Author Topic: Act 1: Overture  (Read 174426 times)


Kora

Re: Act 1: Overture
« Reply #120: September 30, 2024, 11:45:46 AM »
Kaeya iba a ser un problema.

Apenas se habían conocido, pero Diluc no necesitaba saber nada más para estar segura. Los hombres atractivos siempre traían complicaciones, y jamás había visto a un hombre tan enigmático y atractivo. Con su sedoso cabello azul, oscuro como la noche más profunda, y esos ojos afilados que parecían ver más allá de las apariencias, Kaeya no era alguien que se pudiera ignorar fácilmente. ¿Y ahora que lo pensaba, se delineaba los ojos? Aquella línea oscura acentuaba aún más su mirada afilada, que se posaba sobre ella con una mezcla de curiosidad y astucia. Con sus pómulos altos y su sonrisa misteriosa, bien podría haber sido modelo y posar para todas las marcas de moda de renombre internacional... pero en cambio, iba a ser el guardaespaldas de la que, posiblemente, fuera la chica más valiosa de toda la ciudad.

Sí, valiosa. No la más rica, aunque, probablemente, tuviera uno de los patrimonios netos más elevados de toda la región. Porque Diluc sería una tonta si alguna vez se creyera que ella era algo más que otra posesión, un activo para que su padre exhibiera como lo hacía con sus acciones en la bolsa o con su carísimo reloj suizo. ¿Estaba siendo injusta con él? Tal vez. Después de todo, sabía que su padre la quería más que a nada en el mundo, pero claramente no lo suficiente como para dejarla elegir con quién se casaría (el heredero Gunnhildr, que era tan hetero como un arcoíris en un día lluvioso) o quién sería la sombra que acompañaría cada uno de sus movimientos.

Así que ahí estaba Kaeya, el flamante guardaespaldas, contratado para protegerla de quién sabe qué amenazas reales o imaginarias. Nadie debía conocer a la verdadera mujer que se ocultaba detrás de esa cara elegante y serena que mostraba al mundo. Nadie podía ver los moretones en sus nudillos, siempre cubiertos con guantes de seda, o las cicatrices en su estómago, marcas de una vida que ella había escogido vivir en la sombra, donde la realidad se mezclaba con sus deseos más oscuros.

Las chicas perfectas no recurrían a la violencia como vía de escape para su frustración. Las chicas perfectas no practicaban sus patadas y golpes en secreto, siempre buscando llegar más y más lejos, golpear más y más fuerte. Y ciertamente, las chicas perfectas no se escapaban por las noches para pelear en arenas clandestinas, donde el sudor y la sangre se convertían en la única catarsis posible.

Pero Diluc no era una chica perfecta, y eso era algo que nadie debía descubrir nunca... mucho menos su nuevo guardaespaldas. Al menos, Kaeya era agradable a la vista, lo que hacía su presencia un poco más tolerable, aunque no menos inquietante. Cada vez que pensaba en él, un leve rubor teñía sus mejillas, lo cual la irritaba profundamente. No tenía tiempo para esa clase de distracciones.

Espero no ser una molestia para ti. Lo único que me importa es tu seguridad.

Por supuestísimo que no se estaba sonrojando al recordar la sonrisa que le había dedicado en ese momento, una sonrisa que ocultaba tanto como prometía. Kaeya era un buen actor, tenía que concederle aquello al menos. Diluc le había sonreído con rigidez, ocultando sus pensamientos detrás de una máscara estoica a la que ya se había acostumbrado como si fuera una segunda piel. Si Diluc no fuera una mentirosa también, podría haber caído en su tono suave y falsa sinceridad. Su voz no había vacilado ni un momento, sin embargo, su mirada, clavada en la de ella, la estaba estudiando como un rapaz analiza a un pequeño roedor antes de abalanzarse sobre él.

Pero lo único que Diluc tenía en común con un pequeño roedor era la capacidad de esconderse rápidamente y navegar por la oscuridad. Cuando llegaba la noche, se escabullía por la ventana de su habitación, de la misma manera que había aprendido a hacerlo cuando tenía dieciséis años y escapaba de su jaula dorada, bailando y divirtiéndose hasta el amanecer, conociendo el calor de otros cuerpos y la libertad de hacer lo que realmente deseaba, aunque solo fuera por unas horas.

Ahora, sin embargo, lo hacía por razones completamente nuevas y con mucha más seguridad. Los romances de verano no tardaron en volverse demasiado superficiales cuando la gente se dio cuenta de que una mera foto del rostro de Diluc garantizaba clicks y likes. Todo el mundo era un aspirante a paparazzi en la era de las redes sociales, donde cada movimiento suyo podía ser capturado y analizado al detalle. Así que, si no podía aliviar la presión que su padre ponía sobre sus hombros a través de besos apasionados con chicos y chicas cuyos rostros olvidaba al día siguiente, lo haría a base de golpes. De todos modos no era tan diferente: una pelea por la dominancia que siempre ganaba, un recordatorio de que, al menos en esa arena, ella tenía el control.

Y así, vestida con una sudadera grande que la cubría por completo, y una máscara negra que ocultaba la parte inferior de su rostro, Diluc caminó el camino que conocía de memoria durante una hora entera antes de llegar a la primera estación de metro. Desde allí, podía ir a Penacony, un lugar que casi nadie conocía y donde podía liberar el fuego que había contenido todo el día tras una expresión serena. El rugido de los trenes y el murmullo constante de la ciudad eran el telón de fondo perfecto para lo que estaba a punto de hacer.

Mientras caminaba, sentía una extraña sensación, como si alguien la estuviera observando. Se detuvo un momento y miró a su alrededor, pero no había nadie. El sentimiento persistente de ser observada no la abandonó, pero decidió ignorarlo. Después de todo, este era su territorio. Conocía cada rincón, cada callejón oscuro, y sabía cómo moverse sin ser vista.

Cuando llegó al andén, el lugar estaba desierto. Solo el eco de sus pasos resonaba en las paredes de cemento. Subió al tren y se acomodó en uno de los asientos vacíos, mirando su reflejo en el cristal de la ventana. La chica que le devolvía la mirada parecía tranquila, pero debajo de esa superficie calmada, el fuego ardía intensamente.
Kaeya probablemente la estaría esperando en casa cuando regresara, con una sonrisa y una mirada que sugerían que sabía más de lo que decía. Pero eso no importaba ahora. En las próximas horas, nada de eso importaría. Lo único que importaba era el próximo combate, el próximo oponente que tendría la mala suerte de enfrentarse a ella.

Cuando llegó a su destino, las luces de la ciudad habían cambiado. Las sombras eran más largas, y la atmósfera estaba cargada de anticipación. Diluc respiró hondo, dejando que el aire fresco de la noche llenara sus pulmones. Este era su mundo, el único lugar donde podía ser realmente ella misma, lejos de las expectativas y las apariencias. Penacony estaba escondido en lo más profundo de la ciudad, un lugar donde solo los que sabían qué buscar podían encontrarlo. La entrada era discreta, casi invisible para el ojo inexperto. Diluc se dirigió hacia allí, sintiendo cómo la adrenalina comenzaba a correr por sus venas. En unos minutos, todo el estrés, la frustración, y el enojo acumulado durante el día se transformarían en fuerza bruta.

Dentro, el ambiente era eléctrico. Las luces parpadeaban, y el ruido de la multitud llenaba el aire. Este era el lugar donde se sentía más viva, donde todas las máscaras caían y solo quedaba la verdad de sus puños y su determinación.

Sabía que después de esta noche, volvería a su jaula dorada, pero por ahora, era libre.


Kana

Re: Act 1: Overture
« Reply #121: October 28, 2024, 04:22:51 PM »
Antes que se me pase el mes.

—Chigiri
—¿Qué? —el aludido mira a Sakura, el de cabello bicolor lo observa unos momentos sin decirle nada, así que el pelirrojo volvió a mirar las cuerdas de su guitarra con la intención de afinarlas, pero Sakura insistió en llamar su atención.
—¿Por qué siempre te vas solo?
—¿Eh?
—Eso. — desvió la mirada, incómodo. —Siempre andas solo.
—¿Y eso qué?
—Puede ser peligroso para ti.
—¿Por qué para mí sería peligroso? Ni siquiera soy el que tiene más popularidad en esta banda. No hay peligro.
—No me refiero a eso…— cada vez se manifestaba más cohibido.
—…— El pelirojo de larga cabellera más o menos tenía una idea de a dónde iba su compañero de banda. Hizo una expresión de seriedad entrecerrando los ojos. —¿Es por mi apariencia?
—¡N-No! ¡No lo veas así, por favor! — movió las manos, ansioso. Sakura siempre era rudo, arisco y parecía tener cara de pocos amigos, pero cuando era descubierto en situaciones así se tornaba discretamente avergonzado con un sutil rubor que escondía tras su expresión de fastidio. —Sólo que… hay muchos criminales… Huh…— se encogió de hombros, prefiriendo no seguir con el tema. Tomó las baquetas y comenzó a hacer un ritmo al chocarlas entre ellas, distraído. Luego, de la nada, aunque esperable, se enojó. —¿Por qué no terminamos ya con el ensayo? Gojo nos tiene aquí desde hace horas ensayando. Ya estamos todos cansados y él ni siquiera se está esforzando… sólo está viendo su estúpido teléfono.
—Hm…— Chigiri miró hacia sus mayores, como ya habían ensayado las canciones durante todo el día, ahora cada uno estaba en su espacio personal sacando temas con sus instrumentos y, en el caso de Gojo, repasando la letra de la última canción leyéndolas en su teléfono y respondiendo uno que otro mensaje, quizá de su novia o quizá aun lloriqueándole a alguien del pasado cuya anécdota toda la banda la conocía para desgracia de Gojo. —Quizá ya estemos por terminar, ten paciencia. Todos parecen distraídos o cansados. — dijo con su tono calmo, volviendo a mirar las cuerdas de su guitarra.
—No sé cómo puedes estar tan sereno— Sakura observó a Chigiri un poco más, el tono de voz suave del pelirrojo era relajante, pero estaba seguro que esos otros viejos no los dejarían en paz aún —Bah, ya me aburrí. — Sakura sacó su teléfono celular para mirar el feed de su Instagram. Mala idea, lo primero que le salió fue una publicación de un conocido suyo que a esa hora se encontraba en otra parte de la ciudad dedicándose a su nueva actividad. —…—

A Sakura le incomodaba ver en qué estaba su amigo Suou, porque primero que todo saldría que vio su historia y no quería que pensara que le interesaba su vida, porque no le interesaba. Segundo, justo era el peor momento para abrir esa historia porque era de cierto modo un tema un tanto sensible justo ahora donde estaba.
Pero justo cuando iba a bloquear su pantalla para tratar de que su falta pasara desapercibida, su pesadilla Amemura le pilló. Parecía que el pelirrosa tenía por gusto personal cagarle la vida.

—Tiene talento. — le dijo, sorprendiéndolo de improvisto, provocando que su incómodo irrespeto por el espacio personal lo perturbara. —Hace buen cover de Blurry Eyes—
—Shhh, Amemura. — Sakura le pidió, iintranquilo. —Aquí no se habla de Lost Heaven
—¿Qué tiene? Pensé que no se hablaba de la banda sin nombre. Si nos siguen poniendo tabúes vamos a terminar mudos.

En realidad, ¿Qué tiene de malo que alguien opine que Suou Hayato canta bien un tema de la mítica banda Lost Heaven? Debería ser algo bueno, ¿no? Y nunca nadie en MoonLight le dijo a los demás que era un tema prohibido o que reaccionaran mal al respecto, pero, de una forma interna, era como una especie de suposión compartida por todos de manera mágica.
Sakura sentía que justamente al ex miembro de Lost Heaven que tenían allí le enojaba en silencio que alguien hablara de algo relacionada con su antigua agrupación.

Y fue tonto quedarse mirando a Kazutora, sin antes bloquear su teléfono celular en el cual estaba aún la historia de Suou cantando el tema de Blurry Eyes, escuchándose claramente en la sala. Era como invitarlo a que escuchara con él. El ex guitarrista de Lost Heaven siguió tocando en silencio un tema, parecía no importarle que hablaran de su antigua banda, tampoco era tan inmaduro como para gritarle a los mocosos de la banda. No estaba en su estilo explotar por detalles y ser inmaduro, según la imaginación de Kazutora.

—Es bueno que los jóvenes se inspiren con la música de los más grandes. — dijo el pelirosa
—Tiene buena voz. — se integró Chigiri. —Ojalá los de Lost Heaven vean la historia de tu amigo.
—De hecho…— pasó saliva por su garganta, sin dejar de mirar con respeto a Kazutora a lo lejos. Sakura era rudo y agresivo, pero por cosas como esas tenía cierto recelo de no comportarse como idiota. Pues dentro de todo era empático y no quería hacer sentir mal a uno de sus mayores —Compartió otra historia después de esta diciendo que estaba feliz porque la cuenta oficial de Lost Heaven le dio like a su publicación.
—Eso suena bien. Quizá le llegue el comentario a Mikey, aunque dicen que se ha aislado de redes sociales y de todo en general.
—Pero que la cuenta oficial le de like no es menor. — Chigiri se acomodó la trenza hacia un costado. —Quizá lo llamen con ellos para integrarlo a la banda. 

Y las inquietudes de Sakura se hicieron reales. Vio que Kazutora detuvo toda actividad con su guitarra de golpe, con la música de su ex banda de fondo, parecía haber entrado en una especie de trance. La verdad, que todos parecían estar en una especie de trance nostálgico con la música de Lost Heaven.
Sakura entendió que no era el momento ni el lugar para hablar de esa banda. Bloqueó torpemente por fin la pantalla de su celular.

Definitivamente, no se habla de Lost Heaven allí.


—Oye, disculpa si interrumpimos tu ensayo con nuestra bulla de fondo. — atinó a decirle Sakura a Kazutora.
—Lost Heaven está muerto…— Dijo con la mirada oscurecida y fría. —Tu amigo es estúpido si cree que van a poder encontrar un reemplazo para esa banda de mierda. — apretó el cinto que sujetaba su guitarra.
—Hey, no hemos terminado por aquí. — Hua Cheng dio un par de aplausos para volver a centrar la concentración de Kazutora, porque justamente estaba practicando con él. —Y ustedes, deberían estar repasando su parte y no interrumpirnos. —Hua Cheng tenía un rol de directriz en la banda, sobre todo cuando Gojo se dedicaba a concentrarse en sí mismo egocéntricamente, pero no era común que tuviera que mandar a los chicos a seguir tocando en sus breves descansos.
—Ya hemos tocado TODO el jodido día. — se quejó Asuka, hastiado y ya olvidando la vergüenza pasada hace un rato con el momento tenso.
—¡Sakura! — Chigiri lo miró con total desaprobación. —No digas esas palabras a nuestro superior.
—Pero estoy aburrido… y tengo hambre.
—Y seguro quieres ir a meterte a una pelea a golpes sin sentido con tus amigos delincuentes. —
—C-Cállate, Ramuda.
—El idiota tiene razón. Ya tocamos todo el día y seguimos siendo basura. MoonLight da asco. — Kazutora sonrió socarronamente, se quitó la guitarra y sólo la tiró sin interés sobre el sofá. Los demás no lo conocían mucho a fondo, pero Hua Cheng que lo conocía de un poco más sabía interpretarlo mejor y no era buena señal. —Me largo.
—Espera, Kazutora.
—Déjalo. — Gojo apretó el hombro de Hua Cheng para que éste no persiguiera a Kazutora. —Está cabreado y hay que darle espacio. Que vaya a tomar aire y a jugar con la luz de un láser o lo que hagan los felinos salvajes. Por hoy terminamos. Lo hicimos bien chicos, Ramuda, Hua Cheng, y los niños tienen que volver temprano a casa, Chigiri acompaña a Sakura a su casa para que no haga tonteras en el camino.
—¿Ah? — Fue la respuesta al unísono de todos. Sorprendidos porque el esclavista Gojo le estuviera dando el resto de la noche libre. Eso era raro, porque siempre los sofocaba con ensayos eternos para MoonLight o bien los seguía negreando con pedidos personales para él. Esa sospechoso que les diera libre.
—Un momento, dudo que nos estés despachando porque tengas misericordia por nosotros, viejo. — Sakura lo miró con los ojos entrecerrados, suspicaz. —Tú no eres así de bueno
—¿Por qué siempre piensas cosas tan feas de mí, gatito?
—¡No somos tus animales! — gruñó Sakura. —Y no es justo que sólo a mí y al otro nos llames por animales. Deberías ponerle un apodo igual de denigrante a Ramuda, Chigiri y a Hua Cheng.
—Mh…— miró a esos tres. —Quizá Ramuda podría ser una ovejita rosa.
—…— Pese a la sonrisa amigable en el rostro de Ramuda, en su mente ya había pensado mil quinientas y una forma de asesinar a Gojo. ¿Cómo que ¨ovejita¨?
—Hua Cheng no se me ocurre nada y ¿Chigiri? ¿Qué criatura se puede asemejar a sus características? — puso un dedo en su mentón, pensativo. —¿Un periquito rojo? Bueno, Chigiri ni habla mucho así que no puede ser un periquito… Quizá un pecesito, o una mariquita con puntos negros o… ¿Pantera Roja? No, ese definitivamente no. Suena a apodo o slogan de lucha de Nigg—vio que Hua Cheng lo miraba con esa expresión de “no digas una pendejada funable” —¿Qué tal florecita de cerezo?
—Prefiero mi apellido, si no es molestia…
—No. — El peliblanco negó. —Sakura tiene razón. Estoy siendo injusto con el resto porque no les dedico tanta atención como a ellos. Se van a sentir menos queridos si no les dedico un bonito apodo.
—Eso no es poner atención, ¡eso es tratarnos como tus mascotas! — Reclamó Sakura.
—Bueno, ya pensaré en un apodo para Hua Cheng y Chigiri. Me tengo que ir.
—Por eso nos diste el resto de la noche libre. Ya decía yo…— Hua Cheng soltó un suspiro. —Tienes planes para ti.
—Pues, sí. Tengo una cena con mi novia y eso es más importante que estar con ustedes. Iremos a un bonito lugar.
—¿Le vas a proponer matrimonio? — Preguntó Ramuda.
Todos conocían a la adorable y linda Kotone y se preguntaban qué era lo que veía en Gojo. Bien, podría ser un hombre guapo y talentoso, pero era insoportable. La pregunta del matrimonio vino porque esa pareja ya llevaba un buen tiempo juntos y no podían negar que se veían bien y enamorados. Quizá si Gojo se casaba, se calmaría un poco.
—Porque si es así que no sea en un perímetro cercano a un KFC. — Touché de Ramuda que se la estaba guardando desde que le dijo lo de “oveja rosa”
—…Muy gracioso Ramuda. — miró que el resto soltó una risotada cómplice con el comentario de Ramuda. —Sí, sí. Ríanse de su sempai. Cuidado con el karma eso sí.


Al principio salió con toda la dignidad posible del lugar, caminando con esa pose de modelo de pasarela arrogante, borde, insuperable e inalcanzable, pero esa faceta fue consumida cuando la ansiedad le aprisionó el pecho. De la nada se puso a correr para así dejar todo atrás.
¿Por qué reaccionaba así de caótico sin que pudiera controlarse? Era algo inconsciente.
No supo cuánto tiempo corrió a lo loco por las calles, sin ningún tipo de glamour en su huida, abandonando por complejo todo el aire de “modelo de Vogue” y chocando con las personas de la calle, botando algo en el camino, quizá una pila de revistas de un puesto, escuchando como un automóvil tocaba la bocina cuando cruzó la calle en rojo, hasta que su frenética carrera se trabó de golpe cuando se tropezó con el pavimento en mal estado y estampó las manos y el rostro sobre el piso de concreto.
¿Todo esto por escuchar un tema de Lost Heaven? Vaya, sí que era patético.

En ese momento sólo pudo escuchar su respiración acelerada. Poco después cuando por fin se dio cuenta de que estuvo corriendo invocó la preciada cordura. Se levantó del piso y sacudió su ropa, luego miró las palmas de sus manos las cuales estaban rasmilladas y rojizas por el golpe. Por suerte su rostro parecía intacto. Esperaba que nadie lo haya visto caerse. Que ridículo. 
Era mejor fingir que no pasó nada y ver qué hacer en esa calle para parecer casual. Al ladear la vista a su costado vio que estaba frente a un Pub VIP. No le importaba gastar dinero con tal de pasar desapercibido. Esperaba que nadie lo haya visto caerse de hocico hace un rato.

Entró.

El lugar lo conocía porque en alguna ocasión ya había ido allí antes en su etapa de integrante de Lost Heaven, pero no le gustaba mucho porque a veces gente conocida de la socialité iba allí.
La luz tenuemente cálida, la música suave de fondo, la barra totalmente iluminada con las botellas de alcohol destellando a la vista, era atractivo. Aunque parecía que justo ahora a muchos se les había ocurrido ir allí porque veía muchas mesas llenas en grupos.

En fin, fue hasta la barra y se sentó allí.  ¿Y ahora que hacía? Bueno, tenía que parecer casual, ¿no? Quizá debía intentar ligarse a la chica que estaba sentada a su costado en la barra.
La miró de reojo, usaba un traje color blanco con estampados en plateado, algo con estilo tradicional asiático, si lo pudiera describir tal vez su atuendo era como una mezcla entre un hakama y un qipao si eso pudiera ser posible de confeccionar, ya que la parte de abajo era parecida a un hakama japonés y la parte superior como un qipao chino.
Usaba tacones del mismo tono y detalles, llevaba joyas y el cabello rubio y largo suelto.

Kazutora tenía buen gusto, así que si se iba a ligar a alguien para pasar desapercibido debía ser una tipa guapa como esa. 
El problema era que… La rubia mantenía su rostro estampado en la barra, mirando al lado opuesto de Kazutora. Con un dedo jugueteaba tocando la punta de su vaso casi vacío. Usaba un anillo de oro bastante peculiar, tal vez de confección de Vivienne Westwood.

¿Cómo podía iniciar algo con alguien que estaba medio muerta sobre la barra? Además, si él tenía un aura deprimente, esa chica irradiaba mucha más depresión que él mismo y eso era sorprendente.

Quizá debía salir de allí… No era bueno meterse con gente viciosa y deprimente. Pero necesitaba la coartada de llegar al día siguiente con los idiotas de MoonLight diciendo que se fue porque fue a ligar una chica.

Lleno de dudas, con su dedo índice punzó un par de veces el brazo de la rubia, costó que captara su atención o estaba haciéndose la indiferente quizá. Entonces después de insistir un poco más, la rubia se volteó y Kazutora sintió como un balde de agua con hielo de Siberia le callera sobre la cabeza. Estaba seguro que sufrió un microinfarto cardiaco.
Más pálido que un muerto y tartamudeando, Kazutora casi se ahoga con su propia saliva, ¿cómo mierda no se dio cuenta que era esa persona?

