11
A Step to the Left / Re: A Step to the Left: Bizarrisme
« Last post by Airin on September 30, 2026, 03:39:58 PM » IT IS FINALLY THE H'WEEN. No pero como si yo necesitase un motivo para estas cosas, jaskasjkasj
F Kira, de aquí al Seireitei.


[ The surprising tricky house - House on fowl legs ]
«Asunto: RE: Encantadora casita con terreno en las afueras.
Entonces allí nos veremos, un saludo.»
—Erhm…
—¿Y la casa? Porque el camino se acaba aquí y la casa no está. —La gravilla crujió bajo sus pies cuando giró sobre sí misma señalando a su vacío alrededor con los brazos abiertos hacia el cielo.— No me van a decir que le han salido patas y ha echado a correr por el monte ella sola.
El agente inmobiliario cogió aire escondido tras su carpeta y asomó los ojos con cautela.
—S-sólo tenemos que caminar un poquito… los trabajos de paisajismo y asfaltado a veces se demoran fuera de la ciudad...
—Ah, y es que esa es otra, en el anuncio ponía “Encantadora casita con terreno en las afueras” y esto no son “las afueras”, esto es un rincón de bosque que un poco más lejos del mundo civilizado y en el más allá. —Airin observó al hombre con los labios apretados en una línea y la ceja levantada en una expresión de juicio decepcionado que habría hecho sentirse orgullosas a todas las ramas de mujeres que la predecían en su árbol genealógico.— Bueno, usted dirá por dónde.
—No deberíamos tardar mucho... más, en encontr- en llegar, en llegar. —el comercial miró dudoso hacia la fronda, y tragó saliva estirando del nudo de su corbata.
Airin levantó la vista al cielo, inspiró profundo, y observó de reojo a un pájaro que se acicalaba en una rama como una princesa de cuento compartiendo chisme con sus amigos del bosque. Al menos tenía claro que no se encontraba en paradero desconocido con un asesino en serie en potencia. Ni siquiera había tenido que levantar la voz en ningún momento. Era satisfactorio pensar que tantos años infinitos como niñera le habían perfeccionado el arma arrojadiza conocida como “no estoy enfadada, estoy decepcionada” hasta convertirla en letal.
El agente se apresuró a encaminarse entre los árboles más espaciados y sus mocasines brillantes de oficina hicieron un ruido triste al hundirse en la tierra húmeda.
Siguió el susurro del traje gris entre los árboles, pisando solamente sobre rocas o la hierba que parecía más densa. Si hubiera imaginado que iba a salir de excursión al monte se habría puesto vaqueros en vez de falda, pero por lo menos llevaba unas buenas botas en condiciones razonables de resistir al tiempo y al terreno, y el sentido común encendido.
Cada cierto número de metros el hombre se giraba a mirar hacia atrás, como para comprobar que no le habían dejado solo en mitad del bosque y Airin contuvo una risita maliciosa. De repente la idea de echar a correr como alma que lleva el diablo de vuelta por donde había venido sonaba muy tentadora.
Unos chasquidos más adelante hicieron detenerse al comercial.
—¿No debería haber lobos por esta zona, no? —se apartó el flequillo rubio y relamido en gomina de la cara con una mano temblorosa, y pasó la vista varias veces de las sombras entre las ramas oscuras a Airin.
—No sabría decir, después de todo estamos solamente en las afueras. —la chica se encogió de hombros con un tono de despreocupación inocente que rezumaba cinismo.— Además los lobos son lo de menos, por lo general son animales sensatos que no trepan, y aún no es febrero. El problema lo tienes como haya osos.
—¿Osos? ¿Cómo que osos? —el sudor se hacía cada vez más visible en el cuello empapado de la camisa del agente inmobiliario.
—¡Es un puto bosque! —Airin alzó los brazos como si invocase a los dioses antiguos, y su esfuerzo dramático se vio recompensado por un cuervo que levantó el vuelo graznando sorprendido.— ¿Qué esperas que haya, estaciones de carga para bicicletas eléctricas?
Eso le vendría de maravilla, no lo iba a negar, pero por desgracia que algo fuese útil no lo convertía en verdadero.
El hombre se abanicó con la carpeta y refunfuñó entre dientes desviándose un par de metros hacia un haz de luz esperanzador.
—¡Ah! ¡Ya hemos llegado! ¡Aquí está por fin! —exclamó con falso orgullo y verdadero alivio apartando las ramas de un abeto como pudo.— ¿Es o no una casita encantadora?
Airin se asomó despacio, observando el edificio prometido a través de los árboles.
El tejado afilado a dos aguas y con cubierta vegetal, un par de ventanas abuhardilladas que asomaban de éste y algo más atrás una chimenea y una torrecilla con cúpula de cebolla. El pequeño porche sobre la entrada, y el rosetón sobre él desde donde brillaba una luz anaranjada. La fachada de madera pintada de tono azul petróleo, y decorada de forma extensa con intensos motivos florales multicolores. La barandilla a ambos lados de la puerta, que acababa en varios postes con grabados de formas muy peculiares que se asentaban contra el suelo.
—En serio. —Preguntó sin interrogantes visibles, mirando al hombre de arriba a abajo y de abajo a arriba.
—¿Es... muy folk? —el agente inmobiliario se encogió bajo la ojeada con una sonrisa forzada y comprometida.
Airin contó hasta siete antes de parpadear de nuevo, y señaló con la mano abierta como si indicase una falta deportiva.
—Es la casa de Baba Yaga.
—¿Oh? ¡Oh no, se lo aseguro! Esta casa lleva muchos años abandonada, y unos cuantos en nuestra inmobiliaria. Antes de eso estuvo en otras que… bueno no viene al caso. Es una herencia muy antigua sin reclamar, ya no pertenece a nadie y por eso está disponible para la venta. —explicó el hombre con nuevas energías laborales.
Airin se escabulló entre las ramas dejando que el abeto hiciera de las suyas con el traje gris de oficina, y se acercó a inspeccionar la casa de cerca. Estaba claro que algunas personas o no habían tenido infancia, o no habían leído suficientes cuentos de niños.
—La verdad es que la única cosa en la que no han mentido, —dijo posando la mano sobre la barandilla y acariciando la madera con suavidad,— es que eres una casita encantadora.
La cabaña se estremeció y gimió con un ruido de madera vieja y goznes desengrasados que se le antojaron complacidos. Y de repente se levantó varios metros del suelo, dejando ver lo que eran efectivamente patas de gallina.
—Ah… pues al final tenía yo razón. —murmuró Airin con sorpresa e ignorando los gritos de terror desesperado del agente inmobiliario ante la casa que había caminado con decisión y ahora se cernía ominosa sobre él.— Sí que había echado a correr por el monte ella sola.


[ The surprising tricky house - House on fowl legs ]
«Asunto: RE: Encantadora casita con terreno en las afueras.
Entonces allí nos veremos, un saludo.»
—Erhm…
—¿Y la casa? Porque el camino se acaba aquí y la casa no está. —La gravilla crujió bajo sus pies cuando giró sobre sí misma señalando a su vacío alrededor con los brazos abiertos hacia el cielo.— No me van a decir que le han salido patas y ha echado a correr por el monte ella sola.
El agente inmobiliario cogió aire escondido tras su carpeta y asomó los ojos con cautela.
—S-sólo tenemos que caminar un poquito… los trabajos de paisajismo y asfaltado a veces se demoran fuera de la ciudad...
—Ah, y es que esa es otra, en el anuncio ponía “Encantadora casita con terreno en las afueras” y esto no son “las afueras”, esto es un rincón de bosque que un poco más lejos del mundo civilizado y en el más allá. —Airin observó al hombre con los labios apretados en una línea y la ceja levantada en una expresión de juicio decepcionado que habría hecho sentirse orgullosas a todas las ramas de mujeres que la predecían en su árbol genealógico.— Bueno, usted dirá por dónde.
—No deberíamos tardar mucho... más, en encontr- en llegar, en llegar. —el comercial miró dudoso hacia la fronda, y tragó saliva estirando del nudo de su corbata.
Airin levantó la vista al cielo, inspiró profundo, y observó de reojo a un pájaro que se acicalaba en una rama como una princesa de cuento compartiendo chisme con sus amigos del bosque. Al menos tenía claro que no se encontraba en paradero desconocido con un asesino en serie en potencia. Ni siquiera había tenido que levantar la voz en ningún momento. Era satisfactorio pensar que tantos años infinitos como niñera le habían perfeccionado el arma arrojadiza conocida como “no estoy enfadada, estoy decepcionada” hasta convertirla en letal.
El agente se apresuró a encaminarse entre los árboles más espaciados y sus mocasines brillantes de oficina hicieron un ruido triste al hundirse en la tierra húmeda.
Siguió el susurro del traje gris entre los árboles, pisando solamente sobre rocas o la hierba que parecía más densa. Si hubiera imaginado que iba a salir de excursión al monte se habría puesto vaqueros en vez de falda, pero por lo menos llevaba unas buenas botas en condiciones razonables de resistir al tiempo y al terreno, y el sentido común encendido.
Cada cierto número de metros el hombre se giraba a mirar hacia atrás, como para comprobar que no le habían dejado solo en mitad del bosque y Airin contuvo una risita maliciosa. De repente la idea de echar a correr como alma que lleva el diablo de vuelta por donde había venido sonaba muy tentadora.
Unos chasquidos más adelante hicieron detenerse al comercial.
—¿No debería haber lobos por esta zona, no? —se apartó el flequillo rubio y relamido en gomina de la cara con una mano temblorosa, y pasó la vista varias veces de las sombras entre las ramas oscuras a Airin.
—No sabría decir, después de todo estamos solamente en las afueras. —la chica se encogió de hombros con un tono de despreocupación inocente que rezumaba cinismo.— Además los lobos son lo de menos, por lo general son animales sensatos que no trepan, y aún no es febrero. El problema lo tienes como haya osos.
—¿Osos? ¿Cómo que osos? —el sudor se hacía cada vez más visible en el cuello empapado de la camisa del agente inmobiliario.
—¡Es un puto bosque! —Airin alzó los brazos como si invocase a los dioses antiguos, y su esfuerzo dramático se vio recompensado por un cuervo que levantó el vuelo graznando sorprendido.— ¿Qué esperas que haya, estaciones de carga para bicicletas eléctricas?
Eso le vendría de maravilla, no lo iba a negar, pero por desgracia que algo fuese útil no lo convertía en verdadero.
El hombre se abanicó con la carpeta y refunfuñó entre dientes desviándose un par de metros hacia un haz de luz esperanzador.
—¡Ah! ¡Ya hemos llegado! ¡Aquí está por fin! —exclamó con falso orgullo y verdadero alivio apartando las ramas de un abeto como pudo.— ¿Es o no una casita encantadora?
Airin se asomó despacio, observando el edificio prometido a través de los árboles.
El tejado afilado a dos aguas y con cubierta vegetal, un par de ventanas abuhardilladas que asomaban de éste y algo más atrás una chimenea y una torrecilla con cúpula de cebolla. El pequeño porche sobre la entrada, y el rosetón sobre él desde donde brillaba una luz anaranjada. La fachada de madera pintada de tono azul petróleo, y decorada de forma extensa con intensos motivos florales multicolores. La barandilla a ambos lados de la puerta, que acababa en varios postes con grabados de formas muy peculiares que se asentaban contra el suelo.
—En serio. —Preguntó sin interrogantes visibles, mirando al hombre de arriba a abajo y de abajo a arriba.
—¿Es... muy folk? —el agente inmobiliario se encogió bajo la ojeada con una sonrisa forzada y comprometida.
Airin contó hasta siete antes de parpadear de nuevo, y señaló con la mano abierta como si indicase una falta deportiva.
—Es la casa de Baba Yaga.
—¿Oh? ¡Oh no, se lo aseguro! Esta casa lleva muchos años abandonada, y unos cuantos en nuestra inmobiliaria. Antes de eso estuvo en otras que… bueno no viene al caso. Es una herencia muy antigua sin reclamar, ya no pertenece a nadie y por eso está disponible para la venta. —explicó el hombre con nuevas energías laborales.
Airin se escabulló entre las ramas dejando que el abeto hiciera de las suyas con el traje gris de oficina, y se acercó a inspeccionar la casa de cerca. Estaba claro que algunas personas o no habían tenido infancia, o no habían leído suficientes cuentos de niños.
—La verdad es que la única cosa en la que no han mentido, —dijo posando la mano sobre la barandilla y acariciando la madera con suavidad,— es que eres una casita encantadora.
