Author Topic: neverland 0.0: you can (not) remember  (Read 70400 times)


Airin

Re: neverland 0.0: you can (not) remember
« Reply #75: November 30, 2024, 04:29:02 AM »
Posteo antes de que se me olvide, que últimamente apuro demasiado :_D Una vez más yo sin iconos, que se aguante con los del patio e_e.
spoiler: MAN. ON. FIRE. ffdsgdhsadjsjsdfgh



~+0.80~

—¿Y si le pego fuego? —musitó el pelirrojo frunciendo el ceño. Así seguro que se acababa el problema.

Así se acabarían la mayor parte de sus problemas con toda seguridad, pero si quería presumir de ser un héroe no podía acabar en la cárcel. Como joven rico y heredero soltero que era, tenía dinero de sobra para que no fuese más que una corta estancia incómoda si llegaba a darse el caso, pero su reputación como emprendedor y empresario no se recuperaría tan fácil, y la industria vitícola ya era salvaje por sí misma como para darles más munición en su contra.
Envidiosos que eran todos. Joven, rico, inteligente, heroico y guapo. El paquete de genio completo.

Pero su frustración le hacía divagar. Primero tenía que conseguir que el NPC reconociera su nick para acabar de pasar el tutorial.

—Con apóstrofe. —repitió en voz alta enunciando con una claridad perfecta que habría hecho llorar de satisfacción a muchos tutores de idiomas.

Un sonido corto y molesto, el típico “meeec” de error de sistema operativo, resonó por cuarta o quinta vez haciendo que el hombre crispase las manos en forma de garras de forma compulsiva.

—¿Eh… vas a tardar mucho? —preguntó una voz con tono aburrido a su espalda.— Que he quedado ahí dentro en algún sitio.

El pelirrojo giró sobre sí mismo siendo la viva imagen de una antorcha humana, como si la hoguera que en esos momentos ardía en su interior hubiera sido proyectada hacia fuera convirtiéndolo en un hombre en llamas.

Lejos de amedrentarse, el tipo que había hablado se limitó a observarlo con desgana. Ojos entornados, piel en el lado más moreno del bronceado, cabello de color índigo desgreñado en mitad de la cara… y una maldita rata colgando sobre el hombro.
No fallaba, era siempre el mismo tipo de cabrones barriobajeros los que creían que un rastrojo de pelo mal colgado les daba encanto canalla cuando lo único que hacía era marcarlos como los impresentables que eran.
Y además tuvo la osadía de encogerse de hombros.

Dándose la vuelta de nuevo hacia el NPC, se cuadró de hombros y levantó la barbilla con dignidad.

Cancelar. —dijo el pelirrojo.

—Su operación ha sido cancelada. —la voz femenina sonó alegremente mecánica, exacerbando su frustración.

—Ya volveré cuando no haya imbéciles molestando. —resopló estirándose las solapas de la casaca. En cuanto pudiese cambiarla por un abrigo largo y rojo... el mundo no sabía todavía a qué se enfrentaba.

El tipejo se rió entre dientes llevándose dos dedos a la sien como forma de saludo.

—Buena suerte con eso, campeón.

El pelirrojo lo miró de costado juzgándolo abiertamente y encontrándolo en falta, y rodó los ojos con desprecio.

—Todo lo que te espera, es un mañana sombrío. No importa donde los vientos soplen. —Murmuró alejándose altivo y dramático mientras recitaba los versos ominosos.— Aunque el mañana se halle vacío de promesas, nada podrá detener mi regreso.

Inmediatamente después se sintió culpable por haberse saltado la referencia a la Diosa, pero a veces un poeta tenía que tomarse libertades y utilizar el arte a su favor. Respiró hasta llenarse los pulmones varias veces de aire pixelado.

Miró por encima de su hombro a tiempo de ver al tipo desvaneciéndose en un montón de píxeles dorados, y comprobar con ofensa tardía que no, no era una rata de cuatro pelos, sino simplemente un mechón que se le había escapado de una melena de anuncio recogida en una coleta a la altura de la nuca. El muy hijo de puta tenía pelazo.

—No hay sueños, ya no queda honor. La flecha ha dejado el arco de la diosa. —A la mierda el vino, al carajo con la sidra. Ya tenía el dinero y podía alquilar las tierras y olvidarse de trabajar el campo. Fuego y destrucción era lo que iba a sembrar a partir de ahora.— Mi alma, corrompida por la venganza, ha aguantado el tormento, para encontrar el final del viaje.

Propinó una patada a una piedra artificial que se perdió entre el vacío de los gráficos y repasó mentalmente una lista de apodos sin signos puntuación ni símbolos que pudieran ser mal entendidos. Sólo quería acabar el maldito tutorial, que el condenado juego le dejase elegir un nick que hiciese justicia a todo lo que quería expresar y revisar los posibles jobs que dejasen rienda suelta a sus inclinaciones más… piromaníacas.

En conclusión, Genesis sólo quería una vestimenta magnífica y lanzar bolas de fuego a voluntad y una espada (o varias) que pudiera prender en llamas y matar monstruos de forma indiscriminada dejando un rastro de destrucción mapa tras mapa como terapia barata a su horriblemente solicitada vida diaria.
Un juego dudoso era por desgracia menos arriesgado que hablar con una persona especializada que pudiera vender su confidencialidad sin remordimiento alguno a cambio de la suma adecuada, bastante tenía con la gentuza viscosa que le rondaba habitualmente en busca de migajas que llevarse al bolsillo.

—El alma errante no conoce descanso…


.

~      H e g o a k    e b a k i    b a n i z k i o,    n e r i a    i z a n g o    z e n,    e z    z u e n    a l d e g i n g o.       ~
~      B a i n a n    h o n e l a,    e z    z e n    g e h i a g o    t x o r i a    i z a n g o,      ~
~      e t a    n i k    t x o r i a    n u e n    m a i t e.       ~


Neko

Re: neverland 0.0: you can (not) remember
« Reply #76: November 30, 2024, 05:43:37 AM »
Kachina es mi hija, nada me falta.




      Anir + Kachina



Ochotona había cometido un terrible error. Cualquiera que la viese en ese momento, tensa y asustada porque una extraña le estaba mirando como si estuviera loca y gritándole (en defensa de la extraña sólo había dicho “¿¡Aaaah!?”, pero había sido un “¿¡Aaaah!?” muy agresivo), creería que se refería a ese momento en concreto, pero no… su error había sido mucho, mucho antes.

