Author Topic: Unidad de Investigación y Control — Registro de incidentes y malas decisiones  (Read 125 times)


Ekha

[Bienvenidas a la introducción de esta historia.]

Unidad de Investigación y Control
a.k.a. Unidad de Idiotas Clasificados

El edificio parecía sacado de un siglo que claramente no tenía internet.

Tres pisos, fachada de piedra ligeramente envejecida, lo suficiente para que el tiempo pareciera parte del diseño. Ventanas altas, rectángulos verticales con marcos blanco que reflejaban el cielo como si no hubiese otra cosa.

Las puertas principales eran dobles, madera oscura pulida al punto de poder verse reflejado si uno se acercaba demasiado. Encima de la entrada, un pequeño balcón con barandal de hierro negro hacía gala de su existencia porque algún arquitecto del siglo XVII consideró que la simetría era una virtud estética y moral.

Cualquiera diría que parecía una residencia aristocrática que había sido testigo de demasiados cambios grandes y conversaciones incómodas.

El interior mantenía la estructura original, techos altos, vigas firmes, marcos de madera oscura maravillosamente conservados… pero todo lo demás era decididamente contemporáneo.

Un escritorio amplio dominaba la oficina de la jefa, con una superficie perfectamente ordenada y pulcra, excepto por un informe abierto frente a Olga Marie.

La luz de dos lámparas de pared caían sobre el papel mientras Olga Marie lo leía en silencio.

Un silencio largo.

Muy largo.

Excesivamente largo.

La expresión de su rostro denotaba que, el autor de aquel reporte debía ser estudiado por la ciencia… O eliminado por el bien mundial.

La punta de sus dedos golpeó la mesa del escritorio con una precisión de alguien que se encontraba contando mentalmente hasta diez y aún así reconsideraba si sólo diez era suficiente.

— Esto no es un reporte— murmuró, dejando escapar un poco de frustración en ello— Esto es un crimen.
Dejó caer el documento sin decoro alguno sobre el escritorio mientras inhalaba y exhalaba lenta y profundamente.



La organización oficialmente era una fundación sin fines de lucro dedicada a investigar anomalías y recuperar objetos fuera de lo común.

Eso era lo que decía la página web. Eso era lo que decía el registro legal.

Eso era lo que decía el folleto que Olga Marie había aprobado personalmente después de corregirlo seis veces porque la palabra “misterioso” le parecía poco seria.

La realidad era un poco diferente.

Funcionaba desde aquel edificio absurdamente aristocrático donde cualquier, desde la calle, creería que la gente se reunía a discutir tratados diplomáticos o poesía absurda del siglo XVIII.

En lugar de eso, había gente investigando cosas como:
  • Artefactos que claramente no deberían existir,
  • Fenómenos que nadie podía explicar sin usar palabras como “probablemente imposible”,
  • Personas que, por alguna razón que la ciencia aún no había resuelto, poseían habilidades sobrenaturales pero también cero sentido común.

El edificio estaba organizado con una eficiencia casi agresiva.

El primer piso era la zona de trabajo general. Estaciones de investigación, analistas, gente revisando archivos, bases de datos, informes históricos, mapas, grabaciones y, ocasionalmente, tratando de entender por qué un objeto maldito había terminado en un museo interactivo.

El segundo piso era donde trabajaban los equipos de campo cuando no estaban en el campo ocasionando nuevos reportes (de daños también) que Olga tendría que leer.

El comedor también estaba ahí, porque incluso investigadores de cosas extrañas necesitaban comer y la cafeína era prácticamente un recurso indispensable.

Los servidores estaban protegidos detrás de varias capas de cristal blindado porque, cuando uno investiga cosas paranormales, la pérdida de datos puede convertirse en un problema existencial.

El sótano tenía el sistema de respaldo eléctrico. Generadores, baterías industriales, suficiente redundancia energética como para mantener el edificio funcionando incluso si media ciudad decidiera sufrir una crisis energética.

