DEMASIADOS ICONS DIOS MÍO

018 ⇒ head in the clouds and feet on the ground- Oh, no.
Kora dejó caer los hombros, suspirando exageradamente. Frente a ella se encontraba una cabina como en la que habían subido a Columbia, sólo que ésta estaba en otro islote de la ciudad. Tras una noche de descanso y sin ningún incidente por la mañana, los ánimos del grupo se habían elevado, especialmente los de la joven Black Mage. Y ahora descendían de la misma manera que iba a hacerlo la cabina.
- ¿Cómo esperabas bajar, si no? – Le preguntó Raiden a su lado, con los ojos entrecerrados.
- No sé... – Admitió, torciendo el labio. – Podríamos haber usado un warp...
- No hay tiempo para quejas. – Maya la interrumpió. – Milo, ¿has avisado ya a vuestra compañera?
El Bard asintió, levantando un pulgar. Aunque hacía lo que podía por mantener una sonrisa, ésta se notaba claramente forzada, y miraba de reojo la cabina como si fuera a comérselo en cualquier momento. El hecho de que Yuzuriha hablara más que él era casi sorprendente.
- Se encuentra en el faro de bajada. – Añadió la Dancer, jugueteando con el borde de la bufanda. – Dice que está con otros dos jugadores que nos acompañarán también a Sanctuary.
Maya arqueó una ceja, pero no hizo ningún comenario al respecto.
- Bien, vayamos bajando. – Abrió la puerta de la cabina, cuyo chirrido hizo eco en toda la estancia, y se sentó la primera. – Kora, Asami y Elizabeth bajan conmigo.
- Um... – Elizabeth se mordió el labio, y Maya suspiró con exasperación.
- ¿Tú también tienes miedo?
La Merchant se cruzó de brazos, balanceando su cuerpo de un lado a otro levemente.
- Nunca he bajado de forma... analógica, por decirlo así.
- ¿En serio? – Maya parecía sorprendida. – Pero tienes un nivel bastante alto.
- Siempre he tenido dinero para warps... – Admitió Elizabeth, y levantó las manos enseguida. – Pero ya voy, ya voy.
Aunque parecía decidida en la forma de sentarse en el sillón, el tono delataba que estaba nerviosa. Asami fue a dar el primer paso, pero se fijó en que Kora parecía pegada al suelo, soltando una risita nerviosa. Con un suspiro, le puso la mano en la espalda, empujando suavemente.
- Podríamos usar un warp, bueno, sólo es recoger a Neko, ¿no? – La chica hablaba mientras básicamente Asami la ayudaba a subir los escalones. – Y creo que podríamos usarlo porque ¿para qué tanto camino? Quiero decir... no, espera, no me estáis escuchando...
Asami cerró el cinturón de Kora, que soltó un gritito ahogado, y se sentó en su sillón mientras Maya cerraba la puerta. El balbuceo de la Black Mage se convirtió en un sollozo exagerado, para terminar en un grito agudo que fue bajando de volumen gradualmente cuando la cabina empezó el descenso.
Raiden se giró hacia los otros dos. Milo se había puesto aún más pálido, y Yuzuriha tuvo que repetir un ritual parecido al de Asami para conseguir que entrara en la cabina una vez se puso disponible la siguiente. El samurai estaba a punto de cerrar la puerta cuando oyó una voz desde fuera.
- ¡Esperad!
Un joven rubio se asomó a la puerta de la cabina. Instintivamente, Raiden se llevó la mano al mango de la katana, pero el otro chico no hizo amago de intentar atacarles.
- Ya que sois sólo tres, dejadme bajar con vosotros. Así no tengo que esperar al siguiente.
- Lo que quieras.
Raiden respondió secamente, y el otro, que según su Omnitool era un Black Mage, de nick Hyoga, se sentó en el asiento que quedaba libre.
Para no perder costumbres, Kora salió de la cabina para caer al suelo, aunque aquella vez se incorporó apoyada en las manos para hablar.
- ¿Sigo... sigo teniendo corazón? – Le dijo a las otras tres, que se dirigían hacia las escaleras. – Asami, comprueba si tengo pulso... el corazón me ha estallado, estoy segura...
La Blacksmith arqueó una ceja, medio sonriendo, y la ayudó a levantarse. Elizabeth estaba con los labios apretados, aunque parecía encontrarse bien, y siguió a Maya, que bajó hasta el segundo piso la primera de todas. Oyó una discusión bastante alta, e inmediatamente se puso en guardia.
