Author Topic: Lemuria  (Read 4872 times)


Miyu

Lemuria
« Topic Start: May 30, 2023, 03:52:29 PM »
Quote
           ¡Veo todo! Ante mí veo los miles de millones de vidas que me han precedido en este planeta. Veo hombres de todas las épocas, de todas las razas, de todos los colores. Luchan, se matan, construyen, danzan, cantan. Se sientan en torno a la hoguera primitiva, en desiertos grises, e intentan elevarse en el aire a bordo de monoplanos. Cruzan los mares en toscas barcas de troncos y en enormes buques de vapor. Pintan bisontes y elefantes en las paredes de cuevas lúgubres y cubren lienzos enormes con formas y colores del futuro. Veo a los emigrantes procedentes de Atlántida y Lemuria. Veo a las razas ancestrales: a los enanos negros que invaden Asia y a los hombres de Neanderthal, de cabeza inclinada y piernas torcidas, que se extienden por Europa. Veo a los aqueos colonizando las islas griegas y contemplo los rudimentos de la naciente cultura helénica. Estoy en Atenas y Pericles es joven. Me hallo en tierra italiana. Participo en el rapto de las sabinas. Camino con las legiones imperiales. Tiemblo de respeto y de pavor cuando flamean los gigantescos estandartes y el suelo trepida bajo el paso de los hastati victoriosos. Paso en una litera de oro y marfil arrastrada por negros toros de Tebas y ante mí se prosternan mil esclavos y las mujeres, cubiertas de flores, exclaman: «¡Ave César!». Yo les sonrío y saludo a la multitud. Soy esclavo en una galera berberisca. Veo cómo, piedra a piedra, se va levantando una catedral. Contemplo durante meses, durante años, cómo van colocando en su sitio cada uno de los sillares. Estoy crucificado, cabeza abajo, en los perfumados jardines de Nerón y veo, con ironía y desprecio, cómo funcionan las cámaras de tortura de la Inquisición. ¡Es un espectáculo divertido!

           Penetro en los más sagrados santuarios. Entro en el Templo de Venus. Me arrodillo, en adoración, ante la Magna Mater y arrojo monedas al regazo de las prostitutas sagradas que, con el rostro velado, esperan en los Jardines de Babilonia. Penetro en un teatro inglés de la época isabelina y, en medio de una multitud maloliente, aplaudo El Mercader de Venecia. Paseo con Dante por las estrechas callejuelas de Florencia. Mientras contemplo, arrobado, a la joven Beatriz, la orla de su vestido roza mis sandalias. Soy sacerdote de Isis y mis poderes mágicos asombran al mundo. A mis pies se arrodilla Simón Mago, implorando mi ayuda, y el Faraón tiembla ante mi sola presencia. En la India hablo con los Maestros y huyo horrorizado, pues sus revelaciones son como sal en una herida sangrante.

           Todo lo percibo simultáneamente. Todo lo percibo a la vez y desde todos los ángulos posibles. Formo parte de los miles de millones de vidas que me han precedido. Existo en todos los seres humanos y todos los seres humanos existen en mí. En un instante veo a la vez toda la historia del hombre, el pasado y el presente.

一一 Los Perros de Tíndalos; Long Belknap, Frank (1929).


Post pa'  dejar algo en extras :`((((
No me decidí por una cita cortita, dejo un pasaje jajajajaja.

Tema por si quiero escribir algo a futuro XD
« Last Edit: July 25, 2023, 01:32:12 PM by Miyu »


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Miyu

Re: Lemuria
« Reply #1: June 28, 2023, 04:14:42 PM »
Ya lo estoy pasando al DD en post viejos ;_; enlace al post

Edito un día para dejar lista de prompts xd
« Last Edit: July 25, 2023, 01:37:20 PM by Miyu »


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Miyu

Re: Lemuria
« Reply #2: November 30, 2023, 08:46:11 AM »
Mi peor fic ª
Se supone que es para el DD, pero por más que escriba se vino a mi mente la historia que dejé atrás llena de drama. Quizás lo continúe aquí, quién sabe, tengo un bloqueo serio u_u



—¿Sabes que Fumi va a estar en Eastwood?