Debajo del sótano había otro nivel. Uno que no aparecía en ningún plano oficial. Un sistema de servidores de respaldo aislado del resto de la red, almacenando copias de todo lo que la organización sabía sobre anomalías, artefactos, incidentes y cierta información que Olga Marie prefería que nadie más pudiese ver ni borrar accidentalmente.

Porque si algo sabía perfectamente Olga Marie Animusphere después de dirigir aquella organización era que jamás en la vida le confiaría la información crítica a un grupo de personas que regularmente tienen tendencia a provocar eventos paranormales por accidente.

Especialmente los equipos problemáticos.

Esos grupos ocupaban demasiado espacio en la cabeza de Olga. No por ser incompetentes, al contrario, eran competentes… pero idiotas. Útiles. Y, a la vez, impresionantemente inútiles.

A veces, Olga se preguntaba por qué los había reclutado. Bueno, “reclutado” era una forma agradable de decirlo.
Legalmente hablando, se consideraba empleo aunque, en la práctica, era algo entre contrato vitalicio y libertad condicional supervisada por una mujer con muy, muy, muy poca paciencia.



Cada línea del documento en la mesa, confirmaba sus sospechas.

— Existen dos opciones.

Respiró profundamente una vez más mientras el mundo seguía moviéndose como si este no fuese un momento relevante para esta historia.

— La primera es que este reporte fue escrito por alguien que no entiende cómo funcionan las oraciones.
Nada qué decir al respecto. El silencio mismo pareció estar de acuerdo.

— La segunda es que este grupo logró convertir una misión de reconocimiento simple en tres anomalías, dos edificaciones con daño estructural  y una factura que incluye…

Tomó de nuevo el documento y revisó los últimos anexos.

— … un vehículo agrícola que destruyó una bodega de fuegos artificiales clandestinos.

Hubiese aventado la hoja, pero sabía que el universo la acomodaría de forma que le molestara mucho más la situación.

— Alguien tiene que morir.

Olga observó con desprecio el papel hasta que cerró los ojos, intentó recuperar la calma y luego presionó el botón de un intercomunicador cerca de ella.

— Recepción.
— Sí, directora.
— Localicen al equipo responsable del último informe. Díganles que vengan a mi oficina y, dependiendo de qué excusa tienen para esto…
Respiró profundo.

— Les asignaré una nueva misión o un castigo ejemplar.

Cortó la comunicación y se levantó de su sillón corporativo. Necesitaría una aspirina antes de ese encuentro.


El mundo parece normal… hasta que deja de serlo.
Cuando la lógica falla, cuando la realidad se rompe y, en algún lugar, alguien toma una decisión altamente cuestionable que empeora absolutamente todo…
existe una organización encargada de intervenir.


La Unidad de Investigación y Control™
(inserte purpu brillín aquí)

Dedicados a intervenir, documentar… y, en el peor de los casos, no empeorar la situación.
Financiados como fundación.
Operando como último recurso.
Sobreviviendo por pura casualidad.


Estas son sus historias.
« Last Edit: March 28, 2026, 04:43:27 PM by Ekha »
ʎɐpoʇ ǝƃɐd ʍǝu ɐ ƃuıuɹnʇ


Nanami

Main story;01

Decir que había terminado en este sitio por error sería bajarle el perfil al asunto en exceso, pero tampoco era como que tuviese sentido cuestionarse el motivo a esta altura.

La situación había sido simple: se metió donde no debía totalmente sabiendo que era peligroso y el destino dictaminó que debía pagar por ello. Ni más, ni menos.

Quizá alguien más arriba o con más cerebro que él diría que totalmente fue su culpa y que todo esto se hubiese podido evitar leyendo las advertencias que alguien amablemente le había entregado, pero bah, ya no valía la pena escuchar ese viejo argumento.

