No pensé que me iba a quedar así de largo jaja
—No entiendo qué pasó. — Kana se veía discretamente preocupada.
Generalmente era fría de ánimo, incluso media insensible sin darse cuenta. No se le notaba mucho cuando estaba preocupada, molesta o al menos trataba de disimular bien en frente de los demás para ahorrarse “correcciones” innecesarias.
Siempre había sido así, toda la angustia se bloqueaba en su interior desde temprana edad ante el estrés de pertenecer a una familia ancestral exigente, soportando a un tío y primos que la menospreciaban, acostumbrándose a las extrañas circunstancias de “protección” de un padre psicopático, apaciguando la ausencia de una madre que apenas conoció.
Perfectamente podría ser una persona ansiosa que sucumbiera al estrés y se quedase por mucho tiempo acostada en cama para evitar las exigencias de la vida. Pero prefirió ser firme y resistente, porque era demasiado orgullosa para demostrarle debilidad a su familia y, aunque no quisiera admitirlo, se sometía a esa estructura de seriedad para poder darle estabilidad a su hermano Ryota.
¨odiaba¨ a su medio hermano menor, pero suponía que la sangre tiraba mucho porque, prácticamente, toda su vida lo protegió de algún modo.
Incluso en su tiempo cuando fue Sukeban cuando huyó del distrito Nakiri. Aun así se las arreglaba para cuidar del idiota de Ryota. El mal agradecido hasta ahora le seguía diciendo que era ruda y ruin, pero, si no era así seguro Ryota no sería quien es hoy en día.
Pero hoy, no era esa Kana. Ahora era una chica con mucha confusión y la incertidumbre la estaba agobiando. Lo que más pedía era que Ryota no la viera en ese estado. Tal vez le podría perder el respeto que le tiene.
Allen analizó la situación de su amiga, igual de preocupado. Por más que tratara de buscarle un sentido no se le ocurría nada ingenioso salvo pensar que la larga ausencia de un Key para la segunda temporada de HiME le estaba pasando la cuenta a Kana.
—Sólo puedo pensar en que es porque no tienes Key. Creo… que eres de las únicas que no tiene Key y era demasiado fantástico que tuvieras el nivel que tenías sin el complemento de toda HiME.
—Eso no tiene sentido… Si es por ello, mis poderes debieron desaparecer hace mucho. Cain hace AÑOS que no es mi Key. Incluso… creo que en la última batalla de las HiMEs contra los Rebels hace muchos años atrás ya las cosas iban mal entre nosotros. Estaba raro y pensé que se estaba distanciando, aunque no lo dijera.
—Tal vez quedaste con una “carga” de poder de ese tiempo y ya se agotó. Como una batería.
—…— A Kana le molestaba asumir que Allen podría tener razón. —¿Existe alguna otra hipótesis?
—¿Dices que estabas practicando con Inui y luego perdiste tus poderes? ¿Has notado algún cambio desde que empezaste a pelear con él? Porque coincide su presencia con tu declive. Tal vez, ¿será Rebel encubierto?
—Allen, Inui apenas salió de la cárcel hace unas semanas. Ha pasado los últimos dos años encerrado en un calabozo. Dudo que Rizembool sea tan creativo de hacer Rebel a un preso para que esté pastoreando con los poderes en una cárcel. Aunque…— la peliblanca se tomó el mentón, pensativa. —Cuando perdí mis poderes en su presencia dijo que conocía a alguien que pasó por lo mismo. No creo que Inui conozca una HiME… Se me hace imposible que alguna HiME se le quiera acercar salvo yo… Huh. Pero me dio curiosidad que supiera del tema.—
—Yo creo que Inui es más que un simple ex convicto. Pero aun así, la posibilidad de que él haya quitado tus poderes no parece más real que la de que la ausencia de Key sea la causante de la tragedia.
—Pues si es así, perfectamente puedo luchar contra Rizembool sin poderes. No necesito un Key.
—Quizá Ryota podría ser tu Key. Yo puedo ser tu Key. O incluso Yato podría. Kana, no te cierres a las posibilidades de pedir ayuda.
—No es tan simple tener un Key. No es seleccionarlo y ya. Si fuera por eso, muchas de las HiMEs no tendrían por Keys a quienes tienen. Es algo que se da.
—No se me ocurre que otra respuesta darte a tu problema. —
—…— Allen resultaba ser peor ayuda que Alexa, Siri y Meta todos juntos.
—Pero sí conozco a alguien que pueda saber. ¡Y antes de me ataques o digas que él es un psicópata primero escucha lo que voy a de--—
—También pensé que él podría tener una respuesta.
—¿Eh? — Allen abrió enormemente sus ojos en sorpresa ante las palabras de Kana.
—¿Podrías… preguntarle?
—Vaya, esto no me lo esperaba. Se nota que estás desesperada. —
—…—
—Le preguntaré. Aunque se demora en responder y ahora debe estar muy preocupado… Suele demorarse un mes en responder mis mensajes cuando estamos en buenos términos y no está aplicándose la ley del hielo.
—¿Y en qué términos están actualmente?