La voz masculina sonó en una habitación lujosa junto al sonido de una taza siendo estrellada contra la superficie de mármol de la mesada flotante.

— No me importa.

Fue lo único que mencionó Belurum molesto, intentando beber otro sorbo de café caliente. El aroma a los granos recién molidos de la marca Colombiana era algo que hacía calmar su mal humor.

—La recuerdo bien como una mujer de gran personalidad.

Su amigo hizo con ambas manos la imitación exagerada de tener dos pares de senos grandes, el hombre se movía de un lado hacia el otro moviendo sus manos.

—¡Basta Miyamura! —intento no reírse de la burda imitación, pero terminó soltando unos sonidos suaves.

—Bien, bien. ¡Decidido! Si no la quieres tú, iré por ella.

Después de volver a su asiento señaló a Belurum. Ambos habían sido amigos todo el instituto junto a otro grupo de jóvenes que se creían yankees. A Toranosuke Miyamura le había agarrado mucho cariño, como un hermano.

— Atrévete y te cuelgo de las pelotas —respondio con una mirada feroz y otro sorbo de su bebida favorita.

Ambos seguían en California, el calor insoportable hacia que esa mañana en particular quisieran irse a Eastwood tranquilamente; ya se había decidido que Belurum retomaría su carrera musical desde allá, después de sufrir una severa adicción a las drogas e intentos de suicidio debido al fallecimiento de su hermana mayor.

Con Fumi se habían conocido en una de sus giras por Japón, ella era una chica dulce y graciosa. Tener un amorío fugaz con una asiática le pareció divertido, más no se veía compartiendo una vida con ella o una relación a largo plazo.

Miyamura lo observó con atención unos minutos.

—¿Por qué no la buscas? En una hora sale nuestro vuelo y en seis estaremos allá.

El albino tenía razón, ninguno de los dos se había comprometido emocionalmente en esos tres meses de tórrido amor. Había sido apasionado, fugaz y divertido.

—No —sentenció con frialdad. El otro chico tomó el celular de él y rápidamente entró a Facebook y con algunos movimientos ya estaba en el perfil de la mencionada.

—Foto con dos hijos —exclamó sorprendido.
—¿Qué? —le sacó el celular de entre las manos y rápidamente se fijó en las fotos—. Son lindos…
—Entre cuatro a cinco años… ¿serán tuyos? —se rió Miyamura, viendo la expresión de sorpresa en el rostro de su amigo.
—No lo creo, no tienen razón míos —apagó el móvil y siguió bebiendo el último trago de café.
—Es japonesa, tampoco se parecen a ella —rió el amigo.
« Last Edit: November 30, 2023, 08:49:25 AM by Miyu »


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Miyu

Re: Lemuria
« Reply #3: July 31, 2024, 03:40:49 AM »
Ya van como 3 veces que olvido la cuenta de imgur. Me inspiré en Now & Forever de Link Click JAJAJAJAJA. MIS CHINITOS PURRRRFECTOS <3

Es un fragmento de lo que debería pasar en un futuro en el DD, advertencia de GL. Espero continuarlo algún día <3





La brisa de verano acariciaba suavemente el lado izquierdo de su rostro mientras descendía lentamente por las escaleras del departamento. El aire cálido se filtraba a través de las ventanas abiertas, trayendo consigo una fragancia ligera y floral que anunciaba el amanecer.

El murmullo ligero de voces llegaba a sus oídos, interrumpiendo la quietud de la mañana. Voces familiares, cuyas risas y conversaciones llenaban el ambiente con una melodía reconfortante, nunca pensó en tener una vida tan pacífica. Gyutaro pudo distinguir fragmentos de su charla, una mezcla de risas y palabras que, aunque indistintas, le transmitían una sensación de calidez y hogar.

