intentar hacerlo para apartarle de las orphans…”
“Hm, esa suena a una habilidad útil, pero, ¿eres capaz de controlarla?” preguntó Suzuka.
“Todavía lo estoy entendiendo del todo. El otro día medio que causé estragos, ¡a-aunque prometo que mi magia no va a causarles ningún percance como la vez pasada, en serio!”
“¿De qué percance hablas?” la peliblanca alzó una ceja.
“Es una larga historia…” Cho podía recordar lo que Roxas le había dicho al respecto.
“Si quieren cerciorarse de que ello va a servir, pueden aprovechar el tiempo para hacer un simulacro y ver cómo la magia funciona entre ustedes,” dijo Kashuu, quien ya estaba cruzado de brazos. “Ahora, si me disculpan, aruji y yo tenemos que retirarnos.”
“Eh, no aún, Kashuu, al menos tengo que estar informada con lo que sucede,” le pidió la peliceleste.
“Tenemos el visto bueno de ir. Sé que no lo dices, pero este espacio a nuestro costado te está causando debilidad nuevamente. No es seguro que te mantengas aquí por más tiempo.”
“Lo sé…” ‘pero…’ sentía que no podía desentenderse como la HiME senpai que supuestamente era para las otras.

Y entonces, Suzuka vio que su arma brilló y finalmente, Norimune hizo aparición.

“Ah, permíteme un momento, estimado bouzu,” comenzó el arma mayor.
“Tch, ¿qué haces apareciendo de la nada? Te me haces más útil cuando no tienes una boca con la que hablar,” se quejó Kashuu.
“Tanta osadía a tus mayores, kuso bouzu,” Norimune sonrió con perspicacia. “Sin embargo, no puedo dejar que un comentario tan ligero de tu parte pase desapercibido, o hasta aceptado.”
“¿A qué te refieres?” alzó una ceja. “Estoy abogando por mi aruji. Ella no tiene por qué adherirse a ningún estándar que perjudique su salud.”
“Oh, descuida, estoy completamente de acuerdo contigo al respecto. Hubiera apoyado que ustedes dos ni hayan respondido al llamado. Tienen todo el derecho de ausentarse, considerando al par de HiMEs que no vinieron por andar ocupadas en competencias civiles.”
“No es para recriminarles, Norimune, tienen todo el derecho de no involucrarse, Fran misma fue quien hizo hincapié en que no tenemos una mayor responsabilidad aquí,” le recordó Suzuka.
“Lo cual es muy cierto, y es algo que se aplica a todas, incluida tú,” el arma le miró fijamente, sin borrar su sonrisa, sin siquiera rendir su tono juguetón de voz, aunque sus ojos indicaban que no se encontraba bromeando. “Aplaudo la buena voluntad de tus kouhai de pedirte que te cuides a ti misma, pero me negaré a que una muy voluntariosa y aprendiz HiME practique su incierta magia en medio de lo que puede convertirse en una emergencia. Creo que podemos recordar el efecto que su entrenamiento con el buen Roxas desencadenó la vez anterior. Si la invocación resulta en que yo me desligue de ti al menos por un momento y sea incapaz de servirte como un arma, no sé qué podría ser de nosotros.”
“Eh…” ello le hizo recordar a Kosuzu que precisamente esa arma le había dado aquella advertencia de no usar sus poderes en él. Y justamente, se vio dirigida por el mismo. “Ehh…”
“Ya lo hablamos la vez anterior, ¿no es así?”
“S-sí, señor, lo siento, no quiero ir en contra de su voluntad…”
“Yo sé que no, no es nada más que un cordial recordatorio,” le aseguró con una sonrisa.
“Norimune…” Suzuka no sabía qué esperar de él. Para asemejarse a un supuesto ‘padre’ que se iba a comprar pan por años, en ocasiones se tornaba extrañamente intenso y estricto. “Entiendo tu punto, pero si llegamos a una emergencia que lo amerite, deberíamos hacer el intento. Es mejor que no tener ningún recurso.”
“Yo personalmente optaré por considerar dicha desesperación como un acto condenable en estos instantes. Si quieres mantenerte como el pilar que protege a las demás, entonces aprende a actuar como tal,” afiló sus ojos. “Porque hasta ahora más pareces la persona que las metió a todas en problemas.”
“Eh…” ella se impactó un poco y desvió su mirada. “Tsk… no sé qué esperas de mí, no hay opciones ahora.”
“Hay muchas opciones porque no estamos contra la pared. Tenemos tiempo, calma tu mente y analiza lo que hay que hacer. Y al igual que el bouzu que cuida de su propia HiME, si llegamos a la conclusión de no involucrarnos en este caso, no hay pena en descartar el comportamiento suicida del Rebel que se adentró por su cuenta. No somos él, como bien lo has dicho, Suzuka.”
“Sí, que se pudra ese pedante Rebel, no tenemos por qué hacerle caso,” resopló Tenshi, impaciente. “Pues, si tú decides que yo no tengo permiso de actuar, entonces yo tampoco te lo doy, Suzuka, no si sólo andas lanzándote a la boca del lobo. Así que piensa en qué más deberíamos hacer ahora.”
“…está bien…” tuvo que tragarse su orgullo, incluso si no se veía convencida. No estaba acostumbrada a trabajar con otras personas aún. “No tengo ninguna respuesta en mente, pero han sido claras, así que pensemos qué podemos hacer,” dio un suspiro. “Quisiera darles más certeza de mi posición como mayor a ustedes, pero reconozco que sólo hago lo que puedo.”
“Está bien, no hay nada de malo en ello, puedo entender por qué dijiste lo que dijiste,” Cho asintió y bajó su mirada. “Siento si no puedo dar de mi parte esta vez.”
“No, descuida, nos toca cuidarnos a nosotras también,” le aseguró, con una leve sonrisa.

Nuevamente, Kashuu notaba que su aruji continuaba sin intenciones de retirarse, hasta hablando sobre su ausencia como una posibilidad en vez de certitud. Sabía que era parte de su temperamento, pero realmente debía irse en ese momento, y ella se negaba a oírle.

Tendría que insistirle hasta que le oyera, y si la realidad estaba dispuesta a cooperar, los encargados en llevar lo que ocurría a su fin no debían tardar mucho más, por más que no sabía nada sobre ello.

Sólo le tocaba esperar a que su aruji pudiera resistir el tiempo suficiente.