—Bueno… Estamos distanciados. Se enteró que lo tengo en mis contactos con el apodo de “Chernobil” y dejó de hablarme y yo dejé de hablarle desde que borró todos mis contactos de mi celular y bloqueó a Lavi.
—Que diablos con su relación de amistad tan tóxica. En fin, ¿No puedes ir a Rizembool a preguntarle?
—Es que… está en Inglaterra.
—Bueno… Puedo usar lo poco que me queda de poder para aparecernos en Inglaterra.
—¡Estás loca! ¡Eso es peligroso! ¿Qué tal si se te agota el poder a medio camino y quedamos partidos por la mitad en medio de la nada?
—Es una posibilidad…
—También existe comprar un par de pasajes. Y, quizá cuando estemos cerca de su castillo puedes usar tu poder para infiltrarnos en su interior. Es imposible burlar la vigilancia de la policía Lancaster Hargreaves. — Antes que Kana le preguntara por qué no simplemente le hablaba a Cain para recibirlo, él le sacó de esa duda. —Me tiene con la ley del hielo desde la última vez. Recuérda.
—¿Y eso es taaan grave? O sea, no creo que esté enojado por el resto de su vida.
—No creo que esté enojado. Más bien, se olvidó de mi existencia.— Allen juntó sus palmas. —Dejemos de lado nuestra relación de AMBOS difícil con Cain. Tenemos que buscar pasajes económicos y que sean sin escala a Inglaterra.
—¿Tenemos dinero como para comprar pasajes sin escala?
—Tengo algo de la mesada que me dio Cain el mes pasado.
—¿¡Por qué te da mesada!?
—Porque me paga para que no lo moleste jaja…Y es irónico porque usaré ese dinero para ir a molestarlo. ¿Tienes algo de dinero que puedas aportar?
—Tengo… algo de dinero que sigue llegando a mi cuenta desde depósitos automáticos de Cain.
—WTF, ¿Y a ti por qué te deposita?
—Eh… Cuando íbamos a la escuela, él me depositaba en CONTRA de mi voluntad dinero a mi cuenta para apoyarme en mis proyectos cuando eramos amigos. Supongo que se olvidó de cortar ese financiamiento y como me tiene bloqueada no puedo notificarlo de que deje de hacerlo. Le pedí a Henry que le entregara el mensaje pero parece que se olvidó.— Kana le muestra la cuenta con depósitos a Allen.
—Déjame ver… No es mucho pero si juntamos nuestros dineros podemos conseguir algo decente. Oye…— Allen se dio cuenta de un detalle. —Son dos cuentas Lancaster Hargreaves distintas las que te depositan.— notó que la expresión de Kana era de auténtica sorpresa. —Sí, esta es de Cain.— la apuntó. —Pero esta es de Henry. ¿Por qué Henry te deposita dinero?
—¡GOD!— Kana se ruborizó, consternada. —Nunca me di cuenta de esto. Él pagó hace tiempo mi estadía en el Hospital pero pensé que se quedaba en eso. Pero veo que me sigue depositando. Tengo que decirle a ambos que se detengan.
—Déjalos. Los ricos tienen tanto dinero que no saben qué hacer con ello. Cain lo debe hacer por lástima, pero Henry lo hace porque es un buen ser humano.
Ambos decidieron quedarse esa noche en el templo de Yato y junto con el dueño de casa se desvelaron casi toda la noche captando un vuelo al que pudieran acceder de última hora. Por suerte encontraron un par de asientos que fueron liberados en última instancia y no dudaron en tomarlo. Cómo quedaban sólo horas para irse al aeropuerto sólo les alcanzó el tiempo para hacerse de una mochila cada uno (Allen tuvo que llevarse ropa que Yato le prestó) y compraron útiles de aseo y snack en el camino.
Casi un día de viaje y cuando pisaron tierra inglesa casi caen mareados al piso por tantas horas sin dormir, estrés, y jetlag. La HiME quería dormir un par de horas y le preguntó a Allen si les quedaba dinero para rentar algún hotel barato pero el peliblanco le dijo que era mejor ir directamente al castillo Lancania para solucionar los problemas que la HiME tenía, temiendo que si dejaban pasar más minutos los poderes desaparecerían por completo y no podrían escabullirse en el castillo por medio del mismo poder.
Apenas les alcanzó el tiempo para tomar una ducha y comer en el mismo aeropuerto. Kana se sentía destruída.
—Siento que voy a morir…— dijo Kana, mareada, con unas ojeras horribles y destartalada.
—Todavía nos quedan demasiadas horas hasta llegar al castillo. Tenemos suerte de que Cain esté con su familia en Londres. Él suele arraigarse en su palacio en Yorkshire cuando viene a Inglaterra.
—¿Cómo es que yo me veo así y tú te ves regio?— miró el reflejo de ellos en un ventanal. A diferencia suya, Allen parecía verse fresco y listo para una jornada de 24h más.
—Estoy acostumbrado a ir y venir de Inglaterra a Japón y viceversa.— el joven sonrió.
