Boss: 1, 2, 3

037 ⇒ thunder and the sound of giants (4/?)Montar una torreta no era una tarea silenciosa, y sin embargo, el estruendo a su alrededor apgaba los repetitivos ruidos mecánicos que producía mientras seguía con aquella suerte de minijuego. Asami trató de desconectar de los exteriores, centrándose en golpear con precisión, no pasarse con la fuerza del martillazo, procurar que el clavo entrara recto.
- ¡Asami, no tenemos más tiempo! – Oyó la voz de Maya tras ella.
- ¡Medio minuto!
O eso esperaba, a juzgar por la barra que iba llenándose en su Omnitool.
A unos metros de ella, Elizabeth iba rebuscando en su cargado carro. Aunque otros se quejaran, agradecía la política de los Crimson Raiders de mantener el inventario siempre ordenado. Fue pasando todas las pociones de MP que podrían abarcar entre el pequeño grupo que iría a atacar los brazos del boss, así como vigores para aumentar la fuerza y destreza.
- Tendremos que quedarnos nosotros una parte. – Cerró la Omnitool, terminando las transferencias. – La mayoría de los que se quedan en tierra usan MP.
- Nos repartiremos el trabajo para que siempre quede uno con la barra de MP llena. – Le dijo Maya a su compañera, y luego se giró hacia donde Asami terminaba con su torreta. – ¡Asami, tenemos que irnos ya!
Con un último martillazo, Asami completó la torreta y los alquimistas empezaron a llenarla de bombas de hielo. Habían determinado que Temperantia tenía afinidad al viento, por lo que el hielo, su contrario en la rueda elemental, debería hacerle daño extra.
- ¿Estamos todos? – Preguntó Maya en alto cuando Asami se unió al grupo, volviendo a contar con la mirada.
Su ofensiva eran Raiden, Jolyne, Asami más otros dos jugadores, una lancer y un barbarian. Aunque había otros disponibles, los tres Time Mages de la expedición no podrían cargar con más, además de que en tierra necesitarían protección física.
- Estamos todos. – Respiró hondo. – A por ello. ¡Emma, nos vamos!
WhiteQueen asintió a unos metros, ocupada organizando a los que se quedarían en tierra. El grupo de Melee avanzó hacia el islote que había al norte, donde se podía ver la figura de Temperantia acercándose lentamente. El viento se avivó, aullando a su alrededor.
Colocándose casi en el dañado borde del islote, Raiden activó su habilidad para atraer enemigos, ganándose la atención del boss. Tras él, el resto contuvo el aliento, preparándose mentalmente para lo que iba a venir. Tendrían tan sólo unos segundos para reaccionar.
- Quietos… – Murmuró el Samurai al resto del grupo mientras retrocedía unos pasos.
Temperantia se giró hacia ellos, avanzando hasta tener el islote al alcance. Alzó su brazo, con los cuatro tubos enrollándose sobre sí mismos para formar un grueso puño antes de descender a toda velocidad.
- ¡¡Ahora!!
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El tremor tras el golpe de Temperantia se sintió hasta allí. WhiteQueen no permitió que aquello la distrajera, ni a ella ni a los que quedaban abajo, ignorando las miradas llenas de miedo mientras seguía dando órdenes.
- Recordad: los Clerics os tenéis que turnar entre curar y alzar escudos. Podemos permitirnos un tanque por cada grupo de cuatro, así que no vayáis lejos los unos de los otros. Hay que limpiar esta zona y estar listos para la señal, ¿estamos?
Eran un buen grupo, habiendo engrosado sus filas con los magos y alquimistas que habían conseguido escapar del asalto de Temperantia. Además, tenía a gran parte de su guild consigo, lo cual la mujer consideraba que garantizaba una mínima oportunidad en tierra.
- ¿Crees que lo van a conseguir? – Le preguntó Hellion a su lado, aturdiendo a un monstruo alado para que lo frieran con una descarga eléctrica. – Si no se desactivan los brazos…
- Julian, por favor, no seamos negativos.
Ya no había otra salida posible. Sólo había una alternativa a su situación, y era mejor no pensar en ella.
Apareciendo entre la tormenta, Temperantia se dirigía hacia ellos. WhiteQueen lo había visto tres veces ya, y sin embargo, aquella era la primera que sentía cierto alivio al ver su imponente figura.
Corriendo sobre él como si fueran hormigas, ocho jugadores subían por el brazo del boss.
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- ¡Lo han conseguido!
Kora señaló al boss, sintiendo cómo se deshacía un gran nudo en su pecho al ver al grupo correr hacia el núcleo en el hombro de Temperantia. No había podido siquiera despedirse de ninguno de los compañeros de party que habían ido a formar parte de aquella avanzadilla.
