Author Topic: Unidad de Investigación y Control — Registro de incidentes y malas decisiones  (Read 700 times)


Ekha

[Bienvenidas a la introducción de esta historia.]

Unidad de Investigación y Control
a.k.a. Unidad de Idiotas Clasificados

El edificio parecía sacado de un siglo que claramente no tenía internet.

Tres pisos, fachada de piedra ligeramente envejecida, lo suficiente para que el tiempo pareciera parte del diseño. Ventanas altas, rectángulos verticales con marcos blanco que reflejaban el cielo como si no hubiese otra cosa.

Las puertas principales eran dobles, madera oscura pulida al punto de poder verse reflejado si uno se acercaba demasiado. Encima de la entrada, un pequeño balcón con barandal de hierro negro hacía gala de su existencia porque algún arquitecto del siglo XVII consideró que la simetría era una virtud estética y moral.

Cualquiera diría que parecía una residencia aristocrática que había sido testigo de demasiados cambios grandes y conversaciones incómodas.

El interior mantenía la estructura original, techos altos, vigas firmes, marcos de madera oscura maravillosamente conservados… pero todo lo demás era decididamente contemporáneo.

Un escritorio amplio dominaba la oficina de la jefa, con una superficie perfectamente ordenada y pulcra, excepto por un informe abierto frente a Olga Marie.

La luz de dos lámparas de pared caían sobre el papel mientras Olga Marie lo leía en silencio.

Un silencio largo.

Muy largo.

Excesivamente largo.

La expresión de su rostro denotaba que, el autor de aquel reporte debía ser estudiado por la ciencia… O eliminado por el bien mundial.

La punta de sus dedos golpeó la mesa del escritorio con una precisión de alguien que se encontraba contando mentalmente hasta diez y aún así reconsideraba si sólo diez era suficiente.

— Esto no es un reporte— murmuró, dejando escapar un poco de frustración en ello— Esto es un crimen.
Dejó caer el documento sin decoro alguno sobre el escritorio mientras inhalaba y exhalaba lenta y profundamente.



La organización oficialmente era una fundación sin fines de lucro dedicada a investigar anomalías y recuperar objetos fuera de lo común.

Eso era lo que decía la página web. Eso era lo que decía el registro legal.

Eso era lo que decía el folleto que Olga Marie había aprobado personalmente después de corregirlo seis veces porque la palabra “misterioso” le parecía poco seria.

La realidad era un poco diferente.

Funcionaba desde aquel edificio absurdamente aristocrático donde cualquier, desde la calle, creería que la gente se reunía a discutir tratados diplomáticos o poesía absurda del siglo XVIII.

En lugar de eso, había gente investigando cosas como:
  • Artefactos que claramente no deberían existir,
  • Fenómenos que nadie podía explicar sin usar palabras como “probablemente imposible”,
  • Personas que, por alguna razón que la ciencia aún no había resuelto, poseían habilidades sobrenaturales pero también cero sentido común.

El edificio estaba organizado con una eficiencia casi agresiva.

El primer piso era la zona de trabajo general. Estaciones de investigación, analistas, gente revisando archivos, bases de datos, informes históricos, mapas, grabaciones y, ocasionalmente, tratando de entender por qué un objeto maldito había terminado en un museo interactivo.

El segundo piso era donde trabajaban los equipos de campo cuando no estaban en el campo ocasionando nuevos reportes (de daños también) que Olga tendría que leer.

El comedor también estaba ahí, porque incluso investigadores de cosas extrañas necesitaban comer y la cafeína era prácticamente un recurso indispensable.

Los servidores estaban protegidos detrás de varias capas de cristal blindado porque, cuando uno investiga cosas paranormales, la pérdida de datos puede convertirse en un problema existencial.

El sótano tenía el sistema de respaldo eléctrico. Generadores, baterías industriales, suficiente redundancia energética como para mantener el edificio funcionando incluso si media ciudad decidiera sufrir una crisis energética.

Debajo del sótano había otro nivel. Uno que no aparecía en ningún plano oficial. Un sistema de servidores de respaldo aislado del resto de la red, almacenando copias de todo lo que la organización sabía sobre anomalías, artefactos, incidentes y cierta información que Olga Marie prefería que nadie más pudiese ver ni borrar accidentalmente.

Porque si algo sabía perfectamente Olga Marie Animusphere después de dirigir aquella organización era que jamás en la vida le confiaría la información crítica a un grupo de personas que regularmente tienen tendencia a provocar eventos paranormales por accidente.

Especialmente los equipos problemáticos.

Esos grupos ocupaban demasiado espacio en la cabeza de Olga. No por ser incompetentes, al contrario, eran competentes… pero idiotas. Útiles. Y, a la vez, impresionantemente inútiles.

A veces, Olga se preguntaba por qué los había reclutado. Bueno, “reclutado” era una forma agradable de decirlo.
Legalmente hablando, se consideraba empleo aunque, en la práctica, era algo entre contrato vitalicio y libertad condicional supervisada por una mujer con muy, muy, muy poca paciencia.



Cada línea del documento en la mesa, confirmaba sus sospechas.

— Existen dos opciones.

Respiró profundamente una vez más mientras el mundo seguía moviéndose como si este no fuese un momento relevante para esta historia.

— La primera es que este reporte fue escrito por alguien que no entiende cómo funcionan las oraciones.
Nada qué decir al respecto. El silencio mismo pareció estar de acuerdo.

— La segunda es que este grupo logró convertir una misión de reconocimiento simple en tres anomalías, dos edificaciones con daño estructural  y una factura que incluye…

Tomó de nuevo el documento y revisó los últimos anexos.

— … un vehículo agrícola que destruyó una bodega de fuegos artificiales clandestinos.

Hubiese aventado la hoja, pero sabía que el universo la acomodaría de forma que le molestara mucho más la situación.

— Alguien tiene que morir.

Olga observó con desprecio el papel hasta que cerró los ojos, intentó recuperar la calma y luego presionó el botón de un intercomunicador cerca de ella.

— Recepción.
— Sí, directora.
— Localicen al equipo responsable del último informe. Díganles que vengan a mi oficina y, dependiendo de qué excusa tienen para esto…
Respiró profundo.

— Les asignaré una nueva misión o un castigo ejemplar.

Cortó la comunicación y se levantó de su sillón corporativo. Necesitaría una aspirina antes de ese encuentro.


El mundo parece normal… hasta que deja de serlo.
Cuando la lógica falla, cuando la realidad se rompe y, en algún lugar, alguien toma una decisión altamente cuestionable que empeora absolutamente todo…
existe una organización encargada de intervenir.


La Unidad de Investigación y Control™
(inserte purpu brillín aquí)

Dedicados a intervenir, documentar… y, en el peor de los casos, no empeorar la situación.
Financiados como fundación.
Operando como último recurso.
Sobreviviendo por pura casualidad.


Estas son sus historias.
« Last Edit: March 28, 2026, 04:43:27 PM by Ekha »
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Nanami

Main story;01

Decir que había terminado en este sitio por error sería bajarle el perfil al asunto en exceso, pero tampoco era como que tuviese sentido cuestionarse el motivo a esta altura.

La situación había sido simple: se metió donde no debía totalmente sabiendo que era peligroso y el destino dictaminó que debía pagar por ello. Ni más, ni menos.

Quizá alguien más arriba o con más cerebro que él diría que totalmente fue su culpa y que todo esto se hubiese podido evitar leyendo las advertencias que alguien amablemente le había entregado, pero bah, ya no valía la pena escuchar ese viejo argumento.

Lo importante era el desenlace: estaba vivo. Condenado de por vida a hacer mandados y escribir informes, pero vivo. Con una habilidad que le traía más problemas que ventajas y le obligaba a usar gafas negras a todas horas, pero vivo.

Y no es como que no le gustase su trabajo.

Es verdad que preferiría no escuchar a la directora volarle el oído cada vez que regresan de una misión o que el asistente de ésta no pareciese que llevaba un palo cruzado por todo el—, pero aprendió a aceptar las cosas buenas de la vida.

Como, por ejemplo, seguir vivo. Muy importante cosa a remarcar a decir verdad.

¿Hemos mencionado lo mucho que Albatross agradece continuar con pulso? ¿No? Pues lo hace, y mucho.

Cuando la organización le encontró años atrás, él ya estaba rezando sus últimas oraciones. Después de todo estaba bañado en sangre que no podía asegurar que no fuese suya, atado a lo que parecía una mesa de sacrificio humano y vendado para no ver los rostros de los lunáticos que lo habían capturado.

Tal vez unos minutos más tarde y hubiese sido el aperitivo de algún demonio.

Si le preguntan, está bastante feliz de no haber terminado siendo un snack. Por los rumores que ha escuchado de otros miembros de la organización, era una de las peores formas de dejar este mundo.

Así que definitivamente había sido afortunado.

Tal vez por eso es de los pocos que se toma este trabajo con tanta tranquilidad. Si había algo en lo que confiase ciegamente (jajá), era en la capacidad que tenía la organización de salvarle el culo cuando más lo necesitase.