—¿Kazutora? — la mirada hostil que le dedicó al comienzo cuando no sabía que era él cambio a una más amigable cuando reconoció a Kazutora.
—H-Hola, Inui…— tragó saliva. Muerto de la vergüenza. Su rostro era una hoja de papel en ese momento. Demonios, había confundido a Inui con una mujer.
—¿Estás bien? Te vez un poco pálido. —
—Es que me caí de hocico afuera de Pub. — pasó una mano por su nuca, despeinando torpemente sus cabellos negros y largos. Era mejor decirle eso a decirle que lo confundió con una mujer y tenía intenciones de “ligársela”
—¿Y estás bien? — lo miro de arriba abajo, como buscando alguna lesión o herida.
—Sí, sólo me rasmillé las manos…Hm. — hizo un rictus con la boca. Lo miro de nuevo. —¿Y tú estás bien? — notó que las mejillas de Inui estaban algo sonrojadas por efecto del alcohol, además hablaba un poco enredado, evidentemente estaba algo ebrio y… aún era temprano.
—Sí…— asintió, llenándose el vaso con la botella de whisky que tenía solo para él. Le pidió un vaso al barman y se lo llenó a Kazutora. —Es del mejor que hay.
—Hm…— dio un sorbo e inmediatamente se quemó la garganta. —Joder, Inui, esta mierda está fuertísima. ¿Te has tomado casi toda la botella tú solo? — casi tocio, lo cual causó una risa en el rubio que a Kazutora le molestó.
—Debilucho.
—No es cosa de ser débil o no. Esta putada no se la toma ni el diablo. ¿De verdad te has tomado todo eso tú? — preocupado.
—¿Y con quien más me la voy a tomar? Siempre estoy solo… Siempre vengo y tomo esta mierda solo. Supongo que le repugno a la gente.
—No te quieras tanto, hombre…— dio otro sorbo. Todavía lo sentía fuerte pero no podía negar que la calidad del whisky era magnífica. —Al menos puedes decir que no estás bebiendo solo… Estás bebiendo con un amigo.
—…—
—…—
—¿Eres de verdad Kazutora o un impostor?
—Soy yo…— giró los ojos, aburrido. —Ya deberían dejar de verme como el hijo de puta que era en el pasado…
—Tu yo del pasado no era malo… Sólo eras intenso. Adorable a tu modo...Supongo. Te mal juzgaron. El hijo de puta era otro. — tomó whisky.
—Coincido. — chocó su vaso con el del rubio. Soltó una risa porque evidentemente Inui estaba muy bebido puesto que el Inui sobrio apenas habla. Incluso le daba vergüenza admitirlo, pero cuando lo conoció por primera vez pensó que era sordo mudo y buscó algo relacionado con lenguaje de señas… Pero Inui no era sordomudo, esa era su personalidad. —¿Y qué tal todo con EroGion?
—… Supongo que bien.
—¿Supones? Son la jodida banda sensación del momento. Es increíble lo popular que son. O sea, todos quieren ir a sus conciertos.
—Ah, sí…— no parecía muy animado con EroGion.
—¿No te caen tus compañeros? — En contexto, Kazutora e Inui fueron antiguos integrantes de Lost Heaven en sus orígenes, pero Inui fue el primero que se fue de la banda incluso mucho más antes de cuando pasó ese evento que desarticuló a Lost Heaven. Inui se fue porque no congeniaba especialmente con Mikey.
—No. O sea…— miró con discreción a sus costados. —¿Te confío algo? — sí, definitivamente estaba muy ebrio y por eso se sinceraba. —No es como lo que me pasó con Lost Heaven… Porque en realidad no me sentía cómodo con Lost Heaven porque todos ya se conocían de antes menos yo y no le caí ni le caigo bien a Mikey… Pero, al menos, podía estar tranquilo contigo y con Draken. EroGion es… un maldito caos. Todos son intensos y exigentes, y sólo me quedo en un rincón a seguir órdenes mientras todos discuten entre ellos.
—Como un perro.
—…—
—¿Qué? Siempre te dije que ese maldito libertino de Ran no tenía buenas intenciones. Es increíble que sigas haciéndole caso. Es un flojo y explotador.
—Sí sé… Pero gano mucho dinero con él. — se alzó de hombros dando a entender al otro que no saldría de ese lugar decadente de momento. —¿Qué tal te va a ti con esa nueva banda? ¿Moonie?
—Es MoonLight. — le dijo burlesco.
—Eso dije…
—No. Dijiste Moonie o alguna caca como esa porque apenas se te entiende.
—¿Quieres que te agarre a golpes para que veas que no estoy nada ebrio?
—Jaja, seguro terminas en el piso apenas levantarte… Ya voy viendo que te tendré que llevar a casa.
—Jódete, Kazutora. Como se llame tu nueva banda, ¿va todo bien?
—¿Te puedo ser sincero ahora yo? — bebió más whisky, marcando una sonrisa irónica y soberbia. —Yo sobro allí. — dijo sincero. —MoonLight ya existía de antes que cuando Hua Cheng me llevó a MoonLight. Supongo que me metió por lástima allí porque se preocupó de que me deprimiera después de abandonar Lost Heaven. — bebió más. —Y cuando llegué allí todos se comportaban como una familia entre ellos, se apoyan a su modo, se critican y pelean, pero son todos una unidad y evidentemente yo soy el ogro extraño que no encaja para nada. No soy parte de esa “familia” no me siento parte de MoonLight, sobro y estorbo. Los líderes sólo me tienen porque ya tengo algo de “fama” por Lost Heaven y supongo que es difícil conseguir a un guitarrista decente, los más jóvenes me ven como una especie de yokai que les va a comer las almas y sólo me quedo allí por inercia porque, si no voy, Hua Cheng me va a buscar y si eso no pasa me quedo todo el día mirando el techo de mi cuarto implorando, suplicando, que me dé un derrame cerebral y me saque de esta pesadilla absurda.
—…— Inui lo miró en silencio, pese a que podía estar todo lo ebrio que quieran seguía siendo un tipo de mirada muy fría y eso inquietaba incluso a Kazutora, pero un halo de preocupación se notó en él cuando procesó las palabras de su ex colega. —Eso suena… Muy deprimente. Incluso para mí.
—En realidad lo que nos pasa es muy similar… Así que… Me alegro estar bebiendo contigo este maldito whisky que vale más que mi departamento entero, aquí en este Pub exponiendo nuestras miserias y… me alegro de no haberme volado los dientes cuando me caí de hocico. — “ni haber intentado ligarte pensando que eras mujer”
—Salud por eso. — chocaron sus vasos y dieron un trago.

Siguieron conversando como unos extraños y peculiares amigos, mientras bebían y se pasaba la noche. Ponerse al día de sus vidas, hablar un poco del pasado, del futuro, hablar sobre la fórmula uno, deportes, sacar una ecuación matemática sin sentido alguno solo para probarse, hablar sobre sus intereses y así mil temas más.
Cuando dieron las 03:00 de la madrugada y Kazutora notó que sería complicado llevarse a Inui dio por finalizada la noche.

—¿En qué andas?
—En motocicleta…
—Pásame las llaves.
—Kazutora… Tú manejas súper mal. No te confiaría mi motocicleta.
—Entonces pediré Uber. — notó que Inui lo miraba resistente, no iba a dejar su maldita motocicleta botada. —No te pongas cabrón o te reviento la botella en la cabeza y te llevo a rastras de aquí.
—¿Ya se van? Pero si la noche es tan joven.

Aquella voz interviniente sobresaltó a Kazutora, pues, para su desgracia, la reconoció. Observó seriamente a esa nueva persona llegada que se postulaba entre ellos, sonriéndoles angelicalmente. Llevaba un traje igual de elegante que el de Inui, sólo que, a su propio estilo, donde era una especie de kimono de Geisha pero confeccionado tan exquisitamente que fuera distintivo de que no era una y que era diseñado para un varón. El traje era en color magenta con detalles dorados, estilos orientales. Un poco más extravagante que el de Inui. Muy clásico y esperable de un integrante de EroGion, cada uno de ellos tenía ese estilo por la tendencia de su banda, era su marca, su esencia, su distinción suprema. EroGion era a otro nivel de impacto social, tenían a uno de los mejores diseñadores de la ciudad confeccionándoles cada uno de sus trajes a medida, a características de cada uno y con extravagancia para resaltar entre el resto. No por nada eran tendencia en moda.

El cabello lo llevaba suelto, la larga cabellera rosa caía por sus hombros tan lisa y bien cuidada como siempre. Sus ojos grandes y color turquesa eran decorados y definidos por unas tupidas y largas pestañas frondosas que le daban una mirada seductora e hipnótica.
Si bien Inui con su apariencia un tanto “femenina” podía hacer confundir, de todos modos y de una forma particular se notaba que era hombre. Sin embargo, a esta nueva persona había que mirarla varias veces para saber que no era mujer. Era por mucho más andrógeno que Inui.

Decoraba su rostro con una sonrisa ladina y llena de orgullo, pese a que intentara verse amigable, Kazutora sabía que detrás de esa máscara se escondía mucha malicia.

Ese era el maldito lunático de Sanzu Haruchiyo. El vocalista de EroGion. Un enfermo sádico y despreciable y por supuesto, “pegote” que era lo peor de todo. Como nadie lo quería ni soportaba, se volvía un chicle de ellos.
Como todo “Diva” buscaba atención.
—Podemos ir al segundo nivel donde hay una fiesta VIP de esas que duran hasta el amanecer. Yo los puedo llevar, la pasaremos bien.
—Piérdete de mí vista, Sanzu…Ve a molestar a alguien más con tu existencia— agarró a Inui del brazo. —Nosotros ya nos vamos.
—Uhu… Que mal educado eres, Kazutora. Pensé que habías tenido redención después de todo.
—No me hables como si nos conociéramos. Apenas hemos cruzado palabras.
—Bueno, si quieres te vas a sufrir solo por allí, pero Inui se queda conmigo.
—No. Se va conmigo. — miró a Inui, seguro de que el rubio prefería mil veces comer vidrio molido que quedarse con Sanzu. Pero increíblemente Inui parecía dudoso. —¿Qué? — en shock.
—Así es. Inui debe cuidarme.
—Si no lo acompaño se va a meter en problemas.
—¡¿Y que mierda importa?! ¡No es un puto niño al que cuidar! Está bastante grande para saber lo que hace.
—Pero yo soy EroGion y si algo me pasa a mi EroGion se afecta. Así como pasó con tu banda, Kazutora, deberías tener más empatía por tu experiencia.
—Inui… Sanzu definitivamente no es nada parecido a lo que pasó con Baji. No sientas culpas ni remordimientos pagándolos con Sanzu. 
—Disculpa, Kazutora… Pero me quedaré.
—Esto es lo que hacen los buenos amigos, apoyarse y no dejarse solo. Es algo que deberías aprender. — Sanzu se burló de Kazutora, pero Inui le jaló el cabello y le dijo que se callara el hocico.
—…—
—…—
—…—
—¿No que te ibas? — Sanzu le mira molesto.
—Iré con ustedes. Cambié de parecer. —
—Ah, ya veo que te va gustando la idea de las fiestas de EroGion. Si es así, bienvenido. — le sonrió.

La verdad, sólo los siguió con el fin de llevarse a Inui. Que Sanzu se pudra.
No era como él decía, no volvería a dejar a un amigo solo.

Ya en el segundo nivel entraron en una sala VIP donde sólo gente famosa estaba presente. Kazutora supo inmediatamente el grave error que había cometido al meterse allí con esa gente porque eran de aquellas fiestas donde había mucha perdición entre gente rica. Apenas llegar le pasaron una botella de alcohol para él solo, Sanzu no tuvo ningún cuidado en beberse la suya siendo animado por un grupo de amigos de él. Había gente besándose, otras muy alcoholizadas, otras drogadas…

—Sólo díganme que no es una fiesta de Diddy…— Kazutora se estaba arrepintiendo. No quería meterse en un escándalo.
—No. No negros, por favor…Esto es un lugar lujoso y decente.—
—Sanzu, no digas cosas así.— Inui lo miró entrecerrando los ojos. —Acuérdate de..- —
—Sí, sí… La demanda por clasismo y racismo. Ya. — Sanzu giró los ojos.

A esa altura de la noche, Kazutora recién notó que tenía varias llamadas perdidas. Algunas eran de Hua Cheng, otra era de su ¿tío? Seguro se confundió de número, y una era de ella.

Imposible.
Y claro que era imposible. No era una llamada que ella le hizo a él, sino que estúpidamente su teléfono marcó sólo su número y la llamó. Por suerte, ella no le contestó.

—¿Te están controlando? — Sanzu miró su teléfono, burlesco.
—Deja de husmear. — le pegó con un par de dedos en la respingada nariz.
—¡Oye!
—¿Y por qué Inui tiene que cuidar a alguien tan crecidito? ¿Sigues metiéndose en cosas, Sanzu? Más bien, ¿Sigues metiéndote cosas?
—…— El rostro de Sanzu se pulverizó en un color rojo, colérico y notoriamente molesto. —¿Qué insinúas?
—Já. Lo que todos sabemos. — dio un sorbo a la botella. —A poco no te hizo nada la rehabilitación que la cubrieron como “viaje espiritual” al Tibet. Yo sé que te fuiste a una clínica. — Estaba en su máximo momento de disfrutar la humillación que le estaba dando a Sanzu, pero de pronto se sintió raro. Miro su mano y se dio cuenta que estaba viendo extraño, como si esta se difuminara y se reflejara como mil veces hacia su costado. —¿What the fuck?
—Ah, te vi algo tenso y te di algo. Ahora si te vas a poner más simpático.
—I-Idiota…—
—¿Sanzu? ¿Qué pasa? — Inui volvió con ellos, se había distraído mirando a otra persona.
—No sé. ¡Vamos a divertirnos! — Sanzu agarró a Inui y Kazutora.

¿Qué debía hacer? Una parte de él le decía que se detonara allí, que se autodestruyera porque se lo merecía, en parte, quería distraerse y perderse. Pero por otro lado tampoco podía llegar a esos extremos.
Quizá sí debía llamar a alguien para tener la excusa de irse. Pero era tarde y no quería molestar a nadie.






 
« Last Edit: October 29, 2024, 11:52:33 AM by Kana »


Apple

Re: Act 1: Overture
« Reply #122: November 30, 2024, 09:19:29 PM »
#11

El Carlyle era uno de los hoteles más glamurosos del mundo, y uno de los más legendarios también.  Si bien era sabido que el Carlyle el New York City fue el hotel predilecto de la princesa Diana y en la actualidad era favorecido por los príncipes de Gales y miembros de la familia Coppola, el Carlyle de Eastwood tenía poco que envidiarle.

Todos los días el restaurante, bar y café del hotel eran visitados por figuras del mundo del entretenimiento, así como por políticos y otros personajes ilustres. No hacía falta decir que los muros del hotel, principalmente las habitaciones, habían sido testigos de hechos que escandalizarían a cualquiera y que le haría agua la boca a cualquier editor de revistas de chismes.

La familia Fujiwara habían sido clientes VIP del Carlyle desde hacía tres generaciones. Gin recordaba cuando su abuelo había adquirido una suite permanente para la familia en el hotel, un símbolo de estatus entre los ricos y un lugar donde los Fujiwara pudieran descansar en los días demasiado ocupados; después de todo las oficinas de Neko Entertainment estaban a un par de calles del Carlyle.

Gin Fujiwara era un hombre de negocios nato, y odiaba perder el tiempo. Debido a su ocupado horario favorecía la residencia que su familia tenía en el hotel y prácticamente vivía ahí. Le daba la oportunidad de estar cerca de los cuarteles de su empresa y se ahorra tiempo en el tráfico. También favorecía al Dowling’s, el restaurante del Carlyle, y almorzaba ahí casi todos los días. La comida era excelente, así como el servicio- tanto que los meseros ya conocían su orden usual de almuerzo.

Gin usualmente utilizaba el almuerzo para tener pequeñas reuniones, raramente almorzaba solo. Hoy lo acompañaba Sakuya. Gin quería saber cómo había ido la reunión que Sakuya tuvo con su familia, amigos y compañeros de banda para anunciarles su compromiso.

–¿Cómo reaccionaron los demás? – preguntó Gin después de que les sirvieron su entrada.

–Lo tomaron bien. Estaban sorprendidos pero nadie parecía molesto.

Gin estaba pensativo. Aún el futuro de DeViLS pendía de un hilo. Como hombre de negocios estaba disgustado con la decisión de Sakuya, pero como alguien que había crecido con él… no podía odiarlo por su decisión.

–Hoy graban “Aegen”.

Sakuya asintió. Por un momento creyó que era una pregunta, pero cayó en cuenta de que Gin estaba al tanto de todo lo que pasaba en su empresa.

–No te costó trabajo convencer a Hijikata…

De nuevo otra afirmación que sonaba como pregunta.

–No. El ama esa canción, y aunque sea una adición de última hora los fans lo apreciaran mucho.

–Me parece acertado. El disco ya es excelente, pero esa canción definitivamente le dará un plus. ¿La agregarán al setlist de la gira?

Gin sabía que Hijikata había renunciado a la música para enfocarse en su carrera cineasta. Aún como director era representado por Neko Entertainment, y ellos eran los que manejaban sus relaciones públicas y contratos, entre otras cosas.

–De hecho– Hijikata hizo una breve pausa para encender un Parliament –Hijikata y Aioros estuvieron de acuerdo en unirse a nosotros en algunas fechas de la gira. Aioros nos acompañará en su mayoría, tiene la idea de hacer un documental.

Gin asintió de nuevo. Esta gente hacía lo que quería, pero al igual que Hijikata, Aioros también tenía un contrato con Neko Entertainment y el proyecto sonaba prometedor. De igual manera harían lo que quisieran, así que lo mejor que podía hacer era apoyarlos.

–Arreglaré con Matt para que lo ayude con la producción.

Hijikata sonrió ligeramente. Sabía que Gin aprobaría el documental.

–Y Hijikata prometió que estará en el primer concierto aquí en Eastwood y en el final en Tokio. Depende de su agenda para unirse a los demás conciertos.

–Mi jet privado estará a su disposición, los fans estarán felices cuando aparezca para cantar Aegen.

–Vaya que estás generoso hoy– comentó Sakuya.

–Esta gira es importante.

–No es la última gira de DeViLS.

–Es TU última gira con DeViLS– hizo énfasis Gin.

–He hablado con Tasuku. Él se encargará de todo.

Gin encendió un cigarrillo también.

–Con respecto al disco, la próxima semana saldrá el primer sencillo… Supongo que será la canción de Tasuku.

–Sí. Es realmente buena, y con ella abriremos los shows.

–Es evidente que quieres que Tasuku esté al frente de todo.

–Creo que es lo más conveniente por ahora y– Sakuya fue interrumpido.

–Gin Fujiwara y Sakuya Ookochi… es un placer como siempre.

Gin y Sakuya estaban tan enfocados en su conversación que no se percataron que dos hombres se acercaron a su mesa.

–Uchiha– saludó Gin sin mucho entusiasmo.

–Buenas tardes, Itachi, Sasuke– Sakuya fue más cordial en su saludo.

–La estrella del momento, es un placer verte Sakuya– dijo Itachi. –No puedo esperar a escuchar el siguiente disco de DeViLS, soy un fan desde muy joven.

Ni Sakuya, ni Gin supieron decir si Itachi era sincero. Itachi Uchiha era el CEO de Uchiha Entertainment, uno de los mayores competidores de Neko Entertainment, pero nunca por encima de ellos.
Hasta ahora…

Uchiha Entertainment había lanzado a una nueva banda no hacía mucho. Eran dos muchachitos coreanos, dos querubines vestidos a la última moda y con el estilo que todos los jóvenes imitaban. No eran competidores directos de DeViLS, ya que la música era bastante diferente pero había sido un éxito instantáneo.

–Esperamos no decepcionar a los fans con el próximo disco– admitió Sakuya.

Gin sonrió con la falsa modestia de Sakuya.

–De hecho es un disco jodidamente bueno. El primer sencillo sale la siguiente semana pero te enviaré una copia este sábado Uchiha, estoy seguro que como fan de DeViLS lo disfrutaras.

A Sasuke no le gustó el tono arrogante con el que habló Gin y levantó una ceja. Era un tipo jodidamente arrogante y presumido.

–No puedo esperar– respondió con cordialidad Itachi. –Debo admitir que he comprado tickets para uno de los palcos para el concierto de DeViLS aquí en Eastwood… no han sido nada baratos, ni fáciles de conseguir.

–Me hubieras podido llamar, pude haber arreglado eso para ustedes.

–No quería molestarte, entiendo lo ocupado que estás… Yo estoy en la misma posi-

Esta vez Itachi había sido él interrumpido. Una voz femenina lo llamó desde la entrada del restaurante. 

–¡Uchiha-oppa! ¡Ya llegamos! – anunció una chica de manera poco discreta. Varios se volvieron a verla. 

Era Green Nam, junto a Zack Lee. Los únicos miembros de So-Ju, la novedad ultra popular de Uchiha Entertainment. Los chicos se acercaron, y Sakuya de manera instantánea entendió su atractivo. Eran jóvenes, los dos bien parecidos, con un aire de cool que solo los músicos innatos tenían- los Beatles lo tuvieron, Hendrix y Led Zeppelin lo tuvieron y… DeViLS lo tenía.

“Estos chicos llegarán lejos” pensó Sakuya.

–¡Waaaaahhh Sakuya-oppa! – dijo la chica en cuanto se percató de quienes estaban en la mesa.

–Ustedes deben de ser So-Ju – Sakuya se levantó de la mesa para saludar a los recién llegados –Me gusto mucho su cover de Lana del Rey.

–¡¿Oíste eso Zack?! ¡Tenemos la aprobación de Sakuya de DeViLS! – dijo la chica dando golpecitos de emoción al brazo de su compañero de banda y primo.

–Nos alegra mucho escuchar eso– dijo Zack mientras inclinaba la cabeza ligeramente. El chico era menos efusivo que Green pero estaba ligeramente sonrojado.

Itachi sonrió complacido, pero Gin permaneció serio.

–Espero que eso les sirva de motivación chicos.

La charla continuó unos minutos con Green alabando a Sakuya en su mayoría, pero pronto Sasuke los urgió para ir a su mesa y dejar a Sakuya y Gin en paz.

–Espero que no sea mucha molestia… pero ¿podría tomarnos una foto con Sakuya? Me gustaría recordar este momento y compartirlo en mi insta…

–No creo que sea apropiado Green– dijo Itachi.

–No hay problema– dijo Sakuya ajustando la chaqueta de su traje, preparándose para las fotos.

Green sacó su teléfono sin perder el tiempo y se tomó un par de selfies con Sakuya. Tras cerciorarse de que salieron bien, el grupo de Uchiha entertainment se retiró a su mesa.

Más tarde Gin, mientras DeViLS estaba en el estudio grabando Aegen, le pidió a su asistente Miwako que buscara el instagram de Green.

