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Al fin traigo un fic. Me gustaría traer la continuación, pero siento que será para el mes que viene.
Track #1“¡EUREKAAA!”
El llamado que provenía del pasillo la llevó a detenerse en el acto: era la señal de que su hermana le iba a pedir un favor. ¿De qué tipo? No estaba segura: Kotone podía necesitar cosas tan mundanas como que le ayudara a cerrar la cremallera de su vestido… o cosas un *poquito* más difíciles y complejas, como una nueva canción para ella o para alguno de sus amigos famosos.
De todas maneras, era imposible decirle que no.
“¿Sí?” La pelirroja minimizó las ventanas de su computadora y la puso a hibernar.
“¿Sabes dónde está mi vestido lila?” Le preguntó su hermana, asomándose por la puerta. “Pensé que lo habían traído de la lavandería en estos días, pero no lo encuentro…”
“Ah. Lo trajeron un poco arrugado. Lo intenté planchar y…” Eureka no sabía dónde esconderse.
“¿Lo quemaste?” La cara de Kotone estaba a punto de contorsionarse en pura preocupación.
“¡No, no!”
‘Felizmente’, completó Eureka en su mente.
“Solo… quedó igual. Y un poco caliente, pero de seguro ya se enfrió. Lo planché… o intenté hacerlo hace horas.” Eureka quiso fingir una sonrisa… y falló estrepitósamente.
“…” Kotone la observó por un momento con visible recelo en su mirada y una ceja arqueada, pero al cabo de unos instantes, asintió. “Está bien, te creo. ¿Está en el cuarto de planchar?”
“Sí.”
“Okay, mil gracias~”
Su hermana mayor le sonrió antes de esfumarse en el pasillo.
Al cabo de un par de minutos, un grito retumbó por todo el departamento. Eureka intentó taparse los oídos, pero la cacofonía de alaridos continuó.
“¡EUREKAAA!”
…La mencionada suspiró.
“¡EL CIERRE!”
“Sí…”
No podía negar que se sentía un poco mal por mentir. Y claro, la culpa la carcomía por tomar prestado algo sin permiso y encima, malograrlo en el proceso. Algún sastre sería capaz de cambiarle de cierre, pero era un vestido carísimo y exclusivo. No valdría lo mismo por más de que se vea igual.
Felizmente, a Kotone no le importaban mucho esos detalles. Era una persona que, pese a alcanzar cierta fama, seguía siendo igual de sencilla y humilde que siempre. Eso, sumado a su actitud dulce, la convertía en una chica perfecta y carismática que todo el mundo adoraba.
Y Eureka no era la excepción.
“¿Te lo pusiste?” Le preguntó su hermana, apareciendo de nuevo en el marco de su puerta.
“Sí…” Eureka suspiró. “Lo siento. Pensaba comprarte uno nuevo en estos días, pero me atrapaste antes de hacerlo.”
Kotone soltó una risita. “No es la primera vez que lo hago. Recuerdo que pasaba a menudo cuando eramos chiquitas y rompías alguna de mis muñecas.”
“Tengo manitas de oro.” Eureka sonrió. “Pero tranquila, te lo pago. Como te dije, pensaba comprarte uno nuevo.”
“¡No, no! Guarda ese dinero para comprarte algo bonito.” Kotone le esbozó una sonrisa sincera. El brillo que emanaba estaba a punto de cegarla. “O podrías invitarme a almorzar uno de estos días…”
“¡Genial!” La pelirroja se emocionó ante aquella idea. “¡Hace tiempo que no salimos! Aunque me da miedo que tus fans te molesten en tu tiempo libre…”
“Tengo que contratar a un guardaespaldas.” Kotone se apoyó en el marco de la puerta, pensativa. “Pero no sé… me molestaría que invada nuestro espacio.”
“¿Tiene que estar contigo 24/7?”