Kana

El laboratorio improvisado en el comedor de la mansión de Vincent en Lancannia era una auténtica atrocidad estética. Mesas de caoba desplazadas, cables gruesos como serpientes cruzando la alfombra persa y una estructura metálica que híbrida entre un colisionador de partículas y una jaula victoriana, ¡sí! habían usado una jaula victoriana para armar una parte. Kana se preguntó; ¿por qué Vincent tenía una jaula así en su mansión?

Cain ajustaba un par de tuercas con desdén, resintiendo de pronto la faja médica sobre su lesión recordándole que existía esa herida. La verdad, se había olvidado por completo. A su lado, Ratio Verita revisaba las lecturas en una pantalla portátil, acomodándose las gafas con la serenidad de quien realiza un experimento cotidiano.

—La frecuencia cuántica de la masa orgánica debería resonar con el campo magnético del estanque de energía —explicó Ratio, tecleando un comando sin mirar a nadie —Pero necesitamos un sujeto de prueba con densidad molecular similar a la masa humana.— miró a Cain.

—No voy a poner a un gato—sentenció Cain, lo miró con frialdad —Y mucho menos a uno de los sirvientes. Sería molesto limpiar el desastre y llenar los formularios de baja... Y buscar reemplazos.— entrecerró los ojos. —Tal vez deberíamos poner a Henry aquí, para hacer las pruebas.

—Sí, así te quedas con su título. Ah, pero espera...— Ratio lo miró con burla. —Ni siquiera eres un Lancaster en esta realidad. Tengo algo mejor que Henry— Ratio se fue y volvió cargando un monumental trozo de carne sobre el hombro. Dejo sobre una mesa un costillar de res congelado, el cual mantenía densidad, humedad y tejido proteico ideales y similares a los de un humano.

Kana, que estaba sentada en un rincón los observó con aprensión.

—¿Están seguros de esto?—preguntó Kana, poniéndose de pie —Eureka viene en camino. Dijo que usaría su energía de HiME para potenciar la máquina cuando llegue. ¿Ese trozo de carne está simulando el impacto del salto que ella tendrá que soportar? ¿No es peligroso para ella?

—Por ende, querida niña, es mejor que la res sufra el estrés molecular y no tu amiga—respondió Ratio con una apatía exasperante —Cain, coloca el sujeto de prueba en la cámara de contención.

Cain tomó el voluminoso costillar de vacuno no sin antes ponerse guantes y lo depositó sobre la plataforma central de la máquina. Cerró la "escotilla" echa de una hojalata, asegurando los tres cerrojos con clics metálicos.

—Iniciando secuencia de presurización cuántica en tres... dos... uno —anunció Ratio con voz monótona.

La máquina emitió un zumbido grave que hizo vibrar la vajilla de porcelana en los vitrales lejanos. Luces azules y violetas comenzaron a arremolinarse en el interior de la cámara. El costillar flotó por un segundo, envuelto en una neblina electromagnética.

—La estabilidad molecular está al noventa por ciento...—murmuró Cain, ajustando un dial en la consola —Aumentando potencia a doce kilovatios...

De pronto, un chisporroteo agudo cortó el zumbido. El sonido cambió de un tono grave a un alarido metálico insoportable que hizo que los tres se taparan los oídos. Las luces de la cámara pasaron de azul a un rojo encendido.

—Esperen... la masa no está absorbiendo la carga, ¡la está devolviendo! —advirtió Ratio, aunque su tono apenas alteró la línea recta de su voz.

—¡Apaguen esto ahora!—gritó Kana, corriendo hacia la consola.

—No toque los mandos....—ordenó Cain con frialdad, intentando reconfigurar la frecuencia incluso dándole mayor carga de kilovatios y los volteos —Es solo una sobrecarga de contención...

—...— Kana quedó paralizada, porque vio que ninguno de los otros dos parecía inmutarse. Sabe que es un trozo de carne de res lo que está adentro de la máquina, pero, ¡¿Y si fuera Eureka?! Estaba preocupada de dejar la seguridad de su amiga en mano de esos dos locos.

Un estruendo ensordecedor sacudió la mansión. La estructura de metal no soportó la presión atómica y saltó en mil pedazos. La escotilla de cristal salió disparada, los engranajes principales salieron proyectados como metralla y el anillo central de inducción estalló con una onda de choque electromagnética.

El costillar de vacuno, sometido a una aceleración cinético-molecular extrema, salió disparado a una velocidad cegadora directo hacia la pared principal del comedor. Si alguno de los tres hubiera estado en el camino del trozo de carne, hubieran quedado pulverizados por el impacto.

¡BOOM!

El impacto contra el tapiz victoriano y la mampostería de piedra fue brutal. El trozo de carne no solo reventó al colisionar, sino que se desintegró en una mancha roja, húmeda y grotesca que cubrió la pared, mientras que los componentes pesados de la máquina, dos cilindros de acero y el eje central, atravesaron el muro como si fuera de papel.

Un agujero gigantesco de más de dos metros de diámetro quedó abierto de par en par, dejando ver el jardín exterior inundado por la niebla nocturna de Lancannia típica de las afueras de Londres, con escombros de piedra y polvo flotando en el aire.

Hubo un silencio absoluto entre los presentes. Un zumbido molesto tenían en sus oídos debido a la explosión. Un humo denso salía de los restos humeantes del tablero de control.

Kana estaba tirada en el suelo, habiéndose cubierto la cabeza en el último segundo antes de terminar decapitada por un pedazo de metal volador. Al abrir los ojos y ver la mancha en la pared; lo que quedaba del costillar de res totalmente pulverizado, sintió que el corazón se le salía del pecho.

—E-Eureka... —balbuceó Kana, con los labios temblando y la respiración se le entrecortó —. Ese... ese trozo de carne... si hubiese sido Eureka... ella habría... Terminado así.

Se puso de pie de un salto, con los puños apretados e indignada. Miró a los dos responsables del desastre.

Cain estaba de pie frente a lo que quedaba de la consola, sacudiéndose una fina capa de polvo de la solapa de su camisa. Se acomodó los lentes de sol Versace con parsimonia sin verse en lo más mínimo afectado por lo sucedido.

—Claramente la aleación de magnesio no soporta la inducción... Te lo dije.—comentó Cain en voz baja, miró de reojo a Ratio y luego sacó una libreta pequeña del bolsillo para anotar algo —Tendremos que usar titanio reforzado para el marco exterior.