En efecto, la chica había posteado las selfies con Sakuya. En un par de horas la foto había tenido más de 500k likes y la mayoría de comentarios eran positivos, algunos pidiendo una colaboración de Sakuya con So-Ju (a pesar de ser géneros y estilos totalmente diferentes).

Gin suspiro apesadumbrado. De verdad que se notaría la ausencia de Sakuya en el medio…


Kana

Re: Act 1: Overture
« Reply #123: December 26, 2024, 06:16:26 PM »

—Un poco más de rubor nunca va a ser un pecado— La rubia curvó las cejas y apretó los labios en una línea recta, demasiado concentrada para prestar atención en otra cosa que no fuera el rostro de la estrella sentad frénele a ella. —¡AH!
—¿Qué pasa?— Alissa pregunta preocupada, el gritillo de Misa la perturbó.
—¡Es que soy la mejor maquilladora de todas!— deja la brocha sobre el tocador, toma su teléfono celular y comienza a grabar un Live. Pone la cámara en selfie y se graba a ella y a Alissa, para luego dar vueltas en círculos. —Aquí estoy de nuevo! Como pueden ver, ya he terminado de maquillar a la hermosa Alissa quien está lista para su presentación de hoy. Denme like si les gustó mi trabajo y síganme para que no se pierdan mis videos. Xoxo!— cortó la transmisión —Muchas personas están viendo los videos.—
Misa era la mas emocionada con esas oportunidades. Era una influencer en ascensión y maquilladora. Por otro lado, contaba con la ventaja de ser amiga desde la escuela de la cantante Alissa.
—Gracias por maquillarme, MisaMisa— sonrió Alissa, la joven se contempló en el reflejo del espejo fijándose que todo estuviera en orden.
—Me encanta maquillarte, ya sea para una presentación como cantante o como cuando te quieres infiltrar en la ciudad como ciudadana común y corriente. ¿Cómo te fue en tu última escapada?
—Bien, se podría decir.
—Uy, no suenas muy convencida.
—O sea, nadie me descubrió. Pero tuve que compartir mesa con un chico en la tienda de udon y yo quería privacidad. Me hizo preguntas y no estuve tan cómoda pero después no sé como terminé conversando con él.
—¡Que bien, Lissa-chan! Puede ser la oportunidad para que conozcas a un buen chico.
—Oye, tampoco seas tan drástica.
—No es ser drástica, solo que…— la rubia bajo su efusividad —Puede ayudarte a superar lo que pasó
—Todavía es muy pronto para ir a conocer a otro chico, Misa— Alissa suspiró, entendía que las intenciones de Misa eran buenas pero ella iba a un ritmo más cuidadoso que el que esperaba la rubia.
—Bueno, cambiando de tema. Espero que destruyas a esa bitch de Asuka en el ranking. Siempre fuiste la mejor de la banda y esas envidiosas
—¡Estoy hecha todo nervios! Sólo te lo digo a ti, pero me pone ansiosa tener que salir Justo después de Lillia, mi ex bandgirl. Uff, fuera de aquí tengo que seguir mostrándome fuerte y engreída para que no se sientan superior a mi.
—Haberte hecho solista las llenó de envidia.— Misa se rio de esas tontas.
En ese momento, un coordinador golpeó la puerta indicándole a Alissa que ya debía salir. Alissa dejo su teléfono celular sobre el tocador, Misa la siguió y la grabaría tras bambalinas.



—¡Woah! Esa presentación fue fantástica— Misa todavía flasheaba con el show de su amiga Alissa. Las dos entraron de regreso en el camarino de la cantante. —Todos mis seguidores amaron la presentación. Simplemente eres grandiosa y Misa-chan tiene mucho que ver en tu éxito.
—Así es— le dio unas palmaditas en la cabeza de la rubia —Gracias MisaMisa por tu apoyo. — Alissa fue hasta el tocador y tomó su teléfono celular el cual había dejado allí. Chequeó todas las interminables llamadas y mensajes que tenía allí, mientras pasaba el dedo por la pantalla y su rostro se iluminaba por el brillo del teléfono, notó un número que no tenía registrado pero que se lo sabia de memoria.

Hace un año que no se comunicaban ninguno de los dos, ¿por qué él la llamaría? Dudo si devolverle la llamada. Quiza marcó por equivocación.
Pero una corazonada fue más potente que la razón. Llamó al número sin mucha fe, puesto que la llamada que él le hizo fue hace horas.
Abrió los ojos sorprendida cuando le contestaron después de un rato. No iba a negar que tenia miedo, su corazón le latió rápido y un temblor se apodero de su cuerpo. Estaba angustiada, tenia miedo del contenido de esa llamada.
—¿Hola?
—¿…Kazutora?— Alissa se demoró en hablar. —¿Por qué me llamaste? — preguntó seria la cantante, aunque por dentro tenia mucho miedo. La ultima vez que Kazutora la llamó esa llamada la destrozó por dentro cuando le comunicó una terrible noticia.
Esos recuerdos volvieron a su mente. Una noche de lluvia, una llamada de madrugada, Kazutora comunicándole la peor noticia del mundo, ella cayendo de rodillas en shock sin contener las lágrimas.
Era imposible que le dijera hoy algo peor que esa vez.
—…Lo siento, me equivoqué de número.— respondió ronco, después de un momento demasiado largo de silencio. —Perdón
—Entiendo.
—Adiós
—¿Estás…bien?—
Lo escuchaba arrastrando las palabras, con la voz apagada y extraño. No hablaba con él hace años, pero intuía que algo le sucedía. No quería pensar que Kazutora estuviera en problemas a esa altura, el chico rebelde y autodestructivo desapareció después de irse de Lost Heaven, sabia por otros que en MoonLight Kazutora estaba más tranquilo y maduro. Pero escucharlo así, le recordó a esos tiempos de antaño cuando se hacia daños a si mismos con conductas de riesgo.
—Sí
—¿Seguro?
—…— De nuevo una pausa demasiado larga que crea incertidumbre —La verdad…no. Pienso en él a menudo… Me siento culpable, Alissa, por él y por ti. Hoy lo recordé más que nunca… Y no sé si estoy en el lugar correcto.
—¿Dónde estas?
—Alissa… No quiero que pierdas el tiempo.
—Dame la dirección— El tono de Alissa fue tajante y severo. Kazutora dudo mucho en responder a su pregunta pero se decidió después a darle una ubicación. Alissa le cortó no sin antes indicarle que no se moviera de allí. —Misa
—Dime—Se estaba entreteniendo comiéndose los bombones que le mandaron a Alissa pero no pasó por alto la preocupación de su amiga en toda la llamada que tuvo.
—Necesito que me acompañes a un lugar ahora.
—¡P-Pero, p-ero!— Casi se atraganta con un chocolate —ahora viene tu entrevista y después la fiesta VIP, ¡no puedes dejar a los reporteros botados!
—Es una emergencia.— tomó su abrigo y sus cosas, fue hasta la puerta. —Tienes que venir conmigo porque no puedo ir sola a esos lugares… Además, me lo vas a agradecer cuando veas con quien me voy a reunir.— sonrió, encantadora como siempre.
« Last Edit: February 15, 2025, 08:09:32 PM by Kana »


Kana

Re: Act 1: Overture
« Reply #124: February 15, 2025, 09:00:35 PM »

—¿En serio a nadie le perturba de que Kazutora no aparezca desde hace más de una semana? No es que él me importe… Pero, si hacemos como si nada pasara es igual de incomodo a cuando está presente.

Pese a que Sakura Haruka era el integrante más arisco y amargado de MoonLight quien por lo demás se empeñaba en hacer entender a los demás integrantes que ellos no le interesaban en lo más mínimo, parecía que era el único al que se le hacía bizarro que un miembro de la banda haya desaparecido sin dejar rastro alguno.

Le parecía insólito que los demás integrantes de MoonLight ensayaran con tanta tranquilidad y normalidad cuando un miembro de la misma no daba señales de vida.

Pese a su reclamo, los otros siguieron practicando con sus instrumentos y el vocalista ensayando la nueva canción del grupo.
A Sakura se le hacía como un capítulo perturbador de “Black Mirrow” o cualquier serie inquietante de Netflix donde hacen desaparecer a alguien y todos actúan con normalidad. La actitud de sus compañeros lo estaba poniendo paranoico.

Chequeó sus redes sociales en el teléfono móvil. Por supuesto, no seguía con ninguna de sus cuentas a Kazutora y no es que éste último sea activo en las redes sociales. Ni siquiera tenía una cuenta.
Pero a veces se enteraba de las actividades de Kazutora por medio de cuentas de otros músicos o fanáticos que publicaban fotografías con él en alguna fiesta o encuentro casual.

Nada. Ni siquiera un rastro.

Tenía entendido que Kazutora odiaba que lo expusieran en las redes sociales, pero nadie le hacía caso así que dudaba que de pronto todos se pusieran a obedecerle y evitar subir imágenes donde aparecía él.

Tampoco tenía WhatsApp así que no podía verificar si estaba en línea.

—¿Acaso a nadie le importa? A mí me da igual, pero se supone que al menos uno de ustedes es su amigo. — observa específicamente a Hua Cheng con mirada juzgadora.
—Aw, Sakura-kun se preocupa por sus mayores.
—No digas pendejadas, Gojo. — el joven frunció el entrecejo mirando con hastío al peliblanco. —Pero si falta uno de nosotros, ¿cómo carajos vamos a ensayar bien? Se supone que debemos progresar como banda y nos falta uno y ni sabemos si está vivo o muerto.
—Kazutora debe estar bien. — Dijo tranquilamente Amemura, degustando un caramelo distraídamente mientras afinaba su instrumento.
—¿Cómo estás tan seguro de eso? — le preguntó Sakura incrédulo.
—Fácil. Si hubiera muerto habría aparecido en las noticias. Es el famosillo de la banda, así que si apareciera de pronto flotando sin vida en el río los medios lo publicarían. Así que podemos estar tranquilo
—Hm...— De verdad que a veces ese pelirosa además de sacarle de quicio le perturbaba. A Sakura se le hacía que Amemura no era tan inocente como intentaba aparentar ser. —¿Saben qué? Si ése idiota no está no encuentro chiste de seguir ensayando. Me largo.
—Espera, Sakura-kun, no importa si Kazutora no está, tú tienes que seguir practicando.— dijo Gojo
—¿Y por qué me explotas a mí?
—Porque Kazutora es un músico con experiencia así que un par de días sin ensayar no lo van a perjudicar. En cambio, tú, eres novato y te equivocas con frecuencia y puedes arruinarnos como banda, así que un día que no ensayes es fatal para todos nosotros. Eres nuestra desgracia si no te adiestras.
—Pues dile a alguno de tus amigos viejos que me reemplace por hoy. No pienso quedarme aquí como si nada mientras todos ustedes actúan tan normales. Nos vemos.

Sakura agarró sus cosas y se fue dejando a los demás mirándolo en silencio hacia la dirección que se esfumó.

—¿Deberíamos preocuparnos por Sakura? — preguntó Hua Chen un poco intranquilo, aún sin inmutarse mucho.
—Si le pasa algo lo sabremos en los noticieros. — le respondió Amemura.
—No creo… A Sakura nadie lo conoce. No es famoso como Kazutora.
—No es famoso, pero es un delincuente. Si lo matan aparecerá en los noticieros algo como “rufián con extraño cabello muere a balazos por provocar conflicto” y sabremos que es él.



Sakura todavía estaba enojado con sus compañeros de banda. Le parecía insólito que mostraran tanta indiferencia con la desaparición de un miembro de la banda. No es como si Kazutora le importara en lo más mínimo, pero el comportamiento despreocupado de ellos le parecía insoportable y dejaba mucho que desear. Una curiosidad le invadió, ¿los idiotas de la banda sin nombre eran así de despreocupados entre ellos? a Sakura le daba la impresión de que entre ellos eran muy unidos y empáticos pese a que tenían sus caracteres.

Caminó por casi dos horas para despejarse. Llegó al distrito por donde vivía y no tardó en entrar en un bar abandonado que usaba como refugio.

Se echó en el suelo quedando sentado sobre una caja de metal, abrió su mochila y sacó una lata de cerveza que le robó a Gojo y la bebió mientras seguía revisando las redes sociales.

Todavía ni rastros de Kazutora. El sujeto no era ni su amigo, pero quizá Sakura no tenía nada mejor que hacer que investigar su desaparición.

Tal vez eso pasaba porque hace tiempo no se encontraba con su amigo Hayato Suou así que le quedaba mucho tiempo libre para perderlo en idioteces.
¿Qué estaría haciendo Suou en estos momentos?

Justo en ese momento, como si lo hubiera llamado con la mente, un mensaje en el chat de Instagram precisamente de Suou le paralizó el tiempo.

“Hola, veo que estás en línea más de lo normal y ni un saludo por aquí”

Lo había pillado.
La verdad, es que estaba evitando a Suou desde que…

“Hola… ¿Todavía estás con los lunáticos?”
“Jaja, algo así… Después de que la cuenta de Mikey le pusiera like a mi video donde salgo cantando Niji, uno de sus agentes me invitó a conocer Lost Heaven en persona. Mikey me preguntó si quería participar en el ensayo y creo que le caí bien porque me invitó para una segunda ocasión.”


Precisamente por ese detalle estaba evitando a Suou. Si Kazutora se enteraba que cualquiera de MoonLight tenía relación con su ex banda, se lo tomaba a personal.

De verdad que le importaba poco Kazutora, pero soportar su mal genio por algo tan estúpido era como una patada en el culo. Por este motivo, Sakura evitaba a toda costa que Kazutora se enterara de que era amigo de Suou quien pasaba tiempo con Lost Heaven.

“Escuché que esa gente es antipática.”
“No sé quién te haya dicho eso, pero no es así. Son muy amables conmigo y con el chico que es el nuevo guitarrista de la banda.”


Habían reemplazado a Kazutora. Quizá a Kazutora no le importaba que lo reemplazaran a él, pero si se enteraba que alguien ocupaba el lugar del vocalista seguro estallaría. 

“¿Qué me cuentas de tu vida? ¿Cómo va todo con MoonLight?”
“Bien… Tenemos una presentación dentro de pronto y nos toca ensayar. Es difícil soportar a esta gente, pero todos se esfuerzan”
“Qué bien! Estaré atento para asistir y verte.”
“Ni de joda… No te voy a decir la fecha ni el lugar”
“Que tierno”


Sakura dejo en visto el resto de mensajes que Suou le envió. Quedó pensativo, hace tiempo que no veía al pelicastaño y parecía estar feliz de su nueva progreso musical pero no dejaba de preocuparle que algo le pasara a Suou en Lost Heaven. Sakura en secreto fue muy fanático de esa banda, creció con sus canciones y acudió cuando pudo a alguno de sus conciertos, por eso mismo tal vez sentía algo de "familiaridad" con Kazutora siendo que ni se dirigían la palabra pero al ser Sakura seguidor de la banda Lost Heaven donde Kazutora fue guitarrista, escuchar sus canciones y seguir sus conciertos, le daba la sensación que "lo conocía"

Por eso mismo le preocupaba que Suou frecuentara a la gente de Lost Heaven y que estos tuvieran interés en el pelicastaño. Alguien tan dañado como Kazutora debía tener su explicación en lo que vivió en esa banda y temía que a Suou le pasara lo mismo que a Kazutora, que a Inui o incluso peor... Que a Baji Keisuke.
« Last Edit: February 16, 2025, 10:10:22 AM by Kana »


Kana

Re: Act 1: Overture
« Reply #125: March 31, 2025, 03:20:58 PM »

Giró la tapa de la botella de agua mineral sin gas, dando un sorbo enorme. La resaca y dolor de cabeza lo estaba matando, así que no puso reparos cuando ella le pasó una píldora para dichos malestares. Puso la píldora en su lengua y se la tragó.

Aunque tenía los ojos cerrados, podía “ver” perfectamente la silueta de la joven frente suyo, de brazos cruzados y expresión frustrada.

—Alissa-chan, ya deja de mirarme así… De verdad que no te quería llamar. No sé qué mierda pasó.
—Por supuesto que no sabes lo que pasó. — la chica hizo sonar su tacón en el suelo. —Tienes mucha suerte de que te sacara de ese antro. No puedo creer que hayas ido con Sanzu después de todo lo que pasó con…—
—¿Lo que pasó con qué? — por fin abrió los ojos, una punzada le taladró la sien por la resaca, pero no fue suficiente para evitar mirarla feo. —¿Con Baji? Él era lo suficientemente adulto para tomar las decisiones de su vida. Ni que Sanzu le haya puesto una pistola en la frente para obligarlo…
—Claro que Sanzu tiene que ver. Baji se metió en ese mundo oscuro porque él lo llevó a esos sitios y lo mismo hace contigo. Bueno, ¿qué me importa a mí? Eres tú el que me llamaste para ayudarte —

Alissa se había molestado con el comentario de Kazutora. Hace varios años que no se veían precisamente desde lo sucedido con Keisuke Baji y ahora que tenían la oportunidad de cruzar palabras sinceramente era desastroso. Era algo que ambos se esperaban después de todo, quizá por eso evitaban verse.

Inconscientemente ambos se culpaban mutuamente por lo sucedido con Keisuke, Alissa culpaba a sus amigos por llevarlo a los vicios aunque estaba consciente de que Kazutora no tenía que ver pero pudo haber hecho más para sacarlo de ese mundo y Kazutora ocultamente le guardaba resentimiento a Alissa por inducir a los estados melancólicos de Baji. Por ese entonces cuando sucedió todo, las culpas de todos se dispararon en distintas vías, varios culpaban a Alissa por dejar que Keisuke se sumiera en la angustia y lo dejara solo, otros culpaban a Kazutora de involucrar mucho a Baji en sus problemas y caótica vida, otros decían que el responsable era Mikey por su ambición a más y absorber para él a Keisuke y el principal defensor de esa hipótesis era Kazutora.

Pero lo cierto era que ninguno era responsable de las acciones del pelinegro y en el presente eran lo suficientemente adultos para aceptar esa realidad.

—¿Cómo tienes mi número?
—Me lo dio un cantante en una fiesta. Dijo que te conocía de una presentación de los premios musicales y me hice el tonto fingiendo que no te conocía. — dejó la botella sobre el mueble cerca suyo. En ese momento, una chica rubia entró en la habitación y entre cruzó miradas con Kazutora. —…— el joven de cabello bicolor le desvió la mirada, todavía era muy torpe socialmente. En cambio, la rubia le miró más que fascinada, ella le dejo otra botella de agua y antes de retirarse miró a Alissa, suplicante.
—Ah… Antes de irte, ¿puedes firmarle un autógrafo a mi amiga Misa? Ella es fanática de tu banda…. Y si puedes, le pides a Inui que le deje un autógrafo también. Misa también es fanática de su banda.
—Creo que me acuerdo de ella. Era la rubia que siempre iba a las tocatas y te llevaba a rastras con ella a todas partes en Harajuku.
—Ahá. — Alissa asintió, tomando asiento en un sitial. Miró su reflejo en el espejo, con algo de nostalgia. —Extraño esos tiempos…
—Yo también. — Kazutora bajó la mirada, melancólico. Tristemente nunca podrían volver a esos tiempos donde fueron felices. —Alissa-chan… Gracias por ir por mí. No quise molestarte. Supongo que una parte de mi inconsciente pensó que eras la única que podía ayudarme y guardar el secreto. — su mirada cambió a una de preocupación. —Aunque no sé si tu amiga…—
—Ella es de confianza. — dijo Alissa, con tranquilidad.
—¿Dónde está Inui? — se acordó del rubio.
—Está en la otra sala. Todavía duerme.
—Apenas se despierte nos iremos.
—¿Sabes? Puedes llamarme sin necesidad de que estés en riesgo. A veces es de buena educación preguntar a tus amigos como están.
—Pensé que ya no éramos amigos. — dijo con seriedad, cosa que molestó a la joven. Kazutora prefirió cambiar de tema. —Supe que tendrás un gran concierto dentro de lo pronto. Has crecido mucho.
—…— Alissa se ensimismó ante el rechazo de Kazutora, pero después de todo, el joven tenía razón. Ya no eran amigos. Así que prefirió fingir estupidez al igual que él. —Sí. Es todo un desafío. Desde que me independicé de Lillia he sentido bastante presión. De mi representante, de mis fans, de mis ex compañeras. — suspiró —Siento que mis ex compañeras están esperando que fracase.
—Eran unas idiotas. Nunca entendí por qué aguantaste tanto tiempo con ellas. — el joven se puso de pie, con la intención de ir a la sala de al lado a despertar a Inui. —No importa lo que ellas crean, son envidiosas e intentarán hacerte sentir mal así que sólo ignóralas. Eres una Idol digna de admiración, métete eso en tu cabeza.

Alissa quedó en shock por las palabras de Kazutora pues el joven no era mucho de dar ánimos ni mucho menos decir cosas buenas de los demás. Quizá era la primera vez que le decía algo “lindo” antes de que el guitarrista saliera de la sala, lo llamó:

—Kazutora.
—¿Ah?
—No te olvides del autógrafo. — le apuntó una libreta y una lapicera.
—Ah… Sí. — no pudo escaparse de eso. Kazutora era de esos músicos despreciables que no le daban ni la hora a sus fans. Le dolió en el alma dejar su autógrafo en ese papel. —Ya. Para que no ande diciendo nada de mí, ¿ok?


Kana

Re: Act 1: Overture
« Reply #126: July 30, 2025, 06:35:36 PM »

El aire en el "Neon Garden", un pub de luces tenues y aroma a cerveza y sueños viejos, vibraba con una mezcla de expectación y el susurro de conversaciones a media voz. Era viernes por la noche, y la banda "MoonLight estaba a punto de subir al pequeño escenario. Seis siluetas se movían entre cables y amplificadores, cada una con su propio universo gravitando alrededor del inminente show, cada uno ensimismados en sus pensamientos.

Sakura, el baterista, era un cúmulo de mal humor encapsulado en una sudadera oscura. Su presentación personal era de lo más sencilla, pues carecía de ese toque de glamour característico en otros miembros. Sus baquetas tamborileaban impacientes contra sus muslos mientras revisaba su set. Mañana tenía una clase de cálculo a primera hora, una que no podía permitirse perder. Estaba al borde del fracaso académico, ¡otra vez! y la idea de trasnochar, por mucho que amara la música, le carcomía los nervios. "Solo una vez más", murmuró para sí mismo, como un mantra o una maldición.

A su lado, Gojo, el vocalista, se reía despreocupadamente, su cabello plateado brillando bajo las luces del escenario le daba un aire de ser estelar tocado por el brillo iluminado de la luna. Un séquito de "fangirls" se agolpaba cerca de la tarima, susurrando y riendo cada vez que él les dedicaba una mirada o una sonrisa. Gojo era el epítome del carisma, nacido para el escenario, su voz suave y melódica, perfecta para el estilo que definía a la banda. Para él, cada presentación era una fiesta, una oportunidad para conectar con la energía de la gente, era el más entusiasmado en cada presentación ya sea en un bar de moderada popularidad o sobre un escenario de importancia.