—¡Hola, aventurero! —le saludó un personaje no jugable. Ochotona se señaló a sí misma—. ¡Sí, le hablo a usted!

—Hola… —contestó Ochotona de vuelta.

El personaje le sonreía con calidez, o al menos lo intentaba. A veces sus expresiones no estaban del todo refinadas y los personajes no jugables podían parecer psicópatas que entendían los sentimientos pero no los llegaban a procesar. Ahora que Ochotona lo pensaba, ¿no era ese el caso? Después de todo, eran un código en una máquina que procesaba información, pero que ella supiese no tenían las hormonas necesarias para…

—Veo que aún es Novicio. Según su nivel y progreso en el juego, ya es elegible para que le ofrezca la misión.

—Soy una chica. —contestó Ochotona, rompiendo su cadena de pensamientos por un momento.

El personaje no jugable, que parecía un empleado de algún tipo ya que estaba detrás de un mostrador, parpadeó despacio borrando su sonrisa. Luego volvió a sonreír.

—Veo que aún es Novicia. Según su nivel y progreso en el juego, ya es elegible para que le ofrezca la misión.

Ochotona se miró las manoplas y luego miró al NPC. Ella sólo había ido hasta Columbia porque le habían dicho que había una tienda con los mejores caramelos de todo el juego y quería probarlos, pero no encontraba la tienda y había acabado entrando a lo que parecía un puesto de información. También tenían un montón de cacharritos para turistas y se había quedado mirando los que brillaban. Como esa taza lacada con el lema “Ni reyes ni dioses, sólo hombres”, que parecía ser en algún grado un lema de la ciudad.
Ochotona estaba releyendo la frase en la taza cuando el personaje no jugable le volvió a sacar de sus pensamientos.

—¿Acepta la misión?

Ochotona levantó la vista hacia el NPC y le preguntó si era muy larga.


—¡No! ¡Sólo tiene llevar unos productos de punto A a punto B andando!

Ochotona parecía estar pensándoselo, así que el NPC añadió:

—¡Le daremos este carro de regalo! —y señaló dicho carro.

Ochotona dejó la taza en su sitio con mucho cuidado y luego se puso a inspeccionar el carro. Parecía que tenía muchísima capacidad de carga y algunos sistemas interesantes sobre autodrop. Pero Ochotona todavía no las tenía todas consigo misma.

—No sé…

—¡También tenemos la versión en mochila! ¡Y la puede personalizar! —exclamó el NPC, que a este punto parecía un poco desesperado porque Ochotona aceptase la misión—. Aquí tiene el editor de mochilas y bolsas, cuando acabe su diseño sólo tiene que apretar el botón donde pone “crear” y todo estará listo.

—Oh… —murmuró Ochotona, mirando con ojos brillantes a la pantalla del editor—. Un bolso sí que me gustaría.

—¡Tiene la misma capacidad que el carro, pero en un formato más cómodo para que nuestros clientes se sientan más agusto!

Ochotona asintió con la cabeza, empezando a diseñar su bolso. Estaba tan emocionada que por un momento se había olvidado de los caramelos a por los que había venido. Al acordarse de ellos pensó en cuántos caramelos podría cargar ahora en su bolsa nueva. Estaba haciendo las matemáticas mentales cuando apretó en el botón de creación.

—Ah… aún no me ha dicho cual es punto A y cual es punto B… —se preguntó en alto de repente.

—Las localizaciones son elegidas al azar al aceptar la misión.

El brillante y colorido nuevo bolso de Ochotona terminó su creación y un “ding” agudo sonó desde la estación de recogida.

—Pero aún no he aceptado la misión —comentó a la vez que agarraba el bolso y otro pitido sonó desde su omnitool—. ¿Qué?

—Oh, aceptó la misión en cuanto apretó el botón de creación en la estación Crea-Mochilas de Merchant. Sus localizaciones fueron generadas automáticamente al aceptar el bolso.

Ochotona miró a su bolso nuevo y reluciente y se lo colgó antes de invocar la omnitool para ver los detalles de la misión. Según la misión tenía un paquete esperándole en la Guild de Merchants de Amarillo y tenía que llevarlo hasta la Guild de Merchants de Colorado. Los objetivos eran que sólo podía ir andando de una ciudad a otra y el paquete debía llegar en perfectas condiciones, no tenía límite de tiempo. Podía quedarse la bolsa cuando acabase la misión, además de un montón de equipo nuevo y… la lista de recompensas seguía y seguía y Ochotona no tenía tiempo de seguir leyendo, tenía una bolsa que quedarse y llenar de caramelos.

Las mejillas de Ochotona se sonrojaron de emoción y agarrándose con las dos manoplas de la correa de su bolso asintió.

—¡Gracias, amable desconocido! —le dijo al Personaje no Jugable antes de darse la vuelta y salir al teleport más cercano para empezar su misión.

El camino de Amarillo a Colorado era corto y bastante transitado. Ochotona no creía encontrarse con muchos problemas y podría quedarse con la mochila y un montón de cosas más al acabar la misión. Estaba contenta porque la misión le había dado uno de los trayectos más fáciles que existían en el juego, así que la iba a hacer ya y luego volvería a por los caramelos.

Ochotona no vio como el Personaje no Jugable le despedía con la mano y una sonrisa. No escuchó como otro jugador entraba preguntando por la misión para convertirse en Merchant ni cómo el NPC le daba exactamente la misma explicación que a ella. Y desde luego no esperaba cambiar de clase al llegar a Colorado y entregar el paquete.

—¡Todo ha sido un gran error! —exclamó después de haberle explicado a la merchant que tenía delante cómo era que había acabado en ese predicamento—. ¡Yo quería ser algún tipo de guerrero!

—Ajá. —continuó la merchant que minutos antes le había ofrecido su ayuda pero luego le había gritado perpleja por qué alguien en su sano juicio querría dejar de ser merchant.

—¡Un héroe! —dijo Ochotona, levantándose del banco en el que se habían sentado y mirando al cielo nocturno con ojos melancólicos. Después se giró a mirar a la otra merchant—. Y hace unos días, paseando por Columbia escuché que alguien se había cambiado de job, pero no lo escuché bien y nadie me responde cuando pregunto.

La otra merchant se llevó otro ganchito con forma de estrellita a la boca y le volvió a ofrecer Ochotona, que cogió un puñado y se los llevó a la boca. Sabían a mantequilla.

—O sea, que quieres cambiar a una clase ofensiva.

Ochotona asintió.

—¿Me puedes ayudar? —preguntó después de tragar. Necesitaba preguntarle a la desconocida de donde se había sacado aquel manjar.

