Author Topic: Para Sayi ★ Shushupe vs. Anaconda  (Read 5779 times)


Cho

Para Sayi ★ Shushupe vs. Anaconda
« Topic Start: January 08, 2014, 01:14:34 AM »
Hey sis, por poco pierdo la razón, pero aquí está! *twitches* Okay ya... debe haberme quedado horrible pero me esforcé, lo siento. Ahora tengo que continuar con mi lista...

Caution: May contain gheiness.


Shushupe vs. Anaconda


Está en la naturaleza del ser humano temer a lo desconocido, y a lo peligroso. En la vida, ello varía desde un miedo conceptual e intangible, a un símbolo o un ser. Y un ejemplo de un miedo ancestral y arraigado en varias culturas es el de la serpiente.

Los reptiles no generan empatía en las personas, y no hay un entendimiento o argumento que valga. Ellos no piensan, mas siguen sus instintos. Ellos no sienten, tampoco experimentan ese miedo de los humanos. Ellos son incompatibles, impredecibles e independientes. Ellos son uno de los temores fundamentales de muchas especies. Y entre ellos, las serpientes son las que se han ganado la peor fama.

Representan la tentación en el relato de Adán y Eva. Toman un rol demoniaco en muchas otras historias. Son escurridizas y sigilosas. Por más que carezcan de extremidades y tengan poca presencia, están entre los seres más letales. Pero dentro de esta especie, hay serpientes más venenosas y despiadadas que otras.

Rumores recientes advierten de una serpiente en particular, una que debe evitarse y ser dejada en paz, porque de ser perturbada, asechará a su presa eternamente. Nadie puede huir de ella, nadie puede negociar con ella.

Nadie nunca debe olvidar a la Shushupe.



Cansada de una vida de asecho, y esperando encontrar una rutina libre de sus ataduras, esta serpiente desertó su orden y se adentró en una familia que le recibió con los brazos abiertos. Ella iba a casarse y ser parte de una vida tranquila y próspera. Por ella misma, y por su pequeña cachorra, Goda.

Pero Bill no se lo permitiría.



En el ensayo para la boda, Bill llegó junto a sus serpientes restantes y aniquilaron a todos. A todos, menos a The Bride. Ella sobrevivió un disparo a la cabeza y se quedó en coma por varios años.



No mucho tiempo después de ser hospitalizada, recibió una visita del pasado. Era la noche, y una persona aprovechó el cambio de guardia para infiltrarse en el hospital, haciéndose pasar por enfermera.

La habitación de la caída Shushupe le era conocida, y se dirigió ahí, cargando consigo un químico que, luego de ser inyectado al suero, acabaría con su vida de forma silenciosa y sin dejar rastros.

Esa intrusa era nada más y nada menos que Panty, alias Zumbadora. Ella se acercó a ver más de cerca a su próxima víctima.

“¿Quién imaginaría que sobrevivirías? Bill hasta te disparó directamente a la cabeza, tuviste demasiada suerte,” le dijo, mirando su rostro inconsciente de cerca. Eso fue algo que no tardó en lamentar ya que The Bride le escupió reflexivamente pese a su estado de coma. Panty se asqueó y maldijo a la inconsciente varias veces mientras se secaba con una de las toallas del cuarto. Se resistió a golpearle ya que no podía delatar su presencia de ningún modo. “Está será tu última travesura. Ahora morirás en tus sueños. Esa es una muerte que realmente no mereces, vuelves a tener suerte.”

Usando una jeringa descartable, extrajo el líquido transparente que había traído, y caminó hacia el suero conectado a la inconsciente, pero justo en ese instante, su celular sonó. Era Bill, por lo cual se vio forzada a contestar.

“Mal momento, Bill. ¿Qué quieres?” le contestó de mala gana. “Sí, sí… estoy aquí, a punto de terminar con la misión.”
“Entonces no he llamado en un mal momento,” le contestó. “Porque quiero que canceles la misión inmediatamente.”
“¡Debes estar bromeando, desgraciado!” Panty alzó su voz considerablemente, haciéndola retumbar dentro de esa silenciosa habitación. “¡Ha sido un camino largo hasta aquí! ¡Y tuve que vestirme de enfermera, para colmo!”
“Tranquila, alertarás a los trabajadores,” Bill habló pacientemente, aunque dando una pizca de fuerza en su tono de voz. “Además sé que tú eres la que más disfruta de los momentos de fanservice.”
“¡Pero ese no es el punto aquí! ¡Shushupe nos traicionó, no puedo dejarla viva!”
“Escucha, le hemos hecho pasar por una horrible experiencia, hasta le dejamos hundida en esa cama del hospital. Si ella se atreve a despertarse de su letargo, le esperarán muchas más cosas horribles en el camino de nuestra parte. Eso es peor que una muerte pacífica, ¿has comprendido, Zumbadora?”
“…” Panty se quedó en silencio, y cuando pareció que estuvo de acuerdo… “Fuck that, she dies now!”
“No me sorprende,” Bill cortó la llamada, y en ese mismo instante, las puertas de la habitación se abrieron con fuerza.