Kazutora, el guitarrista principal, ajustaba su correa con una lentitud casi meditativa. Sus ojos, normalmente llenos de un brillo ámbar enigmático, tenían una pátina de melancolía. Había estado perdido durante varios días, sumergido en un torbellino de fiestas y noches sin fin. En una de esas noches, se había reencontrado con una chica de su pasado, un encuentro fugaz que, sin querer, había abierto una vieja herida. La conversación sobre viejos tiempos lo había transportado a un lugar agridulce, recordándole a su mejor amigo fallecido, Baji, y los sentimientos de culpa nuevamente volvieron a agolparse en su pecho. La guitarra era su refugio, el único lugar donde podía traducir ese nudo en el pecho en algo tangible y hermoso.

Justo por ello, acudió a última hora a la presentación, cuando ya todos los miembros de MoonLight pensaron que el del tatuaje de tigre no llegaría. Varios comentarios de distintas características se entrecruzaron entre los demás integrantes de MoonLight y entre los fans del público cuando vieron a Kazurota subir a la tarima a último momento cuando ya sus compañeros estaban instalados allí. El joven contaba con un plus extra de popularidad, gracias a su pasado exitoso en la banda LOST⭒HEAVEN.

HuaCheng, ya con su bajo en mano, era el ancla de la banda, el más maduro de los seis. Con una calma casi sobrenatural, revisaba cada cable, cada conexión, cada afinación. Su mirada era aguda, su mente organizada. Se preocupaba por cada detalle, desde el balance del sonido hasta la comodidad de sus compañeros. Para HuaCheng, la música era un edificio, y él era el arquitecto que aseguraba que los cimientos fueran sólidos. Sus principales focos de atención suelen ser que Gojo no se descontrole, que Kazutora no explote, que Sakura no haga arder el mundo, y, por supuesto, que Ramuda no provoque a los últimos dos. Afortunadamente con Chigiri tenía descanso, porque el chico era tranquilo y quitado de bulla aunque HuaCheng comenzaba a sospechar que Chigiri debía tener un lado temperamental que ocultaba.

Ramuda podía ser toda una comedia, que por lo demás era totalmente impredecible. Pero de lo que podían estar tranquilos con el pelirosa es que era muy responsable con su rol en la banda.

Y luego estaba Chigiri, el joven tranquilo de cabellera roja, que simplemente observaba. Su presencia era como una brisa suave, un contrapunto a la energía a veces caótica del resto de integrantes de MoonLight. Su guitarra rítmica se sentía como una extensión de su propio ser, un latido constante que complementaba la melodía. No hablaba mucho, pero su música lo decía todo.

—¿Listos, chicos?— preguntó HuaCheng

Gojo asintió con una sonrisa radiante enamorando aún más a sus fanáticas. Haruka suspiró algo gruñón, pero tomó sus baquetas con firmeza. Kazutora dio un último rasgueo a su guitarra, una nota solitaria que se disolvió en el aire y sacó una exclamación absurda de admiración entre los presentes. Chigiri simplemente levantó su pulgar, moviendo su cabellera roja hacia un lado.

Las luces se atenuaron, y un foco azul bañó el escenario. Los primeros acordes de "Ao no Sumika", su tema de apertura, flotaron en el aire. Era una melodía suave y envolvente, con un ritmo de batería preciso y un bajo profundo que sentaba las bases. La guitarra de Kazutora añadió un arpegio brillante, y la voz de Gojo, aterciopelada y nostálgica, llenó el espacio.

La música era puro estilo japonés: melodías pegadizas, sintetizadores que evocaban el brillo de Tokio por la noche, ritmos funky que invitaban a mover el pie con cada acorde. Era una banda sonora para paseos nocturnos en bares, para reflexiones bajo la luz de los neones. No en balde los dueños de los bares invitaban a Moonçlight a tocar en sus negocios para atraer personas.

Gojo se movía con gracia en el escenario, estaba hecho para ser una estrella, su micrófono en mano, interactuando con las miradas de sus fangirls, lanzando guiños que provocaban suspiros ahogados. Su voz era impecable, cada nota en su lugar, transmitiendo la ligereza y la melancolía de sus letras.

Haruka, al principio, mantuvo una expresión tensa, su ceño fruncido mientras sus baquetas golpeaban con precisión militar. Pero a medida que la música lo envolvía, el ritmo se apoderó de él. Sus movimientos se volvieron más fluidos, su cuerpo se balanceaba al compás. Por un momento, el cálculo y el examen desaparecieron de su mente, reemplazados por la pura alegría de la percusión. Sus ojos brillaron con una intensidad diferente, una que solo la música podía encender.

Kazutora cerró los ojos durante su primer solo, dejando que sus dedos bailaran sobre el diapasón. La melodía era una cascada de notas, algunas brillantes, otras teñidas de una tristeza sutil. Era su forma de hablar, de procesar el recuerdo. En cada bending, en cada vibrato, había un secreto eco de Baji, una catarsis silenciosa que solo él entendía.

HuaCheng, con su bajo, era el latido constante de la banda. Sus líneas eran intrincadas pero nunca intrusivas, un colchón rítmico que sostenía a todos los demás. Observaba a sus compañeros con una expresión de tranquila satisfacción, ajustando mentalmente el volumen, asegurándose de que la armonía fuera perfecta. Él era el pegamento, el que mantenía la nave a flote. Sólo en ese momento, cuando tocaban todos juntos, lograban convertirse en una sola voz, en una sincronía perfecta, en un mar calmo rodeado por letras musicales. Jamás le deja de impresionar lo sanadora y apaciguadora que la música es para todos ellos. Su presencia era un recordatorio de que la fuerza de la banda residía en la suma de sus partes, en la forma en que cada uno contribuía a la atmósfera general.

Chigiri, en su rincón, se movía apenas, pero su guitarra rítmica era el pulso constante de la banda. Sus acordes eran limpios y precisos, un contrapunto perfecto a los solos de Kazutora y la voz de Gojo, sus dos grandes referentes.

A medida que la noche avanzaba, la energía en el "Neon Garden" crecía. La gente gozaba del espectáculo, algunos cantaban animados, otros simplemente se dejaban llevar por el ritmo. La banda tocó sus temas más conocidos, cada uno una pequeña joya de sonido. Probablemente, alguien escribiría una nota de cinco estrellas por su presentación.

Llegó el momento de "Flower", una balada que era un favorito de los fans. Gojo bajó del escenario y cantó entre la multitud, las chicas casi se desmayaban cuando él estaba cerca, sus ojos encontrándose con los de sus admiradoras, creando un momento íntimo en el bullicioso pub. Kazutora tejió un solo de guitarra que emocionaba a los presentes. Haruka mantuvo un ritmo delicado, casi susurrante, con sus baquetas, mientras HuaCheng y Chigiri construían una base sólida y conmovedora acorde con las mezclas musicales de Ramuda.

Cuando la última nota se desvaneció, el pub estalló en aplausos. La banda hizo una reverencia, sus rostros iluminados por una mezcla de sudor y satisfacción.

Haruka se estiró, sintiendo el cansancio, pero también una extraña ligereza. La clase de cálculo seguía ahí, pero por un par de horas, la música había sido su única realidad, ¡Que importaba el trasnoche y la vida nocturna si la pasaba secretamente bien con ellos! Gojo estaba radiante, rodeado por sus fans, firmando autógrafos improvisados. Kazutora guardó su guitarra y fiel a su personalidad huraña, se distanció del resto yendo hacia el fondo del escenario. La melancolía no había desaparecido del todo, pero la música le había dado una forma de lidiar con ella tal y como HuaCheng le decía, una promesa de que el arte podía transformar el dolor. HuaCheng observó la escena, su rostro sereno, satisfecho con el rendimiento impecable. Chigiri, como siempre, fue el primero en empezar a desconectar su equipo, moviéndose con una eficiencia tranquila.

Mientras las luces del "Neon Garden" volvían a encenderse y la gente comenzaba a dispersarse, los "MoonLight" se quedaron en el escenario desmontando, antes de irse, beberían unos tragos en el pub para celebrar el reencuentro.
Cada uno con sus propias batallas y sueños, pero por unas horas, habían creado algo hermoso y reconfortante, un eco musical que resonaría en los corazones de quienes los escucharon. Y aunque Haruka se enfrentaría a su examen en unas horas, y Kazutora seguiría lidiando con sus fantasmas, por esta noche, el ritmo de la música había sido suficiente.
« Last Edit: July 30, 2025, 06:37:28 PM by Kana »


Miyu

Re: Act 1: Overture
« Reply #127: July 31, 2025, 02:52:51 PM »
Lo pasé más atras uu
« Last Edit: January 17, 2026, 10:03:27 AM by Miyu »

❛ 𝖳𝗁𝖾 𝗁𝗎𝗇𝗍𝖾𝗋 𝖻𝗋𝖾𝖺𝗍𝗁𝖾𝗌 𝖻𝖾𝗇𝖾𝖺𝗍𝗁 𝗍𝗁𝖾 𝖼𝗁𝖾𝗌𝗌𝖻𝗈𝖺𝗋𝖽, 𝗐𝖺𝗍𝖼𝗁𝗂𝗇𝗀 𝗍𝗁𝖾 𝗉𝗎𝗉𝗉𝖾𝗍𝗌 𝗋𝗎𝗇 𝖿𝗈𝗋 𝖿𝗎𝗇;
𝖾𝗌𝖼𝖺𝗉𝖾 𝗂𝗌 𝗃𝗎𝗌𝗍 𝖺 𝗌𝗎𝗀𝖺𝗋-𝖼𝗈𝖺𝗍𝖾𝖽 𝖼𝗎𝗋𝗌𝖾 𝖻𝖾𝖿𝗈𝗋𝖾 𝗍𝗁𝖾 𝗇𝖾𝗑𝗍 𝗋𝗈𝗎𝗇𝖽 𝗁𝖺𝗌 𝖻𝖾𝗀𝗎𝗇. ❜


Miyu

Re: Act 1: Overture
« Reply #128: August 31, 2025, 06:05:20 PM »
Sorry but you are not allowed to view spoiler contents.
« Last Edit: January 17, 2026, 10:06:55 AM by Miyu »

❛ 𝖳𝗁𝖾 𝗁𝗎𝗇𝗍𝖾𝗋 𝖻𝗋𝖾𝖺𝗍𝗁𝖾𝗌 𝖻𝖾𝗇𝖾𝖺𝗍𝗁 𝗍𝗁𝖾 𝖼𝗁𝖾𝗌𝗌𝖻𝗈𝖺𝗋𝖽, 𝗐𝖺𝗍𝖼𝗁𝗂𝗇𝗀 𝗍𝗁𝖾 𝗉𝗎𝗉𝗉𝖾𝗍𝗌 𝗋𝗎𝗇 𝖿𝗈𝗋 𝖿𝗎𝗇;
𝖾𝗌𝖼𝖺𝗉𝖾 𝗂𝗌 𝗃𝗎𝗌𝗍 𝖺 𝗌𝗎𝗀𝖺𝗋-𝖼𝗈𝖺𝗍𝖾𝖽 𝖼𝗎𝗋𝗌𝖾 𝖻𝖾𝖿𝗈𝗋𝖾 𝗍𝗁𝖾 𝗇𝖾𝗑𝗍 𝗋𝗈𝗎𝗇𝖽 𝗁𝖺𝗌 𝖻𝖾𝗀𝗎𝗇. ❜


Miyu

Re: Act 1: Overture
« Reply #129: September 30, 2025, 11:16:47 AM »
Y se terminó TBHX, cancelen el resto de año y todo 2026 hasta la t3 de Link Click  :'( /la funan¿
Después corrijo uvu

2. Cantar
 Las notas de música que salían de la guitarra de Luo resonaba por todo el centro de la plaza, junto a la voz incomoda y tímida de Cyan que al principio era como un leve susurro y luego alcanzaba gran intensidad y seguridad.
"You're blessed with luck
I'll give you all my love
Even when I'm gone, you're in my arms
Defending you at any cost, I swear
Let me pass my color to your heart
My story stays in you
Someday, I hope you'll feel it, too"
Al terminar la canción, unos cuantos aplausos resonaron, acompañados del tintineo de algunas monedas que caían a sus pies. Habían ensayado durante días cómo debía moverse Cyan, cómo conquistar el escenario con una sonrisa segura y una presencia que atrajera miradas.
—¡Lo logramos! —Luo le extendió una mano hecha puño, para chocarlas.
—Si el rey de los engreídos lo dice —ella sonrió, estrellando su puño con él—. Aunque el dinero es poquito.
—Lento pero firme, así debemos avanzar —su sonrisa se ensanchó.
Ambos estaban sudados, con el corazón aún acelerado por la adrenalina de su primera presentación callejera. Eastwood era el lugar perfecto para triunfar, y solo necesitaban escapar de aquel ambiente opresivo que los rodeaba.
Recogieron sus cosas y calzaron los patines para regresar a casa, pues ya pasaba de las seis de la tarde.
—¿Quieres tomar algo? —preguntó Luo, agitando el vasito de monedas—. Como festejo por nuestro primer dueto en público.
—Sí —asintió emocionada—. Leí en algunas revistas sobre el Chinatown y sus bebidas. Quiero ir…
Dio varios saltitos con los patines ya puestos, lo que hizo que se oyera un pequeño sonido de sus ruedas contra el concreto.
—Hahaha —comenzó a reírse, mientras tomaba de la mano a Cyan—. ¡Vamos, Santa!
En pocos minutos ya estaban por las calles repletas de gente de Chinatown; los negocios resplandecían con luces coloridas y carteles brillantes llenos de palabras de “Lucky” y manekis nekos en sus escaparates que los invitaban a entrar.
—Mira —una chica señaló hacia Luo y Cyan—. ¿Son los de Tik Tok?
—Deben ser, el cabello de ella es igual —ambas comenzaron a acercarse a ellos, quienes aún seguían decidiendo a dónde ir a tomar algún café o té.
Las dos chicas se posicionaron frente a ellos y una extendió el celular hacia el rostro de Cyan.
—Disculpa, ¿eres la chica del parque?
Cyan fijó la vista en el celular frente a ella y se reconoció a sí misma en un vídeo. La voz de ella salía tan limpia y clara, que le sorprendió.
 —S-soy yo —murmuró totalmente sorprendida.
—¡Whoo! ¿Tan rápido estamos en Internet? —Luo también se miró en el vídeo, las notas de él, perfectas como siempre.
—¿Era su primer show? —las chicas parecían un poco más grandes que ellos en edad.
—Oh sí. Estuvimos geniales, ¿verdad? —contestó con una gran mueca de orgullo y felicidad.
—Luo —lo empujo suavemente para llamar su atención.
—¿Qué? Es la verdad —se rascó la punta de la nariz con el índice.
Ambas muchachas se rieron con él y sin querer, deslizaron hacia otro short de Tik Tok. Este era de un chico de cabellos dorados que tocaba un violín de manera magnifica, como un ángel que de pronto te observaba con sus penetrantes pupilas doradas.
—Se llama Luka Agriche —una de ellas les dijo al notar el interés de ambos—. Es un actor juvenil con muchos talentos.
—Hay tantas personas talentosas —susurró Cyan, aún impresionada por el corto que se repetía en bucle.
—Y nosotros somos uno de esos —afirmó Luo con una sonrisa gigante—. Espero nos vengan a ver mañana.
—Claro, estaremos en el parque esperando —las dos extrañas se despidieron mientras Luo y Cyan comenzaban a andar en rollers por la acera.
Estuvieron un rato en silencio, con el ruido del barrio chino, tan vivaz y alegre, resonaba entre ellos.
—Es increíble —ella se detuvo frente a unos televisores ubicados atrás de los vidrios de una tienda—. Hay tantos tipos de música.
—¡Y el mejor es el Rock! —afirmó con entusiasmo, mientras una banda japonesa tocaba en esas pantallas—. Mira, son Shibari. Grupo japones que se catapultó a la fama luego de varios fracasos del líder, Eiji Kimura.
—¡Oh, hemos tocado algunas canciones de ellos! —Cyan quedó sorprendida, con los ojos pegados al cristal para ver al guitarrista en su solo—. ¿Eiji es el pelirrojo?
—Sip —asintió, cruzándose de brazos, como si lo supiera todo de Shibari—. Y está tocando “Little Jumper!”.
—Quiero tocar esa en público —sus manos tocaron el tibio cristal del escaparate.
—Eso suena genial. ¿Te imaginas si Kimura Eiji oyera nuestro cover? ¡Seguro le gustará o nos insuflará!
Cyan se inclinó por lo segundo, Eiji era bien conocido por ego y mala personalidad, aunque su talento lo valía o así habían oído de la radio.
—De adulto, quiero ser como él.
—Dudo que sea un ejemplo a seguir —desvió la mirada de los televisores a su amigo.
—Tonterías, aparte tiene diez y nueve años, me lleva solo nueve años… ya me imagino compartiendo escenario con Kimura Eiji.
—El rey de los creídos ataca —Cyan sonrió feliz, aunque apoyaba a su amigo y estaba segura de que lo conseguiría.
—Santaaaa —contestó con la misma mueca que ella.
Y de pronto la vista de ambos fue hacia una tienda de CD’s. “Joe’s Rock Shop” leyeron ambos mentalmente y sin pensarlo se lanzaron a la calle para ir deprisa hacia ese lugar.
—¡Bienvenidos! —un hombre los saludó desde el mostrador.
—¡Buenas! —el varón le devolvió el saludo y empujó a Cyan a los CD’s de los noventas, dónde portadas experimentales y decadentes hacían evidente su década.
—Nirvana, Soundgarden, Red Hot Chili Peppers, Blur, Oasis… —mencionó las bandas en las portadas—. ¡Clásicos!
—¿Y este? —sacó uno con el rostro de una chica en tonos violáceos—. ¿Quién es?
Luo se quedó viendo las extrañas letras que había en el reverso del CD. No era chino, japones ni ingles…
—Viejooo. Te confundiste de lugar con este CD —levantó el objeto y lo dirigió al hombre.
—Oh —el dueño de la tienda se rascó la barba—. Es coreana la chica, ¿puedes ponerla en lo actual?
—Sí —respondió, examinando los caracteres una última vez.
—Espera, Luo —tiró de la manga del chico y señaló hacia la estación de escucha que estaba vacío.
—¿Quieres oírla?
Como respuesta asintió y ambos fueron al aparato, dónde Luo pasó el código de barra por el escaneador y Cyan se ponía los auriculares.
“Just laugh – hey, kick and break ya
To the galaxy shining bright, ch-cheers
Change the game with a single action
Trust me and I’ll show you, ch-cheers
We only get one life, so I’m living mine for me
’Cause I’m the one from your wildest dreams
I’ll create a fantasy in this crazy world
And change it all – I’m going all-in”
La voz de la vocalista gritó vivaz, aludiendo a su canción y gritando que está. Cyan lo sintió como una canción que quiere ser reconocida, que desea dejar una marca ante los que la oyen.
Apretó los auriculares a sus oídos.
—¿Suena tan bien?
—Es extraña… fascinante… —una vez terminó la canción, dejó los auriculares en su lugar y Luo colocó el CD en el lugar correspondiente.
—Se llama Hyuna, debutó hace poco —el dependiente respondió.
Sin que Luo se diera cuenta, Cyan se había acercado a preguntarle cosas al señor.
—Toca en bares. Dudo que los dejen entrar —se mofó de ambos chicos.
—Me preocupa que un hombre tan viejo conozca a una recién debutante —el otro chico se acercó y lo señaló.
—Ouch. Dolió, mocoso.
—¡Luo! —se apresuró a codearlo, pero el hombre bajo unos centímetros sus gafas de sol y con la barbilla señaló el estuche de guitarra del joven.
—¿Tocan? —preguntó apoyando las manos en el mostrador—. Es un poco raro ver a alguien con una guitarra, ahora es todo sintetizadores y bandas de chicos y chicas que bailan.
—Mi padre era un conocido compositor —se apresuró a contestar él.
De inmediato Joe se dio cuenta del uniforme gris de Luo y bajó la mirada algo apenado y con compasión por ambos chicos.
—Lo siento —susurró

❛ 𝖳𝗁𝖾 𝗁𝗎𝗇𝗍𝖾𝗋 𝖻𝗋𝖾𝖺𝗍𝗁𝖾𝗌 𝖻𝖾𝗇𝖾𝖺𝗍𝗁 𝗍𝗁𝖾 𝖼𝗁𝖾𝗌𝗌𝖻𝗈𝖺𝗋𝖽, 𝗐𝖺𝗍𝖼𝗁𝗂𝗇𝗀 𝗍𝗁𝖾 𝗉𝗎𝗉𝗉𝖾𝗍𝗌 𝗋𝗎𝗇 𝖿𝗈𝗋 𝖿𝗎𝗇;
𝖾𝗌𝖼𝖺𝗉𝖾 𝗂𝗌 𝗃𝗎𝗌𝗍 𝖺 𝗌𝗎𝗀𝖺𝗋-𝖼𝗈𝖺𝗍𝖾𝖽 𝖼𝗎𝗋𝗌𝖾 𝖻𝖾𝖿𝗈𝗋𝖾 𝗍𝗁𝖾 𝗇𝖾𝗑𝗍 𝗋𝗈𝗎𝗇𝖽 𝗁𝖺𝗌 𝖻𝖾𝗀𝗎𝗇. ❜


Eureka

Re: Act 1: Overture
« Reply #130: September 30, 2025, 04:42:51 PM »
Estoy enferma x_x así que después lo reviso y agrego topes…


Track #2


Pese a todo lo que había ocurrido entre ellos, el rostro ligeramente irritado de Akechi le daba cierta calma en medio de la incertidumbre.

Le recordaba que ciertas cosas nunca iban a cambiar: sea o no su novio, el castaño de todas maneras se indignaría por su falta de disciplina, su terrible hábito de demorarse cincuenta horas alistándose, la manera despreocupada en que lo arrastraba a cualquier lugar sin darle importancia a su trabajo como actor, entre otras… cosas.

Era extraño notar que ya no estaban juntos. A veces lo pasaba por alto por la actitud dedicada de Akechi, quien aún estaba pendiente de ella en todo momento. Tal vez lo hacía por culpa, puesto que él le había terminado. O, quizás, solo era un tema de costumbre: había actuado así con ella por tanto tiempo… tanto que era difícil cambiar de actitud a esas alturas.

Ambos eran un refugio el uno para el otro: Akechi estaba harto de fingir 24/7 con sus colegas y amigos del medio, mientras que Eureka estaba harta de estar sola 24/7 y de aislarse de sus pocas amistades… y de su hermana.

“¿Por qué siempre te demoras tanto?” Le reclamó, irritado, cuando la vio salir de las puertas principales de vidrio del lujoso departamento donde vivía gracias a su hermana. “No entiendo, la verdad.”
“¡Pero si tú más que nadie debería saber que el proceso de maquillaje y estilización toma tiempo!” Le dijo, entre risas. “¿O no te maquillan cuando vas a actuar?”