La chica pareció pensárselo.

—Técnicamente sí, pero con una condición. —le avisó, volviéndole a ofrecer estrellitas con sabor a mantequilla.

Ochotona volvió a coger un puñado, pero esta vez se las comió de una en una para hacerlas durar.

—¿Y cuál es la condición? —preguntó, un poco menos desolada pero igual de desesperada por una resolución positiva. Aunque le estaba empezando a saber mal tener que involucrar a una desconocida en sus problemas.

—Primero me tienes que dejar explicarte todo lo que la clase merchant tiene para ofrecerte —le dijo, señalándole con la bolsa casi vacía de ganchitos—. Si sigues queriendo cambiar de clase después de eso, te ayudo con los trámites.

Ochotona miró a un lado y luego a las tres estrellitas de mantequilla que le quedaban en las manos. Se las llevó a la boca, comiéndoselas de golpe y asintió.
La otra merchant se acabó las migas del paquete y lo tiró en una papelera cercana antes de pasarse la mano por la cara y sonreírle como un gato que acababa de atrapar a un ratón.

—¡Bien! —exclamó, levantando los dos brazos hacia las estrellas encima de Columbia—. ¡Vamos, tenemos mucho que ver y poco tiempo para hacerlo!

Y le ofreció la mano, cambiando su sonrisa por una cálida y genuina, el tipo de sonrisa que el Personaje no Jugable que le había dado la misión había intentando imitar, pero esta brillaba como mil soles.

—¡Venga!

Ochotona se vio contestándole la sonrisa y asintiendo con la cabeza antes de agarrarle la mano y dejarse arrastrar. Al menos esperaba pasar un buen rato antes de tener que desconectarse.

« Last Edit: January 31, 2025, 06:42:27 AM by Neko »


Neko

Re: neverland 0.0: you can (not) remember
« Reply #77: December 29, 2024, 12:23:15 PM »
¿He dicho ya que amo a Kachinis?




      Anir + Kachina



El cielo sobre Columbia estaba empezando a tomar un color más amarillo y violeta según el sol simulado iba desapareciendo detrás del horizonte artificial, así que las luces de la ciudad se encendieron poco a poco, dándole otro ambiente a las calles llenas de jugadores.

—Verás —empezó Neko, balanceando alegremente la mano con la que agarraba a Ochotona—. Ser merchant no es sólo un trabajo, es… prácticamente es una forma de vida.

Ochotona ladeó la cabeza, parpadeando con curiosidad.

—Muchas de las habilidades que puedes conseguir a niveles bajos están enfocadas en la compra venta de objetos.

—Sí… —afirmó Ochotona—. Pero yo quiero jugar de otra manera.

Neko asintió, tomando la primera esquina a la izquierda para cambiar de camino.


—Y no hay nada de malo en ello. Pero vamos a explorar primero las habilidades que ya deberías haber desbloqueado.

Ochotona se miró las botas, entrompando los labios.

—Bueno.

Y un minuto después Neko se paró, señalando con la cabeza hacia el centro de la plaza a la que habían llegado.

—Esto, querida merchant, es el mercado.

Ochotona miró a su alrededor. Bullicio era la palabra que mejor describía lo que tenía en frente. Cables con lucecitas colgaban de una farola a otra por debajo de las copas de los árboles que se mecían con suavidad. Las voces de la gente rebotaban contra las paredes de los edificios y un número indefinido de carritos aparcados de forma ordenada ofrecían ofertas nunca antes vistas. Un camino de piedra recorría la plaza de un lado a otro y varios más pequeños te llevaban entre los carros de venta, puestos de comida y hacia otro tipo de atracciones, como el escenario donde un par de bardos y tres bailarinas estaban ofreciendo una actuación.
Ochotona había estado antes en el mercado y le gustaba el sitio para pasar un rato divertido. Era un lugar concurrido y se hacía fácil perder el tiempo simplemente observando a los demás.

—Ya he estado aquí. —contestó la chica, apretando la mano de Neko entre sus dedos.

Neko le apretó la mano de vuelta y tiró un poquito de ella para llamar su atención. Cuando Ochotona se giró a mirarle, la otra merchant tenía una expresión seria en la cara.

—Lo suponía, pero quiero que lo veas desde otro punto de vista.

Ochotona volvió a parpadear y ladeó la cabeza, llevándose la mano libre a la barbilla.

—¿Vamos a subir al tejado?

Neko abrió y cerró la boca e intentó reprimir una sonrisa sin conseguirlo.

—No, no es eso. Necesitas verlo desde el punto de vista de un vendedor —Neko le palmeó la cabeza, bajándole la visera un poquito sin querer—. Vamos a los puestos.

Y Ochotona le siguió entre pasillos repletos de gente. Neko empezó a explicarle cómo funcionaba el delicado equilibrio de la economía en Neverland y de alguna manera acabaron sentadas en una mesa de picnic con un montón de comida y algún que otro trasto que habían comprado en los carros.

—¿Y bien? —preguntó Neko antes de darle un mordisco redondo a su manzana cubierta de caramelo.

Ochotona se encogió de hombros, sin saber qué añadir, usando el espacio en silencio que le daba la consumición de comida para pensar.

—Todo eso está muy bien, pero no es que me atraiga mucho —murmuró Ochotona antes de añadir con más volumen:— ¡Quiero decir! Vengo aquí a distraerme, no a montar un negocio.

Ochotona había hablado en alto y con fervor, segura de poder transmitir sus sentimientos hacia la amable merchant que ahora le ayudaría a cambiar de job. ¿Verdad?
Entonces fue cuando la vio sonreír como si tuviera un plan y estuviera marchando estupendamente. Un escalofrío recorrió el cuerpo de Ochotona.

—Y es por eso que el job te aburre —explicó Neko, reclinándose en la mesa y cruzando una pierna encima de la otra—. Ahora mismo todas tus habilidades sólo sirven para… esto.

Y señaló vagamente con la manzana hacia los carros aparcados en hileras, esperando a que algún jugador se dejase el dinero en los objetos que ofrecían.

—Pero querida merchant, ser merchant es mucho más que esto —le aseguró, inclinándose hacia Ochotona y entrecerrando los ojos—. Un merchant también puede ser un héroe.

En ese momento lo vio con claridad. Ochotona vio el error que había cometido al describir su job deseado. En ese momento supo que Neko nunca le dejaría cambiar de job. Iba a ser merchant para toda la vida.

—V-vale…

Bueno, siempre le quedaba borrar la cuenta y empezar de cero. ¿Verdad?