—Ah, aquí estás. Decepcionante como siempre. — Gilbert negó con la cabeza, soltando un suspiro. Encontró a uno de sus hijos en la biblioteca. Con un vaso de whisky en la mano mientras que con la otra hacía girar despreocupada y perezosamente el globo terráqueo. A Gilber lo único que le importaba de esa escena es que no estropeara el globo terráqueo con incrustaciones de zafiro y diamantes. Posó su mano sobre el globo terráqueo, parando su girar. —¿Qué haces escondidos aquí? Te dije que esperaras en el despacho principal. Deberías estar atento de la llegada de tu prometida.
—¿Qué más da? Ni siquiera me dejaste escoger. Bueno, como todas las esposas de tus hijos, eres tú el que las selecciona. No necesitas mi aprobación así que… ¿para qué esperarla?
—¿Aún estás molesto por la boda?
—Quería vivir mi viudez como un hombre honorable. — dio un sorbo largo a su vaso.
—Querías, más bien, vivir una vida promiscua. Eso no es ejemplo para tus hijos y no seguiré pagando a los medios para ocultar tu… torcida vida.
—Perfectamente podrías ofrecer en matrimonio al buen samaritano de Claude. Él está viudo también. O a uno de tus amados nietos mayores, Cain y Henry ya tienen edad para tener esposas. Al menos Cain parece más espabilado, pero Henry… Ése necesita orientación urgente.
—Claude tendrá que casarse en su momento, pero aún necesita recuperarse. Su matrimonio con Diana era por amor, queramos o no. El tuyo con tu difunta esposa era por interés como el del resto de tus hermanos. En fin, no vas a espantar a otra candidata porque ésta ha aceptado la oferta de matrimonio sin interesarse en conocerte.
—…— “Debe ser un vejestorio con sífilis y muy desesperada” no le extrañaría que su padre le consiguiera una sesentona para esposa con tal de tener su fortuna. —Y, dime, admirado padre, ¿pudiste al menos escoger a alguna Lancaster decente para tu desterrado hijo? — La categoría “desterrado” de Anastacius era más digna que la de “bufón” que le dio su padre a su hermano Vincent.
—No posee apellido Lancaster, pero tenemos un vínculo sanguíneo ancestral con su familia. Ven, ven a verla. Me agradecerás luego. — le quitó el vaso de whisky y se fue de la sala.
—…— Anastacius le siguió en silencio.
Al entrar en la sala principal a Anastacius le llamó la atención encontrar a una mujer sentada en los caros sillones, rodeada de algunas damas que habían viajado con ella, todas usaban una especie de velo que daba algo de escalofríos. Dos de las acompañantes llamaron rápidamente su atención, una en particular era más cercana a su “prometida” porque estaba sentada a su lado susurrando algo que nadie más que ella escucha y le roba una sonrisa a la enigmática mujer. Pero la que más llamó su atención fue una joven de cabello rojo y ojos intensamente ámbar. Era la única de la cofradía que no usaba velo ni vestidos elegantes, ella usaba una camisa blanca y un pantalón negro. Se veía muy joven.
Su futura esposa llevaba un velo morado oscuro cubriendo su rostro y silueta. Algo iba mal, ¿tendría alguna deformidad en el rostro y por eso no se mostraba? En cambio, la dama que estaba a su lado también llevaba un velo, pero a diferencia de su “prometida” ésta dejaba ver su aniñado y pálido rostro, como también algunas hebras plateadas de su cabello. Hasta ahora, a Anastacius le estaba llamando más la atención la compañía que la prometida.
En la sala también estaba su sobrino Cain, quien prefería mirar por la ventana y excusarse sutilmente de la reunión sin necesidad de escapar. Anastacius entendía que debía estar presente como testigo de su abuelo, quien lo estaba educando para ser el próximo monarca de la dinastía Lancaster. Cómo detestaba el hecho que ese “hijo del demonio” fuera el próximo en la línea de sucesión de la “corona” Lancaster. Cain se le hacía siniestro.
También estaba Henry, demasiado silencioso y discreto para ser el “sol de los Lancaster” “¿Qué le pasa a este niño? Parece medio muerto… No está cumpliendo el rol que se le dio”
Al otro costado de la sala estaba su odiado hermano Claude con su cara inexpresiva de siempre. Anastacius le dedicó unas maldiciones mentales antes de fijarse que también estaba su hermano Vincent y su medio hermano Howl.
—Señorita Swan, él es mi querido hijo Anastacius. Lamentamos la demora, viene llegando de tratar unos asuntos con el gabinete de Alemania. Como le comenté, él es embajador de Inglaterra en Alemania y aunque esté de vacaciones sigue siendo muy responsable con sus deberes.
—Mucho gusto. — la mujer se puso de pie y sus damas hicieron lo mismo, al mismo tiempo, todas dieron una reverencia a los Lancaster. Se quitó el velo que cubría su rostro dejando a la vista a una hermosa mujer joven, de ojos grandes, cabellos lila. Ofreció su mano al hombre frente suyo.
—El gusto es mío. — tomó la mano que la dama le ofrecía y besó la parte superior. Algo no cuadraba. Era muy bonita y refinada. Notó que su dama de compañía lo miró con una risa juguetona. No evitó sonreírle a ella también.