Y se acercó a picarle la mejilla. Akechi hizo una mueca de asco.

“Bueno, sí… Pero es distinto. Voy a trabajar. ¡No voy a salir a molestar a mi ex!”
“Qué terrible forma de dirigirte a tu mejor amiga.”
“Mm…”

Eureka se dio la vuelta para entrar al asiento de copiloto por el otro lado. Akechi subió al suyo, y soltó un par de risas cuando ambos cerraron las puertas al mismo tiempo.

“Es irónico… e increíble, la verdad… que sigamos siendo amigos.”
“¿Nunca has tenido una ruptura amigable o qué?” Le preguntó, a la vez que se colocaba el cinturón. Nunca le había dado importancia a eso, pero Akechi se ponía muy pesado si se daba cuenta de que no lo había hecho.
“Fuiste mi primera novia, Eureka.” Akechi le sonrió. “Y lo más probable es… que seas la última.”
“Porque eres gay.”
“…” Akechi se llevó una mano a la cara. “No, porque pienso dedicarme por completo a mi carrera.”
“Goro, no hay nadie en el mundo que te conozca mejor que yo. ¿Por qué quieres ocultarme parte de tu identidad…?”
“…” Akechi la juzgó con la mirada. “Siento que te burlas. Y es estúpido, ¿no crees? A ti te gustan los hombres y las mujeres.”
“Bueno, no todas las mujeres…” Eureka se mostró pensativa. “Supongo que tengo cierta debilidad por…”
“…Las altas y misteriosas. Sí, eso lo dices siempre.”
“Y tú también, ¿no?”
“¿Qué? No.”
“Ah, no, hablaba de los hombres altos y misteriosos.”
“…” Akechi suspiró. “Recuérdame por qué accedí a salir contigo hoy.”
“Jeje~” Eureka canturreó. “Lo siento. No volveré a tocar el tema de tu sexualidad.”
“…”
“Ya, ya.” La joven le sonrió. “Es que… Kotone tenía una cita con Gojo.”
“Ah, no. Solo lo dije para quejarme.”
“Pero de seguro quieres saber la verdad, ¿no?”
“…Sí.” Akechi asintió, un poco avergonzado.
“No hay problema~” canturreó la chica. “Bueno, como te contaba, Kotone va a salir con Gojo. Y cuando me contó sobre sus planes, supe que me iba a mirar con mucha pena si le decía que quería quedarme a hacer nada en el departamento.”
“No sé por qué tu hermana sigue saliendo con ese tipo,” Akechi prendió el motor del carro y comenzó a conducir con rumbo al karaoke. “Es obvio que solo la está utilizando.”
“…Sí, yo pienso algo similar… pero no sé para qué podría usarla.” Eureka ladeó la cabeza, confundida. “¿Por su fama y su dinero, supongo?”
“…Tal vez.” Akechi asintió. “Pero no cabe duda de que no tiene buenas intenciones.”
“Aun así, Kotone se ve feliz… me daría pena tener que decirle que siento esto. Creo que debería dejar que ella misma se dé cuenta.”
“¿Y arriesgarte a que salga herida por ello? No, deberías decirle la verdad.”
“Es que… No sé. Hoy me dijo que la cita sonaba seria. Y le sugerí que tal vez Gojo estaba pensando en proponerle matrimonio.”
“¿Tú crees?” Akechi comenzó a reírse… pero se puso serio de un momento a otro. “Un momento. Quizás… tienes razón.”
“¿Por qué?”
“Bueno, si se comprometen, podría mudarse a vivir con ustedes. Y te botaría de allí…y luego, se casarían. Y comenzarían las peleas y todo terminaría en un terrible divorcio. En tal caso, se podría quedar con todo lo que tiene tu hermana, ¿no crees? Y tú y yo sabemos que es un muerto de hambre.”
“¿Crees que lo está haciendo por plata?”
“Tendría sentido. Porque si fuera por fama… no sé. Gojo es demasiado orgulloso, aunque no lo parezca. Y le irritaría que Kotone siempre será más famosa que él.”
“Claro, la publicidad de ser “el esposo de Kotone Shiomi” lo heriría en su orgullo.”
“Exacto. Así que debe ser un tema de dinero.”
“Igual… Creo que podría indagar más al respecto.”
“¿Ah, sí?” Akechi prendió la pantalla táctil de su carro y le hizo una seña a su amiga. “Pon la dirección del karaoke.”
“A estas alturas… ya deberías saber dónde queda.”
“Me siento más seguro con la ruta del Waze. ¿Algún problema?”
“No, no.” Eureka le sonrió y le hizo caso. Abrió la aplicación de Waze en la pantalla y colocó la dirección. “Olvidé que estás a un paso de tener un TOC o algo así.”
“…Te advierto que puedo botarte del carro con un simple empujón y ya. Ventajas de que seas liviana y yo tenga más fuerza de la que aparento.”
“Eso siempre me sorprendió, no te lo voy a negar.”
“Bueno, bueno. ¿Qué decías sobre indagar más?”

Eureka se quedó observando el paisaje nocturno de la ciudad a través de la luna. Los destellos de luz por doquier amenazaban con dejarla ciega, pero la vista era tan preciosa que se le hacía imposible despegar los ojos de ella. Llevaba años en esa ciudad y sentía que, de todas formas, nunca se acostumbraría a ver algo tan hermoso.

“Creo que conozco a alguien que fue su amigo hace tiempo.”
“¿Crees?”
“Es que alguna vez se lo mencioné y… se rio muy fuerte, como si supiera cosas de él que nadie sabe.”
“¿Y quién es esta misteriosa persona?”
“Jiji.” Eureka se tapó la boca para ocultar sus risitas. “Pueeede… que nos encontremos con él en el karaoke.”
“¿NO ME VAS A JUNTAR CON…?”
“No, no. Tranquilo, hombre. No haría algo sin primero consultarte al respecto. Me rio… porque sé que te sorprenderá. Es un contacto que hasta a alguien como tú podría impresionarlo.”
“¿Por qué? ¿Es más famoso que yo?”
“Sí.” Eureka rio. “Y, tal vez… más guapo.”
« Last Edit: October 02, 2025, 08:30:21 AM by Eureka »


Eureka

Re: Act 1: Overture
« Reply #131: October 31, 2025, 09:46:55 PM »
Track #3





Ayato Kamisato era un actor muy conocido. Había adquirido muchísima fama después de interpretar al protagonista de “El vacío”, la antepenúltima película del director Gundam Tanaka, un excéntrico hombre de visión innovadora y talento indiscutible. Se sabía que todo actor principal de las películas de Tanaka se convertía en una superestrella en poco tiempo, pero Ayato Kamisato había impactado a la opinión pública con su desempeño al punto de que no tardó ni un mes en ser convocado para participar en películas y series de otros directores de renombre.

Eureka debía admitir que no había visto ninguno de sus trabajos. A excepción de su reciente obsesión con Peruere, nunca había desarrollado algún interés por las artes cinematográficas y dudaba que eso cambiara en un futuro. Claro, sí veía películas de vez en cuando, pero no se sabía los nombres de los actores o del equipo de producción… ni conocía cuáles eran las clásicas o las más aclamadas.

La premiación de los Óscar se había convertido en un festival de despilfarro y de favoritismo desde hacía mucho tiempo y Eureka había perdido el interés en ver una que otra de las nominadas porque hasta la persona más bruta podía identificar que ninguna se merecía algún premio. Entonces… era difícil encontrar alguna cinta que le llamara la atención.

Mucho menos guardaba vínculos con la industria. No conocía muchos actores aparte de Akechi, su ex, y de Ryoji, su amigo de la secundaria. Claro, también estaban los idols de su entorno que habían incursionado en el mundo de la actuación… pero no sabía si era atinado llamarlos “actores”. Muchos de ellos eran mejores cantantes, no cabía duda de ello.

Es por ello que Eureka conoció a Kamisato gracias a su hermana menor, Ayaka, con quien había comenzado a trabajar hacía poco tiempo. Ayaka formaba parte de un girl group que estaba a pocas semanas de su debut: Cassiopeia. Su concepto Y2K y de nostalgia era muy carismático y Eureka agradecía haber contado con la oportunidad de formar parte del equipo detrás del proyecto. La habían invitado a escribir algunos de sus primeros singles. De hecho, el primero de su debut era una canción que había escrito junto con Ayaka, llamada “OMG”. La compositora sabía que sería un éxito en todos lados ya que era una canción demasiado pegajosa, con una letra linda y una melodía grandiosa. Además, de lo que le habían comentado, sonaba a que el videoclip contaba con elementos que conectarían con las generaciones más jóvenes.

En una de las reuniones, Ayaka había asistido con su hermano mayor. Eureka no había tenido intenciones de tratarlo más allá de aquella oportunidad, pero Ayato le había dicho que estaba interesado en sus habilidades, puesto que andaban buscando compositores para la canción principal de uno de sus proyectos cinematográficos. Así fue como pasó de trabajar con un solo Kamisato… a tratar con los dos.

Ayato era ocurrente y misterioso. Sabía cómo conectar con desconocidos y no le costaba ingeniárselas para sacar temas de conversación con personas que no pertenecían a su burbuja.

Eureka no sabía si estaba bien llamarlo “amigo” porque no eran tan cercanos, pero habían salido a comer un par de veces y se llevaban bien. Eso le bastaba para confiar en él. Y, de todo corazón… esperaba que eso fuera mutuo.

Ya le había contado cosas que nadie debía saber.

“¡Hola!” Ayato le ondeó la mano cuando la vio llegar junto a Akechi. Ambos se acercaron a la barra, de donde se paró el actor para saludarlos. “Un gusto, Akechi-san. Eureka me ha hablado mucho de ti.” Y le hizo una leve reverencia.
“…Igualmente.” Akechi lo imitó, aunque no sabía dónde meterse por culpa de la vergüenza. Él no podía decir lo mismo: recién se enteraba de que su amiga (y ex) era también amiga de uno de los hombres más famosos de la industria en la actualidad. Akechi no se quedaba muy atrás, pero sin duda su envidia y su imperiosa necesidad de compararse con todo el mundo le estaban jugando una mala pasada. “Aunque debo admitir que Eureka no te mencionó,” dijo, mirando irritado de reojo a su amiga.
“Ah, lo siento.” Eureka sonrió, ignorando sus ganas de matarla. “Era una sorpresa.”
“Me avisó a última hora.” Ayato rio. “Pero no tenía planes, por suerte.”
“A mí también me hizo lo mismo.” Akechi suspiró.
“Bueno, bueno. Vamos al salón privado~” canturreó Eureka. Agradecía ser amiga de actores famosos porque ellos tenían acceso a lugares exclusivos incluso dentro de establecimientos tan lujosos como aquel bar karaoke donde se encontraban.

Akechi arqueó una ceja… pero en un instante entendió que Ayato había sido el que había reservado aquel salón.

“¿Y qué tal?” Le preguntó Ayato, en el breve trayecto. “Me enteré de que estabas participando en una película de espías.”
“Ah, sí. No puedo divulgar más detalles, pero es un proyecto muy interesante.” Akechi le sonrió. “¿Qué hay de ti? Sé que pronto empezará el rodaje de tu última película.”
“Así es. Es un proyecto del director Davis. Eureka nos ayudó con la composición de la canción principal.”
“Wow. Eso tampoco me contó.” Akechi la miró levemente irritado. “No sabía que habías contado con la oportunidad de trabajar con los dos Kamisato.”
“¿Te mencionó a mi hermana?” Dijo, mientras uno de los mozos del local le abría la puerta. Ayato ingresó al salón privado junto con sus acompañantes.
“Sí. Eureka está emocionada por el debut de Cassiopeia.” Akechi se sentó y el resto hizo lo mismo.
“No puedo negarlo.” Eureka sonrió. “Son chicas muy talentosas y carismáticas. Sé que les irá genial.”
“Yo también pienso lo mismo. Creo que no había visto nada como ellas en mucho tiempo. Vale la pena apostar por este tipo de proyectos.” Ante la mirada curiosa de Akechi, Ayato sonrió. “Ah, soy un inversionista de la agencia donde debutará mi hermana. No quiero que suene a nepotismo, pero…”
“No lo es, tranquilo.” Eureka rio. “Sabemos que Ayaka-chan es otro ejemplo de que los miembros de la familia Kamisato son especiales.”
“Gracias por tus palabras.” Ayato le sonrió. “Pero no es nepotismo. Al contrario, entré como inversionista luego de que se armara el grupo y Ayaka me contara que debutaría en un año.”
“Osea que ya llevas varios meses invirtiendo en esa Agencia.”
“Sí. Tengo fe de que todo saldrá bien.”
“Bueno, creo que ya nos presentamos y tuvimos una charla muy amena…” Eureka se levantó para agarrar la tableta de la lista de canciones. “Pero hemos venido para otra cosa.”
“¿Para qué?”
“Para enseñarle a cantar a Ayato.” Eureka sonrió. “Y, que a cambio, nos haga un favor.”
“…”

Akechi intentó mantener su farsa. Quería mostrarse imperturbable como siempre para que su colega en la industria no sospechara de que su faceta de chico amable era solo… bueno, una faceta.

Pero no pudo evitar la reacción que se le escapó.

 “¡¿QUÉÉÉ?!”
« Last Edit: December 31, 2025, 12:52:01 PM by Eureka »


Kana

Re: Act 1: Overture
« Reply #132: November 09, 2025, 06:12:01 PM »
*Este será uno de esos típicos fics que termino borrando, pero me desaparezco hasta mediados de diciembre y es mejor prevenir que lamentar xD

En la ciudad de Eastwood se respiraba un aire fresco y vibrante, saturado de promesas y aventuras por descubrir la cual la tienen expectante. Kiana Kaslana, una joven de cabellos platinados, solo había llegado a la ciudad con una maleta vieja, ropa sencilla y los sueños de toda chica que aspira con adentrarse en el mundo del espectáculo.
Había llegado esa mañana, caminando con paso decidido por las calles empedradas del barrio más bohemio, donde los artistas callejeros y los cafecitos acogían a quienes, como ella, iban en busca de una oportunidad. Por un momento no menor, se distrajo viendo a una chica artista urbana tocando el violin tan magistralmente que parecía ser miembro de la orquesta más prestigiosa del planeta, ¿qué hacia un talento como ella en las calles? Solo le daba una pequeña señal de lo mucho que ella misma debía esforzarse para encontrar una oportunidad en la ciudad de las estrellas.
Desde pequeña, Kiana había soñado con las luces del escenario y los libretos de una audiencia para alguna telenovela o, ¿por qué no? Alucinar con la idea de audicionar para una película. Pero no quería ser solo otra actriz; ella aspiraba a conquistar el corazón del público en las comedias románticas o de intriga, con personajes que reflejaran su propia sinceridad y humor. Sabía que no sería fácil, que la competencia era feroz sobre todo entre las chicas y que la ciudad estaba repleta de personas buscando una oportunidad.

Pero Kiana estaba decidida.

Su primer día en la ciudad fue una mezcla de entusiasmo y nerviosismo, ¡No conocía a nadie allí! Después de instalarse en una antigua pensión barata con paredes que parecían haber visto más historias de personas como ellas que transitaban buscando una oportunidad, salió a explorar la ciudad.
Pasó frente a pequeños teatros llenos de luces parpadeantes, tiendas vintage que vendían vestidos de época, y músicos que tocaban en las esquinas, sus melodías flotando en el aire como brisa de verano y sentía una agradable sensación de estar allí. Por fin se podía relajar un poco más.
Decidió visitar un café donde se rumoraba que actores y directores se reunían con frecuencia. Fue un tips de una amiga de su pueblo natal. La puerta se abrió con un tintinar de la campana en la puerta y en su interior encontró un ambiente acogedor, con paredes cubiertas de fotos en blanco y negro de viejas producciones cinematográficas que le indicaban que estaba en el lugar correcto. Kiana pidió un café y se sentó en una mesa junto a un hombre mayor que le sonrió con complicidad.

—Disculpa mi atrevimiento, ¿eres nueva por aquí? — preguntó en señor, dando un sorbo a su taza de café
—Sí —contestó Kiana, ajustándose la chaqueta. No creía que pasara algo malo por responderle a un amable caballero.
—¿Estás buscando trabajo? Generalmente, muchas personas vienen a este lugar buscando una oportunidad. Este lugar puede ayudarte, si realmente quieres esto. Pero recuerda, en esta ciudad, nada es solo lo que parece.
—Oh. — Kiana asintió, sorprendida. Parecía que la gente de Eastwood era directa y no se iba con rodeos.
—Siempre es bueno iniciar por algo. — el hombre le entregó una tarjeta. —Mi amigo tiene un estudio, puedes presentarte allí y probar suerte.

La peliplateada guardó la tarjeta en su bolso, con una mezcla de incertidumbre y esperanza. Esa noche, mientras caminaba de regreso a su pensión, algo en el aire la hacía sentir que su destino empezaba a tomar forma, aunque no podía entender exactamente qué. ¿Fue buena idea aceptar la tarjeta como si nada? Era raro que las cosas se estuvieran dando tan bien en su primer día de llegada.

Kiana al día siguiente fue al lugar que dictaba la tarjeta. Era un estudio de rodaje nuevo, así que dejo su currículo con la ilusión que la pudieran llamar. Para ir implementando proyección, se inscribió en talleres de actuación, hacía audiciones improvisadas en rincones escondidos, y conocía a otros que al igual que ella soñaban en ganar un espacio en esa ciudad. Sin embargo, algo parecía fuera de lugar; cada vez que intentaba un papel, sentía esa presencia invisible que le recordaba que no todo en la ciudad era tan transparente como parecía.
Y así llegó la primera semana de estadía, notando que su dinero iba bajando significativamente. Eastwood era muy caro, esperable de una ciudad que alberga las estrellas.
Una tarde de llovizna, su teléfono vibró y constetó a la llamada del número desconocido. La voz era de un hombre joven que le decía si podía ir al estudio de grabación con urgencia.

“Es algo simple. Solo necesitas asistir a una prueba”
[/i]

Kiana se llenó de alegría, por fin se habría una oportunidad para ella. Llegó de las primeras al estudio de grabación y cuando por fin pudo ingresar, alguien le entregó una pala y una escoba.

—Que bueno que llegas temprano. Que comprometida. Necesitamos que dejes reluciente el estudio porque van a hacer una grabación aquí.
—…— Kiana quedó en shock. La habían llamado para ser la chica de la limpieza, no para probar talento para una audición.
Bueno, por algo se empezaba.



Miyu

Re: Act 1: Overture
« Reply #133: November 30, 2025, 06:59:36 AM »
Lonely road under my feet.
Las cuerdas se tensan bajo sus dedos, emitiendo sonidos apagados que se esfuman en el abismo de la memoria. Una vez más, la salvación no acude en la noche oscura que lo envuelve. “I can't see no hope when I need a savior”, resonó su voz ronca en la estancia silenciosa. “Sink me in the darkness, that's where I belong”. Ante él, solo se alzaban las interrogantes que atormentaban su alma sin concederle tregua.

¿Qué lo impulsó a llegar a Eastwood? "I can't stand no more, if I act like a player". ¿Acaso la fama? ¿O el dinero? No, ambiciones tan mundanas resultan insuficientes para alguien que conoce la crudeza de vivir con nada, donde el único objetivo es sobrevivir un día más. "Can I be heartless? I don't need no help". Tal vez solo busca demostrarse que puede superarse. Es difícil de precisar; incluso para él es un enigma descifrar esos sentimientos que oprimen su pecho con tanta intensidad.

“Can I be heartless? I don't need no help” Más que arrogancia, es la coraza forjada por una existencia donde confiar en los demás es un lujo inalcanzable. Esta actitud nace de la necesidad: por Ume, por él, porque si él no la cuida, nadie más lo hará. En medio de una realidad tan hostil, encontró su escape en la música; fue el bajo, con sus sonidos graves y marcados, el que le dio impulso a sus emociones, y la composición, la que le otorgó una voz propia para expresar todo lo que acalla.

****

El escenario brilla bajo la luz del neón, y en medio de su resplandor, las tres figuras adoptan sus poses. Qiao Ling avanza con decisión hacia la parte trasera, donde toma las baquetas y se sienta frente a la batería. Tap, tap, tap… Los golpes marcan la cuenta regresiva. Alegre, llena de una energía contagiosa y con una sonrisa tan explosiva como luminosa, captura las primeras miradas del público justo cuando el telón se abre para revelarlas.

Tianxi se dirige con timidez hacia el costado izquierdo, intentando fundirse con las sombras mientras sostiene su bajo. Una cuerda resuena, luego otra… siguiendo el compás de la batería; sus ojos color coral se clavan en el suelo, como si deseara desaparecer de todas las miradas, anhelando que las luces la oculten en un estallido. Bajo sus dedos, el ritmo se quiebra, se vuelve caótico, sin un orden aparente, luchando por emerger en un instante fugaz antes de perderse en el tiempo. Es una colisión de emociones que no logra comprender, pero su corazón, contradictoriamente, anhela el espectáculo.

La última en sumarse es Mitsuki. Avanza con parsimonia hacia el centro del escenario, con la guitarra colgando de su hombro y la púa en la mano izquierda. Mientras sus dedos acarician las cuerdas, una voz interna le susurra que este podría ser su último concierto en mucho tiempo. El live house club  "Sixth Heaven" de Nobunaga siempre ha sido exigente con los grupos que actúan, y ellas apenas lograron superar la audición.

Y cuando su voz, áspera y dulce a la vez, se eleva sobre el riff de la guitarra, una pregunta surge con fuerza: en esa melodía, ¿de quién es el latido que se mezcla? ¿Será el suyo propio, o acaba de conectar con el corazón de alguien entre la oscuridad?

Por un instante, por ese escaso minuto, el mundo se transforma en el escenario supremo para las tres. Un grupo sin nombre, formado a toda prisa para reemplazar a una amiga esa misma noche; por eso, cada célula en sus cuerpos grita con una inquietud insoportable. Interpretan mil facetas con un brillo cegador, y surge la duda: incluso ellas, ¿podrían inclinarse hacia el triunfo?

La canción continúa, igual de caótica, desordenada y feroz. Se incrementa sobre el reducido público, primero sorprendido por el cambio repentino en la programación, y luego extasiado por el frenesí de la melodía. Poco a poco, se tiñen con los colores del grupo, y surgen pequeños aplausos mientras las emociones convergen en los latidos de todos.

Una emoción irresistible, irreemplazablemente adictiva.

Parecen haber nacido para deslumbrar bajo el neón, existencias resplandecientes que, en el momento de cerrar el telón, se mantienen victoriosas. Una fusión extraña de J-Rock con dos chinas.

Al abandonar el escenario, Qiao Ling abraza con fuerza a una sonrojada Tianxi. Koga Mitsuki mira por encima de su hombro el espacio que acaban de dejar, y una sonrisa espontánea nace en sus labios, porque sabe que esto no es un adiós, sino un comienzo.