Un par de guardias uniformados de negro llegaron bajo comando de Bill, y atraparon a Panty antes que continuara con la misión.

“¡AAAHHH! ¡Déjenme ir, malditos!” la Zumbadora fue amordazada y los intrusos no tardaron en retirarse, dejando a la Shushupe descansar tranquilamente.



Desperté en una cama sola en el hospital. Sentí como si una eternidad hubiera pasado, y no tardé en entender que fue así. El calendario marcó cuatro años en el futuro, y sé mejor que creer que todo es un sueño. Más bien, la realidad se convirtió en una pesadilla.

Mi memoria no tardó en recuperarse. Ellos mataron a todos. Bill me dio un disparo en la cabeza. Destruyeron mi vida, mis planes, aquellos que me recibieron como familia, mi querida cachorra… pero no tuvieron éxito conmigo, y pronto se arrepentirán de ello.

Recuerdo claramente a Bill y sus serpientes golpearme. Los rostros de los presentes no se borrarán de mi cabeza. No, al menos, hasta que haga algo al respecto. Les haré pagar, uno por uno, y llegaré a donde el mismo Bill. Por ello me espera un largo camino y un arduo trabajo de iniciar mi viaje, fortalecerme y cazar a cada uno de ellos, pero primero…


“Mueve tu dedo del pie,” dijo The Bride por centésima vez, dentro del carro de un desafortunado enfermero que le vio despierta. Ni bien recuperara la movilidad de sus miembros inferiores, reanudaría sus planes.



Pasado ese ‘inoportuno’ momento de reavivar sus piernas y huir antes que alguien encontrara al enfermero asesinado, la Shushupe condujo el auto a una zona cercana de perfil bajo, donde consiguió una gran cantidad de ropa nueva, cortesía de la tarjeta de crédito de su improvisada víctima. Luego fue a una sede del banco donde tenía su cuenta de ahorros, y al ver que su dinero había permanecido intacto en todos esos años, sacó una tarjeta renovada y supo que podría moverse con libertad mientras llevaba a cabo su venganza.

El primer paradero estaba establecido en su cabeza: Okinawa.



Era otro día soleado y agradable en esa relajante isla al sur de Japón. Un sencillo bar al paso se encontraba vacío, y su dueño estaba en plena labor de ordenar los vasos frente al counter que esperaba a próximos clientes. Entonces, se oyó la campana de la puerta que indicaba la presencia del recién llegado, y el dueño se giró a ver a dicha persona.

Se trataba de una pelirrosa con semblante inocente y alegre, cargando una mochila de viaje, y usando un polo blanco de turista con la bandera de Japón que tenía las palabras ‘Saata Andagi’ impresos en este.

“Bienvenida,” le saludó Kenshin, sonriendo amablemente. “¿Qué te puedo servir?”
“Un smoothie de mango y unos makis, por favor,” respondió The Bride, sentándose en el counter. Ella vio al pelirrojo sacar varios contenedores de madera con distintos ingredientes, y comenzar a preparar el aperitivo frente a ella.
“Es una bonita época para visitar Okinawa, te recomiendo que visites el templo. ¿Y cómo te está yendo en Japón?”
“Muy bien, estoy aprendiendo el idioma,” le contestó de buenos ánimos. Ella pudo ver al mayor agarrar cuchillos y cortar los distintos ingredientes con gran habilidad.
“Oh, eso es excelente,” él asintió, muy interesado en iniciar una conversación. “¿Qué has podido aprender hasta ahora?”
“Veamos… arigatou y también… ¿konnichiwá?”
“Esa no es su pronunciación correcta. Escucha bien: konníchiwa.”
“Ahh, konníchiwa, entendido,” ella sonrió entretenida.

En ese instante, una persona entró desde la cocina, cargando una gran cantidad de manteles blancos recién sacados de la secadora.