—La señorita Swan y sus damas han tenido un largo viaje desde Hungría, no las cansaremos ni distraeremos. El ala noreste del castillo ha sido dispuesta para usted y su compañía. Pueden acompañar a mi empleado quien las guiará hasta allá para que descansen. Recomiendo no alejarse de esa ala, el resto del castillo es demasiado grande y pueden extraviarse.
—Gracias, Sir Lancaster.
—Las llamarán para la hora de la cena. — Y fin de la ¨hospitalidad Lancaster¨ de ahora en adelante, se verían lo justo y necesario. Por eso las había enviado al ala más lejana. Los Lancaster eran huraños y fríos por naturaleza. Su asistente llevó a las mujeres a la zona acordada. Gilbert no necesitaba mediar mayor palabra con su “ganado”
Gilbert se acercó a su hijo Anastacius y discretamente le habló sólo para ser escuchado entre ellos.
—No puedes quejarte. Es joven, es inteligente, su genética es buena, su estética es similar a tus hijos. Parecerán una familia de verdad.
—¿Por qué una mujer no Lancaster y evidentemente no Valois como ella quiere casarse conmigo? Sé que un Lancaster siempre será oro y sol, pero ella no encaja con el perfil.
—Porque es una ex Princess. Naturalmente se va a sentir atraída por un ex Rebel de alto nivel y linaje como tú. Piensa que los dos pueden seguir contribuyendo a Rizembool.
—…— Lo que menos le interesaba era emplear su tiempo libre en Rizembool. Lo pasó bien siendo Rebel, pero era pasado, ahora tenía otros intereses. No quería invertir su energía en investigaciones ni nada con Rizembool, sólo quería dedicarse a sus negocios en Alemania y al oculto hedonismo. Era evidente que algo tramaba esa mujer y, no quería admitirlo, pero emanaba un aura de poder que lo incomodaba. —¿No sería mejor estudiarla un poco más?
—Ya me transfirió gran parte de su fortuna. Tuviste una buena postora. Ah, y no tenemos tiempo para tus caprichosos gustos. Es ella y punto.
—…—
—A menos que prefieras escoger a la condesa de Lenox. Ella puede ser una posibilidad... Ella te conoció cuando eras pequeño y siempre te encontró divertido.
—Ella tiene como cuarenta años más que tú. —Indignado.
—Le queda poco para pasar a mejor vida. Puedes quedarte con sus bienes. — le bromeó. La cara de asco de su hijo al imaginarse casado con una mujer con demencia senil le dio risa. —Vamos, de todos mis hijos, eres el único retorcido capaz de usar esas estrategias para conseguir poder y dinero. No te hagas el honorable.
—La escogería… Si no fuera porque esa mujer tiene más vida que Matusalem… Probablemente muera yo primero que ella. —
—¿De verdad quieres que contacte a la condesa de Lenox? — lo observó con seriedad.
—No…
—Envía invitaciones a los vi Britannia. — indicó Gilbert abiertamente a su otro asistente, dando por cerrado el tema con su hijo.. —Y expande algunas a los Blaiddyd.
—No estoy de acuerdo que los Blaiddyd sean invitados.— interrumpió Cain. —No tienen ningún vínculo sanguíneo con nosotros y no veo que su presencia aporte a nuestros intereses.
—Te guste o no, son una familia que están dentro del círculo de poder y quizá, si tenemos suerte, podamos casar a alguna de tus primas con alguno de los hijos de los Blaiddyd. Tendrán buena descendencia. — Por su puesto, a su nieto no le vino en gracia la idea de forjar vínculos con esa gente, pero Gilbert no tenía tiempo para perderlo con su hermético nieto. Salió de la sala. Poco después, el resto de Lancaster salió.
—Felicidades, hermano. — dijo parco Claude, sin preocuparse por esconder la socarronería en sus palabras pese a su frío rostro. Él y Anastacius no se llevaban precisamente bien. Aunque los dos eran afectuosos y cercanos en su niñez por ser casi similares en edad, en la adolescencia hubo un gran quiebre que sigue siendo un misterio para el resto de Lancaster y ese quiebre hasta la fecha ha producido la repulsión bilateral que se tienen.
—…— Anastacius le sonrió a su hermano menor, pero su sonrisa dictaba ser todo lo contrario de felicidad. Era de esas sonrisas de desprecio que dedicaba a Claude.
—Bueno, ¿qué hacemos ahora? ¿abrimos una botella de champagne para celebrar? — propuso Vincent a sus hermanos menores.
—Vincent, ¿siempre quieres beber tan temprano? — Hipócrita, Anastacius miró a su hermano con reproche.
—¿Y si mejor celebramos una despedida de soltero para nuestro querido hermano en el club de caballeros? — Howl, quién era el único auténticamente animado, dio esa idea que dejo a todos sus hermanos mayores mirándolo seriamente. —¿Qué? No me digan que vamos a dejar pasar el momento. — sonrió con picardía.