La cabaña se estremeció y gimió con un ruido de madera vieja y goznes desengrasados que se le antojaron complacidos. Y de repente se levantó varios metros del suelo, dejando ver lo que eran efectivamente patas de gallina.
—Ah… pues al final tenía yo razón. —murmuró Airin con sorpresa e ignorando los gritos de terror desesperado del agente inmobiliario ante la casa que había caminado con decisión y ahora se cernía ominosa sobre él.— Sí que había echado a correr por el monte ella sola.
12
Patio de Juegos / Re: OTP Prompts
« Last post by Neko on September 30, 2026, 01:47:20 PM »POST BEFOOOOOOOOORE, WHEN SEPTEMBER EEEEEEEEEENDS

Anya & Dick
Hang in there
Anya Irina Schuldig no había tenido un buen día, ni parecía que eso fuese a cambiar pronto. Pero al menos tenía unos objetivos claros de tareas pendientes que le gustaría tachar de su lista mental, lo que podía hacerle ganar una sensación de realización que le iría bien para su cerebro.
—Estudia, decían —murmuró desde detrás de su bufanda de lana azul, calentando su nariz fría y colorada con el aliento—. Cobrarás más en el trabajo, decían.
Anya apretó la taza desechable de cartón en su mano enguantada, notando la temperatura del café a través de los dedos. Entre la taza, las carpetas de documentos y la mochila medio colgada de un hombro no supo cómo consiguió sacar las llaves del laboratorio donde llevaba trabajando unos seis meses.
Estornudó y sorbió los mocos porque no tenía manos disponibles para hacerse con un pañuelo. Y a medias de un segundo estornudo, con los ojos más cerrados que abiertos, coló las llaves en el paño y las giró cinco veces hasta pasar la primera medida de seguridad con éxito.
—Sácate un doctorado en Gotham, decían —refunfuñó Anya, cerrando la primera puerta y buscando las llaves para la segunda—. Seguro que tú no te vuelves loca, decían.
Puso la llave en su sitio, la giró y apretó el botón escondido para desbloquear la puerta acorazada. Anya rescató el llavero de las garras del segundo paño y caminó lo más rápido que pudo para colarse en el misérrimo hueco entre la puerta y el marco. La maquinaria llevaba estropeada dos semanas y aún no la habían arreglado. No sólo la puerta se abría lo justito para que entrase ella, es que sólo se quedaba abierta unos oho segundos antes de cerrarse con un sonido ensordecedor que nunca fallaba en asustarle.
Anya se apartó el flequillo con la mano donde aún tenía las llaves bien agarradas y suspiró largo y tendido para intentar quitarse del cuerpo la tensión que le provocaba el desastre de puerta que tenían.
—Total, para acabar de técnico de laboratorio para un mindundi.
El laboratorio estaba vacío a esas horas, si no tenías en cuenta a los sujetos de prueba supuestamente descansando en sus alojamientos. Algunos de ellos era más probable que se estuvieran dando cabezazos contra sus recintos. Si es que tenían cabezas.
La luz de emergencia tembló y Anya le dio un trago largo a su café corto, sacudió la cabeza y pensó que no tenía dinero suficiente como para trabajar bajo alguien éticamente correcto y moralmente virtuoso.
Apretó las carpetas contra su pecho y empezó a caminar con garbo hacia su sala de pruebas. Tenía unos cultivos que… bueno, que cultivar.
La puerta de su sala se abrió con un chasquido que le hizo rodar los ojos y Anya dejó caer el montón de carpetas en la primera mesa de metal a su izquierda, golpeó el interruptor para dar la luz y se acabó el café, lanzando el vasito de cartón hacia la papelera sin siquiera mirar en su dirección. El ruido le hizo saber que había acertado de lleno y, por primera vez en ese día, tuvo un motivo para sonreír.
Anya iba a descolgar del todo la mochila de su hombro, después de todo necesitaba mirar un par de cosas en su portátil, cuando algo le hizo parpadear dos veces.
La luz no caía como debería sobre la mesa de metal. Era como si se hubiera fundido media bombilla o algo así, pero eso era imposible.
Anya volvió a parpadear y esperó dos respiraciones, concentrándose en todos sus sentidos. ¿Algo olía raro, podía notar algún ruido que no debería estar ahí?
No. Aunque el tubo fluorescente del techo chirriaba tanto que tampoco podía estar segura.
Mira que le había dicho al jefe mil veces que las cambiara a luz led. Ahorrarían en energía y paciencia. Pero no…
¿Por dónde iba? La luz.
Así que cómo Anya no tenía claro que estaba pasando, miró hacia el techo.
Y un hombre estaba colgando de él.
El hombre le saludó con un pequeño movimiento de la mano y luego se llevó esa misma mano hacia los labios, haciéndole señas para que se mantuviera en silencio.
Anya se quedó muy quieta, intentando procesar el momento. Lo que le daba más curiosidad era cómo el hombre había conseguido quedarse pegado en un rincón del techo, pero dicho hombre era, sin duda alguna, Nightwing, así que no le extrañaba que lo hubiera conseguido.
Las alarmas en la cabeza de Anya empezaron a sonar como sirenas antiaéreas y por un momento el laboratorio le dio vueltas. Nightwing señaló hacia el suelo, más o menos a unos dos metros de Anya, lo que le trajo de vuelta de su viaje astral. Y cuando los ojos de Anya decidieron seguir las indicaciones del vigilante las alarmas volvieron en formato de televisión antigua, con un presentador con acento de los cincuenta avisando a la población que tomasen refugio en el búnker nuclear más cercano.
La araña más grande que Anya había visto nunca de cerca, y vivía en Gotham desde hacía veinticinco años, se movió un poco hacia la izquierda.
Tres segundos después, Anya estaba intentando recordar qué tipo de parkour había utilizado para estar ahora abrazada a Nightwing en el techo. Más que nada por si tenía que repetirlo.
—Hey —susurró el vigilante, con una sonrisa apretada y un brazo alrededor de su cintura—. ¿Esa cosa es mascota tuya?
—No. —contestó Anya en un hilillo de voz.
—Eh, sí, pues… ¿que te parece si nos saco de aquí?
Anya asintió fervorosamente, con mucho entusiasmo, pero movimientos pequeñitos, por si a la araña le daba por mover sus ocho ojos hacia su dirección. O peor, sus ocho patas y su cuerpo entero.
—Bien, bien… pues, sígueme.
Anya rodó la cabeza de golpe para mirar con los ojos muy abiertos a la máscara de Nightwing.
—Claro, así si nos sigue me come a mi primero, ¿no? —siseó la mujer, echándole una mirada de desprecio al vigilante—. Menudo héroe estás hecho.
Nightwing volvió a apretar los labios y sonrió de nuevo, esta vez con cara de listillo.
—¿Sabes salir de aquí sin pasar por encima de esa cosa? —preguntó Nightwing, señalando con la cabeza a la araña que ahora se había apostado en la puerta, subiendo por la hoja sin prisa alguna.
Anya suspiró y no tuvo más remedio que seguir a Nightwing por una suerte de tubos de ventilación que ni sabía que existían. Tardaron unos diez minutos en salir, sin encontrarse con ningún otro artrópodo en el viaje.
Anya Irina Schuldig dejó el trabajo esa misma noche. De todas maneras no le pagaban lo suficiente como para no delatar toda la operación, hecha un burrito con una manta y una taza de chocolate caliente entre manos temblorosas. Nightwing sabía cómo tratar a una posible testigo.
Aunque había pocas cosas que compensasen el sufrimiento emocional de sacarse un doctorado en Gotham, tenía que admitir que las vistas durante el rescate habían sido un buen fin al día de mierda que había tenido.

Anya & Dick
Hang in there
Anya Irina Schuldig no había tenido un buen día, ni parecía que eso fuese a cambiar pronto. Pero al menos tenía unos objetivos claros de tareas pendientes que le gustaría tachar de su lista mental, lo que podía hacerle ganar una sensación de realización que le iría bien para su cerebro.
—Estudia, decían —murmuró desde detrás de su bufanda de lana azul, calentando su nariz fría y colorada con el aliento—. Cobrarás más en el trabajo, decían.
Anya apretó la taza desechable de cartón en su mano enguantada, notando la temperatura del café a través de los dedos. Entre la taza, las carpetas de documentos y la mochila medio colgada de un hombro no supo cómo consiguió sacar las llaves del laboratorio donde llevaba trabajando unos seis meses.
Estornudó y sorbió los mocos porque no tenía manos disponibles para hacerse con un pañuelo. Y a medias de un segundo estornudo, con los ojos más cerrados que abiertos, coló las llaves en el paño y las giró cinco veces hasta pasar la primera medida de seguridad con éxito.
—Sácate un doctorado en Gotham, decían —refunfuñó Anya, cerrando la primera puerta y buscando las llaves para la segunda—. Seguro que tú no te vuelves loca, decían.
Puso la llave en su sitio, la giró y apretó el botón escondido para desbloquear la puerta acorazada. Anya rescató el llavero de las garras del segundo paño y caminó lo más rápido que pudo para colarse en el misérrimo hueco entre la puerta y el marco. La maquinaria llevaba estropeada dos semanas y aún no la habían arreglado. No sólo la puerta se abría lo justito para que entrase ella, es que sólo se quedaba abierta unos oho segundos antes de cerrarse con un sonido ensordecedor que nunca fallaba en asustarle.
Anya se apartó el flequillo con la mano donde aún tenía las llaves bien agarradas y suspiró largo y tendido para intentar quitarse del cuerpo la tensión que le provocaba el desastre de puerta que tenían.
—Total, para acabar de técnico de laboratorio para un mindundi.
El laboratorio estaba vacío a esas horas, si no tenías en cuenta a los sujetos de prueba supuestamente descansando en sus alojamientos. Algunos de ellos era más probable que se estuvieran dando cabezazos contra sus recintos. Si es que tenían cabezas.
La luz de emergencia tembló y Anya le dio un trago largo a su café corto, sacudió la cabeza y pensó que no tenía dinero suficiente como para trabajar bajo alguien éticamente correcto y moralmente virtuoso.
Apretó las carpetas contra su pecho y empezó a caminar con garbo hacia su sala de pruebas. Tenía unos cultivos que… bueno, que cultivar.
La puerta de su sala se abrió con un chasquido que le hizo rodar los ojos y Anya dejó caer el montón de carpetas en la primera mesa de metal a su izquierda, golpeó el interruptor para dar la luz y se acabó el café, lanzando el vasito de cartón hacia la papelera sin siquiera mirar en su dirección. El ruido le hizo saber que había acertado de lleno y, por primera vez en ese día, tuvo un motivo para sonreír.
Anya iba a descolgar del todo la mochila de su hombro, después de todo necesitaba mirar un par de cosas en su portátil, cuando algo le hizo parpadear dos veces.
La luz no caía como debería sobre la mesa de metal. Era como si se hubiera fundido media bombilla o algo así, pero eso era imposible.
Anya volvió a parpadear y esperó dos respiraciones, concentrándose en todos sus sentidos. ¿Algo olía raro, podía notar algún ruido que no debería estar ahí?
No. Aunque el tubo fluorescente del techo chirriaba tanto que tampoco podía estar segura.
Mira que le había dicho al jefe mil veces que las cambiara a luz led. Ahorrarían en energía y paciencia. Pero no…
¿Por dónde iba? La luz.
Así que cómo Anya no tenía claro que estaba pasando, miró hacia el techo.
Y un hombre estaba colgando de él.
El hombre le saludó con un pequeño movimiento de la mano y luego se llevó esa misma mano hacia los labios, haciéndole señas para que se mantuviera en silencio.
Anya se quedó muy quieta, intentando procesar el momento. Lo que le daba más curiosidad era cómo el hombre había conseguido quedarse pegado en un rincón del techo, pero dicho hombre era, sin duda alguna, Nightwing, así que no le extrañaba que lo hubiera conseguido.
Las alarmas en la cabeza de Anya empezaron a sonar como sirenas antiaéreas y por un momento el laboratorio le dio vueltas. Nightwing señaló hacia el suelo, más o menos a unos dos metros de Anya, lo que le trajo de vuelta de su viaje astral. Y cuando los ojos de Anya decidieron seguir las indicaciones del vigilante las alarmas volvieron en formato de televisión antigua, con un presentador con acento de los cincuenta avisando a la población que tomasen refugio en el búnker nuclear más cercano.
La araña más grande que Anya había visto nunca de cerca, y vivía en Gotham desde hacía veinticinco años, se movió un poco hacia la izquierda.