“¡Boss, ya terminé de limpiar!” reportó Soujirou, sonriente.
“A ver…” fue realmente inexplicable ver que Kenshin notó algo importante de sólo mirar a los manteles. “Soujirou, ¿de nuevo te has olvidado de usar el suavizante para lavar?”
“¿Eh? Hmm…” el menor levantó su mirada al techo, meditativo. “Pensé que sí lo había usado… pero realmente no es muy urgente, ¿cierto?”
“No se trata de ser urgente,” Kenshin negó apesadumbrado. “Una parte muy importante de atender bien a los clientes es asegurar que sus manteles estén tenuemente perfumados y sean suaves al tacto. Bueno… no hay tiempo para encargarse del problema. Nuestra cliente ha pedido un smoothie de mango.”
“¡Enseguida!” el pelimarrón asintió y regresó rápidamente a la cocina a preparar la bebida.
“Perdón por lo que acabas de ver,” se disculpó Kenshin. “Pero cuéntame, ¿qué te trae por Okinawa? ¿Has venido a disfrutar de las playas?”
“He venido a encontrar a una persona,” la Shushupe sonrió más modestamente, y su tono perdió trivialidad.
“¿A quién… si no es inapropiado preguntar?”
“Battousai,” ella miró fijamente al dueño, sin inmutar su sonrisa.
“…” no se trataba de una cordial e inocente turista. Ella sabía de él. Los ojos de Kenshin se afilaron al igual que su cliente, y se le dirigió con seriedad. “Para venir a buscarme, debes tener grandes planes en mente…”
“Enormes.”



Pasada la introducción, Kenshin llevó a la Shushupe al segundo piso de su local, el cual era inaccesible para los clientes normales. Había un amplio espacio adaptado para entrenamiento de kendo, y varias katanas elegantes y tradicionales apoyadas en un modesto muestrario. Ella se acercó a dichas katanas y las miró detenidamente.

“He venido porque necesito que me hagas una katana. Sé que eres el mejor maestro en espadas que se puede encontrar,” explicó The Bride.
“Estoy retirado desde hace muchos años, ya no ofrezco ese servicio,” respondió Kenshin, firmemente. “Estas espadas tampoco están a la venta.”
“No te he pedido que me vendas una. Te ordeno que me hagas una,” le corrigió.
“¿Por qué buscas una katana?”
“Porque he venido a encargarme de una de las personas más problemáticas de todo Japón: la misma reina de los yakuzas” ella miró a Kenshin determinantemente. “Y te concierne a ti que alguien como yo finalmente le ponga fin a sus fechorías.”
“…”
“¿Ya sabes de quién hablo?”

The Bride se quedó quieta mientras vio al pelirrojo caminar a una sucia ventana del segundo piso. Él exhaló por la boca, creando nubosidad en el vidrio, y con su índice, escribió pesadamente una palabra que señaló a la persona de interés. Él escribió GHEI.

“Tomará un mes terminar tu espada,” Kenshin miró a la Shushupe fijamente. “Hasta entonces, eres libre de quedarte aquí y prepararte para el enfrentamiento.”
“Oh, ¿entonces tú eres una asesina al nivel de la Ghei?” preguntó Soujirou desde las escaleras. Él había subido con el smoothie de mango en mano, pero escuchó lo suficiente de la conversación para saber que los planes habían cambiado. El pelimarrón sonrió. “Será divertido tenerte entrenando. Este lugar ha estado muy tranquilo últimamente. Espero que te sientas en casa…”



Para vengarme de quienes me lastimaron, he escogido un orden, y primero acabaré con la persona que fue más fácil de encontrar. Su nombre es O Isumi Ishii, la líder de los yakuzas en la isla central de Japón, y conocida en nuestro círculo como la Ghei.

O Isumi Ishii (Ghei) AKA Anaconda

Ella es una joven argentina que pasó sus años de juventud en Italia. No tengo información sobre cómo llegó a mi círculo de asesinos, pero existen rumores. Algunos dicen que su familia fue víctima de un ataque por criminales, otros piensan que tuvo conexiones con militares que amplificaron su habilidad. También se cree que ella experimentó una gran desilusión por varios animes inconclusos y con endings inventados a principios del siglo que le llevó por el mal camino. Pero, sea cual sea el motivo, su rango refleja su peligrosa habilidad como asesina.

Como toda líder, ella tiene a allegados muy cercanos que cumplen con apoyarle incondicionalmente. Entre ellos se encuentra Akima. Ella es su hermana, su confidente, su mano derecha, su amiga, su abogada, su enfermera, quien le prepara lasagnas para el almuerzo y su entrenadora de voley. Siempre se encuentra a su lado y se le ve con frecuencia arreglando desastres cometidos por su hermana menor.

Entre sus más cercanos guardaespaldas, está una joven llamada Hysa. Aun siendo la menor del conjunto, se le conoce como la más despiadada y fría. Dicen que lo que le hace falta en edad, lo compensa en crueldad.

Y por último, pero no menos importante, está el comandante Okita. Él es el líder de los guerreros especializados de la Ghei, el temido escuadrón ‘The Crazy Eighty-gheis’.