La presencia de una tercera persona se le hacía extraña, como una perturbación en la rutina que era exclusiva de ambos hermanos. Por algún motivo Ume la dejó entrar en la vida de ambos, sin recelo y sin chistar, de a poco, la mujer de ascendencia china se había ganado un pequeño lugar entre ellos dos.

Al llegar al pie de las escaleras, se detuvo por un momento, observando la escena ante él.

—Gyu, buenos días —lo saludó con naturalidad, con una pequeña sonrisa mientras peinaba con los dedos a Ume.
—Hola, onii-chan —dijo ella con tedio, apoyando ambos brazos sobre la mesa mientras los dedos de la pelirrosa acomodaban con cariño cada hebra de la melena blanca.

La luz matutina entraba a raudales por las ventanas, bañando la habitación en un resplandor dorado. Tianxi sonreía con dulzura mientras Ume, aunque con su habitual actitud de superioridad, parecía disfrutar de la atención con su rostro relajado y tranquilo.

Gyutaro se quedó allí, en silencio, absorbiendo la serenidad del momento. Había algo casi poético en la forma en que la brisa de verano acariciaba sus rostros, en cómo la luz del sol jugaba con sus cabellos y en el eco suave de sus voces. Era una fotografía llena de tranquilidad y familiaridad, un instante que capturaba la esencia de su convivencia.

—Prepararé el desayuno —habló con voz áspera, bostezando sin muchas ganas de ver el ambiente relajado entre ambas.

Finalmente, con un suspiro suave, Gyutaro se dirigió a la cocina, decidido a preparar el desayuno. Mientras buscaba los ingredientes para los hot cakes, escuchaba de reojo la conversación entre Tianxi y Ume, permitiendo que la conversación llenara el espacio a su alrededor.

—Debes aprender esta línea, Ume —le señaló la otra chica el libreto.
—Nací para el papel, ensayar es estúpido —suspiró la albina con aires de supremacía.

Tianxi infló sus mejillas en un pequeño puchero adorable, pese a tener diecinueve años aún actuaba infantil.

—Hermanito, el desayuno —exigió Ume, chillando desde el comedor.

Gyutaro suspiró, poniendo el sartén en la cocina y echando un poco de rociador de aceite. Miró un instante a las chicas, las dos se veían raras juntas… Ume, como la típica niña mimada aún en pijamas, y la otra chica con un vestido negro algo refinado y sus dos coletas despeinadas.

Mientras vertía la mezcla de hot cakes en el sartén, Gyutaro no podía evitar sonreír ante la escena. Era un cuadro de contrastes y similitudes, de recuerdos pasados y momentos presentes, sellados juntos en una fotografía viviente. La cocina se llenó del suave aroma de los hot cakes, mezclándose con las risas y murmullos de las chicas.

—¿Tienes que ir al Live Club esta noche? —preguntó su hermana sin mirar a la pelirrosa.
—¿Vendrás? —Xixi cuestionó animada, con sus ojos corales puestos en la contraria—. ¿Sí?
—Verte temblar como tonta es insufrible —negó con la mano y moviendo repetidas veces la cabeza.

—Tianxi, ya jodes con eso de ensayar—con tono cargado de superioridad vociferó.
—Me gusta tocar el bajo —respondió Tianxi con una sonrisa gentil, tomando asiento en una de las sillas del comedor—. Además, pasar tiempo contigo es divertido.

Ume bufó, pero sus mejillas se tiñeron de un leve rubor. Gyutaro, desde la cocina, notó el sutil cambio en su hermana. Había algo en Tianxi que suavizaba los bordes afilados de Ume, y aunque no lo admitiría, parecía que también le agradaba la compañía de la chica.

El desayuno estaba listo. Gyutaro llevó los hot cakes a la mesa, colocando cuidadosamente cada plato frente a las chicas. Tianxi aplaudió suavemente, encantada por la comida.

—¡Gracias, Gyu! —exclamó, sus ojos brillando con gratitud.

Ume tomó un bocado, masticando lentamente mientras miraba a su hermano.