“No estoy segura. Tengo que preguntarle a Banri al respecto. ¡Pero no importa!” Kotone retomó la sonrisa deslumbrante. “Ahí buscamos la forma de escabullirnos en caso me reconozcan.”
“Hay que agendar la fecha, entonces.”
“Creo que no tengo nada que hacer mañana… Pero le mandaré un mensaje a Banri. Tal vez algo se me ha pasado.”
“¿Tienes días libres luego de tu viaje?” Eureka la observó, curiosa.
“¡Así parece! Nadie me ha llamado a lo largo del día… eso es bueno.”
“Es que no entiendo. ¿Para que necesitas el vestido, entonces?”
“Para salir con Satoru.” Kotone rio. “Me invitó a cenar.”
“¡Ah!” La menor se emocionó ante ello. “¡Qué lindo! Tal vez… ¡te pedirá matrimonio!”
“Ay, lo dudo.” Aun así, Kotone se sonrojó ante la posibilidad. “Sería muy repentino.”
“Dios, lo siento. ¡El vestido lila te queda hermoso! Con razón querías usarlo.”
“Tranquila, tengo otros que me quedan bien,” le aseguró su hermana. “Es mi favorito, pero no me moriré por tener que usar otro.”
“¿A qué hora viene? Podría acompañarte a buscar uno a último minuto.”
“¡Mujer! ¡Tranquila!” Kotone hizo un puchero. “¡No sé si será una noche importante, pero el vestido es lo de menos!”
“Es que en serio me siento culpable…” lloró Eureka. “¡¿Qué pasa si se comprometen hoy y el vestido no te favorece?!”
“¡Pero tengo varios! ¡Alguno me debe quedar bien!”
“¿Qué hora es?” Eureka revisó su celular. “Las 6 y 15… ¿A qué hora te dijo que pasaba por ti?”
“A las 8.”
“Y ya estás peinada. Si te maquillas rápido, podríamos ir a buscar un vestido.”
“Déjame revisar los que tengo y te aviso, ¿sí?”
“…Está bien.” Eureka asintió.
Kotone le guiñó un ojo y volvió a desaparecer.
Eureka sabía que encontraría una alternativa: su hermana mayor sería incapaz de comprar algo a último minuto y menos de “molestarla” con tener que acompañarla a una tienda de ropa. Aun cuando le repitiera mil veces que no le incomodaba tener que hacerlo, Kotone se resistiría a hacerle caso. Era su manera de ser… siempre habría sido así.
Talentosa, dedicada, cordial y comprensiva, Kotone era una chica única, sin duda. No había persona con la que se lleve mal. Todos caían ante sus encantos tarde o temprano. Hasta los artistas más pesados o los productores más quisquillosos terminaban siendo sus amigos o al menos formaban parte de su círculo.
Eureka la admiraba. ¿Y cómo no? ¡Si Kotone era un ejemplo a seguir! Lo había sido desde siempre: era la persona que más respetaba y quería en el mundo. No sólo por su actitud, su talento y buena disposición, sino también por la manera en que la apoyaba y motivaba constantemente. A diferencia de sus padres que sólo habían existido para criticarla, Kotone la había impulsado a desarrollar su pasión: la composición. Juntas habían probado ser el dúo dinámico: la menor componía y la mayor cantaba. Así fue que Banri encontró a Kotone y se propuso lanzarla al estrellato.
Y el hombre no se había equivocado. Su hermana había nacido para ser una estrella. Su voz era preciosa y su dominio escénico, envidiable. Sabía que muchas de sus amigas cantantes le habían guardado tirria antes de conocerla porque deseaban siquiera llegar a poseer una décima de su nivel. Y aunque la actitud que tenían con ella cambió cuando se acercaron, Eureka sabía que la envidia seguía presente en varias de ellas.
Sin embargo, era algo que podía criticar sin tapujos porque no se sentía igual que esas chicas. ¡En absoluto! La menor de las Shiomi estaba orgullosa de su hermana. Era un honor poder componer para ella y ayudarla en lo que pudiese.