Neko se apoyó con los dos codos en la mesa que tenía a su espalda y miró hacia la bóveda de hojas que les resguardaba del frío de la noche. Las lucecitas titilaban creando un efecto de lo más encantador.

—Dime, a ti te da igual la clase mientras seas de un tipo ofensivo, ¿verdad?

Neko rompió un trozo de caramelo y manzana con los dientes y empezó a masticar con fuerza mientras seguía mirando las luces que adornaban el mercado. El cielo estaba cada vez más oscuro.

Ochotona se miró las manos, balanceando los pies que no tocaban el suelo.

—Bueno… Pues alguna preferencia sí que tengo.

Ante estas palabras, Neko pareció interesarse aún más en su nueva amiga.

—Oh, cuéntame, así puedo aconsejarte la clase de merchant que más te pueda gustar. —le dijo con ojos brillantes.

Ochotona cogió aire y lo dejó ir de golpe, llenándose de una vacilante confianza que no le servía de mucho aún.
Bueno… allá iban sus pensamientos.

—Creo que no me gustaría ser Soldier, pero Paladin o Barbarian sí que me gusta. Lancer me gusta, pero dragoon… no sé. —Ochotona levantó una mano y empezó a contar dedos con la otra mano—. Thief no es lo mío y Archer no creo que se me de bien. ¡Pero dancer! Aahhh… aunque el break dance es más mi rollo, ¿sabes? Lo de encadenar magias no me va, yo quiero algo más cuerpo a cuerpo.

Ochotona dejó de hablar y levantó sus ojos azules hacia los turquesa de Neko.

—No sé si me explico. —añadió Ochotona con dudas.

Neko asintió.

—Creo que sí, buscas algo directo.

Ochotona dijo que sí con la cabeza.

—Prefieres el unga bunga a los combos, porque si no habrías mencionado Monk.

Ochotona pareció pensárselo, pero acabó asintiendo otra vez.

—No quieres algo que necesite agilidad, buscas algo que use más la fuerza bruta. —continuó describiendo Neko.

Ochotona se encogió de hombros con cara de que lo que decía Neko era evidente.

—Pero no quieres mecánicas complicadas o de juego sucio porque no quieres ser Dark Knight ni Thief.

—Supongo. —contestó la chica.

Neko sonrió enseñando todos los dientes que podía. Ochotona tenía bien claro que aquella merchant era una predadora.

—Dime, ¿has probado a matar a los enemigos a carrazos?

Ochotona se quedó en blanco.

—¿Se puede hacer eso? —preguntó confundida.

Neko guardó el resto de la manzana cubierta de caramelo que no se había acabado en su inventario, haciéndola desaparecer en un remolino de píxeles y se levantó, sacudiéndose el pantalón a la altura de los muslos.

—Oh, cariño. Se puede hacer eso y mucho más. Vamos abajo.

—¿Abajo? —repitió Ochotona, levantándose también—. ¿Abajo dónde?

Neko miró un momento su omnitool e inició un intercambio de objetos con Ochotona.

—Acepta —le dijo mientras empezaba a cargar el intercambio con un par de sets de equipo y alguna que otra arma—. Vamos a Esther’s Plain, a matar cosas.

—P-pero casi no hago daño —avisó Ochotona mientras observaba como el intercambio se llenaba con rapidez de objetos—. Ay, dios mío, ¿dónde voy a poner todo eso?

Neko seguía añadiendo objetos de lo más aleatorio al intercambio.

—En tu carro. Y luego lo usas para masacrar a tus enemigos.

Ochotona abrió la boca muy grande y tomó aire muy audiblemente. Y después dijo muy, pero que muy bajito.


—Pero yo no tengo carro…

Neko dejó de poner objetos en el intercambio y después se giró lentamente a mirar a la merchant novata.
El grito que dio se oyó en toda la plaza. Por lo menos esta vez Ochotona se esperaba la reacción.

—¿¡Quéeeee!?
« Last Edit: January 31, 2025, 06:42:45 AM by Neko »


Airin

Re: neverland 0.0: you can (not) remember
« Reply #78: December 30, 2024, 03:56:44 PM »
Una vez más yo sin iconos, que se aguanten con los del patio e_e.




~+0.81~

El día que Snake había nacido, una de las primeras cosas que había hecho era ponerse las manos en la cara y levantarse los mofletes con ellas.

—Guau… —había dicho Snake, que no estaba acostumbrado a tocar piel tan suave.

Tampoco estaba acostumbrado a hablar en alto. Al chico le costaba bastante comunicarse verbalmente con los demás. Pero aunque eso le pasase al chico detrás del personaje el personaje no tenía que ser como él… ¿verdad?

Cuando Snake pensó en “ser como él”, de alguna forma retorcida echó de menos las imperfecciones de su cara, así que Snake el novicio se dirigió hacia lo que parecía ser un stand de información para novatos.

—Hola. —saludó bajito al NPC, mordiéndose la lengua para no añadir nada más al final— Necesito información… dice Snake.

Snake cogió aire por la nariz con fuerza, sintiéndose un poco mal por no poder dejar atrás esa costumbre, incluso con una nueva identidad.

—Oh. —el NPC lo miró de arriba a abajo— Ya veo que es usted el jugador Snake. ¡Ha preguntado en el lugar adecuado! ¿Qué es lo que necesita?

El NPC sonrió y después de parecer pensárselo ladeó un poco la cabeza. La acción era un poco torpe, como demasiado estudiada, pero Snake no era quien para criticar la capacidad de comunicación de los demás. O eso pensaba él.

—¿Se puede cambiar uno la cara?, quiso saber Snake.

El NPC pareció volver a pensárselo un poco, incluso le dio tiempo a parpadear, pero acabo respondiéndole con un tono animado.

—Puede acceder al editor de avatar desde su menú. ¿Tiene alguna duda sobre el editor de avatar?

Snake se mordió el labio inferior y apretó los brazos a los lados de su cuerpo. Ya había estado en el editor de avatares y no había encontrado nada parecido a lo que andaba buscando. Aunque igual al principio se le había pasado de largo porque estaba no buscándolo activamente. ¿Quien en su sano juicio querría tener escamas en la cara? Eso no era algo normal, ¿no?

—No… no tengo dudas. —Y después de una larga pausa añadió:— Gracias, señor, se despidió Snake antes de alejarse lentamente.

