Side B-002
—En el cual la autora da cuenta de cómo un hombre descubrió que los dangos podían ocasionar problemas considerablemente más complicados de lo esperado—
Elías Martell tenía la curiosa cualidad de no entender en qué se estaba metiendo hasta que era demasiado tarde. Lo peor era que sí era un estratega y analista relativamente bueno... pero por alguna razón, siempre lograba complicar su situación.
Eso pasó con el Corazón de Orión.
También con el Instituto de Investigaciones Temporales.
Incluso con su propia hermana menor.
Pero, claramente, otra cosa en la que no supo medir realmente las consecuencias que él mismo ocasionaría era con el equipo asignado a su cargo.
Ferris y Wye eran completamente diferentes en habilidades y características físicas, así como personalidad y capacidad de ocasionar caos... pero en algo eran aterradoramente parecidas: la capacidad de convertir un simple acto en una situación absurdamente impredecible.
Martell suspiró recordando la última ocurrencia que había tenido Ferris Eris. Involucraba dangos y la efímera existencia de su persona. No era un recuerdo particularmente agradable y tampoco era uno que quisiera analizar demasiado.
Por razones que prefería mantener fuera de cualquier documento oficial, había llegado a la conclusión de que algunas decisiones debían considerarse errores incluso cuando, en el momento de tomarlas, parecían razonables.
Esta era una de ellas.
Probablemente.
—Elías.
Martell levantó la mirada.
Somnium mantenía su atención en el informe sobre el escritorio.
—¿Qué es eso?— preguntó Elías, regresando a la realidad.
—El reporte preliminar del incidente del almacén.
Elías tomó el documento y comenzó a leer.
Descripción preliminar: humanoides de aproximadamente siete centímetros de altura, apariencia infantil, orejas puntiagudas y vestimenta variable.
Comportamiento: no hostil.
Nivel de riesgo: indeterminado.
Observaciones adicionales: muestran interés particular por alimentos dulces y objetos de uso cotidiano.
Elías leyó el informe dos veces.
—¿Siete centímetros?
—Aproximadamente —respondió Somnium.
—¿Y nadie pensó que era relevante mencionar que parecen niños con sombreros?
—La fotografía está como archivo adjunto.
Elías miró la fotografía y, en efecto, allí estaban.
Una docena de criaturas diminutas se había apoderado de una mesa. Una llevaba un gorro rojo que parecía demasiado grande para su cabeza. Otra estaba dentro de una taza. Una tercera había conseguido ponerse una corbata.
Elías volvió a mirar el informe.
—¿Por qué una lleva corbata?
—No lo sabemos.
—¿Y la de la taza?
—Tampoco.
—¿Y la corbata tiene alguna función?
—No lo sabemos.
Elías dejó el informe sobre el escritorio y miró hacia el techo.
—Perfecto.
Somnium guardó silencio.
—¿Qué?
—Nada.
—Estás pensando algo.
—Sí.
—¿Qué?
—Que probablemente deberías preocuparte más por Ferris que por las criaturas.
Caso XX5
— Cuando encuentras algo más interesante de camino a tu misión —
Flat se había tomado bastante en serio la idea de aprovechar aquellas dos horas… quizá demasiado en serio.
Mientras Vane se alejaba del aeropuerto y Albatross hacía lo propio, él había encontrado una cafetería, comprado algo para comer y, después de unos minutos de observar el lugar, tenía el teléfono nuevamente entre las manos.
La cobertura seguía siendo intermitente, pero eso no parecía importarle demasiado.
Para cuando decidió volver al punto de encuentro, ya había pasado por información sobre la ciudad, mapas de la región y algunas recomendaciones turísticas que, en principio, no tenían absolutamente nada que ver con la misión.
Eso último cambió cuando encontró un mapa de los Montes Apuseni.
Flat se quedó mirando la pantalla y después amplió la imagen. Luego volvió a ampliarla.
—Oh.
La ruta que les habían asignado estaba marcada en una de las carreteras principales. No demasiado lejos de ella aparecía Roșia Montană.
La región había tenido actividad minera desde la época romana. El antiguo asentamiento de Alburnus Maior había estado relacionado con la explotación de oro y todavía existían galerías y restos arqueológicos en los alrededores.
Flat sonrió. Aquello era interesante.
La región también tenía pequeños establecimientos, hoteles, farmacias y comercios que podían resultar considerablemente más útiles para un grupo de investigación que el destino que figuraba originalmente en su itinerario.
Guardó el mapa.
Cuando finalmente los tres volvieron a reunirse, Flat ya había tomado una decisión.
La camioneta rentada los esperaba en el estacionamiento del aeropuerto.
El proceso de recogerla había sido bastante más sencillo de lo que Vane probablemente había imaginado. Fujieda había dejado la reserva preparada con antelación, por lo que solo tuvieron que comprobar la documentación, recoger las llaves y acomodar el equipaje.
Una vez dentro, el navegador fue configurado con el destino original.
Lupșa.
Flat miró la pantalla.
Después miró el mapa que tenía abierto en el teléfono.
Volvió a mirar el navegador.
Levantó ligeramente la mano.
—¿Puedo hacer una sugerencia? Podríamos hacer un pequeño desvío.
Flat giró el teléfono para mostrarles el mapa.
—Roșia Montană está relativamente cerca y tiene más servicios que Lupșa. Hay hoteles, supermercados, farmacias y otros lugares donde podríamos conseguir cualquier cosa que nos haga falta antes de continuar con la misión.
Alzó los hombros ligeramente y sonrió.
—Además, prácticamente queda de paso.
Aquello era, desde un punto de vista estrictamente logístico, una propuesta bastante razonable porque Flat había omitido deliberadamente una parte.
—También es una zona históricamente interesante.
La pantalla del teléfono cambió y ahora mostraba una fotografía de una antigua estructura minera.
—La región tiene actividad minera desde hace siglos. En época romana estaba el asentamiento de Alburnus Maior, y todavía quedan restos relacionados con las antiguas explotaciones. También hay galerías antiguas, arquitectura tradicional y bastante folklore local.
Flat hablaba cada vez más rápido, no porque quisiera convencerlos… o, al menos, eso probablemente habría dicho él. Claramente no tenía absolutamente nada que ver con que estaba emocionado.
—Y los Montes Apuseni son bastante peculiares. Podría ser útil conocer un poco mejor la zona antes de comenzar el trabajo de campo.
Flat finalmente levantó la vista del teléfono.
—¿Qué dicen?
Y, aunque la propuesta había comenzado como una simple consideración logística, había algo en la expresión de Flat que dejaba bastante claro que Roșia Montană acababa de convertirse, para él, en parte de la misión.