—Creo que… por primera vez coincido con mi “hermanito” — expresó Anastacius. No consideraba al hijo ilegítimo de su padre como un hermano, pero, a veces tenía buenas ocurrencias. —Espero que el santurrón de Claude nos acompañe.
—No.
—Oye, no. Claude, no seas así. Vamos a ir todos, no puedes faltar. — Howl se acercó a Claude, suplicante.
—…— Claude auténticamente no quería ir, pero tenía el presentimiento que si no iba a vigilar a Howl podría meterse en problemas. No tenía opción de ir de niñero.
—¿Vincent? — Howl ahora miró a Vincent. La diferencia de edad entre Howl y sus hermanos mayores era de, a lo menos, diez años. Howl estaba más cercano en edad a sus sobrinos mayores que a sus hermanos. Al ser un hijo ilegítimo y francés, se crió casi toda su vida lejos de los puristas Lancaster y conocía poco a su familia paterna, pero les tenía mucho cariño a esos ingleses.
—Si no queda de otra. — alzó los hombros, riendo sutilmente. Hace muchos años no iba al club de caballeros aristócratas. Vincent no era un fiel seguidor de esos lugares, pero le daba curiosidad estudiar a la gente que asistía porque podía sacar beneficio de sus secretos. —Shhh. — les susurró intranquilo a sus hermanos cuando notó a los más jóvenes de la familia salir.
—…— Henry y Cain se miraron entre ellos, de casualidad escucharon la conversación de sus tíos.
—¿Y si los invitamos? —
—Howl, n-no. — Vincent le meneó la mano, riendo un poco, aunque sí algo incómodo. No quería romper la poca imagen de pisoteado respeto que les quedaba frente a sus sobrinos.
—Howl tiene razón. Pueden venir con nosotros si quieren. Ya son mayores de edad.
—No, gracias. — Cain los juzgó en silencio. Siempre frío, siempre distante. En su mente sólo pudo pensar en la decadencia de esos Lancaster.
—…— Henry observó de reojo a Claude, le llamaba la atención que él estuviera en plan de ir a ese club. Admiraba a Claude por su estoicismo y honor. Aquel club de caballeros era por siglos popular entre los varones de alta aristocracia, tanto así que el mismo Felipe Mountbatten duque de Edimburgo fue uno del más ferviente miembro VIP y se sabía por qué el “Señor misterio” visitaba ese club a escondidas de la Reina Isabel. Lo podía esperar de Anastacius, pero no de Claude.
Henry prefirió fingir que no vio ni escuchó nada de la conversación de sus tíos. Se fue detrás de Cain.
—Mojigatos. Así se ve el trauma de ser huérfanos de padres desde muy jóvenes. — burló Anastacius a sus cretinos sobrinos.
—Nosotros tenemos a nuestro padre vivo y estamos peor de traumados que ellos. — aclaró Vincent.
—Caballeros, ¿nos vamos? — Howl movilizó a sus hermanos mayores para ir al club de caballeros. Por esa noche, los Lancaster mayores no estarían presente en el castillo.
**
—Entonces, esta es la popular “hospitalidad” de los Lancaster. — La joven de cabello plateado jugueteó pinchando una pequeña tartaleta con su tenedor. —Al menos, no nos decapitaron como lo hacían sus antepasados cuando no les gustaba lo que se les proponía. — Kiana, cuyo nombre correspondía a la joven de cabello plateado, se llevó el trozo de kiwi a la boca.
—Para ser forasteras, creo que nos han recibido mejor que a otras personas— La mujer de cabellos morados desenredaba su larga cabellera frente al tocador, ya usando su bata de dormir.
—Duh. — Kiana soltó un suspiro, aburrida. Poco después sacó su Tablet donde tenía información que sólo ella tenía. —Bueno, para creerse tan puritanos y superiores al resto tienen bastante secretos.
—Kiana, ni se te ocurra molestar a esta gente con tus investigaciones. — advirtió Black Swan, cuyo nombre real era Evacska Swan pero su nombre artístico le gustaba más. —Esto no es un programa de farándula, tenemos nuestros objetivos bien claros.
—Lo sé, lo sé. — volvió a suspirar. —Aunque me angustia que para cumplir nuestros propósitos te tengas que entrelazar con ese hombre. Es… todo un caso, ¿lo sabes? El modo en que me sonrió…
—Es el embajador de Inglaterra en Alemania, empresario y magnate del mundo del entretenimiento. Viudo desde que su hijo tenía dos meses de vida. Todo un ejemplo a seguir. —
—No sé, me da mala espina. Evidentemente es un hombre que oculta su verdadera cara bajo esa fachada.
—Y es un ex Rebel que Rizembool necesita. — afirmó Black Swan. —No olvidemos que Rizembool requiere de nuestras maniobras para tener esta gente de aliados.
—¿No basta con el sobrino que es científico en Rizembool?
—Su personalidad no es del agrado de Rizembool, por lo que quieren de vuelta a los “clásicos” recuerda que harán una ceremonia de ex Rebel.
—Oh! ¿Crees que el legendario Shougo Kise o Nakiri-sama asistan a esta ceremonia?— esta vez, una jovencita de cabello rubio saltó a la conversación dejando de contemplar las joyas en el cofre de Swan. Ella era otra de las damas de Black Swan.
