Author Topic: 01. The Reaping: May the Odds be Ever in Your Favor  (Read 7523 times)


Puri

Los sexagésimos juegos del hambre.

El cuadragésimo quinto desde que había asumido el poder en todo Panem a los 23 años.


No pudo evitar sonreír con cierta mofa en medio de la reunión con el director de los juegos y su comité. Mientras estos hablaban y mostraban sus planes para la arena—un reloj de arena, interesante—, él rememoraba años pasados y a enemigos aniquilados. Todos aquellos que pensaron que jamás lo lograría, que no se elevaría por encima de todos y de todo.

Inclusive ella.

Pero la nieve, cuando cae, siempre lo cubre todo.


Se preguntó mentalmente si es que los diseñadores de los juegos de este año habían tomado su apellido en consideración para la idea central de la arena, la cual era depositar más y más arena cada día e ir matando a los tributos de a poco. Seguramente el director de este año quería quedar bien con él para luego pedir algún tipo de favor… No había nada en el mundo que detestara más que aquellos que creían que podían adularlo.


“Estimados,” habló, interrumpiedo a la joven que estaba mostrando videos con los nuevos híbridos en los que estaban trabajando para soltar en la arena este año. “Hasta ahora, muy buenas ideas todas. Los felicito a cada uno por su aporte.”

Todos a su alrededor comenzaron a sonreír entre ellos y a agradecerle, a la par que se miraban entre ellos con cierto alivio.

“Sin embargo…”

Sus palabras inmediatamente cortaron el buen ánimo de tajo, dejando a todos congelados.

“No puedo evitar sentir cierta curiosidad. ¿Cómo fue que surgió la idea del reloj de arena?”

“Señor presidente,” comenzó el director, quien se veía más animado al darse cuenta de que sólo se trataba de una simple pregunta. “Al tratarse de los sexagésimos juegos del hambre, con el equipo queríamos crear algo especial, y como todos bien sabemos, no hay nada más especial que el hombre que ha otorgado tantos años de paz y estabilidad a la nación.” Dijo todo esto con una sonrisa brillante.

Snow alzó levemente la comisura de sus labios en su dirección, lo cual animó al hombre a seguir hablando.

“No queríamos que fuera algo tan literal, además de que usamos nieve hace un par de años atrás. Por otro lado, el reloj de arena evoca a los años oscuros y al pasado, en donde los distritos se encuentran atrapados de por vida. Un recordatorio de sus crímenes, y la arena cayendo de a pocos, su justicia contra ellos.”

“Qué elocuente.” No pudo evitar soltar una risita, lo cual hizo que todos se unieran a él. “Gran idea, jóvenes.” Todos asintieron y les regaló una sonrisa. El director de los juegos brillaba, parecía no caber dentro de sí con la emoción de tantos elogios por su parte. “Lamento mucho tener que acortar la reunión debido a mi agenda, pero todo lo que he visto me ha dejado muy satisfecho. Les doy permiso de seguir en el camino en el que van y por favor, reunámonos de aquí a dos semanas para ver el producto final. Estimados.”

Se levantó de la mesa y todos le siguieron, asintiendo con sus cabezas y agradeciéndole por su tiempo y esfuerzo.

Antes de que todos terminaran de salir de la sala de conferencias, le llamó.

“Director. ¿Un momento?”

“Por supuesto, presidente.”


No por nada conocía mejor que nadie la importancia del simbolismo en los juegos. La importancia del ritual fundamental de la nación: recordarle a los distritos su pena por su rebelión, pero también darles una esperanza de mejor vida.

No se le había pasado por alto el simbolismo de un reloj de arena. Anticuado, del pasado. Obsoleto. Y el simbolismo de la arena también: áspera, seca Residuos de aquello que en tiempo atrás tuvo vida.

No era un favor lo que quería el director de los juegos. Era un claro mensaje sobre lo que pensaba él (o quienquiera que estuviera detrás, manipulándolo) sobre lo que pensaba de su mandato.

Pero él también sabía mandar mensajes llenos de símbolos a aquellos que sabían leer entre líneas.


Se acercó al rincón de la estancia, donde se encontraba el estante en el que guardaba sus mejores licores.

“¿Una copa?” Le ofreció.





Fic inaugural~
« Last Edit: July 24, 2026, 06:19:51 PM by Sayi »

Forget all the shooting stars and all the silver moons
We've been making shades of purple out of red and blue


Sayi

Re: May the Odds be Ever in Your Favor
« Reply #1: July 24, 2026, 06:18:47 PM »


Era media mañana y la ciudad se encontraba rebosante de gente. El clima era cálido pero agradable; el cielo se encontraba azul y despejado, y una suave brisa refrescaba a quienes celebraban en las calles. Era un perfecto día de verano para el evento más esperado del año.

Las pantallas del Capitolio parpadearon al unísono.

Pareciese que cada hogar se encontrase hosteando reuniones, y toda cafetería y centro de reunión rápidamente llamó la atención a la transmisión oficial empezando en las pantallas. El himno de Panem retumbó en los parlantes, y el sello dorado del Capitolio brilló en cada televisión a lo largo y ancho de Panem. Lo único que se escuchaba aparte del himno era la algarabía que se contagiaba en las calles de la capital. Era imposible no sentirse electrizado.

Finalmente había llegado el día de la Cosecha.

La transmisión se desvaneció dando paso a la imagen de Caesar Flickerman, con su indistinguible sonrisa y vistiendo un brillante traje de terciopelo púrpura con detalles plateados.

“¡Buenos días, Panem!” su vozarrón anunció “¡Y muy felices Juegos del Hambre para todos!”

En todo el Capitolio, la atención se volcó por completo a la imagen de Caesar en sus pantallas. Los niños se olvidaron de sus desayunos por no perderse una sola palabra. En los distritos comerciales, los transeúntes se detuvieron en su sitio para ubicar a la pantalla pública más cercana. La anticipación era contagiosa.

