

2 # Joe’s Rock Shop—La foto del currículum es algo… —miró nuevamente el CV del hombre frente al mostrador.
—¡Soy yo! —intentó mostrar una sonrisa segura de sí mismo, revelando sus dientes afilados y puntiagudos—. Quiero decir... —carraspeó al darse cuenta de aquel error. Su apariencia casual fue un error para una entrevista de trabajo.
Enfundar jeans negros raídos, combinado a una camiseta de mangas cortas y lisa, algo arrugada más su cabello alborotado de raíces negras y puntas verdes era una estupidez. Su aspecto delgado y desalineada acentuaba la falta de cuidado en su vestimenta, lo que hacía que pareciera más un drogón buscando algo de Bob Marley que a un posible empleado. ¿Quién lo contrataría? Él no lo haría se burlaría de alguien así y luego lo llamaría “desperdicio de humano”.
Tenía ganas de soltar una risa hilarante por su desgracia.
Mitsuki lo observó detenidamente, analizando en cuestión de minutos a Gyutaro Shabana: un joven japonés de complexión delgada, que encajaba perfectamente en la descripción de alguien extraño. Su apariencia desalineada estaba marcada por manchas oscuras salpicadas en gran parte de su piel pálida: rostro, cuello, hombros y más allá, seguramente.
Esas manchas como tinta derramada en forma de patrones irregulares y dispersos que contrastan con el tono claro de la piel. Algunas se agrupaban alrededor de los ojos, dándole una mirada aún más profunda e inquietante, mientras que otras se extendían hacia el borde de su cuello, perdiéndose bajo la camiseta.
—¿Y quieres trabajar en la tienda? —cuestionó mirando una vez más el perfil del peliverde.
—Sí —apretó las pestañas y una gota de sudor le recorrió la frente.
—Oh, the shark, babe, has such teeth, dear —comenzó a cantar el tío de Mitsuki con una sonrisa en el rostro, acompañado por chasquidos de sus dedos—. And he shows them pearly white.
—¡Tío! —rezongó rápidamente, mirando de reojo al aspirante a ayudante de la pequeña tienda de CD’s.
—¡Vamos, estoy seguro que tiene buen humor! —contestó tomando la cajetilla de cigarros Seven Stars del escaparate, sacó uno y lo colocó entre sus labios—. Aparte es el único que vino a nuestra entrevista.
—Ese no es el problema —giró la vista hasta el chico extraño frente a ellos, quien se ponía cada vez más nervioso a medida que pasaban los segundos. Gyutaro era consciente de su propia apariencia excéntrica y de que su aspecto descuidado no concordaba para nada con el puesto de atención al cliente—. Ya sabes…
—Umh —Joe acercó más el rostro a Gyutaro y lo examino de arriba abajo; después sacó el encendedor del bolsillo de sus tejanos y prendió el cigarro, calando profundamente, aspirando el humo con un gesto de placer absoluto, disfrutando del sabor por un instante antes de exhalar lentamente—. Te preocupas mucho Mitsu-chan —dejó que el humo escapara de la boca en una larga columna gris.
Los ojos azulados de peliverde contemplaron al “chico” que fue identificada con el honorifico “chan” y una pequeña mueca siniestra se posó entre sus mejillas. ¿Excéntrico y extraño era él? ¿Entonces la otra persona de cabellos cortos negruzcos y rasgos masculinos qué era?
—… —hizo una pausa corta Mitsuki percibiendo los pensamientos del aspirante a empleado—. Soy Mitsuki Koga y él es mi tío, Joe.
—Pff —trató de evitar que la risa saliera de sus labios, pero era inevitable. Casi siempre lo identifican como alguien burlista, siniestro y envidioso—. Ahhh, que gracioso que me juzgues, “niñita”.
—¿Eh? —parpadeó repetidas veces, incrédula de lo que dijo el contrario.