Asomándose a la barandilla, vio en el primer piso a tres jugadores. Uno era un White Mage, el más pequeño de todos y trataba de poner paz entre un Dark Knight y una Mechanic que estaban discutiendo sobre un tema tan trivial que le hizo poner los ojos en blanco.
- ¡Eh, tú! – Bajó unos escalones, dirigiéndose a la chica de pelo naranja. – ¿Eres Anir?
- ¿Eh? – La chica la escaneó con la Omnitool rápidamente. – Ah... sí, soy yo.
Sin entender del todo la situación, Maya fue bajando la escalera, y la expresión de Anir se suavizó al reconocer a Asami y Kora.
- ¿Van contigo? – Preguntó Maya al bajar, señalando a los otros dos.
- ¡Sí! – Intervino el White Mage. – Me llamo Shun, y él es mi hermano... y... ¿cómo te llamas?
El joven se dirigió al otro con una sonrisa que le iluminaba todo el rostro, y éste se pasó una mano por la cara, suspirando.
- Ikki. – Habló el Dark Knight, probablemente diciendo su nombre.
Maya los examinó con la Omnitool, no tenían guild pero el Dark Knight era de nivel alto. Mientras, Kora parecía haber recuperado los ánimos, y las otras tres chicas se presentaron animadamente, empezando a charlar. Pronto oyeron unos pasos hacer crujir la escalera de madera, y el resto del equipo bajó... con un miembro extra.
- ¿Quién es ese? – Maya se giró, examinándo al desconocido con la Omnitool inmediatamente.
- ¿¡Qué te ha pasado en el brazo!? – Neko se llevó las manos a la cabeza al ver el estado de Raiden. – Tu precioso brazo...
El desconocido se presentó como Hyoga, su mismo nick, y Shun lo reconoció con emoción, aunque su hermano apenas reaccionó. Ikki parecía preferir estar apoyado en la pared sumido en sus pensamientos antes que interactuar con el grupo. Por unos segundos, Milo y Yuzuriha se miraron el uno al otro tras verlo, pero ninguno de los dos dijo nada.
- ¡Hyoga! – El chico le sonrió abiertamente, cogiéndolo de la manga de su túnica. – ¡Estás bien! Me alegro de verte.
- Shun... – Hyoga sólo asintió. – Lo mismo digo.
- Vamos a ir con los Crimson Raiders, deberías venir. – Se giró hacia Anir. – Puede venir él también, ¿no?
El White Mage parecía tener un mod que hacía que sus ojos brillaran con chispas.
- Oh... pobre... – Seguía Anir lamentándose por el brazo de Raiden, hasta que procesó que la pregunta de Shun era para ella. – ¿Eh? Eso no lo decido yo...
La Mechanic levantó la vista del brazo de Raiden momentáneamente.
- No te preocupes, se lo dice al brazo. – Le dijo Milo al Samurai.
- Supongo que no hay problema. – Sentenció Maya, mirando al Black Mage de arriba a abajo. – Si quieres, claro.
- Bueno... no tengo donde ir, así que... – Simplemente se encogió de hombros.
Maya dio el visto bueno con un simple asentimiento, abriendo la puerta a la salida del faro para emprender la marcha hacia el Warp. Milo enseguida se ofreció a poner la música de fondo.
When I wake up, yeah I know I’m gonna be, I'm gonna be the man who wakes up next to you...El frío de la tundra sobre sus ropas húmedas por el aire del mar fue lo primero que notaron al volver a Sanctuary. Tras el aviso de Maya, Lilith les esperaba allí, cruzada de brazos y distrayéndose mirando sus uñas virtuales, aunque su ensimismamiento se terminó cuando vio el grupo que acababa de llegar. No sólo venían con cuatro personajes de más, sino que también venían, aparentemente con un brazo de menos. O al menos, colgando inútilmente.
- Hola a todos, felicidades por volver enteros y sin perder una vida, espero que os hayáis divertido mucho y bienvenidos los nuevos. – Dijo rápidamente, pasando una mirada sobre el grupo, pero terminó mirando fijamente a Raiden. – ¿Y a ti que te ha pasado?
- Sam. – Respondió el samurai, básicamente escupiendo el nombre. – Eso es lo que ha pasado.
Los ojos amarillos de Lilith se abrieron como platos, pero inmediatamente recuperó la compostura, al menos la suficiente como para agarrar a Raiden por su muñeca metálica, empezando a arrastrarlo.
- Hablaremos luego en Moxxi’s, mientras haced lo que queráis. – Les dijo al resto, llevándose a Raiden.
Ignorando las miradas confundidas y quejidos del grupo, Lilith llevó a Raiden hasta la base, o al menos eso intentaba hasta que a mitad de camino, éste se soltó de un tirón. La Elementalist se giró hacia él, parpadeando.