Lo importante era el desenlace: estaba vivo. Condenado de por vida a hacer mandados y escribir informes, pero vivo. Con una habilidad que le traía más problemas que ventajas y le obligaba a usar gafas negras a todas horas, pero vivo.

Y no es como que no le gustase su trabajo.

Es verdad que preferiría no escuchar a la directora volarle el oído cada vez que regresan de una misión o que el asistente de ésta no pareciese que llevaba un palo cruzado por todo el—, pero aprendió a aceptar las cosas buenas de la vida.

Como, por ejemplo, seguir vivo. Muy importante cosa a remarcar a decir verdad.

¿Hemos mencionado lo mucho que Albatross agradece continuar con pulso? ¿No? Pues lo hace, y mucho.

Cuando la organización le encontró años atrás, él ya estaba rezando sus últimas oraciones. Después de todo estaba bañado en sangre que no podía asegurar que no fuese suya, atado a lo que parecía una mesa de sacrificio humano y vendado para no ver los rostros de los lunáticos que lo habían capturado.

Tal vez unos minutos más tarde y hubiese sido el aperitivo de algún demonio.

Si le preguntan, está bastante feliz de no haber terminado siendo un snack. Por los rumores que ha escuchado de otros miembros de la organización, era una de las peores formas de dejar este mundo.

Así que definitivamente había sido afortunado.

Tal vez por eso es de los pocos que se toma este trabajo con tanta tranquilidad. Si había algo en lo que confiase ciegamente (jajá), era en la capacidad que tenía la organización de salvarle el culo cuando más lo necesitase.

Claro, todo mientras fuese útil. Y lamentablemente para todos los altos cargos de este sitio: era absurdamente bueno en lo que hacía. Está bien, quizá es mucho robarse el mérito cuando es un trabajo en equipo. Como sea, su equipo es absurdamente bueno en lo que hace, ¿mejor?

Por eso podía caminar sin miedo por aquel edificio antiguo mientras reía al imaginar la expresión de la directora al leer el informe que había entregado a primera hora.

Se había esforzado en hacerlo más caótico de lo necesario, al fin y al cabo, a ella le faltaba algo de emoción en su vida. No debía ser muy divertido leer torres de papeles hablando de lo mismo, o en el peor de los casos, hablando de cómo más gente había muerto porque habían fallado o llegado tarde.

Así que un informe en formato de épica con sólo pérdidas materiales debía ser como un regalo de los reyes magos.

¿No era el deber de los empleados alegrar la vida de sus superiores de cierta forma? ¿No? Bueno, qué mal. Él ya se lo había tomado como una de sus tareas personales. Además, había acompañado toda la narración con caricaturas dibujos ilustrativos para explicar de mejor manera todo el asunto.

Ahora solo le tocaba esperar que lo llamasen a la oficina principal para recolectar los frutos de su esfuerzo.

Aunque quizás, solo quizás, debería advertirles a sus compañeros de su obra benéfica de esta vez. Así al menos estarían preparados para los retos de esta ocasión.



Side story;01

Lo primero que nota tras escuchar que los idiotas han hecho de las suyas otra vez, es que su café está frío. Ambas señales indican que será un día largo, de esos que le hacen cuestionar el motivo por el cual continúa en esta organización.

Puede ver desde su oficina que los demás administrativos se posicionan para ver el espectáculo que está por montarse con la esperanza de entretenimiento gratuito y que incluso algunos abren apuestas sobre si la directora quebrará algo en esta ocasión.

Siempre es igual.


Debería hacer algo al respecto, pero su café está frío y el circo que está por empezar subirá la percepción de buen clima laboral del equipo. Todavía no está segura del porqué de ello, pero la encuesta mensual lo refleja. A la mayoría de los presentes en la primera planta les encanta ver a Olga Marie perder los estribos por culpa de tres cabezas rubias.