—Verdad no le falta —el tío se cruzó de brazos y continuó fumando a gusto, formando figuras que se disipan tan pronto como surgen—. ¿Qué tal si le haceos una prueba? Que escuche las siguientes tres canciones de Rock y adivine el grupo.
—E-eso es una buena idea —resignada decidió ignorar las palabras que soltó el chico de su edad.
La primera canción comenzó a sonar desde los parlantes de la tienda, ubicados en cuatro lados para ofrecer un sonido más amplio y envolvente. Comenzó con el sonido de los tambores del baterista, al que se le unió el bajo y rápidamente la guitarra. De inmediato se percibió la influencia de Nirvana, sin ser la voz de Kurt Cobain el vocalista.
“There goes my hero
Watch him as he goes
There goes my hero
He's ordinary”
—Esa es fácil —aun fumando, empezó a cabecear al ritmo de la canción Joe. Un hombre sobre los treinta, con algunas hebras plateadas dispersas en el cabello negro y una pequeña barba de algunos meses sobre el mentón.
—My Hero —pronunció Gyutaro sin dudar, era imposible equivocarse con la melodía tan pegadiza y la voz de Dave Grohl conjunto a su ritmo en la batería—. Foo Fighters.
Joe lo aplaudió y Mitsuki le dedicó una sonrisa, rara vez conocía a gente de su edad que le gustara el Rock; últimamente la tienda casi no tenía clientes, aunque su sustento principal eran las ventas online, rara vez venían personas jóvenes a preguntar por algún grupo o
—Me gusta más el Metal —aclaró, rascándose la mejilla con cierta urgencia viendo la expresión de la chica—. Soy más de lo true.
La playlist continuó, la canción de Foo Fighters con sonido breve e intensa energía terminó abruptamente. A medida que la última nota se desvanecía, la siguiente pista entró con un intenso rasgueo de guitarra, precediendo a una voz nasal peculiar que rompía con la melodía. La segunda pista de audio contenía dificultad intermedia; una balada melancólica de cuyo grupo normalmente se oían canciones más poderosas. A Gyutaro le iba a costar sacarla si no sabía un poco de música.
“Such a lonely day, and it's mine
It's a day that I'm glad I survived”
—Lonely Day —mencionó en un mal inglés. De ellos prefería algo más al estilo de Chop Suey, aunque definitivamente no era una de sus bandas predilectas, prefiriendo a Daron Malakian que a Serj Tankian— System Of A Down.
Mitsuki asintió muy feliz, aunque intentaba ocultar su sonrisa, la mueca era muy amplia. Ese desafío que puso Joe para aceptar al chico como empleado le fue más entretenido de lo que pensó y Gyutaro parecía estar a la altura.
—¡Bien! —exclamó chocando sus propias manos en un aplauso—. Solo te queda una más. Esta es un clásico.
Mitsuki presionó el botón de la computadora para iniciar la siguiente canción. Los primeros acordes de guitarra resonaron en la tienda, seguidos por un bajo pulsante que hacía vibrar las paredes. La voz inconfundible de Anthony Kiedis llenó el aire, con esa mezcla de melancolía y energía que solo ellos podían transmitir.
Ninguno de los tres se atrevió a interrumpir la melodía de añoranza y autosuperación. Simplemente la letra, sonidos y voz se mezclaban perfectamente como para silenciarlos y apreciar la buena música.
“Push me up against the wall
Young Kentucky girl in a push-up bra”
—Esta es inconfundible —dijo Mitsuki, viendo cómo Gyutaro analizaba lo que escuchaba, por supuesto no dudo ni un minuto de quienes eran. Un clásico.
La letra de Scar Tissue flotando entre ellos, balada de las luchas contra los narcóticos y cicatrices. Gyutaro cerró los ojos por un instante, dejándose llevar por el tema. Los Red Hot Chili Peppers destilaban puro talento en la tienda de CD’s.