- No eres la única con preguntas. – Le dijo Raiden, ladeando la cabeza en un gesto más bien enfadado. – ¿Atacar al GM? ¿Aliarnos con los Hellions? ¿Qué te pasa por la cabeza?
- Pensaba hablarlo contigo más tarde. Con todos. – Respondió, encogiéndose de hombros. – Es... es sólo una idea, ¿vale? Nadie va a ir obligado.
La respuesta no pareció satisfacer al Samurai, que desvió la mirada. Lilith chasqueó la lengua, frotándose la sien.
- Hablemos en un sitio donde tengamos al menos algo de privacidad, ¿vale?
Raiden asintió, sin decir nada más. El camino hacia la base, a pesar de estar sólo a una calle, se le hizo eterno a Lilith. “
Sam... sigues con la misma obsesión...”, pensó mientras notaba una punzada en el pecho. Eran como críos, aquellos dos, críos jugando a matarse de verdad. Mirando de reojo al otro y viendo el apaño en su brazo derecho vio que Sam había ganado claramente, pero el duelo no había sido a muerte.
Contestó a los saludos de algunos Crimson Raiders en el salón de la base, con un tono distraído, y subió hacia el último nivel. La sala de mando tenía un pequeño balcón, y ambos se dirigieron hasta allí. La vista permitía ver casi todo Sanctuary, y distraídamente, se dio cuenta de que había empezado a nevar. Los copos eran pequeños y escasos, deshaciéndose al contacto.
- No hace falta que pregunte si Sam piensa venir con nosotros, ¿verdad? – Dijo Lilith.
- No. – Raiden se llevó la mano a la improvisada junta que había hecho Asami. Lilith sólo suspiró.
- ¿Por qué habéis peleado?
De nuevo, otra pregunta de la que no esperaba respuesta. Pero prefería tantear el terreno para averiguar lo que pudiera sobre el paradero y la situación del otro samurai.
- Simplemente me atacó, como siempre. – Ante la respuesta de Raiden, Lilith tuvo que hacer un esfuerzo para no entornar los ojos. – No tenía ningún interés en las otras tres. Por suerte, Phaselock no hizo ninguna tontería, a diferencia de cuando nos encontramos a los Made in Heaven.
- ¿¡Qué!?
Internamente, Lilith se maldijo por no enviar a otro Crimson Raider de nivel alto. Aquel viaje a Columbia parecía haber sido más intenso de lo que había esperado en un principio.
- Nada en especial. Dejamos suelta a Moonshine, y terminó haciendo amistad con miembros de la nueva party de Badguy. – Raiden contó el relato con cierta exasperación. – Para cuando nos dimos cuenta, lo que queda de Made in Heaven estaban con ella y Techbender.
- Lo que queda. – Ya había visto los nombres en el muro de agua, por lo que no le impresionó demasiado el dato. – ¿Y entonces?
- Resulta que Badguy se cargó a algunos miembros de su guild, e inmediatamente, Maya lo atacó. – Se giró hacia Lilith, con un tono sombrío. – ¿Recuerdas que últimamente iba mucho con un Soldier de pelo blanco? Cuando Maya retuvo a Badguy, empezó a atacarnos a la desesperada. Casi me dio pena cuando se largó con el rabo entre las piernas después de que Badguy le dijera que era una molestia.
Lilith suspiró, apoyando la cabeza en la mano. La historia le resultaba más bien una tragicomedia sabiendo que al menos, por parte de su grupo, no había habido ningún daño que lamentar.
- Maya decidió perdonarle la vida cuando confesó que lo había hecho en defensa propia. Al parecer se intenta rodear de White Mages para mantenerse con vida, ya que ha perdido la primera.
- Badguy usando novatos, nada nuevo bajo el sol. – Replicó Lilith, encogiéndose de hombros. – ¿Entonces todo terminó bien?
- Todo lo bien que se pudiera pedir. – Raiden se encogió de hombros. – De todas formas, por la mañana atacaron la posada donde estábamos... pero esa historia te la puede contar Phaselock, junto con el resto de secretos que estéis compartiendo.
La réplica de Lilith se disolvió en su garganta, al ver que Raiden ya había entrado en la sala, dándole la espalda.
- Voy a que me arreglen esto. – Señaló con la cabeza el lado derecho. – Hablaremos más tarde.
- Jack...
Lilith esperó a que Raiden desapareciera escaleras abajo antes de ponerse en marcha ella. “
Como niños. Los dos son como niños.”. Niños con katanas y tres vidas que perder.