Al menos tenía el alivio de ver que habían conseguido llevar a cabo la primera parte del plan, y aunque no conseguía sacarle del todo el miedo del cuerpo, le había dado fuerzas para recordar que ella tenía que cumplir con su papel.
Cuando uno de aquellos ángeles monstruosos aterrizó delante de ella, blandiendo su lanza, lo recibió con una fuerte llamarada. Tal y como llevaba haciendo desde el principio, Hyoga terminó con el enemigo con un hechizo de hielo.
- Cuidado. – Le advirtió el Black Mage antes de girarse para encarar a otro. – Empieza a haber más de estos bichos.
Se dio cuenta de que Hyoga tenía razón al girarse, viendo que el Paladín que protegía a su grupo estaba lidiando con tres de aquellos monstruos a la vez. Con un grito ahogado, lanzó un rayo a uno de ellos, paralizándolo durante unos momentos y dándole unos segundos de respiro a su tanque.
Por supuesto que no iba a ser tan fácil.
Tragó saliva, viendo como Temperantia se acercaba al borde del islote donde estaban. Maya, Asami, Raiden, Jolyne… sus amigos estaban en lo alto de aquel monstruo luchando hasta el último aliento para que tuvieran una oportunidad.
No podía acobardarse ahora.
El brusco cambio del eje de gravedad la había aturdido unos segundos, y sin embargo, había empezado a correr por puro instinto tras sentir cómo aterrizaba en el brazo de Temperantia. Delante de ella, Maya gritaba órdenes de correr, no parar, darse prisa. Tenían que mantenerse dentro del campo azul oscuro que habían extendido los Time Mages bajo ellos, o si no, caerían al vacío.
Asami sentía un pinchazo de cansancio en su costado tras haber gastado estamina en la torreta, pero en aquella carrera contrarreloj no tenían ni un segundo para perder.
A lo lejos, el fulgor anaranjado del núcleo brillaba como un faro, marcando el objetivo. Se centró en él, y no en la altura a la que estaban, sin dejar de correr.
- ¡Ya casi estamos! – Anunció Jolyne cuando el suelo bajo sus pies empezaba a inclinarse hacia abajo, llegando al recoveco donde estaba instalado el núcleo.
- Vamos a estar lo suficientemente juntos como para que uno sólo de nosotros tenga que tener el campo de gravedad activado. – Dijo una de las Time Mages. – Así dos pueden conservar MP.
Maya parecía estar de acuerdo, ordenando que todos permanecieran lo más juntos posible, acercándose a la gran esfera naranja poco a poco. El núcleo flotaba a unos metros frente a ellos emitiendo un fuerte zumbido, protegido por unos aros dorados que orbitaban a su alrededor, y conectado con un rayo de energía a un orbe en el interior del brazo, tan grande como una fuente.
- ¿Y si el brazo se cae? – Preguntó Raiden, rodeando el orbe.
- Tendremos el tiempo justo para saltar. Usaremos un hechizo de gravedad para que nos atraiga en la caída. – Le confirmó Maya. – Estamos lo suficientemente cerca para llegar al cuerpo.
Primero tuvieron que romper el muro cristalino que cubría al orbe, algo de lo que se encargon Asami, Jolyne y el Barbarian con ataques especializados en perforar armadura. Costó un poco, pero fue posible.
Con un estallido, dejaron al descubierto una semiesfera carnosa y palpitante.
- Ugh… – Asami no pudo contener una mueca de asco, viendo en el resto del grupo que no era la única.
- ¿En serio tengo que darle con el pie y la mano a eso? – Preguntó Jolyne, arrugando la nariz.
- No hay tiempo para delicadezas.
Raiden avanzó, propinando un rápido corte en horizontal que le salpicó con un chorro de líquido viscoso.
Ignorando la desagradable sustancia, el Samurai y la Lancer se unieron con sus rápidos ataques, arrancando pedazos de aquella pupa carnosa, la cual iba perdiendo color poco a poco… hasta que estalló.
El grito de Temperantia retumbó por toda Columbia, y el núcleo en su hombro se apagó. Los tres Time Mages extendieron el campo de gravedad, alcanzando el cuerpo del coloso flotante. En el último estertor, Temperantia había levantado el brazo, dejándoles casi a la vera del tórax.
- ¡Saltad! ¡¡Saltad!!
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En tierra, ver cómo caía al vacío uno de los brazos de Temperantia alzó los ánimos que parecían haber decaído con el aumento de minibosses. Estaban un paso más cerca de derrotarlo, y Elizabeth pudo ver cómo a su alrededor, la gente retomaba el asalto con más fuerza.
