Author Topic: Act 1: Overture  (Read 207756 times)


Miyu

Re: Act 1: Overture
« Reply #135: January 14, 2026, 11:03:06 PM »
Sorry but you are not allowed to view spoiler contents.
« Last Edit: February 20, 2026, 05:09:58 PM by Miyu »

❛ 𝖳𝗁𝖾 𝗁𝗎𝗇𝗍𝖾𝗋 𝖻𝗋𝖾𝖺𝗍𝗁𝖾𝗌 𝖻𝖾𝗇𝖾𝖺𝗍𝗁 𝗍𝗁𝖾 𝖼𝗁𝖾𝗌𝗌𝖻𝗈𝖺𝗋𝖽, 𝗐𝖺𝗍𝖼𝗁𝗂𝗇𝗀 𝗍𝗁𝖾 𝗉𝗎𝗉𝗉𝖾𝗍𝗌 𝗋𝗎𝗇 𝖿𝗈𝗋 𝖿𝗎𝗇;
𝖾𝗌𝖼𝖺𝗉𝖾 𝗂𝗌 𝗃𝗎𝗌𝗍 𝖺 𝗌𝗎𝗀𝖺𝗋-𝖼𝗈𝖺𝗍𝖾𝖽 𝖼𝗎𝗋𝗌𝖾 𝖻𝖾𝖿𝗈𝗋𝖾 𝗍𝗁𝖾 𝗇𝖾𝗑𝗍 𝗋𝗈𝗎𝗇𝖽 𝗁𝖺𝗌 𝖻𝖾𝗀𝗎𝗇. ❜


Miyu

Re: Act 1: Overture
« Reply #136: January 14, 2026, 11:08:15 PM »
Sorry but you are not allowed to view spoiler contents.
« Last Edit: February 20, 2026, 05:09:37 PM by Miyu »

❛ 𝖳𝗁𝖾 𝗁𝗎𝗇𝗍𝖾𝗋 𝖻𝗋𝖾𝖺𝗍𝗁𝖾𝗌 𝖻𝖾𝗇𝖾𝖺𝗍𝗁 𝗍𝗁𝖾 𝖼𝗁𝖾𝗌𝗌𝖻𝗈𝖺𝗋𝖽, 𝗐𝖺𝗍𝖼𝗁𝗂𝗇𝗀 𝗍𝗁𝖾 𝗉𝗎𝗉𝗉𝖾𝗍𝗌 𝗋𝗎𝗇 𝖿𝗈𝗋 𝖿𝗎𝗇;
𝖾𝗌𝖼𝖺𝗉𝖾 𝗂𝗌 𝗃𝗎𝗌𝗍 𝖺 𝗌𝗎𝗀𝖺𝗋-𝖼𝗈𝖺𝗍𝖾𝖽 𝖼𝗎𝗋𝗌𝖾 𝖻𝖾𝖿𝗈𝗋𝖾 𝗍𝗁𝖾 𝗇𝖾𝗑𝗍 𝗋𝗈𝗎𝗇𝖽 𝗁𝖺𝗌 𝖻𝖾𝗀𝗎𝗇. ❜


Miyu

Re: Act 1: Overture
« Reply #137: January 14, 2026, 11:21:07 PM »
Voy a tener que ordenar muy bien todo jajaja
Edit: y los ordene, por eso pasé más atras esto jajaja


Sorry but you are not allowed to view spoiler contents.
[/spoiler]
« Last Edit: February 20, 2026, 05:09:14 PM by Miyu »

❛ 𝖳𝗁𝖾 𝗁𝗎𝗇𝗍𝖾𝗋 𝖻𝗋𝖾𝖺𝗍𝗁𝖾𝗌 𝖻𝖾𝗇𝖾𝖺𝗍𝗁 𝗍𝗁𝖾 𝖼𝗁𝖾𝗌𝗌𝖻𝗈𝖺𝗋𝖽, 𝗐𝖺𝗍𝖼𝗁𝗂𝗇𝗀 𝗍𝗁𝖾 𝗉𝗎𝗉𝗉𝖾𝗍𝗌 𝗋𝗎𝗇 𝖿𝗈𝗋 𝖿𝗎𝗇;
𝖾𝗌𝖼𝖺𝗉𝖾 𝗂𝗌 𝗃𝗎𝗌𝗍 𝖺 𝗌𝗎𝗀𝖺𝗋-𝖼𝗈𝖺𝗍𝖾𝖽 𝖼𝗎𝗋𝗌𝖾 𝖻𝖾𝖿𝗈𝗋𝖾 𝗍𝗁𝖾 𝗇𝖾𝗑𝗍 𝗋𝗈𝗎𝗇𝖽 𝗁𝖺𝗌 𝖻𝖾𝗀𝗎𝗇. ❜


Miyu

Re: Act 1: Overture
« Reply #138: January 14, 2026, 11:24:08 PM »
Pase esto más atras

Sorry but you are not allowed to view spoiler contents.
« Last Edit: February 20, 2026, 05:08:14 PM by Miyu »

❛ 𝖳𝗁𝖾 𝗁𝗎𝗇𝗍𝖾𝗋 𝖻𝗋𝖾𝖺𝗍𝗁𝖾𝗌 𝖻𝖾𝗇𝖾𝖺𝗍𝗁 𝗍𝗁𝖾 𝖼𝗁𝖾𝗌𝗌𝖻𝗈𝖺𝗋𝖽, 𝗐𝖺𝗍𝖼𝗁𝗂𝗇𝗀 𝗍𝗁𝖾 𝗉𝗎𝗉𝗉𝖾𝗍𝗌 𝗋𝗎𝗇 𝖿𝗈𝗋 𝖿𝗎𝗇;
𝖾𝗌𝖼𝖺𝗉𝖾 𝗂𝗌 𝗃𝗎𝗌𝗍 𝖺 𝗌𝗎𝗀𝖺𝗋-𝖼𝗈𝖺𝗍𝖾𝖽 𝖼𝗎𝗋𝗌𝖾 𝖻𝖾𝖿𝗈𝗋𝖾 𝗍𝗁𝖾 𝗇𝖾𝗑𝗍 𝗋𝗈𝗎𝗇𝖽 𝗁𝖺𝗌 𝖻𝖾𝗀𝗎𝗇. ❜


Miyu

Re: Act 1: Overture
« Reply #139: January 14, 2026, 11:26:06 PM »
Pase esto más atras

Sorry but you are not allowed to view spoiler contents.
« Last Edit: February 20, 2026, 05:07:34 PM by Miyu »