—¡Scar Tissue! —exclamó apens Kiedis terminó de cantar, abriendo los ojos y dejando escapar una pequeña risa. Su expresión de confianza se había transformado en una mezcla de alivio y alegría. ¿Ahora era empleado de allí?
Joe lo miró a través de las gafas de sol y estrellando la colilla en el cenicero del mostrador.
—Bien hecho, Shabana. Parece que tienes nuevo compañero, Mitsu-chan —la codeó con una sonrisa ladina.
—¡Sí! —respondió Gyutaro, levantando los puños en un pequeño gesto de alegría. Hacía pocas semanas que se había mudado a la gran ciudad con su hermana menor y se mantenían gracias a los trabajos temporales que él conseguía por allí, esto les iba a ayudar enormemente.
Mitsuki lo observó con curiosidad. Por lo general, la gente llegaba a Eastwood en busca de fama, así que trabajar en tiendas con más afluencia de clientes tenía más sentido que hacerlo en un lugar viejo, donde apenas entraban dos o tres personas al día.
—Es raro ver a alguien de nuestra edad por aquí —comentó finalmente, relajándose un poco. Con un movimiento rápido, lanzó un delantal verde que servía como uniforme hacia el pecho de Gyutaro—. Si quieres quedarte hoy, te explicaré cómo funciona la tienda y podremos organizar nuestros horarios.
—Ah —retrocedió un poco, agarrando el uniforme con ambas manos mientras desviaba la mirada hacia las vitrinas de la tienda—. Es que me están esperan-.
Antes de que Gyutaro pudiera terminar la frase, las campanillas de la entrada sonaron y una mujer de largos cabellos blancos cruzó la puerta con elegancia, avanzando directamente hacia él para tomarlo del brazo. Los tres la miraron sorprendidos, aunque Gyutaro con un toque de desesperación.
Mitsuki observó cómo las puntas del cabello de la joven se teñían del mismo verde que el de Gyutaro, formando suaves bucles que se mecían con cada paso. Sus ojos azules brillaban con una vitalidad que contrastaba con la mirada más apagada de su hermano.
Joe apartó la vista de inmediato al darse cuenta de que había estado mirando fijamente la figura esbelta y delicada de la chica. Había algo en su andar que atraía la atención sin esfuerzo de las personas, una naturalidad casi hipnótica. Mitsuki y el tío quedaron igual de cautivados, la joven irradiaba una presencia que llena la tienda y les hacía imposible de ignorar.
—Onii-chan, hace horas te estoy esperando —tiró con firmeza del brazo de él—. ¿Y este lugar? Iuk, huele asqueroso, a viejo meado y mariguanero.
—Ume —con un gesto de exasperación se llevó la mano al rostro y presionó con los dedos el puente de la nariz, cubriendo sus ojos. Ya podía ver como lo despedían antes de comenzar a trabajar.
—¿Qué? —ella frunció sus labios y elevó la vista a su hermano, se veía hermosa.
—¿En serio? ¡Idiota! —susurró, esperando que se disculpara con las personas frente a ellos—. Te dije que tenía una entrevista… —sus ojos quedaron ocultos detrás de la palma, quería bloquear la visión de lo que tenía delante, buscando un breve respiro de frustración. Su hermana menor siempre debía ser así.
—¿Y? Deberían estar más que agradecidos que quieras trabajar en este lugar de mierda —giró hacia las dos personas frente a ellos y los señaló sin nada de respeto—. Los feos no me interesan.
El tío dejó escapar una larga risa, golpeando con la mano el cristal del mostrador; Mitsuki entrecerró los ojos sin poder creer que ambos hermanos eran un calco en personalidad.
—¡Si tuviera diez años menos, te invitaría a salir! —sostuvo la risa un largo rato, tomando otro cigarro de la caja y prendiéndolo rápidamente—. ¿Tu hermana? —soltó un poco de humo al calarlo.