Y procedió a hacer exactamente eso. Snake caminó durante unos minutos, serpenteando por las calles de una ciudad desconocida, sin saber bien qué buscaba en ese juego. ¿Entretenimiento? ¿Conocer gente nueva sin la barrera que le suponía el mundo real? ¿Un nuevo yo?
No lo tenía claro, pero no empezaba bien si no podía dejar de hacer como que otros hablaban por él.  Otros… técnicamente Snake era él, pero no se sentía él sin sus escamas. Y ahora, lo que tantos años llevaba aborreciendo era lo que iba buscando.

Snake se dio de lleno con algo duro, pero más blandito que un muro. Algo calentito. Algo que le agarró de los brazos y al mirar hacia arriba vio una cara.

—¿Estás bien, muchacho?

Snake parpadeó y sin pensárselo mucho tocó el lado derecho de la mandíbula del desconocido con el que se acababa de chocar.

—Tienes escamas. Dijo Snake.

Al jugador no pareció importarle demasiado que narrase sus propias acciones, simplemente le sonrió.

—Sí, tengo escamas. ¿Te gustan?

En ese momento pasaron dos cosas. Snake se dio cuenta de la pose en la que estaban y que tenían mucha gente alrededor. También se dio cuenta de que no le importa, y que al desconocido tampoco parecía importarle demasiado. Así que los ojos de Snake brillaron con la posibilidad de conseguir esas escamas para sí mismo.

—Sí. Dijo Snake, que también quería escamas para sí mismo.

El desconocido se rió un poco y dio un paso atrás, soltando sus brazos. La mano de Snake cayó despacio y se frotó los dedos, aún notando la aspereza de aquellas escamas verdes. El desconocido le ofreció la mano.

—Yo soy Qingloong, supongo que tú eres Snake.

Snake miró la mano y luego estiró la suya despacio. El jugador, que ahora sabía que se llamaba Qingloong, se la apretó suavito. Por el tipo de vestimenta y equipo que llevaba, Snake supuso que se la podría haber apretado mucho más y una parte de él le agradeció que no lo hiciera. Otra parte quería saber cuanto podía apretar aquella mano enguantada.

—Sí, soy Snake, se presentó Snake.

Qingloong le volvió a sonreír y se rascó la nuca, apartando un mechón largo de su hombro hacia la espalda.

—Eres un novicio ¿verdad? ¿Tienes con quién jugar o te gusta más ir solo?

Snake miró al suelo y luego a los ojos amarillos de Qingloong. También se había puesto pupilas verticales, como él.

—Acabo de nacer. Aún no sé como se juega, confesó Snake.

Qingloong le señaló el camino hacia delante y Snake empezó a andar en esa dirección junto a Qingloong.

—Está bien, nadie nace sabido. Tengo aún una hora de juego y nada qué hacer, podría acompañarte e ir enseñándote como funciona esto. —le dijo Qingloong, con un tono tranquilo que le gustó mucho a Snake— ¿Qué dices?

—Snake se encogió de hombros, tampoco quería molestar, pero una hora no sería demasiada molestia. Está bien, contestó Snake. —Y procedió a encogerse de hombros.

Qingloong se rió un poco. Tenía una risa baja y muy agradable.

—Quería decir una hora en el arcade… Lo que viene a ser un día entero aquí dentro. Creo que es tiempo suficiente para enseñarte alguna que otra cosa y asegurarme de que disfrutas del juego.

Snake abrió la boca y la volvió a cerrar. ¿Todo un día? ¿Alguien quería pasar todo un día con él después de haber hablado como lo hacía siempre? ¿No le parecía raro? ¿No… no le daba repelús?

—Si quieres. —añadió Qingloong— La primera vez que entré me apadrinó alguien que me encontró en la taberna más perdido que un topo en una playa. Digamos que así le puedo devolver el favor.

Snake metió la nariz dentro del pañuelo que llevaba al rededor del cuello y asintió.

—Me aseguraré de decirte como conseguir escamas, le van muy bien a tu nombre.

Y Snake sonrió dentro del pañuelo antes de carraspear y sacar la cara de allí dentro.

—Sí, sí quiero. Escamas, quiero decir. Aclaró Snake algo avergonzado.

Qingloong se volvió a reír. A Snake le estaba empezando a gustar ese sonido.



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~      H e g o a k    e b a k i    b a n i z k i o,    n e r i a    i z a n g o    z e n,    e z    z u e n    a l d e g i n g o.       ~
~      B a i n a n    h o n e l a,    e z    z e n    g e h i a g o    t x o r i a    i z a n g o,      ~
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Neko

Re: neverland 0.0: you can (not) remember
« Reply #79: January 30, 2025, 05:34:15 PM »
La he adoptado oficialmente uwu




      Anir + Kachina



—No, no, no… no es posible —negó Neko, agitando las manos antes de empezar a dar vueltas sobre sí misma, con la barbilla entre los dedos—. Todo merchant tiene un carro, el carro es la sal de la tierra para un merchant, es la esencia de la compra venta, sin tu carro no eres nadie, sin tu carro no puedes hacer nada. ¿¡Cómo que no tienes carro!? ¿Se te ha bugeado?

La chica había vuelto a agitar las manos hacia el cielo y ahora hacia su recién descubierta discípula. Porque sí, por lo que a ella respectaba, Ochotona era desde ahora y para siempre su discípula.

—¿N-no? Nunca he tenido carro… —respondió Ochotona en un titubeo susurrado, encogida de hombros ante la ofensa de la amable merchant que empezaba a no parecer tan amable—. ¿Debería tener un carro?

Neko levantó las manos otra vez y agarró aire, pero luego carraspeó y se pasó dichas manos por la cara, restregándose bien las ideas.

—Sí, deberías. Es un objeto que te dan con la quest de cambio de job. Todos los merchant tienen carro y es necesario para el funcionamiento de tus habilidades esenciales —explicó Neko, pareciendo ahora abatida y añadió en un murmullo:—. Normal que no te guste ser merchant si no tienes carro.

Ochotona se balanceó hacia un lado y luego hacia el otro, intentando hacer memoria.

—¿Un objeto que te dan al aceptar la quest? —se llevó un dedo a los labios y miró hacia un costado, sus orejas de roedor se movieron mientras pensaba y a Neko le dio el impulso de rascárselas, pero se contuvo a tiempo—. Me dieron este bolso.

Ochotona agarró el bolso verde y naranja con las dos manos y lo puso en frente de Neko para que lo viera bien.

—¡Caben muchas cosas! No sabes la de caramelos que llevo ahí dentro.

Neko parpadeó confundida antes de acuclillarse para ver el bolso más de cerca.