❛ 𝖳𝗁𝖾 𝗁𝗎𝗇𝗍𝖾𝗋 𝖻𝗋𝖾𝖺𝗍𝗁𝖾𝗌 𝖻𝖾𝗇𝖾𝖺𝗍𝗁 𝗍𝗁𝖾 𝖼𝗁𝖾𝗌𝗌𝖻𝗈𝖺𝗋𝖽, 𝗐𝖺𝗍𝖼𝗁𝗂𝗇𝗀 𝗍𝗁𝖾 𝗉𝗎𝗉𝗉𝖾𝗍𝗌 𝗋𝗎𝗇 𝖿𝗈𝗋 𝖿𝗎𝗇;
𝖾𝗌𝖼𝖺𝗉𝖾 𝗂𝗌 𝗃𝗎𝗌𝗍 𝖺 𝗌𝗎𝗀𝖺𝗋-𝖼𝗈𝖺𝗍𝖾𝖽 𝖼𝗎𝗋𝗌𝖾 𝖻𝖾𝖿𝗈𝗋𝖾 𝗍𝗁𝖾 𝗇𝖾𝗑𝗍 𝗋𝗈𝗎𝗇𝖽 𝗁𝖺𝗌 𝖻𝖾𝗀𝗎𝗇. ❜


Kana

Re: Act 1: Overture
« Reply #140: May 31, 2026, 06:51:45 PM »
Le molestaba el vibrar de su móvil a un lado de su cara en la almohada. Era como la tercera vez que lo llamaban pero no quería contestar. Mantuvo los brazos cruzados detrás de su nuca, mirando el techo sin pensar en nada particular. Llevaba así una o dos horas.

Era de esos días que no tenía ánimo de nada.

Por fin su móvil dejo de vibrar. Subió la canción que escuchaba al máximo del volumen, recibiendo unos cuantos golpes de puño en la pared que daba a la casa del vecino.

Suspiró, cómodo en ese letargo.

I hear you're feeling down
Well, I can ease your pain
And get you on your feet again
There is no pain, you are receding


“Así debió sentirse Syd Barret” pensó.

Por fin después de un letargo inumanamente largo, el pelicastaño de ojos verdes tomó su teléfono movil, pasando los mensajes de la pantalla donde uno que otro le preguntaba que estaba haciendo, que en donde estaba, por qué no respondía la llamadas y la más exigente: ¿por qué faltó al ensayo de hoy?

A distant ship, smoke on the horizon
You are only coming through in waves Your lips move, but I can't hear what you're saying
I have become comfortably numb


La verdad. Faltó por faltar. No tenía ganas de ir a tocar con los chicos. Estaba algo desmotivado, sin proyección musical a futuro, sentía que tal vez estaba perdiendo el tiempo quedándose allí.

Oikawa tenía mucho entusiasmo con la banda que crearon, pero Eren no entendía bien su papel allí. Oikawa y él fueron compañeros de escuela y se llevaban bien, al graduarse, seguían coincidiendo y quedando en encontrarse de vez en cuando, por eso seguían en contacto.

Mientras Oikawa estaba muy animado en crear una banda musical, Eren se preguntaba qué rayos debería hacer con su futuro. Había hecho los exámenes para la universidad y quedó en la carrera de Derecho, pero, en lo que iba del semestre no había ido a casi ninguna clase y es porque las primeras que fue se preguntó si realmente era eso lo que quería.

Qué incómodo era decidir. Sobre todo, si eres el hijo del segundo matrimonio de un respetado doctor y tu hermano mayor es un político de renombre.

A Eren se le exigía brillar, pero no había forma en que él brillara. No tenía talento en la política, tampoco tenía ganas de tener un futuro en realidad.

Oikawa todo el tiempo le insistía que se uniera a su banda, que necesitaba a alguien en la batería y siempre le tiraba ánimos y flores que lo hacía bien, pero Eren no sabía si realmente era lo suyo. Además de Oikawa, en la banda estaba Kaneki y su tonto hermano Sho y si bien lograban hacer todos juntos buena música, no tenían manager y pasaban más peleando que coincidiendo. Sobre todo él con Sho. Casi no soportaba estar en el mismo planeta que el pelirrojo.

Pero quedarse viviendo en la casa de su mamá mucho menos era una opción aceptable.

Así que aceptó una indignante condición: vivir en una habitación con una dealer, quien vivía con un grupo de jóvenes de la misma calaña en lo que parecía ser un edificio tomado.
Por supuesto, Eren no le contaba esa parte de su historia a nadie. Había salido de la casa de su mamá y eso era lo importante, lo otro eran detalles. A sus conocidos les decía que rentaba algo barato a los bordes de la ciudad, jamás les diría que vivía de parásito de una parásita.

Lo que más le molestaba del lugar es que todos los días hacían fiestas en la sala, bebían alcohol y se drogaban con la música en exceso.
Él se quedaba en el cuarto sin compartir con el resto, otras veces prefería hacer turnos en su trabajo donde era mesero en un Johnny Rockets y el resto del día lo pasaba con Oikawa y los demás.

Hablando de Johnny Rockets, esa era otra vergüenza que trataba de omitir en sus conversaciones. Se sentía tan ridículo en ese traje de los años sesenta sacado de Grease, pero peor la pasaba cuando lo obligaban a decir esa tonta frase “Hello! Hello!” al menos ya no lo forzaban a cantar ni a bailar ese ridículo baile para recibir a los clientes.

En fin. Al menos, en esa habitación tenía televisor y podía desconectarse un poco de lo que pasaba afuera de las paredes. Prendió la TV y por mas zapping que hizo sólo vio una noticia en común: se cumplía un año desde el fallecimiento del vocalista de Lost Heaven.

Se quedó un tanto viendo su biografía, su carrera musical y las circunstancias de su muerte.

—Épico. Murió siendo un rock star de verdad.

Entonces pensó que quizá ser miserable era un plus para volverte un músico importante, sea cual sea tu destino final. Porque el vocalista de Lost Heaven tenía una vida más difícil que la suya y terminó siendo un grande.
Quizá su banda musical podía llegar a brillar si se esforzaban más. Era algo tarde para ir con los chicos a ensayar, pero si mañana se reunirían haría el esfuerzo por ir.

Ya eran las diez de la noche cuando una extraña llegó y entró en el cuarto, estaba sólo con ropa interior y se lanzó a la cama donde estaba Eren. Empezó a ser invasiva con él, sujetandose de su cuello y forzando a besarla, así que Eren se la quitó de encima y le pidió que saliera, pero la tipa se quedó dormida allí.

Sin más remedio, él fue quien tuvo que salir. Tomó su mochila y salió a la calle. Ya cuando estaba cerca del muelle, encendió un cigarrillo y pasó su cabello lacio atrás de su oreja. Le relajaba el mar.
Pero sus ojos se abrieron enormemente y su cigarrillo cayó al agua cuando a su costado vio que una joven estaba parada justo en la baranda.