Claro, todo mientras fuese útil. Y lamentablemente para todos los altos cargos de este sitio: era absurdamente bueno en lo que hacía. Está bien, quizá es mucho robarse el mérito cuando es un trabajo en equipo. Como sea, su equipo es absurdamente bueno en lo que hace, ¿mejor?

Por eso podía caminar sin miedo por aquel edificio antiguo mientras reía al imaginar la expresión de la directora al leer el informe que había entregado a primera hora.

Se había esforzado en hacerlo más caótico de lo necesario, al fin y al cabo, a ella le faltaba algo de emoción en su vida. No debía ser muy divertido leer torres de papeles hablando de lo mismo, o en el peor de los casos, hablando de cómo más gente había muerto porque habían fallado o llegado tarde.

Así que un informe en formato de épica con sólo pérdidas materiales debía ser como un regalo de los reyes magos.

¿No era el deber de los empleados alegrar la vida de sus superiores de cierta forma? ¿No? Bueno, qué mal. Él ya se lo había tomado como una de sus tareas personales. Además, había acompañado toda la narración con caricaturas dibujos ilustrativos para explicar de mejor manera todo el asunto.

Ahora solo le tocaba esperar que lo llamasen a la oficina principal para recolectar los frutos de su esfuerzo.

Aunque quizás, solo quizás, debería advertirles a sus compañeros de su obra benéfica de esta vez. Así al menos estarían preparados para los retos de esta ocasión.



Side story;01

Lo primero que nota tras escuchar que los idiotas han hecho de las suyas otra vez, es que su café está frío. Ambas señales indican que será un día largo, de esos que le hacen cuestionar el motivo por el cual continúa en esta organización.

Puede ver desde su oficina que los demás administrativos se posicionan para ver el espectáculo que está por montarse con la esperanza de entretenimiento gratuito y que incluso algunos abren apuestas sobre si la directora quebrará algo en esta ocasión.

Siempre es igual.


Debería hacer algo al respecto, pero su café está frío y el circo que está por empezar subirá la percepción de buen clima laboral del equipo. Todavía no está segura del porqué de ello, pero la encuesta mensual lo refleja. A la mayoría de los presentes en la primera planta les encanta ver a Olga Marie perder los estribos por culpa de tres cabezas rubias.

Los testimonios incluso relatan que cuando ocurre en el día libre de alguien, esa persona lo toma como un mal augurio. Llega a ser sorprendente la cantidad de compensaciones que se han solicitado por lo mismo.

Así que cualquier cosa que haga que menos gente deba terminar en terapia o pida dinero extra es algo bueno, está segura que los ejecutivos están de acuerdo. Incluso si es sacrificar al trío de idiotas. Además, los tres ya están acostumbrados a todo esto y saben que se merecen la reprimenda.

Quizá debería pensar más en la salud de su directora, no obstante para eso está el señor Fujieda. Después de todo, ella debe velar por el bienestar de los empleados, no de su jefa.

Con eso en mente decide que necesita otro café.
« Last Edit: April 15, 2026, 08:14:34 PM by Nanami »


Ekha

Caso XX0
- Cuando el Caos dice hola y lo saludas de vuelta -


El documento no tenía nada realmente llamativo a simple vista.
Papel blanco, texto ordenado, bloques censurados, como si alguien hubiera decidido que ocultar información era más importante que hacerla útil. Nada fuera de lo común, al menos no para los estándares de la UIC.

Flat ladeó la cabeza mientras leía, desde la comodidad de uno de los sillones de una oficina bastante elegante, pero llena de carpetas, libros y muchos documentos curiosamente ordenados.

—…Suena dramático, me gusta —murmuró mientras leía en voz baja, más por costumbre que por necesidad.

Quote
Los denominados Camera Obscura constituyen dispositivos ópticos no convencionales cuyo comportamiento ha sido incorrectamente atribuido a causas sobrenaturales.

El presente análisis parte de la premisa de que dichos fenómenos, aunque no comprendidos completamente, obedecen a principios sistemáticos.

Las palabras estaban frente a él, pero no terminaban de encajar del todo. Era como si intentaran dar forma a algo que realmente no debería poder ser descrito.

—Oh, ya veo.

Sonrió mientras se recargaba completamente en el respaldo de la silla, sosteniendo el documento contra la luz de la lámpara como si eso fuera a revelar algo oculto entre las líneas censuradas.

—¿Incorrectamente atribuido a causas sobrenaturales…? Eso es interesante.

Volvió a inclinarse hacia adelante, acomodando el documento en el escritorio de forma que la posición le permitiera leer con atención.

Quote
El dispositivo no genera el fenómeno. 
Lo regula.

—Tiene sentido. Entonces no es lo que ves… es lo que te dejan ver.

Tamborileó los dedos en la orilla del escritorio y pasó a otra página.
Quote
El sistema digital eliminó restricciones presentes en los dispositivos originales.

—Esto suena a que alguien no quiso escribir que algo salió terriblemente mal.

Cerró el archivo despacio, con suavidad. Lo acomodó frente a él en el escritorio y se recargó nuevamente en el respaldo de la silla.

—Me agrada este lugar.

Volteó en dirección a la puerta, como si acabara de recordar algo.

—Aunque… debería preguntarle a alguien cuánto tiempo se supone que voy a estar aquí.

Silencio. Dado que esto no era una historia convencional, nadie entró con ese timing perfecto de escena bien calibrada para brindarle alguna de las respuestas que buscaba.

Frunció el ceño, pero Flat no parecía muy preocupado al respecto, solo curioso.

—Bueno, si es así…

Se acercó de nuevo al escritorio y abrió nuevamente el archivo.




—Ese archivo no es de acceso público.

La voz no parecía particularmente dura, ni como si estuviera regañando a Flat, simplemente aclarando algo que era un hecho. Flat dio un leve respingo, pero no levantó la vista de inmediato. Al contrario, solo pasó la página antes de voltear.

—¿Te refieres a esto?

Levantó el documento y lo sostuvo un poco más arriba de su cabeza, como si eso fuese de ayuda para identificarlo mejor.

—Tienes razón, definitivamente no parece algo apto para el público.

Alain Guillotin permaneció en el mismo sitio. No avanzó todavía. Solo se limitó a observar al chico rubio despreocupado. Aquel que sostenía el archivo en una sección marcada, con anotaciones internas visibles, segmentos censurados y datos técnicos que él conocía de memoria.

—¿Cómo lo obtuviste?

Flat dejó el archivo nuevamente sobre el escritorio, se cruzó de brazos y ladeó ligeramente la cabeza, pensativo.

—Estaba en el escritorio… Bueno, técnicamente estaba debajo de otros tres archivos en esa montaña de documentos de enfrente, pero eso cuenta como “en el escritorio”, ¿no?

Alain exhaló lentamente, como si ya estuviera ajustando algo en su cabeza.

—No.

Flat asintió, como si eso fuera una corrección perfectamente razonable en estas circunstancias.

—Entiendo.

Ladeó la cabeza nuevamente mientras cerraba los ojos.

—Debo decir que la parte donde mencionan a la persona que inventó ese objeto es bastante interesante. Especialmente la teoría de que es posible que quisiera investigar su influencia en diferentes entornos.

Alain no respondió de inmediato. No porque no tuviera qué decir, sino porque no le gustaba la facilidad con la que el chico había llegado a esa conclusión.

—Aléjate de ese documento —dijo Alain, esta vez sin margen para interpretación.

—¿Por qué? —Flat volteó con ese rostro de frustración, como si le hubieran dicho a un niño pequeño que no podía comer helado.

Alain sostuvo la mirada un segundo más de lo necesario. No por desafío, sino porque algo no terminaba de encajar.

—Porque no tienes autorización para leerlo.

Flat parpadeó.

—Oh… —miró el documento—. Eso explicaría por qué está tan censurado.

Alain dio un paso al frente.

—Repito, aléjate de ese documento.

Flat dudó un momento antes de levantarse.

—No iba a quedarme con él —dijo al fin—. Solo quería terminar la última parte.

Finalmente, Flat se alejó del escritorio y, por ende, de la silla que había estado ocupando frente a él. Alain se acercó, sin prisa, pero con paso decidido, y recogió el archivo.

—A partir de ahora no tienes permiso para revisar ningún documento sin autorización directa —finalizó Alain Guillotin con voz clara y seca.

Flat no pudo hacer más que asentir.

—Entiendo. Entonces… ¿a quién le pido autorización?

Alain, quien sentía que su paciencia estaba siendo probada por alguna extraña prueba laboral (no tanto por el destino), lo miró, miró de reojo el archivo y volvió su mirada al chico.

—A mí.

Flat sonrió.

—¡Perfecto! Entonces… ¿puedo seguir leyendo?

Alain sintió un ligero tic en el ojo.

—No.

—Ok, supongo que buscaré algo más que leer.

—No lo harás.

La respuesta no vino de Alain. En la entrada de la habitación se encontraba un hombre de traje impecable, con una carpeta en mano, que se acercó con un movimiento preciso.