—No es tan malo —murmuró, aunque la expresión en su rostro indicaba que estaba disfrutando mucho más de lo que dejaba ver.

Gyutaro se sentó junto a ellas, observando el intercambio. Por un momento, todo pareció encajar perfectamente, como si Tianxi siempre hubiera sido parte de su pequeña familia. La conversación fluyó con una naturalidad que rara vez se veía entre los hermanos, y Gyutaro se permitió un momento de paz en medio de su caótica rutina.

—Koga es bastante molesta —exhaló aire Gyutaro, bebiendo un sorbo de café—. Ya me ha mandando varios mensajes para que me quede en la tarde en la tienda de CD’s.
—Pff. Esa marimacha —gruñó en voz baja Ume, de solo recordar a esa mujer dando vueltas cerca de su hermano o Xixi le hacía hervir la sangre.
—¿Por qué te molesta tanto? —interrogó la pelirrosa con una sonrisa, acercando el tenedor con un trozo de masa suave y miel cayendo hacia los labios rosados de su amiga.
—Es molesta, siempre está cerca de ustedes —lo aceptó y de un bocado lo tragó—. Es irritante.

Balbuceó hasta darse cuenta de sus palabras y rápidamente sintió como la sangre se agolpaba en sus mejillas. La piel nívea y tersa quedó sonrojada totalmente.

—¿Eh? Fufu~ —con una pequeña risa empezó a burlarse la otra chica de Ume.
—Atrévete y te mato —la fulminó con la mirada, la contraria se puso recta y empezó a beber el café de la taza.
—Koga dicen que se reinaran en Viretta Park —Gyutaro intentó cambiar de tema, aunque poco sabía de los planes de Xixi o Ume.
—¡Oh sí, debo mandarle un mensaje a mi hermano! —exclamó como si se hubiera olvidado totalmente—. Se cruzarán hoy por el set con Ume.
« Last Edit: July 31, 2024, 03:46:45 AM by Miyu »


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Miyu

Re: Lemuria
« Reply #4: October 27, 2024, 11:52:59 AM »
Pasé los caps aquí


& 01
& 02
& 03






« Last Edit: November 08, 2024, 07:18:12 PM by Miyu »


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Miyu

Re: Lemuria
« Reply #5: November 29, 2024, 07:35:43 AM »
Es para un post viejo del DD, al menos terminé el cap xd