Con el equipo de allegados y especialistas, además del liderazgo de la misma Ghei, ella se ha vuelto en una de las figuras más temibles de todo el país. Pero, en un lugar como Japón, ¿cómo pudo una mujer argentina, italiana y ghei convertirse en la líder suprema de los yakuzas? Las dudas referentes a sus antecedentes fueron resueltas en una de las primeras reuniones que organizó como reciente líder. En el evento donde todos se mostraron contentos y celebraron la supremacía de la mafia, uno de los miembros de mayor rango, para su desgracia, tuvo algo en mente…


“…” Zexion golpeó la mesa con su puño, con tal fuerza que interrumpió el armonioso ambiente, y causó que todos le miraran.
“¡Zexion, ¿cómo se te ocurre interrumpirnos?! ¡Es una falta de respeto!” exclamó Kamina, inundando el ambiente con su potente voz.
“Parece que hay algo que decir,” la ghei miró a Zexion. “¿Qué es lo que sucede?”
“…” el dirigido tomó un momento en ordenar sus ideas, y luego miró a la líder de soslayo, con frialdad. “Llevo internado en la mafia toda mi vida, y mientras no dejo de probar día a día que el sistema y decisiones están llenas de incompetencia, con el tiempo no ha dejado de empeorar. Es sinceramente deplorable,” se oyó voces de indignación levantarse, aunque estas se moderaron puesto que la ghei escuchaba atentamente. “Pero hoy ha ocurrido la gota que derramó el vaso,” pasó a mirar de frente a la ghei, con desprecio. “Me niego a aceptar que esta mafia está ahora a manos de una tonta líder ghei como tú.”

Sin pensarlo dos veces, la Ghei se levantó de su silla, camino rápidamente por la mesa, y decapitó a Zexion sin darle oportunidad de reaccionar. Los demás presentes se quedaron en shock, menos Akima que tomaba notas del evento tranquilamente.

“Lo que voy a decir es especialmente importante, así que lo diré en español,” Isumi hizo una pausa, mientras Akima empezó a traducir su discurso en el background. “Como su líder, les aconsejo y siempre respetuosamente, a cuestionar mi lógica. Si no están convencidos que mis planes son los más apropiados, pueden decírmelo. Y les prometo, ningún tema será tabú, excepto el que acabamos de discutir. Las consecuencias de llamarme ghei son simples: me llevó tu maldita cabeza,” levanta la cabeza de Zexion. “Tal y como este maldito aquí. ¡Si alguno más de ustedes, hijos de putas, tienen algo más que decir, este es el maldito momento!”

Silencio sepulcral.

“No pensé que lo tuvieran,” tira cabeza al piso, asustando a los presentes. La Ghei regresó a su asiento, y luego de una respetuosa reverencia, sonríe a todos. “La sesión acaba de terminar.”

Vale mencionar que la Ghei odia que le llamen ghei. ¿Por qué yo la llamo así, se preguntarán? Pues, porque puedo hacerlo. También puedo shippearle con otros individuos que ella no soporta.

En sus inicios, ella fue la aprendiza de Battousai y aprendió varias de sus técnicas letales. Sin embargo, su maestro no esperó que fuera a usar su habilidad para escalar rangos en el nivel subterráneo, y a cometer abusos de poder. Con sólo ver los ojos del maestro, puedo comprender que él siente responsabilidad por su aprendiz, y quiere terminar con los crímenes que ella comete.




Pasó un mes, y la promesa se cumplió. La katana fue terminada, y The Bride reafinó sus técnicas letales gracias a la tutoría del maestro.

“…” Kenshin miró la espada recién terminada y la desenvainó. El filo del arma brilló con fuerza, y se vio el trabajo impecable del experto.

Como prueba final, el pelirrojo sacó un nabo de su túnica y lo cortó, para luego agarrar ambas partes con paciencia y volver a unirlas. Notar que el vegetal volvió a unirse sin dejar rastros del corte fue sorprendente, y un tanto confuso para la Shushupe, quien no podía entender cómo así el maestro había optado por guardar un nabo en sus ropas todo el tiempo. Soujirou sonrió entretenido. Él siempre apreciaba las ocurrencias del mayor.

“No pensé que luego de tantos años de retiro, volvería a hacer otra arma mortal,” se lamentó Kenshin. Envainó nuevamente la espada. “Puedo afirmar que esta es la mejor arma que he hecho en toda mi vida. Puede cortar a todos tus enemigos, incluso a un dios que se atreva a cruzarte. Mi nabo demostró el poder de su filo,” le extendió la espada. “Por más que simpatice con lo que intentas hacer, no olvides tus orígenes, y tus verdaderos planes. Es muy fácil perderse en el camino de la venganza, y terminar haciendo acciones que desearías nunca cometer. Ve, ya no te retendré más.”
“Muchas gracias,” ella recibió su nueva espada.