No miró a Flat primero. Observó a Alain y al archivo que todavía sostenía.

—Ese documento no estaba programado para revisión el día de hoy.

—No lo estaba.

El secretario asintió y desvió su atención hacia Flat.

—Flat Escardos.

Flat alzó la mano, como si estuviera en un salón de clases.

—Ese soy yo.

—Se te ha asignado material acorde a tu nivel de acceso actual.

El rostro de Flat se iluminó cuando el secretario de Olga Marie le extendió otra carpeta. La tomó casi de inmediato y comenzó a hojearla.

—¿Tengo que entregar algo después de leer esto?

—Es una asignación. Se espera un informe al finalizarla.

Flat pasó una página más, pero más lento.

—¿Es obligatorio?

—Inevitable.

Revisó con atención una sección.

—¿Hay más de estos?

El secretario se dio la vuelta, dispuesto a retirarse.

—Si completas este —dijo—, se evaluará.

Y se retiró.

Flat no levantó la vista hasta terminar de leer el documento. Alain solo esperaba que tuviera la decencia de salir de la habitación y no volver a toparse con él en algún tiempo futuro.

—Definitivamente me voy a quedar —murmuró el chico, al fin—. Al menos hasta que deje de ser interesante.

Alain suspiró. No auguraba nada bueno para él. Debería hablar con el secretario general para establecer una mejor vigilancia en el área de Archivos.

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Haruhin

Ampliaremos cuando los topes sean más decentes.


#01




¿Por qué este trabajo en particular y no otro?

Cuando le preguntabas la razón por la que seguía aguantando un trabajo en el que se exponía ante más cosas de las que podía estar mentalmente preparado para aguantar, la respuesta de Vane solía ser la misma:
‘¡Porque es divertido!... la paga es buena… y básicamente porque ya no tengo a donde volver.’

Sencillo y especialmente honesto. Una respuesta clásica de su parte.

Sí, el sueldo era decente y le permitía costear sus cuentas, su gato tenía la mejor comida que le podía dar y, además, otro pequeño monto restante lo iba sumando a sus ahorros para su plan de montar a futuro en ese lugar un restaurante. Una idea ambiciosa que se le había metido a la cabeza después de notar que a la comida de la cafetería de la organización, según su criterio, le hacía falta más cariño.

Pero bueno, no podía venir a quejarse. Todo el trabajo de campo que había conocido en su vida antes de la U.I.C era bastante diferente y si bien, una parte de sí extrañaba su hogar en Feendrache, ya no había nada para él allí.
Las guerras se habían encargado de devastar todo. Ya no tenía un estandarte que alzar en las batallas como un antiguo caballero, ni mucho menos un rey al cual proteger. Toda su historia se había limitado en un pestañeo a una vieja armadura desgastada y a su gato que había logrado encontrar después de perder su casa.

Si miraba el vaso medio lleno, estaba vivo, que era lo importante. Y ya por el otro, estaba tremendamente deprimido y eso estaba comenzando a pesarle…

Justo en un día de otoño, la organización había dado con él -o había sido casi al revés- a través de un panfleto de reclutamiento a las afueras de la taberna que había empezado a visitar buscando algunos trabajillos de cazador.
El anuncio tenía dibujos y textos muy llamativos, ofreciendo una mejor calidad de vida en pos de espíritus aventureros, terminando su mensaje con una citación en un lugar y hora específicos.

Vane no lo había pensado mucho. No tenía nada que perder y había mucho que ganar.
Un nuevo propósito y un mejor futuro que lamentablemente su hogar ya no le iba a ofrecer, así que convencido de aquello acudió al punto de reunión.

…Y el resto de aquel encuentro es información borrada de su cabeza porque no recuerda muy bien los detalles.
Había un par de personas uniformadas con trajes nada parecidos a los usados por los habitantes de su tierra. Intercambiaron algunas palabras y luego se vio a sí mismo con una bolsa en la cabeza y con un fuerte olor penetrando su nariz hasta hacerlo perder el conocimiento.

Fuera de la enorme nebulosa en su cerebro ahora podía destacar algo: ¡Había conseguido un nuevo empleo!

Aunque no entendía muy bien cómo había sido posible sin pruebas o al menos una entrevista. De un día para otro después de recuperar el conocimiento, un hombre de traje (al que conocería más tarde como el asistente de su jefa) le comentó que se integraría a un nuevo escuadrón de equipo de campo y sería presentado a sus dos nuevos compañeros.

—Y nos faltaría registrar aquí tu nombre en ficha para mantenerte en la base de datos.—

—A-Ah, soy Vane Feendrache, señor.—

Solicitud para el uniforme, su nueva credencial y también detalles de sus colegas, serían ajustados para la próxima misión en donde su rutina comenzaría a cambiar drásticamente.

…Y lo que habían sido semanas trabajando para la U.I.C de pronto se habían vuelto meses.
Pero por muchas ganas y empeño que le pusiera a las misiones, el resultado terminaba siendo más un desastre que otra cosa. De hecho, ya estaba más que advertido según su última evaluación de desempeño del semestre -cosas elaboradas por cortesía del asistente de la jefa- donde había quedado claro que apenas volviese a destruir otro mobiliario perteneciente a agentes de otros sectores dimensionales, tendría que empezar a reconsiderar una reasignación en otro departamento. Los gastos de expedición estaban creciendo exponencialmente desde que se había consolidado en su equipo.

¡Era injusto! Solamente le estaban cargando el muerto por ser el recluta más nuevo, no tenía nada que ver con que tras su inclusión los reportes comenzaron a mostrar números todavía más preocupantes en la sección de gastos.
Pero no importaba, en la próxima expedición arreglaría eso. De los tropiezos había aprendido de sus errores y se aseguraría de no volver a cometerlos (o hacer el intento con su mayor esfuerzo, eso también contaba ¿no?).

Al menos, para esta nueva reunión en el despacho con sus superiores para hablar de su última misión iba a demostrar la mejoría en su desempeño. Iba a explicar todo con lujo de detalles, hasta con tablas de los gastos que habían hecho durante el viaje (se iban a ver reflejadas hasta las veces en las que se había tirado la cadena del baño si era necesario).

Ahora sí iba a ser imposible que le llamasen la atención con tal cuidado del detalle.

—Vane. Adelante por favor, háblanos de tu reporte.— Le dijo la voz masculina de su superior.

Nervioso tragó saliva y comenzó.
« Last Edit: March 30, 2026, 08:31:59 AM by Haruhin »


Nanami

((Ekha tkm no resistí el tirarlos a rantear, aquí es como nos condeno a tener que escribir todo lo otro.))



Side Story;02

Parte de su trabajo es tomar decisiones complicadas en un ambiente que no está preparado para la experimentación dentro de los parámetros que le gustaría. Parte de su trabajo es, en resumen, encontrar la manera de bordear los límites establecidos sin ser descubierto.

Siempre ha sido bueno en eso.

Se salió con la suya cuando logró que Jakob y él fuesen adoptados juntos.

Se salió con la suya cuando convenció al señor Ingold de que nada malo ocurría al escribir un diario falso para explicar su entusiasmo por las civilizaciones antiguas.

Se salió con la suya cuando incursionó en tabúes para salvar a una de las personas más importantes de su vida.

Entonces, el ser descubierto cuando estaba a punto de convencer a sus compañeros de universidad de iniciar una secta, realmente no le pareció tan grave.

De todo lo que pudo fallar, fue el mal menor. Después de todo, ser reclutado le había abierto las puertas a un mundo aún más interesante que el que hubiese explorado rodeado de adultos jóvenes con interés por el ocultismo y ciencias paranormales.

Sí, se había equivocado al dejar evidencia que le inculpara, pero tampoco era como que le hubiesen obligado a abandonar su búsqueda de la verdad. Concretamente, para el pesar de varios, habían hecho lo contrario al otorgarle un par de alas inmunes a la energía solar.

A la directora le gustaba presumir que lo tenía contenido al tenerlo bajo una vigilancia estricta, no obstante no eran sus reglas las que creaban restricciones, sino la presencia de otro individuo en el mismo departamento. Si Alain Guillotin no se hubiese unido, nadie se daría cuenta de sus intenciones. De cierta forma él mismo arruinó sus planes al restablecer el contacto, pero no cambiaría por nada en el mundo la presencia del otro en su día a día.

El rubio no deja de contradecirle y encontrar puntos débiles en sus postulados, lo cual le obliga a ser mejor: más metódico, más preciso, más exhaustivo. Le empuja a no conformarse con resultados a medias. Lo mínimo que puede hacer para compensar ese regalo es ser igual de crítico con el trabajo de Alain. No dejarle esconderse dentro de la teoría que tanto defiende y obligarle a expandir sus horizontes. Incluso si aquello puede parecer irritante para otros, sabe a la perfección que el de ojos azules no estaría satisfecho de otra forma.

Sin dudas eso es lo que más le agrada de trabajar juntos. No hay espacio para trivialidades como el orgullo o la arrogancia, sino simples intercambios directos que revelan lo importante que es para ambos llegar a la raíz de todo.