“Hoy conoceremos a los tributos que representarán a cada uno de nuestros distritos. Veinticuatro jóvenes, dos por distrito, pelearán valientemente por el honor de representar a su distrito, y donde un solo tributo será coronado como el vencedor de este año, trayendo consigo la generosidad del Capitolio a su distrito”

Una pequeña pausa asentó sus palabras, y entonces su sonrisa se extendió más que nunca. Las pantallas detrás de él empezaron a mostrar imágenes de varios distritos de Panem: La cinta de montañas del distrito dos, los interminables campos de trigo dorado del distrito nueve, la gigante presa hidroeléctrica del distrito cinco, las praderas con ganado del distrito diez…

“Acompáñennos durante esta primera jornada recorriendo los distritos de Panem, donde televisaremos cada una de las ceremonias de la Cosecha para conocer a cada uno de nuestros valientes jóvenes”

La audiencia presente en el escenario no pudo contener su emoción. Gritos de júbilo y vitoreos se escucharon a través de la transmisión. Caesar estrujó su expresión en una sonrisa apretada, y encogió su cuerpo para entonces explotar sus extremidades como una estrella, antes de gritar: “¡Estoy tan emocionado!”

El público celebró con el. Por el resto del día, la transmisión saltaría a cada uno de los distritos para televisar cada cosecha. Y con cada tributo seleccionado, los comentaristas se encargarían de compartir cada detalle a su disposición con la audiencia del Capitolio. Sus nombres, sus fotografías, sus familias… cada detalle se volvería dominio público.

Durante las próximas dos semanas, millones de ciudadanos de Panem seguirían a cada uno de ellos. Serían testigos de sus alianzas, sus traiciones, sus victorias… Y de cada final.

Porque después de todo, solo había lugar para un vencedor.

“¡Felices Juegos del Hambre!” cantó Caesar, antes de girarse hacia el monitor, donde empezaba la primera transmisión del día “Y que la suerte esté siempre, siempre de su parte”

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Oh, dream maker, you heart breaker
Wherever you're goin', I'm goin' your way


Shura

01.


Distrito Dos--

Maelle POV

--Quince horas antes de La Cosecha.

Había hecho aquello tantas veces que ya ni siquiera sudaba. Un tramo tenía una escalera de piedra tallada directamente de la montaña, otro tenía que asegurarse de encontrar saliente para los pies y manos, tan conocidos que escalarlos se sentía como el saludo de un viejo amigo. Ahí arriba no había nadie, por eso era el lugar ideal, ni agentes de paz, ni reclutas y por supuesto ningún trabajador.
Solo yo con mis pensamientos.
El aire ahí arriba me obligo a cerrar los ojos, a contener la respiración, poco a poco el aire amaina y puedo observar a lo lejos, el brillo dorado del Capitolio.
El distrito dos era el que más cerca se encontraba y aún así, tenías que subir a lo más alto y esperar a un día despejado como aquel para vislumbrar la luz del capitolio.
Podría parecer una vista magnifica, pero me revolvía el estómago.
Agarro una piedra y la arrojo con todas las fuerzas de las que dispongo, demasiado lejos para alcanzar aquel monolito a la opulencia y decadencia.
Mañana sería La Cosecha, y aunque solo debería haber cinco papeletas con mi nombre, todas obligadas por edad… había cumulado al menos cuarenta y cinco.

En estos años había solicitado al menos cuarenta Tesseras, no para dar comida a mi familia. Mis padres gozaban de una posición privilegiada… era sencillamente que no podía contra la desgracia de los demás, con las constantes injusticias. Y en secreto, había compartido comida durante dos años así, añadiendo su nombre demasiadas veces para el sorteo.
Sabía que estaba jugando con fuego, pero al mismo tiempo era un grito de rebelión, un golpe en la mesa por un sistema que los asfixiaba, para que no protestaran y se sintieran agradecidos por las migajas que daba el Capitolio. Aunque su familia gozará de ciertos lujos, no podía hacer como si nada cuando todo a su alrededor se desmoronaba amenazando con tragarles.
Casi deseaba salir elegida en la Cosecha, tener los focos para poder gritar por justicia, por transmitir el mensaje de que juntos eran más fuertes.
Casi…

--Presente

ALICIA DESSENDRE

Casi…
La ridícula presentadora había dicho su nombre como si ser un Tributo fuera como ganar la lotería.
Las cámaras enfocaron mi cara y tengo que mirar a la pantalla porque todavía no puedo creer que sea mi cara la que sale en las pantallas. Ridícula, con la boca abierta como un pez. Pensando que nadie me llama así, que mi nombre está mal y que no soy yo, que solo me llama Alicia mi familia.
Me pitan los oídos, solo hay conmoción en parte del público donde están mi madre y mi padre siendo testigos de mi elección como Tributo para la Cosecha.
Una vez más.
Los agentes de paz se acercan a mí para escoltarme al escenario, menos mal, porque siento los pies como cemento. Uno de ellos alarga una mano hacía mí… y es detenido por una mano femenina, cerrándose tan fuerte alrededor de su muñeca que parece una garra. No tiembla, parece hecha de hierro, firme igual que su voz.
-¿No me has escuchado, idiota? Me ofrezco voluntaria.
Levantó la mirada desde aquella mano a la cara de su propietaria: pómulos marcados ojos como el hielo deslumbrante bajo el sol, no había ni una pizca de amabilidad en su mirada y parecía arder con un halo de su larga melena cobriza.
-Clea. -Susurro sin aire en los pulmones.


Clea POV

--Once horas antes de La Cosecha.