¿Se iba a lanzar?

« Last Edit: May 31, 2026, 06:53:39 PM by Kana »


Puri

Re: Act 1: Overture
« Reply #141: June 26, 2026, 02:40:58 PM »
Llegó quien menos se esperaban uwu con un nuevo fic, nuevas ideas, y nuevas locuras. Estoy intentando también escribir de manera un poco más descriptiva y aunque no me gustó del todo cómo terminó este fic, es cosa de seguir dándole práctica. Estoy muy emocionada con esto ;;




Strawberry Garden


Todo este embrollo comenzó con Messi Pequeño.

Del nuevo grupo de niños pequeños en la guardería, tenía que admitir que Messi Pequeño era su favorito. No sólo era un niño fácil de cuidar (nunca lloraba, seguía órdenes y solía ayudar siempre que se lo pedía), sino que también era muy dulce. Cuando las niñas estaban entretenidas y no peleándose entre ellas por sentarse en su regazo, Messi pequeño aprovechaba la oportunidad para venir a abrazarla y sentarse encima de ella, buscando su cariño. Además, era también un niño muy risueño y se notaba que era muy inteligente para su edad.

No lo diría frente a otros, pero dentro de sí, Sayaka sabía que en una situación de vida o muerte, sería capaz de arriesgar su vida por él.


Lo cual hacía que la situación fuese mucho más irónica todavía, ya que lo hubiese esperado de cualquiera menos de Messi Pequeño. Pero no, ahí estaba frente a ella su pequeñín, con un semblante de tristeza y decaimiento completamente inhabitual en él. En vez de haberla saludado con una sonrisa y con su habitual juego de esconder un juguete detrás de su espalda para hacer que Sayaka lo correteara para ver qué era, se fue corriendo de frente al salón de juegos y se puso a jugar con legos en silencio. Su mamá sonrió sardónicamente.

“Lo que pasa es que su chef favorito perdió ayer en la competencia.”

“¿Qué competencia?”

“Oh, ¿no has visto el programa de televisión de los chefs famosos?”, preguntó la mujer en lo que terminaba de colgar la chaqueta y mochila del pequeño en su lugar. La mamá de Messi Pequeño era hermosa: pelo oscuro, largo y liso; piel suave, brillante y sin manchas; piernas largas y bien proporcionadas; además de un impecable (y altamente envidiable) sentido de la moda. Aunque se parecía más a su papá, Messi Pequeño también poseía las mejores características de su mamá, como sus ojos claros y algo rasgados, muy llamativos y con una mirada directa y resoluta. En otra vida, habría dado cualquier cosa por ser la segunda madre de un niño tan precioso si encima traía el bonus de una madre tan guapa. “Es un programa en el que chefs se reúnen y tienen que cocinar algo de manera rápida para invitados famosos, pero en formato de competencia…”.

Sayaka empezó a recordar vagamente haber visto publicidad del show en el metro y en algunas tiendas de la ciudad hacía un par de meses. Sin embargo, como buena millennial que jamás accedería a la vivienda propia, ni siquiera tenía una televisión en el cuarto que rentaba, así que casi nunca prestaba atención a la publicidad de los programas de televisión.

“Mira”, la mamá sacó su teléfono y procedió a mostrarle la foto de un hombre incluso más precioso que la mujer que tenía enfrente. Y precioso era la palabra, ‘guapo’ no alcanzaba a cubrir la belleza celestial que emanaba del sujeto. “Este es su chef favorito. Ayer nos juntamos con la mamá de Emi para que los dos tuvieran una cita de juegos en nuestra casa, así que Lionel se emocionó mucho porque los domingos son días de cocina y quería mostrarle a Emi su chef favorito… Y justo el pobre perdió, por lo que Lionel se la pasó llorando toda la noche.”

“Oh…”, si bien Messi Pequeño y Emi eran muy buenos amigos en la guardería y nunca se habían peleado, Emi tenía una personalidad muy particular. El pequeño podía llegar a ser muy burlón y seguramente se habría reído al verlo llorar. “Pobre Lionel”, murmuró, asegurándose de usar el verdadero nombre del pequeño y no la manera en la que solían diferenciarlo del otro Lionel en la guardería.

“Si crees que Lionel se puso mal, deberías de haber visto cómo se puso Emi”, dijo la mujer riéndose en lo que ajustaba su bolso al hombro, lista para irse y seguir con su día.


Pero antes de que pudiera preguntar a qué se refería con eso de cómo se puso Emi, sucedió la catástrofe.

La puerta de la guardería se abrió y entró la mamá de Emi con ojeras muy marcadas y un Emi muy enojado que procedió a lanzar sus zapatos en dirección a su cubículo (sin importarle que ninguno de ellos entrara en él) con gran fuerza. La mamá de Messi Pequeño se encogió de hombros y se dio la vuelta, saludando a la mamá del otro niño y entablando una conversación en lo que daba por sentado que era hora de que Sayaka empezara a trabajar.

“¡Emi!” Saludó con fingida felicidad, pero el muchachito pasó de largo sin saludarla. Ahora, si bien Emi tenía una personalidad muy marcada (léase: nunca quería hacer caso), siempre llegaba a la guardería muy alegre y feliz de ver a su maestra. El irse así de largo y con una cara tan molesta no era usual en él.

“Emi, tu maestra te ha saludado.”


Fue en ese momento que apareció su ángel de la guarda: Yamagi. A diferencia de ella, el joven de cabellos rubios no era un maestro de la guardería, sino el secretario y contador del negocio. Sin embargo, al estar siempre presente durante el tiempo de clases, todos los niños lo conocían y lo adoraban. Yamagi era quien siempre solía sentarse con ellos cuando lloraban, les conversaba de manera dulce y les explicaba las cosas, además de siempre ayudar en caso de que alguno necesitara de una tirita o un abrazo.

Los niños no tenían problema alguno en no escuchar a Sayaka y pasar de ella. ¿Pero Yamagi? No, no, no. Si bien Yamagi era dulce con ellos, también les dejaba en claro que él era quien podía llamar a mamá y papá y decirles que no estaban haciendo caso. Estaba claro que nadie podía meterse con él.

Emi se volteó con el ceño fruncido y murmuró rápidamente: “Hola”, antes de irse.

Sayaka se volteó y vio a la mamá de Emi decirle con los labios “perdón” en lo que terminaba de dejar las cosas del pequeño e irse de ahí con la mamá de Messi Pequeño. La puerta se cerró y dejó ahí a los dos adultos, confundidos por lo que acababa de suceder.