Los testimonios incluso relatan que cuando ocurre en el día libre de alguien, esa persona lo toma como un mal augurio. Llega a ser sorprendente la cantidad de compensaciones que se han solicitado por lo mismo.

Así que cualquier cosa que haga que menos gente deba terminar en terapia o pida dinero extra es algo bueno, está segura que los ejecutivos están de acuerdo. Incluso si es sacrificar al trío de idiotas. Además, los tres ya están acostumbrados a todo esto y saben que se merecen la reprimenda.

Quizá debería pensar más en la salud de su directora, no obstante para eso está el señor Fujieda. Después de todo, ella debe velar por el bienestar de los empleados, no de su jefa.

Con eso en mente decide que necesita otro café.
« Last Edit: April 15, 2026, 08:14:34 PM by Nanami »


Ekha

Caso XX0
- Cuando el Caos dice hola y lo saludas de vuelta -


El documento no tenía nada realmente llamativo a simple vista.
Papel blanco, texto ordenado, bloques censurados, como si alguien hubiera decidido que ocultar información era más importante que hacerla útil. Nada fuera de lo común, al menos no para los estándares de la UIC.

Flat ladeó la cabeza mientras leía, desde la comodidad de uno de los sillones de una oficina bastante elegante, pero llena de carpetas, libros y muchos documentos curiosamente ordenados.

—…Suena dramático, me gusta —murmuró mientras leía en voz baja, más por costumbre que por necesidad.

Quote
Los denominados Camera Obscura constituyen dispositivos ópticos no convencionales cuyo comportamiento ha sido incorrectamente atribuido a causas sobrenaturales.

El presente análisis parte de la premisa de que dichos fenómenos, aunque no comprendidos completamente, obedecen a principios sistemáticos.

Las palabras estaban frente a él, pero no terminaban de encajar del todo. Era como si intentaran dar forma a algo que realmente no debería poder ser descrito.

—Oh, ya veo.

Sonrió mientras se recargaba completamente en el respaldo de la silla, sosteniendo el documento contra la luz de la lámpara como si eso fuera a revelar algo oculto entre las líneas censuradas.

—¿Incorrectamente atribuido a causas sobrenaturales…? Eso es interesante.

Volvió a inclinarse hacia adelante, acomodando el documento en el escritorio de forma que la posición le permitiera leer con atención.

Quote
El dispositivo no genera el fenómeno. 
Lo regula.

—Tiene sentido. Entonces no es lo que ves… es lo que te dejan ver.

Tamborileó los dedos en la orilla del escritorio y pasó a otra página.
Quote
El sistema digital eliminó restricciones presentes en los dispositivos originales.

—Esto suena a que alguien no quiso escribir que algo salió terriblemente mal.

Cerró el archivo despacio, con suavidad. Lo acomodó frente a él en el escritorio y se recargó nuevamente en el respaldo de la silla.

—Me agrada este lugar.

Volteó en dirección a la puerta, como si acabara de recordar algo.

—Aunque… debería preguntarle a alguien cuánto tiempo se supone que voy a estar aquí.

Silencio. Dado que esto no era una historia convencional, nadie entró con ese timing perfecto de escena bien calibrada para brindarle alguna de las respuestas que buscaba.

Frunció el ceño, pero Flat no parecía muy preocupado al respecto, solo curioso.

—Bueno, si es así…

Se acercó de nuevo al escritorio y abrió nuevamente el archivo.




—Ese archivo no es de acceso público.

La voz no parecía particularmente dura, ni como si estuviera regañando a Flat, simplemente aclarando algo que era un hecho. Flat dio un leve respingo, pero no levantó la vista de inmediato. Al contrario, solo pasó la página antes de voltear.

—¿Te refieres a esto?

Levantó el documento y lo sostuvo un poco más arriba de su cabeza, como si eso fuese de ayuda para identificarlo mejor.

—Tienes razón, definitivamente no parece algo apto para el público.