Escucho como la puerta se abre lentamente.
Como un ratoncito, distingo los silenciosos pasos de Alicia por el pasillo que me hacen poner los ojos en blanco y dejar mi escultura a medias. En el distrito dos teníamos buena cantera y había hecho algunas esculturas que se habían vendido a buen precio en el Capitolio gracias a los contactos de mis padres. Está nueva escultura era grande, la interpretación de algún dios poderoso de manos duras y firmes.
-Alicia.
Se detiene, me ha escuchado, me limpio las manos en el mandil.
-Ven, Alicia.
Sabe que es mejor no desafiarme, soy la hermana mayor, pero la edad la ha vuelto rebelde y tarda un poco más de lo que esperaba en entreabrir la puerta de mi taller.
-¿Qué quieres Clea?
Que descarada, fingiendo aquella inocencia. Es un juego que podemos jugar las dos.
-¿Has vuelto a quedar con tus amiguitos? -Finjo indiferencia, prestando atención a mi escultura.
-No, solo he ido a dar una vuelta.
-Que productivo. -Le hago señas para que entre, aunque lo hace, mantiene las distancias.
Apoyó el cincel dando toques con el martillo para marcar contornos en la piedra.
-No has olvidado quién es tu auténtica familia, ¿verdad, Alicia?
Da un respingo, sorprendida porque sé su pequeño secretito. Que niña tan estúpida y crédula.
-No sé a qué te refieres.
Claro, porque los rumores de la gente sobre que había regalado Tesseras eran invenciones y la gente riéndose por detrás cuando pasaba un Dessendre eran imaginaciones suyas.
No espero que Alicia me cuente nada. Ya eso no tiene importancia.
-La Cosecha se ha llevado mucho de esta familia-
-Ya lo sé.
De verdad que me estoy conteniendo por no agarrar a esta niña de su estúpida coleta y arrastrarla hasta papá y mamá para que cuente la verdad. Si vuelve a interrumpirme quizá lo haga… ¿y para qué? Mis padres están ciegos de amor por su hijita pequeña.
Respiro… uno, dos.
-Papá y mamá te quieren mucho… no los destruyas por una causa que no te corresponde.
-¿Y tú? ¿Me quieres?
-Que pregunta tan estúpida. -Tomo un enorme cincel y doy un golpe seco a la muñeca de mi propia escultura, la mano de piedra cae pesadamente y Alicia da un gritito asustada. He arruinado la escultura, pero mejor golpear la piedra que a mi hermanita. Ya no somos niñas para tirarnos del pelo por una rabieta.
No respondo a la pregunta de Alicia. Las palabras siempre me han parecido falsas, burocráticas, lentas e inútiles.
Tomo la mano de piedra y la inspecciono, buena anatomía, pero era un trabajo distraído.
-Ve a bañarte y a dormir, mañana iremos con la cabeza alta a la Cosecha.
Aquel era el último año en el que tendría que participar en aquel circo, y no tendría que tener miedo por salir elegida. No había ninguna papeleta con el nombre de Clea Dessendre en la selección.
Alicia no lo sabía, papá no dejaría que ninguna fuéramos a los Juegos del Hambre. No se arriesgaría nunca más: dinero, favores, había maneras de inclinar las cosas a favor. Aunque alguien tenía que pagar, claro. Algo así a una niña tan inocente como Alicia, la destruiría.
El problema, es que Alicia metía más papeletas con su nombre de las que papá era capaz de sacar.

--Presente

Cuando veo el nombre de mi hermana como tributo pongo los ojos en blanco.
Que niña tan tonta y crédula.
Veo a mi madre desmayarse, mi padre la sostiene, aunque parece que también va a caer en cualquier momento, no son capaces de hacer nada.
Inútiles, todo lo tengo que hacer yo.

-Me ofrezco voluntaria. -Levantó la mano calmadamente, como una obviedad, como si respondiera elocuente a una pregunta de la profesora en la escuela.

Ni caso.
Ya estoy harta. No se me da bien esto del control de la ira.
Doy un codazo en la nariz a una chica que sonreía aliviada y piso el pie de otra que se interponía en mi camino, tiro del pelo a otra hasta arrancarle mechones y ya parece que el resto empieza a abrirme camino.
Me sube la bilis cuando veo a aquel tipo alargar la mano hacía mi hermana y le clavo las uñas con tanta fuerza que estoy convencida de haberle hecho sangre.
-¿No me has escuchado, idiota? Me ofrezco voluntaria.

No escucho a mi hermana, no necesito hacerlo, las palabras nunca me han gustado.
Arrastro al agente de paz hacía el escenario para ponerme al lado de aquella ridícula mujer que seguía sonriendo porque estaba tan operada que no podía tener otra expresión. La presentadora del distrito dos seguía hablando de manera animada, aunque el ambiente era escalofriante.
-Uhu, pues ya tenemos a nuestro Tributo femenino. Una voluntaria ni más ni menos. Un aplauso para esta valiente.
Los aplausos son tan tibios que aquello parece un mal chiste.

-Y ahora nuestro Tributo masculino.

Nikto POV

¿Cómo demonios me llamo?
Ivan.
Igor.
Dimitry.
Ninel. ¿Quién coño se llama Ninel? Joder, preferimos morir que llamarnos así.
La vista se me nubla por los bordes, como si llevará mucho tiempo dando vueltas en un carrusel.
-Hmmmm…
El idiota que estaba delante nuestra en aquella fila para el matadero llamado Cosecha gira la cara para mirarnos, da un paso al frente amargado. Se me escapa una risa seca y ronca. ¿Coincidiré con él en los juegos? Nos encantaría rajarle la garganta… ah, no, solo es un tributo masculino y femenino por Distrito.
Que pena.
-Sí… una pena.
Aquel tipo da otro paso alejándose al verme hablar solo.
Pero nunca estamos solos.

Las voces en mi cabeza siguen diciendo nombres al azar. Sentimos la piel correosa y pica, hacen falta más drogas porque solo pensamos en matar. ¿Por qué porqué esperar?
Joder como pica.
No podemos rascarnos la cara por la máscara, dejando solo mis ojos a la vista. Digamos que vamos tapados porque las cicatrices no nos hacen guapos.
No eres feo, solo difícil de mirar.

Creo que han dicho nuestro nombre.

NIKTO

Que es lo mismo que decir nadie. Pero todas las cosas tienen que tener un nombre. Y este nombre se nos daba bien escucharlo. Las voces paran, nos fundimos en una sola emoción de euforia, joder, siento como la sangre nos corre hacía la polla.
Somos el jodido tributo, el subidón me hace jadear mientras voy hacía el escenario mientras el gilipollas que tenía delante se quita de en medio como si fuéramos una apisonadora. No, lo siento, esta erección no es por ti, es por nosotros.
No nos interesan ni los hombres ni las mujeres. Solo hay una cosa que nos atraiga: las drogas experimentales que nos facilitan, que luego acaban para agentes de paz y otros soldados.
Y matar.
« Last Edit: July 26, 2026, 01:19:38 PM by Shura »


Sayi

District 4 - Umi

Las nubes se movían lentamente y el cielo, de un celeste prístino, se extendía más allá de su visión. A lo lejos, el bajo de la música se escuchaba por debajo del agua, como un murmullo amortiguado. La joven tomó un respiro hondo dejó que su cuerpo flotara sobre el vaivén del océano.