6 # Luka Agriche
Aún recostado en la gran tina de la finca, se permitió relajar los músculos mientras el vapor cálido envolvía cada rincón del cuarto, empañando el blanco mármol y la piedra pulida de la decoración. El cuarto de baño es amplio y elegante, diseñado sin escatimar gastos en opulencia y comodidad.
La música clásica suena en un tono bajo, un tenue susurro de violines y pianoforte que armoniza con el goteo ocasional de la grifería de bronce antiguo, finamente labradas y la respiración
Chasqueo los dedos para llamar a la criada quien rápidamente acudió a él; la mujer mayor entró sin expresión, estoica y con una copa de vino sobre la charola.
Luka era como un tempano de hielo, lo habían criado así; sin emociones, carente de toda simpatía y buscando cada punto débil de su rival. Por algo es el número uno dentro de la compañía CT y el que más abultado tiene su billetera.
La palabra “Idol” le quedaba corta a la par de su larga currícula de éxitos en cine, novelas, teatro y hasta cantando. Recientemente había vuelto del extranjero a Eastwood, dónde está parte de la familia Agriche, para colaborar en un proyecto ambicioso llamado “Alien Stage” que combina canto, baile y teatro, como una ópera, pero más contemporáneo y bohemio.
—¿Cosecha? —espetó acortando palabras, autoritario. Nunca iba a decir por favor y menos gracias. La educación de un Agriche los ponía en un pedestal al que cualquier hijo de nadie ni podía mirarlos.
—Es lo que siempre pide, maestro: un Sauternes de la bodega Château d'Yquem y el año de cosecha es reciente, del dos mil seis —la mujer extendió la bandeja para que tomara la copa—. El resto del vino está en su cuarto.
—Bien —respondió escueto.
Al finalizar con la tarea, la criada se marchó y Luka comenzó a mecer suavemente el líquido de la copa, comprobando la textura y luego lo olió, un pequeño acto tan simple y perfecto en él. Lo bebió tranquilamente, recostando la cabeza contra la porcelana artesanal de la tina, una vez terminó con todo el líquido dorado, casi blanco.
El agua tibia caía por su cabello rubio, deslizándose suavemente por la piel tersa, cualquiera que lo viera negaría que tuviera treinta años y ese era su juego, con su rostro angelical encantaba a todas las mujeres; lo gracioso es que ni sabía si realmente le gustan las féminas, la mayoría ruidosas e irritantes, llenas de alabanzas vacías por su apariencia, igual los hombres. Para este punto de su vida y carrera ya nada lo complacía, todo le parece puro tedio y, aún así, se esfuerza por subirse a un escenario y a brillar, como la estrella que es.
Mientras salía de la tina, acomodó la bata de seda con cuidado y se quedó unos instantes mirando su figura en el espejo: adelgazó y dejo crecer unos centímetros la melena rubia, esas fueron las órdenes del manager. Con una dieta estricta, se sentía débil y el corazón latiendo a ritmo acelerado. Debía tomar vitaminas y un café americano frío, lo necesitaba más que al vino.  Se había mudado a Eastwood, una vez más, para participar en un ambicioso proyecto similar a la ópera, pero más moderno. Dejó su vida en California, aunque realmente no había mucha diferencia, más allá de ver a sus hermanos: Roxana, Dion y Johannes. Mantiene una relación tensa con sus padres al creer que es homosexual y una deshonra para los Agriche.
Sus rasgos faciales tan suaves, su cabello dorado y ligeramente ondulado, junto al tamaño tan delicado y pálido de su cuerpo lo hacían ver como un ángel. Él había nacido para brillar sobre los escenarios y que cada luz se encienda para él. Talentoso, hermoso y con la reputación impecable de los Agriche, había nacido con cuchara de plata u oro, en su caso.
Recibió la propuesto de “Alien Stage” hace un mes, de una tal Habin Yoon, Yoon un apellido tan común en Corea que ni se molestó en googlear; no obstante el “Húngaro Ganessa” si tenía fama a nivel internacional y rápidamente se comunicó con su agente para aceptar cantar y actuar en ese lugar.