—¿Te dieron el bolso y luego te dijeron que fueras a entregar un paquete? —inquirió la merchant.

Ochotona asintió con la cabeza.

—Sí, te lo he contado antes.

Neko se puso en pie y negó con la cabeza muy convencida.

—Me has dicho que habías entrado en una tienda donde habías conseguido un bolso custom y luego habías aceptado una misión para entregar un paquete.

—Ah… No, el bolso me lo regalaban si hacía la misión. —Ochotona se volvió a encoger de hombros, apretando el bolso entre sus manos enfundadas en manoplas.

Neko miró de la cara de Ochotona a su bolso y de vuelta a su cara, señalando dicho bolso de colorines.

—Entonces eso es tu carro.

Ochotona parpadeó, mirando a su bolso, con obvia forma de bolso.

—Es un bolso.

Neko se levantó y señaló al bolso.

—Es tu carro.

Y después de medio minuto teniendo la misma discusión, Neko se mordió el labio y se le ocurrió una idea.

—Espera, tiene que estar por aquí… —murmuró con la omnitool abierta, buscando algo en el menú—. Ajá, aquí está, mira.

Y asegurándose de que su omnitool fuera visible para todo el mundo, separó la pantalla de su brazo y señaló las opciones.

—Tienes que tener un menú así, ¿verdad? —preguntó y Ochotona asintió al momento—. Tienes que tener… ¡estas! Estas habilidades.

Neko había estado buscando entre sus habilidades las más básicas de merchant y las señaló con claridad. Ochotona las miró un momento y volvió a asentir.

—Sí, estas de aquí las tengo. —aseguró, señalando el par que había más arriba.

—¿Puedes leer la descripción de esta habilidad y luego leer la descripción de la misma habilidad en tu menú?

—A ver. Un momento. —pidió la chica mientras buscaba su habilidad para compararla con la de Neko.

—Venta —empezó Ochotona, haciendo una pequeña pausa antes de leer la descripción:— Permite al personaje montar una tienda en su ubicación actual. Los objetos que quieras vender deben estar en el carro del personaje y el personaje debe tener el carro equipado.

—Vale, ahora… —intentó interrumpir Neko, pero Ochotona continuó hablando, narrando a la perfección el párrafo.

—¡Ten mucho cuidado cuando fijes el precio de tus objetos en venta! El límite de los diferentes objetos que pueden ser vendidos a la vez es de Nivel de Habilidad más dos.

—Ya pue-


—Los jugadores no pueden vender objetos a una tienda de venta y la Habilidad de descuento no se aplica.

—Puedes parar. —intentó de nuevo Neko, que acabó suspirando y bajando la mano con la que intentaba llamar la atención de la chica.


—La tienda cerrará automáticamente si todos los objetos son vendidos o si el personaje muere.

Y Ochotona se giró a mirar a Neko toda orgullosa, como si esperase algo que no llegaba. Neko levantó una ceja. Ochotona titubeó.

—¿Lo he leído bien?

Y esta vez Neko no se contuvo y palmeó la cabeza de Ochotona con afecto.

—Lo has leído perfecto.

Ochotona sonrió feliz y luego carraspeó antes de empezar a leer su propia habilidad.

—Venta. Permite al personaje montar una tienda en su ubicación actual. Los objetos que quieras vender deben estar en el bolso del personaje…

—¡Vale, hasta ahí basta! —avisó Neko, aunque la propia Ochotona parecía haber parado de leer y ahora estaba mirando a su bolso con cara de sospecha.

Y de repente pareció darse cuenta de algo.

—¡Aaaaaah! ¡Mi bolso es mi carro!

—¡Tu carro es tu bolso! —contentó Neko y luego le puso las manos en los hombros a Ochotona, continuando con tono serio:— Cuídalo como si fuera tu hijo, es tu arma tu transporte, tu alimento y tu condimento.

Ochotona asintió también con cara seria y levantó los dos puños a la altura de sus hombros.

—¡Sí, señora!

Neko sonrió y palmeó los hombros de Ochotona antes de soltarla y señalar hacia las playas debajo de Columbia.

—¡Y ahora nos vamos a dar bolsazos!

—¡A dar bolsazos!

Ochotona levantó los brazos, gritándole a todo el mercado lo que pensaba hacerle a las lagartijas de abajo. Y Neko no podía estar más orgullosa de su nuevo bebé.
« Last Edit: January 31, 2025, 06:42:59 AM by Neko »


Neko

Re: neverland 0.0: you can (not) remember
« Reply #80: February 27, 2025, 04:38:25 PM »
Ok, creo que esa ha sido la presentación de personaje más cuqui que he escrito nunca ywy




      Anir + Kachina



Esther’s Plains no era conocido exactamente por su hierba verde o por los parches de flores que asomaban por aquí y por allá, que los tenía, si no más bien por sus caminos rocosos plagados de lagartijas y por sus estrechas calas de arena blanca. Y Neko diría que el punto más reconocible de la zona era el faro que algún día fue blanco y rojo, pero la pintura estaba más que desconchada por la sal del mar. O al menos esa era la sensación que habían querido dar los diseñadores del juego al modelarlo así.

—Esta es una buena zona. —comentó Neko, con una mano en la cadera y otra en el mango de su hacha.

Ochotona miró de un lado a otro, con la lanza que le había prestado Neko bien apretada entre sus dos manos enguantadas.

—¿Una buena zona para qué? —preguntó la chica, a la que le habían dado un tutorial rápido de cómo usar sus habilidades en combate mientras bajaban de la ciudad de las luces en el cielo a las sombrías playas de justo abajo.

—Para empezar con nuestro tutorial práctico. —explicó Neko.

—Ay.

Neko levantó una ceja y se fijó bien en su compañera. Parecía tan nerviosa como expectante y a Neko esa le pareció una buena mezcla. La merchant sonrió y le dio una palmada suave en el hombro a Ochotona.

—No te preocupes, sólo son unas lagartijas de nada. Son escurridizas, es más difícil atraparlas que que te ataquen —le aseguró Neko—. Lo primero: si nos separamos el punto de reunión es el faro. Es una zona segura, los monstruos no atacan la plaza debajo del faro.

Ochotona asintió, dándose ánimos mentalmente mientras cambiaba el peso de un pie a otro.

—Vale.