La voz de Makoto se coló entre la música y las conversaciones en la playa.



“¡Umi! ¡Vamos a llegar tarde!”



La peliceleste abrió los ojos y suspiró para sí misma, antes de incorporarse y empezar a nadar hacia la costa. Era un día caluroso en pleno verano, y la fecha más esperada del año. 



Para bien o para mal… el día de la Cosecha estaba aquí.



***

Era un día festivo en todo Panem. Una fecha de conmemoración en la que cada distrito contenía el aliento hasta que los dos tributos fueran elegidos y enviados al Capitolio. En el Distrito 4, dedicado a la pesca, todos los botes se encontraban atracados en el muelle y no había un solo pescador en alta mar. Por unas pocas horas, incluso el persistente olor a pescado parecía desaparecer, convirtiéndolo, irónicamente, en uno de los mejores días para disfrutar de la playa. Y eso era precisamente lo que muchos hacían, especialmente los posibles tributos.

Era una especie de tradición: Sumergirse en el mar antes de la Cosecha para que, de resultar elegido, el tributo partiera hacia el Capitolio con la sal de su distrito todavía prendida a su piel y a su cabello.

La Aldea de los Vencedores se alzaba en lo alto de un acantilado. Desde allí, todas las casas observaban el mar desde una locación privilegiada. Abajo, mucho más abajo, las cabañas de los pescadores y otros trabajadores se distinguían cerca al mar, donde el olor de pescado parecía nunca descansar. Desde el trecho donde caminaban, Umi observó las destartaladas casas de reojo, y notó a varios niños aún sumergidos en el mar. Los valientes se empecinaban con disfrutar el día, optando por ignorar el evento que empezaría en unas pocas horas.

La voz de Makoto la regresó a la realidad.



“Coral volvió a vencer a Marina con su tridente” dijo la castaña.

Umi fingió sorpresa “No me digas”

“Dicen que este año finalmente la van a elegir”
“Vienen diciendo eso desde que tiene quince”
“Pues es ahora o nunca. Ya tiene dieciocho” dijo Makoto “Me temo que si no la eligen van a tener que sacarla de la plaza arrastrada”



Umi sonrió para su misma. ‘Mejor ella que yo’ pensó. Pero no era algo que se atrevería a decir en voz alta, ni siquiera en frente de su amiga.

“¿Vas a ofrecerte?” le preguntó Makoto
“Si, ¿y tú?” respondió rápidamente, estirando una sonrisa.
“Quería, pero el instructor dijo que no estaba lista para que los mentores me consideraran” dijo decepcionada “Pero bueno, aún tengo tres años por delante”



La entrada de la Aldea apareció a la distancia. Makoto observó a su madre esperándola y empezó a correr. Umi no tenía ganas de seguirle el paso, pero decidió pretender una vez más.

No podía esperar a que terminara todo este asunto.

***

Cuando Umi tenía seis años, su hermano Kaien ganó los juegos del hambre.



Fue sumamente inesperado, y las conexiones con el Capitolio catapultaron su estilo de vida. Su padre pasó de ser tripulante de un arrastrero a comprar su propia embarcación. Luego vino una segunda, y después otra, hasta que terminó fundando su propia empresa pesquera. Y su familia ascendió de la incertidumbre de llegar a fin de mes a una cómoda casa en la Aldea de los Vencedores, donde no les faltaba nada, y donde podían codearse todos los días con la gente más afluente del distrito.



Umi recordaba poco de su vida antes de la victoria de su hermano. El cuarto que compartía con Kaien. El olor a sal y la marea golpeando la pared de su casa en las noches. La sopa de pescado perpetuamente en la cocina y los muelles hechos mimbre y soga. Pero sus padres jamás olvidaron de donde provenían, y lo lejos que habían venido. Para ellos, la generosidad del Capitolio había bendecido sus vidas. Todo lo que tenían se lo debían, de una forma u otra, a la victoria de Kaien. Y lo mínimo que podían ofrecer a cambio era el respeto y la obediencia que se esperaba de ellos.

“¡Ouch!”
“Quédate quieta… no se porqué te empecinas en meterte al mar el día de la cosecha” se quejó su madre, peinando su cabello con fuerza “Tu cabello está todo enredado”

“Es tradición mamá. Los instructores lo recomiendan”
“Pues podrías haberlo hecho ayer…”

Su padre entró en su habitación, brillando de orgullo. Años atrás había sido un hombre fuerte, endurecido por los días interminables en alta mar. Pero en la última década, las comodidades de su nueva vida habían suavizado sus facciones y añadido peso a su figura.



“¡Mi sirena!” exclamó, plantándole un beso en la mejilla “¿Lista para tu última cosecha? ¡No te olvides de alzar tu mano muy en alto! Espero que el alcalde Maren vea a la última de los Ryuuzaki brillar entre la multitud” 



Umi asintió mientras su madre terminaba de decorar su cabello con perlas. Contrastaba bien con su vestido de lino oscuro que su madre había pedido para la ocasión, con un pañuelo de seda color verde agua que adornaba su cuello. A Umi le parecía excesivo, pero ante los ojos de sus padres, este era un evento importante para demostrar sin duda alguna su devoción al Capitolio.



Por más retorcido que le pareciera… 



Umi había alzado la mano los últimos tres años, con sus padres y hermano presentes en esa plaza, y jamás había sido seleccionada. Pero tampoco esperaba serlo: Aunque asistía a la misma academia preparatoria que los candidatos, existía una jerarquía bastante clara sobre quienes tenían verdaderas posibilidades de representar al Distrito 4. Por cada niño aterrorizado cuyo nombre salía de la urna, cinco a seis voluntarios podían levantar la mano. Entonces correspondía a los mentores escoger al más capaz de ellos: Quien tuviera las mejores calificaciones, mayor destreza y, sobre todo, el valor necesario para arriesgar la vida por el honor de su distrito.



