Author Topic: neverland 2.2: you can (not) fight  (Read 9435 times)


Neko

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #75: May 31, 2019, 04:40:24 PM »
Aporte cortito orz

66.

—¡Aaaah! —gimió Milo con los ojos cerrados y la cara dirigida al techo.

Estaba sentado en una de las sillas de jardín que tenían esparcidas a un costado de la sala, con los hombros caídos y las piernas estiradas. Llevaba suspirando un rato, pero era la primera vez que lo hacía tan alto.
Yuzuriha le revolvió el pelo, ganándose un gruñido de parte de Milo, que acabó levantándose para empezar a caminar alrededor de su improvisado campamento. Watari roncó en su silla y cerró la boca para sorber la babilla que se le estaba cayendo.

—Tendría que haber hecho la quest de tercer nivel hace mil años —se quejó, dándose golpes en una mano con la otra—. Habría durado más ahí arriba.

Max le lanzó una pelota y Milo la estrujó con una mano después de atraparla.

—Llevas tiempo retrasándolo, ¿verdad? —preguntó el mechanic.

Milo asintió, mirando la pelotita antiestrés en su mano antes de apretarla varias veces y suspirar. Nadie dijo nada más por unos segundos, todo el mundo —o al menos los que están despiertos— sabía que Milo había estado esperando a que Yuzu tuviese el nivel suficiente para avanzar de job, para que así sus habilidades conjuntas tuviesen mayor efecto.

Yuzuriha se levantó de su asiento y sacó dos granizados de café de su inventario y le ofreció uno a Milo.

—Haremos las quests en cuanto salgamos de aquí, no me falta mucho ya. —le aseguró y Milo asintió, aún algo deprimido.

Monica chistó, mirando el filo de su espada que había estado limpiando.

—Si no hubiera perdido dos vidas ya…

Max estiró la mano para posarla con confianza en el hombro de su amiga. No dijo nada, solo apretó un poco y le sonrió.
Monica era consciente de que nadie le estaba culpando, pero aún así aquel pequeño gesto le hice sentirse un poco mejor.

Watari se despertó con otro ronquido y parpadeó confuso, limpiándose los labios con el dorso de la mano. Se levantó de golpe e invocó una forja portátil y mientras bostezaba y se ajustaba las gafas empezó a sacar algunos materiales.

—¿Quieres que te afine la espada? —preguntó a Monica antes de volver a bostezar—. Así hago algo.

Monica miró a su espada y luego a la sonrisa perezosa de Watari y acabó por acercarse para ofrecérsela. Max solía ocuparse del mantenimiento de sus equipos, pero ya que se ofrecía…

—¿Y vosotros? ¿Tenéis algo que necesite arreglo?

Yuzuriha negó con la cabeza y Milo se encogió de hombros.

—Nah, tío, tengo como un montón de kits de afinación. —dijo Milo distraído mientras se fijaba en la información de cambio de job en su omnitool.

—Vips. —rezongó Watari antes de empezar a afilar la espada que MoonPrincess le acababa de entregar.

Milo parpadeó, levantando la cabeza.

—No, pero los kits de afinación de instrumentos se venden en la tienda normal —explicó el bardo, entrecerrando los ojos—. Cualquiera los puede comprar.

Yuzuriha tosió para esconder una risita. Milo la miró con sospecha y luego abrió los ojos mucho, dándose cuenta de algo.

—¿Son muy caros?

—Bastante. —le dijo Max, rascándose la barbilla.

—No, pero… no los compro con dinero real. Bueno, que compro dinero del juego con dinero real. —murmuró Milo antes de llevarse las manos a la cabeza.

—¿Yuzu, yo soy rico?

Esta vez Yuzuriha no escondió su risa.

—¡Pero no soy un rico asqueroso! ¿Verdad?

Crane llevó la mano a la cabeza de Milo, esta vez para acariciarle tranquilizadoramente.

—No, tú eres asquerosamente rico.

Milo pareció calmarse y luego hinchó el pecho, volviendo a su tarea de informarse sobre las quests de Minstrel y Gypsy.

—Ah, bueno. Eso es totalmente diferente —se dijo—. Nada que ver.


————

Avanzar había sido, como Hyoga había predicho, un infierno. Aunque cambiar las armas por unas encantadas con electricidad había ayudado, el grupo había tenido que luchar por cada paso que daban.
Aún así, en relativamente poco tiempo habían llegado al tercer piso. El boss parecía no querer enfrentarse a ellos, pero seguía observándolos desde una distancia prudencial, tal vez esperando el mejor momento para atacar.

Locke, por su parte, había estado usando sus habilidades de stalker para esconderse de un rincón a otro, avanzando, o más bien retrocediendo, con una facilidad envidiable.
Levantó una de sus dagas duales, llevando el mango casi hasta el pecho, observando desde la esquina a la que se había acercado.

—Solo un poco más… —murmuró, escuchando los inconfundibles sonidos de una batalla. Hasta la música ambiental había cambiado para reflejar lo que estaba ocurriendo un piso más abajo.

Locke se pegó a la pared y dio un salto hasta agarrarse a un saliente que decoraba todo el muro. Moverse por allí era difícil y requería concentración, pero no era nada a lo que Locke no estuviese acostumbrado ya.
Poco después había llegado a la escalera y la música de batalla sonaba más fuerte.

—Hmn, tercer piso, nada mal para los novatos. —dijo para sí mismo y se asomó rápidamente, viendo la sombra de una figura al final de la escalera.

Locke se volvió a esconder, tomando aire antes de volver a echar un vistazo, esta vez más lento. Y sí, había visto bien. Desde allí podía apreciar la sombra de alguien o de algo, pero no su cuerpo. Aunque se apostaría sus dagas favoritas a que aquella sombra pertenecía al maldito boss que los había repartido por toda la dungeon, separando a la party y haciendo casi inexistentes sus posibilidades de sobrevivir.

Locke se llevó el pulgar a la boca, dispuesto a morderse la uña del pulgar hasta que se dio cuenta de que llevaba guantes. Chistó casi en silencio y volvió a usar el camuflaje, bajando la escalera un escalón detrás de otro, con todo el sigilo del que era capaz. Ojalá ese hijo de puta estuviese de espaldas… pensó. Así tendría una oportunidad de hacerle un buen daño.

Locke estaba casi al final de la escalera, desde allí podía ver perfectamente la silueta del boss y a algunos de sus compañeros. Y para desgracia de aquel bastardo, estaba dándole la espalda, agarrado a su cayado y descalzo, con una expresión corporal como si no le importase nada en el mundo.
Locke sonrió y levantó sus dos dagas. Esto iba a ser fácil… muy fácil.