El vuelo a Tokio ocurrió rápidamente. Los planes del viaje y el viaje en sí se sintieron extremadamente cortos. Fue recién cuando llegó a la isla central del Japón y rentó una motocicleta amarilla que combinaba con su atuendo de una pieza fosforescente que los segundos empezaron a transcurrir muy lentamente. Su instinto le dejó saber que había llegado al territorio enemigo, y que pese a no haber ubicado a O Isumi aún, sabía internamente que esa noche iba a ser la decisiva.

Después de un recorrido por las calles de Tokio, The Bride reconoció a Hysa como la conductora de un auto negro con lunas polarizadas. Fue todo lo que necesitó ver, y se dio la vuelta a la manzana para ponerse detrás de la caravana de la Ghei y seguirle hasta el destino que tenía en mente. Para fortuna de la recién llegada, eso resultó ser un amplio y cómodo restaurante, sin otros yakuzas presentes a su mando.



“Es un honor tenerla presente, s-sígame, por favor,” Mikuru recibió a la mafia, sonriendo profesional y cálidamente como la camarera que era, pero se notaba un pizca de miedo en su expresión. El imponente grupo de yakuzas caminó elegantemente por los pasillos del establecimiento, donde había muchas personas presentes y una banda tocando en vivo. Eventualmente llegaron a una amplia y cómoda habitación en el segundo piso, donde todos ingresaron y se pusieron cómodos. Mikuru les dejó varios menús y se retiró para dejar que escogieran lo que querían comer esa noche.

La Shushupe llegó al establecimiento sin llamar la atención, y empezó a seguir los pasos de sus enemigos. Tenía que encontrar una forma de acercárseles y atacarles sin tener que entrar a esa habitación donde ellos tenían la ventaja, por lo cual tenía que espiarles hasta ver distracción o separación del grupo…

Caminó por el segundo piso, y bajó la velocidad al llegar a la altura del cuarto privado de la mafia, pero no pasó desapercibida…

Se sorprendió al ver una estrella de ninja con un colgante de un gato clavarse en la pared. Era una señal de la Ghei, sin lugar a dudas.

Hysa salió rápidamente y, con espada en mano, miró filosamente a ambos lados del pasillo, no viendo ni un alma surcarlo. Ella se quedó atenta por si veía algún movimiento, y en posición de ataque… pero la shushupe supo mantener la discreción al colgarse de las vigas del techo mientras esperaba con mucha incomodidad. Después de un momento de tensión, Hysa relajó su postura, sacó la estrella de la pared, arrancó ese inútil colgante de gato para tirarlo al piso, y regresó a la reunión en la habitación.

Esa fue una advertencia para The Bride. No podía volver a subestimar la alerta del grupo. Decidió irse del pasillo y pensar en algo más.



Fui a los servicios higiénicos para alistarme para la pronta pelea, y pensar en mi plan de acción seriamente, pero tuve una suerte sin precedentes. Oí un ringtone característico. Todos los allegados a la Ghei deben tener ringtones de Kajiura Yuki, y puedo notar que en cuatro años eso no ha cambiado. Miré por la rendija de mi cubículo, y vi a Akima hablar con su celular. Finalmente encontré la forma de iniciar la pelea…



“Oye, tú me recuerdas a alguien,” O Isumi miró fijamente a Mikuru.
“¡¿Y-yo?!” la camarera empezó a temblar, temiendo alguna acusación, pero la observación terminó siendo trivial.
“Sí. Por tu cabello y ropas eres idéntica a Frutillita.”
“¿P-perdón?”
“¿De qué hablas esta vez?” Hysa le miró con hastío.
“No, enserio,” la Ghei se paró y agarró a ‘Frutillita’ de los hombros. No podía creer que nadie además de ella la reconociera. “Miren su gorro, y sus ropas rosas, hasta su abundante cabello. A tus medias blancas le faltan las franjas verdes, pero eres sin lugar a dudas Frutillita.”
“¿Q-quién es Frutillita?” preguntó Mikuru con temor.
“¡Imposible, ¿No sabes quién es Frutillita?!”
“¡AAHH, perdón!” la camarera cerró sus ojos aterrada.

De repente, la palabra tabú se oyó con claridad, inundando cada rincón de la habitación.

“¡GHEI!” gritó la Shushupe. “¡Llegó la hora de saldar cuentas!”

Los yakuzas no tardaron en salir y mirar hacia el balcón del frente. Todos se confundieron a ver a una petrificada Akima, pero la verdadera agresora salió detrás de ella y, sin advertencia alguna, le cortó un brazo.

La sangre no tardó en derramarse y todos los civiles empezaron a huir del local, sabiendo que algo terrible estaba por ocurrir. La Shushupe dejó a la víctima detrás y caminó hacia su verdadera rival de la noche.