—Se dice que incluso irá el mismísimo Muzan, según rumorean. Por eso tenemos que hacer que mi querido prometido se reúna con ellos, los Lancaster pueden aportar mucho a Rizembool.
—Pues, tenemos aquí a la poderosa Makima. — Kiana apuntó con la palma de su mano a la joven de cabellos rojos que permanecía de pie custodiando a las dos damas. —Sólo es cosa que use ¨susurro¨ en Anastacius Lancaster para lavar su cerebro y hacer lo que ella le pida.
—Así es. — Black Swan asintió, dando por terminado el toque a su cabellera ondulada. —Makima es una poderosa arma de Rizembool que sólo al usar su poder puede cambiar el curso de las cosas. Pero también necesitamos coartadas y para eso estamos nosotras, una ex Princess, con sus discípulas princesses
—Es un honor para mí aprender de tan talentosa maestra.— Dijo Makima.
—Y para mi es un lujo tenerlas a ustedes de aprendices.— dijo Black Swan —Por ahora, Makima tendrá la misión de ir poco a poco susurrando a algunos Lancaster. Nosotras, tenemos que sostener esto con el tiempo de tal modo que sea ventajoso para ambas casas. —
—¿Tienes algún plan para mañana? — la peligris soltó un suspiro, cansada.
—Tengo algo en mente. — rio suavemente Black Swan.
—¿Esta mujer me invita a tomar el té en mi propia casa? — Anastacius alzó una ceja, extrañado y ofendido. —¿Quién se cree? — miró la fina tarjeta en sus manos con repudio. Seguidamente, tomó un medicamento para el dolor de cabeza.
—¿Padre? — Un joven de cabellera lila clara entró en el despacho.
—Epel…— escondió la tarjeta —¿Qué haces aquí?
—Me enteré por fuentes no oficiales que tu nueva prometida ya está aquí. — Dijo, con una expresión de molestia en su rostro. El abuelo Gilbert suele dejarlo al margen de todo sin considerar que es Epel el que controla que su padre no se desborde.
—Ah, sí…— ocultó su malestar.
—¿Dónde está tu asistente?
—Tu abuelo lo despidió…—
—…— como todos los asistentes que se volvían muy cercanos a su padre. —¿Te casarás de verdad con ella?
—Sí, hemos congeniado bien…—
—…— Nota que su padre no parece convencido y eso no le gusta pues significa que su padre no tomará en serio el compromiso y eso puede llevar a meter en problemas a la casa Lancaster. Epel Felmier, más alemán por sangre materna que inglés por sangre paterna, tiene claro la importancia de mantener en alto la imagen de una familia aristócrata. —Me alegra que hayas vuelto a tu cabellera rubia, padre. — justamente eso había sido un arrebato de Anastacius meses previos, cuando de tintó el cabello negro para diferenciarse de los Lancaster. Obviamente, Gilbert lo obligó a volver a sus cabales. —¿Tienes que reunirte con la dama hoy?
—Ah, eso…— sonrió —Vamos a ir a tomar el té con ella. Dile a tu hermana Margarete que se ponga su mejor traje.
—¿Tú… quieres que Wien venga? — eso era mala señal. Epel había heredado el carácter honorable, correcto y sereno de su madre, pero Wien Margarete había heredado la personalidad discrepante, desafiante y cínica de su padre. La joven podía espantar a la prometida de su padre.
—¡Por supuesto! Es hermoso tener a la familia reunida.— dijo cínico.
—…— Definitivamente su padre estaba tramando algo.
Y definitivamente Black Swan no se esperaba tener a los hijos de su prometido en la invitación de té. No porque le desagradara la juventud, sino porque pensaba tratar temas de adultos con su futuro esposo. Sin embargo, la etiqueta y elegancia de Black Swan eran supremas, armada de una paciencia infinita respondía a todas las preguntas que la celosa hija de su prometido le hacía.
El grupo de cuatro personas se encontraban en el jardín, tomando el té en la pérgola de rosas rojas tan clásica del escudo Lancaster.
—Dicen que la gente de Hungría es parca y austera. A padre le gusta que lo consientan siempre, no creo que alguien de un país tan soberbio pueda con esa tarea.
—…— Anastacius se limitaba a tomar el té en silencio, dejando que su hija fluyera e hiciera lo suyo. Ninguna pretendienta soportaba un día con su querida –y casi olvidada- hija mayor. Parecía disfrutar del incómodo momento y eso no pasó desapercibido por Black Swan quien mantuvo la compostura.
—Mi misión será mantener feliz a tu padre, joven Margarete. Como así también mantener a gusto a sus hermosos hijos.
—…— Wien Margarete la miró con los ojos entrecerrados, suspicaz. —Eres muy joven. Dudo que tengas buenas intenciones con mi padre más allá de su fortuna.
—Wien…— Epel corrigió a su hermana. —Tus modales. — no había podido beber nada de té tratando de controlar a su filuda hermana.