Los demos de "Alien Stage" llegaron a sus manos hacía un mes. Una carpeta gruesa que dejó sobre la mesa de noche sin mayor interés. Hojeó las partituras, las letras, la sinopsis... todo le parecía tan cliché y a la vez tan ajeno a su propia realidad. La historia, una alegoría sobre la soledad y los Idols, como los fans terminan haciendo un espectáculo de la vida de los Idols y ellos en búsqueda de identidad y libertad, no le resonaba en lo más mínimo. Las canciones, con sus melodías pegadizas y sus letras pretenciosas, le eran más bien un producto comercial diseñado para complacer a las masas. Una especie de futuro apocalíptico dónde los humanos son vistos como mascotas y obligados a cantar hasta morir.
Se suponía que iba a haber un ranking semanal del favorito para el público y de eso dependía la continuidad en el espectáculo. La primera canción que cantaría era un dueto con una tal Mizi Yoon, no hacía falta ser genio para unir los hilos entre Habin Yoon y Mizi Yoon. La iba a aplastar, odiaba a los acomodados.
Salió del baño hacia su elegante cuarto, de estilo rococo. Las paredes de un beige suave con rombos marcados por dorado, algunos muebles elegantes regaos por allí, junto decorativos como jarrones con flores recién cortadas, esculturas finamente elaboradas, el cuadro central de Ofelia de John Everett Millais que había sido replicado por una tal Chiyo y espejos grandes.
Miró hacia arriba, a las lámparas de cristal que cuelgan con gracia del techo e iluminan todo el cuarto, los rayos del sol estaban a punto de desaparecer.
Sin cambiarse de ropa, caminó hacia el violín que descansaba sobre un elegante soporte, delicadamente inclinado esperando ser tocado por él, hacia años no lo levantaba. Su mirada dorada se detuvo un momento en la madera brillante que reflejaba la tenue luz de la habitación. Con una suavidad, extendió los dedos, cuyas puntas azuladas parecían trazar un contraste etéreo contra el cálido color del instrumento. Tocó primero el cuerpo del violín con las yemas, recorriendo su contorno, intentando rememorar lo que era tener un instrumento tan delicado entre manos y antes de que el sonido rompiera el silencio de la mansión Agriche.
Después, su mano se deslizó hacia el arco que descansaba al lado, y lo alzó con cuidado. Lo sujetó entre el pulgar y los dedos, asegurándose de sostenerlo bien, mientras su otra mano levantaba el violín por el cuello, haciendo que las cuerdas se tensaran con el movimiento. De algún modo estas acciones le traían recuerdos de su niñez. La familia Agriche se había vuelto conocida hace generaciones por poseer miembros de excelencia notable, incluso se rumoreaba que estaban metidos con la mafia. Desde niño tuvo una educación exigente en diferentes áreas, incluyendo baile de salón… 
Llevó el instrumento a su posición natural, apoyándolo contra su hombro y su mandíbula. Luego, el arco lo deslizo suave sobre las cuerdas. La primera nota emergió, clara y algo tosca, de a poco, nota tras nota, empezó a tomar forma y sus dedos se volvieron más ágiles. Las cuerdas vibraron, su sonido se volvió hermoso e impecable, Luka sabía de sobra sobre su talento pulido a niveles antinaturales.
Odiaba a su padre, a su madre e incluso a sus hermanos. Odiaba haber nacido en una mascarada absurda. Fingir ser alguien normal, ser despreciado por sus padres y mirado con altanería por sus hermanos, un fastidio todo… excepto cuándo la gente lo aplaudía y gritaba de emoción, pero incluso eso había perdido y ya nada lo complacía.
Tocó un par de acordes más y bajó con cuidado el violín, dejándolo una vez más en el soporte y dedicarle un vistazo más, después deslió la mirada a sus dedos que temblaban con fuerza, con debilidad. Una fragilidad que siempre había detestado, para todos los Agriches era un inútil e incompetente; con la mirada fija en sus manos, contempló las yemas de sus dedos, azuladas por la falta de oxígeno que seguían temblaban ligeramente. Era un recordatorio constante, un testigo silencioso de la vida que le había sido concedida a medias.