Tres segundos después, Anya estaba intentando recordar qué tipo de parkour había utilizado para estar ahora abrazada a Nightwing en el techo. Más que nada por si tenía que repetirlo.
—Hey —susurró el vigilante, con una sonrisa apretada y un brazo alrededor de su cintura—. ¿Esa cosa es mascota tuya?
—No. —contestó Anya en un hilillo de voz.
—Eh, sí, pues… ¿que te parece si nos saco de aquí?
Anya asintió fervorosamente, con mucho entusiasmo, pero movimientos pequeñitos, por si a la araña le daba por mover sus ocho ojos hacia su dirección. O peor, sus ocho patas y su cuerpo entero.
—Bien, bien… pues, sígueme.
Anya rodó la cabeza de golpe para mirar con los ojos muy abiertos a la máscara de Nightwing.
—Claro, así si nos sigue me come a mi primero, ¿no? —siseó la mujer, echándole una mirada de desprecio al vigilante—. Menudo héroe estás hecho.
Nightwing volvió a apretar los labios y sonrió de nuevo, esta vez con cara de listillo.
—¿Sabes salir de aquí sin pasar por encima de esa cosa? —preguntó Nightwing, señalando con la cabeza a la araña que ahora se había apostado en la puerta, subiendo por la hoja sin prisa alguna.
Anya suspiró y no tuvo más remedio que seguir a Nightwing por una suerte de tubos de ventilación que ni sabía que existían. Tardaron unos diez minutos en salir, sin encontrarse con ningún otro artrópodo en el viaje.
Anya Irina Schuldig dejó el trabajo esa misma noche. De todas maneras no le pagaban lo suficiente como para no delatar toda la operación, hecha un burrito con una manta y una taza de chocolate caliente entre manos temblorosas. Nightwing sabía cómo tratar a una posible testigo.
Aunque había pocas cosas que compensasen el sufrimiento emocional de sacarse un doctorado en Gotham, tenía que admitir que las vistas durante el rescate habían sido un buen fin al día de mierda que había tenido.
13
SeeDs in the Garden / Re: SeeDs in the Garden – revival
« Last post by Kora on September 30, 2026, 12:18:34 PM »El plan de Lord Solane era sólido, o al menos así lo parecían las partes que había revelado a Lievran. Aun así, había pocas razones para sospechar que el resto no estuviera igualmente bien calculado y planeado. Lievran estaba preparado, consciente del peso del brazal en su brazo mientras repasaba mentalmente cada indicación, la meticulosa forma en que Lord Solane le había explicado cómo utilizarlo... y que no debía desperdiciarlo.
No era necesario pensar demasiado en lo que ocurriría después de la misión. Ya lo sabía, porque lo había vivido muchas veces: regresaría con Lord Livius, y si esperaba con ilusión ese momento o no importaba poco. Su mirada se dirigió a Lord Solane. Su expresión permaneció ilegible, aunque por un instante se preguntó qué sería de él. Probablemente regresaría al frente y ascendería en las filas.
Después volvió la cabeza hacia el impromptu tercer miembro del grupo.
En efecto, había llegado el momento. Sería mejor que el lobo no estuviera cerca cuando se abriera fuego.
—Sí, será lo mejor —asintió Lievran.
Era difícil no sentirse mal por el animal, quien jamás entendería por qué de repente lo rechazaban, pero las criaturas salvajes no debían verse enredadas en los problemas de los hombres. Nunca salían indemnes de ellos.
—Puedo hacerlo, mi señor —dijo Lievran mientras se acercaba al lobo.
Apenas avanzó en su dirección, el animal retrocedió unos pasos y dejó escapar un gruñido bajo y gutural a modo de advertencia, muy distinto al ladrido de un perro. Desde aquella distancia, Lievran se agachó, tomó un puñado de nieve y se lo arrojó.
El lobo respondió con otro sonido, más cercano a un gañido, antes de darse la vuelta y echar a correr. Lievran lo observó desaparecer entre los árboles, obligándose a ignorar la decepción que sentía. En efecto, era lo mejor.
Sacudió las manos enguantadas para quitarse la nieve y volvió junto a Lord Solane.
—Ahora solo estamos nosotros —declaró con tono práctico—. Estoy listo, mi señor.
—Bien hecho —dijo Lord Solane con suavidad cuando el animal hubo desaparecido.
Lievran asintió y agradeció el elogio con un gesto contenido.
El silencio que siguió a la partida del lobo se hizo pesado. Lievran no tenía nada que añadir y tampoco sentía la necesidad de romperlo. Había algo casi reconfortante en aquella calma que precedía a la tormenta. No estaba orgulloso de haber asustado al animal; le parecía más bien, como una pequeña traición. Pero sólo había sido un deber desagradable, uno más entre tantos que ya había cumplido y, sin duda, uno de los muchos que todavía le esperaban.
Lord Solane reanudó la marcha, y Lievran lo siguió.
Mientras avanzaban, vio que el galbadiense se llevaba una mano al bolsillo y sacaba un pequeño cepillo de cerdas finas. Lievran lo observó con cierta curiosidad mientras arrancaba un poco de nieve de una rama cercana y la esparacía entre las cerdas.
Lord Solane comenzó a cepillarse ligeramente los dientes y la lengua, escupiendo la nieve a un lado cuando terminó. Después se llevó a la boca una pequeña pastilla seca y la mordió. Un intenso y fresco aroma a menta llenó el aire seco antes de que la escupiera también, tras enjuagarse la boca con ella.
—No tengo otro cepillo —explicó Lord Solane al cabo de un momento—, pero puedes usar el mío si no tienes uno propio.
Le tendió el pequeño cepillo y otra de las pastillas.
—Gracias, pero me los he limpiado durante mi guardia —dijo.
Había tenido tiempo de sobra para asearse durante su vigilia. Solo había necesitado agua fría y una tira de lino que había frotado cuidadosamente sobre los dientes.
Lord Solane asintió ante su respuesta, envolvió el cepillo en un trozo de tela y lo guardó.
Después, Lievran lo observó pasarse los dedos por el cabello desordenado y recoger un pequeño mechón en una diminuta coleta con una cinta negra. Durante su guardia, Lievran también había utilizado el agua del arroyo para peinarse con los dedos. Llevaba el cabello recogido en una trenza suelta que le caía alrededor del cuello y un par de centímetros sobre el hombro, aunque algunos mechones cortos se habían escapado y le enmarcaban el rostro. A diferencia de los humanos, no podía apartárselos detrás de las orejas, así que poco podía hacer al respecto.
El galbadiense revisó después todo su atuendo, asegurándose de que cada correa estuviera bien ajustada, cada botón abrochado y cada cremallera cerrada.
No podían hacer demasiado con el sudor y el olor propios de un día y una noche de viaje, pero para Lievran estaba clara su disciplina. Lord Solane era alguien a quien habían inculcado rigurosamente ciertos estándares de higiene.
Él tampoco podía hacer mucho con el sudor y la suciedad. Las capas interiores de Lievran eran transpirables, pero lo único que conseguiría dejarlo realmente limpio sería el baño caliente que lo esperaba al regresar. Uno de los pocos lujos que se le concedían en la Casa Domine era precisamente ese: siempre podía estar limpio y oler bien.
Aun así, aceptó la pastilla de menta que Lord Solane le ofreció. El regusto mentolado era agradable y le despejó aquella sensación espesa de la boca. Se limpió los labios con el dorso del guante.
El bosque a su alrededor comenzó a clarear poco a poco. Había menos árboles, y el terreno a ambos lados del sendero empezó a elevarse en una pendiente que los conducía hacia el camino bajo.
El galbadiense permanecía visiblemente alerta mientras avanzaba. Todavía había suficiente cobertura para ocultarlos por el momento, pero no faltaba mucho para llegar a su destino.
A medida que los árboles se hacían menos numerosos, Lievran sintió cómo una inquietud ominosa empezaba a recorrer su cuerpo. Se pasó una mano por el brazal, recordándose una vez más su funcionamiento y la importancia de activarlo en el momento preciso.
Lanzó una mirada a Lord Solane, esperando sus órdenes.
—Lievran... Me pregunto si podrías encontrar algunas bayas, o cualquier cosa que haga que el agua se vuelva roja. No hace falta que sea completamente realista. Para cuando alguien esté lo bastante cerca como para distinguir la diferencia, nosotros ya estaremos preparados para actuar —explicó—. Solo necesitamos suficiente para mancharnos la cara y quizá un poco más para dejar caer detrás de nosotros mientras nos acercamos.
La nieve allí no era lo bastante profunda como para cubrir por completo la vegetación cercana. Tal vez hubiera algunos arbustos de acebo o de bayas de invierno que aportaran una pincelada de color a aquel paisaje por lo demás monocromático. Cualquier cosa que destacara por su color rojo probablemente serviría.
—Te ayudaré a buscar, por supuesto. Estamos cerca de donde tenemos que estar. Mantente atento y, si es posible, sé discreto. Quizá deberíamos empezar a fingir que estamos heridos desde este punto.
La nieve no era lo bastante profunda como para ocultar a alguien agazapado debajo de ella, y por el momento podían confiar en que nadie los estuviera observando. Aun así, nunca se podía estar completamente seguro.
Lievran asintió de inmediato y se apartó del camino mientras buscaba el menor indicio de rojo. Finalmente, soltó un suspiro de alivio al divisar un ramal de acebo entre unas piedras, en medio de un arbusto.
Arrancó varios frutos de una sola vez y los hizo rodar entre sus dedos enguantados antes de aplastar uno. Su jugo brotó con facilidad, tiñendo de rojo oscuro sus guantes. Cuando regresó junto a Lord Solane, los llevaba envueltos en un trozo de tela que había sacado de su mochila.
—Estos deberían servir, mi lord —dijo.
Se acuclilló y golpeó el pequeño paquete con la empuñadura de una navaja multiusos, aplastando las bayas en su interior. Después vertió el contenido en su cantimplora y lo mezcló con un poco de nieve. El jugo que había quedado en su mano serviría para dibujar las marcas sobre sus rostros.
Se quitó el guante con los dientes y reprimió un escalofrío cuando el frío golpeó su piel desnuda. Luego frotó los dedos contra la tela manchada.
Se volvió hacia Lord Solane.
—¿Me permite? —preguntó, alzando lentamente la mano.
No era necesario pensar demasiado en lo que ocurriría después de la misión. Ya lo sabía, porque lo había vivido muchas veces: regresaría con Lord Livius, y si esperaba con ilusión ese momento o no importaba poco. Su mirada se dirigió a Lord Solane. Su expresión permaneció ilegible, aunque por un instante se preguntó qué sería de él. Probablemente regresaría al frente y ascendería en las filas.
Después volvió la cabeza hacia el impromptu tercer miembro del grupo.
En efecto, había llegado el momento. Sería mejor que el lobo no estuviera cerca cuando se abriera fuego.
—Sí, será lo mejor —asintió Lievran.
Era difícil no sentirse mal por el animal, quien jamás entendería por qué de repente lo rechazaban, pero las criaturas salvajes no debían verse enredadas en los problemas de los hombres. Nunca salían indemnes de ellos.
—Puedo hacerlo, mi señor —dijo Lievran mientras se acercaba al lobo.
Apenas avanzó en su dirección, el animal retrocedió unos pasos y dejó escapar un gruñido bajo y gutural a modo de advertencia, muy distinto al ladrido de un perro. Desde aquella distancia, Lievran se agachó, tomó un puñado de nieve y se lo arrojó.
El lobo respondió con otro sonido, más cercano a un gañido, antes de darse la vuelta y echar a correr. Lievran lo observó desaparecer entre los árboles, obligándose a ignorar la decepción que sentía. En efecto, era lo mejor.
Sacudió las manos enguantadas para quitarse la nieve y volvió junto a Lord Solane.
—Ahora solo estamos nosotros —declaró con tono práctico—. Estoy listo, mi señor.
—Bien hecho —dijo Lord Solane con suavidad cuando el animal hubo desaparecido.
Lievran asintió y agradeció el elogio con un gesto contenido.
El silencio que siguió a la partida del lobo se hizo pesado. Lievran no tenía nada que añadir y tampoco sentía la necesidad de romperlo. Había algo casi reconfortante en aquella calma que precedía a la tormenta. No estaba orgulloso de haber asustado al animal; le parecía más bien, como una pequeña traición. Pero sólo había sido un deber desagradable, uno más entre tantos que ya había cumplido y, sin duda, uno de los muchos que todavía le esperaban.
Lord Solane reanudó la marcha, y Lievran lo siguió.