—Mi hermano Epel siempre quiere que calle lo que siento, pero no puedo evitarlo si sospecho que mi padre sufrirá. Él es un hombre correcto y superior, no quiero que se involucre con alguien que pueda coartar su felicidad y su mundo.
—Oh, pequeña Wien Margarete, ten por seguro que mi prioridad es conservar el maravilloso mundo donde tu padre es feliz. — si bien su rostro mantenía una sonrisa amable, esto lo había dicho con cierta doble intención. —Si no logro cumplir con tus exigencias, te prometo que yo misma pediré el divorcio para devolver la felicidad a tu padre.
—Más te vale. — Wien ni se dio cuenta del transformó de las palabras de Black Swan.
—…— En cambio, Anastacius sospechaba que Black Swan sabía más de lo que decía conocer.
—Por cierto, me alegra que su padre los haya traído consigo. Son jóvenes muy hermosos e inteligentes. Me maravilla la idea de que la sociedad nos vea como una familia feliz.
—Espero que no quieras tener hijos. Nosotros somos y seremos siempre los únicos hijos de padre. No toleraré un bebé húngaro en nuestra familia.
—Mh... — Epel pensó que más bien él era el padre de su propio padre.
—No te preocupes, querida niña. No pienso tener hijos. Siempre añoré tener un esposo con hijos propios para así romper con la imagen de madrastra mala de los cuentos. Quisiera ser la mejor madrastra del mundo para ustedes, amarlos como mis propios hijos. Además, ahora que los veo, no puedo negar que tienen ciertas características que se asemejan a las mías, como, por ejemplo, el color de sus cabellos que han heredado de su alemana madre. Se parece al mío, aunque el de ustedes es una tonalidad más clara. — Suponía que el hecho de que Epel y Wien no fueran un calco rubio Lancaster les restaba puntos con la supremacía de sangre de los Lancaster así que con ella podrían congeniar en el ostracismo.
—Disculpe señorita Swan. — Epel habló al ver la hora en su reloj. —Mi hermana y yo tenemos que ausentarnos unos momentos ya que nos tomarán medidas para nuestros trajes. Con su permiso…— se levantó.
—Yo no he terminado contigo. — amenazó Wien a la mujer. Se puso de pie y acompañó a su hermano.
—Son unos jóvenes bellos e inteligentes. Estoy agradecida de la sorpresa que me has dado al traerlos contigo para que los conociera. Debes ser muy dichoso al tener a estos hijos en casa.
—Ellos no viven conmigo. — Anastacius bebió té, desinteresado. —Epel vive en su propia casa en Alemania y la niña vive con su tía en Austria. Los veo sólo cuando el tiempo nos apremia.
—Yo puedo acompañarlos en tu ausencia.
—No seremos la familia feliz que el mundo espera.
—Pero podemos dar la imagen que la sociedad quiere de nosotros sin limitar nuestras propias vidas.
—…—
—Sé que te gusta vivir tu hedonista vida sin interrupciones. Yo no voy a privarte de ella, es más, conmigo puedes llevar esa vida libremente porque seré tu coartada, confidente y encubridora.
—No sé de qué hablar.
—Sé por qué tu padre siempre despide a tus amigos. No quiere que le des al mundo una imagen que pueda perjudicar a los Lancaster.
—…— El rubio permaneció en silencio, primero porque eso le había llegado de golpe y segundo porque la mujer en frente suyo no parecía estar bromeando. Anastacius sonrió socarronamente, desafiante. —A ver, supongamos que acepto casarme contigo y seguir llevando la vida que supuestamente me gusta llevar… Lo cual conlleva que seas mi cómplice ¿Qué ganas tú a cambio?
—Ser esposa de un Ex Rebel.
—No voy a colaborar con Rizembool. Ni una sola libra esterlina ni oficio.
—Rizembool necesita de tus talentos. La nueva generación de Rebel está muy descarriada. Con tus conocimientos ayudarás a muchos Rebels para superarse, junto conmigo en el rol de protectora y formadora de Princesses. Seremos invencibles. Además, sé que tus planes no están en quedarte con un rol tranquilo en los Lancaster. Para alguien como tú, debe ser difícil aceptar que tu oscuro sobrino sea el próximo monarca y que, incluso si llega a abdicar o “ausentarse”, tu otro sobrino en sucesión no tiene el valor ni la ambición que un Lancaster debe tener en la vida. Déjame ser tu “hacedora de reyes”
—¿Piensas matar a mis amados sobrinos? — dijo sarcástico, soltando una risa. —Si es así, yo te mataré primero.
—No. Esos métodos no son necesarios. ¿Has pensado en la inhabilitación e incompatibilidad con el cargo? De tu sobrino mayor, no tengo nada pues es todo un misterio, pero, ¿por qué tu sobrino Henry no tiene registro en todo un año? ¿Por qué estuvo desaparecido sin rastro todo un año completo? ¿Te lo has preguntado?
—…Se lo he preguntado a mi padre cuando tan siquiera lo noté. Yo estaba en Alemania en esos tiempos, casi ni conocía a mis sobrinos, pero me llamó la atención que, en ese entonces, el adolescente Henry no estuviera presente en Lancania. Considerando que mi padre le tiene un aprecio casi enfermo a un ser tan extraño como él, es raro que no lo tuviera a su lado.