Alguien como Coral. No alguien como ella.

“¿Dónde está Kaien?” Preguntó Umi camino al automóvil “¿No va a venir con nosotros?”
“Nos dará el alcance en la plaza. O eso me dijo su secretaria” respondió su padre 
“Tiene asuntos de mentor”

***
« Last Edit: August 31, 2026, 07:14:24 PM by Sayi »

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Oh, dream maker, you heart breaker
Wherever you're goin', I'm goin' your way


Nanami

.01 | Distrito 10 - Lucy


Desde los seis años he vivido en el orfanato principal del distrito 10.

El primer recuerdo que tengo de este lugar es una de las cuidadoras rapando mi cabeza para prevenir que los piojos de los demás niños encuentren alojo en mis trenzas. Su voz era firme mientras me recomendaba abrazar con fuerza a la muñeca de trapo que he podido traer conmigo a este sitio.

Recuerdo seguir su consejo y continuar llorando en silencio por miedo a que otra cosa mala ocurriese si reclamaba en voz alta. Después de todo, las quejas no cambiarían mi situación.

No era como si alguien fuese a salvarme de ese lugar si hubiese pedido ayuda.

Lamentablemente ese mismo día, mis padres habían muerto en un accidente laboral –o eso me dijeron cuando me sacaron de casa– y como no había nadie que pudiese cuidar de mí, se decidió que el orfanato sería mi nuevo hogar.

Desde ese día mi vida se redujo al interior de este oscuro edificio.

Algunos dirán que tuve suerte, al menos aquí siempre tenía comida. De mala calidad, con mal sabor y pagada con trabajo doméstico cada ración, pero no moriría de hambre como tantos otros niños de la zona.

La hambruna sigue siendo una de las mayores causas de muerte en este distrito, lo cual es bastante irónico considerando que la ganadería es nuestra especialidad. Sin embargo, producir para el Capitolio no es lo mismo que aprovechar los frutos de ese trabajo y eso es algo que nadie aquí se atreve a mencionar en voz alta.

Mucho menos durante el día de La Cosecha.

Salgo de mis pensamientos al terminar de arreglar el cabello de una de las niñas que tiene su primera Cosecha hoy y le sonrió un poco tratando de levantarle el ánimo. Ha llorado toda la noche, pero si no luce resplandeciente cuando lleguemos a la plaza principal, nos darán una paliza al regresar.

A menos que alguno de los huérfanos sea seleccionado como tributo.

Durante este día lo más importante es aparentar que todo está bien y para los encargados del orfanato eso significa que todos debemos lucir decentes y no con los harapos y suciedad que nos caracterizan como huérfanos. Y si es que alguno de los niños es sorteado, eso también incluye ocultar todo maltrato hasta que acaben los Juegos.

Pero de momento solo debemos pensar en las consecuencias de nuestra apariencia, dado que es lo que sí o sí tenemos seguridad que juzgarán con ojo crítico.

Solo hoy –una vez al año– debemos peinar nuestros cabellos como si fuéramos las hijas de una familia importante y llevar el único vestido que cada una de nosotras posee entre sus ropas.

Eso significa que hoy todas jugaremos a las muñecas las unas con las otras y portaremos nuestras sonrisas más radiantes para evitar la golpiza que nos espera si no cumplimos con nuestro papel.

Pronto escucho que nos llaman a la entrada e inspecciono la apariencia de cada una de las niñas para prevenir cualquier imprevisto de último momento. Ni siquiera recuerdo el porqué comencé a comportarme así con ellas –como una hermana mayor responsable–, quizá simplemente es para evitar que la encargada me golpee otra vez. Tal vez solamente quiero que ellas puedan disfrutar el verse bonitas por un día.

Corrijo el flequillo de una y sin más tardanza, las guío hacia donde nos esperan los demás.

Es hora de levantar el telón y simular que vivimos felices aquí, y, si tengo mala suerte, esta será la última vez que tenga que pretender ser alguien que no soy.
« Last Edit: August 31, 2026, 08:42:29 PM by Nanami »


Nanami

Re: 01. The Reaping: May the Odds be Ever in Your Favor
« Reply #5: September 13, 2026, 10:40:27 PM »
.02 | Distrito 10 - Lucy

El Distrito 10 es de los pocos lugares que posee climas tan extremos dependiendo de la zona de la que provienes. El oeste es húmedo, casi tropical, lluvias abundantes y tormentas eléctricas en pleno verano; el este árido y seco, en partes llegando a ser similar al desierto de las historias de vaqueros del pasado. ¿Y el sur? El sur es el peor de todos: una mezcla de ambos.

Dado que los ganados prefieren pastar en verano y no morir deshidratados, la mayoría de los lugares importantes se encuentran en el sur. Incluyendo las plantas principales de procesamiento, el Edificio de Justicia, la Alcaldía, mi orfanato, y, por supuesto, la plaza central en la cual se realiza La Cosecha.

Dicen que es la mejor zona para vivir, pero me cuesta creerlo cuando siento la ropa pegada a mi piel por el sudor. O quizás es porque estoy a todo sol rodeada de gente y cargando un vestido que me hace parecer una muñeca antigua de colección.

Siento la nuca sudada, la garganta seca y el flequillo pegado a mi frente. Definitivamente odio este clima.

Escucho a mi lado a alguien reírse y agradecer que nos obligaran a bañarnos hoy o todo olería peor; no puedo negar que estoy de acuerdo.

Ya apestamos en un día normal; imaginarme cómo sería a todo sol, me repugna. Quizá también es por eso que nos arreglamos tanto en este día, no queremos asustar a los del Capitolio con nuestra realidad más de lo necesario.

Recorro con la mirada a las demás niñas, muchas famélicas por la hambruna y otras intentando no llorar mientras esperamos el inicio de todo esto. Ninguna tiene realmente esperanza en ganar de salir elegida Tributo, todas sabemos que estamos en desventaja contra los seleccionados de los otros distritos.

¿Ventaja por saber usar un cuchillo y destripar animales? Qué chistoso. Los animales están amarrados o sedados, no piensan como otra persona, no reaccionan a la adrenalina ni al sadismo de los seres humanos.