—Sí, algo así —suspiró y dejo caer ambas manos el chico—. Ume Shabana. Mi hermana menor. —ni escondido detrás de las manos podía evitar la vergüenza de ese momento.. En serio que Ume siempre cagaba todo.
—Rechazado. Hoy, ayer y hace mil años: RE-CHA-ZA-DO —con el entrecejo cruzado le contestó a Joe la albina.
—Pff —tuvo que taparse la boca con ambas manos para que su tío no se sintiera mal, girando el cuerpo hacia la pared detrás de ellos.
—¿Y la marimacha? —cuestionó a Gyutaro, cambiando la posición del dedo índice hacia la otra chica—. Es igual de fea, te prohíbo acercarse a ella, onii-chan.
El tío de Mitsuki hizo la misma acción que ella, intentando evitar ahogarse. La chica les había parecido graciosa, aunque con una lengua bastante viperina. Ella se cuestionó si acaso Gyutaro había venido a Eastwood por Ume, cuyo atractivo era innegable
—Estate tranquilo, mocoso —el tío dio un pequeño vistazo al peliverde y lo vio pálido de más. Se quitó las gafas de sol, aún con el pitillo en boca y le guiño un ojo—. Tu hermana es divertida.
—S-sí —asintió casi robóticamente. ¿De verdad todo estaba bien? Ume siendo grosera era igual a tener que lidiar con ella y siempre le costaba el trabajo.
La música comenzó a sonar nuevamente en la pequeña tienda, la encargada dejó puesta una lista de canciones de Foo Fighters sonando y Everlong. Ume llevó la mirada azulina a la computadora y tapó sus oídos.
—Que horrible canción —mencionó, convirtiéndose una vez más en el centro de atención de los presentes.
—Es lo normal —la pelinegra sonrió con cierto dejo de tristeza. La hermana de Gyutaro debía rondar por diecisiete o dieciocho, una adolescente en toda ley, y que le gustara otro tipo de música es lo usual.
—Pues sí, es mejor el K-Pop. Más glamoroso y bailable —espetó aún con los oídos cubiertos—, aunque la música clásica japonesa también es buena. Recuerdo que antes varios grupos de Visual Key usaban instrumentos antiguos o ceremoniales.
—¿Oh? ¿Entonces si conoces algo de Rock? Nosotros nos especializamos en Rock internacional —indicó el dueño de la tienda, volviendo a apagar la colilla en el cenicero—. Tengo entradas para ver una obra de teatro y musical coreano. ¿Quieren ir? La directora del lugar me regalo cuatro entradas, pero ese tipo de música no es lo mío. Mis huesos sudan rock.
—¿Habin-san? —preguntó la sobrina.
—Yeah, ella está muy emocionada por el debut de esa obra. ¿Los quieren? —les cuestión por segunda vez.
—Llegamos hace una semana aquí —el peliverde rascó su nuca con cierta molestia—, no hemos tenido tiempo de acomodarnos ni visitar la ciudad.
—Vi un poster de ellos. ¿Alien Stage? Uno de los protagonistas es super guapo —con felicidad tiró del brazo de su hermano—. Iremos. Iremos.
—¡Já! Típico de las señoritas, prefiriendo extranjeros que a japoneses —bajó la cabeza, fingiendo tristeza el mayor.
—Puedo enseñarles la ciudad cuándo vayamos a la obra de teatro. Quiero ver lo que Habin-san ha estado planeando todo este tiempo —animada intercambió miradas con Gyutaro.
Finalmente los hermanos Shabana aceptaron la oferta hecha por los nuevos jefes de él, de algún modo al peliverde se le hizo extraño como todas las cosas encajaban de manera perfecta con un poco de suerte, cosa que en el país natal la mala suerte lo perseguía a cada rincón que iba. Mitsuki y Joe fueron amables con ambos y la encargada le explicó pacientemente lo que debía hacer en la tienda, arreglaron los horarios y decidieron ir la próxima semana al centro cultural Húngaro Ganessa.