Mientras avanzaban, vio que el galbadiense se llevaba una mano al bolsillo y sacaba un pequeño cepillo de cerdas finas. Lievran lo observó con cierta curiosidad mientras arrancaba un poco de nieve de una rama cercana y la esparacía entre las cerdas.
Lord Solane comenzó a cepillarse ligeramente los dientes y la lengua, escupiendo la nieve a un lado cuando terminó. Después se llevó a la boca una pequeña pastilla seca y la mordió. Un intenso y fresco aroma a menta llenó el aire seco antes de que la escupiera también, tras enjuagarse la boca con ella.
—No tengo otro cepillo —explicó Lord Solane al cabo de un momento—, pero puedes usar el mío si no tienes uno propio.
Le tendió el pequeño cepillo y otra de las pastillas.
—Gracias, pero me los he limpiado durante mi guardia —dijo.
Había tenido tiempo de sobra para asearse durante su vigilia. Solo había necesitado agua fría y una tira de lino que había frotado cuidadosamente sobre los dientes.
Lord Solane asintió ante su respuesta, envolvió el cepillo en un trozo de tela y lo guardó.
Después, Lievran lo observó pasarse los dedos por el cabello desordenado y recoger un pequeño mechón en una diminuta coleta con una cinta negra. Durante su guardia, Lievran también había utilizado el agua del arroyo para peinarse con los dedos. Llevaba el cabello recogido en una trenza suelta que le caía alrededor del cuello y un par de centímetros sobre el hombro, aunque algunos mechones cortos se habían escapado y le enmarcaban el rostro. A diferencia de los humanos, no podía apartárselos detrás de las orejas, así que poco podía hacer al respecto.
El galbadiense revisó después todo su atuendo, asegurándose de que cada correa estuviera bien ajustada, cada botón abrochado y cada cremallera cerrada.
No podían hacer demasiado con el sudor y el olor propios de un día y una noche de viaje, pero para Lievran estaba clara su disciplina. Lord Solane era alguien a quien habían inculcado rigurosamente ciertos estándares de higiene.
Él tampoco podía hacer mucho con el sudor y la suciedad. Las capas interiores de Lievran eran transpirables, pero lo único que conseguiría dejarlo realmente limpio sería el baño caliente que lo esperaba al regresar. Uno de los pocos lujos que se le concedían en la Casa Domine era precisamente ese: siempre podía estar limpio y oler bien.
Aun así, aceptó la pastilla de menta que Lord Solane le ofreció. El regusto mentolado era agradable y le despejó aquella sensación espesa de la boca. Se limpió los labios con el dorso del guante.
El bosque a su alrededor comenzó a clarear poco a poco. Había menos árboles, y el terreno a ambos lados del sendero empezó a elevarse en una pendiente que los conducía hacia el camino bajo.
El galbadiense permanecía visiblemente alerta mientras avanzaba. Todavía había suficiente cobertura para ocultarlos por el momento, pero no faltaba mucho para llegar a su destino.
A medida que los árboles se hacían menos numerosos, Lievran sintió cómo una inquietud ominosa empezaba a recorrer su cuerpo. Se pasó una mano por el brazal, recordándose una vez más su funcionamiento y la importancia de activarlo en el momento preciso.
Lanzó una mirada a Lord Solane, esperando sus órdenes.
—Lievran... Me pregunto si podrías encontrar algunas bayas, o cualquier cosa que haga que el agua se vuelva roja. No hace falta que sea completamente realista. Para cuando alguien esté lo bastante cerca como para distinguir la diferencia, nosotros ya estaremos preparados para actuar —explicó—. Solo necesitamos suficiente para mancharnos la cara y quizá un poco más para dejar caer detrás de nosotros mientras nos acercamos.
La nieve allí no era lo bastante profunda como para cubrir por completo la vegetación cercana. Tal vez hubiera algunos arbustos de acebo o de bayas de invierno que aportaran una pincelada de color a aquel paisaje por lo demás monocromático. Cualquier cosa que destacara por su color rojo probablemente serviría.
—Te ayudaré a buscar, por supuesto. Estamos cerca de donde tenemos que estar. Mantente atento y, si es posible, sé discreto. Quizá deberíamos empezar a fingir que estamos heridos desde este punto.
La nieve no era lo bastante profunda como para ocultar a alguien agazapado debajo de ella, y por el momento podían confiar en que nadie los estuviera observando. Aun así, nunca se podía estar completamente seguro.
Lievran asintió de inmediato y se apartó del camino mientras buscaba el menor indicio de rojo. Finalmente, soltó un suspiro de alivio al divisar un ramal de acebo entre unas piedras, en medio de un arbusto.
Arrancó varios frutos de una sola vez y los hizo rodar entre sus dedos enguantados antes de aplastar uno. Su jugo brotó con facilidad, tiñendo de rojo oscuro sus guantes. Cuando regresó junto a Lord Solane, los llevaba envueltos en un trozo de tela que había sacado de su mochila.
—Estos deberían servir, mi lord —dijo.
Se acuclilló y golpeó el pequeño paquete con la empuñadura de una navaja multiusos, aplastando las bayas en su interior. Después vertió el contenido en su cantimplora y lo mezcló con un poco de nieve. El jugo que había quedado en su mano serviría para dibujar las marcas sobre sus rostros.
Se quitó el guante con los dientes y reprimió un escalofrío cuando el frío golpeó su piel desnuda. Luego frotó los dedos contra la tela manchada.
Se volvió hacia Lord Solane.
—¿Me permite? —preguntó, alzando lentamente la mano.
14
HiMEverse / Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Last post by Cho on September 30, 2026, 09:23:20 AM »Este ha sido un mes interminable. Al menos pude escribir algo en una hora uhh (...) el próximo me desquito.
118.3.
…

Nuevamente, luego de aquella desesperada corrida, el frente rojo terminó por ceder y desistir en su avance, ahora abarcando un área aún más grande del bosque. Las HiMEs dejaron de correr, tanto por mantenerlo vigilado como por el cansancio que sentían.
Las chicas respiraron profundamente mientras se recobraban. Había un silencio sepulcral. Tres habían sido tragados con aquella niebla y la ausencia era palpa ble. La incertidumbre casi indicaba que ellas serían las siguientes. O, quizás, aquel no era el enfoque que debían darle.
“…” Tenshi comprimió sus puños. “¿Y ahora qué? ¿No toca seguir de vigilantes sabiendo que tres aliados están bajo grave peligro?”
“…yo tampoco estoy conforme con ello,” Suzuka desvió su mirada, impotente. “Sin embargo, ya hemos visto que este perímetro se extiende si alguien entra al mismo. No podemos tomar acciones sin tener algún plan en mente.”
“¿Pero qué se supone que estamos haciendo ahora? ¡Nada ha cambiado desde el inicio y sólo estamos corriendo sin decidir nada! ¡De no ser por la instrucción de la asistente de la directora sé que tú misma habrías hecho algo!” reclamó la peliazul.
La tensión entre las dos se cortó cuando oyeron a Kosuzu sollozar. La pequeña estaba sentada sobre el suelo del bosque mientras cubría sus ojos con sus manos y lloraba desconsoladamente. Las otras chicas no evitaron observarle con leve preocupación y pena.
“Lo siento… es por mí… que esto pasó…” dijo entre llantos mientras lágrimas se escapan de sus ojos. “D-de no ser por mí… Cho-san estaría aquí…”
“No digas eso, Kosuzu,” Suzuka negó y se agachó a su nivel para darle una palmadita en el hombro. “Entiendo cómo te sientes, pero esto no es tu culpa. Estás haciendo todo lo posible en estas circunstancias, al igual que nosotras.”
“P-pero yo…”
“Ahora necesito que seas fuerte y te mantengas firme. Habrá algo que hacer si mantienes la convicción de actuar,” le aseguró.
“…” Kosuzu le miró y asintió, con los ojos todavía llorosos.
“Ibas a ir a vigilar el camino más cercano del bosque por testigos,” observó Saki. “Sería bueno que vayas a hacerlo. A estas alturas estaremos demasiado cerca de exponernos.”
“El límite ha avanzado bastante,” Tsubasa miró hacia esa pared roja que nuevamente se mostraba quieta, y que sin duda no brindaba confianza a nadie.
“…” luego de haber resuelto dicho tema, Tenshi volvió a recordar la impotencia que se sentía. No quería tener que ser reincidente, pero tampoco podía quedarse quieta. Su consciencia le seguía carcomiendo. “Cho no está recuperada de lo que ocurrió en el muelle. No puedo esperar a que esté bien por su cuenta.”
“Tú tampoco estás recobrada, Tenshi,” recalcó Suzuka, volviendo a ponerse de pie.
“¡¿Yo?! ¡Fuera de una leve molestia estoy perfectamente normal!” Tenshi se impacientó. “¡No estaría en mayor riesgo contra esas orphans raras que si lo del muelle no hubiera ocurrido! ¡Por otro lado, no puedo decir lo mismo que Cho que ni ha podido entrenar estos últimos días! ¡¿Por qué intentas sobreprotegerme de la nada?! ¡Ya me he lastimado en entrenamientos previamente!”
“Debo admitir que sí es un poco raro,” Saki se puso a pensar.
“¿Perdón?” la peliblanca se extrañó al oírle sumarse a la conversación.
“Cuando te conocimos, al menos algunas de nosotras nos llevamos la impresión que eras alguien de armas tomar, y una situación como la presente no te dejaría paralizada,” observó. “Lo del muelle ocurrió precisamente por ello, y si bien todas estamos cometidas a ser más certeras con nuestras acciones, en ese instante tú fuiste a rescatar a alguien quien ni sabíamos si existía. Sin embargo, ahora que sabemos que una HiME necesita nuestra ayuda no haces más que mantenernos lo más lejos del asunto en lo posible.”
“¡Sí, exacto!” Tenshi asintió.
“…ustedes…” Suzuka negó. Sin duda se vio ofuscada. “No crean que esto es fácil para mí tampoco, y si estuviera por mi cuenta, ya habría visto qué hacer. Ahora soy una senpai y no puedo ponerlas a ustedes bajo un riesgo que ni puedo garantizar que solucionaré por mi cuenta. Es precisamente por lo sucedido en el muelle que no debo dejar que esto se repita.”
“Tú me prometiste que seríamos aliadas ni bien me convirtiera en una HiME” agregó Tenshi, firmemente. “He trabajado muy duro para asegurarme que puedas tomarme en serio. Creo que es obvio para todas aquí que estoy decidida a ser HiME y que tengo el deseo de ayudar, pero también quiero saber que ustedes confían en mí y cuentan conmigo. ¡Y eso nos debemos entre todas!”
“Aun así, está es una situación sin precedentes, y demasiado riesgosa…”
“Senpai…” Tsubasa le miró atentamente. “Creo en lo que nos has dicho, pero sospecho que hay algo además de todo ello, algo que te tiene sumergida en pensamientos y que no quieres compartir, ¿no es verdad?”
“…” Suzuka le miró de reojo. Con esa acción en silencio, las otras entendieron que la presidenta de la clase había acertado.
“Esta es una situación de emergencia, así que opino que todas merecemos saber lo que traes, porque claramente nos está involucrando, y porque puede ser relevante ahora,” continuó, pacientemente. “Por favor confía en nosotras.”
“Suzuka…” Tenshi sonó demandante y casi suplicante a la vez.
“…” terminó por dar un pesado suspiro. “Está bien…”
Lo había esperado evitar. Nunca podía decir cómo reaccionaría su kouhai, pero era cierto que era un tema relacionado con el presente, y tenía que haber una comunicación clara entre todas. Si tan sólo no estuviera en el rol de líder…
“Cuando estábamos por llegar, aquel Rebel que vino con Cho y conmigo me dio una advertencia en privado, dejándome saber lo peligroso que era esta situación,” explicó. “Me dijo que no podía exponer a quien había sido lastimada durante los eventos del muelle a la niebla, que le estaría dando al instigador una ventaja. Es por eso que no puedo dejar que ustedes siquiera se acerquen a la misma. Tal parece que estamos a la merced de ese enemigo y no debemos actuar sin medida.”
Al terminar de explicarse, hubo un silencio corto en lo que las chicas procesaban sus palabras. La impotencia se podía considerar un trago muy amargo. Sin duda, era como Suzuka se lo tomaba en el presente. No obstante, el punto de vista de las otras chicas iba a ser distinto.
“Sobre… alguien lastimado en el muelle…” comenzó Kosuzu, meditabunda.
“Ciertamente muchas de nosotras sufrimos daños ese día…” continuó Tsubasa.