Cain, caminó con calma hacia el agujero gigante en la pared, esquivando los escombros. Inspeccionó el borde de piedra roto y luego miró la mancha de sangre en el tapiz.

—Interesante —dijo Cain, pasando un dedo por la superficie de la pared tocando la sangre para analizar los residuos —La energía cinética aumentó de forma exponencial en lugar de lineal.

—La carne no fue destruida por la electricidad, sino por la fuerza del impacto tras la expulsión espacial. Un fallo fascinante en la curva de transferencia.— Ratio le siguió, observando el mismo punto que Cain.

—¡¿INTERESANTE?! ¡¿UN FALLO FASCINANTE?! —estalló Kana, su voz retumbando en la sala destruida —¡¿Tienen idea de lo que acaba de pasar?! ¡Ese costillar representaba a mi amiga! ¡Iba a ser Eureka la que terminara pulverizada contra la pared y ustedes lo dicen con tanta normalidad!

Cain la miró de reojo sobre el marco de sus gafas, absolutamente inmutable.

—Cálmate... Para eso sirven las pruebas con materia inerte. El animal murió hace horas; dudo que le haya dolido esta segunda muerte.

—¡No hablo del vacuno, imbécil insensible! —chilló Kana, señalando el boquete en la pared por donde entraba el viento helado del jardín —¡Hablo de Eureka! ¡Hablo de Allen! ¡Están jugando con vidas humanas como si fueran piezas de ajedrez en su estúpido laboratorio de científicos locos!

—...— Cain intentó entender la sensibilidad de la joven, pero en su matemática forma de pensar lo le encontró sentido. —¿Tienes más amigas?

—¿Qué?— lo miró con ira. —¿Acaso insinúas que pueda reemplazarla si algo le pasa?

—¿Qué tanta valía social tiene tu amiga? ¿Padece de una enfermedad incurable?— Insistió Cain, sin fines de hacerla enojar sino que era el cuestionamiento que cualquier médico y científico se hace al momento de decidir conservar una vida, darle fin o hacer lo esperado a favor de la ciencia.

—¡Psicópata!

—Mocosa histérica —intervino Ratio, cansado de los reclamos de la HiME, volviéndose hacia ella con una mirada cargada de superioridad —Si no hiciéramos estas pruebas, tu amiga de verdad terminaría incrustada en esa piedra. Deberías agradecer que descubrimos la falla estructural antes de que esa HIME pusiera un pie en la plataforma. Ahora sabemos que debemos estabilizar los amortiguadores cinéticos.

—¡A ninguno de los dos le importa si salimos vivos de esto! —Kana apretó los dientes, sintiendo mucha rabia —Tú solo quieres recuperar tu estatus de rico consentido —señaló a Cain—, y tú solo quieres hacer un experimento raro para entretenerte —señaló a Ratio —¡Allen desapareció de la faz de la tierra y a ustedes solo les preocupa la física!

Justo en ese instante de máxima tensión, las dobles puertas del comedor se abrieron de par en par. Vincent Lancaster entró a toda prisa, ataviado con su bata de seda, completamente descompuesto por el estruendo de la explosión.

Se detuvo en seco al pisar los escombros. Se quedó con la boca entreabierta, los ojos abierto de par en par recorriendo la escena: el agujero gigante por el que se filtraba el viento helado de Lancannia, la máquina destrozada echando humo, y sobre todo, la espantosa mancha carmesí que cubría el tapiz victoriano.

—¡Dios salve a la Reina! —exclamó Vincent, llevándose las manos a la cabeza, totalmente preocupado —¡Pero qué ha pasado aquí!

Kana pensó que el profesor iba a colapsar de un infarto por haber arruinado la mansión ancestral de su familia. Pero, para sorpresa de la joven, Vincent ni siquiera miró el muro roto ni el costo de los daños materiales. Corrió directo hacia donde estaba Kana, tropezando torpemente con unos cables soltados, y le tomó los hombros con una mirada desbordante de angustia paternal.

—Kana, por Dios, ¿estás bien? ¿Estás herida? —preguntó Vincent con la voz entrecortada, inspeccionándole el rostro con absoluta preocupación —¿Y ustedes dos? ¿Están enteros?— como pudo, agarró a Cain y lo inspeccionó. Quizá era el jardinero, pero también podía ser su hijo ilegítimo (?) de acuerdo al parecido entre ambos, así que debí asegurar que estuviera a salvo. Le limpió la mejilla con un pañuelo.

—Estamos bien, profesor... —balbuceó Kana, bajando la guardia al ver su genuina empatía.

Vincent suspiró con alivio al ver a los presentes a salvo, pero de inmediato empalideció cuando sus ojos se fijaron en la macabra mancha roja de la pared.

—Díganme que eso... que eso en la pared no es una persona...—pidió Vincent con la tez pálida como la nieve

Vincent se giró hacia Ratio y Cain, con una indignación que no solía mostrar jamás.

—Sólo es un costillar de vacuno.— aclaró Ratio.

—Me dijeron que esto era un procedimiento controlado—reclamó Vincent con severidad —No me importa que destruyan toda la mansión tratando de hacer volver al joven Walker, pero ¡No puedo permitir que se pongan en riesgo y arriesguen también la vida de la joven Eureka! Tienen que garantizarme su absoluta seguridad antes de volver a encender esa monstruosidad.

Cain rodó los ojos con aburrimiento, acomodándose nuevamente sus gafas Versace, mientras Ratio se ajustaba el puente de los anteojos sin inmutarse por el sermón sentimental de su amigo.

—Tu empatía siempre distorsiona la lógica, Vincent —respondió Ratio serenamente —Por eso mismo hacemos las pruebas. Nadie va a morir... a menos que no arreglemos la curva de transferencia a tiempo.

—Tío Vincent... Bebe un poco de "té" y ve a dormir.

Kana miró a Vincent conmovida, sintiendo que al menos había un adulto cuerdo y bondadoso en esa habitación llena de lunáticos. Luego miró con enojo a los otros dos, molesta por el trato despótico hacia Vincent Lancaster.

—El profesor Lancaster tiene razón. Antes de poner a Eureka en esa cosa debemos asegurar de que funcione bien.


Eureka

Me atacó una migraña maldita todo el día y ni he podido trabajar bien asjdkasd u_u lo siento.