Todos hemos visto a los Tributos de los Distrito 1 y 2, son bestias hambrientas por la fama y el reconocimiento. Incluso –cuando era pequeña– los niños mayores nos asustaban usándolos a ellos como los monstruos de sus historias.

Dos chiquillos malnutridos de un distrito pobre como el nuestro no tienen oportunidad contra ellos. Que tu nombre salga seleccionado en la tómbola es igual a saber que vas a morir en un par de días. Aunque tal vez eso es mejor que no tener seguridad de cuándo pasará.

Algunos de los mayores –los que viven hoy su última Cosecha– piensan que es mejor eso a volverse parte del sistema que tanto mal ha hecho a nuestra gente. Sin embargo, estoy segura que ninguno de ellos se ofrecería voluntario para salvar a otro.

La hipocresía es así. Yo tampoco me ofrecería para salvar a alguien. Ni siquiera por alguna de las niñas a las que ayudé hace un par de horas atrás.

¿Eso me vuelve una mala persona? Tal vez. ¿Voy a cambiar por ello? No. Tampoco es como si alguien fuese a tomar mi lugar si mi nombre aparece en las manos de la animadora.

Nadie va a salvar a otro, al menos no en el Distrito 10. Y creo que es algo aceptado por cada uno de los posibles sacrificios.

Unos minutos más de espera y casi como si fuese cronometrado, todas las pantallas se encienden y comienza el espectáculo. Saludos, presentaciones, un par de amenazas encubiertas de buenas intenciones y el himno que desde que aprendemos a leer debemos memorizar.

Todo ocurre como si fuese lejano para mí, una costumbre tras tantos años.

Esta ya es mi quinta Cosecha, se puede decir que conozco a la perfección los pasos de este circo y simplemente sigo con la mirada cada uno de los actos que lo componen.

Al terminar las introducciones, sacarán primero el nombre de la chica. Alguien llorará. Una familia se romperá. Y quizá, dependiendo la edad de la víctima, haya que ayudarle a subir al escenario. Luego será el turno del chico. Por su lado suele ser más misteriosa la reacción. En las cosechas que llevo, dos han celebrado, uno ha llorado y otro ha intentado escapar, pero al final nunca ha cambiado el elegido y el chico también termina en el escenario. Hablarán sobre el honor, un par más de palabras vacías y luego veremos los resultados de los otros distritos. Finalmente, si nadie del orfanato ha salido seleccionado, nos devolveremos al oscuro edificio y trataremos de olvidar este día hasta el próximo año.

Esos son los pasos que por cuatro años se han seguido, no hay motivo para creer que este año no será así. Por eso decido no mirar cuando la animadora mete su mano en la tómbola.

Primero anuncian el nombre de la chica. Siento un escalofrío al escucharlo y antes de poder reaccionar, alguien a mi lado comienza a llorar, debe ser la niña a la que peiné hace unas horas. Esos dos pasos se han cumplido: un nombre y un llanto, pero el tercero no podrá ser.

Sonrío un poco sin poder todavía dejar de sentir el sudor correr por mi espalda y camino hacia el escenario pensando que al menos algo bueno tiene ser una huérfana.

Ha salido alguien sin familia, por lo que no hay una a la cual romper.

Ha salido alguien del orfanato, tendrán paz mientras los Juegos sigan en pie.


Shura

Re: 01. The Reaping: May the Odds be Ever in Your Favor
« Reply #6: September 30, 2026, 05:13:34 AM »
02.

Distrito Seis—

Shura POV

Dieciocho años y ya me sentía como una anciana. Era algo común cuando estas acostumbrada a que haya muerte a tu alrededor. Y no solo por los Juegos, la enfermedad, el hambre, los asesinatos por parte de los agentes de paz de cualquiera que violará las normas del Capitolio. Todo era un cultivo para madurar deprisa y de manera deprimente. Tenía claro que no quería llegar a los cuarenta y pico años de mi padre, eso sí que era ser un anciano.

En el distrito seis las cosas no estaban tan mal como en el distrito doce, pero la diferencia era como elegir que te rompieran la pierna izquierda o la derecha. Aquí vivíamos deprisa, cada día pudiendo ser el último y a veces olvidando que también mañana podía volver a amanecer. En el distrito seis los jóvenes no iban por su cuenta, los padres demasiado ocupados trabajando para ocuparse de ellos, así que todos los que fueran demasiado pequeños para trabajar estaban metidos en bandas y grupos, no necesariamente algo violento, simplemente era un sistema para sobrevivir: cuando el líder del grupo pedía una Tessera, todos los demás estaban obligados a pedirla para igualar sus posibilidades en la urna. Los adultos se mataban a trabajar y no podían estar con los hijos tanto como quisieran, así que aceptaban que se juntaran por su cuenta y aportaran metiendo su nombre una y otra vez en al urna.

Parecía un equilibrio perfecto, ¿verdad? Pues todo era fachada, si te salías un poco de la línea, te echaban del círculo. Y no me refiero a que no quisieras una Tessera o que robaras comida, era más bien si, como yo, tenías un padre que trabajaba para los agentes de paz, eso ya te dejaba fuera.

Así que en los últimos cuatro años, me había vuelto bastante nómada, el distrito seis era bastante amplió y si seguías las vías del tren no era difícil encontrar estaciones abandonadas donde dormir, simplemente tenías que tener cuidado con los adictos. Perdedores que se habían pasado tomando drogas.
En el distrito seis crecían flores en cualquier sitio donde se hubieran enterrado residuos y había muchos sitios donde florecían. No iré de digna, yo también había consumido, había veces en las que me había juntado con otros marginados o jóvenes como yo y queríamos divertirnos, y otras veces en los que el peso del mundo parecía querer aplastarte.
Todo dependía del equilibrio. Algo demasiado frágil e invisible.

Me dirigí al centro del Distrito Seis, hoy era el día de la Cosecha, no quería ir, obviamente, pero tampoco quería que mi padre me diera caza y me metiera un tiro en la frente por atreverme a desafiar al Capitolio. Ya lo había hecho con amigas que conocía y se escondieron el día de la Cosecha pensando, tontamente, que si no estaban no podrían obligarlas a ir, aunque sus nombres fueran los anunciados… sus nombres nunca salieron elegidos para participar en los Juegos del Hambre, pero aquel acto de rebeldía se pagaba con la vida.