Son como fuegos artificiales sin nombre, floreciendo en un instante y expandiéndose en la mirada del público del live house. Mitsuki ha disipado la niebla de incertidumbre que nublaba su mente; en esta noche, ella gobernó.

El contraste entre el estruendo ensordecedor del escenario y el backstage era abismal. Las tres chicas se quedaron un momento inmóviles, como si sus oídos aún estuvieran sintonizados con el eco atronador de su propia música. Fue Qiao Ling quien rompió el silencio, soltando las baquetas sobre la mesita antes de lanzarse sobre sus compañeras.
—¡Fue genial! ¡FUE INCREIBLEMENTE GENIAL! —exclamó. Dio varios saltitos efusivos y llenos de energía, envolvió a ambas en un abrazo colectivo y un tanto brusco.
Koga Mitsuki, que aún sentía el zumbido de las cuerdas de su guitarra en las yemas de los dedos, recibió el impacto con una leve sacudida, pero su sonrisa serena no se desvaneció. Con cuidado, se liberó del apretón solo lo necesario para poder mirarlas a los ojos.
—Lo hicimos excepcionalmente bien, considerando el tiempo ridículamente corto que tuvimos para ensayar —afirmó, cerrando por un instante sus pestañas. Un suspiro de alivio y satisfacción escapó de sus labios—. Todo salió... con una fluidez que no esperaba.
Li Tianxi, a quien todos llaman Xixi, asintió con vehemencia, pero su mirada, como un pájaro asustadizo, descendió rápidamente a la seguridad de sus zapatos de cuero reluciente. Apretaba el mástil de su bajo contra su cuerpo delgado y pequeño.

Mitsuki notó su tensión. Con un gesto tranquilo le dio unas palmaditas suaves en la cabeza, desordenándole un mechón del cabello rosado.

—Buen trabajo de verdad, Xixi —su voz era un susurro cálido —. No hay necesidad de estar tan nerviosa ahora. Ya lo hicimos. Sobrevivimos.

Xixi sintió una oleada de calor subirle por el cuello. Era extraño, esta familiaridad, este cariño instantáneo y no solicitado que le brindaban estas dos chicas que apenas conocía. Lo único que había entre ellas eran un par de ensayos incoherentes y una amiga en común que no pudo actuar. Apretó con fuerza el bajo contra su pecho, incómoda de una emoción nueva y cálida que trataba de abrirse paso entre sus miedos.

—¡Oye, yo también estuve a punto de vomitar los nervios! —confesó, exagerando un poco para provocar una mueca—. Y eso que ya he tocado un montón de veces con Xiaoshi y Wang Wang. Pero esto... esto era diferente. Esto tenía... —buscó la palabra correcta, haciendo un gesto amplio con las manos— ¡alma!

Fue Koga quien continuó, su voz tomando el ritmo de una líder natural.

—La próxima vez, sin duda, lo haremos mejor —dijo, y en su mente repasó los pequeños deslices, los microsegundos de descoordinación que, para su oído entrenado, habían sonado estruendosamente. Porque en el calor de la fragua, los errores más pequeños se sienten con la intensidad de una llamarada. Pero se aprende. Solo se aprende así.
Miró a ambas con seriedad.
—Si ustedes quieren, claro está. Sería un verdadero placer para mí poder seguir tocando con ustedes dos.

Qiao Ling y Li Tianxi intercambiaron una mirada rápida. En los ojos animados de Ling había una respuesta clara, y en el tímido destello de los de Xixi, una aceptación temerosa.

—¡Claro que sí! —estalló Qiao Ling, su grito casi haciendo saltar a Xixi—. ¡Me apunto, me apunto, me apuntoooo! ¡Fue la cosa más divertida que he hecho en meses!

Xixi, todavía sin confiar en su voz, asintió con fuerza, una sonrisa pequeña y frágil asomándose finalmente a sus labios.


« Last Edit: November 30, 2025, 07:41:11 AM by Miyu »

❛ 𝖳𝗁𝖾 𝗁𝗎𝗇𝗍𝖾𝗋 𝖻𝗋𝖾𝖺𝗍𝗁𝖾𝗌 𝖻𝖾𝗇𝖾𝖺𝗍𝗁 𝗍𝗁𝖾 𝖼𝗁𝖾𝗌𝗌𝖻𝗈𝖺𝗋𝖽, 𝗐𝖺𝗍𝖼𝗁𝗂𝗇𝗀 𝗍𝗁𝖾 𝗉𝗎𝗉𝗉𝖾𝗍𝗌 𝗋𝗎𝗇 𝖿𝗈𝗋 𝖿𝗎𝗇;
𝖾𝗌𝖼𝖺𝗉𝖾 𝗂𝗌 𝗃𝗎𝗌𝗍 𝖺 𝗌𝗎𝗀𝖺𝗋-𝖼𝗈𝖺𝗍𝖾𝖽 𝖼𝗎𝗋𝗌𝖾 𝖻𝖾𝖿𝗈𝗋𝖾 𝗍𝗁𝖾 𝗇𝖾𝗑𝗍 𝗋𝗈𝗎𝗇𝖽 𝗁𝖺𝗌 𝖻𝖾𝗀𝗎𝗇. ❜


Miyu

Re: Act 1: Overture
« Reply #134: December 31, 2025, 04:49:17 AM »
Tengo todo el día libre, al fin ;;. Feliz año nuevo a todas! Pasenlo lindooou<3

A ver si puedo terminar el cap hoy y corregirlo en otro momento jajajaja



2.1 # Cantar.
—Lo siento —susurró el dependiente, rascándose suavemente la mejilla con gesto compungido. Aunque Eastwood era una ciudad reluciente y próspera donde no abundaban los huérfanos, sí sabía de la existencia de uno o dos orfanatos en toda la región. La vida allí suponía no debía ser fácil y luego se preguntó el tipo de educación que debían recibir los niños y como los integraban a la sociedad luego de cumplir la mayoría de edad… eso lo hizo suspirar.
—No es para tanto —respondió Luo y su sonrisa, ancha y sincera, se sintió de inmediato reconfortante para Joe, disipando parte de su incomodidad y dudas.

Cyan, por su parte, no terminó de entender bien el motivo de la disculpa. Después de todo ella no poseía recuerdos vívidos de sus padres; esa nebulosa del pasado le parecía algo lejano a ella. La vida en el orfanato no la había juzgado nunca como algo terrible o al menos, había dejado de parecérselo desde el día en que conoció a Luo. Miró a Joe con sus grandes ojos verdes, parpadeando varias veces con una curiosidad tranquila, como tratando de descifrar la pena que no lograba compartir.

—Tengan —dijo Joe de pronto, recuperando su animación habitual. Se agachó y buscó debajo del mostrador entre un pequeño desorden de promociones, hasta sacar un CD en su funda de plástico. Era el sencillo debut de Hyuna—. Es solo un sencillo, pero está bastante bien. La producción es limpia y la voz… bueno, la oirán completa.
—Gracias —dijo Luo, alargando la mano y tomando el disco antes de que Cyan pudiera articular una negativa. Su movimiento fue rápido o mucho más rápido de lo que su amiga podía ser.
—¡Luo! —lo regañó ella, aunque sin verdadera fuerza en la voz—. N-no podemos aceptarlo… Sería un abuso de su amabilidad.

Sin embargo, sus ojitos brillaban con un entusiasmo indisimulable. Ya quería sumergirse en esa voz potente de la que hablaba Joe, descifrar las letras, perderse en los arreglos. Tomó con cuidado el CD que Luo le acercó y contempló la portada; la imagen de Hyuna en un primer plano desafiante, con una sonrisa prepotente y un fondo de un violeta eléctrico e imponente que parecía hacer eco de su energía, hasta podía sentir las pequeñas gotas de sudor que debieron resbalar por su piel trigueña.

—Tranquila —dijo Joe, cruzándose de brazos—. No es un regalo.

Su voz fue firme, sin dramatismo. No hablaba para convencer, sino para dejar clara su postura; a lo largo de los años había aprendido a medir las palabras cuando trataba con gente joven y más cuando estaban llenos de esperanzas. La tienda no había salido adelante por casualidad, él la levantó solo, con pocos recursos, muchas horas de trabajo y decisiones tomadas con cuidado. Ese mismo criterio lo aplicaba ahora.

—Piénsenlo como un préstamo a largo plazo. Un préstamo de inversión, si quieren llamarlo así. Cuando ustedes dos sean conocidos, me lo devuelven con intereses. Un álbum firmado alcanza.

Luo no dudó. No pidió aclaraciones ni miró a Cyan buscando permiso, en sus ojos apareció algo distinto, una determinación clara que no solía mostrar frente a desconocidos. Dio un paso al frente y extendió la mano derecha para tomar el objeto que el dependiente les ofrecía.

—Trato hecho.

La seguridad de su gesto sorprendió a Cyan. Ella abrió la boca por reflejo, dispuesta a objetar, pero se quedó callada observando a su amigo durante un segundo que duró más de lo esperado. Por supuesto, no era impulsividad ni tampoco arrogancia, era convicción. Luo hablaba de un futuro que todavía no existía, pero lo hacía con la naturalidad de quien ya lo ha decidido y que nunca dudará en su camino. Eso la desarmó.

Joe estrechó la mano de Luo con fuerza y una sonrisa amplia se dibujó entre sus pómulos. No era una sonrisa condescendiente ni nostálgica, fue sincera. El acuerdo resultaba extraño… un dependiente de mediana edad sellando un pacto con dos chicos en una tienda de segunda mano que ya no recibía muchos clientes. Aun así, no se sintió absurdo sino con todo el sentido del mundo, siendo el hombre un mentor.

—Entonces queda así —afirmó el mayor—. El disco es suyo. O, mejor dicho, es mi futura pieza de colección. Cuídenlo.

Les guiñó un ojo, reconociendo ese brillo en esos dos chicos muchos años atrás, chispa que él también la tuvo. No era talento ni ambición ciega sino la mezcla peligrosa de ganas y necesidad. La guitarra que Luo llevaba a la espalda confirmaba que no hablaban solo por hablar y que ya a estaban practicando, estaban intentándolo.

—…

Cyan bajó la mirada al CD en silencio. Pasó los dedos por la portada con cuidado; el plástico tenía un relieve leve y lo recorrió sin apuro. El resto del local quedó en segundo plano ante sus ojos verdes… el polvo suspendido cerca de la ventana, el murmullo constante de la música ambiental y el olor a papel viejo y madera de las estanterías y mostrador. Todo se volvió irrelevante.

Durante unos segundos, solo existió ese objeto. No era grande ni llamativo y tampoco pesaba demasiado, aun así, sentía que sostenía algo importante. No pensó en fama ni en escenarios reflexionó en una voz que todavía no había escuchado bien, pero que estaba a punto de hacerlo. Pensó en el momento preciso en el que ese disco había llegado a sus manos.

—¿Y por dónde empezamos, viejo? —preguntó Luo.
—¿Viejo? —apoyó ambas manos con fuerza sobre el mostrador—. ¡Qué insulto!
—¡Luo! —le reprochó ella por enésima vez ese día.

Luo bajo la cabeza un instante, pero volvió a mirar a Joe con atención total. No buscaba halagos ni quería frases bonitas; necesitaba una dirección. Durante mucho tiempo, su sueño había sido una idea difusa y ahora estaba frente a alguien que ya había pasado por ese punto. Eso lo convertía en una referencia.

Joe apoyó los codos en el mostrador, cuya madera estaba gastada por años de uso. Permaneció en silencio y luego dirigió la mirada hacia la estantería de discos, vinilos viejos y casetes olvidados; recordó su adolescencia y los consejos que recibió entonces… algunos útiles y otros inútiles. La mayoría tardó años en entenderlos.

Suspiró.

—Primero —explicó con un suspiro resignado—, olvídense de pensar en empezar.

Ambos fruncieron el ceño, atentos.

—Empiezan cuando dejan de intentar impresionar. Cuando tocan sin pensar en quién escucha. Cuando dejan de buscar aprobación inmediata. Eso cambia todo.

Señaló el CD de Hyuna.

—Escúchenlo muchas veces. No solo para disfrutarlo. Escúchenlo con atención. Pregúntense por qué funciona. Dónde entra la voz. Qué sostiene la canción. Qué la hace avanzar. De qué habla realmente.

Hizo una pausa breve, analizando sus próximas palabras.

—Después hagan lo mismo con todo lo que puedan escuchar. Canciones buenas y canciones malas, canciones que no soporten, absolutamente todo sirve. No solo la música, miren a la gente, escuchen conversaciones y fíjense en lo que molesta, en lo que se repite, en lo que hace reír. Un artista trabaja con emociones reales. No con ideas fuera del lugar.
 
Cyan asintió despacio. No comprendía cada punto en profundidad, pero entendía la idea general y que no se trataba de un camino rápido; no prometía resultados inmediatos y wso la tranquilizó. Sus dedos se cerraron un poco más alrededor del CD. Luo, en cambio, parecía absorto en cada palabra, ya pensando en canciones y en melodías. En terminar la que tenía empezada y crear aún más.

Joe los observó un momento más. Luego añadió:
—Y practiquen. Todo el tiempo. En cualquier sitio. No esperen el momento perfecto. No existe.

Luo tomó aire con una gran mueca de felicidad.

—Gracias.
No dijo nada más, no hacía falta nada más.
Joe se enderezó y dio un paso atrás, buscando algún paño para comenzar a limpiar la tienda.
—Eso es todo lo que puedo decirles hoy. El resto depende de ustedes.
El silencio que siguió no fue incómodo. Era denso y cargado de ideas nuevas; Cyan volvió a mirar el disco, Luo acomodó la guitarra en su espalda. El acuerdo estaba hecho, no había aplausos ni promesas grandilocuentes, solo una decisión.
Habían recibido algo más que un CD. Habían recibido un empujón.
Y Luo ya tenía la primera melodía que quería terminar “My color”.

Luo tragó saliva antes tomar la guitarra con sus manos de la espalda y traerla hacia delante, si bien no tenían amplificador y sonaría como una acústica él no temía a cantar esa canción que rondaba su mente.

En pocos minutos ya la letra brotaba como magia de sus labios, esos sentimientos que había compuesto desde algún lugar lejano llenaron el local vacío con calidez, pronto Cyan se unió a él en un pequeño dueto bastante hermoso.


“Sometimes things may be so wrong
Feels like everything is lost
But you can be the one to fix these mistakes
Life is hard and full of tears
Feels like everything you fear
But you can be the one to confront it”

—Y toquen —añadió Joe después de que terminaron de cantar, la sonrisa del hombre fue sincera, esperando por el futuro brillante de ambos—. En cualquier sitio. En el parque, en el metro, en la puerta de esta misma tienda un día que yo no esté para echarlos. Acostúmbrense a las miradas, a la indiferencia, al aplauso ocasional.

Luo esbozó una mueca de complicidad. Esa parte, la de tocar para extraños, ya la conocían. Había empezado en los pasillos del orfanato, luego en el parque frente a unos niños, después en una esquina tranquila. Cada vez era un poco menos terror, un poco más de esa conexión eléctrica y fugaz con un desconocido y ahora tenían un pequeño público en Tik Tok.

—Gracias, Joe —susurró sin timidez Cyan, por primera vez con una voz firme y clara, levantando la vista del CD—. De verdad, por el préstamo y… por el consejo.

Joe hizo un gesto con la mano, como quitando importancia, pero su expresión era cálida.
—No me agradezcan todavía. Agradézcanme cuando me entreguen ese álbum firmado. Ahora, lárguense. Tengo que poner orden en esta cueva antes de que cierre.

Salieron a la calle cuando la luz de la tarde ya empezaba a bajar. El cielo tenía un tono anaranjado suave y el aire era más fresco que dentro de la tienda aun cuándo el aire acondicionado funcionaba allí; Cyan caminaba con el CD en la mano, mirando al frente, mientras avanzaba sin decir nada y a su lado Luo, sonriente de aquel encuentro fortuito. Ella sentía algo distinto, una especie de claridad que no solía acompañarla no era emoción ni entusiasmo desbordado, sino la sensación de que, al menos por ahora, sabían qué hacer.

Aún no tenían un plan definido ni certezas sobre el futuro. Había demasiadas cosas fuera de su control y pocas respuestas claras, sin embargo, ya no estaban dando vueltas sin rumbo cantando sin más, tenían tareas simples y concretas: escuchar música, prestar atención a lo que los rodeaba, practicar cuando pudieran. Nada más, pero tampoco nada menos.

Cyan bajó la vista hacia el CD que llevaba consigo. Era un objeto común, liviano, fácil de guardar en una mochila. Aun así, le resultaba importante. No porque garantizara nada, sino porque marcaba un inicio; un primer paso que no dependía de la suerte ni de promesas ajenas, sino de lo que ellos decidieran hacer a partir de ese momento.

—¿Qué opinas? —cuestionó Luo, avanzando con la espalda hacia delante para ver a su mejor amiga a los ojos.

Ella rehuyó un poco antes de acomodar uno de sus cabellos azulados y colocarlo detrás de su oreja.

—Es un sueño bastante grande —sus mejillas se tiñeron de rojo al pensar que toda esa atención estaría enfocada en ambos.
Luo sonrió, y entonces, en medio de la acera, comenzó a cantar suavemente:
—I'll be your light, so don't you cry, we'll be fine. When you're feeling down, i'll hold you tight. You'll be brave enough to seize this fight, I swear —cerró sus parpados con fuerza, empezando a entonar otra parte de la canción “My Color” que él había compuesto.
Cyan, por reflejo, tomó el relevo:
—Let me share my color with you now. My path is only with you, i want you to feel that you'll make it through —de inmediato Cyan continuó con la melodía. Al terminar la línea, una risa nerviosa y alegre les salió a ambos al mismo tiempo. Era la confirmación de que estaban en el mismo barco, remando hacia la misma orilla lejana.

La caminata hacia el orfanato continuó. La luz del atardecer cedía el paso a un crepúsculo grisáceo, y las farolas comenzaron a encenderse gradualmente. Pasaron frente a una tienda de crepas ya cerrando y luego un Seven Eleven al que Luo señaló con entusiasmo; el clima caluroso se sentía en el ambiente y ambos pensaron en lo mismo: helado.

—Paramos —dijo entusiasmado Luo, desviándose hacia la entrada automática.
Dentro, el aire olía a café recién hecho y a pan caliente. Fueron directamente a la heladera. Luo abrió la puerta de vidrio, dejando escapar una nube de aire frío.
—Uno solo —propuso Cyan, después de todo no tenían tanto dinero salvo las propinas que recibieron por tocar esa tarde en la plaza—. Para compartir.

Escogieron un bote de helado de vainilla con trozos de galleta. En la caja, mientras Luo pagaba, la vista de Cyan se posó en un expositor con revistas de diferentes tipos; entre los titulares de moda y deportes, vio una publicación de música. Era una revista especializada en artistas independientes y rock.

La tomó y hojeó rápidamente las páginas. Había entrevistas, reseñas de discos, anuncios de pequeños sellos discográficos, se la quedó mirando un momento, sintiendo cómo ese objeto mundano conectaba directamente con la conversación de la tienda de Joe y con la canción que acababan de cantar, incluso una pequeña reseña al sencillo de Hyuna “All-in” apareció en el índice.

—¿Quieres eso, Santa? —preguntó Luo, siguiendo su mirada.

Cyan no sabía si asentir o no, aunque era un monto mínimo tenían sueños que querían lograr y para el primer paso tener dinero ahorrado era indispensable… igualmente asintió con mandíbula apretada.

Él añadió la revista a la compra, manteniendo la expresión de felicidad.

Salieron de la tienda. Luo llevaba la bolsa y Cyan sostenía el bote de helado y dos cucharas de plástico que el cajero les había dado; se sentaron en un banco público a medio camino, bajo la luz tenue de una farola y compartieron el helado en silencio, pasándose el bote. El frío y el dulce sabían a normalidad, a un pequeño lujo cotidiano que hacía que el sueño enorme pareciera, por un instante, algo más manejable.

Cyan hojeaba la revista con una mano mientras con la otra tomaba su turno con la cuchara. Sus ojos escaneaban los artículos, buscando algo, cualquier cosa que les sirviera como Joe les aconsejó; Luo observaba el entorno, la calle tranquila, la gente que pasaba sin prisa y pensaba en la próxima canción, en las palabras que quería escribir.

—Quizás debamos comprar un reproductor de música —marcó Luo, señalando con la cabeza hacia la bolsa de Cyan donde guardaron el CD—. ¡Así lo podemos escuchar en todas partes!
—… —Cyan lo observó atenta, con la cuchara en la boca y luego asintió—. Así es. Sería nuestro tesoro y de nadie más —musitó ella, bajando la revista un momento—. Pero esos reproductores portátiles todavía son caros, tendríamos que ahorrar.
—Podemos guardar lo que nos den para gastos pequeños —propuso Luo con entusiasmo—. Yo puedo dejar de comprar esas galletas de la máquina los miércoles y tú podrías cobrar por predecir números o cosas así en el orfanato.
Cyan frunció un poco el ceño.
—No lo sé, Luo. La gente cuenta conmigo y si fallo se enojarán conmigo y el director, eso supondrá que me quitarán privilegios y ya no podré juntarme contigo o me prohibirán practicar con la guitarra.
—¡Ufff! —bufó Luo, dando una palmada suave en su propio muslo con frustración, porque Cyan tenía razón y si la gente no tenía de su lado a “Lucky Cyan” se podrían enojar severamente—. Medio año, calculo. Medio año y tenemos nuestro reproductor, luego podremos escuchar a Hyuna en el parque, en el autobús, en el pasillo del orfanato cuando las señoras no estén vigilando.

La idea le gustó a Cyan. Visualizó la escena nítidamente, ellos dos compartiendo unos auriculares, sumergidos en la música mientras el mundo pasaba a su alrededor. Se sintió bien y perfecto, un lugar personal para ellos…

—¿Qué crees que pone en las notas de producción? —preguntó Cyan, mirando de nuevo el CD a través de la tela de la bolsa—. Joe dijo que escucháramos con atención. Deberíamos fijarnos detenidamente en los detalles.

Ella era la más entusiasmada en poder escuchar la voz potente de Hyuna en “All-in”.

—¡¡¡Sí!!! ¡A todo! —asintió Luo, tomando la cuchara para su siguiente porción de helado de vainilla y galletitas—. Los instrumentos que usa, cómo entra su voz, si hay coros… todo todo… ¡TODO! Yo creo que la canción principal, “All In”, debe tener una base de guitarra eléctrica distorsionada. Algo potente, pero con un toque melódico.
—A mí me suena más a sintetizadores —expresó Cyan, pensativa—. Un poco más digital, más frío, pero con su voz cálida encima. Es un contraste interesante.
—Podríamos estar los dos en lo cierto —concedió Luo—. Habrá que escucharlo diez veces para decidir.