La velada improvisada llegó a su fin cuando Eureka empezó a dormirse en el hombro de Madara, luego de haber compartido el pastel de chocolate con sus amigos entre risas y charla sin sentido. Tal parecía que el agotamiento de un día intenso como ese le había impedido trasnocharse aun a pesar de haber sido capaz de hacerlo. Según Oikawa, la HiME había estado despierta desde temprano porque había ido a la peluquería para arreglarse el cabello después de su intento desesperado de decolorárselo en casa.

“Parece… que algo la ha afectado muchísimo en estos días,” comentó Oikawa, mientras la veía dormir. “O tal vez es una suma de todo lo que ha pasado hasta ahora. Debo suponer que lo de Britannia-chan solo ha empeorado su estado de ánimo…”
“Mm.” Madara le sonrió. “¿Qué tal si hablamos de esto camino al hotel?”
“¿Eh?”

Antes de que Oikawa pudiera preguntarle más al respecto, Madara se levantó y comenzó a ordenar las cosas encima de la manta: recogió la basura y la metió en la bolsa del postre, hizo a un lado las toallas de Neuvillette y le colocó los zapatos a Eureka.

“¿Me ayudarías con Neuvillette-san? Hay que darle las toallas, sus zapatos y su ropa. Al fin y al cabo, no podemos meter un dragón al hotel.” El castaño le sonrió.
“…Sí, es cierto.” Oikawa asintió y se levantó.

El castaño se puso las zapatillas fuera de la manta en cuestión de segundos y, ni bien se aseguró de que no le entraría arena a sus zapatos, corrió como un rayo hacia la orilla.

“¡Hakuryuu-chan!” Lo llamó, ondéandole los brazos. “¡Ya tenemos que irnos!”
“¡♪~!” Neuvillette le contestó con una melodía… y al cabo de unos instantes, se vio rodeado de una luz cegadora que lo regresó a su forma humana. El Child nadó hasta poder caminar hacia su ‘padre’.

Una vez fuera del agua, Oikawa le extendió las toallas para que se secara.

“¡Sécate, sécate!” Le urgió.

Neuvillette las tomó y asintió en silencio. Le costó secarse y cambiarse en la arena, pero usó su propio poder para eliminar los granos que se habían anclado a su piel… en especial, a sus pies.

Por su lado, Madara dejó todo listo para que Oikawa le diera una última mano con la manta y la basura. Mientras divisaba cómo el Child se alistaba a lo lejos, el cantante se dispuso a cargar a la HiME en su espalda.

“Njrrr…” Los ronquidos silenciosos de Eureka eran casi imperceptibles aún en el ambiente silencioso de la playa a esas horas de la noche. Sin embargo, Madara podía escucharlos al tenerla tan cerca de su oído… y no pudo evitar soltar una pequeña risita ante la ternura que lo invadió.

Se notaba que su amiga estaba muerta del cansancio. Madara ni podía imaginar qué cosas le habían ocurrido antes de la cena con Lelouch, pero suponía que el cúmulo de todas esas experiencias (y de los hechos del fin de semana) la habían noqueado al punto de sumergirla en un sueño tan profundo que nada ni nadie sería capaz de despertarla en ese momento.

Y es que ni los crujidos de la bolsa de basura o todo el movimiento a su alrededor habían podido perturbar su sueño. Era increíble… y tal vez un poco preocupante.

“Ya volvimos,” anunció Oikawa, mientras llegaba a la antigua zona del pícnic junto a Neuvillette.
“Ah, Oikawa-san~ ¿podrías doblar la manta y agarrar la bolsa de basura?”
“Eh…”
“¿O quieres cargar a Eureka-saaan?” Madara le sonrió.
“Am… N-no, no es necesario. Hakuryuu-chan, tú agarra la bolsa.”
“Okay.”

Neuvillette se agachó y agarró la bolsa. Oikawa sacudió la manta y juntó sus extremos para poder doblarla de la misma forma que la habían encontrado en la maletera del carro del cantante.

Una vez listo, se giró hacia Madara.

“Y… ¿qué hacemos ahora?”
“Vamos al hotel. Podremos descansar unas horas en los cuartos que les reservé.”
“…¿Estás seguro de ello, Madara-chan?” Oikawa se veía un tanto dubitativo ante su propuesta.
“Lo siento, pero es muy tarde.” Madara le sonrió, un poquito apenado. “Estoy cansado y dudo que pueda manejar de regreso a Tokio. Además, no me gustaría pertubar el sueño de Eureka-san.”
“…Supongo que tienes razón.” Oikawa suspiró, resignado. “Y yo no sé manejar, así que no podríamos turnarnos o algo así.”
“¡Deberías aprender, Tooru-san~!” Madara lo golpeó en el hombro suavemente. “Uno nunca sabe cuándo será necesario.”
“…No puedo creer que te daré la razón de nuevo.”
“Jojo~”





Madara no había mentido al decir que el hotel se encontraba vacío a esas horas y lo comprobaron en vivo y en directo ni bien llegaron al lobby.

Bueno, si no había encontrado a nadie en el local a la 1 de la mañana, era imposible que la gente se manifestara a las tres y media. Sin embargo, la situación no dejaba de ser un poco rara.

Oikawa nunca habría imaginado que terminaría en ese lugar en la madrugada del jueves. Había tenido una semana tranquila desde su regreso del campamento… así que el cambio de rutina se le hacía un poco más extraño de lo normal.

Pero tampoco podía quejarse por el plan improvisado de viajar a la playa en la madrugada. No solo entendía que Madara lo había hecho para subirle los ánimos a su amiga, sino que también estaba al tanto de los deseos de Neuvillette. Habría sido un gesto muy lindo de su parte de no ser por la hora… Sin embargo, Oikawa estaba seguro de que su personalidad le impidó pensar en postergarlo para más adelante.

Además, existía la posibilidad de que Eureka le cancelara el plan con alguna que otra excusa. Tenía sentido que lo hubiera ejecutado de inmediato para evitar ciertos percances.

“Bueno, vamos a dejar a Eureka-san en su cuarto… y, si gustas, podemos hablar un rato en el mío antes de que nos vayamos todos a descansar,” anunció Madara.
“…E-está bien.” Oikawa asintió. No podía negarse… teniendo en cuenta que no habían hablado nada en el camino al hotel.

Y se notaba que Madara sabía más sobre el estádo de ánimo de Eureka… así que tenía que sacarle esa información a toda costa.

Neuvillette y Oikawa siguieron a Madara hasta el ascensor. El cantante les pidió que presionaran el piso tres y, entre risas, les contó que los cuartos de los cuatro estaban juntos. Tal parecía que esa época era temporada baja para la zona. O al menos… los viajeros y turistas preferían visitar otras ciudades y prefecturas de Japón a mediados de octubre.