“Sin embargo, ese Rebel apuntó a una persona en particular con sus palabras…” dijo Saki.
“Tsk… ¿acaso Cho no representa más esas palabras?” preguntó Tenshi, frustrada.
“Ella fue lastimada, pero tú tuviste que pelear hasta el final, Tenshi, y corriste un gran riesgo…”
“¡No! ¡Suzuka, ese Rebel no estaba velando por mí!” al decir esas palabras, Tenshi se dio un facepalm con ambas manos con tanta intensidad que casi parecía caerse para atrás. “¡Te haré recordar que ese insufrible incógnito encapuchado es mi Rebel y él fue el que me hizo pasar un gran peligro, no la maldita niebla! ¡¿Qué Rebel se pondría a velar por su HiME?! ¡Tú no estuviste ahí, pero Cho casi se muere de no ser porque, nuevamente, mi Rebel se apiadó de ella!”
“Creo que sí dijiste algo al respecto…” observó Saki.
“¡Y lo que sea que la atacó fue algo invisible e intangible, igual que este maldito enclaustro que nos persigue! ¡Y ella todavía sigue sufriendo los estragos!” agregó colérica.
“Es… cierto que su caso sigue siendo un misterio…” Suzuka comenzó a darse cuenta. “Incluso así, no es un riesgo que ustedes deben correr…”
“¡Al diablo con ello!” dicho esto, Tenshi invocó su espada.
“¡O-oye, no te atrevas!”
“¡Y lo peor de todo es que Cho resultó tan lastimada ese día por mi culpa! ¡Y tú me has hecho correr en el sentido contrario! ¡No me importa seguir las instrucciones de las mandamases que andan sentadas a salvo en oficinas!” Tenshi reclamó, y sus ojos parecían estar cerca a derramar lágrimas. “¡No hay punto de ser HiME si no podemos pelear por quienes queremos hacerlo!”
Y, finalmente, Tenshi ingresó al perímetro, perdiéndose entre lo rojo de inmediato.
“Tch… ¡por eso mismo no quería compartir!” Suzuka sabía que tenía que seguirle, y dejó un último mensaje antes de hacerlo. “¡Sigan corriendo, el borde está por avanzar!”
Y siguió a la peliazul. Y así fue. Las tres HiMEs restantes tuvieron que continuar con la huida.
…
118.3.
…

Nuevamente, luego de aquella desesperada corrida, el frente rojo terminó por ceder y desistir en su avance, ahora abarcando un área aún más grande del bosque. Las HiMEs dejaron de correr, tanto por mantenerlo vigilado como por el cansancio que sentían.
Las chicas respiraron profundamente mientras se recobraban. Había un silencio sepulcral. Tres habían sido tragados con aquella niebla y la ausencia era palpa ble. La incertidumbre casi indicaba que ellas serían las siguientes. O, quizás, aquel no era el enfoque que debían darle.
“…” Tenshi comprimió sus puños. “¿Y ahora qué? ¿No toca seguir de vigilantes sabiendo que tres aliados están bajo grave peligro?”
“…yo tampoco estoy conforme con ello,” Suzuka desvió su mirada, impotente. “Sin embargo, ya hemos visto que este perímetro se extiende si alguien entra al mismo. No podemos tomar acciones sin tener algún plan en mente.”
“¿Pero qué se supone que estamos haciendo ahora? ¡Nada ha cambiado desde el inicio y sólo estamos corriendo sin decidir nada! ¡De no ser por la instrucción de la asistente de la directora sé que tú misma habrías hecho algo!” reclamó la peliazul.
La tensión entre las dos se cortó cuando oyeron a Kosuzu sollozar. La pequeña estaba sentada sobre el suelo del bosque mientras cubría sus ojos con sus manos y lloraba desconsoladamente. Las otras chicas no evitaron observarle con leve preocupación y pena.
“Lo siento… es por mí… que esto pasó…” dijo entre llantos mientras lágrimas se escapan de sus ojos. “D-de no ser por mí… Cho-san estaría aquí…”
“No digas eso, Kosuzu,” Suzuka negó y se agachó a su nivel para darle una palmadita en el hombro. “Entiendo cómo te sientes, pero esto no es tu culpa. Estás haciendo todo lo posible en estas circunstancias, al igual que nosotras.”
“P-pero yo…”
“Ahora necesito que seas fuerte y te mantengas firme. Habrá algo que hacer si mantienes la convicción de actuar,” le aseguró.
“…” Kosuzu le miró y asintió, con los ojos todavía llorosos.
“Ibas a ir a vigilar el camino más cercano del bosque por testigos,” observó Saki. “Sería bueno que vayas a hacerlo. A estas alturas estaremos demasiado cerca de exponernos.”
“El límite ha avanzado bastante,” Tsubasa miró hacia esa pared roja que nuevamente se mostraba quieta, y que sin duda no brindaba confianza a nadie.
“…” luego de haber resuelto dicho tema, Tenshi volvió a recordar la impotencia que se sentía. No quería tener que ser reincidente, pero tampoco podía quedarse quieta. Su consciencia le seguía carcomiendo. “Cho no está recuperada de lo que ocurrió en el muelle. No puedo esperar a que esté bien por su cuenta.”
“Tú tampoco estás recobrada, Tenshi,” recalcó Suzuka, volviendo a ponerse de pie.
“¡¿Yo?! ¡Fuera de una leve molestia estoy perfectamente normal!” Tenshi se impacientó. “¡No estaría en mayor riesgo contra esas orphans raras que si lo del muelle no hubiera ocurrido! ¡Por otro lado, no puedo decir lo mismo que Cho que ni ha podido entrenar estos últimos días! ¡¿Por qué intentas sobreprotegerme de la nada?! ¡Ya me he lastimado en entrenamientos previamente!”
“Debo admitir que sí es un poco raro,” Saki se puso a pensar.
“¿Perdón?” la peliblanca se extrañó al oírle sumarse a la conversación.
“Cuando te conocimos, al menos algunas de nosotras nos llevamos la impresión que eras alguien de armas tomar, y una situación como la presente no te dejaría paralizada,” observó. “Lo del muelle ocurrió precisamente por ello, y si bien todas estamos cometidas a ser más certeras con nuestras acciones, en ese instante tú fuiste a rescatar a alguien quien ni sabíamos si existía. Sin embargo, ahora que sabemos que una HiME necesita nuestra ayuda no haces más que mantenernos lo más lejos del asunto en lo posible.”
“¡Sí, exacto!” Tenshi asintió.
“…ustedes…” Suzuka negó. Sin duda se vio ofuscada. “No crean que esto es fácil para mí tampoco, y si estuviera por mi cuenta, ya habría visto qué hacer. Ahora soy una senpai y no puedo ponerlas a ustedes bajo un riesgo que ni puedo garantizar que solucionaré por mi cuenta. Es precisamente por lo sucedido en el muelle que no debo dejar que esto se repita.”
“Tú me prometiste que seríamos aliadas ni bien me convirtiera en una HiME” agregó Tenshi, firmemente. “He trabajado muy duro para asegurarme que puedas tomarme en serio. Creo que es obvio para todas aquí que estoy decidida a ser HiME y que tengo el deseo de ayudar, pero también quiero saber que ustedes confían en mí y cuentan conmigo. ¡Y eso nos debemos entre todas!”
“Aun así, está es una situación sin precedentes, y demasiado riesgosa…”
“Senpai…” Tsubasa le miró atentamente. “Creo en lo que nos has dicho, pero sospecho que hay algo además de todo ello, algo que te tiene sumergida en pensamientos y que no quieres compartir, ¿no es verdad?”
“…” Suzuka le miró de reojo. Con esa acción en silencio, las otras entendieron que la presidenta de la clase había acertado.
“Esta es una situación de emergencia, así que opino que todas merecemos saber lo que traes, porque claramente nos está involucrando, y porque puede ser relevante ahora,” continuó, pacientemente. “Por favor confía en nosotras.”
“Suzuka…” Tenshi sonó demandante y casi suplicante a la vez.
“…” terminó por dar un pesado suspiro. “Está bien…”
Lo había esperado evitar. Nunca podía decir cómo reaccionaría su kouhai, pero era cierto que era un tema relacionado con el presente, y tenía que haber una comunicación clara entre todas. Si tan sólo no estuviera en el rol de líder…
“Cuando estábamos por llegar, aquel Rebel que vino con Cho y conmigo me dio una advertencia en privado, dejándome saber lo peligroso que era esta situación,” explicó. “Me dijo que no podía exponer a quien había sido lastimada durante los eventos del muelle a la niebla, que le estaría dando al instigador una ventaja. Es por eso que no puedo dejar que ustedes siquiera se acerquen a la misma. Tal parece que estamos a la merced de ese enemigo y no debemos actuar sin medida.”
Al terminar de explicarse, hubo un silencio corto en lo que las chicas procesaban sus palabras. La impotencia se podía considerar un trago muy amargo. Sin duda, era como Suzuka se lo tomaba en el presente. No obstante, el punto de vista de las otras chicas iba a ser distinto.
“Sobre… alguien lastimado en el muelle…” comenzó Kosuzu, meditabunda.
“Ciertamente muchas de nosotras sufrimos daños ese día…” continuó Tsubasa.
“Sin embargo, ese Rebel apuntó a una persona en particular con sus palabras…” dijo Saki.
“Tsk… ¿acaso Cho no representa más esas palabras?” preguntó Tenshi, frustrada.
“Ella fue lastimada, pero tú tuviste que pelear hasta el final, Tenshi, y corriste un gran riesgo…”
“¡No! ¡Suzuka, ese Rebel no estaba velando por mí!” al decir esas palabras, Tenshi se dio un facepalm con ambas manos con tanta intensidad que casi parecía caerse para atrás. “¡Te haré recordar que ese insufrible incógnito encapuchado es mi Rebel y él fue el que me hizo pasar un gran peligro, no la maldita niebla! ¡¿Qué Rebel se pondría a velar por su HiME?! ¡Tú no estuviste ahí, pero Cho casi se muere de no ser porque, nuevamente, mi Rebel se apiadó de ella!”
“Creo que sí dijiste algo al respecto…” observó Saki.
“¡Y lo que sea que la atacó fue algo invisible e intangible, igual que este maldito enclaustro que nos persigue! ¡Y ella todavía sigue sufriendo los estragos!” agregó colérica.
“Es… cierto que su caso sigue siendo un misterio…” Suzuka comenzó a darse cuenta. “Incluso así, no es un riesgo que ustedes deben correr…”
“¡Al diablo con ello!” dicho esto, Tenshi invocó su espada.
“¡O-oye, no te atrevas!”
“¡Y lo peor de todo es que Cho resultó tan lastimada ese día por mi culpa! ¡Y tú me has hecho correr en el sentido contrario! ¡No me importa seguir las instrucciones de las mandamases que andan sentadas a salvo en oficinas!” Tenshi reclamó, y sus ojos parecían estar cerca a derramar lágrimas. “¡No hay punto de ser HiME si no podemos pelear por quienes queremos hacerlo!”
Y, finalmente, Tenshi ingresó al perímetro, perdiéndose entre lo rojo de inmediato.
“Tch… ¡por eso mismo no quería compartir!” Suzuka sabía que tenía que seguirle, y dejó un último mensaje antes de hacerlo. “¡Sigan corriendo, el borde está por avanzar!”
Y siguió a la peliazul. Y así fue. Las tres HiMEs restantes tuvieron que continuar con la huida.
…
15
The Hunger Games / Re: 01. The Reaping: May the Odds be Ever in Your Favor
« Last post by Shura on September 30, 2026, 05:13:34 AM »02.
Distrito Seis—
Shura POV
Dieciocho años y ya me sentía como una anciana. Era algo común cuando estas acostumbrada a que haya muerte a tu alrededor. Y no solo por los Juegos, la enfermedad, el hambre, los asesinatos por parte de los agentes de paz de cualquiera que violará las normas del Capitolio. Todo era un cultivo para madurar deprisa y de manera deprimente. Tenía claro que no quería llegar a los cuarenta y pico años de mi padre, eso sí que era ser un anciano.
En el distrito seis las cosas no estaban tan mal como en el distrito doce, pero la diferencia era como elegir que te rompieran la pierna izquierda o la derecha. Aquí vivíamos deprisa, cada día pudiendo ser el último y a veces olvidando que también mañana podía volver a amanecer. En el distrito seis los jóvenes no iban por su cuenta, los padres demasiado ocupados trabajando para ocuparse de ellos, así que todos los que fueran demasiado pequeños para trabajar estaban metidos en bandas y grupos, no necesariamente algo violento, simplemente era un sistema para sobrevivir: cuando el líder del grupo pedía una Tessera, todos los demás estaban obligados a pedirla para igualar sus posibilidades en la urna. Los adultos se mataban a trabajar y no podían estar con los hijos tanto como quisieran, así que aceptaban que se juntaran por su cuenta y aportaran metiendo su nombre una y otra vez en al urna.