Al final, si en algo están de acuerdo desde que son niños, es que antes que personas, ambos son investigadores. Y eso facilita en gran medida el que se entiendan tan bien, aunque conlleve a que se creen rumores al respecto y Jakob se comporte de manera más errática de lo usual.

No es como que no esté acostumbrado a fingir que no se da cuenta, es más cómodo así. Se siente más libre para actuar como realmente desea.

Su mirada se posa en la hora; Alain ya debe haber regresado a su oficina. Es momento de presentarle los avances que obtuvo durante la noche.

Sin retrasarlo más, imprime una copia de los resultados para ordenarlos dentro de una de las carpetas que siempre tiene a mano y agrega sistemáticamente las anotaciones necesarias para que Alain pueda cuestionar los mismos puntos que tan interesantes le han parecido. Una sonrisa descansa en su rostro al terminar y siente el cosquilleo previo a un largo debate entre los dos.

Su día no puede ir mejor. Pero cree que el de Alain sí. Solo le basta acercarse a la oficina del susodicho para ver a un joven desconocido salir y llegar a la conclusión de que tal vez lo suyo deberá esperar un poco.

A veces le gustaría que no trabajara tanta gente aquí, sería más sencillo evitar las variables que arruinen sus planes. Con un suspiro, desvía su camino para buscar un café para el rubio y la carpeta pasa a segundo plano al guardarla bajo su brazo.

No transcurren más de cinco minutos cuando entra a la habitación con una taza de café fresca. Su monóculo atrapa la luz por un instante al enfocar al hombre frente a él y frunce los labios tan solo un poco.
 
— ¿Todo bien? Estás más mosqueado de lo usual. — Comenta al leer la tensión en los hombros ajenos. Un rápido barrido al estado del escritorio le dice lo necesario y con cuidado deja la taza nueva en la pequeña superficie disponible. — Me gustaría decirte que bastará con clasificarlos, pero por la manera en la que ese joven caminaba, puedo asegurar que volverá a leer algo que no debe. Déjamelo a mí, hablaré con el señor Fujieda para implementar un protocolo para estos casos.

Sabe que de momento no es más que una promesa vacía, sin embargo nota que Alain está levemente aliviado de no tener que encargarse de ello y eso es suficiente. A veces se pregunta si Anne se llevó toda la energía social de la familia Guillotin.

Y antes de que el rubio pueda consultar el motivo de su visita, le tiende la carpeta que todavía trae consigo.

— Te traje algo interesante. — No puede evitar sonreír con inocencia cuando los ojos contrarios miran la carpeta con una mezcla entre desconfianza y anticipación. — Encontré el origen de los sellos utilizados en las inscripciones. Me tomó más de lo que esperaba, pero siguen un sistema no difícil de replicar si sabes identificar lo que lees. Así que eso hice; anexé los resultados de las pruebas iniciales al final.

Alain no tarda en abrir la carpeta para revisar los documentos, pero antes de que pueda sumergirse en la lectura, el de cabellos lilas no puede evitar agregar un poco más de contexto sin ocultar su entusiasmo.

— Experimenté diferentes combinaciones para potenciar características que deberían estar restringidas. Los resultados preliminares te dan la razón, no obstante entre más pruebas realicé, más evidente fue que el resultado depende, como planteé inicialmente en mi hipótesis, del potencial místico de cada usuario.—



Haruhin

Aquí vivimos al límite nyoooms.


#02



Esa mañana no había iniciado de la mejor manera para Fujieda.

 La cafetera se le había averiado y un accidente vehicular lo había dejado atascado poco más de una hora en una congestión de tráfico. Odiaba la impuntualidad en otros, pero siendo él mismo el del retraso, la incomodidad le pegaba todavía más fuerte. Y ya como cereza del pastel, tenía una migraña del carajo que no se iba a poder aliviar muy pronto; sus pastillas se habían quedado en la mesa de noche, en su casa.

Quizá ya debía resignarse a tomar la opción de vivir en los dormitorios de la organización para ahorrarse los inconvenientes para cumplir con eficiencia en su trabajo. Pero ciertamente había un mayor grado de satisfacción en el simple hecho de llegar a su departamento después de una jornada extenuante. Cosas tan simples como sacarse el traje, mandar a volar su teléfono y apagar el cerebro después de un extenuante día de trabajo era impagable.

Suspiró mientras en piloto automático se arreglaba el cuello de su chaqueta y se ajustó los lentes una vez antes de abrirse paso en la sala de reuniones. Como era de esperar a esa hora, la directora Olga estaría tras el escritorio y ante ella, los tres personajes citados a ese encuentro.

 —Buen día, directora. Lamento mi retraso. — Saludó respetuosamente a su superiora con un gesto de cabeza y posteriormente a los subordinados. —Caballeros. Imagino que la directora ha tocado por encima las razones por las que han sido citados a esta reunión. —

Albatross, Vane y Flat simplemente permanecieron en sus asientos esperando por las instrucciones de parte del asistente de su jefa. Fujieda se caracterizaba por ser bastante conciso y práctico, así que nadie esperaba que esa junta durase algo más de una media hora

—Seré breve. Serán enviados como equipo a la zona rural de Geamăna, en Rumania para testear una antigua aplicación almacenada por el equipo de investigación para análisis de fenómenos extrasensoriales y paranormales, coloquialmente conocidos como por todos nosotros como ‘fantasmas’. —

Hubo un silencio en el despacho que le dio la oportunidad a Fujieda de seguirse explayando.

—Como organización, nos encargamos de estudiar y almacenar anomalías que puedan poner en peligro el cotidiano de las personas. Y en este caso, se encargarán de poner a prueba el material recibido por el equipo de investigación y paralelamente, confirmar su veracidad.—





—Um… no tengo muy claro a qué se refiere con eso. ¿Cómo que vamos a testear una aplicación que analiza fantasmas? — Cuestionó Vane porque cómo diablos funcionaba algo así.

Fujieda aprovechó para mirar a su jefa, quien con un gesto de mano le dio a entender que siguiera con las explicaciones. Allí, él aprovechó para colocar un pequeño maletín sobre la mesa de la sala y lo abrió para mostrarle su contenido a los empleados.

Dentro del dichoso maletín se encontraban tres teléfonos móviles completamente idénticos y sobrios.
—Su herramienta principal de trabajo para realizar dicha función la tienen aquí. Por favor, cada uno saque un teléfono y tómese un momento para revisarlo. — Sus subordinados hicieron como se les indicó.

—Notarán que el equipo ya está cargado y configurado exclusivamente con la aplicación que necesitarán para esta misión. La app ya se encuentra vinculada directamente de sus equipos móviles. Lo único que necesitarán es tomar diferentes registros visuales con el equipo en la zona a la cual se les enviará. El punto geográfico ha sido escogido por sus altas coincidencias de avistamientos y actividad paranormal en los últimos años, por lo que hemos considerado que es el punto ideal para poner a prueba la aplicación. —

En una pausa, Fujieda aprovechó para cerrar el ahora vacío maletín frente a los chicos. —Resumiendo: Prepárense para ser enviados en tres horas a la zona de actividad paranormal. Una vez instalados, utilicen la aplicación designada en sus teléfonos. Graben y tomen registros fotográficos de la mayor cantidad de anomalías que puedan percibir para probar la efectividad del programa. Al finalizar con el encargo, serán recogidos en el punto de extracción de Geamăna en dos días. Ya luego de eso y habiendo regresado a los cuarteles, se les solicitará la elaboración de un informe con toda la información recopilada de esas 48 horas en terreno. —

¿Sonaba sencillo? Sí. Las misiones de testeo de material de la U.I.C no eran poco comunes de ver, pero sí al menos tomaban un poco más de tiempo de organizar. Esto debido a que principalmente se movían bastantes recursos a la vez y había que ser precavido para que todo estuviera funcionando a la perfección con tal de reducir al mínimo cualquier posible inconveniente.

—Si necesitan alguna clase de ayuda a distancia desde el edificio, pueden contactar con el equipo de soporte a través de sus móviles. Las videollamadas son aceptadas en horario nocturno.— Notó en las caras de sus subordinados expresiones completamente distintas uno del otro. Ahora que él había cumplido con su parte, el resto quedaba en manos de ellos e iba a ser interesante ser testigo del resultado que imploraba en su fuero interno porque no terminase siendo un desastre.

—Eso es todo, caballeros. Pueden retirarse para preparar sus equipos de misión... e intenten regresar con vida, esa es la instrucción primordial como siempre. Buena suerte. —


Nanami

Aquí siempre vivimos al límite porque no tenemos concepto del tiempoooo  :'(



Side Story 02 - Parte II

Tras su pequeña acotación guarda silencio y rodea el escritorio para tomar asiento en la silla extra que pocas veces ha sido utilizada por otro individuo que no sea él.

Una persona normal se habría retirado y esperado respuestas en el chat que comparten, pero René siempre se ha apreciado como alguien que no puede portar esa etiqueta.