“¿Deberíamos llamar a Shino?” Preguntó Sayaka, teniendo un mal presentimiento.

“Aún es muy temprano como para que haya terminado de ir a hacer los mandados…”, murmuró el otro en lo que consultaba su reloj de muñeca. Sayaka se sintió aliviada de que el chico hubiera captado el mal presentimiento y ni siquiera hubiera cuestionado su súplica por llamar al otro. “Hoy también tienen clase de arte, así que a lo mejor eso los distrae antes de que Shino regrese…”

“Que Dios te escuche”, murmuró, en lo que escuchaba un grito y corría a separar a Emi de las niñas a las que les había estado lanzando legos.





Pero Dios no escuchó. Ni tampoco escucharon los niños ese día a Sayaka, a Yamagi, a Shuuji, e inclusive, a Shino. Básicamente, se armó una pequeña revolución en la guardería, la cual, si bien trataron de contenerla, terminó empeorando al decidir darles lo que querían: poner el episodio de la derrota del chef.

Durante las dos primeras horas, Emi se la pasó contándoles a todos sobre lo triste e injusto que había sido la pérdida del chef en el show de cocina. El problema era que, cuando finalmente lograban callarlo o distraerlo, Messi Pequeño era quien seguía dándole cuerda al asunto y todo regresaba al estado original de caos. Esta era la primera vez que Sayaka veía a su niño precioso portándose de tal manera, sin escucharle, e insistiéndoles a Evie y a Isa-isa (las pobres niñas que habían sufrido de los legos voladores), que si ellas hubiesen visto el episodio también estarían igual de enojadas. Incluso Sveta, la más grande del grupo (y por lo general, la más cuerda… aunque qué se puede esperar de una niña de seis años, en realidad…), había dictaminado que todos debían ver el show para poder darle ánimos al chef y que así nunca más volviera a perder.

Pero para poder darle ánimos, primero tenían que conocer a su nuevo ídolo. Lo cual sonaba lo suficientemente inocente, ¿no? Además, hacía tiempo que no tenían una tarde de cine, Miss Sayaka, podríamos ver un episodio en la tele y le prometemos que luego hacemos los ejercicios del cuaderno…

Fue así como los niños aprovecharon ese fallo de juicio de parte de todos los adultos (que después de tanto griterío ese día, ya mucho juicio no les quedaba. Bastó una mirada de Shino al borde de las lágrimas para convencer a Yamagi), para sentarse a ver el episodio que Sayaka encontró en una página web de mala muerte y puso a regañadientes.


Y ahí fue que perdieron el control por completo. Si bien Yamagi se había asegurado de que se mostrara sólo la parte del episodio en que salía la competencia del susodicho chef, los adultos acabaron con un grupo de niños mucho más enojados que antes porque ahora la ira ya no era individual, sino comunal y compartida. Se armó un alboroto sobre cómo el otro chef no había cocinado tan bien y que claramente no era tan buena persona comparado con el chef Son Jong-won, el cual siempre era respetuoso, gentil y muy, pero muy inteligente.



“¿Saben algo?” Dijo Shino apoyándose en el palo de la escoba y rompiendo el silencio. Hacía cuarenta minutos que habían acabado el turno y todos se encontraban callados, exhaustos y todavía procesando lo ocurrido tras un tremendo día. Shuuji se había ido corriendo antes de que pudieran decir algo, por lo que tenían la tarea adicional de limpiar también el desastre que había dejado tras su clase de arte. “Creo que los niños tienen razón. Jong-won debió de haber ganado.”

“Yo también pensé lo mismo”, murmuró Sayaka con la vista puesta en terminar de dejar listos los libros de ejercicios para el día siguiente. “El desafío claramente decía que tenían que cocinar un amuse-bouche innovador y el otro chef sólo ganó porque cocinó comida china y todos aman la comida china.”

“¿Y tú desde cuándo sabes qué es un amuse-bouche?” Preguntó Yamagi al mismo tiempo que Shino decía: “Oigan, ¿qué es un amuse-bouche?” Sayaka no pudo evitar soltar una carcajada al ver al rubio taparse el rostro de la vergüenza por lo que había dicho, a lo que el otro lo miraba con un leve puchero.

“Bueno”, dijo Shino con una sonrisa, claramente dejando el tema de lado. “Estaba pensando: ¿y si vemos los demás episodios? Como para entender de qué hablan los niños.”

“¿Así como ese día en que tuve que quedarme a dormir en tu casa porque te dio miedo el video de skibidi toilet?” Yamagi alzó una ceja, intentando (y fallando) contener una sonrisa.

“¡¡Hey!!” Respondió ofuscado. “¡¡Esa cosa era del demonio!! ¡¡No hay punto de comparación!!”

“Tralalero tralalá,” murmuró la chica, cerrando un cuaderno y abriendo otro. “No sé cuánto tiempo me demore en esto. ¿Pensabas hoy día? Porque ya van a ser las ocho, y en lo que se demora el metro, las nueve.”

“Además, mañana nos toca venir temprano”, agregó el rubio, saliendo de la cocina y secándose las manos tras haber terminado de lavar los pinceles y haber dejado todo organizado. “No sé si sea buena idea juntarnos hoy.”

Shino se cruzó de brazos, triste por la negación de sus colegas…

…Hasta que recordó que aún le quedaba una carta bajo la manga.

“¿Y si yo compro el sushi para todos?”


Inmediatamente, Sayaka cerró el cuaderno que tenía en la mesa y Yamagi lanzó el trapo sobre su escritorio.


“Siempre podemos llegar más temprano”, dijo el rubio.

“Sí, ya mañana termino lo que estaba haciendo”, asintió la chica.



La medianoche los encontró a los tres en el cuarto de Sayaka, con cajas de sushi tiradas en el piso y latas de cerveza abiertas. Los tres sentados en la cama, pegados uno al lado del otro porque no había más espacio, para ver otro episodio más en la computadora de la chica. Si seguían viendo más capítulos, terminarían amaneciéndose y de ninguna manera llegarían temprano a arreglar todo el desorden antes de que el jefe y los padres de familia lo vieran.


Todo el embrollo había comenzado ese día con Messi Pequeño, pero ninguno de ellos (ni siquiera el mismísimo chef Son Jong-won) se imaginaba cómo esto iba a acabar.

Forget all the shooting stars and all the silver moons
We've been making shades of purple out of red and blue


Miyu

Re: Act 1: Overture
« Reply #142: July 31, 2026, 06:35:23 PM »
Siempre es lindo verlas publicando por aquí ;;. ¡Re-bienvenida al DT, Puri!
Ando escribiendo en otras partes y mi imaginación no me daaaa  :'( espero terminar esto



Little Johnny & Lu Guang: “You deserve a day off.”