Al llegar al piso designado, Madara los guió hasta la habitación que había reservado para Eureka.

“Ah, Tooru-san~ ¿Podrías sacar la tarjeta de mi bolsillo? Es la del 303.” Le pidió Madara. “Como verás, no tengo manos libres~”
“…Claro, no te preocupes.” Oikawa se apuró en hacerle caso.

Antes de que Madara le indicara, el key acercó la tarjeta al lector y luego de un “clac”, la puerta se abrió.

Neuvillette la empujó para permitirle el paso al cantante y a su “padre”. Luego de que ellos ingresaran a la estancia, el Child entró y cerró la puerta detrás de sí.

Oikawa se acercó a la cama y levantó las sábanas para permitir que Madara deposite a la HiME en ella. Y así fue: no tardaron en acostarla, quitarle los zapatos y arroparla.

En ningún momento Eureka hizo ademán de haberse despertado. Estaba completamente seca.

“Bueno, vamos a mi cuarto,” susurró Madara. “No podemos quedarnos aquí o la despertaremos.”

Neuvillette y Oikawa asintieron en el acto.


Cho


Hello gals <3

Para cualquier duda y/o consulta las invito a postear en el foro de planeación.

Sin más preámbulos~

*top 4*

*conteo*

Sayi :: 0 palabras
Nite :: 0 palabras
Cho :: 5430 palabras
Kana :: 1979 palabras
Eureka :: 1256 palabras
Puri :: 0 palabras
Mimi Tachikawa :: 2104 palabras
Mery :: 0 palabras
Apple :: 0 palabras
Miyu :: 0 palabras


Now, let's carry on with those big HiME dreams...


Kana

Con el grotesco agujero de la pared cubierto apenas por una mesa atravesada y una lona miserable que azotaba el viento helado de Lancannia, la nueva realidad comenzó a asentarse sobre ellos como un veneno azucarado conforme pasaban los días.

Kana caminaba por los jardines del castillo mientras el sol despuntaba con la tibieza melancólica propia de Europa con aquella clásica neblina de Inglaterra. Los primeros días, no se había despegado del laboratorio intentando aportar en cualquier cosa, pero conforme pasaba el tiempo, Henry le pedía que lo acompañara en sus eventos de sociedad y sus actividades. Ratio le aconsejó que acompañara al rubio para no levantar sospechas en los otros Lancaster al ver que Henry pasaba mucho tiempo en la mansión de Vincent en Lancannia.

Y no podía negar que estos días habían sido maravillosos, a pesar de la angustia que sentía por la ausencia de Allen y tener un posible fin del mundo sobre su cabeza gracias a la rajadura que hicieron en el espacio/masa/tiempo.

Si escuchaba el murmullo egoísta de su propia alma, esta línea temporal era muy grata. En este tejido reescrito de la historia, los traumas que la habían lastimado en el pasado estaban milagrosamente cicatrizadas. Los Nakiri, su familia materna, ya no la contemplaban con el desprecio reservado a los parias; incluso su tío Azami, aquel hombre de orgullo extremo e inflexibilidad tiránica, la reconocía ahora como una legítima heredera. Su linaje paterno, los Kise, había dejado de ser una carga abusiva y manipuladora: su padre vivía en un retiro ermitaño y contemplativo en las montañas, mientras que su hermano Ryota Kise sencillamente no existía o era parte de otra familia.

La vida se desplegaba ante ella con una ligereza que no dejaba de inquietarla. Le iba brillantemente en Hanasaki y la alta aristocracia era amable con ella gracias a Henry. Ah, Henry... ese joven dulce, hermoso y devoto, cuyos ojos calipsos la buscaban con un afecto que prometía traer el paraíso del cielo ante ella. Era fácil rendirse a la ilusión. ¿Acaso el destino no consiste, muchas veces, en aceptar la mentira que nos hace más llevadera la existencia?

“Podría quedarme aquí”, pensó, rozando con los dedos los pétalos de una rosa. “Podría ser feliz”

Pero la conciencia es un juez desollador y Kana siempre ha sido muy justo y culposa. La felicidad levantada sobre el borrado de otra alma, la vida de Allen, no es más que una tumba blanqueada. Allen Walker había sido erradicado del mundo. Kise no estaba. Quedarse en este paraíso falso significaba convertirse en cómplice del olvido a costa de dos personas a las que apreciaba. ¡No podía ser tan egoísta!

"¿De qué le sirve ganar el mundo entero si pierdo mi alma o condeno a otros a la nada?", se dijo con amargura. Sabía que debía destruir la fantasía y regresar a la línea original.

—¡Estoy de regreso!— Kana se presentó en el laboratoria improvisado, quitándose el ridículo sombrero de “damita” de sociedad. —¿Han avanzado en algo?— pero toda emoción se borró de su rostro al  ver que otro costillar estaba despedazado en la pared. —…—
—Cambié las ecuaciones, pero… aún falta un componente.— Ratio se frotó la sien.
—¿Dónde está Cain?
—Esa rata se tomó el día libre
—¿…Qué? Jamás ha tenido un día libre.
—Cain Lancaster, no. Pero el jardinero, se ausentaba mucho de sus labores… Creo que se está mimetizando con su yo del presente.



En una cabaña ubicada en el bosque en los lindes de Lancannia, Cain estaba en el porche de la cabaña, bebiendo whisky, completamente relajado mientras observaba el atardecer. Pasaba las hojas de la pila de periodicos que leía a diario, esta vez, ni siquiera se incomodaba de ver que los vi Britannia habían comprado otra empresa.
En su línea original, para Cain eso significaba trabajar el doble para escalar aún más: no se podía permitir que la familia vi Britannia tuviera más que la familia Lancaster.

Pero, por su parte, Cain experimentaba una conmoción espiritual aún más perversa: el alivio del despojo.

Ser el humilde jardinero de la mansión y no el pilar sobre el que se erigía el imperio de los Lancaster resultaba ser un bálsamo para su psique siempre sobre exigida. Por primera vez en la vida, conociendo el valor de la intrascendencia, disfrutaba de un "día libre". Si cometía una torpeza o caía en desgracia, no perdía nada, pues a ojos de la sociedad ya era un miserable don nadie. La pesada carga de resolver la vida de sus parientes, de controlar los hilos económicos y de ser el salvador de una familia podrida de avaricia había desaparecido de sus hombros.