Alain Guillotin permaneció en el mismo sitio. No avanzó todavía. Solo se limitó a observar al chico rubio despreocupado. Aquel que sostenía el archivo en una sección marcada, con anotaciones internas visibles, segmentos censurados y datos técnicos que él conocía de memoria.

—¿Cómo lo obtuviste?

Flat dejó el archivo nuevamente sobre el escritorio, se cruzó de brazos y ladeó ligeramente la cabeza, pensativo.

—Estaba en el escritorio… Bueno, técnicamente estaba debajo de otros tres archivos en esa montaña de documentos de enfrente, pero eso cuenta como “en el escritorio”, ¿no?

Alain exhaló lentamente, como si ya estuviera ajustando algo en su cabeza.

—No.

Flat asintió, como si eso fuera una corrección perfectamente razonable en estas circunstancias.

—Entiendo.

Ladeó la cabeza nuevamente mientras cerraba los ojos.

—Debo decir que la parte donde mencionan a la persona que inventó ese objeto es bastante interesante. Especialmente la teoría de que es posible que quisiera investigar su influencia en diferentes entornos.

Alain no respondió de inmediato. No porque no tuviera qué decir, sino porque no le gustaba la facilidad con la que el chico había llegado a esa conclusión.

—Aléjate de ese documento —dijo Alain, esta vez sin margen para interpretación.

—¿Por qué? —Flat volteó con ese rostro de frustración, como si le hubieran dicho a un niño pequeño que no podía comer helado.

Alain sostuvo la mirada un segundo más de lo necesario. No por desafío, sino porque algo no terminaba de encajar.

—Porque no tienes autorización para leerlo.

Flat parpadeó.

—Oh… —miró el documento—. Eso explicaría por qué está tan censurado.

Alain dio un paso al frente.

—Repito, aléjate de ese documento.

Flat dudó un momento antes de levantarse.

—No iba a quedarme con él —dijo al fin—. Solo quería terminar la última parte.

Finalmente, Flat se alejó del escritorio y, por ende, de la silla que había estado ocupando frente a él. Alain se acercó, sin prisa, pero con paso decidido, y recogió el archivo.

—A partir de ahora no tienes permiso para revisar ningún documento sin autorización directa —finalizó Alain Guillotin con voz clara y seca.

Flat no pudo hacer más que asentir.

—Entiendo. Entonces… ¿a quién le pido autorización?

Alain, quien sentía que su paciencia estaba siendo probada por alguna extraña prueba laboral (no tanto por el destino), lo miró, miró de reojo el archivo y volvió su mirada al chico.

—A mí.

Flat sonrió.

—¡Perfecto! Entonces… ¿puedo seguir leyendo?

Alain sintió un ligero tic en el ojo.

—No.

—Ok, supongo que buscaré algo más que leer.

—No lo harás.

La respuesta no vino de Alain. En la entrada de la habitación se encontraba un hombre de traje impecable, con una carpeta en mano, que se acercó con un movimiento preciso.

No miró a Flat primero. Observó a Alain y al archivo que todavía sostenía.

—Ese documento no estaba programado para revisión el día de hoy.

—No lo estaba.

El secretario asintió y desvió su atención hacia Flat.

—Flat Escardos.

Flat alzó la mano, como si estuviera en un salón de clases.

—Ese soy yo.

—Se te ha asignado material acorde a tu nivel de acceso actual.

El rostro de Flat se iluminó cuando el secretario de Olga Marie le extendió otra carpeta. La tomó casi de inmediato y comenzó a hojearla.

—¿Tengo que entregar algo después de leer esto?

—Es una asignación. Se espera un informe al finalizarla.

Flat pasó una página más, pero más lento.

—¿Es obligatorio?

—Inevitable.

Revisó con atención una sección.

—¿Hay más de estos?

El secretario se dio la vuelta, dispuesto a retirarse.

—Si completas este —dijo—, se evaluará.

Y se retiró.