Siempre supo que su corazón estaba defectuoso, roto y enfermo, pensamientos autodestructivos que se susurraba para sí mismo y su familia siempre se encargaba de recordarle que, aunque tuviera el apellido familiar, no era más que un inútil con un rostro agradable que lograba engañar a las mujeres y hombres con una dulce sonrisa.
De algún modo se había resignado a que así fuera y decidió seguir una carrera en el mundo del espectáculo con resignación que impregnaba cada uno de sus pasos, hasta que aprendió que nada lo llenaba más que los aplausos de las personas. 
Nació con un defecto congénito, pero era su culpa, su problema, su falla. 
Caminanó hacia el espejo más grande de las paredes, de cuerpo completo. Su reflejo le devolvió la mirada: el cabello dorado, los ojos ámbar, el rostro angelical que había aprendido a usar como un arma. Pero Luka solo veía las sombras bajo sus ojos, los labios ligeramente pálidos, el cuerpo que le había traicionado desde el principio y obligado a superarse para rasgar el cariño de su familia.
Los padres odiaban ver lo imperfecto y enfermo que era, no estaban satisfechos con algo que no era perfecto. Un Agriche no podía ser débil, ni siquiera al nacer. Recuerda como su madre se negaba a cuidarlo o mirarlo, incluso nunca tuvo una palabra de cariño de ella. Decía que ese no era su hijo, negó su existencia porque era una mancha en la reputación de la familia. El padre, rió sin humor, una risa amarga carente de emociones, su padre solo veía una inversión defectuosa.
De niño tuvo que ser intervenido múltiples veces, hasta necesitar un trasplante de corazón y la prueba de ello era la cicatriz en su pecho, algo que intentaba ocultar a toda costa. Un secreto que no quería revelar a sus fans, después de todo, eso bajaría su valor como estrella. Sabe que su corazón puede detenerse en cualquier momento y debe tomar a diario tantas pastillas que solo perjudican su salud, sumado a las dietas extremas a las que es sometido.
—¿Qué haces?
La voz tranquila de una mujer se oyó desde la puerta. Una fémina hermosa, como él, pero de hermosos ojos rubies y unos labios rouge marcados… para él una víbora escondida, porque así son todos ellos.
—Roxy, no sabía que estas aquí —le sonrió con suavidad, como un lobo con disfraz de conejito—. Bienvenida, hermana.
—Dejé unos cuadros por aquí —la mujer cerró sus ojos y movió de una mano a otra un abanico gótico—. Oí de la sirvienta que llegaste esta mañana,
—Más o menos —respondió escueto, mientras menos supiera Roxana mejor—. ¿Cómo te ha ido?
Ella frunció el ceño ante esa pregunta, Luka sabía que la moda en pintura iba muy alejada del estilo que eligió su hermana: grotesco, como ella.
—No he vendido nada en Eastwood y eso que he abierto varias galerías —se quejó sin cambiar de expresión—. ¿Habin te llamó?
Roxana abrió los ojos y se acercó a él y lo apuntó con el abanico. Su hermana menor era hermosa, perfecta, la joya que estaba por encima de todos en la casa Agriche, incluso si había elegido una carrera sinuosa y difícil como la pintura.  Su piel pálida, su figura esbelta y frágil, su inteligencia… todo en ella la hacía perfecta.
Luka asintió.
—¿La conoces? —preguntó sin apartarse de su hermana.
—Algo así, tiene buena reputación —bajó el abanico hasta el mentón de Luka—. Sigues igual de hermoso.
La risa de ella era más suave y no tan viperina como creía.
—Deberíamos cenar juntos para hablar y ponernos al día, hermano —dejó caer su brazo y volvió a la entrada del cuarto—. Te espero abajo, Luka.
La mujer de cabellos dorados ondulados se retiró con elegancia, sus zapatos de tacón se podían oir resonar por toda la casa: pasos seguros de sí misma, aún si lucia atuendos góticos con chokers gruesos o empedrados.
Suspiró, iba a necesitar una copa cargada de vino o algo más fuerte como Vodka para soportar esa cena.
« Last Edit: November 30, 2024, 08:00:11 PM by Miyu »