Un grupo de adolescentes pasó cerca de ellos, riendo a carcajadas por algo que decía uno. Luo los siguió con la mirada, un poco de envidia en sus ojos.

—¿Tú crees que ellos van a algún ensayo? —preguntó, casi para sí mismo.
—No lo sé —respondió Cyan—. Tal vez solo van a casa, como nosotros deberíamos ir al orfanato.
—Parecen despreocupados —murmuró él, dando otra cucharada al helado, que ya se derretía un poco.
—Todo el mundo tiene preocupaciones, Luo. Solo que no las muestran así, en la calle.
—Tienes razón, supongo. Es solo que pienso en demasiadas cosas, ¿sabes, Santa?
—¡Mooo! Ya te dije que no me digas así.

Guardaron silencio otro rato, terminando el helado. Cyan cerró la revista y la dejó a un lado un rato largo antes de hablar.

—¿En qué piensas para tu próxima canción? —preguntó ella, limpiándose las manos con una servilleta.

Luo se recostó un poco sobre el respaldo del asiento mirando el cielo, ya se veían algunas estrellas, a pesar de las luces de la ciudad.

—No estoy seguro, tengo algunas frases sueltas. Algo sobre… sobre sentirse atrapado en un lugar que no es tu hogar, pero a la vez es el único que tienes. Pero no quiero que suene quejumbroso, quiero que suene a deseo de salir.
—Eso está bien —concluyó Cyan, asintiendo—. Podría funcionar. ¿Ya tienes una melodía en mente?
—Tengo un riff. Uno simple en mi cabeza: ta-ta-tan, tan-tan… algo así. Lo tararearé cuando lleguemos y tengamos las manos limpias para agarrar la guitarra.
—Okai. A lo mejor puedo pensar en unas frases o algunas líneas de guitarra para acompañar. Algo repetitivo, que marque el ritmo.
—Eso —respondió el chico, sentándose derecho de nuevo, animado como de costumbre—. ¡Exactamente eso! Tú haces la base sólida con la voz, y yo vuelo por encima con la guitarra.

Cyan sonrió, un poco tímida.

—No sé si podré estar a la altura, prometo dar lo mejor de mi para satisfacer tu oído crítico, Luo.
—Lo haces bien y cada vez mejor con mi tutela, hehe.  La otra semana, en el almacén, estabas sincronizada perfectamente con la guitarra.
—Fue solo una escala, Luo.
—Una escala perfecta, entonces.

Otro silencio se apoderó de ellos, esta vez más cómodo. La noche era agradable, sin mucho viento y el parque Vireta estaba casi vacío a esas horas, solo algún que otro paseante o una persona corriendo con su perro.

—¿Te gusta el nombre del parque? —inquirió Cyan de repente—. Siempre me he preguntado por qué le pusieron así aquí, en Eastwood.
—Por Kurt Cobain, ¿no? —respondió Luo—. Leí una placa una vez, hace años. Dice que es un homenaje a “el espíritu de la música auténtica” o algo por el estilo. Un poco pretencioso, si me preguntas hehe.
—Casi tan pretencioso como tú —confesó Cyan con una sonrisa—. El engreído Luo llamado pretenciosos a otros es ridículo.
—¡Ahora sacas tus garras, Santa! —la señaló con la cuchara, aunque eran puras risas y bromas—. Ahora tendrás que cantar “My Color” treinta veces antes de irte a dormir.
—¡¿Qué?! —espetó indignada Cyan, con una gota de sudor cayendo por su rostro—. ¡Nos descubrirán antes de que toque el primer coro!... y mañana tengo ensayo con el coro de la iglesia, necesito mi voz al cien por ciento o me castigarán.
—Deberíamos ir andando, se nos hace tarde.
—Sí.

Se levantaron y recogieron sus cosas: la revista, los envoltorios del helado, la bolsa con el CD. Cyan se colgó el estuche de la guitarra y Luo se estiró con la bolsa de plástico en manos, haciendo crujir su espalda.

Caminaron hacia la salida del parque, tomando el camino que bordeaba los arbustos.

—¿Y tu suerte, Cyan? —curioseó Luo de pronto, con una sonrisa juguetona—. ¿Ha hecho algún truco hoy?

Cyan se encogió de hombros.

—Encontré una moneda en el suelo esta mañana, de cinco centavos. No es gran cosa.
—¡Es algo! —exclamó Luo—. Yo hoy tropecé con el bordillo de la acera frente a la tienda. Casi me estampo contra la puerta, por eso llegué un minuto después que tú.
—Lo vi. Pensé que te habías distraído.
—Fue mi mala suerte habitual. Pero al menos no me caí del todo hehe, tu moneda de cinco centavos le ganó a mi bordillo traicionero.
—No es una competición, Luo.
—Lo sé, lo sé. Solo digo que es curioso, tú siempre encuentras el último bollo en la cafetería, o llueve justo después de que llegues a casa y a mí siempre se me atasca la máquina de refrescos, o me toca la fila más lenta del supermercado.
—… —enmudeció la chica, aunque sin mucha convicción. Ella también había notado el patrón y como su buena suerte al final le traía problemas o atención que no quería.
—Coincidencias muy constantes —replicó Luo—. A lo mejor es un superpoder. Tú, la chica de la buena suerte, y yo, el chico del tropiezo seguro. Juntos formamos un equilibrio.

La idea hizo reír a Cyan, un sonido suave y breve.

—Seríamos un dúo peculiar.
—Ya lo somos —explicó él—, y funciona.

Salieron del parque y se adentraron en una calle residencial, más tranquila. Las casas tenían las luces encendidas en las ventanas, y se veían figuras moviéndose detrás de algunas cortinas.

—¿Crees que Hyuna también tuvo que ahorrar para su primer reproductor? —preguntó la menor.
—Probablemente o a lo mejor se lo regalaron. No lo sé, pero no importa. Lo que importa es lo que hizo después de tenerlo y como se formó; escuchó, aprendió, practicó, como tenemos que hacer nosotros.
—Joe dijo exactamente eso y parece bastante fiable.
—Sí y viejo —repitió Luo echando una larga carcajada, mirando las estrellas de nuevo—. Vamos a tener que pensar seriamente en el género de música al que nos orientaremos y la temática que tomaremos.

Caminaron otro par de manzanas en silencio, absortos en sus pensamientos. El orfanato, un edificio de tres plantas de ladrillo visto, ya se veía al fondo de la calle.

—Mañana —agregó Luo, rompiendo el silencio y dando un pequeño salto sobre el borde de la acera—, después de clases ensayamos. En el almacén te enseño ese riff, ya lo he aprendido con solo oírlo una vez en mi cabeza. ¿A que soy genial?
—Mucho —asintió Cyan, sin poder evitar una leve sonrisa—. Y también creído y engreído~ apuesto a que tu ego es tan grande como el orfanato. Cabe justito en la parte de niños.
—¡¿Ehhh?! —exclamó Luo, poniendo una mano sobre su pecho con falso dramatismo—. ¡Qué cruel, Santa! Eso fue un ataque directo y sin aviso. Mi ego es de tamaño normal, compacto y eficiente. Es el motor de mi creatividad.
—Un motor que a veces hace mucho ruido y humo —replicó Cyan, jugando con la cremallera de su chaqueta.
—¡Humo artístico! —protestó Luo, señalándola con un dedo acusador—. Tú solo estás celosa porque tu proceso creativo es tan silencioso que a veces ni se nota que estás pensando. Pareces una estatua muy concentrada.
—Prefiero eso a parecer un altavoz ambulante con patas —replicó Cyan, esbozando una sonrisa más amplia—. Al menos yo no anuncio cada media nota que se me ocurre a todo el pasillo.
—Es para que la inspiración no se escape.
—Un método muy molesto.
—Pero efectivo. Gracias a mis proclamas, tenemos como seis inicios de canción.
—Sí, y gracias a mi silencio tenemos tres que están medio terminadas —contraatacó Cyan suavemente.

Luo se quedó callado un segundo, fingiendo estar ofendido, pero luego soltó una risa.

—Tocado. Bueno, tienes razón. Sin tu estatua concentrada, mis proclamas serían solo ruido, somos un equipo. ¿A que sí?
—Exactamente. Así que baja un poco el volumen a ese motor de vez en cuando.
—Lo consideraré —musitó Luo, cruzando los brazos—. Solo los días que no me sienta especialmente genial. Lo que es casi nunca.
—Lo que confirma mi teoría del tamaño del ego.
—¡Otro golpe bajo! Cyan, hoy estás implacable. ¿Es que el helado te dio poderes de sarcasmo?
—No, siempre los tuve. Solo que normalmente te compadezco y los guardo.
—¡Compadecer! Eso es aún peor. Prefiero el sarcasmo, al menos demuestra que te esfuerzas.

Se miraron, y la tensión cómica se desvaneció en otra risa compartida. Seguían parados frente a la verja, sin prisas por entrar.

—Bueno, en serio —recuperando un tono más normal—. Ensayo mañana, yo llevo la guitarra y mi ego, tamaño viaje.
—Y yo llevo el cuaderno y mi paciencia, tamaño extra grande —respondió Cyan.
—Trato. Ahora, de verdad, deberíamos entrar. Que mañana hay que ser productivos y terminar esa canción que solo existe porque yo soy un genio y tú una estatua muy talentosa.
—Vale, vale. Entramos.

Se detuvieron frente a la verja del orfanato entre risas. Desde dentro se escuchaba el sonido amortiguado de una televisión y se veían algunas luces apagadas en las ventanas de la planta superior.
El edificio tenía los dormitorios separados: el de los niños en el ala oeste y el de las niñas en el este. Eso significaba que debían separarse hasta el próximo día, la regla era clara después de las diez, aunque normalmente ambos se solían encontrar en prácticas nocturnas y quedarse hasta más tarde del toque de queda en la habitación de Luo o en alguna habitación oculta a la luz de linternas.

—Bueno… —expresó Luo, cambiando el peso de un pie a otro—. Hasta mañana, Cyan.
—Hasta mañana, Luo. Cuídate. No tropieces con nada más.
—Haré mi mejor esfuerzo hehe —respondió él con una sonrisa—. Pero no prometo nada.

Cyan entró primero, sin mirar atrás por ultima vez.

Luo se quedó un momento más en la acera, mirando el cielo, recordando la melodía de "My Color" en su cabeza; luego respiró hondo y empujó la puerta para entrar. Era extraño como esa canción siempre brotaba de su cabeza, desde su primera infancia donde siempre la tarareaba hasta tener la edad suficiente para cantarla.

3 # Take off.

Ambos chicos estaban en el jardín del orfanato. El clima seguía cálido a pesar de la hora y en el aire se escuchaban murmullos y risas bajas que venían de varias direcciones, de otros grupos que también aprovechaban el mediodía y sin embargo, nadie se acercaba a ellos.

La razón era conocida; Cyan tenía la reputación de ser el amuleto de buena suerte del lugar y muchos creían que su sola presencia podía traer cosas buenas, o evitar las malas. Era un título que ella no había pedido y que odiaba, por no poder ser una chica normal y por su condición de “Santa”, algo que algunas personas del orfanato, y fuera de él, aún no sabían cómo tratar o de qué hablar sin parecer incómodas. Esa combinación creaba una burbuja invisible a su alrededor. La gente miraba, comentaba en voz baja, siempre manteniendo la distancia.

Luo, por su parte, era visto simplemente como el chico ruidoso que rondaba cerca de ella. Su mala suerte legendaria era un chiste interno, pero fuera de su dúo, lo convertía en alguien impredecible y, para algunos, en un factor de caos del que era mejor no acercarse.

—Parece que tenemos el jardín para nosotros —comentó Luo, recostándose sobre el césped y mirando el cielo.
—Siempre es así —respondió Cyan, sentándose con cuidado a su lado.
—¿Te molesta?

Cyan lo pensó un momento.

—A veces. Otras veces no. Es… tranquilo.
—Sí. Tranquilo. Y práctico para ensayar sin que nos pregunten nada. ¿Verdad?
—También es triste… —susurró Cyan muy bajito.

Ella asintió aun así. La burbuja de aislamiento, a veces pesada, tenía sus ventajas. Aquí podían hablar de música, de sueños grandes, de cosas que a los demás podrían parecerles tonterías, sin ser interrumpidos ni juzgados. Era su pequeño territorio, ganado sin quererlo. Luo cerró los ojos, concentrándose en los sonidos lejanos de la ciudad, mientras Cyan observaba la luz de una ventana encendida en el piso superior.

—¡Hey hey! ¡No te pongas triste! —la sonrisa amplia de él se formó casi al instante.
—Así no funciona, engreído Luo —hizo un pequeño puchero, desviando la mirada hacia las personas que corrían por el pabellón cercano—. La tristeza no se va así…
—Lo sé —agregó rápidamente, mirando hacia el cielo—. Las nubes tienen tu color. ¿No crees, Cyan?
—Mi color es más verde —dejó que su mirada se alzara al cielo vasto que Luo le mostraba—. Aunque este no está mal…
—Cyan es mucho más linda —levantó ambas manos al cielo, como queriendo tocarlo—, y más afortunada.
—¿A qué se debe lo último? —inquirió ella, desviando la mirada a él—. ¿El director te retó?
—Un poquito —sonrió como respuesta—, pero dijo que si me portaba bien compraría un amplificador mejor.
—Oh —ella se quedó pensativa un momento—. Será un reto para el creído Luo.
—Un gran reto —admitió Luo—. Pero por un amplificador decente, puedo fingir ser un ciudadano modelo por un tiempo. Puedo saludar, decir "por favor" y "gracias".
—¿Y no tropezar? —preguntó Cyan, con un poco de escepticismo.
—Eso… eso ya depende más de la gravedad y de mis pies que de mí. Pero puedo intentar mirar al suelo.

Se hizo un breve silencio. Cyan observó las nubes que se movían con lentitud.

—Esa de allí parece un poco un perro —señaló con el mentón.
—¿Cuál? ¿La que parece una mancha de algodón aplastada?
—Sí, esa. Tiene una parte que parece una oreja larga.
—Ah, ya la veo. Un perro flaco y despeinado o quizás un conejo.
—¿Un conejo con orejas tan desiguales?
—Puede ser un conejo artista y con estilo. Como nosotros.
—No sé si nuestro estilo es parecerse a una nube deforme —expresó Cyan, pero su tono era más liviano.
—Claro que sí. Nosotros no encajamos en las formas normales, somos nubes raras. Tú eres una nube que trae suerte y yo soy una nube que se tropieza consigo misma y bien gris.

Cyan dejó escapar un pequeño suspiro, pero era uno más relajado.

—¿Qué canción pondrías a esta escena? —preguntó de repente, volviendo a mirar a Luo—. Si esto fuera el inicio de un video musical.
—Hmm —Luo frunció el ceño, pensando—. Algo instrumental al principio. Solo una guitarra acústica, limpia. Algo que suene a tarde de domingo, pero con un ritmo constante por debajo y nada de distorsión todavía. Eso vendría después, cuando salgamos corriendo del orfanato hacia la ciudad.
—Suena bien —murmuró Cyan—. El bajo entraría después, con la guitarra. Para darle profundidad.
—Exacto. Tú siempre piensas en la base, en lo que sostiene todo. Yo pienso en la melodía que va por arriba.
—Por eso funcionamos.
—Por eso —confirmó Luo.

Oyeron una campana a lo lejos, la señal para el almuerzo en el comedor principal. Ambos se quedaron en el césped un momento más, ignorando la campana un par de minutos.

—¿En serio, qué canción? —insistió Cyan, mirando el cielo otra vez—. Una de verdad, no una que inventes ahora.

Luo se rascó la barbilla, pensativo.

—Es difícil. Esta escena es tranquila, pero hay tensión por debajo. La burbuja, la gente que no se acerca… necesita algo que tenga esa dualidad.
—¿Algo de los noventa? —sugirió Cyan.
—Podría ser. «Black Hole Sun» de Soundgarden tiene esa atmósfera pesada y onírica. La letra es oscura, pero la melodía es casi… hipnótica. Como un día soleado con algo podrido debajo. Como nuestro jardín.
—Sí —asintió Cyan lentamente—. Se ajusta. Pero es muy oscura para un mediodía.
—Por eso funcionaría. Contraste. ¿O prefieres algo más directo?
—Algo con más energía, quizás. Para contrarrestar la tristeza. «Basket Case» de Green Day. Es pura energía nerviosa y letras sobre inestabilidad. Suena a gritar en un lugar abierto como este.
—Demasiado punk para el ambiente —consideró Luo—. Nos quedaría grande. Nosotros no somos tan… frenéticos. Somos más lentos, más calculados.
—Entonces, ¿alternativo? Algo de The Smashing Pumpkins. «1979». Tiene esa nostalgia y esa sensación de estar fuera de lugar, pero con una belleza triste.
—Esa es buena —admitió Luo—. Es perfecta para escenas de adolescentes al margen. Tiene sintetizadores, guitarras borrosas, un ritmo que no es rápido ni lento. Captura la melancolía y la esperanza a la vez.
—¿Y nuestra música? —preguntó Cyan, girando para mirarlo—. ¿Qué estilo crees que hacemos nosotros, realmente?

Luo se quedó callado un rato, serio.

—No es puro rock. Tiene la actitud, la base de guitarra y bajo, pero… hay algo más. Algo que no encaja del todo. Como si le faltara agresión o como si la agresión estuviera escondida en la melodía, no en los gritos.
—Porque tú no gritas, cantas. Y mi voz es más melódico que rápida a veces.
—Exacto. Somos alternativo, supongo. Pero con un toque… pop. No pop comercial, sino pop en el sentido de ehhhh…, de algo que se puede recordar. Como ese riff que tengo en la cabeza. No es complejo, pero se te queda.
—Como Hyuna —añadió Cyan—. «All In» tiene un toque pop, no obstante, la producción es alternativa, casi industrial. Esa mezcla.
—Sí. Ese es el territorio. Alternativo con atractivo, música que podría sonar en la radio, pero que no suena como todo lo demás. Música para días grises con destellos de sol.
—Suena a un buen plan —murmuró Cyan.
La campana sonó de nuevo, más insistente.
—Deberíamos ir —dijo Luo, levantándose y ofreciéndole una mano a Cyan.
Ella la tomó y se puso de pie.
—Entonces, ¿la banda sonora de hoy es «1979»?
—Para el jardín, sí —confirmó Luo, caminando hacia el edificio—. Para el ensayo de esta tarde, será algo nuestro. Algo que todavía no tiene nombre.
—Le pondremos nombre cuando esté terminada.
—Sí. Cuando esté terminada.

Entraron en el comedor, donde el rumor de voces y el sonido de platos reemplazó el silencio del jardín; la conversación sobre música quedó atrás, aún así la idea persistía, como el eco de una canción que aún no existía.

—Deberíamos ir —expresó ella, levantándose y sacudiéndose un poco la ropa.
—Sí. A ver si hoy tengo suerte y me toca el pudín. A ti siempre te toca.
—Podemos intercambiar si quieres.
—No, está bien. Es parte del balance. Tú tienes el pudín, yo tengo… la satisfacción de no haberme caído por las escaleras hoy.
—Eso es algo, supongo —sonrió la chica, y esta vez su sonrisa fue un poco más fácil, un poco más natural.

Caminaron juntos hacia el edificio, atravesando el jardín que, por un rato más, seguiría siendo solo de ellos.

El comedor del orfanato era un sitio pulcro y monótono. Las paredes, el techo y las largas mesas eran de un blanco desgastado que se repetía en todas direcciones. Ese ambiente estéril y sin vida siempre le producía un ligero malestar a Cyan.

Al cruzar el umbral el aire cambió de golpe, dejaron atrás la frescura del jardín y entraron en un vaho denso y cargado; el olor era una mezcla de sopa de verduras recalentada, cloro de la limpieza reciente y la fragancia de mucha gente en un mismo espacio. Todo esto venía acompañado por el murmullo constante de un centenar de conversaciones superpuestas, el ruido de cubiertos y el arrastre de sillas de un lado a otro.

Como siempre, cuando Cyan entró, el volumen de la sala bajó un par de nivele; fue un ajuste sutil, imperceptible para alguien ajeno, pero ella lo sintió como un cambio de presión en los oídos junto a las miradas que se desviaban hacia ella y luego regresaban rápidamente a sus bandejas de plástico rojo. Era el respeto nacido del miedo a lo desconocido; el trato distante al que siempre está sometida debido a las exigencias del director del orfanato y las mismas mujeres que debían haberla cuidado en vez de tramar como usar esa confianza que la gente tiene en ella como “chica afortunada”.

Luo ajeno o simplemente experto en ignorarlo, caminaba a su lado haciendo un ruido excesivo con sus zapatillas desgastadas. Su presencia era todo lo que ella necesitaba para ser normal, tener un amigo en quien confiar y alguien que la rescato de esa excesiva luz.

—Mira eso —susurró Luo, señalando la fila—. La señora White tiene hoy esa cara de "si pides más pan te mando a limpiar los baños". Mi intuición de mala suerte me dice que hoy el pudín vendrá un poco duro o mejor, budín de pan y huevo con nada de caramelo.
—Uhmm no me gusta tanto lo dulce —respondió Cyan, recuperando su tono reservado.
Después de buscar sus bandejas se apresuraron a buscar asientos apartados, aunque normalmente otros niños se apretaban, dejando un espacio vacío de al menos de dos asientos entre ellos y la pareja. Cyan observó a un grupo de niñas más pequeñas, las de primer ingreso que la miraban con ojos abiertos, llenos de una mezcla de admiración y terror. Para ellas, Cyan no era una niña; era la "Santa" que, según los rumores, había predicho algunos números de lotería y atraía la buena fortuna con solo señalar un lugar.

Rápidamente bajo la mirada a la sopa de zanahorias en el cuenco y lo removió con la cuchara, se podía notar la amargura en sus acciones y el desesperado anhelo por dejar de ser el centro de todos esos rumores infundados; pero en un lugar donde la esperanza escasea, la gente prefiere fabricar milagros que aceptar la lógica.

—¿En qué piensas? Estás poniendo esa cara de "estoy resolviendo ecuaciones cuánticas" —rió Luo, con la boca medio llena de puré.
—En el amplificador —mintió ella, siguiendo con la mezcla de la sopa—. Si el director te lo da, ¿dónde lo vamos a poner? Sabes que el sótano está lleno de humedad. Se va a arruinar el circuito.

Luo se tragó el bocado y se puso serio por un minuto, sus ojos, usualmente chispeantes en caos, se oscurecieron.