Flat no levantó la vista hasta terminar de leer el documento. Alain solo esperaba que tuviera la decencia de salir de la habitación y no volver a toparse con él en algún tiempo futuro.

—Definitivamente me voy a quedar —murmuró el chico, al fin—. Al menos hasta que deje de ser interesante.

Alain suspiró. No auguraba nada bueno para él. Debería hablar con el secretario general para establecer una mejor vigilancia en el área de Archivos.

ʎɐpoʇ ǝƃɐd ʍǝu ɐ ƃuıuɹnʇ


Haruhin

Ampliaremos cuando los topes sean más decentes.


#01




¿Por qué este trabajo en particular y no otro?

Cuando le preguntabas la razón por la que seguía aguantando un trabajo en el que se exponía ante más cosas de las que podía estar mentalmente preparado para aguantar, la respuesta de Vane solía ser la misma:
‘¡Porque es divertido!... la paga es buena… y básicamente porque ya no tengo a donde volver.’

Sencillo y especialmente honesto. Una respuesta clásica de su parte.

Sí, el sueldo era decente y le permitía costear sus cuentas, su gato tenía la mejor comida que le podía dar y, además, otro pequeño monto restante lo iba sumando a sus ahorros para su plan de montar a futuro en ese lugar un restaurante. Una idea ambiciosa que se le había metido a la cabeza después de notar que a la comida de la cafetería de la organización, según su criterio, le hacía falta más cariño.

Pero bueno, no podía venir a quejarse. Todo el trabajo de campo que había conocido en su vida antes de la U.I.C era bastante diferente y si bien, una parte de sí extrañaba su hogar en Feendrache, ya no había nada para él allí.
Las guerras se habían encargado de devastar todo. Ya no tenía un estandarte que alzar en las batallas como un antiguo caballero, ni mucho menos un rey al cual proteger. Toda su historia se había limitado en un pestañeo a una vieja armadura desgastada y a su gato que había logrado encontrar después de perder su casa.

Si miraba el vaso medio lleno, estaba vivo, que era lo importante. Y ya por el otro, estaba tremendamente deprimido y eso estaba comenzando a pesarle…

Justo en un día de otoño, la organización había dado con él -o había sido casi al revés- a través de un panfleto de reclutamiento a las afueras de la taberna que había empezado a visitar buscando algunos trabajillos de cazador.
El anuncio tenía dibujos y textos muy llamativos, ofreciendo una mejor calidad de vida en pos de espíritus aventureros, terminando su mensaje con una citación en un lugar y hora específicos.

Vane no lo había pensado mucho. No tenía nada que perder y había mucho que ganar.
Un nuevo propósito y un mejor futuro que lamentablemente su hogar ya no le iba a ofrecer, así que convencido de aquello acudió al punto de reunión.

…Y el resto de aquel encuentro es información borrada de su cabeza porque no recuerda muy bien los detalles.
Había un par de personas uniformadas con trajes nada parecidos a los usados por los habitantes de su tierra. Intercambiaron algunas palabras y luego se vio a sí mismo con una bolsa en la cabeza y con un fuerte olor penetrando su nariz hasta hacerlo perder el conocimiento.

Fuera de la enorme nebulosa en su cerebro ahora podía destacar algo: ¡Había conseguido un nuevo empleo!

Aunque no entendía muy bien cómo había sido posible sin pruebas o al menos una entrevista. De un día para otro después de recuperar el conocimiento, un hombre de traje (al que conocería más tarde como el asistente de su jefa) le comentó que se integraría a un nuevo escuadrón de equipo de campo y sería presentado a sus dos nuevos compañeros.

—Y nos faltaría registrar aquí tu nombre en ficha para mantenerte en la base de datos.—

—A-Ah, soy Vane Feendrache, señor.—

Solicitud para el uniforme, su nueva credencial y también detalles de sus colegas, serían ajustados para la próxima misión en donde su rutina comenzaría a cambiar drásticamente.