“…” O Isumi miró a la pelirrosa en shock. “¡Pero si es *bleep*!”
“¡AAHH, cállate!” The Bride se hartó por haber tenido que aguantar tanto de la narración como una completa incógnita. “Ya, suficiente. Mi nombre es Sayi, y el mundo no se ha destruido por la ausencia de la censura. ¿Ahora podemos continuar con esta escena?”
“No te molestes conmigo, no es mi culpa,” La Ghei se encogió de hombros. “Y ese ni es tu nombre verdadero.”
“Oye, se acabó la discusión del nombre.”
“Sí, sí. Ehem…” O Isumi se aclaró la garganta. “Frutillita, corre.”

Mikuru se fue corriendo despavorida, siendo la última inocente en escapar del lugar.

La recién proclamada Sayi saltó al primer piso y encaró al grupo de mafiosos. Los guardaespaldas presentes corrieron para atacarle, pero un rápido uso de sus técnicas de espada barrió con ese puñado de subordinados. Eso forzó a que Hysa diera un paso adelante e ingresara a la pelea.

“Hola, así que tú eres la Shushupe,” comentó Hysa, con leve desinterés.
“Y tú eres Hysa, he oído de ti,” respondió Sayi. “Entiendo que quieras proteger a tu señora, pero te aconsejo que te retires.”
“¿Consejo? ¿Proteger? Esto se trata de mi honor como samurai y como yakuza más que ‘querer proteger’ a alguien. Si mi ‘señora’ no fuera la jefa, no estaría detrás de ella. Su fama de ghei no va conmigo.”
“¡Oye!” reclamó O Isumi.

Esa fue la única negociación que hubo en la noche, y no terminó fructíferamente. Hysa desenvainó su espada, y las dos luchadoras comenzaron. La ferocidad de la peliceleste fue admirable y evidente desde el comienzo. Sus ataques eran rápidos y limpios, y ella tenía sus movimientos fríamente calculados. Sayi no podía contraatacar con facilidad ya que el balance de su oponente siempre estaba intacto, lo cual le permitía a Hysa retroceder un par de pasos, y volver a atacar con gran inercia.

Llegó un punto en el cual Hysa no dejó de atacar velozmente y Sayi se limitó a detener su espada con la suya. Viendo la tendencia de la pelirrosa, Hysa hizo un ataque inesperado  a sus piernas y llegó a lastimarle superficialmente en un muslo. La Shushupe sintió el dolor y su oponente aprovechó para patearle en el pecho y lanzarla para atrás.

La joven samurai sonrió convencida de su gran habilidad, y rápidamente avanzó para clavar su katana en el corazón de la Shushupe. Sin embargo, Sayi esperó hasta el último momento para rodar, y permitir que la katana se estancara en el piso de madera. Con esto, la Shushupe alcanzó su espada en el piso, y golpeó la katana de Hysa con gran fuerza, en el mismo punto que Sayi había estado atacando con cada una de sus defensas. Fue como esperó: el superior metal de Kenshin pudo quebrar esa katana, y finalmente hubo un momento de desequilibrio para Hysa. Uno mortal.

Hysa saltó hacia atrás para evitar ser atacada y sacó unas cuchillas, pero Sayi le lanzó pedazos grandes de la quebrada katana para distraerle, y luego de girar en pleno piso, la pelirrosa llegó a raspar los tobillos de su oponente. Sabiendo que finalmente había quebrado el balance de su oponente, le atravesó en el abdomen, y su batalla terminó.

The Bride extrajo su arma del cuerpo de su más reciente víctima, y miró nuevamente a la Ghei, quien sacó otra estrella de ninja con su charm de gato, y la clavó en la baranda del segundo piso. El sospechoso ruido de varios autos y motocicletas llegando a las afueras del local fue la indicación que todo un ejército de oponentes acababa de llegar.

‘The Crazy Eighty-gheis’ se presentaron ante Sayi.

El capitán Okita sonrió entretenido mientras sus subordinados pasaron corriendo a sus costados, todos apuntando a atacar a la pelirrosa. The Bride se alistó para el ataque y miró de un lado a otro. Luego de estudiar los movimientos de sus oponentes, se acercó a un grupo y comenzó con la matanza.

Un principio importante de la pelea era mantener la calma, tener movimientos fluidos, y sobre todo, no ser vehemente con ataques o resistencia. Sayi sabía herir mortalmente, también sabía defenderse o dejarse llevar por los ataques, lo cual terminaba haciendo que varios de sus oponentes perdieran equilibrio o terminaran atacándose entre ellos accidentalmente. Ninguno de ellos estaba a su nivel, su pobre habilidad y reacciones lo delataban claramente.

Sin embargo, en medio de ese enjambre de enemigos que a lo mucho le dejaban un mísero rasguño que recordar, Okita aparecía en cuanto menos lo esperaba para agarrarle de improviso y propinarle más que un simple corte. Sayi le miraba con cólera y pretendía contraatacar, pero él volvía a perderse en medio de sus allegados, regresando al anonimato hasta volver a ver una apertura en ella. La Shushupe sabía que tenía que acabar con esa distracción de oponentes débiles de una buena vez antes de ser lastimada más seriamente.