Parecía un equilibrio perfecto, ¿verdad? Pues todo era fachada, si te salías un poco de la línea, te echaban del círculo. Y no me refiero a que no quisieras una Tessera o que robaras comida, era más bien si, como yo, tenías un padre que trabajaba para los agentes de paz, eso ya te dejaba fuera.
Así que en los últimos cuatro años, me había vuelto bastante nómada, el distrito seis era bastante amplió y si seguías las vías del tren no era difícil encontrar estaciones abandonadas donde dormir, simplemente tenías que tener cuidado con los adictos. Perdedores que se habían pasado tomando drogas.
En el distrito seis crecían flores en cualquier sitio donde se hubieran enterrado residuos y había muchos sitios donde florecían. No iré de digna, yo también había consumido, había veces en las que me había juntado con otros marginados o jóvenes como yo y queríamos divertirnos, y otras veces en los que el peso del mundo parecía querer aplastarte.
Todo dependía del equilibrio. Algo demasiado frágil e invisible.
Me dirigí al centro del Distrito Seis, hoy era el día de la Cosecha, no quería ir, obviamente, pero tampoco quería que mi padre me diera caza y me metiera un tiro en la frente por atreverme a desafiar al Capitolio. Ya lo había hecho con amigas que conocía y se escondieron el día de la Cosecha pensando, tontamente, que si no estaban no podrían obligarlas a ir, aunque sus nombres fueran los anunciados… sus nombres nunca salieron elegidos para participar en los Juegos del Hambre, pero aquel acto de rebeldía se pagaba con la vida.
El ambiente de aquel día era bastante festivo, todo un telón para convencer a los del Capitolio que no estábamos tan oprimidos: mira que contentos están en el Distrito Seis; son los que mejores fiestas montan de todo el continente; inversores comprad sus servicios de trenes de alta velocidad.
Muchos jóvenes tributos estaban en pleno subidón cuando las cámaras hicieron sus directos antes de la hora de La Cosecha.
-¡Woooow mira mamá salgo en la tele!
-¡Pero si tu madre no tiene tele!
-¡Quedaos con esta cara, nenas! ¡Voy a ser el terror de los juegos sicseben!
-¡Si durante los juegos me envían alcohol yo me hago un cubata!
-Y devolvemos la conexión. -El periodista sonreía de lado con aires de superioridad intelectual, recorriendo los grupos de jóvenes, estaría encantado de encontrar carnaza tan dispuesta.
Pan y circo.
Evitó las cámaras, no era la única. Empezábamos a estar demasiados jóvenes reunidos, muchos respiraban aliviados, a más tributos menos opciones de salir elegidos. Pude sentir algunos empujones de quienes me reconocieron.
Marginada.
Marginada.
Que pesados. Se protegían entre ellos para que no pudiera localizar a mis agresores. Pero no tenía problemas en atacar a todos.
De manera inesperada, un enorme brazo me rodeo por delante de los hombros atrayéndome hasta que mi espalda dio contra su duro pecho. Mi primera reacción fue buscarle los dedos para retorcérselos y obligarle a soltarme.
-¡Auch! ¡Ey! ¡Shura! ¡Tranquila!
Aquel tipo sabía mi nombre, la mayoría ni se molestaba, me llamaban solo marginada.
Soltó su agarre y pude librarme de él, girándome para ver de quien se trataba.
Vestía de negro, llevaba debajo de la chaqueta una sudadera con capucha que le tapaba la cabeza y su cara estaba cubierta por una máscara, una calavera pintada de azul, las cuencas vacías estaban decoradas con una X y la otra con un corazón, todo para que no se le pudieran ni ver los ojos.
-¿No me reconoces?
-No soy adivina. -Esperé a que se identificara, el hombre adopto una pose digna, debía ser una de las personas más musculosas de allí. Pareció ponerse serio.
-Soy Batman. -Dijo con voz grave y teatral.
Chasqueó la lengua con molestia queriendo marcharme de allí, pero la Cosecha estaba a punto de empezar y me veo arrastrada por la marea de jóvenes tributos como yo.
Giro la cabeza para volver a mirar a ese extraño sujeto que levantó la mano moviéndola lentamente para despedirse, en un gesto más siniestro que conciliador, desapareciendo entre la multitud.
Los tributos del distrito seis vestíamos de negro, era más fácil ocultar las manchas de grasa, en general todos vestíamos la misma chaqueta de traje negro, las mujeres con falda de tubo. Parecía que íbamos de entierro.
Siempre tardábamos una eternidad en formar y veías a los agentes de paz sacar porras eléctricas para guiar a los más colocados, rebeldes o niños despistados, de vuelta a las filas, como si fuéramos ganado. Todo sucediendo mientras veíamos por las pantallas como de los distritos uno al cinco ya estaban seleccionando a sus tributos.
Por fin, la presentadora enviada desde el Capitolio apareció, una mujer vestida de blanco, no fuera que la confundieran con alguien de Distrito Seis, hizo su aparición, esperando al momento en que el Capitolio le diera conexión.
-Buenos días Panem, aquí Lady Dimitrescu retransmitiendo desde el Distrito Seis.
Hizo una pausa medida para dejar escuchar un par de silbidos de admiración de parte del sector masculino. Pero desde las pantallas, la mujer tuvo que forzar una sonrisa, fingiendo estar encantada con las espontaneas reacciones que despertaba.
Normalmente los Distritos intentaban transmitir una imagen de solemnidad, manteniendo su orgullo, aquí nos vendíamos baratos, como perritos haciendo equilibrio sobre una pelota para que el Capitolio nos diera una galletita más que al resto.
La presentadora volvió a retomar el hilo del programa.
-Todos los tributos del Distrito Seis están deseando escuchar quienes serán los dos representantes de este año para los Juegos del Hambre. ¿Os apetece comenzar? Vamos primero con la representante femenina.
Quizá ya estuviera anticipando el resultado, quizá me lo merecía, o quizá era que todas pensábamos lo mismo: “voy a ser yo”. Después de cuatro años, en comunión por fin con las que habían sido amigas y vecinas.
Por supuesto, no hubo voluntarias que quisieran ocupar mi lugar.
Antes de poder dar el primer paso, porque lo iba a hacer, iba a ir con la cabeza bien alta, sentí un empujón que me instaba a avanzar. Me giré preparada para encararme con mi agresor, tendría que haber imaginado que se trataba de él porque aunque llevaba años sin verlo, me seguía haciendo sentir como una estúpida.
-Hola, papá.
No estoy segura de que haya captado la ironía porque enseguida me empuja para que me dirija al escenario. Aunque iba con aquel casco podía reconocerlo, algo en su pose que yo misma tenía, esa frialdad que era solamente suya. Sentí amargura al ver que ni siquiera titubeaba al llevarme al patíbulo.
Las cámaras me enfocan y seguramente tenga cara de mierda, porque enseguida pasan para anunciar al tributo masculino.
Distrito Seis—
Shura POV
Dieciocho años y ya me sentía como una anciana. Era algo común cuando estas acostumbrada a que haya muerte a tu alrededor. Y no solo por los Juegos, la enfermedad, el hambre, los asesinatos por parte de los agentes de paz de cualquiera que violará las normas del Capitolio. Todo era un cultivo para madurar deprisa y de manera deprimente. Tenía claro que no quería llegar a los cuarenta y pico años de mi padre, eso sí que era ser un anciano.
En el distrito seis las cosas no estaban tan mal como en el distrito doce, pero la diferencia era como elegir que te rompieran la pierna izquierda o la derecha. Aquí vivíamos deprisa, cada día pudiendo ser el último y a veces olvidando que también mañana podía volver a amanecer. En el distrito seis los jóvenes no iban por su cuenta, los padres demasiado ocupados trabajando para ocuparse de ellos, así que todos los que fueran demasiado pequeños para trabajar estaban metidos en bandas y grupos, no necesariamente algo violento, simplemente era un sistema para sobrevivir: cuando el líder del grupo pedía una Tessera, todos los demás estaban obligados a pedirla para igualar sus posibilidades en la urna. Los adultos se mataban a trabajar y no podían estar con los hijos tanto como quisieran, así que aceptaban que se juntaran por su cuenta y aportaran metiendo su nombre una y otra vez en al urna.
Parecía un equilibrio perfecto, ¿verdad? Pues todo era fachada, si te salías un poco de la línea, te echaban del círculo. Y no me refiero a que no quisieras una Tessera o que robaras comida, era más bien si, como yo, tenías un padre que trabajaba para los agentes de paz, eso ya te dejaba fuera.
Así que en los últimos cuatro años, me había vuelto bastante nómada, el distrito seis era bastante amplió y si seguías las vías del tren no era difícil encontrar estaciones abandonadas donde dormir, simplemente tenías que tener cuidado con los adictos. Perdedores que se habían pasado tomando drogas.
En el distrito seis crecían flores en cualquier sitio donde se hubieran enterrado residuos y había muchos sitios donde florecían. No iré de digna, yo también había consumido, había veces en las que me había juntado con otros marginados o jóvenes como yo y queríamos divertirnos, y otras veces en los que el peso del mundo parecía querer aplastarte.
Todo dependía del equilibrio. Algo demasiado frágil e invisible.
Me dirigí al centro del Distrito Seis, hoy era el día de la Cosecha, no quería ir, obviamente, pero tampoco quería que mi padre me diera caza y me metiera un tiro en la frente por atreverme a desafiar al Capitolio. Ya lo había hecho con amigas que conocía y se escondieron el día de la Cosecha pensando, tontamente, que si no estaban no podrían obligarlas a ir, aunque sus nombres fueran los anunciados… sus nombres nunca salieron elegidos para participar en los Juegos del Hambre, pero aquel acto de rebeldía se pagaba con la vida.
El ambiente de aquel día era bastante festivo, todo un telón para convencer a los del Capitolio que no estábamos tan oprimidos: mira que contentos están en el Distrito Seis; son los que mejores fiestas montan de todo el continente; inversores comprad sus servicios de trenes de alta velocidad.
Muchos jóvenes tributos estaban en pleno subidón cuando las cámaras hicieron sus directos antes de la hora de La Cosecha.
-¡Woooow mira mamá salgo en la tele!
-¡Pero si tu madre no tiene tele!
-¡Quedaos con esta cara, nenas! ¡Voy a ser el terror de los juegos sicseben!
-¡Si durante los juegos me envían alcohol yo me hago un cubata!
-Y devolvemos la conexión. -El periodista sonreía de lado con aires de superioridad intelectual, recorriendo los grupos de jóvenes, estaría encantado de encontrar carnaza tan dispuesta.
Pan y circo.
Evitó las cámaras, no era la única. Empezábamos a estar demasiados jóvenes reunidos, muchos respiraban aliviados, a más tributos menos opciones de salir elegidos. Pude sentir algunos empujones de quienes me reconocieron.
Marginada.
Marginada.
Que pesados. Se protegían entre ellos para que no pudiera localizar a mis agresores. Pero no tenía problemas en atacar a todos.
De manera inesperada, un enorme brazo me rodeo por delante de los hombros atrayéndome hasta que mi espalda dio contra su duro pecho. Mi primera reacción fue buscarle los dedos para retorcérselos y obligarle a soltarme.
-¡Auch! ¡Ey! ¡Shura! ¡Tranquila!
Aquel tipo sabía mi nombre, la mayoría ni se molestaba, me llamaban solo marginada.
Soltó su agarre y pude librarme de él, girándome para ver de quien se trataba.
Vestía de negro, llevaba debajo de la chaqueta una sudadera con capucha que le tapaba la cabeza y su cara estaba cubierta por una máscara, una calavera pintada de azul, las cuencas vacías estaban decoradas con una X y la otra con un corazón, todo para que no se le pudieran ni ver los ojos.
-¿No me reconoces?
-No soy adivina. -Esperé a que se identificara, el hombre adopto una pose digna, debía ser una de las personas más musculosas de allí. Pareció ponerse serio.
-Soy Batman. -Dijo con voz grave y teatral.
Chasqueó la lengua con molestia queriendo marcharme de allí, pero la Cosecha estaba a punto de empezar y me veo arrastrada por la marea de jóvenes tributos como yo.