…Y lo que habían sido semanas trabajando para la U.I.C de pronto se habían vuelto meses.
Pero por muchas ganas y empeño que le pusiera a las misiones, el resultado terminaba siendo más un desastre que otra cosa. De hecho, ya estaba más que advertido según su última evaluación de desempeño del semestre -cosas elaboradas por cortesía del asistente de la jefa- donde había quedado claro que apenas volviese a destruir otro mobiliario perteneciente a agentes de otros sectores dimensionales, tendría que empezar a reconsiderar una reasignación en otro departamento. Los gastos de expedición estaban creciendo exponencialmente desde que se había consolidado en su equipo.

¡Era injusto! Solamente le estaban cargando el muerto por ser el recluta más nuevo, no tenía nada que ver con que tras su inclusión los reportes comenzaron a mostrar números todavía más preocupantes en la sección de gastos.
Pero no importaba, en la próxima expedición arreglaría eso. De los tropiezos había aprendido de sus errores y se aseguraría de no volver a cometerlos (o hacer el intento con su mayor esfuerzo, eso también contaba ¿no?).

Al menos, para esta nueva reunión en el despacho con sus superiores para hablar de su última misión iba a demostrar la mejoría en su desempeño. Iba a explicar todo con lujo de detalles, hasta con tablas de los gastos que habían hecho durante el viaje (se iban a ver reflejadas hasta las veces en las que se había tirado la cadena del baño si era necesario).

Ahora sí iba a ser imposible que le llamasen la atención con tal cuidado del detalle.

—Vane. Adelante por favor, háblanos de tu reporte.— Le dijo la voz masculina de su superior.

Nervioso tragó saliva y comenzó.
« Last Edit: March 30, 2026, 08:31:59 AM by Haruhin »


Nanami

((Ekha tkm no resistí el tirarlos a rantear, aquí es como nos condeno a tener que escribir todo lo otro.))



Side Story;02

Parte de su trabajo es tomar decisiones complicadas en un ambiente que no está preparado para la experimentación dentro de los parámetros que le gustaría. Parte de su trabajo es, en resumen, encontrar la manera de bordear los límites establecidos sin ser descubierto.

Siempre ha sido bueno en eso.

Se salió con la suya cuando logró que Jakob y él fuesen adoptados juntos.

Se salió con la suya cuando convenció al señor Ingold de que nada malo ocurría al escribir un diario falso para explicar su entusiasmo por las civilizaciones antiguas.

Se salió con la suya cuando incursionó en tabúes para salvar a una de las personas más importantes de su vida.

Entonces, el ser descubierto cuando estaba a punto de convencer a sus compañeros de universidad de iniciar una secta, realmente no le pareció tan grave.

De todo lo que pudo fallar, fue el mal menor. Después de todo, ser reclutado le había abierto las puertas a un mundo aún más interesante que el que hubiese explorado rodeado de adultos jóvenes con interés por el ocultismo y ciencias paranormales.

Sí, se había equivocado al dejar evidencia que le inculpara, pero tampoco era como que le hubiesen obligado a abandonar su búsqueda de la verdad. Concretamente, para el pesar de varios, habían hecho lo contrario al otorgarle un par de alas inmunes a la energía solar.

A la directora le gustaba presumir que lo tenía contenido al tenerlo bajo una vigilancia estricta, no obstante no eran sus reglas las que creaban restricciones, sino la presencia de otro individuo en el mismo departamento. Si Alain Guillotin no se hubiese unido, nadie se daría cuenta de sus intenciones. De cierta forma él mismo arruinó sus planes al restablecer el contacto, pero no cambiaría por nada en el mundo la presencia del otro en su día a día.