 —Lo subiremos a la azotea. He estado arreglando la cerradura de la puerta trasera, di logramos pasar los cables por el conducto de ventilación, nadie se enterará. Imagínatelo, Cyan. Tocar allí arriba, con el sonido rebotando en los edificios vecinos… ¡sería como nuestro primer concierto en un estadio, pero sin el público molesto!
Ella negó con la cabeza, dejando que su larga melena musgo la acompañara.
—Es una terrible idea, nos meteremos en problemas —dejó la cuchara al costado del cuenco, el apetito se había esfumado tan fácil con las ideas para meterse en problemas de su mejor amigo —. Mejor lo llevemos a tu cuarto y hagamos espacio.
—¡¿Ikkkkkkk-?! ¡Mi cuarto está hasta arriba de cajas y cosas, Cyan! —empezó a ponerse nervioso, por primera vez en su vida, imaginando a su mejor amiga revisando sus cosas—. ¿En el tuyo? Seguro guardas ofrendas y cosas así. Vacío, vacío de principio a fin.
—¡Qué injusto! —estuvo a punto de hacerle otro mohín—. Mi cuarto es como el de cualquier niña.
—Si, seguro. Lleno de ofrendas de ancianitas y dulces que no saben a nada azucarado —la reprochó, después de todo ella siempre recibía todo lo que le daban por su “generosidad” como solía decirle la encargada principal—. ¿Le pasa algo a tu sopa, Cyan? Pareces pensativa…
—Estoy pensando que no me gusta esta sopa —mintió ella de nuevo, suavemente, evitando la discusión sobre el cuarto—. Tiene un sabor muy raro hoy.
—¿Raro? A mí me sabe igual que siempre —respondió Luo, tomando un sorgo grande de la suya—. A agua salada con zanahoria poposita.
—Eso es exactamente el sabor raro —susurró Cyan, y esta vez un pequeño destello de complicidad cruzó por sus ojos antes de volver a bajar la mirada.
—Mira —retomó la palabra Luo, bajando un poco la voz para no ser oído por los de la mesa de al lado—. Sobre la azotea. No es tan loco, ya tengo el acceso casi listo. Solo necesito una tarde. Una tarde y unas pinzas más finas, nadie sube allí nunca.

—Pero el sonido, Luo. No podemos tocar allí sin que alguien lo escuche y la señora Doe tiene el oído muy adiestrado para estas cosas.
—Tocaremos bajo. Muy bajo. Como un susurro. Solo para sentir el amplificador, para probarlo algunas veces y no para un concierto. Al menos no todavía.

Cyan dejó de remover la sopa y lo miró con seriedad.

—¿Y si te caes mientras arreglas la cerradura? ¿O si te electrocutas con los cables? Tu mala suerte no toma descansos, tú lo has dicho.
—Por eso necesitaré mi amuleto de la suerte allí conmigo —expresó Luo, sonriendo ampliamente—. Para asegurarse de que no pase nada. Para guiar los cables y sujetar la escalera.
—Oh, no. No cuentes conmigo para eso.
—¡Vamos, Cyan! Será una misión. Nuestra primera misión como banda. "Operación Amplificador Fantasma". Suena bien, ¿a que sí?
—Suena a que nos van a expulsar.
—Nadie nos va a expulsar si somos cuidadosos. Y si nos descubren… diremos que estábamos buscando una paloma herida. Una paloma albina, muy especial. Tú llorarás un poco, y yo pareceré preocupado. Funcionará siempre, ya sabes que a nuestra amada bendecida por la suerte nunca le niegan nada.

Cyan no pudo evitar una leve sonrisa, aunque trató de esconderla.

—Eres terrible. ¡Un manipulador!
—Soy un visionario —corrigió Luo con dignidad falsa—. Un estratega que piensa en nuestro futuro y tú eres mi socia esencial, de espíritu cauteloso y suerte abundante. Lo equilibramos todo.
—No sé —contestó Cyan, pero su tono ya no era de negativa rotunda, sino de duda considerando que ya su amigo tenía un plan y divertido—. Tendría que ver el lugar primero. La cerradura, los cables… todo, para evaluar los riesgos.

—¡Eso, eso! —exclamó Luo, casi saltando en la silla—. Eso es todo lo que pido. Una oportunidad de que veas por ti misma la azotea. Esta tarde, después del ensayo del coro te esperaré en las escaleras del tercer piso, subimos, das un vistazo, y tú decides. Si dices que no, buscaremos otro lugar. ¿Bien?

Cyan observó su rostro lleno de una esperanza tan genuina y desesperada que le resultaba difícil resistirse; era la misma esperanza con la que hablaba de ser músico. Suspiró, un sonido de resignación que ambos conocían bien, pues siempre lo acompaña en sus ideas absurdas y divertidas.

—Trato —susurró muy bajito, más para ella que para su amigo—. Pero solo inspección, sin tocar nada. Sin "Operación" nada.
—¡Trato! —confirmó Luo, su sonrisa iluminando su rincón del comedor ruidoso. Luego miró su plato—. Ahora, ¿te vas a terminar esa sopa de sabor raro, o puedo ofrecerte mi pan duro a cambio de tu pudín de la suerte?
—El pudín no se negocia —contestó Cyan rápidamente, protegiendo su postre con un brazo—. Pero puedes quedarte con el pan. Yo ya no tengo hambre y la sopa…

El ensayo del coro terminó a las seis, se había extendido una hora más de lo planeado y Cyan ya imaginaba a Luo echando raíces en la escalera del tercer piso, impaciente.

A través de los ventanales del orfanato entraba la luz del atardecer, naranja y brillante, que cubría las paredes blancas y el suelo sin dejar sombras. Los niños guardaban las carpetas en una caja de cartón ya desgastadas por el uso constante y al fondo, alguien apagó el piano de cola. Se escuchó el clic seco del interruptor y luego un silencio denso, quebrado solo por pasos y el roce de chaquetas puestas en los alumnos. El aire olía a tiza y a sudor adolescente, afuera, un autobús frenó con un quejido frente al parque Vireta y alguien cerró de golpe las ventanas del salón para que no entrara el polvo.

—La vida continúa —reflexionó Cyan en silencio, apoyando su cabeza con suavidad contra el atril de madera que aún debía guardar. Había cantado notas tan altas y afinadas que sus cuerdas vocales aún continuaban vibrando, con una sensación de calor y tensión en la garganta. Le dolía, cosa rara porque cuando cantaba al lado de Luo esto nunca sucedía—. ¿Hasta cuándo?

Levantó la cabeza y miró por la ventana, luego observó a los demás niños que de a poco iban dejando el recinto, en parejas o pequeños grupos. Le hubiera gustado que Luo también estuviera en el coro, todo sería más divertido y, sobre todo, para nada solitario. Con él, hasta la espera es un juego.

—Cyan —llamó una voz a su lado.

Era la profesora de canto y la directora del coro. Se había acercado sin que Cyan la notara. La mujer tenía unos cuarenta años, con el cabello recogido en un chonguito y unos lentes de montura gruesa, así imagino se vería cualquier profesor que enseña en un orfanato religioso.

—Sí, profesora —respondió Cyan, enderezándose de inmediato.
—Tu desempeño hoy fue excepcional. La pieza de la prima donna en el cuarto movimiento requiere un control tremendo, y lo lograste. Tu afinación es naturalmente precisa —elogió la profesora, ajustando las partituras que llevaba en el brazo—. Tienes un don muy elogiable.

Cyan bajó la vista, fijándola en el atril de madera gastada. Un don… la palabra resonó de forma extraña. La gente le decía que tenía un don para la suerte, y ahora para el canto. Nunca parecían ser dones que ella hubiera elegido o al menos en canto no estaba precisamente en entonar canciones religiosas para un Dios en el que definitivamente no creía.

—Gracias —susurró tranquila, casi con apatía.
—Sin embargo —continuó la profesora, bajando un poco la voz—, noto que te aíslas. Cantas como si estuvieras sola en una habitación vacía y la música coral representa a una comunidad y al conectar con los demás, así puedes llegar al corazón de los fieles.

Y al dinero, pensó para sí Cyan. Asintió sin levantar la vista, evitando charlas demasiado largas. Podía oír a los demás, seguir la dirección y el ritmo, pero su mente a menudo estaba en otro lugar: en la letra de una canción que Luo estaba escribiendo, en el sonido de una guitarra, en la quietud del jardín, en la tienda de Joe, el CD de Hyuna, el parque, incluso hasta cosas más pequeñas como el helado que habían compartido ayer.

—Lo intentaré —explicó sin convicción, porque era lo único que podía decir.
—No es una crítica, Cyan. Tómalo como un consejo, tienes el potencial para ser la voz solista del coro el próximo año, si trabajas en eso. Piénsalo.
—… —un mechón de su cabellera cayó sobre el rostro—. Lo pensaré, lo prometo.
—Eso me gustaría —la sonrisa de la señora era tranquila, en contra posición Cyan se dio cuenta que era una mueca astuta porque no tenía manera de rechazarla con su personalidad y decepcionar a la gente.
—Sí —intentó corresponder el gesto, aunque fue en vano. ¿Dónde quedaban sus deseos, sus anhelos?

La profesora le dio una palmada muy ligera en el hombro y se dirigió hacia la puerta, donde otro alumno la esperaba con una duda. Cyan se quedó dónde estaba, la sensación del toque aún presente en su hombro, lleno de expectativas que ella no quería ni necesitaba, ¿por qué no la dejaban seguir su propio camino? El corazón se le encogió un poco al pensar en ella como voz solista, con la mirada de los feligreses sobre ella y esa atención innecesaria que la arrastra a la soledad.

Recogió el atril, lo desarmó lo más rápido que sus manos le permitieron y lo llevó hacia el armario. El salón ya estaba casi vacío y la luz naranja se estaba volviendo rojiza, se apresuró el paso por los pasillos sin fijarse en lo que la rodeaba, con la mente fija únicamente en Luo. Anhelaba dejar de ser “Lucky Cyan”, al menos bajo aquellos reflectores religiosos.

Sus pies subieron los escalones de dos en dos primero y luego de a tres, en pocos segundos ya estaba junto al chico que estaba dormitando contra la pared, con los ojos cerrados y una respiración tranquila; Cyan se sentó a su lado, en silencio. Observó sus propias manos sobre las rodillas, luego miró el perfil relajado de Luo.  Era increíble como Luo podía sacar de esa presión asfixiante del orfanato. Finalmente, con un movimiento leve, dejó caer su cabeza con suavidad sobre el hombro de él, ambos tenían tantos planes para el futuro y estaba completamente segura que a su lado conseguiría realizar cada una de esas pequeñas promesas que se hicieron en estos años: escapar, cantar, ser felices.

—¡Whoaa! ¡¿Santa?! ¿En qué momento me dormí? —bostezó sin taparse la boca y luego estiró sus brazos mientras Cyan se alejaba un poco de él—. Que extraño, ya es más tarde de lo que pensaba.
—Ahora a engreído, egoísta añadiremos dormilón —al mirarlo de nuevo, dio una pequeña carcajada—. Siento haber llegado tarde, Luo.
—No importa —respondió él, frotándose un ojo con el puño—. ¿Y? ¿Tu gran ensayo? Seguro dejaste a todos con la boca abierta. Yo desde aquí escuchaba un par de notas y muy ¡MUY ALTAS! Pensé que iban a romper los cristales.

Cyan negó con la cabeza, una sonrisa débil en sus labios. Su mente aún seguía siendo una maraña de pensamientos confusos sobre su deber y sus anhelos.

—Fue solo un ensayo largo. La profesora me felicitó, dijo que tengo un don y luego me recordó que me aíslo demasiado.
Luo la observó, la somnolencia desapareciendo de su rostro de a poco.
—¿Otra vez con eso del "don"? Y lo de aislarte… bueno, es cierto. Pero aquí estás conmigo. Eso no es aislarse, es elegir tus amistades y yo te elegí a ti.
—No es lo mismo. En el coro debo intentar hacer nuevos amigos, es la regla… No lo entiendo.
—¿Y qué? Las reglas de ahí dentro son diferentes a las nuestras. Nosotros somos amigos y así no se hacen amigos. La amistad es algo que llega sin más y como compartes gustos en común es normal hablar y hablar hasta que que hablas de todo y de nada a la vez.

Cyan guardó silencio, mirando sus manos de nuevo. La sencillez con la que Luo reducía las cosas siempre la anima.

—Me ofrecieron ser voz solista el próximo año —confesó al fin, en un tono casi inaudible.
—¡Ah! —exclamó Luo, sus ojos brillando de inmediato—. ¡Eso es genial, Cyan! Es un gran reconocimiento por parte de esos viejos.
—Lo sé. Pero también significa más atención, más ojos sobre mí controlándome y más de… esto —hizo un gesto vago, refiriéndose a todo el orfanato y su reputación.

La emoción en el rostro de Luo se atenuó, sustituida por comprensión.

—Ah. Ya veo. El "Lucky Cyan" en el escenario principal.
—Exacto y en solitario…

Luo se quedó pensativo unos segundos, apoyando la cabeza contra la pared de nuevo.

—Entonces, ¿qué quieres hacer? ¿Aceptarlo y enfrentar a los reflectores, o rechazarlo y quedarte en el fondo? No hay una respuesta correcta. Solo hay una que tú puedas manejar.
—No lo sé —admitió Cyan—. Ahora mismo, solo quiero ir al almacén, quiero escuchar ese riff y después, quiero ver esa azotea. Necesito… necesito aire que no huela a este sitio.

Una sonrisa amplia y auténtica volvió a extenderse por el rostro de Luo.

—¡Esa es mi Cyan! Prioridades claras, primero el riff, luego la misión secreta y finalmente el mundo. ¿Lista?
Cyan asintió, levantándose del suelo y ofreciéndole una mano para ayudarlo a él.
—Lista. Aunque… promete no dormirte durante el riff. Sería un golpe terrible a tu ego y mis burlas hacia ti serán eternas. ¿Verdad, engreído Luo?
—Jamás —afirmó él, tomando su mano y poniéndose de pie—. Mi ego requiere atención constante, incluso cuando duermo. Vamos.
Los dos chicos encendieron unas pequeñas farolas LED y comenzaron a caminar hacia la azotea. Luego de tanta conversación, decidieron que ese día solo inspeccionarían, irían a ver cómo harían para que un cable largo llegara hasta arriba y en qué estado estaban las cosas que Luo había conseguido.

—¿Crees en fantasmas, Cyan? —cuestionó él, llevando la farola hacia su propio rostro para crear sombras extrañas en sus facciones—. Apuesto a que nunca has visto uno.

La peliverde negó con la cabeza, su rostro se volvió un tono más pálido al pensar en la posibilidad. De forma instintiva, cerró la distancia entre ellos, acercándose más a la espalda del chico de cabello ébano.

—Hehe, si te quedas cerca, protegeré a la pequeña Cyan —declaró con un tono entre burlón y sincero. Volvió a extender la mano con la luz para iluminar el tramo oscuro del pasillo que llevaba a la escalera de servicio y luego a la azotea que tanto ansiaban.
—No soy pequeña —bufó molesta, aun sin apartarse ni un milímetro de la espalda de Luo.

Luo rio suavemente y abrió la puerta metálica, el chirrido oxidado resonó en la estrecha y vacía escalera de concreto, lo que hacía que los ruidos se intensificaran. 

—Lo sé, lo sé. Solo bromeo, Santa, en serio, aquí nunca he visto nada raro. Solo polvo, telarañas y el fantasma ocasional de una paloma muerta. Eso sí da un poco de miedo, por el olor. Ugh…
—Eso es asqueroso, no da miedo —susurró Cyan, siguiéndolo escalón a escalón.
—Depende de tu definición. A mí me asustan más las cosas pegajosas e inexplicables que un espectro transparente. Un fantasma puedes atravesarlo, una mancha de… no sé qué… se te queda en el zapato.

Cyan no respondió, concentrada en no tropezar en la oscuridad. La luz de las farolas bailaba sobre las paredes descascaradas.

—¿Y tú? —preguntó ella después de un momento—. ¿Crees en ellos?

Luo se detuvo un segundo, pensando.

—No lo sé. Nunca he pensado en cosas así, puedo decir con seguridad que la buena suerte y mala suerte existen debido a que la gente nos ha etiquetado con esas fortunas; puedo creer que mis padres me guían y cuidan desde algún lejano lugar o tal vez los fantasmas son solo ecos de cosas que pasaron y que quedaron atrapados. Como el sonido en una habitación vacía.
—Eso fue… inesperadamente profundo, viniendo de ti.
—Hehe, ¿Fui genial? Tengo mis momentos. No todo es egocentrismo y mala coordinación. A veces también soy filósofo de… ¿la linterna?

Llegaron a otra puerta, esta más pequeña y con una cerradura vieja, y Luo sacó un llavero de su bolsillo.

—Ahora, lo primero es quitar la cerradura. La he estado aceitando esta semana, debería girar sin hacer ruido y bastante fácil… debí traer alguna cosa como plan de repuesto para abrir la puerta… ains… tarde. Vamos a orar para que el fantasma nos ayude.
—Deja de hablar de fantasmas —suplicó Cyan, pero una leve sonrisa asomó en sus labios.

Luo insertó la llave y giró con cuidado. Un clic metálico sonó en el silencio del pasillo largo y oscuro, la puerta cedió hacia adentro con mucha facilidad.

—Funciona —anunció, con evidente orgullo—. Fase uno, completada. ¿Lista para la vista, inspectora Cyan?

Ambos cruzaron el umbral y se adentraron en la azotea. Lo primero que los recibió fue una brisa nocturna, más cálida de lo esperado, que les acarició el rostro después del aire encerrado de la escalera. Arriba, la luna llena en lo alto del cielo despejado, bañando todo con una luz plateada y tenue que ilumina todo a su paso con suavidad lo que hacía que el paisaje fuera casi etéreo.

La vista se extendía a lo lejos. Desde allí podían ver más allá de los límites del orfanato; las luces de Eastwood centelleaban en una cuadrícula desordenada, las siluetas de edificios más altos se recortaban contra el horizonte y, al fondo, la mancha oscura del Vireta Park. El ruido constante de la ciudad no era tan fuerte como se esperaba aún siendo ya las ocho de la noche.

Cyan contuvo la respiración por un instante. Sus ojos, grandes y verdes, brillaron bajo la luz lunar, reflejando el vasto panorama con puro entusiasmo. Por un momento, todo lo demás —la presión del coro, las miradas, las expectativas— pareció quedar muy pequeño, muy lejano, allá abajo en algún punto que ya no le importaba. Aquí solo estaban ellos, la brisa y un pedazo de cielo propio.

—¿En qué piensas, santa? —inquirió Luo, tirando de su mochila algunos cables y herramientas.
—Nada en particular —mintió, algo que su amigo se dio cuenta de inmediato.
—¡Oye, Cyan! ¿Sabías que los Beatles tocaron en un techo de Londres? —mientras comentaba aquello, comenzó a inspeccionar el cable que había traído del orfanato—. Se le conoce como el concierto de la azotea, el treinta de enero de mil novecientos sesenta y nueve. Fue la última vez que tocaron juntos antes de separarse.

Cyan se acercó para ayudarlo a sostener el rollo de cable. Ella no sabía mucho de música en general, más allá de lo que escuchaba con Luo.

—… ¿Qué tipo de música tocaban?

—De todo un poco —respondió Luo, desenredando un extremo con cuidado—. Para entonces ya hacían rock, pero un rock más melódico, con arreglos complejos. Canciones como "Get Back" y "Don't Let Me Down". Su sonido era… único. Nadie lo imitaba bien y las personas lo creían bárbaros y el rock un sonido que pasaría de moda.
—¿Y por qué tocaron en un techo?
—Porque ya no querían hacer giras, ni dar conciertos grandes. Estaban hartos de la fama, de las multitudes, de sus peleas. Solo querían tocar juntos, de forma sencilla, sin tanto show para despedirse de la banda. Así que subieron a la azotea de su estudio, conectaron los amplificadores, y tocaron. La gente en la calle los miraba desde abajo, los coches se paraban… fue algo espontáneo. Y legendario.

Cyan asintió lentamente, imaginando la escena. Le gustaba la idea, como debía haber salido de la nada la idea y que fuera pura música, sin la presión de un escenario formal.

—Suena mejor que un estadio lleno.
—Mucho mejor —afirmó Luo con convicción—. Por eso pensé en esto. No necesitamos un escenario grande. Solo necesitamos nuestro techo, nuestro sonido, y… bueno, tal vez un público pequeño o ninguno, solo nosotros.
—¿Y la policía no los bajó a los Beatles?
—Sí, al rato. La policía llegó porque los vecinos se quejaron del ruido. Pero para entonces, ya habían tocado como cinco canciones. La historia ya estaba hecha.

Luo señaló un canal de ventilación cerca del borde de la azotea.

—Mira, por ahí podemos pasar el cable. Baja hasta el almacén. Es un camino casi recto. Solo necesitamos asegurarlo bien para que no se mueva con el viento.

Cyan se acercó y miró por la abertura. Parecía viable, aunque estrecho.

—¿Y si llueve? El cable se mojará.
—Lo cubrimos con un tubo de plástico. Tengo unos sobrantes del taller de manualidades. Los juntaré.

Ella lo miró, impresionada.

—Pensaste en todo, ¿verdad?
—Claro hehe—sonrió Luo, con una mueca que era mitad orgullo, mitad nerviosismo—. Es nuestro concierto de la azotea. Tiene que estar bien planeado y no podemos dejar que la lluvia, o la policía del orfanato nos arruinen el debut.
—No quiero que ninguna de las señoras suba a detenernos —comentó Cyan, con un dejo de humor—. Ojalá les de miedo las alturas.
—¡Mejor! Un público ausente y una autoridad con vértigo. Condiciones perfectas.

Terminaron de inspeccionar el lugar, marcando mentalmente dónde colocarían el amplificador y cómo orientarían los parlantes. El plan empezaba a sentirse real, no solo como un sueño de Luo, sino como algo que los dos podían construir juntos, con determinacion desde esta azotea silenciosa bajo la luna llena.
« Last Edit: December 31, 2025, 07:03:30 PM by Miyu »

❛ 𝖳𝗁𝖾 𝗁𝗎𝗇𝗍𝖾𝗋 𝖻𝗋𝖾𝖺𝗍𝗁𝖾𝗌 𝖻𝖾𝗇𝖾𝖺𝗍𝗁 𝗍𝗁𝖾 𝖼𝗁𝖾𝗌𝗌𝖻𝗈𝖺𝗋𝖽, 𝗐𝖺𝗍𝖼𝗁𝗂𝗇𝗀 𝗍𝗁𝖾 𝗉𝗎𝗉𝗉𝖾𝗍𝗌 𝗋𝗎𝗇 𝖿𝗈𝗋 𝖿𝗎𝗇;
𝖾𝗌𝖼𝖺𝗉𝖾 𝗂𝗌 𝗃𝗎𝗌𝗍 𝖺 𝗌𝗎𝗀𝖺𝗋-𝖼𝗈𝖺𝗍𝖾𝖽 𝖼𝗎𝗋𝗌𝖾 𝖻𝖾𝖿𝗈𝗋𝖾 𝗍𝗁𝖾 𝗇𝖾𝗑𝗍 𝗋𝗈𝗎𝗇𝖽 𝗁𝖺𝗌 𝖻𝖾𝗀𝗎𝗇. ❜