Giro la cabeza para volver a mirar a ese extraño sujeto que levantó la mano moviéndola lentamente para despedirse, en un gesto más siniestro que conciliador, desapareciendo entre la multitud.
Los tributos del distrito seis vestíamos de negro, era más fácil ocultar las manchas de grasa, en general todos vestíamos la misma chaqueta de traje negro, las mujeres con falda de tubo. Parecía que íbamos de entierro.
Siempre tardábamos una eternidad en formar y veías a los agentes de paz sacar porras eléctricas para guiar a los más colocados, rebeldes o niños despistados, de vuelta a las filas, como si fuéramos ganado. Todo sucediendo mientras veíamos por las pantallas como de los distritos uno al cinco ya estaban seleccionando a sus tributos.
Por fin, la presentadora enviada desde el Capitolio apareció, una mujer vestida de blanco, no fuera que la confundieran con alguien de Distrito Seis, hizo su aparición, esperando al momento en que el Capitolio le diera conexión.
-Buenos días Panem, aquí Lady Dimitrescu retransmitiendo desde el Distrito Seis.
Hizo una pausa medida para dejar escuchar un par de silbidos de admiración de parte del sector masculino. Pero desde las pantallas, la mujer tuvo que forzar una sonrisa, fingiendo estar encantada con las espontaneas reacciones que despertaba.
Normalmente los Distritos intentaban transmitir una imagen de solemnidad, manteniendo su orgullo, aquí nos vendíamos baratos, como perritos haciendo equilibrio sobre una pelota para que el Capitolio nos diera una galletita más que al resto.
La presentadora volvió a retomar el hilo del programa.
-Todos los tributos del Distrito Seis están deseando escuchar quienes serán los dos representantes de este año para los Juegos del Hambre. ¿Os apetece comenzar? Vamos primero con la representante femenina.
Quizá ya estuviera anticipando el resultado, quizá me lo merecía, o quizá era que todas pensábamos lo mismo: “voy a ser yo”. Después de cuatro años, en comunión por fin con las que habían sido amigas y vecinas.
Shura Morgan
Por supuesto, no hubo voluntarias que quisieran ocupar mi lugar.
Antes de poder dar el primer paso, porque lo iba a hacer, iba a ir con la cabeza bien alta, sentí un empujón que me instaba a avanzar. Me giré preparada para encararme con mi agresor, tendría que haber imaginado que se trataba de él porque aunque llevaba años sin verlo, me seguía haciendo sentir como una estúpida.
-Hola, papá.
No estoy segura de que haya captado la ironía porque enseguida me empuja para que me dirija al escenario. Aunque iba con aquel casco podía reconocerlo, algo en su pose que yo misma tenía, esa frialdad que era solamente suya. Sentí amargura al ver que ni siquiera titubeaba al llevarme al patíbulo.
Las cámaras me enfocan y seguramente tenga cara de mierda, porque enseguida pasan para anunciar al tributo masculino.
16
The Hunger Games / Re: I Volunteer as Tribute! | Hunger Games Kickstarter
« Last post by Shura on September 30, 2026, 04:57:46 AM »Distrito 1
• Tributo masculino: Damian Wayne (Shura)
• Tributo femenino: Panty Anarchy (Sayi)
Distrito 2
• Tributo masculino: Nikto (Shura)
• Tributo femenino: Alicia Dessendre (Shura)
Distrito 3
• Tributo masculino:
• Tributo femenino: Neko
Distrito 4
• Tributo masculino: Akihiko Sanada (Sayi)
• Tributo femenino: Umi Ryuuzaki (Sayi)
Distrito 5
• Tributo masculino:
• Tributo femenino:
Distrito 6
• Tributo masculino: Joshua Hammond (Shura)
• Tributo femenino: Shura
Distrito 7
• Tributo masculino: Thorfinn Thorsson (Nanami)
• Tributo femenino: Ferris Eris (Ekha)
Distrito 8
• Tributo masculino:
• Tributo femenino:
Distrito 9
• Tributo masculino:
• Tributo femenino:
Distrito 10
• Tributo masculino: Flat Escardos (Ekha)
• Tributo femenino: Lucy M. Montgomery (Nanami)
Distrito 11
• Tributo masculino:
• Tributo femenino:
Distrito 12
• Tributo masculino:
• Tributo femenino:
Añado al niño que mide tres manzanas de altura.
• Tributo masculino: Damian Wayne (Shura)
• Tributo femenino: Panty Anarchy (Sayi)
Distrito 2
• Tributo masculino: Nikto (Shura)
• Tributo femenino: Alicia Dessendre (Shura)
Distrito 3
• Tributo masculino:
• Tributo femenino: Neko
Distrito 4
• Tributo masculino: Akihiko Sanada (Sayi)
• Tributo femenino: Umi Ryuuzaki (Sayi)
Distrito 5
• Tributo masculino:
• Tributo femenino:
Distrito 6
• Tributo masculino: Joshua Hammond (Shura)
• Tributo femenino: Shura
Distrito 7
• Tributo masculino: Thorfinn Thorsson (Nanami)
• Tributo femenino: Ferris Eris (Ekha)
Distrito 8
• Tributo masculino:
• Tributo femenino:
Distrito 9
• Tributo masculino:
• Tributo femenino:
Distrito 10
• Tributo masculino: Flat Escardos (Ekha)
• Tributo femenino: Lucy M. Montgomery (Nanami)
Distrito 11
• Tributo masculino:
• Tributo femenino:
Distrito 12
• Tributo masculino:
• Tributo femenino:
17
Unidad de Investigación y Control / Re: Unidad de Investigación y Control — Registro de incidentes y malas decisiones
« Last post by Ekha on September 29, 2026, 11:53:18 PM »Side B-002
—En el cual la autora da cuenta de cómo un hombre descubrió que los dangos podían ocasionar problemas considerablemente más complicados de lo esperado—

Elías Martell tenía la curiosa cualidad de no entender en qué se estaba metiendo hasta que era demasiado tarde. Lo peor era que sí era un estratega y analista relativamente bueno... pero por alguna razón, siempre lograba complicar su situación.
Eso pasó con el Corazón de Orión.
También con el Instituto de Investigaciones Temporales.
Incluso con su propia hermana menor.
Pero, claramente, otra cosa en la que no supo medir realmente las consecuencias que él mismo ocasionaría era con el equipo asignado a su cargo.
Ferris y Wye eran completamente diferentes en habilidades y características físicas, así como personalidad y capacidad de ocasionar caos... pero en algo eran aterradoramente parecidas: la capacidad de convertir un simple acto en una situación absurdamente impredecible.
Martell suspiró recordando la última ocurrencia que había tenido Ferris Eris. Involucraba dangos y la efímera existencia de su persona. No era un recuerdo particularmente agradable y tampoco era uno que quisiera analizar demasiado.
Por razones que prefería mantener fuera de cualquier documento oficial, había llegado a la conclusión de que algunas decisiones debían considerarse errores incluso cuando, en el momento de tomarlas, parecían razonables.
Esta era una de ellas.
Probablemente.
—Elías.
Martell levantó la mirada.
Somnium mantenía su atención en el informe sobre el escritorio.
—¿Qué es eso?— preguntó Elías, regresando a la realidad.
—El reporte preliminar del incidente del almacén.
Elías tomó el documento y comenzó a leer.
Descripción preliminar: humanoides de aproximadamente siete centímetros de altura, apariencia infantil, orejas puntiagudas y vestimenta variable.
Comportamiento: no hostil.
Nivel de riesgo: indeterminado.
Observaciones adicionales: muestran interés particular por alimentos dulces y objetos de uso cotidiano.
Elías leyó el informe dos veces.
—¿Siete centímetros?
—Aproximadamente —respondió Somnium.
—¿Y nadie pensó que era relevante mencionar que parecen niños con sombreros?
—La fotografía está como archivo adjunto.
Elías miró la fotografía y, en efecto, allí estaban.
Una docena de criaturas diminutas se había apoderado de una mesa. Una llevaba un gorro rojo que parecía demasiado grande para su cabeza. Otra estaba dentro de una taza. Una tercera había conseguido ponerse una corbata.
Elías volvió a mirar el informe.
—¿Por qué una lleva corbata?
—No lo sabemos.
—¿Y la de la taza?
—Tampoco.
—¿Y la corbata tiene alguna función?
—No lo sabemos.
Elías dejó el informe sobre el escritorio y miró hacia el techo.
—Perfecto.
Somnium guardó silencio.
—¿Qué?
—Nada.
—Estás pensando algo.
—Sí.
—¿Qué?
—Que probablemente deberías preocuparte más por Ferris que por las criaturas.
Caso XX5
— Cuando encuentras algo más interesante de camino a tu misión —

Flat se había tomado bastante en serio la idea de aprovechar aquellas dos horas… quizá demasiado en serio.
Mientras Vane se alejaba del aeropuerto y Albatross hacía lo propio, él había encontrado una cafetería, comprado algo para comer y, después de unos minutos de observar el lugar, tenía el teléfono nuevamente entre las manos.
La cobertura seguía siendo intermitente, pero eso no parecía importarle demasiado.
Para cuando decidió volver al punto de encuentro, ya había pasado por información sobre la ciudad, mapas de la región y algunas recomendaciones turísticas que, en principio, no tenían absolutamente nada que ver con la misión.
Eso último cambió cuando encontró un mapa de los Montes Apuseni.
Flat se quedó mirando la pantalla y después amplió la imagen. Luego volvió a ampliarla.
—Oh.
La ruta que les habían asignado estaba marcada en una de las carreteras principales. No demasiado lejos de ella aparecía Roșia Montană.
La región había tenido actividad minera desde la época romana. El antiguo asentamiento de Alburnus Maior había estado relacionado con la explotación de oro y todavía existían galerías y restos arqueológicos en los alrededores.
Flat sonrió. Aquello era interesante.
La región también tenía pequeños establecimientos, hoteles, farmacias y comercios que podían resultar considerablemente más útiles para un grupo de investigación que el destino que figuraba originalmente en su itinerario.
Guardó el mapa.
Cuando finalmente los tres volvieron a reunirse, Flat ya había tomado una decisión.
La camioneta rentada los esperaba en el estacionamiento del aeropuerto.
El proceso de recogerla había sido bastante más sencillo de lo que Vane probablemente había imaginado. Fujieda había dejado la reserva preparada con antelación, por lo que solo tuvieron que comprobar la documentación, recoger las llaves y acomodar el equipaje.
Una vez dentro, el navegador fue configurado con el destino original.
Lupșa.
Flat miró la pantalla.
Después miró el mapa que tenía abierto en el teléfono.
Volvió a mirar el navegador.
Levantó ligeramente la mano.
—¿Puedo hacer una sugerencia? Podríamos hacer un pequeño desvío.
Flat giró el teléfono para mostrarles el mapa.
—Roșia Montană está relativamente cerca y tiene más servicios que Lupșa. Hay hoteles, supermercados, farmacias y otros lugares donde podríamos conseguir cualquier cosa que nos haga falta antes de continuar con la misión.
Alzó los hombros ligeramente y sonrió.
—Además, prácticamente queda de paso.
Aquello era, desde un punto de vista estrictamente logístico, una propuesta bastante razonable porque Flat había omitido deliberadamente una parte.
—También es una zona históricamente interesante.
La pantalla del teléfono cambió y ahora mostraba una fotografía de una antigua estructura minera.
—La región tiene actividad minera desde hace siglos. En época romana estaba el asentamiento de Alburnus Maior, y todavía quedan restos relacionados con las antiguas explotaciones. También hay galerías antiguas, arquitectura tradicional y bastante folklore local.
Flat hablaba cada vez más rápido, no porque quisiera convencerlos… o, al menos, eso probablemente habría dicho él. Claramente no tenía absolutamente nada que ver con que estaba emocionado.
—Y los Montes Apuseni son bastante peculiares. Podría ser útil conocer un poco mejor la zona antes de comenzar el trabajo de campo.
Flat finalmente levantó la vista del teléfono.
—¿Qué dicen?
Y, aunque la propuesta había comenzado como una simple consideración logística, había algo en la expresión de Flat que dejaba bastante claro que Roșia Montană acababa de convertirse, para él, en parte de la misión.