Lu Guang ha estado trabajando como fotógrafo todo el día en el estudio. Vio pasar a personas de todo tipo y edad, cargadas con antiguos rollos encontrados en sus casas, en muebles antiguos y lugares escondidos, ansiosas por rescatar lo que el tiempo consumió.

Para él, la fotografía es un flash que congela un instante para la eternidad. Aun si la imagen queda mal enfocada o con ese brillo rojo en las pupilas, cada captura resguarda un recuerdo preciado: palabras dichas, momentos vividos y una luz capaz de iluminar a las personas en sus peores momentos.

Sin embargo, cuanto más brillante es la luz que congela el ayer, más larga es la sombra sobre el presente. Hay instantes donde ni el destello más cálido logra capturar lo que de verdad importa, dejando solo un vacío en cuanto el flash se apaga.
No quiere que el pasado se evapore. Irreemplazable

Si las fotografías logran atravesar el ayer para traer los recuerdos presentes, ¿por qué no se puede habitar dentro de ellas? Se lo ha preguntado innumerables veces, la manera de congelar el tiempo, de no decir adiós.

Al final, quedaron cosas por decir.

Por más empeño puesto en cambiar el destino, aún después de esforzarse por seguir un camino diferente, nunca pudo cambiar nada.

—¡Holi, Lu Guang! ¡Hey, hey, hey! ¿Cómo va todo?

Quien entró era Ah Johnny, un enano de personalidad explosiva. Siempre inquieto y listo para saltar. Un varón entrado en sus veinte cuya única ocupación es hacer miserable la vida del albino cada vez que puede.

—Hola —su tono monótono delata la alegría al ver al pelirrojo.

Suspiró.
Entrecruzó las cejas. Movimiento involuntario de cuando lo ve.

Lu Guang ni siquiera levantó la mirada del mostrador, siguió ordenando y rellenando el papeleo. Luego, pasó a organizar los negativos recién revelados, alineándolos sobre la luz de la mesa translúcida. Era un momento lleno de tranquilo, silencioso, que servía para permitir pensar en el presente cuando los pensamientos amenazan con arrastrarlo demasiado atrás en el tiempo.

Ah Johnny, en cambio, no tenía ningún sentido del silencio ni del espacio personal. Prácticamente rebotó hasta la mesa, apoyando las manos en el borde y empinándose para intentar husmear en lo que Lu Guang estaba haciendo. Su sola presencia parecía alterar la temperatura de la habitación, llenándola de un dinamismo casi agotador.

—¿Hola? ¿Sólo un hola? ¡Vamos, Lulu, tienes que ser más expresivooo~! —exclamó Johnny, agitando los brazos repetidas veces—. Llevas horas encerrado aquí, ya tu trasero debe estar plano. Síp. ¡Necesitas un poco de aire, amigo! Una comida, una gaseosita y una buena charla con tu bestie… o sea yo.

Lu Guang soltó aire exageradamente, no tenía tiempo, no quería tener tiempo para esto. Prefería estar aquí, dónde los recuerdos de Cheng Xiaoshi se filtran por todas partes.

—Estoy trabajando, Ah Johnny. La agenda del día está repleta de pedidos. No tengo tiempo.
—¡Bah! Trabajar demasiado te va a arrugar antes de tiempo —respondió Johnny, inclinándose aún más sobre el mostrador, intentando invadir el espacio personal—. Oye, ¿eso de ahí es un perro o un trapo viejo? Vaya encuadre más malo. Yo habría sacado la foto con más ¡bam!, más whoooo. Ya sabes, que capture toda la escena y desenfoque atrás.
—Es el perro de la señora Ming —corrigió Lu Guang con voz pausada, sin perder la paciencia—. Murió hace diez años y el encuadre está bien para lo que ella busca… recordar cómo dormía en su regazo.

Johnny se cruzó de brazos, ladeando la cabeza mientras analizaba la respuesta pragmática de Lu Guang. Por un segundo pareció reflexionar, pero la seriedad le duró lo que dura un parpadeo.

—Eres demasiado serio para ser tan joven, ¿sabías eso, Lu Guang? —Johnny iba a seguir sermoneándolo por horas, por lo que fue hacia una de las sillas y se sentó—. Pero bueno, ¿te tengo que arrastrar de aquí yo mismo? Necesitas un descanso.

Lu Guang guardó silencio un instante,

—Casi termino —dijo finalmente, guardando el negativo en su funda de papel de seda—. Y no hace falta que me arrastres, tengo claras mis prioridades.

Dejó la funda sobre la pila de entregas pendientes y tomó el lapicero para firmar la orden de recepción. No tenía ganas de discutir, mucho menos de dar explicaciones que no le correspondían a nadie y menos a Johnny que siempre parecía inmiscuirse en sus asuntos.

—Tus prioridades apestan —soltó Johnny de inmediato, balanceando las piernas sobre el taburete en un movimiento rítmico, mientras sacaba un paquete de golosinas del bolsillo de su chaqueta—. Si tu prioridad es quedarte a comer aire y oler químicos, estás en el camino correcto. Deberías pedir un aumento o conseguirte un pasatiempo de verdad.

—Es mi trabajo —replicó Lu Guang, guardando los bolígrafos él siempre había sido obsesivo con todo lo que hace, cada minuto, cada segundo cronometrado. Apagó la luz de la mesa translúcida, dejando el estudio sumido en una penumbra suave de la tarde—. Y ya está listo.
—¡Ja! ¿Lo ves? No dolía nada terminar rápido —replicó el pelirrojo, saltando de la silla de un brinco que casi volcó el mueble—. Ahora me vas a acompañar a comprar comida. Me muero de hambre y tú pareces un fantasma que no ha comido en tres días. Paga el negocio, por supuesto.

Lu Guang agarró sus llaves de la mesa, ignorando el comentario sobre el dinero.