El ambiente de aquel día era bastante festivo, todo un telón para convencer a los del Capitolio que no estábamos tan oprimidos: mira que contentos están en el Distrito Seis; son los que mejores fiestas montan de todo el continente; inversores comprad sus servicios de trenes de alta velocidad.
Muchos jóvenes tributos estaban en pleno subidón cuando las cámaras hicieron sus directos antes de la hora de La Cosecha.
-¡Woooow mira mamá salgo en la tele!
-¡Pero si tu madre no tiene tele!
-¡Quedaos con esta cara, nenas! ¡Voy a ser el terror de los juegos sicseben!
-¡Si durante los juegos me envían alcohol yo me hago un cubata!
-Y devolvemos la conexión. -El periodista sonreía de lado con aires de superioridad intelectual, recorriendo los grupos de jóvenes, estaría encantado de encontrar carnaza tan dispuesta.
Pan y circo.

Evitó las cámaras, no era la única. Empezábamos a estar demasiados jóvenes reunidos, muchos respiraban aliviados, a más tributos menos opciones de salir elegidos. Pude sentir algunos empujones de quienes me reconocieron.
Marginada.
Marginada.
Que pesados. Se protegían entre ellos para que no pudiera localizar a mis agresores. Pero no tenía problemas en atacar a todos.

De manera inesperada, un enorme brazo me rodeo por delante de los hombros atrayéndome hasta que mi espalda dio contra su duro pecho. Mi primera reacción fue buscarle los dedos para retorcérselos y obligarle a soltarme.
-¡Auch! ¡Ey! ¡Shura! ¡Tranquila!
Aquel tipo sabía mi nombre, la mayoría ni se molestaba, me llamaban solo marginada.
Soltó su agarre y pude librarme de él, girándome para ver de quien se trataba.
Vestía de negro, llevaba debajo de la chaqueta una sudadera con capucha que le tapaba la cabeza y su cara estaba cubierta por una máscara, una calavera pintada de azul, las cuencas vacías estaban decoradas con una X y la otra con un corazón, todo para que no se le pudieran ni ver los ojos.
-¿No me reconoces?
-No soy adivina. -Esperé a que se identificara, el hombre adopto una pose digna, debía ser una de las personas más musculosas de allí. Pareció ponerse serio.
-Soy Batman. -Dijo con voz grave y teatral.

Chasqueó la lengua con molestia queriendo marcharme de allí, pero la Cosecha estaba a punto de empezar y me veo arrastrada por la marea de jóvenes tributos como yo.
Giro la cabeza para volver a mirar a ese extraño sujeto que levantó la mano moviéndola lentamente para despedirse, en un gesto más siniestro que conciliador, desapareciendo entre la multitud.

Los tributos del distrito seis vestíamos de negro, era más fácil ocultar las manchas de grasa, en general todos vestíamos la misma chaqueta de traje negro, las mujeres con falda de tubo. Parecía que íbamos de entierro.
Siempre tardábamos una eternidad en formar y veías a los agentes de paz sacar porras eléctricas para guiar a los más colocados, rebeldes o niños despistados, de vuelta a las filas, como si fuéramos ganado. Todo sucediendo mientras veíamos por las pantallas como de los distritos uno al cinco ya estaban seleccionando a sus tributos.

Por fin, la presentadora enviada desde el Capitolio apareció, una mujer vestida de blanco, no fuera que la confundieran con alguien de Distrito Seis, hizo su aparición, esperando al momento en que el Capitolio le diera conexión.

-Buenos días Panem, aquí Lady Dimitrescu retransmitiendo desde el Distrito Seis.
Hizo una pausa medida para dejar escuchar un par de silbidos de admiración de parte del sector masculino. Pero desde las pantallas, la mujer tuvo que forzar una sonrisa, fingiendo estar encantada con las espontaneas reacciones que despertaba.
Normalmente los Distritos intentaban transmitir una imagen de solemnidad, manteniendo su orgullo, aquí nos vendíamos baratos, como perritos haciendo equilibrio sobre una pelota para que el Capitolio nos diera una galletita más que al resto.   
La presentadora volvió a retomar el hilo del programa.
-Todos los tributos del Distrito Seis están deseando escuchar quienes serán los dos representantes de este año para los Juegos del Hambre. ¿Os apetece comenzar? Vamos primero con la representante femenina.

Quizá ya estuviera anticipando el resultado, quizá me lo merecía, o quizá era que todas pensábamos lo mismo: “voy a ser yo”. Después de cuatro años, en comunión por fin con las que habían sido amigas y vecinas.

Shura Morgan

Por supuesto, no hubo voluntarias que quisieran ocupar mi lugar.
Antes de poder dar el primer paso, porque lo iba a hacer, iba a ir con la cabeza bien alta, sentí un empujón que me instaba a avanzar. Me giré preparada para encararme con mi agresor, tendría que haber imaginado que se trataba de él porque aunque llevaba años sin verlo, me seguía haciendo sentir como una estúpida.
-Hola, papá.

No estoy segura de que haya captado la ironía porque enseguida me empuja para que me dirija al escenario. Aunque iba con aquel casco podía reconocerlo, algo en su pose que yo misma tenía, esa frialdad que era solamente suya. Sentí amargura al ver que ni siquiera titubeaba al llevarme al patíbulo.

Las cámaras me enfocan y seguramente tenga cara de mierda, porque enseguida pasan para anunciar al tributo masculino.


Sayi

Re: 01. The Reaping: May the Odds be Ever in Your Favor
« Reply #7: September 30, 2026, 08:54:11 PM »
District 4 - Umi

A Umi siempre le resultaba curioso percatarse de que, cada día de la Cosecha, todos los jóvenes de entre doce y dieciocho años se encontraban reunidos en la plaza principal del Distrito 4.

Era una cantidad impresionante de personas y, a simple vista, Umi podía reconocer quiénes, como ella, vivían en la ciudad y quiénes provenían de las zonas más remotas del distrito. Le parecía terrible imaginar a las familias más humildes haciendo el viaje obligatorio, a veces durante días, solo para presentarse a la Cosecha y descubrir si sus hijos podrían regresar a casa con ellos.