- Ten. Ya casi estamos.
Le tendió una frasco a la Cleric que había estado manteniendo un escudo para proteger el área de la torreta tanto del asalto de los monstruos como de los ataques a distancia de Temperantia. La chica parecía agotada, estando seguramente al límite de su MP, pero bebió toda la poción de un trago y siguió manteniendo el escudo.
El muro semitransparente se volvió a alzar justo cuando un enemigo alado se lanzaba hacia ellos desde el frente, rebotando aturdido unos segundos antes de que un homúnculo volador lo agarrara del pie y lo sacudiera como un trapo.
- ¿Necesitas algo más? – Se acercó a la Cleric, que negó con la cabeza.
- No, gracias, estoy bien.
Viendo que nadie más necesitaba inmediatamente ningún tipo de pociones, Elizabeth se alejó hasta el límite de su perímetro para ayudar al resto con los monstruos alados. Uno de ellos se lanzó en picado hacia el Gunslinger de los Crimson Raiders, Lockon, y Elizabeth lo desvió con un golpe de mazo. No fue suficiente para acabar con él, pero el par de disparos que le siguieron sí.
- Gracias, Elizabeth.
- No hay de qué. Tienes que estar entero para cuando te toque ponerte a la torreta.
- Claro que sí. – Lockon le dirigió una media sonrisa que se heló en segundos, alzando la cabeza para mirar algo detrás de ella.
Antes de que pudiera preguntar nada, la intensa luz y el zumbido la aturdieron, con el Gunslinger teniendo que sostenerla para que no cayera de bruces al suelo. Temperantia volvía a lanzar un rayo de energía, el cual era bloqueado por el escudo de la Cleric.
Iba a decirle algo cuando sintió una sacudida y un dolor agudo en su hombro. Gritó, llevándose la mano y sintiendo la sangre humedecer su palma.
- Hijo de… – Murmuró Lockon, dándole varios tiros al monstruo frente a ellos que la había atacado, manteniéndola apretada contra él. Debía haberla apartado en el último momento, aunque no había sido suficiente como para evitar un corte bastante profundo de su lanza.
Pero su herida no era lo que le preocupaba en aquel momento. Al alzar la vista, vio cómo el escudo parpadeaba por unos momentos, mostrando los pequeños hexágonos que formaban el semicírculo. Una fina línea empezaba a dibujarse desde el borde, partiéndose en ramitas. Sonaba como un cristal rompiéndose.
El escudo iba a caer.
Se separó de Lockon más bruscamente de lo que hubiera querido, usando el impulso para moverse rápidamente hacia la Cleric. Oyó cómo el Gunslinger la llamaba antes de que algo, seguramente otro de aquellos monstruos, se llevara su atención. Elizabeth siguió hacia la Cleric, alcanzándola rápidamente.
- ¡Bebe! ¡No puedes parar!
Le apartó el pelo largo de la cara, pegado a su frente por el sudor, y virtió la poción entre sus labios. Aún apretando los dientes por el dolor que le producía tener que usar el brazo herido, retrocedió, aliviada al ver cómo el escudo recuperaba su brillo. La torreta y el resto estaban a salvo.
A diferencia de ella, que cayó al suelo tratando de esquivar uno de aquellos ángeles. El monstruo la encaró, blandiendo su lanza. Usó su maza como apoyo mientras se levantaba. Le dolía todo el cuerpo.
No podía llamar a Lockon, quien estaba contra tres a la vez, disparando un cartucho tras otro. La Cleric se giró hacia ella, alarmándose al verla.
- ¡Espera! – Gritó la otra. – ¡Te curaré!
Pero Temperantia no iba a permitirlo, y el zumbido que anunciaba su siguiente ronda de proyectiles retumbó sobre el escudo, obligando a la Cleric a mantenerse en su posición. El rayo golpeó el escudo, de nuevo deslumbrándolos a todos y aturdiéndolos durante unos instantes. Todo se detuvo por un segundo.
Cuando el zumbido paró, Elizabeth estaba en el suelo. Notó un fuerte dolor en el abdomen, y al apretar su mano sobre la ropa, notó que estaba empapada. Su visión era borrosa, apenas pudiendo distinguir la figura del monstruo frente a ella. Oyó disparos a lo lejos, haciendo que saltaran plumas de su enemigo. Alguien la llamaba, pero las voces sonaban distorsionadas, y no podía entender qué decían.
Levantó la mirada, tratando de enfocar la vista. Por suerte, el escudo seguía en pie.