El rubio no deja de contradecirle y encontrar puntos débiles en sus postulados, lo cual le obliga a ser mejor: más metódico, más preciso, más exhaustivo. Le empuja a no conformarse con resultados a medias. Lo mínimo que puede hacer para compensar ese regalo es ser igual de crítico con el trabajo de Alain. No dejarle esconderse dentro de la teoría que tanto defiende y obligarle a expandir sus horizontes. Incluso si aquello puede parecer irritante para otros, sabe a la perfección que el de ojos azules no estaría satisfecho de otra forma.

Sin dudas eso es lo que más le agrada de trabajar juntos. No hay espacio para trivialidades como el orgullo o la arrogancia, sino simples intercambios directos que revelan lo importante que es para ambos llegar a la raíz de todo.

Al final, si en algo están de acuerdo desde que son niños, es que antes que personas, ambos son investigadores. Y eso facilita en gran medida el que se entiendan tan bien, aunque conlleve a que se creen rumores al respecto y Jakob se comporte de manera más errática de lo usual.

No es como que no esté acostumbrado a fingir que no se da cuenta, es más cómodo así. Se siente más libre para actuar como realmente desea.

Su mirada se posa en la hora; Alain ya debe haber regresado a su oficina. Es momento de presentarle los avances que obtuvo durante la noche.

Sin retrasarlo más, imprime una copia de los resultados para ordenarlos dentro de una de las carpetas que siempre tiene a mano y agrega sistemáticamente las anotaciones necesarias para que Alain pueda cuestionar los mismos puntos que tan interesantes le han parecido. Una sonrisa descansa en su rostro al terminar y siente el cosquilleo previo a un largo debate entre los dos.

Su día no puede ir mejor. Pero cree que el de Alain sí. Solo le basta acercarse a la oficina del susodicho para ver a un joven desconocido salir y llegar a la conclusión de que tal vez lo suyo deberá esperar un poco.

A veces le gustaría que no trabajara tanta gente aquí, sería más sencillo evitar las variables que arruinen sus planes. Con un suspiro, desvía su camino para buscar un café para el rubio y la carpeta pasa a segundo plano al guardarla bajo su brazo.

No transcurren más de cinco minutos cuando entra a la habitación con una taza de café fresca. Su monóculo atrapa la luz por un instante al enfocar al hombre frente a él y frunce los labios tan solo un poco.
 
— ¿Todo bien? Estás más mosqueado de lo usual. — Comenta al leer la tensión en los hombros ajenos. Un rápido barrido al estado del escritorio le dice lo necesario y con cuidado deja la taza nueva en la pequeña superficie disponible. — Me gustaría decirte que bastará con clasificarlos, pero por la manera en la que ese joven caminaba, puedo asegurar que volverá a leer algo que no debe. Déjamelo a mí, hablaré con el señor Fujieda para implementar un protocolo para estos casos.

Sabe que de momento no es más que una promesa vacía, sin embargo nota que Alain está levemente aliviado de no tener que encargarse de ello y eso es suficiente. A veces se pregunta si Anne se llevó toda la energía social de la familia Guillotin.

Y antes de que el rubio pueda consultar el motivo de su visita, le tiende la carpeta que todavía trae consigo.

— Te traje algo interesante. — No puede evitar sonreír con inocencia cuando los ojos contrarios miran la carpeta con una mezcla entre desconfianza y anticipación. — Encontré el origen de los sellos utilizados en las inscripciones. Me tomó más de lo que esperaba, pero siguen un sistema no difícil de replicar si sabes identificar lo que lees. Así que eso hice; anexé los resultados de las pruebas iniciales al final.

Alain no tarda en abrir la carpeta para revisar los documentos, pero antes de que pueda sumergirse en la lectura, el de cabellos lilas no puede evitar agregar un poco más de contexto sin ocultar su entusiasmo.

— Experimenté diferentes combinaciones para potenciar características que deberían estar restringidas. Los resultados preliminares te dan la razón, no obstante entre más pruebas realicé, más evidente fue que el resultado depende, como planteé inicialmente en mi hipótesis, del potencial místico de cada usuario.—