Desde niño se supo distinto. No en el sentido de creerse superior a los demás (aunque totalmente lo era según los mayores), sino que era obvio que su mente funcionaba con prioridades diferentes.

Cuando todos dibujaban a su mascota o familias, él se esforzaba por recrear un mapa estelar que pareciese algo más que una red de pescar con sarampión.

Cuando los demás niños hablaban sobre sus héroes favoritos, él se frustraba tratando de clasificar los poderes en posibles e imposibles, logrando que lo dejasen hablando solo.

Cuando le preguntaban qué deseaba como regalo, él se negaba a los juguetes populares y se ilusionaba con libros para comprender los misterios del mundo.

No fue hasta que llegó al orfanato y conoció a otro niño raro que logró sentirse realmente similar a alguien de su edad.

Otra persona que utilizaba su cerebro de una manera fuera de lo normal, pero que lograba entender sus ideas con la misma precisión de los mecanismos con los que jugaba.

René siempre había sido más intelectual, era Jakob el de las manualidades. Por lo que ver la precisión con la cual el otro niño manejaba sus herramientas le hacía quedarse mirando sus manos con cierto asombro.

Aquel niño no era muy sociable. Su hermana menor hablaba por él la mayoría de las veces. Tenía que tratarse de un tema que ella no entendiese para que él se dignase a alzar su voz y por eso varios de los niños creían que simplemente era mudo.

Eso no evitó que René sintiese curiosidad y sin pensarlo mucho, se sentase a su lado a verlo trabajar mientras el otro reparaba uno de los juguetes de su hermana.

No pasó mucho desde ese punto para que comenzaran a hablar de mecanismos, acertijos y teorías que solo por ser niños se atrevían a explorar.

Si es sincero, incluso si no había perdido todo porque seguía teniendo a Jakob, a veces piensa que no habría soportado ese lugar sin aquello.

Sin alguien que le entendiera.

Y ahora ese alguien estaba frente a él leyendo con atención su informe. Frunciendo levemente la expresión cuando identificaba que justamente René había señalado correctamente el enunciado que le llamaría la atención.

– Se te helará el café, Alain. – Bromea mientras ve desaparecer las páginas una tras otra. Sabe a la perfección que le van a ignorar. Cuando el rubio se sumerge en algo de su interés, el mundo a su alrededor desaparece.

Eso es otro que tienen en común.

Su mirada se pasea por la oficina esperando el veredicto del contrario, sin embargo sabe también que Alain no llega a conclusiones precipitadas y puede escuchar con claridad cómo compara las tablas que sabe perfectamente que le molestan casi a un nivel personal.

Aunque ninguno confesará que eso sea posible. Por eso le deja su espacio y espera, es bueno en eso.


Ekha

Caso XX1
- Cuando el ocultismo sonríe y te dice que se te va a enfriar un café que ya te trajo frío -


Alain no respondió de inmediato. Simplemente siguió leyendo.

Eso tampoco era extraño. Después de todo, René tenía la curiosa costumbre de presentar hallazgos interesantes con el mismo entusiasmo con el que otros presentarían una sentencia de muerte, y Alain había aprendido que intentar sacar conclusiones antes de revisar los datos era una pérdida de tiempo.

La primera página desapareció rápido.

La segunda un poco menos.

Para la tercera ya había olvidado por completo la existencia del café.

Las anotaciones seguían la estructura habitual. Referencias, observaciones, resultados preliminares y suficientes notas adicionales como para dejar claro que René había pasado muchas más horas de las saludables investigando algo que probablemente no estaba dentro de sus responsabilidades inmediatas.

Nada particularmente nuevo.

Alain regresó unas páginas para comparar una tabla con otra. Los parámetros eran prácticamente idénticos. Las configuraciones también. Los resultados continuaban mostrando variaciones demasiado amplias para sentirse correctas y demasiado consistentes para descartarlas como errores.

Y eso le molestaba más que el incidente de hace un momento porque las explicaciones sencillas comenzaban a agotarse.
Si el problema estuviese en el método, las diferencias deberían aparecer de forma reconocible. Si fuesen errores de interpretación, tendría que existir algún punto donde los datos dejaran de tener sentido. Pero no. Lo único constante era que usuarios distintos producían resultados distintos.

Apoyó una mano sobre la carpeta mientras releía una de las páginas finales.

No era una teoría nueva y eso era precisamente lo que más le desagradaba.

Llevaban semanas acercándose a ella desde direcciones distintas. Rodeándola, reformulándola y, en ocasiones, ignorándola deliberadamente con la esperanza de que desapareciera sola.

No había tenido la cortesía de hacerlo.

Las inscripciones seguían apareciendo.

Una y otra vez.

En cámaras distintas. En registros distintos. En incidentes separados por bastantes años. Eran lo bastante parecidas para sugerir que no eran simples adornos y lo bastante diferentes para volver imposible creer que todas habían sido hechas por la misma persona siguiendo exactamente las mismas reglas.

Y ahora René acababa de dedicar una cantidad poco saludable de tiempo a demostrar que modificarlas producía cambios reales, como si aquello fuese una noticia que Alain necesitara escuchar para empezar a preocuparse.

Pasó otra página.

Luego volvió atrás.

Después regresó a la misma tabla por tercera vez.

Seguía sin gustarle.

Porque una cosa era encontrar símbolos extraños grabados en una cámara centenaria y otra muy distinta descubrir que esos símbolos parecían estar haciendo algo y una todavía peor era que alguien hubiera sabido exactamente qué estaba haciendo al colocarlos allí.

Lo más molesto era que una parte de él empezaba a darle la razón a René.

No sobre los sellos, Alain seguiría negándose a llamarlos así quizá para siempre, pero sí sobre la posibilidad de que las inscripciones no fueran simples marcas de identificación ni agregados posteriores hechos por propietarios supersticiosos.

Había un patrón, no entendía cuál…

Y ese era exactamente el problema.

Suspiró. Una cosa era el invasor rubio con cero conciencia de jerarquías, otra era ver a René esperando pacientemente una respuesta de su parte.

— Al menos tuviste la cortesía de avisar a la directora antes de experimentar con restricciones que todavía no comprendemos del todo, ¿Verdad?

Lo último que Alain quería era descubrir que acababa de leer el motivo de tres futuros reportes.
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Haruhin

Hola soy Haru y esto es jackass  8)


#SIDE STORY: 01




Cuando se inclinó en el respaldo de su silla, soltó un respiro pesado y se masajeó el puente de la nariz. No servía para esto, todavía no podía acostumbrarse.

Pero si ponía en una balanza los beneficios versus las molestias, lo primero solía ganar, siempre.

—Me lo vas a hacer más fácil si colaboras. ¿Quieres hablar del sitio en el que estabas confinado antes de que fueras traído aquí? — Su dedo presionó el comunicador que lo separaba de un hermético cuarto donde detrás de un grueso vidrio polarizado se encontraba la silueta de otro hombre.

Nada. Ni un murmullo salió del recién ingresado, el cual desde la cámara de vigilancia lucía más hastiado que incómodo con la situación.

Fidelio estaba perdiendo la paciencia y estaba a punto de maldecir hasta a sus muertos, pero se mordió la lengua para no hacer ningún escándalo en la sala. Si estaba al mando del ingreso no iba a ponerse en vergüenza frente a los otros miembros del equipo de análisis de anomalías.

Sus labios permanecieron sellados, pero en su lugar en el asiento su cola se sacudió como un latigazo un par de veces. En situaciones como estas, donde las anomalías no ponían de su parte para realizar un ingreso a la base de datos era cuando preferiría ser parte de la división de campo. Así al menos también podría asegurarse que Basilio, su hermano pequeño, no hiciera nada estúpido y pudiera terminar gravemente herido…

Pero su evaluación había arrojado que su desempeño tenía más cabida lejos de los trabajos en terreno. Centrado en la investigación y el análisis de seres tanto más inusuales que él.

—Bien, haz lo que quieras. Tómate un descanso y volveremos a interrogarte veinte minutos. — Comentó antes de ponerse de pie, listo y dispuesto para subir momentáneamente en su break para prender un cigarro y ponerse al día por teléfono con su hermano al que no había visto en tres días.

Sin embargo, su plan original quedó interrumpido cuando la figura del asistente de la directora cruzó el umbral con el semblante estoico que le era habitual.

¿Qué hacía ahí ese estirado de las plantas altas ahí abajo? Nadie le había avisado que contarían con su visita en medio de un procedimiento.






—Señor Fujieda. — Dijo mecánicamente con las manos en los bolsillos de su bata abierta. —No esperábamos que viniera personalmente para presenciar el registro. — Cosa que era cierta. Generalmente este tipo de cosas se hacían por el día sin mayores intervenciones de otros equipos u administrativos.
—Fidelio. — Saludó primero.  —Lamento interrumpirles el procedimiento. Pero por lo visto, la información de que yo supervisaría este ingreso no les llegó a ustedes. —

Fidelio pudo notar por un breve momento que la expresión de su superior se endurecía (si es que eso era medianamente posible) un poco más al darle un vistazo al sujeto que estaba tras el otro lado del cristal.

