No tuve inspiración para nada jajaja x'd dejo algunos escritos sueltos que quiero desarrollar a futuro (dos de LC, aviso de BL) y uno para el HV xd
Riding the low tide into the sea.Su mundo se ha desmoronado una vez más; falló, falló como tantas veces en tantas líneas diferentes. ¿Qué debe hacer? ¿Qué debe sacrificar? Él prefiere morir en su lugar, cambiar todo de raíz, ¿en qué momento todo se torció? Este Cheng Xiaoshi es uno de tantos que perdió la vida… ya no puede, ya no quiere rebobinar.
No logró salvarlo, no pudo alcanzarlo… otra vez. Otra vez … ya no puede. Está frente al escritorio, frente a un reloj que marca la hora exacta para retroceder ¿y si no lo hace? Tragó saliva con fuerza, a punto de chocas sus manos y que todo se desvanezca. ¿Otra vez se perderá a sí mismo?
Lo ha visto morir tantas veces, ese frío persiste en sus yemas, recorre sus manos. Quiere verlo de nuevo, golpearlo, decirle imbécil y… no logró palmear. Ya no puede retroceder, Lu Guang sabía que esta era la última vez
No quiere que el futuro llegue, no quiere permanecer en este presente…. Siempre atrapado en el mismo fondo, un bucle perpetuo dónde no ve otra salida.
Porque no logra alcanzarlo, no logra salvarlo.
Con un flash que congeló el final, volvemos a empezar. ¿Cómo contemplarás nuestra existencia? ¿Pura como la nieve o cayendo en una espesa oscuridad?
Aquella noche una pesadilla agridulce lo asaltó. Un vino tinto denso e impenetrable lo envolvía, hasta el punto de ocultar sus propias manos. Al despertar, un sudor frío le recorría la nuca, y esa soledad corrosiva que siempre mancha su alma se hizo más presente que nunca; anhela compañía, rechaza la idea de estar solo… de la ausencia de Lu Guang.
La luna, pálida y fría, se filtraba por los ventanales del estudio fotográfico mientras él, descalzo, descendía las escaleras. Cada objeto, cada rincón, se deformaba en sombras, como las que han agobiado sus sueños en los últimos días.
Muerte.
Soledad.
Desolación.
Rehúye de esos sentimientos. Desea escapar con desesperación de las imágenes vívidas que le atraviesan el alma… hasta que su mirada encuentra, tras el mostrador de la tienda, la figura temblorosa del albino.
Frío.
Esa es la primera sensación que invade su mente al contactar con la mano de Lu Guang. ¿Por qué? ¿Por qué cada vez lo percibe más distante, con la mirada perdida en un horizonte que Cheng Xiaoshi es incapaz de discernir? ¿Ha estado llorando? La piel pálida muestra enrojecimiento bajo sus párpados, una señal alarmante. Él no llora; enfrenta el futuro con decisión. Entonces, ¿qué sucede? Cheng Xiaoshi sintió cómo su corazón se encogía y un nudo de angustia se apretaba en su garganta.
¿Por qué siente, esta vez, no poder alcanzarlo? Fijó la vista en las fotografías esparcidas sobre el mostrador; instantáneas de un pasado que nunca regresará, con rostros que el tiempo devoró. ¿Está deprimido? ¿Pensativo? ¿O…?
—¿Tampoco puedes dormir, Lu Guang? —preguntó, extendiendo una mano hacia el hombro del otro. Normalmente es Lu quien lo toca, pero ahora siente la necesidad de sentirlo, de constatar que esa expresión cargada de sufrimiento existe—. ¡Ohaaa~! Tuve una pesadilla horrible. ¿Te pasó lo mismo?
Indagar con suavidad, mostrando preocupación, es todo lo que puede hacer en este momento, pretendiendo restar peso al ambiente con un bostezo fingido. ¿Podrán seguir siendo ellos, después de esto?
Lágrimas.
—… ¿Guang?
Esas gotas cristalinas resbalan por sus mejillas, cayendo para salpicar las fotografías sobre la madera. ¿Por qué? Su mente procesa la escena a toda velocidad, su corazón se oprime con un dolor físico ante la visión… Sus brazos, actuando por propio instinto, atraen a Lu Guang hacia su pecho. Es el único consuelo que conoce, ¿cuándo compartirá con él una parte del peso que lo ahoga?
Sus labios se encuentran. No es un beso apasionado, sino dulce y profundo; un intento de compartir la carga, de absorber una parte de su dolor a través de ese contacto íntimo. Con la suave manga de su pijama, enjuga esas lágrimas que inundan en silencio el rostro de Guang. En ese abrazo, no necesitaba nada más.
Al separarse, Lu Guang acarició el rostro de él, sus yemas recorrieron la piel tersa de los pómulos hasta bajar a esos labios que hacía minutos le habían arrebatado un beso.
No sabía que decir, quería empaparse por siempre en esa calidez y ternura que posee su partner del estudio fotográfico… lo ama, hasta el punto que su alma terminó siendo desgarrada y sus manos solo quieren sentir la tibia piel, un contacto anhelado con Cheng Xiaoshi, lo que siempre persigue hasta el final y una sonrisa, porque al final, esa mueca tonta y llena de infantilismo es lo que más ama de él y lo que más desespera es esa empatía que lo mete en problemas.
—Qiao Ling podría vernos —susurró—. ¿También tuviste una pesadilla?
Es consciente que lo que más odia Cheng Xiaoshi es la soledad y los días de lluvia, recordar como sus padres lo abandonaron en un día tormentoso es el desencadenante de un estado de melancolía severo en él.
Así que, corramos una al lado de la otra una vez más
Tantas veces como sea necesario.Tendinitis tibial posterior… ese fue el diagnóstico definitivo que recibió en el hospital tras su última presentación en Tokyo Umallet. El dolor, que antes era una molestia manejable con medicamentos y vendajes a presión, se transformó en un colapso físico frente al público; y los médicos fueron claros, su pie derecho ya no poseía la estabilidad necesaria para desenvolverse en la alta exigencia del escenario.
Una tendinitis en fase crítica, con alto riesgo de rotura total del tendón que la llevaría a no poder caminar con normalidad jamás debido al desgarro… para alguien con la disciplina de Gentildonna, aceptar que su cuerpo se había convertido en su propio límite era humillante, la dama de hierro detenida por sus propios límites y el riesgo de convertirse en inválida.
Ahora se encontraba paseando por las calles de Tokyo, alejada de sus antiguas compañeras y rivales, en busca de una guía de cualquier señal para continuar más allá de lo que su condición le indicaba.