Umi se encontraba rodeada de compañeros del instituto, vestidos con sus mejores atuendos, muchos adornados con perlas, conchas y otros elementos del mar. Instintivamente pasó una mano por su cabello, todavía áspero por la sal y decorado con pequeñas perlas, antes de buscar a sus padres entre la multitud.

Los encontró en una de las primeras filas, un par detrás del alcalde. Ambos ya la estaban mirando y cuando cruzaron miradas, levantaron las manos para saludarla desde el otro extremo de la plaza.

No podía esperar a que todo aquello terminara. Su última Cosecha, unos meses más de instituto y finalmente podría concentrarse en la pintura, la carrera que realmente quería seguir.

Entonces sus ojos buscaron a Kaien.

Cada año, su hermano se sentaba cerca del alcalde, en la fila más próxima al podio. Como vencedor de los Juegos del Hambre, Kaien regresaba periódicamente a las pantallas del Capitolio para entretener a sus ciudadanos con noticias sobre su vida. Y durante la Cosecha, ocupaba su lugar junto a los demás vencedores y mentores del distrito.

Pero su asiento estaba vacío.

El resto de los vencedores ya se encontraba allí, observando solemnemente a los posibles tributos. A Umi le pareció extraño, pues Kaien jamás se perdía una Cosecha.

Umi apenas tuvo tiempo de preguntarse dónde estaría su hermano cuando una mujer de estridente cabello rosado salió del Edificio de Justicia y avanzó con decisión hacia el micrófono en medio del podio.

“¡Bienvenidos a todos! ¡Felices Juegos del Hambre!” celebró la mujer “¡Y que la suerte esté siempre de su lado!”

La representante del Capitolio se llamaba Sayi Mio y llevaba cinco años asignada al Distrito 4. Kaien siempre insistía en que era bastante agradable, aunque Umi nunca había entendido por qué se molestaba en defenderla. Para ella le era difícil separar a Sayi de su estridente voz durante la Cosecha. Y sobre todo, de la desagradable tarea de escoger cuál de los voluntarios partiría hacia el Capitolio.

Kaien le había explicado alguna vez que Sayi detestaba esa parte de su trabajo. Y Umi no podía culparla, pues escoger al mejor preparado igualmente significaba escoger a quién enviar a la muerte.

El himno de Panem resonó por toda la plaza, seguido de las palabras del presidente Snow, hablando sobre el origen de los Juegos del Hambre y recordándoles cómo era un sacrificio necesario para preservar la paz en Panem.

Cuando terminó la transmisión, un silencio ensordecedor cayó sobre la plaza. Cuatro agentes de la paz aparecieron cargando dos pequeños pedestales y dos grandes esferas de cristal repletas con los nombres de los jóvenes del distrito. Entonces colocaron una a cada lado de Sayi.

La pelirosa hizo una pausa, permitiendo que la anticipación se asentara entre los presentes.

“Bueno… ¡las chicas primero!”

Movió los dedos sobre los papeles como si fueran pequeñas olas antes de hundir la mano cuidadosamente en la esfera de su derecha. Revolvió los nombres durante varios segundos hasta que finalmente atrapó uno entre dos dedos y lo alzó alto en el aire.

Dio un par de pasos hacia el micrófono y se aclaró la garganta mientras abría el pequeño papel.

“Clara Marea”

Silencio. Pasaron varios segundos que parecieron eternos antes de que Sayi volviera a hablar.

“¿Dónde estás, Clara? Ven a saludar a tus nuevos admiradores del Capitolio”

Era el momento.

Cada año, para evitar que todos los alumnos de la academia preparatoria levantaran la mano y convirtieran la Cosecha en un desfile interminable de voluntarios, los instructores elegían previamente a cinco estudiantes de cada sexo que tendrían permitido ofrecerse. Por lo general, eran los mejores de la clase.

Una vez que los voluntarios se presentaban, correspondía a la representante del Capitolio escoger quién de ellos ocuparía oficialmente el lugar del tributo.

En el caso de Umi, ser la hermana de un vencedor le había asegurado un lugar entre ellos durante los últimos años. Pero ella siempre se había considerado la extra del grupo… pues después de la improbable suerte de Kaien, primero al ser elegido y luego al regresar victorioso, parecía casi impensable que escogieran también a su hermana. Mucho menos cuando habían estudiantes que llevaban años soñando con representar a su distrito.

Estudiantes como Coral. Clara, en cambio, era apenas una niña. No debía tener más de trece años.

Así que, tal como había hecho durante los últimos tres años, Umi levantó el brazo derecho sin apartar los ojos de la espalda de la pequeña.

Como de costumbre, las miradas de los presentes comenzaron a recorrer el grupo de jóvenes, buscando identificar a los voluntarios.

Clara hizo lo mismo. Miró hacia delante, y luego hacia atrás. Sus ojos se encontraron brevemente con los de Umi antes de continuar recorriendo las filas de derecha a izquierda.

Pero entonces la mirada de Clara regresó hacia ella, y hacia su brazo extendido. Umi tardó un instante en comprender por qué.

Buscó rápidamente a sus compañeras, aquellas que, como ella, habían recibido instrucciones de ofrecerse aquella mañana.

Pero ninguna tenía la mano levantada. Encontró a Coral entre la multitud: La favorita de aquel año mantenía la mirada clavada en el suelo y la mano derecha cerrada con fuerza en un puño, como si estuviera luchando contra el impulso de levantarla.

Coral llevaba años esperando aquel momento.

…

Entonces, la voz de Sayi volvió a reverberar por la plaza.

“Oh…”

Fue apenas un instante, pero la sonrisa de la pelirosa titubeó. Sus ojos recorrieron una vez más las filas de jóvenes, como si ella también estuviera esperando ver otra mano en el aire.

Pero no apareció ninguna. Sayi volvió la mirada hacia Umi.

Y por primera vez en cinco años, Umi creyó tener algo en común con ella.

“Veo que tenemos a una sola voluntaria…”

Sorpresa.

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Oh, dream maker, you heart breaker
Wherever you're goin', I'm goin' your way