—Desde donde estamos hasta la casa de allá los enemigos tienen nivel bajo, no se atreverán a atacarte, pero si pasas de la casa tendrán más o menos tu nivel y es posible que te ataquen. Cuanto más te alejes del faro, los enemigos tendrán más nivel y serán más difíciles, así que no te vayas muy lejos, ¿entendido? —advirtió Neko y Ochotona volvió a asentir—. Vale, pues… mira, ahí detrás…

Neko tenía el brazo extendido, señalando una roca un par de metros a la derecha del camino. Una lagartija se había puesto encima y tenía los ojos cerrados, disfrutando de unos cuantos rayos de sol. La lagartija tenía el tamaño de un perro pequeño y las escamas rojas con líneas negras eran fáciles de visualizar entre la poca hierba que conseguía pasar de los cinco centímetros en aquel paisaje inhóspito.
A Neko no le dio tiempo a decir mucho más. Ochotona ya había empezado a esprintar, con un grito de guerra saliendo claramente de sus pulmones y la lanza agarrada bien fuerte por encima de su cabeza.

La lagartija abrió los ojos y parpadeó antes de escurrirse entre la maleza. La punta de la lanza de Ochotona dio de lleno en la roca resquebrajándola con un chirrido, y la chica arrugó las cejas, estrechando los ojos y corriendo detrás de la lagartija que creía que se había escapado. Dejando la lanza clavada en la roca con el palo aún vibrando, Ochotona agarró su bolso y empezó a darle vueltas como si de una honda se tratase y lo tiró hasta que cayó al suelo con un resonante “zud”.

Ochotona empezó a saltar, vitoreando donde estaba, al ver los puntos de experiencia añadirse a su nivel.

—¡Le he dado, le he dado!

Ochotona corrió de vuelta a coger la lanza y después corrió un poco más hasta recoger su bolso y empezar a buscar más lagartijas a las que aplastar con su bolso de colorines.

Neko bajó el brazo, anonadada por decir algo, porque no tenía muy claro cómo sentirse. Al ver a la chica tan nerviosa, ella había creído que empezaría siendo más cauta, pero Ochotona se había metido de lleno en el papel de merchant loca farmeando enemigos hasta la extinción.
Neko se llevó la mano al pecho, llena de orgullo. Sabía que había hecho bien al querer convencerla de que no cambiase de job. No había duda de que era una de ellos.

Ochotona saltó de una roca a otra gritando con alegría al haber matado a dos lagartijas de un solo bolsazo y Neko se limpió la lagrimita que le empezaba a escurrir por la mejilla.

—Esa es mi hija.

Tres horas después, Neko y Ochotona estaban sentadas a los pies del faro, con un hornillo de gas portable encendido en una de las mesas de piedra. Encima tenían una olla que humeaba suavemente, llena con el caldo casero de una receta familiar que Ochotona le había estado dictando a Neko mientras ella cocinaba para las dos.

—Tengo que probar esto afuera, está de muerte —le dijo Neko, toda sonrisas y mejillas sonrojadas por el calor de la sopa—. Rico, rico, rico.

—Sí, está muy bueno… mi madre solía hacérmelo cuando me ponía malita de la tripa. —le confesó la chica, sirviéndose una ración mientras miraba la comida con algo de melancolía en los ojos.

Neko levantó una ceja, soplando encima de la cuchara antes de llevársela a la boca. Se esperó un poco, contemplando cómo preguntarle lo que quería decir.

—¿Ya no te lo cocina? —dijo, con tono ligero.

Ochotona ladeó la cabeza mientras masticaba y contestó después de tragar.

—No, es que ahora como menos dulces, así que no me pongo tan mala de la tripa.

Neko suspiró mentalmente y sonrió.

—Por eso comes tantos dulces aquí en el juego, ¿verdad? —Ante la pregunta Ochotona asintió con algo de vergüenza.— Está bien, yo hago lo mismo.

Ochotona se rió entre sorbo y sorbo y Neko le dio un golpe suave con la rodilla.

—Pero si lo echas tanto de menos le puedes decir a tu madre que te haga la sopa, seguro que le hace ilusión hacértela simplemente porque te gusta.

Ochotona se encogió de hombros y acabó asintiendo.

—Supongo. Se lo pediré —y después de darle un trago a su bebida preguntó con curiosidad:—. ¿Y cuál es tu comida favorita de tu mamá?

—No tengo —y por aclararlo mejor añadió inmediatamente:— Madre. Tengo dos padres y ninguno de los dos cocina demasiado allá. Pero a papá le salen muy bien las tortitas y los batidos de banana. Y tengo un tío con el que a veces hago galletas.

—Oh.

Ninguna de las dos añadió nada más por un par de minutos.

—Me llamo Anir, por cierto. —le dijo la merchant, poniendo el bol sobre la mesa y echándose hacia atrás antes de dejar salir un sonido de satisfacción culinaria.

Ochotona se acabó los últimos cuatro tragos de la sopa directamente del bol y lo dejó en la mesa, encima del de Anir. Se limpió los labios con el dorso de la mano y miró hacia su nueva amiga.

—¡Kachina! Yo soy Kachina.


Neko

Re: neverland 0.0: you can (not) remember
« Reply #81: March 31, 2025, 05:02:14 AM »
Me apetecía mucho escribir de Feanor este mes



Feanor + Welt 02



Welt Yang había resultado ser un hombre muy calmado y con una voz profunda pero suave como la miel. Se explicaba bien y parecía sentir verdadera pasión por su trabajo, el cual Feanor aún no sabía cual era.

—¿Y a quién habías dicho que representas? —preguntó Feanor, que estaba dándole vueltas a la cucharilla dentro de una tacita a la que le quedaba muy poco té.

Welt se ajustó las gafas, como para darse una pausa antes de contestar.

—Aún no lo he dicho. —admitió Welt.

—Ah… ya me parecía a mí.

Feanor estrechó los ojos. Su mente empezaba a dar vueltas en una espiral de paranoia cada vez más profunda. ¿Cómo podía habérsele pasado por la cabeza que alguien pudiera mostrar interés en una tecnología no aprobada? ¡No había nadie que quisiera hacerle frente a su anterior empresa contratándolo! A lo mejor era un asesino… o peor, ¡el tal Welt Yang había venido a robarle los silmarils! Sí, sí, sí… seguro… ¡Seguro!

—¿Señor Finwion? ¿Está bien? —preguntó Welt, pareciendo preocupado.

Feanor parpadeó y golpeó la cucharilla en el borde de su tacita de té antes de dejarla a un lado y acabarse de un trago su bebida.


—Sí, ¡estoy estupendamente bien! —le informó entre risas un poco demasiado altas y carraspeó antes de preguntar—. ¿De qué estábamos hablando?