—Pagas tú —sentenció en su tono neutro de siempre, abriendo la puerta principal para indicarle que saliera.
—¡¿Qué?! ¡Pero si el de la tienda eres tú, tacaño! —protestó Johnny mientras caminaba hacia la calle, arrastrando los pies a propósito y le iba haciendo un mohín.
« Last Edit: July 31, 2026, 06:38:30 PM by Miyu »

❛ 𝖳𝗁𝖾 𝗁𝗎𝗇𝗍𝖾𝗋 𝖻𝗋𝖾𝖺𝗍𝗁𝖾𝗌 𝖻𝖾𝗇𝖾𝖺𝗍𝗁 𝗍𝗁𝖾 𝖼𝗁𝖾𝗌𝗌𝖻𝗈𝖺𝗋𝖽, 𝗐𝖺𝗍𝖼𝗁𝗂𝗇𝗀 𝗍𝗁𝖾 𝗉𝗎𝗉𝗉𝖾𝗍𝗌 𝗋𝗎𝗇 𝖿𝗈𝗋 𝖿𝗎𝗇;
𝖾𝗌𝖼𝖺𝗉𝖾 𝗂𝗌 𝗃𝗎𝗌𝗍 𝖺 𝗌𝗎𝗀𝖺𝗋-𝖼𝗈𝖺𝗍𝖾𝖽 𝖼𝗎𝗋𝗌𝖾 𝖻𝖾𝖿𝗈𝗋𝖾 𝗍𝗁𝖾 𝗇𝖾𝗑𝗍 𝗋𝗈𝗎𝗇𝖽 𝗁𝖺𝗌 𝖻𝖾𝗀𝗎𝗇. ❜


Miyu

Re: Act 1: Overture
« Reply #143: September 30, 2026, 06:33:05 PM »
Yaaaay! terminé la primera parte

Yoon Mizi & Cheng Xiaoshi: laying head in their lap.

Se siente suave y tibio. Es un poco extraño estar en esta posición, menos aún con ella. De verme Lu Guang así, estoy seguro de que me reñiría para luego tirarme de las orejas. Qiao Ling, por su parte, soltaría algún comentario sobre mi poca fiabilidad. ¡Ha, ha! ¡Claro que soy de confiar!  Tch, estúpida jiejie. ¡Ya no soy un niño hace rato!

—¿Te despertaste? —las pupilas tan doradas como el sol me miran desde arriba repletas de curiosidad.
—Ah —exclamo sorprendido, haciendo un ademán de erguirme—. ¡Lo siento, Mizi!
—Para nada, Cheng Xiaoshi —una sonrisa adorable florece en su rostro, despertando mis ganas de tomarle mil fotografías—. No te levantes. La caída del scooter eléctrico fue muy dura.
—Ehhhh —enmudezco. Resulta incómodo mantener la cabeza apoyada sobre sus piernas; por múltiples razones, prefiero salir corriendo. Apenas puedo sostener la mirada ante semejante cercanía, sintiendo cómo el rubor aparece por mis mejillas sin control alguno—. Estoy bien, lo juro.
—¿Es así, Cheng Xiaoshi? —canturrea como una pequeña avecita, dejando caer su cabello rosado hacia mi pecho y una fragancia dulzona me envuelve por completo. No, jamás manipularía mis emociones; definitivamente esa no es la naturaleza de Yoon Mizi—. Quince minutos más y te dejo ir.

Ella deja escapar una risa embriagadora, Lu Guang siempre repite esas frases sobre ciertas mujeres y la facilidad que poseen para manipular a tipos como yo… Nah, ni hablar. Soy genial, sin duda quedó cautivada por mi encanto y esta belleza natural.

¡Ser guapo es una maldición! ¡Las nenas se mueren por mí, porque soy el hombre más guapo del mundo y si Lu Guang dice que no, tiene que joderse!

Devuelvo el gesto con una sonrisa igual de ancha, permitiéndome descansar con mayor relajo sobre el regazo de Mizi.

—Hey, ¿hoy tienes ensayo en el Húngaro Ganessa? —inquiero desplegando mi mejor mueca ganadora. La traigo muerta por mí, lo sé. He-he.
—Síp, en media hora tengo que reunirme con Sua —comenta mientras acaricia mi cabello con delicadeza. ¡Sus manos resultan tan suaves y diminutas!
Sua. Sua. ¿Sua? La busco con la mirada, desconcertado.
—Mi novia —sentencia con total naturalidad, adelantándose a cualquiera de mis preguntas.
—¿En serio? —mi sorpresa es evidente, no hay más. ¡Otra desilusión de amor!

El choque de realidad me cae encima, no puede seR. ¿Novia? ¡¿NOVIA?! La sonrisa confiada se me esfuma por completo y el rubor de hace un instante muta en una palidez absoluta. Me quedo quieto en su regazo, mirando fijamente sus ojos mientras mi cerebro intenta procesar la información. ¡Ay, mierdaA!

—Eh... ¡Ah! ¡Oh! Claro, sí, por supuestoO —logro balbucear, totalmente incómodo de haber pensado tantas tonterías. Qiao Ling se estaría burlando y Lu Guang… ¡LU KUAAAAN, HELP MEEEE!—. ¡Sua! La chica pelinegra, ¿no? ¡Qué bien! ¡Felicidades! Digo, me alegro muchísimo por ustedes, en serio.

Trato de poner mi mejor cara de "no pasa nada, yo nunca pensé en que tú tendrías sentimientos por mí", pero el temblor en mis labios traiciona cualquier intento de normalidad y, Mizi suelta una risita liviana, ajena al drama que cruza mis pensamientos y la nube gris que se apodera de mi pecho.

Sus manos continúan peinando mi cabellera oscura con tanta diligencia, definitivamente Mizi hubiera sido la mejor para mí… La tacharé de mi corazón, sniff. Guardaré este vergonzoso momento, nunca le diré a mi mejor amigo o… ya me lo imagino cruzado de brazos, suspirando y soltando una de sus frases sobre mi tendencia a fantasear demasiado, y con el plumero en manos.

Aprieto los puños sobre el césped seco. Definitivamente necesito cambiar de tema antes de seguir quedando como un absoluto tonto.

—El scooter, ¿cómo está? Espero no haberlo roto, sería una lástima y demasiado caro —exhalo aire, ahora si me levanto de sus piernas con cuidado de no tocarla—. En fin, mira la hora, ¡se te va a hacer tardísimo para la práctica! No puedes dejar esperando a tu novia, seguro te está esperando, Mizi.

—Aún falta bastante tiempo —responde ella alegremente, incorporándose conmigo—. Además, no puedo abandonarte. Eso me haría una pésima amiga.

<<Amiga. Amiga. Amiga.>> Rayos. Sus palabras son puras, desprovistas de cualquier doble intención, siempre se mostró preocupada y siendo demasiado amable.

Me río y empiezo a hacer movimientos exagerados para demostrarle a ella que estoy en perfectas condiciones. Lo sé, estoy siendo un absoluto tonto y la vergüenza del día, pero ella es amable.