—Tal vez deberías indagar más al respecto. — rio, suave y sugerente.
—Quizá me estés cayendo bien ahora mismo.
—Ya te dije, juntos seremos indestructibles.
Una noche de lluvia un hombre con un paraguas apareció a las cercanías del castillo de los Lancaster. Fue escoltado por un mozo y llegó hasta la entrada donde un miembro de la familia lo esperaba. Quedó impactado cuando este sujeto rompió el protocolo real y salió a recibirlo campantemente, estrechándolo en un efímero abrazo.
—Ratio, ¡que honor tenerte por aquí!
—Vincent…— Ratio lo alejó un poco. Era raro que alguien de esa familia fuera tan amable con otro ser humano que no fuera ellos mismo (y ni eso. Ratio podría jurar que los Lancaster eran de ese tipo de gente que sólo se abraza para año nuevo), pero Vincent podía ser así con Ratio ya que lo conocía desde que estudiaron en el Eton College y luego en Oxford. —¿Hm? ¿Y tu escolta? ¿Ese que era tu sombra?
—Mi padre lo despidió. — Respondió con una enorme sonrisa como si fuera lo más normal del mundo. —Entra, eres bienvenido a mi hogar. — chasqueó los dedos para que el mozo ayudara a Ratio con su equipaje.
—Vincent, ha pasado el tiempo, pero…— guardó su paragua cuando llegó a los pilares del edificio. —Aún a tu edad tu padre parece tener el control sobre ti.
—Ahá. Así será hasta mi enigmática muerte. — asintió, sin borrar la sonrisa pese la macabra broma. —He pedido que preparen la cena. Te quedarás en mi ala del castillo así que estaremos tranquilos aquí. Podemos hablar toda la noche de química y ciencia como en los viejos tiempos.
—Ya se me hacía demasiado utópico que la invitación fuera así nada más.
—Vamos, amigo. Han pasado muchos años, tenemos que ponernos al día con nuestros conocimientos. Estudiamos juntos, pero en nuestras maestrías tomamos distintas líneas de teorías e investigación, tenemos que hablar de todo, cada detalle, cada pensamiento. Todo. ¡Todo!
—¿No crees que estás un poco… eufórico? — lo miró suspicaz. —¿No estarás probando tus mezclas químicas de dudosa procedencia?
—Esta euforia es la emoción de ver a un querido amigo después de tanto tiempo, ¡Es maravilloso tener a mi italiano amigo conmigo de nuevo! — Tomó el paraguas de Ratio y lo guardó.
—¿El mocoso no está contigo?
—¿Quién? ¿Cain? No. Él está en su propio infierno, jaja.— apuntó a otra gran construcción del castillo —Ese es su infierno de Dante. ¿Ves esa lucecita en la ventana? Probablemente sea él frente a una chimenea. Sabes como a los Lancaster nos gusta el fuego.
—…—
—Broma, broma. Está en su propio castillo. No le gusta compartir con el resto, pero si quieres lo puedo llamar para que se nos una. Estará feliz y animado de formar parte de nuestras tertulias.
—La última vez que lo vi era un mocoso que no se me despegaba, me hacía tantas preguntas que me volaba la cabeza. No quiero verlo. Sólo quería saber que no siguió tus pasos probando combinaciones químicas alucinógenas.
—Oh, Ratio, ¡que mal hablado! Nosotros no hacemos esas cosas. — se le colgó a los hombros. —Nosotros sólo abrimos la puerta de la percepción que otros no se atreven a abrir. — esto lo dijo en un tono misterioso y un tanto oscuro. —Ni siquiera tú.
—…— Ratio era otro que conocía un poco más de la familia Lancaster. —Espero que la cena incluya carne de wagyu y huevo fresco de codornices.
—Por supuesto. No lo he olvidado. Hmh. — miró a ambos lados y de la nada sacó algo que escondía detrás de si. —Y tampoco el Liquirizia de Calabria. — le mostró la botella.
—Buen chico. — asintió. Por fin Vincent aprendía cual era la botella correcta de Liquirizia bien añejada, la de la etiqueta burdeos.
—¿Quieres tomar un baño antes de cenar? —
—Sí, me vendría bien.
—Parece que llevas poco equipaje. — miró la maleta que cargaba el mozo y le indicó donde dejarla.
—Sólo he viajado a Inglaterra porque te debía un favor. Volveré a Japón dentro de poco.
—Compré un traje para ti. Lo dejé en tu habitación.
—¿Y por qué demonios haces eso?
—Porque estás invitado al matrimonio de mi hermano. — alzó los hombros, de forma inocente. —Y supuse que no traías nada decente en tu maleta.
—…— Ratio lo miró entrecerrando sus ojos, pero dejo la molestia de lado pues algo más le llamó la atención. —¿Tu padre permite que yo, un ser sin cuna de oro, vaya al matrimonio de su aristócrata hijo?
—Ahora le caes bien porque colaboras con Rizembool.
—...