 — Debió haber un problema de comunicación, no nos llegó un correo al respecto. ¿Le puedo ofrecer un asiento? —
—No hace falta. Como dije, quiero interrumpir su trabajo lo menos posible. ¿Puedes hablarme un poco del sujeto de ingreso? —

Fidelio volteó la mirada una vez hacia el cristal, pensativo. —Anomalía ingresada durante la tarde de ayer. Se registró bajo ID número #25126. Se estabilizó durante la madrugada ya que llegó en mal en estado, deshidratado y con múltiples laceraciones. Se presume que podría ser dueño de algún tipo de habilidad de control mental, ya que algunos miembros del equipo médico que lo revisaron ayer reportaron signos de fatiga y lagunas mentales durante la revisión del sujeto. —

—Ya veo. ¿Ha querido hablar más acerca del incidente del control médico? —
—No ha abierto la boca desde que lo derivaron a nuestro departamento. Intenté mantener una conversación con él, pero no hubo caso. — Fidelio hizo una pausa acompañada de una mueca. —Y también tratamos de obtener un previo registro de su identidad, pero las bases lo muestran sin antecedentes. Ni siquiera tenemos su nombre. Es todo lo que tenemos, señor. —
—¿El canal de voz sigue activo? —
—¿Uh? ¿Quiere conversar con el sujeto? —
—Fue extraído en la misión de Shinkoumi, ¿no? Era un lugar complicado, no me extraña que no tenga muchas ganas de colaborar con nosotros. — Fujieda se acercó un poco más al escritorio de su subordinado, cerca del micrófono. —Abre el canal de audio, intentaremos establecer contacto una vez más. —
—A la orden. —

Sin estar del todo convencido, Fidelio hizo caso a la instrucción de Fujieda, presionando el tablero de su mesa de trabajo que activó la señal de audio de la celda. Debía tener sus razones para querer participar activamente del procedimiento y estaría mintiendo si dijera que no le causaba cierta curiosidad.

—#25126. ¿Me escuchas con claridad?—
Silencio absoluto. La anomalía se mantuvo en su asiento con la misma expresión que había tenido desde un principio. Fujieda quiso continuar para establecer contacto.—   Te encuentras ahora mismo en las dependencias de la U.I.C. Solicitamos de tu colaboración.—

—Towa.— Se escuchó desde otra voz masculina y ajena en la sala, cosa que hizo que Fidelio y los otros miembros de la sala se mirasen con sorpresa. Fujieda frunció ligeramente el ceño y volvió a activar el canal de voz.
—¿Disculpa?—
—Prefiero ser llamado así. Es menos agotador que oírlos decir una serie de números.—


Ekha

Caso XX2
- Cuando la investigación que debía resolver el incidente se convierte en la víctima del incidente  -




[Antes de Este Post ]

La lista no era particularmente larga… y eso la hacía más difícil de justificar.

Alain revisó el primer nombre.

Flat Escardos.

Su expresión no cambió mucho… o al menos no de una forma excesivamente notoria. De cualquier forma, no significaba nada bueno.

Albatross.

Nada bueno había ocurrido la última vez que escuchó ese nombre y sospechaba que las veces anteriores tampoco.

El tercer nombre le resultó menos familiar, al menos los otros dos eran, de menos, criminales para sus estándares.

Vane Feendrache.

Esperaba que fuese una persona razonable al menos. Alguien que pudiera controlar a los otros dos.

Volvió al inicio del documento. Era la autorización que había llegado a su escritorio antes de medio día. La liberación temporal de los dispositivos para pruebas de campo.

Todo en orden. Todo aprobado. Todo firmado por las personas correspondientes, como debía ser.

Bajó nuevamente a la sección de personal. Los nombres seguían siendo los mismos.

Una verdadera lástima.

—¿Algún problema?

La voz de Fujieda llegó desde el otro lado del despacho. Alain apenas y levantó la vista del documento.

—¿Por qué ellos?

La respuesta llegó con la misma rapidez y tono de alguien que recita algo que ya ha tenido que explicar demasiadas veces.

—Experiencia de campo.

Recordó a Flat Escardos y su desastroso encuentro con él tiempo atrás.

— Entiendo.

—Capacidad de adaptación.

Alain recordó fragmentos que alguna vez había tenido la desgracia de leer de los informes de Albatross. Imposible olvidar un nombre con semejante trademark.

— Y disposición para trabajar bajo presión.

Alain observó nuevamente la hoja y después a Fujieda. Su vista, definitivamente, comprendía que la hoja y Fujieda, en ese momento, eran casi la misma entidad administrativa.

La conversación había terminado, no porque estuviese convencido, sino porque había comprendido que no obtendría una respuesta mejor.

Firmó la autorización.

Meses de investigación, de reconstrucciones históricas, pruebas, análisis, hipótesis, debates interminables…

Todo reducido a una firma al final de un documento administrativo.

— Entiendo.

No entendía absolutamente nada.

Mientras Fujieda abandonaba la oficina con la autorización,  Alain apoyó su frente contra el respaldo de la silla y cerró  los ojos.

Al menos Geamăna estaba en otro continente. Si algo salía mal, la explosión ocurriría lejos de su escritorio.


[Durante el Post de Haru]

Alain observó el archivador apoyado sobre la esquina de su escritorio.

Meses.

Meses de documentos, registros, pruebas. Reconstrucciones históricas. Teorías e hipótesis descartadas y otras cuestionablemente esotéricas que seguían negándose a desaparecer.

Meses intentando determinar si estaban siguiendo un patrón real o imaginándolos donde no existían.

Y ahora la fase de investigación había terminado de forma oficial. No por su mano ni la de René. Administrativamente.

La siguiente parte dependía de otros, lo cual era una frase perfectamente razonable hasta que uno recordaba quiénes eran los otros.

Suspiró.

La aplicación estaba lista. Los dispositivos preparados. Los protocolos finalizados. Incluso los permisos estaban listos. Todo había sido controlado hasta donde podía existir una idea de control en un escenario tan irregular como ese, en una investigación tan densa y tan carente de tiempo. Precisamente en ese punto, comenzaba la parte problemática, porque las variables humanas nunca habían respetado tiempo, forma ni protocolos. Y mucho menos cuando respondían a nombres como Flat Escardos o Albatross.

Alain cerró el archivador no porque hubiera terminado de utilizarlo sino porque seguír observándolo no cambiaría nada.

La misión estaba aprobada.

Los dispositivos estaban asignados.

Y, en algún lugar del edificio, tres individuos completamente ajenos a meses de discusiones académicas se convertirían en personal activo de la fase más importante del proyecto.

Al universo parecía no importarle si Alain Guillotin aceptaba o no la idea.

Consideró buscar a René, sólo por un instante, y después recordó que la respuesta más probable  que recibiría de él sería entusiasmo.

Decidió sufrir en silencio.


[Después del Post de Haru]


Para cuando regresó a su oficina, el proceso ya era irreversible. No porque la misión hubiese comenzado, sino porque los teléfonos ya habían cambiado de propietario.

Alain observó la copia de la autorización, debidamente enviada para archivación por Fujieda. Todo seguía siendo estrictamente correcto. Claro, Fujieda jamás se equivocaría en un protocolo. Y eso le irritaba bastante en ese momento.

Cero errores, cero omisiones. Ningún paso pendiente.

Cualquier desastre futuro, gracias ello, sería una consecuencia perfectamente documentada que no afectaría la carrera de absolutamente nadie administrativamente hablando.

A estas alturas, los dispositivos estaban ya en las manos de sus nuevos usuarios, los mismos que ahora tenían acceso a una aplicación construida sobre meses de investigación y sonrisas que él desaprobaba, fenómenos insuficientemente comprendidos y una cantidad preocupante de advertencias ignoradas durante el desarrollo.

Suspiró con cierto pesar que normalmente no se permitía sentir.

No le preocupaba la aplicación, tampoco los protocolos. Incluso las anomalías le inspiraban más confianza. Lo que realmente le ocasionaba cierta reserva eran las baterías, porque la experiencia le había enseñado que cualquier objeto capaz de almacenar suficiente energía era capaz de explotar eventualmente. Y acababan de entregar tres.

A Flat.

A Albatross.

Y a un hombre en el que todavía depositaba esperanzas poco razonables.



Quizá todavía estaba a tiempo de llamar a Fujieda. No para cancelar la misión, eso era imposible. Para sugerir extintores adicionales.

La idea se mantuvo extremadamente viva durante otros diez segundos. Después decidió que tampoco quería explicarle esa conversación a la directora.

El problema ahora pertenecía a otro continente.

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Nanami

Una actua ninja, tengo pensado escribir más, pero voy adelantando para que no me quede para el último día.


Main story;02

Habían pasado un par de semanas desde su última misión importante y a pesar de las pataletas de la directora, otra vez su equipo había sido llamado a la sala de reuniones para una nueva asignación.