Al contrario… había comenzado a sentir que tal vez era una carga para ella. Kotone le había contado que quería casarse y, si Satoru eventualmente le proponía matrimonio, de seguro se mudaría a vivir con ella.
Y Eureka sería el mal tercio en ese hogar.
Pero no contaba con el dinero necesario para irse a vivir sola. La ciudad era demasiado cara como para costear esos gastos y, aunque tenía algunos ahorros guardados, no quería despilfarrarlos en la renta de un par de meses. Los caseros se pasaban de avariciosos con sus precios y lo sabía gracias a sus amigos más cercanos.
Aun así… le incomodaba ser tan fresca con su hermana. Estaba viviendo en
su departamento y no podía seguir así.
El colmo era que le malograra los vestidos.
“…” Eureka se derritió en la silla hasta que saltó para evitar caer al suelo. Le encantaba la vida cómoda que tenía, pero tenía que aportar de alguna manera. Y pagar un par de recibos no era suficiente… tal vez debía contratar a un chef personal o al guardaespaldas que tanto quería su hermana.
Antes de verla aparecer de nuevo, Eureka sintió los pasos apurados de Kotone a lo lejos. Al cabo de un par de segundos, la mayor apareció con un precioso y largo vestido granate de pequeño escote y mangas caídas. Tenía una abertura en la pierna que lo hacía mucho más encantador de lo que ya era.
Eureka se aguantó las ganas de intentar robárselo a futuro. Una cita de algún (o alguna) idiota de Bumble no era tan importante como las que tendría a futuro su hermana con su futuro esposo.
“¡AAAH! ¡ESE ES!”
“¿Verdad?” Kotone estaba a punto de saltar en un pie. “¡Es perfecto! Y Satoru nunca me ha visto en él. Recordé que lo había comprado en Europa pero nunca me lo pude poner porque la gala que tenía en esas épocas se canceló.”
“Me encanta. ¡Está súper lindo!”
“¡Mil veces mejor que el lila!” Kotone sonrió. “Gracias por malograrlo, Eu.”
“A la orden.” Eureka fingió un saludo militar. “¿Y qué tacos usarás? ¡Ah! ¿Y tu cartera?”
“Tengo una Mini Kelly de este color, rojo granate. Y en cuanto a tacos… ayúdame. ¿Qué color combina con este?”
“Am… ¿Crema?”
“¡Genial!” Kotone asintió. “¡También tengo una mini Kelly crema!”
“…Deja de hablar de tus bolsos carísimos que me incitas a cometer una mala decisión financiera.”
“¡Hablas como si no te prestara mis cosas!” Kotone le sonrió de lado.
“…No quiero que pasen a mejor vida.” Eureka se lamentó. “Son hermosos y, a diferencia del vestido Guess lila, cuestan un dineral. No podría.”
“Aw, bueno. Si algún día te animas, te recuerdo que no me molestaría, ¿está bien?”
“Gracias, Kotone.” La menor se contagió de la alegría de su hermana y le devolvió la sonrisa divertida. “Bueno, ¡anda a alistarte! No quiero retenerte más tiempo.”
“Cierto, tengo que maquillarme… pero sólo me falta eso. Ah, y meter mis cositas al bolso.” Kotone rio. “Ay, qué emoción~”
“Imagino que lo extrañaste un montón.”
“¡SÍ!” Kotone asintió, llena de energías. “Han sido dos semanas de tortura sin él. Es que no podía sacarlo de sus proyectos para pedirle que fuera a verme…”
“Mm. Está metido en su banda ahora que sí parece irle mejor.”
“¡Exacto! No podía ser egoísta.” Kotone se fijó en la hora que marcaba su reloj de pulsera. “¡Aaah! Te dejo, ahora sí.”
“Anda, no te preocupes.” Eureka le sonrió. “Yo también tengo planes.”