—En serio, Mizi, estoy perfecto —digo mostrando mis brazos y luego estirando mi cuerpo—. Muchas gracias por rescatarme del choque, pero no me gustaría que llegues tarde por mi culpa. Sé lo importante de tus prácticas.
—¿Y si vamos juntos? —inclina la cabeza Mizi—. El Húngaro está cerca del estudio fotográfico, ¿verdad?
—¡Tienes razón! Le mandaré un mensaje a Lu Guang, ya debe estar preocupado —saco el celular del bolsillo, encontrando cinco llamadas perdidas de Lu Guang y varios mensajes furiosos de Qiao Ling exigiendo saber dónde me metí.
Me llevo la mano a la nuca, anticipando el sermón gigantesco que me espera al regresar al estudio fotográfico. Definitivamente, hoy no es mi día.

XIAOSHI: WANG WANG, AYUDAAAA.
Estoy en mi momento más incómodoO.
AMIGOOOOOO.
GUANG: ¿Qué? ¿Dónde estás?
¿Bebiste? Tonto.
XIAOSHI: NoooOoOoOoO. Mizi. Me tropecé con su scooter y ahora estoy atrapado en mi evento canónico.
GUANG: ¿Qué hiciste ahora? Acabo de cerrar el estudio fotográfico y estoy con Johnny.
XIAOSHI: te veo en el Húngaro. Ve, por favoooorR.




—¡Tardaste mucho, Lu Guang! —con la vista humedecida, Cheng Xiaoshi abrazó al albino sin disimulo—. Quince minutos. ¿En qué perdiste el tiem-?
—¡Holi, Xiao Shi! —la vocecita alegre de Little Johnny y los dos vasos de boba tea en sus manos lo explicaron todo.
—¿En serio? —el pelinegro señaló incrédulo el contenido sostenido por el varón de cabellos anaranjados—. ¡Wang Wang!

El albino de ojos oscuros suspiró profundo, apartando a su amigo con la palma sobre el pecho.

—Estás exagerando —cerró los párpados y exhaló aire una vez más—. ¿Y bien? ¿Cuánto le debes a Mizi?
—¡¿QUÉ?! —gritó indignado Xiaoshi—. ¡Yo no fui! ¡NO FUI! ¿Está claro?
—Dudoso —Lu Guang desvió la mirada a su reloj en la muñeca izquierda—. ¿Y ahora?
—Yoooo —levantó la mano Johnny entusiasmado— tengo una idea. ¿Vamos a cenar?
—Hay algo peor —susurró Xiaoshi, señalando hacia una banca cercana.

Allí estaban sentados los gemelos de cabellos rosados. La joven se levantó esbozando una pequeña sonrisa y dedicó una reverencia sutil a los recién llegados; su hermano mayor, por el contrario, solo los examinó con los brazos cruzados sobre el pecho.

—Gege, hay que saludar —la chica le dio un ligero codazo.
—Ni hablar —respondió brusco, tirando de su brazo para obligarla a sentarse de nuevo.
—Disculpa, Lu Guang —musitó el pelinegro, juntando ambas palmas en gesto de ruego.
—Es un evento canónico —exclamó Johnny, fascinado ante la presencia de los hermanos. Sin dudarlo un segundo, fue directo hacia donde descansaban.

Tianchen lo recibió con el entrecejo fruncido.

—¡Xiao Xi, Xiao Chen! —el pelirrojo los rodeó a ambos en un abrazo cálido, luciendo esa expresión brillante capaz de cambiar el ambiente del lugar.
—Aléjate —espetó el mayor, empujándolo lejos de inmediato. Pese al tono afilado, sus mejillas se tiñeron de un leve rubor.
—¡Gege! —reprendió la menor al instante, para luego volverse hacia el recién llegado—. Johnny, cuánto tiempo sin vernos —los labios de la joven se curvaron ligeramente hacia arriba.
—¡Vamos a llevarnos bien todos! —agregó Cheng Xiaoshi irrumpiendo en la conversación, arrastrando a Lu Guang de la manga durante el trayecto.
—Guárdate tus palabras en tu trasero —respondió Tianchen entre dientes, emitiendo un grrrr casi audible.
—¡Gege! —vociferó de nuevo Tianxi—. Lo siento, chicos.
—No te disculpes por ellos, la culpa es suya. Si no estuvieran metidos en medio de nosotros, ni tendríamos que dirigirles la palabra.
—¿Entonces estás molesto por el recital conjunto de nuestras bandas? Ha-ha. Qué infantil —el pelinegro se burló abiertamente.
—Tengo diecinueve, no soy un anciano como tú, Cheng Xiaoshi —sentenció poniéndose de pie de golpe. Sin embargo, con su metro sesenta y nueve de estatura, debió elevar bastante la mirada frente a los casi dos metros del otro.

Cheng Xiaoshi no dudó ni un instante en seguir provocándolo, dejando caer la mano sobre la coronilla del muchacho para despeinarlo un poquito.

—Tu hermanita es muchísimo más sensata —dijo soltando una risita burlona.

El comentario dio de lleno en el ego de Tianchen, cuya respuesta fue un puntapié directo hacia el estómago del pelinegro, obligándolo a dar dos pasos atrás entre quejidos mientras Lu Guang lo intentaba frenar.


—¿En serio? Pensé que sería más difícil pedirte tu número, Xiao Xi —emocionado, Johnny sacó el móvil para intercambiar contactos con ella—. ¡Listo, ya somos amigos! La próxima traigo a mi hijo.

Ella asintió entusiasmada, el pequeño "Gatimon" siempre le parecía una criatura adorable y esponjadita.

—Estaré esperando con ansias —respondió manteniendo esa mueca de felicidad, aunque algo más contenida.
—¡TÚUU! —Tianchen empujó al pelirrojo, indignado ante semejante osadía—. ¡Borra su número de inmediato! ¡Y NO NOS DIGAS PEQUEÑOS, PARA TÍ SOMOS LI TIANCHEN Y LI TIANXI!

Johnny se cubrió los oídos con ambas manos para evitar escuchar los griteríos de él, dejando olvidado el vaso de plástico sobre la banca.

Lu Guang empezaba a agotarse de la pelea, su suspiro resonó pesado en medio del lobby del Húngaro.

—Gege, basta. Son nuestros compañeros y amigos.
—¿Compañeros y amigos? —cuestionó más molesto—. Te lavaron el cerebro, Xiao Xi.
—Además, quiero ver a Big Johnny. Es muy tierno —agregó la chica, dando un pequeñito salto de entusiasmo.

Antes de que la discusión continuara, una mujer de largo cabello rojizo irrumpió en el lugar. Exuberante y elegante, dio un taconazo firme contra el suelo seguido de una palmada que cortó todos los sonidos de inmediato.

—Chicos... —dijo con voz estricta—. Están haciendo demasiado escándalo y adentro seguimos con las pruebas de sonido.
—Habin nim —la pelirrosa fue corriendo hacia ella y se detuvo antes de abrazarla.
—Es bueno verte hoy, Tianxi —le dio una pequeña palmadita en el hombro de ella.