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Miyu

Re: Lemuria
« Reply #6: January 03, 2025, 02:05:55 PM »
Pasé "paella y youkan (b)" al último cap que postee en HV para no hacer lío y aquí dejo un mini fanfic que escribí de mis bebés Lu Guang y Cheng Xiaoshi <3



Al final de esta línea, ¿te quedarás conmigo?

La habitación se ve más solitaria que nunca, impregnada de recuerdos que lo hunden más en el vacío que siente. Cada rincón lleno de voces e imágenes de Cheng Xiaoshi; las sonrisas de él, los gestos ridículos, las peleas fingidas, las comidas compartidas y cada momento que juntos habían pasado en el estudio de fotografía.

Apretó la mandíbula con fuerza.

Cada parte de su alma rota, cada línea paralela dónde lo vio partir lo han hundido hasta el fondo.

Lu Guang viviendo siempre en el pasado, aferrándose a un futuro dónde no puede salvarlo. Quiere arrancarlo, deshacerse de todo lo que le hará daño a Cheng Xiaoshi en el futuro que no quiere que conozca. Siempre atrapado en mentiras, conociendo todo y dejando que el destino siga su curso sin poder detener el rojo que se extiende frente a ellos.

¿Todo se desmoronará?

Las manecillas del reloj marcan las nueve una vez más.

— Lu Guang, vamos a cenar —el chico de cabellos negros lo mostró dos recipientes de sopas instantáneas. La sonrisa tonta en el rostro de Cheng Xiaoshi le sacó una pequeña mueca al albino.

¿Cuántas veces había visto esta escena? Su amigo agitando las sopas, mientras la tetera eléctrica suena en la cocina, el chico empezó a acercarse y a moverse alrededor de él.
 
—Apúrate o me comeré todo —corrió de regreso hacia la cocina, aún moviendo la cena con fuerza, probablemente rompiendo todos los fideos.

Lu Guang suspiró con una sonrisa y empezó a seguirlo con pasos lentos. Una rutina silenciosa, seguirlo y protegerlo, porque para eso había regresado una y otra vez, se había sumergido en cada foto para volver a verlo.

Destrozado, roto, con el alma partida, rebobinando una y otra vez

—No te comas mi porción, imbécil.

Cuando vio la espalda ancha de su mejor amigo corriendo a velocidad hacia otra sala, una pequeña mueca se formó en la perpetua línea que solían ser sus labios y empezó a dirigirse lentamente a la cocina.

Pasando el umbral de la puerta lo vio, la razón por la quiere salvarlo por qué no le importa si él da su vida a cambio de la de Cheng Xiaoshi; el pasado no se puede cambiar, él lo sabe mejor que nadie, que los nodos son puntos de inflexión difíciles de modificar y cada vez logra evitarlo las cosas se van un poco más al carajo.

—Ya les puse agua —le sonrió con gentileza, la expresión de un niño al que quería cuidar por siempre, no importa si eso significa vivir en el pasado—. Cinco minutos y comeremos, Lu Guang.
—Vale —se sentó en una de las sillas en la isla de la cocina y su compañero le trajo los palillos.

¿Evitará que conozca el futuro que tantas veces a visto? ¿Se quedará con él al final de la línea?

—Pareces desanimado —se acercó un poco más al albino e intentó darle un golpecito en la cabeza con los palillos, cosa que el otro detuvo con sus dedos sin levantar la vista.

Rebobinar, retroceder, volver atrás una, otra y otra vez.

—Otro ataque —con la mano libre esta vez la dirigió a la mejilla de Lu Guang.
—Idiota —la detuvo, aún con los ojos cerrados—. Te conozco.
Abrió sus ojos azules y lo contempló unos instantes.
—¡Qué injusto! —le devolvió la mirada con una inmaculada sonrisa—. Después juguemos algún juego de pelea.
—Por supuesto que no—soltó ambas manos del pelinegro y llevó una a su mejilla, apoyando el codo en la mesa—, mejor fíjate si ya está el ramen.

Desea poder decirle la verdad, pero siente que la voz se pierde en el tiempo. No puede salvarlo.

Cheng Xiaoshi fue a ver los dos cuencos de ramen tapados y abrió ligeramente uno, el vapor cálido subió como columna y con ello un aroma a especies que inundó la cocina, ambos amaban esa marca de sopas.

—Ya está Lu Guang —tomó con cada mano una y la llevó a la isla, colocando ambas frente a su compañero.
—Gracias —tomó uno de los rámenes y lo abrió, dejando que el vaho salga del recipiente y luego comenzó a comer con los palillos. Con tranquilidad, llevando los fideos a su boca con tanta elegancia y teniendo cuidado de que todo sucediera como lo recordaba.

Lu Guang, alguien destinado a vivir en el pasado. Repetir una y otra vez cada acción, sin cambio y aprendiendo que cada cosa que cambia en el pasado empeora el final que quiere evitar. Un destino decidido del que quiere escapar, un destino hilado ya del cual solo puede teñirse de rojo.

Perdido en el tiempo.

Perdido en la premura.
« Last Edit: January 03, 2025, 08:20:51 PM by Miyu »


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