Luego de terminar con un grupo de yakuzas, ella corrió al segundo piso mientras era perseguida por al menos ocho enemigos. Una falla eléctrica se originó ni bien ingresaron a una gran habitación, y pese a la falta de luz, Sayi aprovechó esa distracción mejor que sus enemigos, hiriendo mortalmente uno a uno. Ella estuvo a punto de atacar al último cuando la luz regresó, y pudo verle mejor.

“¿En serio?” Sayi negó, frustrada. Un simple mocoso con un rostro inocente y de poca edad, alguien que estaba cometiendo un tonto error.
“¿Qué miras?” preguntó Ed, molesto.
“¿Acaso no crees que eres muy pequeño para pertenecer a los yakuzas?”
“¡¿Qué?!” él se indignó. “¡Yo no soy ningún niño o enano! ¡No me subestimes!”
“Bla bla, te conviene hacerme caso. Vete.”
“¡No me trates así!” entonces, él rubio vio a The Bride cortar su espada en dos con tal facilidad que ni le dio tiempo a reaccionar.
“¡Deja de creerte la divina pomada, mocoso!” le resondró Sayi. “¡Ni intentes aparentar ser lo mejor hasta que al menos termines la primaria!”
“¡Pero si ya la termin-AAHH!” Ed recibió una golpiza de parte de la harta pelirrosa. Luego esta lo agarró de su camisa, lo sacó de la habitación, y le dio una patada para que cayera por las escaleras.
“¡Regresa donde tu mamá!” le gritó. Su mirada fue tan severa que el rubio tuvo que aguantarse las ganas de pelear y se retiró frustrado.

Pasado ese instante, Sayi recibió otro ataque sorpresa de Okita, el cual apenas pudo esquivar. El capitán terminó golpeando la puerta de la habitación de donde ella acababa de salir y luego arremetió con varios ataques. Por la fuerza y rapidez de su oponente, Sayi tuvo que caminar en retroceso y esquivarle, mientras esperaba una apertura.

Entonces, la espada de Okita se quedó clavada en una columna de madera que no había visto de antemano. Él trató de sacarla, pero su oponente aprovechó para atacarle y causarle una herida profunda en su brazo derecho. Sayi estuvo por dar un ataque más, pero tuvo que saltar a un lado cuando dos subordinados le atacaron desde atrás. The Bride rápidamente se impulsó y los eliminó, cortándole un brazo a cada uno.

Ella se giró y justo vio a Okita sacar su espada y comenzó a correr hacia él.

“¡O-oye! Párala, me rindo,” declaró Okita.
“¿Qué?” Sayi le miró confundida.
“Ya me divertí, y ese es el punto. No estoy dispuesto a perder ningún brazo por nadie,” afirmando sus palabras, él envainó su espada y levantó ambas palmas. “¿Lo ves? No estoy bromeando.”

La Shushupe le miró como si le desconociera. Detrás de ella, unos tres subordinados que habían corrido para atacarle decidieron detenerse e intercambiar miradas. La actitud libre de Okita quitaba la moral a cualquiera, y los tres optaron por regresarse por donde habían venido. El capitán saltó al primer piso y comenzó a caminar indiferente.

Sayi miró a los lados, y no vio a ningún otro enemigo de pie listo para atacarle. Tampoco estaba la Ghei, y entendió que tenía que ir detrás de ella. La pelirrosa se paró en el barandal para hablar a todos.

“¡Todos los que siguen con vida son libres de retirarse! Pero olvídense de los miembros que han perdido. Esos son míos ahora…”
“Tough luck everyone~” comentó Okita, con leve entretenimiento.
“Ya vete, arruinas el momento,” le dijo Sayi.
“Tranquila, ya estoy por la puerta,” él caminó a una mesa larga donde había una copa intacta de langostinos. Luego de agarrarla y comenzar a comer, fue hacia la salida, sin antes despedirse de alguien. “Bye Akima.”
“Ah verdad,” Sayi apuntó a Akima con su espada. “¡Tú te quedas donde estás!”