Si eran tan ineficientes y estúpidos como la mayoría decía, ¿por qué les seguían llamando? La evidencia contradecía a las palabras y mientras eso siguiese así, él no iba a reparar su comportamiento en lo más mínimo. Si algo funciona bien, no ve motivo para mejorarlo.

De esa forma había logrado llegar lejos y así pensaba mantenerse hasta que alguna fuerza superior le susurrase que podía hacer su vida más divertida de otra forma.

Y ahora estaba sentado ahí, jugando con lo que parecía un slime mientras les explicaban que iban a ser el elenco de una película de terror de clase B. Bueno, podría haber sido peor. Como esa vez que le tocó infiltrarse en un convento y tuvo que hacer celibato, ayuno y madrugar, todo a la vez. Solo de recordarlo su piel se erizaba.

Definitivamente esto era mejor. Además no conocía Rumania, tal vez podría comprar un par de recuerdos si se presentaba la oportunidad. Rumania era conocido por los vampiros. Seguro vendían una estaca de neón o algo de ese calibre.

Cuando fue el momento de obtener su nuevo juguete, guardó el objeto pegajoso en su bolsillo y examinó el nuevo celular. Se veía como cualquier otro, la mayor diferencia era que se notaba que tenía una cámara potente. No pudo evitar soltar un silbido de apreciación, ojalá se lo pudiese quedar. ¿Cuántos meses de su paga serían para ello? Luego debería preguntar al equipo de investigación.

Continuó revisando mientras escuchaba más explicaciones que no sumaban demasiada información relevante para su persona. ¿No era más fácil dar todo eso por escrito? Como fuese, lo mejor era dejarle terminar para quedar libres. Si a alguno de sus compañeros se le ocurría abrir su boca para alargar la reunión, se aseguraría de que no pudiesen dormir bien por un par de noches.

Sin dejar de jugar con el nuevo celular, esperó con tranquilidad que solo fuesen los tres. Y cuando finalmente ocurrió, se rió gustoso mirando a los otros dos rubios.

– Entonces tenemos que tomarnos selfies con los fantasmas, esperar no ser poseídos por ninguno y de regreso escribir nuestras aventuras como si fuera un ensayo sobre las vacaciones de verano...  Suena mejor de lo que esperé. Si tenemos suerte, podríamos hasta hacernos amigo de alguno.–





Side story;02 - Parte III

Parpadeó un par de veces sorprendido por la pregunta y por un momento analizó mentir para ver la reacción ajena, quizá algo divertido salía de todo ello. La idea no alcanzó a formarse por completo antes de que comenzase a sonreír de esa manera que dejaba claro que la situación no le agradaba del todo.

– Como si ella leyese algo enviado por mí, sabes que no acepta solicitudes de mi parte hace meses. Está decidida a utilizarte de filtro para todo lo importante, ¿cómo fue que dijo? – Totalmente recordaba las palabras de la albina, dichas con la superioridad otorgada por su posición, pero la pausa sumaba dramatismo. – Sí, ya lo recuerdo. «Toda solicitud debe ser evaluada y elevada por Guillotin», y tú no has firmado nada al respecto, ¿verdad?

Su mirada se paseó por la oficina una vez más antes de clavarse en la carpeta que se encontraba frente al rubio. No era la primera ni la última vez que haría algo sin autorización, pero conocía sus límites; o al menos reconocía los que se había autoimpuesto.

– Rellené el formulario con toda la información necesaria, solo debes firmarlo y ya. Está escondido al final. – No era la primera vez que imitaba la caligrafía ajena, tal como todo en el otro, era mecánica y precisa. Estaba seguro que si Alain quisiese replicar la suya, lo podría lograr sin problemas si viese de valor gastar su tiempo en los detalles de su cursiva.

Como fuese, ese no era el punto. Tenía algo más importante que agregar antes de que el otro pudiera opinar. Entrelazó sus dedos sobre su regazo y relajó su expresión, era momento de negociar. Siempre era más complicado con el rubio, se daba cuenta demasiado rápido de sus artimañas y omisiones voluntarias.

– Si lo deseas, lo haré llegar a su oficina una vez lo firmes. Seguirás el conducto regular, pero perderemos tiempo valioso teniendo que pedir permiso para cada etapa nueva. O bien, podemos continuar y solo informar cuando nos lo solicite el señor Fujieda, lo que nos entregará más libertad a cambio de arriesgar una amonestación. Sabes completamente cual prefiero yo, pero la decisión es tuya, Alain.

Después de todo, había un motivo por el cual confiaban tanto en el rubio y no en él. No que pudiese culparles.


Ekha

Caso XX3
— Cuando aquello que claramente viola varios principios científicos empieza a tener razón —

Alain no respondió de inmediato.

No porque estuviese considerando seriamente alguna de las dos opciones planteadas por René (ambas le parecían cuestionables por razones distintas) sino porque, lamentablemente, ambas presentaban un problema todavía más irritante:

Las dos tenían sentido. Y eso, por supuesto, no mejoraba en absoluto su humor.

Mantuvo la vista fija sobre la carpeta abierta frente a él mientras repasaba una vez más las últimas anotaciones agregadas por René. Los datos seguían allí, tan desagradablemente consistentes como hace unos minutos.
Variaciones distintas.

Mismos parámetros.
Misma configuración.
Usuarios diferentes.
Resultados incompatibles.

Apoyó un dedo sobre una de las tablas mientras volvía a recorrer los valores registrados, casi esperando encontrar algún error evidente que justificara ignorar todo aquello durante unas cuantas horas más.
Naturalmente, no lo encontró.

Le resultaba profundamente inconveniente descubrir que comenzaba a emerger un patrón justo cuando las hipótesis más sencillas ya no bastaban para sostener explicaciones razonables.

Las inscripciones. Otra vez las malditas inscripciones. No importaba desde qué ángulo decidieran abordarlas. No importaba cuántas veces Alain reformulara sus propios modelos teóricos intentando reducirlas a simples variables funcionales dentro de un sistema todavía incompleto.

Seguían haciendo algo. Y eso era precisamente lo que empezaba a resultar inaceptable, porque aceptar aquello implicaba aceptar algo todavía más irritante.

René tenía razón. No completamente, por supuesto. Jamás completamente, pero lo suficiente como para volver incómodamente difícil seguir ignorando ciertas conclusiones.

Su vista abandonó finalmente los documentos la dirigió a René, quien mantenía esa expresión absurdamente tranquila de alguien que, evidentemente, ya había tomado una decisión hacía bastante tiempo y simplemente esperaba verlo llegar al mismo punto por cuenta propia, lo cual, en sí mismo, le resultaba bastante ofensivo.

— Que hayas decidido llenar formularios antes de recibir autorización no convierte tu procedimiento en aceptable.

Desde luego, no esperó una respuesta de su parte, sabía que no necesitaba una para proseguir.
 
— Lo revisaré cuando tenga tiempo.

Hizo una pequeña pausa, aun sin esperar una respuesta de René y después cerró la carpeta con bastante más fuerza de la estrictamente necesaria.

— Puedes retirarte.

Aquello sonó menos como una instrucción y bastante más como una forma elegante de decir “desaparece antes de que decida desaparecerte con tu propio protocolo experimental”.

Estaba seguro que su interlocutor sonreiría. Lo sentía y eso le causaba una leve irritación aparte de todo lo que estaba ocurriendo.

Alain ni siquiera levantó la vista.

No necesitó repetirlo, pero tampoco se dignó a prestar atención a si se había retirado o no. Su mente se había ocupado nuevamente por un mar de información que sentía que debía comprender, dentro de todo eso sentía que estaba omitiendo algo.

El sonido de la puerta cerrándose devolvió finalmente algo parecido al silencio dentro de la oficina. Un silencio breve. Su mirada regresó automáticamente a los documentos esparcidos sobre el escritorio. Las páginas seguían abiertas exactamente donde las había dejado.

Tablas.
Anotaciones.
Registros.
Cálculos.

Semanas enteras intentando construir un modelo funcional coherente a partir de un sistema que parecía insistir constantemente en negar cualquier comportamiento predecible.

Las cámaras no generaban el fenómeno.

Lo regulaban.

Esa conclusión llevaba meses siendo la única constante suficientemente sólida dentro de toda la investigación.
Pero si las inscripciones efectivamente alteraban el comportamiento del sistema…

Si modificar ciertos patrones producía respuestas distintas…

Si la eliminación de restricciones alteraba directamente la estabilidad…

Entonces la adaptación digital jamás había sido una simple reinterpretación tecnológica.

Habían eliminado límites que probablemente existían por una razón.

Su expresión se endureció ligeramente.

Porque había algo todavía peor.

El sistema respondía distinto según el usuario.

Distintos individuos. Distintas respuestas. Distintos resultados sin un patrón suficientemente estable.



Su mano se deslizó inconscientemente hacia un costado del escritorio, allí donde todavía descansaba una copia del documento de autorización firmado aquella mañana.

Sus ojos bajaron casi por reflejo hacia la sección de personal asignado.