18
Listas y Probaciones / Re: Listas de Extras — Última Actualización: Agosto 27
« Last post by Eureka on September 27, 2026, 04:40:25 PM »Eureka
1. Ryuichi Sakuma (Gravitation)
2. Sasaki Shuumei (Sasaki to Miyano)
3. Kurapika (Hunter x Hunter)
4. Yoite (Nabari no Ou)
5. Miharu (Nabari no Ou)
6. Nejire Hadou (Boku no Hero Academia)
7. Dino Albani (Helios Rising Heroes)
8. Acheron (Honkai Star Rail)
9. Aventurine (Honkai Star Rail)
10. Hifumi Izanami (Hypnosis Mic)
11. Doppo Kannonzaka (Hypnosis Mic)
12. Jakurai Jinguji (Hypnosis Mic)
13. Ushijima Wakatoshi (Haikyuu!!)
14. Akaashi Keiji (Haikyuu!!)
15. Daichi Sawamura (Haikyuu!!)
16. Kuroo Tetsurou (Haikyuu!!)
17. Bokuto Koutaro (Haikyuu!!)
18. Satori Tendo (Haikyuu!!)
19. Sylvain José Gautier (Fire Emblem: Three Houses)
20. Felix Hugo Fraldarius (Fire Emblem: Three Houses)
21. Yasutomo Arakita (Yowamushi Pedal)
22. Gundam Tanaka (Super Danganronpa 2)
23. Saeran Choi (Mystic Messenger)
24. Luka Megurine (Vocaloid)
25. Tadeo (Killer Peter)
26. Touko Aozaki (Kara no Kyoukai)
27. Aoko Aozaki (Mahotsukai no Yoru)
28. Marian Cross (D.Gray-man)
29. Nea D. Campbell (D.Gray-man)
30. Shinobu Kocho (Kimetsu no Yaiba)
31. Tanjiro Kamado (Kimetsu no Yaiba)
32. Zenitsu Agatsuma (Kimetsu no Yaiba)
33. Inosuke Hashibira (Kimetsu no Yaiba)
34. Kaoru Hakaze (Ensemble Stars!)
35. Kohaku Oukawa (Ensemble Stars!)
36. Subaru Akehoshi (Ensemble Stars!)
37. Kaname Toujo (Ensemble Stars!!)
38. Ibara Saegusa (Ensemble Stars!)
39. Jun Sazanami (Ensemble Stars!)
40. Tatsumi Kazehaya (Ensemble Stars!!)
41. Mayoi Ayase (Ensemble Stars!!)
42. Niki Shiina (Ensemble Stars!!)
43. Aira Shiratori (Ensemble Stars!!)
44. Mitsuru Tenma (Ensemble Stars!)
45. Yuzuru Fushimi (Ensemble Stars!)
46. Tori Himemiya (Ensemble Stars!)
47. Souma Kanzaki (Ensemble Stars!)
48. Kuro Kiryu (Ensemble Stars!)
49. Keito Hasumi (Ensemble Stars!)
50. Esu Sagiri (Ensemble Stars!!)
51. Kanna Natsu (Ensemble Stars!!)
52. Raika Hojo (Ensemble Stars!!)
53. Taki Ibuki (Ensemble Stars!!)
54. Maguro Mikejima (Ensemble Stars!!)
55. Madoka Nozomi (Ensemble Stars!!)
56. Kojika Juis (Ensemble Stars!!)
57. Mashu Kuon (Ensemble Stars!!)
58. Chitose Tsuzura (Ensemble Stars!!)
59. Nice Arneb Thunder (Ensemble Stars!!)
60. Koga Oogami (Ensemble Stars!)
61. Adonis Otogari (Ensemble Stars!)
62. Misaki Yata (K Project)
63. Anna (K Project)
64. Yashiro Isana (K Project)
65. Kuroh Yatogami (K Project)
66. Saruhiko Fushimi (K Project)
67. Mahito (Jujutsu Kaisen)
68. Nobara Kugisaki (Jujutsu Kaisen)
69. Yuji Itadori (Jujutsu Kaisen)
70. Megumi Fushiguro (Jujutsu Kaisen)
71. Toji Fushiguro (Jujutsu Kaisen)
72. Hua Cheng (Tian Guan Ci Fu)
73. Xie Lian (Tian Guan Ci Fu)
74. Hroptatyr (Genshin Impact)
75. Pierro (Genshin Impact)
76. Yae Miko (Genshin Impact)
77. Ei (Genshin Impact)
78. Thoma (Genshin Impact)
79. Ayaka Kamisato (Genshin Impact)
80. Ayato Kamisato (Genshin Impact)
81. Gorou (Genshin Impact)
82. Arataki Itto (Genshin Impact)
83. Alhaitham (Genshin Impact)
84. Kaveh (Genshin Impact)
85. Nahida (Genshin Impact)
86. Illuga (Genshin Impact)
87. Sigewinne (Genshin Impact)
88. Alice (Genshin Impact)
89. Gaming (Genshin Impact)
90. Dahlia (Genshin Impact)
91. Mavuika (Genshin Impact)
92. Ororon (Genshin Impact)
93. Keqing (Genshin Impact)
94. Durin (Genshin Impact)
95. Alyosha (Genshin Impact)
96. Anastasya Feodorovna Snezhnaya (Genshin Impact)
97. Vesna (Genshin Impact)
98. Noy (Genshin Impact)
99. Valeriy (Genshin Impact)
100. Mitya (Genshin Impact)
101. Odette (Genshin Impact)
102. Pantalone (Genshin Impact)
103. Wolfgang Goldenleonard (King's Maker)
104. Suzaku Kururugi (Code Geass)
105. Inori Yuitsuka (Medalist)
106. Hikaru Kamisaki (Medalist)
107. Tsukasa Akeuraji (Medalist)
108. Jun Yodaka (Medalist)
109. Chrom (Fire Emblem: Awakening)
110. Angel Devil (Chainsaw Man)
Soy predecible? sí u_u
1. Ryuichi Sakuma (Gravitation)
2. Sasaki Shuumei (Sasaki to Miyano)
3. Kurapika (Hunter x Hunter)
4. Yoite (Nabari no Ou)
5. Miharu (Nabari no Ou)
6. Nejire Hadou (Boku no Hero Academia)
7. Dino Albani (Helios Rising Heroes)
8. Acheron (Honkai Star Rail)
9. Aventurine (Honkai Star Rail)
10. Hifumi Izanami (Hypnosis Mic)
11. Doppo Kannonzaka (Hypnosis Mic)
12. Jakurai Jinguji (Hypnosis Mic)
13. Ushijima Wakatoshi (Haikyuu!!)
14. Akaashi Keiji (Haikyuu!!)
15. Daichi Sawamura (Haikyuu!!)
16. Kuroo Tetsurou (Haikyuu!!)
17. Bokuto Koutaro (Haikyuu!!)
18. Satori Tendo (Haikyuu!!)
19. Sylvain José Gautier (Fire Emblem: Three Houses)
20. Felix Hugo Fraldarius (Fire Emblem: Three Houses)
21. Yasutomo Arakita (Yowamushi Pedal)
22. Gundam Tanaka (Super Danganronpa 2)
23. Saeran Choi (Mystic Messenger)
24. Luka Megurine (Vocaloid)
25. Tadeo (Killer Peter)
26. Touko Aozaki (Kara no Kyoukai)
27. Aoko Aozaki (Mahotsukai no Yoru)
28. Marian Cross (D.Gray-man)
29. Nea D. Campbell (D.Gray-man)
30. Shinobu Kocho (Kimetsu no Yaiba)
31. Tanjiro Kamado (Kimetsu no Yaiba)
32. Zenitsu Agatsuma (Kimetsu no Yaiba)
33. Inosuke Hashibira (Kimetsu no Yaiba)
34. Kaoru Hakaze (Ensemble Stars!)
35. Kohaku Oukawa (Ensemble Stars!)
36. Subaru Akehoshi (Ensemble Stars!)
37. Kaname Toujo (Ensemble Stars!!)
38. Ibara Saegusa (Ensemble Stars!)
39. Jun Sazanami (Ensemble Stars!)
40. Tatsumi Kazehaya (Ensemble Stars!!)
41. Mayoi Ayase (Ensemble Stars!!)
42. Niki Shiina (Ensemble Stars!!)
43. Aira Shiratori (Ensemble Stars!!)
44. Mitsuru Tenma (Ensemble Stars!)
45. Yuzuru Fushimi (Ensemble Stars!)
46. Tori Himemiya (Ensemble Stars!)
47. Souma Kanzaki (Ensemble Stars!)
48. Kuro Kiryu (Ensemble Stars!)
49. Keito Hasumi (Ensemble Stars!)
50. Esu Sagiri (Ensemble Stars!!)
51. Kanna Natsu (Ensemble Stars!!)
52. Raika Hojo (Ensemble Stars!!)
53. Taki Ibuki (Ensemble Stars!!)
54. Maguro Mikejima (Ensemble Stars!!)
55. Madoka Nozomi (Ensemble Stars!!)
56. Kojika Juis (Ensemble Stars!!)
57. Mashu Kuon (Ensemble Stars!!)
58. Chitose Tsuzura (Ensemble Stars!!)
59. Nice Arneb Thunder (Ensemble Stars!!)
60. Koga Oogami (Ensemble Stars!)
61. Adonis Otogari (Ensemble Stars!)
62. Misaki Yata (K Project)
63. Anna (K Project)
64. Yashiro Isana (K Project)
65. Kuroh Yatogami (K Project)
66. Saruhiko Fushimi (K Project)
67. Mahito (Jujutsu Kaisen)
68. Nobara Kugisaki (Jujutsu Kaisen)
69. Yuji Itadori (Jujutsu Kaisen)
70. Megumi Fushiguro (Jujutsu Kaisen)
71. Toji Fushiguro (Jujutsu Kaisen)
72. Hua Cheng (Tian Guan Ci Fu)
73. Xie Lian (Tian Guan Ci Fu)
74. Hroptatyr (Genshin Impact)
75. Pierro (Genshin Impact)
76. Yae Miko (Genshin Impact)
77. Ei (Genshin Impact)
78. Thoma (Genshin Impact)
79. Ayaka Kamisato (Genshin Impact)
80. Ayato Kamisato (Genshin Impact)
81. Gorou (Genshin Impact)
82. Arataki Itto (Genshin Impact)
83. Alhaitham (Genshin Impact)
84. Kaveh (Genshin Impact)
85. Nahida (Genshin Impact)
86. Illuga (Genshin Impact)
87. Sigewinne (Genshin Impact)
88. Alice (Genshin Impact)
89. Gaming (Genshin Impact)
90. Dahlia (Genshin Impact)
91. Mavuika (Genshin Impact)
92. Ororon (Genshin Impact)
93. Keqing (Genshin Impact)
94. Durin (Genshin Impact)
95. Alyosha (Genshin Impact)
96. Anastasya Feodorovna Snezhnaya (Genshin Impact)
97. Vesna (Genshin Impact)
98. Noy (Genshin Impact)
99. Valeriy (Genshin Impact)
100. Mitya (Genshin Impact)
101. Odette (Genshin Impact)
102. Pantalone (Genshin Impact)
103. Wolfgang Goldenleonard (King's Maker)
104. Suzaku Kururugi (Code Geass)
105. Inori Yuitsuka (Medalist)
106. Hikaru Kamisaki (Medalist)
107. Tsukasa Akeuraji (Medalist)
108. Jun Yodaka (Medalist)
109. Chrom (Fire Emblem: Awakening)
110. Angel Devil (Chainsaw Man)
Soy predecible? sí u_u
19
Listas y Probaciones / Re: New Probation Time!
« Last post by Cho on September 23, 2026, 11:43:41 PM »Hola chicas, vengo a avisar que el stop sign será dejado el miércoles 30 de setiembre a las 10:00pm hora México d.f.
Countdown
Countdown
20
HiMEverse / Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Last post by Cho on September 23, 2026, 11:40:05 PM »
Hello gals <3
Para cualquier duda y/o consulta las invito a postear en el foro de planeación.
Sin más preámbulos~
*top 4*
*conteo*
Sayi :: 0 palabras
Nite :: 0 palabras
Cho :: 5818 palabras
Kana :: 3866 palabras
Eureka :: 3183 palabras
Puri :: 0 palabras
Mimi Tachikawa :: 1185 palabras
Mery :: 0 palabras
Apple :: 0 palabras
Miyu :: 976 palabras
*conteo*
Sayi :: 0 palabras
Nite :: 0 palabras
Cho :: 5818 palabras
Kana :: 3866 palabras
Eureka :: 3183 palabras
Puri :: 0 palabras
Mimi Tachikawa :: 1185 palabras
Mery :: 0 palabras
Apple :: 0 palabras
Miyu :: 976 palabras
Now, let's carry on with those big HiME dreams...
Recent Posts