Yoon Habin, la directora del Húngaro Ganessa, desplazó la mirada por el grupo, evaluando la situación algo molesta por ser interrumpida en un momento tan crítico y detuvo la atención un instante en Cheng Xiaoshi, quien todavía se sobaba las costillas en silencio.

—El tiempo de ensayo no es gratis, y la paciencia del personal de la sala tiene un límite —sentenció, dirigiéndose a los gemelos—. Adentro está Mizi y Sua probando sus micrófonos y el vestuario, por no hablar del sonido. Ellas han estado dando lo mejor de sí para que todo salga bien esta noche. ¿Entienden?

El joven chasqueó la lengua, apartando la vista bruscamente, aunque no replicó, no tenía nada que discutir con Habin. Las órdenes de ella eran absolutas y más cuando podía meter a Liu Xiao en problemas.
 
—Así que bajen el volumen o tendré que hablar con Qian Jin y Liu Xiao de tu comportamiento —añadió Habin, enfocando al mayor de los gemelos Li.
—No veníamos a ensayar, Habin nim —se apresuró a aclarar Tianxi con un tono suave y su mirada al suelo—. El ensayo del grupo es más tarde. Solo acompañamos a Sua para traer el vestuario adicional y otras cosas que ella necesitó hace un rato.
—Exacto —refunfuñó Tianchen cruzándose de brazos totalmente molesto, lanzando una mirada asesina hacia Xiaoshi—. Veníamos a ayudar a la amiga de Xiao Xi, pero estos aparecieron a hacer berrinche y metieron ruido.
—¿Nosotros? —saltó Xiaoshi, soltando las costillas golpeadas para indignarse—. ¡Si tú fuiste el que saltó como una bestia apenas nos viste!

Lu Guang no esperó a que la situación volviera a escalar, dio un paso al frente y puso una mano sobre el hombro de Cheng Xiaoshi, obligándolo a retroceder un par de centímetros antes de dirigirse a la directora.

—Disculpe el desorden, Habin nim. Venimos a recoger a Cheng Xiaoshi para ir a cenar juntos. Nos retiramos de inmediato para no interrumpir.

Habin asintió, Mizi la había puesto al tanto de accidente de Xiaoshi con la scooter y que la había acompañado hasta el Húngaro Ganessa casi obligado.

—Pueden quedarse —dijo sacando boletos de su chaqueta—. Hay asientos libres para la función de esta noche y, estoy segura, a esas dos les encantará tenerlos.
—Sí, Habin nim —asintió entusiasmado el de cabellos zanahoria.
—¿Gratis? ¡¿En serio?! —exclamó Cheng Xiaoshi, olvidándose al instante del en su cuerpo, para estirar su mano hacia las entradas.

Lu Guang le interceptó la muñeca a medio camino, atrapándola antes de que tocara los pases.

—Aceptamos las entradas con agradecimiento, Habin nim —musitó el albino, tomando el sobre y dirigiendo una breve inclinación de cabeza a la directora—. Aunque Cheng Xiaoshi tiene que ir primero a desinfectarse las raspaduras del scooter.
—¡Ey! ¡Si apenas fue un rasguño! —protestó el pelinegro, tratando de zafarse sin éxito—. Aparte, ¡las entradas son nuestras! ¡Ustedes ni querían venir al principio!

Tianchen soltó un bufido cargado de fastidio, dándoles la espalda con brusquedad para encarar el pasillo que conducía hacia los camerinos.

—Hagan lo que quieran —masculló sin volverse—. Xiao Xi, vámonos. No tenemos nada que hacer parados acá perdiendo el tiempo con esta gente.
—Ah, ¡esperá, gege! —la chica le dedicó una última sonrisa rápida al grupo antes de apresurar el paso tras su hermano—. ¡Nos vemos adentro, chicos! ¡Asegúrense de saludar a Sua también!

Habin los vio marcharse en silencio, y regresó la atención a los tres jóvenes que quedaban ahí.

—El espectáculo empieza en una hora — les advirtió, mirando primero a Xiaoshi y luego a Johnny—. Si van a quedarse, procuren no provocar otro incidente en la entrada. Ellas han estado practicando durante demasiado tiempo para ser molestadas justo antes de subir al escenario.
—Descuide —respondió Lu Guang con su voz neutra, tirando de ambos chicos hacia la salida—. Estaremos puntuales y sin nuevos contratiempos.

Una vez en la vereda, Lu Guang los soltó. El Húngaro Ganessa estaba a pocas cuadras del inicio del Barrio Chino y, en una zona de gente pudiente. Por lo general locales de gastronomía exótica y bebidas frías estaban ubicados limítrofes al edificio.

—Definitivamente hoy el universo conspira en mi contra —refunfuñó sobándose la nuca—. Primero me chocan en la calle, después me entero de lo de Mizi y para rematar termino pateado por un enano.
—Te lo buscaste solo por andar provocándolo —sentenció Lu Guang sacando una crema de su bolsillo—. Ahora quédate quieto antes de que entremos a la sala.
—Pero conseguimos pases de primera fila —sonrió Johnny encogiéndose de hombros, bebiendo de su vaso de boba té—. ¡Esto califica como una excelente noche!



« Last Edit: September 30, 2026, 08:50:58 PM by Miyu »

❛ 𝖳𝗁𝖾 𝗁𝗎𝗇𝗍𝖾𝗋 𝖻𝗋𝖾𝖺𝗍𝗁𝖾𝗌 𝖻𝖾𝗇𝖾𝖺𝗍𝗁 𝗍𝗁𝖾 𝖼𝗁𝖾𝗌𝗌𝖻𝗈𝖺𝗋𝖽, 𝗐𝖺𝗍𝖼𝗁𝗂𝗇𝗀 𝗍𝗁𝖾 𝗉𝗎𝗉𝗉𝖾𝗍𝗌 𝗋𝗎𝗇 𝖿𝗈𝗋 𝖿𝗎𝗇;
𝖾𝗌𝖼𝖺𝗉𝖾 𝗂𝗌 𝗃𝗎𝗌𝗍 𝖺 𝗌𝗎𝗀𝖺𝗋-𝖼𝗈𝖺𝗍𝖾𝖽 𝖼𝗎𝗋𝗌𝖾 𝖻𝖾𝖿𝗈𝗋𝖾 𝗍𝗁𝖾 𝗇𝖾𝗑𝗍 𝗋𝗈𝗎𝗇𝖽 𝗁𝖺𝗌 𝖻𝖾𝗀𝗎𝗇. ❜