Hubo un silencio particularmente largo dentro de la oficina. Demasiado largo.

Flat.
Albatross.
Vane.

...Flat y Albatross.

Exhaló lentamente.

No. Definitivamente no.

Volvió a tomar la hoja entre sus dedos, releyendo por tercera vez una autorización que, apenas un par de horas atrás, le había parecido simplemente un trámite administrativo molesto.

Ahora sólo conseguía generarle una sensación profundamente desagradable en algún rincón de su cabeza que prefería no analizar demasiado.

Las pruebas ya habían comenzado, los dispositivos ya estaban activos. Tres usuarios distintos. Un sistema cuyas restricciones originales ni siquiera comprendían completamente. Una zona elegida precisamente por su alta actividad paranormal y una aplicación construida sobre demasiadas variables que continuaban sin comprender del todo.

Tomó la autorización y abandonó la oficina sin molestarse en reorganizar absolutamente nada.

Necesitó apenas un par de minutos para localizar la oficina administrativa.
La puerta estaba entreabierta.

Fujieda se encontraba detrás del escritorio revisando varios documentos mientras masajeaba discretamente una de sus sienes con evidente cansancio.

Alzó la vista apenas escuchar la puerta abrirse.

Probablemente esperaba cualquier cosa menos verlo aparecer así.

— Guillotin.

Alain avanzó sin detenerse demasiado cerca del escritorio. Su voz salió exactamente igual que siempre. Controlada, precisa… Demasiado precisa.

— Necesito la ubicación exacta del equipo enviado a Geamăna.

Fujieda parpadeó una sola vez, lo suficiente para dejar claro que aquella petición no era precisamente normal.

— ¿Ocurrió algún inconveniente?

Alain sostuvo la mirada del hombre frente a él mientras organizaba mentalmente una respuesta que no implicara explicar que, quizá, enviar tres agentes operativos a experimentar con una tecnología parcialmente incomprendida construida sobre principios todavía teóricos había sido una decisión operacionalmente cuestionable, especialmente porque él mismo había firmado la autorización.

— La fase de pruebas fue autorizada antes de completar validación suficiente.

Fujieda lo observó durante varios segundos. Bajó lentamente la vista hacia la hoja que Alain todavía sostenía en una mano. Su expresión apenas cambió.

— Esa autorización lleva su firma.

Alain no respondió.

Fujieda se acomodó lentamente los lentes.

— Asumo entonces que esto significa que acaba de descubrir algo que debió descubrir antes de enviarlos.
Alain apretó apenas los dedos alrededor del documento.

— Necesito alcanzar a ese equipo antes de que comiencen las pruebas.

Fujieda lo observó durante un momento más y después suspiró profundamente, como alguien que ya había decidido que definitivamente aquel día lo odiaba.

— Voy a asumir que no debo preguntarle cuánto debería preocuparme.

Alain sostuvo su mirada.

— Sería recomendable empezar a hacerlo.
« Last Edit: June 30, 2026, 09:55:51 PM by Ekha »
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Haruhin

SIDE STORY: 01_1




Fidelio y Fujieda compartieron una mirada por un instante. No se había hecho nada excepcional para que repentinamente el sujeto ahora llamado “Towa” quisiera colaborar.

—Bien. Towa. — Se corrigió Fujieda inmediatamente al reactivar el canal de voz. —Ahora que tenemos tu atención, ¿crees que puedas colaborar con nosotros? No tenemos intención de hacerte daño. Todo lo contrario, quisiéramos encontrar una manera de ayudarte. Mi subordinado aquí me comentaba que llegaste anoche en muy mal estado. —

Towa tras el cristal mantuvo su expresión parca y sin emitir alguna palabra. Era evidente que seguía desconfiando de ellos. Ante eso, Fujieda intentó seguir el hilo de conversación.

—¿Hay algo que quieras compartirnos? El equipo médico ayer hizo sus esfuerzos por estabilizarte, pero aparentemente los imposibilitaste de cumplir con el procedimiento completo. ¿Quisieras hablar acerca de eso? —

—No hay darle demasiadas vueltas a eso. Sus insistencias eran agotadoras, repetían una y otra vez si es que me encontraba bien. — Explicó Towa.

—¿Y qué estabas esperando que hicieran? Su trabajo es precisamente asegurar que te encuentres estable. — Interrumpió acotadamente Fidelio con una mueca, sin poder tragárselo. Fujieda tuvo que ponerle su mano libre en el hombro en un discreto llamado de atención.

—Es su trabajo asegurarse de que efectivamente te encuentras en óptimas condiciones, Towa. No volverán a “insistirte” mientras colabores con el equipo. Y para hacer más breve esta charla, te pedimos un poco de colaboración.—

Fidelio aprovechó para mirar de reojo una vez más a su jefe. Desde esa posición sí podía notar que se notaba interesado en el procedimiento.  ¿De qué se estaba perdiendo que no se enteraba de nada? ¿El tipo tras el cristal realmente era tan interesante? Al día por las instalaciones del departamento pasaban criaturas todavía más llamativas a su parecer que el que tenían en frente en dicho momento.

—No quiero sonar demasiado rudo con lo que voy a mencionar, pero eres el único ejemplar que hemos extraído de Shinkoumi con vida, en el tiempo que llevamos investigando la zona.—

—Les hará falta algo más delicadeza con sus equipos. He tenido suerte nada más. —

—No ha sido eso solamente eso, Towa. Es algo serio, por favor. — Fujieda frunció tenue el ceño. —Shinkoumi es una isla artificial, creemos que bajo sus cimientos se encuentra una anomalía de alta categoría, algo que no se puede tomar a la ligera. Entre sus características es posible que esté infectando paulatinamente de manera parasitaria a los habitantes de la isla para acumular reservas de energía suficiente para encontrar una forma de abandonar Shinkoumi y desplazarse a otras costas. Eso es algo que no podemos permitir.—

 —Eso sigue sin responder la pregunta por la que yo estoy encerrado aquí. — Acotó Towa.

—Mientras estabas inconsciente te hicimos un escaneo completo. Tus pruebas sanguíneas arrojaron elevadas concentraciones de miasma, básicamente, con la cosa que está pegada como una sanguijuela a la isla de Shinkoumi. — Intervino Fidelio con una mueca. —Estás siendo un huésped de una porción de ese bicho. Si no has llegado en una bolsa de cadáveres hasta aquí, es porque seguramente es una infección a etapa temprana y puede tratarse. A lo que el señor Fujieda quiere llegar, me imagino, es que colabores con nosotros para dar con la ubicación exacta de esa cosa mientras nosotros trabajamos en la forma de curar tu infección. — El de cabello más corto le dio una mirada a su superior. —¿O me equivoco, señor?

—No. Creo que lo has resumido bastante bien. La situación es delicada y apremia establecer un equipo con experiencia. — Fujieda hizo una pausa para dar un ligero suspiro y ajustarse las gafas. —De momento es tu mejor opción, Towa. Esperaremos tu respuesta dentro de 24 horas. —

—¿Qué sucederá conmigo si no obtienen respuesta luego de ese plazo? — Towa cuestionó, pero Fujieda no le dio ninguna respuesta ya que soltó el botón del intercomunicador. Presionar todavía más a la anomalía no le haría conseguir la respuesta que buscaba. Debía de actuar con precaución. —Magnus, por favor solicita el traslado de la anomalía a su celda de contención. Procedan con precaución, no pueden ocurrir incidentes como el del equipo médico el día de ayer.—

—Entendido. —



MAIN STORY: #03


El equipo ya había sido despachado y todavía tenía algunas horas para preparar su equipaje antes de que fueran enviados a Geamăna. Se estaba mentalizando con lo que tendría que empacar para que nada le hiciera falta durante esos dos días en terreno cuando se distrajo con lo que su compañero Albatross comentaba con tanta naturalidad una vez que quedaron solos dentro de la sala de reuniones.

Él definitivamente llevaba más tiempo en la U.I.C, se notaba en lo relajado que estaba con la tarea encargada por el señor Fujieda. Como si ir a cazar fantasmas fuera comparable con algo tan simple como ir a comprar el pan.

– ¡¿Tomarnos selfies con los fantasmas?! – Repitió Vane consternado. – No, eso definitivamente no estaría bien. ¿Q-Qué tal si luego nos tiran un mal de ojo por algo así? – Podía ser posible… ¿no? Si realmente con lo que se iban a encontrar en Rumania eran fantasmas, entonces mínimo alguna tétrica habilidad de ese estilo tendrían que tener.

–Me están haciendo considerar que deberíamos pedir por si acaso algún kit para exorcismos. No sé si existen con ese hombre, pero debería existir algo parecido con sal y talismanes con los que protegernos. –

Yuup. Ya lo había decidido. Una vez saliera a su cuarto por su equipaje, esa sería de las primeras cosas que se preocuparía por conseguir. No quería que luego le sumasen adicionalmente otra clase de responsabilidades por traerse en el cuerpo alguna de esas entidades raras del exterior.
« Last Edit: June 30, 2026, 09:45:04 PM by Haruhin »