Pensó en las obras de Fiodor Dostoievski y hoy en día le halló todo el sentido del mundo.

Incluso la tragedia de su hogar original había sido reescrita: sus padres no habían perecido en aquel trágico incendio provocado por la locura de su madre. Sus hermanos vivían sin la sombra de la perturbación mental de sus progenitores.

Pero su día perfecto tuvo que ser arruinado por ese ser que tanto aborrecía:

—Aquí estás…— el rubio le sonrió, amable. —Te estuve buscando todo el día.
—Fuera…— hizo como que prestaba atención a la lectura del periódico. —Es mi día libre, dejame en paz.
—¿Estás bebiendo whisky?
—Sí, ¿y qué? ¿Piensas que caeré desplomado bajo el efecto del alcohol o haré riña callejera como tu jardinero? Porque… Quizá no es mala opción.
—Eh…— Henry tuvo un poco de miedo de la actitud hostil de su “jardinero”, se sentó con mucho cuidado en la otra silla libre y contempló el atardecer.
—Es un sitio privado… No se aceptan personas.— le dijo sin mirarlo, con los lentes de sol que no se los quitaba por nada. 
—Pero… Soy el heredero de Lancannia. ¿Se supone que puedo estar aquí y donde quiera?
—No.— tomó un poco de whisky. —Esta pocilga es para los trabajadores…  Un sangre pura nunca debe poner un pie aquí con la servidumbre. Tu lugar ahora está en el gran castillo de Lancannia, en el escritorio principal resolviendo la economía siempre en fluyo, yendo a salones de té y fiestas de la elite. Henry… Eres el heredero, tienes mucho trabajo. No vengas a molestarme en mi día libre si no tienes ganas de hacer tu trabajo.
—Creo que cuando fuiste el hijo mayor manejabas mejor las cosas aquí que yo…— Henry suspiró. —Mi abuelo dice que no tengo mucho potencial.
—Él dice eso de todos. A mi también me lo decía todos los días y nunca me destruyó. Se va a morir pronto, aguántalo un poco más y ya no escucharás sus amarguras.
—…Eso suena muy cruel.
—No hay nada más real que lo que te acabo de decir. La muerte es lo único "cierto" en nuestras vidas.
—Bueno… Trataré de no escuchar tanto al abuelo.— volvió a mirar hacia el atardecer. —Cuando me siento afligido le pido consejos a Lelouch y me ayuda bastante. Confio mucho en él y me siento bien en su compañía.
—¿Dijiste… Que le pides consejos a Lelouch?— mantuvo la calma, quería pensar que escuchó mal.
—Sí.— asintió entusiasta. —Es mi primo favorito. Amo a toda mi familia y no debería tener favoritos, pero me gusta hablar con el primo Lelouch y pasar tiempo con él… Aunque casi no coincidimos en tiempos. Sus consejos me ayudan mucho a llevar las empresas de los Lancaster.
—…—
—¿Qué?
—¿El abuelo sabe de esto?
—No. Lo mantengo en secreto… Siento que se va a molestar si... ¡Ah!— recibió un golpe en la cabeza con el periódico y al mirar a Cain lo notó observándolo con desaprobación y juzgo —¿Qué pasa?
—¿Cómo se te ocurre pedirle consejos a Lelouch? Ése es nuestro rival financiero. Todo lo que diga lo hará para que SU familia esté por SOBRE la nuestra. Ah, pero tú vas y le confias todo…— bebió de nuevo whisky, frustrado. —Este mundo está en decadencia… Pero, bueno… al fin y al cabo, ¿qué me importa a mi las finanzas de los Lancaster? Ya no es mi responsabilidad.— sonrió con malicia. —Si esta familia se va a la mierda… El responsable no seré yo sino tú.
—…— Henry lo miró con preocupación.
—¿Te doy miedo?
—Sí… Porque piensas igual que mi abuelo y... que mi padre… Tienen un modo de pensar muy frío el cual no puedo alcanzar.
—Es el modo que tienen que pensar los Lancaster. En cualquier momento, “la mente se te abrirá y dejarás de ser tan tonto” supongo que todavía en Lancannia se cuentan las historias que en cierto punto de nuestras vidas nuestros “antepasados hagan posesión espiritual de nuestros cuerpos o simplemente nos volvamos locos”
—Eso no me da tranquilidad…— disimuladamente, le quitó el whisky. —¿Crees que podrías volver al laboratorio? Tenemos que volver a la línea original. Este mundo es perfecto pero corre un gran riesgo de colapsar por la energía que se desbordó. No podemos permitir que ocurra una tragedia.
—¿Sabes que si volvemos a la realidad yo volveré a ser el primogénito y arruinaré tu vida porque es mi deber controlarlos a todos?
—Lo sé.— le sonrió. —Pero estoy bien con eso. Creo que es mejor ser el segundo hermano que no tiene tantas obligaciones. Ser el primero es muy agotador.
—Tal vez yo quiera ser jardinero… y no tener nada que ver con los Lancaster.
—Quiero mostrarte algo.— le toma de la muñeca, jalándolo.
—No quiero que me toques… Y no quiero ir contigo, lunático. ¿Cómo sé que no me quieres decapitarme?— no olvidaba lo del "Rey Henry"
—¿Sabes manejar?— le tiró las llaves del automóvil. —Quiero que me lleves a un lugar.
—Típico de un Lancaster… Explotar a la gente hasta su muerte.
—Tú también eres un Lancaster.— se rió, divertido.
—Tengo más de Hargreaves que de Lancaster…
—Por eso, tienes que acompañarme.



Cain condujo el Mercedes-Benz por la carretera, saliendo del gran dominio de Lancannia. Según las indicaciones de Henry, debían ir hasta el bosque quedaba al otro extremo de la ciudad por lo que llevaban un par de horas de camino.

Y para colmo de la ironía, Henry le reveló un secreto guardado tan religiosamente que sólo él y su abuelo lo sabían: su madre, Frill Hargreaves, continuaba viva, habitando en un ostracismo distinguido en una mansión sumergida en el bosque.

Henry, en su papel de heredero magnánimo, condujo a Cain hasta allí. Mientras el automovil avanzaba, Cain meditaba con cínico desdén sobre la maquina del tiempo y la posible extinción del mundo. "Si el universo decide pulverizarse, que así sea", pensaba. "No soy responsable de esto"

Sin embargo, el destino no tolera la deserción de los soberbios.
Y es que la revelación que le dijo a Henry todavía lo dejaba muy confundido.