Temí que la Ghei se haya escapado ni bien tuvo la oportunidad, pero ella me esperó en un jardín a las espaldas del local. La nieve caía y había formado un ligero manto blanco en la superficie. Me pareció muy raro, porque en mi recorrido por la ciudad no hubo ninguna señal de nieve antes de este escenario, pero no hay punto de quejarse…

“…” O Isumi miró de reojo a Sayi, reconociendo su presencia. “No pensé que llegarías. La espada que traes es muy buena. ¿De dónde la conseguiste?”
“Battousai la preparó para mí,” respondió The Bride.
“Whaaat?! ¡Me costó años de entrenamiento para que me hiciera una, ¿y a ti te la dio en tan poco tiempo?! ¡No es justo, la próxima que le vea, le reclamaré!”
“No te hagas líos, ghei.”
“¡Y no me llames ghei! ¡Esa palabra es prohibida!”
“Pero eres ghei, ghei. ¿Por qué lo niegas?”
“¡Pero que no soy ghei! ¡Soy la jefa de los yakuzas! ¡Y una de las mejores asesinas!”
“Aunque la ghei se vista de seda…”
“¡Calla, tú eres la ghei!”
“Pero hasta tu escuadrón se llama ‘The Crazy Eighty-gheis’.”
“¡No, son ‘The Crazy Eighty-eight’! ¡E-I-G-H-T!”
“¿Ah sí?”
“¡¿Y por qué te sorprendes?! ¿Ves que ya te crees tus disparates? Te vienes con tantas cosas desde que me shippeabas con Light…”
“Sí, porque eres ghei.”
“¡¿Y qué tiene que ver eso aquí?! ¡No soy ghei!”
“Oye, eres ghei, siempre has sido ghei. ¿No recuerdas tus orígenes en el fic HiME? ¿Acaso no eras esa ninja gheisha omnilingüe controladora del tiempo perteneciente a un clan que venía del futuro?”
“¡No metas cosas que no son, calla! ¡Y geisha no se escribe así!”
“¿Y tu código que todos a tu alrededor deben usar ringtones de Kajiura Yuki?”
“¡Calla ya! ¡La la la, no te oigo!”
“¿Y eso que llamaste a la camarera Frutillita o algo así?”
“¡LA LA LA LA!”
“Olvídalo, vengo con la misión de rendir cuentas. Acabemos con esto.”
“Sí, ¡de una vez te mostraré que no soy nada ghei!”

Era el momento en que las dos serpientes finalmente se enfrentarían. Ambas alistaron sus armas, intercambiaron miradas filosas e iniciaron con lo que sería la más elegante pelea de la noche…

“¡Hiten Mitsurugi-ryu, Ryutsuisen!” gritó Isumi, dando un salto y atacando desde arriba. Sayi detuvo su asedio con su espada, pero la fuerza detrás del golpe hizo muy difícil sostenerse firme.

La Shushupe le empujó hacia atrás y empezó un ataque rápido que la Ghei comenzó a esquivar dando pequeños saltos hacia atrás. Sayi trató de clavarle su espada, pero su oponente se hizo a un lado, y luego pasó a su costado con rapidez, usando otra de sus técnicas de pelea en su contra.

“¡Ryukansen!” dio un giro de trescientos sesenta grados e hizo un corte profundo en la espalda de Sayi.

Ella dejó escapar un grito y se cayó de rodillas. Luego de tomar un corto respiro, tuvo que aguantar el dolor y girar rápido para detener otro ataque con su espada. Hizo fuerza por un corto rato, y entonces, dejó de poner resistencia, al mismo tiempo en que giró su pierna para impactar los tobillos de Isumi y hacerle caer al piso. Sayi se levantó de un salto y en medio de este logró lastimar el brazo de su oponente. Ambas decidieron ganar distancia y prepararse para lo que sería el cruce final.

Cada una de ellas estaba cansada y herida, pero seguían determinadas a dar lo mejor de sí. Sólo una podía salir viva de ese encuentro.

Las dos corrieron para acercarse y reiniciaron con varios ataques rápidos que bloqueaban entre ellas. El asedio fue constante de parte de las dos, hasta que sus espadas volvieron a encontrarse en pleno forcejeo. Isumi se petrificó al ver una grieta en su arma, y esta terminó por estallar, liberando la gran presión de Sayi. La espada de la Shushupe de inmediato terminó con el encuentro.

La parte superior del cráneo de la Ghei fue cortada y salió disparada. Ella se cayó de rodillas, en completo shock.

“M-mi… cabello…” dicho esto, se cayó de costado, derrotada. El reinado de la Ghei en la mafia japonesa terminó.

El primer nombre de la lista de venganzas fue tachado. La Ghei estaba fuera del mapa, y probó ser ghei hasta sus últimas palabras.



Pasaron dos días, y Akima recibió una visita en el hospital. Se trataba de Bill.

“Escuché lo que pasó. Es una gran lástima,” expresó Bill, tranquilamente.
“¿Vas a… matarme?”
“No, no lo haría. Sólo me da mucha pena lo que te ha hecho. The Bride está en camino para encontrar a los que quedamos, y no parará hasta derrotarnos a todos. Oí que escapó del restaurante, y no debe seguir en Japón. Ella no parará hasta cobrar su venganza.”
“…”
“Tengo una pregunta que hacerte… ¿ella está consciente que Goda sigue con vida?”