Feanor estiró una mano hacia las galletitas que había sacado en un bol y se llevó una a la boca para calmarse los nervios.
Welt le miró serio y luego miró hacia la carpeta que había dejado en la mesa pero que aún no había abierto. Welt suspiró y puso la mano encima de la carpeta, acercándola hacia Feanor en un movimiento elegante.

—Sé que somos una compañía pequeña y que no es a lo que está acostumbrado. No podemos pagar mucho, pero nuestras intenciones son sinceras. Sólo queremos hacer algo bueno para el mundo y nos gustaría poder contar con su tecnología. Si es posible —Welt se ajustó las gafas otra vez—. Nos gustaría que fuera posible.

Feanor se llevó otra galletita a la boca y se limpió los dedos en una servilleta antes de coger la carpeta y mirar qué había dentro. No le llevó mucho tiempo revisar los documentos, siempre había sido un lector veloz. Welt vio como Feanor iba subiendo cada vez más la ceja derecha según leía su propuesta. Cuando los límites físicos le impidieron seguir subiendo la ceja derecha, empezó a subir también la izquierda en un gran ejemplo de control muscular que tenía fascinado y entretenido a partes iguales a Welt.
Cuando Feanor terminó de leer la propuesta empezó a leerla desde el principio otra vez.

Welt carraspeó cuando iba por la tercera vuelta.

—¿Y bien?

—¿Sí? —preguntó Feanor, muy metido en su lectura.

—¿Qué le parece?

Feanor levantó los ojos del papel hacia Welt y luego de nuevo al documento. Suspiró y dejó la carpeta en la mesa, con los papeles encima.

—Un juego. —dijo Feanor, con tono neutro.

Welt asintió y le dio un trago a su té, que aún tenía a medias.

—Queréis usar la tecnología de drift neuronal para crear un juego inmersivo.

Welt asintió otra vez, sin dejar ver si estaba nervioso o no.

—¿Tú sabes que el Comité Ético del Instituto de Ciencias me canceló la exposición por violar nosequé de la humanidad? Ya ni me acuerdo qué era.

—Sí, estoy al tanto. —respondió Welt.

—¿No crees que eso perjudicaría tu juego? Podrían no aprobarlo para la venta si usa mi tecnología.

—No tienen porqué, los videojuegos son una industria totalmente distinta a la que ha trabajado durante toda su vida, señor Finwion. Creo que podríamos llevar el proyecto a buen puerto. Si lee la sección…

—Sí, sí, ya lo he leído.

Los dos hombres se quedaron en silencio, observándose, intentando averiguar las intenciones del otro.

—Señor Finwion, si me dejase…

Feanor se levantó de repente y se recolocó la bata roja que se le había abierto.

—Oh, si vamos a trabajar juntos deberías de dejar de llamarme así. Llámame Feanaro.

Welt se quedó un poco confundido, mirando de la propuesta a Feanor, que parecía impaciente en el marco de la puerta de la cocina.

—¿Señor Feanaro? —probó Welt.

Feanor rodó los ojos y le hizo señas para que le siguiese. Welt se levantó, caminando detrás de Feanor.

—¿Con lo de trabajar juntos quiere decir que acepta la oferta? Me gustaría decirle que tengo cierto margen de negociación, pero no puedo ofrecerle mucho más de lo que está estipulado en el documento que le he presentado.

Feanor hizo un gesto con la mano, como para decir que eso no era importante y abrió una puerta con una llave que llevaba colgada del cuello. Se la volvió a guardar y encendió la luz de las escaleras que llevaban al sótano.

—¿Dónde vamos, Señor Feanaro?

—A mi taller. Bueno, a uno de ellos, en el que tengo los prototipos del drift neuronal.

Cuando llegaron al final de la escalera otra puerta se abrió automáticamente y los dos hombres entraron en el taller. Las luces tardaron un poco en encenderse, parpadeando perezosas en el techo hasta estabilizarse para iluminar todo lo que había allí.
Feanor empezó a caminar hacia el fondo de la sala y aunque Welt lo seguía de cerca no podía evitar entretenerse mirando de reojo cada objeto que llenaba el taller. Y uno de esos objetos flotó hacia los dos, haciendo ruiditos y lucecitas como si se alegrase de verlos.

—No le hagas caso o lo tendrás pegado al culo hasta que te vayas.

El orbe respondió con unos pitidos que sonaban ofendidos, pero aún así se quedó cerca de ellos, levitando en sus proximidades.
Poco después, Feanor descorrió una cortina y señaló hacia varios pods descartados a un lado y otro en una plataforma, que parecía más funcional.

—Esos son los modelos antiguos y este de aquí es el que iba a llevar a la Feria para hacer la presentación. He seguido trabajando en ello a ratos, pero creo que tiene un buen rango de mejora, cosa que en verdad es buena.

Welt se acercó poco a poco a la terminal más nueva y acarició la superficie con cuidado. Tenía mil preguntas sobre las capacidades de aquella máquina y sobre qué tipo de programación había desarrollado el Señor Finwion para utilizarlo, pero todas las palabras se le quedaron atoradas en la garganta ante el mero hecho de tener delante la tecnología que tanto necesitaba para seguir con el proyecto de su vida.

—¿Por qué? —fue lo primero que susurró.

Feanor, que se había apoyado en una mesa de trabajo, ladeó la cabeza.

—¿Qué quieres decir?

Welt cogió aire y lo dejó ir despacio para aclarar la mente.

—¿Por qué estamos aquí? ¿Por qué me enseña todo esto? No me conoce, no ha firmado aún nada conmigo, sólo soy un joven que quiere hacer un videojuego… ¿Y si hubiera venido aquí con malas intenciones?

Feanor se cruzó de brazos y miró a Welt con cansancio muy claro en sus marcadas ojeras.

—Mira, chaval. Esto es lo que iba a llevar a la Feria. En esa mesa tienes el dosier que iba a llevar a la presentación, es algo que habrías visto si me hubiesen dejado hacerla. Y respecto a lo de las malas intenciones, ya no tengo nada que perder. Pero una vez… —murmuró Feanor, con un tono nostálgico—. Una vez yo también fui un hombre con sueños. Si esto te ayuda a cumplir los tuyos, adelante. Ya hablaremos de precios si decides comprar.

Welt tragó saliva y asintió, agarrando el dosier para leerlo con atención, aunque no llevaba ni tres líneas cuando tuvo que quitarse las gafas para limpiarse las lágrimas. No podía creer que al menos tenía una oportunidad de continuar con su sueño. Con su juego. Con lo único que quería hacer en su vida.