Al cruzar el umbral entraron en los dominios de los Hargreaves, bajaron del automóvil, Henry tenía la llave de la casa así que entraron los dos a la mansión que parecía de un cuento de hadas; tan aislada como encantada.

—Soy el único que la puedo visitar… Su mente es frágil a momentos y no permite extraños, le diré que te he traído para que arregles su jardín. Es lo que a ella más le importan, sus flores.— sonrió un poco melancólico.

Fueron hasta el jardín el cual parecía sacado del libro “El jardín secreto” allí, una mujer delgada, pálida, de cabello negro y ojos verdes claro tomaba té en una mesita clásica mientras se relajaba con las plantas y el sonido de las aves cantar.

—Madre.— Henry se sentó junto a ella y se sirvió un poco de té. La mujer lo miró de reojo y le arregló un mechón de su  cabello rubio.
—Increíble… Incluso en esta realidad sigue siendo el favorito de mi madre.— Cain lo miró con rencor, luego comenzó a trabajar en las hortensias. Nunca había sido jardinero, pero eso no significaba que no le gustaran las plantas. Amaba la herbología, sobre todo, por los venenos comunes.

La pareja hablaba más allá mientras bebían el té. Cain se limitaba en quitar la mala hierba y mirar de reojo hacia la mujer de quien siempre buscó afecto. En cierto punto, se distrajo tanto con algunas hierbas que no notó cuando Henry entró en la mansión y la mujer quedó sola.

Se acercó como un fantasma cerca de él, sin advertir de su presencia. Cuando se dio cuenta de que su madre estaba a su lado, fingió normalidad.

—Sólo quito la mala hierba, mi señora…
—Cain... mi pobre niño —susurró a su oido, tomándole con delicadeza del rostro. Lo estrechó contra su pecho como si abrazara a un fantasma —¿En qué abismo ha caído tu destino como castigo de Dios por su avaricia? Cuantas veces te advertí de que esto pasaría… Pero nunca quisiste cambiar. Sólo lo seguías a él, a tu oscuro padre.

Cain se petrificó. ¿Su madre sabía quién era él o es que acaso tenía una relación extraña con el jardinero? No. Era notorio que ella sabía quién era. Dudaba que esas palabras se las dijera a un simple jardinero.
Su mamá siempre tuvo una intuición que inquietaba. Los Hargreaves, a diferencia de los Lancaster, eran una familia inglesa extraña y ocultista, de la que se rumoreaba ciertos lazos con brujas o incluso sangre gitana. Pero sólo eran rumores mal intencionados… Aunque a Frill Hargreaves la apodaban “la bruja” porque siempre intuía cosas.

¿Cómo era que un Lancaster no siguió la endogamia y se casó con una hija rica de otra familia, sobre todo tan extraña como los Hargreaves? Porque los Hargreaves tenían mucho dinero y lazos con estrechos marítimos que todos codiciaban. Frill era amiga de Vincent, a los dos les gustaba el misticismo y las historias de terror gótico, pero el señor Lancaster decidió casar a su hijo Edward con la hija de los Hargreaves pues... Vincent era Vincent.

—Debes hacer que las cosas vuelvan a la normalidad.— le susurró con melancolía. —Tal como estaban antes.
—Madre... no entiendo tu pena—murmuró Cain, buscando en el abrazo de la mujer una justificación para sus palabras. —Este mundo es más piadoso. Mis hermanos no sufren. Tú estás viva. Yo... No soy nadie, como todos esperaron, pero soy libre del peso de la corona.
—¡Es un espejismo!—le confesó Frill Hargreaves en un susurro feveroso y aterrado —La paz de este mundo es una comedia macabra sostenida por la tiranía. ¡Todo este mundo perfecto es una ilusión! Tu padre vive en esta realidad, Cain... Él sigue vivo y es quien intentará manipular la mente de Henry desde las sombras, moviendo los hilos enfermando a tu hermano tal como han sido todos sus antepasados.

Cain entrecerró los ojos, sintiendo un escalofrío por su espalda.

—Él fue un Rebel de Rizembool sólo por diversión, pero su historia es otra. Rizembool no es más que una pequeña astilla en un gran árbol torcido.—continuó su madre con voz trémula. Su cabello largo, liso y negro como el ebano brillaba como una cascada iluminada. —Él y los Lancaster pertenece a esa élite oscura que opera bajo falsas máscaras, las fuerzas invisibles que rigen a los grandes ricos y deciden los destinos de las naciones. Si este mundo ilusorio continúa, usará a Henry como un títere trágico y devorará el alma de tus hermanos.

La revelación era espeluznante, pero su naturaleza era profunda y retorcida. Cain sufría de una devoción casi enfermiza por su madre quién en vida tenía una conducta doble vincular con él; a veces su madre era un sol con él, otras veces lo odiaba como al peor de sus enemigos.

Por un torcido instante, prefirió la perspectiva de un mundo condenado a durar poco con tal de permanecer al lado de su madre, antes que regresar a la línea original. ¿Qué le importaba el orden del universo si podía tener a su madre de vuelta?

—Henry podrá hacerle frente a mi padre y proteger al resto.

Pero Frill le tomó el rostro con autoridad maternal, mirándolo hasta el fondo del alma con esos ojos verdes tan intensos como los de su hijo.

—Escúchame, Cain. Tienes que tomar el control. Solo tú posees la mente implacable y la fuerza para alzarte sobre el barro. Henry tiene un corazón puro y es fácil de quebrarse… Sabes que es así. En cambio tú, resististe todo lo que pasaste en tu vida sin quebrarte. Vuelve a ponerte al mando de esta familia. Pon tu nombre y el de tus hermanos en alto. No lo hagas por salvar este podrido 'mundo'... hazlo por tus hermanos. Ellos merecen vivir tranquilos, no en este teatro marionetero que en cualquier momento se derrumbará.

Cain bajó la mirada, dudoso. Incluso en ese momento seguía prefiriendo un mundo en ruinas pero con su madre viva.

—Si todo vuelve a la normalidad, tú ya no estarás viva. 

Pero en vez de afecto, recibió una fuerte bofetada  que le hizo despertar.

—Haz lo que un hombre tiene que hacer. No eres un maldito crio llorón que necesita estar en los brazos de su madre. Eres el líder de tu familia. 