“¿Ah, sí?”
“Con Goro. Iremos al karaoke más tarde.”
“Qué tierno que mantengan esa tradición pese a que ahora ya no lo necesita.”
“Es divertido. Nos desahogamos un poco y la pasamos bien.” Eureka le sonrió. “Siento que algún día incursionará en la industria musical. Tiene talento, no puedo negarlo.”
“Eso es porque tú lo ayudaste~” Kotone no pudo ocultar sus risitas. “Estaba muy perdido antes de que lo apoyaras.”
“Es cierto.” Eureka sonrió para sí misma… y luego sacudió la cabeza al recordar que Kotone estaba contra el tiempo. “¡Bueno, ve a terminar de alistarte! Yo tengo que tomar una ducha y cambiarme.”
“Cierto. ¡Deséame suerte!”
“Suerte, Nee-chan.” La menor le esbozó una sonrisa deslumbrante. “¡Te irá genial!”
“¡Gracias!”
Kotone corrió a estrujarla en sus brazos y, como siempre, la privó de aire por unos segundos. Eureka le dio un par de palmaditas en la espalda y, luego, se separó y volvió a sonreírle.
“Hablamos más tarde, ¿sí?”
“¡Sí!” Kotone asintió. “Te aviso si vengo a la casa o si me quedo en el departamento de Satoru.”
“Genial.”
Kotone se alejó a la vez que le ondeaba la mano y, al cabo de unos instantes, desapareció junto al sonido de sus pisasdas que se disipó a lo largo del pasillo.
Eureka suspiró: tenía que apurarse y confirmar los planes que acababa de inventarse.
Al inicio del día, había planeado que fuera un viernes más del montón: trabajaría en algunos proyectos pendientes hasta las 4 y, luego, se dedicaría a procrastinar hasta encontrar algo productivo que hacer. En caso no hallara nada interesante, dormiría hasta la mañana del sábado con total y completa despreocupación.
Pero encontró una película de una actriz muy llamativa. La mujer había sido dotada de un talento innato para actuar. La trama no era mucho de su gusto, el típico triángulo amoroso con un final inesperado. Sin embargo, se quedó enganchada a la pantalla por la interpretación de Peruere.
No sólo tenía talento, sino que además… era guapísima.
Cuando cayó en cuenta de la hora, ya eran más de las 6. Antes de poder dedicarse a stalkear las redes para buscar más información sobre aquella actriz, Kotone había llegado a pedirle ayuda y a comentarle sobre el vestido que había malogrado.
No había tenido tiempo de pensar en actividades para la noche: su plan era pasar el resto del día indagando sobre Peruere.
Pero ahora que su hermana tenía una cena romántica con su novio, Eureka no podía quedarse en el departamento. No quería ser aguafiestas como para impedir que tengan privacidad en caso quisieran… “celebrar” su compromiso.
Debía salir a toda costa. ¿Y qué mejor plan que ir a cantar karaoke con Goro?
Abrió la aplicación de mensajería y le mandó una invitación rápida y escueta, rogando a los dioses que le hiciera caso.
Al cabo de unos instantes, el ringtone de su celular la llenó de miedo. ¿Qué pasaba si rechazaba su propuesta? ¿De dónde iba a sacar amigos a esas horas para un plan improvisado de karaoke y perdición?
Sus amigas de seguro estaban ocupadas: casi todas eran idols y tenían compromisos, galas o cenas importantes. Por otro lado, los chicos de Crazy:B estaban en medio de una gira por la costa.
Y Ryoji era una opción, pero… le daba pena contarle sobre Kotone y su futuro compromiso.
Goro tenía que ser su víctima de todas maneras.
goro: ok
goro: tienes suerte de que estoy libre
goro: y no tengo mejores planes
goro: ¿paso a recogerte a las 9?
Eureka sonrió.
A veces ser la mejor amiga de su ex funcionaba a su favor… y no dolía tanto.