Aquellas palabras rompieron la apatía de Cain. El orgullo y el deber filial se retorcieron en su pecho como una pira y la mejilla le ardía por el golpe.

—Prométeme que lo harás.
—…Te lo prometo.— entrecerró los ojos, aceptando cumplir la voluntad de su madre en contra de la suya.

Si su madre quería que salvara a sus hermanos de su destino, lo haría aunque él no estuviera tan de acuerdo.

Y en el fondo de su ser —aunque la sola idea de verbalizarlo le producía una náusea insoportable—, necesitaba que Allen Walker regresara. Cain era incapaz de profesar emociones humanas de forma natural; su mente era un mecanismo frío de cálculo y sarcasmo, por eso a nadie le caía bien. Allen, con su calidez torpe, sus gritos y sus pasiones desbordadas, era su "yo auxiliar", la pieza que sentía por él en el teatro del mundo. Sin Allen, Cain no era más que un espectador inerte de su propia vida.



—El señor Ratio dice que…— por supuesto, Henry no podía repetir los improperios que Ratio Verita le dedicó a ambos “hermanos” —Que volvamos pronto al “laboratorio” está molesto y dice que la máquina sigue defectuosa.
—Seguirá emitiendo ondas atómicas hasta que consigamos un elemento clave para armar bien esa máquina.— Cain manejaba con la mirada hacia el frente, pensativo. —¿Los Hargreaves todavía tenemos las mismas empresas?
—Todas pasaron a ser de propiedad Lancaster cuando mis padres se casaron.
—Hm… ¿Y cómo es la seguridad de la Corporación Hargreaves?
—Bueno… Prácticamente sólo personal clasificado puede entrar allí, científicos, corporativos… ¿Quieres algo de los laboratorios?— Henry se acomodó el cabello desordenado que bailaba con el viento de la carretera. —Tal vez pueda pedir una invitación para entrar aunque… No sé que es exactamente lo que quieras que saque de allí.
—Aunque te lo explique no vas a saber que es y esa invitación se demorará meses en llegar. No tenemos tiempo.— Cain frenó de golpe, apoyó su frente en el volante y se quedó pensativo. —¿Crees que madre tenga vigente su ingreso con reconocimiento facial?
—Supongo que nadie debe haberse molestado en bloquear el acceso de una "fantasma", ¿por qué… preguntas eso?
—Tenemos que sacarla y llevarla a los laboratorios para que ponga su rostro en el reconocimiento facial…
—Lo siento, pero no puedo permitir eso. Su mente es frágil y puede colapsar si la expongo a tanto estrés. Ella no quiere saber nada de nadie.
—Demonios, Henry… la única otra opción que me dejas es…— apretó los dedos sobre el volante, indignado.
—Que te disfraces como ella…
—Y aún sería improbable que se abra la puerta.



De regreso en el comedor-laboratorio, la maquina imponía sus límites a niveles brutales. Ratio Verita necesitaba un componente de pureza electromagnética absoluta para evitar que la máquina volviera a convertir materia en…un montón de carne pulverizada en la pared de la mansión de Vincent.

Ratio, Vincent y Kana hacian todo lo posible para poder hacer funcionar la máquina pero sin aquel material de altísima tecnología que solo existía en las bóvedas de la corporación Hargreaves, no podrían garantizar la seguridad de Eureka.

No obstante, ante lo extremo del momento, Cain tomó una decisión de una teatralidad grotesca. Las puertas de la biblioteca se abrieron, Cain y Henry llegaron hasta donde estaba el resto. El pelinegro llevaba puesto un vestido negro y con detalles blancos de seda, una peluca de ondas oscuras negras y un maquillaje fino que acentuaba la palidez de sus pómulos y la sombra de sus largas pestañas. La imitación de Frill Hargreaves en su juventud era tan perfecta que parecía una locura. Encarnando la figura de su madre, había logrado burlar a la biotecnología, entrar y arrebatar el cristal energético.

El silencio que impregnó la sala fue una obra de arte de la comedia oscura de la vida en decadencia de los Lancaster.
Ratio fue el primero en romper la solemnidad, soltando una risotada seca y sarcástica, impropia de un profesor.

—¡Qué espectáculo tan pateticamente ridículo!—se burló Ratio, agarrando del rostro a Cain para inspeccionarlo, tentado de tomarle una fotografía para el recuerdo. —El gran aristócrata, el intocable, el príncipe oscuro, el terror de los empresarios, vestido con los trajes de una dama de la alta sociedad. Pero debo reconocer la efectividad del show barato: trajo el cristal. La máquina no explotará esta vez. Un aplauso para el conde, tiene sus méritos porq SI hacer algo a diferencia de los otros.— miró especialmente a Kana, la holgazana que pasean todo el día por el jardín. 

Kana contempló a Cain de arriba abajo, esbozando una sonrisa divertida que aliviaba la tensión del ambiente. Se veía “linda” siendo niña, quizá si hubiera sido así en la escuela de Hanasaki, ahora seguirían siendo buenas amigas. ¡Hasta hacían juego! Ella con su cabello plateado y vestida de blanco, Cain con su cabello largo oscuro y usando un vestido negro.

—¿Sabes qué, Cain? Honestamente, me caes mucho mejor vestido de mujer. Te suaviza lo insufrible.

Cain la fulminó con una mirada que habría congelado el infierno, acomodándose el listón blanco del cuello con una elegancia petulante.

Henry se había quedado petrificado y sin decir una palabra desde hace horas. Sus mejillas estaban encendidas de un rubor confuso y sus ojos no podían apartarse de Cain. Aquella figura andrógina y bella despertaba en él un desasosiego poético, pues veía en Cain el reflejo vivo de su madre, la mujer que siempre había venerado.

Pero el golpe más profundo lo recibió Vincent. El profesor Lancaster soltó la llave inglesa, que sonó ruidosa contra el suelo. Al ver a Cain así contempló la imagen de Frill, la chica quien fue su amiga de infancia y a la que había amado en secreto en su juventud, antes de que ella se convirtiera en la esposa de su hermano.

—¿Frill…?—susurró Vincent con una nostalgia melancólica y patética, antes de recordar que aquella "Frill" era en realidad su “sobrino” sosteniendo un componente atómico y observando a todos con extrañas intenciones de cometer un magnicidio.

—Ah… Dejen de mirarme como traumados…—siseó Cain, pasándole el cristal de alta pureza a Ratio —…Ni una palabra de esto.